Unsuitable
Unsuitable
2
3
Daisy Smith ha pasado dieciocho meses de su vida pagando un
crimen que no cometió. Ahora, fuera de prisión, tiene un único objetivo:
recuperar la custodia de su hermano pequeño, Jesse, que está en el
sistema de acogida. Desesperada por rehacer su vida y demostrarle al
sistema que es lo suficientemente responsable para cuidar a Jesse, toma el
único trabajo disponible para ella, como ayudante en la Finca Matis.
En su primer día de trabajo, Daisy conoce a Kastor Matis, el hijo
único de los dueños y su nuevo jefe. Enigmático y hermoso dios griego,
Kas es cerrado, frío, y… bueno, un poco bastardo.
Cuanto más tiempo Daisy pasa alrededor de Kas, empieza a ver que
podría haber más de él que solo su fría y bastarda manera de ser. De
hecho, podría tener un corazón latiendo en su congelado pecho.
Pero Kas tiene secretos, también. Secretos que está determinado en
guardar. 4
Secretos que dejan curiosa a Daisy.
Y sabes lo que puede hacer la curiosidad…
Hace siete años
¿Dónde estoy?
¿Qué está pasando?
Dolor por todas partes…
Entonces, recuerdo.
No.
Obligo a mis ojos a abrirse.
No puedo ver. Está oscuro. Mi vista es borrosa. Sangre. Puedo sentirla
cayendo en mi ojo.
No puedo ver nada.
No puedo verla.
Conteniendo la respiración, escucho… esperando por un sonido que
me diga dónde está.
Nada.
Intento decir su nombre, pero duele.
Duele mucho. 5
Mis pulmones están ardiendo… mi estómago está en llamas… estoy
sangrando…
Tengo que moverme. Conseguir ayuda.
Extiendo mi mano, pero todo lo que siento es la tierra húmeda en la
que yazco.
Muevo mis dedos alrededor, intentando encontrar algo a lo que
aferrarme, que me ayude a levantarme, pero no hay nada.
Forzando mis ojos a abrirse, parpadeo rápidamente, tratando de
aclarar mi visión, pero no funciona.
Froto mis ojos con el dorso de mi mano, despejándolos de la sangre y
las lágrimas, y, finalmente, puedo ver.
Giro mi cabeza hacia el lado.
Ella está ahí.
Y no se mueve. Su una vez bonito vestido rosa está cubierto de sangre
y suciedad y está levantado, exponiéndola.
No.
Rechino mis dientes con fuerza, la rabia recorriéndome.
Me arrastro hacia ella. El dolor grita en mi cuerpo. Presiono una
mano débil contra mi estómago.
Mi mano está resbaladiza contra mi camisa.
Húmeda. Tan húmeda. Y fría.
Estoy sangrando mucho. Pero eso no importa. Sólo tengo que llegar a
ella. Tengo que saber que está bien.
Tiene que estar bien.
Ya voy, nena. Sólo aguanta.
La alcanzo.
Sus ojos están abiertos. Y en blanco.
—No… nena… no. —Pura ira me desgarra y grito con un sonido
primitivo.
Colapso a su lado.
—Lo… s-siento. —Bajo su vestido, cubriéndola.
Mi visión se emborrona de nuevo.
Mi corazón se desacelera.
Duele respirar y cuando lo hago, es como si tomara agua.
Estoy muriendo.
Cierro los ojos y extiendo mi mano por la suya. Aferrándola, curvo mis
dedos en los suyos. 6
1
Espera, nos vamos a casa.
Sentada en la sala de espera que hay en el primer piso de la oficina de
libertad condicional, espero a ver a mi agente de la condicional, Toby
Willis, me quedo mirando fijamente a través de la ventana viendo la zona
de Londres ajetreada.
Todo se ve igual pero diferente.
O quizás solo sea yo la que es diferente.
Cece quería entrar conmigo, pero le dije que fuera a tomar un café en
vez de estar atrapada en una sala de espera hasta que terminara. Le dije
que estaría de vuelta en el auto en una hora.
De eso hace media hora, y todavía no me han llamado para verlo.
Mientras estoy pensando eso, un chico aparece por la puerta abierta.
Se ve que está en los treinta y pico. Cabeza afeitada —literalmente ni un
cabello en su cabeza— y lleva un traje negro a rayas, que se nota que ya
ha pasado sus mejores días.
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—¿Daisy Smith? Soy Toby Willis. ¿Quieres pasar?
Me pongo de pie y lo sigo por el pasillo hasta su oficina. Me siento
frente a su escritorio y cierra la puerta tras él.
Le da la vuelta al escritorio y se sienta.
—Siento llegar tarde a nuestra cita. Me quedé atrapado en una
reunión de la que no podía escapar.
—Está bien. —Sonrío—. Estoy acostumbrada a esperar, y no es que
tenga algún otro lugar en el que estar.
Alza sus ojos hacia los míos. Son azules y de aspecto agradable. De
hecho, ahora que lo pienso, todo su rostro es agradable. Haciendo un
fuerte contraste con su cabeza rapada de tipo duro.
Sonríe.
—Bueno, esperemos que podamos cambiar eso para ti. —Regresa a su
ordenador y teclea algo. Luego, se estira y alcanza una carpeta.
Veo mi nombre escrito en la parte superior.
Abre la carpeta, mirando algunos de los papeles.
—Bueno. —Me mira—. No te voy a entretener aquí mucho tiempo. En
realidad, lo único que tenemos que hacer es repasar los términos de tu
puesta en libertad y tienes que firmar el permiso que indica que te han
liberado. Luego, hablaremos sobre diferentes opciones de vivienda y
posibilidades de empleo.
—¿Puedo empezar por las opciones de vivienda? —pregunto.
Reclinándose en su silla, asiente, dándome permiso para continuar.
—Sé que se supone que me tengo que trasladar a un motel. Pero mi
mejor amiga tiene un apartamento de tres habitaciones en Sutton, al sur
de Londres, y me ha pedido que viva con ella. Si eso está bien con usted.
—Tu amiga, ¿tiene antecedentes penales?
—Dios, no. —Me rió rápidamente—. Es peluquera. Nunca ha estado
en problemas en toda su vida.
Pero de nuevo, yo tampoco los había tenido, hasta que me acusaron
de robo.
Me muerdo la lengua antes de soltar eso. Ya no tiene sentido
protestar por mi inocencia. Ese barco zarpó hace mucho tiempo.
—Entonces, no veo ningún problema con ello. Siempre y cuando
tenga la dirección y los detalles de tu amiga, entonces está bien.
—Gracias. —Doy un suspiro de alivio. No quería decírselo a Cece,
pero la idea de vivir en un motel… me daba la sensación de que sería como
regresar a otro tipo de prisión—. ¿Quiere la dirección ahora? La tengo.
23
Cece me la apuntó.
—Claro.
Del bolsillo de mis vaqueros, saco un trozo de papel con mi nueva
dirección escrita y se lo doy. Toma el papel y lo mete en la carpeta.
—Aquí están los términos de tu condicional. Tienes que seguir las
normas por el resto de tu condena. —Me pasa una hoja de papel—. Léelas
cuidadosamente, y luego firma al final. Que sepas que, aunque no
firmaras, los términos legales seguirían siendo válidos.
—De acuerdo. —Le doy una sonrisa débil.
Leo los términos por encima. Son más o menos lo que esperaba… que
si me descubren quebrantando la ley de cualquier modo, entonces me
volverán a encerrar para terminar lo que quede de mi sentencia.
Eso nunca va a pasar, así que es un punto discutible. Pero firmaré de
todas formas. Tomando el bolígrafo de su escritorio, garabateo mi nombre
sobre la línea de puntos y luego se lo regreso.
Lo mete en mi carpeta y deja caer sus brazos sobre ella, con las
manos unidas.
—¿Has pensado en lo que quieres hacer ahora que te han liberado?
—Conseguir un trabajo. Recuperar a mi hermano.
Sus ojos se apagan un poco ante ese comentario, y es como si un
montón de piedras cayeran en mi estómago.
—Daisy. —Suspira—. He leído todo tu historial extensamente, así que
estoy al tanto de tus circunstancias familiares. Y conozco tu deseo por
conseguir la custodia de tu hermano… pero por favor metete en la cabeza
que será un proceso largo. Tendrás que probarle a los Servicios Sociales
que tienes tu vida en orden. Una vida que pueda acomodar a tu hermano.
Que le puedes ofrecer estabilidad.
—Le di todo eso antes. —Mi voz está falta de tono.
—Y luego quebrantaste la ley. Le robaste a tu empleador. Y era una
empresa para la que habías trabajado, durante cuatro años. Esa gente
creía en ti. Me tienes que demostrar a mí y a los servicios sociales que
podemos confiar en ti de nuevo.
No puedo explicar lo duro que es, saber que no hiciste lo que todo el
mundo cree que has hecho, y verlos juzgar tu carácter basados en eso.
Verlos controlar tu vida, quitarte a tu familia. Es doloroso y frustrante y te
destroza el corazón.
Cerrando mis dedos en mi palma, clavo las uñas en mi piel suave,
dejando que la punzada de dolor mantenga mis sentimientos bajo control.
Así que, en vez de decir todo lo que quiero decir —la verdad— me
24
guardo esas palabras y le digo lo que quiere oír.
—Puedo hacerlo. Puedo volver a hacer que crean en mí de nuevo. Lo
único que quiero es recuperar a Jesse, y haré todo lo que sea necesario
para probar que merezco tenerlo de regreso conmigo.
Eso parece impresionarlo, y sonríe.
—Bien. Bueno, con lo primero que podemos empezar, ahora que
sabemos que tienes un lugar estable donde vivir, es ver empleos. Tengo un
trabajo listo para ti.
—¿De verdad? —Mis cejas se alzan por la sorpresa.
—Sí. Tenemos programas con empresas que aceptan contratar a
gente que acaba de salir de prisión. —Mira fijamente a la pantalla, leyendo
en ella—. El trabajo es para trabajar de ama de llaves. Los dueños tienen
un negocio de crianza de caballos de raza, con caballerizas, muy estable en
su propiedad. No sería normal que tuvieras que verte envuelta en nada de
todo eso. Sólo trabajos de limpieza en la casa principal. El horario es de
ocho y media a seis con una hora de descanso para comer. El sueldo son
siete libras por hora.
Rápidamente intento hacer la suma en mi cabeza.
Casi sesenta libras al día. Un poco menos de trescientas libras por
semana. Con eso le puedo pagar el alquiler a Cece y ayudar con las
facturas.
Este va a ser mi nuevo comienzo. Tengo una buena sensación con esto.
—Suena genial. Muchísimas gracias. —Honestamente, limpiaría
mierda de caballo si pudiera ganar el dinero que me acercara un paso más
a recuperar a Jesse—. ¿Cuando empiezo?
—Mañana.
—¿Mañana? No esperaba que fuera tan pronto. No es que me queje.
—Me apresuro a añadir.
—Aquí pensamos que es bueno poner a la gente de vuelta a trabajar
lo más rápido posible, Daisy. Meterlos en una rutina sólida, y estable. Una
mente aburrida probablemente empezará a pensar en cosas raras.
Asintiendo, concuerdo con él.
Sonríe de nuevo.
—Bien. Bueno, el trabajo es en Wescott, en Surrey, en la Finca Matis.
Tienes que preguntar por el señor Matis cuando llegues. Y asumiendo que
no tienes un auto —asiento en respuesta—, puedes tomar el tren allí, sin
problemas.
Mierda, gastos en billetes de tren. Tendré que calcular cuánto va a
afectar ese gasto. Puedo comprar un bono y así será un poco más barato.
O incluso mejor, puedo ver si hay autobuses, ver si hay uno que vaya de
Sutton a Wescott. 25
—Te pagarán a la semana, así que tu primer sueldo será a finales de
esta semana —dice Toby—. ¿Cómo estás financieramente?
Trago, bajando la mirada, la cara me arde de vergüenza.
—Yo, mm… tengo un billete de veinte libras.
Estoy avergonzada de admitirlo. Sé que probablemente ha oído esto
miles de veces antes, pero pensarlo no hace más fácil decirlo.
—¿Cómo estás de ropa?
—Mmm… Tengo mi antigua ropa. —Alzo los ojos hacia él—. Mi amiga,
Cece, con quien voy a vivir, metió todas mis cosas en cajas y las guardó
para mí mientras estaba adentro.
—Suena como una buena amiga.
—Lo es. —Sonrío.
—Bien, vas a necesitar dinero para poder ir y venir al trabajo y
también para comida esta primera semana, así que te concederé un
pequeño préstamo para que pases esta semana.
—Eso sería genial. Muchísimas gracias.
Mi gratitud es auténtica ahora.
Quiero decir, odio aceptar caridad de la gente, pero dijo que sería un
préstamo, lo que significa que tendré que devolverlo. Eso sí que lo puedo
aceptar. Significa que mi plan de ahorro tendrá que esperar un poquito
más, pero así son las cosas.
—Bien, bueno, prepararé eso para ti ahora. Así que, aparte de eso,
aquí ya hemos terminado. —Apoya sus manos contra el escritorio—.
Necesitaré verte una vez a la semana durante las próximas cuatro
semanas. Haré los arreglos con tu patrón para que te deje salir más
temprano ese día, así que no tienes que preocuparte por ello. Luego,
después de eso, necesitaré verte una vez cada quince días en el segundo y
el tercer mes. Y, si todo es satisfactorio y va bien, luego lo bajaremos a una
visita al mes. Iré a hacerte una visita a tu casa dentro de diez días. De
hecho, vamos a poner una fecha, ahora que estas aquí. —Se gira hacia el
ordenador presionando unas cuantas teclas—. Bien… como ya estarás
trabajando y no quiero hacer que pierdas días de trabajo, ¿qué te parece el
sábado de la próxima semana? ¿Por la mañana?
—Me parece bien. —Sonrío.
—Bien. —Teclea algo más y luego se gira hacia mí—. Está bien, vamos
a solucionar el tema de tu préstamo.
26
Cece mete el auto en un callejón sin salida. Al final de su edificio de
apartamentos.
—Aquí estamos. —Cece se detiene en un espacio de estacionamiento
asignado y apaga el motor.
A través del parabrisas, miro el edificio de apartamentos de cuatro
pisos. Se ve muy bonito. Más de lo que podría haber esperado.
Justo cuando bajamos del auto, empieza a llover a cántaros, así que
corremos hacia el edificio.
Cece abre la puerta principal con una llave.
—Si tenemos visitantes, tienen que tocar el timbre —me dice.
Me gusta eso. Es seguro.
Tomamos las escaleras hasta el segundo piso donde está nuestro
apartamento.
27
Cece abre la puerta, dejándome entrar primero.
Lo primero que veo es el letrero de Bienvenida a Casa, colgando del
techo en el pasillo. Me giro, sonriendo.
—¡Bienvenida a casa! —dice, levantando sus manos hacia el cielo.
—Eres una friki total. —Me río.
Camino por el pasillo, hacia la primera puerta, y me encuentro en la
sala de estar. Miro las paredes pintadas de color beige y los muebles. Un
gran sofá de cuero marrón con cojines mullidos y una silla a juego. Una
mesita de cristal. Un televisor de pantalla plana que está sobre un
gabinete de arce de roble.
Girándome, veo a Cece pie en la puerta.
—Es increíble, Ce. ¿Has hecho todo esto?
Se acerca y se sienta en el brazo de la silla.
—Mi padre hizo la decoración, y mamá me ayudó a elegir el sofá, pero
el resto fui yo.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí? —Paso la mano por el cuero
suave del sofá.
—Me mudé hace un mes. Me dio tiempo de conseguir que fuera
agradable para ti y para Jesse.
Jesse.
El recordatorio de que él no está aquí con nosotras me atraviesa.
Sé que el dolor se muestra en mi rostro porque Cece se acerca y pone
su brazo alrededor de mis hombros.
—Ven, vamos a ver tu dormitorio.
La sigo fuera de la sala de estar y por el pasillo.
—El baño está allí. —Apunta a una puerta cerrada—. Y la cocina es
por aquí.
Asomo la cabeza por la puerta abierta para encontrarme una cocina
de tamaño modesto, con gabinetes blanco brillante y una pequeña mesa de
desayuno blanco con cuatro sillas de cuero negro.
—Agradable —digo.
—Solo lo mejor para nosotras —me informa—. Y ésta es tu habitación.
Sigo a Cece a una habitación de tamaño medio, con una cama doble,
un edredón de color rosa pálido, una mesita de noche, un armario,
paredes blancas, y un tocador en la esquina.
—No le hice mucho. Pensé que querrías poner tu propio sello en ella.
—Es perfecta —digo.
Es entonces cuando veo una caja de regalo sobre la mesita de noche.
Me acerco y la tomo. Me giro hacia Cece. 28
30
Me despierto temprano, mi cuerpo sigue programado con el reloj de la
prisión. Me toma un momento recordar que ya no estoy allí, atrapada en
esa celda. Estoy a salvo en mi propia habitación, en mi nuevo hogar.
Soy libre.
Por unos momentos, me permito disfrutarlo.
Puedo tomar el desayuno cuando quiera. Ducharme cuando quiera.
Ducharme sola, sin otras veinte mujeres allí.
El alivio me llena.
Me doy la vuelta en la cama, y algo se hunde en mi costado.
Me doy cuenta que es la fotografía de Jesse y de mí. Me quedé
dormida sosteniéndola.
Recogiéndola, la miro por última vez antes de ponerla en mi mesita de
noche.
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Aparto la colcha y salgo de la cama, disfrutando de la sensación de la
alfombra bajo mis pies, en lugar del frío cemento que solía estar
esperándome cada mañana cuando estaba en prisión.
Cerrando los ojos, hundo los dedos de mis pies en las fibras.
El cielo.
Podría estar sintiéndome bien ahora, pero una inquieta energía está
empezando a arder en mi interior.
Necesito hacer ejercicio. Mi cuerpo está acostumbrado a ello después
de todas las horas que pasé en el gimnasio de la prisión.
Podría salir a correr. Faltan horas para que tenga que estar en mi
nuevo trabajo.
Con la decisión tomada, me levanto y saco del armario mis viejos
shorts, mi camiseta sin mangas, y las zapatillas de correr. Tengo mi viejo
iPod y los auriculares. Poniéndome los auriculares, meto el iPod en el
bolsillo de mis shorts.
Salgo de mi apartamento en silencio y fuera del edificio. El aire es
fresco y refrescante. La calle está tranquila.
Meto mi llave en mi bolsillo y enciendo mi música. El sonido de
“Fighter” de Christina Aguilera llena mis oídos.
Lista para quemar esta energía no utilizada, salgo, comenzando con
un trote lento, hacia la calle principal. Entonces, aumento el ritmo
rápidamente. Tomo nota de a dónde voy y los nombres de las calles, no
conociendo muy bien esta área. No quiero perderme y llegar tarde a
trabajar en mi primer día.
La libertad de correr fuera no me pasa desapercibida. Saboreo la
sensación de la brisa, chocando fría contra mi rostro y mis piernas. Miro a
la gente que sale temprano para el trabajo.
Estoy de vuelta en el mundo real. Y se siente bien. Jodidamente bien.
Corro por una hora, sintiendo como si pudiera correr otra, pero tengo
que volver a tomar el desayuno y prepararme para el trabajo.
Cuando entro en el apartamento, escucho el televisor en la cocina.
Cece debe estar levantada.
—Hola. —Sonrío, al verla sentada a la mesa, con una taza de café.
Sonríe.
—El café está en la cafetera —me dice.
Agarro un vaso primero y lo lleno de agua fría del grifo, antes de
bebérmelo.
—¿Fuiste a correr? —pregunta Cece, mirando mis zapatillas de correr. 32
Asintiendo, me apoyo contra la encimera.
—A la Daisy que conocía le hubiera salido sarpullido ante la idea de
salir a correr. —Me da una sonrisa descarada.
—La antigua Daisy se ha ido —le digo, dejando el vaso. Me giro y
tomo una taza del armario. Me sirvo café antes de añadir leche que tomé
de la nevera.
—Como que me gustaba la antigua Daisy —dice Cece en voz baja.
Me siento frente a ella.
—La antigua Daisy era débil y crédula. —Mi tono es más duro de lo
que pretendía que fuera.
Los ojos de Cece se oscurecen.
—Nunca has sido débil o crédula. Eres la persona más inteligente,
más fuerte y más valiente que he conocido en mi vida.
Suelto una risa aguda antes de tomar un sorbo de mi café.
—Nunca fui inteligente, Ce. Si lo hubiera sido, entonces no habría
caído por la mierda de Jason.
—Odio lo que ese bastardo te ha hecho.
—Hizo. Y nunca volverá a ocurrir.
—¿Porque ahora eres Lara Croft?
Cece sonríe, y no puedo evitar hacer lo mismo.
—No —le digo, forzando la sonrisa en mi rostro—. Porque he
aprendido mi lección. No cometeré el mismo error dos veces.
—¿Y el correr?
—Me hace sentir mejor. El ejercicio no es algo malo; en realidad es
bueno, sabes.
—Te tomaré la palabra sobre ello. —Hace una mueca.
Riendo, niego con la cabeza.
Después de desayunar un poco, voy a tomar una ducha y a
prepararme para mi nuevo trabajo.
Después de ducharme, Ce entra en la ducha después de mí.
Vuelvo a mi habitación, donde me seco mi largo cabello y lo aseguro
en un moño improvisado. Agarro el maquillaje que Cece me compró. Me
pongo delineador y rímel en los ojos y un poco de brillo en los labios.
Me pongo mi viejo sujetador blanco y bragas a juego, con el pantalón
negro y la camisa blanca que solía usar para el trabajo en la joyería. Mi
pantalón me cuelga, y la camisa me queda holgada.
A pesar que Cece lavó toda mi ropa después de sacarla del almacén,
usarlas ahora se siente mal. Son de mi antigua vida. Una vida que ya no 33
tengo.
Tan pronto como me lo pueda permitir, compraré ropa nueva.
Me levanto y me miro en el espejo.
Me veo exactamente como solía hacerlo antes que todo esto sucediera,
excepto que más delgada y más vieja.
Definitivamente parezco mayor.
La tristeza me abruma y me dan ganas de llorar, pero me niego a
hacerlo.
He llorado lo suficiente como para durar toda la vida. Ya no más.
Me enfoco en el ahora. Nuevo trabajo. Recuperar a Jesse.
Resignándome, agarro mi bolso y meto mi iPod en él. Entonces, salgo
de mi habitación.
Meto mi cabeza por la puerta entreabierta de Cece.
—Me voy al trabajo.
Dios, se siente bien decir eso.
Aunque sólo sea una limpiadora glorificada, no me importa.
Tengo un trabajo.
Cece está sentada ante su tocador, maquillándose, envuelta en una
toalla de baño.
—Te ves bien. —Me sonríe a través del espejo antes de volverse hacia
mí.
—Me veo fatal —le digo, sonriendo.
—Cállate —me espeta—. Vas a matarlos en tu nuevo trabajo.
—No quiero matarlos. Acabo de salir de la cárcel. No busco volver.
—Que graciosa. —Pone sus ojos en blanco hacia mí—. ¿No te parece
demasiado temprano para salir? Pensé que empezabas a las ocho y media.
—Sí, pero es un viaje de quince minutos hasta la estación de tren,
cuarenta y cinco minutos en el tren, y según las instrucciones de Toby,
veinte minutos a pie desde la estación hasta la Finca Matis.
—Puedo llevarte a la estación de tren, ¿si quieres? No tengo que estar
en el trabajo hasta las diez.
—No, está bien. —Hago un movimiento con la mano desestimándola—
. No estás lista, y me gusta caminar.
—Si estás segura.
—Estoy segura. —Le sonrío—. Te veré esta noche.
—¿Comida para llevar y una botella de vino para celebrar tu primer 34
día?
—Suena perfecto.
Saludándola, me voy. Me detengo en la cocina para llevarme un
plátano, un Dairylea Snack Box, y una botella de agua de la nevera para el
almuerzo. Las meto en mi bolsa y salgo del apartamento.
Llego a la estación de tren a tiempo y compro un billete en la caseta.
No espero por mucho tiempo antes que mi tren aparezca.
Tomo un asiento vacío junto a la ventana y saco mi iPod. Poniéndome
los auriculares, pongo la música y dejo que Muse me lleve a otro mundo
durante un tiempo.
Parece muy poco tiempo y el tren se está deteniendo en mi parada.
Vuelvo a poner el iPod en mi bolsa y me levanto.
Salgo del tren y uso las instrucciones de la ruta que Toby me dio,
salgo de la estación hasta la calle principal. Luego, giro y voy por una
silenciosa carretera secundaria.
Siento como si hubiera estado caminando durante años, simplemente
campos sin fin y árboles, antes de que vea un alto muro de ladrillo a lo
lejos.
Me recuerda al muro que rodeaba la prisión.
35
Me estremezco.
Llego al alto muro y sigo adelante hasta que llego a unas enormes
verjas de hierro forjado. En el muro a mi derecha hay una placa de bronce
con las palabras Finca Matis, grabadas con letras negras en ella.
¡Lo logré! Y con tiempo de sobra. Esperemos que mi aparición temprana
me apunte tantos a favor con mi nuevo jefe.
Está bien, así que, ¿cómo entro en este sitio?
Mirando alrededor, veo un intercomunicador y un teclado numérico
en el muro contrario a la placa. Pulso el botón de llamada y espero, y
luego, salido de la nada, siento un repentino ataque de nervios.
Un minuto después escucho un crujido en la línea y después una
profunda voz masculina dice:
—¿Sí?
Se me pone la piel de gallina. No sé si es por la sexy voz saliendo del
altavoz o porque estoy nerviosa.
—Hola. —Mi voz es débil. Me aclaro la garganta y lo intento de nuevo.
Me inclino hacia el altavoz—. Mi nombre es Daisy Smith. Eh, hoy voy a
empezar a trabajar aquí como ama de llaves.
La línea vuelve a crujir y luego se desconecta.
Unos segundos después, escucho un fuerte sonido y la verja comienza
a abrirse lentamente.
Cuando el hueco es suficientemente amplio para atravesarlo, me
deslizo y me dirijo por el camino de gravilla. Los árboles se alinean a mi
derecha, campos abiertos están a mi izquierda y cercados rodeando a
caballos dispersos. El camino de entrada es largo y tortuoso.
Finalmente, se abre a un patio asfaltado, con un césped cuidado a la
izquierda y la casa está justamente frente a mí.
Y menuda casa.
Nunca he visto una casa así de grande en la vida real.
Es hermosa. Ladrillos de arenisca marrón. Dos grandes pisos con dos
ventanas en el ático. Un garaje triple a mi derecha.
Es una casa con la que gente como yo sueña tener, pero en realidad,
sólo llegaremos a limpiar.
Respirando profundamente, subo los dos escalones hacia el porche
cubierto y llamo al timbre.
Escucho la campana mientras doy un paso atrás y espero.
Pasos pesados se acercan y luego la puerta se abre.
Oh, mierda. 36
Esas son las primeras palabras que aparecen en mi mente cuando
veo al tipo de pie al otro lado de la puerta, porque es la clase de tipo de oh,
mierda.
Es alto. Mido metro sesenta y siete y este tipo se cierne sobre mí. Se
ve alrededor de mi edad, tal vez unos cuantos años mayor. Viste un
pantalón azul marino y una camisa blanca. El botón superior está abierto,
las mangas enrolladas.
Es musculoso. No como el volumen de un fisicoculturista, pero
claramente se entrena.
Tiene una profunda cicatriz en la barbilla y una que le atraviesa la
ceja, que tiene fruncida en un ceño. Nariz romana. Pómulos prominentes.
Mandíbula cuadrada. Su cabello es castaño oscuro, largo hasta el cuello y
apartado del rostro. Se ve como si no se hubiese afeitado en días. El
conjunto sobre él no debería verse bien, pero lo hace.
Realmente lo hace.
Suficientemente imponente para hacer que lo mire fijamente.
Estoy mirando fijamente.
Sonrojándome, pongo unos cuantos mechones libres detrás de la
oreja mientras bajo la mirada al suelo.
—Hola. —Me aclaro la garganta mientras vuelvo a levantar la mirada
hacia él.
Me está mirando inexpresivamente. Sin sonreír, ni una mirada
amigable. Todavía tiene el ceño fruncido y ahí es cuando finalmente noto
sus ojos.
Son negros. Duros y fríos.
Fuerzo una sonrisa en mi rostro.
—Mi nombre es Daisy Smith. Hoy comienzo a trabajar aquí como ama
de llaves.
Su ceño se profundiza.
—Ya lo ha dicho. —Su voz es tan dura como sus ojos. Sonaba mucho
más sexy en el intercomunicador. Tal vez no es el tipo con el que hablé.
—¿Lo hice?
—En la verja. En el intercomunicador.
Es el tipo.
—Oh, cierto, por supuesto.
Y me siento como una completa idiota.
Gran primera impresión que estoy haciendo aquí. 37
Vamos, Daisy, puedes hacerlo mejor que eso.
Meto el dedo bajo la correa de mi bolsa y me vuelvo a encontrar con
su mirada, forzando otra sonrisa.
—Me dijeron que preguntara por el señor Matis…
—Soy Kastor Matis.
Kastor.
Un nombre inusual. Le queda.
—Mis amigos me llaman Kas. Mis empleados me llaman señor Matis.
Supongo que sé en qué categoría entro.
Aún me está mirando directamente con esos ojos fríos. Decido que me
recuerdan al carbón. Duro e inflexible.
—De acuerdo, señor Matis será. Matis… ¿eso es griego? —Inclino la
cabeza a un lado, inquisitiva.
Un destello de sorpresa se muestra en sus ojos.
Sí, he estado en prisión y puede que sea una limpiadora con
pretensiones, pero no soy completamente idiota.
Se humedece los labios y es entonces cuando noto que su labio
superior es más carnoso que el inferior. El tipo de labio que chupas. No es
que vaya a estar chupándole los labios en algún momento, jamás.
—Lo es. —Es su breve respuesta.
Y entonces, un silencio extraño nos envuelve.
Odio los silencios.
Estoy buscando algo que decir, pero no se me ocurre nada,
preguntándome si en algún momento va a dejarme entrar en la casa.
Como si leyera mi mente, abruptamente da un paso atrás y sostiene
la puerta. Tomo eso como mi señal para entrar.
Entro con cautela en la enorme entrada.
Es descomunal. Probablemente todo mi apartamento y el de Cece
podrían encajar aquí.
Aunque es hermosa. El suelo bajo mis pies es de mármol. La escalera
es amplia y se dirige a ambos lados.
Cierra la pesada puerta detrás de mí. El golpe seco hace eco de
recuerdos del sonido de la puerta de mi celda, cerrándose de golpe detrás
de mí.
Mi corazón se desboca como una carrera de caballos en mi pecho.
Me siento atrapada. Gotas de sudor estallan en mi piel.
Estás bien, Daisy. Solo estás en una casa.
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Cierro los ojos fuertemente y me esfuerzo por respirar profundamente.
Cuando abro los ojos, Kastor Matis está de pie justo frente a mí,
mirándome con curiosidad… y algo más.
Furia.
Me está mirando como solían mirarme las zorras locas en prisión.
Como si quisieran apuñalarme con un instrumento punzante en cualquier
momento dado.
Mi interior se tensa, mi sentido arácnido se pone en alerta máxima.
Si no fuera por los términos de mi libertad, forzándome a estar aquí,
entonces estaría girándome y corriendo por la puerta.
Pero tengo que permanecer aquí. Y necesito este trabajo. Así que,
suprimo los sentimientos y lo soporto.
—Así que, ¿por dónde debería comenzar? ¿Tiene un horario que le
gustaría que siguiera? —Estoy haciendo esta estupidez sobre la marcha
porque, honestamente, no sé de qué demonios estoy hablando. Sólo
necesito llenar este horrible silencio entre el bastardo de buena apariencia
y yo.
—¿Tiene experiencia limpiando? —pregunta con rudeza.
Lo juro, es como si me estuviera escupiendo cada vez que habla.
Estoy asumiendo que es porque he estado en prisión. Pero si tiene
problemas con los ex convictos, entonces ¿por qué demonios contrató
una?
Y estoy asumiendo que ya debería saber mi nivel de experiencia
limpiando. ¿No le habría informado Toby?
—Un poco. Tenía un trabajo de limpieza en, eh… prisión. —La
vergüenza hace que me hormiguee la piel, como ocurre siempre cuando
digo esa palabra—. Mis labores eran limpiar la biblioteca y el patio… el
área de recreo —corrijo—. También pasaba el trapeador por los pasillos y
…
—No necesito un resumen de su tiempo en prisión —me interrumpe.
Está bien…
Las mejillas me arden con vergüenza… y, si soy honesta, furia.
Este tipo es un poco imbécil.
Mordiéndome el labio, junto las manos para evitar… no sé… pegarle
un puñetazo en su hermoso rostro.
Imbécil.
—Lo siento. Supongo que fue un malentendido. Pensé que quería
saber mi experiencia limpiando.
39
De nuevo, no dice nada, solo esa cosa inquietante de mirar fijamente.
Me inquieto.
Me aclaro la garganta.
Aparto la mirada.
Luego, intento cambiar de táctica.
—Tiene una casa hermosa. —Paso la mirada por el espacioso
vestíbulo.
—No es mía.
Eso hace que vuelva a poner la mirada en él, y… sí, todavía me está
observando. Bueno, observando es ser amable. Me está mirando fijamente.
—¿De quién…?
—Es la casa de mis padres. Vivo aquí y me ocupo de la finca por ellos.
—¿Dónde…
—Fuera —me corta—. Le mostraré el resto de la casa.
Gira sobre sus talones y se aleja a zancadas.
El recorrido por la casa demora un poco. El lugar es como una
caverna.
Estoy realmente preocupada por no poder mantener este lugar limpio
yo sola.
Hay muchas habitaciones.
En la planta baja hay una biblioteca, sí, una biblioteca. Un gimnasio.
Una piscina cubierta que, me dijo el Sr. Matis, tiene a un tipo que viene
para limpiarla. Su oficina. La cocina más grande que he visto en mi vida,
con un cuarto de servicio separado que es donde se guardan todos los
productos de limpieza. Un enorme comedor, completado con una mesa de
dieciséis puestos. Al parecer los Matis tienen invitados con frecuencia. Un
salón que parece que apenas se utiliza. Y una sala de estar que alberga
una enorme televisión y parece que usan más a menudo.
