Gerardo Gomez Garcia
Película 1900 de
Bernardo Bertolucci
RESUMEN
25 de abril de 1945. Día de la liberación. Cuando un soldado fascista salió del
árbol y le disparó, un joven cantó y se fue feliz a su casa.
Cuando los campesinos salieron a eliminar a los fascistas ocultos, las mujeres
persiguieron a Atila y Regina que intentaban escapar.
Después de que el niño Leonida tomó el rifle, fue a la casa de su anfitrión para
matarlo, y dijo que su nombre de partido era Olmo, y que él era el más valiente
de ellos.
Hace muchos años, el 27 de enero de 1901, coincidiendo con la muerte de Verdi,
nacieron dos niños en el Giri Manor de Berlín, a uno de ellos se le dará el nombre
de Alfredo, al igual que su abuelo, el dueño del pazo dice ser otro Olmo Dalcò,
nieto de Leo, capataz de labradores, y ni siquiera se conoce a su padre biológico.
Alfredo estaba feliz por el nacimiento de su nieto e invitó a beber a todos los
campesinos, aunque Leo se negó a hacerlo, todos estuvieron de acuerdo y no
bebieron hasta que Leo lo bebió.
A pesar de los diferentes orígenes sociales, Alfredo y Olmo se hicieron amigos,
el primero intentó imitar al segundo y envidió su libertad, aunque no se atrevió a
bajarse del tren como él.
Olmo era demasiado travieso, por lo que pensaron en enviarlo al seminario.
Antes de eso, su abuelo decidió que debía aprender a leer y escribir, pero no
dejaría de ser uno de ellos, un granjero, porque no quería que su familia. un
pastor.
Cuando todos los agricultores se reunieron para cenar, Berlin Gieri recibió a la
hermana de la madre de Alfredo y a su hija Regina, quien fue abandonada por
su esposo en bancarrota y se fue a Sudamérica.
Aunque el hijo mayor de Berlinghieri es Ottavio, viaja mucho y Giovanni le
aseguró que estaba allí porque quería apoderarse de la finca, aunque también
dijo que tenía envidia de Ottavio y su libertinaje.
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Alfredo se vio obligado a comerse las ancas de rana que su padre le compró a
Olmo, y vomitó, luego se escapó de su casa y se escondió soñando con huir con
su tío Otávio.
Un día de celebración, todos estaban bailando. El dueño Alfredo le pidió a una
niña que lo acompañara al establo y le pidió que ordeñara una vaca allí. Él la
miró, empapada descalza en el estiércol, y luego le pidió a la niña que lo tocara.
, se arrepintió de no abrazarlo más, así que le preguntó a la niña y le dijo a todos
que estaba muerto cuando la fiesta estaba por terminar, pero que quería seguir
bailando.
Leo lo encontrará colgado en el granero, lamentando esto antes de soltar a todas
las vacas para que pueda trabajar más.
No dispuesto a perderlo todo, su hijo Giovanni fingió que su padre estaba
gravemente enfermo, llamó a un notario, hizo un testamento, se convirtió en el
heredero universal, y dejó a su hermano Otavio con una renta vitalicia y un
apartamento. Alfredo miró la trampa. Lloré. cuando vi a su abuelo muerto.
Un día, Olmo discutió con Alfredo, y el segundo hombre tomó uno de sus
gusanos de seda y le aseguró a Alfredo que todo lo que tenía era suyo.
Debido a que la ropa estaba mojada, Olmo se quitó la ropa y observó que el pene
de Alfredo era diferente al suyo. Olmo le dijo que tenía que estirarlo para que
quedara igual. Entonces todos observaron que se podía ver la ciudad desde
arriba, donde Olmo Mo nunca lo fue.
La Liga propone entonces una huelga, mostrándose los agricultores dispuestos
a secundarla aun sabiendo que la falta de trabajo hará que la tierra se muera y
que pasarán más hambre.
Pero mientras ellos se ponen en huelga surgen los esquiroles, gente aun más
pobre que ellos que trabajan junto con los hacendados, no acostumbrados a
hacerlo, siendo feliz Leo de haber visto por primera vez en su vida trabajando a
un patrón, tras lo que muere.
