DEL OBJETO A PERDER, AL OBJETO A INVESTIR
Felisa Lambersky de Widder•
n medio del barroquismo sintomático que estalla en los tiempos de la
adolescencia, ese ser sufriente, tal como la etimología de la palabra lo
denuncia1, ese ser sufriente -decía- deambula por la vida transitando su
historia, descubriendo enigmas, entretejido con un entorno particular que
se configura entre el sueño, el ensueño y la realidad; entre lo conocido y lo
imprevisto, entre la provocación y el repliegue, entre lo nuevo y lo resignado.
También es el terapeuta, como podemos apreciar en el material de Lílian,
quien -junto con él- deambula por esa historia, para juntos, reconstruirla.
El texto de Melina me evoca un fragmento de una canción de Serrat que
dice: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
¿Hay un remedio para esta joven, para atemperar su dolor? Ella toma anal-
gésicos de Mónica (sustituto materno). El tomar pastillas implica un tipo de
identificación al modo oral con el objeto perdido por regresión a la relación
objetal de la fase oral. Esta forma de identificación está presente en la me-
lancolía. Ella nos da a ver su padecer, de manera dramática, en el amplio
sentido del término.
Es tan rica la clínica en la adolescencia que estuve tentada de tomar diversas
cuestiones, pero me centraré en dos o tres puntos como una forma de abrir
caminos hacia el debate sobre la problemática de Melina en su singularidad
y de la adolescencia en general, ensayando algunas ideas que puedan
contribuir a enriquecer nuestros saberes, tratando de articular los conceptos
teóricos con el material clínico.
• Médica psicoanalista especialista en niños y adolescentes. Miembro titular de la
Asociación Psicoanalítica Argentina. Docente de la Carrera de Especialización en
Psicoanálisis con Niños de UCES (en convenio con APBA).
1 En latín, el verbo doleo, emparentado probablemente con el griego deleo (herir, dañar)
significaría “doler, sentir dolor”. La palabra adolescentia, en latín, proviene del verbo
“adolesco”, que deriva de ad y oleo y su incoativo olesco. Este verbo expresa la idea de “el
crepitar de los fuegos sagrados; los que llevan y transmiten el fuego; el crecer, desarrollarse,
desenvolverse la razón, el ardor”. La deriva etimológica se ha dado históricamente a través
del verbo castellano “adolecer” que ha venido a significar: carecer, faltar algo; derivando
de dolesco (afligir, dolerse, caer enfermo). (N. de R.).
CUESTIONES DE INFANCIA 121
El proceso de duelo
El devenir del proceso adolescente requiere ineludiblemente del trabajo de
duelo, cuestión que ya Lílian nos plantea con claridad y profundidad.
A causa de este trabajo psíquico de duelar, el adolescente se va desasiendo
de sus propias imágenes y va desapegándose de los objetos, de la identidad
y los roles y del cuerpo de la infancia (Aberastury, A.).
En un bellísimo artículo, datado en 1914, Freud describe el talante melancólico
de un poeta joven, quien deslumbrado por la hermosura de la naturaleza,
apelaba al juicio de desvalorización de lo bello, en tanto efímero.
En los tratamientos con pacientes adolescentes, más de una vez sus discursos
me evocaron estas ideas freudianas ya que es común en ellos el predominio
de estados melancólicos, afectos ligados al duelo por aquello que sienten
perdido, o por angustia ante el sentimiento de finitud, dejando también
traslucir, tras el velo de tal desvalorización, una exigencia de eternidad de
momentos placenteros de la vida, sustituyendo el valor de la realidad, por
escenas fantaseadas de la vida desiderativa.
Tanto este afecto de duelo, cuanto la rebeldía ante los hechos que irremedia-
blemente acaecen, son estados anímicos frecuentes en los adolescentes.
Es en este tránsito vital, momento fundamental de plasmación de la conflicti-
va edípica, con toda su energía pulsional, el momento en que el adolescente
inicia el recorrido por un angustioso sendero: el desasimiento de la autori-
dad parental, cuestión que Freud plantea en “Tres Ensayos” y en “La Novela
Familiar...”, como la operación más dolorosa y más necesaria del desarrollo
y que contemporáneo con las fantasías claramente incestuosas se consuma
uno de los logros psíquicos más importantes en el territorio de lo anímico. Es
más, dirá: el progreso de la sociedad descansa en esta confrontación. Desli-
gamiento de los objetos, principal responsable de los sentimientos de pesar.
El enigma que impone una reflexión se refiere a la causa por la cual este pro-
ceso es tan doloroso, aun cuando ante las pérdidas propias del proceso, hay
otros objetos allí aguardando. En Melina, quien la aguarda es el sentimiento
de vacío y soledad.
Estos estados, ¿podemos decir que se asemejan a la melancolía del adulto, o
ellos tienen un sesgo original, ciertas especificidades los diferencian?
