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Salud Mental y Bienestar Integral

Este documento presenta información sobre Victoria De Jesus Bueno, estudiante con matrícula 100640553 en la sección 18 y maestra Arleny Margarita Caro Vargas. Además, incluye conceptos generales sobre salud mental como un proceso dinámico que involucra factores biológicos, psicológicos y socioculturales, y define la salud integral como un estado de bienestar físico, mental y social.
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Salud Mental y Bienestar Integral

Este documento presenta información sobre Victoria De Jesus Bueno, estudiante con matrícula 100640553 en la sección 18 y maestra Arleny Margarita Caro Vargas. Además, incluye conceptos generales sobre salud mental como un proceso dinámico que involucra factores biológicos, psicológicos y socioculturales, y define la salud integral como un estado de bienestar físico, mental y social.
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Nombre: Victoria

Apellido: De Jesus Bueno


Matricula: 100640553
Sección: 18
Maestra: Arleny Margarita Caro Vargas
 CONCEPTOS GENERALES DE SALUD MENTAL
(Generalidades de la Salud Mental)

El concepto de salud tenemos que entenderlo de manera amplia e integral y, además,


como el equilibrio entre el hombre y su medio ambiente, como una manera de vivir que
suponga el desarrollo de la potencialidad humana, que permita el goce pleno y
armonioso de sus facultades, para disfrutar un bienestar individual y para participar en
el progreso común.

También hay que tener en cuenta el hecho de que los factores sociales, en gran medida,
condicionan nuestro tiempo histórico y ejercen un papel importante en la configuración
de la salud de la población. De manera que la salud de la población depende, en parte,
de la forma en que las acciones políticas condicionan el medio y crean aquellas
circunstancias que favorecen la confianza en sí, la autonomía y la dignidad para todos,
especialmente los débiles. Los niveles de salud, en consecuencia, serán óptimos cuando
el ambiente favorezca una capacidad de afrontamiento eficaz, autónoma, personal y
responsable.

En cualquier caso, la salud y, por tanto, la salud mental, desde una perspectiva actual,
se contempla como un proceso dinámico, por el cual todas las personas a lo largo de sus
vidas atravesamos por diferentes períodos en los que el grado de salud varía dentro de
ese proceso continuo: salud-enfermedad.

1. Concepto y criterios de salud mental y salud integral.

Desde su inicio, la OMS ha incluido el bienestar mental en la definición de salud. La OMS


define la salud como: un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la
ausencia de enfermedad o dolencia (OMS 2001, P.1). La salud mental está íntimamente
relacionada con la salud física y la conducta. Criterios diagnósticos de la salud mental
(Keyes, 2005). Hedonía: se requiere un nivel alto en, al menos, una de las escalas de
síntomas (síntomas 1 o 2). Funcionamiento social positivo: se requiere un nivel alto en
seis o más de las escalas de síntomas (síntomas 3 – 13).
Interés social, interés en sí mismos, autodirección, alta tolerancia a la frustración,
flexibilidad, aceptación de la incertidumbre, comprometerse con ocupaciones
creativas.
La salud integral es la principal condición del desarrollo humano, es el estado del
bienestar ideal y solamente lo alcanzamos cuando existe un equilibrio entre los
factores físicos, biológicos, emocionales, mentales, es espirituales y sociales, que
permiten un adecuado y crecimiento desarrollado en todos los alrededores de la vida,
es el bienestar físico, psicológico y social y va mucho más allá del sistema biomédico,
abarcando la esfera subjetiva y del comportamiento del ser humano. No es la ausencia
de alteraciones y de enfermedad, sino un concepto positivo que implica distintos
grados de vitalidad y funcionamiento adaptativo (Oblitas, 2004). En salud integral, se
concede extrema importancia a los factores relacionados con el estilo de vida, como
son: alimentación natural y equilibrada, agua de calidad, hogar sin tóxicos, respiración
nutritiva, prácticas para la energía física-mental y prevención ante ciertos riesgos de
salud. uno de los elementos más relevantes para el desarrollo de una vida larga y
cualitativa. En este sentido, la importancia reside en permitir que el organismo de una
persona mantenga buenos estándares de funcionamiento y pueda así realizar las
diferentes actividades que están en su rutina diaria.

2. Multidimensionalidad en el proceso de salud-enfermedad.

Multidimensionalidad: bienestar físico, psíquico, mental, social, ambiental social, es


muy importante pensarlo en el orden de lo clínico que tiene que ver con esto de
pensar la salud mental como una variable multidimensional, cuando hablamos de
multidimensionalidad se habla de la salud en general pero la salud mental
puntualmente esta atravesada por diversos discursos, saberes que hay que pensarla
también desde esa perspectiva.

