PARAFRASEAR TEXTO, NO CITAS TEXTUALES
La didáctica
Siguiendo este orden de ideas, se aborda el concepto de didáctica, la cual,
según Flórez (2001) es entendida como las metodologías de enseñanza; métodos y
técnicas que permiten enseñar con eficacia, está ligada al modelo pedagógico que
la sustenta (p. 21), para Reuter (como se citó en Munita, 2017), define las
didácticas como “disciplinas de investigación que analizan los contenidos
(saberes, saber hacer…) en tanto objetos de enseñanza-aprendizaje
referidos/referibles a materias escolares” (p.3). De acuerdo a estos dos conceptos,
para las investigadoras, didáctica es una disciplina que se enfoca en el proceso de
enseñanza aprendizaje, buscando que éste sea potente, y que considere las
particularidades de acuerdo a su objeto de estudio.
Didáctica de la literatura
A partir del ya mencionado concepto de didáctica, es posible hacer un acercamiento a la
definición de didáctica de la literatura, muy ligada a la enseñanza de la literatura vista
anteriormente, la cual se convierte en un elemento fundamental para la presente
investigación. Al respecto se retoma la exposición dada por Munita, (2017) ya que se
considera de fácil comprensión, recoge los pensamientos de autores importantes que han
aportado significativamente en el campo y evolución de la enseñanza de la literatura y
sustentan la propuesta de este trabajo: Camps (como se citó en Munita, 2017) se refiere
a la Didáctica de lenguaje y literatura:
… como una didáctica específica de la lengua y la literatura, que, si bien
comparte el interés común por el sistema didáctico como objeto central de
estudio, se diferencia de las didácticas de las ciencias a la hora de delimitar sus
contenidos de enseñanza. Pues, en su caso, dichos contenidos no remiten
únicamente a los saberes de los campos científicos de referencia (las ciencias del
lenguaje y la teoría literaria, fundamentalmente), sino también a las prácticas
relacionadas con los usos sociales de la lectura y escritura. (p.3)
En consonancia con lo anterior, se abordará la didáctica de la literatura, como “un
campo específico al interior de la didáctica de la lengua, con su propio conjunto de
saberes, preguntas de investigación, actores y redes de estudio” (Munita, 2017, p.4).
Considerada además como el “campo disciplinar de relevancia en el amplio contexto de
la investigación educativa, y que responde a uno de los objetivos prioritarios que las
sociedades contemporáneas le asignan a la escuela: la formación de lectores” (p.4).
Por lo tanto, la didáctica de la literatura se orienta según Colomer “tanto a considerar los
factores externos del funcionamiento social del fenómeno literario y los factores
internos de construcción de significado por parte del lector” (citada por Munita, 2017,
p.4). Se puede decir que el gran objetivo de la didáctica de la literatura es llevar al
estudiante a la progresiva adquisición de un mundo de leer, a un mundo de saber leer
literario que, al finalizar su etapa escolar, pueda poner en juego en sus lecturas libres y
personales. Llevarlo a alcanzar la competencia literaria entendida como lo expresa
Mendoza (como se citó en Munita, 2017): “conjunto de saberes que permiten leer e
interpretar un texto literario” (p.7). En consecuencia, el maestro debe generar la
construcción de sentido, la expresión de hipótesis, promover el dinamismo creador entre
la lectura y la escritura. Al respecto es interesante la propuesta de Moreno y Carvajal
que aluden a tres tipos de lectura literaria que se constituyen en una didáctica de la
literatura pertinente:
Lectura literal: El lector realiza procesos de generalización, construcción
categorización.
Lectura abductiva; Uso de la capacidad de análisis, comparación, clasificación,
asociación, generación de hipótesis para dar sentido.
Lectura simbólica: Comprensión del texto, procesos de correlación, y
proyección inter y extratextual (2010, p.102).
Estos autores también resaltan la importancia del taller de escritura creativa en el aula
como recurso pedagógico clave en la didáctica de la literatura.
Retomando a Munita (2017), en su planteamiento aborda el proceso de creación y
progresiva consolidación de esta disciplina en el marco general de la investigación
educativa, presentando cuatro dimensiones para su estudio:
Dimensión Epistemológica: La educación literaria necesita dispositivos fértiles,
es decir, que inviten a leer, que permitan identificar y resolver problemas de
comprensión, y que favorezcan procesos de interacción tanto del alumno con el
texto como de los alumnos entre sí, en torno a la lectura (p.10).
