VITAMINAS
VITAMINAS
AUTORES:
Córdova Lenin
Maroto Wilmer
Manzano Edhy
Cárdenas Freddy
TEMA:
VITAMINAS
DOCENTE:
Ing. Patricio Guevara. Msc
SEMESTRE:
Sexto “A”
PERIODO ACADÉMICO:
Octubre 2016 – Marzo 2017
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I. TEMA:
VITAMINAS
II. INTRODUCCIÓN:
Las vitaminas son un grupo de compuestos orgánicos inconexos que desarrollan funciones
específicas para favorecer el crecimiento y conservar la salud. (Wilmore & Costill, 2007),
detallan que las necesidades de las vitaminas en los animales es en proporciones bajas pero
sin ellas el animal no podría utilizar los otros nutrientes que ingiere. Las vitaminas actúan
principalmente como catalizadores en las reacciones químicas. Son esenciales para la
liberación de energía, para la formación de tejido y para la regulación metabólica. Las
vitaminas pueden clasificarse en dos categorías principales: las liposolubles y las
hidrosolubles. Las vitaminas liposolubles A, D, E, K, se absorben desde el tracto digestivo
junto y unido a los lípidos.
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III. MARCO TEÓRICO:
VITAMINAS
Las vitaminas según detalla,(Ileana, 2007), son sustancias orgánicas imprescindibles para la
evolución normal de los procesos vitales en el organismo animal. Son necesarias para
mantener la salud y la capacidad de rendimiento y han de aportarse con los alimentos. Por
regla general, el organismo animal no puede sintetizar por sí mismo las vitaminas.
Constituyen un grupo de moléculas de estructura química muy heterogénea, con variado
peso molecular que oscila desde los 122 para la niacina hasta los 1.355 para la
[Link] presentan estructuras muy parecidas a otros compuestos
orgánicos, tales como la vitamina C con los azúcares, vitamina D con las hormonas
esteroideas y la vitamina B12 con las porfirinas(Entrala, 2010).
Su acción las hace comparables a los agentes catalizadores estudiados en fisiología celular.
Así por ejemplo, la tiamina o vitamina B1, forma parte de una coenzima particular que
regula la degradación de los azucares; en ausencia de ella, esta operación no puede
alcanzar su desarrollo final y en consecuencia la acumulación en el organismo de
metabolitos glucosidicos produce trastornos nerviosos. De modo vulgar podríamos
comparar la acción de las vitaminas con la correspondiente a un lubricante capaz de
asegurar el funcionamiento de los mecanismos.
Existe mucha controversia en el significado verdadero de las vitaminas por lo cual a través
de varias investigaciones realizadas por los científicos, (Sánchez, Márquez, & Abad, 2005),
denotan que las vitaminas son sustancias orgánicas imprescindibles en la alimentación de
los seres vivos. No aportan energía, puesto que no se utilizan como combustible, pero sin
ellas el organismo no es capaz de aprovechar los elementos constructivos y energéticos
suministrados por la alimentación. Normalmente se utilizan en el interior de las células
como precursores de las coenzimas, a partir de los cuales se elaboran los miles de enzimas
que regulan las reacciones químicas de las que viven las células.
Según,(Muñoz, 2002), las vitaminas son sustancias lábiles, ya que se alteran fácilmente por
cambios de temperatura y pH, y también por almacenamientos prolongados. Debemos
tener en cuenta que la mayor parte de vitaminas sintéticas no pueden sustituir a las
orgánicas, es decir, a las contenidas en los alimentos o extraídas de productos naturales.
Aunque las moléculas de las vitaminas de síntesis tengan los mismos elementos
estructurales que las orgánicas, en muchos casos no tienen la misma configuración espacial
por lo que cambian sus propiedades.
