Mide Tus Palabras – Santiago 3:1-12
Santiago 3:1-12
ABRAN SU BIBLIA A SANTIAGO 3:1-12
Hace quince años, una amiga muy querida, y yo, estábamos visitando Santa Fe. A lo que
caminábamos juntas por la plaza… por las boutiques, y las galerías, el nombre de una amiga, que
teníamos en común, surgió en la conversación, y yo dije ALGO poco amable acerca de ella. Algo
sarcástico. Cínico. En otras palabras, hablé mal de ella.
Mi amiga paró, se volteó hacia mí, y con su cara delante de la mía, me dijo, con palabras lentas y
profundas, “Carmen, la mujer que dice que ama a Dios, no diría una cosa así, acerca de una
amiga.”
Ella me podía haber atravesado las costillas con un cuchillo, y el dolor no hubiera sido mayor.
¿Pero, saben qué? En los últimos quince años, me he salvado, miles de veces, de hablar como
una necia.
Cuando estoy tentada a decir algo poco amable acerca de un hermano o hermana, todavía
escucho la voz de mi amiga, diciéndome, “Carmen, la mujer que dice que ama a Dios, no diría una
cosa así, acerca de una amiga.”
EMPECEMOS EN ORACION
Padre, gracias que tu Palabra nos enseña a medir nuestras palabras. Que nos exhorta a hablar la
verdad, con amor. Señor, no queremos ser cristianas hipócritas, que decimos una cosa, y hacemos
otra. No queremos hablar mal de nadie.
Padre, que nuestras palabras estén siempre sazonadas con sal, para que tengan buen sabor para
el oyente. Señor, no queremos ser chismosas, ni destruir la reputación de nadie con nuestras
palabras. Queremos representarte bien. En el nombre de Jesús, Amén.
La semana pasada terminamos el capítulo dos del libro de Santiago, donde estudiamos, que la fe
se hace visible, por nuestros actos de misericordia.
Santiago no dijo que podemos ser salvas por nuestras buenas obras. Lo que dijo es que solo la fe,
no las obras, nos puede salvar. Pero también dice que la verdadera fe se confirma por nuestras
buenas obras.
Ahora, en el capítulo 3, Santiago nos dice que la fe se hace visible, y reconocible, por una lengua,
que está bajo control. La lengua es el miembro de nuestro cuerpo, que está más relacionada con
nuestra verdadera naturaleza. Nuestra lengua muestra lo que nos motiva, y por consiguiente, ¡lo
que dices revela lo que eres!
Es importante entender, que si decimos que somos cristianas, que creemos en Jesucristo, nuestras
lenguas se tienen que someter a Su control.
Esto no significa que las cristianas nunca se puedan exhortar o confrontar, unas a otras. Pero
cualquier confrontación que haya con un hermano o hermana en Cristo, debe de ser amable,
amorosa, y humilde – no hiriente, humillante, y desagradable. Por eso Pablo nos exhorta a hablar
la verdad, pero con amor.
El título de este mensaje es MIDE TUS PALABRAS. Y está dividido en tres fases: (I) La Realidad
del Llamado; (II) La Malicia de la Lengua; (III) La Dualidad de la Lengua.
ASI QUE COMENCEMOS CON LA PRIMERA FASE…
I. LA REALIDAD DEL LLAMADO (Santiago 3:1-4)
1 Hermanos míos, no se convierta la mayoría de ustedes en maestros. Bien saben que el juicio que
recibiremos será mayor.
La frase “Hermanos míos,” indica que Santiago se estaba dirigiendo a aquellos que nombran el
nombre de Cristo… a aquellos, cuya fe, es genuina sin lugar a duda, exhortándolos a asegurarse
de que su deseo de enseñar, está realmente de acuerdo a la voluntad de Dios, y no simplemente a
su propio deseo.
Los problemas, que Santiago y los primeros apóstoles estaban enfrentando en el siglo primero,
eran similares a los problemas que vemos en las congregaciones jóvenes en América Latina, y en
el mundo de hoy en general: ya sea, ambiciones desmedidas por parte de los líderes, falta de ética,
deseos de poder, mala administración del dinero, ansias de fama, y falta de sabiduría.
Santiago nos advierte acerca del problema de hacerse maestro, uno mismo, y del problema de no
presentar la Palabra de Dios debidamente. Ser maestro de la iglesia, o del ministerio de mujeres,
es un don de Dios.
Por eso, 1 de Corintios 12:28 dice: “En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles, luego
profetas, y en tercer lugar, maestros.” Noten que dice que Dios los ha puesto ahí.
También Efesios 4:11 dice, “Y Jesús constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas, a otros, pastores y maestros.”
La palabra constituir significa fundar o establecer. Primero y segundo de Timoteo reiteran lo mismo,
que es Dios quien hace el llamado, quien los establece y los constituye, como maestros y
maestras.
Hace años, yo no sabía que tenía el don de la enseñanza. En esa época, yo era supervisora del
“Estudio Bíblico de las Mujeres de mi iglesia.” Una vez, mientras nos preparábamos para dar un
entrenamiento, antes de comenzar el estudio bíblico de ese semestre, la directora me pidió que
hiciera una introducción de cinco minutos.
Mientras preparaba mi pequeña introducción, grandes ideas se me venían a la mente, y hasta la
forma de redactarlas. Dije: “Señor, tú vas a hacer algo grande con esta introducción, porque yo
nunca hubiera podido escribir algo tan bonito ni tan inspirador.”
El gran día del entrenamiento llegó, y yo hice mi pequeña introducción. Todas las mujeres
quedaron encantadas. Pero lo más increíble, fue que dos días después, recibí una llamada de la
directora, y me dijo que ella pensaba que yo tenía el don de la enseñanza.
Me pidió que orara para ver si el Señor me había llamado a ser maestra. Y que ella oraría también.
