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2022 02 13 Curiosas Elecciones Colombianas

El documento describe el sistema de elecciones presidenciales en Colombia, el cual es el resultado de varios accidentes históricos que han llevado a un proceso de tres etapas con consultas, primera y segunda vuelta. Sin embargo, este sistema introduce incertidumbre y desigualdad entre los candidatos, y el presidente electo no podrá cumplir sus promesas debido a que no tendrá mayoría en el Congreso por la ausencia de partidos y coaliciones serias.

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El documento describe el sistema de elecciones presidenciales en Colombia, el cual es el resultado de varios accidentes históricos que han llevado a un proceso de tres etapas con consultas, primera y segunda vuelta. Sin embargo, este sistema introduce incertidumbre y desigualdad entre los candidatos, y el presidente electo no podrá cumplir sus promesas debido a que no tendrá mayoría en el Congreso por la ausencia de partidos y coaliciones serias.

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Las curiosas elecciones colombianas

Escrito por Hernando Gómez Buendía febrero 13, 2022

Cómo y por qué llegamos a un sistema de elegir a un


presidente que no podrá cumplir sus promesas.

Hernando Gómez Buendía*


El proceso que vivimos es el fruto de una serie de accidentes, que por puro
rebote están desembocando en unas elecciones más o menos ordenadas y
con alta intervención de los votantes.

El primero de esos accidentes fue la consulta popular para escoger al


candidato de un partido, inventada por el liberalismo en 1990 para darle
cabida a Luis Carlos Galán, que amenazaba con repetir la división que causó la
derrota de López Michelsen en 1982.

Las elecciones son para que los partidos


compitan entre sí, no para que la
ciudadanía les resuelva sus problemas.
Con el cuento de democratizar los partidos, la figura se elevó al rango
constitucional y se fue ampliando a las llamadas consultas interpartidistas. El
absurdo se fue haciendo más absurdo; primero, porque ese invento liberó a
los partidos de su función o deber más elemental: postular a sus propios
candidatos; segundo, porque la democracia dentro del partido consiste en que
los militantes escojan a sus representantes, no en que terceras personas
opinen sobre el asunto; tercero, porque las elecciones son para que los
partidos compitan entre sí, no para que la ciudadanía les resuelva sus
problemas.

El segundo accidente fue la doble vuelta en la elección presidencial, que se


inventaron los constituyentes del 91 para destruir el bipartidismo y darles
peso a los terceros partidos. Pues aunque los presidentes (salvo Uribe) hayan
sido elegidos en segunda vuelta, los terceros partidos han sido incapaces de
endosar —y de cobrar— sus votos en la segunda vuelta. En vez de una
coalición organizada para gobernar, en la segunda vuelta la gente escoge al
que cree menor entre dos males.

El tercer accidente fue la obsesión de los constituyentes contra los dos


partidos tradicionales, que se tradujo en extrema laxitud para crear partidos,
en su fragmentación hasta más de medio centenar entre 1991 y 2002, en la
reinvención posterior de partidos hechizos (la U, o Cambio Radical, o Justos y
Libres, o la Colombia Humana…) y en la feria de vanidades que hace unos
meses comenzamos a vivir con la auto postulación de cuando menos 52
candidatos de distintos tamaños o pelambres y casi todos ellos en
representación de nadie sabe quién.

Fueron meses de caos y confusión de la ciudadanía, cuando detrás de


bambalinas se estaban afinando los cálculos y cocinando los acuerdos que al
final nos dejaron con tres eliminatorias (mal llamadas “consultas
interpartidistas”), más otros tres aspirantes que seguirán solos hasta primera
vuelta.

Lo curioso del sistema colombiano es que acabó siendo una elección a tres
vueltas: consultas del 13 de marzo para escoger a los representantes de las
grandes corrientes de opinión (izquierda, centro, derecha); medición entre
unos pocos aspirantes entre los más de cincuenta que empezaron el proceso
(primera vuelta, 29 de mayo); y escogencia final del ganador con la mitad más
uno de los votos (segunda vuelta, 19 de junio).

El panorama acabó por despejarse y las opciones se han ido decantando hasta
decir que hoy compiten la izquierda, el centro y la derecha dividida en tres
fracciones.
Lo bueno de las consultas es que por puro accidente reemplazaron los
partidos. Lo bueno de la doble vuelta es elegir al presidente que asuste menos
al electorado.

Y lo malo del curioso sistema colombiano son dos cosas. La primera es que
introduce mucho ruido, incertidumbre y desigualdades arbitrarias entre los
precandidatos. La segunda es que el presidente elegido no tendrá mayoría en
el Congreso porque no existen partidos ni coaliciones serias de gobierno: las
promesas de campaña no podrán ser cumplidas y el próximo gobierno será
otra desilusión para los electores.
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