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Riego por Superficie: Ventajas y Desventajas

Este documento describe el riego por superficie, un método de riego agrícola que consiste en aplicar agua al suelo por gravedad. Explica las ventajas e inconvenientes del riego por superficie, como su bajo costo pero menor eficiencia comparado con otros métodos. También describe las fases del riego por superficie, incluyendo el avance del agua sobre la superficie, su almacenamiento y posterior infiltración en el suelo, así como los tiempos característicos de cada fase como el tiempo de avance y
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Riego por Superficie: Ventajas y Desventajas

Este documento describe el riego por superficie, un método de riego agrícola que consiste en aplicar agua al suelo por gravedad. Explica las ventajas e inconvenientes del riego por superficie, como su bajo costo pero menor eficiencia comparado con otros métodos. También describe las fases del riego por superficie, incluyendo el avance del agua sobre la superficie, su almacenamiento y posterior infiltración en el suelo, así como los tiempos característicos de cada fase como el tiempo de avance y
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UNIVERSIDAD ESTATAL DE SONORA

UNIDAD ACADEMICA SAN LUIS RIO COLORADO


INGENIERO EN HORTICULTURA

Grupo y turno:
01, MATUTINO
NOMBRE DEL ALUMNO:
Humberto Zavala Gerardo
MATERIA:
Sistemas integrales de riego
MAESTRO:
Carlos Beltran
ACTIVIDAD NUMERO:
5
NOMBRE DE ACTIVIDAD:
El riego por superficie

SAN LUIS RIO COLORADO SONORA.                      


Fecha 30 de Enero
I. INTRODUCCION.
La adecuada práctica del riego incide grandemente en una mayor
disponibilidad de agua para los regantes y en la mejora las producciones
de sus cultivos, pero también, y no menos importante, en la disminución
de la contaminación de los sistemas hidrológicos de los que se nutren el
conjunto de la población y espacios de alto interés ambiental. Por tanto,
la mejora del riego redundará en un mayor nivel y calidad de vida en los
agricultores y del conjunto de la población.

La importancia de un manejo adecuado del agua de riego está en el


ánimo de las administraciones públicas, gestores del agua y regantes,
pero son frecuentes las situaciones en las que las pérdidas de agua de
riego son importantes.
El riego por superficie es un método de riego que consiste en aplicar el
agua al suelo por gravedad. Engloba una gran cantidad de sistemas
diferentes en los que el agua se aporta a la parcela y el suelo la
distribuye a lo largo y ancho cubriendo la totalidad o sólo parte de su
superficie. Una vez que el agua llega al punto de la parcela donde será
aplicada, no es preciso suministrarle presión ya que se vierte y discurre
libremente.
Es el método que se ha venido empleando desde hace más tiempo en
todo el mundo y aplicado en mayor superficie, incluso en la actualidad.
Gracias a ello han surgido numerosas técnicas de aplicación del agua
por gravedad, lo que ha originado una gran cantidad de tipos de
sistemas de riego por superficie. Se estima que el 95% de las tierras
regadas en el mundo se realiza por superficie, mientras que en España
tal cantidad baja al 59% y en Andalucía al 42%, en ambos casos debido
principalmente al auge del riego localizado. El riego por superficie se
fundamenta en el avance del agua desde cabecera de la parcela (o
zona de la parcela donde se aplica el agua) hasta el lugar donde
normalmente llega más tarde, denominado cola, por lo que puntos
diferentes dentro de la misma parcela estarán cubiertos de agua
tiempos distintos. A medida que el agua avanza se infiltra en el suelo y
pasa a disposición de las plantas, pero la cantidad de agua infiltrada
dependerá tanto de las características del suelo como del tiempo que el
agua esté sobre él.
II. VENTAJAS DEL RIEGO POR SUPERFICIE
Las ventajas del riego por superficie frente al resto de métodos de riego
son principalmente las siguientes:
Bajo coste de inversión, si no se precisa una explanación previa, y de
mantenimiento de las instalaciones.
Son riegos que no están afectados por las condiciones climáticas como
viento, humedad ambiental, etc. como ocurre con el riego por aspersión.
La calidad del agua no influye (a excepción de las sales) y es posible
regar con aguas de baja calidad, no aptas para otros métodos de riego
como localizado.
No requieren consumo de energía, al menos desde que el agua llega a
parcela. Se consume energía cuando es preciso elevarla desde el lugar
de origen a menor nivel que la parcela.
Por el movimiento del agua esencialmente vertical cuando se infiltra, son
muy aptos para lavar sales.
Las estructuras usadas para controlar el agua y distribuirla suelen estar
fabricadas con materiales de bajo coste e incluso realizadas con el
propio suelo.
No se requiere energía para aplicar el agua
Bajo coste de inversión y mantenimiento
Son aptos para lavado de sales
Estructuras de control, facilidad y economía
Se pueden usar aguas de mala calidad aunque no salinas
No afectados por las condiciones del clima
Variabilidad en la infiltración de agua
III. INCONVENIENTES DEL RIEGO POR SUPERFICIE
Se pueden destacar los siguientes:
Los sistemas de riego por superficie suelen tener menor eficiencia en el
uso del agua que los de otros métodos, si bien con adecuados diseño y
manejo se puede conseguir valores muy aceptables.
Dado que el suelo distribuye e infiltra el agua, la cantidad de agua
infiltrada depende mucho de las características del mismo que pueden
variar considerablemente incluso dentro de la misma parcela. • Se
requieren terrenos con nula o escasa pendiente y exigen una
explanación precisa.
No es muy adecuado para dar riegos ligeros, sobre todo en suelos
arenosos, donde el agua infiltra rápidamente.
Se moja toda o gran parte de la superficie del suelo, por lo que habrán
de programarse otra serie de prácticas culturales (aclarado, abonado,
aplicación de herbicida o fitosanitario, recolección, etc.) para que no
interfieran con el riego.
Puede producir alteraciones en la estructura del suelo y perjudicar el
desarrollo de las raíces.

