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Arianne George R R Martin

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Adelanto

de Vientos de invierno.

Arianne Martell, heredera de Dorne, acaba de atracar en las Tierras de la


Tormenta. Su padre le ha encomendado una misión, y parte en busca de lord
Connington y el príncipe Aegon para llevarla a buen puerto. Acompañada por
Elia Arena, Daemon Arena y otros leales dornienses, se mueve con sigilo e
ingenio, pero, cuando se vea al frente de la misión, deberá elegir entre
adoptar la prudencia de su padre o seguir los pasos de su tío Oberyn.

En este capítulo que George R. R. Martin nos adelanta de Vientos de invierno,


se trazan nuevas pinceladas del mapa siempre cambiante de Poniente y
vemos fraguarse el escenario de los pactos y batallas venideros.
George R. R. Martin

Arianne

Canción de hielo y fuego - 5.5

ePub r1.2

Titivillus 19.11.2019
Título original: Arianne

George R. R. Martin, 2016

Traducción: Cristina Macía

Ilustración de cubierta: Enrique Jiménez Corominas

Editor digital: Titivillus

ePub base r2.1


ARIANNE

La costa sur del cabo de la Ira estaba bordeada de atalayas de piedra que
amenazaban ruina, erigidas en tiempos antiguos para alertar de si llegaban
por mar saqueadores dornienses. En torno a ellas habían surgido aldeas,
algunas de las cuales habían medrado hasta convertirse en villas.

El Peregrino tomó puerto en Villallorosa, lugar en el que antaño reposara tres


días el cadáver del Joven Dragón durante su traslado de vuelta a casa desde
Dorne. Los estandartes que colgaban de las robustas murallas de madera
lucían el venado y el león del rey Tommen, así que allí aún seguían los
dictados del Trono de Hierro.

—Ojo con lo que decís —les advirtió Arianne a sus compañeros cuando
bajaron del navío—. Mejor que en Desembarco del Rey no se enteren de que
hemos estado aquí.

Si fracasaba la rebelión de lord Connington, no les convendría que se supiera


que Dorne la había enviado a tratar con él y con el pretendiente. Su padre le
había inculcado aquella lección a machamartillo: elige bando con cuidado, y
solo si puede ganar.

No tardaron en dar con un vendedor de caballos, pero les pidió cinco veces
más de lo que habría pedido el año anterior.

—Son viejos, pero fuertes —les aseguró el mozo de cuadra—. No los hay
mejores a este lado de Bastión de Tormentas. Los hombres del grifo se
quedan con todos los caballos y las mulas que encuentran, y hasta con los
bueyes, y si les pides dinero a cambio, los hay que te entregan un papel con
su marca, pero otros te rajan sin más y te pagan con un manojo de tus tripas.
Si os cruzáis con ellos, tened cuidado con lo que decís y dadles los caballos.

La villa era de buen tamaño: tenía tres posadas y las salas comunes eran
hervideros de rumores. Arianne repartió a sus hombres entre las tres para
averiguar qué se cocía. En el Escudo Roto, Daemon Arena se enteró de que
unos saqueadores llegados por mar habían asaltado y quemado el gran
septrio de La Huesa y se habían llevado como esclavas a un centenar de
novicias de la casa de madres de Isla Doncella. En el Loco, Joss Hood supo
que cincuenta hombres y mozos de Villallorosa, entre ellos el joven ser
Addam, hijo y heredero del anciano lord Whitehead, habían partido al norte
para unir fuerzas con Jon Connington en el Nido del Grifo. Pero fue en el
Dorniense Borracho, nombre que le iba como anillo al dedo, donde Plumas
oyó que el grifo había matado al hermano de Ronnet el Rojo y había forzado a
su hermana. Al parecer, Ronnet se dirigía al sur a toda prisa para vengar la
muerte del hermano y la deshonra de la hermana.

Aquella misma noche, Arianne despachó el primer cuervo a Dorne para darle
noticias a su padre. El grupo partió hacia Bosqueumbrío al alba, cuando los
primeros rayos de sol se abrían camino entre los tejados puntiagudos y los
callejones tortuosos de Villallorosa. A media mañana empezó a lloviznar,
mientras atravesaban una zona de prados verdes y aldeas diminutas, siempre
en dirección norte. Aún no había indicios de batalla, pero todos los viajeros
que encontraban en el camino surcado de rodadas iban en sentido contrario, y
las mujeres de las aldeas los miraban con recelo y retenían a los niños
pegados a las faldas. Más al norte, los prados dejaron paso a colinas y a
arboledas espesas de bosques centenarios. El camino se redujo a un sendero
y las aldeas se espaciaron más y más.

Cuando llegó el crepúsculo alcanzaron las lindes de La Selva, una tierra verde
y húmeda donde ríos y arroyos discurrían por bosques sombreados y el suelo
era un lecho de barro y hojas putrefactas. En las orillas crecían los sauces
más grandes que Arianne había visto jamás, de troncos nudosos y retorcidos
como rostros de ancianos, festonados con barbas de musgo plateado. Los
árboles crecían tan juntos que ocultaban el sol. Había cicuta y cedros rojos,
robles blancos, pinos soldado altos y rectos como torres, centinelas colosales,
arces de hoja grande, secuoyas, larvarios y hasta algún arciano silvestre aquí
y allá. Bajo el entramado de ramas crecían flores y helechos en profusión:
helechos de espada, helechos hembra, campanillas y pimenteros rizados,
onagras y besos venenosos, hepática, pulmonaria, antoceros… De las raíces y
los troncos brotaban setas y hongos que se extendían como manos pálidas y
moteadas para recoger la lluvia. Había árboles envueltos en musgo gris,
verde y de tallo rojo, e incluso violeta intenso, como vieron en una ocasión. No
había piedra que no estuviera cubierta de líquenes, y los leños podridos eran
hervideros de setas venenosas. Hasta el aire parecía verduzco.

En cierta ocasión, Arianne había oído discutir a su padre y al maestre


Caleotte con un septón sobre por qué había tanta diferencia entre las costas
norte y sur del mar de Dorne. El septón creía que se debía a Durran
Pesardedioses, el primer rey de la Tormenta, que había raptado a la hija del
dios del mar y de la diosa del viento y se había granjeado así su enemistad
eterna. El príncipe Doran y el maestre lo atribuían más bien al viento y al
agua, pues las grandes tormentas que se fraguaban en el mar del Verano
recogían la humedad de camino al norte y la descargaban en el cabo de la Ira.
Arianne recordaba que su padre había comentado que, curiosamente, las
tormentas nunca estallaban en Dorne.

—No tiene nada de extraño —fue la respuesta del septón—. Ningún dorniense
raptó a la hija de dos dioses.

