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ESI: Prevención de Violencias de Género

Este documento presenta la segunda clase de una capacitación sobre la prevención de la violencia de género. Se enfoca en desmitificar la idea de que la convivencia escolar se aprende sola, y en cambio promover que los vínculos se enseñen. También critica el modelo tradicional del amor romántico y promueve el consentimiento y la responsabilidad afectiva. Finalmente, analiza la violencia de género entre adolescentes y cómo detectarla en la escuela.

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ESI: Prevención de Violencias de Género

Este documento presenta la segunda clase de una capacitación sobre la prevención de la violencia de género. Se enfoca en desmitificar la idea de que la convivencia escolar se aprende sola, y en cambio promover que los vínculos se enseñen. También critica el modelo tradicional del amor romántico y promueve el consentimiento y la responsabilidad afectiva. Finalmente, analiza la violencia de género entre adolescentes y cómo detectarla en la escuela.

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La ESI como herramienta para prevenir las

violencias por motivos de género

Clase 2: Del Amor Romántico a la construcción de los


Vínculos Diversos y Responsables

Coordinación: Silvia Palazzo (ME), Martín Leiva Salvatierra (MMGyD) y Silvana


Meyer (ME).

Presentación
Les damos la bienvenida a la segunda clase de este espacio de capacitación que vamos
compartiendo. Queremos presentarles aquí un desarrollo sobre las temáticas principales
abordadas en el segundo encuentro sincrónico, a modo de soporte textual y de invitación para
seguir reflexionando sobre ellas.

Retomando la clase 1 recordamos que trabajamos allí contenidos acerca de la transmisión


cultural, histórica y vigente, de modelos de socialización genérica tradicionales que continúan
reproduciendo mandatos, expectativas y cualidades estereotipadas y excluyentes en cuanto al
desarrollo “esperable” de las identidades, fuertemente signadas por pautas performativas en
un esquema binario y heteronormativo. Empezamos a plantear cómo estos procesos
favorecen posiciones inequitativas entre los géneros y distintas expresiones de las violencias
hacia aquellas personas que no se adecuan a los modelos aceptados. Profundizamos esta
perspectiva introduciendo la noción de interseccionalidad para poder comprender que ese
sustrato o matriz cultural, común en las sociedades patriarcales, se ha podido complejizar con
la visibilización de las inequidades genéricas diferenciales interclases, entre generaciones,
orígenes étnicos y contextos particulares. Es decir que, si bien las mujeres, lesbianas, travestis,
trans, intersex, bisexuales, no binaries y gays comparten su condición de desigualdad, de
desvalorización y desventaja por su condición de género también pueden sumarse otras
pertenencias y condiciones de vida. que, al multiplicarse, profundizan las vivencias de opresión
y de discriminación. Así por ejemplo una mujer puede ser descalificada por tener piel negra y
ser pobre además de padecer desventajas por su identidad de género, condiciones que, en su
conjunto profundizan su situación de exclusión.

En esta clase vamos a retomar los temas abordados en el segundo encuentro sincrónico. En
principio nos interesa poner el foco en cómo los modos de concebir y de transitar las
relaciones y vínculos en nuestras vidas, incluidos los de pareja, también se encuentran
fuertemente ligados a los modelos y a las concepciones transmitidas por la cultura en cada
momento, a lo vivenciado al interior de los contextos de los que hemos y continuamos
formado parte y a los singulares procesos de apropiación y resignificación que hacemos, cada
quien, de los sentidos compartidos social y grupalmente. Sin embargo, no podemos dejar de
considerar aquí que, muchas veces, perdemos de vista que esos modos de tratarnos no han
nacido con nosotras/os sino que han sido aprendidos y, en ese sentido, decimos, pueden ser
objeto de revisión y de modificación en aquellos aspectos que resultan perjudiciales para la
salud y para el respeto a los derechos de cada persona.

En segundo lugar queremos detenernos a seguir problematizando el modelo del amor


romántico, como ideal transmitido socialmente, que reproduce prescripciones
heteronormativas, inequidades de género y posiciones de dominio masculino al interior de las
relaciones sexoafectivas. En este sentido nos interesa relacionar este modelo con la
problemàtica de la violencia de género, particularmente la que ocurre durante el tránsito por
las adolescencias. También presentamos los conceptos de responsabilidad afectiva y de
consentimiento como dos herramientas a ser incorporadas en el marco del abordaje de la ESI.
Las mismas nos ayudan a pensar en posibles propósitos, aprendizajes y deconstrucciones a
tener en cuenta para avanzar en agendas institucionales que promuevan vinculaciones
placenteras, responsables y libres de violencia.

Objetivos específicos de la clase


● Desmitificar la idea según la cual la convivencia escolar se aprende por el solo hecho
de estar juntas/juntos en un mismo espacio. Pensar los vínculos como materia de
aprendizaje en los que las y los adultas/os tenemos un rol fundamental.

● Promover la erradicación de los estereotipos sexistas que refuerzan las violencias hacia
las mujeres en sus diferentes ámbitos interpersonales.

● Remover los patrones culturales que sostienen la desigualdad de oportunidades entre


los géneros que se refuerzan desde el modelo de amor romántico.

● Adquirir conocimientos actualizados sobre la problemática de la violencia de género


en parejas entre adolescentes, sus modalidades y expresiones.

·
● Identificar indicadores y señales tempranas para detectar situaciones de violencia por
motivos de género.

● Favorecer la promoción de vínculos responsables y diversos en las relaciones desde un


enfoque no binario ni heteronormativo.
● Generar condiciones para promover la participación institucional recuperando la voz
de las y los estudiantes como de la comunidad educativa en su conjunto.