Las vitaminas deben ser aportadas a través de la dieta, puesto que el cuerpo del animal no
lo puede sintetizar. Una excepción es la vitamina O que se puede formar en la piel con la
exposición al sol, y las vitaminas k, B1, B12, y ácido fólico, que se forman en pequeñas
cantidades en la flora intestinal (Sánchez, Márquez, & Abad, 2005)
Estudios llevados a cabo por científicos japoneses según nos menciona, (Pérez, 2007),
demuestran que las bacterias intestinales son capaces de producir espontáneamente
vitaminas de los tipos B1, B2, B12 y C. Ahora bien, para que eso sea posible el organismo
debe disponer de una buena flora intestinal, siempre y cuando la alimentación suministrada
al organismo animal y humano sea la correcta.
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Lo que no se puede conseguir con las vitaminas es compensar un aporte insuficiente o
desequilibrado de energía, materia nitrogenada y mineral. Tampoco las vitaminas son
agentes curativos de las enfermedades infecciosas y si a veces se utilizan en terapéutica es
porque algunas de ellas son capaces de mejorar el terreno o bien de participar en
fenómenos de desintoxicación (Besse, 1971).
Funk creó el término de vitaminas en el año de 1912, cuando sugirió que los alimentos
contenían algunos constituyentes orgánicos especiales, que prevenían algunas
enfermedades como el beriberi, el escorbuto, pelagra y raquitismo. Desde esa época se han
ido aislando y descubriendo una lista larga de vitaminas (Church & Pond, 1996).
La palabra vitamina se acuño para describir un factor alimenticio esencial (tiamina) que
previniera la polineuritis en aves de corral; posteriormente se clasificó como vitaminas a
una serie de sustancias orgánicas que, aunque difieren químicamente y tienen funciones
fisiológicas distintas, comparten las siguientes características: son componentes de los
alimentos, pero no son glúcidos, lípidos, ni proteínas; están presentes en los alimentos en
cantidades variables, pero generalmente muy pequeñas; su ausencia o deficiencia causa
síntomas específicos de anormalidad; el animal es incapaz de sintetizarlas, por lo que su
presencia en el alimento es esencial. (Shimada, 2003).
(León, 1983), nos dice que las vitaminas incluyen una serie de compuestos orgánicos,
requeridos por el animal en pequeñas cantidades, pero cuya omisión o deficiencia produce
una sintomatología característica que finalmente resulta en la muerte del animal,
actualmente se conocen unas 15 vitaminas cuyas funciones son muy variables y en algunos
casos muy específicos.
Las vitaminas se clasifican en dos grupos: las solubles en agua (complejo B y vitamina C), y
las solubles en lípidos (A, D, E, K). Las primeras no se almacenan en los tejidos por lo que su
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presencia en los alimentos debe ser considerable y constante; la excepción a esta regla es la
vitamina B12. Las liposolubles se almacenan en el hígado y en otros tejidos por lo que su
ingestión puede hacerse por etapas (Shimada, 2003).
Generalmente se acepta que los animales con un rumen desarrollado pueden sintetizar
todas las vitaminas reconocidas como hidrosolubles. Aunque cuando el rumen padece una
disfunción, los microorganismos del rumen pueden experimentar una cierta disfunción en
su capacidad para la síntesis de las vitaminas del grupo B. Cuando los rumiantes precisan
una atención especial los veterinarios suelen administrarles suplementos de vitaminas del
complejo B como parte de una medida contra el estrés (Wayne, 1990).
En el caso de los rumiantes, aunque los alimentos sean pobres en vitaminas hidrosolubles la
síntesis microbiana de las mismas es suficiente para llenar los requerimientos del animal.
Algo similar ocurre con los conejos, así como con aquellas aves y cerdos que tienen acceso a
su propia materia fecal (Ileana, 2007).