Arriba hay seis dormitorios, cada uno con su propio cuarto de baño.
El dormitorio de Kas está a un lado de la casa, con vistas a los potreros. 40
Tiene un balcón privado, y la vista que tiene es magnífica. También hay un
baño separado que alberga la bañera más grande que jamás haya visto.
Necesito saber cuáles son las habitaciones que más se utilizan, y
limpiarlas regularmente.
También me dio un uniforme para usar mientras trabajo, lo que
significa que no arruinaré mi propia ropa. Es un vestido de limpieza
simple, de manga corta y hasta la rodilla, con cuello y puños blancos, y me
ha dado dos, lo cual es bueno, ya que voy a poder usar uno mientras lavo
el otro.
Me lo pondré una vez que hayamos terminado aquí.
Ahora estamos de regreso abajo, y en su oficina.
Tenía unos formularios de empleados para que los llenara con mi
dirección y ese tipo de cosas.
Mierda, me está pidiendo los datos bancarios para depositarme el
salario.
Presiono mi labio con el lapicero.
—Um, señor Matis... no tengo cuenta bancaria.
Mira de su teléfono, en el que tenía fija la mirada, a mí, con ojos
afilados.
Cambio de posición con incomodidad bajo su mirada de rayos láser.
—Yo, um, no recuerdo los detalles de mi antigua cuenta bancaria, ya
que no la he utilizado en dieciocho meses. Ni siquiera estoy segura de si
sigue abierta o si el banco la clausuró.
—Averígualo.
—Está bien. Llamaré al banco...
—Haz la llamada en tu tiempo libre, no en el mío.
Sí, señor.
Asiento y termino de llenar los formularios.
Se los regreso junto con la pluma. Ni siquiera se molesta en mirarlos.
Sólo abre un cajón de su escritorio y los mete.
—Así que, supongo que debo ir a trabajar. —Empiezo a levantarme de
mi silla.
—Una cosa más.
Su voz me detiene, y vuelvo a poner mi trasero en el asiento.
Se sienta hacia delante, apoyando los codos en el escritorio, y me
mira fijamente, con esos negros e implacables ojos suyos.
—Hay cosas de valor en esta casa, pero supongo que ya lo sabes. 41
¿Lo sé?
—Y sé que la tentación podría ser grande, pero tengo que pedirte que
intentes no robar nada. Odiaría tener que enviarte de regreso a la cárcel.
¿Qué. Demonios?
Siento como si me hubiera dado una bofetada. Mis mejillas arden con
la humillación.
Dios, odio que este bastardo engreído pueda afectarme de tal manera.
Lo he conocido durante, ¿qué? Una hora, y ya desprecio al hijo de puta.
Si no necesitara desesperadamente este trabajo como lo estoy
necesitando, y si el asalto, no me enviara directamente a la cárcel, le daría
una patada donde más le duela, lo que probablemente sería su cartera
porque estoy bastante segura que nada más penetraría su piel de
rinoceronte.
Mis dedos se curvan hacia mis palmas, y dejo que la punzada de
dolor me mantenga firme.
Vamos, Daisy. Has escuchado... cosas peores. Él es sólo un cabrón
estirado que claramente necesita echar un polvo.
Dice la que no ha tenido sexo en.… bueno, una eternidad.
—Sí, señor Matis —digo con los dientes apretados.
Realmente, ¿qué más podría haber dicho?
¿Tratar de defender mi honor? Casi me río en voz alta ante ese
absurdo pensamiento.
Intenté hacerlo en un tribunal de justicia, y no funcionó muy bien
para mí.
Y este cabrón presumido cree que soy una ladrona porque eso es lo
que le dijo la ley.
No le importa si soy inocente o no.
Soy pobre y una criminal; Por lo tanto, soy menos que él.
Soy menos que nadie.
Estoy marcada de por vida.
Siempre fui pobre. Ahora, tengo la etiqueta de criminal que me
acompaña.
Bueno, ¿no soy la pareja perfecta?
Dios, odio a Jason maldito Doyle. Arruinó mi vida.
Pero sé que no soy una ladrona, y es lo único que importa.
O eso es lo que me digo.
Pero me imagino que, si lo repito lo suficiente, entonces un día voy a
empezar a creerlo. 42
La cabeza de Kas está inclinada, con la mandíbula apretada, pero su
mirada es de evaluación, como si estuviera esperando más.
Casi como si estuviera esperando... represalias.
¿Por qué iba a pensar que tomaría represalias?
Porque he estado en prisión; por lo tanto, soy una criminal.
Dios, estoy tan jodidamente harta.
Este tipo es el mayor de todos los imbéciles. Sólo quiero terminar mi
trabajo.
Lo que más me molesta, es que me contrató sabiendo que tengo
antecedentes penales. ¿Por qué hacer eso si quiere ser un completo idiota
conmigo?
Tal vez se excita con eso, menospreciando a la gente.
Bueno, puede hacer lo que quiera y decir lo que quiera.
Porque no me importa lo que piensa de mí. Sólo me importa que me
pague el salario al final de cada semana.
—Ya hemos terminado aquí —dice suavemente, como si de repente
estuviera aburrido.
Y me despido, antes que pueda decirme cualquier otra cosa de
mierda.
Después de cambiarme a mi ropa de trabajo, la cual
sorprendentemente me queda, me pongo a trabajar. Supongo que
empezaré abajo. Así que, empiezo por la cocina.
Para cuando la una en punto llega, cada superficie de la cocina está
brillando. El horno está brillando, dentro y fuera, y el piso está tan limpio
que podría comer la cena en este.
Hablando de comer, mi estómago está rugiendo.
Me lavo las manos y agarro mi bolso de donde lo dejé colgando en el
armario de los abrigos en el pasillo. Después, voy afuera al jardín trasero
mientras el sol hace una extraña aparición, y estoy determinada a
disfrutarlo mientras esté aquí.
Camino un poco alrededor del gran jardín trasero donde está claro y
está adorablemente cuidado. Mucho trabajo duro se ha hecho en este
jardín.
43
No puedo ver al Kas-tupido2; ¿vieron lo que hice?, ensuciándose las
manos con la jardinería, así que estoy suponiendo que tiene un jardinero.
A menos que sus padres hagan la jardinería.
Me pregunto cuándo volverán ellos. Con suerte, serán más amables
que su hijo.
Pero entonces, si ellos educaron a ese miserable imbécil… no debería
tener muchas esperanzas.
Es una lástima que sea un idiota porque de verdad es apuesto.
Lástima que su personalidad arruine lo que podría ser la persona perfecta.
Veo un banco junto a unos coloridos arbustos, así que decido
sentarme ahí.
Saco mi teléfono y lo reviso.
Solo hay un mensaje de Cece, enviado hace unas horas. No es
sorprendente, ya que es la única persona que tiene mi número… bueno,
aparte del Kas-tupido y mi oficial de libertad condicional.
¿Cómo va tu primer día?
Respondo.
2
En el original, Kas-hole. Una mezcla entre el nombre y la palabra Asshole (estúpido, imbécil,
idiota, etc)
Mi nuevo jefe es un idiota. Pero, aparte de eso, bien. La casa es
hermosa.
Contesta al instante.
¿Debo patear su culo?
Me río ante eso.
No, no es nada que no pueda manejar. ¿Estás en el descanso del
almuerzo?
Sí, pero a punto de volver. Hablamos esta noche. Te quiero.
También te quiero.
Dejo el teléfono en mi mano, y voy al único otro contacto que tengo
ahí. Presiono llamar y llevo el teléfono a mi oído. Espero, escuchando
mientras timbra.
Va a correo de voz.
—Hola, ha llamado a Anne Burgess, Departamento de Servicio Social.
Deje su nombre y su teléfono, y llamaré de vuelta.
Decepcionada de no poder hablar con ella, espero el pitido.
—Hola, Anne, soy Daisy Smith. Solo estoy llamándote para decirte
que fui liberada ayer. Estaba esperando que pudiéramos reunirnos para
hablar… de Jesse. Espero poder verlo pronto. Si me llamas de vuelta al… 44
—Digo mi numero—. De verdad lo apreciaría. Gracias.
Cuelgo y dejo el teléfono en mi bolso.
Con suerte, me llamará pronto.
Anne es la trabajadora social de Jesse. Durante los últimos dieciocho
meses, he mantenido un contacto regular con ella, sobre Jesse. Ella sabe
de mi ansiedad por llevar a Jesse a casa conmigo. Cada vez que he
intentado hablar de conseguir la custodia de Jesse, siempre me había
dicho que era algo que debíamos discutir después de mi liberación.
Bueno, soy libre ahora, y quiero hablar de eso. También quiero ver a
mi hermano.
Determinada a no permitir que la frustración se apodere de mí, meto
la mano en mi bolso y saco mi almuerzo.
Tengo esta repentina sensación de ser observada, pero cuando miro
alrededor, no veo a nadie.
Raro.
Abro mi caja de bocadillos Dairylea3 y comienzo a comer.
3
Dairylea: Marca de productos de queso.
Disfrutando estando sentada en paz, comienzo mi almuerzo, pero
termino en quince minutos, dejándome más de media hora de tiempo para
matar.
Dejo los envoltorios vacíos en mi bolso y limpio las migas de mi
vestido. Decido dar un paseo alrededor de la hacienda y revisar los
potreros y establos.
Cuelgo mi bolso sobre mí hombro y empiezo a caminar al otro lado del
jardín. Llego al camino del jardín y lo sigo. Este serpentea a lo largo del
jardín y luego me guía a través del pasaje abovedado.
Me detengo al otro lado del arco y miro alrededor.
Este lugar es inmenso.
Lejos a mi izquierda y al frente está la pared que rodea este lugar.
Desaparece dentro de un bosque lleno de árboles.
Ni siquiera puedo imaginarme lo mucho que se tardó en construirse
esa pared; y el costo. Aunque no es probable que no pudieran pagarlo.
A mi derecha están los establos. Los potreros están a mi izquierda y al
frente. Cubren mucha parte del área. Los caballos están esparcidos
alrededor.
Comienzo a vagar hacia los potreros. Mientras me acerco, veo a un
tipo que parece estar arreglando una de las cercas que mantiene dentro los 45
caballos.
Como si sintiera mi cercanía, levanta su cabeza.
Sonrío.
—Hola. —Levanto mi mano en un saludo.
Responde el saludo con su mano. Sonriendo se levanta.
Sonrisa amable. Es bien parecido. Con el cabello rubio arena corto.
Piel bronceada. Parece estar rondando mi edad. Parece amigable.
Completamente opuesto a Kastor Matis.
Pero, por mucho que odio admitirlo, Kas es más apuesto. Este tipo es
un niño bonito. Kas es un hombre en todo el sentido de la palabra. Incluso
si es un completo imbécil.
—Eres nueva —dice cuando llego donde él. Tiene el acento
australiano más delicioso que he escuchado. Bueno, el único acento
australiano que alguna vez he escuchado ha sido en la televisión—. Y tú
no puedes ser la dueña de un caballo, ya que conozco a todos los dueños,
y no hemos tenido un caballo nuevo recientemente.
—Soy la nueva ama de llaves, eres australiano.
Dah.
Idiota, Daisy. Que idiota.
—Me atrapaste. —Se ríe, levantando sus manos en rendición—.
Cooper Knight, nacido en Adelaide. —Deja caer sus manos y estira una
para estrechar la mía.
Estirando la mía, deslizo mi mano en la suya.
—Daisy Smith, nacida en Londres.
Aprieta mi mano y sonríe.
—Escuché que teníamos una ama de llaves empezando.
Me pregunto qué más escuchó.
Pero él no está mirándome como si fuera un pedazo de basura, así
que tal vez no sabe cuál fue el último lugar que tuve que llamar casa.
Extrañamente, de hecho, me está mirando con una chispa de interés.
Suelta mi mano y descansa sus manos sobre la cerca, uniendo sus
dedos.
—Entonces, ¿cómo lo encuentras hasta ahora?
—Está… bien.
—¿Por qué no te creo? —Hay una pícara sonrisa en su hermoso
rostro.
—Porque he conocido a Kastor Matis. —Las palabras salen antes de 46
que pueda detenerlas.
Golpeo mi mano sobre mi boca, y él se ríe a carcajadas.
—¿Te la ha estado poniendo difícil?
—Mmmm —murmuro, dejando caer la mano.
—Sí, puede ser una nuez dura de quebrar a veces. Pero Kas no es un
mal tipo, no de verdad. Solamente le gusta que la gente piense que lo es.
Solo mantente fuera de su camino, y estarás bien. El señor y la señora
Matis son geniales. Te caerán muy bien.
—¿Dónde están? —pregunto, aliviada de que no pensara que fuera
una perra con respecto a Kas.
Quejarme por mi jefe con otros empleados en el primer día no es lo
mejor.
—Tienen una casa en Grecia. El señor Matis tiene familia allá, así que
pasan la mitad del año ahí y la otra mitad aquí. Kas maneja el lugar por
ellos.
—¿Hace cuánto trabajas aquí? —pregunto.
—Seis años. Los Matis me contrataron poco después de que
compraron el lugar.
Seis años. Tal vez es mayor de lo que pensé inicialmente.
—¿Dónde vivían antes de aquí? —Me doy cuenta de lo entrometida
que estoy siendo—. Lo siento, de verdad sueno entrometida.
—Si no preguntas, no te enteras, ¿verdad? —Me da una sonrisa
tranquilizadora—. Se mudaron aquí desde Londres. El señor Matis era
importante en la industria banquera; bolsa y esa clase de cosas. Hizo
mucho dinero. Creo que él y la señora Matis querían salir de la ciudad, así
que se mudaron aquí por la paz y la tranquilidad. Y es una buena
inversión, un lugar como este.
—¿Cuántos más trabajan aquí? —pregunto, mirando alrededor.
—Bueno, estoy yo, por supuesto. Soy el encargado de los establos.
Ellie y Peter son entrenadores. Mack y Tash son mis ayudantes en los
establos. Están en el almuerzo ahora, pero los conocerás pronto. Luego,
tenemos a Dom, quien es el jardinero. Es su día libre hoy, pero regresará
mañana. Y eso es todo.
—¿Qué le pasó al ama de llaves que trabajaba aquí antes de mí?
La expresión de Cooper decae un poco.
—Tania. Se fue… bueno, digo se fue, pero se levantó y desapareció
hace como dos meses.
—¿Desapareció? —Frunzo el ceño.
Asiente. 47
—Un minuto, estaba aquí. Al siguiente, no. Cuando le pregunté a Kas
por ella, simplemente me ignoró.
—Raro —reflexiono—. ¿Había estado en prisión?
Me da una mirada sorprendida, e instantemente me pongo pálida.
Mierda.
—No, no que yo sepa. ¿Por qué lo preguntarías?
Porque soy una idiota.
—Mmm… no lo sé. Solo que huyera… —Me encojo de hombros
incómodamente.
Supongo que solo lo asumí, por lo que Toby dijo, los Matis son
empleadores que están dispuesto a recibir personas que acaban de salir de
prisión.
Sabiendo que soy la primera me deja un poco rara.
—No, Tania era una buena chica. De ninguna forma estaba
involucrada con esas cosas malas.
Sí, porque las chicas que van a prisión están mezcladas con cosas
malas. Y definitivamente no son chicas buenas. ¿Verdad?
El comprender cómo la opinión de Cooper cambiaría instantemente
una vez que supiera la verdad sobre mí me deja sintiéndome un poco
enferma.
No sé por qué ya que debería estar acostumbrada a eso ahora.
Supongo que mis recientes encuentros con Kastor Matis me han
dejado sintiéndome un poco en carne viva. Más de lo que quiero admitir.
Cooper se inclina más cerca, bajando su voz.
—Sé que Tash pensaba que Tania y Kas estaban… ya sabes… —
Lanza una mirada conocedora antes de inclinarse hacia atrás—. No pude
verlo por mi cuenta, pero si Tash tenía razón y estaban enrollándose y no
funcionó… tal vez la sacó. O tal vez no tiene nada que ver con Kas, y Tania
solo volvió a casa.
—¿Casa?
—Era de Polonia.
—Oh, claro.
Por alguna razón, estoy teniendo visiones de una belleza rubia alta y
Kas agradándole mucho.
Pero no la pequeña ex presidiaria Daisy.
No es que me importe una mierda lo que Kas-tupido piense de mí. 48
—Tash intentó llamar al teléfono de Tania después de que supimos
que se fue, pero estaba fuera de servicio.
—¿Cuánto tiempo trabajó Tania aquí? —pregunto.
—Unos seis meses.
Sintiéndome un poco extraña con esta conversación, y sabiendo que
debe ser hora de volver al trabajo, meto la mano en mi bolso y saco mi
teléfono para ver la hora.
Síp, cinco minutos antes de volver al trabajo. No quiero llegar tarde y
darle razones a Kas-tupido para ser un imbécil conmigo.
—Bueno… debería volver. —Apunto a mi teléfono antes de volver a
dejarlo en el bolso—. Fue un gusto conocerte, Cooper. —Doy un paso lejos.
—Igual. Oye, antes de que te vayas —me dice—. ¿Montas? —Inclina
su cabeza hacia el caballo pastando detrás de él.
—No. —Sacudo mi cabeza.
—Bueno, si quieres aprender, dímelo. Te daré unas lecciones en la
casa. Las ventajas de trabajar aquí. —Sonríe, y es una sonrisa amigable.
Decido en ese punto que me cae bien Cooper. Puede pensar que las
presidiarias son malas noticias, y en la mayoría de los casos, no está muy
equivocado, así que no puedo culparlo por creer eso.
—Eso sería genial. Gracias. Pero tal vez no en este vestido. —Arrugo
mi nariz, apuntando mi uniforme.
—No. —Se ríe—. A menos que quieras montar en la silla lateral, eso.
—Que anticuado de tu parte.
—Soy un tipo un poco anticuado. —Guiña un ojo.
Por lo general, odio los guiños, pero él de verdad puede hacer uno. Y
estoy un poco oxidada aquí… ¿pero está coqueteando conmigo?
—Hablo en serio. Si quieres una lección, dímelo, y arreglaremos algo.
Sonrío.
—Lo haré. Te veo después.
—Pronto. Espero.
Está bien, sonrío como una nena por eso.
Es encantador. Y es agradable ser tratada bien después de los malos
modales de Kas-túpido esta mañana.
No es que aceptaría cualquier oferta de Cooper, aparte de la lección de
montar.
Los hombres son un área prohibida para mí. Jason me quemó de por
vida. 49
Sonriendo, giro sobre mis pies y vuelvo a la casa, sintiéndome un
poco más ligera que cuando la dejé.
De la nada, una sensación extraña sube por mi espalda. Esa
sensación de ser observada de nuevo.
Levanto mi cabeza, sin ver a nadie.
Miro sobre mi hombro, pero Cooper está de nuevo trabajando en la
cerca.
Vuelvo a mirar al frente, mirando a la ventana de la habitación de
Kas, pero no hay nadie ahí.
Raro.
Lo juro, me voy a enloquecer.
Sacudiéndome la sensación, retomo el paso y regreso por el pasaje
abovedado antes de volver al trabajo.
Es mi segundo día en el trabajo, y estoy caminando rápidamente por
la acera, dirigiéndome a la Finca Matis, porque está lloviendo como el
infierno. No tengo un paraguas, pero estoy usando mi impermeable con la
capucha puesta, manteniendo mi cabello seco.
No estoy lejos de las puertas cuando oigo un auto acercarse
rápidamente detrás de mí.
Echando un vistazo hacia atrás, veo un todoterreno aproximándose.
Una ráfaga de viento hace que mi capucha caiga de mi cabeza. Me
apresuro a acomodarla de nuevo, pero antes que pueda…
¡Splash!
¡Idiota de los idiotas!
Me dejó sorprendida, agua fangosa goteando por mi rostro.
El bastardo pasó por un charco a un lado de la carretera y me
empapó con agua fangosa.
50
Apreté los dientes.
—¡Estúpido, bastardo, vagabundo irreflexivo de conductor de
todoterrenos! —dije, dando un pisotón.
Paso mi mano por mi rostro, limpiando el agua fangosa.
¿Puede ser peor este día?
Y apenas ha comenzado.
Aún no he recibido una llamada de Anne, lo que me está estresando.
Extrañamente, dormí esta mañana, lo que significa que no hice mi
rutina, y casi perdí mi tren. Cuando entré en el tren, solo lloviznaba
ligeramente. Luego, tuve que soportar de pie todo el viaje aquí, ya que no
había asientos, porque, aparentemente, el mundo y su esposa estaban
usando el tren esta mañana. Bajé en Westcott, y los cielos se abrieron,
llovía como si estuviera preparándose para el Gran Diluvio.
No había traído un paraguas porque pensé que estaría bien con mi
impermeable. Y estaba bien hasta que un idiota en un todoterreno me
empapó hasta los huesos.
Bueno, así que, evidentemente, mi día puede empeorar porque
cuando miro las luces traseras del cuatro por cuatro, veo que está
ralentizando y girando hacia la Finca Matis.
Gruño. De hecho, gruñí y aceleré el paso, dirigiéndome hacia el auto,
que estaba detenido, esperando a que las puertas se abrieran.
Con las ventanas tintadas, no puedo ver el interior, pero no me
importa, porque estoy enfadada. Estoy empapada y enfadada. No es una
buena combinación.
Al llegar al auto, golpeo mis nudillos en la ventana del pasajero.
—Oye, amigo —digo en un tono molesto—. ¡Me has empapado allí!
Mira por dónde vas la próxima vez. Y un lo siento, acabo de empaparte
hubiese estado bie… —Las palabras mueren en mi lengua cuando la
ventana baja, y veo quién está en el auto—. Señor Matis.
Mierda. Mierda. Mierda.
Ya me odia. Y, ahora, he golpeado la ventana de su auto y le grité.
Estoy tan despedida.
Sus ojos negros se mueven sobre mí. Veo un destello de humor en
ellos.
Se está riendo de mí.
Bastardo.
—Daisy. Buenos días. O tal vez no, como sea el caso para usted.
Muerdo mi lengua con tanta fuerza que saboreo sangre, el sabor 51
metálico en mi boca.
Voy a... voy a...
Alejarme.
Es eso o golpearlo en la garganta, y no creo que golpear a mi jefe sería
una buena idea. Sería mi pase rápido de vuelta a la cárcel.
Y realmente no quiero eso.
Jesse. Piensa en Jesse.
Con la mandíbula tensa, giro sobre mis pies y camino por las puertas
abiertas.
Voy a toda velocidad, metiéndome al costado para estar alejada del
camino de su auto cuando pasa por delante de mí.
Mis manos están cerradas en puños. Y honestamente siento que
podría llorar.
Me gusta pensar de mí como fuerte y capaz. Pero, ahora mismo, me
siento desgarrada por las emociones.
Extraño a mi hermano. Odio a mi jefe. Estoy empapada, y estoy a
punto de tener mi período. Así que, sí, me siento un poco emocional.
Oigo a su auto aproximarse detrás de mí, y me pasa directamente, tal
como esperaba que hiciera.
Porque sería demasiado cortés ofrecer llevarme el resto del camino.
Idiota.
Apretando los dientes, camino furiosa el resto del camino al lugar,
mis zapatillas deportivas haciendo ruido. Todo el tiempo, me imagino
estrangular a Kas-túpido con mis manos.
Cuando me acerco al lugar, veo que la puerta principal está abierta, y
Kas-túpido está allí de pie, luciendo todo seco con sus jeans azules
oscuros y su jersey de cuello en V.
Luce sexy, tanto como odio admitirlo.
Odio que sea un bastardo apuesto.
Con la mandíbula apretada, las manos en puños a mis costados, me
detengo en el porche.
—Séquese antes de entrar. —Me tiende una toalla—. No quiero que
gotee por el suelo.
Um, ¿qué?
Lo miro conmocionada.
Me mira fijamente y me hace gestos para que tome la toalla.
¡Argh! ¡Odio a este chico!
52
Tengo que recordarme que, si hago un lío, seré yo quien lo limpie de
todos modos.
Haciendo caso omiso de él, dejo mi bolso en el suelo y me quito mis
zapatillas. Al estar descalza en el suelo frío me envía escalofríos por mis
piernas. Desabrocho mi impermeable, me lo quito y lo arrojo al suelo, con
mi bolso. Me quedo solo con mi vestido mojado.
Temblando y sin mirarlo a los ojos, me estiro y tomo la toalla de su
mano aún extendida. Llevo la toalla a mi rostro, limpiándolo. Luego, la
paso sobre mis brazos y piernas desnudas, secándolas. Estirándome por
mi espalda, aparto mi cabello. Levantándolo, exprimo el agua y luego froto
la toalla.
Cuando termino, cometo el error de mirar a Kas.
Me está mirando fijamente.
Pero, por una vez, no me mira con disgusto.
La mirada en sus ojos... es intensa.
No recuerdo que nadie me mirara así antes. Siento como si me
estuviera desnudando.
La oleada de necesidad en mi vientre inferior me sorprende como el
infierno.
Y de repente ya no me siento tan fría.
Su mirada me está calentando desde adentro hacia afuera.
¿Qué demonios es esto?
¿Cómo puedo sentir... lo que estoy sintiendo por él? Lo odio.
Pero, al parecer, mi cuerpo perdió el memorándum en ese caso,
porque parece que le gusta bastante este momento.
—Señor Matis... —susurro su nombre, no estoy segura por qué o lo
que espero lograr al hacerlo. Estoy más que sorprendida por cómo suena
mi voz.
Y es el sonido de mi voz lo que parece traerlo de vuelta a la
vida. Observo que su expresión se endurece. Sus cejas se juntan en un
gesto de desdén, y sin decir una palabra, gira sobre sus talones y se aleja.
Bueno. ¿De qué demonios se trata todo eso?
Supongo que es porque no he tenido sexo en mucho tiempo. Mi
cuerpo y las hormonas acaban de ver un hombre y se confundió por un
momento.
Eso definitivamente no volverá a suceder.
En un suspiro, me inclino y levanto mi impermeable antes de sacudir
el agua encima. Recojo mis zapatos y entro en la casa, cerrando la puerta
detrás de mí.
53
Me dirijo directamente a la sala de servicio y cuelgo mi abrigo sobre el
perchero. Dejo mis zapatillas en la secadora.
Mi vestido y ropa interior están empapados. Pero no hay nada que
pueda hacer. No tengo nada qué ponerme. Tendré que usarlos y esperar
que se sequen mientras trabajo.
Sin embargo, primero necesito arreglar mi cabello.
Tomando mi bolso, me dirijo al baño de abajo. Me encierro, y me miro
al espejo.
Parezco una rata ahogada.
Saco mi cepillo y lo paso entre los nudos. Luego, lo amarro en un
moño desordenado. Dejando mi cepillo en mi bolso, abro la puerta y salgo.
Mis pies se detienen cuando veo a Kas de pie al otro lado.
—Te traje algo para que te pongas. —Gesticula a mi vestido mojado y
luego me tiende una camisa de polo roja y un pantalón de montar. La
camisa de polo tiene bordado Finca Matis en el pecho, del lado derecho—.
La camisa es grande, pero el pantalón debería quedarte. Era todo lo que
nos quedaba en stock.
Estoy tan asombrada por su amabilidad que me toma un momento
hablar.
—Gracias. —Tomo la ropa y lo miro a los ojos.
Me da un asentimiento corto, y luego se da la vuelta y se va.
Acabo de girar para ir al baño cuando su voz me hace retroceder. Me
vuelvo para ver que se detuvo al final del pasillo, y está medio volteado
hacia mí.
—Lo siento por haberte empapado.
Mi mandíbula golpea el suelo por sorpresa.
—Yo... está bien.
Sin otra palabra, desaparece por la esquina, dejándome allí de pie,
aturdida.
54
Estoy de rodillas, fregando la bañera en el baño principal, cuando mi
seno derecho comienza a vibrar.
Decidí guardar el teléfono junto a mí en caso de que Anne llamara, y
como este apretado como el infierno pantalón de montar no tiene ningún
bolsillo, tuve que guardar el teléfono en mi sujetador, de ahí que el pecho
vibre.
Estirando mi top, saco el teléfono, viendo el nombre de Anne en la
pantalla del identificador.
Mi corazón comienza a latir un poco más rápido mientras conecto la
llamada.
—¿Hola?
—Hola, Daisy. Es Anne de Servicios Sociales.
—Hola. Muchas gracias por devolverme la llamada.
—Siento demorarme un poco en devolver tu llamada. No estaba en la 55
oficina ayer, y justo me estoy poniendo al día en los mensajes.
—No hay problema. Entiendo.
—Así que, llegó tu salida.
—Sí. —Sonrío.
—Bien. Estoy contenta por ti.
—Gracias. Anne... Quería hablarte de Jesse. ¿Qué debo hacer para
iniciar el proceso de solicitud de custodia? ¿Y cuándo puedo verlo?
—Bueno, primero lo primero, tú y yo tenemos que hablar.
—¿Acerca de? —Mi tono es nervioso. No puedo evitarlo.
—Solo sobre tus circunstancias ahora...
—Tengo un lugar para vivir. El apartamento de mi mejor amiga. Estoy
viviendo con ella, pagando el alquiler. —No es que Cece vaya a decirme
acerca de pagar el alquiler, pero voy a darle dinero tan pronto como me
paguen—. Es un lugar muy bonito en Sutton, y tiene tres dormitorios. Uno
es para Jesse. Tengo un trabajo. Soy ama de llaves en la casa de una finca
en Surrey. Por lo tanto, estoy en una posición realmente buena para
cuidar de Jesse ahora, y realmente...
—Eso es maravilloso, Daisy —me interrumpe—. Estoy muy contenta
de que todo esté saliendo bien para ti. Me encantaría ver tu nuevo
departamento. Entonces, ¿qué tal si voy de visita? Podemos charlar y
partir de ahí.
Me dejo caer de cuclillas, decepcionada, sabiendo que no voy a ver a
Jesse en corto plazo.
—Suena bien —digo, tratando de inyectar un entusiasmo en mi voz
que simplemente no está allí.
—Fabuloso. Ahora, mirando mi calendario, estoy libre el viernes a las
cinco de la tarde.
—Trabajo hasta las seis, y me lleva un poco más de una hora llegar a
casa.
—Oh, bueno, ¿qué tal si llego a las seis? Puedes preguntarle a tu
empleador si puedes salir una hora antes. Estoy segura de que si le
explicas la razón por lo que necesitas el tiempo, tu empleador lo
entenderá.
¿Comprensión de Kas? Ja. No es probable.
Sin embargo, él fue agradable conmigo más temprano, trayéndome la
ropa y pidiendo disculpas. Tal vez su exterior duro se esté suavizando
hacia mí.
Podría haber algo de bondad en él.
56
—Le preguntaré y te lo haré saber.
—Fabuloso. Hablaremos pronto.
Cuelgo el teléfono y lo guardo en mi sujetador.
Ella quiere venir a mi casa a las seis, lo que significa que tendré que
salir a las cuatro. Me lleva una hora y veinte minutos con el viaje en tren y
las caminatas hacia y desde las estaciones de tren. Y necesitaré ducharme
antes de que llegue, así no apestaré a productos de limpieza.
Eso significa que tendré que preguntarle a Kas si puedo salir dos
horas antes.
Temo el pensarlo.
Pero sabiendo que no tengo más remedio que preguntar, porque esto
es acerca de Jesse, y él es todo lo que importa, obligo a moverse a mis
pies, que todavía están desnudos.
Salgo del cuarto de baño y paso por las alfombradas escaleras,
dirigiéndome a la oficina de Kas. Los nervios están dando vueltas en mi
estómago.
Vamos, Daisy. Lo peor que puede decir es no.
Y ser un imbécil al respecto.
Aguantándome, levanto mi barbilla y camino hacia su oficina. Llego a
la puerta de la oficina y llamo.
—¿Qué? —grita desde el otro lado.
Bueno... eso no es un buen comienzo.
Alcanzando el picaporte, lo doy vuelta y entro en su oficina antes de
cerrar la puerta detrás de mí.
Me vuelvo hacia él, y él se inclina hacia atrás en su silla, con los
brazos apoyados en los apoyabrazos, mirándome con esos ojos negros
como carbón.
Mi estómago se revuelve, y de repente me siento mareada. Junto mis
manos delante de mí.
Sus ojos siguen el movimiento y luego se dirigen hacia mi rostro.
—¿Vas a quedarte allí todo el día, o vas a decirme lo que quieres?
Supongo que el Kas amable que trae ropa y se disculpa se ha ido, y
Kas-túpido está de vuelta.
Trago nerviosa.
—Señor. Matis, sé que este es solo mi segundo día de trabajo aquí, y
de verdad odio preguntar... pero me preguntaba, si llego una hora antes el
viernes y trabajo durante mi almuerzo, ¿sería posible que me fuera a las
cuatro en vez de a las seis?
—No. —Se sienta recto en su asiento y vuelve la silla a su 57
computadora.
Relámpagos de frustración y cólera vuelan a mi alrededor, zumban
como abejas en mi cabeza. Normalmente no soy rápida para enojarme,
pero este tipo me hace querer gritar hasta perder la cabeza.
Dejando caer mis manos a los costados, entierro los dedos en las
palmas.
—Señor. Matis, no preguntaría si no fuera importante...
—¿Y qué es tan importante que tengas que dejar el trabajo? ¿Una cita
para arreglarte el cabello? ¿Una cita para arreglarte las uñas? —Sus ojos
se arrastran sobre mí—. Pero, mirándote, diría que no es ninguna de esas
cosas. Entonces, ¿qué es tan importante que tengas que dejar el trabajo
temprano?
Imbécil.
Doy un paso hacia atrás, ofendida.
—Lo siento, pero ¿he hecho algo para darle la impresión de que
merezco que me hablen así? Sé que he estado en prisión, pero eso no le da
el derecho de juzgarme por ello. Ni siquiera me conoce. —Apenas digo las
palabras, sé lo ineficaces que son porque suenan débiles a mis propios
oídos.
El fuego enciende sus ojos. La mirada en ellos me da ganas de dar un
paso atrás.
Parece un terrorífico dragón que respira fuego.
Se inclina hacia delante, apretando las manos sobre el escritorio. Su
voz es tan baja que siento que la temperatura en la habitación baja.
—Confía en mí —dice— eso no es por lo que te estoy juzgando.
¿Qué?
—Dios, tú eres... —Me mordí el labio para evitar que las palabras
salieran.
—¿Soy un qué, Daisy? —Entonces, sonríe.
El bastardo sonríe.
