NULIDAD DE CONTRATO DE COMPRAVENTA
I. Simulación, concepto, elementos y clasificación. II. Si bien el mandatario podía
otorgar un contrato de compraventa de inmueble en representación de los
demandantes, en caso alguno lo facultaba para aparentar una actuación lícita.
Improcedencia de otorgar contrato para transferir el inmueble de los mandantes
en perjuicio de éstos.
Hechos:
Parte demandante interpone recurso de casación en el fondo contra la sentencia
de la Corte de Apelaciones, que confirmó el fallo de primer grado que rechazó la
demanda de nulidad de contrato de compraventa de inmueble. La Corte
Suprema acoge el recurso de casación en el fondo deducido y dicta sentencia
de reemplazo
Sumarios:
1- La simulación consiste en la disconformidad consciente entre la voluntad y su
declaración convenida entre partes, con el fin de engañar a terceros. También se
la ha definido como el acuerdo en la celebración de un acto cuando en verdad
se quiere celebrar otro, o ninguno. De lo dicho aparece que son elementos de la
simulación, los que siguen: a) disconformidad entre la voluntad real, efectiva,
verdadera y la declarada o manifestada; b) conciencia de la disconformidad,
esto es, conocimiento de que queriéndose algo se expresa una cosa diferente.
Esta posición de los sujetos conforma la diferencia entre la simulación y el error, en
el cual también existe disconformidad entre lo querido y lo expresado pero falta,
precisamente, esta conciencia o actitud deliberada; c) concierto entre las partes,
o sea, comunicación recíproca y acuerdo entre ellos en que lo que dicen es sólo
apariencia porque es algo distinto lo que efectivamente se quiere; y d) intención
de engañar. Se entiende por simulación absoluta aquella en la que tras el acto
aparente no se oculta otro; y, por simulación relativa, la que tras el acto aparente
se esconde otro diverso. -Daniel Peñailillo Arévalo-. La doctrina entiende por
simulación ilícita la que perjudica (o tiene la intención de perjudicar) a terceros o
viola (o tiene la intención de violar) la ley, y por simulación lícita la que no
provoca (o no pretende provocar) alguno de aquellos resultados. Lo que se
expone, sin perjuicio que en todo caso en la simulación estará presente el engaño
a los terceros, por lo que desde un punto de vista ético bien podría considerarse
que toda simulación es ilícita, en cuanto el engaño o encubrimiento de la verdad
es ilícito. La simulación tiene causa y es la que, también en doctrina, se denomina
"causa simulandi", entendiéndose por tal el interés que lleva a las partes a hacer
un contrato simulado, el motivo que induce a dar apariencia a un negocio
jurídico que no existe o presentarlo en forma distinta a la que corresponde: es el
porqué del engaño. Por esto se señala que la simulación tiene relación con las
personas de los contratantes; con el objeto del contrato; con su ejecución; y con
la actitud de las partes al realizar el negocio jurídico (considerandos 7° a 9° de la
sentencia de casación)2- La doctrina ha precisado que "la existencia de una
convención (cuestión de prueba) y el alcance de una convención (cuestión de
interpretación) son dos aspectos diferentes, que no deben confundirse" -Jorge
López Santa María-, conclusión que, llevada al caso que se analiza, permite
distinguir, en lo relativo a los contratos que se vienen analizando, los hechos que
han sido fijados en el fallo con los alcances y efectos de esas convenciones y, en
particular, si lo expresado literalmente en el contrato de compraventa
cuestionado coincide con la voluntad interna o el propósito de las partes. Por lo
tanto, corresponde concluir que la convención celebrada entre los demandados
no tiene la naturaleza que han pretendido asignarle, ya que aun cuando P.R. sí
podía otorgar un contrato de compraventa de inmueble en representación de los
demandantes, en caso alguno lo facultaba para aparentar una actuación lícita y
otorgar el contrato con el único objeto de transferir el inmueble de sus mandantes
a su hijo, extrayéndolo del patrimonio de los primeros en su perjuicio
(considerandos 14° y 15° de la sentencia de casación)
CSU1, 2020/03/03, 14915-2018.
Normativa relevante citada
Arts. 1545, 2116, 2149 del CC.
I. Sentencia de casación
Santiago, tres de marzo de dos mil veinte.
VISTOS:
En este procedimiento ordinario sobre nulidad de contrato de compraventa de
inmueble tramitado bajo el Rol C 2.532 2018 por el Cuarto Juzgado Civil de
Valparaíso, caratulado "Espínola Carreño, Enrique y otra con Pizarro Espejo,
Samuel Alejandro y otro", mediante sentencia de nueve de enero de dos mil
dieciocho, escrita a fojas 124 y siguientes, se desestimó la demanda, sin costas.
Apelado el fallo por la parte demandante, la Corte de Apelaciones de esa
ciudad, en pronunciamiento de veinticuatro de mayo de dos mil dieciocho,
rolante a fojas 156, lo confirmó.
