¿Qué es?
John Hiner: La Educación Democrática es la educación en la que
profesores y principiantes trabajan juntos y como iguales.
David Gribble: Una escuela democrática es aquélla en la que los
estudiantes son ciudadanos libres, responsables de sus propias vidas
educativas y participan o pueden participar, directa o indirectamente, en la
toma de decisiones que les afectan.
Laura Stine: La Educación Democrática se basa en el respeto, la
tolerancia y el amor.
Yakov Hecht: La Educación Democrática contiene un diálogo libre y
expresivo, sin reglas, sin convenciones, sólo honesto.
La corriente:
La escuela democrática mantiene que las escuelas deben dejar de ser
jerárquicas y aplicar los principios democráticos en su estructura y su forma
de trabajo.
Para ello, se fomenta que la participación, tanto de los alumnos, como de los
profesores será libre e igualitaria en la toma de decisiones en lo relativo a la
organización y el aprendizaje. Con este tipo de educción se fomenta el
aprendizaje libre y auto-motivado que estimulará la curiosidad y los
intereses de los niños.
El origen de la escuela democrática
Las primeras escuelas democráticas surgieron en el siglo XVII pero no
empezaron a desarrollarse y a proliferar hasta el siglo XIX. Durante muchos
años ha habido continuos debates sobre su efectividad en cuanto a
contenidos y al desarrollo personal y profesional de los alumnos.
Hoy en día la escuela democrática es una más de entre todas las opciones
de “escuela alternativa” que podemos encontrar. El objetivo de este tipo de
escuelas es compartido, y será el de llevar a cabo una educación diferente a
la convencional donde:
- Se busca el aprendizaje mediante las emociones.
- Se aprende a partir de la experiencia, y no memorizando.
- Se enseña a colaborar y no a competir.
- Se respetan los ritmos de cada niño.
- Lo errores se ven como una parte más del aprendizaje.
- La creatividad ni se coarta, ni se estimula precozmente. Se la deja estar.
- Se busca la implicación de las familias.
- La naturaleza es parte importante, como un espacio fundamental dentro de
la educación.
Características de la escuela democrática
La escuela democrática sigue siendo una opción minoritaria (y no, por ello,
peor) respecto a la mayoría. Las características que la definen y la hacen
diferente de las demás son las siguientes:
- El juego como parte importante en el aprendizaje. En la educación
democrática se fomentan espacios en los que se pueda dar el juego libre y
sin ser dirigido. Es el niño el que elegirá a lo que juega y cuánto juega. No
existirá ninguna restricción. Se diferencia de otras alternativas más
mayoritarias en que estas últimas ven este tipo de juego libre como una
pérdida de tiempo y defienden que el juego debe tener un carácter
“explícitamente” educativo.
- Un currículum diferente. No se aplica el currículum educativo prefijado. El
aprendizaje es voluntario y por ello, cada uno es responsable de su propia
educación. Es decir, cada niño es quien decide qué, cuándo, cómo y con
quién aprende. Así, según esta corriente educativa, se estimula el
intercambio de ideas y la conversación entre los estudiantes, siendo los
“mayores” los tutores de los más pequeños, para que encuentren los propios
intereses.
- No se califica. Al no haber currículum, no hay evaluación calificativa. Será
muy complicado calificar al niño en función de los logros que adquiere ya que
solo realizan los exámenes que el estado exige.
- En cuanto a los castigos. En este tipo de escuela existen los castigos y
las sanciones. Es la figura del mediador la que aparece para escuchar a
ambas partes para intentar que lleguen a una solución consensuada. Si esto
no fuera posible, se creará una asamblea que concluye quién ha actuado de
forma incorrecta e impone el castigo.
- La figura del profesor. Se deja atrás la imagen del profesor autoritario que
sabe lo que es bueno y malo para los alumnos. El profesor debe tratar al niño
como a un igual. Acompañar al pequeño dejando el máximo de libertad
dándole la seguridad necesaria para que el niño pueda gestionar esa
libertad.