El papel de la fracción de la vitamina K sintetizada por la flora bacteriana y reciclada por los
animales coprófagos, deben ser relevantes, porque en animales SFF es frecuente la
aparición de enfermedades hemorrágicas.(García P. , 1983), nos dice que estos animales y
otros con escasa síntesis microbiana deben ser suplementados con más vitamina k en la
dieta. Las vitaminas hidrosolubles, excepto la B12 (sintetizada por la microflora intestinal)
no se almacenan en los tejidos. Algunas vitaminas del complejo B son sintetizadas en gran
cantidad por la flora intestinal. Los roedores obtienen una buena cantidad de sus
necesidades por cecotrofagos. Los animales sintetizan la vitamina C en sus tejidos, excepto
el cuy y los primates, que requieren un aporte diario. Es esencial para la función inmunitaria
y para la síntesis del colágeno, particularmente en hembras preñadas y lactantes.
En cuanto a las vitaminas liposolubles, los rumiantes dependen al igual que los
monogástricos, de los aportes de los alimentos, en particular para las vitaminas A y E, y en
menor medida para las del grupo D. en efecto, la vida al aire libre en que se desarrollan
estas especies, al menos parte del año, les permite aprovechar las radiaciones solares para
sintetizar el colecalciferol a partir de los esteroles cutáneos. Esto supone un suplemento de
vitamina D3 que añadir al suministro por el ergocalciferol (vitamina D2), formando
igualmente por irradiación en el curso de la recolección de los forrajes. Los efectos de la
henificación, beneficiosos en este caso, son por el contrario perjudiciales para el contenido
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en carotenos o tocoferoles de los henos. En lo que se refiere a la vitamina A, o retinol, se
produce una cierta pérdida que se ve aumentada por la acción desfavorable de las
hidrogenasas de los microorganismos del rumen sobre las uniones etilénicas del caroteno y
del retinol. Para el tocoferol, la influencia es menor, pero podría tener consecuencias
indirectas sobre la salud de los terneros o sobre la calidad de los productos lácteos. En todo
caso es esencial que las vitaminas cubran las necesidades de estos dos factores, que
regulan en primer lugar la permeabilidad de las membranas celulares, la integridad de los
epitelios, el buen funcionamiento reproductivo (al menos para el grupo vitamínico A), el
desarrollo de alguno de los procesos de desintoxicación ,etc.
El contenido en vitaminas del complejo B de la leche es, más o menos, constante a lo largo
del año, mientras que el nivel de vitaminas liposolubles varían bastante.(Jarrige, 1981),nos
dice que un aporte regular de estas vitaminas últimas permitirá elevar su cantidad en la
leche y en la mantequilla, que son una importante fuente de vitaminas para el hombre.
Un porcentaje alto de retinol, y de alfa tocoferol en el calostro servirá para reforzar las
defensas del ternero recién nacido frente a las numerosas agresiones de las que es víctima
desde el momento en que nace el ternero dependiendo de las condiciones de la
explotación. Para asegurar estas calidades dietéticas de la leche y de los productos lácteos
no deben desdeñarse los suplementos vitamínicos. Estos jugarán igualmente un papel
esencial en otros casos relacionados con las virtudes de la crianza. También se ha
demostrado la necesidad de ciertos aportes de tiamina para la profilaxis de la necrosis del
córtex cerebral. Igualmente es necesario un aporte de vitaminas del grupo D para la
profilaxis de la fiebre vitularia sobre todo en vacas de elevada producción láctea. En este
aspecto, el conocimiento de las actividades reforzadas de los metabolitos del cole calciferol
(vitamina D3) ofrece grandes posibilidades y hace concebir grandes esperanzas en la lucha
contra enfermedades metabólicas cuyas consecuencias económicas son muy graves
(Jarrige, 1981).