En contra de esta última decisión, la misma parte interpuso recurso de casación
en el fondo.
Se trajeron los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que la recurrente asevera que el fallo infringe los artículos 44, 1445 N° 4,
1458, 1467, 1682, 1683, 1699, 1700, 1713, 1749 inciso 7°, 2149, 1871 del Código Civil
y 384 N° 2 del Código de Procedimiento Civil.
Afirma, en primer lugar, que el fallo vulnera el artículo 2149 del Código Civil
porque no considera que el demandado Pizarro Ramos excedió las instrucciones
y facultades otorgadas por los actores en el mandato que le fue conferido con el
único propósito de obtener el alzamiento de ciertos gravámenes que pesaban
sobre el inmueble de autos tal como lo refieren los testigos que declaran en el
proceso cuya declaración no es adecuadamente ponderada y no para venderlo
simuladamente a su hijo y codemandado, como se reconoce en la diligencia de
absolución de posiciones en cuyo análisis se viola el artículo 1713 del citado texto
normativo, en donde, además el mandatario confiesa que no informó de la venta
a los mandantes porque no pudo ubicarlos, sosteniendo el comprador, a su turno,
que desconoce si los actores tenían intención de vender la propiedad.
Por lo demás, como se trata de la venta de un inmueble de propiedad de la
sociedad conyugal habida entre los demandantes, se requería la autorización
expresa y específica de la cónyuge, conforme al artículo 1749 del Código Civil,
precepto que la sentencia quebranta al estimar que la exigencia legal se
satisface con la autorización genérica que ella prestó en la escritura de mandato.
En cuanto a los elementos de la compraventa cuestionada, acusa la violación
del artículo 1793 del código sustantivo y, nuevamente, la equivocada valoración
de las declaraciones de los testigos, prueba que reúne los requisitos del N° 2 del
artículo 384 del Código de Procedimiento Civil y permite establecer que el precio
fijado en el contrato es irrisorio, que el comprador carecía de los recursos para
pagarlo de contado, como se indica en el título impugnado y, asimismo, que los
mandantes no recibieron suma alguna por la venta de su propiedad,
constatación que importa la infracción del artículo 1871 del código sustantivo.
Igualmente, el fallo conculca el artículo 1713 del Código Civil al soslayar la
expresa confesión del mandatario, en orden a que no mandó tasar el inmueble
porque la intención era que quedara en el patrimonio de su hijo o su hija,
circunstancia que ratifica que no existió un acuerdo entre vendedor y comprador
y que el contrato también carece de causa, de modo que la sentencia también
vulnera el artículo 1444 N° 4 y 1467 del Código Civil al no declarar la nulidad del
contrato y, de paso, los artículos 44 y 1458 del mismo cuerpo legal, en tanto la
venta se realizó con la intención de perjudicar a la parte recurrente.
Refiere, por último, que el fallo vulnera los artículos 1699 y 1700 del Código Civil en
lo relativo al mérito probatorio que reconoce a la compraventa y también al
contrato de promesa de compraventa que las partes habían celebrado con el
demandado Pizarro Ramos, porque en este último instrumento se comprometieron
a vender el inmueble a él y no a su hijo, como simuladamente se convino en la
compraventa cuestionada que incluso oficiosamente debió ser declarada nula.
SEGUNDO: Que para la adecuada resolución de los cuestionamientos que la
recurrente desarrolla en el arbitrio recién enunciado es conveniente considerar
que a fojas 1 de estos antecedentes, Enrique Espínola Carreño y María
Magdalena Polanco Bruna, casados bajo el régimen de sociedad conyugal,
demandaron la nulidad absoluta del contrato de compraventa celebrado el 30
de marzo de 2016 por los demandados Samuel Pizarro Espejo y Pedro Pizarro
Ramos.
En lo fundamental, informaron que mediante escritura pública de 10 de marzo de
2011 otorgaron un poder especial al demandado Pizarro Ramos para que
procediera al alzamiento de una hipoteca y prohibición de enajenar sobre el
inmueble ubicado en Avenida Bernardo O¿Higgins N° 2535, casa 1, Villa Virginia,
Cerro San Roque, Valparaíso, gravámenes que fueron constituidos en el año 1982
a favor de la desaparecida Asociación Nacional de Ahorro y Préstamo y que
permanecían vigentes pese a haberse solucionado el crédito que garantizaban.
El mandatario, no obstante, no solo no cumplió el encargo sino que además utilizó
el mandato para vender el inmueble al codemandado, su hijo, mediante
escritura pública de 30 de marzo de 2016, contrato que adolece de nulidad
absoluta por causa ilícita ya que el precio fijado no es real porque no se condice
con el valor de la cosa vendida. Tampoco fue pagado, porque nada recibieron
los actores del comprador, quien carecía de ingresos para solucionarlo.
