LA LITERATURA ESPAÑOLA ENTRE 1940 Y 1975
1- MARCO HISTÓRICO (1939-1975)
2- LA LITERATURA EN EL EXILIO
- Narrativa
- Lírica
- Teatro
3- LA NARRATIVA DE POSGUERRA (1939-1975)
3.1. Los años cuarenta: el realismo tremendista
3.2. Los años cincuenta: el realismo social
3.3. La novela experimental: superación del Realismo
4- LA POESÍA DE POSGUERRA (1939-1975)
4.1. Los años cuarenta
4.2. La poesía social. Principales autores
4.3. La generación de los cincuenta. Principales autores
4.4. La generación del 68: los novísimos
5- EL TEATRO DE POSGUERRA (1939-1975)
5.1. El teatro triunfante. Principales autores
5.2. Teatro comprometido. Principales autores.
5.3. La generación realista. Teatro de denuncia y protesta.
1- MARCO HISTÓRICO (1939-1975)
La Guerra Civil supuso una ruptura en la evolución de la cultura española con respecto a las
corrientes europeas. Tras la guerra, el panorama cultural se ve condicionado por las siguientes
circunstancias:
- España queda sumida en un aislamiento cultural y político; Se instauró un fuerte aparato de
control y censura de las publicaciones.
- Los escritores jóvenes carecen de modelos estéticos. La generación del 27 se deshace. Lorca
es fusilado durante la Guerra Civil; otros autores parten al exilio (Salinas, Cernuda, Guillén y
Alberti). Los pocos que quedan en España (Vicente Aleixandre, Dámaso alonso) se convierten
en los únicos referentes para los creadores de posguerra.
- Juan Ramón Jiménez es un modelo literario vivo, pero su estética empieza a ser superada
por otras formas y temas poéticos más próximos a la compleja realidad social.
- La escasa producción literaria nacional favorece el auge de las traducciones de autores poco
comprometidos (W.S. Maugham, Pearl S. Buck…).
- El ambiente bélico genera tendencias al escapismo (novela evasiva de Carmen de Icaza:
Cristina Guzmán) o a la temática de la guerra (La fiel infantería, de Rafael García Serrano,
exaltación de los vencedores)
- En los años cincuenta se observan cambios económicos que anuncian una incipiente
apertura del régimen franquista. Se producen migraciones del campo a la ciudad, lo que
provoca el nacimiento de barrios obreros y suburbios, ambientes ampliamente retratados en
la literatura. Aparecerán nuevas tendencias, al generalizarse una mayor preocupación por
problemas de índole social. Por otra parte, España se incorpora lentamente a organismos
internacionales (la ONU, en 1955) y se observa una tímida liberalización intelectual.
- Los años sesenta representan el comienzo de cambios sustanciales en la vida social,
económica y cultural de España. Se confirma el aperturismo de la década anterior y da paso
a una época histórica caracterizada por una mayor presencia del país en el ámbito europeo y
mundial. Al desarrollo económico, impulsado por la industrialización y el aumento del
turismo, se une el incremento de contactos con el exterior y cierta flexibilidad en el control
de la censura. Con todo, autores como Juan Goytisolo o Juan Marsé ven prohibidas algunas
de sus novelas.
2- LA LITERATURA EN EL EXILIO
Muchos autores salieron de España por motivos políticos. Entre sus temas comunes encontramos: la
nostalgia de España y la desazón por la derrota republicana.
Narrativa
Estos escritores mezclarán los temas del dolor por la guerra y la patria perdida (a menudo idealizada)
con las técnicas propias del Realismo y la humanización de la novelística anterior al conflicto bélico,
junto a experimentos vanguardistas.
- Ramón J. Sender. Autor de Crónica del Alba y Réquiem por un campesino español (1960),
destaca por sus novelas de corte clásico.
- Max Aub. Creador de la serie El laberinto mágico (1938- 1968). Se trata de obras basadas en
la Guerra Civil, con un lenguaje exquisito.
- Rosa Chacel. Novelista innovadora y partidaria de un estilo vanguardista. Su obra más
representativa es La sinrazón (1960).
- Francisco Ayala. Creador de una novela caracterizada por el preciosismo técnico y estético,
con sorprendente densidad conceptual. Obra fundamental: Los usurpadores (1949).