122 CUESTIONES DE INFANCIA
Estos movimientos anímicos implican un proceso de desligazón de la libido
especialmente para con el objeto, libido que -una vez liberada- quedará
disponible para diversos destinos.
Si el proceso adolescente se inicia con la desinvestidura de los objetos
de amor primarios, habrá una fase de incremento del narcisismo y del
autoerotismo hasta llegar al reencuentro con el objeto heterosexual.
Estos procesos dan cuenta de la frenética búsqueda de todo recurso para
taponar el vacío, para defenderse del caos interno vía “actuaciones”, en la
incesante indagación de nuevas experiencias, con la acuciante necesidad de
estímulos sensoriales y de acción.
La tendencia a la acción y el movimiento son caminos de huida del someti-
miento a los padres. Evita la angustia de castración y reafirma el control de
la realidad.
En Melina se encuentra dificultado el trabajo de duelo debido a la ambiva-
lencia afectiva amor-odio, por lo cual su tendencia a la actuación cobra un
matiz sintomático.
En ella prevalecen el odio y el resentimiento, e intensos celos del vínculo
del padre con Mónica y con el hermano, afectos que la impulsan a un
enfrentamiento encarnizado con los adultos. Con el resurgimiento, además,
de la tentación incestuosa y parricida que le otorgan a esta dinámica un
carácter dramático, pues, en virtud de las nuevas capacidades producto del
desarrollo físico, le confieren a estas fantasías la condición de amenaza de
consumación (incesto-parricidio).
Tal vez, la hostilidad, es decir, la potencia del investimento agresivo de lo
perdido, o de lo efímero, por el solo hecho de la angustia ante la finitud,
fuera la condición que culmina en el juicio de desvalorización de lo bello.
Esta devastadora intensidad de la pulsión agresiva, este tsunami psíquico
que se despliega con furia, puede tener como desenlace diversos grados de
desorganización yoica (como ocurre con Melina) a causa de la fragilidad
narcisística corolario de fallas originales del narcisismo primario.
La introducción del objeto resignado en el yo, responsable de los ataques del
superyó al yo, es el suceso clínico principal en la melancolía, proceso por el
cual la libido, en lugar de ser liberada, queda aprisionada.
CUESTIONES DE INFANCIA 123
El sujeto puede llegar entonces a atentar contra su vida, como ocurre con la
paciente. Pasaje al acto destinado al padre. Sello distintivo del estado melan-
cólico cuyo origen data, de acuerdo al relato, de la primera mudanza, primer
desarraigo, aunque ella tienda a idealizarlo. Pero la vivencia de desamparo
está desde los orígenes.
Permanentes y repetidas secuencias de momentos de ilusión y de frustra-
ción, de encuentros y expulsión, de dolor y de furia, han rodeado su mundo
adolescente.
¿Podrá Melina prestar a un objeto amado (reencontrado) su capacidad de
amar, alejado del fantasma del amor objetal parental? ¿O será su destino
alienarse, sometida, vía identificación, a la historia de su madre, presa del
narcisismo parental, identificada con el narcisismo insatisfecho de los pa-
dres, que a ella no le concierne, aunque de dicha historia queda cautiva?
¿O de la historia de la tía paterna? A partir de cuya revelación del secreto
Melina estructura una fobia. “Un hombre me va a matar” tiene que ver con la
fantasía “Pegan a un niño”. Es el contenido manifiesto de sus fantasías. Tiene
miedo a lo instintivo. Hay un peligro pulsional interno incontrolable y desbor-
dante, sustituido por un peligro percibido desde el exterior, proyectado.
Es en este punto donde ella como sujeto queda sujetada en términos de ob-
jeto, prisionera de la prehistoria de su historia personal.
En cuanto a la actuación, ¿cuándo esta es propia del proceso adolescente o
en qué circunstancias se presenta como una expresión sintomática, dando
cuenta de una forma de compulsión repetitiva tanática que, en lugar de re-
cordar, repite lo no sabido, lo imposible de ser pensado?
¿Por qué la adolescencia es el escenario privilegiado para la actuación?
El desborde pulsional propio de la edad, este exceso de estímulos avasa-
llantes para el psiquismo, implicaría un déficit representacional relativo ya
que el empuje pulsional urge y faltan experiencias para relacionar dichas
exigencias y tramitar la excitación.
A todo ello se añade en Melina su historia, su trágica y hasta siniestra historia
donde aquello que se repite es que cada vez lo familiar se le torna descono-
cido, otorgando a las vivencias esa tonalidad que surge del sentimiento de
“lo siniestro”.
124 CUESTIONES DE INFANCIA
Pensando el acting o pasaje al acto
¿Existe acting fuera de la transferencia? ¿Será el acting una reacción a la
experiencia de pérdida de objeto que no puede ser elaborada? Hay en
Melina una exacerbación de la angustia ante el abandono.
