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Escuela de Historia. Universidad de Costa Rica: ISSN 1409 - 469X

Este documento presenta información sobre la revista académica electrónica "Diálogos Revista Electrónica de Historia", incluyendo su dirección URL, director, editores, consejo editorial y asesor internacional, así como enlaces donde se anuncia y cataloga la revista.
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ISSN 1409 - 469X

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Escuela de Historia. Universidad de Costa Rica


Vol. 15 No. 1 Febrero - Agosto 2014

Director de la Revista: Dr. Juan José Marín Hernández


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Editor académico: Dr. Ronny Viales Hurtado - [Link]@[Link]
Editor técnico: [Link]. Marcela Quirós G. - [Link]@[Link]
Miembros del Consejo Editorial: Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de la República. Uruguay.
Dr. Juan José Marín Hernández, Catedrático. Director geronimo@[Link]
del Centro de Investigaciones Históricas de América
Central. Universidad de Costa Rica. Costa Rica. juan. Dr. Antonio Palazuelos. Departamento de Ciencia
marin@[Link] Política y de la Administración III - Universidad
Complutense de Madrid. España. palazuelosa@cps.
Dr. Ronny Viales Hurtado. Catedrático. Historia [Link]
Económica y Social. Universidad de Costa Rica.
Director de la Escuela de Historia. Costa Rica. ronny. Dr. Werner Mackenbach. Universidad Potsdam.
viales@[Link] Alemania. [Link]@[Link]

Dr. David Díaz Arias: Catedrático. Historia Política, Dr. Guillermo Castro. Ciudad del Saber Panamá.
Director del posgrado de Historia y Docente de la Panamá. gcastro@[Link]
Escuela de Historia, Universidad de Costa Rica, Costa
Dra. Natalia Milanesio. University of Houston. Estados
Rica. [Link]@[Link]
Unidos. nmilane2@[Link]
MSc. Francisco Enríquez. Historia Social. Universidad
Dr. Ricardo González Leandri. Consejo Superior
de Costa Rica. Costa Rica. [Link]@ucr.
de Investigaciones Científicas - España. España.
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rgleandri@[Link]
Dra. Ana María Botey. Historia de los movimientos
Dra. Mayra Espina. Centro de Estudios Psicológicos y
sociales. Universidad de Costa Rica. Costa Rica.
Sociológicos, La Habana. Cuba. mjdcips@[Link]
abotey@[Link]
Dra. Montserrat Llonch. Departamento de Economía
Miembros del Consejo Asesor Internacional: e Historia Económica Universidad Autónoma de
Barcelona. España. [Link]@[Link]
Dr. José Cal Montoya. Universidad de San Carlos de
Guatemala. Guatemala. jecalm@[Link] Dra. Estela Grassi. Universidad de Buenos Aires.
Argentina. estelagrassi@[Link]
Dr. Juan Manuel Palacio. Universidad Nacional de San
Martín. Argentina. jpalacio@[Link] Dra. Yolanda Blasco. Universidad de Barcelona.
España. yolandablasco@[Link]
Dr. Eduardo Rey. Universidad de Santiago de
Compostela. España. ereyt@[Link] Dr. Alfredo Falero. Departamento de Sociología.
Universidad de la República. Uruguay. alfredof@adinet.
Dr. Heriberto Cairo Carou. Departamento de [Link]
Ciencia Política y de la Administración III -
Universidad Complutense de Madrid. España. Portada:
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Fotografía: Gira del Ministerio de Obras Públicas y
Dra. Rosa de la Fuente. Departamento de Ciencia Transportes (MOPT) a Guanacaste en 1971. Desfile de la
Política y de la Administración III Universidad celebración de la anexión en las calles de Nicoya. Tomada
Complutense de Madrid. España. rdelafuente@cps. del artículo: El discurso en la invención de la Fiesta
[Link] Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa
Rica, 1940-1974 de Esteban Alfaro Salas. Volumen 15.1.
Dr. Javier Franzé. Departamento de Ciencia Política y
Año 2014. Fuente: ANCR 70949. Fotografía.
de la Administración III Universidad Complutense de
Madrid. España. [Link]@[Link]
Equipo Técnico Editorial:
Dr. Jaime Preciado Coronado Departamento de
Estudios Ibéricos y Latinoamericanos. Universidad de Editora Técnica: [Link]. Marcela Quirós Garita.
Guadalajara. México. japreco@[Link] [Link]@[Link]
Diagramación: Cindy Chaves Uribe
Dr. Gerónimo de Sierra. Vicerrector de la Universidade Soporte técnico: Pablo Hurtado Granados
Federal da Integração Latino-Americana (UNILA) y Revisión filológica: Lic. Ana Lenny Garro
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El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la
anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974*
The discourses of the invention of the National Celebration of
Nicoya’s Annexation, 1940-1974
Esteban Alfaro Salas
Palabras claves
Anexión del partido de Nicoya, estado gestor, fiesta nacional, nación, regiones costarricenses, tradiciones
creadas.
Keywords
Nicoya’s annexation to Costa Rica, welfare state, national fest, nation, costarrican regions, invented
traditions.
Fecha de recepción: 17 de agosto de 2013 - Fecha de aceptación: 04 de octubre de 2013
Resumen
Entre 1940 y 1974, se le dio a la fiesta de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica el impulso
definitivo, para su expansión a nivel nacional, fundamentalmente a partir del crecimiento del Estado
gestor y de la declaración de Fiesta Nacional, en 1956. En este trabajo, se determinan cuáles fueron las
motivaciones para convertir las celebraciones de la Anexión en una fiesta nacional, se entablan los nexos
que se dieron entre dicho proceso y los discursos regionalistas, que predominaban en Guanacaste; y se
establece la profundidad que alcanzó la fiesta en el país y el arraigo de la población a esta actividad. Para
ello, se analizan los discursos y las notas informativas difundidos en dos de los periódicos nacionales de
mayor circulación y en uno regional; y se extraen los principales escenarios, actores, y argumentos. Como
resultado, se encuentra que tal expansión pretendió, por un lado, apaciguar la idea de que Guanacaste
era “la cenicienta” de Costa Rica, porque padecía del abandono económico estatal y de la indiferencia
de la nación. Por otro lado, el Estado gestor tenía la necesidad de contar con tribunas, tanto físicas como
mediáticas, para difundir su apoyo entre algunos sectores productivos agropecuarios de la provincia y
tratar de posicionar mejor su imagen en el país. La celebración del sesquicentenario de la Anexión, en
1974, fue un hito del despliegue que esta había alcanzado en Guanacaste; sin embargo, demostró que aún
seguía sin consolidarse, con la intensidad deseada, en el resto del país.
Abstract
Between 1940 and 1974, the celebration of Nicoya’s annexation had a nationwide expansion and grew
as a national event, caused mainly by the growth of the Welfare State, and the official declaration of
its celebration as a national holiday. In this paper, we determined the motivations for converting the
annexation’s celebration into a national holiday, we established the links between this process and the
regionalist discourses that existed in Guanacaste, and establish how identified was the general population
of Costa Rica with the new national holiday. In order to do this, we analyzed the discourses of articles that
were broadcast in some of the principal newspapers in the country, and a regional one; in which we have
found the main scenarios, subjects, and arguments of this process. We found that this expansion intended
first, to appease the discourses that supported the arguments that Guanacaste was the “Cinderella” of Costa
Rica because it was a neglected region in economic, social and political terms. Second, the Welfare State
needed physical and media tribunes to spread its support for some predominant agricultural activities in
the province, and try to better position its image in the country. The sesquicentennial celebration of the
annexation, in 1974, was a milestone in the deployment that this was achieved in Guanacaste, however,
showed that it was still not consolidated with the desired intensity in the rest of the country

Diálogos: Revista Electrónica de Historia, ISSN: 1409 - 469X, Vol. 15 N° 1, febrero-agosto 2014 / pp. 37-75, San José, Costa Rica 37
Introducción
Doña Lía Bonilla, profesora guanacasteca y creadora en 1957 del Conjunto
Cultural Folclórico 25 de Julio, a sus 92 años y con ocasión de la publicación del
libro sobre su trayectoria en el ámbito del folclor nacional, se manifestaba sobre
la forma cómo son interpretados los bailes folclóricos por las personas de el Valle
Central –a quienes ella se refiere como “los cartagos”-, diciendo que:
No pueden bailar e interpretar bien lo que no saben y eso es lo que le sucede
a los cartagos. Al hacerlo así, yo siento que es un menosprecio a toda la
provincia, que si se hubiera anexado a países tan nacionalistas como Honduras
o Nicaragua, tendría un lugar de privilegio y no como nos sucede aquí a noso-
tros, que todavía nos ven como inferiores. Es decir, los del Valle Central se
creen superiores a nosotros los guanacastecos, y desde luego que eso no es así,
pero en el folclor se percibe (Semanario Universidad, 2013, p.18).

Al explicar doña Lía que la mala interpretación hecha en el Valle Central


del folclor guanacasteco se debe a un desprecio hacia la provincia: “...que todavía
nos ven como inferiores”, deja al descubierto las secuelas del discurso de reclamo
de abandono de esta región por parte del Estado costarricense, que existía en las
décadas de 1940, 1950 y 1960. Más que tratarse solo de un asunto de desconoci-
miento de parte de los “meseteños”, al atribuir esta situación a una falta de nacio-
nalismo, coincide con el tema que atrapa la atención de forma medular en esta
ocasión: los reclamos de abandono de los guanacastecos tenían una base socioeco-
nómica, y en el fondo subyacía el inacabado asunto de la integración nacional. Con
esas mismas fibras habrían sido tejidos los argumentos contra dichos descontentos
regionalistas.
En relación con esto, resultaba central el tema de la Anexión del Partido de
Nicoya a Costa Rica, a partir de la cual se habían integrado oficialmente estas dos
unidades político-administrativas; y, en ese sentido, la fiesta en torno al 25 de julio
de cada año para conmemorar la primera firma del Acta de Anexión de 1824, fungía
como escenario primordial para algunas discusiones de este tipo. Inclusive la reali-
zación de rituales festivos a lo largo del territorio nacional –y no solo en Guana-
caste– llegó a ser considerada como indicador de éxito de tal integración.
En este artículo sostenemos que tal celebración –que era casi inexistente antes
de la década de 1940- fue inventada como fiesta nacional en respuesta a dichas
tensiones. Adicionalmente, planteamos que la difusión de esta fiesta patria sirvió
al Estado gestor para fortalecer sus intereses de expansión. Se buscaba definir más
ampliamente y propagar el aparataje simbólico, con el objetivo de consolidar la iden-
tidad nacional. Es decir, era la segunda modernización cultural que vivía el país.
Este estudio postula su importancia en términos de puntualizar cómo ha sido
posible la consolidación de este ritual en la nación costarricense, para lograr apre-
ciar más de cerca sus alcances, en tanto, plataforma de fomento de las identidades