En cualquier caso pueden existir otras ventajas o inconvenientes


atendiendo a la zona donde se desarrollen los riegos, pero sea cual sea
la situación, se puede admitir que los riegos por superficie son los más
flexibles (admiten cambios de cultivo, de sistema, de caudales
aplicados, etc.) y económicos.
IV. DESARROLLO DEL RIEGO POR SUPERFICIE
V. FASES DEL RIEGO
En cualquier sistema de riego por superficie, la aplicación del agua a la
parcela implica una serie de etapas o fases en referencia al movimiento
del agua, su almacenamiento sobre la superficie del suelo y su
infiltración. En cualquier sistema de riego se pueden producir todas
estas etapas o fases, pero en determinados casos alguna de ellas
puede no existir. Un desarrollo habitual o normal de un riego por
superficie consiste en lo siguiente: Avance del agua sobre la superficie a
partir del momento en que comienza a ser aplicada. Se origina el
avance de ésta por la superficie del suelo hasta alcanzar el punto más
lejano considerando que ha finalizado el avance cuando todos los
lugares a los que debe llegar el agua se han mojado.
El avance del agua sobre el suelo puede tener una duración muy
diversa dependiendo del tipo de sistema de riego por superficie, pero
básicamente depende de: el caudal aplicado, la pendiente, la longitud
del camino que debe recorrer el agua y de la capacidad de infiltración
del suelo.
A mayor caudal, mayor pendiente y menor longitud de parcela, menor
será el tiempo necesario para que el agua cubra todos los puntos de la
parcela y se complete el avance.
a efectos de cantidad de agua infiltrada con el riego lo ideal es que el
avance sea rápido para que todos los puntos de la parcela permanezcan
mojados el tiempo más parecido posible, pero esto supone un riesgo de
erosionar el suelo. Una vez que se completa el avance, si aún continúa
la aplicación de agua a la parcela, ésta comienza a almacenarse sobre
el suelo a la vez que continúa infiltrándose. En esta etapa del riego,
todos los puntos de la parcela que deben recibir agua y ya se han
mojado, comienzan a almacenarla. Se puede admitir que el
almacenamiento comienza cuando se completa el avance y continúa
hasta que se corta el suministro de agua, es decir, hasta que se alcanza
el tiempo de aplicación del riego, denominado tiempo de riego. Si el
suministro de agua se corta justo cuando se ha completado el avance,
no se producirá el almacenamiento de agua sobre el suelo.
Cuando se ha cortado el suministro de agua en cabecera, la infiltración
del agua en el suelo, unida al escurrimiento si hay pendiente, hace que
el agua almacenada sobre la superficie vaya desapareciendo poco a
poco, tiempo durante el cual se produce el agotamiento paulatino del
agua que existe sobre el suelo. En un momento determinado algún lugar
de la parcela queda humedecido pero sin agua en superficie,
terminando con ello la fase de agotamiento y comenzando la etapa o
fase de receso, que se prolonga hasta que el agua desaparece
totalmente de la superficie del suelo. Si la parcela no tiene pendiente y
está perfectamente nivelada, el receso se produce simultáneamente en
todos los puntos. De lo contrario, lo habitual será que el receso
comience en cabecera y termine en cola.
VI. TIEMPOS CARACTERÍSTICOS DEL RIEGO
Durante el desarrollo normal de un riego por superficie, delimitado
aproximadamente por las fases descritas anteriormente, se pueden
establecer unos tiempos característicos. En concreto se diferencian los
siguientes:
TIEMPO DE AVANCE: es el tiempo, medido desde que comienza el
riego, que el agua tarda en llegar a todos y cada uno de los puntos de la
parcela. Es muy variable dependiendo del manejo que se haga del
riego.

TIEMPO DE RECESO: medido desde el inicio del riego, es el tiempo En


que todo el agua desaparece de la superficie del suelo.
Ambos tiempos característicos, de avance y de receso, se determinan
tomando como referencia toda la longitud de la parcela. Sin embargo, el
agua alcanzará cada punto de ella y posteriormente desaparecerá en
tiempos de avance y receso diferentes.
De esta manera, en cada punto “p”, el agua habrá llegado en un tiempo
de avance hasta ese punto y habrá desaparecido en un tiempo de
receso determinado.
TIEMPO DE INFILTRACIÓN: es el tiempo que el agua está en contacto
con el suelo durante el riego y por lo tanto se estará infiltrando en él.
Para cada punto, es la diferencia entre el tiempo en que se haya
producido el receso y en el que haya llegado el agua en ese lugar.
Normalmente es mayor en zonas de cabecera y menor en zonas de cola
de la parcela.
TIEMPO DE RIEGO: es el tiempo que dura la aplicación de agua a la
parcela de riego.

