PORTADA
Relato 1
Mas vale prevenir que curar
Pablo era un humilde zapatero de Cantabria, durante toda su vida nunca
recibió queja alguna de sus vecinos o familiares, siempre había sido alguien
muy respetado en su comunidad.
Sin embargo, llegó el día en que toda la verdad sobre Pablo se destapo.
Hubo un día en que un forastero se hallaba cazando en un bosque aledaño
a la villa de Pablo, fue ahí que ambos se encontraron, justamente todo
sucedió en una clara noche de luna llena.
El cazador contó que Pablo se hallaba devorando el cuerpo de una mujer,
esto mientras aullaba como un lobo. El admitió estar muerto de miedo,
pues estando en cuatro patas y cubierto de un pelaje oscuro y manchado
de sangre, Pablo de verdad parecía ser una fiera mas del bosque.
El cazador por suerte era supersticioso y al ser conocedor del cuento de
Gevaudan, llevaba consigo siempre dos balas hechas de un medallón de
plata con la imagen la virgen, gracias a eso pudo matar de un certero
disparo en la cien al zapatero.
Desde ese entonces siempre escasearon los pequeños medallones de plata
en ese pequeño pueblo perdido de Cantabria.
Relato 2
El conde Rodovarius
Un hombre tenebroso y de mirada profunda lo invita a pasar al gran
comedor del castillo decorado con grandes cuadros donde se retrataban
personas sin rostro. En su mano cargaba un cáliz dorado.
-Adelante Alexei, siéntese donde guste. Me presento, soy el conde
Rodovarius.
Alexei al escuchar su voz siente un escalofrío que lo recorre
completamente. Su voz y sus piernas se congelan.
-No temas, ahora necesitas de mi compañía -dice Rodovarius- Jack, sírvale
una copa a mi invitado. Por favor tome asiento y disfrute del brebaje.
Como dominado por una fuerza exterior Alexei avanza y se sienta al lado
izquierdo de Rodovarius, quien lo mira con una sonrisa torcida.
Al sentarse Alexei retoma control de su cuerpo y de un salto termina
apoyado en un gran ventanal que da hacia una pradera oscura.
-¿No aceptas mi hospitalidad? -pregunta Rodovarius- Entonces mira hacia
afuera para que aceptes tu destino.
La luna llena se posa sobre los pinos del horizonte e ilumina la pradera. La
escena estremece a Alexei: Cientos de cuerpos empalados y putrefactos dan
cuenta del dolor sufrido. En medio está él, el mismísimo Alexei. Su cuerpo
aún desprende los últimos fluidos de sus órganos perforados.
-Entonces -dice Rodovarius- ¿Aceptarás mi hospitalidad?
Relato 3
Velo abierto, final inevitable
Hay en mí una flor ennegrecida, suspirando sus últimos vapores,
pidiéndome muy paciente alimento y cuidado. Sé que debería de buscarle
agua, tierra, luz, aire de los bosques. Pero, para ser sincero, ya no me
importa en lo absoluto obsequiarle cualquier tipo de atención. Dejaré que
fallezca, sin escuchar sus esperanzadoras promesas. Una esfera rueda por
las plataformas inclinadas de mi mente, es de cristal, pero pesada. Es la
verdad, pero de una forma devastadora. Ella me trajo hasta aquí.
Actualmente estoy caminando firme por la nave central de la altísima
cátedra donde, con mi madre y hermano, íbamos cada misa. Estoy aquí
porque busco algo que dejó esclavizada mi alma. Sin duda, busco venganza.
Un demonio me observa desde los balcones del lugar, me conoce, y yo a él.
Me ve, pero no se acerca como creía que lo iba a hacer. Aun así, una
gravedad nos ha estado uniendo desde hace prolongado tiempo. Y, al estar
muy cerca ya los dos, el espacio comenzó a contraerse, causando temblores
en el lugar. Las manos de Atlas se quebraron y las vidrieras explotaron. El
demonio se espantó, y yo me inmuto. Sus colmillos me muerden, pero mi
sangre lo derrite.
Relato 4
Oscuro suplicio
Desde el sombrío atardecer en que mi piel sucumbió ante los colmillos de
aquel chupasangre, no había dejado de vivir presa en este castillo, viejo y
polvoriento, en el que lo único que logré fue envejecer sin notar el paso de
los meses y quizás los años.
En lo alto de esa torre que se volvió mi prisión, buscaba la forma de huir
del martirio, pero él me vigilaba, y cuando menos lo esperaba aparecía a
mi lado, me susurraba al oído y volvía a perforar mi pálida piel.
Me convirtió en su esclava, la que solo servía para saciar su sed de sangre
y deseo, como si el mundo gobernado por “la razón" no fuera suficiente
tormento. Y así noche tras noche, entre lamentos de almas perdidas, la mía
apagaba su brillo.
Sin embargo, un día decidí poner fin a ese suplicio, bajo mi almohada
escondí la llave que me liberaría del monstruo; una daga que robé del
anticuario del castillo. Así, cuando él se posó sobre mi cuerpo para hacerme
suya, tomé el arma y la clavé en su espalda con tal odio que la misma
atravesó también mi ser. Al menos mi alma ahora es libre.
Relato 5
El fango sagrado
Bajo las iglesias hay tumbas. Horacio ignoraba su edad, pasó gran parte
de su vida encerrado en una bóveda de un templo antiguo, aun así él estaba
allí confinado por su propia voluntad y determinación, se presentó al
templo una tarde invernal para consagrarse al dios de su esposa, este dios
había muerto hace ya milenios. Lo cierto es que, Horacio quería renacer a
esta deidad, lo intentó por medio de ritos sangrientos e incluso convocó a
la luna por ayuda, pero esta se negó.
Horacio debía arrastrarse escaleras abajo hasta sentir barro en los pies, la
tumba estaba en medio de un epicentro triangular, no debía cometer ruido,
tampoco abrir los ojos, esa sala era la bóveda del dios subterráneo.
Cuando Horacio dormía tenía como tarea soñar con un dios digno de
renacer y gobernar la faz, pero en el fondo Horacio quería renacer a su
esposa. Llegó el día bisiesto, tras estar allí por siete años consiguió su
prometido, el dios había renacido. Este se incorporó en la tabla triangular,
olía a cerdo, tenía las manos embarradas, Horacio al abrir los ojos se dio
cuenta que había renacido a un hombre igual a él, que terminaría
reemplazándolo, salvándolo.