Espiritu Santo Congar
Espiritu Santo Congar
Congar
EL ESPÍRITU SANTO
BIBLIOTECA HERDER
YVES M.-J. CONGAR
BIBLIOTECA HERDER
SECCIÓN DE TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA
VOLUMEN 172
BARCELONA
BARCELONA
EDITORIAL HERDER EDITORIAL HERDER
1991
1991
Versión castellana de ABELARDO MARTÍNEZ DE LAPERA, de la obra de
YVES CONGAR, Je crois en VEsprit Saint,
Éditions du Cerf, París 1980
Introducción general
Explicación de algunos términos
9
Índice
índice
143
III. «Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gál 4, 6) 284
VI. El Espíritu Santo en los teólogos • 1. «Habitación, ¿cómo? 289. 2. Habitación del Espíritu Santo, ¿de
. • 154 manera personal y propia?» 292. 3. «Un Espíritu que nos hace hijos
VII. Joaquín de Fiore. Destino del joaqumismo adoptivos en virtud del cual clamamos: ¡Abba! ¡Padre!» (Rom
8,15) 300.
VIII. Pneumatologia en la historia del protestantismo
IV. La vida en el Espíritu y según el Espíritu 305
Los reformadores _
, ¿ 1. El Espíritu Santo realiza, personaliza e interioriza la vida «en
George Fox. La sociedad de los amigos (cuáqueros) . • • • j
Cristo» 305. 2. Hoy y en la consumación final. «Ya y todavía
El pietismo ¿T
no» 313.
El «profetismo» de las Cevenas ' '^
Ed. Irving *" V. El Espíritu Santo y nuestra oración 317
IX. Lugar del Espíritu Santo en el catolicismo de la contrarreforma 180 «Orad en el Espíritu Santo» (Jds 20) 318
y de la restauración postrevolucionaria 188 La vida doxológica de la Iglesia 318. La oración individual 320.
188 El Espíritu en nuestra oración 320. El Espíritu en nuestra oración
Nota adicional de petición 322.
Olvidos del Espíritu Santo 189
Suplencias y sucedáneos del Espíritu Santo . . . . VI. Espíritu y lucha contra la carne. Espíritu y libertad 325
1. Eucaristía 190. 2. Papa 191. 3. Virgen María 192. Función del Espíritu en la conversión del pecador 329. El Espíritu
195 nos hace verdaderamente libres 332.
X. La pneumatologia del concilio Vaticano II . • •
VIL Los dones y frutos del Espíritu 340
LIBRO SEGUNDO: SEÑOR Y DADOR DE VIDA Parte tercera: La renovación en el Espíritu. Promesas c interrogantes . 349
205
Parte primera: El Espíritu anima la Iglesia Introducción 349
205 Bibliografía (selección) 351
Introducción
A) Lo positivo de la «renovación carismática». Lo que aporta
I. La Iglesia es hecha por el Espíritu. Él es su coíundador . . . 207
a la Iglesia 353
La Iglesia ha nacido y vive de dos «misiones». El Espíritu es co-
fundador de la Iglesia 210. B) Nuestros interrogantes sobre la «renovación carismática» . 365
II. El Espíritu Santo hace una a la Iglesia. Es principio de comunión . 218 I. ¿Qué título emplear? ¿«Carismático»? 365
La Iglesia, ¿una persona? 224. En la vida concreta y cotidiana de Dos cuestiones críticas 370
los fieles 226. Inmediatez 370. Disminución de los compromisos sociales 373.
II. Algunos carismas espectaculares 376
III. El Espíritu Santo es principio de catolicidad 228 Hablar y orar en lenguas 376. «Interpretación» y «profecía» 381.
La misión en los espacios humanos 228. El Espíritu Santo hace Milagros y curaciones 383. El discernimiento 386.
católica a la Iglesia en el decurso del tiempo 232. El Espíritu Santo,
«el Desconocido allende el Verbo» 240. III. El bautismo en el Espíritu 392
En el pentecostismo 392. San Pablo 393. Los sinópticos, Q 394.
IV. El Espíritu Santo conserva la «apostolicidad» de la Iglesia . . . 244 Juan 395. San Lucas, los Hechos 397. Testimonio e interpretación
Apéndice: dos teologías de la apostolicidad, W. Pannenberg y de la renovación respecto del bautismo del Espíritu 401.
J.D. Zizioulas 255.
IV. Renovación y ecumenismo 405
V. El Espíritu Santo, principio de santidad de la Iglesia . . . . 257
La Iglesia templo 258. La Iglesia esposa 261. Los combates de la Conclusión: «En la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria» . 416
Iglesia santa de los pecadores 263. La comunión de los santos 266. A) En Jesús, Dios se ha dado un corazón de hombre, un corazón
perfectamente filial 416
B) En Jesús estamos destinados a ser hijos de Dios; él nos comu-
Parte segunda: El soplo de Dios en nuestras vidas personales . 271 nica la vida filial por su Espíritu 420
C) El Espíritu de Dios llena el universo. Acoge todo lo que es para
I. El Espíritu y el hombre en el plan de Dios 272
gloria de Dios 422
Dios, principio y fin de nuestra santificación 272. El Espíritu es el 1. El Espíritu actúa en todas partes 423. 2. El Espíritu guía
don absoluto: prometido en plenitud escatológicamente, poseído en secretamente la obra de Dios en el mundo 425. El Espíritu
fianza durante la vida presente 274. trenza, en una doxología, todo lo que es para Dios en el mun-
II. El don del Espíritu en los tiempos mesiánicos . . . . y,„
Bajo la Antigua y bajo la Nueva Disposición 278. 11
10
Índice
Índice
y latinos en la apreciación de los doctores occidentales . • • 608
do 427. La Iglesia sabe a quién y por quién asciende esta 2. Tentativas y propuestas de acuerdo • • 617
alabanza. Ella recoge y da voz a la doxología del universo 428. Concilio de Florencia 619
Nota sobre «Tú eres mi Padre» en la eternidad de la vida intradivina . 432 Apéndice • 523
3. Relaciones y coloquios entre ortodoxos y comuniones no ro-
manas 625
LIBRO TERCERO: «UN RÍO DE AGUA DE VIDA» (AP 22,1) a) Ortodoxos y viejos católicos 625
FLUYE A ORIENTE Y A OCCIDENTE b) Ortodoxos y anglicanos 629
Introducción: Griegos y latinos en teología trinitaria 437 Apéndice 631
1. Presentación 437 4. Algunas propuestas de acuerdo 631
2. Griegos y latinos en teología trinitaria 439 5. ¿Suprimir el «Filioque» en el símbolo'.'. 636
6. ¿Un impacto eclesiológico del «Filioque»? 640
7. Conclusiones a modo de tesis 644
Parte primera: El Espíritu Santo en la tri-unidad divina 447
I. Conocimiento del misterio trinitario 447 Parte segunda: El Espíritu Santo y los sacramentos 647
1. Las fuentes de nuestro conocimiento del Espíritu Santo. Nece-
I. El «sello del don del Espíritu». Reflexiones sobre el sacramento
sidad y condiciones de una expresión dogmática y teológica . 447 de «confirmación» 647
2. Trinidad «económica» y Trinidad «inmanente» 454
1. Un cierto malestar 648. 2. Sentido de la confirmación tomado
II. Etapas y formas de una teología de la tercera Persona . . . . 463 del misterio de Cristo 649. 3. La confirmación en la construcción
Antes de la crisis arriana 463 y misión de la Iglesia 651. 4. La confirmación en el desarrollo del
A) En la parte griega de la Iglesia 466 bautizado 651. 5. El bautismo-confirmación y las dos misiones:
1. Crítica del arrianismo. Progreso de una teología trinitaria . 466 Cristo - Espíritu 655. 6. Sugerencias para la práctica 656.
2. Los capadocios. Concilio de Constantinopla (381). San Juan II. Sobre la epiclesis eucarística 658
Damasceno 470 No puede separarse la epiclesis del conjunto de la plegaria eucarís-
3. El Filioque profesado por los padres latinos y los concilios tica o anáfora. La significación de ésta 659. Las epiclesis del si-
antes de que se convirtiera en tema de división . . . . 490 glo iv. ¿Son ellas consecratorias o las palabras de la institución? 663.
La doctrina 490 El sentido occidental de la celebración. El celebrante ordenado es
Padres 489. Concilios y símbolos 491. ya una realidad sacramental 667. La expresión litúrgica del misterio
El añadido al símbolo 495 según las dos tradiciones originales 670. Símbolos de vida propios
4 El patriarca Focio. La era de las confrontaciones polémicas 498 del Oriente 675. El zeon o Pentecostés eucarístico 676. ¿Ácimos o
5. Nota sobre la teología palamita 501 pan fermentado? 677.
6. Sobre la pneumatología oriental hoy 501 Anexo: La función del Espíritu Santo en la eucaristía según la tra-
B) El Occidente ante la revelación de la Tri-unidad de Dios . 517 dición occidental 678
1. San Agustín 518
La teología de las relaciones 518. El Filioque 524. Nota III. El Espíritu Santo en nuestra comunión del cuerpo y sangre de
sobre la teología trinitaria de san Agustín y la tradición Cristo 687
oriental 527. Las imágenes de la Trinidad 529.
2. San Anselmo 533 IV. La vida de la Iglesia es enteramente epiclésica 696
3. La triadología construida especulativamente, en la fe, bajo
el signo del amor 540 índice alfabético 705
a) Ricardo de San Víctor 540
b) Alejandro de Hales y san Buenaventura . . . . 545
4. Tomás de Aquino 552
5. Definiciones dogmáticas en pneumatología. Su necesaria
hermenéutica 563
III. Reflexiones teológicas 568
1. El Padre, fuente absoluta de la divinidad 568
Padres griegos 568
Occidente latino 570
2. Meditación teológica sobre la tercera Persona 578
3. Sobre la maternidad en Dios y la feminidad del Espíritu Santo 588
4. Por una cristología pneumatológica 598
IV. Elementos con vistas a un acuerdo 608
1. Unidad de fe, diversidad de formulación teológica entre griegos
13
12
INTRODUCCIÓN GENERAL
15
Introducción general Introducción general
una revelación objetiva de la persona del Espíritu Santo como existe Los dones y frutos del Espíritu.
de la persona del Hijo-Verbo en Jesús y, por él, de la persona del C) La renovación en el Espíritu.
Padre. En este sentido, se ha hablado de una especie de kenosis del Promesas e interrogantes.
Espíritu Santo; se vaciaría, de alguna manera, de su propia persona- Lo positivo de la renovación carismática.
lidad para ser todo relativo, por un lado, a «Dios» y a Cristo y, por Interrogantes:
otro, a los hombres llamados a realizar la imagen de Dios y de su ¿Qué título emplear?
Hijo. «A diferencia de Yahveh en el Antiguo Testamento y de Jesús Carismas espectaculares.
en el Nuevo, el Espíritu Santo no ha empleado el pronombre per- Bautismo en el Espíritu.
sonal " y o " » ' . Se nos revela y conocemos al Espíritu Santo no en él Renovación y ecumenismo.
mismo, al menos no directamente, sino por lo que obra en nosotros 2 . D) «En la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria.»
Por otra parte, mientras que las actividades de la inteligencia no sólo
son perceptibles, sino trasparentes y, por consiguiente, definibles, las III. La «teología del Espíritu»
de la afectividad y del amor no han sido analizadas de igual manera 3 . A) La tercera Persona.
Volveremos a toparnos con todas estas dificultades cuando abordemos La circumincesión.
una teología de la tercera Persona. B) El Espíritu y el Verbo encarnado.
Nos proponemos presentar nuestro trabajo en tres partes, con estas C) ¿Apropiación?
características: D) Oriente y Occidente:
El Filioque.
I. La «economía» y la experiencia del Espíritu La epiclesis.
A) Según las Escrituras canónicas. Eucaristía y Espíritu Santo.
B) En la vida de la Iglesia.
Comenzaremos, de la forma más clásica, con un estudio escritu-
II. «Es Señor y dador de vida»: rístico. Efectivamente, sean cuales fueren la amplitud y variedad de
A) El Espíritu anima la Iglesia: la acción del Espíritu, y, por consiguiente, sus manifestaciones, el
La Iglesia es hecha por el Espíritu. sentido de esa acción y de estas manifestaciones nos ha sido entre-
Él es su cofundador. gado de forma «inspirada», por consiguiente normativa para nosotros,
El Espíritu Santo hace una a la Iglesia. en las Escrituras canónicas. No tenemos necesidad de entrar aquí en
Es principio de comunión. la discusión de las relaciones entre la historia de la salvación, que
El Espíritu Santo es principio de catolicidad. abarca tanto como la historia de la humanidad, y la historia de la
El Espíritu Santo conserva la «apostolicidad» de la Iglesia. revelación, entre «revelación trascendental» y «revelación categorial» 4 .
El Espíritu Santo, principio de santidad en la Iglesia. Todos los teólogos católicos sostienen que las Escrituras canónicas
B) El soplo de Dios en nuestras vidas personales: son el testimonio referente a esa revelación y que tienen valor de
El Espíritu y el hombre en el plan de Dios. criterio para apreciar la experiencia de Dios que los hombres pueden
El don del Espíritu en los tiempos mesiánicos. hacer.
«Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Pero con esto no está todo dicho. El testimonio de la Escritura
Hijo.» comprende unos 46 escritos del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo,
La vida en el Espíritu y según el Espíritu. redactados a lo largo de un milenio de años, por autores diversos o
El Espíritu Santo y nuestra oración. por grupos de autores, muchos de ellos totalmente desconocidos para
Espíritu y lucha contra la carne. nosotros. Si pretendemos ser honestos, no podemos tratarlos de ma-
Espíritu y libertad. nera global, de forma indistinta. Sin pretender un estudio completo,
que requeriría una serie de monografías sabias, seguiremos el orden
1. H. Mühlen. Mysterium Salutis, p. 182 del t. 13 de la trad. fr., París 1972, cronológico de nuestros testimonios escritos. Este recorrido nos lle-
(trad. cast. en Cristiandad, en 5 vol., Madrid 1969ss).
2. Observación de san Bernardo, Sermo 88 de diversis, 1 (PL 183, 706); De 4. Cf. C! Geífré, Esquisse d'une théologie de la Révélation, en P. Ricoeur y
Pernéeoste sermo 11 (323). ni ios, La Révélation (Public, des Facultes universitaires Saint-Louis, 7), Bruselas
3. Lo señala Tomás de Aquino: ST, I, q. 37, a. 1; Comp. theol, c. 59. 1977, p. 171-205.
16 17
('migar, Espíritu 2
Introducción general Introducción general
vara a reconocer no sólo un desarrollo, un progreso, en la revelación necesaria entre el estudio teológico y la vida de alabanza; doxología,
del Espíritu, sino una cierta diversidad en la presentación hecha por práctica de la liturgia en la que comulgamos en los misterios median-
los diversos autores. Se da aquí un problema que ha sido planteado te su celebración. Tal vez deberíamos citar más los textos en vez de
por el progreso de la exégesis. En la actualidad, utiliza ésta métodos limitarnos a dar referencias de ellos. Efectivamente, es absolutamente
refinados, pero que le llevan frecuentemente a hacer saltar, de alguna necesario ir a ellos, leerlos, saborearlos. La Escritura es el vestíbulo
manera, las unidades clásicas de textos-pruebas. Se pone de manifiesto, del reino de Dios. Misión del Espíritu Santo es introducirnos en él.
por ejemplo, que san Lucas presenta de manera distinta que san Pablo Que él sea nuestra ayuda, para quienes hablamos de él y para los
la acción propia del Espíritu Santo. Pero, frecuentemente, lo que pa- lectores de nuestros humildes capítulos.
rece sólidamente fundado a juicio de un exegeta es contradicho por Cada persona tiene sus dones, sus medios, su vocación. Los nues-
otro. Una monografía hace obsoleta a otra y hace aparecer una ori- tros son los de un cristiano que ora y de un teólogo que lee muchos
ginalidad nueva. Es claro que la Iglesia no puede, para vivir su vida libros y toma muchas notas. ¡Permítasenos cantar nuestro canto! El
y confesar su fe, esperar a que los exegetas se pongan de acuerdo ni Espíritu es soplo. El viento canta en los árboles. También nosotros
pretender una armonización rigurosa de Lucas y Pablo, de Marcos y querríamos ser una lira humilde a la que haga vibrar y cantar el soplo
Juan. Jamás cedió a la tentación de fundir los cuatro evangelios en de Dios. El trabajo arduo de la investigación pretende tensar y ajus-
uno solo. Ha visto a los cuatro evangelistas como los animales de Eze- tar las cuerdas de esa lira. ¡Que el Espíritu les haga emitir un canto
quiel que avanzaban hacia adelante. Ha hablado del Evangelio «te- armonioso de oración y de vida!
tramorío» y los ha contado, tal como se encontraban, en un «canon»
cuya unidad responde a la de Dios mismo.
Mirando la imagen de Dios mismo, la Iglesia honra la diversidad
en la unidad. Tiene y vive esta unidad en su tradición, es decir, en
la transmisión viva de «todo lo que ella es, de todo lo que cree»5.
Pero la tradición misma corre el peligro de borrar los matices más
acusados de los testimonios que le sirven de fuente de vida, matices
que son un auténtico tesoro. Deja que se afirmen en el interior de
ella misma, un poco como en las familias, donde cada hijo tiene sus
propios gustos y carácter. Pero ella, la Iglesia, es la familia, el hogar,
la casa que habitamos. La unidad de la Iglesia es plenamente ca-
tólica.
En un esfuerzo constante por salvaguardar estas consideraciones,
presentaremos una serie, por supuesto elemental e incompleta, de las
experiencias y manifestaciones del Espíritu, primero en el plano de
la revelación testimoniada en la Escritura, y después en el nivel de la
vida de la Iglesia a través de una historia dos veces milenaria.
No nos hacemos demasiadas ilusiones. Nuestro trabajo parecerá a
muchos lectores extremadamente árido; a los especialistas, demasiado
elemental... La materia de cada una de sus minisecciones podría ser
objeto de una extensa y erudita monografía. Existen bellas monogra-
fías acerca de algunos de los temas. Hemos leído, utilizado y citado
muchas de ellas, pero hemos retenido únicamente lo que es esencial
para nuestro objetivo.
Tratamos de conocer y de enseñar. Somos conscientes de que no
debemos pararnos ahí. En el cristianismo, el conocimiento es sólo
camino para la comunión y el amor. Creemos firmemente en la unión
21
LIBRO PRIMERO
25
Nota sobre «experiencia» Nota sobre «experiencia»
desdoro para la visión, sin abolir la distancia en el orden del conocer No seguiremos esta experiencia en las expresiones de su realidad
de Dios mismo, pero elevándola al plano de una presencia de Dios
vivida, la de los relatos espirituales, de las vidas de los santos. Nos
en nosotros como fin amado de nuestra vida. Presencia que se hace
atendremos a su interpretación teológica, y no en un estudio o expo-
sensible a través de signos y en los efectos de paz, gozo, certidumbre,
sición de la vida espiritual, sino en una teología del Espíritu Santo y
consuelo, iluminación y todo el restante cortejo del amor. La expe-
riencia descrita por los grandes místicos es un grado singular, excep- de su función en la Iglesia. Nos ocuparemos de aspectos teóricos o de
cional, de esta percepción de una presencia de Dios dada como objeto momentos objetivos del conocimiento del Espíritu.
vivo de conocimiento y amor para que «gocemos» de ella. Más acá de
lo excepcional se halla lo ordinario. En la oración, en la práctica
de los sacramentos de la fe, de la vida en Iglesia, del amor de Dios
y del prójimo recibimos la experiencia de una presencia y de una acción
de Dios en las llamadas y signos que hemos dicho.
Por supuesto, sólo adquirimos conciencia de esta experiencia y la
explicitamos en expresiones o en una interpretación conceptual que
son nuestras. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de
que somos hijos de Dios» (Rom 8,16). Nos captamos en relación con
Dios. En esto consiste la experiencia religiosa'. No podemos dudar.
La experiencia aporta su propia certeza. Y ésta es corroborada por la
coherencia, la homogeneidad de nuestra experiencia y de sus expre-
siones con el testimonio de otros creyentes y de aquella multitud de
testigos de que habla la carta a los Hebreos (12,1). Pero, aunque ten-
gamos una certeza práctica, no podemos afirmar de manera infalible
—-salvo revelación particular— que nos hallamos en «estado de gra-
cia». Fuera de una visión inmediata de Dios sin concepto creado, no
existe percepción de Dios y de su acción que no pase por nuestros
propios recursos mentales y que no se mezcle con las peculiaridades
de éstos.
Sabemos cuáles son los indicios que nos indican que toda esa per-
cepción no es pura cosecha nuestra, sino que viene de Dios: el con-
texto de toda la vida, el servicio eficaz de los fines de la caridad, de
las llamadas o exigencias contrarias a lo «carnal» de nosotros mis-
mos. El tema evangélico y paulino de la lucha entre la carne y el Es-
píritu responde a una realidad que forma parte de la experiencia
cristiana.
26
27
PARTE PRIMERA
ANTIGUO TESTAMENTO
La palabra
29
Antiguo Testamento La palabra
Los 378 empleos de ruah en el Antiguo Testamento se distribuyen Por supuesto, el sentido puramente lexicológico no es suficiente
en tres grupos de importancia cuantitativa sensiblemente igual. Es el para precisar la significación real de una palabra. Como ha puesto de
viento, el soplo del aire; es la fuerza viva en el hombre, principio de relieve James Barr en su crítica del Worterbuch de Kittel-Friedrich,
vida (aliento), sede del conocimiento y de los sentimientos; es la fuer- el valor de la palabra viene determinado por el empleo en el contexto
za de vida de Dios por la que él obra y hace obrar, tanto en el plano concreto, por .Ja_refejrencja. JL_un_ tema y a intención concreta. Ruah
físico como en el «espiritual». (pneuma) puede ser simplemente el viento (así en Jn 3,8; Act 2,1-4.6)
Ruah (soplo) no implica una oposición a «cuerpo» o «corporal», o el aliento de Dios que comunica la vida (Éx 15,8-10; Sal 33,6), por
incluso en el griego profano y en su utilización filosófica, pneuma l* derivación, el aliento del hombre, principio y signo de vida (Gen 7,22;
expresa la sustancia viva y generatriz difundida en los animales, en Sal 104,29-30; frecuentemente en Job). Es también el soplo, la inspi-
las plantas y en todas las cosas. Se trata más de una corporeidad ración que hace realizar una obra, especialmente si es de alguna ma-
sutil que de una sustancia incorporal. En la .Biblia, la ruah (soplo) nera la de Dios: así de Besaleel para todo lo referente al santuario
no_es algo desencarnado; eSj,-Hiás; bien, la animación de un _ cuerpo. (Éx 31,3ss). Por supuesto, es todavía más cierto cuando se trata de
Se opone a «carne», pero («carnevno es idéntica a «cuerpo», es la guiar al pueblo de Dios, de dirigir sus guerras, de profetizar: lo ve~-
realidad puramente terrestre del hombre, caracterizada por la _debili-. veremos en detalle.
dad, y por su carácter de pereceder,o: «El egipcio es un hombre y no El soplo-espíritu (el Espíritu) recibe diversos calificativos en con-
un dios, y sus caballos son carne y no espíritu» (Is 31,3). Con ello sonancia con los efectos que se derivan de ese principio. Por ello, la
quiere apartar a los judíos de buscar un apoyo en los egipcios. Se Biblia habla de espíritu de inteligencia (Éx 28,3), de sabiduría (Dt 31,3;
trata de saber de dónde viene la verdadera fuerza y la vida. En Gen 34,9; 35,31), pero también de celos (Núm 5,14; todos estos textos son
6,3 la sanción del diluvio está preparada por la siguiente constatación de la fuente P 4 ), de «un espíritu malo enviado por Yahveh» (ISam
de Dios: «No permanecerá para siempre mi soplo en el hombre, puesto 16,14; 18,10 = fuente D; cf. Jue 9,23) 5 . Pero el calificativo que m á s .
que él es pura carne.» ¡IjlLj39JIibjrejLJViyerL únicamente de su propio nos interesa es el de espíritu o soplo de Dios, que expresa el sujeto p o r )
principio terrestre! ., cuyo poder son producidos diversos efectos en el mundo, en el hom-)
Si el mundcTUe cultura griego piensa en categorías de sustancia, . bre, en los que reciben el don de jefe, de profeta, de hombre religio-1
el judío se mueve en el plano de la fuerza, de la energía, del principio so, etc.6 En ocasiones, «el espíritu del Señor» (de Dios) es una cir-
de acción. El espíritu-soplo es el que actúa y hace actuar y, si se trata cunlocución que expresa a Dios mismo, por ejemplo en Is 40,13;
del soplo de Dios, anima y hace actuar para realizar el plan de Dios. 63,10: «mas ellos se rebelaron y ofendieron su espíritu santo».
Es siempre una energía de vida. Es lo que el cardenal Daniélou expre- Al igual que en el Sal 51,13, nuestro Miserere, encontramos la
saba (de manera un tanto excesiva en cuanto a la oposición del griego expresión de «espíritu santo», tan importante para nosotros. Es santo
y del hebreo, pero de forma contundente y pedagógicamente feliz): porque es de Dios, porque su realidad pertenece a la esfera de exis-
tencia de Dios. No tenemos necesidad de buscar ninguna otra razón
¿Qué queremos decir cuando hablamos de «espíritu», cuando decimos «Dios para hablar de su santidad. Dios es santo porque es Dios. Pero, tra-
es espirite»? ¿Hablamos en griego o en hebreo? Si hablamos en griego, decimos
que Dios es inmaterial, etc. Si hablamos hebreo, decimos que Dios es un huracán, tándose de este espíritu (Espíritu), el Antiguo Testamento expresa en
una tempestad, un poder irresistible. De ahí nacen todas las ambigüedades cuando escasa medida el valor de santificación, al menos en el sentido de un
hablamos de espiritualidad. ¿Consiste la espiritualidad en hacerse inmaterial o en >,principio interior de vida perfecta: esto será, más bien, el fruto de
estar animado por el Espíritu Santo?' la observancia de la torah. El Espíritu (Soplo) es^en primer lugar, lo
que hace actuar de manera que se realice el plan de DiosüñTa historia.
30 31
Antiguo Testamento Los héroes, los «jueces»
32 33
( orígar, Espíritu 3
Antiguo Testamento Los profetas
34 35
Escritos de sabiduría
Antiguo Testamento
61, dirigidos particularmente a los exiliados de Israel y que comien- carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos
zan con la declaración solemne: «El espíritu de Yahveh está sobre soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Aún sobre los es-
mí, puesto que Yahveh me ha ungido. Para dar la buena nueva a los clavos y sobre las esclavas derramaré mi Espíritu en aquellos días»
humildes me envió...» Este mesías, que tiene los rasgos no de un (3,1-2).
rey, sino de un profeta, no es llamado Siervo, pero evoca mucho de Pedro anunciará el cumplimiento de esta promesa el día de Pen-
los rasgos que encontramos en los capítulos 42, 49, 50. Encontrare- tecostés.
mos la interpretación realizada por Jesús mismo: «Hoy se ha cumpli-
do este pasaje de la Escritura escuchado por vosotros» (Le 4,21).
ls 11 sobre el rey mesías pertenece a un tiempo en que existía aún Escritos de sabiduría
en Jerusalén una realeza davídica. Ezequiel vio la ruina de Jerusalén
que había predicho, la destrucción del templo del que havía «visto» Los cuatro siglos que preceden a la entrada de Jesús en nuestro
marchar la Presencia, por último la deportación a Babilonia. «Han mundo son testigos del desarrollo de una literatura de sabiduría: Job y
muerto el orden del culto y el pueblo que lo celebraba. Pero, así como Proverbios (entre 450 y 400), numerosos salmos, el Eclesiastés, el Ecle-
Yahveh está más presente que nunca a sus fieles, su Espíritu reani- siástico (h. 187) y, en Alejandría, al contacto con un pensamiento
mará sus huesos, su soplo los devolverá a la vida y, además, se comu- helenista, La Sabiduría (hacia el año 50 antes de Cristo). La literatura
nicará a sus corazones.» Nos encontramos en los inigualables capítu- sapiencial del judaismo helenista contiene una notable reflexión sobre
los 36 y 37: la sabiduría que la sitúa cercana al Espíritu hasta el punto de dar la
impresión de que identifica las dos realidades, al menos si considera-
«Os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; os limpiaré de todas vues- mos sus acciones respectivas19.
tras manchas y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo, y pondré en La sabiduría procede de Dios, es como su acción en beneficio de
vuestro interior un espíritu nuevo; quitaré de vuestro cuerpo el corazón de piedra sus criaturas para conducirlas rectamente, porque existe en Dios la
y os daré un corazón de carne. Pondré mi espíritu (soplo) en vuestro interior que
procedáis según mis leyes» (36,25-27).
inclinación a querer y a hacer el bien. Ella goza de una difusión uni-
versal. En Sab 1,7 y 8,1 tiene, o el Espíritu cumple, una tarea cósmica
... «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos? Contesté: Señor Yahveh, análoga a la que el estoicismo le atribuye, la de mantener la cohesión
tú lo sabes. Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos y diles: Escuchad, de! universo. Pero el cometido específico de la sabiduría consiste en
huesos secos, la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: guiar a los hombres en conformidad con la voluntad de Dios. Así,
Mirad, voy a infundiros un soplo y reviviréis... Profeticé como se me había man-
dado y entonces entró en ellos el aliento, y revivieron y se pusieron de pie» ha elegido residencia en Israel donde ha formado amigos de Dios y
(37,3-5.10). profetas. Ella es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la ley que nos
prescribió Moisés» (Eclo 24,23). La acción de la sabiduría es similar a
«No les ocultaré más mi rostro, porque habré derramado mi espíritu sobre la la del Espíritu, será idéntica excepto en que ella carece del carácter de
casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh» (39,29).
una fuerza o energía interior de transformación. C. Larcher resume las
relaciones entre sabiduría y Espíritu en el libro de la Sabiduría:
La catástrofe de la invasión y la prueba del exilio, interpretadas
por los más grandes profetas, llevaron a una visión del Espíritu (soplo)
Ambas realidades se identifican de diversas maneras: la Sabiduría posee un
de Dios que purifica los corazones, que penetra en la interioridad y i-spíritu (1,22b) o es un espíritu (1,6), actúa bajo la forma de espíritu (7,76).
santifica un pueblo de Dios. Será un nuevo comienzo, un nuevo éxodo, Además dispone del poder y ve cómo se le atribuyen las diferentes funciones del
una nueva alianza, un pueblo renovado. Véase Jeremías 31,31-34 (sin l'spíritu en el Antiguo Testamento: ejerce un papel cósmico universal, suscita a
mención del soplo), el Isaías del exilio 44,3 ,8-5 y 63,11-14 y, después los profetas, se hace la guía de lá humanidad, ya que lo es del pueblo elegido;
aparece, en fin, como la gran maestra interior de las almas. La asimilación se
del retorno, Ageo 2,5, Zacarías 4,6; 12,10; Nehemías 9,20. Es una rxiicnde a tantos puntos a la vez que la sabiduría aparece, ante todo, como la
etapa importante. Dios, por su soplo-espíritu será principio de vida
fiel y santa para Israel. Pero Joel, unos 350-340 años antes de Cristo, 19. Puede verse P. van Imschoot, L'Esprit de Yahvé et l'alliance nouvelle
en un anuncio de acontecimientos escatológicos, extiende este don a ttanx l'AT, «Ephem. Théol. Lovanienses», 13 (1936) 201-220; id., Sagesse et Esprit
Juns l'AT, «Rev. Biblique», 47 (1938) 23-49; D. Colombo, Pneuma Sophias eiusque
todos los pueblos: «Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda mito in mundo in Libro Sapientiae, «Studii Biblicí Franciscani Líber Annuus», I
(1950-51) 107-160; C. Larcher, Eludes sur le Livre de la Sagesse («Ét. Bibliques»),
18. Anuncia una resurrección del pueblo disperso: «Derramaré agua sobre lo
París 1969, especialmente p. 329-414, «La Sagesse et VEsprit»; M. Gilbert, Volonté
sediento, y arroyos sobre la reseca; derramaré mi espíritu sobre tu estirpe, y mi ,1c Dieu el don de la sagesse (Sg 9,17 sv), «Nouv. Rev. Théol.», 93 (1971) 145-166.
bendición sobre tus vastagos» (44,3).
36 37
Antiguo I estamento Escritos de sabiduría
sublimación del papel desempeñado por el Espíritu en el Antiguo Testamento. recen unidos frecuentemente y significan lo mismo, (cf. Sab 1,4-5;
Esto explica que algunos padres de la Iglesia la consideraran como una prefigura- 7,22-23; 9,17). Son Dios para nosotros, con nosotros. Así, hablando
ción, no del Verbo, sino del Espíritu Santo M.
del judaismo palestino, es decir de la literatura apócrifa y rabínica
De esta manera se llevó a cabo toda una reflexión sobre la sabi- intertestamentaria, Erik Sjoberg escribe:
duría, pero sólo en el libro de la Sabiduría asumió verdaderamente
La autonomía progresiva de la noción de espíritu en el judaismo constituye un
determinadas concepciones filosóficas, especialmente estoicas21. Ello fenómeno llamativo. Con mucha frecuencia, la literatura rabínica habla del Espíritu
lleva a una visión de la naturaleza de la sabiduría que es un espíritu como de una persona. Son muchos los textos que nos presentan al Espíritu Santo
amigo de los hombres (1,6; cf. Job 32,8). He aquí algunos enuncia- que habla, que camina, que exhorta, se aflige, llora, se alegra, consuela, etc.
dos de gran profundidad: De igual manera, se describe a veces al Espíritu hablando a Dios. De ahí que
se estimara frecuentemente que aparece en el judaismo como una hipóstasis, como
un ser personal semejante a un ángel (...). Punto esencial es que el hombre se
La Sabiduría es espíritu que ama al hombre, mas no dejará impune al de encuentra situado ante una realidad que viene de Dios sin ser idéntica a él en
labios blasfemos, porque Dios es testigo de sus recónditos impulsos y fiel obser- manera alguna (...). El Espíritu Santo es una realidad divina enviada por Dios
vador de su corazón y escucha cuanto dice su lengua. y que actúa con una cierta autonomía, dentro de los límites impuestos por la
Porque el espíritu del Señor ha llenado el mundo y el que todo lo abarca tiene voluntad de Dios 22.
conocimiento de cuanto se habla (1,6 y 7).
La Sabiduría nos ofrece también una reflexión muy interesante
Este versículo fue adoptado por la liturgia como introito de la sobre la noción misma de espíritu. Éste se caracteriza por su sutileza
fiesta de pentecostés. y pureza, que le permiten insinuarse por doquier y, permaneciendo
único, ser en todo hombre y en toda cosa principio de vida, de no-
En ella (en la sabiduría) hay un espíritu inteligente, santo, único, múltiple,
sutil, ágil, penetrante, puro, claro, impasible, amante del bien, agudo, incoercible, vedad, de conducta santa23. En su Tratado del Espíritu Santo, en 375,
bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sin zozobras, que todo lo puede, san Basilio caracterizará al Espíritu como una naturaleza no limitada,
que está atento a todo, que penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, no sometida a los cambios, «inteligente, infinita en poder, ilimitada
los más sutiles. La sabiduría es más ágil que todo movimiento; todo lo atraviesa en grandeza, reacia a la medida del tiempo y de los siglos, pródiga de
y penetra por su pureza. Porque es un soplo del poder de Dios, emanación pura
de la gloria del todopoderoso; por eso, nada manchado penetra en ella. (...) Siendo sus propios bienes»24. Nos hemos permitido anticiparnos a algo que
una todo lo puede, y permaneciendo la misma, todo lo renueva. En todas las vendrá después y lo hemos hecho citando un texto patrístico para
edades entra en las almas santas; hace de ellas amigos de Dios y de los (profe- señalar la continuidad del pensamiento y subrayar las promesas con-
tas (...) se extiende poderosa de un extremo al otro, todo lo gobierna conveniente- tenidas ya en el Antiguo Testamento: antes de Sab, véase ya Sal
mente (7,22-8,1).
139,7-12; Job 28,20-27 (sobre la sabiduría). Evidentemente, existe un
motivo para que el Nuevo Testamento, los padres y la liturgia hagan
Debemos señalar dos valores que interesan para una ulterior teo-
del aceite un símbolo del Espíritu: en la antigüedad, estaba en rela-
logía del Espíritu Santo. En primer lugar una cierta personalización
ción con el deporte y el atletismo, pero nuestras máquinas y vehículos
del Espíritu. Tratándose de la sabiduría ella se afirma progresivamen-
nos muestran la manera como el aceite penetra por doquier, sin dañar
te después de Prov 8,22-31: «Yahveh me creó al comienzo de su
nada, permitiendo que cada pieza funcione con facilidad...
acción...»; Eclo 1,1-10; 4,11-19; 15,1-10; 24,1-22. A veces, la perso-
nalización no pasa de ser una expresión literaria. Con todo, el mo-
noteísmo riguroso de la religión judía asociaba a Dios realidades que En la Biblia judía, el Soplo-Espíritu de Dios es la acción de Dios.
eran Dios pero que, en Dios, representaban modos de acción, de pre- Es aquello por lo que Dios se manifiesta activo para dar, primero, la
sencia, de estar (con los hombres): la Shekinah, la Sabiduría. Lo que animación, la vida; y esto en el plano de lo que llamamos naturaleza.
se dice de ésta en Sab 8 y 9 expresa la acción íntima del Espíritu de
Dios y es aplicable al Espíritu. Por lo demás, sabiduría y soplo apa- 22. Kittel, Esprit, p. 109, 110 y 111. Cf. Büchsel, op. cit. en n. 1, p . 35, 134.
23. El Soplo-Espíritu de Dios conduce sus fieles a la realización d e su plan:
así en el éxodo. Cf. Is 32,15-17; 63,7-14; Sal 143; Neh 9,20-21. El texto de Prov
20. C. Larcher, op. cit., p. 411, con referencias, para los padres, a J. Lebre- 20,27: «El soplo del hombre es una lámpara del Señor que explora todos los
ton, Les origines du dogme de la Trinité, t. II, París 21928, p. 513 (Teófilo de rincones de su ser» es citado por Clemente de Roma (Cor., XXI, 2) bajo la
Antioquía), 567ss (Ireneo), 569- 70 (homilías clementinas). forma: «El espíritu del Señor es una lámpara cuya luz penetra hasta lo más pro-
21. A.M. Dubarle, Los sabios de Israel, Escelicer, Madrid 1959; Kittel, Esprit, fundo del corazón.»
p. 79-81; G. Verbeke, L'évolution de la doctrine du pneuma du stoicisme á S. Au- 24. Cap. 9 (SChr 17, París 1947, p. 144; H968, p. 325). Cf. san Gregorio
gustin. Elude philosophique, París 1945. Nazianceno, Oratio theol., 5,29 (PG 36, 165).
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Antiguo Testamento
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Nuevo Testamento Los evangelios
2
bautismo de Jesús: cf. Me l,lss . Aquí coloca Marcos el «comienzo sías) a este ser diminuto, a Jesús, suscitado en el seno de María 6. En
de la buena nueva». Es el comienzo de ese tiempo escatológico carac- el acontecimiento del bautismo se lleva a cabo una nueva misión o
terizado por la donación del Espíritu sobre un pueblo de Dios con comunicación. En ese acontecimiento se constituye Jesús y, en todo
vocación universal. En su bautismo por Juan, Jesús es designado y caso, lo declara como mesías, como aquel sobre quien reposa el Es-
consagrado como aquel por cuya palabra, sacrificio y acción el Espí- píritu, aquel que obrará por el Espíritu, aquel que, glorificado y cons-
ritu entra en nuestra historia como don mesiánico y, al menos en tituido Señor, dará el Espíritu. Porque si es consagrado en su bautis-
arras, como don escatológico. Sin duda el Espíritu había actuado con mo para el ministerio profético, sólo cuando sea «exaltado a la de-
anterioridad y ya en la disposición antigua. Por su mediación, María recha de Dios» podrá derramar el Espíritu (cf. Act 2,33).
concibió a Jesús mismo, al que Le 1,35 nos presenta como «Hijo de No tenemos necesidad de estudiar exegéticamente el texto de cada
Dios», refiriendo este título no a la preexistencia, sino a su concep- uno de los evangelios. La unanimidad profunda de su testimonio se
ción por el Espíritu. Sin embargo, ni Lucas ni Mateo, que nos hablan afirma al mismo tiempo que sus diferencias. Así, para Juan (1,32-34),
del nacimiento de Jesús, derivan de ese nacimiento el que Jesús ac- Jesús, Verbo hecho carne, tiene ya el Espíritu y el bautismo del Jor-
tuara por el Espíritu y finalmente lo comunicara, sino que lo relacio- dán es sólo una atestación concedida al Bautista. Jesús es bautizado
nan con su bautismo. Antes de él, Jesús no aparece como obrando por Juan en el Jordán. Lucas añade que Jesús fue bautizado después
por la fuerza del Espíritu y sus compatriotas de Nazaret no vieron de una enorme muchedumbre y que estaba orando. Se abre el cielo
anteriormente en él nada excepcional3. En consecuencia, el aconteci- y el Espíritu desciende sobre Jesús (permanece sobre él, dice Juan),
miento del bautismo no puede pasar por «una manifestación subor- «bajo una forma corporal como de paloma».
dinada al ciclo de la infancia»4. Inaugura un nuevo capítulo. Es cier-
La paloma no fue símbolo del Espíritu ni en el Antiguo Testa-
to que Jesús era Hijo de Dios y estaba habitado por el Espíritu desde
mento ni en los rabinos7. ¿Es necesario buscar otra significación que
el seno de María. Pero, como señala atinadamente F. Büchsel, p. 167,
la de un par de alas manifestando que un don viene del cielo? A ve-
los evangelistas operan con la pneumatología heredada del Antiguo
ces, el don del Espíritu a los profetas estaba representado sensible-
Testamento y del judaismo5. Se tiene el Espíritu por un acto de Dios
mente por un mensajero celeste alado s. La paloma es un mensajero.
que expresa su amor y engendra una unión correspondiente con él.
El mensajero es dado en las palabras celestes (bath-quól). Pero la
Un primer envío del Espíritu —santo Tomás habla de «misión» del
paloma era un símbolo de Israel, pueblo elegido9. Por consiguiente,
Espíritu Santo — ha constituido «santo» e «Hijo de Dios» (= Me-
6. Lo que llamamos unión hipostática es, como «obra ad extra» el acto de
2. J. Dupont, «Filius meus es tu». L'interprétation du Ps 2,7 dans le Nouveau las tres Personas; el resultado de esta acción es la unión en la persona del Verbo-
Testament, «Rech. Se. reí.», 35 (1948) 522-543; I. de La Potterie, L'onction du Hijo. Será el Espíritu, sin embargo, quien actualice en María su capacidad de
Chrisl, «Nouv. Rev. Theol.», 80 (1958) 225-252; C. Crandfield, The Baptism of concebir (supliendo por tanto los 23 cromosomas masculinos) y suscite el ser hu-
our Lord. A Study of St Mark 1,9-11, «Scottish Journal of Theology», 8 (1955/1); mano que se une al Verbo-Hijo y por ello le hace «santo». De manera que Jesús
A. Feuillet, Le baptéme de Jésus d'aprés l'evangile selon S. Marc (1,9-11), «Ca- es Emmanuel, Dios con nosotros, porque es (concebido) del Espíritu Santo. Tal
tholic Bibl. Quart.», 21 (1959) 468-490; A. Legault, Le baptéme de Jésus et la es. teológica y dogmáticamente precisado, el sentido de Le 1,35. Puede verse santo
doctrine du Serviteur souffrant, «Sciences Ecclés», 13 (1961) 147-166; M. Sabbe, Tomás, ST, III, q. 32, a. 1 ad 1 y 2 ad 2: Tomás pone aquí en su sitio un dicho
Le baptéme de Jésus. Évangiles synoptiques, en De Jésus aux Évangiles, dir. por ile «Jerónimo» (en realidad Pelagio, Libellus fidei ad lnnocentium, PL 45, 1716)
L. de La Potterie («Bibl. E.T.L.» XXV), Mélanges J. Coppens, Gembloux-París y cita a Juan Crisóstomo (autor desconocido del Opus lmperf. in Mal. sobre 1,20:
1967, t. II, p. 184-211; H. Mentz, Taufe und Kirche in ihre ursprünglichen Zusam- I'G 56, 634) y Juan Damasceno (De fide orthod., c. 2: PG 94, 985); la edición
menhang, Munich 1968; F. Porsch, citado infra (p. 76), p. 19-51. Historia de la de Ottawa de la Suma da otras referencias del mismo sentido a Hugo de San
interpretación: J. Bornemann, Die Taufe Christi durch Johannes in der dogmati- Víctor, Pedro Lombardo, Buenaventura.
schen Beurteilung der christlichen Theologen der vier ersten Jahrhunderte, Leipzig 7. Cf. Kittel, Esprit, p. 100; existen numerosas propuestas para explicar el
1896; D.A. Bertrand, Le baptéme de Jésus. Histoire de l'exégése aus deux premiers origen y la significación de la paloma; cf. M.E. Isaacs, The Concept of Spirit,
siécles («Beitr. z. Gesch. d. bibl. Exegese» 14), Tubinga 1973. Londres 1976, p. 116ss.
3. De ahí su asombro: Le 4,22; Mt 13,54-56; Me 6,ls. Cf. Büchsel, op. cit., 8. Targum sobre Is 6. Cf. F. Lentzen-Deis, Die Taufe Jesu nach den Synopti-
p. 149s. kern. Literarkritische u. gattungsgeschichtliche Untersuchungen, Friburgo 1970,
4. D.A. Bertrand, op. cit., p. 12. p. 243ss, 270.
5. El Espíritu Santo es simplemente el espíritu, el soplo poderoso, creador y 9. Cf. H. Sahlin, Studien zum dritten Kapitel des Lukasevangeliums, Upsala,
vivificante de Dios, la fuerza por la que Jesús obra milagros, expulsa a los demo- 1949, p. 101-105; A. Feuillet, Le symbolisme de la colombe dans les récits évan-
nios (Act 10,38s; Mt 12,28; Le 11,20. Jesús dice: «El Padre que mora en mí es géliques du baptéme, «Rech. Se. reí.», 46 (1958) 524-544; F. Lentzen-Deis, op. cit.,
quien realiza sus obras» (Jn 14,10). En el NT «Dios» = el Padre. Cf. K. Rahner, p. 181, 265-270; L.E. Keck, The Spirit and the Dove, «New Testament Studies»
Theos en el Nuevo Testamento, en Escritos de Teología, t. I, Taurus, Madrid 17 (1970-71) 41-67; F. Porsch, Pneuma und Wort (citado infra), p. 28-31 (docu-
3
1967, p. 93-166. mentación abundante).
42 43
Nuevo Testamento Los evangelios
la paloma puede ser la representación, la presencia simbólica de este y del envío de Jesús como Mesías al que se presenta como realizando
pueblo y del movimiento de penitencia con el que Jesús ha querido los rasgos de profeta, de rey en la línea de David y de su casa («él
solidarizarse porque él es el nuevo Adán, representa y engloba a! será mi hijo», 2Sam 7,14) y los rasgos del Siervo también. Estos últi-
nuevo pueblo de Dios (Mt 3,14-15). Además, los títulos «Hijo de Dios» mos trazos, evocados por la referencia a Is 42,1, quedan patentes en
y «Siervo» eran aplicados a todo el pueblo de Dios 10; la paloma podía la designación de Jesús como «cordero de Dios que quita el pecado
figurarlo también como pueblo al que estaba destinado el Espíritu del mundo» (Jn 1,29), en la declaración hecha por Jesús en la sina-
por mediación del Mesías. goga de Nazaret (Le 4,17-21), en el comentario hecho por san Mateo
En la tradición cristiana, la paloma será el símbolo del Espíritu a las curaciones realizadas por Jesús (ll,16ss).
Santo. Se pone esto de manifiesto en la iconografía y en toda una Jesús mismo toma entonces plenamente conciencia de ser «aquel
serie de textos, incluidos los litúrgicos n . Sabemos el papel que co- a quien el Padre ha consagrado y enviado al mundo» (Jn 10,36). To-
lumba desempeña en la eclesiología de san Agustín, donde es un nom- camos aquí un punto delicado, difícil de poner en claro y de expresar,
bre de la Iglesia una y santa, al tiempo que lo es del Espíritu Santo n. el del crecimiento, en el conocimiento humano de Jesús, de la con-
Al igual que cuando tiene lugar el anuncio a María (Le 1,35), la ciencia que tuvo de su calidad y de su misión. El acontecimiento de
Palabra y el Espíritu vienen juntos. Esta palabra, el testimonio del su bautismo, su encuentro con Juan el Bautista, la venida del Espíritu
Padre, es dirigida a la muchedumbre y a Jesús según Mateo y Lucas, sobre él, la Palabra que le acompaña, representan ciertamente un
a Jesús según Marcos, mientras que, en el cuarto evangelio, el Bau- momento decisivo en la explicación de la conciencia que él tuvo, en
tista testimoniaba haberlo visto, como una paloma, descender y per- su alma humana, de su calidad de elegido, enviado, Hijo de Dios y
manecer sobre Jesús, pero no recoge palabra alguna del cielo. «Vemos Siervo-cordero de Dios. Actualmente parece llegarse a un consenso en
a la paloma posarse sobre el cordero, escuchamos al Padre, que ha este punto: por la unión hipostática, el Verbo o Hijo de «Dios» es
enviado al Espíritu, proclamar a su Hijo amado» (un monje de la el principio de existencia de Jesús y el sujeto metafísico de atribu-
iglesia de Oriente, en «Contacts», n.° 41, 1963). ción de sus actos, pero deja a su verdadera y plena humanidad el
Esa palabra es: «Éste es mi Hijo amado, en quien me he com- juego de sus facultades de conocimiento y de voluntad ,3. La Escritura
placido» (Mt 3,17); o «Tú eres mi Hijo amado; en ti me he com- afirma expresamente que Jesús creció en sabiduría y gracia delante
placido» (Me 1,11). No se trata de un llamamiento como en el caso de Dios (Le 2,52), que ignoró determinadas cosas y que tal vez se
de los profetas o de Pablo; estamos ante una declaración que resuena equivocó,4, que experimentó la dificultad de una perfecta obedien-
en la conciencia de Jesús, es la confirmación de una condición que cia a su padre15. Vivió su misión desde la infancia hasta la cruz bajo
califica a Jesús en lo que es. Esta palabra une un versículo del salmo el régimen de la obediencia (Flp 2,6-8; cf. Rom 5,19), es decir en la
2,7, salmo real y mesiánico, «El Señor me ha dicho: "Tú eres hijo carencia de control y en la ignorancia de la salida que tendría lo que
mío, yo te he engendrado en este día"» —así relata Le 3,22 la pala- vivía. En cuanto a su cualidad ontológica misma del Hijo de Dios,
bra del Padre, al menos en la versión llamada occidental— y el pri-
13. No es éste el lugar para indicar la enorme bibliografía de los estudios
mer versículo del primer Canto del Siervo, Is 42,1: «Mirad a mi aparecidos con posterioridad al de P. Galtier, 1939. Remitimos a tres boletines:
Siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien se complace mi alma. H.-D. Dupuy, «Rev. Se. ph. th.», 47 (1963), 110-116; E. Gutwenger, «Concilium»,
Puse mi Espíritu sobre él.» Es el momento inaugural de la vocación 11 (1966) 95-107; B. Sesboué, «Rech. Se. reí.», 56 (1968) 635-666. Los estudios
más completos y que dan la situación actual son los de K. Rahner, especialmente
10. Cf. H. Mentz, op. cit., p. 64. Ponderaciones dogmáticas sobre el saber de Cristo y su consciencia de sí mismo,
11. Se prohibe presentar al Espíritu Santo bajo forma humana (M. Meschler, en Escritos de Teología, 1. V, Taurus, Madrid 1964, p. 221-243. Relacionados
Le don de la Pentecóte, París 1895, t. II, p. 226 y n. 1). No debe representarse con los principios tomistas, señalemos también a Ch. V. Héris, Probléme de
las personas divinas a no ser bajo rasgos atestados por la Escritura (decreto del Christologie. La conscience de Jésus, «Esprit et Vie», 81 (1971) 672-79 (crítica de
Santo Oficio, 16 marzo 1928: AAS 20 [1928] 103). En consecuencia, la paloma, las J. Galot, distinción entre la persona metafísica y la personalidad) y H.-M. Féret,
lenguas de fuego, el dedo de Dios (infra, n. 17). En Oriente, adaptándose a las Christologie médiévale de S. Thomas et Christologie concrete et Mstorique pour
necesidades teológicas de los diversos momentos, se representó al Espíritu Santo tnijourd'hui, en «Memorie Domenicane», 1975, p. 109-141.
bajo la forma de paloma, de lenguas de fuego, de luz, de nube luminosa, de 14. Cf. A. Vógtle, Exegetische Erwagungen über das Wissen una Selbst-
rayo, etc., y también bajo forma humana: los tres magos, los tres huéspedes de bewusstsein Jesu, en: Gott in Welt (Festg. K. Rahner), Herder, 1964, t. I, p.
Abraham (Andrei Rublev), y bajo la de esquematizaciones geométricas, Cf. •608-667; R.E. Brown, How much did Jesús know? «The Catholic. Biblical Quart.»,
TH.M. Provetakis, To hagion Pneuma eis ten Orthodoxen Zógraphiken, en To ?9 (1967) 315-345; O. Cullmann, Le salut dans l'histoire, Neuchatel-París 1966,
Hagion Pneuma, Tesalónica 1971, 58 ilustr. (cf. «Rev. Hist. Eccl.» 67 [1972] 675). p. 215.
12. Véase nuestra introducción general a los Traites antidonatistes de san 15. La agonía (agón = combate), Mt 26,39 y 41; Me 14,36; Le 22,42; Heb
Agustín, vol. I (OEuvres de S. Agustín 28), Desclée De Brouwer, 1963, p. 104-109. 2,10.18; 4,15; 5,8.