Tengo la visión de borrar esa sonrisa usando la silla en la que está
sentado.
Nunca he sido llevada por la violencia, pero este tipo me saca de mis
casillas.
Cerrando los ojos, doy una respiración calmante, deseando estar en
cualquier parte excepto aquí.
¿Por qué este tipo me odia tanto?
58
—A menos que seas una maga o hayas resuelto la teoría del viaje en
el tiempo, todavía estaré aquí sentado cuando abras los ojos.
¡Argh! ¡Quiero estrangularlo!
Ser llevada de vuelta a prisión por asesinato luce bastante atractivo
en este momento.
Dos días, y ya quiero matar a mi jefe. Esto no está bien. Tengo que
conseguir manejar esto y encontrar una manera de tratar con su Kas-túpi-
dez.
Solo es un hombre. Un hombre cuya opinión acerca de mí no importa.
Todo lo que necesito de él es el cheque de pago al final de cada
semana.
Puedo hacer esto. He manejado peores situaciones.
Abro los ojos, y su rostro presumido y guapo está ahí, mirándome
fijamente.
Fuerzo la sonrisa más brillante que puedo sobre mis labios.
—No es a usted a quien intento desaparecer. Siento haberle hecho
perder su tiempo. Ahora volveré a trabajar.
Me vuelvo hacia la puerta, pero su voz profunda me detiene.
—No me has dicho para qué necesitabas tiempo libre.
Exhalando, pongo los ojos en blanco dirigiendo a él.
—Tenía una cita con la trabajadora social de mi hermano para
discutir sobre conseguir la custodia de él. Pero ahora no importa.
Abrí la puerta y pasé a través de ella antes de que pudiera lanzar otra
pulla hacia mí.
Corro hacia arriba por las escaleras, la ira y la frustración y un
montón de otras emociones queman a través de mí.
Me meto en el cuarto de baño, tomo una toalla doblada del estante, la
presiono contra mi rostro y grito sobre ella.
¡Lo odio!
¡Lo! ¡Odio!
Nunca he tenido un odio tan profundo e instantáneo hacia otro ser
humano como lo hago con Kastor Matis.
No me malinterpreten; odio a Jason. Dios, cómo odio a ese bastardo.
Él es la razón por la que fui a la cárcel.
Pero Kas... es tan jodidamente... malo. Y sin corazón.
Él es... Kas-túpido.
Saco la toalla de mi rostro y doy algunas respiraciones profundas.
59
Cuando me siento un poco más tranquila, pongo la toalla en el
estante. Luego, poso mi trasero en el borde de la bañera, doblando mis
dedos alrededor de ella, y dejando que cuelgue mi cabeza.
Tengo que llamar a Anne y decirle que no puedo llegar a la cita,
retrasando aún más las cosas con Jesse.
¿Qué tal si no puede volver a verme durante años? ¿O si ella toma el no
llegar a la cita como algo malo, pensando que soy poco fiable?
Realmente necesito dar una buena impresión, y no puedo hacer eso
cuando ni siquiera puedo llegar a la primera cita que ella intentó fijar
conmigo.
Las lágrimas me pican los ojos.
La vida es tan injusta. Después de todo lo que he pasado, solo pensé
que merecía un descanso.
Aparentemente no.
Presiono las palmas de mis manos en los ojos para contener las
lágrimas en ellos, y doy una respiración.
Cuando siento que controlo un poco más mis emociones, alejo las
manos de los ojos, levantando mi cabeza, y mi corazón casi salta del pecho
cuando veo a Kas de pie en la puerta.
—Lo siento. —Me pongo de pie—. Estaba regresando a trabajar.
Su voz me detiene.
—Puedes tomarte el tiempo libre el viernes.
No solo estoy sorprendida por sus palabras, sino por el sonido de su
voz también. Suena gentil. Nunca lo he oído hablar así antes. Ni siquiera
cuando se disculpó antes.
—Gracias —susurro, mirando hacia su rostro.
Su mirada se cruza con la mía. Hay un parpadeo de algo...
¿compasión quizás? Pero se fue tan rápido como llegó.
—Pero quiero que llegues a las siete y media el viernes y que trabajes
durante tu almuerzo para recuperar el tiempo.
—Por supuesto.
—¿Y Daisy?
—¿Sí?
—No vuelvas a recibir llamadas personales en mi tiempo. Lo haces, y
te despediré. —Con eso, se da vuelta y se va.
¿Qué?
¿Sabía... que recibí la llamada de Anne?
¿Cómo? 60
Miro alrededor del cuarto de baño, de repente me siento muy
incómoda. Un estremecimiento me invade.
Entonces, me obligo a volver a trabajar, para no complicar las cosas.
Introduzco el código en el teclado numérico y espero a que las puertas
se abran.
Está muy silencioso. Bueno, aquí siempre está muy silencioso, pero
parece especialmente callado. Eso podía tener algo que ver con que son las
siete de la mañana.
Es viernes, y llego temprano, como prometí, así puedo marcharme
para llegar a mi cita con Anne.
No he visto a Kas en toda esta semana. No ha estado aquí cuando yo
lo he hecho. Le pregunté a Cooper dónde estaba y aseguró que Kas haría
esto de vez en cuando, desaparecer durante el día, lo que me tiene
preguntándome dónde puede ir.
Tal vez tiene una novia.
Tengo esta extraña sensación ante el pensamiento.
Quitándomelo de la cabeza, atravieso las verjas y me dirijo al camino
61
de acceso. Me desvío del camino cuando llego a los cercados.
—Hola, Butterscotch.
Butterscotch se está convirtiendo en mi caballo favorito. Ella es un
palomino4. No, no me he convertido repentinamente en aficionada a los
caballos. Cooper me lo dijo.
He estado pasando el tiempo en la cerca en mi hora de comer.
Conocí a Ellie, Peter, Mack y Tash. Todos eran encantadores.
Especialmente Ellie. Parecía realmente amigable. Me invitó a ir al pub para
comer con ellos la próxima vez que fuesen.
Es agradable que te lo pidan. Ser incluida en algo tan normal como ir
al pub para comer con mis compañeros de trabajo.
Pero, en el fondo de mi mente, no podía evitar preguntarme si todavía
me invitarían si supiesen que acababa de salir de prisión.
La otra cosa que me ha estado molestando es que, claramente, Kas no
le había dicho a nadie que estuve en prisión. Y si estoy siendo honesta,
pensé que lo haría.
Pero no me estoy quejando. Es agradable no ser juzgada en mi lugar
de trabajo. Así que, si Kas está manteniendo la boca cerrada sobre mi
pasado, lo mismo voy a hacer yo.
4
Palomino: Caballo de color tostado con crin y cola de color blanco.
También me encuentro con Dom, el jardinero. Realmente es un tipo
agradable. Después de mi pequeña discrepancia con Kas en mi segundo
día de trabajo, estaba fuera, sentada en mi banco favorito y tomando mi
comida, cuando él se acercó y se presentó.
—Te traje algunas cosas —le digo a Butterscotch. Alcanzando mi
bolso, saco dos de las cuatro manzanas que traje conmigo.
Danger, el compañero de Butterscotch, me observa con las manzanas
y se acerca trotando. Es un caballo enorme. Negro como la noche.
Hermoso.
—No te preocupes. No me olvidé de ti, Danger. —Estiro el brazo y le
doy una manzana.
Mientras giro la cabeza, algo en mi vista periférica me llama la
atención.
Y ese algo hace que me gire completamente.
Kas está de pie en su balcón. Y cuando digo de pie en su balcón,
quiero decir que está de pie sobre la barandilla de piedra.
Permaneciendo allí, con las manos en las caderas, el rostro levantado
hacia el sol de la mañana.
Está vistiendo un pantalón corto negro de deporte y una camiseta
negra. 62
Se ve como un dios.
Un dios vil.
Se agacha para sentarse al borde de la barandilla, con las piernas
colgando. Luego, desliza su trasero fuera, poniendo el pie en el alfeizar
exterior, manteniendo un agarre en la barandilla con las manos, así que
estaba de pie en el lado equivocado. El lado que no es seguro.
El corazón comienza a latirme con fuerza. Mi mirada está pegada a él.
Observo mientras lanza otra mirada hacia el cielo. Luego, sin dudarlo,
se pone en cuclillas. Una mano todavía en la barandilla, ligeramente se
inclina hacia delante.
Y salta.
El ruido estalla en mis oídos y me doy cuenta que es mi propia voz
chillando:
—¡No!
Luego, estoy corriendo hacia él, todo el tiempo con el corazón en la
garganta.
Va a morir.
¡Oh Dios mío, va a morir y no sé hacer la reanimación cardiopulmonar!
¿Por qué no aprendí a hacer la reanimación cardiopulmonar?
¿Y por qué demonios simplemente saltó?
Mi mente está yendo a un millón por minuto mientras corro hacia él,
mi bolso golpeándome en el costado.
Y observo con fascinado horror que golpea la hierba, aterrizando de
pie, casi de un modo felino. El movimiento hace que ruede hacia delante y
está de nuevo sobre sus pies en segundos.
¿Qué… demonios?
Y aún estoy corriendo.
Kas gira la cabeza, mirándome y su mirada hace que me detenga de
inmediato.
Nos separan unos diez metros.
Me mira durante un largo momento, ni un indicio de emoción en su
rostro.
Luego, el cabronazo sonríe.
Realmente sonríe. Y luego se pone a correr a través de los prados,
dirigiéndose al bosque en la parte trasera de la finca.
¿Yo? Estoy temblando como una hoja, mi corazón yendo a mil por
hora.
¿Qué demonios fue eso? 63
65
Resulta que el parkour, o freerunning, como también es llamado, es el
arte de moverse rápidamente por un lugar, normalmente un área urbana.
El traceur, que es el término correcto para una persona que practica
parkour, se mueve por los alrededores o sobre obstáculos corriendo,
saltando y trepándolos.
Saqué todo eso de internet.
Después que terminé de leerlo, me sentía un poco fascinada. Vi que
había muchos videos online. Pero no quería que Kas me atrapara usando
mi teléfono, así que tuve que esperar hasta salir del trabajo.
En el momento que estuve fuera de allí, volví a Google y miré videos
todo el camino hacia la estación y durante el viaje a casa en tren.
No puedo creer que Kas haga parkour. No porque no está en forma,
porque claramente lo está, sino porque…bueno, es muy genial, y él es un
miserable desgraciado.
Pero, obviamente, hay otro lado suyo del que no sé nada. 66
Y me da cierta curiosidad.
No lo vi por el resto del día. Cuando bajó de ducharse, se metió en su
oficina y lo dejé hacerlo.
Golpeé su puerta a las cuatro para hacerle saber que me iba, y él me
gritó desde el otro lado de la puerta, así que me apresuré a salir.
Y, ahora, estoy en casa, esperando que Anne llegue.
Estoy duchada y lista, usando mi mejor ropa de madre. Me he puesto
un vestido azul pálido. Es un vestido viejo, pero es lindo, respetable. Tiene
mangas cortas y un lindo cinturón alrededor de la cintura. Mi cabello está
atado en una trenza. Y me apliqué una ligera capa de maquillaje.
Estoy lista para ir.
Cece trabaja hasta las ocho, así que tengo la casa para mí.
Las galletas están en un plato en la mesa de café en la sala de estar.
El té en la tetera y el café en la jarra en una bandeja. Las tazas están listas
junto con la leche en una jarra y cubos de azúcar en la olla.
Estoy lista para mostrarle a Anne que he cambiado.
Incluso aunque no he cambiado. No en realidad. En el fondo, soy la
misma persona que siempre he sido. Solo un poco más desconfiada de lo
que solía ser.
Pero Anne ve lo que lee en un papel. Me ve como una ladrona y una
ex convicta. Una mujer que ocultó el hecho de que su madre había huido y
abandonado a sus hijos.
Los Servicios Sociales no ven lo bueno en mis acciones. No les
importa que haya roto mi culo trabajando para mantener un techo sobre la
cabeza de Jesse y poner comida en su estómago. Que, todos los días, me
aseguraba de que supiera cuánto era amado.
A Servicios Sociales no le importaba nada de eso.
Todo lo que ven es una mentirosa. Una ladrona. Una criminal.
Todo por culpa de Jason.
Pero no voy a ir ahí. Hoy va a ser un buen día.
No pensaré en ese pedazo de mierda.
Voy a recuperar a Jesse.
Voy a mostrarle a Anne que la verdadera Daisy, la responsable y la
confiable Daisy, ama a su hermano como su propio hijo. Él es mi hijo. Haré
lo que sea por él.
Suena el timbre y una ola de nervios me recorre. Levantándome del
sillón, paso mis temblorosas manos por mi vestido y voy hacia la puerta.
Abriéndola, veo una mujer del otro lado. Parece estar en sus 67
cincuenta. Rellenita. Cabello negro rizado que le llegaba al hombro. Rostro
amable.
—¿Anne? —He hablado con ella muchas veces por teléfono, pero
nunca la conocí en persona.
—Sí. Y tú debes ser Daisy. Jesse y tú tienen el mismo color de ojos.
Adorable. —Sonríe.
Jesse y yo tenemos ojos color ámbar con manchas de color avellana
en ellos. Bajo ciertas luces, parecían casi dorados. Es un color bastante
inusual, uno que heredamos de nuestro padre.
Es una de las cosas que en verdad me gustan sobre mí.
—Pase. —Sonrío, retrocediendo para dejarla entrar.
Cierro la puerta y la guio hacia la sala de estar. Toma asiento en el
sillón, colocando su enorme bolso en el suelo junto a ella. Me siento en la
silla de enfrente.
—Tiene una casa encantadora.
—¿Le gustaría recorrerla? —ofrezco.
—Té primero, si eso está bien. —Sonríe—. No he tenido una taza
desde el almuerzo y me muero por una.
Con una sonrisa, me estiro y sirvo té en una taza.
—¿Leche y azúcar?
—Solo leche por favor.
Vierto la leche, lo mezclo con una cuchara y se lo entrego. Me sirvo
una taza de café, añadiendo leche.
—Sírvase los bizcochos que quiera —le digo.
Toma su té.
—Oh, que deliciosa taza de té —me dice.
Siempre me han dicho que hago buen té, incluso aunque nunca lo
bebo. No sé qué hago cuando se trata del té para que tenga tan buen
sabor. Supongo que solo tengo un toque con el té.
Sonrío y sorbo mi café.
Baja su taza y mete la mano en su bolso, sacando una carpeta verde.
Tiene el nombre de Jesse en el frente.
Mi corazón late un poco más rápido.
—Entonces, ¿cómo han estado las cosas desde que saliste? —me
pregunta Anne.
—Muy bien. —Sonrío, bajando mi taza de café—. Es agradable, no
tener que ducharse con otras veinte mujeres. —Oh Dios, ¿en verdad acabo
de decir eso?—. Es decir, están muy bien. Como si nunca me hubiera ido. 68
Por supuesto, fue un poco extraño al principio, usted sabe, estar libre,
pero vivir con Cece ha ayudado mucho. Ella es mi roca. Y empezar mi
nuevo trabajo, por supuesto, ha ayudado. —Deja de hablar. Ya para de
hablar.
—¿Cómo está yendo el trabajo?
Estoy tan nerviosa que estoy comenzando a sudar.
—Muy bien. —Si no fuera por mi jefe bipolar—. En verdad lo estoy
disfrutando.
—Estás trabajando en —saca una hoja de la carpeta y la mira—, la
Finca Matis, como ama de llaves.
—Es correcto. —Junto mis manos en mi regazo.
No quiero hablar de mi trabajo. Quiero hablar de Jesse. Pero necesito
dejarla tomar el mando aquí.
—Obtuve mi primer sueldo hoy. —Sonrío.
Me mira con sus ojos amables.
—Eso es genial, Daisy. Estoy muy complacida de que las cosas estén
funcionando para ti.
—Yo también. —Sonrío, probablemente demasiado entusiasta, pero
me estoy sintiendo algo nerviosa y agitada—. ¿Puedo preguntar… cómo
está Jesse? Sé que, la última vez que hablamos, bueno, no la última vez; la
antepenúltima vez, cuando todavía estaba en prisión dijiste que lo estaba
haciendo bien. Subiendo sus notas.
Cuando me encarcelaron, Jesse se descarriló por un tiempo. Siempre
había sido un buen chico, un chico dulce y lo había hecho bien en la
escuela. Pero empezó a comportarse mal. Dejando que sus notas bajaran.
No se había portado así cuando papá murió o mamá nos abandonó.
Pero lo hizo cuando me fui. Eso fue difícil de aceptar, sabiendo lo que
involuntariamente había dejado pasar, y cuánto lo había afectado.
Sé que fue porque yo era todo lo que le quedaba.
—Sigue haciéndolo bien. Sus notas estaban casi tan altas como
antes. Sus maestros están contentos con su progreso. Recientemente
empezó a jugar fútbol. Él y algunos de los chicos con los que vive tienen
un equipo. Tim Marshall, el líder de la casa de los chicos, es el entrenador.
Han estado compitiendo en un torneo local.
—Eso es tan genial. Me encantaría verlos jugar en algún momento.
No dice nada sobre eso, y su inacción cae como rocas en mi estómago.
Esta esa pausa horrible… y hace que mis ojos ardan y mi estómago
duela.
—No voy a recuperarlo, ¿verdad? 69
Me mira directo a los ojos.
—No es un no, Daisy.
—Pero no es un sí.
—Puedo ver lo bien que lo estás haciendo. Y cuán duro estás
intentado hacer una buena vida para Jesse y tú. Pero solo has estado
fuera de prisión por cuatro días, y estás en libertad condicional. No sería
responsable de mi parte volver a poner a Jesse bajo tu cuidado en la
situación actual. Pero habiendo dicho eso, podemos volver a evaluarlo en
seis meses y ver dónde estamos.
Seis meses.
Siento que estoy muriendo por dentro.
Las lágrimas están luchando en mis ojos. Mi labio inferior tiembla. Lo
muerdo.
—Daisy, la finalidad aquí es devolver a Jesse con su familia, y esa
eres tú. Pero tengo que asegurarme de que el ambiente en el que lo ponga
sea uno estable. Necesitas tiempo para aclimatarte a la vida en el exterior.
Y esto te dará tiempo para estabilizar tus finanzas, poner tu vida en un
buen lugar y prepararte para el regreso de Jesse.
—Podré… —Mi voz se rompe, así que aclaro mi garganta y parpadeo
las lágrimas—. ¿Seré capaz de verlo?
—Absolutamente. He hablado con Jesse y él quiere verte.
—¿Sigue enojado conmigo?
Presiona sus labios.
—El enojo ha disminuido. Es como que alberga cierto resentimiento,
pero no tengo duda de que, una vez que empiecen a pasar tiempo juntos,
lo superará en poco tiempo.
—¿Cuándo podré verlo?
—Estaba pensando en el próximo sábado. Siempre y cuando Jesse
esté de acuerdo, no veo problema con que lo recojas y pasen el día juntos.
Tendrá que volver a las cinco para la cena. Pero, aparte de eso, el día será
de ustedes para hacer lo que deseen.
—Gracias —le digo.
Toma su taza de té y bebe un largo trago antes de volver a ponerla en
la mesa.
—Bueno, debo irme. Mi marido debe tener la cena esperando por mí.
Me pongo de pie al mismo tiempo que ella.
—Oh, antes de que me olvide, aquí está la dirección del lugar donde
vive Jesse. Llamaré el lunes para hacerles saber a Jesse y a ellos que irás.
Me entrega un pedazo de papel, el cual miro antes de doblarlo en mi 70
mano.
La acompaño hasta la puerta.
—Gracias por venir a verme —le digo.
Pone su mano en mi brazo.
—Intenta no sentirte desanimada, Daisy. Solo intenta recordar que
ambas tenemos el mismo objetivo, hacer lo que es mejor para Jesse.
Quiero decirle que yo soy lo mejor para él. No que viva en la casa de
esos chicos con un grupo de extraños, sino que esté aquí con su familia.
Por supuesto, no digo nada. Solo sonrío y asiento.
—Hablaremos pronto. —Sale—. Y ten un buen momento con Jesse el
próximo sábado. Llámame el lunes para hacerme saber cómo fue.
—La llamaré durante el receso para almorzar.
—Perfecto. Hablaremos entonces.
La observo irse y luego cierro la puerta.
Me apoyo contra esta, una vez más luchando con las lágrimas en mis
ojos.
No voy a recuperarlo.
Pero voy a verlo en solo una semana. Eso es algo bueno. Sé que lo es,
pero solo lo quiero conmigo devuelta aquí.
¡Maldito Jason! Arruinó mi vida.
Pero más que nada, estoy enojada conmigo misma por ser tan crédula
y estúpida. Por no ver que estaba siendo engañada.
Escucho sonar mi teléfono en la sala de estar. Voy a buscar mi
teléfono y veo un mensaje de Cece.
¿Todavía sigue ahí? He terminado de trabajar temprano, pero
puedo quedarme por aquí si necesitas más tiempo.
Decido llamarla en lugar de enviarle un mensaje.
—Hola —dice.
El sonido de su voz rompe mi determinación, y se me escapa un
sollozo. Presiono un puño contra mi boca.
—Dais ¿qué sucedió? —pregunta, preocupada.
Bajando mi mano, mi voz temblorosa, digo:
—No voy a recuperar a Jesse. Bueno, al menos no en poco tiempo.
—Oh, Dais...
—Tengo que demostrarles que soy lo suficientemente responsable 71
como para cuidarlo y que no voy a volver a terminar en la cárcel.
—Ya eras todas esas cosas. ¡Maldito Jason! —Está furiosa—. Lo juro
por Dios, cuando encuentre a ese bastardo, lo voy a matar. ¡Colgarlo por
sus pelotas y cortarle su pene!
Su enojo por Jason me tranquiliza un poco. Cece nunca ha sido
tímida para hablar. Sé que se pregunta por qué no me enojo como ella.
Pero sé que enfurecerme con Jason no me va a ayudar a recuperar esos
dieciocho meses. Y seguro como el infierno que no me ayudará a recuperar
a Jesse.
—Si le cortas la polla, ¿la cuerda no continuaría deslizándose por sus
pelotas?
—No, porque lo ataría tan fuerte que la circulación en su saco se
cortaría, y entonces sus bolas solo se encogerían y morirían.
—¿Pero no se desprenderían, y entonces él quedaría libre?
—Tal vez. Pero por lo menos estaría son polla y sin pelotas.
Eso me hace reír.
—Siempre logras hacerme sentir mejor, Ce.
—Soy la reina de la comedia.
—Eso eres.
—Entonces, ¿qué más dijo Anne?
—Dijo que podía ver a Jesse. El próximo sábado.
—Esas son buenas noticias.
—Lo son. Yo solo... —Mi sonrisa se desvanece, la tristeza filtrándose.
—Lo sé. Lo quieres en casa. Yo también lo quiero en casa. Mira, estoy
saliendo del trabajo. Voy a comprar una botella de vino camino a casa. Así
que te veo en veinte.
—Gracias, Ce. Te veo pronto. —Cuelgo el teléfono y apoyo mi cabeza
contra el sillón.
No puedo creer que fuera tan estúpida de creer que, si me vestía bien
y le daba té y galletas, me dejaría tener a Jesse de vuelta.
Es decir, no esperaba recuperarlo mañana, pero... seis meses...
Dios, soy tan estúpida.
Debí haber sabido que nada es tan fácil para mí. Tengo que luchar
por todo en esta vida.
Otro sollozo se escapa, y esta vez, no lo detengo. Solo dejo correr las
lágrimas.
72
En los auriculares, estoy escuchando a OneRepublic “Wherever I Go”.
Consigo los productos de limpieza, cubo y fregona, y engancho la
aspiradora debajo de mi brazo. La arrastro por el suelo, dirigiéndome hacia
el gimnasio.
No he visto a Kas desde que llegué hace una hora, y la puerta de su
oficina está cerrada, así que imagino que está allí.
Realmente necesito limpiar su oficina, pero no estoy de humor para
ser gruñida, así que esperaré hasta que él emerja, y luego me encargaré de
limpiar allí. Pero, mientras tanto, daré un buen repaso al gimnasio.
Cuando llego a la puerta, mis manos están llenas, así que presiono el
mango con el dorso de mi mano y empujo la puerta abierta con mi trasero.
Retrocedo en el cuarto, tirando la aspiradora a través. Pongo las cosas de
limpieza abajo, giro en el lugar, y me paro ante la vista de Kas y otro tipo
luchando. Bueno, cuando digo luchando, supongo que están entrenando.
Una gran alfombra esta tendida en el piso del gimnasio. Kas y el otro 73
tipo están descalzos, con el torso desnudo, llevando solo pantalón corto.
Sus manos están envueltas, como luchadores. El cabello de Kas está atado
con una liga. Nunca he visto su cabello así antes. Se ve bien... sexy.
Él tiene su espalda hacia mí, así que puedo ver los músculos
definidos allí, junto con sus amplios hombros. El sudor le cae por la
espalda.
Santo infierno.
Extraigo los auriculares de mis oídos, completamente fascinada.
Debería irme. Me iré.
Ahora sería un buen momento, ya que ninguno de los dos me ha
notado.
Bien, Daisy, toma tus cosas y vete.
Estoy a punto de dar la vuelta y hacer mi salida cuando el chico con
el que Kas está entrenando, capta mi atención y sonríe.
´Levanta una mano a Kas, deteniéndolo. Sus ojos vuelven a mí.
—Hola —dice. Sonriendo otra vez, me da una elevación de la barbilla.
La cabeza de Kas gira tan rápido que me sorprende que no se rompa
el cuello.
En el momento en que sus ojos me golpean, algo que luce mucho
como pánico entra en sus ojos. Pero se ha ido rápidamente, sustituido con
ira.
Um, ¿qué?
Y él ha oído hablar de mí. ¿Qué diablos se supone que significa eso? ¿Y
qué fue el ceño fruncido y la cabeza sacudiendo por todas partes?
Jude trae sus ojos de vuelta a mí.
—Ignora a Kas. Solo está furiosos porque le estaba pateando el
trasero.
Kas se burla, haciendo que Jude me sonría.
Él tiene una sonrisa realmente agradable.
Honestamente, si yo fuera mantequilla, me derretiría ahora mismo.
—Y, aquí estaba yo, pensando que era la causa eterna de su mal
humor.
—No, no lo tomes personalmente. Kas es solo un miserable bastardo
el noventa por ciento del tiempo.
—¿Y el otro diez por ciento?
—Generalmente está durmiendo.
Jude sonríe, y me río.
—Todavía estoy aquí —gruñe Kas mientras se acerca a nosotros.
Jude me guiña el ojo, haciéndome sonreír de nuevo.
—¿Estaban boxeando? —le pregunto a Jude mientras Kas se detiene
junto a él.
—MMA —responde Kas, forzando mis ojos a los de él—. Artes
marciales mixtas —termina.
—¿Te gusta el MMA? —pregunta Jude.
—Está muy bien. —Me encogí de hombros antes de echar una ojeada
a Kas, que está frunciendo el ceño. Juro, que a veces, casi parece que está
sufriendo cuando me mira.
—Terminaremos dentro de una hora —dijo Kas, con un tono muy
fuerte—. Limpia mi oficina ahora. Es el tiempo de que lo hagas.
Tengo que detenerme de decir: ¡La razón por la que nunca la he
limpiado es porque siempre estás ahí!
Reprimo un suspiro y digo:
—Bien.
Me doy la vuelta, tomo mi cubo y los suministros de limpieza y
engancho la aspiradora bajo mi brazo.
—¿Necesitas una mano? —pregunta Jude detrás de mí.
Le miro de nuevo, ignorando la mirada de Kas en mí.
—Estoy bien, pero gracias. 76
No tan agradables como los brazos de Kas. Los brazos de Kas son
muy fuertes y musculosos. Y su piel es tan encantadora. Lamible. Lamería
los brazos de Kas.
Y otras partes de él.
Mmmm, detén el jodido tren. ¿Por qué estoy pensando en Kas de una
manera sexual?
Él es otro bastardo desgraciado. El más grande de los hombres
bastardos desgraciados.
Y no me gusta. En absoluto.
—¿Segura que otra bebida es una buena idea? —me pregunta el
Lindo Barman.
Apoyo los codos en la barra y pongo mi barbilla en mis puños. Se
desliza.
Yo bufo-sonrío.
Entonces, coloqué mi barbilla en la palma de mi mano. Es más
estable.
¿Es sólo yo, o la habitación está comenzando a girar?
—Es la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. —Le doy una gran
sonrisa.
Dios, mis labios se sienten extraños. Entumecidos.
¡Pero entumecido es bueno!
Entumecido significa nada dolor.
El Barman Lindo me sonríe.
—¿Qué tal si en cambio te traigo un café?
—Mmmm... —Arrugo la cara—. ¿El café será irlandés?
Él se ríe entre dientes y sacude la cabeza.
—Entonces, no, señor. Quiero alcohol. ¡Un montón de alcohol! —
Levanto los brazos.
—Creo que lo último que necesitas es más alcohol.
—El alcohol es lo único que necesito.
—¿Por qué? —Sonríe, perplejo.
—Porque —sonrió ampliamente—, alcohol es igual a felicidad.
—¿Y por qué no eres feliz?
—¿Quién dijo que no era feliz?
—Cuando una chica guapa como tú me dice que el alcohol es igual a
felicidad, entonces me está diciendo que no está contenta cuando está
sobria. 87
Oh.
Mi sonrisa se apaga, y luego mis labios sueltos debido al alcohol
comienzan a parlotear.
—Entonces, tal vez no soy feliz cuando estoy sobria. Eso no significa
nada. Mucha gente necesita alcohol para sentirse feliz. Claro,
probablemente son alcohólicos, pero estoy pensando que debería probarlo
porque nada más está funcionando para mí. Me esfuerzo tanto, y aun así
me las arreglo para joderlo todo. Mi hermano me odia. Realmente, me odia.
—Presiono mi mano para impedir que el dolor en mi pecho regrese—. Él
desearía que estuviera muerta —susurro esa última parte.
—Estoy seguro de que no desea que estuvieras muerta.
Lo miro a los ojos.
—Oh, sí lo desea. Me lo dijo él mismo hace una hora. Pero lo que pasa
es que no lo culpo. Me odio un poco. Quiero decir, lo defraudé. La única
persona en el mundo que verdaderamente me importa, y le fallé. Tiene
razón en odiarme. Soy una maldita fracasada. Quiero decir, incluso mi jefe
me odia. ¿Y a quién realmente su jefe los odia?
—Estoy bastante seguro de que a mi jefe no le caigo bien. —El Lindo
Barman se ríe entre dientes.
—Ah, ¿lo ves? —Lo señalo, como si me hubiera dicho la cura para el
cáncer—. Dijiste que no le agradas a tu jefe. ¡Mi maldito jefe me odia!
Quiero decir, me odia como que no soporta verme. Y, claro, es un gran
imbécil. Pero él piensa que estoy buena, así que ahí está. Quiero decir,
piensa que estoy buena, pero me odia. ¿Qué tan malditamente extraño es
eso? Y, realmente, ¿qué dice eso de mí? Buena pero molesta como la
mierda, eso es lo que dice. Todos me odian. Bueno, a excepción de Cece,
pero tengo que gustarle por defecto porque nos conocemos desde siempre.
Honestamente, no sé lo que he hecho para merecerla como amiga porque
creo que merezco ser odiada. Soy una idiota. Una real idiota estúpida.
Siento humedad en mis mejillas, y me doy cuenta de que estoy
llorando. Presiono las palmas de mis manos en mis mejillas.
—Oye, no creo que seas una idiota estúpida. —El Lindo Barman me
entrega una servilleta.
—No me conoces. —Resopló, secando mis ojos—. Confía en mí, si lo
hicieras, pensarías que soy una idiota estúpida.
—Bueno, ¿qué tal si te traigo un café? Podemos ponerte sobria, y
entonces puedo conocer a tu parte sobria.
—Bien. —Le doy un agradecido asentimiento, limpiándome los ojos
porque esas malditas lágrimas siguen llegando.
88
—Quédate aquí mismo, y volveré con ese café —me dice el Lindo
Barman.
Lo veo marcharse. Tomo una profunda respiración, me limpio los ojos
otra vez. Arrugando la servilleta, la tiro en la barra.
Argh, soy una mierda.
Pongo los brazos en la barra y descanso mi cabeza sobre ellos.
Debería llamar a Cece y hacerle saber que Jesse me odia.
Alcanzando la bolsa en el taburete a mi lado, la inspecciono,
buscando mi teléfono. Mis dedos lo encuentran y se doblan alrededor de
él. Sacándolo, desbloqueo la pantalla.
La maldita cosa está borrosa.
Parpadeo, tratando de aclarar mis ojos.
Voy a mis Contactos, los cuatro registrados.
Jesús, soy patética.
Eso me soltar un resoplido/sollozo.
Me limpio los ojos mientras presiono el número de Cece. Pongo el
teléfono en mi oreja y espero.
Parece que suena por siglos.
Entonces, la línea se conecta, y una voz masculina dice:
—¿Daisy?
¿Mmm qué?
Retiro el teléfono de mi oreja y miro la pantalla.
Oh, santa madre de la mierda.
Kas.
Marqué el número de Kas en vez de Cece.
¡Jodida mierda!
Puedo oírle gritar mi nombre por el teléfono.
Tentativamente coloco el teléfono en mi oreja.
—Hola, Sr. Matis. —Trato de sonar normal. Por supuesto, mascullo
las palabras.
—Daisy —su voz es de piedra—, ¿estás borracha?
—¡No! —Sacudo mi cabeza, como si él pudiera verme—. ¡Por supuesto
que no lo estoy! —Y, por supuesto, eso también sale arrastrado. Me aclaro
la garganta y trato de concentrarme en mis palabras—. No estoy borracha.
¡Solo estoy feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Esta es mi voz feliz!
—Jesús jodido, Cristo. —Suspira—. ¿Dónde estás?
No creo haberlo convencido de mi sobriedad. 89
Mierda.
—¿Dónde estoy?
—Sí, Daisy. ¿Dónde mierda estás ahora? —Me habla como si fuera
una niña pequeña.
—No hay necesidad de maldecir, Sr. Matis. Y estoy en un bar.
—¿Qué bar?
—No sé. —Me encojo de hombros.
—Daisy... —Su voz es una advertencia baja.
—¡Bien! —Trato de pensar si vi el nombre cuando entré, pero no lo
recuerdo. Sólo recuerdo haber visto el lugar y darme cuenta de que vendía
alcohol, así que entré directamente. Miro alrededor del bar, sin ver nada—.