La escuela democrática es un modelo educativo que como bien dice su
nombre sostiene que se deben aplicar principios democráticos en la
estructura y las formas de trabajo de las escuelas. Se busca fomentar que la
participación a la hora de tomar decisiones -en lo que respecta a la
organización y al aprendizaje- sea libre e igualitaria por parte de
los alumnos y los profesores.
Es decir, es una idea de enseñanza que se imparte a todos por igual y que se
caracteriza por incluir valores como la justicia, la confianza, el respeto y
la autodeterminación. Su meta principal es alimentar los distintos intereses y
la curiosidad de los más pequeños.
Objetivos de la educación democrática
Los objetivos que persigue este modelo son:
El aprendizaje mediante la experiencia y no a través de la
memorización.
El respeto de los ritmos de cada alumno.
Ver los errores como una pieza más del proceso de aprender.
La enseñanza basada en la colaboración y no en la competitividad.
La estimulación del interés personal de los alumnos en las relaciones
sociales.
Dejar estar a la creatividad, sin frenarla y sin estimularla de manera
precoz.
La complicidad e implicación de la familia.
Considerar la importancia de la naturaleza como un ambiente
fundamental en la educación.
Principios de la escuela democrática
Este método se presenta como un nuevo enfoque para concebir la escuela
y su estructura. Estas son algunas de sus características:
El alumno es quien decide y dirige su propio proceso de aprendizaje.
Se considera que el juego es una parte importante del mismo y se
fomenta.
Se busca la participación activa de todos los elementos que
conforman la comunidad educativa, desde los docentes hasta los
alumnos y el personal administrativo.
Se persigue un intercambio de ideas entre alumnos fomentando la
expresión de sus intereses.
No existen las evaluaciones como tal, no se califica al alumno, en vez
de eso se determinan sus logros.
Se pretende estimular la responsabilidad de los niños.
Suele ponerse en práctica en espacios con pocos participantes.
Beneficios y contras de este modelo educativo
Es una forma de enseñanza que reúne ventajas como estas:
Fortalece la autoestima porque enseña al alumno a estar satisfecho
consigo mismo.
Estimula la constancia como forma de aprendizaje.
Permite al niño expresar sus sentimientos e intereses.
Favorece el desarrollo de otro tipo de valores ya que el niño actúa por
sí mismo. Además, contribuye a potenciar la responsabilidad,
la autonomía y el autoconocimiento.
En cuanto a las visiones negativas, se considera lo siguiente:
Que es un modelo con ventajas, pero que reúne numerosas críticas, lo
que hace difícil su aceptación completa por parte de los educadores.
Que exige un mayor trabajo y esfuerzo manteniendo el mismo sistema
de pago.
Que puede llevar a la manipulación de los ideales y encauzarlos al
gusto del educador.
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Educación democrática: un innovador modelo de enseñanza
Los modelos educativos van cambiando a la par de los paradigmas y las
idelogías sociales. En ese sentido, la democracia es un valor que se
intenta inculcar en la enseñanza. Repasamos sus principales
características.
Llevar la democracia a todos los aspectos básicos de la vida es una de las
fortalezas en las que debe trabajar una nación. Sin duda, se garantizaría
la eliminación de las diferencias sociales, laborales, institucionales e
incluso las educativas, apostando por el desarrollo de valores.
Conoce cómo la educación democrática gana cada vez más terreno en el
mundo y por qué sigue siendo un tema de amplia discusión.
¿Qué es la educación democrática?
Se conoce como educación democrática a aquel modelo e idea de
enseñanza que se imparte a todos por igual. Otras definiciones aportan la
noción de que es un innovador método de enseñanza basado en la
democracia como plan de instrucción.
Se caracteriza por tratar de incluir valores tales como la justicia, la
equidad, la confianza, el respeto y la autodeterminación en quien aprende
de ella.
Características de la educación democrática
La educación democrática se presenta como un nuevo enfoque en la
manera de concebir la escuela y su estructura. Al basarse en el respeto
por parte de los niños, adolescentes y jóvenes, posee las siguientes
características:
Participación activa de todos los elementos que integran los sistemas
educativos: docentes, comunidad, alumnos, representantes y
personal administrativo.
