0% encontró este documento útil (0 votos)
106 vistas11 páginas

Neobarrocho en INRI de Raúl Zurita

El documento presenta un análisis del poemario INRI, del poeta chileno Raúl Zurita, y argumenta que su poesía puede ser considerada como "Neobarrocha". En específico, el documento resume que: 1) La poesía de Zurita mantiene elementos neobarrocos como la sobrevivencia en una realidad precaria y la búsqueda de identidad, pero también refleja particularmente la dura realidad de Chile a través de imágenes del río Mapocho. 2) El poemario INRI se divide en tres etapas donde los poemas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
106 vistas11 páginas

Neobarrocho en INRI de Raúl Zurita

El documento presenta un análisis del poemario INRI, del poeta chileno Raúl Zurita, y argumenta que su poesía puede ser considerada como "Neobarrocha". En específico, el documento resume que: 1) La poesía de Zurita mantiene elementos neobarrocos como la sobrevivencia en una realidad precaria y la búsqueda de identidad, pero también refleja particularmente la dura realidad de Chile a través de imágenes del río Mapocho. 2) El poemario INRI se divide en tres etapas donde los poemas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Accelerat ing t he world's research.

El Neobarrocho en INRI de Raúl


Zurita
Isis Fiorella Córdova Moscoso

Revista Marabunta

Cite this paper Downloaded from [Link] 

Get the citation in MLA, APA, or Chicago styles

Related papers Download a PDF Pack of t he best relat ed papers 

Zurit a, una cart ografía poét [Link]


Asunción Rangel

LA REST IT UCIÓN AFECT IVA DEL CUERPO DESAPARECIDO: UNA LECT URA DEL POEMARIO INRI, DE RAÚL…
Edison Duvan Avalos Florez

La condensación de la forma. Imágenes de Luis Pablo Gómez Vidales


Carmen Cont i
El Neobarrocho en INRI, de Raúl Zurita
Córdova Moscoso, Isis
02 de enero de 2017

Para José Lezama Lima, el barroco en América Latina se da como un “arte de la contra

conquista” (p. 215), dice en La expresión Americana (2005). Es interesante esta afirmación

porque se puede empezar a notar la evolución del barroco en América y, por tanto, la apropiación

que se dio de este estilo puesto que se colocó el sello Americano, un sello de identidad, a lo ya

establecido. Es decir, el barroco, en América, se recreó con elementos muy autóctonos del

continente y se adaptó a las necesidades y fenómenos que surgieron en el camino. De ahí que

se haya convertido en un arte que, aunque haya venido de la mano de los españoles, resultó ser,

paradójicamente, reaccionario a ellos y de contraconquista. Analizar este proceso de apropiación

y transformación también es una forma de darle un lugar al arte americano dentro del universal

y es importante detectarlo, para luego ver una evolución hacia lo “Neobarroco”, “Neobarroso” y

“Neobarrocho”.

Para Severo Sarduy, la literatura latinoamericana del siglo XX guarda una estética

barroca en algunas de sus obras literarias representativas. Se refiere a ellas, en su ensayo El

barroco y el neobarroco (1977), como obras “neobarrocas” por encontrar elementos del barroco

instaurados en su narrativa o poesía. Luego Eduardo Milán, en su ensayo “Neobarrosos” (2006),

analiza a la cultura o identidad en América Latina y ve que está en constante transición y que

mantiene un cruce de identidades y de mestizaje. Esta realidad, menciona, es captada por la

poesía y, por tanto, debe denominarse neobarrosa por emerger de un suelo: “resbaladizo y no

sólido que presupone un hundimiento si no una caída” (p. 81). Este nuevo término es dado por

Néstor Perlongher al querer proponer un nombre que represente rasgos específicos de la

literatura de su país y, al mirar al Río de la Plata, lo consigue. Se da cuenta de que está lleno de

barro y que, el que lo pisa, si no se hunde como decía Milán, al menos sí se cae.

Pero, ¿qué pasa con el término Neobarrocho; es acaso un equivalente de lo Neobarroso?

Soledad Bianchi, crítica chilena, habla de lo Neobarrocho (2015) para centrarse en los rasgos

1
neobarrocos que puede tener la literatura de su país; es decir, rasgos particularmente chilenos.

Siguiendo la línea de Perlongher, observa también a su propio río y encuentra que, además de

barro, estas aguas son tóxicas.

