Estructura y Elección del Congreso Argentino
Estructura y Elección del Congreso Argentino
El Poder Legislativo
LECCIÓN 2 de 5
El Congreso Nacional se compone de dos cámaras, una de diputados de la Nación y otra de senadores de las provincias y de la
Ciudad de Buenos Aires (Art.44). Siguiendo el modelo estadounidense, que adoptó el federalismo como forma de estado,
mientras la Cámara de Diputados representa al pueblo de la nación, la de Senadores, representa a las provincias.
En el caso de países federales como el nuestro en el que cada Cámara del Congreso Nacional representa distintos sujetos
políticos, el bicameralismo equilibra la representación proporcional del pueblo con la paridad de las instituciones provinciales.
Por ello es que, en la Argentina, esta discusión se concentró en la estructura de las legislaturas provinciales. Hoy coexisten las
unicamerales y las bicamerales. En muchos casos, éstas últimas fueron concebidas como una réplica del Congreso Nacional, es
decir compuestas por dos Cámaras, la se Senadores y la de Diputados, aunque no siempre respondieron a la necesidad de
establecer diversas representaciones.
Elección de legisladores
Actualmente, y debido a la reforma de 1994, tanto Diputados como Senadores, son elegidos en forma directa, por el pueblo,
tomándose cada Provincia como distritos electorales (Arts. 45 y 54). -
La diferencia fundamental que subsiste es que mientras el número de diputados nacionales que elige el pueblo de cada
provincia está relacionado directamente con su cantidad de habitantes, en el caso de los Senadores, se establece un número
igual, que representa a cada una de aquellas.
La otra diferencia es la relacionada con la forma en que se asignan las bancas entre las listas competidoras, si bien cabe destacar
que mientras para los Senadores, la misma tiene rango constitucional, para los diputados está establecida legalmente.
Elección de senadores
Antes de la reforma de 1994, la elección de los dos senadores nacionales por cada provincia era realizada por la respectiva
legislatura provincial. En el caso de la Capital Federal, como carecía de Legislatura local (5), se realizaba por elección indirecta. El
pueblo elegía electores que integraban el Colegio Electoral, encargado de designarlos.
Luego de la reforma, la elección de los 3 senadores nacionales por cada provincia y por la Ciudad de Buenos Aires se realiza por
el pueblo, en forma “directa y conjunta, correspondiendo dos bancas al partido político que obtenga el mayor número de votos,
y la restante al partido político que le siga en número de votos...” El Código Electoral Nacional –en sus artículos 156 y 157
Elección de Diputados
Se encuentra en Código Nacional Electoral (Arts. 158-164) que regla la elección de los Diputados Nacionales. Para la asignación
de las bancas se adoptó una de las variantes del sistema proporcional con un piso del 3% del padrón electoral del distrito (Arts.
161 y 160).
Ese piso reviste una importancia mayor en distritos como el de la Provincia de Buenos Aires, ya que –dado el número de bancas
a elegir en cada elección (35)- impide la adjudicación de bancas a fuerzas minoritarias que llegarían a obtenerlas si dicho piso no
existiera.
1. si la Cámara de origen no alcanza la misma mayoría (absoluta o de dos tercios de los presentes) con que la revisora hizo
las modificaciones, el proyecto queda sancionado con las modificaciones y pasa al Poder Ejecutivo;
2. si la Cámara de origen alcanza la mayoría absoluta o los dos tercios, esto es empata la votación con que la revisora
modificó el proyecto original, caen las reformas y el proyecto queda sancionado tal como fue redactado originalmente,
pasando directamente al Poder Ejecutivo. (Sola, 2010, pp. 165-166).
1. La prohibición de conceder facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, artículo 29.
2. Las competencias reservadas por las provincias, artículo 121.
En nuestra práctica constitucional, surge además el conflicto con las competencias ejercidas por el poder Ejecutivo, muchas de
las cuales tienen contenido legislativo.
Una primera lectura de estas normas daría la impresión de que, para conocer las facultades del Congreso, bastaría una lectura
de la larga enumeración del artículo 75 o de otras normas dispersas en la Constitución. Pero ello solamente nos daría una visión
de las competencias expresas. Las competencias del Congreso son expresas o implícitas. El principio básico del gobierno en la
división de poderes es que el Congreso solo puede actuar si existe una autorización expresa o implícita para actuar dentro de la
Constitución. Las provincias, sin embargo, pueden legislar a menos que la Constitución lo prohíba.
El artículo 44 señala la constitución del Congreso, dice:
Un Congreso compuesto de dos Cámaras, una de diputados de la Nación y otra de senadores de las provincias y de la Ciudad de
Buenos Aires, será investido el Poder Legislativo de la Nación. 8 [8] Artículo 44. Ley 24430.
Sobre las competencias de las provincias dice el artículo 121
“Las provincias conservan todo el poder no delegado por esta Constitución al Gobierno federal, y el que expresamente se hayan
reservado por pactos especiales al tiempo de su corporación.” 9 [9] Artículo 121. Ley 24430.
Es cierto que esta norma señala una tautología, las provincias conservan el poder no delegado el problema comienza al
determinar que es lo no delegado y que lo conservado. Por lo tanto, al evaluar la constitucionalidad de una ley dictada por el
Congreso se plantea siempre dos preguntas.
1. La primera es saber si es que el Congreso está dentro de las competencias establecidas en la Constitución para legislar.
2. La segunda es si es así, si la ley viola otra disposición constitucional (como es la de infligir la separación de poderes o si
interfiere con las libertades individuales.
Por lo contrario, cuando se evalúa constitucionalidad de una ley provincial, se hace una sola pregunta: saber si la legislación viola
la Constitución. Es decir, la diferencia fundamental entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales es que solamente los
gobiernos locales poseen el poder de policía, porque el poder de policía es lo que permite a los gobiernos locales adoptar
cualquier ley que no está prohibida por la Constitución. Existen también situaciones en que el Congreso ejerce el poder de
policía.
Dicho esto, esta clásica fórmula de los gobiernos o de los poderes gubernamentales no refleja plenamente la realidad del poder
del gobierno nacional. A partir de 1936, la Corte Suprema ha concedido al Congreso una autoridad amplia para regular múltiples
actividades, fundamentalmente de regulación económica. Esta situación ocurrió o tuvo también precedentes en algunas
interpretaciones anteriores, en cuanto a la extensión que se le dio a la cláusula del progreso. Esta interpretación expansiva
hecha por la Corte Suprema de la autoridad del Congreso ha estado basada en la concepción de que existe una necesidad de un
gobierno nacional fuerte, que resuelva los problemas los problemas del Estado de Bienestar y en gran medida como una
reacción frente a la crítica realizada a las decisiones de la primera parte del siglo XX que limitaban la capacidad del gobierno
federal. En suma, existen dos visiones para ver la competencia del Congreso: el conflicto con el federalismo, es decir, la
competencia de las provincias para legislar sobre el mismo tema; y, por otra parte, el conflicto por el respeto de la división de
poderes y por las limitaciones en materia de derecho y libertades individuales. (Sola, 2010, p. 169).
¿Qué tipo de leyes puede sancionar el Congreso?
Las respuestas a estas preguntas nos enfrentan a dos situaciones diferentes, no es igual la legislación nacional de las de las
provincias. El Congreso sólo puede legislar sí existe una competencia expresa o implícita en la Constitución, en cambio los
gobiernos de las provincias sólo están limitados por las prohibiciones expresas de la Constitución. Al evaluar la
constitucionalidad de cualquier ley nacional siempre se plantean estas dos preguntas, si tiene la competencia dentro de los
poderes que han sido concedidos en la Constitución, particularmente en el artículo 75, para legislar. Y segundo si la legislación
viola alguna otra provisión o doctrina constitucional como es la tergiversación de la separación de poderes o la interferencia con
las libertades individuales. Al responder a estas cuestiones ha surgido un debate sobre las competencias del gobierno nacional y
sus prerrogativas.
