«Se ha cumplido el tiempo y está
cerca el reino de Dios»
(Mc 1, 14-20)
Materiales para el
Domingo de la Palabra de Dios
Domingo, 24 de enero de 2021
III del tiempo ordinario
Edita: Área de Pastoral Bíblica de la Comisión Episcopal para la Evangelización,
Catequesis y Catecumenado • Conferencia Episcopal Española
© Editorial EDICE
Añastro, 1
28033 - Madrid
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca
el reino de Dios»
(Mc 1, 14-20)
«¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la
paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sion “Tu
Dios reina”» (Is 52, 7). Esto es lo que pretende ser el Área de Pastoral Bíblica,
recientemente creada en la Conferencia Episcopal Española e insertada en la
Comisión para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado. Ninguno de
estos tres grandes procesos en la pastoral de la Iglesia se pueden entender sin
la referencia en su origen, desarrollo y destino, a la Sagrada Escritura como
Palabra de Dios dirigida a los hombres y mujeres de hoy en su contexto. A la
luz de Dei Verbum n. 2, comprendemos que Dios, en su infinita misericordia,
desveló su plan de salvación a la humanidad entera, esperando de cada ser
humano la respuesta de la fe, es decir, la adhesión personal al Dios Padre de
nuestro Señor Jesucristo. En ese encuentro entre Dios y el hombre se produce
el misterio, que no es la realidad incomprensible a la mente humana (con-
cepción grecolatina), sino que, siguiendo la concepción bíblica (semita), un
misterio se da cuando la historia de Dios se inserta en la historia humana. Po-
demos decir que en el diálogo entre Dios y el hombre, Jesucristo es la Palabra.
Después de cincuenta y cinco años de la clausura del Vaticano II, y como
expresión de esa nueva sensibilidad conciliar, podemos decir que la Iglesia ha
dado pasos bien significativos en la tarea de dar a conocer la Palabra de Dios.
Pensamos tanto en la revisión de la Liturgia de la Palabra en la celebración
de la eucaristía y la presencia de la Escritura en todos los sacramentos, los
catecismos y en los diversos itinerarios catequéticos, así como en la publica-
ción de numerosas traducciones de la Biblia, la divulgación de los materiales
orientados a distintos ámbitos de la animación bíblica de la pastoral y los in-
numerables proyectos de lectura creyente de la Biblia en diócesis, parroquias
y comunidades.
En efecto, aquel Concilio Ecuménico dio un gran impulso al descubrimiento
de la Palabra de Dios. Desde él, los sucesivos pontífices han seguido la estela
marcada por la constitución Dei Verbum y han cuidado mucho subrayar la im-
portancia de la Palabra de Dios en la Iglesia. Baste recordar a san Pablo VI, que
creó la Federación Bíblica Católica Mundial (FEBIC) para llevar a la práctica dicha
constitución, en especial el capítulo VI sobre la Sagrada Escritura en la vida de
la Iglesia; a san Juan Pablo II en Tertio millennio adveniente (n. 36) y en Novo mi-
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llennio ineunte (n. 17); a Benedicto XVI, que, a la luz de la Asamblea del Sínodo
de Obispos de 2008 sobre la «Palabra de Dios en la vida y en la misión de la
Iglesia», publicó la exhortación apostólica Verbum Domini; y al papa Francisco,
quien, a la luz de la XIII Asamblea General del Sínodo de 2012 sobre «La nueva
evangelización para la transmisión de la fe cristiana», publicó la exhortación
Evangelii gaudium, donde, además de estar cosida de abundantes citas y comen-
tarios bíblicos, afirma que «toda la evangelización está fundada sobre la Palabra
de Dios escuchada, meditada, vivida, celebrada y testimoniada» (EG, n. 174).
En dicho itinerario, el obispo de Roma, tras la conclusión del Jubileo extraordi-
nario de la misericordia, año 2013, pidió que se pensara en «un domingo dedi-
cado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza
que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo» (Misericordia et
misera, n. 7). Un sueño hecho realidad al instituir el III Domingo del Tiempo
ordinario como «Domingo de la Palabra de Dios» y coronado ahora con la re-
ciente carta apostólica Scripturae Sacrae affectus con motivo del 1600 aniversario
de la muerte de san Jerónimo, que hoy, como a sus contemporáneos, nos dice:
«Lee muy a menudo las Sagradas Escrituras, o mejor, nunca el texto santo se te
caiga de tus manos».
