Sermonario Revive
Sermonario Revive
Juan 4: 34
Mi comida es que haga la voluntad de mi padre.
TÍTULO TEXTO
Adorar como Jesús Lucas 2: 41-49
(Títulos adpatados por Ministerio de Mayordomía Cristina de la Unión Peruana del Sur)
DÍA 1
Es interesante notar que la palabra “negocios” no está presente en el texto original. Los
traductores lo agregaron para dar un significado más claro a las palabras de Jesús. De lo
contrario, la traducción literal leería “en lo de mi padre”. Basándose en el contexto, los
traductores han encontrado adecuado agregar la palabra “cosas”: “en las (cosas) de mi Padre”.
Esta adición conduce a dos posibles traducciones: “En los negocios de mi Padre” o “En la casa
de mi Padre”. Las traducciones que usan “En los negocios de mi Padre”, se enfocan en las
acciones en las que Jesús estuvo involucrado. Las traducciones que usan “En la casa de mi
Padre”, se enfocan en el lugar donde Jesús pasó esos tres días. Para una comprensión completa
de “los negocios de mi Padre”, conservaremos ambos significados: Jesús estaba en la casa de su
Padre y estaba haciendo la obra de su Padre.
Por lo general, cuando hablamos de actuar en nombre del Padre, nos referimos a enseñar,
predicar, sanar y dar. Sin embargo, los invito a enfocarnos por un momento en estar en la
presencia del Padre a través de sentarnos, escuchar y preguntar.
Sentado
Sentarse quieto, o estar quieto en su presencia, es un elemento esencial para hacer los
negocios de nuestro Padre. El profeta Habacuc nos invita a unirnos a Jesús en esta experiencia:
“En cambio, el SEÑOR está en su santo templo; ¡guarde toda la tierra silencio en su presencia!”
(Habacuc 2: 20, NVI). Leemos en el Salmo 46: 10, “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”
Escuchando
Jesús también hizo los negocios de su Padre al dedicar tiempo a escuchar las enseñanzas
de los escribas y doctores de la ley. El verbo “escuchar” implica la intención de comprender y
aprender, no solo escuchar lo que se dijo. En aquellos días, se apartaba una cámara del templo
para el aprendizaje público. Algunos estudiantes se sentaban en un banco bajo, con los más
pequeños en el suelo, literalmente “a los pies” de su maestro. Como un niño de doce años,
probablemente fue allí donde estuvo Jesús. Elena de White describe Su actitud en estas palabras:
“Jesús se presentó como quien tiene sed del conocimiento de Dios” (El Deseado de todas las
gentes, 61).
Jesús, como Verbo de vida y como Sabiduría encarnada, estaba dando ejemplo a todos
sus seguidores: "sedientos del conocimiento de Dios". ¿Estamos escuchando y anhelando un
conocimiento más profundo de Dios o estamos satisfechos con un conocimiento superficial
adquirido hace años?
Lucas 11:28 nos cuenta acerca del punto principal que Jesús estaba señalando al contar la
parábola de los dos que construyeron, donde uno construyó sobre la arena y el otro sobre la roca:
“Pero él dijo: ¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!”.
Escuchar la palabra de Dios y luego practicarla eran los criterios que usó Jesús para distinguir
entre sabios y necios. El libro de Apocalipsis comienza diciendo la importancia de escuchar la
palabra de Dios a medida que nos acercamos al fin de los tiempos: “Bienaventurado el que lee y
los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo
está cerca.” (Apocalipsis 1: 3).
Preguntando
El que hace preguntas suele buscar un conocimiento más profundo y una aclaración o
comprensión. Preguntar es una búsqueda para aprender más. Elena de White comparte la
naturaleza de las preguntas de Jesús: “Como quien busca sabiduría, interrogaba a esos maestros
acerca de las profecías y de los acontecimientos que entonces ocurrían y señalaban el
advenimiento del Mesías” (El Deseado de todas las gentes, 61).
Dios nos invita a relacionarnos con él para obtener un conocimiento más profundo.
Leemos en Jeremías 33: 3, “Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para
afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y
ocultas que tú no conoces.”
La experiencia del profeta Daniel, elegido inmediatamente después de Jeremías, nos dice
cómo Dios está comprometido a responder nuestras interrogantes cuando nos atrevemos a
preguntar. Daniel dijo: “Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había
visto en la visión, al principio, volando con presteza vino a mí como a la hora del sacrificio de la
tarde. Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: ‘Daniel, ahora he salido para darte sabiduría
y entendimiento.’” (Daniel 9: 21-22). Dios dice: Pregunta y te revelaré mis misterios.
Hoy, necesitamos claridad sobre el tiempo en el que vivimos, como lo hizo Daniel.
¿Cómo le damos sentido a todos los eventos que suceden a nuestro alrededor? Pregúntale a Dios
y él te proporcionará conocimiento y comprensión. A los doce años, en el templo de Jerusalén,
Jesús primero eligió sentarse, escuchar y preguntar. Así fue como se ocupó de los negocios de su
Padre.