44 45
Nuevo Testamento Los evangelios
¿en qué términos y cómo ha tenido conciencia de ella en el nivel de Por supuesto, es excesivo poner en el bautismo de Jesús toda la
su experiencia humana? La representación y la expresión «categoria- doctrina de su muerte sustitutiva19, pero no es aventurado afirmar
les» se explicitaron según las experiencias, los encuentros, las accio- — y Mt 3,15 lo dice formalmente— que Jesús vino al bautismo y
nes que realizaba. Comprendió su misión ejerciéndola, de una parte vivió el acontecimiento en la disposición de ofrecerse y de abrirse
descubriéndola en la ley de Moisés, en los profetas, en los salmos 16; a todo el plan que Dios tenía sobre él, plan que pasaba por el tipo
de otra parte recibiendo del Padre las obras maravillosas y las pala- del Siervo y engloba la ofrenda suprema de la vida (cf. Heb 10,5-10).
bras profeticas; viviendo en la obediencia la voluntad de Dios sobre Jesús vio su muerte como un «bautismo» (Me 10,38; Le 12,50). Se
él: «En aquel momento, Jesús se estremeció de gozo en el Espíritu ofreció a Dios como una víctima sin mancha «por el espíritu eterno»:
Santo y exclamó: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la el Espíritu Santo20. Su sacrificio ha sido la continuación de su bau-
tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y entendidos y las tismo y la gloria la consecuencia de su sacrificio. Su respuesta a los
has revelado a la gente sencilla"» (Le 10,21). hijos de Zebedeo (Me 10,35ss), en los que estamos representados
A este respecto, la venida al bautismo de Juan en la disposición todos, une el bautismo de la pasión y la gloria. La interrelación de estos
de realizar el plan de Dios (cf. Mt 3,13-15), la nueva venida del Es- textos, realizada por muchos exegetas, confirma el hecho de que todos
píritu Santo sobre él, las palabras que le señalan como Mesías real los fieles de Jesús tienen algo que ver con su bautismo en el que se
y como Siervo —como «Hijo amado»—• fueron el momento decisivo comprometía su destino de Mesías doliente y destinado a la gloria21.
que inauguraba la misión que debía realizar por nosotros. A continua- Nosotros somos bautizados en su muerte (Rom 6,3), pero también «en
ción, el Espíritu le conduce al desierto para afrontar allí al demonio un solo Espíritu para ser un solo cuerpo» (ICor 12,13).
(Mt 4,1; Me 1,12; Le 4,1). La tentación aparece unida al bautismo y Conducido por el Espíritu venido a él en su bautismo, Jesús em-
a la declaración: «Tú eres mi Hijo amado.» «Si eres el Hijo de Dios» prende su ministerio evangélico: los tres sinópticos lo presentan co-
es repetida dos veces por el tentador. Pero Jesús es también el Siervo menzando su lucha victoriosa contra el demonio. Lucas añade, orga-
que el Padre ha destinado a una dura militancia y, finalmente, a la nizando varios momentos de presencia en Nazaret, la lectura de
cruz. Su tentación es la prueba de su obediencia a Dios. El final vic- Isaías 61,l-2a (+ 58,6): «El espíritu del Señor está sobre mí, porque
torioso será definitivo: Satanás queda atado, Jesús le expulsará cons- me ungió para anunciar el evangelio a los pobres...» y la declaración:
tantemente por medio del «dedo» o Espíritu de Dios17. A partir del «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy» (4,21). La
momento de su bautismo y de la victoria sobre el tentador, Jesús bajada del Espíritu a Jesús inmediatamente después de su bautismo
experimenta la presencia del Espíritu activo para hacer presente el es presentada como una unción: unción profética, unción para una
reino de Dios y eliminar, consecuentemente, el del demonio. Por esta misión de anuncio, pero también de realización de la buena nueva de
razón, Jesús curará mucho, un ministerio que san Mateo pone muchas una liberación del mal y del maligno22. San Lucas nos presentará la
veces en relación con la vocación del Siervo (cf. 8,17 e Is 53,4; 12,15-21 continuación en los Hechos de los Apóstoles; Pentecostés será para la
e Is 42,1-4). Podemos engañarnos fácilmente sobre Jesús mismo, Iglesia lo que su bautismo fue para Jesús: por el don y la fuerza del
«hecho" semejante a los hombres, por su aspecto reconocido como un Espíritu, consagración para el ministerio, para la misión, para el tes-
hombre», pero no blasfemar o pecar contra el Espíritu no recono- timonio B . Véase Act 10,38-39: «... como Dios ungió a Jesús de
ciendo su obra allí donde ese Espíritu ejerce su presencia 18. La inter-
pretación hostil y falsa que sus opositores hacen ds su poder sobre el 19. Así O. Cullmann, Christologie du Nouveau Testamení, Neuchátel-París
mal y el maligno confirma, por contraste, que Jesús había obrado por 1958, p. 60-62; A. Légault, citado antes (n. 2).
el Espíritu. 20. Heb 9,14, H. Mühlen defiende una interpretación del Espíritu Santo.
Sweete no se muestra favorable a esta interpretación (p. 252-253). Según los pa-
dres siríacos del siglo iv, Afraates y Efrén, Jesús fue consagrado sacerdote en
16. La explicación que da a los discípulos (Le 24,27.44) deriva de su ciencia MI bautismo (poseía la cualidad real por su descendencia davídica); el sacerdocio,
infusa, pero también de las circunstancias en las que el Padre le había hecho derivado de Moisés y Aarón (!), le fue comunicado entonces por Juan. Cf.
ver que se hablaba de él (por ej. Mt. 11,5; Le 5,17); la obtiene también de su me- R. Murray, Simbols of Church and Kingdom. A Study in Early Syriac Tradition,
ditación orante sobre las Escrituras (pensemos en Me 12,10; Le 4,12; 9,22; 20,41ss). Cambridge 1975, p. 175.
17. Le 11,20 (dedo); Mt 12,28 (espíritu), dedo de Dios; Ex 8,19; 31,18; Dt 21. H. Mentz, op. cit., p. 52ss; J.A.T. Robinson, «The One Baptism», «Scot-
9.10; Sal 8,3. tish Journal of Theology», 6 (1953) 257-274.
18. Cf. nuestro artículo Le blasphéme contre le Sainl-Espril (Mt 9,32-34; 22. I. de La Potterie, L'onction du Christ, «Nouv. Rev. théol.», 80 (1958)
12,22-32; Me 3,20-30; Le 11,14-23; 12,8-10), en VExpérience de VEsprít, Mélan- 225-252. Insiste con Lucas en la misión profética.
ges Schillebeeckx («Le Point théologique» 18), París 1976, p. 17-29; G. Fitzer, 23. Idea tradicional, utilizada sistemáticamente por J. Lécuyer tanto en su
Die Sünde wider den 111. Geist, «Theolog. Zeitschrift», 13 (1957), 161-182. trabajo en Études sur le sacrement de l'ordre («Lex orandi» 22) París 1957, p.
46 47
La tradición patrística
Nuevo Testamento
cibe del Padre, es decir, de Dios, el trono de la realeza eterna y el
Nazaret con Espíritu Santo y poder y pasó haciendo el bien y sanan- aceite de la unción.» Ireneo cita el Sal 45,7-8. Está apuntando a la
do a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. encarnación 27 . Pero el Espíritu debía ser dado a todos nosotros 28 .
Nosotros somos testigos de todo...»; Act 4,24-30, la plegaria de la co- Por esta razón descendió sobre Jesús en el momento de su bautismo,
munidad de Jerusalén evocando el Sal 2, salmo mesiánico del que a fin de que él pudiera comunicárnoslo. De esta manera, el Verbo se
había sido tomada la palabra celeste del bautismo de Jesús «tu santo hizo Jesucristo:
Siervo a quien habías ungido». Así, la venida del Espíritu en el bau-
tismo de Jesús aparece como su unción a la vez real y profética para San Mateo dice respecto del bautismo del Señor: «Se abrieron los cielos y
su ministerio mesiánico. \ io al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una
voz que venía de los cielos decía: Tú eres mi Hijo amado, en quien me he com-
placido» (3,16-17). Porque no se dio entonces una bajada de un supuesto «Cristo»
^obre Jesús ni puede pretenderse que uno haya sido Cristo y otro Jesús; sino el
La tradición patrística Verbo de Dios, el Salvador de todos y el Señor del cielo y de la tierra — ese Verbo
que no es otro que Jesús, tal como lo hemos señalado ya — por haber asumido
una carne y haber sido ungido con el Espíritu por el Padre, se convirtió en Je-
A pesar del examen de los textos neotestamentarios a la síntesis sucristo. Como lo había dicho Isaías: «Un vastago saldrá de la raíz de Jesé y
de la tradición y a la dogmática, introduciremos aquí un apartado de una flor brotara de sus raíces. Sobre él reposará el Espíritu de Dios (...)» (11,
eclesiología. Y antes de nada, una serie de testimonios patrísticos. 1-4). Isaías había anunciado en otra parte, y por adelantado, la unción y su
dignificación: «El Espíritu de Dios está sobre mí porque me ha ungido para
Para dar cuenta de la unción de Cristo en su bautismo, los padres
anunciar la buena nueva a los humildes...» (Is 61, 1-2) (...). Por consiguiente,
se vieron expuestos a tres datos del contexto en el que pensaban y se fue el Espíritu de Dios quien descendió sobre él, el Espíritu de ese Dios mismo
expresaban: 1.° el ambiente de la filosofía estoica que veía el pneuma que, por medio de los profetas, había prometido conferirle la unción a fin de
como fuerza que penetraba el universo y lo mantenía en conjunción, que seamos salvados nosotros mismos recibiendo de la sobreabundancia de esta
unción 29.
de suerte que se asociaba al logos, al que se atribuía también una
función cósmica anterior a su papel en la economía de la salvación.
2,° La necesidad de mantener que Cristo no comenzó a ser Hijo de Hipólito conoce a Ireneo. No nos sorprendamos de leer en su
Dios y Cristo en el momento de su bautismo. Es lo que afirma ya plegaria para la ordenación de un obispo: «Expande, ahora esta fuer-
san Justino en respuesta a Trifón (Dial., 87-88). Pero Justino no dis-
27. Cf. Adv. Haer., III, 6,1 (SChr 211; ed. A. Rousseau y I . Doutreleau, p.
tingue entre Logos y Pneuma; para él, Jesús posee su poder desde su 67); 12,7 (p. 211-213); Démonstration de la Prédicalion apostolique (SChr 62), 47.
nacimiento; la bajada del Espíritu después de su bautismo no es más Fn los §§ 9 y 53, Ireneo dice que el Espíritu de Dios se posó «sobre el Hijo de
que un signo de su mesianidad 24 . Algunos gnósticos afirmaban que Dios, es decir, el Verbo, en su venida en cuanto hombre» (p. 45 y 114). ¿Apunta
esto a la encarnación, a la manifestación en el Jordán o a las dos cosas? Com-
el Salvador había descendido de lo alto sobre Jesús en el momento
párese con «estos textos (Rom 14,15; Ef 2,13; Gal 2,13; ICor 8,11) demuestran
de su bautismo. Según ellos, esto era totalmente necesario ya que su claramente que jamás un "Cristo" impasible descendió sobre "Jesús", sino que
nacimiento en la carne no había hecho sino empañarlo 25 . Jesús, que era en persona Cristo, sufrió por nosotros, y que se durmió y está
San Ireneo los refuta 2 f . Admiramos la firmeza lúcida de Ireneo resucitado, descendió y ascendió, el Hijo de Dios hecho Hijo del hombre. Es
lo que indica su nombre, porque en el nombre de "Cristo" se sobreentiende aquel
que afirma: Este Jesús, humanidad del Verbo, «en cuanto Dios, re- que es ungido. Aquel que fue ungido y la unción misma con la que fue ungido,
til Padre fue quien ungió, el ungido es el Hijo y lo ha sido en el Espíritu, que
167-213, como en Le sacerdoce dans le mystére du Christ («Lex orandi» 24), es la unción. Como dice el Verbo por boca de Isaías: El Espíritu del Señor
París 1957, p. 313-338, en particular p. 321 con las referencias de la nota 1 (tr. Yahveh está sobre mí, porque me ha ungido» (61,1; Le 4,18) Adv. Haer., III
cast.: El sacerdocio en el misterio de Cristo, S. Esteban, Salamanca 1959). 18,3 (SChr 211, p. 351; PG 7, 934 AB).
24. Cf. A. Houssiau, La christologie de S. Irénée, Lovaina-Gembloux 1955, 28. Adv. Haer., III, 17,1, 3 y 4 (SChr 211, p. 329, 331: «Por esta razón, este
p. 172ss; 176480; J.P. Martín, El Espíritu Santo en los orígenes del cristianismo. espíritu descendió sobre el Hijo de Dios hecho Hijo del hombre: por ello, con
Estudio sobre I Clemente, Ignacio, II Clemente y Justino Mártir («Bibl. di Science él, acostumbraba a habitar en el género humano, a reposar en los hombres, a
Reí.» 2), Zurich 1971, p. 213-223. residir en la obra modelada por Dios»): 3 (p. 335ss: «El rocío, que es el Es-
25. Acerca de estas especulaciones y contexto, puede verse la impresionante píritu de Dios, se expandía por toda !a tierra. Precisamente este Espíritu des-
obra de A. Orbe, La unción del Verbo. Estudios Valentinianos, vol. III («Anal. cendió sobre el Señor, "Espíritu de sabiduría e inteligencia, Espíritu d e consejo
Gregor.» 113), Roma 1961; F.-M. Braun, lean le théologien, t. III/l, París 1966, y de fuerza, Espíritu de ciencia y de piedad, Espíritu de temor de Dios" [Is 11,
p. 67. 2-31. El Señor dio, a su vez, este mismo Espíritu a su Iglesia enviando de los
26. Adv. Haer., III, 9,3; 10,4 y 17,1. Sobre la teología de Ireneo sobre la cielos al Paráclito sobre toda la tierra...»); 4 (p. 337ss: «Por consiguiente, des-
unción de Cristo por el Espíritu, cf. A. Houssiau, op. cit., p. 166-186; H.-J. cendió el Espíritu a causa de la "economía" de la que acabamos de hablar »)
Jaschke, Der Hl. Geist im Bekenntnis der Kirche. Eine Studie zur Pneumatologie 29. Adv. Haer., III, 9, 3 (SChr 211, p. 107-113).
des Irenaus von Lyon, Münster 1976, p. 148-252, especialmente 208ss.
49
48
('ongar, Espíritu 4
Nuevo Testamento La tradición patrística
za que viene de ti, el Espíritu soberano que diste a tu amado hijo san Atanasio36: por la encarnación del Logos, la humanidad fue un-
Jesucristo; que él dio a los santos apóstoles que fundaron la Iglesia gida por el Espíritu Santo37. Así san Gregorio Nazianceno 38 y san Gre-
en todo lugar»30. Por consiguiente, en la conciencia de la Iglesia es- gorio de Nisa (muerto hacia el año 394)39, san Agustín40, san Cirilo
taba presente el lugar que el bautismo de Jesús ocupa en la economía. de Alejandría: «Cristo llena todo su cuerpo de la fuerza vivificante
San Basilio, para demostrar que el Espíritu «estuvo con la carne del del Espíritu... No es la carne la que hace vivificante al Espíritu, sino
Señor», cita a Jn 1,33; Le 3,22 y Act 10,38, textos que hacen referen- que la fuerza del Espíritu hace que la carne sea vivificante»41. Cuando
cia a la unción de Jesús en el momento del bautismo 3I. Jesús estaba están terminando las grandes confrontaciones cristológicas, san Máxi-
habitado y santificado por el Espíritu desde su concepción, que había mo el Confesor (580-662) afirma que la unión hipostática es el funda-
realizado la unión de una humanidad con la persona del Hijo eterno. mento de la divinización de la naturaleza individual de Cristo42.
Pero había sido «ungido» por el Espíritu en el momento de su bautis- En Occidente, los padres emplean los términos de gracia del Cris-
mo para ser Mesías, ministro de salvación y de santidad; «entonces to-Cabeza para expresar esta consagración de Cristo por el Espíritu;
apareció como el hombre capaz de santificar a los otros»32. La Es- consagración que le convierte en principio de salvación y de santifica-
critura misma no conocía otra «unción»33. ción para su cuerpo 4 \ Esta visión recibió su formulación en el siglo
Con todo, los padres se sintieron impresionados por lo que la en- doce en la teología de Cristo-Cabeza y de su gracia capital, teología
carnación de Dios en el hombre Jesús aportaba por sí misma a la que santo Tomás sistematizó con gran fuerza y coherencia. En esta
humanidad como gracia, salvación, divinización. Ellos colocaron en el teología, la santificación por el Espíritu y la plenitud de la gracia se
nacimiento el comienzo de la nueva creación, que es pascual y pen- adquieren por la unión hipostática y son como su consecuencia nece-
tecostalM. saria. Según los padres, la venida del Espíritu bajo la forma de paloma
Un siglo después de Ireneo, Metodio de Filipo tiene las fórmulas en el bautismo de Jesús era un signo para el Bautista*4. Santo Tomás
que el Oriente repetirá sin cesar: por la encarnación, el mortal se ha la llamará «misión visible»: tal misión no es más que el signo, dado
convertido en inmortal, el pasible en impasible35... La lucha contra para los otros, de una misión invisible hecha anteriormente en ple-
el arrianismo y sus derivados, el necesario y difícil desarrollo de la titud45. La cuestión dedicada al bautismo de Jesús en la Suma nace
reflexión cristológica, llevaron a situar la acción salutífera y santificante de una teología a la vez analítica y tipológica, sino metafórica, ver-
de Jesucristo no en la venida del Espíritu sobre él en su bautismo, sino daderamente decepcionante 46.
en una unión personal del Verbo con la humanidad en Jesús. Así en Santo Tomás de Aquino alimentó su cristología de los padres grie-
36. C. Arian., 2,61 y 70 (PG 26,277 A, 296 B); 3,34 (397 B).
30. Tradition apostolique, 3 (hacia el 215). 37. C. Arian., 1,50 (26,117 Ass).
31. De Spiritu Sancto, XVI, 39 (PG 32, 140 C; SChr 17 b ", 1968, p. 386 y 38. Oratio 10 en presencia de san Basilio: PG 35, 832 A.
387. 39. El Logos, mezclándose con la carne, la elevó a las propiedades del Logos
32. San Cirilo de Alejandría, In loan, lib XI, c. 10 (PG 74, 549 C). por la recepción del Espíritu Santo que el Logos poseía desde antes de la crea-
33. Cf. I. de La Potterie, L'onclion du Christ. Étude de théologic biblique. ción: In illud «Tune ipse Filius» (PG 44, 1320 D); cf. In Cant. Cant., hom. 12
«Nouv. Rev. théol.», 80 (1958) 225-252, quien escribe en la p. 250: «No se (44, 1016).
encuentra en el Nuevo Testamento texto alguno que hable de una unción de 40. De Trinitate, XV, 26, 46.
Cristo en el momento de la encamación. La tradición patrística y teológica con- 41. In loan., 6, 64 (PG 73, 604); cf. In Hebr. (74, 961 B); P. Galtier, Le
sidera la unión hipostática como una consagración de la humanidad de Jesús Saint-Esprit dans Ylncarnaüon du Verbe d'apres S. Cyrille d'Alexandrie, en:
por la divinidad, pero esta concepción no está presente en los autores neotesta- Problemi scelti di Teología contemporánea, Roma 1954, p. 383-392. Véase el un-
mentarios.» décimo anatema, DSch 262.
34. S. Trooster, Der Heilige Geest in de Memswording bij de Griekse Vaders, 42. Ambigua: PG 91, 1040 C. Véase también san Juan Damasceno, De fide
«Bijdragen», 17 (1956) 117-151, que estudia a Ireneo, Clemente de Alejandría, orthodoxa, lib. III, c. 3 y lib. IV, c. 14 (PG 94, 989 A y 1161 A).
Orígenes, Atanasio, Dídimo, Gregorio de Nisa, Gregorio Nazianceno, Basilio. 43. San Ambrosio, Hexaemeron 3, 17, 71 (PL 14, 186 C; en 386-389); san
Sobre la unción en el momento de la concepción y de la unión hipostática, cf. Agustín, Enarr. in Ps., 123, 1; 136, 22 (PL 37, 1640, 1774); In loan., 3, 8 (35,
también S. Tromp, Corpus Christi quod est Ecclesia, III: De Spiritu Christi 1399 D); etc.
anima, Roma 1960, p. 237ss. — Después de Nicea se difumina el papel del Es- 44. Cf. San Agustín, De Trinitate, XV, 26 (PL 42, 1093-94); De praedest.
píritu en el bautismo de Jesús: J.G. Davies, Der Hl. Geist, die Kirche und die wnct.. 15, 31 (44, 982); san Cirilo de Alejandría, In loan., lib. II (PG 73, 209 A-
Sakramente, Stuttgart 1958, p. 29-37. Los padres vieron, sobre todo, en el bautis- 212 D).
mo de Cristo el «misterio» que fundamenta el bautismo cristiano; P.Th. Camelot, 45. Cf. / Sent., d. 16, q. 1 y 2; III, d. 13,q. 1, a. 2, q' 3 ad 3; ST, I, q. 43,
Spiritualité du baptéme («Lex orandi» 30), París 1960, c. X, p. 257-281, con a. 7 ad 6.
ideas muy profundas sobre su referencia a la cruz, 268ss. 46. III, q. 39. En el artículo 2 leemos: «Cristus spirituali baptismate non
35. De res, 3, 23, 4 (GCS 27, 421-422). indigebat, qui a principio suae conceptionis gratia Spiritus Sancti repletus fuit.»
50 51
La teología de Heribert Miihlen
Nuevo Testamento
munican también una enseñanza. Es a todas luces imposible, y des- lio. Pablo da testimonio aquí de su experiencia: «... de ser respecto
bordaría nuestro objetivo, examinar todos los pasajes donde Pablo a los gentiles un ministro de Cristo Jesús, ejerciendo una función sa-
emplea la palabra pneuma (146 empleos, de los cuales 117 en las gran- cerdotal en servicio del evangelio de Dios, de modo que los gentil es
des cartas). Nos limitaremos a los más importantes y significativos sean ofrenda aceptable, consagrada por el Espíritu Santo» (Rom 15,16).
organizándolos lógicamente. Pensamos que es un procedimiento legí- He aquí el testimonio de Pablo:
timo ya que, tratándose de estas grandes cartas, parece que el pensa-
miento de Pablo no ha evolucionado verdaderamente. «Porque nuestro Evangelio no llegó a vosotros sólo con palabras, sino, además,
con poder y con el Espíritu Santo y con profunda convicción (...). Y vosotros
seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta tribu-
1. San Lucas presenta al Espíritu que ungió a Jesús, después de lación, con alegría del Espíritu Santo» (ITes 1,5-6; la primera carta de Pablo).
Nazaret y especialmente del bautismo del Jordán, enviado a la Iglesia
para darle vida, para empujarla en el testimonio y en la misión. San «Mi palabra y mi predicación no consistían en hábiles discursos de sabiduría,
Pablo anuncia el evangelio de Dios que, objeto de promesa en la anti- sino en demostración de espíritu y de poder; de suerte que vuestra fe se base, no
en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios (...). Nuestro lenguaje no
gua disposición, se ha convertido en realidad y concierne «a su Hijo, consiste en palabras enseñadas por humana sabiduría, sino en palabras enseñadas
nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con por el Espíritu, expresando las cosas del espíritu con lenguaje espiritual» (ICor
poder, según el Espíritu santificado!', a partir de su resurrección de 2.4-5.13).
entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro» (Rom 1,3-4; cf. 8,11).
i Oh insensatos gálatas! ... Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el
Pablo no conoció a Cristo según la carne. Por supuesto, tuvo no- Hspíritu por las obras de la ley o por la aceptación de la fe? (Gal 3,1-2).
ticia de la encarnación (cf. Flp 2,6s) y de la cruz, que es la condición
de todo el proceso de salvación. Y si conoció la Iglesia salida de Pen- Desde el comienzo, Dios es principio absoluto del ser cristiano. Es
tecostés, no hace alusión alguna a ello. Su experiencia del Espíritu está norma, es fuente. El hombre tiene que abrirse a su acción; permitir
ligada entera e inmediatamente al acontecimiento de la pascua, a la a )a fuente y a la norma hacer su obra. Esto se realiza por la fe y,
resurrección y glorificación de Jesús como Cristo y Señor. en cuanto al ministro de la palabra, vaciándose de su propia sabidu-
ría, para que todo sea de Dios.
2. Este don del Espíritu, en dependencia de la redención por la
cruz, realiza la promesa hecha a Abraham, promesa ligada a la fe de 4. Por la fe y el bautismo 59. el creyente comienza una vida en y
Abraham y que se realiza en la economía de la fe, no de la ley: ca- por el Espíritu, «bajo el régimen del Espíritu» (Rom 7,6; 8.2). Es un
pítulo 3 de la carta a los Gálatas. «Y esto (la cruz) para que llegue entrar y caminar en el camino santo: «Dios os ha escogido como pri-
en Cristo Jesús a los gentiles la bendición de Abraham; a fin de que micias para la salvación del Espíritu y por la fe en la verdad» (2Tes
por medio de la fe recibamos la promesa del Espíritu» (v. 14). Esto 2,13; ITes 4,7-8; cf. 5,23). El capítulo 8 de la carta a los Romanos
sólo se realiza «en Jesucristo», pero nos toma en él. «la descendencia» describe esta vida bajo el imperio del Espíritu. Es una vida de hijos
de Abraham (v. 16s), de manera que somos «hijos» en él (v. 26) y de Dios. «Porque todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios,
herederos. Nuestra herencia de hijos es justamente el contenido de la éstos son hijos suyos. Y vosotros no recibisteis un espíritu que os haga
promesa (v. 18 y 29). Esto se realiza por la fe y cuando, «bautizados esclavos y os lleve de nuevo al temor, sino que recibisteis un Espíritu
en Cristo», nos revestimos de Cristo (v. 27). que os hace hijos adoptivos en virtud del cual exclamamos: ¡Abba!
¡Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que so-
3. Esta bendición de Abraham, este Espíritu objeto de la promesa, mos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos d e Dios, y
viene de Dios, pero llega a los gentiles por la predicación que suscita coherederos de Cristo...» (Rom 8,14-17; Gal 4,5-7). Evidentemente,
la fe. El Espíritu actúa, en primer lugar, en este anuncio del evange- nuestra herencia es escatológica. Se nos dio el Espíritu precisamente
como «arras de nuestra herencia, para la redención del pueblo que
1926, c. XIII-XV1I, p. 267-451; E. Schweizer, trad. en Kittel, p. 163-207 y 282
(estudio de 1956); P. Gachter, Zum Pneumabegriff des hl. Paulas, «Zeitsch. f. Dios adquirió para sí» (Ef 1,14; cf. 4,30). «Y el que nos dispuso para
kath. Theol.», 53 (1929) 345-408; H.-D. Wendland y V. Warnaeh publicaron bajo esto mismo es Dios, que nos dio la fianza del Espíritu» (2Cor 5,5-
el mismo título Das Wirken des Hl. Geist in den Glaubigen nach Paulus, en 2,21-22).
Pro veritate. Ein theologischer Diaiog (Festgabe L. Jaeger u. VV. Stahliri), dir. por
E. Schiinck y H. Volk, Münster y Kassel 1963, p. 133-156 y 156-202; M.-A. 59. ICor 1,13ss demuestra que ei bautismo acompaña el acceso a la fe, aunque
Chevallier, Esprit de Dieu, paroles d'hommes. Le role de l'Espríí dans les mi- l'ablo se considere ministro de ésta más que de aquél. Cf. también Gal 3 27-
nisteres de la parole selon l'apólre Paul, Neuchátel 1966 (bibliografía). ICor 6,11; 12,13; Rom 6,3; Tit 3,5-7; Col 2,12.
56 57
Nuevo Testamento San Pablo
Prenda real, arras fecundas si somos capaces de hacerlas fructifi- la sustancia de Dios ocupe el lugar de nuestra sustancia; es la comu-
car. «Si vivimos por el Espíritu, caminemos también por el Espíritu» nicación de un dinamismo, de una facultad de actuar. Nosotros somos
(Gal 5,25). Habiendo comenzado por el Espíritu, podría terminarse quienes obramos. Se ve claramente en el pasaje paralelo de Rom 8,
en la vida de la carne (3,3). Precisamente en las cartas en que más 14-15; «Todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, éstos
habla de la justificación por la fe es donde Pablo desarrolla el tema son hijos suyos... un Espíritu que os hace hijos adoptivos, en virtud del
de la lucha entre la carne y el Espíritu como entre dos opciones y dos cual clamarnos: ¡Abba! ¡Padre!»
formas de existencia. «Caminad en el Espíritu, y no dejéis que se cum- Esta precisión reviste importancia suma. Se trata de lo que la
plan los deseos de la carne. Pues la carne desea contra el Espíritu; y el tradición patrística llamará nuestra «deificación». Los textos bíblicos,
Espíritu contra la carne. Ambos se hacen la guerra mutuamente» incluidos los de san Pablo mismo, tienen una fuerza que no pode-
(Gal 5,16-17 y cf. 23-25; Rom 7,5-6; 8,1.17). San Pablo detalla mos esquivar: Cristo es todo en todos (Col 3,11), él es quien vive
los frutos respectivos de la carne y del Espíritu60. A la cabeza de los en nosotros (cf. Gal 2,20; Flp 1,21); todos vosotros sois hijos de Dios,
frutos del Espíritu se encuentra el amor. Éste es más que el primero os habéis revestido de Cristo (Gal 3,26-27); finalmente, Dios será todo
en una enumeración; es el principio generador y envolvente, es el en todos (ICor 15,28). Tenemos que admitir que nosotros somos y
todo. El que ama, cumple la totalidad de la ley (Rom 13,8). Pero seremos el sujeto de una cualidad de existencia y de actos que de-
hay más. La vida santa es una comunicación de la santidad de Dios. rivan de la esfera de existencia y de operaciones de Dios. Éste es el
No se trata de un amor cualquiera, sino del de Dios «que ha sido contenido final de la promesa. Éste es el fruto propio del Espíritu,
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha principio de nuestra vida escatológica: cf. ICor 15,44s.
sido dado» (Rom 5,5). Este Espíritu nos constituye en hijos de Dios.
El Espíritu que ha hecho de la humanidad de Jesús (salido de 5. La vida en Cristo —o él en nosotros— es eclesial. El Espíritu
David y de María según la carne: Rom 1,3; Gal 4,4) una humanidad realiza una tarea decisiva en la construcción de la Iglesia63. «Todos
consumada de Hijo de Dios (por su resurrección y glorificación: fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo»
Rom 1,4; Ef 1,20-22; Heb 5,5), hace de nosotros, carnales por naci- (ICor 12,13). Lejos de existir una oposición entre Espíritu y cuerpo,
miento, hijos de Dios: hijos en el Hijo, llamados a heredar con él, se reclaman mutuamente64. Porque si el «cuerpo» (de Cristo) del
a decir con él «¡Abba! ¡Padre!» (Rom 8,14-17). Sí, el Espíritu nos que habla san Pablo es una realidad visible, no se trata de un cuerpo
constituye en hijos de Dios según una verdad que el estatuto de adop- físico, material. El que se une al cuerpo glorioso de Cristo, total-
ción — que responde a nuestra condición de criatura — sitúa, pero mente penetrado por el Espíritu, por la fe viva, el bautismo, el pan
no contradice: «La prueba de que sois hijos» (Gal 4,6). Así, Dios y la copa de la última cena, se convierte realmente, de manera espi-
mismo se comunica a nosotros, actúa en nosotros para suscitar en ritual, en miembro de Cristo: forma un cuerpo con él en el plano
nuestro interior los actos de la vida filial, los de «Cristo en nos- de la vida filial que prometa la herencia de Dios65. A esta visión con-
otros»61. Especialmente el grito, la invocación del Nombre tal como creta, teóricamente poco construida, las cartas de la cautividad aña-
Jesús la practicó y nos enseñó: «Dios ha enviado a nuestros cora-
zones el Espíritu de su Hijo que grita: ¡Abba! ¡Padre!» De forma semita — por consiguiente «fuerza», dinamismo; cf. el estudio citado, p. 175-
totalmente imprevisible y sometida completamente a su arbitrio, el 183 —. Este dinamismo de Dios está en el cristiano, es una parte de él, pero
Espíritu Santo «viene en ayuda de nuestra flaqueza... e intercede por no viene de él, no surge de su fondo propio: p. 192, 203, n. 2, 205. Además de
nosotros con gemidos inenarrables» (Rom 8,26). Ora en nosotros. No la oración que el Espíritu nos hace hacer, está la que él mismo hace en nosotros:
cf. K. Niederwinemer, Das Gebet des Geistes, Rom 8,26, «Theologische Zeitsch.»,
es que Dios nos sustituya a nosotros. El temor protestante de la fu- 20 (1964) 252-265.
sión «mística», temor que, en determinados autores, se convierte en 63. Desgraciadamente, poco estudiado por los exegetas; nada en el artículo
obsesión casi patológica, recibe una plena clarificación62. No es que de E. Schweizer en el Kittel. Los católicos lo han estudiado más en el ángulo del
cuerpo místico, pero tal vez más los dogmáticos que los exegetas.
60. Gal 5,19-23; 2Cor 6,6; Rom 6,19-22; 8,6; 12ss, sobre todo 14,17 (15,13); 64. G. Martelet, Le mystere du corps et de l'Esprit dans le Christ ressuscité
Ef 5,9. Se situará igualmente aquí los pasajes en que Pablo habla de un espíritu et dans l'Église, «Verbum caro», 45 (1958), 31; P.-A. Harlé, Le Saint-Esprit et
de... revelación, sabiduría (Ef 1,17), dulzura (ICor 4,21), fe (2Cor 4,13), de adop- l'Église chez S. Paul, ibid., 74 (1965) 13-29.
ción (Rom 8,15), etc.: Swete, p. 234. 65. Cuerpo de Cristo penetrado por el Espíritu: Rom 1,4; ICor 15,45; cf.
61. Cf. Flp 2,5, literalmente: «Tened estas disposiciones que también en Cris- Flp 3,21; unión con él: ICor 6,15-17; Col 3,1-4; bautismo: ICor 12,13, cuerpo y
to Jesús.» copa de la Cena: ICor 11,23-29. Cf. Benoit, Corps, Tete et Plérdme dans les
62. E. Schweizer insiste mucho en el hecho de que san Pablo se expresa en épitres de la captivité, «Rev. Bibl.», 63 (1956) 5-44; reimpr, en Exégése et Théolo-
categorías griegas — por tanto, de sustancia —, pero su pensamiento es bíblico, gie, París 1961, t. II, p. 107-153.
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Nuevo Testamento San Pabio
den una teología del Cristo glorificado —cabeza de este cuerpo que al bien de todos». Este capítulo vuelve a encontrar una verdad y ac-
es la Iglesia (Ef 1,20-23)— e incluso del Cristo que goza de una pri- tualidad notabilísimas en la Iglesia de nuestros días. Por esta razón,
macía cósmica absoluta (Col 1,15-20). tocaremos el tema en otra parte de nuestro trabajo. Pero conviene
Este cuerpo de Cristo que ios fieles forman sobre la tierra exige decir aquí una palabra sobre la situación de la Iglesia de Corinto.
ser construido: ICor 3,9; Ef 2,20; 4,12. Lo que es construido así, es
«una morada de Dios por el Espíritu» (Ef 2,22), una «casa espiritual», 6. Situación de la comunidad de Corinto 6S . En esta gran ciudad
un templo donde se ofrece a Dios un culto espiritual (IPe 2,5ss; Flp con actividad frenética, donde se mezclan tantas corrientes, donde
3,3). «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios Pablo había pasado dieciocho meses, los cristianos ofrecen el espec-
habita en vosotros?» (ICor 3,16; 6,19; 2Cor 6,16). En este tema tan táculo de una vitalidad desbordante. Estaban «enriquecidos en todo:
rico y tan profundo de la habitación del Espíritu Santo en nuestros en toda clase de palabra y de conocimiento... Así pues, no carecéis
cuerpos y en la comunidad que formamos, encontramos el equilibrio de ningún don» (ICor 1,5 y 7). Pero esta vitalidad estaba acosada por
de una teología que afirma la inmanencia evitando la confusión. El muchos peligros. Muchos de esos corintios tenían la sensación de vivir
Espíritu puede ser principio de comunicación y de comunión entre en el eón definitivo, más allá del difícil combate del espíritu contra
Dios y nosotros, entre todos nosotros porque, como Espíritu, es sobe- la carne 69 . Cada uno gozaba de los dones del Espíritu sin preocu-
rano y sutil, único en todos; porque une las personas sin profanar parse del servicio ni de la unidad de la comunidad: de ahí los cla-
su interioridad ni poner acotaciones a su libertad; cf. 2Cor 13,13, nes y las divisiones («Yo soy de Pablo — Yo de Apolo — Yo de
koinonia íou hagiou pneumatos (genitivo subjetivo, es la comunión Cetas — Yo de Cristo»), los procesos entre cristianos (cap. 6), el in-
de la que el Espíritu es el principio). De la misma manera, Cristo dividualismo feroz en las reuniones, incluso en las eucarísticas (11,
está en mí, es mi vida, pero continúa siendo él y yo continúo con- 17ss), las tendencias anárquicas en las manifestaciones de los dones
servando mi individualidad. Esta habitación, esta inmanencia pone de del Espíritu, sus pneumatika, el hablar en lenguas y «profecías» en
manifiesto la profundidad de su intimidad en la afirmación de que el las que ellos se deleitaban 70 . Se sentían encantados por estas manifes-
Espíritu es enviado a los corazones*6. Pablo compara el fruto de su taciones exteriores y, sin cesar de plantearse cuestiones de ética sexual
apostolado a una carta de Cristo «escrita no con tinta, sino con el (cf. 7,1), admitían un eventual laxismo (cap. 5; 6,12; 10,23) 71 .
Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de co- San Pablo traza las fronteras al nivel de la práctica y de las ver-
razones de carne» (2Cor 3,2-3) 67 . Contrapone un ministerio del Es- dades fundamentales sin disminuir para nada las manifestaciones exu-
píritu y su fruto eclesial a un ministerio de la letra... Esto confiere un berantes del Espíritu. No existe la Iglesia del Espíritu ni de un in-
contenido escatológico al ministerio cristiano: apunta a lo definitivo, dividualismo de la inspiración ni de un gozo personal y glotón de
a lo absoluto de la comunicación que Dios nos hace de sus bienes los dones del Espíritu. El Apóstol relaciona todo, en primer lugar,
y de él mismo. Es lo que compromete al ministro a ser pura trans- con Cristo, que es el todo del cristianismo 72 y al que se dirige toda
parencia, medio puro de una acción que va más allá de sus fuerzas
y supera, incluso, la medida de lo que él comprende. 68. F. Biichsel (infra n. 71); I . Cerfaux, VÉglise des Corinthiens, París 1946;
M.-A. Chevallier, op. cit., p. 22s, 171s.
Este ministerio del Espíritu es, en primer lugar, el del apóstol, 69. De ahí, ICor 4,8; «¡Ya os sentís saciados! i Ya os habéis hecho ricos!
que pone el fundamento: ICor 3,10; Rom 15,20. Entre los ministros ¡Ya habéis logrado el reino sin nosotros!» y 10: «Nosotros, insensatos por Cristo;
que Dios suscita o «pone», san Pablo coloca siempre en cabeza a los vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles; vosotros fuertes; vosotros estimados,
apóstoles: ICor 12,28; Ef 4,11. A continuación, los profetas. Luego, nosotros, despreciados»; 1,7: «Así, pues, no carecéis de ningún don vosotros que
esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.»
diferentes «dones», «ministerios» o «modos de acción» (TOB) u «ope- 70. Pneumatika: ICor 12,1 y 14,1. Seguimos la exégesis de M.-A. Chevallier,
raciones» (BJ); tales son los términos, prácticamente equivalentes, op. cit., p. 148, 167, 172ss. De ahí: «Ya que aspiráis con ardor a los dones del
que Pablo emplea refiriéndose al único Espíritu, al único Señor, al líspíritu, procurad tenerlos en abundancia para la edificación de la asamblea»
único Dios, en ICor 12,4ss. Pero Pablo relaciona especialmente con (14,12): «¡Despertad!» (15,34).
71. F. Büchsel, que consagra su capítulo XV, p. 367-395 a los adversarios
el Espíritu los diversos dones que manifiestan su acción «con miras «pneumáticos» de Pablo en Corinto. Los ve «inflados» (de orgullo; la palabra
¡thysioun aparece 6 veces en ICor), se pavonean de la libertad, mientras que el
66. Cf. Gal 4,6; 2Cor 1,22; 3,2 y 3; Rom 5,5; cf. 2,29 y 8,27; Ef 3,17; 2Tes 3,5. .mior es el bien supremo. Sus adversarios son cristianos venidos del judaismo, no
67. Véase M.A. Chevallier, op. cit., partes 1.a y 2. a ; K. Priimm, Diakoniu judaizantes como en Galacia, sino «pneumáticos». Los que son del partido de
Pneumatos; Der Zweite Korintherbrief ais Zugang zur apostolichen Botschajl. Cristo (1,12) se amparan, piensa Büchsel, p. 392, en el Cristo de bondad y de
Auslegung und Theologie, II, Theologie des 2. Korintherbriefes, 2 vol., Roma 1960 aiitilcgalismo. Esta interpretación es propia de Büchsel.
y 1962. 72. ICor está dirigida a «la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que
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Nuevo Testamento
San Pablo
la acción del Espíritu y constituye el criterio mismo de su presencia ellas adolecen de dos defectos: de una parte, la equivocada opo-
actuante: «... nadie que habla en Espíritu de Dios dice: ¡Maldito sición, convertida en falsa problemática, entre «carismas» e «institu-
sea Jesús!; y nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor!, sino en el Es- ción» o funciones institucionalizadas. Esta problemática proviene de
píritu Santo» (12,3). En segundo lugar, al Espíritu mismo como su- Harnack, de Sohm y también de Troeltsch74. Son la degeneración
jeto soberano. Estos corintios se aferran más a los dones del Espí- de los problemas teológicos de la penumatología y eclesiología en
ritu de los que gozan que al Espíritu mismo, sujeto trascendente que, sociología de la religión. Por otra parte —pero las dos malforma-
más allá de toda «experiencia espiritual» personal, prosigue, por sus ciones van unidas— el pensar que el carisma está constituido por
dones, la construcción de la Iglesia como cuerpo de Cristo. En tercer un don particular del Espíritu que representaría, por consiguiente,
lugar, Pablo relaciona los dones del Espíritu y su utilización con la un registro especial de actividades. Nosotros mismos hemos compar-
utilidad común (12,7), con la construcción del cuerpo por la diver- tido a veces esta concepción que M.-A. Chevalier llama la «teoría
sidad de dones variados de la gracia (ekhontes de kharismata kata de los carismas». O, como señala el mismo autor, «afirmar, como lo
ten kharin... diaphora: Rom 12,6). Pablo desarrolla esto en nuestro hace aquí Pablo con fuerza, que los carismas son dones del pneuma
capítulo 12, destaca el alma de la caridad en el capítulo 13, cuyo jamás quiso decir que la palabra carisma signifique "dones del pneu-
lirismo, en este contexto, no debe hacer olvidar su pizca de crítica, ma"»75. Efectivamente, si los carismas aparecen en ICor 12,4-11 rela-
ya que se refiere de nuevo a los pneumatika, a los que los corintios cionados con el Espíritu Santo, se refieren, ante todo, por su misma
daban preferencia, al hablar en lenguas y «profecía» (cap. 14). Da designación, a la kharis o gracia de Dios. ICor 1,7; Rom 5,15; 12,6
los criterios para una utilización sana. En el fondo, se atribuye un señalan expresamente la relación entre kharis y kharisma. Rom 12,6
valor excesivo a las formas extraordinarias de las manifestaciones resulta especialmente esclarecedor: «ekhontes de kharismata kata ten
del Espíritu en su experiencia individual e inmediata. Pablo quiere kharin dotheisan hemin diaphora» (teniendo dones [carismas] dife-
poner las cosas claras en este punto. Hay que tener presente que se rentes según la gracia que nos ha sido dada). Los carismas son los
trata de unos dones entre otros muchos; deben ser apreciados de acuer- dones diversos en dependencia de una gracia que es una. Son los
do con el criterio de utilidad común: el hablar en lenguas es lo que dones de la salvación y de la vida cristiana (cf. también Rom 5,15-16;
menor importancia tiene. Es preciso usar ese don como personas res- ICor 3,10), de la vida eterna (Rom 6,23). Y dado que corresponden
ponsables. Concretamente, esto se traduce en tres exigencias: a) la a la vocación de cada uno, se hallan muy cercanos de lo que se llama
disciplina comunitaria (14,27-33); b) la preocupación de resultar in- «gracia de estado» si es que incluimos aquí una idea de vocación
teligible para los otros (14,14ss); la lengua no tiene por finalidad la (cf. ICor 7,7)76.
expresión de sí misma tan sólo, sino la de una palabra inteligible, útil
a la comunidad; c) el discernimiento73. Volveremos a topar con estas Respecto de estos dones o talentos que vienen de la gracia de Dios,
cuestiones cuando hablemos de la renovación actual en el Espíritu. nos dice san Pablo: 1) que son distribuidos por el Espíritu «según
Con todo, conviene precisar desde ahora el sentido de kharisma en su voluntad»; 2) que son diversos; da diversas listas de ellos que no
san Pablo. Si exceptuamos IPe 4,10, sorprendentemente consonante coinciden entre sí ni pretenden ser exhaustivas; 3) que el Espíritu los
con Pablo, los 17 empleos de este término en el Nuevo Testamento da diferentes con vistas al bien de todos; es decir, para que sirvan
aparecen en los escritos paulinos y se dan casi totalmente en ICor a la construcción de la comunidad eclesial o a la vida del cuerpo de
y Rom.
74. Cf. U, Brockhaus, Charisma und Amt. Die paulinische Charismenlehre
Se ha escrito mucho sobre los carismas. El autor de la presente tui i dem Hintergrund der jrühchristlichen Gemeindefunktionen, Wuppertal 1972;
obra ha leído decenas y decenas de publicaciones. Gran número de M.-A. Chevallier, op. cit., p. 210-213.
75. Op. cit., p. 155.
76. En resumidas cuentas, esta explicación es la de M.-A. Chevallier, op. cit.,
han sido santificados en Cristo Jesús». Cristo es el único fundamento (3,11), él p. 139ss; J. Hainz, discípulo de O. Kuss (Ekklesia, Strukturen paulinischer Ge-
es todo para nosotros (1,30-31); (10,4; 15); es juez (4,4-5). Existimos en él (3,23), meinde-Theologie und Gemeinde-Ordnung, Ratisbona 1972, p. 333-335, 338); H. Con-
vivimos en él, de él (1,9; 4,15-17; 6,11). Es el Cristo crucificado, la sabiduría es /clmann, art. del Kittel-Friedrich, t. IX, p. 393-397; B.N. Wambacq, Le mot
sabiduría de la cruz (l,23ss; 2,2). El hombre espiritual es aquel que tiene el ucharisme», «Nouv. Rev. Théol.», 97 (1975) 345-355. A.M. de Monléon (L'expé-
pensamiento de Cristo (2,16). rlence des charismes, manifestations de l'Esprit en vue du bien commun, «Istina»,
73. Cf. ICor 12,1-3 y 10; 14,29; 2Tes 5,15-22. Sobre estas tres exigencias, 21 [1976] 340-373, p. 342) escribe: «Así, el término carisma ... tiene una gran
cf. M.-A. Chevallier, op. cit., p. 181ss. Sobre la segunda, G. Sauter, Ekstatische amplitud de sentido. Designa virtualmente, tal vez con un acento particular en
Gewissheit oder vergewissernde Sicherung? Zum VerhSltnis von Geist und Vernunft, IB gratuidad del don, todo don de gracia de la parte de Dios (Rom 5,15-16), la
en: Erfahrung und Theologie des Heiligen Geistes, dir. por C. Heitmann y H. Müh- vidn eterna (6,23), la curación (ICor 12,30), la gracia dada en el matrimonio (7,7)
len, Hamburgo - Munich 1974, p. 192-213. o con vistas al ministerio (ITim 4,14).»
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Nuevo Testamento San Pablo
64 6.5
Nuevo Testamento San Pablo
Señor está (esté) con...» es frecuente en el Antiguo Testamento. las fórmulas «en Cristo» o «en el Espíritu» se utilizan indistintamente
A menudo concierne a un acto que debe realizarse según el plan de tanto para el uno como para el otro96. He aquí algunos ejemplos:
Dios, ligado a la presencia del Espíritu en aquel que debe actuar. En
el Nuevo Testamento y para el cristianismo antiguo, el Espíritu está Para que llegáramos a ser en él (Cristo) Justicia y paz y alegría en el Espíritu
especialmente activo en la oración y en la asamblea del culto92. En justicia de Dios: 2Cor 5,21. Santo: Rom 14,17.
el breve diálogo entre la comunidad y el ministro —diálogo reco-
gido por Hipólito (Trad. Ap., 4; 7; 22; 26)— se trata de asegurar Justificados en Cristo: Gal 2,17. Fuisteis justificados en el nombre del
Señor Jesucristo y en el Espíritu de
la presencia del Espíritu para realizar el acto litúrgico: el Señor esté nuestro Dios: ICor 6,11.
contigo, ya que tienes el carisma del Espíritu para realizar esto. Según
los padres, la ordenación ha conferido al sacerdote el carisma nece- Los que están en Cristo Jesús... Si Cris- Pero vosotros no vivís en lo de la car-
sario. Pero nada es automático; toda operación espiritual requiere to está en vosotros: Rom 8,1.10. ne, sino en lo del espíritu, puesto que
el Espíritu de Dios habita en vosotros:
una epiclesis93. Rom 8,9.
7. El Pneuma y Cristo: Alegraos en el Señor: Flp 3,1. Alegría en el Espíritu Santo: Rom 14,17.
a) El Pneuma, tal como nos ha sido dado, está completamente El amor de Dios manifestado en Cristo Vuestro amor en el Espíritu: Col 1,8.
relacionado con Cristo. San Pablo está de tal manera entregado a Jesús Señor nuestro: Rom 8,39.
Cristo, tan lleno de él, que podría —señala Büchsel (p. 303)— pre-
sentar lo que constituye su vida sin mencionar al Espíritu. Se trata La paz de Dios... custodiará vuestros Justicia y paz y alegría en el Espíritu
corazones y vuestros pensamientos en Santo: Rom 14,17.
de creer, después de confesar, con la boca y con la vida, que Jesús Cristo Jesús: Flp 4,7.
es el Señor (Rom 10,9). Es lo que el Espíritu nos empuja a realizar:
«Nadie que habla en Espíritu de Dios, dice: ¡Maldito sea Jesús!; Santificados en Cristo Jesús: ICor 1, Una ofrenda santificada en el Espíritu
y nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor!, sino en el Espíritu Santo» :.30. Santo: Rom 15,16; cf. 2Tes 2,13.
(ICor 12,3). Es éste un texto capital sobre el que tendremos que vol- Hablamos en Cristo: 2Cor 2,17. Habla en Espíritu de Dios: ICor 12,3.
ver. El Espíritu hace conocer, reconocer y vivir a Cristo94. No se
trata únicamente de una proposición doctrinal; es algo existencial que Llenos de Cristo: Col 2,10. Llenos de Espíritu: Ef 5,18.
viene de un don y que compromete toda la vida. No hay un «cuer-
po del Espíritu Santo», sino un cuerpo de Cristo. ¿Acaso el Espíritu Un solo cuerpo en Cristo: Rom 12,5; Fuimos bautizados en un solo Espíritu
bautizados en Cristo: Gal 3,27. para formar un solo cuerpo: ICor 12,13.
no es el Espíritu de Cristo (Rom 8,9; Flp 1,19), del Señor (2Cor 3,17),
«Espíritu de su Hijo» (Gal 4,6)? Como dice san Ireneo, el Espíritu Formar un templo santo en el Señor: Hasta formar el edificio de Dios en el
opera la «communicatio Christi (commutatio, escribe Sagnard), la in- Ff 2,21. Espíritu: Ef 2,22.
timidad de unión con Cristo»95. Desde el punto de vista del conte-
nido, no se da una autonomía; y, mucho menos aún, disparidad de Otros muchos textos unen, en el mismo enunciado, a Cristo y al
una obra del Espíritu respecto de la de Cristo. Espíritu: ICor 6,11; 12,13; Rom 9,1. Pero es necesario ir más lejos.
b) Frecuentemente, se ha señalado también que se atribuye un Nos ayudarán a ello cuatro textos:
gran número de efectos indistintamente a Cristo y al Espíritu y que
acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido
Hijo de Dios con poder, según el espíritu santificador, a partir de su resurrección
92. En la plegaria Rom 8,15ss.26; ICor 14,14-15.25; Ef 5,18. En la asamblea: <lc entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor (Kyrios), Rom 1,3-4".
Hipólito, Trad. apost., 31 y 35; Didakhe, X, 7; Hermas, (M. Dibelius, Der Hirt
des Hermas, 1928, Excursus, p. 517ss, sobre la pneumatología).
96. Ad. Deissmann ha multiplicado los ejemplos, algunos de los cuales no
93. Van Unnik, p. 273 y p. 299, n. 21, cita san Juan Crisóstomo, In 2 Tim., prueban (Paulus, 2.' ed., p. 110). Puede notarse que la sabiduría de los discípulos
hom. 10, 3 (PG 62, 659) y Teodoro de Mopsuestia, comentario sobre la oración ante los tribunales es atribuida a Cristo por Le 21,12-15, al Espíritu Santo por
del Señor y sobre los sacramentos (ed. Mingana. 1933, p. 90ss). Mt. 10,18-20; Me 13,10-12.
94. Que hace conocer al Padre. Cf. san Ireneo, Demonsír. evang., 1, Adv. 97. Cf. J. Dupont, Filius meus es tu. L'interpretation du Ps II, 7 dans le
Haer., IV, 25,5 y V, 36,2 (PG 7, 1035 y 1223; Harvey II, 216 y 429). Nouveau Testament, «Rech. Se. reí.», 35 (1948) 522-543; M E . Boismard, Cons-
95. Adv. Haer., III, 24, 1 (PG 7, 966; Harvey II, 131); Sagnard; SChr 34, lllué Fils de Dieu (Rm 1,4), «Rev. Bibl.», 60 (1953) 5-17; M. Hengel, Jésus, Fils
p. 398-401; Rousseau-Doutreleau SChr 211, p. 471 y 472 restablecen communi- dr Dieu («Lectio divina» 94), París 1977, p. 98s (tr. cast.: El Hijo de Dios
catio y traducen «comunión con Cristo». Sigúeme, Salamanca 1977).
