0% encontró este documento útil (0 votos)
263 vistas319 páginas

Unsuitable

El documento presenta la historia de Daisy Smith, quien pasó 18 meses en prisión por un crimen que no cometió. Ahora busca recuperar la custodia de su hermano pequeño Jesse. Sin embargo, la policía cree que Daisy robó joyería de su lugar de trabajo usando su tarjeta llave, a pesar de sus negaciones. El detective intenta hacerla confesar implicando a su novio Jason y su hermano Damien, pero Daisy sabe que es inocente.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
263 vistas319 páginas

Unsuitable

El documento presenta la historia de Daisy Smith, quien pasó 18 meses en prisión por un crimen que no cometió. Ahora busca recuperar la custodia de su hermano pequeño Jesse. Sin embargo, la policía cree que Daisy robó joyería de su lugar de trabajo usando su tarjeta llave, a pesar de sus negaciones. El detective intenta hacerla confesar implicando a su novio Jason y su hermano Damien, pero Daisy sabe que es inocente.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

2
3
Daisy Smith ha pasado dieciocho meses de su vida pagando un
crimen que no cometió. Ahora, fuera de prisión, tiene un único objetivo:
recuperar la custodia de su hermano pequeño, Jesse, que está en el
sistema de acogida. Desesperada por rehacer su vida y demostrarle al
sistema que es lo suficientemente responsable para cuidar a Jesse, toma el
único trabajo disponible para ella, como ayudante en la Finca Matis.
En su primer día de trabajo, Daisy conoce a Kastor Matis, el hijo
único de los dueños y su nuevo jefe. Enigmático y hermoso dios griego,
Kas es cerrado, frío, y… bueno, un poco bastardo.
Cuanto más tiempo Daisy pasa alrededor de Kas, empieza a ver que
podría haber más de él que solo su fría y bastarda manera de ser. De
hecho, podría tener un corazón latiendo en su congelado pecho.
Pero Kas tiene secretos, también. Secretos que está determinado en
guardar. 4
Secretos que dejan curiosa a Daisy.
Y sabes lo que puede hacer la curiosidad…
Hace siete años
¿Dónde estoy?
¿Qué está pasando?
Dolor por todas partes…
Entonces, recuerdo.
No.
Obligo a mis ojos a abrirse.
No puedo ver. Está oscuro. Mi vista es borrosa. Sangre. Puedo sentirla
cayendo en mi ojo.
No puedo ver nada.
No puedo verla.
Conteniendo la respiración, escucho… esperando por un sonido que
me diga dónde está.
Nada.
Intento decir su nombre, pero duele.
Duele mucho. 5
Mis pulmones están ardiendo… mi estómago está en llamas… estoy
sangrando…
Tengo que moverme. Conseguir ayuda.
Extiendo mi mano, pero todo lo que siento es la tierra húmeda en la
que yazco.
Muevo mis dedos alrededor, intentando encontrar algo a lo que
aferrarme, que me ayude a levantarme, pero no hay nada.
Forzando mis ojos a abrirse, parpadeo rápidamente, tratando de
aclarar mi visión, pero no funciona.
Froto mis ojos con el dorso de mi mano, despejándolos de la sangre y
las lágrimas, y, finalmente, puedo ver.
Giro mi cabeza hacia el lado.
Ella está ahí.
Y no se mueve. Su una vez bonito vestido rosa está cubierto de sangre
y suciedad y está levantado, exponiéndola.
No.
Rechino mis dientes con fuerza, la rabia recorriéndome.
Me arrastro hacia ella. El dolor grita en mi cuerpo. Presiono una
mano débil contra mi estómago.
Mi mano está resbaladiza contra mi camisa.
Húmeda. Tan húmeda. Y fría.
Estoy sangrando mucho. Pero eso no importa. Sólo tengo que llegar a
ella. Tengo que saber que está bien.
Tiene que estar bien.
Ya voy, nena. Sólo aguanta.
La alcanzo.
Sus ojos están abiertos. Y en blanco.
—No… nena… no. —Pura ira me desgarra y grito con un sonido
primitivo.
Colapso a su lado.
—Lo… s-siento. —Bajo su vestido, cubriéndola.
Mi visión se emborrona de nuevo.
Mi corazón se desacelera.
Duele respirar y cuando lo hago, es como si tomara agua.
Estoy muriendo.
Cierro los ojos y extiendo mi mano por la suya. Aferrándola, curvo mis
dedos en los suyos. 6

Pasos. Pesados pasos pisan por el matorral.


Entonces, escucho un olisqueo.
Un animal. ¿Un perro tal vez?
—Ayuda… —susurro, intentando sacar mi voz tan alto como puedo.
Pero, incluso para mis propios oídos, no es suficiente.
No hay respuesta.
Usando toda la fuerza que me queda, fuerzo a mi voz a salir.
—¡Ayuda!
Los pasos se detienen.
—¿Hay alguien ahí? —dice una voz masculina.
Sí.
—Ayuda… por favor…
Los pasos se reanudan, moviéndose más rápido, acercándose.
Escucho el crujido de las hojas de los arbustos que nos rodean y
entonces:
—¡Jesucristo!
Gracias a Dios.
El hombre se arrodilla junto a mí. Un perro lame mi rostro.
—Hank, para. Voy a amarrar a mi perro. Volveré enseguida.
—¡No! No te… vayas. Ayúdala… por favor —farfullo, la sangre
fluyendo en mi garganta, mientras entro en pánico.
Se aleja, pero regresa un segundo después.
—Estoy de vuelta. Intenta no hablar.
Ignorándolo, digo:
—Ayúdala…
Tal vez no está de verdad muerta.
Puede intentar revivirla… con RCP…
Lo siento moverse de mí a ella.
—Cariño… ¿puedes oírme?
Fuerzo a mis ojos a abrirse, volviendo mi cabeza.
Está comprobando su cuello por su pulso.
¿Por qué no hice eso?
Esos segundos observándolo, esperando… se sienten horas.
Su expresión cae, sus ojos se cierran con un aliento que suena triste. 7
Y eso confirma lo que ya sabía.
Está muerta.
Mi corazón se abre y sangra con el resto de mí.
—¿Está…?
—Intenta no hablar. Sólo aguanta por mí, ¿sí? ¿Puedes hacer eso?
Voy a llamar a una ambulancia ahora mismo. —Está al teléfono—. Sí, es
una emergencia. Dense prisa, por favor. Dos chicos… uno, ella no se
mueve. No creo… no tiene pulso. El otro, está vivo… hablando, pero hay
sangre por todas partes… tanta sangre…
Hace dieciocho meses
—Dímelo de nuevo, ¿dónde estuviste anoche?
Miro al detective, sentado frente a mí, al otro lado de la mesa. Mis
palmas están húmedas. Entrelacé mis dedos en mi regazo.
¿Por qué tengo que decírselo de nuevo? ¿No me creyó la primera vez
que se lo dije?
—Después que salí del trabajo, fui directamente a casa y mi novio,
Jason, vino. Estuvo conmigo toda la noche. Pregúntele; se lo dirá.
8
—Mi colega habló con Jason hace unos minutos. —El detective se
inclina hacia delante. Colocando sus antebrazos sobre la mesa y une sus
manos—. Nos dijo que no estuvo contigo anoche.
—¿Qué? —La palabra deja mi boca en un aliento apresurado.
—Jason le contó a mi colega que estuvo con su hermano, y amigos,
jugando a las cartas en su casa toda la noche, y que no te vio en absoluto
anoche.
—Y-yo… ¿qué? No entiendo… —Mis ojos buscan frenéticamente por la
habitación. Confusión y pánico recorren mi mente y cuerpo—. No
entiendo. ¿Por qué Jason diría eso?
El detective me da una mirada firme, que no dice nada.
Lamo mis labios. Mi boca está seca cuando intento hablar.
—Jason está mintiendo. Estuve con él en mi casa toda la noche.
—¿Alguien puede corroborarlo? —pregunta el detective.
Jesse.
No… pasó la noche fuera en la casa de su amigo Justin. Sólo
estábamos Jason y yo en la casa.
Oh, Dios.
—No. —Humedezco mis labios de nuevo—. Pero le digo la verdad, lo
juro. —Miro fijamente los ojos del detective, intentando expresar que mis
palabras son la verdad.
Pero sé que es infructífero. Cree que lo hice.
Trago con fuerza, luchando por contener mi creciente pánico.
—Cree que fui yo. Piensa que robé la joyería. Pero está equivocado, no
fui yo —declaro enfáticamente.
El detective se recuesta en su silla.
—¿Qué se supone que piense, Daisy? Fue tu tarjeta llave la que se
usó para tener acceso a la tienda después de estar cerrada, la misma
tarjeta que seguía en tu posesión cuando te recogimos. Sabes que cancela
la alarma. Sabes cómo apagar el sistema de cámaras. Sabes exactamente
dónde encontrar las piezas de joyería de gama alta…
—¡Pero no las robé! ¿Por qué lo haría?
—Has estado criando a tu hermano sola, estás atrasada en el alquiler
y tienes facturas que pagar y tarjetas de crédito pendientes. La gente roba
por menos.
—¡Pero no robé la joyería! ¡Nunca lo haría! ¡No soy una ladrona! N-no
sé cómo fue usada mi tarjeta. Tal vez… tal vez fue copiada. —Me estoy
agarrando a un clavo ardiendo porque nada de esto tiene ni una pizca de 9
sentido para mí.
El detective sacude su cabeza.
—Sí —discuto—, tal vez alguien la robó y luego la devolvió.
—¿Quién, Daisy? —Se inclina hacia delante—. ¿Quién haría eso?
Mi cerebro lucha. Entonces, se detiene en la única otra persona en mi
casa conmigo anoche.
—Jason. —Mi voz tiembla, las lágrimas espesan mis palabras—.
Jason mintió y dijo que no estaba conmigo cuando lo estaba. Pudo haber
robado la tarjeta llave y…
—Pero ¿cómo podría haber cometido el robo cuando dices que estaba
contigo?
Tiene razón. Paso mis dedos por mi cabello, rascando mi cuero
cabelludo.
Una idea me golpea.
—Tal vez… tal vez Jason se la dio a alguien. —Estoy jadeando ahora,
sin respiración, aterrorizada.
Puedo ver al detective retirándose de mí. Lo estoy perdiendo. Piensa
que lo hice. Piensa que robé la joyería de la tienda. Mi lugar de trabajo. El
trabajo que amo.
—Tal vez Jason se la dio a alguien y luego la puso de nuevo en mi
bolso antes que supiera que había desaparecido.
—Es una buena teoría, Daisy. —El detective asiente—. Y hemos
investigado a tu novio, Jason Doyle. Hace unos años, estuvo encerrado por
robar un auto. También tiene algunos antecedentes juveniles por hurto en
su registro y, por supuesto, sabemos quién es su hermano…
—¡Eso es! ¡Damien! —grito—. ¡Podrían haber sido Damien y Jason
juntos! Sé que Damien es un mal tipo. He oído cosas sobre él…
—Somos muy conscientes de la clase de hombre que es Damien Doyle
—me interrumpe el detective—. El robo, es sólo una de las muchas cosas
en las que se ha implicado durante años, pero nunca hemos podido
acusarlo de nada. Nadie jamás lo delata. —Pasa una mano por su barbilla,
rascando la barba de pocos días—. Mira, Daisy, si me das algo, entonces
puedo ayudarte. Tal vez no querías hacer esto y fuiste obligada. Tal vez el
sonido del dinero fue demasiado bueno para dejarlo pasar. Dame el
nombre de la persona, o personas que te ayudaron a hacer esto, y dime
dónde están los objetos ahora. Entonces, puedo ayudarte.
Quiere que diga que fue Damien y que fui una parte de este robo.
Pero, si lo hago, sería mentira. No sé con seguridad quién robó. Sé, en
mi interior, que Jason tomó la tarjeta llave, pero no puedo probarlo. Y, si
digo que fue Damien, entonces estaría admitiendo algo que no hice. 10
Iría a la cárcel.
Negando, paso mis dedos por mi cabello de nuevo, tirando, mis ojos
mirando la mesa.
No tengo nada que darle porque no sé nada, excepto mi propia
verdad.
Y no soy una mentirosa.
Oh, Dios. No puedo creer que esto esté sucediendo.
Alzando mis ojos, capto un vistazo del reloj en la pared. Son las tres y
cuarto. La escuela acabará pronto.
—Mi hermano, Jesse. Saldrá de la escuela pronto. Tengo que estar en
casa para él. Se preocupará si no estoy allí.
—No te preocupes. Jesse está siendo cuidado.
¿Qué quiere decir con que Jesse está siendo cuidado?
Separo mis labios secos para preguntarle cuando la puerta se abre.
Un policía en uniforme se para allí.
El detective se levanta.
—Volveré en un minuto —me dice.
Lo miro a través del panel de cristal en la puerta mientras habla con
el oficial uniformado. Sus expresiones no dicen nada de lo que hablan.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho. Nunca he sentido tanto
miedo.
La puerta se abre. El detective vuelve con el oficial uniformado detrás
de él.
El detective toma asiento delante de mí mientras el oficial permanece
de pie.
—Daisy, mientras has estado aquí, los oficiales han estado buscando
en tu apartamento… y han encontrado uno de los objetos de joyería
robados.
No.
Esto no puede estar pasando.
—¡No robé nada! —grito, poniéndome de pie—. ¡No hice esto!
El oficial uniformado se mueve rápidamente y, antes de darme
cuenta, estoy siendo contenida, mis manos detrás de mi espalda. Lucho
por liberarme, rogándole que me suelte.
Entonces, oigo la voz del detective diciendo:
—Daisy May Smith, te arresto como sospechosa de robo. No tienes 11
que decir nada, pero podría perjudicar tu defensa si no mencionas cuando
se te preguntó algo que más tarde cuentas en el tribunal. Cualquier cosa
que digas, puede ser usado como prueba.
Oh, Jesús. Estoy siendo arrestada. Por un crimen que no cometí.
Un horrible terror, diferente a cualquiera que haya sentido antes, se
filtra en cada parte de mi cuerpo.
Presente
Miro fijamente mi reflejo en el pequeño espejo.
Mi cabello largo castaño está recogido en una cola de caballo. Cara
lavada, sin nada de maquillaje. Miro hacia abajo repasando mi ropa.
Vaqueros y una camiseta azul bebé. Bailarinas planas negras en los pies.
La ropa y los zapatos que llevaba cuando entré en prisión.
Los vaqueros y la camiseta se ven un poco flojos en mí. Sabía que
perdería peso aquí. El uso diario del gimnasio y el estrés, hacen perder
kilos a una chica. No es que estuviera gorda, para empezar. Me veo
demasiado delgada. Me vería mejor si recupero un poco de peso.
—¿Estás lista?
Dándole la espalda a mi reflejo, miro a la oficial Roman que está de 12
pie en la puerta.
—Estoy lista.
Tan lista.
Nunca he estado más lista para nada en toda mi vida.
Un último vistazo alrededor, y sin nada que llevar conmigo, abandono
la celda en la que he pasado mi última noche y la sigo por los pasillos.
Me cambiaron a una celda de salida ayer por la noche, así que no
pasé mi última noche en la misma celda, en la que he pasado los últimos
dieciocho meses. No es que me moleste. Todo lo contrario.
Estoy jodidamente extasiada.
Estoy siendo liberada.
Dieciocho meses, he soñado con este momento. He contado los
minutos, las horas, los días… rezando para que me dieran la condicional
por buena conducta después de haber cumplido dieciocho meses de los
tres años de sentencia que me dieron.
Estar en libertad condicional significa que viviré bajo las condiciones
que me indique mi agente de la condicional, pero por lo menos no estaré
aquí.
Voy a salir de este agujero del infierno.
Estoy aguantando el alivio, conteniéndolo.
No me permitiré sentir nada hasta que esté fuera de aquí y de regreso
en el mundo real.
Un mundo donde recuperaré mi vida. Un mundo donde pueda
recuperar a la única persona que siempre me ha importado.
Mi hermano, Jesse.
Digo mi hermano, pero es mi niño. Cuando yo tenía dieciséis y Jesse
seis, nuestra madre drogadicta, buena para nada, nos abandonó,
desapareciendo con todo el dinero que teníamos y dejándome sola para
criarlo. Pero lo había estado criando desde que era un bebé porque por lo
único que se preocupaba mi madre era por ella misma, tener drogas, y a
quien fuera que se estaba follando en ese momento.
Cuando se fue, dejé la escuela y conseguí un empleo, trabajando en
una fábrica, para poder conseguir dinero para alimentar y vestir a Jesse,
pagar el alquiler y las facturas. No era glamoroso, pero ayudaba. Llegaba
justo. Raspando. Compraba comida barata e iba al supermercado antes
que cerrara para poder comprar comida que estuviera rebajada, como
latas abolladas a las que le habían bajado el precio. Algunas veces, se
abollaban a propósito. Compraba ropa en tiendas de segunda mano. Hacia
todo lo posible para que el dinero se estirara.
13
Fue duro, pero siempre me aseguraba de que Jesse estuviera bien. Él
era el primero.
Él siempre es el primero.
Trabajé en la fábrica un año, pero fui despedida cuando tuvieron que
reducir plantilla. El último en entrar, era el primero en salir. Yo había sido
la última contratada, así que fui la primera en perder mi trabajo.
Fue duro hasta que encontré otro trabajo. No tenía ahorros porque
nunca había dinero de sobra que ahorrar.
Rellenaba solicitudes para trabajos, pero no me los daban porque no
tenía ninguna referencia. Recibía una paga del estado, y seguía cobrando
el subsidio de Jesse como menor. que llegaba a través de mi madre —sí,
falsificaba su firma— pero no era suficiente para los dos. Y no podía
exactamente decirle a la gente de la Seguridad Social que necesitaba más
dinero, porque si se enteraban que mi madre nos había abandonado, me
quitarían a Jesse. Y no podía perderlo.
Se puso realmente difícil durante un tiempo. Había días en que me
quedaba sin comer para que Jesse pudiera hacerlo.
Pude haberle pedido ayuda, a mi mejor amiga, Cece, pero tenía que
hacerlo yo sola. Jesse era mi responsabilidad.
Luego, la suerte se puso de mi lado y conseguí un trabajo de medio
día, reponiendo estanterías en el supermercado local. Una semana
después, conseguí un trabajo a media jornada de camarera. El trabajo de
camarera era por las tardes, y odiaba tener que dejar a Jesse, pero Cece se
ocupaba de él mientras yo estaba trabajando.
Hice esos dos trabajos durante seis meses, todo mientras seguía
rellenando solicitudes para trabajos de jornada completa. Finalmente,
conseguí un trabajo en una joyería de lujo. Casi no me podía creer que
había conseguido el trabajo. Quiero decir, la entrevista había ido bien,
pero no tenía estudios, y el lugar tenía clase. Por alguna razón, el jefe
había visto algo en mí y me dio el trabajo.
Fue la mejor… y la peor cosa que me pasó.
La mejor parte era el dinero. Me pagaban más que en mis dos
trabajos de media jornada combinados. Estaba aprendiendo el oficio en el
negocio de joyería, y significaba que podía estar en casa cada noche para
Jesse.
Poco sabía, que cuatro años después, me acusarían de robar miles de
libras en joyas en esta tienda, e iría a prisión por ello.
Que lo perdería todo.
Perdería a Jesse. 14
Mi niño. Mi familia.
Lo quiero de vuelta.
Lo recuperaré.
Dieciocho meses sin verlo ni hablar con él, me han matado.
Nuestra comunicación era sólo a través de cartas. Bueno, digo
comunicación, pero no era exactamente así. Yo le escribía. Él no contestó ni
una vez.
Está enfadado.
Porque no le permití que viniera a visitarme mientras estuve aquí.
Pensó que lo había abandonado.
La verdad fue, que no podía soportar la idea de que me viera aquí. Y
no quería que viniera a este sitio.
No he dejado que nadie me visitara. Ni siquiera Cece.
Así que, no he visto ni hablado con ninguna de las personas que amo
en dieciocho meses.
Mi corazón sigue dando golpes, mientras continúo siguiendo a la
oficial Roman. Espero mientras ella abre la reja, y entonces me hace pasar,
dirigiéndonos al área de recepción.
No había visto esta parte de la prisión desde que llegué aquí.
Miro afuera a través de la ventana. Mi corazón late con la misma
cantidad de nervios y de excitación.
Estoy saliendo de aquí. Estoy recuperando mi vida.
La vida que me fue robada.
La oficial Kendall me da una bolsa de plástico.
—Las cosas con las que llegaste —me dice.
Abriendo la bolsa, miro adentro.
Mi viejo teléfono que ya no funciona, un labial de brillo usado, mi
monedero. Tomo mi monedero y lo abro. Dentro hay un billete de veinte
libras.
Tengo veinte libras a mi nombre.
Suspiro.
Descubro las llaves de mi vieja casa en el fondo de la bolsa. Las toco
con mis dedos. Las llaves de mi viejo hogar. La casa que ya no tengo.
Las lágrimas pican en mis ojos. Las rechazo parpadeando.
—¿Estás bien, Daisy? —me pregunta la oficial Roman.
Tragando mis emociones, asiento y dejo caer mi monedero en la bolsa. 15

—¿Sabes adónde vas desde aquí? —me pregunta.


—Sí. —La miro—. Voy directo al Servicio de Libertad Condicional en
Londres para ver a mi agente de la condicional…—Me paro, tratando de
recordar su nombre.
—Toby Willis. —Termina por mí—. Toby determinará los términos de
tu libertad y te dará los detalles del hostal donde te quedarás.
—¿Quieres decir, que no me quedaré en el Ritz?
La miro simulando horror, y ella se ríe.
—Anda, comediante, vamos a sacarte de aquí.
La oficial dentro de la habitación de recepción nos deja pasar
mientras suena un zumbido eléctrico. Sigo a la oficial Roman mientras me
guía hasta la puerta que me dejará salir de aquí.
Observo, con mi corazón golpeando en mi pecho, mientras la última
puerta finalmente se abre.
Soy libre.
Tomo una profunda inspiración. Me lleno los pulmones de aire libre.
Sé que suena estúpido, pero el aire simplemente se siente mejor aquí
afuera. Más limpio, más fresco. Mejor que el aire que estaba respirando
tras esos altos muros que me mantuvieron prisionera por tanto tiempo.
Doy mi primer paso hacia la libertad.
—No quiero volver a verte nunca más por aquí. —La voz de la oficial
Roman me llega desde atrás.
La miro.
—Nunca me volverás a ver; es una promesa.
Una sonrisa atraviesa su dura expresión.
—Bien. Y buena suerte, Daisy. Espero que todo te salga bien.
Sí, yo, también.
La saludo con la cabeza y luego miro adelante. Otra profunda
inspiración, y piso la calle.
La puerta se cierra tras de mí con un chasquido. Oigo el cerrojo
cerrarse, dejándome afuera.
Por un momento, entro en pánico.
Literalmente no sé qué hacer. He pasado tanto tiempo recibiendo
órdenes que no sé ni cuáles son mis propios pensamientos ahora mismo. 16
Miro arriba y abajo en la calle. La gente se mueve a mi alrededor.
Una figura al otro lado de la calle llama mi atención, y no puedo evitar
la sonrisa que atraviesa mi rostro.
Cece.
—¿Ce? —digo, atragantándome de repente por la emoción de verla.
—¡Mayday! —Sonríe ampliamente.
Oírla llamarme con el apodo que Jesse me puso cuando era pequeño,
me llena de un dolor tan profundo que tengo miedo de que nunca
desaparezca.
Cece se aleja del auto en el que estaba apoyada y viene saltando hacia
mí. Su cabello castaño ondea, ahora con mechas moradas, que bailan
alrededor de su rostro, sus grandes ojos marrones se abren amplios de
felicidad.
El aire se me va de golpe cuando Cece choca contra mí, abrazándome
fuerte con sus brazos, fuerte como un oso.
Huele a hogar.
Dios, la he echado de menos.
—Te he echado de menos —susurra.
Oigo la emoción en su voz. Hace que mi pecho se contraiga y me
piquen los ojos.
Dejando caer la bolsa de plástico al suelo, le regreso el abrazo.
—Yo también te he echado de menos, Ce. —Me trago las lágrimas—.
¿Qué estás haciendo aquí?
—Me alegro de verte, también. —Se ríe.
—Quiero decir… —Me echo hacia atrás y miro a su cara—. Pensé que
estarías trabajando.
—Ahora el lunes es mi día libre. Pero, aunque no lo fuera, ¿realmente
pensaste que no estaría aquí, esperándote? —Sonríe dulcemente—. Ha
pasado demasiado tiempo. Odio que no me dejaras venir a visitarte. —Una
arruga frunce su ceño.
Inspiro hondo.
—Lo sé, pero era mejor así, Ce. No quería que me vieras mientras
estaba en ese lugar.
Y no podría soportar tener que contar el tiempo hasta su próxima
visita. Necesitaba sólo centrarme en contar el tiempo hasta que me
liberaran.
—Y sabias que no estaba de acuerdo. No me importaba… 17
—Lo sé. —La interrumpo. Mi voz sale estridente, así que la suavizo—.
Pero yo necesitaba que fuera de esa manera.
Se queda mirándome fijamente un momento.
—Sí, bueno, si te vuelves a ir, yo voy contigo. ¿Me entiendes?
Le doy una sonrisa tensa.
—Te entiendo. Pero no voy a ir a ningún sitio.
Y lo digo en serio. No pienso volver a estar presa nunca otra vez.
Sonríe.
—Te ves bien —me dice—. ¿Seguro que has estado en la cárcel y no
en un gimnasio? —Le da un movimiento gracioso a su cabeza.
—Graciosa. —Le doy un suave golpe en el hombro—. Usaba el
gimnasio todos los días. No había mucho más que hacer ahí dentro. —
Bueno, aparte de leer, ver la televisión, y hacer los trabajos de limpieza
que me tocaban.
—Bien, ahora tienes un aire total de Lara Croft en ti. —Levanta la
mano sobre mi hombro, dándole un tirón a mi cola de caballo.
—Me encanta el morado. —Señalo su cabello.
—La semana pasada era azul. —Se ríe.
Cece siempre está cambiando el color de su cabello. Viene con su
profesión. Es peluquera, o quizás debería decir, estilista. Trabaja en un
salón muy chic de Londres.
Soltando las manos de mis brazos, toma mi mano.
—Ven, vamos a sacarte de aquí.
Recojo mi bolsa de plástico del suelo y dejo que me guie a través de la
calle, hacia su auto.
Acabo de abrocharme el cinturón de seguridad cuando se gira hacia
mí, mordiéndose el labio, con una mirada nerviosa en sus ojos.
—Hice algo… que espero que te parezca bien.
—Depende. La última sorpresa que alguien me dio terminó conmigo
en prisión. —Le doy una mirada inexpresiva.
Sus labios se levantan en una medio sonrisa.
—¿Por cuánto tiempo vas a jugar esa carta?
—Por siempre. Creo que me lo he ganado.
—Cierto. —Asiente.
—Entonces, ¿esa cosa?
—Nos conseguí una casa. 18
Mis ojos se amplían por la sorpresa.
—¿Te has independizado de tu madre y de tu padre?
—Ya era hora. Y necesitas un sitio donde vivir. Mi abuela me dejó una
buena cantidad de dinero cuando murió, así que hice buen uso de él e
invertí en un apartamento.
La vergüenza me cubre.
—Siento no haber estado ahí para el funeral.
Me desestima con la mano.
—Sé que habrías estado ahí si hubieras podido. De todas maneras,
nos conseguí este apartamento en Sutton. Es bonito. Tres habitaciones. No
está lejos de donde vive Jesse, así puedes estar cerca de él.
—¿Tres habitaciones? —La miro fijamente.
—Sí, una habitación para ti, una para mí, y una para Jesse cuando
vuelva a casa.
Un bulto se forma en mi garganta.
No puedo creer lo que ha hecho por mí.
Compró ese apartamento para ayudarme. Sabe que es lo que necesito
para recuperar a Jesse. No puedo solicitar la custodia de Jesse sin un
hogar estable. Esperaba empezar quedándome en un motel hasta que
pudiera valerme por mí misma, y me habría tomado mucho tiempo hasta
que pudiera tener un sitio propio.
—¿Has…—me muerdo el labio—, has visto a Jesse recientemente?
Suspira, y sé la respuesta.
—Ayer fui a verlo.
Jesse ha estado viviendo en una casa de acogida desde que entré en
prisión.
Sé cómo son esos lugares. He estado enferma de preocupación cada
segundo que he estado separada de él, rogando a Dios que lo mantuviera
seguro hasta que pudiera estar de vuelta con él.
Cece me prometió que lo visitaría regularmente, y me ha mantenido
informada de su progreso.
—¿Cómo está?
—Está bien.
—Tú le…—Trago para pasar el dolor. Sé demasiado bien la respuesta
a mi pregunta, aun así, tengo que hacerla de todas maneras—. ¿Sabía que
hoy me liberaban?
—Sí. —Su voz es más baja ahora—. Sólo está confundido en estos 19
momentos, Mayday. Pero volverá a ser como era antes. Te quiere.
Bajo la mirada.
—Lo defraudé.
—No, no lo hiciste. —La fuerza en su tono me hace mirarla—.
Conociste y confiaste en un tipo que pensabas que era buena gente, pero
resultó que era el hijo de puta más grande de la historia de todos los hijos
de puta. No fue tu culpa. Lo juro, si alguna vez pongo las manos en ese
bastardo, le voy a arrancar las bolas, remojarlas en gasolina, prenderles
fuego, y hacer que mire cómo se queman.
—Eso fue bastante visual.
—Gracias. Hice una buena escena. —Me sonríe—. Y me sentiré genial
después de limpiar esa mancha de la sociedad.
—Sólo quiero olvidar que una vez existió. Todo mi enfoque se centra
en recuperar a Jesse.
Estira el brazo y toma mi mano en la suya, apretando.
—Lo vas a recuperar. No tengo ninguna duda. Todas las cosas buenas
empiezan ahora mismo.
Las lágrimas que me estaba aguantando ganan la batalla, y una se
escapa.
—No llores, Daisy May, o también me pondré a llorar, y no llevo rímel
a prueba de agua. Así que, ¿qué me dices sobre el apartamento?
Me limpio la lágrima con el dorso de mi mano.
—Digo que es genial, pero…
—No hay peros, Mayday. Solo di sí, que te vas a venir a vivir conmigo.
Le doy una mirada por interrumpirme.
—El pero es, que tendré que consultarlo con mi agente de la
condicional para ver si puede ser. Ellos ya han hecho arreglos para que me
quede en un motel.
—Uh-uh. De ninguna manera mi niña se va a quedar en un motel de
mala muerte para ex convictos, sin ofender. —Su rostro se pone blanco
cuando se da cuenta de lo que acaba de decir—. Porque no eres una ex
convicta, Daisy. Bueno, técnicamente, lo eres, pero no lo eres, y…
—Ce, está bien. —Me rio—. Soy una ex convicta. Así es como es.
Daisy Smith, ex convicta.
Esa marca estará conmigo hasta el día en que me muera.
Mi vida es completamente diferente ahora a como era antes que
entrara. No hay nada que pueda hacer para cambiarlo. Pero puedo hacer
algo por mi futuro. 20

Puedo asegurarme, de nunca, volver a dejarme engañar por un


hombre otra vez.
Y puedo malditamente estar bien segura de que construiré una vida
mejor para Jesse y para mí.
Mejor de la que teníamos antes.
No soy lista. No tengo un diploma. Pero soy una luchadora.
Lo único que necesito es que alguien crea en mí y me dé la
oportunidad de darle a Jesse todo lo que debería de haber tenido… todo lo
que se merece.
Al niño le tocó una mala mano. Por lo menos yo tuve a mi madre
cerca cuando estaba creciendo —no es que tampoco sirviera para mucho
entonces— pero su afición a las drogas empeoró después de nacer Jesse.
Creo que la muerte de nuestro padre fue el catalizador.
Nuestro padre tampoco estuvo muy cerca que se diga. Él también era
un adicto, salió en una de sus juergas y se inyectó heroína mala —no es
que haya alguna otra heroína que sea buena. En un minuto, estaba aquí,
y al siguiente, se había ido. Y lo mismo con ella. Estaba allí físicamente —
bueno, no todo el tiempo— pero se marchó mentalmente. Así que, cuando
se fue, no resultó muy traumático.
Tenía a Jesse, y era lo único que me preocupaba.
—Tengo que ir a ver a mi agente de la condicional ahora —le digo a
Cece—, así, le preguntaré sobre irme a vivir contigo y ver qué es lo que
dice.
—Genial. Vamos a verlo y le decimos que te quedarás en casa
conmigo hoy. —Me da una sonrisa petulante.
Asiento, riéndome. Cuando a Cece se le mete algo en la cabeza, no
hay nada que la disuada. Es una de las tantas cosas que adoro de ella.
Eso, y su fiera lealtad.
Arranca el motor, y la radio del auto se pone en marcha. La canción
de Drake “Hold On, We’re Going Home1” sacude los altavoces del auto.
Dejo salir una carcajada sin humor y miro a Cece a los ojos.
—¿Tenías esta canción preparada a propósito?
Una sonrisa asoma en sus labios.
—Quizás.
Dejo salir otra carcajada. Pero realmente no la siento. Porque no estoy
yendo a casa. No realmente. Casa es donde esté Jesse, y no puedo estar
con él porque cometí un error. Creí en la persona equivocada, y me costó
mi hermano y dieciocho meses de mi vida. 21
Dejo descansar la cabeza contra el respaldo y miro a través de la
ventanilla, dejando escapar un suspiro.
—Oye… ¿estás bien? —La voz de Cece es suave.
Giro la cabeza y la miro.
—Sí —Sonrío—. Estoy bien. Y gracias por… todo. No sé qué haría sin
ti.
Estira el brazo y aprieta mi mano.
—Nunca tendrás que saberlo.

1
Espera, nos vamos a casa.
Sentada en la sala de espera que hay en el primer piso de la oficina de
libertad condicional, espero a ver a mi agente de la condicional, Toby
Willis, me quedo mirando fijamente a través de la ventana viendo la zona
de Londres ajetreada.
Todo se ve igual pero diferente.
O quizás solo sea yo la que es diferente.
Cece quería entrar conmigo, pero le dije que fuera a tomar un café en
vez de estar atrapada en una sala de espera hasta que terminara. Le dije
que estaría de vuelta en el auto en una hora.
De eso hace media hora, y todavía no me han llamado para verlo.
Mientras estoy pensando eso, un chico aparece por la puerta abierta.
Se ve que está en los treinta y pico. Cabeza afeitada —literalmente ni un
cabello en su cabeza— y lleva un traje negro a rayas, que se nota que ya
ha pasado sus mejores días.
22
—¿Daisy Smith? Soy Toby Willis. ¿Quieres pasar?
Me pongo de pie y lo sigo por el pasillo hasta su oficina. Me siento
frente a su escritorio y cierra la puerta tras él.
Le da la vuelta al escritorio y se sienta.
—Siento llegar tarde a nuestra cita. Me quedé atrapado en una
reunión de la que no podía escapar.
—Está bien. —Sonrío—. Estoy acostumbrada a esperar, y no es que
tenga algún otro lugar en el que estar.
Alza sus ojos hacia los míos. Son azules y de aspecto agradable. De
hecho, ahora que lo pienso, todo su rostro es agradable. Haciendo un
fuerte contraste con su cabeza rapada de tipo duro.
Sonríe.
—Bueno, esperemos que podamos cambiar eso para ti. —Regresa a su
ordenador y teclea algo. Luego, se estira y alcanza una carpeta.
Veo mi nombre escrito en la parte superior.
Abre la carpeta, mirando algunos de los papeles.
—Bueno. —Me mira—. No te voy a entretener aquí mucho tiempo. En
realidad, lo único que tenemos que hacer es repasar los términos de tu
puesta en libertad y tienes que firmar el permiso que indica que te han
liberado. Luego, hablaremos sobre diferentes opciones de vivienda y
posibilidades de empleo.
—¿Puedo empezar por las opciones de vivienda? —pregunto.
Reclinándose en su silla, asiente, dándome permiso para continuar.
—Sé que se supone que me tengo que trasladar a un motel. Pero mi
mejor amiga tiene un apartamento de tres habitaciones en Sutton, al sur
de Londres, y me ha pedido que viva con ella. Si eso está bien con usted.
—Tu amiga, ¿tiene antecedentes penales?
—Dios, no. —Me rió rápidamente—. Es peluquera. Nunca ha estado
en problemas en toda su vida.
Pero de nuevo, yo tampoco los había tenido, hasta que me acusaron
de robo.
Me muerdo la lengua antes de soltar eso. Ya no tiene sentido
protestar por mi inocencia. Ese barco zarpó hace mucho tiempo.
—Entonces, no veo ningún problema con ello. Siempre y cuando
tenga la dirección y los detalles de tu amiga, entonces está bien.
—Gracias. —Doy un suspiro de alivio. No quería decírselo a Cece,
pero la idea de vivir en un motel… me daba la sensación de que sería como
regresar a otro tipo de prisión—. ¿Quiere la dirección ahora? La tengo.
23
Cece me la apuntó.
—Claro.
Del bolsillo de mis vaqueros, saco un trozo de papel con mi nueva
dirección escrita y se lo doy. Toma el papel y lo mete en la carpeta.
—Aquí están los términos de tu condicional. Tienes que seguir las
normas por el resto de tu condena. —Me pasa una hoja de papel—. Léelas
cuidadosamente, y luego firma al final. Que sepas que, aunque no
firmaras, los términos legales seguirían siendo válidos.
—De acuerdo. —Le doy una sonrisa débil.
Leo los términos por encima. Son más o menos lo que esperaba… que
si me descubren quebrantando la ley de cualquier modo, entonces me
volverán a encerrar para terminar lo que quede de mi sentencia.
Eso nunca va a pasar, así que es un punto discutible. Pero firmaré de
todas formas. Tomando el bolígrafo de su escritorio, garabateo mi nombre
sobre la línea de puntos y luego se lo regreso.
Lo mete en mi carpeta y deja caer sus brazos sobre ella, con las
manos unidas.
—¿Has pensado en lo que quieres hacer ahora que te han liberado?
—Conseguir un trabajo. Recuperar a mi hermano.
Sus ojos se apagan un poco ante ese comentario, y es como si un
montón de piedras cayeran en mi estómago.
—Daisy. —Suspira—. He leído todo tu historial extensamente, así que
estoy al tanto de tus circunstancias familiares. Y conozco tu deseo por
conseguir la custodia de tu hermano… pero por favor metete en la cabeza
que será un proceso largo. Tendrás que probarle a los Servicios Sociales
que tienes tu vida en orden. Una vida que pueda acomodar a tu hermano.
Que le puedes ofrecer estabilidad.
—Le di todo eso antes. —Mi voz está falta de tono.
—Y luego quebrantaste la ley. Le robaste a tu empleador. Y era una
empresa para la que habías trabajado, durante cuatro años. Esa gente
creía en ti. Me tienes que demostrar a mí y a los servicios sociales que
podemos confiar en ti de nuevo.
No puedo explicar lo duro que es, saber que no hiciste lo que todo el
mundo cree que has hecho, y verlos juzgar tu carácter basados en eso.
Verlos controlar tu vida, quitarte a tu familia. Es doloroso y frustrante y te
destroza el corazón.
Cerrando mis dedos en mi palma, clavo las uñas en mi piel suave,
dejando que la punzada de dolor mantenga mis sentimientos bajo control.
Así que, en vez de decir todo lo que quiero decir —la verdad— me
24
guardo esas palabras y le digo lo que quiere oír.
—Puedo hacerlo. Puedo volver a hacer que crean en mí de nuevo. Lo
único que quiero es recuperar a Jesse, y haré todo lo que sea necesario
para probar que merezco tenerlo de regreso conmigo.
Eso parece impresionarlo, y sonríe.
—Bien. Bueno, con lo primero que podemos empezar, ahora que
sabemos que tienes un lugar estable donde vivir, es ver empleos. Tengo un
trabajo listo para ti.
—¿De verdad? —Mis cejas se alzan por la sorpresa.
—Sí. Tenemos programas con empresas que aceptan contratar a
gente que acaba de salir de prisión. —Mira fijamente a la pantalla, leyendo
en ella—. El trabajo es para trabajar de ama de llaves. Los dueños tienen
un negocio de crianza de caballos de raza, con caballerizas, muy estable en
su propiedad. No sería normal que tuvieras que verte envuelta en nada de
todo eso. Sólo trabajos de limpieza en la casa principal. El horario es de
ocho y media a seis con una hora de descanso para comer. El sueldo son
siete libras por hora.
Rápidamente intento hacer la suma en mi cabeza.
Casi sesenta libras al día. Un poco menos de trescientas libras por
semana. Con eso le puedo pagar el alquiler a Cece y ayudar con las
facturas.
Este va a ser mi nuevo comienzo. Tengo una buena sensación con esto.
—Suena genial. Muchísimas gracias. —Honestamente, limpiaría
mierda de caballo si pudiera ganar el dinero que me acercara un paso más
a recuperar a Jesse—. ¿Cuando empiezo?
—Mañana.
—¿Mañana? No esperaba que fuera tan pronto. No es que me queje.
—Me apresuro a añadir.
—Aquí pensamos que es bueno poner a la gente de vuelta a trabajar
lo más rápido posible, Daisy. Meterlos en una rutina sólida, y estable. Una
mente aburrida probablemente empezará a pensar en cosas raras.
Asintiendo, concuerdo con él.
Sonríe de nuevo.
—Bien. Bueno, el trabajo es en Wescott, en Surrey, en la Finca Matis.
Tienes que preguntar por el señor Matis cuando llegues. Y asumiendo que
no tienes un auto —asiento en respuesta—, puedes tomar el tren allí, sin
problemas.
Mierda, gastos en billetes de tren. Tendré que calcular cuánto va a
afectar ese gasto. Puedo comprar un bono y así será un poco más barato.
O incluso mejor, puedo ver si hay autobuses, ver si hay uno que vaya de
Sutton a Wescott. 25
—Te pagarán a la semana, así que tu primer sueldo será a finales de
esta semana —dice Toby—. ¿Cómo estás financieramente?
Trago, bajando la mirada, la cara me arde de vergüenza.
—Yo, mm… tengo un billete de veinte libras.
Estoy avergonzada de admitirlo. Sé que probablemente ha oído esto
miles de veces antes, pero pensarlo no hace más fácil decirlo.
—¿Cómo estás de ropa?
—Mmm… Tengo mi antigua ropa. —Alzo los ojos hacia él—. Mi amiga,
Cece, con quien voy a vivir, metió todas mis cosas en cajas y las guardó
para mí mientras estaba adentro.
—Suena como una buena amiga.
—Lo es. —Sonrío.
—Bien, vas a necesitar dinero para poder ir y venir al trabajo y
también para comida esta primera semana, así que te concederé un
pequeño préstamo para que pases esta semana.
—Eso sería genial. Muchísimas gracias.
Mi gratitud es auténtica ahora.
Quiero decir, odio aceptar caridad de la gente, pero dijo que sería un
préstamo, lo que significa que tendré que devolverlo. Eso sí que lo puedo
aceptar. Significa que mi plan de ahorro tendrá que esperar un poquito
más, pero así son las cosas.
—Bien, bueno, prepararé eso para ti ahora. Así que, aparte de eso,
aquí ya hemos terminado. —Apoya sus manos contra el escritorio—.
Necesitaré verte una vez a la semana durante las próximas cuatro
semanas. Haré los arreglos con tu patrón para que te deje salir más
temprano ese día, así que no tienes que preocuparte por ello. Luego,
después de eso, necesitaré verte una vez cada quince días en el segundo y
el tercer mes. Y, si todo es satisfactorio y va bien, luego lo bajaremos a una
visita al mes. Iré a hacerte una visita a tu casa dentro de diez días. De
hecho, vamos a poner una fecha, ahora que estas aquí. —Se gira hacia el
ordenador presionando unas cuantas teclas—. Bien… como ya estarás
trabajando y no quiero hacer que pierdas días de trabajo, ¿qué te parece el
sábado de la próxima semana? ¿Por la mañana?
—Me parece bien. —Sonrío.
—Bien. —Teclea algo más y luego se gira hacia mí—. Está bien, vamos
a solucionar el tema de tu préstamo.

26
Cece mete el auto en un callejón sin salida. Al final de su edificio de
apartamentos.
—Aquí estamos. —Cece se detiene en un espacio de estacionamiento
asignado y apaga el motor.
A través del parabrisas, miro el edificio de apartamentos de cuatro
pisos. Se ve muy bonito. Más de lo que podría haber esperado.
Justo cuando bajamos del auto, empieza a llover a cántaros, así que
corremos hacia el edificio.
Cece abre la puerta principal con una llave.
—Si tenemos visitantes, tienen que tocar el timbre —me dice.
Me gusta eso. Es seguro.
Tomamos las escaleras hasta el segundo piso donde está nuestro
apartamento.
27
Cece abre la puerta, dejándome entrar primero.
Lo primero que veo es el letrero de Bienvenida a Casa, colgando del
techo en el pasillo. Me giro, sonriendo.
—¡Bienvenida a casa! —dice, levantando sus manos hacia el cielo.
—Eres una friki total. —Me río.
Camino por el pasillo, hacia la primera puerta, y me encuentro en la
sala de estar. Miro las paredes pintadas de color beige y los muebles. Un
gran sofá de cuero marrón con cojines mullidos y una silla a juego. Una
mesita de cristal. Un televisor de pantalla plana que está sobre un
gabinete de arce de roble.
Girándome, veo a Cece pie en la puerta.
—Es increíble, Ce. ¿Has hecho todo esto?
Se acerca y se sienta en el brazo de la silla.
—Mi padre hizo la decoración, y mamá me ayudó a elegir el sofá, pero
el resto fui yo.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí? —Paso la mano por el cuero
suave del sofá.
—Me mudé hace un mes. Me dio tiempo de conseguir que fuera
agradable para ti y para Jesse.
Jesse.
El recordatorio de que él no está aquí con nosotras me atraviesa.
Sé que el dolor se muestra en mi rostro porque Cece se acerca y pone
su brazo alrededor de mis hombros.
—Ven, vamos a ver tu dormitorio.
La sigo fuera de la sala de estar y por el pasillo.
—El baño está allí. —Apunta a una puerta cerrada—. Y la cocina es
por aquí.
Asomo la cabeza por la puerta abierta para encontrarme una cocina
de tamaño modesto, con gabinetes blanco brillante y una pequeña mesa de
desayuno blanco con cuatro sillas de cuero negro.
—Agradable —digo.
—Solo lo mejor para nosotras —me informa—. Y ésta es tu habitación.
Sigo a Cece a una habitación de tamaño medio, con una cama doble,
un edredón de color rosa pálido, una mesita de noche, un armario,
paredes blancas, y un tocador en la esquina.
—No le hice mucho. Pensé que querrías poner tu propio sello en ella.
—Es perfecta —digo.
Es entonces cuando veo una caja de regalo sobre la mesita de noche.
Me acerco y la tomo. Me giro hacia Cece. 28

—Es tu regalo de bienvenida a casa. No es mucho.


Sentándome en el borde de la cama, abro la tapa de la caja de regalo.
En el interior hay un teléfono móvil.
Alzo mis ojos hacia ella.
—No tenías que…
Se sienta en la cama junto a mí.
—Necesitas un teléfono, para que puedas llamar a Jesse. Es sólo un
prepago. Le puse un poco de crédito para que…
—Cece... es demasiado. El apartamento... el teléfono.
—Tonterías. —El tono duro en su voz atrae mis ojos hacia los suyos—
. Es lo menos que puedo hacer. Has pasado por el peor momento, y no
hubo una maldita cosa que pudiera hacer para ayudarte. El apartamento y
el teléfono, puedo hacerlo, así que déjame hacerlo.
Mis ojos se llenan de lágrimas. Me muerdo el labio y asiento en
silencio.
—Bien. —Se pone de pie y cruza la habitación—. Traje todas tus
cosas del almacén. Tu ropa y tus zapatos están aquí. —Toca el armario al
lado de donde está parada—. No estaba segura de qué hacer con las otras
cosas, así que las dejé en cajas. Están aquí, en la estantería.
—Gracias.
—Deja de darme las gracias. —Me da una sonrisa suave—. Ahora,
¿quieres pedir algo para comer, o puedo cocinar yo?
—¿Panqueques?
Cece hace los mejores panqueques.
Su sonrisa se ensancha.
—Panqueques serán.
*
Llena por la montaña de panqueques que Cece preparó para mí, me
voy a la cama temprano. Mi reloj biológico todavía está con el horario de la
prisión. Será por un tiempo, supongo.
Pero, ahora que estoy en la cama, no puedo dormir. Mis ojos están
bien abiertos, y estoy mirando las sombras en el techo.
Sigo esperando escuchar el sonido metálico de los cerrojos cerrándose
y los sonidos sin fin de llantos y lamentos que resonaban en toda la
prisión por la noche.
Enciendo la lámpara y me siento en el borde de la cama. Me levanto,
me acerco al armario, abro la puerta, y me quedo mirando mi ropa colgada
allí. 29
Cece la ha lavado y planchado, y luego la colgó, preparándola para
mí.
Honestamente, no podría haber deseado una mejor amiga.
Me estiro y tomo una de las cajas de la estantería.
Me siento en el suelo alfombrado. Con las piernas cruzadas, abro la
caja.
Encima de las cosas está mi viejo iPod. Trato de encenderlo, pero está
muerto. Busco en la caja y encuentro el cargador. Voy y lo conecto,
cargándolo para poder usarlo mañana.
Voy y me vuelvo a sentar con la caja.
Hay un marco de foto, girado. Sé cuál es la fotografía. Es una de
Jesse y de mí, que solía estar en la repisa de la chimenea de nuestro viejo
apartamento. Fue tomada cuando tenía dieciséis y Jesse seis años. No
pasó mucho tiempo antes que mamá se fuera.
Tomándola, le doy la vuelta y la miro fijamente.
Cece y yo llevamos a Jesse a pasar el día a Brighton. Fuimos en tren.
Tuvimos mucha suerte con el tiempo, ya que ese día estaba glorioso.
Pasamos la mayor parte del día en la playa, comiendo el picnic, que
habíamos empacado, y jugando un poco en el agua. Fue un gran día.
Justo cuando estábamos volviendo para ir por el tren a casa, Cece
nos detuvo en la barandilla que daba a la playa y tomó la foto.
Mi brazo está alrededor de Jesse, de manera que está acurrucado
contra mi costado. Estamos sonriendo. La playa, el mar, y el cielo están en
el telón de fondo.
Nos vemos felices.
Éramos felices.
—Voy a arreglar esto, Jesse —le susurro a la foto—. Te traeré de
vuelta a casa, lo prometo.
No me doy cuenta que estoy llorando hasta que una lágrima gotea
sobre el cristal del marco.
Secándome el rostro con la mano, me pongo de pie. Tomando el
marco, me subo a la cama y mantengo la fotografía presionada contra el
pecho.

30
Me despierto temprano, mi cuerpo sigue programado con el reloj de la
prisión. Me toma un momento recordar que ya no estoy allí, atrapada en
esa celda. Estoy a salvo en mi propia habitación, en mi nuevo hogar.
Soy libre.
Por unos momentos, me permito disfrutarlo.
Puedo tomar el desayuno cuando quiera. Ducharme cuando quiera.
Ducharme sola, sin otras veinte mujeres allí.
El alivio me llena.
Me doy la vuelta en la cama, y algo se hunde en mi costado.
Me doy cuenta que es la fotografía de Jesse y de mí. Me quedé
dormida sosteniéndola.
Recogiéndola, la miro por última vez antes de ponerla en mi mesita de
noche.
31
Aparto la colcha y salgo de la cama, disfrutando de la sensación de la
alfombra bajo mis pies, en lugar del frío cemento que solía estar
esperándome cada mañana cuando estaba en prisión.
Cerrando los ojos, hundo los dedos de mis pies en las fibras.
El cielo.
Podría estar sintiéndome bien ahora, pero una inquieta energía está
empezando a arder en mi interior.
Necesito hacer ejercicio. Mi cuerpo está acostumbrado a ello después
de todas las horas que pasé en el gimnasio de la prisión.
Podría salir a correr. Faltan horas para que tenga que estar en mi
nuevo trabajo.
Con la decisión tomada, me levanto y saco del armario mis viejos
shorts, mi camiseta sin mangas, y las zapatillas de correr. Tengo mi viejo
iPod y los auriculares. Poniéndome los auriculares, meto el iPod en el
bolsillo de mis shorts.
Salgo de mi apartamento en silencio y fuera del edificio. El aire es
fresco y refrescante. La calle está tranquila.
Meto mi llave en mi bolsillo y enciendo mi música. El sonido de
“Fighter” de Christina Aguilera llena mis oídos.
Lista para quemar esta energía no utilizada, salgo, comenzando con
un trote lento, hacia la calle principal. Entonces, aumento el ritmo
rápidamente. Tomo nota de a dónde voy y los nombres de las calles, no
conociendo muy bien esta área. No quiero perderme y llegar tarde a
trabajar en mi primer día.
La libertad de correr fuera no me pasa desapercibida. Saboreo la
sensación de la brisa, chocando fría contra mi rostro y mis piernas. Miro a
la gente que sale temprano para el trabajo.
Estoy de vuelta en el mundo real. Y se siente bien. Jodidamente bien.
Corro por una hora, sintiendo como si pudiera correr otra, pero tengo
que volver a tomar el desayuno y prepararme para el trabajo.
Cuando entro en el apartamento, escucho el televisor en la cocina.
Cece debe estar levantada.
—Hola. —Sonrío, al verla sentada a la mesa, con una taza de café.
Sonríe.
—El café está en la cafetera —me dice.
Agarro un vaso primero y lo lleno de agua fría del grifo, antes de
bebérmelo.
—¿Fuiste a correr? —pregunta Cece, mirando mis zapatillas de correr. 32
Asintiendo, me apoyo contra la encimera.
—A la Daisy que conocía le hubiera salido sarpullido ante la idea de
salir a correr. —Me da una sonrisa descarada.
—La antigua Daisy se ha ido —le digo, dejando el vaso. Me giro y
tomo una taza del armario. Me sirvo café antes de añadir leche que tomé
de la nevera.
—Como que me gustaba la antigua Daisy —dice Cece en voz baja.
Me siento frente a ella.
—La antigua Daisy era débil y crédula. —Mi tono es más duro de lo
que pretendía que fuera.
Los ojos de Cece se oscurecen.
—Nunca has sido débil o crédula. Eres la persona más inteligente,
más fuerte y más valiente que he conocido en mi vida.
Suelto una risa aguda antes de tomar un sorbo de mi café.
—Nunca fui inteligente, Ce. Si lo hubiera sido, entonces no habría
caído por la mierda de Jason.
—Odio lo que ese bastardo te ha hecho.
—Hizo. Y nunca volverá a ocurrir.
—¿Porque ahora eres Lara Croft?
Cece sonríe, y no puedo evitar hacer lo mismo.
—No —le digo, forzando la sonrisa en mi rostro—. Porque he
aprendido mi lección. No cometeré el mismo error dos veces.
—¿Y el correr?
—Me hace sentir mejor. El ejercicio no es algo malo; en realidad es
bueno, sabes.
—Te tomaré la palabra sobre ello. —Hace una mueca.
Riendo, niego con la cabeza.
Después de desayunar un poco, voy a tomar una ducha y a
prepararme para mi nuevo trabajo.
Después de ducharme, Ce entra en la ducha después de mí.
Vuelvo a mi habitación, donde me seco mi largo cabello y lo aseguro
en un moño improvisado. Agarro el maquillaje que Cece me compró. Me
pongo delineador y rímel en los ojos y un poco de brillo en los labios.
Me pongo mi viejo sujetador blanco y bragas a juego, con el pantalón
negro y la camisa blanca que solía usar para el trabajo en la joyería. Mi
pantalón me cuelga, y la camisa me queda holgada.
A pesar que Cece lavó toda mi ropa después de sacarla del almacén,
usarlas ahora se siente mal. Son de mi antigua vida. Una vida que ya no 33
tengo.
Tan pronto como me lo pueda permitir, compraré ropa nueva.
Me levanto y me miro en el espejo.
Me veo exactamente como solía hacerlo antes que todo esto sucediera,
excepto que más delgada y más vieja.
Definitivamente parezco mayor.
La tristeza me abruma y me dan ganas de llorar, pero me niego a
hacerlo.
He llorado lo suficiente como para durar toda la vida. Ya no más.
Me enfoco en el ahora. Nuevo trabajo. Recuperar a Jesse.
Resignándome, agarro mi bolso y meto mi iPod en él. Entonces, salgo
de mi habitación.
Meto mi cabeza por la puerta entreabierta de Cece.
—Me voy al trabajo.
Dios, se siente bien decir eso.
Aunque sólo sea una limpiadora glorificada, no me importa.
Tengo un trabajo.
Cece está sentada ante su tocador, maquillándose, envuelta en una
toalla de baño.
—Te ves bien. —Me sonríe a través del espejo antes de volverse hacia
mí.
—Me veo fatal —le digo, sonriendo.
—Cállate —me espeta—. Vas a matarlos en tu nuevo trabajo.
—No quiero matarlos. Acabo de salir de la cárcel. No busco volver.
—Que graciosa. —Pone sus ojos en blanco hacia mí—. ¿No te parece
demasiado temprano para salir? Pensé que empezabas a las ocho y media.
—Sí, pero es un viaje de quince minutos hasta la estación de tren,
cuarenta y cinco minutos en el tren, y según las instrucciones de Toby,
veinte minutos a pie desde la estación hasta la Finca Matis.
—Puedo llevarte a la estación de tren, ¿si quieres? No tengo que estar
en el trabajo hasta las diez.
—No, está bien. —Hago un movimiento con la mano desestimándola—
. No estás lista, y me gusta caminar.
—Si estás segura.
—Estoy segura. —Le sonrío—. Te veré esta noche.
—¿Comida para llevar y una botella de vino para celebrar tu primer 34
día?
—Suena perfecto.
Saludándola, me voy. Me detengo en la cocina para llevarme un
plátano, un Dairylea Snack Box, y una botella de agua de la nevera para el
almuerzo. Las meto en mi bolsa y salgo del apartamento.
Llego a la estación de tren a tiempo y compro un billete en la caseta.
No espero por mucho tiempo antes que mi tren aparezca.
Tomo un asiento vacío junto a la ventana y saco mi iPod. Poniéndome
los auriculares, pongo la música y dejo que Muse me lleve a otro mundo
durante un tiempo.
Parece muy poco tiempo y el tren se está deteniendo en mi parada.
Vuelvo a poner el iPod en mi bolsa y me levanto.
Salgo del tren y uso las instrucciones de la ruta que Toby me dio,
salgo de la estación hasta la calle principal. Luego, giro y voy por una
silenciosa carretera secundaria.
Siento como si hubiera estado caminando durante años, simplemente
campos sin fin y árboles, antes de que vea un alto muro de ladrillo a lo
lejos.
Me recuerda al muro que rodeaba la prisión.
35
Me estremezco.
Llego al alto muro y sigo adelante hasta que llego a unas enormes
verjas de hierro forjado. En el muro a mi derecha hay una placa de bronce
con las palabras Finca Matis, grabadas con letras negras en ella.
¡Lo logré! Y con tiempo de sobra. Esperemos que mi aparición temprana
me apunte tantos a favor con mi nuevo jefe.
Está bien, así que, ¿cómo entro en este sitio?
Mirando alrededor, veo un intercomunicador y un teclado numérico
en el muro contrario a la placa. Pulso el botón de llamada y espero, y
luego, salido de la nada, siento un repentino ataque de nervios.
Un minuto después escucho un crujido en la línea y después una
profunda voz masculina dice:
—¿Sí?
Se me pone la piel de gallina. No sé si es por la sexy voz saliendo del
altavoz o porque estoy nerviosa.
—Hola. —Mi voz es débil. Me aclaro la garganta y lo intento de nuevo.
Me inclino hacia el altavoz—. Mi nombre es Daisy Smith. Eh, hoy voy a
empezar a trabajar aquí como ama de llaves.
La línea vuelve a crujir y luego se desconecta.
Unos segundos después, escucho un fuerte sonido y la verja comienza
a abrirse lentamente.
Cuando el hueco es suficientemente amplio para atravesarlo, me
deslizo y me dirijo por el camino de gravilla. Los árboles se alinean a mi
derecha, campos abiertos están a mi izquierda y cercados rodeando a
caballos dispersos. El camino de entrada es largo y tortuoso.
Finalmente, se abre a un patio asfaltado, con un césped cuidado a la
izquierda y la casa está justamente frente a mí.
Y menuda casa.
Nunca he visto una casa así de grande en la vida real.
Es hermosa. Ladrillos de arenisca marrón. Dos grandes pisos con dos
ventanas en el ático. Un garaje triple a mi derecha.
Es una casa con la que gente como yo sueña tener, pero en realidad,
sólo llegaremos a limpiar.
Respirando profundamente, subo los dos escalones hacia el porche
cubierto y llamo al timbre.
Escucho la campana mientras doy un paso atrás y espero.
Pasos pesados se acercan y luego la puerta se abre.
Oh, mierda. 36
Esas son las primeras palabras que aparecen en mi mente cuando
veo al tipo de pie al otro lado de la puerta, porque es la clase de tipo de oh,
mierda.
Es alto. Mido metro sesenta y siete y este tipo se cierne sobre mí. Se
ve alrededor de mi edad, tal vez unos cuantos años mayor. Viste un
pantalón azul marino y una camisa blanca. El botón superior está abierto,
las mangas enrolladas.
Es musculoso. No como el volumen de un fisicoculturista, pero
claramente se entrena.
Tiene una profunda cicatriz en la barbilla y una que le atraviesa la
ceja, que tiene fruncida en un ceño. Nariz romana. Pómulos prominentes.
Mandíbula cuadrada. Su cabello es castaño oscuro, largo hasta el cuello y
apartado del rostro. Se ve como si no se hubiese afeitado en días. El
conjunto sobre él no debería verse bien, pero lo hace.
Realmente lo hace.
Suficientemente imponente para hacer que lo mire fijamente.
Estoy mirando fijamente.
Sonrojándome, pongo unos cuantos mechones libres detrás de la
oreja mientras bajo la mirada al suelo.
—Hola. —Me aclaro la garganta mientras vuelvo a levantar la mirada
hacia él.
Me está mirando inexpresivamente. Sin sonreír, ni una mirada
amigable. Todavía tiene el ceño fruncido y ahí es cuando finalmente noto
sus ojos.
Son negros. Duros y fríos.
Fuerzo una sonrisa en mi rostro.
—Mi nombre es Daisy Smith. Hoy comienzo a trabajar aquí como ama
de llaves.
Su ceño se profundiza.
—Ya lo ha dicho. —Su voz es tan dura como sus ojos. Sonaba mucho
más sexy en el intercomunicador. Tal vez no es el tipo con el que hablé.
—¿Lo hice?
—En la verja. En el intercomunicador.
Es el tipo.
—Oh, cierto, por supuesto.
Y me siento como una completa idiota.
Gran primera impresión que estoy haciendo aquí. 37
Vamos, Daisy, puedes hacerlo mejor que eso.
Meto el dedo bajo la correa de mi bolsa y me vuelvo a encontrar con
su mirada, forzando otra sonrisa.
—Me dijeron que preguntara por el señor Matis…
—Soy Kastor Matis.
Kastor.
Un nombre inusual. Le queda.
—Mis amigos me llaman Kas. Mis empleados me llaman señor Matis.
Supongo que sé en qué categoría entro.
Aún me está mirando directamente con esos ojos fríos. Decido que me
recuerdan al carbón. Duro e inflexible.
—De acuerdo, señor Matis será. Matis… ¿eso es griego? —Inclino la
cabeza a un lado, inquisitiva.
Un destello de sorpresa se muestra en sus ojos.
Sí, he estado en prisión y puede que sea una limpiadora con
pretensiones, pero no soy completamente idiota.
Se humedece los labios y es entonces cuando noto que su labio
superior es más carnoso que el inferior. El tipo de labio que chupas. No es
que vaya a estar chupándole los labios en algún momento, jamás.
—Lo es. —Es su breve respuesta.
Y entonces, un silencio extraño nos envuelve.
Odio los silencios.
Estoy buscando algo que decir, pero no se me ocurre nada,
preguntándome si en algún momento va a dejarme entrar en la casa.
Como si leyera mi mente, abruptamente da un paso atrás y sostiene
la puerta. Tomo eso como mi señal para entrar.
Entro con cautela en la enorme entrada.
Es descomunal. Probablemente todo mi apartamento y el de Cece
podrían encajar aquí.
Aunque es hermosa. El suelo bajo mis pies es de mármol. La escalera
es amplia y se dirige a ambos lados.
Cierra la pesada puerta detrás de mí. El golpe seco hace eco de
recuerdos del sonido de la puerta de mi celda, cerrándose de golpe detrás
de mí.
Mi corazón se desboca como una carrera de caballos en mi pecho.
Me siento atrapada. Gotas de sudor estallan en mi piel.
Estás bien, Daisy. Solo estás en una casa.
38
Cierro los ojos fuertemente y me esfuerzo por respirar profundamente.
Cuando abro los ojos, Kastor Matis está de pie justo frente a mí,
mirándome con curiosidad… y algo más.
Furia.
Me está mirando como solían mirarme las zorras locas en prisión.
Como si quisieran apuñalarme con un instrumento punzante en cualquier
momento dado.
Mi interior se tensa, mi sentido arácnido se pone en alerta máxima.
Si no fuera por los términos de mi libertad, forzándome a estar aquí,
entonces estaría girándome y corriendo por la puerta.
Pero tengo que permanecer aquí. Y necesito este trabajo. Así que,
suprimo los sentimientos y lo soporto.
—Así que, ¿por dónde debería comenzar? ¿Tiene un horario que le
gustaría que siguiera? —Estoy haciendo esta estupidez sobre la marcha
porque, honestamente, no sé de qué demonios estoy hablando. Sólo
necesito llenar este horrible silencio entre el bastardo de buena apariencia
y yo.
—¿Tiene experiencia limpiando? —pregunta con rudeza.
Lo juro, es como si me estuviera escupiendo cada vez que habla.
Estoy asumiendo que es porque he estado en prisión. Pero si tiene
problemas con los ex convictos, entonces ¿por qué demonios contrató
una?
Y estoy asumiendo que ya debería saber mi nivel de experiencia
limpiando. ¿No le habría informado Toby?
—Un poco. Tenía un trabajo de limpieza en, eh… prisión. —La
vergüenza hace que me hormiguee la piel, como ocurre siempre cuando
digo esa palabra—. Mis labores eran limpiar la biblioteca y el patio… el
área de recreo —corrijo—. También pasaba el trapeador por los pasillos y

—No necesito un resumen de su tiempo en prisión —me interrumpe.
Está bien…
Las mejillas me arden con vergüenza… y, si soy honesta, furia.
Este tipo es un poco imbécil.
Mordiéndome el labio, junto las manos para evitar… no sé… pegarle
un puñetazo en su hermoso rostro.
Imbécil.
—Lo siento. Supongo que fue un malentendido. Pensé que quería
saber mi experiencia limpiando.
39
De nuevo, no dice nada, solo esa cosa inquietante de mirar fijamente.
Me inquieto.
Me aclaro la garganta.
Aparto la mirada.
Luego, intento cambiar de táctica.
—Tiene una casa hermosa. —Paso la mirada por el espacioso
vestíbulo.
—No es mía.
Eso hace que vuelva a poner la mirada en él, y… sí, todavía me está
observando. Bueno, observando es ser amable. Me está mirando fijamente.
—¿De quién…?
—Es la casa de mis padres. Vivo aquí y me ocupo de la finca por ellos.
—¿Dónde…
—Fuera —me corta—. Le mostraré el resto de la casa.
Gira sobre sus talones y se aleja a zancadas.
El recorrido por la casa demora un poco. El lugar es como una
caverna.
Estoy realmente preocupada por no poder mantener este lugar limpio
yo sola.
Hay muchas habitaciones.
En la planta baja hay una biblioteca, sí, una biblioteca. Un gimnasio.
Una piscina cubierta que, me dijo el Sr. Matis, tiene a un tipo que viene
para limpiarla. Su oficina. La cocina más grande que he visto en mi vida,
con un cuarto de servicio separado que es donde se guardan todos los
productos de limpieza. Un enorme comedor, completado con una mesa de
dieciséis puestos. Al parecer los Matis tienen invitados con frecuencia. Un
salón que parece que apenas se utiliza. Y una sala de estar que alberga
una enorme televisión y parece que usan más a menudo.
Arriba hay seis dormitorios, cada uno con su propio cuarto de baño.
El dormitorio de Kas está a un lado de la casa, con vistas a los potreros. 40
Tiene un balcón privado, y la vista que tiene es magnífica. También hay un
baño separado que alberga la bañera más grande que jamás haya visto.
Necesito saber cuáles son las habitaciones que más se utilizan, y
limpiarlas regularmente.
También me dio un uniforme para usar mientras trabajo, lo que
significa que no arruinaré mi propia ropa. Es un vestido de limpieza
simple, de manga corta y hasta la rodilla, con cuello y puños blancos, y me
ha dado dos, lo cual es bueno, ya que voy a poder usar uno mientras lavo
el otro.
Me lo pondré una vez que hayamos terminado aquí.
Ahora estamos de regreso abajo, y en su oficina.
Tenía unos formularios de empleados para que los llenara con mi
dirección y ese tipo de cosas.
Mierda, me está pidiendo los datos bancarios para depositarme el
salario.
Presiono mi labio con el lapicero.
—Um, señor Matis... no tengo cuenta bancaria.
Mira de su teléfono, en el que tenía fija la mirada, a mí, con ojos
afilados.
Cambio de posición con incomodidad bajo su mirada de rayos láser.
—Yo, um, no recuerdo los detalles de mi antigua cuenta bancaria, ya
que no la he utilizado en dieciocho meses. Ni siquiera estoy segura de si
sigue abierta o si el banco la clausuró.
—Averígualo.
—Está bien. Llamaré al banco...
—Haz la llamada en tu tiempo libre, no en el mío.
Sí, señor.
Asiento y termino de llenar los formularios.
Se los regreso junto con la pluma. Ni siquiera se molesta en mirarlos.
Sólo abre un cajón de su escritorio y los mete.
—Así que, supongo que debo ir a trabajar. —Empiezo a levantarme de
mi silla.
—Una cosa más.
Su voz me detiene, y vuelvo a poner mi trasero en el asiento.
Se sienta hacia delante, apoyando los codos en el escritorio, y me
mira fijamente, con esos negros e implacables ojos suyos.
—Hay cosas de valor en esta casa, pero supongo que ya lo sabes. 41
¿Lo sé?
—Y sé que la tentación podría ser grande, pero tengo que pedirte que
intentes no robar nada. Odiaría tener que enviarte de regreso a la cárcel.
¿Qué. Demonios?
Siento como si me hubiera dado una bofetada. Mis mejillas arden con
la humillación.
Dios, odio que este bastardo engreído pueda afectarme de tal manera.
Lo he conocido durante, ¿qué? Una hora, y ya desprecio al hijo de puta.
Si no necesitara desesperadamente este trabajo como lo estoy
necesitando, y si el asalto, no me enviara directamente a la cárcel, le daría
una patada donde más le duela, lo que probablemente sería su cartera
porque estoy bastante segura que nada más penetraría su piel de
rinoceronte.
Mis dedos se curvan hacia mis palmas, y dejo que la punzada de
dolor me mantenga firme.
Vamos, Daisy. Has escuchado... cosas peores. Él es sólo un cabrón
estirado que claramente necesita echar un polvo.
Dice la que no ha tenido sexo en.… bueno, una eternidad.
—Sí, señor Matis —digo con los dientes apretados.
Realmente, ¿qué más podría haber dicho?
¿Tratar de defender mi honor? Casi me río en voz alta ante ese
absurdo pensamiento.
Intenté hacerlo en un tribunal de justicia, y no funcionó muy bien
para mí.
Y este cabrón presumido cree que soy una ladrona porque eso es lo
que le dijo la ley.
No le importa si soy inocente o no.
Soy pobre y una criminal; Por lo tanto, soy menos que él.
Soy menos que nadie.
Estoy marcada de por vida.
Siempre fui pobre. Ahora, tengo la etiqueta de criminal que me
acompaña.
Bueno, ¿no soy la pareja perfecta?
Dios, odio a Jason maldito Doyle. Arruinó mi vida.
Pero sé que no soy una ladrona, y es lo único que importa.
O eso es lo que me digo.
Pero me imagino que, si lo repito lo suficiente, entonces un día voy a
empezar a creerlo. 42
La cabeza de Kas está inclinada, con la mandíbula apretada, pero su
mirada es de evaluación, como si estuviera esperando más.
Casi como si estuviera esperando... represalias.
¿Por qué iba a pensar que tomaría represalias?
Porque he estado en prisión; por lo tanto, soy una criminal.
Dios, estoy tan jodidamente harta.
Este tipo es el mayor de todos los imbéciles. Sólo quiero terminar mi
trabajo.
Lo que más me molesta, es que me contrató sabiendo que tengo
antecedentes penales. ¿Por qué hacer eso si quiere ser un completo idiota
conmigo?
Tal vez se excita con eso, menospreciando a la gente.
Bueno, puede hacer lo que quiera y decir lo que quiera.
Porque no me importa lo que piensa de mí. Sólo me importa que me
pague el salario al final de cada semana.
—Ya hemos terminado aquí —dice suavemente, como si de repente
estuviera aburrido.
Y me despido, antes que pueda decirme cualquier otra cosa de
mierda.
Después de cambiarme a mi ropa de trabajo, la cual
sorprendentemente me queda, me pongo a trabajar. Supongo que
empezaré abajo. Así que, empiezo por la cocina.
Para cuando la una en punto llega, cada superficie de la cocina está
brillando. El horno está brillando, dentro y fuera, y el piso está tan limpio
que podría comer la cena en este.
Hablando de comer, mi estómago está rugiendo.
Me lavo las manos y agarro mi bolso de donde lo dejé colgando en el
armario de los abrigos en el pasillo. Después, voy afuera al jardín trasero
mientras el sol hace una extraña aparición, y estoy determinada a
disfrutarlo mientras esté aquí.
Camino un poco alrededor del gran jardín trasero donde está claro y
está adorablemente cuidado. Mucho trabajo duro se ha hecho en este
jardín.
43
No puedo ver al Kas-tupido2; ¿vieron lo que hice?, ensuciándose las
manos con la jardinería, así que estoy suponiendo que tiene un jardinero.
A menos que sus padres hagan la jardinería.
Me pregunto cuándo volverán ellos. Con suerte, serán más amables
que su hijo.
Pero entonces, si ellos educaron a ese miserable imbécil… no debería
tener muchas esperanzas.
Es una lástima que sea un idiota porque de verdad es apuesto.
Lástima que su personalidad arruine lo que podría ser la persona perfecta.
Veo un banco junto a unos coloridos arbustos, así que decido
sentarme ahí.
Saco mi teléfono y lo reviso.
Solo hay un mensaje de Cece, enviado hace unas horas. No es
sorprendente, ya que es la única persona que tiene mi número… bueno,
aparte del Kas-tupido y mi oficial de libertad condicional.
¿Cómo va tu primer día?
Respondo.