Al poco tiempo, tuve la oportunidad de reemplazar a una de las maestras del
estudio bíblico. Dios abrió la puerta para que yo enseñara. Y por la gracia de Dios, ¡mi enseñanza
salió bien buena!
La directora quedó muy contenta y me pidió que fuera parte del equipo de las maestras del
ministerio. Meses después, la directora decidió traer a varios maestros para “que nos entrenaran a
nosotras las maestras, aún más” en el arte de enseñar la Palabra de Dios.
Después del curso, la directora nos sugirió, a todas aquellas, que lo habíamos tomado, que le
pidiéramos a Dios que nos confirmara si teníamos el don de la enseñanza. ¡Y así lo hice! Y en
menos de 24 horas, Dios me confirmó mi llamado rotundamente, a través de tres personas
diferentes. ¡A una, ni siquiera la conocía!
Y como el Ministerio de Mujeres suele mandar nuestras enseñanzas a nuestras misioneras
alrededor del mundo, de la nada, recibí un correo de la misionera de Panamá, en que me decía,
que le encantaba escuchar mis discos. Que yo era muy buena maestra. ¡Y que mis enseñanzas
eran muy claras y profundas!
En menos de 24 horas, había recibido la confirmación de tres personas. ¡Y salió de ellas! Yo no le
había dicho nada a nadie acerca de esto. ¡Yo solo le había orado a Dios! Y Dios les puso en el
corazón, decírmelo. ¡Solo mi Dios podía haber hecho eso!
Un día, estaré ante nuestro Señor Jesucristo, y seré juzgada bajo un estándar más estricto, por ser
maestra de la Palabra. Esa es la razón que es tan importante representar correctamente a Dios y a
Su Palabra ante ustedes. La autoridad de enseñar conlleva una gran responsabilidad.
¿Por qué es que el maestro recibe un juicio más estricto que el discípulo? (1)El maestro
responsable habla la verdad, no da sus opiniones personales. Tú y yo hemos
visto maestros que se han apartado de la verdad, haciendo sus propias conjeturas, y enseñándolas
como si fueran verdad.
(2)Lo que un maestro dice, afecta muchas vidas. La responsabilidad de manejar correctamente la
Palabra de Dios, no se debe de tomar a la ligera. La vida de mucha gente está en juego, para estar
improvisando.
(3)El maestro tendrá un juicio más estricto porque se espera, que él o ella, viva la verdad. No solo
que la enseñe. La verdadera prueba del maestro no es lo que dice, sino lo que su familia habla de
él. Santiago 1:26 dice, “Si alguno de ustedes cree ser religioso, pero no refrena su lengua, se
engaña a sí mismo, y su religión no vale nada.”
Y 2 de Timoteo 2:15 dice, “Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero
que no tiene de qué avergonzarse, y que usa bien la Palabra de Verdad.
Se cuenta la historia de una señora, que con su hijo en brazos, se subió a un tren en pleno invierno
para irse a su pueblo. Como la noche era helada y tempestuosa, ella iba muy angustiada porque
tenía miedo de pasarse la estación donde tenía que bajarse. Un señor, al verla tan asustada, le
preguntó que a dónde iba.
Ella le indicó el nombre del sitio. Él le dijo que no se preocupara, que él conocía el lugar
perfectamente, y que le avisaría cuando tenía que bajarse. ∐Pasó el tiempo, y el tren se detuvo. El
hombre le dijo a la señora que esa era su estación, y que debía de bajarse.
Ella, muy agradecida con el hombre, por indicarle el lugar, se bajó, y el tren, al cabo de un rato,
partió de nuevo. No había pasado mucho tiempo, cuando el boletero del tren comienza a anunciar,
en voz alta, que estaban al llegar a la siguiente parada, para que los pasajeros se fueran alistando.
¡Esa era la parada, donde esa señora, se debía de haber bajado! ¡El hombre se asustó muchísimo!
No entendía lo que había pasado. Hablando con el boletero, éste le dijo que
tuvieron un pequeño percance con la máquina, y por eso, tuvieron que parar en un lugar
intermedio.
Este hombre se había pegado tal confundida con esa parada, que hizo que la señora y su hijo se
bajaran en el lugar equivocado. Al día siguiente apareció en las noticias, que una señora, con su
hijo en brazos, había sido encontrada congelada, al igual que su hijito.
De la misma forma, un maestro o maestra sin conocimiento real y verdadero, puede desviar el
propósito de Dios.
2 Todos cometemos muchos errores. Quien no comete errores en lo que dice, es una persona
perfecta, y además capaz de dominar todo su cuerpo. Este versículo aplica a todas, especialmente
al maestro. Nadie es infalible. Todas tropezamos de muchas formas.
Pero cuando el maestro tropieza, él puede causar que un montón de otra gente, tropiece también.
¿Quién de ustedes puede decir, honestamente, qué nunca ha dicho nada malo, o dicho algo fuera
de lugar? Si así fuera, ¡esa persona sería perfecta! La persona que puede controlar su lengua,
puede controlar todo su ser.
Hace unos años, una famosa actriz, ganadora del Premio Emmy, tomó la valiente decisión de
salirse a la mitad de la ceremonia del Premio Musical Americano. ¿Cuál fue la razón?
Se sintió muy ofendida y desilusionada por la forma como los anunciadores, y los actores y actrices
decían chistes groseros; y hacían cualquier cantidad de comentarios sensuales y provocativos.
Ella dijo, que esa noche había sido una afrenta para cualquiera que tuviera una pizca de dignidad y
respeto propio.
El lenguaje vulgar también había sido un problema durante la época del apóstol Pablo. En Efesios
4:29, él les dice a los cristianos de Éfeso: “No pronuncien ustedes ninguna palabra obscena, sino
solo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación, y que sean de bendición para los
oyentes.”
El mal hablar eran expresiones de sus vidas de antes, pero ahora estaban fuera de lugar, con su
nueva identidad en Cristo. Ahora, sus vidas debían de ser caracterizadas por un lenguaje puro. El
Espíritu Santo los ayudaría a proteger sus palabras, y les haría convicción contra un lenguaje
sucio.