Además, el título no cuenta con la autorización expresa que debía prestar la
cónyuge del propietario. Se trata, en fin, de un acto simulado celebrado con la
intención de perjudicarlos.
A fojas 16 los demandados contestaron el libelo instando por su íntegro rechazo.
Reconociendo haber celebrado la compraventa cuestionada mediante el
mandato otorgado por los demandantes a Pedro Pizarro Ramos, aclararon que
ese poder no era especial sino general, con amplias facultades para la
administración, venta, gravamen y transferencia del inmueble. Se trata, en
consecuencia, de un contrato válido sobre un inmueble que si bien mantiene una
prohibición de enajenar y una hipoteca, tales gravámenes no habilitan para
solicitar su nulidad. Sobre la falta de causa u causa ilícita alegada de contrario,
informaron que la compraventa tiene precio y que ya antes los actores y su
mandatario habían celebrado una promesa de compraventa por el monto en
que se vendió la propiedad, el que fue percibido por los demandantes. Además,
la autorización que requiere el artículo 1749 del Código Civil consta en el
mandato. Dieron cuenta, por último, que el valor se condice con el que presenta
el terreno ya que en el mes de noviembre del año 2015 el inmueble fue
totalmente consumido por un incendio.
TERCERO: Que el fallo dejó asentado los siguientes hechos:
1. El 10 de marzo de 2011 los demandantes, casados bajo el régimen de sociedad
conyugal, confirieron un mandato especial por escritura pública al demandado
Pedro Nolasco Pizarro Ramos, con facultades de administración y disposición del
inmueble ubicado en la comuna de Valparaíso, calle O¿Higgins 2535, Villa
Virginia.
2. En la misma fecha los demandantes suscribieron con el demandado Pedro
Nolasco Pizarro Ramos un contrato de promesa de compraventa del referido
inmueble, en el que se convino que "El precio de la compraventa aquí prometida
será la suma de $16.000.000. (dieciséis millones de pesos) que se pagará como
sigue: 1. 6.000.000 en efectivo, directamente a los promitentes vendedores
pagando la primera cuota de 1.500.000 en este acto y el resto en quince cuotas
de $300.000. 2. El saldo del precio deberá pagarlo el promitente comprador al
acreedor hipotecario del bien raíz a objeto de alzar la hipoteca existente en la
propiedad y demás gravámenes, en tantas cuotas como se negocie con dicha
entidad Bancaria".
3. En ejercicio del mandato que le fuera conferido, Pedro Nolasco Pizarro Ramos
vendió la propiedad, en representación de los demandantes, a Samuel Alejandro
Pizarro Espejo, mediante escritura pública el 30 de marzo de 2016, por un precio
de "dieciséis millones de pesos, que la parte compradora ha pagado con
anterioridad a la firma de este contrato, que la parte vendedora reconoce haber
recibido íntegramente y a entera satisfacción", precio superior al avalúo fiscal que
a ese entonces presentaba la propiedad.
4. El día 19 de noviembre de 2015 la propiedad ubicada en Avda. Bernardo
OHiggins 2535, San Roque, Valparaíso fue afectada por un incendio resultando
con los daños de que da cuenta el certificado de incendio emitido por el
Comandante del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, esto es, con daños totales
en el "Sector Panadería" y "Sector Vivienda" y daños en el entretecho del "Sector
de Atención de Público".
CUARTO: Que sobre la base de tal presupuesto fáctico, los sentenciadores
desestiman las causales de nulidad esgrimidas por la parte demandante.
Sobre el vicio relativo a la falta de autorización de la mujer casada en la
compraventa de 30 de marzo de 2016, expresan que la representación que
invoca el demandado Pizarro Ramos para celebrar el contrato cuestionado se
sostiene en el contrato de mandato especial que le fuera otorgado por ambos
demandantes, por lo que debe concluirse que "al contrato de compraventa han
comparecido debidamente representados ambos cónyuges", satisfaciendo las
hipótesis que describe el inciso 7° del artículo 1749 del Código Civil.
Sin perjuicio, manifiestan los juzgadores que "en los autos no consta
fehacientemente que la autorización de la mujer haya sido necesaria, pues si
bien no se ha discutido que ambos actores se encuentran casados, y del
certificado de matrimonio de fojas 88 se advierte que no se pactó un régimen
matrimonial distinto al de sociedad conyugal, no se incorporó por las partes la
inscripción de dominio del inmueble objeto del juicio, por lo que no es posible
conocer quién es el dueño del predio, cuando se adquirió y bajo que título, todos
elementos necesarios para determinar si la autorización de la mujer era o no
necesaria, como afirma la parte demandante".