Lírica
La mayoría de poetas exiliados procede de la generación del 27 (Guillén, Salinas, Alberti, Cernuda).
También vivió en el exilio hasta su muerte Juan Ramón Jiménez. Muchos de ellos cultivan temas
recurrentes en torno al paraíso perdido, la armonía rota por la guerra, el paso del tiempo y la
muerte.
También cabe destacar a:
- León Felipe. Maestro del versículo, dedica poemarios cargados de dolor a la España de los
derrotados, como Español del éxodo y del llanto (1939).
Teatro
Además de los autores del 27 (Salinas o Alberti también escriben un teatro muy interesante),
destaca la labor realizada por muchos dramaturgos españoles exiliados en América, que lamentaban
la distancia de la patria.
- Alejandro Casona. La dama del alba (1944).
- Max Aub. Morir por cerrar los ojos (1944)
3- LA NARRATIVA DE POSGUERRA (1939-1975)
La Guerra Civil provoca una fisura con la tradición anterior: quedan rotas o abandonadas las
tendencias innovadoras y experimentales impulsadas por Unamuno o Valle-Inclán. En cambio, se
nota cierta relación entre la novela de posguerra y el Realismo del XIX. Esta tendencia ya se había
manifestado en la preguerra en autores como Ramón J. Sender, cuya obra fue silenciada por la
represión cultural que supuso la censura.
3.1. Los años cuarenta: el realismo tremendista
Aunque se amplían los temas literarios, los años cuarenta están marcados por las consecuencias del
conflicto. Conviven diversas tendencias: a las notas triunfalistas, el deseo de evasión (principalmente
en el teatro) o el retorno al formalismo clásico (los poetas), pronto se une una literatura inquietante
y cargada de angustia (la poesía de Blas de Otero y Gabriel Celaya), o novelas como La familia de
Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1945), de Carmen Laforet. En esta última
predomina el enfoque existencial, producto de la posguerra, así como una incipiente preocupación
social, no fácilmente perceptible debido a la censura.
Desde un punto de vista técnico, la época está marcada por cierta desorientación y por la búsqueda
de cauces para una literatura acorde con el momento que se vive (realismo barojiano, novela
psicológica, heroica, poética, simbólica…). Esta situación incierta se ve agravada por la desconexión
con el pasado literario inmediato; se “secuestran” las obras sociales de preguerra y se desconocen las
obras de los exiliados; la novela novecentista (deshumanizada) se encuentra muy alejada -
temáticamente- de los tensos momentos que se viven. Solo Baroja parece conectar con las
preocupaciones de estos autores.
A pesar de las dificultades (guerra, exilio, incomunicación, censura, falta de modelos…), el género va
renaciendo con escritores como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Ana María
Matute. Cada vez hay más lectores y se fomentan concursos literarios (Premio Nadal).
Una de las primeras líneas originales fue el tremendismo, inaugurado por Cela con La familia de
Pascual Duarte. En esta breve pero intensa narración, Cela ofrece una agria visión de los aspectos
más míseros y brutales de la realidad. La fórmula propuesta, consistente en desquiciar la realidad en
un sentido violento y en presentar sistemáticamente hechos desagradables e incluso repulsivos, fue
muy imitada (Miguel Delibes en La sombra del ciprés es alargada, o Ana María Matute en Los Abel)
3.2. Los años cincuenta: el realismo social
Hacia 1951 la literatura dio un giro a su intención hacia el realismo objetivo. Este es el año de
publicación de La colmena, segunda obra de Cela, con la que se inicia el realismo social. Siguen
publicando autores como Delibes (El camino, 1950), pero se puede hablar de una nueva etapa:
tímida apertura al exterior, migraciones del campo a la ciudad…
Surge una generación de narradores que comparten principios ideológicos y formales. Su objetivo es
ofrecer el testimonio de la realidad española desde una conciencia ética y cívica. Pretenden que la
palabra sirva de estímulo para el cambio social (la literatura como arma política), aunque pocos
adoptan una postura extrema (que hubiera llevado a la censura, el exilio o la cárcel); por ello la
mayoría opta por moderar la denuncia para que llegue al mayor número de lectores.