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patrias. También consideramos relevante ofrecer algunos aportes a la discusión sobre
la integración socioeconómica entre la región y el conjunto administrativo nacional.
Veremos que durante los años comprendidos entre 1940-1974 se le dio el
impulso definitivo a la celebración de la fiesta de la Anexión, para promover su
expansión a nivel nacional. La conmemoración de la Anexión del Partido de Nicoya
a Costa Rica había sido decretada oficialmente como Fiesta Escolar Nacional en
1938, y en 1949 el Ministerio de Educación la incluyó dentro del calendario escolar
nacional (Díaz, 2009, p. 266); pero esto no determina en qué medida fue llevada a
la práctica la celebración durante este periodo, y cuál fue su evolución en los años
posteriores. Paralelamente, hacia la década de 1930, los discursos regionalistas que
reivindicaban los intereses de algunos sectores productivos de la provincia estaban
fuertemente arraigados (Buska, 2006). Por tanto, en el análisis partimos de 1940
para hacer notar las manifestaciones, tanto de la fiesta, como del discurso en esa
década. Finalizamos en 1974, porque fue en este momento cuando se conmemoró el
sesquicentenario de la primera firma del Acta de Anexión; el cual no solo convocó a
un acto de celebración especial, sino que se ubicó en medio del periodo de declive
del modelo estatal que se había encargado de hacer crecer esta fiesta, nos referimos
al Estado gestor. Adicionalmente, un acontecimiento clave para entender el devenir
de la expansión a nivel nacional de la fiesta de la Anexión es su declaratoria en 1956
como Día de Fiesta Nacional (Archivo de la Asamblea Legislativa, 1956, f. 19),1
pues figura como uno de los elementos parteaguas respecto al éxito de su propaga-
ción. Por eso, en este trabajo dividiremos el análisis entre la etapa previa y la etapa
posterior a esta declaración.
Otro interés de este trabajo es determinar el papel que jugó la fiesta de la
Anexión como escenario principal del discurso de abandono de la provincia de
Guanacaste por parte del Estado costarricense, y su aparente declive posterior;
expresado en la prensa escrita. Para ello, trabajamos con tres periódicos nacio-
nales: Diario de Costa Rica, El Guanacaste y La Nación; fundamentalmente en
sus emisiones de las fechas 24, 25 y 26 de julio de cada año del periodo en estudio
(1940-1974), aunque también se incluyen algunas notas de otros momentos. Nos
interesamos especialmente en esas fechas porque concentran la mayor cantidad
de noticias respecto a las celebraciones efectuadas con motivo de la Anexión. De
estas se extraen los principales escenarios, actores y argumentos que propiciaron la
expansión de la fiesta a nivel nacional, y procedimos a clasificarlos según las cate-
gorías y variables de análisis que las mismas arrojaron.
Algunas fuentes adicionales fueron empleadas con distintos propósitos. Las
imágenes facilitadas por el Archivo Nacional de Costa Rica dieron cuenta de los
actos conmemorativos; e igualmente, las actas municipales de algunos cantones de
Guanacaste y de la región central del país permitieron conocer las discusiones –o
la ausencia de estas- alrededor de los preparativos de las celebraciones, en el nivel

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 39
local. Por otra parte, las actas del Archivo de la Asamblea Legislativa de Costa Rica
muestran el debate que se dio en esa instancia en 1956, en torno al decreto de Fiesta
Nacional y sus implicaciones. Por último, las fuentes secundarias proporcionan los
antecedentes de nuestra temática, y las bases contextuales para esta.
En el desarrollo incursionaremos en el desenvolvimiento, tanto del discurso
como de los formatos que adoptaron los rituales festivos en el proceso de expansión
a nivel nacional; para determinar sus cambios y continuidades. A estos los dividi-
remos en tres categorías: Primero, las actividades escolares, que eran realizadas
principalmente en espacios cerrados con la presencia de la comunidad estudiantil;
en segunda instancia, los actos de las autoridades políticas, que también se circuns-
cribían a sitios de acceso limitado y en tercer lugar, las actividades especiales, que
son todas aquellas en las cuales podía participar el resto de la población que no
formaba parte de los dos ámbitos anteriores.

Enfoque teórico-conceptual
Para el análisis y las interpretaciones partimos de la premisa teórica de que
las naciones son comunidades imaginadas –tal como lo propone Anderson–, que se
construyen y fortalecen mediante la celebración de tradiciones que se inventan con
ese fin (Anderson, 1991). Tal es el caso de las fiestas patrias. Estas han sido impul-
sadas por personas determinadas, en momentos específicos, y con intereses particu-
lares; todo lo cual varía según la celebración de la que se trate. Aportan elementos
simbólicos que logran la identidad de las partes en torno a una unidad nacional. La
fiesta de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica es un ejemplo de ello (Díaz,
2006), (Díaz, 2007).2 En la actualidad, esta funciona como espacio de convivencia
festiva para fortalecer la identificación entre los habitantes de la nación y de estos
con el Estado costarricense. En esto, precisamente, subyace su importancia social.
Para concretar dicho análisis, contamos con tres perspectivas teórico-meto-
dológicas. La primera de ellas es la de las tradiciones inventadas, propuesta en la
publicación La invención de la tradición, editada por Eric Hobsbawm y Terence
Ranger (2002). Esta plantea que las fiestas patrias han sido funcionales en el proceso
de construcción y consolidación de los Estados-nación propios de la modernidad.
En sus mismas palabras, al decir “tradición inventada” los autores se refieren al:
...grupo de prácticas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta
o tácitamente y de naturaleza simbólica o ritual, que buscan inculcar deter-
minados valores o normas de comportamiento por medio de su repetición, lo
cual implica automáticamente continuidad con el pasado. De hecho, cuando
es posible, normalmente intentan conectarse con un pasado histórico que les
sea adecuado... la peculiaridad de las tradiciones inventadas es que su conti-
nuidad con éste es en gran parte ficticia. En resumen, hay respuestas a nuevas

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situaciones que toman la forma de referencia a viejas situaciones o que imponen
su propio pasado por medio de una repetición casi obligatoria (2002, p. 8).

De este modo, podemos percibir las fiestas patrias en tres dimensiones:


primero, como rituales fundadores y propagandísticos de los símbolos patrios; es
decir, han surgido para edificar y reforzar la identidad nacional de un Estado. En
segundo lugar, han sido moldeadas de acuerdo con el presente vivido. Por ello,
cambian no sólo las formas de celebración sino también los momentos en que se
hacen y el utillaje que se emplea en ellas. Por último, las fiestas patrias han sido
empleadas por autoridades del sistema político oficial para moldear la memoria
sobre los motivos celebrados, de acuerdo con su propio proyecto ideológico (Díaz,
2011, p. 86).3
Una segunda perspectiva teórico-metodológica que nos acompaña es la obser-
vación de las tensiones que se producen en la relación entre los Estados-nación y las
regiones que lo componen, durante su proceso de integración. La modernidad polí-
tica ha implicado la expansión del poder estatal a todo su territorio, para impulsar
el desarrollo económico. Para esto son creadas instituciones formales, así como
símbolos que permiten la identificación de la generalidad de la población con los
proyectos del aparato oficial. De esta manera, se pretende lograr la unidad nacional
en aras de un desarrollo común bajo “la sombrilla” de dicha unidad político-admi-
nistrativa. A ello se refieren Marín y Núñez, en relación a Costa Rica, al decir que:
...la clase dominante, en este caso costarricense, tuvo una serie de dificultades
para concertar un proyecto nacional, pues además de concertar negociaciones
con las élites locales debió lidiar con diversos grados de resistencia o consenso
de las clases subalternas. En ese sentido debe reconocerse que la hegemonía se
construye constantemente en un ambiente de pugna socio-cultural, económica
y política (2009, p. 5).

A lo que agregan:
Por ello es importante considerar la edificación de un sistema de control social,
bajo los mecanismos formales-informales; la fabricación de los sistemas
simbólicos con los “rituales de mando” y la expansión de una idea de abso-
lutismo moral que se presenta como legítimo y consensuado; la adopción y
aceptación relativa de los procesos civilizatorios, a través de diversos tipos de
identidad, género, sexuales, locales, regionales, nacionales y ciudadanas, entre
otras, que se negocian constantemente con el poder central... (Corrigan, 2002),
(Joseph y Nugent, 2002, p. 42 citados por Marín y Nuñez, 2009, p. 5).

La triada teórico-metodológica se completa con el planteamiento de que, alre-


dedor de mediados del siglo XX, América Latina vivió una segunda modernización
cultural, de la cual Costa Rica fue partícipe durante los años en que estuvo vigente
el Estado gestor. En palabras de Anabelle Contreras: “Alrededor de los cincuenta
en Latinoamérica, cerrada la política de Buena Vecindad con los Estados Unidos e

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 41
iniciada la Guerra Fría, comienza la etapa que llamaremos segunda modernización
cultural” (Contreras, 2012). Para definirla, Contreras se apoya en Martín-Barbero,
quien parte de dos versiones latinoamericanas de modernidad: „la primera sería la
que tuvo como eje la idea de Nación -llegar a ser naciones modernas- la segunda,
al iniciarse los sesenta, estuvo asociada a la idea de desarrollo...” (Martín-Barbero,
1987 citado por Contreras 2012, p. 162) Es decir, la primera de estas etapas fue,
en el caso nuestro, la época de las reformas liberales y de la creación de referentes
del Estado-nación, a finales del siglo XIX. Durante la cual se pretendió crear una
homogeneidad cultural en el país para lograr la anhelada uniformidad nacional; a lo
que se le dio un segundo impulso, pues:
... con el proyecto socialdemócrata, proyecto que a partir de los cincuenta
consolidó el Estado, el territorio y el „ser nacional“, y reinventó una conciencia
colectiva “a través de los aparatos de hegemonía”… A la vez, el proceso de
urbanización y comunicación del territorio rompía las identidades locales y
favorecía la nacional… El Estado costarricense desarrollaba políticas especí-
ficas para mantener la identidad... (Contreras, 2012, p. 176-177).