3. Factores biológicos, psíquicos, socioculturales.

Desde siempre, se reconoce que el ser humano es un ser social, que necesita de los
demás para constituirse en la sociedad y sentirse parte de la misma, por lo tanto, es
natural que factores sociales lleguen a intervenir en su vida e influenciar en su salud.
Desde un punto de vista general los factores sociales incluyen la estructura social, las
prácticas e instituciones, la identidad personal y los procesos interpersonales
(Palomino, Grande y Linares, 2014). Específicamente se encuentran algunas muestras
en las presiones socioeconómicas como condiciones laborales estresantes,
discriminación de género, educación, exclusión social, estilo de vida poco saludable,
violencia, mala condición física, condiciones de vida, acceso a alimentos, violación a los
derechos humanos, entre otros. Las pruebas más evidentes se relacionan con la
pobreza y el bajo nivel educativo; además, los impactos de los cambios sociales
bruscos también generan dificultades en la salud mental, debido a que el ser humano
debe enfrentarse a un ambiente nuevo y muchas veces no está listo para esto, ni
cuenta con los medios necesarios (OMS, 2016), (Gonzáles y Mojica, 2015). De acuerdo
con (OMS, 2016), la calidad de la salud personal se asocia también al estilo de vida,
relacionadas con fuerzas sociales, económicas y políticas, cuyos factores tienen
conexiones marcadas con diversas enfermedades. En los últimos años tanto en los
países desarrollados como en los de vías de desarrollo, las irregularidades en cuanto a
salud han sido vinculadas a estos factores sociales. En Ecuador, se considera que
algunas características epidemiológicas, económicas, sociodemográficas y culturales de
la población, pueden desencadenar en algún trastorno de salud mental, sobre todo en
niños, adolescentes, mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad, todas
ellas consideradas una población vulnerable (Ministerio de Salud Pública, 2014).
En concordancia a lo anterior, se establece que las circunstancias sociales deficientes
afectan a la salud, personas que no tienen las condiciones necesarias para subsistir
tienden a sufrir más enfermedades que aquellos que cuentan con los medios. Tal como
lo afirma el (Ministerio de Salud Pública, 2014), aquellas poblaciones con mayor
cohesión social son más sanas y tienden a vivir más tiempo.
Por lo tanto, las sociedades cumplen un papel primordial, ya que, si se le proporciona a
la población un ambiente seguro y apto para que desempeñen una labor en la vida
social, económica y cultural, gozarán de bienestar; por el contrario, si el ambiente es
inseguro y no brinda oportunidades de trabajo, educación y vivienda, afectarán los
estándares de salud debido al constante estrés y preocupación de los ciudadanos
(Romero, Salinas, Salom, Sánchez y Spin, 2015).
De la misma manera, mantener relaciones sanas y un apoyo social constante son
imprescindibles para la salud, ya que dota a la persona de herramientas emocionales
que le ayudan a enfrentar el día a día. Además, al pertenecer a un grupo con metas
comunes proporciona un espacio de entendimiento, comprensión, comunicación,
amor, respeto, cuidado y constituye un efecto protector para la salud (Lera, 2015).
En relación con los factores psicológicos, existen componentes propios de cada
individuo, características y tendencias, que en combinación construyen personalidades
específicas y diferentes en cada persona, que hacen a unas más propensas a sufrir
ciertos trastornos mentales que otras (OMS, 2016). Algunos de estos se forman o
están ligados a circunstancias externas, por ejemplo, una mala alimentación durante el
desarrollo físico puede generar un desarrollo cognoscitivo infantil deficiente y por
ende afectaciones en la salud mental. Los problemas y situaciones de riesgo
relacionados con la pobreza interrumpen el apego emocional, que, en cierta etapa,
como la infantil, es clave para el desarrollo, provocando, en la mayoría de los casos,
que ese niño crezca con un sistema emocional débil y menor predisposición para el
estudio.
El componente biológico también representa un aspecto significativo, ya que
dependiendo del material genético o los desequilibrios bioquímicos cerebrales que
ocurran en el individuo, puede también ser un determinante de la salud mental (OMS,
2016). Durante el proceso de gestación los genes son los encargados de dirigir la
formación del cerebro, dando lugar a una estructura única y muy organizada; si este
proceso se interrumpe debido a circunstancias externas como mala nutrición,
enfermedades, abuso de sustancias o exposición de radiaciones de la madre, el normal
desarrollo del feto pude verse comprometido (OMS, 2001), evidenciándose así la
interacción entre los diversos factores. Para comprender el factor biológico, resulta
necesario, analizar sus diversos tipos; así: los genéticos, caracterizados por la carga
genética que porte el individuo, que puede ocasionar ciertos síndromes en el niño,
propio de la naturaleza de sus genes; los prenatales, que pueden ocurrir antes del
nacimiento y estar influenciados por características fisiológicas de la madre o por
situaciones de riesgo, dificultades o enfermedades durante el proceso del embarazo;
los perinatales, que se dan durante el nacimiento y el bebé puede ser víctima de
cualquier circunstancia peligrosa que ocurra en ese instante, como problemas
respiratorios, asfixia durante el nacimiento, infecciones, entre otros. Y, por último,
están los factores posnatales que ocurren después del nacimiento, aquí el cuidado y la
atención que reciba el bebé es clave, porque una mala nutrición o enfermedades no
tratadas a tiempo, golpes graves o descuidos pueden también determinar su
desarrollo biológico (Eslava, y otros, 2017).