Buscando su presencia
¿Qué pudo haber motivado a Jesús, un adolescente de doce años, a quedarse atrás
mientras sus padres y amigos regresaban a Nazaret? Se perdió la diversión y la camaradería del
viaje para poder estar en el templo. A diferencia de Jesús, nos quejamos muy fácilmente de
perdernos algo de diversión porque tenemos que pasar algunas horas en la iglesia o estar en la
presencia de Dios. Comprendo mejor la elección que tomó Jesús cuando leo las palabras del
salmista: “Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de
la casa de mi Dios que habitar donde reside la maldad” (Salmos 84: 10). Según este salmo, el
templo era el lugar de elección, no por los finos mármoles y piedras preciosas, sino porque era
“tu morada, Jehová de los ejércitos.” (Versículo 1). Jesús anhelaba la presencia de Dios, la
intimidad con su Padre. Por eso se quedó atrás.
El Salmo 84 usa otra imagen, una imagen geográfica, para justificar la elección de estar
en el templo de Dios: “Atravesando el valle de lágrimas, lo cambian en fuente cuando la lluvia
llena los estanques.” (Versículo 6). Baca era en realidad un valle cerca de Jerusalén, y Baca
también significa el lugar del llanto. Aquellos que tienen la experiencia del templo tienen el
poder de transformar realidades, incluso realidades duras, tanto en su vida personal como en la
vida de los demás. Sus acciones se comparan con refrescantes manantiales y lluvias otoñales que
traen nueva vida. ¿Está la gente llorando por las circunstancias difíciles de la vida, las pérdidas y
las enfermedades? Aquellos que se sientan, escuchan y preguntan son una fuente de consuelo,
aliento, esperanza e inspiración. Esta fue la misión de Jesús, y también es nuestra misión.
Conclusión
Profundizando
Mi promesa hoy: SEPARAR los primeros momentos de cada día para tener comunión con
el Señor a través de la ORACIÓN, el ESTUDIO de la Biblia, el Espíritu de Profecía y las
lecciones de Escuela Sabática, y en la ADORACIÓN FAMILIAR.
DÍA 2
UN RESPUESTA DE ADORACIÓN
La historia de Zaqueo de Jericó es una historia de muros caídos. Lucas 19: 1-8 habla de
cómo se derribaron los muros de separación en la vida de Zaqueo, y cómo se restauraron las
relaciones entre él y Dios y entre él y los demás. Su historia está llena de instrucción para
cualquiera que aspire a tener mejores relaciones.
Zaqueo vivía en una ciudad antigua, la primera ciudad conquistada después de que Josué
y los israelitas cruzaron el río Jordán. Era un lugar histórico. La ciudad volvió a popularizarse
durante la época de Zaqueo. Herodes el Grande estableció una residencia de invierno en Jericó, y
murió allí en el 4 a. C. La ciudad era un centro económico regional debido a la producción de
dátiles, vino, especias y perfumes. La ubicación estratégica de la ciudad, en medio de la red de
carreteras de la antigua Palestina, fue responsable de gran parte de su popularidad. Por Jericó
pasaban comerciantes, soldados y peregrinos, y Zaqueo, un recaudador de impuestos, se
aprovechó de esta situación.
Así es como el evangelio de Lucas presenta a Zaqueo: “Había allí un hombre llamado
Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era muy rico.” (Lucas 19: 2). Su nombre
revela que era de origen judío, pero de profesión era un funcionario romano. Esto lo ponía en una
posición ambigua y difícil. Los judíos lo consideraban un traidor y lo odiaban. No se le permitía
participar en la vida comunitaria de la sinagoga local. Fue excluido tanto social como
religiosamente. ¿Por qué una persona querría soportar tal rechazo? La respuesta se puede
encontrar en la última descripción de Zaqueo: era un hombre “rico”. Sacrificó sus relaciones
sociales por el dinero y las posesiones materiales.
Elena de White explica el deseo de Zaqueo de ver a Jesús con estas palabras: “Sin
embargo, el acaudalado funcionario de aduana no era del todo el endurecido hombre de mundo
que parecía ser. Bajo su apariencia de mundanalidad y orgullo, había un corazón susceptible a las
influencias divinas […] El jefe de los publicanos anhelaba mirar el rostro de Aquel cuyas
palabras habían hecho nacer la esperanza en su corazón” (El Deseado de todas las gentes, 520).
Su dinero y riquezas no podían quitarle su desesperación. Zaqueo aspiraba a tener alguna
relación distinta a la que tenía con las cosas materiales.
Según el texto anterior, Zaqueo tuvo que superar dos obstáculos para establecer esta
nueva relación: su baja estatura y la multitud densa y hostil. Las relaciones de calidad siempre
tienen un costo. Para Zaqueo, fue correr y trepar al árbol con su túnica.
Los muros de Jericó cayeron hace siglos cuando Josué y su ejército caminaron alrededor
de ellos durante siete días. Podemos suponer que Zaqueo había derribado algunos muros en su
propia vida, muros como el analfabetismo y la pobreza. Sin embargo, el muro de relaciones
todavía era grueso y alto, sin esperanza de que se cayera. No disfrutaba de una relación de
calidad ni con las personas que lo rodeaban ni con Dios. Estar en el sicomoro fue un buen punto
de partida, pero no fue suficiente para derribar el muro que separaba a Zaqueo de los demás. La
visita de Jesús a Jericó marcaría un punto de inflexión.