Tratan de reflejar de modo objetivo la realidad. Así, el narrador no comenta los sucesos que relata ni
se implica en ellos; se limita a presentar escenas, personajes y hechos como si fuera una cámara
cinematográfica. A esta forma de narrar se le denomina objetivismo. Se persigue una nueva posición
narrativa y eludir la censura. Autores de esta tendencia son: Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández
Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite.
Precedentes de la narrativa objetivista serían: el neorrealismo italiano (en el cine, Vittorio de Sica o
Visconti), escritores americanos de la generación perdida y el nouveau roman francés. Entre los
españoles se habla del influjo de Galdós y Baroja, junto con la admiración por Antonio Machado.
El conductismo es el grado máximo del objetivismo: el narrador se limitará a registrar la pura
conducta externa de individuos o grupos y a recoger sus palabras, sin comentarios ni
interpretaciones, como en El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio (1955).
Por otra parte, algunos autores hacen una crítica más directa, donde lo social es el contenido básico,
a veces en detrimento de la estética tradicional. En este grupo estarían: Caballero Bonald, Juan
García Hortelano, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Juan Marsé…Su técnica se llama realismo crítico:
consiste en la denuncia de las desigualdades y las injusticias a través de la explicación y análisis de la
realidad, descubriendo sus mecanismos más profundos. En estos autores es decisiva la influencia de
la generación perdida.
Temas y estilo
Temas recurrentes: el desaliento, la insatisfacción, la soledad en medio de la sociedad, y el recuerdo
de la guerra y sus consecuencias. Indagan tanto en la España urbana como en la rural.
Campos temáticos de los narradores del medio siglo:
- La vida del campo: Los bravos (1954), de Jesús Fernández Santos.
- El mundo del trabajo y las relaciones laborales: Central eléctrica (1958), de Jesús López
Pacheco.
- La ciudad: La colmena (1951), de Camilo José Cela.
- La vida de la burguesía: Juegos de manos (1954), de Juan Goytisolo.
En general, predominan espacios abiertos como el campo, las aldeas, el mar, los arrabales…
Los protagonistas son seres solitarios que viven aislados dentro de sus barrios o grupos. Es una
soledad que nace de la desconexión entre ricos y pobres, campo y ciudad, pueblo y Estado. La razón
última de esta soledad está en la división, recrudecida por la guerra.
En las obras de los cincuenta destaca un desplazamiento de lo individual a lo colectivo: la sociedad
se convierte en tema narrativo.
El estilo se caracteriza por una deliberada pobreza léxica y una tendencia a recoger los aspectos más
superficiales de los registros lingüísticos populares o coloquiales. No obstante, no es un estilo
descuidado, ya que hay interés por lo formal. Los autores aportaron novedades, pero el contenido es
prioritario.
3.3. La novela experimental: superación del Realismo
En 1962 se publica Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos y La ciudad y los perros, de Mario Vargas
Llosa (obra del boom de la narrativa hispanoamericana).
Al cambio se incorporaron escritores como Cela, Delibes o Juan Goytisolo. La renovación de la
creación novelística se fundamenta en los siguientes factores:
- Los lectores se sienten ya cansados de la novela social. Además, J. Goytisolo veía la ineficacia
de la literatura para cambiar el mundo.
- Se revalorizan los aspectos formales y se recupera la imaginación y el subjetivismo.
- Irrupción de la novela hispanoamericana (Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Borges,
Sábato) y conocimiento de la obra de los autores exiliados.
- Se habla de novela estructural o experimental, lo cual afecta a 3 aspectos:
o Relieve de la estructura formal (disposición de las partes)
o Indagación de la estructura de la conciencia personal (del protagonista, sobre todo)
o Exploración de la estructura del contexto social.
Este nuevo concepto de novela, basado en la deconstrucción (construcción a partir de la destrucción
de modelos anteriores), implica transformaciones en todos sus elementos: acción, personajes, punto
de vista, estructura, diálogos, descripciones.
Camilo José Cela
Nació en Iria Flavia (La Coruña) en 1916. Realizó estudios de diversas carreras (Medicina, Filosofía y
letras, y Derecho) pero no concluyó ninguna. Una enfermedad le hace pasar un largo período de
reposo que dedicó a la lectura de nuestros clásicos. Tras el éxito de su primera novela, La familia de
Pascual Duarte, se dedicará por entero a la literatura. En 1957 ingresó en la Real Academia Española.