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San Pablo
Nuevo Testamento
El primer hombre, Adán, fue ser viviente; el último Adán, espíritu vivificante del Señor y del Pneuma. La prueba es que Pablo habla del «Espí-
(ICor 15,45). ritu del Señor»: «Si el v. 17b distingue kyrios (Señor) de pneuma,
pone claramente de manifiesto que el v. 17a no afirma la identidad
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vos- de las dos personas, sino que define, con la palabra pneuma, el modo
otros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará vida también a
vuestros cuerpos mortales por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros de existencia del kyrios. Cuando se habla de pneuma kyriou, se de-
(Rom 8,11). fine su modo de existencia, el poder en el que viene al encuentro de
su comunidad» 10°. Pablo señala la esfera de existencia y de acción
A este Jesús Dios ¡o íesucitó... Elevado a la diestra de Dios y íecibida del del Señor glorificado. Es, escatológica y divina, la del Espíritu. De
Padre la promesa del Espíritu Santo ha derramado... (Act 2,32-33).
manera que, desde un punto de vista funcional, el Señor y su Espí-
Nos encontramos en el orden y en ei nivel de la escatología. Su ritu hacen la misma obra en la dualidad de sus funciones respectivas.
culminación es la maravillosa perspectiva abierta por Pablo: «Y cuan- San Pablo, que tiene unas cuarenta fórmulas ternarias, e incluso
do se le hayan sometidas todas las cosas, entonces también el mismo trinitarias, no precisa, en el plano dogmático, la trinidad de personas
Hijo se someterá al que se lo sometió todo; para que Dios sea lodo en la unidad de sustancia. Si se quiere pensar la cuestión en plano
en todos» (ICor 15,28). El medio para llegar a este punto es que /<?.síí.y y categorías del dogma trinitario (¡y del dogma cristológico!) habrá
sea glorificado en su humanidad, de forma que tenga una humanidad que recurrir, 1) a la noción bíblica (san Juan), tan importante, de
y una acción de Hijo de Dios, asumidas por una condición divina 98 . consustancialidad y de circumincesión; las Personas divinas están la
El Espíritu, término y contenido de la promesa, don escatológico, una en la otra !M; y 2), a la teología de la elevación de la humanidad
constituye a «Jesús» — Cristo en su humanidad crucificada — en la de Jesús, por su glorificación, a la calidad de Señor y de Hijo de
condición de «Hijo de Dios con poder», en la plena cualidad de Dios con poder. Algo dijimos de esto con anterioridad.
Kyr.'-s. Lo penetra y hace de él un Pneuma zoopoioun, un ser espi-
ritual que da la vida. Así podemos comprender que san Pablo atri- 8. ¿Personalidad del Espíritu? Büchse! consagra una parte de su
buya las operaciones y frutos de la vida cristiana tanto a Cristo como capítulo xvi a esta cuestión. Para san Pablo, el Espíritu no es una
al Espíritu. Hasta el punto de que parece identificar a los dos. simple fuerza; es Dios mismo en cuanto comunicado, presente y ac-
c) Escribe Pablo: «Cuantas veces uno se vuelve al Señor, se quita tivo en otros. Es Dios como amor activo en nosotros (cf. Rom 5,5).
el velo [de los ojos de los discípulos de Moisés]. El Señor es el Es- ¿Podemos ir más lejos y reconocer, en esta manifestación y comuni-
píritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2Cor 3,16-17). cación trinitaria de Dios, indicios en el sentido de una personalidad
Ingo Hermann ha estudiado este texto en una monografía completa". del Espíritu? El pasaje siguiente, que traducimos de V. Warnach (op.
Elimina las interpretaciones según las cuales el Espíritu seria el Señor cit., p 185-186), reúne estos indicios dándoles el mayor valor que
(porque el Señor es Cristo") o el Señor (Jesús) estaría hecho de espí- puede reconocérseles:
ritu, como la sustancia de la que estaría formado. Afirma e! autor
que es preciso entender este enunciado en el sentido de una expe- Muchos pasajes orientan el espíritu en el sentido de una personalidad propia
riencia existencia): nosotros sentimos o experimentamos al Señor Jesús del Pneuma divino que «escudriña las profundidades de Dios» (ICor 2,10ss) o
es «enviado» a nuestros corazones (Gal 4,6). Entra activamente en la historia
como Espíritu. O también: lo que experimentamos como Espíritu de la salvación o en su realización haciéndonos conocer la voluntad salvífica de
es, en realidad, el Señor Jesús glorificado. La inmensa mayoría de
los exegetas reconoce que no existe identificación o confusión alguna 100. Ed. Schweizer (Kittel), p. 170, con referencias. Cf. F. Büchsel, op. cit.,
p. 409 (unidad de dinamismo); M.A. Chevallier, op. cit., p. 95 y 96 (el espíritu
98. Puede verse Ed. Schillebeeckx, Le Christ sacrament de la rencontre de del Kyrios introduce el Kyrios en el corazón del hombre); B. Schneider, Dominus
Dieu («L.ex orandi» 30). París 1970, p. 41, 51, 60ss ítr. cas'.: Cristo, sacramento uiitem spiritus est, Roma 1951; L. Cerfeaux, Le Christ dans la théologie de saint
de! encuentro con Dio¡¡, Dinor, San Sebastián 1971); nuestro Un peuple messiani- Paul, París 1951, p. 216, 221-223 (cf. Jesucristo en san Pablo, Desclée, Bilbao
que, París 1975, p. 35ss (tr. cast.: Un pueblo mesiónico. Cristiandad, Madrid 1967) 104; J.R. Villalon, Sacraments dans i'Esprit..., París 1977, p. 286ss. No co-
1976); W. Thüsing, Per Christum in Deum. Studien zum Verhallnis von Christa- nocemos la obra de J.D.G. Dunn, 2Cor III, 17 «The Lord is the Spirit», «Journ.
z.entrik u. Theozentrik in den pauh'nischen Baupbriefen, Münster 1965, of Theol. Studies», N.S., 21 (1970) 309-320. Para la interpretación patrística y
99. Ingo Hermann, Kyrios und Pneuma. Studien zur Christolos>ie der puuli- moderna, J. Lebreton, Les origines du dogme de la Trinité, t. I, París 51919,
nischen Hauptbrieíe, Munich 1961. Posición muy cercana a la de C.F.D. Moule, p. 567ss; K. Prümm, Die katholische Auslegung von 2Kor 3,17 in den letzen vier
'ICor 3,1%h. en Neues Tesíami-nt und Geschichte (en el 70 aniversario de Osear hduzehnten, «Bíblica», 31 (1950) 316-345, 459-482; 32 (1951) 1-24.
Cullmann), dir. por H. Baltensweiler y B. Reicke, Z.urich 1972, p, 231-237. No 101. Cf. san Jerónimo, Epist., 18, 4 (PL 22, 363); san Cirilo de Alejandría
hay identificación ontológica, pero, en la experiencia cristiana, Espíritu de Dios, (Comm, in loan., Lib. IX: PG 74, 261); L. Malevez, en «Nouv. Rev. Théol.»,
Espíritu de Cristo y Cristo en nosotros expresan la mlrma cosa. 67 (1945) 403-404; F. Malmberg Fin Leib, ein Geist, Paderborn 1960, p. 150-163.
68 69
Los Hechos, de san Lucas
Nuevo Testamento
ethne se han transformado en laos (15,14). Las naciones —realidades
Dios (ICor 2,10-14), funda una comunión entre Dios y los hombres, entre los terrestres, «carnales»— se han convertido en pueblo, realidad que
hombres (2Cor 13,13), testimonia a nuestro espíritu que somos hijos de Dios pertenece al orden de la economía de la salvación.
(Rom 8,16), grita en nosotros ¡Abbal ¡Padre! (Gal 4,6) e interviene ante Dios
en favor nuestro (Rom 8,26ss). Expresiones que no pueden ser entendidas en un Para los Hechos de los apóstoles, el Espíritu Santo es esencial-
sentido puramente simbólico; un sujeto que actúa de esa manera debe de ser mente el principio dinámico del testimonio que asegura la expansión
una persona autónoma y libre. Este carácter personal aparece claramente seña- de la Iglesia. Por esta razón, irrumpirá en pentecostés. Esa fecha mar-
lado en ICor 12,11, donde Pablo presenta al Espíritu distribuyendo los dones de
la gracia «como él quiere». Concibe también el Pneuma divino como una per-
cará, efectivamente, un comienzo. San Lucas redactó el relato de ese
sona cuando habla de su habitación en los fieles (ICor 3,16; 6,19). Dios está inicio asumiendo una tradición que había interpretado el aconteci-
presente en el Pneuma como en el Hijo porque él es Dios mismo (ICor 3,16; miento refiriéndolo a valores vividos en la fiesta judía de Pentecos-
cf. 14-25). Como Espíritu «que viene de Dios» (ICor 2,12), es para nosotros tés: fiesta de la recolección cuyas primicias habían sido ofrendadas
«don» (Rom 5,5), pero no como una cosa, sino como alguien que dona, porque
Dios se entrega a sí mismo en el Pneuma (ITes 4,8). Por último, las fórmulas de
el día siguiente de la pascua, con lo que ambas fiestas quedaban uni-
tríada en las que el Pneuma se presenta en igualdad con Dios (ho Theos = el Pa- das como fiestas de la donación de la ley. Lo que nos enseña Qumrán,
dre) y Cristo (sobre todo ICor 12,4-6; 2Cor 13,13) no indican una simple comu- lo que conocemos por las lecturas utilizadas en la liturgia judía de
nidad de acción, sino una igualdad de tres Personas en el ser. la fiesta, los textos de los Jubileos y de Filón: todo ello suministra
una base al tema de pentecostés, fiesta de la donación de la ley en
el monte Sinaí, y permite establecer relaciones significativas105. Las
Los Hechos, de san Lucas102 tablas de la ley fueron escritas por el dedo de Dios (Éx 31,18). En
adelante, ese dedo será el Espíritu Santo (Le 11,20).
Todos los evangelistas ponen de relieve la existencia de una con- Así como el nuevo santuario no es otro sino Jesucristo, abierto
tinuidad dinámica entre Cristo y la Iglesia103. Es la continuidad del a todas las naciones, la ley nueva será el Espíritu que da testimonio
plan de gracia de Dios, consumación de lo que había sido prometido de Jesús en todos los pueblos. El signo de las lenguas profetiza la
con anterioridad1M. Esta continuidad aparece particularmente refle- catolicidad del testimonio. Los apóstoles (¿todos los discípulos?) ha-
jada en la obra de san Lucas. Nos la presenta este autor bajo el signo blan la lengua de otros pueblos, anuncian en esas lenguas las mara-
del Espíritu Santo. El Espíritu que suscitó a Jesús en el seno de Ma- villas de Dios. Los padres, los exegetas y, sin duda, san Lucas, han
ría, dará a luz la Iglesia; al igual que condujo a Jesús en su minis- visto en este milagro la inversión de la dispersión de Babel (cf. Gen
terio después de la unción en su bautismo, anima el apostolado «des- 11,1 -9)106. No se trata únicamente de un hecho de extensión, de uni-
de Jerusalén hasta los confines de la tierra». El punto central de esta
historia es la entrada de los gentiles en la Iglesia, entrada sancionada 105. Véase R. Le Déaut, Pentecóte et tradition juive, «Spiritus», 7 (1961)
por el concilio de Jerusalén. Con Cornelio y su familia, con las mi- 127-144, o en «Assemblées du Seigneur», 51 (1963) 22-38; R. Cabié, La Pente-
siones de san Pablo, los gentiles se convierten en pueblo de Dios, los cóte. L'évolution de la Cinquantaine pascóle au cours des cinq premiers siécles
(«Bibl. de Liturgie»), Tournai-París 1965; J. Potin, La jete juive de la Pentecóte,
2 vols. («Lectio divina» 65), París 1971; K. Hruby, La jete de la Pentecóte dans
102. Además de H.B. Swete (op. cit., p. 63-109) y de la traducción del artícu- la tradition juive, «Bible et vie chrétienne» 63 (1965) 46-64; G. Haya-Prats, op.
lo Esprit del ThWbNT de Kittel (p. 142-163), citamos: H. von Baer, Der Heilige cit., p. 185ss y notas p. 280ss; E. Schweizer, en Kittel, p. 154s, escribe: «Mucho
Geist in den Lukasschriflen, Stuttgart 1926; G.W.H. Lampe, The Holy Spirit in antes de Lucas, la idea de la nueva alianza, de renovación del don de la ley
the writings of Luke, en Studies in the Gospels, Essays in Memory of R.H. Light- para el judaismo disperso por el mundo, pudo teñir fuertemente el relato de la
foot, dir. por D.E. Nineham, Oxford 1955, p. 145-200; J.H.E. Hull, The Holy primera aparición del Espíritu. Jubileos y la descripción de Filón de la voz divina
Spirit in the Acts of the Apostles, Londres 1967; J. Borremans, l'Esprit Saint en el Sinaí son ciertamente precristianos. Esta voz en el Sinaí provoca en cada
dans la catéchése évangelique de Luc, «Lumen vitae», 25 (1970) 103-122; E. Ras- alma un cierto estruendo, se transforma en llama y pasa como un pneuma a
co, Jesús y el Espíritu, Iglesia e «historia»: Elementos para una lectura de Lucas, través de una trompeta de manera que próximos y lejanos pueden escucharla y
«Gregorianum», 56 (1975) 321-367; G. Haya-Prats, L'Esprit forcé de l'Église. Sa el sonido llega hasta las extremidades de la tierra. Esta interpretación es suma-
nature et son activité d'aprés les Actes des Apotres, trad. fr. de J.J. Romero y mente probable si Pentecostés era ya antes del 70 el día en que terminaba la
H. Faes («Lectio divina» 81), París 1975 (con abundante bibliografía). pascua que celebraba la salida de Egipto, si es ya el día de la donación de la ley
103. Está claro en Mateo, el evangelio eclesiológico, con su final misionero. en Dt 4,10; 9,10; 18,16 LXX y si es designado como el «día de la Iglesia».
Para Juan, cf. O. Cullmann, citado infra, p. 86. Para Marcos sin contar 16,15, 106. Sobre este tema, tocado por el decreto conciliar Ad Gentes divinitus,
el sumario de 1,14-15 une misión de la Iglesia y ministerio de Jesús (TOB nota w; n." 4, podríamos añadir todavía algo a las referencias patrísticas indicadas allí.
J.J.A. Kahmann, en «Bijdragen» 38 [1977] 84-98). Véanse también las liturgias (la siríaca, el Leoniano). Exégesis: L. Cerfaux, Le
104. El Espíritu = el Prometido: Le 24,49; Act 1,4; 2,33; Gal 3,14; Ef 1,13. symbolisme attaché au miracle des langues, «Eph. Théol. Lovan.», 13 (1936) 256-
Estos dos últimos textos muestran que se trata de la realización de la promesa 259 ( = Recueil Luden Cerjaux, II, p. 183-187); J.G. Davies, Pentecost and Glosso-
hecha a Abraham en cuanto concierne a todas las naciones y les llega por medio lalia, «Journal of Theol. Studies», N. S., 13 (1952) 228-231. Si el relato de los
de la palabra apostólica. Cf. Col 1,25.
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70
Nuevo Testamento Los Hechos, de san Lucas
versalización. La peculiaridad del Espíritu consiste en estar en todos El Espíritu interviene en cada uno de los momentos decisivos de
— permaneciendo único e idéntico— sin borrar la originalidad de las la realización del plan salvífico de Dios. Como ha señalado Swete,
personas ni de los pueblos, de su talante peculiar, de su cultura; con- Pentecostés no fue suficiente para dar de un solo golpe a los após-
siste en lograr que cada uno exprese las maravillas de Dios en su toles la inteligencia de la universalidad de la llamada a la fe. Fue
lengua m. preciso un tiempo y nuevas intervenciones. Existe toda una historia
Al principio, los cristianos celebraron pentecostés como el final de las venidas del Espíritu. En consonancia exacta con su plan, san
de una pascua de cincuenta días. Se consideraba el misterio pascual Lucas (cf. 1,8) coloca una especie de pentecostés sucesivos: en Je-
como un todo: resurrección, glorificación (ascensión), vida de hijos rusalén (2; 4,25-31), en Samaría (8,14-17), el que pone en marcha
de Dios comunicada por el Señor mediante el envío de su Espíritu. la aventura misionera con Cornelio y el acontecimiento de Cesárea
Pero hacia finales del siglo iv, se comienza a celebrar separadamente (10,44-48; 11,15-17) e incluso el episodio de Éfeso (19,1-6). En cada
cada uno de los momentos de este misterio único,08. Sin embargo, uno de estos grandes momentos, se da un signo de la intervención
Pentecostés no se convierte en una fiesta (de la persona) del Espíritu del Espíritu: expresar en lenguas una alabanza de Dios y «profe-
Santo m . No existe una fiesta de las personas de la Santísima Tri- tizar» 113.
nidad. Pentecostés permanece siendo una fiesta pascual. No hay más Jesús había anunciado esta venida del Espíritu como el don de un
que un ciclo litúrgico, que es cristológico y pascual. Por la alaban- poder que haría testigos llenos de confianza (la parresia)m, como
za, se celebra el misterio cristiano; es decir, se actualiza por la fe y un bautismo no de agua, sino en el Espíritu Santo (1,5; 11,16). Pa-
el sacramento. rece que los doce, y los 120 discípulos mencionados por Lucas, jamás
Según los Hechos, el papel del Espíritu consiste en actualizar y recibieron el bautismo de agua; si acaso, solamente el de Juan u5 .
extender la salvación, lograda en y por Cristo, por medio del testi- Fueron como sumergidos en el Espíritu que vino sobre ellos. A par-
monio. Siempre se atribuye la salvación a Cristo. Se nos comunica tir de ese momento, ellos practicaron un bautismo de agua en nombre
«en nombre» de Cristo, es decir, por su virtud no ; él es quien la rea- de Jesús, es decir, en referencia —por la fe— a su pascua salvadora
liza. El Espíritu anima a sus discípulos para anunciarla. Guía su tes- y a su poder de Señor " 6 : bautismo acompañado del don del Espíritu.
timonio hasta en el detalle de sus planes e itinerarios l u . «Los Hechos
conciben Ja acción salvífica de Cristo realizándose constantemente en 113. Hablar en lenguas: cf. 2,4.11; 10,46; 19,6. Profetizar: 2,17; 11,27; 20,
las comunidades. La comunicación del Espíritu a los discípulos no 23; 21,4.11.
es, pues, una sustitución total de Cristo, sino la transmisión de su mi- 114. Act 2,29; 4,13.29; 4,31; 14,3. Cf. Haya-Prats, op. cit., p. 102s.
sión profética — en el sentido pleno de la palabra —, que consiste 115. Esta cuestión del bautismo de los apóstoles preocupó ya a Tertuliano
(De baptismo, 12 y 13; «S. Chr.» 35, p. 85-86). Clemente de Alejandría, en un
en ser portavoz del mensaje de Dios (...) Sintetizando, podríamos escrito perdido pero del que un fragmento (ed. Stahlin, GCS III, p. 196) aparece
decir que Cristo transmite a sus apóstoles la asistencia del Espíritu citado por Juan Mosco, cuenta una historia legendaria (cf. H.A. Echle, The
que él había recibido en el Jordán m . liaptism of the Apostles. A Fragment of Clement of Alexandria's lost Work
«Hypotyposeis» in the Pratum Spirituale of John Moschus, «Traditio», 3 [1945]
Hechos no contiene alusión a Babel, sí tiene una a la teología rabínica de la 365-368). La suposición de Juan Mosco citando a Clemente de Alejandría (Prado
inteligibilidad universal de la torah. espiritual, 176: PG 87/3, 3045) no tiene base alguna. Según él, Jesús habría
107. Remitimos a H.M. Legrand, Inverser Babel, mission de l'Église, «Spiri- bautizado a Pedro; éste a Andrés, quien habría bautizado a Santiago y a Juan.
tus» 63 (1970) 323-346. Teológicamente, puede pensarse que el contacto de Jesús fue para los apóstoles
108. Este sentido de las cosas ha sido la bella conquista del movimiento como su bautismo (de igual manera que para los justos pendientes de redención:
litúrgico: cf. «Les Questions liturgiques et paroissiales, junio 1925 (Kreps), 1948, O. Rousseau, La deséente aux enfers, fondement sotériologique du baptéme chré-
p. 60, 1949 n.° 208; especialmente 1958, p. 101-131; D.-R. Pierret, en «Ami du tien, «Rech. Se. reí.», 40 [1952] 273-297). Por el contrario, Pablo fue bautizado:
Clergé», 1935, p. 278ss; J. Daniélou, Bible et Liturgie, París 1951, p. 249ss. Act 9,18.
Y. véase nuestro La Pentecóte, Chartres 1956, París 1956; R. Rabié, La Pentecóte, 116. «En el nombre de», eis to onoma, encierra un matiz de finalidad: el
París 1965. Todo el mundo se refiere a los estudios sabios de O. Casel («Jahrb. bautizado entra en la redención del Hijo, la eficacia del Espíritu y la comunión
f. Liturgiewiss», 14 [1938] 1-17), G. Kretschmar, («Zeitschriftt f. Kirchegesch.», con «Dios»: H. Bietenhard, en Kittel-Friedrich, ThWbNT, t. V, p. 274ss. Son
66 [1954-55] 209-253), etc. numerosos los textos que hablan del bautismo en el nombre de Jesús: sólo en
109. Cf. León xm, ene. Divinum illud munus (9.V.1897) en Colección de Act: 2,38; 8,12; 8,16; 8,37, texto occidental; 10,48; 16,15.30.31; 19,5; 22,16. A pe-
encíclicas y documentos pontificios, Madrid 4962, p. 928. sar de la opinión de los exegetas o historiadores que han pensado en la existencia
110. Cf. Joel 3,5, citado por Pedro, Act 2,21ss; 4,12 y 29-31; 16,18 (19,13...). liuírgica de un bautismo «en el nombre de Jesús», H. von Campenhausen ha
111. Cf. Act 16,6.7 (en el versículo 10 hay una visión); 19,1 y 20,3 en el demostrado que los textos no indican una fórmula de bautismo: Taufen auf den
texto del Codex D; 19,21; 20,22.23; 21,4.11. Ñamen Jesu, «Vigiliae Christianae», 25 (1971) 1-16; cf. H. de Lubac, La fot
112. Haya-Prats, op. cit., p. 52. t-hréiienne. Essai sur la structure du Symbole des Apotres, París !1970, p. 72ss (tr.
72 73
Nuevo Testamento Los escritos joánicos
Todos los textos dan prueba del lazo existente entre los dos. Si excep- impulsos para la misión y la vida «espiritual» de los discípulos? ¿No
tuamos el caso de Cornelio, donde el Espíritu tiene la iniciativa total, significa esto hacer que prevalezca el tema textual sobre la realidad?
el don del Espíritu sigue al bautismo de agua, sin que el rito bau- Se ha señalado certeramente que el sumario célebre de Act 2,42 — que
tismal aparezca como el medio (digamos la causa instrumental) in- resume toda la vida eclesial — y, en este sumario, la koinonia (co-
mediata de este don117. A veces, otro rito sirve de instrumento, la munión) no son relacionados expresamente con el Espíritu Santo. Es
imposición de las manos de los apóstoles118. Podríamos preguntarnos exacto. Pero, desde el punto de vista real, Act 2,42 ¿no describe la
si el don del Espíritu del que se trata en Hechos —del que se dice vida de la comunidad eclesial tal como derivaba de pentecostés? Si
que es el mismo que el de Pentecostés (11,17)— es el del Espíritu la Iglesia fue lanzada al mundo por el acontecimiento del Espíritu
como principio de santificación interior y personal o del Espíritu co- Santo, ¿no anima éste tanto su vida externa como interna? ¿No co-
mo principio de un testimonio dinámico, acompañado de una seguri- rremos el riesgo de emparejar a san Lucas con una concepción vete-
dad que corrobora la experiencia del hablar en lenguas. rotestamentaria del Espíritu, concepción, por consiguiente, parcial?
La diferencia entre los Hechos y san Pablo, como señala G. Haya- Tal vez se dé alguna proximidad, pero no podemos reducirlo a ella.
Prats119, invita o autoriza a plantear la cuestión. He aquí la expli- Cuando aparece la expresión: el Espíritu Santo, incluso con ar-
cación cuyo resumen toma de P. Gachter: a) Los Hechos cuentan tículo, a veces repetidos dos veces, ¿es en Lucas la Persona del Es-
la intervención del Espíritu en el desarrollo de la Iglesia hacia el exte- píritu Santo? No podemos atribuir a Lucas la profesión expresa del
rior, mientras que Pablo lo considera en cuanto concierne a cada dogma del segundo concilio ecuménico (Constantinopla, 381), pero
miembro interiormente, b) En los Hechos, la acción del Espíritu es Lucas sobrepasa el estadio veterotestamentario, donde es «Dios» quien
constatable, carismática; es una experiencia normal de cualquier cris- da su Soplo. En diversos momentos, el Espíritu mismo es quien actúa.
tiano; para Pablo, la acción del Espíritu es objeto de fe al menos Podemos hacer nuestra la conclusión de Haya-Prats al final de su §
tanto como de experiencia, y sabe él que gran parte de los cristianos 11, p. 82-90: «El libro de los Hechos permite apreciar un progreso
no tiene esa experiencia, c) Según los Hechos, Cristo envía el Espí- notable hacia la personalización del Espíritu Santo, progreso que so-
ritu a los discípulos para realizar su obra; según Pablo, el Espíritu brepasa la simple personificación literaria. La atribución constante al
realiza en cada cristiano su ser en Cristo. Espíritu de una serie bien determinada de intervenciones importantes
Es correcto afirmar que Lucas —a diferencia de Pablo— no tie- en la historia de la salvación parece indicar que es concebido en la
ne una teología de los efectos y frutos del Espíritu en la vida del práctica como sujeto de atribución divino y diferente, en alguna ma-
cristiano. Se limita a mostrar el dinamismo de la fe, el crecimiento nera, de Yahveh, sin que se plantee, sin embargo, el problema de la
de la Iglesia. Incluso cuando afirma que Cristo da el Espíritu (2,33), distinción.»
se refiere a la línea de la misión y de la profecía (2,17ss), no a la
línea de la vida nueva. El Antiguo Testamento anunciaba las dos (de
un lado Joel 3 y de otro Ez 36,26ss; Jer 31,31-34). Lucas se confina Los escritos joánicos120
al testimonio misionero. Pero ¿puede separarse de tal manera los
En el cuarto evangelio, Jesús aparece, ante todo, como el que da
cast.: La fe cristiana, FAX, Madrid 1970); I. Crehan, Early Christian Baptism
el Espíritu; después, en los discursos de la última cena, como el que
and íhe Creed, Londres 1950. anuncia el envío del Paráclito.
117. Cf. 2,38; 8,15-17; 19,5-6. H. von Baer (Der Heilige Geist in den Lukas-
schriften (BWANT, III/3), Stuttgart 1926, p. 180, identifica bautismo de agua y
bautismo del Espíritu; H. Mentz, (Taufe und Kirche..., Munich 1960, p. 71, n. 139;
75; 93) ve en el bautismo en el Espíritu el bautismo de agua dado sobre la base
de la fe en el kerygma de Jesucristo; E. Haenchen (Die Apostelgeschichte, Go- 120. H.B. Swete, es siempre sumamente útil: The Holy Spirit in the NT
tinga "1965, p. 83-84)) ve en el bautismo el medio ordinario para conferir el 1909, p. 129-168 (Jn) y 267-279 (Un y Ap); F. Büchsel, Der Geist Gottes im NT,
Espíritu. Pero Haya-Prats, op. cit., p. 132-138, demuestra que, en los Hechos, 1926, c. XIX, p. 485-511; E. Schweizer, art. Esprit del Kittel, tr. fr. 1971, p. 209-
el Espíritu no aparece como conferido por medio del bautismo de agua. Trata- 221 (Jn), 228-230 (Un), 230-233 (Ap); I de La Potterie, diversos estudios en:
remos del bautismo del Espíritu en nuestro libro segundo. La vida según el Espíritu, Sigúeme, Salamanca 1967; F.M. Braun, Jean le Théo-
118. Cf. 8,16; 19,5-7. logien, III. 5a théologie, 2 vol., que incluyen los artículos más antiguos, París
119. Op. cit., p. 28, 117-129, 206. Cita de Gaechter, p. 241, n. 17. Cf. E. Schwei- 1966 y 1972 (espec. II, p. 37-56, 139-169; 180-181); F. Porsch, Pneuma und Wort.
zer, en Kittel, p. 151-152 y É. Trocmé, Le Saint-Esprit et I'Église d'aprés le livre Ein exegetischer Beitrag zur Pneumatologie des Johannesevangeliums («Frankfurter
des Actes, en L'Esprit Saint et I'Église. L'avenir de I'Église et de l'Oecuménisme, Theologische Studien» 16) Francfort del M. 1974 (bibliografía en la que aparecen
París 1969, p. 19, 27, 44. unos 700 títulos).
74 75
Nuevo Testamento Jesús da el Espíritu
78 79
Nuevo Testamento
El Paráclito prometido
Jn 19,34 se habla de «costado, pleura», no de «su seno (vientre), koi- dre (15,26)137. Jesús comunica el Espíritu Santo, pero no exactamente
lia»; tampoco se habla de «ríos de agua viva». Pero sobre todo el para- el Paráclito, tal como lo prometió en Jn 14 y 16. El Espíritu no es
lelo de Un 5,6-8, que tocaremos más tarde, encaja mal pues el Espí- dado personalmente (no lleva el artículo «/o» Pneuma); es conferido
ritu aparece expresamente junto al agua: parece pues que en Jn 19,34 como una fuerza que responde a la misión comunicada 138 . Cierta-
el agua no significa Espíritu. Con todo, no podemos negar que el mente, esta misión es sobrehumana; es la continuación de la de Cristo
relato tenga un sentido importante y profundo, habida cuenta de la mismo, enviado por el Padre: 17,18; 13,20. Debe realizarse aquí
solemnidad con que Juan o su discípulo presentan su testimonio. abajo, en la Iglesia, después de la ascensión, una Iglesia en la que
Esto da una gran credibilidad a la tradición, constante desde Tertu- — lo vemos en la primera carta de Juan 139 — existirá siempre el pe-
liano, que ve en el agua y la sangre, salidos del costado de Cristo cado. Jesús obró y continúa obrando la purificación y remisión de
dormido en la muerte, un símbolo del nacimiento de la Iglesia sacada los pecados 140 . Comunica a sus apóstoles su soplo de víctima de pro-
del nuevo Adán como Eva había sido extraída del costado de Adán piciación, como energía operante en la Iglesia para el perdón de los
dormido, cf. Gen 2,33, lo que encierra una afirmación de la unidad pecados. Es como un comienzo de este don prometido, como aquel de
de la humanidad, que se realiza en la dualidad del hombre y de la otro Paráclito, cuya promesa y amplia misión exponemos a conti-
mujer, por consiguiente en Cristo y en la Iglesia; pero ésta es sacada nuación.
de Cristo, concretamente de su pasión. Con todo, tendremos que
mantener la precisión, exegéticamente más satisfactoria, que dan a
menudo los padres y los escolásticos: que el agua y la sangre signi-
fican los dos sacramentos mayores, bautismo y eucaristía, con los que 2. El Paráclito prometido
se construye la Iglesia 135.
Jesús dice expresamente que se trata del Espíritu. Llega, incluso,
c) La promesa de otro Paráclito. Este dato es propio y exclusivo a calificarlo como «Espíritu de verdad» (Jn 14,17; 15,26; 16,13). Re-
del evangelio de Juan. Y reviste una importancia incomparable. A él tenemos la transposición simple del término griego «Parakletos - Pará-
consagraremos el apartado siguiente. clito», como lo hicieron san Jerónimo y los judíos mismos: prqlty,
d) El don pascual del Espíritu a los once (Tomás estaba ausente). porque no existe otro término que traduzca adecuadamente todos los
Jesús les dice: valores de la palabra griega: defensor, ayuda, consolador (Lutero
tradujo Trosíer; comforter dicen en iglés Swete y J.G. Davies), auxi-
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». liador, abogado, procurador, consejero, mediador, el que exhorta y
Y dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis
los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengáis, les quedarán
lanza los llamamientos apremiantes... Todos estos valores están pre-
retenidos» (20,21-23). sentes en ParakletosI41. Salvo en una ocasión, el término es propio
de los escritos joánicos (cinco veces).
Se ha hablado de «Pentecostés joánico», pero éste no es equiva-
137. Véase Jn 14,3 (con el comentario de M. Ramsey, op. cit. en n. 131,
lente exacto del pentecostés de los Hechos , 3 Í . Jesús no ha sido aún p. 73, 23, 26. 28.
«glorificado» plenamente, no ha «subido todavía al Padre» (cf. v. 17). 138. Cf. Swete, p. 166; Porsch, p. 343.
Después de resucitar, permanece aún por algún tiempo con sus dis- 139. Cf. 1,8-10; 2,lss y 12; 5,16; Porsch, p. 361ss.
cípulos allí donde ellos están, mientras que debe llevarlos a donde él 140. Jn 1,29; Un 1,7.9; 2,1-2; 3,5; 4,10.
141. Sobre la palabra: J. Behm, en ThWbNT de Kittel - Friedrich, t. V, p.
estará y retornar a ellos, pero enviándoles el Espíritu de junto al Pa- 798-812 (1953); J.G. Davies, The Primary Meanlng o/ parakletos, «Journal of
Iheol. Studies», N. S., 4 (1953) 35-38; F. Porsch, Pneuma und IVort... Johannes-
evangelium, Francfort 1974, p. 227ss; D. Betz hace derivar la palabra de parakdein
135. Personalmente hemos recogido más de cien testimonios sobre los simbo-
y da a la expresión un origen judío con el sentido de dar testimonio ante un
lismos de la Iglesia o de los sacramentos. Véase S. Tromp, De nativitate Ecclesiae tribunal (Der Paraklet...), Leyden - Colonia 1963; cf. H.M. Dion, L'origine du titre
ex corde lesu in cruce, «Gregorianum» 13 (1932) 489-527; J. Daniélou, Sacra- de «Paraclet»: á propos d'un livre receñí, «Sciences ecclesiastiques», 17 (1965)
mentum Futuri, París 1950, p. 37ss y 172; H. Barré, en: «Bull. de la Soc. Frse. 143-149. Pero C.K. Barrett relaciona la palabra con paraklesis, exhortación (The
d'Études mariales», 13 (1955) 61-97; E. Guldan, Eva-Maria, Colonia-Graz 1966, lloly Spirit in the Fourth Gospel, «Journal of Theol. St.», N. S., 1 [1950] 1-15).
p. 33ss, 46ss, 75, 173ss. Para el Oriente (especialmente la liturgia) J. Ledit, La Para la exégesis de los textos joánicos, Porsch, op. cit., p. 215-324; Swete, op. cit.,
piale du caté, Inst. or., Roma 1970. p. 148-164; F. Mussner, Die johanneischen Parakletsprüche und die apostolische
136. Cf. Swete, p. 165-168; Porsch, p. 341-378. La Pentecóte ¡ohannique iradiíion, «Biblische Zeitsch.», 5 (1961) 56-70; I. de La Potterie, op. cit., p. 85-
(lean XX, 19-23; Act II) es el título de un libro de Cassien Besobrasoff, Valen- 105 de la ed. francesa de 1965; R.E. Brown, The Paraclete in the Fourth Gospel,
ce 1939. «New Testament Studies», 13 (1967) 113-132; G. Bornkamm, Der l'araklet im
80
81
( \irifí;ir, Espíritu 6
Relaciones del Paráclito con Jesús
Nuevo Testamento
Vendrá a ellos: 16,7.13.
Los discursos de despedida (Jn 14-16 + 17) incluyen cinco pasajes Les guiará hasta la verdad plena: 16,13.
en los que se trata del Paráclito-Espíritu Santo: 14,16-17 (promesa de Les comunicará (desvelará) todo lo que debe suceder: 16,13, o también todo
lo que recibirá de Jesús.
«otro Paráclito» que estará, que está ya, con los discípulos y en
ellos); 14,26 (enseñará y recordará); 15,26-27 (dará testimonio en
favor de Jesús); 16,7-11 (probará la culpabilidad del mundo); 16,13-15 d) con el mundo
(llevará a los discípulos a la plenitud de la verdad). Es totalmente El mundo no le ve ni le conoce; por eso no puede recibirle: 14,17.
necesario releer estos pasajes. Puesto que nos es imposible hacer una Convencerá al mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio: 16,8 "2.
exégesis detallada aquí, traduciremos el cuadro, un tanto seco, pero
sumamente instructivo, que presenta F. Porsch en p. 237ss. Eventual-
NATURALEZA. PROPIEDADES Y ACCIÓN DEL PARÁCLITO
mente, añadiremos algunas explicaciones:
a) Sus relaciones con el Pneuma (el Espíritu): es el Espíritu de la verdad, es el
Espíritu Santo.
LA RELACIÓN DEL PARÁCLITO
82 83
El Espíritu en los discípulos
Nuevo Testamento
Jesús. El cuadro siguiente muestra cuan estrecha es dicha relación (léase tam- de salvación 145 . Indudablemente, el Padre es el origen absoluto y
bién, a este respecto, G. Bornkamm, citado supra, n. 141). primero tanto del Espíritu como del Verbo. En cuanto a las relacio-
nes del Paráclito con Cristo, son de lo más íntimas en el orden de la
Paráclito Jesús economía salvífica. La revelación del Padre, fuente de la fe verdadera
dado por el Padre: 14,16 3,16 y del amor, deberá ser vivida por los discípulos en el entorno de un
mundo hostil, en la fidelidad a esa revelación. Es la función del Es-
•está con, junto a, en los discípulos: 3,22; 13,33; 14,20; 14,26 píritu Paráclito, Espíritu de verdad. Tras la marcha de Jesús, aquél
14,16s. continúa la obra de éste: acoger por la fe al enviado y al revelador
•el mundo no le recibe: 14,17 1,11; 5,53 (12,48) del Padre, guardar sus palabras y sus (su) mandamiento. Él hace que
realicemos la nueva relación que Jesús mantiene con los suyos des-
el mundo no le conoce; sólo los ere- 14,19; 16,16s. pués de habernos retirado su presencia sensible: en el bautismo de
yentes: 14,17 agua, en la consumación de la carne y de la sangre, en la guarda y
•enviado por el Padre: 14,26 véanse los capítulos 5, 7, 8, 12 penetración viva de las palabras de Jesús. Los estudios tan exhaus-
tivos del padre de La Potterie muestran claramente que la misión deí
enseña: 14,26 7,14s; 8,20; 18,37 Espíritu está relacionada con la fe, que constituye la sustancia viva
de nuestra relación con Jesús. El libro detallado y preciso de F . Porsch
viene (del Padre al mundo): 15,26; 16, 5,43; 16,28; 18,37
hace patente una relación constante del Espíritu-Paráclito con la pa-
13,7
labra de Jesús. Y esto tanto en la vida de los discípulos como en el
•<ia lestimonio: 15,26 5,31s; 8,13s; 7,7 interior del combate en el que se hallan enzarzados. El Espíritu no
inventa nada, no introduce otra economía distinta; vivifica la carne
•convence al mundo: 16,8 (3,19s; 9,41; 15,22) y las palabras de Jesús (6,63); hace recordar las palabras de Jesús y
no habla por cuenta piopia; dice sólo 7,17; 8,26.28.38; 12,49ss; 14,10 '« penetrar toda la verdad contenida en ellas: «No hablará por cuenta
lo que ha escuchado: 16,13 propia, sino que hallará todo lo que oye (...). Él me glorificará», dice
Jesús. Como ha dicho con atino Swete (p. 162), «Jesús es el camino
glorifica (a Jesús): 16,14 cf. 12,28; 17,1.4 (he odos), el Espíritu es el guía (ho hodegos) que hace avanzar por
desvela (comunica): 16,13s. 4,25 (16,25) este camino».
Éste es el que viene por agua y sangre: Jesucristo; no en el agua solamente, trata de todos los discípulos que existirán a lo largo del tiempo de
sino en el agua y en la sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el la Iglesia. El Espíritu los guía en el conocimiento de la verdad plena;
Espíritu es la verdad. Pues tres son los que testifican: el Espíritu y el agua y la incluso les anuncia o comunica lo que vendrá: 16,13. Mientras los
sangre (Un 5,6-8). discípulos acompañaban a Jesús, le veían y escuchaban, su fe iba
unida a la falta de ella, sobre todo a la falta de inteligencia. El
Tal vez podemos admitir en este texto la intención de oponerse a Espíritu hará que se presenten en primer plano de sus recuerdos las
Cerinto que disociaba el Cristo del bautismo y el Cristo de la pasión; enseñanzas de Jesús y madurará en ellos un testimonio que no será
o tal vez se trataba de oponerse al docetismo, al afirmar los elemen- simplemente una repetición de los hechos en su materialidad, sino
tos de los que se hace una persona en el seno materno, agua y san- inteligencia y comunicación de su sentido151. Juan reconoce no haber
gre146. Con todo, si tomamos el texto en su totalidad y en su coheren- entendido hasta después de la marcha de Jesús. Solamente entonces
cia con el conjunto del testimonio joánico, debemos ver aquí la ve- vio con claridad el sentido de sus gestos y entendió el contenido de
nida de Jesús en el agua por su bautismo, su venida por la sangre en sus palabras (cf. 2,22; 12,16; 14,26). Todo su evangelio ilustra esta
su pasión y el Espíritu que nos fue dado en virtud de ambas venidas. profundización posterior a la pascua. «Lo que debe suceder» signifi-
Pero Juan no piensa únicamente en el hecho histórico, sucedido una ca sencillamente que el recuerdo de lo que Jesús dijo se cumple en lo
sola vez, del bautismo y de la muerte sacrificial de Jesús. De acuerdo inédito de la historia, en respuestas nuevas. El Espíritu lleva hacia
con la intención de su evangelio, puesta al descubierto por O. Cull- delante la realización del misterio cristiano en la historia de los hom-
mann147, ve los gestos de Jesús como inauguración e institución de bres. Esto cuadra perfectamente la naturaleza del testimonio según
lo que se realiza en la Iglesia bajo forma sacramental. Así, el Espíritu las Escrituras. Como ha demostrado R. Asting, existe un valor vor-
actúa en el oyente del testimonio para suscitar la fe en él, después en wcirtsgerichtet, orientado hacia adelante.
o con los sacramentos (por el bautismo, Jn 3,5; por la eucaristía Todos los creyentes son interpelados. Les escribe Juan: «Tenéis
6,27.63), de igual manera que actúa en la palabra, a la que Juan pre- unción recibida del Santo y todos tenéis conocimiento (...) En cuanto
senta unido constantemente (6,63) y en el culto que los verdaderos a vosotros, la unción que recibisteis de él permanece en vosotros, y
adoradores tributan a Dios (4, 23-24)14S. no necesitáis que nadie os enseñe; sino que tal como su unción os
El tiempo de la Iglesia es esencialmente el de la misión, del testi- enseña todas las cosas —y es verdad y no mentira—, tal como os
monio y del kerygma. Es digno de ser tenido en cuenta que todos enseñó, permaneced en él» (Un 2,20.27). Del contexto se desprende
los evangelios terminan con el envío de los apóstoles a la misión, que esta «unción» se recibe de Cristo y consiste en la palabra de Jesús
con la donación —en Le y Jn— de una donación del Espíritu San- asimilada en la fe bajo la acción del Espíritu152. En el Apocalipsis,
to 149. En Jn, el Espíritu es esencialmente Espíritu de verdad y, como
tal, da testimonio de Cristo conjuntamente con los apóstoles150. Se testigos de la vida de Jesús y de su resurrección: Act 1,8.21-22; 2,32; 3,15; 4,13;
10,39.41; 13,31.
151. Sobre esta naturaleza del testimonio, véase G. Marcel, Le témoignage
146. Esta última interpretación fue propuesta por G. Richter, Blut und Wasser comme localisation de l'existentiel, «Nouv. Rev. théol.», marzo 1946, p. 182-
mis der dvarch.boh.rten Seite Jesu, «Münchener Theolog. Zeitschr.», 21 (1970) 1-21. 191; J. Guitton, La pensée moderne et le catholicisme, VI: Le probléme de Jésus
Para Cerinto y la gnosis, F.M. Braun, op. cit., t. I, p. 169; t. II, p. 148. et les fondements du témoignage chrétien, Aix-en-Pr. 1948, p. 153-164 y 174ss; id.,
147. O. Cullmann, Le milieu johannique. Elude sur ¡'origine de l'évangile de Jésus, París 1956, p. 193-217 (tr. cast. en Fax, Madrid 1965). Para la exégesis,
Jean, Neuchátel - París 1976. Cf. Braun, op. cit., II, p. 148-149, 150-154; R. Bré- véase: R. Asting, Die Verkündigung des Wortes im Urchristentum. Dargestettt
chet, Du Christ á l'Église. Le dynamisme de l'Église dans l'évangile selon S. lean, an den Begriffen vWort Gottes», nEvangeliunv» und «Zeugnis», Stuttgart 1939,
«Divus Thomas», 56 (1953) 67-98; A. Feuillet, Le temps de l'Église d'aprés le IV' p. 666-698; I. de la Potterie, La notion de témoignage dans s. Jean, en Sacra
évangile et l'Apocalypse, «La Maison-Dieu», 65 (1961/1) 60-79. Pagina, dir. por J. Coppens y otros, Gembloux-París 1959, t. II, p. 193-208; A.M.
148. I. de La Potterie, estudio citado infra, n. 152, insiste en el hecho de Kothgesser, Die Lehr-, Erinnerungs-, Bezeugungs-, u. Einführungsfunktion des jo-
que en Jn 5,8 el Espíritu es colocado antes del agua y la sangre; suscita la fe, hanneischen Geist-Parakleten gegenüber der Christusoffenbarung, «Salesianum», 33
la unción de la fe que se alimenta en los sacramentos del bautismo y de la euca- (1971) 557-598; 34 (1972) 3-51; H. Schlier, Der Bl. Geist ais Interpret nach dem
ristía; referencia, para esta exégesis, en W. Nauck, Die Tradition und der Cha- ¡ohannesevangelium, «Intern. kath. Zeítsch. Communio», 2 (1973) 97-103; F.
rakter des ersten Johannesbriejes, Tubinga 1957, p. 147-182, 2." excursus: Geist, l'orsch, Pneuma und Wort, p. 67, 262ss, 289ss, y para «las cosas por venir»,
Wasser und Blut. A. Jaubert, op. cit. (n. 125), p. 147-154, expone los diversos p. 298. Véase finalmente F. Mussner, Le langage de Jean et le Jésus de l'histoire,
sentidos posibles y subraya el valor del sentido sacramental, mencionando con DDB, 1969, 89-100. La monografía de J. Beutler (Martyria, Traditionsgeschichtliche
interés la costumbre siríaca de una unción (Espíritu) antes del bautismo y de la Untersuchungen zum Zeugnisthema bei Johannes, Francfort 1972), ampliamente
eucaristía, sacramentos de la entrada en la Iglesia. lexicográfica, supera nuestros planteamientos por su tecnicismo.
149. Mt 28,15; Me 16,15; Le 24,47ss; Act 1,8; Jn 17,18; 20,20. 152. Cf. I. de La Potterie, L'onction du chrétien par la fot, «Bíblica», 40
150. Jn 15,26-27; Act 5,32. El testimonio del Espíritu va unido al de los
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86
El Espíritu en los discípulos
Nuevo Testamento
cia total al Padre. En virtud de ella, es todo de él y todo para él, hacia
el testimonio de Jesús es calificado como «espíritu de la profecía» él (pros ton Theon: 1,1; Un 1,2). Es el enviado y la revelación del
(19,10)153. Los profetas ocupan en él un lugar destacado 154, mientras Padre; es la comunicación de la vida eterna. Basta con adherirse a él
que no encontramos mención alguna, en los escritos de Juan, de los por la fe y poner en práctica el amor. Con tal fin, Jesús, cuando tiene
«carismas» y de los «dones espirituales» que hemos visto abundar en que abandonar la tierra, envía su Espíritu como agua viva en el in-
Corinto. Se trata de mantener «el testimonio de Jesús» a través de las terior de los creyentes, como Paráclito para asegurar la fe y el testi-
tribulaciones (5,10; 12,11.17; 17,6; 19,10; 20,4) y de resistir a los «fal- monio de ellos, como actuando conjuntamente con la palabra, el agua
sos profetas» que sirven a la ambición idolátrica de la Bestia (13; del bautismo, la eucaristía, el testimonio, el ministerio de reconcilia-
16,13; 19,20; 20,10). El Espíritu no se revela a sí mismo, sino que ción. En una palabra, obrando en el tiempo de la Iglesia la misión
aparece totalmente relacionado con Jesús. Comunicado por éste, in- recibida del Padre. «Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Paráclito,
terviene en las Iglesias —en la Iglesia—, para advertirlas, para reunir- que estará con vosotros para siempre... el Paráclito, el Espíritu San-
las en la verdad155. Constituye en ellas una inspiración incesante de to, que el Padre enviará en mi nombre...» (14,16.26).
Jesús, una aspiración hacia el Señor Jesús: «El Espíritu y la Espo- Esta visión joánica, profundamente trinitaria, del misterio cristiano,
sa dicen: ¡Ven!» (22,17). Y esto, en medio de una situación de tri- anima el pensamiento de los padres más antiguos. Ignacio de Antio-
bulación y de lucha. De esta manera, se realiza el combate de la fe quía en el año 107 158, Justino hacia el 150159, Ireneo de Lyón hacia
que responde a lo que dicen el evangelio y la primera carta de Juan156. el 180160. Es también un tema constante en la sagrada liturgia: al
El evangelio de Juan presenta una coherencia de rigor notable. Lo Padre (que da la vida absoluta) por Cristo en el Espíritu. En los Pa-
que dice del Espíritu apunta por completo al testimonio dado en favor dres del período clásico, los enunciados son tan numerosos que re-
de Jesús y éste está totalmente volcado hacia el Padre. El pasaje que nunciamos a dar referencias de ellos. Citamos, por el contrario, el
mejor resume su misterio es la meditación que el evangelista añadió concilio Vaticano u, que ha empalmado con esta gran tradición161.
al testimonio del Bautista:
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra, terreno
es y como terreno habla. El que viene del cielo está por encima de todos; da
testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie quiere aceptar su testimonio.
El que acepta su testimonio, certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien
Dios envió habla las palabras de Dios; pues no da el Espíritu con medida...
El que cree en el Hijo tiene vida eterna (Jn 3,31-36).
91
En la Iglesia antigua
1. H. Wendel, Die Wirkungen des Geistes und der Geister im nachapos- 5. Dial, con Trifón, 82; G. Bardy, p. 132. Sobre los dones del Espíritu,
lolischen Zeitalter bis auf Irenaus, Friburgo 1899; G. Bardy, La théologie de l'Église Dial., 39, 2-5; 88, 1.
de S. Clémeni de Rome á S. Irénée («Unam Sanctam» 13), París 1945, p. 128-156. 6. Milcíades (adversario del montañismo), citado por Eusebio, Hist. Eccl.,
2. Clemente de Roma, Cor., XLII, 3. En los Hechos, los apóstoles aparecen V, XVII, 4.
equipados con el Espíritu (W. Mundle, Das Aposíelbild der Apostelgeschichte, 7. Cf. J.L. Ash, The Decline of Ecstatic Prophecy in the Eearly Church,
«Zeitschrift f. Ntl. Wiss.», 27 [1928J 36-54) y también, aunque de manera más «Theological Studies», 37 (1976) 227-252.
general, todos los que construyen la Iglesia: Esteban (5,8; 7,55), Bernabé (11,24), 8. Philad., VII.
Pablo (13,9) etc. Tomás de Aquino concibe a los apóstoles como personalidades 9. Mart. Polycarpi, XVI, 2.
penetradas y configuradas por el Espíritu: A. Lcmonnyer, Les Apotres comme 10. Cf. Eusebio, Hist. Eccl., V, 24, 2, 5 citando a Polícrates.
docteurs de la foi d'aprés S. Thomas, en Mélanges thomistes. Le Saulchoir 1923, 11. Adv. Haer., V, 8, 2 (PG 7, 1142; Harvey II, 339); IV, 33 (col. 1072ss;
p. 153-173. p. 256).
3. Odas de Salomón, VI, en Siria (h. 90): trad. Labourt-Batiffol. Estas odas 12. IV, 26, 2 (col. 1053, p. 236). Sobre las interpretaciones de este texto, cf.
ponen de manifiesto una gozosa alabanza por la acción del Espíritu. nuestro L'Église une, sainte, catholique et apostolique («Mysterium salutis» 15),
4. Cf. XI, 8-12; XIII. Hacia mediados del siglo II, el Pastor de Hermas da París 1970, p. 210, n. 73.
criterios análogos, sacados de la calidad de la vida: c. 43 ( = precepto XI). Para 13. Cf. A.M. Koeniger, Prima sedes a nomine iudicatur, en: Beitrage zur
el importantísimo espacio que se otorga a la profecía en la época apostólica y Gesch. d. christl. Altertums u. d. byzantin. Literatur, homenaje a A. Ehrhard,
postapostólica, cf. P. de Labriolle, La crise montaniste, París 1913, p. 112-123. Bonn 1922, p. 273-300.