La marcha era mucho más lenta allí que en Dorne, porque, en lugar de
cabalgar por caminos buenos, tenían que recorrer desfiladeros escarpados y
serpenteantes, atravesar grietas que separaban rocas inmensas cubiertas de
musgo y bajar por quebradas abruptas plagadas de zarzales. En ocasiones, el
sendero desaparecía del todo, ahogado por las ciénagas o devorado por los
helechos, y Arianne y sus compañeros tenían que abrirse paso entre árboles
mudos. La lluvia no dejaba de caer, menuda y monótona. Estaban envueltos
en el rumor de la humedad que goteaba de las hojas, y a cada media legua
oían la llamada musical de alguna cascada pequeña.
También había cuevas, y muchas. La primera noche se refugiaron en una para
protegerse de la lluvia. En Dorne viajaban a menudo hasta pasado el
crepúsculo, cuando la luz de la luna refulgía en las arenas barridas por el
viento; La Selva era una sucesión de ciénagas, quebradas y dolinas. Bajo los
árboles, todo era negro como el hollín, y la luna, apenas un recuerdo.

Plumas encendió una hoguera y cocinó con setas y cebollas silvestres un par
de liebres que había cazado ser Garibald. Después de cenar, Elia Arena se
hizo una antorcha con una rama y musgo seco y se fue a explorar el interior
de la cueva.

—No te alejes mucho —dijo Arianne—. Hay cuevas muy grandes y puedes
perderte.

La princesa perdió una partida de sitrang con Daemon Arena y le ganó otra a
Joss Hood, y se retiró cuando los dos se pusieron a enseñarle el juego a Jayne
Ladybright. Estaba cansada de aquello.

«Nym y Tyene ya deben de haber llegado a Desembarco —pensó mientras se


sentaba con las piernas cruzadas en la entrada de la cueva para contemplar la
lluvia—. O estarán a punto».

Habían ido con trescientos lanceros veteranos por el Sendahuesos, las ruinas
de Refugio Estival y el camino Real. Lady Nym se habría encargado de que
fracasara la trampa de los Lannister del bosque Real, si es que la habían
llegado a tender. Los asesinos no darían con su presa. El príncipe Trystane se
había quedado a salvo en Lanza del Sol después de que la princesa Myrcella
partiera con lágrimas en los ojos.

«Un hermano a salvo —pensó Arianne—. Pero ¿dónde está Quentyn, si no es


con el grifo? —¿Se habría casado con la reina dragón? El rey Quentyn. Qué
mal sonaba. La tal Daenerys era por lo menos seis años menor que Arianne;
¿qué pintaba con el aburrido de su hermano, siempre metido entre libros? A
las doncellas les gustan los caballeros galantes de sonrisa aviesa, no los
chicos solemnes que siempre cumplen con su obligación—. Pero querrá
contar con Dorne. Si espera sentarse en el Trono de Hierro, necesita el
soporte de Lanza del Sol. —Si Quentyn era el precio, la reina dragón lo
pagaría. Pero ¿y si estaba en el Nido del Grifo con Connington y la historia del
nuevo Targaryen era una treta? O tal vez estuviera con ella su hermano—. El
rey Quentyn. ¿Tendré que arrodillarme ante él? —No iba a sacar nada en
claro por muchas vueltas que le diera. Quentyn podía ser rey o podía no serlo
—. Solo espero que Daenerys lo trate mejor de lo que trató a su hermano».

Era hora de dormir. Al día siguiente tenían muchas leguas por delante. Pero,
cuando ya iba a acostarse, se dio cuenta de que Elia Arena aún no había
regresado.

«Si le pasa algo, sus hermanas me matarán de siete maneras diferentes».

Jayne Ladybright le aseguró que la muchacha no había salido de la cueva, así


que seguía vagando por la oscuridad. La llamaron a gritos y, al no obtener
respuesta, no les quedó más remedio que fabricar antorchas e ir a buscarla.

La cueva era mucho más profunda de lo que parecía. Más allá de la entrada
rocosa, donde habían montado el campamento y tenían maneados los
caballos, varios túneles tortuosos con bocas negras y serpenteantes a los
lados se adentraban en la tierra. Más adelante, las paredes se abrían de
nuevo, y llegaron de repente a una vasta caverna de piedra caliza, más
grande que el salón principal de un castillo. Sus gritos alborotaron un nido de
murciélagos, que revolotearon ruidosos a su alrededor, pero no recibieron
más respuesta que los ecos lejanos. Recorrieron la caverna muy despacio y
descubrieron otros tres pasadizos, uno tan pequeño que solo se podía entrar
en él a gatas.

—Probemos primero los otros —resolvió la princesa—. Daemon, tú conmigo.


Garibald y Joss, por ese.

El túnel de Arianne se tornó húmedo y empinado a unos cuarenta pasos. El


suelo era resbaladizo y tuvo que agarrarse para no caer. Más de una vez
pensó en dar media vuelta, pero veía la antorcha de ser Daemon delante y lo
oía llamar a Elia, así que siguió avanzando. Y, de pronto, llegaron a otra
caverna, cinco veces más grande que la anterior, en medio de un bosque de
columnas de piedra. Daemon Arena volvió a su lado y alzó la antorcha.

—Mira, han esculpido la piedra. En las columnas, y allí, en aquella pared. ¿Lo
ves?

—Son caras —dijo Arianne. «Muchos ojos, ojos tristes, que me miran».

—Esto era de los hijos del bosque.

—Hace mil años. —Arianne giró la cabeza—. Escucha. ¿Es Joss?

Era Joss. Los otros dos habían dado con Elia, como descubrieron al volver a la
caverna anterior por el túnel inclinado y resbaloso. El otro conducía a una
laguna negra de aguas tranquilas, y allí habían encontrado a la muchacha,
metida hasta la cintura en el agua y concentrada en atrapar peces blancos y
ciegos con las manos, mientras la antorcha ardía roja y humeante en la arena
donde la había clavado.

—Podrías haber muerto —le reprochó Arianne al saberlo. La agarró del brazo
y la zarandeó—. Si se te hubiera apagado la antorcha, te habrías quedado sola
y a ciegas. ¿Es que no piensas?

—He cogido dos peces —replicó Elia Arena.

—¡Podrías haber muerto! —repitió Arianne. Las palabras resonaron contra las
paredes de la cueva. «… muerto… muerto… muerto…».