Recibe en 1984 el Premio Nacional de Literatura, en 1987 el Príncipe de Asturias, en 1989 el Premio
Nobel de Literatura y en 1995 el Premio Cervantes. Muere en Madrid en el 2002.
Obra
Como sabemos, está considerado el iniciador del
tremendismo, con la publicación en 1942 de La
familia de Pascual Duarte, uno de los principales
acontecimientos novelísticos de la posguerra.
Su segunda gran obra, La colmena (1951), es un
retrato fiel de la amarga realidad de la posguerra,
condicionada por el hambre, el miedo y el sexo.
La acción se desarrolla en Madrid, en los años
cuarenta. No hay un único protagonista: por la
novela desfilan alrededor de doscientos personajes. Se trata de un gran retrato social, una “novel
coral” cuyos personajes se retratan hablando; sin embargo, no podemos hablar de conductismo, ya
que las intervenciones del narrador, llenas de humor y de ternura, nos lo impide. Está en el límite
entre lo existencial y lo social, y supone el inicio de la novela social de los cincuenta.
A partir de los años 60, Cela se suma a las corrientes renovadoras de estos años. Así, publica San
Camilo, 1936 (1969). Se trata de un monólogo interior situado en Madrid al comienzo de la Guerra
Civil. Recoge lo más sórdido y oscuro de la ciudad, la violencia y, sobre todo, el sexo.
Oficio de tinieblas 5 (1973) continúa en esta línea de innovación. Su última obra, Madera de boj
(2000), plasmó el mundo interior del novelista.
Miguel Delibes (Valladolid 1920-2010)
Cursó estudios de Derecho, Periodismo y Comercio (materia en la que
ejerció como catedrático), aunque comenzó trabajando como
dibujante caricaturista y empleado de banca. Escribió y fue director en
El Norte de Castilla. En 1947 gana el Premio Nadal con La sombra del
ciprés es alargada. Con la publicación en 1950 de El camino, se
consagra como escritor. En 1954 obtiene el Premio Nacional de
Literatura por Diario de un cazador. Ingresó en la RAE en 1973; en
1982 obtiene el Premio Cervantes y en 1993 el Príncipe de Asturias.
Obra
Es el máximo representante del realismo intimista. En una primera
etapa, (La sombra del ciprés es alargada), aborda los temas de la tristeza y la frustración. En esta
novela se preocupa por lo humano, con una profunda hondura psicológica, cuidadas descripciones
del paisaje y diálogos expresivos. En su segunda etapa, escribe El camino (1950), Las ratas (1962) o
Mi idolatrado hijo Sisí (1953), novelas del realismo social. Las dos primeras se enmarcan en un
ambiente rural, la tercera narra las costumbres y la mentalidad de la burguesía provinciana.
Su obra cumbre es Cinco horas con Mario (1966), un largo monólogo de una mujer que vela a su
marido recién fallecido. Dos sentimientos se debaten en su interior: la culpabilidad por un adulterio
(deseado, pero no cometido) y la frustración, pues cree que su marido la apartó injustamente. En
1982 aparece Los santos inocentes sobre la degradación que sufre una familia rural explotada por los
señores-amos de un cortijo en Extremadura.
Estilo
Delibes se caracteriza por su capacidad para construir personajes, reflejar ambientes y por su
dominio del léxico y de registros lingüísticos variados, en especial del habla popular.
4- LA POESÍA DE POSGUERRA (1939-1975)
Los años de la guerra y la inmediata posguerra nos traen al poeta Miguel
Hernández, el “poeta pastor”, conocido por libros como El rayo que no
cesa (1936), escrito en sonetos cuyo tema fundamental es el amor,
insatisfecho, trágico e irrenunciable, que, como un rayo incesante, hiere
las entrañas del poeta. Destaca la elegía dedicada a su amigo Ramón Sijé.
Durante la Guerra Civil escribió Viento del pueblo y El hombre acecha. Es
poesía social y cívica. El primero es más épico, combativo y optimista; el
segundo, escrito cuando el final de la guerra estaba ya decantado, es más
pesimista. Trata sobre los horrores de la guerra: heridos, cárceles, miseria,
destrucción, sangre…
Cancionero y romancero de ausencias (1938-41) es su última obra, un libro pesimista en el que se
lamenta de lo perdido: su primer hijo, el amor y la libertad, la bondad del hombre…Se aprecia un
tono social que será recogido por otros poetas en los cincuenta.
