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Síntesis Filosófica

Este documento presenta un resumen de un seminario sobre el sufrimiento humano y la búsqueda de sentido. En la introducción, plantea cómo el sufrimiento puede quebrar la cosmovisión de una persona y generar preguntas sobre el sentido de la vida. Luego desarrolla dos momentos: 1) analiza el "sufrimiento inútil" que no permite encontrar sentido; 2) propone que el sufrimiento también tiene un elemento revelador y puede llevar a la persona a trascenderse a sí misma a través de la solidaridad con los demás.

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Síntesis Filosófica

Este documento presenta un resumen de un seminario sobre el sufrimiento humano y la búsqueda de sentido. En la introducción, plantea cómo el sufrimiento puede quebrar la cosmovisión de una persona y generar preguntas sobre el sentido de la vida. Luego desarrolla dos momentos: 1) analiza el "sufrimiento inútil" que no permite encontrar sentido; 2) propone que el sufrimiento también tiene un elemento revelador y puede llevar a la persona a trascenderse a sí misma a través de la solidaridad con los demás.

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA

ARGENTINA
FACULTAD DE TEOLOGÍA

Seminario de Síntesis II - Síntesis Filosófica

“El hombre: sufrimiento y sentido”

Alumno: Alejo Stocchetti


Profesora: Alcira Sodor

Buenos Aires, 18 de febrero 2022


2

Índice
Introducción .................................................................................................................... 3

El quiebre del sufrimiento ................................................................................................ 3

Trascendencia y sacrificio ................................................................................................ 4

Objetivo específico ........................................................................................................... 5

Desarrollo ........................................................................................................................ 6

Primer momento:

El cuestionamiento desde el sufrimiento .......................................................................... 6

El dolor excesivo .............................................................................................................. 7

La incapacidad del paciente ............................................................................................. 8

Segundo momento:

Planteo de otra perspectiva: superar la descripción .......................................................... 9

La pregunta por el sentido .............................................................................................. 10

La existencia como tarea ................................................................................................ 11

El descubrimiento de la estructura trágica del mundo y de la vulnerabilidad ................ 12

El Homo Patiens............................................................................................................. 13

La persona sufriente ....................................................................................................... 14

La apertura a la alteridad como posibilidad de sentido .................................................. 15

La posibilidad de permanencia del absurdo ................................................................... 17

La dimensión interpersonal y la solidaridad ................................................................... 17

El sacrificio solidario...................................................................................................... 18

Conclusión ..................................................................................................................... 20

Bibliografía ................................................................................................................... 21
3

Introducción

“Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante este grito del corazón.
El espíritu despertado por esta exigencia busca y no encuentra sino contradicciones y desatinos.”1

En la inercia del movimiento maquinal en la que vive el sujeto suele aparecer un


quiebre en su cosmovisión; nace aparentemente lo absurdo de la confrontación entre el
llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo.2 Falla su “motor” en un primer
momento, cuando pretende ciertos elementos u orden en su vida, y se encuentra con lo
totalmente opuesto en el mundo.

Estando en una época en donde el hombre se encuentra con este sinsentido de la


vida, parece correcto iniciar con el fuerte impacto que se genera en tal situación. Por esto,
si bien no del todo explícitamente, estarán como trasfondo de este trabajo el hombre, el
mundo, y el absurdo en su confrontación o relación.

El quiebre del sufrimiento

En este trabajo nos ocuparemos específicamente de uno de los cuestionamientos


concretos más recios que puede experimentar el hombre, y, a la vez, en donde se muestra
en plenitud el misterio mismo que él es: el sufrimiento.3 El grito del hombre generado por
el dolor puede llegar a abrir grietas y a destruir todo aquello en lo que él creía, o, al menos
-para usar otras palabras-, en donde creía poner el sustento de su existir.4 Como aparecer
del mal, el sufrimiento, “trastorna simultáneamente el corazón y la razón, poniéndolos
frente a sus últimos interrogantes”.5 Esto quiere decir, que “(…) dentro de cada
sufrimiento experimentado por el hombre (…), aparece inevitablemente la pregunta: ¿por
qué?”. 6

1
A. CAMUS, El mito de Sísifo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Losada, 2019, Pág. 40.
2
Cf., Ibid. Pág. 41.
3
Juan Pablo II afirma: “(…) el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible.” (JUAN
PABLO II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, 11 febrero 1984, [en línea],
[Link]
ii_apl_11021984_salvifici-[Link]#_edn92 [consulta: 6 de febrero 2022], 4).
4
Cf., C.S. LEWIS, Una pena en observación, [en línea] [Link]
en-observacion-leer-online-gratis [consulta: 6 de febrero 2022]: “Nunca sabe uno hasta qué punto cree
en algo, mientras su verdad o su falsedad no se convierten en un asunto de vida o muerte. Es muy fácil
decir que confías en la solidez y fuerza de una cuerda cuando la estás usando simplemente para atar
una caja. Pero imagínate que te ves obligado a agarrarte a esa cuerda suspendido sobre un precipicio.
Lo primero que descubrirás es que confiabas demasiado en ella.”
5
A. GESCHÉ, El mal, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002, Pág. 15.
6
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 9. Allí también agrega: “Esta (pregunta) no sólo acompaña el
sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el
sufrimiento es propiamente sufrimiento humano.”
4

Como punto de partida, y para intentar ahondarnos en lo más profundo del tema,
tomaremos la idea del “sufrimiento inútil” según lo expone Luigi Pareyson a partir del
pensamiento de Dostoyevski, principalmente en el pensamiento del personaje Iván
Karamazov.7 Según Pareyson, “el sufrimiento inútil es aquel sufrimiento estéril, que por
exceso de dolor o por la incapacidad del paciente, no puede purificar ni redimir ni
tampoco conducir a la madurez interior.”8 Con esto tratamos expresamente de no ahogar
el dolor en un modo de ver la vida ya estructurada (y a veces superficial), sino de
plantearlo con la verdadera fuerza que éste tiene para derribar justamente esta estructura.9

Trascendencia y sacrificio

Luego, en un segundo paso, veremos que el sufrimiento no solo tiene esta


potencia, sino que posee en sí también un elemento revelador para el mismo hombre. Esto
lo veremos acompañados de la obra de Viktor Frankl, “El hombre doliente”, en donde él
mismo dice:

“El hombre, asomado al abismo, mira la profundidad, y en el hondo del abismo descubre la
estructura trágica de la existencia. Lo que se le revela es que el ser humano es, en el fondo y, en definitiva,
pasión; que la esencia del hombre es ser doliente: homo patiens.”10

Esto va en consonancia con lo que dice San Juan Pablo II: “(…) lo que expresamos
con la palabra «sufrimiento» parece ser particularmente esencial a la naturaleza del
hombre”11. Además de esto, él mismo expresa también algo fundamental para la
continuación de lo que será nuestro trabajo:

“Ello (el sufrimiento) es tan profundo como el hombre, precisamente porque manifiesta a su
manera la profundidad propia del hombre y de algún modo la supera. El sufrimiento parece pertenecer a
la trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido «destinado»
a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.”12

Este llamado misterioso a la trascendencia del hombre en el sufrimiento, no se


realiza eludiendo o ahogando el dolor. Escapar o intentar matar el dolor sería intentar
hacerlo con la realidad misma. En este superarse a sí mismo del hombre, no se buscará
inventar un sentido allí donde no lo hay: el sufrimiento, como todo mal, carece de sentido

7
F. DOSTOIEVSKY, Los Hermanos Karamazov, México, Editorial Porrúa, 2014.
8
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Madrid, Ediciones
Encuentro, 2007, Pág. 242.
9
Cf., C.S. Lewis, Una pena en observación: “(…) si mi casa era un castillo de naipes, cuanto antes
me lo derribaran, mejor. Y ese derribo no lo logra más que el sufrimiento.”
10
V. FRANKL, El hombre doliente, Barcelona, Herder, 2019, Pág. 261.
11
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 2.
12
Ibid.
5

en sí mismo. Esto dice Viktor Frankl: “el sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un
fin en sí mismo”.13

El sentido no se otorgaría, sino que sería encontrado. No se trataría de insuflar


cualquier sentido al ser, sino de encontrar “el” sentido.14 Si se intentara otorgar, insuflar
un sentido que solo se encuentre en la subjetividad ya previamente destruida, este sentido
tendría tanta fuerza solo como su fuente. Se estaría, como diría Lewis, construyendo otro
castillo de naipes solo para que se vuelva, con otro golpe en el futuro, a derribar por
entero.15

Como recuerda Frankl, entonces, “solo puedo sufrir con sentido, si sufro por un
algo o un alguien”, “«a causa de»”. “Al aceptarlo, (…) a través del sufrimiento buscamos
algo que no se identifica con él: trascendemos el sufrimiento”. 16
En otras palabras, el
sufrimiento con plenitud de sentido sería sacrificio.17 El sacrificio como aquel sufrimiento
en donde se encuentra el sentido en la vida del hombre (siendo parte esencial de esta el
dolor).

Objetivo específico

Se intentará, sin diluir la realidad propia del dolor, sino asumiéndola, descubrir un
posible sentido del sufrimiento a través del sacrificio.

13
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
14
Cf., Ibid., Pág. 249.
15
Cf., C.S. LEWIS, Una pena en observación: “(…) ¿no está dando fe de que no tengo cura; de
que cuando la realidad hace añicos mis sueños, lo que hago es desinflarme y gruñir mientras dura el
primer golpe, y luego ponerme a reunir otra vez los añicos y a tratar de pegarlos pacientemente,
estúpidamente? ¿Y siempre va a ser así? ¿Siempre que se caiga el castillo de naipes me voy a poner a
reconstruirlo de nuevo?”
16
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
17
Cf., Ibid., Pág. 263.
6

Desarrollo

Primer momento

El cuestionamiento desde el sufrimiento

Como se ha explicado en la introducción, el primer paso de esta síntesis es ahondar


en el tema del sufrimiento. No se hablará, aunque bien pudiera dar este trabajo alguna luz
también a aquello, sobre los dolores que apenas rayan la superficie de la experiencia del
hombre. El sufrimiento al que se hace referencia es a aquel que desafía las cosmovisiones
más habituales, aun las que contienen en sí una filosofía ya propuesta y trabajada sobre
el tema del dolor. Por ello se parte desde el pensamiento de Fiódor Dostoyevski, quien ha
sabido acoger la doctrina cristiana del dolor con enorme profundidad. Esta profundidad,
en un tema difícil como lo es el dolor, invita a una complejidad provechosa en este
momento.18

El drama central del tema del sufrimiento en los personajes de Dostoyevski es


tratado cuando el dolor no produce aparentemente ningún fruto, sino que es estéril, inútil,
sin sentido e injusto. Justamente, podemos leer de la obra de Luigi Pareyson: “El
sufrimiento inútil es aquel sufrimiento estéril, que por exceso de dolor o por la
incapacidad del paciente, no puede purificar ni redimir ni tampoco conducir a la madurez
interior.”19 Esta es la definición propia, pero más adelante se la desglosará para
comprender de que se trata.

Parece prudente, antes de hacerlo, aclarar una nota característica de esta


perspectiva del sufrimiento. Como hay ya una cosmovisión previa (la del Dios cristiano)
en la reflexión del autor y de los personajes, hay también contenida una idea de justicia y
de un cierto orden presupuesto en el ser las cosas. Parece acertado esto para hablar de una
experiencia de sufrimiento, debido a que este, siendo un mal, aparece como algo contrario
al orden esperado, al “como debieran ser las cosas”.20 Aparece entonces este “sufrimiento

18
Siendo escritor y poeta, no cabe esperar un tratamiento ordenado y completo del tema. Por este
motivo lo vamos a escudriñar desde la mirada de Luigi Pareyson en su obra: Dostoyevski: Filosofía,
novela y experiencia religiosa, en el capítulo “El sufrimiento inútil”.
19
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 242.
20
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 7: “El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta
falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que
él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que el mismo se ha privado. Sufre en particular
cuando “debería” tener parte -en circunstancias normales- en este bien y no lo tiene.”
7

inútil” planteado como algo “injusto” (termino que no escapa al lenguaje habitual en
dichos acontecimientos).