Lo habitual es que en riego por superficie todos estos tiempos se midan


en minutos.
Utilizando el tiempo que el agua tarda en avanzar o llegar hasta cada
punto, además del tiempo que tarda en desaparecer de cada uno de
ellos, un riego se puede representar fácilmente mediante el denominado
diagrama de avance-receso (Figura 6), de donde se deducen también
los tiempos de infiltración en cada punto de la parcela. El conocimiento
de los tiempos de infiltración es clave para analizar la bondad o calidad
del riego por superficie y conocer su eficiencia y uniformidad. Un riego
será más uniforme cuanto más parecidos sean los tiempos de infiltración
en todos los puntos de la parcela, aunque la cantidad de agua infiltrada
en cada punto dependerá también de la variación de las características
del suelo.
VII. INFILTRACIÓN DEL AGUA.
LÁMINA DE AGUA INFILTRADA
El suelo es un medio poroso formado por partículas sólidas y por poros
(que pueden contener agua, aire o ambos a la vez) de forma que
cuando el agua está en contacto con él se desplaza de unos poros a
otros en todas las direcciones.
En el riego por superficie el agua discurre sobre el suelo cubriéndolo por
completo o en parte, por lo que una mayor o menor infiltración depende
de las características físicas del suelo y del tiempo que el agua está en
contacto con él (tiempo de infiltración). Dicho de otra forma, el agua se
infiltra en el suelo al ritmo que éste admita a diferencia del riego
localizado o aspersión en que la infiltración también depende de la
cantidad de agua que se esté aplicando.
El riego se realiza normalmente cuando el suelo está bastante seco y la
planta necesita agua. En estas condiciones, la infiltración es bastante
rápida ya que los poros tienen poca cantidad de agua en su interior y el
suelo es capaz de infiltrarla con facilidad.
A medida que los poros se van llenando de agua, ésta se hace más
lenta y si la infiltración prosigue durante un tiempo prolongado, el agua
termina por infiltrarse a un ritmo muy lento que prácticamente no
cambia, representado por la llamada infiltración básica.
Atendiendo a la textura de los suelos, los arenosos infiltran el agua
rapidamente (Poros y partículas minerales más grandes) y tienen una
mayor infiltración básica. Análogamente, los arcillosos (con poros y
partículas extremadamente pequeños) infiltran muy lentamente incluso
al comienzo y tienen una infiltración básica muy reducida, de ahí que
suelan generar problemas de encharcamiento.

También es diferente la forma en que el agua se infiltra según sea la


textura del suelo, de manera que en un suelo arenoso el agua se mueve
esencialmente hacia capas profundas, es decir, se produce un
movimiento del agua vertical, motivo por el cual los suelos arenosos
suelen generar filtración profunda cuando hay un exceso de agua.
Por su parte, en los suelos arcillosos el agua se mueve también
lateralmente mientras que el movimiento hacia capas más profundas
está más limitado, lo que supone que en sistemas de riego por
superficie con suelos arcillosos sean necesarios tiempos de infiltración
relativamente elevados para conseguir aportar al suelo la altura de agua
correspondiente a la lámina requerida, esto es, la lámina de agua que es
necesario aplicar con el riego.

Sin embargo, en condiciones normales el suelo no es homogéneo en


toda la parcela sino que existirán zonas donde la textura sea diferente a
otras, esté más compactado, más húmedo o seco, haya grietas o
caminos preferenciales del agua, etc. Esto supone que la infiltración
será distinta incluso dentro de la misma parcela, y aunque se pueda
pensar que el frente de humedecimiento es más o menos homogéneo,
lo cierto es que la cantidad de agua infiltrada puede ser muy irregular.
En realidad en numerosas ocasiones existen zonas de la parcela de
riego en las que el cultivo sufre problemas de suministro de agua y la
producción final se ve afectada.
VIII. TIPOS DE RIEGO POR SUPERFICIE.
El riego por superficie admite numerosas modalidades. De todas ellas
se estudiarán con mayor detalle los tres tipos que son más
representativos tanto en el ámbito general como en Andalucía.
VIII.1. Riego por tablares.
En este sistema de riego el terreno se divide en compartimentos
cerrados separados por medio de diques ó caballones de unos 50 cm
de altura. Estas zonas, de forma rectangular o cuadrada, son los
denominados tablares o canteros; dentro de ellos se vierte un volumen
de agua que queda estancada y va infiltrando en el suelo. En general
es conveniente que el caudal de agua sea elevado aunque su
magnitud dependerá de las dimensiones de los tablares y el riesgo de
erosión. El agua puede aplicarse bien por una sola entrada o por
varias.
La situación ideal es que el terreno esté completamente nivelado tanto
longitudinal como transversalmente. El tamaño de los compartimentos
depende sobre todo del caudal de agua disponible y de la textura del
suelo, pero normalmente oscilan entre 0.3 y 3 hectáreas, debiendo
corresponder los tamaños menores a los suelos arenosos.
Explanando el suelo con tecnología láser y utilizando grandes
caudales, también se riegan tablares de hasta 10 ó 15 has con los que
se puede conseguir tanto una alta eficiencia de aplicación como un
menor coste asociado al riego en mano de obra y preparación del
terreno. Cuando se emplean grandes caudales en riego por tablares,
es conveniente que existan estructuras especiales en cabecera para
evitar la erosión.
La topografía del terreno determinará la forma de los tablares. Cuando
la topografía y la profundidad del suelo permitan una explanación
adecuada, se pueden formar compartimentos de gran superficie; pero
cuando la topografía es muy ondulante los compartimentos se
adaptarán a las curvas de nivel dando lugar a una gran variedad en
formas y tamaños de los mismos. Este tipo de riego se podrá utilizar
con cultivos que toleren encharcamientos sólo temporales, tales como:
forrajeras, algodón, maíz, frutales, chopos, etc