Zaqueo tenía como objetivo establecer una relación distante e impersonal con Jesús desde
lo alto de su árbol. Pero Jesús tenía una mejor propuesta para él en el versículo 5: “Cuando Jesús
llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque
hoy es necesario que me hospede en tu casa.” (Lucas 19: 5). Jesús le ofreció una relación cercana
y personal. Esa era la aspiración real pero no expresada de Zaqueo, y bajó de su árbol. El
Espíritu de profecía comenta la respuesta de Zaqueo: “La multitud hizo lugar y Zaqueo,
caminando como en sueño, se dirigió hacia su casa.” (Deseado de todas las gentes, 521). Jesús
conocía el camino a la casa de Zaqueo, pero quería que Zaqueo lo guiara y, como un caballero,
no forzó su entrada. Zaqueo tuvo que abrir la puerta.
Más tarde ese día, Jesús habló sobre el motivo de su visita a la casa de Zaqueo. Leemos
en el versículo 9: “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es
hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Hay dos piezas de información esenciales en este pasaje. Jesús habla de la identidad de Zaqueo
como “hijo de Abraham”. En la perspectiva de Jesús, Zaqueo existía a través de su afiliación a la
familia de Abraham y, por extensión, a la familia humana. Zaqueo fue creado en relación y para
relacionarse. Negar esta característica, al ser impulsado por su búsqueda de cosas materiales, lo
había alejado de su identidad. Ahora vivía una vida insatisfactoria e incompleta, cuando menos.
Nuestra necesidad natural de relacionarnos nunca puede satisfacerse mediante posesiones
materiales o mediante logros. Para Zaqueo era fundamental volver a conectar con su identidad
como ser relacional.
El segundo dato de estos comentarios finales fue sobre la misión de Jesús. Jesús lo
describe en términos relacionales: “buscar” y “salvar”. Él no solo nos salva del pecado, sino
también de las consecuencias del pecado, es decir, los muros de separación erigidos entre Dios y
las personas y entre las personas y las personas. El apóstol Pablo destacó este aspecto del
ministerio de Jesús cuando escribió: “Todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo
mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5: 18). La salvación
de Dios nos restaura como seres sociales.
Por elección, Zaqueo fue un constructor de murallas; por gracia y amor, Jesús se
convirtió en el rompe muros de su vida.
Además de compartir con los pobres, Zaqueo se comprometió a devolver lo que había
robado. Algunas relaciones nunca pueden restablecerse sin una restitución adecuada. Un
principio básico es asumir la responsabilidad por la relación rota, reconocer que hemos hecho
daño al otro y hacer todo lo posible para corregir el error. Elena de White hace este comentario
sobre la restitución de Zaqueo: “Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino.”
(El Deseado de todas las gentes, 522). Cuando una relación se ha visto afectada, no es prudente
tratar de seguir adelante rápidamente sin abordar las causas del conflicto pasado. ¡En ausencia de
un cierre adecuado, las heridas se reabrirán y se evitará el establecimiento de una relación
profunda y sincera!
Conclusión
Zaqueo había vivido dentro de los muros del materialismo durante años y no estaba ni
feliz ni satisfecho. Después de su encuentro con Jesús, la relación con Dios y con los demás
prevaleció sobre la adquisición de riquezas. Fue liberado de su prisión dorada y se convirtió en
un instrumento de libertad para los demás. ¿Por qué no invitamos a Jesús a que derribe los muros
en nuestras vidas?
Profundizando
Al principio de mi práctica médica, asistí en el parto de una niña sana por cesárea en el
hospital local. Hecho eso, estaba de vuelta en mi oficina atendiendo atentamente a los pacientes
cuando sonó el teléfono y la voz al otro lado de la línea quebró mi paz.
Varias causas y escenarios de casos pasaron por mi mente casi tan rápido como la
velocidad a la que conducía de regreso al hospital. Nuestra oficina de la misión estaba ubicada en
un entorno rural y no había un banco de sangre. ¿Qué íbamos a hacer?
O como escribe Pablo: “no sois vuestros, pues habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.” (1 Corintios 6: 19-20)1.
Sí, Pablo nos exhorta a hacer todo para la gloria de Dios. “Si, pues, coméis o bebéis o
hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10: 31). Pero no solo lo que
comemos o bebemos. En al menos tres ocasiones, Pablo se refiere al cuerpo humano como el
templo de Dios y que su Espíritu habita en ese templo (1 Corintios 3: 16; 6: 19; 2 Corintios 6:
16). Todos nuestros comportamientos y actitudes, incluidos nuestros hábitos de salud, deben
rendir homenaje a Dios porque somos comprados por precio, su sangre.
Principios de salud
Y, también, Dios ha dado una instrucción amplia a través del consejo de Elena G. de
White. A lo largo de su vida, fue el canal de información que dio forma a la filosofía de salud y
espiritualidad de la Iglesia Adventista.
“Al enseñar los principios que rigen la salud, se debe tener presente el
gran objetivo de la reforma, que es obtener el mayor bienestar del cuerpo, la
mente y el espíritu. Demuéstrese que las leyes de la naturaleza, por ser leyes de
Dios, fueron establecidas para nuestro bien; que la obediencia a ellas nos da la
felicidad en esta vida, y contribuye a prepararnos para la vida futura.”2
Mayordomía y salud
La visión que se le dio en junio de 1863 a Elena de White reveló que es un deber
espiritual cuidar el templo del cuerpo y confirmó la integración integral del cuerpo, la mente y el
espíritu. El descanso, el sol, la nutrición equilibrada, la confianza en Dios, el ejercicio, la
templanza, beber agua y respirar aire fresco mantienen una integridad equilibrada. ¡El propósito
principal de cuidar nuestra salud es permitirnos servir a Dios y a nuestros semejantes!
