Dinámicas territoriales de la presa Malpaso
Dinámicas territoriales de la presa Malpaso
Resumen
El presente trabajo muestra cómo la construcción de una presa, en este caso la presa Malpaso en
Chiapas, produjo dinámicas territoriales no previstas por la institución que auspició su construc-
ción. A partir de entrevistas realizadas a los habitantes de Raudales Malpaso, y de la consulta de
archivos e informes, principalmente de la Comisión del Río Grijalva, observamos que cada uno de
los actores involucrados presentó dinámicas de apropiación territorial muy particulares. El artí-
culo analiza cómo la visión que cada grupo de actores tiene del territorio sirve para intervenirlo y
apropiarse de éste. La perspectiva sociocultural de la construcción del territorio es adoptada para
analizar la llegada voluntaria de poblaciones asociadas a la construcción de la obra hidráulica: sus
dinámicas territoriales se concretan en el espacio y a través del tiempo, en particular mediante las
actividades laborales y la creación de un poblado permanente. Así el artículo evidencia cómo las
acciones ejecutadas por un Estado pueden generar múltiples dinámicas de apropiación territorial,
fenómeno distinto al desplazamiento de población que se estudia tradicionalmente en relación con
las presas.
I
Licenciatura en Historia por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México. Líneas de interés: territorio, historia, agua y
sociedad. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3803. Correo electrónico: [email protected]
II
Doctorado en Ciencias Políticas por el Institut d’Etudes Politiques de la Universidad de Aix-Marseille III, Francia. Profesora-inves-
tigadora en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México. Líneas de interés: género y
agua, conflictos y cooperación en cuencas transfronterizas, políticas públicas y contextos locales, hidropolítica, territorio y fronteras.
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4238-9782. Correo electrónico: [email protected]
2 Dinámicas territoriales en torno a la construcción de la presa Mal Paso,
Chiapas (1960-2011): construir, trabajar y permanecer
Abstract
This paper shows how the construction of the Malpaso dam in Chiapas produced territorial dyna-
mics unforeseen by the institution that sponsored its construction. Based on interviews with the
inhabitants of Raudales Malpaso, and the consultation of archives and reports mainly from the
Grijalva River Commission, we observed that each of the stakeholders involved had very parti-
cular territorial appropriation dynamics. The article analyzes the way the vision of each group of
actors of the territory serves to intervene and appropriate it. The socio-cultural approach to the
construction of territory is used to analyze the voluntary arrival of people associated with hydrau-
lic works. Their territorial dynamics are expressed in space and time particularly through labor
activities and the creation of a permanent settlement. The paper demonstrates how state actions
can create multiple dynamics for the appropriation of territory, a different phenomenon from the
displacement traditionally studied in relation to dams.
Introducción
Ubicada en el noroeste de Chiapas, se encuentra la presa Netzahualcóyotl, nombre oficial otorgado
por sus constructores, pero conocida como presa Malpaso. Al norte, el embalse de esta presa colin-
da con el estado de Tabasco; al sur, con el municipio de Ocozocoautla; al este, con el municipio de
Tecpatán, y al oeste, con el estado de Oaxaca.
La presa Malpaso fue construida entre 1960 y 1964, por las compañías constructoras del
Consorcio Raudales S.A. (CORSA). Al ser empresas totalmente mexicanas las que participaron en
su construcción, la presa fue considerada un orgullo de la ingeniería mexicana. Cabe subrayar que
dos instancias públicas intervinieron en su construcción: la Comisión del Río Grijalva (CRG) para
el embalse, y la Comisión Federal de Electricidad en la edificación de la central hidroeléctrica. La
cortina tiene 478 metros de longitud y 137.5 metros de altura (CFE, 1966) y su capacidad de al-
macenamiento es de 12 960 millones de metros cúbicos en un área de embalse de 30 mil hectáreas
(CFE/CRG, 1964). Su objetivo inicial era el control de avenidas máximas, la producción de energía
eléctrica, la irrigación y la navegación (CFE, 1966). A lo largo de los años, de sus cuatro propósitos
iniciales, la producción de hidroelectricidad se ha convertido en el principal objetivo, dejando los
otros tres sin concretarse, como lo indica la información del trabajo de campo. Esta presa forma
parte del llamado complejo Grijalva localizado a lo largo del río del mismo nombre, integrado por
cuatro presas y fue la primera en ser edificada (Figura 1).
A mediados del siglo XX, la gestión del agua enfocada a las cuencas como pauta para el desarrollo
de regiones consideradas como rezagadas fue adoptada por instituciones del gobierno federal en
México. En 1947, con la creación de la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH), institución en la
cual se concentraron las funciones de la Secretaría de Agricultura y Fomento y la Comisión Na-
cional de Irrigación (CNI) (Aboites-Aguilar, 1998) se buscó poner en práctica en México el modelo
del Tennessee Valley Authority (TVA) de Estados Unidos. Este modelo de gestión de cuencas se
apoyaba en la hidráulica para desarrollar un área determinada (Kauffer-Michel, 2013; 2014). Es
así como la SRH instauró las Comisiones de Cuencas para llevar a cabo “el desarrollo integral de
una cuenca hidrológica” (Shapira, 1973: 139). Creadas a finales de 1940 y principios de la segunda
mitad del siglo XX, éstas llevaron a cabo la construcción de obras hidráulicas, especialmente pre-
sas, para impulsar el desarrollo regional en las principales cuencas hidrográficas del centro y sur
del país (CONAGUA, 2009; Arellano-Monterrosas, 2013).
En Chiapas, dicho modelo de gestión de cuenca llevó a la creación de la Comisión del Río
Grijalva (CRG) que tuvo como objetivo construir obras de defensa, presas de almacenamiento para
el control de inundaciones, encauzamiento de corrientes y generación de energía hidroeléctrica,
con el fin de llevar el “progreso y el desarrollo” a la cuenca del río Grijalva, la cual comprende
áreas de los estados de Tabasco, Chiapas y Oaxaca (DOF, 1951: 4). Las notas periodísticas de los
años 1960 a 1964 nos muestran que la presa era considerada de gran importancia no sólo a escala
nacional, sino también en el ámbito local, pues era una de las más grandes de Latinoamérica: así
se desarrolló una narrativa de la prensa chiapaneca acerca de los grandes beneficios nacionales
vinculados con la construcción de la presa. El discurso pretendía enaltecer el orgullo de la pobla-
ción chiapaneca que ponía a disposición de la federación sus recursos naturales; en este caso, el
imponente río Grijalva (El Sol de Chiapas, 1960).