Más tarde, de vuelta en la entrada de la cueva y controlada la ira, la princesa


se llevó aparte a la muchacha y se sentó con ella.
—Esto no puede seguir así, Elia. Ya no estamos en Dorne. Ya no estás con tus
hermanas, y esto no es ningún juego. Prométeme que te harás pasar por
criada hasta que estemos de vuelta en Lanza del Sol. Que vas a mostrarte
humilde, sumisa y obediente, y que vas a cerrar la boca. No vuelvas a hablar
de lady Lanza ni de justas, y no menciones a tu padre ni a tus hermanas, que
voy a tratar con mercenarios. Hoy están al servicio de ese Jon Connington,
pero mañana bien podrían contratarlos los Lannister. Para comprar la
voluntad de un mercenario solo hace falta oro, y eso sobra en Roca Casterly.
Si alguien que no debe se entera de quién eres en realidad, te capturarán
para pedir rescate…

—Es por ti por quien pedirían rescate —la interrumpió Elia—. Tú eres la
heredera de Dorne; yo solo soy una bastarda. Tu padre pagaría un cofre de
oro por ti; el mío está muerto.

—Está muerto, sí, pero nadie lo olvida —replicó Arianne, que toda su vida
había deseado ser hija del príncipe Oberyn—. Eres una Serpiente de Arena, y
el príncipe Doran pagaría lo que hiciera falta para mantenerte a salvo, igual
que a tus hermanas. —Con eso consiguió que la muchacha sonriera—. ¿Lo
juras? ¿Me das tu palabra? ¿O tengo que mandarte de vuelta a casa?

—Lo juro —repuso Elia de mala gana.

—Por los huesos de tu padre.

—Por los huesos de mi padre.

«No romperá ese juramento», quiso creer Arianne. Le dio un beso en la


mejilla a su prima y la mandó a dormir. Tal vez saliera algo bueno de la
escapada.

—No sabía lo rebelde que era —se quejó más tarde a Daemon Arena—. ¿Por
qué me habrá cargado con ella mi padre?

—¿Por venganza? —sugirió el caballero con una sonrisa.

Llegaron a Bosqueumbrío la tarde de la tercera jornada. Ser Daemon envió a


Joss Hood de avanzada para averiguar quién defendía el castillo.

—Hay veinte hombres o más en las murallas —informó a su regreso—.


Muchos carros y carromatos, que entran cargados y salen vacíos. Y hay
guardias en todas las entradas.

—¿Y los estandartes? —inquirió Arianne.

—Dorados. En el puesto de guardia y en el torreón principal.

—¿Con qué blasón?

—No lo he visto. No había viento y los estandartes no ondeaban.


Era de lo más frustrante. Los estandartes de la Compañía Dorada eran de hilo
de oro, sin armas ni adorno alguno… Y los de la casa Baratheon también eran
dorados, pero con el venado coronado de Bastión de Tormentas. Era
imposible saber de quién eran aquellos.

—¿No has visto más? ¿Ninguno gris plata?

—Todos los que he visto eran dorados, princesa.

Arianne asintió. Bosqueumbrío era el asentamiento de la casa Mertyns, cuyas


armas eran un búho real, en plata sobre acero. Si el castillo no lo lucía,
probablemente fueran ciertos los rumores de que había caído en manos de
Jon Connington y los mercenarios.

—Tendremos que correr el riesgo —le dijo al grupo. Reconocía que la cautela
de su padre había sido lo mejor para Dorne, pero el momento requería la
osadía de su tío—. Vamos al castillo.

—¿Desplegamos vuestro estandarte? —preguntó Joss Hood.

—Aún no.

Había lugares donde ser princesa reportaba ventajas; en otros, no.

A un cuarto de legua de las puertas del castillo, tres hombres salieron de


entre los árboles y les cerraron el paso. Vestían coletos de cuero claveteados
y yelmos cónicos, y dos portaban ballestas con la cuerda tensada y asegurada
a la nuez. El tercero iba armado tan solo con una sonrisa malévola.

—¿Adónde van los señoritos? —preguntó.

—A Bosqueumbrío, a ver a tu señor —respondió Daemon Arena.

—Buena respuesta —dijo el de la sonrisa—. Venid con nosotros.

Los nuevos señores de Bosqueumbrío, dos mercenarios que se hacían llamar


John Mudd el Joven y Cadenas, decían ser caballeros, pero Arianne nunca
había visto caballeros que se comportaran como ellos. Mudd vestía ropa
marrón de la cabeza a los pies, con prendas del mismo tono que su piel, y
exhibía sendas monedas de oro colgadas de las orejas. Sabía que los Mudd
reinaron en el Tridente mil años atrás, pero aquel tipo no tenía nada de regio
ni era precisamente joven. Por lo visto, su padre había servido en la Compañía
Dorada antes que él y lo llamaban John Mudd el Viejo.

Cadenas le sacaba dos cabezas y lucía, cruzadas en el pecho, de la cintura a


los hombros, un par de cadenas oxidadas. Mudd llevaba espada y puñal, pero
Cadenas no tenía más arma que siete palmos de eslabones el doble de
gruesos y pesados que los que le cruzaban el pecho. Los sujetaba como si
fueran un látigo.

Eran hombres duros, bastos, brutales e incultos, con un rostro curtido y


plagado de cicatrices que revelaba una larga historia en las compañías libres.

—Son sargentos —susurró ser Daemon nada más verlos—. He conocido a


muchos.

Arianne les dijo su nombre y les confió sus intenciones, y resultaron de lo más
hospitalarios.

—Pasad la noche aquí —ofreció Mudd—. Hay camas para todos, y por la
mañana os daremos caballos frescos y las provisiones que queráis. El maestre
de la señora puede mandar un pájaro al Nido del Grifo para decirles que
estáis en camino.

—¿Decirles? ¿A quién? —preguntó Arianne—. ¿A lord Connington?

Los mercenarios se miraron.

—En el Nido del Grifo está el Mediomaestre —dijo John Mudd.

—El grifo se ha ido —aclaró Cadenas.

—¿Adónde? —preguntó ser Daemon.

—No es menester nuestro decirlo —respondió Mudd—. Cierra el pico,


Cadenas.

—Es dorniense —bufó Cadenas—. ¿Qué tiene de malo que lo sepa? Ha venido
a apoyarnos, ¿no?

«Eso está por ver», pensó Arianne Martell, pero no le pareció oportuno
puntualizarlo.

Al anochecer les sirvieron una cena opípara en la parte alta de la Torre de los
Búhos, en las habitaciones privadas de lady Mertyns, la viuda del castillo, en
compañía de esta y de su maestre. La anciana estaba prisionera, pero seguía
animada y hasta alegre.

—Lord Renly convocó a sus vasallos, y mis hijos y nietos acudieron —explicó a
la princesa y a su grupo—. No he vuelto a verlos desde entonces, pero me
mandan un cuervo de cuando en cuando. Uno de mis nietos sufrió heridas en
el Aguasnegras, pero ya está bien. Espero que vuelvan cuanto antes y
ahorquen a esta panda de ladrones. —Señaló a Mudd y a Cadenas con un
muslo de pato.