La creación de la fiesta de la Anexión se dio en el marco de la expansión del


control estatal a las regiones más periféricas del país –dentro de ellas Guanacaste–,
y de la segunda modernización cultural; promovida por el modelo de Estado gestor.

Los contextos socioeconómico y sociopolítico del Estado gestor y


la región guanacasteca
Los contextos socioeconómicos y sociopolíticos, tanto nacionales como
regionales, fueron determinantes en el proceso que llevó a la expansión de la fiesta
de la Anexión a nivel nacional. Por un lado, el Estado promovió la consolidación de
una vida cívica nacional y, con ello, posibilitó la declaración del 25 de julio como
Día de Fiesta Nacional (Archivo de la Asamblea Legislativa, 1956), mediante la
implementación de políticas públicas, tanto en el área cultural como en la educativa.
Por el otro, encontramos algunos ciudadanos y sectores productivos de Guanacaste
que tomaron partido y ejercieron presión para que así fuera declarada, mediante
reclamos interpuestos en la prensa escrita y otras instancias. Dado lo anterior, es
preciso tener presentes las circunstancias regionales en las cuales se planteó una
asociación entre el papel de los sectores productivos dominantes y educativos de la
provincia, y el impulso de la fiesta a nivel nacional.
Al modelo de Estado desarrollado en Costa Rica, entre las tres décadas
comprendidas desde la implementación de las reformas constitucionales de 1949 y
el inicio de la década de 1980, le denominaremos en el presente trabajo “El Estado
gestor”.4 De manera paralela, este procuraba la expansión del modelo económico
capitalista, del control del Estado y de la imagen de nación costarricense sobre el

42 Diálogos: Revista Electrónica de Historia, ISSN: 1409 - 469X, Vol. 15 N° 1, febrero-agosto 2014 / pp. 37-75, San José, Costa Rica
territorio nacional (Rovira, 1980, pp. 39-63).5 Los gobiernos de turno buscaban
aumentar la productividad y la modernización económica, mantener el orden y la
estabilidad social en medio de las transformaciones, y procurar la identificación de
la población con el proyecto de país que se pretendía impulsar.
Así, se buscó darle mayor protagonismo en las dinámicas nacionales a las
zonas periféricas, pues estaban al margen del desarrollo que se gestaba, funda-
mentalmente, en la región central del país. Al respecto, Jorge León señala que “las
regiones periféricas a la Región Central estaban creciendo con rapidez en los años
entre 1950 y 1970, y las necesidades de organizar este crecimiento para lograr un
desarrollo más ordenado impulsó la formulación de programas y planes de desa-
rrollo...” (León, 2012, p. 264).
En ese sentido, el impulso de la celebración de la Anexión, desde la zona del
Pacífico Norte o Guanacaste, cumplía un doble propósito. Por un lado, se la daba
promoción a los procesos estatales de regionalización institucional y a la diversifi-
cación de la economía local. Por el otro, se promovía la imagen de integración del
territorio, de la población, de la cultura y de la administración estatal, entre el centro
del país y dicha zona periférica. Sobre ese propósito, Manuel Solís señala que:
La incorporación de todas estas regiones [las periféricas] a la economía
nacional o, en otros términos, la extensión de estas zonas a la racionalidad capi-
talista, pasa por la construcción de vías de comunicación, tendidos eléctricos,
extensión del servicio telefónico, sanidad, etc. En esta empresa el Estado se
ha constituido en un agente modernizador y unificador... (Solís, 1985, p. 116).

Con ese cometido fueron creadas empresas estatales e instituciones autónomas


que administraron de manera descentralizada las responsabilidades que adquiría el
sector público. Se trataba de generar una participación creciente de la ciudadanía
en las actividades económicas, para dinamizarlas (Edelman, 2005, p. 111) (Salom,
1991, pp. 106, 108, 113-114). Los esfuerzos estatales con ese propósito permitieron
el fortalecimiento de las “identidades ciudadanas” (Edelman, 2005, pp. 100-124),
(Alvarenga, 1995). Para ello, se creó la Dirección General de Artes y Letras en el
Ministerio de Educación Pública, la cual se convirtió en el Ministerio de Cultura,
Juventud y Deportes, en 1970. Su propósito era “llevar a todo el país la cultura
metropolitana...” (Cuevas, 1996, p. 144). Sin embargo, también había un interés
de parte de esta entidad por investigar y divulgar lo que ellos reconocían como
los factores de carácter “costarricense, con un ligero énfasis en lo viejo y semiol-
vidado que debemos rescatar...” (Cuevas, 1996). Por eso, buscaron darle realce
a algunos elementos que consideraban representativos de la nación costarricense,
como las canciones de Guanacaste, llamadas folclóricas (Prieto, 1971, p. 10).6 En
ese sentido, argumentamos que las políticas culturales del Estado gestor buscaron
definir y darle difusión a los componentes del aparataje de la patria, y la fiesta de la
Anexión cumplía con las características de ese esquema.

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 43
Las políticas educativas también buscaban difundir los elementos de la
nación, a la vez que preparaban a los habitantes para su incorporación en las acti-
vidades productivas. Desde la década de 1940, el Estado empezó a incrementar
los esfuerzos por expandir el sistema educativo formal. Marín y Núñez muestran
que esto fue notorio especialmente en Guanacaste, donde, hacia 1950, el índice
de crecimiento de las escuelas redoblaba al de la totalidad del país (2009, p. 44).
A partir de 1957, la Ley Fundamental de Educación pretendió ensanchar princi-
palmente el nivel de primaria (Archivo de la Asamblea Legislativa, 1974). Esta
mantenía “un aliento humanístico relativo a la transmisión de la cultura y al cultivo
de los valores cristianos” (Dengo, 1995, p. 164). Es decir, planteaba la necesidad
de impulsar el desarrollo a partir de la formación educativa formal de las y los
habitantes de manera generalizada, y así difundir la cultura. Se pretendía entonces
disminuir el analfabetismo y hacer accesible el sistema educativo a obreros y
campesinos, a personas de zonas alejadas y rurales y a jóvenes, para capacitarlos
en valores cívicos (González, 2003, pp. 298-299, 303-304). De hecho, hacia finales
de la década de 1970 era notorio el ascenso en que se había mantenido la matrícula
(Molina, 2007-2008); por lo que, es de esperarse que también se haya afianzado la
vinculación de la población costarricense con las dinámicas de difusión cultural de
los centros educativos.
Sin embargo, los niveles de promoción todavía se mantenían bajos hacia
finales de la década de 1960. De la Cruz señala que el Centro Centroamericano
y Caribeño de Población (CELADE), división de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) indicó, en ese momento, que casi tres cuartas
partes de la población no terminaba la primaria, y ni una décima parte la secun-
daria (De la Cruz y Salazar, 2003, p. 314). En ese contexto, no podríamos adju-
dicar la totalidad de la responsabilidad del impulso y la consagración, en la vida
cívica nacional, de una fiesta patria como la celebración de la Anexión, a la difu-
sión promovida desde las instituciones de enseñanza primaria y secundaria, porque
gran parte de la población nacional quedaba al margen de los centros educativos.
Por tanto, si el sistema educativo formal era la plataforma principal de la difusión
masiva y la consolidación de los rituales patrios a nivel nacional, sólo las y los
alumnos y los funcionarios a su alrededor se veían directamente involucrados en
ello. En cambio, es de esperarse que la población que no estaba integrada a las aulas
se viera muy poco o nada involucrada en estas actividades.
En este periodo se intensificó la integración sociopolítica y económica con el
Estado costarricense en la región guanacasteca, que se venía fortaleciendo con la
construcción del control estatal desde 1860, mediante la incursión de funcionarios
públicos en los principales poblados (Marín y Núñez, 2009, pp. 22-32). El Estado
trataba de contrarrestar el descontento de algunos guanacastecos por la relativa
lejanía en que se encontraba la región respecto al Valle Central –traducida en las

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dificultades de comunicación, transporte y comercio– el cual había desembocado
en un regionalismo que acusaba de abandono al Estado centralista (Buska, 2006).
En cuanto a las actividades económicas, la ganadería y la producción de arroz
y caña fueron predominantes en la provincia e incrementaron su relevancia durante
este lapso. Acaparaban la mayor parte del apoyo estatal a la economía local porque
el Estado asociaba el desarrollo material y cultural de esta región, con la dinámica
de los grandes productores agropecuarios.
Edelman (1998) ha señalado que parte de las actividades económicas preva-
lecientes en Guanacaste hasta 1950 estuvieron ligadas a las haciendas ganaderas, a
pesar de que esta unidad productiva aportaba muy poco al crecimiento económico
de la población de la provincia. Las haciendas se mantenían a flote debido a que las
élites locales influían en la política nacional, para lograr perpetuar este sistema. Por
ello, la ganadería continuó en crecimiento en la región del Pacífico Norte: mantuvo
el mayor número de cabezas de res entre 1950 y 1984 y registró el mayor creci-
miento de las ganancias obtenidas entre 1950-1973 (León, 2012, p. 328).
Por parte de la producción agrícola, los sembradíos de arroz comenzaron a
incrementarse a partir de la década de 1950 (Arroyo y León, 2010), al igual que
sucedió con la caña, fundamentalmente, después de los años 1960 (Arroyo y León,
2010, p. 52). Esto fue posible gracias a la intervención del Estado que apoyó los
procesos de producción y distribución dentro y fuera del país (Arroyo y León,
2010, pp. 194, 205 y 305).7 A raíz de esto, la producción arrocera pasó paulatina-
mente a manos de medianos y grandes agricultores (Arroyo y León, 2010, p. 306).
Finalmente, el establecimiento paulatino de la Carretera Interamericana a lo
largo de este periodo (la construcción total se prolongó entre 1943 e inicios de la
década de 1970) (Zeledón, 2009, p. 105) incrementó la integración de Guanacaste
con la dinámica económica del Valle Central y el exterior del país. Se dio un fuerte
impulso al desarrollo de Guanacaste en todos los ámbitos de la economía y del
control estatal, pues:
[el establecimiento de la carretera] forma parte del proceso institucional de
Anexión del Partido de Nicoya al Estado (Liberal) costarricense, que inicia en 1824
y que 100 años después (1924) era uno de los principales reclamos de las élites
locales hacia las liberales que dirigían los destinos del país desde el Valle Central
(Zeledón, 2009, p. 103).
En definitiva, se trató de un periodo de solidificación de la institucionalidad
tanto en el nivel material como en el subjetivo. En función de ello, la fiesta vino a
servir de plataforma anual de promoción, tanto para los elementos de la nación como
para los discursos, las promesas y los proyectos políticos y económicos vigentes. En
ese contexto, a partir de la segunda mitad de la década de 1950, los reclamos regio-
nalistas por el abandono del gobierno central empezaron a declinar paulatinamente.
A continuación, incursionaremos en los discursos que acompañaron este proceso.