Con el objetivo de ayudar a preparar dicha celebración el próximo día 24 de
enero de 2021 se ofrecen estos materiales orientados por Mons. Julián Ruiz,
por el Área de Pastoral Bíblica de la CEE y amasados por nuestros amigos de
la Casa de la Biblia. A ellos agradecemos su generosa disponibilidad, cualifi-
cado trabajo y atento servicio.
El texto elegido para esta Jornada se corresponde con uno de los versículos
del evangelio propio de ese domingo (Mc 1, 14-20). Juan Bautista ha sido
arrestado en la cárcel de Maqueronte, y Jesús, en los primeros compases de su
vida pública, tras el bautismo y lleno del Espíritu Santo, comienza su misión:
«está cerca el reino de Dios». Reino que consiste en acoger la Buena Noticia,
el Evangelio, de que todos somos hermanos (fraternidad), porque tenemos un
solo Padre (filiación) y tenemos que amarnos más, mejor y de otra manera
(mandamiento nuevo). Al inicio del Tiempo ordinario, nos ponemos a la es-
cucha de la llamada del Señor que, como a los discípulos de la primera hora,
nos sigue haciendo a cada uno de nosotros para implicarnos en la construc-
ción del reino.
Estos materiales aparecen distribuidos en torno a tres partes: un subsidio litúr-
gico para la celebración de la santa misa, unos puntos orientativos y sugeren-
tes para la homilía, y un ejemplo de lectio divina para el ejercicio de la lectura
creyente y orante de la Palabra de Dios.
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Nos unimos al deseo del papa Francisco, quien, al final de su carta apostólica
Aperuit illis, expresa «que el Domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el
Pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura,
como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra “está
muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca para que la cumplas” (Dt 30, 14)».
Juan Luis Martín Barrios
Director del Secretariado
Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado
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Subsidio litúrgico para la celebración de la santa misa
La asamblea se reúne en el atrio de la iglesia.
Monición de entrada
Este III Domingo del Tiempo ordinario, recién finalizadas las fiestas navide-
ñas en las que hemos podido contemplar el misterio de Dios que se ha hecho
carne, celebramos el Domingo de la Palabra de Dios, al tiempo que llegamos
al final del Octavario de oración por la unidad de los cristianos.
En esta Palabra encarnada, en Jesús, el hijo de María y de José, el Mesías
Hijo de Dios, reconocemos la verdadera gloria de nuestro Creador. El Señor
nos convoca a construir fraternidad, empezando por los hermanos cristianos
en sus diversas confesiones. El Señor nos invita a descubrir que somos familia
que parte el Pan y comparte la Palabra.
En la Eucaristía recibimos el Pan de Vida que se nos ofrece «tanto en la Pala-
bra de Dios como en el Cuerpo de Cristo». Que entre todos podamos encon-
trar caminos nuevos por los que caminar juntos y llevemos hasta los confines
de la tierra la Buena Noticia del Reino que Jesús puso en marcha.
En el atrio, el sacerdote saluda al pueblo como de costumbre y se procede a la lectura del
salmo 119 (118), 105-112, intercalando la siguiente respuesta
R./ Ilumíname, Señor, con tu Palabra.
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
R./ Ilumíname, Señor, con tu Palabra.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu ley;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus mandatos.
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R./ Ilumíname, Señor, con tu Palabra.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus decretos,
siempre y cabalmente.
R./ Ilumíname, Señor, con tu Palabra.
Después de la lectura de este salmo, se inicia la procesión de entrada enca-
bezada por la Escritura Sagrada (evangeliario, leccionario o biblia, que porta
el diácono o el sacerdote) acompañada por dos velas, mientras se entona el
canto de entrada.
A su llegada al presbiterio, se deposita el libro en un lugar destacado y pre-
parado previamente, donde puede permanecer durante todo el año. Junto al
libro conviene colocar una vela encendida, resaltando así su presencia en me-
dio de la comunidad.
Desde la sede, el sacerdote continúa con el acto penitencial, que puede ser el
siguiente:
Acto penitencial
— Tú, que eres la Palabra que siempre nos empuja a la conversión, a crecer
y mejorar, a soñar y preparar nuevos odres para tu vino siempre nuevo,
Señor, ten piedad.
— Tú, que eres la Palabra que nos convoca a formar familia, a sentirnos
hijos e hijas amados de Dios, llamados a construir fraternidad con todos,
Cristo, ten piedad.
