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Sábado Santo: Meditación y Vigilia Pascual

El Sábado Santo es un día de silencio y meditación en el que la Iglesia permanece junto al sepulcro de Jesús, esperando su resurrección. Por la noche se celebra la Vigilia Pascual, que incluye la bendición del fuego nuevo, lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento que narran la historia de la salvación, la liturgia bautismal y la Eucaristía, culminando en la celebración de la resurrección de Cristo y nuestro renacimiento a una nueva vida a través de los sacramentos pasc

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Sábado Santo: Meditación y Vigilia Pascual

El Sábado Santo es un día de silencio y meditación en el que la Iglesia permanece junto al sepulcro de Jesús, esperando su resurrección. Por la noche se celebra la Vigilia Pascual, que incluye la bendición del fuego nuevo, lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento que narran la historia de la salvación, la liturgia bautismal y la Eucaristía, culminando en la celebración de la resurrección de Cristo y nuestro renacimiento a una nueva vida a través de los sacramentos pasc

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Sábado Santo

"Durante el sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor,


meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en
oración y ayuno su resurrección (Circ 73).
Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. callan las
campanas y los instrumentos. Se ensaya el aleluya, pero en voz baja. Es día para
profundizar. Para contemplar. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.
Es un día de meditación y silencio. Algo parecido a la escena que nos describe el
libro de Job, cuando los amigos que fueron a visitarlo, al ver su estado, se
quedaron mudos, atónitos ante su inmenso dolor: "se sentaron en el suelo junto a
él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían
que el dolor era muy grande" (Job. 2, 13).
El sábado está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la muerte del
viernes y la resurrección del Domingo nos detenemos en el sepulcro. Un día
puente, pero con personalidad. Son tres aspectos - no tanto momentos
cronológicos - de un mismo y único misterio, el misterio de la Pascua de Jesús:
muerto, sepultado, resucitado:
"...se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo...se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte, es decir conociese el estado de muerte, el estado
de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el
momento en que Él expiró en la cruz y el momento en que resucitó. Este estado
de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el
misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el
gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres,
que establece en la paz al universo entero".
Por la noche se lleva a cabo la celebración de la Vigilia Pascual. Dicha celebración
tiene tres partes importantes que terminan con la Liturgia Eucarística:
 Celebración del fuego nuevo.
 Liturgia de la Palabra.
 Liturgia Bautismal.
Celebración del fuego nuevo: Al iniciar la celebración, el sacerdote apaga todas
las luces de la Iglesia, enciende un fuego nuevo y con el que prende el cirio
pascual, que representa a Jesús. Sobre el cirio, marca el año y las letras griegas
"Alfa" y "Omega", que significan que Jesús es el principio y el fin del tiempo y que
este año le pertenece. Así expresa con gestos y palabras toda la doctrina del
imperio de Cristo sobre el cosmos, expuesta en San Pablo. Nada escapa de la
redención del Señor, y todo, hombres, cosas y tiempo están bajo su potestad. El
sacerdote llevará a cabo la bendición del fuego. Tras el cirio encendido que
representa a Cristo, columna de fuego y de luz que nos guía a través de las
tinieblas y nos indica el camino a la tierra prometida, avanza el cortejo de los
ministros. Se escucha cantar tres veces: "Luz de Cristo" mientras se encienden en
el cirio recién bendecido todas las velas de la comunidad cristiana. Los profetas
habían prometido ya la luz: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz
grande", escribe Isaías (Is 9, I; 42,7; 49,9). Pero la luz que amanecerá sobre la
nueva Jerusalén (Is 60,1ss.) será el mismo Dios vivo, que iluminará a los suyos (Is
60, 19) y su Siervo será la luz de las naciones (Is 42,6; 49,6).
Luego de la procesión, en la que se van encendiendo las velas y las luces de la
Iglesia, el sacerdote canta el Pregón Pascual que es un poema muy antiguo
(escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús como el fuego nuevo. Este
himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua,
alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta
alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas. Luego, entona la gran
Acción de Gracias. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema.
Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y
en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria
del cielo.
Liturgia de la palabra: Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la
lectura de la Palabra de Dios. Se acostumbra leer siete lecturas, empezando con