El dolor excesivo

En un primer momento se habla de un “exceso del dolor” como motivo por el cual
el sufrimiento no puede dar fruto alguno. Se entiende aquí la situación en la que el golpe
del sufrimiento es excesivo, porque es mucho más fuerte que la capacidad de resistencia
y ánimo de la persona que lo sufre.21Esto puede derivar en angustias, depresiones,
suicidios. Es posible que se desencadenen estas consecuencias por la dificultad de la
persona para encontrar un sentido.

Pero es difícil, sin embargo, determinar el punto en que un sufrimiento se vuelve


de este tipo, debido a la carencia de un criterio válido para medir la capacidad de
resistencia de cada persona. Dostoyevski, sin embargo, ha sabido expresar este punto en
diversos personajes, y nos atrevemos a decir con Pareyson, que el verdadero arquetipo
para él de dolor excesivo es la madre sin consuelo que sufre por la muerte de su hijo.22

En un ejemplo bíblico,23 podemos ver que la madre desesperada por la muerte de


su hijo no solo es inconsolable, sino que tampoco quiere ser consolada. Un dolor de este
tipo, “se nutre de la conciencia de su condición inextinguible: los lamentos no son más
que la necesidad de irritar continuamente la herida.”24

Hay también una nota característica que suele tener esta situación en los
personajes de Dostoievski:

“(…) la víctima tiene un aire demasiado resentido y obstinado, exacerbado por el rencor,
oprimido por el orgullo y dominado por el placer de sufrir, sentimientos con los cuales desafía al mundo
entero, implantando en la celosa consciencia de su idealizada y supuesta bondad y en la experiencia, más
buscada que sufrida, de sus propias renuncias, el derecho de despreciar y maldecir a su ofensor.”25

Resulta llamativa esta nota frecuente: el tema sobre “el placer de sufrir”, la
“necesidad de irritar continuamente la herida”, el no querer “ser consolada” de la madre.
Aparece aquí una especie de obstinación producida por este exceso de dolor. Parece haber
un querer en la misma persona que sufre de continuar sufriendo, aunque no sea en un

21
Cf., L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 243.
22
Cf., Ibid., Pág. 244.
23
Cf., BIBLIA DE JERUSALÉN (4ª ed.)., Bilbao, Desclée de Brouwer, 2009, Jr 31, 15: “Así habla
el Señor: ¡Escuchen! En Ramá se oyen lamentos, llantos de amargura: es Raquel que llora a sus hijos;
ella no quiere ser consolada, porque ya no existen.”
24
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 245.
25
Ibid., Pág. 243.
8

comienzo voluntario, sino generado por la misma injusticia inicial. “Es un sufrimiento
cuyo único resultado consiste en producir un ulterior sufrimiento (…)”.26

El dolor excesivo, entonces, produce incredulidad y denegación ante toda


posibilidad de sentido, y un aislamiento y desafío desde el propio dolor. Esto desemboca
en una lucha contra el absurdo que aparentemente no se resuelve, y un deseo de
sufrimiento continuo, producido por una injusticia.

La incapacidad del paciente

En una segunda parte de la definición, se habla del sufrimiento inútil debido a la


“incapacidad del paciente”. Esta segunda forma, sería la más conveniente de definirlo. Si
bien se habla del sufrimiento de los animales y de los idiotas en este mismo punto, el caso
más propio y grave aparece en el caso de los niños.

Este es un sufrimiento “sin reacción por parte del paciente, que apenas comprende
lo que sucede y tal vez ni siquiera sabe que sufre”27. Tiene una particular gravedad debido
a “la confiada entrega que les induce (a los niños) a aceptar sin reaccionar todo cuanto le
ofrecen las relaciones humanas, la inocente confianza y el indefenso abandono con que
esperan de los otros el sostén que requiere su natural dependencia (…)”.28 Su confianza,
inocencia e incapacidad de defenderse, hace odiosa la crueldad de quien los hace sufrir.

Justamente, este “odio”, está sustentado por lo que explica el mismo Pareyson
sobre el estado sufriente del niño: “Lo que caracteriza este estado es la presencia de un
puro paciente, como si no existiese sujeto: quien solo padece no existe como sujeto, o es
un sujeto que se diluye como tal. Su pasividad le impide sacar provecho de su sufrimiento,
que por ello es inútil (…)”29

Parece ser que la persona en tal sufrimiento deja de existir como sujeto, siendo
meramente una víctima. Por esta característica es que tampoco parece válido en el
sufrimiento del niño la idea del cristianismo, en donde el dolor de este ayudaría en la
salvación de la humanidad. Esto es porque el niño puede ser “testimonio de una
trascendencia que opera en él o sobre él, pero debido a su pasividad, inconsciencia y

26
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 242.
27
Ibid., Pág. 247.
28
Ibid.
29
Ibid., Pág. 248.
9

abandono, es un mártir del todo involuntario, de modo que el sufrimiento no produce en


él ningún fruto”.30

Aparece aquí nuevamente el tema de la voluntad, pero en este caso, es del todo
involuntario el padecer del niño. Es un sufrimiento que se agota en sí mismo y en su
propia inanidad, y que como tal parece absurdo y sin sentido. No participa
voluntariamente de la salvación de la humanidad a través del sufrimiento, y, si lo hace,
sería utilizado como un mero instrumento por Dios.

Si esto es así, y este mundo está basado sobre la necesidad del sufrimiento infantil,
éste es un mundo absurdo, injusto y escandaloso, y como tal, del todo inaceptable. Este
es el pensamiento de Iván, uno de los personajes de Dostoievski.31 Entre la posibilidad de
una armonía final, de un “final feliz”, en donde todo se resuelva bien, en un mundo con
sentido, parece haber un obstáculo insalvable: el sufrimiento inútil de los niños. “¿Qué
felicidad es esa fundada sobre la desgracia ajena?”32

Este sufrimiento hace que se considere no solo cruel a Dios, sino injusto: no
ofende quizás el deseo humano de felicidad, sino el de la justicia, el de orden y sentido.
No implicaría esto una mera rebelión contra Dios, sino su inexistencia.33 De manera
similar, aunque no se tenga asumida tal estructura primordial de justicia sino otra,
podríamos decir que la realidad de tal sufrimiento puede quebrantar toda posible idea de
existencia de sentido en el mundo, de valor en la vida. Nada de esto sería posible
existiendo algo tan atroz como el sufrimiento de un niño, que no tiene las capacidades de
un adulto de aprender, crecer, madurar, o resignificar. Esto es lo grave: el niño es un “puro
paciente”, no puede más que sufrir.34

