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Carta A Confirmados

La carta alienta a los jóvenes que se están preparando para la confirmación a mantener su compromiso con Jesús a pesar de las dificultades. Los anima a dedicar tiempo cada día a orar y reflexionar sobre Jesús, asistir a misa los domingos, y no alejarse de Dios después de recibir la confirmación.

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Carta A Confirmados

La carta alienta a los jóvenes que se están preparando para la confirmación a mantener su compromiso con Jesús a pesar de las dificultades. Los anima a dedicar tiempo cada día a orar y reflexionar sobre Jesús, asistir a misa los domingos, y no alejarse de Dios después de recibir la confirmación.

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Carta a los jóvenes que están en el proceso catequético de la

confirmación y que buscan en Jesucristo un camino de esperanza.


Melvin Jehovan
Te felicito por tu decisión de seguir a Jesús de Nazaret,
Vivo y Resucitado, de llegar a vivir una verdadera
amistad con Él y de recibir la plenitud de su Espíritu en el
Sacramento de la Confirmación. Te animo a seguir en
este camino y en esta decisión de recibir ese
Sacramento que te dará la Fuerza de Dios, la potencia
inmarchitable, inmortal, del Espíritu Santo. Seguramente
te cuesta mantenerte en esta decisión, ya que la
sociedad en la que vivimos no nos ayuda mucho a
permanecer unidos a Dios. El ambiente que nos rodea
trata de prescindir de Él o de combatirlo por todos los
medios. Puede que, a veces, sientas deseos de
abandonar el camino y de dejar la catequesis, dejar de rezar, de ir a Misa, de ser amigo de Jesús… Sé
fuerte y valiente. No tengas miedo. Te repito las palabras del salmista: «El Señor es mi luz y mi
salvación ¿a quién temeré?»

¡Ánimo, pues, querido amigo, y sé valiente!  No temas abrir de par en par las puertas de tu corazón a
Cristo, el Señor. La fe en Jesucristo, nuestro Salvador, es un tesoro todavía más valioso que tu
juventud. Su Evangelio es la mayor riqueza del mundo.

El Dios invisible se ha hecho visible, ha venido a mostrarnos su Rostro propicio en Jesús de Nazaret,
su Hijo eterno, y se ha revelado a nosotros dándonos la fe por el Espíritu Santo, a través de su
Iglesia. El Señor, pues, ha estado grande con nosotros ¡y estamos alegres!  Dios te ama a ti
personalmente y quiere vivir contigo una gran aventura de amor.
Eso que es tan hermoso y valorado por los catequistas, por los sacerdotes de la Parroquia, no te
dispensa, de entrada, a profundizar en tu amistad personal con Jesús, el Crucificado que ahora vive
Resucitado, y es Vencedor del Tiempo y Señor de la Historia. Al final de los tiempos vendrá con poder
a poner a cada uno y todas las cosas en su sitio. Él está presente e implicado en tu propia biografía,
en lo secreto de tu corazón, a través de su Palabra, en la unidad del Espíritu. Cada uno, cada hombre,
cada mujer, somos valiosos para Él. Por eso, debes completar esta gran amistad con algo más.

■ Te invito a que, cada día, dediques un ratito a estar a solas con Jesús, el Hijo de Dios, tu
Amigo. ¿Cómo hacerlo? mirándome a mí mismo lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo
que debo hacer por Cristo, así viéndole tal, y así colgado en la Cruz, discurrir por lo que se ofreciere».   Sí,
atrévete a mirarle con amor y a darle gracias porque ha muerto por ti, por todos los hombres, para
permitir que tengamos Vida y Vida en abundancia. Es decir, para que seamos plenamente libres y
felices.

■ No dejes de participar en la Eucaristía dominical. Cuando uno se acuesta tarde, cuesta un poco


madrugar; pero, una vez que se hace y por una causa noble, se siente un gozo enorme. Más le costó
al Señor sufrir la Pasión y no podemos olvidar que todo lo padeció por ti y por mí, por cada uno de
nosotros, por salvarnos, porque nos ama con un amor personal y eterno.
Lo más triste que puede sucedernos en la vida es que, es haber “expulsado” a Dios, creyendo que
podemos vivir mejor lejos de su Rostro.

■ No te separes de Él. La celebración del Sacramento de la Confirmación empieza con la renovación


de las promesas del Bautismo y éstas son como la conclusión de un contrato. Recuerdan la
conclusión de la Alianza de Dios con Israel en el Sinaí. Allí Dios puso a Israel ante esta elección: “Te
pongo delante vida y muerte… Elige, pues, la vida, para que vivas” (Det 30,19). La confirmación es tu
Sinaí. El Señor se halla ante ti y te dice: “¡Elige la vida!” Cada uno de nosotros desea vivir, desea sacar
el máximo partido de la vida, desea obtener provecho de lo que la vida le ofrece. “¡Elige la vida!” Y
sólo hemos elegido realmente la vida cuando estamos en alianza con aquello que es la vida misma.

“¡Elige la vida!” Las preguntas y las respuestas de las promesas de la Confirmación son una clara
invitación a la vida; son como los letreros indicadores de las calles para avanzar por la vida e ir a
donde queremos ir y no donde el azar u otros más fuertes quieran llevarnos. Este avanzar por la vida
no siempre es cómodo.

En la renovación de las promesas del Bautismo Ponemos nuestra vida en las manos de Jesucristo.
Nos decidimos a recorrer nuestro camino con Él, porque sabemos que Él es la vida (Jn 14,6). Y desde
ese contrato de amistad con Jesucristo nos comprometemos a anunciarle en medio del mundo.

Anunciar a Jesucristo, con nuestra conducta y nuestras palabras; tener la valentía y la humildad de
pronunciar su Nombre, su Palabra, de anunciar su muerte inolvidable, de proclamar a los cuatro
vientos su Resurrección, de seguir esperando su venida gloriosa, es la tarea más hermosa y urgente
que debemos realizar, cada cual desde su propia situación y con los dones y recursos que ha recibido
del Espíritu Santo. Sí, querido amigo, La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el
sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina,
incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos
todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada
de las buenas obras.

No olvides que en nuestra Diócesis hay algunos grupos juveniles en los que puedes vivir con gozo la
fe cristiana. Será un extraordinario y hermoso momento de vivir juntos la gozosa experiencia de ser
amigos del Señor, junto a al Papa, nuestro obispo y nuestro párroco; tu vinculación a los grupos
juveniles de nuestra Diócesis reforzará tu pertenencia a la Iglesia y te ayudarán a madurar en la fe, en
la alegre esperanza que el Señor ha encendido en nuestros corazones y en la belleza inmarchitable
del compromiso cristiano. No olvides lo que decía con tanta fuerza el Papa Juan Pablo II: «la fe se
fortifica dándola».

Nos veremos a lo largo del año en tu parroquia, en alguno de los encuentros juveniles, y por supuesto
el día de tu Confirmación. Ten la seguridad de que rezaremos por ti cada día. No dejes de hacerlo tú
también. Te entrego esta pequeña oración, como despedida, para que puedas hacerla cada día.
Jesucristo decía que todo lo que pidamos en su nombre Él nos lo concederá. Rézala con esa
confianza, en la seguridad de ser escuchado.

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