Las necesidades vitamínicas de los rumiantes son a nivel del metabolismo general y celular,
las mismas que las de los monogástricos. Sin embargo, las vías y los medios para cubrir
estas necesidades son diferentes, ya que la síntesis llevada a cabo por los microorganismos
del rumen hace a los rumiantes independientes con respecto al aporte exógeno de las
vitaminas del complejo B. Un equilibrio alimenticio conveniente puede reforzar aún más
esta autonomía, aunque ésta también puede resultar comprometida si la dieta no aporta
las cantidades adecuadas de ciertos factores. Este es el caso de la vitamina B12 cuando
existe una carencia de cobalto, o de la tiamina (vitamina B1), cuando la ración aporta un
exceso de glúcidos. Tal es el origen de la necrosis del córtex cerebral. La amida del ácido
nicotínico, niacina o también llamada vitamina PP, podría entonces añadirse para mejorar
el rendimiento energético de algunas de las reacciones que se producen en el rumen
(Jarrige, 1981).
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deficiente por el tubo digestivo, produce en general una enfermedad con síntomas
característicos.
Cuando una o más vitaminas están ausentes en el organismo se habla de avitaminosis. Por
el contrario, si se ingieren en exceso se habla de hipervitaminosis, condición que también
trae como consecuencias negativas para la salud (Rosa & Rodríguez, 2015).
SINTESIS DE VITAMINAS
Dentro del ciclo de vida, las vitaminas son pre sintetizadas por las plantas. Los animales y
seres humanos carecen de las enzimas necesarias para elaborarlas, razón por la que son
indigeridas las provitaminas con los alimentos y se culmina su síntesis con la ayuda de las
bacterias que habitan en la porción colónica del conducto digestivo. Las vitaminas
descubiertas (dejando la posibilidad de que existan otras aún no encontradas), realizan
funciones importantes dentro del proceso de integración vital y energética de los
organismos superiores posibilitando su adecuada expresión vital y psicofísica (Rodriguez,
1996).
El autor, (Ramírez, 2003), menciona que la síntesis de vitaminas hidrosolubles del complejo
B y las vitamina K pueden llevarla a cabo los microorganismos del rumen. Cuando el
alimento es rico en vitaminas del complejo B, la cantidad sintetizada es relativamente
pequeña, pero si el aporte alimenticio disminuye, esta cantidad aumenta. Por tanto, el
rumiante adulto es independiente del suministro externo de estas vitaminas, aunque hay
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que recordar que la síntesis adecuada de vitamina B12, está condicionada por la presencia
de cobalto suficiente en la dieta.
En comparación con las cantidades de otros nutrientes que son necesarias los
requerimientos vitamínicos de los animales son insignificantes; por ejemplo, un cerdo de 50
Kg no necesita más que de 2 a 6 miligramos de vitamina B (tiamina) al día. Sin embargo, la
carencia persistente de estas vitaminas en la dieta da lugar a alteraciones metabólicas que
pueden acabar una enfermedad (Fric & Perez, 1969).
Hay algunos compuestos que después de sufrir un cambio químico actúan como vitamina,
como ocurre con el beta caroteno y algunos esteroles; a estas sustancias, precursoras de las
vitaminas se les llama provitaminas.
Hay algunas vitaminas que se destruyen al oxidarse. Este proceso es acelerado por el calor,
la luz, y algunos metales como el hierro. Es necesario tener en consideración este hecho
cuando se almacena el alimento, pues según las condiciones puede afectarse su potencia
vitamínica final (Fric & Perez, 1969)
ANTIVITAMINAS
Las antivitaminas K, se hallan en una variedad del trébol (dicumarol) y usada como
raticida.