92 93
La experiencia del Espíritu En la Iglesia antigua
de los carismas del Espíritu, especialmente los de conocimiento y en- La Iglesia católica tenía que rechazar la «nueva profecía». Pero
señanza. esto traía consigo un peligro, el de concebir y edificar la vida de la
Esta abundancia de carismas y el papel que se les atribuye — es- Iglesia sin carismas y sin Espíritu Santo. Por suerte, no se cayó en ese
pecialmente al de la «profecía»— explica que, cuando Montano co- peligro. Ireneo, a quien los cristianos de Vienne y de Lyón enviaron
menzó a «profetizar» hacia el año 172, se viera rodeado de una aten- en 177 a Roma para que hablara con el obispo Eleuterio pacífica-
ción tan acogedora: mente de la nueva corriente profética, testifica, hacia el año 180,
acerca de la existencia de carismas milagrosos en la Iglesia 18 . Y unos
Justamente en esta época, en la región frigia, los discípulos de Montano, de diez años más tarde, escribe: «Sabemos que muchos hermanos, en la
Alcibíades y de Teodoto, comenzaron a ser tenidos por profetas por muchas Iglesia, gozan de carismas proféticos; y que, por la virtud del Espí-
personas. El gran número de maravillas que realizaba hasta ese momento en ritu, hablan todas las lenguas; revelan, para el bien de todos, los se-
diversas iglesias el carisma divino, indujo a muchos a creer que aquéllos tam-
bién profetizaban '*. cretos de los hombres y exponen los misterios de Dios. El Apóstol
los llama espirituales. No por la supresión de la carne, sino por la
Además, los discípulos de la secta naciente reclamaban una aco- participación del Espíritu y sólo por esto» 19 . Testimonios similares se
gida favorable: «Tenéis la obligación de acoger los carismas» 1S . Se darán en otros autores. Hemos citado el de Milcíades (supra, n. 6).
produjo entonces una grave crisis. La idea y la práctica montañistas Orígenes escribe en el año 248: «Siempre existen entre los cristianos
se extendieron rápidamente ya que los mártires de Lyón, en el año huellas de este Espíritu Santo que apareció bajo la forma de una pa-
177, se preocuparon de ello, desde su prisión, «en beneficio de la paz loma. Ellos expulsan los espíritus malos, realizan curaciones, ven con
de las Iglesias». Fue también la ocasión para reunir los primeros síno- antelación determinados acontecimientos según la voluntad del Lo-
dos. Sabemos que, a partir de 202, Tertuliano se dejó seducir, encon- gos» 20 . En el año 375, Epifanio de Salamina, después de citar la pre-
trando una respuesta a las razones que deberían alejarle primero de tensión montañista, «tenemos el deber de aceptar también los caris-
una Iglesia en la que profetizaban las mujeres. Pero los montañistas mas», añade: «La santa Iglesia de Dios los acoge igualmente, pero
preconizaban un ascetismo estricto y ayunaban mucho... Los católi- (en ella) se trata de carismas verdaderos, autentificados por el Espíritu
cos criticaban las manifestaciones del profetismo montañista: sobre- para ella; que le vienen de los profetas, de los apóstoles y del Señor
saltos convulsivos, gritos, enajenación del juicio... Criticaban también mismo» 21 .
la calidad de vida, el espíritu interesado de los nuevos profetas. Los Al tratar de la vida de la Iglesia antigua, es preciso hacer justicia
montañistas afirmaban que Dios hablaba en ellos. Se consideraban el a las visiones, admoniciones, sugerencias atribuidas al Espíritu. Así,
receptáculo viviente del Paráclito e incluso su encarnación 16 . Predi-
cabas- la inminencia de la escato] ogía y la bajada de la Jerusalén ejecutado por orden del emperador, dada en Tréveris, en 385. San Martín pro-
celestial. Señalemos la relación entre la llamada a la profecía, la con- testó contra esta utilización de la coacción.
testación sectaria, la pretensión ascética y la espera inminente de lo 18. Adv. Haer., II, XXXII, 4, que añade: «Es imposible decir el número
escatológico, aludiendo a veces a Joel 3,1-5 «derramaré mi Espíritu de carismas que recibe la Iglesia cada día, donados por Dios en nombre de
Cristo que fue crucificado bajo Poncio Pilato.»
sobre tu carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán... Antes 19. V, VI, 1 (PG 7, 1137; Harvey II, p. 334). Para completar el testimonio
de que venga el día de Yahveh grande y terrible 17 ...» de Ireneo citaremos otra vez Adv. Haer., III, 11, 9, contra Marción: «Son ver-
daderamente desgraciados quienes sostienen que existen falsos profetas y toman
14. Eusebio, Hist. Eccl., V, III, 4; trad. P. de Labriolle, Les Sources de pretexto de ello para rechazar la gracia profética en la Iglesia. Se comportan
l'histoire du Montanisme. Textes grecs, lalins, syriaques..., Friburgo y París 1913; como los que, a causa de las gentes que se hacen hipócritas, se abstienen, in-
B.A. Knox, Enthusiasm... Oxford 1950, p. 25-49; H. Kraft, Die altkirchliche cluso, de las relaciones con los hermanos» (trad. Rousseau-Doutreleau, SChr
Prophetie und die Entstehung des Montanismus, «Theolog. Zeitschrift», 11 (1955) 211, p. 173); IV, 20, 6 (SChr 100, p. 642); «Otros no aceptan los dones del
249-271. Situación actual de la investigación: F. Blanchetiere, Le montanisme Espíritu Santo y repelen lejos de ellos el carisma profético por el que el hombre,
origine}, «Rev. Se. relig.», 52 (1978) 118-134 y 53 (1979) 1-22. cuando está invadido por él, produce como fruto la vida de Dios...» (Démonstr.
15. En san Epifanio, Panarion, XLVIII, 1; De Labriolle, La crise, p. 136. de la Prédic. apóstol. 99, trad. Froidevaux, SChr 62, p. 169). Orígenes considera
16. P. de Labriolle, La crise, p. 130ss. Referencia al cuarto evangelio y al el carisma del discernimiento como el más necesario y permanente en la Iglesia
Apocalipsis, p. 190ss. (In Numer, hom. XXVII, 11, Baehrens, p. 272) mientras que «la mayoría de los
17. P. de Labriolle, La crise, p. 541. Cha en n. 1 a Prisciliano. Sobre este restantes carismas han cesado» (In Prov., c. 1: PG 13, 25 A). Cf. I. Hausherr,
autor tenemos, además, H. Chadwick, Priscilian of Avila, the oceult and the op. cit. (infra n. 38), p. 46.
charismatic in the Early Church, Oxford 1976. Obispo de Avila de 381 a 385, 20. Contra Celsum, I, 46.
Prisciliano predicaba un ascetismo y estimulaba un profetismo carismático en los 21. Panarion, XLVIII, 1: De Labriolle, Les sources, op. cit., n. 88, p. 115.
hombres y mujeres. Acusado de brujería y de maniqueísmo, fue torturado y No es seguro que Epifanio se refiera a hechos contemporáneos precisos.
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La experiencia del Espíritu
En la Iglesia antigua
el concilio celebrado en Cartago, bajo san Cipriano, en la primavera efecto, se sabe depositaría de este don de Dios, así como Dios ha confiado el
del 252: «Nos ha parecido bien, bajo la inspiración del Espíritu San- soplo a la carne modelada para que todos los miembros reciban la vida de
to y en conformidad con las admoniciones dadas por el Señor en ella; y en este don estaba contenida la intimidad del don de Cristo, es decir,
numerosas y claras visiones22...» La misma vida de Cipriano está el Espíritu Santo. Dios ha establecido en la Iglesia los apóstoles, los profetas,
los doctores y todos los otros medios de operación del Espíritu, de los que no
sembrada de visiones y de admoniciones sobrenaturales23. La Iglesia participan quienes no pertenecen a la ecclesia (...). Porque donde está la Iglesia
quería ser dirigida por Dios; no sólo por su Palabra, sino por las ins- (ecclesia), allí está también el Espíritu de Dios. Y allí donde está el Espíritu de
piraciones e indicaciones que él daba. A este respecto, debemos admi- Dios, allí está la Iglesia y toda la gracia. Y el Espíritu es la verdad 30.
tir algo de las tesis de R. Sohm y de la documentación que las sos-
tiene24. En esta misma perspectiva tenemos que leer la larga secuen- Ésta es la Iglesia que conocía Ireneo, la de la sucesión de los pres-
cia de textos que atribuyen las determinaciones de la Iglesia a una bíteros y de la asamblea fraterna en la comunión en la fe de los após-
inspiratio, a una revelatio25; lo que llamaríamos el desarrollo del toles. Ve un condicionamiento recíproco entre el Espíritu y la fe.
dogma, los concilios, sus cánones, las decisiones de la autoridad, la Puede decirse: allí donde está el Espíritu, está también la Iglesia; pero
designación de los jefes, la comprensión profunda de las Escrituras. también: allí donde está la Iglesia, está también el Espíritu. Toda la
El famoso «sentido espiritual» era abierto por el Espíritu. Se trataba historia que tenemos que recorrer, toda la teología que debemos di-
de lograr un planteamiento digno del Espíritu26. bujar, participan de esta dialéctica divina. Si la perdemos de vista en
Pero no había más que una Iglesia, a la vez corporal y espiritual, algún momento, habremos traicionado una de las dos componentes.
jerárquica y pneumática, institucional y carismática. La oposición del Hipólito y Clemente de Alejandría escriben en las mismas fechas
Tertuliano montañista entre la Iglesia-Espíritu y la Iglesia-colección que Tertuliano. Según el primero, el Espíritu Santo asegura la con-
de los obispos27, nace de una eclesiología sectaria: según él, la ver- servación de la tradición31. Ella refuta las herejías; es transmitida en
dadera Iglesia tenía que hacerse reconocer por el signo del éxtasis28. la Iglesia en la que se desarrolla, al mismo tiempo que la sucesión de
Otros dirán: por la señal de la glosolalia... Los escritores que expre- los ministros, una especie de sucesión o de transmisión del Espíritu32.
san la tradición, saben dar su sitio al Espíritu en la Iglesia. Refutando Encontramos esta Iglesia en la asamblea local donde enseñan los doc-
a los alogos, es decir, a los que, para oponerse a los montañistas, su- tores. Hipólito insiste en dos ocasiones: «¡Téngase celo en ir a la asam-
primían el evangelio de Juan, donde se encuentra la promesa del
Paráclito, Ireneo reafirma a la vez el evangelio y el Espíritu proféti- 30. III, 24, 1 (7, 966; t. II, p. 131) trad. Sr. de Sagnard, (SChr, p. 399s).
co 29 . Al concluir el libro III de su gran obra, Ireneo exalta al Espíritu A. Benoit explica el texto de Ireneo de la siguiente manera: «Puesto que el
Espíritu es dado a la Iglesia, Ireneo puede decir que allí donde está el Espíritu,
como principio vivificador de la fe y de la Iglesia: allí está la Iglesia. Y como no hay más que una Iglesia, puede invertir la pro-
posición y decir que allí donde está la Iglesia, allí está el Espíritu (en L'Esprit
(Fe) recibida de la Iglesia y que guardamos; (fe) que siempre, bajo la acción Saint et l'Église, Acad. intern. des Sciences Religieuses, París 1969, p. 133).
del Espíritu de Dios, como un licor añejo conservado en vaso de buena calidad, Sin embargo, sería necesario precisar el contenido que «Iglesia» tiene para
rejuvenece y hace, incluso, rejuvenecer el vaso que la contiene. La Iglesia, en Ireneo. Ella es el continente de la fe transmitida desde los apóstoles por la
sucesión de los ministros, actualizada y refrescada incesantemente por el Es-
píritu. Es la Iglesia total, pero concretizada en la comunidad local: P.M. Gy en-
22. En san Cipriano, Epist., LVII, 5 (Hartel, p. 655). tiende el pasaje de la ecclesia como asamblea local en la que hay que partici-
23. Cf. A. Harnack, Cyprian ais Enthusiast, «Zeitschf. f. Ntl. Wiss.»; 5 par para participar de los dones del Espíritu: Eucharistie et «ecclesia» dans le
(1902) 177-191; A. d'Alés, La théologie de S. Cyprien, París 1922, p. 77-83. premier vocabulaire de la liturgie chrétienne, «La Maison-Dieu», 130 (1977) 19-34
24. Véase nuestro estudio Rudolph Sohm nous interroge encoré, «Rev. Se. ph. Hl).
th.», 57 (1973) 263-294.
25. Véase nuestro La Tradition et les traditions, I. Essai historique, París 31. Prólogo de la Trad'tio apostólica, en 215 (que era la continuación de un
1960, excursus B, p. 151-166: permanencia de la Revelatio y de la inspiratio en la iratado de los carismas) y que termina con estas palabras: «El Espíritu Santo
Iglesia (con bibliografía). Entre docenas de textos, citaremos solamente el del que confiere a los que tienen una fe recta la gracia perfecta de saber cómo de-
concilio de Cartago en 256: «(Deus) cuius inspiratione ecclesia eius instruitur» ben enseñar y guardar todo los que están a la cabeza de la Iglesia» (trad. fr.
(Sent., 28: Hartel, p. 447). B. Botte, «S. Chr.» 11, p. 26)
26. Véase las obras de H. de I.ubac, Histoire et Esprit. L'intelligence de 32. Philosophoumena, I, pref., 6 (después de 222): «Nadie refutará todo
l'Écriture d'aprés Origéne, París 1950, p. 104ss, 295-335, passim; Exégése médiévale. esto (sectas filosóficas) si el Espíritu Santo no es trasmitido a la Iglesia. Habién-
Les quatre sens de l'Écriture, 4 vols., París 1959-1964. dolo recibido los apóstoles en primer lugar, lo comunicaron a los que tenían una
fe recta. Nosotros, que somos sus sucesores, que participamos de la misma gracia
27. De pudicitia, XXI, 17-18 (después de 217), cf. K. Adam, Der Kirchen-
del sacerdocio y de la enseñanza y que somos contados como los guardianes
begriff Tertulians, Paderborn 1907.
de la Iglesia, no cerramos los ojos ni mantenemos la palabra en silencio (...)
28. Contra Marcionem, IV, 22 (en 207-208). Nosotros cumpliremos con nuestro deber cada uno a su tiempo y haremos que
29. Adv. Haer., III, 11, 9 (PG 7, 890; Harvey II, p. 50-51; SChr 34, p. 203ss). lodos participen ampliamente de las gracias que el Espíritu nos concederá.»
96 97
í'ongar, Espíritu 7
La experiencia del Espíritu En la Iglesia antigua
blea donde el Espíritu produce el fruto, festinet autem et ad ecclesiam derosa, tentada por la amenaza de mundanizarse. Es cierto que el
ubi floret spiritus» (Trad. apost., c. 31 y 35). En cuanto a Clemente, monaquisino representa, en su talante, en su forma de vida y en sus
hacia el año 210, llama a la Iglesia del Señor un «corazón espiritual formas de autoridad, una fuerza espiritual original, relativamente
y santo», un «cuerpo espiritual (soma pneumatikon)» porque «quien independiente de lo que Tertuliano llamaba la Iglesia «colección de
se adhiere al Señor es un solo espíritu con él y un cuerpo espiritual»33. los obispos». Encontraremos más de una vez testimonios de un pa-
¿Citaremos después de esto a Novaciano, contemporáneo de Cipriano? recido desdoblamiento, si no de una cierta tensión. Pero hablar de
Este autor escribió, antes de su cisma, es decir, antes del 251, una de una disociación, sería contrario a la historia, y no sólo a lo ideal.
las más bellas páginas de teología o de eclesiología del Espíritu Santo M. Debemos señalar, ante todo, que muchos de los obispos fueron
monjes, o, al menos, personas formadas en un cuadro de vida reli-
(Este Espíritu que dio a los discípulos el don de no temer, por el nombre giosa y que guardaron los gustos y comportamientos de esa educa-
del Señor, ni los poderes del mundo ni los tormentos), este mismo Espíritu hace ción. Pensemos en san Basilio, san Juan Crisóstomo, san Agustín, san
regalos similares, como joyas, a la esposa de Cristo, la Iglesia. Él suscita profetas
en la Iglesia, instruye los doctores, anima las lenguas, procura fuerzas y salud,
Martín, san Germán de Auxerre, san Patricio, Euquerio de Lyón,
realiza maravillas, otorga el discernimiento de los espíritus, asiste a los que Fausto de Riez, Lupo de Troyes, san Cesáreo de Arles, Martín y
dirigen, inspira los consejos, dispone los restantes dones de la gracia. De esta Fructuoso de Braga, Gregorio Magno y Agustín de Canterbury, Lean-
manera, perfecciona y consuma la Iglesia del Señor por doquier y en todo. dro e Isidoro de Sevilla... Como decimos, la jerarquía, ministro del
Vino bajo la forma de la paloma y permaneció sobre el Señor después de su Espíritu, sacaba su fuerza de una proximidad viva con el monaquis-
bautismo, habitando plena y totalmente en él solo, sin limitación de ninguna
clase; después fue otorgado y enviado en su sobreabundancia para que los otros ino37. El obispo-padre de las cristiandades y el fundador monástico
pudiesen recibir de él un manantial de gracias, la fuente de todo don del Espíritu se encuentran en la misma calidad de hombres de Dios habitados y
Santo permanecería en Cristo en quien habita profusamente el Espíritu Santo. animados por el Espíritu38. Se llamará clásicamente «vir Dei, hom-
Lo había profetizado Isaías: «Reposará sobre él» (11,2-3), y en otra parte en el bre de Dios» a aquel en quien se manifiesta la presencia activa de
nombre del Señor mismo: «El Espíritu del Señor está sobre mí...» (61,1; Le 4,
17-19). Y David: «Por eso, Dios, tu Dios, te ha ungido con aceite de alegría Dios, aquel que está lleno del Espíritu. La virtud de Dios reposa sobre
más que a tus compañeros» (Sal 44,8)... él, le anima, actúa por medio de él sobrepasando frecuentemente los
límites de lo ordinario por un discernimiento de espíritus, un poder
¿Cambió —y tal vez a peor— la situación después de la paz sobre las almas, luces proféticas, dones de conocimiento, facultades
de Constantino? Es cierto que los favores otorgados a la Iglesia por taumatúrgicas.
Constantino y sus sucesores entrañaban una cierta relajación de la ¿Cómo no reconocerlas en un san Martín (t 397), en un san Pa-
que son testigos los padres del siglo iv que lamentan tal situación35. tricio (f 460)? Una tradición los ha relacionado. Escuchemos a Patri-
Los carismas extraordinarios y más o menos milagrosos parecen darse cio mismo en su «confesión» autobiográfica39:
en menor abundancia36. A menudo, se ha presentado a la corriente
monástica como la que toma el testigo del mártir; se la ha presentado listoy atado al Espíritu y no soy yo, sino el Señor quien me ha pedido que
como una protesta, como un cristianismo escatológico opuesto al vi-nga (§ 43). Y en la carta n." 10: ¿Acaso he venido a Irlanda por motivos terre-
siglo; como desafío frente a una Iglesia demasiado carnalmente po-
37. Cf. O. Casel, Die Monchesweihe, «Jahrbuch f. Liturgiewiss.», 5 (1925)
33. Stromala, VII, 14 (PG 9, 522; Stahlin, p. 62). 1-47.
34. De Trínitate, lib. XXIX: PL 3, 943-946; Fausset, en Cambrigde Patrisiic 38. Véase O. Casel, Benedikt von Nursia ais Pneumatiker, en: Heilige Über-
Texis, p. 105-111. lie/erung (Festgabe I. Herwegen), Münster 1938, p. 96-123; B. Steidle, «Homo Dei
35. Véase las referencias en Vraie et fausse reforme dans l'Église, París Antonius». Zum Bild des «Mannes Gottes» im Alten Monchtum, en Antonius
2
1969, p. 155-156 (tr. cast.: Verdaderas y falsas reformas en la Iglesia, Estudios Magnus Eremita. 356-1956 («Studia Anselmiana» 38), Roma 1956, p. 148-200;
políticos, Madrid 1973). A. Mandouze, Saint Augustin. L'aventure de la raison et de la gráce, París 1968,
36. San Juan Crisóstomo une el don de lenguas, que, para él, había terminado, p. 168ss; P. Rousseau, The Spiritual Authority of the «Monk-Bishop». Eastern
con el carácter todavía tosco de las gentes de los orígenes (Hom., 3, 4 sobre los Elements in some Western Hagiography of the 4ih und 5th Century, «Journal
Hechos): «el tiempo de los milagros ha pasado» (Hom., 40, 2 sobre los Hechos): of Theol St.», N.S., 22 (1971) 380-419. Para los monjes de la Iglesia antigua,
en Ph. Rancillac, L'Église manifestation de l'Esprit chez S. lean Chrysostome, cf. I. Hausherr, Direction spirituelle en Orient autrefois («Orient. Christ. Anal.»
Dar Al Kalima (Líbano) 1970, p. 124 y 142. Y cf. A.M. Ritter, Charisma im 144). Rom 1955, p. 39-55: Spirituel.
Verstandnis des Joannes Chrysostomus und seiner Zeit, (Gotinga 1972. Una vez 39. La confesión y la carta de san Patricio a Coroticus fueron traducidas
más asegura que no hay necesidad de signos exteriores; Jn ICor. Hom., 29, 12, 1 por G. Dottin, Les livres de saint Patrice, París. Y véase J. Chevallier, Essai sur
(PG 61, 739); Hom. 1 sur la Pentecóte, n. 4. Cf. san Gregorio Magno, Mor. in la ¡ormation de la nationalité et les réveils religieux au Pays de Galles des ori-
Job, XXXIV, 3, 7 (PL 76, 721 AC). gines á la fin du sixiéme siécle, Lyón y París 1923, p. 396ss.
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La experiencia del Espíritu
y creciendo de claridad en claridad, la luz de la Trinidad iluminara a los que En Oriente, la herejía de Macedonio y de los «pneumatómacos»«,
habían recibido ya luces... (Orat. XXXI (Theol. V), 26: PG 36, 161). Cf. An- los enemigos del Espíritu Santo, suscitaron la reacción de los doctores
selmo de Havelberg, Dialogi I, 6 (PI_ 188, 1147 D; «S. Chr» 118 p. 62). ortodoxos. Para los «pneumatómacos», el Espíritu era una fuerza, un
instrumento de Dios, creado para actuar en nosotros y en el mundo.
Pero no se adquirieron las precisiones doctrinales desde el princi- Se permanecía en el plano de la «economía»; se desconocía el de la
pio ni en todas partes cuando se poseía ya algunas importantes. Para «teología», es decir, lo que supone, al nivel de Dios mismo y de su ser,
Hermas, por ejemplo, hacia 148-150, el Espíritu Santo es el Hijo de la acción divinizadora en el hombre. Tal fue la reacción de Atanasio,
Dios 2 . En san Justino, por el mismo tiempo, existen fórmulas al
de Basilio, de Gregorio Nazianceno. En sus Cartas a Serapión entre
menos insuficientes que parecen identificar el Pneuma y el Logos. La
356 y 362, Atanasio concluye, de la fórmula bautismal, que el Espí-
confusión aumenta al encontrar una confusión similar en escritos
ritu comparte con el Padre y con el Hijo la misma divinidad, en la
(falsamente) atribuidos a san Cipriano, en Lactancio, en un símbolo
unidad de una misma sustancia 9 .
atribuido al concilio de Sárdica (343) 3 . Sin embargo, a partir de ese
San Basilio (f 379), tomando la argumentación de Atanasio, des-
momento, se profesó una fe trinitaria en la celebración del bautismo.
arrolló en grado sumo la posición tradicional. El 5 (ó 7) de septiem-
¿Cuándo se empezó a bautizar «en el nombre del Padre, del Hijo y
bre del 374, en la fiesta solemne de san Eupsiquio, en Cesárea de
del Espíritu Santo»? Ciertamente se practicaba esto cuando san Mateo
redactaba su evangelio, pero ¿fueron pronunciadas por Jesús las pa- Capadocia, Basilio había pronunciado esta doxología: «Gloria al Pa-
labras atribuidas al Señor resucitado? Los exegetas lo niegan y dan los dre, con el Hijo, con el Espíritu Santo.» Acusado de innovación am-
motivos de la negación 4 . Pero la afirmación trinitaria era patrimonio bigua, ya que la fórmula habitual, utilizada igualmente por Basilio,
de la Iglesia desde san Pablo. Como fórmula bautismal, la encontra- era: «Gloria al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo», Basilio se
mos en la Didakhe con la forma que tiene en Mateo (7,1), en Justino 5. explica en todo un tratado, redactado en 374-375 I0. En él demuestra
En Ireneo aparece desarrollada en una confesión de fe en la que se que su doxología se justifica por la Escritura y por la tradición, y
expresa una catequesis: argumenta como lo hace en muchas cartas de la misma época u : es
preciso ser bautizado según la forma que se ha recibido, creer como
En primer lugar, ella (la fe) recomienda que nos acordemos de que hemos se es bautizado, alabar como se cree. Basilio evita llamar expresamente
recibido el bautismo para la remisión de nuestros pecados en el nombre de Dios Dios al Espíritu, ya san Atanasio lo había evitado. Y esto por dos
Padre y en el nombre de Jesucristo, el hijo de Dios encarnado, muerto y resu- motivos: por una parte, cuando se habla de Dios es preciso perma-
citado, y en el Espíritu Santo de Dios6... necer fieles a los términos de las Sagradas Escrituras; por otra parte,
Por esta razón, en nuestro nuevo nacimiento, el bautismo se realiza por estos de ministro a quien quiere y como quiere el Padre.» Véase también el c. 99.
tres artículos (el bautismo), que nos confiere la gracia 7del nuevo nacimiento en Sobre la pneumatología de Ireneo, A. d'AIés, La doctrine de l'Esprlt Saint chez
Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo . S. Irénée, «Rech. Se. reí.», 14 (1924) 496-538; H.J. Jaschke, Der Heilige Geist
im Bekenntnis der Kirche. Eine Studie zur Pneumatologie bei Irenaus von Lyon
2. Cf. Pastor, ce. 41; 58; 59, 5-6; 78, 1 (numeración en cap. de la edic. de im Ausgang vom áltchristlichen Glaubensbekenntnis, Münster 1977.
R. Joly), «S. Chr.», 53, 1958. Cf. Justino, Apol., I, 39. 8. P. Meinhold, art. Pneumatomachoi, en Pauly-Wissowa, XXI/1 (1951) col.
3. Cf. Dict. de Spiritualité, art. Esprit, t. IV/2, col. 1274 (P. Smulders). 1066-1101; W.D. Hauschild, Die Pneumatomachen, Hamburgo 1967. Se ha atri-
4. Cf. E. Schweizer, en el art. Esprit de Kittel (Ginebra 1971), p. 136, n. 6; buido a Macedonio, obispo de Constantinopla del 342 al 360, el error de los
137; 235, n. 1. «pneumatómacos»: la acción y el ser del Espíritu Santo no serían los de una
5. /. Apol., 61, 3, sin citar a Mt 28,19, como tampoco en los textos de la persona divina.
Epideixis citados más lejos, mientras que quince años antes Ireneo se refiere 9. Ad Serapionem Ep. I, 28 (PG 26, 593 y 596); Ep. III, 6 (26, 633; el Espí-
expresamente a Mt 28,19 como palabras del Señor (Adv. Haer., III, 17, 1: PG 7, itu no es de otra substancia, allotrioousion); IV, 7 (col. 648); SChr 15 (1947:
929: Harvey II, p. 92). Véase también 67 a propósito de la eucaristía. i. Lebon). Idéntico argumento hacia el 380 en Italia, en el De Trinitate, de
6. Démonstration de la Prédication apostolique, c. 3 (trad. fr. de L.M. Froi- Faustino, VII (PL 13, 78). San Hilario, en 355-356, relacionaba su confesión de
devaux, SChr 62, p. 32, París 1959). Cf. también Adv. Haer., III, 17, 1 (SChr 211, los Tres al texto de Mt 28, 19: De Trinitate, II, 1 (PL 10, 50-51).
p. 328s). 10. Basilio de Cesárea, Sur le Saint-Esprit: SChr 17bls (B. Pruche, 1968). A la
7. Ibid., c. 7, p. 41. El texto continúa de la siguiente manera: «Porque los bibliografía señalada allí, p. 243s, añádase: en «Verbum caro» 89 (1968), B. Bo-
que llevan el Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir, al Hijo; pero brinskoy, Liturgie et ecclésiologie trinitaire de s. Basile, p. 1-32; J.M. Hornus,
el Hijo (les) presenta al Padre y el Padre (les) otorga la incorruptibilidad. Por IM divinité du Saint Esprit comme condition de salut personnel selon Basile,
consiguiente, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin Hijo, nadie p. 33-62; T.F. Torrance, Spiritus creator, p. 63-85; P.C. Christou, L'enseignemeni
puede aproximarse al Padre, porque el conocimiento del Padre (es) el Hijo y el de S. Basile sur le Saint-Esprit, p. 86-99.
conocimiento del Hijo de Dios (se realiza) por medio del Espíritu Santo. En cuan- 11. Epist., 125, 3 (PG 32, 549: en 373); 159, 2 (620-621, en 373); 226, 3 (849:
to al Espíritu, es dispensado por el Hijo, en la manera que place al Padre, a título en 375).
102 103
Acerca de la tercera Persona
Hacia una teología y un dogma
orientales: el Espíritu Santo es Dios porque realiza lo que sólo Dios
es bueno acomodarse a la debilidad de aquellos mismos a quienes se puede obrar17.
combate y facilitarles una necesaria conversión no dándoles motivos vSin embargo, fue Occidente, especialmente el genio de Tertuliano
para una nueva argucia. Pero afirmar que el Espíritu es digno del (f 222-223) quien hizo que el vocabulario y los conceptos empleados
mismo honor y de la misma adoración que el Padre y el Hijo es en la confesión de la fe trinitaria conocieran un progreso decisivo.
confesar que los tres son de la misma sustancia, es confundir a los Y esto a pesar de que la teología de este mismo Tertuliano quedó en
«pneumatómacos» como la fe de Nicea había confundido a los un estadio que no es satisfactorio 18. También él conocía la referencia
arríanos. al bautismo, en la que confesamos al Espíritu Santo como un «ter-
El concilio convocado en Constantinopla por los emperadores Gra- cero» en un solo Dios ". De él provienen «esas fórmulas bien cono-
ciano y Teodosio i reunió a 150 obispos ortodoxos y completó (a fe cidas: Trinitas, tres personae, una substantia, que él forjó y se han
de Nicea sobre el artículo del Espíritu Santo, en la línea de Atanasio convertido en lugares comunes del dogma trinitario, al igual que esas
y Basilio (en el 381). No se le decía «Dios» ni «consustancial» con el otras expresiones: Deum de Deo, lumen de lumine. con las que pro-
Padre y con el Hijo, sino «Señor, vivificador, procedente del Padre, fesamos todavía nuestra fe»20.
objeto de la misma adoración y de la misma gloria con el Padre y En el latín de Tertuliano, substantia y persona se entendían per-
con el Hijo» u. En una carta enviada el año siguiente al papa Dámaso fectamente, aunque el segundo término —que evocaba el papel des-
y a otros obispos de Occidente, los obispos, reunidos de nuevo en empeñado— podía favorecer el modalismo (pero en Tertuliano tiene
Constantinopla, exponían la obra del concilio empleando los términos el sentido jurídico de individualidad responsable). Pero cuando los
ousia mia, aktisío kai homo-ousio kai sunaidio íriadi, una sustancia, griegos hablan de hypostasis, los latinos traducen literalmente por
la Trinidad increada, consustancial y eterna B . Así es nuestra fe. La substantia; para ellos, la substancia es idéntica a la esencia. El anate-
proclamamos cada domingo con este símbolo llamado niceno-constan- ma final de Nicea identificaba también ousia y substancia pero lla-
tinopolinato, que nos viene de Atanasio, de Basilio y de los ciento mando a esta última hypostasis21. Pero los capadocios, un concilio
cincuenta padres. Por aquellos mismos años, el papa Dámaso formu- local de Alejandría celebrado en el 362, entendían por hypostasis los
laba esta misma fe: desde 374, en su carta Ea gratia, dirigida a los caracteres propios de las personas divinas; ellos hablaban de una
obispos orientales. En el 382 —tal es la fecha más comúnmente ad- una única sustancia, ousia, o naturaleza, physis, en tres hypostasis o
mitida— reunía un sínodo en Roma que, en 24 cánones, formulaba ires personas (prosopis). San Jerónimo no se mostraba de acuerdo22.
exactamente la misma fe que los padres de Constantinopla14. Con todo, este vocabulario sería canonizado finalmente por el segun-
En la perspectiva de los padres orientales, y también para nosotros, do concilio de Constantinopla, en el año 533 23. Resultaba sumamente
se trataba no sólo de la verdad de Dios, sino de la verdad del hom- 17. Véase también Gregorio Nazianceno, Orat. XXXI, 28 (PG 36, 165); Dídi-
bre y de su destino absoluto. Si el Espíritu no es sustancialmente Dios, ino, De Trinitate, II, 7 (PG 39, 560-600); San Cirilo (N. Charlier, La doctrine sur
nosotros no seremos divinizados, dicen Atanasio en el 356 ls , Gregorio le Saint-Esprit dans le «Thesaurus» de S. Cyrille d'Alexandrie, en: Studia Pa-
Nazianceno en el 380, refiriéndose a la fórmula del bautismo16. iri.stica, II, p. 187ss; G.M. de Durand ha traducido y editado sus Diálogos sobre
la Trinidad, SChr 231); Teodoro de Mopsuestia, Homil. catech., 9, 15; san
Con referencia al bautismo o sin ella, el argumento que arranca de Agustín, Epist., 238, 21 (PL 33, 1046).
nuestra santificación es común a los padres, de manera especial a los 18. P. Piault, Tertulien a-t-il été subordinatien, «Rev. Se. ph. th.», 47 (1963)
181-204; J. Moingt, Théologie trinitaire de Tertullien, «Rech. Se. reí.», 54 (1966)
12. Texto en DSch (Enchiridion Symbolorum, Herder, Barcelona 361976) 150; 337-369, y sobre todo, Théologie trinitaire de Tertullien, 3 vols. + un volumen
en Conciüorum Oecumenicorum Decreta ( = COD), preparado por J. AJberigo y úe índices (col. «Théologie» 68, 69, 70), París 1966 (1094 páginas).
otros autores, Bolonia 31973, p. 24: breve historia y bibliografía, p. 21-23. Se sabe 19. Adv. Praxean, 8-9 (Pl 2, 163-164; CC 2, 1168-1169).
que este símbolo no es presentado como tal y como proveniente de los 150 pa- 20. Piault, art. cit., p. 204.
dres del 381 sino por el concilio de Calcedonia del 451; véase la bibliografía en 21. Dsch 126.
COD, 1. c. 22 Carta 15 al papa Dámaso (PL 22, 356-57): «... hablar de tres hypostasis...
13. COD, p. 25-30. I (ida la escuela de letras profanas no conoce como hypostasis sino la ousia.
14. Carta Ea gratia: DSch 145; Synode, n.° 152-177. Seguimos las fechas de Y, i dígame! ¿quién hablará de tres sustancias?» (Un eco en santo Tomás, ST I,
esta colección. Ch. Pietri (Roma christiana... Roma 1976, p. 828ss) sitúa estos q. 29, a. 3 ad 3; q. 30, a. 1 ad 1). San Agustín era más sereno y profundo: «Al
textos en el 377. discurrir sobre lo inefable, para expresar de algún modo lo que es imposible
15. Ad Serapionem Ep. I, 22s (PG 26, 584s; SChr 15, p. 127s). enunciar, nuestros griegos (a nostris graecis) dicen una esencia y tres substancias;
16. Oratio theol., V, 28 (PG 36, 165). El editor y especialista en Gregorio de Ion latinos, una esencia o substancia y tres personas ...» (De Trinitate, VII, 4, 7
Nisa, W. Jager, demostró que, en el cristianismo, el humanismo termina en la y tf. 6, 11; «Bibli. agusti.» XV, p. 527, 541 y cf. p. 584)).
santidad de la que el Espíritu es el principio: Gregor von Nyssa's Lehre vom 71. DSch 421.
Heiligen Geist, aus dent Nachlass, dir. por. H. Domes, Leyden 1966.
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Hacia una teología y un dogma Acerca de la tercera Persona
difícil encontrar una lengua que no fuera inadecuada para expresar doxa sobre la Tri-unidad de Dios y la divinidad de la tercera Per-
un misterio que, al ser el de Dios en su ser íntimo, sobrepasa toda sona. Finalmente, tendríamos que hablar de san Cirilo de Alejandría
inteligencia creada. San Hilario, uno de los grandes testigos de la fe, (f 444). Pero es preciso citar también a la cristiandad siria, con An-
se excusaba de tener que hablar de él. La herejía, decía, nos fuerza a tioco, y a Edesa o Nísibe con san Efrén (t 373), denominado la «lira
«illicita agere, ardua transcenderé, ineffabilia loqui, hacer lo que no del Espíritu Santo»26. Esta tradición siria, ampliamente expresada en
está permitido, escalar las cumbres, expresar cosas inefables»24. Ver- el lenguaje poético y lírico de los himnos, relaciona la Iglesia, la or-
daderamente, el misterio de la Trinidad de Dios es un principio de denación de sus misistros, su vida sacramental y el mandato de la
vida, de contemplación, de alabanza. Pero su estudio teológico con- misión de Mt 28,18-20 no tanto con el Verbo encarnado como con
siste, en gran medida, en reflexionar sobre el vocabulario, sobre la el Espíritu de pentecostés. El Espíritu es quien engendra la Iglesia
gramática, el lenguaje. Así, incluso, en la Suma de un místico de la y actúa, de manera particular, en los tres sacramentos de la inicia-
talla de santo Tomás de Aquino... Pero volveremos a nuestro tema ción, bautismo, confirmación, eucaristía. En ella, la epiclesis es una
particular, el Espíritu. invocación para que la realidad de la resurrección se efectúe en la
La lucha y la victoria sobre los «pneumatómacos» parecen haber comunidad que celebra.
influido en dos desarrollos litúrgicos: 1) La epiclesis o invocación Agustín (354-430), simple sacerdote entonces, predica, en el afio
del Espíritu Santo sobre el pan y el vino ofrecidos existía ya (cf. la 393, su De fide et symbolo ante un concilio local. Dice entonces:
anáfora de Hipólito, la Catequesis V, 7 de san Cirilo de Jerusalén,
en 348-49; cf. «S. Chr.» 126, p. 155). Toma mayor relieve hacia la Numerosos son los libros que hombres sabios y espirituales han escrito sobre
mitad y al final del siglo cuarto y posteriormente: anáforas de Sera- el Padre y el Hijo (...) Por el contrario, el Espíritu Santo no ha sido estudiado
pión, de san Basilio, Catequesis de Cirilo de Jerusalén o de su suce- con tanta abundancia y cuidado por los doctos y grandes comentaristas de las
sor Juan. La llamada liturgia de san Juan Crisóstomo... Trataremos divinas Escrituras, de tal suerte que resultara igualmente fácil comprender su
carácter propio que hace que no podamos llamarle ni Hijo ni Padre, sino única-
el problema de la epiclesis, en su vertiente teológica y litúrgica, en mente Espíritu Santo ".
un libro posterior. 2) Primitivamente, los cristianos celebran, durante
los cincuenta días posteriores al domingo de resurrección, el miste- A partir de aquel momento, Agustín se entregó con intensidad a
rio único de salvación y de la vida nueva ganado y comunicado por una teología del Espíritu Santo. Encontramos su pensamiento espar-
Cristo. Pero en el curso del siglo cuarto, comenzaron a distinguir las cido a lo largo de una obra inmensa, pero más elaborado en su De
fiestas de la resurrección, de la ascensión y pentecostés23. Las peregri- Trinitate que, comenzado en 399, vería su punto final en el 419.
naciones a Jerusalén solían detallar las celebraciones: se quería solem- En esta obra, Agustín propone una reflexión de una amplitud y pro-
nizar los dogmas redactados contra las herejías. Pentecostés jamás fundidad inigualables sobre el conjunto del misterio trinitario28. Re-
fue una fiesta del Espíritu Santo. Se celebran los misterios del Verbo
hecho carne, no se aislan las personas divinas: el Espíritu es «coado- 26. Cf. Emmanucl-Pataq Siman, L'expérience de l'Esprit par l'Église d'aprés
rado, conglorificado con el Padre y el Hijo». Ello no impedirá que la tradition syrienne d'Antioche («Théol. histor.» 15), París 1971. Véase Ph. Ran-
se le pida como a una Persona singular, como sucede cuando se ele- cillac, L'Église, manifestation de l'Esprit chez S. Jean Chrysostome, Dar Al-Kali-
van plegarias a Cristo. Se sabe que la reacción antiarriana favoreció ma, Líbano, 1970.
esta práctica (tesis y artículos de J.A. Jungmann). 27. De fide et symbolo, IX, comienzo de los n.°* 18 y 19: PL 40, 190 y 191.
28. De Trinitate: PL 42; texto latino, traducción y notas explicativas en «Bi-
No vamos a intentar presentar una historia del dogma pneuma- bliot. Augustin.» t. 15 (1955: por M. Mellet y Th. Camelot) y 16 (1955: por
tológico. Para ello sería necesario presentar a san Hilario (t 367), a P. Agaesse y J. Moingt). Sobre la teología trinitaria de Agustín, estudios clásicos
de M. Schmaus (1927), I. Chevalier (1940), O. du Roy (1956). Sobre su pneumato-
Cirilo de Jerusalén (f 386), a Dídimo (t h. 398), a Ambrosio (f 397), logía: F. Cavallera, La doctrine de saint Augustin sur l'Esprit Saint á propos
que escribió un De Spiritu Sancto donde desarrolla la doctrina orto- du «De Trinitate», «Rech. Théol. ancienne et medievales, 2 (1930) 365-387; 3
(1931) 5-19; I. Chevalier, S. Augustin et la pensée grecque. Les relations trinitaires.
24. De Trinitate, II, 2 (PL 10, 51); en 355. Friburgo 1940; La théorie augustinienne des relations trinitaires. Analyse explicative
25. Véase O. Casel, Art und Sinn des atiesten christlichen Osterfeier, «Jahrb. des textes, «Divus Thomas (Fr)», 18 (1940) 317-384; M. Nédoncelle, L'intersub-
für Liturgiewiss.» 14 (1938), 1. 78; J. Daniélou, Bible et Liturgie («Lex Orandi» jectivité humaine est-elle pour s. Augustin une image de la Trinité?, en: Augustinus
11), París 1951, 429-448; G. Kretschmar, Himmelfahrt und Pfingsten, «Zeitschrift. Magister, París 1954, t. I, p. 595-602; O. du Roy, L'expérience de l'amour et
f. Kirchengesch.», 66 (1954) 209-253; especialmente, R. Cabié, La Pentecóte. l'intelligence de la foi trinitaire selon S. Augustin, «Recherches augustiniennes», 2
L'évolution de la cinquantaine pascóle au cours des cinq premiers siécles, Tournai (1962) 415-445; P. Smulders, en Dict. de Spirituálité, t. IV/2, col. 1279-1283; F. Bou-
y París 1965 (bibliogr. p. 11-14). Y cf. Dict. de Spirit., art. Esprit Saint, t. IV/2, rassa, Questions de théologie trinitaire, Roma 1970; B. de Margene, La Trinité
col. 1285. chrétienne dans l'Histoire («Théol. hist.» 31), París 1975, p. 159-172; E. Bailleux,
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Hacia una teología y un dogma Acerca de la tercera Persona
Ora se le llame unión, santidad o amor (caritas) de ambos; ora unidad, porque
tendremos tan sólo lo que hace referencia al Espíritu Santo. A nues- es amor, o amor porque es santidad; pues es manifiesto que ninguna de las dos
tro entender, Agustín presenta una doctrina original sobre la tercera es la unión que a ambos enlaza (...). El Espíritu Santo es algo común al Padre
Persona y su papel. No querríamos traicionar su poderosa simplici- y al Hijo, sea ello lo que sea. Mas esta comunión es consustancial y coeterna.
Si alguien prefiere denominarla amistad, perfectamente; pero juzgo más apropiado
dad, porque, una vez más, no podremos decirlo todo. el nombre de caridad (...). Y he aquí por qué no existen más de tres: Una que
Curiosamente, Agustín comienza criticando su idea, al menos bajo ama al que procede de ella, otra que ama a aquel de quien procede, y el amor
la forma en que la encontró. Lo hace en el discurso del 393, men- mismo. Porque si el amor no existe, ¿cómo Dios es amor? (cf. Un 4,8.16) Y si
cionado anteriormente29. Pero Agustín tenía otras referencias, otras no es sustancia, ¿cómo Dios es sustancia?33.
incitaciones. Treinta años antes, Mario Victorino, cuya conversión
había impresionado a Agustín y al que éste debía el conocimiento Agustín insiste en la unidad de sustancia y, por consiguiente, en
de los «(libros de los platónicos», había escrito: la igualdad en la sustancia. Se hace presente aquí lo que será la pre-
ocupación y, al mismo tiempo, la dificultad de nuestro doctor, el
Adesto, sánete spiritus, patris et filü copula. paso eficaz de lo esencial a lo «nocional», es decir, a lo personal. Efec-
Tu cum quiescis, pater es, cum procedis, filius, tivamente, Dios es caridad (amor). «Pero, ¿quién es caridad, el Pa-
Tn unum qui cuneta nectis, tu es sanctus spiritus. dre, el Hijo, el Espíritu Santo, la Trinidad?-» El mismo problema se
Espíritu Santo, ¡asístenos, tú el lazo del Padre y del Hijo! plantea respecto de los restantes atributos, comunes a la vez a los tres
En reposo, tú eres el Padre, en tu procesión el Hijo, y propios del Padre (memoria) o del Hijo (intelligentia). «Se ha de
Uniendo todo en la unidad, eres el Espíritu Santo 30. entender que todas y cada una de las tres divinas personas tienen
en su esencia esas tres perfecciones»34. Existe un sentido general o
Agustín parte del hecho de que determinados atributos son co- esencial y un sentido propio o personal en el que se aplican los tér-
munes al Padre y al Hijo, no les oponen ni les distinguen. Así, la bon- minos amor (caridad) y Espíritu. Porque «Dios» es Espíritu (Jn 4,24),
dad, la santidad: ¿sería esto el Espíritu Santo? Agustín no se atreve el Padre es Espíritu, el Hijo es Espíritu. Pero algunos textos de la
a afirmarlo31. Se trata de propiedades de la esencia. Pero Agustín no Escritura aplican el nombre de amor al Espíritu Santo. Agustín cita
arranca nunca de la esencia o de la naturaleza común para ir a las y explica Un 4,7-19; Rom 5,535. Existen otros ejemplos en los que
personas. Basta con leerlo para descartar inmediatamente ese slogan la Escritura emplea el mismo nombre tanto en un sentido general
que puede verse todavía en algunos sitios. El obispo de Hipona es como en el sentido restringido y propio: así «la ley» o «profeta»36.
mucho más firme y preciso en su comentario de Jn 16,13, del que Dios es Espíritu, el Padre es Espíritu, el Hijo es Espíritu. Como
toma toda una página en su De Trinitate3,2. El Padre no es Padre se les aplica a los dos comúnmente y en singular «Espíritu», esta pa-
más que del Hijo y el Hijo no es Hijo más que del Padre, pero el labra cuadra a aquel que no es uno de los dos pero en quien se ma-
Espíritu es el Espíritu de los dos. Es el Espíritu del Padre, según nifiesta communitas amborum, la comunidad de los dos37. Siendo
Mt 10,20 y Rom 8,11 y Espíritu del Hijo (Cristo) según Gal 4,6 y común a los dos, el Espíritu recibe en propiedad los nombres que
Rom 8,9. Por consiguiente, el Espíritu sería lo que, siendo distinto, les son comunes, «Espíritu» y «Santo»38.
es común al Padre y al Hijo, su santidad común, su amor, unidad del El Espíritu es, pues, Espíritu y amor de las dos primeras perso-
Espíritu por el lazo de la paz: nas. Por consiguiente, debe decirse que procede de ellas, pero prin-
cipaliter del Padre, porque el Hijo recibe de él también el ser, con
L'Esprit du Tere et du Fils selon saint Augustin, «Rev. Thomiste», 77 (1977)
5-29. él, origen del Espíritu39. Los diversos textos ponen de manifiesto que
29. N.° 19, col. 191: «Algunos han osado creer que la comunión entre el
Padre y el Hijo, a saber, si puede decirse, la deidad que los griegos llaman 33. De Trinit., VI, 5, 7, trad. en Obras de san Agustín, BAC, t. V, Madrid
theoteía, sería el Espíritu Santo (...) Esta deidad que ellos quieren entender del 1956, p. 443-444, ligeramente modificada. Cf., entre otros textos: «Ecce tria sunt
amor recíproco de los dos y de la caridad que (Padre e Hijo) se tienen sería ergo, amans, et quod amatur et amor» (Trin., VIII, 14: PL 42, 960): «Spiritus
llamada según ellos el Espíritu Santo.» Agustín dirá más tarde (De haeresibus) est Patris et Filü, tamquam charitas substantialis et consubstantialis amborum»
que los «algunos» eran semiarrianos y macedonianos que negaban la personalidad (In Ev. loan., tr. CV, 3: PL 35, 1904).
propia del Espíritu Santo (B. de Margerie, op. cit., p. 161, n. 180). 34. De Trinit., XV, 17, 28.
30. Himno primero, vers. 3-5; trad. P. Hadot, SChr 68, París 1960, p. 620 35. De Trinit., XV, 17, 31.
y 621. Cf. himno tercero, vers. 245-246, p. 650 y 651. Pero Victorino tiene su 36. De Trinit., XV, 17, 30.
teología trinitaria en la que falta la idea de una procesión propia del Espíritu 37. In loan, Ev., tr. XCIX, 7.
Santo. 38. De Trinit., XV, 19, 37.
31. De Civitate Dei, XI, 24 (PL 41, 337s). 39. «Digo "principalmente" (principaliter) porque está probado que el Espí-
32. In loan Ev., tr. XCIX, 6-9 (PL 35, 1888-1890); De Trinit., XV, 27, 48.
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Acerca de la tercera Persona
Hacia una teología y un dogma
11,15-17; Ef 4,7-8. Ciertamente, el Espíritu es dado sólo cuando exis-
el Espíritu procede también del Hijo. Agustín cita Jn 20,22: «Sopló
ten criaturas capaces de «poseerle» y de gozar de él, pero él procede
sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo», o Le 6,19; 8,4-6
eternamente como «donable» y, en este sentido, como don. Es una
«una fuerza ha salido de mí». Mostrará, utilizando muchos testimo-
de sus propiedades, uno de sus nombres personales. Cuando nos es
nios, que esa virtus es el Espíritu. Agustín cita también Jn 15,26;
dado, nos une a Dios y entre nosotros por el mismo principio que
17,15 y 5,26, Es claro que establece una continuidad entre la «eco-
sella la unidad del amor y de la paz en Dios mismo. No es suficiente
nomía» y la «teología». Éste es, precisamente, un rasgo general de
hablar aquí del don creado de la gracia, aunque, efectivamente, se
su teología trinitaria... Para él, el Filioque es totalmente necesario,
nos dé el Espíritu por su medio 4 6 . Se nos da el Espíritu mismo como
evidente. Además, había sido afirmado muy expresamente por san
principio de unidad de la Iglesia:
Ambrosio cuya teología trinitaria se inspira en los griegos hasta el
punto de tomar de ellos parágrafos completos. Agustín se plantea la
En nuestro lenguaje, el Espíritu Santo es no sólo el Espíritu del Padre y del
objeción que parece surgir de Jn 15,26 «qui de Patre procedit, que Hijo que lo dieron, sino el nuestro también, para quienes lo hemos recibido.
procede del Padre». No representa dificultad alguna para él. Jesús Sucede como en la expresión «salvación del Señor» (Ps 3,9), que es la salvación
lo dijo en el sentido en que proclamó: «Mi doctrina no es mía, sino dada y nuestra salvación, la de quienes la hemos recibido. De igual manera,
de aquel que me ha enviado» (Jn 7,16), texto que Agustín ha comen- el Espíritu Santo es el de Dios porque nos lo da y el nuestro porque lo recibi-
tado de manera admirable 40 . Volvemos de nuevo al principaliter. mos 47. Han querido por lo que une al Padre y al Hijo unirnos entre nosotros
y con ellas y hacer de nosotros una unidad por obra de aquel Don que a las
El Padre ha dado al Hijo tener la vida en él y comunicarla. Agustín dos les es común; es decir, el Espíritu Santo, que a la vez es Dios y don de Dios.
puede resumir su doctrina de la siguiente manera: Por él, efectivamente, nos reconciliamos con la divinidad y nos deleitamos
en ella (...) El Espíritu Santo que unifica la congregación de la Iglesia (...) Como
Según las Sagradas Escrituras, este Espíritu no lo es del Padre solo, o del la remisión de los pecados no tiene lugar sino en el Espíritu Santo, sólo puede
Hijo solo, sino de ambos; y por eso nos insinúa la caridad mutua con que el darse en la Iglesia que tiene el Espíritu Santo... La sociedad formada por la
Padre y el Hijo se aman ". unidad de la Iglesia de Dios, fuera de la cual no tiene lugar la remisión de los
pecados, es considerada como la obra propia del Espíritu Santo, con la colabo-
ración, desde luego, del Padre y del Hijo por ser el Espíritu Santo, en alguna
Evidentemente, las imágenes de la Trinidad que Agustín ha des- manera, el lazo propio del Padre y del Hijo... porque el Espíritu Santo es común
arrollado son sumamente interesantes para nuestro tema. En los libros ni Padre y al Hijo, por ser el Espíritu del Padre y del Hijo 48.
VIII a XV del De Trinitate, el tercer término es amor o voluntas*1.
A pesar de que Agustín hiciera del Espíritu un amor mutuo (invicem), Nos encontramos aquí en la entraña de la eclesiología de san Agus-
no podemos afirmar que haya aplicado la noción de amistad a la tín. Como hemos puesto de manifiesto en otro lugar 49 , Agustín ve
teología trinitaria de una manera particular. No se engaña acerca del en la Iglesia como dos niveles o dos órbitas, el de la communio sa-
valor de lasHmágenes psicológicas; las desemejanzas se mezclan con cramentorum, que es obra de Cristo, y el de la societas sanctorum,
las similitudes 43 . Con todo, constituyen instrumentos teológicos in- que es la del Espíritu Santo. A esta entraña denomina Agustín eccle-
teresantes; sirven para percibir la diferencia entre la procesión del sia in sanctis, unitas, caritas, pax y también columba, porque su prin-
Verbo y la del Espíritu, entre «ser engendrado» y «proceder» 44 . cipio es el Espíritu Santo. Éste hace en la Iglesia lo que el alma rea-
Frecuentemente, san Agustín llama al Espíritu Santo «Don (de
Dios)» 45 . Se refiere a la Escritura, Act 2,37-38; 8,18-20; 10,44-46; 27, 50. Pero F. Cavallera, art. cit. supra (n. 28), p. 368-370 presenta una relación
exhaustiva.
ritu Santo procede también del Hijo. Pero esto le fue concedido por el Padre: no 46. «Y no en vano, según creo, hablando con tanta insistencia el Señor en el
que el Hijo haya existido sin tenerlo, sino que todo lo que el Padre dio a su evangelio de Juan de la unidad, de su unión con el Padre, o de la unión entre
Verbo unigénito, se lo otorgó engendrándole. Al engendrarle le otorgó el que nosotros, pero sin decir jamás: para que nosotros y ellos seamos uno, sino
procediera de él el Don común y así el Espíritu Santo es espíritu de ambos» "que ellos sean uno, como nosotros somos uno" (Jn 17, 20)» (De Trin., VI, 3, 4).
(De Trinit., XV, 17, 29). Cf. también XV, 26, 45-47. «Se nos preceptúa imitar esta unidad en el orden de la gracia...»: VI, 5, 7.
Pero el P. Moingt, al insistir atinadamente en este aspecto, no llega, pensamos,
40. In loan. Ev., tr. XCIX, 8 y 9 (De Trinit., XV, 27, 48). hasta el final del pensamiento de Agustín: «Bibl. Aug.», t. 16, p. 655-656.
41. De Trinit., XV, 17, 27; «Bibl. Aug.» 16, p. 501.
42. Índices en «Bibl. Aug.» 16, p. 586ss y ct. 593s. 47. De Trinit., V, 14, 15.