VIII.2. Riego por fajas


En este tipo de riego, el terreno se divide en franjas rectangulares
estrechas, llamadas fajas o melgas, separadas unas de otras
mediante caballones dispuestos longitudinalmente. Suelen realizarse
acequias de abastecimiento en el extremo superior de las fajas y
canales de desagüe en el extremo inferior. El agua discurre a lo largo
de las fajas formando una lámina delgada que se va infiltrando poco a
poco al tiempo que avanza.
Las fajas deberán tener una pendiente longitudinal muy uniforme con
el fin de conseguir una buena distribución del agua. Las pendientes
más recomendadas son las que están comprendidas entre el 0,2 y
0,5%. En los suelos arcillosos se puede llegar a disponer las fajas casi
a nivel (sin pendiente), y en suelos arenosos la pendiente no deberá
ser mayor de un 2%. Las fajas no deberán tener pendiente
transversal.
La anchura de las fajas suele oscilar entre 10 y 20 metros
dependiendo fundamentalmente del caudal disponible (que deberá ser
suficiente para permitir que toda la anchura de la faja se cubra
homogéneamente), mientras que su longitud depende básicamente
del tipo de suelo, variando entre los 50-80 metros en suelos arenosos
hasta los 500 metros en caso de suelos arcillosos. Por tanto, las
dimensiones de las fajas estarán condicionadas por el tipo de suelo y
la disponibilidad de caudal, con el fin de que el avance del agua no
dure demasiado y evitar pérdidas excesivas por filtración profunda en
cabecera.
Este tipo de riego suele utilizarse en cultivos extensivos tales como
alfalfa, pastos y cereales, así como en los cultivos arbóreos.
VIII.3. Riego por surcos.
Constituye un tipo de riego donde el agua se distribuye por surcos
paralelos, de forma que se infiltra por el fondo y costados de los
mismos. Agronómicamente, es muy aconsejable para algunos cultivos
que son muy sensibles al encharcamiento, ya que al sembrarse sobre
los caballones (parte superior de los surcos) se evita mojar el cuello
de la planta y que se produzcan ciertas enfermedades. También lo es
en los casos en que no se desee que la zona en que se desarrollan
las raíces se compacte en exceso (patatas, ajos, zanahorias, etc.).
La separación entre los surcos debe ser tal que quede asegurado el
mojado de todo el suelo ocupado por las raíces. El movimiento del
agua en el suelo depende, sobre todo, de la textura: en suelos
arcillosos el agua se expande lateralmente con mayor facilidad que en
los arenosos, en los que el agua tiende a desplazarse en profundidad,
por lo que los surcos pueden estar más separados en el primer caso.
Las pérdidas de agua que se producen en suelos arenosos pueden
condicionar la utilización de surcos en este tipo de suelos. En
ocasiones puede haber dificultades a la hora de acomodar la
separación de los surcos a la textura del suelo, ya que es necesario
tener en cuenta el marco requerido por el cultivo y la maquinaria a
utilizar en otras operaciones.
Los surcos deben tener la misma pendiente en toda su longitud. En
caso contrario se originan zonas con falta de agua y otras con exceso,
pudiendo dar lugar a encharcamientos o desbordamientos del agua de
un surco a otro. La pendiente más adecuada está comprendida entre
el 0.2 y 1%. Se puede aumentar ligeramente la pendiente en surcos
más cortos, con caudales pequeños y siempre que se cuente con
mano de obra experimentada.
Para determinar la longitud de los surcos hay que tener en cuenta dos
factores: la eficiencia de aplicación del riego y la economía o coste de
realización de dichos surcos. Cuanto más largos sean, más fácil y
barato resulta asurcar el suelo y realizar otras prácticas de cultivo,
pero la eficiencia en el uso del agua tenderá a ser menor. Como regla
general se aconseja hacer los surcos tan largos como sea posible con
la condición de que no se produzca erosión del suelo y se consiga una
eficiencia razonable.
El riego por surcos en pendiente es muy utilizado para regar cultivos
en línea, y es especialmente apropiado para los cultivos muy
sensibles al encharcamiento.
El agua se aplica a cada surco independientemente en la zona de
cabecera utilizando diferentes métodos:

Derivación directa: el agua va directamente desde la acequia de


abastecimiento hasta los surcos.
Derivación mediante una acequia auxiliar: es una acequia paralela a la
de alimentación que se utiliza para evitar la apertura de varias salidas
en esta acequia. Hay ocasiones en que la acequia de alimentación es
de obra de fábrica, por lo que las salidas están limitadas y es
necesario realizar una acequia auxiliar para poder tener una salida
para cada unidad de riego.
Derivación mediante sifones: los sifones son básicamente tubos
rígidos o flexibles que pueden estar fabricados en diversos materiales,
aluminio, plástico, goma, etc. Con ellos se traspasa el agua desde la
acequia hasta cada surco individualmente, para lo cual es preciso que
la acequia esté más elevada que el surco.
El caudal que descarga cada sifón depende de su diámetro y de la
diferencia de altura entre acequia y surco, denominada carga del
sifón. El diámetro de los sifones puede ser muy variable dependiendo
de la práctica habitual de cada zona pero suelen estar comprendidos
entre los 20 y los 60 milímetros.
Derivación mediante tuberías portátiles: Suelen ser de aluminio, PVC
o polietileno. Van provistas de salidas espaciadas que coinciden con
la separación de los surcos. Estas salidas pueden ser simples orificios
de un determinado diámetro, de acuerdo con el caudal que se desea
obtener, o compuertillas regulables. Las tuberías más recomendadas,
por su bajo coste y fácil manejo, son las de polietileno.
IX. CULTIVO Y TIPO DE RIEGO.
La elección del tipo de riego depende de numerosos factores
relacionados con la geometría y topografía del terreno, disponibilidad de
agua, etc., sin embargo debe tenerse muy en cuenta el tipo de cultivo
que se va a regar. En ocasiones, cuando ya se ha implantado un
determinado tipo de riego, el cultivo debe condicionarse a aquél en
función del tipo de siembra o marco de plantación que se adapte mejor
al tipo de riego a usar.
El riego por surcos está especialmente indicado para aplicar riegos a los
cultivos sembrados en línea. Por ejemplo se adapta perfectamente a
maíz, algodón, remolacha, tomate, lechuga, girasol e incluso a otros de
alto valor económico como fresa o melón tempranos que se siembran en
línea usando plásticos. También está indicado en cultivos arbóreos
conduciendo el agua a las proximidades de la zona de raíces. Dado que
normalmente los cultivos leñosos están plantados en un marco amplio, a
veces se disponen dos surcos por fila de árboles para aplicar agua
solamente donde es estrictamente necesaria e incluso regar en uno de
ellos cuando el cultivo es todavía joven y las necesidades de agua son
menores.

Se aconseja usar el riego por surcos en pendiente, abiertos en cola y


con escorrentía, cuando el cultivo sea sensible al encharcamiento ya
que el agua no se almacena sobre el suelo un periodo de tiempo largo
sino que fluye durante el tiempo necesario para infiltrar la lámina
requerida. Sin embargo no se aconseja implantar un cultivo altamente
sensible a la salinidad en un sistema de riego por surcos cuando el agua
es salina porque las sales tienden a acumularse en la zona de raíces, lo
que puede provocar problemas de germinación de semillas y afectar
posteriormente a la producción del cultivo. Una alternativa consiste en
ensanchar los surcos y sembrar una línea de cultivo a cada lado del
surco de manera que la zona de acumulación de sales quede fuera del
alcance de las raíces.

Los riegos por tablares y por fajas se utilizan eficazmente para regar
cultivos hortícolas, arbóreos y especialmente cultivos forrajeros densos
que ocupan la totalidad de la superficie del suelo como alfalfa o
praderas. Sin embargo, al ser los tablares un tipo de riego en que el
suelo permanece inundado durante un cierto periodo de tiempo, debe
evitarse su uso en suelos con baja capacidad de infiltración cuando las
raíces del cultivo necesiten una buena aireación, es decir, sean
sensibles a encharcamientos. En estos casos es preferible regar por
fajas y si es posible, por surcos.

Cuando se pretende regar cultivos arbóreos mediante un riego por


superficie, puede emplearse cualquier tipo si el cultivo en cuestión no es
sensible al encharcamiento. Pero con marcos de plantación muy
amplios puede no estar aconsejado el riego por tablares o fajas en los
que toda la superficie del suelo queda cubierta por el agua, y al ser sólo
una parte del suelo la que está ocupada por las raíces, la eficiencia
puede ser muy baja; igualmente, los problemas de malas hierbas
pueden llegar a ser muy importantes. Es común en muchos cultivos
leñosos aplicar el riego mediante alcorques e incluso pozas que
suponen una ventaja importante cuando la disponibilidad del agua es
reducida ya que se consigue un importante ahorro.