Tres meses después, el socorro rojo debe ayudar a las familias de los
huelguistas llevándose a sus hijos a Génova, pues no tienen ya nada para comer.
Alfredo tratará de demostrarle a Olmo que no es un cobarde tumbándose en la
vía por la que pasará el tren que se lleva a su amigo entre otros muchos niños.
Otro tren será el que le traiga de vuelta en 1917 tras haber participado como
soldado en la I Guerra Mundial, para volver a trabajar como un bracero más.
Se reencuentra también con Alfredo, que va vestido como teniente aunque se
pasó la guerra en casa, tal como le recuerda su padre, que tuvo que pagar para
conseguirlo, en contra de los deseos de Alfredo que deseaba ir al frente.
Para entonces el patrón, obligado por la falta de braceros, ya que estos fueron a
la guerra compró máquinas para facilitar su trabajo y ya no divide los beneficios
por la mitad como antes, sino que les paga menos, lo que provoca el enfado de
Olmo, que empieza a rajar los sacos del grano.
Anita, una muchacha que vive allí acogida tras haber perdido a su familia y que
es maestra lo apoya, y les dice que el patrón les echa en cara que hubieran ido
a la guerra como si fuera algo voluntario, y que enfermen, como si sus males
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fueran en realidad un castigo para él, instando a las mujeres a que se queden
con algo de grano ya que el patrón no lo notará.
Testigo de su arenga, Attila Mellanchini, el nuevo administrador del patrón le
recrimina sus palabras, ante lo que Anita le dice que se cree el gallo del corral y
empieza a tirarle granos, siendo seguida su actuación por los demás.
Llegado el invierno muchos patronos, con apoyo de la Liga empiezan a despedir
a sus trabajadores pese a no haber terminado sus contratos, negándose algunos
de ellos a abandonar unas casas que han ocupado durante décadas, como
Oreste, que obtiene el apoyo de los demás campesinos cuando trata de obligarle
a abandonar la casa la guardia real.
Olmo lleva a los hombres a coger palos mientras las mujeres cantan y se dirigen
hacia los caballos asegurando Anita que tendrán que matarlas a todas para
pasar, sentándose en el suelo y haciendo que las demás mujeres se sienten
también, para luego tumbarse mientras los caballos se lanzan hacia ellas, sin
atreverse a pasar por encima.
Los patronos se reúnen entonces en la iglesia para determinar las acciones a
llevar a cabo, recaudando dinero para ello, contratando para sus fine a Attila.
Alfredo y Olmo continúan siendo amigos pese a todo, viéndose juntos en la
ciudad, donde ven que Montanaro tocando junto a varios acróbatas a cambio de
limosnas.
Allí ayudan a una joven, Neve, con su barreño de ropa y la chica les invita a vino,
aceptando la muchacha acostarse con ambos a la vez, aunque no acaban de
consumar el acto debido a que la muchacha sufre un ataque de epilepsia por
culpa de la bebida
Asustado, Alfredo se marcha a ver a su tío Ottavio, aunque ante la ausencia de
este le recibe Ada, una joven amiga de él.
Llevará a la muchacha a su casa, mostrándole ella sus poesías futuristas que
tira tras leer, adelantando por el camino a un camión lleno de hombres armados
dirigidos por Attila
Arrepentido de lo ocurrido en la ciudad, Olmo va a ver a Anita, que está dando
clases a unos ancianos en la Casa del pueblo, echándole ella en cara que no
hubiera ido a buscarla antes para ir al baile, aunque él le dice que dónde puede
ir a bailar con su prominente barriga, aunque luego bailan sin música ellos solos
antes de ir al baile con los demás.
También acude a este, que se celebra en el granero, Alfredo, junto con Ada, la
cual simula de pronto que no ve, como hizo antes en el coche.
Simulando ser ciega se coge a Olmo y baila con él, mientras Ana hace lo propio
con Alfredo, llegando Ada a besar a Olmo simulando creer que es Alfredo,
aunque cuando descubren que no es ciega Anita se enfada, pues piensa que ha
ido allí para reírse de ellos, ante lo que Ada le pide perdón a todos por su broma.
