Síntesis Filosófica
Síntesis Filosófica
ARGENTINA
FACULTAD DE TEOLOGÍA
Índice
Introducción .................................................................................................................... 3
Desarrollo ........................................................................................................................ 6
Primer momento:
Segundo momento:
El Homo Patiens............................................................................................................. 13
El sacrificio solidario...................................................................................................... 18
Conclusión ..................................................................................................................... 20
Bibliografía ................................................................................................................... 21
3
Introducción
“Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante este grito del corazón.
El espíritu despertado por esta exigencia busca y no encuentra sino contradicciones y desatinos.”1
1
A. CAMUS, El mito de Sísifo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Losada, 2019, Pág. 40.
2
Cf., Ibid. Pág. 41.
3
Juan Pablo II afirma: “(…) el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible.” (JUAN
PABLO II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, 11 febrero 1984, [en línea],
[Link]
ii_apl_11021984_salvifici-[Link]#_edn92 [consulta: 6 de febrero 2022], 4).
4
Cf., C.S. LEWIS, Una pena en observación, [en línea] [Link]
en-observacion-leer-online-gratis [consulta: 6 de febrero 2022]: “Nunca sabe uno hasta qué punto cree
en algo, mientras su verdad o su falsedad no se convierten en un asunto de vida o muerte. Es muy fácil
decir que confías en la solidez y fuerza de una cuerda cuando la estás usando simplemente para atar
una caja. Pero imagínate que te ves obligado a agarrarte a esa cuerda suspendido sobre un precipicio.
Lo primero que descubrirás es que confiabas demasiado en ella.”
5
A. GESCHÉ, El mal, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002, Pág. 15.
6
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 9. Allí también agrega: “Esta (pregunta) no sólo acompaña el
sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el
sufrimiento es propiamente sufrimiento humano.”
4
Como punto de partida, y para intentar ahondarnos en lo más profundo del tema,
tomaremos la idea del “sufrimiento inútil” según lo expone Luigi Pareyson a partir del
pensamiento de Dostoyevski, principalmente en el pensamiento del personaje Iván
Karamazov.7 Según Pareyson, “el sufrimiento inútil es aquel sufrimiento estéril, que por
exceso de dolor o por la incapacidad del paciente, no puede purificar ni redimir ni
tampoco conducir a la madurez interior.”8 Con esto tratamos expresamente de no ahogar
el dolor en un modo de ver la vida ya estructurada (y a veces superficial), sino de
plantearlo con la verdadera fuerza que éste tiene para derribar justamente esta estructura.9
Trascendencia y sacrificio
“El hombre, asomado al abismo, mira la profundidad, y en el hondo del abismo descubre la
estructura trágica de la existencia. Lo que se le revela es que el ser humano es, en el fondo y, en definitiva,
pasión; que la esencia del hombre es ser doliente: homo patiens.”10
Esto va en consonancia con lo que dice San Juan Pablo II: “(…) lo que expresamos
con la palabra «sufrimiento» parece ser particularmente esencial a la naturaleza del
hombre”11. Además de esto, él mismo expresa también algo fundamental para la
continuación de lo que será nuestro trabajo:
“Ello (el sufrimiento) es tan profundo como el hombre, precisamente porque manifiesta a su
manera la profundidad propia del hombre y de algún modo la supera. El sufrimiento parece pertenecer a
la trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido «destinado»
a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.”12
7
F. DOSTOIEVSKY, Los Hermanos Karamazov, México, Editorial Porrúa, 2014.
8
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Madrid, Ediciones
Encuentro, 2007, Pág. 242.
9
Cf., C.S. Lewis, Una pena en observación: “(…) si mi casa era un castillo de naipes, cuanto antes
me lo derribaran, mejor. Y ese derribo no lo logra más que el sufrimiento.”
10
V. FRANKL, El hombre doliente, Barcelona, Herder, 2019, Pág. 261.
11
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 2.
12
Ibid.