Segundo momento

Planteo de otra perspectiva: superar la descripción

Para hacer un estudio más completo sobre el cuestionamiento que suscita el


sufrimiento, no es posible quedarse solamente con un aspecto (el visto anteriormente, el
de la descripción y protesta). Si es que tal aspecto tiene semejante contundencia, es porque

30
Ibid. Pág. 255.
31
Cf., Ibid.
32
Ibid., Pág. 257.
33
Cf., Ibid., Pág. 258.
34
Entendemos aquí al niño en cuanto niño, es decir, solo considerándolo en su niñez; no en cuanto
llega a ser adulto.
10

el “grito del dolor” penetra en la esencia misma del hombre, y el sujeto descubre que tal
cuestionamiento es parte de él mismo, y, además, en nombre de una presunta justicia,
puede hasta sentir una especie de gusto en la negación, que lo hace querer permanecer en
ella. Pero asumiendo esto también dice Juan Pablo II:

“Aunque en su dimensión subjetiva, como hecho personal, encerrado en el concreto e irrepetible


interior del hombre, el sufrimiento parece casi inefable e intransferible, quizá al mismo tiempo ninguna
otra cosa exige —en su «realidad objetiva»— ser tratada, meditada, concebida en la forma de un explícito
problema; y exige que en torno a él hagan preguntas de fondo y se busquen respuestas. (…) Hay otros
criterios, que van más allá de la esfera de la descripción y que hemos de tener en cuenta, cuando queremos
penetrar en el mundo del sufrimiento humano.”35

Tal paso, el de hacer preguntas de fondo y buscar respuestas, el de buscar criterios


para penetrar en el mundo del sufrimiento humano, es el que se intentará realizar ahora.36
No se pretende hacerlo desde algo meramente externo al sufrimiento, sino desde otra
perspectiva del mismo cuestionamiento suscitado por éste.

La pregunta por el sentido

Esta perspectiva invita a descubrir otra nota en el mismo dolor, en donde no solo
hay quiebre y protesta, sino que también hay un contenido esencial, una pregunta, y un
llamado. Si en un primer momento se vio cómo el dolor desde fuera ingresa en el hombre
y provoca un quiebre en su visión ordinaria del mundo -arrebatando en apariencia la
posibilidad de sentido-, y una protesta en su boca, en el segundo momento intentará
quedar expresado que revela este mismo dolor de su esencia.

Se afirma, en un principio, que el sufrimiento que experimenta el hombre hace


aparecer en él “una pregunta acerca de la causa, la razón; una pregunta acerca de la
finalidad (para qué); en definitiva, (una pregunta) acerca del sentido”.37Esta pregunta
suele aparecer como novedad cuando es suscitada por el sufrimiento, porque, como mal,
el padecer, se experimenta como algo contradictorio al ser habitual o esperado (que podría
ser por ejemplo el bien, el bienestar). Si bien el punto de partida del proceso interior
generado por el sufrimiento es diverso en cada hombre, se puede decir que casi siempre

35
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 5.
36
Si bien parezca que damos un salto “racionalista”, lo que se busca de fondo es reflexionar
especulativamente sobre el tema, tomando como postura el desafío propuesto por el mismo Juan Pablo
II: “Un gran reto que tenemos al final de este milenio es el de saber realizar el paso, tan necesario como
urgente, del fenómeno al fundamento. No es posible detenerse en la sola experiencia; incluso cuando
ésta expresa y pone de manifiesto la interioridad del hombre y su espiritualidad, es necesario que la
reflexión especulativa llegue hasta su naturaleza espiritual y el fundamento en que se apoya.” (JUAN
PABLO II, Carta Encíclica Fides et Ratio, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Agape Libros, 2011,
83).
37
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 9.
11

cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta
del porqué.38

Se dice entonces que el mundo del sufrimiento “realiza” -si se permite este
término- la pregunta por el sentido. Pero ¿de dónde surgiría la respuesta, el sentido? Y,
más aún, ¿de dónde surge la pregunta?

La existencia como tarea

Siguiendo a Frankl, se puede decir que “el sentido de la vida está en la vida
misma”.39 La respuesta está en la vida, y la pregunta también está en la vida. Se puede
apreciar desde un primer momento que el enfoque ya no es del tono esperado
ordinariamente. No es un “ha sucedido esto para que puedas lograr lo otro”. La pregunta
cala más hondo preguntando por el sentido, y tanto, que una respuesta pragmatista no
puede ser adecuada. Si el dolor fue necesario y concebido como racional para que luego
fuese posible otro bien, o la “salvación”, como proponía Iván en un principio, el dolor se
convierte en moneda de comercio de alguien o algo más poderoso que el sufriente. Esto,
siguiendo a Iván, es considerado aquí inaceptable.

Frankl va a comenzar a aclarar la frase antes citada diciendo que no es una


tautología, una respuesta aparente. En verdad es una formulación paradójica:

“Si afirmo que el sentido de la vida es la vida misma, significo con la palabra «vida» —que
aparece dos veces en esta frase— dos realidades distintas: primero entiendo por vida la vida fáctica, y
luego la vida facultativa; segundo, la existencia dada, y luego, la existencia como una tarea. Con otras
palabras: la tesis «el sentido de la vida es la vida misma», despojada de su carácter paradójico, significa
que el elemento facultativo es el sentido del elemento fáctico de la vida.” 40

Si se entiende bien esto, se descubre antes que la respuesta, el origen de la


pregunta. El elemento fáctico de la vida, es decir, la existencia dada, es lo que cuestiona.
Es al mismo tiempo el ruido interior que dice que el mundo debe tener sentido, y el dolor
de la realidad que pone en jaque tal afirmación. Es una necesidad que aparece en el
corazón.41 Así, se pone al hombre mismo en cuestionamiento. La pregunta que se hace es
sobre el sentido, y despierta en el sujeto la búsqueda del sentido.