—No somos ladrones, señora, somos forrajeadores —protestó Mudd.

—Esa comida que hay en el patio, ¿la habéis comprado?

—La hemos forrajeado. Los campesinos pueden cultivar más. Estamos al


servicio de vuestro legítimo rey, abuela. —Por lo visto, se lo pasaba en grande
—. Y a ver si nos habláis con más cortesía, que somos caballeros.
—Si vosotros dos sois caballeros, yo todavía soy doncella —bufó lady Mertyns
—. Y hablo como me place. ¿Qué me vais a hacer? ¿Matarme? Ya he vivido
demasiado.

—¿Os han tratado bien, mi señora? —inquirió la princesa Arianne.

—¿Que si me han violado, queréis saber? No. Pero las criadas no han tenido
tanta suerte. Casadas, solteras… Estos no distinguen.

—Aquí nadie ha violado a nadie —protestó John Mudd el Joven—. Connington


no lo toleraría, y nosotros obedecemos órdenes.

—Aunque igual a algunas chicas las convencimos, eso sí —añadió Cadenas.

—Igual que habéis convencido a los campesinos para que os entreguen la


cosecha. Melones, doncellas, tanto da: cogéis lo que queréis. —Lady Mertyns
se volvió hacia Arianne—. Cuando veáis al tal lord Connington, decidle que
conocí a su madre… y que se avergonzaría de él.

«Pues puede que se lo diga».

Aquella noche, la princesa envió el segundo cuervo a su padre.

De vuelta a sus aposentos creyó oír risas ahogadas en el dormitorio contiguo.


Se detuvo a escuchar, abrió la puerta y encontró a Elia Arena en el antepecho
de la ventana, besuqueándose con Plumas. Este se levantó de un salto al ver a
la princesa y empezó a tartamudear. Al menos tenían la ropa puesta. Arianne
clavó una mirada gélida en Plumas.

—Largo de aquí. —Se volvió hacia Elia—. ¿Te has vuelto loca o qué? ¡Si te
dobla la edad! ¡Es un criado que limpia la mierda de los pájaros del maestre!

—Eran unos besos de nada… No me voy a casar con él. —Se cruzó de brazos
con gesto desafiante—. ¿Qué te crees, que es la primera vez que beso a un
chico?

—Plumas es un hombre —«Un criado, pero también un hombre». Era


consciente de que ella le entregó la virginidad a Daemon Arena a la edad de
Elia—, y yo no soy tu madre. Ya besarás a los chicos que quieras cuando
volvamos a Dorne. Pero aquí y ahora… nada de besos, Elia. Humilde, sumisa y
obediente, me lo prometiste. ¿Tengo que añadir «casta»? Me lo juraste por los
huesos de tu padre.

—Lo sé, lo sé —dijo Elia, compungida—. Humilde, sumisa y obediente. Nada


de besos.

El camino más corto entre Bosqueumbrío y el Nido del Grifo pasaba por el
corazón verde y húmedo de La Selva; en el mejor de los casos, era lento, y
Arianne y su grupo empeñaron ocho días en recorrerlo. El viaje hacia el norte
transcurrió con la música perenne de las lluvias torrenciales en las copas de
los árboles, pero apenas se mojaban bajo la bóveda de hojas y ramas. Los
cuatro primeros días los acompañó Cadenas, con diez hombres y una hilera de
carromatos. Lejos de Mudd era más accesible, y Arianne consiguió sonsacarle
la historia de su vida. Se enorgullecía sobre todo de un antepasado que luchó
junto al Dragón Negro en el Prado Hierbarroja y cruzó el mar Angosto con
Aceroamargo. Cadenas nació ya en la compañía, hijo de un mercenario y una
vivandera. Pese a que lo habían criado como ponientí, con la lengua común
como lengua materna, era la primera vez que pisaba los Siete Reinos.

«Una historia triste, y corriente», pensó Arianne. La vida del mercenario


seguía una línea clara: una sucesión de sitios en los que había luchado,
enemigos a los que había matado, heridas que había sufrido… La princesa lo
dejó hablar, y solo de cuando en cuando lo animaba con unas risas, un roce o
una pregunta, lo justo para hacerle pensar que lo escuchaba fascinada. Se
enteró de un montón de detalles que le traían sin cuidado: el talento de Mudd
para los dados, la afición de Dos Espadas por las pelirrojas, el robo del
elefante favorito de Harry Strickland, el compañero Gatete y su gato de la
suerte, y otras alegrías y pesares de los soldados y oficiales de la Compañía
Dorada. Pero el cuarto día, en un descuido, a Cadenas se le escapó algo más.

—… cuando tomemos Bastión de Tormentas…

La princesa fingió no darse cuenta, pero lo registró.

«Bastión de Tormentas. Al grifo no le falta valor. O le falta cerebro».

Bastión de Tormentas, asentamiento de la casa Baratheon desde hacía tres


siglos y, antes, durante milenios, de los antiguos reyes de la Tormenta, era, a
decir de muchos, inexpugnable. Arianne había oído muchas discusiones sobre
cuál era el castillo más fuerte del reino. Unos decían que Roca Casterly; otros,
que el Nido de Águilas, de los Arryn; algunos apuntaban a Invernalia, en el
norte helado… Pero en la lista nunca faltaba Bastión de Tormentas. Decía la
leyenda que lo había erigido Brandon el Constructor para hacer frente a la
furia de un dios vengativo. Tenía la muralla exterior más alta y recia de los
Siete Reinos, de entre veinte y cuarenta varas de grosor. La imponente torre
cilíndrica, que carecía de ventanas, no le llegaba ni a la mitad al Faro de
Antigua en altura, pero tenía las paredes lisas en lugar de escalonadas y eran
tres veces más gruesas. No había torre de asalto que alcanzara las almenas
de Bastión de Tormentas, ni maganel ni trabuquete que pudiera abrir brecha
en aquellos muros gigantescos.

«¿Y Connington pretende asediarla? ¿Cuántos hombres tiene? —Los Lannister


enviarían un ejército para romper el asedio mucho antes de que cayera la
fortaleza—. Es otro callejón sin salida».

Aquella noche le relató a ser Daemon, bastardo de Bondadivina, el comentario


de Cadenas, y él también se quedó perplejo.

—Lo último que sé de Bastión de Tormentas es que seguía en manos de


siervos leales a lord Stannis. Lo lógico sería que Connington se aliara con otro
rebelde en vez de luchar contra él.