Tanto el acting como el pasaje al acto son recursos frente a la angustia.
El acting sería una dramatización donde el comediante exhibe en una puesta
en escena teatral la palabra que, al no ser proferida, es dada a ver para que
-a partir de una escucha- retorne como palabra. Búsqueda de representación
a partir del encuentro con el otro. Hay lucha, rebelión, esperanza.
Para E. Rudinesco designa el modo en que un sujeto pasa al acto inconscien-
temente, fuera o dentro del marco de la cura, es un contenido mental que
demanda que el sujeto sea reconocido como tal. Aun en el desafío, se puede
descubrir una convocatoria. Cuando fracasan los actings en su dimensión
convocante, el sujeto se precipita a una acción extrema que supone un quie-
bre de lo simbólico.
En el pasaje al acto hay ausencia en una escena. Angustia vivenciada como
no salida, y la salida es la muerte, la extinción del deseo. Es evidente la
desesperanza, la entrega, la renuncia. Ella se ausenta porque la realidad del
maltrato familiar la ubica en un lugar de deshecho.
La contratransferencia de la analista nos guía en la comprensión de esta
trágica problemática adolescente.
Vayamos a otras especificidades del texto de Melina.
El padre es petrolero, el petróleo es el oro negro y ella se autodefine como
la oveja negra. El padre también sería la oveja negra por su infidelidad; con
mujeres que representan de manera directa a la madre, una de sus amigas y la
mucama; y ella se considera destinataria de la infidelidad del padre. Se puede
entender desde este lugar su identificación con el padre en términos de ser
para tenerlo. Estudiar ingeniería denota los procesos identificatorios que va
cobrando, sin embargo, en el curso del desarrollo del análisis, otros destinos.
Cuando el padre consulta a los 15 años o a los 17, tenemos que pensar si el
intento de suicidio fue a los 14. El padre se justifica ante la terapeuta, pues
tiene temor de ser expulsado por ella.
CUESTIONES DE INFANCIA 125
Creo que el padre, tras esa fachada omnipotente y soberbia, expresión de sus
rasgos psicopáticos, tal vez fuerte empresario, oculta su ambivalencia y su
sentimiento de impotencia, humillación y vergüenza ante su fracaso con su
hija Se siente herido en su narcisismo.
Creo que Melina, a raíz de sus fantasías incestuosas, inconscientes y de la
entrega que la madre hace de ella al padre, le cuesta desplegar su feminidad,
siente dolor por no poder sentirse mujer. Quizá sea peligroso ser una joven
y tenga que presentarse como una vieja, como “la vieja”.
La terapeuta es elegida como ideal de una madre constante que está siempre
ahí, que no se muda, y la prefiere ya que no puede elegir a la madre.
La terapeuta se mantiene viva aun ante las amenazas del padre, único objeto
constante en su vida. Se ve cómo Melina idealiza lo perdido, y denigra lo
nuevo, a lo cual se resigna.
Es interesante la “ropa vieja”.
Esta niña trae a mi memoria la joven homosexual, desde el tratamiento por
encargo (los padres le piden a Freud que vuelva a su hija a la normalidad)
hasta el intento de suicidio y el embarazo materno de cuyo destino nada
sabemos, estas coincidencias dan cuenta de cómo las viejas patologías
adquieren nuevos ropajes para realizar de manera incesante la acuciante
búsqueda de un padre. La madre de la joven también gustaba de ser cortejada
por los hombres.
Ella también intenta suicidarse y este acto la dejó mejor posicionada ante
los padres.
La joven, como Melina, había desarrollado mucha hostilidad hacia sus padres,
y el intento fue un cumplimiento de castigo por la hostilidad y un cumplimien-
to de deseo (tener un hijo del padre). Luego se desliza hacia una fobia, notoria
expresión de la falla de la función paterna. Sin embargo, es muy bueno el
proceso ya que ella accede a mostrar un síntoma de carácter simbólico.
Unas palabras acerca del analista de adolescentes.
Encontramos en Lílian una analista atenta en su escucha, pronta para servirle
a Melina, para que ella haga uso, al decir de Winnicott, de su función de
continencia, ante el intenso sufrimiento.
126 CUESTIONES DE INFANCIA
También puede confrontarla con la realidad, para hacerle tomar conciencia
de su desmentida, escisiones, identificaciones y sobre todo escuchando y
hablando de su dolor.
Contratransferencialmente, en un permanente proceso de elaboración de
la ambivalencia hacia los padres, en especial del padre, y sosteniendo su
posición de analista con un intenso trabajo de reflexión.
Lílian no ha muerto en el intento. Se ha erigido en el objeto investido.