El presente trabajo analiza el proceso de apropiación territorial por parte de los distintos
actores relacionados con la construcción de la presa a lo largo de un periodo que se extiende más
allá de la conclusión de la obra. Se trata de cinco grupos de actores: la institución encargada de la
construcción de la obra, la CRG; los trabajadores de las compañías constructoras; los trabajadores
de la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH); los comerciantes, y los habitantes locales. Cada
grupo de actores se apropió del territorio de una forma específica; situación que puede observarse
en la ocupación y la división del espacio, la construcción de las infraestructuras y el aprovecha-
miento de los recursos naturales.
Cabe subrayar que el texto no aborda la temática del desplazamiento de poblaciones por
tres razones. En primer lugar, la investigación propone enfocarse en una dinámica de atracción
asociada con la obra, a diferencia de la literatura que analiza tradicionalmente las reubicaciones
(Mcmahon, 1990; Aronsson, 1992; Bartolomé y Barabas, 1992; Gallart-Nocetti y Greaves-Laine,
1992; Molina-Ramos, 1992; Aguirre, 1995; García-García, 2005; Gallardo-Zavaleta, 2011). En se-
gundo lugar, no se abordó el desplazamiento porque los archivos no permitieron ubicar a la po-
blación desplazada, ya que fueron pocos los pobladores que se reasentaron en Raudales Malpaso.
En tercer lugar, la investigación se centró en el fenómeno que surgió con el antiguo campamento,
dejándose sin abordar la escala regional.
Para este trabajo se realizó una búsqueda de documentación generada entre 1960 y 2011
acerca de la construcción de la presa Malpaso y del campamento CORSA: documentos oficiales,
informes de gobierno y periódicos. En paralelo, se realizaron entrevistas semiestructuradas, lo que
permitió recrear la ocupación del campamento CORSA y las dinámicas de apropiación de los dis-
tintos actores. Lo anterior fue complementado con recorridos de campo en la central hidroeléctrica
y en el poblado. Se realizó la sistematización de la información de las fuentes escritas y orales para
contrastar la visión oficial que se encontró en los documentos con la perspectiva de los actores que
vivieron el proceso, para evidenciar que cada uno de los grupos de actores que interactuó en la
construcción de la presa, construyó y se apropió del territorio de forma particular.
El artículo aborda las dinámicas de apropiación territorial por parte los cinco grupos de
actores y está organizado en cuatro apartados. La primera sección aborda el concepto de territorio
y de apropiación territorial a partir de un enfoque sociocultural. El segundo apartado expone la
visión de la Comisión del Río Grijalva y su intervención en el territorio con la construcción de la
presa Malpaso. El tercer apartado se centra en las dinámicas de apropiación por parte de los acto-
res sociales: con ello pretendemos mostrar que no sólo las instituciones gubernamentales pueden
construir una visión y una apropiación de un territorio, sino los actores sociales hacen lo propio
a partir de la visión, de la valoración y de las reivindicaciones que surgen en torno a éste. Final-
mente, el apartado cuatro muestra cómo este proceso de apropiación territorial por parte de los
comerciantes, principales impulsores de cambios, hace del espacio social relacionado con la presa
un territorio en constante construcción, lo cual permite reafirmar una relación estrecha y origina-
ria entre el territorio construido y la obra hidráulica.
Vidal de La Blache (Schneider y Payré, 2006) propusieron la noción de región en contraste con el
concepto de territorio propuesto por Ratzel (citado por Schneider y Payré, 2006). El concepto de
región logró ocupar un papel primordial y desplazó a otros conceptos, como aquellos de paisaje y
de territorio, siendo este último asociado con el imperialismo y el fascismo europeo. Sin embargo,
en 1970 Jean Gottmann volvió a utilizarlo en la literatura, a partir de la cual se explica su de-
sarrollo en los últimos años hasta llegar al siglo XXI. En América Latina, autores como Mança-
no-Fernandes (2008), Sosa-Velásquez (2012), Damonte-Valencia (2011) y Haesbaert (2013) han
reflexionado sobre el territorio, desde una perspectiva que no solamente se centra en el sustrato
físico, sino en los actores sociales. El presente apartado aborda el concepto de territorio desde el
enfoque constructivista además de mostrar las formas de operar de la apropiación territorial a
partir de los actores.
El territorio es producido, construido y elaborado por los actores sociales en sus interaccio-
nes con las diversas realidades que lo conforman: se construye a partir de fenómenos de apropia-
ción. Los actores locales producen sus propios territorios, los cuales no corresponden con los límites
administrativos de un Estado o de una división subnacional. Así Lefebvre (1974), en el marco de la
geografía marxista, planteó ir más allá del Estado y de su producción del espacio para considerar
el espacio como social, producido y susceptible de ser leído y descifrado. A la par del espacio social,
el autor desarrolla el llamado espacio mental, es decir el espacio vivido, percibido y concebido por
los diversos actores y por tanto un espacio político. La noción de territorio como espacio político
“relacional” ha sido en particular desarrollada por Haesbaert (2011; 2013). Entre los autores que
han contribuido a la visión del territorio o del espacio como fenómeno social y dinámico destacan
también los geógrafos Raffestin (1993) y Santos (2000).
…construcciones sociales que fijan los límites y definen un determinado espacio físico-social nutrién-
dose de una o varias narrativas territoriales. Los territorios se fundan en narrativas territoriales
articulándolas en un proyecto político que busca no solamente describir sino ejercer dominio sobre
un espacio determinado (Damonte-Valencia, 2011: 20).
…el territorio como construcción social se explica desde la complejidad del ser humano y esa com-
plejidad es lo que se intenta recuperar (…) se desarrolla un enfoque que recupera la perspectiva y
representación que del territorio tiene la ciencia social que lo estudia (perspectiva ética) y la perspec-
tiva y representación del territorio desde los actores o sujetos sociales que lo construyen (perspectiva
émica) (Sosa-Velásquez, 2012: 17).
El territorio se configura con una serie de elementos complejos, como el ámbito social, cultural, eco-
nómico, político, biológico y físico. En esta configuración es importante la localización y distribución
de estos elementos y la forma en que se relacionan con otros territorios. En esta configuración, el
espacio se une con las relaciones sociales, formando una compleja red (Sosa-Velásquez, 2012).