2
En el original, Kas-hole. Una mezcla entre el nombre y la palabra Asshole (estúpido, imbécil,
idiota, etc)
Mi nuevo jefe es un idiota. Pero, aparte de eso, bien. La casa es
hermosa.
Contesta al instante.
¿Debo patear su culo?
Me río ante eso.
No, no es nada que no pueda manejar. ¿Estás en el descanso del
almuerzo?
Sí, pero a punto de volver. Hablamos esta noche. Te quiero.
También te quiero.
Dejo el teléfono en mi mano, y voy al único otro contacto que tengo
ahí. Presiono llamar y llevo el teléfono a mi oído. Espero, escuchando
mientras timbra.
Va a correo de voz.
—Hola, ha llamado a Anne Burgess, Departamento de Servicio Social.
Deje su nombre y su teléfono, y llamaré de vuelta.
Decepcionada de no poder hablar con ella, espero el pitido.
—Hola, Anne, soy Daisy Smith. Solo estoy llamándote para decirte
que fui liberada ayer. Estaba esperando que pudiéramos reunirnos para
hablar… de Jesse. Espero poder verlo pronto. Si me llamas de vuelta al… 44
—Digo mi numero—. De verdad lo apreciaría. Gracias.
Cuelgo y dejo el teléfono en mi bolso.
Con suerte, me llamará pronto.
Anne es la trabajadora social de Jesse. Durante los últimos dieciocho
meses, he mantenido un contacto regular con ella, sobre Jesse. Ella sabe
de mi ansiedad por llevar a Jesse a casa conmigo. Cada vez que he
intentado hablar de conseguir la custodia de Jesse, siempre me había
dicho que era algo que debíamos discutir después de mi liberación.
Bueno, soy libre ahora, y quiero hablar de eso. También quiero ver a
mi hermano.
Determinada a no permitir que la frustración se apodere de mí, meto
la mano en mi bolso y saco mi almuerzo.
Tengo esta repentina sensación de ser observada, pero cuando miro
alrededor, no veo a nadie.
Raro.
Abro mi caja de bocadillos Dairylea3 y comienzo a comer.

3
Dairylea: Marca de productos de queso.
Disfrutando estando sentada en paz, comienzo mi almuerzo, pero
termino en quince minutos, dejándome más de media hora de tiempo para
matar.
Dejo los envoltorios vacíos en mi bolso y limpio las migas de mi
vestido. Decido dar un paseo alrededor de la hacienda y revisar los
potreros y establos.
Cuelgo mi bolso sobre mí hombro y empiezo a caminar al otro lado del
jardín. Llego al camino del jardín y lo sigo. Este serpentea a lo largo del
jardín y luego me guía a través del pasaje abovedado.
Me detengo al otro lado del arco y miro alrededor.
Este lugar es inmenso.
Lejos a mi izquierda y al frente está la pared que rodea este lugar.
Desaparece dentro de un bosque lleno de árboles.
Ni siquiera puedo imaginarme lo mucho que se tardó en construirse
esa pared; y el costo. Aunque no es probable que no pudieran pagarlo.
A mi derecha están los establos. Los potreros están a mi izquierda y al
frente. Cubren mucha parte del área. Los caballos están esparcidos
alrededor.
Comienzo a vagar hacia los potreros. Mientras me acerco, veo a un
tipo que parece estar arreglando una de las cercas que mantiene dentro los 45
caballos.
Como si sintiera mi cercanía, levanta su cabeza.
Sonrío.
—Hola. —Levanto mi mano en un saludo.
Responde el saludo con su mano. Sonriendo se levanta.
Sonrisa amable. Es bien parecido. Con el cabello rubio arena corto.
Piel bronceada. Parece estar rondando mi edad. Parece amigable.
Completamente opuesto a Kastor Matis.
Pero, por mucho que odio admitirlo, Kas es más apuesto. Este tipo es
un niño bonito. Kas es un hombre en todo el sentido de la palabra. Incluso
si es un completo imbécil.
—Eres nueva —dice cuando llego donde él. Tiene el acento
australiano más delicioso que he escuchado. Bueno, el único acento
australiano que alguna vez he escuchado ha sido en la televisión—. Y tú
no puedes ser la dueña de un caballo, ya que conozco a todos los dueños,
y no hemos tenido un caballo nuevo recientemente.
—Soy la nueva ama de llaves, eres australiano.
Dah.
Idiota, Daisy. Que idiota.
—Me atrapaste. —Se ríe, levantando sus manos en rendición—.
Cooper Knight, nacido en Adelaide. —Deja caer sus manos y estira una
para estrechar la mía.
Estirando la mía, deslizo mi mano en la suya.
—Daisy Smith, nacida en Londres.
Aprieta mi mano y sonríe.
—Escuché que teníamos una ama de llaves empezando.
Me pregunto qué más escuchó.
Pero él no está mirándome como si fuera un pedazo de basura, así
que tal vez no sabe cuál fue el último lugar que tuve que llamar casa.
Extrañamente, de hecho, me está mirando con una chispa de interés.
Suelta mi mano y descansa sus manos sobre la cerca, uniendo sus
dedos.
—Entonces, ¿cómo lo encuentras hasta ahora?
—Está… bien.
—¿Por qué no te creo? —Hay una pícara sonrisa en su hermoso
rostro.
—Porque he conocido a Kastor Matis. —Las palabras salen antes de 46
que pueda detenerlas.
Golpeo mi mano sobre mi boca, y él se ríe a carcajadas.
—¿Te la ha estado poniendo difícil?
—Mmmm —murmuro, dejando caer la mano.
—Sí, puede ser una nuez dura de quebrar a veces. Pero Kas no es un
mal tipo, no de verdad. Solamente le gusta que la gente piense que lo es.
Solo mantente fuera de su camino, y estarás bien. El señor y la señora
Matis son geniales. Te caerán muy bien.
—¿Dónde están? —pregunto, aliviada de que no pensara que fuera
una perra con respecto a Kas.
Quejarme por mi jefe con otros empleados en el primer día no es lo
mejor.
—Tienen una casa en Grecia. El señor Matis tiene familia allá, así que
pasan la mitad del año ahí y la otra mitad aquí. Kas maneja el lugar por
ellos.
—¿Hace cuánto trabajas aquí? —pregunto.
—Seis años. Los Matis me contrataron poco después de que
compraron el lugar.
Seis años. Tal vez es mayor de lo que pensé inicialmente.
—¿Dónde vivían antes de aquí? —Me doy cuenta de lo entrometida
que estoy siendo—. Lo siento, de verdad sueno entrometida.
—Si no preguntas, no te enteras, ¿verdad? —Me da una sonrisa
tranquilizadora—. Se mudaron aquí desde Londres. El señor Matis era
importante en la industria banquera; bolsa y esa clase de cosas. Hizo
mucho dinero. Creo que él y la señora Matis querían salir de la ciudad, así
que se mudaron aquí por la paz y la tranquilidad. Y es una buena
inversión, un lugar como este.
—¿Cuántos más trabajan aquí? —pregunto, mirando alrededor.
—Bueno, estoy yo, por supuesto. Soy el encargado de los establos.
Ellie y Peter son entrenadores. Mack y Tash son mis ayudantes en los
establos. Están en el almuerzo ahora, pero los conocerás pronto. Luego,
tenemos a Dom, quien es el jardinero. Es su día libre hoy, pero regresará
mañana. Y eso es todo.
—¿Qué le pasó al ama de llaves que trabajaba aquí antes de mí?
La expresión de Cooper decae un poco.
—Tania. Se fue… bueno, digo se fue, pero se levantó y desapareció
hace como dos meses.
—¿Desapareció? —Frunzo el ceño.
Asiente. 47
—Un minuto, estaba aquí. Al siguiente, no. Cuando le pregunté a Kas
por ella, simplemente me ignoró.
—Raro —reflexiono—. ¿Había estado en prisión?
Me da una mirada sorprendida, e instantemente me pongo pálida.
Mierda.
—No, no que yo sepa. ¿Por qué lo preguntarías?
Porque soy una idiota.
—Mmm… no lo sé. Solo que huyera… —Me encojo de hombros
incómodamente.
Supongo que solo lo asumí, por lo que Toby dijo, los Matis son
empleadores que están dispuesto a recibir personas que acaban de salir de
prisión.
Sabiendo que soy la primera me deja un poco rara.
—No, Tania era una buena chica. De ninguna forma estaba
involucrada con esas cosas malas.
Sí, porque las chicas que van a prisión están mezcladas con cosas
malas. Y definitivamente no son chicas buenas. ¿Verdad?
El comprender cómo la opinión de Cooper cambiaría instantemente
una vez que supiera la verdad sobre mí me deja sintiéndome un poco
enferma.
No sé por qué ya que debería estar acostumbrada a eso ahora.
Supongo que mis recientes encuentros con Kastor Matis me han
dejado sintiéndome un poco en carne viva. Más de lo que quiero admitir.
Cooper se inclina más cerca, bajando su voz.
—Sé que Tash pensaba que Tania y Kas estaban… ya sabes… —
Lanza una mirada conocedora antes de inclinarse hacia atrás—. No pude
verlo por mi cuenta, pero si Tash tenía razón y estaban enrollándose y no
funcionó… tal vez la sacó. O tal vez no tiene nada que ver con Kas, y Tania
solo volvió a casa.
—¿Casa?
—Era de Polonia.
—Oh, claro.
Por alguna razón, estoy teniendo visiones de una belleza rubia alta y
Kas agradándole mucho.
Pero no la pequeña ex presidiaria Daisy.
No es que me importe una mierda lo que Kas-tupido piense de mí. 48
—Tash intentó llamar al teléfono de Tania después de que supimos
que se fue, pero estaba fuera de servicio.
—¿Cuánto tiempo trabajó Tania aquí? —pregunto.
—Unos seis meses.
Sintiéndome un poco extraña con esta conversación, y sabiendo que
debe ser hora de volver al trabajo, meto la mano en mi bolso y saco mi
teléfono para ver la hora.
Síp, cinco minutos antes de volver al trabajo. No quiero llegar tarde y
darle razones a Kas-tupido para ser un imbécil conmigo.
—Bueno… debería volver. —Apunto a mi teléfono antes de volver a
dejarlo en el bolso—. Fue un gusto conocerte, Cooper. —Doy un paso lejos.
—Igual. Oye, antes de que te vayas —me dice—. ¿Montas? —Inclina
su cabeza hacia el caballo pastando detrás de él.
—No. —Sacudo mi cabeza.
—Bueno, si quieres aprender, dímelo. Te daré unas lecciones en la
casa. Las ventajas de trabajar aquí. —Sonríe, y es una sonrisa amigable.
Decido en ese punto que me cae bien Cooper. Puede pensar que las
presidiarias son malas noticias, y en la mayoría de los casos, no está muy
equivocado, así que no puedo culparlo por creer eso.
—Eso sería genial. Gracias. Pero tal vez no en este vestido. —Arrugo
mi nariz, apuntando mi uniforme.
—No. —Se ríe—. A menos que quieras montar en la silla lateral, eso.
—Que anticuado de tu parte.
—Soy un tipo un poco anticuado. —Guiña un ojo.
Por lo general, odio los guiños, pero él de verdad puede hacer uno. Y
estoy un poco oxidada aquí… ¿pero está coqueteando conmigo?
—Hablo en serio. Si quieres una lección, dímelo, y arreglaremos algo.
Sonrío.
—Lo haré. Te veo después.
—Pronto. Espero.
Está bien, sonrío como una nena por eso.
Es encantador. Y es agradable ser tratada bien después de los malos
modales de Kas-túpido esta mañana.
No es que aceptaría cualquier oferta de Cooper, aparte de la lección de
montar.
Los hombres son un área prohibida para mí. Jason me quemó de por
vida. 49
Sonriendo, giro sobre mis pies y vuelvo a la casa, sintiéndome un
poco más ligera que cuando la dejé.
De la nada, una sensación extraña sube por mi espalda. Esa
sensación de ser observada de nuevo.
Levanto mi cabeza, sin ver a nadie.
Miro sobre mi hombro, pero Cooper está de nuevo trabajando en la
cerca.
Vuelvo a mirar al frente, mirando a la ventana de la habitación de
Kas, pero no hay nadie ahí.
Raro.
Lo juro, me voy a enloquecer.
Sacudiéndome la sensación, retomo el paso y regreso por el pasaje
abovedado antes de volver al trabajo.
Es mi segundo día en el trabajo, y estoy caminando rápidamente por
la acera, dirigiéndome a la Finca Matis, porque está lloviendo como el
infierno. No tengo un paraguas, pero estoy usando mi impermeable con la
capucha puesta, manteniendo mi cabello seco.
No estoy lejos de las puertas cuando oigo un auto acercarse
rápidamente detrás de mí.
Echando un vistazo hacia atrás, veo un todoterreno aproximándose.
Una ráfaga de viento hace que mi capucha caiga de mi cabeza. Me
apresuro a acomodarla de nuevo, pero antes que pueda…
¡Splash!
¡Idiota de los idiotas!
Me dejó sorprendida, agua fangosa goteando por mi rostro.
El bastardo pasó por un charco a un lado de la carretera y me
empapó con agua fangosa.
50
Apreté los dientes.
—¡Estúpido, bastardo, vagabundo irreflexivo de conductor de
todoterrenos! —dije, dando un pisotón.
Paso mi mano por mi rostro, limpiando el agua fangosa.
¿Puede ser peor este día?
Y apenas ha comenzado.
Aún no he recibido una llamada de Anne, lo que me está estresando.
Extrañamente, dormí esta mañana, lo que significa que no hice mi
rutina, y casi perdí mi tren. Cuando entré en el tren, solo lloviznaba
ligeramente. Luego, tuve que soportar de pie todo el viaje aquí, ya que no
había asientos, porque, aparentemente, el mundo y su esposa estaban
usando el tren esta mañana. Bajé en Westcott, y los cielos se abrieron,
llovía como si estuviera preparándose para el Gran Diluvio.
No había traído un paraguas porque pensé que estaría bien con mi
impermeable. Y estaba bien hasta que un idiota en un todoterreno me
empapó hasta los huesos.
Bueno, así que, evidentemente, mi día puede empeorar porque
cuando miro las luces traseras del cuatro por cuatro, veo que está
ralentizando y girando hacia la Finca Matis.
Gruño. De hecho, gruñí y aceleré el paso, dirigiéndome hacia el auto,
que estaba detenido, esperando a que las puertas se abrieran.
Con las ventanas tintadas, no puedo ver el interior, pero no me
importa, porque estoy enfadada. Estoy empapada y enfadada. No es una
buena combinación.
Al llegar al auto, golpeo mis nudillos en la ventana del pasajero.
—Oye, amigo —digo en un tono molesto—. ¡Me has empapado allí!
Mira por dónde vas la próxima vez. Y un lo siento, acabo de empaparte
hubiese estado bie… —Las palabras mueren en mi lengua cuando la
ventana baja, y veo quién está en el auto—. Señor Matis.
Mierda. Mierda. Mierda.
Ya me odia. Y, ahora, he golpeado la ventana de su auto y le grité.
Estoy tan despedida.
Sus ojos negros se mueven sobre mí. Veo un destello de humor en
ellos.
Se está riendo de mí.
Bastardo.
—Daisy. Buenos días. O tal vez no, como sea el caso para usted.
Muerdo mi lengua con tanta fuerza que saboreo sangre, el sabor 51
metálico en mi boca.
Voy a... voy a...
Alejarme.
Es eso o golpearlo en la garganta, y no creo que golpear a mi jefe sería
una buena idea. Sería mi pase rápido de vuelta a la cárcel.
Y realmente no quiero eso.
Jesse. Piensa en Jesse.
Con la mandíbula tensa, giro sobre mis pies y camino por las puertas
abiertas.
Voy a toda velocidad, metiéndome al costado para estar alejada del
camino de su auto cuando pasa por delante de mí.
Mis manos están cerradas en puños. Y honestamente siento que
podría llorar.
Me gusta pensar de mí como fuerte y capaz. Pero, ahora mismo, me
siento desgarrada por las emociones.
Extraño a mi hermano. Odio a mi jefe. Estoy empapada, y estoy a
punto de tener mi período. Así que, sí, me siento un poco emocional.
Oigo a su auto aproximarse detrás de mí, y me pasa directamente, tal
como esperaba que hiciera.
Porque sería demasiado cortés ofrecer llevarme el resto del camino.
Idiota.
Apretando los dientes, camino furiosa el resto del camino al lugar,
mis zapatillas deportivas haciendo ruido. Todo el tiempo, me imagino
estrangular a Kas-túpido con mis manos.
Cuando me acerco al lugar, veo que la puerta principal está abierta, y
Kas-túpido está allí de pie, luciendo todo seco con sus jeans azules
oscuros y su jersey de cuello en V.
Luce sexy, tanto como odio admitirlo.
Odio que sea un bastardo apuesto.
Con la mandíbula apretada, las manos en puños a mis costados, me
detengo en el porche.
—Séquese antes de entrar. —Me tiende una toalla—. No quiero que
gotee por el suelo.
Um, ¿qué?
Lo miro conmocionada.
Me mira fijamente y me hace gestos para que tome la toalla.
¡Argh! ¡Odio a este chico!
52
Tengo que recordarme que, si hago un lío, seré yo quien lo limpie de
todos modos.
Haciendo caso omiso de él, dejo mi bolso en el suelo y me quito mis
zapatillas. Al estar descalza en el suelo frío me envía escalofríos por mis
piernas. Desabrocho mi impermeable, me lo quito y lo arrojo al suelo, con
mi bolso. Me quedo solo con mi vestido mojado.
Temblando y sin mirarlo a los ojos, me estiro y tomo la toalla de su
mano aún extendida. Llevo la toalla a mi rostro, limpiándolo. Luego, la
paso sobre mis brazos y piernas desnudas, secándolas. Estirándome por
mi espalda, aparto mi cabello. Levantándolo, exprimo el agua y luego froto
la toalla.
Cuando termino, cometo el error de mirar a Kas.
Me está mirando fijamente.
Pero, por una vez, no me mira con disgusto.
La mirada en sus ojos... es intensa.
No recuerdo que nadie me mirara así antes. Siento como si me
estuviera desnudando.
La oleada de necesidad en mi vientre inferior me sorprende como el
infierno.
Y de repente ya no me siento tan fría.
Su mirada me está calentando desde adentro hacia afuera.
¿Qué demonios es esto?
¿Cómo puedo sentir... lo que estoy sintiendo por él? Lo odio.
Pero, al parecer, mi cuerpo perdió el memorándum en ese caso,
porque parece que le gusta bastante este momento.
—Señor Matis... —susurro su nombre, no estoy segura por qué o lo
que espero lograr al hacerlo. Estoy más que sorprendida por cómo suena
mi voz.
Y es el sonido de mi voz lo que parece traerlo de vuelta a la
vida. Observo que su expresión se endurece. Sus cejas se juntan en un
gesto de desdén, y sin decir una palabra, gira sobre sus talones y se aleja.
Bueno. ¿De qué demonios se trata todo eso?
Supongo que es porque no he tenido sexo en mucho tiempo. Mi
cuerpo y las hormonas acaban de ver un hombre y se confundió por un
momento.
Eso definitivamente no volverá a suceder.
En un suspiro, me inclino y levanto mi impermeable antes de sacudir
el agua encima. Recojo mis zapatos y entro en la casa, cerrando la puerta
detrás de mí.
53
Me dirijo directamente a la sala de servicio y cuelgo mi abrigo sobre el
perchero. Dejo mis zapatillas en la secadora.
Mi vestido y ropa interior están empapados. Pero no hay nada que
pueda hacer. No tengo nada qué ponerme. Tendré que usarlos y esperar
que se sequen mientras trabajo.
Sin embargo, primero necesito arreglar mi cabello.
Tomando mi bolso, me dirijo al baño de abajo. Me encierro, y me miro
al espejo.
Parezco una rata ahogada.
Saco mi cepillo y lo paso entre los nudos. Luego, lo amarro en un
moño desordenado. Dejando mi cepillo en mi bolso, abro la puerta y salgo.
Mis pies se detienen cuando veo a Kas de pie al otro lado.
—Te traje algo para que te pongas. —Gesticula a mi vestido mojado y
luego me tiende una camisa de polo roja y un pantalón de montar. La
camisa de polo tiene bordado Finca Matis en el pecho, del lado derecho—.
La camisa es grande, pero el pantalón debería quedarte. Era todo lo que
nos quedaba en stock.
Estoy tan asombrada por su amabilidad que me toma un momento
hablar.
—Gracias. —Tomo la ropa y lo miro a los ojos.
Me da un asentimiento corto, y luego se da la vuelta y se va.
Acabo de girar para ir al baño cuando su voz me hace retroceder. Me
vuelvo para ver que se detuvo al final del pasillo, y está medio volteado
hacia mí.
—Lo siento por haberte empapado.
Mi mandíbula golpea el suelo por sorpresa.
—Yo... está bien.
Sin otra palabra, desaparece por la esquina, dejándome allí de pie,
aturdida.

54
Estoy de rodillas, fregando la bañera en el baño principal, cuando mi
seno derecho comienza a vibrar.
Decidí guardar el teléfono junto a mí en caso de que Anne llamara, y
como este apretado como el infierno pantalón de montar no tiene ningún
bolsillo, tuve que guardar el teléfono en mi sujetador, de ahí que el pecho
vibre.
Estirando mi top, saco el teléfono, viendo el nombre de Anne en la
pantalla del identificador.
Mi corazón comienza a latir un poco más rápido mientras conecto la
llamada.
—¿Hola?
—Hola, Daisy. Es Anne de Servicios Sociales.
—Hola. Muchas gracias por devolverme la llamada.
—Siento demorarme un poco en devolver tu llamada. No estaba en la 55
oficina ayer, y justo me estoy poniendo al día en los mensajes.
—No hay problema. Entiendo.
—Así que, llegó tu salida.
—Sí. —Sonrío.
—Bien. Estoy contenta por ti.
—Gracias. Anne... Quería hablarte de Jesse. ¿Qué debo hacer para
iniciar el proceso de solicitud de custodia? ¿Y cuándo puedo verlo?
—Bueno, primero lo primero, tú y yo tenemos que hablar.
—¿Acerca de? —Mi tono es nervioso. No puedo evitarlo.
—Solo sobre tus circunstancias ahora...
—Tengo un lugar para vivir. El apartamento de mi mejor amiga. Estoy
viviendo con ella, pagando el alquiler. —No es que Cece vaya a decirme
acerca de pagar el alquiler, pero voy a darle dinero tan pronto como me
paguen—. Es un lugar muy bonito en Sutton, y tiene tres dormitorios. Uno
es para Jesse. Tengo un trabajo. Soy ama de llaves en la casa de una finca
en Surrey. Por lo tanto, estoy en una posición realmente buena para
cuidar de Jesse ahora, y realmente...
—Eso es maravilloso, Daisy —me interrumpe—. Estoy muy contenta
de que todo esté saliendo bien para ti. Me encantaría ver tu nuevo
departamento. Entonces, ¿qué tal si voy de visita? Podemos charlar y
partir de ahí.
Me dejo caer de cuclillas, decepcionada, sabiendo que no voy a ver a
Jesse en corto plazo.
—Suena bien —digo, tratando de inyectar un entusiasmo en mi voz
que simplemente no está allí.
—Fabuloso. Ahora, mirando mi calendario, estoy libre el viernes a las
cinco de la tarde.
—Trabajo hasta las seis, y me lleva un poco más de una hora llegar a
casa.
—Oh, bueno, ¿qué tal si llego a las seis? Puedes preguntarle a tu
empleador si puedes salir una hora antes. Estoy segura de que si le
explicas la razón por lo que necesitas el tiempo, tu empleador lo
entenderá.
¿Comprensión de Kas? Ja. No es probable.
Sin embargo, él fue agradable conmigo más temprano, trayéndome la
ropa y pidiendo disculpas. Tal vez su exterior duro se esté suavizando
hacia mí.
Podría haber algo de bondad en él.
56
—Le preguntaré y te lo haré saber.
—Fabuloso. Hablaremos pronto.
Cuelgo el teléfono y lo guardo en mi sujetador.
Ella quiere venir a mi casa a las seis, lo que significa que tendré que
salir a las cuatro. Me lleva una hora y veinte minutos con el viaje en tren y
las caminatas hacia y desde las estaciones de tren. Y necesitaré ducharme
antes de que llegue, así no apestaré a productos de limpieza.
Eso significa que tendré que preguntarle a Kas si puedo salir dos
horas antes.
Temo el pensarlo.
Pero sabiendo que no tengo más remedio que preguntar, porque esto
es acerca de Jesse, y él es todo lo que importa, obligo a moverse a mis
pies, que todavía están desnudos.
Salgo del cuarto de baño y paso por las alfombradas escaleras,
dirigiéndome a la oficina de Kas. Los nervios están dando vueltas en mi
estómago.
Vamos, Daisy. Lo peor que puede decir es no.
Y ser un imbécil al respecto.
Aguantándome, levanto mi barbilla y camino hacia su oficina. Llego a
la puerta de la oficina y llamo.
—¿Qué? —grita desde el otro lado.
Bueno... eso no es un buen comienzo.
Alcanzando el picaporte, lo doy vuelta y entro en su oficina antes de
cerrar la puerta detrás de mí.
Me vuelvo hacia él, y él se inclina hacia atrás en su silla, con los
brazos apoyados en los apoyabrazos, mirándome con esos ojos negros
como carbón.
Mi estómago se revuelve, y de repente me siento mareada. Junto mis
manos delante de mí.
Sus ojos siguen el movimiento y luego se dirigen hacia mi rostro.
—¿Vas a quedarte allí todo el día, o vas a decirme lo que quieres?
Supongo que el Kas amable que trae ropa y se disculpa se ha ido, y
Kas-túpido está de vuelta.
Trago nerviosa.
—Señor. Matis, sé que este es solo mi segundo día de trabajo aquí, y
de verdad odio preguntar... pero me preguntaba, si llego una hora antes el
viernes y trabajo durante mi almuerzo, ¿sería posible que me fuera a las
cuatro en vez de a las seis?
—No. —Se sienta recto en su asiento y vuelve la silla a su 57
computadora.
Relámpagos de frustración y cólera vuelan a mi alrededor, zumban
como abejas en mi cabeza. Normalmente no soy rápida para enojarme,
pero este tipo me hace querer gritar hasta perder la cabeza.
Dejando caer mis manos a los costados, entierro los dedos en las
palmas.
—Señor. Matis, no preguntaría si no fuera importante...
—¿Y qué es tan importante que tengas que dejar el trabajo? ¿Una cita
para arreglarte el cabello? ¿Una cita para arreglarte las uñas? —Sus ojos
se arrastran sobre mí—. Pero, mirándote, diría que no es ninguna de esas
cosas. Entonces, ¿qué es tan importante que tengas que dejar el trabajo
temprano?
Imbécil.
Doy un paso hacia atrás, ofendida.
—Lo siento, pero ¿he hecho algo para darle la impresión de que
merezco que me hablen así? Sé que he estado en prisión, pero eso no le da
el derecho de juzgarme por ello. Ni siquiera me conoce. —Apenas digo las
palabras, sé lo ineficaces que son porque suenan débiles a mis propios
oídos.
El fuego enciende sus ojos. La mirada en ellos me da ganas de dar un
paso atrás.
Parece un terrorífico dragón que respira fuego.
Se inclina hacia delante, apretando las manos sobre el escritorio. Su
voz es tan baja que siento que la temperatura en la habitación baja.
—Confía en mí —dice— eso no es por lo que te estoy juzgando.
¿Qué?
—Dios, tú eres... —Me mordí el labio para evitar que las palabras
salieran.
—¿Soy un qué, Daisy? —Entonces, sonríe.
El bastardo sonríe.
Tengo la visión de borrar esa sonrisa usando la silla en la que está
sentado.
Nunca he sido llevada por la violencia, pero este tipo me saca de mis
casillas.
Cerrando los ojos, doy una respiración calmante, deseando estar en
cualquier parte excepto aquí.
¿Por qué este tipo me odia tanto?
58
—A menos que seas una maga o hayas resuelto la teoría del viaje en
el tiempo, todavía estaré aquí sentado cuando abras los ojos.
¡Argh! ¡Quiero estrangularlo!
Ser llevada de vuelta a prisión por asesinato luce bastante atractivo
en este momento.
Dos días, y ya quiero matar a mi jefe. Esto no está bien. Tengo que
conseguir manejar esto y encontrar una manera de tratar con su Kas-túpi-
dez.
Solo es un hombre. Un hombre cuya opinión acerca de mí no importa.
Todo lo que necesito de él es el cheque de pago al final de cada
semana.
Puedo hacer esto. He manejado peores situaciones.
Abro los ojos, y su rostro presumido y guapo está ahí, mirándome
fijamente.
Fuerzo la sonrisa más brillante que puedo sobre mis labios.
—No es a usted a quien intento desaparecer. Siento haberle hecho
perder su tiempo. Ahora volveré a trabajar.
Me vuelvo hacia la puerta, pero su voz profunda me detiene.
—No me has dicho para qué necesitabas tiempo libre.
Exhalando, pongo los ojos en blanco dirigiendo a él.
—Tenía una cita con la trabajadora social de mi hermano para
discutir sobre conseguir la custodia de él. Pero ahora no importa.
Abrí la puerta y pasé a través de ella antes de que pudiera lanzar otra
pulla hacia mí.
Corro hacia arriba por las escaleras, la ira y la frustración y un
montón de otras emociones queman a través de mí.
Me meto en el cuarto de baño, tomo una toalla doblada del estante, la
presiono contra mi rostro y grito sobre ella.
¡Lo odio!
¡Lo! ¡Odio!
Nunca he tenido un odio tan profundo e instantáneo hacia otro ser
humano como lo hago con Kastor Matis.
No me malinterpreten; odio a Jason. Dios, cómo odio a ese bastardo.
Él es la razón por la que fui a la cárcel.
Pero Kas... es tan jodidamente... malo. Y sin corazón.
Él es... Kas-túpido.
Saco la toalla de mi rostro y doy algunas respiraciones profundas.
59
Cuando me siento un poco más tranquila, pongo la toalla en el
estante. Luego, poso mi trasero en el borde de la bañera, doblando mis
dedos alrededor de ella, y dejando que cuelgue mi cabeza.
Tengo que llamar a Anne y decirle que no puedo llegar a la cita,
retrasando aún más las cosas con Jesse.
¿Qué tal si no puede volver a verme durante años? ¿O si ella toma el no
llegar a la cita como algo malo, pensando que soy poco fiable?
Realmente necesito dar una buena impresión, y no puedo hacer eso
cuando ni siquiera puedo llegar a la primera cita que ella intentó fijar
conmigo.
Las lágrimas me pican los ojos.
La vida es tan injusta. Después de todo lo que he pasado, solo pensé
que merecía un descanso.
Aparentemente no.
Presiono las palmas de mis manos en los ojos para contener las
lágrimas en ellos, y doy una respiración.
Cuando siento que controlo un poco más mis emociones, alejo las
manos de los ojos, levantando mi cabeza, y mi corazón casi salta del pecho
cuando veo a Kas de pie en la puerta.
—Lo siento. —Me pongo de pie—. Estaba regresando a trabajar.
Su voz me detiene.
—Puedes tomarte el tiempo libre el viernes.
No solo estoy sorprendida por sus palabras, sino por el sonido de su
voz también. Suena gentil. Nunca lo he oído hablar así antes. Ni siquiera
cuando se disculpó antes.
—Gracias —susurro, mirando hacia su rostro.
Su mirada se cruza con la mía. Hay un parpadeo de algo...
¿compasión quizás? Pero se fue tan rápido como llegó.
—Pero quiero que llegues a las siete y media el viernes y que trabajes
durante tu almuerzo para recuperar el tiempo.
—Por supuesto.
—¿Y Daisy?
—¿Sí?
—No vuelvas a recibir llamadas personales en mi tiempo. Lo haces, y
te despediré. —Con eso, se da vuelta y se va.
¿Qué?
¿Sabía... que recibí la llamada de Anne?
¿Cómo? 60
Miro alrededor del cuarto de baño, de repente me siento muy
incómoda. Un estremecimiento me invade.
Entonces, me obligo a volver a trabajar, para no complicar las cosas.
Introduzco el código en el teclado numérico y espero a que las puertas
se abran.
Está muy silencioso. Bueno, aquí siempre está muy silencioso, pero
parece especialmente callado. Eso podía tener algo que ver con que son las
siete de la mañana.
Es viernes, y llego temprano, como prometí, así puedo marcharme
para llegar a mi cita con Anne.
No he visto a Kas en toda esta semana. No ha estado aquí cuando yo
lo he hecho. Le pregunté a Cooper dónde estaba y aseguró que Kas haría
esto de vez en cuando, desaparecer durante el día, lo que me tiene
preguntándome dónde puede ir.
Tal vez tiene una novia.
Tengo esta extraña sensación ante el pensamiento.
Quitándomelo de la cabeza, atravieso las verjas y me dirijo al camino
61
de acceso. Me desvío del camino cuando llego a los cercados.
—Hola, Butterscotch.
Butterscotch se está convirtiendo en mi caballo favorito. Ella es un
palomino4. No, no me he convertido repentinamente en aficionada a los
caballos. Cooper me lo dijo.
He estado pasando el tiempo en la cerca en mi hora de comer.
Conocí a Ellie, Peter, Mack y Tash. Todos eran encantadores.
Especialmente Ellie. Parecía realmente amigable. Me invitó a ir al pub para
comer con ellos la próxima vez que fuesen.
Es agradable que te lo pidan. Ser incluida en algo tan normal como ir
al pub para comer con mis compañeros de trabajo.
Pero, en el fondo de mi mente, no podía evitar preguntarme si todavía
me invitarían si supiesen que acababa de salir de prisión.
La otra cosa que me ha estado molestando es que, claramente, Kas no
le había dicho a nadie que estuve en prisión. Y si estoy siendo honesta,
pensé que lo haría.
Pero no me estoy quejando. Es agradable no ser juzgada en mi lugar
de trabajo. Así que, si Kas está manteniendo la boca cerrada sobre mi
pasado, lo mismo voy a hacer yo.

4
Palomino: Caballo de color tostado con crin y cola de color blanco.
También me encuentro con Dom, el jardinero. Realmente es un tipo
agradable. Después de mi pequeña discrepancia con Kas en mi segundo
día de trabajo, estaba fuera, sentada en mi banco favorito y tomando mi
comida, cuando él se acercó y se presentó.
—Te traje algunas cosas —le digo a Butterscotch. Alcanzando mi
bolso, saco dos de las cuatro manzanas que traje conmigo.
Danger, el compañero de Butterscotch, me observa con las manzanas
y se acerca trotando. Es un caballo enorme. Negro como la noche.
Hermoso.
—No te preocupes. No me olvidé de ti, Danger. —Estiro el brazo y le
doy una manzana.
Mientras giro la cabeza, algo en mi vista periférica me llama la
atención.
Y ese algo hace que me gire completamente.
Kas está de pie en su balcón. Y cuando digo de pie en su balcón,
quiero decir que está de pie sobre la barandilla de piedra.
Permaneciendo allí, con las manos en las caderas, el rostro levantado
hacia el sol de la mañana.
Está vistiendo un pantalón corto negro de deporte y una camiseta
negra. 62
Se ve como un dios.
Un dios vil.
Se agacha para sentarse al borde de la barandilla, con las piernas
colgando. Luego, desliza su trasero fuera, poniendo el pie en el alfeizar
exterior, manteniendo un agarre en la barandilla con las manos, así que
estaba de pie en el lado equivocado. El lado que no es seguro.
El corazón comienza a latirme con fuerza. Mi mirada está pegada a él.
Observo mientras lanza otra mirada hacia el cielo. Luego, sin dudarlo,
se pone en cuclillas. Una mano todavía en la barandilla, ligeramente se
inclina hacia delante.
Y salta.
El ruido estalla en mis oídos y me doy cuenta que es mi propia voz
chillando:
—¡No!
Luego, estoy corriendo hacia él, todo el tiempo con el corazón en la
garganta.
Va a morir.
¡Oh Dios mío, va a morir y no sé hacer la reanimación cardiopulmonar!
¿Por qué no aprendí a hacer la reanimación cardiopulmonar?
¿Y por qué demonios simplemente saltó?
Mi mente está yendo a un millón por minuto mientras corro hacia él,
mi bolso golpeándome en el costado.
Y observo con fascinado horror que golpea la hierba, aterrizando de
pie, casi de un modo felino. El movimiento hace que ruede hacia delante y
está de nuevo sobre sus pies en segundos.
¿Qué… demonios?
Y aún estoy corriendo.
Kas gira la cabeza, mirándome y su mirada hace que me detenga de
inmediato.
Nos separan unos diez metros.
Me mira durante un largo momento, ni un indicio de emoción en su
rostro.
Luego, el cabronazo sonríe.
Realmente sonríe. Y luego se pone a correr a través de los prados,
dirigiéndose al bosque en la parte trasera de la finca.
¿Yo? Estoy temblando como una hoja, mi corazón yendo a mil por
hora.
¿Qué demonios fue eso? 63

Intentando recuperar la respiración, me puse las manos sobre las


caderas y levanté la mirada hacia el balcón. Está a unos seis metros de
alto y él, simplemente saltó, como si no fuese nada.
Yo solo… no puedo creer que hiciese eso.
Necesitaba un café.
Bueno, una bebida fuerte probablemente sería agradable, pero como
no puedo conseguir eso, optaré por un golpe de cafeína.
Sintiéndome todavía un poco insegura, rodeo la casa y atravieso la
puerta de entrada abierta. Cuelgo mi abrigo y el bolso en el armario de la
entrada y mi dirijo a la cocina.
Veo un sobre en la encimera con mi nombre en él. Tomándolo, lo abro
y veo dinero y mi nómina en el interior.
Es mi salario. No es una semana completa, ya que solo he trabajado
cuatro días desde que comencé el martes, pero es mi primera paga.
Extrañamente, tengo un nudo en la garganta.
Mi jefe puede ser un idiota, pero tengo un trabajo remunerado. Más
tarde, veré a Anne y estaré un paso más cerca de recuperar a Jesse.
Sonriendo, doblo el sobre y lo meto en el bolsillo de mi vestido.
Pongo en marcha la lujosa máquina de café que tienen y comienzo a
hacer café, imaginando que Kas puede querer un poco cuando vuelva.
Porque segurísimo que yo necesito un poco después de eso.
Me sirvo un café y comienzo a llenar el lavaplatos con el plato y las
cacerolas de la cena de Kas de anoche. Pongo el lavaplatos en marcha y
comienzo a limpiar el horno, que dejó como un desastre, bebiendo café
mientras trabajo.
He acabado mi café y estoy lavando mi taza, pensando que abordaré
la oficina de Kas mientras está fuera. Entonces, la puerta trasera se abre,
y el hombre aparece, como si lo hubiese conjurado.
Su cabello está despeinado de manera inusual. Un brillo de sudor
está cubriendo su piel, su maldita camiseta pegada a su cuerpo. Los
músculos de sus brazos están… vaya, y sus piernas… dulce Jesús, están
realmente tonificadas.
Honestamente, nunca se ha visto tan excitante.
Tengo esta repentina imagen de acercarme a él. Ponerme de rodillas.
Besar esas rodillas, luego bajar ese pantalón corto y…
—¿Café? —chillo, girándome rápidamente, así no puede ver que me
estoy sonrojando.
¿Qué demonios está mal conmigo? Ni siquiera me gusta este tipo. 64
Es vil y salta de su balcón, casi provocándole a su empleada un
ataque al corazón.
—Un café estaría bien. Gracias.
Tomo una taza de la estantería y le sirvo café.
—¿Leche? —pregunto.
—No. Solo.
Le tiendo la taza y doy un paso atrás, apoyándome contra la
encimera.
—Olvidé que hoy ibas a venir temprano. —Su voz es baja.
¿Ese es el porqué hiciste esa locura de salto? ¿Porque pensaste que
estabas solo?
Luego, me tenso, esperando que no vaya a cambiar de idea sobre
dejarme salir antes hoy.
Me encuentro con su mirada fija.
—Espero que no sea un problema.
—No es un problema. —Aparta la mirada hacia la puerta—. Voy a
tomar una ducha. —Se aleja, llevándose la taza con él.
Y simplemente no puedo evitarlo.
—¿Qué fue eso de antes? ¿Tú saltando del balcón?
Ahí está, lo dije.
Tenía que hacerlo, o me habría molestado todo el día.
Se detiene. Puedo ver claramente la línea de tensión sobre sus
hombros.
Permanece ahí tanto tiempo que pienso que no va a responder nada.
—Parkour —comenta sin girarse.
¿Parkour?
Después, se aleja sin otra palabra.
En el momento que está fuera de mi vista, saco el teléfono del bolsillo,
abriendo Google, tecleo parkour y pulso buscar.

65
Resulta que el parkour, o freerunning, como también es llamado, es el
arte de moverse rápidamente por un lugar, normalmente un área urbana.
El traceur, que es el término correcto para una persona que practica
parkour, se mueve por los alrededores o sobre obstáculos corriendo,
saltando y trepándolos.
Saqué todo eso de internet.
Después que terminé de leerlo, me sentía un poco fascinada. Vi que
había muchos videos online. Pero no quería que Kas me atrapara usando
mi teléfono, así que tuve que esperar hasta salir del trabajo.
En el momento que estuve fuera de allí, volví a Google y miré videos
todo el camino hacia la estación y durante el viaje a casa en tren.
No puedo creer que Kas haga parkour. No porque no está en forma,
porque claramente lo está, sino porque…bueno, es muy genial, y él es un
miserable desgraciado.
Pero, obviamente, hay otro lado suyo del que no sé nada. 66
Y me da cierta curiosidad.
No lo vi por el resto del día. Cuando bajó de ducharse, se metió en su
oficina y lo dejé hacerlo.
Golpeé su puerta a las cuatro para hacerle saber que me iba, y él me
gritó desde el otro lado de la puerta, así que me apresuré a salir.
Y, ahora, estoy en casa, esperando que Anne llegue.
Estoy duchada y lista, usando mi mejor ropa de madre. Me he puesto
un vestido azul pálido. Es un vestido viejo, pero es lindo, respetable. Tiene
mangas cortas y un lindo cinturón alrededor de la cintura. Mi cabello está
atado en una trenza. Y me apliqué una ligera capa de maquillaje.
Estoy lista para ir.
Cece trabaja hasta las ocho, así que tengo la casa para mí.
Las galletas están en un plato en la mesa de café en la sala de estar.
El té en la tetera y el café en la jarra en una bandeja. Las tazas están listas
junto con la leche en una jarra y cubos de azúcar en la olla.
Estoy lista para mostrarle a Anne que he cambiado.
Incluso aunque no he cambiado. No en realidad. En el fondo, soy la
misma persona que siempre he sido. Solo un poco más desconfiada de lo
que solía ser.
Pero Anne ve lo que lee en un papel. Me ve como una ladrona y una
ex convicta. Una mujer que ocultó el hecho de que su madre había huido y
abandonado a sus hijos.
Los Servicios Sociales no ven lo bueno en mis acciones. No les
importa que haya roto mi culo trabajando para mantener un techo sobre la
cabeza de Jesse y poner comida en su estómago. Que, todos los días, me
aseguraba de que supiera cuánto era amado.
A Servicios Sociales no le importaba nada de eso.
Todo lo que ven es una mentirosa. Una ladrona. Una criminal.
Todo por culpa de Jason.
Pero no voy a ir ahí. Hoy va a ser un buen día.
No pensaré en ese pedazo de mierda.
Voy a recuperar a Jesse.
Voy a mostrarle a Anne que la verdadera Daisy, la responsable y la
confiable Daisy, ama a su hermano como su propio hijo. Él es mi hijo. Haré
lo que sea por él.
Suena el timbre y una ola de nervios me recorre. Levantándome del
sillón, paso mis temblorosas manos por mi vestido y voy hacia la puerta.
Abriéndola, veo una mujer del otro lado. Parece estar en sus 67
cincuenta. Rellenita. Cabello negro rizado que le llegaba al hombro. Rostro
amable.
—¿Anne? —He hablado con ella muchas veces por teléfono, pero
nunca la conocí en persona.
—Sí. Y tú debes ser Daisy. Jesse y tú tienen el mismo color de ojos.
Adorable. —Sonríe.
Jesse y yo tenemos ojos color ámbar con manchas de color avellana
en ellos. Bajo ciertas luces, parecían casi dorados. Es un color bastante
inusual, uno que heredamos de nuestro padre.
Es una de las cosas que en verdad me gustan sobre mí.
—Pase. —Sonrío, retrocediendo para dejarla entrar.
Cierro la puerta y la guio hacia la sala de estar. Toma asiento en el
sillón, colocando su enorme bolso en el suelo junto a ella. Me siento en la
silla de enfrente.
—Tiene una casa encantadora.
—¿Le gustaría recorrerla? —ofrezco.
—Té primero, si eso está bien. —Sonríe—. No he tenido una taza
desde el almuerzo y me muero por una.
Con una sonrisa, me estiro y sirvo té en una taza.
—¿Leche y azúcar?
—Solo leche por favor.
Vierto la leche, lo mezclo con una cuchara y se lo entrego. Me sirvo
una taza de café, añadiendo leche.
—Sírvase los bizcochos que quiera —le digo.
Toma su té.
—Oh, que deliciosa taza de té —me dice.
Siempre me han dicho que hago buen té, incluso aunque nunca lo
bebo. No sé qué hago cuando se trata del té para que tenga tan buen
sabor. Supongo que solo tengo un toque con el té.
Sonrío y sorbo mi café.
Baja su taza y mete la mano en su bolso, sacando una carpeta verde.
Tiene el nombre de Jesse en el frente.
Mi corazón late un poco más rápido.
—Entonces, ¿cómo han estado las cosas desde que saliste? —me
pregunta Anne.
—Muy bien. —Sonrío, bajando mi taza de café—. Es agradable, no
tener que ducharse con otras veinte mujeres. —Oh Dios, ¿en verdad acabo
de decir eso?—. Es decir, están muy bien. Como si nunca me hubiera ido. 68
Por supuesto, fue un poco extraño al principio, usted sabe, estar libre,
pero vivir con Cece ha ayudado mucho. Ella es mi roca. Y empezar mi
nuevo trabajo, por supuesto, ha ayudado. —Deja de hablar. Ya para de
hablar.
—¿Cómo está yendo el trabajo?
Estoy tan nerviosa que estoy comenzando a sudar.
—Muy bien. —Si no fuera por mi jefe bipolar—. En verdad lo estoy
disfrutando.
—Estás trabajando en —saca una hoja de la carpeta y la mira—, la
Finca Matis, como ama de llaves.
—Es correcto. —Junto mis manos en mi regazo.
No quiero hablar de mi trabajo. Quiero hablar de Jesse. Pero necesito
dejarla tomar el mando aquí.
—Obtuve mi primer sueldo hoy. —Sonrío.
Me mira con sus ojos amables.
—Eso es genial, Daisy. Estoy muy complacida de que las cosas estén
funcionando para ti.
—Yo también. —Sonrío, probablemente demasiado entusiasta, pero
me estoy sintiendo algo nerviosa y agitada—. ¿Puedo preguntar… cómo
está Jesse? Sé que, la última vez que hablamos, bueno, no la última vez; la
antepenúltima vez, cuando todavía estaba en prisión dijiste que lo estaba
haciendo bien. Subiendo sus notas.
Cuando me encarcelaron, Jesse se descarriló por un tiempo. Siempre
había sido un buen chico, un chico dulce y lo había hecho bien en la
escuela. Pero empezó a comportarse mal. Dejando que sus notas bajaran.
No se había portado así cuando papá murió o mamá nos abandonó.
Pero lo hizo cuando me fui. Eso fue difícil de aceptar, sabiendo lo que
involuntariamente había dejado pasar, y cuánto lo había afectado.
Sé que fue porque yo era todo lo que le quedaba.
—Sigue haciéndolo bien. Sus notas estaban casi tan altas como
antes. Sus maestros están contentos con su progreso. Recientemente
empezó a jugar fútbol. Él y algunos de los chicos con los que vive tienen
un equipo. Tim Marshall, el líder de la casa de los chicos, es el entrenador.
Han estado compitiendo en un torneo local.
—Eso es tan genial. Me encantaría verlos jugar en algún momento.
No dice nada sobre eso, y su inacción cae como rocas en mi estómago.
Esta esa pausa horrible… y hace que mis ojos ardan y mi estómago
duela.
—No voy a recuperarlo, ¿verdad? 69
Me mira directo a los ojos.
—No es un no, Daisy.
—Pero no es un sí.
—Puedo ver lo bien que lo estás haciendo. Y cuán duro estás
intentado hacer una buena vida para Jesse y tú. Pero solo has estado
fuera de prisión por cuatro días, y estás en libertad condicional. No sería
responsable de mi parte volver a poner a Jesse bajo tu cuidado en la
situación actual. Pero habiendo dicho eso, podemos volver a evaluarlo en
seis meses y ver dónde estamos.
Seis meses.
Siento que estoy muriendo por dentro.
Las lágrimas están luchando en mis ojos. Mi labio inferior tiembla. Lo
muerdo.
—Daisy, la finalidad aquí es devolver a Jesse con su familia, y esa
eres tú. Pero tengo que asegurarme de que el ambiente en el que lo ponga
sea uno estable. Necesitas tiempo para aclimatarte a la vida en el exterior.
Y esto te dará tiempo para estabilizar tus finanzas, poner tu vida en un
buen lugar y prepararte para el regreso de Jesse.
—Podré… —Mi voz se rompe, así que aclaro mi garganta y parpadeo
las lágrimas—. ¿Seré capaz de verlo?
—Absolutamente. He hablado con Jesse y él quiere verte.
—¿Sigue enojado conmigo?
Presiona sus labios.
—El enojo ha disminuido. Es como que alberga cierto resentimiento,
pero no tengo duda de que, una vez que empiecen a pasar tiempo juntos,
lo superará en poco tiempo.
—¿Cuándo podré verlo?
—Estaba pensando en el próximo sábado. Siempre y cuando Jesse
esté de acuerdo, no veo problema con que lo recojas y pasen el día juntos.
Tendrá que volver a las cinco para la cena. Pero, aparte de eso, el día será
de ustedes para hacer lo que deseen.
—Gracias —le digo.
Toma su taza de té y bebe un largo trago antes de volver a ponerla en
la mesa.
—Bueno, debo irme. Mi marido debe tener la cena esperando por mí.
Me pongo de pie al mismo tiempo que ella.
—Oh, antes de que me olvide, aquí está la dirección del lugar donde
vive Jesse. Llamaré el lunes para hacerles saber a Jesse y a ellos que irás.
Me entrega un pedazo de papel, el cual miro antes de doblarlo en mi 70
mano.
La acompaño hasta la puerta.
—Gracias por venir a verme —le digo.
Pone su mano en mi brazo.
—Intenta no sentirte desanimada, Daisy. Solo intenta recordar que
ambas tenemos el mismo objetivo, hacer lo que es mejor para Jesse.
Quiero decirle que yo soy lo mejor para él. No que viva en la casa de
esos chicos con un grupo de extraños, sino que esté aquí con su familia.
Por supuesto, no digo nada. Solo sonrío y asiento.
—Hablaremos pronto. —Sale—. Y ten un buen momento con Jesse el
próximo sábado. Llámame el lunes para hacerme saber cómo fue.
—La llamaré durante el receso para almorzar.
—Perfecto. Hablaremos entonces.
La observo irse y luego cierro la puerta.
Me apoyo contra esta, una vez más luchando con las lágrimas en mis
ojos.
No voy a recuperarlo.
Pero voy a verlo en solo una semana. Eso es algo bueno. Sé que lo es,
pero solo lo quiero conmigo devuelta aquí.
¡Maldito Jason! Arruinó mi vida.
Pero más que nada, estoy enojada conmigo misma por ser tan crédula
y estúpida. Por no ver que estaba siendo engañada.
Escucho sonar mi teléfono en la sala de estar. Voy a buscar mi
teléfono y veo un mensaje de Cece.
¿Todavía sigue ahí? He terminado de trabajar temprano, pero
puedo quedarme por aquí si necesitas más tiempo.
Decido llamarla en lugar de enviarle un mensaje.
—Hola —dice.
El sonido de su voz rompe mi determinación, y se me escapa un
sollozo. Presiono un puño contra mi boca.
—Dais ¿qué sucedió? —pregunta, preocupada.
Bajando mi mano, mi voz temblorosa, digo:
—No voy a recuperar a Jesse. Bueno, al menos no en poco tiempo.
—Oh, Dais...
—Tengo que demostrarles que soy lo suficientemente responsable 71
como para cuidarlo y que no voy a volver a terminar en la cárcel.
—Ya eras todas esas cosas. ¡Maldito Jason! —Está furiosa—. Lo juro
por Dios, cuando encuentre a ese bastardo, lo voy a matar. ¡Colgarlo por
sus pelotas y cortarle su pene!
Su enojo por Jason me tranquiliza un poco. Cece nunca ha sido
tímida para hablar. Sé que se pregunta por qué no me enojo como ella.
Pero sé que enfurecerme con Jason no me va a ayudar a recuperar esos
dieciocho meses. Y seguro como el infierno que no me ayudará a recuperar
a Jesse.
—Si le cortas la polla, ¿la cuerda no continuaría deslizándose por sus
pelotas?
—No, porque lo ataría tan fuerte que la circulación en su saco se
cortaría, y entonces sus bolas solo se encogerían y morirían.
—¿Pero no se desprenderían, y entonces él quedaría libre?
—Tal vez. Pero por lo menos estaría son polla y sin pelotas.
Eso me hace reír.
—Siempre logras hacerme sentir mejor, Ce.
—Soy la reina de la comedia.
—Eso eres.
—Entonces, ¿qué más dijo Anne?
—Dijo que podía ver a Jesse. El próximo sábado.
—Esas son buenas noticias.
—Lo son. Yo solo... —Mi sonrisa se desvanece, la tristeza filtrándose.
—Lo sé. Lo quieres en casa. Yo también lo quiero en casa. Mira, estoy
saliendo del trabajo. Voy a comprar una botella de vino camino a casa. Así
que te veo en veinte.
—Gracias, Ce. Te veo pronto. —Cuelgo el teléfono y apoyo mi cabeza
contra el sillón.
No puedo creer que fuera tan estúpida de creer que, si me vestía bien
y le daba té y galletas, me dejaría tener a Jesse de vuelta.
Es decir, no esperaba recuperarlo mañana, pero... seis meses...
Dios, soy tan estúpida.
Debí haber sabido que nada es tan fácil para mí. Tengo que luchar
por todo en esta vida.
Otro sollozo se escapa, y esta vez, no lo detengo. Solo dejo correr las
lágrimas.

72
En los auriculares, estoy escuchando a OneRepublic “Wherever I Go”.
Consigo los productos de limpieza, cubo y fregona, y engancho la
aspiradora debajo de mi brazo. La arrastro por el suelo, dirigiéndome hacia
el gimnasio.
No he visto a Kas desde que llegué hace una hora, y la puerta de su
oficina está cerrada, así que imagino que está allí.
Realmente necesito limpiar su oficina, pero no estoy de humor para
ser gruñida, así que esperaré hasta que él emerja, y luego me encargaré de
limpiar allí. Pero, mientras tanto, daré un buen repaso al gimnasio.
Cuando llego a la puerta, mis manos están llenas, así que presiono el
mango con el dorso de mi mano y empujo la puerta abierta con mi trasero.
Retrocedo en el cuarto, tirando la aspiradora a través. Pongo las cosas de
limpieza abajo, giro en el lugar, y me paro ante la vista de Kas y otro tipo
luchando. Bueno, cuando digo luchando, supongo que están entrenando.
Una gran alfombra esta tendida en el piso del gimnasio. Kas y el otro 73
tipo están descalzos, con el torso desnudo, llevando solo pantalón corto.
Sus manos están envueltas, como luchadores. El cabello de Kas está atado
con una liga. Nunca he visto su cabello así antes. Se ve bien... sexy.
Él tiene su espalda hacia mí, así que puedo ver los músculos
definidos allí, junto con sus amplios hombros. El sudor le cae por la
espalda.
Santo infierno.
Extraigo los auriculares de mis oídos, completamente fascinada.
Debería irme. Me iré.
Ahora sería un buen momento, ya que ninguno de los dos me ha
notado.
Bien, Daisy, toma tus cosas y vete.
Estoy a punto de dar la vuelta y hacer mi salida cuando el chico con
el que Kas está entrenando, capta mi atención y sonríe.
´Levanta una mano a Kas, deteniéndolo. Sus ojos vuelven a mí.
—Hola —dice. Sonriendo otra vez, me da una elevación de la barbilla.
La cabeza de Kas gira tan rápido que me sorprende que no se rompa
el cuello.
En el momento en que sus ojos me golpean, algo que luce mucho
como pánico entra en sus ojos. Pero se ha ido rápidamente, sustituido con
ira.

Apartando sus ojos de mí, camina más allá de su socio de


entrenamiento, bien, más como que pisa fuertemente, y se dirige sobre el
borde de la estera. Toma una camiseta del piso y la tira sobre él, sus
movimientos ásperos y espasmódicos.
Luego, se vuelve hacia mí. Enojado ni siquiera cubre la mirada en su
rostro ahora mismo.
Me preparo para un regaño severo.
—Tienes que aprender jodidamente a golpear —estalla.
Eso me hace retroceder un paso.
Es la primera vez que lo escucho maldecir. Y realmente no me gusta
que estuviera dirigido a mí. Todo lo que hice fue caminar en una
habitación, por el amor de Dios.
—Lo siento. No me di cuenta de que había alguien aquí.
—Bueno, si hubieras golpeado, entonces lo habrías hecho.
Mis ojos parpadean incómodamente al otro tipo de la habitación, que 74
sorprendentemente frunce el ceño hacia Kas.
Al menos no soy la única que piensa que está actuando como un
idiota en este momento.
—Punto a favor. Pero por favor no me maldigas de nuevo. Soy tu
empleada, no un perro.
Sus manos se aferran a sus caderas, su rostro se endurece de ira.
—Soy plenamente consciente de exactamente quién eres. Y, para que
lo sepas, nunca diría a un perro que se vaya a la mierda. A mí me gustan
los perros.
Podría también tan solo haber golpeado la parte posterior de mis
piernas.
¡Imbécil!
La rabia y el dolor y cientos de otras emociones queman a través de
mí. Y es peor porque alguien está aquí para oírlo hablarme de esta
manera.
Mis mejillas arden de vergüenza.
Estoy a punto de decirle que se vaya a la mierda y salir de aquí,
cuando su compañero de entrenamiento dice:
—Relaja la mierda, Kas.
Levanto los ojos para ver al tipo caminando hacia mí, con una sonrisa
amable en su rostro.
Se detiene frente a mí.
—Soy Jude, un amigo de Kas. —Extiende su mano para que la agite.
¿Kas tiene amigos?
Miro hacia la mano de Jude y luego levanto mis ojos hacia su rostro.
Estoy tratando desesperadamente de mantener mis ojos fuera de su
pecho desnudo. Tiene un buen pecho y brazos y... bueno, es el primer tipo
que he visto semi-desnudo en mucho tiempo.
Y está en forma.
Seriamente en forma.
Rasgando al infierno con un poco de tinta en su bíceps que va por
encima de su hombro. Su piel es del color del chocolate con leche. Su
cabello negro está cerca al rapado. Es unos centímetros más bajo que Kas.
Uno ochenta, diría yo. Y tiene los ojos verdes más asombrosamente
vividos, un contraste total a su cabello y color de piel.
—Daisy. —Tomo su mano y la agito.
—Oh, tú eres Daisy. —Soltando mi mano, mira a Kas.
Kas frunce el ceño, agitando levemente la cabeza, y Jude se ríe. 75

Um, ¿qué?
Y él ha oído hablar de mí. ¿Qué diablos se supone que significa eso? ¿Y
qué fue el ceño fruncido y la cabeza sacudiendo por todas partes?
Jude trae sus ojos de vuelta a mí.
—Ignora a Kas. Solo está furiosos porque le estaba pateando el
trasero.
Kas se burla, haciendo que Jude me sonría.
Él tiene una sonrisa realmente agradable.
Honestamente, si yo fuera mantequilla, me derretiría ahora mismo.
—Y, aquí estaba yo, pensando que era la causa eterna de su mal
humor.
—No, no lo tomes personalmente. Kas es solo un miserable bastardo
el noventa por ciento del tiempo.
—¿Y el otro diez por ciento?
—Generalmente está durmiendo.
Jude sonríe, y me río.
—Todavía estoy aquí —gruñe Kas mientras se acerca a nosotros.
Jude me guiña el ojo, haciéndome sonreír de nuevo.
—¿Estaban boxeando? —le pregunto a Jude mientras Kas se detiene
junto a él.
—MMA —responde Kas, forzando mis ojos a los de él—. Artes
marciales mixtas —termina.
—¿Te gusta el MMA? —pregunta Jude.
—Está muy bien. —Me encogí de hombros antes de echar una ojeada
a Kas, que está frunciendo el ceño. Juro, que a veces, casi parece que está
sufriendo cuando me mira.
—Terminaremos dentro de una hora —dijo Kas, con un tono muy
fuerte—. Limpia mi oficina ahora. Es el tiempo de que lo hagas.
Tengo que detenerme de decir: ¡La razón por la que nunca la he
limpiado es porque siempre estás ahí!
Reprimo un suspiro y digo:
—Bien.
Me doy la vuelta, tomo mi cubo y los suministros de limpieza y
engancho la aspiradora bajo mi brazo.
—¿Necesitas una mano? —pregunta Jude detrás de mí.
Le miro de nuevo, ignorando la mirada de Kas en mí.
—Estoy bien, pero gracias. 76

—Fue un placer conocerte, Daisy.


