ESI: Prevención de Violencias de Género
ESI: Prevención de Violencias de Género
Presentación
Les damos la bienvenida a la segunda clase de este espacio de capacitación que vamos
compartiendo. Queremos presentarles aquí un desarrollo sobre las temáticas principales
abordadas en el segundo encuentro sincrónico, a modo de soporte textual y de invitación para
seguir reflexionando sobre ellas.
En esta clase vamos a retomar los temas abordados en el segundo encuentro sincrónico. En
principio nos interesa poner el foco en cómo los modos de concebir y de transitar las
relaciones y vínculos en nuestras vidas, incluidos los de pareja, también se encuentran
fuertemente ligados a los modelos y a las concepciones transmitidas por la cultura en cada
momento, a lo vivenciado al interior de los contextos de los que hemos y continuamos
formado parte y a los singulares procesos de apropiación y resignificación que hacemos, cada
quien, de los sentidos compartidos social y grupalmente. Sin embargo, no podemos dejar de
considerar aquí que, muchas veces, perdemos de vista que esos modos de tratarnos no han
nacido con nosotras/os sino que han sido aprendidos y, en ese sentido, decimos, pueden ser
objeto de revisión y de modificación en aquellos aspectos que resultan perjudiciales para la
salud y para el respeto a los derechos de cada persona.
● Promover la erradicación de los estereotipos sexistas que refuerzan las violencias hacia
las mujeres en sus diferentes ámbitos interpersonales.
·
● Identificar indicadores y señales tempranas para detectar situaciones de violencia por
motivos de género.
Contenidos
Socialización en las relaciones afectivas. Imaginario social sobre el amor y modelos vinculares
sexo-afectivos. Modelo del Amor romántico y sus mitos aún vigentes. Enfoque tradicional
sobre los vínculos amorosos y Cisheteronorma.
Desarrollo
Los vínculos como materia de enseñanza/aprendizaje.
Asumimos en esta clase que la escuela es un escenario privilegiado para echar luz sobre
aquellos modos de vincularnos que aparecen cristalizados, como si se tratara de un
fenómeno naturalmente dado. Es así que, a menudo, pensamos la convivencia como un
aspecto de la escolaridad, que sucede por el simple hecho de compartir un mismo espacio y
tiempo. Sin embargo, al igual que otros contenidos, la convivencia –y especialmente los
vínculos– son materia de enseñanza.
Desde esta perspectiva, no podemos eludir, entonces, la importancia que reviste pensar o
repensar el rol de las y los adultas/os educadores/as a la hora de promover vínculos
respetuosos, diversos y solidarios entre estudiantes, ya que los aprendizajes no son posibles si
pensamos disociadamente la dimensión académica de la vincular. Por lo que podemos afirmar
entonces que: “Así como no hay aprendizajes sin vínculos, los vínculos son a su vez un
aprendizaje en sí mismo” (Campelo, 2017, p.6) .
Por otro lado, se ha visibilizado que las formas de sentir, socialmente establecidas y
diferenciadas por género refuerzan las jerarquías, reproducen la heteronormatividad, la
subordinación de las feminidades, y, con ello, las posibilidades de padecer discriminación o
alguna forma de violencia de quienes no se ajustan o responden a los modelos tradicionales de
concebir las identidades, las orientaciones y las expresiones sexuales.
¿Sabían que, en el primer código civil argentino, de 1871, y hasta avanzado el
siglo XX, se establecía que las mujeres carecían de capacidad jurídica?. Las
mismas se encontraban bajo la tutela o representación legal de sus padres
primero y, luego, de sus esposos, pudiendo éstos decidir sobre sus vidas.
Estos datos reflejan las condiciones sociales y las vulneraciones históricas que
han padecido las mujeres y LGTTBIQ+ quienes han requerido y aun necesitan
normativas específicas que equiparen derechos y habilitaciones en relación a
los varones.
