Trastorno de la conducta en la etapa escolar
Los trastornos de la conducta más frecuentes en niños y adolecentes,
los niños son la población más vulnerable para los trastornos de la
conducta y los problemas psicológicos en general, ya que no suelen
percibir que tienen un problema y no buscan ayuda.
Por ello es necesario que los padres y educadores presten atención a
los síntomas que puedan presentar, en vez de etiquetarlos
simplemente con calificativos como malo, travieso o desastre.
Es muy importante diagnosticarlos lo antes posibles ya que si se
presenta un trastorno a una edad temprana este puede cronificarse y
perdurar toda la vida. Para ayudar a padres y docentes a realizar esta
ardua tarea he realizado la descripción de los trastorno de conductas
más frecuentes en niños y adolescentes según el informe del CDC
(centros para el control y la prevención de los trastornos).
TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCION E HIPERACTIVIDAD
(TDAH): según el estudio realizado por el CDC el TDAH sería el
trastorno más frecuente en niños y adolescentes, con una media de
6,8% de la población comprendida entre los 3 y 17 años, es más
frecuente en el sexo masculino comparado con el femenino, con una
proporción aproximada de 2.1
El TDAH es un trastorno bastante estable y suele disminuir con la
edad, aunque en algunas ocasiones se agrava durante la
adolescencia. Los síntomas que se observan más frecuentemente
durante la adultez incluyen somnolencia, inatención, impulsividad y
falta de organización.
Los niños y adolescentes que sufren este trastorno tienen dificultades
para prestar atención durante cierto tiempo al mismo estímulo. Este
déficit les impide organizarse correctamente y llevar a cabo sus tareas
diarias de forma eficiente, lo cual se refleja notablemente en el
rendimiento escolar.
Además, a menudo, el déficit de atención se presenta combinado con
hiperactividad o impulsividad lo cual dificulta aún más la realización de
sus tareas y repercute negativamente en su rendimiento escolar y su
relación con los compañeros y profesores.
Algunos de los signos que suelen observarse en los niños y
adolescentes con TDAH son sobreactividad, inquietud, incapacidad
para quedarse sentado, entrometimiento en las actividades de los
demás e incapacidad para esperar.
Como consecuencia de los signos descritos, muchos docentes tienen
la impresión de que estos niños no les escuchan o que no hacen las
tareas porque no quieren, ya que consideran que tienen la capacidad
intelectual necesaria para realizar las tareas.
Este es un error muy común, pero afortunadamente cada día están
mejor adaptados escolarmente. Es cierto que tienen la capacidad
intelectual necesaria para realizar las tareas, pero no tienen la
capacidad atencional necesaria para realizarla, posiblemente porque
requiera más tiempo del que pueden atender.
Por ello es importante tener mucha paciencia con estos niños, ni
practicar con ellos tareas cortas o dividir una tarea larga en
subapartados más cortos.
Por otro lado, hoy en día parece que cada vez más niños sufren
TDAH, pero esto no significa que haya una epidemia. El aumento de
los diagnósticos viene determinado por dos factores, en primer lugar,
hay una mayor preocupación social por la salud, es probable que
antes existieran muchos casos que no se diagnosticaban porque los
padres no consideraban que su hijo/a tuviera ningún problema médico.
Trastornos de conducta: Se estima que aproximadamente el 3,5%
de los niños y jóvenes con edades comprendidas entre los 3 y 17
años. Sin embargo, el número de casos aumenta notablemente en la
población juvenil con antecedentes penales, en los cuales se estima
que el porcentaje oscila entre el 23% y el 87%.
Las personas que sufren algún trastorno disruptivo, del control de los
impulsos y de la conducta se caracterizan por tener problemas en el
autocontrol del comportamiento y las emociones. Estas conductas
violan los derechos de los demás y, habitualmente, también las reglas
o normas sociales.
Dentro de la categoría de trastornos disruptivos, del control de los
impulsos y de la conducta se incluyen el trastorno negativita
desafiante, el trastorno explosivo intermitente, el trastorno de
conducta, el trastorno de la personalidad antisocial, la piromanía, la
cleptomanía y otros trastornos disruptivos, del control de los impulsos
y de la conducta especificados y no especificados.
Pero en este artículo me centraré en los que ocurren con más
frecuencia en niños y adolescentes, que son el trastorno negativista
desafiante y el trastorno de conducta.
El trastorno negativista desafiante: tiene una prevalencia de entre el
1 y el 11%. Durante la infancia es más frecuente en niños que en
niñas, con una proporción de 1,4:1, pero durante la adolescencia y la
adultez no se encuentran diferencias entre sexos.