— Tú, que eres la Palabra que nos impulsa a llevar la Buena Noticia del Rei-
no a todos los rincones de nuestro mundo, Señor, ten piedad.
Liturgia de la Palabra
Conviene dar la mayor solemnidad posible a la proclamación de la Palabra de
Dios en este domingo, con el fin de remarcar su centralidad en la comunidad
e importancia en la liturgia. Puede hacerse mediante el canto del salmo res-
ponsorial, incensando el evangeliario…
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Oración de los fieles
Oremos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo, Buena Noticia para el mundo:
— Por todos los que en la Iglesia tienen el encargo de anunciar la Palabra
de Dios, para que sepan actualizarla con creatividad, la hagan resonar
con fuerza y la compartan con alegría, iluminando la vida de los oyentes,
roguemos al Señor.
— Por nuestra comunidad cristiana, llamada a vivir de la escucha de la Pala-
bra, para que sepamos crear ambientes adecuados en los que se produzca
el diálogo con Dios a través de su Palabra, roguemos al Señor.
— Por todos los que andan desorientados en el camino de la vida y no cono-
cen la Buena Noticia de Jesús, el Señor, para que lleguen a descubrir la luz
que solo la Palabra de Dios puede dar, roguemos al Señor.
— Por nuestra diócesis y nuestra comunidad, para que animemos e ilumine-
mos todos los proyectos pastorales con la luz del Evangelio y, fiados en la
fuerza de la Palabra, hagamos presente el Evangelio en todos los ámbitos
de nuestras vidas, roguemos al Señor.
— Por todos los que cada domingo podemos participar de la mesa en que
se nos parte el Pan y la Palabra de Vida, para que, saciada nuestra sed de
plenitud, seamos testigos de la alegría del Evangelio, roguemos al Señor.
Señor, Dios nuestro, lleguen a tu presencia los deseos de nuestros corazones y
las súplicas de nuestros labios. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Ofrendas
Junto al pan y el vino, se puede llevar como ofrenda una biblia.
Pan y vino
Traemos a tu altar, Señor, este pan y este vino. Ellos son el alimento básico
y cotidiano que nos invita a ir a lo esencial y a hacerlo con alegría. Con ellos
nutres a tu pueblo que se reúne en torno a la mesa de tu casa. Que, conver-
tidos en tu Cuerpo y en tu Sangre, alimenten a todos los que nos sabemos
miembros de tu gran familia.
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Biblia
Cada día, en cada eucaristía, Tú, Señor, nos preparas una mesa, un banquete
de un Pan suculento y un Vino de solera, en el que nunca nos falta tu Palabra.
A través de ella nos alientas, nos corriges, nos invitas a soñar y a compartir.
Ayúdanos a comprender que, sin tu Palabra, estamos condenados a perder
las fuerzas que necesitamos y el rumbo correcto en el camino hacia la Vida.
Sugerencias para el canto
— ‘Palabra que fue luz’ (Procesión de entrada).
— ‘Aleluya’.
— ‘Saber que vendrás’ (Ofertorio).
— ‘Pescador’ (Comunión).
— ‘Alma misionera’ (Final).
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Sugerencias para la homilía
El 30 de septiembre de 2019, en la memoria de san Jerónimo, el papa Fran-
cisco hacía pública una carta apostólica en la que instituía el III Domingo
del Tiempo ordinario como «Domingo de la Palabra de Dios». Es un día
dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Una
excelente ocasión para profundizar en la centralidad de la Palabra de Dios en
la vida y misión de la Iglesia.
El año pasado, otra vez de la mano de san Jerónimo al cumplirse los 1600
años de su muerte en Belén, el papa Francisco subrayaba en una nueva car-
ta apostólica la herencia que nos ha dejado este gran amante de la Biblia:
«Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra
de Dios escrita». Este Domingo de la Palabra de Dios debe animarnos a
sentir el mismo afecto por las Escrituras que tuvo san Jerónimo. Así nos
ponemos a la escucha de la Palabra para encontrarnos con Dios y abrirnos
a su voluntad.
— Este domingo en el que subrayamos la centralidad de la Palabra de Dios
coincide con el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos.
La escucha de la misma Palabra puede ayudarnos a encontrar caminos
que nos acerquen cada día más a la unidad añorada y deseada. Com-
prender que compartimos con el pueblo judío una parte importante de
las Sagradas Escrituras nos debe animar a redescubrir nuestras raíces
comunes.