Ahora bien, analizando los vínculos desde una perspectiva de género, encontramos que el
modelo de amor romántico forma parte de los modos sociales vigentes de concebir pautas
esperables en las relaciones amorosas. Desde este modelo las formas de vivenciar esas
relaciones, lo que se espera y las respuestas a sus vicisitudes se corresponden con los
mandatos genéricos diferenciales, excluyentes, binarios que favorecen condiciones de
inequidad. De allí que los posicionamientos jerárquicos se sostengan y profundicen así como
también las dimensiones subjetivas diferenciales puestas en juego. En este sentido Ana
Fernández (1993) señala que “en el circuito amplio de la producción histórica de las
subjetividades la misma ha estado marcada por los signos de la complementariedad y la
desigualdad ya que habría de celebrarse entre un sujeto que despliega su relación con el
mundo y consigo mismo desde una posición de ser para sí y otro sujeto que estructuraría sus
relaciones desde una posición de ser de otro y para otro. Mujer socializada más en su deseo de
ser reconocida que en el reconocimiento de su propio deseo.”
Les invitamos a ver un video que nos explica acerca de este modelo de
vinculación en las relaciones sexo afectivas
https://youtu.be/yJwgag8bQIE
Así como expresan las autoras Bosch y Ferrer (2013) “La violencia de género está
intrínsecamente ligada a nuestro imaginario social sobre el amor, los modelos amorosos y los
modelos de atractivo, a como nos hemos socializado y nos socializamos continuamente en
ellos”. El concepto de amor romántico, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y
entrega que todavía se les inculca a muchas mujeres puede generar angustia y sometimiento
a la pareja. Quienes asumen este modelo de amor, y los mitos que de él se derivan, tienen más
probabilidades de vivenciar relaciones abusivas ya que consideran que el amor (y la relación de
pareja) es lo que determina el sentido a sus vidas; que como el amor todo lo puede han de ser
capaces de allanar cualquier dificultad que surja en la relación y/o de cambiar a su pareja; que
la violencia y el amor son compatibles argumento empleado para justificar los celos, el afán de
posesión y/o los comportamientos de control ejercidos por quien maltrata como una muestra
de “amor de alta intensidad”.
Algunas señales:
En los noviazgos adolescentes el acoso emocional, a veces, es tal que las jóvenes llegan a
cambiar su comportamiento, limitan sus decisiones o el contacto con amigos, familiares y
compañeros de escuela, con el fin de evitar peleas o que su pareja se moleste. Luego de ello, o
a la par, el maltrato puede tender a lograr que la pareja actúe o se comporte en función de los
propios objetivos y decisiones, aunque ello implique la postergación o desestimación de las
necesidades, de los tiempos y de las decisiones de aquella. Por ejemplo en este tipo de
relación donde se establece un patrón vincular de dominio el inicio de las relaciones sexuales o
muchas de las decisiones que conciernen a su ejercicio (el momento, el adoptar o no un
método de prevención del embarazo o de las ITS, las prácticas sexuales, etc.) suelen ser uno
más de los terrenos en los cuales el varón es el que define. Es así que, muchas veces, las
jóvenes van generando un proceso de acomodación y de adaptación para evitar nuevas
agresiones, permaneciendo pendientes de los gestos, reclamos y hasta de la forma de pensar
de sus compañeros, aumentando, como consecuencia, su vulnerabilidad y su dependencia.
Por todo lo dicho previamente podríamos pensar que la reproducción de los mandatos y de las
conductas esperables diferenciales desde los modelos tradicionales, favorecen pautas que
generan condiciones de inequidad en las habilitaciones y responsabilidades entre géneros. Así
también parecieran operar dificultando el aprendizaje de capacidades y posicionamientos para
el ejercicio de la autonomía en la toma de decisiones, en la conexión con el propio mundo
emocional y en la adopción compartida de prácticas de cuidado propio y dentro de la pareja.