“Yo lloro a mi patria enemiga”

La poesía de Zurita, entonces, guarda una estética Neobarroca porque encontramos

elementos como la sobrevivencia en una realidad precaria, el hundimiento de la voz poética, la

búsqueda de una identidad y discursos cargados de abundantes detalles que devienen en una

proliferación de palabras hasta ver cómo un significado primero va hacia una nueva suerte de

significaciones. Pero encontramos algo más: una fuerza poética que tiene total conexión con el

río Mapocho, un río completamente tóxico de Chile. Y, como este río tan tóxico, la poesía de

Zurita es capaz de tocar el tema de la dictadura de Pinochet y esto no solo presupone un

hundimiento, sino una contaminación y un contagio de dolor. La voz poética y los sujetos líricos

que la rodean se ven inmersos en la tortura, el desmembramiento, el dolor y la muerte. La

desesperanza se contagia y la sensación sale de sus poemarios para tocar a los lectores en lo

más hondo y les permite sentir, así, la misma agonía. Se crea, entonces, una empatía entre obra

y lector.

INRI

El poemario INRI se divide en tres etapas. En todas ellas se puede ver una desbordante

multiplicación de las palabras. Milán explica que “para el poema neobarroso, no hay retorno. Pero

no hay indiferencia ante la repetición, inevitable siempre, sino ante la medida. El poema

neobarroso prolifera” (p. 82). A partir de un significante nacen varios significados que se van

distanciando del significado primero y llevan a una simbología compleja que tiene que ver con el

hundimiento que es doloroso, duro, transformador, cuestionador y que intenta encontrar luego

una luz, acaso la esperanza de la resurrección.

La primera etapa está conformada por: El mar; Bruno se dobla, cae; La nieve; El

desierto. Los poemas correspondientes a esta etapa están cargados de símbolos y metáforas

2
que van dibujando una imagen poética del horror. El primer poema nos habla de una lluvia, de

cadáveres arrojados a un mar que se ha convertido en una fosa común. Desde el principio la

repetición de ciertas palabras clave, por otorgar mayor fuerza poética, están presentes y esto es

algo que no parará hasta que el poemario acaba:

Sorprendentes carnadas llueven del cielo.

Sorprendentes carnadas sobre el mar. Abajo el

océano, arriba las inusitadas nubes de un día

claro. Sorprendentes carnadas llueven sobre el

Mar. Hubo un amor que llueve, hubo un día

claro que llueve ahora sobre el mar. (…)

El mar se dice del mar. Se dice de carnadas que

Llueven y de días claros pegados a ellas, se dice de

amores inconclusos, de días claros e inconclusos

que llueven para los peces en el mar. (p. 27)

En el segundo poema aparece el hundimiento. Los sujetos poéticos no pueden escapar

de su realidad precaria y se hunden. Los días, las despedidas, el amor, los cuerpos

desaparecidos en el mar, se hunden llenos de palabras que no podrán ser dichas y de noticias

que no podrán ser dadas:

Se oyen días enteros hundiéndose, se oyen

extrañas mañanas soleadas, amores inconclusos,

despedidas truncas que se hunden en el mar (…)

El mar es azul y brillante. Se oyen cardúmenes de

peces devorando carnadas pegadas de palabras que

no, de noticias y días que no, de amores que ya no. (p. 28)

El paisaje, como el sello de identidad de un Chile doliente, y que es nombrado con el

nombre femenino de Viviana, cae, pero se metamorfosea para intentar sobrevivir a la realidad

3
precaria que vive. Entonces el paisaje cambia de sitio y donde estaba el cielo, ahora están las

llanuras que, impresionantes, llueven para los peces y que están hechas de brazos que no

lograron abrazarse y la voz poética cuenta que oye a las inmensas llanuras de amor pedir que

ya no y los Ángeles y las partituras de amor dicen que ya no:

Viviana llora

(…)

Viviana oye llover sorprendentes carnadas de

hombres, asombrosas frutas humanas cosechadas

de extraños campos

Viviana es ahora Chile. (p. 30)

Con estos versos se centra otro elemento Neobarroco pero que, por el nombramiento

insistente de imágenes que le pertenecen a Chile, pasa a ser Neobarrocho. Aquí la proliferación

de palabras vuelve al poema caótico porque rompe su “condición mediadora de puesta en

equilibrio de un desorden del mundo. No hay tal aspiración; el orden -o su restablecimiento- no

son parámetros a seguir en la medida en que la desconfianza está acusando -y aquí sí hay un

centramiento e ideológico, por cierto- un aparente ‘orden’ del mundo (…) Desconfía del orden

poético a partir de la desconfianza en un orden mayor, el del mundo” (pp. 85- 86).