—Igualmente.
Empiezo a caminar hacia la puerta. La sorpresa me tiene casi
tropezando conmigo misma, cuando Kas rápidamente se mueve más allá
de mí y mantiene la puerta abierta para mí.
Bueno…
—Gracias —digo.
—¿Cómo fue tu reunión? —pregunta Kas en voz baja, deteniéndome,
conmocionada.
Realmente no entiendo a este tipo. Un minuto, es Kas-túpido, siendo
un cretino total para mí. El siguiente, es Kas-agradable, preguntando
cómo fue mi reunión.
Sus cambios de humor realmente están empezando a darme esguince
cervical.
Me vuelvo hacia él para encontrar que sus ojos son suaves y fijos en
mí. Un fuerte contraste con la forma en que me miraba hace unos
segundos.
Le doy una sonrisa triste.
—No tan bien como esperaba. Pero gracias de nuevo por dejarme
tener el tiempo libre. Lo aprecio.
Con la mano todavía en la puerta, Kas levanta un hombro,
encogiéndose de hombros.
Nos miramos el uno al otro durante un largo segundo. Siento que una
tensión comienza a elevarse en el aire entre nosotros. Sus ojos se
oscurecen y parpadean. Veo que su mano se aprieta alrededor de la
puerta. Mi propia respiración está llegando más rápido. Mi piel hormiguea
a la vida bajo su intensa mirada.
Entonces, como si volviera a sus sentidos, retrocede, abriendo la
puerta con más fuerza. Camino a través de ella.
—Lamento que las cosas no funcionaran para ti. —Las suaves
palabras de Kas alcanzan mi espalda.
Lo miro de nuevo.
—Sí, yo también.
Entonces, solo me mira de nuevo. Esta vez no hay calor en sus ojos,
pero definitivamente hay algo. Casi como un hilo invisible que nos une.
Entonces, miro mientras su rostro se apaga. Él me da un seco
asentimiento y suelta la puerta, dejándola cerrarse.
77
Me quedo mirando la puerta cerrada.
¿Quién es este chico?
Soltando un suspiro, me vuelvo para alejarme, pero uno de los
aerosoles de limpieza se escapa de mi mano.
—Mierda —murmuro.
Me agacho para recogerlo, y es entonces cuando oigo decir mi nombre
detrás de la puerta.
Por supuesto, tengo que escuchar.
—Así que, esa es Daisy.
—Mmm —responde Kas.
—Ella parece agradable. Sexy, también. No mencionaste eso.
—¿Por qué lo haría?
Espera... ¿eso fue Kas diciendo que piensa que soy sexy de una
manera indirecta?
—Entonces, ¿de verdad admites que crees que es sexy? —Jude suena
realmente sorprendido por esta admisión.
Kas suspira.
—Por supuesto que creo que es sexy. Un hombre tendría que estar
ciego para no ver que lo es.
Vaya. Él piensa que soy sexy.
Ignoro firmemente la emoción que me atraviesa.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
—No voy a hacer absolutamente nada al respecto.
—Vamos, Kas. —El tono de Jude es burlón, persuadiendo.
—Ella trabaja para mí. Fin de la historia.
Hay una larga pausa.
Entonces, escucho a Jude decir:
—Bueno, si no vas a invitarla a salir... entonces yo lo haré.
—Jude... —El tono de Kas es como una advertencia.
Interesante.
Um, espera… no estoy molesta de que Kas está enfadado por la idea
de que Jude me pida salir.
¿Lo estoy?
—¿Qué? No vas a invitarla a salir —insiste Jude—. Ella es sexy como 78
la mierda, y parece una chica realmente interesante.
—No la conoces. —Su tono es realmente áspero y contundente.
Vaya. Bueno. Eso duele.
—Ese es el punto de invitarla a salir, Idiota. Ya sabes, para poder
conocerla.
—No está pasando. Daisy está fuera de tu alcance. —La voz de Kas
suena como un gruñido.
Um, ¿Qué?
Jude se ríe.
—¿Fuera de los límites? ¿Solo para mí o para todos?
Hay una pausa, y entonces Jude se ríe de nuevo.
—Tú quieres follarla.
—¡Jesucristo! ¿Podrías cerrar la boca sobre Daisy? —Kas ataca.
—Oye, no hay necesidad de ponerte nervioso, hombre. Pero sé sincero
por un segundo. Esta es la primera vez en todos los años que te conozco
que te he visto salirte de tus casillas por una chica. Eso tiene que
significar algo.
—No significa nada.
—Venga…
—En serio, Jude —dice Kas con brusquedad—. Solo jodidamente
para, ¿quieres?
Hay un largo silencio.
Entonces, escucho a Jude decir:
—Considéralo parado. ¿Entrenemos de nuevo?
—Sí.
Jude se ríe entre dientes.
—Vamos, chico guapo. Dame tu mejor golpe.
Sabiendo que su conversación sobre mí ha terminado, me alejo de la
puerta.
Camino por el pasillo aturdida, no estoy realmente segura de qué
hacer con lo que acabo de escuchar.
A Kas le gusto. Bueno, él piensa que soy sexy.
Jude también, pero eso no tiene nada que ver.
Pero Kas... él es un idiota conmigo, todo el tiempo. Si me gusta
alguien, entonces tiendo a ser amables con ellos.
Estoy muy confundida ahora mismo.
—¿Daisy? 79
Mis ojos se elevan, mis entrañas saltan como si me hubieran atrapado
haciendo algo mal.
Es Cooper.
—Hola. —Me estampo una sonrisa.
—Hola. ¿Todo bien?
Asiento.
—Solo venía a tomar algo de leche. Salimos a correr y estoy muriendo
por una taza de té.
—Por supuesto. ¿Quieres que la tome por ti?
—Parece que tienes las manos llenas. —Asiente hacia las cosas que
estoy llevando—. ¿Qué tal si te ayudo con estas cosas, y entonces podemos
conseguir la leche juntos?
—Claro —le digo, sonriendo, mientras le entrego el cubo, mis
pensamientos sobre Kas momentáneamente olvidados.
Estoy nerviosa.
Asustada y mucho más aterrorizada de cómo Jesse va a ser cuando lo
vea.
Dios, me pregunto cómo será ahora. No lo he visto en tanto tiempo,
no desde el día en que me sentenciaron en la corte.
La voz suave de Cece viene detrás mí.
Estamos sentadas en al auto de Cece, al otro lado de la calle donde
Jesse vive. Ella se ofreció a dejarme antes de ir al trabajo.
—No. —Niego—. No sé si puedo hacer esto, Ce.
He querido ver a Jesse tanto desde mi liberación, pero ahora que
estoy tan cerca que suceda, estoy enferma de nervios.
Ella pone su mano sobre la mía, agarrándola.
—No hay necesidad de tener miedo. Es solo Jesse, ese dulce niño que
criaste, que te adora. 80
—Ya no. Me odia.
—No, no lo hace. Tiene catorce años y está enojado, y tiene un
enorme chip en el hombro porque se convenció que lo habías dejado. Sabe,
en el fondo, que no es verdad. Solo tiene que verte. Creo que, una vez que
te vea y comiencen a hablar, las cosas estarán bien.
Miro la seguridad de sus ojos y trato de sentirla yo misma.
—Sí, tienes razón. —Forcé una sonrisa—. Gracias por traerme. —Me
inclino y beso su mejilla—. Ten un buen día en el trabajo. Nos vemos en
casa más tarde.
—Que tengas un buen día —me grita mientras salgo del auto—. Y
mándale saludos de mi parte a nuestro chico.
—Lo haré. —Le levanto el pulgar y luego cierro la puerta.
Miro su auto alejarse, y luego cruzo la calle hasta la casa de los
chicos, donde vive Jesse.
Subiendo los escalones a la puerta principal, mis piernas tiemblan.
Tomo una respiración profunda y levanto una mano temblorosa para tocar
el timbre.
Espero, mi pierna sacudiéndose en el acto.
A través del cristal esmerilado, veo a alguien acercándose. Entonces,
la puerta se abre, revelando a un hombre de cabello castaño claro, que
parece estar en sus treinta años.
—Hola, soy Daisy Smith, la hermana de Jesse. Me dijeron que
preguntara por Tim Marshall.
—Soy Tim. —Sonríe—. Es bueno conocerte finalmente, Daisy. He
escuchado mucho de ti.
¿De verdad?
Eso debe significar que Jesse ha hablado de mí.
Es justo lo que necesitaba para aliviar mis nervios y levantar un poco
mi ánimo.
—Entra —me dice.
Entro. Tim cierra la puerta detrás de mí.
Está tranquilo en la casa, y me pregunto dónde están los demás
chicos que viven aquí.
Como si leyera mi mente, Tim dice:
—La casa está vacía, aparte de Jesse, por supuesto. Los chicos han
salido a comprar helados con Jenna, que trabaja aquí conmigo —explica—.
Pensamos que sería bueno darle a usted y a Jesse un poco de espacio. 81
—Gracias. —Sonrío, pero se siente torpe en mis labios. Mis manos
están temblando. Mi cabeza parece que está a punto de explotar. Pego mis
manos frente a mí, tratando de aliviar el temblor.
—Jesse está en la sala de estar.
—Bueno. Gracias.
—Puedes respirar. —Me da una sonrisa gentil. Me río suavemente,
exhalando—. Sé lo nerviosa que te debes estar sintiendo ahora mismo.
Pero, confía en mí cuando digo, va a estar bien. Jesse nunca admitirá esto,
pero está igual de nervioso por verte.
—¿En serio? —Odio pensar que Jesse se sienta nervioso, pero ayuda
saber que no estoy sola en esto y que en realidad quiere verme.
—No le digas que te lo he dicho, pero se levantó a las seis y media de
la mañana. Se duchó y se puso su mejor ropa. Para un chico al que tengo
que poner una bomba para sacarlo de la cama para ir a la escuela todas
las mañanas y prácticamente meterlo en el jardín para que se bañe...
bueno, dice mucho.
—Sí. —Sonrío, pero sus palabras también me afectaron. Diciéndome
lo mucho que Jesse ha cambiado.
El Jesse que conocía siempre estaba despierto y fuera de la cama
temprano. Y le encantaba tomar baños.
Me he perdido tantos cambios en su vida.
Tim camina por el pasillo. Deteniéndose en una puerta, la abre.
—Jesse... Daisy está aquí.
Sigo adentro detrás de Tim.
Y allí está él, la única razón por la que salgo de la cama cada mañana.
El amor me inunda. Las lágrimas inundan mis ojos. Me siento como
si estuviera asfixiada de felicidad y abrumada en el pecho con un puñado
de dolor, todo al mismo tiempo.
El chico que conocí luce como un hombre joven. Incluso sentado,
puedo ver lo alto que es. Sus piernas son tan largas. Y se parece tanto a
papá. Debe de haber crecido unos sesenta centímetros en los últimos
dieciocho meses.
Su cabello es diferente. Siempre le gustaba llevarlo corto. Pero, ahora,
su cabello castaño oscuro está todo crecido, rizado alrededor de sus orejas.
Sus jeans son negros con una cadena en el bolsillo, uniéndose a su
cinturón que tiene un cráneo en la parte delantera. Su camiseta es negra
con una banda enfrente con la que no estoy familiarizada. Se ve un mundo
lejos del chico que dejé.
Y la forma en que me mira...
82
Es la misma manera en que me miró la última vez que lo vi.
Dolor mezclado con decepción. Y pérdida. Tanta pérdida.
El dolor se enrolla como un puño alrededor de mi corazón y se aprieta
fuertemente.
Jesse se echa hacia delante en su asiento, sus ojos nunca dejan los
míos.
—Hola —digo suavemente, mi voz no ofrece mucho.
Me mira fijamente.
—¿Por qué no te sientas? Traeré unas bebidas. ¿Té o café? ¿O algo
frío? —me pregunta Tim.
Tomando asiento frente a Jesse, le contesto a Tim.
—Café sería genial. Gracias.
—¿Jesse? —pregunta Tim.
Jesse no responde. Solo niega.
—Bien. Bueno, no tardaré mucho.
Miro a Tim salir de la habitación.
Cuando me volteo, Jesse todavía me está mirando.
La tensión en el aire es desconcertante.
Me pone enferma del estómago saber la cantidad de distancia que hay
entre nosotros.
Este es un chico que me hablaba sin parar. Un niño con el que podía
sentarme en perfecto silencio y siempre sentirme a gusto.
Ahora, es casi como sentarse con un extraño.
Pero un extraño que amo mucho.
Mi boca está seca, así que, me lamo los labios antes de hablar.
—Te ves... tan adulto.
Veo que sus ojos se cierran. Alejándome.
Me está mirando como Kas me mira.
Como si me odiara.
El dolor me pica en el estómago.
—Sí, bueno, han pasado dieciocho meses. No voy a dejar de crecer
porque no has estado por aquí.
—Lo sé. Lo siento…
—Guárdate eso porque no quiero oírlo. —Aparta su rostro de mí,
mirando en dirección a la TV. Inclinándose hacia atrás, estira sus largas
piernas, cruzando sus brazos sobre su pecho. 83
Lucho con las lágrimas quemándome los ojos y tomo una respiración
profunda.
—Así que... ¿cómo has estado? —le pregunto.
Él suspira y aparta la mirada de la TV y de vuelta a mí.
—¿Quieres tener una pequeña charla, Daisy? ¿De verdad?
Daisy. Siempre me llamaba Mayday.
Otra punzada de dolor me golpea, esta vez en el pecho. Me froto el
dolor.
—Solo quiero hablar contigo, Jesse.
—Bueno, hablemos. —Gira en su asiento, las manos apretadas a sus
muslos. Parece que está rugiendo por una pelea—. ¿Cómo estuvo tu
tiempo en la cárcel? ¿Aprendiste nuevos trucos? ¿Cuánto tiempo te
quedarás? ¿O debería esperar otra visita de los policías en algún momento,
diciéndome que vas a regresar?
—Yo… yo no voy a volver, Jesse. Estoy aquí para quedarme.
Deja salir una risa amarga. Duele escuchar.
—¿Cómo mamá y papá?
—Jesse, por favor... no soy como ellos. Lo sabes. En el fondo, sabes
esto. Te he extrañado mucho. Solo quiero…
—¡No me importa lo que quieras! —grita, poniéndose de pie—. Por lo
que a mí respecta, ¡ya no existes!
El dolor me golpea en el pecho. Me pongo de pie.
—Jesse, por favor. T-tú no lo dices en serio.
Se ríe amargamente.
—Sí, lo hago.
—Entonces, ¿por qué querías verme hoy? ¿Por qué dejarme venir?
Se acerca.
—Así podría hacerte lo que me hiciste. Me dejaste, Daisy. Me dejaste
solo. Y, ahora, te estoy dejando. No quiero volver a verte. ¿Me escuchas?
En lo que a mí respecta, no tengo una hermana. Están tan muerta como
mamá y papá.
Siento que me han disparado.
Lágrimas me llenan los ojos. No puedo evitar o impedir que corran por
mis mejillas.
El arrepentimiento parpadea en sus ojos, pero rápidamente lo cubre.
—Quiero que te vayas. —Su voz es baja.
—Je-Jesse, por favor. —Presiono la parte baja de mis manos en mis 84
mejillas para disminuir el flujo de lágrimas.
—¡Dije que te fueras!
Su ira golpea y sacude mi cuerpo.
Tropiezo hacia atrás, caminando hacia la puerta.
Cuando la alcanzo, me volteo. Poniendo fuerza en mi espina dorsal y
en mi voz, digo:
—Sé que no quieres oír esto, pero lo voy a decir de todos modos. Me
voy ahora porque me lo has pedido, y estoy respetando tus deseos. Pero te
quiero, niño. Siempre te amaré. Necesito que sepas que no voy a irme a
ninguna parte. Estoy aquí para quedarme. Nunca más te dejaré. No haré
nada para arriesgarme a que me lleven otra vez. Te lo juro. —Presiono mi
mano contra mi pecho—. Te defraudé, y nunca volverá a suceder. Te voy a
demostrar que digo en serio cada palabra. Y voy a seguir viniendo todos los
sábados y llamando a tu puerta hasta que decidas dejarme entrar. No voy
a renunciar a ti nunca.
—Sí, bueno, buena suerte con eso —murmura antes de darme la
espalda.
El dolor se envuelve con fuerza sobre mi pecho.
Toma todo de mí abrir la puerta y salir, dejándolo de pie allí.
Alcohol.
El. Mejor. Invento. De. Todos. Los. Tiempos
Esperen... ¿fue inventado? ¿O fue simplemente hecho?
No lo sé.
Y, realmente, ¿a quién le importa una mierda?
No a mí... eso es seguro.
Todo lo que me importa es que hace que el dolor se vaya.
Lejos... lejos... lejos.
Unas pocas copas... de acuerdo, bien, más que unas pocas, pero
menos que muchas, y ya no estoy sufriendo por lo que dijo Jesse.
Jesse.
¿Ven? Incluso pensar en su nombre no me duele como lo hizo hace
una hora. 85
¡El dolor se ha ido porque Daisy Smith no siente dolor!
¡Y es la mejor sensación del mundo!
Quiero decir, ¿por qué no he estado bebiendo todo el tiempo? Me he
sentido mal por años, y todo ese tiempo, podría haber estado bebiendo
para alejar los sentimientos de mierda.
El alcohol; la cura de todos mis problemas.
Y, hablando de alcohol... tengo bastante tiempo de beber para
recuperar, tomando en cuenta que nunca me he emborrachado en
realidad.
Ya saben, tratando de ser un adulto responsable y una madre para el
niño bajo mi cuidado.
Ya saben, el chico que me odia.
Él me odia.
Un dolor me atraviesa el corazón.
¡No más dolor!
Se necesita más alcohol ¡CUANTO ANTES!
Me termino lo último de mi… ¿qué estoy bebiendo? Honestamente, no
tengo ni idea. Pero sabe bien. Bueno, en realidad, sabe como la mierda.
Pero me hace sentir mejor.
Dejo escapar una risita.
El camarero me mira.
Ah, el camarero. El portador de la bondad.
Es lindo, también.
Un poco demasiado de aspecto limpio para mi gusto, pero sigue
siendo lindo.
No es que me interesen los hombres.
Los hombres son bastardos.
Bastardos desgraciados.
Cada uno de ellos.
Bueno, todos los hombres que he conocido, que no son muchos. Pero
lo que sea.
Sonriendo, empujo mi vaso vacío hacia el lindo barman.
—Tomaré otro de lo que sea que eso era.
Eso realmente suena como, “T-t-omaré otrode lo que so-s-shea”.
Pero todo está bien. ¡Estoy borracha, y estar borracha es genial!
El lindo camarero apoya sus antebrazos en la barra. Las mangas de
su camisa están enrolladas. Tiene buenos brazos. 86

No tan agradables como los brazos de Kas. Los brazos de Kas son
muy fuertes y musculosos. Y su piel es tan encantadora. Lamible. Lamería
los brazos de Kas.
Y otras partes de él.
Mmmm, detén el jodido tren. ¿Por qué estoy pensando en Kas de una
manera sexual?
Él es otro bastardo desgraciado. El más grande de los hombres
bastardos desgraciados.
Y no me gusta. En absoluto.
—¿Segura que otra bebida es una buena idea? —me pregunta el
Lindo Barman.
Apoyo los codos en la barra y pongo mi barbilla en mis puños. Se
desliza.
Yo bufo-sonrío.
Entonces, coloqué mi barbilla en la palma de mi mano. Es más
estable.
¿Es sólo yo, o la habitación está comenzando a girar?
—Es la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. —Le doy una gran
sonrisa.
Dios, mis labios se sienten extraños. Entumecidos.
¡Pero entumecido es bueno!
Entumecido significa nada dolor.
El Barman Lindo me sonríe.
—¿Qué tal si en cambio te traigo un café?
—Mmmm... —Arrugo la cara—. ¿El café será irlandés?
Él se ríe entre dientes y sacude la cabeza.
—Entonces, no, señor. Quiero alcohol. ¡Un montón de alcohol! —
Levanto los brazos.
—Creo que lo último que necesitas es más alcohol.
—El alcohol es lo único que necesito.
—¿Por qué? —Sonríe, perplejo.
—Porque —sonrió ampliamente—, alcohol es igual a felicidad.
—¿Y por qué no eres feliz?
—¿Quién dijo que no era feliz?
—Cuando una chica guapa como tú me dice que el alcohol es igual a
felicidad, entonces me está diciendo que no está contenta cuando está
sobria. 87

Oh.
Mi sonrisa se apaga, y luego mis labios sueltos debido al alcohol
comienzan a parlotear.
—Entonces, tal vez no soy feliz cuando estoy sobria. Eso no significa
nada. Mucha gente necesita alcohol para sentirse feliz. Claro,
probablemente son alcohólicos, pero estoy pensando que debería probarlo
porque nada más está funcionando para mí. Me esfuerzo tanto, y aun así
me las arreglo para joderlo todo. Mi hermano me odia. Realmente, me odia.
—Presiono mi mano para impedir que el dolor en mi pecho regrese—. Él
desearía que estuviera muerta —susurro esa última parte.
—Estoy seguro de que no desea que estuvieras muerta.
Lo miro a los ojos.
—Oh, sí lo desea. Me lo dijo él mismo hace una hora. Pero lo que pasa
es que no lo culpo. Me odio un poco. Quiero decir, lo defraudé. La única
persona en el mundo que verdaderamente me importa, y le fallé. Tiene
razón en odiarme. Soy una maldita fracasada. Quiero decir, incluso mi jefe
me odia. ¿Y a quién realmente su jefe los odia?
—Estoy bastante seguro de que a mi jefe no le caigo bien. —El Lindo
Barman se ríe entre dientes.
—Ah, ¿lo ves? —Lo señalo, como si me hubiera dicho la cura para el
cáncer—. Dijiste que no le agradas a tu jefe. ¡Mi maldito jefe me odia!
Quiero decir, me odia como que no soporta verme. Y, claro, es un gran
imbécil. Pero él piensa que estoy buena, así que ahí está. Quiero decir,
piensa que estoy buena, pero me odia. ¿Qué tan malditamente extraño es
eso? Y, realmente, ¿qué dice eso de mí? Buena pero molesta como la
mierda, eso es lo que dice. Todos me odian. Bueno, a excepción de Cece,
pero tengo que gustarle por defecto porque nos conocemos desde siempre.
Honestamente, no sé lo que he hecho para merecerla como amiga porque
creo que merezco ser odiada. Soy una idiota. Una real idiota estúpida.
Siento humedad en mis mejillas, y me doy cuenta de que estoy
llorando. Presiono las palmas de mis manos en mis mejillas.
—Oye, no creo que seas una idiota estúpida. —El Lindo Barman me
entrega una servilleta.
—No me conoces. —Resopló, secando mis ojos—. Confía en mí, si lo
hicieras, pensarías que soy una idiota estúpida.
—Bueno, ¿qué tal si te traigo un café? Podemos ponerte sobria, y
entonces puedo conocer a tu parte sobria.
—Bien. —Le doy un agradecido asentimiento, limpiándome los ojos
porque esas malditas lágrimas siguen llegando.
88
—Quédate aquí mismo, y volveré con ese café —me dice el Lindo
Barman.
Lo veo marcharse. Tomo una profunda respiración, me limpio los ojos
otra vez. Arrugando la servilleta, la tiro en la barra.
Argh, soy una mierda.
Pongo los brazos en la barra y descanso mi cabeza sobre ellos.
Debería llamar a Cece y hacerle saber que Jesse me odia.
Alcanzando la bolsa en el taburete a mi lado, la inspecciono,
buscando mi teléfono. Mis dedos lo encuentran y se doblan alrededor de
él. Sacándolo, desbloqueo la pantalla.
La maldita cosa está borrosa.
Parpadeo, tratando de aclarar mis ojos.
Voy a mis Contactos, los cuatro registrados.
Jesús, soy patética.
Eso me soltar un resoplido/sollozo.
Me limpio los ojos mientras presiono el número de Cece. Pongo el
teléfono en mi oreja y espero.
Parece que suena por siglos.
Entonces, la línea se conecta, y una voz masculina dice:
—¿Daisy?
¿Mmm qué?
Retiro el teléfono de mi oreja y miro la pantalla.
Oh, santa madre de la mierda.
Kas.
Marqué el número de Kas en vez de Cece.
¡Jodida mierda!
Puedo oírle gritar mi nombre por el teléfono.
Tentativamente coloco el teléfono en mi oreja.
—Hola, Sr. Matis. —Trato de sonar normal. Por supuesto, mascullo
las palabras.
—Daisy —su voz es de piedra—, ¿estás borracha?
—¡No! —Sacudo mi cabeza, como si él pudiera verme—. ¡Por supuesto
que no lo estoy! —Y, por supuesto, eso también sale arrastrado. Me aclaro
la garganta y trato de concentrarme en mis palabras—. No estoy borracha.
¡Solo estoy feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Esta es mi voz feliz!
—Jesús jodido, Cristo. —Suspira—. ¿Dónde estás?
No creo haberlo convencido de mi sobriedad. 89
Mierda.
—¿Dónde estoy?
—Sí, Daisy. ¿Dónde mierda estás ahora? —Me habla como si fuera
una niña pequeña.
—No hay necesidad de maldecir, Sr. Matis. Y estoy en un bar.
—¿Qué bar?
—No sé. —Me encojo de hombros.
—Daisy... —Su voz es una advertencia baja.
—¡Bien! —Trato de pensar si vi el nombre cuando entré, pero no lo
recuerdo. Sólo recuerdo haber visto el lugar y darme cuenta de que vendía
alcohol, así que entré directamente. Miro alrededor del bar, sin ver nada—.
Mmm... no hay nada. Quiero decir, hay sillas y mesas y una barra y
alcohol... mucho alcohol. —Suelo una risita—. He tomado algunas bebidas
increíbles. Te encantaría aquí. Bueno, probablemente no. Pero tal vez
deberías tomar una copa. Puede que te afloje un poco porque estás un
poco tenso. ¡Debes venir y beber conmigo! ¡Podemos emborracharnos
juntos!
—Parece que has tenido más que suficiente.
—¡Uf! Suenas como el camarero lindo.
—¿Camarero lindo?
—Sí. Es encantador. Me ha estado dando muchas bebidas. Y tiene
muy buenos brazos. No son tan buenos como tus brazos, sin embargo. Tus
brazos son los mejores. Muy musculosos. Y tu piel me recuerda al
caramelo… oh, tengo hambre ahora. Podría solo comer...
—Daisy…
—Un Cadbury Caramel. Y el camarero lindo es dulce. Ha ido a
buscarme un café, y luego vamos a conocernos.
—¿Qué quieres decir con que van a conocerse? —Su voz es como el
granito.
—No sé. Pero él es agradable. Tú eres agradable a veces… bueno, rara
vez. —Resoplo—. Quiero decir, te comportas como un Kas-túpido casi todo
el tiempo. Pero eres agradable a veces, y es agradable cuando eres
agradable, ¿sabes a qué me refiero? Porque solo está Ce que es agradable
conmigo. Pero el camarero lindo es agradable. Así que, sí, eso es genial.
¿Te dije que mi hermanito me odia? —Me río, pero oigo el dolor en mi voz
fuerte y clara—. Es como mi hijo. Lo eduqué, y él realmente me odia. Más
que tú, creo. A menos que desees que esté muerta porque él desea que
esté muerta. Así que, si deseas que esté muerta, probablemente me odias
más.
90
Me detengo para respirar. En su lugar, un sollozo cae de mi boca.
—Mierda... Daisy... —La voz de Kas es más suave de lo que jamás he
escuchado.
Siento que la suavidad me toca. Toca ese dolor en mi pecho y lo calma
un poco.
—Dime dónde estás. —Su voz sigue siendo suave, pero esta vez, no
me siento mejor. Siento que algo se rompe en mi interior.
Sostengo esa grieta junta. Pero más lágrimas caen de mi rostro.
Agarro la servilleta y me limpio la cara otra vez.
Entonces veo a Camarero Lindo volver con mi café, así que finjo que
todo está bien, y fuerzo una gran sonrisa hacia él.
—¿Daisy? —dice Kas mi nombre, un poco más severo esta vez.
—Todavía estoy aquí. Solo espera un segundo. —Manteniendo el
teléfono en mi oreja, muevo la boquilla lejos de mi boca y hablo con el
camarero—. Quería llamar a mi amiga Cece, pero de alguna manera llamé
a mi jefe… ya sabes, el que me odia. Bueno, quiere saber en qué bar estoy,
pero no estoy segura de cómo se llama este bar, y pensé que lo sabrías.
¿Sabes?
¡Dah! Por supuesto que lo sabe, tonta.
Camarero Lindo se ríe entre dientes mientras pone la taza de café
enfrente de mí.
—The Nelson.
Muevo la bocina hacia mi boca.
—Estoy en The Nelson —repito a Kas.
—¿Y dónde está exactamente The Nelson? —Suena realmente
enojado.
Este es el Kas que conozco. Me siento más cómoda con él siendo
malhumorado conmigo. Es raro cuando es agradable.
Dejo la bocina de nuevo.
—¿Quiere saber dónde está The Nelson? Suena realmente enojado —
susurro/río.
—Estoy realmente enojado —gruñe Kas en mi oído.
—Estás realmente gruñón, ¿sabes? —digo a Kas.
—Sí, y tú eres un dolor monumental en mi culo —responde de vuelta.
—Estamos en Camden —me dice Camarero Lindo.
Pero sólo escucho a medias lo que dijo porque estoy demasiado
enfocada en lo que Kas acaba de decir, y ha encendido un fuego en mi 91
vientre.
—Mmmm, ¿soy un dolor en tu culo? ¡Eh, hola, Sr. Burro Hablando de
Orejas! ¡Eres malo conmigo todos los días! ¡Como cada día! Y no sólo
marginalmente malo. ¡Eres, como, alto nivel de malo! ¡Lo más malo del
nivel más alto alguna vez visto! Nunca he tenido a alguien siendo tan
horrible conmigo como tú. Por lo tanto, si alguien es un dolor en el culo,
¡entonces eres tú!
Mi perorata termina, la línea se queda en silencio.
Mierda.
Acabo de gritar a mi jefe por teléfono. Lo llamé borracha y le grité y lo
llamé un dolor en el culo.
Mierda.
—¿Estoy... despedida? —pregunto en voz baja.
—Dime exactamente dónde mierda esta este bar. —Su voz es baja,
mortal.
Estoy tan despedida.
—Camden. —Me estremezco.
—Quédate exactamente donde estás. Voy a buscarte.
—¿Lo harás? —Eso me sorprende. Probablemente no debería, ya que
ha estado preguntando dónde estoy durante los últimos minutos. Supongo
que solo nunca pensé que se molestaría por mí.
—Yo podré ser un Kas-túpido; como lo pusiste —¡mierda! No puedo
creer que le dijera un Kas-túpido en la cara—, pero no soy el tipo de idiota
que dejaría a una chica vulnerable, borracha en un bar sola.
—No estoy sola. Estoy con el camarero lindo…
—Exactamente. Quédate donde estás. Ni se te ocurra moverte, Daisy.
Y dile a ese camarero que, si te pone una mano encima, se la arrancaré.
De acuerdo…
¿Es extraño que encuentre eso totalmente ardiente?
—Kas...
—¿Qué? —escupe.
—¿Y si necesito el baño? Tendré que moverme...
—Dije, quieta, joder. Estaré allí pronto. —Entonces, me cuelga el
teléfono.
Apartando el teléfono de mi oído, lo miro, desconcertada.
—Mmm... viene a buscarme —digo al camarero lindo mientras bajo mi
teléfono a la barra—. Dijo algo acerca de arrancarte la mano. Y... creo que 92
podría estar despedida.
***
—Daisy.
Siento que una mano toca mi hombro.
Levanto mi cabeza de mis brazos, que están descansando en la barra,
y miro hacia arriba a la hermosa cara de Kastor Matis.
Esperaba que él pareciera enojado. Sorprendentemente, se ve
aliviado.
—¿Me dormí? —le pregunto.
Recuerdo hablar con el camarero después de que hablé con Kas.
Entonces, agaché mi cabeza, ya que de repente me sentí cansada, y
luego... nada.
—¿Estás bien? —pregunta Kas, con la preocupación clara en su voz.
Paso una mano consciente sobre mi cabello. Sólo puedo imaginarme
cómo me veo.
—Estoy bien. —Asiento.
—Andando, vamos a tu casa.
Me ofrece su mano. Agarro mi bolso y luego tomo su mano. Me ayuda
a bajarme del taburete. Espero que suelte mi mano, pero no lo hace.
Mantiene un firme asimiento de esta mientras me guía por el bar.
Echo un vistazo alrededor, viendo al camarero un poco más abajo en
la barra, sirviendo a un par de personas. Levanta una mano hacia mí.
Sonrío, avergonzada de que me dormí en un bar.
Jesús. Que completa estúpida soy.
Tropiezo un poco en mis pies, y Kas me coge por la cintura, tirando de
mí a su lado.
—¿Estas bien? —pregunta suavemente.
—Mmhmm.
Su brazo permanece a mi alrededor todo el camino fuera del bar y
hasta su auto. Me ayuda a subir a este. Tengo que admitir que me siento
un poco desolada cuando su brazo deja mi cintura.
Estoy atribuyendo mi gusto a que me toque a la cantidad de alcohol
que consumí.
Me pongo mi cinturón de seguridad y me acurruco en el asiento de
cuero de su coche. Cierro los ojos.
La puerta de su coche se abre, y luego lo oigo subir antes de que la
93
puerta se cierre.
El motor se enciende. El aire caliente sopla sobre mí, y “Boulevard of
Broken Dreams” de Green Day se reproduce suavemente en el fondo.
Siento que el coche empieza a moverse.
—¿Dónde te llevo? —pregunta.
—Casa —murmuro.
Lo oigo reír suavemente.
Nunca he oído a Kas reír antes. Es un sonido muy agradable. Como
un bálsamo para aliviar todo el dolor.
—Nunca te he oído reír antes —susurro mis pensamientos—. Es un
sonido hermoso. Deberías reír más.
Está en silencio, sin decir nada.
Preocupándome que de alguna manera he conseguido enojarlo de
nuevo, pronuncio:
—Lo siento.
—¿Por decir que tengo una risa agradable? ¿O por la llamada
borracha?
No puedo leer nada en su tono. Así que, abro un ojo y lo miro.
Sus ojos están fijos en el camino que hay delante, pero hay una suave
curvatura en sus labios, que no suele estar allí.
Calor se extiende a través de mi pecho.
Cierro mi ojo espía, sintiéndome aliviada pero agotada.
—Lo último —susurro.
Hay silencio de nuevo. Pero no se siente incómodo esta vez.
Se siente... sereno.
No es una palabra que pensé usaría alguna vez con Kas.
La pesadez recae sobre mi cuerpo. El calor, la canción y el
movimiento del coche; y si soy honesta, el olor de Kas; me adormecen para
dormir y no me molesto en pelear.
—Gracias —le susurro.
Hay una larga pausa.
Siento que el sueño comienza a reclamarme.
Entonces, escucho sus palabras suavemente pronunciadas justo
antes de que todo se vuelva negro:
—Soy la última persona a la que deberías estar agradeciendo.
94
Las sábanas están enredadas alrededor de mis piernas. Mi boca se
siente como el interior de un inodoro. Y mi cabeza está pateando a un
ritmo constante.
Gimiendo, me obligo a abrir mis ojos pegajosos. Después de algunos
parpadeos para aclararlos, mi mirada se encuentra con un techo que no se
parece al mío.
No es mi techo.
Girando bruscamente la cabeza, ignorando el dolor que provoca, veo
que no estoy en mi dormitorio. Parece familiar, pero no estoy segura...
¿Dónde diablos estoy?
Me siento rápidamente, con la cabeza aturdida. Presiono la mano
contra mi frente mientras el pánico hace que mi corazón lata desbocado.
Entonces, me doy cuenta de que la cama en la que estoy sentada, es una
cama en una de las habitaciones de la Finca Matis.
95
¿Qué demonios estoy haciendo aquí?
Y entonces todo vuelve inundándome, como una mala película.
Ah... mierda.
Vi a Jesse ayer, y me dijo que me odiaba. Presiono la palma de mi
mano contra mi pecho, empujando el dolor que lo atraviesa.
Después de Jesse, me encontré un bar en mi camino.
Me emborraché. El Camarero Lindo. Llamar borracha a Kas. Él
viniendo al bar a buscarme. Poniéndome en su auto. Quedarme dormida…
¿Por qué me trajo aquí? ¿Por qué no me llevó a casa? ¿Qué hora es?
Mis ojos van al reloj de la mesita de noche, notando un vaso de agua
colocado junto a este.
Siete y media de la mañana.
¿Cómo en, las siete y media de la mañana del domingo?
¡Mierda!
¡Cece!
Ella estará muy preocupada. No la llamé, como dije que haría, y
estuve fuera toda la noche.
Arrancado la sábana de encima de mí, salto de la cama, buscando mi
bolso, pero no se ve por ninguna parte.
Sin embargo, veo mi vestido de ayer colgado sobre el respaldo de la
silla en el tocador, y mis zapatos están junto a él en el piso.
Miro hacia abajo a mí misma para encontrar que estoy usando una
camiseta negra Kasabian que llega a la parte posterior de mis muslos.
Debe ser la camiseta de Kas.
Eso significa que...
Oh Dios mío.
Me desnudó y me cambió de ropa. Todavía tengo el sujetador y las
bragas.
Gracias a Dios.
Me quito la camiseta, consiguiendo una bocanada del olor de Kas
cuando me pasa por la cara. Agarro mi vestido y me lo pongo. Entonces,
rápidamente tiendo la cama.
Agarro el vaso de agua y me lo bebo rápidamente. Llevando el vaso
conmigo, tomo mis zapatos y la camiseta, así puedo ponerla en la
lavandería.
Me las arreglo para salir del dormitorio y al silencioso pasillo.
Con el corazón golpeando, mis zapatos y la camiseta de Kas,
aferrados en mi pecho, me dirijo a la planta de abajo. 96
Echo un vistazo a la puerta de su oficina que está cerrada.
Tengo que hablar con Kas. Primero, darle las gracias por cuidarme.
Entonces, preguntarle si sigo teniendo trabajo. Y, si no, entonces rogarle
que me devuelva el empleo.
No soy reacia a mendigar en este caso.
He arruinado las cosas demasiado.
No se verá bien para mí si Toby descubre que he sido despedida por
emborracharse y comportarme como una completa idiota.
Y se verá todavía peor para Anne. Podría hacerme retroceder aún más
con Jesse.
No es que Jesse y yo pudiéramos estar más alejados. No quiere tener
nada que ver conmigo.
Pero necesito demostrarle que estoy aquí para quedarme. Y aquí para
quedarme significa que necesito este trabajo.
Tomando una respiración profunda, me dirijo a la cocina para poner
la camiseta en la canasta de la lavandería. Luego, iré a su oficina y me
enfrentaré a la ira de Kas.
Empujo la puerta de la cocina y mi corazón se hunde en mi pecho
cuando veo a Kas sentado a la mesa, mirando fijamente su teléfono, un
plato vacío y una taza, colocados frente a él.
Lleva vaqueros y una camiseta ajustada que muestra las líneas de su
cuerpo. Su cabello un poco más desordenado que de costumbre, un lado
escondido detrás de su oreja.
Se ve bien. Pero siempre se ve bien. Odio eso.
Levanta los ojos de su teléfono hacia mí.
Su mirada me atraviesa.
—Hola —digo, tragando mis nervios.
—Hola. —No hay tono en su respuesta, no me da nada en cuanto a lo
que está pensando.
Me muevo lentamente hacia él, atravesando la cocina. Sus ojos
permanecen enfocados en mí todo el tiempo.
Me deslizo en el asiento frente a él. Pongo el vaso vacío sobre la mesa,
mis zapatos en el suelo junto a mí, y mantengo su camiseta en mi regazo.
Realmente no sé por dónde empezar, con qué ir. Mis ojos vagan por la
habitación y luego se quedan en mi bolso que está colocado sobre la
encimera.
Necesito llamar a Cece, sin embargo, necesito hablar con él primero.
Pero se me adelanta.
—Tu teléfono seguía sonando y sonando. No quería despertarte. Pensé 97
que debía ser importante, si alguien estaba llamando, así que contesté por
ti. Era tu amiga, Cece. Estaba preocupada porque no sabía nada de ti. Le
dije que estabas aquí, que estabas a salvo, y que estarías en casa por la
mañana.
Habló con Cece. Oh Dios mío.
Bueno, al menos no se quedó preocupada por mí toda la noche. Pero
será un infierno de conversación interesante la que tendré con ella más
tarde.
—Gracias —digo. Entonces, no puedo evitar preguntar—: ¿Por qué no
me llevaste a casa?
Me penetra con una mirada que me tiene retorciéndome en la silla.
—Porque no sabía dónde vivías. Te desmayaste antes de decírmelo.
—Mi dirección está en tus registros de empleados —desafío.
—Los cuales están aquí.
Oh. Sí.
—¿Cómo llegué a la cama?
Él me da una mirada que indica claramente que piensa que soy una
tonta.
—Te cargué.
—Estaba tan inconsciente, ¿eh?
—Sí. No creo que una bomba explotando te hubiera despertado.
—Lo siento.
—No lo hagas. Fue gracioso, escucharte roncar.
—¡No ronco! —digo, horrorizada.
Sus labios se curvan hasta convertirse en una asombrosa sonrisa, y
se echa a reír.
Un recuerdo de mí diciéndole ayer que tenía una risa hermosa y que
debería reír más se desliza por mi mente.
—¿Realmente ronco? —le pregunto.
Sonríe y asiente.
—Como un cerdo.
Me gusta que esté sonriendo, así que no peleo con él por eso.
—Debe haber sido el alcohol porque no ronco normalmente.
—Mmmm... sí, supongo.
Puedo oír la risa en su voz. Hace que mi corazón se emocione.
Curvo mis dedos alrededor de su camiseta y luego recuerdo despertar
en ella. 98

Mi cara se sonroja.
—¿Me has, mmm...? —Me muerdo los labios—. ¿Desnudado? —Me
estremezco por las palabras.
Hay un largo silencio.
Le echo un vistazo a través de mis pestañas.
Y estaría mintiendo si dijera que no he visto el destello de calor en sus
ojos. O que no me veo afectada por ese destello de calor.
—Pensé que te sentirías más cómoda con mi camiseta. Pero no te
preocupes, Daisy. Fui un perfecto caballero. Casi no vi nada.
—Pero sí viste un poco.
Oh Dios mío. ¿De verdad acabo de decir eso?
Quiero morirme en mi asiento, pero me obligo a permanecer firme y
sostener su mirada.
La expresión de Kas no vacila. Ni siquiera un parpadeo.
Entonces, las comisuras de sus labios se curvan un poco.
Me gustaría decir que no estoy afectada por eso tampoco, pero no.
Me estoy retorciendo, y estoy caliente en lugares que no han estado
calientes en mucho tiempo.
—Bueno, gracias por cuidarme —logro decir—. Y por el préstamo de
la camiseta. La lavaré.
Levanta un hombro en un medio encogimiento.
—¿Quieres un café? ¿Algo de comer? —pregunta mientras se levanta
de su asiento, tomando su plato y su taza, junto con mi vaso de agua
vacío.
Casi me caigo de la silla de la conmoción.
—Mmm... el café sería genial. Gracias.
Lo veo servirnos una taza a cada uno. Luego, añade leche en la mía.
Ni siquiera me di cuenta de que sabía cómo tomaba mi café.
Pone mi bebida delante de mí y luego se sienta en su asiento frente a
mí, sosteniendo la suya en su mano.
—Deberías comer algo. Supongo que tienes una resaca infernal.
Lo veo tomar un sorbo de café.
—Me he sentido mejor. —Ofrezco una pequeña sonrisa—. Pero no
creo que pueda manejar nada en este momento.
Curvo mis manos alrededor de mi taza y la levanto a mi boca,
tomando un pequeño sorbo.
Dios, sabe bien. Hace un maldito buen café. 99

Bajo la taza, manteniendo mis manos alrededor de ella. Lo miro a los


ojos.
Él ya me está mirando. La mirada en sus ojos parece curiosa. Como si
fuera un rompecabezas que no puede resolver.
Me pregunto si mis ojos reflejan lo mismo. Porque honestamente no
puedo entenderlo.
Exuda este áspero exterior, pero debajo de todo eso hay un tipo que
se subirá en su coche y conducirá a Londres para recoger a su empleada
borracha, la traerá de regreso a su casa, y cuidará de ella.
El calor se extiende por mi pecho.
—Realmente siento lo de ayer. Te llamé cuando estaba borracha. Las
cosas que dije... —Cierro brevemente los ojos de la vergüenza cuando las
palabras regresan a mí—. Desmayarme en tu coche. Que tuvieras que
cuidar de mí. Lo siento muchísimo. Y sé que actué como una completa
idiota, y merezco ser despedida, pero realmente, realmente necesito este
trabajo. —Me inclino hacia adelante, poniendo mis brazos sobre la mesa, y
uno mis manos—. Y, te lo juro, lo que pasó ayer nunca volverá a suceder.
Nunca jamás.
—¿Por qué estabas sola en un bar y te emborrachaste?
Su pregunta me desconcierta.
—Mmm... porque, soy una estúpida.
—Estás lejos de ser estúpida, Daisy. Aunque emborracharte mientras
estás sola en un bar, fue algo más bien estúpido.
—Había un cumplido ahí, ¿verdad? —Sonrío, y su labio se contrae.
Pero su rostro rápidamente se vuelve a poner serio.
—Cualquier cosa pudo haberte ocurrido. Lo entiendes, ¿verdad?
¿Estaba... preocupado por mí?
Bueno, considérenme sorprendida.
—Sí. Fue estúpido. Solo estaba…
—Intentando adormecer el dolor.
Eso alza mis cejas. Sabía que Kas era inteligente, pero nunca lo tomé
por perspicaz. Especialmente cuando se trata de mí. Honestamente, pensé
que era ignorante de todo lo que tenía que ver con Daisy Smith.
—Dijiste algo sobre tu hermano anoche... —añade, dejando que sus
palabras cuelguen.
Así que, al parecer, no es tan ignorante.
La tristeza me eriza la piel al mencionar a Jesse.
Pero también me sorprende que quiera hablar conmigo sobre esto. 100
Realmente necesito conservar mi trabajo, y si contarle esta cosa
significa que voy a tener un trabajo al final, entonces que así sea.
—Fui a verlo ayer. No salió bien.
—¿Por qué no?
Suelto una respiración profunda.
—Él me culpa de estar en un hogar de crianza, y tiene razón. Yo era
todo lo que le quedaba en el mundo, y cuando fui a la cárcel, se lo llevaron
a una casa de acogida.
—¿Dónde están tus padres?
—Nuestro padre está muerto. Nuestra madre... se ha ido. Cuando
tenía dieciséis años, huyó con su novio traficante de drogas. Supongo que
ya no quería ser madre. Jesse solo tenía seis años. Sabía que, si los
Servicios Sociales se enteraban de que se había ido, se lo llevarían.
»Había estado prácticamente criando a Jesse desde que era un bebé,
ya que nuestra madre se preocupaba más por las drogas que por nosotros.
Siempre había usado drogas. De alguna manera se las arregló para
mantenerse limpia mientras estaba embarazada de Jesse; tal vez se
preocupaba un poco más en aquel entonces. Sin embargo, después de que
murió nuestro padre, eso pareció empujarla al precipicio. Acababa de
terminar los exámenes cuando desapareció. Así que hice lo que tenía que
hacer. Conseguí trabajo. Fue difícil al principio, pero nos las arreglamos.
Las cosas se pusieron más fáciles cuando me dieron el trabajo en la
joyería, ya que ganaba más dinero.
—¿La joyería a la que robaste?
Dejé escapar una risa sin humor y dije en un tono divertido:
—Sí, la joyería a la que robé.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? Tenías todo que perder. ¿Por qué
arriesgarse?
Lo miro a la cara, sopesando mis opciones. Contar la verdad o la
verdad que todo el mundo cree.
Sé que no me creerá, pero decido ir con la verdad.
—No arriesgué nada. Me encantaba ese trabajo. No robé a esa gente.
Lo que sí hice fue cometer un error enorme confiando en alguien.
Su expresión no ha cambiado. Está en blanco e ilegible, como
siempre.
Espero, esperando que me diga que no me cree.
Así que, me sorprende cuando dice:
—¿Confiar en quién?
101
—Un hombre. —Suelto una risa amarga—. Bueno, no lo llamaría un
hombre porque un hombre no haría lo que él me hizo. —Envuelvo mis
manos alrededor de la taza otra vez, necesitando su calidez. Me quedo
mirando el café mientras sigo hablando—. Mi novio, Jason; bueno, ahora,
ex novio. Estuvimos juntos unos cuatro meses. Parecía un buen tipo. Un
tipo decente. No estaba tan interesada en su familia... especialmente en su
hermano. Había oído cosas sobre ellos... no cosas buenas... pero Jason era
bueno para mí. Nunca había tenido a nadie que fuera buenos conmigo
antes. Y era muy hábil con Jesse. Así que confié en él. Y me apuñaló por la
espalda. No sé con certeza cómo ocurrió... pero sé que fui a prisión a causa
de Jason y, si estoy adivinando correctamente, por su hermano, Damien.
Veo que el cuerpo de Kas se pone rígido y siento una tensión en el
aire, como electricidad estática cubriendo mi piel.
Levanto mis ojos a los suyos, y estoy asustada por la ira que veo en
ellos.
He visto a Kas enojado, pero esto... esto es un nivel totalmente nuevo
de ira que no había visto antes.
Me estremezco por dentro, sin saber si esa rabia está o no dirigida a
mí.
Me pregunto si debo seguir hablando, pero supongo que no puedo
empeorar las cosas. Necesito el trabajo, así que respiro hondo y continúo.
—La noche del robo, Jason estaba en mi casa. Jesse pasaba la noche
en la casa de su amigo. Solo permitía que Jason se quedara cuando Jesse
se quedaba fuera. —No sé por qué le digo eso a Kas, pero me parece
importante que él sepa que siempre puse a Jesse primero—. Creo que
mientras dormía, Jason le dio mi clave de acceso a Damien. Sabes, dije
que había oído cosas sobre él. Bueno, esas cosas eran que Damien tenía
problemas, estaba metido en mierdas muy malas, el robo, y cosas por el
estilo. Creo que usó mi llave de acceso, entró, de alguna manera
desconectó la CCTV dentro de la tienda, y robó.
»Entonces, le trajo de nuevo mi tarjeta de acceso a Jason. La guardó
en mi bolso. Damien también le dio una pieza de joyería robada que, tan
convenientemente Jason plantó en mi apartamento. Y, cuando la policía
vino a registrar mi casa, allí estaba. Jason también dijo a la policía que no
estaba conmigo en absoluto esa noche. Que pasó la noche jugando a las
cartas con su hermano y amigos y que no me había visto. No podía probar
lo contrario. No tenía testigos para demostrar que había estado conmigo
toda la noche, así que estaba jodida. En resumen, me tendieron una
trampa.
»La policía me acusó de robo. Me pusieron en la cárcel hasta mi juicio.
Me dieron un abogado designado por el tribunal porque no tenía dinero
para pagar uno propio, y estoy bastante segura de que mi abogado
acababa de obtener su título. No tuve oportunidad. Fui encontrada 102
culpable y enviada a la cárcel por tres años. Cumplí dieciocho meses y fui
puesta en libertad condicional. Y aquí me tienes. Perdí todo... Jesse... mi
trabajo, mi hogar... mi libertad... a causa de él.
Levanto la vista de nuevo a Kas, no muy segura de qué esperar.
Pero no hay nada. Su expresión está en blanco, sus ojos carentes de
emoción.
La decepción me golpea.
Esa decepción rápidamente se convierte en pánico cuando se levanta
abruptamente. Mis ojos temerosos lo siguen.
—Recoge tus cosas —me dice—. Te llevaré a casa.
Me levanto lentamente, mi corazón golpeando contra mi caja torácica.
—Señor Matis... por favor... Yo...
—Aún tienes tu trabajo, Daisy. —Pasa a mi lado, dirigiéndose a la
puerta—. Y ahora puedes llamarme Kas.
Sus palabras en el primer día que lo conocí regresan a mí. “Mis
amigos me llaman Kas”.
Supongo que me cree.
Me sorprende lo mucho que me importa. Cuánto cuenta realmente su
opinión. Saber que, solo decirle las palabras una vez fue suficiente cuando
un jurado lleno de gente no me creyó.
Parpadeo las lágrimas que amenazan y trago el bulto del tamaño de
Texas en mi garganta. Luego, agarro mis zapatos y el bolso y rápidamente
lo sigo.

103
Kas
Salgo de la plataforma y hacía la acera, saliendo de la estación,
sorprendida de ver su auto ahí estacionado.
¿Está esperando por mí?
Seguramente no.
Insegura de porqué está aquí, camino hacia la rampa.
¿Debería acercarme a su auto o simplemente fingir que no lo he visto?
No quiero acercarme si está esperando a alguien más y luego tendré
que alejarme… pareciendo una perdedora.
¿Y por qué es una decisión tan grande?
Por Dios santo, Daisy, simplemente acércate y saluda. Luego, aléjate si
no te ofrece un paseo… lo que es más que probable que no hará.
Salgo de la acera hacía la calle. Su auto está estacionado justo frente
104
a mí.
Nuestras miradas se encuentran a través de la ventana del pasajero.
Ignoro la forma en que mi corazón se acelera por tener sus ojos
clavados en mí.
Baja la ventanilla del pasajero. Camino hacia su auto.
—Daisy —pronuncia mi nombre bajo.
Eso es. Dice mi nombre y un estremecimiento de gusto me atraviesa,
lo que es ridículo.
Totalmente ridículo.
Sólo porque fue amable ayer conmigo y me creyó cuando le conté que
era inocente, no la ladrona que pensó que era, no significa que nada
cambiase.
¿Lo hace?
Aún es mi jefe. Y aún no me gusta mucho.
Y no le gusto.
¿Cierto?
—Hola, Kas. —Se siente extraño, decir su nombre. Nerviosamente me
coloco un mechón de cabello detrás de la oreja—. ¿Qué estás haciendo
aquí? Quiero decir… estás aquí… y normalmente no estás aquí, en la
estación de tren.
Jesús… Daisy.
Kas se ríe ante mi diatriba.
Le hice reír.
Sí, estoy rebosante. Y, sí, estoy contando sus risas.
Simplemente es muy extraño escucharlo reír, y me gusta la forma en
que me hace sentir cuando lo hace, así que estoy contando.
—Estaba cerca, haciendo un recado —me comenta—. Vi tu tren
detenerse. Pensé en acercarte. Librarte del paseo.
Santa… vaya.
El Kas de la semana pasada nunca habría pensado en detenerse y
acercarme. Aquí está un tipo que pasó a mi lado en la lluvia y me salpicó
con un charco.
Es un seco día soleado y aquí está, ofreciéndose a llevarme al trabajo.
Puede que me desmaye.
—Está bien. Bueno, gracias. Lo aprecio.
Me da un suave asentimiento en respuesta, haciendo que el cabello le 105
caiga sobre los ojos. Lo aparta con los dedos, colocándose el cabello tras la
oreja. El sol se refleja en los mechones, haciendo que parezca más claro de
lo que es.
Me pregunto si su cabello es tan suave como parece.
Hoy también lleva una barba incipiente. Se ve bien en él. Lo hace
incluso de rasgos más duros y guapo.
Dios… es guapo…
—¿Daisy?
—¿Ummm?
—¿Vas a entrar en el auto o simplemente vas a permanecer ahí,
mirándome todo el día?
Y… aquí está.
Mi rostro se vuelve rojo brillante.
—Oh, um… sí, por supuesto —balbuceo, alcanzando la manija. Abro
la puerta y me deslizo en el asiento de cuero.
No puedo creer que lo estuviese mirando.
Por Dios santo, Daisy, deja de suspirar por él. Claro, ayer fue
agradable y hoy está siendo agradable, pero no significa nada.
Honestamente, estoy empezando a creer que prefiero más a Kas-
túpido. Al menos sabía cómo comportarme con él. Kas-agradable… me
confunde muchísimo.
Dejo el bolso en el suelo y me pongo el cinturón de seguridad.
Kas enciende el motor. “Creep” de Radiohead suena en el aparato de
música.
—¿Cómo te sientes? —pregunta, alejándose de la estación.
¿Quiere saber cómo me siento?
—Mucho mejor. Gracias. —Miro hacia él—. Sé que ya lo he dicho,
pero sólo quiero volver a decir cuánto lo siento por lo que pasó este fin de
semana.
—Está bien, Daisy.
Curvo los dedos en el regazo, escuchando la evocadora voz de Thom
Yorke.
—Me encanta esta canción —comento.
Asiente.
De acuerdo…
—¿Cómo fue el resto de tu fin de semana? —pregunto, intentando
algo diferente. 106

—Bien.
—¿Qué hiciste?
Me mira. La mirada en sus ojos es casi penetrante y, por alguna
razón, hace que contenga la respiración.
Aparta los ojos de mí y de vuelta a la carretera y tomo ese tan
necesitado aire.
—Salí a dar una vuelta.
—¿En caballo?
Aprieta los labios.
—Sí, Daisy, en caballo.
—No sabía que montaras.
—Llevo un establo.
—Lo sé. Quiero decir, no te he visto montar. Sólo pensaba… no sé. Yo
no monto. Cooper se ofreció a enseñarme, no creo que vaya a ser buena.
—¿Cooper se ofreció a enseñarte?
Siento los ojos de Kas quemar a través de mí. Llevo mi mirada a la
suya. Hay algo brillando en sus ojos que no puedo descifrar.
Aleja la mirada antes de que pueda llegar a tener una oportunidad de
intentarlo.
—Sí, él, um… comentó que si quería aprender saldría conmigo. En mi
hora de comer, por supuesto.
—Yo te enseñaré a montar.
¿Qué?
—¿Qué?
—Quieres aprender a montar. Yo te enseñaré.
Vaya… um…
—¿Qué hay de Cooper?
Lo veo apretar las manos alrededor del volante.
Desliza la mirada hacía la mía, y me clava con una mirada que hace
que me quiera volver invisible.
—¿Qué hay de Cooper? —Su tono suena molesto.
Bueno…
—Sólo… —Me aclaro mi repentinamente seca garganta—. Cooper se
ofreció primero, eso es todo, y yo, um… —Me quedo sin palabras
lamiéndome los labios secos. 107
Kas mueve la mirada a mis labios, luego la aparta completamente,
devolviéndola a la carretera.
—Cooper no puede montar una mierda. —Su voz es baja.
Parece enfadado. Por mi vida, que no sé por qué.
Pero entonces, ¿Kas necesita alguna razón?
—¿No es el encargado del establo?
—Lo contrataron mis padres, no yo. —Frunce el ceño.
Está bien entonces…
—Estate preparada a la una y te llevaré a un buen paseo.
Me río. No puedo evitarlo.
Lo siento, pero sonó sucio.
O tal vez, simplemente tengo una mente sucia.
Kas dirige su mirada confusa hacia mí, alzando la ceja con
interrogante.
—Nada —murmuro, retorciendo las manos, mientras noto el calor
subir en mis mejillas.
Kas debe repetir las palabras en su mente porque, un segundo
después, veo una luz aparecer en sus ojos.
—Una vuelta en caballo —aclara.
Puedo escuchar el toque de humor en su voz, y curvo los labios.
—Lo sé, lo siento. Sonó…
—Pervertido —termina él.
—Iba a decir sucio, pero pervertido funciona.
Sonrío. Lleva los ojos a los míos y sonríe.
El calor irrumpe en mi estómago.
Realmente me gusta cuando me sonríe. Cada vez que lo hace, me
siento como si hubiese ganado algo realmente especial.
Jesucristo, Daisy. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste empalagosa
con alguien? Acabaste en prisión.
—Hay algún equipamiento de montar de sobra en el trastero —me
cuenta, con los ojos de nuevo en la carretera—. Debería servirte.
—Está bien, gracias. Debería ir a tu oficina o…
—Encuéntrame en los establos. A la una en punto —indica.
—Una en punto. Lo tengo.
Kas se detiene ante las verjas de la finca. Presiona un botón en el
tablero y las verjas comienzan a abrirse. 108
Hacemos el resto del camino hasta la casa en silencio.
Mi estúpido estómago está dando volteretas ante el pensamiento de ir
a montar con Kas. Mi cabeza está sufriendo una confusión severa de
porqué mi estómago está tan feliz por ello. Debe ser la excitación de
montar a caballo por primera vez. No puede ser nada más.
¿Verdad?
También, estoy intentando averiguar por qué se ofreció a montar
conmigo. ¿Por qué no deja simplemente que Cooper me acompañe?
Conozco a Kas y ayer llegamos a una especie de tregua, pero aún sigo
sin gustarle.
Y aún sigue sin gustarme.
¿Cierto?
Vestida con pantalón de montar, un polo blanco de la Finca Matis y
botas de montar, camino hacia las caballerizas.
Fuera de los establos, veo a Kas con Butterscotch. Está poniendo su
silla.
Lleva un polo blanco, similar al mío, pero sin el logotipo, y pantalón
ajustado marrón oscuro, no completamente pantalones de montar. Están
metidos en botas de montar negro.
El chico incluso se ve sexy en equipo de equitación. Es serio, es
molesto.
—Hola —digo mientras me acerco—. ¿Dónde están todos?
Estaba preocupada por chocar con Cooper y que me viera recibiendo
una lección de Kas después de que él ya se ofreció.
—Están en el almuerzo —dice mientras aprieta las correas en la silla
de montar de Butterscotch.
109
Estoy un poco aliviada al oír eso.
—¿Estoy montando a Butterscotch? —le pregunto.
—Sí. Ella es un paseo fácil. Bueno para un principiante.
—Hola, chica. —Acaricio su cara—. No tengo manzanas hoy, me temo.
Pero te traeré algunas mañana. Los buenos, ya que me dejas montarte.
Kas termina con la silla y me mira.
—Tengo que equiparte con un casco de montar.
—Está bien. —Lo sigo al establo vacío al final donde guardan todos
sus arreos.
Mírame, yendo con jerga de caballos.
Kas saca un casco del estante. Espero que me la pase para
ponérmelo, pero en lugar de eso, camina directamente delante de mí y
coloca el casco en mi cabeza. Está tan cerca que puedo oler la menta en su
aliento y el aftershave5 en su piel. Es claramente picante con un toque de
cedro en ello.
No voy a mentir. Su proximidad hace latir mi corazón un poco más
rápido y mis entrañas se aprietan.

5 Aftershave: Es un líquido, gel, o bálsamo usado frecuentemente por el hombre y,


ocasionalmente, por la mujer después del afeitado.
—Es un poco grande —murmura. Levanta el casco de mi cabeza y se
inclina hacia adelante para ponerlo de nuevo en el estante, poniéndolo aún
más cerca de mí.
Cierro los ojos mientras respiro. Todo lo que logro hacer es tomar una
bocanada de su olor.
Mi corazón empieza a latir más rápido.
Ha pasado tanto tiempo desde que he estado tan cerca de un hombre.
Por supuesto que mi cuerpo va a sobremarcha. Él es sexy.
Pero no tiene nada que ver con él.
¿Verdad?
Abro mis ojos, y mi aliento se atora.
Todavía está cerca, y me está mirando. Sus ojos están fijos en los
míos, y son más oscuros de lo normal. Y hay un parpadeo de algo.
¿Interés?
Sí, definitivamente interés.
Sé que piensa que soy sexy. Lo oí decirle a Jude.
Pero no tiene interés en hacer nada al respecto.
Y yo tampoco. 110
En un movimiento inconsciente, lamo mis labios secos.
Sí, claro, Daisy. Seguramente fue inconsciente.
Sus ojos brillan, yendo a mi boca.
No estoy segura de qué hacer.
¿Quiero que me bese?
Bueno, mi cuerpo seguro lo quiere.
¿Mi mente? No tanto.
Necesito demasiado este trabajo.
El sentido me tiene aclarando mi garganta y dando un pequeño paso
atrás.
Kas parpadea, como si despertara.
Agarra un casco del estante y lo mete en mis manos.
—Éste te encajará. —Gira sobre sus talones y sale del establo.
Bien entonces…
Me pongo el casco y sujeto la correa bajo mi barbilla.
Cuando vuelvo a salir, veo a Kas trayendo a Danger de otro de los
establos. Danger ya está arreado.
—¿Estás lista? —me pregunta, su tono uniforme.
—Cómo puedo estarlo. —Sonrío.
—¿Sabes cómo montar un caballo?
Sacudo mi cabeza.
Dejando a Danger, se acerca a Butterscotch y me llama.
—Está bien, pon tu pie izquierdo en el estribo.
Hago eso.
—Ahora, agarra la silla con las dos manos.
Hago como dijo y agarro la silla de cada lado de la montura.
—Ahora, empuja hacia arriba, y balancea tu otra pierna conforme
vayas avanzando. Trata de no patear al caballo.
Bueno, suena fácil.
Trato de levantarme, pero no llego a ninguna parte.
Lo intento de nuevo. Sólo lo hago a mitad de camino.
Bueno, así que, claramente, no es tan fácil como suena.
Me considero una persona bastante en forma, pero maldito infierno,
subir a un caballo es difícil.
Dejo escapar un sonido de frustración. Oigo una risa baja detrás de
mí. 111

Miro hacia atrás sobre mi hombro a Kas y le disparo puñales.