Mmm... no hay nada. Quiero decir, hay sillas y mesas y una barra y
alcohol... mucho alcohol. —Suelo una risita—. He tomado algunas bebidas
increíbles. Te encantaría aquí. Bueno, probablemente no. Pero tal vez
deberías tomar una copa. Puede que te afloje un poco porque estás un
poco tenso. ¡Debes venir y beber conmigo! ¡Podemos emborracharnos
juntos!
—Parece que has tenido más que suficiente.
—¡Uf! Suenas como el camarero lindo.
—¿Camarero lindo?
—Sí. Es encantador. Me ha estado dando muchas bebidas. Y tiene
muy buenos brazos. No son tan buenos como tus brazos, sin embargo. Tus
brazos son los mejores. Muy musculosos. Y tu piel me recuerda al
caramelo… oh, tengo hambre ahora. Podría solo comer...
—Daisy…
—Un Cadbury Caramel. Y el camarero lindo es dulce. Ha ido a
buscarme un café, y luego vamos a conocernos.
—¿Qué quieres decir con que van a conocerse? —Su voz es como el
granito.
—No sé. Pero él es agradable. Tú eres agradable a veces… bueno, rara
vez. —Resoplo—. Quiero decir, te comportas como un Kas-túpido casi todo
el tiempo. Pero eres agradable a veces, y es agradable cuando eres
agradable, ¿sabes a qué me refiero? Porque solo está Ce que es agradable
conmigo. Pero el camarero lindo es agradable. Así que, sí, eso es genial.
¿Te dije que mi hermanito me odia? —Me río, pero oigo el dolor en mi voz
fuerte y clara—. Es como mi hijo. Lo eduqué, y él realmente me odia. Más
que tú, creo. A menos que desees que esté muerta porque él desea que
esté muerta. Así que, si deseas que esté muerta, probablemente me odias
más.
90
Me detengo para respirar. En su lugar, un sollozo cae de mi boca.
—Mierda... Daisy... —La voz de Kas es más suave de lo que jamás he
escuchado.
Siento que la suavidad me toca. Toca ese dolor en mi pecho y lo calma
un poco.
—Dime dónde estás. —Su voz sigue siendo suave, pero esta vez, no
me siento mejor. Siento que algo se rompe en mi interior.
Sostengo esa grieta junta. Pero más lágrimas caen de mi rostro.
Agarro la servilleta y me limpio la cara otra vez.
Entonces veo a Camarero Lindo volver con mi café, así que finjo que
todo está bien, y fuerzo una gran sonrisa hacia él.
—¿Daisy? —dice Kas mi nombre, un poco más severo esta vez.
—Todavía estoy aquí. Solo espera un segundo. —Manteniendo el
teléfono en mi oreja, muevo la boquilla lejos de mi boca y hablo con el
camarero—. Quería llamar a mi amiga Cece, pero de alguna manera llamé
a mi jefe… ya sabes, el que me odia. Bueno, quiere saber en qué bar estoy,
pero no estoy segura de cómo se llama este bar, y pensé que lo sabrías.
¿Sabes?
¡Dah! Por supuesto que lo sabe, tonta.
Camarero Lindo se ríe entre dientes mientras pone la taza de café
enfrente de mí.
—The Nelson.
Muevo la bocina hacia mi boca.
—Estoy en The Nelson —repito a Kas.
—¿Y dónde está exactamente The Nelson? —Suena realmente
enojado.
Este es el Kas que conozco. Me siento más cómoda con él siendo
malhumorado conmigo. Es raro cuando es agradable.
Dejo la bocina de nuevo.
—¿Quiere saber dónde está The Nelson? Suena realmente enojado —
susurro/río.
—Estoy realmente enojado —gruñe Kas en mi oído.
—Estás realmente gruñón, ¿sabes? —digo a Kas.
—Sí, y tú eres un dolor monumental en mi culo —responde de vuelta.
—Estamos en Camden —me dice Camarero Lindo.
Pero sólo escucho a medias lo que dijo porque estoy demasiado
enfocada en lo que Kas acaba de decir, y ha encendido un fuego en mi 91
vientre.
—Mmmm, ¿soy un dolor en tu culo? ¡Eh, hola, Sr. Burro Hablando de
Orejas! ¡Eres malo conmigo todos los días! ¡Como cada día! Y no sólo
marginalmente malo. ¡Eres, como, alto nivel de malo! ¡Lo más malo del
nivel más alto alguna vez visto! Nunca he tenido a alguien siendo tan
horrible conmigo como tú. Por lo tanto, si alguien es un dolor en el culo,
¡entonces eres tú!
Mi perorata termina, la línea se queda en silencio.
Mierda.
Acabo de gritar a mi jefe por teléfono. Lo llamé borracha y le grité y lo
llamé un dolor en el culo.
Mierda.
—¿Estoy... despedida? —pregunto en voz baja.
—Dime exactamente dónde mierda esta este bar. —Su voz es baja,
mortal.
Estoy tan despedida.
—Camden. —Me estremezco.
—Quédate exactamente donde estás. Voy a buscarte.
—¿Lo harás? —Eso me sorprende. Probablemente no debería, ya que
ha estado preguntando dónde estoy durante los últimos minutos. Supongo
que solo nunca pensé que se molestaría por mí.
—Yo podré ser un Kas-túpido; como lo pusiste —¡mierda! No puedo
creer que le dijera un Kas-túpido en la cara—, pero no soy el tipo de idiota
que dejaría a una chica vulnerable, borracha en un bar sola.
—No estoy sola. Estoy con el camarero lindo…
—Exactamente. Quédate donde estás. Ni se te ocurra moverte, Daisy.
Y dile a ese camarero que, si te pone una mano encima, se la arrancaré.
De acuerdo…
¿Es extraño que encuentre eso totalmente ardiente?
—Kas...
—¿Qué? —escupe.
—¿Y si necesito el baño? Tendré que moverme...
—Dije, quieta, joder. Estaré allí pronto. —Entonces, me cuelga el
teléfono.
Apartando el teléfono de mi oído, lo miro, desconcertada.
—Mmm... viene a buscarme —digo al camarero lindo mientras bajo mi
teléfono a la barra—. Dijo algo acerca de arrancarte la mano. Y... creo que 92
podría estar despedida.
***
—Daisy.
Siento que una mano toca mi hombro.
Levanto mi cabeza de mis brazos, que están descansando en la barra,
y miro hacia arriba a la hermosa cara de Kastor Matis.
Esperaba que él pareciera enojado. Sorprendentemente, se ve
aliviado.
—¿Me dormí? —le pregunto.
Recuerdo hablar con el camarero después de que hablé con Kas.
Entonces, agaché mi cabeza, ya que de repente me sentí cansada, y
luego... nada.
—¿Estás bien? —pregunta Kas, con la preocupación clara en su voz.
Paso una mano consciente sobre mi cabello. Sólo puedo imaginarme
cómo me veo.
—Estoy bien. —Asiento.
—Andando, vamos a tu casa.
Me ofrece su mano. Agarro mi bolso y luego tomo su mano. Me ayuda
a bajarme del taburete. Espero que suelte mi mano, pero no lo hace.
Mantiene un firme asimiento de esta mientras me guía por el bar.
Echo un vistazo alrededor, viendo al camarero un poco más abajo en
la barra, sirviendo a un par de personas. Levanta una mano hacia mí.
Sonrío, avergonzada de que me dormí en un bar.
Jesús. Que completa estúpida soy.
Tropiezo un poco en mis pies, y Kas me coge por la cintura, tirando de
mí a su lado.
—¿Estas bien? —pregunta suavemente.
—Mmhmm.
Su brazo permanece a mi alrededor todo el camino fuera del bar y
hasta su auto. Me ayuda a subir a este. Tengo que admitir que me siento
un poco desolada cuando su brazo deja mi cintura.
Estoy atribuyendo mi gusto a que me toque a la cantidad de alcohol
que consumí.
Me pongo mi cinturón de seguridad y me acurruco en el asiento de
cuero de su coche. Cierro los ojos.
La puerta de su coche se abre, y luego lo oigo subir antes de que la
93
puerta se cierre.
El motor se enciende. El aire caliente sopla sobre mí, y “Boulevard of
Broken Dreams” de Green Day se reproduce suavemente en el fondo.
Siento que el coche empieza a moverse.
—¿Dónde te llevo? —pregunta.
—Casa —murmuro.
Lo oigo reír suavemente.
Nunca he oído a Kas reír antes. Es un sonido muy agradable. Como
un bálsamo para aliviar todo el dolor.
—Nunca te he oído reír antes —susurro mis pensamientos—. Es un
sonido hermoso. Deberías reír más.
Está en silencio, sin decir nada.
Preocupándome que de alguna manera he conseguido enojarlo de
nuevo, pronuncio:
—Lo siento.
—¿Por decir que tengo una risa agradable? ¿O por la llamada
borracha?
No puedo leer nada en su tono. Así que, abro un ojo y lo miro.
Sus ojos están fijos en el camino que hay delante, pero hay una suave
curvatura en sus labios, que no suele estar allí.
Calor se extiende a través de mi pecho.
Cierro mi ojo espía, sintiéndome aliviada pero agotada.
—Lo último —susurro.
Hay silencio de nuevo. Pero no se siente incómodo esta vez.
Se siente... sereno.
No es una palabra que pensé usaría alguna vez con Kas.
La pesadez recae sobre mi cuerpo. El calor, la canción y el
movimiento del coche; y si soy honesta, el olor de Kas; me adormecen para
dormir y no me molesto en pelear.
—Gracias —le susurro.
Hay una larga pausa.
Siento que el sueño comienza a reclamarme.
Entonces, escucho sus palabras suavemente pronunciadas justo
antes de que todo se vuelva negro:
—Soy la última persona a la que deberías estar agradeciendo.
94
Las sábanas están enredadas alrededor de mis piernas. Mi boca se
siente como el interior de un inodoro. Y mi cabeza está pateando a un
ritmo constante.
Gimiendo, me obligo a abrir mis ojos pegajosos. Después de algunos
parpadeos para aclararlos, mi mirada se encuentra con un techo que no se
parece al mío.
No es mi techo.
Girando bruscamente la cabeza, ignorando el dolor que provoca, veo
que no estoy en mi dormitorio. Parece familiar, pero no estoy segura...
¿Dónde diablos estoy?
Me siento rápidamente, con la cabeza aturdida. Presiono la mano
contra mi frente mientras el pánico hace que mi corazón lata desbocado.
Entonces, me doy cuenta de que la cama en la que estoy sentada, es una
cama en una de las habitaciones de la Finca Matis.
95
¿Qué demonios estoy haciendo aquí?
Y entonces todo vuelve inundándome, como una mala película.
Ah... mierda.
Vi a Jesse ayer, y me dijo que me odiaba. Presiono la palma de mi
mano contra mi pecho, empujando el dolor que lo atraviesa.
Después de Jesse, me encontré un bar en mi camino.
Me emborraché. El Camarero Lindo. Llamar borracha a Kas. Él
viniendo al bar a buscarme. Poniéndome en su auto. Quedarme dormida…
¿Por qué me trajo aquí? ¿Por qué no me llevó a casa? ¿Qué hora es?
Mis ojos van al reloj de la mesita de noche, notando un vaso de agua
colocado junto a este.
Siete y media de la mañana.
¿Cómo en, las siete y media de la mañana del domingo?
¡Mierda!
¡Cece!
Ella estará muy preocupada. No la llamé, como dije que haría, y
estuve fuera toda la noche.
Arrancado la sábana de encima de mí, salto de la cama, buscando mi
bolso, pero no se ve por ninguna parte.
Sin embargo, veo mi vestido de ayer colgado sobre el respaldo de la
silla en el tocador, y mis zapatos están junto a él en el piso.
Miro hacia abajo a mí misma para encontrar que estoy usando una
camiseta negra Kasabian que llega a la parte posterior de mis muslos.
Debe ser la camiseta de Kas.
Eso significa que...
Oh Dios mío.
Me desnudó y me cambió de ropa. Todavía tengo el sujetador y las
bragas.
Gracias a Dios.
Me quito la camiseta, consiguiendo una bocanada del olor de Kas
cuando me pasa por la cara. Agarro mi vestido y me lo pongo. Entonces,
rápidamente tiendo la cama.
Agarro el vaso de agua y me lo bebo rápidamente. Llevando el vaso
conmigo, tomo mis zapatos y la camiseta, así puedo ponerla en la
lavandería.
Me las arreglo para salir del dormitorio y al silencioso pasillo.
Con el corazón golpeando, mis zapatos y la camiseta de Kas,
aferrados en mi pecho, me dirijo a la planta de abajo. 96
Echo un vistazo a la puerta de su oficina que está cerrada.
Tengo que hablar con Kas. Primero, darle las gracias por cuidarme.
Entonces, preguntarle si sigo teniendo trabajo. Y, si no, entonces rogarle
que me devuelva el empleo.
No soy reacia a mendigar en este caso.
He arruinado las cosas demasiado.
No se verá bien para mí si Toby descubre que he sido despedida por
emborracharse y comportarme como una completa idiota.
Y se verá todavía peor para Anne. Podría hacerme retroceder aún más
con Jesse.
No es que Jesse y yo pudiéramos estar más alejados. No quiere tener
nada que ver conmigo.
Pero necesito demostrarle que estoy aquí para quedarme. Y aquí para
quedarme significa que necesito este trabajo.
Tomando una respiración profunda, me dirijo a la cocina para poner
la camiseta en la canasta de la lavandería. Luego, iré a su oficina y me
enfrentaré a la ira de Kas.
Empujo la puerta de la cocina y mi corazón se hunde en mi pecho
cuando veo a Kas sentado a la mesa, mirando fijamente su teléfono, un
plato vacío y una taza, colocados frente a él.
Lleva vaqueros y una camiseta ajustada que muestra las líneas de su
cuerpo. Su cabello un poco más desordenado que de costumbre, un lado
escondido detrás de su oreja.
Se ve bien. Pero siempre se ve bien. Odio eso.
Levanta los ojos de su teléfono hacia mí.
Su mirada me atraviesa.
—Hola —digo, tragando mis nervios.
—Hola. —No hay tono en su respuesta, no me da nada en cuanto a lo
que está pensando.
Me muevo lentamente hacia él, atravesando la cocina. Sus ojos
permanecen enfocados en mí todo el tiempo.
Me deslizo en el asiento frente a él. Pongo el vaso vacío sobre la mesa,
mis zapatos en el suelo junto a mí, y mantengo su camiseta en mi regazo.
Realmente no sé por dónde empezar, con qué ir. Mis ojos vagan por la
habitación y luego se quedan en mi bolso que está colocado sobre la
encimera.
Necesito llamar a Cece, sin embargo, necesito hablar con él primero.
Pero se me adelanta.
—Tu teléfono seguía sonando y sonando. No quería despertarte. Pensé 97
que debía ser importante, si alguien estaba llamando, así que contesté por
ti. Era tu amiga, Cece. Estaba preocupada porque no sabía nada de ti. Le
dije que estabas aquí, que estabas a salvo, y que estarías en casa por la
mañana.
Habló con Cece. Oh Dios mío.
Bueno, al menos no se quedó preocupada por mí toda la noche. Pero
será un infierno de conversación interesante la que tendré con ella más
tarde.
—Gracias —digo. Entonces, no puedo evitar preguntar—: ¿Por qué no
me llevaste a casa?
Me penetra con una mirada que me tiene retorciéndome en la silla.
—Porque no sabía dónde vivías. Te desmayaste antes de decírmelo.
—Mi dirección está en tus registros de empleados —desafío.
—Los cuales están aquí.
Oh. Sí.
—¿Cómo llegué a la cama?
Él me da una mirada que indica claramente que piensa que soy una
tonta.
—Te cargué.
—Estaba tan inconsciente, ¿eh?
—Sí. No creo que una bomba explotando te hubiera despertado.
—Lo siento.
—No lo hagas. Fue gracioso, escucharte roncar.
—¡No ronco! —digo, horrorizada.
Sus labios se curvan hasta convertirse en una asombrosa sonrisa, y
se echa a reír.
Un recuerdo de mí diciéndole ayer que tenía una risa hermosa y que
debería reír más se desliza por mi mente.
—¿Realmente ronco? —le pregunto.
Sonríe y asiente.
—Como un cerdo.
Me gusta que esté sonriendo, así que no peleo con él por eso.
—Debe haber sido el alcohol porque no ronco normalmente.
—Mmmm... sí, supongo.
Puedo oír la risa en su voz. Hace que mi corazón se emocione.
Curvo mis dedos alrededor de su camiseta y luego recuerdo despertar
en ella. 98
Mi cara se sonroja.
—¿Me has, mmm...? —Me muerdo los labios—. ¿Desnudado? —Me
estremezco por las palabras.
Hay un largo silencio.
Le echo un vistazo a través de mis pestañas.
Y estaría mintiendo si dijera que no he visto el destello de calor en sus
ojos. O que no me veo afectada por ese destello de calor.
—Pensé que te sentirías más cómoda con mi camiseta. Pero no te
preocupes, Daisy. Fui un perfecto caballero. Casi no vi nada.
—Pero sí viste un poco.
Oh Dios mío. ¿De verdad acabo de decir eso?
Quiero morirme en mi asiento, pero me obligo a permanecer firme y
sostener su mirada.
La expresión de Kas no vacila. Ni siquiera un parpadeo.
Entonces, las comisuras de sus labios se curvan un poco.
Me gustaría decir que no estoy afectada por eso tampoco, pero no.
Me estoy retorciendo, y estoy caliente en lugares que no han estado
calientes en mucho tiempo.
—Bueno, gracias por cuidarme —logro decir—. Y por el préstamo de
la camiseta. La lavaré.
Levanta un hombro en un medio encogimiento.
—¿Quieres un café? ¿Algo de comer? —pregunta mientras se levanta
de su asiento, tomando su plato y su taza, junto con mi vaso de agua
vacío.
Casi me caigo de la silla de la conmoción.
—Mmm... el café sería genial. Gracias.
Lo veo servirnos una taza a cada uno. Luego, añade leche en la mía.
Ni siquiera me di cuenta de que sabía cómo tomaba mi café.
Pone mi bebida delante de mí y luego se sienta en su asiento frente a
mí, sosteniendo la suya en su mano.
—Deberías comer algo. Supongo que tienes una resaca infernal.
Lo veo tomar un sorbo de café.
—Me he sentido mejor. —Ofrezco una pequeña sonrisa—. Pero no
creo que pueda manejar nada en este momento.
Curvo mis manos alrededor de mi taza y la levanto a mi boca,
tomando un pequeño sorbo.
Dios, sabe bien. Hace un maldito buen café. 99
103
Kas
Salgo de la plataforma y hacía la acera, saliendo de la estación,
sorprendida de ver su auto ahí estacionado.
¿Está esperando por mí?
Seguramente no.
Insegura de porqué está aquí, camino hacia la rampa.
¿Debería acercarme a su auto o simplemente fingir que no lo he visto?
No quiero acercarme si está esperando a alguien más y luego tendré
que alejarme… pareciendo una perdedora.
¿Y por qué es una decisión tan grande?
Por Dios santo, Daisy, simplemente acércate y saluda. Luego, aléjate si
no te ofrece un paseo… lo que es más que probable que no hará.
Salgo de la acera hacía la calle. Su auto está estacionado justo frente
104
a mí.
Nuestras miradas se encuentran a través de la ventana del pasajero.
Ignoro la forma en que mi corazón se acelera por tener sus ojos
clavados en mí.
Baja la ventanilla del pasajero. Camino hacia su auto.
—Daisy —pronuncia mi nombre bajo.
Eso es. Dice mi nombre y un estremecimiento de gusto me atraviesa,
lo que es ridículo.
Totalmente ridículo.
Sólo porque fue amable ayer conmigo y me creyó cuando le conté que
era inocente, no la ladrona que pensó que era, no significa que nada
cambiase.
¿Lo hace?
Aún es mi jefe. Y aún no me gusta mucho.
Y no le gusto.
¿Cierto?
—Hola, Kas. —Se siente extraño, decir su nombre. Nerviosamente me
coloco un mechón de cabello detrás de la oreja—. ¿Qué estás haciendo
aquí? Quiero decir… estás aquí… y normalmente no estás aquí, en la
estación de tren.
Jesús… Daisy.
Kas se ríe ante mi diatriba.
Le hice reír.
Sí, estoy rebosante. Y, sí, estoy contando sus risas.
Simplemente es muy extraño escucharlo reír, y me gusta la forma en
que me hace sentir cuando lo hace, así que estoy contando.
—Estaba cerca, haciendo un recado —me comenta—. Vi tu tren
detenerse. Pensé en acercarte. Librarte del paseo.
Santa… vaya.
El Kas de la semana pasada nunca habría pensado en detenerse y
acercarme. Aquí está un tipo que pasó a mi lado en la lluvia y me salpicó
con un charco.
Es un seco día soleado y aquí está, ofreciéndose a llevarme al trabajo.
Puede que me desmaye.
—Está bien. Bueno, gracias. Lo aprecio.
Me da un suave asentimiento en respuesta, haciendo que el cabello le 105
caiga sobre los ojos. Lo aparta con los dedos, colocándose el cabello tras la
oreja. El sol se refleja en los mechones, haciendo que parezca más claro de
lo que es.
Me pregunto si su cabello es tan suave como parece.
Hoy también lleva una barba incipiente. Se ve bien en él. Lo hace
incluso de rasgos más duros y guapo.
Dios… es guapo…
—¿Daisy?
—¿Ummm?
—¿Vas a entrar en el auto o simplemente vas a permanecer ahí,
mirándome todo el día?
Y… aquí está.
Mi rostro se vuelve rojo brillante.
—Oh, um… sí, por supuesto —balbuceo, alcanzando la manija. Abro
la puerta y me deslizo en el asiento de cuero.
No puedo creer que lo estuviese mirando.
Por Dios santo, Daisy, deja de suspirar por él. Claro, ayer fue
agradable y hoy está siendo agradable, pero no significa nada.
Honestamente, estoy empezando a creer que prefiero más a Kas-
túpido. Al menos sabía cómo comportarme con él. Kas-agradable… me
confunde muchísimo.
Dejo el bolso en el suelo y me pongo el cinturón de seguridad.
Kas enciende el motor. “Creep” de Radiohead suena en el aparato de
música.
—¿Cómo te sientes? —pregunta, alejándose de la estación.
¿Quiere saber cómo me siento?
—Mucho mejor. Gracias. —Miro hacia él—. Sé que ya lo he dicho,
pero sólo quiero volver a decir cuánto lo siento por lo que pasó este fin de
semana.
—Está bien, Daisy.
Curvo los dedos en el regazo, escuchando la evocadora voz de Thom
Yorke.
—Me encanta esta canción —comento.
Asiente.
De acuerdo…
—¿Cómo fue el resto de tu fin de semana? —pregunto, intentando
algo diferente. 106
—Bien.
—¿Qué hiciste?
Me mira. La mirada en sus ojos es casi penetrante y, por alguna
razón, hace que contenga la respiración.
Aparta los ojos de mí y de vuelta a la carretera y tomo ese tan
necesitado aire.
—Salí a dar una vuelta.
—¿En caballo?
Aprieta los labios.
—Sí, Daisy, en caballo.
—No sabía que montaras.
—Llevo un establo.
—Lo sé. Quiero decir, no te he visto montar. Sólo pensaba… no sé. Yo
no monto. Cooper se ofreció a enseñarme, no creo que vaya a ser buena.
—¿Cooper se ofreció a enseñarte?
Siento los ojos de Kas quemar a través de mí. Llevo mi mirada a la
suya. Hay algo brillando en sus ojos que no puedo descifrar.
Aleja la mirada antes de que pueda llegar a tener una oportunidad de
intentarlo.
—Sí, él, um… comentó que si quería aprender saldría conmigo. En mi
hora de comer, por supuesto.
—Yo te enseñaré a montar.
¿Qué?
—¿Qué?
—Quieres aprender a montar. Yo te enseñaré.
Vaya… um…
—¿Qué hay de Cooper?
Lo veo apretar las manos alrededor del volante.
Desliza la mirada hacía la mía, y me clava con una mirada que hace
que me quiera volver invisible.
—¿Qué hay de Cooper? —Su tono suena molesto.
Bueno…
—Sólo… —Me aclaro mi repentinamente seca garganta—. Cooper se
ofreció primero, eso es todo, y yo, um… —Me quedo sin palabras
lamiéndome los labios secos. 107
Kas mueve la mirada a mis labios, luego la aparta completamente,
devolviéndola a la carretera.
—Cooper no puede montar una mierda. —Su voz es baja.
Parece enfadado. Por mi vida, que no sé por qué.
Pero entonces, ¿Kas necesita alguna razón?
—¿No es el encargado del establo?
—Lo contrataron mis padres, no yo. —Frunce el ceño.
Está bien entonces…
—Estate preparada a la una y te llevaré a un buen paseo.
Me río. No puedo evitarlo.
Lo siento, pero sonó sucio.
O tal vez, simplemente tengo una mente sucia.
Kas dirige su mirada confusa hacia mí, alzando la ceja con
interrogante.
—Nada —murmuro, retorciendo las manos, mientras noto el calor
subir en mis mejillas.
Kas debe repetir las palabras en su mente porque, un segundo
después, veo una luz aparecer en sus ojos.
—Una vuelta en caballo —aclara.
Puedo escuchar el toque de humor en su voz, y curvo los labios.
—Lo sé, lo siento. Sonó…
—Pervertido —termina él.
—Iba a decir sucio, pero pervertido funciona.
Sonrío. Lleva los ojos a los míos y sonríe.
El calor irrumpe en mi estómago.
Realmente me gusta cuando me sonríe. Cada vez que lo hace, me
siento como si hubiese ganado algo realmente especial.
Jesucristo, Daisy. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste empalagosa
con alguien? Acabaste en prisión.
—Hay algún equipamiento de montar de sobra en el trastero —me
cuenta, con los ojos de nuevo en la carretera—. Debería servirte.
—Está bien, gracias. Debería ir a tu oficina o…
—Encuéntrame en los establos. A la una en punto —indica.
—Una en punto. Lo tengo.
Kas se detiene ante las verjas de la finca. Presiona un botón en el
tablero y las verjas comienzan a abrirse. 108
Hacemos el resto del camino hasta la casa en silencio.
Mi estúpido estómago está dando volteretas ante el pensamiento de ir
a montar con Kas. Mi cabeza está sufriendo una confusión severa de
porqué mi estómago está tan feliz por ello. Debe ser la excitación de
montar a caballo por primera vez. No puede ser nada más.
¿Verdad?
También, estoy intentando averiguar por qué se ofreció a montar
conmigo. ¿Por qué no deja simplemente que Cooper me acompañe?
Conozco a Kas y ayer llegamos a una especie de tregua, pero aún sigo
sin gustarle.
Y aún sigue sin gustarme.
¿Cierto?
Vestida con pantalón de montar, un polo blanco de la Finca Matis y
botas de montar, camino hacia las caballerizas.
Fuera de los establos, veo a Kas con Butterscotch. Está poniendo su
silla.
Lleva un polo blanco, similar al mío, pero sin el logotipo, y pantalón
ajustado marrón oscuro, no completamente pantalones de montar. Están
metidos en botas de montar negro.
El chico incluso se ve sexy en equipo de equitación. Es serio, es
molesto.
—Hola —digo mientras me acerco—. ¿Dónde están todos?
Estaba preocupada por chocar con Cooper y que me viera recibiendo
una lección de Kas después de que él ya se ofreció.
—Están en el almuerzo —dice mientras aprieta las correas en la silla
de montar de Butterscotch.
109
Estoy un poco aliviada al oír eso.
—¿Estoy montando a Butterscotch? —le pregunto.
—Sí. Ella es un paseo fácil. Bueno para un principiante.
—Hola, chica. —Acaricio su cara—. No tengo manzanas hoy, me temo.
Pero te traeré algunas mañana. Los buenos, ya que me dejas montarte.
Kas termina con la silla y me mira.
—Tengo que equiparte con un casco de montar.
—Está bien. —Lo sigo al establo vacío al final donde guardan todos
sus arreos.
Mírame, yendo con jerga de caballos.
Kas saca un casco del estante. Espero que me la pase para
ponérmelo, pero en lugar de eso, camina directamente delante de mí y
coloca el casco en mi cabeza. Está tan cerca que puedo oler la menta en su
aliento y el aftershave5 en su piel. Es claramente picante con un toque de
cedro en ello.
No voy a mentir. Su proximidad hace latir mi corazón un poco más
rápido y mis entrañas se aprietan.
—¿Hola?
—¿Daisy?
—¿Jesse? —Su nombre sale de mí en un suspiro.
—Sí, soy yo.
—¿Está todo... estás bien? —Mi corazón se acelera en mi pecho.
—Estoy... —vacila. Hay algo en su voz. Suena preocupado—. Estoy en
un lío.
Y mi corazón cae al suelo. Todos los pensamientos y dolores de Kas se
borran.
—Necesito tu ayuda, Mayday. ¿Puedes venir a buscarme?
Él me necesita. Me llamó Mayday.
—Dime dónde estás. Estoy yendo en este momento.
—Tengo que irme —le digo a Kas mientras lo paso sin mirarlo.
Pronuncia mi nombre. Lo ignoro y sigo caminando.
—Daisy. —Su voz es tan firme como la mano que rodea la parte
superior de mi brazo, deteniéndome.
—¿Qué? —espeto, girando para enfrentarlo.
—¿Qué demonios está pasando? —Sus cejas están fruncidas. Se ve
enojado.
Eso nos hace dos.
—Podría preguntarte lo mismo —inquiero. Entonces, de inmediato lo
lamento—. Mira… lo que sea. Tengo que irme. Despídeme si tienes que
hacerlo.
Algo destella en sus ojos, pero no me importa lo bastante en este
momento para intentar descubrir qué fue.
Libero mi brazo de su mano y luego me muevo de nuevo. 120
Oigo un gruñido detrás de mí.
—Por el amor de Dios, ¡solo espera! —grita justo antes de volver a
sujetarme el brazo, dándome la vuelta para mirarlo.
—¡No tengo tiempo para esto! —grito en respuesta.
Veo sorpresa en sus ojos y me da una dulce satisfacción.
Sí, imbécil, también puedo gritar.
—Tengo que irme. —Bajo mi voz—. Mi hermano me necesita y tengo
que irme.
—¿Jesse? ¿Está bien?
—¡No lo sé! Es por eso que tengo que ir por él. ¡Así que déjame ir!
Tiro de mi brazo y lo suelta.
Pero sus siguientes palabras me detienen.
—Te llevaré a él.
Me llevará a Jesse, ¿pero no soy lo bastante buena para besar?
Lo que sea.
Necesito ir con Jesse y aceptar que Kas me lleve me hará llegar más
rápido allí que si llamo un taxi, lo cual no sería capaz de permitirme.
—Eso sería de gran ayuda. Gracias —digo sin encontrarme con sus
ojos.
Asiente.
—Solo déjame tomar las llaves del auto.
Sigo a Kas por la casa, tomando mi bolso del armario de los abrigos
mientras alcanza las llaves de su auto de su oficina.
—¿Lista? —pregunta, entrando en el vestíbulo.
Asiento y luego lo sigo a su auto.
Estamos sentados dentro cuando me pregunta dónde ir.
Suspirando silenciosamente, descanso mi codo en la puerta y apoyo
la cabeza en mi mano. Miro por la ventana mientras las palabras de Jesse
hacen eco en mi mente después de que le hiciera la misma pregunta.
“Estoy en el mini-mart en The Broadway”.
Ni siquiera había preguntado por qué se encontraba en un
supermercado y necesitaba mi ayuda.
Tengo una idea bastante buena de porqué está allí y necesita mi
ayuda, pero realmente, en serio, no quiero que sea verdad.
Sin embargo, de cualquier manera, no importa. Si Jesse me necesita,
estoy ahí. 121
134
Él me está besando.
Santa mierda. Kas me está besando.
¡Él me está besando!
Toma la quinta parte de un segundo para que pase la conmoción.
Luego, la sensación de sus labios contra los míos se registra, y la suerte
está echada.
Mi mano libre encuentra su camino hacia su pecho, dedos
enrollándose en su camisa. Separo mis labios con un suave gemido. Se
aprovecha de eso y desliza su lengua en mi boca, besándome más
profundamente. Y devuelvo lo mejor que puedo.
Kas me apoya en la pared, su boca todavía firmemente en la mía.
Su mano agarra mi muñeca. Sujeta mi brazo a la pared y luego mete
la mitad inferior de su cuerpo con el mío. Atrapándome. No es que esté
buscando escaparme pronto. O alguna vez.
135
Y, santo infierno... está duro. Puedo sentir su erección clavándose en
mi estómago.
Lo puse duro con solo un beso.
¡Viva, yo!
La sensación de él duro y presionado contra mí con su lengua
barriendo deliciosos golpes sobre la mía me tiene retorciéndome. Estoy
bastante segura de que mis bragas también están húmedas.
Dios, el hombre puede besar.
Podría escribir canciones sobre cuán bien puede besar.
Pero eso sería extraño. Y, también, no puedo escribir ni mierda.
Kas baja mi muñeca y sostiene mi rostro con ambas manos, y luego
inclina mi cabeza para que pueda besarme exactamente como él quiere. Y
no tengo absolutamente ningún problema con eso.
Deslizo mis manos alrededor de su espalda, queriendo sentirlo, sólido
y fuerte bajo mis dedos.
Su lengua barre mi labio inferior, haciéndome gemir y moverme
contra él.
Siento un estremecimiento correr a través de él, y se presiona aún
más fuerte contra mí.
—Joder, cariño —gime antes de tomar mi boca de nuevo.
Me besa con más intensidad, bordeando en la locura.
Y yo le correspondo caricia por caricia.
Nos estamos jalando el uno al otro, ambos tomando lo que
necesitamos.
Básicamente jodiendo el infierno en la boca del otro.
Todo él está contra mí, y, aun así, no me siento lo suficientemente
cerca.
Quiero más de él. Quiero todo de él.
Engancho mi pierna alrededor de la suya. Su mano deja mi rostro y
se desliza hasta mi muslo. Él levanta mi pierna más alto, enganchándola
alrededor de su cadera.
Desplaza la parte inferior de su cuerpo, moliéndose contra mí.
Justo en el mismo lugar donde lo necesito. El lugar que está rogando
por su toque.
