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Virginia García-Acosta
Coordinadora

La Antropología de los Desastres


en América Latina
Estado del arte

CLADEMA
Antropología
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La Antropología de los Desastres


en América Latina
Estado del arte

Virginia García-Acosta
Coordinadora
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303.485098
A744a La Antropología de los Desastres en América Latina : Estado del arte / Virginia
García-Acosta, coordinadora. México : Centro de Investigaciones y Estudios
Superiores en Antropología Social : El Colegio de la Frontera Norte : El Colegio
de Michoacán : Editorial Gedisa Mexicana, 2021.
368 páginas: mapas; 23 cm.
Título original en inglés: The Anthropology of Disasters in Latin America: State of
the Art.
Incluye bibliografía.
ISBN: Gedisa: 978-607-8231-73-7 El Colef: 978-607-479-450-2
CIESAS: 978-607-486-634-6 COLMICH: 978-607-544-149-8

1. Desastres naturales – Aspectos sociales – América Latina. 2. Gestión de desastres.


3. Desastres – América Latina. I. García-Acosta, Virginia, coordinadora.

Primera edición en inglés: The Antropology of Disasters in Latin America. State of the Art, editado
por Virginia García-Acosta publicado en 2020 por Routledge. Taylor & Francis Group, en la Serie
“Routledge Studies in Hazards, Disaster Risk and Climate Change”. ISBN 978-1-138-58145-6 (hbk).

La Antropología de los desastres en América Latina. Estado del arte


© Virginia García-Acosta, Coordinadora
Primera edición en castellano diciembre de 2021, Ciudad de México, México

D.R. © Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, A.C. (CIESAS)


Calle Juárez No. 87, Colonia Tlalpan
14000, Tlalpan, Ciudad de México, México
www.ciesas.edu.mx
ISBN: 978-607-486-634-6
D.R. © El Colegio de la Frontera Norte, A.C. (El Colef)
Carretera escénica Tijuana-Ensenada km18.5
San Antonio del Mar
22560, Tijuana, Baja California, México
www.colef.mx
ISBN: 978-607-479-450-2
D.R. © El Colegio de Michoacán, A.C. (Colmich)
Martínez Navarrete No. 505 Colonia Las Fuentes
59699, Zamora, Michoacán, México
www.colmich.edu.mx
ISBN: 978-607-544-149-8
D.R. © Editorial Gedisa Mexicana, S.A.
Tepeji No. 86 Colonia Roma sur
06760, Cuauhtémoc, Ciudad de México, México
www.gedisa-mexico.com
ISBN: 978-607-8231-73-7

IBIC: JHMC

Impreso en México/Printed in Mexico


Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma
idéntica, extractada o modificada, en castellano o cualquier otro idioma. Derechos reservados
para todas las ediciones en castellano
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ÍNDICE

NOTA A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL........................................11


MAPAS.................................................................................... 12
AUTORES............................................................................... 13
PREFACIO Ilan Kelman............................................................ 19
PRÓLOGO Anthony Oliver-Smith........................................... 23
AGRADECIMIENTOS...............................................................29

INTRODUCCIÓN: ANTROPÓLOGOS ESTUDIANDO


DESASTRES EN AMÉRICA LATINA: ¿POR QUÉ, CUÁNDO
Y CÓMO? Virginia García-Acosta........................................... 31
Los pioneros y la revisión de estudios...................................... 36
La incursión en América Latina................................................45
Y continuando… .................................................................... 50
Estructura del libro...................................................................52
Contenidos, productos y debate...............................................54
Observaciones finales: futuro prometedor................................57
Referencias bibliográficas........................................................ 60

CAPÍTULO 1. LAS CONCEPTUALIZACIONES SOBRE


INCERTIDUMBRE Y RIESGO EN LA ANTROPOLOGÍA SOCIAL
ARGENTINA. Ana María Murgida y Juan Carlos Radovich...... 65
Introducción ........................................................................... 65
Primeros antecedentes sobre el riesgo y su problematización.. 69
Investigaciones contemporáneas..............................................76
Reflexiones finales................................................................... 87
Referencias bibliográficas........................................................ 90
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CAPÍTULO 2. EL CAMPO DE LA ANTROPOLOGÍA


DE LOS DESASTRES EN BRASIL. RETOS Y PERSPECTIVAS.
Renzo Taddei........................................................................... 99
Introducción ........................................................................... 99
Los desastres invisibles de Brasil............................................ 101
Los desastres invisibles de la ciencia social brasileña.............106
Haciendo visibles a los desastres brasileños...........................108
En la frontera con los desastres.............................................. 116
Referencias bibliográficas...................................................... 119

CAPÍTULO 3. LA ANTROPOLOGÍA DE LOS DESASTRES


QUE AÚN TIENE QUE LLEGAR A SER. EL CASO DE
CENTRO AMÉRICA. Roberto E. Barrios y Carlos Batres..........125
Introducción ......................................................................... 125
El Desarrollo de la Antropología en Centro América.............. 128
La Antropología de los Desastres en Guatemala.....................133
La antropología de los trastornos en Honduras...................... 143
Reflexiones finales: la economía extractiva de la investigación
de las ciencias sociales en Centro América............................ 145
Reconocimiento.................................................................... 147
Referencias bibliográficas...................................................... 148

CAPÍTULO 4. PENSANDO A TRAVÉS DE LOS DESASTRES:


ETNOGRAFÍA Y PAISAJES DEL DESASTRE EN COLOMBIA.
Alejandro Camargo................................................................153
Conversaciones..................................................................... 153
Un país de desastres.............................................................. 156
Desastres invisibles................................................................158
Paisajes del desastre...............................................................160
Armero: una teoría sobre el mundo....................................... 162
Terrenos etnográficos fluidos..................................................165
Etnicidad y desastres..............................................................168
Puentes y caminos................................................................ 172
Las etnógrafas y los etnógrafos.............................................. 174
Referencias bibliográficas...................................................... 175
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CAPÍTULO 5. ANTROPOLOGÍAS DE DESASTRES


EN ECUADOR: CONEXIONES Y APERTURAS. A. J. Faas....... 181
Introducción: amenazas, ecología y participaciones.............. 181
Estudios antropológicos de amenazas y desastres
pre-colombinos..................................................................... 186
Los desastres en las eras coloniales y republicana
del siglo XIX.......................................................................... 189
Amenazas tecnológicas e impactos en los siglos XX y XXI..... 191
Tungurahua en el siglo XXI: ciencias sociales
multidisciplinarias aplicadas y estudios críticos..................... 194
Horizontes: extracción y cambio climático............................205
Discusión y conclusiones: el estado de la Antropología
de los Desastres dentro del Ecuador.......................................206
Agradecimientos....................................................................209
Referencias bibliográficas...................................................... 210

CAPÍTULO 6. LA VERTIENTE MEXICANA EN LA


ANTROPOLOGÍA DE LOS DESASTRES Y DEL RIESGO.
Virginia García-Acosta...........................................................217
Introducción: Antropología mexicana y el nacimiento
de una Antropología de los Desastres hecha en México.........217
El desastre como detonante de un nuevo campo académico. 221
Antropología e historia: un eslabón imprescindible............... 232
México en la discusión global de una “disciplina adjetivada”:
La Antropología de los Desastres........................................... 235
De los desastres al riesgo: nuevas aproximaciones
y conceptos........................................................................... 241
El estado del arte en la Antropología mexicana del Riesgo
y del Desastre...………….......................................................247
Referencias bibliográficas...................................................... 251
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CAPÍTULO 7. ¿EXISTE UNA ANTROPOLOGÍA DE RIESGOS


Y DESASTRES EN EL PERÚ? Fernando Bravo Alarcón.............259
Introducción.......................................................................... 259
Antropología, riesgos y territorio en el Perú........................... 264
Abordaje académico de los riesgos y desastres en el Perú......270
¿Y la antropología?................................................................ 279
¿Por qué la antropología del riesgo de desastres no ha podido
establecerse en el Perú?......................................................... 284
¿Cómo impulsar el enfoque de riesgos y desastres
en la antropología peruana?...................................................290
Conclusiones......................................................................... 291
Referencias bibliográficas...................................................... 292

CAPÍTULO 8. ANTROPOLOGÍA DE LOS DESASTRES


SOCIO-NATURALES EN URUGUAY. Javier Taks.................... 301
Introducción.......................................................................... 301
Antropología en Uruguay a través de la relación
naturaleza – sociedad............................................................ 304
Antropología de los fenómenos meteorológicos extremos......312
Reflexiones finales ................................................................ 319
Referencias bibliográficas...................................................... 323

CAPÍTULO 9. EL ENFOQUE MATERIALISTA EN LA


ANTROPOLOGÍA DE LOS DESASTRES: LA ESCUELA
VENEZOLANA. Rogelio Altez................................................329
Introducción: el efecto DIRDN.............................................. 329
La antropología se convierte en escuela.................................334
Una cuestión biográfica.........................................................338
Los desastres llegan a la escuela............................................ 341
El camino hacia el enfoque materialista.................................345
Conceptos y categorías analíticas esenciales para
una semiología de los desastres............................................. 348
El contexto vulnerable de la Antropología de los Desastres
en Venezuela......................................................................... 360
Referencias bibliográficas...................................................... 362
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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte cons-


tituye la traducción fiel al español del original publicado en inglés como
The Anthropology of Disasters in Latin America. State of the Art por Rout-
ledge en 2020.
Un libro que constituye una primera reflexión de conjunto sobre el es-
tudio antropológico del riesgo y de los desastres en América Latina, sobre
cómo surgió, cómo evolucionó y cuál es su estado actual, debía darse a co-
nocer en la lengua original de los países y las regiones estudiadas.
Un reconocimiento a los autores de los capítulos por hacerse responsa-
bles de la traducción al español de los mismos y a Ilan Kelman, por impul-
sar esta publicación tanto en inglés como en español. Mi agradecimiento a
los tres Centros del Sistema de Centros de Investigación CONACYT que
se sumaron a este esfuerzo: El COLMICH (El Colegio de Michoacán),
El Colef (El Colegio de la Frontera Norte) y mi propia institución, el CIE-
SAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social). GEDISA será, sin duda, el canal idóneo para dar a conocer el re-
sultado de estos esfuerzos.

Virginia García-Acosta
Ticumán, Morelos, México, noviembre de 2021

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MAPAS

MAPA 1. PAÍSES Y REGIONES INCLUIDOS


EN LOS CAPÍTULOS................................................................35

MAPA 2. ARGENTINA. ESTUDIOS DE CASO Y


PRINCIPALES ÁREAS MENCIONADAS.................................... 69

MAPA 3. BRASIL. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 101

MAPA 4. CENTRO AMÉRICA. ESTUDIOS DE CASO


Y PRINCIPALES ÁREAS MENCIONADAS............................... 127

MAPA 5. COLOMBIA. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 155

MAPA 6. ECUADOR. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 185

MAPA 7. MÉXICO. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 220

MAPA 8. PERÚ. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 263

MAPA 9. URUGUAY. ESTUDIOS DE CASO Y PRINCIPALES


ÁREAS MENCIONADAS........................................................ 303

MAPA 10. VENEZUELA. ESTUDIOS DE CASO Y


PRINCIPALES ÁREAS MENCIONADAS.................................. 333

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Altez, Rogelio. Universidad Central de Venezuela y


Universidad de Sevilla.

Antropólogo e Historiador. Profesor Titular de la Escuela de Antropología


(Universidad Central de Venezuela), e Investigador del Departamento de
Historia de América (Universidad de Sevilla), donde obtuvo su Doctorado
en Historia. Premio Nacional de Historia (Academia Nacional de la Histo-
ria, Venezuela, 2011); Premio Nuestra América (CSIC-Universidad de Se-
villa, 2015); Premio Extraordinario de Doctorado (Universidad de Sevilla,
2017). Estancias de investigación y Profesor Visitante en España, México,
Francia, Chile y Colombia. Destaca entre sus libros Historia de la vulne-
rabilidad en Venezuela. Siglos XVI-XIX (Madrid, CSIC-Universidad de
Sevilla, 2016). Creador del curso Antropología de los Desastres (Escuela
de Antropología, Universidad Central de Venezuela), el primero en el tema
en América Latina

Barrios, Roberto E. Southern Illinois University Carbondale, EUA.

Es un antropólogo de los desastres de origen guatemalteco, que ha llevado


a cabo investigaciones etnográficas en Centroamérica, México y Estados
Unidos durante los últimos 20 años. Su investigación se ha centrado en los

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

supuestos modernistas y neoliberales de los programas de reconstrucción


de comunidades, después de los desastres y las formas en que los sobrevi-
vientes del desastre navegan, interpretan o desafían estos procesos de re-
cuperación. Ha publicado los resultados de sus investigaciones en: Annual
Review of Anthropology, Human Organization, Anthropology News, Iden-
tities: Global Studies in Culture and Power y en otros volúmenes editados.
Es autor del libro Governing Affect: Neoliberalism and Disaster Recons-
truction (University of Nebraska Press, 2017). Se ha desempeñado como
copresidente principal del Risk and Disaster Topical Interest Group de la
Society for Applied Anthropology.

Batres, Carlos. Southern Illinois University Carbondale, EUA.

Originario de la Ciudad de Guatemala, actualmente es candidato al docto-


rado en Antropología Cultural en la Southern Illinois University Carbon-
dale. Es también arqueólogo, cuya investigación se ha centrado en las
condiciones ambientales y los desarrollos técnicos que permitieron los pri-
meros asentamientos en el continente americano y el papel de estos facto-
res en el desplazamiento de la población. Su actual interés de investigación
como antropólogo sociocultural se centra en la inteligencia artificial (AI
por sus siglas en inglés) y la robótica, específicamente en las definiciones
que surgen de la relación entre las personas y las máquinas, y el impacto
de esta relación en la movilidad humana relacionada con el surgimiento de
comunidades tecnológicas especializadas.

Bravo Alarcón, Fernando. Pontificia Universidad Católica del Perú.

Sociólogo peruano, Fernando es Magíster en Desarrollo Ambiental como


también en Ciencia Política y Gobierno y ha culminado sus estudios de
Doctorado en Antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú,
donde es docente. Actualmente se desempeña como secretario técnico de
la Comisión de Ambiente y Ecología del Congreso de la República de su
país. Sus áreas de interés incluyen el cambio climático, los asuntos am-
bientales y los desastres. Ha publicado diversos artículos académicos sobre
estos temas, entre ellos se encuentran los siguientes: “Los asuntos ambien-

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Autores

tales en la teoría antropológica” en la Revista Peruana de Antropología,


“Las investigaciones sociales sobre el cambio climático. Una revisión pre-
liminar” en la revista Argumentos, “Bemoles de la conciencia ambiental
en el Perú” en la revista Socialismo y Participación. Es autor del libro El
pacto fáustico de La Oroya: El derecho a la contaminación beneficiosa
(INTE-PUCP, 2015) y del capítulo “Negacionismo y antiintelectualismo
en Trump” que forma parte del libro Del oasis al desierto: la política anti-
climática de Donald Trump (UNAM, 2018).

Camargo, Alejandro. Universidad del Norte en Barranquilla,


Colombia.

Antropólogo y geógrafo colombiano. Tiene un doctorado en geografía de


Syracuse University y fue investigador postdoctoral en el Departamento
de Geografía de la Université de Montréal. Actualmente es profesor asis-
tente del Departamento de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad
del Norte en Barranquilla, Colombia. Sus intereses académicos incluyen
los desastres relacionados con el agua, la economía política agraria y la
ecología política de los ríos y humedales. Junto a Luisa Cortesi escribió
“Flooding water and society”, en Wiley Interdisciplinary Reviews: Water.
En preparación junto a Juan Antonio Cardoso: “Environmental disasters
and critical politics” en B. Bustos, D. Ojeda, G. García López, F. Milanez
y S.E Di-Mauro, eds., Handbook of Latin America and the Environment,
Routledge.

Faas, A. J. San José State University, EUA.


Doctorado en Antropología, University of South Florida. Es profesor aso-
ciado de Antropología en San José State University. Estudia desastres, cri-
sis ambientales, desplazamiento y reasentamiento, principalmente en
México, Ecuador y Estados Unidos. Su trabajo se centra en la producción
histórica y social de desastres (con atención a la “vulnerabilidad”), la for-
mación y desempeño de redes de respuesta, cooperación y ayuda mutua en
desastres y operaciones humanitarias estatales y no gubernamentales para
la recuperación, reconstrucción y reasentamiento. Su trabajo ha aparecido
en revistas como Human Organization, Annals of Anthropological Prac-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

tice, Disasters, Human Nature International Journal of Disaster Risk Re-


duction, Disaster Prevention and Management, Economic Anthropology,
Journal of Latin American and Caribbean Anthropology, Ethnology, De-
velopment In Practice, y en varios libros editados.

García-Acosta, Virginia. Centro de Investigaciones y


Estudios Superiores en Antropología Social, México (CIESAS).

Antropóloga social e historiadora mexicana, profesora e investigadora


desde 1973 en el CIESAS, en México. Su trabajo de investigación está
vinculado al riesgo y a los desastres desde una perspectiva histórico-antro-
pológica en México y Latinoamérica. Sus libros más recientes son Les Ca-
tastrophes et l’interdiciplinarité con Alain Musset (Lovaine, 2017) e
Historia y Memoria de los Huracanes y otros episodios hidrometeorológi-
cos en México: Cinco Siglos con Raymundo Padilla Lozoya, de próxima
aparición.

Kelman, Ilan. University College London, Inglaterra y


University of Agder, Kristiansand, Noruega.

Profesor sobre el tema de desastres y salud en la University College Lon-


don, Inglaterra y Profesor II en la University of Agder, Kristiansand, en
Noruega. Su interés general en la investigación es la vinculación entre de-
sastres y salud, incluyendo la integración del cambio climático en las in-
vestigaciones sobre desastres y sobre salud. Abarca tres áreas principales:

a) diplomacia de desastres y diplomacia de salud


(www.disasterdiplomacy. org),
b) la sostenibilidad de las islas que involucren a comunidades seguras
y saludables en sitios aislados (www.islandvulnerability.org), y
c) educación sobre riesgo para la salud y los desastres
(www.riskred. org.; www. ilankelman.org; @IlanKelman de Twitter/
Instagram).

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Autores

Murgida, Ana María. Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Antropóloga sociocultural argentina, profesora e investigadora de la Uni-


versidad de Burnos Aires y consultora senior a nivel nacional e internacio-
nal. Su experiencia como líder en equipos de proyectos interdisciplinarios
se centra en estudios de riesgo social en contextos de cambio global, ges-
tión de riesgos y en la interfaz ciencia-política, en diferentes ecosistemas y
con actores sociales como comunidades aborígenes y criollas, instituciones
gubernamentales, etc. Los resultados de su trabajo se reflejan en diversos
artículos académicos e institucionales.

Oliver-Smith, Anthony. Profesor Emérito de Antropología


en la University of Florida, Gainesville.

Ocupó la cátedra Greenleaf de Estudios Latinoamericanos del Centro


Stone de Estudios Latinoamericanos de Tulane University (2008) y la cá-
tedra Munich Re Foundation sobre Vulnerabilidad Social del Instituto del
Medio Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de las Naciones
Unidas en Bonn, Alemania (2005-2009). En 2013 recibió el premio Bro-
nislaw Malinowski de la Society for Applied Anthropology por su trabajo
durante toda su carrera en los estudios de desastres y del desplazamiento y
reasentamiento. Ha llevado a cabo investigaciones y consultas antropoló-
gicas sobre los temas de desastres y el reasentamiento involuntario en
Perú, Honduras, India, Brasil, Jamaica, México, Panamá, Colombia, Japón
y los Estados Unidos.

Radovich, Juan Carlos. Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Nacido en Buenos Aires, Argentina. Dr en Antropología Social por la Uni-


versidad de Buenos Aires (UBA) y Profesor en la Facultad de Filosofía y
Letras de dicha Universidad. Investigador Principal del CONICET. Co-di-
rector del Programa “Etnicidades y territorios en redefinición en el Insti-
tuto de Ciencias Antropológicas (ICA-UBA). Temáticas de investigación:
Antropología Rural, Antropología Aplicada; Impacto social del turismo
entre poblaciones indígenas; Reasentamientos de poblaciones; impactos

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0 La antropologia de los desastres_Preliminares.qxp_Layout 1 29.01.22 09:26 Seite 18

La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

sociales de las grandes represas; efectos sociales de la producción de hi-


drocarburos; Migración rural-urbana; Política indígena; Movimientos in-
dígenas en Argentina; conflictos étnicos en el mundo actual; Racismo y
discriminación en la sociedad contemporánea.

Taddei, Renzo. Universidade Federal de São Paulo, Brazil.

Profesor de antropología de la Universidad Federal de Sao Paulo, Brasil.


El Dr. Taddei obtuvo su doctorado en antropología en la Universidad de
Columbia. Se ha desempeñado como profesor invitado en Yale, Duke y la
Universidad de la República de Uruguay. Su trabajo se centra en los con-
flictos ambientales y el conocimiento ambiental tradicional en América
del Sur.

Taks, Javier. Universidad de la República, Uruguay.

Antropólogo uruguayo, profesor adjunto de la Universidad de la Repú-


blica. Obtuvo su doctorado en Antropología social en la Universidad de
Manchester, Reino Unido. Desde 2013 es coordinador de la Cátedra
UNESCO de Agua y Cultura. Sus trabajos se enfocan en la gobernanza del
agua, sistemas energéticos, desarrollo y conflictos socioambientales en Su-
damérica. Se ha desempeñado como consultor en ordenamiento territorial
de cuencas hidrográficas.

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Ilan Kelman

Intentar entender los desastres significa tratar de entender a la gente. ¿Cuá-


les son las creencias, y los sistemas de creencias, los valores e intereses?
¿Cuáles son las motivaciones fundamentales y las inhibiciones que guían
nuestras acciones y las alternativas que al final se entrelazan para reducir,
crear o ignorar los riesgos de desastre? ¿Cuáles son los significados y ex-
presiones de la cultura, de las costumbres, la ética, la filosofía, las normas
y desviaciones, algunas de las cuales disminuyen la vulnerabilidad, así
como otras la incrementan, y en ocasiones no producen efecto ninguno?
¿Qué es lo que nos motiva a sumergirnos con profundidad dentro de los
significados, connotaciones e interpretaciones de los conceptos básicos ta-
les como “desastre”, “riesgo” y “vulnerabilidad”, mientras otros aceleran
la inútil espiral sinfín de nomenclatura compleja y sin significado como
“capacidad de resiliencia adaptativa”, “cambio transformacional” y “sis-
tema ecológico-social”? Algunos se muestran contentos con explorar la
empatía (identificación con otros, como cuando sufren), otros más empujan
mucho más allá, con preocupaciones como mejorar la situación de las per-
sonas. ¿Cómo podemos explicar que aún muchos sostengan que el cambio
climático es la causa principal de los desastres, la migración y los conflic-
tos, en comparación con aquellos que diseccionan las raíces causales vin-
culándolas con la política y el poder?
La respuesta a todas estas preguntas se puede encontrar tratando de en-
tender a las personas, a los individuos y a las colectividades. Pero no ex-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

clusivamente. Todavía resulta necesario profundizar en las estadísticas sís-


micas, mejorar el modelaje hidrodinámico para el seguimiento de las tor-
mentas, llevar a cabo un mejor trabajo de campo para la investigación de
fallas estructurales determinantes de las explosiones volcánicas y los flujos
piroclásticos, así como mejorar el trabajo de laboratorio y el trabajo empí-
rico al intentar crear vacunas para la malaria u otras enfermedades poten-
cialmente epidémicas.
Aún hay mucho que depende de las personas, lo cual deriva en la im-
portancia de estudiar a los grupos sociales. Por ello este volumen se desa-
rrolla centrándose en la antropología.
Estudiar a la gente significa celebrar nuestra diversidad. Estamos muy
bien advertidos de que gran cantidad de la investigación realizada está es-
crita predominantemente en inglés y basada en el pensamiento anglófono.
No obstante, tenemos que ser cautelosos debido a que cada cultura y len-
guaje tiene aspectos positivos, negativos y neutros. La clave está en com-
binar los puntos positivos de cada uno en razón de disminuir y superar el
bagaje negativo que todos cargamos.
Es justamente lo que ofrece este volumen, al distinguir en específico a
América Latina a partir de varios autores latinoamericanos o latinoameri-
canistas que escriben enmarcados en contextos específicos dentro de esa
región, por supuesto Latinoamérica no es una entidad única ni homogénea.
Su gran extensión geográfica y la riqueza de su diversidad la dotan de innu-
merables aspectos positivos, negativos y neutros que hay que comprender.
Podemos y debemos aprender de estos autores, tomando sus consejos
para nuestras propias realidades, invitándolos a que nos ayuden a estudiar-
nos a nosotros mismos y ofreciéndoles a cambio nuestra propia enseñanza,
nuestras recomendaciones, conocimiento y sabiduría. Así, creamos un in-
tercambio mutuo de enseñanza-aprendizaje, aprendizaje-enseñanza para
los temas relacionados con las personas y los desastres. La gigantesca
tarea de compilar un volumen como éste y de cultivarlo hasta su finaliza-
ción, lo cual merece un profundo reconocimiento a su editora, es en sí
mismo un proceso de arranque en el intercambio para aprender y enseñar
sobre nosotros mismos.
La serie “Routledge Studies in Hazards, Disaster Risk and Climate
Change” da la bienvenida a este libro, dado que responde a una necesidad
sentida para contribuir al tema de la gente y los desastres desde perspecti-
vas diversas, con un enfoque antropológico y centrado en Latinoamérica.

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Prefacio

Se fragua un punto de vista inicial para discutir, mostrando que poco sabe-
mos cada uno de nosotros y lo mucho que podemos aprender de otros a
nuestro alrededor. No se trata solamente de entender a las personas para
entender los desastres, se trata de lo que sigue: cómo ayudarlas a gestionar
y evitar los desastres, haciendo la vida y el mundo más seguro para todos.

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Anthony Oliver-Smith
Gainesville, Florida
Julio 2019

Escribo este prólogo como un antropólogo que ha gozado del privilegio de


haber observado y experimentado la evolución de una tradición intelectual,
que ha sido y es actualmente pionera y productiva en el campo de la inves-
tigación de los desastres en América Latina y en el mundo. En efecto,
América Latina ha proveído el contexto para el estudio antropológico de
las amenazas, el riesgo y los desastres, que es teóricamente imaginativo y
metodológicamente diverso y que, a la vez, ha mantenido relevancia para
la política y la práctica en la región, y por extensión, para el mundo. Este
libro marca un punto de referencia importante del progreso en ese campo
de investigación y, por consiguiente, es una expresión de la vitalidad cons-
tante de esa tradición.
El cambio de paradigma que comenzó a mediados de la década de los
setenta, reorientando el enfoque de la investigación y la política, eventual-
mente de las amenazas, los impactos y la reconstrucción hacia la construc-
ción social del riesgo y los desastres, fue iniciado por investigadores que
eran de o trabajaban en el tercer mundo. De este cambio de paradigma, se
sembraron las semillas de una tradición latinoamericana para el estudio
científico social del riesgo y de los desastres. Así, cuando comencé mis
propias investigaciones sobre un desastre en los primeros años de los se-
tenta, que ocurrió en el lugar donde me había estado preparando para estu-
diar otro tema en los Andes norte centrales del Perú, pensaba que mis
primeros pasos antes de ir al campo naturalmente serían una búsqueda de

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

la literatura sobre los desastres en ese país. Puesto que no encontré nada,
expandí mi búsqueda a América Latina en general, que tampoco produjo
resultados. Cabe decir que el trabajo pionero del antropólogo cubano, Fer-
nando Ortiz, desafortunadamente no se encontraba en los archivos de las
bibliotecas norteamericanas en 1970. Finalmente, desesperado, amplié mi
búsqueda para abarcar al tercer mundo en general. Entonces encontré alre-
dedor de una docena de artículos escritos por antropólogos, quienes habían
estado estudiando otros temas cuando se presentaron amenazas como hura-
canes, tifones, y erupciones volcánicas durante su trabajo de campo en la
región del océano Pacífico sur. Otra contribución importante que merece
atención en este contexto es el estudio de un tornado en el estado de Mas-
sachusetts en 1953 del antropólogo Anthony F.C. Wallace, en el cual ela-
boró el marco conceptual para el análisis espacial y temporal de las
dimensiones sociales del desastre. Aunque Fernando Ortiz, el verdadero
pionero del estudio antropológico de los desastres, publicó en 1947 “El
Huracán: su mitología y sus símbolos", su trabajo no se reconocería am-
pliamente hasta los años ochenta. Así que irónicamente, el verdadero pio-
nero en el estudio antropológico de los desastres es un latinoamericano, un
cubano, que no recibió el reconocimiento debido sino hasta la fecha seña-
lada, probablemente más por motivos políticos y culturales que por su valor
académico o científico indiscutible.
Por consiguiente, durante casi dos décadas me sentía bastante solitario,
como antropólogo interesado en el tema de los desastres en América Latina.
De hecho, sólo encontré a otro antropólogo que estudiaba los desastres, Wi-
lliam I. Torry, pero trabajaba mayormente en África sobre cuestiones de la
hambruna, pero también escribía extensamente sobre otros desastres en la
India y el Medio Oriente. En general, no fue hasta la década de los noventa
que el estudio antropológico de los desastres comenzó a ganar reconoci-
miento como un enfoque de investigación antropológica. Así, cuando fui
invitado a una conferencia titulada "Desastre: Vulnerabilidad y Desarrollo",
en la Sociedad Geográfica Real (SGR) en Londres acepté, sin grandes es-
peranzas de encontrar mucho material o información sobre América Latina,
ni mucho más sobre antropología. En el contexto augusto e imponente del
salón de conferencias de la SGR, rodeado a nivel de balcón por una cinta de
madera oscura tallada en letras de veinte centímetros con los nombres de
científicos y exploradores famosos, conocí a los ponentes Andrew Maskrey

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Prólogo

y Allan Lavell. Cuando cada uno, completamente desconocidos entre noso-


tros, identificamos que estábamos trabajando sobre los desastres en América
Latina, fue como haber descubierto a unos hermanos, separados y perdidos
desde su nacimiento. Allan, un geógrafo, y Andrew, un urbanista, y yo, dos
ingleses y un norteamericano de los Estados Unidos, pero todos con rela-
ciones profundas y duraderas en América Latina, estábamos los tres inves-
tigando cuestiones de riesgo, vulnerabilidad y las causas de fondo del
desastre. Cuando se terminó la conferencia, acordamos mantener el con-
tacto con entusiasmo.
No pasaron seis meses cuando la UCLA International Conference on
the Impact of Natural Disasters atrajo a investigadores del mundo entero,
inclusive de América Latina. En aquel evento, descubrimos que había in-
vestigadores latinoamericanos de diversas especialidades haciendo inves-
tigaciones en muchos países de la región, inclusive algunos antropólogos,
como la coordinadora de este libro. Para muchos, fue un momento deci-
sivo. Aunque no se había reconocido todavía, estaba claro que una tradi-
ción científica social del estudio de desastres en América Latina estaba
formándose. Era como descubrir que uno de repente ya no era huérfano,
sino miembro de un grupo de parentesco, animado y diverso.
Poco más de un año más tarde, en agosto de 1992, como lo destacan va-
rios capítulos de este libro, un núcleo de personas que habían asistido a las
conferencias en la SGR y UCLA se reunieron en Puerto Limón, Costa
Rica y fundaron la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres
en América Latina. Aunque la historia de LA RED no es la historia de la
investigación de desastres en América Latina, no se puede escribir ninguna
historia del campo sin reconocer su importancia en el desarrollo de la in-
vestigación social de los desastres, no solo en América Latina sino también
en el mundo. Los antropólogos eran miembros del grupo fundador y han
sido participantes importantes en sus actividades y publicaciones.
En este contexto, la investigación sobre desastres en América Latina,
como la investigación de desastres en general, es multidisciplinaria. Desde
su comienzo, la antropología ha jugado un papel importante en esta tradi-
ción multi/interdisciplinaria. Cuando ocurre un desastre, se afectan todos
los aspectos de la vida social y material, pero un desastre siempre es más
que la suma de las distintas formas de daños y pérdidas que impone. Aun-
que cada disciplina de las ciencias sociales puede contribuir de manera

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

importante al avance del campo, la naturaleza “totalizante” de un desastre,


impactando cada aspecto de la vida, permite una prominencia especial a la
perspectiva holística de la antropología en el estudio de desastres.
Sin embargo, las contribuciones de investigadores latinoamericanos no
han sido debidamente reconocidas por mucho tiempo en el campo del es-
tudio de los desastres. Hasta cierto punto, esto se debe a la predilección
“curiosa” de estos investigadores de publicar sus estudios y perspectivas
en sus propios idiomas, para sus propios lectores. Además, aunque muchos
eran y son académicos, sus intenciones mayormente se enfocaban en el
cambio de políticas y prácticas en sus propias naciones, de un modo pura-
mente reactivo de respuesta a emergencias y reconstrucción al análisis de
causas de fondo y la construcción social del riesgo, con la meta final de in-
tegrar la reducción del riesgo de desastre como una dimensión integral de
la política nacional del desarrollo. Si hubieran escrito en inglés, tal vez ha-
brían aumentado su número de lectores, pero es dudoso que hubieran avan-
zado en este objetivo. Sin embargo, sus esfuerzos han rendido resultados
positivos. Hoy, por ejemplo, en el Perú, ha habido un significativo progreso
legislativo hacia la integración de la reducción del riesgo de desastres den-
tro del portafolio del desarrollo con la aprobación de la Ley 29644, que
creó el Sistema Nacional de la Gestión de Riesgo de Desastres (SINA-
GERD) en mayo de 2011. En septiembre de 2018 México también aprobó
la segunda versión de la Ley de Protección Civil de 2012 que también
atiende el asunto de la construcción del riesgo. Aunque incursiones pro-
fundas aún no se han logrado en los patrones de larga data en la construc-
ción de riesgo, estos actos legislativos son un resultado indiscutible de los
esfuerzos de la comunidad de investigadores sobre desastres, no solamente
de estas dos naciones, sino también de todo el continente para integrar la
reducción de riesgo de desastre en la política nacional de desarrollo.
A lo largo de los últimos cuarenta años, la comunidad de investigadores
sociales en desastres en América Latina, tanto como en el mundo entero,
ha crecido en números y calidad. En efecto, los desastres en las naciones
industrializadas ya no son el enfoque exclusivo de atención como eran an-
tes de los setenta. Aunque la investigación puede estudiar un contexto lo-
cal, en realidad el enfoque ha cambiado a una perspectiva global acerca de
la construcción social de riesgo y los desastres. La relación entre los fraca-
sos del desarrollo y la incidencia de desastres, incluyendo los eventos de
pequeña y mediana escala ahora ha ganado la atención del estudio de de-

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Prólogo

sastres en general. De hecho, las perspectivas sobre la construcción social


de riesgo, vulnerabilidad y desastres ganaron más atención en el sur global,
particularmente en América Latina, antes que en el norte global.
Como dan fe los capítulos de este libro, investigadores antropólogos en
América Latina atienden la gama completa de problemas y cuestiones pre-
sentados por un desastre, algunos con un enfoque específico, pero siempre
con la totalidad en mente. Sin embargo, las trayectorias del desarrollo de
la antropología latinoamericana, tanto como la investigación de desastres,
han variado de acuerdo al país. Estas variaciones reflejan no sólo la diver-
sidad de amenazas según la geografía particular, sino también las tradicio-
nes académicas de la antropología, y especialmente, las estructuras e
instituciones de gobernanza y política de cada nación. La antropología
como disciplina ha tenido una variedad de relaciones e interacciones con
los gobiernos nacionales, algunas enlazadas con las relaciones de poder
internacional de varios tipos, como las señaladas en este libro. Por ejemplo,
la participación de larga data de la antropología en los dominios políticos
de México, casi única en el mundo, ha proveído terreno fértil para el desa-
rrollo del estudio antropológico de desastres. En algunas naciones, como
Brasil, se considera que el mito de que no existen amenazas naturales en el
país, a pesar de una larga experiencia de sequías en el noreste, ha inhibido
la formación de una comunidad de investigadores científicos sociales de
desastres. En otros países, la asociación de la antropología con los movi-
mientos de liberación, como por ejemplo, en Guatemala, resultó en la per-
secución, el exilio, y la muerte de antropólogos guatemaltecos que
trabajaban en la recuperación después del terremoto de 1974. En resumen,
cada nación de América Latina ha venido al encuentro entre las amenazas
naturales y la sociedad que impulsa la construcción social del riesgo y de
desastres desde sus respectivos contextos e historias político-económicas,
tanto como desde sus propios marcos teóricos y tradiciones académicas,
pero cada una ha contribuido al avance del entendimiento holístico de la
antropología de estos fenómenos complejos para el mundo.

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A Anthony Oliver-Smith, por sus enseñanzas que resultan evidentes en


este libro; y por lo mucho que le deben a este autor la Antropología de los
Desastres en general y en Latinoamérica en particular.

A Ilan Kelman por su apoyo y motivación para incluir este libro en la serie
“Routledge Studies in Hazards, Disaster Risk and Climate Change”.

A los tres revisores anónimos de la versión original de este libro, cuyos co-
mentarios impulsaron a los autores a dar lo mejor de sí mismos para hacer
de éste un trabajo original y sobresaliente.

A LA RED por introducir una nueva forma de entender los desastres y los
riesgos a través de la mirada que ofrece la realidad latinoamericana.

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Antropólogos estudiando desastres


en América Latina: ¿por qué, cuándo, cómo?