De acuerdo con lo expuesto por Sosa-Velásquez, la apropiación territorial genera una territoriali-
dad, donde se expresan relaciones de poder, debido a que: “la territorialidad es la forma espacial
primaria del poder” (Sack, 1997: 203). La interacción social que se desarrolla en un espacio no es
neutra, los individuos no se desplazan en él por pura inercia (Sack, 1997). Cuando se establecen
en un lugar determinado, lo afectan, influyen en él y controlan no sólo el acceso a los recursos, sino
las actividades y las ideas en torno a él. Es a través de la delimitación de un espacio que funciona
la territorialidad, al controlar e influir en el territorio y los elementos materiales y humanos exis-
tentes en su extensión.
(1997) existen tres conexiones dentro de la territorialidad específica que nos ilustran cómo ésta
opera. En primer lugar, el proceso de territorialidad funciona a través de la definición de áreas
integradas por elementos que diferencian lo propio de lo ajeno. En segundo lugar, existe una forma
de comunicación dentro de una territorialidad específica. Un muro o un río que separa un país de
otro, además de diferenciar un territorio de otro, también simbolizan lo que está bajo la posesión
de cierto grupo o entidad y lo que escapa a su control. Y, por último, existe una tendencia a reforzar
el control del acceso, clave para el ejercicio de la territorialidad.
resultado de la apropiación social del espacio, de su contenido, en donde juegan un papel impor-
tante lo significativo y los procesos de construcción de identidades territoriales que permiten y
generan la organización y estructuración social, el surgimiento de normas y negociaciones a escala
territorial, que conciben el futuro compartido y la construcción de un proyecto común al interior
del territorio ubicado por el sujeto o los sujetos con identidades específicas y construidas (Sosa-Ve-
lásquez, 2012: 24).
Este artículo se propone analizar las dinámicas de apropiación territorial que se dieron
por parte de los diferentes grupos de actores que intervinieron en la construcción de la obra de
Malpaso o que se sumaron a este proceso de forma voluntaria, como los comerciantes, o bien indi-
rectamente, como es el caso de la población local. Sin embargo, este proceso incluye también las
instituciones que construyen sus propios territorios para dominarlo, tal como lo hizo la Comisión
del Río Grijalva (CRG).
En 1951, por decreto presidencial, fue creada la Comisión del Río Grijalva (CRG), organismo que
tenía a su cargo el desarrollo integral de la cuenca del mismo nombre además de un área más
amplia. Para la CRG, la región comprendida dentro de la cuenca estaba inmersa en un atraso
económico y social, debido a las inundaciones provocadas por el caudaloso río Grijalva y por la
insalubridad derivada de la ausencia de un desagüe natural. Desde esta perspectiva, el desarrollo
sólo podía ser posible mediante la construcción de obras que controlaran las avenidas máximas del
río, además del fomento de la agricultura tecnificada y de la generación de energía hidroeléctrica
(DOF, 1951).
Previamente a la construcción de la presa Malpaso, la Comisión del Río Grijalva en 1955 realizó
una serie de estudios en la cuenca del río Mezcalapa —nombre que se le da al río Grijalva al llegar
a la cuenca baja—, con el propósito de encontrar el lugar idóneo para la construcción de presas
de almacenamiento y controlar los grandes volúmenes del río Grijalva que año con año causaban
inundaciones (Robles-Ramos, 1955).
La construcción de una presa en la cuenca del Grijalva suponía un elevado precio compara-
da con otras presas en la República mexicana, debido a una serie de elementos que caracterizaban
al territorio: el difícil acceso, las condiciones climáticas y la ausencia de mano de obra calificada
(Bistraín, 1955). La presa Malpaso atrajo la atención del gobierno local hacia un territorio que
durante muchos años había permanecido incomunicado con Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado
de Chiapas. Este territorio permaneció abandonado tanto por el gobierno de Chiapas como por la
federación, y su súbita importancia se vio reflejada en la construcción inmediata de caminos para
conectarlo con Tuxtla Gutiérrez.
Colocar los productos de la región en la capital e impedir la fuga de capital hacia el vecino
estado de Tabasco —con el cual el área tenía mayor comunicación antes de la construcción de la
presa—, eran las prioridades del gobierno local, además de la apertura a otros mercados; realidad
que se hizo tangible con la presencia de la federación en el territorio mediante la aparición de
nuevas vías de comunicación. La construcción de obras es ilustrativa de un proceso de territoriali-
zación que se concretó en una empresa de dominio, característica de los actores hegemónicos, vista
desde una perspectiva política del territorio (Haesbaert, 2011).
En febrero de 1961 comenzaron las gestiones para construir una carretera que comunicara
el sitio de construcción de la presa con el centro de la entidad. El gobernador de Chiapas, Samuel
León Brindis, buscó el apoyo del gobierno federal, de la Secretaría de Recursos Hidráulicos y del
sector privado para esta obra. Tuvo una respuesta favorable entre la iniciativa privada regional (El
Sol de Chiapas, 1961a). Tal como lo subraya la prensa chiapaneca, la carretera era fundamental
para desenclavar la región, y su construcción permitía que los agricultores colocaran sus productos
en el centro de la entidad (El Sol de Chiapas, 1961b). Además, comerciantes de Tuxtla Gutiérrez,
Ocozocoautla y San Cristóbal de Las Casas venderían sus productos en el campamento de Rauda-
les y de esta forma lograrían que el capital gastado en productos básicos permaneciera en territo-
rio chiapaneco y no en Tabasco, como estaba sucediendo por falta de vías de comunicación entre
la obra y la capital chiapaneca (El Sol de Chiapas, 1962). El periódico El Sol de Chiapas era muy
insistente al momento de resaltar la urgencia de un camino que conectara a la presa con al menos
la capital del estado.
Las condiciones climáticas, las altas precipitaciones y la insalubridad eran otros elementos
que caracterizaban al territorio y elevaban los costos de la obra hidráulica desde la perspectiva de
la CRG. Ésta consideró un aumento en los rubros de previsión social y de prestación de servicios.
Así, en la zona donde se construyó la presa Malpaso, se realizaron de forma constante campañas
contra el paludismo (El Sol de Chiapas, 1961c; entrevista con Fuentes O., 3 de diciembre de 2015,
Raudales Malpaso; entrevista con Martínez F., 9 de abril de 2016).
En la región no existe buena mano de obra calificadas para verificar los trabajos de construcción y
habrá que pagar buenos salarios y hacer enganches de personal en otras regiones inclusive para
trabajos simples como: desmontes y terracerías (Bistraín, 1955: 17)”.