Tocante a la ausencia de precio que fuera esgrimido como demostrativo de la
falta de causa o de la simulación esgrimida por la demandante, expresan los
juzgadores que a la luz de lo acordado por las partes en la estipulación respectiva
se advierte que el precio fue pagado al menos en parte con anterioridad a la
suscripción del contrato de compraventa, afirmación que es coherente con lo
señalado por los demandados en orden a que este contrato de compraventa
cumple las obligaciones contraídas por las partes con anterioridad, al suscribir un
contrato de promesa sobre el inmueble, pues "el análisis armónico de ambos
contratos permite sostener las alegaciones de los demandados, en orden a que
los actores suscribieron un contrato de promesa de compraventa de inmueble, y
como éste registraba gravámenes, se le dio un mandato para gestionar su
alzamiento. Esta afirmación se reafirma además con la simple constatación de
que ambas escrituras fueron suscritas con la misma fecha, en la misma notaría y
por las mismas partes, y cuya suscripción no ha sido controvertida por la actora".
Concluyen, en definitiva, que no se advierte vicio de nulidad en relación con el
precio y su pago en el contrato de compraventa "por constar su pago en el
contrato de promesa de compraventa celebrado con anterioridad por las
mismas partes", añadiendo que la falta de ingresos suficientes del comprador
para enterar el precio "no fue objeto de los puntos de prueba fijados en la
resolución de fojas 49, sin que la actora cuestionara su exclusión como hecho
discutido, por lo que no puede ser en definitiva resuelta por el tribunal".
Respecto al mencionado contrato de promesa de compraventa, añaden que
bien podrían existir otros incumplimientos a las obligaciones contraídas por las
partes. Sin embargo, la acción en estos autos se ha limitado a solicitar la
declaración de la nulidad absoluta del contrato de compraventa celebrado el
día 30 de marzo de 2016, "petición que circunscribe la competencia de tribunal
sólo a la revisión de los vicios de nulidad que se han invocado respecto a ese
contrato, estando impedido el control de otras eventuales infracciones bajo
sanción a su vez de nulidad del fallo".
Por último, manifiestan que el incendio que afectó a la propiedad el 19 de
noviembre de 2015 no ha podido incidir en su precio de venta porque "quedó
establecido con mucha anterioridad, esto es, cuando las partes suscribieron el
contrato de promesa de compraventa en el año 2011". Como además el precio
fijado es superior al del avalúo fiscal del inmueble al año 2016, la alegación de
que el precio es irreal porque no se ajusta al valor comercial de inmueble también
será rechazada".
QUINTO: Que, como es sabido, los hechos fijados en una sentencia corresponden
al resultado de la ponderación judicial de la prueba rendida en el juicio y esta
actividad de análisis, examen y valoración del material probatorio se encuentra
dentro de las facultades privativas de los sentenciadores, concerniendo a un
proceso racional que no está sujeto al control del recurso de casación en el
fondo, salvo que se haya denunciado de modo eficiente la vulneración de las
leyes reguladoras de la prueba que han permitido establecer los presupuestos
fácticos del fallo, naturaleza que la recurrente asigna a las disposiciones
contenidas en los artículos 1699, 1700 y 1713 del Código Civil y 384 N° 2 del
Código de Procedimiento Civil.
Sobre la última de esas disposiciones, corresponde desde luego aclarar que no
presenta el carácter de reguladora de la prueba, pues el precepto forma parte
de un marco normativo desde el cual los jueces de mérito pueden hacer uso de
una facultad privativa de comparación de la prueba rendida, correspondiendo
tal actuación a un proceso racional del tribunal, no sujeto al control del recurso
de casación en el fondo.
Así lo ha asentado este tribunal de casación sobre la base de una interpretación
que emana de la historia fidedigna del establecimiento del precepto, conforme
lo consignado en la segunda parte del artículo 19 del Código Civil, de modo que
la apreciación de la prueba testimonial, entendida como el análisis que efectúan
de ella los sentenciadores de la instancia para establecer cada uno de los
elementos que consagra el legislador para regular su fuerza probatoria, queda
entregada a dichos magistrados y no puede ser revisada por la vía de este
recurso de nulidad sustantiva.
En cuanto a los artículos 1699 y 1700 del código sustantivo, su vulneración no se
hace consistir, en rigor, en su equivocada aplicación sino que en la discordancia
que observa la recurrente respecto del contenido y mérito probatorio que la
sentencia asigna a las escrituras de compraventa, de mandato y promesa de
compraventa que constan en autos. Se trata, en consecuencia, de una
desavenencia sobre la manera en que han sido apreciados esos antecedentes.
En lo que toca al artículo 1713 del Código Civil, el reproche consiste en la
circunstancia de no haber reconocido el valor de plena prueba a los hechos
confesados por los absolventes. El recurso menciona las afirmaciones que
tendrían ese carácter y, entre ellas, las relativas a la falta del pago del precio y
otras que develarían la real intención que llevó a los demandados a celebrar la
compraventa. No obstante, se trata de asertos que la recurrente interpreta desde
su particular apreciación, vinculándolos entre sí y con otros elementos probatorios.