Llega entonces a la fiesta una persona avisando que la Casa del Pueblo, donde
tan solo unos minutos antes estaba Ana dando clases a los ancianos está
ardiendo, acudiendo todos los campesinos hasta allí mientras Alfredo y Ada se
acuestan en el granero, sorprendiéndose Alfredo al comprobar que ella era
virgen y que no era, como él pensaba, amante de su tío Ottavio.
A la mañana siguiente Anita recorre el pueblo junto a Olmo coreando el nombre
de los ancianos calcinados en el incendio del granero, mientras pasean sus
cadáveres, desesperándose al ver que nadie acude a su llamada, para ver poco
después cómo se acercan cientos de personas vestidos de negro y con pañuelos
rojos, para acudir al funeral de los suyos.
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Algunos de los autores del crimen se sienten temerosos al verlos juntos, pero no
Attila, al que le están haciendo su traje fascista y que dice que los comunistas
son como el pequeño gatito que está allí, al que ata a una columna y aplasta de
un cabezazo.
Alfreddo y Ada están juntos y ella le hace jurar que no se convertirá en un patrón
gordo y vulgar, mientras ven cómo Ottavio se dedica a hacer fotografías
"artísticas" de jóvenes desnudos tras lo que los invita a consumir cocaína.
Tras ello él y Ada deciden viajar hacia el sur durante un tiempo mientras los
fascistas preparan la marcha sobre Roma.
Tras pasar fuera seis meses, Alfredo debe regresar, llegando a la casa de sus
padres cuando esta se encuentra vacía, descubriendo allí a Olmo que está
robando la pistola de su padre, que murió mientras ellos estaban fuera,
contándole Olmo que murió en el establo, como su abuelo, sin apenas
sufrimiento. Le cuenta también que tuvo una hija con Anita, aunque esta murió
en el parto.
Poco después llega toda la familia del entierro, contándole entonces Alfredo a su
madre que va a casarse con Ada.
Poco después se celebra, en efecto, la boda, ante la rabia de Regina que le dice
a Ada que debía ser ella quien estuviera en su lugar, ante lo que Ada le coloca
su velo.
También se encuentra en la boda Attila que presume de sus bravuconadas ante
sus compañeros Camisas Negras, pidiéndole Ada a Alfredo que los mantenga
lejos, recriminando Alfredo a Attila que permitiera el robo del arma de su padre,
pidiéndole que mantenga a Regina alejada de su esposa.
Ottavio llega tarde a la boda, pero les regala un precioso caballo blanco con el
que Ada sale a cabalgar, siendo atrapada por una red tendida por Olmo para
cazar
Poco después los Pioppi buscan a su hijo Patrizio, un niño admirador de Attila,
que sorprendió a este con Regina cuando fue a llevarle sus guantes, siendo
retenido por la pareja que les obligan a observarlos mientras se acuestan.
El niño trata de escapar y entonces Attila lo coge por las piernas y comienza a
voltearlo hasta que la cabeza del niño acaba golpeándose contra la pared.
Como el niño sigue sin aparecer empiezan a buscarlo todas las personas de la
hacienda, llegando Ada y Olmo hasta el grupo, para ser testigos del momento en
que lo encuentra su madre, y de su desconsolado llanto, acusando Attila a Olmo
de ser el autor del crimen, por lo que los Camisas Negras empiezan a golpearlo
ante la pasividad de Alfredo pese a que Ada le asegura que él no pudo ser ya
que estaba con ella, no dejando de golpearlo hasta que aparece un hombre que
se acusa a sí mismo de haber sido el asesino, y que luego, tras ser detenido
niega haberlo hecho.
Ottavio recrimina a Alfredo no haberlos detenido cuando golpeaban a Olmo,
acusándolo de haberse convertido en un fascista más, tras lo cual decide
marcharse asegurando que no volverá nunca allí pese al ruego de Ada de que
se quede.
Durante la matanza aparece el hombre que se acusó de haber acabado con el
niño, que cuenta que lo dejaron libre ante la falta de pruebas, asegurándole a
Olmo que decidió auto inculparse para evitar que le siguieran pegando, pues
sabía que él no era el culpable, ya que vio que quien lo hizo fue uno de los
Camisas Negras.
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Ada lleva a Anita, la hija de Olmo a su casa para enseñarle a escribir, lo que
molesta a Olmo, que no quiere que haga de madre con ella.