Se fomenta el intercambio de ideas entre los alumnos para que
puedan exponer sus intereses. El docente sirve como ente facilitador
del conocimiento y guía cuando hay falta de comprensión.
La educación democrática estimula la responsabilidad del joven en
cuanto a su propia educación.
Prescinde de las evaluaciones, ya que no se enfoca en calificar al
alumno sino en determinar los logros.
Este método de enseñanza se da por lo general en espacios
reducidos con pocos integrantes. Puede ser en espacios abiertos
como plazas, patios, edificios, calles o zonas rurales.
Para muchos, es un modelo innovador que fortalece la autonomía de los
pequeños y el autoconocimiento y aumenta la confianza en sí mismos. Sin
embargo, este enfoque completamente fuera de lo tradicional ha sido
objeto de debate.
Esto se debe al argumento de muchos sobre la exigencia de una madurez
por parte del niño que, por su edad, es imposible de pretender.
Objetivos de la educación democrática
Para John Dewey, defensor de este sistema, los objetivos de la educación
democrática son fomentar el interés personal y los hábitos sociales
beneficiosos. Sin embargo, con el paso del tiempo estos objetivos se han
enfocado en los siguientes preceptos:
Estimular el interés personal de los alumnos en las relaciones
sociales y ayudarlos a superar los diversos inconvenientes.
Mantener un control social.
Aprender a desarrollar habilidades y destrezas esenciales para llegar
a acuerdos mediante procedimientos que avalen y mantengan el
respeto al semejante.
Indudablemente, son sistemas que defienden la igualdad y la participación
social.
“La educación democrática se caracteriza por tratar de incluir valores
tales como la justicia, la equidad, la confianza, el respeto y la
autodeterminación en quien aprende de ella”
Beneficios de la educación democrática
Los modelos de educación basados en la democracia aportan grandes
beneficios basados en valores. Esto ayuda al pequeño a mostrar empatía
y a ser generoso con las demás personas.
Entre otros de los beneficios de la educación democrática, podemos
incluir:
Enseña al alumno a estar satisfecho consigo mismo, fortaleciendo así
la autoestima.
Estimula el desarrollo de la constancia como medida de aprendizaje y
construcción de la identidad individual.
La educación democrática permite expresar al individuo sus
sentimientos e intereses, lo que ayudará a canalizar actitudes
negativas propias de la edad.
Al ser aceptado, el niño actúa por sí mismo y desarrolla otro tipo de
valores, como la sinceridad.
Contribuye al desarrollo del sentido de responsabilidad en la toma de
decisiones.
Desventajas de la educación democrática
Aunque posee grandes ventajas o beneficios, la educación democrática
también se caracteriza por presentar algunos aspectos negativos. Entre
ellos se encuentran:
Es un modelo ampliamente criticado por algunos docentes que
defienden las técnicas tradicionales. Esto hace que no sea posible su
aceptación completa por parte de los participantes que conforman los
sistemas educativos.
En el caso de los docentes, se exige una mayor labor con los mismos
sistemas de pago.
Puede existir manipulación de los ideales propios de cada individuo y
llevarlos a pensar como desea la persona que les enseña.
En conclusión, la educación democrática es un modelo
de enseñanza basado en la igualdad y la participación social. Mantenerlo
durante el tiempo es uno de los desafíos que enfrentan sus defensores
debido a los complejos debates que este método suscita.
Será cuestión de tiempo y mucho debate para observar su desenlace
como alternativa al sistema actual.
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Principios
1. La lucha por la democracia no termina nunca: hay que defender y
mantener los derechos adquiridos y lograr otros en función de los nuevos
retos sociales. La educación democrática no es un estado que se puede
alcanzar de una vez para siempre, sino que es una actitud de lucha y
resistencia orientada a conseguir que sus principios se actualicen ante los
nuevos retos y agresiones que vayan surgiendo en cada momento. Cuando
la democracia no es capaz de renovarse se pierde la confianza en su valor y
también en la función de la educación democrática. Construir el futuro
supone introducir de modo constante pequeños cambios que nos conduzcan
a formas de vida más democráticas y participativas.
