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CAPÍTULO 3 Del Libro de La Vida

El documento describe la organización del protoplasma vivo. Explica que el protoplasma no tiene una estructura fija como una máquina, sino que su elemento más importante es el orden de los procesos químicos en el tiempo. Estos procesos químicos, como oxidaciones y reducciones, ocurren de forma organizada y armoniosa para mantener al sistema vivo. También habla sobre cómo las sustancias en el protoplasma se desintegran y son reemplazadas a través del metabolismo, el cual involucra numerosas reacciones químicas que oc

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CAPÍTULO 3 Del Libro de La Vida

El documento describe la organización del protoplasma vivo. Explica que el protoplasma no tiene una estructura fija como una máquina, sino que su elemento más importante es el orden de los procesos químicos en el tiempo. Estos procesos químicos, como oxidaciones y reducciones, ocurren de forma organizada y armoniosa para mantener al sistema vivo. También habla sobre cómo las sustancias en el protoplasma se desintegran y son reemplazadas a través del metabolismo, el cual involucra numerosas reacciones químicas que oc

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CAPÍTULO V

ORGANIZACIÓN DEL PROTOPLASMA VIVO

Según ellos, el protoplasma poseía una estructura semejante a la de una máquina


y estaba construido con arreglo a un determinado plan y formado por «vigas» y
«tirantes», rígidos e inmutables, entrelazados unos con otros. Esta estructura, este
riguroso orden en la disposición recíproca de las distintas partes del
protoplasma, era justamente lo que, según el punto de vista en cuestión, constituía
la causa específica de la vida, así como la causa del trabajo específico de una
máquina depende de su estructura, según la forma en que están dispuestas las
ruedas, los ejes, los pistones y las demás partes del mecanismo. Pero el estudio
concreto del protoplasma ha negado ese principio mecanicista. Se verificó que en
el protoplasma no existe ninguna estructura que se parezca a una máquina, ni
siquiera a las de máxima precisión.

Pero a la vez, en el protoplasma existen también elementos visibles. Como


veremos, esta estructura tan lábil del protoplasma cumple, sin lugar a dudas, un
gran papel en el curso del proceso vital, pero éste no puede compararse con el
que desempeña la estructura de una máquina en su trabajo específico. Y esto se
justifica plenamente, por ser la máquina y el protoplasma, en principio, dos
sistemas totalmente opuestos. Su manifestación esencial es el recambio de
sustancias, o sea, la interacción química de las diversas partes que forman el
protoplasma.

Por eso, el elemento más importante de la organización del protoplasma no es la


distribución de sus partes en el espacio , sino determinado orden de los procesos
químicos en el tiempo, su combinación armónica tendiente a conservar el sistema
vital en su conjunto. Por afán de dar a los seres vivos la misma forma de
movimiento de la materia que poseen las máquinas, quieren establecer una
igualdad entre la organización del protoplasma y su estructura, o sea, reducen esa
organización a una simple distribución en el espacio de sus diversas partes. Para
la formación del protoplasma es de suma importancia la existencia de determinada
y sutil estructura interna. Mas, aparte de esto, lo decisivo en este caso es la
organización en el tiempo, es decir, cierta armonía de los procesos que se operan
en el protoplasma.

Todo organismo, animal, planta o microbio, vive sólo mientras estén pasando por
él, en torrente continuo, nuevas partículas de sustancias, impregnadas de
energía. Es decir, que las sustancias del organismo vivo no quedan
inmutables, sino que se desintegran con mayor o menor rapidez, y son
remplazadas por los cuerpos asimilados. Porque, el organismo, que toma del
medio sustancias ajenas a él y de naturaleza «extraña» a la suya, mediante
complejos procesos químicos, las convierte en sustancias de su propio
cuerpo, iguales a los materiales que forman su cuerpo. Así pues, desde el punto
de vista solamente químico, el recambio de sustancias o metabolismo es un
conjunto de innumerables reacciones más o menos sencillas, de
oxidación, reducción, hidrólisis, condensación, etc. Lo que difiere en forma
específica al protoplasma, es que en él estas diversas reacciones están
organizadas en el tiempo de cierto modo, combinándose así para formar un
sistema único e integral.

Así vemos que lo que determina en la célula de la levadura la producción de estas


sustancias es que en ella se observa con extraordinario rigor la sucesión ordenada
de todas las reacciones indicadas en el esquema. El estudio detallado de la
síntesis de diferentes sustancias en el protoplasma demuestra que estas
sustancias no surgen de golpe, provenientes de un acto químico especial, sino
que son el resultado de una larga cadena de transformaciones químicas. Para que
se constituya un cuerpo químico complejo, propio de un determinado ser vivo, es
necesario que muchas decenas, centenares e incluso miles de reacciones se
produzcan en un orden «regular», rigurosamente previsto, base de la existencia
del protoplasma. Porque cuanto más compleja es la sustancia, mayor es el
número de reacciones que intervienen en su formación dentro del protoplasma y
con tanto mayor rigor y exactitud deben conjugarse estas reacciones entre sí.

