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Integridad Cristiana en la Biblia

Este documento discute la importancia de la integridad para los cristianos. Explica que la integridad significa más que solo honestidad, implica actuar con rectitud moral guiados por un amor puro hacia Dios. Se analizan ejemplos bíblicos como los de David y Job que a pesar de sus imperfecciones mantuvieron su devoción a Jehová. También se enfatiza la necesidad de evitar malas compañías y dejarse refinar por los consejos de Dios a través de la Biblia y la organización, para así andar en inte

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Integridad Cristiana en la Biblia

Este documento discute la importancia de la integridad para los cristianos. Explica que la integridad significa más que solo honestidad, implica actuar con rectitud moral guiados por un amor puro hacia Dios. Se analizan ejemplos bíblicos como los de David y Job que a pesar de sus imperfecciones mantuvieron su devoción a Jehová. También se enfatiza la necesidad de evitar malas compañías y dejarse refinar por los consejos de Dios a través de la Biblia y la organización, para así andar en inte

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*** w08 15/12 pág. 3 párrs. 1-2 ¿Por qué debemos ser cristianos íntegros?

***
UN JOVEN cristiano se halla rodeado por un grupo de compañeros que buscan pelea. ¿Responderá a sus
provocaciones insultándolos o recurriendo a los golpes? ¿O logrará controlarse e irse de allí? Un hombre casado está a
solas en su casa buscando cierta información en Internet. De repente aparece en el monitor una ventana con un enlace a
un sitio inmoral. ¿Hará clic en el anuncio, o lo cerrará? Una hermana está conversando con unas amigas. En un
momento dado, la conversación cambia de tono, y una de ellas empieza a hablar mal de otra cristiana. ¿Qué hará la
hermana? ¿Les seguirá la corriente a sus amigas, o se atreverá a cambiar de tema?
2
Estas tres situaciones tienen algo en común: en cada una de ellas el cristiano debe luchar por mantenerse íntegro y
leal. Cuando nos enfrentamos a las preocupaciones y necesidades de la vida diaria, ¿tenemos presente que debemos
actuar con integridad? Por lo general, la gente se preocupa por asuntos como la salud, el aspecto personal, el empleo,
las amistades y las relaciones de pareja. Sin embargo, lo que más debe preocuparnos a los cristianos es nuestra
integridad, pues al fin y al cabo es en eso en lo que se fija Jehová al examinar nuestro corazón (Sal. 139:23, 24).
¿Qué es la integridad?
4
Mucha gente desconoce todo lo que abarca el concepto de integridad. Hay políticos, por ejemplo, que presumen de
ser íntegros, queriendo decir con ello que son honrados. Y claro, la honradez es importante, pero es tan solo una parte
de la integridad. Como bien muestra la Biblia, la persona íntegra es la que lleva una vida intachable, la que actúa
con entereza moral. De hecho, los términos hebreos relacionados con la palabra “integridad” provienen de una