—Stannis está demasiado lejos y no podría ayudarlo —dijo Arianne,


meditabunda—. Una cosa es capturar unos cuantos castillos sin importancia
mientras los señores y las guarniciones están peleando muy lejos, pero como
lord Connington y su dragoncito se apoderen de una de las fortalezas más
importantes…

—… el reino se los tendría que tomar en serio, sí —terminó ser Daemon—. Y


muchos enemigos de los Lannister se agruparían bajo su estandarte.

Aquella noche, Arianne le escribió una nota corta a su padre y le pidió a


Plumas que la enviara con el tercer cuervo.

Por lo visto, John Mudd el Joven también estaba mandando cuervos. Al


atardecer del cuarto día, poco después de que Cadenas y sus carromatos se
despidieran de Arianne y del grupo, les salió al encuentro una columna de
mercenarios que había bajado del Nido del Grifo. La encabezaba el ser más
exótico que la princesa había visto jamás, con las uñas pintadas y piedras
preciosas en las orejas.

Lysono Maar hablaba muy bien la lengua común.

—Tengo el honor de ser los ojos y oídos de la Compañía Dorada, princesa.

—Parecéis… —Se detuvo, titubeante.

—¿Una mujer? —Se echó a reír—. Pues no lo soy.

—Un Targaryen —lo corrigió Arianne.

Tenía los ojos color lila claro y el pelo como una cascada de oro blanco, pero
también algo que le daba escalofríos.

«¿Sería así Viserys? —se preguntó sin poder evitarlo—. Pues menos mal que
está muerto».

—Agradezco el cumplido. Se dice que las mujeres de la casa Targaryen no


tienen rival en el mundo entero.

—¿Y los hombres?

—Son aún más guapos, pero la verdad es que solo he visto uno. —Maar le
tomó la mano y le depositó un beso en la muñeca—. Bosqueumbrío nos ha
enviado mensaje de vuestra llegada, hermosa princesa. Será un honor
escoltaros hasta el Nido, aunque me temo que lord Connington y el joven
príncipe acaban de partir.

—¿A la guerra? —«¿Hacia Bastión de Tormentas?».

—Exactamente.

El lyseno no se parecía a Cadenas en nada. «Este no se va a ir de la lengua»,


comprendió Arianne a las pocas horas de viajar en su compañía. Maar era
parlanchín, pero dominaba el arte de hablar mucho sin decir nada. En cuanto
a los jinetes que lo acompañaban, a juzgar por lo que les pudieron sonsacar
sus hombres, tanto habría dado que fueran mudos.

Arianne decidió abordar abiertamente la cuestión. El quinto día después de


partir de Bosqueumbrío acamparon al anochecer junto a las ruinas de un
torreón cubierto de musgo y enredaderas. La princesa se sentó a su lado.

—¿Es verdad que tenéis elefantes?

—Unos cuantos. —Lysono Marr sonrió y se encogió de hombros.

—¿Y dragones? ¿Cuántos dragones?

—Uno.

—O sea, el chico.

—El príncipe Aegon es un hombre hecho y derecho, princesa.

—¿Vuela? ¿Echa fuego por la boca? —El lyseno se echó a reír, pero sus ojos
lila siguieron fríos—. ¿Sabéis jugar al sitrang , mi señor? Mi padre me ha
enseñado, aunque no se me da muy bien, la verdad. Pero lo que sí sé es que el
dragón es más fuerte que el elefante.

—La Compañía Dorada la fundó un dragón.

—Aceroamargo era medio dragón, y bastardo entero. No soy maestre, pero sé


historia. Seguís siendo mercenarios.

—Como queráis, princesa —replicó, todo cortesía—. Nosotros preferimos


considerarnos una hermandad libre de exiliados.

—Estupendo. Comparados con el resto de las hermandades libres, la vuestra


destaca, desde luego, pero cada vez que la Compañía Dorada ha venido a
Poniente ha sido derrotada. Perdieron bajo el mando de Aceroamargo,
perdieron con los pretendientes Fuegoscuro y perdieron cuando los comandó
Maelys el Monstruoso.

Por lo visto, aquello le hizo mucha gracia.

—Reconoceréis al menos que somos tenaces. Y algunas de las batallas que


mencionáis casi las ganamos.

—Pero otras no. Y los que casi vivieron están tan muertos como los que
murieron en derrotas aplastantes. Mi padre, el príncipe Doran, que es muy
sabio, solo va a la guerra si puede ganarla. Si los vientos de la guerra soplan
contra el dragón, a la Compañía Dorada le faltará tiempo para refugiarse al
otro lado del mar Angosto, como ha hecho otras veces. Y como hizo el propio
lord Connington cuando Robert lo derrotó en la batalla de las Campanas.
Dorne no tiene dónde refugiarse. ¿Por qué deberíamos prestar nuestras
lanzas y espadas a una causa tan incierta?

—El príncipe Aegon es de vuestra misma sangre, princesa. Es hijo de Rhaegar


Targaryen y Elia de Dorne, la hermana de vuestro padre.

—También compartimos sangre con Daenerys Targaryen, hija del rey Aerys,
hermana de Rhaegar. Y dicen que tiene dragones. —«Fuego y sangre»—.
¿Dónde está?

—A medio mundo, en la bahía de los Esclavos —dijo Lysono Maar—. En


cuanto a los dragones, yo no los he visto. En el sitrang , el dragón es más
fuerte que el elefante, sí. En el campo de batalla, prefiero lanzar contra mis
enemigos elefantes de verdad que dragones hechos de aire y palabras.

La princesa se quedó en silencio, pensativa. Aquella noche envió el cuarto


cuervo a su padre.

Por fin, una mañana gris y de llovizna fría, el Nido del Grifo apareció ante
ellos en medio de un mar de niebla. Lysono Maar alzó una mano, el sonido de
una trompeta retumbó entre los riscos y las puertas del castillo se abrieron
ante ellos. La princesa advirtió que la bandera empapada que ondeaba en el
puesto de guardia era blanca y roja, los colores de la casa Connington, pero
también se veían por doquier los estandartes dorados de la compañía.
Cabalgaron en columna de a dos por el cerro que llamaban el Gaznate del
Grifo mientras las aguas de la bahía de los Naufragios rompían a ambos lados
contra las rocas.

Una docena de oficiales de la Compañía Dorada se había reunido en el castillo


para dar la bienvenida a la princesa de Dorne. Se fueron arrodillando uno tras
otro para besarle la mano a medida que Lysono Maar los presentaba, pero
Arianne olvidó casi todos los nombres nada más oírlos.

El más importante era de mayor edad, tenía un rostro flaco y arrugado, bien
afeitado, y llevaba el pelo largo recogido en un moño. «Este no pelea», juzgó
Arianne. El lyseno confirmó las sospechas cuando se lo presentó: era Haldon
Mediomaestre.