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 45
1. “Guanacaste, la cenicienta de Costa Rica”: 1940-1956

Las solicitudes de expandir la fiesta a nivel nacional tenían dos propósitos.


Por un lado, los argumentos de índole socioeconómicos, que tendían un puente
discursivo hacia el abandono del Estado padecido en la provincia y pedían mayor
atención de este tipo. Por el otro lado, los reclamos de carácter sociopolítico, que
rescataban la importancia de que la población costarricense le reconociera a Guana-
caste la generosidad de haberse anexado a Costa Rica –y así ser incluida en su
imaginario de nación–; que giraban en torno a la solicitud de declarar Día de Fiesta
Nacional el 25 de julio.
Apelativos como “indiferencia y olvido” eran utilizados en la década de 1940
por algunos guanacastecos para referirse al abandono por parte del Estado costarri-
cense, del que ellos consideraban, Guanacaste era víctima (El Guanacaste, 1946,
p. 1), (El Guanacaste, 1946 [1] p. 1). Se entablaba una analogía con el término
“cenicienta” para expresar que la provincia era la zona que el Estado explotaba
económicamente y a la vez menospreciaba, al no ser proporcional en relación con
las retribuciones que le daba:
…después del lamento tradicional de las gentes sobre el abandono en que se
encuentra la provincia de Guanacaste, donde llegamos a aquilatar las razones
de estas quejas. Siempre se ha dicho, del símil tan trillado que aquello es la
Cenicienta de Tiquicia. Es cierto en arte. ¡Un gobierno se va y otro vuelve! Y
aún ni aquellos que más arraigo han tenido con nosotros, han querido darnos el
plano que justamente merecemos entre el consorcio nacional de las provincias
(El Guanacaste, 1946 [2], p. 1).

En el fondo se planteaba que los gobiernos hasta esa década no habían


logrado una integración entre el Estado costarricense y la región guanacasteca,
pues la presencia y el control estatal en la provincia era frágil. Para argumentarlo,
se sacaban a relucir algunas situaciones particulares del contexto socioeconómico
local. Se decía que las haciendas ganaderas no eran suficientemente rentables (El
Guanacaste, 1945). Esta unidad productiva era señalada como ineficiente, en rela-
ción con la capacidad de la tierra que ocupaba, pero acaparaba la atención finan-
ciera del Estado y así, degeneraba en inequidades sociales.
Adicionalmente, en la década de 1940 y en las dos siguientes, se atribuía
la problemática del abandono estatal a la complicidad de la administración local
y a una representación débil de la provincia en la Asamblea Legislativa (Diario
de Costa Rica, 1960, p. 18), (La Nación, 1957, p. 25), (La Nación, 1952, p. 10).
La falta de apoyo estatal se fundamentaba en una perspectiva limitada de lo que
era la zona de mayor interés nacional, pues se centraba en el Valle Central y en su
producto “de oro”: el café. En el mismo sentido que lo afirmaría doña Lía Bonilla
sesenta y cuatro años después, don Armando Arauz emitía un compendio de las

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razones de la disconformidad, al finalizar este primer decenio de estudio, cuando
aseveró que la Anexión debería ser celebrada, pero no solo en sentido folclórico,
sino para acabar con las malas condiciones socioeconómicas y de inequidad social
de la provincia:
Cierto es que la economía cerrada del café ha limitado la acción de los gobiernos
de este país a la Meseta Central. Cierto es que las montañas que rodean a esta
Meseta han constituido el límite del horizonte de Costa Rica, y que por eso no
se ha visto con diligencia el problema de nuestra provincia; pero además de
estas circunstancias, ha habido traición repetida de muchos guanacastecos a su
propia tierra ... que, sin sentido ninguno de su responsabilidad, han hecho de
toda obra a nuestro favor un artículo de comercio personal o de intriga pueble-
rina ... El latifundio es una muestra y el caciquismo es otra...! ¡Por la pampa se
sigue oyendo el galope de la injusticia en acorde con el aullido del coyote y los
quejidos lastimeros de un pueblo en la miseria...! De Guanacaste es preciso ya
dejar de hacer figuras retóricas y de llamarlo el paraíso guanacasteco, porque
no puede ser tal un sitio donde un latifundista canaliza impunemente un río
hacia sus fincas y mata de sed el ganado de los vecinos y hace pasar nece-
sidades a un distrito. Y dejar de hacer poesía acerca de las Playas del Coco,
cuando al compás de las olas de aquella bahía, sucumben muchos hombres,
minados por el hambre, la intemperie, el paludismo y la tuberculosis. Y dejar
de llamar al Guanacaste la provincia alegre y altiva, porque allá hay corrup-
ción y tristeza. Corrupción criminalmente fomentada y dolor de soportarla por
hambre... (La Nación, 1949, p. 2).

Al parecer, los padecimientos sociales en la provincia pudieron haber estado


ligados al hambre de la mayoría de la población, algunas enfermedades y la mala
distribución de la tierra y el agua. Sin duda, determinar las condiciones de vida de
la sociedad guanacasteca en su conjunto ameritaría trabajos adicionales a este, que
solo pretende dar cuenta del apogeo y el aparente declive del discurso de la ceni-
cienta a la luz de la invención de esta fiesta. Sin embargo, rescatamos de las pala-
bras de don Armando la disparidad latente entre el proceso de reconocerle a Guana-
caste un lugar –aparentemente de índole folclórica– en el imaginario del conjunto
nacional costarricense, y el compromiso ciudadano y estatal con el progreso mate-
rial y la equidad social. Es decir, la provincia no dejaría de ser la cenicienta de
Costa Rica solo “con hacer figuras retóricas y de llamarlo el paraíso guanacasteco”,
sino era también indispensable superar la miseria social. De lo contrario, no se
estaría dando el verdadero significado a la fiesta de la Anexión, tal como lo concluía
en la misma nota, al agregar que:
De Guanacaste precisa hablar hoy, con motivo de esta fecha, en términos de
regeneración total. Precisa repartir mejor la propiedad; emborrachar menos
al pueblo y enseñarlo a vivir plenamente un concepto verdadero de libertad.
Hay que hablar de desterrar el caciquismo y de enseñarle al hombre un reno-
vado sentido de su dignidad personal. Sólo así, hablando en estos términos, es

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 47
que nosotros le encontramos sentido a la fecha que estamos conmemorando.
Y es porque de otro modo, tendríamos que llegar al convencimiento de que
somos uno más entre ese grupo de patrioteros que habla de glorias nacionales,
de fechas significativas y de honras patrias, sin comprender su sentido y sin
hacerse un voto de renovada fe en la regeneración de Costa Rica (La Nación,
1949, p.2).

También, en el decenio de 1940 se afirmaba que era injusto que Guanacaste


fuera pobre, subutilizada y que estuviera en el abandono, a pesar de que llegaría a
ser el granero de Costa Rica (El Guanacaste, 1946). De este modo, desde una época
anterior al modelo de Estado gestor podemos notar las alusiones que se hacían a
esta característica. Sin embargo, la producción agrícola en la provincia empezaría a
crecer hasta en el decenio siguiente, y ello se haría notar hacia inicios de la década
de 1960 (Diario de Costa Rica, 1964, p.10).
La instrumentalización del discurso en función de sumar las simpatías de los
trabajadores a los proyectos agrícolas del Estado era notoria (Diario de Costa Rica,
1962, p. 2). Pero no por ello mermó el discurso de abandono, el cual tenía eco en la
prensa nacional todavía a inicios de la década de 1960. Se continuaba diciendo que
aún no era tangible en Guanacaste el progreso visto en otras provincias (Diario de
Costa Rica, 1960, p.4). Por ello, se insistía en que la celebración de la fiesta de la
Anexión a nivel nacional era meritoria, no sólo por el folclorismo, sino en reconoci-
miento de los aportes económicos que daba esta zona al país (Diario de Costa Rica,
1963, p.2). De hecho, la relación entre el dinamismo económico y la celebración
estaba muy clara en esta argumentación:
Vale la pena conmemorar esta fecha, si se piensa en la provincia que llena
de arroz nuestros graneros; que surte nuestra feria ganadera; que produce la
materia prima necesaria para mantener en movimiento nuestras fábricas de
hilazas y tejidos; que obtiene los primeros premios en las exposiciones pecua-
rias internacionales; que mantiene viva la tradición de Cupertino Briceño, no
el despreocupado grito charanguero de una coyolera, sino en la voz sonora y
eterna de la determinación de ser libres como miembros de una Patria libre y
ejemplar; que se prepara en los colegios de Liberia, de Nicoya y de Tilarán y
que se produce ancha, abierta y fecunda a través de sus profesionales, de sus
empresarios y de sus trabajadores (Diario de Costa Rica, 1963, p.2).