raíz que significa “entero”, “intacto”, “sin tacha o defecto”. Y  uno de estos términos hebreos se emplea para
referirse a los animales que se ofrecían a Jehová. Para que él los aceptara, debían estar sanos y sin defectos
(léase Levítico 22:19, 20). De ahí que Jehová condenara tan enérgicamente a quienes desobedecían esa norma y
ofrecían animales cojos, enfermos o ciegos (Mal. 1:6-8).
5
Como es lógico, todos esperamos que las cosas que adquirimos estén completas o enteras. Supongamos, por
ejemplo, que un coleccionista de libros antiguos encuentra en una librería un valiosísimo ejemplar que lleva años
buscando. ¿Qué haría si descubriera que le faltan varias páginas importantes? Es probable que se decepcione y que
no se lo lleve. Pensemos ahora en una mujer que va recogiendo caracolas mientras pasea por la playa. Fascinada por la
belleza y la variedad de las caracolas que encuentra a su paso, se detiene aquí y allá a examinar algunas de ellas. ¿Con
cuáles cree usted que se quedará? Con las que están completas, intactas. Pues Dios hace algo parecido: él busca a
las personas que son íntegras, completas, por decirlo así (2 Cró. 16:9).
6
Ahora bien, quizá nos preguntemos si para ser íntegros hay que ser perfectos. Tal vez pensemos que, como somos
imperfectos, nos parecemos en realidad a un libro incompleto o una caracola rota. ¿Se ha sentido usted así alguna vez?
En ese caso, recuerde que Jehová no espera de nosotros perfección absoluta; él no nos pide imposibles (Sal. 103:14;
Sant. 3:2). Lo que sí espera es que seamos íntegros. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre perfección e integridad?
Pongamos un ejemplo. Pensemos en un novio que está a punto de casarse. Sería absurdo que esperara perfección de
su futura esposa. Sin embargo, sí sería lógico que esperara que ella lo amara con todo el corazón y que su amor solo
fuera para él. Algo parecido sucede con Jehová: él “exige devoción exclusiva” (Éxo. 20:5). Aunque no espera que
seamos perfectos, sí espera que lo amemos con todo el corazón y que solo lo adoremos a él.
7
Tal vez recordemos la respuesta que dio Jesús cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante
(léase Marcos 12:28-30). Jesús no solo dijo cuál era ese mandamiento, sino que lo cumplió a la perfección. Él, como
nadie, amó a Jehová con todo su corazón, alma, mente y fuerzas. Y con su ejemplo dejó claro que la integridad no se
demuestra solo con palabras, sino también con acciones, y que esas acciones deben estar impulsadas por un
corazón puro. Por eso, si queremos ser íntegros, es imprescindible que sigamos los pasos de Cristo (1 Ped.
2:21).
8
En esencia, pues, ser íntegro en el sentido bíblico significa tener devoción incondicional a nuestro Padre
celestial y lealtad absoluta a su voluntad y propósito. Las personas íntegras son aquellas que se esfuerzan por
agradar a Jehová en todo lo que hacen, aquellas que tienen las mismas prioridades que él.