2. La democracia ha de atender escrupulosamente tanto las
necesidades y derechos individuales como los colectivos. Ello supone,
en la práctica, el conocimiento y cumplimiento de los Derechos Humanos y
de la Convención de los Derechos de la Infancia en la medida que garantizan
la dignidad, el respeto y la libertad de todas las personas. Y, al propio tiempo,
regulan la prestación de servicios básicos relacionados con la equidad, la
justicia social y el bienestar de la colectividad. No obstante, se hace
necesario actualizar estos derechos, introduciendo otros en función de los
nuevos problemas y demandas sociales.
3. Uno de los Derechos Humanos básicos es el derecho a la educación
que debe garantizarse a toda la población con criterios de calidad y
equidad. Este derecho ha de hacerse efectivo a lo largo y ancho de la vida:
en los diversos niveles educativos y en la vida adulta, tanto en el currículo
escolar como en los servicios y actividades extraescolares. Esto exige
igualdad en el acceso, en las condiciones de escolarización y en los
resultados educativos. Los poderes públicos han de articular las políticas
educativas adecuadas y la financiación necesaria para que ello sea posible.
4. La educación democrática supone la participación activa del
conjunto de la comunidad educativa, así como la colaboración de otros
agentes del territorio. La participación de la ciudadanía en la toma de
decisiones y en el control de la política educativa es un principio democrático
imprescindible para mejorar la calidad y la equidad de la educación. A ello
contribuirá también el compromiso de los ayuntamientos y otros actores del
territorio con sus iniciativas y aportaciones. Por último, la participación
democrática debe favorecer la implicación de las familias, del alumnado y del
profesorado en la regulación del proyecto educativo.
5. La inclusión es un principio básico de la educación democrática para
hacer frente tanto a la segregación como a la uniformización
educativas. El objetivo de una educación que pretenda acoger y promover
la más amplia diversidad exige no discriminar ni segregar a las personas por
razón de sus diferencias culturales, desigualdad socioeconómica, de origen
geográfico, creencias religiosas o ideológicas, lengua, identidad y orientación
sexual, capacidades, rendimiento académico o cualquier otra circunstancia
que suponga algún tipo de diferenciación y exclusión. La convivencia
democrática en condiciones de heterogeneidad, la experiencia de estar
juntas personas distintas, es una práctica educativa que no puede faltar
nunca en la formación de una ciudadanía democrática.
6. La educación democrática se opone a todo tipo de adoctrinamiento
y apuesta por la autonomía personal y el pluralismo ideológico. Ser
capaz de pensar por sí mismo, sin aislarse de la comunidad y teniendo en
cuenta las distintas posiciones enfrentadas, es un objetivo que la educación
democrática debe proponer a la ciudadanía. La educación democrática se
opone a todo tipo de adoctrinamiento y manipulación, así como a la
desinformación y a la mentira. La educación para la autonomía personal y el
pensamiento crítico son un antídoto contra la inculcación ideológica y una
fuente de ideas no dogmáticas y originales que contribuyen al bienestar del
conjunto de la comunidad.
7. En una sociedad plural, la educación democrática considera el
diálogo como un instrumento necesario para favorecer la comprensión
y mejorar la convivencia. Formarse como miembro de una sociedad en que
la diferencia de opiniones es un elemento constitutivo requiere aprender a
usar el diálogo para afrontar los problemas y discrepancias de manera
constructiva. Es por ello que la educación democrática entiende que el
diálogo es un valor que defender para favorecer el conocimiento mutuo, la
comprensión y el entendimiento, ampliar el consenso y mejorar la
convivencia en situaciones de desacuerdo. Por tanto, el aprendizaje de las
habilidades dialógicas ha de ser un objetivo básico de la educación
democrática.
8. La escuela democrática se construye impulsando el cuidado, la
convivencia y la cooperación entre todos los miembros de la
comunidad educativa. Los centros educativos son instituciones complejas
que acogen alumnado muy diverso. La educación democrática tiene como
tarea lograr un buen clima de convivencia, rechazando todo tipo de violencia.
