INSTITUTO BIBLICO BETEL CENTRAL DE LAS ASAMBLEAS DE
DIOS
MATERIA. PROFETAS MENORES
ALUMNO. SAUL EDUARDO FLORES
MAESTRO. HNO. JOEL GARCIA
TEMA. LOS 4 IMPERIOS
MINISTERIAL II SECCION DIURNO
ASIRIOS
Asiria fue un país que ocupó la parte norte del actual Irak (la tierra
entre los ríos Tigris y Éufrates
Los asirios eran, en su mayoría, un pueblo semítico (grupo al que
asimismo pertenecían los israelitas); su idioma era muy similar
al babilónico. También usaban el sistema de escritura cuneiforme,
hecha con signos en forma de cuña, que representaban sonidos o
sílabas y se imprimían en tabletas de barro con una especie de
punzón (llamado posteriormente "estilo").
Las autoridades antiguas difieren grandemente con referencia al
ascenso, al progreso, la extensión y la duración de este imperio. Pero
su historia comienza con los sumos sacerdotes de Asur. Al principio
era una provincia de Babilonia hasta el tiempo de Hammurabi (1728-
[[1688 a. n. e.), y no se ha determinado exactamente cuándo se
independizó. La primera capital fue Asur, en la ribera derecha
del río Tigris, a 100 km al sur de Nínive, su capital posterior.
Como todas las demás naciones antiguas y guerreras su territorio fue
diferente en los distintos períodos de su historia. Pero hablando en
términos generales, de los tres grandes países era el que estaba más
al norte, y ocupaba el llano de Mesopotamia.
Estaba limitado al norte por las montañas Nifates (de Armenia); al
oriente por Babilonia; al sur por el país de Media (donde vivían
los medos); y al oeste por la vertiente del río Éufrates.
Se extendía unos 450 km de norte a sur y 260 km de este a oeste.
En el año 722 a. n. e., los asirios capturaron el reino del norte de Israel
y este dejó de existir. Las listas reales muestran que los asirios ya
estaban en su tierra por el año 2300 a. n. e. y la evidencia
arqueológica señala que Nínive fue fundada cerca del 4000 a. n. e.
La memoria del reino asirio perduró en la tradición occidental antes de
las primeras excavaciones en los sitios de Asiria a través de varias
fuentes antiguas.4 El primer documento que se refiere al Imperio asirio
es la Biblia, que proporcionaba información sobre la historia de las
relaciones entre los reinos de Israel y de Judá con Asiria, así como
referencias a Nínive donde el profeta Jonás habría sido exiliado. De
esas referencias surgió una visión negativa de Asiria, percibida como
una potencia brutal y opresiva. Los escritores griegos clásicos también
evocaron el reino asirio, como Heródoto, Jenofonte, Ctesias y Diodoro
de Sicilia.
Alrededor del 1100 a. n. e., Asiria se había convertido en una potencia
del cercano Oriente.
En el 745 a. n. e., el rey Tiglat-piléser III ascendió al trono de Asiria.
Invadió Israel y forzó al rey Menahem a renovar el pago del tributo.
[1]
Años más tarde, el rey asirio volvió a invadir Israel, capturando
tierras y ciudades, y deportó a muchas personas. (Para evitar
problemas posteriores, los asirios solían mandar al exilio a
los conquistados y los establecían en otro país).
Los asirios entran en la historia bíblica en la época de los últimos
reyes de Israel (siglo VIII a. n. e.), en la época en que Isaías (el
profeta) se estaba dando a conocer en el reino de Judá. Desde
el 840 a. n. e., Asiria había considerado a Israel como estado vasallo.
En el obelisco de piedra negra que documenta las victorias del
rey Salmanasar III, se muestra al rey Jehú de Israel rindiendo tributo.[2]
Siguió un tiempo de decadencia. Pero cerca del 900 a. n. e. hubo una
serie de reyes vigorosos, los que empezaron a establecer el poderoso
Imperio asirio.
El reino de Judá se había tomado en vasallo asirio al pedir protección
contra el ataque de Israel y Siria Así, cuando el rey Ezequías buscó la
independencia de Judá, su acción llevó al ejército asirio hasta Judá. El
rey asirio sitió y capturó Laquis y envió un gran ejército
contra Jerusalén.
Ezequías, por consejo del profeta Isaías, no se rindió, y los asirios
tuvieron que retroceder.[5]
Judá permaneció leal a Asiria hasta que el imperio fue derrotado por
los babilonios, quienes capturaron Nínive, la capital asiria, en el
año 612 a
Asiria tenía un gobierno despótico, compuesto de muchos reinos
unidos solamente por ciertas obligaciones como pagar tributo y
respeto a la autoridad suprema.
