El poema “Un día habrá una isla”, grito a la libertad, fue escrito por el poeta Pedro García Cabrera,
nacido en La Gomera, 1905 y fallecido en Santa Cruz de Tenerife, 1981, una de las figuras literas más
importante de la España insular. Este poema está recogido en el libro “Las islas en que vivo”, escrito
entre 1960 y 1967. Este hombre perteneció a la vanguardia de las Islas Canarias, junto con escritores
como Agustín Espinosa, Domingo Lopéz Torres, entre otros.
El compromiso social y el paisaje isleño son constantes en su obra que teniendo en cuenta al autor,
podemos agrupar en dos períodos: uno que es considerado en tránsito que corresponde a la primera
del siglo XX, donde se ven rasgos modernistas, influencias de Lorca, Rafael Alberti, etc. y otro que
corresponde a la segunda mitad del siglo XX, donde hasta el final de sus composiciones, muestra su
único deseo de vivir en un mundo libre.
En este libro pone de manifiesto sus ansias de libertad que quiere compartir con todos, donde se
habla de una isla que simboliza un mundo libre. En 1928, se realiza la publicación de su primer
poemario, “Líquenes”, a la que le seguirán en 1934 “Tansparencias fugadas”, de tendencia surrealista
en la que da gran importancia al paisaje, “La rodilla en el agua” (1935) y “Dársenas con despertadores”
(1936).
Cuando estalló la Guerra Civil Española, es detenido y deportado a África, se fuga y es nuevamente
detenido en la Península, para después ser trasladado a Tenerife, donde permaneció encarcelado
primero y confinado en su casa después. Más tarde saldrían los poemarios “Entre la guerra y tú”
(1936-1939), “Romancero cautivo” (1936-1940), y muchos más.
El tema es el deseo de alcanzar la libertad de la que privado durante la dictadura franquista. El
poeta expresa el anhelo de que haya un lugar donde tanto él como todos los que han quedado
marcados por las heridas, sufrido o mantenido firmes en la lucha puedan disfrutar, que cuando
llegue, que todos se contagien todos de la alegría del mar.
Con respecto a su estructura externa, el poema está formado por dieciocho verso heptasílabos y
endecasílabos, teniendo así el siguiente esquema métrico: 7a, 11B, 7c, 11-, 11A, 11D, 11-, 7c, 11A, 7d, 11C,
7-, 11A, 11D, 11-, 11- 11A, 11B. Podemos decir que este poema es una silva, una estrofa formada por una
serie de versos endecasílabos y heptasílabos alternados en un número indefinido, con rima
consonante o asonante y versos, a voluntad del poeta. En este caso, destaca la rima asonante en los
versos uno, cinco, nueve, trece y diecisiete.
En cuanto a su estructura interna, podemos ver que se trata de una estructura circular, donde se
distinguen tres partes: la primera, que son los cinco primeros versos, donde el poeta expresa el
deseo de que un día habrá un futuro libre; la segunda, que se extiende desde los versos seis al trece,
donde nos comunica que él y muchos son los que sufren, por lo que anhelan esa libertad; y una
tercera parte desde los versos catorce al dieciocho, con los que vuelve a la idea inicial, el deseo de
conseguir la libertad.
En el poema, destacan en el poema los siguientes recursos literarios: la sinestesia en el segundo
verso: “silencio amordazado”, que coacciona el silencio; el encabalgamiento entre los versos ocho y
nueve, diez y once y catorce y quince; el hipérbaton de los versos seis y siete: “solo no estoy. Están
conmigo siempre / horizontes y manos de esperanza”; la metáfora: “donde mi libertad de sus rumores”,
“corazón y rumbo en las tormentas”; la personificación del verso dieciséis: “la alegría del mar le pido a
todos” y la antítesis del verso quince: “del combate en que muero y en que vivo”.
El poeta comienza expresando su deseo: un lugar donde disfrutar de la libertad de la que la
dictadura ha privado a todo el país. Él lo llama “isla” por ser la isla un lugar acotado e identificado
claramente, separado y olvidado al mismo tiempo.
Desde los versos iniciales, deja constancia de su protagonismo, un “yo” lírico que se siente apoyado
por los “otros”, que también han sufrido, y a pesar de que sus heridas aún son visibles, siguen firmes
en la lucha: “manos de esperanza”, “y se tragan el tiempo en carne viva”. Finaliza el poema con la
esperanza de que llegue el día en el que no haya un silencio impuesto y pueda expresar libremnete
sus pensamientos.