Virginia García-Acosta

Uno de los objetivos básicos de este libro es mostrar que la producción an-
tropológica en el estudio de los riesgos y los desastres es relevante y ha
sido sustantiva en la discusión y los progresos registrados en la reducción
de ellos. Entre las principales contribuciones de la antropología a este
campo de estudio está la perspectiva holística, combinación entre investi-
gación y práctica, reconocer a la cultura como totalizadora, así como que
los desastres y los riesgos constituyen procesos que están históricamente
construidos.
Después de algunos estudios pioneros en los años cincuenta del siglo
pasado, el primer estudio antropológico en este campo, se inició en los se-
tenta en Europa, en consonancia con la ocurrencia de algunos desastres
muy lacerantes. La incursión en Latinoamérica desde las ciencias sociales
en general y desde la antropología en particular, se inició en los ochenta,
después de que ocurrieron una serie de desastres asociados con amenazas

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

naturales en la región. A partir de entonces se ha hecho investigación cada


vez más relevante. Si bien se han realizado numerosos esfuerzos dentro de
la región, los cuales han decantado en un salto cualitativo a partir de los
años noventa del siglo XX, el diálogo latinoamericano alrededor de estos
temas ha sido poco conocido en el mundo, principalmente porque la ma-
yoría de las publicaciones han sido dadas a conocer en español.
La Antropología de los Desastres en América Latina: estado del arte,
incluido en la muy atractiva serie de Routledge titulada “Routledge Studies
in Hazards, Disaster Risk and Climate Change” (“Estudios sobre amena-
zas, riesgos de desastre y cambio climático”), ofrece una amplia panorá-
mica sobre estos temas. Este volumen, en particular, conjuntó a varios
expertos que nos ofrecen una perspectiva del desarrollo nacional y regional
del tema, dirigida a conocer el nacimiento, la evolución y el estado del arte
actual de la Antropología de los Desastres en América Latina. Contribuye
a ofrecer el conocimiento generado en ese campo, proveniente de lo que se
ha llamado “el sur global”, no entendido como una noción geográfica sino,
en sentido amplio, como un concepto analítico, una expresión crítica que
destaca las diferencias globales. Empiezo con la premisa de que a pesar de
que los modos de pensar y las ideologías que se han diseminado al resto
del mundo desde Europa, y posteriormente desde Estados Unidos aún re-
claman su aplicabilidad universal, las ciencias sociales no existen en un
vacío cultural, por el contrario, se desarrollan en contextos sociales y cul-
turales específicos que difieren entre el norte y el oeste, entre el sur y el
este (Vessuri y Bueno 2016: pp.161-164). En este sentido, me pronuncio
por enmarcar a América Latina y los estudios sobre desastres, objeto de
este libro, como parte del sur global en lugar de hablar de “tercer mundo”,
“países subdesarrollados o en desarrollo”. ¿Países en desarrollo? Ha sido
ampliamente reconocido que los desastres no son solamente problemas no
resueltos del desarrollo, como muchos especialistas han puntualizado
(Cuny,1983; Wijkman y Timberlake,1984), sino justamente problemas
exacerbados por los modelos de desarrollo impuestos, presionados por las
necesidades de crecimiento económico, por los métodos adoptados de acu-
mulación y por los patrones de asentamiento y ocupación territorial parti-
cularmente en los países del sur global. Los desastres son indicadores
endógenos de procesos derivados precisamente de los modelos de creci-
miento y desarrollo adoptados (Maskrey y Lavell, 2013). Son, como se
menciona en el capítulo de Venezuela de Rogelio Altez, ventanas críticas

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Introducción

que nos permiten observar el proceso subyacente y no sólo el evento de-


sastroso.
Sabemos que, por décadas, diferentes disciplinas de las ciencias sociales
han estado interesadas en la teoría y metodología del estudio del riesgo y
los desastres, y que el progreso a la fecha muestra que el diálogo interdis-
ciplinario es indispensable. Sin duda, hay mucho escrito acerca de la geo-
grafía o la sociología del riesgo y los desastres, que es de muy buena
calidad. Conjuntamente con antropólogos, geógrafos como Kenneth He-
witt, Ben Wisner y Phil O’Keefe, con amplia experiencia en lo que ahora
denominamos el sur global, han criticado el papel esencialmente pasivo
que los investigadores hasta entonces habían asignado a la sociedad en la
etiología del riesgo, y la escasa atención puesta en los factores locales, na-
cionales e internacionales en la creación y exacerbación tanto del riesgo
como de los impactos (Oliver-Smith, 2015: p. 247). Reconociendo todos
esos aportes, decidí centrar este libro en la Antropología de los Desastres,
asumiendo el riesgo que esto lleva consigo, el cual es considerable si reco-
nocemos las estrechas fronteras que existen entre esa disciplina y otras,
como la geografía y la sociología. El riesgo de este abordaje está bien re-
flejado en la discusión de Immanuel Wallerstein, contenida en su artículo
titulado “Antropología, sociología y otras disciplinas dudosas”, presentado
en la Cátedra Sidney W. Mintz en 2002. Reconozco con él que esas disci-
plinas, entre las cuales se encuentra la antropología son simultáneamente
tres cosas: categorías intelectuales, estructuras institucionales y culturas.
(Wallerstein, 2003: p.453).
La Antropología de los Desastres es esas “tres cosas”. Tiene sus especi-
ficidades dependiendo del contexto, que seguramente podrán ser identifi-
cadas a través de la lectura de este libro que ofrece una visión enfocada en
Latinoamérica y direccionada a nueve de sus países/regiones: Argentina,
Brasil, Centro América, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Ve-
nezuela. Me disculpo, aun cuando ello no justifique su ausencia, por aque-
llos países y regiones, que, por diferentes razones, no pudieron ser
incluidos en este libro. Debo aclarar que ninguno de los nueve capítulos
aquí presentados ha sido publicado antes con el mismo formato que se uti-
liza en este libro.
Los sujetos en esta introducción son los capítulos en sí mismos, no sus
autores. Decidí, mediante este formato, ayudar a los lectores a identificar
mejor los elementos que distinguen a unos de otros, países y regiones.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Esto no significa que no reconozcamos el esfuerzo que cada uno de los 11


autores realizó para investigar, preparar, analizar y escribir varios borrado-
res de los capítulos, hasta llegar a su versión final. Estoy profundamente
agradecida con ellos, y seguramente la comunidad antropológica también
reconocerá el esfuerzo llevado a cabo por:

• Ana María Murgida y Juan Carlos Radovich: capítulo sobre


Argentina.
• Renzo Taddei: capítulo sobre Brasil.
• Roberto E. Barrios y Carlos Batres: capítulo sobre América Central.
• Alejandro Camargo: capítulo sobre Colombia.
• A. J. Faas: capítulo sobre Ecuador.
• Virginia García-Acosta: capítulo sobre México.
• Fernando Bravo Alarcón: capítulo sobre Perú.
• Javier Taks: capítulo sobre Uruguay.
• Rogelio Altez: capítulo sobre Venezuela.

Por lo que corresponde a la forma que guarda cada capítulo, debo aclarar
lo siguiente. A pesar de que sus autores manejan conceptos comunes y, so-
bre todo, todos ellos son antropólogos profesionales, el vocabulario varía,
lo cual inclusive enriquece la discusión. Tal y como mencionan Wisner et
al. (2015: v.III), se requieren muchas “pláticas sueltas” entre los miembros
de los equipos profesionales antes de llegar al anhelado vocabulario co-
mún, más aún si estamos hablando de aventurarnos a describir una disci-
plina adjetivada: la Antropología de los Desastres.
Esta introducción está dividida en cuatro secciones. Empieza con los
pioneros de la Antropología de los Desastres, procede después a la revisión
de los estudios realizados durante diferentes periodos durante los siglos
XX y XXI. Continúa relatando dónde y cuándo se produjo la incursión de
los estudios en América Latina y ofrece una breve descripción de algunas
contribuciones, así como de algunas convergencias encontradas en los
nueve capítulos que integran la publicación Finalmente, ofrece breves re-
flexiones acerca de lo que algunos autores del libro consideran como futuro
promisorio.
Antes de abordar las secciones antes indicadas, quiero hacer mención
al porqué del subtítulo de esta Introducción. Para el lector especializado
queda claro que se inspiró en el encabezado de aquélla con la que inicia el

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Introducción

Mapa 1.
Países y regiones incluidos en los capítulos

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

libro Catastrophe & Culture. The Anthropology of Disaster, uno de los que
todos reconocemos como emblemático sobre el tema. Esta Introducción,
escrita por mis apreciados colegas Anthony Oliver-Smith and Susanna M.
Hoffman, se subtitula: “¿Por qué los antropólogos tienen que estudiar los
desastres?” Adaptado a los objetivos, intereses y contenido de la publica-
ción que aquí presentamos, elegí subtitularla Antropólogos estudiando de-
sastres en América Latina: ¿por qué, cuándo y cómo? Espero que las
respuestas a estas preguntas se encuentren, de alguna manera, respondidas
en este libro.

Los pioneros y la revisión de estudios

El estudio del riesgo y los desastres, particularmente aquellos ligados con


amenazas naturales, han llamado la atención de científicos sociales prove-
nientes de diferentes disciplinas desde hace un siglo. El sociólogo cana-
diense Samuel H. Prince es ampliamente reconocido como el indudable
pionero de los estudios sociales de desastres, a través de su obra Catas-
trophe and social change, presentada como tesis doctoral en sociología en
la universidad de Columbia en 1920. Prince analiza la explosión de un
barco de transporte de municiones en el Puerto de Halifax, Canadá, en
1917 (Prince, 1920). Le siguieron algunos científicos sociales, que hicieron
investigación y publicaron en las tres décadas sucesivas, principalmente
sociólogos como Lowell Juilliard Carr (1932) y Peter Sorokin (1942).
Los antropólogos entraron en este campo de estudio con gran intensidad
en la década de los cincuenta, con estudios realizados mayoritariamente
desde la antropología británica. A partir de entonces se desarrolló un interés
real y cada vez más sistemático por parte de antropólogos profesionales en
el estudio de los desastres, buscando, como dice William I. Torry, encontrar
elementos comunes en sitios diferentes para las conductas relacionadas
con los desastres y codificar estos hallazgos, o bien participar en la planea-
ción para el control de daños (Torry, 1979b: p.518).1

1 Información más detallada de estos pioneros puede encontrarse en Oliver-Smith,


1986b; Torry, 1979a, 1979b y en casi todas las tesis de maestría y doctorado en Antro-
pología de los Desastres (ver la sección de Referencias del capítulo sobre México en
este libro).

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Introducción

Se llevaron a cabo una serie de estudios de caso relativos a eventos


específicos, que generalmente se vinculaban con el cambio social, y se pu-
blicaron en revistas como Oceanía, Human Organizaton o Human Rela-
tions.2 Entre ellos están aquellos relacionados con los tifones entre los
Yap, ocurridos entre noviembre de 1947 y enero de 1948 en las Islas Caro-
lina occidentales (Schneider, 1957), la que relata la erupción del monte
Lamington, llamado montaña Orokaiva en Papua Nueva Guinea, acaecida
entre enero y marzo de 1951(Belshaw, 1951; Keesing, 1952 y posterior-
mente Schiwmmer, 1969), o el tornado que se presentó en abril de 1953 en
Worcester, Masachusetts (Wallace, 1956).
Entre esos estudios, los que llevaron a cabo en Tikopia (Islas Salomon)
los antropólogos Raymond W. Firth y James Spillius, originarios de Nueva
Zelanda y Canadá respectivamente, fueron considerados como los más de-
tallados por su trabajo etnográfico desarrollado en la escena del desastre
después del paso de sendos huracanes en enero de 1952 y marzo de 1953.3
Firth, reconocido como un antropólogo clásico por su investigación en
1929 entre los Tikopia publicada como We the Tikopia. Kinship in Primi-

2 Current Anthropology, que es una de las revistas que ha dedicado muchas páginas a
publicar resultados de estudios sobre Antropología de los Desastres, fue fundada en
1959, por lo que no se cuenta entre las primeras que los dieron a conocer. Ciertamente
es en Current Anthropology donde se dio a conocer una de las mejores revisiones sobre
el tema en los setentas.
3 En la excelente compilación de “imperdibles” (musts en inglés) para el estudio de de-
sastres, que fuera publicada en 2015 bajo el título de Disaster Risk (Wisner et al.,
2015), siete de los 98 artículos seleccionados corresponden precisamente a los que po-
dríamos ubicar dentro de los pioneros en los estudios sobre riesgos de desastre durante
la primera mitad del siglo XX. Después de la disertación de Prince (1920), otro publi-
cado en la década de los treinta, otro en los cuarenta y tres más en los cincuenta. Entre
ellos se cuentan tres de los clásicos ya mencionados y publicados dentro de esas cuatro
décadas: el del sociólogo Carr (1932) y los de los antropólogos Schneider (1957) y
Spillius (1957) cuyos artículos fueron publicados el mismo año. En esta compilación,
los editores incluyeron al antropólogo británico Audrey l. Richards con su capítulo pu-
blicado en el libro Hunger and Work in a Savage Tribe: A Functional Study of Nutrition
Among the Southern Bantu, publicado en 1932. No lo consideramos como un pionero
de la Antropología de los Desastres, pero como lo señala el mismo Ben Wisner, el ca-
pítulo de Richard fue incluido debido a que muestra que la habilidad de enfrentar las
crisis está cimentada en la práctica de la vida cotidiana, al igual que lo es la vulnera-
bilidad (Conversación personal con Wisner el 2 de julio de 2019).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

tive Polynesia,4 y su regreso más de dos décadas después a esas islas poli-
nesias, acompañado de Spillius su muy querido asistente de investigación,
con el objetivo de observar, grabar y analizar el cambio social llevado a
cabo a lo largo de los años transcurridos entre ambas visitas. El resultado
fue lo que el autor mismo, “hablando estrictamente” describió como un es-
tudio sincrónico dual y no uno diacrónico (Firth, 1959: p. 22). No obstante,
aceptando que los huracanes y las inundaciones consecuentes, así como la
hambruna derivada que se provocó en Tikopia fueron elementos cruciales
en el cambio experimentado por la población, se reconoce que el desastre
no se debió exclusivamente al paso de los huracanes.
El estudio que es considerado como el primero cuyo interés central es
un desastre asociado con amenazas naturales recurrentes es el del antropó-
logo canadiense-estadounidense Anthony F.C. Wallace: Tornado en Wor-
cester. Él creó lo que llamó un modelo espacio-temporal del desastre como
un tipo de evento conductual, buscando ofrecer un modelo general para
los desastres, que pudiera ser utilizado sistemáticamente, comparado y
analizado con respecto a variaciones a lo largo de las dimensiones en el
tiempo y en el espacio. Consideró el evento de Worcester como el espacio
apropiado para aplicar los principios iniciales de ese modelo (Wa-
llace,1956: p. 1), el que incluye seis elementos esenciales, a cada uno de
los cuales dedica un capítulo del estudio. Esos seis elementos son: un es-
tado estable (pre-tornado), la advertencia, el impacto, el aislamiento, el
rescate, la rehabilitación, el cambio irreversible y temas especiales. Dentro
de estos últimos están incluidos el “Síndrome de Desastre” y la “Teoría de
la Cornucopia”, siempre combinando datos etnográficos con el análisis
correspondiente. Coincido con los antropólogos que han afirmado que las
contribuciones de Wallace a la investigación antropológica, derivadas del
estudio del tornado en Worcester, vinculando desastre con crisis cultural,
respuestas y cambio social, constituyen un aporte significativo a las teorías
científicas relativas al cambio social durante el resto del siglo XX (Oliver-
Smith,1995: p. 57, 1996: p. 320). El reconocimiento que Oliver-Smith y
Susanna M. Hoffman le hicieron en el libro ya clásico The Angry Earth,

4 Publicado en 1936 con un prefacio de Bronislaw Malinowski, en el cual califica al


libro de Firth como “modelo de investigación antropológica”, tanto por el trabajo de
campo sobre el cual está basado, como por la teoría en la que sustenta su análisis (Ma-
linowski, 1936: p. vii). Siempre estaré agradecida con mi colega JC Gaillard por pro-
porcionarme un original de esta joya de la antropología.

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Introducción

reconociendo su trabajo como el pionero de la Antropología de los Desas-


tres es comprensible y compartido.
Este importante impulso no se mantuvo en los años subsecuentes. Fue
hasta finales de los setenta cuando se produjo un rebrote del tema con la
publicación de resultados de investigaciones, conducidas predominante-
mente entre pastores y cultivadores afectados por las sequías ocurridas en
el Sahel y el este de África (Torry, 1979 a: p. 518).5 A partir de entonces se
mantuvo cierta continuidad en los estudios que identificamos dentro de la
Antropología de los Desastres. Como es evidente en lo antes mencionado,
así como por las referencias citadas, la contribución de dos antropólogos
estadounidenses fue decisiva. Me refiero a Anthony Oliver-Smith (Uni-
versity of Florida, Gainesville) y William I. Torry (University of West Vir-
ginia). Ambos publicaron artículos muy importantes hacia el final de los
setenta (Oliver-Smith, 1977 a, 1977 b, 1979 a, 1979 b, 1979 c; Torry, 1978,
1979 a, 1979 b) y es precisamente a ellos a los que debemos los primeros
dos artículos de revisión del estado del arte de la Antropología de los De-
sastres. El de Torry, “Anthropological Studies in Hazardous Environments:
Past Trends and New Horizons” (“Estudios antropológicos en contextos
riesgosos: tendencias pretéritas y nuevos horizontes”), fue escrito en 1978
y publicado un año después en Current Anthropology (Torry, 1979 a). Por
su parte, Oliver Smith tituló el suyo “Disaster Context and Causation: An
Overview of Changing Perspectives in Disaster Research”(“Desastre, Con-
texto y Orígenes: una revisión de las perspectivas cambiantes en la inves-
tigación de los desastres”), que se publicó en 1986 (Oliver-Smith, 1986 b).
A ambos he hecho amplia referencia con anterioridad.
La primera es una revisión en dos sentidos: por un lado, considera qué
aproximaciones había al momento en cuanto a estudios sobre desastres,
principalmente desde la perspectiva antropológica y, por otro, cuál era el
horizonte de la investigación en ese momento. La segunda constituye la
introducción a la primera compilación de artículos escritos por antropólo-
gos con estudios realizados en diferentes partes del mundo, distantes unos

5 Las investigaciones realizadas en la década de los setenta por tres críticos y emblemá-
ticos geógrafos sociales en esas áreas, han sido un punto de referencia para todos los
científicos sociales en este campo: Phil O’Keefe, K. Westgate y Ben Wisner. Juntos
publicaron en 1976 el inolvidable artículo titulado sagazmente “Taking the naturalness
out of natural disaster” en la reputada revista titulada precisamente Nature (O’Keefe
et al., 1976).

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0 La antropologia de los desastres_Preliminares.qxp_Layout 1 29.01.22 09:26 Seite 40

La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

de otros al incluir Latino América, Alaska, Israel, Bangladesh y África.


Oliver-Smith hace no sólo una sinopsis del desarrollo de los estudios sobre
desastres, sino que incursiona en el cuestionamiento de las definiciones de
los principales conceptos involucrados, identificando claramente que aque-
llo que estaba creciendo no eran las amenazas naturales, sino las vulnera-
bilidades de cara a ellas, lo cual le permitió arribar a tres conclusiones:

El impacto del sistema humano sobre el medioambiente y el incre-


mento de la población mundial en regiones con pronósticos de de-
sastre, ha hecho crecer el riesgo y la escala del impacto de los
fenómenos naturales. En efecto, el medioambiente no se ha trans-
formado en más riesgoso. A través de la intervención humana, la
vulnerabilidad ante los riesgos naturales, en ciertas regiones, se ha
incrementado (Oliver-Smith,1986b: p.7).

Resulta evidente que la perspectiva alternativa, a la que hace amplia refe-


rencia el capítulo sobre México de este libro, se había ya posicionado entre
los antropólogos, quienes con sus investigaciones etnográficas la habían
evidenciado.
La revisión de Oliver-Smith de 1996 resultó ser la más inclusiva hasta
ese momento. Se publicó primero en español en la revista de LA RED De-
sastres & Sociedad, y un año más tarde en el Annual Review of Anthropo-
logy (Oliver-Smith, 1995, 1996). En ella analiza a profundidad las tres
aproximaciones generales que los antropólogos habían desarrollado: las
correspondientes a la respuesta, las relativas al cambio social, y las con-
cernientes al ámbito político-ambiental. Esta separación analítica la consi-
dera meramente artificial, debido a que las tres abordan problemas que se
relacionan causalmente, tanto en su desarrollo como en su conceptualiza-
ción, e insiste en que, si bien es necesario un enfoque multidisciplinario, la
antropología es una de las disciplinas que aborda el problema con un enfo-
que holístico (Oliver-Smith, 1996: pp.305,322).
Estudios subsecuentes que tratan de dar una visión panorámica, han
sido publicados ya en el siglo XXI. Quisiera destacar algunos: Dos de
ellos constituyen introducciones a ediciones especiales de revistas: Human
Organization, que ha incluido reflexiones sobre el tema casi desde que fue
fundada en 1941; e Iberoamericana-Nordic Journal of Latin America and
Caribbean Studies, cuya última transformación hacia lo que es ahora se
emprendió en los noventa. Otros dos fueron publicados en The Internatio-

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0 La antropologia de los desastres_Preliminares.qxp_Layout 1 29.01.22 09:26 Seite 41

Introducción

nal Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences en 2015 y en The


International Encyclopedia of Anthropology en 2018. Antes de estas cuatro
revisiones, sin antecedentes ni continuidad de parte del autor, fue publicada
la de Doug Henry en 2005. La menciono porque, a pesar de desconocer la
literatura sobre el tema producida en y sobre América Latina (salvo el tra-
bajo de Oliver-Smith sobre Perú, que es el único que cita), es menos cono-
cida e introduce algunos temas hasta entonces poco considerados por los
especialistas, como los “coping mechanisms” y la capacidad de recupera-
ción (Henry, 2005).
A. J. Faas y Roberto E. Barrios (2015), antropólogos estadounidense y
guatemalteco-estadounidense respectivamente, presentaron una nueva re-
trospectiva casi treinta años después de aquélla publicada en 1986. En ella
hacen referencia a antecedentes, avances, aproximaciones metodológicas,
y aprendizajes teóricos que ellos identifican como una “puesta al día del
campo diversificado de la Antropología de los Desastres”. Incluyen siete
artículos provenientes de diferentes regiones del mundo, que atienden de-
sastres asociados con diversas amenazas naturales y aportan conceptos y
nuevas ideas, como aquella de “vulnerabilidad procedimental” para el caso
del tifón ocurrido en Taiwán en 2009 (Hsu et al., 2015).6
La panorámica que ofrece la antropóloga sueca Susann Baez Ullberg
en calidad de introducción a la colección de artículos publicada en Iberoa-
mericana (Baez Ullberg, 2017), es más concisa, y enfoca los desastres y
las crisis o “eventos críticos”. Junto con Sergio Visakovsky, antropólogo
argentino, en el capítulo escrito por éste e incluido en esa Colección, es-
clarecen por qué insisten en referirse a desastre y a crisis, dos conceptos
que consideran estrechamente conectados, utilizando para ello argumentos
como los siguientes: aquello que llamamos crisis económicas incluyen as-
pectos desastrosos, pues el desastre rompe la continuidad temporal, lo cual
implica que se instala un tiempo de crisis (Visacovky, 2017: p.7).7

6 Es uno de los conceptos mencionados en el capítulo sobre Ecuador, no obstante, la re-


ferencia no es la misma.
7 Esa es la razón de que el título de su artículo sea “Cuando el tiempo se congela”. Es
ésta una discusión que va más allá del propósito de esta introducción. Como podrían
pensar algunos, se trata sólo de una diferencia semántica, como lo reconoce el propio
autor; pero el artículo de Visacovsky es sumamente revelador, en muchos sentidos, al-
rededor de ésta y otras discusiones relacionadas con el uso de diferentes conceptos
cuando se enfoca a la misma problemática. Vale la pena leerlo y es inicio para ulteriores

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Las entradas en las dos enciclopedias antes mencionadas, The Interna-


tional Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences y The Interna-
tional Encyclopedia of Anthropology, son también breves, como suelen
ser este tipo de textos (Oliver-Smith, 2015; García-Acosta, 2018). Ambas
reconocen a los desastres como procesos multidimensionales de alta com-
plejidad, que se materializan en el espacio y en el tiempo a partir de even-
tos específicos, los cuales pueden ser mejor aprehendidos bajo la
perspectiva holística de la Antropología. Una y otra se refieren al tema
desde un punto de vista global destacando, con énfasis diferentes, la im-
portancia de la ecología cultural y de la ecología política en la investiga-
ción antropológica. Reconocen también el cambio de paradigma
establecido en los ochenta, mismo que en realidad se inició a mediados de
los setenta. El texto de Oliver-Smith se concentra en analizar cómo las no-
ciones nacieron, crecieron y cambiaron, discute viejos conceptos e intro-
duce otros nuevos, ofrece nuevas vetas como la idea de mutualidad entre
la sociedad y la naturaleza, misma que reside en el núcleo de cada desastre
y que, considera, resulta claramente expresado en los retos que presenta el
cambio climático global como una de las brechas (gaps) que aún existen
entre la investigación sobre desastres y la práctica en su gestión. El texto
de García-Acosta constituye una narración acerca de cómo nació el tema,
su evolución, las contribuciones de la disciplina, el estado del arte en algu-
nas regiones del mundo y su representación en instituciones, así como en
reuniones y revistas especializadas.
Dado que este libro está centrado en Latinoamérica, los textos antes ci-
tados fueron revisados siempre buscando una serie de elementos comunes:
¿qué es lo que incluyen sobre esa región del mundo?, ¿desde cuándo y de
qué manera estaba presente la Antropología de los Desastres en esos estu-
dios? Considerando que nuestro interés se remonta a finales de la década
de los setenta y abarca hasta la actualidad, otra pregunta resultaba inevita-
ble: ¿cómo ha estado presente la Antropología de los Desastres en Lati-
noamérica en los setenta, cómo en los ochenta, en los noventa y ya en el
siglo XXI?

discusiones sobre el tema. Llamo la atención acerca de que el nombre de las más re-
cientes redes de antropología estudiando este tema son la European Association of So-
cial Anthropologists (EASA) Disaster and Crisis Anthropology Network (DICAN).

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Introducción

En las revisiones que llevó a cabo Torry (1979a, 1979b), América Latina
aparece sólo mencionada con casos de estudio en Perú y en México, lleva-
dos a cabo por latinoamericanistas más que por antropólogos de la región.
En el primer caso, cita a Oliver-Smith, agradeciéndole los comentarios a
su texto; más adelante, refiriéndose al “cataclismo de Perú en 1970”, hace
referencia también a autores que después han trabajado el tema, tales como
PL. Doughty, S.W. Dudasik, B. Bode y J. Osterling. Para el caso mexicano
las referencias aluden principalmente a riesgos asociados con amenazas
naturales de origen tectónico referidos al periodo final de la cultura maya,
por lo cual todas ellas hacen alusión a arqueólogos como E.W. Mackie,
R.J. Sharer, R.E.W Adams y P.D. Sheets.
Oliver-Smith en su introducción de 1986 al reporte especial de Studies
in Third World Societies menciona tres casos latinoamericanos de estudio
llevados a cabo por antropólogos: el del sismo de Perú ocurrido en 1970
(B. Bode), el vinculado con huracán Fifí en Honduras en 1974 (no especi-
fica autor) y el del temblor en Guatemala de 1975 (J.F. Alexander, N.S.
Sipe, W. Peacock, y F. Long). El reporte especial incluye siete artículos,
dos de los cuales están referidos a América Latina, los de S. Robinson et
al. titulado “It Shook Again. The Mexico City Earthquake of 1985” y el de
P.L. Doughty, “Decades of Disaster: Promise and Performance in the Ca-
llejon de Huaylas, Peru”, de nuevo México y Perú que, como hemos visto,
dominaban el panorama de miradas antropológicas sobre desastres en la
región.
Revistas ya editadas en el siglo XXI muestran una imagen muy dife-
rente, lo cual da cuenta cómo cambió el panorama a lo largo de esas tres
décadas tanto en términos generales, como por la cada vez mayor inclusión
de Latino América en la investigación antropológica sobre desastres hacia
finales del siglo anterior.
Faas y Barrios fueron los editores del reporte especial producto de un
llamado específico para someter artículos, el cual fuera resultado de la reu-
nión 2013 de la Society for Applied Anthropology en la que se otorgó el
premio Malinowski a Anthony Oliver-Smith. Dicho reporte incluyó siete
artículos, sólo dos de los cuales son producto de investigaciones en América
Latina, el del brasileño V, Marchezini titulado “The Biopolitics of Disaster:
Power, Discourses and Practices” y “The Construction of Vulnerability
along the Zarumilla River Valley in Prehistory” de Sarah Taylor, centrados
en las fronteras entre Brasil y Perú-Ecuador, respectivamente.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

En 2017 apareció la primera colección de artículos dedicada exclusiva-


mente al tema para la región (Baez Ullberg, 2017). A ella hice breve refe-
rencia antes. Como se podía esperar a partir de su título, “The Contribution
of Anthropology to the Study of Crises and Disasters in Latin America”,
los artículos se refieren a estudios sencillos incluidos en esta edición espe-
cial basados en información empírica proveniente de investigación de
y desde la región. Sin embargo, sólo abordan dos espacios: Argentina y
Brasil. En el primer caso D. Zenobi alude a las dimensiones políticas del
incendio de un club nocturno en 2004, conocido como” La Tragedia de
Cromañon”, mientras que Baez Ullberg, por su parte, se centra en la inun-
dación catastrófica de 2003 ocurrida en la ciudad de Santa Fe.8 Por lo que
respecta a Brasil, T. Camargo da Silva se enfoca en el desastre radiológico
ocurrido en 1987 en Goiânia desde el punto de vista de la población juve-
nil, con base en una narrativa que realizó casi 20 años después.
Por su parte, el texto publicado en The International Encyclopedia of
Anthropology enfatiza más la región, destacando la investigación llevada a
cabo en una especie de maridaje entre antropología e historia en los casos
de México y Venezuela, a la vez que reconoce que en otros países de la re-
gión la Antropología de los Desastres seguía teniendo una presencia aún
incipiente.
Por todo lo anterior esperamos que los nueve capítulos de este libro
puedan modificar esta perspectiva, al revisar el estado del arte en cada uno
de los países estudiados.9 Empecemos por examinar cómo fue que se inició
la incursión del tema de los desastres en nuestra región de estudio.

8 Estos artículos, así como la introducción de Baez Ullberg, se revisan en el capítulo de


Argentina de este libro.
9 En el mismo sentido lo hicieron Wisner et al., (2015) en los cuatro volúmenes de
Disaster Risk. R. Altez y V. García-Acosta están preparando la publicación en español
de una compilación de textos que han llamado “textos imperdibles” o “trabajos mayo-
res” en Antropología de los Desastres y el riesgo, que tendrá como objetivo el contri-
buir a incrementar y reforzar el conocimiento que aún está ausente en el mundo de
habla hispana, principalmente entre los estudiantes.

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Introducción

La incursión en América Latina

Un pionero en el tema es sin duda el trabajo llevado a cabo por el antropó-


logo cubano Fernando Ortiz, cuyo libro El Huracán: su mitología y sus
símbolos (Ortiz, 1947), es ya reconocido como un clásico. Pero fue en las
últimas dos décadas del siglo XX, cuando el interés en el estudio de los
desastres realmente inició su incursión por diferentes áreas de Latino Amé-
rica dedicadas a la investigación y a la enseñanza en antropología. Si el
punto de inflexión “formal” en la década de los setenta fueron las reflexio-
nes y contribuciones de Oliver-Smith y de Torry, el filón posterior provino
de la concatenación de desastres asociados con amenazas naturales, tanto
geológicas como hidrometeorológicas a lo largo y ancho de la región.
Entre ellos, los que causaron mayores efectos e impactos y, por tanto, aten-
ción, fueron los siguientes cinco: el multicitado sismo ocurrido en Perú en
1970 incluyendo los posteriores deslizamientos en el Callejón de Huaylas;
la erupción del volcán Chichonal en Chiapas, México en 1982 con los
efectos multidimensionales que ocasionó sobre la población indígena zo-
que; la erupción del Nevado de Ruíz en Colombia en 1985 que provocó la
tragedia de Armero, conjuntamente con la presencia durante 1982-1983 de
los efectos del fenómeno de El Niño ( El Niño Oscilación del Sur), con
efectos e impactos principalmente en Ecuador y Perú, a los que se sumaría
el temblor de la Ciudad de México en 1985.
Algunas investigaciones, asociadas con eventos ocurridos en México,
aunque no necesariamente identificadas con el campo de los desastres o el
riesgo, se han convertido en contribuciones emblemáticas. La primera de
ellas se refiere a un estudio llevado a cabo por un grupo de antropólogos
mexicanos posterior a la erupción del volcán Chichonal antes mencionada.
Con experiencia previa en el área de estudio, trataron de dar cuenta de los
efectos de la erupción en el campo social, cultural y económico sobre la
población del área (Báez-Jorge et al., 1985). La segunda corresponde a los
análisis llevados a cabo por el antropólogo canadiense Herman Konrad,
relativos sobre el papel que jugaron y juegan las tormentas tropicales entre
los mayas prehispánicos y contemporáneos, un tema que él insistía había
permanecido en el olvido a pesar de estar enraizado con profundidad en la
sociedad y cultura mayas (Konrad, 1985).10

10 A ellos se hace referencia más explícita en el capítulo sobre México.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Es reconocido que el libro clásico de Wallace, Tornado in Worcester


(1965), fue el primero dedicado específicamente a un tema dentro de lo
que posteriormente se identificaría como Antropología de los Desastres.
Pues bien, resulta que este campo de estudio tuvo que esperar tres décadas
más para producir un nuevo libro que lo atendiera, y finalmente lo hizo en
la figura de The Martyred City: Death and Rebirth in the Andes de Oliver-
Smith, publicado en 1986. Es ésta la primera obra que, en Latinoamérica,
puede considerarse propiamente como un producto de la Antropología de
los Desastres (Oliver-Smith, 1986a).
Al igual que los ejemplos peruanos y mexicanos citados, en los nueve
capítulos centrales de este libro podemos encontrar mención de un buen
número de estudios importantes, que dan cuenta de esta incursión defini-
tiva de una incipiente Antropología de los Desastres en Latinoamérica. Lo
que ocurre es que hasta ahora esa producción estaba dispersa, no se había
sistematizado, ni se había presentado de manera conjunta.11 Ahora sabe-
mos que desde los setenta se empezaron a estudiar las inundaciones esta-
cionales en Argentina, ocasionadas por cambios en los patrones de uso del
suelo y sus efectos. El tema de los desplazamientos forzados, que desde
esas fechas se estudió en la región como producto de la construcción de
presas hidroeléctricas (en Argentina, Brasil y México), se ha vinculado es-
trechamente con la ocurrencia de desastres asociados con amenazas natu-
rales. Se reconoce que el sismo de Guatemala de 1976 impulsó
investigación antropológica al respecto en el área, mientras que tanto ahí
como en otras zonas donde existieron asentamientos prehispánicos como
Ecuador, México y Perú, se profundizó en estudios arqueológicos relacio-
nados con desastres históricos asociados con sismos, erupciones volcáni-
cas, deslizamientos y huracanes ocurridos a lo largo y ancho de la
Monarquía hispánica, documentados en crónicas y periódicos antiguos.
De hecho, la región se ha identificado desde hace mucho tiempo como
un territorio en el cual se suceden eventos de gran magnitud. Avalanchas,
sismos, inundaciones, efectos de la corriente de El Niño, heladas, graniza-
das, deslizamientos de tierra, tornados, erupciones volcánicas, vientos hu-
racanados, así como algunos clasificados con nombres locales como los

11 La información que se enlista después se puede encontrar, de forma más detallada, en


cada capítulo de este libro.

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Introducción

huaycos en Perú,12 han sido parte de la vida cotidiana de aquellos que han
poblado esos territorios por siglos. Algunos eventos se identifican como
“tradicionales” o recurrentes debido a la regularidad de su presencia. Con-
siderando esta enorme cantidad d evidencias, la paradoja es la siguiente:
¿por qué en muchas regiones o países la antropología no había atendido
esa problemática? ¿por qué en varios capítulos del libro (Brasil, América
Central, Colombia y Perú) se hace referencia a los denominados, implícita
o explícitamente, “desastres invisibles”? El capítulo sobre América Central
inclusive identifica esta contradicción como una “tensión clave”.
En ciertos países de Latinoamérica, el límite en el despliegue de la An-
tropología de los Desastres se asocia con el insuficiente desarrollo de la
antropología en general. No obstante, tenemos que preguntarnos qué ocu-
rrió en países cuyas antropologías gozaban de un razonable desarrollo, in-
ternacionalmente reconocido, que ofrecían docenas de programas de
graduación y post-graduación para la disciplina, que contaban con un con-
junto de profesionales, instituciones y publicaciones especializadas y bien
calificadas que llevaron a definirlas como “brillantes comunidades antro-
pológicas”, como es el caso de Brasil.
Las causas de esta contradicción entre ser un espacio fértil para el desa-
rrollo de la investigación sobre desastres y la escasa atención prestada por
los antropólogos a ese campo de trabajo se exploran particularmente en
los capítulos sobre Brasil, Colombia y Perú. En algunos incluso, el asunto
se explora a profundidad. No obstante, los lectores encontrarán que no hay
una respuesta única como explicación, aun cuando se identifican muchas
y notables coincidencias. Una de esas respuestas fue parte de las inquietu-
des que me llevaron a considerar la posibilidad de publicar un libro como
éste: los antropólogos latinoamericanos o latinoamericanistas sí han estu-
diado los desastres desde la perspectiva de la disciplina; de hecho, estos
forman parte de numerosas etnografías cuidadosamente elaboradas, pero
lo que faltaba era dar seguimiento a esos esfuerzos y ponerlos juntos bajo
un mismo paraguas. Si ello es verdad ahora, y los capítulos de este libro

12 El artículo de este libro dedicado al Perú menciona que: “huayco es una palabra que-
chua utilizada en el Perú para referirse a una corriente o flujos de aguas turbias y lodo
que bajan raudamente desde la parte más alta de las montañas, capaces de arrastrar
rocas, maleza, árboles y otros sedimentos a lo largo de un cauce definido de quebradas
o riachuelos, golpeando y arrasando a los asentamientos humanos que se ubican en su
trayectoria.”

