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Desafíos de la Neurociencia en Aula

Este documento discute los desafíos que enfrentan los educadores al aplicar la neurociencia en el aula. Menciona que se debe crear un entorno seguro y libre de amenazas para que los estudiantes puedan aprender de manera efectiva. Explica cómo la amígdala procesa la información emocional y puede activar respuestas de lucha o huida que interfieran con el aprendizaje. También señala que los educadores deben considerar factores como la iluminación, los estilos de enseñanza y el lideraz
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Desafíos de la Neurociencia en Aula

Este documento discute los desafíos que enfrentan los educadores al aplicar la neurociencia en el aula. Menciona que se debe crear un entorno seguro y libre de amenazas para que los estudiantes puedan aprender de manera efectiva. Explica cómo la amígdala procesa la información emocional y puede activar respuestas de lucha o huida que interfieran con el aprendizaje. También señala que los educadores deben considerar factores como la iluminación, los estilos de enseñanza y el lideraz
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TEXTO ARGUMENTATIVO

¿ Cuáles son los desafíos que enfrentamos los educadores cuando queremos
aplicar la neurociencia en el aula?

NICOL VANESSA AVENDAÑO ORJUELA

COD. 084603592021

DOCENTE
YURY MILEIDY CAMPOS BORJA

PRACTICA BASICA SECUNDARIA II


SEMESTRE II
IBAGUÉ
2022

TEXTO ARGUMENTATIVO
¿ Cuáles son los desafíos que enfrentamos los educadores cuando queremos aplicar la
neurociencia en el aula?

El mayor desafío para un educador en neurociencia es crear un entorno resonante que sea
enriquecido, libre de amenazas, seguro y cerebro-compatible. ¿Qué ocurre cuando el
estudiante, la persona sobre la que pretendemos influir en su aprendizaje, no tiene un cerebro
compatible con el nuestro? Hablo de influir y de enseñar, no de manipular, favoreciendo e
influenciando en el aprendizaje, evitando que el estudiante perciba amenazas en un entorno
seguro, o resonante (Koncha Pinós-Pey – reflexión).