De esta manera, podemos señalar las fuentes de extensión de la competencia legislativa del Congreso extendiendo los límites
establecidos en la Constitución:
1. Los poderes implícitos por aplicación de la ‘cláusula de conveniencia’ del artículo 75, inciso 32. Dice: “Hacer todas las
leyes y reglamentos que sean convenientes para poner en ejercicio los poderes antecedentes, y todos los otros
concedidos por la presente Constitución al Gobierno de la Nación Argentina”. Dio lugar a las competencias implícitas.
2. La cláusula comercial. El artículo 75, inciso 13 dice: “Reglar el comercio con las naciones extranjeras y de las provincias
entre sí.” Por influencia de la jurisprudencia de Estados Unidos. fue una fuente de ampliación de los poderes del
Congreso.
3. La cláusula del progreso. Establecida en el artículo 75, inciso 18 y ahora ampliada con el inciso 19, fue tempranamente
considerada por la Corte Suprema como fuente de competencias legislativa del Congreso.
4. La teoría del poder de policía amplio, que extendió las competencias regulatorias del Congreso a partir del caso
“Ercolano c/ Lanteri de Renshaw”.
5. La doctrina de la emergencia económica, establecida a partir del caso “Avico c/ de la Pesa”. En este caso, la indefinición
del concepto de emergencia permitió una regulación prácticamente ilimitada de los derechos individuales de incidencia
patrimonial. (Sola, 2010, pp. 160-161).
PARTE ORGANICA 2
Introducción
LECCIÓN 1 de 5 Habiendo abordado las competencias centrales del Poder Legislativo, debemos continuar con las
correspondientes al Poder Ejecutivo.
Artículo 87.- El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de “Presidente de la Nación
Argentina’”.1
La reelección del Presidente fue el tema central en la reforma de 1994, inclusive toda la compleja negociación del Pacto de
Olivos tuvo como fundamento las condiciones en las que se aceptaba la reelección presidencial. Finalmente fue establecido un
mandato de cuatro años y una reelección inmediata. En esto se sigue el modelo de los Estados Unidos, pero a diferencia de ese
país donde no hay más reelecciones de por vida, en nuestra reforma se admitió la reelección luego de pasado un período. (Sola,
2010, p. 220).
Artículo 90. El presidente y vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y podrán ser reelegidos o sucederse
recíprocamente por un solo período consecutivo. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente no pueden ser
elegidos para ninguno de ambos cargos, sino con el intervalo de un período. 2
El Presidente es el Jefe de Estado en cuanto a la representación exterior de la Nación. Es también el jefe de la administración,
pero con una terminología extraña que lo hace responsable político de ella cuando no existe en un sistema de separación de
poderes de responsabilidad política. La responsabilidad política en los sistemas parlamentarios es el fundamento del voto de
censura.
Este debate es de difícil solución si sólo tenemos en cuenta el texto de la Constitución y la intención de los constituyentes. Según
la expresión del juez Jackson: "Determinar qué fue lo que nuestros ancestros imaginaron o pudieron haber imaginado si
hubieran previsto las condiciones modernas, debe ser adivinado de materiales que son tan enigmáticos como los sueños que José
debió interpretar para el Faraón. Luego de un siglo y medio de debate partidario y de especulación de los investigadores no
tenemos un resultado neto sino se nos ofrecen citas más o menos aptas de fuentes respetadas de cada sector en cualquier
cuestión planteada. Generalmente se cancelan unas a otras. Y las decisiones de los tribunales no son decisivas porque la práctica
judicial requiere tratar las cuestiones principales a través de un procedimiento de….
¿Existen poderes concurrentes entre el Poder Ejecutivo y el Congreso? En principio las competencias están indicadas con cierta
precisión para cada uno de ellos, pero aparecen casos en que la Constitución da soluciones que tienen un mismo fin, pero toman
distintos caminos según sea el Poder que intervenga. Podría existir una competencia que puede ser considerada como
concurrente, aunque en general la iniciativa será del Presidente, ya que por la rapidez que caracteriza al Ejecutivo en la toma de
decisiones será sin duda más inmediato en la respuesta. Pero la iniciativa no le estará en estos casos vedada al Congreso.
Podemos suponer que si el Ejecutivo actúa y el Congreso se mantiene en silencio existe una presunción razonable que este
último ha prestado su aquiescencia o aún un consentimiento tácito a lo que el Presidente ha hecho. Aunque el silencio en sí
mismo no es una manifestación de voluntad 229 es quizás conveniente recordar la excelente frase de la ley de Partida, tomada
del Digesto, "aquel que calla non se entiende que siempre otorga lo que dicen...; mas esto es verdad que non niega lo que oye."
La voluntad de cada Cámara debe manifestarse expresamente; se excluye en todos los casos, la sanción tácita o ficta.
El poder reglamentario.
1. Es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del
país.
El presidente con refrendo del jefe de Gabinete de Ministros y del Ministro de competencia en el tema
ejerce el poder reglamentario. Dice el artículo. 99 inc. 2:
2. Expide las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las leyes de la Nación,
cuidando de no alterar su espíritu con excepciones reglamentarias.
Éste lo hace vía la remisión de proyectos a una u otra Cámara (conf. Art. 77), también a través de la promulgación (que puede
ser- hemos ya explicado) expresa (art. 78 última parte) o tácita (art 80 1ª parte) pero también lo hace a través del veto (total o
parcial) de las leyes previsto en el art. 83 1ª parte y de la promulgación parcial del art. 80 2ª parte.
En efecto, recibido por el PE un proyecto sancionado “con fuerza de ley” por el Congreso, el PE tiene la facultad de observar-
como dice la DE LA CONSTITUCIÓN- o vetar ese proyecto. El veto, puede decirse, es una manifestación de voluntad del PE en
contrario a la vigencia del proyecto sancionado por el Congreso y así, no estando de acuerdo, observa, desecha o veta (total o
parcialmente) ese proyecto conforme surge del art. 83 1ª parte.
El veto supone una manifestación del Presidente en contra de la vigencia de la ley que le llega del Congreso. El veto puede
ser *absoluto que ejercían los monarcas absolutos prohibiendo al órgano legislativo (dieta o duma) insistir con un proyecto. Hoy
no rige.
Suspensivo que es el que en general tiene vigencia y que impide la entrada en vigencia de un proyecto sancionado por el PL en
forma inmediata pues vuelve al PL y recomienza su tratamiento. El veto suspensivo puede ser a su vez · veto suspensivo simple
o de bolsillo (en los términos de la Constitución estadounidense) y que opera cuando habiendo el Congreso sancionado una ley
en los últimos días del período de sesiones impidiendo al Presidente su devolución, el proyecto igualmente no será ley y no
opera la promulgación tácita y ··veto suspensivo condicional que rige en nuestro ámbito, pues el Congreso puede insistir con su
sanción y vencer el veto presidencial y el proyecto así queda promulgado. Lógicamente si no hubiera insistencia del Congreso, el
proyecto queda sin efecto. Al respecto, el art. 83 1ª parte consagra la regla general al establecer que cuando hay veto (total o
parcial) por parte del PE, el proyecto con sus objeciones vuelve a la Cámara de origen; ésta lo discute de nuevo y si lo confirma
(con mayoría de 2/3) pasa a la Cámara revisora y si ambas Cámaras lo sancionan por igual mayoría, el proyecto es ley y pasa al
PE para su promulgación. Es claro que no se admite un segundo veto o rechazo por parte del PE frente a la insistencia del
Congreso. En cuanto a la promulgación de las leyes el artículo 80 inciso 3, tiene una larga descripción sobre los llamados
decretos de necesidad y urgencia, grave patología de nuestro sistema, ya que a pesar de su redacción equívoca ha sido utilizado
para que el Presidente ejerza un poder legislativo. (Sola, 2010, pp. 226-231).