Se ponían de manifiesto varios de los factores que se consideraban pilares de


la relevancia de Guanacaste para la economía nacional. Ciertamente, ya para esta
década, en la provincia era producido el arroz que abastecía el mercado nacional y
la actividad ganadera era la de mayores réditos del país. Adicionalmente, se empezó
a hacer notar la expansión del sistema educativo que el Estado gestor impulsaba
mediante la fundación de nuevos centros de enseñanza.
En ese contexto de disconformidades de tipo socioeconómico se fue abonando
el terreno para reclamar también la oficialización de la fiesta de la Anexión, dentro del

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aparataje simbólico nacional. El historiador David Díaz, en su artículo Reclamando
el 25 de Julio como Fiesta Nacional: Guanacaste y la Nación Costarricense: 1924-
1949, nos ha dado una de las mayores aproximaciones a este tema, para el periodo
previo a 1949 (2009, pp. 262-266). Díaz plantea que la población guanacasteca
presentó algunas solicitudes al Estado para que fuera reconocida oficialmente la
conmemoración del Día de la Anexión como fiesta patria a nivel nacional. De esa
manera, evidencia que hubo participación de los maestros de la provincia en esta
propuesta, tan temprano como a finales de la década de 1930, cuando lograron que
fuera circunscrito el decreto de Día de Fiesta Escolar Nacional. Lo anterior dio pie
a que en 1949 el Ministerio de Educación la incluyera en el calendario escolar.8
Además, dentro de las motivaciones que tuvieron estos procesos señala un factor
económico: el crecimiento de la ganadería durante la primera mitad del siglo XX
(Sequeira, 1995 citado por Díaz, 2009, pp. 259-260); y otro político: el clientelismo
a nivel nacional por sumar votantes para las elecciones (Molina y Lehoucq, 2002
citados por Díaz, 2009, pp. 258-259). Por último, recupera el dato que apunta un
auge de las solicitudes de las y los ciudadanos para oficializar efemérides de diversa
índole, en la década de 1930, a raíz de la motivación que significó, desde inicios del
siglo XX, la orden de celebrar el día de la Independencia en las escuelas del país
(Díaz, 2009, p. 261).
Adicionalmente, sabemos que los escasos actos festivos realizados entre las
décadas de 1940-1960 servían para difundir en el centro del país algunos elementos
culturales asociados a la provincia, como el árbol de Guanacaste, la imagen del
sabanero o los bailes folclóricos (Solano, 2005, pp. 104-106). Dentro de los rituales
se incluían conciertos de gala con músicos guanacastecos y “la pasada de la diana”,
así como los topes de caballos y las  “corridas de toros a la usanza guanacasteca”
(Solano, 2005, p. 107), que eran parte de los componentes basados en los imaginarios
que se tenían sobre Guanacaste –ligados a la tradición ganadera de las haciendas–.
Pero estos continuaban siendo eventos aislados y la fiesta aún no se había extendido
por todo el país. Incluso en 1964, aunque se dio más realce a la conmemoración,
continuaba siendo un evento no generalizado. Este año la Municipalidad de San
José realizó diversas celebraciones de acceso público, pero en lugares específicos y
todavía no de manera oficial regular (Solano, 2005, pp.115-121).
Sin embargo, para que la fiesta de la Anexión empezara a adquirir la rele-
vancia suficiente para expandirse a nivel nacional, resultó indispensable dotarla con
el estatus de Día de Fiesta Nacional; lo cual fue una realidad hasta1956. Antes de
que la declaratoria oficial llegara a materializarse como una necesidad en la agenda
parlamentaria costarricense, algunos guanacastecos ejercieron presión al reclamarla
(Archivo de la Asamblea Legislativa, 1956, f. 19). De hecho, la propuesta inicial del
proyecto de ley en 1956, para declarar al 25 de julio Día de Fiesta Nacional, surgió
de un grupo de ciudadanos guanacastecos (Archivo de la Asamblea Legislativa,

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 49
1956, ff. 1-3). Los motivos manifestados eran fundamentalmente de tres tipos y
englobaban las razones comentadas en la prensa al respecto: 1) darle reconocimiento
a la región por su decisión de haberse anexado a la patria costarricense; 2) lograr
que la población que no estaba activa en el sector educativo pudiera conocer la fiesta
y tener conciencia de su valor y 3) acercar a los sectores laborales la posibilidad de
tener un día feriado para que también se involucraran con la conmemoración.
Se planteaba que no muchas personas tenían ni siquiera conocimiento de la
existencia de la fecha, porque sólo en el sistema educativo era rememorada. El
problema era que gran parte de la población no asistía a la educación formal. Por
eso, se hacía necesaria la declaración de Día de Fiesta Nacional para que el festejo
fuera realizado en las calles y no sólo en los centros educativos, y así pudiera verse
involucrada una mayor cantidad de personas en él, de modo que:
…surge como verdad indiscutible, la importancia económica que para Costa
Rica tiene la existencia de Guanacaste como una parte de su territorio. Sin
embargo el país permanece olvidado de este hecho. Le es indiferente o no se
acuerda siquiera de él. En varias ocasiones los maestros han hecho gestiones
para que la Secretaría de Educación Pública conceda las vacaciones de medio
año en la primera quincena del mes de Julio a fin de que el 25 de julio se celebre
en todas las escuelas del país como fecha digna de histórica recordación. Los
gobiernos limitados en su visión por los cerros que rodean el Valle Central,
no han oído esa proposición y actualmente, a pesar de que las escuelas deben
celebrar esa fecha, no lo hacen o lo posponen debido a que están en vacaciones.
Nada más absurdo que eso. Hay en esto también una gran paradoja. Los únicos
que nos acordamos de la fecha y los únicos que la celebramos con actos de
fiesta somos los guanacastecos. Y el país indolente, ni siquiera se alegra con
nosotros (Diario de Costa Rica, 1955, p. 18), (La Nación, 1955, p. 38).

El principal reclamo de los guanacastecos respecto a la fiesta era la desconsi-


deración que representaba el hecho de que sólo ellos festejaban la Anexión –y no
los y las costarricenses del resto del país– (El Guanacaste, 1943, p. 1). Esto resul-
taba paradójico porque todos se veían beneficiados económicamente de los frutos
de la región, pero no correspondían con la celebración para manifestar el gozo
que ello debía generarles. Se planteaba que a Guanacaste no le eran retribuidos de
manera proporcional sus aportes. En ese sentido, la coincidencia de la fecha con
el periodo de vacaciones del sistema educativo limitaba el fomento de la celebra-
ción entre los escolares, porque no estaban en los centros educativos para realizar
los rituales correspondientes, aun siendo esta de carácter obligatorio. Por ello, los
actos efectivos a nivel nacional resultaron solo esporádicos y no una constante (La
Nación, 1962, p.16).
En general, las actividades festivas realizadas tanto en Guanacaste como en
el resto del país, entre 1940-1955, eran realmente escasas (véase la Tabla 1). Las
del ámbito escolar se daban principalmente en la provincia; mientras que las de tipo

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político no fue posible ubicarlas en la prensa escrita consultada; y las especiales
tuvieron lugar mayoritariamente en el Valle Central. En el caso de las primeras,
en la década del 40, era la Asociación de Estudiantes Guanacastecos la principal
impulsora (El Guanacaste, 1943, p. 1);9 pero a partir de la inclusión de la fiesta
de la Anexión en el Calendario Escolar como Fiesta Escolar Nacional –en 1949-
se difundió en la generalidad de las escuelas y en algunos colegios de diferentes
partes de la provincia. En el Valle Central la celebración se traducía mayoritari-
amente en bailes populares organizados por la misma Asociación antes citada y
dirigidos especialmente a los guanacastecos residentes ahí, presentaciones de bailes
folclóricos y programas radiales de contenido folclórico; todas estas, actividades de
carácter especial.

Tabla 1
Las notas informativas en la prensa escrita sobre celebraciones

de la anexión entre 1940-1955

Actividades de las
Actividades escolares Actividades especiales
autoridades políticas

Fuera de Guanacaste 1 (1955)10 - 611

En Guanacaste 412 - 1 (1955)13

Fuente: Elaboración propia a partir de las cantidades de notas informativas de los periódicos El Guanacaste, Diario de
Costa Rica y La Nación.

Las razones expuestas constituyeron motivos de presión, ejercida desde la


ciudadanía, para que se le diera vida a la Declaración de 1956; sin embargo, la posi-
bilidad de gozar de este día como feriado no estaba aun totalmente definida. Lo ante-
rior cobró relevancia en la discusión en torno a la masificación de la fiesta, porque se
esperaba que involucrara a una mayor cantidad de personas con la conmemoración.
El mismo mes de julio de 1956 brotó la discusión en la Asamblea Legislativa,
en torno a una solicitud para someter a revisión el texto emitido, ya que se consi-
deró que no había quedado claro si la fecha del 25 de julio sería asueto para toda
la población. Los parlamentarios determinaron que para hacerlo efectivo de esa

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 51
manera era necesaria una reforma al Código de Trabajo, en el cual precisamente
se estipulaba cuáles eran los días que gozaban a nivel nacional de tal condición
(Archivo de la Asamblea Legislativa, 1956, pp. 187-215), (Archivo de la Asamblea
Legislativa, 1956, pp. 216-219), (Diario de Costa Rica, 1956, p. 1).
Fue necesario esperar hasta 1959 para que el presidente Echandi sancionara la
Ley Nº 2408, que declaraba feriado el 25 de julio, y que entraba en vigencia a partir
de ese mismo año (La Nación, 1959, p. 13). Se le adicionó la palabra “feriado” a
la Ley Nº 2034 del 18 de julio de 1956 –la declaratoria del 25 de julio como Día de
Fiesta Nacional–. Además, estipulaba que las escuelas y colegios oficiales y parti-
culares debían celebrar “actos cívicos alusivos a ese día, en conmemoración de esa
fecha”. Para tales instituciones el resto del día sería de asueto. La novedad quizás
más relevante era que mandaba a adicionarle al artículo 147 del Código de Trabajo
el 25 de julio como día feriado para todos los trabajadores costarricenses. Así,
quedaba abierto el portillo para su goce por parte de la generalidad de la población.
A pesar de eso, continuaron presentándose –tal como hasta ese momento–
irregularidades respecto al mandato; en parte por desconocimiento de su exis-
tencia (La Nación, 1959, p. 4). Por ejemplo, mientras en 1952 estaba dirigido a los
empleados públicos para que pudieran realizar los actos oficiales de celebración
en sus instituciones (Diario de Costa Rica, 1952), en 1959 el INS informaba que
cerraría por completo sus oficinas; lo cual indicaba que era un acto excepcional en
relación con lo acostumbrado por los usuarios de la institución (Diario de Costa
Rica, 1952, p. 3). En 1960 el Ministerio de Trabajo informó sobre las limitaciones
que tenía el día feriado ese año, según fuera el tipo de trabajo que se realizara
(Diario de Costa Rica, 1960, p.35). No todas las labores podían gozar de este día
con salario completo, y algunas incluso requerían de un común acuerdo entre los
trabajadores y los patronos. En 1961 se estableció que el pago de salarios sería “no
obligatorio” para ningún sector laboral (Diario de Costa Rica, 1961, p 10).

2. “La cenicienta” se transforma… ¿En princesa?

Durante la década de 1960 y fundamentalmente en la de 1970, el discurso de


“la cenicienta” empezó a ser contrarrestado. Se decía que Guanacaste ya no estaba
abandonada por el Estado y que había empezado a ser notorio su progreso econó-
mico, así como su integración en el imaginario de nación costarricense. Por un
lado, se decía que el Estado finalmente estaba prestándole atención económica; por
el otro, se le dio realce a la fiesta de la Anexión a nivel nacional, lo cual satisfacía
gran parte de los reclamos de incluir a la región en el imaginario de nación. En 1961
encontramos la primera referencia en este sentido:
Aunque con alguna frecuencia se han escuchado quejas que se han materiali-
zado en frases como la de que Guanacaste ha sido la Cenicienta de Costa Rica,
y en determinadas ocasiones ha habido alguna justificación, es lo cierto que

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con el transcurrir de los años los gobiernos han venido preocupándose cada
día más por sus problemas y por su desarrollo y puede asegurarse que en los
tiempos actuales no hay un sólo costarricense que no sienta como propios las
necesidades y los problemas del Guanacaste... (La Nación, 1961, p. 2).