Dimensión Metodológica: La didáctica de la lengua y la literatura remite a
saberes científicos y a prácticas sociales de lectura y escritura. La concreción de
nuevos modelos didácticos ha intentado atender a esa especificidad poniendo en
el centro del proceso educativo unas tareas de producción-recepción
textual con verdaderos propósitos comunicativos para el alumno. Se lee y se
escribe en el aula de manera similar a como se lee y escribe fuera de ella, es
decir, con una intencionalidad determinada, enmarcada en una situación
comunicativa que le da sentido al esfuerzo que estas prácticas exigen (p.9).
Dimensión Política: La concreción de objetivos que atiendan a las nuevas
demandas sociales, y favorecer un proceso formativo tendiente a lograr que los
alumnos participen con efectividad en los procesos de recepción del discurso
literario (p.7).
Dimensión Ética: Los nuevos objetivos adscritos a la educación literaria parecen
orientados hacia dos grandes aspectos, por una parte, se trataría de favorecer el
avance en la competencia interpretativa; por otra, promover la construcción de
hábitos lectores, así como una relación placentera y de implicación.
Estas dimensiones conjugan, al parecer de las investigadoras, la esencia de lo que debe
alcanzar la didáctica de la literatura en la formación del educando, favoreciendo
procesos de pensamiento, creación, afectivos y sociales, que trascienden fuera del aula y
que le dan un lugar preeminente a la literatura.
Analizando los aportes de los diferentes autores, se puede concluir que una didáctica de
la literatura es pertinente, cuando hace del texto y de la lectura literaria un proceso
placentero, le permite al estudiante la creación de sentido, la significación, la
identificación, y le hace trascender a la recreación de textos, a la imaginación de
universos posibles, a las relaciones intertextuales, a la construcción y reelaboración de
conocimientos, entre otras posibilidades.
Rol del maestro
El maestro, ese sujeto que tiene a cargo múltiples responsabilidades como formador de
nuevas generaciones, no puede ser ajeno al compromiso que tiene frente a la enseñanza
de la literatura, y teniendo en cuenta que ésta está ligada al proceso de lectura, debe
constituirse en un mediador de calidad, entendiendo como mediador, aquella persona
que induce, estimula y motiva el gusto por la lectura y que como expresa Sánchez
(2014) es importante en este proceso, en tanto que sin mediación no hay lectores” (p.7).
Además, debe ser modelo para sus estudiantes y hacer una adecuada selección de obras
que enriquezcan el trabajo literario.
El docente debe convertirse en formador, motivador, promotor de lectores literarios
críticos; debe favorecer el acercamiento del estudiante a la estética de la literatura, al
goce, permitirle la interacción con el texto, generar los espacios de interpretación,
conocimiento y creación literaria. El profesor, además, debe ser crítico, es decir, como
afirma Mendoza (2004), “potenciar una comunicación más inteligente y, sobre todo,
significativa con la obra literaria,” permitiendo nuevas miradas, ideas, propuestas, que
influyen en los diferentes elementos comunicativos; también introduce a los estudiantes
al reconocimiento de las características del discurso literario y contribuye a que valoren
la producción literaria. Por lo anterior el maestro que quiere enseñar la literatura, debe
estar dispuesto a asumir nuevos retos.
Retos
Considerando que la enseñanza de la literatura la realiza el maestro en el aula y que ésta
requiere de cambios trascendentales frente a la manera como se ha abordado, es
necesario plantear cuáles son los retos a los que se enfrenta no sólo el maestro, sino
también las instituciones que los forman para el cumplimiento de su labor y le
determinan directrices. La didáctica de la literatura que usa el maestro debe en
consecuencia sufrir transformaciones para alcanzar la potencialización del trabajo
literario, cumple un papel fundamental en la formación de sujetos críticos a partir de su
propia cultura, y que como lo afirma Bombini (2006):
… es necesario apostar hoy por reinventar la enseñanza de la literatura, a
recuperar un espacio curricular en el que sea posible reconocer a esa disciplina
escolar Literatura a partir de presupuestos teóricos consistentes, de contenidos
culturales significativos, de una propuesta de lectura y de escritura (ficcional y
crítica) en la que tengan lugar las identidades culturales de los sujetos que se
encuentran en el aula, entendida ésta como un ámbito para un encuentro
intercultural -la cultura del profesor y de la escuela no como opuesta, sino como
diferente a la cultura de los alumnos o de la comunidad. (p.69)
Este autor hace un llamado al docente, a la escuela y al sistema educativo sobre los
saberes implicados en la enseñanza de la lengua y la literatura que han sido relegados y
deben considerarse, como lo son el saber social, aquel que traen los sujetos sobre la
lengua y la literatura y que se conjugan con el saber frente al texto y su cultura.