Contenidos

La convivencia escolar como proyecto que implica la construcción colectiva de un conjunto de


principios, normas, órganos y prácticas institucionales democráticas que regulan las relaciones
entre los miembros de cada comunidad educativa. Los vínculos concebidos dentro de un
proceso de enseñanzas - aprendizajes. El rol fundamental de las y los adultas/os educadores
como promotores de vínculos solidarios respetuosos y diversos. La construcción del otro como
semejante. La asimetría democrática pedagógica en la regulación de los vínculos.

La participación como derecho y herramienta para modificar contextos. La participación


colectiva como favorecedora de los procesos de inclusión a la vida institucional y comunitaria,
desde la singularidad de cada una/o.

Socialización en las relaciones afectivas. Imaginario social sobre el amor y modelos vinculares
sexo-afectivos. Modelo del Amor romántico y sus mitos aún vigentes. Enfoque tradicional
sobre los vínculos amorosos y Cisheteronorma.

Violencia de género en parejas entre adolescentes. Características de la problemática.


Expresiones e indicadores de las diferentes modalidades de abuso de poder. Señales
tempranas y detección en las escuelas.

Conceptualización sobre el Consentimiento como Eje central de las nuevas formas de


vinculación sexo-afectivas. El diálogo y los acuerdos sobre la orientación del deseo. Nueva
matriz de relación basada en el reconocimiento del otro como igual, configurando una ética de
la responsabilidad por el otro/a. Responsabilidad Afectiva. Vincularidad dónde se reconoce la
potencia afectiva, la co-responsabilidad y su igualdad intrínseca. Ética feminista del cuidado. La
pedagogización de los afectos y de los vínculos.

Desarrollo
Los vínculos como materia de enseñanza/aprendizaje.

Asumimos en esta clase que la escuela es un escenario privilegiado para echar luz sobre
aquellos modos de vincularnos que aparecen cristalizados, como si se tratara de un
fenómeno naturalmente dado. Es así que, a menudo, pensamos la convivencia como un
aspecto de la escolaridad, que sucede por el simple hecho de compartir un mismo espacio y
tiempo. Sin embargo, al igual que otros contenidos, la convivencia –y especialmente los
vínculos– son materia de enseñanza.

Desde esta perspectiva, no podemos eludir, entonces, la importancia que reviste pensar o
repensar el rol de las y los adultas/os educadores/as a la hora de promover vínculos
respetuosos, diversos y solidarios entre estudiantes, ya que los aprendizajes no son posibles si
pensamos disociadamente la dimensión académica de la vincular. Por lo que podemos afirmar
entonces que: “Así como no hay aprendizajes sin vínculos, los vínculos son a su vez un
aprendizaje en sí mismo” (Campelo, 2017, p.6) .

El aprendizaje social de los vínculos


Han sido las ciencias sociales las que han reconocido a las emociones y a formas de
relacionarnos socialmente como componentes (entre otros) de la cultura, ya que múltiples
desarrollos sociológicos, antropológicos e históricos sobre las emociones las conciben no sólo
como aspectos psicológicos y subjetivos, sino también como parte constitutiva del mundo
simbólico de las personas, siempre construidos y sostenidos en contextos determinados.
El análisis de las emociones en tanto construcciones culturales y no pensadas únicamente
como respuestas biológicas (porque las sentimos en el cuerpo) y cognitivas universales, nos
ayuda a comprender mejor la vida social y cultural que compartimos. Podríamos decir,
entonces, que las emociones forman parte de la estructura social porque su contenido y
significado dota de sentido a las relaciones sociales según la clase, el género, la etnia y otras
variables, toda vez que sus significados son empleados para valorar o excluir a las personas,
ponderarlas o establecer jerarquías entre las mismas o al interior de los grupos.

Los sistemas de creencias contienen un componente afectivo que guía y direcciona


las prácticas vinculares. Cuántas veces escuchamos expresiones de rechazo, juicios
negativos y desvalorizantes hacia aquellas personas o grupos discriminados por
algún aspecto de su identidad o por no reconocerlas integrantes del propio grupo
de pertenencia. Por ejemplo cuando comunmente sabemos de estudiantes que
padecen insultos, burlas y atropellos en sus derechos al interior de la escuela al dar
indicios de estar transitando un proceso de incertidumbre o de transición en
relación a su identidad de género o de encontrarse viviendo una relación de pareja
no heterosexual.

Las inequidades en los vínculos


Si tomamos en cuenta la dimensión del género, diferentes estudios académicos nos dicen que,
así como las cualidades genéricas o modelos de género se han asociado históricamente con la
portación sexual, también se han naturalizado maneras diferenciadas de vivir la afectividad, los
vínculos y las experiencias amorosas o sexo-afectivas tanto para las masculinidades como para
las feminidades.

Por otro lado, se ha visibilizado que las formas de sentir, socialmente establecidas y
diferenciadas por género refuerzan las jerarquías, reproducen la heteronormatividad, la
subordinación de las feminidades, y, con ello, las posibilidades de padecer discriminación o
alguna forma de violencia de quienes no se ajustan o responden a los modelos tradicionales de
concebir las identidades, las orientaciones y las expresiones sexuales.
¿Sabían que, en el primer código civil argentino, de 1871, y hasta avanzado el
siglo XX, se establecía que las mujeres carecían de capacidad jurídica?. Las
mismas se encontraban bajo la tutela o representación legal de sus padres
primero y, luego, de sus esposos, pudiendo éstos decidir sobre sus vidas.