Hemos sido llamadas a reflejar a Dios con todo lo que somos, y eso incluye nuestras palabras.
¡Palabras sanas fluirán de una vida hecha nueva! Que nuestras bocas estén siempre llenas de
agradecimiento, y de palabras que edifiquen a otros.
3 A los caballos les ponemos un freno en la boca, para que nos obedezcan, y así podemos
controlar todo su cuerpo. 4 Y fíjense en los barcos: Aunque son muy grandes e impulsados por
fuertes vientos, se les dirige por un timón muy pequeño, y el piloto los lleva por donde quiere.
Al referirse al freno y al timón, Santiago presenta dos cosas, que aunque chiquitas, como la lengua,
tienen gran poder. Un freno chiquito permite que el jinete controle la fuerza del caballo, y un timón
chiquito, permite que el timonel dirija un barco enorme.
La lengua es un miembro chiquito del cuerpo, pero posee el poder, para realizar grandes hazañas.
Tanto el freno como el timón deben de vencer fuerzas contrarias. El freno debe de vencer la
naturaleza indómita del caballo, y el timón, debe de luchar contra los vientos y las corrientes, que
pueden desviar el curso del barco.
La lengua del hombre o la mujer también debe de vencer fuerzas contrarias. Tenemos una vieja
naturaleza que quiere controlarnos, y hacernos pecar. Hay circunstancias, a nuestro alrededor, que
nos hacen decir cosas indebidas. El pecado interno y las presiones externas, tratan de controlar la
lengua.
Esto quiere decir que tanto el freno como el timón deben de ser controlados por una mano fuerte.
El jinete controla el gran poder de su caballo, y el timonel guía al barco valientemente, a través de
la tormenta.
Cuando Cristo Jesús controla nuestra lengua, no tenemos por qué tener miedo a decir cosas
malas. Ni tampoco a decir cosas buenas, de forma incorrecta.
PAUSA
David oró en el Salmo 141:3-4: “Señor, pon un vigilante en mi boca; ¡ponle un sello a mis labios!
No dejes que mi corazón caiga en la maldad.” David sabía que el corazón es la clave del buen
hablar. Por eso, Jesús dice en Mateo 12:34, “Porque de la abundancia del corazón, habla la boca.”
El freno y el timón tienen el poder de dirigir. Eso significa, que afectan la vida de otra gente. Un
caballo desbocado, o un barco que está naufragando, pueden herir a MUCHOS, ya sea, matando a
los peatones en la calle, o a los pasajeros del barco. Igualmente, las palabras que decimos,
pueden afectar otras vidas.
Por ejemplo, el juez que declara: “Culpable” o “No culpable” a un prisionero, afecta el destino de
ese prisionero, el de su familia, y sus amigos. ∐ Un simple, “si,” o un simple “no” de los labios de
un papá, puede afectar seriamente, el curso de la vida de su hijo. Nunca subestimes el impacto
que tus palabras puedan tener en otros.
La lengua es la expresión del estado interno de tu mente; y por lo tanto, su alcance es increíble. En
la lengua hay mucho potencial para hacer daño. Pero la lengua también puede alentar, fortalecer,
asegurar, apoyar, y consolar. La lengua puede vendar heridas.
Puede aliviarlas y mitigarlas. Puede recordarle a muchos, que ellos son importantes para Dios.
La lengua puede compartir el evangelio de Jesucristo con un mundo, que se está muriendo. Tú
puedes llevar la salvación a aquellos que están perdidos. ∐ Si usas la lengua, de la forma como
Dios lo ha planeado, tú puedes edificar a otros, y alentarlos a hacer buenas obras.
Una familia había invitado a unos amigos a cenar. El ama de casa, queriendo demostrar a sus
invitados que ellos mantenían los más altos estándares cristianos, “en su propia casa,” le pidió a su
hijito de cinco años, que bendijera la mesa.
Hubo una larga pausa, seguida por las palabras tranquilizadoras de su mamá. “Cariño,
simplemente di lo que papi dijo esta mañana en el desayuno.” Obedientemente, el chiquito repitió,
“O Dios mío, tenemos a esta gente pesada, que va a venir a cenar esta noche.”
La lengua puede edificar a la gente, o destruirla. La lengua necesita ser controlada. Cada una de
nosotras tiene una lengua, y una voz. Estos instrumentos de lenguaje pueden ser usados
destructivamente, o pueden ser usados constructivamente.
Puedes usar tu lengua para calumniar, chismear, quejarte, fastidiar, y hasta pelearte. O puedes
ponerla bajo el control del Espíritu Santo, para que sea un instrumento de bendición. ∐ Para frenar
tu lengua, dale a Dios las riendas de tu corazón.
ASI QUE, YA VIMOS LA REALIDAD DEL LLAMADO DE DIOS, AHORA VEAMOS…
II. LA MALICIA DE LA LENGUA (Santiago 3:5-8)
5 Así es la lengua. Aunque es un miembro muy pequeño, se jacta de grandes cosas. ¡Vean qué
bosque tan grande puede incendiarse con un fuego tan pequeño!
6 Y la lengua es fuego; es un mundo de maldad. La lengua ocupa un lugar entre nuestros
miembros, pero es capaz de contaminar todo el cuerpo; si el infierno la prende, puede inflamar
nuestra existencia entera.
La lengua es como el fuego. Cuando está bajo control, es una bendición. Cuando está fuera de
control, es devastador. El fuego se propaga, y entre más combustible se le alimente, más rápido y
más lejos se extiende. Al propagarse, el fuego destruye. ∐ Las palabras que pronunciamos, tienen
el poder de destruir.
Hace años, cuando mis hijos eran chicos, nosotros vivíamos en Lima, en un departamento bien
bonito en San Isidro. Una noche, escuchamos a uno de los vecinos, gritar: ¡Incendio! ¡Incendio!