Gozaremos de mejor salud, pero somos salvados para servir.
Lo fascinante es que Elena de White habló sobre muchos temas con una visión profética
que la ciencia médica ahora ha demostrado ser correcta. La revista Time4, en su número del 28 de
octubre de 1966, informó el resultado positivo del primer Estudio de Salud Adventista y
describió los resultados como la “Ventaja de los Adventistas,” que incluía una reducción en la
mayoría de los cánceres y en la cirrosis del hígado. Estudios posteriores han demostrado un
aumento significativo en la longevidad en aquellos que viven el estilo de vida adventista. Los
resultados de los estudios de seguimiento y los análisis estadísticos han sido tan convincentes
que los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos asignaron casi $ 20 millones para la
realización del Estudio de Salud Adventista-2.
Mayordomos
Max Lucado utiliza una ilustración sorprendente en su libro It’s Not About Me7 (No se
trata de mí). No es sobre mí. Describe dos escenarios de pesadilla de mayordomos que pueden
cuidar tu casa en tu ausencia. El primero la redecora de forma totalmente diferente a tus gustos,
utilizando el motivo que la casa necesitaba expresar con precisión al mayordomo. Tu respuesta
inmediata: “¡No es tuya!” La segunda situación es aquella en la que la redecoración no es la
situación, sino la negligencia. Nunca se lavaron los platos, no se retiró la basura y las camas
nunca se hicieron. La razón: fue un arreglo temporal.
Ambos mayordomos cometieron el mismo error: actuaron como si la vivienda fuera suya
para hacer lo que quisieran. ¿Cómo pudieron? ¿Cómo podemos nosotros, los que hemos sido
comprados por precio, actuar tan a menudo como si fuéramos dueños de nosotros? Dios es dueño
del templo de nuestros cuerpos; por eso, nosotros, como mayordomos, debemos ser fieles y
cuidadosos de lo que se nos ha dado como regalo.
Como nos dijo el apóstol Pedro: “pues ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana
manera de vivir (la cual recibisteis de vuestros padres) no con cosas corruptibles, como oro o
plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación” (1 Pedro 1: 18-19)8.
Sí, fuiste comprado por precio, no con plata, no con oro, sino con la sangre de Cristo. Es
hora de vivir así. Y ser buenos mayordomos de nuestra salud es una forma poderosa de hacerlo.
Profundizando
1. ¿Cómo afecta el pensamiento de que Dios te compró por precio la manera que tratas
tu cuerpo en tu vida diaria?
2. ¿Puedes identificar algunas de las instrucciones de Elena de White sobre salud y
nutrición que la ciencia moderna ha demostrado que son correctas?
3. ¿Cuál es la importancia de la disciplina en tu vida cristiana?
1. Los textos acreditados a la NVI La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI ®. Copyright ©
1999 por International Bible Society™Usado con permiso. Reservados todos los derechos.
2. Elena G. de White, El ministerio de curación (Colombia: APIA, 2012), p. 88.
3. Elena G. de White, Consejos sobre alimentación (Colombia: APIA, 2011), p. 9.
4. Revista Time, “Adventists’ Advantage,” [La ventaja adventista] 28 de octubre, 1966.
5. Elena G. de White, El ministerio de curación (Colombia: APIA, 2012), p. 88.
6. Los textos acreditados a Message son de The Message, copyright © 1993, 2002, 2018 de Eugene H.
Peterson. Usado con permiso de NavPress. Reservados todos los derechos.
7. Max Lucado, It’s Not About Me [No se trata de mí] (Nashville, Tennessee: Thomas Nelson, 2004).
8. Los textos acreditados a la R95 Copyright © 1995 Sociedades Bíblicas Unidas (United Bible Society).
Usado con permiso. Reservados todos los derechos.
DÍA 4
Mucha gente está sufriendo y muriendo sin una verdadera esperanza. Están confundidos
y desesperados por lo que están presenciando a su alrededor y dentro de sus propias vidas.
¿Cómo pueden sus ojos estar abiertos a la realidad del amor y la salvación de Dios? Como hijos
e hijas redimidos, ¿cómo restauramos la visión de nuestro mundo con los ojos vendados? A
través de la historia de Bartimeo, el ciego de Jericó, podemos reflexionar sobre nuestra
participación real en la misión final de Dios. Leemos en Lucas 18:35, “Aconteció que,
acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando”. Este es el
último milagro de Jesús que se menciona en el Evangelio de Lucas.
El modo de pasar
Lucas 18: 36-37 nos dice: “Y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.
Le dijeron que pasaba Jesús nazareno”. Jesús no estaba solo en este viaje hacia y a través de
Jericó. Los discípulos estaban con él, y el texto nos dice que muchos otros también formaban
parte de sus seguidores. Este círculo íntimo disfrutaba de sus enseñanzas, recibía sus bendiciones
y participaba en la fama del rabino de Nazaret, que ahora estaba en la cima de su popularidad.
El ciego sólo podía “oír a una multitud que pasaba.” Probablemente podía oír el sonido
de pies, el sonido de la multitud hablando y, de vez en cuando, algunos aleluyas y amenes. Algo
inusual estaba sucediendo; pero los que estaban fuera del grupo de seguidores no escuchaban un
mensaje claro. Bartimeo, como espectador, podía sentir el paso de esta procesión, pero
difícilmente podía adivinar el verdadero propósito. Tomó la iniciativa de preguntar. No muchos
tienen la misma audacia.