4.1. Los años cuarenta
Las principales líneas líricas de la posguerra se articulan en torno a cuatro revistas literarias, cada
una con planteamientos diferenciados, entre ellas, Garcilaso, Espadaña, Cántico y Postismo.
En esta época destacan la poesía arraigada y la poesía desarraigada.
La poesía arraigada ofrece una visión optimista del hombre y del mundo, con los que el poeta se
siente en armonía. Son poetas que buscan la perfección formal. Entre ellos destacan: Leopoldo
Panero, Dionisio Ridruejo y Luis Rosales. Sus temas fundamentales son el amor, el paisaje y el
sentimiento religioso (hacia un Dios que da sentido al mundo). Era la poesía de los “vencedores”.
En la revista Espadaña se recoge una poesía rehumanizada, desarraigada, donde las tristes
circunstancias del hombre constituyen el principal tema poético. Destacan especialmente Gabriel
Celaya y Blas de Otero.
La poesía desarraigada parte del convencimiento de que el mundo es “un caos y una angustia, y la
poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla” (según el poeta Dámaso Alonso). Es una
poesía existencial: el hombre está angustiado por el tiempo y la muerte, sobre todo en aquellos años
de represión, injusticia, hambre…Ante el dolor por el sufrimiento humano, el hombre se vuelve a
Dios y se rebela, o bien busca en él una respuesta que puede ser consoladora o desesperanzadora . El
siguiente paso será volver los ojos a los demás y convertirse en la voz de la mayoría: así nace la
poesía social.
4.2. La poesía social. Principales autores
En torno a los últimos años de la década de los cuarenta comienza a surgir una poesía denominada
social, en la que se evoluciona del yo (protagonista de la lírica espiritualista de los cuarenta) al
nosotros. Se renuncia al esteticismo, a los lujos formales en busca de una poesía de mayor
profundidad, capaz de remover la conciencia del hombre y transformar el mundo.
La poesía social coincide con la novela social de los cincuenta. En 1955 se publican Cantos iberos, de
Gabriel Celaya y Pido la paz y la palabra, de Blas de Otero. Se evitan los problemas íntimos como
tema poético; también se produce un rechazo del esteticismo. El poeta debe comprometerse, tomar
partido ante la situación del momento. De este modo se pretende crear una poesía clara para la
inmensa mayoría. A veces se emplea el coloquialismo y el prosaísmo.
Las dos tendencias poéticas aludidas (espiritualista y social) se dan en el principal de los autores: Blas
de Otero. Por su protagonismo lo destacamos junto a otro de los grandes poetas del s. XX: José
Hierro.
Blas de Otero
Nacido en Bilbao (1916), su obra literaria
está muy condicionada por sus
acontecimientos vitales: la experiencia de
la Guerra Civil, sus continuos viajes, la
Dictadura, su militancia en el Partido
Comunista, etc., marcan su carácter y su
poesía. Vivió en Barcelona, París y, desde
1955, en Madrid, donde murió en 1979.
Es el poeta más importante de la poesía desarraigada. Su primera poesía metafísica se va
angustiando hasta desembocar en una poesía para la inmensa mayoría y social, aunque su
compromiso no le hizo perder lirismo.
Obra
Es el poeta más importante de la poesía desarraigada. Su obra se divide en dos etapas:
- 1ª: Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). Son obras donde el
poeta se rebela angustiosamente ante Dios; la suya es una religiosidad que surge del dolor y
del sentimiento de soledad que invaden al hombre. Suele utilizar estrofas clásicas.
- 2ª: Pido la paz y la palabra (1955), Que trata de España (1959) y En castellano (1960). La
palabra alcanza valor estético y ético, y sirve para denunciar y comunicar los horrores del
hombre, la estupidez de un presente que lo condena al dolor y al sufrimiento.
Estilo
Es uno de los poetas que mejor domina la lengua literaria y sus recursos. Impresiona por su grado de
perfección, desde la fonética hasta el léxico.
José Hierro
Aunque nació en Madrid (1922), su familia se
trasladó a Santander, donde vivió la Guerra Civil y
fue detenido y liberado tras un largo periplo por
cárceles españolas. Colabora en varias revistas y es
galardonado con el Premio Adonáis en 1947 por su
libro Alegría. Comienza entonces una larga carrera
como escritor, jalonada con numerosos premios
como el Nacional de Literatura (1953 y 1999), el
Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1981) y el
Premio Cervantes (1998). Fallece en el 2002 en
Madrid.