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

logran mostrarlo, la próxima versión de la International Encyclopedia of


Anthropology, que al momento sólo incluye el desarrollo de la disciplina
en cinco países latinoamericanos (Argentina, Brasil , Chile, Colombia y
México), deberá incluir a la Antropología de los Desastres como uno de
los temas cultivados por los especialistas en esos y otros países de la re-
gión.13
Un papel clave para el inicio de la discusión crítica, desde las ciencias
sociales, al estudio de los desastres en América Latina fue la creación de
LA RED, varias veces citada aquí, Creada en 1992, sus productos “han in-
fluido de tal manera que hoy el contenido de muchas leyes y políticas pú-
blicas desarrolladas en América Central y los países Andinos desde
mediados de los noventa hasta la actualidad han reflejado sus conceptos
básicos” (Lavell, 2017: p.15). LA RED incluyó entre sus miembros, desde
su fundación, a antropólogos latinoamericanos y latinoamericanistas, mis-
mos que participaron activamente en la publicación de artículos y libros
con su sello. La mirada antropológica sin duda tuvo influencia en los cam-
bios de paradigmas que LA RED impulsó, de hecho ello es reconocido en
casi todos los capítulos del libro, tanto citando sus publicaciones como en
términos de que abonó a disminuir esa brecha existente en la región entre
las agendas de la academia y las de las administraciones públicas.14
El primer producto relacionado con Antropología de los Desastres como
resultado de proyectos, seminarios y conferencias que LA RED organizó
y/o financió fueron los dos primeros volúmenes de Historia y Desastres
América Latina publicados en 1996 y 1997: a ellos se sumó un tercer vo-

13 Al final del capítulo “Anthropology in Mexico”, el campo es al menos mencionado,


lo cual antes no ocurría.
14 En los capítulos de este libro se menciona expresamente a los siguientes, la mayoría
de ellos fundadores de LA RED: Hilda Herzer (+) en Argentina; Gustavo Wilches-
Chaux, Omar Dario Cardona, Maria Teresa Findji y Victor Daniel Bonilla in Colombia;
Allan Lavell en Costa Rica; Elizabeth Manzilla, Jesus Manuel Macías y Virginia Gar-
cía-Acosta en México; Andrew Maskrey (LA RED creador y primer coordinador), Ant-
hony Oliver-Smith y Eduardo Franco (+) en Perú. En la compilación antes mencionada
(Wisner et al., 2015), entre los textos originales citados aparece una buena cantidad
producida por fundadores de LA RED: en el volumen I “Big-Picture Views”: Lavell,
Oliver-Smith y Wilches-Chaux; en el volumen Ill “Knowledge and Wisdom”: García-
Acosta y Maskrey; en el volumen IV “Having Influence”: Oliver-Smith y Wilches-
Chaux.

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Introducción

lumen publicado una década después, en 2008. Todos ellos incluyen estu-
dios que van de la arqueología y la historia, a la antropología social.15
La realización de investigación en y sobre Antropología de los Desastres
atendiendo casos latinoamericanos, así como la publicación de sus resulta-
dos, se fue expandiendo gradualmente de diferentes maneras. Tal es el
caso de compilaciones que sobre el tema fueron apareciendo a partir de fi-
nes de la década de los ochenta, donde se incluyeron cada vez más casos
latinoamericanos. Algunos ejemplos de ese tipo de publicaciones que se
iniciaron en esa época y que cubren más de tres décadas son los siguientes:

a) Natural Disasters and Cultural Responses (Oliver-Smith, 1986b) in-


cluye México y Perú.
b) The Angry Earth: Disaster in Anthropological Perspective (Oliver-
Smith y Hoffman, 1999): Perú.
c) Constructing Risk, Threat & Catastrophe Anthropological Perspec-
tives (Giordano y Boscoboinik, 2002): Costa Rica, Honduras y Mé-
xico.
d) Catastrophe & Culture. The Anthropologv of Disaster (Hoffman y
OliverSmith, 2002): México y Perú.
e) “Applied Anthropology of Risk, Hazards, and Disasters”(Faas y Ba-
rrios, 2015): Brasil, la frontera entre Ecuador y Perú.
f) “La Contribución de la Antropología al Estudio de Crisis y Desastres
en América Latina”(‹The Contribution of Anthropology to the Study
of Crises and Disasters in Latin America”) (Baez Ullberg, 2017): Ar-
gentina y Brasil.
g) Les Catastrophes et L’interdisciplinarité: dialogues, regards croisés,
pratiques (Disasters and Interdisciplinarity: Dialogues. Crossed
Glances, Practices) (García-Acosta y Musset, 2017): Haití y México.
h) Antropologia, Historia y Vulnerabilidad Miradas diversas desde
América Latina (Anthropologv, History and Vulnerability. Different
Perspectives from Latin America) (Altez y Campos, 2018): Brasil,
Guatemala, México y Venezuela.
i) Disasters in Popular Cultures (Gugg et al., 2019): América Latina.

15 Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México,
Nicaragua, Panamá, Perú y Puerto Rico.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Quisiera destacar cuatro publicaciones que, aparecidas a lo largo de los


últimos diez años, dan cuenta de la continuidad en estos esfuerzos. Se trata
de libros que, como aquellos prístinos de Wallace y Oliver-Smith, se cen-
tran en un país y en uno o varios eventos asociados con la presencia de
amenazas naturales que han dado como resultado procesos desastrosos, y
cuyos análisis están desarrollados a partir de esa subdisciplina, de esa dis-
ciplina con apellido: la Antropología de los Desastres en América Latina.
Se trata de los siguientes:

a) Sandrine Revet, Anthropologie d’une catastrophe. Les coulées de


boue de 1999 au Venezuela (Antropología de una catástrofe. Los
deslizamientos de 1999 en Venezuela), publicado en 2007;
b) Susann Ullberg, Watermarks. Urban flooding and Memoryscape in
Argentina (Marcas de agua. inundaciones urbanas y memoryscape
en Argentina), 2013
c) Julie Hermesse, De I ‹ouragan a la catastrophe au Guatemala. Nou-
rrir les montagnes (Del huracán al desastre en Guatemala. Nutrir a
las montañas), 2016
d) Roberto E. Barrios, Governing Affect. Neoliberalism and Disaster
Reconstruction (Neoliberalismo y reconstrucción del desastre),
2017.

Y continuando…

En la primera década del siglo XXI, el tema de la Antropología de los


Desastres en América Latina empezó a mostrar presencia creciente en con-
gresos de antropólogos a nivel nacional e internacional.16 Fueron emer-
giendo gradualmente asociaciones, grupos de trabajo e inclusive se

16 En las reuniones siguientes, se presentaron artículos sobre el tema referidos a diferentes


países de la región Latinoamericana: ALA (Asociación Latinoamericana de Antropo-
logía/Latin American Anthropological Association) en 2012, 2015 y 2017; COMASE
(Congreso Mexicano de Antropologia Social y Etnología/Mexican Congress of Social
Anthropology and Ethnology) en 2010 y 2012; COMECSO (Comité Mexicano de
Ciencias Sociales (Mexican Social Sciences Committee) en 2012; EMBRA (Encuentro
Mexicano-Brasileñio de Antropólogos/Mexican-BraziIian Meeting of Anthropologists)
en 2013, 2015 y 2017; IUAES (International Union of Anthropological and Ethnolo-
gical Sciences) en 2016 y 2018; RBA (Reunión Brasileña de Antropologia/BraziIian
Meeting of Anthropology) en 2016.

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Introducción

organizaron por primera vez conferencias que tenían como tema central
precisamente el de la Antropología de los Desastres.17 El tema se introdujo
de manera gradual, en las agendas, en las discusiones y en los temas de de-
sarrollo. Entre estos el TIG (Risk and Disaster Topical Interest Group) de
la SfAA (Society for Applied Anthropology), creado en 2013 ha jugado un
papel particularmente importante.18
Dos de los magnos Congresos organizados por asociaciones internacio-
nales de antropólogos constituyeron el principal antecedente de los nueve
capítulos de este libro. En primer lugar, la mesa de trabajo organizada en
el marco de la Conferencia de ALA en Bogotá en 2017, a la que siguió el
Simposio desarrollado en la Conferencia de la IUAES celebrada en Floria-
nópolis en 2018. En ambos eventos el título de la mesa de trabajo y del
simposio respectivos, tuvieron como título el de “Antropología de los De-
sastres en América Latina: estado del arte” y como convocantes a Gonzalo
Diaz-Crovetto y a Virginia García-Acosta.19 Uno de los objetivos que nos
propusimos desde un principio, y sobre el cual insistimos no sólo en las
discusiones desarrolladas en los dos eventos, sino en la preparación de
este libro, fue intentar evitar lo que he denominado la “tortícolis acadé-
mica”, que consiste en la tendencia a sólo mirar y valorar los paradigmas
teóricos producidos en el norte global del mundo. Es decir, partir de la ri-
queza que ofrece lo producido, teórica, metodológica y etnográficamente,
en y desde nuestra región. Una situación y oportunidad favorables para
destacar y compartir lo que hemos desarrollado y seguiremos creando en

17 Es el caso de ARCA (Association pour la Recherche sur les Catastrophes et les Risques
en Anthropologie/Association for Research on Disasters and Risk in Anthropolog);
DICAN/EASA (Disaster and Crisis Anthropology Network/European Association of
Social Anthropologists) desde su fundación en 2014.
18 TIG/SfAA ha organizado reuniones anuales sobre el tema, en las cuales se han pre-
sentado artículos para los siguientes países: en Albuquerque 2014, Argentina, Bolivia,
Brasil, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, México, Perú, St. Lucia; en Pittsburg 2015,
Haití y México; en Vancouver 2016: Belice, Bolivia, Haití y México; en Santa Fe 2017:
Brasil, Costa Rica, El Salvador, México y Perú; en Filadelfia 2018: Belice, Bolivia,
Cuba, Guatemala y Puerto Rico; en Portland 2019: Belice, Bolivia, Ecuador, Haití,
México y Puerto Rico.
19 Casi todos los autores que están ahora en este libro ya participaron en 2017: A. Murgida
(Argentina), T. Hanson (Bolivia), R. Taddei (Brasil), R.E. Barrios (América Central),
G. Diaz-Crovetto (Chile), A. Camargo (Colombia), A. J. Faas (Ecuador), V. García-
Acosta (México), J. Taks (Uruguay) y R. Altez (Venezuela). Fue ahí donde afortuna-
damente, se incorporó Perú con F. Bravo.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

el sur global lo constituye la reciente aprobación de la Comisión de Antro-


pología de Riesgos y Desastres en el seno de la IUAES en 2018.20

Estructura del libro

Todos los capítulos de este libro se refieren a un país específico, desta-


cando ciertas áreas, entidades o espacios específicos. Hay una excepción,
el de Centro América que se trabajó como región, capítulo en el cual se
analizan con más detalle Guatemala y Honduras, aunque también se hace
referencia a casos en El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.
Cada capítulo ofrece una panorámica lo más completa posible sobre el
desarrollo de la antropología en el país o la región en cuestión, detenién-
dose en identificar el nacimiento y la evolución de lo que podemos llamar
en términos generales estudios antropológicos sobre riesgos y desastres
para, en cada caso, tratar de presentar lo que podría considerarse el estado
actual de ese campo de estudio. Este contenido dividido en esas tres partes:
desarrollo de la disciplina, nacimiento y evolución de la Antropología de
los Desastres y su estado actual, fue sugerido desde el inicio del proyecto
de este libro, y cada autor lo desarrolló adoptando un formato propio en su
narrativa y fórmula expresiva.
Estos capítulos enfatizan la importancia de hacer etnografía situada, de
utilizar técnicas antropológicas tradicionales tales como la observación
participante, así como llevar a cabo trabajo intensivo de campo en el área
de estudio. Esto permite alcanzar un conocimiento y una comprensión
efectiva del contexto en el cual se procesa la ocurrencia del desastre.21 Es
ésta una de las claves para la evaluación del riesgo, debido a que ayuda a
identificar no solamente cómo los riesgos son socialmente construidos
frente a las amenazas naturales en contextos específicos, sino inclusive
identificar las diversas percepciones culturales del riesgo.

20 Su líder es una de los principales especialistas en el tema: Susanna M. Hofmann, quien


invitó a V. García-Acosta a acompañarla en el cargo.
21 Cfr. la excelente compilación de textos sobre trabajo de campo especialmente en Amé-
rica Latina recientemente publicada por la antropóloga Argentina Rossana Guber, mos-
trando “como los antropólogos sociales, antropólogos culturales y etnólogos llevan a
cabo la investigación con reflexiones, experiencia y percepciones acerca de nuestro
modo de pensar, haciendo e imaginando el campo etnográfico” (Guber, 2018: p. 45).

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Introducción

Algunos de los autores ya habían trabajado el tema en sus países. Otros


tuvieron que iniciar investigaciones echando mano de las metodologías
existentes y, en algunos casos, ideando técnicas y maneras imaginativas
probadas en otros trabajos de investigación. Por ejemplo, en el caso de
Colombia se llevaron a cabo un buen número de conversaciones con an-
tropólogos que habían estudiado o estado en las secuelas de un desastre.
En el de Uruguay, se realizó una investigación en revistas académicas, así
como entrevistas con colegas de los departamentos de antropología y ar-
queología de las universidades. Y así en otros casos, particularmente en
aquellos en los que la Antropología de los Desastres era considerada como
“invisible”.
Sin duda los capítulos responden a lo que se denomina “curiosidad et-
nográfica”, acompañada de una metodología adecuada. Esa curiosidad
etnográfica, acompañada de una lectura cuidadosa de la literatura antropo-
lógica relativa al riesgo y los desastres, llevaron como se explicita en el
caso del Ecuador, a identificar información invaluable proveniente de la
memoria y las narrativas locales.
Para concluir esta sección, me quiero referir a dos elementos que fueron
incluidos en todos los capítulos. En primer lugar, como respuesta a una de-
manda de mi parte a los autores, en los textos e inclusive en la bibliografía
se mencionan y discuten las tesis de maestría y doctorado relacionadas de
alguna manera con la Antropología de los Desastres que fueron localizadas
en el país correspondiente. El número total impacta debido a que, aun con-
siderando que puede existir un subregistro, suman casi medio centenar.22
Por otro lado, en cada uno de los capítulos se incluye un mapa en el cual
están representados exclusivamente los espacios a que se hace referencia
en los textos, tanto si se trata del producto de un estudio de caso antropoló-
gico, o bien de la ocurrencia de algún evento desastroso que se consideraba
importante destacar. Es por ello que el título de cada mapa está precedido
por el nombre del país o de la región, en el caso de Centroamérica, seguido
de la frase “Casos de estudio y principales áreas mencionadas”.23

22 La mayoría de ellas han sido defendidas en México (13), Colombia (7) y Venezuela (6).
23 Agradezco al geógrafo Armando Nava por darle a estos mapas un formato final ho-
mogéneo, así como a Diego Vargas por su asistencia en el proceso de conformación
de este libro.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Contenidos, productos y debate

Este libro ofrece aproximaciones y perspectivas teóricas diversas, algunas


de las cuales inclusive ni imaginábamos que pudieran aparecer. No obs-
tante, existen confluencias en los nueve capítulos, de las que daré cuenta
en esta sección, con la esperanza de que dicho ejercicio pueda servir para
animar la reflexión y el debate acerca del estado actual y el desarrollo fu-
turo de la Antropología de los Desastres en general y en América Latina en
particular.
En primer término, se asume sin duda alguna, que los desastres no son
naturales. Esta aseveración se confirma con los datos que sustentan los ca-
sos de estudio en los capítulos del libro. Se reconoce de manera generali-
zada que la vulnerabilidad es el corazón de la ocurrencia de los desastres.
En segundo lugar, se admite ampliamente que los desastres son procesos.
Lo anterior implica la inevitabilidad de entenderlos, estudiarlos y analizar-
los desde una perspectiva histórica, lo cual resulta evidente en la mayoría
de los casos presentados en el libro, más explícitamente en los correspon-
dientes a México, Venezuela y América Central.
En todos los capítulos se reconoce el papel determinante que juegan
tanto el contexto en el cual se produce el proceso de construcción del de-
sastre, como el momento en el cual cobra realidad (el evento). El caso par-
ticular de poblaciones indígenas viviendo en riesgo, que se trata en varios
de los capítulos, es parte de esta problemática, cuyo aislamiento y falta de
acceso a zonas seguras para establecerse es producto de la negligencia y la
total ausencia de una mínima planeación. El capítulo relativo a América
Central, aborda el caso de la comunidad El Cambray 2, al sur de Ciudad de
Guatemala, que refleja un desastre claramente fraguado en el deficiente
proceso de planeación urbana.
La multidisciplina o interdisciplina es otro tema que surge en varios de
los capítulos del libro. Se atiende en dos esferas del conocimiento: entre
las ciencias sociales y las físicas y naturales, por un lado, y por otro entre
las ciencias sociales entre sí. En el estudio de los desastres asociados con
amenazas naturales la discusión con climatólogos, geomorfólogos, sismó-
logos o vulcanólogos con quienes muchos de nosotros hemos trabajado,
no nada más es necesaria sino imprescindible.
A lo largo de los capítulos de este libro se aprecia el papel destacado
que por ejemplo los geográfos han tenido en la temática.24 El capítulo so-

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Introducción

bre Argentina reconoce que su participación “en una región que enfrenta
una diversidad de riesgos hidroclimáticos y sísmicos de gran complejidad”
ha sido clave para atender asuntos relacionados con medioambiente y de-
sertificación, incluso más allá de la propia Argentina. El capítulo dedicado
al Ecuador distingue la labor desplegada por varios geógrafos, al grado de
incluir una sección intitulada “Geografía crítica, Estudios Ambientales y
Gestión del Riesgo”, la cual concluye con un llamado a la profundización
del diálogo interdisciplinario.
En algunos casos, y principalmente en la última década y media se re-
conoce que los eventos hídricos extremos, principalmente las sequías, han
provocado discusiones interdisciplinarias y multidisciplinarias sumamente
productivas, bajo el paraguas común del cambio climático, tal y como se
señala en el capítulo de Uruguay. Los antropólogos colombianos, por su
parte, destacan que estas discusiones multidisciplinarias con especialistas
precisamente en cambio climático, han constituido un terreno fértil para la
teorización de los “paisajes del desastre”. ¿Por qué? ¿Qué significa esta
noción?
“Paisajes del desastre” aparece en el título del capítulo sobre Colombia
y es, de hecho, el eje sobre el cual se desarrolla. El planteamiento es suma-
mente atractivo, razón por la cual se le dedica toda una sección del capítulo
mismo en la que se argumenta que siendo el desastre un fenómeno mate-
rial, deja una huella evidente y duradera en el paisaje, “la materialidad de
un paisaje afectado por un desastre incide significativamente en la manera
como antropólogas y antropólogos entienden y enfocan su investigación”.
El capítulo sobre Uruguay recrea el mismo concepto, verbalizándolo como
“paisaje desastroso” y destaca su utilidad “para orientar la investigación
antropológica hacia un mayor compromiso con el conocimiento de las
ciencias naturales, ya que el desastre provoca una transformación material
dramática y evidente del ambiente que, a su vez, provoca revelaciones et-
nográficas para comprender la reconfiguración y reestructuración de cosas
y elementos, humanos y no humanos, que constituyen mutuamente estos
paisajes afectados”. La discusión acerca de este concepto de paisajes del
desastre es realmente interesante e innovador en el campo de los desastres,

24 El geógrafo-antropólogo mexicano J.M. Macías, en un libro publicado sobre antropo-


logía e interdisciplina, diserta sobre la relación entre antropología y geografía en la in-
vestigación sobre desastres, y subraya temas como la dimensión espacial, las esferas
regionales y las escalas (Macías, 2013).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

lo cual nos invita a discutirlo e inclusive a disentir sobre su utilidad, como


ocurre con tantas otras nociones en éste o en cualquier campo especiali-
zado del conocimiento.
Es el caso de otro concepto común en varios de los textos, el de incerti-
dumbre. El capítulo sobre Argentina se refiere a la incertidumbre cuando
la población rural o urbana sufre el embate de fenómenos extremos de la
naturaleza, los cuales ocurren con frecuencia en las regiones de América
Latina. Un “estado de incertidumbre” se revela como producto de la com-
binación de factores naturales y tecnológicos, organización social, estrate-
gias adaptativas y modelos de desarrollo, que se pueden mitigar mediante
la participación de actores y del conocimiento, a través de procesos de
gestión y planeación. El capítulo sobre Uruguay, haciendo referencia al de
Argentina, así como al artículo de Taddei ”The politics of uncertainty“,25
nota que uno de los principales hallazgos ha sido identificar las enormes
diferencias entre científicos climatólogos, usuarios finales, expertos y no
expertos (como los tomadores de decisión, los productores o técnicos agrí-
colas, o incluso los periodistas), en su comprensión sobre el clima. Éste
puede ser, indistintamente, un objeto neutral, algo subjetivo asociado con
la memoria experimentada, o incluso una especie de “subproducto” de la
pobreza científica y del conocimiento limitado que imposibilita reconocer
la incertidumbre. El capítulo sobre Colombia sólo menciona el concepto
de incertidumbre en una ocasión, relacionada con los deslizamientos de
tierra que allanaron el camino para la puesta en marcha de un nuevo régi-
men de gobernanza del riesgo, creando incertidumbre entre la gente.
En los tres capítulos mencionados, el concepto de incertidumbre es re-
levante en referencia a una impresión que queda cuando se ven las cosas
desde la frontera entre el conocimiento y la incertidumbre; así, ésta puede
ser definida como la brecha que se crea entre la ininteligibilidad del riesgo,
el desastre y sus efectos entre los agentes en el terreno, que limita la capa-
cidad de tomar decisiones correctas. Es probable que después de la lectura
de estos capítulos, el concepto sea introducido con mayor fuerza en las
discusiones relacionadas con el riesgo y los desastres asociados con ame-
nazas naturales, particularmente con los efectos e impactos de aquéllas no
recurrentes.

25 El capítulo sobre Brasil no hace referencia a este artículo, ni a la incertidumbre como


tal.

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Introducción

Un tema ligado a la incertidumbre es el de la ciencia postnormal o pers-


pectivismo postnormal. Propone un diálogo que, además de requerir de la
mirada interdisciplinaria y de hacerse entre los varios actores involucrados,
ha de servirse de una metodología participativa que incluya tanto a cientí-
ficos como a tomadores de decisiones. El análisis sobre Brasil va más allá,
al considerar a los desastres como una “forma de perspectivismo postnor-
mal de la contemporaneidad”, idea que sin duda conviene explorar más
acuciosamente, a la luz de la información que ofrezcan etnografías cuida-
dosamente elaboradas.26
Como resulta evidente, encontramos convergencias y concurrencias en-
tre los capítulos del libro, así como un abanico de perspectivas e interpre-
taciones variadas en las formas de entender los procesos vinculados con el
tema de nuestro interés. Es, sin duda, una más de las riquezas que ofrece
esta compilación, además de que permite confirmar que la investigación y
el campo sobre desastres y riesgo, aun desde una perspectiva antropoló-
gica, no está epistemológicamente unificado, así como tampoco presenta
una interpretación teórica única.

Observaciones finales: futuro prometedor

Los nueve capítulos que integran este libro evidencian que la Antropología
de los Desastres en esta región de América, a pesar de ser incipiente en al-
gunos lugares, está en el camino correcto para lograr la construcción de
una antropología propia a nivel regional, que responda a sus características
y especificidades contextuales propias. Es parte de esa “antropología mul-
tifacética del sur global” que, con el resto de antropologías del mundo per-
mite afirmar a la diversidad como un principio irrenunciable de la
antropología que es “la ciencia de la diversidad sociocultural” nos dice Es-
teban Krotz (2018).

26 Referido a este tema, pero sin hacerlo explícitamente dentro del campo de los desastres,
los antropólogos Taddei e Hidalgo enfatizan que una antropología post normal “nos
permite referirnos y conceptualizar situaciones en las cuales el encuentro etnográfico
se hace presente en contextos de choque ontológico real, y donde el marco conceptual
que estructura el etnógrafo no puede mantenerse sin cambios” (Taddei e Hidalgo, 2016:
p.22).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Esta diversidad, y la riqueza que de ella se deriva en términos de con-


ceptos, marcos teóricos, metodologías y acercamientos, anuncia como ine-
vitable, tanto en la discusión sobre riesgo y desastres como en cualquier
otra que involucre el pensamiento antropológico, la necesidad de llevar a
cabo encuentros y discusiones entre especialistas provenientes de variadas
especialidades, que prometen ser muy fructíferas. Tomando en cuenta las
subespecialidades de la antropología, resulta imprescindible involucrar en
ellas al lado de los estudiosos de la Antropología de los Desastres, a profe-
sionales de la Antropología Ecológica, de la Antropología del Medio Am-
biente, de la Antropología del Paisaje, o bien de la que podría denominarse
Antropología del Cambio Climático.27
A partir de la reciente publicación de la última versión de la Internatio-
nal Encyclopedia of Anthropology, que constituye un compendio de la
puesta al día sobre la investigación en antropología, revisé aquellos sub te-
mas de la antropología que podrían estar relacionados de alguna manera
con el estudio del riesgo y de los desastres. Me centré en aquellos referen-
tes a ecología, medioambiente, paisaje, cambio climático y similares en-
contré que sólo dos, derivados de estos, están incluidos en las entradas de
la Enciclopedia.28 La correspondiente a “Antropología medioambiental”
(“Environmental Anthropology”) hace referencia expresa a nuestro tema,
reconociendo el estudio de los Tikopia de Raymond Firth como uno de los

27 Éste se deriva del título de dos muy interesantes volúmenes coordinados por Susan
Crate y Mark Nutall titulados Anthropology & Climate Change. From encounters to
actions (Left Coast Press, 2009) y Anthropology & Climate Change: From actions to
transformations (Routledge, 2016). Crate es la autora de la entrada sobre cambio cli-
mático en la International Encyclopedia of Anthropology, y hace una asociación es-
trecha de los desastres con los desplazamientos.
28 En esa misma Enciclopedia se pueden encontrar otras entradas vinculadas al tema de
los desastres, no directamente asociadas con “Antropología de”, tales como las si-
guientes: “cambio climático”, “adaptación cultural”, “ecología cultural”, “vulnerabi-
lidad ambiental y resiliencia”, “ecología histórica y ecología política”. De ellas, sólo
tres hacen referencia expresa a desastres, es el caso de “cambio climático”, “vulnera-
bilidad ambiental y resiliencia”, y finalmente “ecología política”. En este último se re-
conoce que el tema surgió a partir de un pensamiento crítico acerca de las crisis
ecológicas que no son simplemente naturales en su origen, pero hace referencia a “de-
sastres tales como inundaciones, desertificación y deslizamientos de tierra” (Campbell,
2018). Ello demuestra, una vez más que si bien se reconoce que los desastres no son
naturales, se mantiene una especie de inercia por identificarlos como sinónimos de las
amenazas naturales mismas.

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Introducción

que enriquecieron la antropología de mediados del siglo XX, y a Anthony


Oliver-Smith como uno de los pioneros en el campo con su Martyred Cit.
Los autores de esta entrada, encabezados por Luisa Cortesi (Cortesi et al.,
2018) incluso afirman que en la investigación sobre desastres éstos con
frecuencia se definen como “ambientales”, con el objetivo de eximir a los
verdaderos responsables de su generación y de su gestión.
Podríamos abundar en esta revisión crítica relacionada con la fragmen-
tación del conocimiento que lleva a que, refiriéndose a problemas similares
o idénticos se separa encasillándola con etiquetas diferentes. Sin duda, es-
tamos frente a un reto que tendremos que explorar en la Antropología de
los Desastres en general, para identificar las brechas, los vacíos que exis-
ten, así como las posibles conexiones presentes en los estudios sobre ries-
gos y desastres y sobre su reducción, con aquellos sobre cambio climático
y sobre adaptación a él, o bien sobre desarrollo sustentable desde una pers-
pectiva antropológica entre estudios sobre la reducción de los riesgos de
desastres, cambio climático, adaptación al cambio climático y desarrollo
sustentable y medio ambiente desde un punto de vista antropológico. ¿Cuá-
les son sus similitudes, sus convergencias, y cuáles sus diferencias y diver-
gencias? Una pregunta clave es la siguiente: ¿es útil esta fragmentación
cuando estamos hablando acerca de un tema crítico y tan sensible como la
reducción del riesgo de desastre?
Teniendo como eje temático a los riesgos y los desastres, habremos de
profundizar en la relación entre estos dos conceptos y las subdisciplinas
que se abordan en varios de los capítulos de este libro, a las que he hecho
referencia y que podríamos ubicar como “primas hermanas” de la Antro-
pología de los Desastres. Promovamos y reforcemos entre ellas ése que se
ha denominado “diálogo fraterno “, sobre lo cual ya avanzaron Oliver-
Smith (2017) y Hoffman (2017) en sus textos publicados en el Routledge
Handbook of Environmental Anthropology. Varios de los capítulos en An-
tropología de los Desastres en América Latina. Estado del Arte, particu-
larmente los dedicados a Brasil, Colombia, Perú y Uruguay, constituyen
un buen ejemplo de ese diálogo.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y


riesgo en la Antropología Social argentina

Ana Maria Murgida y Juan Carlos Radovich

Introducción

El objetivo del presente capítulo es efectuar un relevamiento introductorio


de los abordajes teórico/conceptuales y temáticos, empleados en diversos
estudios sobre riesgo y procesos catastróficos o desastres, desarrollados en
la Antropología Social de Argentina. Ello, en su síntesis, nos permitirá ca-
racterizar una antropología del riesgo y los desastres en proceso de desa-
rrollo.
Para los fines del presente trabajo hemos llevado a cabo un relevamiento
de artículos antropológicos publicados en dos libros del año 2015, que in-
cluyen en su temática o metodología el enfoque del riesgo y desastres.
Uno de ellos, compilado por Claudia Natenzon, Claudia y Diego Ríos, el
cual reúne trabajos de investigadores del grupo PIRNA/UBA, con aportes
desde la Geografía y las Ciencias Sociales para casos en Argentina. La se-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

gunda obra, compilada por Jesica Viand y Fernando Briones, fue publicada
por iniciativa de La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres
en América Latina (LA RED), la cual fue producto de una convocatoria
abierta cristalizada en el libro “Riesgos al sur. Diversidad de riesgos de de-
sastres en Argentina y riesgo, catástrofe y vulnerabilidad”. La búsqueda se
fue completando a partir del rastreo de las citas bibliográficas de autores
argentinos en dichas publicaciones, también en trabajos iniciales y los que
fueron presentados en mesas dedicadas a estos temas en encuentros de An-
tropología realizados entre los años 2011 y 2018 en el país.
El análisis consistió en identificar las temáticas sustantivas, así como
también los enfoques teóricos/metodológicos empleados, los autores más
citados y las características de las investigaciones según fueran disciplina-
rias o inter/transdisciplinarias. Dicho recorrido nos condujo a los albores
de la Antropología Social nacional, y al estudio del riesgo en las Ciencias
Sociales, revelando de qué manera se fue incorporando dichas temáticas
en nuestra disciplina.
Las diversas regiones geográficas de Argentina, con sus poblaciones
urbanas y rurales se ven afectadas periódica y profundamente por fenóme-
nos tales como inundaciones, sequías, movimientos sísmicos, erupciones
volcánicas, dispersión de cenizas u otros producidos por actividades in-
dustriales. No obstante, la periodicidad de algunos de estos fenómenos, la
imprevisión e incertidumbre atraviesan la esfera de las instituciones como
constante a la hora de aplicar políticas públicas tendientes a prevenir, ate-
nuar o mitigar los daños producidos por los distintos eventos. General-
mente suelen implementarse acciones de asistencia posteriores a la
ocurrencia de los fenómenos, sin reducir la vulnerabilidad ni el riesgo fu-
turo de las poblaciones afectadas.
Debemos tener en cuenta también, que el riesgo resulta de una con-
fluencia de factores naturales, tecnológicos, de organización social, estra-
tegias adaptativas y modelos de desarrollo, que en su combinación generan
un estado de incertidumbre. La Antropología Social argentina al abordar el
riesgo por su parte, examina esta confluencia en sus estudios de eventos
extraordinarios como desastres, conflictos y crisis de distintas característi-
cas. El desastre es lo que resulta del encuentro en el tiempo y en el espacio
de amenazas naturales y tecnológicas con riesgos socialmente construidos,
que han incrementado las condiciones de vulnerabilidad de los grupos so-
ciales (García-Acosta, 2005, 2006).

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

Por otra parte, el abordaje antropológico de las situaciones límites o


críticas socioambientales, asume una serie de principios que se han cons-
truido durante décadas, como resultado de investigaciones de distintas dis-
ciplinas sociales en diálogo con las ciencias naturales, las ciencias exactas
e ingenierías varias, compartiendo con otras ciencias sociales y humanida-
des diversas visiones sobre la problemática señalada.
Asimismo, podemos mencionar que los riesgos resultan elementos nor-
males de los entornos conocidos por las culturas en sus distintas expresio-
nes y particularidades que enfrentan con diferentes estrategias.
Por otro lado, los desastres suelen combinar agentes potencialmente
destructivos provenientes de un medio natural y/o tecnológico y una po-
blación vulnerable frente a los mismos.
Desde un enfoque crítico, la vulnerabilidad frente a los desastres o pro-
cesos catastróficos, resulta explicable en términos de las condiciones de
desigualdad y subordinación existentes en determinadas sociedades.
Debido a ello, la combinación de elementos naturales y sociales suele
producir daños o pérdidas diversas a los principales elementos vitales, or-
ganizacionales y culturales de las poblaciones afectadas. Por otro lado, la
percepción del riesgo y los niveles de aceptación del mismo, constituyen
procesos históricos de construcción colectiva, bajo principios y valores
sociales, que determinan cuáles son los peligros reales a evaluar y enfrentar
en distintos momentos.
En otro orden de variables, las decisiones políticas y productivas para
la implementación del desarrollo ponderan análisis de costos/beneficios,
reflexionando acerca del riesgo en sus diversos niveles (económico, eco-
lógico, tecnológico; etc). Sin embargo, muchas veces los aspectos sociales,
y culturales son relegados a un segundo plano de la consideración al perci-
birlos como meras “externalidades”.
También, las experiencias sociales derivadas de los desastres se trans-
miten a través de procesos individuales y colectivos de la memoria y con-
curren para crear una comprensión y significado del mismo con una gran
variabilidad, aunque con ciertas regularidades. (García-Acosta, 2004;
Díaz-Crovetto, 2015).
En otro orden, la Antropología del riesgo y los desastres se enlaza con
los enfoques teóricos como la ecología cultural, la ecología política, y con
subdisciplinas tales como la Antropología Económica y la Antropología
Política. También se relaciona con campos aplicados como los estudios

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

sobre refugiados, reasentamientos de poblaciones debido a “modelos de


desarrollo” y grandes proyectos (represas hidroeléctricas, explotación de
hidrocarburos, explotación minera, expansión de la frontera agropecuaria;
etc); con los estudios de impacto ambiental, y aquellos relacionados con el
cambio climático global y la gestión del riesgo (Oliver-Smith, 2002; Gar-
cía-Acosta, 2006). Los estudios sobre el riesgo y el desastre, tanto desde
su construcción teórica como en su faz de ciencia aplicada, son resultantes
de diálogos interdisciplinarios y preocupaciones de gestión, así como de
diseño de políticas públicas (Oliver-Smith, 2002; Warner et al., 2010; Báez
Ullberg, 2017a; Murgida, 2012).
Como período de gran importancia en el desarrollo de la disciplina, en
la década de los ochenta, surgen los enfoques teóricos de gestión que estu-
dian a los desastres como fenómenos complejos de contextualización múl-
tiple, que van más allá de los modelos fisicalistas con tendencias al análisis
inductivo (Bartolomé, 1985; Ribeiro, 1985; Hansen y Oliver-Smith, 1982;
García-Acosta y Suárez Reynoso, 1996). Esta nueva óptica sustenta que
los problemas socioculturales, económicos y políticos, previos a la ocu-
rrencia del evento, intervienen en una sociedad antes, durante y después
de la catástrofe. De este modo, se comienzan a utilizar conceptos más ope-
rativos tales como vulnerabilidad, exposición, estrategias adaptativas y
riesgo, aplicados al análisis de las poblaciones afectadas (Radovich, 2013;
Valiente y Radovich, 2016).
Entre las primeras disciplinas sociales que en Argentina problematiza-
ron el riesgo, encontramos la Geografía y la Sociología, sumándose más
tarde la Antropología Social. Los primeros pasos siguieron a los autores de
la escuela de economía política de los desastres del Disaster Research Unit
de la Universidad de Bradford (Reino Unido), y del Disaster Research
Center, de la Universidad de Delaware, (Estados Unidos) con el liderazgo
del sociólogo Enrico Quarantelli, analizando las respuestas sociales desde
el interaccionismo simbólico, aplicando investigación etnográfica. Acadé-
micos de las tres disciplinas mencionadas, convergieron en 1992 en la
creación de LA RED, en el marco del trabajo de reducción de desastres de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU), contribuyendo con publi-
caciones relevantes para el desarrollo del enfoque sobre el riesgo de desas-
tres en América Latina.
De manera general hemos hallado estudios de caso sobre desastres y
ejemplos de conflictividad por la percepción de riesgos. Entre ellos, sola-

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

Mapa 2.
Argentina. Estudios de caso y principales áreas mencionadas

mente algunos aplican el enfoque del riesgo propiamente dicho o lo pro-


blematizan. En tanto que otros estudios, abordan la situación de riesgo o
de desastre sólo de una manera implícita o emergente de otra problemática
más central en la investigación. De este modo, el material recopilado y
analizado, nos permitió establecer un marco de orientación para el estado
del arte de una antropología de los riesgos y los desastres en la Argentina.