La respuesta dada por los seguidores de Jesús revela una mentalidad interesante: “que
pasaba Jesús nazareno.” Fueron precisos y fácticos al compartir sobre el Jesús histórico sin
revelar su propósito y misión. Fue una oportunidad perdida para invitar a Bartimeo a ser parte de
la multitud. ¿Cuál pudo ser la razón? Vieron en Bartimeo un mendigo ciego. Lo que
probablemente necesitaba era una moneda, un dólar, un trozo de pan u otra caridad. No podían
sentir el anhelo de Bartimeo por algo más profundo.
Aquellos en el modo de paso fallaron en notar la verdadera necesidad de las personas que
los rodeaban. Sería lamentable que solo le dijéramos a la gente quiénes son los adventistas y en
qué creen y atendiéramos algunas necesidades básicas, cuando las personas buscan un Salvador y
una nueva visión.
El modo de silenciar
Para ellos, Bartimeo, un mendigo ciego, era simplemente una molestia para un Mesías
real que se dirigía a Jerusalén. No se dieron cuenta de que ser ciego y pobre calificaba a
Bartimeo para recibir una atención especial de Jesús. Perdieron el significado del discurso
inaugural de Jesús en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto
me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados
de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los
oprimidos” (Lucas 4: 18). Jesús vino por los ciegos, los pobres, los desamparados y los
pecadores.
El modo de silenciar es, lamentablemente, muy popular entre los cristianos, incluso hoy.
Sucede cada vez que nuestras palabras, acciones y actitudes mantienen a las personas
distanciadas de Jesús y de su iglesia. Cada vez que descalificamos mental o concretamente a
alguien de la salvación, estamos funcionando en modo silenciador. ¡Dios no lo permita!
El modo de facilitar
Los adventistas del séptimo día han sido elegidos por Dios como un
pueblo especial, separado del mundo […] Ha hecho de ellos
representantes suyos, y los ha llamado a ser sus embajadores durante esta
última fase de la obra de salvación. Les ha encargado que proclamen al
mundo la mayor suma de verdad que se haya confiado alguna vez a seres
mortales, las advertencias más solemnes y terribles que Dios haya enviado
alguna vez a los hombres. (Testimonios para la iglesia, vol. 7, 135).
Dios ha establecido su iglesia de los últimos días como una comunidad llamada a alabarlo
(Apocalipsis 1: 6). Una iglesia que no alaba no funciona en armonía con el diseño de Dios. El
modo de alabar se activa por lo que vemos que Jesús hace en nuestras vidas y en la vida de los
demás. La adoración y la alabanza auténticas son el resultado de presenciar el poder y el amor de
Dios. Cuanto más vemos, más alabamos. Una iglesia misionera está en mejores condiciones para
funcionar en el modo de alabar juntos.
Conclusión
Profundizando
- Comparte una experiencia en la que ayudaste a alguien a adoptar una nueva visión de la
vida.
- ¿Cómo podemos funcionar más en el “Modo de facilitar” durante esta temporada de
distanciamiento social?
- ¿A quién te gustaría llevar a Jesús? Comparte su nombre para la intercesión.
Mi promesa: DEDICAR tiempo regular cada semana para TRABAJAR para Dios,
difundiendo las buenas nuevas a otros a través de estudios bíblicos, grupos pequeños, etc.
(TMI).
DÍA 5
ADORAD AL CREADOR
Los evangelios hacen referencias regulares a las acciones de Jesús durante el día de
reposo, desde el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado. En este capítulo, Lucas, el
historiador, ha unido dos eventos relacionados con el sábado. El primero se refiere a los
discípulos que arrancan granos del campo para comer en sábado. Los fariseos los culparon por
violar la ley. En respuesta, Jesús justificó sus acciones y se declaró a sí mismo como el Señor del
sábado (Lucas 6: 3-4; Marcos 2:27-28; Mateo 12: 5-6). El segundo evento es un informe de uno
de los milagros que Jesús realizó durante el sábado. ¿Por qué se le da tanta importancia al sábado
en los evangelios?
La existencia humana se desarrolla en dos planos: tiempo y espacio. Adán fue creado el
sexto día y colocado en un jardín. Como seres vivos, no solo ocupamos espacio, sino que
modificamos constantemente el mundo material que nos rodea. Este es de hecho el diseño de
Dios para la humanidad (Génesis 2: 15). Sin embargo, este esfuerzo plantea el riesgo de olvidar
que estamos relacionados y dependemos de un Creador. Muchos han terminado funcionando con
una mentalidad puramente materialista. Para evitar este resultado, Dios ha establecido el primer
día completo de existencia no como un día de trabajo, sino como un día de descanso. Al guardar
el sábado, Jesús ejemplificó la perspectiva que debemos adoptar con respecto a las acciones: “No
puedo yo hacer nada por mí mismo” (Juan 5:30). El sábado nos ayuda a recordar que no somos
nosotros quienes sostenemos el mundo y nuestra existencia. La observancia del sábado es
esencial para que desarrollemos una mentalidad de Dios primero.
Adorar y escuchar la Palabra de Dios son las dos actividades fundamentales de quienes
ponen a Dios en primer lugar. Cuando adoramos, reconocemos quién es Dios y cuando
estudiamos su Palabra nos sometemos a sus instrucciones. Los servicios del sábado proporcionan
el espacio para que los creyentes pasen por esta experiencia.