El bastardo sólo me sonríe.
Estrecho mis ojos.
Se ríe de nuevo.
—Te ayudaré.
Se acerca detrás de mí, y lo siguiente que siento son las manos de
Kas en mi culo.
¿Qué demonios?
Mis ojos vuelan a los suyos.
—¿Qué estás haciendo?
—Te estoy dando un impulso —dice.
Puedo oír un cambio en su voz; suena más grueso.
—¿Y necesitas tus manos en mi culo para hacer eso?
Estoy fingiendo leve enojo porque no me gusta el hecho de que me
gusta la sensación de sus manos en mi culo.
Su cabeza se inclina ligeramente hacia un lado.
—¿Y dónde prefieres que ponga mis manos?
¿Esa es una pregunta con trampa?
—Um... no en mi culo.
—¿Y cómo propones que te suba al caballo?
Todo el tiempo que estamos hablando, todavía estoy muy consciente
del hecho de que sus manos están todavía en mi culo. Y que también estoy
poniéndome decididamente más y más caliente y muy nerviosa.
—No sé. —Frunzo el ceño—. ¿Pero realmente necesitabas agarrarme
el culo para hacerlo?
Sus ojos se oscurecen al carbón.
—Confía en mí, Daisy, si quisiera agarrarte el culo, no usaría esto
como una excusa para hacerlo. Simplemente jodidamente lo haría.
Todo dentro de mí se detiene.
Entonces, de repente, chispea de nuevo a la vida, poniendo mis
terminaciones nerviosas en el fuego.
Hay algo tan misteriosamente sexual en sus palabras. Y me excita.
Aunque no estoy dispuesta a admitirlo.
De alguna manera, encuentro mi voz.
—Es-eso sería acoso sexual. —Maldigo el tartamudeo en mis 112
palabras.
Sus ojos permanecen fijos en los míos, y si es posible se oscurecen
más.
—Tienes razón; sería.
Se inclina más cerca, así que no queda nada más que aire entre
nosotros. Mi vientre revolotea y se aprieta en anticipación.
—Y yo nunca haría algo así. A menos que me lo pidieras, por
supuesto.
Santo…
¿Qué. Maldito. Demonios?
Estoy cautivada. Y un poco mojada.
Muy bien, muy mojada.
Sus ojos se arrancan de los míos.
—Ahora, ¿quieres que te ayude a subir a este caballo o no? Porque,
aparte de que te vaya a buscar una escalera, esta es la única manera de
subirte. —Su voz volvió a la normalidad, como si nada hubiera pasado.
Todavía estoy jadeando por aire.
Tratando de encontrar mi equilibrio, miro lejos de él.
—Está bien. Sólo dame el impulso.
Lo siento dar un empujón firme contra mi culo, así que empujo mi pie
del piso. Luego, me levanto y balanceo mi pierna, finalmente sentada en
Butterscotch.
Maldita sea, es alto aquí arriba.
Me siento un poco mareada. O tal vez eso es sólo por mi pequeña
interacción con Kas, que he decidido fingir que nunca sucedió.
—Mantén las riendas así. —Me las pasa, mostrándome cómo
sostenerlas. No me mira a la cara ni una vez.
Y trato de ignorar que todavía puedo sentir el calor de sus manos en
mi culo.
Dejándome, se acerca a Danger. Toma un casco del suelo y se lo
pone. Luego, recogiendo las riendas de su caballo, se sube en Danger con
facilidad.
—Voy por delante —me dice—. Ella seguirá. Pero si se detiene por
cualquier razón, aprieta los talones a sus lados.
—¿No le hará daño?
—No. —Sonríe, sacudiendo la cabeza—. Y, si quieres que se detenga,
simplemente jala suavemente las riendas.
—De acuerdo.
113
Él me da un asentimiento. Entonces, le dice a su caballo:
—Muévete, Danger.
El caballo obedece, y cuando Danger pasa junto a nosotros,
Butterscotch comienza a caminar, siguiendo detrás de ellos.
Es una sensación extraña al principio, montar un caballo, pero me
acostumbro a él lo suficientemente pronto.
Montamos en silencio. Los únicos sonidos son los ocasionales coches
circulando y el canto de los pájaros.
Kas nos conduce por un sendero que rodea los potreros,
dirigiéndonos en dirección al bosque.
—¿Te va bien allá atrás? —pregunta Kas.
Asiento y luego me doy cuenta de que no puede verme.
—Sí, estoy bien. Gracias.
—¿Podemos tratar de trotar un poco si quieres?
—Tal vez —digo, sin sentirme completamente segura de eso.
Debe escuchar la incertidumbre en mi voz porque lo oigo reír.
Su risa hace que mi interior se ilumine. También amo y odio la
facilidad con que su risa me afecta tan rápidamente.
—¿Danger es tu caballo? —le pregunto, tratando de distraer a mi
agitación interna.
Kas ralentiza a Danger hasta que estamos lado a lado.
—Lo es. Lo tengo hace tres años.
—Es hermoso.
Kas asiente.
—Fue rescatado. Había sido maltratado por su anterior dueño. Le
tomó mucho tiempo confiar en mí.
—Es comprensible. Dios, las personas puede ser unos completos
idiotas. Honestamente, no entiendo a la gente así. Quiero decir, ¿quién
diablos podría herir a una bella criatura como él?
—Hay gente que se divierte lastimando a otros, Daisy.
—Sí, bueno, son bastardos enfermos, y claramente hay algo que falta
dentro de ellos... como emociones.
—Las emociones pueden ser lo que impulsa a las personas a lastimar
y mutilar... incluso matar.
—Quizás… pero no entiendo a ese tipo de personas, y me alegro de
no hacerlo.
—¿No te gustaría lastimar a tu ex novio por lo que te hizo? 114

—Eso es diferente. Eso sería venganza. No era venganza lo que el


dueño de Danger le hizo.
—No, tienes razón; no lo fue. Pero, ¿no te gustaría vengarte de tu ex
novio?
Exhalando, niego.
—No. No me malinterpretes; cuando todo sucedió por primera vez,
pasé muchas horas pensando en todas las diferentes maneras en que le
causaría dolor. Pero rápidamente pasé por eso cuando me di cuenta de
que no cambiaría nada. Hacer daño a Jason no alteraría lo que pasó. Sí,
probablemente me sentiría mejor por un minuto o dos. Pero entonces ese
minuto habría terminado, y todavía estaría aquí, en la misma situación. La
venganza no es para mí. Lo único que me importa es el futuro, recuperar
lo que perdí.
—Jesse.
—Sí. Ahora es todo lo que importa. Y no haré nada por ponerlo en
peligro.
—Eres mejor persona que la mayoría.
—No lo creo. Sólo soy una persona que se ocupa de sus problemas.
Es todo lo que cualquiera de nosotros puede hacer.
Kas está en silencio durante mucho tiempo. En lugar de dirigirse al
bosque, nos desvía a la parte de atrás de los potreros, dirigiéndonos en
dirección a los establos.
—¿Butterscotch fue rescatada? —Paso mis dedos por su crin.
—No. Mi madre la consiguió de potrilla cuando nos mudamos aquí.
Ella la entrenó.
—¿Entonces es el caballo de tu madre?
—Sí.
—¿Y no le importaría que la cabalgara?
—No. Estaría feliz de que Butterscotch estuviera haciendo ejercicio.
—¿Cuándo regresan tus padres de Grecia?
Me mira con sorpresa, y lo sé porque él sabe que nunca me dijo dónde
estaban.
—Cooper mencionó que estaban en Grecia —digo.
Él mira lejos de mí.
—Estarán allí por un par de meses más.
—Apuesto a que los echas de menos cuando están ausentes.
Levanta un hombro en respuesta. 115
—Estoy acostumbrado a que estén lejos.
—¿De qué lugar de Grecia son?
Sus ojos vuelven a mí. Por un momento, creo que se convertirá en
Kas-túpido y me dirá que deje de hacer preguntas, pero me sorprende al
responder:
—Mi madre es inglesa. Nació en Londres. Es mi padre que es de
Grecia, de Thessaloníki —dice el nombre de la ciudad con un acento en su
voz.
El sonido recorre mi espalda de la manera más deliciosa.
—Nunca he oído hablar de Thessa... lo siento. —Río—. No tengo ni
idea de cómo pronunciarlo.
Kas se ríe entre dientes.
—Thes-sa-lo-ní-ki —alarga la palabra para mí.
—Thess-a-loníki —repito mal.
—Cerca. —Sonríe amablemente.
—Bueno, nunca he oído hablar de eso antes. Me temo que mi
conocimiento geográfico de Grecia se limita a Atenas y Rodas.
Se ríe suavemente.
—Le pasa a la mayoría. Thessaloníki es en realidad la segunda ciudad
más grande de Grecia, lo creas o no. Es un lugar hermoso.
—Entonces, es una vergüenza que más gente no la conozca.
Asiente.
—¿Has pasado mucho tiempo allí?
—Mucho cuando era un niño. No tanto de grande.
—¿Por qué no?
Su respuesta es un ligero encogimiento de hombros.
—Bueno, si fuera tú, estaría allí todo el tiempo y lejos de la lluviosa
Inglaterra.
—Hay buen tiempo hoy —comenta.
Miro hacia el cielo libre de nubes.
—Cierto. ¿Hablas griego fluido? —pregunto, mirando hacia atrás.
Sus ojos se cruzan con los míos.
—Sí.
Estoy tentada de pedirle que me diga algo en griego. Pero de alguna
manera pienso que Kas no es realmente el tipo de mostrarse, así que me
quedo callada. 116
Hemos llegado al otro lado del potrero ahora, cerca de los establos.
Danger acelera, dirigiéndose hacia los establos, con Butterscotch
detrás.
Escondo la decepción que siento de nuestro viaje terminado. Lo
estaba disfrutando. Y realmente estaba disfrutando hablar con Kas. Más
de lo que pensé.
No trotamos, pero no lo comenté.
Kas lleva a Danger a una parada enfrente de los establos y baja de él.
Yo me quedo sentada en Butterscotch, insegura de cómo bajar.
Miro como Kas quita la silla de Danger, abre la puerta del establo, y
luego quita la brida. Danger vaga por el establo. Kas cierra la puerta
inferior detrás de él y desliza el perno.
Se vuelve y me mira.
—¿Te quedaras ahí todo el día? —Hay una sonrisa definida en su
boca.
Me muerdo el labio.
—No sé cómo bajar.
Todavía sonriendo, se acerca a mí.
—Saca los pies de los estribos.
Mi pie derecho sale bien, pero mi pie izquierdo está un poco atascado.
Lo muevo, pero no pasa nada.
—Aquí. —Kas toma mi pierna y tira el estribo de mi pie.
Hay una capa de goma y tela entre su mano y mi pierna, pero aun así
siento su toque, como si estuviera en mi piel desnuda.
Empieza a hacer calor.
—Aférrate a la silla, y desliza tu pierna derecha.
Su mano suelta mi pie. Lo miro, insegura.
—Te atraparé —dice suavemente.
Con las manos apretando la parte superior de la silla, me inclino un
poco hacia delante y vuelvo a poner mi pierna derecha sobre Butterscotch,
teniendo cuidado de no patearla en la parte trasera.
Siento que las manos de Kas rodean mi cintura, guiando mis pies
hasta el suelo.
—Gracias —susurro. Un susurro es todo lo que puedo manejar por la
sensación de sus manos sobre mí.
Él no dice nada, y tampoco mueve las manos.
117
Siento que se acerca. Su pecho roza mi espalda.
Mi corazón juega una carrera contra mi pulso.
Puedo sentir su suave aliento soplando en mi cuello.
Involuntariamente, me inclino hacia atrás en su toque, presionando
mi espalda contra su pecho. Su agarre se aprieta en mi cintura. Y me
estremezco.
Quiero besarlo.
Puede que no me guste tanto, pero Dios, mi cuerpo lo hace ahora
mismo, y aparentemente está a cargo.
Sé que, si me doy vuelta ahora mismo, lo besaré.
O me besará.
No podré retractarme de lo que suceda.
Pero no estoy segura de que realmente me importa en este momento.
Sus manos sobre mí, la sensación de él contra mi espalda, se siente
demasiado bien.
Él se siente como nada de lo que he tenido antes y todo lo que ni
siquiera sabía que quería.
—Daisy —dice suavemente mi nombre, sonando como una súplica en
sus labios.
Es una súplica que no puedo ignorar.
Me vuelvo despacio. Sus manos se quedan en mí, una se mueve sobre
mi espalda, la otra en mi estómago, hasta que descansan en mi cintura.
Todo mi cuerpo está despierto.
Como si estuviera en un sueño profundo, y él sólo me despertó.
Tengo los ojos en su pecho, por miedo mirar a los de él. Sé que, si lo
hago, entonces todo esto habrá terminado.
Puedo sentir el calor de su mirada en mí.
Dice mi nombre otra vez.
Por dentro, estoy jadeando y necesitando.
Por fuera, estoy... jadeando y necesitando.
¿Podría ser más obvia?
Su mano se mueve de mi cintura, dejándome fría. Luego, sus dedos
se deslizan bajo mi barbilla. Desabrocha el casco, lo quita y lo deja caer al
suelo junto a nosotros. Ni una sola vez sus ojos dejan los míos.
Sus dedos apartan los mechones sueltos de mi cabello. Finalmente,
levanto mis ojos a los suyos.
Y los suyos están ardiendo. En llamas. Por mí. 118
Todo mi cuerpo tiembla de adentro hacia afuera.
Él se mueve un poco.
Va a besarme. Mierda, él me va a besar.
Y voy a dejarlo.
Cierro los ojos con anticipación.
Entonces…
“Into You” de Ariana Grande suena teléfono. Es mi tono de llamada.
Mi teléfono está sonando.
Mis ojos se abren para encontrarse con los de Kas, que están llenos
de sorpresa. Veo en esos breves segundos como una multitud de
emociones pasan a través de sus ojos. Conmoción, horror,
arrepentimiento... pero el que más me golpea es el disgusto. Y la forma en
que sus manos me sueltan, como si lo hubiera infectado con una
enfermedad mortal... me hace sentir enferma.
¿Por qué le repulsa la idea de tocarme? ¿De besarme?
¿Porque soy del personal? ¿O es porque solo soy una ayudante?
¿Porque soy pobre? ¿Porque he estado en prisión?
Piensa que no soy lo suficientemente buena para él...
El dolor se abre paso en mi pecho, y en este momento, nunca me he
sentido más rechazada.
Se aleja de mí. Un paso. Dos.
Sus manos van a su cabeza, tira su cabello.
—Mierda —gruñe y luego, sus ojos están de vuelta en mí. Fríos y
duros—. ¡Por el amor de Dios, Daisy! ¡Responde tu maldito teléfono!
Salto ante la dureza en su voz, y estoy sorprendida de que olvidé que
mi teléfono aún estaba sonando.
Forcejeo con el cierre del bolsillo de la parte trasera del pantalón de
montar donde guardé mi teléfono. Cuando lo saco, deja de sonar. Miro
hacia abajo en la pantalla la llamada perdida. No reconozco el número,
pero sé que es un código del área de Londres.
Mantengo mis ojos pegados a mi teléfono. No miro a Kas.
Tengo miedo de lo que voy a ver si lo hago.
Más repugnancia. Tal vez algo de repulsión.
El recuerdo hace que mis ojos piquen.
Mi teléfono suena de nuevo en mi mano, sorprendiéndome. Es el
mismo número.
Dudo y luego respondo. 119

—¿Hola?
—¿Daisy?
—¿Jesse? —Su nombre sale de mí en un suspiro.
—Sí, soy yo.
—¿Está todo... estás bien? —Mi corazón se acelera en mi pecho.
—Estoy... —vacila. Hay algo en su voz. Suena preocupado—. Estoy en
un lío.
Y mi corazón cae al suelo. Todos los pensamientos y dolores de Kas se
borran.
—Necesito tu ayuda, Mayday. ¿Puedes venir a buscarme?
Él me necesita. Me llamó Mayday.
—Dime dónde estás. Estoy yendo en este momento.
—Tengo que irme —le digo a Kas mientras lo paso sin mirarlo.
Pronuncia mi nombre. Lo ignoro y sigo caminando.
—Daisy. —Su voz es tan firme como la mano que rodea la parte
superior de mi brazo, deteniéndome.
—¿Qué? —espeto, girando para enfrentarlo.
—¿Qué demonios está pasando? —Sus cejas están fruncidas. Se ve
enojado.
Eso nos hace dos.
—Podría preguntarte lo mismo —inquiero. Entonces, de inmediato lo
lamento—. Mira… lo que sea. Tengo que irme. Despídeme si tienes que
hacerlo.
Algo destella en sus ojos, pero no me importa lo bastante en este
momento para intentar descubrir qué fue.
Libero mi brazo de su mano y luego me muevo de nuevo. 120
Oigo un gruñido detrás de mí.
—Por el amor de Dios, ¡solo espera! —grita justo antes de volver a
sujetarme el brazo, dándome la vuelta para mirarlo.
—¡No tengo tiempo para esto! —grito en respuesta.
Veo sorpresa en sus ojos y me da una dulce satisfacción.
Sí, imbécil, también puedo gritar.
—Tengo que irme. —Bajo mi voz—. Mi hermano me necesita y tengo
que irme.
—¿Jesse? ¿Está bien?
—¡No lo sé! Es por eso que tengo que ir por él. ¡Así que déjame ir!
Tiro de mi brazo y lo suelta.
Pero sus siguientes palabras me detienen.
—Te llevaré a él.
Me llevará a Jesse, ¿pero no soy lo bastante buena para besar?
Lo que sea.
Necesito ir con Jesse y aceptar que Kas me lleve me hará llegar más
rápido allí que si llamo un taxi, lo cual no sería capaz de permitirme.
—Eso sería de gran ayuda. Gracias —digo sin encontrarme con sus
ojos.
Asiente.
—Solo déjame tomar las llaves del auto.
Sigo a Kas por la casa, tomando mi bolso del armario de los abrigos
mientras alcanza las llaves de su auto de su oficina.
—¿Lista? —pregunta, entrando en el vestíbulo.
Asiento y luego lo sigo a su auto.
Estamos sentados dentro cuando me pregunta dónde ir.
Suspirando silenciosamente, descanso mi codo en la puerta y apoyo
la cabeza en mi mano. Miro por la ventana mientras las palabras de Jesse
hacen eco en mi mente después de que le hiciera la misma pregunta.
“Estoy en el mini-mart en The Broadway”.
Ni siquiera había preguntado por qué se encontraba en un
supermercado y necesitaba mi ayuda.
Tengo una idea bastante buena de porqué está allí y necesita mi
ayuda, pero realmente, en serio, no quiero que sea verdad.
Sin embargo, de cualquier manera, no importa. Si Jesse me necesita,
estoy ahí. 121

—Hay un mini-mart en The Broadway en Sutton. Ahí es donde está


Jesse.
Miro a Kas meter la dirección en su GPS. Cuando se fija, conduce.
El silencio es ensordecedor y mi mente está trabajando horas extra.
—Sé lo que estás pensando —murmuro.
—¿Lo haces? —No me mira.
—Piensas que soy más problemas de lo que valgo.
—Eso no era lo que estaba pensando.
Pero no discute que sea problemas.
Tiene razón. Podría intentar mantener mi vida limpia y libre de
problemas, pero no importa cuán duro lo intente, los problemas siempre
me encuentran.
Una parte de mí quiere preguntar qué pensaba exactamente, pero soy
demasiado cobarde para hacerlo. En su lugar, me siento en silencio y miro
por la ventana.
Kas estaciona fuera del mini-mart veinte minutos después. Se sienten
como los veinte minutos más largos de mi vida. No hablamos en todo el
camino hasta aquí. Y he estado preocupándome sobre Jesse y qué esperar
cuando entre en el supermercado.
—Gracias por traerme. —Desabrocho mi cinturón de seguridad—.
Realmente lo aprecio.
—Pareces decir eso mucho últimamente.
Le echo un vistazo. Su expresión es tensa, pero sus labios esbozan
una suave curva.
—Tienes razón. Lo he hecho. Lo siento —digo.
—También dices eso un montón.
—¿Te refieres a lo siento?
—Sí.
—Tal vez porque lo siento. No quiero ser una molestia para ti.
Exhala un cansado sonido.
—No eres una molestia. —Vuelve su rostro hacia mí, sus ojos
fijándose en los míos. Cuando habla de nuevo, parece que su boca está
llena de grava—. Honestamente, me sorprende lo que estoy dispuesto a
hacer por ti.
Eso me deja de piedra. ¿Qué quiere decir con eso?
Insegura y nerviosa, trago con fuerza.
—Bueno, aprecio todo lo que has hecho por mí. —Aparto mis ojos de 122
él y recupero mi bolso del suelo. Mi corazón late con fuerza en mi pecho—.
Una vez que haya terminado aquí y haya llevado a Jesse de vuelta a casa,
volveré directo al trabajo y me quedaré hasta tarde para compensar el
tiempo.
—No tienes que hacerlo.
¿No?
Eso lleva mis ojos de vuelta a él.
—¿No? Pero es toda una tarde de trabajo. —Y necesito el dinero. No
digo eso, por supuesto.
Kas debe leer la preocupación en mis ojos porque los suyos se
suavizan.
—Aún te pagaré por el día completo. Solo ve a ver a tu hermano,
Daisy.
Con calidez en mi corazón, curvo mis dedos en la manija de la puerta
y la abro.
—Muchísimas gracias. —Me sonrojo, dándome cuenta de que le estoy
agradeciendo de nuevo—. Supongo que te veré mañana.
—Mañana —dice.
Salgo del auto y cierro la puerta.
Observo a Kas alejarse conduciendo.
Sus palabras hacen eco en mi mente. “Honestamente, me sorprende lo
que estoy dispuesto a hacer por ti”.
Mi estómago gira y se aprieta. ¿Qué diantres en tierra quiso decir con
eso?
Pero, ahora mismo, no tengo tiempo para pensar en lo que quería
decir. Tengo que llegar a Jesse.
Respirando profundamente, me preparo y luego entro en el
supermercado.
Miro alrededor, esperando ver a Jesse. Por supuesto, no lo hago.
Si hizo lo que creo, entonces estará en el parte de atrás con el
encargado de la tienda.
Por favor, que no hayas robado, Jesse.
He estado aquí para comprar comestibles un par de veces. Las cajas
registradoras están a mi izquierda. Hay gente siendo atendida. Realmente
no quiero ir allí y preguntar por Jesse. Busco un guardia de seguridad,
pero no hay ninguno.
Entonces, veo a un chico joven rellenando los estantes del pasillo de
galletas. Me acerco a él.
—Disculpa. Recibí una llamada de mi hermano, Jesse. Dijo que
123
estaba aquí. —Dejo que mis palabras se desvanezcan, no muy segura de
qué más decir.
Algo desagradable aletea en su mirada y entonces comenta:
—Ven conmigo.
Pone el paquete de galletas que estaba en su mano de nuevo en la
caja y empieza a alejarse hacia la parte trasera de la tienda. Lo sigo.
Se detiene junto a una puerta, pasa un llavero y la abre. La sostiene
abierta para que pase primero.
—Están en la oficina del encargado —indica, dejando que la puerta se
cierre detrás de nosotros.
¿Oficina del encargado? Mi estómago se revuelve.
Lo sigo por un corto pasillo. Se detiene fuera de una puerta y toca
antes de abrirla.
—La hermana está aquí —explica a quien haya en la habitación.
Entonces, se hace a un lado, permitiéndome entrar.
Un tipo —diría que a finales de los treinta—, está sentado detrás de
un escritorio. Supongo que es el encargado de la tienda. Un tipo más
grande en un uniforme de seguridad está de pie junto a la pared y, cerca
de él, Jesse está sentado en una silla.
Sus ojos se encuentran con los míos. Veo un atisbo de alivio mezclado
con miedo en ellos.
—¿Señorita Smith? —dice el encargado, poniéndose de pie.
Me adentro más en la habitación, cerrando la puerta detrás de mí.
—Daisy —le digo.
—Soy Jeff, el encargado. Por favor, siéntate. —Hace un gesto a la silla
enfrente de su escritorio.
—¿Puedes decirme que ocurre aquí, Jeff? —Intento mantener mi tono
plano. Me siento y sostengo mi bolso en mi regazo.
—¿Eres la tutora de Jesse? —me pregunta Jeff.
Echo un vistazo a Jesse. Sus ojos están suplicando.
—Así es. —Me trago mi mentira, mirando de nuevo a Jeff.
—De acuerdo, bien, siento decírtelo, pero tu hermano fue atrapado
robando por Brett. —Inclina su cabeza en la dirección del guardia de
seguridad, que está de pie junto a Jesse.
Pero no puedo mirar a Brett, el guardia de seguridad. Todo lo que
puedo hacer es mirar a Jesse, que mira a todos lados excepto a mí. Con un
bulto en mi garganta y una sensación de náuseas en mi estómago, sé que
esto es mi culpa. 124
—No llamé a la policía porque pensé que podíamos tratar con esto
internamente.
El alivio que siento es inmenso.
Aparto mis ojos de Jesse y miro de nuevo a Jeff.
—Muchísimas gracias —agradezco con sinceridad.
—Bien, después de que Jesse dijera que sus padres habían muerto en
tan trágicas circunstancias y que estaba bajo tu tutela… no quería darle al
chico, o a ti, más dolor con el que tratar. Y creo que entiende que cometió
un estúpido error.
“Sus padres habían muerto en tan trágicas circunstancias”.
Un padre, y no fue exactamente una trágica circunstancia. ¿Cuándo
se volvió tan bueno mintiendo?
Mis ojos se mueven a Jesse. Me sorprende que en realidad me mire.
Pero preocupación aprieta mi estómago cuando veo el atisbo de desafío en
sus ojos. Casi como si me retara a descubrir su mentira.
Tragando saliva, miro de nuevo a Jeff.
—¿Qué robó?
—Un pack de seis de cerveza Kestrel.
Alcohol.
Está robando y bebiendo.
Jesucristo.
—Lo siento mucho. —Pongo mis manos en modo de rezo—. Nunca ha
hecho algo así antes. Solo… ha tenido un tiempo difícil últimamente. No es
que lo esté excusando, porque no es así. —Echo un vistazo a Jesse de
nuevo. Manteniendo mis ojos sobre él, hablo con Jeff—: Dijiste que querías
tratar con esto internamente. —Miro a Jeff—. ¿Qué propones?
En mi periferia, veo a Jesse sentarse un poco más recto.
—Bueno, el exterior de la tienda podría necesitar una buena limpieza.
Perdimos a nuestro limpiador hace un tiempo y no he podido contratar
una nuevo. Así que, tal vez Jesse podría venir mañana después de la
escuela y limpiar las ventanas, y lo dejaremos así. ¿Cómo suena eso?
—Perfecto —aseguro antes de que Jesse pueda hablar. Poniéndome
de pie, cuelgo mi bolso de mi hombro—. No podré acompañarlo, ya que
trabajo hasta las seis. Pero te daré mi número en caso de que lo necesites.
Si Jesse no se presenta, tienes mi permiso para llamar a la policía y
reportar el intento de robo.
Jeff me sonríe y me entrega un cuaderno y un bolígrafo. Garabateo mi
número y se lo devuelvo.
Entonces, me vuelvo hacia Jesse. 125
—Vamos. —Le doy un movimiento de cabeza y luego me vuelvo hacia
la puerta.
Le oigo seguirme.
No hablo hasta que estamos fuera.
Me detengo abruptamente y me vuelvo hacia él.
—¿En qué demonios pensabas? —Lanzo mis manos en el aire.
Ese desafío, mezclado con buena vieja ira y resentimiento, destella en
sus ojos.
—Pensé en unirme al negocio familiar.
—¡Esto no es una broma, Jesse! ¡Tuviste suerte de que no llamara a
la policía!
Dobla sus brazos y me frunce el ceño.
—Tal vez quería que lo hiciera. He oído que la prisión es cómoda.
Podría ser mejor que donde estoy ahora.
Mis ojos se amplían y el miedo golpea mi corazón contra mi pecho.
—No tienes ni idea de lo que estás hablando —espeto.
—¿No? Entonces, ¿por qué no me lo dices? —desafía.
—Porque no necesitas saberlo. —Levanto mis ojos a los suyos,
intentando expresar mis sentimientos—. Ningún niño necesita saber cómo
es estar en prisión.
Sus cejas se fruncen con ira.
—No soy un niño —dice rechinando los dientes.
—¡Sí, lo eres! —exclamo con brusquedad—. ¡Eres mi niño! —Las
palabras salen antes de que pueda detenerlas.
Sus ojos se encienden con algo que hace que mi estómago se retuerza.
—¡No soy tu niño! —grita—. ¡No tengo padres!
Algo se rompe dentro de mí y no me importa que haya gente alrededor
escuchando.
—¡Sí, lo eres! ¡Me tienes! —Golpeo una mano contra mi pecho—.
Sobre el papel, podría ser tu hermana, ¡pero te crie, Jesse! ¡Cambié tus
pañales! ¡Te alimenté! ¡Te vestí! ¡Te cuidé cuando estabas enfermo! ¡Te leí
cuentos para dormir! ¡Fui a todos tus partidos de la escuela! ¡Yo te crié!
—¡Y luego jodidamente me dejaste! —ruge.
El dolor en sus palabras es muy aparente y retrocedo un paso, como
si un cuchillo atravesara mi pecho. Ni siquiera puedo regañarlo por
maldecir. En el gran esquema de las cosas, que Jesse diga una maldición
126
no es nada.
Está herido. Por mí.
—Te… fuiste —susurra.
Y el dolor en sus palabras solo se intensifica, como si el cuchillo en mi
pecho fuera retorcido.
—Jesse, —doy un paso más cerca de él—, tienes que saber que no
quería irme. Habría hecho cualquier cosa para quedarme contigo.
Cualquier cosa.
Sus ojos se mueven a los míos.
—Pero no lo hiciste, ¿no es así, Daisy? Robaste de ese lugar, sabiendo
cuáles serían las consecuencias. ¿O simplemente no te importó? ¿O fuiste
tan arrogante que pensaste que no te atraparían?
Aún piensa que soy culpable. Incluso ahora. A pesar de que le dije en
persona que era inocente, todavía no me cree.
No puedo expresar el tormento que siento ante eso.
Envuelvo mis brazos sobre mi pecho. Mis palabras salen en voz baja.
—Me conoces, Jesse. No soy una ladrona. En el fondo de ti, sabes que
no robé esa joyería. Sabes que nunca habría hecho algo así.
No se encuentra con mis ojos y deja escapar un sonido de burla. Eso
enciende algo dentro de mí.
—Puedes engañarte creyendo que es la verdad, que soy una ladrona
que nunca se preocupó por ti, porque crees que justifica tu ira y tu
comportamiento actual. Pero sabes que no es verdad. Sabes que nunca
habría hecho nada para arriesgarme a perderte.
Dirige su mirada a la mía. No puedo leerla.
—¿Por qué debería creerte? —Su voz aún es impasible.
—Porque nunca te he dado una razón para no creerme. Estuve allí,
Jesse… a través de todo. Nunca me alejé. La única razón por la que me fui,
fue porque me llevaron sin opción. Pero estoy de vuelta ahora. Estoy aquí y
no voy a ninguna parte. Nunca me iré. Nunca permitiré que nadie me aleje
de nuevo. Pero tienes que dejarme entrar. Por favor.
Suspirando, aleja la mirada y se pasa una mano por el cabello.
Cuando me mira de nuevo, veo que la dureza en sus ojos se ha suavizado.
—¿Por qué no me dejaste ir a verte a prisión? —pregunta en voz baja.
Soy transportada años atrás. Suena justo como el chico que recuerdo.
Mi corazón se rompe en este momento. No puedo evitar las lágrimas
que llenan mis ojos.
Mordiéndome el labio, limpio las lágrimas con mis dedos.
—Porque no quería que vinieras a ese lugar… que me vieras así. Pero
127
eso no significa que no pensara en ti todos los días. Pensar en ti fue lo
único que me hizo superar esos dieciocho meses.
Extiendo una mano para tocarlo, pero la retiro, insegura de si quiere
que lo toque.
Sus ojos están en el suelo. Exhala un aliento que suena cansado.
—Tengo que irme —susurra, jugando con el cemento con su zapato.
—¿Puedo acompañarte a casa?
Niega, sus ojos todavía en el suelo.
—Pero… puedes llamarme más tarde, ¿si quieres?
Mi corazón se dispara y no puedo evitar la sonrisa que se extiende por
mi rostro.
—Me encantaría.
Jesse levanta sus ojos a los míos. Aparta su crecido cabello de ellos.
—Genial. Bien, supongo que hablaremos más tarde entonces.
—Definitivamente.
Miro a Jesse alejarse con una esperanza en mi corazón que no me he
atrevido a permitirme sentir en mucho tiempo.
Sintiéndome más feliz de lo que he hecho en mucho tiempo, tarareo
con la canción que ha estado pegada en mi cabeza toda la mañana… “I
Hate You, I Love You” de Gnash.
Estoy feliz porque llamé a Jesse anoche y hablamos durante mucho
tiempo.
No lo hemos arreglado, ni mucho menos, pero estamos hablando, y
eso es más de lo que tenía en este momento ayer.
Jesse comentó que me llamaría esta noche después de que terminase
de limpiar las ventanas del supermercado. Espero que me deje verlo este
fin de semana, pero no estoy elevando demasiado mis esperanzas. Solo
estoy feliz de tener este contacto con él.
Actualmente estoy de camino a la oficina de Kas. Tengo un café en
una mano y una bolsa de magdalenas en la otra, que compré en la
panadería junto a la estación. En realidad, no sé si a Kas le gustan las
magdalenas, pero solo quiero agradecerle por ayer. ¿Qué dice gracias 128
mejor que esponjosas delicias?
Estoy eligiendo olvidar el hecho de que casi nos besamos después de
nuestro paseo a caballo y también elijo olvidar su reacción… el asco.
Siento una punzada de dolor en mi pecho.
De acuerdo, así que, claramente, no lo he olvidado por completo. Pero
me ayudó mucho ayer. Lo dejó todo para llevarme con Jesse. Me dejó tener
la tarde libre.
¿Y qué si piensa que no soy lo bastante buena para besar, que estoy
por debajo de él o lo que sea?
No importa. Me ayudó a llegar a Jesse y eso es todo lo que me
importa.
Y es bueno que no nos besáramos. Un beso habría complicado las
cosas y posiblemente puesto mi trabajo en riesgo.
Necesito este trabajo. Ahora más que nunca.
Al llegar a la oficina de Kas, toco a la puerta.
Sin respuesta.
Me pregunto dónde está. No está en ningún otro lugar de la casa que
yo conozca. Tal vez está fuera corriendo.
¿Debería ir a buscarlo, para poder dárselas? O simplemente podría
dejarlas en su oficina.
Sí, las dejaré en su oficina. Será una agradable sorpresa para él.
Con la decisión tomada, muevo el pomo de la puerta y me permito
entrar.
Su oficina está impoluta, como siempre. Apenas limpio aquí porque
no me lo permite, así que no puedo tomar el crédito por la higiene.
Me acerco a su escritorio y pongo la bolsa de magdalenas y el café
abajo.
Tomo sus notas y bolígrafo.
KAS,
GRACIAS POR AYER.
DAISY
¿Debería poner un beso?
No, eso sería demasiado raro. Especialmente después de ayer.
Dejándolo como está, retiro la nota del bloc y la pego delante de la
bolsa de magdalenas.
Acabo de dejar el bolígrafo cuando una puerta a mi izquierda se abre 129
y entra Kas.
Sus ojos se amplían sobre mí. Rápidamente cierra la puerta detrás de
él.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Sus palabras son rápidas y bruscas.
—Te estaba dejando un café y magdalenas de agradecimiento. Toqué,
pero no hubo respuesta. —Mis ojos van a la puerta delante de la que está
Kas, como un guardia.
¿Esa puerta siempre ha estado ahí? No recuerdo verla antes.
—Bien, si no hay respuesta cuando tocas a una puerta, generalmente
significa que no hay nadie, y vuelves más tarde. No es una puta invitación
a entrar. —Su tono es grosero.
Me molesta.
Y realmente odio cuando maldice ante mí.
—¿En serio? —Mis ojos vuelven a él—. Tengo que entrar en
habitaciones de esta casa para limpiarlas y tienen que estar vacías para
que eso suceda.
—¿Venías aquí a limpiar?
—No, pero…
—Pero ¿qué? —espeta.
—Solo quería agradecerte. —Mi voz se eleva una octava.
Sus ojos se amplían y luego van al café y la bolsa en su escritorio. Los
mira con fijeza por un largo momento.
Mi pulso late con fuerza en mi cuello y me siento caliente.
Muy lentamente, lleva sus ojos de vuelta a los míos.
—Bueno, me has agradecido y, ahora, puedes irte.
Me siento estúpida.
No sé lo que esperaba de traerle un pequeño regalo de
agradecimiento. Tal vez una sonrisa. Un: No tenías que hacerlo. No
esperaba que fuera un idiota.
¿Por qué me sorprendo?
Este es quien es… Kas-túpido.
Honestamente, no sé por qué me molesté.
Que le jodan.
Estoy a punto de darme la vuelta e irme, pero mis ojos se quedan en
esa puerta que aún está protegiendo como un centinela.
¿Por qué no recuerdo esa puerta? He estado aquí varias veces antes y
no la recuerdo ahí. Y las puertas no solo aparecen mágicamente. 130
Asiento hacia la puerta.
—No me mostraste esa habitación en mi recorrido de este lugar. ¿Es
una habitación que necesite limpiar?
—No —espeta, su tono bajo y oscuro.
Algo ha cambiado en su expresión. Aún se ve enojado, pero también…
incómodo. Está ahí en sus ojos.
Su inquietud llama mi atención, porque una cosa que Kas nunca
está, es incómodo.
¿Arrogante? ¿Malo? ¿Enojado? ¿Un imbécil? Sí, todas esas cosas.
Pero nunca incómodo.
—De acuerdo. —Doy un paso atrás. Me giro para irme.
Su voz golpea mi espalda cuando llego a la puerta.
—Mi oficina está fuera de los límites para ti ahora. No quiero que
vengas aquí. Nunca.
Me detengo en el umbral de la puerta y me vuelvo hacia él.
—Sí, señor Matis. —Incluso hago una reverencia, solo para ser una
perra.
Frunce el ceño. Y, con oscuridad en su rostro y sus ojos, se aleja de
mí.
Agarro el pomo de la puerta y empiezo a cerrar. Pero no antes de ver a
Kas sacar una llave de su bolsillo y ponerla en la misteriosa puerta para
cerrarla.
*
Una hora después, tengo mi cabeza dentro del horno, limpiándolo,
cuando oigo pasos entrar en la cocina.
Sé que es Kas por sus pisadas.
¿Cuán triste es eso? Que lo conozca por el sonido de sus pasos.
Bien, lo que sea.
Aún estoy molesta con él. Es un imbécil y lo estoy ignorando. No estoy
de humor para ser gritada de nuevo.
Su presencia vuelve a prender la llama de mi ira y se está
convirtiendo en un furioso infierno.
Continúo fregando el horno, probablemente más duro de lo necesario.
—Daisy —pronuncia mi nombre suavemente.
Su voz es como un gentil roce de dedos sobre mi piel, la cual estalla
en piel de gallina.
¿Por qué me afecta tan fácilmente?
131
Es molesto. Es un imbécil. Un gran imbécil que me grita todo el
tiempo.
Tensando la espalda, ignoro mi traidora piel y lo ignoro a él.
Oigo su ruidoso suspiro detrás de mí.
—Daisy… antes… he actuado como un completo imbécil. Lo… siento.
¿Qué?
Mi cabeza se alza con mi sorpresa ante su disculpa y la golpeo contra
el techo del horno.
—¡Mierda! —Hago una mueca. Dejando caer la esponja de limpiar, mi
mano cubierta por un guante de goma va inmediatamente a mi cabeza.
Salgo del horno, frotando el lugar adolorido.
—¿Estás bien? —La voz de Kas viene de cerca detrás de mí.
—Estoy bien —resoplo.
—¿Segura?
—Segura. —Sin mirarlo, voy hacia el fregadero.
Me quito los guantes de goma con más fuerza de la necesaria. Los
lanzo al lado del fregadero y empiezo a lavarme las manos.
Podría haber dicho que lo siente, pero aún estoy enojada, y creo que
tengo derecho a estarlo.
Claro, paga mi sueldo, pero eso no le da el derecho a ser un tremendo
idiota conmigo el noventa por ciento del tiempo. Eso anula todas las veces
que ha sido amable conmigo. Y su patética disculpa resultó en que me
golpeara la cabeza. Así que, sí, está eso también.
Lo oigo moverse y entonces está a mi lado, su espalda apoyada contra
la encimera de la cocina. Curva sus dedos en el borde.
No lo miro. Sigo enfocada en lavarme las manos, que ya están limpias.
Solo necesito algo que hacer con mis manos o podría hacer algo loco, como
estrangularlo.
—Daisy…
Cierro el grifo y tomo una toalla de mano de la encimera. Alejándome,
me seco las manos.
Necesito la distancia.
Estoy harta de que pase de caliente a frío. Estoy cansada de que me
grite. Y de él tratándome con amabilidad un minuto y como si tuviera la
peste al siguiente.
Claro, ha venido aquí y se ha disculpado, y de nuevo, siendo un
idiota. No me entiendas mal; la disculpa es una primera vez y una
sorpresa. Pero he tenido suficiente de sus imbecilidades.
El silencio entre nosotros se alarga. He secado de sobra mis manos. 132
Ahora, estoy contando los azulejos de la pared.
Finalmente, no puedo soportarlo más. Arrojo la toalla a la encimera y
me vuelvo para mirarlo.
—¿Hay algo que necesites que haga?
Eso es, Daisy. Mantenlo relacionado con el trabajo. No lo hagas
personal.
¿Es personal?
Kas me mira con cautela. Entonces, inclina su cabeza en dirección a
la bolsa de magdalenas que le traje, la cual está ahora en el centro de la
isla.
—Puedes ayudarme a comer esas. —Sus palabras son suaves, pero
inefectivas.
—No, estoy bien. ¿Algo más?
Me mira con fijeza, sorprendido y también como si no estuviera
seguro de qué hacer ahora.
¿Qué creía que iba a ocurrir? Que caería a sus pies y diría: ¡Sí, Kas! Por
supuesto que quiero ayudarte a comer esas magdalenas que te traje y puse
en tu oficina antes de que me gritaras.
Improbable, imbécil.
—¿Hay algo más que necesites? —insisto.
Estoy insistiendo porque quiero salir de aquí y alejarme de él.
Sus cejas se fruncen con consternación.
—No.
—De acuerdo. Bueno, tengo que trabajar, así que… —Me doy la vuelta
y voy hacia la puerta.
—En realidad…
Su bajo tono me detiene en seco y, despacio, me vuelvo para
enfrentarlo.
Se aparta de la encimera y camina hacia delante, deteniéndose junto
a la isla. La mirada en sus ojos hace que mi corazón golpee contra mi caja
torácica. Apoya su cadera contra la isla y se cruza de brazos. Ignoro cuán
bien lucen sus brazos estirados sobre ese magnífico pecho suyo.
Magnífico pecho. ¿Me has oído?
Te desagrada, ¿recuerdas, Daisy?
—Cambié de idea —dice—. Hay algo que puedes hacer por mí.
Frunzo el ceño.
—¿Qué es? 133
—Puedes aceptar mi jodida disculpa.
Me río.
Realmente me río.
Frunce el ceño con enojo.
Todavía riendo, digo:
—Realmente necesita trabajar en sus disculpas, señor Matis.
Eso hace que su ceño se profundice.
Cansada de esta conversación y de él, me vuelvo y empiezo a irme,
pero me detiene… esta vez, con una mano en mi muñeca.
Sorprendida de que haya cruzado la cocina tan rápido, me doy la
vuelta de nuevo y me encuentro mirando en sus lívidos ojos negros.
—¿Qué estás haciendo? —espeto.
Pero es como si no me oyera.
—¿Qué mierda quieres de mí? —dice bajo y rabioso.
Tomada desprevenida por sus palabras, respondo:
—Nada. No quiero nada de ti. —Entonces, como un chasquido de
dedos, cambio de idea—. En realidad, quiero algo de ti. ¡Quiero que dejes
de gritarme! —Es divertido que diga eso porque le estoy gritando ahora
mismo—. ¡Quiero que dejes de ser un idiota conmigo! ¡Quiero que dejes de
pasar de caliente a frío con tus cambios de humor! Quiero que me trates
como a un ser humano… ¡todo el tiempo y no solo parte de él! Quiero…
No logro terminar esa frase. Mis palabras son cortadas por su boca.
Porque el bastardo me besa.
En realidad, planta sus labios sobre los míos y me besa.

134
Él me está besando.
Santa mierda. Kas me está besando.
¡Él me está besando!
Toma la quinta parte de un segundo para que pase la conmoción.
Luego, la sensación de sus labios contra los míos se registra, y la suerte
está echada.
Mi mano libre encuentra su camino hacia su pecho, dedos
enrollándose en su camisa. Separo mis labios con un suave gemido. Se
aprovecha de eso y desliza su lengua en mi boca, besándome más
profundamente. Y devuelvo lo mejor que puedo.
Kas me apoya en la pared, su boca todavía firmemente en la mía.
Su mano agarra mi muñeca. Sujeta mi brazo a la pared y luego mete
la mitad inferior de su cuerpo con el mío. Atrapándome. No es que esté
buscando escaparme pronto. O alguna vez.
135
Y, santo infierno... está duro. Puedo sentir su erección clavándose en
mi estómago.
Lo puse duro con solo un beso.
¡Viva, yo!
La sensación de él duro y presionado contra mí con su lengua
barriendo deliciosos golpes sobre la mía me tiene retorciéndome. Estoy
bastante segura de que mis bragas también están húmedas.
Dios, el hombre puede besar.
Podría escribir canciones sobre cuán bien puede besar.
Pero eso sería extraño. Y, también, no puedo escribir ni mierda.
Kas baja mi muñeca y sostiene mi rostro con ambas manos, y luego
inclina mi cabeza para que pueda besarme exactamente como él quiere. Y
no tengo absolutamente ningún problema con eso.
Deslizo mis manos alrededor de su espalda, queriendo sentirlo, sólido
y fuerte bajo mis dedos.
Su lengua barre mi labio inferior, haciéndome gemir y moverme
contra él.
Siento un estremecimiento correr a través de él, y se presiona aún
más fuerte contra mí.
—Joder, cariño —gime antes de tomar mi boca de nuevo.
Me besa con más intensidad, bordeando en la locura.
Y yo le correspondo caricia por caricia.
Nos estamos jalando el uno al otro, ambos tomando lo que
necesitamos.
Básicamente jodiendo el infierno en la boca del otro.
Todo él está contra mí, y, aun así, no me siento lo suficientemente
cerca.
Quiero más de él. Quiero todo de él.
Engancho mi pierna alrededor de la suya. Su mano deja mi rostro y
se desliza hasta mi muslo. Él levanta mi pierna más alto, enganchándola
alrededor de su cadera.
Desplaza la parte inferior de su cuerpo, moliéndose contra mí.
Justo en el mismo lugar donde lo necesito. El lugar que está rogando
por su toque.
Sus dientes rozan sobre mi labio inferior cuando empuja contra mí.
—Sí, Kas —gimo.
Y ahí es cuando todo cambia. 136
O se detiene. O va mal.
No estoy muy segura de lo que sucede. Todo lo que sé es que él ya no
se mueve, ya no me besa.
Se echa hacia atrás, mirándome como si ni siquiera me conociera. Sin
saber por qué está aquí.
Sus cejas se juntan, y aprieta sus ojos cerrándolos. Luce como que
está sufriendo.
Una fría, sensación enfermiza se filtra en mi estómago.
Mis manos caen de él.
Sus ojos se abren. La mirada que veo en ellos... arrepentimiento.
Maldito arrepentimiento.
Siento como si hielo acaba de ser derramado sobre mí, los fragmentos
agudos y punzantes contra mi piel.
Su mano se desliza de mi muslo, dejando caer mi pierna al suelo. El
sonido de mi zapato golpeando el suelo de baldosas es fuerte en este
doloroso silencio.
Se aleja de mí.
Mi pecho se hunde.
—Kas...
Él gira sobre su talón y se aleja, dejándome aquí.
¿Qué?
Me hundo de nuevo contra la pared implacable.
¿Que acaba de suceder?
Estábamos aquí y nos besábamos, y fue increíble. Quiero decir, él
parecía estar disfrutando. Y luego... parecía que ni siquiera sabía por qué
me estaba besando, y se alejó sin decir una palabra.
No lo entiendo.
O…
Tal vez sólo recordó exactamente a quién estaba besando.
Oh Dios.
Me siento enferma.
Realmente piensa que estoy por debajo de él.
Tal vez lo estoy.
Soy muy pobre. Recién salida de la cárcel. Llevo más equipaje que el
aeropuerto de Heathrow.
Soy basura.
¡Soy su ama de llaves, por el amor de Dios! 137

Mis ojos comienzan a picar con lágrimas. Las presiono con las palmas
de mis manos.
Kas es apuesto y rico. Sí, él es un imbécil el noventa por ciento del
tiempo, pero la gente rica llega a ser imbécil.
Entonces, ¿por qué en el mundo un tipo como él quiere una chica como
yo?
Él no lo haría... claramente.
Obviamente se perdió en el momento. Yo era una manera fácil de
pasar unos minutos.
¿Y no lo dejé? Hubiera tenido sexo con él si lo hubiera pedido.
Jesús. Soy tan tonta.
Mi cara comienza a arder con vergüenza y humillación.
¿Nunca aprendo? ¿No me quemé lo suficiente por el último hombre al
que dejé acercarse?
Y besarlo a él, de todas las personas... mi jefe.
Pero fue él quien me besó. No fue como si yo me lanzara contra él. Él
lo inició. Y luego actuó como un caso mental después.
Un completo idiota.
Es decir, ¿quién hace eso? ¿Quién besa a alguien y luego se aleja?
Un estúpido, eso es quién.
Kas-túpido.
Bien, que se joda.
No necesito su mierda.
Sólo necesito este trabajo.
Tomo unos cuantos tragos de aire, pero el aire aquí sólo se siente
grueso y pegajoso, y todo lo que puedo oler en mi piel es a Kas. El olor de
su maldita loción de afeitar.
Enderezándome, me empujo de la pared y mi cabeza hacia la puerta
trasera… en dirección exactamente opuesta por donde Kas se fue.
Sólo necesito salir, tomar aire fresco. Aclarar mi mente. Averiguar
cómo manejar esta monumental cagada.
Me dirijo hacia atrás y alrededor del lado de la casa, necesitando algo
de tranquilidad.
Me apoyo contra la casa y descanso mi cabeza.
Suspirando, cierro los ojos. Pero cuando lo hago, todo lo que pasa es
que veo a Kas besándome. Recuerdo la sensación de sus labios en los
míos, como si estuviera sucediendo de nuevo en este momento. 138

Lo quiero. Odio admitirlo, pero es verdad.


Podría no gustarme Kas, y tal vez quiera darle un puñetazo en las
bolas. Pero lo quiero.
¿Cómo se jodió esto?
Pero no puedo tenerlo porque sería la peor idea del mundo, y él no me
quiere.
Lo dejó perfectamente claro cuando se apartó de mí, me miró con
arrepentimiento, y luego se alejó sin decir una palabra.
Respiro a través del dolor de su rechazo.
¿Cómo se supone que debo olvidar la forma en que sabe, la forma en
que besa, la forma en que se siente bajo mis manos?
¿Cómo voy a verlo todos los días después de esto?
Lo haré porque no tengo elección. Él no me quiere, pero hay cosas
más importantes en juego que mis sentimientos lujuriosos por Kastor
Matis.
Y fue simplemente un beso. Un miserable beso.
Solo... que este no se sentía como simplemente un beso.
—Hola, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Estás evitando trabajar? ¿O
simplemente escondiéndote de Kas? —El sonido de la risueña voz de
Cooper me saca de mis pensamientos.
Mis ojos se abren. Por un segundo, entró en pánico y creo que él sabe
lo que acaba de suceder en la cocina con Kas y conmigo, pero él no pudo.
Quitándome la sensación, me empujo de la pared y fuerzo una
sonrisa.
—Hola, Cooper. Ninguno de los dos. Solo tomando un minuto.
Él me da una mirada cómplice.
—¿Te está dando Kas un mal rato de nuevo?
¿Kas me está dando un mal rato? Bueno, fue definitivamente duro hace
unos minutos.
Antes de que él se diera cuenta de por quién se estaba poniendo duro.
Eso moja con agua fría el recuerdo.
—No más de lo habitual. —Envuelvo mis brazos alrededor de mi
pecho—. ¿Qué haces aquí arriba? —le pregunto.
—Me quedé sin leche. —Él sonríe.
—Siempre te estás quedando sin leche. ¿Ustedes sólo viven en tazas
de té? 139

—Y galletas.
—No puedo olvidar las galletas. ¿Te has quedado sin ellas también?
Su sonrisa se profundiza.
—Por suerte para ti, hay leche en la nevera y un montón de galletas
en la despensa. Las tomaré por ti.
—Antes de que lo hagas. —Me detiene con una mano en mi brazo, que
rápidamente quita. —Yo, um... quería preguntarte... —Él se mueve en sus
pies, pasando una mano por su cabello, evitando mis ojos—. Bueno, ¿me
preguntaba si querrías tomar algo el jueves por la noche?
—¿Con todos los chicos? Por supuesto. —Sonrío ante la idea de ser
invitado a una de sus salidas.
—En realidad... —Levanta sus ojos a los míos—. Quiero decir, solo tú
y yo.
—Oh. —Oh.
—Quiero decir, es genial si no quieres...
—No, está bien. —¿Lo es?—. Quiero decir, claro. Sí. —Daisy... ¿qué
estás haciendo?
Sus ojos se iluminan, sus labios se elevan en una gran sonrisa.
Mierda, ¿qué estoy haciendo? Me gusta Cooper... pero Kas... y ya he
dicho que sí.
—Sí —repito con una sonrisa.
Su sonrisa se profundiza.
—Genial. Bien, ¿qué tal si me das tu número, y puedo enviarte un
mensaje para arreglarlo.
—Por supuesto. Pero, primero, déjame que te traiga la leche y las
galletas. —Y golpear mi cabeza contra la pared mientras estoy en ello.
Lo dejo entrar primero. Mirándolo a la vuelta de la esquina, dejo
escapar un leve gemido.
Jesucristo, Daisy, ¿a qué demonios estás jugando?
Ser besada por Kas, y luego Cooper me invita a salir en una cita, todo
en el espacio de veinte minutos.
Gran trabajo, Daisy. Realmente, bien hecho.
Creo que escucho movimiento en el balcón de Kas. Levanto mi cabeza
rápidamente. Me muevo de nuevo para obtener una visión clara, pero
nadie está allí, y la puerta corrediza de su dormitorio está cerrada.
Debe haber sido un pájaro o la brisa o algo así.
—¿Daisy? ¿Vienes o qué? —La alta voz de Cooper viene de la parte 140
trasera de la casa, regresándome al ahora.
Suspirando, le digo:
—Sí, ya voy.
—Siéntate quieta, ¿quieres? Honestamente, Daisy, eres peor que
algunos de los niños cuyo cabello tengo que cortar.
—Lo siento. Simplemente no sé si es buena idea hacer ese esfuerzo
con mi cabello cuando no estoy realmente segura que debería salir con
Cooper. No quiero arreglarme y darle una idea equivocada.
Cece baja el rizador, y me da una mirada fija en el espejo.
—Uno, es tu primera cita desde que saliste de... —duda—… ese lugar.
Cece no se refiere a eso como prisión. Creo que piensa que me
molestará si menciona la cárcel, pero no lo hace. Honestamente, creo que
le molesta más, el hecho que haya estado allí y no podía hacer nada para
ayudarme.
—No es una cita, Ce. Somos sólo amigos y compañeros de trabajo que
van a tomar algo.
Me da una mirada.
141
—Él te pidió que salieran. Es una cita. ¿Y por qué crees que no
deberías salir con él?
Resoplo.
—Porque me lo preguntó literalmente minutos después que tuviera mi
lengua en la garganta de mi jefe, y no estaba pensando exactamente en
eso.
Mi estómago se retuerce en placer y dolor por el recuerdo.
No he visto a Kas desde que se alejó de mí ayer.
Después de entrar en la casa con Cooper, después de aceptar
desastrosamente su oferta de ir a tomar una copa, estábamos en la cocina,
y oí la puerta principal cerrarse de un golpe. Entonces, el auto de Kas
aceleró ruidosamente.
No regresó a casa por el resto del día. Y no estuvo en casa ayer ni hoy.
No sé dónde ha estado. Pero sí sé que me está evitando.
Lo sé porque su cama estaba claramente desordenada las dos
noches. Tuve el placer de hacerla, ambas mañanas.
Obviamente, se levantó temprano y se fue antes que yo llegara a
trabajar, y se quedó fuera hasta que me fui.
Al principio, me sentí aliviada, porque me salvó de una conversación
incómoda. Pero, una vez que el alivio se fue, la ausencia comenzó a
doler. Y todo sirvió para recordarme por qué dejó de besarme en primer
lugar.
Y esto de ir a tomar unas copas con Cooper es estúpido. Tengo
suficientes problemas con un chico en el trabajo, sin mezclarme con otro.
—Voy a cancelarle a Cooper —digo con decisión, agarrando mi
teléfono, que está en el tocador donde estoy sentada.
—No te atrevas, Daisy May Smith. —Mi mano se detiene sobre el
teléfono, mis dedos se curvaron alrededor—. Deja el teléfono, Mayday. —
Hay un tono impenetrable en su voz.
Dándole una mirada fea, lentamente aparto mi mano del teléfono.
—No, escúchame. Por encima de cualquiera, mereces una noche
libre. Después de todo lo que has pasado, te debes una noche con un buen
chico que también es sexy. Y australiano. Así que, ya sabes, su acento. —
Sonríe.
—De acuerdo, tienes puntos por el acento. Pero dije guapo. No sexy.
—Es lo mismo.
—Jason era sexy. —Ella me frunce el ceño—. Y pensaba que era un
buen tipo —continúo—. Mira dónde me llevó eso.
Su ceño se desvanece rápidamente.
142
—Jason es una plaga en la sociedad. Una pérdida de perfectamente
buen aire. Odio a esa basura y le deseo lo mejor en el infierno cuando lo
envíe allí. Pero así no son todos los hombres, nena. No quiero que lo que
pasó con ese idiota haya arruinado a todos los hombres. Y no estoy
sugiriendo que tienes que tener una relación con Cooper o incluso confiar
en él de inmediato. Pero quiero que salgas a divertirte. Deja que alguien te
invite un trago o una cena, en este caso, sólo un trago. Te lo mereces,
Dais.
—Lo sé. —Suspiro—. Pero se siente mal.
—¿Por causa de Kas?
Cece sabe todo lo que ha pasado entre Kas y yo. La he mantenido al
tanto de todos los acontecimientos de mi vida. Es mi mejor amiga. Le
cuento todo.
Lo curioso es que cuando le dije que Kas y yo nos besamos, no
pareció sorprendida.
Cuando le pregunté por qué, dijo, y la cito: "No me sorprende, porque
nunca te he visto tan fuera de quicio por un chico antes, así que, era obvio
que te gustaba. Y, bueno, tú eres tú. Así que, por supuesto que él iba a
querer seducirte”.
Así que, al parecer, soy obvia y objetivo de seducción.
Simplemente no el objetivo de Kas.
Estoy por debajo de él. Y no en el buen sentido.
Suspiro.
—Sí. Quiero decir, nos besamos, y luego acepté salir con
Cooper. Simplemente se siente mal.
—Kas te dejó mal. Lo siento —añade por mi mueca—. Pero él actuó
como un idiota. No le debes nada. Y definitivamente no tienes nada por lo
que sentirte extraña.
—Sé que tienes razón, pero sigo sintiéndome extraña. Y sé que me
está evitando. —Bajo los hombros.
Pone el rizador sobre la mesa de tocador y apoya sus manos en mis
hombros, dándoles un suave apretón.
—Nena, si Kas no puede ver lo que tendría de ti, entonces es un
imbécil. Una gran idiota. —Ella mira sus manos antes de colocarlas de
nuevo en mis hombros—. Eres impresionante, Mayday. Divertida,
inteligente y hermosa.
—Y-y una ex convicta.
—Hush. —Me frunce el ceño—. Eres preciosa, y, obviamente, Cooper
piensa eso porque te pidió que salieran. Y esta noche es sólo bebidas con
un guapo y buen tipo. No tiene que ser nada más. Pero irás esta noche,
luciendo completamente hermosa porque soy impresionante con arreglar el 143
cabello, y soy una amiga impresionante. —Me da una sonrisa y toma mi
cabello en su mano.
Mirándola con agradecimiento en el espejo, me acerco y tomo su
mano, dándole un apretón.
—Eres increíble, Ce. Eres la mejor.
—Lo sé. —Sonríe de nuevo. Luego, toma el rizador y envuelve otra
sección de mi cabello.
Mi teléfono comienza a sonar en mi tocador. Miro a la pantalla y veo
que es Cooper.
Mi estómago se endurece con nervios.
—Hola —le contesto—. Estoy preparándome. No debería tomarme
mucho más tiempo.
—Daisy. —Suena nervioso y un poco sin aliento—. Siento mucho
hacerte esto a último minuto, pero voy a tener que cancelar.
Una gran cantidad de alivio y también un poco de decepción, corre a
través de mí al mismo tiempo.
—Está bien. No te preocupes.
—No, no está bien. —Su tono está frustrado—. Estaba realmente
deseando esta noche contigo, pero ahora, estoy en mi auto, de regreso al
trabajo. De alguna manera, todos los caballos salieron y están corriendo
en torno a la finca. —Suspira en voz alta—. Voy a tener que acarrearlos y
luego arreglar el lugar por el que pasaron en la cerca. Voy a tardar toda la
noche.
—¿Quieres que te ayude?
—No te preocupes. —Su tono se suaviza—. Pero gracias por la oferta.
—Hay una breve pausa antes que diga—: ¿Un segundo intento mañana
por la noche? ¿Misma hora?
Esta es mi salida. Puedo decir no... pero me siento mal porque el tipo
parece querer salir a tomar algo conmigo. Por lo tanto, me oigo decir:
—Claro.
—Genial. —Casi puedo oír su sonrisa por el teléfono—. Así que, creo
que nos vemos mañana.
—Hasta entonces.
Cuelgo el teléfono con Cooper y lo vuelvo a colocar en el tocador.
—Era Cooper. Tuvo que cancelar, así que no voy a salir esta noche
después de todo.
—Bastardo —dice con una voz enfadada.
—¿Oíste toda la conversación? 144
—Sí, lo siento. No quise escuchar, pero era difícil no oír. Pero te ha
pedido que salgas otra vez mañana por la noche, ¿verdad?
Le doy una sonrisa astuta.
—Sabes que lo hizo. Y también sabes que dije que sí.
Sonriendo, dice:
—Eso es, nena. —Luego, enrolla otra sección de mi cabello alrededor
del rizador—. Y nada de no salir. Vamos a tener una noche de chicas. Ha
pasado mucho tiempo desde que salimos por la ciudad. Así que, termino
de arreglarte, luego dame media hora para maquillarme y
saldremos. Podemos ir a este nuevo club en la ciudad. ¿Qué dices?
Una noche en la ciudad con mi chica... suena perfecto.
Le sonrío en el espejo.
—Digo... demonios, sí.
“Like I Would” de Zayn suena a través del club. Tengo una bebida en
mi mano. Y estoy sintiéndome totalmente fuera de mi elemento.
Nunca realmente he sido una chica fiestera. Teniendo un hermano
pequeño que cuidar significaba que las salidas nocturnas eran una rareza
para mí.
Honestamente, estoy lista para ir a casa. Mis pies duelen y estoy
cansada. Además, trabajo por la mañana. Pero Cece se está divirtiendo y
no quiero ser una aguafiestas.
Fuimos a un par de bares antes de venir a este club, del cual he
olvidado por completo el nombre.
Cece está en la barra, pidiendo más bebidas. Echo mi cabeza hacia
atrás, revisándola, y veo que está charlando con algún tipo que está en la
fila junto a ella.
Parece lindo.
145
Termino lo último de mi bebida y pongo el vaso en una mesa cercana.
Entonces, tengo esta extraña sensación espinosa en la parte de atrás
de mi cuello, como si alguien me observara. Me ha estado pasando toda la
noche.
Giro mi cabeza, mirando, pero no puedo divisar nada… o debería
decir, a nadie observándome. No es que pudiera decirlo en este lugar, de
todos modos. Está lleno. Froto mi mano contra la parte de atrás de mi
cuello, aliviando la sensación.
Honestamente, empiezo a pensar que estoy volviéndome loca.
Miro de nuevo a Cece. Parece estar en una profunda conversación con
el chico lindo.
Decidiendo que necesito ir al servicio, llamó su atención y modulo:
Voy al baño, para ella.
Apunta al suelo, diciéndome que estará allí cuando regrese.
Le doy los pulgares arriba y luego me dirijo en dirección a los baños
de mujeres.
Camino entre la multitud de gente y me dirijo al pasillo del baño. La
señal al final del corredor apunta una flecha a la izquierda para los
hombres y a la derecha para las mujeres y discapacitados.
Es un poco espeluznante aquí. La iluminación es una mierda y el bajo
resuena en las paredes, haciéndolo parecer una escena sacada de una
película de terror de clase Z.
Al llegar al final del pasillo, giro a la derecha y mis pasos titubean
mientras mi corazón se acelera.
Kas.
Se encuentra cerca del servicio de discapacitados, su hombro apoyado
contra la pared.
Lleva vaqueros azules y una camisa blanca. Las mangas están
enrolladas, mostrando sus hermosos antebrazos; podría tener una cosa
con sus brazos, y su cabello está suelto y metido detrás de sus orejas.
Se ve increíble.
Pero, como sea, no me importa.
Lo que me importa es qué hace aquí.
—¿Qué haces aquí? —vocalizo mis pensamientos.
Se aparta de la pared, así que está de pie erguido.
—Hola a ti también.
Le doy una mirada.
146
—Hola. Ahora, ¿qué haces aquí?
Ladea la cabeza.
—Necesitaba usar el baño.
—Me refería al club. Pero lo que sea, el baño de hombres está por ese
camino. —Señalo con el pulgar en la dirección de este.
Una sonrisa curva las esquinas de sus labios. Dobla sus brazos
alrededor de su pecho. La tela de su camisa se aprieta alrededor de sus
bíceps y las venas en sus antebrazos son visibles… y se ven muy lamibles.
Pero no me importa.
Sí, claro, no te importa, Daisy.
—¿Dónde está tu cita? —pregunta.
Tengo una repentina punzada de culpa, mi corazón salta, pero la
sospecha rápidamente se hace cargo.
Entrecierro mi mirada sobre él.
—¿Cómo sabías que tenía una cita esta noche?
Encoge esos increíbles hombros.
—Soy el jefe. Oigo cosas.
—Bien entonces, deberías saber que mi cita fue cancelada porque tus
caballos se soltaron y mi cita tuvo que tuvo que ir por ellos.
—Sí. Una pena.
Hijo de… su madre.
—Pareces realmente destrozado por eso.
Las esquinas de sus labios se levantan, así como sus hombros.
Mis ojos se entrecierran aún más.
—Fuiste tú, ¿no es así? Soltaste a los caballos. —No es una pregunta.
Sé que lo hizo. Puedo verlo en sus ojos.
Bastardo.
Me dirige una mirada de agravio, pero esa sonrisa bastarda sigue en
sus labios.
—¿Y por qué en el mundo haría eso?
—¿Quién sabe? —Alzo mis manos—. ¿Para arruinarme la noche?
¿Para molestarme? ¿Quién sabe por qué haces las cosas que haces?
Probablemente porque te encanta hacer mi vida miserable.
O estaba celoso.
¿Por mí?
Probablemente no.
Dejo que ese pensamiento se filtré hacia la oscuridad. 147
Me mira con fijeza por un largo momento antes de decir en voz baja y
gutural:
—Confía en mí, Daisy, cuando digo que me gusta, definitivamente no
es hacerte miserable.
Oh… vaya.
Pero no dejo que sus palabras me afecten. Mantengo mi expresión
inalterable y mi ira fluyendo.
—¿No? Entonces, sólo te gusta hacerme miserable por diversión.
Algo cambia en su expresión y sus ojos se alejan de mí.
—¿De verdad te hago miserable? —Su voz es atípicamente baja.
Aprieto mis brazos a mi alrededor.
—Tal vez miserable no… pero tampoco diría exactamente que
iluminas mi día.
Bueno, aparte de cuando me besaste. Pero entonces fuiste y arruinaste
eso.
Se remueve en sus pies.
—No tengo intención de ser un imbécil contigo. —Sus ojos vuelven a
los míos y hay algo sincero en su expresión.
—Entonces, no lo seas —digo con suavidad.
Suspira, sus ojos alzándose al techo.
—No es tan fácil.
—Es tan fácil o tan complicado como lo hagas.
Sus ojos vuelven a los míos.
—Lo haces complicado.
El fuego se enciende en mi estómago.
—¿Sabes qué? ¡Jódete, Kastor Matis! —Las palabras salen antes de
que pueda detenerlas.
—¿Acabas de decir que quieres joderme?
Mis ojos van a los suyos. Su rostro es serio, pero hay un brillo en sus
ojos.
El bastardo se está riendo de mí.
—No —digo rechinando los dientes—. Sabes exactamente lo que
quería decir. —Dejo caer mis brazos, poniendo mis manos en mis caderas.
Dejo escapar un sonido de exasperación—. Dios, ¿puedes dejar de ser tan
idiota?
Hay un momento de silencio. 148
Entonces, en una voz mortalmente seria, pregunta:
—¿Acabas de llamarme… idiota?
Mi corazón golpea con fuerza mi caja torácica. Entonces, enderezo mi
columna. Desafiantemente levantando mi barbilla, digo:
—Sí, lo hice. Porque estás actuando como un idiota.
Me mira con fijeza por un largo momento. Su rostro está
perfectamente impasible.
Entonces, veo sus labios torcerse y estalla en risas.
Carcajadas completas.
He oído a Kas reír antes, pero nada como esto. Es un hermoso sonido
contagioso. Antes de que lo sepa, también me río y se siente bien.
—No puedo creer que me llamaras idiota —dice entre carcajadas.
—Bueno, lo merecías. —Me río entre dientes.
Limpia sus ojos.
—Sí, tienes razón; lo hacía.
Nuestra risa ha cesado y ahora, estamos mirándonos. Ojos fijos en
ojos.
Algo cambia en el aire entre nosotros. Es como si la risa se hubiera
llevado la ira y todo lo que ha dejado detrás es pura química y calor. Y
parece ser vigorizante en su intensidad con cada segundo que pasa,
atrayéndome hacia él.
Mi pulso empieza a latir en mis oídos. Mi piel cosquillea. Mi estómago
se enrolla y se aprieta.
La mirada de Kas baja de mis ojos a mi boca.
Lamo mis labios, como una respuesta automática.
Miro a sus ojos calentarse y arder.
Todo mi cuerpo estalla en llamas bajo su ardiente mirada. Si fuera
helado, me derretiría ahora mismo.
Jesucristo, deja de ser tan niña, Daisy.
Envuelvo mis brazos alrededor de mi pecho. El movimiento parece
traerlo de vuelta al ahora.
Deja caer sus brazos y mete sus manos en los bolsillos delanteros de
sus vaqueros.
—¿Con quién estás aquí? —digo por decir algo.
—Amigos.
—No me di cuenta de que tenías alguno… aparte de Jude, claro. —Le 149
doy una sonrisa azucarada.
—Que graciosa. —Pero no sonríe. En su lugar, sus ojos recorren mi
cuerpo y me mira como si quisiera devorarme entera.
Tengo que suprimir la urgencia de juntar mis muslos.
Sus ojos se elevan de nuevo a los míos.
—Te ves increíblemente hermosa esta noche.
Sus palabras me toman por sorpresa. Y me molesta cuán feliz me
hacen sentir.
Odio que pueda levantarme y bajarme tan fácilmente.
—Sí, pero no lo bastante buena para ti. —De inmediato, quiero
golpearme en el rostro. Odio haber dicho esas palabras y cuán patética y
débil me hacen sonar.
—¿Qué? —Retrocede, como si le hubiera golpeado.
—Nada. Olvida que dije algo. Me voy ahora. Ten una buena noche,
Kas.
Paso a su lado y atrapa mi brazo, sosteniéndome a su lado.
—¿Quieres que olvide el hecho de que piensas que no eres lo bastante
buena para mí?
—Nunca dije que yo pensara que no era lo bastante buena para ti.
Sus cejas se fruncen con tanta fuerza que me sorprende que no le dé
dolor de cabeza.
—¿Crees que yo pienso eso? ¿Qué no eres lo bastante buena para mí?
Alejando la mirada de él, levanto un poco mi hombro.
—Eso es una jodida mentira. —Sus palabras son tan vehementes que
mi mirada vuelve a él—. No soy lo bastante bueno para ti, Daisy. Mereces
un buen hombre, un hombre mejor… y ese no soy yo.
Sus palabras me sorprenden profundamente.
Miro con fijeza sus ojos negros; buscando qué, no estoy segura, pero
debo encontrarlo porque algo se rompe en mi interior.
Presiono mi palma contra su rostro. Sus ojos se cierran contra mi
toque.
—No me importa —susurro—. Te quiero.
Un estremecimiento lo recorre. Tira de mí a su costado, deslizando un
brazo alrededor de mi espalda, sosteniéndome cerca de él. Presiona su
frente contra la mía y exhala una respiración temblorosa.
—Mierda, nena. —Su respiración me hace cosquillas y roza mis
labios.
Quiero besarlo, pero también sé lo que pasó la última vez que nos 150
besamos.
Su barbilla cae, acercando su boca más a la mía.
Nuestras bocas están a milímetros de distancia. Todo lo que tendría
que hacer es inclinarme, y nuestros labios se estarían tocando.
¿Es eso lo que quiero?
El sentido me dice, No. Pero mi cuerpo grita, ¡Sí!
—Tengo que besarte. —Suspira sobre mis labios.
Su otra mano se mueve hacia mi cabeza, acunándola, mientras su
cuerpo se vuelve al mío.
Y luego me besa.
Suave y dulce al principio. Besos ligeros.
Pero luego su lengua recorre mi labio inferior, y la chispa entre
nosotros se prende como un fósforo encendido en gasolina.
Sus dedos se enredan en mi cabello mientras continúa tomando mi
boca con su lengua.
Sabe a cerveza y menta y algo tan singularmente él, y me enciende
como nada antes.
Abandonando mi boca, arrastra su pulgar por mi labio inferior, con
los ojos fijos en él.
—Todo en lo que he podido pensar durante días es en esta preciosa
boca.
Me estremezco de necesidad.
Pero entonces esa pequeña voz en la parte de atrás de mi cabeza
pregunta: Entonces, ¿por qué te fuiste el otro día? ¿Y por qué has
permanecido alejado desde entonces?
Pero no digo las palabras porque no quiero perder este momento.
Quiero que siga besándome. Quiero que siga haciéndome sentir como es.
Como nadie me ha hecho sentir antes. Como si tuviera que besarme más
de lo que necesita aire.
Captura mis labios con los suyos de nuevo y chupa mi lengua. Un
rayo de lujuria se dispara entre mis piernas, haciéndome jadear y
retorcerme.
En este momento, lo deseo como nunca antes he deseado a nadie.
Un alarido de risa nos separa. Mi cabeza se mueve a un lado, y veo a
un grupo de chicas risueñas saliendo del baño de damas.
Mis ojos vuelven a Kas. Sus ojos están vidriosos de lujuria, sus labios
hinchados por mi beso.
Verlo así me da una sensación de satisfacción.
151
Su labio se levanta en la esquina en la sonrisa más sexy que he visto,
y entonces agarra mi mano y me arrastra al baño de discapacitados.
Empuja la puerta y la cierra.
Escucho a las niñas riendo pasar, y luego es tranquilo. Sólo se oye el
ruido retumbante de la música del club y nuestras respiraciones
superficiales.
Kas me contempla. La mirada en sus ojos casi me deshace.
Nadie me ha mirado nunca como ahora.
Como si fuera todo lo que puede ver.
Levanto una mano a su cara, pasando mi pulgar por la comisura de
su boca.
Sus ojos se cierran ante mi toque.
Entonces, sus ojos se abren. Agarra mi muñeca, apartando mi mano
de su cara, y me empuja contra la puerta. Su boca baja fuertemente sobre
la mía, y comienza a besarme con aún más necesidad y ferocidad que
antes.
No hay nada delicado en este beso. Básicamente estamos luchando
entre nosotros por el espacio.
Su mano ahueca mi hombro, bajando por mi costado. Sus dedos
rozan ligeramente la curva de mi pecho, haciendo que mis pezones se
endurezcan. Finalmente, su mano alcanza mi cadera, y la aprieta. Sus
dedos muerden mi piel a través de la delgada tela de mi vestido.
Serpenteo mi brazo alrededor de su cuello, enredando mis dedos en el
cabello de la nuca. Es la primera vez que he tocado su cabello, y es tan
suave como pensé que sería.
Kas mete la otra mano en mi cabello. Retrocediendo ligeramente, me
mira fijamente. Sus ojos están negros y brillantes de deseo. Nunca se ha
visto más hermoso que en este momento.
Sus dientes se arrastran por su labio inferior. Es un movimiento tan
lento y deliberado que todo dentro de mí se aprieta. Me estremezco.
Sonríe abiertamente, como si supiera exactamente el efecto que tiene
sobre mí.
Luego, inclina mi cabeza hacia un lado y cubre mi boca con la suya.
Presiona su cuerpo inferior en el mío, y siento la longitud y dureza de
él contra mi vientre.
Me encanta que pueda ponerlo duro con sólo un beso.
Mi otra mano se mueve alrededor de su espalda. Deslizo mi mano
más abajo y la meto en su bolsillo trasero. Le agarro el culo, acercándolo
aún más.
152
Gime en mi boca. El sonido es tan sexy que siento que podría venirme
de solo escucharlo.
Muerde mi labio inferior, y luego su lengua sale a lamer la punzada.
Es increíblemente ardiente.
Entonces, su boca se mueve a través de mi mandíbula a mi oído.
—Te quiero jodidamente demasiado, que duele. —Su voz es ronca de
excitación, y siento el sonido profundo en el interior.
Sus labios bajan por mi cuello, besando un dulce sendero hacia mi
boca. Se detiene, sus labios cerniéndose sobre los míos.
—Entonces, tómame —susurro.
Un destello de algo se mueve a través de sus ojos. Si no supiera,
pensaría que era miedo.
Cierra sus ojos en una respiración superficial, y luego su boca está de
vuelta en la mía.
Me siento febril. Necesitada y ansiosa.
Ha pasado mucho tiempo desde que tuve sexo. Cerca de dos años. Y
eso fue con Jason, el maldito, cuando no sabía qué mentiroso y engañoso
bastardo era.
Pero, incluso entonces, nunca me sentí tan bien con él.
Es como si Kas estuviera en cada parte de mí, tocando todo de mí, y
todavía quiero más.
Chupo su lengua y se estremece.
Sintiéndome decididamente valiente y deseándolo como nunca antes
he deseado a nadie en mi vida, saco mi mano de su bolsillo trasero y la
deslizo hacia su frente. Tomo una respiración profunda y luego muevo mi
mano más bajo, palmeando la longitud dura de él a través de sus jeans.
Siento que todo su cuerpo se tensa con fuerza.
Sus ojos se cierran, y sus manos me dejan, presionando contra la
puerta sobre mi cabeza, enjaulándome.
No se mueve ni dice nada. Pero tampoco se aleja, así que considero
que lo que estoy haciendo está bien.
Curvando mis dedos alrededor de la longitud de él, empiezo a mover
mi mano arriba y abajo.
—Joder... —gime, sonando casi agonizante.
Lo miro a la cara. Sus labios están contraídos, sus cejas juntas.
Dejo de mover mi mano, insegura si quiere esto.
Sus ojos se abren. El calor en ellos es inconfundible.
Quiere esto. 153

Me estiro en la punta de mis pies y presiono un suave beso en sus


labios. Su mano cae de la pared y ahueca mi cara mientras su lengua se
mueve a lo largo de la comisura de mis labios, pidiendo entrada. Los
separo, y él gime suavemente mientras mete su lengua en mi boca.
Empiezo a mover mi mano otra vez, y él profundiza el beso.
Su otra mano baja de la pared y ahueca mi hombro. Con los dedos
moviéndose hacia abajo, aparta el tirante de mi vestido de mi hombro,
dejándolo caer. Luego, tira de la parte delantera de mi vestido a un lado,
exponiendo mi sujetador.
Su pulgar roza mi pezón duro, haciéndome temblar.
Necesitando sentir más de él, alcanzo el borde de su camisa.
Alzándola, empiezo a deslizar mi mano por debajo.
Lo siguiente que sé es que la mano que estaba en mi pecho ahora está
agarrando mi muñeca, deteniendo su ascenso.
Parpadeo mis ojos nublados, confundida.
Cuando se fijan en los suyos, veo la misma mirada en ellos que vi la
última vez que nos besamos, y mi cuerpo se enfría.
Apartándose de mí, Kas deja caer mi brazo, como si lo hubiera
quemado.
Sus manos entran en su cabello. Sus ojos atrapan los míos. Hay
arrepentimiento y muchas otras emociones en ellos. Ninguno de ellos es
bueno, y al instante me siento enferma.
—Yo... yo... —Está luchando por las palabras, y me estoy muriendo
por dentro. Entonces, da su golpe final—. Yo no puedo hacer esto con...
contigo.
Antes de que pueda sacar una palabra, me está moviendo a un lado,
abriendo la puerta, y atravesándola a zancadas.
Se fue en segundos.
De nuevo.
No lo creo.
“No puedo hacer esto con... contigo”.
Lágrimas brotan de mis ojos.
Me pellizco el puente de la nariz con mi pulgar e índice.
No te atrevas a llorar por un hombre, Daisy. No te atrevas.
Suelto un suspiro y exhalo otro, luchando contra las lágrimas.
Dios... no puedo ni siquiera...
¿Cómo pudo hacerme esto otra vez? 154
¿Cómo pude haberlo dejado?
¿Qué diablos está mal con él?
No importa él. ¿Qué diablos está mal conmigo?
Necesito tener más dignidad que esto.
Tengo más dignidad que esto.
La culpa es mía por caer de nuevo en su mierda.
No tengo a nadie más que culpar excepto a mí misma.
Me besas una vez, la culpa es tuya.
Me besas una segunda, la culpa es mía.
Dejando caer mi mano de mi cara, me muevo al espejo.
Mi sostén está expuesto, mis labios están hinchados del beso, mi cara
está enrojecida, y mi cabello está desordenado donde estuvieron las manos
de Kas.
La vista me da ganas de llorar de nuevo.
Mordiéndome el labio, jalo del tirante, cubriéndome.
No puedo creer que lo dejara hacerme esto otra vez.
Jesús. ¿Qué tan estúpida soy?
Debo tener zorra estúpida escrito por toda mi cara. Quiero decir,
Jason lo vio escrito allí.
Pensé que lo había limpiado.
Pero, por lo visto no, porque Kas piensa que puede joder conmigo,
también.
Simplemente no entiendo.
¿Qué obtiene de esto?
No es como si hubiéramos tenido sexo.
¿O sólo soy un juego para él?
¿Es así como él echa una cana al aire; jugando con la bonita y pobre
niña que está tan desesperada por atención que dejará que su jefe la
manosee en un baño público?
El dolor atraviesa mi pecho. Presiono mi mano en este.
Soy tan débil y estúpida.
Odio que me pueda lastimar de esta manera.
Y odio aún más que se lo permití.
Podría estar enojada con Kas. Pero estoy más enojada conmigo misma
por ser tan estúpida. 155
Fui estúpida con un hombre antes, y eso me costó todo.
No seré estúpida de nuevo.
No soy un juguete para usar.
Que se joda Kastor Matis y sus juegos mentales.
He terminado.
Si alguna vez intenta besarme de nuevo, voy a darle un rodillazo en
las pelotas.
Bueno, tal vez no realmente un rodillazo en las pelotas porque eso es
asalto y una manera infalible de terminar en la cárcel. Pero me imaginaré
dándole un rodillazo en las pelotas mientras le enseño el dedo medio.
Que se joda Kastor Matis y su jodido auto.
No necesito su mierda. Ya tengo problemas por mi cuenta sin que
traiga más a la fiesta.
En lo que a mí respecta, Kas ya no existe. Es invisible para mí.
Y el Sr. Matis sólo existe dentro de mi lugar de trabajo.
Está jugando conmigo, tomándome por tonta. Él piensa que soy
ingenua y necesitada.
Quizás lo fuera. Pero no más.
No dejaré que me trate como una idiota más.
Si trata de acercarse a mí de nuevo, descubrirá exactamente de lo que
Daisy Smith está realmente hecha.
Y, con mi renovado sentido de propósito y la convicción de que me he
ido bastante tiempo y que Cece probablemente está preocupada, salgo del
baño y vuelvo al ruido del club.