Es decir, la recriminación se refiere más bien al análisis comparativo de las
probanzas rendidas en juicio y no a una desacertada aplicación del artículo en
referencia.
Siendo así, en lo que hace a las disposiciones mencionadas, el recurso no puede
tener acogida.
SEXTO: Que, en consecuencia, los hechos fijados en el fallo resultan inamovibles
para el tribunal de casación. No obstante, esa circunstancia no impide analizar si
los jueces han incurrido en el desacato de las normas sustantivas que también se
dice vulneradas.
SÉPTIMO: Que emprendiendo el análisis de tales reproches jurídicos debe
recordarse que, como ya ha tenido ocasión de asentar este tribunal de casación,
la simulación consiste en la disconformidad consciente entre la voluntad y su
declaración convenida entre partes, con el fin de engañar a terceros.
También se la ha definido como el acuerdo en la celebración de un acto cuando
en verdad se quiere celebrar otro, o ninguno.
De lo dicho aparece que son elementos de la simulación, los que siguen: a)
disconformidad entre la voluntad real, efectiva, verdadera y la declarada o
manifestada; b) conciencia de la disconformidad, esto es, conocimiento de que
queriéndose algo se expresa una cosa diferente. Esta posición de los sujetos
conforma la diferencia entre la simulación y el error, en el cual también existe
disconformidad entre lo querido y lo expresado pero falta, precisamente, esta
conciencia o actitud deliberada; c) concierto entre las partes, o sea,
comunicación recíproca y acuerdo entre ellos en que lo que dicen es sólo
apariencia porque es algo distinto lo que efectivamente se quiere; y d) intención
de engañar.
OCTAVO: Que se entiende por simulación absoluta aquella en la que tras el acto
aparente no se oculta otro; y, por simulación relativa, la que tras el acto aparente
se esconde otro diverso. (Daniel Peñailillo Arévalo, "Cuestiones Teórico Prácticas
de la Simulación", Revista de Derecho de la Universidad de Concepción, N° 191,
páginas 12 a 16).
Por su parte, el profesor René Abeliuk Manasevich en su obra "Las Obligaciones",
Tomo I, Quinta Edición, Editorial Jurídica, año 2008, página 159, indica como
elementos de la simulación ilícita, los que se exponen a continuación: a) la
disconformidad entre la voluntad interna y la declarada; b) esta disconformidad
debe ser consciente y deliberada; c) acuerdo de las partes; y d) intención de
perjudicar a terceros.
La doctrina entiende por simulación ilícita la que perjudica (o tiene la intención
de perjudicar) a terceros o viola (o tiene la intención de violar) la ley, y por
simulación lícita la que no provoca (o no pretende provocar) alguno de aquellos
resultados. Lo que se expone, sin perjuicio que en todo caso en la simulación
estará presente el engaño a los terceros, por lo que desde un punto de vista ético
bien podría considerarse que toda simulación es ilícita, en cuanto el engaño o
encubrimiento de la verdad es ilícito.
NOVENO: Que la simulación tiene causa y es la que, también en doctrina, se
denomina "causa simulandi", entendiéndose por tal el interés que lleva a las
partes a hacer un contrato simulado, el motivo que induce a dar apariencia a un
negocio jurídico que no existe o presentarlo en forma distinta a la que
corresponde: es el porqué del engaño. Por esto se señala que la simulación tiene
relación con las personas de los contratantes; con el objeto del contrato; con su
ejecución; y con la actitud de las partes al realizar el negocio jurídico.
DÉCIMO: Que hechas las precisiones que anteceden, corresponde circunscribir
los razonamientos al caso de autos en el cual el demandante aduce que el
contrato de compraventa celebrado entre los demandados es simulado y, por tal
razón, carece de causa o es ilícita.
Como ya se dijo, es un hecho de la causa que al contrato en referencia
compareció como vendedor Pedro Nolasco Pizarro Ramos, en representación de
los actores en virtud del mandato que le confirieron el 10 de marzo de 2011,
enajenando el inmueble a su hijo y codemandado Samuel Pizarro Espejo.
El poder contenía suficientes facultades, no solo para gestionar el alzamiento de
los gravámenes constituidos sobre el inmueble sino también para vender y
transferir los derechos que a los mandantes correspondían en el bien raíz, estando
facultado además para percibir el precio.
Conforme consta en la cláusula tercera de la compraventa cuestionada, el
precio acordado fue de $16.000.000, el que "la parte compradora ha pagado
con anterioridad a la firma de este contrato".