Primeros antecedentes sobre el riesgo y su problematización

La Ciencias Antropológicas, en sus comienzos con una perspectiva desde


la Etnología, que tenía como objeto primordial de estudio las “sociedades
etnográficas”, conceptualizadas como “culturas primitivas” o “El Estudio
de los Bárbaros”, según la perspectiva de Marcelo Bórmida (1970) figura
hegemónica en la disciplina en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

pecialmente durante los períodos dictatoriales. La categoría central de aná-


lisis era la “conciencia mítica” basada en una “fenomenología hermenéu-
tica” con fuertes componentes de irracionalismo (Bartolomé, 1982).
Bórmida por su parte, caracterizaba a las “culturas, grupos o pueblos etno-
gráficos” como grupos aislados, ahistóricos, naturalizados y externos a los
mecanismos de reproducción del capital, a las poblaciones objeto de su es-
tudio, es decir, los pueblos originarios, cercenando cualquier otra posibili-
dad etnográfica a nuestra disciplina. A dichos conceptos, Bórmida (1973)
oponía la “civilización occidental”, a la cual otorgaba el poder de “trans-
culturación” sobre dichos pueblos. Vemos así, como este autor acude a un
modelo ya en desuso al momento de escribir dichas conceptualizaciones;
cuando las teorías dualistas, basadas en el mito bipolar “tradicional/mo-
derno”, de la mano de nociones como “aculturación”, “asimilación” e “in-
tegración”, habían sido reemplazadas por enfoques más dinámicos y
certeros para comprender los procesos de contacto interétnico.
Hubo que esperar a los procesos históricos de transformación mundial,
como la descolonización en África, la reformulación crítica de los trata-
mientos iniciales de la Antropología Social británica y la Etnología y So-
ciología francesas, (como los trabajos de M. Godelier y de G. Balandier);
y su impacto sobre la ciencia en general, para que la Antropología trans-
formara su objeto de estudio, la manera de abordarlo y conceptualizarlo, y
se pudiera hablar entonces de Antropología Social, es decir, de lo “social”
y de la “sociedad”
Hacia finales de los años cincuenta, la Antropología argentina conti-
nuaba la línea basada en las investigaciones arqueológicas, en la etnología
histórico-cultural, la antropología física y el folklore de cuño hispanista,
mediante las cuales se inventariaban culturas (y grupos humanos), que se
suponían en proceso de extinción. Pero con la influencia de la Sociología
científica, que postulaba relacionar los aspectos económicos, políticos, so-
ciales y culturales, junto con los antropólogos que realizaron sus estudios
fuera del país, comienza a desarrollarse la Antropología Social, materia
curricular que hasta entonces, sólo se dictaba en la carrera de Sociología
de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y que abordó la diversidad cul-
tural como parte del “nosotros” que componía la sociedad argentina (Gu-
ber, 2018; Balbi, 2012). Es así que desde mediados de los años sesenta, los
antropólogos argentinos comenzaron a estudiar las condiciones de vida de
culturas diferentes, indígenas, criollos, campesinos y sectores marginales

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

urbanos, en medios transformados por las políticas de desarrollo de la


época. Así se inició una línea profesional comprometida teórica y política-
mente, orientada a la resolución de problemas concretos como lo señala
Hugo Ratier (1971), uno de los pioneros de la Antropología Social en el
país. Dichas investigaciones tomaban en cuenta al riesgo en las preguntas
que se planteaban, sin que dicho concepto fuera el eje fundamental de los
análisis.
Este autor relata que en esos años, antropólogos, psicólogos, trabajado-
res sociales, educadores, arquitectos y médicos aplicaban sus disciplinas a
un proyecto de extensión de la UBA, en la Isla Maciel, una localidad del
partido29 industrial más antiguo de Buenos Aires, Avellaneda. Allí arriba-
ban los migrantes rurales internos y de diferentes países, a orillas de un
riachuelo maloliente por las descargas industriales de frigoríficos, astille-
ros, curtiembres, industrias químicas y de actividades portuarias. En esta
localidad se instalaron las familias desplazadas y vulneradas en un medio
urbano contaminado, con riesgos para la salud. En dicho contexto, los mi-
grantes intentaban que sus estrategias adaptativas, resultantes de las rela-
ciones productivas y sociales en sus ambientes locales o regionales,
lograran ser útiles en el nuevo medio (Ratier, 1971; Bartolomé, 1985).
En la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), en el nordeste del
país, los antropólogos Leopoldo J. Bartolomé y Carlos A. Herrán, desde
mediados de los años setenta, en el contexto de la última dictadura militar
(1976-1983), lideraron equipos de trabajo que evaluaron los aspectos so-
ciales y culturales de los desplazamientos forzosos de población, causados
por la construcción de la represa hidroeléctrica binacional de Yacyretá
(compartida con Paraguay), uno de los proyectos que el Banco Mundial fi-
nanciaba en la región. Su trabajo contribuyó a planificar los reasentamien-
tos, y a reducir los impactos y la incertidumbre de la población ante la
inminencia de una obra que cambiaría sus vidas y organización social;
mejorando los métodos de comunicación para el anuncio de obra. La mo-
dalidad de trabajo seguida por dicho equipo fue la de inaugurar una Antro-
pología aplicada, iniciando el diálogo entre antropólogos, ingenieros y
funcionarios con la población a reasentar, lo cual contribuyó al conoci-

29 Partido es la denominación que recibe la división administrativa de la provincia de


Buenos Aires. El resto de las provincias del país utiliza la denominación Departamentos
para dicha división territorial y administrativa.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

miento de los condicionantes socioculturales y económicos que debían


considerarse a la hora de seleccionar los sitios de reasentamiento.
Estas investigaciones fueron conducidas en el contexto de una red mun-
dial de investigadores, que abordaban la problemática de grandes obras y
desplazamientos humanos en una sociedad compleja, por ejemplo, los an-
tropólogos Angel Palerm, Miguel A. Bartolomé, Alicia Barabas desde Mé-
xico; Eric Wolf, Thayer Scudder, Elizabeth Colson, William Partridge y
Michael Cernea, desde Estados Unidos y Silvio Coelho dos Santos, Cecilia
Vieira Helm, Maria Jose Reis y Gustavo Lins Ribeiro entre otros, desde
Brasil. En la Argentina los estudios sobre reasentamientos forzosos de po-
blación fueron liderados por Leopoldo Bartolomé, para el caso de Yacyretá
binacional y en el caso de las grandes obras del Norte de la Patagonia (re-
presas hidroeléctricas de Piedra del Águila, El Chocón-Cerros Colorados,
Pichi PicúnLeufú, Casa de Piedra; etc.), por Radovich y Alejandro O. Ba-
lazote.
Entre los argentinos que habían estudiados en la UBA y regresaban tras
realizar estudios de posgrado en el exterior, encontramos a Esther Hermitte
con su doctorado en la Universidad de Chicago; Eduardo P. Archetti, en
París; Hebe Vessuri, en la Universidad de Oxford; el mismo Leopoldo J.
Bartolomé quien estudió en la Universidad de Madison; Santiago Bilbao y
Hugo E. Ratier, quienes finalizaron sus estudios en la UBA y debieron exi-
liarse durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Las trayec-
torias de estos antropólogos resultaron importantes para establecer el
vínculo entre el desarrollo de la ciencia internacional y las problemáticas
reales del país, incorporando la combinación de perspectivas socio-econó-
micas, culturales y políticas, con un enfoque crítico que permitía com-
prender la construcción y distribución del poder, de inequidades y
vulnerabilidades, así como peso en la articulación de los diferentes actores
de la sociedad (etnias y clases sociales, con sus particulares modos de pro-
ducción).
Para algunos de estos autores, la noción de “articulación social” era el
hilo conductor para el análisis de las relaciones sociales, con sus estructu-
ras adaptativas en riesgo bajo contextos de incertidumbre. De este modo,
dichos contextos convierten las experiencias del desarrollo en amenazas y
riesgos percibidos. Hermitte y Bartolomé (1977) propusieron la compren-
sión de las zonas rurales periféricas del capitalismo, como subsidiarias a
las urbanas, argumentando, desde una visión sistémica, que existe entre

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

ambas una relación de articulación social (Mastrángelo, 2000). Asimismo,


las incertidumbres asociadas con la tenencia precaria de la tierra, el des-
plazamiento e intervenciones en el territorio, reducían la viabilidad de las
estrategias adaptativas tradicionales de los afectados. Los estudios sobre
campesinos, y problemáticas diversas relacionadas con los pueblos origi-
narios (Briones y Olivera, 1989; Radovich y Balazote, 1996, 1998), o gru-
pos urbanos marginales (Ratier, 1971; Bartolomé, 1985) quienes se
encontraban indefensos frente a las inundaciones estacionales o provoca-
das por cambios del uso de suelo debido al impacto social de las grandes
obras de infraestructura (Catullo, 1986; Catullo y Brites, 2014).
En esa época, geógrafos y sociólogos realizaban estudios ex-post sobre
inundaciones urbanas ocurridas en distintas regiones del país. Analizaban
la estructura socioeconómica y demográfica en el contexto de causas fí-
sico-naturales, identificadas por científicos de diversas disciplinas, to-
mando en consideración principalmente, las respuestas gubernamentales
ante los eventos acaecidos. Estos primeros trabajos demostraron que las
instituciones políticas ponderaban habitualmente a estos desastres como
eventos “extraordinarios”, sin tomar en consideración el carácter procesual
y recurrente del fenómeno. Consecuentemente, no incorporaban al estudio
y análisis la gestión del riesgo en la planificación territorial, ni reconocían
tampoco que el grado de vulnerabilidad de las poblaciones involucradas
determinaba el alcance del desastre o proceso catastrófico.
Como han demostrado los estudios posteriores, la incertidumbre cientí-
fica y política acerca de las características de la vulnerabilidad y de los de-
sastres, aumentan el riesgo y disminuyen la capacidad institucional de
respuesta ante los mismos. Como resultado de ello, el análisis de la gestión
del riesgo y de las emergencias cobró un mayor protagonismo, instalándose
un debate público sobre la necesidad de prevención, desde los organismos
de gobierno, reconociendo además que no se trataba de eventos aislados
sino de momentos críticos de un proceso mayor de riesgo, que incluye las
decisiones políticas relativas al desarrollo (Herzer, 1985; Natenzon, 1995,
2003; Gentile, 1993; González, 1997; Merlinsky, 2013, 2016, 2017).
El cuestionamiento a la excepcionalidad de los desastres ya estaba pre-
sente en el análisis antropológico de Leopoldo Bartolomé. Sus investiga-
ciones señalaban que las inundaciones, pese a su frecuencia elevada “(...),
es común que esos eventos sean tratados, explícita o implícitamente, como
acontecimientos dramáticos y en cierto sentido únicos, “emergencias” [ex-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

cepcionales] que se agotan en sí mismas y que dan lugar a medidas [im-


provisadas] de excepción” (Bartolomé, 1985: 7-8). Por su parte, Radovich,
(2013) analizando la responsabilidad político-institucional, cuestiona el
rol de algunas agencias internacionales, que por un lado apoyan formas de
intervención territorial que vulneran a la población, al mismo tiempo que
recomiendan marcos de remediación de los impactos, lo que supondría
aceptar la exposición de la sociedad a las amenazas.
En los años ochenta, entre las iniciativas de organismos internacionales,
podemos destacar que el Banco Mundial, incluyó la consideración de la
vulnerabilidad social ante la construcción de grandes obras y resoluciones
referidas a la especificidad de los pueblos indígenas ante los impactos de
los grandes proyectos. También las declaraciones y convenciones de la
Organización de la Naciones Unidas (ONU), a partir de 1987 reconocen
la problemática del impacto social del modelo de desarrollo imperante y la
centralidad de la problemática del riesgo. Esa situación queda formalizada
en Argentina a través de los compromisos firmados en la Declaración de
Hyogo y su Marco de Acción de 2005 así como el Marco de Sendai para la
Reducción del Riesgo de Desastres en 2015. La coordinación y la coope-
ración entre instituciones que se ocupan de la gestión del riesgo de desas-
tres, se institucionalizaron formalmente en 2004, con la creación de la
Dirección de Protección Civil. Ello evolucionó con el Programa Integral
para Emergencias y Crisis, y el hito más relevante que es la creación me-
diante la Ley Nº 27.287 de un Sistema Nacional para la Gestión Integral
del Riesgo y la Protección Civil, sancionada en el año 2016. Por cuestiones
de espacio, solo agregamos a este ajustado recuento, que el rol institucional
del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, fue funda-
mental, ya que lidera desde 2012 el proceso de diálogo científico interdis-
ciplinario e interinstitucional con el fin de organizar la intervención de los
diferentes actores en la gestión de información útil ante emergencias pro-
vocadas por catástrofes.
Dicho proceso hunde sus raíces en los tempranos avances obtenidos en
el campo del riesgo social y desastres que se reflejaron en la formación
académica y profesional de jóvenes investigadores en el Instituto de In-
vestigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la
UBA, y en la difusión de resultados a nivel continental. En 1992, la soció-
loga Hilda Herzer se incorporó al colectivo interdisciplinario de LA RED
desde donde contribuyó en el desarrollo de los inventarios de desastres na-

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

cionales. Esta iniciativa logró reunir y difundir en idioma español, muchos


avances y trabajos de países latinoamericanos, constituyendo una de las
referencias importantes para quienes iniciaron investigaciones en Argen-
tina. Otro espacio relevante para la formación y el ejercicio profesional, es
el grupo Programa de Investigaciones en Recursos Naturales y Ambiente
(PIRNA), del Instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de
la UBA. Dicho grupo desarrolló investigaciones aplicadas en diálogo con
las Ciencias Exactas, naturales y organismos de gestión. Se destacan tam-
bién institutos de la Universidad Nacional de Cuyo y del Laboratorio de
Desertificación y Ordenamiento territorial del Instituto Argentino de In-
vestigaciones de Zonas Áridas (Consejo Nacional de Investigaciones Cien-
tíficas y Técnicas, CONICET) de la provincia de Mendoza, que lideraron
investigaciones interdisciplinarias con un fuerte componente físico, en una
región que enfrenta una diversidad de riesgos hidroclimáticos y sísmicos
de gran complejidad. El trabajo de la geógrafa Elena Abraham es también
una referencia en la temática ambiental y la desertificación en América
Latina y el Caribe.
En estos equipos se aborda la perspectiva de la vulnerabilidad de la so-
ciedad y de las instituciones, incorporando las propuestas de Allan Lavell
(1996, 2005) y Andrew Maskrey (1993) de riesgos de desastre, especial-
mente por inundaciones, fue estudiada por Caputo et al. (1985), Herzer
(1990, 1993), Herzer y Federovisky (1989), Gentile (1993), Natenzon
(1995, 2003), Balazote (1997, 2001), Sarlingo (1995) y Merlinsky (2013;
2016). En la UBA se realizaron los primeros cursos de posgrado con una
perspectiva desde las Ciencias Sociales sobre el conocimiento y la gestión
de los desastres naturales, con orientación no solo académica, sino también
para colaborar con instituciones gubernamentales desde finales de los años
ochenta. Desde entonces, la voz de las Ciencias Sociales fue parte de los
debates interinstitucionales, gubernamentales e interdisciplinarios acerca
de la gestión del riesgo y los procesos catastróficos, e incluso posterior-
mente, en investigaciones y debates sobre los efectos del cambio climático.
En 1995 Natenzon (2015), siguiendo las iniciativas mencionadas, in-
corpora las propuestas de Funtowicz y Ravetz (1993), y avanza sobre la
temática con un modelo que analiza las dimensiones del riesgo: potencial
peligroso, vulnerabilidad y exposición, que son atravesadas por la incerti-
dumbre (científica y política). La perspectiva de la ciencia pos-normal de
Funtowicz y Ravetz, además de proponer el diálogo interdisciplinario, in-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

cluye una perspectiva metodológica participativa entre científicos y toma-


dores de decisión política de diferentes niveles.
La concepción de ciencia aplicada recibió un aporte interesante de Héc-
tor Poggiese (con formación en gestión de proyectos), quien en conjunto
con la socióloga Maria del Carmen Francioni, desarrolló modelos de ges-
tión asociada en diferentes proyectos. El fundamento de estos autores era
utilizar herramientas metodológicas, para organizar y monitorear el desa-
rrollo de procesos de planificación-gestión gubernamental y privada de
manera participativa, con los actores involucrados, donde el riesgo consti-
tuiría un factor a considerar, y la incertidumbre se reduciría mediante la in-
clusión de diferentes conocimientos y procedimientos (Poggiese y
Francioni, 1993).
Muchos de los trabajos generados por los distintos equipos de investi-
gación en el marco de consultorías y ciencia aplicada, se hallan en infor-
mes y literatura gris, a veces difíciles de consultar. No obstante, dichas
prácticas profesionales constituyeron un input para los análisis académicos
y las reflexiones más profundas.

Investigaciones contemporáneas

Continuando con la revisión de la literatura científica más reciente, encon-


tramos que la mayoría constituyen estudios de caso, en los cuales todos se
presentan desde su enfoque disciplinar específico como antropólogos o et-
nógrafos. Ello indica una forma de construir conocimiento que integra las
perspectivas nativas y la de los investigadores, logrando recuperar los mar-
cos significativos de los contextos de referencia, compartidos por los acto-
res o agentes sociales (Guber, 2018; Visacovsky, 2017).
Al abordar el riesgo social, las catástrofes y las situaciones críticas, los
antropólogos suelen definirlos como evento y proceso, reflejando de alguna
manera el planteo de Susan Hoffman y Anthony Oliver-Smith, cuando de-
finen al desastre como un proceso/evento que combina un agente/fuerza
potencialmente destructiva del entorno natural modificado o construido, y
una población en condiciones de vulnerabilidad, producida social y econó-
micamente, que resulta a su vez, en una percepción de interrupción de las
satisfacciones relativas habituales, de las necesidades individuales y socia-
les para la supervivencia física, orden social y significado.30

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

De esta manera, evento y proceso forman parte del mismo fenómeno.


Los trabajos pueden hacer mayor énfasis en alguno de los dos aspectos,
pero ambos están siempre presentes. En el primer caso, el foco está cen-
trado en el fenómeno de los procesos de desarrollo a corto plazo. Sin em-
bargo, en la mayoría de los casos los procesos de análisis se enfocan en la
génesis histórica del fenómeno a largo plazo, enfatizando en la construc-
ción del riesgo y la vulnerabilidad social de una manera relacional. Se fo-
caliza en dispositivos jurídicos y políticos que demuestran la construcción
del riesgo y la debilidad del sistema institucional para articular e imple-
mentar acciones preventivas, respuestas tendientes a reducir riesgos y a
mitigar desastres de rápido o lento impacto.
Cuando abordan la percepción social, los antropólogos, analizan cual
filigrana, la articulación de la construcción del conocimiento en función
de los saberes locales y los saberes académicos, articulados a su vez con
las acciones y efectos que generan, tanto en la construcción de riesgos
como en cuanto a la efectividad de las estrategias adaptativas en situacio-
nes críticas. Entre los abordajes aplicados por los diferentes autores se
destaca el análisis histórico procesual, haciendo dialogar pasado, presente,
y futuro. Es significativo que en la mayoría de los trabajos se devela la
génesis de las transformaciones materiales vinculadas a políticas de desa-
rrollo, así como las mutaciones en las percepciones de los actores involu-
crados, y de la relación de los grupos sociales con el futuro y sus formas
de construirlos. Las problematizaciones se inscriben de acuerdo con las
corrientes teórico/metodológicas de las Ciencias Sociales y su vinculación
con los contextos en los cuales se produjeron, ya sean proyectos discipli-
narios, inter o transdisciplinarios. En términos más generales, y de acuerdo
con Virginia García-Acosta (2018), encontramos que las corrientes que
atraviesan los análisis antropológicos, son las teorías críticas (como la eco-
logía política y el marxismo), la teoría de los sistemas complejos y el
estructural-constructivismo. En general las narrativas sobre riesgos, catás-
trofes y vulnerabilidades, suelen ser leídas en clave de la teoría crítica o de
la ecología política, abordando como ejes centrales la vulnerabilidad so-

30 […] a process/event combining a potentially destructive agent/force from the natural


modified or built environment and a population in a socially and economically produ-
ced condition of vulnerability, resulting in a perceived disruption of the customary re-
lative satisfactions of individual and social needs for physical survival, social order,
and meaning. (Hoffman y Oliver-Smith, 2002: 4)

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

cial, desigualdad, pobreza, memoria material y simbólica, procedimientos


burocráticos, aceptabilidad del riesgo, conflictos, amplificación física-so-
cial de las amenazas o peligros, y las formas en que se lo percibe, incorpo-
rando el uso y la gestión delos territorios.
Los abordajes sistémicos en el marco de las teorías críticas, cuando la
Antropología Social dialoga con otras disciplinas, dan cuenta de la com-
plejidad sociocultural, material y simbólica del fenómeno total. En estos
trabajos se considera el cambio como inherente al sistema e implica modi-
ficaciones de uno o varios aspectos importantes de la organización social
y cultural. Incluso, algunas veces se expresa a través del conflicto (Mer-
linsky, 2017) como consecuencia de contradicciones entre necesidades e
intereses. Las contradicciones siempre tienen un anclaje territorial e insti-
tucional, donde convergen vulnerabilidades, peligros e incertidumbres que
configuran riesgos de catástrofes o crisis. Al mismo tiempo se manifiestan
vulnerando a los diferentes actores sociales, particularmente a aquellos en
situación de pobreza, al tiempo que favorece a sectores más capitalizados
de la sociedad. Esta forma de trabajo se refleja en las investigaciones de
Murgida (2012); Riera y Pereira (2015); cuando abordan en contextos
agropecuarios bajo el marco del cambio climático diferentes percepciones
sobre los riesgos, desastres, su exposición, y las estrategias tecnológicas.
Murgida explora los cambios socio-ambientales que han tenido lugar en el
eje productivo agrícola del Chaco-salteño bajo el cambio climático, así
como la forma en que estos inciden en los patrones de uso del suelo y en
las oportunidades de productividad presentes y futuras. La autora analiza
los vínculos, y sus percepciones, entre las relaciones sociales de produc-
ción y la dinámica hidroclimática, procurando identificar las prácticas y
políticas en torno a la distribución y apropiación del territorio, y la vulne-
rabilidad social que resulta de los procesos que alteran el ecosistema. Estos
son consecuencia de decisiones político-económicas que ordenan el acceso
a la tenencia de la tierra y a las condiciones de producción, e impactan en
la distribución social de los recursos disponibles.
Entre las consecuencias inequitativamente distribuidas, que van desde
desplazamientos forzosos de los campesinos e indígenas hacia las márge-
nes de los pueblos y ciudades rurales, hasta procesos de acumulación de la
tierra y rentabilidad entre los empresarios (Murgida, 2012, 2013; Murgida
et al. 2014). La innovación tecnológica es un recurso empleado por los
sectores capitalizados, cuando refieren a la distribución de los dispositivos

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

más apropiados para mejorar la rentabilidad. Esto profundiza las contra-


dicciones para acceder a los recursos, amplificando la inequidad y la vul-
nerabilidad social. En dicho marco, se destaca incluso, la contradicción
entre la incorporación de tecnología de punta y la dificultad de aprove-
charla por parte de pequeños y medianos productores agropecuarios con
capital limitado -económico, social y cultural-. A través de estas investiga-
ciones queda en evidencia que la acción política no considera los aspectos
sociales en el monitoreo de normativas de implementación de tecnologías
o proyectos de desarrollo tales como labranza mínima y canalizaciones hí-
dricas (Murgida 2012; Murgida y Gentile, 2015; Murgida et al., 2017); y
la implementación de técnicas de riego de grandes hectáreas (Riera y Pe-
reira; 2015; Riera, 2017).
Cuando las fundamentaciones de las decisiones políticas entran en con-
tradicción con los resultados científicos y con las percepciones de los ac-
tores sociales expuestos a situaciones de riesgo, la incertidumbre, es la que
permea el desenvolvimiento de las acciones y el surgimiento del conflicto,
que se dirime en el plano judicial. Esto se visualiza en el caso de la poten-
cial contaminación electromagnética y el impacto en la salud por la insta-
lación de un electroducto en la ciudad de Ezeiza (Provincia de Buenos
Aires), que dio paso a la organización de una protesta social y a la judicia-
lización del conflicto, derivando en la aplicación del principio precautorio
y estableciendo jurisprudencia sobre un caso de contaminación ambiental
(Murgida, 2000).
La organización social ante la percepción del riesgo, promueve marcos
cognitivos para generar y comunicar información, así como para valorar
los efectos de las prácticas. Ello se observa en el caso de Hinojo, una pe-
queña colonia agrícola del partido de Olavarría (Provincia de Buenos Ai-
res), donde la población expuesta al polvo generado por el proceso de
fabricación de fertilizantes, se organizó y cuestionó los estándares acepta-
bles por los organismos de gobierno y de la composición química y bioló-
gica que afectan a la salud. Girado y Iturralde (2015), así como Iturralde
(2015), lo contextualizan en la transformación histórica del paisaje, anali-
zando cómo en situaciones de riesgo se resignifican los factores históri-
cos–culturales, desde los cuales se perciben las prácticas productivas de
una región, cuando la modificación del ambiente impacta la salud y la ca-
lidad de vida de la población. De esta manera evidenciaron las contradic-
ciones existentes entre la caracterización local de la situación ambiental

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

de la región como desastre, y el letargo gubernamental, percibido como


indiferencia al no atender los reclamos de los habitantes locales ante una
situación de incertidumbre en el marco de su lucha.
Si bien las instituciones gubernamentales pueden reconocer las situa-
ciones de exposición a peligros o desastres, sus respuestas varían en fun-
ción de intereses privados y públicos, por cuanto la vulnerabilidad de las
poblaciones afectadas suele ser relativizada, especialmente cuando se trata
de sectores caracterizados por la pobreza. Esto queda de manifiesto en el
trabajo de Auyero y Swistun (2007; Swistun, 2015); quienes abordan la
construcción histórica de un “desastre en cámara lenta”, debido a la conta-
minación del aire, agua y suelo. Su foco se sitúa en la vulnerabilidad de la
población pobre urbana que habita en el área de un polo petroquímico
(cercano a la ciudad de Buenos Aires), en la localidad de Dock Sud, partido
de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. A través de analizar historias de
vida, abordan las incertidumbres implícitas y explícitas en las percepciones
actuales e históricas de los habitantes y de los expertos en salud, respecto
a los factores de riesgo que contaminan los cuerpos. Develan, así como la
incertidumbre resulta medular en la construcción de conocimiento cientí-
fico y político que deriva en una “condición de espera” sin plazos para
recibir respuestas adecuadas, pese a estar en contextos de diálogo interins-
titucional.
Muchas veces las percepciones del riesgo y de la vulnerabilidad ante
procesos de contaminación no encuentran eco en las agendas públicas, o
cuando lo consiguen, suele tener un carácter formal impulsado por la firma
de acuerdos internacionales, sin que ello se refleje en medidas realmente.
Tal es el caso de la construcción de una agenda pública problematizando la
calidad del aire en la ciudad de Buenos Aires (Murgida et al., 2013;
Abrutzky et al., 2014). Las autoras analizan la expresión del fenómeno a
través de los tipos de datos oficiales disponibles sobre morbilidad y mor-
talidad, así como los emergentes de instancias participativas intersectoria-
les para valorar el problema y actuar en su mitigación. Entre los resultados
se destaca el peso político de los acuerdos supranacionales para presentar
acciones formales, pero también la dificultad para implementar políticas
integrales que incluyan los problemas sociales, imitándose sólo a la imple-
mentación de medidas que mejoran el monitoreo de la calidad del aire.
El enfoque etnográfico permite recuperar las memorias colectivas sobre
la construcción social y distribución de las vulnerabilidades, amenazas y

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

riesgos, revelando la existencia de dispositivos que acompañan el proceso.


De tal modo, cuando referimos la memoria material de los desastres, ésta
se explicita como una cuestión social y política donde se visibilizan las li-
mitantes de la efectividad de las intervenciones diagnósticas y los proyec-
tos públicos resultantes de la discontinuidad de equipos, financiamientos y
enfoques, tal como lo señala Báez Ullberg (2015; 2017b). La antropóloga
sueca da cuenta de ello al abordar el post-desastre de las inundaciones ca-
tastróficas de 2003 en la ciudad de Santa Fe, en la provincia homónima.
En su trabajo profundiza en la construcción de la memoria material del de-
sastre o “memo-paisaje”, y cómo ésta opera en los diferentes grupos socia-
les e instituciones involucradas en el proceso catastrófico. Así logra
develar los dispositivos burocráticos de ocultamiento y recuerdo selectivo,
que debilitan el alcance de las políticas de gestión y reducción de riesgo de
desastre, más allá del color político de quienes asumen la responsabilidad
gubernamental.
Diego Zenobi (2015, 2017) por su parte abordó las dimensiones sociales
y político-jurídicas de una catástrofe conocida como la “Tragedia de Cro-
mañón”, el incendio de una discoteca ocurrido en Buenos Aires en diciem-
bre de 2004. El autor analiza los distintos significados y prácticas que
adoptó la memoria de la tragedia entre los dolientes, los funcionarios gu-
bernamentales y los judiciales. Si bien existía un consenso explícito acerca
de las causas del desastre y de los mecanismos administrativos que cons-
piraron contra la prevención del mismo, en los hechos el sistema jurídico
incrementó la tragedia de los dolientes y sobrevivientes, al someterlos a
largos procesos probatorios acerca de sus pérdidas y sufrimientos. En este
trabajo se tensiona el actual tratamiento burocrático institucional del sufri-
miento, dando cuenta que la vulnerabilidad social queda incorporada en
procesos de politización de la memoria de las víctimas y sus deudos.
A partir de estos trabajos se puede observar cómo y cuándo la politización
de la burocracia interviene en diferentes niveles de gobierno y opera como
limitante en la construcción de continuidades de gestión pública, especial-
mente la prevención y gestión de riesgos. La materialización de conductas
de olvido u ocultamiento de información, es básicamente concomitante a la
transición entre gobiernos de distinto signo político, reflejando de alguna
manera, la debilidad del sistema institucional gubernamental.
Los análisis históricos relacionales que aplican herramientas de análisis
del discurso y de redes sociales (ARS), proveen oportunidades de compa-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

ración de resultados como forma de pruebas, en el marco de trabajos inter-


disciplinarios, facilitando el diálogo y validando de manera conjunta los
resultados obtenidos por distintos métodos. Por un lado, se logra incorporar
una lectura social sobre los datos y los resultados obtenidos por las Cien-
cias Exactas, problematizarlos en su significado, por otro, se analizan las
relaciones entre los actores sociales de la ciencia y la gestión, involucrados
en la construcción de conocimiento. Estos análisis aportan a la articulación
significativa entre los resultados y las explicaciones de las ciencias sociales
y otras disciplinas como, por ejemplo, las Ciencias de la Atmósfera y la
Hidrología, integrando el análisis de las relaciones con aquellas que esta-
blecen los actores con el medio natural. El análisis etnográfico permite re-
velar la percepción de la exposición y la vulnerabilidad social, así como
las estrategias adaptativas tradicionales de la población local, para enfren-
tar los riesgos, y anticiparse al desastre (Murgida y Kazimierski, 2017;
Murgida, 2012).
La investigación que desarrollaron Murgida y Gasparotto (2015) entre
los años 2003 y 2004 en el pueblo salteño de Iruya, muestra la importancia
del conocimiento local acerca del comportamiento de los ríos de montaña.
Entre las características problematizadas por la población local y los fun-
cionarios, se destaca que los aumentos estacionales de los caudales fluvia-
les ocasionan deslizamientos de laderas que impactan sobre los poblados.
El trabajo etnográfico articulado con la geografía social, confluyeron en
un diálogo que permitió identificar y cartografiar, por un lado, las áreas de
mayor exposición a las crecidas del río, las características cualitativas de
la vulnerabilidad social y de las estrategias ancestrales de mitigación ya en
desuso, y por otro lado confrontarlo con las estrategias propuestas por or-
ganismos de gobierno y ONG. Como resultado de la sistematización de la
información y la de los datos, se facilitó un canal de diálogo entre los dife-
rentes actores sociales involucrados, con el fin de reducir la incertidumbre
y avanzar en los diseños de defensas y sistemas de alerta temprana necesa-
rios.
Otra labor que refleja esta situación de incertidumbre vinculada a la
gestión del territorio en áreas inundables es presentada por Lucila Moreno
(2015). La autora aborda la dificultad existente entre los equipos de gestión
y la población involucrada para lograr acuerdos por el uso del suelo urbano
inundable y los posibles desplazamientos de los pobladores de asentamien-
tos precarios en la cuenca del río Reconquista (provincia de Buenos Aires).