156
Estoy cansada y me duelen los pies. Y, para rematar, está lloviendo.
Pero vengo vestida para el clima, así que, si alguien le apetece
salpicarme pasando encima de los charcos, pueden hacerlo porque tengo
puesto mi impermeable, las botas de agua de Cece en los pies y un
paraguas en la mano.
No hay manera de que me moje.
Estoy en el tren, yendo al trabajo. Mi estómago se revuelve ante la
idea de ver a Kas.
Estoy rezando para que no esté allí, como no ha estado en los últimos
días.
Tampoco tengo ganas de decirle a Cooper que no puedo salir con él
esta noche.
Podría haber terminado con Kas-túpido, pero sigo herida por su
comportamiento. Solo estaría saliendo con Cooper para vengarme de él, y
157
eso no es justo para Cooper.
Y he decidido que los hombres no son para mí.
De ahora en adelante, soy Daisy la célibe.
Los hombres son problemas, puro y simple. Un hombre en particular
que se llama, Kas-túpido.
Pero ya no es mi problema.
Veo mi parada acercándose. Me levanto del asiento, enganchando el
bolso en mi hombro y agarrando el paraguas. Camino hacia la puerta.
Espero, observando mientras la estación llega a la vista, y dejo salir
un bostezo.
Cece y yo no salimos hasta muy tarde anoche. Nos fuimos poco
después de mi pequeño incidente con Kas.
Cuando volví del baño, Cece estaba sola con nuestras bebidas, pero
había conseguido el número del chico lindo con el que estaba hablando.
Sin embargo, echó un vistazo a mi cara y supo inmediatamente que
algo andaba mal.
Todo lo que tuve que decir fue una palabra: Kas. Y entonces nos
bebimos rápidamente nuestras bebidas, saliendo de allí, y tomamos un
taxi a casa.
Le conté todo en el taxi de camino. El taxista debe haber conseguido
una buena historia con esto.
Para cuando llegamos, estaba exhausta y emocionalmente agotada,
solo quería ir a dormir.
Mi alarma se disparó demasiado pronto para mi gusto, y tuve que
arrástrame fuera de la cama y prepararme para el trabajo.
Hice el café, lo vacié en mi taza para llevar y salí del apartamento para
tomar mi tren, maldiciendo a Cece y al hecho de que hoy tiene día libre.
El tren se detiene. Subo mi capucha y presiono el botón, esperando
que las puertas se abran.
La gente en el otro lado está esperando que baje para poder subir
Las gotas de lluvia golpean mi cara tan pronto como mis pies tocan el
asfalto. Está lloviendo más fuerte aquí. Abro mi paraguas y empiezo a
caminar fuera de la estación.
Acabo de salir cuando mis pies se detienen.
Kas.
Su auto está estacionado aquí, fuera de la estación, como la última
vez.
Dios, ¿este tipo simplemente no puede dejarme en paz? 158
Me concentro en mi rabia e ignoro la pequeña chispa que siento
porque de verdad esté aquí.
La ventanilla del pasajero se abre, y veo que se inclina mientras dice
mi nombre.
Luce bien. Cálido y seco dentro de su coche.
Bastardo.
Le frunzo el ceño. Entonces, giro sobre mis talones y comienzo a
caminar en dirección a la finca.
Estoy prácticamente marchando, mis botas chapoteando a través de
los charcos mientras voy.
Oigo que su coche se pone a mi lado. Pero no lo miro. Me rehúso a
hacerlo.
Kas no existe para mí.
—Daisy.
Nop, no voy hablar con él. No me importa si es infantil.
Es Kas-túpido, y tengo todo el derecho a estar enojada.
Me dejó en ese baño anoche con mi sujetador saliendo de mi vestido,
después de besarme otra vez, y luego desapareció sin decir una palabra.
—Daisy, sube al auto.
¿Escuchaste algo?
Nop, yo tampoco.
Empiezo a tararear “Happy” de Pharrell Williams y acelero el ritmo.
—Jesús, solo sube al auto, ¿quieres? Está lloviendo a cantaros, y
estás empapándote.
Ignorarlo. Ignorarlo. Ignorarlo.
Oigo un resoplido de frustración y luego:
—Por el amor de Dios, Daisy, deja de ser infantil, y sólo entra al
maldito auto.
Mmm...
¿Qué. Demonios?
El enojo hace que mis pies se detengan.
Veo con mi visión periférica que su auto también se ha detenido.
No mires. No lo hagas. No le des lo que quiere. Sólo está intentando
sacar alguna reacción de ti.
Respirando profundamente, exhalo por la nariz.
Entonces, porque no puedo contenerme, le enseño el dedo medio y
empiezo a caminar de nuevo. 159
Lo oigo reírse entre dientes, lo que aún me enoja más.
Entonces, su auto está de vuelta, conduciendo lentamente a mi lado.
Oigo resonar una bocina, y giro la cabeza para ver un coche adelantar
a Kas y hacerle un gesto grosero con la mano.
No puedo evitar sonreír.
Mientras muevo mis ojos hacia atrás, atrapo su mirada.
Casi tiene una sonrisa en la cara.
—Vas a meterme en una pelea si seguimos así.
—Bien.
—Y sí habla.
Le frunzo el ceño antes de mirar hacia adelante y reemprender mi
marcha.
—Vamos, nena, por favor, sube al auto.
¿Nena? ¿Desde cuándo soy su nena?
Volviendo mis ojos enojados de nuevo a los suyos, digo:
—No me llames nena.
Una expresión de sorpresa parpadea en su rostro.
—Está bien. —Levanta una mano en rendición—. No te llamaré así
nunca más, si subes por favor al auto. Ni siquiera tienes que hablar
conmigo.
Argh. Ni siquiera puedo ignorarlo en paz. El muy bastardo.
A este paso, me va a seguir todo el camino a la finca.
O podría entrar en su auto y terminar esto con más rapidez.
Con la decisión tomada, me detengo bruscamente.
—Está bien —resoplo—, pero sin hablar.
Entonces, marcho hacia su auto que me espera. Abro la puerta, entro
y la cierro de golpe. Agarrando el cinturón de seguridad, me lo pongo.
Estoy goteando por todo su lindo asiento de cuero.
Bien.
Levanto la vista, y está mirándome.
Al menos tiene la decencia de no sonreír, o podría darle un puñetazo
en su cara bonita. Estoy tan enfadada.
Vuelvo mi rostro hacia la ventana del pasajero, y un segundo
después, pone el coche en marcha.
“Behind Blue Eyes” de Limp Bizkit está sonando de fondo.
160
—Lo… siento. —Sus suaves palabras me asaltan.
Lo miro entrecerrando los ojos.
—Dijiste que, si me subía a tu auto no tendríamos que hablar.
Él me echa un rápido vistazo.
—Dije que tú no tenías que hablar. Pero no dije nada sobre mí.
Bastardo.
—Déjame salir del auto. —Mantengo mi tono uniforme. Pero es
realmente, muy difícil porque lo único que quiero hacer ahora, es gritarle.
Él suspira.
—Daisy…
—No. No estoy jugando aquí, Kas.
—Ni yo.
—Eres el maestro de los juegos mentales.
Hay una breve pausa. Casi diría que es pesar, si no lo conociera
mejor.
—No estoy tratando de hacerte daño —dice en voz baja.
Me burlo y giro la cara de nuevo hacia la ventana.
El silencio golpea.
Exhala un suspiro.
—¿Este reino del silencio tiene una fecha de expiración?
—No.
—¿Y qué hay del trabajo? ¿Me vas a ignorar también?
Inclino mi barbilla en su dirección y miro sus manos en el volante.
—Puedo ser profesional, si tú puedes. Podemos conversar en el
trabajo; sobre el trabajo. Sin embargo, fuera de eso, tú y yo no existimos
para el otro.
Bajo la barbilla a mi pecho. Le oigo suspirar de nuevo. Pero no dice
nada más.
Se detiene al frente de su casa, y en el segundo que presiona el freno,
estoy fuera del coche.
Caminando rápido a través de la lluvia que rebota, bajo mi capucha
una vez que estoy bajo la seguridad del porche. Desabrocho mi
impermeable y me lo quito, y luego me quito las botas de agua.
Dejando las botas en el porche, me llevo mi impermeable y me
permito entrar en la casa. Cruzando el gran pasillo, abro la puerta del
armario y cuelgo mi abrigo junto con mi bolso, pero no antes de sacar mi
teléfono que meto en el bolsillo de mi vestido.
161
Cierro la puerta, me doy la vuelta, y Kas está allí.
—¡Jesús! —Me sobresalto. Presiono una mano en mi pecho para
calmar el corazón que casi acaba de matar.
Pero no dice nada. Ni sonríe ni dice una palabra. Sólo se queda
parado, mirándome.
Me muevo incómodamente, alejando mi mirada de la suya, incapaz de
soportar la intensidad en sus ojos.
Mi mirada se desliza sobre él. Su cabello está húmedo por la lluvia, y
hay un ligero brillo en su piel. Y, por primera vez desde que lo vi, me doy
cuenta de lo cansado que se ve. Hay círculos oscuros debajo de sus ojos, y
los propios ojos parecen cansados y apáticos.
Aun así, se ve hermoso.
Odio eso.
Mirando más haya de él, veo el rastro de agua que dejó. El agua que
tendré que limpiar.
—Estás goteando por todas partes —le digo en un tono molesto.
Ni siquiera le concede una mirada al desastre.
—Habla conmigo. —Hay un borde suplicante a su voz que ignoro.
—¿Sobre el lío que has hecho? —Gesticulo una mano hacia el agua
que entró.
Hace un sonido exasperado.
—Joder, maldita sea.
—No me digas palabrotas. —Frunzo el ceño.
Se ríe, un sonido sin humor, lo cual me da escalofríos.
—Quiero hablar de anoche.
—Yo no.
—Daisy —gruñe mi nombre.
—Señor Matis —digo en un tono condescendiente.
—Habla. Conmigo. —Sus palabras son tensas, como su mandíbula.
—¿Está relacionado con el trabajo?
—No.
—Entonces, no. —Paso a su lado, dirigiéndome a la cocina.
Estoy siendo infantil, lo sé, pero no me importa porque estoy
demasiado enojada.
Lo oigo gruñir de nuevo, y luego pasos pesados me siguen a la cocina.
162
—¡Por amor de Dios, Daisy! ¡Dije que lo sentía!
Me doy la vuelta en el acto.
—Oh, bueno, ¡eso está bien entonces! Kas dice que lo siente, y todo
está bien en el mundo de nuevo. —Dejando escapar una risa falsa, lanzo
mis manos en el aire.
Sus cejas chocan entre sí.
—Jesús —grita—. ¿Qué es lo que quieres de mí?
—¡Nada! —grito—. ¡No pedí nada de esto! Tú fuiste quien me besó;
¡ambas veces! Luego, ¡actuaste como un lunático total después! ¡Y te dije
que no hablaría de esto contigo! ¡Así que deja de seguirme!
Estampo mi talón contra el suelo, y luego me vuelvo y empiezo a
alejarme. Llego a la puerta de servicio cuando su voz me detiene.
—No sé cómo hacer esto.
No son sólo las palabras. Es la forma en la que su voz suena al
decirlas, indefensa.
Me sorprende porque indefenso es una palabra que nunca hubiera
pensado relacionada con Kas. Arrogante, demasiado confiado, y un dolor
gigante en mi trasero. Pero nunca indefenso.
Me vuelvo lentamente hacia él. Se ve indefenso y perdido. Está en sus
cejas oscuras fruncidas. En la tensión alrededor de sus ojos. La
inclinación de sus labios.
Eso tira de algo dentro de mi pecho, enroscándose alrededor de mi
corazón.
—¿No sabes cómo hacer qué? —pregunto, en voz baja.
—Esto. —Gesticula en el espacio entre nosotros.
—No entiendo. —Sacudo la cabeza con suavidad.
—Relaciones —dice, frustrado, instantáneamente volviéndome a
molestar—. No sé cómo hacer lo de las relaciones.
Dejo escapar una risa incrédula.
—No te estoy pidiendo una relación. ¡Jesucristo! Nos
besamos dos veces. Te paralizaste y me dejaste tirada, dos veces. Fin de la
historia.
—No quiero que sea el final. —Sus palabras son suaves llenas de
significado, pero no puedo sentirlo ahora mismo. Estoy demasiado en
carne viva.
—No me importa lo que quieras. Igual que a ti no te importó lo que
quería las dos veces que me dejaste. Existe un límite a la cantidad de
163
rechazo y humillación que una persona puede soportar, y he llegado al
mío. En el trabajo, hablaremos cuando sea necesario y seremos cordiales.
Pero, aparte de eso, se acabó, Kas.
Algo que se parece mucho al desasosiego, la frustración y el dolor se
introduce en su mirada.
Ignoro su dolor y me enfoco en el mío.
Él envuelve sus brazos alrededor de su pecho, cambiando de postura.
—Si eso es lo que quieres —dice en voz baja.
Me río, y suena tan vacío como me siento.
Sí, esto es lo que quiero. Porque fui yo quien causó todo esto... pues no.
Suspirando, sacudo la cabeza y paso a su lado para salir de la cocina.
Cuando llego a la puerta, me detengo.
Él está dándome la espalda.
—Oh, y para que lo sepas, voy a salir con Cooper esta noche, en caso
de que quieras dejar salir otra vez a los caballos.
Veo sus hombros tensarse antes de darme la vuelta y salir de allí.
Mis pies tocan las escaleras, y ya estoy lamentando mi último
comentario. Fue mezquino y cruel, y no debería haberlo dicho. Pero él se
me mete bajo la piel como nadie. Y ya es demasiado tarde. No es que vaya
a bajar y decirle que estoy cancelando mi cita con Cooper.
Pero entonces estoy segura de que oirá el chisme muy pronto.
Cuando llego a la segunda planta, me doy cuenta de que todos mis
productos de limpieza están abajo en el cuarto de servicio al que nunca
llegué a entrar.
Idiota.
Bueno, no voy a volver allí ahora en caso de que él aún esté en la
cocina.
Voy a cambiar las camas primero, y cuando haya terminado y esté
lista para lavar las sábanas, debería estar en su oficina, y voy a estar a
salvo para ir abajo.
Entro en su habitación y veo que su cama ya está hecha.
Sabiendo que Kas nunca hace su cama, sé que no ha dormido en ella.
Eso me deja una sensación incómoda en el estómago.
Tal vez se enganchó con alguien más en el club después de que me
abandonó...
Nop. Ni siquiera voy a ir allí.
Tiro de la funda de edredón y tomo una almohada, con un poco más 164
de fuerza de lo necesario.
El olor de Kas está por todas partes.
Ugh.
Tiro de la funda de la almohada y con rabia arrojo la almohada detrás
de mí.
Oigo un ruido sordo.
Mierda.
Volviéndome, veo que he golpeado un vaso de agua que estaba en su
mesita de noche.
—Perfecto —murmuro enojada conmigo misma.
El agua se derrama por todas partes, me precipito al baño de Kas y
agarro una toalla antes de trotar de nuevo en su habitación.
Afortunadamente, la única otra cosa en la mesita de noche es la
lámpara, así que limpiar el derrame no es tan difícil. Levanto la lámpara,
secando la base. Luego, limpio los laterales de la mesita de noche, secando
el agua que cayó en la alfombra.
Me doy cuenta de que el cajón superior está entreabierto.
Preocupada que el agua se pudo haber metido dentro, lo abro secando
el borde del cajón, mis ojos comprobando el contenido.
Todo se ve bien.
Entonces, mi mirada se topa con una fotografía que está guardada en
el lateral.
La recojo. Noto que algo está escrito en cursiva en la parte de atrás.

HALEY HALLIWELL. Baile de graduación 2009.

Giro la foto en mis manos. Devolviéndome la mirada, hay una chica


bonita.
Muy bonita.
Se ve joven. Tal vez dieciocho años. Cabello rubio largo que se riza
alrededor de sus hombros. Tiene puesto un vestido color rosa que le llega a
los tobillos, y tacones de color plata en los pies.
Y lleva una enorme y radiante sonrisa en su rostro, sus ojos brillan de
felicidad.
Es una sonrisa de adoración... de amor. Y era claramente para quien
estaba de pie detrás de la cámara.
Kas.
165
Lo sé porque reconozco el jardín en el que está.
Estaba sonriendo para Kas.
Siento una punzada en mi pecho. Una punzada llamada celos.
Presiono mi mano contra este, tratando de disiparla.
Es ridículo sentir celos por una fotografía, lo sé. Simplemente me
molesta que Kas se preocupó lo suficiente de esta chica, Haley, para
hacerla sonreír... para hacerla feliz.
Mientras que conmigo, sólo parece querer hacerme daño; una y otra
vez.
Suspirando, voy a volver a poner la foto, pero luego algo me detiene. Y
entonces; no sé exactamente por qué, me encuentro sacando el teléfono de
mi bolsillo y tomando una foto de la foto antes de ponerla de nuevo donde
la encontré.
Luego, cierro el cajón, guardo mi teléfono en el bolsillo y continúo con
la tarea de cambiar la cama.
Estoy sola en casa, acurrucada en el sofá con un vaso de vino. La
televisión está puesta, pero realmente no la estoy mirando.
Cece está trabajando hasta tarde en el salón, no llegará a casa hasta
las nueve.
En serio, ¿quién va a la peluquería tan tarde?
Cece dijo que tenía muchas mujeres que iban a peinarse el cabello
para una salida nocturna. No sé si yo me molestaría. Pero supongo que, si
tienen un hombre por el que arreglarse, puede valer la pena.
Se suponía que iba a salir con Cooper esta noche para tomar algo,
pero lo cancelé. Iba a hacer la cosa de la gallina —evitarlo en el trabajo y
sólo mandarle mensajes— pero sabía que sería la salida de los cobardes, y
él se merecía algo mejor que eso. Fui hasta los establos en mi descanso
para comer y le dije que no podía hacerlo. Al principio, pensó que no podía
ser por esta noche y se ofreció a reorganizarlo. Así que tuve que decirle la
verdad. Bueno, la versión más cercana a la verdad que podía darle. Le dije 166
que simplemente pensaba que no era una buena idea. Que estaban
sucediendo demasiadas cosas ahora mismo y que aún estaba superando
mi última relación.
No fue una completa mentira. Aún me estoy recuperando de lo que
Jason me hizo, robarme dieciocho meses de mi vida y también los
primeros seis meses que pasé con él.
Y también, necesito superar esos sentimientos que tengo por Kas.
Han llegado rápido y con fuerza y totalmente de repente, pero están
ahí.
Es raro para mí que pueda tener sentimientos por un tipo que, la
mitad del tiempo, tengo la gran urgencia de darle un puñetazo en el rostro.
No vi a Kas durante el resto del día de ayer. Permaneció refugiado en
su oficina. La única razón por la que sabía que estaba allí era porque su
auto todavía estaba fuera.
Puede que lo haya comprobado.
Pero era bueno que no lo viese, ya que no estaba de humor para otra
pelea. Y, honestamente, ya no teníamos nada más sobre lo que pelear
porque lo que fuese que estuviese sucediendo entre nosotros se acabó.
Simplemente no lo entiendo. Por qué es como es. Quiero decir, tengo
la impresión de que me quería cuando me estaba besando su erección
habló alto y claro, pero entonces, al siguiente minuto, me estaba
empujando y corriendo, como si tuviese el trasero en llamas. Al principio,
creí que era porque pensó que no era lo suficientemente buena para él. Su
enérgica reacción a eso fue genuina.
“No soy suficientemente bueno para ti, Daisy. Te mereces un buen
hombre, un hombre mejor… y ese no soy yo”.
Piensa que no es suficientemente bueno para mí. Piensa que no es un
buen hombre.
¿Por qué?
“No sé cómo tener esto… relaciones”.
¿Por qué no puede tener relaciones?
Mis pensamientos vuelven a esa fotografía. La fotografía que tengo en
el teléfono.
Ha estado molestándome todo el día. Sólo sé que esa fotografía es
importante para él. El hecho de que la mantenga en el cajón de su mesita
al lado de su cama me lo afirma.
Y mi parte curiosa quiere saber quién es ella para Kas. ¿Por qué tiene
una fotografía de esta chica de diecisiete años en su mesita?
Quizás la amó. Quizás ella le rompió el corazón. Tal vez ese es el
167
porqué es un caso perdido en lo que se refiere a mujeres.
Pero no es como que le pueda preguntar, porque entonces sabría que
estuve mirando en su cajón. Técnicamente, no lo hice. La encontré por
error, pero sé lo que él pensaría.
Y probablemente no me diría nada. No me dice nada. Es demasiado
cerrado. No sé nada sobre él.
Únicamente sé su nombre y dónde vive porque trabajo para él. Sé
cómo se toma el café y que su mejor amigo es Jude. Oh, y que tiene un
caballo llamado Danger, al que rescató. Pero eso es todo.
No sé cuándo es su cumpleaños. O cuál es su comida favorita. O si le
gusta leer. Si tiene un grupo favorito que le guste escuchar.
Es muy frustrante.
Pero no debería preocuparme porque he acabado con él. Así que, no
importa.
Claro que lo has hecho, Daisy. Por eso estás aquí sentada, pensando
en él.
¡Arg!
Odio que se haya metido tan fácilmente bajo mi piel.
Quiero respuestas de él, pero que no voy a obtenerlas, así que las
encontraré por mí misma.
Tomando el ordenador portátil de Cece de la mesa de café, lo
enciendo. Abro Google y tecleo Kastor Matis.
No aparece mucho. Solamente la página web de la Finca Matis, pero
no fotografías de él. Ni siquiera tiene un perfil en Facebook.
Pero de nuevo, yo tampoco.
Solía tener uno, pero lo cerré después de ser arrestada. No quería a la
gente escribiendo nada desagradable en mi muro.
Golpeo las teclas, frustrada.
Luego, borro el nombre de Kas de la barra de búsqueda y tecleo Haley
Halliwell.
La pantalla se llena con resultados. El primero es una terapeuta
clínica.
Con el corazón acelerado, sintiéndome como si estuviese haciendo
algo realmente mal, pulso en el enlace. La imagen es de una mujer mayor
que parece estar en la cincuentena.
Definitivamente no es ella.
Vuelvo atrás y pulso en las imágenes. La pantalla se llena con
fotografías. La primera es de esa terapeuta. Luego, justo debajo está la
imagen que encontré en el cajón de Kas. La imagen en mi teléfono.
168
Tomo el teléfono y busco la imagen, sólo para comparar.
Definitivamente es ella.
Pulso en la fotografía y se amplía con un titular y un enlace. Luego,
mi cuerpo se congela con las palabras.

Chica, 17, muerta en la noche de graduación.

¿Asesinada?
¿Fue asesinada? Seguramente no. No puede ser la misma chica.
Miro las palabras en el anverso de la fotografía.

HALEY HALLIWELL. GRADUACIÓN 2009

Graduación.
Fue asesinada después de que se tomase la fotografía.
Oh, Dios.
Con la mano temblorosa, deslizo el dedo por la almohadilla del ratón
para mover la flecha sobre el enlace y pulsar.
La pantalla se llena con una noticia datada el 7 de junio de 2009,
encabezada con el mismo titular que la fotografía.

Chica, 17, asesinada en la noche de graduación.

A la derecha está la imagen de Haley que encontré en la mesilla de


Kas. Bajo la imagen hay un titular.

Haley Halliwell, 17, cuerpo encontrado en Hyde Park.

Bajo por el artículo y comienzo a leer.

A última hora de la noche del sábado, un paseador de perros encontró


el cuerpo de Haley Halliwell, 17, junto con otra persona no identificada, que
está en estos momentos en el hospital en estado crítico, afirman las fuentes.
Halliwell había estado asistiendo al baile de graduación de su instituto en el
Hotel Marriott en Park Lane. Los informes no son detallados por el momento
y la policía permanece callada, pero el informe no oficial es que Halliwell fue
asaltada sexualmente y se asume que la causa de la muerte fue resultado 169
de múltiples puñaladas. La policía está interesada en buscar cualquier
testigo.

Me cubro la mano con la boca, sintiéndome enferma. Fue asaltada


sexualmente y apuñalada hasta la muerta.
Oh, Dios.
Paso la mirada sobre el texto.

A última hora de la noche del sábado, un paseador de perros descubrió


el cuerpo de Haley Halliwell, 17, junto con otra persona no identificada, que
está en estos momentos en el hospital en una situación crítica.
Otra persona no identificada, que está en estos momentos en el
hospital en una situación crítica.

¿Quién era la otra persona? ¿Quién estaba con ella? ¿También murió?
Desesperada por saber, abro una nueva ventana y tecleo Haley
Halliwell, asesinada, 2009.
La pantalla se llena con innumerables historias nuevas. Paso el
primer enlace, es el que ya leí. Pulso el siguiente enlace.
Ahora los informes policiales determinan que Haley Halliwell asistió a
su baile de graduación del instituto en la noche del 6 de junio de 2009.
Aproximadamente a las once, Halliwell y su acompañante que permanecerá
anónimo, pero ha sido identificado por la policía y no está incluido como
sospechoso en el caso, entraron en Hyde Park para dar un paseo después
de la fiesta. Poco después de llegar a la zona, Halliwell y su acompañante
fueron asaltados por tres hombres sin identificar. Halliwell fue agredida
sexualmente por más de uno de los asaltantes. También sufrió múltiples
puñaladas, pero la causa real de la muerte fue estrangulación. Su
acompañante que también fue atacado, sufriendo varias puñaladas en el
torso, está actualmente en el hospital en estado crítico.
Aún es incierto si esperan que la víctima sobreviva.

Trago saliva con fuerza. Volviendo atrás, me dirijo a otro enlace.

La policía todavía está buscando pistas en el caso de asesinato de


Haley Halliwell. Las autoridades están haciendo un llamamiento para que
cualquiera con alguna información comparezca.
170
Todas las noticias parecen decir lo mismo. Pero no hay nada sobre la
otra víctima, si él o ella sobrevivió, o si atraparon a los bastardos que lo
hicieron.
¿La otra víctima fue Kas?
La bilis llega a mi garganta con el pensamiento.
Abro otra ventana y tecleo Kastor Matis, Haley Halliwell, asesinato,
2009.
Ojeo las nuevas historias, pero el nombre de Kas no es mencionado
en ninguna. Borro la búsqueda y tecleo Haley Halliwell, 2009, asesinato
resuelto.
Abro el primer enlace. Está datado el 6 de junio de 2010.

Un año después, la policía aún está buscando que aparezca algún


testigo relacionado con la brutal violación y asesinato de Haley Halliwell.
Halliwell, de diecisiete años en aquel momento, había estado asistiendo al
baile de graduación de su instituto y luego se marchó con un amigo para dar
un paseo por Hyde Park. Su cuerpo fue encontrado más tarde por un
transeúnte. Había sido violada y asesinada. No se ha encontrado ningún
sospechoso hasta ahora en el horrible crimen que conmocionó a la
comunidad.
Nunca los encontraron. El asesinato no se resolvió. Nunca se
mencionó si la otra persona vivió o murió. Pero estoy asumiendo que la
otra persona vivió, de otro modo, lo habrían nombrado a él o a ella. No se
habría conocido sólo como el asesinato de Haley Halliwell.
Kas conocía y, posiblemente, amó a la chica que fue asesinada de una
forma tan brutal. Y puede que también hubiese estado con ella la noche
que fue asesinada.
Mi teléfono suena, sobresaltándome.
Lo tomo para ver que está llamando Jesse.
Tomo unas cuantas respiraciones para hacerme sonar normal.
—Hola —respondo—. ¿Cómo estás?
Las cosas han estado yendo bien entre Jesse y yo desde el incidente
del robo. Hablamos casi cada día y nos enviamos mensajes con
regularidad.
—Hola, ¿qué estás haciendo?
Paso la mirada sobre la pantalla del ordenador. Cierro la tapa.
—Uh, sólo mirando la televisión. Cece está trabajando hasta tarde.
¿Qué estás haciendo? 171
—Simplemente volviendo del entrenamiento de fútbol.
—¿Sí? ¿Cómo fue?
—Bien. —Puedo imaginarlo encogiéndose de hombros mientras lo
dice.
—¿Qué vas a hacer el resto de la noche?
—Solamente relajarme. Ver un poco la televisión. Así que... me estaba
preguntando… bueno, me estaba preguntando si te gustaría hacer algo
mañana.
Se me alegra el corazón.
—¿Contigo?
—Sí. —Se ríe y esa risa me toca el corazón y se reanima.
—Por supuesto —contesto, alzando la voz con emoción—. Me
encantaría eso. ¿En qué estás pensando?
—Pensé que podíamos tomar el tren hasta Brighton; ya sabes, como
solíamos hacer. Salir por la playa, como se supone que mañana hará buen
tiempo. También hay una feria en este momento.
—Suena genial. —Sonrío. El corazón está cerca de estallarme en el
pecho—. Así que, ¿debería ir a recogerte mañana? Puedo ir a buscarte en
taxi y después que nos lleve a la estación de tren.
—Suena genial.
—¿A qué hora?
—¿A qué hora hay trenes?
—Umm, no estoy segura. ¿Qué tal si compruebo el horario de trenes y
luego te mando un mensaje para hacértelo saber?
—Genial. Está bien, bueno, voy a colgar. Te veo mañana.
—Te veo entonces.
Estoy sonriendo cuando cuelgo el teléfono. Me lo llevo al pecho, la
alegría llenándome.
¡Jesse quiere pasar el día conmigo! ¡En realidad, me llamó y me pidió
que pasase el día con él!
¡No puedo esperar para contárselo a Cece!
Está bien, necesito el horario de trenes para mañana.
Abro la tapa del ordenador portátil, preparada para mirar los horarios
y me detengo ante la visión de la fotografía de Haley al lado de la nueva
noticia que estaba leyendo.
Mi buen humor se desintegra inmediatamente.
Fue asesinada. Y Kas puede haber sido el que estaba con ella la 172
noche que sucedió.
Las cosas que él pudo haber visto…
El pensamiento me pone enferma.
Incluso si no estuvo allí, conocía a Haley y ella fue asesinada.
Las formas duras, ásperas y furiosas de Kas ahora comienzan a tener
sentido en mi cabeza. Porque, si él vio lo que pasó… y fue herido…
Cierro los ojos ante los horribles pensamientos.
Debería hablar con él sobre esto. ¿Pero qué demonios podría decir yo?
Quiero decir, ¿cómo demonios sacas un tema como ese?
Y, también, no debería saber sobre Haley. La fotografía estaba entre
sus cosas privadas y fisgoneé.
El fisgonear a un lado, ¿cómo explicaría que la busqué en google porque
estaba celosa y tenía curiosidad?
Sonaría como una acosadora.
Simplemente debería fingir que no lo sé.
¿Pero cómo se supone que lo mire a los ojos y finja que no sé que le
pasó algo terrible a alguien que le importaba?
Y, si él fue la otra persona allí… entonces a él también le pasaron
cosas horribles.
No puedo soportar pensar en él herido y con dolor.
Abriendo los ojos, cierro las ventanas abiertas, limpiando la pantalla
de las nuevas historias.
No puedo pensar en eso ahora.
Ahora mismo, únicamente necesito mirar los horarios de trenes para
mañana. Necesito centrarme en Jesse. Él es lo que importa.
Y Kas… él importa, pero simplemente no sé cómo manejar esto.
Es mi culpa por fisgonear, pero ahora, lo sé, y no sé qué hacer.
Debería pedirle consejo a Cece. Pero siento que, si se lo cuento,
entonces estaría traicionando la confianza de él. Técnicamente, no lo
haría, pero he invadido su privacidad de sobra. Tengo que mantener esto
para mí.
Simplemente tendré que averiguar qué hacer.
Quizás, la próxima vez que lo vea, lo sabré.
Pero, ahora mismo, mantenerlo para mí parece la opción más segura.
Tecleo la página web del tren y comienzo a mirar los horarios. Centro
la mente en eso y en la diversión que tendré mañana con Jesse,
manteniendo mis pensamientos lejos de cualquier cosa relacionada con
Kastor Matis. 173
Kas está aquí de nuevo, fuera de la estación, esperando por mí. Ni
siquiera me molesto en pelear. Simplemente camino hacia su coche y
entro.
—Hola —digo en voz baja mientras engancho mi cinturón de
seguridad.
—¿Cómo estuvo tu fin de semana? —pregunta, apartando el coche de
la acera.
—Vi a Jesse. —Miro hacia él.
Se encuentra con mis ojos, suavidad en la suya.
—¿Cómo te fue?
—Estuvo bien. —Sonrío al recordar mi día pasado con Jesse. Fue el
mejor día que había tenido en mucho tiempo—. Fuimos a Brighton para el
día. Pasamos el rato en la playa, comimos helado, dimos vueltas en la
feria.
174
—Suena divertido.
—Lo fue.
—Me alegro por ti, Daisy.
—Gracias. —Trago—. ¿Cómo fue tu fin de semana? —pregunto,
mirando a otro lado.
—Estuvo bien.
No dice nada más. Podría pedir más información sobre lo que hizo,
pero no lo hago.
Mi mente se siente desordenada por estar aquí con él.
Tuve un gran fin de semana. Pasé todo el sábado con Jesse. Y pasé el
domingo con Cece. Fuimos de compras y vimos una película en el cine.
No me permití pensar en Kas... o en Haley. Pero, ahora, sentada aquí
con él, es todo en lo que puedo pensar.
Estoy llena de empatía y compasión por este hombre sentado a mi
lado. Toda la ira y el resentimiento que sentí la semana pasada se han ido.
Pero todavía me siento confundida y culpable por lo que sé. Siento
que de alguna manera lo he traicionado con mi curiosidad y husmeando
en su vida.
No hablamos por el resto del corto viaje a la finca.
Estaciona fuera de la casa.
—Gracias por el viaje. —Me quito el cinturón de seguridad y salgo del
auto.
Camino hacia la puerta principal. Kas está detrás de mí.
Dentro de la casa, me quito los zapatos y cuelgo mi abrigo en el
armario.
Cuando me doy la vuelta, Kas está de pie en medio del pasillo, con las
manos en los bolsillos de su pantalón. Parece inseguro.
Y odio esta animosidad entre nosotros.
—¿Quieres que te traiga un café? —pregunto, ofreciendo una rama de
olivo.
Parece sorprendido.
—El café sería genial. Gracias.
Le doy una breve sonrisa y luego me dirijo a la cocina. Sonrío de
nuevo cuando lo oigo seguir detrás de mí. Pensé que iría directamente a su
oficina.
Me ocupo de hacer el café. Kas se sienta en un taburete en la isla de
la cocina.
Cuando el café esté listo, se lo llevo. 175

—Gracias. —Ofrece una sonrisa.