Con el imperio vino también la riqueza. Las historias narradas en
la Biblia y en otros documentos, más las escenas de batallas que
decoraban las paredes de los palacios asirios, dan la impresión de que
se trataba de un cruel pueblo guerrero. Pero la vida asiria no se
limitaba a la guerra.
Los reyes construyeron grandes palacios y templos en las ciudades
más importantes (Nínive, Asur y Cala). Las paredes estaban
revestidas con planchas de piedra talladas en bajorrelieve.
EGIPTO
Egipto, ahora conocido oficialmente como República Árabe de Egipto,
llegó a ser la mayor potencia política y militar de su época en varias
ocasiones. Los muchos y grandiosos monumentos que ahí se
conservan dan cuenta de su antiguo poder y gloria. La Biblia, por su
parte, relata algunos episodios de la historia de Egipto en el Éxodo,
que nos muestran cómo Dios liberó milagrosamente a su pueblo de la
que entonces era la nación más poderosa de la tierra.
Pero la historia de Egipto en la Biblia comienza desde mucho antes,
con la historia de Noé. Cuando las aguas del diluvio finalmente
cedieron, los tres hijos del patriarca (Sem, Cam y Jafet) comenzaron a
repoblar la tierra. Cam tuvo cuatro hijos y el segundo de ellos fue
Mizraim (Génesis 10:6), quien eventualmente se convirtió en padre y
fundador del reino post-diluviano de Egipto. De hecho, en el Antiguo
Testamento, “Egipto” es la traducción de la palabra hebrea Mizraim.
Este reino también se conocía como “Tierra de Cam” pues, según la
tradición, Cam siguió a sus hijos a Egipto. La palabra “Egipto” proviene
del antiguo nombre griego Aigyptos.
En realidad, la historia de Génesis y Éxodo es la historia de Egipto.
Cualquiera que esté familiarizado con la Biblia debe conocerla muy
bien. Por otro lado, muchas personas ignoran que Dios no terminó la
historia de su actuar con los egipcios hace tres milenios atrás. La
Biblia aun tiene profecías importantes de lo que sucederá con Egipto y
lo que Egipto hará en los tiempos previos a la segunda venida de
Cristo.
Poco antes de la destrucción de Israel y Judá (700-600 a.C.), la
división sur del reino de Judá buscó refugio en Egipto al sentirse
amenazado por el poderoso Imperio asirio. Es por esto que Dios
inspiró a los profetas Isaías y Ezequiel para advertir al pueblo que no
pusiera su confianza en Egipto, sino en su Señor, quien había librado
a sus padres de ese pueblo en el pasado.
No mucho después, Egipto fue conquistado por los asirios (Isaías
20:3-4) y luego por los babilonios. Dios estaba cumpliendo lo que dijo
a través del profeta Ezequiel: “esparciré a Egipto entre las naciones, y
lo dispersaré por las tierras” (Ezequiel 29:12). Así, el reino de Egipto
permaneció deshabitado y disperso durante 40 años. Pero, después
de todo ese tiempo en que estuvo bajo el poder de Babilonia, Dios
cumplió otra de sus promesas: “volveré a traer los cautivos de Egipto,
y los llevaré... a la tierra de su origen Egipto” (Ezequiel 29:13-14). Aun
así, muchos egipcios permanecieron en la dispersión Ezequiel 30:23,
26.
Luego de este período de castigo, Egipto se convertiría en
“un reino despreciable. En comparación con los otros reinos será
humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los
disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones”
(Ezequiel 29:14-15). Esta ha sido la situación de Egipto desde el siglo
VI a.C. hasta el siglo XX, ocupado por fuerzas extranjeras durante la
mayor parte de su historia.
Jeremías y Esdras revelan que el faraón Sisaq invadió Judá, diciendo
específicamente que lo hizo “en el año quinto del rey de Judá,
Rehoboam”, es decir, el 993 antes de nuestra era (1 Reyes 14:25-28;
2 Crónicas 12:1-12). Durante mucho tiempo, solo hubo constancia de
aquella invasión en las páginas de la Biblia. Pero luego se descubrió
un relieve en la pared de un templo egipcio en Karnak (la antigua
Tebas).
BABILONIA
Ciudad importante de Mesopotamia una de las civilizaciones de la
antigüedad situada entre los ríos Eufrates y Tigris. La ciudad se
convirtió en una de las maravillas del Mundo Antiguo. El rey no era
considerado un ser divino como el faraón, era sólo un intermediario
entre la gente y los dioses y vivía rodeado de sus colaboradores, los
nobles, que lo asistían en sus tareas.