¡Salimos corriendo a la calle! Vimos, que uno de los departamentos del edificio de al lado, estaba
totalmente envuelto en llamas.
¡Todo el vecindario estaba afuera… mirando aterrados! Y a pesar de que los bomberos llegaron en
menos de cinco minutos, para ese entonces, las llamas ya habían consumido todo lo que había en
ese hogar.
Gracias a Dios, los bomberos pudieron apagar el incendio, lo suficientemente rápido, para que las
llamas no se expandieran a los otros departamentos. El fuego quema y daña. Que pena ver toda
esa destrucción… Toda esa devastación.
Ver los muebles y efectos personales de esta familia destruidos…hechos cenizas. Menos mal que
nadie murió en ese incendio.∐ Las palabras hirientes pueden tener el mismo impacto. Nuestras
palabras pueden herir, pueden dañar, y devastar.
Proverbios 26:20–21 dice, “Nuestras palabras pueden causar incendios. “Sin leña, se apaga el
fuego, y sin chismosos se acaba el pleito. Para hacer brasas, el carbón; para encender el fuego, la
leña; para encender los ánimos, el pendenciero.” Como el fuego, la lengua también puede “calentar
las cosas”.
La clave para evitar conflictos verbales se encuentra en Proverbios 15:1, “La respuesta amable,
calma la ira; la respuesta grosera, aumenta el enojo.” Un pequeño comentario puede comenzar
una gran pelea. Cuando nosotras, por la gracia de Dios, escogemos no contratacar con nuestras
palabras, honramos a nuestro Señor Jesucristo.
En el Salmo 39:1,3 David escribe: “Decidí prestar atención a mis caminos para no incurrir en
pecado con mi lengua; decidí refrenar mis palabras mientras tuviera un malvado cerca de mí. En mi
interior, mi corazón se enardeció; al pensar en esto, estalló mi enojo.”
¿Alguna vez has estallado con cólera? ¡Estoy segura que sí! El mal genio y un corazón fuera de
control nos llevan a decir palabras acaloradas, que más tarde lamentamos haber dicho. David tenía
mal genio, y por lo tanto, le pedía a Dios que lo ayudara a controlarlo.
Es por eso que Salomón escribe en Proverbios 17:27: “Sabio es quien cuida sus palabras.
Inteligente es quien tiene un espíritu prudente.” Y Proverbios 14:29 dice, “Enojo lento, gran
inteligencia; espíritu impaciente, demasiada necedad.”
PAUSA
Uno de los sufrimientos, que Jesucristo tuvo que aguantar, cuando vivió en la tierra, fue la forma
como sus enemigos hablaban de él. Lo llamaban “glotón y borracho,” porque aceptaba gentilmente
las invitaciones a comer o a cenar, que la gente le hacía.
Uy! A los fariseos no les gustaba eso nadita. ∐ Cuando hacía milagros, decían que tenía pacto con
Satanás. Y aun, mientras moría en la cruz, sus enemigos no lo dejaban en paz, sino que se
burlaban de Él descaradamente.
Cuando Jesús fue abusado e insultado, El cumplió las palabras proféticas de Isaías 53:7, “Se verá
angustiado y afligido, pero jamás emitirá una queja; será llevado al matadero, como un cordero; y
como oveja delante de sus trasquiladores, se callará y no abrirá su boca.”
7 La gente puede domesticar y, en efecto, ha domesticado, a toda clase de bestias, aves,
serpientes y animales marinos, 8 Pero nadie puede domesticar a la lengua. Esta es un mal
indómito, que rebosa de veneno mortal.
La lengua no es sólo como un fuego, sino también como un animal peligroso. El animal es
incansable e indómito, y busca su presa para matarla. Algunos animales son venenosos, y hay
algunas lenguas que inyectan veneno.
Cuántas de nosotras hemos sido víctimas de este veneno. Muchas de nosotras todavía podemos
recordar aquellas palabras malvadas, que nos fueron dichas, hace años. Muchas de esas heridas
emocionales y sicológicas todavía permanecen.
Desgraciadamente, muchas de nosotras, también podemos recordar las palabras venenosas, que
dijimos irreflexivamente, dichas en cólera, o dichas… ¿quién sabe por qué?
Frenar la lengua es una decisión de tenemos que tomar. El hecho de que ninguna persona puede
domar la lengua, significa que solo el Espíritu Santo nos puede librar de un lenguaje pecador, así
que tenemos que invitarlo a que lo haga
Debemos de reconocer, no solo nuestras propias limitaciones, sino el hecho de que necesitamos
Su ayuda. De lo contrario, seguiremos causando incendios con nuestras Palabras.
Pídele al Espíritu de Dios que te enseñe a “pensar antes de hablar,” a “invocarlo” cuando tu auto-
control no parece estar a tu alcance, y para que te ayude a perdonar a aquellos, que como tú,
están luchando por dominar su lengua venenosa.
El 28 de julio de 1914, Austria y Hungría le declararon la guerra a Serbia, como resultado del
asesinato de Archiduque Francisco Fernando y su esposa, Sofía. En menos de tres meses, otros
países europeos se habían aprovechado de la situación para honrar sus alianzas militares, y seguir
sus propias ambiciones.
Este evento precipitó la Primera Guerra Mundial, que fue uno de los conflictos militares más
destructivos de nuestra era moderna. La tragedia de una guerra es impactante.
¿Cuántas guerras han comenzado a causa de la lengua? ¿A cuánta gente le han destruido su
reputación a causa del chisme? ¿Cuántos corazones han sido destrozados? ¿Cuántas vidas han
sido deshechas a causa de la lengua?
Nuestras palabras quizás no hayan causado guerras o destruido ciudades, pero sí pueden
destrozar corazones y arruinar reputaciones. Pueden también destruir almas, y mandarlas a una
eternidad, sin Cristo. Colosenses 4:6 dice “Procuren que su conversación siempre sea agradable y
de buen gusto.”