PARTE ORGANICA 3
El Poder Judicial
LECCIÓN 1 de 4
En nuestro país este departamento de gobierno está encabezado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación y luego, según el
texto del artículo 108 de la Constitución.
El poder judicial es el encargado de la administración de justicia y la Constitución diseña un reparto de competencias al respecto,
dividiendo el ámbito de ejercicio de la Justicia Nacional y la Justicia Local. En este sentido, debemos distinguir las competencias
que ejerce cada ámbito de justicia.
La Constitución establece este doble orden jurisdiccional, como consecuencia directa de la forma de Estado Federal adoptada
por el constituyente en 1853:
Jurisdicción Local:1 Su fundamento es resguardar y asegurar las autonomías provinciales. Como reza el artículo 5 de la
Constitución, las provincias deben asegurar su propio régimen de justicia. La competencia de la justicia local u ordinaria es más
amplia que la de la justicia Federal, por lo cual la primera (justicia local) es la regla y la segunda (justicia Federal) la excepción.
[1] Abandonamos la distinción clásica que la denominaba provincial puesto que, luego de la reforma de 1994, el nuevo status de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires implica otro orden de gobierno, con sus respectivas competencias jurisdiccionales.
Jurisdicción Federal: como ya señalamos, es de excepción. Las fuentes de la competencia específica de la justicia Federal, es
taxativa al determinarse por la CN y la ley únicamente en cuáles casos debe intervenir. Estos casos se pueden clasificar según la
materia, las personas o las cosas, como lo afirma la Constitución en sus arts. 116 y 117.
La competencia compartida de las provincias o de la Nación: en los casos del art 75 inc 12. o derecho común, es decir, la
aplicación de los Códigos Civil, Comercial, de Minería, del Trabajo y la Seguridad social que fueron dictados por la nación, pero,
dice el art. 75, inc. 12, “sin que tales códigos alteren las jurisdicciones locales, correspondiendo su aplicación a los tribunales
federales o provinciales, según que las cosas o las personas cayeren bajo sus respectivas jurisdicciones”.
Lo que decide si el caso es federal o provincial es el artículo 116, en principio en razón de la materia, pero debemos
preguntarnos, para determinar la competencia, si la cosa o persona “cae bajo la jurisdicción federal o provincial” en razón del
territorio, lugar o persona. La mayoría de los casos comunes, como la falta de pago de un pagaré, se hacen en la primera
instancia provincial.
Por ende, las provincias tienen competencias jurisdiccionales para aplicar los códigos de fondo cuando las cosas o las personas
estén en su jurisdicción y para las demás causas que no sean de competencia federal.
En virtud del carácter limitado, privativo, excluyente, e improrrogable de la jurisdicción federal, la incompetencia de sus
tribunales puede y debe declararse de oficio (o sea, aun sin petición de parte), tanto por: a) el tribunal provincial si corresponde
intervenir a uno federal; b) el tribunal federal si corresponde intervenir a uno provincial. (Bidart Campos, 2009, p. 353).
En cambio por ley no puede excluir ninguna de las tres causas enumeradas en el art. 116, que hace referencia a la palabra
“todas” –que son las que versan sobre puntos regidos por la constitución, las leyes federales y los tratados- y que solamente
para la jurisdicción originaria y exclusiva de la Corte se impide total y absolutamente que la ley la amplíe o la disminuya –
recordemos que la CSJN en el caso Sojo, que haciendo suyo el razonamiento del caso Madbury vs Madison, de 1803, dijo que no
se puede ampliar ni disminuir dicha competencia sea por ley como por decreto-.
No es suficiente que una ley determine la inclusión de determinadas causas en la jurisdicción federal; el tribunal que deba
aplicarla tendrá que verificar si existe verdadera y real sustancia o cuestión federal en relación con la materia, las personas, o el
lugar, conforme a la letra y al espíritu del art. 116, ya que, si bien la enumeración de causas en dicha norma no es taxativa, la
ampliación debe responder esencialmente a la misma razón de las enumeradas -igualmente la disminución-. (2008, recuperado
de https://bit.ly/2KwhswY).
La Constitución ha establecido una Corte Suprema de Justicia, órgano colegiado y titular del poder Judicial y cuya composición
no fija directamente, dejando esta competencia al Congreso. La Constitución, en el artículo 111, fija las condiciones que debe
reunir un/a ciudadano/a para ser miembro de ella: a) ser abogado/a de la Nación, con ocho años de ejercicio. Estos ocho años
no deben interpretarse como de ejercicio de la profesión liberal correspondiente al abogado, puede bastar el ejercicio en
cualquier cargo, función o actividad –pública o privada- que requiera la calidad de abogado; b) reunir las condiciones requeridas
para ser Senador: tener 30 años y 6 años de ejercicio de la ciudadanía. (2008, recuperado de https://bit.ly/2KwhswY).
“La Corte Suprema no fue establecida hasta 1863 –entonces por iniciativa del presidente Bartolomé Mitre- y en su primera
composición, contó con nueve miembros, y para sostener los gastos que esta organización demandará creó los impuestos de
exportación.” (Sagüés, 1999, p. 178).
En lo relativo a la duración en el cargo de los jueces, el principio básico es que habrán de permanecer en el mismo "mientras
dure su buena conducta". De esta manera se pretendió que la estabilidad pudiera ayudar al buen desempeño del mismo.
La designación de los miembros de la Corte se efectúa por el Poder Ejecutivo, con acuerdo del Senado con el voto de los 2/3 de
los miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto. (Art. 99, inc. 4 CN). Desde 2003, un decreto del Presidente
Néstor Kirchner dispone un período de tiempo donde la sociedad puede hacer objeciones a dicha candidatura.
Una vez designados, los miembros de la CSJN "... prestarán juramento en manos del presidente de la Nación, de desempeñar sus
obligaciones...” debiendo luego "En lo sucesivo lo prestarán ante el presidente de la misma Corte. Cada vez que se renueve
totalmente debe volver a prestarse ante el presidente de la Nación.”
Actualmente la CSJN está conformada por cinco magistrados. (2008, recuperado de https://bit.ly/2KwhswY).
Composición interna de la Corte Suprema: la Presidencia.
Hasta 1930, en nuestra práctica constitucional, se acostumbraba a conceder al Presidente de la Nación la facultad de designar al
presidente de la Corte Suprema. Luego de 1930 se visualiza como la costumbre constitucional ha mutado siendo que
actualmente el presidente de la CSJN surge de una votación entre sus miembros y también se elige el vicepresidente primero y
segundo. El presidente puede ser reelecto. Dura en su cargo tres años. Su renuncia se debe elevar a la propia Corte y resuelta
por ella.
Por otro lado, es menester destacar que, en virtud del art. 59, el presidente de la CSJN deberá presidir el senado cuando el
acusado en el juicio político sea el Presidente de la República.
Funcionamiento interno.
La Corte Suprema está integrada por una serie de secretarías que constituyen su apoyatura institucional y administrativa
fundamental, ya sea para realizar un análisis pormenorizado de las cuestiones a dirimir, como para proveerla de la asistencia
necesaria para cumplir esos fines. De allí que entre las dependencias a su cargo se encuentre la Morgue Judicial, la Secretaría de
Investigaciones de Derecho Comparado, la Biblioteca, el Servicio de Informática, así como de los Cuerpos de Peritos Calígrafos y
Tasadores, entre otros.