Una antivitamina B1, o tiaminasa, en los pescados
Las vacas lecheras, lo mismo que todos los animales, requieren de vitaminas. Por fortuna,
en condiciones normales los alimentos naturales aportan la mayoría de las vitaminas o sus
precursores en cantidades adecuadas. De las vitaminas que se conocen, solo la vitamina A y
la D pueden faltaren la ración diaria término medio. Los miembros del complejo B y la
vitamina K se sintetizan en el rumen y la vitamina C se sintetiza en los tejidos. La vitamina E
abunda en la mayoría de los alimentos. Sin embargo, en ciertas condiciones se debe
verificar si el aporte vitamínico es adecuado, por ejemplo (Ensminger & Olentine, 1978):
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Cuando se da forraje en cantidades limitadas o éste es de baja calidad
Cuando la cantidad de heno curado al sol es escasa o los animales no están
mayormente expuestos al sol
Cuando se dan altas proporciones de ensilaje de maíz
Cuando se usan muchos sustitutos de leche para terneros de corta edad
Esta última práctica no se recomienda para vacas en lactancia porque reduce el nivel
energético de las mezclas de concentrado de alta energía. Para prevenirse de posibles
carencias a veces a los terneros recién nacidos se les da una inyección de vitamina A (por lo
general mezclada vitaminas D y E) poco después de nacer. Algunos productores de leche
inyectan con regularidad vitamina A, a todas las vacas cuando se secan, porque consideran
que así se reducen las dificultades en el parto y se obtienen terneros más y más sanos
(Ensminger & Olentine, 1978).
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Poe este motivo, a efectos prácticos la mayor parte de las raciones o piensos para
rumiantes se recomienda que sean suplementadas fundamentalmente en vitaminas
liposolubles, principalmente A, D3, K. Suele asumirse así que, las necesidades en otras
vitaminas son cubiertas por la absorción de las producidas por los microorganismos del
rumen, como es el caso de las B1 (Tiamina), B2 (Riboflavina), niacina (B3 o ácido nicotínico),
B6 (piridoxina), B12 (cianocobalamina), biotina, colina, ácido fólico (folacina), ácido
pantoténico y vitamina K, o por las sintetizadas en los tejidos del propio animal como la
vitamina C (Torres & Caja, 1997).
Las vacas lecheras que siempre están bajo techo pueden sufrir de raquitismo por carencia
de vitamina D. Siendo difícil prever el contenido de vitamina D del forraje porque depende
del tiempo que haya estado expuesto a los rayos solares durante su secado, suele ser una
buena medida agregar vitamina D a la mayoría de las raciones para terneros. La vitamina D
se puede añadir a razón de 330 unidades internacionales por kilogramo de concentrado. A
los terneros también se les puede inyectar vitamina D (por lo general combinada con
vitamina A y E) poco después de nacer.
Con excepción de la deficiencia más probable de vitamina D por vivir bajo techo, los
requerimientos vitamínicos de las vacas lecheras y los bovinos para carne son similares.
Según él, (NCR, 1989), recomienda la necesidad de suplementar ciertas vitaminas (B1, B12,
Niacina y posiblemente colina), en algunas condiciones particulares, tales como rumiantes
jóvenes o sometidos a dietas lácteas, situaciones de deficiencia de cobalto, raciones ricas
en alimentos muy fermentecible (melaza, tubérculos y raíces, cereales especialmente
cuando han sido finamente molidos o tratados al calor), o ricas en sulfatos (pulpas de
remolacha muy sulfatadas), intoxicaciones o empleo de alimentos enmohecidos y,
especialmente cuando se adicionan productos conservantes antimicrobianos o antibióticos.
Por otro lado, (Zinn & Stuart, 1987), indican que en el caso de terneros de cebo (feedlot) al
inicio del periodo de engorde, el ácido pantotenico y el ácido fólico pueden también ser
limitantes en el crecimiento. No obstante, señala igualmente que no deben esperarse
respuestas a la suplementación oral de estas vitaminas dada su elevada degradabilidad en
el rumen.
Con excepción de la deficiencia más probable de vitamina D por vivir bajo techo, los
requerimientos vitamínicos de las vacas lecheras y los bovinos para carne son similares.
Es muy probable que falte la vitamina A, Si el ganado esta en pasto verde, no hay problema.