El Libro de Proverbios nos alienta a hablar la verdad, y a buscar la paz, por medio de nuestras
palabras. Proverbios 15:4 dice, “La lengua apacible, es árbol de vida; la lengua perversa, daña el
espíritu.” Y Proverbios 15:23 dice, “El hombre es feliz cuando sabe responder; ¡y que buena es una
respuesta oportuna!”
Un autor anónimo escribió: Una palabra imprudente, puede prender la llama de una discusión. Una
palabra cruel, puede arruinar una vida. Una palabra oportuna, puede disminuir el estrés, y una
palabra cariñosa, puede sanar y bendecir.
ASI QUE, YA VIMOS LA REALIDAD DEL LLAMADO Y LA MALICIA DE LA LENGUA,
TERMINEMOS AHORA CON LA 3ERA FASE…
III. La Dualidad de la Lengua (Santiago 3:9-12)
9 Con la lengua bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los seres humanos, que han
sido creados a imagen de Dios. 10 De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos
míos, ¡esto no puede seguir así!
¿No te parece esto una hipocresía? Hasta cierto punto, todas las cristianas hemos sido culpables
de esta hipocresía. ¿No fueron acaso los escribas y los fariseos malvados, quienes decían
bendecir a Dios, y sin embargo, demandaron que crucificaran a Su Hijo, acusándolo de blasfemia?
¿No fue Pedro quien confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente? Sin embargo,
mientras que su Señor estaba siendo juzgado ante el sumo sacerdote, Pedro se puso a negar…
jurar… maldecir, y dijo en Mateo 26:72-75 “No conozco a ese hombre.” Y entonces… cantó el
gallo.
En ese momento Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: “Antes de que cante el gallo, me
negarás tres veces.” Y saliendo de allí, Pedro lloró amargamente.
La lengua es capaz de alabar o blasfemar a Dios. ¡Y tú puedes hacer lo mismo con la boca que
tienes! La lengua es lo que separa al hombre del mundo animal. El hombre no es un mono que
farfulla, ni tampoco es un ruiseñor.
El hombre se puede comunicar con otro hombre, y también se puede comunicar con Dios. Cuando
un hombre canta como un ángel el domingo, y luego habla como un demonio, durante la semana,
ese hombre es un hipócrita. ∐ Por supuesto, el problema principal no es la lengua, sino el corazón.
Jesús dice en Mateo 15:18, “Pero lo que sale de la boca, sale del corazón; y esto es lo que
contamina al hombre.” Al llenar nuestro corazón con la Palabra de Dios, y permitir que el Espíritu
Santo tome control de nuestras vidas, Él puede usarnos para llevar alegría y bendición a otros.
11 ¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga? Aquí Santiago dice que
un producto es igual a su fuente de origen. La mujer que dice una cosa, y a la vez, otra, refleja un
corazón indeciso y vacilante. Por eso Jesús dice en Mateo 7:18, “El buen árbol no puede dar frutos
malos, ni el árbol malo dar frutos buenos.”
El problema es que tenemos un corazón dividido. Tenemos dos naturalezas. Nacimos con una
naturaleza que no puede hacer nada bueno, y hemos nacido de nuevo, herederas de una
naturaleza, que no puede hacer nada malo.
Nuestra conducta y conversación se deriva de una naturaleza, o de la otra. O demostramos las
obras de la carne, o demostramos el fruto del Espíritu. Pablo nos dice que crucifiquemos la carne, y
que caminemos en el Espíritu.
12 No es posible, hermanos míos, que la higuera dé aceitunas, o que la vid dé higos.
Yo recuerdo, que hace años, fui a una peluquería, muy elegante, donde lo mejorcito de Lima iba.
Aunque esta peluquería era un poco cara, decidí hacer el gasto, porque quería que me hicieran un
corte sensacional.
En el momento, que me tocaba mi turno con el famoso peinador, vi que acababa de peinar a esta
chica regia, con un pelo fabuloso. A lo que la chica se iba, le dije al peinador, que yo quería un
peinado como el de ella. ¿Saben lo que me dijo? ¡NO LE PUEDES PEDIR PEROS AL OLMO!
¡Uy! ¡Qué tal lengua la del peluquero! Él debía de haber leído este pasaje de Santiago.
Obviamente, sus palabras me cayeron como un baldazo de agua fría. Él podría haberme dicho lo
mismo, con un poquito más de tacto… con un poquito más de ternura y dulzura. ¡Definitivamente,
que su fama, se le había ido a la cabeza!
No solo NO SALI luciendo como la otra chica, sino que salí de ese lugar dolida y humillada. ¡Y
nunca más volví! Es así como se pierden las amistades… ¡Y los clientes!
Tal vez yo estaba pidiendo lo imposible, “pidiendo peros al olmo” pero el peluquero me lo podía
haber dicho con más delicadeza.
Hemos sido llamadas a reflejar a Dios, con todo lo que somos, y eso incluye nuestras palabras. Es
mejor morderte la lengua, que hacer un comentario mordaz.
Y el vs 12 concluye… Ni tampoco puede ninguna fuente dar agua salada y agua dulce. Esto
también es claramente imposible, y ninguna persona racional, puede creer lo contrario. Un corazón
lleno de odio no puede producir palabras y obras de amor. Un corazón injusto no puede producir
palabras y obras justas.
¿Cómo puedes afirmar y alentar a aquellos, con quien tienes contacto en tu vida diaria? Deja que
Dios controle tu lengua y tu corazón diariamente, y pídele que te use para ser de bendición a los
que te rodean. ¡No hieras a la gente en un arrebato de ira!
Usa palabras tan sencillas como, “por favor”, “gracias,” o “lo siento,” “te quiero,” o “estoy orando por
ti.” Deja que Dios use tu lengua para guiar a otros al camino de la vida. La lengua es un miembro
chiquito, pero tiene gran poder. ¡Úsala para la gloria de Dios!