Sus dientes rozan sobre mi labio inferior cuando empuja contra mí.
—Sí, Kas —gimo.
Y ahí es cuando todo cambia. 136
O se detiene. O va mal.
No estoy muy segura de lo que sucede. Todo lo que sé es que él ya no
se mueve, ya no me besa.
Se echa hacia atrás, mirándome como si ni siquiera me conociera. Sin
saber por qué está aquí.
Sus cejas se juntan, y aprieta sus ojos cerrándolos. Luce como que
está sufriendo.
Una fría, sensación enfermiza se filtra en mi estómago.
Mis manos caen de él.
Sus ojos se abren. La mirada que veo en ellos... arrepentimiento.
Maldito arrepentimiento.
Siento como si hielo acaba de ser derramado sobre mí, los fragmentos
agudos y punzantes contra mi piel.
Su mano se desliza de mi muslo, dejando caer mi pierna al suelo. El
sonido de mi zapato golpeando el suelo de baldosas es fuerte en este
doloroso silencio.
Se aleja de mí.
Mi pecho se hunde.
—Kas...
Él gira sobre su talón y se aleja, dejándome aquí.
¿Qué?
Me hundo de nuevo contra la pared implacable.
¿Que acaba de suceder?
Estábamos aquí y nos besábamos, y fue increíble. Quiero decir, él
parecía estar disfrutando. Y luego... parecía que ni siquiera sabía por qué
me estaba besando, y se alejó sin decir una palabra.
No lo entiendo.
O…
Tal vez sólo recordó exactamente a quién estaba besando.
Oh Dios.
Me siento enferma.
Realmente piensa que estoy por debajo de él.
Tal vez lo estoy.
Soy muy pobre. Recién salida de la cárcel. Llevo más equipaje que el
aeropuerto de Heathrow.
Soy basura.
¡Soy su ama de llaves, por el amor de Dios! 137
Mis ojos comienzan a picar con lágrimas. Las presiono con las palmas
de mis manos.
Kas es apuesto y rico. Sí, él es un imbécil el noventa por ciento del
tiempo, pero la gente rica llega a ser imbécil.
Entonces, ¿por qué en el mundo un tipo como él quiere una chica como
yo?
Él no lo haría... claramente.
Obviamente se perdió en el momento. Yo era una manera fácil de
pasar unos minutos.
¿Y no lo dejé? Hubiera tenido sexo con él si lo hubiera pedido.
Jesús. Soy tan tonta.
Mi cara comienza a arder con vergüenza y humillación.
¿Nunca aprendo? ¿No me quemé lo suficiente por el último hombre al
que dejé acercarse?
Y besarlo a él, de todas las personas... mi jefe.
Pero fue él quien me besó. No fue como si yo me lanzara contra él. Él
lo inició. Y luego actuó como un caso mental después.
Un completo idiota.
Es decir, ¿quién hace eso? ¿Quién besa a alguien y luego se aleja?
Un estúpido, eso es quién.
Kas-túpido.
Bien, que se joda.
No necesito su mierda.
Sólo necesito este trabajo.
Tomo unos cuantos tragos de aire, pero el aire aquí sólo se siente
grueso y pegajoso, y todo lo que puedo oler en mi piel es a Kas. El olor de
su maldita loción de afeitar.
Enderezándome, me empujo de la pared y mi cabeza hacia la puerta
trasera… en dirección exactamente opuesta por donde Kas se fue.
Sólo necesito salir, tomar aire fresco. Aclarar mi mente. Averiguar
cómo manejar esta monumental cagada.
Me dirijo hacia atrás y alrededor del lado de la casa, necesitando algo
de tranquilidad.
Me apoyo contra la casa y descanso mi cabeza.
Suspirando, cierro los ojos. Pero cuando lo hago, todo lo que pasa es
que veo a Kas besándome. Recuerdo la sensación de sus labios en los
míos, como si estuviera sucediendo de nuevo en este momento. 138
—Y galletas.
—No puedo olvidar las galletas. ¿Te has quedado sin ellas también?
Su sonrisa se profundiza.
—Por suerte para ti, hay leche en la nevera y un montón de galletas
en la despensa. Las tomaré por ti.
—Antes de que lo hagas. —Me detiene con una mano en mi brazo, que
rápidamente quita. —Yo, um... quería preguntarte... —Él se mueve en sus
pies, pasando una mano por su cabello, evitando mis ojos—. Bueno, ¿me
preguntaba si querrías tomar algo el jueves por la noche?
—¿Con todos los chicos? Por supuesto. —Sonrío ante la idea de ser
invitado a una de sus salidas.
—En realidad... —Levanta sus ojos a los míos—. Quiero decir, solo tú
y yo.
—Oh. —Oh.
—Quiero decir, es genial si no quieres...
—No, está bien. —¿Lo es?—. Quiero decir, claro. Sí. —Daisy... ¿qué
estás haciendo?
Sus ojos se iluminan, sus labios se elevan en una gran sonrisa.
Mierda, ¿qué estoy haciendo? Me gusta Cooper... pero Kas... y ya he
dicho que sí.
—Sí —repito con una sonrisa.
Su sonrisa se profundiza.
—Genial. Bien, ¿qué tal si me das tu número, y puedo enviarte un
mensaje para arreglarlo.
—Por supuesto. Pero, primero, déjame que te traiga la leche y las
galletas. —Y golpear mi cabeza contra la pared mientras estoy en ello.
Lo dejo entrar primero. Mirándolo a la vuelta de la esquina, dejo
escapar un leve gemido.
Jesucristo, Daisy, ¿a qué demonios estás jugando?
Ser besada por Kas, y luego Cooper me invita a salir en una cita, todo
en el espacio de veinte minutos.
Gran trabajo, Daisy. Realmente, bien hecho.
Creo que escucho movimiento en el balcón de Kas. Levanto mi cabeza
rápidamente. Me muevo de nuevo para obtener una visión clara, pero
nadie está allí, y la puerta corrediza de su dormitorio está cerrada.
Debe haber sido un pájaro o la brisa o algo así.
—¿Daisy? ¿Vienes o qué? —La alta voz de Cooper viene de la parte 140
trasera de la casa, regresándome al ahora.
Suspirando, le digo:
—Sí, ya voy.
—Siéntate quieta, ¿quieres? Honestamente, Daisy, eres peor que
algunos de los niños cuyo cabello tengo que cortar.
—Lo siento. Simplemente no sé si es buena idea hacer ese esfuerzo
con mi cabello cuando no estoy realmente segura que debería salir con
Cooper. No quiero arreglarme y darle una idea equivocada.
Cece baja el rizador, y me da una mirada fija en el espejo.
—Uno, es tu primera cita desde que saliste de... —duda—… ese lugar.
Cece no se refiere a eso como prisión. Creo que piensa que me
molestará si menciona la cárcel, pero no lo hace. Honestamente, creo que
le molesta más, el hecho que haya estado allí y no podía hacer nada para
ayudarme.
—No es una cita, Ce. Somos sólo amigos y compañeros de trabajo que
van a tomar algo.
Me da una mirada.
141
—Él te pidió que salieran. Es una cita. ¿Y por qué crees que no
deberías salir con él?
Resoplo.
—Porque me lo preguntó literalmente minutos después que tuviera mi
lengua en la garganta de mi jefe, y no estaba pensando exactamente en
eso.
Mi estómago se retuerce en placer y dolor por el recuerdo.
No he visto a Kas desde que se alejó de mí ayer.
Después de entrar en la casa con Cooper, después de aceptar
desastrosamente su oferta de ir a tomar una copa, estábamos en la cocina,
y oí la puerta principal cerrarse de un golpe. Entonces, el auto de Kas
aceleró ruidosamente.
No regresó a casa por el resto del día. Y no estuvo en casa ayer ni hoy.
No sé dónde ha estado. Pero sí sé que me está evitando.
Lo sé porque su cama estaba claramente desordenada las dos
noches. Tuve el placer de hacerla, ambas mañanas.
Obviamente, se levantó temprano y se fue antes que yo llegara a
trabajar, y se quedó fuera hasta que me fui.
Al principio, me sentí aliviada, porque me salvó de una conversación
incómoda. Pero, una vez que el alivio se fue, la ausencia comenzó a
doler. Y todo sirvió para recordarme por qué dejó de besarme en primer
lugar.
Y esto de ir a tomar unas copas con Cooper es estúpido. Tengo
suficientes problemas con un chico en el trabajo, sin mezclarme con otro.
—Voy a cancelarle a Cooper —digo con decisión, agarrando mi
teléfono, que está en el tocador donde estoy sentada.
—No te atrevas, Daisy May Smith. —Mi mano se detiene sobre el
teléfono, mis dedos se curvaron alrededor—. Deja el teléfono, Mayday. —
Hay un tono impenetrable en su voz.
Dándole una mirada fea, lentamente aparto mi mano del teléfono.
—No, escúchame. Por encima de cualquiera, mereces una noche
libre. Después de todo lo que has pasado, te debes una noche con un buen
chico que también es sexy. Y australiano. Así que, ya sabes, su acento. —
Sonríe.
—De acuerdo, tienes puntos por el acento. Pero dije guapo. No sexy.
—Es lo mismo.
—Jason era sexy. —Ella me frunce el ceño—. Y pensaba que era un
buen tipo —continúo—. Mira dónde me llevó eso.
Su ceño se desvanece rápidamente.
142
—Jason es una plaga en la sociedad. Una pérdida de perfectamente
buen aire. Odio a esa basura y le deseo lo mejor en el infierno cuando lo
envíe allí. Pero así no son todos los hombres, nena. No quiero que lo que
pasó con ese idiota haya arruinado a todos los hombres. Y no estoy
sugiriendo que tienes que tener una relación con Cooper o incluso confiar
en él de inmediato. Pero quiero que salgas a divertirte. Deja que alguien te
invite un trago o una cena, en este caso, sólo un trago. Te lo mereces,
Dais.
—Lo sé. —Suspiro—. Pero se siente mal.
—¿Por causa de Kas?
Cece sabe todo lo que ha pasado entre Kas y yo. La he mantenido al
tanto de todos los acontecimientos de mi vida. Es mi mejor amiga. Le
cuento todo.
Lo curioso es que cuando le dije que Kas y yo nos besamos, no
pareció sorprendida.
Cuando le pregunté por qué, dijo, y la cito: "No me sorprende, porque
nunca te he visto tan fuera de quicio por un chico antes, así que, era obvio
que te gustaba. Y, bueno, tú eres tú. Así que, por supuesto que él iba a
querer seducirte”.
Así que, al parecer, soy obvia y objetivo de seducción.
Simplemente no el objetivo de Kas.
Estoy por debajo de él. Y no en el buen sentido.
Suspiro.
—Sí. Quiero decir, nos besamos, y luego acepté salir con
Cooper. Simplemente se siente mal.
—Kas te dejó mal. Lo siento —añade por mi mueca—. Pero él actuó
como un idiota. No le debes nada. Y definitivamente no tienes nada por lo
que sentirte extraña.
—Sé que tienes razón, pero sigo sintiéndome extraña. Y sé que me
está evitando. —Bajo los hombros.
Pone el rizador sobre la mesa de tocador y apoya sus manos en mis
hombros, dándoles un suave apretón.
—Nena, si Kas no puede ver lo que tendría de ti, entonces es un
imbécil. Una gran idiota. —Ella mira sus manos antes de colocarlas de
nuevo en mis hombros—. Eres impresionante, Mayday. Divertida,
inteligente y hermosa.
—Y-y una ex convicta.
—Hush. —Me frunce el ceño—. Eres preciosa, y, obviamente, Cooper
piensa eso porque te pidió que salieran. Y esta noche es sólo bebidas con
un guapo y buen tipo. No tiene que ser nada más. Pero irás esta noche,
luciendo completamente hermosa porque soy impresionante con arreglar el 143
cabello, y soy una amiga impresionante. —Me da una sonrisa y toma mi
cabello en su mano.
Mirándola con agradecimiento en el espejo, me acerco y tomo su
mano, dándole un apretón.
—Eres increíble, Ce. Eres la mejor.
—Lo sé. —Sonríe de nuevo. Luego, toma el rizador y envuelve otra
sección de mi cabello.
Mi teléfono comienza a sonar en mi tocador. Miro a la pantalla y veo
que es Cooper.
Mi estómago se endurece con nervios.
—Hola —le contesto—. Estoy preparándome. No debería tomarme
mucho más tiempo.
—Daisy. —Suena nervioso y un poco sin aliento—. Siento mucho
hacerte esto a último minuto, pero voy a tener que cancelar.
Una gran cantidad de alivio y también un poco de decepción, corre a
través de mí al mismo tiempo.
—Está bien. No te preocupes.
—No, no está bien. —Su tono está frustrado—. Estaba realmente
deseando esta noche contigo, pero ahora, estoy en mi auto, de regreso al
trabajo. De alguna manera, todos los caballos salieron y están corriendo
en torno a la finca. —Suspira en voz alta—. Voy a tener que acarrearlos y
luego arreglar el lugar por el que pasaron en la cerca. Voy a tardar toda la
noche.
—¿Quieres que te ayude?
—No te preocupes. —Su tono se suaviza—. Pero gracias por la oferta.
—Hay una breve pausa antes que diga—: ¿Un segundo intento mañana
por la noche? ¿Misma hora?
Esta es mi salida. Puedo decir no... pero me siento mal porque el tipo
parece querer salir a tomar algo conmigo. Por lo tanto, me oigo decir:
—Claro.
—Genial. —Casi puedo oír su sonrisa por el teléfono—. Así que, creo
que nos vemos mañana.
—Hasta entonces.
Cuelgo el teléfono con Cooper y lo vuelvo a colocar en el tocador.
—Era Cooper. Tuvo que cancelar, así que no voy a salir esta noche
después de todo.
—Bastardo —dice con una voz enfadada.
—¿Oíste toda la conversación? 144
—Sí, lo siento. No quise escuchar, pero era difícil no oír. Pero te ha
pedido que salgas otra vez mañana por la noche, ¿verdad?
Le doy una sonrisa astuta.
—Sabes que lo hizo. Y también sabes que dije que sí.
Sonriendo, dice:
—Eso es, nena. —Luego, enrolla otra sección de mi cabello alrededor
del rizador—. Y nada de no salir. Vamos a tener una noche de chicas. Ha
pasado mucho tiempo desde que salimos por la ciudad. Así que, termino
de arreglarte, luego dame media hora para maquillarme y
saldremos. Podemos ir a este nuevo club en la ciudad. ¿Qué dices?
Una noche en la ciudad con mi chica... suena perfecto.
Le sonrío en el espejo.
—Digo... demonios, sí.
“Like I Would” de Zayn suena a través del club. Tengo una bebida en
mi mano. Y estoy sintiéndome totalmente fuera de mi elemento.
Nunca realmente he sido una chica fiestera. Teniendo un hermano
pequeño que cuidar significaba que las salidas nocturnas eran una rareza
para mí.
Honestamente, estoy lista para ir a casa. Mis pies duelen y estoy
cansada. Además, trabajo por la mañana. Pero Cece se está divirtiendo y
no quiero ser una aguafiestas.
Fuimos a un par de bares antes de venir a este club, del cual he
olvidado por completo el nombre.
Cece está en la barra, pidiendo más bebidas. Echo mi cabeza hacia
atrás, revisándola, y veo que está charlando con algún tipo que está en la
fila junto a ella.
Parece lindo.
145
Termino lo último de mi bebida y pongo el vaso en una mesa cercana.
Entonces, tengo esta extraña sensación espinosa en la parte de atrás
de mi cuello, como si alguien me observara. Me ha estado pasando toda la
noche.
Giro mi cabeza, mirando, pero no puedo divisar nada… o debería
decir, a nadie observándome. No es que pudiera decirlo en este lugar, de
todos modos. Está lleno. Froto mi mano contra la parte de atrás de mi
cuello, aliviando la sensación.
Honestamente, empiezo a pensar que estoy volviéndome loca.
Miro de nuevo a Cece. Parece estar en una profunda conversación con
el chico lindo.
Decidiendo que necesito ir al servicio, llamó su atención y modulo:
Voy al baño, para ella.
Apunta al suelo, diciéndome que estará allí cuando regrese.
Le doy los pulgares arriba y luego me dirijo en dirección a los baños
de mujeres.
Camino entre la multitud de gente y me dirijo al pasillo del baño. La
señal al final del corredor apunta una flecha a la izquierda para los
hombres y a la derecha para las mujeres y discapacitados.
Es un poco espeluznante aquí. La iluminación es una mierda y el bajo
resuena en las paredes, haciéndolo parecer una escena sacada de una
película de terror de clase Z.
Al llegar al final del pasillo, giro a la derecha y mis pasos titubean
mientras mi corazón se acelera.
Kas.
Se encuentra cerca del servicio de discapacitados, su hombro apoyado
contra la pared.
Lleva vaqueros azules y una camisa blanca. Las mangas están
enrolladas, mostrando sus hermosos antebrazos; podría tener una cosa
con sus brazos, y su cabello está suelto y metido detrás de sus orejas.
Se ve increíble.
Pero, como sea, no me importa.
Lo que me importa es qué hace aquí.
—¿Qué haces aquí? —vocalizo mis pensamientos.
Se aparta de la pared, así que está de pie erguido.
—Hola a ti también.
Le doy una mirada.
146
—Hola. Ahora, ¿qué haces aquí?
Ladea la cabeza.
—Necesitaba usar el baño.
—Me refería al club. Pero lo que sea, el baño de hombres está por ese
camino. —Señalo con el pulgar en la dirección de este.
Una sonrisa curva las esquinas de sus labios. Dobla sus brazos
alrededor de su pecho. La tela de su camisa se aprieta alrededor de sus
bíceps y las venas en sus antebrazos son visibles… y se ven muy lamibles.
Pero no me importa.
Sí, claro, no te importa, Daisy.
—¿Dónde está tu cita? —pregunta.
Tengo una repentina punzada de culpa, mi corazón salta, pero la
sospecha rápidamente se hace cargo.
Entrecierro mi mirada sobre él.
—¿Cómo sabías que tenía una cita esta noche?
Encoge esos increíbles hombros.
—Soy el jefe. Oigo cosas.
—Bien entonces, deberías saber que mi cita fue cancelada porque tus
caballos se soltaron y mi cita tuvo que tuvo que ir por ellos.
—Sí. Una pena.
Hijo de… su madre.
—Pareces realmente destrozado por eso.
Las esquinas de sus labios se levantan, así como sus hombros.
Mis ojos se entrecierran aún más.
—Fuiste tú, ¿no es así? Soltaste a los caballos. —No es una pregunta.
Sé que lo hizo. Puedo verlo en sus ojos.
Bastardo.
Me dirige una mirada de agravio, pero esa sonrisa bastarda sigue en
sus labios.
—¿Y por qué en el mundo haría eso?
—¿Quién sabe? —Alzo mis manos—. ¿Para arruinarme la noche?
¿Para molestarme? ¿Quién sabe por qué haces las cosas que haces?
Probablemente porque te encanta hacer mi vida miserable.
O estaba celoso.
¿Por mí?
Probablemente no.
Dejo que ese pensamiento se filtré hacia la oscuridad. 147
Me mira con fijeza por un largo momento antes de decir en voz baja y
gutural:
—Confía en mí, Daisy, cuando digo que me gusta, definitivamente no
es hacerte miserable.
Oh… vaya.
Pero no dejo que sus palabras me afecten. Mantengo mi expresión
inalterable y mi ira fluyendo.
—¿No? Entonces, sólo te gusta hacerme miserable por diversión.
Algo cambia en su expresión y sus ojos se alejan de mí.
—¿De verdad te hago miserable? —Su voz es atípicamente baja.
Aprieto mis brazos a mi alrededor.
—Tal vez miserable no… pero tampoco diría exactamente que
iluminas mi día.
Bueno, aparte de cuando me besaste. Pero entonces fuiste y arruinaste
eso.
Se remueve en sus pies.
—No tengo intención de ser un imbécil contigo. —Sus ojos vuelven a
los míos y hay algo sincero en su expresión.
—Entonces, no lo seas —digo con suavidad.
Suspira, sus ojos alzándose al techo.
—No es tan fácil.
—Es tan fácil o tan complicado como lo hagas.
Sus ojos vuelven a los míos.
—Lo haces complicado.
El fuego se enciende en mi estómago.
—¿Sabes qué? ¡Jódete, Kastor Matis! —Las palabras salen antes de
que pueda detenerlas.
—¿Acabas de decir que quieres joderme?
Mis ojos van a los suyos. Su rostro es serio, pero hay un brillo en sus
ojos.
El bastardo se está riendo de mí.
—No —digo rechinando los dientes—. Sabes exactamente lo que
quería decir. —Dejo caer mis brazos, poniendo mis manos en mis caderas.
Dejo escapar un sonido de exasperación—. Dios, ¿puedes dejar de ser tan
idiota?
Hay un momento de silencio. 148
Entonces, en una voz mortalmente seria, pregunta:
—¿Acabas de llamarme… idiota?
Mi corazón golpea con fuerza mi caja torácica. Entonces, enderezo mi
columna. Desafiantemente levantando mi barbilla, digo:
—Sí, lo hice. Porque estás actuando como un idiota.
Me mira con fijeza por un largo momento. Su rostro está
perfectamente impasible.
Entonces, veo sus labios torcerse y estalla en risas.
Carcajadas completas.
He oído a Kas reír antes, pero nada como esto. Es un hermoso sonido
contagioso. Antes de que lo sepa, también me río y se siente bien.
—No puedo creer que me llamaras idiota —dice entre carcajadas.
—Bueno, lo merecías. —Me río entre dientes.
Limpia sus ojos.
—Sí, tienes razón; lo hacía.
Nuestra risa ha cesado y ahora, estamos mirándonos. Ojos fijos en
ojos.
Algo cambia en el aire entre nosotros. Es como si la risa se hubiera
llevado la ira y todo lo que ha dejado detrás es pura química y calor. Y
parece ser vigorizante en su intensidad con cada segundo que pasa,
atrayéndome hacia él.
Mi pulso empieza a latir en mis oídos. Mi piel cosquillea. Mi estómago
se enrolla y se aprieta.
La mirada de Kas baja de mis ojos a mi boca.
Lamo mis labios, como una respuesta automática.
Miro a sus ojos calentarse y arder.
Todo mi cuerpo estalla en llamas bajo su ardiente mirada. Si fuera
helado, me derretiría ahora mismo.
Jesucristo, deja de ser tan niña, Daisy.
Envuelvo mis brazos alrededor de mi pecho. El movimiento parece
traerlo de vuelta al ahora.
Deja caer sus brazos y mete sus manos en los bolsillos delanteros de
sus vaqueros.
—¿Con quién estás aquí? —digo por decir algo.
—Amigos.
—No me di cuenta de que tenías alguno… aparte de Jude, claro. —Le 149
doy una sonrisa azucarada.
—Que graciosa. —Pero no sonríe. En su lugar, sus ojos recorren mi
cuerpo y me mira como si quisiera devorarme entera.
Tengo que suprimir la urgencia de juntar mis muslos.
Sus ojos se elevan de nuevo a los míos.
—Te ves increíblemente hermosa esta noche.
Sus palabras me toman por sorpresa. Y me molesta cuán feliz me
hacen sentir.
Odio que pueda levantarme y bajarme tan fácilmente.
—Sí, pero no lo bastante buena para ti. —De inmediato, quiero
golpearme en el rostro. Odio haber dicho esas palabras y cuán patética y
débil me hacen sonar.
—¿Qué? —Retrocede, como si le hubiera golpeado.
—Nada. Olvida que dije algo. Me voy ahora. Ten una buena noche,
Kas.
Paso a su lado y atrapa mi brazo, sosteniéndome a su lado.
—¿Quieres que olvide el hecho de que piensas que no eres lo bastante
buena para mí?
—Nunca dije que yo pensara que no era lo bastante buena para ti.
Sus cejas se fruncen con tanta fuerza que me sorprende que no le dé
dolor de cabeza.
—¿Crees que yo pienso eso? ¿Qué no eres lo bastante buena para mí?
Alejando la mirada de él, levanto un poco mi hombro.
—Eso es una jodida mentira. —Sus palabras son tan vehementes que
mi mirada vuelve a él—. No soy lo bastante bueno para ti, Daisy. Mereces
un buen hombre, un hombre mejor… y ese no soy yo.
Sus palabras me sorprenden profundamente.
Miro con fijeza sus ojos negros; buscando qué, no estoy segura, pero
debo encontrarlo porque algo se rompe en mi interior.
Presiono mi palma contra su rostro. Sus ojos se cierran contra mi
toque.
—No me importa —susurro—. Te quiero.
Un estremecimiento lo recorre. Tira de mí a su costado, deslizando un
brazo alrededor de mi espalda, sosteniéndome cerca de él. Presiona su
frente contra la mía y exhala una respiración temblorosa.
—Mierda, nena. —Su respiración me hace cosquillas y roza mis
labios.
Quiero besarlo, pero también sé lo que pasó la última vez que nos 150
besamos.
Su barbilla cae, acercando su boca más a la mía.
Nuestras bocas están a milímetros de distancia. Todo lo que tendría
que hacer es inclinarme, y nuestros labios se estarían tocando.
¿Es eso lo que quiero?
El sentido me dice, No. Pero mi cuerpo grita, ¡Sí!
—Tengo que besarte. —Suspira sobre mis labios.
Su otra mano se mueve hacia mi cabeza, acunándola, mientras su
cuerpo se vuelve al mío.
Y luego me besa.
Suave y dulce al principio. Besos ligeros.
Pero luego su lengua recorre mi labio inferior, y la chispa entre
nosotros se prende como un fósforo encendido en gasolina.
Sus dedos se enredan en mi cabello mientras continúa tomando mi
boca con su lengua.
Sabe a cerveza y menta y algo tan singularmente él, y me enciende
como nada antes.
Abandonando mi boca, arrastra su pulgar por mi labio inferior, con
los ojos fijos en él.
—Todo en lo que he podido pensar durante días es en esta preciosa
boca.
Me estremezco de necesidad.
Pero entonces esa pequeña voz en la parte de atrás de mi cabeza
pregunta: Entonces, ¿por qué te fuiste el otro día? ¿Y por qué has
permanecido alejado desde entonces?
Pero no digo las palabras porque no quiero perder este momento.
Quiero que siga besándome. Quiero que siga haciéndome sentir como es.
Como nadie me ha hecho sentir antes. Como si tuviera que besarme más
de lo que necesita aire.
Captura mis labios con los suyos de nuevo y chupa mi lengua. Un
rayo de lujuria se dispara entre mis piernas, haciéndome jadear y
retorcerme.
En este momento, lo deseo como nunca antes he deseado a nadie.
Un alarido de risa nos separa. Mi cabeza se mueve a un lado, y veo a
un grupo de chicas risueñas saliendo del baño de damas.
Mis ojos vuelven a Kas. Sus ojos están vidriosos de lujuria, sus labios
hinchados por mi beso.
Verlo así me da una sensación de satisfacción.
151
Su labio se levanta en la esquina en la sonrisa más sexy que he visto,
y entonces agarra mi mano y me arrastra al baño de discapacitados.
Empuja la puerta y la cierra.
Escucho a las niñas riendo pasar, y luego es tranquilo. Sólo se oye el
ruido retumbante de la música del club y nuestras respiraciones
superficiales.
Kas me contempla. La mirada en sus ojos casi me deshace.
Nadie me ha mirado nunca como ahora.
Como si fuera todo lo que puede ver.
Levanto una mano a su cara, pasando mi pulgar por la comisura de
su boca.
Sus ojos se cierran ante mi toque.
Entonces, sus ojos se abren. Agarra mi muñeca, apartando mi mano
de su cara, y me empuja contra la puerta. Su boca baja fuertemente sobre
la mía, y comienza a besarme con aún más necesidad y ferocidad que
antes.
No hay nada delicado en este beso. Básicamente estamos luchando
entre nosotros por el espacio.
Su mano ahueca mi hombro, bajando por mi costado. Sus dedos
rozan ligeramente la curva de mi pecho, haciendo que mis pezones se
endurezcan. Finalmente, su mano alcanza mi cadera, y la aprieta. Sus
dedos muerden mi piel a través de la delgada tela de mi vestido.
Serpenteo mi brazo alrededor de su cuello, enredando mis dedos en el
cabello de la nuca. Es la primera vez que he tocado su cabello, y es tan
suave como pensé que sería.
Kas mete la otra mano en mi cabello. Retrocediendo ligeramente, me
mira fijamente. Sus ojos están negros y brillantes de deseo. Nunca se ha
visto más hermoso que en este momento.
Sus dientes se arrastran por su labio inferior. Es un movimiento tan
lento y deliberado que todo dentro de mí se aprieta. Me estremezco.
Sonríe abiertamente, como si supiera exactamente el efecto que tiene
sobre mí.
Luego, inclina mi cabeza hacia un lado y cubre mi boca con la suya.
Presiona su cuerpo inferior en el mío, y siento la longitud y dureza de
él contra mi vientre.
Me encanta que pueda ponerlo duro con sólo un beso.
Mi otra mano se mueve alrededor de su espalda. Deslizo mi mano
más abajo y la meto en su bolsillo trasero. Le agarro el culo, acercándolo
aún más.
152
Gime en mi boca. El sonido es tan sexy que siento que podría venirme
de solo escucharlo.
Muerde mi labio inferior, y luego su lengua sale a lamer la punzada.
Es increíblemente ardiente.
Entonces, su boca se mueve a través de mi mandíbula a mi oído.
—Te quiero jodidamente demasiado, que duele. —Su voz es ronca de
excitación, y siento el sonido profundo en el interior.
Sus labios bajan por mi cuello, besando un dulce sendero hacia mi
boca. Se detiene, sus labios cerniéndose sobre los míos.
—Entonces, tómame —susurro.
Un destello de algo se mueve a través de sus ojos. Si no supiera,
pensaría que era miedo.
Cierra sus ojos en una respiración superficial, y luego su boca está de
vuelta en la mía.
Me siento febril. Necesitada y ansiosa.
Ha pasado mucho tiempo desde que tuve sexo. Cerca de dos años. Y
eso fue con Jason, el maldito, cuando no sabía qué mentiroso y engañoso
bastardo era.
Pero, incluso entonces, nunca me sentí tan bien con él.
Es como si Kas estuviera en cada parte de mí, tocando todo de mí, y
todavía quiero más.
Chupo su lengua y se estremece.
Sintiéndome decididamente valiente y deseándolo como nunca antes
he deseado a nadie en mi vida, saco mi mano de su bolsillo trasero y la
deslizo hacia su frente. Tomo una respiración profunda y luego muevo mi
mano más bajo, palmeando la longitud dura de él a través de sus jeans.
Siento que todo su cuerpo se tensa con fuerza.
Sus ojos se cierran, y sus manos me dejan, presionando contra la
puerta sobre mi cabeza, enjaulándome.
No se mueve ni dice nada. Pero tampoco se aleja, así que considero
que lo que estoy haciendo está bien.
Curvando mis dedos alrededor de la longitud de él, empiezo a mover
mi mano arriba y abajo.
—Joder... —gime, sonando casi agonizante.
Lo miro a la cara. Sus labios están contraídos, sus cejas juntas.
Dejo de mover mi mano, insegura si quiere esto.
Sus ojos se abren. El calor en ellos es inconfundible.
Quiere esto. 153
156
Estoy cansada y me duelen los pies. Y, para rematar, está lloviendo.
Pero vengo vestida para el clima, así que, si alguien le apetece
salpicarme pasando encima de los charcos, pueden hacerlo porque tengo
puesto mi impermeable, las botas de agua de Cece en los pies y un
paraguas en la mano.
No hay manera de que me moje.
Estoy en el tren, yendo al trabajo. Mi estómago se revuelve ante la
idea de ver a Kas.
Estoy rezando para que no esté allí, como no ha estado en los últimos
días.
Tampoco tengo ganas de decirle a Cooper que no puedo salir con él
esta noche.
Podría haber terminado con Kas-túpido, pero sigo herida por su
comportamiento. Solo estaría saliendo con Cooper para vengarme de él, y
157
eso no es justo para Cooper.
Y he decidido que los hombres no son para mí.
De ahora en adelante, soy Daisy la célibe.
Los hombres son problemas, puro y simple. Un hombre en particular
que se llama, Kas-túpido.
Pero ya no es mi problema.
Veo mi parada acercándose. Me levanto del asiento, enganchando el
bolso en mi hombro y agarrando el paraguas. Camino hacia la puerta.
Espero, observando mientras la estación llega a la vista, y dejo salir
un bostezo.
Cece y yo no salimos hasta muy tarde anoche. Nos fuimos poco
después de mi pequeño incidente con Kas.
Cuando volví del baño, Cece estaba sola con nuestras bebidas, pero
había conseguido el número del chico lindo con el que estaba hablando.
Sin embargo, echó un vistazo a mi cara y supo inmediatamente que
algo andaba mal.
Todo lo que tuve que decir fue una palabra: Kas. Y entonces nos
bebimos rápidamente nuestras bebidas, saliendo de allí, y tomamos un
taxi a casa.
Le conté todo en el taxi de camino. El taxista debe haber conseguido
una buena historia con esto.
Para cuando llegamos, estaba exhausta y emocionalmente agotada,
solo quería ir a dormir.
Mi alarma se disparó demasiado pronto para mi gusto, y tuve que
arrástrame fuera de la cama y prepararme para el trabajo.
Hice el café, lo vacié en mi taza para llevar y salí del apartamento para
tomar mi tren, maldiciendo a Cece y al hecho de que hoy tiene día libre.
El tren se detiene. Subo mi capucha y presiono el botón, esperando
que las puertas se abran.
La gente en el otro lado está esperando que baje para poder subir
Las gotas de lluvia golpean mi cara tan pronto como mis pies tocan el
asfalto. Está lloviendo más fuerte aquí. Abro mi paraguas y empiezo a
caminar fuera de la estación.
Acabo de salir cuando mis pies se detienen.
Kas.
Su auto está estacionado aquí, fuera de la estación, como la última
vez.
Dios, ¿este tipo simplemente no puede dejarme en paz? 158
Me concentro en mi rabia e ignoro la pequeña chispa que siento
porque de verdad esté aquí.
La ventanilla del pasajero se abre, y veo que se inclina mientras dice
mi nombre.
Luce bien. Cálido y seco dentro de su coche.
Bastardo.
Le frunzo el ceño. Entonces, giro sobre mis talones y comienzo a
caminar en dirección a la finca.