4. El modelo biomédico y el modelo biopsicosocial.

El Modelo Biomédico se centra en la enfermedad, en recuperar las constantes vitales y


el buen funcionamiento del cuerpo, se centra en las dificultades biológicas, el entorno
ejerce poca influencia, todo gira alrededor de la enfermedad. Se puede definir el
“concepto de modelo en la ciencia” como “un esquema básico de comportamiento
que los científicos crean y generan a partir de un conjunto de enunciados teóricos y de
observación considerados verdaderos. Es decir, se encuentran basados en la
racionalidad, en la investigación científica. Lo fundamental del modelo sería su
capacidad deductiva para poder inferir a través de su utilización una serie de ideas y
conclusiones válidas. El modelo se convierte en una síntesis explicativa cuya validez o
utilidad se mide por su habilidad para calcular una serie de enunciados que se
consideran verdaderos”. El Modelo Biomédico parte de un modelo dualista, en el cual
mente y cuerpo estarían separados, la causa de la enfermedad proviene de elementos
externos (bacterias, virus, etc.) o se origina de cambios físicos internos e involuntarios
(genéticos, etc.).

El Modelo Biopsicosocial considera el entorno como una base sobre la que se ha


desarrollado la dolencia, se contextualiza la atención a los estados físicos y biológicos
de la persona en su medio habitual, estudiándose cómo ese medio puede influir en el
estado de salud El modelo biopsicosocial se desarrolló en los años 50-60 por George
Engel, siendo un gran avance formular expresamente que los problemas multicausales
del paciente intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, así como que la
persona se ve afectada por su contexto. Las tres dimensiones son igualmente
importantes. Si solo se tiene en cuenta lo biológico, se irá en detrimento de una
“intervención integral” del paciente. La cultural influye en la naturaleza y la
enfermedad es un proceso múltiple, dinámico e interactivo, con origen y causas
múltiples, que no sólo afectan al organismo, sino también a la mente, a las relaciones
sociales, etc.

En el Modelo Biopsicosocial salud y enfermedad son cualitativamente similares y son


vistos como un continuum, en este caso las personas son vistas como sistemas
complejos y la enfermedad sería causada por múltiples factores y no por un único
factor causal, podrían ser factores biológicos (virus y bacterias) psicológicos
(pensamientos, conductas, emociones) y sociales (economía, familia, comunidad, etc.).
Desde esta perspectiva, el paciente es viso como un ser activo, siendo responsables de
su salud.
5. La conducta determinante de salud y enfermedad.

Se comenzaron a hablar de los grandes determinantes de la salud de los individuos y


de las poblaciones, a partir del estudio presentado por Marc Lalonde en 19741.
Lalonde era un abogado y político que desempeñaba el cargo de ministro de Salud
Pública de Canadá y encargó un estudio a un grupo de epidemiólogos para que
estudiaran, en una muestra representativa, las grandes causas de muerte y
enfermedad de los canadienses. Al final del estudio Lalonde presentó un Informe
denominado: New perspectives on the health of Canadians, que marcó uno de los
hitos importantes dentro de la Salud Pública, como disciplina orientadora del accionar
los servicios de salud encargados de velar por la salud de la población.