Todavía de pie, inclino mi cadera contra la isla y tomo un sorbo de mi
café.
Kas envuelve sus manos alrededor de la taza y mira fijamente abajo
en ella.
—He pensado mucho este fin de semana.
—¿Sobre qué? —preguntó en voz baja.
—Tú. —Levanta sus ojos a los míos, y la mirada en ellos hace que mi
corazón lata más rápido—. No puedo cambiar la forma en que me
comporté, y no puedo explicar por qué termine contigo. Fue la verdad
cuando dije que no sabía cómo hacer este tipo de cosas, cómo tratar a
alguien que me gusta. Porque te quiero, Daisy. Un infierno de mucho. Creo
que eres inteligente, fuerte y desafiante...
—¿Desafiante? —Levanto una ceja.
—Quiero decir en una buena forma. —Sus labios se inclinan hacia
arriba—. Me gusta que no tomes mi mierda. Eres una luchadora, y me
encanta eso. Y la forma en que amas a tu hermano y te has sacrificado
tanto por él... es inspirador. Eres compasiva, leal y hermosa. Eres
jodidamente hermosa.
Cree que soy hermosa. Y me ve en este maldito uniforme de trabajo,
apestando a productos de limpieza.
Mis mejillas se ruborizan ante su cumplido.
—Y sé que dijiste que ya habías terminado, pero te pido que
reconsideres. Para darme otra oportunidad. Te lo suplicaré si tengo que
hacerlo.
Sonríe, y sonrío.
—Dame una oportunidad, y te lo prometo, no lo joderé.
Mi sonrisa se vuelve escéptica, y levanto mi ceja otra vez.
—Está bien. —Se ríe entre dientes, levantando sus manos en
rendición—. No puedo prometer que no lo joderé porque soy yo de quien
estamos hablando. Pero prometo que haré todo lo posible para no joderlo.
—Baja las manos a la encimera—. Sé que soy difícil y un estúpido total a
veces…
Mi ceja se eleva mucho más y se ríe.
—Bien, soy un estúpido la mayor parte del tiempo. Pero eso no
significa que no te quiera... porque lo hago. Te quiero como no tienes
jodidamente idea.
Me quiere.
176
—Sólo dame otra oportunidad. Déjame llevarte a una cita. Quiero
pasar tiempo contigo, lejos de este lugar. ¿Entonces qué dices? Sal
conmigo, por favor.
Ahora que sé con qué tenía que lidiar cuando era más joven... bueno,
no sé con certeza lo que pasó, pero por lo que he juntado, fue malo, eso lo
hace muchísimo más fácil de comprender.
Y yo lo quiero.
Mucho más de lo que jamás creí posible.
Pero todavía espero un momento antes de contestar. Merece sudar un
poco.
—Está bien —digo finalmente.
Una sonrisa brota en su cara.
—¿Bien?
No puedo evitar sonreír a cambio, pero lucho por mantenerlo
modesto.
—Bien. Tienes tu oportunidad. Pero esta es tu última oportunidad,
Kas, así que intenta no arruinarlo. —Sonrío.
Su sonrisa se convierte en una sonrisa descarada. Me derrite.
—Voy a intentar realmente, muy duro. —Su voz acentúa la palabra
duro, y mi mente al instante va a otro lado.
Siento mi cara caliente, así que traigo la taza de café a mis labios y
tomo un sorbo, tratando de cubrirlo.
Kas baja la taza y se pone de pie. Camina alrededor de la isla hacia
mí. Toma la taza de mi mano y la baja.
Entonces, toma mi cara en sus manos, y mi corazón golpea
torpemente en mi pecho.
—¿Qué vas a hacer mañana? —pregunta suavemente. Su pulgar roza
la esquina de mis labios.
—Estoy trabajando. —Le doy una sonrisa de conocimiento.
Su ceja se alza.
—¿Y después del trabajo?
Espero un latido y luego digo:
—Estoy libre.
Sonríe.
—Bueno. —Luego, se inclina y me besa en el lugar donde su pulgar
acababa de tocar.
177
Todo mi cuerpo responde instantáneamente. Mis piernas se
convierten en jalea desde ese pequeño toque de sus labios contra el mío.
Tengo que agarrar su cintura para mantenerme derecha.
Se mueve hacia atrás, sonriendo, como si tuviera plena conciencia de
lo que me hace.
—Te llevaré directamente después del trabajo. Trae ropa de gimnasio
y zapatos cómodos contigo.
—¿Me llevas a un gimnasio en nuestra primera cita?
Quiero decir, me gusta correr y mantenerme en forma, pero sudando
en un gimnasio, frente a Kas, no es mi idea de una divertida primera cita.
—No —dice riendo con suavidad—. Dije, trae ropa de gimnasia, no es
que te llevara al gimnasio.
—Bueno. Entonces, ¿a dónde me llevas?
Se inclina y acaricia sus labios con los míos, haciéndome temblar.
—Lo descubrirás mañana —susurra.
Entonces, me libera y camina alrededor de la isla. Tomando su café,
sale de la cocina.
Voy a salir con Kas.
Oh, Dios mío... ¡Voy a salir con Kas!
Súper humanos
Esto es lo que pone el letrero en el edificio donde Kas está avanzando
en el estacionamiento.
—Aquí estamos. —Apaga el motor y saca la llave del contacto.
Estamos en Brixton. No estoy segura de dónde exactamente, pero
aparte de este edificio indescriptible y algunas fábricas que acabamos de
pasar, no hay nada aquí.
—¿Y dónde es aquí?
Sus labios se convierten en una sonrisa conquistadora.
—Lo verás en unos minutos. —Entonces, abre la puerta y sale.
Siguiendo el ejemplo, me pongo el bolso sobre el hombro y salgo del
auto.
Kas ha estado de muy buen humor todo el camino hasta aquí. No me
estoy quejando, es solo algo a lo que no estoy acostumbrada. Pero 178
realmente podría acostumbrarme.
Rodea el auto. Su cuerpo alto y fuerte es ágil mientras se acerca a mí.
Se mueve muy silenciosamente, considerando su tamaño, la fuerza. Casi
como un gato. Es casi como si Kas caminara en un aire diferente que el
resto de nosotros.
Está usando un pantalón de deporte negro, una camiseta negra y
unos tenis blancos. Se ve muy sexy.
Mucho más sexy que yo. Llevo un pantalón de yoga, mi top rosa
favorito para correr y unos deportivos. Tengo el cabello recogido en una
cola de caballo. Llevo un poco de maquillaje, máscara, colorete, y brillo en
mis labios, que me apliqué rápidamente antes de salir de la casa para
venir aquí.
Deteniéndose frente a mí, Kas coloca algunos mechones extraviados
de mi cabello detrás de mi oreja. Sus dedos me rozan la mejilla,
haciéndome temblar.
Sonríe mientras toma mi mano, entrelazando nuestros dedos, y
empieza a llevarme a Súper humanos.
Las mariposas comienzan a revolotear en mi estómago. Una locura
cómo un pequeño acto puede hacer un impacto tan grande.
Kas abre la puerta, sosteniéndola para que pase.
Caminamos hasta el mostrador de recepción. El tipo detrás del
mostrador nos observa mientras nos acercamos. Diría que tiene unos
treinta y tantos. Ha combatido unas entradas afeitándose el cabello.
Sonríe cuando ve a Kas.
—Oye, hombre, ¿cómo estás? —saluda con entusiasmo.
Kas me suelta la mano mientras el tipo se levanta y se inclina sobre el
mostrador. Hacen esa cosa masculina del apretón de manos que hacen los
chicos.
—Sí, estoy bien. ¿Cómo están las cosas contigo? —le pregunta Kas.
—Ah, ya sabes, la vida siempre es brillante. —Sonríe.
Miro con interés. Nunca antes he visto a Kas interactuar con la gente
de esta manera.
Y, con esta manera, quiero decir, amistoso.
—Alex, ésta es Daisy. Daisy, Alex —nos presenta Kas.
Kas retrocede hacia mí y toma mi mano.
Veo la mirada de Alex dirigirse a nuestras manos unidas.
Sonríe, levantando sus ojos hacia mí.
—Encantado de conocerte, Daisy. 179
—Igualmente. —Sonrío, de repente sintiéndome tímida.
—Entonces, ¿hoy estás aquí por negocios o por placer? —le pregunta
Alex a Kas.
¿Kas hace negocios aquí?
—Placer —contesta Kas.
—Genial. Bueno, déjame abrirte. —Alex aprieta un botón detrás del
escritorio, y se abre una puerta.
Kas sostiene la puerta abierta, dejándome pasar primero.
—Tengan una buena sesión —indica Alex.
¿Sesión? ¿Dónde diablos me ha traído Kas?
Estoy de pie en un pasillo. Lo primero que noto es la música que está
sonando. Es música de baile, como si estuvieras en un club. Y es ruidoso.
Kas me sujeta la mano de nuevo y me lleva por el pasillo corto.
A mi derecha, veo una puerta marcada como Cuarto para cambiarse
de hombres. La siguiente puerta está marcada como zona de cambio para
las mujeres.
Kas empuja las puertas dobles al final del pasillo, y luego me
encuentro en... bueno, no estoy muy segura de lo que es.
Es una habitación enorme.
Y está llena de personas haciendo lo que solo puedo describir como
algo parecido a la gimnasia.
La pared trasera está cubierta con un graffiti asombroso. A mi
derecha está una zona elevada, y por encima de eso hay un balcón que
rodea la habitación. Al lado del balcón hay un muro de escalada.
Directamente por encima de la zona elevada, colgando del techo, hay
anillos de gimnasia. Bajo el escenario hay un pozo lleno de cubos de
espuma azul. Me recuerda a esas piscinas de pelota en los centros de
juego para niños.
Directamente frente a mí hay un área con un piso de madera, una
rampa que pasa por su lateral, y un espejo que cubre todo el lado
izquierdo. Por encima está el andamio suspendido del techo. Más allá del
piso de madera está el suelo de seguridad, y a la derecha de este hay un
trampolín establecido con una red de seguridad. También hay algunos
accesorios de madera situados a la izquierda del suelo de seguridad que
me recuerdan un montón de caballos de gimnasia.
—Entonces... ¿qué te parece? —La voz de Kas proviene de mi lado.
Suena un poco inseguro, como si estuviera nervioso y anticipando mi
respuesta.
Alzo la mirada a la suya.
—Es genial. 180
—No tienes idea de lo que es, ¿verdad?
—No —admito, riendo.
Se ríe entre dientes.
—Es una academia de parkour.
—¿Lo que hiciste cuando saltaste de tu balcón y casi me dio un
ataque al corazón?
Se ríe de nuevo.
—Sí.
—Vaya —exclamo, vagando la mirada alrededor.
Veo a un tipo, de mi edad, de pie en el borde de la zona elevada.
Retrocede antes de correr a toda velocidad, luego salta sobre ella y sujeta
la barra del andamio con ambas manos.
Jadeo audiblemente.
Kas se ríe entre dientes.
—No te preocupes, sabe lo que está haciendo.
Se suelta de mi mano y se mueve para estar detrás de mí. Su pecho
está tan cerca de mi espalda que puedo sentir el calor que emana de él.
Sus dedos rozan ligeramente mi cintura. Ese ínfimo toque acelera mi
cuerpo.
Ni siquiera está tocando la piel, pero puedo sentir su toque como si
estuviera quemando en mi ropa.
Estoy viendo a este tipo moverse sobre el equipo como si fuera algún
tipo de acróbata. Pero sus acrobacias no son la razón por la que mi
corazón está latiendo más rápido o porqué mi cuerpo siente que está
estallando en fiebre.
Es a causa de Kas. Su cercanía.
El tipo salta de un tablero alto, a unos cinco metros de altura, y me
tenso.
—¿Ves cómo equilibra el peso de su cuerpo extendiendo los brazos? —
Las yemas de los dedos de Kas se aprietan un poco más fuerte contra mi
cintura—. Eso le ayuda a mantener el equilibrio —explica.
El tipo aterriza sobre los pies con solo un leve tropiezo.
—Es increíble —comento, girándome ligeramente para mirarlo—. ¿Y
tú haces esto?
Asiente.
—¿Por cuánto tiempo?
181
—Hace seis años.
Siento que hay tanto que no sé de él.
—Así que, sé que practicas parkour, y haces MMA. ¿Necesito saber
algo más sobre ti? ¿Un superhéroe que combate el crimen de noche? —Me
río.
Él también lo hace, pero no llega a sus ojos.
—No. Soy solo yo.
—Me gustas —susurro.
Sus ojos se oscurecen.
—Tú también me gustas.
Entonces, lo oigo comenzar a vibrar. O supongo que es su teléfono.
Deja escapar un suspiro.
—Lo siento. —Saca el teléfono del bolsillo del pantalón y mira la
pantalla. Hay un cambio en su expresión. Se ve incómodo. Pasa la pantalla
y luego vuelve a poner el teléfono en el bolsillo—. Era mi madre. La llamaré
más tarde.
—Podrías haber respondido —digo.
—Una vez que se pone en contacto por teléfono, tarda años en
alejarse de él. —Ofrece una sonrisa—. Estoy pasando tiempo contigo. No
quiero interrupciones.
Se acerca y se me entrecorta la respiración.
Entonces, sobre su hombro, veo un rostro familiar acercándose a
nosotros.
—Jude —llamo.
Kas se vuelve.
—Hola, hombre —lo saluda Jude. Hacen la cosa viril del abrazo—. No
esperaba verte aquí hoy.
—Traje a Daisy.
—Puedo ver eso. —Le da una mirada a Kas—. Me alegro de verte de
nuevo, Daisy. —Jude se inclina. Colocando su mano en mi brazo, me besa
en la mejilla.
—Oh, hola —le digo tímidamente, un poco sorprendida por su amable
saludo.
Jude es realmente abierto y amable, todo lo contrario de Kas. Hace
que me pregunte cómo se hicieron amigos.
—Así que, Kas te trajo a ver nuestro lugar —me comenta Jude. 182
—¿Su lugar? —Le echo un vistazo a Kas, confundida.
—No le dijiste nada. —Jude hace un sonido de reproche—. Kas y yo
somos dueños de este lugar.
Todavía tengo la mirada puesta en Kas, pero está mirando a Jude.
Veo que la piel alrededor de sus ojos se arruga.
Finalmente, lleva su mirada a la mía.
—¿Eres dueño de este lugar? —pregunto de nuevo.
—La propiedad conjunta con este idiota. Y tenemos fondos del
gobierno. —Kas niega en dirección a Jude—. Jude dirige el lugar.
—¿Y qué haces tú?
—Es el hombre del dinero —interviene Jude.
—Me encargo de la parte financiera de las cosas —explica Kas, dando
una mirada dura a Jude.
Jude se ríe, aparentemente sin estar afectado por la mirada de Kas.
—¿Cuánto tiempo lleva este lugar? —pregunto.
—Funcionando casi tres años —responde Jude.
—Bueno, estoy impresionada. Es increíble. —Dejo que mis ojos
vaguen por el lugar otra vez.
Cuando miro hacia atrás, Jude está sonriendo, y Kas lo mira
fijamente con una expresión molesta en su rostro.
¿Está enojado?
El Kas-feliz no duró mucho.
Sinceramente, si no quería que supiera que era el dueño de este lugar,
¿por qué me trajo aquí?
Empiezo a sentirme un poco irritada.
—Bueno, creo que debo volver. Tengo una clase que comienza pronto.
—Jude comienza a retroceder—. Me alegro de verte, Daisy.
—A ti también. —Sonrío.
—Te encontraré más tarde —le dice a Kas antes de girarse y salir.
Y, ahora, estamos aquí en este silencio incómodo que no estaba allí
antes de que Jude apareciera.
—Tengo la impresión de que estás enfadado porque sé que eres el
dueño de este lugar —murmuro.
—No estoy enfadado...
—No eres exactamente feliz.
Se vuelve hacia mí y me sujeta la mano, que le permito tomar. 183
—Simplemente no quería que pensaras que te traje aquí para
presumir.
—Lo último que pensaría es que eres un presumido. ¿Un dolor en el
trasero? Sí. ¿Pero un presumido? No.
Se ríe entre dientes.
—Me ves rodeado por la riqueza de mis padres todos los días.
Supongo que solo... —Suspira—. No quería que pensaras que también te
estaba restregando esto.
—No lo hago. Estoy seriamente impresionada. Y deberías estar muy
orgulloso de este lugar y de lo que has logrado.
Por primera vez, veo un poco de color en sus mejillas.
—Lo estoy.
—Bien. —Sonrío.
Se acerca más.
—Entonces… —digo.
—Entonces… —repite.
—Bueno, me trajiste aquí. ¿Qué planeas hacer conmigo ahora?
Sonríe e inclina su boca en mi oído. Sus labios rozan mi piel mientras
habla:
—Te enseño parkour, por supuesto.
Oh.
Oh, mierda.
Me hecho hacia atrás, mirándolo a los ojos, mis ojos abiertos con
preocupación.
—No estoy segura de eso. No hay forma de que vaya a saltar de una
gran altura.
Una risa retumba en su pecho.
—Eso es lo avanzado. Solo quería decir, te enseñaré lo básico.
—Oh. Bueno. ¿Y qué implican los conceptos básicos?
—Vamos a salir, y te lo enseñaré.
Camino junto a Kas por la academia. Esta vez no toma mi mano.
Admito que estoy un poco decepcionada.
Mientras caminamos, me explica las diferentes estructuras y para qué
se utilizan, y me presenta a la gente que entrena aquí.
Cuando llegamos al fondo del gimnasio, me detengo en la pared,
tocándola con los dedos. Me encanta este grafiti.
—Lo hizo Jude. 184
—¿De verdad? —Miro hacia atrás.
Asiente.
—Vaya. Es muy talentoso.
Kas asiente nuevamente en acuerdo.
—Sí, lo es. También hace arte abstracto.
—¿Lo hace como trabajo? ¿Además de dirigir este lugar? —indago.
Kas niega.
—Solo una afición.
—Una lástima —reflexiono.
—Sí. Es una verdadera pérdida de su talento. Pero no quiere
dedicarse a ello.
Hay algo en su expresión que no puedo descifrar. Pero sea lo que sea,
entiendo que no es algo bueno y muy posiblemente, tiene algo que ver con
el pasado de Jude.
Me he metido en el pasado de Kas sin que él lo sepa. No voy a
meterme en las cosas personales de Jude.
—Ven. —Kas inclina la cabeza en dirección a la puerta de salida.
Lo sigo afuera. Pensé que el interior era impresionante, pero aquí es
igual de impresionante, si no más.
Es como un gran parque, pero mucho más.
Hay castillos de metal y un parque infantil, con un conjunto de
columpios, tobogán, barras de mono y un balancín. Y lo que parece una
pista de obstáculos se establece en toda la zona. También hay diferentes
tipos de estructuras que ni siquiera sabría describir.
—Esto es increíble —aseguro, pasando junto a Kas, admirándolo
todo. Me vuelvo para encararlo—. ¿Has construido todo esto?
—No con mis manos. —Curva los labios en una sonrisa—. Pero Jude
y yo lo diseñamos. Bueno, en realidad, Jude hizo todos los dibujos, todo lo
que hice fue dar mi opinión de vez en cuando. Fichamos contratistas para
construir todo.
—Es realmente fantástico.
—Sí. —Sonríe de nuevo, y ésta le llega hasta los ojos—. Vamos. —Se
acerca y toma mi mano, guiándome hacia uno de los castillos de metal.
Unidas al castillo de metal hay dos plataformas frente a frente, con un
metro de espacio entre ellas.
Kas se sube en una de las plataformas bajas.
185
—Sube aquí, a mi lado —indica.
Quitándome el bolso del hombro, lo pongo en el suelo junto a uno de
los catillos de metal. Junto a él, subo a la plataforma.
Mira hacia mí.
—Bien, así que vamos a hacer algunos saltos de precisión para
empezar.
Le doy una mirada dudosa.
—Estarás bien. Es solo cuestión de equilibrio.
—Del que no tengo ninguno.
Se ríe.
—Solo mira lo que hago.
Kas se mueve para que sus pies estén en el borde de la plataforma.
Luego, salta hacia adelante con los dos pies aterrizando fácilmente en la
otra plataforma.
Se gira.
—¿Ves? Fácil. Tu turno.
—Oh, sí, muy fácil. —Pongo los ojos en blanco, mirándolo.
Se cruza de brazos, dándome una mirada sensata.
—Está bien —resoplo.
Me acerco al borde, exactamente como él hizo.
El corazón comienza a latirme un poco más rápido cuando miro hacia
abajo en el hueco de un metro, que no suena como mucho, pero lo es.
—No creo que pueda hacerlo. —Dando un paso atrás, miro a Kas.
Observa mi mirada asustada y su expresión se suaviza, bajando los
brazos del pecho.
—Puedes hacerlo, Daisy. Eres fuerte. No tienes miedo de nada.
—Tengo miedo de caer allí. —Hago una mueca, señalando el espacio
entre las plataformas, que es solo una caída de un metro, pero un metro
más alto de lo que quiero caer.
—No te dejaré caer. —El compromiso en su voz hace que lleve mi
mirada a la suya.
Lo miro fijamente a sus cálidos ojos.
—¿Promesa?
—Lo prometo.
Tomo una respiración profunda y paso de nuevo hasta el borde.
—Bueno, dobla tus rodillas, y levanta tus brazos para equilibrarte —
me guía Kas, mostrándome exactamente lo que quiere decir.
186
Copio su postura.
—Ahora, solo empuja la plataforma con tus pies, y propúlsate hacia
delante.
Me encuentro con sus ojos.
—Puedes hacerlo —susurra—. Créeme.
Algo sucede en este momento mientras miro a esos ojos que una vez
pensé que eran tan fríos. Me doy cuenta de que confío en él.
Entonces, lo hago. Me empujo de la plataforma y salto.
Mis pies aterrizan profundamente en la otra plataforma.
—Lo hice —exclamo.
—Sí, lo hiciste. —Sonríe.
—Nada de, ¿te lo dije? —Le sonrío.
—Como si fuera tan arrogante como para decir algo así.
Se ríe, y me río.
—¿Quieres ir otra vez? —pregunta.
—Está bien. —Asiento.
Pasamos unos buenos minutos conmigo saltando de una plataforma a
otra, y Kas observando.
Honestamente, estoy disfrutando mucho.
Esta es la mejor cita que he tenido, y es simplemente el comienzo.
—¿Quieres probar algo más difícil? —pregunta Kas.
Eso me detiene en mi camino.
—¿Más difícil? ¿Cómo qué?
Me da una sonrisa secreta.
—Te mostraré.
—¿Qué tal si me enseñas lo que puedes hacer, y luego haré algo más
difícil?
Me mira fijamente, una sonrisa de baja bragas aparece en su rostro.
—Bien. De acuerdo.
Se mueve de la plataforma en que estamos y camina hacia otro
castillo de metal. Tomo mi bolso y lo sigo.
Sube el marco hasta que está a unos tres o cuatro metros de altura.
Luego, se levanta en una plataforma y se coloca en el borde. Salta del
frente de la plataforma, aterrizando sobre los pies, agachado, sus manos
tocando el suelo. Se levanta y sale corriendo hacia un caballo con arcos.
Con las manos sobre él, hace una especie voltereta lateral. Se posa sobre
los pies al otro lado, donde procede a hacer un par de vueltas hacia atrás 187
en sucesión, y luego aterriza en sus pies, deteniéndose.
—Presumido. —Sonrío, acercándome a él.
Me sonríe.
Me detengo a unos cuantos centímetros de su cuerpo. Está casi sin
aliento.
—Eso fue muy impresionante —aseguro.
La sonrisa se desvanece, y una sonrisa le toca los ojos mientras
levanta un hombro.
Me encanta lo modesto que es sobre esto.
Se estira, tomando mi mano y me acerca a su cuerpo. Me rodea con
los brazos y baja su boca a la mía.
Me besa suavemente, rozando sus labios sobre los míos. Es un beso
burlón. Un beso con una promesa de más. Pasa suavemente la lengua
sobre mi labio inferior, provocando un suave gemido de mí. Sujeto su
cintura con las manos. Roza sus dientes sobre ese mismo labio inferior, y
luego demasiado pronto, está apartando sus labios de los míos. Casi me
quejo de disgusto.
—Tu turno —indica, con un tono ronco en su voz.
—¿Para qué? ¿Más besos? Porque podría ir por eso.
Se ríe suavemente y frota la nariz contra la mía.
—Más parkour.
—Oh, eso. —Doy un murmuro exagerado—. ¿Seguro que no quieres
besar un poco más?
Presiona sus labios contra los míos de nuevo.
—Si te besara tantas veces como quisiera, nunca conseguiría hacer
nada —murmura contra mi boca.
—Podría vivir con eso.
Su risa estalla contra mis labios. Sonrío, amo el sonido y la
sensación.
—Vamos. —Me da un golpe en el trasero, haciéndome saltar, antes de
que me suelte.
—Entonces, ¿qué estoy haciendo? —le pregunto, siguiéndole hasta el
potro de gimnasia.
—Quiero que saltes esto. —Golpea el potro de gimnasia con los
nudillos.
—Um, —paso la mirada del potro hacia él—, ¿estás loco?
Se ríe.
188
—No es certificable, pero muy posiblemente al límite.
—Divertido —digo inexpresiva—. Pero de ninguna manera voy a saltar
esa cosa.
—¿Por qué no?
—Porque me gusta respirar. Y me gustaría ver a Jesse terminar la
escuela, ir a la universidad y graduarse, por lo menos.
Se ríe otra vez, y retumba en su pecho.
—No te matarás al saltar esto, Daisy.
Me cruzo de brazos.
—Tal vez no me mate, pero muy probablemente me rompa el cuello.
La risa comienza de nuevo, todo su cuerpo temblando.
Y, ahora, estoy luchando contra una sonrisa por el sonido contagioso
de la misma.
Bastardo.
Sus brillantes ojos se cruzan con los míos y se acerca a mí.
—No te harás daño, preciosa, te lo prometo.
Me llamó preciosa.
Me derrito.
Sí, soy esa chica ahora mismo.
Quité a la niña que salía de mí y lo miré fijamente con un ligero ceño
fruncido en el rostro.
—Bueno, si me rompo el cuello, espero que pagues por el resto de mi
vida paralizada.
Puedo ver que está peleando con una sonrisa.
—De acuerdo.
—Bien. Terminemos con esto.
Dejo caer mi bolso en la hierba y camino hacia el potro de gimnasia.
Kas sigue detrás de mí.
—¿Qué debo hacer? —inquiero.
—Corre con fuerza hasta allí. Entonces, cuando lo alcances, pon las
manos en la parte superior, y salta por encima.
Miro por encima del hombro hacia él, dándole una mirada escéptica.
—¿Así de fácil?
—Sí. —Sonríe—. Así de fácil.
Tomo una respiración profunda y camino hacia atrás, poniendo un
montón de espacio entre el potro de gimnasia y yo. 189
Kas salta a un lado, inteligente y sin decir una palabra.
Miro fijamente al caballo de gimnasia como el Monte Everest. Mi
corazón ha acelerado su ritmo, y mi pulso está palpitando en mi cuello.
Puedo sentir mis manos empezando a sudar.
Cierro y abro las manos, luego las paso por el pantalón para secarlas.
Respiro profundamente y salgo corriendo. Tomo buena velocidad, pero
demasiado rápido, el caballo de gimnasia está en mí, y no puedo hacerlo.
Me detengo delante de él, las manos presionando la parte alta.
—¡Por el amor de Dios! —me quejo, molesta conmigo misma.
Miro a Kas, que está de pie, observándome.
—Puedes hacerlo —anima.
Me alejo, tomo otra respiración profunda. Entonces, vuelvo a mi
punto de partida anterior.
Vamos, Daisy. Te has enfrentado a cosas peores que este estúpido
potro de gimnasia. Puedes hacerlo. Imagínate que es Jason, estás corriendo
hacia él, consigues ponerle las manos en la cabeza y saltar sobre el
bastardo.
Y luego tal vez volvas y lo patees en las pelotas.
Mi pequeña charla parece haber encendido algo en mí. Empiezo a
correr, como lo hice antes, pero esta vez, una determinación se construye
en mí mientras sigo. Cuando alcanzo el potro de gimnasia, en lugar de
detenerme, pongo las manos encima y salto sobre él, aterrizando con
seguridad en el otro lado.
Lo hice.
¡Jodidamente lo hice!
Me vuelvo hacia Kas.
—¡Lo hice! —Alzo las manos en el aire, haciendo un pequeño baile de
la victoria.
Sonriendo de par en par, se acerca a mí.
—Sabía que sí.
Paro mi baile de la victoria.
—Sí, lo hiciste. —Le sonrío suavemente.
Algo cambia en mi pecho, y el calor se extiende por todo mi cuerpo,
haciéndome estremecer.
—¿Quieres intentarlo de nuevo? —pregunta.
—Sí. —Sonrío—. ¿Pero lo filmarás para mí en mi teléfono? —Camino
hacia mi bolso y saco el teléfono—. Quiero mostrárselo a Jesse. Creo que
estará impresionado.
190
—Seguro. —Sonríe, quitándome el teléfono.
—¿Necesitas que ponga la cámara? —pregunto.
—No, lo tengo.
Camina hacia el lugar desde donde miró antes, y me pongo en mi
lugar, lista para correr.
—Déjame saber cuándo estás listo para filmar —le digo, con los ojos
fijos en el caballo de gimnasia.
No responde, así que miro hacia él, y algo en su expresión hace que
mi corazón se detenga.
Está mirando mi teléfono. La confusión, la ira y el dolor están
claramente grabados en su rostro.
¿Qué está mal con él?
Entonces, un pensamiento golpea mi cerebro.
Oh, mierda... no...
Me estoy moviendo rápidamente hacia Kas.
Parece sentir mi acercamiento, y observo con la respiración
entrecortada mientras, lentamente, eleva la mirada hacia la mía.
Entonces nuestros ojos se encuentran y se sostienen, y lo veo allí en
sus ojos agonizantes.
Lo ha visto.
La fotografía de Haley. Todavía estaba en mi teléfono.
¿Por qué diablos no la he borrado? Soy tan jodidamente estúpida.
Me detengo a unos cuantos metros de distancia, sin saber qué hacer.
—Kas —digo su nombre suavemente, tentativamente.
—¿Por qué...? —Hace una pausa.
Lo veo apretar furiosamente la mandíbula. Su cuerpo está
fuertemente tenso, como si estuviera luchando para controlarse.
191
Un escalofrío me atraviesa. Me rodeo con los brazos.
—¿Por qué tienes esto en tu teléfono? —Su voz es como granito.
Levanta el teléfono.
La fotografía que tomé de la foto de Haley está ahí para que la vea.
Palidezco.
—Yo... puedo explicarlo.
—¡Entonces, malditamente explica!
Salto hacia atrás.
He visto a Kas enojado antes, pero este es un nuevo nivel de ira. Está
lívido. Y tiene derecho a estarlo.
—Yo-yo... —No puedo parar el tartamudeo. Mi cuerpo entero está
temblando con nervios. Tomo una respiración profunda, tratando de
calmarme—. Encontré la fotografía... por accidente. Fue la semana pasada
después de que nos besamos en el club y discutimos al respecto. Después
de que te dejé, subí las escaleras y empecé a deshacer tu cama. Golpeé un
vaso de agua sobre la mesita de noche. Lo limpié con una toalla y vi que el
cajón superior estaba un poco abierto. Estaba preocupada de que el agua
hubiese conseguido entrar. Vi la imagen allí. Y yo... —Levanto los hombros
con impotencia.
—Viste la fotografía —repite, su tono bajo y mortal—. No me explicas
por qué carajo tienes una imagen de ella en tu teléfono.
Se me llenan los ojos de lágrimas. La he jodido a lo grande.
—No lo sé. —Me tiemblan los labios—. Solo tenía curiosidad... y celos,
y yo...
—¿Celos? —grita, haciéndome saltar de nuevo—. ¿Por qué diablos
estarías celosa?
—Yo... ella... quiero decir, Haley...
—Sabes su nombre. —Su voz es tranquila pero peligrosa.
Asiento, y una lágrima cae por mi mejilla. Libero una mano y la seco.
Kas me está mirando, pero es como si ni siquiera me viera ahora
mismo.
—¿Que más sabes?
Me muerdo el labio, temerosa de hablar.
—¿Qué sabes? —repite, gritando.
Centro la atención.
—Busqué a Haley en internet.
El silencio que golpea es como un bulldozer que golpea el ladrillo, y la 192
mirada que Kas me da me hace querer enroscarme y morir.
—Lo sabes. —No es una pregunta.
Pero soy rápida para responder:
—S-solo lo que estaba en los artículos. —Me tiembla completamente
la voz—. Qu-que Haley fue... que ella fue ase-asesinada, y... —Me detengo,
encontrando su mirada ardiente—. Que otra persona estaba allí con ella
esa noche, alguien que también estaba... herido.
Cierra los ojos, como si tuviese un dolor real. La angustia distorsiona
su bello rostro.
Me siento mal del estómago.
—Lo siento mucho —susurro, más lágrimas deslizándose por mi
rostro.
Hay un gran silencio. Solo se oyen mis patéticos gemidos y la
respiración laboriosa de Kas.
—¡Joder! —chilla, echando la cabeza hacia atrás.
El sonido es tan salvaje que me rasga el corazón como garras.
Ojos negros atormentados regresan en mi dirección.
Entonces, sin decir una palabra, lanza mi teléfono al suelo, a mis
pies, y se está moviendo... yéndose. Se marcha lejos de mí, sus largas
piernas rápidamente añadiendo la distancia.
El miedo me apodera. ¿Qué debo hacer?
Ve tras él.
Tomo mi teléfono del suelo, mi estúpido teléfono que causó este
problema en primer lugar, y corro por mi bolso. Dejo caer el teléfono
adentro, y luego empiezo a correr en dirección a Kas.
Solo necesito disculparme... explicar.
Las lágrimas se secan en mi rostro mientras corro. Finalmente lo
alcanzo en el estacionamiento, cerca de su auto.
—Kas, espera, por favor. —Jadeo, sin aliento.
Me ignora y sigue avanzando hacia su auto. Por lo tanto, aumento mi
velocidad, corriendo hacia él. Lo alcanzo justo cuando está abriendo la
puerta del auto. Curvo mi mano alrededor de su brazo, deteniéndolo.
Se vuelve hacia mí, con los ojos fijos en mi mano como si quisiera
romperla.
Rápidamente suelto mi mano.
—Por favor, déjame explicar —le suplico. 193
—No.
—Por favor, Kas.
SU dura mirada me atraviesa.
—Tienes que estar jodidamente lejos de mí.
La agonía se apodera de mi pecho.
Se sube al auto.
Afectada por el miedo, me muevo entre la puerta del conductor y el
auto para impedir que la cierre.
—Sal jodidamente del camino —ordena.
—No.
Sus ojos me queman.
—No me hagas moverte, Daisy.
Los nervios me hacen tragar fuerte.
—Por favor, Kas, solo escúchame, y entonces puedes irte.
Me mira. El odio en sus ojos hace que mi cuerpo empiece a temblar.
—No tengo que hacer una maldita cosa. Y no tienes nada que quiera
oír. ¡Ahora, aléjate de mi auto!
Haciendo caso omiso de su ira, lucho.
—¡Al menos me merezco la oportunidad de explicarme! ¡Cuando la
jodiste, dos veces, te di una oportunidad!
Me sujeta con una mirada muerta.
—Entonces, eras una tonta. —Una mirada fría se establece
rápidamente en sus ojos—. ¿O lo soy yo, por pensar que eras alguien que
claramente no eres?
Esas palabras golpearon como un cuchillo entre mis omoplatos.
Trago saliva. La garganta me arde, como si estuviera tragando ácido.
Paso una mano por las lágrimas que se deslizan por mi rostro.
—Y puedes parar con las lágrimas. No me afectan. Ahora, aléjate
inmediatamente de mi auto, o te moveré, y no será bonito —murmura
significativamente.
El miedo me sacude hasta el fondo. Nunca lo he oído sonar de esa
manera antes. Como si dijese en serio lo de hacerme daño.
Sabiendo que no hay nada que pueda hacer o decir para que me
escuche, doy un derrotado paso atrás.
Al segundo en que me muevo, cierra la puerta del auto, y entonces
está acelerando el motor y alejándose un segundo más tarde, sus
194
neumáticos derrapando contra la grava, dejándome en una nube de polvo.
Mientras veo salir su auto, un sollozo sube por mi garganta.
Cubriéndome la boca con la mano, lo retengo.
Me he equivocado tanto. Nunca me va a perdonar.
Miro a mi alrededor. Afortunadamente, el estacionamiento está vacío
de gente.
Tomando una respiración temblorosa, me seco el rostro con las
manos, luego saco mi teléfono del bolso y presiono el último número en mi
historial de llamadas, llamando a la única persona en la que he podido
confiar.
Con la mano temblando, me pongo el teléfono en la oreja.
—Hola —canta Cece en la línea—. ¿Cómo va la cita?
—Ce... puedes venir a recogerme? —Mi voz vacilante.
—Daisy, ¿qué pasa? —Su tono es instantáneamente protector.
—Yo, yo... la jodí, Ce. Realmente mucho. Y necesito que vengas a
buscarme.
—Bueno. Te tengo, Mayday. Solo dime dónde estás.
—Es-estoy en un lugar llamado Súper humanos. Está en un polígono
industrial en Brixton. Es-es el lugar de Kas.
—Lo encontraré.
—Por favor, sé rápida —ruego, las lágrimas llenando mi voz.
—Bueno. Solo quédate en el teléfono conmigo, Daisy. No cuelgues.
—Bueno.
La oigo moverse. Llaves tintineando. Una puerta cerrada. Un giro de
la cerradura. Entonces, oigo sus zapatos golpeando contra hormigón
mientras baja las escaleras de nuestro edificio.
—Siento ser una molestia, Ce.
—Cállate —reprende suavemente—. Nunca serás una molestia para
mí. Eres mi familia, Daisy.
—Tú eres mi familia, también —susurro, quitando una lágrima.
Oigo una puerta golpear. Entonces, un motor de automóvil cobra
vida.
—Te estoy poniendo en el altavoz —indica. La línea se queda en
silencio por un momento, y luego vuelve a la vida con un eco—. ¿Puedes
oírme? —cuestiona.
—Te escucho —confirmo.
—Bien. Ahora, dime, ¿necesito golpear a este hijo de puta?
195
Dejo escapar una triste risa mientras limpio otra lágrima.
—No —digo sombríamente—. No ha hecho nada malo. —Y es la
verdad, no lo ha hecho—. Esto fue todo por mí. Mi culpa por completo. —Y
lo es.
Lo he estropeado todo. Otra vez.
Es tarde. Cerca de la medianoche. Estoy en pijama, lista para dormir,
y estoy en el baño, cepillándome los dientes. Mis ojos están hinchados por
todo el llanto que he tenido, y me siento emocionalmente agotada.
Cece ya está en la cama. Se fue a la cama hace media hora. Pasó toda
la noche tratando de hacerme sentir mejor. No mucho me va a hacer sentir
mejor, aparte de Kas, y no es probable que eso vaya a suceder.
No he oído hablar de él.
Intenté llamarle una vez que llegué a casa después de que Cece me
recogiera, pero la llamada quedó sin respuesta. Cuando intenté llamar de
nuevo, fui a correo de voz, diciéndome que había apagado su teléfono.
Dejé un correo de voz, disculpándome nuevamente y pidiéndole que
me llamara. Bueno, podría haberle rogado que me llamara.
También envié un texto, por si acaso decidió ignorar el correo de voz.
Por supuesto, también puede ignorar el texto, pero al menos sabré cuando
lo haya leído. 196
No es que lo haya leído todavía. Podría haber comprobado una o dos
veces... o cien veces.
Escupí en el fregadero y enjuagué mi cepillo bajo el grifo. Acababa de
poner mi cepillo de dientes en el soporte cuando alguien empezó a golpear
en nuestra puerta.
Cece sale de su habitación, y al mismo tiempo, salgo del baño. Ella
está con los ojos muy abiertos. Creo que mi expresión refleja la suya.
—¿Quién diablos es eso? —pregunta.
—No tengo ni idea.
—¡Daisy! —grita una voz a través de la puerta principal.
Mi cuerpo se sacude sorprendido, y mi corazón comienza a martillar
en mi pecho.
—Es Kas —le susurro a Cece. Por qué estoy susurrando, no tengo ni
idea—. ¿Qué crees que quiera?
¿Y cómo diablos se metió en el edificio sin ser autorizado? Tanto para
la seguridad del edificio.
—Sugiero abrir la puerta y averiguarlo.
—Divertido. —Le doy una mirada no divertida.
Tal vez ha venido aquí para gritarme un poco más... o peor,
despedirme.
Vuelve a golpear la puerta.
—Daisy, ¡abre la puerta! —Sus palabras son arrastradas. Suena
borracho.
—Será mejor que respondas a la puerta antes de que despierte a todo
el edificio —dice Cece con una sonrisa en los ojos.
—Mierda —murmuro. Entonces, rápidamente voy a través de nuestro
apartamento a la puerta principal.
Alcanzándola, me estiro hacia arriba en mis puntas de los pies y miro
a través de la mirilla sólo para estar segura. Y, sí, Kas está al otro lado de
mi puerta.
Fortaleciéndome, desbloqueo la puerta y la abro.
Huelo el alcohol primero. Entonces, noto que todavía está en la ropa
que llevaba antes.
—Daisy —murmura. Suena como Duh-easy. Él entra por la puerta
abierta y prácticamente cae encima de mí.
—Jesús, Kas. —Toma todas mis fuerzas sostenerlo.
Sus manos se agarran a mi cintura mientras entierra la nariz en mi 197
cabello.
—Hueles tan jodidamente bien —murmura en mi cabello—. No te
merezco, pero hueles muy bien.
Está muy borracho. Estirando mi pierna, pateo la puerta principal
cerrándola.
Tomando sus manos en mi cintura, las retiro y retrocedo, todavía
sosteniendo sus manos porque me preocupa que pueda caerse. Le miro la
cara. Sus ojos están medio cerrados y vidriosos.
—Vamos a sentarte, y voy a hacer café.
—No quiero café. —Frunce el ceño—. Sólo te quiero a ti.
Él me quiere.
Mi corazón se estremece.
Está borracho, Daisy. Las personas borrachas a menudo dicen cosas
que no significan nada.
Se agacha de nuevo y lo agarro. Su cabeza cae a mi hombro, su frente
presionando mi piel desnuda. Siento que su cuerpo tiembla.
—Nunca quise que lo supieras. —Sus palabras son suaves pero
ahogadas.
Entonces, siento humedad en mi piel.
Lágrimas.
Jesús, mierda.
Me siento enferma.
—Lo siento mucho, Kas. Lo siento. —Las lágrimas empañan mis ojos.
Presiono mi mano en la parte posterior de su cabeza, sujetándolo hacia mí,
mientras envuelvo mi otro brazo alrededor de él.
Su cara se desliza en el hueco de mi cuello, sus respiraciones aún
calientes contra mi piel.
—Fue culpa mía —murmura—. Si hubiera sido más fuerte... luchar
más fuerte... todavía estaría viva.
Haley.
El dolor se aprieta en mi pecho y me tuerce el estómago.
Aprieto los ojos cerrados, luchando contra las lágrimas.
—Shh... —Lo calmo, pasando mi mano sobre su cabeza—. Va a estar
bien, Kas. Todo va a estar bien.
—Ya es demasiado tarde —dice, sus labios rozando mi piel.
—¿Demasiado tarde? —susurro.
—Para Haley... y para mí. 198
¿Qué digo?
Todavía estás aquí. Ella se ha ido. Pero todavía estás aquí, y me
preocupo por ti.
No puedo decir eso, así que, en su lugar, digo:
—No fue tu culpa, Kas.
Él toma una respiración temblorosa.
—No sabes nada.
—Así que dime. Puedes hablar conmigo.
Tirando de mi agarre, él levanta sus ojos a los míos. Todavía están
vidriosos con alcohol.
—No quieres saberlo.
—Si quieres contarme, quiero saberlo.
Se vuelve hacia mí, los ojos en la pared, y su cuerpo se balancea.
—No quieres involucrarte conmigo. No soy un buen hombre, Daisy.
Ya me lo ha dicho antes.
—Sí, lo eres —argumento.
—No, no lo soy. —Su voz suena tan segura. Vuelve la cabeza para
mirarme—. Soy un jodido monstruo, Daisy. No como esos bastardos, pero
un monstruo de todos modos. Las cosas que he hecho...
¿Las cosas que ha hecho?
Algo frío y duro se asienta en mi estómago.
—¿Qué has hecho? —Mi voz vacila.
Sostiene mi mirada por un momento más, y entonces mira lejos, de
nuevo a la pared.
—Nada. Olvida que dije cualquier cosa. Ni siquiera sé por qué he
venido aquí. —Se tambalea un paso, con la espalda golpeando la pared.
Trato de no dejar que sus palabras me hagan daño.
Lo intento... sin éxito. Pican como una perra.
Respirando a través del dolor, me concentro en él.
—Déjame ayudarte —digo suavemente, dando un paso más cerca.
Sus ojos se vuelven a los míos. Puedo ver fisuras de dolor en ellos, y
me abren de par en par.
—Nadie puede ayudarme —susurra, roto—. Estoy perdido hace
mucho tiempo.
199
Las lágrimas comienzan a nadar en sus ojos oscuros, y casi empiezo a
llorar.
—Mierda —murmura enojado. Luego, inclina su cabeza contra la
pared, golpeándola con un ruido sordo. Cierra los ojos y empieza a respirar
profundamente.
Veo movimiento desde la esquina de mi ojo y me vuelvo a ver a Cece
de pie en la puerta de su habitación.
—¿Todo bien? —pregunta, preocupada.
—Está borracho —respondo.
—No estoy borracho. Estoy feliz —murmura Kas.
Mis ojos destellan hacia él. Los suyos siguen cerrados.
Recuerdo haberle dicho esas mismas palabras cuando estaba
borracha.
—¿Quieres que haga café? —pregunta Cece.
Sacudo la cabeza.
—Lo pondré en la cama. Que se duerma.
—No quiero irme a la cama —masculla Kas.
—Te vas a la cama —le digo.
—¿Necesitas una mano? —pregunta Cece.
—Creo que lo tengo. Puede caminar. —Empujo su barbilla con mi
mano—. ¿Cierto?
Ojos soñolientos se entreabren.
—¿Huh?
—¿Puedes caminar?
—Por supuesto que puedo —masculla, borracho soñoliento.
Me acerco y bloqueo la puerta. Entonces, pongo mi brazo alrededor de
su cintura. Agarrándolo, lo muevo de la pared. Él empieza a caminar
conmigo, pero está apoyando mucho su peso en mí.
Dios, pesa mucho.
Me considero bastante fuerte para mi tamaño, pero estoy colapsando
bajo su peso.
Sigo moviéndome, tratando de que tome el ritmo antes de caer.
Pasamos por el frente de Cece.
—Nos vemos por la mañana —le digo—. Y lo siento por... ya sabes. —
Inclino mi cabeza en la dirección de Kas.
—No te preocupes por eso. Y vino a verte, así que no todo está perdido
—susurra esa última parte.
Mis ojos destellan en Kas, cuyos ojos están firmemente cerrados, pero 200
estoy segura de que la oyó.
Le doy a Cece una mirada molesta.
Ella sólo me sonríe y luego desaparece de nuevo en su habitación.
Suspirando, maniobro a Kas en mi dormitorio y luego en mi cama,
que golpea con un ruido sordo y casi me lleva abajo con él.
Caminando, me acerco y enciendo la lámpara de cabecera. La luz
ilumina su bello rostro.
Está tendido en mi cama, con los ojos cerrados, respirando
profundamente, con una pierna colgando del borde.
De todas las formas en que me imaginaba a Kas estando en mi cama,
ésta no era una de ellas. Borracho y desmayado.
Va a tener un infierno de resaca por la mañana.
Desamarro sus tenis y se lo quito. Entonces, miro fijamente su
sudadera y camiseta.
¿Debo desnudarlo?
Tal vez no el pantalón, pero voy quitarle su camiseta, para que no se
sienta demasiado caliente.
Me inclino y agarro el dobladillo de su camiseta para levantarla.
Su mano sale de repente y me toma la muñeca, deteniéndome.
—No lo hagas. —Su voz baja es una advertencia.
Me trago la sorpresa, sintiéndome como si estuviera atrapada
haciendo algo mal.
—Sólo intentaba hacerte sentir cómodo.
—No... quiero... que me veas —murmura. Luego, su apretado agarre
de mi muñeca se afloja, y se da la vuelta.
¿No quiere que lo vea? ¿Qué diablos se supone que significa eso?
Me retiro hacia atrás, frotándome la muñeca. Al salir de la habitación,
voy a la cocina y tomo un vaso de agua y una aspirina para la mañana.
Regreso a mi dormitorio, y él se ve profundamente dormido, su
respiración profunda y uniforme. Pongo el agua y las píldoras en la mesita
de noche, y luego tiro el edredón sobre él, cubriéndolo.
Mirándolo fijamente, la emoción me aprieta el pecho.
Me acerco y le quito el cabello de la cara.
—Duerme bien —susurro. Entonces, me inclino y presiono mis labios
en su frente.
—Me haces sentir de nuevo, Daisy —murmura, sorprendiéndome.
Retrocedo y le miro la cara. Sus ojos todavía están cerrados.
201
Luego, deja escapar un poco de aire.
—Me has hecho sentir... y odio eso.
La tristeza me envuelve con sus palabras.
Me muevo hacia atrás y lo observo por un largo momento.
Finalmente, apago la lámpara. Con pasos tranquilos, me muevo a
través de mi habitación y cierro la puerta, dejándolo solo.
Me has hecho sentir.
Sus palabras me persiguen todo el camino de vuelta a la sala de
estar.
Tomo la manta de la parte trasera del sillón y apago la luz.
Podría dormir en la habitación no utilizada de Jesse, pero no creo que
pueda dormir mucho esta noche. Así que, me acuesto en el sofá, me cubro
con la manta, y miro hacia el techo oscuro.
Abro los ojos. La habitación está en el punto donde la luz está
filtrándose en la oscuridad, dando un resplandor misterioso.
Y no estoy sola.
Me siento.
Kas está en el sillón. Está inclinado hacia adelante, sus antebrazos
apoyados en sus muslos, sus manos juntas, observándome. Veo que sus
zapatos están en sus pies, como si no fuera a quedarse.
Mi corazón se retuerce.
—¿Cómo te… sientes? —pregunto tentativamente. Tengo la garganta
seca, la voz ronca por el sueño o la falta de ello.
Cuando nuestras miradas se encuentran, veo una pesada mezcla de
dolor y arrepentimiento en la suya. Esos sentimientos se apoderan de mi
corazón, como un tornillo.
Exhala con cansancio y aparta la mirada de mí. 202
—Haley era mi novia —dice con una voz tranquila—. Estuvimos
juntos por dos años, desde que teníamos quince años. Ella era mi amor de
mi infancia, por así decirlo. Era bonita y dulce, inteligente y amable. Era
simplemente buena, Daisy. Y la amé por todas esas razones.
»Fuimos a la misma secundaria. Acabábamos de terminar nuestro
rendimiento avanzado, e íbamos a ir a la universidad. Ambos habíamos
conseguido lugares en Birmingham. Lo teníamos planeado. Íbamos a ir a
la universidad, graduarnos, conseguir un trabajo y mudarnos juntos. Se
suponía que era el comienzo de nuestras vidas. Resultó ser el final…
bueno, el final de ella.
Deslizo mis piernas lentamente del sofá y coloco mis pies en el suelo,
así estoy sentada en posición vertical. Kas ni siquiera parece notar que me
moví. En este momento, está en otro lugar, y no aquí conmigo.
Está en algún lugar malo e inquietante.
—Fue un sábado por la noche. Nuestra escuela organizaba un baile
de graduación en el Marriott Hotel en el centro de Londres. Haley estaba
tan emocionada de ir. Había pasado todo el día preparándose. Había ido al
salón de belleza a hacerse las uñas, el peinado y maquillaje.
Su mirada va por la habitación, como si estuviera viendo otra cosa,
otra persona en otro momento y lugar. Una expresión suaviza su mirada.
—Ella se veía hermosa.
Una sonrisa triste curva sus labios y rápidamente desaparece.
—En el baile, Haley no estaba bebiendo nada, pero yo tenía un poco
de whisky con mis amigos en el baño. Uno de ellos había metido una
botella, pero no estaba borracho. El baile estaba terminando. Contratamos
una limusina para llevarnos a casa, pero fue una noche realmente genial,
y no estaba listo para que terminara. Así que, le sugerí a Haley dar un
paseo. Pensé que sería romántico, como en las películas. —Ríe
tristemente—. Así que, le dije al conductor de la limusina que esperara.
Comenzamos a caminar por el exterior de Hyde Park. Sugerí que
entráramos. Haley no estaba segura, pero le aseguré que estaríamos bien.
—Da una carcajada sin vida—. Habíamos estado caminando en el parque
por sólo unos cinco minutos cuando oí pasos detrás de nosotros. Ni
siquiera sabía que había alguien más en el parque. No habíamos visto ni
un alma en el tiempo que estuvimos allí. No pensé que algo estuviera
mal… hasta que los pasos se acercaron y pusieron más pesados.
»Cuando miré hacia atrás, vi a dos chicos, mayores que nosotros, de
veintitantos años, y yo solo lo sabía. Le susurré a Haley que caminara más
rápido y que luego corriera cuando llegáramos a la esquina. Me dijo que
tenía miedo. Y le dije que no lo tuviera, que no dejaría que nada le pasara.
Su mirada va hacia la mía, y el dolor en ella es palpable. Mirando
hacia otro lado, comienza a retorcerse las manos.
203
—Cuando llegamos a esa esquina, listos para correr, fuimos
directamente a otro tipo… y tenía un cuchillo en la mano. No se necesitaba
ser un genio para darse cuenta de que nos habían acorralado. —Suspira—
. Sólo pensé que iban a robarnos. Tomar nuestras cosas y marcharse. Pero
eso no era lo que querían.
»Nos obligaron a salir del camino principal, profundamente en el
follaje. Traté de luchar. Siempre había sido alto para mi edad, pero no
estaba tan en forma como ahora. No era tan fuerte. Y eran mayores, más
fuertes y armados. Los tres llevaban cuchillos. No tenía ninguna
posibilidad contra ellos. Se turnaron para darme una patada. Recuerdo
haber oído a Haley gritar, rogándoles que se detuvieran, y entonces, sus
gritos se apagaron hasta que fueron sólo gemidos suaves.
Sus cejas se juntan de dolor, y más que nada, quiero ir a él,
consolarlo. Pero insegura si quiere que lo haga, me quedo en mi asiento,
sintiéndome indefensa.
—Estaba en el suelo, golpeado muy mal. Mi nariz se había roto, y
tenía un corte en la ceja y sangraba por mi ojo. Podía oírlos reírse de ello…
de mí. Estaban hablando, pero no pude entender lo que se decían.
Entonces, me rodaron sobre mi espalda. Dos de ellos me sostuvieron. Uno
con un cuchillo en la garganta, y el otro bastardo se sentó sobre mí, a
horcajadas, mientras él pasaba el cuchillo por encima de mi estómago. —
Pasa una mano sobre su rostro, borrando toda emoción.
Me siento enferma al pensar en lo que está por venir.
—El tipo con el cuchillo en mi garganta se inclinó y se rió en mi cara.
Aún puedo recordar exactamente cómo olía… respiración podrida que
apestaba a alcohol barato y humo de cigarrillo. —Inhala—. Él se rió y dijo:
“Ahora, tendrás que observar mientras nos turnamos para follar a tu
bonita novia”. Luego, me agarró la cara. —Kas pone sus manos en su
rostro, sosteniendo sus mejillas, en lo que parece ser un movimiento
subconsciente—. Y la giró a un lado. Haley estaba…
Se detiene, tragando su dolor.
El dolor que siento por él es indescriptible. Nunca sufrí por alguien
como en este momento por él.
Exhala una respiración dura.
—Haley estaba en el suelo a pocos metros de mí. Habían atado algo
sobre su boca, así no podía gritar. Y el otro tipo… estaba sobre ella…
violándola.
Oh, Dios, no. Mis ojos se cierran brevemente en angustia.
—Él la estaba violando, y yo no podía hacer una maldita cosa para
ayudarla. Ella me miraba con miedo y suplica en sus ojos, y yo… no podía
mirar. —Sus palabras se atascaron en su garganta. Presiona su puño a su
boca antes de bajarla—. Cerré los ojos, Daisy. La dejé allí sola. Cerré mis 204
malditos ojos, como el cobarde que era, porque no podía soportar verlos
herirla.
»Un segundo después, sentí un dolor caliente en mi estómago. El tipo
que estaba sentado sobre mí me había apuñalado en el estómago por
cerrar los ojos. Hablaban en serio cuando dijeron que querían que mirara.
Era un jodido juego para ellos. Éramos un juego para ellos. El bastardo me
dijo que si volvía a cerrar los ojos me mataría. Y lo decía en serio. —Sus
ojos húmedos van hacia al suelo—. Así que, vi mientras ellos se turnaban
para violarla. Observé mientras la herían, una y otra vez. —Traga con
fuerza—. El líder de la pandilla se arrodilló encima de mí, manteniéndome
abajo. Sabía que él estaba a cargo, ya que había estado dando órdenes… y
fue el primero de esos bastardos en violar a Haley. Les había dejado claro
que iba primero.
»Todos eran enfermos de mierda, pero él era una clase especial, iba
por su cuenta. Realmente disfrutaba eso. Se burló de mí, diciéndome lo
bueno que fue follarla. Él… —Interrumpe sus propias palabras, su
respiración más pesada, más enojada—. Incluso me dio las gracias por
compartirla con él y sus chicos. —El sonido de incredulidad que tiñe su
voz está lleno de agonía.
La bilis sube por mi garganta al pensar en lo que él y Haley pasaron
esa noche.
Envuelvo mis brazos alrededor de mi estómago, tratando de
controlarme.
—Entonces, me dijo que, aunque había sido bueno con él al dejarlo
tener a mi chica, no podía dejarme vivir. Llevó su cuchillo a mi pecho y
apuñaló continuamente. Sonrió todo el maldito momento.
»Debo haberme desmayado por el dolor, porque cuando finalmente
desperté, ya no estaban. Tal vez habían pensado que estaba muerto, o tal
vez simplemente no les importaba comprobarlo. Pero Haley… estaba
muerta. La habían apuñalado varias veces en el pecho cuando yo estuve
inconsciente y, luego descubrí que la habían estrangulado hasta la
muerte. Ella murió sola y con dolor.
Permanece en silencio durante un largo rato antes de volver a hablar:
—No mucho después que desperté, fuimos encontrados por un
transeúnte que salía tarde para pasear a su perro. De alguna forma,
sobreviví. Algunos días, desearía no haberlo hecho.
Su mirada va hacia mí. Su expresión es ilegible.
—Así que ya lo sabes todo.
Se pone de pie abruptamente.
Me levanto temblorosamente.
205
—Kas…
—No. —Levanta una mano, deteniéndome de continuar, aunque no
tengo idea qué decir—. No necesitas decir nada, Daisy. No lo dije por ser
un bastardo o lastimarte o que sientas lástima por mí. Querías saber, y
ahora, lo sabes. Ya sabes lo peor de mí.
Luego, sale de mi salón y de mi apartamento.
Y lo dejo ir.
No fui a trabajar hoy. Después de lo que Kas me dijo antes de dejarme
en la forma en que lo hizo, no estaba segura de que me quisiera ahí. Pensé
que él necesitaría tiempo para sí mismo. Haría las horas este fin de
semana. Sólo quería darle espacio lejos de mí, y honestamente, necesitaba
tiempo para procesar.
Las palabras de Kas habían estado atormentándome todo el día,
conjurando las imágenes de lo podría haber pasado esa noche. Con lo que
todavía vive cada noche.
“De alguna forma, sobreviví. Algunos días, desearía no haberlo hecho”.
Esas palabras se habían quedado conmigo y me afectaban más que
nada.
Quería que fuera feliz. Quería ser quien lo hiciera feliz.
Es tan tranquilamente fuerte con todo lo que le sucedió. Me llama
fuerte, pero él es quien lo es. Es tan valiente.
206
Saber todo esto me ha hecho darme cuenta lo que de verdad significa
para mí. Eso ha puesto todo en perspectiva.
Sabía que me preocupaba por Kas. Simplemente no me di cuenta qué
tanto.
Estoy enamorándome de él.
Escucharlo esta mañana, saber qué le había sucedido… estaba
lastimada por él. Sentí cada dolor que él sintió. Y quise matar a esos
bastardos con las manos limpias por lo que le habían hecho a él… a ella.
Las profundidades de cómo me destruyó no sólo era por la empatía
por otro ser humano. Es porque estoy enamorándome de este hermoso,
roto y complejo hombre.
Es por eso que me encuentro tomando el tren a Westcott de las seis
de la noche.
Sólo necesito verlo. Hablar con él.
Saliendo del tren en mi parada, camino los veinte minutos a la finca
Matis.
Y entonces estoy de pie fuera de las puertas antes de saberlo.
Ingreso el código en el tablero, y tan pronto como las puertas se
abren, me deslizo entre estas y camino por la gran entrada hacia la casa.
Cuando llego a la casa, veo el auto de Kas estacionado enfrente, así
que sé con certeza que está en casa. No sé qué estaba planeando hacer si
no estaba. Probablemente esperar aquí hasta que apareciera.
Camino a la puerta principal y golpeo. Luego, espero.
No ha pasado mucho tiempo antes de escuchar pasos acercándose, y
la puerta se abre.
—Daisy. —No parece en absoluto sorprendido de verme.
Hasta donde sé, no tienen cámaras en la finca Matis, así que no
podría saber que venía.
Qué raro.
—Hola. —Sonrío tentativamente.
Está vestido con un pantalón ancho negro y una camiseta negra. Sus
pies están descalzos.
Se ve hermoso. Cansado, pero hermoso.
Mi hermoso y roto hombre.
Se para a un lado para dejarme entrar y cierra la puerta una vez estoy
dentro.
—¿Puedo conseguirte algo de tomar? —pregunta suavemente.
207
—Café sería genial.
Kas va hacia la cocina. Me quito los zapatos y cuelgo el abrigo antes
de ir tras él.
Cuando llego allí, está preparando los cafés. Apoyo mi cadera contra
la isla central, mirándolo moverse alrededor de la cocina.
Camina hacia mí con una taza en cada mano y me entrega una.
—Gracias. —Sonrío.
—¿Quieres sentarte en el salón? —pregunta.
—Seguro.
Lo sigo hacia el salón en silencio.
Hay está clara incomodidad entre ambos, por obvias razones. Sólo
espero que pueda despejarlas y ponernos de nuevo en el buen camino. Con
suerte, juntos.
Kas se sienta en el sofá doble a un costado del cuarto. Se coloca en el
centro del sofá.
Siento la impresión de que no quiere que me siente a su lado. Así que,
tomo asiento en el sofá opuesto a él.
Se inclina hacia adelante. Con los codos en las rodillas, la taza
acunada en ambas manos, me mira.
Me inclino hacia adelante, dejo mi taza en la mesa de centro que está
entre ambos.
—Lamento haberme aparecido —empiezo—. Pero quería hablar
contigo, y no quería hacerlo por teléfono.
—Está bien. —Estira la mano y deja su taza en la mesa sin tomar un
trago—. Mira, Daisy, sé que viniste aquí para hablar, pero hay algo que
quiero sacarme de mi pecho primero.
—Bien… —digo con duda, mordiéndome el labio.
—Bueno, esta mañana, no pude decirlo, pero lamento mucho
haberme aparecido en tu casa borracho anoche.
—Kas, está bien. —Ofrezco una sonrisa—. Era mi turno cuidarte
borracho de todos modos. —Estoy intentando aligerar el ambiente,
refiriéndome a mi estado de ebriedad cuando él cuidó de mí, pero
claramente no funciona, mientras su expresión permanece estoica.
Aparta sus ojos de mi cara y mira sus manos, las cuales están
agarradas con fuerza entre sí.
—También quiero decir que lo siento por dejarte en Súper humanos.
Estuvo mal de mi parte simplemente abandonarte como lo hice.
—Difícilmente me abandonaste. Y estabas molesto. Era entendible.
208
—Eso podría ser, pero eso no me pone bien.
—Kas, está bien. Honestamente, estaba bien.
Sus ojos vuelven a los míos.
—Pero pudiste no haberlo estado, y eso lo sé mejor que nadie. Te dejé
sola y llorando en una zona industrial. Simplemente me fui y te dejé.
Cualquier cosa podría haberte sucedido.
—Pero no pasó —dije suavemente—. Estoy bien. Estaba en tu edificio.
Nada iba a sucederme.
Asiente, pero puedo ver que no va a perdonarse por eso. Y entiendo
por qué piensa de la forma en que lo hace. Después de lo que le sucedió,
no creo que yo sería capaz de dejar la casa, mucho menos permitiendo que
las personas que me importar se muden al otro del mundo.
—¿Cómo llegaste a casa? —pregunta en voz baja.
—Cece vino y me recogió.
—Dios. —Se ríe con un sonido sin humor—. Apuesto a que cree que
soy un verdadero ganador. Dejándote sola en nuestra cita y luego
apareciéndome borracho en tu apartamento.
Frunzo el ceño por sus malas palabras para sí mismo.
—Cece no piensa mal de ti, Kas.
Ojos negros se mueven hacia mí. Veo el pánico en estos.
—¿Sabe qué me sucedió?
—No. —Sacudo vehementemente la cabeza—. Puede que sea una
fisgona, pero nunca le diría a nadie más lo que me dijiste. Es tu historia
para contar… no la mía. Lo único que Cece sabe es que crucé una línea, y
te molesté.
Asiente en aceptación por lo que dije.
—Kas, puedo preguntar… ¿o debería asumir que nadie más aquí
sabe?
Sacude su cabeza.
—Después de que esto sucedió y fui liberado del hospital y regresé a
casa, fue… difícil para mí. Mis padres tomaron la decisión de mudarnos de
Londres y comenzar de cero. Mi papá tenía un buen trabajo; le pagaba
bien. Él y mi mamá nunca fueron derrochadores, así que tenían muchos
ahorros. Vendieron la casa en Londres, y eso les dejó una sustancial
cantidad de dinero. Así que, compraron este lugar. Querían que estuvieran
en alguna parte en que me sentiría a salvo… o donde no tuviera que
preocuparme por mi seguridad.
—Tus padres parecen geniales. —Sonrío con suavidad.
—Sí, ellos lo son. Lo que sucedió también los afectó. Mi mamá ya no
volvió a Londres… —Se calla—. Es sólo recientemente que han empezado a 209
ir a Grecia por periodos extendidos de tiempo sin mí. Incluso aunque
ambos me llaman diario para ver cómo estoy. —Sacudiendo su cabeza, se
ríe ligeramente.
—Me alegra que los tengas —le digo.
Me mira, y por un momento, me pierdo en su mirada.
—Entonces, mmmm… vine aquí a hablar… bueno, a decirte unas
cosas. —Me muevo al borde del sofá, curvando mis dedos en el cojín—.
Primero, sólo para sacarlo del medio, no vino a trabajar hoy, ya que pensé
que necesitarías algo de tiempo y espacio. Y, honestamente, necesitaba
procesar todo.
—No me importa el trabajo, Daisy.
—Bueno, a mí sí. Y quiero que sepas, que compensaré el tiempo el fin
de semana.
Sabiendo lo que tenía que decir después, me boca de repente se secó,
así que tomé el café y bebí un sorbo.
Todavía está mirándome cuando bajo la taza.
Mi corazón empieza a latir a un rápido ritmo en mi pecho.
Sosteniendo mis manos en mí regazo.
—Pero dejando el trabajo a un lado, es por eso que vine a verte. Sólo
quería decirte que… bueno, no, no decirte. —Estoy balbuceando. Deja de
balbucear, Daisy—. Quiero que sepas lo significas para mí. Y yo, mmm…
bueno.
Estoy girando mis manos en mi regazo. Lamo mis labios secos y tomo
una profunda inhalación.
—Yo… me preocupo por ti. —Estoy enamorándome de ti—. Y quiero
que lo sepas. —Y, claramente, estoy demasiado acobardada para decirte
que estoy enamorándome de ti—. Y sé que rompí tu confianza, husmeando
en tu vida como lo hice, y estoy más que apenada por eso. Y simplemente
quería que supieras lo mucho que significas para mí… y que quiero estar
contigo… más que nada.
No está hablando. Sólo está mirándome, sin expresión.
Y mi corazón se hunde.
—Bien… bueno, supongo que debería irme. —Me pongo de pie
rápidamente y comienzo a caminar rápidamente hacia la puerta.
—Espera.
La estúpida esperanza hace que mi corazón se detenga.
Me volteo hacia él. Está de pie ahora.
—No quiero que te vayas —susurra.
—¿No quieres? 210
—No.
Mi cuerpo tiembla mientras lo veo lentamente caminar hacia mí.
Mi corazón está haciendo un esfuerzo por subirse por mi garganta.
Nerviosamente trago.
Kas se detiene frente a mí y acuna mi rostro en sus manos.
Su aroma me rodea. Su aliento sopla suavemente en mi cara.
—Daisy… no he sentido nada en mucho tiempo. Estaba muerto por
dentro. Supongo, que, a un gran grado, todavía lo estoy. Pero al momento
en que entraste en mi vida, fue como si… tomara aire por primera vez en
siete años. —Presiona su frente contra la mía, cerrando sus ojos—. No
quería sentir nada por ti, así que luché contra mis sentimientos y te
aparté, pero el alejarte y pelear no cambia el hecho de que te quería más
de lo que he querido a nada ni nadie. —Mirándome, inhala suavemente—.
Yo… me preocupo por ti también. Y no quiero perderte.
—Estoy aquí, y no voy a ir a ninguna parte.
Presiono mis manos en su pecho, y él inhala profundamente. Casi
como si mi toque lo quemara. Y sé cómo se siente porque todo mi cuerpo
arde por él.
—Es egoísta, y sé que no te merezco… pero te quiero demasiado.
—Kas… —susurro, cerrando mis ojos—. También te quiero.
Demasiado.
Toma una respiración superficial. Siento su rostro apartarse del mío.
Parpadeo abriendo mis ojos y lo miro. La mirada en sus ojos me hace
detenerme. Mi pulso empieza a tamborilear.
—Hay algo que debes saber.
—Bien… —digo, mi voz traicionando mis nervios.
—Daisy, después de lo que sucedió anoche… no fui capaz de… —Sus
ojos se apartaron de los míos. Mirando más allá de mí, toma aire
profundamente—. No he estado con una mujer en casi siete años.
Oh. Vaya.
—Haley fue la última persona que yo… —Dejó que sus palabras se
callaran—. Después de esa noche, lo que le hicieron a Haley… lo que vi…
me atormentó. Estuve jodido por mucho tiempo. Y tenía problemas… con
las cicatrices en mi cuerpo. Todavía lo hago. Pero, mientras los años
sucedían y con la ayuda de terapia… bueno, por un par de años ahora, no
es que no quiera sexo. Es más que quería que fuera con alguien que me
importara, y nadie me ha importado… hasta ti.
Yo importo.
211
Mi corazón se llena de alegría.
Moviendo una mano de su pecho, la presiono contra su mejilla. Miro
sus ojos.
—No tenemos que tener sexo, Kas. Podemos tomarnos esto tan
despacio como necesites. Mientras estemos juntos, eso es todo lo que me
importa.
Sus ojos negros me perforan.
—Pero eso es todo. No quiero esperar más. Ya he esperado mucho
jodido tiempo por ti, Daisy. Te quiero ahora… esta noche. —Me acerca
más, rozando sus labios sobre los míos—. Pasa la noche conmigo.
—Sí.
Es una palabra simple, pero decirla significa que todo está a punto de
cambiar entre Kas y yo.
Y es lo que quiero. Más que nada.
Pero el sexo siempre ha sido algo grande para mí. Nunca he sido del
tipo de acostarse con cualquiera y no he dormido con mucha gente. Dos,
para ser exactos.
Y, obviamente, el sexo es una gran cosa para Kas, lo que hace que sea
algo más importante para mí.
Él no ha tenido sexo en siete años, y la última persona con la que
durmió fue Haley. Yo estoy cerca de dos años sin sexo.
Cristo, es como si ambos fuéramos vírgenes.
Entonces, sin presiones.
Los nervios retuercen mi estómago. Pero son rápidamente borrados 212
cuando Kas sonríe contra mis labios antes de besarme más fuerte, su
lengua deslizándose sobre mis labios, buscando entrada. Separo mis
labios, dejándolo entrar, y su lengua pasa sobre la mía, haciéndome
temblar.
Sus manos grandes van a mi trasero. Acariciándolo, me levanta, como
si no pesara nada. Me gusta la forma en que me hace sentir. Envuelvo mis
piernas alrededor de su cintura y mis brazos alrededor de su cuello.
Él deja un sendero de besos sobre mi mejilla.
—Te quiero en mi cama —susurra en mi oído.
—Sí.
Luego, nos estamos moviendo. Me lleva desde el salón a su habitación
escaleras arriba.
Está oscuro cuando entramos en su dormitorio. Me pone suavemente
en pie en el medio de su habitación, se acerca y enciende la lámpara en su
mesita de noche. Un suave resplandor ilumina la habitación.
Sus ojos no abandonan los míos mientras camina hacia mí.
Mi cuerpo comienza a temblar de nerviosismo y necesidad.
Me alcanza, toma mi cara en sus manos y me mira fijamente.
—Nunca he querido a nadie de la manera que te quiero, Daisy.
Un estremecimiento involuntario me atraviesa. Sé que lo percibe
porque su boca se levanta en la esquina.
Pasa su pulgar sobre mis labios, sus ojos siguiendo el movimiento.
Luego, pone su boca donde estaba su pulgar y me besa.
Es profundo, húmedo y sucio y es el beso más caliente que he tenido
en mi vida.
Mis manos se envuelven en su cabello mientras sus manos recorren
mi cuerpo, como si no supiera qué parte de mí tocar primero.
Su evidente necesidad de mí me hace sentir sexy y segura.
Rompiendo nuestro beso, retrocedo lejos él.
Los ojos lujuriosos y turbios me miran fijamente.
Levantando el dobladillo de mi blusa, lo paso por encima mi cabeza,
quedándome en el sujetador blanco. No es muy sexy, pero no esperaba
tener sexo esta noche.
El calor resplandece en sus oscuros ojos. Queda claro que le agrada la
vista. Pero no hace ningún movimiento para tocarme.
Aunque está excitado. Su erección es visible detrás del fino material
de su pantalón.
Eso refuerza mi confianza para seguir adelante. 213
Regresando mis ojos a su cara, arrastro los dientes por mi labio.
Luego, desabrocho mi pantalón y bajo la cremallera. El sonido es fuerte en
nuestro silencio. Engancho mis pulgares en la pretina y los empujo hacia
abajo sobre mis caderas hasta que llegan al suelo.
Y entonces estoy de pie ante él con mi sujetador y mi ropa interior.
Mi cuerpo está vibrando de excitación y nervios.
Por el ejercicio que hago, sé que estoy físicamente en buena forma,
pero eso no me impide sentir temor por lo que Kas piensa de mí... sobre mi
cuerpo.
Pateo mis vaqueros a un lado y miro hacia abajo.
Oh Dios mío.
Estoy usando mi ropa interior de Minnie Mouse. Literalmente, tengo a
Minnie cubriendo mi mini.
Pensé que era gracioso cuando las compré. No me siento tan gracioso
ahora.
—Oh Dios —gemí—. Ignora la ropa interior. No es nada sexy.
—¿Tienes puesta la ropa interior? —Se acerca—. No me di cuenta.
Todo lo que puedo ver es a ti.
—Que delicado. —Inclino la cabeza hacia atrás.
—Sí, pero dije en serio las malditas palabras. Eres todo lo que veo.
Él me jala a sus brazos, y sus labios bajan sobre los míos.
Me derrito en su beso. Envolviendo mis brazos alrededor de él, doblo
mis dedos en la tela de su camiseta, ahora muy consciente del hecho de
que estoy casi desnuda y él está completamente vestido.
Sé que dijo que tiene problemas con las cicatrices en su cuerpo y su
comportamiento anterior cuando traté de tocar su cuerpo o quitar su
camiseta tiene mucho más sentido ahora.
No quiero presionarlo sobre ello, pero también quiero su piel sobre la
mía, y él como que tiene que estar desnudo para que podamos realmente
tener sexo.
Así que, decido que el mejor curso de acción no es tratar de quitarle la
ropa, sino pedir.
—Quiero verte —digo junto a sus labios.
Se congela, así que muevo un poco la cabeza hacia atrás, mirándolo a
los ojos. Puedo ver una pizca de pánico en los suyos.
—Quiero sentir tu piel contra la mía, Kas. Quiero sentirte.
Él sostiene mi mirada, y luego parece tomar una decisión. Se aleja de
mí.
214
Veo que su garganta trabajar nerviosamente y me siento mal por él.
—Sólo pantalón, ¿si eso es más fácil? Puedes dejarte la camiseta.
—No. —El tono feroz en su voz me sorprende.
Entonces, miro mientras él estira su mano hacia atrás y saca la
camiseta por la cabeza.
Se detiene, sujetándola contra su pecho, con los brazos aún a través
de las mangas.
Puedo ver que está visiblemente temblando, así que lo miro a los ojos.
—No tienes que hacer esto, si no estás listo —susurro.
Sus infinitas piscinas de oscuridad me miran fijamente. Veo
determinación en ellos. Luego, él está jalando el resto de su camiseta y la
deja caer al piso.
Mis ojos se mueven sobre él.
—Eres hermoso, Kas.
Y lo es.
Sí, hay cicatrices extensas en su cuerpo. Los restos de esa noche.
Pero no veo las cicatrices. Sólo veo al hombre que amo. La hermosa piel de
oro que cubre su cuerpo, las ondas de los músculos que conducen a su
muy lamible V en el sendero feliz que desaparece en su pantalón.
Se ejercita y se nota en su cuerpo. En sus hombros y brazos... Dios
mío, no me hagas empezar. Pero te diré esto... mi lengua planea pasar
mucho tiempo conociendo esas venas que corren a través de sus fuertes
antebrazos.
Levanto mis ojos hacia los suyos, y la emoción en ellos casi me mata.
—¿Puedo tocarte? —pregunto suavemente.
Miro su manzana de Adán que se mueve de arriba abajo mientras
traga con brusquedad. Asiente ligeramente.
Doy un paso adelante, levantando la mano. Presiono las puntas de los
dedos en su pecho.
Inhala un suspiro.
Su piel es caliente al tacto. Recorro con las yemas de mis dedos su
pecho, las cicatrices y la piel sin marcas, trazando sus abdominales bien
definidos.
—Hermoso —susurro. Lo miro a los ojos.
Algo se rompe y luego ruge a la vida en su mirada.
Agarra mi cabeza entre sus manos y golpea su boca contra la mía,
besándome; no, devorándome, y de buena gana le dejo que me tome.
Porque soy suya. 215
Y él es mío.
Deslizo las manos hacia arriba por los brazos y por los hombros. Lo
sostengo, mis uñas excavando en su piel, necesitando más de él... todo de
él.
Su erección se presiona contra mi estómago y es una provocación.
Quiero verlo... sentirlo.
Bajando una mano entre nosotros, tiro de la cintura de su pantalón.
—El pantalón, también. —Respiro contra sus labios.
Una pequeña risita escapa de sus labios, y el sonido me emociona.
—Mandona —murmura.
—Acostúmbrate. —Sonrío.
Sus manos dejan mi cabeza y se quita el pantalón.
Es en este momento que descubro que Kas no usa boxers.
—Oh... vaya —susurro, tragando nerviosamente.
He conocido tamaño promedio. Pero nunca grande.
Kas es grande.
Su mirada caliente se encuentra con la mía. Veo la chispa de una
sonrisa en sus ojos.
Luego, mira hacia abajo a su polla de tamaño impresionante.
—¿Es aceptable para ti?
Casi me trago la lengua por sus palabras descaradas.
—Ajá —chillo.
Su boca sonríe, y se ríe entre dientes. Pero, muy rápidamente, esa
risa desaparece cuando me quito el sostén.
—¿Aceptable? —Inclino la barbilla a mi escote, jugando su propio
juego.
Veo su garganta trabajando al tragar.
—Sí, podrías decir eso. —Sus palabras salen sin aliento, su voz llena
de seriedad.
Me hace reír.
Esa risa desaparece rápidamente cuando Kas se mueve tan rápido
que me asusta. Me levanta y me lanza sobre su cama.
Sube a la cama y se arrodilla entre mis piernas separadas. Me apoyo
en mis codos y lo miro fijamente.
Es magnífico. Como un dios.
Se inclina hacia adelante y engancha sus dedos en mi ropa interior. 216
Puede que no lo merezca, pero lo tengo. Y, egoístamente, voy a
quedarme con él.
Me inclino hacia atrás, levantando mis caderas, dándole un mejor
agarre para quitarme la ropa interior.
Miro, nervios nadando en mi estómago, mientras él lentamente tira
mis braguitas por mis piernas.
Sus ojos están en llamas y se fijan únicamente en el lugar entre mis
piernas. Tira mis bragas al piso, ni una vez apartando los ojos lejos de mí.
Sus ojos recorren mi estómago, sobre mis pechos, y finalmente
descansan en mi cara.
—Eres tan jodidamente hermosa. No te merezco, Daisy.
Sus palabras aprietan mi corazón con fuerza.
—Sí, lo haces. —Mis palabras salen llenas de emoción.
Inclinándose hacia delante, planta sus manos en la cama, rodeando
cada lado de mis caderas, y presiona un beso en mi estómago. Mis manos
van sobre su cabeza, los dedos deslizándose en su cabello. Lame y besa y
mordisquea un sendero hacia arriba hasta que alcanza mis pechos.
Descansa su barbilla entre el valle de mis pechos y me mira.
Me muerdo el labio, mi pecho subiendo y bajando de excitación.
Sus labios se alzan en la esquina. Luego, ahueca una mano alrededor
de mi pecho y toma mi pezón en su boca.
—Oh Dios. —Un rayo de deseo se dispara entre mis piernas, y mis
caderas se levantan de la cama, necesitando contacto con él, mi clítoris
palpitante de necesidad.
Su mano sale de mi pecho y se desliza hacia abajo entre mis piernas.
Con mi pezón todavía en su boca, sus ojos se elevan hacia los míos.
Oscuros y peligrosos y tan llenos de deseo por mí.
Hace que mi estómago dé una voltereta.
Sus dedos se deslizan en mí, corriendo sobre mi clítoris. Estoy
locamente mojada, y ni siquiera estoy avergonzada por eso. Quiero que
sepa lo que me hace. Cuánto lo quiero.
Sus ojos llamean al sentirme. Suelta mi pezón de su boca.
—Estás empapada —dice con voz ronca.
Mi boca se levanta.
—Bueno, eres un poco sexy, y me excitas.
Una profunda risa retumba en su pecho.
—Lo mismo digo, nena.
217
Luego, desliza un dedo dentro de mí, y todo el humor entre nosotros
se ha ido.
—Estás tan caliente y apretada. —Su voz suena devastada por la
necesidad.
—Kas... —gimo, mis uñas enterrándose en su brazo.
Leyendo lo que necesito, comienza a mover su dedo dentro y fuera,
moviéndose más rápido, follándome con él. Su pulgar presiona sobre mi
clítoris, frotando en círculos sobre él. Su lengua lame sobre mi pezón antes
de chuparlo de nuevo en su boca, ahuecando sus mejillas.
Estoy retorciéndome y jadeando, necesitando esto y a él y más,
mucho más.
Entonces, deja mi pecho y besa su camino abajo de mi cuerpo,
desplazándose más abajo. Su dedo alojado dentro de mí, lo mantiene y
pone su boca en mí. Su lengua roza mi clítoris y grito.
Mis piernas se abren desvergonzadamente. Mis dedos se deslizan en
su cabello de nuevo, y empujo los mechones detrás de sus orejas.
Sus ojos se elevan momentáneamente hacia los míos, y la mirada en
ellos casi me trae al orgasmo. Nunca he visto tal mirada de pura necesidad
y deseo y ganas.
Lame y chupa mi clítoris, y comienza a follarme con su dedo de
nuevo, conduciéndome más y más alto.
Agarro el edredón, con los dedos de mis pies curvados, mis ojos
cerrados, mientras muevo mis caderas al ritmo con su lengua, y luego...
—¡Me vengo! —grito, con mis caderas levantadas de la cama.
Kas me sujeta con sus manos, su lengua lamiendo despiadadamente
mi clítoris, hasta que estoy seca y rogándole que se detenga porque ya no
puedo aguantar más.
Parpadeo abriendo mis pesados ojos, viendo a Kas levantarse de mí.
Se endereza y se apoya sobre sus talones.
Su boca resplandece por mí. Con los ojos todavía fijos en mí, se pasa
la lengua por los labios antes de presionar la palma de su mano en su
boca.
Es la cosa más sexy que he visto. Él es lo más sexy que he visto.
Parece tan imponente allá arriba, mirándome con ojos negros llenos
de lujuria.
—Sabes mejor de lo que imaginé —me dice con voz grave.
—¿Te lo imaginabas?
—Cada maldita noche desde el primer día que pasaste por mi puerta
principal.
—Bueno, ya no tienes que imaginarlo. Puedes tenerme. Soy tuya. 218
Espero que sonría, pero no lo hace. Sus ojos se quedan pegados a los
míos mientras su mano va a su polla, y comienza a acariciarse.
De acuerdo, retiro lo que dije antes. Esta es la cosa más sexy que he
visto.
Lentamente levanta su mano arriba y abajo de su polla, y estoy
fascinada.
Trago bruscamente.
—¿Es esto lo que hiciste mientras imaginabas?
—Sí.
—Y, en tu imaginación, ¿qué me estabas haciendo?
—Follándote duro mientras gritabas mi nombre.
Santa mierda.
Creo que me acabo de volver a venir.
Me encanta este lado de él; confiado y al mando. No estaba segura de
cómo iban a ser las cosas, pero santo infierno, Kas está lleno de sorpresas.
Sorpresas sexuales.
Y soy una chica, muy, muy afortunada.
Los escalofríos estallan por toda mi piel, poniéndome los pelos de
punta.
Arrastro mis ojos hasta su rostro y le doy una sonrisa arrogante.
—Así que, ¿por qué estás tan lejos cuando podrías estar aquí —pongo
mi mano sobre mí misma—, follándome duro y haciéndome gritar tu
nombre?
Veo sus ojos destellar, y entonces está encima de mí. Agarra mis
manos y las fija sobre mi cabeza. Su boca está sobre la mía, su erección
presionada entre mis piernas. Suspiro contra sus labios.
Así es como se siente el cielo.
Un cielo sexy. Y un cielo en el que realmente quiero estar. O tener su
cielo dentro de mí.
Jesús, Daisy, ¿podrías ser más sentimental ahora mismo?
Sus besos son calientes y sucios, y está prácticamente jodiendo mi
boca con su lengua.
Alzando mis caderas, me presiono contra su polla, deseando que su
polla me folle. En el ángulo, su polla se desliza entre los labios de mi coño.
—Mierda. —Se ahoga—. No puedo esperar más. Necesito estar dentro
de ti.
Presiono mi mano en su mejilla.
—No quiero que esperes. Te necesito, bebé. 219
Sus ojos llamean con mi palabra cariñosa. Entonces, se aleja, fuera
de mí.
—¿A dónde vas? —Lo detengo con mi mano en su brazo.
—Sólo iba a coger un condón.
—¿Tienes alguno? —Levanto una ceja.
Sus mejillas enrojecen.
—Compré algunas cuando tú y yo... —Se encuentra con mi mirada de
frente—. No estaba siendo presuntuoso. Sólo... esperanzado.
Sus labios se alzan en una sonrisa infantil, y suelto una risita.
Entonces, dudo, mordiéndome el labio.
—Tengo el implante anticonceptivo. Lo hice hace dos años. Tiene una
duración total de tres años. No he tenido sexo durante casi dos años.
Estoy limpia. Había usado condones antes, pero después, me revisé. Por lo
tanto, no tienes que usar uno, si no quieres. Pero entiendo si lo haces.
Su mirada se suaviza en mí.
—Confío en ti. —Frota sus labios sobre los míos—. Y estoy limpio,
como probablemente has adivinado.
—Entonces, vamos a...
—Sí, bebé, vamos.
Mueve su mano entre nuestros cuerpos y alinea su polla con mi
entrada, empujando contra mí. Entonces, toma asimiento de mis manos,
los dedos enlazándose con los míos, presionándolos en la almohada. Con
nuestros ojos bloqueados, aplica más presión y empieza lentamente a
empujar dentro de mí.
—Oh Dios. —Respiro mientras me estira y llena.
Sus rasgos están estirados, apretados, y su mandíbula está tan
apretada que podría romperse
Entonces, cuando está todo el camino dentro hasta la empuñadura,
se detiene. Aprieta sus ojos cerrados, como si estuviera sufriendo, y me
preocupa que esto sea demasiado difícil para él, que los malos recuerdos
están invadiendo y tomando el control. Lleva su cara hacia abajo y apoya
su frente contra la mía, respirando profundamente.
Necesito tanto que se mueva, pero necesito más que esté bien.
Aprieto mis dedos alrededor de los suyos.
—Kas. —Suspiro.
Sus ojos se abren. Busco su mirada, buscando algo que me diga que
está bien.
—No voy a durar. Ha pasado demasiado tiempo, y te sientes tan
jodidamente bien. No me atrevo a moverme. 220
Me río con alivio.
Sus cejas se juntan.
Y me apresuro a decir:
—No me estoy riendo por eso. Me siento aliviada. Pensé que tal vez
estabas... luchando... —aludo.
La comprensión parpadea a través de sus ojos.
—Estoy luchando por no correrme porque eres tan jodidamente
increíble.
Mi sonrisa se ensancha.
—Te quiero; ya sea por dos segundos…
—Puedo durar más de dos segundos —gruñe—. Dame algo de crédito.
—Ya sabes a qué me refiero. Y deja de discutir conmigo cuando estás
dentro de mí. —Levanto mi cara a la suya, suavemente presionando mis
labios sobre los suyos—. Sólo muévete, Kas. Acompáñame, por el tiempo
que sea. Entonces, vuelve a estar conmigo. Y otra vez. Estoy aquí. No voy a
ninguna parte.
Me mira fijamente, con la emoción recubriendo sus ojos, la lujuria
llenándolos.
—Fóllame, Kas —susurro.
Esas palabras parecen empujarlo por el borde porque se mueve,
retirando la empuñadura y estrellándose de nuevo dentro. Empujes
rápidos, cortos, cada vez más rápido y más intenso. Sus manos agarran
las mías hasta el punto de casi dolor.
—Daisy... yo... Jesús... yo... tú me destrozas. Eres tú... siempre serás
solamente tú.
La emoción se agarra fuertemente en mi pecho.
—Tú también me destrozas —susurro.
Una de sus manos deja la mía y ahueca mi trasero, levantándome e
inclinándome. Comienza a moverse con abandono salvaje, empujando
dentro y fuera de mí. Follándome. Tomando lo que necesita.
—Jesús, Daisy... joder... me vengo... —Su boca se estrella contra la
mía—. Me vengo. —Suspira contra mí, sus caderas yendo a parar contra
las mías, sacudiéndose, mientras se corre dentro de mí.

221
Kas permanece en mi interior, su cuerpo temblando contra el mío.
Paso una mano por su espalda, trazando patrones descuidados con los
dedos, mientras él respira pesadamente contra mi cuello.
Levanta la cabeza, mirándome a los ojos.
—¿Estás bien? —susurro.
Sonríe y siento esa sonrisa en todas partes.
—Más que bien. —Me da un suave beso en los labios—. ¿Tú estás
bien? No te hice daño, ¿no?
—No. Probablemente estaré un poco dolorida, ha pasado un tiempo,
pero valió la pena totalmente. —Presiono una mano en su mejilla.
Tomando mi mano, gira el rostro y me besa la palma.
—Fue… increíble. —Cuando vuelve a poner su mirada en mí, la
mirada en ellos es reverente.
—¿Seguro? 222
—¿No estás segura? —reta, con diversión en sus ojos.
—No. Solo… no has desde… —Dejo la frase a medias, dejando que las
palabras que no quiero decir cuelguen―. Y yo no lo he hecho en dos años y
nunca fui exactamente una estrella del porno antes de esto.
Estalla en risas.
Aunque amo ese sonido, me está molestando ahora mismo.
—¡Oye! —Lo golpeo en el brazo.
—Lo siento. —Me da una sonrisa discreta.
Luego, pasa sus labios sobre los míos. Los mantengo obstinadamente
cerrados durante unos dos segundos antes de ceder y devolverle el beso.
—Esto… tú y yo, juntos… es increíble. Nunca he conocido nada como
lo que acabo de sentir conmigo.
Quiero preguntar, ¿ni siquiera con Haley?
Pero no quiero sacarla a colación y matar el humor, así que no digo
nada.
Debe haber leído algo en mi mirada porque comenta:
—Haley y yo simplemente éramos niños. Claro, no fue mi primera.
Había perdido la virginidad cuando tenía catorce años con una chica que
era un poco mayor que yo, y había dormido con unas cuantas chicas ese
año antes de que Haley y yo estuviésemos juntos. Así que sí, tenía un poco
de experiencia, pero aún éramos jóvenes y no tenía ni idea de qué
estábamos haciendo. Aún no la tengo. Y debería ser yo el que se
preocupase si fui lo suficientemente bueno para ti. Nunca he estado en la
cama con una mujer antes de ti, Daisy. —Me acaricia la cadera con la
mano.
—Confía en mí, —levanto la cabeza y lo beso en los labios—,
definitivamente sabes lo que estás haciendo.
—Supongo que todos esos años de mirar porno finalmente han valido
la pena.
Es mi turno para estallar en risas.
Kas me rodea con los brazos y me besa.
—Déjame limpiarme, volveré enseguida. —Me toca la nariz con la
suya antes de darle un beso en la punta y luego sale de mí.
Me encojo ante el dolor, pero odio más la pérdida de él en mi interior.
—¿Puedes traerme una toalla para limpiarme? —pregunto.
—Claro.
Lo miro caminar hacia el baño y suspiro. Tiene un gran trasero.
Realmente apretado y firme. Y esos hombros… babeo.
223
Kas desaparece dentro. Escucho el agua correr. No se va demasiado
tiempo ante de que esté de vuelta con una toalla en la mano.
Estiro el brazo para tomarla, pero aparta la mano.
—Déjame. ―—Presiona la caliente toalla húmeda entre mis piernas,
limpiándome suavemente.
Lo observo, asombrada por las profundidades de mis sentimientos por
este hombre al que me refería como Kas-túpido.
—La primera vez que te conocí… nunca pensé que estaríamos aquí.
Deja de limpiarme y me mira con ojos cariñosos.
—Estoy contento de que lo estemos.
—Sí, yo también —susurro mientras el corazón me golpea torpemente
en el pecho.
—¿Todo limpio? —comprueba.
Asiento.
Lleva la toalla de nuevo al baño. Me meto bajo el edredón. Kas regresa
y se mete a mi lado en la cama. Me rodea con los brazos, así estamos
frente a frente.
Me besa suavemente. Presiono una mano en su pecho, tocando sus
cicatrices. Lo siento tensarse.
—No las veo —susurro—. No te miro a ti y a esas cicatrices
inmediatamente. Solo te veo a ti.
—Yo las veo —murmura—. Y las odio.
Deslizo una mano por su pecho y hacia su espalda.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —responde, pero sus ojos no se ven seguros.
Pero tengo que preguntarlo, así que tomo una respiración y comienzo
a hablar:
—Quiero decir, creo que entiendo por qué no quieres que vea las
cicatrices. Por la forma en que te hacen sentir a ti mismo y las odias. Pero
entonces recuerdo el día cuando entré y tú y Jude estaban boxeando.
Estabas de espaldas a mí y no tenías la camiseta puesta ese día. Fuiste y
te pusiste una antes de que viese nada, pero obviamente, has estado sin
camiseta alrededor de Jude. Así que, ¿por qué no te sientes bien con que
yo las vea?
Cierra los ojos brevemente antes de reabrirlos.
—Bueno, en primer lugar, no quería tener sexo con Jude. —Me da
una débil sonrisa—. Y Jude sabe todo lo que pasó. Es la única otra
persona que lo sabe, además de mis padres y, por supuesto, tú.
224
—¿Desde cuándo lo conoces?
—Nos conocimos en un grupo de terapia cuando teníamos dieciocho
años. Yo estaba viendo a un terapeuta, pero también llevaba una sesión en
grupo para gente que estaba sufriendo varios tipos de estrés post-
traumático. Pensó que sería bueno para mí unirme a su grupo. Jude
también era un paciente en la sesión en grupo. Llegamos a hablar y
simplemente congeniamos. Él fue quien me introdujo en el parkour.
—¿Qué hay del MMA?
—Ese fui yo. Quería ser capaz de… —aparta la mirada de mí—, ser
capaz de defenderme y a la gente que me preocupa. Jude vino conmigo y
descubrió que también le gustaba.
—Son un equipo. —Sonrío suavemente.
—Sí. —Vuelve a mirarme—. Es un buen amigo.
No pregunto por qué Jude estaba en terapia, porque no es de mi
incumbencia. Solo estoy contenta de que Kas lo tenga en su vida.
Se queda callado por un momento y luego dice con voz suave:
—Estaba asustado… de que me vieses. Pensé que, si veías mi
verdadero yo… entonces no me querrías.
Presiono una mano en su rostro.
—Verdaderamente me gusta tu yo verdadero. Era el Kas-túpido el que
no me gustaba.
Me da una mirada de sorpresa. Lucho con retener la risa.
Lo siguiente que sé, es que estoy sobre la espalda y Kas está entre mis
piernas con las manos en mi estómago, haciéndome cosquillas.
—¡No! ¡Para! —chillo, intentando peor sin conseguir salir de su
agarre—. ¡Realmente tengo muchas cosquillas! —Jadeo.
—Sí, puedo verlo.
Me hace cosquillas otra vez y chillo.
—¡Para! —Estoy jadeando por aire porque me estoy riendo con fuerza.
Y él se está riendo. El sonido es hermoso y se está tejiendo alrededor
de mi ruidoso corazón.
—¡Lo siento!
Se detiene y levanta la mirada hacia mí.
—Dije que lo siento. —Jadeo.
—¿Por? —Cierne una mano amenazadora sobre mi estómago.
—Por llamarte Kas-túpido. —No puedo evitar sonreír cuando digo el
nombre. 225
Su sonrisa imita la mía.
—No lo sientes realmente, ¿no es así?
Juntando los labios, cerrando mi sonrisa, niego.
Le brillan los ojos con malicia.
En un instante, tengo los brazos pegados a los costados y su boca
sobre mi estómago.
Luego el bastardo hace una pedorreta.
—¡Arg! —chillo con una risa—. ¡Lo siento! ¡No volveré a llamarte Kas-
túpido!
Pero en cuanto pronuncio el nombre el asalto de pedorretas empeora.
—¡Para! ¡Me mearé encima! —Me río, con lágrimas en los ojos.
Me estoy retorciendo, intentando liberarme, pero es increíblemente
fuerte.
—¡Está bien! —Jadeo—. ¡Me rindo! ¡Nunca volveré a decir la palabra
K-túpido de nuevo, lo juro!
Se detiene y levanta la cabeza.
—¿Te rindes?
Algo oscuro y sucio destella en sus ojos, me da un vuelco en el
estómago. Y ahí es cuando noto algo largo y duro presionando contra mi
pierna.
Vuelve a estar duro por mí.
—Me rindo —susurro sin aliento.
—Así que, eso significa que eres mía para hacer contigo lo que quiera.
Sostengo su mirada. Mordiéndome el labio, asiento.
Se roza el labio inferior con los dientes. Me muevo nerviosamente.
—¿Qué quieres hacer conmigo? —cuestiono en un cálido susurro.
Se agacha, manteniendo mis manos sujetas a mis costados y no
responde con palabras. Me responde por medio de su lengua,
presionándola contra mí, haciéndome gimotear con placer.