— En la primera lectura Jonás recibe una llamada de parte de Dios. El pro-
feta ha de proclamar la destrucción de la ciudad de Nínive. Sus habitantes
descubrieron en Jonás y en su proclamación el tiempo oportuno y de
gracia de parte de Dios. Su respuesta fue la conversión, abriéndose así a
la salvación de Dios.
— El salmo responsorial ofrece una pausa meditativa en la que pedimos al
Señor que nos muestre sus caminos, que nos ayude a reconocer su volun-
tad. Elevamos nuestra oración al Dios de la ternura y del amor para que
no recuerde los pecados de sus hijos.
— El tiempo se acaba, dice san Pablo a los cristianos de Corinto. Este kairós,
este tiempo de gracia, nos ayuda a tener una nueva perspectiva respecto
a la vida que llevamos. Es preciso revisar la propia escala de valores y
adecuarla al momento presente.
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— El evangelio de Marcos presenta el inicio de la actividad de Jesús en Gali-
lea tras su bautismo y las tentaciones en el desierto, comienzo que quiere
ser programático:
En la primera parte del pasaje, Jesús anuncia una buena noticia: el Reino ha
irrumpido en la historia. Este mensaje no puede dejar indiferente a quien lo
recibe. La reacción que se espera es la conversión y la fe.
La segunda parte del texto relata la llamada de Jesús a los primeros discípu-
los. Podemos fijarnos en algunos elementos del pasaje:
— Jesús es quien pasa, mira y llama. El seguimiento es siempre una respues-
ta a la iniciativa que parte de Jesús. El discípulo escucha, responde en
obediencia y comienza a seguirlo. Ser discípulo consiste en seguir a Jesús,
estar con él y compartir su estilo de vida.
— Jesús escoge a sus primeros discípulos de entre la gente normal y corrien-
te: pescadores, cobradores de impuestos…, no entre expertos de la ley o
personas especialmente religiosas.
— La llamada de Jesús transforma en profundidad la vida de las personas.
Simón, Andrés, Santiago y Juan pasarán de ser pescadores en el lago de
Galilea a ser pescadores de hombres. Son llamados a rescatar del ámbito
del pecado y de la muerte a todos los hijos de Dios. El proyecto de vida de
los discípulos deja paso al proyecto salvador de Dios.
— Ser discípulo de Jesús implica disponibilidad total, desprendimiento y re-
nuncia. Los cuatro primeros discípulos dejan atrás su modo de ganarse la
vida, sus familias, su tierra… para seguir a Jesús. La aparición del hori-
zonte del Reino exige poner en un segundo plano todo lo demás.
— La invitación de Jesús a seguirlo es imperiosa y urgente. No cabe demo-
rarse. Exige una decisión inmediata, como la de las dos parejas de herma-
nos. Es una llamada irresistible.
— La llamada a los discípulos en este pasaje, como más adelante el envío,
se realiza de dos en dos. La vocación cristiana es siempre una “con-voca-
ción”. Jesús llama para formar una familia con él. La fraternidad que se
experimenta en la comunidad cristiana hace creíble el anuncio del reino
de Dios.
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Lectio divina
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios»
(Mc 1, 14-20)
Introducción
El 30 de septiembre de 2020 se cumplían 1600 años de la muerte de san Je-
rónimo. Con motivo de esta efeméride el papa Francisco escribió la carta
apostólica Scripturae Sacrae affectus, que comienza con unas palabras tomadas
de la liturgia de ese día: «Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y
suave por la Palabra de Dios escrita es la herencia que san Jerónimo ha dejado
a la Iglesia a través de su vida y de sus obras».
Con la celebración del Domingo de la Palabra de Dios el papa desea que en
cada creyente y en toda la Iglesia se haga realidad ese mismo afecto por la
Palabra Divina que tuvo san Jerónimo, el cual, «poniéndose a la escucha,
se encontró a sí mismo en la Sagrada Escritura, como también el Rostro de
Dios y de los hermanos». El proyecto de construir un mundo fraterno, que es
el proyecto de Dios para este mundo, necesita asiduos oyentes de la Palabra.
«Lee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado
se te caiga de las manos». Esta exhortación que san Jerónimo hacía a sus con-
temporáneos, citada por el papa Francisco en su carta apostólica, nos mueve
a volvernos a la Palabra, a leerla con mucha atención, a meditarla en nuestro
corazón y en medio de nuestra comunidad. Por medio de la Palabra, Dios
sigue saliendo a nuestro encuentro para hablar como se hace con un amigo.