43. De Trinit., XV, 21, 40s. 48. Sermo 71, 12, 18; 12, 19 y 17, 28; 20, 33 (Sermón 26 en la ed. de la BAC,
44. De Trinit., XV, 27, 50: «se sugiere un esbozo de distinción entre naci- l. VIII de las Obras de san Agustín, Madrid 21958, p. 290, 303, 310); PL 38, 454;
miento y procesión. No es lo mismo la visión del "pensamiento que el deseo y el 455 y 459; 463-64. El sermón fue pronunciado hacia el 419.
gozo de la voluntad» (t. V, p. 941 de la ed. castellana). 49. En la introducción general a los Traites antidonatistes, «Bil. Augustin.»,
45. De Trinit., V, 11, 12; 12, 13; 15, 16; VII, 4, 7; XV, 17, 29; 18, 32; 19, 33; I. 28, París 1963, p. 100 a 124.
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('orinar, Espíritu 8
Destino del tema del Espíritu Santo Amor mutuo del Padre y del Hijo
Pero quien se recuerda a sí mismo y se conoce a sí mismo, se ama Se produce así una tal conjunción, una tal adhesión, un tal gusto de tu dul-
zura, que Nuestro Señor, tu Hijo, lo ha llamado «unidad» diciendo: «Que sean
también necesariamente. De esta manera se establece la existencia de uno en nosotros»; y adquiere tal dignidad, tal gloria, que añade: «Como yo y tú
la tercera Persona (c. 49). Pero en el Espíritu supremo, la memoria somos uno.» ¡Oh gozo, oh gloria, oh riqueza, oh arrogancia! Porque la sabiduría
es el Padre, la inteligencia el Hijo. Por consiguiente, es patente que tiene también su arrogancia...
el amor procede de los dos (c. 51) y como de un principio único Así, nosotros te amamos, o, mejor, tú te amas en nosotros, nosotros con
afecto, tú con eficacia, «haciéndonos» uno en ti por tu propia unidad, quiero
(c. 53). «Se capta la diferencia de perspectiva entre Agustín y Ansel- decir, por tu propio Espíritu Santo que nos has dado...
mo. En este último, la amistad del Padre y del Hijo no es ya el prin- ¡Adorable, terrible, bendito, dánoslo! Envía tu Espíritu y todo será creado y
cipio propio de explicación de la segunda procesión divina. Esta amis- renovarás la faz de la Tierra... ¡Venga la paloma con el ramo de olivo!... ¡San-
tad viene en segundo lugar, como un aspecto que toma el amor divino tifícanos con tu santidad! ¡Ünenos con tu unidad!
cuando se le contempla en el Padre y en el Hijo. Pero san Anselmo
introduce la tercera Persona como amor del Espíritu supremo, pro- Ricardo, muerto en el año 1175, prior de San Víctor en París,
cedente de su memoria y de su pensamiento (Monologion, 50)» (H.F. escribió un De Trinitate (tr. fr. de G. Salet: «Sources chrétiennes»
Dondaine). 63, París 1959), cuya dependencia de Acardo se ha demostrado4.
Ha seguido una línea muy cercana a la de san Anselmo, la de apor-
En el De Processione, Anselmo desarrolla el argumento esbozado
tar razones no sólo probables, sino necesarias5, pero desemboca en
por Agustín y al que santo Tomás de Aquino reconocerá un valor
una construcción muy diferente, mucho más directamente ligada a la
absoluto, irrefutable, en favor del Filioque: en Dios todo es uno
oración y a una experiencia personal. También él dice: tenemos que
allí donde no existe oposición de relación.
atribuir a Dios lo que colocamos más alto en nuestra visión de los
No podemos menos de considerar como altísimo el genio de san valores (1,20). Y esto es el amor, la caritas. Esta noción permite unir
Anselmo, pero su deducción se asemeja demasiado a la de facultades las dos afirmaciones que la fe y la oración nos hacen confesar: tres,
o propiedades de una esencia. Como hombre de oración que fue, ¿no y, sin embargo, unum, uno (cf. el símbolo Quicumque). La caritas
expresó mejor las exigencias de personalización de los Tres, de estos exige, en efecto, una multiplicidad de sujetos. Se pasa del esencia-
tres nescio quid de que habla su Monologion (c. 78)? lismo al personalismo. Ricardo de san Víctor elabora una nueva de-
finición de la persona. Tenemos que decir más, hablar de caridad per-
Uno de los más grandes hombres espirituales de nuestra edad
fecta, de tal calidad que debemos de atribuirla a Dios (3, 2 y 5). Ella
media, Guillermo de Lieja, que llegó a ser abad de Saint-Thierry,
suscita la necesidad de un consortium amoris (3,11), de amar juntos
cerca de Reims (t 1148), escribió, en 1119-20 un De contemplando
a un tercero y de hacer juntos que éste participe de su felicidad. De
Deo (S.Chr 61, París 1959). En él comenta aquellas palabras de la
esta manera, el Espíritu es presentado como condilectus del Padre
«oración sacerdotal» de Jesús, Jn 17,22-23 y 26: «Y la gloria que
y del Hijo (3, 11 y 19; 6,6: Salet traduce «un amigo común», cf.
me has dado, yo se la he dado a ellos para que sean uno, como nos-
p. 192, n. 2 o «un tercero parecidamente amado»). Vemos, pues, que
otros somos uno, yo en ellos y tú en mí... Para que el amor con que
Ricardo toma la senda de Agustín (citado 87 veces)6 y de Anselmo
me has amado esté con ellos y en ellos también yo.» En su meditación,
(citado 44 veces), pero, en vez de hablar de inteligencia y voluntad,
que toma la forma de una oración, alcanza la mayor profundidad
deduce todo del amor. La confesión orante de la fe, tres que son
del conocimiento de nuestra comunión en el misterio de Dios. He
unus, se traduce en: un Amor, tres Amantes.
aquí esta plegaria, según la traducción de Fr. Bourdeau, Les quatre
saisons. Automne, París 1977):
4. A.M. Ethier, Le «.De Trinitate» de Richard de Saint-Victor, París - Ottawa
Tú te amas, pues, en ti mismo, ¡oh amable Señor! cuando del Padre y del 1939; G. Dumeige, Richard de Saint-Victor et l'idée chrétienne de l'amour, París
Hijo procede el Espíritu Santo, amor del Padre al Hijo, amor del Hijo al Padre, 1952; A. Malet, op. cit., p. 37-42; O. González, Misterio trinitario y existencia
amor tan alto que es unidad, unidad tan profunda que, del Padre y del Hijo, humana. Estudio histórico teológico en torno a san Buenaventura, Madrid 1966,
única es la sustancia. p. 295-363. Sobre Acardo, J. Riballier, ed. de su De Trinitate, 1958. J. Chatillon,
Y te amas a ti mismo en nosotros, cuando el Espíritu de tu Hijo enviado a Théologie et spiritualité dans l'oeuvre oratoire d'A. de St-Victor, París 1969.
nuestros corazones, por la dulzura del amor y el ardor de la buena voluntad que
5. De Trinit., 1, 4. El padre Chenu señala atinadamente: «Siguiendo a san
tú nos inspiras, grita: «¡Abba! ¡Padre!» y haces de manera que te amemos. Más
Anselmo, las necessariae rationes obsesionaron siempre a la escuela» (Introd. á
aún, tú te amas a ti mismo en nosotros, hasta el punto de que nosotros espere-
l'étude de S. Thomas, París 1950, p. 158).
mos en ti y adoremos tu nombre de Señor... Henos aquí osando creer por la
gracia de tu Espíritu de adopción que todo lo que hay en el Padre es nuestro. 6. Y cuya tesis sobre el Espíritu Santo amor del Padre y del Hijo -vuelve a
Te llamamos con el mismo nombre, nosotros tus hijos de adopción, con el mismo tomar, precisándola, Ricardo: Quomodo Spiritus Sanctus est Amor Patris et Filii
nombre con el que te llama tu Hijo único por naturaleza. (PL 196, 1011-1012).
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Amor mutuo del Padre y del Hijo
Destino del tema del Espíritu Santo
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119
Destino del tema del Espíritu Santo
el bien por medio de dos amores al mismo objeto. De nada sirve variar las
imágenes, hablar de un soplo único, de un beso 18, de un bálsamo o de un licor
único emanado de los dos. Son figuras impotentes para captar inteligiblemente el
misterio del origen del Espíritu Santo, donde no se da más que un acto, una
espiración, un «amar» común a las dos personas que aman, pero en razón de
la unidad de esencia, y no de la amistad como tal (...).
Por consiguiente, es adecuado — y muy en su punto — presentar al Espíritu
Santo como amistad del Padre y del Hijo, el amor mutuo del Padre y del Hijo.
Pero no puede explotarse metafísicamente esta vía; no encontramos ahí la analogía
consistente para pensar la persona del Espíritu Santo. La otra presentación, la del
Espíritu Santo como el amor que Dios tiene a su bondad, amor que procede
del divino Conocedor y Amante y de su Verbo, es mucho más sobria, pero más IV
segura, y por consiguiente, más preferible para introducir racionalmente la proce-
sión de la tercera Persona.
SAN SIMEÓN, EL NUEVO TEÓLOGO
UNA EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU
120 121
San Simeón, el nuevo teólogo Una experiencia del Espíritu
diríamos que Simeón es esencialmente un espiritual. Su doctrina ema- En su relato, Simeón pasa del agua a la luz, del acto de lavarse
na de su experiencia espiritual, que fue extremadamente intensa. La que representa el esfuerzo ascético, a la irrupción de la luz, que él
cuenta él mismo en numerosas ocasiones y en términos que resultan llama «luz del Espíritu Santo». La luz desempeña un papel importan-
sorprendentes para nosotros 2 . Cuenta cómo, metido en la vida mun- tísimo en su mística salida de su experiencia 3 . Esta mística es com-
dana y un tanto dandy, encontró a su padre espiritual y siguió dó- pletamente pneumática y totalmente cristológica. Las oraciones al Es-
cilmente su dirección. Se dirige aquí a Cristo: píritu Santo son infrecuentes en Oriente 4 . Simeón coloca una al frente
No dejaste que me hundiera en el fango, sino que, por las entrañas de mise- de sus himnos: «Ven, luz verdadera, ven vida eterna... Ven, luz sin
ricordia, enviaste a alguien para que me buscara; me hiciste salir de lo más ocaso... Ven, tú que deseaste y deseas mi alma miserable. Ven tú,
bajo (...) Me arrancaste por la fuerza y me sacaste de allí... me confiaste a tu el Solo, al solo, pues ya ves que me encuentro solo... Ven tú converti-
servidor y discípulo, completamente sucio, los ojos, las orejas, y la boca obstrui- do en tú mismo en mi deseo, que has hecho que te desee, a ti, el abso-
dos por el fango (...). Pero mientras que él, en cada fuente o manantial, en
todo momento, se limpiaba y lavaba, yo, que no veía nada, las pasaba de largo lutamente inaccesible. Ven, mi soplo y mi vida...» (156, 151ss). Para
en la mayoría de los casos; si él no hubiera tomado mi mano y me hubiera Simeón, el Espíritu Santo es el principio de toda la vida espiritual.
situado junto a la fuente... ni siquiera por una vez habría podido encontrar yo ¿Merece la pena citar referencias? Todos sus escritos lo proclaman.
el gozo del agua. Pero, mientras él me mostraba el manantial del agua y me «Por el Espíritu se hace la resurrección de todos. Y no hablo de la
permitía limpiarme a menudo, al mismo tiempo que el agua pura tomaba yo
con mis manos también el vaso y el barro y me ensuciaba la figura (...). Un día resurrección final de los cuerpos... Sino de la que tiene lugar cada día,
me encontraba yo de camino y corrí a la fuente cuando, de nuevo, tú, que antes de las almas muertas, regeneración y resurrección espiritual, de ma-
me habías sacado del fango, viniste a encontrarme en el camino. Entonces por nera espiritual . . . » 5 Para Simeón, la encarnación tiene por término
primera vez ofuscaste mis débiles miradas con el resplandor inmaculado de tu y finalidad la comunicación del Espíritu Santo 6 , lo que responde, a
rostro (...). Desde entonces, con mucha frecuencia, mientras que yo me encon-
traba junto a la fuente, lejos de despreciarme, tú el sin orgullo, y de negarte a la vez, a la economía y al orden de las procesiones en Dios; lo que,
bajar hasta mí, al contrario, te aproximabas, me tomabas la cabeza en primer por añadidura, aclara muchas de las cosas de la tradición patrística
lugar, la bañabas en las aguas y me hacías ver de manera más clara la luz de y litúrgica. El término de la economía responde a la plenitud de la
tu rostro (...). Durante el tiempo en que venías y te marchabas, me parecías vida intratrinitaria, no es otra cosa que nuestra divinización: «¿Quién,
cada vez mejor, me inundabas de aquellas aguas y me hacías la gracia de ver
mejor una luz más pura. si tiene la gracia del Espíritu en su corazón, no posee, habitando en
él, la Trinidad venerable que le ilumina y le hace dios?» 7
Tú estabas junto a mi, me lavabas — me parecía — en las aguas, me inun-
dabas y me sumergías, en repetidas ocasiones, cuando vi los destellos brillantes Integramente pneumatológica, esta vida espiritual verdaderamente
en torno a mí y los rayos de tu rostro mezclados con los míos, y me vi totalmente divina es integralmente cristológica. ¿Será necesario que volvamos a
lleno de estupor sintiéndome totalmente rociado con un agua luminosa (...). Tú
me habías tomado y, subiendo al cielo, me elevabas contigo... ya en mi cuerpo, citar textos cuando todo resulta tan claro? Las apariciones son cris-
no lo sé, o fuera de él (...). Después, al cabo de un poco de tiempo que yo tológicas, el rostro es el de Cristo. «Cristo es principio, medio y fin;
estaba abajo, allá en la altura se abrieron los cielos, te dignaste mostrarme tu está en todos» 8 . La vida espiritual es una invitación de Cristo 9. Tam-
rostro como un sol sin forma (...).
Después de dejarte ver de esa guisa en numerosas ocasiones y de esconderte
en otras tantas... pero yo veía los destellos y el resplandor de tu rostro (...). 3. Cf. también Cat., XXXV (Acción de gracias 1: 113, 313ss). Se cuentan
Así hiciste que te viera, después de haber purificado íntegramente mi inteligencia experiencias de luz en la Vida de Simeón escrita por Nicetas, n.° 5, 26, 69:
por la luz del Espíritu Santo, en la claridad (Cat., XXXVI = Acción de gracias 2: Un grand mystique byzantin. Vie de Syméon le Nouveau Théologien (949-1022)
113, 335, 349). par Nicétas Stéthatos, introd. y traduc. fr. de I. Hausherr y G. Horn («Orientalia
Un día, él (Simeón) estaba de pie y decía: «lOh Dios! iSéme propicio, que Christ», vol. XII, núm. 48). Roma 1928.
soy un pecador!», de espíritu más que de boca, cuando, de pronto, brilló sobre 4. A. Renoux lo señala en L'office de la genuflexión dans la tradition armé-
él desde lo alto con profusión una iluminación divina que llenó totalmente el niénne, en Le Saint-Esprit dans la liturgie (XVIe Semaine de Saint-Serge), Roma
lugar. El adolescente no se daba cuenta absolutamente de nada, olvidó si se 1977, p. 149-163: esta liturgia contiene, en Pentecostés, una oración a cada una de
encontraba en una casa o si estaba bajo un tejado. Porque no veía sino luz que las tres personas: el texto de la del Espíritu Santo, p. 161ss.
le venía de todas partes, luz (...) enteramente presente a la luz inmaterial y él 5. Cat., VI (104, 45ss, cf. p. 23: «El reino de los cielos consiste en la par-
mismo parecía haberse convertido en luz, olvidado del mundo entero, se vio ticipación del Espíritu Santo») y cf. Cat., XXXIII (113, 249ss), XXXV (307 y 325),
inundado de lágrimas, de un gozo y alegría inexpresables. Entonces su inteligencia
se elevó hasta el cielo y descubrió otra luz, más clara que la cercana a él... 6. Cat., VI (104, 45ss); Hymnes, XV (156, 287, 121ss) y XLIV (196, 81, 145
{Cat., XXII: 104, 273). y 95, 342); LI (p. 193); Cent., 3, 88 (51, 108-109).
7. Hymnes, XIX, 53-55 (174, 99); XLIV, 266-271 (196, 89ss); L, 153ss (p. 169);
2. Especialmente en las Cathéchéses, instrucciones dadas a sus monjes: Cat., Ll, 95ss (p. 193); etc.
XXII (104, 367s), XXXV y XXXVI (las dos acciones de gracias: 113, 305s, 331s) 8. Cent., 3, 1 (51, 80); cf. Cat., XX (104, 333).
e Hymnes, XVIII (174, 77ss). 9. Cat., VI (104, 41); XX (p. 331s).
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San Simeón, el nuevo teólogo Una experiencia del Espíritu
bien aquí el orden de la economía determina el de la progresión cris- Vi Irinidad. Y porque hemos sido bautizados niños inconscientes, seres todavía
tiana: es preciso pasar por la pasión para llegar a la resurrección imperfectos, recibimos la gracia también de manera imperfecta 15 (...).
de la que el Espíritu es el agente; es preciso seguir la vía de la asee-
Al igual que no es suficiente el sacramento puro, tampoco la fe
sis para llegar a la unión 1 0 .
pura creencia, la fe catequística de las fórmulas. Son necesarias las
Aquí comienzan a afirmarse las posiciones propias de Simeón que
obras que ella requiere 16 . Son las obras de la «penitencia» (el bau-
nos llevarán a hablar de una cierta autonomía de la pneumatología,
tismo de lágrimas, que ocupa un lugar tan importante) 1 7 y la cari-
no en relación a Cristo, sino en relación a las instituciones sacramen-
tlad eficaz. Entonces siguen los frutos del Espíritu, los signos de que
tales y jerárquicas. Simeón escribe: «En el santo bautismo recibimos
él nos habita 18 . Para Simeón, la posesión del Espíritu, la animación
la remisión de nuestras faltas, somos liberados de la antigua maldi-
por el Espíritu son objeto de experiencia, al menos de una manera
ción, somos santificados por la presencia del Espíritu Santo; pero
habitual y normal. Tenemos ahí un punto esencial en su doctrina
la gracia perfecta según la promesa: "habitaré en ellos y caminaré
espiritual.
con ellos" no está aún en nosotros, porque es la corona de los fieles
confirmados en la fe y que la han rubricado con las obras 1 1 ...»
Heme aquí enfrentado de nuevo con aquellos que dicen tener el Espíritu
Y, «por el bautismo, en la divina comunión de mis temibles misterios, de Dios de manera inconsciente y que se imaginan poseerlo en ellos desde el
concedo a todos la vida. Y cuando digo la vida, designo a mi Espí- bautismo santo; que están persuadidos de tener este tesoro, pero sin reconocer
ritu divino» n. Pero el sacramento en cuanto tal no es más que una de manera alguna su peso en ellos: ante aquellos que admiten no haber sentido
figura, un anuncio, un comienzo o un incentivo. Deberá ir seguido absolutamente nada en su bautismo y que suponen que el don de Dios ha habitado
desde entonces en ellos de manera inconsciente e insensible; y que subsiste hasta
de un bautismo del Espíritu que lo hace eficaz, fructuoso, verdadero. el presenté dentro de su alma ''' ...
«Si no se es bautizado en el Espíritu Santo, no se llega a ser hijo Si alguien dijera que cada uno de nosotros, los fieles, recibe y posee el Es-
de Dios ni coheredero de Cristo» 13. He aquí los enunciados clarísi- píritu sin tener conocimiento ni conciencia de ello, blasfema haciendo mentir a
mos del Traite éthique, X y del himno LV: Cristo que dice: «En él se producirá una fuente de agua que brotará para vida
eterna» (Jn 4,14) y «El que cree en mí, ríos de agua viva manarán de su seno
(7,38)20 ...
Nuestra salvación no se encuentra únicamente en el bautismo de agua, sino El Señor que nos ha favorecido con bienes suprasensibles, nos da también
también en el Espíritu, al igual que la remisión de los pecados y la participación una nueva sensibilidad suprasensible por su Espíritu, a fin de que sus dones y
en la vida nos son dados no sólo en el pan y vino de la comunión (...). Que favores, que superan la sensación, sobrenaturalmente, a través de todas las sen-
nadie ose decir: «Después del santo bautismo he recibido a Cristo y lo tengo.» saciones, nos sean clara y puramente sensibles 21.
Que aprenda, por el contrario, que no todos los bautizados que reciben a Cristo
por el bautismo, sino únicamente los que son robustecidos en la fe y (llegan) a
un conocimiento perfecto o que, por una purificación preparatoria, se dispusieron 15. Hymnes, LV, 28-39 (129, 255s) y cf. 61s (p. 259).
bien para acceder de este modo al bautismo ,4 ... 16. Véase Hymnes. XVII, 558-560; L, 172-176; LII, 69-77; Cat., VII y XIII
(104, 61 y 201); Traite éthique, X (129, 295: «Ves que quienes no poseen al
La condenación de los que fueron bautizados en su más tierna infancia y
Espíritu que hable y actúe en ellos son infieles»).
llevaron a lo largo de su existencia una vida indigna de él será peor que la de
17. Sin cesar en la Vida escrita por N ¡cetas Stethatos; frecuentemente en la
los no bautizados (...). Salvador, tú me diste la penitencia para una segunda
purificación y tú le has señalado por fin la gracia del Espíritu que hemos recibido obra de Simeón; así Cat., IV (96, 48s.); Cent., 1, 64, 67, 69-71; 2, 45, 46, 49, 50;
en primer lugar en el bautismo: porque no sólo «por el agua» viene la gracia, 3, 34. Y cf. I. Hausherr, Penthos. La doctrine de la componction dans l'Orient
según tus palabras, sino principalmente «por el Espíritu», en la invocación de chrétien «Or. Chr. Anal.» 132), Rom 1944; M.L. Borodine, Le mystére du don
des ¡armes dans l'Orient chrétien, «Suppl. de la Vie Spirituelle», sept. 1936.
18. Cf. Traite éthique, IX (129, 241).
10. Cat., VI (104, 45); XIII (p. 191ss); Hymnes, LI, 89s (196, 593). Señalemos 19. Traite éthique, V (129, 79ss); ibid., p. 105: «¿Cómo sabes, amigo amado
lo lejos que se encuentra Simeón de cualquier pietismo. En la misma medida de Cristo, que serás semejante a él? Dínoslo; ¿cómo lo sabes?»
en que las venidas de Dios, de su Espíritu, son pura gracia, en esa misma me- — «Por el Espíritu que él nos ha dado», dice él (Un 3,24), «por él conocemos
dida exigen la práctica de los mandamientos, el esfuerzo y el combate de la que somos hijos de Dios y que Dios mismo está en nosotros».
ascética; Hymnes, XIII (156, 257ss). Véase Cat., XII, XXII, XXVI y la intro- 20. Traite éthique, X (129, 297).
ducción de monseñor Krivochéine, 96, p. 35-40. 21. Cent., 2, 3 (51, 72). Siguiendo a J. Darrouzés (p. 34) señalamos estas
11. Cent., 3, 45 (51, 93); cf. 1, 36 (p. 50): «En el primer bautismo, el agua indicaciones rápidas: «La habitación de la divinidad en tres personas en los
es el símbolo de las lágrimas y el aceite de la unción prefigura la unción interior perfectos que se produce de una manera perceptible a la conciencia...» (Cent., 1,
del Espíritu; pero el segundo bautismo no es ya la figura de la verdad, es la 7, p. 42); «El alma no tiene la firme seguridad de que estará reunida p o r toda
verdad misma.» la eternidad con Dios... si no tiene la prenda de la gracia y si no la posee en
12. Hymnes, LV, 145-147 (196- 265). ella conscientemente» (3, 47; p. 94); «El Hijo de Dios, Dios mismo, vino a la
13. Caí., XXXIII (113, 259). tierra para... reunimos con él conscientemente por su Espíritu santo y consus-
14. Traite éthique, X (129, 273, 283). tancial» (3, 58; p. 97); «Aquel que ha recibido conscientemente en él a Dios que
124 125
San Simeón, el nuevo teólogo Una experiencia del Espíiitu
Y es que el Espíritu es luz. La experiencia mística de Simeón fue de Cristo»24. Simeón continúa desarrollando la acción del Espíritu
una experiencia de luz y una experiencia de Espíritu. Sobre el tema... como la llave que nos introduce en la vida de hijo de Dios:
de la eficacia y de la fuerza de su santísimo Espíritu, dicho de otra En efecto, si llamamos llave al Espíritu Santo es porque tenemos el espíritu
manera, de su luz, nadie puede hablar si no ve primero la luz misma esclarecido por él y en él; y, purificados, somos iluminados con la luz del cono-
con los ojos del alma y no conoce de manera exacta en él mismo cimiento y también bautizados de lo alto, regenerados (cf. Jn 3,3.5) y hechos
hijos de Dios, como dice san Pablo: «El mismo Espíritu intercede por nosotros
sus iluminaciones y sus poderes eficaces»22. Simeón utiliza una com- con gemidos inenarrables» (Rom 8,26). Y: «Dios ha derramado en nuestros
paración que, además de elocuente, aclara el papel que él atribuye al corazones su Espíritu que grita: ¡Abba, Padre! (Gal 4,6). Por consiguiente, él
Espíritu en su relación con Cristo, Hijo de Dios. El texto siguiente nos ha mostrado la puerta, puerta que es luz 25 ...
plantea también un problema muy importante que trataremos ense-
guida. Helo aquí: Estos textos son luminosos en sí mismos, pero abren interrogan-
tes. En ellos se define la relación entre el Espíritu, Cristo-Hijo y el
Padre en la línea bíblica y tradicional de un retorno al principio. La
¿Qué diremos a los que gustan de vanagloriarse, verse establecidos sacerdotes,
pontífices y superiores (higoumenos), a los que quieren recibir (la confidencia) de comparación con la llave y la puerta une claramente lo pneumato-
los pensamientos (¡ogismoi) de otro y se afirman dignos de la carga de atar y lógico y lo cristológico; son inseparables, forman juntos el acceso al
desatar? Cuando veo que no saben nada de las cosas necesarias y divinas, que Padre. Pero el comienzo de esta serie de textos plantea un problema:
tampoco instruyen en ellas a los otros ni les guían a la luz del conocimiento, si el Espíritu es quien abre, ¿cuál será el «poder de las llaves»? ¿Quién
¿no está produciéndose la misma situación que denunció Cristo respecto de los
fariseos y de los doctores de la ley?: «Desgraciados de vosotros, doctores de la
lo ejercerá? ¿El monje, el hombre espiritual, el sacerdote, el ministro
ley, porque vosotros habéis quitado la llave del conocimiento; no habéis entrado jerárquico ordenado?
vosotros y habéis impedido que entren quienes lo deseen» (Le 11,52). ¿Qué es La cuestión es análoga a la de los sacramentos. Hemos visto ya
la llave del conocimiento sino la gracia del Espíritu Santo dada por la fe, que, lo que piensa Simeón del bautismo: introduce en la condición de
por la iluminación, produce realísimamente el conocimiento y el conocimiento' miembro de Cristo y de hijo de Dios, pero sería como una realidad
pleno? (...).
Lo repetiré de nuevo: la puerta es el Hijo. «Yo soy, dice él, la puerta» (Jn muerta si no fuera realizado en el Espíritu. Lo mismo respecto de
10,7.9). La llave de la puerta es el Espíritu Santo. «Recibid, dice él, el Espíritu la comunión eucarística. Simeón cree en lo que nosotros definimos
Santo; aquellos a quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; aquellos como presencia real, pero quiere que comulguemos con lo que santo
a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos» (Jn 20,22-23). La casa, el Tomás de Aquino llama manducatio spiritualis, es decir, por medio
Padre: «Porque en la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Jn 14,2) Prestad,
pues, cuidadosa atención al sentido espiritual de la palabra. A menos que la de una inteligencia plena del Espíritu26. Si no se tratara más que
llave no abra — porque «a él, dice, el portero le abre» (Jn 10,3) — la puerta de recibir la confesión de los pensamientos (logismoi), no habría pro-
no está abierta; pero si la puerta no se abre, nadie entra en la casa del Padre, blema; es la función del padre espiritual. La práctica del consejo,
como dice Cristo: «Nadie viene al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Que el Es- del confiarse totalmente a un padre espiritual, es un elemento esen-
píritu Santo, pues, el primero, abra nuestro espíritu (cf. Le 24, 45) y nos enseñe cial de la búsqueda de Dios en el estado monástico27. Simeón los
lo que concierne al Padre y al Hijo, pues es él quien lo ha dicho 23 ...
vivió heroicamente y habla de ellos con frecuencia, con fuerza28.
Pero se trata del perdón de los pecados, del ejercicio de las llaves;
Este gran texto, que era necesario reproducir con alguna extensión, es una función episcopal o presbiteral. ¿Niega Simeón el sacramento
continúa con citas de Jn 16,13 y 15,26; 16,13 y 14,26; 16,7; 14,15-17 del orden? En modo alguno. Él mismo estuvo ordenado y habla del
y 20; viene después la promesa: «Juan bautizó con agua, pero vos- carisma de su ordenación29. Pero condena, ante todo, a aquellos que
otros seréis bautizados en el Espíritu Santo» (Act 1,5; 11,16). Simeón
glosa: «es normal, porque, a menos que seamos bautizados en el Es- 24. Ibid., p. 259.
píritu Santo, no nos convertiremos en hijos de Dios ni en coherederos 25. Ibid., p. 261.
26. Cf. Traite éthique, X (129, 293) y XIV (339); Hymnes, XXVI, 151ss
(174, 269).
da a los hombres el conocimiento ...» (3, 100; p. 112). J. Darrouzés resalta, 27. I. Hausherr, Direction spirituelle en Orient autrefois («Orientalia Christ.
sin embargo, dos veces la palabra agnostos, «Simeón admite, pues, una acción Anal.» 144), Roma 1955; para la ortodoxia rusa, K. Holl, op. cit., (n. 1), p. 154;
de Dios e incluso una enseñanza de la que no tenemos conciencia...» (p. 104, I. Smolitsch, Leben und Lehre der Starzen, Viena 1936; Das altrussische Mónchtum
n. 1). '11-16 Jahrdt.), Gestalter und Gestalten, Wurzburgo 1940.
22. Traite éthique, V (129, 99); cf. sobre el Espíritu-luz, DC (p. 255), XI 28. Por ejemplo Hymnes, IV, 25s (156, 193); V, 11 (p. 201); su caso personal,
(p. 381); Cat., XXXIV (113, 301). Antecedentes en los padres griegos; cf. S. Cat., XXXVI (Acción de gracias 2: 113, 337).
Gribomont, art. Esprit, en Dict. de Spiritualité, t. IV/2, col. 1269ss. 29. Cat., XXXVI (113, 283) y en el número 16 de su tratado sobre la con-
23. Cat., XXXIII, 113, 255ss. fesión: PG 95, 304: él deseó ser ordenado.
126 127
San Simeón, el nuevo teólogo Una experiencia del Espíritu
se designan a sí mismos para una carga tan sublime30, y después pasado de Cristo a los apóstoles, de los apóstoles a los obispos y a
a los que no serían embargados, casi abrumados por ella: «¡Hermano! los sacerdotes. Pero afirma que éstos no pueden ejercerlo ya a causa
¿Es que no existen motivos? ¿Es que no te parece que hay algo de de su decadencia moral. Para reconciliar con la santidad de Dios,
que estremecerse en esta usurpación de la dignidad apostólica? ¿Crees es necesario ser santo uno mismo; para dar el Espíritu Santo, es ne-
que no es nada aproximarte a la luz inaccesible y convertirte en me- cesario tenerlo uno mismo mediante la pureza de vida. Los monjes
diador entre Dios y los hombres?»31 son quienes cumplen, en la actualidad, estas condiciones, y aun sólo
El sacramento sin Espíritu es vano; igualmente la dignidad de aquellos que viven conforme a su profesión y no todos los que ge-
higumeno y de sacerdote: «En cuanto a guiar a los otros o enseñar- bonasí monachoi pompan amonachoi (monjes convertidos totalmente
les la voluntad de Dios no es más capaz, como tampoco es digno de en no monjes)»35. La gran referencia de Simeón continúa siendo
recibir (la confidencia) de los pensamientos de otro, —ni siquiera en Jn 20,22-23: «Recibid el Espíritu Santo. Aquellos a quienes perdo-
el caso de que llegara a ser patriarca por elección de los hombres-— nareis los pecados...» Sólo pueden atar y desatar los que tienen el
hasta que no posea, brillando en él, la luz»32. La idea de Simeón Espíritu y lo manifiestan en su vida. Monjes santos, incluso si no
es que el proceso humano, externo, visible y social, aunque sea ca- están ordenados, pueden, pero pueden solos, ejercer este ministerio.
nónico, no habilita, como tal y sólo, para comunicar el Espíritu, para Así, el padre espiritual de Simeón había recibido una ordenación, no
abrir, atar, desatar, por la llave del Espíritu. Este don es conferido de los hombres, sino de Dios. Existían muchos antecedentes que orien-
únicamente por el Espíritu mismo a quien se ha abierto o ha corres- taban en este sentido: si no Orígenes36, al menos un Anastasio el
pondido a su venida por la penitencia y la ascesis. Lo mismo vale Sinaita (t después del 700). Conviene, decía éste, confesar sus peca-
para la celebración de los santos misterios: dos a hombres espirituales37; Dionisio el Pseudo-Areopagita, no obs-
tante su carta a Demófilo, se inclinaba a una interpretación espiritual
Los que no le han preferido (a Cristo) al mundo entero y no han considerado extra jerárquica (si no contrajerárquica) en el sentido sacramental
como una gloria, un honor, una riqueza, el solo hecho de adorar, de oficiar y y jurídico de este término, ya que la jerarquía era, a su juicio, la de
de estar en su presencia, son indignos también de la visión inmaculada y de la la purificación y de la iluminación místicas38. Ciertamente, la posi-
felicidad, del gozo y de todos los bienes en los que no tendrán parte si no se
arrepienten... a menos que no hagan con celo todo lo que dice mi Dios. Sólo ción de Simeón tuvo continuadores. Su discípulo y biógrafo (hagió-
con gran respeto y temor tocaríamos las realidades sacras si Dios lo ordenara. grafo) Nicetas Stethatos, sin negar que el dicho evangélico: «Vos-
Ciertamente que no se encuentran en condiciones todas las personas que tienen otros sois la luz del mundo, la sal de la tierra» se dirige a los sacer-
el derecho de oficiar; pero incluso si (alguien) hubiera recibido toda entera la dotes, resume la doctrina de Simeón diciendo:
gracia del Espíritu... a menos que Dios, por su orden y por su elección, no le
dé la seguridad iluminándole divinamente su alma y lo abrase de deseo de amor
divino, no me parece razonable que ofrezca el (sacrificio) divino y que toque ¿Insistiremos, tal vez? ¿Que alguien sin la dignidad episcopal supere a los
los misterios intocables y terribles 33. obispos en conocimiento divino y en sabiduría? En caso afirmativo, repito lo que
acabo de decir: aquel a quien ha sido dado el poder de manifestar el Espíritu
por la palabra, en él brilla también el destello de la dignidad episcopal. En efec-
En el tratado Peri exomologeseos, atribuido en otro tiempo a san io, si alguien, aunque no haya sido ordenado obispo por los hombres, ha re-
Juan Damasceno y que K. Holl, al reeditarlo, lo ha restituido a nues- cibido, sin embargo — tanto si es sacerdote, diácono o monje — de lo alto la
tro Simeón34, éste «no niega que el poder de atar y de desatar haya gracia de la dignidad apostólica (...) Aquél es, en efecto, el obispo ante Dios
y ante la Iglesia de Cristo, que ha sido manifestado en ella bajo la influencia del
Espíritu Santo como portavoz de Dios, más que aquel otro que ha recibido la
30. Traite éthique, VI (129, 149s); III (122, 433s).
ordenación episcopal de manos de los hombres y tiene necesidad aún de ser
31. Caí., XVIII (104, 287); XXXIII (113, 255: citado supra, n. 23). introducido en los misterios del reino de Dios (...). Para mí, pues, es obispo aquel
32. Cat., XXXIII (113, 251).) que, como consecuencia de una participación abundante del Espíritu Santo, ha sido
33. Hymnes, XIX, 147-165 (174, 107s); Traite éthique, XV: ¿Es preciso hablar, purificado... (...). En estas condiciones, es jerarca aquel que posee la conciencia
para personas de este género (los falsos hesicastas) del poder de atar y desatar,
cuando aquellos que tienen en sí el Paráclito que perdona los pecados tiemblan
ante la posibilidad de hacer lo más mínimo que vaya contra la voluntad de aquel 35. I. Hausherr, op. cit., (n. 27) p. 107 resume así la tesis del tratado.
que está en ellos y habla por ellos? ¿Quién sería, pues, lo bastante loco... para 36. A pesar de W. Vólker, Der wahre Gnostiker nach Clemens Alexandri-
decir y hacer las obras del Espíritu antes de haber recibido el Paráclito, y para nus, 1952, p. 172. Cf. K. Rahner, La doctrine d'Origéne sur la pénitence, «Rech.
tratar las cosas de Dios sin contar con Dios?» (129, 459). Se. reí.», 37 (1950) 47-97, 252-286, 422-456; B. Poschmann, Poenitenlia secunda,
34. Op. cit. supra (n. 1): edición del texto p. 110-127; Lequien lo había Bonn 1949, p. 462s.
editado y su edición es reproducida en PG 95, 283-304 con una traducción latina 37. Quaestiones et Responsiones, q. VI, 1; PG 89, 369s.
de Thomas Gale, deán de York; es la que nosotros hemos leído. El resumen del 38. Cf. J. Stiglmayr, Die Lehre von den Sakramenten und der Kirche nach
padre Hausherr es un tanto escueto, pero exacto. dem Ps.-Dionysiox, «Zeitschfrt. Kath. Theol.» 22 (1898) 246-303.
128 129
Congar, Espíritu 9
San Simeón, el nuevo teólogo Una experiencia del Espíritu
de estos misterios; es obispo aunque no haya recibido de los hombres la orde- iliciones, la comunidad cristiana, la ecclesia, es quien ata y desata4*-
nación que hace obispo y jerarca " ... Texto sintético: «Has enim claves non unus homo, sed unitas accepit
ecclesiae (...). Columba ligat, columba solvit; aedificium supra pe-
No es de extrañar que Nicetas, que, al parecer, acababa de redac- tram ligat et solvit»47. Agustín, dirigiéndose a los fieles en este con-
tar su Vida de Simeón, tuviera choques con el cardenal Humberto, texto de unidad y de caridad, llega a decir: «Audeo dicere, claves
con el que entró en contacto durante la dramática legación de éste istas habemus et nos. Et quid dicam? Quia nos ligamus, nos solvimus?
en Constantinopla, junto al patriarca Miguel Cerulario, en 1054. Pero, I.igatis et vos, solvitis et vos...» 48
por más duro que fuera Humberto, ¿puede reprochársele que recor- Con todo, la teología de san Agustín difiere tanto de la de Si-
dara a Nicetas: «Cada estado o profesión debe mantenerse dentro meón que podríamos acercarla, por el contrario, a determinados enun-
de los límites de su hábito y de su grado, de forma que no provoque ciados del Tertuliano montañista4'. Para Agustín, los espirituales no
un trastorno total del orden de dignidad en la Iglesia?...»40 atan ni desatan, sino la ecclesia en cuanto pax, caritas, unitas por el
¿Qué suerte, qué éxito tuvo la posición de Simeón, representada Espíritu Santo: «pax ecclesiae dimittit peccata (...) columba tenet,
por Nicetas, en la iglesia oriental? Lequien cita testimonios, pero columba dimittit; unitas tenet, unitas dimittit»50. Además, en Agus-
también otros contrarios, en la Admonitio que encabeza el tratado tín, la acción solidaria de los santos que forman la columba está uni-
De confessione, atribuido hasta entonces a Juan Damasceno (PG 95, da a los sacramentos que celebran los ministros ordenados. En este
279-282). K. Holl aporta testimonios, por ejemplo el de Juan de An- lazo se traduce la unión entre lo que procede de Cristo (el sacra-
tioquía en el siglo XII. En ellos se ve que la confesión de los peca- mento, el ministerio ordenado) y lo que procede del Espíritu Santo
dos, las epitimias y la absolución se habrían convertido en patrimo- (el fruto espiritual saludable)51. Agustín no habría llegado a separar
nio de los monjes hasta mediado el siglo XIII 41 . Su tesis encontró tanto como Simeón los dos órdenes de realidad, no habría conce-
dura crítica, incluso el rechazo, por parte de M. Jugie42, de I. Haus- dido tanta autonomía a lo espiritual (a los espirituales). Algunos ra-
herr 43 y también del profesor H. von Campenhausen44. Sería nece- ciocinios de Simeón recuerdan los de los donatistas, y de Cirpiano,
sario reconsiderar el conjunto de la cuestión, valorar de nuevo los que escribía: «Quomodo autem mundare et sanctificare aquam potest
testimonios. qui ipse immundus est et apud quem Sanctus Spiritus non est?»52
Simeón jamás dio su pleno valor al orden sacramental, que deriva
Suscitaríamos gustosos otra cuestión, sin la pretensión de eluci- de la acción salvífica del Verbo encarnado. Acentuó en exceso una
darla de manera adecuada. San Agustín atribuye la remisión de los especie de autonomía del Espíritu y de su experiencia respecto de
pecados al Espíritu Santo, a la Paloma, a la Iglesia unida por la ca- ese orden que forma parte de la estructura de la Iglesia.
ridad y por el Espíritu45; dice él frecuentemente que, en estas con-
39. Nicetas Stéthanos, De la Hiérarchie, c. V, n.°* 32-40, en Opuscules et
Leltres, trad. J. Darrouzés (SChr 81, París 1961), p. 335-345. sía sancta: cf. De baptismo, III, 17, 22; VII, 51, 99 (43, 149 y 241); «Columba
40. Citado por I. Hausherr, op. cit., (n. 3), p. LXXIX, según C. Will, Acta tenet, columba dimittit»: III, 18, 23 (43, 150) repetido en In loan. Ev., tr.
et Scripta quae de Controversiis Ecclesiae Graecae et Latinae saeculo XI com- CXXI, 4 (35, 1958).
posita exstant, 1861, p. 137. PL 143 contiene: col. 973-984, un tratado de Nicetas 46. Agustín no se cansa de comentar en este sentido el don de las llaves
criticando a los latinos en el asunto de los ácimos (ausencia de vida, de Espíritu), y del poder de atar y desatar en Mt 16,19s: In loan. Ev., tr. CXXIV, 7 (35,
del ayuno del sábado y del celibato de los sacerdotes; col. 983-1000 la respuesta 1976); cf. A.M. La Bonnardiére, Tu es Petrus. La péricope Mt 16,12-23 dans
violenta del cardenal Humberto, que comienza insultando a Nicetas (stultior asino) l'oeuvre de S. Augustin, «Irénikon», 34 (1961) 451-499.
y le asemeja a diversos herejes. Pero, narrando su legación, Humberto dice (col. 47. Sermo 295, 2; PL 38, 1349.
1001) que Nicetas se retractó, que fue restablecido en la comunión y que se 48. Sermo Guelf., 16, 2; ed. G. Morin, «Anal. Agostin.» I, Munich 1917,
convirtió, incluso, en familiaris amicus. p. 62.
41. Op. cit., n. 1. Véase también H. Koch, Zur Geschichte der Bussdiszíplin 49. Así el bien conocido de De Pudicitia, 21: «ecclesia quidem delicta do-
u. Bussgewalt in der Oriental. Kirche, en «Histor. Jahrb.», 21 (1900) 58-78; J. nabit; sed ecclesia spiritus per spiritalem hominem, non ecclesia numerus epis-
Hormann, Untersuchungen zur griechischen Laienbeicht, Donauworth 1913; J.T. coporum.»
McNeill, A History of the Cure of Souls, Londres 1952, p. 307s. 50. De baptismo, III, 18, 23 (43, 150). En ese cuadro explica Agustín el logion
42. Theologia dogm. Christian. Oriental, t. III, París 1930, p. 365. sobre la blasfemia contra el Espíritu (Sermo 71; 38, 445s). Sería interesante
43. Op. cit., (n. 27), p. 106-107. comparar la explicación de Simeón: Cat., XXXII (113, 238s); Traite éthique, V
44. Kirchliches Amt und geistliche Vollmacht in der ersten drei Jahrhunderten, (129, 111).
Tubinga 1953, p. 287, n. 1. 51. Véase nuestra Introduction genérale aux Traites antidonatistes, en Oeuvres
45. Con referencia a Jn 20,22, Sermo 99, 9 (PL 38, 600); Sermo 71, 13, de saint Augustin, 28, París 1963, p. 97-115.
23. «Spiritu Sancto in ecclesia peccata solvuntur» (38, 457). La Columba = eccle- 52. Epist., LXX, 1 (Hartel, p. 767).
130 131
La liturgia sagrada
Su genio y su realidad son profundamente iguales en Oriente y Y, después de la triple inmersión en la triple profesión de la fe,
en Occidente, a través de diferencias grandes tanto en las formas el sacerdote unge al nuevo bautizado con el crisma; a continuación,
como en sus expresiones. La liturgia celebra el «misterio»; en los el obispo le impone la mano pronunciando esta oración que es la
actos en que, comunitariamente, los fieles profesan su fe en palabras de la «confirmación»:
y gestos, ella actualiza, en el tiempo de los hombres, el don de la
gracia que Dios nos ha dado en la «economía» de la revelación, de Dios todopoderoso y eterno que regeneraste por el agua y el Espíritu Santo
a estos siervos tuyos y los libraste del pecado, envía sobre ellos el Espíritu
manera suprema en Jesucristo y en su pascua. Esta actualización es
la obra del Señor, que es Espíritu en el sentido en que san Pablo 1. Para el rito latino, bosquejos de B. Neunheuser, Der H!. Geisí in der
nos ha dicho (2Cor 3,17), es decir, por la acción indisociable del Liturgie, «Theologie und Glaube», 35 (1943) 11-24, reproducido en «Liturgie und
Hijo encarnado, ya glorioso, el celebrante supremo de nuestras ce- Monchtum», cuaderno 20, 1957, p. 11-33; F. Vanderbrouke, Esprit-Sainl et struc-
lebraciones, y de su Espíritu Santo, comunicado como el fruto de su tures ecclésiales, «Questions liturg. et paroissiales», 39 (1958/3) 115-131; id., en
Dictionn. de Spiriíualité, t. IV, 1961, col. 1283-1296; C. Vagaggini, Inltiation théo-
bautismo y de su pascua. La totalidad de la liturgia sagrada traduce logique a la liturgie. I, adaptado por Ph. Rouillard, Brujas-París 1959, p. 142-
y realiza, de esta manera, un movimiento de Dios hacia nosotros y 174.
de nosotros hacia Dios, movimiento que va del Padre por el Hijo 2. Ed. Wilson, p. 85-87. Estudios sobre esta plegaria de consagración del
en el Espíritu Santo y asciende desde el Espíritu por el Hijo hasta agua: J. Lécuyer, La priére consécratoire des eaux, «La Maison-Dieu», 49 (1957)
8-29; E. Stommel, Studien zur Epiklese der rómischen Taujwasserweihe, Bonn
las alturas de la gloria del Padre que nos introduce en su comunión 1950; J. De Jong, Benedictio fontis, «Archiv f. Liturgiewiss.», 8 (1963) 21-46;
como a sus hijos. De ahí que, en toda celebración, se invoque al E. Lengeling, La bendición del agua bautismal en el rito romano, «Concilium»,
Espíritu para que esté presente y activo en ella. 22 (1967) 244-253 (propone simplificaciones).
132 133
En Occidente durante la edad media L a liturgia sagrada
Santo paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de consejo y realidad «/eo-lógica», en primer lugar, y «económica» después. Lo
de fortaleza, de ciencia y de piedad y cólmalos del espíritu de tu santo temor. significado es que, en primer lugar, existe el Espíritu más allá del
Por nuestro Señor Jesucristo con el que vives y reinas, un solo Dios siempre con Verbo, «después» de él (en el sentido de que es la tercera Persona);
•el Espíritu Santo.
a continuación, Jesús recibió dos unciones del Espíritu: la primera,
constitutiva de su ser humano-divino santo; la segunda, constitutiva
Hemos pasado del bautismo a la confirmación. De hecho, el bau- o, al menos, declarativa de su calidad de Mesías, ministro de la sal-
tismo y el «sello del Espíritu» son dos momentos y dos actos de un vación7. En su seguimiento, los apóstoles fueron constituidos en ca-
mismo proceso sacramental3. En la Iglesia antigua, los dos se reali- lidad de los «doce» por su vocación y su vida con Jesús 8 ; esto fue
zaban en una sola celebración. Existen decenas de estudios sobre el para ellos como sustitutivo del bautismo; y a continuación, fueron
lazo que los une y sobre lo que los diferencia4 Existen, igualmente, constituidos enviados o «apóstoles», testigos y fundadores de Iglesias
numerosos estudios sobre la historia del rito 5 y otro gran número por el acontecimiento de Pentecostés9. El Espíritu lleva a término
acerca de la teología y la pastoral del sacramento de la confirma- la autocomunicación de Dios dando animación al cuerpo o a la es-
ción6. Tal como se presenta en la actualidad, este sacramento está tructura constituida. Él es el término de la promesa.
en voladizo. ¿Cómo puede pretender «dar el Espíritu Santo» aquel
que lo celebra? En cuanto al plano pastoral, convendría distinguir dos situacio-
nes. Tanto en una como en otra, la confirmación sacramental debe-
Nosotros hemos hablado repetidísimas veces sobre este tema. La ría, conforme a su naturaleza, estar unida al bautismo del que ella
cuestión es doble, doctrinal y pastoral. En el plano doctrinal, la con- es la consumación litúrgica. Dado que el bautismo es el sacramento
firmación no es sino la traducción, en expresión litúrgica, de una de la fe, el de los bebés plantea verdaderamente un problema. Es
cierto que éstos son bautizados en la fe de la Iglesia, de sus padres
3. Es lo que se deduce de los trabajos de S. Bouyer, L.S. Thornton. B. y padrinos. Deberán asistir a una catequesis que, normalmente, de-
Neunheuser, citados infra, y H. Küng, La confirmalion comme parachévement du
baptéme, en: L'expérience de l'Esprit (Mélanges Schillebeeckx «Le Point théologi- bería haber precedido al bautismo. Deberían ser «confirmados» sa-
que» 18, París 1976, p. 115-151, que se basa en J. Amougou-Atangana, Ein Sakra- cramentalmente al tiempo que son bautizados. Mas sería preciso crear
ment des Geistesempfangs? Zum Verhaltnis von Taufe und Firmung, Friburgo- una celebración del compromiso personal en la comunidad de los
Basilea-Viena 1974. cristianos. Pueblo de Dios y cuerpo de Cristo. Tal celebración ten-
4. J.B. Umberg, Confirmatione Baptismus «perficitur», «Ephem. Theol. Lo- dría lugar después de la pubertad, entre los quince y treinta años.
van.», 1 (1924) 505-517; P.Th. Camelot, Sur la íhéologie de la confirmalion,
«Rev. Se. phil. théol.», 38 (1954) 637-657; B. Neunheuser, Taufe und Firmung Debería de ser preparado durante muchos fines de semana en los
{Handb. d. DG IV/2), Friburgo 1956; A. Hamman, Je crois en un seul baptéme. que se viviría, con los cristianos comprometidos, lo que es ser cris-
Essai sur «Baptéme et Confirmalion», París 1970; Zeichen des Glaubens. Studien tiano en la Iglesia de nuestros días10. Si se tratara de adultos, la pre-
zur Taufe und Firmung (Festgabe B. Fischer, dir. por H. Auf der Maur y B.
Kleinheyer, Zurich 1972.
5. E. Llopart, Les formules de la confirmado en el Pontfical roma («Litúr- encarnación bautismo
gica» 2, Montserrat 1958, p. 121-180), presentado por P.M. Gy, Histoire liturgique 7. De ahí el paralelo = .
•du sacrement de confirmalion, «La Maison-Dieu», 58 (1959) 135s; Neunheuser bautismo de Jesús sello del Espíritu
y Amougou-Atangana, citados supra. Cf. L. Lécuyer, Le sacerdoce royal des chrétiens selon S. Hilaire de Poitiers,
«Année théologique», 10 (1949) 302-325; «La Maison-Dieu», 27 (1951) 40ss; Le
6. Además de P.Th. Camelot, citado supra, y los fascículos de «La Maison-
sacerdoce dans le mystére du Christ («Lex Orandi» 24) París 1957, capítulos VIII
Dieu»: A.G. Martimort, La confirmalion, en Communion solennelle et Profession
y IX (tr. cast. citada).
de Foi («Lex Orandi» 14), París 1952, p. 159-201; L. Bouyer, Que signifie la
confirmalion?, «Parole et Liturgie» 34 (1952) 3-12; La signification de la con- 8. Cf. Me 3, 14, lit.: «[Les] hizo doce para que estuvieran con él y para
firmalion, «Suppl. Vie spirituelle», 15 de mayo de 1954, p. 162-179; L.S. enviarles a anunciar.»
Thornton, Confirmalion. Its place in the Baptismal Mystery, Westminster 1954; 9. J. Lécuyer, Le sacerdoce dans le mystére du Christ, c. XI y XII, hace
A. Adam, La confirmación y la cura de almas, Herder, Barcelona 1962; H. intervenir los momentos pascua-pentecostés. Es la línea esbozada por san Cirilo
Mühlen, Die Firmung ais sakramentales Zeichen der heilsgeschichtlichen Selbst- de Jerusalén (Cal. Myst., III, 1-2: PG 33, 1088s). Igualmente, W. Breuning,
überlieferung des Geistes Christi, «Theol. u. Glaube», 57 (1967) 263-286; W. Apostolizitat ais sakramentale Struktur der Kirche. Heilsokonomische Ueberle-
Breuning, El lugar de la confirmación en el bautismo de adultos, «Concilium», gungen über das Sakrament der Firmung, en Volk Gotles... (Festgabe J. Hofer),
22 (1967) 174-290; J.P. Bouhot, La confirmalion, sacrement de la communion Herder, 1967, p. 132-163. Cf. también Ed. Schillebeeckx, Cristo, sacramento del
ecclésiale, Chalet, París 1968; H. Bourgeois, El futuro de la confirmación, Paulinas, encuentro con Dios, p. 163-173 de la tr. francesa («Lex Orandi» 31), París 1961.