Ante esto se pone como posibilidad de sentido el elemento facultativo de la vida;


la existencia como tarea. Se asume entonces que, “sólo se puede contestar de modo activo:

38
Cf., Ibid.
39
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 249.
40
Ibid.
41
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 4.
12

contestar a las «preguntas de la vida» significa «responsabilizarse», «efectuar» las


respuestas”.42 Esto es un acotar la distancia entre la existencia y la esencia: “(...) en el
hombre el ser, por una parte, y el poder y el deber ser, por otra, discrepan siempre entre
sí. Esta discrepancia, esta distancia entre la existencia y la esencia, es lo propio del ser
humano.”43

El descubrimiento de la estructura trágica del mundo y de la vulnerabilidad

Pero, entonces, ¿es que el hombre debe inventarse una respuesta, un sentido?,
¿esto es responsabilizarse?, ¿dar una respuesta desde la imaginación, razón, o acción a
una realidad que pregunta al mismo sujeto sobre el sentido? Es difícil descubrir válidas
sin más estas afirmaciones cuando estamos frente a una madre que no puede ni quiere ser
consolada, o frente al sufrimiento de un niño.

Aquí vemos que no es posible la autenticidad en una respuesta que excluya el


dolor.44 Esto se quiere afirmar: no es posible una respuesta sin escuchar la pregunta e
incluirla. No es posible descubrir un sentido sin asumir la embestida del sinsentido.
Justamente, aquello que clama con tanto poder, que llega a tal profundidad, es de alguna
manera lo que le da dimensión a la respuesta. No se puede intentar llenar el vacío que
provoca el sufrimiento con respuestas que no llegan a la misma profundidad del dolor. Se
debe seguir su hondura hasta que muestre cual es el camino a lo profundo, a lo esencial.

Pero… ¿Por qué o como revela algo profundo de la existencia el dolor?, ¿A dónde
lleva asumirlo? Lo que se descubre en el sufrimiento es la estructura trágica de la
existencia, la finitud, la fragilidad del mundo (de la cual el hombre es parte). Así lo
expresa Viktor Frankl: “«¡Bebe!» Asume el sufrimiento. «Brota la luz»: el ser se
transparenta, el ser humano lo escruta y se le abren a él, el doliente, panoramas de
profundidad. El hombre, asomado al abismo, mira la profundidad, y en el hondo del
abismo descubre la estructura trágica de la existencia.” 45

Cuando al sujeto lo sobrepasa la realidad (como lo hace en el sufrimiento), le hace


notar, justamente, que ésta esta por sobre su control; no es él quien la hace, sostiene, o
controla del todo, sino que hay un exterior. Si la realidad estuviese del todo fundada en

42
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 250.
43
Ibid.
44
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 18: “La respuesta emerge, se podría decir, de la misma
materia de la que está formada la pregunta.”
45
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 261.
13

su subjetividad, o en su propia voluntad omnipotente, él no estaría sufriendo. Hay una


realidad concreta por fuera del hombre, de la cual él es parte, y tiene una influencia en su
persona. Esto, en un comienzo, desvela la vulnerabilidad del hombre, y le deja la
sensación de estar indefenso o impotente frente a un mundo trágico.

En un momento previo a la experiencia de dolor se puede conservar en la mente


esta idea de que está en las manos del individuo la plenitud de la esencia, de la alegría,
del bienestar (aún puede coexistir con una idea de justicia, orden o Dios por fuera de él);
pero el sufrimiento nos muestra el carácter existencial y potencial de nuestra vida. Por un
lado, todavía no está en su plenitud ni el hombre ni el mundo,46 y, por otro, es imposible
que repose solamente en el sujeto la capacidad de hacerlo pleno (el sufrimiento se muestra
ahora ajeno a su control o poder), aunque se sienta llamado a ello.

El Homo Patiens

Ahora, si bien en un primer momento del dolor se descubre solo lo negativo de


esta realidad que “golpea”, no por eso deja de ser verdad que de manera similar también
“recibimos” toda la existencia (con sus cosas “positivas” incluidas). Por ejemplo, se
puede descubrir que la carne del hombre, siendo débil y mortal, capaz de lastimarse,
también lo hace capaz de ser abrazado, tocado, visto, o amado.47 Esta carne del hombre
lo haría de alguna manera lo que es; capaz de recibir, de padecer.

Aquí nos encontramos con dos acepciones de la palabra pathos, pasión o


padecimiento. Por un lado, tenemos el significado “relativo al sufrimiento, de modo que
padecer indica un deterioro del sujeto, un ir hacia la nada.”48 Esta acepción bien podría
hacer referencia al primer momento, que es el del golpe del sufrimiento que sacude al

46
Cf., C.S. LEWIS, El problema del dolor, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1991. Pág.
99: “Si la primera operación del dolor, y la más leve, destroza la ilusión de que todo está bien, la
segunda destroza la ilusión de que lo que tenemos, ya sea bueno o malo en sí mismo, es nuestro y
suficiente para nosotros.”
47
Esto puede aparecer como una paradoja, y también con un anhelo de resolución en el arte: “Eso
quiero saber; la piel te ata o te deja ser.” (Eruca Sativa, Hoy quiero ver, 2008, [en línea],
[Link]
&tmid=97987&tema=HOY_QUIERO_VER_(TRACK_OCULTO) [consulta: 18 de febrero 2022]). Se
opta aquí por una solución no disyuntiva, sino más bien copulativa, que, a su vez, revela otra realidad.
48
P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Agape
Libros, 2008, Pág. 64.
14

alma. En un segundo sentido, relacionado también a una definición de Tomás de


Aquino,49 se podría decir:

“Todo lo que se recibe, sea en la carne o en el espíritu, se puede decir pasión. (…) el alma se puede
hacer todas las cosas, precisamente porque es una pizarra vacía, el alma es nada frente a lo real, en tanto
que no tiene nada escrito. Así, entonces, lo original del espíritu humano estaría en la pasión, en esa
capacidad de hospedar a lo real, de acoger lo otro que irrumpe. Es por eso que podríamos decir que lo
humano del hombre se descubre en la pasión, es ella el signo de su finitud, es ella signo de que el hombre
se constituye como hombre en tanto y en cuanto está abierto a lo otro, sea esto algo de mundo, sea ese otro
un humano o bien un Otro trascendente.”50

El hombre entendido como homo patiens,51 de alguna manera como ser en


recepción, muestra en el padecimiento un elemento esencial del ser humano. El padecer
(como pathos), el recibir, es lo que da contenido o profundidad a lo otro en el hombre.
Quizás sea posible que el primer momento o acepción de la palabra pathos, revele desde
su sabiduría y no la desesperación, su segundo significado, y, así, lo humano del hombre.