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

Analiza cómo se profundiza la contradicción de los afectados entre la iden-


tificación de las amenazas y riesgos, con la percepción de su vulnerabilidad
ante una futura relocalización debido a la precariedad de la tenencia de la
tierra y al potencial debilitamiento de los liderazgos territoriales. Otro de
los resultados buscados, es demostrar que, en equipos interdisciplinarios,
el rol que asume y muchas veces se le otorga al antropólogo, es el de me-
diador entre las percepciones del riesgo de pobladores y funcionarios.
El fenómeno de las inundaciones posee mayor presencia entre los casos
considerados. Se trata de un problema significativo para la gestión y un
problema inscripto en la memoria social, expresado en las configuraciones
del paisaje, en las narrativas locales, y se actualiza ante la recurrencia del
fenómeno (Baez Ullberg, 2013).
Actualmente dichos aspectos, ocupan un lugar relevante en las agendas
políticas, por cuanto son problematizados por diferentes sectores de la so-
ciedad, desde los propios afectados, los políticos y científicos, dado que
hoy forma parte del sentido común que los desastres no son naturales. Esto
se evidencia por lo menos en dos casos catastróficos en dos ciudades im-
portantes del país, Santa Fe y La Plata que se vieron impactadas no solo en
las zonas más pobres, sino también en barrios acomodados. En ambos ca-
sos convergieron cuatro factores, zonas altamente pobladas, lluvias extra-
ordinarias, aumento del caudal de aguas superficiales (ríos y arroyos), y
falta de infraestructura adecuada para mitigar o impedir las inundaciones.
En ambas ciudades hubo miles de afectados, y decenas de muertos. El
conflicto social que acompañó al post-desastre, se mantuvo en el tiempo a
través de acciones judiciales, que casi al final de la segunda década del si-
glo XXI, comienzan a arrojar resultados respecto de las causalidades y
responsabilidades (Etchichury et al., 2016; Baez Ullberg, 2015, 2017b).
En general los trabajos de investigación revelan en estas y en otras ciu-
dades, que los patrones de inundación, si bien poseen elementos comunes
en cuanto a causalidad física e infraestructural de la contingencia. Mientras
que los abordajes desde las Ciencias Sociales dan cuenta del peso de la
vulnerabilidad social acumulada históricamente como factor decisivo para
la configuración de la catástrofe, y la condición de espera a la que quedan
relegados los más pobres en estos casos.
Entre los estudios de caso revisados para este estado de la cuestión, las
inundaciones constituyen un corpus que, al leerlo cronológicamente, per-
mite dar cuenta de la evolución de las respuestas de la gestión pública ante

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

riesgos y desastres. En Argentina durante la década de los setenta se pre-


sentaba una política de ayuda post-desastre, pero no existían planes de
prevención de catástrofes, sino que el foco estaba colocado en la respuesta
durante el fenómeno. Sarlingo (1995) y Balazote (1997; 2001) hicieron
sus investigaciones en Olavarría (provincia de Buenos Aires); mientras
que Boivin et al. (2000) trabajó en el Departamento de Victoria, provincia
de Entre Ríos. Otro aporte interesante es el de Roze (1997), quien analiza
las inundaciones y la atención que recibieron los afectados pobres por
parte del Estado, durante la última dictadura militar en la ciudad de Resis-
tencia, capital de la provincia del Chaco. El proceso histórico de desarrollo
productivo derivó en la radicación de los pobres en áreas con mayor expo-
sición a las inundaciones. Cuando ocurrían los desastres, los gobiernos
provincial y local implementaban una respuesta normativa, estigmatiza-
dora de los sectores pobres afectados, reflejando las ideologías dominantes
y las conductas institucionales. En los cuarteles militares donde se les daba
refugio, les negaban a estos pobres toda autodeterminación, sin voz ni de-
rechos solían “infantilizarlos”, recibiendo la satisfacción de las necesida-
des básicas, mientras que aquellos que se encontraban fuera de las áreas
controladas, fueron tratados como “delincuentes”. El autor, da cuenta que
dicho manejo de la catástrofe no permitió una mejora de la situación, y al
replicarse con cada inundación, se incrementaba la vulnerabilidad de los
pobres expuestos por la pérdida de sus bienes, mientras que los mecanis-
mos autoritarios reducían el ejercicio de los derechos como ciudadanos. El
riesgo o la adaptación no aparecen en las respuestas de Estado, ni en el
análisis de los procesos en aquel tiempo.
No obstante, los avances formales para la gestión del riesgo y la Reduc-
ción de Riesgo de Desastre, la falta de implementación de las medidas ne-
cesarias, sigue repercutiendo en la vida de los habitantes. Francisco Suárez
(1994), realiza un trabajo antropológico en el barrio porteño de La Boca,
donde analiza la percepción social de sus habitantes ante las inundaciones
recurrentes. De este modo reveló otros problemas que sufrían los vecinos
durante dichos eventos, (contaminación ambiental, incendios de viviendas
precarias; etc.). El autor demostró la eficacia de las estrategias de adapta-
ción y respuesta de los afectados durante las emergencias, tal como la
existencia de redes sociales autónomas por las que circulaba la información
necesaria acerca de las alertas tempranas ante las sudestadas (causantes de
las inundaciones), con el fin de aprovechar las acciones gubernamentales,

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

aún poco desarrolladas en la gestión del riesgo, tales como evacuación o


provisión de alimentos. Una década después, Murgida y González (2004),
continuando con el caso de las inundaciones en el mismo barrio porteño,
combinaron metodologías geográficas y antropológicas para mapear ame-
nazas reconocidas por la población local, indicadores censales de vulnera-
bilidad, incorporando el análisis de la construcción sociocultural de la
vulnerabilidad, las estrategias adaptativas y las de mitigación adoptadas
por los habitantes y por las instituciones gubernamentales. El trabajo an-
tropológico relevó la percepción de los diferentes actores acerca del im-
pacto de las inundaciones y de las obras de defensa y mitigación. De este
modo, las autoras develaron que la vulnerabilidad institucional se encon-
traba asociada a la discontinuidad de las políticas generadas por los cam-
bios de ciclo administrativo-gubernamentales, interrumpiendo los procesos
de gestión y las obras públicas. Al analizar el diseño y la planificación de
las mismas, quedó en evidencia la valoración social y gubernamental de
los cálculos de ingeniería para definir medidas de mitigación, y el escaso
diálogo con otras disciplinas científicas tanto físico-naturales como socia-
les que abordaban dicho fenómeno bajo los marcos del cambio climático y
de la reducción de riesgos de desastres. De este modo, las autoras demos-
traron que pese a los avances en los debates transdisciplinarios y la circu-
lación de la información científica social y físico-natural respecto de la
complejidad, quienes definían las políticas y las acciones, no problemati-
zaron la incertidumbre respecto de la seguridad a futuro que representaban
las obras. Por el contrario, fueron percibidas por funcionarios y por la po-
blación como seguras, pese a la disponibilidad de información que emitían
científicos de diferentes disciplinas acerca de otras características, consti-
tutivas del fenómeno tales como el cambio climático, los conocimientos
locales, la dificultad de acceder a la comprensión de la información técnica
(Ríos y Murgida, 2004; Murgida y Natenzon, 2009).
La Antropología Social argentina se incorpora al estudio del impacto de
las cenizas volcánicas recién en el siglo XXI, en particular en lo referente
a la catástrofe ocurrida en 2011 por el impacto de la dispersión de cenizas
volcánicas en la región norpatagónica. No obstante, en la arqueología en-
contramos estudios previos de Luis Borrero (2001), quien aborda el im-
pacto de los volcanes en términos históricos y etnohistóricos, considerando
la incertidumbre general que rodea a la anticipación y las consecuencias
de las erupciones en la zona andina y en la estepa árida de la región pata-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

gónica. Sus aportes son recuperados posteriormente por otros investigado-


res que analizan los riesgos sociales derivados de este fenómeno. Uno de
dichos estudios fue realizado por Radovich (2013), quien aborda el fenó-
meno total como un “drama social”, revelador de la imprevisión de las po-
líticas públicas y de las respuestas autónomas de comunidades mapuches
que habitan la región. El autor aborda las valoraciones de diferentes grupos
sociales acerca de las estrategias adaptativas para afrontar los efectos del
fenómeno, centrándose en la revalorización de las ceremonias religiosas
de las comunidades mapuches. Muestra además de qué manera se atribuye
la eficiencia cultural a los saberes ancestrales para producir en los sistemas
ecológicos degradados (Valiente y Radovich, 2016). También considera la
génesis de los fenómenos locales que atraviesan la situación de riesgo o
desastre, develando la trama institucional de múltiples niveles jurídico-ad-
ministrativos, sectoriales y socioeconómicos que inciden en la definición
del proceso catastrófico (Radovich, 2013). En pleno proceso de desastre,
Murgida y Gentile (2015), analizan la evolución histórica de la vulnerabi-
lidad y aceptabilidad del riesgo de los pequeños productores mapuches y
criollos ante las periódicas sequías en la estepa norpatagónica desde la
constitución del Estado provincial. Las autoras, llegaron al territorio coin-
cidiendo en tiempo y espacio con una sequía prolongada (siete años apro-
ximadamente), y la caída de un gran volumen de cenizas volcánicas. En
ese contexto analizaron las estrategias adaptativas locales y cómo las co-
munidades incorporaron aquellas propuestas de intervención por parte del
Estado en sus distintos niveles. Compararon los tipos de políticas aplicadas
en la región, conjuntamente con las diferentes amenazas, y los resultados
logrados por la gestión pública. Entre estos, descubren que las condiciones
políticas y jurídicas aplicadas entre los años 2006 y 2014 optimizaron las
estrategias de producción ganadera y su comercialización, a través del for-
talecimiento de las redes de solidaridad social entre comunidades mapu-
ches y criollas, y mejoró el diálogo con el gobierno. Ello redundó en el
fortalecimiento del ejercicio de sus derechos, modificando los umbrales
de aceptabilidad de los riesgos asociados con fenómenos naturales y en
situaciones de avasallamiento. Estos trabajos dan cuenta de que la vincu-
lación entre los componentes físico-ambientales, y la articulación entre
la percepción del riesgo, la vulnerabilidad social, el desarrollo político y la
cultura institucional, definen la importancia del análisis antropológico para
comprender las formas de enfrentar los riesgos.

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

Estos análisis se profundizaron de manera transdisciplinaria entre an-


tropólogos, geógrafos y funcionarios gubernamentales, quienes contrasta-
ron indicadores censales de vulnerabilidad con el análisis de políticas
públicas que dieran respuestas a las necesidades de las comunidades,
dando cuenta que, en el decenio 2005-2015, la gestión política pasó desde
la asistencia directa durante el desastre, a la promoción de medidas de más
largo plazo (acceso a servicios públicos, regularización de la tenencia de
la tierra y diseño de programas de desarrollo). De este modo, el último de-
sastre inició un lento proceso de inclusión de la vulnerabilidad en la gestión
del territorio y el desarrollo en la estepa patagónica, a través de programas
participativos de diseño comunitario. El diálogo entre la academia y las
instituciones públicas presente en este estudio, reveló la necesidad de in-
cluir la gestión del riesgo en las políticas rurales y aquellas destinadas a
los pueblos originarios (Murgida et al., 2016; 2017). Con el cambio de go-
bierno ocurrido en diciembre de 2015 el proceso sufrió un retroceso en
materia de derechos y una disminución en el interés por reducir la vulne-
rabilidad social. Ello se verificó en la aplicación de mecanismos de oculta-
miento, profundizando una ideología que naturalizaba la vulnerabilidad de
las comunidades originarias y criollas. Las condiciones de pobreza, la pre-
cariedad en la tenencia de la tierra y la debilidad de la base legal para ejer-
cer derechos son constitutivos de la caracterización de la vulnerabilidad
social en situaciones de riesgo de desastre, así como reveladores de los
dispositivos del Estado, tanto cuando operan en su reducción como en su
incremento, especialmente en situaciones catastróficas.

Reflexiones finales

A partir del recorrido propuesto, se puede observar que, durante las últimas
décadas, la Antropología Social argentina ha interpelado de diversas ma-
neras la problemática de los riesgos y desastres. Se trata en su mayoría,
de estudios heterogéneos acerca de eventos críticos que afectan todos los
aspectos de la vida humana, es decir, socioeconómicos y culturales, que
dislocan el orden establecido, y revelan la invisibilización de las desigual-
dades. Cada autor lleva a cabo investigaciones construidas con diferentes
enfoques conceptuales y desde espacios académicos, científicos y profe-
sionales específicos, pero conservando la identidad disciplinar antropoló-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

gica y etnográfica. No obstante, los ejemplos que hemos recopilado en


este capítulo muestran diferentes facetas de la investigación social y antro-
pológica sobre el riesgo y los desastres que, en combinación, constituyen
una Antropología Social del Riesgo en el contexto ambiental, social y po-
lítico específico de la Argentina. El recorrido por diferentes trabajos, y las
reflexiones compartidas en espacios de diálogo intersectoriales sobre ries-
gos y desastres, nos permite afirmar que los antropólogos han realizado
una contribución relevante, a través de su presencia en el campo, tanto
desde trabajos científicos como de gestión y consultoría profesional. Enfa-
tizando el uso de métodos y técnicas etnográficos, como la observación
con participación y el desarrollo teórico ligado al enfoque holístico y com-
parativo, la antropología proporciona valiosa información acerca del en-
cuentro con los protagonistas del fenómeno abordado (Visacovsky, 2017).
El encuentro directo con los agentes sociales y su registro, proveen ele-
mentos que se tensionan con la mirada del investigador para analizar el fe-
nómeno (Balbi, 2012). Las investigaciones dan cuenta procesualmente de
la imbricación de las dimensiones político-organizacionales, estructurales,
identitarias, tecnológicas y culturales; que van definiendo la distribución
de riesgos y los efectos de un desastre. Las preguntas que se plantean y el
análisis de las mismas dan cuenta de la articulación conceptual entre riesgo
y desastre, a través de la construcción histórica o génesis sociocultural del
territorio, de las instituciones, del conocimiento y las incertidumbres. Más
allá de los diferentes contextos y los focos definidos, en conjunto explican
la referencia a los valores socioculturales y su incidencia en la toma de
decisiones en general, pero fundamentalmente en aquellas instituciones
gubernamentales con responsabilidad. En estos estudios, uno de los con-
ceptos que prevalece es el de incertidumbre. El mismo se refiere a la im-
precisión en la frontera entre conocimiento y certeza, se refleja en los
diferentes campos como una carencia de información que vulnera a las co-
munidades e instituciones afectadas a la hora de dar respuestas integrales.
Así es como la incertidumbre puede ser definida como un “vacío de inteli-
gibilidad” sobre el riesgo, los desastres y sus efectos para los agentes “te-
rritorializados”, lo cual limita la capacidad de tomar decisiones adecuadas.
Los antropólogos incluyen en sus estudios las tensiones entre reperto-
rios de conocimiento y lógicas de acción vinculadas a situaciones de riesgo
o desastres, que dan cuenta del tratamiento de la incertidumbre a la hora
de tomar decisiones político-institucionales. Las tensiones entre las formas

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Las conceptualizaciones sobre incertidumbre y riesgo en la Antropología Social argentina

de percibir las situaciones de riesgo y vulnerabilidad reflejan una “ruptura


de inteligibilidad”, que coloca en el centro del análisis el encuentro entre
la incertidumbre respecto de las estrategias adaptativas y la función cogni-
tiva en las situaciones críticas tanto las inesperadas como las recurrentes.
Con el análisis de las transformaciones históricas, la incertidumbre se
muestra como una forma de imperfección en la información que se consi-
dera confiable. Impacta en la efectividad de las estructuras adaptativas de
las comunidades, así como en las instituciones involucradas en la gestión
de riesgos, desastres y resolución de conflictos. Tal como se afirma más
arriba, los trabajos de los antropólogos argentinos mencionados permiten
distinguir grados o tipos de incertidumbre, de acuerdo a donde se ubique
el eje del análisis. Si el foco está colocado sobre la población afectada,
aparece la incertidumbre como “condición de espera”. Cuando entre quie-
nes esperan, prevalecen los grupos con alguna formación profesional, se
suceden cuestionamientos a los argumentos oficiales y se abren debates
políticos que en algunos casos culminan con la judicialización, apelando a
principios jurídicos internacionales, al “principio de precaución”. En opo-
sición a las respuestas de los grupos profesionales, cuando se trabaja con
poblaciones con mayor grado de vulneración, se observa que esta condi-
ción de espera se convierte en “lugares de sacrificio”, como en el caso de
los pobres urbanos, los pequeños productores criollos o los pueblos origi-
narios, quienes si bien están expuestos a amenazas y riesgos recurrentes,
su situación se agrava por la dificultad de ejercer sus derechos de modo
efectivo, debido entre otras cosas a la falta de acceso legal a la tierra y al
territorio, hecho que los limita a la hora de jerarquizar sus reclamos. Por
otra parte, cuando se focaliza en los actores que implementan innovaciones
tecnológicas u obras públicas, puede aparecer la incertidumbre ante la falta
de información o por contradicciones entre informaciones parciales sus-
tentadas en creencias tradicionales como la idealización del “progreso” y
el “desarrollo”, que puede generar falsa sensación de seguridad que se ma-
nifiesta tanto ante obras de infraestructura públicas como privadas. Ade-
más, cuando el foco está colocado en las instituciones que gestionan el
riesgo, tanto para la prevención como para la respuesta, se develan los dis-
positivos culturales de la sociedad y de la política para seleccionar la in-
formación que se usará en la administración o gestión de catástrofes. La
proyección de este trabajo consiste en continuar explorando los distintos
enfoques teórico-metodológicos aplicados desde la propia disciplina, para

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

ajustar un modo de análisis más apropiado a estas problemáticas. Ello im-


plica, además, descubrir los puntos de diálogo necesarios con otras disci-
plinas, e incluso con enfoques de gestión, reafirmando las contribuciones
del análisis antropológico con el uso de herramientas propias. La proble-
mática del riesgo, de los desastres y las crisis, requiere que las Ciencias
Sociales no solo interpelen los problemas en términos científico-académi-
cos, sino que logren tensionar las diferentes formas de construir conoci-
miento, para identificar la incertidumbre, y en consecuencia reducirla, lo
que puede verse reflejado en trabajos de investigación aplicada, inter y
transdisciplinaria.

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El campo de la Antropología de los Desastres


en Brasil. Retos y perspectivas

Renzo Taddei

Introducción31

Brasil posee una vibrante y desarrollada comunidad antropológica. En 2016


el país contaba con 49 programas de postgrado en la disciplina, distribuidos
entre 29 departamentos de antropología o ciencias sociales a nivel universi-

31 Las ideas originales que eventualmente se convirtieron en el presente texto se benefi-


ciaron de las discusiones sostenidas en el Grupo de Estudios sobre la Antropología de
la Ciencia y Tecnología (GEACT), en la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ),
y en el Laboratorio de Investigaciones sobre Interacciones Sociotécnicas y Ambientales
(LISTA), en la Universidad Federal de São Paulo (UNIFESP). Estas ideas fueron de-
sarrolladas a través de más de una década y media de trabajo de campo etnográfico en
diferentes regiones de Brasil, financiadas, en diferentes momentos, por la Fundación
de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP, 2007/56394–6, 2007–
2009; FAPESP-CLIMAX 2015/50867–8 2016–2020), y el Instituto Interamericano
para la Investigación del Cambio Global (IAI; CRN3035 and CRN3106, 2012–2017).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

tario. Según registros oficiales de la Coordinación de la Formación del Per-


sonal de Nivel Superior (CAPES), agencia del Ministerio de Educación na-
cional dedicada a programas de postgrado, en 16 años (2000–2016) tuvo
lugar un crecimiento del 300% en el número de cursos de este tipo.
También tiene dimensiones territoriales continentales con una gran di-
versidad de ecosistemas y biomas. Ha adoptado un modelo político-eco-
nómico que combina extractivismo capitalista con una ideología de
modernización propia del siglo XIX que prescribe la dominación humana
sobre la naturaleza, con mano dura. Se trata de uno de los países más desi-
guales socioeconómicamente del planeta. La conjunción de estos tres fac-
tores genera condiciones de vulnerabilidad de distinta índole y produce
desastres de todo tipo.
A pesar de la vitalidad de la antropología brasileña, y de la frecuencia
con la que los desastres sacuden sus poblaciones, el campo de la Antropo-
logía de los Desastres no se ha formalizado en el país. Este capítulo pre-
tende explorar las razones de tal situación, y analiza transformaciones
recientes en el panorama antropológico del Brasil, en un intento de pro-
nosticar el futuro de este campo de investigación en el país.
El principal argumento de este capítulo se basa en dos hechos: el pri-
mero, que a pesar de la ocurrencia histórica y sistemática de eventos que
típicamente podrían ser considerados como “desastres”, sobrevive en el
imaginario colectivo de la sociedad en general, a través del siglo XX y a
comienzos del siglo XXI, la idea de que “no hay desastres” en el país. El
segundo argumento es que este hecho parece encontrarse en transforma-
ción como consecuencia de los desastres “naturales” y “tecnológicos” que
han golpeado los centros políticos y económicos del país en las últimas
dos décadas. Las agendas antropológicas han seguido este mismo camino.
Las preguntas subyacentes que merecen ser exploradas, y que se abordarán
tangencialmente en este texto, se refieren a cuáles condiciones y procesos
convierten algo en el mundo en un objeto de análisis para la antropología,
y qué relación tiene esto con las transformaciones en los patrones del ima-
ginario colectivo. En resumen, los desastres son imaginados, y son igual-
mente des-imaginados, y ambas alternativas tienen consecuencias
culturales y políticas.
El texto ha sido escrito en forma de un ensayo (especulativo) delibera-
damente; no es una cronología de investigaciones y autores, aunque se
ofrecen referencias a contribuciones bibliográficas clave. Las categorías

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

Mapa 3.
Brasil. Estudios de caso y principales áreas mencionadas

utilizadas para hacer distinción entre las divisiones geográficas de Brasil


son las proporcionadas por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
(IBGE), ampliamente adoptadas en el país, incluyendo académicos en sus
esfuerzos por abordar las históricas desigualdades políticas y económicas
en relación con los desastres (ver, por ejemplo, Albuquerque Jr., 2014).

Los desastres invisibles de Brasil

Permítanme aclarar un hecho desde el inicio: no existe (casi) ningún de-


sastre en la antropología brasileña. Una breve evaluación de las siete re-
vistas editadas en Brasil, o en portugués,32 con el factor de impacto más

32 Estas son: Mana, Horizontes Antropoló gicos, Revista Brasileira de Ciê ncias Sociais,
Religiã o y Sociedade, Revista de Estudos Feministas, Vibrant, y Etnográ fica.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

alto,33 llevada a cabo en noviembre de 2013 entre 187 ediciones y más de


1.300 artículos, todos disponibles con acceso abierto en la Biblioteca Cien-
tífica Electrónica en Línea (SciELO), a partir de una búsqueda sobre las
palabras clave desastres, tragedia, riesgo, vulnerabilidad, resiliencia, y
clima, demostró que su uso aparece únicamente en 14 artículos, o bien en
el 1% de los textos disponibles. Las palabras clave desastre, tragedia (en
sentido no literario), vulnerabilidad, y resiliencia, no produjeron ningún
resultado. De los 14 artículos encontrados, 13 manejan el concepto de
riesgo y uno el de cambio climático. La búsqueda fue repetida en 2017 con
ningún cambio cualitativo en sus resultados. Otros métodos de generación
de datos podrían presentar resultados diferentes; sin embargo, aunque el
método presentado no es apropiado para caracterizar el campo completo de
la antropología en Brasil, tiene la virtud de concentrarse en las revistas y
textos que poseen la capacidad de establecer agendas y tendencias dentro
de la comunidad antropológica brasileña.
Existen tres hipótesis importantes que pueden ayudar a dar sentido a tal
situación. La primera de ellas se refiere a un desajuste en las categorías: se
podría objetar que la ausencia de palabras clave asociadas al concepto de
desastre en la bibliografía se debe al hecho de que es una categoría occi-
dental. La atención brindada a categorías emic en el trabajo etnográfico
puede engañar a los motores de búsqueda, como los utilizados por la pla-
taforma SciELO. Sin embargo, no considero que éste sea el caso. A lo
largo del siglo XX, la antropología brasileña no fue menos colonial y con-
descendiente con las ideas indígenas que sus contrapartes estadounidenses
y europeas, como se apresuran a señalar intelectuales indígenas de Brasil
y el extranjero (Deloria Jr., 1969; Baniwa, 2016); la tendencia general fue
que las categorías emic se disolvieran rápidamente en el universalismo oc-
cidental.34 Además, la antropología urbana en Brasil es tan robusta como

33 En realidad, uso aquí un proxi para el factor de impacto que es utilizado oficialmente
en Brasil: todas las revistas mencionadas se encuentran en el nivel A1 (el más alto)
del sistema de evaluación Qualis, establecido por la Coordinación de la Formación del
Personal de Nivel Superior (CAPES).
34 Aprovecho la oportunidad para dirigir la atención del lector al hecho de que el enfoque
en este texto deja ausente el punto de vista sobre lo que los indígenas llaman desastre,
y por ende el relato presentado es incompleto. Hasta donde manejo, lo más cercano a
una “Antropología de los Desastres indígena” producida en Brasil es el libro de Da-
nowski y Viveiros de Castro en 2016.

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

la etnología indigenista, y allí el enfoque de los desastres también ha estado


ausente. Por ende, podemos descartar la opción de una confusión catego-
rial.
Una segunda posibilidad tiene que ver con las especificidades de la to-
pografía en lo más profundo de la antropología brasileña; o, para ponerlo
de forma más clara, la posibilidad de que aquello que es enmarcado como
“desastre” en ciertos enfoques y tradiciones, puede ser categorizado de
otra forma dentro de la academia brasileña. Hay una gran cantidad de evi-
dencia de que esto, en efecto, explica parte de esa paradoja. Importantes
antropólogos en Brasil rechazan las tendencias teóricas que abordan los
desastres como “excesos”, es decir, como fenómenos que exponen siste-
máticamente los límites de nuestros esquemas conceptuales. El trabajo de
algunos antropólogos que han publicado sobre catástrofes relacionadas
con la minería ha llamado la atención en cuanto a la propia nomenclatura
de “desastre tecnológico” como una expresión que contiene en sí misma
un riesgo político. La idea de “accidentes normales”, por ejemplo, pro-
puesta por Charles Perrow en 1984, mientras que resulta conceptualmente
relevante, es a su vez políticamente peligrosa, en la medida que despolitiza
el fenómeno que describe. En el caso de aquellos que podrían ser los dos
peores desastres tecnológicos en la historia del país, representados por la
ruptura de las represas de residuos mineros en dos localidades del estado
de Minas Gerais, con poco más de tres años entre ambos eventos: los “de-
sastres de Mariana y Brumadinho” (a ser explicados con mayor detalle
más adelante), la existencia de evidencia irrefutable que indica que la ge-
rencia de las compañías mineras (Samarco y Vale) tenían conocimiento de
las malas condiciones de las presas condujo a algunos autores a rechazar
el término “desastre”, y abogar, en cambio, por el uso de crimen (Reis y
Santos, 2017; Zhouri et al., 2016a, 2016b, 2017).
De forma similar se podría argumentar, con relación a los esfuerzos de
institucionalizar la Antropología de los Desastres como un subcampo de la
antropología brasileña: qué se gana o qué se pierde al replantear la inves-
tigación que históricamente ha sido entendida como antropología ambien-
tal sobre un contexto de degradación ecológica a manos de la industria
minera, o la investigación acerca de situaciones de conflicto político donde
las poblaciones tradicionales (campesinos, pescadores, comunidades indí-
genas) ven sus derechos expropiados por corporaciones extractivistas,
¿cómo “Antropología de los Desastres”? En parte, estas preocupaciones

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

están asociadas a la construcción de equivalencias entre la investigación


académica y el mundo de la política y las políticas públicas, buscando vol-
ver la investigación más efectiva en ese sentido. Trabajos enmarcados
como antropología ambiental pueden hallar interlocutores en las agencias
ambientales existentes en los órganos del Estado, a nivel municipal y esta-
tal, donde el problema de los “desastres” se encuentra prácticamente au-
sente del aparato estatal, con la excepción de agencias centralizadas y poco
accesibles del gobierno federal, o el altamente militarizado aparato de de-
fensa civil (Valencio, 2009, 2010). Resulta claro que, desde la perspectiva
del trabajo con las poblaciones impactadas, la economía política de las ca-
tegorías es dramáticamente importante, y puede intensificar o diluir la efi-
cacia política del trabajo con las comunidades. Todos los campos de
estudio se encuentran sujetos a efectos performativos de etiquetas y divi-
siones (Bourdieu, 1979), realidad que no es ajena a la disciplina.
Dicho todo esto, resulta importante destacar que la categoría “desastre”
es extremadamente fluida, y se extiende a diversos territorios, poblaciones,
y circunstancias, muchos de los cuales están desconectados de los contex-
tos en los que la lucha política y las oportunidades de incidencia son clara-
mente identificables (por razones ecopolíticas complejas), si es que incluso
existen. Los tornados en el sur de Brasil y las sequías en la región amazó-
nica son ejemplo de ello. De esta manera, si bien todos los elementos de
los argumentos presentados son pertinentes, junto a una cantidad conside-
rable de trabajos sobre temas que en otro contexto encajarían fácilmente
como Antropología de los Desastres, en el caso de Brasil, dentro de estruc-
turas conceptuales diferentes, se cuenta con un gran número de fenómenos
“desastrosos” que sencillamente no son antropologizados.
Eso nos conduce a la tercera hipótesis a tener en cuenta en el esfuerzo
por brindar sentido a la ausencia de los desastres en la producción antro-
pológica: este hecho refleja, a su vez, otra ausencia, de mayor amplitud
demográfica la idea ampliamente difundida en Brasil, especialmente a lo
largo del siglo XX, de que la incidencia de los desastres en el país ha sido
mínima, por no decir completamente ausente. La percepción de que el país
fue recompensado con una “naturaleza benigna”, de donde parece brotar
la idea de que “aquí no hay desastres”, se encuentra profundamente arrai-
gada en el imaginario colectivo brasileño; esto quizás refleje algunos ele-
mentos del imaginario europeo sobre las Américas durante la época
colonial temprana (Wasserman, 1994: p. 30). Un ejemplo al respecto, to-

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

mado de la cultura popular, lo ofrece un viejo chiste, aún vigente, en el que


Gabriel, el ángel, pregunta a Dios por qué excusó a Brasil de desastres na-
turales cuando creó el país, a lo que Dios responde que las personas que
colocaría ahí serían un desastre en sí mismas (Strasdas, 2011).35 Por su
vez, Machado, en un artículo sobre una de las muchas expediciones cien-
tíficas europeas del siglo XIX, escribe:

To a Brazilian, nothing sounds more familiar than statements that


Brazil has been blessed in terms of nature. Indeed, from our earliest
childhood, we learn to identify our country through enthusiastic ma-
nifestations about the wonders of our geography, not to mention the
flora and fauna whose extraordinary diversity and wealth comprise
the treasures that God generously bestowed upon us. … Pero Vaz
de Caminha’s inspired letter reporting the discovery of new lands to
the King of Portugal in 1500, … described these lands in term of
Eden. (Machado, 2004: p. 13).

En contraste con todo esto, un consulta rápida de fuentes y noticias arroja


evidencias sobre la ocurrencia cíclica de epidemias de sufrimiento causa-
das por eventos extremos en el país, de origen medioambiental y/o tecno-
lógico: sequías (con la frecuencia de una cada cinco años en la región
noreste; menos frecuentes en otras partes del país, pero aun prevalentes en
la Amazonía y regiones del sur), terremotos en la región noreste, inunda-
ciones destructivas en el Amazonas, y tornados e inundaciones acompaña-
das por aludes en las regiones del sureste y sur, por solo mencionar
algunos. Llama la atención que la narrativa sobre una naturaleza benigna,
quizás lo más prominente en el mito sobre el origen de la nación brasileña,
haya tenido el poder de opacar la ciclicidad y sistematicidad de las epide-
mias de sufrimiento causadas por desastres, sin dejar marca fuerte en el
imaginario colectivo; al menos, no en el imaginario colectivo de los grupos
sociales con poder y capacidad de generar y diseminar narrativas sobre
Brasil, tales como las industrias culturales de la región sureste (en ciudades
como Sao Paulo y Rio de Janeiro), y las políticas públicas creadas en la

35 No es posible leer tal broma sin que la misma exprese, dependiendo del contexto en el
cual se realice, el racismo u otras formas de discriminación presentes en la cultura po-
pular, y/o lo que Nelson Rodriguez (1997), denominó como el “complejo de perro ca-
llejero” nacional (complejo de inferioridad).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

capital nacional, Brasilia.36 Es precisamente la ocurrencia de desastres a


gran escala en la región sureste (una contingencia del destino, o efecto del
cambio climático, o ambos), lo que parece estar cambiando el escenario.

Los desastres invisibles de la ciencia social brasileña

Es necesario advertir que los desastres siempre son pensados a través de la


política (Oliver-Smith, 2010), y la historia política de Brasil no puede en-
tenderse desvinculada de ideologías y proyectos de modernización (Taddei
y Gamboggi, 2010, 2011). En tal contexto, los desastres juegan el doble
papel de ser agentes de marginalización, y ser marginados al mismo
tiempo. En el caso de las sequías, por ejemplo, eran y aun son entendidas
a menudo como un impedimento para el progreso; esto se hace evidente
en el nombre de la más antigua agencia federal creada para manejar desas-
tres naturales en Brasil, el Departamento Nacional de Obras Contra la Se-
quía (DNOCS), resaltando el contra. Las sequías son también acusadas de
ser responsables del “atraso” de la región semiárida del noreste. Los de-
sastres que tuvieron lugar en la región más rica y poderosa del país, el su-
reste, se han manejados como fenómenos episódicos y transitorios, lo que
genera la percepción de que los centros económicos del país han sido poco
afectados históricamente por sequías e inundaciones, en contraste con las
áreas marginales como el noreste y el Amazonas. En una típica situación
del tipo “el huevo y la gallina”, en este esquema perceptivo teleológico, el
poder y el progreso parecen minimizar los desastres, y éstos a su vez favo-
recen al poder y al progreso, reforzando la dominación de la región más
rica de Brasil, el sureste, como si las desigualdades sociopolíticas fueran
fenómenos “naturales” (cuando no teológicos). Una forma de entender
esta red de relaciones tan complejas es que los desastres son construidos
históricamente como dispositivos político-ambientales para “naturalizar”
desigualdades políticas y económicas (Oliver-Smith y Hoffman, 1999;
Hoffman y Oliver-Smith, 2002).

36 Asimetrías en los caminos en que distintos grupos sociales contribuyen a la amalgama


de las formas de imaginario colectivo de la sociedad y el mundo que existe en todos
los niveles, incluyendo los más marcadamente “locales” (Taddei y Gamboggi, 2009).

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

Una serie de eventos paralelos ha tenido lugar en la historia de las cien-


cias sociales en Brasil. A pesar de la importancia de autores provenientes
del noreste como Gilberto Freyre y Câmara Cascudo,37 la institucionaliza-
ción de las ciencias sociales ocurre en el sureste. Momentos clave fueron
la creación de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas
(FFLCH), de la Universidad de Sao Paulo (USP), con la participación de
Claude Levi-Strauss, de la que surgió la Escuela Sociológica Paulista; la
fundación de la Asociación Brasileña de Antropología (ABA), en 1955; y
la creación del primer programa de postgrado en Antropología en el Museo
Nacional de Rio de Janeiro, en 1968.38
Incluso si los científicos sociales en Sao Paulo y Rio de Janeiro estuvie-
ron interesados en lo que ocurría en el resto de Brasil (y la centralidad de
la etnología indigenista en la producción académica de la época lo de-
muestra), la agenda investigativa tenía como contexto ideológico cuestio-
nes más amplias, como el modernismo, la modernización, y la
construcción de la civilización brasileña. Como es bien sabido, en la típica
comprensión moderna de la realidad, la naturaleza debe ser dominada y
explotada. Eso dejó a los antropólogos la tarea de documentar y dotar de
un sentido intelectual a la realidad de las víctimas de la modernización: en
ese contexto, los desastres obtuvieron la forma del genocidio de indígenas
y pueblos tradicionales. Tales genocidios, sin embargo, fueron parte del
orden político establecido el cual, a pesar de ser extremadamente perverso,
posee su lógica intrínseca. En el contexto de origen y desarrollo inicial de
las ciencias sociales en Brasil, el país era pensado desde y a través del su-
reste modernizante. Los desastres “totales” se mantuvieron más allá de la
cognición, y por ende permanecieron invisibles.39

37 Freyre y Cascudo fueron autores nacidos y residentes de la región noreste, y cuyas


contribuciones antropológicas y sociológicas fueron fundamentales para el desarrollo
de las ciencias sociales en el país.
38 Brasilia es una excepción en el escenario de dominación de Sao Paulo y Rio de Janeiro
en la historia de la antropología en el país. La presencia de la antropología en la capital
nacional se debe al trabajo de dos académicos que emigraron desde el estado de Minas
Gerais hacia Rio de Janeiro, y luego se involucraron en la creación de la Universidad
de Brasilia: Darcy Ribeiro y Roque de Barros Laraira.
39 Estos patrones de invisibilidad existían, naturalmente, en otras configuraciones más
complejas de relaciones sociopolíticas. En el siglo XIX, durante la que probablemente
fue la peor sequía registrada en la historia brasileña (1877-1880), el aclamado autor y
diputado del estado Ceará, José de Alencar, denunció en la Cámara de Diputados en

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Un aspecto teórico del problema puntualizado aquí subyace exacta-


mente en la cuestión antes mencionada sobre la confianza en el supuesto
metafísico de la existencia de un orden. Como era de esperarse, los intelec-
tuales brasileños imitaron a sus colegas europeos. Tanto el hecho social de
Émile Durkheim (1982 [1895]), y el tipo ideal de Max Weber (1949 [1904]),
conducen a entender las sociedades en sus condiciones normales, típicas y
ordinarias. Estas ideas indujeron a los investigadores a descartar lo ex-
traordinario por ser irrelevante, incluso si el centro de la cuestión supone
comprender qué exactamente es considerado como extraordinario y para
quién. Evans-Pritchard (1940), por ejemplo, describió la organización tí-
pica de los Nuer eliminando la influencia del colonialismo inglés en Sudán;
asimismo, hechos que generan una desorganización radical en las formas
sociales estudiadas son abstraídos o enviados al trasfondo de la acción so-
cial, para destacar supuestamente de esta forma lo más relevante en el reino
teórico: no es la sequía (algo que puede causar anomia), lo que interesa al
investigador, sino los procesos de acusación de brujería (como forma so-
ciológicamente establecida de reproducción del orden social), que se en-
cuentran asociados a ella (Evans-Pritchard, 1976), y así sucesivamente.

Haciendo visibles a los desastres brasileños

En las últimas dos décadas una serie de hechos, en tres frentes distintos,
parecen haber iniciado un proceso de reversión del escenario descrito pre-
viamente. Los tres frentes son: a) la ocurrencia de desastres de grandes
proporciones en la región sureste de Brasil, lo que generó un proceso de
transformación en la configuración de las agencias estatales dedicadas a la
prevención y gestión de desastres en el país; b) la ocurrencia de desastres
internacionales que afectaron a Brasil de manera inédita; y c) una serie de
nuevos desarrollos en la teoría social que colocan a los desastres bajo un
nuevo enfoque analítico.

Río de Janeiro que las cuentas recibidas en la capital del Imperio, relacionadas con la
sequía sobre las dimensiones de la hecatombe que azotaba su estado natal, podrían ser
manipulaciones de las élites de su estado para obtener más fondos del gobierno impe-
rial (Greenfield, 2001).

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

Desastres en la mira (nacional)


En relación con el primer frente mencionado, Brasil posee algunos de los
ecosistemas más vulnerables al cambio climático (selva tropical, noreste
semiárido, y las sabanas del centro-oeste), que, al sumarse a la destrucción
ambiental, crecimiento demográfico, y la expansión urbana no planificada,
crea las condiciones óptimas para el aumento en el número de desastres.
Los últimos 20 años, de hecho, han sido testigos de un incremento signifi-
cativo en la frecuencia de desastres visibles. Aun así, y como no podría ser
de otra manera, este proceso aun en curso se ha desarrollado en medio de
un conflicto epistemológico característico. Dos ejemplos significativos que
guardan relación con huracanes y tornados vienen al caso. En marzo de
2004, el huracán Catarina tocó tierra en el estado de Santa Catarina (Lopes,
2015; Klanovicz, 2010). Algunos científicos discutieron que Catarina no
podía ser un huracán, debido al hecho de que “no hay huracanes en
Brasil”.40 Lo mismo ocurrió con los tornados de los años 2002 y 2003;
mientras conducía un trabajo de campo etnográfico en el estado de Ceará,
documenté varias historias sobre fuertes vientos a través de entrevistas,
llamados localmente “ventanias”, en la región metropolitana de Fortaleza
y en las colinas de Apodi. El patrón de destrucción lineal que fue descrito
llamó mi atención; cuando pregunté si aquellos vientos eran en realidad
tornados, escuché cómo granjeros y meteorólogos coincidían con tal afir-
mación, pero no se atrevían a discutirlo abiertamente por miedo a ser ridi-
culizados. En cierta medida, presenciar un tornado en Brasil es equivalente
a ver un fantasma. Fue gracias al tornado en el área central de la ciudad de
Indaiatuba, en el estado de Sao Paulo, en 2005, que Brasil descubrió que
hay tornados en el territorio nacional; se encuentra incluso un “corredor de
tornados” en el país (Candido, 2012), y Brasil parece tener la segunda fre-
cuencia más alta de tornados en el planeta (Catucci, 2012).
Algo similar sucede con los terremotos, que ocurren a una tasa prome-
dio de más de mil por año en los estados de Ceará, Río Grande del Norte,

40 Para el momento, la idea de que no había huracanes en Brasil podía encontrarse en el


material pedagógico de importantes instituciones públicas, tales como el Servicio Na-
cional de Educación Industrial (Serviç o Social da Indú stria-SESI, s.d.); al igual que
en revistas científicas populares (Revista Superinteressante, 2004).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

y Paraíba, con una intensidad que tiende a no superar un nivel 3 en la


escala de Richter (Moreira, 2013).41
Las sequías ocupan un lugar peculiar y especial dentro del imaginario
colectivo de los desastres en Brasil: de todos los fenómenos clasificados
típicamente como desastres, ninguno es tan estudiado y documentado en
el país como las sequías (ver, por ejemplo, Gareis et al., 1997; Kenny,
2002, 2009; Nelson y Finan, 2009; Palacios, 1996; Pennesi, 2013; Taddei,
2012, 2013). Sin embargo, la prevalencia de las sequías pone en evidencia
los extraños contornos de los esquemas mentales: la mayoría de brasileños,
de ser interrogados sobre desastres, responderían que el país ha sido ben-
decido con su inexistencia; si son interrogados sobre las sequías, las mis-
mas personas dirían que son “típicamente” del noreste. Y las sequías
“típicas” del noreste son complementadas con “típicas” imágenes de sufri-
miento y hambruna; no es el caso de las sequías “israelíes” (o el imaginario
colectivo brasileño sobre estas), aquellas que ocurren y nadie nota su pre-
sencia.42 La sequía es, entonces, el desastre más común en un país despro-
visto de desastres.
Una vez más, eventos atípicos parecen haber ocurrido en el pasado re-
ciente: sequías cruzan barreras geográficas y, en consecuencia, cruzan ba-
rreras políticas e imaginarias. En 2005, Brasil fue testigo de sequías de
grandes proporciones en tres de las principales regiones, al mismo tiempo:
el Amazonas, la región noreste, y el sur (Taddei y Gamboggi, 2010). La
concurrencia de tres sequías contradijo la idea generalizada de que el fe-
nómeno El Niño induce eventos extremos de naturaleza alterna en el país,
según la cual, las sequías en el noreste ocurren paralelamente a las inunda-
ciones del sur. La sequía en la cuenca del Amazonas fue de tal intensidad,
y su impacto tan dramático para el ecosistema y las comunidades, que el
evento rápidamente ganó la atención de la prensa internacional (ver Rohter,
2005). Sequías devastadoras retornaron al país en años siguientes: en 2007,
2010, y finalmente entre 2011 y 2018, considerada la sequía más larga re-

41 En el caso de los terremotos existen trabajos tempranos en la geociencia que docu-


mentan su ocurrencia en Brasil (ver por ejemplo Berrocal et al., 1984), encontrándose
fuera del radar de la opinión pública y las ciencias sociales.
42 Israel es un lugar prominente en el imaginario colectivo de los habitantes del noreste
brasileño, propenso a la sequía, como un espacio donde la tecnología supuestamente
ha “ganado la guerra” contra el medio ambiente.