*** w04 1/12 pág. 13 párr. 4 Andemos en la senda de la integridad ***


4
El término integridad comunica la idea de ser recto, irreprochable, justo e intachable. Ser íntegro no solo implica
hacer lo que es justo, sino manifestar rectitud moral o devoción a Dios con corazón completo. Satanás cuestionó los
motivos de Job cuando le dijo a Jehová: “Para variar, sírvete alargar la mano, y toca hasta su hueso y su carne, y ve si
no te maldice en tu misma cara” (Job 2:5). En efecto, además de actuar debidamente, hay que tener una motivación
adecuada.

*** w04 1/12 pág. 13 párr. 5 Andemos en la senda de la integridad ***


5
Ahora bien, la integridad no exige perfección. El rey David era imperfecto y cometió faltas graves durante su vida;
pese a todo, la Biblia dice que anduvo “con integridad de corazón” (1 Reyes 9:4). ¿Por qué? Porque amaba a Jehová
con todo su corazón, admitió sin excusas sus errores, aceptó los consejos y corrigió su conducta. En  efecto, la
rectitud moral de David se percibe en la forma incondicional en que expresaba amor y devoción a su Dios,
Jehová (Deuteronomio 6:5, 6).

*** w04 1/12 págs. 14-18 Andemos en la senda de la integridad ***


“Refina mis riñones y mi corazón”
8
David oró: “Examíname, oh Jehová, y ponme a prueba; refina mis riñones y mi corazón” (Salmo 26:2). Dado que los
riñones figuran entre los órganos más inaccesibles de nuestro organismo, representan los pensamientos y sentimientos
más íntimos. El corazón simboliza toda la persona interior, es decir, sus motivos, sentimientos e intelecto. Por esa razón,
cuando David pidió a Jehová que lo examinara, le suplicó que escudriñara sus ideas y emociones más recónditas.
9
David rogó a Jehová que refinara sus riñones y su corazón. ¿Cómo refina Dios lo que somos en el interior? David
cantó: “Bendeciré a Jehová, que me ha dado consejos. Realmente, durante las noches mis riñones me han
corregido” (Salmo 16:7). ¿Qué significan estas palabras? Que los consejos divinos llegaron a lo más profundo
de David y corrigieron sus más hondos pensamientos y emociones. Así puede resultar en nuestro caso si
reflexionamos con aprecio en los consejos que recibimos mediante la Biblia, los representantes de Dios y Su
organización, y permitimos que tales consejos penetren en nuestro interior. Pedirle constantemente a Jehová
que nos refine de esta manera nos ayudará a andar en integridad.
“Tu bondad amorosa está enfrente de mis ojos”
10
“Tu bondad amorosa está enfrente de mis ojos —siguió orando David—, y he andado en tu verdad.” (Salmo 26:3.)
David conocía bien los actos divinos de bondad amorosa y reflexionaba en ellos con aprecio. Por eso cantó: “Bendice a
Jehová, oh alma mía, y no olvides todos sus hechos”. Recordando uno de tales “hechos”, David añadió: “Jehová está
ejecutando actos de justicia y decisiones judiciales para todos los que están siendo defraudados. Dio a conocer sus
caminos a Moisés, sus tratos hasta a los hijos de Israel” (Salmo 103:2, 6, 7). Cuando habló de los defraudados, es
posible que David aludiera a los israelitas que vivieron bajo el yugo egipcio en los días de Moisés. De  ser así, al meditar
sobre las revelaciones que hizo Jehová a Moisés respecto a la forma en que los liberaría, David debió de conmoverse y
resolverse aún más a andar en la verdad de Dios.
11
El estudio regular de la Palabra de Dios y la meditación también nos ayudarán a nosotros a permanecer en
la senda de la integridad. Por ejemplo, recordar que José rechazó de plano las proposiciones deshonestas de la
esposa de Potifar nos animará a resistir las insinuaciones inmorales de los compañeros de trabajo o de estudios
o de cualquier otra persona (Génesis 39:7-12). ¿Qué podemos hacer cuando este mundo nos tienta con
oportunidades de progreso material, prominencia o poder? Repasar el ejemplo de Moisés, quien despreció las
glorias de Egipto (Hebreos 11:24-26). De  igual modo, tener presente el aguante de Job reafirmará nuestra
decisión de mantenernos leales a Jehová pese a las enfermedades y desgracias que nos sobrevengan (Santiago
5:11). ¿Y si somos blanco de la persecución? En tal caso, nos infundirá valor la experiencia de Daniel en el foso