—Hemos dispuesto dormitorios para vuestro grupo, princesa —dijo Haldon


tras las presentaciones—. Espero que resulten de vuestro agrado. Sé que
venís a ver a lord Connington, y él también desea hablar con vos. Con
urgencia. Mañana por la mañana, un barco os llevará hasta él.

—¿Adónde? —quiso saber Arianne.

—¿No os lo han dicho? —Haldon Mediomaestre le dedicó una sonrisa dura


como una puñalada, con los labios apretados—. Tenemos Bastión de
Tormentas. La mano os espera allí.

Daemon Arena se adelantó y se puso al lado de Arianne.

—La bahía de los Naufragios es peligrosa hasta en un buen día de verano. Es


más seguro viajar por tierra.

—Con estas lluvias, los caminos son lodazales. La princesa tardaría dos días
en llegar, puede que tres —replicó Haldon Mediomaestre—. En barco no le
llevará ni media jornada. Además, un ejército de Desembarco del Rey se
dirige a Bastión de Tormentas. Será mejor que estéis dentro antes de que
empiece la batalla.

«¿Seguro?».

—¿La batalla o el asedio? —Bajo ningún concepto pensaba quedarse atrapada


en Bastión de Tormentas.

—La batalla —aseguró Haldon—. El príncipe Aegon quiere aplastar a sus


enemigos en combate.

Arianne y Daemon Arena se miraron.

—Acompañadnos a nuestras habitaciones, por favor. Me gustaría asearme y


mudarme.

—De inmediato —respondió Haldon, haciendo una reverencia.

El grupo de Arianne se alojó en la torre oriental, cuyas ventanas ojivales


daban a la bahía de los Naufragios.

—Al menos ya sabemos que tu hermano no está en Bastión de Tormentas —


comentó ser Daemon en cuanto se quedaron a solas—. No sé si Daenerys
Targaryen tiene dragones, pero están a medio mundo; no le sirven de nada a
Dorne. Y no se nos ha perdido nada en Bastión de Tormentas. Si el príncipe
Doran hubiera querido enviarte a luchar, te habría dado trescientos
caballeros, y no tres.

«No estés tan seguro; mandó a mi hermano a la bahía de los Esclavos con
cinco caballeros y un maestre».

—Tengo que hablar con Connington. —Arianne separó el sol y la lanza que
formaban el broche de su capa empapada y la dejó caer—. Además, quiero ver
al príncipe dragón. Si de verdad es hijo de Elia…

—Me da igual de quién sea hijo. Si Connington se enfrenta en campo abierto a


Mace Tyrell, dentro de nada será un prisionero. O un cadáver.

—Tyrell no es tan temible. El tío Oberyn…

—… está muerto, princesa. Y diez mil hombres son como toda la Compañía
Dorada.

—Pero seguro que lord Connington conoce sus fuerzas. Si está dispuesto a
entrar en batalla es porque cree que puede ganar.
—¿Sabes cuántos hombres han muerto en batallas que creían que podían
ganar? —replicó—. Diles que no, princesa. No me fío de estos mercenarios.
No vayas a Bastión de Tormentas.

«¿Y crees que podré elegir? —Había tenido la incómoda sensación de que
Haldon Mediomaestre y Lysono Maar la meterían en el barco a la mañana
siguiente tanto si quería como si no—. Mejor no ponerlos a prueba».

—Daemon, tú fuiste escudero de mi tío Oberyn. Si se tratara de él, ¿también


le aconsejarías que se negara? —No lo dejó responder—: No digas nada, que
ya lo sé. Y si lo que vas a decirme es que yo no soy la Víbora Roja, eso
también lo sé. Pero Oberyn está muerto y el príncipe Doran es frágil y viejo, y
la heredera de Dorne soy yo.

—Por eso mismo no deberías exponerte. —Daemon Arena hincó la rodilla en


el suelo—. Envíame en tu lugar a Bastión de Tormentas. Así, si fracasan los
planes del grifo y Mace Tyrell recupera el castillo, no seré más que otro
caballero sin tierras que juró lealtad a un usurpador para conseguir gloria y
riquezas.

«Mientras que, si me atrapan a mí, el Trono de Hierro me usará como prueba


de que Dorne ha conspirado con los mercenarios y les ha prestado ayuda en la
invasión».

—Eres valiente, y sé que quieres protegerme. Y te lo agradezco. —Le cogió las


manos para que se levantara—. Pero mi padre me ha confiado esta misión a
mí, no a ti. Mañana por la mañana embarcaré e iré a ver al dragón a su
guarida.
GEORGE R. R. MARTIN. Nació en 1948 en Bayonne (Nueva Jersey, EE UU), y
en la actualidad reside en Santa Fe (Nuevo México, EE UU). Hijo de un
estibador, su anhelo por conocer los destinos exóticos de los navíos que veía
zarpar de Nueva York fue uno de los motivos que lo impulsaron a escribir
fantasía y ciencia ficción.

Licenciado en periodismo en 1970, en 1977 publicó su primera novela,


Muerte de la Luz , obra de culto dentro del género y cumbre de la ciencia
ficción romántica. Desde 1979 se dedica exclusivamente a la escritura, y de
su pluma han surgido títulos como Una canción para Lya y Sueño del Fevre ,
donde su prosa sugerente y poética aborda temas tan poco habituales en el
género como la amistad, la lealtad, el amor y la traición, desde una
perspectiva despojada de manierismos pero cargada de sensibilidad. Como
antologista cabe destacar su trabajo a cargo de «Wild Cards», antología de
mundos compartidos con temática de superhéroes, de gran prestigio.

A partir de 1986 escribe guiones y colabora en series televisivas como En los


límites de la realidad y La bella y la bestia , además de realizar tareas de
producción en diversos telefilmes. En 1996 empieza a publicar la serie de
fantasía épica Canción de Hielo y Fuego , éxito de ventas en todo el mundo y
auténtico revulsivo del género fantástico.

CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO:

1996.—A Game of Thrones


—Juego de tronos, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficcón núm. 14, 2002; col.
Éxitos núm. 1, 2006; col. Bolsillo núm. 1 (dos tomos), 2007; col. Omnium núm.
1, 2012; col. Digital núm. 1, 2014

—id., Barcelona, Ed. Círculo de Lectores, 2006

—id., México D. F., Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2011

—id., Buenos Aires, Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2011

—id., Nueva York, Ed. Vintage Español, 2012

1998.—A Clash of Kings

—Choque de reyes, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficcón núm. 21, 2003; col.
Éxitos núm. 2, 2006; col. Bolsillo núm. 5 (dos tomos), 2008; col. Omnium núm.
2, 2013; col. Digital núm. 2, 2014

—id., Barcelona, Ed. Círculo de Lectores, 2006

—id., México D. F., Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Buenos Aires, Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Nueva York, Ed. Vintage Español, 2012

2000.—A Storm of Swords

—Tormenta de espadas (dos tomos), Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficcón


núm. 32, 2005; col. Éxitos núm. 3, 2006; col. Bolsillo núm. 7 (tres tomos),
2009; col. Omnium núm. 3, 2014; col. Digital núm. 3, 2014

—id., Barcelona, Ed. Círculo de Lectores, 2006

—id., México D. F., Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Buenos Aires, Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Nueva York, Ed. Vintage Español, 2012

2005.—A Feast for Crows

—Festín de cuervos, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficcón núm. 42, 2007; col.
Éxitos núm. 4, 2008; col. Bolsillo núm. 8 (dos tomos), 2010; col. Digital núm.
4, 2014, col. Omnium núm. 4, 2015

—id., Barcelona, Ed. Círculo de Lectores, 2008

—id., México D. F., Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012
—id., Buenos Aires, Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Nueva York, Ed. Vintage Español, 2012

2011.—A Dance with Dragons

—Danza de dragones, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficcón núm. 49, 2012;
col. Éxitos núm. 5, 2012; col. Bolsillo núm. 9 (tres tomos), 2013; col. Digital
núm. 5, 2014

—id., México D. F., Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Buenos Aires, Ed. Plaza & Janés, col. Éxitos, 2012

—id., Nueva York, Ed. Vintage Español, 2012

2014.—The World of Ice and Fire: The Untold History of Westeros and the
Game of’Thrones en colaboración con GARCÍA, JR., Elio, y ANTONSSON,
Linda

—El mundo de hielo y fuego, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Éxitos núm. 6,
2015

NOVELAS:

1977.—Dying of the Light

—Muerte de la luz, Barcelona, Ed. Edhasa, col. Nebulae núm. 33, 1979

—id., Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficción núm. 11, 2002

1981.—Windhaven , en colaboración con TUTTLE, Lisa

—Refugio del viento, Barcelona, Ed. Martínez Roca, col. Gran Super Ficción,
1988

—id., Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficción núm. 48, 2012

1982.—Fevre Dream

—Sueño del Fevre (cartoné; rústica), Barcelona, Ed. Acervo, col. Terror, 1983

—id., Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficción núm. 46, 2012

1983.—The Armageddon Rag

1986.—Tuf Voyaging

—Los viajes de Tuf, Barcelona, Ed. B, col. Nova CF núm. 6, 1988; col. Byblos
CR núm. 279/1, 2006; col. Zeta Bolsillo CR num. 45, 2009
1990.—Wild Cards VII: Dead Man’s Hand , en colaboración con MILLER, John
J.

2007.—Hunter’s Run , en colaboración con DOZOIS, Gardner y ABRAHAM,


Daniel [ampliación de Shadow Tiwin ]

RECOPILACIONES:

1976.—A Song for Lya and Other Stories

—Una canción para Lya, Barcelona, Luis de Caralt Ed., col. CF núm. 35, 1981;
col. BUC núm. 190, 1982

1977.—Songs of Stars and Shadows

1981.—Sandkings

1983.—Songs the Dead Men Sing

—Canciones que cantan los muertos, Barcelona, Ed. Martínez Roca, col.
Super Terror núm. 17, 1986

1985.—Nightflyers

1987.—Portraits of His Children

2001.—Quartet

2003.—GRRM: A RRetrospective

[También como Dreamsongs ]

—Luz de lejanas estrellas («Autobiografía literaria» 1), Barcelona, Ed.


Gigamesh, col. Ficcón núm. 50, 2012

—Híbridos y engendros («Autobiografía literaria» 2), Barcelona, Ed.


Gigamesh, col. Ficcón núm. 51, 2013

—Un corazón atribulado («Autobiografía literaria» 3), Barcelona, Ed.


Gigamesh, col. Ficcón núm. 55, 2015

2008.—Starlady / Fast Friend

2015.—A Knight of Seven Kingdoms

—El caballero de los Siete Reinos, Barcelona, Ed. Gigamesh, col. Ficción núm.
56, 2015

VARIOS:

2003.—Sangre de dragón («Blood of the Dragon», 1996), Barcelona, Ed.


Gigamesh, suplemento promocional de col. Ficción, edición conmemorativa
Día del Libro, 2003. Fragmento de Juego de tronos

2004.—Camino de dragón («Path of the Dragon», 2000), Barcelona, Ed.


Gigamesh, suplemento promocional de col. Ficción, edición conmemorativa
Día del Libro, 2004. Fragmento de Tormenta de espadas

2005.—Hijos del kraken («Arms of the Kraken», 2003), Barcelona, Ed.


Gigamesh, suplemento promocional de col. Ficción, edición conmemorativa
Día del Libro, 2005. Fragmento de Festín de cuervos

2005.—Dominio de dragones («Daenerys Excerpt from A Feast for Crows»),


Barcelona, Ed. Gigamesh, suplemento promocional de col. Ficción, edición
conmemorativa Día del Libro, 2006. Fragmento de Danza de dragones

2005.—La flor de cristal («The Glass Flower», 1986), Madrid, Ed. Robel, col.
El Doble de Ciencia Ficción núm. 5, 2005, [volumen doble con MACLEOD, Ian
R., Musgo de vida ]

2005.—Shadow Twin , novela corta, en colaboración con DOZOIS, Gardner y


ABRAHAM, Daniel

—«Gemelo sombra», Asimov Ciencia Ficción 20, Madrid, Ed. Robel, 2005

2006.—The Ice Dragon , cuento, ilustrado por GILBERT, Yvonne [publicado


originalmente, sin ilustraciones, en CARD, Orson Scott (rec.), Dragons of
Light , 1980]

—«El dragón de hielo», Gigamesh 34, 2003

—El dragón de hielo , Barcelona, Ed. Montena, 2012, ilustrado por CASAS,
Verónica

—«El dragón de hielo», en Luz de estrellas lejana

2013.—The Skin Trade [publicado originalmente, en KING, Stephen,


SIMMONS, Dan, y MARTIN, George R. R., Night Visions 5, 1988]

—«Cambiando de piel», Visiones nocturnas , Barcelona, Ed. Martínez Roca,


col. Gran Super Terror, 1991

—«Tráfico de piel», en Un corazón atribulado

2013.—The Wit & Wisdom of Tyrion Lannister

ANTOLOGÍAS:

1977.—New Voices in Science Fiction

1979.—New Voices II
1980.—New Voices III

1981.—New Voices IV

1983.—The Science Fiction Weight-Loss Book , con ASIMOV, Isaac y


GREENBERG, Martin H.