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

gistrada en la región. En 2010 la cuenca del Amazonas también fue gol-


peada por la peor sequía de los últimos 100 años. Luego, entre 2012 y
2016, la más grande metrópolis del país, Sao Paulo, sufrió la peor sequía y
crisis de almacenamiento de agua en su historia, con el agotamiento de
una de sus principales reservas estratégicas: el sistema de Cantareira (Leite,
2018). “Es una situación que solo hemos observado en el noreste, a través
de la televisión”, decían en Sao Paulo, con un tono que sugería el compor-
tamiento geopolíticamente insolente de la sequía.
Concomitantemente, ocurrieron numerosos desastres asociados a llu-
vias torrenciales, generando inundaciones y aludes, que convocaron una
gran cobertura mediática y tuvieron repercusiones en la opinión pública,
especialmente alrededor de las que tuvieron lugar en la región sureste. En
2008 las inundaciones en el valle de Itajaí, en el estado Santa Catarina,
provocaron más de 130 víctimas fatales (Silva, 2013). Las inundaciones
volvieron a ocurrir en el mismo valle, en igual escala de destrucción, en
2011 y 2013. En el primer día del año 2010, un gran alud en la ciudad de
Angra dos Reis, en el estado de Rio de Janeiro, dejó un saldo de 50 vícti-
mas. En el mismo año otro deslizamiento de tierra en ese estado, esta vez
en la ciudad de Niterói, cobró la vida de 200 personas. Al siguiente año, un
alud masivo en las colinas de Fluminense golpeó las municipalidades de
Nova Friburgo, Teresópolis, Petrópolis, Sumidouro, São José do Vale do
Rio Preto, y Bom Jardin, causando 840 muertes y 440 desapariciones
(Silva, 2015). Resulta relevante, dentro de lo que venimos argumentando,
el hecho de que muchas de estas ciudades ofrecen turismo de montaña
como atracción para los habitantes adinerados de Rio de Janeiro.
Asimismo, ocurrieron desastres tecnológicos, especialmente derrames
de petróleo, acompañados de sus dramáticos impactos a ecosistemas y esti-
los de vida costeros. En 2010 tuvo lugar un derrame en la plataforma pro-
cesadora P-47, campo de Marlim, en Cuenca de Campos (cerca de la ciudad
de Macaé, Rio de Janeiro). En el siguiente año sucedió otro derrame, en
esta ocasión en la plataforma de Chevron, también en Cuenca de Campos.
En 2013 hubo un derrame en la ciudad de Bertioga, en el estado Sao Paulo.
Sumado a todo lo mencionado, los casos ya citados de crímenes-desas-
tres mineros de Mariana y Brumadinho, ocupan infamemente un rol
prominente en la historia reciente de los desastres (y en su análisis antro-
pológico) en Brasil. El evento que tuvo lugar inicialmente en la comunidad
de Bento Rodríguez, en la municipalidad de Mariana, estado Minas Gerais,

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

se convirtió posiblemente en la peor tragedia industrial y ambiental en la


historia brasileña, sirviendo como catalizador para el rápido crecimiento
de un grupo de profesionales y estudiantes en antropología, que realizaron
un trabajo sistemático y robusto sobre el desastre,43 incluso mientras la ca-
tegoría era activamente resistida. En la mañana del 5 de noviembre de
2015, un depósito de desperdicios y residuos de una mina de hierro (pro-
piedad de Samarco, controlada por Vale y la corporación angloaustraliana
BHP), cedió, devastando numerosas comunidades localizadas aguas abajo.
El lodo mató al menos 19 personas, y desplazó directamente más de 200
familias; posteriormente alcanzó el río Doce, eliminando toda forma de
vida en más de 663 kilómetros de río, y llegando hasta el mar, donde pro-
dujo un abanico de devastación. Todas las poblaciones a orillas del río,
incluyendo los indígenas Krenak y un vasto número de comunidades tra-
dicionales y pesqueras, fueron impactadas por la destrucción de su princi-
pal fuente de alimentos e ingresos. La ciudad de Gobernador Valadares,
con 280 mil habitantes, contaba con el río Doce como su fuente principal
de agua dulce, y sufrió una escasez severa tras el evento. “Oficialmente”,
39 ciudades se consideraron afectadas por el desastre; el número de muni-
cipalidades que cuenta con el río Doce como fuente de agua ronda las 230.
Más tarde, el 25 de enero de 2019, otro reservorio de desechos de hierro
(propiedad de Vale), se rompió, esta vez en la comunidad de Córrego do
Feijão, en la municipalidad de Brumadinho, a menos de 200 kilómetros de
Mariana. Más de 200 individuos perdieron la vida, y otros 93 desaparecie-
ron. Dos meses más tarde, la ola de lodo tóxico, después de devastar 200
kilómetros del ecosistema del río Paraopeba y afectar cientos de ciudades
y decenas de miles de individuos, alcanzó el río San Francisco, el cuarto
más largo de Suramérica, y el más importante fuera de la cuenca del Ama-
zonas.
Un reportaje de la Agencia Nacional de Aguas de Brasil, publicado en
noviembre de 2018, contabilizó 45 presas en el país en condición crítica;

43 Con el trabajo de académicos y grupos de investigación localizados principalmente en


la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG; ver el trabajo de Andréa Luisa Zhouri
Laschefski y sus colegas en el grupo de investigación GESTA; por ejemplo Zhouri et
al., 2016a, 2016b, 2017), la Universidad Federal de Espírito Santo (UFES; ver el tra-
bajo de Eliana Santos Junqueira Creado y sus colegas; ejemplo Creado y Helmreich,
2018), la Universidad Federal de Ouro Petro (UFOP), y la Universidad Federal de Juiz
de Fora (UFJF).

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

la que irrumpió en Brumadinho no se encontraba entre ellas. El daño so-


cioecológico al ecosistema en el área de ambos incidentes (que en conjunto
son casi del tamaño de Portugal), no puede expresarse en palabras e imá-
genes; la población directamente afectada fácilmente alcanza millones de
individuos.
Este lúgubre recorrido no tiene otro objetivo más que hacer evidente
que la intrincada existencia de los elementos no se encuentra alineada con
las representaciones culturales, históricamente conformadas, sobre una na-
turaleza plácida y pasiva ante el asalto de la modernización. En cualquier
caso, los eventos mencionados (y muchos otros) de las últimas dos décadas
han abarrotado las noticias nacionales y locales, y parecen estar transfor-
mando lentamente el imaginario de la población común de Brasil en cuanto
a “sus” desastres.
La idea de que un cambio mayor en el manejo institucional de los de-
sastres en Brasil debía requerir de la ocurrencia de eventos desastrosos en
la región sureste del país parece ser confirmada por cómo el gobierno res-
pondió al alud masivo que tuvo lugar en las colinas de Fluminense en
2011. En 2005 se creó el Centro Nacional para la Administración de Ries-
gos y Desastres (CENAD), y fue instalado en una pequeña habitación de
30 metros cuadrados, como parte del Ministerio Nacional de Integración.
En 2011, a raíz de la conmoción causada por el mencionado deslizamiento,
fue reestructurado y transferido a un nuevo espacio, 20 veces mayor en su-
perficie. El CENAD trabaja en conjunto con el Centro Nacional de Moni-
toreo y Alertas de Desastres Naturales (CEMADEM), una agencia
relacionada con el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y creada bajo las
mismas circunstancias en 2011.

Brasil y los desastres extranjeros, y viceversa


La participación de ciudadanos brasileños en eventos desastrosos interna-
cionales, un hecho que ha sido ampliamente explotado por los medios na-
cionales, es un segundo frente en la transformación de las perspectivas del
imaginario nacional sobre desastres. La estabilización económica y el au-
mento del ingreso familiar que caracterizó a Brasil en el período entre
1994 y 2010, sumado al desarrollo en el sector de transporte y telecomuni-
caciones, ubicó a los brasileños, tanto turistas como profesionales y diplo-
máticos, en la primera línea de los desastres como víctimas, pero también
como productores y difusores de imágenes e información. Esto ocurrió en

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

situaciones tales como el tsunami del Océano Índico en 2004, cuando las
cadenas de medios nacionales hallaron rápidamente a ciudadanos brasile-
ños que presenciaron el desastre, quienes facilitaron sus registros fotográ-
ficos y videos del mismo. La cobertura mediática se concentró en gran
parte en la muerte de la diplomática brasileña Lys Amay de Benedek
D’Avola, y su hijo de diez años. En el terremoto de Haití en 2010 (Thomaz,
2010; Bersani, 2015), la presencia de tropas brasileñas de la ONU en ese
país, y la muerte de Zilda Arns, líder del Servicio Pastoral Católico para
los Niños Pobres, convirtió el desastre en el evento internacional más in-
tensamente cubierto por los medios brasileños ese año.
En cuanto a los desastres tecnológicos, también en 2010, tuvo lugar el
derrame de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon/British Petro-
leum, probablemente el peor derrame de la historia, alertando de inmediato
a naciones y empresas sobre los peligros de la prospección petrolera en
aguas profundas, en un momento histórico en el que Brasil se embriagaba
con la euforia inflada artificialmente del descubrimiento e inicio de opera-
ciones de los que serían conocidos como sus campos petroleros de “la
capa de presal”. Al año siguiente, el tsunami de Japón y el desastre nuclear
subsecuente en Fukushima trajeron de vuelta viejas pesadillas, no solo
aquellas relacionadas con los accidentes de Three Mile Island y Chernobyl,
sino también con el caso del accidente radiológico de Goiânia ocurrido en
1987 (Silva, 2017; Fonseca y Klanovicz, 2014; Vieira, 2010, 2013; Quei-
roz, 2017). Mapas de accidentes y desastres nucleares inundaron el internet
y la televisión una vez más, y el accidente de Goiânia recordó a los brasi-
leños que el país figura en la lista de naciones donde tales incidentes han
tenido lugar. Nuevos ejercicios de imaginación geográfica aparecieron tras
Fukushima: mientras universidades estadounidenses en la costa oeste de-
tectaban señales de radiación en salmones y atunes capturados en el Pací-
fico, consecuencia del flujo ininterrumpido hacia el océano de agua
radioactiva de la planta nuclear dañada, Fukushima Daiichi, la clase media
brasileña comenzó a preocuparse por la fuente del salmón de sus sushis y
temakis.44

44 El sushi y el temaki son platos ampliamente populares en Brasil, reflejando la existen-


cia de una gran comunidad brasileña-japonesa en el país. Gran parte del salmón con-
sumido en Brasil proviene de la acuicultura en Chile.

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

Teoría social
El tercer frente hace referencia a la transformación del panorama de las
ciencias sociales contemporáneas. En la escena de las ciencias sociales an-
glosajonas, la sociología se mantiene un paso delante de la antropología;
puede decirse que lo mismo ocurre en Brasil.45 Las teorías de Ulrich Beck
(1992) y Anthony Giddens (1990, 1991), sobre La sociedad del riesgo de-
jaron una importante marca en el panorama sociológico: el riesgo fue ele-
vado hasta ser un elemento constitutivo de la propia ontología de la
contemporaneidad, convirtiéndose a su vez en una nueva metafísica. Char-
les Perrow (1999), en su momento, propuso la idea de accidentes norma-
les, en la que sistemas complejos, tecnológicos o no, pueden asumir
configuraciones internas que, a pesar de su naturaleza catastrófica, no son
más que uno de sus estados posibles, y por ende “normales”. Un desastre,
como resultado, se revela como uno de los posibles estados de la realidad.
Sobre la frontera entre la sociología y la antropología, Bruno Latour
(1991, 2013), y otros colegas, trabajando en conjunto con la Teoría del Ac-
tor-Red (ANT), articulan una doble acusación contra las llamadas ciencias
puras y también contra las llamadas ciencias sociales. Mientras que la
ciencia “natural” o “formalista” es evocada para desarticular la política, es
decir, todo lo demás de lo que no está compuesta, las ciencias sociales crí-
ticas, la antropología incluida, evocan (cierta) política como una estrategia
para desarticular la (política de la) ciencia, técnica, y todo lo demás de lo
que no está compuesta. El problema aquí es el rechazo a la posibilidad de
la diversidad ontológica: para los naturalistas, los rituales de acusaciones
de brujería son irrelevantes; en el mejor de los casos, se trata de mistifica-
ciones. La sequía específica en la que tales rituales ocurren es también, en
cierta forma, irrelevante: lo que interesa son los modelos matemáticos abs-
tractos de la realidad, en los que los datos que no se ajustan a los patrones
esperados son denominados outliers y descartados. Para los científicos so-
ciales críticos, esa misma sequía es irrelevante, como lo es el ritual especí-
fico de acusación de brujería; lo que interesa son los “procesos sociales”
en curso, esto es, el modelo sociocultural abstracto de la realidad. En lo
que ha sido llamado enfoque de ontología relacional, y cuya inspiración

45 Principalmente debido al trabajo de Norma Felicidade Lopes da Silva Valencio y sus


colaboradores (ver, por ejemplo, Valencio, 2004, 2010, 2014; Valencio et al., 2009;
Siqueira et al., 2015; Antonio y Valencio, 2016).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

principal para la antropología brasileña han sido los trabajos de Eduardo


Viveiros de Castro (2002), Arturo Escobar (2018), Tim Ingold (2011), y
Philippe Descola (2013, 2017), el rechazo a las dicotomías clásicas del
pensamiento moderno, tales como Naturaleza y Cultura, Sujeto y Objeto,
Humano y Animal, como categorías trascendentes, reintroduce la dimen-
sión material, por un lado, y la singularidad irreductible de contextos pre-
sentes, como elementos ineludibles en el esfuerzo teórico de las ciencias
sociales. Lo que es rechazado en tal enfoque es la metafísica contemporá-
nea especulativa que toma el mundo como si no hubiera humanos y los
humanos como si no hubiera mundo (Danowski y Viveiros de Castro,
2016).

En la frontera con los desastres

Finalizo estas reflexiones sugiriendo una agenda de investigación para una


Antropología de los Desastres en Brasil, enlistando temas que parecen ser
especialmente prometedores. Sin perder de vista la preocupación justifi-
cada por el efecto performativo de cómo son enmarcados los eventos y las
agendas, creo que es importante regresar al enfoque de las ontologías rela-
cionales, y a cómo proponer la desestabilización de las referencias feno-
menológicas kantianas clásicas sobre la constitución del mundo moderno.
Lo que se necesita, entonces, desde mi punto de vista, es la exploración de
las consecuencias de tal desestabilización. Se revelan tres dimensiones
como fundamentales: la primera, la constitución y estatus del humano; se-
gundo, de lo subjetivo; y tercero, de lo político.
En tal contexto, si lo humano deja de ser el mero resultado de la imposi-
ción de distinciones históricas occidentales arbitrarias entre la humanidad y
la animalidad (Ingold, 2002), y la noción del sujeto desborda más allá de
las fronteras de la especie, vale preguntar: ¿cuáles son las perspectivas de
sujetos no humanos (como los animales) ante la desorganización ontológica
de la realidad provocada por los desastres?; ¿cómo pueden los científicos
sociales acceder a dichas perspectivas? Aquí los desafíos metodológicos
están lejos de ser insignificantes.
La idea de la subjetividad, en segundo lugar, en las formas en las que
somos dirigidos a constituirla y cosificarla (en contextos culturales occi-
dentales), es simplemente contingente y no un a priori fenomenológico, y

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El campo de la Antropología de los Desastres en Brasil. Retos y perspectivas

pone en cuestión la necesidad de considerar dimensiones de la existencia


en las que la experiencia del mundo no es mediada por tales configuracio-
nes de subjetividad. Como presenté en otra ocasión:

[T]his is one of the most interesting frontiers of the social sciences:


from the many variations of what is conventionally called “spiritua-
lity” to the phenomenon of crowds, we need to think non-subjecti-
vated and non-subjectivizing ways of being in the world, as a
fundamental part of the constitution of the existents (ontologies),
without relegating these forms to an “other world.” (Taddei, 2014:
p. 604).

En tercer lugar, lo “político” (en su sentido moderno, latouriano), deja de


ser el sincronizador teórico universal, el gran estabilizador de discursos
conceptuales, similar a la materialidad en las ciencias físicas. Vivimos
ahora de forma virtual, realidades asincrónicas, en la que los sujetos son
hibridados con seres de especies distintas, objetos tecnológicos, algoritmos
computacionales, procesos automatizados, y big data: aquí somos testigos
del desplazamiento de la mediación humana, y el agente/sujeto/ego de la
acción social raras veces se puede reducir a un individuo, en su sentido
clásico. Tomemos el accidente nuclear de Fukushima como ejemplo: el
desmantelamiento del reactor número cuatro es la tarea tecnológica más
compleja y peligrosa de toda la historia humana (Perrow, 2013b), y sólo
puede ser realizada por robots (Perrow, 2013a). En el campo militar, el uso
de los drones automatizados con poder letal se volvió popular a nivel mun-
dial. Dado los notorios vínculos históricos entre la tecnología militar y es-
pacial, y la militarización de las agencias de defensa civil, particularmente
en Brasil (Valencio, 2009), el entendimiento de la (re)composición de los
mundos y los contextos de acción es una tarea crucial para la comprensión
de las condiciones en las que ocurren los desastres.
Una de las consecuencias sobre lo que propongo aquí conduce al es-
fuerzo de tratar de comprender el universo de los desastres como una
forma de “perspectivismo posnormal de la contemporaneidad” (Taddei e
Hidalgo, 2016): en estados alterados (ya sea de conciencia, emotividad,
sensación o configuraciones corporales; o con miedo, ansiedad, heridas, o
inseguridades ontológicas), otras perspectivas se imponen a sí mismas. La
pregunta que emerge entonces es la siguiente: ¿qué otros mundos se en-
cuentran establecidos en tales contextos? Estos estados son, evidente-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

mente, indeseados; eso no significa, sin embargo, que sean “anormales” o


“excepcionales”. El cambio climático, la punta del iceberg del Antropo-
ceno, demandará una recomposición radical de las realidades sociocultu-
rales (y por ende políticas) (Latour, 2017; Tsing, 2015; Tsing et al., 2017).
Bajo este prisma, la necesidad de explorar tales perspectivas posnormales
se ha vuelto imperativa.
Por último, aprovechando la oportunidad de hacer referencia a cómo la
antropología mexicana se relaciona con la cultura popular de su país,46 me
gustaría elevar la pregunta sobre por qué el mundo de los muertos no en-
cuentra su lugar entre los mundos legítimos en el debate global sobre de-
sastres y tópicos relacionados. “El capitalismo nos robó todo, incluso la
muerte”, me dijo un físico una vez en un seminario de ecoalfabetización
en la Universidad Veracruzana, en Xalapa, México, haciendo referencia a
cómo las prácticas médicas occidentales desarticulan las formas mexicanas
tradicionales de “vivir” la muerte. Tomar la muerte como un modo de
existencia, algo mucho más posible en Brasil y en México que en Francia
o Estados Unidos, nos presenta desafíos metodológicos y ontológicos su-
mamente interesantes, no sólo en nuestra reflexión antropológica sobre los
desastres; podría ser un espacio de desarrollo conceptual especialmente
relevante, dado los retos pronosticados para el futuro del planeta, ante los
cuales la antropología latinoamericana parece estar mejor preparada que
otras tradiciones.47

46 Una versión anterior y menos desarrollada de este texto fue presentada por primera
vez en el II Encuentro Mexicano-Brasileño de Antropología, en 2013 en Brasilia. La
ceremonia de apertura se llevó a cabo en la embajada mexicana el 3 de noviembre, un
día después del Día de los Muertos. Los participantes fueron recibidos por una diplo-
mática que afirmó haber sido formada en antropología. Luego condujo a los invitados
a un gran altar del Día de los Muertos en el vestíbulo de entrada, y realizó una des-
cripción detallada y conmovedora de los elementos que constituían el altar, mostrando
las fotografías colocadas, que incluían aquellas de los familiares fallecidos de emplea-
dos de la embajada, incluyendo los de la propia embajadora.
47 Un ejemplo puede hallarse en cómo Donna Haraway lidia con la idea del “buen morir”
en su libro de 2016. A pesar de la brillantez habitual del argumento en general, se re-
húsa a relacionar el concepto en términos de las tradiciones animistas que ella misma
menciona en el texto, principalmente de los pueblos nativos americanos y los Inuit
(Haraway, 2016).

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La Antropología de los Desastres que aún tiene


que llegar a ser. El caso de Centro América

Roberto E. Barrios y Carlos Batres

En Memoria de Arturo Abilio Berganza Bocaletti,


Irma Yolanda Reyes y Reyes
y Guadalupe Navas de Andrade.

Introducción

Centroamérica, y la República de Guatemala en particular, ocupa una po-


sición algo paradójica en la historia de la Antropología de los Desastres. A
principios del siglo XX, los investigadores de desastres y los expertos en
reducción de riesgos mantuvieron una opinión de las catástrofes como “la
voluntad de Dios” o “acciones de la naturaleza” inevitables a los que sólo
podríamos responder, pero no prevenir (Oliver-Smith, 1999). A partir de la
década de los setenta, varios científicos sociales críticos, que participaban
en estudios comparativos de desastres a escala global, notaron una tenden-
cia interesante. No parece que la magnitud de eventos naturales (como
terremotos y huracanes), sea la única variable que determina la forma (quié-
nes se ven afectados y cómo), y la gravedad de los desastres. En cambio,
los datos globales indicaron que los factores históricos, políticos, estraté-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

gicos y socioeconómicos también eran variables críticas para convertir


una amenaza (por ejemplo, terremotos, tornados, huracanes, lluvias inten-
sas), en un desastre (García-Acosta, 1993, 2002; Hewitt, 1983; O’Keefe et
al., 1976; Oliver-Smith, 1999, Oliver-Smith y Hoffman, 1999). Un terre-
moto de magnitud 7 en la escala de Richter, por ejemplo, podría ocurrir en
un lugar donde: a) no existieran desigualdades socioeconómicas en el ac-
ceso a terrenos con características de baja amplificación de ondas sísmicas
y b) la aplicación equitativa de técnicas de construcción resistentes a los
movimientos sísmicos hubiera prevenido la disrupción social y la pérdida
de vidas humanas y de riquezas materiales. Pero, cuando un terremoto de
magnitud semejante sacudió la región centroamericana en 1976, cinco si-
glos de prácticas inequitativas de tenencia de la tierra (los cuales habían
desplazado a agricultores de subsistencia predominantemente indígenas),
impusieron la pobreza, la deforestación y la introducción de centros urba-
nos y prácticas de construcción en zonas propensas a actividades sísmicas,
produciendo un desastre que mató a 23 mil personas e inmovilizó al estado
nacional de Guatemala. En el mismo año, una publicación de Phil
O’Keefe, Ken Westgate y Ben Wisner en la revista Nature hizo exacta-
mente esta observación, y este artículo se convertiría en una de las pocas
publicaciones científicas que fundaron una nueva escuela de pensamiento
en los estudios de desastres: la teoría de la vulnerabilidad.
La teoría de la vulnerabilidad propuso la idea de que una amenaza por
sí sola no produce un desastre, y que un desastre es el resultado de la com-
binación de una amenaza con una condición de vulnerabilidad creada his-
tórica y socialmente, que coloca a ciertos sectores de una población
(diferenciados por género, etnia, raza, edad y clase), en mayor riesgo de
daño durante y después de un evento catastrófico. Entre finales de la dé-
cada de los setenta y finales de los noventa, la teoría de la vulnerabilidad se
convirtió en una de las perspectivas analíticas primarias (si no la única), en
la Antropología de los Desastres (Hewitt, 1983; Oliver-Smith y Hoffman,
1999). Dos décadas después del terremoto de Guatemala, el huracán Mitch
desencadenó la fase catastrófica de un desastre en Centroamérica. Esta vez,
Honduras sufrió la mayor parte de los daños, aunque otros estados nacio-
nales centroamericanos como Nicaragua, Guatemala y El Salvador también
se vieron afectados significativamente. De la misma manera que el terre-
moto de 1976, los efectos de Mitch provocaron una oleada de investigación
y análisis que enriqueció el campo de los estudios de desastres.

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

Mapa 4.
Centro América: Estudios de caso y principales áreas mencionadas

Sin embargo, una tensión clave (o quizás una contradicción), en el


campo de la investigación sobre desastres consiste en que, a pesar de la
posición prominente de Centro América como una región fértil para la in-
vestigación de desastres, y a pesar del crecimiento y avance de esta antro-
pología en general, el desarrollo de una tradición de la antropología de
desastres en la región (es decir, el entrenamiento formal dentro de la pre-
paración de los científicos sociales centroamericanos en antropología de
desastres y sus contribuciones intelectuales al campo), permaneció relati-
vamente atrofiada. En este capítulo, exploramos las causas político-econó-
micas de esta tensión. Para lograr esta tarea, dividimos nuestra discusión
en tres secciones.
La primera presenta una descripción general del desarrollo (o de la re-
lativa falta del mismo) de la antropología como disciplina en Centro Amé-
rica dentro de su contexto histórico colonial y poscolonial imperialista
más amplio. Luego nos movemos específicamente para discutir indivi-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

dualmente las preocupaciones de la antropología de desastres en las dos


naciones donde los investigadores han realizado los estudios de caso más
impactantes durante las últimas cuatro décadas: principalmente Guatemala
y, en menor medida, Honduras. Observamos que el desarrollo limitado de
programas de posgrado en antropología sociocultural en otras partes de
Centro América (es decir, El Salvador, Nicaragua) y, en consecuencia, la
formación local limitada de antropólogos locales se ha traducido en una
relativa escasez de antropología de desastres en gran parte de la región. Un
lector atento notará que las secciones en las que se divide este capítulo pa-
recen estar desequilibradas; es decir: una sección significativamente más
larga que la de Honduras, está dedicada a la discusión del caso de Guate-
mala, mientras que el resto de la antropología centroamericana se cubre en
una sola sección. Aclaramos que esta falta de equilibrio no es un descuido
de nuestra parte, sino más bien una demostración del desarrollo desigual
de la antropología de desastres a escala mundial. Nuestra aparente falta de
equilibrio, entonces, es representativa de la realidad académica en esta
parte de las Américas.

El Desarrollo de la Antropología en Centro América

El limitado Desarrollo de la Antropología de los Desastres en Centro Amé-


rica debe entenderse dentro del contexto más amplio de la historia de la
antropología en América Latina en su conjunto. Además, la historia de la
antropología latinoamericana no puede aislarse de las relaciones políticas,
económicas y estratégicas que han dado forma a la vida en el continente
desde la era de la expansión colonial europea del siglo XVI hasta el pre-
sente. Es de destacar que Centro América siguió siendo una zona litoral
sociopolítica durante el período colonial (D ‹Ans, 1998; MacLeod, 1973).
Durante el siglo XVI, los colonizadores españoles prefirieron asentarse en
áreas con alta densidad de población indígena con el fin de explotar su
mano de obra y recibir su tributo (Carmack et al., 2006; D ‹Ans, 1998).
Como resultado de este modelo de asentamiento, los centros de la sociedad
colonial vinieron a ser las regiones que actualmente son el México Central
(en América del Norte) y la región andina (en América del Sur). Durante el
período precolombino, una parte significativa del este del istmo de Centro
América fue el hogar de poblaciones indígenas que mantuvieron densida-

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

des de población mucho más bajas que las sociedades ciudad-estado de las
tierras altas de México, el altiplano de Guatemala y los Andes. En conse-
cuencia, la sociedad colonial permaneció relativamente subdesarrollada
en aquellas regiones de Centro América en las que no existían importantes
poblaciones indígenas organizadas en sociedades de ciudades-estado con
estructuras sociales bien establecidas para la extracción de tributos; tal fue
el caso de Honduras. En otras partes del istmo centroamericano, como en
las tierras altas de Guatemala, las poblaciones indígenas más densas y po-
líticamente organizadas atrajeron un mayor número de colonos ibéricos,
pero esta región también permaneció en un lugar secundario en importan-
cia sociopolítica con respecto al centro de México.
Al inicio del período colonial en Nueva España se le atribuye a menudo
la aparición de protoantropólogos; es decir, cronistas y documentalistas
ibéricos de las órdenes religiosas que se propusieron documentar las for-
mas de vida y los sistemas económicos de los pueblos indígenas. Entre
ellos podemos incluir a Bernardino de Sahagún y Diego de Landa. Vale la
pena señalar que Sahagún y Landa son sólo dos de una colección de cro-
nistas militares y misioneros que documentaron con gran detalle lo que
encontraron en Centroamérica (véase también Fuentes y Guzmán, 1932
[1690]). El desplazamiento de las poblaciones indígenas de las tierras agrí-
colas productivas, las condiciones impuestas por la mano de obra forzada,
los altos tributos cobrados por los colonizadores españoles y las reubica-
ciones forzadas en las Reducciones de Indios,48 provocaron el desastre to-
talmente antropogénico de la aniquilación de la población indígena durante
la primera mitad del siglo XVI. Esta catástrofe, que involucró epidemias,
hambre y violencia, fue documentada por Bartolomé de las Casas en su
Brevísima relación de la destrucción de las Indias (2006), que se publicó
por primera vez en 1552. Estos primeros cronistas, sin embargo, no reci-
bieron entrenamiento formal como antropólogos y, a menudo, no se les
considera parte del canon de la historia de la antropología. De hecho, los
historiadores de la disciplina en Centro América no reconocen el surgi-
miento de las tradiciones antropológicas latinoamericanas sino hasta prin-

48 Las Reducciones de Indios fueron asentamientos poblados por poblaciones indígenas


reubicadas por la fuerza. Su propósito era poner a disposición de los colonizadores es-
pañoles el trabajo y el tributo de sus residentes (Carmack et al., 2006; MacLeod, 1973).
Las reducciones también facilitaron el control político y militar de sus residentes.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

cipios del siglo XX en México y Perú (Bozzoli de Wille, 1994; Pérez de


Lara, 1987; Ramírez Cruz y Rodríguez Herrera, 1993).
En el caso de México, la historia de su tradición antropológica está
fuertemente arraigada en la influencia de Franz Boas y la eventual inter-
pretación mexicana de su enfoque “culturalista” por Manuel Gamio. En
los Andes, la tradición antropológica de la región estuvo fuertemente in-
fluenciada por el difusionismo alemán y la versión de Alfred Kroeber de
esta misma escuela teórica. Guatemala, en cambio, no participó de esta
tendencia de principios del siglo XX y permaneció sin tradición antropoló-
gica hasta el “período revolucionario”49 de 1944-1954 con la creación del
Instituto Indigenista Nacional en 1945, el Instituto de Antropologia e His-
toria de Guatemala en 1947, y la creación de los cursos de geografía e his-
toria dentro del Departamento de Humanidades de la Universidad de San
Carlos de Guatemala, también en 1945. Estas tres instituciones fueron crea-
das como parte de una estrategia más amplia del gobierno revolucionario
para: a) documentar las condiciones históricas y sociales de Guatemala, y
b) realizar estudios de poblaciones indígenas para el establecimiento de
una historia nacional (Pérez de Lara, 1987).
El derrocamiento del presidente elegido democráticamente, Jacobo Ar-
benz, por un golpe militar de derecha respaldado por Estados Unidos, bajo
la dirección de Carlos Castillo Armas, desvió el papel que la antropología
debía jugar en la construcción de la nación bajo el gobierno revolucionario.
Lo que siguió al golpe de 1954 fue la continuación de lo que algunos (pero
no todos), antropólogos guatemaltecos llaman antropología de la ocupa-
ción), que también había estado presente en el país en la época anterior a
la revolución de 1944 (Pérez de Lara, 1987). La antropología de la ocupa-
ción se refiere a la investigación y la erudición realizadas por antropólogos
capacitados y nacidos en los Estados Unidos que se enfocaron en estudios
comunitarios y promovieron una agenda colonialista enfocada hacia la in-
tegración de las poblaciones indígenas en la sociedad nacional.
Si el término antropología de la ocupación es una etiqueta justa para
describir a los antropólogos nacidos, entrenados y radicados en los Estados
Unidos durante el período anterior e inmediatamente posterior a la revolu-
ción de 1944, aún sigue siendo un tema de importancia en el debate entre

49 Lo cual fue una respuesta a los excesos de la presidencia del dictador Jorge Ubico du-
rante los 13 años anteriores (Way, 2012).

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

los antropólogos guatemaltecos destacados. Olga Pérez de Lara (1987),


por ejemplo, usa este término para referirse al trabajo de Richard Adams,
afirmando que se suscribió a un enfoque estructural-funcionalista que ig-
noraba las cuestiones económico-políticas antes de la publicación de su
célebre texto, Crucifixion by Power: Essays on Guatemalan National
Structure, 1944-1966 (1970). Mientras tanto, otros académicos como Ro-
berto Melville (comunicación personal), argumentan que la lectura de la
obra de Adams anterior a 1970, como funcionalista estructural, es una
simplificación excesiva errónea, y que el término antropología de la ocu-
pación se usa a veces como una respuesta nacionalista de parte de algunos
antropólogos marxistas guatemaltecos de línea dura, contra todos los es-
tudios que se originan en las instituciones estadounidenses (véase también
Bolaños Arquín, 1994). Queda fuera del alcance de este capítulo, determi-
nar si está justificado o no el uso de la antropología de la ocupación, pero
vale la pena señalar que volúmenes clave en la antropología de Guatemala
como Penny Capitalism de Sol Tax (1953), (sean “ocupacionistas” o no),
sometieron a las comunidades indígenas mesoamericanas a una lectura
etnocéntrica norteamericana que pintó sus formas de vida y prácticas cul-
turales bajo una luz que celebraba el capitalismo como un universal hu-
mano.
Sin embargo, el desarrollo de la tradición antropológica de Guatemala
fue interrumpido sobre todo por la fase catastrófica de un desastre provo-
cado por un terremoto en 1976, que terminó con la vida de decenas de mi-
les de personas, afectando de manera desproporcionada a las comunidades
indígenas rurales. La catástrofe coincidió con un creciente deseo dentro de
la Universidad de San Carlos de Guatemala de consolidar un programa de
licenciatura en antropología sociocultural que incluía un componente de
trabajo de campo. La primera generación de antropólogos en este programa
consistió en cinco estudiantes que, cuando se enfrentaron a las condiciones
de vida de las comunidades indígenas marginadas, se comprometieron con
la aplicación de la antropología para abordar las marcadas desigualdades
socioeconómicas de Guatemala. La respuesta del Estado guatemalteco a
este desarrollo de base de la antropología aplicada fue violenta y reaccio-
naria, resultando en el asesinato de tres de los cinco estudiantes (Arturo
Abilio Berganza Bocaletti, Irma Yolanda Reyes y Reyes y Guadalupe Na-
vas de Andrade), por fuerzas de seguridad, y en el exilio autoimpuesto de
los dos restantes (Pérez de Lara, 1987).

