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Leyendas Mexicanas: Mitos y Cuentos

El documento presenta una colección de leyendas mexicanas, incluyendo 'El conejo en la Luna', 'La llorona', 'El jinete sin cabeza', 'El colibrí Maya' y la 'leyenda del maíz'. Cada leyenda narra historias que reflejan la cultura y mitología de México, destacando personajes como Quetzalcóatl y elementos de la naturaleza. Estas narraciones combinan temas de bondad, tragedia y la conexión entre los humanos y los dioses.

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Leyendas Mexicanas: Mitos y Cuentos

El documento presenta una colección de leyendas mexicanas, incluyendo 'El conejo en la Luna', 'La llorona', 'El jinete sin cabeza', 'El colibrí Maya' y la 'leyenda del maíz'. Cada leyenda narra historias que reflejan la cultura y mitología de México, destacando personajes como Quetzalcóatl y elementos de la naturaleza. Estas narraciones combinan temas de bondad, tragedia y la conexión entre los humanos y los dioses.

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Índice.

Contenido
Índice.............................................................................................................................................1
El conejo en la Luna.................................................................................................................2
La llorona...................................................................................................................................3
El jinete sin cabeza...................................................................................................................4
El colibrí Maya...........................................................................................................................5
leyenda del maíz.......................................................................................................................6
El conejo en la Luna

Existe una leyenda misteriosa que


nos habla del dios azteca Quetzalcóatl.
Según esta leyenda, en una tarde de verano,
el dios azteca Quetzalcóatl pensó que podía
ser muy buena idea ir a dar un paseo. Pero
se olvidaba de que su aspecto, en forma de
serpiente emplumada, podría atemorizar al
mundo. De esta forma decidió que lo mejor
sería bajar a pasear a la Tierra tomando un
nuevo aspecto humano y común.

Caminó sin parar durante todo el día


el dios Quetzalcóatl disfrutando plenamente
de todos los maravillosos paisajes que le
brindaba la preciosa Tierra. Y tras mucho
caminar, cuando ya parecía despedirse el
Sol entre las luces rosadas y mágicas del atardecer, Quetzalcóatl sintió un hambre terrible que le apretaba el estómago,
además de un fuerte cansancio. Pero a pesar de todo aquel malestar, Quetzalcóatl no se detuvo en su camino.

Finalmente cayó la noche, y junto a una hermosa y casi anaranjada Luna, brillaban miles de estrellas que
eclipsaban al mismísimo dios. Y en ese justo instante Quetzalcóatl pensó que debía parar su paseo y descansar
finalmente para reponer fuerzas. La belleza del firmamento le había hecho darse cuenta de que el mundo merecía
contemplarse con detenimiento y verdadera atención.

Tomó asiento en aquel mismo instante sobre una piedra gruesa del camino, y al poco tiempo se le aproximó un
conejito que parecía observarle con mucha atención mientras movía los finos bigotes.

¿Qué comes?- Dijo el dios al conejo.

Como una deliciosa zanahoria que encontré por el camino. ¿Deseas que la comparta contigo?

No gracias, no puedo quitarle su sustento a un ser vivo. Tal vez mi verdadero destino sea pasar hambre y
desfallecer como consecuencia de ello y también de mi enorme sed.

¿Y por qué habría de pasar algo tan terrible si yo puedo ayudarte? – Replicó el conejo.

Eres muy amable, conejito. Sigue tu camino y no te preocupes por mí. – Exclamó apesadumbrado y agotado el
dios Quetzalcóatl.

Solo soy un pequeño e insignificante conejo. No dudes en tomarme como tu alimento cuando creas que no
puedes más. En la Tierra, todos debemos encontrar la manera de sobrevivir.

Quetzalcóatl se quedó completamente conmocionado ante aquellas palabras del conejo y lo acarició con mucho
cariño y emoción. Después lo cogió entre sus manos y lo alzó hacia el cielo, en dirección al brillo que despedían las
estrellas en la noche. Tal alto lo subió con sus propias manos, que su silueta quedó grabada en la gran Luna casi
anaranjada. Mientras Quetzalcóatl volvía a descender sus brazos con el conejo entre las manos, observaba el magnífico
grabado que había quedado en el cielo. La imagen del conejito quedaría para siempre en el firmamento, para que fuese
recordada siglos y siglos por todos los hombres que habitaran la Tierra como premio por su bondad.

Después Quetzalcóatl se despidió del conejo, y agradeciéndole nuevamente su amabilidad, continuó su camino.
El pequeño conejito no podía creer lo que había visto. Aquel hombre tenía aspecto de humano, pero se comportaba con
una grandeza fuera de lo normal.

Y con aquella reflexión observó anonadado el brillo de su silueta en la Luna durante mucho, mucho, tiempo
La llorona

Se cuenta que La Llorona es una mujer que deambula por las calles de la Ciudad de México
en busca de sus hijos, a los que ella misma asesinó, enloquecida, durante una noche. Dicen que
aparece en lugares por donde alguna vez pasó un río. También se dice que es una mujer muy bella
vestida de blanco. Otros mencionan que sólo se alcanza a ver su silueta, que flota. En lo único que
coinciden es que siempre que se deja ver se escucha un largo y aterrador grito: «¡Ay, mis hijos!».