Madrid 1973; L. Ligier, La confirmalion. Sens et conjoncture oecuménique hier 10. En esa perspectiva, asumiríamos, actualizándola gracias a los recursos
et aujourd'hui («Théol. histor.» 23), París 1973 (crítica del rito actual por el de la psicología moderna, la idea tomista que hace corresponder los sacramentos
lugar que otorga a la unción, mientras que lo esencial es la imposición de las a los momentos decisivos de la vida: la confirmación correspondería al paso de
manos. una vida para si a una vida con y para los otros, propiamente social: «antea
134 135
En Occidente durante la edad media La liturgia sagrada
paración, el bautismo y la confirmación deberían representar una se- en el elegido. El obispo consagrante asumía esta intervención de la
cuencia sin solución de continuidad. En último término, el verdadero comunidad. En la ordenación de otro obispo, todos los obispos pre-
problema no es el de la confirmación, sino el del bautismo de los sentes eran los ministros del Espíritu en el seno de la epiclesis de la
recién nacidos, conferido a los pocos días después del nacimiento de asamblea entera. La plegaria consecratoria recogida por san Hipólito,
éstos. Sobre este tema, es imprescindible leer el tratadito de Pascal u . implora el don del Espíritu soberano, Pneuma hegemonikon. Todas
las plegarias de ordenación imploran, para el nuevo ministro, una
No vamos a hablar aquí del tercer «sacramento de la iniciación»,
comunicación del Espíritu que constituyó a los apóstoles como envia-
la eucaristía, pero el término griego teleiosis, consumación, sería más
dos, doctores y pastores del pueblo de Dios. El bellísimo rito de la
adecuado aquí que la palabra latina initiare, comenzar. Trataremos imposición del libro de los evangelios sobre la cabeza del elegido sig-
de la función del Espíritu Santo en la eucaristía en el aspecto de nifica las lenguas de fuego que, en el primer pentecostés, inauguraron
la conversión de los santos dones en cuerpo y sangre de Cristo, pero la predicación cristiana 15. De manera que
lo haremos en el tercer libro de este tomo; en el aspecto de la co-
munión con el cuerpo y sangre de Cristo Señor, también en dicho el sacerdocio cristiano... es carismático y espiritual. Es totalmente evidente que
libro. A nuestro entender, se trata de capítulos sumamente intere- conlleva prerrogativas jurídicas y litúrgicas... Pero si vemos únicamente este aspec-
santes e importantes. Hemos visto ya cómo el Espíritu crea el espacio to, empobrecemos la noción del sacerdocio cristiano. El episcopado, el sacerdocio
o marco de la celebración por el intercambio que se opera de un y el diaconado aparecen en los documentos antiguos no tanto como funciones
rituales cuanto como carismas destinados a la edificación de la Iglesia 15...
deseo y de un testimonio de su presencia: «El Señor esté con vos-
otros» — «Y con tu espíritu»12. Es un signo de la reciprocidad que
Hemos dedicado ya algunas palabras a cuatro sacramentos, pero
pone verdaderamente de manifiesto la realidad de las relaciones en- convendría reflexionar sobre la noción misma de sacramento o, más
tre la comunidad cristiana y el ministro que la preside y de la que bien, sobre la forma de concebirlo. Sabemos que la noción de sacra-
es el pastor. mento se aplica de manera flexible y analógica a los diferentes sacra-
Esta estructura de reciprocidad, que traduce la constante de la mentos, pero analogía no significa equivocidad. Es, pues, legítimo
acción del Espíritu, se encuentra de nuevo en el proceso de la orde- hablar en general de una concepción de estas realidades que llama-
nación de los ministros; y tal vez por esto tenga lugar en la celebración. mos sacramentos.
La tradición y la práctica antiguas son portadoras de un sentido teo- Pero, al hacerlo, descubrimos que la palabra «sacramentum» re-
lógico que es preciso recoger. La ordenación es un proceso en el que cubre diversos valores y ha conocido muchas aplicaciones. San Agus-
el acto litúrgico es el momento principal, pero que comienza antes de tín dio una definición que san Isidoro de Sevilla (f 636) hizo suya.
esta celebración 13. La comunidad intervenía en una elección que, como Isidoro celebraba la liturgia hispanovisigótica que, en los Post pridie
todos los actos que regían la vida de la Iglesia, debía de ser «inspi- de su plegaria eucarística, invocaba el Espíritu Santo sobre el sacra-
rada» M. Esta elección reconocía unos talentos o carismas iniciales mento celebrado 17. Para él, la consagración de la oblata se realizaba
por lo que él llamaba la orado sexta, que comprende todas las ora-
quasi singulariter sibi ipsi vivit» (III, q. 72, a. 2). Cf. P. Ranwez, La confirmalion
ciones contenidas entre el Sanctus y el Pater Noster. Distinguía ahí
constitutive d'une personnalité au service du Corps mystique du Christ, «Lumen dos momentos o aspectos, el del sacrificio o consagración de los do-
vitae», 9 (1954) 17-36; J. Latreille, L'adulte chrétien ou l'effet du sacremení de
confirmation chez s. Thomas d'Aquin, «Rev. Thomiste», 57 (1957) 5-28; 58 (1958) (Boite, p. 19, n. 1). — Inspirada: véase textos y referencias en nuestro La tradition
214-243; A. Auer, Weltojfener Christ... Dusseldorf H962, p. 146s. et les traditions, I. Essai historique, París 1962, p. 151-166, notas p. 178-182, es-
11. Comparaison des Chrétiens des premiers temps avec ceux d'aujourd'hui, pecialmente p. 158s.
en Pensées et Opuscules, Éd. L. Brunschvicg, p. 201-205. 15. Tal es la explicación que ofrece Severino de Gabala hacia el año 400;
12. Supra, p. 65. cf. J. Lécuyer, La gráce de la consécration episcopale, «Rev. Se. phil, théol.», 36
13. Remitimos a B. Botte, L'Ordre d'aprés les priéres d'ordination, en Eludes (1952) 389-417 (p. 402).
sur le sacrement de l'Ordre («Lex Orandi» 22), París 1957, p. 13-35-41 (Canónigos 16. B. Botte, p. 34.
de Mondaye), L'évéque d'aprés les priéres d'ordination, en L'Ephcopat et l'Église 17. Para la historia literaria de este Post pridie, véase W.S. Porter, The Mo-
universelle, bajo la dir. de Y. Congar y B.D. Dupuy («Unam Sanctam» 39), zarabic Postpridie, «Journal of Theol. Studies», 44 (1943) 182-194. Sobre la
París 1962, p. 739-780; L. Mortari, Consecrazione episcopale e Collegialitá, Flo- teología sacramental y eucarística de Isidoro, cf. J.B. Geiselmann, Die Abends-
rencia 1969; H. Legrand, Sentido teológico de las elecciones episcopales en la mahllehre an der Wende der christlichen Spatantike zum Frühmittelalter. Isidor
Iglesia antigua, «Concilium», 77 (1972) 44-56. von Sevilla und das Sakrament der Eucharistie, Munich 1933; J. Havet, Les sa-
14. Elección: el texto original de la fórmula romana del pontífice dirigién- crements et le role du Saint-Esprit d'aprés Isidore de Séville, «Ephem. Theol.
dose a los fieles era: «Et ideo electionem vestram debetis voce publica profiteri» Lovan.», 16 (1939) 32-93.
136 137
En Occidente durante la edad media El himno y la secuencia
nes por la prex mística, en recuerdo de la pasión —es el momento teriormente (supra, p. 106) que fue implantada como celebración pro-
cristológico— y el de la santificación, que hace de él un sacramento pia en los decenios finales del siglo iv. Debemos al medioevo latino
por la actuación invisible del Espíritu Santo. Porque hay «sacramento» plegarias admirables que usamos todavía: el himno Veni Creator, de
(aquí interviene el texto de san Agustín) cuando, «en una celebración, un desconocido del siglo ix, la antífona Veni Sánete Spiritus, del si-
se hace memoria de un acto de la historia (de la salvación) de manera glo xn, la secuencia Veni, Sánete Spiritus, probablemente de Esteban
que percibamos en ella la signifícación de algo que hay que recibir Langton, comienzos del siglo xm. He aquí el texto latino y la traduc-
santamente»18. Existe, pues, en la celebración litúrgica — pero esto ción. ¡Quiera el lector leerla orando con nosotros! La traducción es
valdría, positis ponendis, para los restantes «sacramentos»— un mo- la oficial de los textos litúrgicos.
mento de memoria de un acto cristológico y un momento de opera-
ción santificante en el que el memorial celebrado recibe su fruto, que El himno
es la obra del Espíritu Santo 19. Cristo mismo ofreció, en su carne, un
Veni, Creator Spiritus, Ven, creador Espíritu,
sacrificio agradable a Dios, pero gracias al Espíritu asociado a esta Mentes tuorum visita, y visita nuestras almas;
carne ofrecida20. Para nosotros, no existe sacramento más que cuan- Imple superna gratia, los pechos que tú creaste,
do la acción del Espíritu anima el memorial litúrgicamente celebrado. Quae tu creasti pectora. llena de celeste gracia.
Pero en la sistematización que se hará clásica, se hablará esencial- Qui diceris Paraclitus, Consolador te llamamos,
Altissimi donum Dei, regalo del Dios altísimo,
mente del signo sensible de la gracia; y esto en una teología de la Fons vivus, ignis, caritas, fuente viva, fuego, amor,
gracia creada, que supone indudablemente la Gracia increada, el Es- Et spiritalis unctio. y por ti somos ungidos.
píritu Santo, pero sin explicitar esto en la definición21. Es preciso pa- Tu septiformis muñere, Tú septiforme en tus dones,
tentizar la actualidad de la intervención del Espíritu, implorado en la Digitus paternae dexterae, de la diestra de Dios dedo,
Tu rite promissum Patris, tú la promesa del Padre,
epiclesis, en toda operación salvífica. Sermone ditans guttura. palabra nos da tu aliento.
Accende lumen sensibus: Luz enciende en los sentidos,
Infunde amorem cordibus: amor en los corazones;
Si seguimos ahora la liturgia en el desenvolvimiento de su ciclo Infirma nostri corporis lo flaco de nuestro cuerpo
anual, encontraremos en él la fiesta de Pentecostés. No se trata de Virtute firmans perpeti. afiáncenlo tus dones.
una fiesta de la persona del Espíritu Santo —no existe una fiesta se- Hostem repellas longius, Lejos huya el enemigo,
parada de las personas de la Santísima Trinidad—, sino una fiesta Pacemque dones protinus: de la paz por ti gocemos;
Ductore sic te praevio llevándote a ti por guía
del evento pentecostal como término del misterio pascual. Vimos an- Vitemus omne noxium. todo daño evitaremos.
Per te sciamus da Patrem, Por ti sepamos al Padre,
Noscamus atque Filium, por ti al Hijo conozcamos,
18. He aquí el texto latino, desgraciadamente casi intraducibie: «Sacramen-
Teque utriusque Spiritum y en ti, de los dos Espíritu,
tum est autem in aliqua celebratione cum rei gestae commemoratio ita fit, ut Credamus omni tempore.
aliquid etiam significare intellegatur, quod sánete accipiendum est» (Epist. 55, 2: en todo tiempo creamos.
PL 33, 205).
19. Isidoro, EtimoL, VI, 19, 38-42: «Sacrificium dictum, quasi sacrurn fac- La secuencia
tum, quia prece mystica consecratur in memoriam pro nobis Dominicae passionis;
unde hoc eo iubente corpus Christi et sanguinem dicimus, Quod, dum sit ex Veni, Sánete Spiritus, Ven, Espíritu divino,
fructibus terrae, sanctificatur, et fit sacramentum, operante invisibilher (Migne: Et emitte caelitus manda tu luz desde el cielo.
visibiliter!) Spiritu Dei (...) Sacramentum est in aliqua celebratione, cum res gesta Lucís tuae radium. Padre amoroso del pobre;
ita fit ut aliquid significare intellegatur, quod sánete acciepiendum est (...) Quae Veni, pater pauperum; don, en tus dones espléndido;
ob id sacramenta dicuntur, quia sub tegumento corporalium rerum virtus divina Veni, dator munerum; luz que penetra las almas;
secretius salutem eorundem sacramentorum operatur (...) Quae ideo fructuose Veni, lumen cordium. fuente del mayor consuelo.
penes Ecclesiam fiunt, quia sanctus in ea manens Spiritus eundem sacramento- Consolator optime,
rum latenter operatur effectum» (ed. Lindsay; PL 82, 255). Cf. De officiis eccles., Ven, dulce huésped del alma,
Dulcís hospes animae, descenso de nuestro esfuerzo,
I, 18, 4 (PL 83, 755). Dulce refrigerium. tregua en el duro trabajo,
20. Después de citar a Jn 1,33, Isidoro escribe: «... carnem Christi Spirilui In labore requies, brisa en las horas de fuego,
Soneto soáatam per mysterium passionis sacrificium Deo in odorem suavitatis In aestu temperies, gozo que enjuga las lágrimas
accipimus»: In Levlt. c. 6, 4 (Pl 83,523). In fletu solatium. y reconforta en los duelos.
21. En la linea de Agustín, «visibile signum invisibilis gratiae»; A través de
Pedro Lombardo y de santo Tomás se llega a esta definición del Catecismo O lux beatissima, Entra hasta el fondo del alma,
Romano: «rem esse, sensibus subiectam, quae ex Deo institutione sanctitatis et Reple cordis intima divina luz, y enriquécenos.
iustitiae tum significandae tum efficiendae vim habet» (pars II, c. 1, q. 11). Tuorum fidelium. Mira el vacío del hombre
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En Occidente durante la edad media Testimonio de las fundaciones
Sine tuo numine si tú le faltas por dentro; secular entrar en religión, Urbano escribió el texto famoso sobre las
Nihil est in homine, mira el poder del pecado dos leyes, Duae leges sunt, texto reproducido en las lecciones canó-
Nihil est innoxium. cuando no envías tu aliento.
nicas, especialmente en el decreto de Graciano, tan frecuentemente
Lava quod est sordidum, Riega la tierra en sequía, citado en la edad media por santo Tomás entre otros muchos. He
Riga quod est aridum, sana el corazón enfermo, aquí el texto:
Sana quod est saucium. lava las manchas, infunde
Flecte quod est rigidum, calor de vida en el hielo,
Fove quod est frigidum, doma el espíritu indómito Existen dos leyes, una pública, la otra privada. La pública es la que fue
Rege quod est devium. guía al que tuerce el sendero. escrita y establecida por los santos padres, como es la ley de los cánones (...),
por ejemplo, los cánones estipulan que un clérigo no debe pasar de una diócesis
Da tuis fidelibus, Reparte tus siete dones a otra sin la recomendación escrita de su obispo (...). Pero la ley privada es la
Jn te confidentibus, según la fe de tus siervos. que es escrita en el corazón por el instinto del Espíritu Santo; así, el Apóstol
Sacrum septenarium. Por tu bondad y tu gracia habla de los que tienen la ley de Dios escrita en su corazón, y en otra parte... ellos
Da virtutis meritum, dale al esfuerzo su mérito; son la ley para sí mismos. Si uno de aquéllos vive en su iglesia, bajo su obispo,
Da salutis exitum, salva al que busca salvarse de manera secular, guardando su bien propio, si, empujado por el Espíritu
Da perenne gaudium. y danos tu gozo eterno. Santo, quiere su salvación en un monasterio o bajo una regla canónica, como
es conducido por la ley privada, no existe razón alguna para ser retenido por
La antífona está atestiguada en un antifonario de Bamberg, siglo la ley pública. Porque la ley privada es superior a la pública. El Espíritu de
XII, para las primeras vísperas de Pentecostés: «Ven, Espíritu Santo, Dios hace la ley y los que son conducidos por el Espíritu de Dios, son condu-
cidos por la ley de Dios. Y ¿quién podrá resistir al Espíritu Santo? Si alguien,
llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu pues, es conducido por este Espíritu, que actúe libremente, en virtud de nuestra
amor, tú que, por la diversidad de todas las lenguas, has reunido los autoridad, incluso contra la oposición de su obispo. Efectivamente, no existe
pueblos en la unidad de la fe»22. ley para el justo; allí donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. Y si
En los siglos x y xi, se escogía la fiesta de Pentecostés para la sois guiados por el Espíritu, no os encontráis bajo la ley 26.
consagración del rey de Francia cuando no existía motivo para cele-
brarla en otro momento23. El final del siglo xi y el xn parecen haber No vamos a seguir la suerte de este texto ni la del principio ge-
conocido una renovación de la atención al Espíritu Santo y de capta- neral que invoca. Podríamos citar a san Bernardo, Inocencio ni, san
ción más profunda de la significación de Pentecostés. Es la época de ígnacio de Loyola, toda una serie de testimonios27. Habría que reali-
la floración de las iniciativas de vita apostólica, es decir de la vida zar una investigación de manera sistemática. Esta labor sobrepasa
común, sin propiedad privada, y también de diversas instituciones e tanto nuestros medios como los objetivos que nos hemos trazado para
iglesias bajo la invocación del Espíritu Santo24. ¿Cómo no hacer aquí la presente obra. Tampoco podemos hacer aquí una relación, aunque
una mención particular del papa Urbano n, un hombre de la Cham- fuera incompleta, de las oraciones dirigidas al Espíritu Santo.
pagne que se hizo monje de Cluny? Favoreció activamente la institu-
ción de los canónigos regulares porque consideró su renacimiento
como hecho instinctu Spiritus sancti75. Para permitir a un clérigo Testimonio de las fundaciones
22. R.J. Hesbert, Corpus Antiphonalium Officii, III, Roma 1968, p. 528, ant.
n.° 5327. Los hermanos predicadores habían conservado las palabras «qui per La iglesia de Saint-Sernin de Tolosa, en Francia, está consagrada
diversitatem linguarum multarum gentes in unitate fidei congregasti». al Espíritu Santo desde finales del siglo xi. Una aldea sobre el Ródano,
23. En la discusión que siguió a la exposición de Ét. Delaruelle, M.F. Le- que se llamaba originariamente Saint-Saturnin y en la que se instala,
marignier aportaba las siguientes precisiones: «Luis v es asociado al trono por en 1045, un priorato cluniacense, cambia su nombre por el de Pont-
Lotario y consagrado el día de Pentecostés en el año 979. Igualmente, bajo
Roberto el Piadoso, sus hijos Hugo y posteriormente Enrique, fueron consa-
grados en el día de Pentecostés de los años 1017 y 1027, y bajo Enrique i, el futuro 26. Jaffé Loewenfeld 5760; Mansi 20, 714; PL 151, 535. Citado por Gracia-
Felipe i fue consagrado en el día de Pentecostés del año 1059» en La vita com- no c. 2, C. XIX, q. 2 (Friedberg 839-840). El texto de Migne es deficiente,
mune del Clero nei secólo XI e XII ... Milán 1962, p. 180. (ilado por santo Tomás, De perjectione vitae spir., c. 25; Quodl., III, 17; ST,
24. Véase en el volumen citado en n. precedente, p. 142-173, la conferencia II-II, q. 184, a. 6 y 8; q. 189, a. 7. Cf. M. Duquesne, S. Thomas et le canon
de Ét. Delaruelle sobre La vie commune des clercs et la spiritualité populaire au • uiiihué á Urbain II (c. 2, C. XIX, q. 2), en Studia Gratiana, t. I, Bolonia 1955,
XI" siécle (p. 152ss); reproducido en La piété populaire au Moyen Age, Turín p. 415-434.
1975, p. 81-112 (cf. p. 91-95). 27. Cf. San Bernardo, De praecepto et dispens., 16 (PL 182, 885ss); Inocen-
25. Cf. Ch. Dereine, L'élaboration du statut canonique des Chanoines régu- cio ni, Reg., VIII, 195 y XI 182 (PL 215, 774 y 1495); Cf. H. Tillmann, Papst
liers spécialement sous Urbain II, «Rev. Hist. Eccle.» 46 (1951) 534-565 (p. hmorenz III, Bonn 1954, p. 28-31; W.A. Roo, Law of the Spirit and Wrilten
546-47). l.uw in the Spirituality of St Ignatius, «Gregorianum», 37 (1956) 417-443.
140 141
En Occidente durante la edad media
Existe un solo cuerpo de la Iglesia, que el Espíritu Santo vivifica, rige y go-
bierna; al que está unido el Espíritu Santo, múltiple, sutil, móvil, desatado, puro,
fuerte, suave, que ama el bien, penetrante, que hace el bien sin traba alguna,
amigo de los hombres, benefactor, estable, seguro, que todo lo ve y lo puede,
recipiente de todos los espíritus, inteligible, inmaculado; en este Espíritu Santo,
según san Pablo, «hay diversidad de gracias, pero el Espíritu es el mismo»
28. Delaruelle, citado supra (n. 24), p. 154. G. Schreiber, Gemeinschaften des
(ICor 12,4). Y también: «A cada cual se le otorga la manifestación del Espí-
Mittelalters. Recht und Verfassung. Kult und Frómmigkeit, Münster 1948 (cf.
ritu para un fin útil. Porque a uno se le da, por el Espíritu, palabra de sabi-
Índices).
duría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo
29. Sobre la multiplicación de estos hospitales del Espíritu Santo hacia fi- Espíritu; a otro, carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de
nales del siglo xn, cf. G. Schreiber, «Hist. Vierteljahrschrift», 15 (1912) 136ss; milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad
W. Líese, Geschichte der caritas, t. II, Friburgo 1922, p. 15ss; M. Mollat, Les de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todos estos dones los obra el
pauvres au Moyen Age. Elude sociale, París 1978, p. 174, después, en el siglo xiv, tínico y mismo Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su vo-
p. 323 y 346 (París, 1360 y 1363), p. 333 (Bruselas), p. 341 (Dantzig), p. 345 luntad» (ICor 12,7-11).
(Porto), etc.
30. A. Castan, Notice sur VOrdre du Saint-Esprit, en Annuaire du Doubs, De esta manera, aparece patentemente que el cuerpo de la Iglesia, que es
1864, p. 152; M. Poete, Étude sur les origines et la regle de l'Ordre hospitalier
du Saint-Esprit, París 1890; P. Bruñe, Histoire de l'Ordre hospitalier du Saint-Esprit, 1. Véase nuestro L'Église de S. Augustin á l'époque moderne (Hist. des dos-
París 1892. mes, III/3), París 1970, p. 131-132.
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El Espíritu en los teólogos
El Espíritu en los teólogos
de la santa Iglesia, los dones de gracia son distribuidos a los individuos, pero
uno, es vivificado por el Espíritu Santo, que es uno, único en sí mismo y múlti- nadie retiene para sí solo lo que recibe él solo 4 ...
ple (IPe 4,10) en la distribución multiforme de sus dones. Este verdadero cuerpo
de la Iglesia, vivificado por el Espíritu Santo, diversificado en diversos miembros
en épocas y edades diferentes, comenzó con el primer justo, Abel, y se consuma- En el momento histórico en que nos encontramos, no se ha ela-
rá en el último elegido, siempre uno en la única fe, pero diversificado en formas borado todavía verdaderamente ni un tratado de Cristo cabeza, De
múltiples por la variedad múltiple de las maneras de vivir 2. Christo capite, ni una teología de la gracia creada. En consecuencia,
la consideración de lo que (a partir aproximadamene del año 1160)
Hemos visto ya que Urbano n atribuía al Espíritu Santo la nove- se denominará «Cuerpo místico» (lo que se convertirá en equivalente
dad bendita de la vida canónica. sinónimo de «Iglesia») es marcadamente pneumatológico: no se for-
Anselmo había ido a Constantinopla y entró en contacto con el ma el cuerpo por la gratia Capitis, sino por el Espíritu Santo. Él es
pensamiento de los griegos. Hacia mediados del siglo xn, Burgundio quien forma el cuerpo del que Cristo es la cabeza. Ella es la primera
de Pisa traduce al latín el quinto discurso teológico de san Gregorio en tener el Espíritu y la única que lo posee en plenitud. Él desciende
Nazianceno sobre el Espíritu Santo. Pero, si la influencia griega es de ella a los miembros. Encontramos, incluso, esta pneumatología en
fuerte en antropología y en epistemología, la controversia sobre el el lazo que se pone tradicionalmente entre las tres realidades que
Filioque bloqueó, tal vez, las posibilidades de irradiación de la pneu- confirman el título de «cuerpo de Cristo»: su cuerpo natural y per-
matología oriental. sonal, nacido de María, su cuerpo sacramental, su cuerpo eclesial o
Siguiendo a san Agustín, se admite umversalmente la función del de comunión5. Puede verse este lazo bajo el signo del Espíritu Santo
Espíritu Santo en la animación del cuerpo celestial de Cristo, la dis- que actúa, único e idéntico, en cada uno de estos tres cuerpos. Actúa
tribución en él de los dones diversos dados a las personas para la como principio de santificación de Jesús (cf. Le 1,35), de los dones del
utilidad común3. El autor más clásico, porque sirve de fuente de ins- pan y del vino, de los fieles que hacen la Iglesia. Es lo que afirmó el
piración a otros, es Hugo de san Víctor, quien se inspira en san misterioso autor conocido bajo el nombre de Honorius Augustodu-
Agustín. Redacta su De sacramentis christianae fidei hacia 1137 o nensis: el tercer cuerpo, el eclesial, está unido al primero por medio
poco antes. Podemos leer en él: del segundo, eucarístico, que es tal «Spiritu Sancto consecrante». De
esta manera, podemos hablar de los tres como de un solo cuerpo del
De igual manera que el espíritu de la persona desciende, por la cabeza, para que el Espíritu Santo es el principio de unidad: «Unde non tria sed
vivificar los miembros, de igual manera el Espíritu Santo, por Cristo, viene a unum corpus Spiritu Sancto coadunante recte affirmatur»6.
los cristianos. Cristo es, efectivamente, la cabeza; el cristiano es el miembro.
La cabeza es una, los miembros son muchos, y se forma un solo cuerpo con Es cierto que la ausencia de una verdadera epiclesis al Espíritu
la cabeza y los miembros; y en este único cuerpo no existe sino un solo Espíritu. Santo en el canon romano privó de una oportunidad a la teología co-
La plenitud de este Espíritu reside en la cabeza; la participación, en los miem-
bros. Si, pues, el cuerpo es uno y el Espíritu es uno, aquel que no está en el rrespondiente. Precisamente por ello, resulta tanto más sorprendente
cuerpo, no puede ser vivificado por el Espíritu (...). La santa Iglesia es el encontrar frecuentemente la afirmación de que el pan y el vino son
cuerpo de Cristo; es vivificada por un solo Espíritu, unida y santificada por una consagrados por el Espíritu Santo 7. La profesión de fe exigida a los
sola fe. Cada uno de los fieles es miembro de este cuerpo; todos son un solo valdenses que retornaban a la Iglesia, profesión impuesta por Ino-
cuerpo a causa del Espíritu único y de la fe única. Y, al igual que en el cuerpo
humano cada uno de los miembros tiene su función propia y peculiar y, sin 4. De sacramentis, II, pars 2, c. 1: PL 176, 415.
embargo, no obra para sí solo lo que obra por sí, de igual manera, en el cuerpo 5. Cf. H. de Lubac, Corpus mysticum. L'Eucharistie et l'Église au Moyen
Age, París 1944; 21949; F. Holbóck, Der eucharistische und der mystiche Leib
2. Diálogi, I (PL 188, 1144) tr. fr. en Chr 118, p. 43 y 45 (G. Salet). Cf. M. van Christi in ihren Beziehungen nach der Lehre der Frühscholastik, Roma 1941;
Lee, Les idees d'Anselme de Havelberg sur le développement des dogmes, «Anal. nuestra obra citada supra (n. 1), p. 165ss.
Praemonstr.» 14 (1938) 5-35; G. Schreiber, Studien über Anselm von Havelberg. 6. Eucharistion seu de Corpore et Sanguine Domini, c. 1 (PL 172, 1250;
Zur Geistesgeschichte des Hochmiitelalters, ibid., 18 (1942) 5-90; M.D. Chenu, De Lubac, op. cit., p. 186).
La théologie au douziéme siécle, París 1957, p. 235ss; G. Severino, La discussione 7. Algunas referencias: Paschasio Radberto, h. 830, De Corp. et Sang. Domini,
degli ¡íOrdines» di Anselmo di H., «Bull. dell'Istituto Storico Italiano per il c. 7, n. 1 (PL 120, 1284); Alger de Lieja, De sacram.. I, 17 (PL 180, 790 D);
Medio Evo», 78 (1967) 75-122. H. Grundmann (Studien über Joachim von Fiore, Honorius Augustodunensis, n. preced. y Gemma animae. I, c, 105 (PL 172, 578),
p. 92-95) ha sugerido una posible influencia de Anselmo en Joaquín. Ruperto de Deutz, h. 1115, De Trinitate et operibus eius, In Exod., lib. I I , c. 10
3. Cf. en A.M. Landgraf, Die Lehre von geheimnisvollen Leib Christi in den (PL 167, 617); Gerhoh de Reichersberg, Expos. Psalm., Ps. XXXIII (Opera inédita,
frühen Paulinenkommentaren und in der Frühscholastik, «Divus Thomas», 1946, id. D. y O. van den Eynde y A. Rymersdael, II/l, Roma 1956, p. 168); santa
p. 407^419; nuestra obra citada supra (n. 1), p. 161. No podemos omitir san llildegarda, Scivias, iib. II, vis. 6 (PL 197, 526 y 528); Pedro de Celle, Sermo 39
Pedro Damiano, Liber gratissimus, c. 15 (PL 145, 119; Lib. de Lite, I, p. 37) y (De Coena Domini, 6) PL 202, 761, que establece un empalme entre consagración
Opuse. 11 «Dominus vobiscum», c. 5-7 (145, 235-237}. ciicarística y encarnación.
144 145
' nn¡.;;ir, Espíritu 10
El Espíritu en los teólogos El Espíritu en los teólogos
cencío n i en 1208, extiende a todos los sacramentos la afirmación de Gerhoh de Reichersberg copia páginas enteras de Ruperto. Cita
que el Espíritu Santo opera en todos ellos: «inestimabili atque invi- dos himnos cuyas estrofas siguen el plan del abad de Deutz I 2 . La
sibili virtute Spiritus Sancti cooperante» 8 . Se trataba de una convic- misma fuente, idéntica visión de las cosas en un De ordine donorum
ción común. Las vidas de los santos, las visiones que ellas relatan Spiritus Sancti B .
aportan, a este respecto, un testimonio concreto, sacado de la vida y Jacobo de Vitry (f 1240) presentaba la vida de santa María de
de la experiencia 9 . Oignies bajo el signo de los siete dones del Espíritu Santo. La ico-
nografía de finales del siglo x n y del siguiente gustaba de representar
En la época en que nos encontramos, es preciso conceder un espa- a Cristo dando, como si partieran de él: los siete dones: los que po-
cio particular a los dones del Espíritu Santo 10. Durante largo tiempo, seía el Mesías (Is 11,2-3) eran comunicados al cristiano 14. El pensa-
y cuando se hacía referencia, incluso, al texto de Is 11,2-3 se pen- miento tiene muy presente la función que ellos desempeñan en una
saba en los dones de gracia caracterizados por el objeto que su nombre vida espiritual en ejercicio. Dom A. Wilmart ha publicado un tratado
designaba y por los que el cristiano hacía lo que Dios espera de los en ventitrés capítulos, probablemente inglés, de la segunda mitad del
suyos. De manera especial en Occidente, se habló del número «siete», siglo xin, en el que los capítulos XIII al XIX están dedicados respec-
pero no se lo entendió como expresión equivalente a plenitud, sino tivamente a cada uno de los dones 15. En esa obra, se presenta a Dios
como enumeración de operaciones específicas. Se seguía a la Vulgata Padre como justiciero, al Hijo como juez severo (!); el Espíritu es la
quien, a su vez, seguía a los Setenta: «Et requiescet super eum spiritus misericordia que da confianza al pecador. Sin él no osaríamos pre-
Domini: Spiritus sapientiae et intellectus spiritus consilii et fortitudi- sentarnos ante un Padre y un Hijo que condenan. El mismo gran eru-
nis, spiritus scientiae et pietatis; et replebit eum spiritus timoris Do- dito ha publicado una «Plegaria al Espíritu Santo según los siete
mini. Reposará sobre él el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría e dones» 16 y cada uno de éstos es relacionado con uno de los siete pe-
inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y de cados capitales del que libera, con la virtud contraria, con la bien-
piedad; y un espíritu de temor del Señor le llenará.» A partir del si- aventuranza correspondiente y con el fruto que ella procura. Se trata
glo XII, coincidiendo frecuentemente con una lectura más activa de
san Agustín, el occidente cristiano imploró mucho los siete dones del
Espíritu, los celebró, intentó comprenderlos. Eran, al igual que las Libros VI a VIII: mártires, doctores, monjes penitentes = fuerza contra el pe-
cado. Libro IX: escatología — temor de Dios.
virtudes, principios de acción según Dios. Se los relacionaba gustosa- 12. Gerhohi Opera inédita, II. Expositiones Psalmorum pars tertia et pars nona,
mente con otros septenarios: las siete mujeres que sufren el oprobio l. II, ed. D. y O. van der Eynde y A. Rijmersdael, Roma 1956, p. 448-450.
y buscan un hombre para tomarlo para sí (ya Orígenes), los siete pe- 13. Opera inédita ... I, Roma 1955, p. 65-165.
cados capitales, las siete peticiones del Padrenuestro, las siete bien- 14. Tal vez intentemos, en la continuación de nuestro estudio, reunir las
informaciones sobre la iconografía del Espíritu Santo en la que se expresan la
aventuranzas, otros septenarios aún más artificiales. experiencia y la inteligencia cristianas. De momento, nos limitamos a reproducir
Ruperto de Deutz, poco antes del 1135, encierra en el signo de esta nota que pone fin a un artículo de T. Spasskij sobre L'Office titurgique
los siete dones los momentos de la historia, que constituyen el tema slave de la «Sagesse de Dieu»: «Una vidriera de la catedral de Chartres (fachada
occidental, vidriera de la derecha, panel superior del árbol de Jesé) representa a
de los cuarenta y dos libros de su De Trinitate, en relación con los Cristo rodeado de siete palomas; las de encima representan o personifican la
siete días de la creación y las siete edades del mundo. La tercera parte Sabiduría (Sapientia) y forman como un cuerpo con ella (cf. J. Verrier, Vitraux
de la obra trata De operibus Spiritus Sancti, en nueve libros. En de France aux XII' et XIII' siécles, París Histoire des Arts plastiques, s.f. pl. II);
una vidriera de la abadía de Saint-Denis representa a Cristo entre la Iglesia y la
ellos se pone los momentos sucesivos de la historia de la Iglesia bajo sinagoga. Lleva en su pecho una paloma atada con rayos a otras seis palomas
el signo de un don particular 11 . (los siete dones); con la mano izquierda desvela la sinagoga; con la derecha
corona la Iglesia (cf. E. Male, L'art religieux au XII' siécle en France, París
8. Dz 424; Dsch 793. 1947, p. 166); otra vidriera de Chartres — u n o de los rosetones colocados encima
9. Utilizado abundantemente por K. Goldammer, Die eucharistische Epiklese de las vidrieras de la nave central — representa a la Virgen sentada teniendo
in der mittelalterlichen abendlándischen Frómmigkeit, Bottrop (Westf.), 1941. sobre sus rodillas una medalla de Cristo-Sabiduría, atada con rayos a seis palomas
10. Se encontrará toda la documentación, bibliografía y explicaciones teoló- que rodean al personaje principal, como en la vidriera de Saint-Denis» («Ireni-
gicas en los artículos Dons del Diction. de Théol. cath., t. IV, 1911, col. 1728- kon», 30 [1957] 188, n. 1).
1781 (A. Gardeil) o del Diction, de Spiritualité, t. III, col. 1574-1641 (G. Bardy, 15. A. Wilmart, Les méditations sur le Saint-Esprit attribuées á S. Augustin,
F. Vandenbroucke, A. Rayez, M. Labourdette, Ch. Bernard). «Rev. Ase. Myst.», 7 (1926) 17-63; reprod. en: Auteurs spirituels et Textes dévots
11. PL 167; «S. Chr.» 131 y 165. Libros I a III: encarnación, redención, tlu Moyen Age latín, París 1932, reedic. 1971, p. 415456 (ofrece amplios extractos
sacramento de la pasión = sabiduría. Libro IV: apóstoles = inteligencia (de las del texto).
Escrituras). Libro V: rechazo de los judíos en favor de los gentiles — consejo. 16. «Vie spirituelle. Supplément», 16 (1927) 323-344; repr. vol. cit., p. 457-473.
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El Espíritu en los teólogos El Espíritu en los teólogos
de un texto monástico de mediados del siglo xiv. Supone y asume tudes y los «dones». La distinción entre virtudes y dones era una ad-
una elaboración teológica cercana a la que ofreció santo Tomás de quisición reciente de la teología. Santo Tomás, que, en las Sentencias
Aquino. (III, d. 34, q. 1, a. 1; cf. In Isaiam, c. XI) se contentaba con decir
Aproximadamente hasta 1235, no se distinguió los dones de las que, por los dones, el fiel actúa «ultra modum humanum, por encima
virtudes. Felipe el Canciller fue quien realizó esta separación o dis- de la medida humana», afirma, en la Suma, que esto es debido a que
tinción por primera vez. Fue sistematizada por Tomás de Aquino de es movido por un principio superior (ST, I-II, q. 68, a. 2). Santo
manera muy notable y respondiendo verdaderamente a un aspecto Tomás se aferra al texto de Isaías; y éste habla no de manera vaga,
real de la vida de los hijos de Dios. Vamos, pues, a exponer sucin- imprecisa, de «dones», sino de forma muy concreta, de espíritus,
tamente esta teología tal como se encuentra en la Suma en 1269-70. «spiritus» sapieniiae, etc., es decir, de una moción mediante inspira-
Tomás sitúa al hombre en el cuadro del movimiento por el que ción (q. 68, a. 1). Volvemos a encontrar el valor bíblico del «soplo»
las criaturas son mudadas y se mueven hacia su fin. Él entiende «mo- que estudiamos al principio. Pero desde 1259 ó 1260, Tomás dispone
vimiento» en la acepción más amplia del término, como paso de un de una confirmación inesperada (dice por dos veces: «et etiam Philoso-
estado a otro. Se trata aquí de un motus hominis ad Deum; marcha, phus, incluso Aristóteles») en el De bona fortuna, opúsculo compues-
ascenso, de la persona hacia Dios, nada menos que Dios. Sólo él es to de dos capítulos de Aristóteles, tomado uno de la Ética a Eudemo
el principio y el término, Dios en su propia vida divina en cuanto y el otro del 2.a libro de los Magna Moralia. Aristóteles habla de la
que ella es comunicable y comunicada de hecho por la gracia, que es horme, inclinación o impulso del apetito superior. Tomás aplica esta
apropiada al Espíritu S a n t o n . Efectivamente, Dios como creador ha noción al impulso divino que sobrepasa el uso de la r a z ó n 2 : una
dado a cada naturaleza los principios de una operación que sea ver- aplicación claramente extraña al filósofo griego... Los dones, como
daderamente la suya. Se trata del hombre, al que ha hecho libre. realidades permanentes distintas de las virtudes, son disposiciones que
Y esto significa no sólo que el hombre se determine a sí mismo, que hacen al cristiano delicadamente sensible para la captación y puesta
sea causa sui, autorrealizador, que se construya y perfeccione por sus en práctica de las inspiraciones del Espíritu 23 . Éstas no serían otra
actos y sus hábitos, sino también que, si Dios lo mueve, lo hace den- cosa que una disposición permanente que, de manera permanente tam-
tro de la libertad de la persona y para que el hombre actúe libre- bién, abre al discípulo de Jesús a conformar su acción, más allá de
mente 18. Así, recibido de Dios, el hombre tiene en sí mismo el prin- las virtudes, más allá de su razón habitada por la fe, más allá de su
cipio de su movimiento: facultades, actos, hábitos, virtudes (o vicios). prudencia sobrenatural, a Otro, infinitamente superior e infinitamente
Pero hay también unos motores de la actuación moral que son exte- libre, el Espíritu Santo.
riores al hombre mismo. Santo Tomás los distingue según que su in- Nos encontramos muy lejos de un actuar moral puramente razo-
fluencia se ejerza por información, sugestión o eficiencia 19. El demonio nable. Nos encontramos, incluso, lejos de una posición imputada fre-
actúa en nuestra libertad mediante sugestión: es la tentación. Dios cuentemente a santo Tomás, la de una regulación por modelos saca-
busca que vayamos o retornemos a él y actúa per instructionem et per dos de una naturaleza de las cosas intemporalmente fijada. Tomás hace
operationem, por la enseñanza y la acción 20 . De ahí, ese enunciado sitio al acontecimiento del Espíritu; su cosmos ético es el de la volun-
que nos introduce directamente en nuestro tema: «Principium exterius tad salvífica y santificadora de Dios, siguiendo medidas que superan
movens ad bonum est Deus, qui et nos instruit per legen et iuvat per toda racionalidad humana, incluso sobrenatural. Otro nos guía, pero
gratiam. Dios es el principio que nos mueve al bien desde fuera de no sin nosotros, no violentamente (cf. supra, n. 18), pero más allá
nosotros mismos; nos instruye por la ley y nos ayuda por la gracia» 21 . de nuestras miras y de nuestros modos de comportamiento previstos.
«Por la gracia»: no sólo mediante el auxilio de las gracias actua- Y no sólo más allá de las de nuestra razón carnal, sino más allá de
les, sino también de los dones profundos y estables, la gracia, las vir- iiqucllas que suscitaba nuestra fe. No es que los dones se encuentren
por encima de las virtudes teologales. Al unirnos con Dios mismo,
17. Sobre esta visión de las cosas, cf. C. Gentiles, IV, 21 y 22; Comp. theolo- nada puede haber por encima de ellas, los dones están al servicio d e
giae. I, 147. Esta idea constituye el quicio de la teología tomista sobre el mérito. «ti funcionamiento perfecto. Pero solamente Dios, interviniendo per-
18. Cf. I-II, q. 9, a. 4 y 6; q. 68, a. 3 ad 2; II-II, q. 23, a. 2; q. 52, a.
1 ad 3. Mmalmente, puede dar su plenitud al ejercicio de estas virtudes; sólo
19. Sobre esta distinción, utilizada frecuentemente por Tomás, cf. nuestro
estudio Tradítion et sacra doctrina chez s. Thomas d'Aquin, en: Église et Tradition, 22. Cf. Th. Deman, Le «Líber de Bona Fortuna», «Rev. Se. phil. théol.»
Le Puy y Lyón 1963, p. 157-194. 17 (1928) 38-58.
20. Cf. ISent., d. 16, q. 1, a. 3; I-II, q. 108, a. 1. 23. «Prompte mobilis ab inspiratione divina», «a Spiritu Sancto»: M I , q 68,
21. I-II, q. 90, prol.; q. 109, prol. II. I y X; q. 69, a. 1; II-II, q. 52, a. 1; q. 121, a. 1; etc.
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él puede consumar la actuación de un hijo de Dios. Tomás cita con cía: non est habítus, sed actus. «La iluminación profética no existe
gusto el dicho de san Pablo: &Qu¡ Spiritu Dei aguntur, hi sunt filii en el espíritu del profeta más que en la actualidad de la inspiración.»
Dei, los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios» Es un carisma conferido para beneficio de los otros y de la co-
munidad 26.
(Rom 8,14).
Tomás se dedica, pues, a establecer la función de los dones en
el ejercicio de las virtudes teologales y morales. Y, puesto que ve en Aunque no bajo la forma de inspiración de libros canónicos, sino
las bienaventuranzas el acto perfecto de las virtudes y especialmente, en la de guía de las almas y de la Iglesia por Dios, el carisma pro-
de los dones, trata de hacer corresponder a cada una de estas virtudes fético no ha cesado jamás de manifestarse. Lo hemos visto por lo
un don concreto del Espíritu y una de las bienaventuranzas. Se dedicó, que atañe a la edad media27. Se ha explicado la función y condiciones
incluso, a atribuir a cada virtud, con su don y con su, o sus, bienaven- de santidad para la vida actual de la Iglesia28. Entendemos aquí el
turanzas, uno u otro de los «frutos» del Espíritu de los que habla san término en un sentido amplio que reconoce Tomás de Aquino: «To-
Pablo y a los que consagró una cuestión especial, insistiendo en el dos los dones relativos al conocimiento pueden compendiarse bajo el
combate espiritual contra la «carne»: (I-II, q. 70) haciendo referencia nombre de profecía»29. Por supuesto, engloba muchas formas:
a Gal 5,22-23. Por supuesto, en este esfuerzo por trazar correspon- Consejos y advertencias: caso, por ejemplo, de santa Hildegarda
dencias hay algo de artificial y de forzado. No vamos a entrar en el (t 1179) formalmente aprobado por Eugenio m y por sus sucesores30.
detalle. No tenemos por qué atribuirles un valor absoluto ni negarles Predicación espontánea: en determinadas épocas, algunos ermita-
el pan y la sal; efectivamente, con frecuencia se expresan percepcio- ños se lanzaron a la peregrinado, a los caminos, y comenzaron a pre-
nes profundas. Esta visión tomista de la superación de nuestras pre- dicar. Así sucedió en los siglos vi-vn y en los xi-xn. ¿Cómo no citar,
visiones por las llamadas e intervenciones de Dios vivo nos permiten entre los grandes misioneros carismáticos, a san Bonifacio (675-755),
comprender cómo la santidad, tal como aparece en los santos, es la Bruno de Querfurt (t 1009), Francisco Javier (f 1552) y tantos otros
forma más perfecta de la vida cristiana. Está tejida de constantes su-
en la época moderna? P. Boglioni ha subrayado la función de los er-
peraciones de las medidas sobrenaturales, pero humanas; de «inspira-
mitaños y monjes que se lanzaron a predicar las cruzadas, afirmando
ciones» generosamente escuchadas. Pensemos en Teresa de Lisieux.
de esta manera, con los hechos, una especie de autonomía de la pa-
La santificación es obra exclusiva del Espíritu Santo. labra inspirada: «per virtutem mortificationis pervenitur ad licentiam
Él es también el principio de la «revelación» del pensamiento, del praedicationis». Y sabemos que las cruzadas se produjeron en un
plan y de las voluntades de Dios para su pueblo. Volveremos más clima de visiones, de signos, de profecía apocalípticas31. En el siglo
adelante para ver cómo utilizaron los padres y los hombres de la edad XII, el Occidente fue recorrido de punta a cabo por predicadores iti-
media las categorías de inspiración y de revelación. En otra obra las
nerantes entregados a la pobreza según el ideal de la vita apostólica.
hemos tratado de manera extensa24. Actualmente, al considerarlas
bajo el signo de la pneumatología, comprendemos mejor su significa-
ción y alcance. Comprendemos mejor también el interés que sintieron 26. Santo Tomás, De veritate, q. 12, a. 1 y 5; ST, II-II, q. 171, a. 2; q.
172, a. 4.
los escolásticos por el estudio de la profecía25. Es verdad que lo reali- 27. Cf. I. von Dollinger, Der Weissagungsglaube und das Prophetentum in
zaron con su gusto por el análisis y una confianza, problemática para der christlichen Zeit, 1871; P. Alphandéry, De quelques faits de ptophétisme dans
nosotros, en los instrumentos conceptuales de este análisis. Al menos, les sedes latines antérieures au joachimisme, «Rev. de l'Hist. des Religions», 52
se interesaron por modos de conocimiento no racionales, unidos a una (1905) 177-218; P. Boglioni, / carismi nella vita della Chiesa Medievale, «Sacra
acción del Espíritu. Siguiendo a su correligionario Hugo de San Caro, Doctrina», 59 (1970) 383-430.
28. R. Grosche, Das prophetische Element in der Kirche, 1956; reprod. en
Tomás de Aquino afirma el carácter de acontecimiento de la profe- Et intra et extra. Theologische Aufsatze, Dusseldorf 1958; K. Rahner, Lo dinámico
en la iglesia, Herder, Barcelona 21968; A. Ulbyn, Actualité de la jonction prophé-
24. En La Tradiíion et les tradilions, I. Essai hislorique, París 1960, p. 125- lique, DDB, 1966; «Concilium», 37 (sept. 1968); nuestro Vraie et fausse reforme
128, 151-166, 221-223 y las notas correspondientes. dans VÉglise, op. cit., París 1950, p. 196-228, París 21969, p. 179-207.
25. B. Decker, Die Enlwicklung der Lehre vori der prophetischen Ojfenbarung 29. ST, II-H, q. 171, prol. Véase también, para este sentido amplio, q. I?4»
von Wilhelm von Auxerre bis zu Thomas von Aquin, Breslau 1940 y, del mismo, a. 6; De veritate, q. 12, a. 2; Com. in Mat., c. 7, lect. 2 y c. 11.
artículo en «Angelicum», 16 (1939) 194-244; J.P. Torrell, Huges de Saint-Cher et 30. Cf. PL 197, 95 y 104; 197, 150 y 153.
Thomas d"Aquin. Contribution á l'histoire du traite de la prophétie, «Rev. Tho- 31. P. Rousset, Les orígenes et les caracteres de la Premiére Croisade, Neu-
miste», 74 (1974) 5-22; id., Théorie de la prophétie et Philosophie de la connais- chatel 1945; P. Alphandéry y A. Dupront, La Chrétienté et l'idee de croisade,
sanee aux environs de 1230. La contribution d'Huges de Saint-Cher, Lovaina 2 vols. («L'évolution de l'Humanité» XXXVIII), París 1959.
1977.
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Tuvo lugar entonces un llamamiento potentísimo a la penitencia, a santificadora en el marco, un poco artificial, de los siete dones. Tam-
la conversión evangélica n. poco podemos trazar esta historia 39 . De ella, retendremos únicamente
Intervenciones en la vida de la Iglesia con un espíritu de profecía. un capítulo. Y ello a causa de la intensidad e insistencia con que la
Es notabilísima la parte que han tomado las mujeres en esta activi- acción del Espíritu es detallada en él. Nos referimos a la vida de
dad: Hildegarda (t 1179), Isabel de Schónau (+ 1164), Rosa de Vi- santa Dorotea de Montau (1347-1394).
terbo (1233-1251), Margarita de Cortona (1247-1297), Brígida (1303- Nos ha sido descrita por el que fue su director en sus últimos
1373), Catalina de Siena (1347-1380), Juana de Arco (1412-1431). La años, Juan de Marienwerden 40 . Éste sistematizó excesivamente las
lista podría continuar. Cada una llevó a cabo una misión excepcional «misiones» o visitas del Espíritu. Cuenta las veces en que Dorotea las
gracias a carismas deslumbrantes. recibió: diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres... Relaciona
Las visiones y profecías florecen de manera especial en los mo- estas «misiones» con siete modos de manifestación o de presencia,
mentos de zozobra, en las situaciones disputadas: las de un Roberto según las categorías que ilustra con textos bíblicos. Pero en el orden
d'Uzés (t 1296) en torno a Celestino v y Bonifacio VIII 3 3 , las del del Tractatus aparecen rutilantes la libertad del Espíritu y la gene-
franciscano Juan de Roquetaillade (t h. 1365) 34 , de Vicente Ferrer 3 5 , rosidad de la gracia. Un alma conocía la plenitud de esa libertad y
del gran Savonarola. El gran cisma de Occidente fue una época par- generosidad en el momento en que la Iglesia vivía el drama del gran
ticularmente favorable para las visiones y profecías de desgracias. Ello cisma. Al hilo de los días y de las noches de aquella que, casada,
atrajo la reacción crítica de los teólogos y del concilio de Constanza 36 . había tenido nueve hijos y había sido seducida por Dios, encontramos
Captación profunda de la verdad salvífica y enseñanza cualifi- palabras, un canto, gritos de gozo o de súplica, abundantes lágrimas
cada. La tradición patrística y medieval sitúa firmemente la profecía y, envolviéndolo todo, una gran dulzura.
en esta actividad de penetración de la palabra de Dios, de los textos
sagrados, de la doctrina salvadora 37 . Tenemos que hacer una alusión
también a lo que Newmann llamaba la tradición profética y el pro-
phetical office, que él distinguía de la tradición episcopal 38 . ¡Honor
a los teólogos verdaderamente dignos de este nombre!
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Destino del joaquinismo
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Joaquín de Fiore Destino del joaquinismo
Espíritu — el que vive la Iglesia — es el tiempo de Cristo 5 . Esto neu- fe y de conducta tienen un lugar (lo exige la lógica de la encarnación:
traliza, e incluso elimina, el veneno del joaquinismo. q. 108, a. 1), pero secundario y al servicio de la gracia del Espíritu.
Tomás de Aquino adopta una postura resueltamente crítica; seve- Pero el status o régimen del Nuevo Testamento es conjuntamente de
ra y radicalmente crítica 6 . En su opinión, Joaquín fue «un patán al Cristo y del Espíritu. Es definitivo. No tenemos por qué esperar la
nivel de una teología afinada, in subtilibus fidei dogmatibus rudis»1; venida de otro después de él. Pretender esto último es pura vanitas;
y de hecho, su teología trinitaria es falsa 8 . Tomás — y en esto se es algo que carece por completo de contenido de verdad.
distinguió de Buenaventura— reconocía el sentido tipológico de los Cuando Joaquín creía abrir perspectivas de progreso, estaba dan-
hechos que narran las Escrituras canónicas del Antiguo Testamento, do la espalda al sentido de las Escrituras, tan perfectamente captado
pero rechaza el intento de encontrar una correspondencia entre un por la tradición y por la liturgia: el Espíritu hace comprender al
rasgo concreto del Nuevo y un hecho concreto del Antiguo. Tales Verbo-Hijo, que revela al Padre y conduce a él. Por el contrario, el
correspondencias podrían ser fruto de las conjeturas humanas, no de esquema tomista del exitus-reditus está en plena consonancia con este
la profecía'. Sin citar el nombre de Joaquín, pero aludiendo casi tex- sentido tradicional.
tualmente a él, con una indicación tácita a la segunda de las tesis Tomás de Aquino pertenecía a una orden en la que se tenía la
censuradas por los profesores de París, Tomás formula su crítica de creencia de que los carismas del Espíritu no sólo se habían manifesta-
fondo en este tratado de la ley nueva que parece propio de él en la do en su fundador, D o m i n g o n , sino que se hablaba de una gratia
teología del siglo x m : I-II, q. 106. Esta ley nueva consiste, principal- praedicatlonis para enviar a tal o cual hermano predicador n . Tomás
mente (esta palabra tiene un sentido pleno), en la gracia del Espíritu mismo emplea el término 13 . Admirable carisma del apostolado que
Santo dada interiormente 10 . Los signos sacramentales, las reglas de merecía ser seguido en su ejercicio en el curso de la historia. El pri-
vilegio que se le reconocía en los predicadores no parece haber susci-
5. Sobre Buenaventura y el joaquinismo, cf. É. Gilson, La philosoplúe de tado situación crítica alguna. Los Capítulos tuvieron cuidado de que
S. Bon., París 21943, p. 21-27 (tr. cast.: La filosofía de san Buenaventura, Desclée, no se produjeran lecturas extrañas ni entusiasmos desordenados.
Bilbao 1960); J. Ratzinger, Die Geschichtstheologie des Hl. Bonaventura, Munich -
La orden de san Francisco no pudo evitar una crisis, grave; la
Zurich 1959; H. de Lubac, Joachim de Fiore jugé par S. Bonaventure et S. Tilo-
mas, en Pluralisme et Oecuménisme en Recherches théologiques, Mélanges S. de los espirituales y de los fratricelli14. Joaquín había anunciado como
Dock, Gembloux 1976, p. 31-49; O. Stephan, Bonaventuras christologischer Einwand muy próxima una nueva era que sería proclamada por religiosos espi-
gegen die Geschichtslehre des Joachim von Fiore, en «Miscellanea Mediaevalia»,
dir. por A. Zimmermann, 11: Die Machte des Guten und Bósen..., Berlín 1977, la théologie thomiste de l'agir moral en Atti del Congresso internazionale 1974,
p. 113-130. N. 5, Ñapóles 1976, p. 9-19. La alusión a la segunda tesis condenada por los
6. E. Benz, Joachim studien, III. Thomas von Aquin und Joachim von Fiore, doctores parisinos se refiere a la identidad entre el Evangelium Christi y el
«Zeitsch. f. Kirchengesch.» 53 (1934) 52-116 está incompleto. Tomás entró en Evangelium Regni: q. 106, a. 4 ad 4; Com. in Rom., c. 10, lect. 3; in Col., c. 1,
conocimiento de los escritos de Joaquín en un monasterio: vida por Tocco, Acta lect. 2. Negar esta identidad es stultissimum, completamente estúpido.