La ley orgánica de la Justicia Nacional, 15.271, dispuso facultar a la CSJN dividirse en salas, pero para los asuntos de competencia
originaria debía actuar en Pleno, pero la CSJN, por acordada 44/1989, la reputa inconstitucional y nunca puso en ejercicio lo
dispuesto por ley.
Para Bidart Campos, en razón de ser la Corte el órgano judicial máximo del Poder Judicial y por surgir su competencia de la
propia Constitución, esta división en salas no es posible. Ello equivaldría a que sus sentencias fueran dictadas por una sala y no
por el tribunal en pleno. De otro modo podría darse lugar a fallos contradictorios lo cual no es compatible con la función de
órgano máximo e intérprete final de la Constitución que detenta la Corte.
Las resoluciones de la CSJN se toman siempre en acuerdo de sus ministros en votos de mayoría y minoría. (2008, recuperado de
https://bit.ly/2KwhswY).
Autonomía funcional: los poderes de reglamentación y de administración.
La Corte, en tanto supremo tribunal del país, tiene facultades constitucionales como para organizarse internamente, por medio
del dictado de la reglamentación correspondiente. Todo ello conforme lo preceptúa el artículo 113, de la Constitución Nacional,
al establecer que "La Corte Suprema dictará su reglamento interior y nombrará a sus empleados".
Este artículo ha sufrido, de hecho, algunas modificaciones indirectas. Por ejemplo, todo lo referido al aspecto económico y
administrativo –es decir el manejo del presupuesto del Poder Judicial- se excluye presuntamente a partir de la creación del
Consejo de la Magistratura –art. 114 CN- reservándose la designación de empleados en su propio y exclusivo ámbito.
Importancia institucional de la Corte Suprema.
La Corte es el órgano supremo y máximo del Poder Judicial. Es titular de ese poder, como el presidente lo es del Ejecutivo y el
Congreso del legislativo. Pero, como afirma Bidart Campos, que mientras el Ejecutivo es unipersonal monocrático y el Congreso
es un órgano complejo, la Corte es: a) un órgano colegiado; b) un órgano en el cual (no obstante la titularidad) no se agota el
Poder Judicial, porque existen otros tribunales inferiores que juntamente con la Corte lo integran en instancias distintas, además
de órganos que no administran justicia (carecen de Funciones jurisdiccionales) pero Forman parte del poder judicial (Consejo de
la Magistratura, art. 114 y Jurado de Enjuiciamiento, art. 115).
La Corte Suprema es tribunal de última instancia en el país, es decir que sus decisiones están exentas de control de
constitucionalidad por tribunales inferiores, incluso cuando el derecho provincial discrepa con la constitución asignándole un
papel relevante en el diseño de las políticas estatales juzgando su constitucionalidad (“Hilandería Olmos”, Fallos 307: 1709;
“Guarda”, Fallo 307:1601) y conciliando las diferencias entre competencias federales y locales
Es, como hemos dicho, intérprete final de la CN, de los tratados internacionales y de todo el derecho argentino. Da desarrollo a
la doctrina constitucional con sus sentencias al interpretar, integrar los vacíos normativos y aplicar la constitución. Además, se
ha erigido como custodia de las garantías constitucionales, y así lo ha sostenido, entre otros, en el fallo “Pérez de Smith”2 (2008,
recuperado de https://bit.ly/2KwhswY).
[2] C.S.J.N., “Pérez de Smith”. Fallos 297:338. (1977)
En el marco de su actividad jurisdiccional controla la correcta aplicación del derecho, especialmente cuando se hace cargo de las
sentencias arbitrales dictadas por tribunales inferiores federales o locales.
Por último, integra el Gobierno de la Nación, en las competencias que le son propias como cabeza del Poder Judicial Federal
-“Venini”, Fallos 286:17 controlando y evitando la supremacía de un poder sobre otro. Es, en resumen, el órgano que actúa en
mayor medida como freno al ejercicio arbitrario de los demás Poderes.
La discusión de la “cuarta instancia”
Como sabemos, desde la incorporación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos mediante el Pacto de San José de
Costa Rica al bloque de constitucionalidad el (artículo 75, inciso 22) 3 y al crearse la Corte Interamericana de Derechos Humanos
(con sede en San José de Costa Rica), se ha establecido, entre otras cuestiones, que sus sentencias –las que pueden versar sobre
asuntos concernientes a los derechos mencionados por el Pacto, resueltos incluso por la Corte Suprema- serán definitivos e
inapelables. [3] Artículo 22. Ley 24430.
Entonces, dicho esto, ¿puede un fallo de la Corte Interamericana dejar sin efecto una sentencia de nuestra Corte Suprema?
De aceptarse lisa y llanamente lo propuesto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, perdería –en la materia de la
mencionada Convención- carácter de Suprema, al existir otra posibilidad de juzgamiento.
Ahora bien, no debemos caer en la confusión que parte de la doctrina ha sostenido, entendiendo lisa y llanamente los efectos de
los fallos de la Corte Interamericana.
Distingamos brevemente que los fallos de la Corte Interamericana condena al Estado por incumplimiento de los estándares de la
Convención y que estos fallos son una condena que no implica la revisión procesal de la causa, sino un mero análisis de
cumplimiento de los Derechos Humanos. Así, es una sentencia que no está conectada procesalmente como cualquier recurso de
apelación, sino que es un proceso separado. En ese sentido, las condenas suelen ser económicas y están en cabeza del Estado
que incumple la convención.
Esto fue decidido por el diálogo jurisdiccional que se dio en razón del reclamo de Fontevecchia 4, que originó entre otras
reparaciones, el pedido de la Corte Interamericana de revocar una sentencia de la Corte Suprema. La Corte Suprema sostuvo
que revocar dicha sentencia iba en contra de los principios de derecho público consagrados en el artículo 27 de la Constitución
Nacional, puesto que la misma se encontraba firme y tenía autoridad de cosa juzgada.
[4] CSJN, 14 de febrero de 2017, 368/1998 (34-M)/CS1 Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe sentencia dictada
para el caso “Fontevecchia y D ’Amico vs. Argentina” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Estos sucesos trajeron consigo fuertes críticas a la Corte Suprema, que no vienen al caso exponer, pero que generan un
interesante debate en torno a las competencias de ambos órganos. 5 Al respecto, se sugiere consultar el trabajo de Hitters
(2017), llamado “Control de convencionalidad ¿Puede la Corte Interamericana de Derechos Humanos dejar sin efecto fallos de
los tribunales superiores de los países? (El caso Fontevecchia vs. Argentina)”.
[5] Hitters, J. C. (2017). CONTROL DE CONVENCIONALIDAD ¿Puede la Corte Interamericana de Derechos Humanos dejar sin
efecto fallos de los tribunales superiores de los países? (El caso Fontevecchia vs. Argentina). Estudios constitucionales, 15(2),
533-568.
Estabilidad, inamovilidad
La adopción del sistema institucional heredado del constitucionalismo clásico llevó a los constituyentes a pensar una judicatura
independiente y lejana a los asuntos políticos, en pos de defender los principios republicanos. Así fue que se extendieron sobre
los miembros del Poder Judicial las garantías de inamovilidad e intangibilidad. La primera, para impedir la remoción de jueces
cuando cambiaran los aires políticos, quedando solo las causales para su remoción en casos de mal ejercicio; la segunda, para
que su dependencia económica no se vea afectada por intereses que pudieran vulnerar la imparcialidad de sus decisiones. No
obstante, la facultad de designar a los miembros del Poder Judicial se reservaba al Ejecutivo, quien solo requería de una mayoría
agravada del Senado para plasmar su voluntad, en tanto su remoción, seguía los procedimientos de juicio político.