Según nos dice, (Cassard, 1963), el bovino necesita entre 450 a 1450 gramos de un buen
heno de alfalfa verde en el cual dicho heno aportará con la Vitamina A que necesitan los
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novillos que están en un lote seco. No es probable que falte esta vitamina en las raciones
que contienen ensilaje, maíz amarillo o heno verde especialmente de leguminosas. Si están
en pasto o forraje seco, hay que tener cuidado. Las raciones adecuadas en vitamina A
suelen aportar también suficiente vitamina D, y las vacas que reciben la luz del sol obtienen
en cantidad suficiente. Las terneras jóvenes que se crían en establo, si no consumen un
buen heno curado al sol pueden necesitar un suplemento como el aceite de hígado de
pescado. Rara vez son un problema para el ganado bovino las otras vitaminas.
Según investigaciones realizadas por, (Ensminger & Olentine, 1978), las necesidades de
vitaminas en ganado caprino son reducidas. La vitamina A es la única vitamina que se
agrega rutinariamente a las raciones de las cabras. Ocasionalmente se inyectan vitaminas D
y E conjuntamente con vitamina para prevenir deficiencias.
Las raciones para ovejas son adecuadas en todas las vitaminas liposolubles, con excepción
del escaso contenido de caroteno y/o vitamina A en las praderas secas de invierno. Sin
embargo, estos animales pueden acumular depósitos hepáticos de vitamina A que les
permiten mantener la producción por unos 3 a 4 meses. La carencia de vitamina D no es
problema si no se mantiene a las ovejas con una dieta carente en ella en ambientes que no
reciben sol. En algunas regiones de los Estados Unidos de América esto puede ocurrir
(Ensiminger & Olentine, 1978).
Desde hace mucho tiempo se sabe que el contenido vitamínico de los alimentos varía
mucho de acuerdo con el suelo, las condiciones climáticas y la cosecha y almacenado.
Pueden ocurrir carencias de vitaminas por (Ensminger & Olentine, 1978):
Ciertas vitaminas son necesarias para el crecimiento, desarrollo, salud y reproducción de los
caballos. A veces se ven carencias de vitamina A y D. Además se sabe que los equinos
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precisan de vitamina E y algunas vitaminas del grupo B. También se reconoce que la
carencia de una sola vitamina es la excepción y no la regla.
Los forrajes verdes, de mucha hoja y alta calidad, además de una abundante exposición al
sol, suelen aportar a los caballos la mayoría de las vitaminas que necesitan. Los equinos
obtienen el caroteno (que pueden convertir en vitamina A) y riboflavina de las pasturas
verdes y del heno de color verde de no más de un año de antigüedad, y vitamina D de la luz
solar y del heno curado al sol. Si no se dispone de abundante forraje verde ni de luz solar, el
criador debe recabar el consejo de un especialista en nutrición equina sobre el empleo de
aditivos vitamínicos para los alimentos.
Los requerimiento de vitamina A y D que necesitan los bovinos son de la misma manera
para los equinos, pero como estos no tienen rumen, estos animales no son tan capaces de
elaborar sus propias vitaminas como los rumiantes. Probablemente los caballos necesitan
que sus dietas haya tiamina y riboflavina, del complejo B. Pero las raciones para los caballos
contienen normalmente estas vitaminas en abundancia, así que lo único que tiene que
hacer el ganadero es cerciorarse de que las vitaminas A y D sean adecuadas en las raciones
de estos animales (Cassard, 1963).
CARACTERISTICAS
Las vitaminas según nos destaca, (Miján, 2002), son un grupo heterogéneo de sustancias
orgánicas presentes normalmente en cantidades muy pequeñas en los alimentos, que son
esenciales para el crecimiento y mantenimiento de la función celular y de los órganos.
Deben ingerirse a través de la dieta, bien porque el organismo no pude sintetizarlas bien
porque no lo hace en cantidad suficiente para satisfacer los requerimientos.
Las características de las vitaminas según nos menciona,(Serra & Aranceta, 2006), se
destacan las siguientes:
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ingestión del mismo satisfaga las necesidades del individuo. De ahí la importancia de
que la dieta habitual sea variada, evitando así el peligro de deficiencia vitamínica.