la Creación hasta llegar a la Resurrección. Esta noche la comunidad cristiana se
detiene más de lo ordinario en la proclamación de la Palabra. Tanto el Antiguo
como el Nuevo Testamento hablan de Cristo e iluminan la Historia de la Salvación
y el sentido de los sacramentos pascuales. Hay un diálogo entre Dios que habla a
su Pueblo (las lecturas) y el Pueblo que responde (Salmos y oraciones).
Las lecturas de la Vigilia tienen una coherencia y un ritmo entre ellas. La mejor
clave es la que dio el mismo Cristo: "todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los
profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse, y comenzando por Moisés y
siguiendo por los profetas, les explicó (a los discípulos de Emaús) lo que se refería
a él en toda la Escritura" (L,c 24,27).
Lecturas del Antiguo Testamento:
 Primera lectura: Gn 1,1-31 ó 2,1-2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era
muy bueno.
 Segunda lectura: Gn 22,1-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la
fe.
 Tercera lectura Ex 14-15,30 - Los israelitas cruzaron el mar Rojo.
 Cuarta lectura: Is 54,5-14 - Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu
redentor.
 Quinta lectura: Is 55, 1-11 - Vengan a mí, y vivirán; sellaré con ustedes una
alianza perpetua.
 Sexta lectura: Bar 3,9-15.32-4,4 - Camina a la claridad del resplandor del
Señor
 Séptima lectura: Ez 36.16-28 - Derramaré sobre ustedes un agua pura, y
les daré un corazón nuevo.
El Antiguo Testamento prepara la realidad del Nuevo Testamento: lo que se
anunciaba y prometía, ahora se ha cumplido de verdad.
Es importante subrayar este paso al Nuevo Testamento: el Misal indica en este
momento diversos signos, tales como el adorno del altar (luces, flores), el canto
del Gloria y la aclamación del Aleluya antes del Evangelio. También se ilumina de
manera más plena la iglesia ya que durante las lecturas del Antiguo Testamento
estaba iluminada más discretamente.
Sobre todo es el Evangelio, tomado de uno de los tres sinópticos. según el Ciclo,
el que hay que destacar: es el cumplimiento de todas las profecías y figuras,
proclama la Resurrección del Señor.
Lecturas del Nuevo Testamento
 Primera lectura: Rom 6,3-11 - Cristo, una vez resucitado de entre los
muertos, ya no muere más.
 Evangelio:
 CICLO A: Mt 28.1-10 - Ha resucitado y va por delante de ustedes a
Galilea.
 CICLO B: Mc 16, 1-8 - Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado.
 CICLO C: Lc 24.1-12 - Por qué buscan entre los muertos al que está
vivo.
Liturgia bautismal: Suelen haber bautizos este día, pero, aunque no los haya, se
bendice la Pila bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía
de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe
entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de
toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.
El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo
que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la
familia de Dios. A todos los que ya estamos bautizados, esta liturgia nos invita a
renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a
sus seducciones y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a
Jesucristo.
La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía
central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo.
Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre,
como memorial de su Pascua. Es el punto culminante de la celebración.
Todos estos elementos especiales de la Vigilia quieren resaltar el contenido
fundamental de la Noche: la Pascua del Señor, su Paso de la Muerte a la Vida. La
oración al comienzo de las lecturas del Nuevo Testamento, invoca a Dios, que
"ilumina esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor". En esta
noche, con más razón que en ningún otro momento, la Iglesia alaba a Dios porque
"Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado" (Prefacio I de Pascua).
Pero la Pascua de Cristo es también nuestra Pascua: "en la muerte de Cristo
nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección resucitamos todos"(Prefacio II
de Pascua).
La comunidad cristiana se siente integrada, "contemporánea del Paso de Cristo a
través de la muerte a la vida". Ella misma renace y se goza en "la nueva vida que
nace de estos sacramentos pascuales" (oración sobre las ofrendas de la Vigilia):
por el Bautismo se sumerge con Cristo en su Pascua, por la Confinación recibe
también ella el Espíritu de la vida, y en la Eucaristía participa del Cuerpo y la
Sangre de Cristo, como memorial de su muerte y resurrección.
Este es en verdad "el día que hizo el Señor". El fundamento de nuestra fe. La
experiencia decisiva que la Iglesia, como Esposa unida al Esposo, recuerda y vive
cada año, renovando su comunión con El, en la Palabra y en los Sacramentos de
esta Noche.
En el transcurso de la Noche Santa participamos en el misterio pascual por medio
de la celebración de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. En la
segunda misa de Pascua, damos gracias por la vida nueva, cuya fuente nos ha
sido abierta por la Resurrección de Cristo.

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