Estoy prácticamente marchando, mis botas chapoteando a través de
los charcos mientras voy.
Oigo que su coche se pone a mi lado. Pero no lo miro. Me rehúso a
hacerlo.
Kas no existe para mí.
—Daisy.
Nop, no voy hablar con él. No me importa si es infantil.
Es Kas-túpido, y tengo todo el derecho a estar enojada.
Me dejó en ese baño anoche con mi sujetador saliendo de mi vestido,
después de besarme otra vez, y luego desapareció sin decir una palabra.
—Daisy, sube al auto.
¿Escuchaste algo?
Nop, yo tampoco.
Empiezo a tararear “Happy” de Pharrell Williams y acelero el ritmo.
—Jesús, solo sube al auto, ¿quieres? Está lloviendo a cantaros, y
estás empapándote.
Ignorarlo. Ignorarlo. Ignorarlo.
Oigo un resoplido de frustración y luego:
—Por el amor de Dios, Daisy, deja de ser infantil, y sólo entra al
maldito auto.
Mmm...
¿Qué. Demonios?
El enojo hace que mis pies se detengan.
Veo con mi visión periférica que su auto también se ha detenido.
No mires. No lo hagas. No le des lo que quiere. Sólo está intentando
sacar alguna reacción de ti.
Respirando profundamente, exhalo por la nariz.
Entonces, porque no puedo contenerme, le enseño el dedo medio y
empiezo a caminar de nuevo. 159
Lo oigo reírse entre dientes, lo que aún me enoja más.
Entonces, su auto está de vuelta, conduciendo lentamente a mi lado.
Oigo resonar una bocina, y giro la cabeza para ver un coche adelantar
a Kas y hacerle un gesto grosero con la mano.
No puedo evitar sonreír.
Mientras muevo mis ojos hacia atrás, atrapo su mirada.
Casi tiene una sonrisa en la cara.
—Vas a meterme en una pelea si seguimos así.
—Bien.
—Y sí habla.
Le frunzo el ceño antes de mirar hacia adelante y reemprender mi
marcha.
—Vamos, nena, por favor, sube al auto.
¿Nena? ¿Desde cuándo soy su nena?
Volviendo mis ojos enojados de nuevo a los suyos, digo:
—No me llames nena.
Una expresión de sorpresa parpadea en su rostro.
—Está bien. —Levanta una mano en rendición—. No te llamaré así
nunca más, si subes por favor al auto. Ni siquiera tienes que hablar
conmigo.
Argh. Ni siquiera puedo ignorarlo en paz. El muy bastardo.
A este paso, me va a seguir todo el camino a la finca.
O podría entrar en su auto y terminar esto con más rapidez.
Con la decisión tomada, me detengo bruscamente.
—Está bien —resoplo—, pero sin hablar.
Entonces, marcho hacia su auto que me espera. Abro la puerta, entro
y la cierro de golpe. Agarrando el cinturón de seguridad, me lo pongo.
Estoy goteando por todo su lindo asiento de cuero.
Bien.
Levanto la vista, y está mirándome.
Al menos tiene la decencia de no sonreír, o podría darle un puñetazo
en su cara bonita. Estoy tan enfadada.
Vuelvo mi rostro hacia la ventana del pasajero, y un segundo
después, pone el coche en marcha.
“Behind Blue Eyes” de Limp Bizkit está sonando de fondo.
160
—Lo… siento. —Sus suaves palabras me asaltan.
Lo miro entrecerrando los ojos.
—Dijiste que, si me subía a tu auto no tendríamos que hablar.
Él me echa un rápido vistazo.
—Dije que tú no tenías que hablar. Pero no dije nada sobre mí.
Bastardo.
—Déjame salir del auto. —Mantengo mi tono uniforme. Pero es
realmente, muy difícil porque lo único que quiero hacer ahora, es gritarle.
Él suspira.
—Daisy…
—No. No estoy jugando aquí, Kas.
—Ni yo.
—Eres el maestro de los juegos mentales.
Hay una breve pausa. Casi diría que es pesar, si no lo conociera
mejor.
—No estoy tratando de hacerte daño —dice en voz baja.
Me burlo y giro la cara de nuevo hacia la ventana.
El silencio golpea.
Exhala un suspiro.
—¿Este reino del silencio tiene una fecha de expiración?
—No.
—¿Y qué hay del trabajo? ¿Me vas a ignorar también?
Inclino mi barbilla en su dirección y miro sus manos en el volante.
—Puedo ser profesional, si tú puedes. Podemos conversar en el
trabajo; sobre el trabajo. Sin embargo, fuera de eso, tú y yo no existimos
para el otro.
Bajo la barbilla a mi pecho. Le oigo suspirar de nuevo. Pero no dice
nada más.
Se detiene al frente de su casa, y en el segundo que presiona el freno,
estoy fuera del coche.
Caminando rápido a través de la lluvia que rebota, bajo mi capucha
una vez que estoy bajo la seguridad del porche. Desabrocho mi
impermeable y me lo quito, y luego me quito las botas de agua.
Dejando las botas en el porche, me llevo mi impermeable y me
permito entrar en la casa. Cruzando el gran pasillo, abro la puerta del
armario y cuelgo mi abrigo junto con mi bolso, pero no antes de sacar mi
teléfono que meto en el bolsillo de mi vestido.
161
Cierro la puerta, me doy la vuelta, y Kas está allí.
—¡Jesús! —Me sobresalto. Presiono una mano en mi pecho para
calmar el corazón que casi acaba de matar.
Pero no dice nada. Ni sonríe ni dice una palabra. Sólo se queda
parado, mirándome.
Me muevo incómodamente, alejando mi mirada de la suya, incapaz de
soportar la intensidad en sus ojos.
Mi mirada se desliza sobre él. Su cabello está húmedo por la lluvia, y
hay un ligero brillo en su piel. Y, por primera vez desde que lo vi, me doy
cuenta de lo cansado que se ve. Hay círculos oscuros debajo de sus ojos, y
los propios ojos parecen cansados y apáticos.
Aun así, se ve hermoso.
Odio eso.
Mirando más haya de él, veo el rastro de agua que dejó. El agua que
tendré que limpiar.
—Estás goteando por todas partes —le digo en un tono molesto.
Ni siquiera le concede una mirada al desastre.
—Habla conmigo. —Hay un borde suplicante a su voz que ignoro.
—¿Sobre el lío que has hecho? —Gesticulo una mano hacia el agua
que entró.
Hace un sonido exasperado.
—Joder, maldita sea.
—No me digas palabrotas. —Frunzo el ceño.
Se ríe, un sonido sin humor, lo cual me da escalofríos.
—Quiero hablar de anoche.
—Yo no.
—Daisy —gruñe mi nombre.
—Señor Matis —digo en un tono condescendiente.
—Habla. Conmigo. —Sus palabras son tensas, como su mandíbula.
—¿Está relacionado con el trabajo?
—No.
—Entonces, no. —Paso a su lado, dirigiéndome a la cocina.
Estoy siendo infantil, lo sé, pero no me importa porque estoy
demasiado enojada.
Lo oigo gruñir de nuevo, y luego pasos pesados me siguen a la cocina.
162
—¡Por amor de Dios, Daisy! ¡Dije que lo sentía!
Me doy la vuelta en el acto.
—Oh, bueno, ¡eso está bien entonces! Kas dice que lo siente, y todo
está bien en el mundo de nuevo. —Dejando escapar una risa falsa, lanzo
mis manos en el aire.
Sus cejas chocan entre sí.
—Jesús —grita—. ¿Qué es lo que quieres de mí?
—¡Nada! —grito—. ¡No pedí nada de esto! Tú fuiste quien me besó;
¡ambas veces! Luego, ¡actuaste como un lunático total después! ¡Y te dije
que no hablaría de esto contigo! ¡Así que deja de seguirme!
Estampo mi talón contra el suelo, y luego me vuelvo y empiezo a
alejarme. Llego a la puerta de servicio cuando su voz me detiene.
—No sé cómo hacer esto.
No son sólo las palabras. Es la forma en la que su voz suena al
decirlas, indefensa.
Me sorprende porque indefenso es una palabra que nunca hubiera
pensado relacionada con Kas. Arrogante, demasiado confiado, y un dolor
gigante en mi trasero. Pero nunca indefenso.
Me vuelvo lentamente hacia él. Se ve indefenso y perdido. Está en sus
cejas oscuras fruncidas. En la tensión alrededor de sus ojos. La
inclinación de sus labios.
Eso tira de algo dentro de mi pecho, enroscándose alrededor de mi
corazón.
—¿No sabes cómo hacer qué? —pregunto, en voz baja.
—Esto. —Gesticula en el espacio entre nosotros.
—No entiendo. —Sacudo la cabeza con suavidad.
—Relaciones —dice, frustrado, instantáneamente volviéndome a
molestar—. No sé cómo hacer lo de las relaciones.
Dejo escapar una risa incrédula.
—No te estoy pidiendo una relación. ¡Jesucristo! Nos
besamos dos veces. Te paralizaste y me dejaste tirada, dos veces. Fin de la
historia.
—No quiero que sea el final. —Sus palabras son suaves llenas de
significado, pero no puedo sentirlo ahora mismo. Estoy demasiado en
carne viva.
—No me importa lo que quieras. Igual que a ti no te importó lo que
quería las dos veces que me dejaste. Existe un límite a la cantidad de
163
rechazo y humillación que una persona puede soportar, y he llegado al
mío. En el trabajo, hablaremos cuando sea necesario y seremos cordiales.
Pero, aparte de eso, se acabó, Kas.
Algo que se parece mucho al desasosiego, la frustración y el dolor se
introduce en su mirada.
Ignoro su dolor y me enfoco en el mío.
Él envuelve sus brazos alrededor de su pecho, cambiando de postura.
—Si eso es lo que quieres —dice en voz baja.
Me río, y suena tan vacío como me siento.
Sí, esto es lo que quiero. Porque fui yo quien causó todo esto... pues no.
Suspirando, sacudo la cabeza y paso a su lado para salir de la cocina.
Cuando llego a la puerta, me detengo.
Él está dándome la espalda.
—Oh, y para que lo sepas, voy a salir con Cooper esta noche, en caso
de que quieras dejar salir otra vez a los caballos.
Veo sus hombros tensarse antes de darme la vuelta y salir de allí.
Mis pies tocan las escaleras, y ya estoy lamentando mi último
comentario. Fue mezquino y cruel, y no debería haberlo dicho. Pero él se
me mete bajo la piel como nadie. Y ya es demasiado tarde. No es que vaya
a bajar y decirle que estoy cancelando mi cita con Cooper.
Pero entonces estoy segura de que oirá el chisme muy pronto.
Cuando llego a la segunda planta, me doy cuenta de que todos mis
productos de limpieza están abajo en el cuarto de servicio al que nunca
llegué a entrar.
Idiota.
Bueno, no voy a volver allí ahora en caso de que él aún esté en la
cocina.
Voy a cambiar las camas primero, y cuando haya terminado y esté
lista para lavar las sábanas, debería estar en su oficina, y voy a estar a
salvo para ir abajo.
Entro en su habitación y veo que su cama ya está hecha.
Sabiendo que Kas nunca hace su cama, sé que no ha dormido en ella.
Eso me deja una sensación incómoda en el estómago.
Tal vez se enganchó con alguien más en el club después de que me
abandonó...
Nop. Ni siquiera voy a ir allí.
Tiro de la funda de edredón y tomo una almohada, con un poco más 164
de fuerza de lo necesario.
El olor de Kas está por todas partes.
Ugh.
Tiro de la funda de la almohada y con rabia arrojo la almohada detrás
de mí.
Oigo un ruido sordo.
Mierda.
Volviéndome, veo que he golpeado un vaso de agua que estaba en su
mesita de noche.
—Perfecto —murmuro enojada conmigo misma.
El agua se derrama por todas partes, me precipito al baño de Kas y
agarro una toalla antes de trotar de nuevo en su habitación.
Afortunadamente, la única otra cosa en la mesita de noche es la
lámpara, así que limpiar el derrame no es tan difícil. Levanto la lámpara,
secando la base. Luego, limpio los laterales de la mesita de noche, secando
el agua que cayó en la alfombra.
Me doy cuenta de que el cajón superior está entreabierto.
Preocupada que el agua se pudo haber metido dentro, lo abro secando
el borde del cajón, mis ojos comprobando el contenido.
Todo se ve bien.
Entonces, mi mirada se topa con una fotografía que está guardada en
el lateral.
La recojo. Noto que algo está escrito en cursiva en la parte de atrás.
¿Asesinada?
¿Fue asesinada? Seguramente no. No puede ser la misma chica.
Miro las palabras en el anverso de la fotografía.
Graduación.
Fue asesinada después de que se tomase la fotografía.
Oh, Dios.
Con la mano temblorosa, deslizo el dedo por la almohadilla del ratón
para mover la flecha sobre el enlace y pulsar.
La pantalla se llena con una noticia datada el 7 de junio de 2009,
encabezada con el mismo titular que la fotografía.
¿Quién era la otra persona? ¿Quién estaba con ella? ¿También murió?
Desesperada por saber, abro una nueva ventana y tecleo Haley
Halliwell, asesinada, 2009.
La pantalla se llena con innumerables historias nuevas. Paso el
primer enlace, es el que ya leí. Pulso el siguiente enlace.
Ahora los informes policiales determinan que Haley Halliwell asistió a
su baile de graduación del instituto en la noche del 6 de junio de 2009.
Aproximadamente a las once, Halliwell y su acompañante que permanecerá
anónimo, pero ha sido identificado por la policía y no está incluido como
sospechoso en el caso, entraron en Hyde Park para dar un paseo después
de la fiesta. Poco después de llegar a la zona, Halliwell y su acompañante
fueron asaltados por tres hombres sin identificar. Halliwell fue agredida
sexualmente por más de uno de los asaltantes. También sufrió múltiples
puñaladas, pero la causa real de la muerte fue estrangulación. Su
acompañante que también fue atacado, sufriendo varias puñaladas en el
torso, está actualmente en el hospital en estado crítico.
Aún es incierto si esperan que la víctima sobreviva.
221
Kas permanece en mi interior, su cuerpo temblando contra el mío.
Paso una mano por su espalda, trazando patrones descuidados con los
dedos, mientras él respira pesadamente contra mi cuello.
Levanta la cabeza, mirándome a los ojos.
—¿Estás bien? —susurro.
Sonríe y siento esa sonrisa en todas partes.
—Más que bien. —Me da un suave beso en los labios—. ¿Tú estás
bien? No te hice daño, ¿no?
—No. Probablemente estaré un poco dolorida, ha pasado un tiempo,
pero valió la pena totalmente. —Presiono una mano en su mejilla.
Tomando mi mano, gira el rostro y me besa la palma.
—Fue… increíble. —Cuando vuelve a poner su mirada en mí, la
mirada en ellos es reverente.
—¿Seguro? 222
—¿No estás segura? —reta, con diversión en sus ojos.
—No. Solo… no has desde… —Dejo la frase a medias, dejando que las
palabras que no quiero decir cuelguen―. Y yo no lo he hecho en dos años y
nunca fui exactamente una estrella del porno antes de esto.
Estalla en risas.
Aunque amo ese sonido, me está molestando ahora mismo.
—¡Oye! —Lo golpeo en el brazo.
—Lo siento. —Me da una sonrisa discreta.
Luego, pasa sus labios sobre los míos. Los mantengo obstinadamente
cerrados durante unos dos segundos antes de ceder y devolverle el beso.
—Esto… tú y yo, juntos… es increíble. Nunca he conocido nada como
lo que acabo de sentir conmigo.
Quiero preguntar, ¿ni siquiera con Haley?
Pero no quiero sacarla a colación y matar el humor, así que no digo
nada.
Debe haber leído algo en mi mirada porque comenta:
—Haley y yo simplemente éramos niños. Claro, no fue mi primera.
Había perdido la virginidad cuando tenía catorce años con una chica que
era un poco mayor que yo, y había dormido con unas cuantas chicas ese
año antes de que Haley y yo estuviésemos juntos. Así que sí, tenía un poco
de experiencia, pero aún éramos jóvenes y no tenía ni idea de qué
estábamos haciendo. Aún no la tengo. Y debería ser yo el que se
preocupase si fui lo suficientemente bueno para ti. Nunca he estado en la
cama con una mujer antes de ti, Daisy. —Me acaricia la cadera con la
mano.
—Confía en mí, —levanto la cabeza y lo beso en los labios—,
definitivamente sabes lo que estás haciendo.
—Supongo que todos esos años de mirar porno finalmente han valido
la pena.
Es mi turno para estallar en risas.
Kas me rodea con los brazos y me besa.
—Déjame limpiarme, volveré enseguida. —Me toca la nariz con la
suya antes de darle un beso en la punta y luego sale de mí.
Me encojo ante el dolor, pero odio más la pérdida de él en mi interior.
—¿Puedes traerme una toalla para limpiarme? —pregunto.
—Claro.
Lo miro caminar hacia el baño y suspiro. Tiene un gran trasero.
Realmente apretado y firme. Y esos hombros… babeo.
223
Kas desaparece dentro. Escucho el agua correr. No se va demasiado
tiempo ante de que esté de vuelta con una toalla en la mano.
Estiro el brazo para tomarla, pero aparta la mano.
—Déjame. ―—Presiona la caliente toalla húmeda entre mis piernas,
limpiándome suavemente.
Lo observo, asombrada por las profundidades de mis sentimientos por
este hombre al que me refería como Kas-túpido.
—La primera vez que te conocí… nunca pensé que estaríamos aquí.
Deja de limpiarme y me mira con ojos cariñosos.
—Estoy contento de que lo estemos.
—Sí, yo también —susurro mientras el corazón me golpea torpemente
en el pecho.
—¿Todo limpio? —comprueba.
Asiento.
Lleva la toalla de nuevo al baño. Me meto bajo el edredón. Kas regresa
y se mete a mi lado en la cama. Me rodea con los brazos, así estamos
frente a frente.
Me besa suavemente. Presiono una mano en su pecho, tocando sus
cicatrices. Lo siento tensarse.
—No las veo —susurro—. No te miro a ti y a esas cicatrices
inmediatamente. Solo te veo a ti.
—Yo las veo —murmura—. Y las odio.
Deslizo una mano por su pecho y hacia su espalda.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —responde, pero sus ojos no se ven seguros.
Pero tengo que preguntarlo, así que tomo una respiración y comienzo
a hablar:
—Quiero decir, creo que entiendo por qué no quieres que vea las
cicatrices. Por la forma en que te hacen sentir a ti mismo y las odias. Pero
entonces recuerdo el día cuando entré y tú y Jude estaban boxeando.
Estabas de espaldas a mí y no tenías la camiseta puesta ese día. Fuiste y
te pusiste una antes de que viese nada, pero obviamente, has estado sin
camiseta alrededor de Jude. Así que, ¿por qué no te sientes bien con que
yo las vea?
Cierra los ojos brevemente antes de reabrirlos.
—Bueno, en primer lugar, no quería tener sexo con Jude. —Me da
una débil sonrisa—. Y Jude sabe todo lo que pasó. Es la única otra
persona que lo sabe, además de mis padres y, por supuesto, tú.
224
—¿Desde cuándo lo conoces?
—Nos conocimos en un grupo de terapia cuando teníamos dieciocho
años. Yo estaba viendo a un terapeuta, pero también llevaba una sesión en
grupo para gente que estaba sufriendo varios tipos de estrés post-
traumático. Pensó que sería bueno para mí unirme a su grupo. Jude
también era un paciente en la sesión en grupo. Llegamos a hablar y
simplemente congeniamos. Él fue quien me introdujo en el parkour.
—¿Qué hay del MMA?
—Ese fui yo. Quería ser capaz de… —aparta la mirada de mí—, ser
capaz de defenderme y a la gente que me preocupa. Jude vino conmigo y
descubrió que también le gustaba.
—Son un equipo. —Sonrío suavemente.
—Sí. —Vuelve a mirarme—. Es un buen amigo.
No pregunto por qué Jude estaba en terapia, porque no es de mi
incumbencia. Solo estoy contenta de que Kas lo tenga en su vida.
Se queda callado por un momento y luego dice con voz suave:
—Estaba asustado… de que me vieses. Pensé que, si veías mi
verdadero yo… entonces no me querrías.
Presiono una mano en su rostro.
—Verdaderamente me gusta tu yo verdadero. Era el Kas-túpido el que
no me gustaba.
Me da una mirada de sorpresa. Lucho con retener la risa.
Lo siguiente que sé, es que estoy sobre la espalda y Kas está entre mis
piernas con las manos en mi estómago, haciéndome cosquillas.
—¡No! ¡Para! —chillo, intentando peor sin conseguir salir de su
agarre—. ¡Realmente tengo muchas cosquillas! —Jadeo.
—Sí, puedo verlo.
Me hace cosquillas otra vez y chillo.
—¡Para! —Estoy jadeando por aire porque me estoy riendo con fuerza.
Y él se está riendo. El sonido es hermoso y se está tejiendo alrededor
de mi ruidoso corazón.
—¡Lo siento!
Se detiene y levanta la mirada hacia mí.
—Dije que lo siento. —Jadeo.
—¿Por? —Cierne una mano amenazadora sobre mi estómago.
—Por llamarte Kas-túpido. —No puedo evitar sonreír cuando digo el
nombre. 225
Su sonrisa imita la mía.
—No lo sientes realmente, ¿no es así?
Juntando los labios, cerrando mi sonrisa, niego.
Le brillan los ojos con malicia.
En un instante, tengo los brazos pegados a los costados y su boca
sobre mi estómago.
Luego el bastardo hace una pedorreta.
—¡Arg! —chillo con una risa—. ¡Lo siento! ¡No volveré a llamarte Kas-
túpido!
Pero en cuanto pronuncio el nombre el asalto de pedorretas empeora.
—¡Para! ¡Me mearé encima! —Me río, con lágrimas en los ojos.
Me estoy retorciendo, intentando liberarme, pero es increíblemente
fuerte.
—¡Está bien! —Jadeo—. ¡Me rindo! ¡Nunca volveré a decir la palabra
K-túpido de nuevo, lo juro!
Se detiene y levanta la cabeza.
—¿Te rindes?
Algo oscuro y sucio destella en sus ojos, me da un vuelco en el
estómago. Y ahí es cuando noto algo largo y duro presionando contra mi
pierna.
Vuelve a estar duro por mí.
—Me rindo —susurro sin aliento.
—Así que, eso significa que eres mía para hacer contigo lo que quiera.
Sostengo su mirada. Mordiéndome el labio, asiento.
Se roza el labio inferior con los dientes. Me muevo nerviosamente.
—¿Qué quieres hacer conmigo? —cuestiono en un cálido susurro.
Se agacha, manteniendo mis manos sujetas a mis costados y no
responde con palabras. Me responde por medio de su lengua,
presionándola contra mí, haciéndome gimotear con placer.
226
Oigo un zumbido. Por un momento, creo que estoy de vuelta en la
cárcel, escuchando el timbre en la mañana que venía justo antes de que
mi puerta se abriera, dándome esa libertad momentánea. El zumbido se
detiene, pero el clic nunca llega.
Y luego registro el cálido y duro cuerpo presionado contra mi espalda.
Kas.
Los recuerdos de la noche anterior inundan mi mente.
Tuvimos sexo. Mucho sexo. Sexo insaciable, loco, caliente hasta que
nos desmayamos en los brazos del otro.
Y, ahora, estoy aquí con su pecho presionado contra mi espalda. Sus
piernas enredadas con las mías. Su brazo deslizado alrededor de mi
cintura. Su mano presionando suavemente contra mi estómago.
Una sonrisa curva mis labios. La felicidad que nunca pensé que
alguna vez sentiría se propaga a través de mí.
227
Entonces, oigo el zumbido otra vez.
¿Qué es eso?
A regañadientes, me muevo, girando en los brazos de Kas,
despertándolo ligeramente. Suelta un gruñido somnoliento mientras se da
la vuelta sobre su espalda, retirando su brazo de mí.
Veo su teléfono parpadeando y vibrando en la mesilla de noche. Me
asomo un poco más para ver quién está llamando. La pantalla dice: Portón.
¿Portón?
Me toma unos segundos entender que no es alguien llamado Portón,
sino que en realidad es alguien timbrando en la entrada principal de la
casa.
Dah.
En lugar de despertarlo, decido responder a la llamada. Me acerco y
toco su teléfono. Presionando Aceptar, digo:
—¿Hola?
—Daisy, ¿eres tú? Es Toby. Estoy aquí para nuestra cita.
¿Eh…Toby? ¡Cita!
¡Santa mierda!
Él cambió nuestra cita la semana pasada porque no pudo venir en
nuestro día habitual.
Mi oficial de libertad condicional está aquí. Y estoy desnuda y en la
cama con Kas.
Estoy frita.
—Sí. —La palabra sale sonando estrangulada. Me aclaro la garganta—
. Voy a… abrirte la puerta. Solo dame un sex... quiero decir, ¡un segundo!
Cuelgo el teléfono—. ¡Kas! —Lo sacudo.
Sus ojos se abren, sorprendido y completamente despierto.
—¿Qu...?
—Toby está aquí para mi cita.
Parpadea rápidamente, como tratando de procesar esa información.
Trato de no quedar atrapada en lo adorable que se ve en este momento con
el cabello revuelto y ese lindo surco de confusión en su frente.
De alguna manera no creo que Kas apreciaría ser llamado adorable.
—Mi oficial de libertad condicional —digo para acelerar el proceso, a
pesar de que sabe quién es Toby.
—Pensé que él venía los...
—Lo hace normalmente —le corté—. Pero cambió el día, ¡y me olvidé! 228
¡Mierda! Estamos desnudos, y él está ahí afuera.
Los ojos de Kas se lanzan a la puerta cerrada de su dormitorio, como
si esperara que Toby estuviera esperando al otro lado.
—Fuera de la puerta principal —aclaro.
Se empuja para incorporarse.
—¿Lo has dejado entrar?
Me encuentro momentáneamente distraída por su pecho desnudo y
los músculos ondulando sobre sus pectorales.
Dios, es sexy.
—¿Daisy?
—¿Mmhmm?
—¿Le has abierto?
Mis ojos se elevan hasta los suyos sonrientes.
—Um... mierda, no. —Parpadeo—. Tu teléfono estaba vibrando, y
cuando vi que era la puerta, le respondí. Tengo que bajar y hacerlo entrar.
—No es necesario. —Kas toma su teléfono de mi mano. Toca la
pantalla y luego hace algo—. Las puertas están abiertas —me dice.
—¿Lo dejaste entrar? ¡Pero estoy desnuda! —Salto de la cama.
Una risa baja retumba de él.
—Puedo ver eso.
Enrojezco mientras sus ojos me recorren lentamente, haciéndome
sonrojar.
—Detente. —No puedo evitar la sonrisa que se forma en mis labios.
Los labios de Kas se curvan hacia arriba en una sonrisa sexy.
—No estoy haciendo nada. Todavía.
Se acerca y arrastra su dedo índice por mi muslo, haciéndome
temblar.
Le golpeo la mano
—Compórtate. Tengo que vestirme. Estará en la puerta en menos de
cinco minutos.
Él me da una mirada de descontento que elijo ignorar.
Empiezo a correr, recogiendo mi ropa y poniéndome la ropa interior.
Kas está sentado en la cama, observándome, con las manos detrás de
la cabeza, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.
Pero entonces, supongo que no. No es su oficial de libertad
condicional quien, en este momento, está caminando por la entrada y 229
hacia la puerta principal.
Vestida, entro volando en su cuarto de baño.
¡Jesús, tengo el cabello de recién follada! Está todo revuelto.
Paso mis manos por él, tratando de alisarlo. Cuando diviso una goma
de Kas para el cabello, en el lavabo, la tomo prestada y sujeto mi cabello
en un moño desordenado.
Agarro su pasta de dientes, aprieto un poco en mi dedo índice, y me lo
froto por los dientes. No es la mejor manera de lavarme los dientes, pero la
necesidad manda.
—Podrías haber usado mi cepillo de dientes. —Kas se acerca detrás
de mí, presionando su cuerpo aún muy desnudo contra el mío. Sus manos
se deslizan alrededor de mi estómago.
Inclinándome hacia adelante, escupo en el lavabo, empujando mi culo
contra él. Siento que se presiona, agradable y duro contra mí, y mis partes
femeninas se despiertan para decir hola.
Abajo, chica. Mi oficial de libertad condicional está en camino.
Agarro el enjuague bucal y tomo un trago. Lo agito en mi boca y lo
escupo. Finalmente, le respondo:
—No voy a usar tu cepillo de dientes. —Abro el grifo, limpiando el
lavabo.
—¿Por qué no?
Encontrando sus ojos en el espejo, digo:
—Um, porque eso sería asqueroso.
—Has tenido esta boca… —apunta un dedo a su boca sexy e
increíblemente talentosa—, y la lengua…. —la saca, haciéndome temblar—
, sobre y dentro de tu coño, saboreándote y haciéndote venir, por la mayor
parte de la noche. Has tenido mi polla en tu hermosa boca. Pero, ¿usar mi
cepillo de dientes sería asqueroso? Claro, eso tiene sentido, nena. —
Levanta una ceja.
Santo Jesús.
Estoy prácticamente en llamas. Ardiendo, estoy lista para caer de
rodillas y llevarlo de vuelta en mi boca, que de repente se hace agua.
—Los cepillos de dientes limpian los dientes —Mi voz se entrecorta, y
me aclaro la garganta—. La lengua…
—Lame —susurra. Me da una buena demostración de lo que puede
hacer esa lengua mágica suya cuando la corre sobre el pulso en mi cuello,
enviando a gritar mis terminaciones nerviosas y haciendo que se mojen
mis bragas. Entonces, sus dientes empiezan a mordisquear mi cuello.
—Kas —digo, pero sale más como un gemido—. No podemos...
230
—Él puede esperar. Yo no. Te quiero ahora. —Un brazo se aprieta a
mi alrededor, mientras su otra mano encuentra mi cara y le da vuelta a un
lado. Me besa. Exuberante, húmedo y profundo.
Empiezo a caer en él y en el momento. Es tan malditamente adictivo.
No puedo tener suficiente.
Está bien, tal vez Toby puede esperar.
Su mano se desliza por mi estómago y el botón de mis vaqueros.
Ahí es cuando el sonido estridente del timbre rompe el momento.
Él suspira en mi boca.
Inclino mi cabeza hacia atrás.
—¿En otro momento?
Emite un sonido de asentimiento. Luego, me libera.
Su mano golpea mi culo al salir. Le muestro una gran sonrisa por
encima del hombro.
Entonces, soy un rayo por las escaleras para contestar a la puerta. La
abro.
—Hola. Lo siento. Estaba arriba... limpiando... el inodoro.
¿Limpiando el inodoro? ¿Por qué no podría haber dicho que estaba
limpiando el baño o la ducha? Supongo que lo bueno es que no dije que
estaba limpiando el interior de la boca de Kas con la lengua.
—Hola, Daisy. —Toby me sonríe.
Devolviéndole la sonrisa, me aparto, dejándolo entrar. Cierro la puerta
detrás de nosotros.
Lidero el camino hacia la cocina donde usualmente tenemos nuestra
reunión.
—¿Café? —le pregunto.
Toby toma su asiento habitual en la mesa de la cocina.
—Por favor.
Me dispuse a hacer el café, preguntándome si Kas querría un poco.
Probablemente bajará. Pero podría estar duchándose ahora mismo.
Kas mojado. Kas desnudo y mojado.
Y, ahora, mi mente está corriendo con un Kas desnudo y todas las
cosas que hicimos anoche y todas las cosas que me hizo.
Puedo sentir que mi piel empieza a arder.
Deja de pensar en cosas sexuales sobre Kas, o Toby notará que pasa 231
algo.
—Entonces, ¿cómo está todo? —Me pregunta Toby.
—¡Genial! —La palabra sale chirriante, así que voy por un rápido
cambio de tema—. ¿Galletas? —le pregunto.
—Me conoces. —Se ríe—. No puedo decir que no a una galleta.
Sí, al igual que no puedo decir que no a un muy sexy hombre griego,
arriba. No es que alguna vez quiera decirle que no a Kas. Dios, las cosas
que el hombre puede hacer con la lengua.
Como si lo conjurara, aparece en la cocina. Descalzo, vestido con
vaqueros de color azul claro y un suéter gris con cuello en V, el cabello
húmedo de la ducha. Se ve muy serio.
—Buenos días, Kas. —Toby le sonríe.
—Buenos días. —El timbre profundo de su voz, ondea a través de mí.
Este hombre estaba dentro de mí, solo hace horas.
Jesús.
Agarro la caja de las galletas y la llevo a la mesa, tratando de evitar
cualquier contacto visual con Kas. Estoy bastante segura de que, si lo
miro, me voy a delatar y Toby sabrá que hemos tenido relaciones sexuales.
—¿Sin uniforme hoy? —dice Toby mientras pongo la caja de galletas
sobre la mesa.
—Mmmm, ¿qué? —Miro hacia abajo a mi ropa.
Maldita puta mierda.
Tengo los vaqueros y la camiseta con los que vine anoche. Siempre
tengo mi uniforme cuando Toby me ve.
Oh Dios.
—Viernes casual —digo.
¿Viernes casual? ¿Qué diablos, Daisy? Soy el ama de llaves. ¿Las
amas de llaves tienen incluso viernes casuales?
—¿Viernes casual? —Hace eco Toby.
—Todos los empleados han puesto un poco de dinero para usar ropa
casual hoy, y estamos donando el dinero a una obra de caridad —dice Kas
con calma.
Mis ojos se lanzan a los suyos. Veo la sonrisa en ellos. Rápidamente
miro a Toby.
—Suena como una gran idea. ¿Qué obra de caridad? —me pregunta
Toby.
Mi boca se seca.
—RSPCA6 —responde Kas por mí.
232
—Nunca lo hemos hecho en la oficina. Voy a sugerirlo en la próxima
reunión. —Toby sonríe, viéndose considerablemente feliz consigo mismo.
Abre la caja de galleta sirviéndose una él mismo.
Me vuelvo, atrapando los ojos de Kas que, todavía me están
sonriendo, pero también llenos de calor. Tanto calor.
Mierda.
Mirando hacia otro lado, trago nerviosamente.
—¿Café? —le pregunto a Kas mientras cruzo la cocina, volviendo a la
máquina de café.
—Claro —contesta, su voz es como lava fundida.
Tomo tres tazas del armario.