Por tanto, el paisaje de Chile, se mezcla junto con los cuatro elementos: agua, tierra, aire,

fuego. En Bruno se dobla, cae y en Nieve ya se emprende una búsqueda de identidad desde el

hundimiento. La voz poética menciona a Bruno y este representa a todos los desaparecidos de

Chile. Igual pasa con Susana, Mauricio, Odette, María, Rubén. Darle nombre a estas margaritas

que se doblan y se abrazan es hablar del símbolo de la memoria y es indispensable aferrarse a

él. No se puede olvidar a estos cuerpos que caen:

Escuché un campo interminable de Margaritas

Blancas. Se doblan por el viento. Oigo el gemido

De los delgados tallos al doblarse. El sonido es

4
Chirriante, agudo. Cuando el viento cesa vuelve el

Silencio.

Bruno es solo una línea blanca que cae y se

Levanta. Arriba de la línea todo es negro y abajo

También (…) La noche es una caja cerrada negra

(…)

Bruno era mi amigo. (p. 41)

Por su lado los poemas que aparecen en “El Desierto”, muestran una posibilidad de

ascenso y de ayuda. Pero es un grito que suena tarde. Es posible tener esperanza en la

poesía neobarrosa- neobarrocha, porque “no escapa a la ascendencia, al provenir de…” (p. 83),

como comenta Milán, pero sí va a ver bloqueada la entrada a una escalada jerárquica” (p. 83):

Mireya dice que todos callaron y que por eso

Gritan las piedras del desierto

(…)

Dice que fue el silencio de todos la tumba y que por eso las

Piedras gritan tapiando la nave difunta de estos

Paisajes. (p. 70)

Los sujetos poéticos aceptan que ya todo ha sido consumado, jerárquicamente no pueden

escalar, no pueden salir de su condición precaria. En ese desierto “ya nada vive, que si uno murió

por todos, ya todos están muertos” (p. 72):

Mireya dice que ya todo ha sido consumado

(…)

Las rugosas rompientes caen, el mar difunto cae

como un montón de tierra. Los paisajes muertos

caen como mares de tierra. (p. 72)

5
La segunda división del libro está conformada únicamente por “El Descenso”. En esta

parte del poemario los sujetos poéticos emprenderán una búsqueda constante del descanso en

la oscuridad de la muerte y, el hablante lírico, intentará acomodarse dentro de lo posible a su

condición precaria:

Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos,

habituadas a seguir siempre las tuyas, sienten en

la oscuridad que descendemos. Han cortado todos

los puentes y las cordilleras se hunden, el Pacífico

se hunde, y sus restos caen ante nosotros como

caen los restos de nuestro corazón. (p. 83)

Los sujetos poéticos se hacen un espacio entre la naturaleza que los acobija. La

naturaleza es su tumba; el descenso se ha efectuado con la muerte. En este poema se puede,

nuevamente, apreciar que, aunque el deseo por ascender está presente, no se puede lograr de

forma jerárquica. Es decir, los sujetos poéticos, una vez que las cumbres de Los Andes han

descendido también, se mantienen ahí, debajo de un campo muerto y se recorren, en esa

precariedad, para abrazarse y descansar. La voz poética se expande por su realidad para

recorrerla:

Frente a la

muerte alguien nos ha hablado de la resurrección.

¿Significa eso que tus ojos vaciados verán? ¿que

mis yemas continuarán palpando las tuyas? Mis

dedos tocan en la oscuridad tus dedos y

descienden como ahora han descendido las

cumbres, el mar, como desciende nuestro amor

muerto, nuestras miradas muertas, como estas

palabras muertas. Como un campo de margaritas

6
que se doblan te palpo, te toco, y mis manos

buscan en la oscuridad la piel de nieve con que

quizás reviviremos. Pero no, descendidas, de las

cumbres de Los Andes sólo quedan las huellas de

estas palabras, de estas páginas muertas, de un

campo largo y muerto de flores donde las

cordilleras como mortajas blancas, con nosotros

debajo y aún abrazados, se hunden. (p. 83)

La tercera división del poemario abre con Flores, luego encontramos los apartados que

se llaman Rompientes; Bruno, Susana; Una ruta en las soledades; A Paulina Wendt y El INRI de

los paisajes. En el primer poema de esta tercera parte, la voz poética se autonombra y revela la

razón de la ceguera de todos los sujetos poéticos. El hecho de autonombrarse es reafirmar una

identidad, darse un lugar dentro del espacio en el que se vive:

Oí infinitos desiertos

florecidos apagarse. Me apodo Zurita y te digo

estas cosas como podría decirte otras. Tal vez las

demenciales flores se aman

(…) Les vaciaron los ojos ¿sabías? Les arrancaron los

Ojos de las cuencas. Por eso en estos poemas

Nadie ve, solo oye. (p. 101)

Como ya se ha dicho: en todo el poemario el tema del exceso aparece bajo la estrategia

formal de multiplicar las palabras; pero también se da al pretender trascender al lenguaje y

mostrar un mundo trastocado. Es decir, que se encuentran seres o situaciones que van

transmutando, metamorfoseándose de acuerdo a su realidad y, esta realidad, es evidentemente

precaria. Traen exceso de violencia, de dolor, de muertes múltiples, de la transgresión a la nación

entera de Chile.

