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Borges - Emma Zunz

El relato cuenta la historia de Emma Zunz, una joven que se entera de la muerte de su padre. Esto la lleva a planear vengarse de Aarón Loewenthal, al que su padre culpó antes de morir de haberlo robado. Emma ejecuta su plan acusando falsamente a Loewenthal y asesinándolo de dos disparos.

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Borges - Emma Zunz

El relato cuenta la historia de Emma Zunz, una joven que se entera de la muerte de su padre. Esto la lleva a planear vengarse de Aarón Loewenthal, al que su padre culpó antes de morir de haberlo robado. Emma ejecuta su plan acusando falsamente a Loewenthal y asesinándolo de dos disparos.

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Borges, Jorge (199?) “Emma Zunz” , en El Aleph; nadie esperó que Emma hablara.

En abril cumpliría
Buenos Aires, Emecé. diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún,
un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa
Emma Zunz - Jorge Luis Borges de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se
acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó
El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de el viernes quince, la víspera.
la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia,
fondo del zaguánuna carta, fechada en el Brasil, por la no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día,
que supo que su padre había muerto. La engañaron, a por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro
primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los
letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de
querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por
había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar,
había fallecido el tres del corriente en el hospital de sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y
Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le
noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora.
saber que se dirigía a la hija del muerto. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana.
Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla
malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se
culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los
estar en el día siguiente. Acto contínuo comprendió que ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa
esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era final sería menos horrible que la primera y que le
lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la
sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue asucuarto. justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón
Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton
modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la
empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería. carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a
En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de leer y la rompió.
aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde
antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo
veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar
(trató de recordar) a su madre, recordó la casita de sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer
Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges verosímil una acción en la que casi no creyó quien la
de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la
recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma
del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que
padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de
Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces
gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, y desnudada por los ojos hambrientos, pero más
desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había razonable es conjeturar que al principio erró,
revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o
Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres.
secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy
Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por
derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder. otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la
definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y
su plan. Procuró que ese día, que le pareció después a una escalera tortuosa y después a un
interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges
rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un
contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos
con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el
pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su pasado inmediato queda como tronchado del porvenir,
nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas ya porque no parecen consecutivas las partes que los
vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la forman.
menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo ¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden
irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó

1
Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad
sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las
en ese momento peligró su desesperado propósito. cosas no ocurrieron así.
Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho Ante Aarón Loeiventhal, más que la urgencia de
a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje
Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa
el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder
español; fue una herramienta para Emma como ésta lo en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a
fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones
justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a
seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que entender otros y se cortó como si la venciera el temor.
había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de
como antes había roto la carta. Romper dinero es una agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero
impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado
lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces.
perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y El considerable cuerpo se desplomó como si los
la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se estampi-dos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua
levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca
colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas
pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra
un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y
el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. una efusión de brusca sangre manó de los labios
Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la
calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. acusación que había preparado («He vengado a mi
Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó,
olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo
bocacalles de Warnes. Pardójicamente su fatiga venía a nunca si alcanzó a comprender.
ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún,
pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin. descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del
Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó
para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que
la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras:
temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor
gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga...
ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año Abusó de mí, lo maté...
anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a
Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era
su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el
menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy odio. Verdadero también era el ultraje que había
religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y
lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y uno o dos nombres propios.
devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos
ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la
ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a
propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un
pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios
de Emma se atareaban como los de quien reza en voz
baja; cansados, repetían la sentencia que el señor
Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma
Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había
soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver,
forzando al miserable a confesar la miserable culpa y
exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la
Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por
temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no

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