Llegada la reforma de 1994, la garantía de inamovilidad tuvo algunas limitaciones en torno a la edad de los magistrados –
cuestión que hemos abordado al estudiar el Caso Fayt- y la forma de designación y remoción de los jueces del Poder Judicial de
la Nación que no fueran los miembros de la Corte Suprema se convirtió en competencia de un órgano nuevo, creado por la
misma reforma y que abordaremos en la lectura siguiente.
La competencia federal
La competencia federal es la facultad de actuación de los todos los órganos jurisdiccionales de orden federal (es decir, los
juzgados federales y la Corte Suprema de Justicia de la Nación) en supuestos taxativamente regulados por la Constitución
Nacional en el artículo 116:
Corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales inferiores de la Nación, el conocimiento y decisión de todas las causas que
versen sobre puntos regidos por la Constitución, y por las leyes de la Nación, con la reserva hecha en el inciso 12 del artículo 75;
y por los tratados con las naciones extranjeras; de las causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules
extranjeros; de las causas de almirantazgo y jurisdicción marítima; de los asuntos en que la Nación sea parte; de las causas que
se susciten entre dos o más provincias; entre una provincia y los vecinos de otra; entre los vecinos de diferentes provincias; y
entre una provincia o sus vecinos, contra un Estado o ciudadano extranjero. 6 [6] Artículo 116. Ley 24430
Sus características son:
Es de excepción: las provincias (y también C.A.B.A., con sus particularidades) deben administrar ordinariamente la justicia
dentro de sus respectivos territorios y la Nación lo hará en los casos de excepción que surgen de las facultades delegadas por las
provincias al poder central (art. 1º, C.N.), y con las atribuciones limitadas a casos en determinadas materias, casos vinculados
con determinados sujetos o por hechos realizados en determinados lugares.
Es expresa: sólo actúa cuando el caso está expresamente atribuido al fuero federal por la ley con fundamento en la C.N. Es decir,
una causa no puede ser sustraída de los tribunales provinciales sino por una ley consecuente con la C.N., y sin que pueda ser
extendida a los casos no señalados.
Es limitativa o restrictiva: las leyes que la prevén no pueden ser extendidas a casos análogos ni ampliadas por vía de
interpretación.
Es suprema y privativa: las resoluciones dictadas por la justicia federal no pueden ser revisadas por un tribunal provincial. Sólo
los tribunales federales pueden entender en las causas a ellos asignadas por las leyes.
Es inalterable: no puede variar por las modificaciones que sufra la materia o los elementos objetivos o subjetivos del hecho del
proceso. El hecho objeto del juicio fija la competencia definitivamente en el momento de su comisión, aunque después pierda su
naturaleza federal. (Borinsky, 2016, citado en Marinello, 2018, p.16).
La competencia de la Corte Suprema
La competencia de la Corte Suprema de la Nación Argentina puede ser ordinaria o extraordinaria. Cuando entiende en virtud de
su competencia ordinaria, lo hace como tribunal con jurisdicción plena exclusivamente en algunas causas de competencia de la
justicia federal pudiendo, como cualquier tribunal, examinar los hechos, la prueba y resolver sobre el derecho aplicable. En esos
casos su actuación puede ser promovida como tribunal originario, de primera y única instancia, o como tribunal de apelación,
encontrándose en este último caso limitada su competencia por la materia del recurso y el modo en que éste ha sido concedido.
Por otro lado, cuando la Corte ejerce competencia extraordinaria, su jurisdicción se extiende a toda clase de causas en su
carácter de guardián final de la Constitución, pero su competencia se encuentra limitada a la decisión sobre el derecho aplicable
y ello en la medida del recurso en virtud del cual el asunto llega a su conocimiento. Por último, como cabeza del Poder Judicial la
Corte interviene en los juicios para decidir cuestiones de competencia y conflictos entre jueces y tribunales que no tienen un
órgano superior jerárquico común que deba resolverlos y toma intervención que sea indispensable para evitar una efectiva
privación de justicia (artículo 24, inciso 7°, del decreto-ley 1285/58). (Sabic, 2014, https://bit.ly/2UZ5u0K).
La competencia “originaria”
Entendemos por competencia originaria a la situación que lleva a tramitar una causa determinada en los estrados de la CSJN, sin
pasar previamente por otra instancia. La CSJN solamente puede asumir su competencia originaria y exclusiva sobre una causa en
ciertos casos determinados, los cuales abordaremos a continuación.
El artículo 116 de nuestra Constitución Nacional preceptúa que corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales inferiores de la
Nación, el conocimiento y decisión de todas las causas que versen sobre puntos regidos por la Constitución, y por las leyes de la
Nación, con la reserva hecha en el inc. 12 del artículo 75; y por los tratados con las naciones extranjeras; de las causas
concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros; de las causas de almirantazgo y jurisdicción marítima,
de los asuntos en que la Nación sea parte; de las causas que se susciten entre dos o más provincias; entre una provincia y los
vecinos de otra; entre los vecinos de diferentes provincias; y entre una provincia o sus vecinos, contra un Estado o ciudadano
extranjero. (Sabic, 2014, https://bit.ly/2UZ5u0K).
Asimismo, el artículo 117 determina que, en todos los asuntos concernientes a embajadores, ministros y cónsules extranjeros, y
en los que alguna provincia fuese parte, la Corte Suprema ejercerá la competencia en forma originaria y exclusiva. La
competencia establecida en este artículo tiene carácter taxativo y no puede ser extendida por persona o poder alguno, esto fue
sostenido por la Corte en el precedente “Sojo” [i], publicado en Fallos: 32:120, y reiterado en Fallos: 270:78; 285:209; 302:63;
322:1514; 323:1854; 326:3642, entre muchos otros.
Asimismo, la Corte ha dicho que por provenir la competencia originaria de la Corte de una norma constitucional de carácter
excepcional que no es susceptible de ampliarse, modificarse, ni restringirse, una provincia no está legitimada para requerir su
aplicación cuando son sus magistrados los que deben dirimir la contienda; de lo contrario, sin razón legal suficiente, se excluirá
de la causa a los jueces naturales por la sola voluntad del Poder Ejecutivo provincial.
En consecuencia, conforme lo dispuesto por la Carta Magna, lo cual se encuentra receptado en la ley 48 (B.O. 25/08/1863) y
reglamentado por el art. 24 del Decreto-ley 1285/58 (B.O. 4/02/1958 y modo.) la Corte entiende con competencia originaria y
exclusiva en los siguientes supuestos:
I. Todos los asuntos en que una provincia sea parte:
a) De las causas que versan entre dos o más Provincias, o una Provincia y el Estado Nacional;
b) Las causas civiles que versen entre una Provincia y algún vecino o vecinos de otra o ciudadanos o súbditos extranjeros;
c) De aquellas que versen entre una Provincia y un Estado extranjero;
II. De las causas concernientes a Embajadores u otros Ministros diplomáticos extranjeros, a las personas que compongan la
Legación, a los individuos de su familia, o sirvientes domésticos, del modo que una Corte de Justicia puede proceder con arreglo
al derecho de gentes.
III. De las causas en que se versen los privilegios y exenciones de los Cónsules y Vicecónsules extranjeros en su carácter público.
(Sabic, 2014, https://bit.ly/2UZ5u0K).
PARTE ORGANICA 4
Introducción
LECCIÓN 1 de 7
Habiendo abordado las competencias centrales del Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial, nos resta examinar los demás órganos
con jerarquía constitucional. Para ello, partiremos de la clasificación –desde la crítica- efectuada por Germán Bidart Campos, que
denomina a todos los órganos por fuera de los tres poderes tradicionales, como de tipo “extra poder”. Decimos que criticamos
esta denominación siguiendo lo propuesto por Juan V. Sola, quien sostiene que
En un sistema de gobierno de división de poderes, cada funcionario, órgano, o agencia de gobierno integran algunas de las
ramas en que se divide el poder. No existen órganos que puedan estar fuera de los poderes de la Constitución, porque los
principios de la división de poderes y de los frenos y contrapesos requieren la existencia de ramas diferentes e independientes
como garantía de la forma republicana de gobierno (Sola, 2010, p.155).