Aprender a convivir en situaciones de diversidad es un logro necesario para
la formación de una ciudadanía competente. Conseguirlo supone contar con
todas las personas que conforman la comunidad educativa, promover
actitudes de cuidado, ayuda mutua y cooperación, y establecer
procedimientos de decisión conjunta. La práctica democrática es una
experiencia vivida cotidianamente en la escuela, que debe contribuir al
reconocimiento de la dignidad y el valor de todos y todas.
9. La educación democrática debe atender la necesidad de cambio
cultural que la sociedad reclama en relación a los géneros. La cultura y
la educación que actualmente se transmiten en el sistema educativo están
aún concebidas desde un punto de vista androcéntrico, producto de milenios
de patriarcado que han establecido los géneros y una jerarquía entre ellos.
Es necesario un cambio profundo en este sentido, que permita realizar la
crítica al machismo y al androcentrismo, introducir la cultura tradicionalmente
femenina y la referencia a las mujeres que han hecho aportaciones básicas
para la humanidad, y modificar las prácticas educativas de modo que
desaparezcan los estereotipos y las limitaciones impuestas al alumnado por
razón de género, de manera que sean considerados en términos de igual
importancia y necesidad.
10. La educación democrática ha de ser tan sensible a las cuestiones
locales como globales, para conseguir la formación de una ciudadanía
vinculada y comprometida con la transformación de la realidad. En una
sociedad rica en culturas y diversa en la manera de entender el mundo es
necesario apreciar la tradición propia desde una perspectiva crítica y abrirse
a otras aportaciones culturales para poder construir juntos un mundo justo y
sostenible. La educación democrática debe sensibilizar ante los problemas
del entorno próximo, ser capaz de comprender los problemas lejanos y
globales y, por último, promover un reconocimiento de las otras personas
que permita compartir unos valores comunes que garanticen una vida digna
para todos y todas.
11. La educación democrática ha de promover la deliberación y la
intervención en aquellos temas que requieren una mirada crítica y un
esfuerzo de transformación. La escuela debe plantear las cuestiones que
la sociedad vive como problemáticas y que a menudo provocan opiniones
contrapuestas. La consideración de temas como la identidad, la paz, la
interculturalidad, la sexualidad y la violencia de género, entre otros,
proporcionará al alumnado una educación ética y política que contribuirá a
enriquecer la información, comprender de manera crítica la realidad y
contribuir activamente a su transformación. La escuela impulsará todo esto
respetando a las personas y debatiendo sus ideas.
12. La educación democrática exige un compromiso ético del
profesorado, así como una implicación de todos los agentes que
intervienen en el proceso de socialización de la infancia y la juventud.
El profesorado es un factor clave en el logro de una educación democrática.
La tarea docente debe entenderse como un compromiso ético con un modelo
de sociedad que está en continua reconstrucción en las aulas: desde la
primera infancia hasta la universidad. Pero esta responsabilidad no es solo
del profesorado. También la implicación del resto de agentes socializadores
es fundamental para que la intervención educativa sea eficaz. El compromiso
con un modelo de sociedad que profundice en los valores de la democracia
supone superar la simple crítica verbal de las situaciones injustas para
aprender a ejercer una crítica realmente comprometida.
Propuestas
1. La democracia es una forma de vida que debe impregnar los centros
y calar en el alumnado. La educación para la democracia no se logra con
la presentación verbal de contenidos y valores, sino que se vive en todas y
cada una de las acciones de formación, convivencia, organización y gestión
de los centros y de otros espacios educativos.
2. La educación democrática se construye en espacios de convivencia
y aprendizaje participativos. Para aprender a actuar democráticamente es
necesaria una participación auténtica, en la que sea posible escuchar y ser
escuchado en la toma de decisiones sobre los asuntos que afectan a las
distintas comunidades de las que formamos parte, ya sea la familia, el aula,
la escuela, otras instituciones educativas, o el territorio.