5
en sí mismo. Esto dice Viktor Frankl: “el sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un
fin en sí mismo”.13
Como recuerda Frankl, entonces, “solo puedo sufrir con sentido, si sufro por un
algo o un alguien”, “«a causa de»”. “Al aceptarlo, (…) a través del sufrimiento buscamos
algo que no se identifica con él: trascendemos el sufrimiento”. 16
En otras palabras, el
sufrimiento con plenitud de sentido sería sacrificio.17 El sacrificio como aquel sufrimiento
en donde se encuentra el sentido en la vida del hombre (siendo parte esencial de esta el
dolor).
Objetivo específico
Se intentará, sin diluir la realidad propia del dolor, sino asumiéndola, descubrir un
posible sentido del sufrimiento a través del sacrificio.
13
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
14
Cf., Ibid., Pág. 249.
15
Cf., C.S. LEWIS, Una pena en observación: “(…) ¿no está dando fe de que no tengo cura; de
que cuando la realidad hace añicos mis sueños, lo que hago es desinflarme y gruñir mientras dura el
primer golpe, y luego ponerme a reunir otra vez los añicos y a tratar de pegarlos pacientemente,
estúpidamente? ¿Y siempre va a ser así? ¿Siempre que se caiga el castillo de naipes me voy a poner a
reconstruirlo de nuevo?”
16
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
17
Cf., Ibid., Pág. 263.
6
Desarrollo
Primer momento
18
Siendo escritor y poeta, no cabe esperar un tratamiento ordenado y completo del tema. Por este
motivo lo vamos a escudriñar desde la mirada de Luigi Pareyson en su obra: Dostoyevski: Filosofía,
novela y experiencia religiosa, en el capítulo “El sufrimiento inútil”.
19
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 242.
20
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 7: “El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta
falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que
él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que el mismo se ha privado. Sufre en particular
cuando “debería” tener parte -en circunstancias normales- en este bien y no lo tiene.”
7
inútil” planteado como algo “injusto” (termino que no escapa al lenguaje habitual en
dichos acontecimientos).
El dolor excesivo
En un primer momento se habla de un “exceso del dolor” como motivo por el cual
el sufrimiento no puede dar fruto alguno. Se entiende aquí la situación en la que el golpe
del sufrimiento es excesivo, porque es mucho más fuerte que la capacidad de resistencia
y ánimo de la persona que lo sufre.21Esto puede derivar en angustias, depresiones,
suicidios. Es posible que se desencadenen estas consecuencias por la dificultad de la
persona para encontrar un sentido.
Hay también una nota característica que suele tener esta situación en los
personajes de Dostoievski:
“(…) la víctima tiene un aire demasiado resentido y obstinado, exacerbado por el rencor,
oprimido por el orgullo y dominado por el placer de sufrir, sentimientos con los cuales desafía al mundo
entero, implantando en la celosa consciencia de su idealizada y supuesta bondad y en la experiencia, más
buscada que sufrida, de sus propias renuncias, el derecho de despreciar y maldecir a su ofensor.”25
Resulta llamativa esta nota frecuente: el tema sobre “el placer de sufrir”, la
“necesidad de irritar continuamente la herida”, el no querer “ser consolada” de la madre.
Aparece aquí una especie de obstinación producida por este exceso de dolor. Parece haber
un querer en la misma persona que sufre de continuar sufriendo, aunque no sea en un
21
Cf., L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 243.
22
Cf., Ibid., Pág. 244.
23
Cf., BIBLIA DE JERUSALÉN (4ª ed.)., Bilbao, Desclée de Brouwer, 2009, Jr 31, 15: “Así habla
el Señor: ¡Escuchen! En Ramá se oyen lamentos, llantos de amargura: es Raquel que llora a sus hijos;
ella no quiere ser consolada, porque ya no existen.”
24
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 245.
25
Ibid., Pág. 243.
8
comienzo voluntario, sino generado por la misma injusticia inicial. “Es un sufrimiento
cuyo único resultado consiste en producir un ulterior sufrimiento (…)”.26
Este es un sufrimiento “sin reacción por parte del paciente, que apenas comprende
lo que sucede y tal vez ni siquiera sabe que sufre”27. Tiene una particular gravedad debido
a “la confiada entrega que les induce (a los niños) a aceptar sin reaccionar todo cuanto le
ofrecen las relaciones humanas, la inocente confianza y el indefenso abandono con que
esperan de los otros el sostén que requiere su natural dependencia (…)”.28 Su confianza,
inocencia e incapacidad de defenderse, hace odiosa la crueldad de quien los hace sufrir.