Se denominan determinantes de la salud al conjunto de factores tanto personales


como sociales, económicos y ambientales que determinan el estado de salud de los
individuos o de las poblaciones. Se pueden dividir a estos determinantes de la salud en
dos grandes grupos: Aquellos que son de responsabilidad multisectorial del estado y
son los determinantes económicos, sociales y políticos. Y los de responsabilidad del
sector Salud, dentro del accionar del estado en beneficio de la salud de la población,
en lo que se refiere a vigilancia y control en unos casos y de promoción y actuación
directa en otros. Estos factores determinantes de la salud son:

Aquellos relacionados con los estilos de vida.


Los llamados factores ambientales.
Los factores relacionados con los aspectos genéticos y biológicos de la población.
Y, por último, los relacionados con la atención sanitaria o sea los relacionados con
los servicios de salud que se brindan a las poblaciones.
Dichos determinantes abarcan desde factores ambientales, biológicos, conductuales,
sociales, económicos, laborales, culturales y, por supuesto los servicios
sanitarios como respuesta organizada y especializada de la sociedad para prevenir
la enfermedad y restaurar la salud

6. Principios de la conducta saludable y de riesgo.

La conducta de salud es cualquier actividad realizada por una persona mientras se


encuentra sana con el fin de prevenir enfermedades o detectarlas en una etapa
asintomática. El reto de medir la conducta saludable; La obtención de medidas validad
de la conducta resulta difícil cuando se está interesado en una conducta que se
considera “indeseable” o cuando se trata de una conducta privada.
Identificaron factores conductuales clave relacionados con la buena salud.

 Dormir 7-8 horas al día.


 No fumar.
 No ingerir alcohol.
 Hacer ejercicios físicos.
 Desayunar.
 No tener exceso de peso.
10 factores principales de riesgo a escala global según la OMS:

 Bajo peso corporal.


 Elevada presión sanguínea
 Consumo de alcohol
 Deficiencia de hierro
 Colesterol elevado
 Obesidad

7. Concepto general de estrés, crisis y bienestar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como «el conjunto de


reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción». En términos globales
se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia. Cualquier
cambio o circunstancia diferente que se presente ante nuestras vidas, como cambiar
de trabajo, hablar en público, presentarse a una entrevista o cambiar de residencia,
puede generar estrés. Aunque también dependerá del estado físico y psíquico de cada
individuo. Un determinado grado de estrés estimula el organismo y permite que éste
alcance su objetivo, volviendo al estado basal cuando el estímulo ha cesado. El
problema surge cuando se mantiene la presión y se entra en estado de resistencia.
Cuando ciertas circunstancias, como la sobrecarga de trabajo, las presiones
económicas o sociales, o un ambiente competitivo, se perciben inconscientemente
como una «amenaza», se empieza a tener una sensación de incomodidad. Cuando esta
sensación se mantiene en el tiempo, se puede llegar a un estado de agotamiento, con
posibles alteraciones funcionales y orgánicas.

Es frecuente asociar la idea de crisis con dificultad, riesgo y peligro. Sin embargo, la
esencia del concepto está más próxima a la de cambio crucial, significativo o
determinante. Procede de la raíz sánscrita skibh-cortar, separar, distinguir, asimilada
por la voz griega krisis, decidir. El término fue usado por Hipócrates para referirse al
momento en el en el que una enfermedad cambia su curso, para bien o para mal.
Corominas recoge esta rancia raigambre médica al definir la crisis como "mutación
grave que sobreviene en una enfermedad, para mejoría o para empeoramiento", y
añade, como segunda acepción más amplia, "momento decisivo en un asunto de
importancia" La aplicación del concepto de crisis en salud mental presupone un
principio de continuidad psíquica, entendido como una experiencia básica subyacente
a todas las demás. La interrupción de esta vivencia de continuidad es intolerable, y, si
ocurre, debe ser rápidamente reparada. Es evidente que los seres humanos tienden a
buscar una lógica interna en sus vidas, de tal manera que puedan entender su
desarrollo y prever su curso. El sentido de la vida viene dado por esta lógica interna. La
situación de crisis, al romper el flujo continuo de la existencia, fuerza un
replanteamiento vital, obligando, a veces, a la construcción de un nuevo sentido. En la
situación óptima, la aposición progresiva de vivencias personales, críticas o no, asegura
la continuidad psíquica, la unificación de la consciencia y la constitución de una
identidad auto definitoria. Desde esta perspectiva, podemos entender la crisis
como: una experiencia puntual que fuerza al individuo a reconsiderar en un plazo breve
de tiempo el sentido de su vida. De ahí el riesgo y la potencialidad creativa de las crisis.

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