Código de conducta para fuerzas policiales
En la cultura de las fuerzas de seguridad perduran las marcas
dejadas por una historia en la que abundaron las transgresiones, los
abusos y la violencia. Si a ello se le agrega el deterioro de los
patrones y valores que configuran el lazo social —que en este caso
afecta la vocación de servicio y de respeto de los derechos de las
personas—, obtendremos una aproximación a las causas de los
prejuicios autoritarios y de los hábitos abusivos que persisten entre
los miembros de las filas policiales.
Los sectores más vulnerables, como menores de edad e inmigrantes,
suelen ser las víctimas más comunes de los abusos, apremios y
tormentos. También han proliferado los operativos ilegítimos y los
casos de brutalidad policial, entre otros delitos cometidos por
funcionarios de las fuerzas de seguridad. Todo esto genera
desconfianza de la población en la Policía, lo cual afecta la eficacia
de la lucha contra el delito.
A pesar de la reiteración de denuncias judiciales e investigaciones
periodísticas sobre el tema, las autoridades civiles no han
desarrollado políticas adecuadas para modificar las prácticas
ilegales.
En este contexto, resulta un paso significativo la implementación del
Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer
Cumplir la Ley, un instrumento sancionado por la ONU en 1979,
incorporado a la Ley de Seguridad Interior en 1995, pero recién
ahora de aplicación real en las fuerzas bajo jurisdicción de la
Nación.
De esta manera, anualmente, cada una de las instituciones
alcanzadas deberá informar al Presidente las medidas adoptadas para
promover el referido código, el cual debe ser incorporado a cada uno
de los reglamentos internos. El estudio y conocimiento de dicho
texto normativo se espera ocupe un lugar central en la instrucción
que reciben los funcionarios armados.
El código de conducta exige servir a la comunidad y respetar los
derechos humanos, establece que bajo ningún concepto se podrán
aplicar o tolerar torturas y que la fuerza sólo debe usarse en forma
excepcional y razonable, y se espera que la promoción de este
instrumento pueda contribuir, junto con otras medidas más
sustantivas, a la mejora de la cultura de los miembros de las fuerzas
de seguridad.
Dado que las policías provinciales enfrentan similares problemas,
resultaría positivo que se incorpore el código en las diferentes
jurisdicciones.
Es de esperar, en suma, que la nueva disposición contribuya a crear
una nueva conducta de legalidad que beneficiará a la sociedad y a
las propias fuerzas policiales