Jesús nos ayuda a comprender que el reposo sabático no equivale a un día de inactividad.
El descanso sabático, además de cultivar en nosotros la mentalidad de descansar en el Señor,
proporciona concretamente tiempo para la adoración y el estudio de la obra de Dios. Nos
liberamos de las ajetreadas actividades de la semana y nos involucramos en otras más
edificantes. El propósito final del sábado no es dar descanso a nuestros músculos cansados o
tener un día durante el cual deambulemos, sino aumentar la posibilidad de que adoremos a Dios
y escuchemos su Palabra. Durante la semana, podemos disfrutar de estos ejercicios espirituales
personalmente y con nuestra familia, y en el día de reposo tenemos acceso a una experiencia
espiritual corporativa. Cuando los creyentes se reúnen como familia, reconocen su afiliación a un
Dios y un Salvador.
Tanto en el estanque de Betesda como en esta sinagoga, Jesús usó las horas del sábado
para atender las necesidades de aquellos que eran vulnerables. En respuesta al ataque de los
fariseos, hizo esta pregunta retórica: “Os preguntaré una cosa: En sábado, ¿es lícito hacer bien
o hacer mal?, ¿salvar la vida o quitarla? (Lucas 6: 9). ¿Cómo demuestran estos actos de
servicio, compasión y sanidad el principio de Dios primero?
La forma en que Jesús guardó el sábado ayuda a cultivar la mentalidad de Dios primero, a
practicar los principios de Dios primero y a influir en otros para que adopten esta filosofía de
vida. Cuando las horas del sábado se dedican a la adoración colectiva, el estudio de la Biblia y el
ministerio desinteresado, se convierte en el día más gratificante de la semana, un deleite para los
observadores del sábado.
Profundizando
Un gran negocio
Elena de White amplió la aplicación de esta parábola: “La parábola de la viña se aplica
no sólo a la nación judía. Tiene una lección para nosotros. La iglesia en esta generación ha sido
dotada por Dios de grandes privilegios y bendiciones, y él espera los resultados
correspondientes”. (Palabras de vida del gran maestro, p. 238). El Señor nos ha dado múltiples
bendiciones de muchas formas y, como dueño de todas, espera que reconozcamos su propiedad.
Entre las muchas cosas que hemos recibido de Dios, Deuteronomio 8:18 menciona una
que es universal: “sino acuérdate de Jehová, tu Dios, porque él es quien te da el poder para
adquirir las riquezas, a fin de confirmar el pacto que juró a tus padres, como lo hace hoy”. La
naturaleza y la cantidad de la riqueza producida por una u otra persona puede variar, pero a todos
les da “el poder para adquirir las riquezas”. A cambio, simplemente nos invita a recordarlo como
Dueño y Proveedor. Según Elena de White, “Cristo anhela recibir de su viña el fruto de santidad
y abnegación.” (Palabras de vida del gran maestro, p. 239).
Una forma de honrar nuestra parte del trato es devolver a Dios una parte de las
bendiciones recibidas a través del diezmo: “Todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que
pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová” (Levítico 27: 32). La mensajera del Señor
escribió estas palabras: “Nos pide que lo reconozcamos como el DADOR de todas las cosas, y
por esta razón ha dicho: De todas vuestras posesiones me reservo la DÉCIMA PARTE para mí
mismo, además de los DONATIVOS y OFRENDAS, que deben ser llevados a mi tesorería.”
(Consejos sobre mayordomía, p. 69) También establece un paralelo entre nuestra responsabilidad
y el antiguo Israel: “En el sistema judío, las ofrendas formaban una parte esencial del culto de
Dios. Se enseñaba a los israelitas a destinar una décima parte de todas sus entradas al servicio del
santuario. Además de esto habían de traer ofrendas por el pecado, ofrendas voluntarias, y
ofrendas de gratitud. Estos eran los medios para sostener el ministerio del Evangelio en aquel
tiempo. Dios no espera menos de nosotros de lo que esperaba de su pueblo antiguamente.”
(Palabras de vida del gran Maestro, p. 241)
Existe otro paralelo sorprendente entre la parábola de los labradores y la práctica del
diezmo: Dios participa en el riesgo. Si el décimo animal que pasa por debajo de la vara es uno
cojo y débil, Dios no pide un reemplazo.
Un trato quebrantado
Curiosamente, el propietario decidió tener una mayor paciencia con estos inquilinos
ingratos. Envió una secuencia de sirvientes tras otra, pero sin resultado. Finalmente envió a su
amado hijo: “Entonces el señor de la viña dijo: ‘¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás,
cuando lo vean a él, le tendrán respeto’” (Lucas 20: 13). El propietario identificó el problema
como falta de respeto. Lamentablemente, la suerte del hijo sería peor: “Pero los labradores, al
verlo, discutían entre sí, diciendo: ‘Este es el heredero; venid, matémoslo para que la heredad sea
nuestra’. Lo echaron fuera de la viña y lo mataron” (Lucas 20: 14-15). Esta reacción final revela
la verdadera intención de los inquilinos. No se trataba solo de dar una parte de la cosecha al
propietario, sino de reemplazar al propietario real. No querían estar bajo la autoridad del
propietario. Querían estar bajo su propia autoridad, y no compartir la cosecha era solo una
expresión externa de este motivo interno.