—Entonces, ¿cómo van las cosas contigo, Kas? —le pregunta Toby.
—Bien.
—¿Están saliendo bien los negocios?
—Síp. ¿Daisy?
Interrumpo lo que estoy haciendo y le devuelvo la mirada por encima
del hombro.
243
Aún seguí corriendo después de que Jason se fue. Me tomó unos
buenos minutos para calmar mi corazón acelerado y miembros
temblorosos antes de que estuviera lo bastante estable como para
moverme. Pero necesitaba correr. Necesitaba limpiar mi cabeza de todo lo
que había sucedido.
Cuando mi carrera había terminado y estaba bañada y lista para el
trabajo, me senté frente a Cece a la mesa de la cocina, desayunando. No le
hablé de la visita de Jason o de que había dormido con Kas o que después
me había mentido.
Estaba sentada allí con todo en la punta de mi lengua, pero algo me
impidió decirle.
Tal vez porque sé cómo se preocupa por mí, y no quiero que se
preocupe más de lo que ya lo hace.
La visita de Jason me ha sacudido. Especialmente la advertencia que
me dio. 244
Y, en realidad, nada ha cambiado. No ha admitido francamente que
fueron él y Damien quienes me incriminaron. Por lo tanto, no es como que
voy a ir corriendo abriendo mi boca a la policía porque no tengo nada
concreto para darles.
Y todavía estoy molesta por Kas y sus mentiras. Y, ahora, más que
nunca, quiero saber la verdad.
Tal vez la visita de Jason ha aumentado mi necesidad de saber. Ver la
razón de porqué mi vida fue alterada y cambiada para siempre me hace
querer estar más segura que nunca que no estoy cometiendo un error por
estar con Kas.
No dejaré que nada me arriesgue a recuperar a Jesse.
Y por eso me encuentro en la oficina de Kas ahora mismo.
Está con Cooper en los potreros. Algo está mal con uno de los
caballos. Un veterinario ha sido llamado.
Y estoy husmeando.
No es mi mejor momento, pero la necesidad manda.
Tengo mis cosas de limpieza conmigo, y estoy técnicamente limpiando
su oficina. Sólo tengo un aspecto entrometido mientras lo hago.
Específicamente, alrededor de la estantería.
Estoy desempolvándola mientras busco algo fuera de lo común.
Sé que debo parecer como algo fuera de una mala película de
detectives, pero este es mi primer rodeo.
Hasta ahora, no estoy recibiendo mucho. Hay sólo filas y filas de
libros y polvo.
No es exactamente emocionante.
Honestamente, ni siquiera sabía que Kas leía. Nunca lo he visto tomar
un libro.
Poniéndome en las puntas de los pies, corro el plumero a lo largo de
los estantes superiores, con mis ojos arrastrándose sobre ellos, buscando
cualquier cosa. Cualquier indicación de que hay una puerta detrás de
aquí.
Pero nada. Sólo un panel de madera detrás de los libros.
Me pregunto si hay un libro que sacas, y la estantería se abre
mágicamente.
De acuerdo, he estado viendo demasiadas películas. Pero no estoy
muy segura de lo que estoy buscando aquí.
Oh, recuerdo haber visto en una película donde literalmente sólo
presionaban contra la estantería para abrirla, y detrás de ella había una
245
puerta que conducía a una habitación secreta.
¿Pero Kas realmente tendría una habitación secreta? Parece un poco
descabellado, incluso para mí.
Podría haber solo cerrado la puerta por cualquier razón y haber
construido una estantería delante de ella.
Y si acababa de decirme eso, entonces no estaría aquí, husmeando,
ahora mismo.
Mintió por una razón. Y quiero saber por qué.
Creyendo que oigo un ruido, miro detrás de mí a la puerta
entreabierta. Pausando, sostengo mi aliento.
Dejé la puerta abierta, así no parecería sospechoso si Kas regresaba, y
yo estaba aquí con la puerta cerrada.
Espero unos segundos, pero no hay nada. Nada más que silencio.
Mirando hacia atrás a los estantes, suspiro de frustración. Tiene que
haber algo detrás de aquí. Algo que está escondiendo.
Dejo el plumero sobre su escritorio. Volviendo a la estantería, paso mi
mano por los estantes. Deteniéndome en el extremo de uno, presiono
firmemente mi mano contra él, viendo si hay algún movimiento.
Pero no se mueve.
Me muevo a la siguiente pila y hago lo mismo. Y obtengo el mismo
resultado.
La frustración frunce mi frente.
¿Estoy siendo loca aquí?
No, hay algo detrás aquí. Algo que no quiere que yo vea. Solo lo sé en
mis entrañas.
Y sólo quedan dos pilas para comprobar.
Me mudo a la estantería siguiente, mi corazón acelerando
rápidamente del miedo de ser atrapada. Tomando una respiración
profunda, presiono las palmas de mis manos a cada lado de la pila, y
empujo firmemente.
¡Santa mierda! Se movió.
Sólo un poco, pero no cabe duda que da a la izquierda.
Mi ritmo cardíaco se dispara como un caballo de carreras, y mi pulso
empieza a sonar en mis oídos.
Trago nerviosamente mientras presiono mis manos hacia el lado
izquierdo de la pila.
Bueno, aquí no va nada.
Le doy un empujón fuerte. 246
251
Miro a Kas dormido a mi lado.
Tengo el corazón acelerado. La boca seca. Y mi respiración es rápida.
Realmente voy a hacer esto. Realmente voy a salir de su cama y
escabullirme escaleras abajo para encontrar lo que de verdad hay detrás
de la puerta.
Me están sudando las palmas.
Las presiono contra la cama, intentando secarlas con la sábana.
Luego, él se mueve, y casi me meo en mi pantalón.
Girándose en su sueño, se gira de costado, dándome la espalda.
¡Joder!
Maldición, joder.
Me llevo una temblorosa mano al pecho, aplicando presión,
intentando aligerar los latidos de mi corazón. Está latiendo tan fuerte y
252
ruidoso que estoy asustada de que realmente lo despertará.
No puedo despertarlo ahora. No cuando he pasado los últimos
minutos liberándome de sus brazos.
No le llevó mucho tiempo quedarse dormido después de que
acabásemos de besuquearnos.
Sí, nos besuqueamos.
Me hizo la cena. Realmente cocinó para mí. Un chico nunca ha hecho
eso antes. Encendió velas y todo. Fue verdaderamente romántico. Luego,
nos acurrucamos en el sofá con nuestros vasos de vino y miramos juntos
la televisión. Bueno, la parte de mirar la televisión no duró mucho hasta
que comenzamos a besuquearnos como adolescentes.
Kas sugirió que fuésemos a la cama. Yo accedí.
Y llevamos nuestra sesión de besuqueo aquí. Obviamente, no tuvimos
sexo porque se supone que tengo mi periodo. Pero, Dios, quería hacerlo.
Lo deseaba desesperadamente. Todavía lo hago.
Después de que terminásemos de besuquearnos, me rodeó con sus
brazos y me sostuvo como si nunca quisiese dejarme ir.
Y no quería que lo hiciese.
Pero tengo que hacerlo.
Tomando una silenciosa bocanada de aire, salgo de la cama, tocando
la gruesa alfombra con los pies descalzos.
Lanzo una mirada nerviosa hacia Kas. Reteniendo la respiración, miro
la fuerte siluete de su espalda. Sus respiraciones son profundas y
regulares. Se ha dormido con rapidez.
Y yo estoy haciendo esto.
Con los ojos en la puerta medio abierta, salgo de puntilla de la
habitación.
Bajo las escaleras con paso silencioso. La luz en el porche exterior
está lanzando un suave brillo en el gran pasillo.
Sintiendo frío, me estremezco, rodeándome con los brazos. Solo llevo
puesta una de las camisetas de Kas y mi ropa interior. Siento como si
debiese vestir un traje negro apretado o algo igualmente rudo. No una vieja
camiseta de una banda de Kas que llevaba su olor. Y realmente distrae la
atención, porque me encanta la forma en que él huele. Trae cálidos y
calientes recuerdos a mi memoria, y eso me hace sentir una completa
zorra por husmear de este modo en su casa.
Luego me recuerdo que no estaría haciendo esto si no fuese por él y
sus mentiras. Habría estado tumbada arriba allí arriba en sus brazos,
probablemente teniendo sexo ahora mismo, si él hubiese elegido la
253
honestidad.
Pero no lo hizo, y aquí estamos.
Bueno, aquí estoy.
Cruzo el suelo de puntillas y entro en su oficina.
Cierro discretamente la puerta detrás de mí y entonces cruzo la
habitación y enciendo la lámpara de su escritorio.
No pierdo el tiempo. Comienzo a buscar entre los cajones del
escritorio, buscando una llave.
Encuentro una llave, pero es pequeña y parece que es de un candado
o algo parecido. Pero aparte de eso, no hay ninguna llave que pueda
encajar con esa puerta.
Con las manos en las caderas, estudio la habitación.
¿Si fuese Kas, dónde guardaría la llave de una puerta secreta?
La mantendría conmigo.
Hago un rápido repaso mental de lo que vestía cuando subimos
arriba. Vaqueros y una camiseta, y lo puso todo en la cesta de la ropa
sucia, así que definitivamente ahí no está la llave.
Pongo la mirada en su chaqueta, que está colgada detrás de la puerta.
Se la puso más temprano cuando fuimos al veterinario a conseguir la
medicina para el caballo.
Camino hacia la chaqueta. Meto las manos en ambos bolsillos. Mi
mano se curva alrededor de un juego de llaves en el bolsillo derecho.
Las saco. Las llaves de su auto. Bajo la mirada a ellas en mi mano.
Está la llave del auto, un llavero —que es del garaje, creo— el llavero de un
Range Rover… y otra llave.
Una llave de Yale.
Joder.
La sangre comienza a bombear por mis venas.
Oh, Dios mío. Esta es la llave. ¡Apuesto a que es la llave!
Me apresuro hacia la librería, con las llaves en la mano.
Abro la estantería, revelando la puerta. Tomo la llave de Yale y con la
mano temblorosa, meto la llave en la puerta. Giro y…
Clic.
Mierda, estoy dentro.
Realmente dentro.
Dejando la llave en la puerta, sujeto la manilla y la giro.
Pero me detengo antes de abrirla.
¿Estoy segura de querer hacer esto? ¿Estoy segura de querer saber qué 254
hay tras la puerta?
Ya no estoy segura de nada. Pero sé que necesito conocer qué está
escondiendo.
Con un fuerte suspiro, abro la puerta.
Se enciende una luz, haciéndome saltar. Debe ser una de esas luces
con sensor. Mis ojos se ajustan a la luz y veo que estoy de pie en la puerta
de una habitación del tamaño de un armario.
Y en este armario hay… fotografías.
De mí.
—¿Qué demonios? —susurro.
El corazón empieza a latirme más rápido y me adentro en la
habitación.
Hay una fotografía de mí. Del día que salí de prisión. Estoy de pie
fuera de la prisión, con una bolsa en la mano.
¿Por qué Kas tiene fotografías de mí?
Empiezo a pasar la mirada por el resto de fotografías colgadas en la
pared.
Yo y Cece abrazándonos ese día.
Yo corriendo.
Yo y Cece juntas, la noche del club.
Yo en la Finca Matis, hablando con Cooper.
Yo en el tren.
Una mía con Jesse cuando fuimos a la playa.
Y…
Jesucristo.
Alcanzo la fotografía con la mano.
Es de mí con Jason. Pero está no es del otro día. Esta es una vieja
fotografía, de cuando estábamos juntos, no mucho antes de que me
arrestasen.
La fotografía definitivamente fue tomada desde lejos y sin nuestro
conocimiento.
Jason y yo estamos abrazados. Estoy sonriendo hacia su rostro, y él
me está devolviendo la sonrisa.
—Oh, Dios —susurro.
Giro en la habitación, contemplando. Cada pared está cubierta con
algo; fotografías, noticias, recortes de periódico sobre mi arresto, juicio y
encarcelamiento.
255
Jesús, incluso tiene la fotografía policial de mi arresto.
Acercándome, paso los dedos sobre la fotografía.
Me muevo a un lado, y hay un mapa con localizaciones marcadas.
Una es mi apartamento.
¿Qué demonios?
No lo entiendo. ¿Por qué Kas tiene estas cosas?
Me muevo y mi cadera choca con una mesa.
No, es un escritorio y…
—Oh, joder. —Jadeo, llevándome una mano al pecho mientras el
corazón me salta a la garganta, dejándome resollando.
Sobre el escritorio hay una pistola. Y alineados al lado de la pistola
hay cinco cuchillos de diferentes tamaños. Cada uno parece tan mortífero
como el anterior.
Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios.
Con los dedos en el borde de la mesa, me deslizo a su alrededor,
mirando hacia las armas, como si fuesen a cobrar vida y atacarme.
Una vez que estoy al otro lado de la mesa, me giro hacia el último
muro. Veo fotografías de Haley.
Me centro en una de las imágenes. Es de Haley y Kas. Él se ve mucho
más joven.
Se ve feliz.
El dolor irrumpe en mi pecho.
Doy un paso atrás, admirando las fotografías de Haley junto los
recortes de noticias sobre su asesinato.
No entiendo qué es todo esto. Qué significa.
¿Por qué tiene fotografías de mí y Jason aquí con fotografías de Haley?
De pie en el centro de la habitación, me giro lentamente, asimilándolo
todo, ponerlo todo junto, y mi mirada atrapa una fotografía. No la vi antes
porque tenía la mirada fija en las armas.
Pero ahora, la estoy mirando, la estoy mirando con fuerza.
Porque hay una imagen de Damien Doyle.
Y a cada lado de la imagen hay dos fotografías de unos hombres que
no reconozco.
Me acerco a las fotografías, y me da un vuelco en el estómago.
Las fotografías de lo hombre que no reconozco tienen una gran X roja
marcada sobre sus rostros.
256
La de Damien es la única imagen que no tiene una X.
¿Por qué…?
Oh, Dios.
Oh, joder, no.
Justo como un golpe a la cabeza, me golpea.
Un enfermizo sentimiento hueco comienza desde las entrañas.
Tres hombres.
Haley. Kas.
Violación. Asesinato.
¿Las cruces rojas significan… que están… muertos?
Oh, joder.
Damien está vivo.
Jesucristo.
Dios. No.
Me giro, más que preparada para dejar esta habitación y el corazón
casi se me sale del pecho.
Kas está de pie en la puerta.
Con el pecho desnudo y está vistiendo el pantalón de pijama negro
con el que se fue a la cama.
—¿Hay alguna habitación de la que pueda mantenerte alejada? —No
sonríe.
Y casi me meo en mi pantalón.
Pasa la mirada por la habitación y suspira. Se cruza de brazos y
apoya el hombro contra el marco de la puerta.
Su impenetrable mirada se encuentra con la mía. Luego, separa los
labios y calmadamente dice:
—Así que, supongo que tienes preguntas.
257
¿Preguntas?
¿Tengo preguntas?
¡Por supuesto que tengo malditas preguntas!
Pero, en este momento, estoy tratando de no mear mi pantalón, y
tengo que reiniciar mi corazón a función normal, ya que ha decidido dejar
de funcionar correctamente.
Separo mis labios. Tengo la boca seca, como si hubiese estado en el
desierto durante días.
Yo… ni siquiera sé por dónde empezar.
Kas me está mirando con esos hermosos, impenetrables ojos oscuros,
que no revelan nada.
Pero él no necesita decirme nada, porque estoy bastante segura que lo
he descubierto todo por mi cuenta.
Damien Doyle era parte de la pandilla que… 258
Y Kas ha sido…
Jesús, ni siquiera puedo decir las palabras.
Me lamo los labios, tratando de decir las palabras.
—Yo… —Envuelvo mis brazos sobre mi estómago, mis ojos alrededor
de la habitación.
Él tiene fotos de mí desde antes de que nos conociéramos.
O tal vez Kas me conocía mucho tiempo antes de conocerlo.
Oh, mierda.
—Yo-tú… —tartamudeo—. ¿Por qué tienes fotos de mí? ¿Y Damien
Doyle?
—Creo que sabes por qué.
—Oh Dios —susurro, temblando.
Suspira de nuevo.
—No quería que lo averiguaras, Daisy.
¡No jodas! Le pido a Dios nunca haberlo descubierto.
Yo y mi curiosidad de mierda.
—Tú… las fotos de esos hombres.
—Evan Foster, Levi Betts, y por supuesto, tú conoces a Damien
Doyle.
—E-ellos… —Levanto una mano temblorosa, indefensa a su torso
marcado. Sus ojos se cerraron—. ¿Son los hombres los que te hicieron eso
a ti y a Haley?
Respira profundamente por la nariz. Sus ojos se abrieron.
—Sí.
—Jesucristo —susurro—. ¿Y qué significan las cruces en las caras de
Evan y Levi?
—Significa que están muertos, Daisy.
Santa mierda.
Quiero llorar. Y correr. Muy, muy lejos.
Trago por los ladrillos en mi garganta.
—¿Có-cómo murieron?
Se endereza, levantando las manos al marco de la puerta por encima
de su cabeza. Su gran cuerpo llena la puerta. Sus músculos están
estirados, demostrando su definición y fuerza.
Estoy atrapada aquí, y si él quiere hacerme daño, puede.
259
Las únicas cosas que tengo en ventaja son la colección de cuchillos
detrás de mí y el arma, pero no sé si está cargada.
Y… no puedo creer que esté considerando tener que defenderme con
un arma contra el hombre con el que he estado durmiendo.
Justo cuando pensaba que mi vida no podía empeorar, abrí una
puerta y encontré la guarida secreta de Dexter.
Kas suelta otro suspiro. Este suena cansado.
—Evan Foster se cortó la garganta. Sangró hasta la muerte en su
bañera. Y Levi Betts fue apuñalado a muerte en un callejón.
Aparentemente, el trato con las drogas ha ido mal. —Sus ojos negros
permanecen cuidadosamente en los míos.
Tragando nerviosamente, miro de nuevo los cuchillos de la mesa.
¿Uno de esos cuchillos…?
Mierda. Mierda. Mierda.
Mi pulso está palpitando en mis oídos, mi piel duele por los nervios y,
sobre todo, incredulidad. No puedo creer que tengamos esta conversación.
Nunca pensé en lo que había detrás de esa puerta. Pero, en mi más
salvaje imaginación, nunca pensé que fuera esto.
—Y-y… —Cuidadosamente lo miro de nuevo. Mi mirada fija en sus
cicatrices. Nunca las veo normalmente; no me llaman la atención porque
son parte de él.
Pero, ahora, las estoy viendo.
Levanto la mirada hacia la de él y trago.
—¿T-tú tuviste algo que ver con sus… muertes?
Sus ojos parpadean con algo… ¿miedo quizás?
Suspira. Suena resignado.
Cuando me mira de nuevo, la mirada en sus ojos es cautelosa.
—Creo que también conoces la respuesta.
—Oh, Jesús. —Retrocedo un paso y me golpeo con el escritorio,
haciendo temblar los cuchillos y el arma.
Los ojos de Kas se dirigen directamente a ellos y luego a mí.
Me hago a un lado del escritorio, alejándome, pero no demasiado para
poder tomar un arma si es necesario.
—Los mataste a ambos.
—Sí.
Oh Dios. 260
—Y vas a matar a Damien.
No responde. Sólo me mira fijamente, como si estuviera ponderando
cómo responder.
Pero no necesita responder, porque ya lo sé.
La foto de Damien no estaría clavada en esa pared junto a la de ellos
si Kas no planeara matarlo.
—¿Cómo morirá Damien? —susurro.
—Penosamente.
—Oh Dios. ¿Me vas a matar también?
—¿Qué? —Se ve aturdido, como si acabara de darle un puñetazo en la
cara. Todo su comportamiento cambia. Sus brazos caen del marco de la
puerta, y da un paso adelante, con los ojos abiertos de sorpresa—.
Jesús. Claro que no. ¿Por qué pensarías eso?
Y en este momento mi cerebro elige explotar a través de mi boca.
—¡Porque tienes armas y cuchillos aquí! Y ya has matado a dos
hombres, que, por supuesto, se lo merecían, y planeas matar a otro
hombre, ¡que también lo merece! ¡Pero has matado a gente, y tienes mi foto
en todo tu jodido muro! —Extiendo la mano en dirección a las fotos. Mi
pecho se alza con temerosos y furiosos suspiros mientras el eco de mis
palabras reverbera silenciosamente por la habitación.
Kas se pasa una mano por el cabello, su otra mano cruza su pecho
para cubrir su corazón.
—Nunca te haría daño, Daisy. Nunca —afirma enfáticamente—. Esto.
—mueve una mano, señalando su pared de fama—, es sólo una parte de
mi vida que nunca quise que conocieras.
—¡Joder, Cristo! —Me pellizco el puente de la nariz, inhalando y
respirando profundamente—. Estoy enamorada de un asesino. Sólo yo
podría enamorarme de un asesino. Dios, ¿qué demonios me pasa?
—¿Qué dijiste?
Dejando caer mi mano, le fruncí el ceño.
—Lo siento, ¿no debería llamarte asesino?
—Estás… —Parpadea. Negando, da otro paso adelante—. Estás
enamorada de mí.
Oh. Mierda.
¿Acabo de decirle que estoy enamorada de él?
¿Estoy enamorada de él?
Oh Dios. Lo estoy.
Estoy enamorada de Norman Bates.
261
Bueno, no es exactamente un psicópata. Es un hombre de venganza.
Pero ha matado gente. Y no es exactamente el momento ideal para decirle
al hombre que sales que estás enamorada de él, momentos después de
descubrir que es la versión de la vida real de The Punisher.
—Yo-yo… no es realmente el punto en este momento —digo
despectivamente.
—Es el único punto.
Cuando miro su rostro, veo ternura. Se enrolla alrededor de mi
corazón y aprieta con fuerza.
Cierro los ojos contra el sentimiento.
—Ni siquiera te conozco —susurro—. No puedo estar enamorada de
un hombre que no conozco.
Siento que se acerca.
—Me conoces, Daisy. Eres la única persona que realmente me conoce.
Abro los ojos y observo sus ojos conmovedores. La esperanza en su
mirada me hace doler.
Niego.
—No, no lo sé. Me has mentido desde el momento en que te conocí.
Me conocías antes que te conociera. —Señalo la foto de mí y de Jason en la
pared, pero sus ojos no dejan los míos—. ¿Cómo terminé trabajando para
ti, Kas? —Mis palabras son tranquilas.
Sus ojos se cierran brevemente, sus cejas juntas, como si acabara de
gritarle.
—Lo hice para que vinieras a trabajar para mí.
Un sentimiento enfermo se despliega en mi estómago.
—¿Por qué harías eso? —Creo que ya lo sé, pero necesito que me lo
diga. Necesito oír esto de él.
Da un paso atrás, poniendo la distancia tan necesaria entre nosotros.
—Porque he estado tratando de atrapar a Damien Doyle durante
mucho tiempo. Pero tiene esta poderosa habilidad de desaparecer. Y,
cuando él desaparece, sale completamente del mapa, y simplemente no
hay forma de encontrarlo. Créeme, lo he intentado.
»Sólo necesitaba una entrada con él. Así me acercaría lo suficiente
para matarlos. No me recuerdan. Me veo muy diferente al chico que
torturaron en ese parque hace siete años. Los encuentro, y luego los mato.
»Damien acababa de reaparecer en Londres después de haber estado
fuera por mucho tiempo, y fue entonces cuando supe que tenía un
hermano. Vi mi camino para acercarme a Damien. Pero Jason estaba
nervioso. Tenía miedo de su hermano, pero le era fiel. Entonces… descubrí 262
que Jason tenía una novia.
—Conoces a Jason. —Envuelvo mis brazos sobre mi pecho,
repentinamente fríos, los froto con mis manos.
—Lo había observado por un tiempo. Entonces, una noche, lo seguí a
un bar. Empecé a hablar con él. Hablaba con facilidad con algunas
cervezas, pero se aferró a no mencionar a su hermano. Le gustaba hablar
de ti. Mucho.
Apreté los ojos, los puños cerrados con fuerza a mis lados.
—Te vi… y, mierda, Daisy, eras tan hermosa. Nunca había visto a
alguien tan hermosa. Al mirarte, partes de mí empezaron a despertar. Pero
quería odiarte porque pensé que eras uno de ellos. Pensé que tenías que
saber el tipo de personas con las que estabas involucrada. Y luego, unas
semanas más tarde, fuiste arrestada, y resultó que estaba en lo correcto, o
eso pensé.
»Sabía que Jason era incapaz de decir nada; el tipo es una jodida
cubierta. Entendí eso después de pasar unas horas hablando con él.
Sabía, por mi instinto, que tenía algo que ver con Damien. Estaba escrito
por todas partes. Y, si estuvieras involucrada, entonces eso significaba que
estabas cerca de Damien. Te vi como mi entrada. Iba a usarte para
acercarme a él. Entonces, iba a matarlo.
»Por supuesto, Damien desapareció justo después que te arrestaran.
Así que, esperé. Entonces, cuando te liberaron, entré en contacto con un
amigo de Jude que trabaja en el servicio de libertad condicional. Le dije
que quería ayudar con el programa de Regreso al Trabajo que tienen para
los delincuentes. Le dije que estaba buscando una ama de llaves porque la
última se había ido inesperadamente. Me puso en contacto con Toby…
—Tania. —Exhalé su nombre—. ¿Se fue voluntariamente? ¿O la
despediste?
Sus ojos brillaron de dolor.
—Tania era inmigrante ilegal. Fue deportada a Polonia. Lo mantuve
en secreto, ya que no quería atención negativa en la finca.
—Qué conveniente para ti.
Aprieta la mandíbula, y dice:
—Tania se fue dos meses antes que tú empezaras a trabajar aquí. No
le hice jodidamente daño, Daisy. No mato gente por diversión. Tania está
viva y bien, viviendo en Polonia con su familia. Puedo demostrártelo…
—¿Tú y ella…?
—No. —Decepción parpadea en sus ojos—. No ha habido nadie más
que tú. Lo sabes.
263
—Sí, bueno, perdóname por no creer en una palabra que has dicho.
—Nunca te he mentido, Daisy. Te he guardado las cosas, pero nunca
he mentido.
—¡Pura mierda! —Señalo con un dedo su oficina—. ¡Me miraste a los
ojos y me mentiste el otro día! ¡Estabas allí y me dijiste que esa maldita
puerta nunca existió!
La ira se filtra en su rostro.
—Claramente, eso fue un error. Y puede que haya mentido sobre eso;
ocultarte eso, pero fue con buena razón. Pero nunca he mentido acerca de
nada sobre nosotros.
—¡Todo esto tiene que ver con nosotros! —Levantó los brazos—. ¡Me
ocultaste esto!
—¿Cómo se suponía que iba a decírtelo? Por cierto, Daisy, estoy
sacando del mapa a los hombres que violaron y asesinaron a mi novia de la
infancia, ¡los hombres que me hicieron esto y me dejaron por muerto! —
Golpea una mano contra su pecho marcado—. ¡Que conseguir mi
venganza es lo único que me ha mantenido respirando durante los últimos
siete años! —Deja de hablar, jadeando, sus ojos salvajes y amplios en mí.
Lo peor es que… lo entiendo.
Entiendo por qué ha hecho lo que ha hecho. Si me hubieran hecho
eso a mí o a Cece o Jesse, lo que le hicieron a él y Haley, también querría
matarlos.
Pero eso no significa que lo haría. Dejaría que la ley hiciera su
trabajo.
—¿Por qué matarlos? ¿Por qué no entregarlos a la policía?
Suelta una risa, pero no hay ni un poco de humor en ella. Retrocede,
apoyado contra la pared, y cruza los brazos sobre su pecho, mirando
fijamente el muro que está cubierto con los recortes de noticias e imágenes
de Haley.
—Porque la policía no hace una mierda. Les di descripciones. Lo
mejor que pude. Pusieron retratos en las noticias. Revisaron la zona.
Llevaron unos pocos sospechosos. Sin embargo, nunca los correctos. El
tiempo pasó. El interés en el caso disminuyó.
»Así que decidí hacer algo al respecto por mi cuenta. Era lo menos que
podía hacer por Haley y su familia. Ella murió porque la llevé allí esa
noche. Así que, iba a hacer lo único que podía. Limpiar esa escoria de la
tierra. Me llevó mucho tiempo encontrarlos. Pero cuando lo hice… —Su
mirada dolorida se posa en mí—. Cuando maté a Foster… vomité después.
—Suelta una risa triste y despectiva—. Pero también me sentí bien. Como
si finalmente estuviera haciendo algo bien por Haley. Matar a Betts… no 264
diría que fue más fácil, pero saber que estaba librando al mundo de esos
hijos de puta se sentía bien. Pero Doyle… él es el que quiero más que
nada. Fue el motor de lo que sucedió esa noche.
—¿Fue el primero que violó a Haley? El que te agradeció por dejarlo…
¿fue él quien te apuñaló una y otra vez?
Asiente lentamente.
—Sólo necesito matarlo… y entonces todo estará bien.
Siento que ni siquiera me está hablando ahora mismo.
—Mato a Doyle, y he pagado mi deuda a Haley.
Doy un paso temeroso hacia él.
—Haley no hubiera querido que hicieras esto.
Me mira, y el dolor en su expresión me atraviesa.
—Se lo debo, Daisy. —Mira más allá de mí, hacia su foto. La ternura
se extiende a través de su expresión—. Debía protegerla, y le fallé. No voy a
fallar de nuevo. Mataré a Doyle. Me vengaré por ella… si es lo último que
hago.
Algo dentro de mí se rompe.
Mirándolo observar su foto, me siento como una intrusa. Y me doy
cuenta en este momento que lo que Kas siente por mí nunca será nada
comparado con lo que sentía por Haley… por lo que aún siente por ella.
Ni siquiera puedo estar celosa porque merecía ser amada. Y, después
de lo que vivió, merece su venganza.
Pero no puedo ser parte de ella. Tengo demasiado que perder.
—Comprendo tu necesidad de venganza, Kas. Por lo que te hizo a ti y
a Haley…
—Y a ti. —Sus ojos van a los míos, la ira ardiendo en ellos—. Te puso
en la cárcel. Robó dieciocho meses de tu vida. Por él, perdiste a Jesse. Ya
no se trata de Haley, Daisy. Es sobre ti también.
Mi corazón se contrae dolorosamente.
Doy un paso hacia él.
—No quiero que hagas nada por mí. Tuve mi paz con lo que me había
pasado hace mucho tiempo.
Pero quiero que ese bastardo muera por lo que le hizo a Kas.
Simplemente no quiero que Kas sea el que lo haga. Kas ha soportado y
sufrió lo suficiente. Más que nadie debería. No quiero que sufra más.
Quiero que esté libre de esto.
265
—No quiero que vayas detrás de Damien. Quiero que te quedes aquí
conmigo. Quiero que estés a salvo. —Envuelvo mis brazos a mi alrededor—
. Entiendo tu necesidad de hacer esto, pero no puedo ser parte. No me
interpondré en tu camino, y no te pediré que elijas. Pero —inhalo por
fortaleza—, si sigues tu camino de venganza, entonces… aquí es donde
terminamos. No puedo arriesgar a Jesse. Y te amo. De verdad. Pero amo a
Jesse más. Siempre vendrá primero. Tengo que protegerme para
protegerlo. Lo necesito de vuelta a casa conmigo, y no puedo…
no voy a dejar que nada ponga en peligro eso. Mantendré tu secreto.
Puedes confiar en mí. Pero ya no puedo estar aquí. No puedo estar contigo.
—Jesús. —Aprieta los ojos, inclinando su cabeza hacia atrás.
Se queda así por lo que parece ser una eternidad cuando, en realidad,
son segundos. La mandíbula apretada, los ojos bien cerrados, su cuerpo
está tan quieto que ni siquiera estoy segura si está respirando en este
momento.
Por favor, Kas. No vayas tras él. Déjalo ir. Quédate conmigo.
Exhala que suena mucho como una decisión tomada. Y miro mientras
él abre sus ojos y me mira. Leí su respuesta allí, y mi corazón se retuerce.
—Nunca debería haber empezado nada contigo. Sabía que estaba mal.
Lo siento…
Lo interrumpo levantando mi mano.
—No…
Baja la mirada.
—Tengo que terminar lo que empecé… lo que ellos comenzaron hace
siete años. Tengo que terminar con Doyle por lo que hizo. Lo siento, Daisy.
Me mira de nuevo, y la disculpa en sus ojos me enoja.
Y ahí es cuando todo me golpea.
Eso es todo.
Kas y yo hemos terminado.
Antes que tuviera la oportunidad de comenzar.
Dolor, algo que nunca he sentido antes, me atravesó.
Si alguna vez hubiera preguntado cuánto significaba para mí Kas,
acabo de recibir mi respuesta.
Más de lo que creía posible.
—Está bien. —Siento un aliento fortificante, manteniéndome fuerte
cuando todo lo que quiero hacer es desmoronarme—. Supongo que no
queda nada más que decir. Excepto… adiós.
Sus ojos parpadean de pesar.
—Adiós, Daisy. 266
Esas palabras suavemente pronunciadas astillan mi corazón,
destrozándome.
Juntando fuerza, curvo mis dedos en mis palmas hasta que mis uñas
se clavan en mi piel. Empiezo a alejarme.
Mientras paso a su lado, lo respiro, y el olor de él es casi suficiente
para detenerme.
Casi, pero no suficiente. Porque hay alguien por ahí que me necesita
más.
—Daisy…
La voz de Kas toca mi espalda, y es agonía, deteniéndome. Miseria se
aloja en mi garganta.
Suspiro, cierro los ojos.
Me toma una eternidad encontrar la fuerza para girarme a él, y
cuando lo hago, aún está apoyado contra la pared, sin mirarme, ojos en el
suelo, sus brazos alrededor de sí mismo.
Invocando su propia fuerza, se voltea y levanta su mirada la mía, y
por primera vez, veo a Kas.
El verdadero Kas.
Está abierto y sangrante por mí.
Dios, duele. Duele jodidamente tanto.
Lágrimas me llenan los ojos. Me muerdo el labio para mantener el
dolor adentro.
—Siento no poder ser un hombre mejor para ti. El hombre que te
mereces. —Su voz es ronca de la emoción.
Y las lágrimas se derraman sobre mis mejillas.
Sé que lo afectan. Veo su mano flexionada, como si quisiera
extenderla y tocarme. Pero se queda en su lugar.