La población estaba dividida entre hombres libres y esclavos. Los
esclavos podían dejar de serlo: si lograban juntar algunos bienes,
podían comprar su libertad. Los hombres libres, a su vez, se
subdividían en otras dos categorías: los privilegiados (sacerdotes,
funcionarios) y los muskhenum (comerciantes, campesinos,
artesanos), que representaban al sector productivo libre. La base de la
economía era la agricultura. El rey se encargaba de construir y
mantener los canales de riego para aumentar la extensión de la zona
fértil.
El Río Eufrates corría a lo largo del muro occidental de Babilonia.
Cuando Babilonia sirvió de capital al vasto imperio de los tiempos
de Nabopolasar y Nabucodonosor, necesitó ser agrandada. Se
construyó una nueva sección sobre la margen occidental del Eufrates.
Se conoce su extensión, pero se han realizado pocas excavaciones en
esa zona.
Aunque la antigua Babilonia no tenía el tamaño fantástico que le
atribuyera Herodoto, la ciudad era enorme para un tiempo cuando las
ciudades eran muy pequeñas de acuerdo con los conceptos que hoy
tenemos. Su perímetro de unos 17 km. es superior al perímetro de 12
km. de Nínive, capital del imperio de Asiria; al de los muros de
la Roma imperial, de 10 km. de perímetro; y al de los 6 km. de los
muros de Atenas en el tiempo del apogeo de esa ciudad . Es
comprensible por qué Nabucodonosor sintió que tenía derecho a
jactarse de haber construido "la gran Babilonia... con la fuerza de mi
poder, y para gloria de mi majestad."
Los babilonios estaban orgullosos de su ciudad, cuando decían:
"Babilonia es el origen y centro de todas las tierras". Son numerosas
las características que hablan de su grandeza (palacio, templos,
murallas, canalización del Río Eufrates).
PERSA
El Imperio persa se originó tras la migración de una comunidad de
pastores y agricultores que provenía del sur de Rusia y se asentó en la
meseta del actual Irán, al este de Mesopotamia, una región poco fértil,
pero cuyas montañas albergaban ricos minerales como el hierro, la
plata y el cobre.
Esto sucedió en el año 2000 a. C. Sin embargo, solo en el siglo VIII de
esa misma era puede hablarse de una unificación. El grupo social
predominante era el de los medos, que mantenía el control sobre los
persas y los iranios.
Ciro el Grande fue la primera gran figura del Imperio persa, que llegó a
dominar buena parte de lo que ahora denominamos Oriente
Próximo: desde la India hasta Egipto, y desde el golfo Pérsico hasta el
mar Caspio.
Ciro el Grande, que provenía del pueblo de los persas, encabezó una
rebelión que puso fin al dominio de los medos y, a la vez, dio impulso
a la expansión del país, que por aquel entonces ya reclamaba nuevos
recursos para su supervivencia.
Lanzado a la búsqueda de mercados, Ciro conquistó el reino vecino
de Lidia y algunas ciudades griegas del Asia Menor. Luego hizo lo
propio con Babilonia, Mesopotamia, Fenicia y Palestina.
Pese a la tenacidad y la resistencia de los soldados persas, el ejército
de Ciro adquirió fama por respetar las tradiciones culturales y
religiosas de los pueblos conquistados. Una buena prueba de ello fue
cuando, tras apoderarse de Babilonia, permitió que los judíos que allí
residían volvieran a Jerusalén.
sta actitud tolerante hacia otros pueblos se mantuvo tras la muerte de
Ciro, que tuvo lugar en el año 529 a. C. Tanto es así, que llegó a ser
una seña de identidad que los siguientes emperadores, por ejemplo
Cambises y Darío I, inculcaban tanto a los soldados del ejército como
a los propios habitantes del imperio.
Para los persas, los otros pueblos eran enemigos hasta que eran
derrotados y caían bajo su dominio
El principio del final de los persas no solo se escenificó con la derrota
en las Guerras Médicas, en las que fueron incapaces de hacer frente
al ejército de Grecia, pese a tener más combatientes. También
hubo factores sociales y culturales que dinamitaron la esencia de la
unificación del imperio.
Después de Artajerjes I y Darío II, los últimos grandes emperadores
persas, la política central y periférica se degradó paulatinamente. Eran
constantes las intrigas y las conspiraciones entre familias en su lucha
por el poder. Las provincias, ya de por sí diversas, perdieron poco a
poco el vínculo que las unía.
En el año 330 a. C, Alejandro Magno encuentra un conjunto de
regiones desarticuladas y caóticas que no tarda en conquistar. Su
tránsito hacia oriente es el punto final de un imperio en el que
valores como la tolerancia y el respeto por las otras
culturas desempeñaron un papel decisivo para el buen gobierno.