En la Palabra contemplamos a Dios y reconocemos su proyecto de salvación
para todos los hombres y mujeres de la Tierra.
Que la lectio divina del evangelio de este domingo nos anime a la lectura orante
de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios, conscientes de lo que
decía san Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
Guía de lectura
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 14-20)
Ambientación
Hemos celebrado la Navidad recordando la encarnación de nuestro Salva-
dor. El pasaje que leemos hoy, del inicio del evangelio según san Marcos, nos
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acerca a Jesús en los primeros pasos de su vida pública. Juan Bautista ha sido
arrestado y el Señor, tras el bautismo y lleno del Espíritu Santo, comienza su
misión: «Está cerca el reino de Dios».
Para descubrir la identidad profunda del Señor tenemos que seguirlo como
discípulos, tal y como lo hicieron las dos primeras parejas de hermanos: Si-
món y Andrés, Santiago y Juan. Al inicio del Tiempo ordinario, nos ponemos
a la escucha de la llamada que el Señor nos sigue haciendo a cada uno de
nosotros para implicarnos en la construcción del Reino.
Miramos nuestra vida
Las primeras palabras de Jesús en el evangelio de Marcos se refieren al cumpli-
miento de las promesas de Dios, de su proyecto de salvación. El Reino está en-
trando en su etapa definitiva. Es una buena noticia que exige nuestra atención.
También requiere la implicación personal respondiendo a la llamada de Jesús.
— ¿Cuáles crees que son los proyectos que promueve nuestra sociedad para
los que formamos parte de ella? ¿Qué intereses hay detrás de esos proyec-
tos? ¿De qué medios dispone la sociedad para divulgarlos?
— En los ambientes en los que te mueves cada día, ¿escuchas hablar del Reino
de Dios? ¿Cómo te imaginas el proyecto de Dios, el proyecto del Reino?
— ¿Te consideras invitado a colaborar en él? ¿Desde cuándo?
Escuchamos la Palabra de Dios
Desde el momento en el que Jesús comienza su ministerio público siempre
aparece acompañado por aquellos a los que ha llamado. La proclamación del
reino de Dios requiere de colaboradores y, por eso, Jesús los busca, los elige y
los llama. Se crea así una pequeña comunidad, un germen de la Iglesia, como
algo inseparable del anuncio del Reino.
— Hacemos un momento de silencio para prepararnos a la escucha de la
Palabra de Dios.
— Proclamamos el Evangelio: Mc 1, 14-20.
— Reflexionamos en silencio. Para ello nos puede ayudar releer atentamente
el texto fijándonos en diversos detalles, en los personajes, en lo que dicen,
en lo que hacen…
— Tratamos de responder a las siguientes preguntas:
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• En este episodio, ¿qué hace Jesús, qué ve, qué dice? ¿Dónde tienen
lugar los acontecimientos?
• ¿Qué les encarga Jesús a estas dos parejas de hermanos? ¿Qué les
promete?
• ¿Cuál es la reacción de estos cuatro primeros discípulos?
• ¿Qué cambios se producen en sus vidas a partir de este momento?
Volvemos sobre nuestra vida
La llamada de Jesús a los primeros discípulos no es solo un hecho del pasado.
Igualmente, el proyecto del Reino no es tarea ya concluida. El Señor sigue
pasando a nuestro lado e invitándonos a convertirnos, a acoger con alegría el
plan de Dios y a seguirlo en la hermosa tarea de construir el Reino. Mirando
a aquellos que se embarcaron en esta aventura con Jesús y fijándonos en su
respuesta, nosotros nos preguntamos:
— En medio de las circunstancias en las que hoy vivimos, ¿cómo podéis tú
y tu comunidad colaborar en el proyecto de Dios? ¿Es necesario para ello
convertirte, cambiar algunas cosas en tu vida? ¿Cuáles?
— ¿Qué significa hoy para ti ser discípulo de Jesús? ¿Cómo puedes ser
“pescador de hombres”?
Oramos
Como recoge el evangelista Marcos en otro pasaje, Jesús llama a sus discípu-
los para que estén con él y para enviarlos a anunciar el Reino. Estar con Jesús
es mirarlo, escucharlo, aprender de sus gestos, imitar sus actitudes. La oración
es una forma de permanecer en él, de recordar sus palabras. En la oración, los
cristianos reconocemos actualizada la invitación del Señor a ser sus discípu-
los. En ella aprendemos lo que significa ser pescadores de hombres en cada
momento de nuestra vida.