OREMOSLE AL SEÑOR
Padre, esta enseñanza no ha sido fácil de escuchar, porque nos recuerda las cosas que hemos
hablado. Las cosas que le hemos dicho a otra gente. Señor, perdónanos por haber herido a
nuestros esposos, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestras amigas, y compañeras de
trabajo, con nuestro mal humor, malos modos, y arrebatos de cólera.
Señor, queremos representarte bien. No queremos que el mundo, que nos observa por ser
cristianas, nos considere hipócritas, por decir palabras que destruyen y hieren a otros.
Queremos modelar a Jesús, que siempre tuvo palabras de amor y consuelo para todo el que se
acercaba a Él. Siempre alentando y edificando a otros.
Padre, no queremos demostrar las obras de la carne sino demostrar el fruto del Espíritu en
nuestras vidas, por el poder de Tu Espíritu Santo. Solo así podremos domar la lengua. Señor,
queremos exaltar y glorificar Tu gran nombre. En el nombre de Jesús, Amén.
El poder y los peligros de la lengua
Reflexiones sobre Santiago 3:1-12
El capítulo 3 de Santiago es la más extensa exposición bíblica acerca del cuidado que debe
tenerse al hablar. Bien puede decirse que su contenido es una franca exhortación pastoral,
con el propósito de corregir la conducta en el uso del lenguaje en la comunidad cristiana. El
lenguaje arrogante, jactancioso, ofensivo, no debe tener cabida en la iglesia. Los vv. 1-12
hablan de la actitud que los cristianos (especialmente los maestros) debían asumir frente al
poder de la lengua. En cierto modo, es un mensaje a los maestros de la iglesia. Se presenta
una clara exhortación a tener cuidado en la comunicación, tanto en el discurso público como
en la conducta de los líderes. Los vv. 1-12 hacen hincapié en el poder de las palabras, por lo
que debe tenerse cuidado al hablar; mientras que los vv. 13-18 hablan más de la conducta de
los maestros.
Los vv. 1 y 2 hablan del riesgo que corren los maestros de ser juzgados severamente por lo
que dicen (y cómo lo dicen) al pretender enseñar a otros. Los vv. 3-6 presentan una serie de
ilustraciones para mostrar el problema del poder de la lengua, el poder que se esconde en las
palabras que pronunciamos. Y los vv. 7-12 presentan una franca y argumentada exhortación
para que controlen el uso de la lengua. El mensaje de Santiago es que los que quieran ser
maestros de la Palabra deben entender que asumen una tremenda responsabilidad, pues
deben ser ejemplo de lo que enseñan. Si fracasan, su condenación es más severa. [1] El
cuidado ha de estar no sólo en lo que dicen y cómo lo dicen, sino en la manera como viven la
fe que proclaman. Santiago, pues, está preocupado tanto de la disciplina mental, como de la
disciplina moral, social y relacional de los maestros en la iglesia.
¿Cuál es el contexto de Santiago 3:1-12?
Aunque Santiago habla básicamente a los que pretendían ser maestros en la iglesia, su
mensaje acerca del poder y los peligros de la lengua puede aplicarse a todos los creyentes.
Este no es el único texto donde Santiago habla de la lengua. Por ejemplo, en 1:19 aconseja a
sus lectores que deben ser prontos para oír y lentos para hablar. En 2:12 les recuerda la
necesidad de refrenar la lengua en la práctica de la religión: Hablen y pórtense como quienes
han de ser juzgados por la ley que nos da libertad . En 4:11 los exhorta a que no hablen mal
unos de otros. En 5:9 los aconseja que no se quejen unos de otros y en 5:12-18 les presenta
una variedad de maneras como puede ser usada la lengua tanto para bien personal como para
bien de los demás en la comunidad de fe, especialmente que confiésense unos a otros sus
pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados.
¿Cómo está estructurado el texto de Santiago 3:1-12?
Aunque la NVI tiene este texto en cuatro breves párrafos (vv. 1-2, 3-6, 7-8 y 9-12), debido a su
contenido parece mejor seguir la división de la RVA, que presenta el texto en dos párrafos: vv. 1-6
y 7-12.
¿Cuáles asuntos se presentan en Santiago 3:1-12?
Hay básicamente dos asuntos que Santiago presenta en este texto. Los dos están estrechamente
relacionados con el liderazgo en la iglesia, especialmente con los maestros.
1. En los vv. 1-6, Santiago exhortó a los que pretendían ser maestros de la Palabra de Dios en la
iglesia, para que tuvieran cuidado con lo que enseñaban y la manera como lo hacían, pues eran
responsables delante de Dios. Presenta la seriedad del asunto no solamente porque ellos tendrían
que dar cuentas, sino porque eran vulnerables al error y a la mala conducción de las personas en
la iglesia. Por lo tanto, los que pretendían ser maestros en la iglesia debían tener cuidado con
lo que enseñaban y cómo lo hacían.
2. En los vv. 7-12, Santiago indica que los que pretendían ser maestros de la Palabra de Dios debían
ser suficientemente humildes para reconocer sus limitaciones. Se presenta la lengua como
incontrolable y peligrosa, pero a la vez muestra que era necesario tenerla bajo control porque de
ella dependía el curso de la vida de las personas. Por lo tanto, los que pretendían ser maestros
en la iglesia tenían la obligación de controlar su lengua, aunque era difícil hacerlo.
¿Cómo se desarrollan estos conceptos en Santiago 3:1-12?
En estos versículos hay una exhortación a usar tanto el lenguaje verbal como el no verbal, las
palabras y la conducta en conformidad con la sabiduría que proviene de Dios. En el capítulo dos,
Santiago habla de vivir la fe sin hacer distinción de personas (2:1). En el capítulo tres invita a sus
lectores a vivir la fe sin arrogancia y con la humildad que da la sabiduría que proviene de Dios.