3. La educación democrática se apoya en una relación formativa de
reconocimiento que fomente la autonomía, la responsabilidad y el
compromiso social. No es posible formar a la futura ciudadanía sin
establecer un trato personal basado en la acogida, la confianza y el
empoderamiento que permita a la juventud construir su proyecto vital.
4. La educación democrática invita al alumnado a participar en
actividades que permiten vivir valores cívicos. Es oportuno programar
prácticas de cuidado mutuo, como la ayuda entre iguales o la mentoría; de
diálogo, como las asambleas de clase o los debates; de cooperación, como
el aprendizaje cooperativo y el trabajo por proyectos; y otras propuestas que
cada centro implemente.
5. La educación democrática considera todas las materias del
currículum como oportunidades para formarse en valores y como
ciudadanos y ciudadanas. Tomar conciencia de los problemas de la
sociedad, informarse objetivamente, deliberar y opinar críticamente son
tareas que deben impregnar el contenido de todas las áreas curriculares y
actividades del centro. Asimismo, las metodologías docentes que se
empleen son también una oportunidad relevante de educación en valores.
6. La educación democrática programa espacios y actividades para
dialogar sobre temas relevantes a la luz de los Derechos Humanos. En
las tutorías, en las clases específicas de educación para la ciudadanía, en
valores o de educación ética, así como en los espacios que se consideren
adecuados, se destinará tiempo a debatir y reflexionar sobre cuestiones
personal o socialmente significativas mediante el contraste de ideas y
posicionamientos.
7. La educación democrática incorpora en el currículum prácticas de
ciudadanía que permitan al alumnado realizar un servicio a la
comunidad. En todas las etapas educativas el alumnado se enfrentará a
necesidades de su entorno, implicándose en proyectos que vinculen el
aprendizaje académico con acciones de mejora de la sociedad. De este
modo se fomenta una ciudadanía comprometida, responsable y participativa.
8. La educación democrática defiende la laicidad del sistema educativo
y la libertad de conciencia. Este principio de laicidad supone no impartir
docencia religiosa confesional durante la jornada escolar; pero sí ofrecer a
todo el alumnado los contenidos culturales sobre las distintas creencias que
permitan comprender y valorar el papel de las religiones en la historia, en la
actualidad y en la vida de las personas, sean o no creyentes.
9. La educación democrática se extiende más allá del tiempo escolar e
incluye experiencias que contribuyen a la educación integral. La
educación no escolar contiene múltiples actividades que ayudan a construir
la identidad, contribuyen al éxito formativo y son una experiencia de valor
insustituible. Se trata de conseguir un acceso universal e inclusivo a unas
actividades educativas no formales de calidad y, por otra parte, conviene
alcanzar la mejor colaboración de estas propuestas con la escuela.
10. La educación democrática promueve el uso responsable y crítico de
las nuevas tecnologías y de los medios de comunicación. Hoy internet y
los medios tienen un papel esencial en la formación de los más jóvenes. Sin
embargo, éstos no son siempre espacios democráticos, ni los contenidos que
circulan son siempre veraces y respetuosos. Hay que garantizar que la
educación prepare para comprender críticamente la información disponible,
tener criterio propio y no caer en la hipervaloración de las tecnologías
digitales.
11. La educación democrática requiere una política educativa que
cuente con la participación de todos los agentes afectados y evite todo
tipo de segregación en la escuela y fuera de ella. Tanto en centros de
titularidad privada como pública, la política educativa debe evitar la
segregación intraescolar y entre escuelas derivada de la disponibilidad
económica y del capital social y cultural de las familias. Además, junto al resto
de políticas educativas impulsadas desde el territorio, se debe lograr la
personalización del aprendizaje, la atención adecuada en los momentos de
transición entre etapas educativas y la máxima calidad de la educación
familiar.
12. La educación democrática requiere que el profesorado pueda
dedicar tiempo a dilucidar las cuestiones importantes de su vida
profesional. Los equipos docentes de los centros deben disponer de un
espacio y un tiempo para la formación y para la reflexión sobre las cuestiones
controvertidas relacionadas con la ética, la convivencia y la construcción de
una sociedad más democrática y participativa, que permitan construir
criterios compartidos que orienten la actuación docente.