Se argumentaba de tal manera sobre la base de la dinamización económica


experimentada en la provincia, a raíz del fomento dado por el Estado gestor a
la diversificación productiva (principalmente la producción de arroz, algodón y
ganado) (La Nación, 1968, p. 68), así  como por el establecimiento de la Carre-
tera Interamericana y otras vías de comunicación a lo interno de la provincia (La
Nación, 1969, p. 53), y el crecimiento del aparato educativo formal (La Nación,
1971, p. 48). Se pensaba que los aportes de la provincia al Estado y a la nación
costarricenses eran, además, de tipo folclórico; es decir, las manifestaciones cultu-
rales asociadas a la provincia:
Hoy los ticos y los guanacastecos somos una sola cosa. Luchamos por un
mismo destino y nos esforzamos por engrandecer a la república. Las obliga-
ciones, también, son mayores. En Guanacaste está el centro de producción
agropecuaria de Costa Rica. No es que sólo esa provincia lo sea. Pero sí es
verdad que constituye el pivote esencial, que amerita cuidado y dedicación.
La fecha de hoy debería de ser punto de partida para que los organismos del
Estado, los bancos, el Consejo de Producción, el Ministerio de Agricultura
y las demás instituciones que tienen que ver con el proceso productivo, se
empeñen en estimular de manera más eficiente, aquel engranaje del cual tanto
nos beneficiamos. Eso en lo material. En lo cultural, los compromisos también
son enormes. Y es que la cultura y la producción se entrelazan en el mundo de
hoy, en donde ambos factores están concatenados y resumen las situaciones
finales de las que parten nuevas posibilidades beneficiosas para todos (Diario
de Costa Rica, 1971).

Podemos percibir, con bastante nitidez, la vinculación estrecha que hay entre
el desarrollo material y el cultural, a la cual se hace alusión en esta cita. Se procuraba
la simpatía de los pobladores de la región bajureña mediante el realce de los rasgos
culturales asociados a esta, para incentivar su apoyo a los proyectos socioeconó-
micos que se estaban impulsando. En ese sentido, la fiesta de la Anexión era clave
para recordar a la ciudadanía la importancia de la contribución de todos y todas en
el progreso, tanto en la provincia como a nivel nacional; y para consolidar el control
estatal sobre el territorio –es decir, difundir la ley para fortalecer la patria– como es
acotado en esta cita:
Y las alegres canciones, y los gratos versos vernáculos, y las leyendas mara-
villosas nacidas de aquella tierra ubérrima, conmoverán los corazones de los
estudiantes y les encenderán la imaginación para suponer todo lo que quieran
en un día como éste. Mas este día ha de ser también para algo bien concreto:
para recordar a los guanacastecos y a quienes no lo somos, que ellos y nosotros
proseguimos teniendo las graves responsabilidades de consolidar una patria

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 53
rica, justa y culta, basada en la ley, fundamentada en la moral, encuadrada en
el alto concepto de la dignidad humana, con libertad, soberanía y progreso
espiritual, valores que sumados a los materiales del avance económico, han de
constituir la razón de ser de nuestros permanentes desvelos (Diario de Costa
Rica, 1973).

Paralelamente, estaba latente la añoranza de que la integración de Guanacaste


a la nación costarricense hubiera alcanzado ya su plena realización. Se apelaba a
que la región era incluida en las concepciones de territorio y población nacionales
de todos los habitantes, al decir que: “Los lazos de unión van más allá que la deci-
sión de un cabildo y más allá de la historia. No es imaginable un costarricense que
no tenga por patria la soleada pampa y por límites ambos mares. Esto sí merece una
fiesta nacional” (La Nación, 1970, p. 16). La mayor ilusión respecto a la fiesta yacía
en que esta lograra mostrarlo así, porque “es la fiesta de la Integración Nacional”
(La Nación, 1964, p. 32).
En efecto, la cantidad de actividades en conmemoración de la Anexión se
incrementó considerablemente a partir del Decreto de 1956 (véase la Tabla 2). En
el Valle Central, las actividades escolares se intensificaron, pero más aún las de
tipo especial; además, aparecieron los actos de autoridades políticas, pero amal-
gamadas con las especiales –como lo veremos–. Eran realizados actos cívicos a lo
interno de los centros educativos, conciertos de marimba, bailes folclóricos y reci-
tales de prosa alusiva a los paisajes de la provincia, así como concursos de ensayo
en algunos colegios de la capital y de otras zonas como Puntarenas y Orotina.
Dentro de las actividades especiales cobraron relevancia en primer término los
bailes populares; aunque también las presentaciones de bailes folclóricos; se ofre-
cían conciertos de banda al aire libre, así como transmisiones radiales patrocinadas
por empresas privadas –tal como en el periodo previo–. Dentro de las formas de
celebración en honor a la Anexión, quizás más particulares, estuvieron la siembra
de árboles de Guanacaste en el Parque Central, la inauguración del Parque 25 de
Julio en el barrio Sagrada Familia de la capital y de una placa conmemorativa a
esta fecha en el Parque Central, y la decisión de los vecinos de la Unidad Vecinal
Número Uno de San Sebastián de cambiarle el nombre a esta por el de “Colonia 25
de julio de 1824”.
En este periodo, los desfiles seguidos de actos cívicos abiertos se posicio-
naron como el evento central de las celebraciones de la Anexión, ya que permitían
la confluencia de los personeros estudiantiles con los de la administración política
y el resto de la población, en espacios públicos, accesibles a cualquier persona.
Mostraban además la magnificencia de las carrozas, bandas, bastoneras y demás
representaciones de la creatividad patria, que procuraban hacer más llamativa la
fiesta. Adicionalmente, en el área de los eventos políticos, si bien los diputados
llegaron a dedicar algunos minutos en el parlamento a reflexionar sobre la fecha, los

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actos en privado se redujeron por haberse conjuntado con las actividades generales
mencionadas. Esto lograba una mayor asistencia y paulatinamente la fiesta se fue
socializando de manera más extendida fuera de las fronteras guanacastecas.

Tabla 2
Las notas en la prensa escrita sobre celebraciones con motivo de la anexión

entre 1956-1974

Actividades de las Actividades


Actividades escolares
autoridades políticas especiales

Fuera de Guanacaste 1714 115 2716

En Guanacaste 317 1918 4119

Fuente: Elaboración propia a partir de las notas informativas de los periódicos El Guanacaste, Diario de Costa Rica y La
Nación.

Así sucedió también a lo interno de Guanacaste: las instituciones educativas


protagonizaban desfiles, y se conjuntaban con actos cívicos donde confluían las
autoridades políticas; sin embargo, acá crecieron estas con más fuerza que en el
resto del país. El 25 de julio de cada año, la cabecera de uno de los cantones de la
provincia se asumía como “la capital por un día”, donde los poderes ejecutivo y
legislativo se apersonaban para sesionar; debatir y aprobar proyectos que tendrían
lugar en esta unidad administrativa (Diario de Costa Rica, 1964, p.26), (Diario de
Costa Rica, 1964, p.7). Los jerarcas municipales de la provincia no eran la excep-
ción (Archivo Nacional de Costa Rica, 1967, ff. 189. 191, 214, 219 y 242).
Las autoridades políticas aprovechaban la atención mediática dada a la fiesta
para difundir sus discursos, proyectos e imagen; a la vez que procuraban aminorar
el discurso de “la cenicienta”. Se llegaba a afirmar que “los millones de colones
impulsarán diversas obras en Guanacaste para quien por lo visto aquello de ‘ceni-
cienta’ pareciera ya cosa del pasado. Más bien con tanto coqueteo con Guanacaste
las otras seis, incluida la orgullosa San José, están un poco celosas” (La Nación,
1967, p. 14). El presidente de la República, José María Figueres Ferrer, hacía eco
de ello en 1971 en el discurso proclamado en conmemoración del 25 de julio, en el
parque de Nicoya. En esta disertación sostuvo que 25 años atrás Guanacaste era la

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 55
Figura 1: Inauguración del Gimnasio Leonidas Briceño en el Liceo de Nicoya. Administración Figueres Ferrer, 1970-1974.
Fuente: Archivo Nacional de Costa Rica. Audiovisual. 81519. Fotografía.

cenicienta de Costa Rica, pero que ya no sucedía más así, gracias al desarrollo que
había alcanzado (Diario de Costa Rica, 1971). En la misma línea, en 1974 se reco-
nocía en el periódico La Nación que la región había pasado los primeros 125 años de
anexión sin una integración real a Costa Rica, pero que en el 150 aniversario, que se
conmemoraba ese año, esto era cosa del pasado, porque la apertura de la Carretera
Interamericana había permitido introducir en la provincia el desarrollo de vías de
comunicación, centros educativos, industria y turismo (La Nación, 1974, p. 2).
En efecto, se hacían notar algunos de los esfuerzos de diferentes entidades
estatales por incrementar su presencia en los centros poblacionales de Guanacaste.
Por ejemplo, en 1973, fue inaugurado el Hospital de la Anexión de Nicoya –como
parte del proceso de universalización del seguro social en el país–; el cual había
sido prometido y se empezó a construir. Fue financiado, visitado y, finalmente,
entregado entre 1964 y 1971.20 El Sistema Nacional de Acueductos y Alcantari-
llados (SNAA), aprovechaba para inaugurar cañerías y alcantarillados para el abas-
tecimiento de agua potable y el manejo de aguas.21 Otras obras inauguradas fueron
del tipo de un Centro Agrícola Regional (La Nación, 1967, p. 20), instalaciones para
centros educativos (La Nación, 1967, p. 62), tramos de asfaltado (La Nación, 1968,
p. 4), (La Nación, 1969, p. 49), urbanizaciones de interés social de los programas

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del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanización (INVU) (La Nación, 1971, p.
2), y sucursales de bancos como el Anglo Costarricense –para el financiamiento
de proyectos de desarrollo– (La Nación, 1974). Por ejemplo, en la Figura 1 puede
apreciarse al Presidente de la República inaugurando un gimnasio en el Liceo de
Nicoya, durante su segunda administración (1970-1974). En la misma línea, la
Asociación Nacional de Educadores aprovechaba la ocasión para convocar a su
Congreso en la provincia (Diario de Costa Rica, 1964, p. 31).
En cuanto a las actividades especiales en la provincia, sobresale la exposi-
ción ganadera que se posicionó en Liberia. La primera edición fue en 1955 y en
lo posterior fue acaparando paulatinamente la atención de la celebración liberiana.
Las mismas actividades que se realizaban en los desfiles y actos cívicos, así como
en algunas de las actividades especiales mencionadas, se reproducían en las expo-
siciones. Incluso en otras partes de la provincia como Nicoya, la ganadería se hacía
presente en el paisaje festivo con la incorporación de animales en los desfiles, como
se aprecia en la Figura 2. Tal fue el grado de relevancia que adquirieron las exposi-
ciones, que las mayores autoridades políticas nacionales empezaron a concurrirlas;
como los Presidentes de la República y Ministros de Agricultura. Ello constituía

Figura 2: Gira del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) a Guanacaste en 1971. Desfile de la celebración de
la anexión en las calles de Nicoya.
Fuente: Archivo Nacional de Costa Rica., Audiovisuales. 70949. Fotografía.