Así, la construcción del territorio que lleva a la edificación de la presa se sustenta en una visión
de la CRG —un espacio social cuya concepción tiene correspondencias con la caracterización de
Lefebvre (1974)— y un territorio donde confluyen las relaciones de poder a partir de ciertas condi-
ciones locales e intereses que se articulan, en este caso, en torno a la obra hidráulica, sobre la cual
se toman decisiones que se traducen en intervenciones concretas. La apropiación del territorio se
traduce en una empresa de dominio ingenieril a través de las obras construidas y culmina con la
megaobra hidráulica.
La construcción de la presa Malpaso empezó en 1960 (El Sol de Chiapas, 1960a) y concluyó en
1964 (El Sol de Chiapas, 1964), siendo una de las presas del complejo Grijalva construida con
mayor rapidez. Constituye la expresión misma del dominio de las instituciones sobre el territo-
rio y de las relaciones de poder que se juegan en las interacciones entre actores. Es importante
señalar que la presa y la central hidroeléctrica fueron construidas por diferentes instituciones.
En la edificación de la presa Malpaso intervino la Secretaría de Recursos Hidráulico (SRH), la
cual estuvo a cargo de la obra, mientras que la central hidroeléctrica fue diseñada por la empresa
paraestatal Comisión Federal de Electricidad (CFE). Ésta inició su construcción en 1963 (El Sol
de Chiapas, 1963a), y se decidió que fuera subterránea y no exterior. Por cuestiones económicas,
se estableció en una caverna (CFE, 1966).
La importancia de esta presa para el sexenio de Adolfo López Mateos se relaciona con la na-
cionalización de la industria eléctrica, realizada en 1960 con el propósito de extender la cobertura
de electricidad y acelerar la industrialización del país (CFE, 2017).
Desde que inicié mi gobierno, tuve el convencimiento de que el desarrollo del país estaba íntimamen-
te vinculado con la creciente electrificación del mismo, y que era conveniente realizar cuanto esfuer-
zo e inversión se requirieran para incrementarla. Como además la energía eléctrica ha alcanzado
mundialmente un rango superior al de los combustibles en las necesidades primarias de las nue-
vas economías, la administración pública no podía desentenderse de los problemas que presentaba,
máxime cuando en México hemos sostenido tradicionalmente la tesis de que los recursos naturales y
las fuentes de energía básicos, han de estar al servicio del desarrollo y de la elevación de los niveles
de vida del pueblo mexicano (López, 1960: 83).
Además de construir una presa para el objetivo anunciado de controlar inundaciones en la parte
baja de la cuenca, el aprovechamiento del caudaloso río Grijalva para la producción de energía
hidroeléctrica se convirtió en una prioridad de primer orden para la CRG, la SRH y el Estado
mexicano.
expropiar miles de hectáreas al considerarlas de utilidad pública (DOF, 1963). Los intereses de
una nación se imponían a los individuales y colectivos establecidos a escala local a partir de la de-
limitación del territorio de la obra, lo cual resalta la dimensión profundamente política del mismo,
como varios de los autores antes citados, en particular Haesbaert (2011), señalan.
En cuanto a los recursos humanos, la población era en su mayoría rural, con un 72.3 % y
urbana con 27.7 %, lo cual evidencia que la actividad agropecuaria dominaba en el estado (SRH/
CRG, 1975: 9). La perspectiva que la CRG tenía del territorio era la siguiente:
Para lograr un desarrollo más acelerado del Estado, es necesario aprovechar mejor los recursos hu-
manos, mejorar y ampliar la red caminera, las obras de irrigación, los programas de bienestar social
y en general todas las obras de infraestructura; así como también lograr la tecnificación tanto en la
agricultura como de la ganadería y apoyar la incipiente industrialización (SRH/CRG, 1975: 12).
Vemos que para la CRG los recursos naturales y humanos estaban desaprovechados, incluso diez
años después de la construcción de la presa Malpaso. Es una visión que está presente en los do-
cumentos de la SRH desde la década de los años cincuenta. Una de las formas de apropiación
territorial se expresa a través de la delimitación del área de edificación de la obra donde la CRG
ejerció sus competencias a partir del acuerdo de su creación y se concreta mediante el decreto de
expropiación que le permitió ejercer su autoridad y disponer del territorio para la construcción de
la obra al convertirlo en propiedad federal.
La construcción de la presa y todos los eventos asociados visibilizaron el poder del Estado
y la dominación del territorio en varios sentidos. Encontramos la dominación de la naturaleza
mediante el control de la corriente y la transformación del espacio físico de un lugar alejado y peli-
groso, percibido como “vacío” por el Estado, en un “templo de la modernidad” cuya representación
está plasmada en una obra plástica que figura en la cortina. Haesbaert (2013) menciona cómo los
grupos hegemónicos tienden a territorializar mediante la dominación: este doble proceso de domi-
nio se concretó mediante la construcción en un territorio que expresa las relaciones de poder en un
espacio concebido, delimitado, construido.
1
Hasta el momento, no hemos encontrado archivos que proporcionen datos sobre cuántas personas fueron desplazadas por la inunda-
ción del embalse de la presa Malpaso. Las personas estaban asentadas en Quechula, localidad zoque que quedó sepultada por la presa,
la cual contaba con 985 personas en 1950 y solamente 284 en 1960, según los censos de población de ambas fechas.
rió la construcción de servicios públicos para satisfacer las necesidades básicas de esta población
considerada de tipo flotante por el gobierno federal. Además de las herramientas y materiales de
construcción, al territorio ingresaron trabajadores tanto calificados como no calificados: ingenie-
ros, directivos, técnicos, administrativos, profesores y obreros especializados y no especializados,
procedentes de diversas partes del país en su mayoría, y algunos del estado de Chiapas. La pobla-
ción de las localidades cercanas no fue empleada en la construcción de la obra debido a las espe-
cificidades de los empleos y a las características de los habitantes del área, quienes se dedicaban
a la agricultura. Es importante señalar que la construcción de todo el complejo hidroeléctrico se
realizó en dos etapas: la primera comprendió la construcción de la presa, la cual estuvo a cargo
exclusivamente por el Consorcio Raudales, y la segunda, la edificación de la central hidroeléctrica,
realizada por la Comisión Federal de Electricidad.
Para albergar a poco más de los 10 mil trabajadores se construyeron tres campamentos en
las inmediaciones del sitio donde se edificó la cortina de la presa: el campamento Chintul, el cam-
pamento Tortuguero y el campamento CORSA (Consorcio Raudales S. A.). Además de un grupo de
personas de las rancherías de la zona que llegaron a instalarse en los límites de los campamentos
(CFE/CRG, 1964; Mejía, 2012). En el Campamento Chintul y Tortuguero se instalaron los traba-
jadores de la CRG, encontrándose en el primero las oficinas de la SRH, donde se emitían todos los
documentos relacionados con las indemnizaciones.