Ada se siente cada vez peor y empieza a beber, aunque Regina que tiene las
llaves de la bodega se la cierra para hacerla sufrir, mientras continúa sus
relaciones con Attila, aunque cada vez se siente más cansada de tener que
esconderse para acostarse a lo que este le responde que no tendrían que ir al
granero si ella quisiera ya que es ella quien tiene las llaves de la casa, y a Alfredo
le faltan agallas y Ada está siempre borracha, diciéndole Regina que lo que ella
quiere es tener su propia casa, a lo que Attila le responde que en breve la
tendrán, pues pronto vencerá la hipoteca de los Pioppi, y no podrán pagar.
Un día Ada va a casa de Olmo para ver a Anita diciéndole a Olmo que le envidia,
pues en su casa ve una familia feliz pese a la pobreza, tras ello beben juntos,
siendo vistos por Alfredo.
Llegado el día de Noche Buena, Ada desaparece, encontrándole finalmente
Alfredo en una taberna, ya que no puede beber en su casa, por estar las botellas
bajo llave, ni en el café del centro, donde dio órdenes Alfredo de que no la
sirvieran.
Ella le acusa de rodearse de asesinos, diciendo que es peor que ellos, ante lo
que él la llama puta, recordándole que la vio en casa de Olmo, replicándole ella
que si cree que Olmo es tan estúpido para liarse con la mujer de un fascista,
ofendiéndose él, que niega serlo.
Entra entonces en el bar Neve, de la que Alfredo aun se acuerda y que les cuenta
que se casó con un obrero, que un día desapareció, lamentando no haber tenido
hijos.
Ada le dice entonces a Alfredo que quiere un hijo y finalmente hacen las paces.
Mientras todos van a misa, Regina y Attila se quedan observando la casa de los
Pioppi, que piensa que pronto será suya.
Vistos por Ida Canta Elli, viuda de Pioppi, les invita a pasar, para, mientras ven
la casa, encerrarlo en el salón, diciéndoles que si quieren salir tienen que firmarle
un documento reconociendo que la casa es suya, tras lo que los insulta
llamándolos concubinos, por lo que Attila le dice a Regina que deben casarse
para no estar en boca de todo el pueblo.
Mientras Alfredo y Ada regresan a su casa, ven a la gente, que a la salida de
misa se reúne en torno a la casa de los Pioppi, viendo al acercarse que Ida Canta
Elli está muerta, clavada en la verja de la puerta de entrada a su villa.
Fuera, Attila afirma ante la gente que es un crimen sexual de algún amante al
que atrajo y luego rechazó y él la violó, al comprobar que ella va sin bragas.
Ada, horrorizada, se marcha, acudiendo Alfredo a buscarla a casa de Olmo,
esperando encontrarla allí, para descubrir que la mujer que está en su casa es
una invitada que está pasando con ellos la Navidad porque su marido está en la
cárcel.
Hablan después de mucho tiempo, y Alfredo le dice que si él no está en la cárcel
como muchos de sus amigos es gracias a que siempre le paró los pies a Attila.
Alfredo recuerda los bonitos recuerdos del pasado cuando eran niños, ante lo
que Olmo le recuerda que el día de su boda dejó que lo golpearan sin hacer
nada.
De vuelta a su casa ve que está ya allí el coche de Ada y su ropa tirada por toda
la casa, aunque cerró con llave la puerta de su habitación.
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Algunos años después, Regina y Attila tienen ya su propia casa y sus hijos,
llegando ya el primer tractor al pueblo, que Attila presenta como el gran logro del
fascismo, vendiendo sus caballos, y junto a estos a su cuidador, Olmo, a otro
terrateniente.
Anita, la hija de este, indignada al ver que el fascista ha vendido a su padre como
si de un animal se tratara, empieza a lanzarle a Attila las boñigas de los caballos,
siendo seguida su acción por el resto de los jornaleros.
Olmo debe huir tras ello, debiendo para ello dejar a su hija, no pudiendo ver cómo
Attila y sus hombres destrozan su casa.
Alfredo decide por fin despedir a Attila como administrador, yendo a contárselo
a Ada, que siempre se lo pedía, para descubrir que ella se marchó.