Continúa diciéndonos Sola que
El origen de esta falacia es imaginar que los tres poderes son jerárquicos, es decir, que dentro de cada rama existe un orden de
rango con una cabeza visible del cual depende toda la organización. Esta doctrina también llamada del Ejecutivo Unitario, no se
compadece con la realidad constitucional. Cada rama está integrada por los organismos que la Constitución menciona y no es
posible separarlos de ella. De esta manera las agencias independientes u organismos descentralizados integran el poder
Ejecutivo, aunque no tengan dependencia jerárquica del Presidente de la Nación. El Consejo de la Magistratura y el Ministerio
Público integran el poder Judicial aunque no dependan de la Corte Suprema de Justicia, y la Auditoría General de la Nación y el
Defensor del Pueblo integran el Poder Legislativo, aunque no tengan dependencia funcional del Congreso. (2010, p. 155).
Habiendo hecho esta aclaración, nos propondremos abordar brevemente el Consejo de la Magistratura, el Ministerio Público, La
Auditoría General de la Nación y el Defensor del Pueblo.
El Consejo de la Magistratura
LECCIÓN 2 de 7
La sanción del artículo 114 en la Constitución, receptó las bases para la conformación del nuevo órgano constitucional
encargado, entre otras cuestiones, de seleccionar a los magistrados para ejercer la judicatura y de promover los mecanismos
para su remoción. La redacción de dicho artículo, dejaba la distribución de funciones y la composición del órgano, reservada al
Congreso Nacional en un plazo de 360 días posteriores a la modificación de la Constitución.
Artículo 114 de la Constitución Nacional:
El Consejo de la Magistratura, regulado por una ley especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros
de cada Cámara, tendrá a su cargo la selección de los magistrados y la administración del Poder Judicial.
El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la representación de los órganos políticos
resultante de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado,
asimismo, por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley.
Serán sus atribuciones:
1. Seleccionar mediante concursos públicos los postulantes a las magistraturas inferiores.
2. Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de los magistrados de los tribunales inferiores.
3. Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de justicia.
4. Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados.
5. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados, en su caso ordenar la suspensión, y formular la acusación
correspondiente.
6. Dictar los reglamentos relacionados con la organización judicial y todos aquellos que sean necesarios para asegurar la
independencia de los jueces y la eficaz prestación de los servicios de justicia. 1 [1] Artículo 114, Ley 24430.
La primera ley en regular el instituto constitucional llegó a sancionarse en el año 1997. La Ley 24397 estructuraba el
funcionamiento del Consejo en pleno y en comisiones, que se dedicarán en forma exclusiva a diferentes facultades atribuidas al
órgano con una compleja conformación, aparentemente contradictoria con la manda constitucional que promueve el equilibrio
en la formación del órgano.
Bajo los mandatos de esta normativa funcionó el Consejo hasta la sanción de la Ley 26080 del 22 de febrero de 2006, que
modificó la composición del órgano y también sus funciones.
Cuestiones de conformación del Consejo
Esta ley apuntó a la reducción de sus miembros de veinte a trece, unificando las viejas Comisiones de Disciplina y de Acusación,
fijado por ley de la composición de cada comisión, creando un plazo prudencial para la decisión de abrir un proceso disciplinario
contra un magistrado y la exclusión de los consejeros abogados de la Comisión de Selección de Magistrados.
Más recientemente, se sancionó la Ley 26855 que operaba sendas reformas al Consejo, entre las cuales se modifica no solo la
composición y número de los diferentes estamentos, sino que también se establecía una nueva manera de elección de los
mismos. No obstante, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la inconstitucionalidad de los artículos de la ley que
hacían referencia a la modificación en la integración y forma de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura 2.
[2] CSJN, “Rizzo, Jorge Gabriel (apod. Lista 3 Gente de Derecho) s/ acción de amparo c/ Poder Ejecutivo Nacional Ley 26855”,
Letra R Nro. 369. Año 2013. Tomo 49.
En relación con la modificación al número de integrantes, la reducción de miembros generó la exclusión del órgano del
Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, de un juez inferior, de dos abogados, un académico y dos legisladores.
En su momento, también generó un planteo de inconstitucionalidad al entender que la reducción –sobre todo la exclusión del
estamento que representa a los abogados de la comisión de selección de magistrados- contradecía la manda constitucional
sobre la necesidad de equilibrio en la composición del cuerpo.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación entendió que la reducción del número de integrantes del órgano no contravenía el
principio constitucional de equilibrio, en atención que el término “equilibrio” no significa igual cantidad de miembros por
estamento sino que conlleva el concepto de “no predominio”. 3 [3] CSJN, “Monner Sanz, Ricardo c/ EN – Secretaría General
Presidencia y otros s/ amparo ley 16.986”, Letra M. 2503, XLII Rex, 06/03/2014.
Entonces, según nuestro Alto Tribunal el constituyente supuso que la palabra equilibrio significa que no pueda existir
predominio de un estamento sobre otro, que sea necesario indefectiblemente la concertación de posturas y el consenso de
ideas dentro del funcionamiento del órgano constitucional, de manera tal que un estamento determinado no pueda decidir sin
la necesidad de aprobación o acompañamiento por parte del resto de los integrantes. (Tonon, 2014, https://bit.ly/3pXOEO6)
La selección de Magistrados
El Consejo presupone la eliminación clásica de la competencia del Poder Ejecutivo para designar jueces con acuerdo del Senado.
El principal objeto de esta modificación recae en recortar facultades del Ejecutivo y podemos leer esta situación en concordancia
con una de las principales ideas que llevaron a modificar la Constitución: la atenuación del presidencialismo.
Para entender la importancia de esta modificación, observemos el procedimiento para designar a un ciudadano en el cargo de
juez.
Primero, debemos enumerar cuáles serán los actores que tomarán parte en este proceso. Por un lado, el Poder Ejecutivo
Nacional que tiene la atribución de “nombrar a los magistrados de la Corte Suprema y de los demás tribunales federales
inferiores”, que muestra claramente que estamos frente a un sistema de designación política, pero dicha atribución
constitucional del Presidente (artículo 99, Inciso 4) posee una limitación –o en términos teóricos, un contrapeso-, puesto que
para hacer efectiva su voluntad, debe obtener el acuerdo del Senado “por dos tercios de sus miembros presentes, en sesión
pública, convocada al efecto”4. [4] Artículo 99, Ley 24430.
Observemos que existe la distinción entre jueces de la Corte Suprema, respecto de los demás jueces del Poder Judicial de la
Nación. El Poder Ejecutivo sigue facultado para ejercer su discrecionalidad. No obstante, en un caso y otro, la discreción se
encuentra limitada por la participación de otros órganos.
Por otro lado, el Consejo de la Magistratura –que, como sabemos, nació con la reforma de la Constitución en 1994 con la
finalidad de descentralizar la selección de jueces de las manos del Presidente de la Nación–, tiene “a su cargo la selección de los
magistrados y la administración del Poder Judicial” (artículo 114). 5 [5] Artículo 114, Ley 24430.
El Consejo de la Magistratura es el encargado de convocar a concurso público para cubrir el cargo de Juez de la Nación cuando
se produce alguna vacante, publicando la convocatoria en el Boletín Oficial, en un diario de circulación nacional y también en
medios de comunicación del lugar donde se halla radicado el juzgado o tribunal que se concursa.