Justamente, este “odio”, está sustentado por lo que explica el mismo Pareyson
sobre el estado sufriente del niño: “Lo que caracteriza este estado es la presencia de un
puro paciente, como si no existiese sujeto: quien solo padece no existe como sujeto, o es
un sujeto que se diluye como tal. Su pasividad le impide sacar provecho de su sufrimiento,
que por ello es inútil (…)”29
Parece ser que la persona en tal sufrimiento deja de existir como sujeto, siendo
meramente una víctima. Por esta característica es que tampoco parece válido en el
sufrimiento del niño la idea del cristianismo, en donde el dolor de este ayudaría en la
salvación de la humanidad. Esto es porque el niño puede ser “testimonio de una
trascendencia que opera en él o sobre él, pero debido a su pasividad, inconsciencia y
26
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 242.
27
Ibid., Pág. 247.
28
Ibid.
29
Ibid., Pág. 248.
9
Aparece aquí nuevamente el tema de la voluntad, pero en este caso, es del todo
involuntario el padecer del niño. Es un sufrimiento que se agota en sí mismo y en su
propia inanidad, y que como tal parece absurdo y sin sentido. No participa
voluntariamente de la salvación de la humanidad a través del sufrimiento, y, si lo hace,
sería utilizado como un mero instrumento por Dios.
Si esto es así, y este mundo está basado sobre la necesidad del sufrimiento infantil,
éste es un mundo absurdo, injusto y escandaloso, y como tal, del todo inaceptable. Este
es el pensamiento de Iván, uno de los personajes de Dostoievski.31 Entre la posibilidad de
una armonía final, de un “final feliz”, en donde todo se resuelva bien, en un mundo con
sentido, parece haber un obstáculo insalvable: el sufrimiento inútil de los niños. “¿Qué
felicidad es esa fundada sobre la desgracia ajena?”32
Este sufrimiento hace que se considere no solo cruel a Dios, sino injusto: no
ofende quizás el deseo humano de felicidad, sino el de la justicia, el de orden y sentido.
No implicaría esto una mera rebelión contra Dios, sino su inexistencia.33 De manera
similar, aunque no se tenga asumida tal estructura primordial de justicia sino otra,
podríamos decir que la realidad de tal sufrimiento puede quebrantar toda posible idea de
existencia de sentido en el mundo, de valor en la vida. Nada de esto sería posible
existiendo algo tan atroz como el sufrimiento de un niño, que no tiene las capacidades de
un adulto de aprender, crecer, madurar, o resignificar. Esto es lo grave: el niño es un “puro
paciente”, no puede más que sufrir.34
Segundo momento
30
Ibid. Pág. 255.
31
Cf., Ibid.
32
Ibid., Pág. 257.
33
Cf., Ibid., Pág. 258.
34
Entendemos aquí al niño en cuanto niño, es decir, solo considerándolo en su niñez; no en cuanto
llega a ser adulto.
10
el “grito del dolor” penetra en la esencia misma del hombre, y el sujeto descubre que tal
cuestionamiento es parte de él mismo, y, además, en nombre de una presunta justicia,
puede hasta sentir una especie de gusto en la negación, que lo hace querer permanecer en
ella. Pero asumiendo esto también dice Juan Pablo II:
Esta perspectiva invita a descubrir otra nota en el mismo dolor, en donde no solo
hay quiebre y protesta, sino que también hay un contenido esencial, una pregunta, y un
llamado. Si en un primer momento se vio cómo el dolor desde fuera ingresa en el hombre
y provoca un quiebre en su visión ordinaria del mundo -arrebatando en apariencia la
posibilidad de sentido-, y una protesta en su boca, en el segundo momento intentará
quedar expresado que revela este mismo dolor de su esencia.
35
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 5.
36
Si bien parezca que damos un salto “racionalista”, lo que se busca de fondo es reflexionar
especulativamente sobre el tema, tomando como postura el desafío propuesto por el mismo Juan Pablo
II: “Un gran reto que tenemos al final de este milenio es el de saber realizar el paso, tan necesario como
urgente, del fenómeno al fundamento. No es posible detenerse en la sola experiencia; incluso cuando
ésta expresa y pone de manifiesto la interioridad del hombre y su espiritualidad, es necesario que la
reflexión especulativa llegue hasta su naturaleza espiritual y el fundamento en que se apoya.” (JUAN
PABLO II, Carta Encíclica Fides et Ratio, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Agape Libros, 2011,
83).