Obra
Autor de poemas existenciales, sociales, etc., nunca llega a identificarse totalmente con ninguna de
estas líneas. Profundamente humano y de gran rigor artístico, sus poemas son de dos tipos:
- Reportajes: visiones, testimonios directos.
- Alucinaciones: en ellos habla vagamente de emociones.
En 1990 publicó Agenda, libro heterogéneo del que destacamos su particular homenaje a Lope de
Vega. En 1988 apareció su última obra, Cuaderno de Nueva York, magistral poemario que recibió el
Premio de la Crítica en 1999.
4.3. La generación de los cincuenta. Principales autores
Algunos autores de los cincuenta surgidos en el marco de la poesía social se encargan de renovar el
ambiente poético. Así encontramos a Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma etc .
La poesía en los sesenta volverá a preocuparse por el hombre y recuperará el optimismo . Se trata
de una poesía inconformista y escéptica: los nuevos poetas ponen en duda la capacidad de la poesía
para transformar el mundo y se centran en otros temas. Se observa depuración estética y rigor
poético. En definitiva, se reacciona contra la poesía social. Estos autores consideran que el léxico
cotidiano está gastado y no se debe volver a usar; sobre todo en el tema amoroso.
Ángel González
Es quizás el principal representante del grupo
poético de los años cincuenta. Su primer libro,
Áspero mundo, apareció en 1956, y su producción
continúa hasta su muerte. También ha cultivado el
ensayo, con interesantes estudios sobre los más
importantes poetas del siglo. En 1985 se le otorgó el
Premio Príncipe de Asturias de las Letras y fue
miembro de la Real Academia desde 1996.
(Oviedo, 1925- Madrid 2008)
Obra
Desde la publicación de Áspero mundo en 1956, Ángel González ha desarrollado una amplia
producción: Sin esperanza, con convencimiento (1961), Grado elemental (1962), Palabra sobre
palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967), Procedimientos narrativos (1972), Prosemas o menos
(1985), Deixis en fantasma (1992), Otoño y otras luces (2001) y, póstumamente, Nada grave (2008).
Además, se han hecho varias recopilaciones de su obra.
Desde sus inicios, hallamos en sus poemas un tono crítico y amargo. Su poesía trata los problemas
sociales del hombre de su tiempo con diversos tonos: irónico, angustiado, dolorido…
Estilo
La diversidad de estilos es notoria. Destacan el empleo de un vocabulario rico, el marco urbano como
trasfondo de sus poemas, la sencillez estética…
4.4. La generación del 68: los novísimos
La publicación en 1970 de la antología Nueve novísimos poetas españoles, de José María Castellet,
es la confirmación de un nuevo grupo poético que propone un cambio en las corrientes estéticas del
momento. El grupo lo forman: Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, José María Álvarez,
Guillermo Carnero, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Vicente
Molina Foix y Ana María Moix. Es la primera generación nacida después de la Guerra Civil.
Los novísimos aportaron una nueva sensibilidad basada en una incipiente sociedad de consumo que
nace con las mejoras económicas. Su educación asimila elementos nuevos: cine, medios de
comunicación de masas, cómic y música, como el pop o el jazz. Asimismo, estos escritores viajan
con frecuencia al exterior, atraídos por la literatura foránea. Son autores que sienten a Aleixandre
o Cernuda como modelos.
Sus características serían:
- Amplia formación cultural que se refleja en sus poemas. Culturalismo.
- Cuidado exquisito de la forma. Para renovar el lenguaje poético vuelven sus ojos hacia el
surrealismo y otras vanguardias, de donde toman la ruptura de la métrica, la poesía visual, el
gusto por la provocación y la ironía etc.
- Rescatan elementos del decadentismo y del modernismo, como el exotismo, la elegancia, el
lujo…
- Aversión hacia la poesía social.
- Variedad de temas: desde la tristeza de corte existencialista hasta la frivolidad, el cinismo o
el sarcasmo.