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

El desastre y el desarrollo de una tradición antropológica guatemalteca,


entonces, están íntimamente entrelazados. Desafortunadamente, la violenta
represión de los académicos por parte de los regímenes militares respalda-
dos por los Estados Unidos, desde fines de la década de los setenta hasta
los noventa, frenó el desarrollo de la antropología en Guatemala. Además,
el profundo impacto de la represión estatal guatemalteca (sobre la sociedad
civil progresista, las comunidades indígenas y los movimientos insurgen-
tes), exigió la atención de la poca tradición antropológica que sí se desa-
rrolló, manteniendo relativamente subdesarrolladas otras preocupaciones
antropológicas. El violento asesinato de la antropóloga Myrna Mack en
1990, por su trabajo entre poblaciones indígenas desplazadas internamente,
reafirmó el patrón de represión estatal establecido a fines de la década de
de los setenta. A pesar de estos comienzos reprimidos, las recientes tesis
de pregrado de la Universidad del Valle y los volúmenes editados por la
Universidad de San Carlos han reavivado la preocupación por el desastre
entre los antropólogos guatemaltecos. Como demostraremos en la sección
que sigue, los antropólogos guatemaltecos de desastres reconocen las raí-
ces ecológicas políticas históricas de los desastres, pero gran parte de su
trabajo se centra principalmente en los conflictos civiles y la urbanización
improvisada, que sin embargo están inevitablemente vinculados a los de-
sastres en la región.
Como señalamos anteriormente, el asentamiento de Nueva España du-
rante el período colonial siguió principalmente los contornos de las socie-
dades-estado indígenas a nivel regional. En la región que es hoy Centro
América, las sociedades-estado indígenas del siglo XVI se concentraban
principalmente en el altiplano de Guatemala y del occidente de Honduras
y El Salvador. En otras partes de Centro América, las poblaciones indíge-
nas estaban organizadas políticamente de manera más flexible y presenta-
ban densidades de población más bajas. En ausencia de poblaciones
indígenas densamente concentradas objeto de explotación, los colonizado-
res españoles evitaron gran parte del este de América Central en sus patro-
nes de asentamiento, dejando amplias zonas de Honduras, El Salvador y
Nicaragua al margen de la sociedad colonial (D ‹Ans, 1998; MacLeod,
1973). Este modelo de colonización tuvo efectos duraderos que aún hoy se
ven en las condiciones sociopolíticas de estos países, así como en el desa-
rrollo de tradiciones antropológicas nacionales. En 1993, Ana Lilian Ra-
mírez Cruz y América Rodríguez Herrera describieron el estado del

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

desarrollo de la disciplina de la antropología en El Salvador con las pala-


bras siguientes: “En El Salvador no se puede hablar más allá de un desa-
rrollo precario e incipiente de la antropología debido a las condiciones de
orden social y político”, que han determinado espacios severamente redu-
cidos para el desarrollo de la antropología” (Ramírez Cruz y Rodríguez
Herrera, 1993: p. 37).
Al igual que en el caso de Guatemala, el período de violencia estatal re-
lacionado con la Guerra Fría en la década de los ochenta, afectó negativa-
mente el desarrollo de la antropología en Honduras y El Salvador. Durante
esta década, en Honduras voces académicas críticas y miembros de la so-
ciedad civil experimentaron la represión estatal respaldada por los Estados
Unidos. A pesar de estos desafíos, ha habido algunos avances en el desa-
rrollo de una tradición antropológica centroamericana, aunque limitada.
Las décadas de los cincunta y sesenta vieron el establecimiento de un pro-
grama universitario académico centrado en las ciencias sociales, gracias a
los esfuerzos de Alejandro Dagoberto Marroquín; un programa que se cen-
tró específicamente en la mejora de las condiciones de vida de las comuni-
dades indígenas de El Salvador. En Honduras, el antropólogo mexicano
Gonzalo Aguirre Beltrán promovió la antropología aplicada a través de un
seminario en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en 1968.
Los focos de estos esfuerzos fueron la asistencia técnica, la salud y el de-
sarrollo en las comunidades rurales (Bozzoli de Wille, 1994). Finalmente,
en Costa Rica la década de los setenta fue testigo de un creciente interés en
la aplicación de la antropología como medio de acción social. Los desas-
tres, entonces, siguieron siendo un tema periférico, si no totalmente invisi-
ble, en la investigación antropológica centroamericana.

La Antropología de los Desastres en Guatemala

Los principales peligros que afectan a la población guatemalteca son inun-


daciones, terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y deslizamientos
de tierra. Sin embargo, para comprender cómo estos peligros se transfor-
man en fases catastróficas de desastres, debemos emplear una lente ecoló-
gica política-histórica que nos permita ver la relación entre colonización,
uso de la tierra, urbanización y prácticas de “desarrollo” que han tenido lu-
gar en el país, durante los últimos 500 años.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Entre 1544 y 1560, la corona española instituyó Reducciones de Indios


que disponían que los pueblos indígenas se trasladaran, de sus comunida-
des tradicionales a asentamientos localizados, garantizando a los primeros
conquistadores españoles un suministro constante de impuestos y solidifi-
cando una mano de obra que podrían utilizar en sus haciendas. Estas polí-
ticas segregaron significativamente a la población indígena del primer
ámbito social español y, posteriormente, del ámbito sociopolítico y econó-
mico colonial (Martínez Peláez, 2009). Por tanto, los pueblos indígenas se
mantuvieron separados y alejados de los asentamientos españoles, relega-
dos a zonas que los españoles consideraban rurales. A medida que los ar-
quitectos españoles diseñaron nuevos espacios coloniales, introdujeron
técnicas arquitectónicas y estéticas europeas, materiales de construcción y
planificación urbana, ayudándoles a reforzar la “ruralización” de las co-
munidades indígenas y relegándolas a condiciones de vida desordenadas
(Guzman Bockler y Herbert, 1970; Martínez Peláez, 2009). Los patrones
de asentamientos indígenas rurales precolombinos siguieron un patrón de
aldea dispersa, incluida una amplia separación entre los hogares. Las re-
ducciones impusieron miseria a muchas familias indígenas y crearon asen-
tamientos más densos que, cuando se combinaron con la desnutrición
impuesta, la mano de obra forzada y nuevos patógenos como la viruela,
resultaron en epidemias virulentas que destruyeron gran parte de la pobla-
ción nativa. Por lo tanto, las formas en que lo rural y lo urbano se asentaron
tempranamente, introdujeron en las comunidades mayas vulnerabilidades
que continuarían durante toda la era colonial.
Después de la independencia en 1821, y luego del derrocamiento del
gobierno en 1871, los líderes políticos ladinos (no indígenas), instituyeron
nuevas políticas conocidas como Reforma Liberal. El objetivo económico
de estas reformas era incorporar al joven estado-nación de Guatemala al
sistema capitalista internacional de comercio, estableciendo el café como
el principal cultivo de exportación (Wagner et al., 2001). Estas reformas
garantizaron la producción de café durante las siguientes ocho décadas
permitiendo la apropiación y consolidación de tierras que pertenecían a las
propiedades comunales indígenas, y delineando nuevas regulaciones sobre
los trabajadores indígenas. Esto provocó que la población indígena fuera
sometida a un desplazamiento forzoso de sus comunidades y facilitó su
explotación como mano de obra para los cafetales (Álvarez, 1994). Así, la
Reforma Liberal redistribuyó la tierra de nuevas formas, creando un sis-

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

tema bifurcado de tenencia de la tierra (grandes latifundios versus peque-


ñas parcelas de subsistencia minifundios), aumentando la herencia colonial
de vulnerabilidades sociales y económicas de la población indígena. Esta
distribución desigual de la tierra y la explotación continua de los indígenas
contribuyeron en gran medida, junto con otros muchos factores sociales y
económicos, al inicio de la guerra civil en Guatemala en 1960. Esta lucha,
vale la pena señalar, provocó una campaña de contra-insurgencia etnocida
clandestinamente respaldada por los Estados Unidos que se dirigió especí-
ficamente contra las comunidades rurales mayas. Durante este conflicto,
que duraría los siguientes 36 años, fue la población indígena ya vulnerable
la que pagaría el mayor precio en términos de vidas perdidas (más de
166,000 de los 200,000 muertos), desapariciones y desplazamientos (Gua-
temala, Memoria del Silencio, 1999).
En este contexto histórico, y en medio del telón de fondo de la guerra
civil en curso, un terremoto de magnitud 7.5 en la escala de Richter sacudió
Guatemala en 1976, dando como resultado la pérdida de miles de vidas
humanas (23,000) y casi la mitad de la infraestructura del país. Estas pér-
didas no podrían reducirse al impacto directo de un evento sísmico aislado.
Sino que fueron el resultado de los cambios realizados, por los primeros
arquitectos españoles, en los materiales y estilos de construcción de la re-
gión (Bates et al., 1979), la consolidación de la dicotomía urbana española
y rural indígena en la época colonial, y la privación histórica en curso,
exacerbada por la Reforma Liberal, en la que la apropiación oficial y la re-
distribución de los recursos agrarios, limitaron el acceso de la población
indígena a la tierra, y la desplazaron.
El terremoto de 1976 no sólo afectó a una población ya vulnerable, sino
que sus secuelas también aumentaron las desigualdades y vulnerabilidades
existentes, creando nuevas en forma de violencia sistemática, cuando la
guerra civil del país alcanzaba su punto máximo a fines de la década de los
setenta y principios de la de los ochenta. Esta violencia se propició con dos
objetivos clave. El primero, fue detener los movimientos sociales (respal-
dados por la guerrilla), que favorecían el aumento de los derechos indígenas
y la sindicalización del trabajo, logros que eran considerados como una
amenaza para el orden económico y social existente en el país (Aguilar,
2006). El segundo, fue rediseñar el paisaje social del campo guatemalteco
“modernizando” las comunidades indígenas y sometiéndolas a un control
más estrecho de parte del Estado guatemalteco. Un elemento clave de esta

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

segunda agenda fue la creación de polos de desarrollo que, al igual que las
reducciones del período colonial, intentaron condensar los asentamientos
indígenas de manera que se hiciera fácil para las instituciones estatales el
manejo poblacional. La guerra civil y el terremoto de 1976 arrojaron luz
sobre las relaciones entre las vulnerabilidades y los peligros históricos, so-
ciales, políticos y económicos que dan forma y magnitud a los desastres. La
convergencia de estos procesos y eventos puede servir como marco de refe-
rencia para comprender cómo el desplazamiento de la población, la segre-
gación étnica y cultural, la falta de desarrollo de planificación urbana y la
falta de acceso a los espacios habitables se cruzan con terremotos, huraca-
nes, inundaciones y erupciones volcánicas. para producir las fases catastró-
ficas de los desastres. La ayuda externa en los años posteriores al terremoto
de 1976, combinada con un repunte económico interno, promovió el creci-
miento de la Ciudad de Guatemala y se sumó a su creciente concentración
de oportunidades laborales, inmediatamente después del desastre. Sin em-
bargo, los extensos procesos de recuperación, los intentos de reasentamiento
y la reconstrucción fueron sólo un éxito relativo (Bates et al., 1979; Bates,
1982). La concentración de los esfuerzos de recuperación en la ciudad,
junto con los efectos desastrosos del punto álgido de la guerra civil en curso
en las áreas rurales a fines de la década de los setenta y principios de los
ochenta, obligó a muchas personas de áreas rurales y pueblos más pequeños
a mudarse a la Ciudad de Guatemala. Sin embargo, los planes para la re-
construcción de la ciudad no tomaron en consideración que la fuerza laboral
requerida para la recuperación y la migración urbana simultánea necesitaría
espacios adecuados para vivir expuestos a peligros mínimos. La falta de vi-
viendas disponibles (y finalmente la falta de oportunidades después de que
la población de la ciudad las explotó y los esfuerzos de reconstrucción se
desaceleraron), condujeron al crecimiento de asentamientos no planificados,
que surgieron en los espacios marginales disponibles.
Con gran parte de la ciudad de Guatemala en ruinas, muchos miembros
de la fuerza laboral de recuperación y los migrantes que llegaron a la ciu-
dad después del terremoto se vieron obligados a establecer sus hogares en
áreas que no eran habitables, como las laderas de los barrancos que atra-
viesan esta área urbana. Estos asentamientos precarios serían conocidos
como Asentamientos Humanos (Bastos y Camus, 1994, 1995). Hoy en día,
estas partes de la ciudad de Guatemala se han convertido en barrios urba-
nos permanentes, ubicados en lugares marginales que son habitados por

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

una población compuesta por muchos grupos étnicos y culturales diversos,


incluidos los indígenas mayas, garífunas (afro-caribeños) y ladinos (indi-
viduos considerados no-indígenas), que comparten una historia de despla-
zamiento común y acceso limitado a recursos económicos (Mine, 2002).
A menudo injustamente, los Asentamientos Humanos son comúnmente
retratados como barriadas marginales de supervivencia urbana, pobladas
por delincuentes y malhechores. Además, estos grupos humanos han sido
políticamente caracterizados como resistentes al cambio, y su población
ha sido interpretada por las autoridades como una oposición patológica a
los beneficios del desarrollo (Miner, 2002). Estas descripciones y estereo-
tipos borran u oscurecen los procesos económicos- políticos- históricos a
lo largo de los cuales se desarrollaron los Asentamientos Humanos, a saber:
la discriminación étnica, los desplazamientos de la guerra civil y la falta de
preocupación de los planificadores urbanos; o las necesidades sociales
de los migrantes y trabajadores que se trasladaron de las zonas rurales a la
ciudad de Guatemala en los años posteriores al terremoto. Recientemente,
el trabajo de antropólogos guatemaltecos (Aguilar, 2006), ha demostrado
cómo esta población, obligada a habitar espacios marginales y de riesgo,
se volvió aún más vulnerable no solo a los terremotos, sino también a
otros peligros naturales o eventos extremos comunes a la fisiografía guate-
malteca, como como erupciones volcánicas e inundaciones.
En 1998, la devastación causada por el huracán Mitch de tal forma se
extendió por toda Centro América que creó una nueva forma de concretar
visualmente y etiquetar el desastre como un “desastre regional”. En este
sentido, el desastre no sólo se vio en las pantallas de los televisores abar-
cando la totalidad el istmo centroamericano, sino que se cuantificó en tér-
minos de pérdidas económicas que superaron los 7 mil millones de dólares,
y se creía que más de 20,000 vidas se habían perdido (Donado, 2008). Una
de las poblaciones más afectadas por el huracán Mitch en Guatemala fue
la comunidad maya Ch’orti’ en la zona oriental del país y cuyo asenta-
miento se extiende hasta Honduras. Más de 2,500 personas de la comuni-
dad cho’rti’ murieron por deslizamientos de tierra provocados por las
lluvias asociadas al huracán Mitch (Marshall, 2007).
Aunque en 2005 la severidad de las lluvias causadas por el huracán
Stan no fue tan fuerte como la del huracán Mitch, también causó pérdidas
en la infraestructura, y extensos deslizamientos de tierra que cobraron un
alto precio en términos de vidas humanas. En Guatemala, el número de

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

muertes y desapariciones a causa del huracán Stan, en sí, fue cercano a


2,000, pero las inundaciones y deslizamientos de tierra resultantes también
causaron la muerte de muchas personas en las tierras altas de Guatemala.
De hecho, los deslizamientos de lodo causados por Stan fueron tan severos
que toda la comunidad maya de Boxoncan fue soterrada. La destrucción
fue tan completa que los cuerpos de los habitantes simplemente no pudie-
ron ser recuperados, y ahora está catalogado como cementerio (Aguilar,
2006).
Las comunidades mayas en Guatemala son más vulnerables a los desli-
zamientos de tierra y las inundaciones causadas por los huracanes, porque
a esta población se le ha negado el acceso a sus tierras ancestrales, a través
del desplazamiento histórico y la nulificación racial. Se han visto obligados
a habitar terrenos en las elevaciones más altas de áreas montañosas con es-
casa productividad agrícola en contraste, con su tierra ancestral y produc-
tiva (en los valles y al pie de las montañas), tierras que ahora son de
propiedad privada, dedicada al cultivo del café y a la ganadería (Garrido,
2007). La investigación de antropólogos guatemaltecos (Aguilar, 2006;
Garrido, 2007) ha ilustrado cómo los huracanes Mitch y Stan pusieron de
manifiesto, una vez más, las inequidades sociales históricas relacionadas
con las comunidades indígenas, y la falta de atención gubernamental a las
vulnerabilidades de estas comunidades cuando son golpeadas por el desas-
tre. Además, han reiterado la falta de acceso de estas comunidades a espa-
cios de vida libres de desastres (Aguilar, 2006; Garrido, 2007).
Otro ejemplo de cómo la falta de acceso a espacios de vida seguros (así
como la negligencia y la mala gestión de los recursos del desastre), puede
hacer que las comunidades sean más vulnerables es el caso de la comuni-
dad de El Cambray 2. Gran parte de El Cambray 2, que estaba al sur de la
ciudad de Guatemala, fue soterrada por un deslizamiento de lodo en 2015
cuando se derrumbó una colina cercana, causando la muerte de más de
300 residentes. Otras 70 personas desaparecieron y decenas quedaron sin
hogar. Un sobreviviente describió cómo “la arena comenzó a caer sobre el
techo de lámina y [él] comenzó a oler la suciedad en el aire y escuchó un
zumbido como cuando las olas chocan contra la orilla. Todo fue demolido”
(Patzan, 2017). Uno de los primeros residentes que regresó a casa después
del desastre describió que llegó al lugar y se encontró con un gran grupo
de personas reunidas cerca de su casa. Explicó que al principio él

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

pensó que era una pelea, pero “cuanto más caminaba, más gente
veía, me iba poniendo nervioso y pedí prestado un teléfono celular
para llamar a los tres miembros de mi familia, pero siguieron yendo
al buzón de voz. Entonces supe lo que pasaba y comencé a sentir
miedo. Agarré una pala y cavé en el lugar donde sabía que estaba la
casa. Cavé tres metros, pero a las tres de la mañana me fallaron los
brazos. Perdí a mi esposa y a mis tres hijos”. (Patzán, 2017)

Las primeras casas construidas en El Cambray 2 se construyeron en 1994,


y una evaluación gubernamental realizada en 2014, un año antes del de-
sastre, advirtió que la comunidad estaba en riesgo de posibles deslizamien-
tos de tierra (Castafiaza, 2015). Sin embargo, debido a que la reubicación
de las personas en estas áreas equivaldría a una pérdida de ingresos fiscales
para el municipio local, los funcionarios locales optaron por ignorar las
advertencias. Después del deslizamiento de tierra, las autoridades estatales
acusaron a dos alcaldes locales por no iniciar acciones para el traslado de
los residentes a un lugar más seguro. Ambos fueron acusados de ignorar
las advertencias críticas que indicaban el alto grado de peligro al que esta-
ban expuestas las personas que vivían en esta zona (Orozco y Ramos,
2016; Ramos, 2016). Los desastres como el deslizamiento de tierra en
Cambray 2 se han relacionado con procesos de desarrollo no planificados
que incluyen la expansión urbana, la planificación deficiente y el limitado
acceso a espacios libres seguros para la vivienda. Estos problemas se agra-
van aún más por la negligencia en la preparación para desastres, incluidos
los funcionarios que no siguen los códigos o no hacen caso de las adver-
tencias, así como la mala gestión demasiado común de las finanzas de la
ayuda posterior al desastre.
Los problemas relacionados con la falta de preparación para desastres,
y los planes ineficaces de recuperación de desastres han resurgido en la
tragedia que resultó de una erupción volcánica reciente. En la mañana del
3 de junio de 2018, los habitantes de las comunidades cercanas al Volcán
de Fuego se despertaron al escuchar un estruendo, pero acostumbrados a
la actividad del volcán junto al que vivían y sin escuchar ninguna adver-
tencia oficial, continuaron con sus actividades diarias normales. El com-
portamiento del volcán parecía normal y nadie imaginó que unas horas
más tarde una erupción cambiaría sus vidas trayendo una calamidad. La
erupción alrededor del mediodía fue tan fuerte que los flujos de materia
piroplástica, barro, escombros y agua recorrieron 600 metros de distancia.

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

Las víctimas quedaron sepultadas cuando fueron barridas por esta peligrosa
corriente de lava, enterrándolas a ellas y a las comunidades circundantes.
Los “afortunados” que sobrevivieron al embate de la erupción escaparon
con quemaduras de tercer grado. La erupción del Volcán de Fuego se
convirtió en otro desastre causante de gran destrucción y dolor para los
guatemaltecos, con el total oficial declarado de 113 muertos y 329 desapa-
recidos. Se cree que cerca de 2.900 personas murieron y, en total, más de
un millón de personas en Guatemala se vieron afectadas por la erupción, lo
que resultó en pérdidas económicas por encima de 200 millones de dólares
(Paredes y Morales, 2018).
Después de la erupción, los legisladores acusaron a la CONRED (Coor-
dinadora Nacional para la Reducción de Desastres) y al INSIVUMEH
(Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrolo-
gía) de posible negligencia criminal por mala gestión y advertencias insu-
ficientes antes del desastre. A pesar de que se tuvo conocimiento de la
erupción ocho horas antes de que ocurriera, las advertencias oficiales de
evacuación obligatoria se emitieron demasiado tarde (tres horas después
de la erupción).
En los días siguientes, la Comisión Económica de las Naciones Unidas
para América Latina y el Caribe advirtió que los sobrevivientes de este de-
sastre ahora estaban en riesgo de empobrecerse aún más, debido a la alte-
ración de su forma de vida y al desplazamiento de sus hogares (Gamarro,
2018). Sin embargo, a pesar de una afluencia inicial de ayuda nacional e
internacional para ayudar a las víctimas de este desastre, solo meses des-
pués este riesgo se volvió aún más grave y la recuperación fue incompleta.
Como describió el columnista Samuel Reyes Gómez (2018), “las victimas
de la erupción del Volcán de Fuego ya han sido olvidadas, a pesar de que
continúan sufriendo las consecuencias y sus niveles extremos de pobreza
continúan creciendo”.
Los antropólogos guatemaltecos también han explorado los significados
que sus compatriotas le dan a los procesos históricos de exclusión espacial,
económica, étnica y política, especialmente cuando estas viejas heridas de
la exclusión se reabren por la ocurrencia de terremotos, deslizamientos de
tierra, huracanes y erupciones volcánicas. Aunque los sobrevivientes de
desastres continúan reafirmando su comprensión de las vulnerabilidades
impuestas histórica, política y económicamente, muchos también atribuyen
los sucesos catastróficos a la voluntad de Dios o intervención divina (Mi-

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

ner, 2002). Las explicaciones de origen divino pueden ser una forma de
afrontar los sentimientos de impotencia frente a las imposiciones político-
económicas y los riesgos graves. La preocupación por satisfacer necesida-
des más inmediatas de supervivencia diaria da origen a una estrategia
razonable para la planificación previa y posterior al desastre (o la falta de
ella); porque a eso tienden las poblaciones vulnerables, en lugar de preo-
cuparse por emprender acciones para evitar procesos ecológicos-políticos-
históricos que no pueden controlar por sí solas (acciones para mejorar los
problemas relacionados con la vivienda, con las barreras constantes que
encuentran a su paso la educación, la atención médica y las oportunidades
laborales.
Otros en comunidades vulnerables han combinado su conocimiento cul-
tural ancestral con su conocimiento del mundo moderno proporcionando
sus explicaciones ante su incapacidad colectiva para evitar un evento ca-
tastrófico que devastó su comunidad. Consideremos las palabras de este
interlocutor Mam Maya a raíz del huracán Stan:

La gente dice que es un animal grande que se llama Waxkan [un


monstruo que es mitad serpiente y mitad toro], que abrió la tierra y
explotó la tierra ... pero no sé, podría ser que hombres enormes
abrieran un hoyo en la tierra y en el mar, y que este hoyo extrajera el
agua; y el viento que se producía viniera hacia nosotros ... con
equipo, con herramientas y helicópteros, abrieron el hoyo en el mar.
(Aguilar, 2006: p. 44).

Estos sentimientos existentes de vulnerabilidad ante eventos desastrosos


se exacerban cuando los sobrevivientes ni siquiera pueden (o no se les per-
mite) recuperarse y brindar un entierro adecuado, según sus propias prác-
ticas culturales y religiosas, a sus seres queridos fallecidos (Donado, 2008).
Tal es el caso de comunidades completas declaradas cementerios. Estos
casos niegan a los sobrevivientes los ritos sociales y culturales necesarios
para el cierre emocional e impiden los procesos terapéuticos que los so-
brevivientes deben atravesar para comenzar a sanar, reconstruir su comu-
nidad y reforzar un sentido de control sobre el entorno que los rodea
(Holland y van Arsdale, 1989). La narración de los supervivientes implica,
sin embargo, que es la sensación (pero no el estado real) de impotencia
ante los desastres lo que genera una vulnerabilidad aún mayor y los pone a
merced de agendas políticas cambiantes y en las manos de quienes gestio-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

nan los planes de recuperación, que a menudo se completan a medias. Así,


los sobrevivientes se ven atrapados en el choque entre exclusiones históri-
cas y fenómenos fisiográficos; y la atención a sus necesidades y vulnerabi-
lidades parece reaparecer y desaparecer junto con la cobertura mediática
de los eventos sísmicos, deslizamientos de lodo, huracanes y erupciones
volcánicas que experimentan. Es en la historia que narra estos cambios po-
líticos y en la forma en que se gestionan los planes de recuperación donde
los antropólogos guatemaltecos han encontrado nuevos significados para
los desastres.
Los antropólogos guatemaltecos ahora consideran que los desastres son
el resultado de interacciones entre procesos ecológicos políticos históricos
y eventos geofísicos, cuya materialización (como un terremoto, desliza-
miento de tierra, huracán o erupción volcánica) tiene lugar en un sitio par-
ticular y dentro de un contexto específico temporal y cultural (ver también
García-Acosta, 2018). Por lo tanto, se ha vuelto importante para los antro-
pólogos, en Guatemala, examinar la historia pasada y la realidad actual de
la vulnerabilidad de las comunidades guatemaltecas a los desastres (Agui-
lar, 2006; Donado, 2008; Garrido, 2007; Miner, 2002). Estos mismos an-
tropólogos también han discutido cómo, durante los períodos posteriores a
un desastre, las comunidades afectadas han tenido contextos politizados
donde múltiples individuos e instituciones sociales compiten para admi-
nistrar proyectos destinados a ayudar en momentos de crisis o prevención
de desastres futuros.
Las comunidades y poblaciones que están destinadas a recibir ayuda se
enmarcan típicamente de acuerdo con criterios de reconstrucción que a
menudo fueron diseñados por forasteros en un contexto cultural diferente.
En estos escenarios, la “asistencia” para la reconstrucción se presta de
acuerdo con agendas políticas económicas particulares. Por lo tanto, la
ayuda humanitaria se convierte en una estructura de poder basada en con-
diciones políticas, así como en un conjunto de relaciones estratégicas in-
ternas e internacionales que forman un apéndice invisible del moderno
sistema económico (neoliberal) (Aguilar, 2006).

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

La antropología de los trastornos en Honduras

Si bien algunos académicos a menudo interpretan el terremoto de Guate-


mala de 1976 como un evento intensificador que complica aún más los
disturbios civiles, y que muy bien podría haber sido el detonador que hu-
biera definido la fase más violenta de la guerra civil del país (Way, 2012),
en otras partes del istmo los desastres no parecen ocupar un lugar tan des-
tacado. en la historia de la antropología centroamericana. Vale la pena se-
ñalar que algunas partes de Centroamérica se vieron gravemente afectadas
por desastres durante este tiempo. Por ejemplo, el huracán Fifi en 1974
afectó severamente Honduras, pero la investigación en ciencias sociales
que existe fue realizada por sociólogos con base en los Estados Unidos y
se centró principalmente en la entrega de ayuda y la evaluación, en lugar
de una comprensión más crítica de las causas fundamentales del desastre y
la vulnerabilidad (Snarr y Brown , 1980).
Durante las décadas de los ochenta y noventa, Honduras sería uno de
varios sitios clave en el desarrollo de una perspectiva analítica ecológica
política que, a su vez, jugó un papel importante en la popularización de la
teoría de la vulnerabilidad en los círculos de la antropología de desastres
de los Estados Unidos. En este caso, no son los antropólogos centroameri-
canos los protagonistas de la historia, sino los investigadores norteameri-
canos y europeos (Jansen, 1998; Paolisso et al., 1999; Stonich, 1993).
Gran parte de este trabajo proporcionaría un funesto presagio de lo que
vendría en octubre de 1998, cuando el huracán Mitch coincidió con 500
años de prácticas de tenencia de la tierra desiguales, urbanización mal pla-
nificada y deforestación, para producir una de las catástrofes más devasta-
doras del siglo XX. Honduras fue la nación centroamericana más afectada,
reportando una pérdida del 70% de su PIB, la destrucción de 35,000 hoga-
res y la muerte de al menos 6,000 personas (OPS, 1998).
El momento del huracán Mitch fue particularmente interesante, porque
desde el último desastre relacionado con un huracán en Honduras (huracán
Fifi), la antropología de desastres había alcanzado la mayoría de edad en
varias academias estadounidenses, además de las mexicanas. Si bien la
propia Honduras tal vez no contaba con un grupo robusto de investigadores
de desastres, se convirtió en un sitio donde varios antropólogos entrenados
en los Estados Unidos y Canadá (y otros científicos sociales relacionados),
se propusieron aplicar teorías y métodos antropológicos, con la esperanza

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

de mejorar los esfuerzos de recuperación y la excelencia en el conocimiento


antropológico sobre la recuperación de desastres. Entre estos científicos so-
ciales se encontraban investigadores centroamericanos transnacionales
como Roberto E. Barrios y Vilma Fuentes, quienes trabajaron en colabora-
ción con Anthony Oliver Smith y James P. Stansbury de la Universidad de
Florida (Ensor, 2009b). Investigaciones antropológicas (y de ciencias so-
ciales relacionadas) realizadas en el período post-Mitch en la reconstrucción
de Honduras, El Salvador y Nicaragua se centraron principalmente en pro-
yectos de reubicación comunitaria y reconstrucción de viviendas (Barrios,
2009a), en la respuesta de la sociedad civil al desastre (Fuentes, 2009), en
el género (Bradshaw, 2001; Cupples, 2007; Ensor, 2009a), y en las relacio-
nes de poder ONG-gobierno local-sobrevivientes de desastres (Barrios,
2014, 2017a).
Los estudios antropológicos sobre Mitch en Honduras, revitalizaron a
la Antropología de los Desastres en los Estados Unidos. Investigaciones
antropológicas anteriores sobre reubicaciones comunitarias (Cemea, 1996)
habían subrayado, con razón, los impactos socio-económicos de tales pro-
gramas en las poblaciones afectadas, pero no reconocieron la relación entre
cultura y poder (en las políticas y las prácticas gubernamentales y de las
agencias de ayuda) y la práctica; es decir, a quién le corresponde imaginar
las políticas y la práctica, y cuál es la historia cultural de tal imaginación.
Los proyectos de reconstrucción de desastres y reubicación de comunida-
des en Honduras proporcionaron experiencias de trabajo de campo etno-
gráfico para una nueva generación de investigadores de desastres, que los
obligó a confrontar: las suposiciones inherentes a la política de reconstruc-
ción de desastres con los impactos a menudo perjudiciales que tales su-
puestos causan en las formas de vida de los sobrevivientes de desastres.
Además, la antropología del desastre había seguido dependiendo de la eco-
logía política como su perspectiva analítica primaria, pero el caso de Hon-
duras invitó a los antropólogos del desastre a entablar conversación con
las críticas posestructurales del desarrollo, la antropología del espacio y el
lugar, y la teoría del afecto (Barrios, 2017a). Las etnografías del proceso
de recuperación ilustraron cómo la recuperación de desastres presenta una
serie de encuentros entre los actores sociales (sobrevivientes de desastres
y sus líderes de base; personal de ONGs y gerentes de programas; planifi-
cadores urbanos, funcionarios del gobierno local y nacional), cada uno
con sus propias prácticas e ideas para una reconstrucción exitosa. El análi-

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

sis antropológico de tales encuentros requirió que los antropólogos de de-


sastres consideraran las críticas de autores como Arturo Escobar (1995),
James Ferguson (1994) y James Holston (1989) al discurso del Desarrollo,
durante los últimos años ochenta y noventa. Además, el discurso natural
de los sobrevivientes de desastres, en la Honduras post-Mitch, habitual-
mente movilizó un lenguaje de afecto y emociones para evaluar la eficacia
de los programas de recuperación, exigiendo una combinación de antropo-
logía de desastres con teoría del afecto. Al exigir que los investigadores se
involucren más abiertamente con otras tendencias actuales en antropología,
la antropología de Mitch ha ayudado a resaltar el papel de la antropología
de desastres como un campo de innovación teórica (ver también Barrios,
2017b).
Sin embargo, hasta donde sabemos, el huracán Mitch no tuvo el mismo
efecto que el terremoto de Guatemala en 1976, en el sentido de servir de
estímulo al desarrollo de la antropología de desastres centroamericana.
Determinar las razones de este efecto diferencial está más allá de nuestra
capacidad en este momento, con la literatura existente, e identificarlas sin
duda resultaría un tema de investigación valioso para los académicos inte-
resados en la historia del campo en esta región. A pesar de nuestro limitado
conocimiento, nos gustaría tomarnos la libertad de plantear la hipótesis de
que Guatemala en 1976 vivía un contexto sociopolítico muy diferente al
de Honduras en 1998. Los 22 años que separaron los desastres vieron un
terror estatal significativo, apoyado por los Estados Unidos, que diezmó a
los líderes de la sociedad civil y académicos críticamente comprometidos
en toda la región. El resultado fue una ausencia de académicos locales y
una falta de apoyo a la capacidad academlca local que hubiera podido asu-
mir la tarea de hacer la antropología de Mitch.

Reflexiones finales: la economía extractiva de la investigación


de las ciencias sociales en Centroamérica

Desde finales del siglo XIX, Centro América ha brindado a los antropólo-
gos estadounidenses y europeos oportunidades al parecer ilimitadas para
el desarrollo profesional, en forma de sitios de campo, estudios de casos y
la hospitalidad mostrada por los interlocutores locales y colegas académi-
cos. Centroamérica también ha proporcionado datos para investigaciones

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

que han avanzado mucho en el conocimiento antropológico en general y


también en la Antropología de los Desastres. Desafortunadamente, la crea-
ción de conocimiento antropológico en la región sigue siendo una econo-
mía extractiva, donde académicos e investigadores de estados nacionales
hegemónicos desarrollan carreras y publicaciones gracias a los recursos
humanos y etnográficos de Centroamérica, mientras lamentablemente se
retrasa el desarrollo de los programas y tradiciones de la antropología local.
En el caso de Guatemala, la investigación sobre los efectos de la violencia
colonial, estructural y estatal se convirtió en la principal preocupación de
los antropólogos guatemaltecos a fines de los años setenta y ochenta, cos-
tándoles la vida a varios de ellos; mientras que los antropólogos nacidos en
los Estados Unidos que para evitar la violencia simplemente suspendieron
sus temporadas de trabajo de campo y evitaron tratar el tema por completo
hasta mucho más tarde. El privilegio imperial de los antropólogos estadou-
nidenses sobre los temas que eligieron investigar, y la capacidad de distan-
ciarse espacialmente de la violencia estatal, no fueron compartidos por sus
homólogos guatemaltecos y centroamericanos; y la aniquilación de las pri-
meras generaciones de antropólogos capacitados con el mensaje de terror
que sus asesinatos enviaron a las generaciones futuras ha tenido un impacto
duradero en el desarrollo de la antropología en la región.
Mientras escribimos este capítulo en diciembre de 2018, somos testigos
de los efectos a largo plazo de la violencia estatal respaldada por Estados
Unidos en el istmo centroamericano. La persecución de la sociedad civil y
de los trabajadores organizados en Guatemala, Honduras y El Salvador, y
el movimiento contrarrevolucionario apoyado por Estados Unidos (es de-
cir, los Contras) en Nicaragua, efectivamente paralizaron la capacidad de
la sociedad civil centroamericana para organizarse de una manera que per-
mitiera posibilidades para sociedades más equitativas y vías de movilidad
social ascendente para grupos históricamente marginados (Barrios, 2009b;
Way, 2012). Además, la afluencia de ex soldados y combatientes revolu-
cionarios desmovilizados a sociedades que no estaban equipadas para pro-
porcionarles el apoyo económico y psicológico que necesitaban hizo que
una situación, ya de por sí difícil, fuera aún peor. Sin los recursos necesa-
rios para ayudarlos a hacer una transición a la vida civil, las fuerzas des-
manteladas han contribuido a una escalada de los problemas de inseguridad
social y violencia. El resultado ha sido el surgimiento de sociedades cada
vez más inhóspitas para sus mismos residentes, forzándolos a escoger la

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La Antropología de los Desastres que aún tiene que llegar a ser. El caso de Centro América

migración hacia los Estados Unidos en busca de estabilidad económica y


seguridad.
Mientras la migración procedente de Centro América y México es defi-
nida cada vez más como “un problema” que amenaza a los Estados Unidos
desde el exterior, es imperativo que el público estadounidense y los legis-
ladores reconozcan: a) el papel clave de las operaciones encubiertas de los
Estados Unidos, y su política exterior en la creación de este “problema”, y
b) la responsabilidad ética y moral de los Estados Unidos de atender las
necesidades sociales de las poblaciones cuyas sociedades trastornó. Así
como la “crisis” de inmigración en los Estados Unidos no puede entenderse
sin el conocimiento de la historia de las prácticas clandestinas y la influen-
cia política y militar de los Estados Unidos en Centroamérica, la atrofiada
historia de la antropología y la antropología de desastres en la region, tam-
bién debe ser enmarcada dentro del contexto. de relaciones estratégicas
imperiales en esta parte del hemisferio. En consecuencia, creemos que el
Departamento de Estado de los Estados Unidos, y las instituciones acadé-
micas de ese país también tienen la responsabilidad moral y ética de apoyar
financiera e institucionalmente el desarrollo de la antropología centroame-
ricana mucho más allá de los niveles actuales. Antropólogos transnaciona-
les centroamericanos como Roberto Melville del Centro de Investigaciones
y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en la Ciudad de
México, han trabajado incansablemente por el desarrollo de programas de
posgrado en antropología en Centroamérica, solo para encontrar sus es-
fuerzos sistemáticamente subfinanciados y sin el apoyo de las instituciones
públicas y privadas de los Estados Unidos.
Por lo tanto, hacemos un llamado a agencias como la Fundación Wenner
Gren y la Fundación Nacional de Ciencias para lanzar iniciativas que no
se centren principalmente en el desarrollo de los antropólogos estadouni-
denses, sino más bien participar en lo que nos gustaría llamar “justicia
académica”, es decir, paliar los efectos de la violencia imperial colonial y
capitalista en regiones como Centro América.

Reconocimiento

Los autores agradecen a Roberto Melville por su revisión de este manus-


crito y sus útiles críticas y recomendaciones.