Un texto del profeta Malaquías puede ayudarnos a responder esta pregunta. Leemos en
Malaquías 1: 6a: “El hijo honra al padre y el siervo a su señor. Si, pues, yo soy padre, ¿dónde
está mi honra?; y si soy señor, ¿dónde está mi temor?, dice Jehová de los ejércitos”. Dios está
aquí reprochando a sus hijos por no honrarlo y mostrar respeto por quien es él. La conversación
entre Dios y los líderes de Israel continúa indicando cómo se manifiesta la falta de respeto:
“Sois vosotros, sacerdotes, que menospreciáis mi nombre y decís: ‘¿En qué hemos
menospreciado tu nombre?’. En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y todavía
decís: ‘¿En qué te hemos deshonrado?’. En que pensáis que la mesa de Jehová es
despreciable. Cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿acaso no es malo?
Asimismo, cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿acaso no es malo? Preséntalo, pues, a
tu príncipe; ¿acaso le serás grato o te acogerá benévolo?, dice Jehová de los ejércitos”.
La falta de respeto por la autoridad de Dios era evidente a través de lo que no estaban
devolviendo a Dios, como se menciona en Malaquías 3: 8-9: “¿Robará el hombre a Dios? Pues
vosotros me habéis robado. Y aún preguntáis: ‘¿En qué te hemos robado?’. En vuestros diezmos
y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”
Podemos romper el trato, el pacto entre nosotros y Dios, el Proveedor del “poder de
hacer riquezas” al no diezmar en absoluto, al no diezmar en todo, al no diezmar un porcentaje
apropiado, al no enviar el diezmo al lugar apropiado, y al no usar el diezmo de manera
apropiada.
Un resultado terrible
Volvamos a la parábola para entender qué tan grave es la ofensa de no cumplir con
nuestra parte del trato. Jesús terminó la parábola con estas palabras: “¿Qué, pues, les hará el
señor de la viña? Irá, destruirá a estos labradores y dará su viña a otros” (Lucas 20: 15-16). El
dueño les quitaría su confianza y ellos sufrirían la pena máxima.
Dios no necesita nuestros recursos, ni pequeños ni grandes. Pero algo mayor está en
juego, es decir, honrar y respetar su autoridad como Dueño y Señor de todo. Este fue el meollo
del error de estos labradores. Las palabras del apóstol Pablo explican la importancia de reconocer
el señorío de Jesús: “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que
Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.” Elena de White establece la relación entre
diezmar y reconocer a Jesús: “Los diezmos y las ofrendas dedicados a Dios son un
reconocimiento de su derecho sobre nosotros, lo cual provine de la CREACIÓN, también un
reconocimiento de su derecho a través de la REDENCIÓN. Por cuanto todo nuestro poder deriva
de Cristo, esas ofrendas han de fluir de nosotros a Dios. Deben recordarnos siempre lo que por la
redención Dios tiene derecho a pedirnos, pues ese derecho abarca todo lo demás.” (Testimonios
para la iglesia, vol. 6, 477, énfasis añadido). Devolver el diezmo es mucho más que una
transacción financiera, es una expresión de lealtad al señorío de Jesús, quien ha recibido todo del
Padre.
Aquel que prometió “darnos la capacidad de hacer riquezas” no ha retirado sus palabras.
Él es fiel. Este es un acuerdo único. Durante esta Semana de énfasis en la mayordomía, Dios nos
ha recordado con paciencia y amor su reclamo. Es cierto que los recordatorios sobre nuestra
responsabilidad financiera pueden enfurecernos, como sucedió con los labradores de la parábola.
Reflexionemos sobre nuestras reacciones. Se trata de algo mucho mayor que los recursos
financieros, es decir, ¿elijo poner a Dios en primer lugar?
Profundizando
1. Comparte sobre la fidelidad de Dios en tu vida, con respecto a su promesa: “Te doy el
poder de hacer riquezas.”
2. ¿Qué nos dificulta mantener nuestra parte del trato?
3. ¿Te gustaría que el grupo interceda por ti mientras eliges respetar a Jesús como Dueño,
Proveedor y Señor?
Alguien reaccionó a una publicación de Facebook alentando a dar: “¿Por qué deberíamos
seguir invitando a las personas a dar cuando ya están sufriendo?” Estas palabras pueden
desalentar al educador de mayordomía más entusiasta. ¿Son apropiados los llamados para dar en
este momento de crisis? Los comentarios de Jesús sobre las dádivas de una viuda pobre, que se
encuentran en Lucas 21: 1-4, brindan una mejor comprensión del tema de las ofrendas religiosas
cuando las circunstancias de la vida son difíciles.
Lucas escribe sobre las observaciones de Jesús con respecto a las dádivas de algunos
adoradores en el templo de Jerusalén: “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus
ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre que echaba allí dos
blancas. Y dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre echó más que todos, pues todos aquellos
echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo el
sustento que tenía.” (Lucas 21: 1-4).