Fuente: Secretaría de Recursos Hidráulicos (Comisión del Río Grijalva), 1963. Ubicado en el Centro Documental de Estudios Sobre el
Agua (CDEA). Villahermosa, Tabasco.
Fuente: Secretaría de Recursos Hidráulicos (CRG), sin fecha. Mapa en archivo del Centro Documental de Estudios Sobre el Agua
(CDEA), Villahermosa, Tabasco.
Los campesinos sin tierra eran habitantes locales que habían sido afectados por la construcción de
la presa y que no habían aceptado la reubicación en el poblado de Nuevo Quechula o en Veracruz
por una cuestión de relación afectiva con el territorio, o bien porque no habían logrado concluir los
trámites necesarios para la restitución de sus tierras y habían perdido su casa y terrenos. Hasta el
momento no se ha encontrado en algún archivo los censos de población realizados por la SRH o la
CRG, y por lo tanto se desconoce cuántas personas fueron desplazadas por la construcción del em-
balse de la presa. Algunas fuentes estiman que fueron aproximadamente 1 500 zoques (Rodríguez,
2012). Sin embargo, el Censo de Población de 1950 establece una población total de 985 personas
que se redujo de forma muy notable para 1960: solamente quedaban 284 habitantes. Esta relativa
poca población en una extensión de tierra considerada como extensa y por lo tanto deshabitada
desde la visión externa del Estado, permitió evitar un conflicto agrario en dicho lugar.
Cabe mencionar que diversas fuentes mencionan 28 ranchos en 1950 y 41 propiedades in-
demnizadas, lo cual es corroborado por una de las comunicaciones entre la CRG y el Departamento
de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC), donde la primera le solicita urgentemente al DAAC
que verifique si donde construirán la presa hay ejidos o no. Esta correspondencia evidencia que nin-
guna de las dos instancias conocía el tipo del régimen de esas tierras, lo que retrasó la publicación
en el DOF de la declaración de utilidad pública de esas tierras para la construcción de la presa.
Efectivamente, al ser propiedad privada, la potencialidad de movilización social era más reducida
que en el caso de una tenencia sustentada en una organización social como el ejido. Sin embargo,
varias solicitudes de dotación ejidal estaban en curso cuando la población fue desplazada.
Dentro del mismo campamento, cada trabajador tuvo su propio espacio para establecerse,
lo que nos indica que existía una división del territorio, y, por ende, una dinámica territorial orga-
nizada en función de los propios trabajadores de la presa. De tal forma que las dinámicas internas
y externas de un territorio y sus relaciones fueron elementos clave de la apropiación territorial
durante la realización de la obra. Esta jerarquización interna y la cualidad de impenetrable del
campamento comenzaron a perderse paulatinamente cuando la construcción de la presa concluyó
y comenzaron a retirarse los distintos grupos de trabajadores: así, el abandono del control territo-
rial por parte de los actores hegemónicos fue sucedido por la apropiación territorial de los demás
actores.
Las Figuras 2 y 3 plasman con claridad la jerarquización del territorio entre los distintos
campamentos a partir de su distribución y precisa delimitación del espacio por parte de la CRG,
que fue la entidad encargada de emprender las acciones de territorialización. Así, la Figura 2
muestra la centralidad del campamento CORSA y el mayor alejamiento de los demás en su extre-
mo norte. Por su parte, la Figura 3 representa el interior del campamento CORSA —el de mayor
categoría— y sus subdivisiones, su total centralidad en el poblado y cercanía con los principales
servicios, además de la ubicación de la llamada Ciudad perdida —cuyo nombre indica con claridad
su subalternidad—. Es fundamental subrayar que el área —visitada en la actualidad— presenta
una topografía accidentada y con elevaciones, de tal forma que los terrenos de la Ciudad perdida se
encuentran efectivamente más alejados de los centros de actividad, donde al día de hoy se ubican
como núcleo las oficinas de la CFE, la cual administra la presa, la terminal de autobuses y la zona
comercial.
múltiple del espacio se plantea a través de la construcción de la presa, de las decisiones acerca
de la localización de los distintos grupos en el espacio y de un control del acceso al territorio en
función de su posición privilegiada en las relaciones de poder. Así a los límites evidenciados por
Guttmann como elemento constitutivo del territorio se suman las relaciones de poder que expre-
san, para retomar las categorías de Haesbaert (2011: 16), un “dominio (político-económico)” como
aquel descrito en las páginas anteriores en relación con la CRG acerca de las divisiones del espa-
cio en el campamento así como una “apropiación (simbólico-cultural)” del mismo que podremos
observar a través de los demás grupos de actores subalternos, tal como la denominación “Ciudad
perdida” lo evidencia.
En 1960, iniciaron las primeras acciones para la construcción de la presa Malpaso. De forma para-
lela a este hecho, un grupo de personas procedentes de Puebla ingresó al territorio: eran parte de
una misma familia. Su objetivo principal fue trabajar como peones en la construcción de la presa,
pero al percatarse de la situación que se vivía dentro del campamento y de la falta de alimentos
para una población de trabajadores que crecía, además de la cantidad de dinero en efectivo que
circulaba en su interior, decidieron comerciar con productos que pudieran satisfacer las necesida-
des básicas del grupo flotante de trabajadores (entrevista con Reyes E., 7 de noviembre de 2015,
Raudales Malpaso).
De igual forma, pone en evidencia que los grupos sociales actúan sobre el territorio —y por
ende se convierten en actores sociales— y que la apropiación territorial se traduce en ocupación y
posesión del espacio que, en ciertos casos, como el de la CRG, configura una empresa de dominio,
y en otros, como el que describimos aquí, presenta otras características. El grupo de comerciantes
Mis hermanos eran campesinos, entonces [...], ellos ya no querían ser campesinos, y se vinieron con
un tío a trabajar aquí a Malpaso (Entrevista con Reyes L.., 7 de noviembre de 2015, Raudales Mal-
paso).
Pocos años permanecieron instalados en el campamento Chintul, pues en 1962 gracias a las
gestiones de la Cámara de Comercio de Malpaso, que tenía pocos meses de haber sido integrada
por los mismos comerciantes, consiguieron tener un espacio para poder comerciar sus productos a
los trabajadores (Rivadeneyra H., 3 de diciembre de 2015, Raudales Malpaso). Es así como en el
centro del campamento CORSA se construyó la zona comercial y los comerciantes se desplazaron
para ocupar dicho espacio.