de los leones (Daniel 6:16-22).
“No me he sentado con hombres de falsedad”
12
David se refirió a otro factor que fortalecía su integridad con las siguientes palabras: “No me he sentado con
hombres de falsedad; ni entro con los que esconden lo que son. He odiado la congregación de los malhechores, y con
los inicuos no me siento” (Salmo 26:4, 5). David no se sentaba con los malvados. Aborrecía las malas compañías.
13
¿Y nosotros? ¿Nos negamos a sentarnos, por así decirlo, con los “hombres de falsedad” que aparecen en
la televisión, el video, el cine, Internet u otros medios? ¿Evitamos a las personas que esconden lo que son? En
nuestros trabajos o en clase hay quienes tal vez finjan ser nuestros amigos con malas intenciones. ¿Queremos
entablar relaciones estrechas con quienes no andan en la verdad de Dios? Puede que, tras una fachada de
sinceridad, los apóstatas también oculten su intención de apartarnos de servir a Jehová. ¿Y  qué diremos de los
miembros de la congregación cristiana que llevan una doble vida? También esconden lo que son en realidad.
De joven, Jayson, que ahora es siervo ministerial, tenía esa clase de compañeros. Cuenta sobre ellos: “Cierto día
uno de mis amigos me dijo: ‘No importa lo que hagamos ahora. Cuando llegue el nuevo mundo, estaremos
muertos y no vamos a enterarnos de lo que nos perdimos’. Aquellas palabras hicieron sonar la alarma en mi
interior. No quiero estar muerto cuando venga el nuevo sistema”. Jayson tomó la sabia decisión de cortar su
amistad con ellos. “No se extravíen —advirtió el apóstol Pablo—. Las malas compañías echan a perder los
hábitos útiles.” (1 Corintios 15:33.) Es de capital importancia que rechacemos las malas compañías.
Voy a “declarar todas tus maravillosas obras”
14
“Lavaré mis manos en la inocencia misma, y ciertamente marcharé alrededor de tu altar, oh Jehová”, continuó
David. ¿Para qué? “Para hacer que la acción de gracias se oiga en voz alta, y para declarar todas tus maravillosas
obras.” (Salmo 26:6, 7.) El deseo de David era permanecer moralmente limpio a fin de adorar a Jehová y proclamar la
devoción que le tenía.
15
Todo lo relacionado con la adoración verdadera en el tabernáculo y más adelante en el templo fue “una
representación típica y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5; 9:23). El altar simbolizaba la voluntad de Jehová
de aceptar el sacrificio de Jesucristo para redimir a la humanidad (Hebreos 10:5-10). Por ello, nosotros lavamos nuestras
manos en la inocencia y ‘marchamos alrededor del altar de Jehová’ cuando ponemos fe en el sacrificio de Cristo (Juan
3:16-18).
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Cuando pensamos en todo lo que logra el rescate, ¿no rebosa nuestro corazón de gratitud a Jehová y a su
Hijo unigénito? Movidos por tal agradecimiento, hablemos al prójimo de las maravillosas obras de Dios, que van
desde la creación del hombre en el jardín de Edén hasta la completa restauración de todas las cosas en su nuevo
mundo (Génesis 2:7; Hechos 3:21). Colaborar en la obra de predicar el Reino y hacer discípulos nos brinda una
gran protección espiritual (Mateo 24:14; 28:19,  20). Al estar ocupados en esta labor, mantenemos ardiente la
esperanza de un futuro mejor, fortalecemos nuestra fe en las promesas divinas y avivamos el amor a Jehová y al
semejante.
“He amado la morada de tu casa”
17
El tabernáculo —con su altar de sacrificio— era el centro de la adoración de Jehová en Israel. En demostración de
aprecio por aquel lugar, David oró: “Jehová, he amado la morada de tu casa y el lugar de la residencia de tu gloria”
(Salmo 26:8).
18
¿Nos deleita congregarnos en los lugares donde aprendemos de Jehová? Cada Salón del Reino —con su
programa de instrucción espiritual— constituye el centro de la adoración verdadera de la comunidad. Además,
durante el año celebramos asambleas de distrito y circuito y días especiales de asamblea. En  tales reuniones se
examinan los “recordatorios” de Jehová. Por ello, si aprendemos a “am[arlos] en sumo grado”, desearemos
congregarnos y prestaremos atención a lo que allí se diga (Salmo 119:167). ¿No  es alentador reunirse con