¿Qué sucede cuando no se dan esas claves? De nuevo tenemos que ir al cerebro, vamos a
hablar de tres partes fundamentales que inciden en el proceso de aprendizaje. El tálamo,
parte del cerebro encargada de la recepción de la señal de todo lo que está pasando,
modificándolo de modo sensorial y redistribuyendo a las diferentes partes del cerebro. La
amígdala y el hipocampo, que trabajan la memoria. La amígdala es donde alojamos nuestra
memoria emocional, que ya está madura cuando nacemos, posibilitando que guardemos
memorias desde el vientre materno. El hipocampo también guarda memorias, pero
contextuales. Termina de madurar a los tres años, por eso es difícil recordar acontecimientos
anteriores a esa edad.
Cuando yo recuerde un suceso o un contexto, lo que recordaré será el lugar, las caras, los
olores, etc. Este contexto se aloja en el hipocampo. Pero cuando lo que recuerde sea algo de
carácter emocional, será la amígdala la encargada de almacenar esos datos. Por ejemplo,
muchos alumnos que sufren de claustrofobia o de angustia, han nacido con una vuelta de
cordón umbilical. Este sentido de presión en el nacimiento ha hecho que se grabará una
memoria en la amígdala, por lo que cuando se vea amenazada su supervivencia, relacionada o
no con el contexto en el que se produjo, aparecerá dicha memoria, por lo que rechaza o evita
la situación
El tálamo, que ha recogido toda la información, la mandará a la amígdala, evaluando si es
placentera o peligrosa. En caso de que atente contra mi supervivencia, preparará mi cuerpo
para las situaciones emocionales relacionadas con la supervivencia básica: huida, miedo o
agresión. Estos tres mecanismos se activan cada vez que sucede, por ejemplo, una situación
en la que percibo algún estímulo amenazante. De igual manera, son estos tres mecanismos los
que se activan cuando estoy aprendiendo; por ejemplo, cuando percibo que el profesor no me
quiere, que un compañero se ríe de mí o que no soy capaz de aprender matemáticas. Todo
esto lo recoge la amígdala y, con sus redes de memorias antiguas, hará que tengamos una
reacción de lucha: defensiva, ofensiva, huida, evitación, bloqueo o inhibición.
En ocasiones, tenemos alumnos que, pese haber estudiado y haber mostrado interés en la
materia, en el momento de realizar el examen, se les queda la mente en blanco. Esto se debe a
que la amígdala ha percibido una amenaza (real o no) en el medio y ha preparado el cuerpo
para una reacción emocional. Puede ser que esta reacción se deba a que alguien nos dijera
algo o simplemente que sintiéramos miedo, con lo cual no es una cuestión de estudiar más o
menos, sino una reacción de amenaza primaria al examen. Por eso, ante esta amenaza, real o
no, la amígdala se dispara.
¿Qué aspectos debemos considerar para tener en cuenta un entorno resonante?
Podemos valorar muchos aspectos, como los aspectos físicos, aquellos que están relacionados
con los procesos o las características del docente. No me voy a centrar en aspectos físicos, ya
que son propios del sentido común, pero también podemos mencionar una base pedagógica y
científica detrás de cada uno de dichos aspectos.
¿Qué pasa si hay poca luz en un aula? Sabemos que la luz incide en la glándula pineal, que
incide a su vez en la serotonina y, por tanto, en la forma en la que nosotros procesamos el
aprendizaje (modo seguro o inseguro). Así, la luz es muy importante en el aula: tanto si es
luz natural como si es luz artificial, pero siempre tiene que ser adecuada. La melatonina
ayuda a fijar los procesos mentales. Otros aspectos que también inciden son, por ejemplo, la
posición de las mesas y las sillas.
Son destacables las características del docente: inteligencia emocional, pensamiento
lateral pleno y liderazgo situacional. Estas características son importantes en el ámbito de
la neurociencia. El pensamiento lateral está muy vinculado con el concepto del liderazgo
situacional en el aula, materia que trabajaremos profundamente en los módulos de
inteligencias múltiples.
¿Qué quiere decir ser un maestro o un educador resonante situacional? Que tendremos
que adaptar nuestro estilo de liderazgo al grupo, a la persona y al momento concreto además
de ser muy flexibles, abiertos y capaces de incluir todos los estilos de aprendizaje,
modificándose con cada alumno, adaptándose así a cada área que queramos desempeñar.
Supongamos que un alumno sea bueno en lengua y necesite ayuda en lógica, o bueno en
ciencia y no en emoción. En algún caso tendremos que ser líderes científicos, en otro líder
más afectivo (de uno a uno), en otro más afirmativos (para vincular), en otro más
democráticos... Si queremos ser educadores resonantes tenemos que ser educadores
situacionales o inclusivos y dar a cada uno de ellos lo que necesitan.
Sobre los aspectos de los procesos, es bueno tener en cuenta:
● La agenda del desarrollo del aula. Agenda diaria para representar las actividades, ya
sea con iconos o dibujos o bien con textos.
● Ser capaces también de dar feedback resonante a los alumnos. Formular
consignas y objetivos claros.
● Respetar periodos atencionales.
● Cubrir todos los estilos de aprendizaje.
● Favorecer el máximo de herramientas mentales.
El cerebro sabe lo que va a pasar porque ya se lo hemos dicho al alumno al inicio de la clase.
Es importante dar esa agenda diaria para que fije objetivos, metas y fines. Darle al alumno la
posibilidad de ver todos los objetivos que va cumpliendo hace que se sienta capaz y que se
motive para conseguir más.
Cuando se pregunta a un niño pequeño si es inteligente, la mayoría dice sí sin pensarlo.
Cuando se pregunta a un adulto, casi siempre lo duda. Esto es una consecuencia de ese
viaje por los estímulos frustrados del proceso de aprendizaje. Es justo lo que tenemos que
evitar, que el alumno pierda la capacidad innata de ser inteligente y que se sienta una víctima
de procesos de aprendizaje frustrados.
Hay una frase de Howard Gardner, en su libro La mente desescolarizada (1997) que dice:
“Los niños van a la escuela como signos de interrogación y salen como puntos finales”.
¿Cuántos de vosotros pensáis que sois inteligentes? ¿Quién os ha dicho si lo sois o no? ¿Qué
pruebas tenéis? ¿Cómo evaluáis que un alumno es inteligente?
Los conjuntos de herramientas mentales también son muy importantes en términos de
neurociencia. Por ejemplo, la memorización significativa o el desarrollo de funciones
ejecutivas, o ayudar a los alumnos a realizar mapas mentales que fijen el conocimiento.
A la hora de explicar una regla, los ejemplos son fundamentales independientemente del
número de veces que hayamos dado dicha regla porque, cuando tenga que demostrar lo que
sé en cada ocasión, lo que se va a poner en juego es la amígdala y, en momentos de tensión,
podemos llegar a olvidarnos de lo más importante.
Me gustaría acabar este artículo, dando un ejemplo sobre cómo usar la neurociencia en
función de los diferentes estilos de aprendizaje. Imagínate que tengo que transmitir un
concepto que no conoces. Podría transmitirse a través de una definición, de un ejemplo
contextualizado, por características, sinónimas, reflexión, representación gráfica, estrategia
mnemónica, rima, representación kinestésica... ¿Qué hace la neurona en estos casos? Si doy
la definición, la neurona mandará información a la zona de lingüística; si hablo rimando, irá a
las zonas musicales y, si es una representación kinestésica, irá a las áreas visoespaciales.
Cada unidad de aprendizaje se graba en una zona del cerebro con cada ejemplo. Como
consecuencia, habré activado todas las áreas del cerebro para enseñar un mismo concepto,
consiguiendo que la persona tenga un proceso de aprendizaje múltiple. Este proceso es
mucho más inclusivo que usar un solo canal y, además, ayuda a la memoria a corto, medio y
largo plazo, favoreciendo la gimnasia mental.
El máximo desafío de este post es comprender cómo la neurociencia se vincula a la
neuroeducación en tres conceptos: el contenedor resonante, los recursos de aprendizaje
basados en las inteligencias múltiples y el liderazgo situacional en el aula.
Acabamos con una frase de Santiago Ramón y Cajal: “El logro más trascendental del
hombre debería ser la conquista de su propio cerebro”.