Este logro de los comerciantes permite, por un lado, afirmar su papel como actores del te-
rritorio y por el otro, asentar sus formas de apropiación en estas relaciones de poder reveladas por
Otro aspecto revelador de la construcción del territorio llevada a cabo por los comerciantes
fue la decisión de edificar un espacio de reproducción social: la iglesia católica, que fue construida
a partir de la necesidad de tener un lugar apropiado para realizar sus ceremonias religiosas y
reproducir la vida social de su lugar de procedencia. La iglesia fue construida en uno de los campa-
mentos que fue deshabitado al terminar las obras de la presa de Malpaso en 1966, a iniciativa de
los comerciantes y demás personas que decidieron quedarse en el campamento, quienes se unieron
para edificar ese espacio de culto; acción que se relaciona con la función de reproducción social del
territorio (Haesbaert, 2011: 67).
La población local que vivía en el área cercana antes de la construcción de la presa tuvo poca
participación en la formación y consolidación del pueblo de Raudales Malpaso. La mayoría de los
habitantes de Quechula, pueblo inundado por el embalse, pero que se localizaba fuera del terri-
torio ocupado por el campamento, fueron relocalizados en los centros de población designados por
la CRG. Sin embargo, un número incierto de pobladores prefirieron asentarse en los límites del
campamento CORSA para laborar en actividades domésticas o de desmonte. A pesar de ser un
grupo reducido, consideramos que debe ser tomado en cuenta para observar que también existe
una visión y apropiación del territorio por parte de sus integrantes, quienes fueron afectados di-
rectamente por la edificación de la obra y se convirtieron en actores de su propio proceso de terri-
torialización.
Los habitantes locales hacen una clara diferencia entre su lugar de vida anterior, Que-
chula, y el nuevo territorio que habitaron después de la inundación y que responde al nombre de
“Raudales Malpaso”, pueblo que surgió junto con la construcción de la presa. La palabra “raudales”
está íntimamente relaciona con la fuerza del río que atraviesa la presa, el Grijalva, mientras que
el término de “malpaso” está vinculado con las características geográficas del territorio y su difícil
acceso, desde la visión local. De hecho, efectivamente la topografía de Raudales Malpaso sigue
accidentada y no permite aún a la fecha apreciar la totalidad de su territorio: un sinuoso camino
lleva al visitante entre los diferentes núcleos que corresponden a los antiguos campamentos desde
la cortina hacia un punto donde se observa el embalse por una de sus extremidades.
Así, los habitantes locales realizaron gestiones para que la SRH cediera estas casas para
ocuparlas. Otros decidieron quedarse en las orillas del campamento donde construyeron sus casas
(Gómez V., 9 de abril de 2016, Raudales Malpaso). En un contexto de relaciones de poder desfavo-
rables, este grupo de actores se posesionó del espacio físico en dos momentos: en una primera fase,
mediante su instalación en un asentamiento improvisado y marginado en términos espaciales y de
servicios en Ciudad perdida, y en un segundo periodo, a través de la negociación para su traslado
al corazón del territorio en condiciones de reconocimiento por parte de los actores que ejercieron
previamente dominio sobre el mismo.
Ello es muy ilustrativo de las relaciones de poder que atravesaron el territorio, de sus trans-
formaciones a lo largo del tiempo y de la ausencia de disputa abierta entre los actores sociales. Sin
embargo, no significa que la construcción de la presa fuera saludada de forma unánime por todos
los actores, los cuales no percibieron de la misma forma su edificación. Tampoco todos fueron bene-
ficiados de una manera homogénea, incluso algunos no consideran que existió un beneficio: “No nos
pagaron, ni a mi papá, a nadie nunca nos pagaron. Mi papá perdió mucho cacao, cafetal, todo eso,
lo que ellos cosecharon, y nunca les pagaron” (Gómez V., 9 de abril de 2016, Raudales Malpaso).
De acuerdo con las actas de catastro realizadas por el personal de la CRG, todos los predios
rústicos —propiedad privada— que fueron afectados por la construcción de la presa Malpaso fue-
ron contabilizados e indemnizados (AHA, exp.11590, 1962: 1-5). Sin embargo, para tomar posesión
de la casa y cobrar el finiquito de la indemnización, los habitantes tenían que realizar los trámites
correspondientes. Probablemente esta serie de movimientos, aunados al hecho de que la mayoría
de los desplazados no sabía leer o escribir, impidieron un seguimiento debido y, por ende, provo-
caron la ocupación de un espacio muy cercano a su lugar de origen para reinstalarse en lugar de
tramitar su indemnización o el llamado “reacomodo” por parte de la CRG, es decir su reubicación
en otro asentamiento ubicado a un costado de la presa en Nuevo Quechula, hoy municipio de Tec-
patán, así como en Veracruz.
Los centros de población creados para los reubicados que no estaban próximos a la presa,
tampoco contaban con los beneficios inmediatos que ésta proporcionaba. Por ello algunos desplaza-
dos buscaran asentarse cerca del campamento CORSA, donde se ubicaban los servicios colectivos
y la zona comercial (entrevista con Gómez V., 9 de abril de 2016, Raudales Malpaso).
De forma irregular desde la perspectiva de las reglas y de los parámetros de división es-
pacial establecidos por las instituciones gubernamentales, estas familias se instalaron en los lí-
mites del campamento y buscaron una fuente de ingreso. Las mujeres ingresaron al campamento
y se contrataron para realizar labores domésticas, mientras que los hombres fueron contratados
para realizar labores de desmonte en el área que ocuparía la presa (entrevistas con Gómez V.,
9 de abril de 2016, Raudales Malpaso; Fuentes O., 3 de diciembre de 2015, Raudales Malpaso).
A pesar de que el campamento CORSA contaba con una delimitación bien definida, este acon-
tecimiento evidencia la porosidad de los límites de este territorio. Esta cualidad facilitó el libre
tránsito dentro y fuera del campamento por parte de los distintos actores, aunado al crecimiento
poblacional que permitió que sus habitantes buscaran su posterior reconocimiento como mu-
nicipio libre. Así, las relaciones de poder que definen los territorios no son estáticas frente a la
expresión por parte de los actores sociales de sus múltiples formas de territorialización a través
del espacio y a lo largo del tiempo.
Esta última parte aborda las gestiones que los comerciantes realizaron a lo largo de casi cincuenta
años para poder lograr que su territorio fuera reconocido como un municipio libre, y separarse del
municipio al cual pertenecía desde la ocupación del campamento: Tecpatán.