Los vv. 1 y 2a son la base de todo el argumento del texto (vv. 1-12) y presentan una exhortación a
los que pretendían ser maestros en la iglesia, de modo que se dieran cuenta del compromiso
que asumían al presentar la Palabra de Dios al pueblo. El v. 2b es una reflexión acerca de la
importancia de tener control de lo que pensamos y decimos.[2]
El mensaje es muy directo: No pretendan muchos de ustedes ser maestros(v.1).[3] La exhortación
implica que la posición de maestro era algo codiciada[4] y que al parecer se había pervertido, o a lo
menos se habían desviado los objetivos. Advierte sobre la carga de responsabilidad que tienen los
maestros: seremos juzgados con más severidad. El texto no dice nada de las falsas doctrinas
proclamadas por estos maestros, de modo que al parecer este no era el problema. Junto con la
exhortación, hace la observación de lo vulnerable que somos los seres humanos, lo cual hace
que tropecemosmuchas veces: Todos fallamos mucho (v. 2a). ¡Cuánto más fallarán los maestros
con su lengua, ya que tienen que hablar en muchísimas ocasiones!
El control de la lengua es una prueba del carácter de la persona. A primera vista, Santiago
pareciera plantear la impotencia del ser humano ante el poder de la lengua, pero en realidad no es
así; lo que sugiere es que es necesario controlar la lengua para poder controlar la vida (v. 2b).
Esto es posible sólo cuando se orientan los pensamientos conforme a la sabiduría de lo alto, a
través de la obediencia a la Palabra de Dios. La vida de una persona es gobernada por la voluntad,
el corazón, el intelecto. Las palabras, no son más que el reflejo o expresión del pensamiento.
Lo que Santiago quería era la integridad y madurez de los maestros en la iglesia, de modo que
sus dichos y sus hechos fueran consecuentes. Si tenían control de sus pensamientos, tendrían
control de sus actos. El hincapié principal de Santiago está en aquellos que querían ser maestros,
pero su exhortación respecto a la lengua puede aplicarse a todos los creyentes en la iglesia. El
problema planteado referente a los maestros no era la falsa doctrina, sino la arrogancia (pretender
ser mejores) y la falta de coherencia entre lo que decían y lo que hacían (comp. v. 13).
En los vv. 3-5, Santiago continúa el pensamiento acerca de la persona perfecta del v. 2, capaz
de controlar todo su cuerpo. Presentan tres ilustraciones de la importancia de controlar la lengua.
Las tres hacen hincapié en las grandes cosas que puede hacer un pequeño instrumento, según
sea el uso que se le dé, ya sea para bien o para mal. Un pequeño freno puede ser usado para
controlar un brioso caballo, un pequeño timón puede controlar una gran embarcación en medio
de los mares embravecidos y una sola chispa de fuego (el uso de la lengua) sin control puede
destruir un gran bosque. Quien tenga el control del freno, dominará al caballo; quien tenga el
control del timón, conducirá el barco; quien tenga control de su lengua, tendrá en control su vida
y podrá ayudar a los demás.
El v. 3 presenta la primera ilustración: Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que
nos obedezcan, podemos controlar todo el animal. Esta ilustración hace hincapié en la importancia
de atacar el problema en su esencia. Si una persona controla su lengua, controla todo su cuerpo,
controla su vida.[5] El punto de Santiago es éste: de la misma manera como el caballo puede ser
controlado mediante un freno en su boca (algo bastante pequeño en relación con el caballo), así la
persona podrá controlar sus actos (su conducta) si aprende a controlar su lengua.
La ilustración del v. 4 referente al pequeño timón de un barco: Fíjense también en los barcos. A pesar de
ser tan grandes… se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Esta habla de lo que es capaz
de hacer la persona con su vida cuando la lengua está bajo su control. Según el contraste que se
presenta en los vv. 4 y 5, el pequeño timón del barco es como la lengua en nuestro cuerpo (nuestra
conducta).[6] ¡La lengua debe estar al servicio del cuerpo y no el cuerpo al servicio de la lengua!
El v. 5 presenta la tercera ilustración habla de la gran destrucción que puede hacer una
pequeña: Imagínense qué gran bosque se incendia con una pequeña chispa. Mediante ésta se
advierte sobre el problema de la lengua sin control, que hace alarde de grandes hazañas. La
jactancia era, precisamente uno de los problemas de los maestros a quienes Santiago se dirigía.
Ellos, como consecuencia de los celos amargos y las contiendas,habían caído en este pecado
(comp. 3:14). Santiago les advierte sobre el peligroso poder destructor de la lengua: ¡Imagínense
qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! Pero así como el barco grande es
controlado a voluntad del piloto por el control que tiene del timón, la vida debería ser controlada
por un acto de voluntad de la persona que controla su lengua. Por supuesto, la sola voluntad no
es suficiente, pero tenemos las directrices de la Palabra de Dios[7] y el poder del Espíritu Santo.
En la comparación con las ilustraciones presentadas, en el v. 6, Santiago habla de una manera
más precisa y directa, acerca del poder que tienen los pensamientos y las palabras (la lengua)
para afectar la vida de una persona.[8] En este texto Santiago amplía figura de la lengua como una
chispa que incendia un gran bosque, para impactar a los lectores, y afirma: la lengua es un fuego, un
mundo de maldad. Junto con ésta, hace otras declaraciones que hablan de la naturaleza perversa de la
lengua: contamina el cuerpo entero, prende fuego al curso de nuestra vida y es inflamada por el mismo
infierno. ¡En cuántos problemas podemos vernos envueltos por causa de nuestra lengua: por lo que
decimos y la manera cómo lo decimos! Por eso, es necesario tener control de la lengua.
Los vv. 7-12 constituyen la segunda parte del texto. Aunque fuera algo difícil para una persona
controlar su lengua, los que pretendían ser maestros en la iglesia tenían la obligación de
hacerlo. Se presentan dos planteamientos con respecto a la lengua, que eran motivo para que los
maestros estuvieran alerta. Los vv. 7 y 8 indican que la lengua era incontrolable y los vv. 9-12 hablan
de la incoherencia de la lengua como algo que no debía ser. Este último pensamiento se refuerza
mediante dos ilustraciones tomadas de la naturaleza: el agua de un manantial y el fruto de una planta.