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 57
una muestra más de la condescendencia de las autoridades políticas con los grandes
ganaderos; a pesar de las críticas que enfrentaba esta actividad. En 1971 ya no se
le llamaba más “exposición” sino Feria Ganadera; y la diferencia radicaba en que
ya no solo se exhibía el ganado a los potenciales compradores de carne, sino que se
vendía ahí mismo en pie. Además, eran comunes “las dianas” al amanecer, por las
calles de los pueblos guanacastecos, para anunciar la inauguración de los festejos
del día, y los eventos ciclísticos sobre la recién construida carretera Panamericana.
En síntesis, identificamos a varios actores protagonistas de la expansión de la
fiesta de la Anexión; de los cuales, algunos también fueron responsables de la difu-
sión y declive del discurso de la cenicienta durante este lapso. En el periodo de los
mayores reclamos (1940-1956) –cuando la fiesta todavía no encontraba un lugar en
la nación–, la Asociación de Estudiantes de Guanacaste fue un protagonista central
en las gestiones de la celebración en Guanacaste en las décadas de 1940-1950; así
como en la realización de bailes populares conmemorativos en el Valle Central.
Seguidamente, los educadores jugaron un papel preponderante, tanto en su labor
de formación “cívica” en las aulas, como de parte de la Asociación Nacional de
Educadores (ANDE), que convocaba a congresos de docentes en Guanacaste y
llamaba a la reflexión sobre su importancia.
También se hicieron sentir las personas que se manifestaban a favor de las
grandes producciones agropecuarias; y los representantes del Estado –tanto los
poderes ejecutivo y legislativo, así como de diversas las instituciones– en el afán
de expandir su control sobre el territorio, la población, los recursos y la producción
de esta región. Estos dos últimos fueron los principales difusores de los argumentos
de “la cenicienta”. A ellos les siguieron las autoridades locales –municipales prin-
cipalmente– que recibían a las comitivas de los poderes nacionales en los cantones
guanacastecos, realizaban encuentros en dichos escenarios y se sumaban a los
rituales retóricos y mediáticos.
Por último, fue clave la participación de los estudiantes de todos los niveles
escolares, porque fueron las actividades de acceso público que ellos protagoni-
zaban las que lograron transmitir al resto de la población –ajena tanto al sistema
educativo como al ámbito de las autoridades políticas– el sentido, cuando menos,
de la fiesta de la Anexión. En la Figura 3 podemos observar gráficamente a este
conjunto de actores.
Hacia el sesquicentenario de la primera firma del Acta de Anexión, en 1974,
la fiesta todavía no había logrado consolidarse en la mayor parte del territorio
nacional. Gran parte de la población costarricense no se había identificado aún
con la celebración ni con el reconocimiento de la trascendencia de la Anexión del
Partido de Nicoya para Costa Rica, tal como lo pretendían quienes aclamaban por
su difusión.

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Figura 3: Gráfico de los actores de la expansión de la fiesta de la anexión y de algunos de los partícipes en el auge y
declive del discurso de la cenicienta.
Fuente: Elaboración propia.

Debido a lo limitado del asueto –dirigido solo a los trabajadores públicos


de Guanacaste–, las actividades realizadas fuera de la provincia estuvieron nueva-
mente limitadas al ámbito de las autoridades políticas de la Municipalidad de San
José y de los poderes del Estado; y al de algunas escuelas y colegios del Valle
Central (La Nación, 1974, p. 16 A). La gobernación municipal de la capital inau-
guró una nueva placa conmemorativa de la Anexión, pero esta vez alusiva especial-
mente al sesquicentenario. Fue colocada en un árbol de Guanacaste que se encon-
traba ubicado frente a la Iglesia de la Soledad (La Nación, 1974) (Archivo Nacional
de Costa Rica, 1974, f. 51).
Como actividad especial se informó de la publicación de un libro sobre la
Anexión de Nicoya. Sus autores eran Luis Fernando Sibaja y Chester Zelaya (1974).
Este texto, posiblemente, tampoco contribuyó sobremanera a la difusión de la fiesta
de la Anexión por dos razones principales: por un lado, trataba sobre el proceso de
anexión propiamente y no sobre su celebración; Por el otro, el público potencial
para leerlo era muy escaso, debido a los reducidos niveles de escolaridad superior
que prevalecían hacia esta época. Por esta y las demás razones mencionadas, en

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 59
el año 74, la mayoría de la población costarricense de las diferentes partes del
país pudo haberse enterado del sesquicentenario, pero muy probablemente no lo
vivieron con el entusiasmo que deseaban quienes promovían su celebración.
De tal forma, fue en Guanacaste y especialmente en Nicoya, donde tuvo lugar
una fiesta magna para celebrar el sesquicentenario de la Anexión, dado que esta era
considerada la capital del país en ese día propiamente. El programa de actividades
constituyó una especie de compendio de varias formas de celebración que habían sido
puestas en práctica en el ámbito escolar y en el de las autoridades políticas, e incluso
algunas de las formas especiales de festejo que habían sido desarrolladas hasta ese
año. Aquí, la participación en su organización de actores institucionales, tanto nacio-
nales como locales, era reflejo del despliegue político que esta generaba (Archivo
Nacional de Costa Rica, 1974, ff. 60, 219), (Ministerio de Cultura, 1975, p. 10).
Dentro de las actividades de ese año sobresalieron los homenajes al doctor
Vargas Vargas, emitidos por la Liga de Municipalidades de Guanacaste y el Colegio
de Médicos. Se le reconocía su destacada labor al procurar la atención del Estado a
la provincia, y en el ejercicio de su profesión en la región. Los reclamos al gobierno
por el abandono sufrido en la provincia, que antaño inspirara la figura de este perso-
naje, eran disimulados con los reconocimientos. En el trasfondo de las dedicatorias
se intentaba reflejar que la integración socio-económica de la región con el Estado
se había fortalecido, en relación con la situación que se presentaba dos décadas
atrás. Al menos en el plano de la identidad, el fomento de la fiesta de la Anexión
en la provincia era reflejo de ello. Guanacaste ya había logrado tener presente cada
año el culto al lento proceso de integración con Costa Rica. Pero en el resto del país
seguía estando pendiente la consolidación de dicho ritual.

Consideraciones finales
En 1969, Monseñor Román Arrieta cuestionaba el progreso que se decía que
había alcanzado la provincia, del cual no eran partícipes las personas más humildes,
y atribuía la responsabilidad de ello a la falta de solidaridad de unos pocos, respecto
a las mayorías, pues:
Dios ha bendecido a esta provincia, tanto en sus pampas y costas como en
el altiplano y sus montañas. La mano del hombre laborioso abriendo surcos
en la madre tierra, depositando cimientos en su cálido regazo, empuñando
la palanca del tractor en sus anchurosos campos agrícolas y cuidando de los
hatos en los dilatados y verdes repastos, irá amasando los bienes materiales
que por explícita voluntad de Dios a de asegurar, no sólo a unos pocos, sino a
todos los guanacastecos, un futuro mejor, más digno y más humano. Soñamos
en el día en que la riqueza generada gracias al trabajo de nuestros hombres
esforzados, signifique una dieta mejor para nuestros humildes campesinos, una
vivienda decente para nuestros sufridos sabaneros y el pan de la educación y la

60 Diálogos: Revista Electrónica de Historia, ISSN: 1409 - 469X, Vol. 15 N° 1, febrero-agosto 2014 / pp. 37-75, San José, Costa Rica
cultura para las multitudes que lo reclaman con justicia. Pero mientras el amor
no nos lleve a descubrir en el hombre más humilde su innata grandeza, ¿podrá
nuestro sueño convertirse en realidad? No se trata, creemos, de derribar al que
a fuerza de trabajo honrado se hubiera levantado, sino de levantar con nuestra
solidaridad, justicia y desprendimiento al que estuviere caído (La Nación,
1969, p. 66).

Sin duda, cuando los discursos de la cenicienta –y los que posteriormente


buscaron contrarrestarlos– hablaban del rezago vivido y superado, faltaba la consi-
deración de un desarrollo planificado que incluyera a la población de menos recursos,
que era la mayoría. Estos se habían desarrollado principalmente en concordancia
con el devenir de las producciones agropecuarias  predominantes en la región. De
hecho, se configuraban para servir a su favor en la tarea de acaparar los fondos
públicos que el Estado gestor destinaba a la expansión de la producción nacional a
las áreas periféricas.
Pero si en el ámbito socioeconómico, brillaban por su ausencia, en estos
discursos, la inclusión y la equidad social; sí se buscó fomentar la fiesta de la Anexión
para mantener una identificación sociopolítica generalizada con tales proyectos. El
sector educativo fue crucial en la labor de difundir y construir el arraigo con este
conjunto de rituales. De hecho, hacia el final del periodo en estudio, la fusión de
los eventos de las autoridades políticas con los actos escolares se materializaba en
desfiles realizados en espacios públicos, lo cual permitió un alcance más amplio
de la celebración, en términos de la cantidad de personas que participaban en ella.
Sin embargo, la instancia educativa no era suficiente, porque la mayor parte de la
población continuaba manteniéndose al margen de las aulas escolares y colegiales.
Por tanto, resultaron relevantes las celebraciones adicionales que apuntaban al goce
colectivo, de las cuales los bailes populares fueron, quizás, la práctica más extendida.
Así las cosas, el reclamo regionalista de que la fiesta de la Anexión debía ser
emprendida en todo el país –en agradecimiento a los grandes aportes que había
traído a la nación tan generosa decisión–, permanecía vigente todavía hacia la
conmemoración del sesquicentenario. Si bien, se habían vuelto comunes la práctica
de algunos desfiles, actos cívicos escolares, y protocolos públicos de las autori-
dades políticas que permitían un conocimiento ampliado del motivo de la fiesta; la
celebración, fuera de la provincia, se daba básicamente en la capital y en algunos
centros poblacionales, pero no se había generalizado en la totalidad del país. En
Guanacaste, en cambio, la fiesta ya había logrado consumarse localmente. Acá, el
tema de fondo lo constituía la integración que había alcanzado la región guanacas-
teca con el Estado-nación costarricense; que permitía el control del segundo sobre
la primera para lograr la participación generalizada de la población en la dinámica
económica promovida por el Estado gestor. En ese sentido, faltaría precisar mejor
la participación efectiva de la generalidad de la población en el progreso material al
que apuntaban los discursos que hemos analizado.