37
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 9.
11
cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta
del porqué.38
Se dice entonces que el mundo del sufrimiento “realiza” -si se permite este
término- la pregunta por el sentido. Pero ¿de dónde surgiría la respuesta, el sentido? Y,
más aún, ¿de dónde surge la pregunta?
Siguiendo a Frankl, se puede decir que “el sentido de la vida está en la vida
misma”.39 La respuesta está en la vida, y la pregunta también está en la vida. Se puede
apreciar desde un primer momento que el enfoque ya no es del tono esperado
ordinariamente. No es un “ha sucedido esto para que puedas lograr lo otro”. La pregunta
cala más hondo preguntando por el sentido, y tanto, que una respuesta pragmatista no
puede ser adecuada. Si el dolor fue necesario y concebido como racional para que luego
fuese posible otro bien, o la “salvación”, como proponía Iván en un principio, el dolor se
convierte en moneda de comercio de alguien o algo más poderoso que el sufriente. Esto,
siguiendo a Iván, es considerado aquí inaceptable.
“Si afirmo que el sentido de la vida es la vida misma, significo con la palabra «vida» —que
aparece dos veces en esta frase— dos realidades distintas: primero entiendo por vida la vida fáctica, y
luego la vida facultativa; segundo, la existencia dada, y luego, la existencia como una tarea. Con otras
palabras: la tesis «el sentido de la vida es la vida misma», despojada de su carácter paradójico, significa
que el elemento facultativo es el sentido del elemento fáctico de la vida.” 40
38
Cf., Ibid.
39
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 249.
40
Ibid.
41
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 4.
12
Pero, entonces, ¿es que el hombre debe inventarse una respuesta, un sentido?,
¿esto es responsabilizarse?, ¿dar una respuesta desde la imaginación, razón, o acción a
una realidad que pregunta al mismo sujeto sobre el sentido? Es difícil descubrir válidas
sin más estas afirmaciones cuando estamos frente a una madre que no puede ni quiere ser
consolada, o frente al sufrimiento de un niño.
Pero… ¿Por qué o como revela algo profundo de la existencia el dolor?, ¿A dónde
lleva asumirlo? Lo que se descubre en el sufrimiento es la estructura trágica de la
existencia, la finitud, la fragilidad del mundo (de la cual el hombre es parte). Así lo
expresa Viktor Frankl: “«¡Bebe!» Asume el sufrimiento. «Brota la luz»: el ser se
transparenta, el ser humano lo escruta y se le abren a él, el doliente, panoramas de
profundidad. El hombre, asomado al abismo, mira la profundidad, y en el hondo del
abismo descubre la estructura trágica de la existencia.” 45
42
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 250.
43
Ibid.
44
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 18: “La respuesta emerge, se podría decir, de la misma
materia de la que está formada la pregunta.”
45
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 261.
13
El Homo Patiens
46
Cf., C.S. LEWIS, El problema del dolor, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1991. Pág.
99: “Si la primera operación del dolor, y la más leve, destroza la ilusión de que todo está bien, la
segunda destroza la ilusión de que lo que tenemos, ya sea bueno o malo en sí mismo, es nuestro y
suficiente para nosotros.”
47
Esto puede aparecer como una paradoja, y también con un anhelo de resolución en el arte: “Eso
quiero saber; la piel te ata o te deja ser.” (Eruca Sativa, Hoy quiero ver, 2008, [en línea],
[Link]
&tmid=97987&tema=HOY_QUIERO_VER_(TRACK_OCULTO) [consulta: 18 de febrero 2022]). Se
opta aquí por una solución no disyuntiva, sino más bien copulativa, que, a su vez, revela otra realidad.
48
P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Agape
Libros, 2008, Pág. 64.