La característica principal de este trastorno es la presencia de una
serie de conductas y actitudes desafiantes o negativas en el niño o
adolescente, que desembocan en enfados y discusiones. Estas
conductas pueden presentarse solo en un ambiente que suele ser el
familiar o el escolar, aunque en los casos más graves las conductas se
presentan en todos los entornos.
Es frecuente que los niños y adolescentes muestren algunos síntomas
de este trastorno, pero esto puede ser una conducta normal. La clave
para saber si un niño o adolescente presenta o no este trastorno es
fijarse en la frecuencia de la conducta
Trastornos de ansiedad: Este tipo de trastorno es sufrido por,
aproximadamente, el 3% de la población con edades comprendidas
entre los 3 y 17 años. Los trastornos de ansiedad más frecuentes en
niños y adolescentes son el trastorno de ansiedad por separación y las
fobias específicas.
El trastorno de ansiedad por separación es el trastorno de ansiedad
más frecuente en niños menores de 12 años, con una prevalencia del
4% aproximadamente. Este trastorno suele disminuir con la edad y
desaparecer en la edad adulta, aunque en algunos casos se sigue
manteniendo en la adultez. Es igual de frecuente en niños que en
niñas, pero en la edad adulta es más frecuente en mujeres.
En cuanto a las fobias específicas, su prevalencia es del 5% en niños
menores de 13 años y del 16% en adolescentes de 13 a 17 años. Este
trastorno también suele disminuir a medida que pasa el tiempo.
Existen más mujeres que hombres con este trastorno, con una
proporción aproximada de 2:1. Aunque las frecuencias varían
dependiendo del tipo de fobia.
Por ejemplo, hay una mayor frecuencia de mujeres con fobia a
animales y entornos naturales pero la fobia a la sangre y las
inyecciones se produce con similar frecuencia en ambos sexos.
Los niños y adolescentes que sufren trastorno de ansiedad por
separación siente miedo o ansiedad cuando tienen que separarse de
una o varias personas con las que tienen especial confianza y apego.
Durante la infancia esta persona suele ser un familiar y durante la
adolescencia es más frecuente que sea algún amigo o la pareja.
Las personas que sufren este trastorno suelen pensar en los posibles
daños que pueda sufrir la persona a la están vinculadas cuando no
están con ellos y tienen miedo de que ocurra alguna situación que los
separe de forma indefinida
Los síntomas principales son el rechazo a la separación de la persona
con la que sienten ese apego extremo y signos físicos de ansiedad
cuando se encuentran separados como pesadillas, falta de
concentración y síntomas físicos (dolor de estómago, sudoración…).
Los niños y adolescentes con fobia específica sienten un miedo
exagerado cuando se encuentran ante situaciones u objetos concretos
y suelen evitarlos. Esta evitación les impide realizar algunas tareas de
la vida diaria de forma eficiente como ir al médico.
Hay numerosos tipos de fobias específicas, en el DSM-5 (Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) existen las
siguientes categorías: animales, entorno natural, sangre-inyecciones-
heridas, situacional y otras circunstancias.
Es importante tratar estos trastornos durante la infancia porque,
aunque suelen ir desapareciendo o aminorando su intensidad con la
edad, hay ocasiones en las que pueden persistir e incluso empeorar
en la edad adulta.
Trastornos depresivos: La prevalencia de los trastornos depresivos
en niños y adolescente de entre 3 y 17 años es del 2.1%
aproximadamente. Los frecuentes en estas edades son el trastorno de
desregulación disruptiva del estado de ánimo, el trastorno depresivo
mayor y el trastorno depresivo persistente o distímico.
El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es una de
las causas más frecuentes por las que los padres llevan a sus hijos a
las consultas de salud mental. No se tienen datos claro sobre la
prevalencia de este trastorno, pero se estima que la prevalencia en
niños, en un período de entre 6 meses y 1 año, se encuentra entre el
2-5%.
Este trastorno se caracteriza por la presentación de una irritabilidad
persistente y episodios de descontrol, como ataques de rabia, en niños
con 12 años o menos.
El trastorno depresivo mayor tiene una prevalencia en la población
global del 7% aproximadamente, los datos en niños no están tan
claros. El inicio del trastorno puede ocurrir a cualquier edad, pero es
más frecuente que ocurra durante la pubertad.
La prevalencia del trastorno depresivo persistente no está clara,
puesto que muchos pacientes son diagnosticados primero con un
trastorno depresivo mayor y después pasan a este otro trastorno. El
trastorno depresivo persistente comienza normalmente en la infancia o
la adolescencia y tiene un curso crónico, pudiendo prolongarse
durante toda la vida.
El trastorno depresivo mayor es el más conocido y estudiado dentro de
este tipo de trastornos. Se caracteriza por la presencia de episodios de
al menos 2 semanas de duración en los que la persona siente un
cambio drástico en su estado de ánimo y su funcionamiento cognitivo
que le impiden realizar las tareas diarias con normalidad, con signos
como anhedonia, problemas para dormir o somnolencia o estado de
ánimo irritable.