Primera versión: 13/10/07
Aprobado: 30/03/08
Resumen
Este trabajo es un comentario acerca del tratamiento psicoanalítico llevado
a cabo con una paciente adolescente. El mismo permite pensar, a modo de
articulación teórico-práctica, el modo singular de procesamiento de algunos
mecanismos y sentimientos propios de la adolescencia, como el trabajo de
desinvestimiento de los objetos primarios.
Se reflexiona acerca del trabajo del duelo y los estados melancólicos ante
aquello sentido como perdido y la angustia ante el sentimiento de finitud,
la tendencia a la acción sintomática y el pasaje al acto en este caso clínico,
cuando el fracaso del acting y el quiebre de lo simbólico hace que el sujeto
se precipite en una acción extrema.
A partir de este material es posible inferir el lugar que ocupa la transferencia
con el analista en el tratamiento.
Palabras clave: adolescencia; duelo, sentimiento de transitoriedad.
Summary
This work is a commentary on the carried out psychoanalytic treatment
with an adolescent patient. This work allows thinking as a joint theoretical-
practice the singular way of processing of some mechanisms and feelings of
the adolescence, like the work of getting rid of the primary objects.
It is reflected about the work of the duel and the melancholic states before
that one sensed as lost and the anguish before the feeling of finitude, the
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tendency to the symptomatic action and the passage to the act in this clinical
case, when the failure of acting and the break of the symbolic thing causes
the subject to hurry into an extreme action.
From this material it is possible to infer the place it occupies the transference
with the analyst in the treatment.
Key words: adolescence; duel; feeling of finitude.
Résumé
Ce travail est un commentaire sur le traitement psychanalytique menée avec
une patiente adolescente. Celui-ci permet de penser, à la manière d’une
articulation téorico-pratique, la manière singulière de traitement de quelques
mécanismes et sentiments propres à l’adolescence, comme le travail de
desinvestissement des objets primaires.
On réfléchit sur le travail du deuil et les états mélancoliques devant ce qui
est ressenti comme perdu à cause de l’angoisse devant le sentiment du fini
et la tendance à l’action symptomatique et le passage à l’action dans ce cas
clinique, lorsque l’échec de l’acting et la rupture du symbolique fait que le
sujet se précipite dans une action extrême.
A partir de ces manifestations, il est possible d’inférer la place qui occupe le
transfert avec l’analyste dans le procès analytique.
Mots clés: adolescence; deuil; sentiment de transitorieté.
Felisa Lambersky de Widder
José Hernández 2461 P.B. 3
(1426) Ciudad de Buenos Aires
Tel.: 4785-3310. Telefax: 4784-1621
widder@[Link]
128 CUESTIONES DE INFANCIA
EL ANALISIS EN LA ADOLESCENCIA.
COMENTARIOS SOBRE EL CASO MELINA
Gabriel Donzino•
ace unos meses, al leer un recomendable libro acerca de la adolescen-
cia, escrito por varios analistas argentinos (Rother de Hornstein, María
Cristina; comp., 2006), reparé en el detalle de que cada capítulo, de
distinta autoría y temática, iniciaba el texto explicando y ubicando las co-
ordenadas teóricas desde donde cada autor pensaba la adolescencia. Me
llamó la atención ya que esto no se presenta de igual modo en los textos
referidos a la niñez.
Me pregunté entonces: ¿Será que esta “necesaria introducción” se debe a que
la clínica con adolescentes necesita que se la defina y circunscriba (más que
a la de niños), debido a los sinuosos bordes de la adolescencia misma?; o bien
que ¿se hace necesario recordar los conflictos, movimientos y trabajos psíqui-
cos típicos de esta etapa evolutiva para diferenciarla de los procesos mórbi-
dos, es decir, para no hacer de la adolescencia un sinónimo de patología?...
Hoy, nos encontramos con que en este recorte de material clínico, su autora,
la analista de la joven, inicia su relato también con una introducción donde
ubica, a su entender, lo que la adolescencia tiene de “particular”.
Para comentar la clínica específica del caso de esta joven, recortaré algunos
párrafos del material e intentaré articularlos con algunas consideraciones
teóricas.
El trabajo específico de la adolescencia y sus antecedentes
(“Hay que escribir otra historia, rearmarla, y ello depende de las preconcep-
ciones con que se salió de la infancia”)
Son diversos los autores que han subrayado que la adolescencia es un pe-
ríodo de cambio y transformación en pro de una búsqueda de identidad. Ya
sea metamorfosis en Freud, crisis subjetiva para Dolto; proceso y desarrollo
dentro de un síndrome normal para Knobel; transición para Peter Blos, due-
los según Arminda Aberastury, los modos de conceptualizarlo son variados,
• Psicólogo psicoanalista. Coordinador del Comité Científico de la Revista Cuestiones de
Infancia. Profesor de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños UCES (en
convenio con APBA).
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