Poner en cuestión diferentes estilos de vinculación que se hacen presentes en las relaciones de
pareja y los procesos que intervienen en su generación puede ayudar a visualizarlos como
modos aprendidos de interacción, con posibilidad de ser modificados en la medida en que se
disponga de espacios de elaboración crítica para revisarlos. Resultaría una instancia
constructiva el generar debate en torno a las diversas representaciones, expectativas y
prácticas presentes en los vínculos actuales entre los/as adolescentes. Un aporte podría
constituir el hacer visibles las pautas de relación que replican posiciones de inequidad, mutuas
dependencias y vulneración de derechos y, simultáneamente, construir consenso en torno a
los estilos de relación que operan en sentido de ampliar los recursos personales y las vivencias
saludables.
Sin embargo no intentamos generar una comprensión facilista del proceso que implica poner
en juego el propio consentimiento sino una lectura del mismo considerando las estructuras
simbólicas, sociales y subjetivas dentro de las cuales ocurre, es decir como un proceso y
aprendizaje que deja de ser íntimo/privado, para que se constituya como un fenómeno de
orden estructural que se experimenta como personal. El fenómeno estructural hace referencia
al sistema patriarcal en el cual estamos insertos, donde se reproduce la dominación masculina
y se manifiesta en la desigualdad de género.
Aspiramos en esta clase a poder revertir aquellas prácticas que están naturalizadas en nuestra
sociedad patriarcal legitimando acciones que refuerzan una clara desigualdad de
oportunidades entre varones y mujeres o identidades feminizadas. En ese sentido, los
estereotipos de género constituyen un conjunto de ideas, valores, prácticas y representaciones
que legitiman la desigualdad de oportunidades y accesos entre aquellos/as, a la vez que
“explican” y “jerarquizan” ciertas acciones que una sociedad entiende como características
propias o atributos de lo masculino y/o lo femenino. En dicha configuración; lo masculino se
vincula a la fuerza, la decisión, la autoridad, la inteligencia y en oposición se caracteriza lo
femenino ligado a lo sensible, lo sentimental, delicado, lo frágil.
En ese sentido, anhelamos desmantelar los sesgos androcéntricos -visión del mundo que sitúa
al hombre como centro de todas las cosas- de las teorías sobre el consentimiento sexual y
desarrollar un análisis crítico, permitiendo develar las relaciones de poder detrás de un
término aparentemente neutral. Retomar la frase corriente: "los hombres proponen y las
mujeres disponen" sirve como punto de partida analítico para pensar los lugares que se
asignan en virtud de la diferencia sexual (basada en las características biológicas de los
cuerpos), en los cuales los hombres son quienes accionan y las mujeres esperan pasivamente.
En esta relación activo- pasivo, el lugar que adquiere el consentimiento se torna, cuanto
menos, complejo.
ttps://youtu.be/bLk4NwOdeeQ
¿Cómo podría pensarse un nuevo guión entre los géneros que no reedite un
ejercicio abusivo de poder?
¿Cómo dar lugar a la ternura en los vínculos para desterrar la crueldad que
implica ese abuso de poder?
En segundo lugar, concebimos que la mirada jurídica aísla el acto de consentir de su dimensión
simbólica y social, dejando afuera la relación de fuerza entre contratantes, sosteniendo un
consentir ligado a dos voluntades libres, autónomas y racionales. Desde esta perspectiva, se
hace responsable a las mujeres por su “incapacidad” de defenderse o resistirse frente a la
agresión sexual; descargando sobre las mujeres la responsabilidad en quién “autoriza” esa
práctica presentando el fenómeno como si fuera neutral, sostenido en atributos individuales y
aislados del contexto sociocultural y las experiencias subjetivas de las personas jurídicamente
capaces.
Dicha perspectiva desplaza la corresponsabilidad que implica una relación sexual hacia un solo
miembro de la misma. Supuestamente, bastaría indicar la negativa para detener el proceso.