El procedimiento comienza con la inscripción al concurso público de los aspirantes que cumplan con las exigencias legales (para
ser Juez Federal, según decreto-Ley 1285/58 6, se requieren 30 años de edad y 6 de ejercicio o 25 de edad y 4 de ejercicio según
se trate de Juez de Cámara o de Juez de Primera Instancia). Dicho concurso tiene tres etapas: un examen escrito y oral; una
evaluación de antecedentes; y una serie de entrevistas personales. (López, 2013, https://bit.ly/3nVapMI).
Con el examen escrito y la evaluación de antecedentes se elabora una orden de mérito provisoria de los candidatos y se abre a
impugnaciones de los restantes postulantes. Luego de cumplida la etapa impugnativa se convoca, como mínimo, a los seis
primeros puntajes a la entrevista personal y, posteriormente, se elabora un dictamen con los resultados y un nuevo orden de
mérito.
Finalmente, el Consejo de la Magistratura en pleno convoca a una audiencia pública a los postulantes donde se resuelve sobre la
aprobación o no del concurso, con el voto de dos tercios de los presentes. En caso de decidir favorablemente queda
confeccionada la terna con el orden de mérito definitivo.
La terna vinculante pasa a la órbita del Poder Ejecutivo Nacional, quien tiene la potestad de elegir a uno de los tres candidatos.
(López, 2013, https://bit.ly/3nVapMI).
¿En qué sentido es vinculante la terna? Ejemplifiquemos: conformada la terna, los puntajes más altos del orden de mérito
resultaron ser el del juez p, quien obtuvo un puntaje de 9 puntos; el juez q con uno de 8; y, en tercer lugar, el juez r, que apenas
obtuvo 6 puntos. Elevada la terna, el Poder Ejecutivo, ¿debe elegir al juez p por ser el que más puntaje obtuvo? Es un error
común pensar que el Poder Ejecutivo debe respetar el orden de mérito. Es aquí donde este posee facultad discrecional de elegir
a cualquiera de los tres postulantes elevados por el Consejo. Como vemos, el juez r puede ser elegido para ocupar el cargo, aun
habiendo obtenido el puntaje menor de la terna. Entonces, resumiendo, la terna es vinculante en tanto el Poder Ejecutivo no
puede apartarse del conjunto (es decir los jueces p, q, r) a la hora de elegir quien cubrirá la vacante.
Efectuada la elección del candidato, el Poder Ejecutivo enviará el pliego al Senado de la Nación, que debe celebrar una sesión
pública convocada al efecto donde se analizarán los antecedentes del candidato y para “prestar el acuerdo” correspondiente es
necesario el voto afirmativo de la mayoría simple. Si no se logra el acuerdo no habrá designación y si se consiguen los votos
positivos sobre el candidato elegido por el Poder Ejecutivo Nacional, el presidente firmará el decreto de designación y el
ciudadano/a deberá prestar juramento como Juez de la Nación ante la autoridad judicial correspondiente. (López, 2013,
https://bit.ly/3nVapMI).
Distingamos entonces, que, en caso de jueces inferiores, los actores son tres: el Poder Ejecutivo, El Consejo de la Magistratura y
el Senado. En cambio, en caso de candidatos a jueces de la Corte Suprema, el Consejo no interviene y el acuerdo del Senado
deberá ser votado con los dos tercios de los miembros presentes.
El jurado de Enjuiciamiento
La reforma constitucional de 1994 también modificó el procedimiento de remoción de los magistrados de los juzgados
inferiores, en tanto que los de la Corte Suprema continúan sujetos al anterior sistema de juicio político. El artículo 115 de la
Constitución Nacional crea un nuevo órgano especial encargado de la remoción de aquellos magistrados que han sido acusados
por el Consejo de la Magistratura (artículo 114, inciso 5º).
La CSJN ha destacado que el texto del artículo 115 de la Constitución Nacional, al atribuir a un jurado especial el juzgamiento de
los jueces de los tribunales inferiores de la Nación, solo modifica el procedimiento de remoción de los mismos, pero al remitir al
artículo 53 mantiene las inmunidades allí previstas. 7
La Constitución se limita a fijar los sectores que lo componen (legisladores, magistrados y abogados de la matrícula federal) y
remite a la ley especial (la del Consejo de la Magistratura) para determinar su número, designación, duración, remoción.
Los sectores que componen este órgano se diferencian de los del Consejo de la Magistratura, no sólo por ser tres sino también
porque el artículo 115, párrafo primero, en lugar de referirse a "la representación" de cada uno de los sectores (como lo hace el
artículo 114, párrafo 2º), señala que los integrantes del Jurado deberán ser legisladores, magistrados y abogados. En este caso,
el Poder Ejecutivo -uno "de los órganos políticos resultantes de la elección popular"- no lo integra.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, reiteradamente, ha dicho que los Jurados de Enjuiciamiento no son Tribunales de
Justicia8
Que en cuanto a la naturaleza del proceso de remoción, resulta pertinente destacar que se trata de un juicio de responsabilidad
política con sujeción a la regla del debido proceso legal, lo que equivale a decir que en lo sustancial es un juicio político, pero en
lo formal se trata de un proceso orientado a administrar Justicia, es decir, a dar a cada uno su derecho, sea a la acusación, en
cuanto le asista el de obtener la remoción del Magistrado, sea este, en cuanto le asiste el de permanecer en sus funciones. 9 [9]
CSJN, Fallos, 316:2940.
Por ello entendemos que el proceso de remoción a los magistrados es un proceso netamente político, que debe respetar el
principio del debido proceso, existiendo un acto discrecional al fallar por parte de sus integrantes, sin que por ello se caiga en la
arbitrariedad. De allí que, la garantía de la defensa en juicio y del debido proceso debe ser respetada en los procesos de
remoción de magistrados con el mismo rigor y con las mismas pautas elaboradas por la Corte en numerosas decisiones sobre la
materia. Dicha garantía requiere que el acusado sea oído y que se le dé ocasión de hacer valer sus medios de defensa en la
oportunidad y forma prevista por las leyes de procedimientos. (Micrófono digital, 23 de diciembre s.f., https://bit.ly/39aDHmw).
Observemos los fundamentos de la naturaleza política del Jurado de enjuiciamiento:
1) Las causales del enjuiciamiento son las mismas de la Constitución de 1853, y son de naturaleza política;
2) Se analiza la conveniencia de la continuidad o no de un magistrado, conforme a la conducta que ha desarrollado, reprochable
o no;
3) El procedimiento se inicia con un órgano acusador, el cual desaparece, en cambio todo Tribunal de Justicia tiene
permanentemente un órgano o una parte específica que ejerce la acción;
4) La falta de tipicidad es una demostración de la naturaleza política.
En conclusión, la finalidad política del proceso surge de su objeto: proteger la función del juez.
Néstor Sagüés ha recordado, en una de sus obras, el debate que ha traído aparejada la naturaleza del juicio político, es decir, si
tiene carácter jurisdiccional o exclusivamente político. El autor Se inclina por una naturaleza mixta, es decir político y judicial,
aun cuando fuere ejecutado en el ámbito parlamentario, advertía la doble condición en que actúan los miembros del Senado,
que deben prestar juramento de "administrar justicia con imparcialidad y rectitud, conforme a la Constitución y leyes de la
Nación" y que dictan fallo "constituido en tribunal", según el reglamento respectivo. Sostenía que la creación del Jurado de
Enjuiciamiento por la reforma constitucional de 1994 procuraba "erigir un organismo más operativo e imparcial para tales
magistrados". (Russo Pedano, 2003, https://bit.ly/35ZpBCp).
En resumen, la remoción de los magistrados no tiene como objetivo el castigo del funcionario, sino la separación del magistrado
para la protección de los intereses públicos contra el riesgo u ofensa que puedan derivar del abuso del poder, el descuido del
deber o una conducta incompatible con la dignidad del cargo.