Relacionando la compraventa con el contrato de promesa de compraventa que
se otorgó el mismo día en que fue suscrito el mandato recién referido, el fallo ha
estimado que el precio se pagó, manifestando al efecto que "el análisis armónico
de ambos contratos permite sostener las alegaciones de los demandados, en
orden a que los actores suscribieron un contrato de promesa de compraventa de
inmueble, y como éste registraba gravámenes, se le dio un mandato para
gestionar su alzamiento. Esta afirmación se reafirma además con la simple
constatación de que ambas escrituras fueron suscritas con la misma fecha, en la
misma notaría y por las mismas partes, y cuya suscripción no ha sido controvertida
por la actora", para concluir que consta el pago del precio "en el contrato de
promesa de compraventa celebrado con anterioridad por las mismas partes".
El razonamiento, sin embargo, no se condice con las estipulaciones de tales
instrumentos ni con los hechos asentados en el proceso.
UNDÉCIMO: Que, en efecto, no puede olvidarse que el contrato de promesa de
compraventa fue celebrado por los actores y el demandado Pedro Nolasco
Pizarro Ramos y no con Samuel Pizarro Espejo, quien en definitiva es quien
adquiere la propiedad. Tampoco se facultó a Pizarro Ramos a ceder sus derechos
como promitente comprador y no se alegó ni probó que ello hubiese acontecido.
Mal entonces puede entenderse cumplido un requisito del contrato de
compraventa con ocasión de uno anterior que no vincula al comprador.
Además, siendo indiscutido que el precio fijado en la compraventa es el mismo
que se indica en el contrato de promesa de compraventa, tampoco es posible
sostener que en virtud de este último instrumento el precio se haya enterado, pues
el fallo también aclara que, según ese contrato, se pagó únicamente la cantidad
de $1.500.000 en ese acto, conviniéndose pagos sucesivos de $300.000 en quince
cuotas hasta enterar $6.000.000, considerando la primera cuota y que el saldo
sería pagado por el promitente comprador al acreedor hipotecario "a objeto de
alzar la hipoteca existente en la propiedad y demás gravámenes, en tantas
cuotas como se negocie con dicha entidad Bancaria".
Por ende, si los demandados han reconocido en su contestación que no se
procedió al alzamiento de los gravámenes y no se comprobó el pago de las
quince cuotas recién mencionadas, el presupuesto fáctico de la sentencia no
permite concluir que el precio fijado en la compraventa cuya simulación se acusa
se pudiese haber enterado en virtud de lo acordado en el contrato de promesa
otorgado el 10 de marzo de 2011.
DUODÉCIMO: Que en cuanto al contrato de mandato, es indudable que las
facultades conferidas autorizaban al mandatario a enajenar el inmueble y a
percibir el precio que pagara el comprador.
El contrato señala que el precio de $16.000.000 fue enterado por la parte
compradora "con anterioridad a la firma de este contrato", suma que "la parte
vendedora reconoce haber recibido íntegramente y a entera satisfacción".
Para justificar esa afirmación, en la contestación de la demanda los demandados
aseguran que "de conformidad a lo señalado en contrato de promesa de
compraventa, antes que don Pedro Pizarro Ramos transfiriera la propiedad, el
precio total de la venta ya se encontraba pagado a los demandantes",
afirmación que, como ya se dijo, no encuentra asidero de acuerdo al mérito de lo
acordado en el contrato de promesa de compraventa.
Y tampoco se condice con el reconocimiento del demandado Pizarro Espejo,
quien afirmó haber pagado "los $16.000.000 que se pactaron en la escritura", para
lo cual cedió sus ahorros a su padre "para que se hiciera el pago, el año 2016",
siendo que de acuerdo al contrato de promesa de compraventa, del año 2011,
el precio a pagar directamente a los vendedores era solo de $6.000.000.
DECIMOTERCERO: Que, como se aprecia, los hechos asentados en el proceso no
permiten concluir que confluyan en el contrato de compraventa los elementos
indispensables para su perfeccionamiento, puesto que si bien menciona un
precio, su mera enunciación no resulta comprobada.
Más allá de la responsabilidad que podría caber al mandatario por la gestión
encomendada y todavía por no haber rendido cuenta documentada de sus
actuaciones, un requisito de la simulación es, como se dijo, la existencia de un
concierto de partes en el que lo que dicen es sólo apariencia porque algo distinto
es lo que realmente persiguen.
También se anunció que el titular de la acción de simulación debe manifestar
interés en ejercerla y lo tendrá si pretende establecer la verdad jurídica por sobre
la que se aparenta en la celebración del acto ficticio, cuando amenaza con
producir efectos jurídicos no deseados como si fuera real, ya que oculta un acto
constitutivo de un fraude civil que ha sido ejecutado en su perjuicio, como se
reclama en la especie.