En los vv. 7 y 8, Santiago muestra cómo el ser humano ha sido capaz de domar la naturaleza
externa (física), pero no ha podido dominar la naturaleza interna (su lengua, su conducta) que
siempre tiene presente como una amenaza.[9] Santiago concluye que la lengua es un mal
incontrolable, llena de veneno mortal (v. 8). ¡El ser humano tiene dentro de sí su propio enemigo!
En verdad, el ser humano no tiene otra alternativa que humillarse delante de Dios, tal como
Santiago lo presentará en el capítulo cuatro.
En los vv. 9-12 Santiago muestra lo inconsecuente que es la lengua, pero esto no debe ser
así. Estos versículos contienen básicamente dos ideas. En los vv. 9 y 10 se presentan unas
evidencias de la inconsecuencia de la lengua y en los vv. 11 y 12 se presentan dos ilustraciones
para reafirmar lo absurdo de tal inconsecuencia.
En estos versículos Santiago vuelve al pensamiento referente a la necesidad de que haya
coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos (vv. 9, 10). En este caso, habla de lo
contradictorio que es el hecho que con nuestra lengua bendecimos y con ella
también maldecimos (v. 9). De esta contradicción e inconsistencia se desprende la
exhortación: Hermanos míos, esto no debe ser así (v. 10). Así que, a pesar del problema, Santiago
es optimista.
Las dos preguntas del texto (vv. 11, 12) conforman dos ilustraciones de lo absurdo que es esa vida
de dos caras que ha presentado en los versículos anteriores. De un manantial no brota agua dulce
y amarga (v. 11); ni tampoco una planta produce un fruto de otra naturaleza que no sea el de ella
(v. 12). Así tampoco, de una misma boca no debe salir bendición y maldición. Sin embargo, allí
estaba precisamente la inconsecuencia de la lengua: De la misma boca sale maldición y bendición.
[10] Por lo tanto, los que querían ser maestros debían aprender y asimilar esta verdad: debe haber
coherencia entre los pensamientos y las acciones, entre los dichos y los hechos, entre la fe
y la práctica de la fe.[11]
¿Cuáles son los principios que se derivan de Santiago 3:1-12?
1. Los maestros de la Palabra de Dios deben tener cuidado con lo que enseñan y la manera
como lo hacen. El ministerio de la enseñanza ha tenido un lugar relevante entre los cristianos
desde los primeros días de la iglesia. Santiago enseña que los maestros en la iglesia somos
responsables ante Dios de la manera como afectamos a nuestros oyentes con lo que enseñamos.
2. Los que pretenden ser maestros en la iglesia tienen la obligación de controlar su
lenguaje, aunque esto sea difícil de hacer. Por una parte, los maestros de la Palabra de Dios
debemos ser suficiente humildes para reconocer que también tenemos limitaciones y podemos
equivocarnos en lo que decimos y cómo lo decimos. Por otra parte, es necesario luchar para ser lo
más fiel y transparente posible en la enseñanza de la Palabra de Dios. Necesitamos cultivar la
humildad y la sinceridad como maestros de la Palabrade Dios.
¿Cómo pueden aplicarse los principios de Santiago 3:1-12?
1. Por una parte, los maestros en la iglesia deben tener cuidado de reflexionar bastante sobre lo
que van a enseñar y la manera como lo harán. Esta es una gran responsabilidad, porque lo que
digan y cómo lo digan hará un efecto negativo o positivo sobre sus oyentes. Por otra parte, los
oyentes deben ser vigilantes para evaluar a la luz de la Palabra de Dios lo que escuchan de sus
líderes en la iglesia. La próxima vez que predique un sermón o presente una enseñanza,
siéntese a reflexionar para evaluar el efecto que hizo. Una manera de hacer esto puede ser
invitar a dos o tres hermanos unos cuatro o cinco días después de su presentación que ellos
evalúen con usted los efectos de su enseñanza. Si usted es el oyente (no el predicador)
reflexione sobre el contenido y la forma del mensaje. Escriba unos comentarios al respecto. Si lo
creen conveniente compártalos con el predicador (pastor o maestro) que lo presentó.
2. Todos aprendemos constantemente. ¡Los maestros también somos alumnos! A veces
aprendemos de nuestros aciertos y otras veces aprendemos más de nuestros errores. Por eso,
es importante que nos evaluemos constantemente para avanzar en lo que estamos haciendo
bien y para rectificar lo que podemos hacer mejor. Si usted es predicador, dedique un tiempo,
unas horas, para que reflexione y evalúe lo que usted ha estado enseñando y la manera como lo
ha hecho durante el último año. Trate de responder lo más sinceramente posible esta pregunta:
¿Cuáles han sido los resultados? Identifíquelos con claridad y haga oración al Señor según sea
el caso. Si usted no es maestro, sino uno que recibe enseñanza, evalúe la enseñanza que ha
recibido en los últimos tres meses. ¿Se ajustan de verdad a lo que enseña la Palabra de Dios?
¿Qué lo hace pensar así? Escriba unos comentarios al respecto.
3. Aunque el mensaje del texto estudiado es una exhortación directa a los maestros en la iglesia,
todos los cristianos somos responsables delante de Dios de lo que decimos y como lo decimos. Lo
que afirmamos con nuestras palabras debe mostrase en nuestra conducta. Ese es el cuidado que
Santiago quiere que tengamos. Todos debemos reflexionar sobre lo que decimos y cómo lo
decimos, a fin de avanzar en el desarrollo de la vida cristiana de una manera coherente. Tenemos
que reflexionar acerca de cuánto bien o cuánto mal podemos hacer con nuestras palabras y cómo
las decimos. Nuestras palabras deben ser para edificación no para destrucción.