En 1926 se reformó el código civil igualando la capacidad jurídica de las


mujeres a las de los varones siempre y cuando fueran solteras o viudas
mayores de edad. No así para las mujeres casadas quienes sólo podían ejercer
“trabajos honestos” sin la autorización de sus maridos.

En 2009 en Argentina se sanciona la Ley 26.485 de protección integral para


prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en cualquiera
de sus modalidades. No se incluye en la misma referencia a la violencia de
género que padecen las identidades LGTBIQ+

Recién en 2010, en nuestro Pais se reforma el código civil y se incluye el


derecho a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo.

Estos datos reflejan las condiciones sociales y las vulneraciones históricas que
han padecido las mujeres y LGTTBIQ+ quienes han requerido y aun necesitan
normativas específicas que equiparen derechos y habilitaciones en relación a
los varones.

La problemática de la violencia de género nos habla de vínculos donde se instala un patrón de


vinculación caracterizado por los abusos reiterados en el ejercicio del poder y una relación de
dominio. tal como lo hemos desarrollado en la clase 1 en nuestra cultura patriarcal muchas de
las prerrogativas y mandatos prescritos a la masculinidad hegemónica, junto a las experiencias
vinculares transitadas, habilitan prácticas cotidianas de imposición de la autoridad como
cualidad intrínseca e inexcusable a la condición masculina. La socialización diferencial entre
géneros en cuanto a roles, habilitaciones, cualidades, valoraciones sociales, etc. y ese derecho
exclusivo del varón a “tomar el mando” van definiendo en el día a día la direccionalidad que va
a asumir el despliegue de las distintas expresiones que la violencia asume entre los géneros.

Ahora bien, analizando los vínculos desde una perspectiva de género, encontramos que el
modelo de amor romántico forma parte de los modos sociales vigentes de concebir pautas
esperables en las relaciones amorosas. Desde este modelo las formas de vivenciar esas
relaciones, lo que se espera y las respuestas a sus vicisitudes se corresponden con los
mandatos genéricos diferenciales, excluyentes, binarios que favorecen condiciones de
inequidad. De allí que los posicionamientos jerárquicos se sostengan y profundicen así como
también las dimensiones subjetivas diferenciales puestas en juego. En este sentido Ana
Fernández (1993) señala que “en el circuito amplio de la producción histórica de las
subjetividades la misma ha estado marcada por los signos de la complementariedad y la
desigualdad ya que habría de celebrarse entre un sujeto que despliega su relación con el
mundo y consigo mismo desde una posición de ser para sí y otro sujeto que estructuraría sus
relaciones desde una posición de ser de otro y para otro. Mujer socializada más en su deseo de
ser reconocida que en el reconocimiento de su propio deseo.”

Les invitamos a ver un video que nos explica acerca de este modelo de
vinculación en las relaciones sexo afectivas

https://youtu.be/yJwgag8bQIE

Así como expresan las autoras Bosch y Ferrer (2013) “La violencia de género está
intrínsecamente ligada a nuestro imaginario social sobre el amor, los modelos amorosos y los
modelos de atractivo, a como nos hemos socializado y nos socializamos continuamente en
ellos”. El concepto de amor romántico, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y
entrega que todavía se les inculca a muchas mujeres puede generar angustia y sometimiento
a la pareja. Quienes asumen este modelo de amor, y los mitos que de él se derivan, tienen más
probabilidades de vivenciar relaciones abusivas ya que consideran que el amor (y la relación de
pareja) es lo que determina el sentido a sus vidas; que como el amor todo lo puede han de ser
capaces de allanar cualquier dificultad que surja en la relación y/o de cambiar a su pareja; que
la violencia y el amor son compatibles argumento empleado para justificar los celos, el afán de
posesión y/o los comportamientos de control ejercidos por quien maltrata como una muestra
de “amor de alta intensidad”.

¿De qué hablamos cuando mencionamos los vínculos abusivos o violentos?

Cuando hablamos de relaciones abusivas o violentas, estamos refiriéndonos a aquellas en las


cuales las maniobras interpersonales para ejercer el control sobre la pareja establecen un
patrón vincular que se reitera e instala con el correr del tiempo. Los malos tratos como modo
de relación no surgen en forma abrupta, sino que se van instalando progresivamente desde las
primeras actitudes cotidianas de desconsideración y desvalorización las que, una vez toleradas
o pasadas por alto, pueden habilitar otras conductas de mayor importancia.

Algunas señales:

En general esta modalidad abusiva de vinculación comienza con reiteradas y


diferentes actitudes de manipulación en el orden de lo emocional, orientadas a
ubicar a la pareja en un lugar devaluado:
● Ridiculización
● Críticas
● Desestimar sus opiniones
● Insultos
● Silencio como respuesta
Establecimiento del control para restringir la autonomía:
● Exigencia de información
● Rendimiento de cuentas en cuanto a horarios, relaciones sociales,
vestimenta, etc.
● Escenas de celos
Conductas de intimidación:
● Invasión progresiva de la intimidad
● Hostigamiento
● Amenazas
● Agresiones directas y/o hacia objetos