Esta postura deja firme dos supuestos: que el “avance masculino”, manifiesto culturalmente
como inmanente e inevitable, debería detenerse frente al desacuerdo femenino. El segundo
supuesto es que si una mujer no comunica claramente, no existe ni violencia ni coerción
sexual. Esta mirada también presenta falencias porque da por supuesto que el
consentimiento es un acto libre, autónomo, voluntario y racional entre las partes en juego. Sin
embargo, no toma en cuenta los contextos estructurales desiguales mediante los cuales
hombres, mujeres y otros géneros construyen y delimitan sus formas de pensar, sentir y
actuar.
Esta corriente de análisis afirma la existencia de un orden socio-sexual donde prevalecen los
hombres y se favorece lo masculino en detrimento de las mujeres y de lo femenino,
reproduciendo la opresión, la subordinación, y la desigualdad de género. En suma, se orienta a
entender las relaciones de poder entre hombres y mujeres y las condiciones de su constante
reproducción social.
Los análisis con perspectiva de género invitan a desnaturalizar los fenómenos sociales para
ubicarlos dentro de la lógica desigual y jerárquica entre hombres y mujeres. Poder visibilizar
las relaciones de poder detrás del consentimiento sexual, implica politizar el fenómeno.
Pensar los vínculos desde la corresponsabilidad implica salir de la lógica de las relaciones
jerárquicas, complementarias, con roles y posiciones fijas. Incluye más bien lo que podemos
llamar una ética del cuidado afectivo donde las decisiones tienen lugar a partir de acuerdos
intersubjetivos. En este sentido creemos oportuno el planteo de Silvia Bleichmar (2008)
cuando afirma que “(…) uno de los problemas del ejercicio actual de la sexualidad es si está
ligada o no está ligada en la relación a otro concebido como otro subjetivado.” Es decir
considerado/a en sus necesidades, intereses, deseos, emociones, en sus formas de
comunicarse y lenguajes, en sus derechos.
En tanto, los análisis con perspectiva de género invitan a desnaturalizar los fenómenos sociales
para ubicarlos dentro de la lógica desigual y jerárquica que regula las relaciones entre los
géneros, poder visibilizar las relaciones de poder detrás del consentimiento sexual, implica
politizar el fenómeno.
Responsabilidad afectiva
Sin dudas en los últimos años se habla mucho sobre responsabilidad afectiva en diferentes
espacios y lugares a la hora de pensar los vínculos, no sólo o exclusivamente los sexo-afectivos
sino los vinculos en general. Esta clase intenta favorecer la reflexión sobre esas
representaciones, creencias e ideas que vamos aprendiendo desde las infancias y van
configurando una forma de amar, de querer y de ser en el mundo bajo un sistema patriarcal.
La responsabilidad afectiva marca a las claras el momento de época que estamos atravesando
en este desafìo de poder generar, construir y de promover vínculos más libres y plurales.
Responsabilidad afectiva que no puede desconocer las desigualdades de género. La escuela,
como dispositivo cultural, tiene un rol central a la hora de proponer nuevas formas de
vinculación para asumir la travesìa de “aprender a navegar las complejidades del deseo sin
tantos velos, tabùes y vergüenza” (Tenembaum, 2019).
Cómo mencionamos más arriba el enorme desafìo es romper con esa manera binaria que nos
han enseñado de amar o de vincularnos, en donde los varones deben insistir por ese “sì” de
todas las formas posibles, sin registrar que esas prácticas atropellan derechos y son acciones
que consolidan la cultura de la vulneración y los abusos. Por lo tanto, en varias oportunidades
en esa manera de vincularnos no aparece tan sólo la cuestión del ejercicio del poder, sino que
se cristaliza la educación sexual que recibimos en tanto somos considerados/as varones y
mujeres. En este orden de cosas destacamos la necesidad ineludible de la implementación de
las ESI en todos los espacios escolares, revalorizando el enfoque de derechos, la perspectiva de
género y de la diversidad que la misma conlleva.