La persona sufriente

La vivencia o la idea vista en otro de aquello que sobrepasa (sufrimiento) al


sujeto, es lo que lo hace en tanto a la capacidad de actuar, no de padecer. Cuando le
sobrepasa la realidad, le hace notar, como ya se ha dicho, que no es él quien la hace, sino
que hay un afuera. En consecuencia, hace notar que no solo el hombre es en cuanto hace,
sino también en cuanto recibe. La capacidad del paciente de sufrir lo hace también real,
y a veces hasta más persona que el hacer,52 porque participa de la estructura del mundo
padeciendo. Es incapaz quizás de hacer, pero no así de recibir. Participa también de la
estructura del mundo y también del ser persona.53 Aquí, como se puede ver, se toma

49
Cf., Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q.22, a. 1 c., [en línea]
[Link] [consulta: 6 de febrero 2022]: “La palabra padecer se emplea de
tres modos. Uno, en sentido general, en cuanto que todo recibir es padecer, aunque nada se sustraiga
de la cosa, como si se dijera que el aire padece cuando es iluminado. (…) Padecer, en cuanto conlleva
pérdida y transmutación, es propio de la materia. De ahí que no se halle más que en los compuestos de
materia y forma. Pero padecer, en cuanto implica mera recepción, no es necesariamente propio de la
materia, sino que puede darse en cualquier ser existente en potencia.”
50
P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Pág. 67.
51
Cf., V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 261: “Lo que se le revela (al hombre en el
sufrimiento) es que el ser humano es, en el fondo y en definitiva, pasión; que la esencia del hombre es
ser doliente: homo patiens.” Como se podrá notar, hay en esta sección añadida una interpretación a las
palabras propias del mismo Frankl.
52
Puesto que a veces el obrar del hombre puede alejarse del cumplimiento de los valores, y, por
tanto, llevarlo lejos del cumplimiento del sentido de su existencia.
53
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 2:(…) lo que expresamos con la palabra «sufrimiento»
parece ser particularmente esencial a la naturaleza del hombre. Ello es tan profundo como el hombre,
precisamente porque manifiesta a su manera la profundidad propia del hombre (…)”
15

distancia de Iván, quien decía que el padecimiento del niño, al ser puro paciente, lo
descalificaba como persona.

Se afirma que el sufrir también es algo propio la persona puesto que se descubre
que no solo se cumple el sentido de la existencia del hombre en el hacer, en sus logros,
sino que:

“Cumplimos el sentido de la existencia —llenamos de sentido nuestra existencia— realizando los


valores. Esta realización de valores puede producirse por tres vías: la primera posibilidad de realizar valores
consiste en crear algo, en configurar un mundo; la segunda posibilidad consiste en vivir algo, asumir el
mundo, asimilar la belleza o la verdad del ser; la tercera posibilidad de realización de valores consiste en
padecer, en sufrimiento del ser, del destino.”54

Esta tercera posibilidad nombrada por Viktor Frankl es la que interesa aquí
primordialmente. Esta paciencia, como capacidad de padecer o asumir el mal, también
hace al hombre lo que es.55

La apertura a la alteridad como posibilidad de sentido

Se dice entonces que el hombre halla el sentido de la vida fáctica en su vida


facultativa, y que, a su vez, su vida facultativa tiene un elemento esencial en ser receptiva,
en estar abierta a lo otro. Estas afirmaciones, llevadas a su fin para este trabajo, muestran
que la apertura es esencial en ambas partes para el descubrimiento de un sentido en el
sufrimiento: por un lado, es esencial asumir el dolor y no negarlo ni sacarle su
profundidad; y por otro, es importante reconocer que es imposible encontrar solo en el
sujeto la respuesta, sin su apertura a la alteridad.56

Así es como expresa C.S. Lewis esta disponibilidad necesaria en la búsqueda del
sentido:

“Los momentos en que el alma no encierra más que un puro grito de auxilio deben ser precisamente
aquellos en que Dios no la puede socorrer. Igual que un hombre a punto de ahogarse al que nadie puede
socorrer porque se aferra a quien lo intenta y le aprieta sin dejarle respiro. Es muy posible que nuestros
propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperábamos oír.
Porque por muchos que nos digan: «Llama y se te abrirá», llamar no significa aporrear y martillear
la puerta como un poseso. Se nos dice también: «A los que tienen sed se les dará.» Pero, a fin de cuentas,

54
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 254.
55
Cf., P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Pág. 134-135.
56
Cf., V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 37: “Si el sentido reside en el mundo y no
primariamente en nosotros mismos, el hombre no deberá preguntar por el sentido de la existencia, sino
a la inversa, deberá interpretarse a sí mismo como un ser interrogado, y su propia existencia como un
interrogante; no es el individuo el que debe preguntar, sino que es la vida la que le formula preguntas;
el individuo ha de contestar y, en consecuencia, responsabilizarse con su vida. El individuo, pues, debe
buscar una respuesta a la vida, buscar el sentido de la vida, para encontrarlo y no para inventarlo; el
individuo no puede «dar» sin más un sentido a la vida, sino que debe «tomarlo» de ella.”
16

hay que tener capacidad para recibir; si no, ni la omnipotencia sería capaz de dar. Seguramente es la propia
pasión lo que destruye temporalmente esa capacidad.”57

La propia pasión, en la primera acepción antes explicada, puede intentar ocupar


toda la atención del hombre. Pero “(…) el sufrimiento, para tener sentido, no puede ser
un fin en sí mismo. (…) Al aceptarlo, no solo lo afrontamos, sino que a través del
sufrimiento buscamos algo que no se identifica con él: trascendemos el sufrimiento.”58