En los noviazgos adolescentes el acoso emocional, a veces, es tal que las jóvenes llegan a
cambiar su comportamiento, limitan sus decisiones o el contacto con amigos, familiares y
compañeros de escuela, con el fin de evitar peleas o que su pareja se moleste. Luego de ello, o
a la par, el maltrato puede tender a lograr que la pareja actúe o se comporte en función de los
propios objetivos y decisiones, aunque ello implique la postergación o desestimación de las
necesidades, de los tiempos y de las decisiones de aquella. Por ejemplo en este tipo de
relación donde se establece un patrón vincular de dominio el inicio de las relaciones sexuales o
muchas de las decisiones que conciernen a su ejercicio (el momento, el adoptar o no un
método de prevención del embarazo o de las ITS, las prácticas sexuales, etc.) suelen ser uno
más de los terrenos en los cuales el varón es el que define. Es así que, muchas veces, las
jóvenes van generando un proceso de acomodación y de adaptación para evitar nuevas
agresiones, permaneciendo pendientes de los gestos, reclamos y hasta de la forma de pensar
de sus compañeros, aumentando, como consecuencia, su vulnerabilidad y su dependencia.
Por todo lo dicho previamente podríamos pensar que la reproducción de los mandatos y de las
conductas esperables diferenciales desde los modelos tradicionales, favorecen pautas que
generan condiciones de inequidad en las habilitaciones y responsabilidades entre géneros. Así
también parecieran operar dificultando el aprendizaje de capacidades y posicionamientos para
el ejercicio de la autonomía en la toma de decisiones, en la conexión con el propio mundo
emocional y en la adopción compartida de prácticas de cuidado propio y dentro de la pareja.
Poner en cuestión diferentes estilos de vinculación que se hacen presentes en las relaciones de
pareja y los procesos que intervienen en su generación puede ayudar a visualizarlos como
modos aprendidos de interacción, con posibilidad de ser modificados en la medida en que se
disponga de espacios de elaboración crítica para revisarlos. Resultaría una instancia
constructiva el generar debate en torno a las diversas representaciones, expectativas y
prácticas presentes en los vínculos actuales entre los/as adolescentes. Un aporte podría
constituir el hacer visibles las pautas de relación que replican posiciones de inequidad, mutuas
dependencias y vulneración de derechos y, simultáneamente, construir consenso en torno a
los estilos de relación que operan en sentido de ampliar los recursos personales y las vivencias
saludables.

¿Cómo pensamos los vínculos desde una perspectiva de la diversidad y la


responsabilidad?
Respetar la diversidad en cuestiones de la sexualidad implica dar visibilidad a la
heterogeneidad de prácticas y de manifestaciones emocionales, afectivas y sexuales que
conforman el universo vincular, contemplando las múltiples formas de vivir y de expresar el
amor, el deseo, el placer, etc. ya sea hacia personas del mismo u otro sexo, en quienes se
reconocen cis o trans- género, asumiendo un posicionamiento respetuoso hacia cualquier
identidad sexual.

En el abordaje pedagógico de los vínculos, pensados en clave de respeto a los derechos, el


concepto de consentimiento se torna en una herramienta potente para favorecer que los
mismos se basen en la corresponsabilidad y en el cuidado de la/del otra/o.

Sin embargo no intentamos generar una comprensión facilista del proceso que implica poner
en juego el propio consentimiento sino una lectura del mismo considerando las estructuras
simbólicas, sociales y subjetivas dentro de las cuales ocurre, es decir como un proceso y
aprendizaje que deja de ser íntimo/privado, para que se constituya como un fenómeno de
orden estructural que se experimenta como personal. El fenómeno estructural hace referencia
al sistema patriarcal en el cual estamos insertos, donde se reproduce la dominación masculina
y se manifiesta en la desigualdad de género.

Aspiramos en esta clase a poder revertir aquellas prácticas que están naturalizadas en nuestra
sociedad patriarcal legitimando acciones que refuerzan una clara desigualdad de
oportunidades entre varones y mujeres o identidades feminizadas. En ese sentido, los
estereotipos de género constituyen un conjunto de ideas, valores, prácticas y representaciones
que legitiman la desigualdad de oportunidades y accesos entre aquellos/as, a la vez que
“explican” y “jerarquizan” ciertas acciones que una sociedad entiende como características
propias o atributos de lo masculino y/o lo femenino. En dicha configuración; lo masculino se
vincula a la fuerza, la decisión, la autoridad, la inteligencia y en oposición se caracteriza lo
femenino ligado a lo sensible, lo sentimental, delicado, lo frágil.

A la hora de hacer referencia al consentimiento lo entendemos como una dimensión


estructural y relacional que tiene una funcionalidad dentro de sistema sexo/género que se
sostiene sobre una diferenciación de posiciones desiguales. Los hombres juegan el
papel activo de pedir, insistir, convencer y acosar y las mujeres aparecen en el rol de
lo pasivo, de ser pedidas, de ser objetos de insistencia y consentir: resistir. La dinámica se
inscribe en una lógica sexual en la que los varones deben ser capaces de demostrar su virilidad.

En ese sentido, anhelamos desmantelar los sesgos androcéntricos -visión del mundo que sitúa
al hombre como centro de todas las cosas- de las teorías sobre el consentimiento sexual y
desarrollar un análisis crítico, permitiendo develar las relaciones de poder detrás de un
término aparentemente neutral. Retomar la frase corriente: "los hombres proponen y las
mujeres disponen" sirve como punto de partida analítico para pensar los lugares que se
asignan en virtud de la diferencia sexual (basada en las características biológicas de los
cuerpos), en los cuales los hombres son quienes accionan y las mujeres esperan pasivamente.
En esta relación activo- pasivo, el lugar que adquiere el consentimiento se torna, cuanto
menos, complejo.

En el video que presentamos a continuación la psicoanalista y especialista en


temáticas de psicología y género, Débora Tajer, nos propone pensar acerca
del consentimiento como expresión de nuevas formas de vivir el amor,
superadoras de las inequidades instaladas por el patriarcado:

ttps://youtu.be/bLk4NwOdeeQ

Luego de verlo les invitamos a reflexionar retomando y pensando en algunas


de sus preguntas:

¿Cómo podría pensarse un nuevo guión entre los géneros que no reedite un
ejercicio abusivo de poder?