Para realizar el diagnóstico de trastorno depresivo mayor solo es
necesario que se dé un episodio, aunque normalmente suelen darse
de manera recurrente. Cuando estos episodios se prolongan en el
tiempo de forma crónica, durante al menos un año en niños y
adolescentes, pasaría a ser un trastorno depresivo persistente
(distimia).
Trastornos del Espectro Autista (TEA): La prevalencia de los
Trastornos del Espectro Autista es de aproximadamente el 1.1% en la
población con edad comprendidas entre los 3 y 17 años. El número de
diagnósticos de esta enfermedad ha aumentado con el tiempo, en
EEUU, por ejemplo, en el 2000 se estimó que 1 de cada 150 personas
sufrían dicha enfermedad, mientras que en 2010 la cifra ascendió a 1
de 68 personas.
Las características principales de este trastorno son el deterioro
persistente de la comunicación social recíproca y la interacción social,
en múltiples contextos, y la presencia de patrones de conducta,
intereses o actividades restrictivas y repetitivas. Estos síntomas están
presentes desde la primera infancia (suelen aparecer a partir de los 6
meses).
Los signos concretos de este trastorno dependen de la edad del
paciente, el nivel de desarrollo y la gravedad de la afección. Se
diferencian 3 grados de niveles de gravedad del trastorno, el primero
sería necesita ayuda, el segundo necesita ayuda notable y el tercero
necesita ayuda muy notable. En el cuadro 1 pueden comprobarse las
características de cada nivel de gravedad.
CAUSAS DEL TRASTORNO DE LA CONDUCTA EN LA ETAPA
ESCOLAR
Las causas de este trastorno han sido asociados con:
Maltrato infantil
Consumo de drogas o alcohol de partes de los padres
Conflictos familiares
Trastornos genéticos
Pobreza
DIAGNOSTICO DEL TRASTORNO EN LA CONDUCTA EN LA
ETAPA ESCOLAR
Como identificar a un niño con un trastorno del comportamiento padres
y maestros se encuentran ante un niño que no obedece, que puede
mostrarse agresivo y que tiene dificultades en sus relaciones sociales,
se observa también que:
Se enfadada frecuentemente
Contesta de malas maneras
Desafía con la postura y la mirada
No obedece o se resiste a obedecer y culpa a los demás de lo
que él hace
Se muestra rencoroso y vengativo
Se muestra cruel con los compañeros…etc.
Un equipo de profesionales expertos normalmente encabezado por
un psicólogo, ha de ser el responsable del diagnóstico de los
trastornos del comportamiento. Desde la familia o la escuela se
puede tener una sospecha pero el diagnostico únicamente podrá
ser llevado a cabo por un profesional experto en salud mental.
TRATAMIENTO DEL TRASTORNO EN LA CONDUCTA EN LA
ETAPA ESCOLAR
Asesoramiento y pautas a la familia: el profesional de referencia
del niño acompaña a la familia ofreciéndole pautas y herramientas
encaminadas a aprender a manejar el comportamiento del niño y
mejorar así el clima familiar, ante algunos casos se ofrecen la
posibilidad de que el profesional se desplace al domicilio familiar
para la observación y posterior intervención de las dificultades.
Asesoramiento y pautas en la escuela: el mismo profesional se
dirige a la escuela, para ofrecer un servicio diseñado de forma
individualizada para cada caso, detallando un plan de actuación a
desarrollar desde la escuela, con intervenciones eficaces y
especificas ante los problemas de comportamiento que puedan
darse en la escuela, si es necesario se llevan a cabo sesiones de
observación directa en la escuela.
Grupos de autocontrol: los niños acuden en grupo para recibir un
entrenamiento en habilidades sociales y desarrollo de conductas
pro sociales encaminado a aumentar la flexibilidad y la tolerancia a
la frustración con el fin de reducir el comportamiento oposicionista,
mejorar la conducta y la relación con sus iguales y educadores
(padres y maestros).
Caso
INSTITUTO TECNICO DEL CHOCO
INTECHO
TEMA
TRASTORNO DE LA CONDUCTA EN LA ETAPA ESCOLAR
DIPLOMADO
POSCONFLICTO EN LA SALUD MENTAL DE NIÑOS INFANTES Y
ADOLECNTES
INTEGRANTES DEL GRUPO#3
YALIS MARIELA BLANDON PEREA
MARTHA ADRIANA MOSQUERA
YURANNY GUERRERO
VANESSA MOSQUERA
MARIA LILIANA LARGACHA
EGIDIO
FECHA
12-11-2021