226
Oigo un zumbido. Por un momento, creo que estoy de vuelta en la
cárcel, escuchando el timbre en la mañana que venía justo antes de que
mi puerta se abriera, dándome esa libertad momentánea. El zumbido se
detiene, pero el clic nunca llega.
Y luego registro el cálido y duro cuerpo presionado contra mi espalda.
Kas.
Los recuerdos de la noche anterior inundan mi mente.
Tuvimos sexo. Mucho sexo. Sexo insaciable, loco, caliente hasta que
nos desmayamos en los brazos del otro.
Y, ahora, estoy aquí con su pecho presionado contra mi espalda. Sus
piernas enredadas con las mías. Su brazo deslizado alrededor de mi
cintura. Su mano presionando suavemente contra mi estómago.
Una sonrisa curva mis labios. La felicidad que nunca pensé que
alguna vez sentiría se propaga a través de mí.
227
Entonces, oigo el zumbido otra vez.
¿Qué es eso?
A regañadientes, me muevo, girando en los brazos de Kas,
despertándolo ligeramente. Suelta un gruñido somnoliento mientras se da
la vuelta sobre su espalda, retirando su brazo de mí.
Veo su teléfono parpadeando y vibrando en la mesilla de noche. Me
asomo un poco más para ver quién está llamando. La pantalla dice: Portón.
¿Portón?
Me toma unos segundos entender que no es alguien llamado Portón,
sino que en realidad es alguien timbrando en la entrada principal de la
casa.
Dah.
En lugar de despertarlo, decido responder a la llamada. Me acerco y
toco su teléfono. Presionando Aceptar, digo:
—¿Hola?
—Daisy, ¿eres tú? Es Toby. Estoy aquí para nuestra cita.
¿Eh…Toby? ¡Cita!
¡Santa mierda!
Él cambió nuestra cita la semana pasada porque no pudo venir en
nuestro día habitual.
Mi oficial de libertad condicional está aquí. Y estoy desnuda y en la
cama con Kas.
Estoy frita.
—Sí. —La palabra sale sonando estrangulada. Me aclaro la garganta—
. Voy a… abrirte la puerta. Solo dame un sex... quiero decir, ¡un segundo!
Cuelgo el teléfono—. ¡Kas! —Lo sacudo.
Sus ojos se abren, sorprendido y completamente despierto.
—¿Qu...?
—Toby está aquí para mi cita.
Parpadea rápidamente, como tratando de procesar esa información.
Trato de no quedar atrapada en lo adorable que se ve en este momento con
el cabello revuelto y ese lindo surco de confusión en su frente.
De alguna manera no creo que Kas apreciaría ser llamado adorable.
—Mi oficial de libertad condicional —digo para acelerar el proceso, a
pesar de que sabe quién es Toby.
—Pensé que él venía los...
—Lo hace normalmente —le corté—. Pero cambió el día, ¡y me olvidé! 228
¡Mierda! Estamos desnudos, y él está ahí afuera.
Los ojos de Kas se lanzan a la puerta cerrada de su dormitorio, como
si esperara que Toby estuviera esperando al otro lado.
—Fuera de la puerta principal —aclaro.
Se empuja para incorporarse.
—¿Lo has dejado entrar?
Me encuentro momentáneamente distraída por su pecho desnudo y
los músculos ondulando sobre sus pectorales.
Dios, es sexy.
—¿Daisy?
—¿Mmhmm?
—¿Le has abierto?
Mis ojos se elevan hasta los suyos sonrientes.
—Um... mierda, no. —Parpadeo—. Tu teléfono estaba vibrando, y
cuando vi que era la puerta, le respondí. Tengo que bajar y hacerlo entrar.
—No es necesario. —Kas toma su teléfono de mi mano. Toca la
pantalla y luego hace algo—. Las puertas están abiertas —me dice.
—¿Lo dejaste entrar? ¡Pero estoy desnuda! —Salto de la cama.
Una risa baja retumba de él.
—Puedo ver eso.
Enrojezco mientras sus ojos me recorren lentamente, haciéndome
sonrojar.
—Detente. —No puedo evitar la sonrisa que se forma en mis labios.
Los labios de Kas se curvan hacia arriba en una sonrisa sexy.
—No estoy haciendo nada. Todavía.
Se acerca y arrastra su dedo índice por mi muslo, haciéndome
temblar.
Le golpeo la mano
—Compórtate. Tengo que vestirme. Estará en la puerta en menos de
cinco minutos.
Él me da una mirada de descontento que elijo ignorar.
Empiezo a correr, recogiendo mi ropa y poniéndome la ropa interior.
Kas está sentado en la cama, observándome, con las manos detrás de
la cabeza, como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.
Pero entonces, supongo que no. No es su oficial de libertad
condicional quien, en este momento, está caminando por la entrada y 229
hacia la puerta principal.
Vestida, entro volando en su cuarto de baño.
¡Jesús, tengo el cabello de recién follada! Está todo revuelto.
Paso mis manos por él, tratando de alisarlo. Cuando diviso una goma
de Kas para el cabello, en el lavabo, la tomo prestada y sujeto mi cabello
en un moño desordenado.
Agarro su pasta de dientes, aprieto un poco en mi dedo índice, y me lo
froto por los dientes. No es la mejor manera de lavarme los dientes, pero la
necesidad manda.
—Podrías haber usado mi cepillo de dientes. —Kas se acerca detrás
de mí, presionando su cuerpo aún muy desnudo contra el mío. Sus manos
se deslizan alrededor de mi estómago.
Inclinándome hacia adelante, escupo en el lavabo, empujando mi culo
contra él. Siento que se presiona, agradable y duro contra mí, y mis partes
femeninas se despiertan para decir hola.
Abajo, chica. Mi oficial de libertad condicional está en camino.
Agarro el enjuague bucal y tomo un trago. Lo agito en mi boca y lo
escupo. Finalmente, le respondo:
—No voy a usar tu cepillo de dientes. —Abro el grifo, limpiando el
lavabo.
—¿Por qué no?
Encontrando sus ojos en el espejo, digo:
—Um, porque eso sería asqueroso.
—Has tenido esta boca… —apunta un dedo a su boca sexy e
increíblemente talentosa—, y la lengua…. —la saca, haciéndome temblar—
, sobre y dentro de tu coño, saboreándote y haciéndote venir, por la mayor
parte de la noche. Has tenido mi polla en tu hermosa boca. Pero, ¿usar mi
cepillo de dientes sería asqueroso? Claro, eso tiene sentido, nena. —
Levanta una ceja.
Santo Jesús.
Estoy prácticamente en llamas. Ardiendo, estoy lista para caer de
rodillas y llevarlo de vuelta en mi boca, que de repente se hace agua.
—Los cepillos de dientes limpian los dientes —Mi voz se entrecorta, y
me aclaro la garganta—. La lengua…
—Lame —susurra. Me da una buena demostración de lo que puede
hacer esa lengua mágica suya cuando la corre sobre el pulso en mi cuello,
enviando a gritar mis terminaciones nerviosas y haciendo que se mojen
mis bragas. Entonces, sus dientes empiezan a mordisquear mi cuello.
—Kas —digo, pero sale más como un gemido—. No podemos...
230
—Él puede esperar. Yo no. Te quiero ahora. —Un brazo se aprieta a
mi alrededor, mientras su otra mano encuentra mi cara y le da vuelta a un
lado. Me besa. Exuberante, húmedo y profundo.
Empiezo a caer en él y en el momento. Es tan malditamente adictivo.
No puedo tener suficiente.
Está bien, tal vez Toby puede esperar.
Su mano se desliza por mi estómago y el botón de mis vaqueros.
Ahí es cuando el sonido estridente del timbre rompe el momento.
Él suspira en mi boca.
Inclino mi cabeza hacia atrás.
—¿En otro momento?
Emite un sonido de asentimiento. Luego, me libera.
Su mano golpea mi culo al salir. Le muestro una gran sonrisa por
encima del hombro.
Entonces, soy un rayo por las escaleras para contestar a la puerta. La
abro.
—Hola. Lo siento. Estaba arriba... limpiando... el inodoro.
¿Limpiando el inodoro? ¿Por qué no podría haber dicho que estaba
limpiando el baño o la ducha? Supongo que lo bueno es que no dije que
estaba limpiando el interior de la boca de Kas con la lengua.
—Hola, Daisy. —Toby me sonríe.
Devolviéndole la sonrisa, me aparto, dejándolo entrar. Cierro la puerta
detrás de nosotros.
Lidero el camino hacia la cocina donde usualmente tenemos nuestra
reunión.
—¿Café? —le pregunto.
Toby toma su asiento habitual en la mesa de la cocina.
—Por favor.
Me dispuse a hacer el café, preguntándome si Kas querría un poco.
Probablemente bajará. Pero podría estar duchándose ahora mismo.
Kas mojado. Kas desnudo y mojado.
Y, ahora, mi mente está corriendo con un Kas desnudo y todas las
cosas que hicimos anoche y todas las cosas que me hizo.
Puedo sentir que mi piel empieza a arder.
Deja de pensar en cosas sexuales sobre Kas, o Toby notará que pasa 231
algo.
—Entonces, ¿cómo está todo? —Me pregunta Toby.
—¡Genial! —La palabra sale chirriante, así que voy por un rápido
cambio de tema—. ¿Galletas? —le pregunto.
—Me conoces. —Se ríe—. No puedo decir que no a una galleta.
Sí, al igual que no puedo decir que no a un muy sexy hombre griego,
arriba. No es que alguna vez quiera decirle que no a Kas. Dios, las cosas
que el hombre puede hacer con la lengua.
Como si lo conjurara, aparece en la cocina. Descalzo, vestido con
vaqueros de color azul claro y un suéter gris con cuello en V, el cabello
húmedo de la ducha. Se ve muy serio.
—Buenos días, Kas. —Toby le sonríe.
—Buenos días. —El timbre profundo de su voz, ondea a través de mí.
Este hombre estaba dentro de mí, solo hace horas.
Jesús.
Agarro la caja de las galletas y la llevo a la mesa, tratando de evitar
cualquier contacto visual con Kas. Estoy bastante segura de que, si lo
miro, me voy a delatar y Toby sabrá que hemos tenido relaciones sexuales.
—¿Sin uniforme hoy? —dice Toby mientras pongo la caja de galletas
sobre la mesa.
—Mmmm, ¿qué? —Miro hacia abajo a mi ropa.
Maldita puta mierda.
Tengo los vaqueros y la camiseta con los que vine anoche. Siempre
tengo mi uniforme cuando Toby me ve.
Oh Dios.
—Viernes casual —digo.
¿Viernes casual? ¿Qué diablos, Daisy? Soy el ama de llaves. ¿Las
amas de llaves tienen incluso viernes casuales?
—¿Viernes casual? —Hace eco Toby.
—Todos los empleados han puesto un poco de dinero para usar ropa
casual hoy, y estamos donando el dinero a una obra de caridad —dice Kas
con calma.
Mis ojos se lanzan a los suyos. Veo la sonrisa en ellos. Rápidamente
miro a Toby.
—Suena como una gran idea. ¿Qué obra de caridad? —me pregunta
Toby.
Mi boca se seca.
—RSPCA6 —responde Kas por mí.
232
—Nunca lo hemos hecho en la oficina. Voy a sugerirlo en la próxima
reunión. —Toby sonríe, viéndose considerablemente feliz consigo mismo.
Abre la caja de galleta sirviéndose una él mismo.
Me vuelvo, atrapando los ojos de Kas que, todavía me están
sonriendo, pero también llenos de calor. Tanto calor.
Mierda.
Mirando hacia otro lado, trago nerviosamente.
—¿Café? —le pregunto a Kas mientras cruzo la cocina, volviendo a la
máquina de café.
—Claro —contesta, su voz es como lava fundida.
Tomo tres tazas del armario.
—Entonces, ¿cómo van las cosas contigo, Kas? —le pregunta Toby.
—Bien.
—¿Están saliendo bien los negocios?
—Síp. ¿Daisy?
Interrumpo lo que estoy haciendo y le devuelvo la mirada por encima
del hombro.

6 RSPCA: Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales. En


Inglaterra y País de Gales.
Su rostro es impasible, pero los recuerdos de anoche son evidentes en
sus ojos. Mi estómago da volteretas.
—Trae el café a mi despacho.
Si no lo conoces tan bien como yo, entonces pasas por alto la curva
sugestiva de sus labios y la intención sexual en su voz. Pero lo conozco, y
sé por qué me está diciendo que vaya a su oficina.
El calor aflora en mi cara y mis partes femeninas.
—Bien. —Trago.
No lo veo salir de la cocina porque estoy demasiado ocupada tratando
de controlar mis hormonas revolucionadas.
De alguna manera manteniendo la compostura, termino de hacer los
cafés y llevarlos a la mesa. Pongo la taza de Toby frente a él.
—Voy a llevar esto a Kas. —Levanto la taza de café de Kas en señal.
Toby levanta la vista de los papeles que tiene frente a él, y luego
sonríe y asiente.
Ver los apuntes de mi caso expuestos en la mesa, me recuerda por
qué estoy aquí.
No estoy aquí porque soy la novia de Kas. Bueno, de hecho, no soy su
novia. 233
Mírenme, adelantándome a todo. Hemos tenido una cita fallida y sexo.
Pero, en última instancia, soy su empleada, y estoy aquí porque mi
libertad condicional lo juzgó conveniente.
Con el entusiasmo disminuido, me dirijo a la oficina de Kas, con el
café en la mano. Al llegar a la puerta cerrada de su estudio, llamo.
No he estado en su despacho desde que me prohibió entrar aquí,
también fue la primera vez que nos besamos.
Dios, parece que hubiera sido hace una eternidad.
El recuerdo de ese beso hormiguea a través de mí, encendiéndome, al
igual que el sonido de su timbre profundo cuando me dice que entre. Abro
la puerta antes de cerrarla detrás de mí.
Kas está sentado en la silla detrás de su escritorio.
—Su café, señor. —Sonrío mientras camino hacia el escritorio y coloco
la taza humeante delante de él—. ¿Eso es todo? ¿O necesita algo más de
mí? —Mi tono sale sonando seductor, aunque no fue mi intención. O tal
vez sí.
—Hay algo más que necesito. —Se pone de pie y rodea el escritorio,
dirigiéndose hacia mí.
El calor se despliega en mi vientre cuando se acerca.
Curvando su mano alrededor de mi nuca, me arrastra inclinándome
para darme un beso. Su lengua corre a lo largo de la mía, y canturrea un
delicioso sonido con la boca que envía escalofríos hasta los dedos de mis
pies.
Sabe a menta y a algo tan seductoramente suyo.
Los besos de Kas siempre envían un cortocircuito a mi cuerpo, pero
estar aquí, con él, sabiendo que Toby está justo al final del pasillo, en la
cocina, hace que se sienta travieso y peligroso, y me enciende aún más.
Dios, lo quiero ahora mismo.
Supongo que, a esta chica, le gustan sus hombres con un lado
peligroso.
Mis manos se mueven por su ancho pecho, sintiendo sus bordes
firmes. Yendo alrededor de su espalda, me aferro a él.
Sus brazos libres me rodean la espalda, acercándome. Se da la vuelta,
así que está apoyado contra su escritorio, y estoy presionada contra toda
su deliciosa e increíble sensualidad.
Sus besos van de mi boca a mi mandíbula hasta que su boca, está en
mi oreja.
—Al segundo que Toby se haya ido, quiero que vayas directamente
arriba, te quites toda la ropa y me esperes en mi cama. 234
Santo... escalofrío.
—¿Es una orden? —Mi voz está ronca de excitación. Pero, en serio,
¿quién no se excitaría después de escuchar eso?
Él besa mi mandíbula, y sus dientes pasan sobre mi piel, haciéndome
estremecer.
—¿Quieres que lo sea?
Demonios sí. Inclino mi cabeza hacia atrás y miro a sus ojos
empañados por la lujuria.
—Sólo si haces que me venga.
—Varias veces —promete.
—Entonces, sí, por favor.
Él gruñe. En realidad, gruñe, y luego me besa de nuevo, devorando mi
boca, y es ardiente como la mierda.
Pero también soy consciente de que el tiempo está pasando, y Toby
está en la otra habitación.
Interrumpo el beso.
—Debo ir.
Trato de apartarme, pero Kas me mantiene allí.
—Cuanto antes termine con Toby, antes podré estar arriba,
esperando en tu cama; desnuda —susurro esa última palabra.
Su mano se desliza de alrededor de mi cuello y acuna mi barbilla.
Presiona firmemente sus labios contra los míos, suavemente chupando mi
labio inferior.
—Me vuelves loco —murmura.
Lo tomo como una buena cosa porque él envuelve sus brazos
alrededor de mí, sosteniéndome apretada.
Me encanta cuando me abraza.
Me elevo sobre los dedos de los pies y descanso mi barbilla en su
hombro, y algo muy duro empuja en mi estómago. Me río
—¿Qué? —Su voz interrogante es un estruendo.
Empujo mi vientre contra su erección, y se ríe entre dientes profundo
y bajo.
—Si ayuda, mis bragas están completamente empapadas.
Gime.
—No, eso jodidamente no ayuda en absoluto.
Me río.
235
—Lo siento. —Presiono un beso en la piel en la base de su cuello. Al
levantar la cabeza, noto algo—. Oye, ¿a dónde se ha ido la puerta?
Siento que el cuerpo de Kas se paraliza inmediatamente debajo de mí,
cambiando todo su comportamiento. Se ha ido el calor, y siento
desprenderse un frío de él que no puedo explicar.
Pero ese frío me hace apartarme de él.
Cuando miro su cara, está en blanco.
—¿Qué puerta? —Su voz está tan vacía como su expresión.
—La puerta que estaba allí. —Señalo por encima de su hombro al
lugar donde la puerta solía estar, pero ahora, es una repleta biblioteca de
la pared al techo.
Curvando sus manos alrededor del borde de su escritorio, dice:
—Nunca hubo una puerta allí.
—Mmmm... —Suelto una risa insegura—. Estás bromeando, ¿no?
—Cariño, no, no estoy bromeando. Honestamente, no estoy seguro de
lo que estás hablando.
Me froto la cabeza.
—La puerta. —Señalo hacia el lugar otra vez—. Estaba justo ahí,
donde está la estantería. Tuvimos una discusión por esa puerta. Bueno,
más o menos. Llegué aquí para dejarte café y muffins, y estabas entrando
por esa puerta. —Señalo a donde estaba de nuevo—. Me reñiste por entrar
en tu despacho. Te pregunté si debería limpiar esa habitación. Me
sermoneaste de nuevo por eso, diciéndome que no. También fue el primer
día que nos besamos.
La expresión de su cara es como si creyera que he perdido la cabeza.
¿Será cierto?
No, definitivamente había una puerta allí.
—No sé qué decirte, nena, pero nunca ha habido una puerta allí.
Siempre ha sido una estantería.
—Yo... —Me froto la cabeza, confundida.
Extiende la mano, atrayéndome de regreso hacia él y suavemente roza
sus labios con los míos.
—Tal vez lo estás confundiendo con otra cosa. Quizás, la biblioteca.
No.
Quiero argumentar que no estoy confundiéndolo con la biblioteca.
Recuerdo ese día claramente porque es el día, en que me besó.
Bueno, la mierda de antes y después no fue genial, pero fue la
primera vez que me besó, y siempre lo recordaré.
Podría no ser la persona más inteligente de la habitación, pero tengo 236
una buena memoria. Recuerdo los detalles. Usualmente porque me gusta
repetirlos de nuevo con Cece. Pero lo que sea. Recuerdo específicamente el
desacuerdo que tuvimos Kas y yo, su reacción ante mi pregunta sobre la
habitación detrás de esa puerta, él prohibiéndome volver a su despacho, y
luego verlo cerrar la puerta con llave.
Había una jodida puerta allí, no una maldita estantería.
Pero no voy a discutir con él porque mi intuición me dice que seguirá
mintiendo, y tengo a Toby esperándome en la cocina.
—Sí, probablemente tengas razón. —Presiono mi mano contra su
pecho antes de retroceder—. Debería volver. Toby me está esperando.
Sus ojos permanecen enfocados en mí. Trato de leerlos, pero como de
costumbre, no consigo nada.
Odio que nunca pueda determinar lo que está pasando por su cabeza.
Puede tan fácilmente controlar la expresión de su cara y esconder lo que
hay detrás de sus ojos.
Bueno, puede ocultar lo que quiera. Pero, sí sé que es un hecho que
simplemente me mintió, y no me gusta eso.
La comprensión de qué Kas acaba de mentirme, me golpea, y mi
estómago se hunde.
—Oye, ¿estás bien? —Sonríe. Es una sonrisa brillante, pero algo se
siente mal.
Todo acerca de este momento se siente mal.
Oh, qué rápido las cosas pueden cambiar. Hace un momento estaba
feliz, y ahora, estoy tratando de averiguar por qué el hombre por el que
estoy loca, me está mintiendo; sobre una puerta, de todas las cosas.
—Por supuesto. —Le doy una sonrisa fabricada—. Nos vemos arriba
en una hora. —Reboto sobre los dedos de mis pies y salgo de su despacho
con paso ligero, para que no sepa que algo está mal conmigo.
Al segundo que cierro la puerta de su estudio detrás de mí, la sonrisa
cae de mi rostro, y esa sensación de hundimiento en mi estómago, regresa
con toda su fuerza.
Kas me mintió.
No lo puedo creer.
Me mintió descaradamente e hizo que pareciera como que estaba
perdiendo la cabeza, y quiero saber por qué.
Me enamoré de un mentiroso en otra ocasión. No me resultó muy
bien.
Tonta Daisy una vez; estúpida Daisy. Tonta Daisy dos veces... sí, no va
237
a pasar.
No seré tan boba para dejar que eso vuelva a suceder.
Así que, voy a averiguar exactamente lo que Kas esconde de mí,
porque no seré una persona tonta nunca más.
Tener sexo con Kas después de saber que me había mentido no era
una opción. Así que, mentí un poco y le dije que había comenzado mi
período.
Nada disuade a un hombre del sexo más rápido que oír que la tía Flo
vino de visita.
No era ideal, pero el tipo acababa de mentirme, y estaba enojada. Lo
tomó bien. No parecía sospechoso en absoluto. Simplemente me besó, muy
dulcemente de hecho, y luego desapareció de nuevo en su oficina.
Pasé unos buenos minutos observando la puerta de su oficina antes
de comenzar con mi trabajo.
Estaba tan concentrada que ni siquiera llamé a Cece para decirle que
Kas y yo habíamos dormido juntos.
Pero creo que eso es lo que más dolía. Le había entregado todo de mí
anoche, y pensé que él me había dado lo mismo a cambio.
238
¿Cuán equivocada estaba?
Había pasado la noche en sus brazos, y la mañana siguiente, me miró
directamente a los ojos y me mintió.
Podría haberle enfrentado por la mentira, pero sabía que sería inútil.
No me habría mentido e intentado hacer que pareciera que estaba
perdiendo la cabeza si alguna vez planeó decirme la verdad.
Simplemente no entiendo. ¿Por qué mentir sobre la existencia de una
puerta, una puerta que sé que estaba allí?
Eso sólo me dio más curiosidad, lo que no es necesariamente algo
bueno. Ahora, quiero saber lo que hay detrás de esa puerta, o estantería,
como ahora. Mi curiosidad está ardiendo, y voy a averiguarlo.
Puede que no haya nada allí, y mi búsqueda podría ser infructuosa.
Pero mintió por una razón, y quiero saber esa razón.
Con la frustración y energía inquieta ardiendo a través de mí, me
agacho y ato los cordones de mis zapatillas antes de salir de mi
apartamento. Me voy por una caminata matutina antes de trabajar.
Necesito limpiar mi cabeza, y correr es la única manera de hacerlo.
Corro por las escaleras de mi edificio y salgo por la puerta principal.
El aire frío de la mañana golpea mi rostro, refrescando mis mejillas.
Dejando la puerta cerrarse detrás de mí, permanezco allí por un
momento. Con las manos en las caderas, inclino mi cabeza hacia atrás
para encarar el cielo, observando que las nubes se desvían, mientras tomo
algunas respiraciones profundas de aire fresco.
Respiraciones constantes, dentro y fuera.
¿Ves? Ya estoy empezando a sentirme mejor.
—Daisy.
Mi cuerpo se congela ante el sonido de esa voz. Conozco esa voz. Lo
conozco bien.
Y ahí va mi buena sensación.
Con el corazón palpitando, bajo la cabeza y mis ojos se encontraron
con la única persona a la que nunca quise volver a ver.
—Jason.
Está de pie a pocos metros de distancia, y me alegro de decir que se
ve terrible. Sus ojos están inyectados en sangre, anillos oscuros los
rodean. Su cabello parece que no ha sido lavado o cortado desde la última
vez que lo vi, y su ropa está arrugada. Parece un desastre.
—¿Qué estás haciendo aquí? —No me sorprende el nivel de ira en mi
voz.
—Daisy. —Da un paso adelante.
Todo dentro de mí grita por alejarse, pero el odio y orgullo tienen mis 239
pies firmemente en su lugar.
La brisa sopla entre nosotros, y siento un fuerte olor a alcohol.
—¿Estás borracho? —Frunzo el ceño.
Deja escapar una carcajada. Suena lamentable. Como era de esperar,
no puedo encontrar una pizca de simpatía por él.
—Si bebes constantemente, ¿eso cuenta como estar borracho, o es
sólo un estado normal?
—No estoy de humor para juegos, Jason. ¿Por qué mierda estás aquí?
—Es la primera vez que te oigo maldecir.
—Sí, bueno, la prisión cambia a una chica. Ahora. ¿Qué. Quieres? —
Mis manos están apretadas en puños a mis costados.
—Sólo… —Niega suavemente—. Sólo oí que estabas fuera, y
necesitaba verte. Necesitaba ver que estabas bien.
Le doy una bofetada. Fuerte.
El sonido suena en el silencio que nos rodea. Y mi mano pica como
una perra.
Es la primera vez que golpeo a alguien.
No me siento mejor por ello.
Mi adrenalina aumenta, mi cuerpo está temblando, y mi pecho está
palpitando con fuertes respiraciones, como si acabara de correr un
maratón.
Quiero llorar. Y gritar.
En serio, nunca llueve, pero jodidamente empieza a gotear. Me
entrego a Kas, y él me miente. Y, a la mañana siguiente, mi ex bastardo
mentiroso aparece en mi puerta.
Tengo la peor suerte del mundo.
Su mirada desconcertada vuelve a mí.
—Lo merezco. —Sus palabras son suaves.
—Te mereces más —grito.
Asiente suavemente, su mirada desenfocada.
Todo en mí comienza a doler de los malos momentos que me hizo
pasar, todo lo que tuve que soportar, y todo lo que perdí por él.
—¿Por qué, Jason? —Ni siquiera me doy cuenta que estoy llorando
hasta que una lágrima baja por mi barbilla. La limpio con el dorso de mi
mano—. Lo perdí todo. Perdí a Jesse, lo más importante de mi vida, ¡y fue
puesto en una casa de acogida! ¡Una jodida casa de acogida! —Mi voz está
aumentando con cada palabra enérgica que digo—. Y ni siquiera puedo
240
recuperarlo ahora. Puedo verlo los fines de semana mientras le demuestro
a los Servicios Sociales que estoy en condiciones de cuidarlo. ¡Y eso es todo
por tu culpa!
Empujo mis manos en su pecho, y da un paso atrás.
—¡Me engañaste! ¡Fui a la cárcel por tu culpa! Y sé que fuiste tú
porque no había nadie más que podría haberlo hecho. ¡Y verte aquí solo lo
confirma! ¿Y tienes la jodida osadía de venir aquí porque necesitabas saber
que estoy bien? Bueno, no, ¡no estoy bien! —grito esa última parte. Y no
me importa si despierto a todo el maldito edificio. Me he ganado el derecho
de gritar.
Su mirada va hacia todos lados.
Me recuerda que Cece está a solamente unos pocos pisos arriba, y
ella podría oír. No quiero meterla en esto. Si descubre que Jason está
aquí… Dios lo ayude. Y no quiero que Cece vaya a la cárcel por asesinato.
Mirando al pavimento, doy unas cuantas respiraciones calmantes,
apretando los puños.
Levanto la mirada y observo su rostro lamentable.
No puedo ver al Jason que conocía.
Dios, este hombre me importaba. Confiaba en él. Y, en este momento,
no puedo ver una sola razón para justificar eso.
—No debería haber venido —susurra—. Fue un error.
—Sin duda, Sherlock —espeto.
—Lo siento —murmura mientras empieza a alejarse.
—Sí, y lamento haberte conocido.
Se detiene, levantando su mirada de culpabilidad a la mía.
—Lamento que me hayas conocido también, Daisy. Fuiste lo mejor
que me pasó…
—Entonces, ¿por qué? —Golpeo las manos contra su pecho—. Me
arruinaste la vida, Jason. Fui a la cárcel por tu culpa.
—Lo siento…
—Sigues diciendo eso, pero no lo sientes. Si lo hicieras, entonces me
dirías la verdad. Admitirías que me engañaste. Me dirías quién más estaba
involucrado.
—Yo… Jesús… —Pasa las manos por su cabello, jalando mechones—.
No tuve elección, ¿de acuerdo? Nunca quise lastimarte.
¿No tenía elección?
—¿Qué quieres decir con que no tenías opción?
Su mirada se aparta de mí. 241
—Nada. Olvídate que dije algo.
—No. —Me acerco a él—. ¿Quién? —No dice nada, así que decido
seguir presionando—. ¿Fue… Damien?
Sé que di en el clavo porque sus ojos asustados y en pánico me
miran.
La ira inunda mis venas.
Siempre supe que fueron los dos, y ver la confirmación en el rostro de
Jason… me da ganas de darle una bofetada una y otra vez. Y luego llevar
su culo borracho y patético a la comisaría y obligarle a decirles la verdad.
—Tengo razón, ¿no? —Doy un paso más, la furia me anima—. Fue
Damien. Él te hizo sacar esa llave de mi bolso mientras dormía, y tú se la
diste. Robó la joyería, y luego te devolvió la llave. Lo guardaste en mi bolso
y plantaste las joyas en mi apartamento, así la policía las encontraría.
Dios, tengo razón, ¿no? Sólo admítelo, Jason. ¡Por una vez en tu miserable
pequeña vida, di la verdad!
Sé que lo he presionado demasiado y demasiado duro cuando veo la
furia llegar a sus ojos. Una expresión pasa por su rostro que hace que mi
corazón se detenga.
Jason no es como Kas. En realidad es mucho más delgado de lo que
era cuando estábamos juntos, pero sigue siendo un infierno mucho más
grande que yo.
Y, ahora, estoy calculando rápidamente la distancia para ver si puedo
regresar a mi edificio antes que pueda atraparme.
Está borracho. Podría lograrlo.
Y es como si me leyera la mente porque toma mi brazo, agarrándome
con fuerza, sus dedos apretando mi piel.
Nunca fue violento conmigo mientras estábamos juntos, pero no estoy
tan segura que no lo sería ahora.
Se acerca, tanto que puedo oler el hedor a alcohol en su aliento.
—Déjame ir —espeto, dientes apretados.
Pero no me deja ir. Trato de apartar el brazo, pero no funciona. Es
como si ni siquiera me sintiera ahora mismo.
—Dios, te he amado, Daisy. Tanto. Eras tan buena. Tan pura.
Demasiado buena para gente como yo, pero te quería de todos modos. Y la
forma en que solías mirarme…
—¿Amor? —Río amargamente—. No sabes el significado de esa
palabra. Y, honestamente, preferiría tener tu odio, porque mira lo que me
diste con tu tan llamado amor, una habitación de seis por ocho en un
bloque de prisión.
La culpa parpadea en sus ojos. Aparta la mirada de mí.
242
—Hice lo mejor que pude por ti.
Río sin ganas de nuevo.
—Vete a la mierda, Jason. Hiciste lo mejor para ti mismo. —Lo miro
de arriba abajo—. Dios, eres patético. Una excusa borracha y patética de
hombre.
Sé que no debería seguir presionándolo, pero no puedo detenerme.
—¡Tú y tu bastardo hermano me robaron mi libertad! —espeto—. Me
engañaron por ese robo y luego simplemente se alejaron, limpios. Y viniste
aquí, ¿para qué? ¿Para decir que lo sientes? Bueno, vete a la mierda. Si
estás tan arrepentido como dices, entonces irás a la comisaría, y les dirás
la verdad. Ve a la policía ahora y diles que fuiste tú y Damien. Que ambos
me engañaron. Que robaste la tienda.
Sus ojos brillan con peligro, y su agarre en mi brazo aumenta,
haciéndome gemir de dolor.
Se inclina hacia mi rostro.
—No sé de qué estás hablando, Daisy. —Su voz es baja, pero
tranquila y estable—. Mi hermano y yo no tuvimos nada que ver con lo que
pasó esa noche. Todo lo que sé es lo que todos saben, que tú robaste.
Usaste tu tarjeta de acceso para entrar en la tienda. Tenías algunas joyas
robadas en tu apartamento.
Encontrando fuerza, la aparto de mí, empujándolo hacia atrás.
—¡Vete a la mierda! —siseo—. ¡Te odio, desgraciado!
—Deberías odiarme —dice tranquilamente—. Y deberías tener miedo
también. El miedo mantiene a la gente callada, y deberías callarte, Daisy.
Envuelvo mis brazos temblorosos alrededor de mí.
—¿Esa es una amenaza? —de alguna manera consigo mantener mi
voz firme. Dios sabe cómo, porque mis entrañas están retorciéndose.

—No —dice suavemente, dando un lento movimiento de cabeza, como


si el pensamiento fuera inconcebible—. Te amo, Daisy. Nunca te haría
daño. Soy yo el que intenta mantenerte a salvo.
—¿A salvo de quién? ¿Damien?
Jason sostiene mi mirada por un largo momento antes de apartarla.
—Ten cuidado, Daisy. Y, recuerda, el silencio es de oro. —Mete sus
manos en los bolsillos, gira y se aleja.

243
Aún seguí corriendo después de que Jason se fue. Me tomó unos
buenos minutos para calmar mi corazón acelerado y miembros
temblorosos antes de que estuviera lo bastante estable como para
moverme. Pero necesitaba correr. Necesitaba limpiar mi cabeza de todo lo
que había sucedido.
Cuando mi carrera había terminado y estaba bañada y lista para el
trabajo, me senté frente a Cece a la mesa de la cocina, desayunando. No le
hablé de la visita de Jason o de que había dormido con Kas o que después
me había mentido.
Estaba sentada allí con todo en la punta de mi lengua, pero algo me
impidió decirle.
Tal vez porque sé cómo se preocupa por mí, y no quiero que se
preocupe más de lo que ya lo hace.
La visita de Jason me ha sacudido. Especialmente la advertencia que
me dio. 244
Y, en realidad, nada ha cambiado. No ha admitido francamente que
fueron él y Damien quienes me incriminaron. Por lo tanto, no es como que
voy a ir corriendo abriendo mi boca a la policía porque no tengo nada
concreto para darles.
Y todavía estoy molesta por Kas y sus mentiras. Y, ahora, más que
nunca, quiero saber la verdad.
Tal vez la visita de Jason ha aumentado mi necesidad de saber. Ver la
razón de porqué mi vida fue alterada y cambiada para siempre me hace
querer estar más segura que nunca que no estoy cometiendo un error por
estar con Kas.
No dejaré que nada me arriesgue a recuperar a Jesse.
Y por eso me encuentro en la oficina de Kas ahora mismo.
Está con Cooper en los potreros. Algo está mal con uno de los
caballos. Un veterinario ha sido llamado.
Y estoy husmeando.
No es mi mejor momento, pero la necesidad manda.
Tengo mis cosas de limpieza conmigo, y estoy técnicamente limpiando
su oficina. Sólo tengo un aspecto entrometido mientras lo hago.
Específicamente, alrededor de la estantería.
Estoy desempolvándola mientras busco algo fuera de lo común.
Sé que debo parecer como algo fuera de una mala película de
detectives, pero este es mi primer rodeo.
Hasta ahora, no estoy recibiendo mucho. Hay sólo filas y filas de
libros y polvo.
No es exactamente emocionante.
Honestamente, ni siquiera sabía que Kas leía. Nunca lo he visto tomar
un libro.
Poniéndome en las puntas de los pies, corro el plumero a lo largo de
los estantes superiores, con mis ojos arrastrándose sobre ellos, buscando
cualquier cosa. Cualquier indicación de que hay una puerta detrás de
aquí.
Pero nada. Sólo un panel de madera detrás de los libros.
Me pregunto si hay un libro que sacas, y la estantería se abre
mágicamente.
De acuerdo, he estado viendo demasiadas películas. Pero no estoy
muy segura de lo que estoy buscando aquí.
Oh, recuerdo haber visto en una película donde literalmente sólo
presionaban contra la estantería para abrirla, y detrás de ella había una
245
puerta que conducía a una habitación secreta.
¿Pero Kas realmente tendría una habitación secreta? Parece un poco
descabellado, incluso para mí.
Podría haber solo cerrado la puerta por cualquier razón y haber
construido una estantería delante de ella.
Y si acababa de decirme eso, entonces no estaría aquí, husmeando,
ahora mismo.
Mintió por una razón. Y quiero saber por qué.
Creyendo que oigo un ruido, miro detrás de mí a la puerta
entreabierta. Pausando, sostengo mi aliento.
Dejé la puerta abierta, así no parecería sospechoso si Kas regresaba, y
yo estaba aquí con la puerta cerrada.
Espero unos segundos, pero no hay nada. Nada más que silencio.
Mirando hacia atrás a los estantes, suspiro de frustración. Tiene que
haber algo detrás de aquí. Algo que está escondiendo.
Dejo el plumero sobre su escritorio. Volviendo a la estantería, paso mi
mano por los estantes. Deteniéndome en el extremo de uno, presiono
firmemente mi mano contra él, viendo si hay algún movimiento.
Pero no se mueve.
Me muevo a la siguiente pila y hago lo mismo. Y obtengo el mismo
resultado.
La frustración frunce mi frente.
¿Estoy siendo loca aquí?
No, hay algo detrás aquí. Algo que no quiere que yo vea. Solo lo sé en
mis entrañas.
Y sólo quedan dos pilas para comprobar.
Me mudo a la estantería siguiente, mi corazón acelerando
rápidamente del miedo de ser atrapada. Tomando una respiración
profunda, presiono las palmas de mis manos a cada lado de la pila, y
empujo firmemente.
¡Santa mierda! Se movió.
Sólo un poco, pero no cabe duda que da a la izquierda.
Mi ritmo cardíaco se dispara como un caballo de carreras, y mi pulso
empieza a sonar en mis oídos.
Trago nerviosamente mientras presiono mis manos hacia el lado
izquierdo de la pila.
Bueno, aquí no va nada.
Le doy un empujón fuerte. 246

Y hace clic. Entonces, se abre.


¡Santa puta mierda de un pato! ¡Tenía razón!
Miro rápidamente sobre mi hombro, comprobando si todavía estoy
sola.
Luego, con las manos temblando, doblo mis dedos alrededor del borde
de la estantería, ahora desbloqueada, y la abro fácilmente.
Y ahí está.
La puerta.
La maldita puerta.
¡Yo jodidamente lo sabía!
Mentiroso bastardo Kas-túpido.
Muelo mis dientes juntos en ira y contemplación.
Mis dedos pican mientras contemplo la puerta.
¿Debería abrirlo?
Sí.
No.
Sí.
He llegado hasta aquí. Podría ir todo el camino.
Flexionando mis dedos, mi respiración enganchada, me estiro y doblo
mi mano alrededor del pomo.
Lo doy vuelta, y... está cerrada.
Cabrón.
Le doy otra vuelta, como si eso abriera mágicamente la puerta, pero
no se abre porque está claramente cerrada.
Soy tan cabezona.
Doblando la cintura, miro el pomo de la puerta. Necesita una llave
para abrirlo. Una de esas llaves de Yale que encaja en el centro de la
manija.
Cierro mis ojos en pensamiento, trato de pensar si he visto una llave
de Yale en cualquier parte, pero no recuerdo nada.
Suspirando, abro los ojos. Todo lo que recuerdo es a Kas cerrando
esta puerta con una llave y poniéndola en su bolsillo.
Debe guardarlo en alguna parte.
¿Pero dónde?
Mis ojos se acercan a su escritorio.
247
Me pregunto si…
La puerta trasera se abre y rápidamente se cierra, y mi corazón casi
salta fuera de mi pecho.
¡Mierda!
Rápidamente empujo la estantería de nuevo en su lugar, oyendo el
clic, sabiendo que lo he bloqueado. Luego, me lanzo al escritorio de Kas y
recojo el plumero. Empiezo a correr sobre su escritorio y computadora,
como si lo hubiera estado limpiando todo el tiempo.
Esto es tan obvio. Soy tan obvia. También podría tener un cartel en
mi frente diciendo, Fisgona.
Sólo estoy desempolvando su computadora, pero he estallado en
sudor, y estoy respirando como si acabara de correr un maratón.
Necesito calmarme.
Abandonando el plumero, agarro la cera para muebles y el paño.
Aplico un poco de esmalte sobre su escritorio y empiezo a frotarlo mientras
me obligo a calmarme, tomando respiraciones lentas y profundas.
—Hola.
Miro hacia arriba para ver a Kas de pie en la puerta.
Mentiroso.
—Hola. —Le doy una sonrisa brillante, deteniendo lo que estoy
haciendo.
Sus ojos se deslizan por la habitación, como si estuviera
comprobándola.
¿Buscando algo, Kas-túpido? ¿O preocupado que yo estaba?
Bastardo.
—¿Está bien? —Hago un gesto hacia el paño en mi mano—. Creí que
limpiaría tu oficina mientras estabas fuera. No creí que estuviera todavía
fuera de límites, pero si...
—Por supuesto que está bien. —Sus ojos sonríen cálidamente hacia
mí.
Lo miro de nuevo, y no puedo ver nada en su expresión, no es que
normalmente pueda decir lo que piensa. Es tan cerrado.
Pero su cálida actitud me dice que no sospecha nada.
Tal vez sólo piensa que no soy lo suficientemente inteligente como
para haber visto a través de sus mentiras.
Cabrón.
Sabiendo que subestima lo inteligente que soy en realidad pica. Y eso
me molesta aún más. 248
—No puedo creer que te dije que no vinieras aquí. Era tan idiota. —Se
acerca a mí.
Dejo la tela y me vuelvo para encontrarme con él. Envuelve sus brazos
alrededor de mi cintura.
Ocultar mi ira y trato de actuar de forma natural.
No lo llevaré a la corte sobre esto hasta que sepa qué hay detrás de
esa puerta.
Una vez que sepa, voy a patear su culo por mentirme. Dependiendo
de lo que encuentre, por supuesto.
—Bueno, no estoy en desacuerdo contigo. Eres un idiota.
Me sonríe abiertamente, y deja una sensación caliente en mi pecho.
Es un mentiroso, Daisy. Un gran, gordo mentiroso. Hay una puerta
detrás de esa estantería para demostrarlo.
—Prometo nunca ser un idiota contigo de nuevo. —Se inclina y roza
sus labios sobre los míos—. Sólo para usar mi polla para propósitos
placenteros cuando se trata de ti.
Mi vagina se para en atención.
Abajo, chica. Tenemos un tramposo entre nosotras.
—¿Cómo está el caballo? —pregunto. Mis palabras salen afónicas y
roncas. Podría estar enojada con Kas, pero a mi cuerpo le gusta mucho, y
al parecer, todo lo que se necesita es la mención de su polla para enviarme
a Villa Sexo.
—Tiene laminitis. Cooper lo vio temprano, lo cual es bueno. El
veterinario prescribió un antiinflamatorio. Por eso volví, para tomar mi
billetera. Me dirijo a la oficina del veterinario para recoger la receta. Cooper
va a quedarse con el caballo. ¿Quieres venir conmigo?
—¿Al veterinario? —Mi labio hace un puchero—. Pero estoy
trabajando.
—Y yo soy el jefe, y el jefe quiere que su chica venga con él. —Toma
mi cola de caballo y le da un suave tirón.
Su chica.
Mierda. Eso totalmente me habría derretido más rápido que el hielo
en agua caliente si me lo hubiera dicho pre-mentira.
De acuerdo, sinceramente, me derretí un poco. Pero todavía estoy
molesta.
Furiosamente molesta de hecho.
Es difícil no quererlo o ser cálida con él, especialmente cuando estoy
en sus brazos y él está siendo encantador y dulce. 249
Entonces, de repente se me ocurre.
Podría perderlo. Podría tener que alejarme de él. Porque sea lo que sea
que esconda de mí, podría ser un cambio de juego.
¿Realmente quiero perder a Kas?
No.
Pero tampoco quiero ser una tonta ciega.
Tengo que saber la verdad, y la única manera de averiguarlo es por mí
misma.
Hago esto para protegerme. Y a Jesse.
Lo defraudé debido a un hombre una vez antes. No volverá a suceder.
—Entonces, supongo que el jefe consigue lo que quiere.
—Buena chica —murmura.
Me besa de nuevo. Comienza a chupar mi labio inferior mientras sus
manos encuentran mi culo, y mi cuerpo cobra vida. Mis manos encuentran
su camino alrededor de su cuello, y lo beso de nuevo, chupando su lengua.
Gime en mi boca.
Enrollo mis dedos en el cabello en la parte posterior de su cabeza. Me
tira más apretado en su cuerpo. Y el beso va de dulce a fundido en
segundos.
Mi cerebro está enviando rápidas bati-señales, pero mi cuerpo las
ignora por completo.
—Dios, te deseo —respira profundamente—. Quédate conmigo esta
noche. Te extrañé en mi cama anoche.
Sus palabras hacen que mi corazón salte un latido.
Él me extrañó.
—Pero... estoy en mi período, ¿recuerdas? —Me sorprendo con mi
rapidez en recordar mentir. Pero entonces no es como que podría decir que
tenía mi período por un día, y termino.
—Nena... tal vez quiera follarte ahora mismo, siempre quiero follarte,
pero no es por eso que te quiero en mi cama. —Beso—. Quiero dormir
contigo. Sostenerte. Despertar contigo.
Oh Dios.
Estoy muriendo aquí. Está siendo tan malditamente dulce. Me está
confundiendo. Él me está confundiendo.
¿Por qué tuviste que mentirme?, quiero gritarle.
Por supuesto no digo eso.
Quiere que me quede la noche, y eso significa que estaré aquí cuando
duerma. 250
Era una rara oportunidad que tengo para estar en la oficina de Kas
sin él aquí hoy. No sé cuándo volveré a tener esa oportunidad.
Pero si estoy aquí y él está profundamente dormido... eso le daría a
una chica tiempo suficiente para mirar alrededor, por ejemplo, tal vez una
llave que abriera una puerta escondida detrás de una estantería.
Dios, ¿cuándo me volví tan retorcida?
Probablemente alrededor del tiempo que me encontré pagando
dieciocho meses por un crimen que no había cometido.
Sonriendo hacia él, me muerdo el labio.
—Bueno, cuando lo pones así, ¿cómo puede una chica negarse?
Sonríe grandemente, e ilumina sus ojos.
—Entonces, ¿te quedarás la noche?
Se ve tan feliz y juvenil en este momento. Siento una punzada de
culpa.
Detente. No tengo por qué sentirme culpable. Él hizo esto. Yo no.
Si él hubiera sido sincero conmigo desde el principio, entonces no
estaríamos donde estamos ahora. No estaría preparándome para
escabullirme por la casa de mi hombre en plena noche, buscando una
llave secreta para abrir una puerta secreta.
Estirándome en las puntas de mis pies, presiono mis labios contra los
suyos, ocultando mí propio engaño, y susurro:
—Sí.

251
Miro a Kas dormido a mi lado.
Tengo el corazón acelerado. La boca seca. Y mi respiración es rápida.
Realmente voy a hacer esto. Realmente voy a salir de su cama y
escabullirme escaleras abajo para encontrar lo que de verdad hay detrás
de la puerta.
Me están sudando las palmas.
Las presiono contra la cama, intentando secarlas con la sábana.
Luego, él se mueve, y casi me meo en mi pantalón.
Girándose en su sueño, se gira de costado, dándome la espalda.
¡Joder!
Maldición, joder.
Me llevo una temblorosa mano al pecho, aplicando presión,
intentando aligerar los latidos de mi corazón. Está latiendo tan fuerte y
252
ruidoso que estoy asustada de que realmente lo despertará.
No puedo despertarlo ahora. No cuando he pasado los últimos
minutos liberándome de sus brazos.
No le llevó mucho tiempo quedarse dormido después de que
acabásemos de besuquearnos.
Sí, nos besuqueamos.
Me hizo la cena. Realmente cocinó para mí. Un chico nunca ha hecho
eso antes. Encendió velas y todo. Fue verdaderamente romántico. Luego,
nos acurrucamos en el sofá con nuestros vasos de vino y miramos juntos
la televisión. Bueno, la parte de mirar la televisión no duró mucho hasta
que comenzamos a besuquearnos como adolescentes.
Kas sugirió que fuésemos a la cama. Yo accedí.
Y llevamos nuestra sesión de besuqueo aquí. Obviamente, no tuvimos
sexo porque se supone que tengo mi periodo. Pero, Dios, quería hacerlo.
Lo deseaba desesperadamente. Todavía lo hago.
Después de que terminásemos de besuquearnos, me rodeó con sus
brazos y me sostuvo como si nunca quisiese dejarme ir.
Y no quería que lo hiciese.
Pero tengo que hacerlo.
Tomando una silenciosa bocanada de aire, salgo de la cama, tocando
la gruesa alfombra con los pies descalzos.
Lanzo una mirada nerviosa hacia Kas. Reteniendo la respiración, miro
la fuerte siluete de su espalda. Sus respiraciones son profundas y
regulares. Se ha dormido con rapidez.
Y yo estoy haciendo esto.
Con los ojos en la puerta medio abierta, salgo de puntilla de la
habitación.
Bajo las escaleras con paso silencioso. La luz en el porche exterior
está lanzando un suave brillo en el gran pasillo.
Sintiendo frío, me estremezco, rodeándome con los brazos. Solo llevo
puesta una de las camisetas de Kas y mi ropa interior. Siento como si
debiese vestir un traje negro apretado o algo igualmente rudo. No una vieja
camiseta de una banda de Kas que llevaba su olor. Y realmente distrae la
atención, porque me encanta la forma en que él huele. Trae cálidos y
calientes recuerdos a mi memoria, y eso me hace sentir una completa
zorra por husmear de este modo en su casa.
Luego me recuerdo que no estaría haciendo esto si no fuese por él y
sus mentiras. Habría estado tumbada arriba allí arriba en sus brazos,
probablemente teniendo sexo ahora mismo, si él hubiese elegido la
253
honestidad.
Pero no lo hizo, y aquí estamos.
Bueno, aquí estoy.
Cruzo el suelo de puntillas y entro en su oficina.
Cierro discretamente la puerta detrás de mí y entonces cruzo la
habitación y enciendo la lámpara de su escritorio.
No pierdo el tiempo. Comienzo a buscar entre los cajones del
escritorio, buscando una llave.
Encuentro una llave, pero es pequeña y parece que es de un candado
o algo parecido. Pero aparte de eso, no hay ninguna llave que pueda
encajar con esa puerta.
Con las manos en las caderas, estudio la habitación.
¿Si fuese Kas, dónde guardaría la llave de una puerta secreta?
La mantendría conmigo.
Hago un rápido repaso mental de lo que vestía cuando subimos
arriba. Vaqueros y una camiseta, y lo puso todo en la cesta de la ropa
sucia, así que definitivamente ahí no está la llave.
Pongo la mirada en su chaqueta, que está colgada detrás de la puerta.
Se la puso más temprano cuando fuimos al veterinario a conseguir la
medicina para el caballo.
Camino hacia la chaqueta. Meto las manos en ambos bolsillos. Mi
mano se curva alrededor de un juego de llaves en el bolsillo derecho.
Las saco. Las llaves de su auto. Bajo la mirada a ellas en mi mano.
Está la llave del auto, un llavero —que es del garaje, creo— el llavero de un
Range Rover… y otra llave.
Una llave de Yale.
Joder.
La sangre comienza a bombear por mis venas.
Oh, Dios mío. Esta es la llave. ¡Apuesto a que es la llave!
Me apresuro hacia la librería, con las llaves en la mano.
Abro la estantería, revelando la puerta. Tomo la llave de Yale y con la
mano temblorosa, meto la llave en la puerta. Giro y…
Clic.
Mierda, estoy dentro.
Realmente dentro.
Dejando la llave en la puerta, sujeto la manilla y la giro.
Pero me detengo antes de abrirla.
¿Estoy segura de querer hacer esto? ¿Estoy segura de querer saber qué 254
hay tras la puerta?
Ya no estoy segura de nada. Pero sé que necesito conocer qué está
escondiendo.
Con un fuerte suspiro, abro la puerta.
Se enciende una luz, haciéndome saltar. Debe ser una de esas luces
con sensor. Mis ojos se ajustan a la luz y veo que estoy de pie en la puerta
de una habitación del tamaño de un armario.
Y en este armario hay… fotografías.
De mí.
—¿Qué demonios? —susurro.
El corazón empieza a latirme más rápido y me adentro en la
habitación.
Hay una fotografía de mí. Del día que salí de prisión. Estoy de pie
fuera de la prisión, con una bolsa en la mano.
¿Por qué Kas tiene fotografías de mí?
Empiezo a pasar la mirada por el resto de fotografías colgadas en la
pared.
Yo y Cece abrazándonos ese día.
Yo corriendo.
Yo y Cece juntas, la noche del club.
Yo en la Finca Matis, hablando con Cooper.
Yo en el tren.
Una mía con Jesse cuando fuimos a la playa.
Y…
Jesucristo.
Alcanzo la fotografía con la mano.
Es de mí con Jason. Pero está no es del otro día. Esta es una vieja
fotografía, de cuando estábamos juntos, no mucho antes de que me
arrestasen.
La fotografía definitivamente fue tomada desde lejos y sin nuestro
conocimiento.
Jason y yo estamos abrazados. Estoy sonriendo hacia su rostro, y él
me está devolviendo la sonrisa.
—Oh, Dios —susurro.
Giro en la habitación, contemplando. Cada pared está cubierta con
algo; fotografías, noticias, recortes de periódico sobre mi arresto, juicio y
encarcelamiento.
255
Jesús, incluso tiene la fotografía policial de mi arresto.
Acercándome, paso los dedos sobre la fotografía.
Me muevo a un lado, y hay un mapa con localizaciones marcadas.
Una es mi apartamento.
¿Qué demonios?
No lo entiendo. ¿Por qué Kas tiene estas cosas?
Me muevo y mi cadera choca con una mesa.
No, es un escritorio y…
—Oh, joder. —Jadeo, llevándome una mano al pecho mientras el
corazón me salta a la garganta, dejándome resollando.
Sobre el escritorio hay una pistola. Y alineados al lado de la pistola
hay cinco cuchillos de diferentes tamaños. Cada uno parece tan mortífero
como el anterior.
Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios.
Con los dedos en el borde de la mesa, me deslizo a su alrededor,
mirando hacia las armas, como si fuesen a cobrar vida y atacarme.
Una vez que estoy al otro lado de la mesa, me giro hacia el último
muro. Veo fotografías de Haley.
Me centro en una de las imágenes. Es de Haley y Kas. Él se ve mucho
más joven.
Se ve feliz.
El dolor irrumpe en mi pecho.
Doy un paso atrás, admirando las fotografías de Haley junto los
recortes de noticias sobre su asesinato.
No entiendo qué es todo esto. Qué significa.
¿Por qué tiene fotografías de mí y Jason aquí con fotografías de Haley?
De pie en el centro de la habitación, me giro lentamente, asimilándolo
todo, ponerlo todo junto, y mi mirada atrapa una fotografía. No la vi antes
porque tenía la mirada fija en las armas.
Pero ahora, la estoy mirando, la estoy mirando con fuerza.
Porque hay una imagen de Damien Doyle.
Y a cada lado de la imagen hay dos fotografías de unos hombres que
no reconozco.
Me acerco a las fotografías, y me da un vuelco en el estómago.
Las fotografías de lo hombre que no reconozco tienen una gran X roja
marcada sobre sus rostros.
256
La de Damien es la única imagen que no tiene una X.
¿Por qué…?
Oh, Dios.
Oh, joder, no.
Justo como un golpe a la cabeza, me golpea.
Un enfermizo sentimiento hueco comienza desde las entrañas.
Tres hombres.
Haley. Kas.
Violación. Asesinato.
¿Las cruces rojas significan… que están… muertos?
Oh, joder.
Damien está vivo.
Jesucristo.
Dios. No.
Me giro, más que preparada para dejar esta habitación y el corazón
casi se me sale del pecho.
Kas está de pie en la puerta.
Con el pecho desnudo y está vistiendo el pantalón de pijama negro
con el que se fue a la cama.
—¿Hay alguna habitación de la que pueda mantenerte alejada? —No
sonríe.
Y casi me meo en mi pantalón.
Pasa la mirada por la habitación y suspira. Se cruza de brazos y
apoya el hombro contra el marco de la puerta.
Su impenetrable mirada se encuentra con la mía. Luego, separa los
labios y calmadamente dice:
—Así que, supongo que tienes preguntas.

257
¿Preguntas?
¿Tengo preguntas?
¡Por supuesto que tengo malditas preguntas!
Pero, en este momento, estoy tratando de no mear mi pantalón, y
tengo que reiniciar mi corazón a función normal, ya que ha decidido dejar
de funcionar correctamente.
Separo mis labios. Tengo la boca seca, como si hubiese estado en el
desierto durante días.
Yo… ni siquiera sé por dónde empezar.
Kas me está mirando con esos hermosos, impenetrables ojos oscuros,
que no revelan nada.
Pero él no necesita decirme nada, porque estoy bastante segura que lo
he descubierto todo por mi cuenta.
Damien Doyle era parte de la pandilla que… 258
Y Kas ha sido…
Jesús, ni siquiera puedo decir las palabras.
Me lamo los labios, tratando de decir las palabras.
—Yo… —Envuelvo mis brazos sobre mi estómago, mis ojos alrededor
de la habitación.
Él tiene fotos de mí desde antes de que nos conociéramos.
O tal vez Kas me conocía mucho tiempo antes de conocerlo.
Oh, mierda.
—Yo-tú… —tartamudeo—. ¿Por qué tienes fotos de mí? ¿Y Damien
Doyle?
—Creo que sabes por qué.
—Oh Dios —susurro, temblando.
Suspira de nuevo.
—No quería que lo averiguaras, Daisy.
¡No jodas! Le pido a Dios nunca haberlo descubierto.
Yo y mi curiosidad de mierda.
—Tú… las fotos de esos hombres.
—Evan Foster, Levi Betts, y por supuesto, tú conoces a Damien
Doyle.
—E-ellos… —Levanto una mano temblorosa, indefensa a su torso
marcado. Sus ojos se cerraron—. ¿Son los hombres los que te hicieron eso
a ti y a Haley?
Respira profundamente por la nariz. Sus ojos se abrieron.
—Sí.
—Jesucristo —susurro—. ¿Y qué significan las cruces en las caras de
Evan y Levi?
—Significa que están muertos, Daisy.
Santa mierda.
Quiero llorar. Y correr. Muy, muy lejos.
Trago por los ladrillos en mi garganta.
—¿Có-cómo murieron?
Se endereza, levantando las manos al marco de la puerta por encima
de su cabeza. Su gran cuerpo llena la puerta. Sus músculos están
estirados, demostrando su definición y fuerza.
Estoy atrapada aquí, y si él quiere hacerme daño, puede.
259
Las únicas cosas que tengo en ventaja son la colección de cuchillos
detrás de mí y el arma, pero no sé si está cargada.
Y… no puedo creer que esté considerando tener que defenderme con
un arma contra el hombre con el que he estado durmiendo.
Justo cuando pensaba que mi vida no podía empeorar, abrí una
puerta y encontré la guarida secreta de Dexter.
Kas suelta otro suspiro. Este suena cansado.
—Evan Foster se cortó la garganta. Sangró hasta la muerte en su
bañera. Y Levi Betts fue apuñalado a muerte en un callejón.
Aparentemente, el trato con las drogas ha ido mal. —Sus ojos negros
permanecen cuidadosamente en los míos.
Tragando nerviosamente, miro de nuevo los cuchillos de la mesa.
¿Uno de esos cuchillos…?
Mierda. Mierda. Mierda.
Mi pulso está palpitando en mis oídos, mi piel duele por los nervios y,
sobre todo, incredulidad. No puedo creer que tengamos esta conversación.
Nunca pensé en lo que había detrás de esa puerta. Pero, en mi más
salvaje imaginación, nunca pensé que fuera esto.
—Y-y… —Cuidadosamente lo miro de nuevo. Mi mirada fija en sus
cicatrices. Nunca las veo normalmente; no me llaman la atención porque
son parte de él.
Pero, ahora, las estoy viendo.
Levanto la mirada hacia la de él y trago.
—¿T-tú tuviste algo que ver con sus… muertes?
Sus ojos parpadean con algo… ¿miedo quizás?
Suspira. Suena resignado.
Cuando me mira de nuevo, la mirada en sus ojos es cautelosa.
—Creo que también conoces la respuesta.
—Oh, Jesús. —Retrocedo un paso y me golpeo con el escritorio,
haciendo temblar los cuchillos y el arma.
Los ojos de Kas se dirigen directamente a ellos y luego a mí.
Me hago a un lado del escritorio, alejándome, pero no demasiado para
poder tomar un arma si es necesario.
—Los mataste a ambos.
—Sí.
Oh Dios. 260
—Y vas a matar a Damien.
No responde. Sólo me mira fijamente, como si estuviera ponderando
cómo responder.
Pero no necesita responder, porque ya lo sé.
La foto de Damien no estaría clavada en esa pared junto a la de ellos
si Kas no planeara matarlo.
—¿Cómo morirá Damien? —susurro.
—Penosamente.
—Oh Dios. ¿Me vas a matar también?
—¿Qué? —Se ve aturdido, como si acabara de darle un puñetazo en la
cara. Todo su comportamiento cambia. Sus brazos caen del marco de la
puerta, y da un paso adelante, con los ojos abiertos de sorpresa—.
Jesús. Claro que no. ¿Por qué pensarías eso?
Y en este momento mi cerebro elige explotar a través de mi boca.
—¡Porque tienes armas y cuchillos aquí! Y ya has matado a dos
hombres, que, por supuesto, se lo merecían, y planeas matar a otro
hombre, ¡que también lo merece! ¡Pero has matado a gente, y tienes mi foto
en todo tu jodido muro! —Extiendo la mano en dirección a las fotos. Mi
pecho se alza con temerosos y furiosos suspiros mientras el eco de mis
palabras reverbera silenciosamente por la habitación.
Kas se pasa una mano por el cabello, su otra mano cruza su pecho
para cubrir su corazón.
—Nunca te haría daño, Daisy. Nunca —afirma enfáticamente—. Esto.
—mueve una mano, señalando su pared de fama—, es sólo una parte de
mi vida que nunca quise que conocieras.
—¡Joder, Cristo! —Me pellizco el puente de la nariz, inhalando y
respirando profundamente—. Estoy enamorada de un asesino. Sólo yo
podría enamorarme de un asesino. Dios, ¿qué demonios me pasa?
—¿Qué dijiste?
Dejando caer mi mano, le fruncí el ceño.
—Lo siento, ¿no debería llamarte asesino?
—Estás… —Parpadea. Negando, da otro paso adelante—. Estás
enamorada de mí.
Oh. Mierda.
¿Acabo de decirle que estoy enamorada de él?
¿Estoy enamorada de él?
Oh Dios. Lo estoy.
Estoy enamorada de Norman Bates.
261
Bueno, no es exactamente un psicópata. Es un hombre de venganza.
Pero ha matado gente. Y no es exactamente el momento ideal para decirle
al hombre que sales que estás enamorada de él, momentos después de
descubrir que es la versión de la vida real de The Punisher.
—Yo-yo… no es realmente el punto en este momento —digo
despectivamente.
—Es el único punto.
Cuando miro su rostro, veo ternura. Se enrolla alrededor de mi
corazón y aprieta con fuerza.
Cierro los ojos contra el sentimiento.
—Ni siquiera te conozco —susurro—. No puedo estar enamorada de
un hombre que no conozco.
Siento que se acerca.
—Me conoces, Daisy. Eres la única persona que realmente me conoce.
Abro los ojos y observo sus ojos conmovedores. La esperanza en su
mirada me hace doler.
Niego.
—No, no lo sé. Me has mentido desde el momento en que te conocí.
Me conocías antes que te conociera. —Señalo la foto de mí y de Jason en la
pared, pero sus ojos no dejan los míos—. ¿Cómo terminé trabajando para
ti, Kas? —Mis palabras son tranquilas.
Sus ojos se cierran brevemente, sus cejas juntas, como si acabara de
gritarle.
—Lo hice para que vinieras a trabajar para mí.
Un sentimiento enfermo se despliega en mi estómago.
—¿Por qué harías eso? —Creo que ya lo sé, pero necesito que me lo
diga. Necesito oír esto de él.
Da un paso atrás, poniendo la distancia tan necesaria entre nosotros.
—Porque he estado tratando de atrapar a Damien Doyle durante
mucho tiempo. Pero tiene esta poderosa habilidad de desaparecer. Y,
cuando él desaparece, sale completamente del mapa, y simplemente no
hay forma de encontrarlo. Créeme, lo he intentado.
»Sólo necesitaba una entrada con él. Así me acercaría lo suficiente
para matarlos. No me recuerdan. Me veo muy diferente al chico que
torturaron en ese parque hace siete años. Los encuentro, y luego los mato.
»Damien acababa de reaparecer en Londres después de haber estado
fuera por mucho tiempo, y fue entonces cuando supe que tenía un
hermano. Vi mi camino para acercarme a Damien. Pero Jason estaba
nervioso. Tenía miedo de su hermano, pero le era fiel. Entonces… descubrí 262
que Jason tenía una novia.
—Conoces a Jason. —Envuelvo mis brazos sobre mi pecho,
repentinamente fríos, los froto con mis manos.
—Lo había observado por un tiempo. Entonces, una noche, lo seguí a
un bar. Empecé a hablar con él. Hablaba con facilidad con algunas
cervezas, pero se aferró a no mencionar a su hermano. Le gustaba hablar
de ti. Mucho.
Apreté los ojos, los puños cerrados con fuerza a mis lados.
—Te vi… y, mierda, Daisy, eras tan hermosa. Nunca había visto a
alguien tan hermosa. Al mirarte, partes de mí empezaron a despertar. Pero
quería odiarte porque pensé que eras uno de ellos. Pensé que tenías que
saber el tipo de personas con las que estabas involucrada. Y luego, unas
semanas más tarde, fuiste arrestada, y resultó que estaba en lo correcto, o
eso pensé.
»Sabía que Jason era incapaz de decir nada; el tipo es una jodida
cubierta. Entendí eso después de pasar unas horas hablando con él.
Sabía, por mi instinto, que tenía algo que ver con Damien. Estaba escrito
por todas partes. Y, si estuvieras involucrada, entonces eso significaba que
estabas cerca de Damien. Te vi como mi entrada. Iba a usarte para
acercarme a él. Entonces, iba a matarlo.
»Por supuesto, Damien desapareció justo después que te arrestaran.
Así que, esperé. Entonces, cuando te liberaron, entré en contacto con un
amigo de Jude que trabaja en el servicio de libertad condicional. Le dije
que quería ayudar con el programa de Regreso al Trabajo que tienen para
los delincuentes. Le dije que estaba buscando una ama de llaves porque la
última se había ido inesperadamente. Me puso en contacto con Toby…
—Tania. —Exhalé su nombre—. ¿Se fue voluntariamente? ¿O la
despediste?
Sus ojos brillaron de dolor.
—Tania era inmigrante ilegal. Fue deportada a Polonia. Lo mantuve
en secreto, ya que no quería atención negativa en la finca.
—Qué conveniente para ti.
Aprieta la mandíbula, y dice:
—Tania se fue dos meses antes que tú empezaras a trabajar aquí. No
le hice jodidamente daño, Daisy. No mato gente por diversión. Tania está
viva y bien, viviendo en Polonia con su familia. Puedo demostrártelo…
—¿Tú y ella…?
—No. —Decepción parpadea en sus ojos—. No ha habido nadie más
que tú. Lo sabes.
263
—Sí, bueno, perdóname por no creer en una palabra que has dicho.
—Nunca te he mentido, Daisy. Te he guardado las cosas, pero nunca
he mentido.
—¡Pura mierda! —Señalo con un dedo su oficina—. ¡Me miraste a los
ojos y me mentiste el otro día! ¡Estabas allí y me dijiste que esa maldita
puerta nunca existió!
La ira se filtra en su rostro.
—Claramente, eso fue un error. Y puede que haya mentido sobre eso;
ocultarte eso, pero fue con buena razón. Pero nunca he mentido acerca de
nada sobre nosotros.
—¡Todo esto tiene que ver con nosotros! —Levantó los brazos—. ¡Me
ocultaste esto!
—¿Cómo se suponía que iba a decírtelo? Por cierto, Daisy, estoy
sacando del mapa a los hombres que violaron y asesinaron a mi novia de la
infancia, ¡los hombres que me hicieron esto y me dejaron por muerto! —
Golpea una mano contra su pecho marcado—. ¡Que conseguir mi
venganza es lo único que me ha mantenido respirando durante los últimos
siete años! —Deja de hablar, jadeando, sus ojos salvajes y amplios en mí.
Lo peor es que… lo entiendo.
Entiendo por qué ha hecho lo que ha hecho. Si me hubieran hecho
eso a mí o a Cece o Jesse, lo que le hicieron a él y Haley, también querría
matarlos.
Pero eso no significa que lo haría. Dejaría que la ley hiciera su
trabajo.
—¿Por qué matarlos? ¿Por qué no entregarlos a la policía?
Suelta una risa, pero no hay ni un poco de humor en ella. Retrocede,
apoyado contra la pared, y cruza los brazos sobre su pecho, mirando
fijamente el muro que está cubierto con los recortes de noticias e imágenes
de Haley.
—Porque la policía no hace una mierda. Les di descripciones. Lo
mejor que pude. Pusieron retratos en las noticias. Revisaron la zona.
Llevaron unos pocos sospechosos. Sin embargo, nunca los correctos. El
tiempo pasó. El interés en el caso disminuyó.
»Así que decidí hacer algo al respecto por mi cuenta. Era lo menos que
podía hacer por Haley y su familia. Ella murió porque la llevé allí esa
noche. Así que, iba a hacer lo único que podía. Limpiar esa escoria de la
tierra. Me llevó mucho tiempo encontrarlos. Pero cuando lo hice… —Su
mirada dolorida se posa en mí—. Cuando maté a Foster… vomité después.
—Suelta una risa triste y despectiva—. Pero también me sentí bien. Como
si finalmente estuviera haciendo algo bien por Haley. Matar a Betts… no 264
diría que fue más fácil, pero saber que estaba librando al mundo de esos
hijos de puta se sentía bien. Pero Doyle… él es el que quiero más que
nada. Fue el motor de lo que sucedió esa noche.
—¿Fue el primero que violó a Haley? El que te agradeció por dejarlo…
¿fue él quien te apuñaló una y otra vez?
Asiente lentamente.
—Sólo necesito matarlo… y entonces todo estará bien.
Siento que ni siquiera me está hablando ahora mismo.
—Mato a Doyle, y he pagado mi deuda a Haley.
Doy un paso temeroso hacia él.
—Haley no hubiera querido que hicieras esto.
Me mira, y el dolor en su expresión me atraviesa.
—Se lo debo, Daisy. —Mira más allá de mí, hacia su foto. La ternura
se extiende a través de su expresión—. Debía protegerla, y le fallé. No voy a
fallar de nuevo. Mataré a Doyle. Me vengaré por ella… si es lo último que
hago.
Algo dentro de mí se rompe.
Mirándolo observar su foto, me siento como una intrusa. Y me doy
cuenta en este momento que lo que Kas siente por mí nunca será nada
comparado con lo que sentía por Haley… por lo que aún siente por ella.
Ni siquiera puedo estar celosa porque merecía ser amada. Y, después
de lo que vivió, merece su venganza.
Pero no puedo ser parte de ella. Tengo demasiado que perder.
—Comprendo tu necesidad de venganza, Kas. Por lo que te hizo a ti y
a Haley…
—Y a ti. —Sus ojos van a los míos, la ira ardiendo en ellos—. Te puso
en la cárcel. Robó dieciocho meses de tu vida. Por él, perdiste a Jesse. Ya
no se trata de Haley, Daisy. Es sobre ti también.
Mi corazón se contrae dolorosamente.
Doy un paso hacia él.
—No quiero que hagas nada por mí. Tuve mi paz con lo que me había
pasado hace mucho tiempo.
Pero quiero que ese bastardo muera por lo que le hizo a Kas.
Simplemente no quiero que Kas sea el que lo haga. Kas ha soportado y
sufrió lo suficiente. Más que nadie debería. No quiero que sufra más.
Quiero que esté libre de esto.
265
—No quiero que vayas detrás de Damien. Quiero que te quedes aquí
conmigo. Quiero que estés a salvo. —Envuelvo mis brazos a mi alrededor—
. Entiendo tu necesidad de hacer esto, pero no puedo ser parte. No me
interpondré en tu camino, y no te pediré que elijas. Pero —inhalo por
fortaleza—, si sigues tu camino de venganza, entonces… aquí es donde
terminamos. No puedo arriesgar a Jesse. Y te amo. De verdad. Pero amo a
Jesse más. Siempre vendrá primero. Tengo que protegerme para
protegerlo. Lo necesito de vuelta a casa conmigo, y no puedo…
no voy a dejar que nada ponga en peligro eso. Mantendré tu secreto.
Puedes confiar en mí. Pero ya no puedo estar aquí. No puedo estar contigo.
—Jesús. —Aprieta los ojos, inclinando su cabeza hacia atrás.
Se queda así por lo que parece ser una eternidad cuando, en realidad,
son segundos. La mandíbula apretada, los ojos bien cerrados, su cuerpo
está tan quieto que ni siquiera estoy segura si está respirando en este
momento.
Por favor, Kas. No vayas tras él. Déjalo ir. Quédate conmigo.
Exhala que suena mucho como una decisión tomada. Y miro mientras
él abre sus ojos y me mira. Leí su respuesta allí, y mi corazón se retuerce.
—Nunca debería haber empezado nada contigo. Sabía que estaba mal.
Lo siento…
Lo interrumpo levantando mi mano.
—No…
Baja la mirada.
—Tengo que terminar lo que empecé… lo que ellos comenzaron hace
siete años. Tengo que terminar con Doyle por lo que hizo. Lo siento, Daisy.
Me mira de nuevo, y la disculpa en sus ojos me enoja.
Y ahí es cuando todo me golpea.
Eso es todo.
Kas y yo hemos terminado.
Antes que tuviera la oportunidad de comenzar.
Dolor, algo que nunca he sentido antes, me atravesó.
Si alguna vez hubiera preguntado cuánto significaba para mí Kas,
acabo de recibir mi respuesta.
Más de lo que creía posible.
—Está bien. —Siento un aliento fortificante, manteniéndome fuerte
cuando todo lo que quiero hacer es desmoronarme—. Supongo que no
queda nada más que decir. Excepto… adiós.
Sus ojos parpadean de pesar.
—Adiós, Daisy. 266
Esas palabras suavemente pronunciadas astillan mi corazón,
destrozándome.
Juntando fuerza, curvo mis dedos en mis palmas hasta que mis uñas
se clavan en mi piel. Empiezo a alejarme.
Mientras paso a su lado, lo respiro, y el olor de él es casi suficiente
para detenerme.
Casi, pero no suficiente. Porque hay alguien por ahí que me necesita
más.
—Daisy…
La voz de Kas toca mi espalda, y es agonía, deteniéndome. Miseria se
aloja en mi garganta.
Suspiro, cierro los ojos.
Me toma una eternidad encontrar la fuerza para girarme a él, y
cuando lo hago, aún está apoyado contra la pared, sin mirarme, ojos en el
suelo, sus brazos alrededor de sí mismo.
Invocando su propia fuerza, se voltea y levanta su mirada la mía, y
por primera vez, veo a Kas.
El verdadero Kas.
Está abierto y sangrante por mí.
Dios, duele. Duele jodidamente tanto.
Lágrimas me llenan los ojos. Me muerdo el labio para mantener el
dolor adentro.
—Siento no poder ser un hombre mejor para ti. El hombre que te
mereces. —Su voz es ronca de la emoción.
Y las lágrimas se derraman sobre mis mejillas.
Sé que lo afectan. Veo su mano flexionada, como si quisiera
extenderla y tocarme. Pero se queda en su lugar.
—Ya no creo que sea capaz de amar —dice suavemente—. No lo he
hecho por mucho tiempo. Pero sí sé lo que siento por ti, y es…
Niega suavemente, sus ojos brevemente mirando a otro lado antes de
volver a mí. Veo el brillo en ellos, y me hace llorar más.
—Lo que siento por ti es debilitante, aterrador y emocionante… y lo
mejor que me ha pasado. Eres lo mejor que alguna vez pudo pasarme. Y, si
sólo crees una cosa que te he dicho, entonces cree esto; si pudiera amar a
alguien, entonces sería a ti, Daisy. Un millón de veces más, serías tú.