¿Cómo dar lugar a la ternura en los vínculos para desterrar la crueldad que
implica ese abuso de poder?

¿Los malestares actuales nos hablan de que se acabó la creencia en el amor o


se estaría cuestionando un tipo de amor y las relaciones tradicionales entre
los géneros de la cultura patriarcal? ¿Podrían estar surgiendo otras formas de
amar con mayor lugar para el deseo compartido, la autonomía y la equidad?
El consentimiento bajo la lupa

A continuación, abordaremos el consentimiento desde el campo jurídico, psicológico y


sociológico para reflexionar sobre los límites que plantean algunas de estas corrientes y las
alternativas al pensamiento hegemónico.

A la hora de reflexionar sobre el consentimiento sexual desde el ámbito jurídico entendemos


que es una lectura que no alcanza para pensar esta práctica como acontecimiento cultural y
social. Es decir, desde el campo jurídico, se comprende al consentimiento sexual como
producto de la libertad, la razón y la autonomía, que aparecen en la escena como
incuestionables, reforzando así una mirada que coloca al consentimiento como normal,
natural y neutro.

En primer lugar, si la libertad sexual es un derecho protegido jurídicamente y el


consentimiento es parte de dicha libertad, parece claro plantear que éste forma parte de los
derechos sexuales. Sin embargo, sabemos que hoy en día el derecho a negarse a sostener una
relación sexual es un tema en tensión. Si una mujer dice: “No, es no” conocemos que es un
hecho que ese “no”, no contiene ninguna eficacia frente al acoso y la insistencia masculina.

En segundo lugar, concebimos que la mirada jurídica aísla el acto de consentir de su dimensión
simbólica y social, dejando afuera la relación de fuerza entre contratantes, sosteniendo un
consentir ligado a dos voluntades libres, autónomas y racionales. Desde esta perspectiva, se
hace responsable a las mujeres por su “incapacidad” de defenderse o resistirse frente a la
agresión sexual; descargando sobre las mujeres la responsabilidad en quién “autoriza” esa
práctica presentando el fenómeno como si fuera neutral, sostenido en atributos individuales y
aislados del contexto sociocultural y las experiencias subjetivas de las personas jurídicamente
capaces.

En relación con la mirada desde algunas corrientes de la psicología, a la hora de hacer


referencia al consentimiento dentro de las relaciones sexuales, esta perspectiva hace
referencia a este concepto como un acto de comunicación, donde aparece la aceptación verbal
o no verbal entre las personas dada libremente por el sentimiento o la voluntad de participar
en una actividad sexual. Se resalta el lugar de la negociación, como acto donde se ponen en
común los deseos y las necesidades sexuales. Parte de una concepción de vínculos sanos,
ausentes de violencias. Se entiende que el consentimiento puede ser dinámico, variable y
cambiante, aparece alejada de la visión dicotómica si/no; aceptación/rechazo;
consentimiento/violación.
Desde este campo, entonces, cuando surgen experiencias no deseadas, se le atribuye a un
malentendido y se descarga en la mujer la incapacidad de comunicación, y esto sucede porque
se piensa en un modelo dicotómico basado en la diferencia sexual, pero sin reflexionar sobre
la desigualdad social de esa diferencia.

Dicha perspectiva desplaza la corresponsabilidad que implica una relación sexual hacia un solo
miembro de la misma. Supuestamente, bastaría indicar la negativa para detener el proceso.
Esta postura deja firme dos supuestos: que el “avance masculino”, manifiesto culturalmente
como inmanente e inevitable, debería detenerse frente al desacuerdo femenino. El segundo
supuesto es que si una mujer no comunica claramente, no existe ni violencia ni coerción
sexual. Esta mirada también presenta falencias porque da por supuesto que el
consentimiento es un acto libre, autónomo, voluntario y racional entre las partes en juego. Sin
embargo, no toma en cuenta los contextos estructurales desiguales mediante los cuales
hombres, mujeres y otros géneros construyen y delimitan sus formas de pensar, sentir y
actuar.

Ambos enfoques, el jurídico y el psicológico conciben el consentimiento como el resultado de


una decisión consciente e intencional, elegida entre más opciones, como si esas decisiones se
negociarán racionalmente en igualdad de condiciones y cuyo objetivo fuera llegar a acuerdos
mutuos, olvidando las condiciones macroestructurales que influyen en la construcción de
subjetividad. Sin embargo, ninguna de estas orientaciones explica por qué son las mujeres
quienes deben desarrollar habilidades para comunicar sus necesidades sexuales o por qué los
hombres pueden “malinterpretar” el consentimiento no verbal.

En orden a lo que venimos planteando, es fundamental comprender el aporte desde el campo


de la sociología feminista cuando hacemos referencia al consentimiento sexual, ya que a
diferencia de las otras corrientes, no aborda dicha categoría como una conducta, o un acuerdo
neutral entre partes iguales, sino que retoma y analiza los elementos estructurales de poder
dentro de los cuales las personas toman las decisiones.

La corriente de la sociología feminista se centra en entender el consentimiento desde las


estructuras simbólicas, sociales y subjetivas desde las cuales ocurre. De esta forma, tal como
venimos planteando, el ejercicio del consentimiento sexual deja de ser una instancia que se
produce en el ámbito de lo íntimo/privado, sino que se constituye como un fenómeno de
orden social que se experimenta como personal.