Otro desafìo que se presenta es evitar que nos gane una mirada punitiva o de la cancelaciòn
frente a la complejidad de esta temática en particular que venimos desarrollando en esta
capacitaciòn; sino que apostemos a seguir problematizando los vínculos que se resultan
abusivos y violentos.
El rol de las/os adultos frente a las y los jóvenes: La construcción de la noción del / de la
otro/a como semejante.
Como hemos planteado previamente, los seres humanos no nacemos con la capacidad de
tener en cuenta a las/os otras/os, siendo una de las situaciones más cotidianas encontrar
obstáculos a la integración grupal o dificultades para aceptar las diferencias cuando las
personas se encuentran. Es así que nuestra práctica profesional nos muestra como cuando no
existe lugar para las diferencias, lo que termina rechazándose es a la/el otra/o.
En este sentido, pensamos que las y los docentes tenemos un rol fundamental a la hora de
acompañar la construcción de la noción del otro/a como semejante, lo cual implica
garantizar un lugar para todas/os y cada una/o de las y los estudiantes –en igualdad de
derechos– promoviendo, a su vez, el reconocimiento de las singularidades. Es decir que cada
joven logre sentir que es único e irrepetible.
Es clave en este punto, el posicionamiento que tomemos como profesionales en relación a las
/los estudiantes, puesto que como docentes y/o referentes estamos acompañando los
procesos de subjetivación de las/os mismos/os.
En consecuencia, partiremos de la idea según la cual el modo en que las y los docentes
miramos a las y los jóvenes, no es independiente del modo en que ellas y ellos se piensan a sí
mismos/as.
A su vez, es importante tener en cuenta que en esa misma operatoria en que construimos
infancias y adolescencias, nos construimos a nosotros/as mismos/as (Kantor, año 2013). Y en
este punto son muy valiosos los aportes que las y los jóvenes puedan hacer acerca de otros
modos posibles de vivenciar los vínculos, distintos de los que en otro tiempo nosotros/as
hemos aprendido. De ahí la importancia que tiene evitar caer en autoritarismos, tomando en
cuenta que la autoridad hoy no se porta por el sólo hecho de encarnar un rol determinado en
la institución escolar, sino que se construye en un proceso de interacción con las y los otras/os,
lo cual nos pone en el desafío de pensar diferentes formas de relacionarnos con las nuevas
generaciones, poniendo en diálogo las miradas que como adultas/os tenemos sobre las y los
jóvenes, reflexionando acerca de las condiciones de construcción de autoridad, que hoy se
construye desde una asimetría pedagógica democrática (Campelo, Ana, Adinolfi Greco, Sofía
2018)
Como bien sabemos la participación no es una concesión de las y los adultas/os hacia las/os
jóvenes, sino que la misma constituye un derecho para niñas niños y adolescentes.
En tal sentido, una de las principales estrategias con las que cuenta la escuela para promover
la participación, es la implementación de los diferentes órganos de participación( Consejos de
aula, Consejos escolares, Centro de estudiantes etc.) que habilitan la voz de las y los jóvenes,
así como también de las flias y de la comunidad en su conjunto.
En línea con lo planteado y apelando a nuestra práctica profesional podemos observar, que
habilitar la palabra a quienes protagonizan los aprendizajes conmueve las prácticas docentes e
institucionales, y nos interpela sobre los modos de enseñar. Sin embargo, para que esto ocurra
no es suficiente que existan los órganos de participación mencionados, sino que tienen que
darse condiciones para que las y los estudiantes realmente puedan expresar lo que piensan y
no lo que se espera que digan. En ese sentido, es fundamental que pudieran reconocer a
adultas/os dispuestas/os a escucharlos y dejarse conmover por sus opiniones es decir a
entablar con ellas/os un diálogo genuino.