14
“Todo lo que se recibe, sea en la carne o en el espíritu, se puede decir pasión. (…) el alma se puede
hacer todas las cosas, precisamente porque es una pizarra vacía, el alma es nada frente a lo real, en tanto
que no tiene nada escrito. Así, entonces, lo original del espíritu humano estaría en la pasión, en esa
capacidad de hospedar a lo real, de acoger lo otro que irrumpe. Es por eso que podríamos decir que lo
humano del hombre se descubre en la pasión, es ella el signo de su finitud, es ella signo de que el hombre
se constituye como hombre en tanto y en cuanto está abierto a lo otro, sea esto algo de mundo, sea ese otro
un humano o bien un Otro trascendente.”50
La persona sufriente
49
Cf., Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q.22, a. 1 c., [en línea]
[Link] [consulta: 6 de febrero 2022]: “La palabra padecer se emplea de
tres modos. Uno, en sentido general, en cuanto que todo recibir es padecer, aunque nada se sustraiga
de la cosa, como si se dijera que el aire padece cuando es iluminado. (…) Padecer, en cuanto conlleva
pérdida y transmutación, es propio de la materia. De ahí que no se halle más que en los compuestos de
materia y forma. Pero padecer, en cuanto implica mera recepción, no es necesariamente propio de la
materia, sino que puede darse en cualquier ser existente en potencia.”
50
P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Pág. 67.
51
Cf., V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 261: “Lo que se le revela (al hombre en el
sufrimiento) es que el ser humano es, en el fondo y en definitiva, pasión; que la esencia del hombre es
ser doliente: homo patiens.” Como se podrá notar, hay en esta sección añadida una interpretación a las
palabras propias del mismo Frankl.
52
Puesto que a veces el obrar del hombre puede alejarse del cumplimiento de los valores, y, por
tanto, llevarlo lejos del cumplimiento del sentido de su existencia.
53
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 2:(…) lo que expresamos con la palabra «sufrimiento»
parece ser particularmente esencial a la naturaleza del hombre. Ello es tan profundo como el hombre,
precisamente porque manifiesta a su manera la profundidad propia del hombre (…)”
15
distancia de Iván, quien decía que el padecimiento del niño, al ser puro paciente, lo
descalificaba como persona.
Se afirma que el sufrir también es algo propio la persona puesto que se descubre
que no solo se cumple el sentido de la existencia del hombre en el hacer, en sus logros,
sino que:
Esta tercera posibilidad nombrada por Viktor Frankl es la que interesa aquí
primordialmente. Esta paciencia, como capacidad de padecer o asumir el mal, también
hace al hombre lo que es.55
Así es como expresa C.S. Lewis esta disponibilidad necesaria en la búsqueda del
sentido:
“Los momentos en que el alma no encierra más que un puro grito de auxilio deben ser precisamente
aquellos en que Dios no la puede socorrer. Igual que un hombre a punto de ahogarse al que nadie puede
socorrer porque se aferra a quien lo intenta y le aprieta sin dejarle respiro. Es muy posible que nuestros
propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperábamos oír.
Porque por muchos que nos digan: «Llama y se te abrirá», llamar no significa aporrear y martillear
la puerta como un poseso. Se nos dice también: «A los que tienen sed se les dará.» Pero, a fin de cuentas,
54
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 254.
55
Cf., P. ETCHEBEHERE, Antropología Filosófica, Pág. 134-135.
56
Cf., V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 37: “Si el sentido reside en el mundo y no
primariamente en nosotros mismos, el hombre no deberá preguntar por el sentido de la existencia, sino
a la inversa, deberá interpretarse a sí mismo como un ser interrogado, y su propia existencia como un
interrogante; no es el individuo el que debe preguntar, sino que es la vida la que le formula preguntas;
el individuo ha de contestar y, en consecuencia, responsabilizarse con su vida. El individuo, pues, debe
buscar una respuesta a la vida, buscar el sentido de la vida, para encontrarlo y no para inventarlo; el
individuo no puede «dar» sin más un sentido a la vida, sino que debe «tomarlo» de ella.”