Esta corriente de análisis afirma la existencia de un orden socio-sexual donde prevalecen los
hombres y se favorece lo masculino en detrimento de las mujeres y de lo femenino,
reproduciendo la opresión, la subordinación, y la desigualdad de género. En suma, se orienta a
entender las relaciones de poder entre hombres y mujeres y las condiciones de su constante
reproducción social.

Los análisis con perspectiva de género invitan a desnaturalizar los fenómenos sociales para
ubicarlos dentro de la lógica desigual y jerárquica entre hombres y mujeres. Poder visibilizar
las relaciones de poder detrás del consentimiento sexual, implica politizar el fenómeno.
Pensar los vínculos desde la corresponsabilidad implica salir de la lógica de las relaciones
jerárquicas, complementarias, con roles y posiciones fijas. Incluye más bien lo que podemos
llamar una ética del cuidado afectivo donde las decisiones tienen lugar a partir de acuerdos
intersubjetivos. En este sentido creemos oportuno el planteo de Silvia Bleichmar (2008)
cuando afirma que “(…) uno de los problemas del ejercicio actual de la sexualidad es si está
ligada o no está ligada en la relación a otro concebido como otro subjetivado.” Es decir
considerado/a en sus necesidades, intereses, deseos, emociones, en sus formas de
comunicarse y lenguajes, en sus derechos.

En tanto, los análisis con perspectiva de género invitan a desnaturalizar los fenómenos sociales
para ubicarlos dentro de la lógica desigual y jerárquica que regula las relaciones entre los
géneros, poder visibilizar las relaciones de poder detrás del consentimiento sexual, implica
politizar el fenómeno.

Responsabilidad afectiva

Desde hace unas décadas, y considerando el enfoque de género, aparece el concepto de


responsabilidad afectiva el cual se vincula con la posibilidad de establecer relaciones sexo-
afectivas más allá de los modelos convencionales del amor, la heteronormatividad y la
estabilidad de un proyecto común. Instala la posibilidad de un diálogo para reformular
acuerdos y establecer formas nuevas de distribución del poder y el goce; otras maneras de
construir y satisfacer deseos.

Sin dudas en los últimos años se habla mucho sobre responsabilidad afectiva en diferentes
espacios y lugares a la hora de pensar los vínculos, no sólo o exclusivamente los sexo-afectivos
sino los vinculos en general. Esta clase intenta favorecer la reflexión sobre esas
representaciones, creencias e ideas que vamos aprendiendo desde las infancias y van
configurando una forma de amar, de querer y de ser en el mundo bajo un sistema patriarcal.

La responsabilidad afectiva marca a las claras el momento de época que estamos atravesando
en este desafìo de poder generar, construir y de promover vínculos más libres y plurales.
Responsabilidad afectiva que no puede desconocer las desigualdades de género. La escuela,
como dispositivo cultural, tiene un rol central a la hora de proponer nuevas formas de
vinculación para asumir la travesìa de “aprender a navegar las complejidades del deseo sin
tantos velos, tabùes y vergüenza” (Tenembaum, 2019).

Cómo mencionamos más arriba el enorme desafìo es romper con esa manera binaria que nos
han enseñado de amar o de vincularnos, en donde los varones deben insistir por ese “sì” de
todas las formas posibles, sin registrar que esas prácticas atropellan derechos y son acciones
que consolidan la cultura de la vulneración y los abusos. Por lo tanto, en varias oportunidades
en esa manera de vincularnos no aparece tan sólo la cuestión del ejercicio del poder, sino que
se cristaliza la educación sexual que recibimos en tanto somos considerados/as varones y
mujeres. En este orden de cosas destacamos la necesidad ineludible de la implementación de
las ESI en todos los espacios escolares, revalorizando el enfoque de derechos, la perspectiva de
género y de la diversidad que la misma conlleva.

Tal vez parece un imposible pensar en la conceptualización y problematización del


“consentimiento” y en la “responsabilidad afectiva” entre y con los vínculos pero creemos que
es clave empezar a socavar los cimientos de un sistema patriarcal y capitalista que hace del
sexo una mercacia de intercambio o algo que se debe conservar o negociar por parte de las
mujeres, quitándole el deseo, su dimensión vital y el derecho a desplegar una sexualidad libre
de violencias. En este sentido traemos la siguiente cita en relación a la potencia de la
herramienta del consentimiento desde una perspectiva de género:“Es en la grietas del
patriarcado y el capitalismo donde es posible construir una cultura del consentimiento. No
quiero exagerar mi entusiasmo, pero creo que una cultura del consentimiento puede ser
explosiva y sumarle chispa al fuego que haga volar en pedazos estos dos órdenes que nos
rigen” (Tenembaum. 2009)

Otro desafìo que se presenta es evitar que nos gane una mirada punitiva o de la cancelaciòn
frente a la complejidad de esta temática en particular que venimos desarrollando en esta
capacitaciòn; sino que apostemos a seguir problematizando los vínculos que se resultan
abusivos y violentos.

¿Cómo podemos empezar a construir instituciones pluralistas y libres de


violencia?

El rol de las/os adultos frente a las y los jóvenes: La construcción de la noción del / de la
otro/a como semejante.

Como hemos planteado previamente, los seres humanos no nacemos con la capacidad de
tener en cuenta a las/os otras/os, siendo una de las situaciones más cotidianas encontrar
obstáculos a la integración grupal o dificultades para aceptar las diferencias cuando las
personas se encuentran. Es así que nuestra práctica profesional nos muestra como cuando no
existe lugar para las diferencias, lo que termina rechazándose es a la/el otra/o.