Si se tratase de buscar el sentido en el sufrimiento mismo, quedarse en el primer


paso, sería un masoquismo, o, al menos, acabaría continuamente con la caída en el
absurdo. Además, el llamado que hace lo trascendente a través del sufrimiento no es para
adormecer en el mismo dolor, sino todo lo contrario: “(…) podemos ignorar incluso el
placer. Pero el dolor insiste en ser atendido. Dios nos susurra en nuestros placeres, nos
habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores; es su megáfono para
despertar a un mundo sordo.”59 También dice Frankl:

“(…) la vida, que es un continuo morir, en cuanto que cada instante de nuestra existencia pasa y
se desvanece; pero esta caducidad radical ¿no es una invitación a aprovechar cada instante, por tanto, la
posibilidad en él latente de cumplir un sentido y de realizarlo? La caducidad ¿no es una invitación a la
responsabilidad?”60

El llamado invita al sujeto a descubrirse como ser que busca un sentido, pero,
además, ha de descubrirlo manteniéndose abierto hacia lo otro. Tal como se ha intentado
mostrar, el hombre por sí mismo, solo en su actuar, no puede alcanzar el cumplimiento
del sentido de la existencia.61 Esto es porque considerando al hombre en sí mismo,
agotando la posibilidad de sentido en el individuo aislado, solo se encuentra más dolor y
sinsentido. En fin: “El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de sí mismo.
El sufrimiento dotado de sentido remite a una «causa» por la que padecemos. En suma:

57
C.S Lewis, Una pena en observación. Algo similar aparece en una homilía de San Agustín: “Con
mis perdidas costumbres, yo mismo cerraba contra mí la puerta de mi Señor: debiendo llamar para que
se me abriese, empujaba para que se me mantuviese cerrada.” (SAN AGUSTÍN DE HIPONA, [en
línea] Sermón 51, [Link] [consulta: 6 de
febrero 2022]).
58
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
59
C.S. LEWIS, El problema del dolor, Pág. 96.
60
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 80.
61
: Cf., J. RATZINGER, Miremos al Traspasado, Rafaela, Fundación San Juan, 2007, Pág. 32:
“Nadie puede por sí mismo construir un puente hacia lo infinito. Ninguna voz humana es lo
suficientemente fuerte como para llamar por sí misma a lo infinito”. Si bien habla Benedicto XVI desde
lo religioso en esta obra, también ilumina algo propio de la naturaleza humana necesario en la búsqueda
para encontrar un sentido en lo trascendente. Lo relacional es un elemento constitutivo para el ser
humano.
17

el sufrimiento con plenitud de sentido es el sacrificio.”62 O también, en otras palabras,


“(…) sólo puedo sufrir con sentido, si sufro por un algo o un alguien.”63

La posibilidad de permanencia del absurdo

Con lo dicho anteriormente no se niega que el absurdo continuo sea una


posibilidad real. Pero solo es permanente si se toma la decisión de estancarse allí. Porque
cuando el dolor toca el fondo, descubre la posibilidad de no-sentido, de absurdo: esto es
el drama de la libertad humana, que puede elegir descubrir un sentido o quedarse en el
dolor. Lo difícil, por supuesto, está en que: “En el dolor, el hombre se ve atraído hacia si
mismo de una manera inaudita. (…) el dolor hace que uno centre su atención en sí
mismo”.64

¿Qué sucede aquí entonces?, ¿qué sucede cuando este dolor es excesivo, o más
aun, cuando el paciente es incapaz? Porque en verdad pareciera que, por las afirmaciones
hechas hasta aquí, la posibilidad de sentido escaparía a ambos, a la madre que no puede
ser consolada, y al niño inocente e incapaz. No pueden en ninguno de los dos casos sufrir
por un algo o un alguien. Por tanto, su sufrimiento es verdaderamente inútil si se lo aísla.

Es en verdad posible el sinsentido entonces, y más grande parece cuando más


pequeña o nula parece la libertad, y más empobrecida la voluntad, cuanto más grande es
la envestida de la nada frente a la capacidad del sujeto. En el sufrimiento inútil explicado
en la primera parte de este estudio, no se contiene la capacidad del hombre de sufrir
encontrando el sentido en otro (al menos, considerándolo solo desde su propia
intencionalidad).

La dimensión interpersonal y la solidaridad

Se podría intentar terminar allí este trabajo. Pero sería quizás esto caer en la trampa
de aislar excesivamente al sujeto que sufre, como si existiera solo en el mundo. Con todo,
Juan Pablo II, pensando en el mundo del sufrimiento en su sentido personal, a su vez,
destaca también lo colectivo. Hablando de la situación del dolor, dice: “Este mundo del

62
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 263.
63
Ibid., Pág. 262.
64
G. GRESHAKE, ¿Por qué el Dios del amor permite que suframos?, Salamanca, Ediciones
Sígueme, 2008, Pág. 120. Además, dice sobre esta permanencia en la queja C.S. Lewis, Una pena en
observación: “Toda esa mandanga del Sádico del Cosmos (modo en que se expresaba Lewis sobre
Dios como un ser sádico) no era tanto la expresión de un pensamiento como de un odio. Sacaba de ello
la única compensación que puede esperar un hombre atormentado: el derecho al pataleo”.
18

sufrimiento, dividido en muchos y muy numerosos sujetos, existe casi en la dispersión.


Cada hombre, mediante su sufrimiento personal, constituye no sólo una pequeña parte de
ese «mundo», sino que a la vez aquel «mundo» está en él como una entidad finita e
irrepetible.” 65 Pero no termina allí, sino que además dice:

“Unida a ello está, sin embargo, la dimensión interpersonal y social. El mundo del sufrimiento
posee como una cierta compactibilidad propia. Los hombres que sufren se hacen semejantes entre sí (…);
quizá sobre todo mediante la persistente pregunta acerca del sentido de tal situación. Por ello, aunque el
mundo del sufrimiento exista en la dispersión, al mismo tiempo contiene en sí un singular desafío a la
comunión y la solidaridad.”66

Nuevamente aparece la idea de llamado, de “desafío”. Pero esta vez aparece en la


dimensión interpersonal; “Los hombres que sufren se hacen semejantes entre sí (…)”.
Tomamos este hacerse semejante, en el sentido de hacerse prójimo,67 es decir,
considerando al otro bajo el concepto de la solidaridad humana.68 No se considera a la
persona sufriente, entonces, como un ser aislado, sino como una persona cuyo sufrimiento
alcanza también a otros que también son parte de ese “mundo”.