- Practican a veces la metapoesía: poesía basada en la propia poesía, en la reflexión sobre el
propio lenguaje poético, en la intertextualidad, en citas de otros autores…
- Su poesía es, a menudo, críptica, de muy difícil interpretación.
Dentro de este grupo podemos distinguir dos líneas:
- Autores que comienzan a escribir en los inicios de la década de los sesenta. Muy influidos
por la cultura pop (Vázquez Montalbán, A la sombra de las muchachas sin flor, 1971)
- Una 2ª generación a finales de la década de los sesenta o ya en los setenta, deslumbrada
por el decadentismo de Kavafis. Son más esteticistas: Antonio Colinas, Sepulcro en
Tarquinia.
Sin duda, la propuesta de los novísimos regeneró el ambiente literario y abrió caminos a los jóvenes
poetas que empezaban.
5- EL TEATRO DE POSGUERRA (1939-1975)
Las duras condiciones de la posguerra afectaron a la creación literaria, incluida la producción teatral.
Dadas las especiales características del espectáculo dramático, se puede afirmar que el teatro vivió
durante la posguerra una intensa crisis general: los autores escasean y padecen una férrea censura;
por otra parte, el público y los empresarios no están dispuestos a la innovación, lo que hace que el
teatro quede reducido a un mero espectáculo para la diversión. En esta época se desarrolla, además,
un competidor feroz: el cine.
Clasificación:
TEATRO DE POSGUERRA
Alta comedia benaventina
Inmediata posguerra (años Teatro triunfante
Teatro de humor
40)
Teatro soterrado Teatro comprometido
Teatro de denuncia y
Década de los 50 Generación realista
protesta
5.1. El teatro triunfante. Principales autores
El teatro triunfante propone una clara continuidad con las formas y temas dramáticos anteriores a
la Guerra Civil. Son autores que conciben el teatro a la manera de Jacinto Benavente: José María
Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, Joaquín Calvo Sotelo etc.
La alta comedia benaventina no trata de innovar ni presenta una disposición a la ruptura. Es un
subgénero basado en el diálogo agudo y brillante. Frecuentemente, los autores realizan un teatro
histórico y triunfalista, en el que se intenta recuperar las glorias del pasado Imperio español.
Además de la alta comedia, hay una clara tendencia al teatro de humor. Destacan: Enrique Jardiel
Poncela y Miguel Mihura.
Miguel Mihura (1905- 1977)
Nacido en Madrid, con solo 18 años ya vendía historietas para periódicos
como El Sol. En aquella época conoció a Jardiel Poncela y a Edgar Neville.
En 1932 ve la luz Tres sombreros de copa, aunque no se estrenaría hasta
1952. Durante la Guerra Civil se traslada a San Sebastián, ciudad donde
funda la revista La Ametralladora, que se transformó, acabada la
contienda, en La Codorniz. Fue, además, guionista y colaboró en
producciones tan conocidas como Bienvenido Míster Marshall.
Obra
La evolución literaria de Miguel Mihura está marcada por la imposibilidad de representar Tres
sombreros de copa. La obra, escrita en 1932, contiene tal poder crítico y corrosivo que se impidió su
representación hasta 1952, cuando el Teatro Español Universitario (TEU) la estrenó con enorme
éxito. Sin duda, la fama que había adquirido como periodista de la revista de humor La Codorniz fue
un factor decisivo que ayudó al éxito.
El resto de la producción es posterior a estas fechas: A media luz los tres (1953), Sublime decisión
(1955), Melocotón en almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959) y Ninette y un señor de
Murcia (1964). Pese al éxito de público, son obras en las que ha desaparecido el poder crítico y
corrosivo de Tres sombreros de copa, y que se amoldan al gusto burgués.
5.2. Teatro comprometido. Principales autores.
A finales de los años cuarenta, con el estreno de Historia de una escalera (1949), de Antonio Buero
Vallejo, se rompe con la línea de evasión común hasta entonces. En 1950 se estrena En la ardiente
oscuridad, primera obra de Buero (que no fue escenificada en su momento). Se representa, además,
en Madrid, La muerte de un viajante, de Arthur Miller. En 1953, el Teatro Popular Universitario
estrena Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre.