Ya sin ninguna cortapisa, Attila y sus hombres empiezan a maltratar a los que
acusan de comunistas, con total impunidad, matando a varios, a todos los que
se rebelan, aunque cada vez son más los que se atreven a proclamar sus ideas
comunistas
25 de abril de 1945. Día de la liberación.
Un hombre busca gente para enfrentarse y perseguir a los fascistas antes de
que se les escapen, y mientras los hombres van tras ellos las mujeres se afanan
en las tareas de la siega y gritan animando a sus hombres hasta que ven cómo
Attila y Regina tratan de escapar y las mujeres lo persiguen sin temer su pistola
hasta detenerlos, llevándolos detenidos de vuelta a la hacienda sobre un buey.
Cuando regresan los hombres los encuentran heridos tras haber sido golpeados,
llevándolos hasta las pocilgas dejándolos entre los cerdos.
Hasta la hacienda llega un grupo de personas, que bajaron de las montañas, tras
perder sus casas, quemadas por los alemanes y los fascistas, que les robaron
todo, siendo recibidos como hermanos, ofreciéndoles sus casas.
Attila y Regina son llevados hasta el cementerio, donde le cortan el pelo a ella,
proclamando Attila todos sus crímenes antes de que acaben con él, pidiéndole
a Regina que la maten también a ella, aunque no le hacen caso.
Ven entonces que está en el cementerio Olmo, al que ya creían muerto y en cuyo
nombre Leonida retiene a Alfredo a la espera de la llegada de los partisanos.
Los campesinos, felices tras la caída del fascismo derriban las alambradas y
proclaman la llegada del socialismo y de la comida para todos.
Leonida lleva a Alfredo ante Olmo, al que le entrega al prisionero, al que varios
de sus trabajadores golpean, y que en un aparte le cuenta que Ada no regresó
nunca.
Olmo propone abrir un juicio popular contra Alfredo, que, como patrono es
declarado enemigo del pueblo, empezando todos a bailar en torno a una gran
bandera roja formada por todas las banderas de los campesinos, que habían
mantenido enterrada.
Luego uno a uno van a exponerle sus quejas por todo lo padecido a Alfredo.
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Olmo acusa en su persona a todos los patronos de haber aupado a los fascistas,
de los que se sirvieron para ganar más dinero, condenándolo a muerte pese a
que él afirma que nunca hizo daño a nadie.
Olmo declara que "el jefe está muerto" a pesar de que Berlinghieri sigue vivo,
aunque les pide que no lo maten, para que pueda ser utilizado como ejemplo de
la muerte del jefe.
Poco después llegaron los guerrilleros, considerados héroes, les pidieron que
entregaran sus armas en nombre del Comité de Liberación Nacional.
Luego todos persiguieron la bandera roja, menos Leonida llorando de dolor tras
entregar el arma, y Olmo se quedó con Alfredo, quien les aseguró que "el patrón
sigue vivo". Olmo luchó con él por esto.
Muchos años después, los viejos Alfredo y Olmo siguieron peleando como lo
hacían cuando eran jóvenes. Llegaron a la vía del tren. Alfredo yacía allí,
pensando en el viejo tren en el que viajaba Olmo, con una bandera roja en él. El
tren pasaba por encima de él, y quería mostrar a sus amigos que no era un
cobarde de esa manera.
Opinion
Novecento es como una tragedia, donde se muestran las pasiones y las
miserias del ser humano. La historia y los sufrimientos de los obreros y
campesinos italianos es la historia de todos los explotados, eso es lo que
logra trasmitir la película, que a pesar del paso de los años, conserva una
gran actualidad.
La historia del cine atraviesa múltiples ángulos y personalidades,
directores, actores, músicos, técnicos, espectadores, géneros, formatos,
lenguajes. Grandes y pequeñas historias con destacados aportes y también
con las mismas miserias que se analizan. En esta pelicula hay varias
escenas que se destacan y soprenden porque a través de sus actos y sus
imágenes son capaces de conmover y hacer que las personas se quedan
intrigadas hacia la historia, es una gran pelicula que hacen valer las 5 horas
ya que toda la historia te atrapa y quieres seguir viendo que pasa en la
historia, gran pelicula se la recomiendo a personas interesadas a este tipo
de peliculas.
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