Son dos los acontecimientos principales que resultan de importancia para entender un ele-
mento clave de la apropiación territorial del grupo heterogéneo que decidió quedarse en la loca-
lidad, integrado por trabajadores de la construcción de la presa, comerciantes y habitantes de la
zona. A pesar de su distancia en el tiempo, 1970 y 2011 constituyen los años clave para entender
el proceso de apropiación territorial de los actores en el periodo posterior a la construcción de la
presa, y que corresponde con la transformación del campamento en poblado y luego en municipio.
En el primer apartado, vemos que la necesidad de los comerciantes de ser reconocidos den-
tro del territorio apareció poco después de su instalación en el campamento. Sin embargo, las au-
toridades chiapanecas se negaron en un primer momento a reconocer el territorio como un espacio
distinto y desligado de la presa. En 1970, los comerciantes, a partir de argumentos que los vincula-
ban al estado de Chiapas y sobre todo a la presa, los actores que se quedaron en el sitio intentaron
nuevamente la búsqueda del reconocimiento legal del territorio, sin lograr su objetivo hasta el año
2011 cuando interviene el segundo evento, la creación del nuevo municipio.
1.- Que la Población de Raudales de Malpaso, Chis., y sus zonas lacustre y sierra, sean declaradas
Municipio Libre, reconociéndonos y otorgándonos como límites legítimos los que tuvo el antiguo Mu-
nicipio de Quechula.
2.- Que la población de Raudales de Malpaso, se le llame únicamente Malpaso, siendo dicha pobla-
ción la cabecera municipal, y que a todo el municipio se le designe con el nombre de “Nuevo Quechula
de Juárez, Chiapas”, en virtud de que al llenarse el vaso de la presa Netzahualcóyotl quedó inundada
la población de Quechula que fue cabecera municipal del municipio del mismo nombre, y además
así también honramos a nuestro ilustre compatriota el Lic. Don Benito Juárez Benemérito de las
Américas (ARR, 1970: 82)
En el primer punto de la petición mencionaba los límites territoriales con la finalidad de recuperar
aquellos del antiguo municipio de Quechula, aunque los comerciantes no eran un grupo que estu-
viera ligado al pueblo inundado. Con la construcción de la presa, todo el poblado de Quechula des-
apareció, y el territorio fue incorporado a Tecpatán. Los comerciantes pidieron que se restituyeran
los antiguos límites del municipio de Quechula, petición que afectaba al territorio del municipio de
Tecpatán, pues éste se reducía con la creación del nuevo municipio. Probablemente los comercian-
tes pensaron que pedir la restitución de límites para la creación de un nuevo municipio les dotaba
de legitimidad y más agilidad en los trámites, o tal vez ello era una idea aportada por los antiguos
pobladores zoques de esta localidad. Sin embargo, su reivindicación no fue atendida, ni aprobada
por el Congreso del estado de Chiapas.
Proponer un nombre tan representativo para el nuevo municipio también fue parte de la
apropiación territorial peculiar de sus promotores. Se adoptó el nombre de un poblado —Quechu-
la— que había desaparecido por la construcción de la presa, y se complementó con un personaje
nacional con el cual todos los integrantes se pudieran sentir identificados —Juárez. “Nuevo Que-
chula de Juárez” representaba la integración de un grupo encabezado por individuos externos al
territorio, cuya reivindicación no prosperó. Cabe subrayar que Quechula fue un caserío zoque muy
importante durante la época prehispánica y posteriormente un poblado clave a partir de la Colonia
por la instalación de un convento dominico y la permanencia de la herencia zoque.
El Comité logró contar con el respaldo de diez ejidos, poblaciones y organizaciones que se
encontraban próximas para su propuesta integradora (ARR, 1970: 88-97). El apoyo de la población
local justificaba y respaldaba la incorporación al nuevo municipio de Malpaso, fundamentada en
el histórico abandono de la zona por parte del municipio de Tecpatán, así como el vínculo con el
poblado desaparecido de Quechula:
Las personas que al alcance firmamos somos auténticos campesinos del poblado “La Floresta” can-
sados ya del abandono en que nos tienen las autoridades del Municipio de Tecpatán, y deseosos
de incorporarnos al ritmo del trabajo que Ud. A sabido imprimir a nuestro Estado, con el presen-
te apoyamos en todas y cada una de sus partes la ponencia que ha presentado a Ud. el COMITÉ
PRO-DESARROLLO POLITICO Y ECONOMICO Y SOCIAL, de la Región de Malpaso para que sea
declarado MUNICIPIO LIBRE (ARR, 1970: 82).
El “progreso” del territorio se adjudicaba a la creación de un nuevo municipio, y el atraso que du-
rante años había predominado era producto del abandono por parte del municipio de Tecpatán;
narrativa que retomaba aquellas presentadas por la prensa antes y durante la construcción de
la presa. Además de la indiferencia por parte del poder local, se argumentaba la ubicación de los
ejidos. Antes de que se diera la conformación del Comité pro-desarrollo político, económico y social
de Raudales Malpaso, el poblado de “Nuevo Jalapa”, había solicitado al Congreso del estado su
incorporación al municipio de Ocozocoautla, por la cercanía a este municipio, lo cual provocó un
descontento por parte del municipio de Tecpatán, al que pertenecía:
Por lo que tomando en cuenta, que hacendariamente pertenecemos al distrito de Ocozocoautla, con-
sideramos que el H. Congreso del estado, debe tomar en consideración nuestros motivos ya expues-
tos, y aprobar que se nos conceda el cambio de domicilio, pues por convenir así a nuestros intereses,
deseamos por nuestra propia voluntad pertenecer al municipio de Ocozocoautla de Espinosa, de este
estado, lugar al que se nos facilita toda comunicación, porque aprovechamos la carretera que ya está
terminada hasta las orillas del vaso de la presa a que nos hemos referido (ARR, 1968: 138).
La construcción de la presa dificultó aún más la comunicación entre los poblados y la cabecera mu-
nicipal de Tecpatán. Es importante mencionar que en esos años el municipio de Tecpatán era muy
extenso y, por ende, las localidades que estaban dentro de su jurisdicción percibían un abandono por
parte del poder local. La respuesta negativa del municipio de Tecpatán fue inmediata y atribuyó esta
búsqueda a intereses locales (ARR, 1968), además de condenar este tipo de acciones, consideradas
como una agresión a su territorio. Esta situación y la inundación del embalse acentuaron el deseo de
crear un nuevo municipio que estuviera próximo a los ejidos y poblados, donde los costos por trans-
portarse no fueran tan elevados, ni peligrosos, pues transportarse en cayucos representaba un riesgo
para las familias, y viajar en lancha tenía un costo que muchas no podían pagar.