7
Poco a poco se puede ir asistiendo al sueño de la renovación de todo. En “El Descenso”,

el último poema, advierte de que en el horizonte hay flores vivas: “Oh sí, nos respondía entonces

todo el horizonte, las flores vivas nos aman” (p. 111). En Rompientes, las olas resucitan y otros

elementos de la naturaleza van en ascenso; como si después, en la oscuridad misma, hubieran

encontrado la luz de su identidad:

Todos los cuerpos arrojados sobre las cordilleras,

Ríos y mar de Chile flotan en el viento. Se han devuelto al cielo y flotan.

Resucitadas olas que vuelven

(…)

Montañas y montañas suben flotando, cordilleras

Y cordilleras de cuerpos retornan extendidas igual

que lavas de color sangre de todos los volcanes

(…)

Un mar. Dicen un nuevo mar. Oh sí dicen un

nuevo cielo. (p.115)

Esto para el lector es un respiro, una especie de tregua, también una esperanza

contagiada. La alegría de un renacer es compartida con cada vez mayor convicción. En “Una

ruta en las soledades”, se canta una lenta pero soñada resurrección:

Y poco a poco, como un océano que se encrespa,

íbamos emergiendo sobre las llanuras y las

Llanuras parecían olas ondulando con el

movimiento de nuestros cuerpos. (p. 139)

Los poemas, a partir de aquí, pasarán a tener verbos que accionan a futuro: “como olas

para arriba se nos abrirán los / Duros párpados y como un mar subiendo en las / soledades la

tierra echará de su seno a los muertos” (p. 140). En el INRI de los paisajes, aparece el epílogo

que aterrizará todo el sueño del sueño:

8
Cientos de cuerpos fueron arrojados sobre las

montañas, lagos y mar de Chile. Un sueño quizás

soñó que habían unas flores, que habían unas

rompientes, un océano subiéndolos a salvos desde

sus tumbas en los paisajes. No.

Están muertos. Fueron ya dichas las inexistentes

flores. Fue ya dicha la inexistente mañana. (p. 155)

La poesía de Zurita es capaz de tocar un tema doloroso, como lo fue la dictadura de

Pinochet, y traer ese dolor a su presente. Este volver a sufrirlo crea una unión, un lazo que

reafirma una identidad, al buscar hacerle frente a la precariedad de la memoria. Estas

manifestaciones se han vuelto recurrentes en la literatura neobarroca/ barrosa/ barrocha. Resulta

que la memoria ayuda a la construcción de la identidad de un pueblo o de un individuo, pero,

claro, no es garantía de estabilidad porque la memoria es evanescente y móvil. De ahí que los

discursos se deban volver repetitivos, para instaurar una consciencia global y reafirmar

identidades. Es por esto que las memorias sociales-colectivas se imponen con fuerza en los

discursos neobarrocos. En INRI, la memoria colectiva y la social se encuentran. Este poemario

ocupa un rol importante en la construcción de la memoria porque rompe con el silencio. Cuando

la violencia, el horror y el dolor son pensados y dichos, el ser se libera.

9
Bibliografía

Bianchi, S. (2015). Del neobarrocho o la inestabilidad del taco alto (¿un neobarroco

chilensis?). Revista Chilena de Literatura. [Archivo

PDF]. [Link]

Celorio, G. (2001). Ensayo de contraconquista. México: Fondo de Cultura Económica.

Echeverría, Bolívar. (1995). Modernidad, mestizaje y ethos barroco. México: UNAM/El

equilibrista.

Lezama, Lima, J. (2005). “La curiosidad barroca”. En La expresión americana. México, edición

conmemorativa 70 aniversario: Fondo de cultura económica.

Milán, E. (2006). “Neobarrosos”. En Crítica de un extranjero en defensa de un sueño. Madrid:

Huega y Fierro editores.

Sarduy, S. (1977). “El barroco y el neobarroco”. América Latina en su literatura. México 4ª ed.

Siglo XXI.

Zurita, Raúl. (2003). INRI. Madrid: Visor Libros.

10

También podría gustarte