En general, puede decirse que son fundamentales en la regulación de los procesos
metabólicos, actuando como catalizadores en las reacciones bioquímicas asociadas
íntimamente a las enzimas correspondientes y a determinados minerales.
FUNCIONES
Las vitaminas ejercen una función reguladora en el organismo. A estos compuestos se les
descubrió precisamente al detectar los síntomas que ocasionaban su carencia, como en los
casos de escorbuto, pelagra y raquitismo, cuyos síntomas fueron curados mediante la
administración de alimentos frescos que contenían suficientes vitaminas(Gama, 2004).
Las vitaminas se necesitan diariamente pero en muy pequeñas cantidades, pues realizan
funciones muy específicas; actuando como hormonas, catalizadores de reacciones celulares
o como coenzimas, en el metabolismo de los macronutrientes (grasas, carbohidratos y
proteínas). Las vitaminas realizan, dentro de la fisiología animal y humana diferentes
funciones específicas.
Las enzimas son sustancias orgánicas que se forman en las células para dirigir las reacciones
bioquímicas y son indispensables en el metabolismo. Están constituidas por dos partes; una
parte proteica y una parte no proteica llamada grupo prostéico. Este grupo prostéico
generalmente es una vitamina, un nutrimento inorgánico o una combinación de ambos.
Cuando se dice que una vitamina actúa como coenzima es que forma parte del grupo
prostético de una enzima (Rosa & Rodríguez, 2015).
Por otro lado, también es importante destacar que existen algunos compuestos afines a
una vitamina, que no son vitaminas pero que tienen una estructura semejante y que
realizan la misma función de la vitamina. Estos compuestos se denominan vitámeros(Rosa
& Rodríguez, 2015).
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Existen otros compuestos denominados provitaminas o precursores los cuales también son
compuestos semejantes en estructura química a las vitaminas, pero que no pueden actuar
directamente sino cuando el organismo los activa y cumplen la función de las vitaminas.
Las funciones de las vitaminas, y la necesidad que el organismo tiene son muy variadas.
Dependen de la función y de la distribución de las sustancias vitamínicas que participan en
diferentes procesos fisiológicos vitales como la edad del individuo (García, 1983).
De los otros dos miembros del complejo B, el ácido fólico y la vitamina B12 ayudan a la
prevención de ciertos tipos de anemia y la colina es un agente para la transferencia de
grupos metilo. Se demostró últimamente que algunas sustancias menos bien identificadas
son compuestos de función previamente conocida; errores de este tipo son difíciles de
evitar cuando se sospecha la existencia de un factor desconocido como factor esencial de la
dieta para algunas especies y, como este vago conocimiento como única guía para los
experimentos iniciales, hay que elaborar una dieta experimental completa en todos los
otros factores esenciales salvo de ése, de dudosa entidad. La vitamina C ayuda a mantener
en estado saludable las sustancias intracelulares (Garrido & Castejon, 1964).
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Las funciones vitales que realizan las vitaminas incluyen (Pensanti, 2005):
Las vitaminas son compuestas de bajo peso molecular. Muchas están relacionadas con
coenzimas, por lo que se piensa que es una de las razones por las que al faltar
determinadas vitaminas, algunos procesos químicos celulares no se realizan, se altera el
metabolismo y, por lo tanto la salud del organismo. Las cantidades de vitaminas requeridas
por el organismo son muy pequeñas (generalmente microgramos); ya que no proporcionan
energía sino que solo actúan en los mecanismos vitales por ejemplo los
biocatalizadores(Campos & Hernández, 2008).