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Pensando a través de los desastres: etnografía y


paisajes del desastre en Colombia

Alejandro Camargo

Conversaciones

Este capítulo busca presentar el estado actual de la investigación antropo-


lógica sobre desastres en Colombia. Esto se hace a través de un análisis de
las experiencias de quienes realizan investigaciones etnográficas en dife-
rentes lugares del país y que de alguna manera han sido afectados por de-
sastres. A diferencia de otros países latinoamericanos como México,
Colombia no cuenta con un campo de investigación académica diferen-
ciado conocido como “Antropología de los Desastres”. Los departamentos
de antropología colombianos no ofrecen cursos en ese campo, los antropó-
logos no han enmarcado su trabajo dentro de esa tradición intelectual, las
publicaciones al respecto son escasas y la historia de la disciplina no pre-
senta evidencia de la formación de una comunidad académica reconocible
bajo esa etiqueta. Pero el hecho de que tal tradición no exista no significa

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4 La antropologia de los desastres_Colombia.qxp_Layout 1 31.01.22 08:02 Seite 154

La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

necesariamente que antropólogas y antropólogos nunca hayan realizado


trabajo de campo en áreas afectadas por desastres, o que Colombia no sea
un país propenso a desastres. Por el contrario, como se mostrará en este
capítulo, Colombia ha sufrido una serie de desastres que han afectado di-
ferentes lugares y personas. Además, esos desastres han sido parte de la
experiencia etnográfica de varias antropólogas y antropólogos. Este capí-
tulo examina esas experiencias y reflexiona sobre cómo los desastres han
incidido en al análisis antropológico en Colombia.
Dado que no es posible trazar una genealogía de la transformación y las
tendencias de los enfoques antropológicos sobre desastres por las razones
ya explicadas, he elegido un camino metodológico diferente. Este capítulo
se basa en una serie de conversaciones que he tenido con antropólogas y
antropólogos que han estudiado algún aspecto de un desastre o han expe-
rimentado inesperadamente las secuelas de un desastre durante su investi-
gación etnográfica sobre otros temas. En ambos casos, el desastre no fue
solo un evento que permanece almacenado en la memoria de la gente, los
archivos u otros documentos. El desastre es, ante todo, un fenómeno mate-
rial con una huella evidente y duradera en el paisaje. Por lo tanto, las dife-
rentes experiencias etnográficas aquí presentadas tienen esto en común:
que la materialidad de un paisaje afectado por un desastre incide significa-
tivamente en la manera como antropólogas y antropólogos entienden y en-
focan su investigación. Este capítulo presta especial atención a cómo la
materialidad del desastre, y la configuración de las cosas y elementos que
constituyen esos paisajes, despierta curiosidad etnográfica. Virginia Gar-
cía-Acosta ha sostenido durante mucho tiempo que los desastres, vistos
como procesos, “pueden servir como un hilo conductor en el que, a través
de la etnografía, podemos tejer muchas historias culturales” (García-
Acosta, 2002: p. 65). Lo mismo puede decirse de los paisajes del desastre
en la medida en que estos encarnan historias socioambientales y, al mismo
tiempo, brindan a antropólogas y antropólogos la oportunidad de tejer his-
torias con ellos. El desastre y su materialidad son el medio a través del
cual las etnógrafas y los etnógrafos que participan en este capítulo han in-
dagado cuestiones antropológicas más amplias.
De esta manera, mientras en la mayoría de los trabajos antropológicos
la voz de colegas es secundaria, y usualmente citada como “comunicación
personal”, en este capítulo esas conversaciones constituyen la fuente pri-
maria, ya que esos etnógrafos son los principales interlocutores en este

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

Mapa 5.
Colombia. Estudios de caso y principales áreas mencionadas

análisis. Los trabajos antropológicos existentes sobre desastres en Colom-


bia se limitan en su mayoría a un pequeño corpus de literatura publicada y
un conjunto más grande de tesis inéditas. Este capítulo considera ambas
fuentes, y también algunos documentos no antropológicos adicionales que
ayudan a contextualizar las discusiones principales. Así, el resto del capí-
tulo está organizado en siete partes. La primera y segunda parte brindan
respectivamente un panorama de los principales desastres ocurridos en
Colombia y de las preocupaciones centrales de la antropología colombiana.
La siguiente sección desarrolla el concepto de paisaje del desastre. La
cuarta sección explica cómo la tragedia de Armero, un desastre producido
por la erupción de un volcán se convirtió en escenario para la constitución
del único grupo de investigación etnográfica creado en Colombia para es-
tudiar un desastre. Luego examino cómo la inestabilidad de la tierra afec-
tada por un desastre dio forma al trabajo de etnógrafas interesadas en temas

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4 La antropologia de los desastres_Colombia.qxp_Layout 1 31.01.22 08:02 Seite 156

La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

como los derechos de propiedad y el ordenamiento territorial. Luego ana-


lizaré cómo una avalancha se cruzó con la larga tradición de estudios indí-
genas en la antropología colombiana. En el último apartado sugiero
algunas vías posibles para desarrollar una Antropología de los Desastres
en Colombia que sea sensible a la materialidad del paisaje y que esté en
conversación con otros debates y campos como la historia, la sociología y
la geografía.

Un país de desastres

Los desastres han sido parte importante de la historia socioambiental y de


la configuración territorial de Colombia. De hecho, el Global Facility for
Disaster Reduction and Recovery (GFDRR) describe a Colombia como el
país que tiene la mayor recurrencia de eventos de amenazas extremas en
América del Sur (GFDRR, 2018). Por ejemplo, entre 1970 y 2011, se han
reportado más de 28.000 eventos en Colombia (Banco Mundial, 2016).
Esta cifra no sugiere que los desastres fueran poco comunes antes de 1970.
Historiadores, geógrafos y arqueólogos han llamado la atención sobre la
ocurrencia de desastres en el pasado y la importancia de estos eventos para
la comprensión de momentos históricos específicos (Espinosa Baquero,
1997; Sarabia Gómez et al., 2010; Serna Quintana, 2011; Therrien, 1995).
Los desastres hidrometeorológicos han sido los más comunes, siendo
las inundaciones y los deslizamientos de tierra la causa del mayor porcen-
taje de pérdida de vidas y destrucción de viviendas relacionadas con de-
sastres (Campos García et al., 2011). De hecho, en la primera década del
siglo XXI, las inundaciones y deslizamientos de tierra afectaron a más
personas que en las tres décadas anteriores juntas (Banco Mundial, 2013).
Esto se debe, en parte, al clima tropical del país y su vulnerabilidad a fenó-
menos meteorológicos como El Niño y La Niña. Es así como durante la
última década las inundaciones catastróficas y los deslizamientos de tierra
han causado estragos considerables en muchos lugares. En este contexto,
los desastres hídricos provocados por el fenómeno de La Niña en 2010-
2011 han sido uno de los eventos más devastadores de la historia reciente
del país. Durante este evento climático extremo, cerca de cuatro millones
de personas (alrededor del 8,5% de la población total) se vieron afectadas
y casi un millón de hectáreas de tierras cultivables fueron destruidas (Sán-

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

chez, 2011: p. 8). Entre 2017 y 2018, una serie de deslizamientos de tierra
también crearon escenarios catastróficos de sufrimiento y dolor. Uno de
los eventos más dramáticos fue el deslizamiento de tierra de Mocoa en
2017. Intensas lluvias desbordaron los ríos Mocoa, Sangoyaco y Mulata
ubicados dentro del Departamento de Putumayo, causando la muerte de
aproximadamente 320 personas (Ishizawa, 2018; Telesur, 2017). Otros
eventos geológicos de menor frecuencia, pero de gran impacto, como las
erupciones volcánicas y los terremotos, también han configurado paisajes
del desastre y pérdidas devastadoras. Entre los hechos más memorables se
encuentran, cronológicamente, el terremoto de Popayán (1983), la tragedia
de Armero provocada por la erupción de un volcán (1985) y los terremotos
de Páez (1994) y Armenia (1999).
Estos desastres involucraron profundas transformaciones socioambien-
tales y dieron forma a la evolución de las instituciones y estrategias guber-
namentales de reducción de riesgos y desastres. En 1984, el gobierno creó
el Fondo Nacional de Calamidades. En 1988, luego de la tragedia de Ar-
mero, nació el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desas-
tres como una combinación sinérgica de agencias estatales que trabajaron
juntas para crear políticas y abordar futuros desastres (UNGRD, 2018). A
raíz de las inundaciones de La Niña en 2010-2011, el debate público sobre
el cambio climático y la adaptación incidieron en la manera como se en-
tienden los desastres. Como consecuencia, el gobierno creó el Fondo de
Adaptación en diciembre de 2010, que, bajo el lema de adaptación climá-
tica, se encargó de financiar la recuperación económica e infraestructural
de las áreas afectadas por las inundaciones de La Niña. La idea de adapta-
ción, aplicada al gobierno de los desastres, significó la incorporación de
una perspectiva a más largo plazo más allá de la prevención y la respuesta
inmediata. Además, el gobierno creó en 2011 la Unidad Nacional para la
Gestión del Riesgo de Desastre con el fin de reforzar las políticas de ges-
tión del riesgo de desastres a nivel nacional.
Se podrían dedicar muchas páginas a explicar cómo los desastres men-
cionados están lejos de ser “naturales”. Cada vez más se hacen evidentes
múltiples procesos políticos, económicos y sociales que subyacen y prece-
den a la producción de desastres. Sin embargo, la larga tradición de estu-
dios críticos de desastres en antropología y otras disciplinas ya ha
proporcionado herramientas analíticas para develar las relaciones de poder
que se arraigan en inundaciones, terremotos y otras calamidades (ver por

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

ejemplo Oliver-Smith, 2002; O’Keefe et al., 1976; Faas, 2016). Estas he-
rramientas también encarnan la idea de riesgo como una construcción so-
cial y colectiva (Douglas y Wildavsky, 1982; García-Acosta, 2005). Por lo
tanto, mi preocupación aquí no es sobre la politización del desastre, sino
sobre cómo estos fenómenos socioambientales abruptos han incidido en el
interés intelectual de los antropólogos.

Desastres invisibles

Aunque Colombia es un país propenso a los desastres y tiene historia im-


portante de desastres que han cambiado drásticamente la vida de miles de
personas, la antropología ha prestado escasa atención a estos eventos bas-
tante evidentes y transformadores. En consecuencia, la internacionalmente
conocida Antropología de los Desastres y las amenazas no ha encontrado
un nicho en la academia colombiana hasta el momento. Esto es evidente,
por ejemplo, en el libro de dos volúmenes Antropología hecha en Colom-
bia, que fue publicado en 2017 por el Instituto Colombiano de Antropolo-
gía e Historia. Esta colección recopila una serie de artículos que fueron
publicados en diferentes momentos y medios, pero que en conjunto brin-
dan un panorama de las principales preocupaciones de la antropología co-
lombiana. Un aspecto que resalta en este panorama general es el antiguo
interés de la antropología en los pueblos y movimientos indígenas y el in-
digenismo. Estos temas no sólo constituyen capítulos específicos del libro,
sino que también permean otras secciones sobre etnología, antropología
urbana, etnicidad y multiculturalismo y antropología histórica. Este interés
por los pueblos indígenas ha estado presente desde los orígenes de la an-
tropología como disciplina en Colombia, cuando se creó la primera escuela
de antropología con el nombre de Instituto Etnológico Nacional en 1941.
Como señala Roberto Pineda, el Instituto tenía un enfoque de enseñanza
particular en el estudio de la etnología, que en ese momento era equiva-
lente al americanismo (Pineda, 2004: p. 61).
Otros subcampos de interés tradicional descritos en Antropología hecha
en Colombia incluyen las comunidades afrocolombianas, los movimientos
sociales, la violencia y el conflicto armado, y el género y la sexualidad.
Ninguno de estos temas incluye el estudio de desastres o amenazas am-
bientales, ni estas palabras aparecen en el índice de los dos volúmenes. El

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

mismo vacío se puede encontrar en el volumen Antropologías en Colom-


bia: tendencias y debates de Jairo Tocancipá (2016). A nivel regional la si-
tuación no es diferente. En la revisión de la historia de la antropología en
la región del Cauca compilada por Tabares y Meneses (2016), nunca se
menciona el estudio de los desastres. Esto es particularmente llamativo ya
que la región del Cauca sufrió las trágicas consecuencias del terremoto de
Páez y, como se demostrará en este capítulo, algunos antropólogos realiza-
ron investigaciones en ese contexto.
La antropología colombiana ha pasado por un proceso de diversificación
y crecimiento institucional. En 1952, el Instituto Etnológico Nacional se fu-
sionó con el Servicio Arqueológico Nacional para dar lugar al Instituto Co-
lombiano de Antropología, conocido hoy como Instituto Colombiano de
Antropología e Historia - ICANH. Sin embargo, no fue sino hasta la década
de los sesenta y principios de la década de los setenta cuando aparecieron
los primeros cuatro programas de pregrado en antropología. Estos progra-
mas se ampliaron a fines de la década de los noventa para incluir ocho pro-
gramas de pregrado, cinco de maestría y tres de doctorado. Este crecimiento
institucional se produjo junto a una transformación de los temas dominantes
y los intereses de investigación. No es mi intención revisar aquí esta evolu-
ción intelectual, ya que los volúmenes citados, entre otros, lo han hecho de
manera exhaustiva. Sin embargo, hay que señalar que el interés predomi-
nante por los grupos étnicos tuvo una resonancia particular en la década de
los setenta. En este momento, varios antropólogos estaban teóricamente
comprometidos con el marxismo, ya que esta tradición demostró ser un
marco útil para comprender la explotación, la aculturación y la marginalidad
de los grupos indígenas, las sociedades rurales y los pobres de las ciudades
(Bernal Gamboa, 2016). Este enfoque marxista perdió popularidad en la
década de los noventa, cuando surgió en Colombia una “antropología de la
modernidad” en conversación con debates internacionales en estudios cultu-
rales, teoría poscolonial y estudios subalternos (Restrepo, 2016). A medida
que la antropología colombiana se ha diversificado institucional, temática y
teóricamente, los desastres continúan ocurriendo y causando estragos en
todo el país. Paradójicamente, estas dos tendencias no se han cruzado. Los
desastres han sido invisibles en la antropología colombiana. Sin embargo,
los desastres han proporcionado el sustrato material, el medio a través del
cual los investigadores reflexionan sobre otros temas más allá del desastre.
Cuando antropólogas y antropólogos se encuentran con desastres en el tra-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

bajo campo, no se encuentran simplemente con un evento catastrófico. Tam-


bién se encuentran con un paisaje del desastre cuya materialidad moldea
significativamente su experiencia etnográfica. Antes de ahondar en estas
experiencias, explicaré brevemente el concepto de paisajes del desastre.

Paisajes del desastre

Terremotos, inundaciones y deslizamientos de tierra no son simplemente


eventos peligrosos que resultan en desastres y calamidades sociales. Estos
fenómenos son también disrupciones materiales que involucran la rees-
tructuración de la superficie de la tierra y la redistribución de elementos y
cosas sobre ella. Estas transformaciones físicas son abruptas e inevitable-
mente sobrepasan nuestras habilidades para controlar nuestro entorno ma-
terial. Por esta razón, los desastres tienen un impacto dramático en la vida
de las personas y sus percepciones del mundo. Diego Cagüeñas sostiene
que los desastres exponen nuestras limitaciones porque somos incapaces
de deshacer lo sucedido. Lo inevitable, lo finito y lo irreversible dan forma
a la experiencia del desastre, pero al mismo tiempo abren el camino a la
reconstrucción de la vida tras la crisis (Cagüeñas, 2013: p. 224). Por lo
tanto, la reconstrucción posdesastre y la adaptación al cambio climático
no son más que una búsqueda para restaurar la vida en medio de la ruina y
la muerte. Sin embargo, estas tensiones entre destrucción y reconstrucción,
y entre muerte y vida, son tanto una cuestión de experiencia y significado
humanos como causas materiales de la transformación del paisaje.
Girot e Imhof definen el paisaje como un “artefacto cultural”, “una
construcción resultante del moldeamiento continuo del terreno y la crea-
ción del lugar; tiene, de hecho, muy poco que ver con el ideal de una natu-
raleza virgen” (Girot e Imhof, 2016: p. 7). Hirsch (1995) advierte que
algunas conceptualizaciones de paisajes como imágenes culturales o for-
mas pictóricas de representar el entorno (como las del geógrafo Denis
Cosgrove) pueden representar el paisaje como una realidad estática. Hirsch
propone en cambio una comprensión del paisaje como un proceso cultural
que está relacionado con lo que sucede en la vida social cotidiana. De esta
manera, los paisajes están moldeados por ideas, significados y prácticas.
Por esta razón son lugares históricamente dinámicos donde perdura el re-
gistro de las vidas y el trabajo de las generaciones pasadas (Ingold, 1993).

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

Así, los paisajes reflejan y son parte del cambio. Sin embargo, también in-
corporan continuidad y conectan el pasado, el presente y el futuro (Stewart
y Strathern, 2003: p. 4). Como señala Ingold, “el paisaje siempre tiene la
naturaleza de un ‹trabajo en progreso›” (1993: p. 162).
Pero, ¿qué añade el desastre a estas conceptualizaciones del paisaje?
Los desastres son fenómenos espaciales, temporales y materiales (Báez
Ullberg, 2017: p. 2), y ocurren a lo largo de un patrón histórico de vulne-
rabilidad (García-Acosta, 2004: p. 130). Por tanto, los paisajes del desastre
reflejan significados, prácticas, desigualdades e ideas. Pero también mate-
rializan el poder disruptivo de los fenómenos geológicos y meteorológicos.
Ciertamente, en tiempos de cambio climático y degradación ambiental a
escala global, estos fenómenos se consideran cada vez más antropogéni-
cos. Sin embargo, desastres como terremotos e inundaciones también nos
recuerdan, como ha observado Cagüeñas (2013), nuestras propias limita-
ciones como humanos. Se puede decir que los paisajes del desastre no tie-
nen que ver solo con la percepción y la vulnerabilidad humanas, sino
también con la materialidad de los procesos biofísicos y el papel de esa
materialidad en la producción de significado.
Stewart y Strathern (2003) han señalado que los etnógrafos, a través de
sus experiencias de campo, han comprendido cómo las percepciones, los
valores y los recuerdos adjuntos a los paisajes los convierten en sitios de
identidad histórica. Se podría argumentar, por tanto, que un análisis antro-
pológico del paisaje enfatiza cómo los paisajes se producen socialmente y
que la etnografía nos ayuda a comprender ese proceso de producción a tra-
vés de la descripción y la interpretación (Hirsch, 1995). Si bien la mayor
parte del trabajo antropológico se centraría en las personas que habitan y
trabajan esos paisajes, en este capítulo me concentraré en cómo etnógrafas
y etnógrafos experimentan esos paisajes del desastre y la manera como
esas formaciones materiales moldean su trabajo antropológico. Los paisa-
jes de desastre son espacios de “revelación etnográfica”, donde “cosas im-
previstas, antes inconcebibles, se hacen evidentes” (Henare et al., 2007: p.
2). Ingold sostiene que para los arqueólogos y los habitantes nativos el
paisaje narra su propia historia (1993: p. 152). Ellos leen el paisaje para
comprender la vida y la época de quienes habitaron y transformaron el
mundo material. Los etnógrafos experimentan el paisaje de manera similar.
Ellos leen el paisaje no solo para comprender el pasado, sino también para
proyectar su trabajo intelectual hacia el futuro. Aunque lo imprevisto e in-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

concebible han sido durante mucho tiempo parte de la experiencia etno-


gráfica, la destrucción y devastación materializadas en el paisaje hacen
que esa experiencia sea más impactante, transformadora y sorprendente.
Por lo tanto, la idea de paisajes del desastre como espacios de revelación
etnográfica contrasta fuertemente con la definición misma de desastres
como eventos reveladores. Los desastres “acentúan” las intrincadas rela-
ciones entre el medio ambiente, la política, la cultura y el poder (Claus et
al., 2015: p. 291) en su destructividad. Barrios (2017) nos recuerda que la
naturaleza reveladora de los desastres depende de la posicionalidad del es-
pectador, quien luego problematiza los fenómenos desastrosos. En los ca-
sos discutidos en las siguientes secciones, los espectadores son los
etnógrafos y el desastre no es un objeto de reflexión per se, más bien es un
medio material a través del cual los etnógrafos ingresan a otros mundos.
Es decir, el carácter revelador de los desastres es al mismo tiempo una
fuente de revelación etnográfica. Los paisajes desastrosos son cosas, en el
sentido sugerido por Henare et al. (2007), que instigan significado durante
el encuentro etnográfico. La posicionalidad del etnógrafo, como especta-
dor, tiene una dimensión material porque él/ella “necesita estar ahí, expe-
rimentar el paisaje a través del cuerpo sensual y sensorial, a través de su
cuerpo corpóreo” (Tilley y Cameron-Daum, 2017: p. 4). En las próximas
secciones, explicaré los significados y experiencias que varios etnógrafos
que trabajan en diferentes regiones de Colombia han construido en sus en-
cuentros con paisajes del desastre.

Armero: una teoría sobre el mundo

El 13 de noviembre de 1985 la erupción del volcán Nevado del Ruíz de-


sencadenó una de las tragedias más dramáticas de Colombia. Materiales
volcánicos derritieron los glaciares y fluyeron hacia los ríos cercanos, lo
que afectó a varios asentamientos en su camino. La localidad de Armero,
en el departamento de Tolima, fue una de las comunidades más afectadas.
Las cifras oficiales informaron que alrededor de 25.000 personas murieron,
muchas otras nunca fueron encontradas y miles lo perdieron todo. Imáge-
nes de esta tragedia circularon en todo el mundo, junto con críticas al
papel del gobierno en la prevención de esta tragedia y su falta de asistencia
adecuada a las víctimas.

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

Casi 20 años después de esta tragedia, en 2007, Luis Alberto Suárez


Guava, profesor de etnografía en el Departamento de Antropología de la
Universidad Nacional de Colombia, llevó a un grupo de estudiantes de
pregrado a un trabajo de campo a Armero. Según Luis Alberto Suárez
Guava, el objetivo de este viaje era exponer a los estudiantes a un contexto
particular sin una agenda de investigación previa ni un marco teórico defi-
nido. El grupo visitó Armero el día de la conmemoración para intentar
comprender lo que allí estaba pasando y luego convertir esa experiencia
en un ejercicio de escritura etnográfica. Éste fue el comienzo de lo que
luego se conocería como el grupo “Etnografía y memoria de Armero”, el
único grupo de investigación creado en Colombia para estudiar un desastre
desde una perspectiva antropológica. Mónica Cuéllar fue una de esas alum-
nas que acudió a Armero en el marco del curso de etnografía. Para Cuéllar,
el primer encuentro con este lugar fue una experiencia muy impactante
porque las ruinas, los sitios conmemorativos y el paisaje en general seguían
cargados de una atmósfera de muerte, aunque también cobran vida de for-
mas inesperadas. Cada año, en el día de la conmemoración, antiguos habi-
tantes y familiares de los que murieron en la tragedia se reúnen en la
ciudad. Los asistentes almuerzan en los lugares donde se construyeron sus
viviendas y luego celebran una misa donde solía estar la iglesia del pueblo.
Otras prácticas de memoria colectiva, como una “lluvia de flores” que se
hace caer sobre las ruinas como una forma de representar la avalancha
también congregan a los asistentes en este momento. La combinación de
un paisaje devastado y las prácticas culturales conmemorativas llevó a
Cuéllar, junto con otros cuatro estudiantes, a escribir sus tesis de pregrado
sobre este lugar particular.
Durante más de un año, Cuéllar visitó Armero en varias excursiones.
Su intención era comprender la relación entre historias sobre el desastre e
historias de amor y desamor (Cuéllar, 2010). Para Cuéllar, su proyecto,
asó como todo el trabajo del grupo, fue un viaje etnográfico en busca de
una “teoría del mundo” que emergería del desastre. Por “teoría del
mundo”, ella se refiere a las formas como las personas que experimentaron
el desastre crearon constelaciones conceptuales, materiales y afectivas a
partir de los pedazos de su mundo destrozado para darle sentido y volver a
habitarlo en las secuelas de la avalancha. Esta teoría del mundo se basa en
un paisaje que comprende formaciones geomorfológicas como volcanes y
montañas, así como objetos enterrados como guacas (antiguas tumbas in-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

dígenas), oro y esmeraldas (Suárez Guava, 2009). El grupo encontró que


para muchas de las víctimas, el desastre significó “el fin del mundo” (Uribe
de Zuluaga, 2009). Como tal, el desastre constituyó una profunda y dra-
mática transformación de sus vidas. El grupo buscó comprender esas teo-
rías del mundo, así como los significados, recuerdos, formaciones
geológicas y cosas que sustentaban tal orden cosmológico. Esta experien-
cia hizo de la etnografía, según Luis Alberto Suárez Guayaba, una opción
epistemológica enraizada en la antropología, más que un método simple-
mente.
Este enfoque moldeó la forma como el grupo entendía la etnografía y el
análisis antropológico. La experiencia en Armero fue, para Cuéllar y los
demás estudiantes, un momento notable y transformador en su formación
como antropólogos y seres humanos. “Me hice antropóloga en Armero”,
dijo Cuéllar durante nuestra conversación. Con esto ella quiso decir que su
vocación y su perspectiva antropológica tomaron forma en el campo mien-
tras ella y los demás intentaban comprender las complejidades de las cos-
movisiones de las personas en ese momento. Su enfoque no fue hacer del
campo un terreno para la validación de teorías, sino un escenario para la
exploración teórica y empírica. En ese sentido, su prioridad no era entender
lo que cuenta el caso Armero en términos de un debate antropológico es-
pecífico, sino cómo las víctimas de esta catástrofe explican su mundo a
raíz de tal desastre.
La intención del grupo no era realizar una investigación etnográfica en
Armero para producir resultados académicos específicos, sino comprender
qué es la etnografía. Como me explicó Andrés Ospina, otro miembro del
grupo: “no teníamos pautas teóricas o marcos específicos para abordar el
campo; simplemente fuimos allí para ver qué estaba pasando y esa decisión
tuvo un valor tremendo desde el punto de vista etnográfico”. Así, el trabajo
de este grupo se ha conservado principalmente como tesis académicas y
sólo unos pocos artículos publicados. Entre los temas que éste explora se
incluyen la brujería, la conmemoración, la memoria, la crianza de los hijos
y las emociones a través del desastre (por ejemplo, Acero Pulgarín, 2010;
Buitrago Ospina, 2012; Cuéllar, 2011; Ospina, 2013; Suárez Guava, 2008).
Finalmente, el grupo consideró la posibilidad de armar un libro, pero la
idea no encontró suficiente apoyo. Como señaló Cuéllar, el grupo Armero
era marginal en el Departamento de Antropología, ya que la mayor parte
de la investigación general realizada en ese momento estaba orientada

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

principalmente a temas como la movilización social, el conflicto armado y


la violencia. Hablar de un desastre no se consideró relevante en ese mo-
mento específico.

Terrenos etnográficos fluidos

El trabajo etnográfico en paisajes del desastre también ha considerado la


inestabilidad y fluidez de ciertos terrenos, superficies, suelos, tierras y
aguas, lo cual ha abierto nuevas vías para la investigación antropológica
en Colombia. Por ejemplo, el antropólogo Lorenzo Granada estudia ac-
tualmente los “significados del barro” en Armero. El barro, me explicó,
“es muerte, pero también vida, ya que es muy fértil para la agricultura y la
vegetación en general”. Durante el desastre, el barro borró las identidades
humanas cubriendo cuerpos y homogeneizando el paisaje. Años más tarde,
este mismo barro creó las condiciones ecológicas para la expansión de
empresas agrícolas, que encontraron esos suelos volcánicos muy fértiles y
un terreno ideal para el cultivo. El barro, por tanto, ha sido un elemento
central tanto en el recuerdo del desastre como en la reconstrucción de Ar-
mero. Sin embargo, el concepto de desastre, para Granada, es insuficiente
para explicar la vida del barro después de la catástrofe. Por el contrario,
este concepto es útil para analizar cómo esta calamidad creó un espacio
vacío al borrar un pueblo del paisaje. Este borrado espacial planteó serios
desafíos a la forma en que se veía y representaba geográficamente el área
afectada. Para Granada (2016), un mapa vacío y un paisaje fragmentado se
entremezclaron con historias de cráneos, hechizos y escombros indígenas.
Estos enmarañamientos de cosas materiales e inmateriales resaltan la idea
de los volcanes como un “vuelco de la tierra” asociado con historias de
guacas. Este vínculo entre formaciones geológicas desastrosas y registros
humanos antiguos es muy común entre la gente del área de Armero. De
hecho, es parte fundamental de su cosmología (Suárez Guava, 2009: p.
379).
Mientras que en Armero el barro se ha asentado en el espacio, en otros
lugares el barro y el terreno son inestables y siempre en movimiento. Ese
movimiento crea constantes dificultades y hace que las relaciones sociales
también sean inestables. Marie McDonald realizó una investigación en
Manizales, una ciudad que ha sufrido repetidamente los efectos de los des-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

lizamientos de tierra. McDonald decidió realizar su investigación doctoral


en esta ciudad porque la materialidad y la dinámica de los deslizamientos
de tierra no seguían la lógica convencional de un desastre: un evento cuyo
comienzo y final se pueden rastrear en el tiempo. Los deslizamientos de
tierra en Manizales ocurren constantemente y, aunque causan problemas y
presentan riesgos, no han alcanzado un nivel catastrófico. En consecuen-
cia, los deslizamientos de tierra se convierten en eventos que son parte in-
trínseca de la configuración espacial y política de la ciudad. Como no
conducen a desastres espectaculares, reciben poca atención en los medios.
La materialidad del lodo y la configuración topográfica de Manizales tam-
bién crean un espacio de intervención gubernamental. McDonald precisa-
mente configura sus objetivos de investigación en esta intersección entre
deslizamientos de tierra, topografía y política.
El deslizamiento de tierra de Mocoa en 2017 también conllevó proble-
mas inesperados para quienes hacen trabajo etnográfico en esa zona en ese
lugar. Mocoa es la ciudad capital del departamento de Putumayo, donde
varias antropólogas y antropólogos han realizado investigaciones sobre di-
versos temas como la multiculturalidad y el estado (Chaves, 2010), los
movimientos campesinos (Ramírez, 2001) y el conflicto armado y la resis-
tencia (Cancimance, 2015), entre otros. Kristina Lyons también ha reali-
zado investigaciones etnográficas en Putumayo desde 2004. Inicialmente,
su trabajo se centró en los impactos ambientales y sociales del glifosato,
ya que esta área ha sido afectada por el cultivo de hoja de coca para los
mercados de drogas, así como en el conflicto armado concomitante y su
relación con la política antidrogas militarizada. Posteriormente, su trabajo
con las comunidades rurales del Putumayo la llevó a examinar el cultivo
de la vida en medio de la muerte y el veneno. Específicamente, ella ha es-
tudiado los suelos como actores clave en las relaciones naturaleza-socie-
dad. Sin embargo, el deslizamiento de tierra de 2017 presentó otras
posibilidades para comprender la materialidad de esas relaciones. Este de-
sastre implicó una conexión particular entre ríos, rocas, topografía y espa-
cios semiurbanos y rurales. Al considerar la micropolítica de los suelos, el
desastre llevó a Kristina Lyons a observar otros elementos como las cuen-
cas hidrográficas en escalas más amplias.
Los encuentros recientes de Lyons con el paisaje del desastre en Mocoa
llama la atención sobre un desafío metodológico de relevancia para el es-
tudio antropológico de los desastres. Si los desastres son el producto de las

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

interacciones entre “sistemas físicos, biológicos y socioculturales” (Oli-


ver-Smith y Hoffman, 2002: p. 4), entonces la etnografía es insuficiente
para explicar la complejidad de una catástrofe. Para Lyons, “los ríos tienen
memoria” (2018), lo que significa que pueden ocurrir desastres como des-
lizamientos de tierra cuando los ríos regresan a sus cursos anteriores. En
consecuencia, es importante comprender cómo funcionan los ríos y qué
procesos geomorfológicos e hidrológicos dan forma a la manera como flu-
yen el agua, las rocas y la tierra. Específicamente, señala Lyons, la geo-
morfología nos ayuda a “leer” el paisaje, las rocas y la historia de los
deslizamientos de tierra en el área.
Mi propio trabajo etnográfico sobre inundaciones en el norte de Co-
lombia ha exigido una diversificación de métodos mucho más allá de las
ciencias sociales. Por ejemplo, para comprender los efectos catastróficos
de las inundaciones de La Niña en 2010 y 2011, necesitamos comprender
los procesos hidrológicos que subyacen a la producción de inundaciones.
Al examinar esos procesos hidrológicos, nos damos cuenta de que las inun-
daciones no son eventos excepcionales. Más bien, las inundaciones tam-
bién pueden considerarse fenómenos constitutivos de la configuración
geográfica de un paisaje. Cuando las inundaciones se vuelven catastróficas,
es porque se han producido algunas transformaciones socioecológicas que
han aumentado la vulnerabilidad. El drenaje de humedales, por ejemplo,
aumenta la probabilidad de inundaciones catastróficas cuando las lluvias
se intensifican. Sin embargo, para comprender estas transformaciones del
paisaje es necesario reunir historias orales, registros de archivo, fotografías
aéreas, mapas históricos, entre otros recursos. Por lo tanto, mi experiencia
con las inundaciones y sus efectos materiales en los paisajes rurales exigió
un enfoque metodológico más amplio que ha tenido la etnografía como
componente clave, pero que también ha recurrido a la hidrología, el trabajo
de archivo, la climatología y la cartografía (Camargo, 2016; ver también
Camargo y Cortesi, 2019). Esta combinación de métodos ilumina una in-
terpretación diferente de las inundaciones. Si bien el gobierno colombiano
explicó las inundaciones de La Niña de 2010-2011 como consecuencia del
cambio climático, encontré que estas inundaciones eran otro capítulo más
de una historia más larga de transformación del paisaje, desarrollo agrario
y fallas infraestructurales (Camargo, 2016).
Los encuentros etnográficos con paisajes del desastre y “terrenos ines-
tables” (Zeiderman, 2012) fomentan la diversificación metodológica, in-

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La Antropología de los Desastres en América Latina. Estado del arte.

cluso dentro de la antropología. Esto es lo que le pasó a Meghan Morris


mientras realizaba una investigación en Medellín sobre las relaciones de
propiedad en un barrio de montaña. Los habitantes de este barrio fueron
forzados a desplazarse del campo y obligados a asentarse en los márgenes
de la ciudad. Mientras caminaba con la gente por el vecindario y hablaba
sobre la experiencia de vivir en ese lugar, Morris comenzó a escuchar his-
torias sobre un desastre. En el pasado, lluvias torrenciales habían provo-
cado un deslizamiento de tierra que mató a muchas personas y destruyó
hogares. Morris explica que para la gente de este barrio este desastre tam-
bién significó un cambio en su relación con la propiedad y sus espacios
cotidianos. El deslizamiento de tierra allanó el camino para la implemen-
tación de un nuevo régimen de gobernanza del riesgo en la zona, el cual se
basó en la denominación de lugares como zonas de alto riesgo. Esto, a su
vez, ha creado incertidumbre entre las personas sobre el futuro de las rela-
ciones de propiedad en el barrio. Para Morris, este vínculo entre propiedad
y desastre fue inesperado: “Encontré este desastre sin buscarlo…Fue un
encuentro etnográfico clásico”. Este encuentro tuvo importantes implica-
ciones metodológicas para su trabajo. Por un lado, Morris adoptó el enfo-
que de caminar junto con las personas como método de investigación.
Aunque algunos antropólogos han reflexionado sobre la importancia etno-
gráfica de caminar (Ingold y Vergunst, 2008), la herramienta de investiga-
ción de “acompañamiento” (Kusenbach, 2003) y “moverse junto con la
gente” (Horisberger, 2018), la experiencia de Morris muestra la relevancia
de ese método para el estudio antropológico de paisajes del desastre. Por
otro lado, este encuentro la hizo más sensible a la materialidad del paisaje
y abrió nuevas vías de indagación sobre las relaciones entre la propiedad,
los suelos y las cualidades físicas del terreno.

Etnicidad y desastres

En 1994, otro deslizamiento de tierra sacudió la vida cotidiana de cientos


de personas. A principios de junio, un terremoto desató una avalancha de
lodo y rocas que afectó gravemente a varias aldeas ubicadas en un territorio
indígena a lo largo del río Páez, en el suroeste de Colombia. Casi 1.300
personas murieron, otras desaparecieron y muchas casas quedaron destrui-
das. Este desastre movilizó todo tipo de ayuda humanitaria, agencias esta-

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Pensando a través de los desastres: etnografía y paisajes del desastre en Colombia

tales y otras formas de solidaridad, como era de esperar en una situación


como esta. Pero esta calamidad también marcó la agenda de investigación
de algunos antropólogos de la Universidad del Cauca, ubicada en la misma
región. El Departamento de Antropología de la Universidad del Cauca se
creó en 1970 y fue uno de los cuatro programas pioneros junto con el de la
Universidad de los Andes (1964), la Universidad Nacional de Colombia
(1966) y la Universidad de Antioquia (1967). La década de los setenta,
como se mencionó anteriormente, fue un período crucial para el desarrollo
de la antropología como disciplina en Colombia. En ese momento tomó
forma una antropología militante en apoyo de los nacientes movimientos
indígenas.
Una parte de esta comunidad de antropólogos se unió al Movimiento de
Solidaridad con los Pueblos Indígenas. Este movimiento de intelectuales
trabajó en estrecha colaboración con el Consejo Regional Indígena del
Cauca. A través de su esfuerzo conjunto con los movimientos indígenas,
estos académicos buscaron también transformar la antropología colom-
biana. Según ellos, la disciplina corría el peligro de reproducir el enfoque
colonial y las relaciones desiguales con los interlocutores que caracteriza-
ban la antropología europea. En esta tradición los investigadores se con-
vierten en los únicos poseedores del conocimiento y sus co