En este sentido, pensamos que las y los docentes tenemos un rol fundamental a la hora de
acompañar la construcción de la noción del otro/a como semejante, lo cual implica
garantizar un lugar para todas/os y cada una/o de las y los estudiantes –en igualdad de
derechos– promoviendo, a su vez, el reconocimiento de las singularidades. Es decir que cada
joven logre sentir que es único e irrepetible.

¿Cómo acompañamos la construcción de la noción del/de la otro/a como semejante?

Es clave en este punto, el posicionamiento que tomemos como profesionales en relación a las
/los estudiantes, puesto que como docentes y/o referentes estamos acompañando los
procesos de subjetivación de las/os mismos/os.
En consecuencia, partiremos de la idea según la cual el modo en que las y los docentes
miramos a las y los jóvenes, no es independiente del modo en que ellas y ellos se piensan a sí
mismos/as.

A su vez, es importante tener en cuenta que en esa misma operatoria en que construimos
infancias y adolescencias, nos construimos a nosotros/as mismos/as (Kantor, año 2013). Y en
este punto son muy valiosos los aportes que las y los jóvenes puedan hacer acerca de otros
modos posibles de vivenciar los vínculos, distintos de los que en otro tiempo nosotros/as
hemos aprendido. De ahí la importancia que tiene evitar caer en autoritarismos, tomando en
cuenta que la autoridad hoy no se porta por el sólo hecho de encarnar un rol determinado en
la institución escolar, sino que se construye en un proceso de interacción con las y los otras/os,
lo cual nos pone en el desafío de pensar diferentes formas de relacionarnos con las nuevas
generaciones, poniendo en diálogo las miradas que como adultas/os tenemos sobre las y los
jóvenes, reflexionando acerca de las condiciones de construcción de autoridad, que hoy se
construye desde una asimetría pedagógica democrática (Campelo, Ana, Adinolfi Greco, Sofía
2018)

Un desafío importante entonces es pensar de qué maneras generamos condiciones para


recuperar la voz de las y los estudiantes así como también de la comunidad educativa en
general.

La participación: un derecho y una herramienta clave.

Como bien sabemos la participación no es una concesión de las y los adultas/os hacia las/os
jóvenes, sino que la misma constituye un derecho para niñas niños y adolescentes.

En tal sentido, una de las principales estrategias con las que cuenta la escuela para promover
la participación, es la implementación de los diferentes órganos de participación( Consejos de
aula, Consejos escolares, Centro de estudiantes etc.) que habilitan la voz de las y los jóvenes,
así como también de las flias y de la comunidad en su conjunto.

En línea con lo planteado y apelando a nuestra práctica profesional podemos observar, que
habilitar la palabra a quienes protagonizan los aprendizajes conmueve las prácticas docentes e
institucionales, y nos interpela sobre los modos de enseñar. Sin embargo, para que esto ocurra
no es suficiente que existan los órganos de participación mencionados, sino que tienen que
darse condiciones para que las y los estudiantes realmente puedan expresar lo que piensan y
no lo que se espera que digan. En ese sentido, es fundamental que pudieran reconocer a
adultas/os dispuestas/os a escucharlos y dejarse conmover por sus opiniones es decir a
entablar con ellas/os un diálogo genuino.
A partir de todo lo desarrollado en esta clase queremos compartirles algunos
posibles ejes o propósitos que podrían nutrir una agenda para la deconstrucción de
las inequidades y las violencias en los vínculos:

● Revisión de los propios posicionamientos, los personales y los colectivos,


para que los mismos se resignifiquen desde un enfoque de derechos.
● Generación de propuestas de abordaje de estas temáticas en forma
sistemática, continuadas y no solo cuando surgen eventos disruptivos.
● Apertura de instancias para la problematización y deconstrucción de las
prácticas, actos, discursos que reproducen los mandatos de la masculinidad
hegemónica, el modelo de amor romántico y las inequidades de género en
cualquiera de sus manifestaciones.
● Promoción de aprendizajes para las masculinidades que contemplen el
cuidado propio y de los/as otros/as como un atributo masculino, se permitan
la expresión del mundo emocional, aboguen por la corresponsabilidad en las
tareas del hogar y consideren el diálogo y la negociación como herramientas
para la resolución de los conflictos.
● Sostenimiento de una postura institucional crítica y comprometida ante la
presentación de cualquier modalidad de vinculación abusiva.
● Visibilización y puesta en valor de la diversidad de expresiones de las
identidades, entre ellas las de género y sexuales.
● Promoción de la equidad en la capacidad de cuidado, en la autonomía, la
reciprocidad, el respeto al consentimiento, la reflexión colectiva sobre los
modos de relacionarnos que sostenemos y necesitamos reaprender.
Democratizar los vínculos no es “dar vuelta el guante” y favorecer
respuestas a la violencia que la reediten.
Generar nuevas formas de vincularnos afectivamente más igualitarias no es sencillo. Es un
desafío y un compromiso que nos implica a todas/os, al Estado a través de Políticas Públicas, a
las organizaciones y a la sociedad civil para poder generar vínculos más igualitarios y libres de
violencias en cualquiera de sus expresiones.

Les invitamos a desarrollar y profundizar en la próxima clase 3 sobre las incumbencias y


oportunidades de las escuelas y otras organizaciones sociales para constituirse en agentes de
transformación y de construcción de culturas más equitativas y plurales e inclusivas.

Actividad

Colegas! Les damos la bienvenida a este espacio de intercambio que denominamos Foro de la
clase 2. En esta instancia el objetivo central es que podamos reflexionar e ir arribando
conjuntamente a lo que implica el consentimiento en los vínculos y sus condicionantes.
También nos interesa pensar en conjunto en temáticas que podríamos abordar con las/os
actoras/es con quienes trabajamos a fin de promover vinculaciones basadas en la
corresponsabilidad y en el cuidado.