DECIMOCUARTO: Que, desde luego, conviene recordar que la doctrina ha
precisado que "la existencia de una convención (cuestión de prueba) y el
alcance de una convención (cuestión de interpretación) son dos aspectos
diferentes, que no deben confundirse". (Jorge López Santa María, "Sistemas De
Interpretación De Los Contratos", Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1971,
página 66), conclusión que, llevada al caso que se analiza, permite distinguir, en
lo relativo a los contratos que se vienen analizando, los hechos que han sido
fijados en el fallo con los alcances y efectos de esas convenciones y, en
particular, si lo expresado literalmente en el contrato de compraventa
cuestionado coincide con la voluntad interna o el propósito de las partes.
DECIMOQUINTO: Que sobre la base de las reflexiones anteriores corresponde
concluir que la convención celebrada entre los demandados no tiene la
naturaleza que han pretendido asignarle, ya que aun cuando Pizarro Ramos sí
podía otorgar un contrato de compraventa de inmueble en representación de los
demandantes, en caso alguno lo facultaba para aparentar una actuación lícita y
otorgar el contrato con el único objeto de transferir el inmueble de sus mandantes
a su hijo, extrayéndolo del patrimonio de los primeros en su perjuicio.
DECIMOSEXTO: Que conforme a lo recién reflexionado surge como inequívoca
conclusión que los juzgadores quebrantan los artículos 1445 N° 4, 1467, 1682 y 1683
del Código Civil, por su falta de aplicación. En consecuencia, sin que sea
necesario pronunciarse sobre las demás infracciones sustantivas denunciadas, la
sentencia objeto de alzamiento no puede ser mantenida pues de los errores cuya
ocurrencia ya fue constatada ha seguido una decisión necesariamente diversa a
la que se habría debido arribar en caso contrario, con lo que se satisface el
requisito de que los yerros tengan influencia decisiva en lo resuelto.
Por estas consideraciones y lo dispuesto en los artículos 764, 765, 767, 785 del
Código de Procedimiento Civil, se acoge el recurso de casación en el fondo
deducido por el abogado Romeo Vittorio Di Lertora, en representación de la
parte demandante, en contra de la sentencia de veinticuatro de mayo de dos
mil dieciocho, escrita a fojas 156, la que, en consecuencia, se invalida y se
reemplaza por la que se dicta separadamente y a continuación.
Regístrese.
Redacción a cargo de la abogada integrante señora Etcheberry C.
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sr.
Guillermo Silva G., Sra. Rosa María Maggi D., Sr. Juan Eduardo Fuentes B., y
Abogados Integrantes Sr. Jorge Lagos G., y Sra. Leonor Etcheberry C.
Rol N° 14915 2018.
II. Sentencia de reemplazo
Santiago, tres de marzo de dos mil veinte.
En cumplimiento a lo ordenado en el fallo precedente y lo estatuido en el artículo
785 del Código de Procedimiento Civil, se pronuncia la siguiente sentencia de
reemplazo.
Vistos:
Se reproduce el fallo en alzada, previa eliminación de su fundamento décimo y el
último párrafo de su basamento décimo tercero.
Y teniendo en su lugar y además presente:
Los razonamientos contenidos en los motivos segundo, tercero y cuarto y sexto a
décimo quinto de la sentencia de nulidad, que se dan por reproducidos y,
asimismo, que:
1. Sin perjuicio de que los hechos asentados en el fallo que se revisa son suficientes
para justificar la decisión de revocar lo resuelto y acoger la demanda de fojas 1,
cabe también señalar, aun a mayor abundamiento, que en el acometimiento de
la carga probatoria del alegato de simulación puede recurrirse a todos los medios
de prueba que la legislación civil prevé . Un antiguo fallo de esta Corte, a
propósito de la simulación en perjuicio de terceros, enunció al respecto: (los
terceros) pueden valerse de todos los medios que la ley permite para acreditar el
fraude, incluso las presunciones. (Gaceta, año 1918, [Link], N° 270, pág. 857).
En relación con el ámbito probatorio en un contexto de simulación, se ha dicho
que, en general, la valoración de los diversos medios de prueba debe efectuarse
algo alejada de la rigurosidad que en algunos ordenamientos impone el sistema
de prueba legalmente tasada, o de tarifa legal, quedando aún en este sistema
márgenes de apreciación prudencial en que el Tribunal tiene oportunidad de
morigerar ese rigor; y la otra consecuencia es que en esta materia de simulación,
la prueba de presunciones es elevada a una consideración primordial y de
decisiva influencia. Es la única actitud equitativa si se quiere conceder
verdaderamente una opción al demandante de llegar a tener éxito. Sin las
presunciones, habitualmente las demandas se verían rechazadas por falta de
pruebas directas, que no van a existir y, de existir, no estarán al acceso del
demandante, ni siquiera con el auxilio del juez para pesquisarlas, con lo que se
dice, en palabras de Ferrara, que Los simuladores no serán tan ingenuos como
para dejar accesibles testimonios de sus maniobras, para que luego se las
enrostren y emerjan las consecuencias adversas a sus planes (Citado por Daniel
Peñailillo Arévalo; ob. citada, pág. 7).