La primera categoría es la neuroeducación, que en estos días presenta una alta demanda para
una formación docente que permita realizar aportes y cambios vertiginosos al momento de
ejercer la enseñanza. Se habla de medios apropiados para la innovación o transformación de
la educación y la enseñanza; el desarrollo de habilidades integrales (cognitivas, emocionales,
sociales, morales, físicas y espirituales) todas ellas localizadas en el cerebro. Por tanto, se
requiere un perfil docente que estudie y tenga un conocimiento elemental de la estructura del
cerebro, que pueda hacer puente y vincular los aportes neurocientíficos con la práctica
pedagógica (Kandel y Jessel, 2012 y Mora, 2011), y así también poder diseñar estrategias de
enseñanza que ayuden a construir conocimientos (Campos, 2010a).
Las estrategias planteadas, producto de la búsqueda bibliográfica de la categoría
neuroeducación, son formuladas por Bejar (2014), en donde afirma que el docente debe ser
un profesional cualificado capaz de entablar diálogo interdisciplinar entre la neurociencia y la
práctica pedagógica; capaz de mantenerse a la vanguardia. Un neuroeducador entendido en
los conocimientos de la neuroeducación, será capaz de conocer el papel del cerebro y el
diseño de nuevas técnicas para mejorar el aprendizaje y el desarrollo cognitivo y emocional
de los estudiantes. Por otra parte, Campos (2010a), propone unas claves sencillas a
considerar: se aprende cuando se liga la experiencia con las emociones; se promueven
aprendizajes sólidos cuando se enseña de manera amena con anécdotas y en medio de
conversaciones gratas; estimular la creatividad mediante actividades artísticas, que ayuda a
disminuir tensiones y mejoran la concentración; desarrollar regularmente el ejercicio como el
mejor aliado de la plasticidad cerebral, la concentración y el anti estrés; descansar, dormir
con el propósito de incrementar la capacidad de retener, conceptualizar y abstraer; e incluir el
juego, la diversión y la interacción social, para estimular áreas cerebrales implicadas en el
aprendizaje.

Una segunda categoría analizada es la neurociencia y su aplicación en el aula. Al respecto


Mora (2013), señala cinco propuestas que pueden ayudar a mejorar las clases desde esta área,
trabajando la motivación, contextualización de la enseñanza-aprendizaje, problematización y
el clima áulico. Empezar con algo provocador que podría consistir una frase, una imagen o
una reflexión. Conectar la vida con los alumnos, presentando problemas interesantes que los
afecten. Desarrollar un clima favorable para que quieran y puedan hablar. Introducir las
incongruencias, las contradicciones, la novedad, la sorpresa, el desconcierto y la
incertidumbre, de tal modo que estimule y desafíe el pensamiento. Evitar la ansiedad y el
miedo, nadie aprende así.

La tercera categoría que se aborda en el análisis de los resultados es el neuroaprendizaje. Se


entiende que es una disciplina que combina la psicología, la pedagogía y la neurociencia, para
explicar cómo funciona el cerebro en los procesos de aprendizaje. Un tiempo atrás, los
docentes se debían contentar con los resultados de la observación ya que a través de ella, se
decidía si cierta técnica, estrategia, teoría o escuela de aprendizaje era favorable o no para los
alumnos. En la actualidad, se cuenta con elementos para saber cómo aprende el cerebro
humano en general y en particular. Estas herramientas posibilitan cubrir todos los estilos de
aprendizaje, las inteligencias, los distintos canales de representación sensorial y formas de
enfrentar desafíos.