Sanct. Martii, p. 665; ed. Prummer, Fontes vitae S. Thomas Aq., fase. 2, Toulouse 11. Cf. M.H. Vicaire, Charisme et hiérarchie dans la fondation de l'Ordre
1913, p. 93-94; A. Walz, Abt Joachim und der «neue Geist der Freheit» in Toceos des Précheurs, «Vie dominicaine» (Friburgo), 31 (1972) 37-60; reimp. en Domini-
Thomasleben c. XX, «Angelicum», 45 (1968) 303-305. únicamente conozco el que et ses Précheurs, Friburgo y París 1977, p. 198-211. Véase también La vie
título de B. McGian, The Abbot and the Doctors; Scholastic Reactions to the de S. Dominique, por el padre Bede Jarrett.
Radical Eschatology of Joachim of Fiore, «Church History», 40 (1971) 30-47. 12. Véase el Libellus de Jordán de Sajonia, sucesor de san Domingo, nn. 39,
7. In 2m* Decretal. 69, 77 (Mon. Ord. Praed. Hist., XVI, Roma 1935, p. 45, 57, 62); proceso de
8. ST, I, q. 35, a. 5 y lugar citado n. precedente. Esta teología había sido canonización de Domingo, nn. 24, 26, 39 (MOPH XVI, p. 142, 143, 158); Gerardo
condenada por el concilio iv de Letrán, c. 2 (nov. 1215), DSch 803, quien, sin de Frachet, Vitae Fratrum, 3.» parte, c. 11 (MOPH, I, Lovaina 1896, p. 108;
embargo, había declarado que no pretendía dañar al monasterio de Fiore (n.° cf. p. 138 y 150).
807). Es la «segunda decretal» comentada por santo Tomás. Tal comentario 13. ST, III, q. 7, a. 7. Y cf. gratia sermonis: I-II, q. 111, a. 4; II-II, q. 177,
estaba destinado a la instrucción del clero, tarea a realizar por los archidiáconos. a. 1; C. Gentes, III, 154; Com. in Rom., c. 2, lect. 3; in 1 Cor, c. 1, lect. 2.
9. «Quamvis status novi testamenti in generali sit praefiguratus per statum 14. Debemos citar E. Benz, Ecclesia spiritualis. Kirchenidee und Geschichts-
veteris testamenti, non tamen oportet quod singula respondeant singulis, praecipue theologie der franziskanischen Reformation, Stuttgart 1934, 21964. Excelentes ar-
cum in Christo omnes figurae veteris testamenti fuerint completae; et ideo Augus- tículos Spirituels en Dict. Théol. cathol., t. XIV, 1939, col. 2522-2549 (L. Oliger);
tinus "exquisite et ingenióse illa singula his singulis comparata videantur, non Fratricelles, en Dict. de Spiritualité, t. V, 1964, col. 1167-1188 (Cl. Schmitt). Añá-
prophetico spiritu, sed coniectura mentís humanae, quae aliquando ad verum per- dese, aparecido después, G. Leff, Heresy in the Late Middle Ages: the Relation
venit, aliquando fallitur" (De civ. Dei, XVIII, 32). Et similiter videtur esse de of Heterodoxy to Dissent c. 1250-1450, Nueva York 21967; Franciscains d'Oc.
dictis abbatis Joachim»: IV Sent., d. 43, q. 1, a. 3. Les Spirituels c. 1280-1324 («Cahiers de Fanjeaux» X), Toulouse 1975. Censura
10. ST, I-II, q. 106, a. 1 y 2; q. 107, a. 1; cf. Com. in Rom., c. 8, lect. 1; de Olivi por el concilio de Vienne, DSch 908, de los fraticelli por Juan xxn,
in Hebr., c. 8, lect. 3. Bibliografía en nuestra colaboración Le Saint-Esprit dans DSch 910-916; 930.
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Joaquín de Fiore Destino del joaquinismo
rituales y pobres, a pesar de que él insistió poco en la pobreza. Y apa- freno moral, el sentimiento de estar en Dios hasta los límites del pan-
reció Francisco, verdadero milagro del evangelismo, «Christo totus teísmo. «Spiritus Sanctus in nobis quotidie incarnatur...»
concrucifixus et configuratus», perfecta imagen de Cristo. Joaquín
había anunciado un retorno de Elias que inauguraría la tercera era A pesar de que las tesis joaquinitas no gozaran de crédito entre los
y una revelación más plena del Espíritu. Francisco era el nuevo Elias; doctores parisinos 17 , el abad calabrés había suscitado, para la espe-
era el ángel del sexto sello del Apocalipsis (Ap 7,2), el instaurador de ranza y la ansiedad humana, una sacudida que perduraría durante
una era del Espíritu y el que anuncia un evangelio eterno (14,6). Como largo tiempo 1S . ¿Se ha amortiguado por completo? Aparecieron fun-
él mismo había dicho, su regla evangélica de pobreza total debía ser daciones religiosas en la línea de los hombres espirituales anunciados
seguida «sin glosa, al pie de la letra». A partir de los años 40 del si- por Joaquín 19 . No olvidemos que, desde hacía algún tiempo, las reno-
glo XIII comienza a abrirse paso una corriente de observancia estricta, vaciones de la Iglesia estaban estrechamente ligadas a la aparición
en confrontación con los «conventuales». Se endureció después del de órdenes religiosas y éstas eran consideradas como fruto de las ini-
concilio de Lyón, de 1274. Nos referimos a los «espirituales», que se ciativas del Espíritu Santo 20 . Pero hay más. Al introducir en la histo-
desarrollaron especialmente en la Marca de Ancona, alrededor de ria terrestre — p a r a él la de la Iglesia, pero era también la del mun-
Ángel de Clareno y en Provenza con Pedro Juan Olivi (Olieu). Im- d o — una escatología caracterizada por la novedad de un régimen
presiona tanto el evangelismo de personas que querían una Iglesia de interioridad y de libertad, Joaquín abrió las puertas a corrientes
pobre y sin dominium terreno 15, personas que, por lo absoluto de su eventualmente torrenciales de la esperanza de los hombres. Éstos po-
ideal, afrontaban tratos duros, incluso el de la hoguera... como, al dían convertirse en paladines de una protesta social, de una contesta-
mismo tiempo, el hecho de que pudieran batirse, excomulgarse por ción reformista de la Iglesia, de toda aspiración a la novedad, a la
posiciones que nos parecen cargadas de exageraciones y de ficciones. libertad. Estas corrientes podían traducirse en filosofía de la razón,
La situación se agravó bajo el pontificado de Juan xxn (1316-1334). del progreso o del «espíritu». Tendremos oportunidad de comprobar
Se llama fratricelli a aquellos que, en la familia franciscana, se cons-
tituyen primero en grupo autónomo de incondicionales de la pobreza 17. Testimonio de Henri de Langenstein hacia 1392: «qualis fuerat abbas
Joachim... Parisiensis schola non ignorat. Ibi enim nullius est auctoritatis» (Contra
y, posteriormente, en grupos de desviacionistas y de revoltosos. De vaticinium Telesphori Eremitae, en B. Pez, Thesaurus Anecd., 1/2, col. 521).
una voluntad de reino puramente espiritual de Cristo se pasó a la M. Reeves, op. cit. (n. 1), p. 426.
contestación y al rechazo de los sacramentos y de la jerarquía de la 18. Indicaciones más o menos documentadas: J. Taubes, Abendlandische
gran Iglesia, la del papa. Se trataba a éste como precursor del anti- Eschatologie, Berna 1947 (simple índice); Joachim von Fiore, Das Reich des Hl.
Geistes, ed. preparada por A. Rosenberg, Munich 1955; K. Lowith, Weltgeschichte
cristo; se utilizaba una apocalíptica favorable a actitudes apasionadas, und Heilgeschehen. Die theologischen Voraussetzungen der Geschichtsphilosophie,
completamente reñidas con lo razonable. Stuttgart 41961, apéndice I: Verwandlungen der Lehre Joachims, p. 190-195; M.
Entre el espiritualismo joaquinita o franciscano y la corriente de Reeves, cit. supra (n. 1) e infra; G. Wendelborn, Gott und Geschichte. Joachim
von Fiore und die Hoffnung der Christenheit, Viena - Colonia 1974; N. Cohn,
los hermanos del espíritu libre 16 no existe una verdadera continuidad The Pursuit of the Millenium, Londres 31970; G. Bornkamm, Gesammelte Aufsatze,
sino interferencias y una cierta comunidad de fondo. La corriente de t. III, citado infra, n. 26.
los hermanos del espíritu libre se anuncia a partir del siglo xi en los 19. Éste fue el caso de los franciscanos y también de los dominicos (Salim-
movimientos antieclesiales, antisacramentarios y adquiere concreciones bene; Gerardo de Frachet, Vitae Fratrum, ed. Reichert, MOPH, I, p. 13). Cf.
concretas y diversas en un Speroni o Amalrico de Bena. Éste asume M. Reeves, op. cit. (n. 1), p. 146ss, 161ss. Sería interesante examinar la reacción
antiintelectual que se produjo en los predicadores. ¿Está relacionada de alguna
temas místicos bastante profundos, pero lleva la pasividad hasta el manera con un determinado joaquinismo? Los ermitaños de san Agustín invoca-
quietismo, la indiferencia a las reglas externas hasta la ausencia de ron en favor suyo la profecía joaquinita en el siglo xrv (M. Reeves, Joachimist
Kxpectations in the Order of Augustinian Hermits, «Rech. Théol. Ana Méd.», 25
11958] 111-141) y también a comienzos del siglo xvi, utilizando su título de
15. W. Chr. van Dijk, Le franciscanisme comme contestation permanente «ermitaños» (!). También los jesuítas: M. Reeves, The Abbot Joachim and the
dans l'Église, Congreso de la asociación internacional de las ciencias religiosas, Society of Jesús, «Mediaeval and Renaissance Studies», 5 (1961) 163-181. Los dos
Munich 1960. artículos están resumidos en op. cit. (n. 1), p. 251-273 y 274-290.
16. R. Manselli, Spirituali e Beghini in Provenza, Roma 1959; Romana 20. Véase por ejemplo la bula de canonización de santo Domingo por Gre-
Guarnieri ha concentrado en el importante artículo Fréres du libre esprit del gorio ix, 3 julio 1234: MOPH, XVI, Roma 1935, p. 190-194; trad. francesa en
Dict. de Spirit. (t. V, 1964, col. 1241-1268) su estudio // movimento del libero M.H. Vicaire, Saint Dominique de Caleruega d'aprés les documents du XIII'
spirito, publicado en «Archivo italiano per la Storia della pietá», 4 (1965) 351- siecle, París 1955, p. 255-259. En un estilo florido de un simbolismo alegorizante,
708. Censura de los hermanos del libre espíritu por Bonifacio vm, 1291 (DSch muestra cuatro carros sucesivos: los mártires, la orden monástica de Benito, la
866) y del concilio de Vienne (1311-1312) contra los beguardos, DSch 891-899. del Císter y de Flore, la de los predicadores y de los menores.
158 159
Joaquín de Fiore Destino del joaquinismo
que se produjo todo esto y que se invocó explícitamente a Joaquín. fetas» anunciaban tribulaciones, pero también la preparación de una
¿Acaso no había escrito él: «Dios hará cosas nuevas sobre la tierra: renovatio mundi. En este clima se editó a Joaquín, en Venecia, en
faceré novum super terram et renovare peccatis inveteratatn eccle- el segundo y tercer decenio del siglo xvi24. Son de sumo interés las
siam»21? Paralelas a las que Ét. Gilson estudió como «metamorfosis referencias joaquinistas de la evangelización de México realizada por
de la ciudad de Dios», se produjeron metamorfosis del joaquinismo los franciscanos y dominicos en el siglo xvi. Una perspectiva esca-
(Verwandlungen der Lehre Joachims, dice K. Lowith, cf. n. 18). En tológica unida a la conversión de los últimos pueblos no evangeliza-
algunas ocasiones, se trató de secularizaciones del Espíritu. Evocare- dos se empareja con una referencia al apostolado primitivo —los
mos las más importantes. doce franciscanos enviados en 1523 — bajo el signo de un espíritu
En su obra Sacrum Imperium, Alois Dempf ha puesto brillante- joaquinita25. Los misioneros intentaron realizar un reino milenarista.
mente de manifiesto el lazo entre un resurgimiento de escatologismo Nos encontramos, una vez más, con la historización de la escatología
traducido a apocalíptica y las preocupaciones de protagonismo polí- y la apocalíptica en la que aquélla se traduce.
ticas. Este fenómeno es claramente perceptible en el joaquinismo que Pero estaba a punto de nacer un tiempo nuevo, al que damos el
pervive a lo largo de todo el siglo xm, con su esperanza de un empe- nombre de los tiempos modernos. Es un término excesivamente vago,
rador salvador y un Papa angelicus. El pontífice con tales caracterís- demasiado amplio. Con todo, la expresión designa una realidad, un
ticas se hizo presente en Celestino v, el ermitaño de los abruzos que movimiento relativamente continuado, el afianzamiento de la razón
reinaría sólo algunos meses (1294). ¡Y lo fue Bonifacio vm! Sus ad- humana frente al dogmatismo y a la tutela de una religión sobrena-
versarios, los Colonna, se alian con los espirituales. Dante (1265-1321) tural positiva. Tal acontecimiento hizo exclamar a Michelet: «El gran
— como buen gibelino— puede recordar que, contra las pretensiones siglo, quiero decir: el siglo dieciocho.» Se produce la trasferencia de
temporales de los papas, los emperadores han preconizado una Iglesia una explicación sobrenatural a una explicación por las realidades
espiritual y pobre. Y celebra naturales, por el movimiento del espíritu y de la sociedad humanos.
Cuando J.B. Vico fundamenta su filosofía de la historia en la provi-
II Calabrese abate Gioacchino
di spiritu prophetico dotato a. dencia divina, presenta a ésta revelándose en el desarrollo de las len-
guas, de las religiones y de las leyes. Se trata de un movimiento in-
La esperanza joaquinita vivió varias primaveras durante el siglo xiv, manente a la humanidad, que «es obra de sí misma» (Scienza nuova,
especialmente durante la estancia de los papas en Avifión: Cola de 1725). En 1780, año anterior al de su muerte, Lessing publicaba Die
Rienzo (1313-1354), a la cabeza de los romanos, esperaba «una exten- Erziehung des Menschengeschlechts. En ella se refería expresamente
sión del Espíritu santo, cuya difusión sobre toda carne había sido a «un nuevo evangelio eterno». La equivocación de los «entusiastas»
prometida y cuya presencia renovaría la faz de la tierra»23. Él mismo que habían hablado de él en los siglos xm y xiv consistió únicamente
se daba el nombre de soldado y caballero del Espíritu Santo. Una en haberlo anunciado como próximo cuando se trataba de un avance
mística era el alma de una determinada política. Sólo una renovación
del Espíritu podía traer una renovación del mundo. 24. Cf. G. Toffanin, La religione degl'Umanisti, Bolonia 1950; Gianpaolo
El impulso dado por el joaquinismo a la idea de renovación produ- Tognetti, Note sul Profetismo nel Rinascimento e la letieratura relativa, en:
jo su impacto también en los hombres del renacimiento literario y Hulletino deli' Istituto Storico Italiano per il Medio Evo e Archivo Muratoriano,
filosófico. A finales del siglo xv y comienzos del xvi, numerosos «pro- n.° 82, 1970, p. 129-157. Véase también L'Attesa..., citada supra (p. 152, n.° 35).
Cuando la disputa de Lausana en 1536, un médico, Blancherose, subraya el
21. Tractatus, ed. Buonaiuti, p. 283. desafío de Viret y Farel. Se referirá al tema juoaquinita: a la era del Padre
22. Paradiso, XII, 140-141. Sobre Dante y Joaquín, L. Tondelli, Da Gioacchino — la del imperio — sucedió la del Hijo (el papa) y va a suceder la del Espíritu,
a Dante, Turín 1944; id., // libro delle Figure, I. Turín 21953, p. 183-400. Se ha de bondad y de caridad; iserá la de los médicos! Cf. G. Bavaud, La Dispute
estudiado también la posibilidad de una fuente joaquinita para la visión trinitaria de Lausanne (1536). Una étape de l'évolution doctrínale des Réformateurs ro-
de Dante. manas, Friburgo 1956, p. 34-35.
23. M. Reeves, op. cit. (n. 1), p. 318-319, 420-421, con referencias al impor- 25. Cf. A. López, Los doce primeros apóstoles de Méjico, en: Semana de
tante trabajo de K. Burdach, Vom Mittelalter zur Reforma/ion (Berlín 1913- Misionología de Barcelona, II, Barcelona 1930, p. 201-226; J.L. Phelan, The
1919); P. Piner, Cola di Rienzo, Viena 1931. Citamos este texto de la carta 58: Millenian Kingdom of the Franciscans in the New World, Los Ángeles 1956;
«De vita aeterna desperare posset ecclesia, si de continuo eciam Spiritus sancti M. Bataillon, Evangélisme et Millénarisme au Nouveau Monde, en: Courants
adventu et renovacione humanarum mencium ab oedem eciam assidue desperaret. religieux et Humanisme á la fin du XV' et au debut du XVI' siécle, París 1959,
Tociens enim renovacione Spiritus indigemus quociens inveteramus et senescimus p. 27ss; G. Baudot, Utopie et Histoire du Mexique. Les premiers chroniqueurs
in peccatis...» (p. 315)). de la civilisation mexicaine (1520-1569), Privat, Toulouse 1977.
160 161
< ongar, Espíritu 11
Joaquín de Fiore Destino del joaquinismo
lento y de una realización progresiva en la historia de la humanidad 26 . momentos del ser en sí, de la exteriorización y del retorno a sí. Aquí
Kant no se encontraba distante de esa misma idea. En 1784 había Hegel hace alusión a la visión joaquinita:
publicado Was ist Aufklarung? En 1793 publicaba Religión innerhalb
der Grenzen der blossen Vernunft, en la que interpretaba la historia La edad media fue el reino del Hijo. En el Hijo, Dios no está aún consumado,
del cristianismo como una aproximación progresiva hacia una religión lo será en el Espíritu. Porque, como Hijo, se ha puesto fuera de sí mismo y
tiene de esta forma un ser de otro modo que no será superado (aufgehoben) sino
de la razón, por la que el reino de Dios se realizaría sobre la tierra en el Espíritu, en el retorno de Dios a sí mismo. Como la condición del Hijo-
bajo la forma de una comunidad ética. lleva en sí una exterioridad, la edad media tenía por regla la exterioridad. Con
Hegel (1770-1831) pretendió desprestigiar la Aufklarung, «esa va- la Reforma comienza el reino del Espíritu, donde Dios es conocido verdadera»
mente como Espíritu 28.
nidad del entendimiento». Pretende restablecer la armonía, e incluso
la unidad, entre la religión y la razón en una filosofía del espíritu
absoluto. En un escrito de juventud, Der Geist des Christentums und Este texto emplea el concepto famoso de Aufhebung, conserva-
sein Schicksal, Hegel anunciaba el proyecto de una filosofía consti- ción y elevación de aquello que es suprimido o superado. Lógica
tuida sobre el quicio de la promesa joánica: reconciliación, reunión profunda del movimiento del pensamiento. E. Benz, H. Grundmanr»
de Dios y del hombre, del espíritu objetivo y del espíritu subjetivo. y H. Mottu que los cita, relacionan las ideas del evacuare et consum-
¿Debemos de escribir «Espíritu» o «espíritu»? Hegel pasa de uno mare de Joaquín con este rico concepto hegeliano K : la imperfección
a otro. del Nuevo Testamento está llamada a desaparecer (evacuabitur: ICor
13,10), pero será tomado de nuevo, superado y asumido a la vez, en
El espíritu es el retorno infinito en sí, la subjetividad infinita, no representada, ia edad del Espíritu cuando vendrá «quod perfectum est, lo que es
sino la divinidad verdadera, presente, no el en sí sustancial del Padre, ni el del perfecto».
Hijo o de Cristo que es el verdadero bajo esta forma en esta objetividad, sino Vista a la luz del testimonio bíblico y de la fe cristiana, la inter-
que él es lo que es subjetivamente presente y real, precisamente que es, incluso, pretación hegeliana se nos presenta como una traición. Realiza «una
subjetivamente presente... Aquí está el Espíritu de Dios, Dios, espíritu presente,
real, Dios que reside en su comunidad n . integración, una apropiación racionalista del Espíritu tal como se
expresa en los textos bíblicos (por ejemplo Rom VIII) del que pre-
El Espíritu es, pues, Dios en su comunidad, que debe realizar el tende descubrir totalmente el sentido...» (J. Greisch).
retorno al Espíritu absoluto. ¿Se trata de la tercera Persona? ¿Alude La corriente filosófica del romanticismo alemán inaugurada por
a Dios como espíritu? Es la energía de la manifestación en los tres Lessing, Fichte y Hegel, ensanchó el horizonte espiritual de manera
definitiva. Introdujo en la reflexión filosófica la investigación o bús-
queda de una visión de conjunto que exprimiera la profundidad del
26. Op. cit., § 86-89, en Samtliche Schriften, ed. K. Lachmann, t. XIII, 1897,
p. 433-434. Traducimos: «§ 86: Vendrá el tiempo de un nuevo evangelio eterno
espíritu y de la experiencia interior. En gran medida, se trataba de
que nos es prometido en los libros elementales de la nueva alianza. — § 8 7 : Tal una transposición de los datos cristianos. Su filosofía de la historia
vez incluso algunos entusiastas (Schwarmer) de los siglos xm y xiv captaron un es una trasposición de la escatología cristiana.
rayo de este nuevo evangelio eterno; se equivocaron únicamente en que anuncia- Schelling (1775-1854) es el heredero y la expresión de esta corrien-
ron como inmediata su aparición. — § 88: Posiblemente, su idea de tres edades
del mundo no era una quimera vana; probablemente no perseguían ningún mal te. Ya en sus Lecciones sobre la filosofía del arte, en 1804, escribía:
designio cuando enseñaban que la nueva alianza debía de ser declarada caduca «Cristo ha retornado al mundo suprasensible y ha proclamado al
como lo había sido la antigua. Retenían la misma economía del mismo Dios. espíritu para que ocupe su lugar. Es como si pusiera punto final a la
Expresado en mi lengua, es el mismo plan de educación general del género hu- edad pasada — él es el último Dios — después de él viene el espí-
mano. — § 89: Por desgracia fueron demasiado deprisa: ellos creían poder — sin
Aufklarung, sin preparación — de inmediato a sus contemporáneos, recién salidos ritu, el principio ideal, el alma que gobierna el mundo nuevo 30 . Sche-
de la infancia, hombres dignos de su tercera era.» Y cf. K. Lowith, Weltgeschichte
und Heilsgeschehen. Die theologischen Voraussetzungen der Geschichtsphilosophie, 28. Vorlesusngen über die Philosophie der Weltgeschichte (publicación pos-
Stuttgart 1953, p. 136ss, 190ss; G. Bornkamm, Die Zeit des Geistes, en Geschichte tuma, 1837), en la ed. Lasson, t. IV, Die germanische Welt, Leipzig 1920, p. 881.
u. Glaube, parte primera («Ges. Aufsatze» III), Munich 1968, p. 90-103. La traducción es nuestra, pero existe una traducción francesa realizada por J. Gi-
belin, París 1963. Piensa Hegel que la Reforma, al desvalorizar las obras y des-
27. Vorlesungen über die Philosophie der Religión, publicación postuma, preciar el mundo, se cerró en una interioridad abstracta y no realizó la sociedad
1832; Legón sur la Philosophie de la Religión, trad. fr. de J. Gibelin, París 1954; reconciliada por la unidad de lo universal y de lo singular, de lo interior y de
parte tercera, La religión absoluta, c. V, p. 173. Véase también La phénoménolo- lo exterior, que era la vocación del cristianismo. El Estado heredará esta misión
gie de l'Esprit (1806), trad. fr. de J. Hippolite, París 1941, VII C, p. 284-290. fallida (!).
Sobre Hegel y el cristianismo, estudios de C. Bruaire, 1964, d'A. Chapelle, 3 vols., 29. H. Mottu, la manifestaron de l'Esprit..., p. 109-110 y 132.
1966, de H. Küng, La encarnación de Dios, Herder, Barcelona 1974. 30. Schelling, Werke, parte 5, vol. V, Stuttgart 1859, p. 452.
162 163
Joaquín de Fiore Destino del joaquinismo
lling había conocido la idea de Joaquín por la Geschichte der christli- resulta interesante encontrar una referencia explícita a Joaquín en
chen Religión und Kirche, de Neander (6 vols., 1826-52), que fue la la llamada «teología de la muerte de Dios», de los años 60. He aquí,
fuente para otros muchos (Mohler, por ejemplo). En su Philosophie por ejemplo, lo que escribía Thomas J.J. Altizer:
del Offenbarung (1841, publicada en 1842, con título significativo)
parte de la idea de que el Nuevo Testamento anuncia un futuro más El cristianismo radical hereda de la antigua creencia profética que la revelación
prosigue en la historia y también de la creencia escatológica de la tradición salida
allá de él mismo: Cristo anunció al Espíritu. El germen que el cris- de Joaquín de Fiore. Esta tradición afirma que vivimos actualmente en la tercera
tianismo ha sembrado en la tierra tiene que desplegarse en una visión y definitiva edad del Espíritu; que una nueva revelación ha irrumpido en esta
universal. En la lección 37, Schelling tipifica este movimiento en los era y que esta revelación diferirá tanto del Nuevo Testamento como éste de su
tres apóstoles, Pedro, Pablo y Juan. Pedro es el que da la ley, es el contrapartida, el Antiguo Testamento... Podemos aprender de los primeros cris-
principio estable. Pablo es el movimiento, la dialéctica, la ciencia. Fue tianos radicales el principio primero radical de que el dinamismo del Espíritu
ha superado la revelación de la Biblia canónica y se revela actualmente de manera
el primer protestante por su resistencia a una autoridad ilimitada de que exige una forma totalmente nueva de la fe. Rechazar tal revelación del Espí-
Pedro (cf. Gal 2). Pero la Iglesia verdadera no consiste en ninguna litu equivaldría a repudiar la actividad del Verbo que está presente y atarse a
de esas dos formas tal como se encuentran personificadas en esos dos una forma de Verbo actualmente vacía y muerta. Tampoco podemos esperar que
apóstoles, sino que, partiendo del fundamento de Pedro, avanza, por ia nueva revelación se encuentre en continuidad aparente con la antigua... Pero
ello no debería llevarnos a pensar que no se ha producido una nueva revelación.
medio de Pablo, hacia su fin que consiste en convertirse en Iglesia Podemos juzgar únicamente por los frutos del Espíritu y, si ha nacido una nueva
de Juan 3 I . La verdadera Iglesia está aún por venir. visión que nos habla de una forma nueva y escatológica del Verbo, una forma
Estas ideas fueron ampliamente acogidas y retomadas tanto en de Verbo que anuncia una redención total de la historia y del cosmos, debería-
Alemania como en Rusia, donde la influencia de Schelling fue consi- mos estar preparados a saludarla con la plena sumisión de la fe 3S.
derable, incluyendo el movimiento eslavófilo, y hasta nuestro siglo
por D.S. Merezkovskij (1865-1941)32, a quien debe la inspiración de Es inútil decir que Joaquín hubiera reprobado tal utilización de
su libro Das Dritte Reich (1923) A. Moeller van den Bruck. Es un su pensamiento. Él no sospechaba que había abierto una vía y des-
título que inspiró a Hitler, tema destinado al trágico sino del que encadenado un movimiento del que tantos hombres se aprovecharían
hemos sido testigos. Hitler había anunciado que fijaba el futuro his- para introducir sus propios sueños.
tórico para un milenio de años: el Millenium.
Con referencias a los temas joaquinianos o sin ellas, con más o
menos esperanza utópica, las filosofías modernas de la historia han
sido frecuentemente un relevo e incluso un plagio de la escatología
cristiana 33 . Tal filosofía del espíritu es también una laicización de
la teología 34 . Por supuesto, no vamos a seguir esta corriente. Pero
31. Schelling, Santliche Werke, II, vol. IV (1858), p. 298-344. Y cf. K. Lo-
with, op. cit., p. 191-193. Sobre el tema de los tres apóstoles, cf. nuestra contri-
bución Église de Fierre, Église de Paul, Église de Jean. Destín d'un théme oecu-
ménique, en The Ecumenical World of Orthodox Civilizalion. Russia and Ortho-
doxy, III (Essays in honor of Georges Florovsky), dir. por A. Blane, La Haya -
París 1973, p. 163-179.
32. Veía una oposición entre el Hijo y el Padre (tema que volvemos a en-
contrar en M. Merleau-Ponty), y ello conduce a una espera del Espíritu.
33. Véase E. Hirsch, Die Reich Gottes-Begriffe des neueren europáischen
Denkens, Gotinga 1921; É. Gilson, Las metamorfosis de la ciudad de Dios, Rialp,
Madrid 1965; H. Kesting, Utopie und Eschatologie, Zukunfterwartungen in der
Geschichtsphilosophie des 19. Jahrhunderts, en «Jahrbuch f. Rechts- u. Sozial-
philosophie», XLI (1954-55) 202-230; los estudios de H. Desroche sobre el so-
cialismo utópico y los mesianismos. Ernst Bloch veía en Joaquín un precursor
del socialismo: Erbschaft dieser Zeit, Francfort 1962, p. 133ss; Atheismus im
Christentum, Francfort 1968, p. 217, 292. Joaquín fue el profeta de una apertura
hacia el futuro... Cf. K. Lówith, op. cit. (n. 18), p. 136ss. 35. The Cospel of Christian Atheism, Filadelfia 1966, p. 27, con referencia
34. Ed. von Hartmann (1842-1906) sigue una línea panteísta en Philosophie a William Blake, Hegel y Nietzsche (tr. cast.: El evangelio del ateísmo cristiano,
des Geistes, 1882. Ariel. Barcelona 1972).
164 165
Los reformadores
c r a m e n t a r i o s 5 . E n los Artículos de Schmalkalda, 1537, los caracte- ha visto en María el ejemplo más preclaro del caminar del cristiano.
riza de la siguiente m a n e r a : Así lo proclamó en su comentario del Magníficat:
En estas cosas que se refieren a la palabra externa oral es preciso mantener Para comprender perfectamente este cántico santo, es preciso señalar que la
firmemente que Dios no da a nadie su Espíritu o la gracia sino por medio o con virgen María habla después de haber hecho una experiencia personal por la que
la palabra externa previa. Ahí está nuestra salvaguarda contra los entusiastas o, el Espíritu Santo la iluminó y enseñó. Porque nadie puede comprender a Dios ni
dicho de otra manera, contra los espíritus que se vanaglorian de tener el Espí- su Palabra si no ha sido iluminado inmediatamente por el Espíritu Santo. Es
ritu independientemente de la Palabra o con anterioridad a ella y que, por con- necesario experimentar, probar la acción del Espíritu Santo; al hacer esas expe-
siguiente, juzgan, interpretan y comprenden la Escritura o la palabra oral a su riencias asistimos a la escuela del Espíritu Santo. Si no se ha pasado por esa
capricho. Es lo que hacía Müntzer y lo que hacen todavía muchas personas que experiencia, las palabras quedan en eso, en meras palabras. La santísima Virgen,
quieren ser jueces y discernir entre el espíritu y la letra y desconocen por com- tan pequeña, tan pobre, tan despreciada, al realizar en sí misma la experiencia
pleto lo que dicen o enseñan. También el papismo es un puro entusiasmo ya que — que Dios creó en ella — de cosas tan grandes, aprendió del Espíritu Santo
el papa pretende «tener todos los derechos en el cofre de su corazón» y que esa gran ciencia de que Dios no quiera manifestar su poder sino elevando lo
todo lo que él decide y ordena con su Iglesia es espíritu y debe ser considerado que es bajo y abajando lo que está elevado... '.
como justo, aunque la decisión sobrepase la Escritura o la palabra oral y esté en
contradición con ellas (...). Por esta razón, tenemos el deber y la obligación de Para Lutero, la Escritura se explicaba por ella misma y hacía re-
mantener que Dios no quiere entrar en relación con nosotros los hombres si no
es a través de su Palabra externa y de los sacramentos. Todo lo que se diga del conocer a Cristo salvador. Mas, para ello, exigía la acción o el tes-
Espíritu independientemente de esta Palabra y de los sacramentos, es el diablo 6. timonio del Espíritu en el corazón 10 . Con todo, la sistematización
de este tema se debió principalmente al calvinismo, y presenta algu-
Dos años más tarde expresará el mismo pensamiento: nos matices particulares en Calvino.
Efectivamente, no se trata tan sólo de ser iluminado por el Espí-
Siendo así que nos enseña el evangelio que tal cosa exterior no podía salvar ritu Santo para comprender la Escritura. Por supuesto que esto se
porque se trataba de simples criaturas corporales que el diablo había empleado da 11 , pero tal afirmación era ya un dato clásico para los padres y
írecuentemente en la brujería, algunos grandes y doctos hombres [Karlstadt] han
concluido de ahí que el bautismo como agua exterior, la Palabra como hablar la menor participación de Cristo, no podríamos creer en él ni tenerle por Señor
exterior y humano, la Escritura como letra exterior hecha de tinta, el vino y si el Espíritu Santo no nos pusiera esto en el corazón por la predicación del
el pan cocido por el panadero, no son sino cosas externas y perecederas. Y se evangelio. La obra está realizada, Cristo nos ha adquirido un tesoro por su pa-
pusieron a gritar: ¡Espíritu, Espíritu! ¡El Espíritu debe actuar, la letra mata! sión, su muerte y resurrección. Pero si esta obra permanece oculta, si nadie
Así Müntzer nos ha llamado a los teólogos de Wittenberg Schriftgelehrle (escri- supiera nada de ella, ésta habría sido completamente inútil. Con el fin de que
bas) y se dio a sí mismo la apelación de Geistgelehrtc (iluminado por el Espíritu)'. este tesoro no permaneciera enterrado, sino que pudiéramos beneficiarnos y go-
zar de él, Dios ha hecho anunciar la Palabra, ha dado el Espíritu Santo para
Lutero define perfectamente el papel que él atribuye al Espíritu descubrirnos y comunicarnos este tesoro y esta salvación. Santificar es sinónimo
de conducir al Señor, a Cristo, para recibir sus beneficios, cosa que no habríamos
Santo. Éste se halla completamente relacionado con el evangelio, con sido capaces de saber por nuestros propios medios... El Espíritu Santo tiene,
la fe en Jesucristo nuestro Salvador, por la escucha de la Palabra en este mundo, una comunidad. Ésta es la madre que da a luz a todo cristiano y
y por la adhesión a ella (predicada según la Escritura): es el medio le alimenta por la palabra de Dios que el Espíritu Santo revela y hace anunciar;
por el que somos introducidos en la Iglesia, la comunidad de aque- él ilumina e inflama los corazones para que capten la palabra de Dios, para que
la acepten, se adhieran a ella y la guarden. Cuando el Espíritu no hace que sea
llos que el Espíritu santifica sobre el fundamento de la fe 8 . Lutero anunciada ni la introduce en los corazones para que le comprendamos, todo
está perdido... Cuando no se predica a Cristo, el Espíritu Santo está ausente;
5. P. Wappler, Thomas Müntzer und (lie Zwickauer Propheten, 1908; N. Cohn,
él, que crea la Iglesia cristiana, llama y reúne a los miembros de esta Iglesia
op. cit., p. 252-280; U. Gastaldi, Sloria de\VAnabattismo. I. Dalle origini a Miin-
fuera de la cual nadie puede venir a Cristo.» Interesante actualización de las
ster (1525-1535), Turín 1972. La bibliografía es inmensa: H.J. Hillerbrand, Biblio-
posiciones de Lutero desde el punto de vista eclesiológico en la contribución de
graphie des Taufertums 1520-1630.
(ierhard Sauter, Kirche-Ort des Geistes, Herder 1976, p. 59-106. Podemos pregun-
6. II, 8: Bekenntnisschriften, ed. Gotinga 1952, p. 453-454; WA 50, 245s. tarnos, sin embargo, si esta teología, dominada por la referencia a Cristo y a la
7. Von den Konziliis und Kirchen, 1539 WA 50, 646. En la Fórmula de Con- Palabra, llega hasta una pneumatología plena: cf. M. Kwiram, Der Heilige Geist
cordia de 1577 se lee: «Se llama entusiastas a los que esperan una iluminación ais Stiefkind? Bemerkungen zur Confessio Augustana, «Theolog. Zeitschr.», 31
celeste del Espíritu sin la predicación de la palabra de Dios.» (1975) 223-236; recoge todos los enunciados. Quedamos insatisfechos.
8. Véase el comentario del tercer artículo del Símbolo en el Pequeño y en
el Gran Catecismo. Se lee en éste: «De igual manera que llamamos al Padre 9. WA 7, 538.
creador, al Hijo salvador, debemos llamar al Espíritu Santo santificador, en 10. Paráfrasis del Magníficat: WA 7, 546, 548; Carta a Spalatin (WA, Briefw,
consonancia con su obra. ¿Cómo se realiza esta santificación?... Ante todo, el I, p. 57); Traite du serf arbitre, trad. fr., éd. Je sers, 1936, p. 110j Com. sur
Espíritu Santo nos introduce en su santa comunidad, en el seno de la Iglesia, en Caíales, 1531 (WA 40, 574, 578).
la que nos conduce a Cristo por la predicación. Porque ni tú ni yo tendríamos 11. Institution chrétienne de 1536, ed. de 1560, lib. IV, c. 14 § 8 final (Pannier,
168 169
En la historia del protestantismo Los reformadores
la edad media. Como para Lutero, la condición de la fe en la Pa- el peligro de atribuir a un sentimiento o instinto experimentado por
labra es la que hace que haya Iglesia. Pero, mientras que para Lu- el sujeto una facultad de discernimiento que Calvino atribuye al Es-
tero el principio que permite discernir si hay Escritura apostólica píritu Santo. Efectivamente, cabe la posibilidad de atribuir e iden-
e inspirada es que ella hable de Cristo, en Calvino el testimonio inte- tificar el testimonio interior del Espíritu con la voz de la conciencia
rior del Espíritu Santo hace discernir lo que es palabra de Dios de la persona y, en último término, con su razón. Esto se ha produ-
(inspirada, por consiguiente) y lo que no es. Calvino, como Lutero, cido en la realidad ls .
lucha en dos frentes. Por un lado, defiende, contra los anabaptistas Para nosotros, el interés de la posición de Calvino radica no en
(esas «bestias furiosas a las que una intemperancia frenética hace di- la aplicación, discutible, que hace del testimonio interior del Espí-
vagar sobre la regeneración espiritual»), el bautismo de los niños, ritu Santo al discernimiento de los libros canónicos respecto de los
la santidad de la Iglesia, las relaciones del Antiguo Testamento y del otros, como se discierne «la luz de las tinieblas, el blanco del negro,
Nuevo, la importancia de la Escritura. Pero, al mismo tiempo, está lo agrio de lo dulce»; radica en el principio general, que constituye
preocupado por combatir lo que cree ser la posición romana, pero el fondo de su eclesiología (véase B.C. Milner), según el cual «Dios
que en realidad no lo era ni lo es (aunque determinados enunciados trabaja doblemente en nosotros, interiormente por su Espíritu, exte-
puedan suscitar tal impresión). La tesis atribuida por él a la posición riormente por su palabra» y por los sacramentos. Calvino utiliza
romana sería la de que la Iglesia conferiría la autoridad a la Escri- preferentemente las expresiones «atar con un lazo mutuo», «unido a»,
tura. Su preocupación — y en esto estaba en lo cierto — e r a la de «instrumento de». Son términos portadores de salud en materia de
atribuir a Dios solo la autoridad de la Escritura y, en consecuencia, pneumatología y de eclesiología, aunque son insuficientes para ase-
atribuir su (re)conocimiento a una acción de Dios en nosotros. A su gurar todo el realismo de la presencia del Señor Jesús en la euca-
entender, esto era totalmente necesario para que la certeza de la fe ristía, ya que, para Calvino, esta presencia es obrada por el Espíritu
esté fundada completamente en Dios. Puede leerse, sobre este punto, Santo en la persona que comulga —el pan está unido a é l — como
la Institución de 1539, en su traducción francesa de 1541, que re- signo y prenda queridos por Dios, pero permaneciendo pan de esta
produce la colección «Guillaume Budé» 12 . tierra. Veremos más tarde que la salud de la penumatología es la
referencia cristológica a la Palabra, a los sacramentos, a la institu-
Es preciso tomar la autoridad de la Escritura de un nivel colocado mucho ción eclesial, siempre que queden plenamente reconocidos y honrados
más alto que las razones, indicios o conjeturas humanas. Es decir, tenemos que el lugar y función del Espíritu en todo esto.
fundamentarla en el testimonio interior del Espíritu Santo. Porque, aunque tiene ¿Se ha mantenido siempre este equilibrio en la plétora de movi-
en sí misma majestad suficiente que la hace digna de ser reverenciada, sin embargo
comienza a tocarnos verdaderamente cuando es derramada en nuestros corazones mientos que se relacionan más o menos directamente, más o menos
por el Espíritu Santo. Iluminados por la virtud de éste, no creemos ya a nuestro legítimamente con el suscitado por la Reforma en el siglo xvi? Evi-
propio juicio o al de otros cuando afirmamos que la Escritura es de Dios; pero, dentemente, no podemos hacer una presentación de cada uno d e esos
por encima de todo juicio humano, captamos con toda imposibilidad de duda
el hecho de que nos ha sido dada de la misma boca de Dios, por el ministerio
numerosos movimientos. Nos limitaremos al de George Fox y de
de los hombres; es como si contempláramos con nuestros propios ojos la esencia los cuáqueros, al del pietismo, al episodio de los camisardos, a la
de Dios en ella 1?. historia de Edward Irving. El pentecostalismo, salido de los movi-
mientos de santidad, surgidos a su vez del metodismo, recibirá trata-
El artículo IV de la Confesión de fe de La Rochela, 1571, que miento especial en el segundo libro de esta obra.
es la de la Iglesia reformada de Francia, responde perfectamente a
esta tesis fundamental 14 . Hemos criticado esta tesis porque corre
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En la historia del protestantismo El pietismo
rraba en esta frase: existe una luz de Dios de la que toda persona
George Fox. La sociedad de los amigos (cuáqueros) 16 puede hacer una experiencia. En eso consiste el verdadero cristianis-
mo. No consiste en el culto externo. Fox rechaza los sacramentos
Estudios documentados detallan los antecedentes, ios preparati- y el ministerio instituido; no se celebra en los templos, a los que Fox
vos I7. Podríamos evocarlos: influencias todavía perceptibles de la califica de «casas con campanario»; no puede decirse que la Escritura
mística eckhartiana, del libre espíritu, de Nicolás de Cusa, de Jacobo sea la regla de ella misma; no hay otro principio de culto ni otra
Boehme (por John Everard: cf. Sippell); difusión de las ideas y com- regla que el Espíritu Santo, que se revela en la luz interior y que
portamientos anabaptistas o schwenkfeldianos que critican el sacra- bautiza con un bautismo verdadero. Fox no conocía ni practicaba
mento y atribuyen una primacía al espíritu frente al texto; reacción otro culto común que una escucha de Dios en silencio en el que
contra el magisterio de los doctores, en nombre de la inspiración se formaba la oración interior y que utilizaba sólo eventualmente
interior personal; por último, antecedentes que son poco conocidos alguna palabra de revelación que alguno de los participantes había
en Francia, pero que habían encontrado gran audiencia en Inglate- recibido con la inspiración concomitante de revelarla.
rra, de inspirados que ponían toda la religión en la iluminación in- Si no existen los sacramentos ni el ministerio instituido, ello sig-
terior personal: familtsts, rantersli, seekers... Pero los antecedentes nifica que Dios habla por medio de todas las cosas y en todas las
y las influencias no son suficientes para explicar el fenómeno de personas. Incluso la historia bíblica, en cuanto serie de hechos, queda
George Fox. devaluada por la presencia interior experimentada de Dios. Los cuá-
Nacido en julio de 1624, se sintió fuertemente impresionado, siendo queros están convencidos del carácter sagrado de toda persona, capaz
aún muy niño, por la seriedad de las cosas y de la vida interior. de una relación personal, directa y autónoma con Dios. Ése es el
Abandonó su familia el 9 de septiembre de 1643. Confirmado en la fundamento de su rechazo de la violencia y de una actividad de asis-
certeza probada de que Dios le amaba c iluminaba interiormente, tencia que no conoce fronteras. Son protagonistas activos de los de-
comenzó una vida errante consagrada completamente a escuchar a rechos de la persona, fundados en Dios (Th. Sippell insiste en este
Dios y a comunicar a los hombres, a tiempo y a destiempo, un men- aspecto). Recibieron el premio Nobel de la Paz en 1947.
saje irradiado por una ardiente llama interior. El mensaje se ence- Ante las vidas iluminadas por la presencia de Dios no cabe otra
postura que la admiración más rendida. Pero sentimos una cierta
ló. De la inmensa bibliografía que se refiere a George Fox, a los cuáqueros, desazón al contemplar la rotundidad con la que Fox identificó ince-
a la historia del cuaquerismo (Sociedad de los Amigos), señalaremos únicamente: santemente su persona, su acción y su palabra con la causa de Dios.
Journal de George Fox publicado en 1694, reeditado frecuentemente (The Journal
of George Fox, ed. revisada por J.L. Nickalles con epílogo de H.J. Cadbury y
Fox no distingue demasiado bien los límites que separan la luz de
una introducción de J.F. Nutall, Cambridge 1952); trad. fr. (con recortes por la la conciencia y el Espíritu Santo. Además, carece completamente de
señora P. Bovet, París 1935; Robert Bardey, An Apology of the true Christian teología del Espíritu Santo como tercera persona. Carece del sen-
Divinity, being an Explanation and Vindication of the Principies and Doctrines tido de la Iglesia 19 . El individualismo absoluto de su inspiración es
of the People called in Scorn, Quakers, numerosas ed.; el texto latino es de 1676
(Apología de la verdadera teología cristiana, trad. fr. de E.P. Bridel, Londres 1797);
una limitación terrible para una vida que fue, por lo demás, heroica.
id., The Inner Life of the Religious Societies of the Commonwealth, editada en La posición cuáquera no encuentra justificación alguna en el Nuevo
1876; New Appreciations of George Fox. A tercentenary Collection of Studies, Testamento. El Espíritu no tiene tal autonomía respecto de la Palabra
dir, por J.R. Harris, 1925; Th. Sippel, Werdendes Quákertum. Eine historische proferida y recibida exteriormente. La misión apostólica tiene sus
Untersuchung zum Kirchenproblem, Stuttgart 1937; R. Knox, Enthusiasm. A Chap-
ter in the history of Religión... Oxford 1950, p. 137-175 (historia anecdótica que condiciones de verdad. Incluso desde el punto de vista de la expe-
insiste en las excentricidades); P. Held, Ver Quaker George Fox, sein Leben, riencia cristiana, todo el aspecto sacramentario, doctrinal, comuni-
Werken, Kampfen, Leiden, Siegen, Basilea 1953; L. Eeg-Olafsson, The Conception tario-eclesial, es un elemento imprescindible de los dones p o r los
of the lnner Light in Robert Barclay's Theology. A Study in Quakerism («Studia que Dios quiere establecer su comunión con nosotros.
Theol. Lundensia» 5), Lund 1954; H. van Etten, George Fox, fondateur de la
Société chrétienne des Amis, París 1923; id., Le Quakerisme, París 1953.
17. R. Barclay; Sippel; Knox, p. 139-142 y 168-175.
18. Véase Norman Cohn, The Pursuit of the Millenium. Revolutionary Mi-
llenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, Nueva York 31970, p. 287-
330; apéndice, The Free Spirit in Cromvell's England : the Ranters and their
Literature. Existen datos del movimiento a partir del 1646. Se refiere a las tres 19. Lindsay Dewar, The Holy Spirit and Modern Thought. An Inquiry into
edades, la del Padre, la del Hijo, la del Espíritu que será derramado sobre toda the Historical, Theological and Psychological Aspects of the Christian Doctrine
carne. of the Holy Spirit, Londres 1959, p. 154-157 y 211-214.
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En la historia del protestantismo
El pietismo
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En la historia del protestantismo Ed. Irving
pietismo al referirse al neopentecostalismo o a la renovación en el se inició en un ambiente en que se daba una mezcla de excitación
Espíritu. apocalíptica (se aludía a Joel 2,28-29) y de un realismo guerrero.
El levantamiento se produjo en 1702. No es preciso exagerar el papel
que tuvo en todo esto un profetismo más o menos malsano, pero se
El «profetismo» de las Cevenas26" percibe, más allá de la exaltación profético-bíblica de los que dirigían
la guerra de Dios, escenas en las que es difícil trazar una separación
Escribimos «profetismo» entre comillas no por menospreciar el entre la intervención del Espíritu y una exaltación morbosa: los pro-
heroísmo de los combatientes que defendían su fe y la libertad de su fetas, frecuentemente muy jóvenes, se golpeaban la cabeza, rodaban
conciencia, sino porque las manifestaciones espectaculares de su «pro- por el suelo, echaban espuma, caían durante algún tiempo como en
fetismo», que acompañaron a su revolución, eran sospechosas. Para estado de catalepsia, eran presa de temblores, de convulsiones, profe-
comprender esta historia es preciso tener presente la coyuntura dra- rían palabras de lenguas desconocidas27 o «profetizaban» la resis-
mática de la época. Luis xiv practicaba una política de reducción de tencia, el socorro de Dios, eventualmente procedimientos y compor-
los protestantes a la Iglesia católica. Después de la revocación del tamientos de lucha sin piedad y matanza.
edicto de Nantes, 1685, surgieron los dragones de Villars, se produjo «Antoine Court, el gran restaurador del protestantismo después
el éxodo de millares de hugonotes, las conversiones forzadas, pero, de la insurrección camisarda, se mostró muy duro respecto de los
en las Cevenas, la Iglesia del desierto (cf. Ap. 12,6) y la resistencia profetas, a los que tuvo la oportunidad de ver muy de cerca»28.
armada. Desde Holanda, Pierre Jurieu azuzaba el valor, e incluso
la loca esperanza, de los resistentes. Anunciaba el final del imperio
papal para el año 1689 y profetizaba el retorno de los exiliados Ed. Irving 29
para 1710 primero y para 1715 después. Literalmente desencadena-
do, publicó en este sentido L'Accomplissement des prophéties ou En el primer tercio del siglo xix existía en Londres un círculo
la délivrance de l'Église (1686), Lettres pastorales adressées aux fi- entregado a ideas apocalíptico-escatológicas. Lo fundó el banquero
deles de Frunce qui gemissent sous la captivité de Babylone (1686- Henry Drummond y era dirigido por él. Esta «escuela de profetas»
1689). Jurieu llegó a convertirse en agente de Inglaterra para fomen- recibió, a partir de 1825, el complemento de un predicador «reviva-
tar un levantamiento en Francia (1689-1702). Sus mensajes inflama- lista» venido de Escocia, Edward Irving, nacido en 1792 y conver-
dos tuvieron un eco muy fuerte en las Cevenas. Su levantamiento tido en ministro presbiteriano en 1815. Se vivía una atmósfera de
carismas y de espera del retorno inminente de Cristo. Y he aquí que,
ha seguido la influencia del pietismo en las corrientes filosóficas del siglo XVIII: en 1830, se divulga la noticia de que gentes sencillas de las márgenes
Dieu, la nature et l'homme au siécle des Lumiéres, París 1976, p. 244-275. de Ciyde (puerto de Glasgow) habían recibido el don de hablar en
26a. Documentos: Maximilien Misson, Le théátre sacre des Cévennes ou Récit lenguas. Era la respuesta a las oraciones de Londres. Envían una
des merveilles récemment opérées dans cette partie de la Province de Languedoc, delegación a Escocia. Cuando retorna esa delegación, también la co-
Londres 1707 (reeditado por Ami Bost, Les Prophéíes proíestants, París 1847);
Ch. Bost, Mémoires inédits d'Abraham Mazel et d'Elie Marión sur ¡a guerre des munidad de Londres habla en lenguas... Ante la inminencia del re-
Cévennes, París 1931; Histoire des troubles des Cévennes ou de la Guerre des torno de Cristo, deciden devolver a la Iglesia su pureza pentecostal
Camisards sous le régne de Louis le Grand, reimpresión de la ed. en 3 vol. de
Villefranche 1760 (bajo el nombre de: Patrióte frangois et Impartial), Ed. Laffite, 27. El «hablar en lenguas», que encontramos esporádicamente en los mís-
en 2 vol, Marsella 1975. ticos (hemos recogido algunos casos; véase en la pág. 352ss de esta obra el capítulo
Historia: Hennebois, Pierre Laporte, dit Rolland, et le prophétisme cévenol, sobre la Renovación) reaparece en los «profetas» de las Cevenas. Morton T.
Ginebra 1881; R. Knox, Enthusiasm... Oxford 1950, p. 356-371 (recoge princi- Kersey, Tongue Speaking, Londres 1973, p. 52ss. J.V. Taylor (Puissance el
palmente las extravagancias: admite la fábula lanzada por Brueys, según la cual patience de l'Esprit, DDB, 1967, p. 281) señala que no se encuentra este fenóme-
un Du Serré habría entrenado a niños para que simularan profecías); A. Ducasse, no ni en Zinzendorf ni en Wesley. Sin embargo, uno de los predicadores de
La guerre des Camisards. La résislence huguenote sous Louis XIV, París 1946 Wesley escribe en su diario, en fecha 8 de marzo de 1750: «Esta mañana, el
(carece de objetividad); C. Almeras, La révolte des Camisards, París 1959; E. Señor me ha dado una lengua que yo no conocía, elevando maravillosamente
Le Roy Ladurie, Paysans de Languedoc, 2 vol., París 1966, 330s3: la apo- mi alma hasta él.»
calipsis según Jurieu. Citamos, por último, porque es de un amigo ya difunto, 28. C. Cantaloube, en Catholicisme, col. 443.
C. Cantaloube, La Reforme en France vue d'une village cévenol, París 1951, 29. Remitimos a las indicaciones que dimos en nuestra nota Irvingiens de la
c. XII, p. 205ss; del mismo, art. en la enciclopedia Catholicisme, t. II, 1950, enciclopedia Catholicisme, t. VI, 1967, col. 113-114. Añádese R.A. Knox, Enthu-
col. 442-443. siasm..., Oxford 1950, p. 550-558; C. Gordon Strachan, The Pentecostal Theology
Historia de la historia: Ph. Joutard, La légende des Camisards, París 1977. of Edward Irving, Londres 1931.
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Congar, Espíritu 12
En la historia del protestantismo Ed. Irving
y su estructura primitiva con las funciones de apóstoles, profetas, aparecidas un año después de su ejecución (2 de septiembre de 1944)
evangelistas, pastores y doctores (cf. Ef 4,11). El 7 de noviembre de en el campo del Struthof:
1832, Drummond designó, mediante «profecía», al primer apóstol.