En este pasaje, las apariencias externas de los adoradores revelaron sus condiciones
financieras. Algunos eran ricos y una era viuda pobre. Según Elena de White, la situación
financiera de esta viuda podría haber llevado a algunos observadores a desalentar su
generosidad: “Muchos le habrían aconsejado que guardase su pitanza para su propio uso. Puesto
en las manos de los bien alimentados sacerdotes, se perdería de vista entre los muchos y costosos
donativos traídos a la tesorería” (Deseado de todas las gentes, 581-582). En contraste, Jesús no
cuestionó la relevancia o el mérito de la ofrenda de la viuda pobre. En su opinión, era normal que
tanto los adoradores ricos como los pobres incluyesen la entrega en su adoración. La
participación en las donaciones no es exclusiva para los ricos ni para tiempos de abundancia. En
la antigüedad, Dios envió a su profeta Elías a pedir comida a otra viuda bíblica, cuyos únicos
recursos eran el aceite y la harina para preparar una última comida para ella y su hijo.
En varias de sus cartas, el apóstol Pablo pide fondos para la iglesia en Jerusalén
(Romanos 15: 25-28; 1 Corintios 16: 1-4; 2 Corintios 8: 9). El contexto era el de una hambruna
mundial en todo el Imperio Romano (Hechos 11: 27-30). Dos pasajes de los escritos de Pablo
revelan que los invitados a participar estaban experimentando las “dificultades del tiempo
presente” (1 Corintios 7: 26) y estaban “bajo grandes tribulaciones” (2 Corintios 8: 2). El apóstol
Pablo alabaría a los macedonios de la misma manera que Jesús alabó a la viuda pobre: “Porque,
en las grandes tribulaciones con que han sido probadas, la abundancia de su gozo y su profunda
pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Doy testimonio de que con agrado han dado
conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les
concediéramos el privilegio de participar en este servicio para los santos.” (2 Corintios 8: 2-4).
Está claro que Dios no tiene la intención que dar sea solo para los miembros ricos, sino para
todos los creyentes.
Jesús hizo una valoración interesante de la ofrenda de la viuda: “esta viuda pobre echó
más que todos.” La evaluación de Jesús no se basó en el valor monetario de las dos monedas de
cobre. Jesús estaba mirando el espíritu de sacrificio y confianza manifestado por la viuda; ella
dio “echó todo el sustento que tenía.” Al comparar las ofrendas de los donantes ricos con las
blancas de la viuda, Elena de White escribió estas palabras: “Sus grandes donativos no los habían
privado de ninguna comodidad, ni siquiera de algún lujo; no habían requerido sacrificio alguno y
no podían compararse en valor con las blancas de la viuda” (Deseado de todas las gentes, 582).
También escribió: “Fue este espíritu abnegado y esta fe infantil lo que mereció el elogio del
Salvador” (Deseado de todas las gentes, 582). El valor real de sus ofrendas no se veía por la
cantidad que dio, sino por lo que quedaba después de haber dado y el grado de su fe.
Elena de White presenta las ofrendas de sacrificio como el diseño de Dios para quienes
ofrendan. “Y Dios considera la ausencia de abnegación, en sus seguidores profesos, como una
negación del nombre de cristianos. Los que profesan ser uno con Cristo, y sin embargo
complacen sus deseos egoístas de poseer ropa y muebles elegantes y costosos, y alimento
exquisito, son cristianos solamente de nombre. Ser un cristiano es ser como Cristo” (Review &
Herald, 13 de octubre de 1896). La ofrenda de sacrificio se ejemplifica en la encarnación, la vida
y la muerte de Jesús. Estamos llamados a tomar a Jesús como nuestro modelo e inspiración para
dar. Los creyentes crecen como dadores de sacrificio cuando eligen ser sabios y modestos en
todos sus gastos.
El apóstol Pablo explica cómo el amor se convirtió en el motor de sus acciones: “El amor
de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron” (2
Corintios 5: 14). La seguridad de que Cristo murió para que Pablo pudiera vivir fue el
combustible que impulsó a Pablo hacia adelante. Cuanto más meditemos en el sacrificio de
Cristo en nuestro favor, y cuanto más reflexionemos sobre las misericordias, la gracia y el
perdón de Dios, más nuestras acciones y nuestro dar estarán motivados por el amor. Elena de
White describe el proceso de convertirse en un discípulo apasionado: “Cuando Cristo mora en el
corazón, el alma rebosa de tal manera de su amor y del gozo de su comunión, que se aferra a él;
y contemplándole se olvida de sí misma. El amor a Cristo es el móvil de sus acciones.” (Camino
a Cristo, 44). Las palabras “mora”, “comunión”, “aferra”, “contemplándole” hablan de la
estrecha relación entre Dios y los seres humanos y, como resultado, “El amor a Cristo es el móvil
de sus acciones.” Aquellos en quienes Dios se deleita, tienen su intimidad con Jesús forjada en el
crisol del dar.
Aquel que ofrece su vida por nosotros, para que tengamos la vida eterna, nos invita a ser
dadores en todo tiempo. Nuestras ofrendas deben corresponder al amor que Dios ha manifestado
por nosotros: vació el cielo para traernos la salvación. Elijamos ser dadores en quienes Dios se
deleita. Elena de White comenta: “Los que sienten el amor constreñidor de Dios, no preguntan
cuánto es lo menos que pueden darle para satisfacer lo que él requiere” (Camino a Cristo, 44).
En nuestra colaboración con Dios, a veces nos hemos conformado con lo mínimo. Ahora,
impulsados por el amor, no nos conformaremos con nada más que lo mejor.
Profundizando
Adora a Dios devolviéndole los diezmos y las ofrendas. LA MISIÓN DE DIOS CONTINÚA
INCLUSO MIENTRAS ESTÁS EN CASA.