16
hay que tener capacidad para recibir; si no, ni la omnipotencia sería capaz de dar. Seguramente es la propia
pasión lo que destruye temporalmente esa capacidad.”57
“(…) la vida, que es un continuo morir, en cuanto que cada instante de nuestra existencia pasa y
se desvanece; pero esta caducidad radical ¿no es una invitación a aprovechar cada instante, por tanto, la
posibilidad en él latente de cumplir un sentido y de realizarlo? La caducidad ¿no es una invitación a la
responsabilidad?”60
El llamado invita al sujeto a descubrirse como ser que busca un sentido, pero,
además, ha de descubrirlo manteniéndose abierto hacia lo otro. Tal como se ha intentado
mostrar, el hombre por sí mismo, solo en su actuar, no puede alcanzar el cumplimiento
del sentido de la existencia.61 Esto es porque considerando al hombre en sí mismo,
agotando la posibilidad de sentido en el individuo aislado, solo se encuentra más dolor y
sinsentido. En fin: “El sufrimiento dotado de sentido apunta siempre más allá de sí mismo.
El sufrimiento dotado de sentido remite a una «causa» por la que padecemos. En suma:
57
C.S Lewis, Una pena en observación. Algo similar aparece en una homilía de San Agustín: “Con
mis perdidas costumbres, yo mismo cerraba contra mí la puerta de mi Señor: debiendo llamar para que
se me abriese, empujaba para que se me mantuviese cerrada.” (SAN AGUSTÍN DE HIPONA, [en
línea] Sermón 51, [Link] [consulta: 6 de
febrero 2022]).
58
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 262.
59
C.S. LEWIS, El problema del dolor, Pág. 96.
60
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 80.
61
: Cf., J. RATZINGER, Miremos al Traspasado, Rafaela, Fundación San Juan, 2007, Pág. 32:
“Nadie puede por sí mismo construir un puente hacia lo infinito. Ninguna voz humana es lo
suficientemente fuerte como para llamar por sí misma a lo infinito”. Si bien habla Benedicto XVI desde
lo religioso en esta obra, también ilumina algo propio de la naturaleza humana necesario en la búsqueda
para encontrar un sentido en lo trascendente. Lo relacional es un elemento constitutivo para el ser
humano.
17
¿Qué sucede aquí entonces?, ¿qué sucede cuando este dolor es excesivo, o más
aun, cuando el paciente es incapaz? Porque en verdad pareciera que, por las afirmaciones
hechas hasta aquí, la posibilidad de sentido escaparía a ambos, a la madre que no puede
ser consolada, y al niño inocente e incapaz. No pueden en ninguno de los dos casos sufrir
por un algo o un alguien. Por tanto, su sufrimiento es verdaderamente inútil si se lo aísla.
Se podría intentar terminar allí este trabajo. Pero sería quizás esto caer en la trampa
de aislar excesivamente al sujeto que sufre, como si existiera solo en el mundo. Con todo,
Juan Pablo II, pensando en el mundo del sufrimiento en su sentido personal, a su vez,
destaca también lo colectivo. Hablando de la situación del dolor, dice: “Este mundo del
62
V. FRANKL, El hombre doliente, Pág. 263.
63
Ibid., Pág. 262.
64
G. GRESHAKE, ¿Por qué el Dios del amor permite que suframos?, Salamanca, Ediciones
Sígueme, 2008, Pág. 120. Además, dice sobre esta permanencia en la queja C.S. Lewis, Una pena en
observación: “Toda esa mandanga del Sádico del Cosmos (modo en que se expresaba Lewis sobre
Dios como un ser sádico) no era tanto la expresión de un pensamiento como de un odio. Sacaba de ello
la única compensación que puede esperar un hombre atormentado: el derecho al pataleo”.
18
“Unida a ello está, sin embargo, la dimensión interpersonal y social. El mundo del sufrimiento
posee como una cierta compactibilidad propia. Los hombres que sufren se hacen semejantes entre sí (…);
quizá sobre todo mediante la persistente pregunta acerca del sentido de tal situación. Por ello, aunque el
mundo del sufrimiento exista en la dispersión, al mismo tiempo contiene en sí un singular desafío a la
comunión y la solidaridad.”66
El sacrificio solidario
“Dimitri quiere hacer algo, de inmediato y sin demora «para que el niño no llore más, para que no
llore tampoco esa madre negra sin leche, a que ninguno tenga que volver a llorar»; y entiende que para
lograrlo sólo puede hacer una cosa: sufrir, aceptar el castigo e ir a Siberia aun siendo inocente precisamente
para poder sufrir. El sufrimiento es verdaderamente el único modo de hacer algo por los demás (…).”69
Se habló antes de que ni la madre, ni el niño, podían sufrir con sentido, porque no
podían elegir sufrir por alguien o algo. Aparece ahora la idea de una inversión, posible
gracias a la solidaridad en el mundo del sufrimiento: no es la madre o el niño los que
sufrirán por otro, sino que un adulto (Dimitri), compadeciéndose de tal dolor, sufre en su
favor.70
Este adulto recibe la pasión del niño, y ama sacrificándose pasionalmente como
consecuencia. Por supuesto, solo es esto coherente si es que no hay un interés por parte
65
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 8.