Ese nombramiento no recayó en Irving, que moriría muy pronto en El Espíritu de Dios nos precede, actúa o no actúa, delante de nosotros. ¡Ojalá
Glasgow (8 de diciembre de 1834), sino en John Bate Cárdale. Había pudiera yo llamar con todas mis fuerzas a ese Espíritu para que conmoviese toda
mi parroquia! Entonces hablaría yo entre los cipreses, junto a las tumbas y sería
sido creada la Iglesia Católica Apostólica. No podemos tocar su his- respondido. Sin duda, para este despertar es inútil que los fieles «hablen en
toria subsiguiente, la secesión «neoapostólica». lenguas», que les sacudan las convulsiones"...
30. En Wesley, el testimonio del Espíritu Santo hace distinguir la luz de las
tinieblas no, como en Calvino, para saber lo que está inspirado o no, sino para
hacernos conocer qu¿ somos hijos de Dios (cf. Rom 8,16); Collected Works,
t. I. p. 211ss. Se reconoce el Espíritu por sus frutos (p. 213ss).
31. Léon Maury, Le réveil religieux, París 1892. Sobre los problemas teo-
lógicos planteados por una influencia wesleyniana, no calvinista, cf. J. Cadier,
La tradition calviniste dans le Réveil du XIX' siécle, «Études théol. et relig.»,
28 (1952-4) 9-28.
32. Como en los tiempos de los camisardos, se hacía referencia a Joel 2,
28-29. Cf. H. Bois, Le Réveil du pays de Galles, Toulouse s/f. (el prólogo es
de diciembre de 1905) J. Rogues de Farsac, Un mouvement mystique contem-
porain. Le réveil religieux au pays de Galles (1904-1905), París 1907. Recordemos
J. Chevalier, Essai sur la formation de la nationalité et les réveils religieux au
pays de Galles, des origines á la fin du VI' siécle, Lyón y París 1924.
33. Véase Ch.-G. Finney, Discours sur les réveils religieux, Monetier-Momex,
3
1951; H. Bois, Quelques Réflexions sur la psychologie des Réveils, París 1906. 34. Yann Roullet, Découverte d'une paroisse, en Protestantisme franjáis (col.
Véase también «Concilium», 89 (1973). «Présences»), por M. Boegner y otros, París 1945, p. 107-135 (p. 130).
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En la contrarreforma y en la restauración
En la contrarreforma y en la restauración
Se había puesto en marcha un desarrollo que se caracterizaba por
minico Juan Mensing en febrero de 1528, Gropper en 1538. Juan
Driedo, de Lovaina, publicaba, en 1533, un De Ecclesiasticis Scriptu- una afirmación del papel de la Iglesia, de su autoridad y, por consi-
ris et Dogmatibus en el que ponía de manifiesto la interioridad recí- guiente — al menos en el siglo x v i — por la primacía un tanto inva-
proca de la Escritura y de la Iglesia, sobre la base de las operaciones sora del «magisterio» 11 . El tipo más caracterizado de esta eclesiología
complementarias del mismo Espíritu Santo «utrobique et unus et idem es, sin duda, un inglés que llegó a ser profesor de Lovaina, Thomas
Spiritus loquens et docens» y se citaba a Jn 14,26 y 16; 16,13. El Stapleton (t 1598). La referencia a la asistencia del Espíritu Santo
discípulo de Driedo, Alberto Pighi, vuelve a tomar las mismas te- le permite atribuir un valor casi incondicionado a la autoridad como
sis en 1538 y 1544. También Alfonso de Castro (París, 1534). Incluso tal: «En materia de creencia, el pueblo fiel debe considerar no lo que
en el concilio de Trento, el legado Cervini, los padres y los teólogos se dice, sino quién habla...» 1 2
justifican — p o r la acción permanente del Espíritu— la trasmisión Mientras que Bossuet, copiado en este punto por el Catecismo
fiel de las tradiciones apostólicas y la confianza que debe rendírsele imperial de 1806, definía la Iglesia católica como «la asamblea o
del mismo modo que a la Escritura canónica. El concilio habló úni- la sociedad de los fieles extendidos por toda la tierra» y reunida
camente de tradiciones apostólicas, pero, en la línea de lo que los por el Espíritu Santo que anima a la Iglesia «en la que ha deposi-
padres, los concilios y la edad media había sostenido, se extendía la tado todas sus gracias». Los catecismos del siglo xix, copia unos de
acción del Espíritu a las determinaciones doctrinales o éticas pronun- otros hasta época reciente, dicen: «La Iglesia es la sociedad de los
ciada por «la Iglesia». «El Espíritu Santo, en los concilios generales, fieles establecida por nuestro Señor Jesucristo, extendida por la tie-
reveló a la Iglesia, de acuerdo con las necesidades de los tiempos, rra y sometida a la autoridad de los pastores legítimos» (París 1852),
muchas verdades que no se hallan contenidas abiertamente en los o «La Iglesia es la sociedad de los cristianos sometidos a la autori-
libros canónicos» (Claudio Le Jay; Jerónimo Seripando; Pedro Ber-
dad de los pastores legítimos cuya cabeza es el papa, sucesor de
tano). En la medida en que se tenía conciencia de un desarrollo dog-
san Pedro» (París 1914) n .
mático, se consideraba como producto de la asistencia del Espíritu
Santo 9 . El magisterio mismo se refiere al Espíritu Santo como a la ga-
rantía de su enseñanza y de sus decisiones 14 . Así, por ejemplo, en
Es claro que estas afirmaciones, de suyo tradicionales y funda-
las decisiones mariológicas de 1854 y de 1950. Ambas doctrinas con-
das, encerraban una posibilidad — t a l vez tengamos que hablar de
taban con referencias bíblicas muy lejanas. El fundamento de ellas
tentación — d e absolutizar la institución eclesial dando a su magis-
es la Iglesia bajo el beneficio de su animación por el Espíritu. De
terio garantía casi incondicional de ser guiado por el Espíritu Santo.
Contra la Reforma, se afirma la insuficiencia de la letra de las Es- ahí, las fórmulas, a nuestro parecer totalmente discutibles, sobre el
crituras y la necesidad de una interpretación auténtica. Pero, mientras
los reformadores atribuían ésta al Espíritu Santo, la parte católica cor Ecclesiae a las mortuae chartaceae membranae Scripturarum: así Staphylus,
la atribuye a «la Iglesia». Porque en ella está el Espíritu viviente, ¡n causis Religionis sparsim editi libri, Ingoldstadt 1613, p. 24.
ella es el evangelio viviente: 11. Hemos trazado esa historia en el capítulo VI, p. 233-297 del libro citado
supra, n. 1. Muy característico de una contracción de la eclesiología al «magis-
terio» es el art. Église del Dicl. de Théol, cath., por E. Dublanchy, t. IV, fase.
No hay Evangelio si no hay Iglesia. No es que no pueda tenerse Escritura XXXII, 1910, col. 2108-2224.
fuera de la Iglesia... Pero el evangelio viviente es la Iglesia misma (sed vivum 12. Tal es el título del c. V, libro X de su De Principiis fidei doctrinalibus,
evangelium ipsa est Ecclesia). Fuera de ella podemos tener los pergaminos, o los 1572. Y H. Schützeichel, Wesen und Gegestand der kirchlichen Lehrautoritat nach
papeles, la tinta, las letras, los caracteres con los que fue escrito el evangelio, Thomas Stapleton, Tréveris 1966!
pero no se puede tener el evangelio. Por esta razón, los apóstoles, llenos del 13. Cf. Elis. Germain, A travers les catéchismes des 150 derniéres années, en
Espíritu Santo, no dijeron en el símbolo: «Creo en la Biblia o en el evangelio», «Recherches et Débats», 71 (1971) 108-131.
sino que afirmaron: «Creo en la Santa Iglesia.» En ella tenemos la Biblia, el 14. As! Clemente XIV, breve Dominus ac Redemptor suprimiendo la Com-
evangelio, la auténtica inteligencia de éste. O, para ser más exactos, ella misma pañía de Jesús (21-VII-1773): «Divini Spiritus ... adiuti praesentia et afflatu...»;
es el evangelio, escrito no con tinta, sino por el Espíritu del Dios viviente, no más gravemente Pío ix, bula Ineffabilis Deus proclamado el dogma de la inma-
sobre tablas de piedra, sino sobre las tablas de carne del corazón ". culada Concepción (8-XII-1854): «Catholica Ecclesia, quae a Santo semper edocta
Spiritu columna est ac firmamentum veritatis...» (Coll. Lacensis, t. VI, col. 836);
9. M. Hofmann, Theologie, Dogmen und Dogmenentwicklung im theologischen León xm, ene. Divinum illud munus sobre el Espíritu Santo (9-V-1897: DSch
Werk Denis Petau's, Francfort - Munich 1976, p. 177 y 533. 3328); Pío xu, constitución Munificentissimus definiendo la Asunción (l-XI-1950):
10. Cardenal Hosius (t 1579), Opera omnia, Colonia 1584, t. I, p. 321; cf. «Universa Ecclesia in qua viget Veritatis Spiritus, qui quidem eam ad revelatanim
p. 551; t. II, 169, 244, 246, 398, 399 sobre el artículo «credo sanctam Ecclesiam perficiendam veritatum cognitionem infallibiliter dirigit» (AAS 42 [1950] 768: Dz
catholicam» como conteniendo toda la fe. Es bastante frecuente oponer el vivum 3032, omitido en DSch).
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En la contrarreforma y en la restauración En la contrarreforma y en la restauración
magisterio fons fidei15 y Ecclesia sibi ipsi est fonsi6. Hemos habla- importante. El concilio Vaticano n lo comprendió perfectamente y
do antes de una cierta inflación del «magisterio». Si los reformado- tuvo, además, el cuidado de atribuir la comparación a los Padres 21 .
res desconocieron o, al menos, minimizaron el papel de la Iglesia Somos testigos de que esta manera de hablar, a la vez prudente y
en la relación del creyente con la Escritura, deberíamos tener sumo exacta, no fue producto de una causalidad. Trataremos en otro lugar
cuidado en no remplazar al Espíritu Santo, a cuyo «testimonio» ellos la pneumatología del Vaticano n .
recurrían, por el «magisterio». Algunos enunciados católicos han caído
en este abuso. Cuidemos de no sustituir un unilateralismo con otro. El Espíritu Santo está vivo, vivísimo, en el catolicismo de la
Tratemos de integrar, reconocer — dando a cada uno su lugar — Contrarreforma y de la restauración postrevolucionaria. Pero ¿qué
lodos los dones por los que Dios nos comunica la verdad de su sucede en la eclesiología de estos tres o cuatro siglos? Belarmino,
Palabra ". figura descollante en ella, fue un autor espiritual. En materia de gra-
cia, es agustiniano; la pneumatología está ausente de su eclesiología.
En su encíclica de 1897 sobre el Espíritu Santo, Divinum illud, Petavio (f 1652) es célebre por su teología de una relación personal
León XIII escribía: «hoc affirmare sufficiat, quod cum Christus Caput del alma justa con el Espíritu Santo, pero esta teología carece de
sit Ecclesiae, Spiritus Sanctus sir eius Anima. En una palabra, si desarrollo eclesiológico. A comienzos del siglo xix, Móhler ofreció,
Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el Espíritu Santo es su alma 18. La en Die Einheit (1825) una eclesiología radicalmente pneumatológica,
afirmación, citada por la encíclica Mystici Corporis de 1943, es con- pero, en adelante, se negó a reeditar su libro y lo que se ha retenido
tundente. Si la tomáramos al pie de la letra, caeríamos en un mono- de él está tomado de su Symbolik (1832), obra en la que la eclesio-
fisismo eclesiológico. Los protestantes están totalmente en contra de logía es resueltamente cristológica. En la escuela romana dominó
tal afirmación, ya que puede favorecer una absolutización de los actos una teología de la Iglesia vista como «encarnación continuada» 22 .
y estructuras de la Iglesia. El tema suscitó, entre los teólogos cató- M.J. Scheeben (f 1888) juntó los planteamientos cristológicos a
licos, una discusión acerca del alma increada y del alma creada de la reflexión pneumatológica y llevó, tanto a uno como a la otra,
la Iglesia 19 . La exposición de tal discusión nos llevaría demasiado a conclusiones o, al menos, a fórmulas extremas. Nos referimos a
lejos. Pero conviene señalar que el texto de san Agustín citado por sus tesis sobre los caracteres del bautismo y del orden que dan su
León XIII no coincide exactamente con la afirmación del papa. Éste estructura a la Iglesia, y al papel que atribuye al Espíritu en la ani-
dice: el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia de la que Cristo es mación de la Iglesia. Su manera de hablar es acertada cuando se
la cabeza. San Agustín dice: lo que el alma hace en el cuerpo, el refiere al estatuto del conocimiento o de la tradición; lo es menos
Espíritu Santo lo realiza en la Iglesia; lo que el alma es para el cuer- cuando afirma que la Iglesia es «una especie de encarnación del Es-
po, es el Espíritu Santo para el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia 20 . píritu Santo» 23 .
El enunciado es funcional, no ontológico. Y ésta es una matización Encontramos la misma fórmula en Manning. Vamos a detenernos
un momento en este autor porque nos parece representativo de la
15. Esta expresión se encuentra, por ejemplo, en Ch. Pesch (Compendium
Theologie dogmatícete, t. I, n.° 301), en 3.V. Bainvel (De Magisterio vivo et Tra- visión católica del Espíritu Santo en la época que estudiamos.
ditione, París 1905, p. 56). Manning (1808-1892) conoció, siendo archidiácono de Chichester,
16. Así, H. Dieckmann, De Ecclesia, Herder, 1925, t. II, n. 670; J. Deneffe, una especie de conversión al Espíritu Santo. Al leer un volumen de
Der Traditionsbegriff, Miinster 1931, p. 147-148; y en boca de Pío xn, alocución sus sermones, un fiel poco instruido le preguntó por qué hablaba tan
en el centenario de la Gregoriana, 7-X-1953 (AAS 45 [1953] 685: «sub tutela
poco del Espíritu. «A partir de aquel día, no transcurrió jornada
ductuque Spiritus Sancti sibi fons est veritatis».
17. Apreciamos la verdad de las afirmaciones siguientes, pero nos habría alguna sin que ofreciera algún acto de reparación al Espíritu Santo.
gustado que el Espíritu Santo tuviera también su lugar: «Una enim cum sacris Compraba todos los libros que podía encontrar sobre la obra del
eiusmodi fontibus Deus Ecclesiae suae Magisterium vivum dedit» (Pío xn, ene.
Humani generis: AAS 42 [1950] 569; DSch 3886); «Munus autem authentice 21. Lumen gentium, n.° 7 § 7: «dedit nobis de Spiritu suo, qui unus et ídem
interpretandi verbum Dei scriptum vel traditum solí vivo Ecclesiae Magisterio con- in Capite et in membris existens, totum corpus ita vivificat, unificat et movet,
creditum est» (Vaticano n, Dei Verbum n.° 10); es decisiva la palabra que hemos ut eius officium a sanctis Patribus comparari potuerit cum muñere, quod prin-
subrayado. cipium vitae seu anima in corpore humano adimplet». Con referencias a León XIII,
18. ASS 29 (1896-97) 650; DSch 3228. Pío XII, san Agustín, Crisóstomo, Dídimo, Tomás de Aquino. Cí. también Ad
19. Referencias en U. Valeske, Votum Ecclesiae, I, Munich 1962, p. 161, Gentes divinitus, n.° 4.
n. 17; Y. Congar, Sainte Église, París 1963, p. 503, 643. 22. Véase nuestro L'Église de S. Augustin á l'époque moderne, París 1970,
20. San Agustín, Sermo 267, 4 (PL 38, 1231) citado por León XIII y Pío xn; p. 417-423 y 428-433. Para Scheeben, p. 429 y 433-35.
Sermo 268, 2 (38, 1232-33). 23. Esta fórmula en la Dogmatik, III, § 276, n.° 1612.
184 185
En la contrarreforma y en la restauración En la contrarreforma y en la restauración
Espíritu Santo y los estudiaba. Al cabo de cinco o seis años alcanzaba sa que el Espíritu Santo está ligado al cuerpo místico de manera
yo el último peldaño al que la razón sola podía conducirme, a saber indefectible, con una unidad análoga a la de la unión hipostática.
que el testimonio unánime de la Iglesia universal es el máximum de En el cap. I de The temporal Mission, después de citar Ef 2,22, Man-
evidencia histórica para la revelación del cristianismo. Pero una evi- ning escribe:
dencia histórica se sitúa completamente en el plano humano y una De esta manera, jamás puede ser disuelta la unión del Espíritu con el cuerpo.
evidencia humana es falible. Entonces, y no antes, vi que la presen- Se trata de un acto divino, análogo a la unión hipostática en la que las dos
cia y función perpetuas del Espíritu Santo elevan el testimonio de naturalezas, la de Dios y la del hombre, están unidas eternamente en una Per-
la Iglesia de una certeza humana a una certeza divina. Me someto sona. Así el cuerpo místico, la cabeza y los miembros, constituye una sola per-
a él en la unidad de la fe una y de redil. A partir de aquel momento, sona mística.
el Espíritu Santo se convirtió en el principal pensamiento y devoción Evidentemente, esto es pasar con excesiva rapidez por la histo-
de toda mi alma» 24 . Por atenernos a lo que es externo y de dominio ricidad de la vida de la Iglesia 28 . No vamos a insistir en una posi-
público, este propósito de Manning se tradujo en dos libros: en 1865, ción excesiva y, por consiguiente, insostenible. Lo verdaderamente
The temporal Mission of the Holy Ghost, or Reason and Revela- interesante — y que justifica esta exposición un tanto extensa — es
tion25. El subtítulo nos recuerda la preocupación que mueve al autor. que la trayectoria de Manning, que no carece de fuerza, es caracte-
En 1875, la 7.a edición de The infernal Mission of the Holy Ghost26. rística de la situación en torno al Espíritu Santo creada en el cato-
Este último libro expone una doctrina muy estructurada distribuida licismo del período que estudiamos. En resumen: por una parte, se
de la manera siguiente: la gracia, las virtudes teologales, los dones vio al Espíritu Santo como principio de vida santa de las almas in-
del Espíritu Santo (fuente principal: el tratado de Dionisio el Car- dividuales (su misión interior); por otro lado, como la garantía de
tujano), los frutos del Espíritu Santo, las bienaventuranzas, un últi- los actos de la institución, en particular de su enseñanza infalible 29 .
mo capítulo sobre la devoción al Espíritu Santo. Manning evoca el Pero esto no constituye una pneumatología.
cuerpo místico en numerosas ocasiones, pero jamás habla de los ca- Por pneumatología entendemos algo distinto de una simple dog-
rismas en el sentido de una «pneumatología». Al comienzo del libro, mática acerca de la tercera Persona. Entendemos más y, en este sen-
el autor resume el contenido de la obra precedente: tido, algo distinto a una exposición profunda de la habitación y ac-
ción santificante del Espíritu Santo en las almas. Comprendemos el
He puesto claramente de manifiesto cómo la Iglesia o el cuerpo místico de impacto — dentro de la visión que se tiene de la Iglesia — del hecho
Jesucristo es imperecedero en su edificio e indefectible en su naturaleza porque de que el Espíritu distribuya en ella sus dones como quiere y cons-
ella está unida indisolublemente al Espíritu Santo, fuente de vida. He demostrado
también cómo, a causa de su unión indisoluble con el Espíritu de verdad, no truya, de esa manera, la Iglesia. Esto no sólo empeña una conside-
puede equivocarse jamás en la inteligencia de la revelación divina; y, siendo sus ración de estos dones o carismas, sino una teología de la Iglesia.
conocimientos infalibles, su voz es siempre guiada y sostenida por la fiel con- Si se entiende por Iglesia — y muchos lo han confesado así, mien-
ducta del Espíritu de verdad. Por consiguiente, la Iglesia no puede errar nunca tras que otros se han mostrado cercanos a esa posición aun sin de-
en la enunciación y proclamación de las luces reveladas que ella posee (p. 3).
cirlo— ya sea la institución, o el clero o la jerarquía, el «magis-
terio», la primera obra de Manning debe ser recordada aquí. Habla
Manning buscaba una roca absoluta de verdad. Por esta razón se
del cuerpo místico, de todo el cuerpo, pero apunta, principalmente,
hizo católico romano. Después de su entrada en la Iglesia católica,
se comprometió con voto a promover la definición de la infalibilidad proyectado: «Vivae vocis oraculum a Summo Pontífice prolatum circa fidem,
del papa, concebida por él de manera excesivamente extensa 27 . Pien- mores vel facta ut aiunt dogmática seu circa veritates fidei morumque questionibus
circumstantes infallibile esse» (Mansi, t. 49, col. 171). Sin embargo, Manning
24. Notas autobiográficas redactadas en 1890 y publicadas en E. Purcell, Life excluía una infalibilidad inherente a la persona del papa.
of Cardinal Manning, Londres 1895, t. II, p. 795-796. 28. Según Quirinus (Dollinger), Manning decía que la definición de la infa-
25. Traducción francesa de J. Gondon, La Mission temporelle du Saint-Esprit libilidad pontificia sería «una victoria del dogma sobre la historia> (Rbnñsche
ou Raison et Révélation, París 1867. Citamos la edición inglesa de 1885. Nueva Briefe vom Konzil, Munich 1870, p. 61).
York y Montreal. 29. He aquí algunas referencias a estudios recientes, cuyo interés no subesti-
26. Traducción francesa de K. MacCarthy, París 1887, que citamos. mamos, en los que esta tendencia se hace sentir: P. Ñau, Le maguiere pontifical
27. «Las definiciones y decretos del pontífice, cuando habla ex cathedra o ordinaire au premier concile du Vanean, «Rev. Thomiste», 62 (1962) 341-397;
como cabeza de la Iglesia y a toda la Iglesia, mediante bulas, cartas apostólicas, J.J. King, The Holy Spirit and the Magisterium Ecclesiae, «The American Eccle-
encíclicas o breves pontificios, dirigidos a muchas personas o a una sola, induda- siastical Rev.», 148 (1963) 1-26; C. Larnicol, A la ¡umiére de Vatican II. Infalibil-
blemente goza de la asistencia divina y son infalibles» (The temporal..., p. 94). lité de l'Église, dub corps episcopal, du Pape, «Ami du Clergé», 76 (1966) 246-255,
Desde 1865, Manning había propuesto el siguiente texto con vistas al concilio 257-259 (cf. p. 254 ).
186 187
En la contrarreforma y en la restauración Suplencias y sucedáneos del Espíritu Santo
a la infalibilidad del magisterio, a la del soberano pontífice, «órgano menos la insistencia en el hombre, en Cristo «hombre para los otros», unida a
una ausencia bastante inquietante del Espíritu Santo y de la Iglesia. Por el
del Espíritu en la Iglesia y en el mundo». El Espíritu se limita a contrario, las fórmulas breves propuestas por los lectores de las «Informations
llevar a cabo una actualización de las estructuras salidas de la en- Catholiques Internationales» (n." 47 del 1 de enero de 1975, p. 12) eran notable-
carnación y existen razones para que un Manning o incluso un mente trinitarias.
Scheeben hablen de esta actuación en términos de encarnación30. En Censor apasionado del episcopado y de la catequesis actual, el padre Bruck-
berger quiso, en su artículo de «L'Aurore» del 2 de marzo de 1978 titulado
el estudio importante y útil que E. Mersch consagró al cuerpo mís- «¡Atención! ¡Jeroglíficos!», «definir brevemente (a mis lectores) lo esencial de
tico de Cristo, se presta escasa atención al Espíritu Santo. La encí- la fe católica». Habla de «Dios», después de Cristo que «subió al cielo donde
clica Mystici Corporis, de 1943, posee una rica teología del Espíritu reina con pleno derecho con su cuerpo, su alma y su divinidad, a la derecha de
Santo, pero su planteamiento proinstitucional le impide llegar a una su Padre». Y añade: «¿Es esto todo? ¡No! ¿Cómo nos consolaríamos de tal
ausencia corporal? Por supuesto, nos ha dejado el relato de su vida y las Escri-
plena pneumatología. turas dan testimonio de él. Nos ha dejado también la Iglesia que, por los
Una pneumatología plena no separa la acción del Espíritu de la sacramentos, nos incorpora a la vida cristiana y nos hace participar de la vida
obra de Cristo; todo lo que acabamos de decir va contra una sepa- divina.» Después, el padre Bruckberger desarrolla el don de la eucaristía. Natu-
ralmente, no podemos ser demasiado severos tratándose de un artículo perio-
ración de ese tipo. Pero va más allá de la simple actualización de dístico. La omisión total del Espíritu Santo, el Paráclito, y el paso inmediato de
las estructuras puestas por Cristo; es la actualidad de lo que realizan Cristo a la Iglesia y a los sacramentos no carecen de significación.
el Señor glorioso y su Espíritu en la vida de la Iglesia según la in-
mensa variedad de sus formas a través de los espacios y los tiempos.
Pensamos que tal es el sentido de esta fórmula un tanto hermética Suplencias y sucedáneos del Espíritu Santo
de Nikos Nissiotis (que ha reprochado a la Iglesia católica lo que
En un artículo sugestivo pero breve, y desprovisto de toda referencia, Ph. Pare
él denomina su «cristomonismo»): «Una verdadera pneumatología notaba ya que Occidente tiene una dogmática del Espíritu Santo, pero la ha
es aquella que describe y comenta la vida en la libertad del Espíritu mantenido alejada de su fe vivida y de su liturgia 32 . (¡Habría que verlo!, pero
y en la comunión concreta de la Iglesia histórica, cuya esencia no aceptemos la crítica.) Esta liturgia está centrada en la presencia eucarística, por
se encuentra en ella misma ni en sus instituciones»31. consiguiente en la encarnación y la redención, en la relación entre la primera y
segunda Personas. Roma habría desplazado un tanto al Espíritu Santo, lo habría
En un capítulo último veremos claramente que el concilio Vati- colocado en la sombra y su lugar habría sido ocupado por el papa, la virgen
cano II se ha orientado hacia una pneumatología de este cuño. María y el culto al Santísimo... No cabe duda que esta crítica es altamente exa-
gerada; el estudio que hemos emprendido es una prueba de ello. Con todo, denun-
cia un hecho cuya realidad no es del todo quimérica. He aquí algunos testimo-
nios que pueden ilustrarlo. Limitamos la serie a los que hablan, conjuntamente,
NOTA ADICIONAL de las tres realidades evocadas por Ph. Pare.
M.J. Scheeben, a quien hemos encontrado y citado anteriormente, quiso expli-
car en profundidad la doctrina de la infalibilidad del magisterio pontificio, de-
Olvidos del Espíritu Santo finido por el concilio de 1869-187033. Pone en relación este dogma con el de
la inmaculada concepción de María, declarado en 1854: ella (María) y el papa
También se producen olvidos del Espíritu Santo. Presentamos un breve flori-
son dos «sedes de la sabiduría» intimamente relacionadas. Scheeben liga su sig-
legio de tales olvidos: nificación con el misterio de la eucaristía y ve este significado en que «la euca-
Sabemos la estima merecida de que ha gozado Le vrai visage du Catholicisme, ristía, María y la santa sede son los ligamentos principales (die vorzüglichsten
de K. Adam, trad. E. Ricard (1931). Sin embargo, leemos en la p. 71: «La posi- Bindeglieder) por los que se establece la Iglesia, mantenida y mostrada como la
ción fundamental del católico se resume en esta frase: llego a la fe viviente en verdadera, total, firme y viviente comunión con Cristo» 3i.
Dios Trinidad por Cristo en su Iglesia. Encuentro la acción del Dios viviente a
través de Cristo que actúa en su Iglesia. El dogma católico descansa sobre esta Monseñor Mermillod había sido, en el concilio, uno de los más ardientes
augusta trinidad: Dios — Cristo — Iglesia.» partidarios del dogma de la infalibilidad. En un sermón pronunciado en Roma
En la actualidad existe un deseo, podríamos hablar incluso de necesidad, de en enero de 1870 decía: «Existen tres santuarios: el pesebre, el tabernáculo, el
una fórmula breve de la fe cristiana. Se han propuesto muchos ensayos. J. Schulte Vaticano. Existen tres [falta la palabra] Dios, Jesucristo y el papa. ¿Qué que-
ha reunido determinado número de ellos en Glaube elementar. Versuche einer remos? Daros a Jesucristo sobre la tierra. Lo hemos visto en Belén bajo la forma
Kurzformel des Christlichen, Essen 1971. En las fórmulas propuestas por G. Sche-
rer, por grupos de estudiantes y por madres de familia se señala y se echa de 32. Ph. Pare, The doctrine of the Holy Spirit in the Western Church, «Theo-
logy», agosto 1948, p. 293-300.
30. A pesar de su tesis sobre el don y la habitación propios y personales 33. Serie de artículos publicados en Das okumenische Concil vom Jahre 1869,
del Espíritu Santo, Scheeben atribuye la unción de la humanidad de Cristo al t. II, p. 503-547; III, p. 81-133, 212-263, 400-418: «El sentido teológico y práctico
Logos; el Espíritu sería únicamente el medio: Dogmatik, V, § 222; Los misterios del dogma de la infalibilidad del papa, especialmente en relación con nuestro
de! cristianismo, § 51, 5, p. 353ss de la ed. castellana, Herder, Barcelona 41964. tiempo.»
31. En Le Saint-Esprit (obra colectiva), Ginebra 1963, p. 91. 34. Op. cit., III, p. 102.
188 189
En la contrarreforma y en la restauración
35. J. Friedrich, Geschichte des Vatikanischen Konzils. t. III, Nordlingen 42. Pío ix (Santo Oficio), documento del 16 de septiembre de 1864, reproban-
1887, p. 587. Citado por Acton, Briefwechsel Dóllinger-Aclon, dir. por V. Con- do la sociedad para procurar la unidad de los cristianos. Acta Ap. Seáis, II
zemius, t. II, p. 77 (Munich 1965). (1919) 372; cf. El magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona 1963, n.° 1686,
36. A. Dansette, Histoire religieuse de la France contemporaine, t. I, París p. 400.
1946, p. 414. 43. Concilio Vaticano i, constitución dogmática Pastor aeternus, 18 julio 1870
37. R. Plus, Face d la vie, 2.* serie, Toulouse 1926, p. 93-94: VII sección, prólogo: DSch 3051; trad. cast. en El magisterio de la Iglesia, n.° 1821, p . 422.
Fétes et dévotions. En el concilio mismo, monseñor Dupanloup y monseñor Ginoulhiac señalaban:
38. «Documentation catholique», n." 942, 8 julio 1945, col. 481. no es el papa, sino Cristo [¿cristomonismo?] el principio de unidad en la fe para
39. Alverne, La visite apostolique de Mgr Lépicier en Erythrée et Abyssinie, la Iglesia (Mansi 51, respectivamente 955 B y 957 C).
en «L'union des Églises», 10 enero-febrero 1928, p. 415. 44. León xm, encíclica Satis cognitum, del 29 de junio de 1896. DSch 3305.
40. A. Richard, Faut-il incarner VÉglise? Les trois blancheurs, en «L'Homme Cf. El magisterio de la Iglesia, n.» 1956-1957, p. 463.
nouveau», 7 marzo 1976. 45. Pío Xii, encíclica Humani Generis, del 12 de agosto de 1950; DSch 3886;
41. Homilía del 18 de septiembre de 1977 en Ecóne, con motivo del 30 ani- El magisterio de la Iglesia, a." 2314, p. 605.
versario de su consagración episcopal, en Le coup de mattre de Satán. Ecóne 46. León x m expresamente en Satis cognitum. Acta S. Sedis 28 (1895-96) 715.
face á la persécution, Martigny (CH) 1977, p. 30-41. 47. Lumen Gentium, n.° 7, § 3 : «Unificando el cuerpo, el mismo Espíritu
190 191
E n la contrarreforma y en la restauración Virgen María
En este párrafo nos abstenemos de presentar las numerosas expresiones de o autoridad sobre toda procesión temporal del Espíritu Santo, hasta tal punto que
devoción excesiva respecto del papa, expresiones que rayan en la idolatría, como ninguna criatura ha recibido de Dios gracia alguna de virtud sino en razón de
aquellas que hablan de una presencia de Cristo bajo las especies pontificias, aná- una dispensación de la virgen María misma». Evidentemente, esto es inaceptable.
loga a la que se realiza en las especies eucarísticas. Respecto de estos puntos
disponemos de una documentación considerable, pero la coyuntura presente nos Pero no podemos limitarnos a rechazar lo inaceptable. Las relaciones entre
invita a no utilizarla. Este capítulo, bastante lamentable, parece derivar del pasado. María, madre de Dios, y el Espíritu Santo son profundas; derivan del misterio
de salvación, del misterio cristiano a . ¿No se encuentra ahí la razón de que la
liturgia latina uniera la oración del Espíritu Santo cada vez que recordaba a la
3. Virgen María virgen María, así como emparejaba el recuerdo de san Pablo con el de san Pedro?
Determinadas expresiones de autores espirituales católicos son criticables porque
Es un tema importantísimo. Conviene tomar nota de la crítica que se nos atribuyen a María una eficiencia inmediata de gracia y de vida espiritual. En casos
hace, reconocer lo que puede haber de justo en ella, pero ser conscientes, al extremos, atribuían a María lo que es obra inalienable de Dios y del Espíritu
mismo tiempo, de la profundidad del lazo existente entre la virgen María y el Santo.
Espíritu y, en consecuencia, de una cierta comunidad de función en la disparidad Pero la función de María se sitúa en la del Espíritu Santo, que la hizo
absoluta de las condiciones. madre del Verbo encarnado, que es el principio de toda santidad y de la comu-
La crítica es grave. Viene especialmente de los protestantes y podemos resu- nión de los santos. En el «misterio cristiano», María posee, de manera super-
mirla de la siguiente manera 48 : atribuimos a María lo que compete al Espíritu eminente, la posición de modelo de la Iglesia y de intercesión universal. Es, en
Santo; en « s o s extremos hacemos que ella ocupe el lugar del Paráclito. En efec- ella, la obra del Espíritu. Los cristianos desean configurar sus vidas teniendo
to, le atribuimos los títulos de consoladora, abogada, defensora de los fieles ante presente la imagen de la que recibió a Cristo y lo dio al mundo y dirigen sus
Cristo, que será juez insobornable. Ella ejerce una maternidad tal que, gracias a plegarias a ella para que se realice esa imitación. Ellos esperan esto de Cristo
ella, no somos huérfanos; revela a Jesús, quien, a su vez, revela al Padre. Ella mismo, que obra por medio de su Espíritu, pero con el sentimiento de que María
forma a Jesús en nosotros 49 , función atribuida al Espíritu Santo... Algunos la coopera en la acción, a título de modelo y de intercesión. De ahí esta experiencia
llaman «alma de la Iglesia», título atribuido, igualmente, al Espíritu Santo. Mu- mariana que envuelve su experiencia de la gracia y del Espíritu con un realismo
chas almas espirituales hablan de una presencia de María en ellas, de una guía concreto y acogedor. Porque la comunión de Cristo se acompaña con un recuerdo
de su vida por María; de una experiencia de todo esto en un grado comparable mariano; el misterio cristiano quedaría manco si quedara excluida o preterida la
al que puede alcanzarse de la experiencia de la presencia e inspiraciones del función de María. María, en su plano la primera agraciada, está asociada a la
Espíritu 50. No nos extrañemos si leemos en Elsie Gibson: «Cuando comencé a acción soberana del Espíritu. Tienen razón los protestantes cuando rechazan una
estudiar la teología católica, encontraba a María cada vez que esperaba encontrar atribución a María de lo que pertenece solamente a Dios; pero cometerían una
un tratado sobre el Espíritu Santo; se atribuye a María lo que, unánimemente, equivocación cerrándose a lo que católicos y ortodoxos testimonian como dis-
nosotros [protestantes] consideramos como la acción propia del Espíritu Santo» ". creta y justificada influencia mariana en sus vidas en Cristo.
Efectivamente, ¿cómo no reaccionar de esta manera al leer este texto de san
Bernardino de Siena, tomado en parte por León xm, que escribía poco tiempo Conscientes de lo insuficientes que resultan las líneas precedentes, desearíamos
después una bella encíclica sobre el Espíritu Santo: «Toda gracia que es comu- reproducir aquí íntegramente el párrafo densísimo consagrado a la función del
nicada en este mundo llega por un triple movimiento. Porque es dispensada según Espíritu Santo en la virgen María, que se encuentra en la exhortación apostólica
un orden perfectísimo: Dios en Cristo, Cristo en la Virgen, la Virgen en nos- de Pablo vi, Marialis cultus, del 22 de marzo de 1974 s \ Transcribiremos, al
otros» 52. Bernardino añade que María dispone «de una determinada jurisdicción
uno que, a pesar de su carácter anecdótico no carece de significación. Tengo
por sí y con su virtud y por la interna conexión de los miembros...»; n.° 12, ante mis ojos un calendario de 1955 de la «Librería Editrice Vaticana». En una
§ 1; n.° 27, § ?: «puesto que el Espíritu Santo mantiene indefectiblemente la cara, dos imágenes: Pío xn y, a su lado, la asunción de María. El jueves 19 de
forma de gobierno que Cristo Señor estableció en su Iglesia»; Gaudium et Spes, mayo, «Ascensione N.S.»; diez días más tarde, el domingo 29 de mayo, busco en
n.° 40, § 2; Ad Gentes diviniíus, n." 4; n.° 15, § 1: «El Espíritu santo, que llama vano Pentecostés y leo «S. María Mfediatrice]»...
a todos los hombres a Cristo por la siembra de la palabra y proclamación del 53. Además de Mühlen (cit. en nota precedente), sobre todo crítico, véase
Evangelio y suscita el homenaje de la fe en los corazones..., los congrega en el Laurentin, Esprit Saint et théologie mariale, «Nouv. Rev. Théol.», 89 (1967)
único pueblo de Dios...» 26-42: L.J. Suenens, op. cit., p. 229-246: «Société francaise d'Études Mariales»,
48. Su expresión más detallada y documentada es del pastor Lucien Mar- 25 (1968): Le Saint-Esprit et Marie, I. L'évangile et les Peres; 26 (1969): II. Bible
chand, Le contenu évangelique de la dévotion mariale, «Foi et Vie», año 49, et Spiritualité (estudios principalmente de documentación). Congreso mariológico
n." 6 (sept.-oct. 1951) 509-521. de Roma, 1975. R. Laurentin da cuenta de todo lo que está relacionado con esta
49. A.C. Plací, citado por R. Laurentin, «Rev. Se. ph. th.» 50 (1966) 542, cuestión en sus boletines tan instructivos de la «Rev. Sciences phil. théol.»; así 50
n. 139. (1966) 542; 54 (1970) 287-290; 56 (1972) 438, 478-479; 58 (1974) 296, n. 110; 60
50. Así en el Cenáculo de Montmartre, el 10 de enero de 1953. (1976) 321, n. 37; 322, n. 44; 452-456; 62 (1978) 277s. R. Laurentin ha tocado
51. Elsie Gibson, Mary and the Protestant-Mind, «Review for Religious» 24, también la cuestión en Pentecdtisme chez les catholiques, París 1974, p. 241-250
mayo 1965, citado por el cardenal L.J. Suenens, Une nouvelle Pentecóte? DDB, ftr. cast.: Pentecostalismo católico, PPC, Madrid 1976): «María, prototipo caris-
1976, p. 230-231; tr. cast. en ¿Un nuevo Pentecostés?, Desclée, Bilbao 1976. mático.»
52. León xm, encíclica lucunda semper, 1894 (ASS 27 [1894-95] 179. Textos 54. N.° 26, Pablo vi, Exhortación apostólica Marialis cultus, «Ecclesia»,
completos y su crítica en H. Mühlen, l'Esprit dans l'Église, ' n
' 30 de marzo de 1974, p. 5-23; ed. fr. con presentación de A. Wenger, Le cuite
t. II, p. 149ss. Yo podría aportar aquí otros textos, otros ( marial aujourd'hui, Centurión, París 1974.
192 193
Oongar, Espíritu 13
En la contrarreforma y en la restauración
menos, la plegaria, citada allí, de san Ildefonso de Toledo (t 667): «Te pido, te
pido, oh Virgen santa, obtener a Jesús por mediación del mismo Espíritu, por
el que tú has engendrado a Jesús. Reciba mi alma a Jesús por obra del Espíritu,
por el cual tu carne ha concebido al mismo Jesús (...) Que yo ame a Jesús en
el mismo Espíritu, en el cual tú lo adoras como Señor y lo contemplas como
tu Hijo» ».
LA PNEUMATOLOGÍA
DEL CONCILIO VATICANO I I 1
1. Véanse los trabajos de O. Rousseau (p. 39-45), Ch. Moeller (p. 102-104),
M. Philippon, P. Smulders, B. van Leeuwen, H. Schürmann (p. 541-57: Los ca-
nsinas espirituales) en Vatican II. L'Église de Vatican II, bajo la dir. de G.
Barauna («Unam Sanctam» 51 b), París 1966; Ch. Moeller, en Theological lssues
of Vatican II, University of Notre Dame Press, 1967, p. 125-126; H. Cazelles,
Le Saint-Esprit dans les textes de Vatican II, en H. Cazelles, P. Evdokimov, A.
Greiner, Le mystére de l'Esprit-Saint, Mame, 1968, p. 161-186; H. Mühlen, L'Es-
prit dans l'Église, t. II («Bibl. OEcum.» 7), París 1969, p. 9-114; A. Charue, Le
Saint-Esprit dans «Lumen Gentium», y J.G. Geenen, Ecclesia a Sancto Spiritu
edocta. Heilige Geest en Heilige Kerk in de transmissie der Openbaring volgens
de dogmatische Constitutie «De divina Revelatione» van Vatican II, en Ecclesia
a Spiritu Sancto edocta, homenaje a monseñor Gérard Philips, Gembloux 1970,
respectivamente p. 19-39 y 169-199.
Al referirnos a los documentos del concilio, utilizamos las iniciales de las
dos primeras palabras. Así: AA = Apostolican actuositatem sobre el apostolado
de los laicos; AG = Ad Gentes, sobre las misiones; CD = Christus Dominus,
sobre el ministerio de los obispos; DV = Dei Verbum, sobre la revelación di-
vina, la Escritura y la tradición; GS = Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el
mundo actual; LG = Lumen Gentium, sobre la Iglesia; PO = Presbyterorum
Ordinis, sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes; SC = Sacrosanctum
Concilium, sobre la liturgia; UR = Unitatis Redintegratio, sobre el ecumenismo.
55. De virginitate perpetua Sanctae Mariae, c.
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Pneumatología del concilio Vaticano II
Pneumatología del concilio Vaticano n
El Señor Jesús, «a quien el Padre santificó y envió al mundo» (Jn 10,36),
concilio comprenderían más de 258), no son suficientes para hacer una hizo partícipe a todo su cuerpo místico de la unción del Espíritu que con él está
ungido (PO 2; en nota, referencia a Mt 3,16; Le 4,12; Act 4,27; 10,38).
pneumatología. Podrían elevar, como se ha dicho (pensamos que in- Dios consagra a los presbíteros para que, participando de una forma especial
justamente) a «espolvorear» de Espíritu Santo un texto no necesaria- del sacerdocio de Cristo, obren en la celebración de las cosas sagradas como mi-
mente pneumatológico. Preferimos intentar recoger los elementos de nistros de quien por medio de su Espíritu efectúa continuamente por nosotros,
verdadera pneumatología existentes en el concilio Vaticano n , cuyo en la liturgia, su oficio sacerdotal (PO 5, § 1).
dinamismo está activo desde entonces en la Iglesia católica.
3. El Concilio fue más allá de lo que H. Mühlen llama el mo-
I. El concilio ha mantenido la referencia cristológica. Ésta es bí- noteísmo pretrinitario. Mientras que el Vaticano i había trabajado
blica; es condición indispensable de la salud de una pneumatología. con una noción de «Dios» no expresamente trinitaria, muchos de los
La pneumatología no es un pneumatocentrismo. El Espíritu es el Es- documentos del Vaticano u fundamentan su doctrina en una visión
píritu de Cristo2; realiza la obra de Cristo, la construcción del cuerpo trinitaria de la «economía» de la creación y la gracia. Y esto, ante
de Cristo. Se nombra incesantemente al Espíritu Santo como princi- todo, por lo que se refiere al principio: plan del Padre, misión del
pio de la vida de este cuerpo que es la Iglesia 3 . Se ha retenido, y está Verbo-Hijo, misión del Espíritu 5 . Y después en cuanto al término: la
bien porque enuncia una verdad, la idea de que el Espíritu Santo Iglesia es llamada pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Es-
garantiza la fidelidad de la tradición y la verdad de los pronuncia- píritu 6 y, según la admirable fórmula de san Cipriano que me sirvió
mientos solemnes del «magisterio» 4 . de inspiración en Chrétiens desunís, la Iglesia es presentada como el
«pueblo que saca su unidad de la unidad del Padre, del Hijo y del
2. Pero el concilio, en primer lugar, no ha presentado la idea de Espíritu Santo» 7 . Mejor aún, es calificada como un misterio cuyo
cuerpo místico como la definición de la Iglesia, tal como lo habían «modelo supremo y el principio de este misterio es la unidad de un
hecho en un proyecto del Vaticano i, Franzelin y Pío xn; en segundo solo Dios en la Trinidad de personas, Padre e Hijo en el Espíritu
lugar, no ha seguido el esquema que dominó en el siglo xix y durante Santo» (UR 2, § 6).
la primera mitad del siglo xx, de la «encarnación continuada». Müh-
Esta visión trinitaria funda la Iglesia como comunidad de culto
len tiene toda la razón en este punto. Cuando Lumen Gentium vuelve
en espíritu y en verdad, según la lógica atinadamente explicada por
a tomar la comparación de los aspectos visible y espiritual, humano
C. Vagaggini, de ab, per, in, ad: desde el Padre, por el Hijo encarnado,
y divino, de la Iglesia con la unión de las dos naturalezas en Cristo,
en el Espíritu, hacia el Padre 8 . La constitución conciliar sobre la li-
lo hace para atribuir la función de animación al Espíritu Santo; y esto
turgia es de un talante marcadamente práctico; desarrolla poco esta
en una perspectiva de actualismo o de acontecimiento: «Pues como
teología. Además, es más cristológica que pneumatológica, pero el
la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como órgano de salvación
Espíritu tiene su sitio en otros documentos conciliares que expresan
a él indisolublemente unido, de forma semejante la unión social de la
la función doxológica de la Iglesia (cf. por ejemplo PO 2 y 5) y, es-
Iglesia sirve al Espíritu de Cristo, que la vivifica» (n.° 8, § 1). Pero
pecialmente, en la revisión de los ritos sacramentales exigida por el
el Espíritu no es una pura fuerza impersonal; el Símbolo lo califica
concilio y llevada a cabo desde su celebración. Este retorno del Es-
de Señor. Pero continúa siendo el Espíritu de Cristo. El Concilio
píritu a nuestras celebraciones requeriría un estudio detallado 9 .
vuelve a tomar la idea neotestamentaria que hemos encontrado en
Ireneo, la idea de la función eclesial de santificación como participa- En cuanto al bautismo, jamás existieron problemas. Hemos habla-
ción en la unción de Cristo por el Espíritu: do ya de él desde el punto de vista escriturístico y nos referiremos de
nuevo a él cuando tratemos del «bautismo en el Espíritu». El nuevo
Dios... cuando llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho ritual de la confirmación ha vuelto a tomar la fórmula oriental de
carne, ungido por el Espíritu Santo... (SC 5). los siglos iv y v, «el sello del don del Espíritu», en la que encontra-
Para que incesantemente nos renovemos en él (cf. Ef 4,23), nos concedió par-
ticipar de su Espíritu, que siendo uno mismo en la cabeza y en los miembros,
mos reunidas las dos nociones pneumatológicas de sello y don.
de tal forma vivifica unifica y mueve el cuerpo entero... (LG 7, § 7). Cristo la
ha llenado de su Espíritu (9, § 3). 5. Cf. LG 2 — 4; GS 40, § 2.
6. PO 1; AG 7, § 3 y 9, final.
2. Communicando Spiritum «íutím» (LG, 7 § 1); Spiritus «Christi» (8, § 1); 7. LG 4; en nota, referencia a san Cipriano (De orat. Dom., 23), san Agus-
Spiritum «Christi» habentes (14, § 2); etc. tín, san Juan Damasceno.
3. Habría que citar veinte pasajes; por ejemplo AA 3, § 2; 29, § 3; CD 8. C. Vagaggini, Initiation théologique á ¡a liturgie. I, adaptado por Ph.
I I , § 1; LG 21, § 2... Rouillard, Brujas-París, 1959.
4. Así LG 25, § 3; 43, § 1; DV 8, 9 y 10. Pero «la ayuda del Espíritu 9. Bosquejo en «Notes de Pastorale liturgique», 133, abril 1978, p. 19ss.
Santo» tiene un campo más amplio: GS 44, § 2.
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LIBRO SEGUNDO
A veces se ha confrontado el tema latino del sacerdote que ejerce 4. Por lo que respecta al Espíritu Santo, la eclesiología pneuma-
en el plano de la representación sensible la función de Cristo, que tológica del Concilio ha logrado la gran recuperación de los carismas,0.
actúa in persona Christi, y la práctica oriental del sacerdote que in- Esto significa que la Iglesia no se construye únicamente por la vía
voca al Espíritu, que es la persona actuante. No podemos negar la de los medios instituidos, sino también por la infinita variedad de
existencia de dos tradiciones teológicas y de dos estilos litúrgicos, pero dones que cada persona «tiene el derecho y la obligación de ejerci-
sería superficial oponerlas entre sí y desunirlas. Las dos citas del Pres- tarlos en la Iglesia y en el mundo, para el bien de los hombres y la
byterorum Ordinis mencionadas anteriormente avalan nuestra afirma- edificación de la Iglesia, en la libertad del Espíritu Santo, que "sopla
ción. El ritual renovado ha vuelto a tomar, para la ordenación de los donde quiere" (Jn 3,8), y al mismo tiempo en comunión con los her-
obispos, la oración consecratoria de la Tradición apostólica de san manos en Cristo, sobre todo con sus pastores» (AA 3). Sobre los pi-
Hipólito y ora de la siguiente manera en la ordenación de los sacer- lares de estos carismas ejercidos para la utilidad común y para la cons-
dotes: «Haz de tus servidores aquí presentes los sacerdotes de Jesu- trucción de la Iglesia se ha desarrollado una nueva teología o, por
cristo renovándolos por tu Espíritu Santo.» mejor decir, un ejercicio de los «ministerios» que confieren un rostro
El ritual renovado del sacramento de la penitencia o de la recon- nuevo a la Iglesia, notablemente diverso del que presentaba una ecle-
ciliación desarrolla de manera notable el papel de las tres Personas. siología piramidal y clerical. Este tema requiere todo un capítulo, que
He aquí el texto largo, desgraciadamente poco conocido, de la fórmu- ya hemos presentado en otra parte y no queremos repetir aquí. De
la de la absolución: esta manera el Espíritu hace la Iglesia. Veremos más tarde las razo-
nes que existen y las condiciones que tienen que darse para poder
Jesucristo (...) derramó su Espíritu Santo sobre los apóstoles para que recibieran llamarle «cofundador» de la Iglesia. Más allá de cualquier norma
el poder de perdonar los pecados. Que, por nuestro ministerio, Jesús mismo os jurídica, se ha confiado al Espíritu Santo la tarea de asegurar que será
libre del mal y os llene del Espíritu Santo. indefectiblemente observada «la forma de gobierno que Cristo Señor
El Espíritu Santo, nuestra ayuda y defensor, nos ha sido dado para la remi- estableció en su Iglesia» (LG 27, § 2).
sión de los pecados, y en él podemos acercamos al Padre. Que el Espíritu ilumine
y purifique vuestros corazones, de manera que podáis anunciar las maravillas de El Espíritu «sopla donde quiere». Él es un «acontecimiento». El
aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Concilio ha reconocido y situado este aspecto. Las estructuras socia-
les están al servicio del Espíritu (LG 8, § 1). Éste actualiza el evan-
Pero, sin duda, lo más importante es la introducción de las epicle- gelio y la inteligencia de la palabra de Dios (DV 8, § 3; 23); suscita
sis en las nuevas plegarias eucarísticas. Como sabemos, la segunda de las iniciativas de vida religiosa y las vocaciones (LG 44 y 45); en
ellas transcribe, casi al pie de la letra, la de san Hipólito, el texto litúr- materia de iniciativas apostólicas o misioneras (no pocas veces la acción
gico más antiguo de los existentes. El canon romano carecía de epi- del Espíritu se anticipa a la acción de quienes gobiernan la vida de la
clesis. Habría sido fácil introducir una sustituyendo las palabras «tu Iglesia» (AG 29, § 3). Encaja perfectamente en este contexto el que
bendición» por «tu Espíritu Santo» en las dos plegarias de consagra- el concilio del aggiornamento haya atribuido al Espíritu la constante
ción de los dones y de santificación de los fieles: «Santifica plenamen- renovación que necesita la Iglesia para ser fiel a su Señor ". En ma-
te esta ofrenda por el poder de tu bendición... que sea para nosotros teria de ecumenismo, la Iglesia reunida en concilio ha profesado no
cuerpo y sangre de tu Hijo...»; y «Para que cuantos recibimos el cuer- querer «prejuzgar los impulsos que puedan venir del Espíritu Santo»
po y la sangre de tu Hijo... seamos colmados de tu gracia y de tus (UR 24, § 2).
bendiciones». Bastaba con ver la gracia increada como principio de El movimiento ecuménico deriva, en último término, del Espíritu
la gracia creada. Pero cada una de las restantes plegarias eucarísticas Santo (UR 1, § 2; 4 § 1); además, el Espíritu Santo actúa también en
lleva dos epiclesis, una referida a la consagración o santificación de las restantes comuniones cristianas 12.
los dones, la otra para que el Espíritu santifique, llene, reúna a los 10. Simples menciones, pero significativas: LG 4; 7, § 3; AG 4; 23, § 1;
fieles en Cristo, en una perspectiva de alabanza absoluta en la comu- 28, § 1. Textos más formales y más densos: LG 12; AA 3, § 4; Véase H. Schür-
nión de los santos. De esta manera, el Espíritu Santo aparece como el mann, citado supra, n. 1.
lugar, el clima, el agente activo de la celebración del sacramento del 11. LG 9, final; cf. 8, § 3; GC 21, § 5; 43, § 6; PO 22, § 2.
12. LG 15; UR 3, § 2 y 4; 4, § 9. H. Mühlen (op. cit., supra, 1: p. 175-
cuerpo y sangre del Señor. En el libro tercero de esta obra volve- 242) cimenta sobre estos textos una apreciación extremadamente positiva del
remos a tratar extensamente la pneumatología eucarístíca a la que valor eclesial de las comuniones no católicas. El problema teológico consiste en
otorgamos la más ferviente atención. saber si el Espíritu despliega todos sus efectos eclesiales allí donde el sacramento
eclesial es imperfecto. Con todo, es cierto que la eclesiología penumática de las
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