Únicamente, y debido a la rigurosa armonía, a la ordenada sucesión de estas


reacciones, en el protoplasma vivo se produce ese ritmo estructural, esa
regularidad en la sucesión de los aminoácidos, que observamos en las proteínas
actuales. Por tanto, la composición química propia del protoplasma, como su
estructura, son, hasta cierto punto, la manifestación del orden en que se producen
los procesos químicos que permanentemente se están efectuando en la materia
viva. El fundamento de todo ello lo constituyen las propiedades químicas de las
sustancias que integran el protoplasma, ante todo, y de las sustancias orgánicas
que hemos descrito y examinado en los capítulos anteriores. Dichas sustancias
están provistas de gigantescas posibilidades químicas y pueden dar las
reacciones más variadas.

Muchas veces, para que se produzca alguna de las reacciones que se dan entre
las sustancias orgánicas, se necesitan muchos meses y, a veces, hasta años. Por
esa razón, los químicos usan a menudo en su trabajo diferentes sustancias de
acción enérgica, ácidos y álcalis fuertes, etc., con el fin de fustigar, como si
dijéramos, de acelerar el proceso de las reacciones químicas entre las sustancias
orgánicas. De tal manera que bastan a veces cantidades muy pequeñas de
catalizador para provocar la rápida transformación de masas muy considerables
de distintas sustancias. Las reacciones químicas que se presentan en los
animales y en los vegetales entre las diferentes sustancias orgánicas se efectúan
con increíble velocidad.

Como ya es sabido, la gran velocidad de las reacciones químicas que se producen


en el protoplasma se debe a que en él siempre se encuentran presentes unos
catalizadores biológicos especiales llamados fermentos. Pues resultó que los
fermentos podían sacarse del protoplasma vivo y separarse en forma de solución
acuosa o incluso como polvo seco fácilmente soluble. Todos ellos resultaron ser
proteínas, combinadas a veces con otras sustancias de naturaleza no
proteínica. Por tanto, en los fermentos de naturaleza proteínica se produce un
mecanismo extraordinariamente perfecto y muy racional para acelerar las
reacciones químicas entre las sustancias orgánicas.

Por consiguiente, para que cualquier sustancia del protoplasma vivo pueda tener
participación realmente en el metabolismo, debe combinarse con una proteína y
constituir con ella una unión compleja. La gran especificidad de las proteínas-
fermentos logra que cada una de ellas forme uniones complejas solamente con
sustancias bien determinadas y catalice tan sólo ciertas reacciones. Mediante este
procedimiento podemos descomponer el proceso metabólico en sus distintas
etapas químicas, podemos analizar, no sólo las sustancias que forman la materia
viva, sino además los procesos que se realizan en ella.
CAPÍTULO VI
Origen de los organismos primitivos

Estos, gracias a la conformación especial de sus moléculas y a las propiedades


químicas de que estaban dotados, tuvieron que transformarse forzosamente, en
las tibias aguas del océano primitivo, en diferentes sustancias orgánicas de
elevado peso molecular, originando, en particular, los cuerpos proteinoides.

En esta individualización de las gotas en relación con el medio externo –

Y estas particularidades individuales de la organización físico-química de cada


gota coacervática ponían su sello a las transformaciones químicas que se
efectuaban precisamente en ella. De esta forma se iba notando cierta relación
entre la estructura individual u organización de esa gota y las alteraciones
químicas que se producían en ella mediante las condiciones concretas del medio
circundante. Mas apenas la sustancia orgánica se reúne en determinados puntos
del espacio, formando coacervados, en cuando estas estructuras se separan del
medio ambiente por límites más o menos claros y logran cierta
individualidad, inmediatamente se crean nuevas relaciones, más complejas que
las anteriores. Desde ese instante, la historia de cualquiera de esos coacervados
pudo variar esencialmente en relación con la historia de otro sistema individual
análogo, adyacente a él.

¿Cuáles fueron las causas que permitieron la existencia individual de cada


una de esas gotas en las condiciones concretas del medio ambiente?

Supongamos que en alguno de los depósitos primitivos de agua de nuestro


planeta se formaron coacervados al mezclarse con diferentes soluciones de
sustancias orgánicas de elevado peso molecular. Digamos, pues, que en el
océano primitivo de la Tierra, el coacervado no se encontraba sencillamente
sumergido en agua, sino que se hallaba en una solución de distintas sustancias
orgánicas e inorgánicas. Dichas sustancias eran absorbidas por él, después de lo
cual empezaban a manifestarse reacciones químicas entre esas sustancias y las
del propio coacervado. Es decir, que la rapidez de uno y otro proceso estaba
determinada por la concordancia entre las condiciones del medio externo y la
organización físico-química interna de la gota.