—Ya no creo que sea capaz de amar —dice suavemente—. No lo he
hecho por mucho tiempo. Pero sí sé lo que siento por ti, y es…
Niega suavemente, sus ojos brevemente mirando a otro lado antes de
volver a mí. Veo el brillo en ellos, y me hace llorar más.
—Lo que siento por ti es debilitante, aterrador y emocionante… y lo
mejor que me ha pasado. Eres lo mejor que alguna vez pudo pasarme. Y, si
sólo crees una cosa que te he dicho, entonces cree esto; si pudiera amar a
alguien, entonces sería a ti, Daisy. Un millón de veces más, serías tú.
267
“Si pudiera amar a alguien, entonces sería a ti, Daisy. Un millón
de veces, serías tú”.
Esas palabras han estado repitiéndose en mi mente todo el día.
Inclino mi cabeza contra la ventana, la vibración del tren
circulando sobre la vía golpeando contra mi cabeza, mientras Kelly
Clarkson canta “Beautiful Disaster” en mis oídos.
Después de esa noche, cuando me alejé de Kas, no vino detrás de
mí. Se ofreció a llevarme a casa, pero el dolor, la confusión y la
atmósfera entre nosotros todo era bastante malo, y no podía soportar
un viaje en coche a casa con él. Entonces me llamó un taxi.
Voy a tener que verlo dentro de pocas horas. A pesar de que no
pueda tener una relación con Kas, todavía necesito mi trabajo. Es una
de las cosas que me garantiza que recuperaré a Jesse.
Cuando llegué a casa, entré silenciosamente en nuestro
apartamento. Me metí en la cama y pasé el resto de la noche mirando 268
el techo oscuro.
Me levanté temprano y fui a correr.
Cuando volví, Cece estaba levantada. Se sorprendió al verme, ella
había pensado que estaba con Kas. Le dije que Kas y yo no íbamos a
funcionar.
Entonces, me sorprendí rompiendo a llorar.
Por supuesto, no podía decirle la verdadera razón. Así que le dije
que no era el indicado para mí.
Sabía que ella sabía que había más, pero no empujó. Ella solo
fue increíble, como siempre. Me abrazó y luego me dijo que esta
noche, era noche de chicas, comida para llevar, vino y una película
romántica.
Tenía temor de ir al trabajo y tener que verlo. Pero me puse mis
bragas de chica grande y me fui a trabajar.
No estaba.
Su coche había desaparecido.
Y entonces empecé a preocuparme. Preocupada porque hubiera
ido tras Damián.
Me quebré y lo llamé. Me respondió el contestador que sólo me
hizo sentir peor. No me molesté en dejar un mensaje.
¿Qué podría decir? Por favor no lo mates.
Envié un mensaje más tarde ese mismo día, sólo pidiendo que
me dejara saber que estaba bien.
Hasta ahora, aún no me ha contestado.
Tengo miedo por Kas.
¿Y sabes qué? Lo más espantoso es que no me importa que un
hombre, pronto perderá vida. O que Kas ha tomado la vida de dos
tipos más. Porque se lo merecían. Damien se lo merece.
Y si pensar eso me hace una mala persona, entonces lo soy.
Esos bastardos violaron y asesinaron a una niña de diecisiete
años. Obligaron a Kas a ver esa brutalidad, y luego lo apuñalaron y lo
dejaron por muerto.
Cuando pienso en Kas matándolos, no puedo sentir otra cosa
que justicia para Haley.
Y Damien me puso en la cárcel durante dieciocho meses. No soy
una chica buscando venganza, pero no puedo evitar sentirla ahora
mismo.
269
Sé que algunas personas dirían: entrégalo a la policía. Pero los
escurridizos hijos de puta como Damien, siempre se las ingenian para
desaparecer.
Y, honestamente, la cárcel no sería suficiente castigo para él.
Confía en mí, he pasado tiempo adentro, y el castigo que Damien
merece por lo que hizo esa noche, hace siete años, no es sentarse tan
tranquilo en una celda de la cárcel. Merece sufrir.
Ojo por ojo y todo eso.
Kas perdió todo por Damien. Perdí todo por Damien.
Supongo que, en ese sentido, siempre estaremos vinculados.
Así que, entre revisar compulsivamente el noticiero por noticias
de asesinato —o peor, de Kas resultando herido— he estado sufriendo
por la idea de perderlo.
Mi día ha sido un completo jode-mentes.
Sólo necesito saber de Kas. Necesito saber que está bien.
Mi teléfono vibra en la mesita frente a mí. Mis ojos vuelan hacia
él, el corazón acelerado, esperando que sea Kas. Me desinflo cuando
veo que es Anne llamando, lo que demuestra lo mal que están las
cosas, pero entonces mi corazón se recupera cuando comprendo que
es Anne llamando.
Jesse.
Arranco los auriculares de mis oídos y contesto la llamada.
—¿Hola? —Me apresuro, la preocupación me pincha, como
siempre hace cuando se trata de Jesse.
—Hola, Daisy. —Es Anne. Su voz suena alegre, lo cual me relaja.
—Hola —digo.
—No estoy interrumpiendo nada, ¿verdad? —pregunta.
—No, para nada. —Bueno, aparte de sentarme aquí, obsesionada
por el hecho que el hombre de quien estoy enamorado está decidido a
vénganse y pronto matará al hombre quien arruinó su vida. Aparte de
eso, no, no estás interrumpiendo nada—. Estoy en el tren de camino a
casa del trabajo.
—Oh Dios. Bueno, tengo algunas noticias... buenas noticias.
Eso me hace sentarme más erguida.
—¿Buenas noticias?
—Sí. He estado hablando con mi superior, y hemos estado
examinando los progresos de Jesse desde tu liberación. Todo ha sido
positivo. Especialmente desde que comenzaron tus visitas. Le va
mejor en la escuela, busca activamente participar en las actividades, 270
y su actitud general ha mejorado. Parece feliz.
Eso me hace resplandecer; saber que Jesse es feliz debido a mí.
—Y también hablé con tu oficial de libertad condicional, Toby, y
no tiene nada más que cosas positivas que decir, al igual que tu
empleador.
—¿Kas? —Jadeo su nombre.
—Sí, Kastor Matis. Un hombre encantador. Tenía cosas
maravillosas que decir sobre ti. Que eres muy trabajadora. Siempre
eres puntual. Dijo que está claro para él que, tu único objetivo, es
reconstruir tu vida y hacer que Jesse vuelva a vivir contigo.
Lágrimas vienen a mis ojos. Me muerdo el labio.
—¿Cuándo hablaste con Kas? —Lucho para mantener un tono
normal. Necesito saber si ha hablado con él desde que desapareció del
radar.
—Oh, era antes de ayer. ¿Por qué?
Mis esperanzas se hunden.
—Oh, nunca lo mencionó, es todo. —Trato de ignorar mi
curiosidad, preocupada porque podría hacerla sospechar que Kas y yo
una vez fuimos más que solo empleador y empleada.
—Oh, claro —dice con una informalidad que me pone a gusto—.
De todos modos, normalmente esperaríamos un poco más antes de
permitir esto, pero no creo que eso sea necesario en este caso. Creo
que, al contrario, va a beneficiar más a Jesse. Y también he hablado
con Jesse, y estaba más que deseoso de que empezara.
—¿De qué empezara?
—Las visitas a domicilio por la noche. Vamos a permitir que
tengas acceso de fin de semana con Jesse. Puede venir a verte los
sábados por la mañana. Quedarse la noche del sábado y luego lo
traes de regreso de nuevo el domingo a la hora del té. Iré, por
supuesto, tendré que venir y hacer una inspección de tu casa y
asegurarme de que todo está en condiciones satisfactorias para él,
pero dudo que haya un problema de lo que recuerdo de tu casa la
última vez que estuve allí.
—¿Estás hablando en serio? —Mi corazón late más rápido—.
¿Puedo tener a Jesse los fines de semana?
Siento su sonrisa detrás la línea.
—Sí, Daisy, hablo en serio. Te lo has ganado. Estoy orgullosa de
ti. Sigue así, y tendrás a Jesse viviendo contigo más pronto de lo que
se había anticipado.
271
Las lágrimas empiezan a correr por mi cara.
—Muchas gracias. Muchísimas. No.… no sé... Dios, gracias. No
los defraudaré ni a ti, ni a Jesse, lo juro.
—Sigue haciendo lo que estás haciendo, y volverás a tener a tu
familia unida antes de que te des cuenta.
Nos decimos adiós después de establecer fecha y hora para Anne
para que haga su visita a casa a principios de la próxima semana así
puedo empezar las pernoctaciones de Jesse el próximo fin de semana.
No lo puedo creer. Estoy a un paso de recuperar a Jesse.
La otra parte de mi vida puede estar yéndose a la mierda, pero la
parte más importante se dirige en la dirección correcta. Y sólo
confirma que tomé la decisión correcta alejándome de Kas, porque no
puedo dejar que algo comprometa el tener de vuelta a Jesse en casa
conmigo.
Las lágrimas siguen escapando de mis ojos, y no me importa que
otros pasajeros puedan verme porque estoy jodidamente feliz por
estas visitas de fin de semana.
Le disparo un texto a Jesse, diciéndole que acabo de enterarme
por Anne y lo feliz que estoy.
Mi teléfono emite un pitido un segundo después.
Es genial, ¿verdad? No puedo esperar a ver tu casa. ¿Puedo
decorar mi habitación como quiero?
Dios, puede pintarla de negro si quiere.
Escribo de nuevo.
¡Por supuesto que puedes! Podemos ir a comprar pintura
mañana si quieres.
Él responde:
Trae tu tarjeta de crédito. :)
Me río a carcajadas, y se siente bien.
Lo tienes, muchacho. Te amo. Xx
También te amo, Mayday.
Y eso me hace llorar aún más.
Vuelvo el rostro hacia la ventana y enjugo las lágrimas.
Me siento tan en conflicto con mi felicidad por Jesse y mi dolor
por Kas.
Nunca supe que podía sentirme tan feliz pero tan triste al mismo
tiempo.
El tren entra en mi estación. Salgo del tren y empiezo el camino a 272
casa. Sé que Cece dijo que fue a comprar vino para nuestra noche de
chicas, pero me detengo en el supermercado y compro una botella de
champán para celebrar la noticia. Es solo el barato, pero sigue siendo
champán, y vamos a celebrar a lo grande. No puedo esperar a ver su
cara cuando le diga que tendré a Jesse los fines de semana.
Renuncio a la bolsa de cinco peniques, y con una botella de
champán en la mano, me dirijo a casa.
Entro en mi edificio de apartamentos y subo los escalones.
Poniendo mi llave en la puerta principal, entre. El lugar está
tranquilo.
—Ce, estoy en casa —grito, sonriendo. Me quito los zapatos.
Dejando caer mi bolsa en el pasillo, me dirijo a la sala de estar—.
Tengo noticias asombrosas...
Lo que digo se interrumpe por la escena expuesta frente mí.
Oh Dios. No.
La botella de champán cae de mi mano, golpeando el suelo con un
ruido sordo.
—Ce. —Mi voz tiembla.
Está sentada en el sofá. Sus muñecas están atadas delante de ella y
sus tobillos también están amarrados. Sobre su boca, hay un pedazo de
cinta de embalar. Sus ojos están amplios con miedo, sus mejillas
manchadas de viejas y nuevas lágrimas.
Y, de pie detrás de ella, con una pistola casualmente apoyada encima
del sofá detrás de ella, se encuentra Damien Doyle.
—Hola, Daisy.
El bastardo sonríe. Jodidamente sonríe.
Miedo y rabia se despliegan en la boca de mi estómago.
—Damien. —Intento mantener mi voz firme, pero tiembla y lo oye.
Lo sé porque su sonrisa se amplía. 273
—Ha pasado un tiempo —dice.
—No el suficiente —comento con los dientes apretados.
Se ríe.
—¿Ves? Y aquí estaba, pensando que me habías extrañado.
Como un agujero en la cabeza, hijo de puta.
—Tanto como extrañaría el herpes genital.
Se ríe de nuevo. Más alto.
—Es por eso que siempre me gustaste, Daisy. Nunca temes decir lo
que piensas. —Frota el lado de su rostro con su arma. Mis ojos siguen el
movimiento—. Y lamento aparecer de repente así, pero he estado oyendo
cosas…
Mi estómago cae.
—¿Como qué?
—Estas salvajes y locas ideas sobre que soy la razón de que fueras a
prisión. —Aún sonríe, pero sus ojos grises se han endurecido como
granito.
Jason.
—¿Y dónde has oído esas cosas?
La sonrisa se amplía.
—Vamos, Daisy. Sabes que Jason nunca mantendría su boca cerrada.
Unas pocas cervezas y fue la jodida hora de las confesiones. —Se ríe en un
bajo y cruel sonido—. Quiero decir, Jason viniendo a verte, debería haber
visto eso venir en el momento en que oí que habías salido. Siempre fuiste
su punto débil. Tuve que golpearlo un poco por eso. Quiero decir, no
puedo exactamente perdonarlo por joderla. Puto idiota, eso es lo que es.
Pero entonces me hizo un favor viniendo a verme, ya que me enteré de todo
lo que has estado diciendo.
Siento un agudo picor de traición. Pero entonces, no es como si
pudiera haber esperado más de Jason. Es un bastardo y un cobarde, igual
que su hermano.
—No he dicho una palabra a nadie más —digo rápidamente—. E
incluso si lo hiciera, ¿quién me creería de todos modos?
—Cierto. —Asiente, pasando una mano tatuada por su cabeza
afeitada—. Pero oír esas cosas, me incomoda. Como si hubiera dejado un
cabo suelto. Y no me gusta sentirme incómodo, Daisy.
Mierda.
Trago con miedo, intentando mantenerme serena.
Veo los ojos de Damien ir a la botella de champán en el suelo a mis 274
pies.
Asiente hacia ella.
—¿Celebrando algo?
Con los puños apretados a mis costados, niego.
—No.
—Bebes champán todos los días, ¿no?
Mis ojos se encuentran con los suyos.
—Sí, vivo un estilo de vida de lujo hoy en día, ¿no lo sabías? Quiero
decir, con todo ese dinero que conseguí del robo de la joyería… Oh, espera.
No, ese fuiste tú. —Estoy presionándolo. Sé que no debería, pero mi ira
está sacando lo mejor de mí.
Se ríe. El sonido me araña como bruscas uñas sobre piel suave.
—Hmm, creo que me beberé ese champán cuando haya terminado
aquí. Celebrar un poco.
“Terminado aquí”.
Mierda.
—Y… ¿qué estás haciendo aquí?
—Limpiando un desastre.
Tenía que preguntar, ¿no?
El miedo retuerce mi estómago en nudos. Toma todo de mí no llorar.
Muerdo el interior de mi boca… duro.
Tengo que sacarnos de aquí. No puedo dejar que nos mate.
Necesito un plan.
¿Qué haría Kas?
Matarlo. Sin un segundo de duda.
Dios, Kas, ¿dónde estás? Te necesito.
Pero no va a venir. Sólo soy yo.
Necesito que Damien siga hablando hasta que pueda resolver cómo
sacarnos de aquí.
Mis ojos se mueven hacia Cece. Las lágrimas llenan sus ojos. Se ve
tan asustada. Silenciosamente intento transmitirle que todo va a salir
bien.
Luego, me obligo a mirar a Damien y me levanto con una falsa
bravata.
—Soy realmente buena limpiando desastres. ¿Sabías eso? —le digo—.
Tal vez pueda ayudarte con tu desastre.
275
Se ríe entre dientes.
—Cariño, tú eres mi desastre. —Levanta su arma y rasca su sien con
el cañón.
Silenciosamente deseo que se dispare.
No hay suerte.
Baja la pistola y la apoya en el hombre de Cece, haciendo que se
encoja y que me clave las uñas en la palma.
—Esto no tiene nada que ver con Cece —digo rechinando los
dientes—. Es entre tú y yo. Déjala ir y…
—No haces demandas. ¿Hola? Soy el que sostiene el arma aquí. —
Agita la pistola, riendo.
Está riéndose como si fuera un puto juego.
Probablemente lo es para él.
Presiona el cañón del arma contra la sien de Cece.
—¡No! —grito.
Cece cierra los ojos con fuerza, con lágrimas cayendo por sus mejillas,
mientras su cuerpo tiembla.
—Estoy a cargo aquí, Daisy. Y no voy a dejar que tú o tu linda amiga
vayan a ninguna parte. Quiero tener un poco de diversión primero. —
Recorre con el cañón del arma la mejilla de Cece y su cuello antes de
moverla por su pecho.
Mi cuerpo tiembla con miedo y rabia. Nunca me he sentido tan
impotente como lo hago ahora.
La hiere, y juro por Dios…
Damien inclina su rostro hacia el lado del de Cece y presiona su nariz
en su cabello. Ella se encoge, intentando alejarse de él.
—Voy a follarte bien y duro, cariño, y vas a amar cada segundo de ello
—le dice.
—La tocas y te mato. —Las palabras salen de mi boca antes de que
pueda pararlas.
Pero no las lamento.
Unos ojos sonrientes, enfermos y malvados se levantan a los míos.
—¿Están ustedes… follando? —La sonrisa alcanza su asquerosa
boca—. Porque me interesa un poco de chica con chica antes de que las
folle a ambas.
La bilis se levanta en mi garganta, ácido fluyendo a mi boca, y lo
fuerzo a bajar.
—No nos vas a tocar a Cece o a mí. El único que va a estar jodido 276
pronto eres tú. Jodido por mi novio cuando ponga sus manos sobre ti.
Sus ojos parpadean con interés.
—¿Es así? Jason nunca mencionó un novio.
—Jason no sabe nada sobre mí. Pero mi novio…bien, sabe todo sobre
ti, Damien.
Se endereza y aparta la pistola de Cece, dejándola en el sofá, pero
manteniendo un fuerte agarre sobre ella.
—¿Y quién exactamente es tu novio?
Sonrío con suficiencia. Toma todo de mí hacerlo, pero tengo que
continuar con esto. Necesito asustarlo.
—Es alguien de quien deberías estar jodidamente asustado.
Sostiene mi mirada por lo que se siente una eternidad y entonces deja
escapar una carcajada burlona.
—¡Estás tan llena de mierda! No tienes un puto novio. E incluso si lo
hicieras, Damien Doyle no se asusta de ningún hijo de puta. —Golpea el
arma contra su pecho inflado.
—Bueno, deberías. Deberías estar jodidamente aterrorizado, Damien.
Pregúntale a Evan Foster y Levi Betts. Oh, sí, es verdad. No puedes, ¿no?
Porque están muertos.
—¿Y? ¿Qué mierda tienen que ver con nada? —espeta.
Y sé que estoy llegando a él.
Doy un audaz paso adelante.
—¿Quién crees que los mató?
—Estás hablando mierda, pequeña. Evan se suicidó, el jodido
cobarde, y Levi fue apuñalado por un traficante.
—¿Alguna vez atraparon al traficante que mató a Levi? —Ladeo mi
cabeza en contemplación—. Y, sabes, esto me lleva a pensar… ¿Evan cortó
su propia garganta? —Me estremezco, haciendo una mueca—. Quiero
decir, no es exactamente la manera habitual que alguien elige para
suicidarse, ¿no?
No puede esconder la sorpresa que recorre sus rasgos y sus
transparentes ojos, puedo ver su mente trabajando rápidamente.
—Hace siete años, tú y tus dos pequeños mejores amigos decidieron
violar y asesinar a una chica de diecisiete años en Hyde Park en la noche
de su baile de promoción. Su novio estaba con ella. Lo golpearon,
torturaron e hicieron mirar mientras profanaban a su novia de la peor
manera posible. Entonces, lo apuñalaste una y otra vez hasta que creíste
que estaba muerto. Sólo… que no estaba muerto. Sobrevivió. Y ha estado
yendo por ustedes, hijos de puta, uno por uno, y es tu turno, Damien. 277
Su rostro palidece y su voz tiembla.
—¿Qué mierda sabes sobre eso?
—Todo. Cuando duermes con un hombre, tiende a contarte cosas…
charla de almohada, ya sabes. Y me dijo todo lo malo que le hicieron y
cuán horriblemente va a joderte, al igual que hizo con Evan y Levi.
—¡Eres una puta mentirosa! —espeta, su rostro enrojeciendo—. ¡Ese
chico murió! Me aseguré de ello.
—¿No viste las noticias después de esa noche? ¿O simplemente eras
demasiado jodidamente arrogante? ¿O sólo no te importó lo bastante el
hecho de que robaste la vida de dos putos niños inocentes? Bien, lo que
sea que fuera, lo jodiste a lo grande, Damien. Porque sobrevivió. Y creció
con un montón de rabia y odio, cada gramo dirigida a ti. Creaste un
asesino, Damien, y viene por ti.
—¡Mientes, joder! —grita, perdiendo la calma.
Me río.
—Dios, no puedo esperar para probar que te equivocas. Voy a
disfrutar de verdad ver a Kas cortarte de par en par.
—¿Qué dijiste? —Da un paso al lado del sofá, lejos de Cece.
Mierda. Dije el nombre de Kas.
Manteniendo mi rostro impasible, digo:
—¿Qué? ¿Que va a cortarte de par en par? Porque lo hará. Te
destripará como a un pez…
—No, puta. Su jodido nombre. —Da un amenazador paso hacia mí—.
Di su puto nombre de nuevo.
La saliva fluye en mi boca. La trago, levanto mi barbilla y mantengo
mi bravata.
—Kas.
Es entonces cuando lo veo. Es sólo un breve titileo. Si hubiera
parpadeado, me lo habría perdido. Pero conoce el nombre de Kas.
Sonrío con suficiencia, triunfal.
—Ya lo has conocido, ¿no es así? Bien, quiero decir, conocerlo de
nuevo. Porque ya lo conocías, ¿correcto? De hace siete años. Pero ha
cambiado mucho desde entonces. Esto es lo que hace, sabes. —Me inclino
hacia delante y bajo mi voz, como si le estuviera contando un secreto—. Se
acerca y entonces —paso mi dedo índice por mi cuello, haciendo un sonido
de corte en mi garganta—, lo siguiente que sabes es que te estás ahogando
con tu propia sangre.
Mis palabras cuelgan en el aire entre nosotros. Se ve asustado, y me
siento fuerte. 278
Entonces, su rostro de repente cambia y se ríe sonoramente,
apretando su estómago con su mano.
Y mi estómago se hunde.
—Jodidamente te tuve ahí, ¿no? —se jacta—. Dios, ¡puta tonta! ¿De
verdad pensaste que me importaría una mierda tu pequeño novio? ¿Sabes
a cuántas putas he violado? ¿A cuánta gente he matado? Esa pequeña
zorra y su novio marica están en una enorme piscina de gente. Deja que
venga. Quiero que lo haga. Me dará la oportunidad de terminar lo que no
logré acabar hace todos esos años. —Sus ojos se entrecierran y oscurecen
sobre mí—. Porque odio un cabo suelto, Daisy.
Camina lentamente hacia mí y lucho contra la urgencia de correr.
Haciendo mis manos puños, muerdo con fuerza mi labio para evitar que
tiemble.
Alcanzándome, se detiene a centímetros de distancia. Puedo oler el
hedor a humo de cigarro y barata loción para después del afeitado y quiero
vomitar.
Presiona la pistola en mi pecho, empujando el cañón entre mis
pechos. Mis piernas comienzan a temblar.
—Sabes, la primera vez que te vi, cuando Jason te trajo, noté cuán
jodidamente linda eras. Pero siempre parecías tan estirada, como si
necesitaras una buena follada. Y sé follar realmente bien, Daisy. Quieres
eso, ¿eh? ¿Que te lo dé bien?
Escupo en su rostro. Se ríe.
Con los ojos fijos en mí, lentamente limpia mi escupitajo de su rostro
y luego me da una loca y retorcida sonrisa.
—Te lo dejaré pasar esta vez. Pero haces más de esa mierda y pondré
una bala entre los ojos de tu bonita amiga antes de que puedas gritarme
que pare.
Puedo oír los sonidos amortiguados procedentes de Cece, como si
estuviera intentando gritar detrás de su mordaza.
Fuerzo mis ojos a mirar los de él.
—Aprietas ese gatillo, y los vecinos llamarán a la policía más rápido
de lo que tu ineficiente y pequeña polla puede ponerse erecta.
Sonríe, la excitación llameando en sus ojos.
—Silenciador, nena.
Golpea el arma contra mi pecho, atrayendo mis ojos hacia ella, y es
cuando me doy cuenta del silenciador sujetado a ella.
Joder, estoy acabada. No hay salida a esto.
Cierro mis ojos con fuerza, derrotada y se ríe en voz baja. 279
283
Nunca había pensado mucho en cómo sería disparar a alguien.
Quiero decir, no es que pienses que va a llegar el día en que tengas
una pistola en tu mano y a un maníaco homicida intentando matarte, por
lo que va a ser él o tú.
Así que, por supuesto, vas a ser tú.
Pero apretar ese gatillo no es nada como pensaría que sería.
No es toda gloria donde el chico malo cae hacia atrás y me quedo
aquí, como una chica ruda.
No. Soy la que termina de culo. El retroceso de la pistola me envía
hacia atrás.
Y entonces, por lo que parece el momento más largo, todo se detiene.
El mundo se vuelve un poco borroso y es como si el sonido hubiera
sido apagado.
La única cosa que puedo oír es el sonido de mi corazón acelerado, 284
latiendo contra mi pecho.
Entonces, es como si el mundo lentamente volviera al foco. Y el
volumen ha sido subido. Cada sonido es recogido por mis oídos. Los
sonidos del tráfico fuera. El repiqueteo de las ventanas cuando el viento
sopla en contra.
El tiempo se reinicia.
Estoy en el suelo con un arma en mi mano.
Y Damien Doyle aún está de pie, mirándome con sorpresa.
Su mano está presionada contra su estómago, la sangre se filtra por
el agujero que acabo de hacerle.
—Jodidamente me disparaste —dice como si en realidad no creyera
que le disparé.
Honestamente, tampoco puedo.
Con el cuerpo temblando, me las arreglo para ponerme de pie. Todo el
tiempo, mantengo mis ojos fijos en Damien y el arma apuntada en su
dirección.
Cuando estoy de pie, rápidamente echo un vistazo a Kas en el suelo y
veo que poco a poco está volviendo en sí.
Moviendo los ojos de nuevo, más allá de Damien, miro a Cece.
Está en el suelo, sentada incómodamente contra la base del sofá,
como si se estuviera retorciendo lejos del sofá para intentar llegar a
nosotros. Pero está bien.
Exhalo con alivio.
Mis ojos vuelven a Damien, los suyos están fijos en sus manos
cubiertas de sangre.
Doy un paso más cerca de él y sus ojos se levantan a los míos. Parece
asustado.
Poder y adrenalina surgen a través de mí, como nada que alguna vez
antes haya sentido.
Es como si alguien hubiera entrado en mi cuerpo y apoderado de mí.
Con la pistola levantada y apuntada a Damien, me acerco otro paso,
reduciendo la distancia entre nosotros.
El miedo llena sus ojos.
—N-no tienes que hacer esto —tartamudea, dando un paso con
torpeza hacia atrás—. P-podemos resolver algo. Tengo di-dinero.
—Vete a la mierda, Damien Doyle, enfermo asesino hijo de puta. Que
te jodan hasta el infierno y de vuelta. —Doy un paso más cerca y separo
mis pies.
285
Apunto.
—Esa primera bala fue por mí —digo en una voz que apenas
reconozco—. Esta es por Haley.
Entonces, aprieto el gatillo.
La bala sale de la pistola y golpea en su pecho.
Cae hacia atrás esta vez, tambaleándose. Sus ojos se fijan en los
míos.
Dejo de respirar.
Entonces, cae al suelo.
Silencio. Por lo que parece para siempre.
—Daisy.
Mis amplios ojos se mueven a Kas.
Y la realidad me golpea.
Lo maté.
Maté a Damien.
El arma cae de mi mano, golpeando el suelo con un suave ruido
sordo.
—Oh, Dios. L-lo ma-maté. Lo maté… ¡Jodidamente lo maté!
Ni siquiera me doy cuenta de que estoy retrocediendo hasta que Kas
me agarra, aferrando la parte superior de mis brazos.
—Detente. —Su voz es dura, pero tranquila.
Me quedo quieta en su agarre.
—Cece te necesita. —Mira duro en mis ojos—. Ve a ayudarla.
Mis ojos se disparan a Cece.
Me apresuro hacia ella y quito la cinta de su boca. Hace una mueca.
—Lo siento. Dios, lo siento. ¿Estás bien?
Asiente.
—Sí. Eso creo. ¿Y tú? —Sus ojos van al cuerpo de Damien en el suelo.
No puedo mirar.
—Sí. Jesús, Ce, lo siento. —Con manos temblorosas forcejeo con sus
ataduras, desatándolas.
—Lo siento —replica—. Le permití entrar. No lo sabía, Dais.
—No. Detente ahora. —Tomo su rostro en mis manos—. No fue tu
culpa.
Las lágrimas llenan sus amplios ojos y mi corazón se rompe.
—Pensé que… —Su labio tiembla—. Pensé que iba a… y no podía 286
hacer nada.
Desato las ataduras en sus muñecas.
Lanza sus brazos a mi alrededor.
—No podría haberlo manejado, Dais. Si él hubiera…
—Shh… está bien. —Paso una mano por su cabello—. Está bien. —Me
aparto con cuidado de sus brazos y desato sus tobillos.
Se pone de pie y me abraza de nuevo. Su cuerpo tiembla. El mío
también.
Me asusta volverme porque sé que, si lo hago, veré el cuerpo de
Damien de nuevo.
—Daisy. —La suave voz de Kas llega a mí, volviéndome.
Lo miro, pero mis ojos al instante van al cuerpo en el suelo.
Maté a un hombre.
Mi cuerpo entero comienza a temblar.
—Lo maté… Kas —susurro—. Le disparé y…
—No. —Sujeta la parte superior de mis brazos de nuevo y baja la
cabeza, para que estemos al nivel de los ojos. Ojos negros me miran
profundamente—. No lo mataste, Daisy. ¿Me oyes? Fui yo el que apretó el
gatillo. Fui el que disparó a Damien. No tú. Yo.
Mi cabeza empieza a negar. Las lágrimas llenan mis ojos ante la
enormidad de lo que dice.
—No —digo con voz ahogada.
—Sí.
—Por favor, Kas. No puedo…
—Sí, puedes y lo harás. Me dejarás hacer esto porque hay un niño ahí
fuera que te necesita. Jesse te necesita. —Enfatiza el punto con sus ojos—.
Maté a Doyle. Había venido aquí para verte. Había oído tus gritos a través
de la puerta e irrumpí para encontrar a Doyle intentando violarte. Cece
estaba atada y amordazada en el sofá. Fui por Doyle. Luchamos. Me las
arreglé para arrebatarle el arma. Me puse de pie y le apunté con la pistola,
pero vino por mí de nuevo. Entonces, le disparé. Pero no cayó con esa
primera bala. Vino de nuevo, por lo que disparé de nuevo, y cayó. Todo el
tiempo, te encontrabas en el suelo, inmóvil, conmocionada.
—Kas, no puedo…
—Sí, puedes. Y lo harás. —Liberando mis brazos, toma mi rostro en
sus manos—. Harás esto porque es lo correcto. Es lo que correcto para
Jesse. Dios, lo siento por no llegar antes. Jesús, Daisy, llegar aquí y 287
encontrarlo y a ti… Podría haberte perdido. —Sus ojos se cierran, como si
el dolor del recuerdo fuera demasiado para soportar.
Levanto una temblorosa mano y la presiono en su mejilla.
Abre los ojos. El brillo de lágrimas en ellos casi me mata.
Gentilmente pasa su pulgar por mi ojo hinchado donde Damien me
golpeó.
Sus ojos bajan. La rabia llamea en su rostro mientras observa mi
estado medio desnudo.
—Jesús. —La palabra es un agonizante sonido—. ¿Lo hizo?
—No.
—Gracias a Dios. —Me atrae en sus brazos.
Entierro mi rostro en su pecho. Su mano agarra la parte de atrás de
mi cabeza, sosteniéndome contra él.
Imágenes indeseadas destellan a través de mi mente. Me estremezco
en sus brazos.
—Tienes frío. —Me libera y se quita su camisa.
La sostiene para que me la ponga. Deslizo mis brazos en las mangas.
No me molesto en abotonarla. La envuelvo a mi alrededor, manteniéndola
en el lugar con mis brazos, y simplemente inhalo su esencia rodeándome.
Se acerca a mí y sujeta mi rostro en sus manos, manejándome como
un bien preciado.
Inclina mi rostro hacia el suyo.
—Te amo —dice.
Parpadeo, sorprendida, mi corazón deteniéndose en mi pecho.
—Lo que dije anoche, que no estaba en mí amar a nadie, me
equivocaba. Tan jodidamente equivocado, nena. —Se inclina y besa mis
labios—. Te amo como no sabía que fuera posible.
Lo siento alejarse una fracción.
Abro los ojos. Los suyos están en los míos, conmovedores y llenos con
tantas otras emociones que casi no puedo soportarlo.
—No pude salvar a Haley esa noche —susurra—. Pero puedo salvarte
ahora. Déjame tomar la culpa por matarlo. Déjame hacer esta última cosa
por ti, nena.
Me siento abrumada. Mi pecho está tan lleno con mis sentimientos
por él que apenas puedo respirar.
—No tienes que…
—Quiero hacerlo. Necesito hacerlo, Daisy.
Miro sus ojos, entendiendo lo que me está diciendo. 288
317
Samantha Towle es una autora
bestselling del New York Times, USA
Today, y Wall Street. Empezó su primera
novela es 2008 durante su licencia de
maternidad. Completó el manuscrito
cinco meses después y no ha dejado de
escribir desde entonces.
Es autora de los romances
contemporáneos de The Storm Series y
The Revved Series, y las novelas independientes, Trouble, When I Was
Yours, The Ending I Want, Unsuitable y Sacking the Quarterback, la cual
ha sido escrita con James Patterson.
También escribió romance paranormal, The Bringer y The Alexandra
Jones Series. Al escribir todos sus libros se inspira con las canciones de
The Killers, Kings of Leon, Adele, The Doors, Oasis, Fleetwood Mac, Lana
Del Rey, y muchos más de sus músicos favoritos.
Nativa de Hull, se graduó en la Universidad de Salford, vive con su
318
esposo, Craig, en East Yorkshire con sus hijos.
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