Se debe relacionar las neurociencias con la pedagogía, de tal modo que se conozca la
estructura y el funcionamiento del cerebro y los conocimientos esenciales del aprendizaje
como son la memoria, la atención y las emociones, a fin de que el educador emprenda un
nuevo estilo de enseñanza aprendizaje. De acuerdo con Caicedo (2012), la educación basada
en el cerebro tal como se entiende hoy después de aproximadamente 20 años de evolución, se
sustenta en principios derivados de resultados relevantes de investigación, los cuales han sido
seleccionados por científicos de diferentes disciplinas relacionadas y educadores para que se
constituyan en los fundamentos teóricos del nuevo paradigma y sean la base para el diseño de
estrategias pedagógicas y, por consiguiente, el punto de partida para la adopción de
metodologías que los pongan en práctica. Dada la forma como aparece y las disciplinas que
intervienen en su construcción hay que decir que es una propuesta interdisciplinaria y a la vez
multidisciplinaria. Y no podría ser de otra manera porque, como se sabe, el aprendizaje y la
educación no son una cuestión que se pueda abordar por una sola ciencia.

Resulta conveniente desarrollar cursos que cualifiquen y capaciten permanentemente a los


docentes en neuroeducación, con el propósito de incorporar formas adecuadas de enseñanza y
aprendizaje basados en la neurociencias. De acuerdo con Campos (2017), una de las
demandas Resulta conveniente desarrollar cursos que cualifiquen y capaciten
permanentemente a los docentes en neuroeducación, con el propósito de incorporar formas
adecuadas de enseñanza y aprendizaje basados en la neurociencias. De acuerdo con Campos
(2017), una de las demandas que se le hace a la educación es que se prepare a los docentes
para que enfrenten con éxito los problemas del mundo actual. Es decir, que se prepare a
personas con capacidad y criterio para solucionar problemas, trabajar en equipo, aprender por
sí solos, automotivarse con tareas que exigen acción. Se necesita una educación que forme
ciudadanos éticos en sus relaciones con otros y que favorezca el cambio social positivo para
lograr una sociedad justa y solidaria. Una educación que refleje el mundo actual y su
dinámica, que haga uso eficiente de las ventajas de la tecnología y de los aportes de las
ciencias del aprendizaje. Una educación que prepare las habilidades para los puestos de
trabajo para los próximos años. Dice Morales (2015b), hoy hay preocupación por parte de los
distintos actores de los problemas que presentan los alumnos en el sistema escolar, de las
inadecuadas prácticas de los docentes, de los climas tensionales que se manifiestan en el aula,
de los aprendizajes parcelados, de las dificultades en el control de la clase, el aumento de las
conductas disruptivas-, y de la formación que están recibiendo los estudiantes en que se
enfatiza lo cognitivo obviando los procesos emocionales que subyacen en el aprendizaje.
REFERENCIAS

● Koncha Pinós-Pey – reflexión - doctora en Política Internacional, cofundadora de


Estudios Contemplativos y directora del Máster de Mindfulness y Habilidades
Relacionales, MIMIND -Mindfulness e Inteligencias Múltiples-, desde donde
desarrolla planes de estudio de mindfulness e inteligencias múltiples además de dar
clases a niños, educadores, padres, terapeutas y profesionales de la salud.
● Kandel, E., y Jessel T. (2012). Principles of Neuronal Sciencie. Estados Unidos: Mc
Graw Hill
● Mora, F. (2011). Educar con Cerebro. Recuperado de
http://www.ub.edu/geneticaclasses/ davidbueno/Articles_de_divulgacio_i_
opinio/Altres/Neuroeducacion-QUO.pdf
● Béjar, M. (2014). Una mirada sobre la Educación, Neuroeducación. Padres y
Maestros, (355), 49-52.
● Campos, A. L. (2010a). Neuroeducación. uniendo las neurociencias y la educación en
la búsqueda del desarrollo humano. La educaciòn. Organización de los Estados
Americanos. Revista Digital., 1-14.
● Mora, F (2013). Neuroeducación. Estados Unidos: Casa del libro.
● Caicedo, H. (2012). Neuroaprendizaje una propuesta educativa. Bogotá: Ediciones de
la U.
● Campos., A. L. (2017). Enfoques de enseñanza basados en el aprendizaje. Bogotá:
Ediciones de La U.

● Morales, M. (2015b). Las bondades del cerebro para su aplicación en el aula. En M.


Morales, & H. Burgos (Eds.), Descubriendo un cerebro que aprende en el aula (p. 19).
Santiago de Chile: Editorial Universidad Santiago de Chile- USACH.

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