Para participar de la actividad les pedimos lo siguiente:

1) En primer lugar les invitamos a ver un video que nos ayuda a pensar algunos
aspectos involucrados en el consentimiento:

Video: “El consentimiento es simple como el mate”. Extraído del sitio “Hablemos de Todo” del
Instituto Nacional de Juventud. Para verlo te compartimos el enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=ODkvBuSKzPI

2) Luego de ver el video les pedimos que lean los siguientes testimonios reales de
adolescentes:

Julián: “Muchas veces me ha pasado que me digan que no…y te quedás ahí en el medio, no
sabes que decir, quedás descolgado… te quedás mal… porque si te dice que no te bajoneas,
estás ahí a un costado mal, no es que te vas a poner a llorar, nada por el estilo, pero te
bajoneás… no sé…”

Ramiro: “Una o dos veces me pasó que tus amigos te ven que estás con una piba y te dicen
dale, andá, transatela… esa va a los hechos de una. O te dicen que con esa no porque es una
zorra y te quemás. Y si no hacés lo que te dicen después te entran a gastar una, dos semanas…
De última arrancás y decís bueno, dale, vamos…”

Camila: “Muchos padres viven la sexualidad de los hijos como algo que es de ellos o como algo
que todavía no existe para algunos o que no debería existir para otros. Algunos padres se
desilusionan o después están controlando todo, todo el tiempo, generalmente en el caso de las
mujeres. Si vas a salir a bailar ya es toda una historia, como que pueden esperar cualquier cosa
de vos… y te sentís re mal, como que les estás fallando…”
Fèlix: “No sé porqué pero yo siempre creo que si a una mujer la presionás un poquito después
termina aflojando… pero si me preguntás por qué, no se por qué. Por ahí porque quiere parecer
más recatada o algo así. A veces no quiere decir no, depende la situación, depende del tono de
voz. A veces te dice un nooooo, noo, no y es un si, o sea que se está haciendo la difícil pero en el
fondo es un si.”

3) A partir de lo observado en los puntos 1 y 2 les invitamos a participar en el foro


respondiendo a las siguientes preguntas:

● ¿Has sabido de alguna situación similar o en la cual se vea restringida la


posibilidad de habilitar el consentimiento? Quien quiera puede compartirla
(brevemente y sin dar datos personales).

● Considerando los testimonios compartidos podemos sostener que ¿el


consentimiento es simple como el mate? ¿Qué aprendizajes en nuestras biografías
y condicionantes culturales podrían limitar su real ejercicio? Argumenten las
respuestas

● Desde un enfoque de derechos y teniendo en cuenta las/los actores con las/os que
se desempeñan ¿qué temáticas podrían formar parte de una capacitación,
destinada a aquellas/os, para la promoción de vínculaciones corresponsables, de
cuidado, contemplativos de la diversidad, donde el consentimiento pueda ser
ejercitado en y más allá de las prácticas sexuales? ¿Qué temas o aspectos pienso
podrían abordar las personas que están haciendo esta capacitación y que
pertenecen a un área del Estado distinta a la que pertenezco?

Nos seguimos encontrando en el Foro!

Bibliografía

Bleichman, S. (2008): “Violencia social, violencia escolar. De la puesta de límites a la


construcción de legalidades”. Buenos Aires, Novedades Educativas, pp. 148.

Bosch Fiol, E. y Ferrer Pérez, V. “Del amor romántico a la violencia de género. Para una
coeducación emocional en la agenda educativa.” En Profesorado. Revista de currículum y
formación del profesorado. Vol. 17, Número 1, enero-abril de 2013. Universidad de Granada.
España, pp 105-108.

Campelo, A. (2017) clase 1 “La dimensión vincular en el acompañamiento a las trayectorias.


Aporte de las tutorías a la convivencia y la participación en la vida escolar”. Buenos Aires.
Ministerio de Educación y Deporte de la Nación.
Campelo, Ana, Adinolfi Greco, Sofía(2018) clase 2: La escuela secundaria frente a las
subjetividades contemporáneas, Problemáticas en la educación secundaria. Buenos Aires,
Ministerio de educación.

Fernández, A (1993): “La mujer de la ilusión”. Paidós, Buenos Aires.

Kantor, D (2013) Encuentro Interministerial de Salud y Adolescencia Ministerio de Salud.


recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=wYTy5GrJUmI&t=3s

Tenembaum, T. (2019) “El fin del amor. Querer y coger”. Buenos Aires. Ariel, pp 285.

Vasallo, B. (2021) “El desafìo poliamoroso”, por una nueva polìtica de los afectos. Paidos.

Recursos trabajados en el encuentro sincrónico

Video “Los Ayudadores”, Campaña #YoMeOcupo. Iniciativa Spotlight Argentina

https://youtu.be/N4IWoGT0txU

BIFE - LIBRE DE MÍ (ft. Valeria Cini) - VIDEOCLIP

https://youtu.be/iz-MIzjhC_I

Créditos

Autor/es: Programa Nacional de Educación Sexual Integral y Área de Convivencia


Escolar, Dirección de Educación para los Derechos Humanos, Género y ESI, Ministerio
de Educación de la Nación. Programa Nacional de Prevención de las Violencias por
Motivos de Género, Dirección Nacional de Prevención de las Violencias por Razones de
Género, Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación.

Cómo citar este texto:

INFD (2021). La ESI como herramienta para prevenir las violencias por motivos de
género. Clase 2: Del Amor Romántico a la construcción de los Vínculos Diversos y
Responsables.. Buenos Aires. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.
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