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 61
En la actualidad, es fácil percibir cómo cada 25 de julio se emprende la fiesta
a nivel nacional. Por ello, queda pendiente la exploración del rumbo que tomó su
desarrollo posterior a 1974. En ese periodo, el modelo de Estado en Costa Rica dejó
de ser gestor de la economía y se encaminó por las arcas de las tendencias neolibe-
rales. Este modelo, a pesar de que supone reducir la intervención del aparato estatal,
para dejar los asuntos de esta índole en manos de la iniciativa privada, parece haber
continuado reforzando la unidad nacional en torno a sí, mediante la promoción de
la fiesta de la Anexión. Posiblemente estemos ante una de las disyuntivas contem-
poráneas: el crecimiento económico en un sistema capitalista neoliberal necesita
de la continuidad de los Estados-nación para mantener la estabilidad social que el
mercado requiere.
Por último, este trabajo deja la interrogante del papel que pudo haber jugado
la fiesta de la Anexión en la consagración de los cánones del folclor nacional.
Como es sabido, gran parte de las representaciones folclóricas de Costa Rica son
asociadas a algunos elementos culturales desarrollados en la región guanacasteca;
pero no existe certeza del significado histórico de muchas de ellas, ni de la forma
cómo fueron incorporadas al utillaje de la patria. En ese sentido, la fiesta –en el
marco de la segunda modernidad cultural–, al haber sido la plataforma principal de
difusión de algunos símbolos culturales de la región, podría resultar un escenario
clave de su desarrollo.

Citas y Notas
* Se le agradece profundamente a la profesora Andrea Montero por su guía incondicional y
exhaustiva en cada una de las etapas de este trabajo. También al profesor David Díaz y a
la profesora Soili Buska, por sus orientaciones y lectura. A la profesora Saray Córdoba,
Marcela Alfaro, y Valeria Vargas por las correcciones de estilo. Finalmente a Aura Salas, por
su apoyo total y permanente.

1 Recita de la siguiente manera: “Artículo 1o.- Declárase Día de Fiesta Nacional el 25 de julio
de cada año como justo reconocimiento del país a los pueblos del antiguo partido de Nicoya
en la fecha de su incorporación al Estado de Costa Rica.” ARCHIVO DE LA ASAMBLE
LEGISLATIVA, Gobernación, 6 de  julio de 1956. Decreto Nº 2034, f.19.

2 Otras obras han abordado esta perspectiva en Costa Rica. David Díaz en su tesis sobre la
fiesta de la independencia maneja el tema del papel de las fiestas civiles en la construcción
del Estado y del espacio público. El mismo autor ha señalado que la fiesta de la batalla de
Rivas el 11 de abril sirvió de plataforma entre 1915 y el 2006 para difundir las celebraciones
en torno a la figura de Juan Santamaría. En ellas ha observado el pasado social formalizado,
es decir, cómo se ha dado la construcción pública del pasado desde el presente por intelec-
tuales de las élites políticas y económicas. Además, se refiere a la dimensión política de la
memoria al plantear que esta es modelada mediante los actos cívicos, a partir del contexto
político. Para abonar y moldear la memoria, a cada una de las fiestas patrias les son creadas

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expresiones simbólicas. De tal tipo son el Himno Nacional y la figura del Héroe Juan
Santamaría. Tanto los símbolos como los rituales patrios son empleados para representar el
pasado en el presente. Díaz Arias, David, Historia del 11 de Abril, Juan Santamaría entre
el pasado y el presente (1915-2006), San José [Editorial de la Universidad de Costa Rica],
2006; y Díaz Arias, David, La Fiesta de la Independencia en Costa Rica, 1821-1921, San
José, [Editorial de la Universidad de Costa Rica], 2007. (Díaz, Historia del 11 de abril, Juan
Santamaría entre el pasado y el presente (1915-2006), 2006) (Díaz, La Fiesta de la Indepen-
dencia en Costa Rica, 1821-1921, 2007)

3 Los tres elementos nos hablan de procesos de cambios y continuidades. Son las formas
acogidas por el historiador David Díaz en el estudio de las experiencias del caso costar-
ricense. Él lo ha expresa de una manera más sintética al decir que las fiestas patrias son:
“tradiciones inventadas que fueron creadas por actores específicos de la construcción del
Estado-nación moderno, con el objetivo de inventar la nación y modelar un pasado oficial
para celebrar los orígenes de esa nación.” Díaz Arias, David, “Pequeños patriotas y ciuda-
danos: Infancia, nación y conmemoración de la independencia en Costa Rica, 1899-1932“,
Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, Nº 25 (primer
semestre del 2011), p. 86. (Díaz, Pequeños patriotas y ciudadanos: Infancia, nación y conme-
moración de la Independencia de Costa Rica, 1899-1932, 2011)

4 Este término es sólo una de las formas empleadas para designarlo en las diferentes disci-
plinas académicas. Lo hemos escogido porque nos interesa resaltar la función gestora de la
economía y de la cultura nacionales que cumplió el Estado en este periodo.

5 Rovira enfatiza en la intención de expandir el modelo económico capitalista en Costa Rica,


que tenía el Estado en este periodo. De hecho, lo llama Estado intervencionista porque observa
cómo este buscó intervenir la economía mediante el establecimiento de empresas públicas
e instituciones autónomas, además de regular las actividades privadas con medidas como la
nacionalización bancaria. Rovira Mas, Jorge, Costa Rica 1948-1970: Clases sociales, Estado
y política económica; una perspectiva sociológica. San José, [Editorial de la Universidad de
Costa Rica], 1980, pp. 39-63. (Rovira, 1980)

6 Por ejemplo, en 1969 la señora Emilia Prieto realizó una investigación sobre las canciones
folclóricas del país, para lo cual clasificó el territorio nacional en tres regiones: Guanacaste,
Limón y el resto. Hacia 1971 había logrado abarcar sólo al primero de estos sectores. Mini-
sterio de Cultura, Juventud y Deportes, Informe de Labores del Ministerio de Cultura, Juve-
ntud y Deportes, enero-abril. San José, 1971, p. 10. (Prieto, 1971)

7 En el caso de la producción cañera el Estado intervino mediante la fijación de precios y la


asignación de cuotas para consumo interno y para la exportación. También, a partir de 1971,
se estableció que el Sistema Bancario Nacional debía corresponder con la producción de
caña mediante el otorgamiento de facilidades crediticias. En la producción de arroz, por su
parte, fueron aplicados aranceles proteccionistas, recursos crediticios y públicos y precios de
compra favorables. Arroyo Blanco y León Sáenz, Desarrollo histórico del sector agroindu-
strial de la caña, ..., pp. 194, 205 y 305.

8 Sin embargo, Díaz no incursionó en las formas que adquirió el proceso completo mediante el
cual cobró vida de manera tácita y definitiva la fiesta en Guanacaste ni en el resto de Costa Rica.

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 63
9 Por ejemplo, en 1943, abrió la convocatoria para participar de un concurso literario con el
objetivo de impulsar ante la Asamblea Legislativa la declaración del 25 de julio como Día
de Fiesta Nacional. Las creaciones debían ser sobre temas económicos, reseñas históricas y
cuestiones folclóricas, y se insistía en el requisito de ser obras con “carácter guanacasteco”,
lo cual significaba que correspondiera con los elementos culturales que eran asociados a la
región. El Guanacaste, 1 de agosto de 1943, [p. 1].

10 El Guanacaste, julio de 1955, [p. 2]. (El Guanacaste, 1955)

11 El Guanacaste, 30 de junio de 1947, [p.4] (El Guanacaste, 1947); Diario de Costa Rica, 28
de julio de 1951, [p.4] (Diario de Costa Rica, 1951); Diario de Costa Rica, 25 de julio de
1950 (Diario de Costa Rica, 1950), [p.8]; La Nación, 25 de julio de 1950 (La Nación, 1950);
La Nación, 24 de julio de 1952 (La Nación, 1952); La Nación, 24 de julio de 1955, [p. 53]
(La Nación, 1955).

12 El Guanacaste, 10 de julio de 1944, [p. 4] (El Guanacaste, 1944); Diario de Costa Rica, 27
de julio de 1951, [p.7] (Diario de Costa Rica, 1951); Diario de Costa Rica, 31 de julio de
1951, [p. 4]; Diario de Costa Rica, 24 de julio de 1955, [p. 9] (Diario de Costa Rica, 1955).

13 La Nación, 26 de julio de 1955, [p. 39] (La Nación, 1955).

14 La Nación, 25 de julio de 1959, [p. 15]; La Nación, 24 de julio de 1960, [p. 11]; Diario de
Costa Rica, 25 de julio de 1961, [p. 2]; Diario de Costa Rica, 25 de julio de 1953, [p. 4];
Diario de Costa Rica, 25 de julio de 1971, [p. 4]; La Nación, 24 de julio de 1971, [p. 4]; La
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de julio de 1958, [p. 17]; La Nación, 26 de julio de 1960, [p. 25]; Diario de Costa Rica, 26
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Acerca el autor
Esteban Alfaro Salas: Bachiller en Historia, Universidad de Costa Rica: Nicoya, Guanacaste.
(estebantropo@[Link]).

Esteban Alfaro Salas. El discurso en la invención de la Fiesta Nacional de la anexión del partido de Nicoya a Costa Rica, 1940-1974 75

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