Sobre lo que se reseña, la Corte de Apelaciones de Concepción en una
sentencia de 29 de agosto de 1997, en contra de la cual se dedujo un recurso de
casación en el fondo desestimado por esta Corte Suprema, el 20 de octubre de
ese año (Revista de Derecho y Jurisprudencia, año 1997, N° 3, Segunda Parte,
Sección Primera, Páginas 113 y siguientes), señaló: Que la simulación, como
divergencia psicológica que es de la intención de los declarantes, se sustrae a
una prueba directa, y más bien se induce, se infiere del ambiente en que ha
nacido el contrato, de las relaciones entre las partes, del contenido de aquél y
circunstancias que lo acompañan, siendo por ende la prueba de la misma
indirecta, de indicios, de conjeturas, que es lo que verdaderamente hiere a fondo
la simulación, porque la combate en su propio terreno
Bajo este contexto, la generalidad de la doctrina y jurisprudencia han deducido
dos consecuencias probatorias:
a. Que en materia de simulación, en general, la valoración de los distintos medios
de prueba debe efectuarse algo alejada de la rigurosidad que en algunos
ordenamientos impone el sistema de prueba tasada legalmente, o de tarifa legal,
puesto que aun en estos ordenamientos frecuentemente quedan, por la
naturaleza del asunto, márgenes de apreciación prudencial en que el tribunal
tiene oportunidad de morigerar ese rigor y se trata, precisamente, de que lo haga
particularmente en un tema como el de autos; y
b. Que tratándose de una simulación, la prueba de presunciones puede ser
elevada a una consideración primordial y de decisiva influencia. Es la única
actitud equitativa si se quiere conceder verdaderamente una opción al
demandante de llegar a tener éxito.
2. En el contexto recién enunciado, pueden también ser considerados otros
antecedentes como demostrativos de la simulación ilícita en que han incurrido los
demandados.
Y así sucede con las contradictorias afirmaciones de los demandados en la
diligencia de absolución de posiciones a que fueron sometidos, pues el
demandado Pizarro Ramos aseveró que el precio de la compraventa fue pagado
por su hijo con el sueldo que el absolvente le pagaba, ya que su sueldo no lo toca
, en circunstancias que Pizarro Espejo aseguró que de ese sueldo saco un poco y
lo demás le pido que me lo guarde . Lo propio acontece cuando el primero
menciona que el precio lo pago él, en el año 2012 y el segundo explica que le
cedió sus ahorros a su padre en el año 2016.
3. Si el mérito de autos ha demostrado que el contrato otorgado por los
demandados el 30 de enero de 2016 carece de un elemento indispensable y
esencial sin el cual no produce efecto o degenera en otro distinto, solo puede
colegirse que el motivo que indujo a las partes a celebrarlo no ha sido el de
celebrar una compraventa de inmueble.
El acto en referencia no puede estimarse únicamente como constitutivo de una
infracción del demandado Pizarro Ramos a sus deberes como mandatario sino,
antes bien, devela una intención compartida con su codemandado Pizarro
Espejo de despojar a los actores de su patrimonio mediante la apariencia de una
compraventa que carece de causa real y lícita, por lo que corresponde
sancionarlo con la declaración de nulidad absoluta, privándolo de validez, lo que
también corresponde declarar respecto de la inscripción dominical del título
anulado, aun cuando no fuera expresamente solicitado, por ser una
consecuencia de la ilicitud que ha sido constatada.
4. En consecuencia, corresponde prestar acogida a la acción deducida del
modo que se dirá en lo resolutivo.
5. Por último, al haber sido totalmente vencidos, los demandados deberán
además sufragar las costas del juicio.
Y visto además lo previsto en los artículos 144 y 186 y siguientes del Código de
Procedimiento Civil, se revoca la sentencia apelada de nueve de enero de dos
mil dieciocho, escrita a fojas 124, y en su lugar se declara que se acoge la
demanda y se declara nulo de nulidad absoluta por simulación y causa ilícita el
contrato de compraventa de inmueble celebrado por los demandados mediante
escritura pública de treinta de marzo de dos mil dieciséis, disponiéndose la
cancelación de la inscripción de dicho instrumento que rola a nombre del
demandado Samuel Pizarro Espejo a fojas 2827 vuelta N° 4599 del Registro de
Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de Valparaíso del año 2016,
debiendo efectuarse las anotaciones correspondientes en la anterior que recobra
vigencia, con costas.
Regístrese y devuélvase con sus agregados.
Redacción a cargo de la abogada integrante señora Etcheberry C.
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema, por los Ministros Sr.
Guillermo Silva G., Sra. Rosa María Maggi D., Sr. Juan Eduardo Fuentes, y
Abogados Integrantes Sr. Jorge Lagos G., y Sra. Leonor Etcheberry C.
Rol N° 14915 2018.
Cita: CL/JUR/51905/2020