Sobre el origen de esta leyenda hay varias versiones: una es la colonial, la cual se basa en las
crónicas de Bernal Díaz del Castillo, quien participó en la conquista del Imperio mexica. Se cuenta
que una mujer de origen indígena era amante de un caballero español y, cuando ella le pidió
formalizar la relación, él se negó porque pertenecía a la alta sociedad. Este hecho desató la tragedia
por la que su alma deambularía en pena.
Cuentan que esa noche la mujer despertó a sus pequeños hijos –un niño y una niña–, tomó un
puñal y los llevó al río, el cual se encontraba muy cerca de su casa. Estando ahí, ciega por el coraje,
los apuñaló varias veces hasta que los dejó sin vida.
Minutos después reaccionó y, al darse cuenta de lo que había hecho, corrió desesperada por
el río y emitió el escalofriante grito por el que la identificamos.

Desde esa noche no se volvió a saber más de ella y se convirtió en mito. Quienes juran
haberla escuchado dicen que deambula en las calles y los parques de la Ciudad de México, además
de los canales de Xochimilco.

Otras versiones de la leyenda de La Llorona


Pero la leyenda de La Llorona no se queda aquí. Hay una enorme cantidad de versiones que
han cruzado incluso las fronteras nacionales (pícale aquí para descubrirlas). Muchas de ellas han
llegado a la pantalla grande, siendo La Maldición de la Llorona, perteneciente al universo del
Conjuro, su más reciente representación.
El jinete sin cabeza

Se dice que en un pueblo muy aislado de toda civilización se contaba la historia de un jinete
que acostumbraba a hacer su recorrido por las noches en un caballo muy hermoso, la gente muy
extrañada se preguntaba ¿qué hombre tan raro por que hace eso?, ya que no era muy usual que
alguien saliera y menos por las noches, a hacer esos recorridos.

En una noche muy oscura y con fuertes relámpagos desapareció del lugar, sin dar señas de
su desaparición. Pasaron los años y la gente ya se había olvidado de esa persona, y fue en una
noche igual a la que desapareció, que se escuchó nuevamente la cabalgata de aquel caballo. Por la
curiosidad muchas personas se asomaron, y vieron un jinete cabalgar por las calles, fue cuando un
relámpago cayó e iluminó al jinete y lo que vieron fue que ese jinete no tenía cabeza. La gente
horrorizada se metió a sus casas y no se explicaban lo que habían visto…
El colibrí Maya

Los viejos mayas cuentan que los Dioses crearon todas las cosas en la Tierra y, al hacerlo, a
cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo. Pero cuando ya habían
terminado, notaron que no había nadie encargado de llevar sus deseos y pensamientos de un lugar
a otro.

Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra de jade y con
ella tallaron una flecha muy pequeña. Cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la pequeña flecha
salió volando. Ya no era más una simple flecha, ahora tenía vida: los dioses habían creado al x
ts’unu’um , es decir, el colibrí.

Sus plumas eran


tan frágiles y tan ligeras,
que el colibrí podía
acercarse a las flores más
delicadas sin mover un
solo pétalo. Brillaba bajo
el sol como gotas de lluvia
y reflejaba todos los
colores.

Entonces, los
hombres trataron de
atrapar a esa hermosa
ave para adornarse con
sus plumas. Los Dioses, al
verlos, se enojaron y
dijeron que, si alguien
osaba atrapar a un colibrí,
sería castigado.

Es por eso que los colibríes no pueden guardarse en jaulas. Los Dioses los crearon para volar
libremente.
Pero los Dioses no solo crearon estas bellas aves y las hicieron libres. También les destinaron
un trabajo: los colibríes tendrían que llevar de aquí para allá los pensamientos de los hombres y de
los mismos Dioses.

Por eso, según la leyenda, cuando aparece un colibrí ante ti de repente, te está llevando un
mensaje de amor y cariño de parte de alguien que está pensando en ti, de esta tierra o de más allá.
leyenda del maíz

Cuentan que antes de la llegada de Quetzalcóatl, los aztecas sólo comían raíces y animales
que cazaban. No tenían maíz, pues este cereal tan alimenticio para ellos estaba escondido detrás de
las montañas. Los antiguos dioses intentaron separar las montañas con su colosal fuerza, pero no lo
lograron. Los aztecas fueron a plantearle este problema a Quetzalcóatl.
-Yo se los traeré- les respondió el dios. Quetzalcóatl, el poderoso dios, no se esforzó en vano
en separar las montañas con su fuerza, sino que empleó su astucia. Se transformó en una hormiga
negra y acompañado de una hormiga roja, marchó a las montañas. El camino estuvo lleno de
dificultades, pero Quetzalcóatl las superó, pensando solamente en su pueblo y sus necesidades de
alimentación. Hizo grandes esfuerzos y no se dio por vencido ante el cansancio y las dificultades.
Quetzalcóatl llegó hasta donde estaba el maíz, y como estaba trasformado en hormiga, tomó un
grano maduro entre sus mandíbulas y emprendió el regreso. Al llegar entregó el prometido grano de
maíz a los hambrientos indígenas. Los aztecas plantaron la semilla. Obtuvieron así el maíz que
desde entonces sembraron y cosecharon. El preciado grano, aumentó sus riquezas, y se volvieron
más fuertes, construyeron ciudades, palacios, templos… Y desde entonces vivieron felices. Y a partir
de ese momento, los aztecas veneraron al generoso Quetzalcóatl, el dios amigo de los hombres, el
dios que les trajo el maíz.

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