66
Ibid.
67
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, [en línea] [Link] [consulta: 6 de febrero
2022].
68
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, [en línea] [Link]
[consulta: 6 de febrero 2022].
69
L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 278.
70
También podría pensarse en esta misma sección, que el adulto conmovido por el dolor de una
persona, sufra en favor de otra diferente, y aun así se mantendría la misma postura.
19
del adulto de utilizar el dolor del niño, sino de asumir el llamado que este provoca (el de
la solidaridad).71 La realidad del dolor es la que une aquí al niño y al adulto, y resalta el
ser solidario del humano.
Si se entiende bien, no es que el mal (sufrimiento inútil) sea en verdad bien oculto
(algo necesario para que el mundo tenga sentido): no es verdad que el sufrimiento inútil
tenga sentido en el fondo o se logre hacerlo evolucionar.74 Lo que sucede es que el
sacrificio del hombre reconstruye el bien en lugar de persistir en el mal; pero cuidado, no
solo desde sí mismo o en el mismo dolor, sino con amor y en favor de un otro (por el cual
se realiza el sacrificio, y por el cual se posibilita la trascendencia). El mundo del
sufrimiento no encuentra respuesta sino en el mundo del amor.75 No hay una felicidad
71
Cf., L. PAREYSON, Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, Pág. 278:
“Ciertamente, el principio de solidaridad no es aplicable a los niños, cuyo sufrimiento inútil no sirve
ni debe servir a nadie, pues instrumentalizarlo sería un escándalo. Lo que exige es precisamente lo
contrario, es decir, que el sufrimiento voluntario y consensual de un adulto inocente sirva para redimir
el sufrimiento inútil de los niños.”
72
Ibid.
73
JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 18.
74
Cf., C.S. LEWIS, El gran divorcio, Nueva York, Rayo, 2006, Pág. 21: “La tentativa está basada
en la creencia de que la realidad no nos depara nunca una alternativa totalmente inevitable; de que, con
habilidad, paciencia y tiempo suficientes (sobre todo con tiempo), encontraremos la forma de abrazar
los dos extremos de la alternativa; de que el simple progreso, o el arreglo, o la ingeniosidad convertirán
de algún modo el mal en bien (…). Considero que esta creencia es un error catastrófico.”
75
Cf., JUAN PABLO II, Salvifici Doloris, 29: “(…) el sufrimiento, (…), está también presente para
irradiar el amor al hombre, precisamente ese desinteresado don del propio «yo» en favor de los demás
hombres, de los hombres que sufren. Podría decirse que el mundo del sufrimiento humano invoca sin
pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus
20
fundada sobre la desgracia ajena, sino una desgracia común que asumiéndose puede llegar
a otro destino más que a sí misma.
Conclusión
El sacrificio del hombre fue la llegada al fin de este trabajo. En síntesis; el sujeto
recibe como verdadero hombre doliente el cuestionamiento y quiebre que surge del
sufrimiento inútil, al recibirlo en sí mismo. Se le ha revelado en él, el clamor por un
sentido, y ha contestado dándose a sí mismo en el mismo mundo del dolor, llegando así
al mundo del amor, pleno de sentido.
obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento. No puede el hombre «prójimo» pasar con
desinterés ante el sufrimiento ajeno, en nombre de la fundamental solidaridad humana; y mucho menos
en nombre del amor al prójimo. Debe «pararse», «conmoverse», actuando como el Samaritano de la
parábola evangélica. La parábola en sí expresa una verdad profundamente cristiana, pero a la vez tan
universalmente humana.”
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Bibliografía