Los autores Aragón y Castaño (2014) expresan los retos que tienen las instituciones
formadoras en Colombia en el campo de la literatura, teniendo en cuenta que éstas
preparan a los futuros maestros o mediadores en la enseñanza de la misma, planteando
la necesidad de indagar y experimentar con didácticas particulares, por cuanto se
evidencia una falencia pedagógica en las estrategias de enseñanza de la literatura que la
hagan motivadora e interesante, también se refieren al taller como una manera de
abordar esta enseñanza y que no ha sido explorado a nivel de sus atributos.
Además, la prioridad de que los formadores de docentes tengan experiencia en la
creación literaria y que de alguna manera se identifiquen con la narratología para
comprender que desde la enseñanza de la literatura se brinda la construcción de mundos
posibles. Igualmente llaman la atención sobre el uso del error y la “tachadura” (p.71)
como parte del proceso de escritura que favorece la metacognición y son parte del saber
del profesor de literatura, de la cualificación ante la forma de leer literatura, prácticas
planeadas y con propósito, actualización en literatura de otros países y diversidad de
géneros.
Los retos mencionados por los autores son relevantes para la formación de maestros, no
sólo de literatura, sino también para los maestros de primaria que están abocados a
trabajar la literatura de manera significativa, porque son los estudiantes quienes, en
última instancia, suelen ser privados de las riquezas de la literatura y que Machado
(2002) ha denominado “refinados placeres” en los cuáles es el docente quien puede
introducirlos (p.22). Grande es el reto que el maestro tiene, pero no puede hacerlo si
además el sistema educativo y las instituciones que lo capacitan no le ofrecen la
formación requerida para tal fin.
Por su parte el maestro debe establecer el vínculo entre la literatura y sus estudiantes,
ser modelo para ellos, posibilitar la significación y la construcción de sentido, tener
conocimientos literarios, plantearse propósitos claros frente al trabajo con la literatura y
como lo afirma Reyes (2016) “promover una pedagogía del amor a la literatura que dé
cabida a la imaginación y la sensibilidad y que estimule a los niños a ser recreadores de
los textos” (p.31). Debe reconocer el potencial de la literatura para “pensar, descifrar,
argumentar, razonar, disentir, unir y confrontar...”, hechos que Machado (2002, p.22)
considera que la literatura posibilita ampliamente.
Es entonces fundamental que el maestro reconozca no sólo el valor de la literatura en el
aula, sino también la responsabilidad que le atañe y que debe asumir, para hacer ese
acercamiento del estudiante a ella, seguro de que su mediación es factor clave en este
proceso. Como investigadoras y como maestras de primaria, el reto es ser conscientes
de todos los procesos y conocimientos que implica la enseñanza de la literatura y
llevarlos a la práctica real con los educandos, ser lectoras modelo y multiplicadoras de
todo este bagaje de conocimiento que ha potenciado la exploración, la indagación, la
asesoría de tutores y maestros; ante los pares docentes de la institución focalizada en
esta investigación.
INVESTIKAR LA FUENTE BIBLIOKRÁFICA DE LAS SIKUIENTES CITAS
La comprensión lectora
“La comprensión lectora es la capacidad para entender lo que se lee, tanto en referencia
al significado de las palabras que forman un texto, como con respecto a la comprensión
global del texto mismo.”
. Santisteban (2012), determina que es necesario que los lectores desarrollen varias
habilidades para poder entender, interpretar y comprender los distintos textos escritos
por varios autores, por eso es necesario leer constantemente para valorar la técnica que
se aplica y la habilidad que se desarrolla durante la lectura.
Según Pinzás (2007), los tipos de comprensión lectora son las siguientes: la
comprensión literal, inferencial, afectiva y evaluativa.
Comprensión literal, también llamada comprensión centrada en el texto, se refiere a
entender bien lo que el texto realmente dice y recordarlo con precisión y corrección.
Esto implica reconocer lo hechos como son y como aparecen en la lectura. Para estar
seguro de haber comprendido el texto de manera literal puede usarse preguntas que
ayuden en este tipo de comprensión.
Así mismo Aristizábal (2009), indica que la lectura desarrolla una actividad constante
de aprendizaje por parte de los lectores, consiente en identificar distintos significados y
la comprensión de los textos que se leen.