Consecuentemente, esas gotas mal organizadas se desintegraban, y las


sustancias orgánicas que contenían volvían a dispersarse por la solución y se
integraban a ese sustento general del que se alimentaban las gotas coacerváticas
más «afortunadas», mejor organizadas. Así fue como se produjo un aumento
gradual de proporciones de aquellas gotas que tenían justamente la organización
más perfecta para las condiciones de existencia dadas. Las gotas «hijas»
formadas de este modo tenían casi igual organización físico-química que el
coacervado del cual procedían. Se entiende, pues, que todo esto sólo pudo
suceder en los coacervados cuya organización individual, en esas condiciones
concretas del medio externo les procuraba estabilidad dinámica.

Cualquiera de las alteraciones que se producían en la organización del


coacervado bajo el influjo de las variaciones constantes del medio externo, sólo
podía resistirlas aquél en el caso de que reuniera las condiciones arriba
indicadas, es decir, solamente si elevaba la estabilidad dinámica del coacervado
en aquellas condiciones concretas de existencia. Por esto, al mismo tiempo que
aumentaba la cantidad de sustancia organizada, a la vez que crecían las gotas
coacerváticas en la superficie de la Tierra, se alteraba también constantemente la
calidad de su propia organización, y estas modificaciones se producían en
determinado sentido, justamente en el sentido que llevaba a un orden de los
procesos químicos que debían asegurar la autoconservación y la autorrenovación
constante de todo el sistema en su conjunto. Se comprende muy bien que estos
coacervados dinámicamente estables poseían, gracias a su capacidad recién
lograda de transformar más rápidamente las sustancias, grandes ventajas sobre
los otros coacervados que flotaban en la misma solución de cuerpos
orgánicos. Solamente podían seguir creciendo y desarrollándose las formas en
cuya organización se habían producido cambios esenciales que aumentaban en
gran forma la velocidad de las reacciones químicas y les otorgaba cierta
coordinación, cierto orden.

Los fermentos son cuerpos complejos en los que se mezclan sustancias que
poseen actividad catalítica y proteínas específicas, las cuales incrementan en alto
grado esa actividad. Las innumerables transformaciones de las sustancias
orgánicas, primero en la solución acuosa y después en las formas coloidales
primitivas, se daban con relativa lentitud. Se comprenden fácilmente las enormes
ventajas que traía la aparición de tales combinaciones químicas para la
organización general de los procesos que tenían lugar en esas formas
coloidales. Pues todo aumento sustancial de la velocidad de tal o cual reacción
únicamente podía afirmarse en el proceso evolutivo si significaba un adelanto
desde este punto de vista, si no alteraba el equilibrio dinámico de todo el
sistema, si, por el contrario, contribuía a aumentar el orden interno en la
organización de la forma coloidal dada.

Las sustancias orgánicas que llegaban del exterior y los productos intermediarios
de la desintegración todavía podían sufrir en ellos transformaciones químicas en
sentidos muy opuestos. No obstante, en estos casos, la organización de los
sectores colida-les que se iban formando se trocaba constantemente y se
encontraba seriamente amenazada del peligro de desintegración, de
autodestrucción. Sobre todo, ese ritmo de la síntesis repetido con regularidad, del
que acabamos de hablar, se vio al mismo tiempo expresado en forma nítida en la
estructura de las sustancias proteínicas. Por lo cual, la disposición arbitraria de los
residuos de aminoácidos propia de las sustancias albuminoideas primitivas, fue
paulatinamente dando paso a una estructura más precisa de la micela
albuminoidea.

Por esa razón, en el proceso evolutivo de los coacervados primitivos, su estructura


inestable, fugaz, demasiado dependientes de las influencias accidentales del
ambiente, debió remplazarse por una organización espacial dinámicamente
estable que les asegurase el predominio de las reacciones fermentativas de
síntesis sobre las de desintegración. Así fue como se logró esa concordancia entre
los diferentes fenómenos, esa adaptación –tan propia de la organización de todos
los seres vivos- de la estructura interna al cumplimiento de determinadas
funciones vitales en las condiciones concretas de existencia. El estudio de la
organización de las formas vivas más sencillas que existen en la actualidad, nos
permite seguir el proceso de complicación y perfeccionamiento gradual de la
organización de las estructuras descritas más arriba. La organización de los seres
vivos iba siendo cada vez mayor.

Al comienzo, sólo se alimentaban de sustancias orgánicas. Pero al pasar del


tiempo, esas sustancias fueron escaseando tanto que a los organismos primitivos
no les quedó más recurso que sucumbir o desarrollar, en el proceso evolutivo, la
propiedad de formar de alguna manera sustancias orgánicas con base en los
materiales proporcionados por la naturaleza inorgánica, con base en el anhídrido
carbónico y el agua. En el proceso gradual de la evolución lograron desarrollar la
facilidad de absorber energía de los rayos solares, de descomponer el anhídrido
carbónico con ayuda de esa energía y de aprovechar el carbono así logrado para
formar en su cuerpo sustancias orgánicas. Otros seres vivos mantuvieron su
antiguo sistema de alimentación, pero lo que ahora les servía de alimento eran
esas mismas algas cuyas sustancias orgánicas eran aprovechadas por ellos.

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