hermanos que se interesan por nuestro bienestar y nos ayudan a permanecer en la senda de la integridad?
(Hebreos 10:24, 25.)
‘No te lleves mi vida’
19
Plenamente consciente de las consecuencias que tendría abandonar la senda de la verdad divina, David rogó:
“No te lleves mi alma junto con los pecadores, ni mi vida junto con hombres culpables de sangre, en cuyas manos hay
conducta relajada, y cuya diestra está llena de soborno” (Salmo 26:9, 10). No quería que se le contara entre hombres
pecadores, culpables de conducta relajada o soborno.
20
En el mundo hay una avalancha de prácticas inmorales. La  televisión, las revistas y las películas fomentan
la conducta relajada, o dicho de otro modo, el libertinaje, el desenfreno o la conducta desvergonzada (Gálatas
5:19, nota). Hay quienes han caído en las garras de la pornografía, lo que suele acabar en actos inmorales. Los
jóvenes son especialmente vulnerables a tales influencias. En  algunos países es común salir en pareja, y se
presiona a los adolescentes para que crean que deben amoldarse a esa costumbre. Muchos inician una relación
romántica cuando aún no tienen edad para casarse, de modo que no tardan en caer en conducta inmoral o
incluso en fornicación a fin de satisfacer los deseos sexuales que crecen en su interior.
21
Los adultos no son inmunes, ni mucho menos, a las influencias corruptoras. La  falta de integridad se
manifiesta, además, en las prácticas comerciales fraudulentas y en la tendencia a tomar decisiones egoístas. Si
andamos en los caminos del mundo, solo lograremos distanciarnos de Jehová. Por lo tanto, “odie[mos] lo que
es malo y ame[mos] lo que es bueno”, y sigamos andando en la senda de la integridad (Amós 5:15).
*** w10 15/4 pág. 22 párrs. 12-13 Alejemos la mirada de cosas inútiles ***
12
Otras cosas que “no [sirven] para nada” bueno, o digno, son las diversiones que fomentan el materialismo y el
ocultismo, o que glorifican la violencia y los actos sangrientos (léase Salmo 101:3). Jehová pone sobre los padres
cristianos la responsabilidad de seleccionar lo que pueden ver sus hijos en casa. Es  obvio que no van a
permitirles que practiquen el espiritismo. Pero deben tener en cuenta que muchas películas, programas de
televisión, videojuegos e incluso libros infantiles, revistas de historietas y novelas gráficas giran en torno a la
magia y el mundo sobrenatural (Pro. 22:5).
13
Sin importar nuestra edad, deberíamos huir de los videojuegos que escenifican con sangriento realismo asesinatos
y otros actos violentos (léase Salmo 11:5). Nos negamos rotundamente a centrar el pensamiento en actividades
condenadas por Jehová, recordando que debemos proteger la mente contra los ataques de Satanás (2 Cor. 11:3).
Y tenemos mucho cuidado de que nuestra adoración en familia, la lectura diaria de la Biblia y la preparación para
las reuniones no sufran por dedicar demasiado tiempo a las diversiones, aunque sean moralmente aceptables
(Fili. 1:9, 10).
“Oh, redímeme y muéstrame favor”
22
David terminó su oración diciendo: “En cuanto a mí, andaré en mi integridad. Oh, redímeme y muéstrame favor. Mi
propio pie ciertamente estará plantado en un lugar llano; entre las multitudes congregadas bendeciré a Jehová” (Salmo
26:11, 12). La determinación de David de perseverar en su integridad va de la mano con la súplica por su redención.
¡Qué animador! Pese a nuestra pecaminosidad, Jehová nos ayudará si estamos decididos a andar en la senda de la
integridad.
CONCLUSION
23
Demostremos con nuestra conducta que respetamos y valoramos la soberanía de Dios en todo aspecto de
la vida. Pidámosle a Jehová que examine y refine nuestros pensamientos y sentimientos más recónditos.
Estudiemos con diligencia la Palabra de Dios a fin de tener Su verdad constantemente enfrente de los ojos.
Rechacemos por completo las malas compañías y bendigamos a Jehová entre las multitudes congregadas.
Participemos con celo en la obra de predicar el Reino y hacer discípulos, y nunca permitamos que el mundo
ponga en peligro nuestra preciosa relación con Dios. Si nos esforzamos por andar en la senda de la integridad,
podemos tener la seguridad de que obtendremos el favor de Jehová.

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