El sacrificio solidario

En la misma línea, Luigi Pareyson, al dilucidar algo de la obra de Dostoievski,


encuentra una posible respuesta al sufrimiento inútil en el personaje de Dimitri:

“Dimitri quiere hacer algo, de inmediato y sin demora «para que el niño no llore más, para que no
llore tampoco esa madre negra sin leche, a que ninguno tenga que volver a llorar»; y entiende que para
lograrlo sólo puede hacer una cosa: sufrir, aceptar el castigo e ir a Siberia aun siendo inocente precisamente
para poder sufrir. El sufrimiento es verdaderamente el único modo de hacer algo por los demás (…).”69

Se habló antes de que ni la madre, ni el niño, podían sufrir con sentido, porque no
podían elegir sufrir por alguien o algo. Aparece ahora la idea de una inversión, posible
gracias a la solidaridad en el mundo del sufrimiento: no es la madre o el niño los que
sufrirán por otro, sino que un adulto (Dimitri), compadeciéndose de tal dolor, sufre en su
favor.70

Este adulto recibe la pasión del niño, y ama sacrificándose pasionalmente como
consecuencia. Por supuesto, solo es esto coherente si es que no hay un interés por parte

65
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 8.
66
Ibid.
67
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, [en línea] [Link] [consulta: 6 de febrero
2022].
68
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, [en línea] [Link]
[consulta: 6 de febrero 2022].
69
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 278.
70
También podría pensarse en esta misma sección, que el adulto conmovido por el dolor de una
persona, sufra en favor de otra diferente, y aun así se mantendría la misma postura.
19

del adulto de utilizar el dolor del niño, sino de asumir el llamado que este provoca (el de
la solidaridad).71 La realidad del dolor es la que une aquí al niño y al adulto, y resalta el
ser solidario del humano.

A la objeción de que el niño aporta involuntariamente el dolor en este escenario


de sentido… ¿Qué se responde? Que no necesariamente por eso debe quedar su
sufrimiento aislado del de todos y estéril por siempre, sino que su propia fuerza comunica
a otros este dolor, lo suficiente como para conmover -o llamar- al otro al sacrificio. Sin
haberse buscado (ni por una inteligencia u orden superior ni por el niño mismo) en un
principio que fuese este sufrimiento causa de otra cosa, lo puede llegar a ser gracias a la
compasión del adulto.

De alguna manera, “(…) el poder del sufrimiento puede redimir del


sufrimiento.”72 Aquí, verdaderamente, “la respuesta emerge, (…), de la misma materia
de la que está formada la pregunta.”73 En el sacrificio de otro (Dimitri) por otro (la madre
y el niño), no hace desaparecer la dimensión de escándalo del sufrimiento inútil, pero el
mundo pierde su calidad de absurdo total y permanente gracias al amor y al sacrificio.

Si se entiende bien, no es que el mal (sufrimiento inútil) sea en verdad bien oculto
(algo necesario para que el mundo tenga sentido): no es verdad que el sufrimiento inútil
tenga sentido en el fondo o se logre hacerlo evolucionar.74 Lo que sucede es que el
sacrificio del hombre reconstruye el bien en lugar de persistir en el mal; pero cuidado, no
solo desde sí mismo o en el mismo dolor, sino con amor y en favor de un otro (por el cual
se realiza el sacrificio, y por el cual se posibilita la trascendencia). El mundo del
sufrimiento no encuentra respuesta sino en el mundo del amor.75 No hay una felicidad

71
Cf., L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 278:
“Ciertamente, el principio de solidaridad no es aplicable a los niños, cuyo sufrimiento inútil no sirve
ni debe servir a nadie, pues instrumentalizarlo sería un escándalo. Lo que exige es precisamente lo
contrario, es decir, que el sufrimiento voluntario y consensual de un adulto inocente sirva para redimir
el sufrimiento inútil de los niños.”
72
Ibid.
73
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 18.
74
Cf., C.S. LEWIS, El gran divorcio, Nueva York, Rayo, 2006, Pág. 21: “La tentativa está basada
en la creencia de que la realidad no nos depara nunca una alternativa totalmente inevitable; de que, con
habilidad, paciencia y tiempo suficientes (sobre todo con tiempo), encontraremos la forma de abrazar
los dos extremos de la alternativa; de que el simple progreso, o el arreglo, o la ingeniosidad convertirán
de algún modo el mal en bien (…). Considero que esta creencia es un error catastrófico.”
75
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 29: “(…) el sufrimiento, (…), está también presente para
irradiar el amor al hombre, precisamente ese desinteresado don del propio «yo» en favor de los demás
hombres, de los hombres que sufren. Podría decirse que el mundo del sufrimiento humano invoca sin
pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus
20

fundada sobre la desgracia ajena, sino una desgracia común que asumiéndose puede llegar
a otro destino más que a sí misma.

Conclusión

El sacrificio del hombre fue la llegada al fin de este trabajo. En síntesis; el sujeto
recibe como verdadero hombre doliente el cuestionamiento y quiebre que surge del
sufrimiento inútil, al recibirlo en sí mismo. Se le ha revelado en él, el clamor por un
sentido, y ha contestado dándose a sí mismo en el mismo mundo del dolor, llegando así
al mundo del amor, pleno de sentido.

El sujeto de frente al mundo no ha acallado ninguna voz, sino que ha intentado


escucharlas: asume el dolor y no le niega su profundidad; reconoce que es imposible
encontrar en sí mismo la respuesta, sin su apertura a la alteridad. Su existencia vulnerable
le hace a la vez capaz de compadecerse y de trascender el dolor en el encuentro con un
otro, hallando allí el sentido.

obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento. No puede el hombre «prójimo» pasar con
desinterés ante el sufrimiento ajeno, en nombre de la fundamental solidaridad humana; y mucho menos
en nombre del amor al prójimo. Debe «pararse», «conmoverse», actuando como el Samaritano de la
parábola evangélica. La parábola en sí expresa una verdad profundamente cristiana, pero a la vez tan
universalmente humana.”
21

Bibliografía

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