El Ministerio Público Fiscal
LECCIÓN 3 de 7
Este órgano es parte fundamental en la administración de justicia, compuesta por el Poder Judicial (integrado por jueces, juezas,
funcionarios, funcionarias, empleados y empleadas) y los Ministerios Públicos Fiscal y de la Defensa. En su conjunto, conforman
las tres partes fundamentales en un proceso judicial. Asimismo, el Ministerio Público Fiscal es un órgano independiente dentro
del sistema de administración de justicia. Se encuentra a cargo del Procurador o de la Procuradora General, que es propuesto o
propuesta por el Poder Ejecutivo y aprobado por el Congreso de la Nación. Es independiente incluso del Poder Judicial
(encabezado por la Corte Suprema de Justicia). Esa independencia tiene sus orígenes en la Reforma Constitucional de 1994, que
estableció la autonomía del Ministerio Público.
El rol que les corresponde a los y las fiscales que conforman el MPF tiene fines y objetivos muy claros: defender los intereses
generales de la sociedad. ¿Por qué? En primer lugar, está determinado en nuestra Constitución, en el artículo 120. Pero,
además, porque al Estado y a la sociedad les interesa particularmente que se persigan todos los delitos. Por otra parte, en las
cuestiones no penales, el interés general reviste en la necesidad de asistir a toda la comunidad en la defensa de sus derechos.
En relación con la parte penal, el Procurador o la Procuradora a cargo del Ministerio tienen la facultad de definir cómo se
persiguen determinados delitos que pueden tener una relevancia mayor en la defensa de los intereses generales de la sociedad.
Por ejemplo, aquellos que atentan contra la vida, contra la humanidad, los vinculados al narcotráfico, a la violencia institucional,
o al lavado de dinero, por mencionar algunos. Por eso es que en la estructura del MPF se conformaron unidades especializadas,
que tienen como fin mejorar el desempeño en el trabajo. Ello requiere sí o sí un Ministerio ágil y abierto a los cambios que la
realidad va demandando de modo constante.
A su vez, los y las fiscales, en los procesos penales, son quienes llevan adelante la investigación de los delitos. Esa dinámica (fiscal
que investiga y juez que decide) se corresponde con un sistema llamado “acusatorio”, donde es el fiscal quien debe realizar la
acusación durante todo el proceso. Esto garantiza un juez imparcial que, a la hora de tomar decisiones, simplemente deberá
valorar aquello que le presentan las partes. Sin embargo, en nuestro ordenamiento jurídico, ese sistema se ve limitado. A los
fiscales les corresponde la iniciativa en la investigación en determinados casos; por ejemplo, cuando no hay un autor del delito
identificado o cuando el juez le “delega” la causa para que la investigue.
Como representante de los intereses de la sociedad, a quienes les compete la tarea de trabajar en nombre del MPF, también les
corresponde emitir dictámenes en algunas causas. Los dictámenes son una parte esencial del proceso que elabora el o la fiscal
para que el juez o jueza decida la cuestión que están tratando. En este sentido, un dictamen es mucho más que una simple
opinión fundamentada: en ese documento, el fiscal representa el interés general de perseguir delitos -en materia penal- o de
tutelar los intereses generales -en los fueros no represivos- sobre el punto del conflicto que se esté discutiendo.
¿Cuáles son las áreas en las que interviene el MPF? Lo que se conoce como fueros, son aquellas áreas del derecho sobre las que
se trabaja en la administración de justicia. Estas son: penal, civil, comercial, administrativo, del trabajo, de la seguridad social y
de menores.
Pero surge otra pregunta: ¿el Ministerio Público Fiscal de la Nación interviene siempre, en cualquier causa, en cualquier lugar del
país? La respuesta es no. El MPF tiene a su cargo las causas federales en todo el país y, además, las “locales” de la Capital
Federal. Es por eso que los fiscales federales sólo se ocupan de determinadas causas: aquellas que versan sobre cuestiones
tratadas en nuestra Constitución y en leyes federales.
En suma, el Ministerio Público Fiscal interviene siempre que el ordenamiento jurídico estime que es necesario que una parte del
Estado actúe en favor de los intereses de la sociedad. A eso se dedican quienes trabajan en el organismo. Para eso es necesario
contar con mujeres y hombres que se comprometan con la función y una sociedad activa a la hora de participar en los procesos
de defensa de sus derechos. (MPF, s.f., https://bit.ly/35ZqH0Z).
La Auditoría General de la Nación
Es el organismo que asiste técnicamente al Congreso de la Nación en el control del estado de las cuentas del sector público, el
desempeño de la Administración Pública Nacional y la situación de la hacienda pública. La Auditoría General de la Nación tiene
status constitucional y autonomía funcional.
Composición
Según lo dispuesto por el artículo 85 de la Constitución Nacional el presidente de la AGN es designado a propuesta del partido
político de oposición con mayor número de bancas en el Poder Legislativo Nacional. Los restantes 6 miembros del Colegio de
Auditores Generales –2 por la mayoría y 1 por la minoría de ambas cámaras del Congreso– se eligen según lo estipulado por la
Ley 24.156 de Entidades Financieras. La composición resultante hace que, cuando prevalecen las mayorías afines al Poder
Ejecutivo, quede disminuida la efectividad de sus tareas de control.
Funciones
La Reforma Constitucional de 1994 confirió a la AGN el control de legalidad, gestión y auditoría de toda la actividad de la
Administración Pública, centralizada y descentralizada, cualquiera que fuera su modalidad de organización. Estableció su
intervención necesaria en el trámite de aprobación o rechazo de las Cuentas de Percepción e Inversión de los Fondos Públicos y
confirió al Congreso la facultad de ampliar –pero no de reducir– el alcance de sus competencias.
Sus atribuciones respecto a la infraestructura y los servicios públicos están establecidas por la Ley 24.156. Controla las
actividades desarrolladas por los entes de regulación de cada sector de servicio y de las empresas concesionarias en lo atinente
al cumplimiento de las obligaciones contractuales. Estas atribuciones incluyen el control de los procesos de licitación y
privatización de los servicios, las eventuales renegociaciones y las estatizaciones. (ECyT, 2014, https://bit.ly/3pY5wEz).
El Defensor del Pueblo de la Nación
La reforma constitucional del año 1994 introdujo, mediante el artículo 86, un órgano independiente, en el ámbito del Congreso,
cuya actividad se centra en la defensa y protección del derecho ambiental, el derecho consumidor, entre otros, y las garantías y
derechos tutelados por la Constitución y leyes ante la actividad de la Administración cuando ésta lesiona los intereses de los
ciudadanos, como así también controla el ejercicio de las funciones administrativas públicas. (Maraniello, 2006, p. 99).
“Es de considerar que si bien dicho funcionario ya existía por ley, la jerarquización del órgano con rango constitucional se plasma
por su inserción en la ley fundamental”. (2006, p. 99).
Su naturaleza jurídica lo presenta como un órgano independiente y en términos generales puede definirse como una institución
unipersonal, cuyo titular es elegido por los representantes del pueblo para prevenir, controlar, mediar, proteger y defender al
ciudadano del ejercicio del poder arbitrario, ilegal o injusto al que se lo puede someter desde el Estado o desde las entidades
que cumplen funciones públicas dentro de un ámbito general o especial, razón por la cual es imprescindible que conserve
independencia funcional y política de quien lo nombra y frente a quien controla. (Maraniello, 2006, p. 100).
“No se trata de un órgano jurisdiccional: tiene la facultad de investigar, criticar y publicitar las acciones administrativas que
violen los intereses de los ciudadanos, pero no el poder de revocarlas”. (Maraniello, 2006, p. 100).