X. NECESIDADES DE RIEGO
Un aspecto fundamental en el diseño del sistema de riego radica en su
capacidad para suministrar al cultivo la cantidad de agua que necesita
cuando sus requerimientos son máximos. Como es lógico, el sistema
deberá ser capaz de satisfacer esa demanda. las necesidades de agua
del cultivo están definidas por la evapotranspiración (En, en la que se
cuantifican de forma conjunta la influencia de las condiciones climáticas
y las características del cultivo (coeficiente de cultivo, Kc). La
evapotranspiración es variable a lo largo del año, pero para diseñar la
instalación de riego es necesario conocer su valor máximo con objeto de
que pueda suministrar el agua necesaria en ese periodo. Para el cálculo
de la evapotranspiración suelen usarse valores de evapotranspiración
de referencia medios (normalmente mensuales), así como valores de
coeficiente de cultivo aproximados para cada cultivo y fase de
desarrollo. Para tener en cuenta las variaciones que pueden producirse
de un año a otro en los valores de evapotranspiración de referencia, la
ET máxima calculada debe multiplicarse por 1.1. El valor resultante será
la ET que se considerará en el diseño de la instalación y suele
denominarse evapotranspiración de diseño (ETd).
XI. UNIFORMIDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DEL AGUA INFILTRADA
Cuando se aplica el agua al suelo con cualquiera de los métodos y tipos
de riego existentes, es imposible que la uniformidad en la distribución
del agua infiltrada sea del 100%, es decir, que todos los puntos reciban
la misma cantidad de agua. Esto se debe básicamente a la diferencia en
tiempos de infiltración a lo largo de la parcela y a la heterogeneidad de
los suelos, que provocan infiltraciones diferentes aunque la cantidad de
agua aportada sea igual. En el riego por superficie en particular, al
aplicarse el agua en un extremo, diferentes puntos de la parcela estarán
cubiertos por agua distintos tiempos, lo que supone que la cantidad de
agua infiltrada es variable a lo largo del campo. Por ello, la lámina de
agua infiltrada no es homogénea a lo largo de la parcela sino que las
zonas próximas a cabecera infiltrarán, por lo general, una mayor
cantidad de agua que las próximas a cola.

Por este y otros motivos, suelen existir zonas dentro de la parcela que
reciben exceso de agua con respecto a la lámina requerida y se genera
filtración profunda, mientras que otras tienen déficit o falta de agua. A
efectos de diseño del sistema, suelen establecerse dos criterios para
satisfacer la lámina requerida consistentes en: uno, permitir que se
produzca déficit sólo en la cuarta parte de la longitud de la parcela, la
más próxima a cola; y dos, satisfacer la lámina requerida en toda la
longitud de la parcela, es decir, no permitir déficit.
XII. TIPO DE SUELO
En el riego por superficie, el tipo de suelo y sus características físicas
son elementos determinantes de la calidad o resultado del riego, ya que
para tiempos de infiltración iguales la cantidad de agua que se infiltrará
en cada punto será mayor o menor según la capacidad de aquél para
infiltrarla. Además, en este método de riego las características del suelo
(principalmente físicas) influyen mucho en la distribución del agua por la
totalidad de los puntos de la parcela. Por ambos motivos es preciso
considerar el tipo de suelo a la hora de realizar el diseño del sistema de
riego. La textura del suelo puede variar desde arcillosa (suelos llamados
“pesados”), con partículas minerales y poros muy pequeños y baja
velocidad de infiltración, hasta arenosa (también llamados “ligeros”) con
poros y partículas grandes y alta infiltración, pasando por casos
intermedios en que los porcentajes de distintos tamaños de partícula
varían y también lo hace la velocidad de infiltración. Por ejemplo, suelos
de textura franca a arenosa en que el agua infiltra con relativa rapidez.
Suelos con textura arcillosa suelen provocar mayor escorrentía (al estar
la infiltración del agua bastante limitada) mientras que los arenosos
pueden llegar a infiltrar el agua tan rápidamente que se origine una
excesiva filtración profunda.
XIII. PENDIENTE
La pendiente de una parcela de riego es la inclinación que tiene la
superficie del suelo con respecto a la horizontal. En riego por superficie,
las parcelas o no tienen pendiente (están a nivel) o tienen pendiente
muy reducida, la suficiente para permitir el discurrir del agua desde la
zona de aplicación hasta todos los puntos. En cualquiera de los dos
casos, es fundamental que la totalidad de la parcela tenga la misma
pendiente y no existan cambios, o lo que es igual, que esté bien
explanada, ya que de lo contrario el almacenamiento y la infiltración del
agua se ven alteradas.
La pendiente es uno de los factores responsables de la velocidad del
agua cuando avanza y circula a lo largo de la parcela. A mayor
pendiente, más rápido será el avance y antes se completará esta fase o
etapa, por lo que los tiempos de infiltración serán más parecidos en toda
la parcela.

Para un uso eficiente del agua es preciso tener en cuenta que las
dimensiones deberán de ser menores cuanto más ligero o arenoso sea
el suelo (y mayor su velocidad de infiltración), con objeto de conseguir
completar la fase de avance del agua rápidamente. A medida que la
infiltración es menor (suelos más arcillosos) los surcos pueden tener
mayor longitud y los tablares y fajas mayor superficie. En estos casos
será necesario aplicar caudales elevados lo que puede provocar un
serio riesgo de erosión del suelo.