Los poblados y ejidos que en 1968 buscaron ser incorporados al municipio de Ocozocoautla,
respaldaron la petición de Comité pro-desarrollo de Malpaso; sin embargo, ésta se sometió a un
estudio por parte del Congreso del estado, cuya respuesta fue negativa.
Es importante señalar que con o sin el reconocimiento del estado de Chiapas, los habitantes de
Raudales Malpaso nunca se sintieron vinculados al municipio de Tecpatán. Sin embargo, el reco-
nocimiento de dicha institución era necesario para que de manera político-administrativa queda-
ran desvinculados de Tecpatán y pudieran ejercer la administración de los recursos naturales y
humanos que se encontraban dentro de su territorio.
Aunque el gobierno del estado no reconociera su territorio como un municipio libre, los
habitantes ya habían ejercido una apropiación territorial, caracterizada por su instalación en el
campamento que había sido construido específicamente para los trabajadores de la presa y a través
de los distintos mecanismos de apropiación descritos en este artículo en una situación de relacio-
nes desiguales de poder. A pesar de su calidad de subalternos, se convirtieron en actores de un
territorio inicialmente producido a raíz de la construcción de la presa y bajo dominio de la CRG y
de CORSA: éste se convirtió en el referente común de un grupo heterogéneo que estableció alian-
zas con actores externos, en el sentido de una apropiación de índole simbólico-cultural (Haesbaert,
2013) característica de los actores no hegemónicos. Además, ello nos muestra a la vez la porosidad
de un territorio aparentemente cerrado y definido por un actor dominante, así como las capacida-
des de apropiación por parte de los actores locales de espacios de los cuales son excluidos, esto es,
el territorio como la expresión de las relaciones de poder (Sack, 1997).
Así, la presa y el pueblo representan los dos elementos del binomio central de esta apropia-
ción territorial, ya que el pueblo no podría existir, ni explicarse sin la construcción de la primera.
De tal forma que, años antes de buscar el reconocimiento legal, el territorio ya se había construido
a partir de un grupo de individuos, en su mayoría ajenos al lugar. El proceso que pretendía darle
legalidad a este doble proceso de construcción y de apropiación territorial era la obtención del re-
conocimiento por parte del estado de Chiapas para garantizar su administración política por parte
de los actores locales. De tal forma que la territorialización constituye una construcción continua
que se transforma a través del tiempo a partir de componentes que definen las relaciones en torno
a un espacio dado en términos de dominio y de apropiación (Haesbaert, 2013: 67).
…durante 50 años este municipio sintió un yugo que nos oprimía, ignorando la necesidad de ser inde-
pendiente, gobiernos llegaban y se iban y el sueño no se concretaba, hace 5 años Juan Sabines Gue-
rrero en tu campaña visitaste Malpaso y firmaste ese compromiso de que al llegar a la gubernatura
harías municipio libre a esa región, fue entonces cuando brilló una lucecita de esperanza (“Abandera
JSG a concejo municipal de nuevo municipio de Mezcalapa”, 2012).
Desde la primera petición de municipio libre en 1963, hasta la consumación de dicha gestión en
el 2011, transcurrieron 48 años. Y tal como lo muestra la prensa local (La Razón, 2011) y los do-
cumentos del archivo del Congreso del estado de Chiapas, la presa separó a varias localidades del
municipio de Tecpatán, lo cual complicaba y acentuaba el descuido por parte de la cabecera muni-
cipal, y así el sentimiento de abandono por parte de las comunidades localizadas del otro lado del
embalse.
Tecpatán fue el municipio que más extensión territorial perdió con la creación del nuevo
municipio. En el 2010, Tecpatán contaba con una extensión territorial de 1 260.523 km² y una
población total de 41 045 habitantes (INEGI, 2010). Con la creación del municipio de Mezcalapa,
Tecpatán perdió casi la mitad de su extensión y de su población, poblados y localidades que nunca
construyeron un vínculo, ni cultural, ni de identidad con ese municipio, es decir, sin ningún arrai-
go con este territorio. Sin embargo, el Comité Estatal de Información Estadística y Geográfica
del Estado de Chiapas (2019), menciona que los límites territoriales entre Mezcalapa y Tecpatán
no tienen una precisión cartográfica. Cabe subrayar que Mezcalapa es una referencia histórica
importante, ya que el área se sigue denominando así por la población local y revela una oposición
histórica entre ambas localidades. Sin embargo, no resulta un referente histórico para la población
de Raudales Malpaso.
Las notas de periódicos (En Tiempo Real, 2011) señalan que Mezcalapa es el municipio
número 124, según el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI). Sin em-
bargo, en la página oficial de dicha institución no aparece este municipio, incluso se sigue consi-
derando la cantidad de 118 municipios en el territorio chiapaneco, mientras que el gobierno del
estado de Chiapas reconoce 125.
Posteriormente a la creación del municipio de Mezcalapa por parte del ejecutivo del estado
de Chiapas, siguió una serie de cuestionamientos, producto de las consecuencias a corto plazo que
no fueron consideradas en su momento, a través de una controversia constitucional que obstaculi-
zó el reconocimiento y, por ende, el apoyo económico de la federación hacia este nuevo municipio.
En este sentido, el proceso de apropiación sancionado por el reconocimiento legal por parte del Es-
tado quedó en suspenso, lo cual evidencia la permanente construcción y producción de territorios,
su transformación según el momento histórico y su importancia para la reproducción social de los
grupos de actores.
Conclusión
La presa de Malpaso fue un proyecto que modificó el territorio desde el momento de su construcción.
Los actores involucrados en dicho proyecto construyeron un territorio que hasta la actualidad está
íntimamente ligado a la presa. Como vimos en el presente trabajo, cada grupo de actores a través de
su apropiación territorial específica se ubicó en el espacio con diversos propósitos y modificó el acceso
y el control de los recursos que se encontraban a su alcance. Cada uno dotó de un valor especifico al
territorio, lo delimitó y tuvo la facultad de administrar los recursos que estaban en su interior. Esto
evidencia que no sólo los Estados, o las instituciones son capaces de crear territorios, sino también los
actores sociales tienen la facultad de impulsar dinámicas territoriales que corresponden a sus inte-
reses aún en situaciones de jerarquía mediadas por relaciones de poder. La presa significó un cambio
a la vez en el paisaje, y en la construcción de un nuevo territorio, formado por individuos externos al
espacio intervenido, sean locales, del estado de Chiapas y de otras partes del país.
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Entrevistas realizadas
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