Esta ruptura con la línea anterior plantea la polémica: se habla de posibilismo e imposibilismo. El
iniciador del debate es Alfonso Paso, acusado de venderse al teatro comercial. Afirmó que, en sus
obras, intentaba alternar la crítica con la frivolidad (más admitida por el público) como forma de
luchar contra el sistema desde dentro. Esta idea está en la base del posibilismo: hacer un teatro
moderadamente crítico que pueda estrenarse y que llegue al público. Alfonso Sastre le replicó y, de
paso, incluyó a Antonio Buero Vallejo en la polémica. Para Sastre no hay un teatro imposible, sino
momentáneamente imposibilitado. El autor debe escribir lo que piensa y siente, sin censuras,
aunque ello implique que sus obras sean censuradas. Buero Vallejo apostó por un teatro lo más
arriesgado posible, pero no temerario, y criticó que Sastre hiciera un teatro imposible para contar
con el mayor número de prohibiciones oficiales.
Antonio Buero Vallejo (1916- 2000)
Nació en Guadalajara. Combatió en la Guerra Civil española en el bando republicano hasta que fue
detenido en 1939 y condenado a muerte (pena que le fue conmutada por la de cadena perpetua).
En prisión conoció a Miguel Hernández. En 1946 sale de la cárcel en libertad condicional y en 1949
obtiene el Premio Lope de Vega por Historia de una escalera. Fue elegido miembro de la RAE. Entre
otras muchas distinciones, obtuvo los premios nacionales de Teatro en 1957 y 1980, y el Premio
Cervantes en 1986. Murió en Madrid.
Obra
El teatro de Buero Vallejo tiene un marcado
carácter ético. Sus obras se basan en la negación
de la existencia de un destino ciego y caprichoso:
todo tiene su causa y, por tanto, su remedio. Es un
teatro con frecuencia ambiguo que invita a la
reflexión y que consigue aunar pureza, crítica y
éxito popular. Su producción tiene un matiz
trágico que no se había cultivado entre los
dramaturgos españoles desde Lorca. Otro de los grandes rasgos de su teatro es la dialéctica entre
contemplación y acción. Su obra se divide en 3 etapas:
Primera época. Teatro tradicional, respetuoso con las unidades dramáticas. Se la ha calificado de
realismo simbólico. En su primera obra, En la ardiente oscuridad (1946, estrenada en 1950),
aparece la ceguera como símbolo de las limitaciones humanas, bien sea por su propia
condición existencial o por las circunstancias sociales; también se observa la preocupación de
Buero por las taras físicas. La pregunta que nos plantea el dramaturgo es: ¿debemos
conformarnos con nuestras limitaciones e intentar ser felices con ellas o rebelarnos, aunque
seamos conscientes de que es imposible el remedio?
Segunda época. Teatro histórico, con un tema central: el destino del pueblo es una sociedad
injusta. Se vuelve a insistir en la faceta social del ser humano. Destacan Un soñador para el
pueblo (1958), sobre Esquilache, o Las Meninas (1960), sobre Velázquez. Uno de los
personajes de Un soñador para el pueblo pronuncia una frase que ilustra la intencionalidad
del teatro histórico: “Se cuentan las cosas como si ya hubiesen ocurrido, y así se soportan
mejor”. Como obra de transición a la siguiente etapa se cita El tragaluz, composición
dramática con rasgos del teatro épico (aparecen narradores que sirven de intermediarios
entre la historia y los espectadores).
Tercera época o la inmersión. Desaparecen los intermediarios. El espectador observa la historia
desde el punto de vista de un personaje. Aunque trate de un personaje histórico (Goya),
incluye esta etapa El sueño de la razón (1970) o La Fundación (1974), una de sus cimas
dramáticas.
5.3. La generación realista. Teatro de denuncia y protesta.
Esta generación engloba una serie de autores que se inician sobre los años cincuenta, tras las huellas
de Buero Vallejo o Alfonso Sastre. Los temas que tratan son las injusticias sociales: la explotación del
hombre por el hombre, la vida proletaria, la hipocresía, la marginación, los nuevos esclavos de la
sociedad contemporánea…Su lenguaje es violento, incluso desafiante, directo, sin eufemismos,
claramente opuesto al lenguaje altisonante y neutro del teatro “oficial”. Estas actitudes les impiden
estrenar la mayoría de sus obras. Autores: Lauro Olmo, José Martín Recuerda.
Bilbao, en 1943
Camilo José Cela, Antonio Buero Vallejo y Blas de Otero