XIV. CAUDAL
El desarrollo del riego, y principalmente lo que se refiere a los tiempos
de avance, de receso y de infiltración, está muy condicionado al caudal
de agua que se aplique durante el riego. Es una variable de manejo muy
importante que ha de ser estudiada antes de regar para conseguir un
resultado aceptable del riego; la experiencia del agricultor suele ser un
factor clave al decidir el caudal a aplicar. Para determinar el caudal de
riego ha de tenerse en cuenta la cantidad de agua que llega a la parcela
por el canal o acequia ya que ésta será la máxima cantidad que se
podrá aplicar a una unidad de riego; posteriormente deberán
considerarse las dimensiones de la parcela y la pendiente. Es
importante tener presente que a mayor caudal aplicado el avance del
agua será más rápido y por lo tanto los tiempos de infiltración a lo largo
de la parcela más parecidos, lo que repercutirá en la uniformidad del
agua infiltrada. Considerando de forma conjunta la pendiente de la
parcela, sus dimensiones y las características de infiltración del suelo se
podrá determinar el caudal a aplicar. Pero en ocasiones es
desaconsejado aplicar el caudal elegido, por ejemplo porque no se
satisfagan las necesidades del cultivo, en cuyo caso será preciso
replantear el diseño de las parcelas y adecuarlas modificando sus
dimensiones, orientación y en ciertos casos la pendiente.
XV. TIEMPO DE RIEGO El tiempo de riego es una variable de diseño y
manejo del riego con la que se determina la duración de la aplicación de
agua. Es muy flexible y fácilmente modificable por el agricultor, que
podrá decidir si regar más o menos tiempo dependiendo de sus
necesidades. Existe sin embargo la posibilidad de que por motivos de
organización de la red de distribución de agua se le imponga un tiempo
máximo de disposición de agua para riego, por lo que puede ocurrir que
sea preciso modificar la configuración de la parcela o el caudal para
adaptarse a la dotación de agua. En general el tiempo de riego será
mayor cuanto mayores sean las necesidades de agua del cultivo y más
agua deba de aportarse al suelo; igualmente, a medida que las
dimensiones de las parcelas o longitud de los surcos aumente, el tiempo
de riego se deberá incrementar para completar la fase de avance y, en
su caso, prolongar el almacenamiento del agua sobre el suelo y permitir
que se infiltre la lámina de agua requerida en cada punto de la parcela.
El tipo de suelo también puede ser un factor a tener en cuenta a la hora
de decidir el tiempo de riego, ya que suelos pesados o arcillosos infiltran
el agua muy lentamente y es preciso prolongar el tiempo de infiltración
para conseguir el mismo objetivo.
XVI. MEDIDA DEL CAUDAL.
AFORADORES
El aforo es la medida del caudal de agua que pasa por un determinado
punto de la red de riego. Su conocimiento es muy importante para poder
realizar el riego de forma uniforme y eficiente. La medida del caudal
puede hacerse tanto en la acequia o canal de distribución en la entrada
de la finca, como en los puntos de suministro de agua a las parcelas.