1984.—The John W. Campbell Awards, Volume 5

1986.—Night Visions 3

2009.—Songs of the Dying Earth , con DOZOIS, Gardner

2010.—Warriors , con DOZOIS, Gardner

2010.—Songs of Love and Death: Tales of Star-Crossed Love , con DOZOIS,


Gardner

2011.—Down This Strange Streets , con DOZOIS, Gardner

2013.—Dangerous Women , con DOZOIS, Gardner

2013.—Old Mars , con DOZOIS, Gardner

2014.—Rogues , con DOZOIS, Gardner

2015.—Old Venus , con DOZOIS, Gardner

Wild Cards:

1987.—Wild Cards

—Wild Cards I, Barcelona, Ed. Timun Mas, col. Wild Cards núm. 1, 2013

1987.—Wild Cards II: Aces High

—Wild Cards II: Ases en lo alto, Barcelona, Ed. Timun Mas, col. Wild Cards
núm. 2, 2013

1987.—Wild Cards III: Jokers Wild

—Wild Cards III: Jokers salvajes, Barcelona, Ed. Timun Mas, col. Wild Cards
núm. 3, 2013

1988.—Wild Cards IV: Aces Abroad

—Wild Cards IV: El viaje de los ases, Barcelona, Ed. Timun Mas, col. Wild
Cards núm. 4, 2013

1988.—Wild Cards V: Down and Dirty


1990.—Wild Cards VI: Ace in the Hole

1990.—Wild Cards VII: Dead Man’s Hand

1991.—Wild Cards VIII: One-Eyed Jacks

1991.—Wild Cards IX: Jokertown Shuffle

1992.—Wild Cards X: Double Solitaire

1992.—Wild Cards XI: Dealer’s Choice

1993.—Wild Cards XII: Turn of the Cards

1993.—Wild Cards XIII: Card Sharks

1994.—Wild Cards XIV: Marked Cards

1995.—Wild Cards XV: Black Trump

2002.—Wild Cards XVI: Deuces Down

2006.—Wild Cards XVII: Five Card Draw

2008.—Wild Cards XVIII: Inside Straight

2008.—Wild Cards XIX: Busted Flush

2009.—Wild Cards XX: Suicide Kings

2011.—Wild Cards XXI: Fort Freak

2014.—Wild Cards XXII: Lowball , con SNODGRASS, Melinda M.

2016.—Wild Cards XXIII: High Stakes (en preparación)

SOBRE EL AUTOR:

2012.—RIPOLL, Carlos, Juego de tronos: Los secretos del Trono de Hierro ,


Palma de Mallorca, Ed. Dolmen

2012.—JACOBY, Henry (rec.), Game of Thrones and Philosophy: Logic Cuts


Deeper Than Swords

2012.—LOWDER, James (rec.), Beyond the Wall: Exploring George R. R.


Martin’s A Song of Ice and Fire

—Más allá del muro, Ed. Edge Entertainment, 2013

2012.—MONROE-CASSEL, Chelsea, y LEHRER, Sariann, A Feast of Ice and


Fire: The Official Companion Cookbook
—Festín de hielo y fuego: El manual de cocina oficial, Ed. El País Aguilar,
2012

2014.—ROCA, Bernat, VILAPRINYÓ, Francesc y CANTO, David, Filosofía de


hielo y fuego: Las claves para comprender Juego de tronos , Barcelona, Ed.
Invisibles

PREMIOS:

1975.—Hugo por «A Song for Lya» («Una canción para Lya», en Una canción
para Lya y Los Premios Hugo 1973-1975 , Barcelona, Ed. Martínez Roca, col.
Gran Super Ficción, 1988; Luz de estrellas lejanas )

1976.—Locus por «The Storms of Windhaven» (fragmento de Refugio del


viento )

1977.—Locus por Una canción para Lya

1980.—Hugo, Nebula y Locus por «Sandkings» («Los reyes de la arena», en


Nueva Dimensión 127, Barcelona, Ed. Dronte, 1980; Los Premios Hugo 1980-
1982 , Barcelona, Ed. Martínez Roca, col. Gran Super Ficción, 1991; Lo mejor
de los premios Nebula , Barcelona, Ed. B, col. Nova CF núm. 61, 1994;
Híbridos y engendros )

1980.—Hugo y Locus por «The Way of Cross and Dragon» («La cruz y el
dragón» en Parsec 3, Buenos Aires, Ediciones Filofalsía/Taller de ediciones
independientes, 1984; «El camino de la cruz y el dragón» en Los Premios
Hugo 1980-1982 , Barcelona, Ed. Martínez Roca, col. Gran Super Ficción,
1991; Luz de estrellas lejanas )

1981.—Locus por «Nightflyers» («Voladores nocturnos», en Los mejores


cuentos de ciencia ficción , México D. F., Ed. Edamex, 1981; «Nómadas
nocturnos», en Híbridos y engendros )

1982.—Locus por «Guardians» («Guardianes» en Los viajes de Tuf ; Híbridos


y engendros )

1982.—Locus por Sandkings

1983.—Seiun (Japón) por «Nightflyers»

1984.—Locus por «The Monkey Treatment» («El tratamiento del mono» en


Canciones que cantan los muertos ; Híbridos y engendros )

1984.—Gigamesh de terror por Sueño del Fevre

1986.—Nebula por «Portraits of His Children» («Retratos de sus hijos» en


Isaac Asimov Magazine 15, Barcelona, Ed. Forum, 1987; Sinergia 12, Buenos
Aires, Ed. Sinergia, 1987; Premios Nebula 1985 , Barcelona, Ed. B, col. Libro
Amigo núm. 39, 1987; Un corazón atribulado )
1987.—Gigamesh de terror por Canciones que cantan los muertos

1988.—Bram Stoker por «The Pear-Shaped Man» («El Hombre con Forma de
Pera», en Gigamesh 40, 2005; Híbridos y engendros )

1989.—World Fantasy por «The Skin Trade»

1989.—Gigamesh de ciencia ficción por Los viajes de Tuf

1997.—Locus de fantasía por Juego de tronos

1997.—Hugo por Sangre de dragón

1999.—Locus de fantasía por Choque de reyes

2001.—Locus de fantasía por Tormenta de espadas

2002.—Geffen (Israel) de fantasía por Tormenta de espadas

2003.—Ignotus (España) por Juego de tronos

2004.—Ignotus por Choque de reyes

2004.—Ignotus por «El dragón de hielo»

2004.—Skylark (NESFA) por el conjunto de su obra

2005.—Ignotus por Camino de dragón

2006.—Ignotus por Tormenta de espadas

2011.—Locus por Warriors

2012.—Locus por Danza de dragones

2012.—World Fantasy a la labor de una vida


ÍNDICE DE CONTENIDO

Arianne (Vientos de invierno)

Sobre el autor

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