Traemos a un momento de oración todo lo que hemos descubierto juntos en
la escucha de la Palabra de Dios.
— Escuchamos de nuevo Mc 1, 14-20.
— Dejamos un momento de silencio para que cada uno haga suya esta
Palabra y terminamos compartiendo con los demás miembros del grupo
nuestra oración.
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— Podemos acabar la reunión cantando juntos «Tú has venido a la orilla»,
«Pescador» o «Anunciaremos tu Reino».
— Terminamos rezando juntos el padrenuestro. ¡Venga tu Reino, Señor!
Explicación del pasaje
— El evangelista Marcos, después de la introducción en la que presenta a
Juan el Bautista y tras el relato del bautismo y las tentaciones, sitúa a
Jesús en un nuevo escenario. Desde Judea se marcha a Galilea, la tierra
en la que se ha criado.
En el evangelio de hoy podemos distinguir fácilmente dos momentos. El pri-
mero es un breve sumario de la actividad de Jesús. El segundo relata la voca-
ción de los cuatro primeros discípulos.
— Jesús comienza a proclamar públicamente su mensaje: «Se ha cumplido
el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evange-
lio». Estas son las primeras palabras que el evangelista pone en boca de
Jesús. Se ha cumplido el tiempo previsto y anunciado por los profetas.
El proyecto de Dios ha llegado a su madurez e irrumpe en medio de este
mundo con Jesús de Nazaret. La llegada del Reino requiere dos actitudes.
En primer lugar, exige conversión. La novedad que aparece en escena con
Jesús es tal que, si no se escucha con una mente renovada y con un corazón
nuevo, es difícil acogerla y descubrirla. Y, en segundo lugar, la llegada del Rei-
no pide confianza en Dios y en su proyecto. Es preciso acoger con fe a Jesús
y su Evangelio.
— La tarea que Jesús inicia en Galilea no va a llevarla adelante él solo. Lo
primero que hace es llamar a cuatro discípulos, dos parejas de hermanos.
Así, pasando junto al lago, ve a dos hermanos, Simón y Andrés, que están
pescando y los anima a que le sigan diciéndoles además que los va a convertir
en pescadores de hombres. Algo parecido sucede a continuación con otra pa-
reja de hermanos, Santiago y Juan, que están reparando las redes junto a su
padre Zebedeo. Los cuatro responden del mismo modo: dejan algo atrás —los
dos primeros dejan las redes, los otros dos a su padre— y se van tras Jesús.
Es importante caer en la cuenta de que la presentación que hace el evangelista
de esta escena no persigue describir en detalle cómo se desarrolló el encuentro
entre Jesús y los cuatro primeros discípulos. Sin duda sorprende que esas dos
parejas de hermanos dejen sus trabajos y la seguridad de su familia por la lla-
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mada de un desconocido que pasa por primera vez a su lado. Más allá de unas
determinadas circunstancias concretas, lo que el evangelista Marcos quiere
presentar con esta escena son los rasgos esenciales del discipulado cristiano.
Así pues, hemos de fijarnos en algunos de los rasgos importantes del discipu-
lado según el evangelio de Marcos que se vislumbran en este pasaje:
— La iniciativa es de Jesús. El seguimiento es la respuesta a una llamada del
Maestro.
— Las palabras de Jesús contienen, además de la llamada al seguimiento,
una promesa que anticipa la misión: «Os haré pescadores de hombres».
No se trata solo de una correlación entre el oficio actual de Simón y una
nueva encomienda. En el entorno simbólico de la Escritura, el mar es el
ámbito de la muerte, del pecado, del demonio, de cuanto acecha al ser
humano para arruinar su vida. Ser pescadores de hombres significa, pues,
rescatar a todo ser humano que sufre la opresión de la muerte, del pecado,
del hambre, de la marginación, etc.
— La respuesta de esos pescadores es inmediata. No hay ningún tipo de
aclaración de Jesús o negociación con él.
— Los que se disponen a seguir a Jesús dejan atrás elementos fundamentales
en sus vidas relativos a su trabajo y a su familia. Ser discípulo de Jesús
conlleva la renuncia de aquello que puede dificultar el seguimiento y la
nueva tarea.
Marcos pone en relación estos dos momentos al comienzo del evangelio —
anuncio del Reino y seguimiento—, indicando así que para conocer en pro-
fundidad a Jesús y la Buena Noticia que él anunció es preciso seguir su cami-
no como discípulos.
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