A partir de todo lo desarrollado en esta clase queremos compartirles algunos
posibles ejes o propósitos que podrían nutrir una agenda para la deconstrucción de
las inequidades y las violencias en los vínculos:
Actividad
Colegas! Les damos la bienvenida a este espacio de intercambio que denominamos Foro de la
clase 2. En esta instancia el objetivo central es que podamos reflexionar e ir arribando
conjuntamente a lo que implica el consentimiento en los vínculos y sus condicionantes.
También nos interesa pensar en conjunto en temáticas que podríamos abordar con las/os
actoras/es con quienes trabajamos a fin de promover vinculaciones basadas en la
corresponsabilidad y en el cuidado.
1) En primer lugar les invitamos a ver un video que nos ayuda a pensar algunos
aspectos involucrados en el consentimiento:
Video: “El consentimiento es simple como el mate”. Extraído del sitio “Hablemos de Todo” del
Instituto Nacional de Juventud. Para verlo te compartimos el enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=ODkvBuSKzPI
2) Luego de ver el video les pedimos que lean los siguientes testimonios reales de
adolescentes:
Julián: “Muchas veces me ha pasado que me digan que no…y te quedás ahí en el medio, no
sabes que decir, quedás descolgado… te quedás mal… porque si te dice que no te bajoneas,
estás ahí a un costado mal, no es que te vas a poner a llorar, nada por el estilo, pero te
bajoneás… no sé…”
Ramiro: “Una o dos veces me pasó que tus amigos te ven que estás con una piba y te dicen
dale, andá, transatela… esa va a los hechos de una. O te dicen que con esa no porque es una
zorra y te quemás. Y si no hacés lo que te dicen después te entran a gastar una, dos semanas…
De última arrancás y decís bueno, dale, vamos…”
Camila: “Muchos padres viven la sexualidad de los hijos como algo que es de ellos o como algo
que todavía no existe para algunos o que no debería existir para otros. Algunos padres se
desilusionan o después están controlando todo, todo el tiempo, generalmente en el caso de las
mujeres. Si vas a salir a bailar ya es toda una historia, como que pueden esperar cualquier cosa
de vos… y te sentís re mal, como que les estás fallando…”
Fèlix: “No sé porqué pero yo siempre creo que si a una mujer la presionás un poquito después
termina aflojando… pero si me preguntás por qué, no se por qué. Por ahí porque quiere parecer
más recatada o algo así. A veces no quiere decir no, depende la situación, depende del tono de
voz. A veces te dice un nooooo, noo, no y es un si, o sea que se está haciendo la difícil pero en el
fondo es un si.”
● Desde un enfoque de derechos y teniendo en cuenta las/los actores con las/os que
se desempeñan ¿qué temáticas podrían formar parte de una capacitación,
destinada a aquellas/os, para la promoción de vínculaciones corresponsables, de
cuidado, contemplativos de la diversidad, donde el consentimiento pueda ser
ejercitado en y más allá de las prácticas sexuales? ¿Qué temas o aspectos pienso
podrían abordar las personas que están haciendo esta capacitación y que
pertenecen a un área del Estado distinta a la que pertenezco?
Bibliografía
Bosch Fiol, E. y Ferrer Pérez, V. “Del amor romántico a la violencia de género. Para una
coeducación emocional en la agenda educativa.” En Profesorado. Revista de currículum y
formación del profesorado. Vol. 17, Número 1, enero-abril de 2013. Universidad de Granada.
España, pp 105-108.
Tenembaum, T. (2019) “El fin del amor. Querer y coger”. Buenos Aires. Ariel, pp 285.
Vasallo, B. (2021) “El desafìo poliamoroso”, por una nueva polìtica de los afectos. Paidos.
https://youtu.be/N4IWoGT0txU
https://youtu.be/iz-MIzjhC_I
Créditos
INFD (2021). La ESI como herramienta para prevenir las violencias por motivos de
género. Clase 2: Del Amor Romántico a la construcción de los Vínculos Diversos y
Responsables.. Buenos Aires. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.
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