Por otro lado, (Gil, 2010), nos menciona que las vitaminas son compuestos orgánicos y de
carácter esencial que sin poseer valor energético ni plástico, son indispensables para el
crecimiento, el equilibrio nutricional y la salud. Son reguladores de multitud de procesos
metabólicos, funcionando normalmente como coenzimas y grupos prostéticos de enzimas,
vitaminas con función antioxidante como la vitamina C y E, vitaminas con función de
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coenzimas como el ácido fólico y la vitamina B12, la vitamina A y la vitamina D. Su carácter
esencial exige un aporte regular a través de la dieta y los alimentos ya sean en su forma
definitiva, ya sea como precursores o provitaminas. Solo en algunas ocasiones, las
vitaminas pueden ser sintetizadas por la microbiota intestinal como ocurre en la vitamina K
y en menor medida con la biotina.
Una causa nutricional para la presentación de la metritis es la vitamina A la cual hace parte
del grupo de las vitaminas liposolubles y tiene relevancia especial en la función
reproductiva. Esta ejerce su acción sobre la integridad estructural y funcional de las células
epiteliales del organismo animal, actúa sobre el crecimiento, reproducción y el desarrollo
embrionario; pero su papel principal es actuar como protectora de los epitelios incluyendo
el endometrio. Además tiene un efecto estabilizante sobre varias membranas celulares y
actúa regulando la permeabilidad de la membrana(Campos & Hernández, 2008).
A pesar de que son indispensables cuando se ingieren en exceso son tóxicas y provocan
problemas conocidos en general como hipervitaminosis por ejemplo; el exceso de vitamina
A provoca anorexia (falta de apetito), cefalea, alteraciones en el hígado, irritabilidad,
pérdida de peso, dolores en los huesos. La hipervitaminosis D causa pérdida del peso,
calcinación de tejidos blandos, insuficiencia renal. La hipervitaminosis K se caracteriza por
provocar anemia y trastornos gastrointestinales (Gama, 2004).
Una deficiencia de vitamina A puede producir muerte embrionaria, aborto, terneros débiles
al nacimiento y de forma subsiguiente una retención de placenta, debido a que no hay
regulación de la filtración de líquidos y gases a través de las membranas fetales; también se
dificulta la fecundación, debido a la generación de una atresia ovárica y a la degeneración
del epitelio germinal. Adicionalmente se producen edemas que ocasionen terneros muertos
o prematuros (natimorfos), lo cual provoca una posterior retención de placenta. Estas
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retenciones provocan metaplasia queratinizante, de los epitelios de la mucosa útero
vaginal, lo cual provoca la aparición de metritis(Campos & Hernández, 2008).
No todas las vitaminas actúan como coenzimas. Las vitaminas designadas por las letras A,
D, E, K, tienen un abanico variado de funcione, la vitamina A es el precursor del retinal, el
grupo sensible a la luz de la rodopsina y de otros pigmentos visuales y el ácido retinoico es
una molécula importante en la señalización. Una deficiencia de esta vitamina conduce a la
ceguera nocturna. Además los animales jóvenes necesitan vitamina A para crecer. La
vitamina C, o ascorbato actúa como antioxidante. Una deficiencia de vitamina C puede
acarrear el escorbuto, una enfermedad debida al colágeno mal formado y caracterizada
por lesiones dermatológicas y fragilidad de los vasos sanguíneos. Un metabolito de la
vitamina D es una hormona que regula el metabolismo del calcio y el fosforo. Una
deficiencia de vitamina D desequilibra la formación de los huesos en los animales jóvenes.
La deficiencia de vitamina E produce infertilidad en ratas. Esta vitamina reacciona con las
especies reactivas del oxígeno, tales como los radicales de hidróxido, y las inactiva antes de
que puedan oxidar los lípidos insaturados de las membranas, dañando las estructuras de
las células. La vitamina K es necesaria para la coagulación normal de la sangre (Berg, 2008).
Las vitaminas no solo sirven para curar o evitar trastornos ocasionados por una deficiencia.
En dosis estándares, también pueden prevenir el riesgo de enfermedades crónicas:
cardiovasculares, osteoporosis, degeneración macular e incluso el cáncer (García R. , 2012).
IV. BIBLIOGRAFIA:
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