Para realizar el aforo o medida del caudal existen muchos métodos,


aunque en esta unidad sólo se van a estudiar los más utilizados en el
ámbito de comunidad de regantes o de parcela, y que además son
diseñadas específicamente para ello; otras estructuras como
compuertas o saltos pueden usarse, a falta de otras, para aforar.
Los aforadores y vertederos son estructuras o dispositivos para medir el
caudal, que se instalan de forma permanente o provisional en un canal,
acequia o surco. Son bastante precisos y permiten determinar el caudal
de forma indirecta, a partir de la medida de la altura del nivel del agua
en un punto del dispositivo. Cada aforador o vertedero tiene una curva
de descarga (relación entre altura de agua y caudal), que determina el
caudal que circula en función de la altura medida. Para obtener una
precisión razonable en la medida del caudal, debe realizarse una
calibración de cada dispositivo una vez construido y colocado en su
lugar de destino, debido a que las curvas de descarga se determinan
para dispositivos con unas dimensiones exactas que normalmente no se
reproducen durante la construcción de una manera fiable.
XVII. Tipos de aforadores y vertederos
XVII.1. AFORADOR PARSHALL: se utiliza con frecuencia para medir
caudales elevados en el principio de los canales y acequias, justo
después de su toma. Se construyen en obra de fábrica y constituyen
un estrechamiento en el canal. Existen también aforadores Parshall
portátiles, de menor tamaño y fabricados normalmente en plástico,
metal o fibra de vidrio. Sirven para medir caudales reducidos a la
entrada de surcos de riego o pequeños tablares. El caudal se
determina según la altura del agua en el estrechamiento, utilizando su
curva de descarga.
XVII.2. AFORADOR RBC O DE “CRESTA ANCHA”: diseñados
fundamentalmente para medir caudal en surcos de riego o en
medianas y pequeñas acequias de riego, pueden ser portátiles y
fabricarse de metal, plástico o fibra de vidrio. Se instalan fácilmente
interponiéndolos a la corriente de agua. También pueden construirse
en obra de fábrica en las acequias, incluso más fácilmente que los
Parshall. Constan de una zona central dotada de un resalte o
elevación precedida de una rampa. El nivel del agua medido aguas
arriba de este resalte permite determinar el caudal según una relación
de descarga, que en los portátiles será proporcionada por el
fabricante.
XVII.3. AFORADORES DE ESTRECHAMIENTO: miden pequeños caudales
de forma rápida y sencilla, frecuentemente en surcos de riego. Tienen
la solera horizontal sin ningún resalte y el caudal se determina a partir
de la altura de agua sobre la solera del aforador medida en la sección
de estrechamiento.
XVII.4. VERTEDERO EN “V”: también formado por una estructura plana en
la que hay una abertura en forma de “V”, por la que vierte el agua. Es
un vertedero muy preciso por lo que suelen utilizarse en surcos de
riego, en las entradas de agua a la parcela y en pequeñas acequias
de distribución.
XVIII. CONCLUSIONES GENERALES.
XVIII.1. El método de riego por superficie consiste en la aplicación del agua
por gravedad. Ha sido muy utilizado desde la antigüedad en todo el
mundo y existen numerosas técnicas o formas de aplicarlo así como
prácticas de manejo que se adaptan a cada situación particular. Es un
método barato, que se ve muy poco afectado por condiciones
climáticas ni calidad del agua, pero en general son los menos
eficientes y suelen estar limitados por la topografía de las parcelas y el
tipo de suelo. Durante el desarrollo de un riego por superficie suelen
ocurrir de forma consecutiva el avance del agua desde cabecera hasta
cola, el almacenamiento del agua en superficie, el agotamiento
mientras que el agua se infiltra y el receso, hasta que toda el agua
desaparece totalmente de la parcela. Dependiendo del tipo de riego
puede que alguna de estas etapas o fases no exista. Conocer el
tiempo que tarda el agua en avanzar hasta cada punto, el tiempo en
que se produce el receso en ellos, el de infiltración y el de riego es
importante para controlar el desarrollo del riego y poder obtener el
máximo aprovechamiento del agua. La capacidad del suelo para
infiltrar el agua es decisiva, junto con el tiempo de infiltración, para
realizar el riego de forma correcta. La cantidad de agua infiltrada en un
punto depende de las características del suelo (textura, presencia de
grietas, etc.) y el tiempo de infiltración, por lo que es importante que el
suelo sea homogéneo en toda la parcela y que los tiempos de
infiltración sean lo más parecidos posible a lo largo de ésta.
XVIII.2. El riego por superficie es un método que engloba gran número de
variantes o sistemas diferentes. Los más usados en la actualidad son
el riego por tablares, el riego por fajas y el riego por surcos. Los
tablares son compartimentos cerrados de forma rectangular o
cuadrada separados por medio de diques o caballones, en los que se
vierte un gran caudal de agua que se almacena mientras se infiltra.
Los tablares deben estar bien nivelados y su tamaño depende
fundamentalmente de la textura del suelo. Las fajas son franjas
rectangulares estrechas separadas unas de otras mediante caballones
con una pendiente longitudinal uniforme con el fin de conseguir una
buena distribución del agua. En este tipo de riego se hacen acequias
de abastecimiento en el extremo superior y canales de desagüe en el
extremo inferior. El tamaño de las fajas depende, sobre todo, del tipo
de suelo y del caudal disponible. En el riego por surcos el agua se
distribuye por surcos paralelos. Pueden utilizarse surcos en pendiente
o a nivel en los que el agua se aplica utilizando una gran variedad de
métodos. La longitud de los surcos estará determinada tanto por el
tipo de suelo y la disponibilidad de caudal como de la relación entre la
eficiencia que se pretende conseguir y el coste de realización de los
surcos. Además de estos tipos de sistemas existen otros muchos, si
bien están poco difundidos y suelen emplearse en zonas concretas.
XVIII.3. Como cualquier método de riego, el riego por superficie tiene como
objetivo cubrir las necesidades de agua del cultivo de manera
uniforme y eficiente, para lo cual debe ser diseñado correctamente
antes de realizar los riegos y debe ser manejado de forma adecuada
durante su ejecución. En los procesos de diseño y manejo han de
tenerse en cuenta tanto criterios de tipo agronómico como hidráulico.
Criterios o elementos de carácter agronómico son el tipo de cultivo a
regar, el sistema de riego, las necesidades de riego, la uniformidad en
la distribución del agua infiltrada que se pretenda conseguir y el suelo
sobre el que se riega. Con esas premisas, las características
geométricas de las parcelas, longitud o dimensiones, el tipo de suelo
sobre el que se desarrolla el riego y la pendiente, son características
que deberán tenerse en cuenta para definir el manejo del riego. En
muchas ocasiones será preciso modificar alguna de ellas para
optimizar el riego. Finalmente se podrán determinar las variables de
manejo como el caudal a aplicar y el tiempo de riego, si bien puede
ser preciso replantear determinadas características del sistema para
regar de forma correcta.
XVIII.4. En riego por superficie el agua pasa desde su lugar de origen hasta
la parcela de riego por un sistema de distribución, formado por varias
redes de diferente orden. De la red de distribución principal el agua
pasa a otra red de canales o acequias secundarias mediante tomas.
Para distribuir el agua desde un canal o acequia a diferentes acequias
o directamente a parcela se utilizan las arquetas de distribución. Otra
estructura de distribución son los partidores que permiten dividir el
caudal de una acequia o canal. Los riegos se podrán organizar por
dos métodos diferentes, bien por turnos o a la demanda. Las
estructuras de control más utilizadas son las compuertas y las
barreras. Como elementos de protección, que se instalan en la red de
distribución para protegerla frente a riesgos diversos, cabe destacar
los aliviaderos y los saltos o rápidos. El conocimiento del caudal de
agua que pasa por un determinado punto de la red de riego, o aforo,
es muy importante para poder realizar el riego de forma uniforme y
eficiente. Para realizar esta medida se usan los aforadores y
vertederos, permanentes o portátiles, existiendo varios tipos de cada
uno de ellos. Para determinar el caudal se mide la altura de agua en
un punto de la estructura y se relaciona con las curvas de descarga
que suministra el fabricante. Otros métodos de aforo simples y
prácticos son el método del flotador y el volumétrico.

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