267
“Si pudiera amar a alguien, entonces sería a ti, Daisy. Un millón
de veces, serías tú”.
Esas palabras han estado repitiéndose en mi mente todo el día.
Inclino mi cabeza contra la ventana, la vibración del tren
circulando sobre la vía golpeando contra mi cabeza, mientras Kelly
Clarkson canta “Beautiful Disaster” en mis oídos.
Después de esa noche, cuando me alejé de Kas, no vino detrás de
mí. Se ofreció a llevarme a casa, pero el dolor, la confusión y la
atmósfera entre nosotros todo era bastante malo, y no podía soportar
un viaje en coche a casa con él. Entonces me llamó un taxi.
Voy a tener que verlo dentro de pocas horas. A pesar de que no
pueda tener una relación con Kas, todavía necesito mi trabajo. Es una
de las cosas que me garantiza que recuperaré a Jesse.
Cuando llegué a casa, entré silenciosamente en nuestro
apartamento. Me metí en la cama y pasé el resto de la noche mirando 268
el techo oscuro.
Me levanté temprano y fui a correr.
Cuando volví, Cece estaba levantada. Se sorprendió al verme, ella
había pensado que estaba con Kas. Le dije que Kas y yo no íbamos a
funcionar.
Entonces, me sorprendí rompiendo a llorar.
Por supuesto, no podía decirle la verdadera razón. Así que le dije
que no era el indicado para mí.
Sabía que ella sabía que había más, pero no empujó. Ella solo
fue increíble, como siempre. Me abrazó y luego me dijo que esta
noche, era noche de chicas, comida para llevar, vino y una película
romántica.
Tenía temor de ir al trabajo y tener que verlo. Pero me puse mis
bragas de chica grande y me fui a trabajar.
No estaba.
Su coche había desaparecido.
Y entonces empecé a preocuparme. Preocupada porque hubiera
ido tras Damián.
Me quebré y lo llamé. Me respondió el contestador que sólo me
hizo sentir peor. No me molesté en dejar un mensaje.
¿Qué podría decir? Por favor no lo mates.
Envié un mensaje más tarde ese mismo día, sólo pidiendo que
me dejara saber que estaba bien.
Hasta ahora, aún no me ha contestado.
Tengo miedo por Kas.
¿Y sabes qué? Lo más espantoso es que no me importa que un
hombre, pronto perderá vida. O que Kas ha tomado la vida de dos
tipos más. Porque se lo merecían. Damien se lo merece.
Y si pensar eso me hace una mala persona, entonces lo soy.
Esos bastardos violaron y asesinaron a una niña de diecisiete
años. Obligaron a Kas a ver esa brutalidad, y luego lo apuñalaron y lo
dejaron por muerto.
Cuando pienso en Kas matándolos, no puedo sentir otra cosa
que justicia para Haley.
Y Damien me puso en la cárcel durante dieciocho meses. No soy
una chica buscando venganza, pero no puedo evitar sentirla ahora
mismo.
269
Sé que algunas personas dirían: entrégalo a la policía. Pero los
escurridizos hijos de puta como Damien, siempre se las ingenian para
desaparecer.
Y, honestamente, la cárcel no sería suficiente castigo para él.
Confía en mí, he pasado tiempo adentro, y el castigo que Damien
merece por lo que hizo esa noche, hace siete años, no es sentarse tan
tranquilo en una celda de la cárcel. Merece sufrir.
Ojo por ojo y todo eso.
Kas perdió todo por Damien. Perdí todo por Damien.
Supongo que, en ese sentido, siempre estaremos vinculados.
Así que, entre revisar compulsivamente el noticiero por noticias
de asesinato —o peor, de Kas resultando herido— he estado sufriendo
por la idea de perderlo.
Mi día ha sido un completo jode-mentes.
Sólo necesito saber de Kas. Necesito saber que está bien.
Mi teléfono vibra en la mesita frente a mí. Mis ojos vuelan hacia
él, el corazón acelerado, esperando que sea Kas. Me desinflo cuando
veo que es Anne llamando, lo que demuestra lo mal que están las
cosas, pero entonces mi corazón se recupera cuando comprendo que
es Anne llamando.
Jesse.
Arranco los auriculares de mis oídos y contesto la llamada.
—¿Hola? —Me apresuro, la preocupación me pincha, como
siempre hace cuando se trata de Jesse.
—Hola, Daisy. —Es Anne. Su voz suena alegre, lo cual me relaja.
—Hola —digo.
—No estoy interrumpiendo nada, ¿verdad? —pregunta.
—No, para nada. —Bueno, aparte de sentarme aquí, obsesionada
por el hecho que el hombre de quien estoy enamorado está decidido a
vénganse y pronto matará al hombre quien arruinó su vida. Aparte de
eso, no, no estás interrumpiendo nada—. Estoy en el tren de camino a
casa del trabajo.
—Oh Dios. Bueno, tengo algunas noticias... buenas noticias.
Eso me hace sentarme más erguida.
—¿Buenas noticias?
—Sí. He estado hablando con mi superior, y hemos estado
examinando los progresos de Jesse desde tu liberación. Todo ha sido
positivo. Especialmente desde que comenzaron tus visitas. Le va
mejor en la escuela, busca activamente participar en las actividades, 270
y su actitud general ha mejorado. Parece feliz.
Eso me hace resplandecer; saber que Jesse es feliz debido a mí.
—Y también hablé con tu oficial de libertad condicional, Toby, y
no tiene nada más que cosas positivas que decir, al igual que tu
empleador.
—¿Kas? —Jadeo su nombre.
—Sí, Kastor Matis. Un hombre encantador. Tenía cosas
maravillosas que decir sobre ti. Que eres muy trabajadora. Siempre
eres puntual. Dijo que está claro para él que, tu único objetivo, es
reconstruir tu vida y hacer que Jesse vuelva a vivir contigo.
Lágrimas vienen a mis ojos. Me muerdo el labio.
—¿Cuándo hablaste con Kas? —Lucho para mantener un tono
normal. Necesito saber si ha hablado con él desde que desapareció del
radar.
—Oh, era antes de ayer. ¿Por qué?
Mis esperanzas se hunden.
—Oh, nunca lo mencionó, es todo. —Trato de ignorar mi
curiosidad, preocupada porque podría hacerla sospechar que Kas y yo
una vez fuimos más que solo empleador y empleada.
—Oh, claro —dice con una informalidad que me pone a gusto—.
De todos modos, normalmente esperaríamos un poco más antes de
permitir esto, pero no creo que eso sea necesario en este caso. Creo
que, al contrario, va a beneficiar más a Jesse. Y también he hablado
con Jesse, y estaba más que deseoso de que empezara.
—¿De qué empezara?
—Las visitas a domicilio por la noche. Vamos a permitir que
tengas acceso de fin de semana con Jesse. Puede venir a verte los
sábados por la mañana. Quedarse la noche del sábado y luego lo
traes de regreso de nuevo el domingo a la hora del té. Iré, por
supuesto, tendré que venir y hacer una inspección de tu casa y
asegurarme de que todo está en condiciones satisfactorias para él,
pero dudo que haya un problema de lo que recuerdo de tu casa la
última vez que estuve allí.
—¿Estás hablando en serio? —Mi corazón late más rápido—.
¿Puedo tener a Jesse los fines de semana?
Siento su sonrisa detrás la línea.
—Sí, Daisy, hablo en serio. Te lo has ganado. Estoy orgullosa de
ti. Sigue así, y tendrás a Jesse viviendo contigo más pronto de lo que
se había anticipado.
271
Las lágrimas empiezan a correr por mi cara.
—Muchas gracias. Muchísimas. No.… no sé... Dios, gracias. No
los defraudaré ni a ti, ni a Jesse, lo juro.
—Sigue haciendo lo que estás haciendo, y volverás a tener a tu
familia unida antes de que te des cuenta.
Nos decimos adiós después de establecer fecha y hora para Anne
para que haga su visita a casa a principios de la próxima semana así
puedo empezar las pernoctaciones de Jesse el próximo fin de semana.
No lo puedo creer. Estoy a un paso de recuperar a Jesse.
La otra parte de mi vida puede estar yéndose a la mierda, pero la
parte más importante se dirige en la dirección correcta. Y sólo
confirma que tomé la decisión correcta alejándome de Kas, porque no
puedo dejar que algo comprometa el tener de vuelta a Jesse en casa
conmigo.
Las lágrimas siguen escapando de mis ojos, y no me importa que
otros pasajeros puedan verme porque estoy jodidamente feliz por
estas visitas de fin de semana.
Le disparo un texto a Jesse, diciéndole que acabo de enterarme
por Anne y lo feliz que estoy.
Mi teléfono emite un pitido un segundo después.
Es genial, ¿verdad? No puedo esperar a ver tu casa. ¿Puedo
decorar mi habitación como quiero?
Dios, puede pintarla de negro si quiere.
Escribo de nuevo.
¡Por supuesto que puedes! Podemos ir a comprar pintura
mañana si quieres.
Él responde:
Trae tu tarjeta de crédito. :)
Me río a carcajadas, y se siente bien.
Lo tienes, muchacho. Te amo. Xx
También te amo, Mayday.
Y eso me hace llorar aún más.
Vuelvo el rostro hacia la ventana y enjugo las lágrimas.
Me siento tan en conflicto con mi felicidad por Jesse y mi dolor
por Kas.
Nunca supe que podía sentirme tan feliz pero tan triste al mismo
tiempo.
El tren entra en mi estación. Salgo del tren y empiezo el camino a 272
casa. Sé que Cece dijo que fue a comprar vino para nuestra noche de
chicas, pero me detengo en el supermercado y compro una botella de
champán para celebrar la noticia. Es solo el barato, pero sigue siendo
champán, y vamos a celebrar a lo grande. No puedo esperar a ver su
cara cuando le diga que tendré a Jesse los fines de semana.
Renuncio a la bolsa de cinco peniques, y con una botella de
champán en la mano, me dirijo a casa.
Entro en mi edificio de apartamentos y subo los escalones.
Poniendo mi llave en la puerta principal, entre. El lugar está
tranquilo.
—Ce, estoy en casa —grito, sonriendo. Me quito los zapatos.
Dejando caer mi bolsa en el pasillo, me dirijo a la sala de estar—.
Tengo noticias asombrosas...
Lo que digo se interrumpe por la escena expuesta frente mí.
Oh Dios. No.
La botella de champán cae de mi mano, golpeando el suelo con un
ruido sordo.
—Ce. —Mi voz tiembla.
Está sentada en el sofá. Sus muñecas están atadas delante de ella y
sus tobillos también están amarrados. Sobre su boca, hay un pedazo de
cinta de embalar. Sus ojos están amplios con miedo, sus mejillas
manchadas de viejas y nuevas lágrimas.
Y, de pie detrás de ella, con una pistola casualmente apoyada encima
del sofá detrás de ella, se encuentra Damien Doyle.
—Hola, Daisy.
El bastardo sonríe. Jodidamente sonríe.
Miedo y rabia se despliegan en la boca de mi estómago.
—Damien. —Intento mantener mi voz firme, pero tiembla y lo oye.
Lo sé porque su sonrisa se amplía. 273
—Ha pasado un tiempo —dice.
—No el suficiente —comento con los dientes apretados.
Se ríe.
—¿Ves? Y aquí estaba, pensando que me habías extrañado.
Como un agujero en la cabeza, hijo de puta.
—Tanto como extrañaría el herpes genital.
Se ríe de nuevo. Más alto.
—Es por eso que siempre me gustaste, Daisy. Nunca temes decir lo
que piensas. —Frota el lado de su rostro con su arma. Mis ojos siguen el
movimiento—. Y lamento aparecer de repente así, pero he estado oyendo
cosas…
Mi estómago cae.
—¿Como qué?
—Estas salvajes y locas ideas sobre que soy la razón de que fueras a
prisión. —Aún sonríe, pero sus ojos grises se han endurecido como
granito.
Jason.
—¿Y dónde has oído esas cosas?
La sonrisa se amplía.
—Vamos, Daisy. Sabes que Jason nunca mantendría su boca cerrada.
Unas pocas cervezas y fue la jodida hora de las confesiones. —Se ríe en un
bajo y cruel sonido—. Quiero decir, Jason viniendo a verte, debería haber
visto eso venir en el momento en que oí que habías salido. Siempre fuiste
su punto débil. Tuve que golpearlo un poco por eso. Quiero decir, no
puedo exactamente perdonarlo por joderla. Puto idiota, eso es lo que es.
Pero entonces me hizo un favor viniendo a verme, ya que me enteré de todo
lo que has estado diciendo.
Siento un agudo picor de traición. Pero entonces, no es como si
pudiera haber esperado más de Jason. Es un bastardo y un cobarde, igual
que su hermano.
—No he dicho una palabra a nadie más —digo rápidamente—. E
incluso si lo hiciera, ¿quién me creería de todos modos?
—Cierto. —Asiente, pasando una mano tatuada por su cabeza
afeitada—. Pero oír esas cosas, me incomoda. Como si hubiera dejado un
cabo suelto. Y no me gusta sentirme incómodo, Daisy.
Mierda.
Trago con miedo, intentando mantenerme serena.
Veo los ojos de Damien ir a la botella de champán en el suelo a mis 274
pies.
Asiente hacia ella.
—¿Celebrando algo?
Con los puños apretados a mis costados, niego.
—No.
—Bebes champán todos los días, ¿no?
Mis ojos se encuentran con los suyos.
—Sí, vivo un estilo de vida de lujo hoy en día, ¿no lo sabías? Quiero
decir, con todo ese dinero que conseguí del robo de la joyería… Oh, espera.
No, ese fuiste tú. —Estoy presionándolo. Sé que no debería, pero mi ira
está sacando lo mejor de mí.
Se ríe. El sonido me araña como bruscas uñas sobre piel suave.
—Hmm, creo que me beberé ese champán cuando haya terminado
aquí. Celebrar un poco.
“Terminado aquí”.
Mierda.
—Y… ¿qué estás haciendo aquí?
—Limpiando un desastre.
Tenía que preguntar, ¿no?
El miedo retuerce mi estómago en nudos. Toma todo de mí no llorar.
Muerdo el interior de mi boca… duro.
Tengo que sacarnos de aquí. No puedo dejar que nos mate.
Necesito un plan.
¿Qué haría Kas?
Matarlo. Sin un segundo de duda.
Dios, Kas, ¿dónde estás? Te necesito.
Pero no va a venir. Sólo soy yo.
Necesito que Damien siga hablando hasta que pueda resolver cómo
sacarnos de aquí.
Mis ojos se mueven hacia Cece. Las lágrimas llenan sus ojos. Se ve
tan asustada. Silenciosamente intento transmitirle que todo va a salir
bien.
Luego, me obligo a mirar a Damien y me levanto con una falsa
bravata.
—Soy realmente buena limpiando desastres. ¿Sabías eso? —le digo—.
Tal vez pueda ayudarte con tu desastre.
275
Se ríe entre dientes.
—Cariño, tú eres mi desastre. —Levanta su arma y rasca su sien con
el cañón.
Silenciosamente deseo que se dispare.
No hay suerte.
Baja la pistola y la apoya en el hombre de Cece, haciendo que se
encoja y que me clave las uñas en la palma.
—Esto no tiene nada que ver con Cece —digo rechinando los
dientes—. Es entre tú y yo. Déjala ir y…
—No haces demandas. ¿Hola? Soy el que sostiene el arma aquí. —
Agita la pistola, riendo.
Está riéndose como si fuera un puto juego.
Probablemente lo es para él.
Presiona el cañón del arma contra la sien de Cece.
—¡No! —grito.
Cece cierra los ojos con fuerza, con lágrimas cayendo por sus mejillas,
mientras su cuerpo tiembla.
—Estoy a cargo aquí, Daisy. Y no voy a dejar que tú o tu linda amiga
vayan a ninguna parte. Quiero tener un poco de diversión primero. —
Recorre con el cañón del arma la mejilla de Cece y su cuello antes de
moverla por su pecho.
Mi cuerpo tiembla con miedo y rabia. Nunca me he sentido tan
impotente como lo hago ahora.
La hiere, y juro por Dios…
Damien inclina su rostro hacia el lado del de Cece y presiona su nariz
en su cabello. Ella se encoge, intentando alejarse de él.
—Voy a follarte bien y duro, cariño, y vas a amar cada segundo de ello
—le dice.
—La tocas y te mato. —Las palabras salen de mi boca antes de que
pueda pararlas.
Pero no las lamento.
Unos ojos sonrientes, enfermos y malvados se levantan a los míos.
—¿Están ustedes… follando? —La sonrisa alcanza su asquerosa
boca—. Porque me interesa un poco de chica con chica antes de que las
folle a ambas.
La bilis se levanta en mi garganta, ácido fluyendo a mi boca, y lo
fuerzo a bajar.
—No nos vas a tocar a Cece o a mí. El único que va a estar jodido 276
pronto eres tú. Jodido por mi novio cuando ponga sus manos sobre ti.
Sus ojos parpadean con interés.
—¿Es así? Jason nunca mencionó un novio.
—Jason no sabe nada sobre mí. Pero mi novio…bien, sabe todo sobre
ti, Damien.
Se endereza y aparta la pistola de Cece, dejándola en el sofá, pero
manteniendo un fuerte agarre sobre ella.
—¿Y quién exactamente es tu novio?
Sonrío con suficiencia. Toma todo de mí hacerlo, pero tengo que
continuar con esto. Necesito asustarlo.
—Es alguien de quien deberías estar jodidamente asustado.
Sostiene mi mirada por lo que se siente una eternidad y entonces deja
escapar una carcajada burlona.
—¡Estás tan llena de mierda! No tienes un puto novio. E incluso si lo
hicieras, Damien Doyle no se asusta de ningún hijo de puta. —Golpea el
arma contra su pecho inflado.
—Bueno, deberías. Deberías estar jodidamente aterrorizado, Damien.
Pregúntale a Evan Foster y Levi Betts. Oh, sí, es verdad. No puedes, ¿no?
Porque están muertos.
—¿Y? ¿Qué mierda tienen que ver con nada? —espeta.
Y sé que estoy llegando a él.
Doy un audaz paso adelante.
—¿Quién crees que los mató?
—Estás hablando mierda, pequeña. Evan se suicidó, el jodido
cobarde, y Levi fue apuñalado por un traficante.
—¿Alguna vez atraparon al traficante que mató a Levi? —Ladeo mi
cabeza en contemplación—. Y, sabes, esto me lleva a pensar… ¿Evan cortó
su propia garganta? —Me estremezco, haciendo una mueca—. Quiero
decir, no es exactamente la manera habitual que alguien elige para
suicidarse, ¿no?
No puede esconder la sorpresa que recorre sus rasgos y sus
transparentes ojos, puedo ver su mente trabajando rápidamente.
—Hace siete años, tú y tus dos pequeños mejores amigos decidieron
violar y asesinar a una chica de diecisiete años en Hyde Park en la noche
de su baile de promoción. Su novio estaba con ella. Lo golpearon,
torturaron e hicieron mirar mientras profanaban a su novia de la peor
manera posible. Entonces, lo apuñalaste una y otra vez hasta que creíste
que estaba muerto. Sólo… que no estaba muerto. Sobrevivió. Y ha estado
yendo por ustedes, hijos de puta, uno por uno, y es tu turno, Damien. 277
Su rostro palidece y su voz tiembla.
—¿Qué mierda sabes sobre eso?
—Todo. Cuando duermes con un hombre, tiende a contarte cosas…
charla de almohada, ya sabes. Y me dijo todo lo malo que le hicieron y
cuán horriblemente va a joderte, al igual que hizo con Evan y Levi.
—¡Eres una puta mentirosa! —espeta, su rostro enrojeciendo—. ¡Ese
chico murió! Me aseguré de ello.
—¿No viste las noticias después de esa noche? ¿O simplemente eras
demasiado jodidamente arrogante? ¿O sólo no te importó lo bastante el
hecho de que robaste la vida de dos putos niños inocentes? Bien, lo que
sea que fuera, lo jodiste a lo grande, Damien. Porque sobrevivió. Y creció
con un montón de rabia y odio, cada gramo dirigida a ti. Creaste un
asesino, Damien, y viene por ti.
—¡Mientes, joder! —grita, perdiendo la calma.
Me río.
—Dios, no puedo esperar para probar que te equivocas. Voy a
disfrutar de verdad ver a Kas cortarte de par en par.
—¿Qué dijiste? —Da un paso al lado del sofá, lejos de Cece.
Mierda. Dije el nombre de Kas.
Manteniendo mi rostro impasible, digo:
—¿Qué? ¿Que va a cortarte de par en par? Porque lo hará. Te
destripará como a un pez…
—No, puta. Su jodido nombre. —Da un amenazador paso hacia mí—.
Di su puto nombre de nuevo.
La saliva fluye en mi boca. La trago, levanto mi barbilla y mantengo
mi bravata.
—Kas.
Es entonces cuando lo veo. Es sólo un breve titileo. Si hubiera
parpadeado, me lo habría perdido. Pero conoce el nombre de Kas.
Sonrío con suficiencia, triunfal.
—Ya lo has conocido, ¿no es así? Bien, quiero decir, conocerlo de
nuevo. Porque ya lo conocías, ¿correcto? De hace siete años. Pero ha
cambiado mucho desde entonces. Esto es lo que hace, sabes. —Me inclino
hacia delante y bajo mi voz, como si le estuviera contando un secreto—. Se
acerca y entonces —paso mi dedo índice por mi cuello, haciendo un sonido
de corte en mi garganta—, lo siguiente que sabes es que te estás ahogando
con tu propia sangre.
Mis palabras cuelgan en el aire entre nosotros. Se ve asustado, y me
siento fuerte. 278
Entonces, su rostro de repente cambia y se ríe sonoramente,
apretando su estómago con su mano.
Y mi estómago se hunde.
—Jodidamente te tuve ahí, ¿no? —se jacta—. Dios, ¡puta tonta! ¿De
verdad pensaste que me importaría una mierda tu pequeño novio? ¿Sabes
a cuántas putas he violado? ¿A cuánta gente he matado? Esa pequeña
zorra y su novio marica están en una enorme piscina de gente. Deja que
venga. Quiero que lo haga. Me dará la oportunidad de terminar lo que no
logré acabar hace todos esos años. —Sus ojos se entrecierran y oscurecen
sobre mí—. Porque odio un cabo suelto, Daisy.
Camina lentamente hacia mí y lucho contra la urgencia de correr.
Haciendo mis manos puños, muerdo con fuerza mi labio para evitar que
tiemble.
Alcanzándome, se detiene a centímetros de distancia. Puedo oler el
hedor a humo de cigarro y barata loción para después del afeitado y quiero
vomitar.
Presiona la pistola en mi pecho, empujando el cañón entre mis
pechos. Mis piernas comienzan a temblar.
—Sabes, la primera vez que te vi, cuando Jason te trajo, noté cuán
jodidamente linda eras. Pero siempre parecías tan estirada, como si
necesitaras una buena follada. Y sé follar realmente bien, Daisy. Quieres
eso, ¿eh? ¿Que te lo dé bien?
Escupo en su rostro. Se ríe.
Con los ojos fijos en mí, lentamente limpia mi escupitajo de su rostro
y luego me da una loca y retorcida sonrisa.
—Te lo dejaré pasar esta vez. Pero haces más de esa mierda y pondré
una bala entre los ojos de tu bonita amiga antes de que puedas gritarme
que pare.
Puedo oír los sonidos amortiguados procedentes de Cece, como si
estuviera intentando gritar detrás de su mordaza.
Fuerzo mis ojos a mirar los de él.
—Aprietas ese gatillo, y los vecinos llamarán a la policía más rápido
de lo que tu ineficiente y pequeña polla puede ponerse erecta.
Sonríe, la excitación llameando en sus ojos.
—Silenciador, nena.
Golpea el arma contra mi pecho, atrayendo mis ojos hacia ella, y es
cuando me doy cuenta del silenciador sujetado a ella.
Joder, estoy acabada. No hay salida a esto.
Cierro mis ojos con fuerza, derrotada y se ríe en voz baja. 279

Siento el arma moverse de mi pecho y se acerca más.


Presiona su boca contra mi oreja y lame el lóbulo.
Me estremezco con asco. Una lágrima cae por mi mejilla.
—Así que, no te preocupes, nena; nadie oirá nada. Ni siquiera el
sonido de tus gritos mientras te follo.
Da un paso atrás y luego agarra la parte superior de mi vestido y tira
hacia abajo, desgarrándolo, exponiendo mi sujetador. Sus ojos destellan
con excitación y mi estómago se revuelve, enfermo con miedo.
—Si eres una buena chica y haces lo que digo, las mataré
rápidamente. Jodes conmigo, y las mataré lentamente. Las follaré de todas
las maneras posibles y luego te haré mirar mientras la rajo antes de hacer
lo mismo contigo. ¿Me entiendes, Daisy? Sigue el juego y esto terminará
muy pronto.
Con mi cuerpo temblando, trago con fuerza, mi garganta es como
papel de lija.
Alza la mano y aprieta rudamente mi pecho.
—Tan jodidamente linda. Voy a disfrutar cada puto minuto contigo.
Desgarra el resto de mi vestido, dejándome en ropa interior. Sus ojos
hacen una enferma valoración de mi cuerpo. Una risa malvada sale de su
boca. Entonces, se inclina hacia delante y su asquerosa lengua lame la
parte superior de mi pecho.
Las lágrimas caen por mi rostro, fijo mis ojos en Cece. Está llorando
detrás de su mordaza, sus ojos amplios con miedo.
Cierro los ojos, así no tengo que verla. Como si eso le evitara tener
que ver esto.
Esto debe haber sido como fue para Haley y Kas esa noche.
Algo dentro de mí de repente se rompe.
No.
No dejaré que esto suceda. No seré la víctima de este hijo de puta
enfermo más. Me ha quitado lo suficiente ya. No me va a robar esto también.
Nunca más va a hacerle esto a nadie.
Y, si tengo que morir mientras lo detengo, entonces que así sea.
Porque preferiría estar muerta que ser su víctima por un segundo más.
Entonces, dejo de pensar y sólo actúo.
Agarro con fuerza sus bolas, apretando más duro de lo que he hecho
jamás en mi vida.
Grita con dolor y sorpresa. Su cabeza se alza y golpea mi barbilla. 280
Muerdo mi lengua y la sangre fluye por mi boca. Pero no lo suelto.
Mantengo un fuerte agarre de las pelotas del hijo de puta.
—¡Apártate como la mierda de mí, jodida zorra!
Me golpea con la culata de su pistola. El dolor explota en mi ojo y
pierdo mi agarre cuando tropiezo hacia atrás, apretando mi ojo.
—Vas a jodidamente recibirlo ahora, pequeña puta.
Me da un puñetazo en el rostro. Caigo hacia atrás, golpeando el suelo.
Está sobre mí y lucho contra él con todo lo que tengo.
Pero es demasiado fuerte.
Agarra uno de mis agitados brazos, forzándolo al suelo y sujetándolo
allí. Veo la botella de champán en el suelo a mi lado, a sólo centímetros de
distancia.
Si sólo pudiera tomarla…
Presiona la pistola en mi frente.
—¿Qué mierda te dije? —gruñe—. Te dije que te comportaras. Pero
jodidamente no escuchas, ¿cierto? ¿Quieres que ponga una bala en la
cabeza de tu amiga ahora mismo? O tal vez debería poner una bala en la
tuya.
Empuja la pistola más duro contra mi cabeza y sé que me saldrá un
moretón… si salgo viva de esto, claro.
—Porque te estás convirtiendo en más problemas de los que vales. Y,
honestamente, Daisy, no tengo problema con follar tu todavía caliente
cadáver.
Una risa burbujea de mí y suena maníaca. Me siento maníaca.
Lo miro.
—Haz lo que quieras, Doyle. Siento tu diminuta polla y estaría
sorprendida si siquiera fuera capaz de sentirla de todos modos.
La ira endurece sus rasgos. La pistola se aleja de mi frente y entonces
me golpea en el rostro.
Puta mierda.
El dolor es atroz.
Ahogándome con la sangre que llena mi boca, empiezo a reír de
nuevo. El sonido es como un gorjeo. Abro un ojo, mirándolo.
—Jesús, Doyle, puedo golpear más fuerte que tú. Pegas como una
chica y tienes una polla pequeña. Es por eso que tienes que violar mujeres,
¿no es así? Para hacerte sentir más de lo que eres.
—¡Cierra la maldita boca, jodida puta! —grita con el rostro rojo
brillante, mientras su mano retrocede para golpearme de nuevo.
Es entonces cuando agarro la botella de champán. La aferro, pero 281
atrapa mi mano, intentando quitarla de mi agarre.
—¡Apártate de mí! —grito, luchando con todo lo que tengo.
—Yo haría lo que dice, si fuera tú.
Kas.
Está aquí. Gracias a Dios.
Echando mi cabeza hacia atrás, mis ojos conectan con los suyos.
Está de pie en la puerta. Pura ira cubre su rostro, retorciendo sus
hermosos rasgos. Sus ojos negros parecen estar en llamas. Cada parte de
él grita peligro.
Nunca se ha visto más hermoso para mí de lo que hace ahora. Y
nunca me he sentido más aliviada.
Damien me arrebata la botella de champán y la tira al suelo detrás de
él. Con los ojos en Kas, se sienta sobe mi estómago, sujetándome al suelo.
—Bueno, si esto no es jodidamente magnífico. El novio está aquí.
Vamos, Kas. Únete a la fiesta. —Agita su arma en la dirección de Kas—.
Sabes las reglas. Has sido parte de una de mis fiestas antes. Tienes que
sentarte y mirar mientras follo a tu novia. Y, cuando termine con ella, te
mataré, como debería haber hecho hace siete años.
Un sonido animal sale de Kas.
Y entonces todo se vuelve loco.
Kas arremete la corta distancia a través de la habitación, hacia
Damien. Se mueve tan rápido que Damien ni siquiera tiene la oportunidad
de levantar su arma para apuntar a Kas.
El cuerpo de Kas conecta con el de Damien con un alto ruido sordo.
La pistola vuela de la mano de Damien. Ambos golpean el suelo.
Ahora libre, no pierdo un segundo. Me pongo de rodillas, revisando
salvajemente el suelo por el arma, mientras Kas lucha con Damien, apenas
a unos centímetros de mí.
Mis ojos encuentran la pistola. Está en el suelo, junto a la pata del
sillón.
Voy por ella. Mi mano rodea el cañón y la levanto. Girando para
enfrentarlos, me alzo sobre mis rodillas y, en mi temblorosa mano,
sostengo el arma apropiadamente. La levanto y apunto hacia los hombres
luchando en el suelo.
Curvo mi dedo sobre el gatillo.
—Kas —digo con voz ronca, áspera.
No me oye. Está demasiado ocupado golpeando a Damien en el rostro.
—¡Kas! ¡Muévete! —grito.
282
La cabeza de Kas se echa hacia atrás y gira, sus ojos moviéndose a los
míos.
Es un error de mi parte porque Damien se aprovecha de su
distracción y golpea a Kas en el costado de su cabeza, su puño conectando
con la sien de Kas.
Kas se derrumba en el suelo.
—¡No! —grito.
Los ojos de Damien vienen a mí. Y es cuando ve que tengo la pistola
en mi mano.
Lentamente, Damien se pone de pie.
—¿Y qué piensas que vas a hacer con eso, pequeña? —se burla.
Mi corazón late con fuerza. El pánico y el miedo y la adrenalina arden
a través de mí como combustible, haciendo mis manos temblar.
Damien ladea su cabeza, sus ojos valorándome.
Sé que está sopesando si tengo o no el valor para apretar el gatillo.
¿Puedo? ¿De verdad puedo hacerlo?
Aprieto este gatillo y el juego se acaba para mí. Nunca recuperaré a
Jesse. Iré de nuevo a prisión.
Los labios de Damien se curvan en una enferma y retorcida sonrisa y
sé que ha tomado su decisión.
La elección ya no es mía.
Lo siento mucho, Jesse.
Damien arremete hacia mí.
Y aprieto el gatillo.

283
Nunca había pensado mucho en cómo sería disparar a alguien.
Quiero decir, no es que pienses que va a llegar el día en que tengas
una pistola en tu mano y a un maníaco homicida intentando matarte, por
lo que va a ser él o tú.
Así que, por supuesto, vas a ser tú.
Pero apretar ese gatillo no es nada como pensaría que sería.
No es toda gloria donde el chico malo cae hacia atrás y me quedo
aquí, como una chica ruda.
No. Soy la que termina de culo. El retroceso de la pistola me envía
hacia atrás.
Y entonces, por lo que parece el momento más largo, todo se detiene.
El mundo se vuelve un poco borroso y es como si el sonido hubiera
sido apagado.
La única cosa que puedo oír es el sonido de mi corazón acelerado, 284
latiendo contra mi pecho.
Entonces, es como si el mundo lentamente volviera al foco. Y el
volumen ha sido subido. Cada sonido es recogido por mis oídos. Los
sonidos del tráfico fuera. El repiqueteo de las ventanas cuando el viento
sopla en contra.
El tiempo se reinicia.
Estoy en el suelo con un arma en mi mano.
Y Damien Doyle aún está de pie, mirándome con sorpresa.
Su mano está presionada contra su estómago, la sangre se filtra por
el agujero que acabo de hacerle.
—Jodidamente me disparaste —dice como si en realidad no creyera
que le disparé.
Honestamente, tampoco puedo.
Con el cuerpo temblando, me las arreglo para ponerme de pie. Todo el
tiempo, mantengo mis ojos fijos en Damien y el arma apuntada en su
dirección.
Cuando estoy de pie, rápidamente echo un vistazo a Kas en el suelo y
veo que poco a poco está volviendo en sí.
Moviendo los ojos de nuevo, más allá de Damien, miro a Cece.
Está en el suelo, sentada incómodamente contra la base del sofá,
como si se estuviera retorciendo lejos del sofá para intentar llegar a
nosotros. Pero está bien.
Exhalo con alivio.
Mis ojos vuelven a Damien, los suyos están fijos en sus manos
cubiertas de sangre.
Doy un paso más cerca de él y sus ojos se levantan a los míos. Parece
asustado.
Poder y adrenalina surgen a través de mí, como nada que alguna vez
antes haya sentido.
Es como si alguien hubiera entrado en mi cuerpo y apoderado de mí.
Con la pistola levantada y apuntada a Damien, me acerco otro paso,
reduciendo la distancia entre nosotros.
El miedo llena sus ojos.
—N-no tienes que hacer esto —tartamudea, dando un paso con
torpeza hacia atrás—. P-podemos resolver algo. Tengo di-dinero.
—Vete a la mierda, Damien Doyle, enfermo asesino hijo de puta. Que
te jodan hasta el infierno y de vuelta. —Doy un paso más cerca y separo
mis pies.
285
Apunto.
—Esa primera bala fue por mí —digo en una voz que apenas
reconozco—. Esta es por Haley.
Entonces, aprieto el gatillo.
La bala sale de la pistola y golpea en su pecho.
Cae hacia atrás esta vez, tambaleándose. Sus ojos se fijan en los
míos.
Dejo de respirar.
Entonces, cae al suelo.
Silencio. Por lo que parece para siempre.
—Daisy.
Mis amplios ojos se mueven a Kas.
Y la realidad me golpea.
Lo maté.
Maté a Damien.
El arma cae de mi mano, golpeando el suelo con un suave ruido
sordo.
—Oh, Dios. L-lo ma-maté. Lo maté… ¡Jodidamente lo maté!
Ni siquiera me doy cuenta de que estoy retrocediendo hasta que Kas
me agarra, aferrando la parte superior de mis brazos.
—Detente. —Su voz es dura, pero tranquila.
Me quedo quieta en su agarre.
—Cece te necesita. —Mira duro en mis ojos—. Ve a ayudarla.
Mis ojos se disparan a Cece.
Me apresuro hacia ella y quito la cinta de su boca. Hace una mueca.
—Lo siento. Dios, lo siento. ¿Estás bien?
Asiente.
—Sí. Eso creo. ¿Y tú? —Sus ojos van al cuerpo de Damien en el suelo.
No puedo mirar.
—Sí. Jesús, Ce, lo siento. —Con manos temblorosas forcejeo con sus
ataduras, desatándolas.
—Lo siento —replica—. Le permití entrar. No lo sabía, Dais.
—No. Detente ahora. —Tomo su rostro en mis manos—. No fue tu
culpa.
Las lágrimas llenan sus amplios ojos y mi corazón se rompe.
—Pensé que… —Su labio tiembla—. Pensé que iba a… y no podía 286
hacer nada.
Desato las ataduras en sus muñecas.
Lanza sus brazos a mi alrededor.
—No podría haberlo manejado, Dais. Si él hubiera…
—Shh… está bien. —Paso una mano por su cabello—. Está bien. —Me
aparto con cuidado de sus brazos y desato sus tobillos.
Se pone de pie y me abraza de nuevo. Su cuerpo tiembla. El mío
también.
Me asusta volverme porque sé que, si lo hago, veré el cuerpo de
Damien de nuevo.
—Daisy. —La suave voz de Kas llega a mí, volviéndome.
Lo miro, pero mis ojos al instante van al cuerpo en el suelo.
Maté a un hombre.
Mi cuerpo entero comienza a temblar.
—Lo maté… Kas —susurro—. Le disparé y…
—No. —Sujeta la parte superior de mis brazos de nuevo y baja la
cabeza, para que estemos al nivel de los ojos. Ojos negros me miran
profundamente—. No lo mataste, Daisy. ¿Me oyes? Fui yo el que apretó el
gatillo. Fui el que disparó a Damien. No tú. Yo.
Mi cabeza empieza a negar. Las lágrimas llenan mis ojos ante la
enormidad de lo que dice.
—No —digo con voz ahogada.
—Sí.
—Por favor, Kas. No puedo…
—Sí, puedes y lo harás. Me dejarás hacer esto porque hay un niño ahí
fuera que te necesita. Jesse te necesita. —Enfatiza el punto con sus ojos—.
Maté a Doyle. Había venido aquí para verte. Había oído tus gritos a través
de la puerta e irrumpí para encontrar a Doyle intentando violarte. Cece
estaba atada y amordazada en el sofá. Fui por Doyle. Luchamos. Me las
arreglé para arrebatarle el arma. Me puse de pie y le apunté con la pistola,
pero vino por mí de nuevo. Entonces, le disparé. Pero no cayó con esa
primera bala. Vino de nuevo, por lo que disparé de nuevo, y cayó. Todo el
tiempo, te encontrabas en el suelo, inmóvil, conmocionada.
—Kas, no puedo…
—Sí, puedes. Y lo harás. —Liberando mis brazos, toma mi rostro en
sus manos—. Harás esto porque es lo correcto. Es lo que correcto para
Jesse. Dios, lo siento por no llegar antes. Jesús, Daisy, llegar aquí y 287
encontrarlo y a ti… Podría haberte perdido. —Sus ojos se cierran, como si
el dolor del recuerdo fuera demasiado para soportar.
Levanto una temblorosa mano y la presiono en su mejilla.
Abre los ojos. El brillo de lágrimas en ellos casi me mata.
Gentilmente pasa su pulgar por mi ojo hinchado donde Damien me
golpeó.
Sus ojos bajan. La rabia llamea en su rostro mientras observa mi
estado medio desnudo.
—Jesús. —La palabra es un agonizante sonido—. ¿Lo hizo?
—No.
—Gracias a Dios. —Me atrae en sus brazos.
Entierro mi rostro en su pecho. Su mano agarra la parte de atrás de
mi cabeza, sosteniéndome contra él.
Imágenes indeseadas destellan a través de mi mente. Me estremezco
en sus brazos.
—Tienes frío. —Me libera y se quita su camisa.
La sostiene para que me la ponga. Deslizo mis brazos en las mangas.
No me molesto en abotonarla. La envuelvo a mi alrededor, manteniéndola
en el lugar con mis brazos, y simplemente inhalo su esencia rodeándome.
Se acerca a mí y sujeta mi rostro en sus manos, manejándome como
un bien preciado.
Inclina mi rostro hacia el suyo.
—Te amo —dice.
Parpadeo, sorprendida, mi corazón deteniéndose en mi pecho.
—Lo que dije anoche, que no estaba en mí amar a nadie, me
equivocaba. Tan jodidamente equivocado, nena. —Se inclina y besa mis
labios—. Te amo como no sabía que fuera posible.
Lo siento alejarse una fracción.
Abro los ojos. Los suyos están en los míos, conmovedores y llenos con
tantas otras emociones que casi no puedo soportarlo.
—No pude salvar a Haley esa noche —susurra—. Pero puedo salvarte
ahora. Déjame tomar la culpa por matarlo. Déjame hacer esta última cosa
por ti, nena.
Me siento abrumada. Mi pecho está tan lleno con mis sentimientos
por él que apenas puedo respirar.
—No tienes que…
—Quiero hacerlo. Necesito hacerlo, Daisy.
Miro sus ojos, entendiendo lo que me está diciendo. 288

—De acuerdo —susurro—. Está bien, Kas.


Siete días.
Siete días desde que disparé y maté a Damien Doyle en mi sala de
estar.
Siete días desde que Kas le dijo a la policía que fue el que había
matado a Damien.
Él.
No yo.
Y han pasado siete días desde la última vez que lo vi.
Después de que Kas me convenciera para dejar que tomara la culpa,
supongo que estuve en alguna forma de conmoción.
Quiero decir, acababa de matar a un hombre. Supongo que habría
sido raro si no hubiera estado conmocionada.
Kas me sentó en el sofá con Cece. Entonces, se puso a establecer su
escena. 289
Me senté allí con Cece en el sofá, sosteniéndola en mis brazos,
mientras sollozaba en silencio. Y observé, casi abstractamente, mientras
Kas limpiaba el arma, quitando mis huellas de ella. Luego, la puso en las
manos de Damien, poniendo sus huellas de nuevo en ella. Entonces, Kas
sostuvo el arma en su propia mano, poniendo su huella dactilar en el
gatillo, incriminándose.
Vino y se arrodilló delante de Cece y le relató la historia, la que le
diríamos a la policía.
Después de que se aseguró de que ambas lo teníamos claro, llamó a
la policía.
Y nos sentamos allí, Cece y yo en el sofá, mientas Kas se quedaba de
pie, apoyado contra la pared frente a nosotras, sus ojos nunca
apartándose de mí. Y el cuerpo de Damien estaba en el suelo entre
nosotros.
Entonces, hubo unos golpes en la puerta. Una voz gritando que era la
policía.
Kas se apartó de la pared y calmadamente caminó hacia la puerta.
Y fue entonces cuando el infierno se liberó.
Al instante en el que el policía vio la pistola en el suelo donde Kas la
había colocado, empezó a gritarnos que nos echáramos al suelo.
Kas fue empujado al suelo por uno de los oficiales, sus manos detrás
de su cabeza.
Cece y yo nos deslizamos del sofá y nos pusimos bocabajo en el suelo.
Entonces, fuimos esposadas y separadas.
Como si no hubiéramos pasado por bastante ya.
Pero entendí que la policía no sabía lo que había pasado. Todo lo que
sabían era que había un hombre muerto en nuestra sala de estar.
Tenían que ser cautelosos.
Kas fue llevado del apartamento. Lo vi ser alejado. Nuestros ojos
conectaron por el más breve momento y le dije un centenar de cosas en mi
mente.
Entonces, se había ido.
Fui llevada a la cocina y puesta en la silla donde me sentaba cada
mañana a desayunar. Cece fue mantenida en la sala de estar.
El oficial me miró, con mi golpeado rostro, llevando sólo la camisa de
Kas, y quitó las esposas. Se sentó frente a mí y empezó a interrogarme.
Respondí todo.
Por la mayor parte, fue la verdad. Sobre cómo había llegado a casa y
Damien estaba aquí y tenía atada a Cece con un arma apuntada a ella. Le 290
dije todo a la policía.
La única diferencia fue el final.
Les dije que Kas sostenía esa pistola.
Me sentí enferma al mentir. Mi cuerpo temblaba. El policía pensó que
sólo estaba conmocionada
Lo estaba. Pero también era una mentirosa.
Soy una mentirosa.
Claramente creyéndome y sintiendo compasión por mí, me hizo una
taza de té.
—Para la conmoción —dijo.
No me molesté en decirle que no bebía té. Cuando lo puso delante de
mí, simplemente sostuve la taza en mis manos y la levanté a mi rostro,
dejando que el humo me calentara.
Una paramédica fue traída a la cocina para revisarme. Limpió mi ojo,
el cual estaba muy hinchado.
Me preguntó si había sido violada. Eché un vistazo a la camisa de Kas
que aún llevaba.
Negué. Entonces, recordé cuán cerca había estado de suceder.
Si Kas no hubiera venido cuando lo hizo, habría sido violada… o
estaría muerta para ahora.
Cece también.
Nos salvó.
Podría haber apretado el gatillo que mató a Damien, pero Kas fue el
que cargó contra un tipo con una pistola en su mano.
Me salvó. Dos veces.
Después de que la paramédica terminara conmigo, Cece fue traída a
la cocina, una oficial con ella.
Cece se veía pálida y atónita.
Nuestros ojos se encontraron y una silenciosa conversación pasó
entre nosotras.
Había mentido también.
La había convertido en una cómplice.
Me odiaba a mí misma en ese momento.
La policía nos dijo que nuestro apartamento era ahora la escena de
un crimen.
No podíamos quedarnos allí. No es que hubiera querido de todos 291
modos.
Nos dijo que empacáramos ropa que nos durara unos días. Que no se
nos permitiría volver hasta que los forenses hubieran terminado.
Cece y yo salimos de la cocina y al pasillo. Nuestro apartamento
estaba lleno de policía.
La sentí alcanzar mi mano y la apretó.
—Va a estar bien —susurró.
No sonaba como si creyera sus propias palabras. Pero mordí mi labio
y asentí.
Entonces, en silencio caminamos a nuestros dormitorios.
No quería quitarme la camisa de Kas. Así que la abotoné
apropiadamente y me puse unos vaqueros. Rápidamente empaqué mi
bolsa y me reuní con Cece en el pasillo.
Entonces, el amable policía que me había hecho la taza de té nos
condujo a un hotel. Nos registró y luego nos dijo que se pondrían en
contacto por la mañana, que tendríamos que ir a la estación a dar
nuestras declaraciones oficiales.
En nuestra habitación compartida, me tumbé en la cama con Cece a
mi lado… ni siquiera pretendimos dormir, pero tampoco queríamos hablar.
Aún llevaba la camisa de Kas. No pude obligarme a quitármela. Sólo
tener su esencia rodeándome era reconfortante.
Y pensé en Kas. Era todo en lo que pensaba.
No podía pensar en lo que había hecho… matar a Damien. Sabía que
me rompería si lo hacía.
Así que lo aparté y pensé en lo que Kas había hecho por mí. Me había
salvado. Me puso antes que él. Me había protegido.
Nadie nunca había hecho algo así por mí antes.
Y me había dicho que me amaba.
Me ama.
No pude detener las lágrimas después de eso.
Cece rodó en la cama y envolvió sus brazos a mi alrededor. Lloré más
fuerte. Entonces, empezó a llorar también.
Nos quedamos allí, llorando juntas, sosteniéndonos la una a la otra,
hasta que nos dormimos.
Cuando nos despertamos por la mañana, fue por el sonido de un
golpe en la puerta.
Medio dormida, salí de la cama y respondí. Era el policía que nos
había traído aquí anoche. Me dijo que venía a llevarnos a la estación. 292

Esperó en el vestíbulo mientras Cece y yo nos vestíamos. Me puse un


pantalón de yoga y una camiseta. No me molesté en ducharme. Pasé un
cepillo por mi cabello y fui al baño a lavarme los dientes.
Vi mi rostro en el espejo. Mi ojo estaba negro e hinchado. En mi
barbilla había otro enorme y oscuro moratón de donde Damien me había
golpeado con su cabeza.
Las lágrimas llenaron mis ojos mientras las imágenes de la noche
anterior llenaban mi cabeza. Empecé a temblar incontroladamente. Tuve
que sentarme en el borde de la bañera para estabilizarme.
Forcé las lágrimas a detenerse. Luego, me puse de pie. Con mis ojos
evitando el espejo, lavé mis dientes.
Cuando salí del baño, Cece estaba sentada en la cama, esperándome.
Sus esfuerzos por vestirse eran iguales a los míos.
Se puso de pie, se acercó y envolvió sus brazos a mi alrededor,
abrazándome.
—Lo siento —susurró.
Me eché hacia atrás, mirando su rostro.
—No tienes nada que sentir —le dije firmemente.
—Le dejé entrar —replicó—. No sabía que era él.
Cece nunca había conocido a Damien.
—¿Cómo lo habrías sabido? No es tu culpa. Es mía.
—No. —Fue su turno para ser firme—. La única persona a la que
culpar es a ese enfermo hijo de puta de Damien. Nos salvaste, Daisy.
Salvaste mi vida. —Una lágrima cayó por su rostro.
La limpié.
—Mentiste por mí —susurré—. Vas a tener que mentir de nuevo en la
estación. No deberías tener que hacer eso.
—No vas a volver a prisión. Haré cualquier cosa para mantenerte
fuera de ese lugar. Eres mi mejor amiga. Mi familia. Protejo a mi familia.
Me mordí mi labio tembloroso.
—Kas… está en prisión… tomó la culpa.
—Te ama —dijo.
Eso fue todo lo que dijo. Todo lo que necesitaba ser dicho.
Salimos de nuestra habitación de hotel y nos dirigimos abajo al
vestíbulo donde el oficial nos esperaba.
Nos condujo a la estación de policía.
Fuimos llevadas a separadas habitaciones de interrogatorio y pasé las 293
siguientes horas contando la misma historia que la noche anterior. Un
oficial escuchó mientras otro tomaba notas.
Ni siquiera me asustaba poder cometer un error y confundirme. Para
ese punto, estaba demasiado agotada para que me importara.
Todo lo que quería era ver a Kas, saber cómo estaba, pero nadie me
dijo nada.
Cada vez que preguntaba, la respuesta era la misma:
—Está con otros oficiales, siendo interrogado, como tú.
Después de terminar de dar mi declaración, se me ofreció comida.
Acepté un sándwich a pesar de que la idea de comer era la cosa más lejana
en mi mente.
Fui tomada por sorpresa cuando vi quién me traía el sándwich. Era el
detective que me había arrestado hace todos esos años.
Tomó asiento frente a mí y me entregó el sándwich. Entonces,
procedió a decirme que Jason Doyle había sido encontrado muerto en su
casa temprano esa mañana. Su cuerpo había estado allí durante un día
antes de que alguien lo encontrara.
—Suicidio —dijo—. Jason se cortó las venas —explicó.
Y, además, una carta fue encontrada en él, metida en el bolsillo de
sus vaqueros.
Era una confesión sobre el robo. Dijo que Jason había detallado todo
sobre la noche del robo. Que fueron Damien y él los que lo habían
planeado. Jason le había dado mi tarjeta de acceso mientras yo dormía.
Damien había usado mi llave para acceder y robar el lugar. Luego, había
regresado a mi casa y devuelto a Jason la llave junto con algunas joyas
para dejarlas en mi apartamento.
Justo como había creído que había pasado todo.
Mi nombre fue limpiado. Después de todo este tiempo, esa marca
negra contra mi nombre había desaparecido.
No estaba segura de cómo sentirme respecto a la muerte de Jason.
Alivio, supuse. Era difícil sentir algo más.
El detective me guió fuera de la sala de interrogatorio. Cece estaba
esperándome en la sala de espera junto el amable oficial que nos había
traído aquí.
Se ofreció a llevarnos al hotel. Exhausta, le agradecí y acepté su
oferta. Nos sentamos en la parte trasera del auto de policía mientras nos
llevaba por las calles de Londres.
Vi a la gente caminar por ahí, vivir sus vidas diarias. Nada había
cambiado para ellos.
Pero, para mí, todo había cambiado. 294
Nunca sería lo mismo de nuevo.
El oficial nos dejó en el hotel y nos dijo que se pondrían en contacto
pronto.
Cece y yo salimos del auto. Había planeado decirle sobre Jason tan
pronto como llegáramos a nuestra habitación, pero al minuto en que
entramos en el vestíbulo del hotel, mis ojos se fijaron en Jesse.
Estaba sentado en una silla, esperándome, su rostro lleno de
preocupación.
Y estallé en lágrimas.
Había visto las noticias. Había visto lo que nos había sucedido. Ni
siquiera lo había llamado.
Me sentí la peor hermana en el mundo. Pero no le importaba eso. Sólo
le importaba que me encontrara bien.
Se apresuró hacia mí, casi tirándome, envolviendo sus brazos a mi
alrededor.
La corriente de amor que sentí por él debilitó mis rodillas. Así que me
aferré a mi hermano pequeño y sollocé en su hombro, diciéndole cuánto lo
lamentaba.
Se suponía que fuera la que lo cuidara, pero ahí estaba, cuidándome.
Me calló. Me dijo que lo sentía. Que lamentaba haber dudado de mí.
Eso me hizo llorar aún más. Entonces, oí un sollozo de Cece detrás de
nosotros.
Jesse la atrajo a nuestro abrazo y los tres nos quedamos juntos,
sosteniéndonos.
Mi familia.
Pero faltaba una persona.
Kas.
Aún está desaparecido.
Bien, no está desaparecido en el auténtico sentido de la palabra.
Simplemente faltaba en mi vida.
Fue liberado de la cárcel dos días después de que fuera arrestado.
Y no he oído de él.
Sólo sé que fue liberado porque lo leí en los periódicos.
He intentado llamarlo, pero todo lo que he recibido ha sido su correo
de voz. Le he dejado mensajes de voz, pero no ha llamado. Le he mandado
mensajes de texto. Pero no ha respondido.
Quiero ir a la finca, pero estoy asustada. 295
Me está ignorando. No quiere hablarme o verme.
Así que, si fuera a verlo… forzar una confrontación… me asusta lo
que diría.
En un suspiro, meto la llave de mi apartamento en la puerta y la
desbloqueo.
Con cuidado abro la puerta.
Oficialmente recuperamos nuestro apartamento. Esta es la primera
vez que vengo desde el tiroteo.
Cece no podía enfrentar volver. Honestamente, no quería hacerlo
tampoco.
Pero nos hemos quedado sin ropa limpia y estamos en este lío por mí,
así que venir aquí es lo menos que podía hacer por ella.
Doy un paso en el vestíbulo y al instante soy catapultada a ese día…
cuando entré aquí, feliz con una botella de champán en mi mano.
Cuando no era alguien que le había quitado la vida a otra persona. A
pesar de que el bastardo lo merecía.
Camino lentamente por el vestíbulo. Mis ojos captan la puerta de la
sala de estar.
Está cerrada.
Me quedo ahí y la miro con fijeza.
—Daisy.
Giro ante el sonido de la suave voz de Kas.
Está de pie en la puerta abierta.
Se ve cansado. Oscuridad rodea sus ojos. Su ropa se ve arrugada.
Y aún es la más hermosa vista que jamás he presenciado.
Separo mis labios secos.
—Llamé…
—Lo sé. —Aleja la mirada a la pared—. Lo siento… —Levanta y deja
caer su hombro, aparentemente ante la pérdida de palabras.
Sus ojos vuelven a los míos. Casi hay una súplica en ellos.
—O-oí que habías salido de prisión.
—Sí. —Pasa su mano por su cabello—. Mi abogado dijo que lo
consideran defensa propia.
—Entonces, ¿te vas a librar? —Contengo mi respiración.
—Eso parece.
—Oh, gracias a Dios. —Presiono mi mano sobre mi pecho, una
exhalación sale de mí. Me siento como si un enorme peso hubiera sido 296
levantado—. N-no sé cómo agradecerte por lo que hiciste.
Sostiene mis ojos, negando, silenciosamente diciéndome que pare.
Me muerdo el labio.
—¿Va a estar todo bien con Jesse? —pregunta—. ¿Todavía te
permiten verlo?
—Sí. —Asiento, una sonrisa tocando mis labios—. Antes… no pude
decírtelo, pero justo antes de que sucediera —mis ojos derivan a la puerta
de la sala de estar—, Anne había llamado, dijo que me iban a dar derechos
de visita de fin de semana.
—¿Iban?
Lo miro de nuevo. Su rostro está tenso con preocupación.
—Aún van. —Le dirijo una suave sonrisa—. Hablé con Anne. Fue
realmente buena sobre todo. Brillante, de hecho. Y, con la verdad saliendo
a la luz… ¿sabes sobre Jason?
Asiente lentamente. Algo en sus ojos hace que mi estómago se
vuelque.
¿Hizo…?
Seguramente no.
—Jason se suicidó —continúo, mirándolo con ojos de halcón—. Se
cortó las venas. También dejó una nota, una confesión, limpiando mi
nombre.
Sus ojos se mueven de nuevo a la pared. Asiente.
—Me alegre que la verdad por fin saliera a la luz.
Muerdo mi labio, luchando contra las palabras que ardo por
preguntarle.
La lucha no dura mucho.
—¿Fuiste tú, Kas? ¿Obligaste a Jason a escribir esa carta y luego… lo
mataste, haciéndolo parecer suicidio?
Exhala un aliento que suena triste. Entonces, sus ojos se mueven
lentamente de vuelta a los míos.
—No hay nada que no haría para protegerte.
Aspiro un aliento. Las lágrimas llenan mis ojos.
—Gracias —susurro.
¿Quién es este hombre? No sé qué hice para merecerlo, pero me alegra
haberlo encontrado… o, como es el caso, que me encontrara.
Ni siquiera puedo obligarme a sentir tristeza o remordimiento por
Jason. Me puso en prisión y luego me vendió a su hermano. Tenía que 297
saber lo que Damien iba a hacerme.
Exhalando, presiono el dorso de mi mano sobre mis ojos, secando las
lágrimas.
—Y gracias por lo que le dijiste a Anne sobre mí.
Sus ojos destellan con confusión.
—Hablaste con ella por teléfono antes de que todo esto sucediera.
—Sólo dije la verdad.
—En cualquier caso, ayudó un montón.
Se remueve en sus pies.
—Entonces, ¿parece que todo va bien para que Jesse vuelva a casa?
—Sí. —Sonrío—. Incluso con… lo que pasó. El hecho de que soy —me
atasco en la palabra—, inocente del crimen por el que fui puesta en prisión
y mi nombre está en proceso de ser oficialmente limpiado, supongo que
tiene un montón de influencia con Servicios Sociales. —Entrelazo mis
manos delante de mí—. Ya no me ven como un riesgo para Jesse… a pesar
de que sucedió… lo que sucedió. Porque Damien y Jason están muertos,
supongo que lo ven como que ha terminado. Creo.
—Ha terminado. —Sus palabras son pronunciadas suavemente.
Pero, por alguna razón, duelen.
Casi como si dijera que nosotros hemos terminado…
—Nada de lo que sucedió aquel día fue tu culpa, Daisy. Nos salvaste…
me salvaste. Así que no te culpes por lo que ocurrió. No te aferres a ello
porque te carcomerá. —Parece que habla por experiencia.
Supongo que lo hace.
—Damien siempre iba a morir. Sólo me ganaste. —La esquina de su
labio se levanta en una media sonrisa, haciéndome sonreír.
Entonces, cae cuando recuerdo la razón por la que sonrío.
Maté a un hombre. Igual que Kas.
Supongo que tenemos más en común ahora de lo que alguna vez
hicimos.
Imitándolo, envuelvo mis brazos sobre mi pecho.
—¿Cómo sabías que Damien estaba aquí ese día? —Le hago la
pregunta que ha estado inundándome por un tiempo.
—No lo hacía. Fue sólo suerte.
—Entonces, ¿por qué estabas aquí?
—Para verte.
—¿Por qué? 298
Suspira.
—Porque estar sin ti no se sentía como una opción.
Mi corazón se contrae ante sus palabras. Pero algo me dice que hay
un pero en esas palabras.
—¿Y ahora? —cuestiono en voz baja.
Exhala, metiendo sus manos en sus bolsillos, sus ojos fijos en la
alfombra.
—Y ahora… aún no se siente como una opción, pero…
Y ahí está.
Tenso mis brazos alrededor de mi de repente frío pecho.
—¿Pero?
Levanta sus ojos a los míos y lo que veo me rompe el corazón.
—Me voy, Daisy. Una vez que la cosa esté resuelta con la policía, me
voy.
Se va.
—Oh. —Doy un paso atrás, necesitando la distancia, aunque
queriendo estar más cerca de él ahora más que nunca.
Exhala ásperamente. Liberando su brazo, pasa su mano por su
cabello.
—Estás tan cerca de recuperar a Jesse, y estar conmigo, lo
dificultaría. Podría estar cerca de librarme por defensa propia, pero a ojos
de la ley, maté a un hombre. He matado hombres. A sangre fría. No hay
vuelta atrás para eso, Daisy.
—He matado a alguien también.
Feroces ojos negros se encuentran con los míos.
—Tienes que olvidar lo que pasó.
—¿Quieres que olvide cuando no te permites olvidar?
—Es diferente.
—¿Cómo?
—Porque jodidamente merezco recordarlo todo. Tú no.
—¡Mentira! —espeto—. ¡Eso es mierda! Me vas a dejar aquí, ¿y se
supone que simplemente lo acepte? Jódete, Kas.
—Daisy… —Da un paso hacia mí—. Sabes que tengo razón. Si me
quedo aquí, no recuperarás a Jesse. Me usarán como una razón para
apartarlo de ti…
—No, no lo harán. Anne dijo… 299

—Daisy —razona. Tomando mi rostro en sus manos, me fuerza a


levantar los ojos a los suyos. Las lágrimas los llenan—. No quiero ser… no
puedo ser la razón por la que no recuperes a Jesse. Me guardarías
resentimiento. Terminarías odiándome. No podría soportar que eso pasara.
Tiene razón. Sé que tiene razón. Sólo que mi parte egoísta no quiere
dejarlo ir.
La parte egoísta que lo quiere todo.
Los quiere a él y a Jesse.
Pero sé que, en el mundo real, las dos cosas no van juntas.
Jesse tiene que venir primero. Siempre vendrá primero.
Volviéndome, me alejo un paso de Kas.
—Tu nombre está limpio —dice desde detrás de mí—. Puedes hacer
cualquier cosa. Ir a cualquier parte. Construir una vida mejor para Jesse y
para ti. No necesitas a un jodido imbécil como yo respaldándote.
Me doy la vuelta, preparada para discutir, pero alza una mano,
deteniéndome.
—Y necesito tiempo, Daisy. —Sus ojos sostienen los míos, un millar
de emociones pasan por ellos. Ninguna de ellas es buena—. Necesito
descubrir quién soy. —Sus palabras me cortan—. He pasado los últimos
siete años de mi vida persiguiendo venganza, obsesionándome con eso… y
ahora… —Exhala, pareciendo perdido—. Necesito tiempo —susurra.
Se va. De verdad se va.
Quiero curvarme en una bola en el suelo y llorar.
Pero no lo hago.
Hago lo que siempre. Me mantengo firme.
—¿Dónde irás? —pregunto en voz baja.
—Grecia. Si aún necesitas el trabajo en la finca, voy a contratar a
alguien para dirigirla…
Niego.
No podría ir allí todos los días y ver ese lugar. Ver la cama donde una
vez me hizo el amor…
—Si necesitas dinero —dice.
—Estaré bien.
—Sí, sé que lo estarás.
Levanto mis ojos hacia él para ver una triste sonrisa tocando sus
labios.
Y no alejo la mirada. Sigo observándolo, empapándome con cada 300
detalle de él, sabiendo que es la última vez que voy a verlo.
Y me mira de vuelta.
Mi corazón late dolorosamente. Lentamente estoy muriendo por
dentro.
Tengo que alejarme de él. Necesito dejar de sentirme así.
Pero no estoy lista para dejarlo aún.
En el fondo, sé que nunca estaré preparada.
—Así que… —Me oigo decirlo, rompiendo nuestro silencio.
Kas no habla. Camina hacia mí. Y, cuando me alcanza, toma mi
rostro en sus manos. Sus ojos recorren mis rasgos, como si me absorbiera.
Mi boca se seca. Hay cálidas lágrimas detrás de mis ojos y mi
garganta se siente a punto de romperse.
—Daisy… —susurra. Despacio, lleva su boca a la mía, sólo cerrando
sus ojos cuando nuestros labios se encuentran.
Me besa suavemente, saboreándome, dejando que su lengua se
deslice a lo largo de la mía.
Las lágrimas llenan mis ojos mientras memorizo la sensación de él
contra mí, la manera en que me besa.
Entonces, profundiza el beso, apretándome contra él. Y le
correspondo.
—Te amo —exhala contra mis labios—. Eso nunca cambiará, no
importa dónde esté.
También te amo.
No me dejes, por favor.
Las palabras están en la punta de mi lengua.
Pero nunca las digo.
Tengo que dejarle ir. Por su bien. Por el de Jesse. Y por el mío.
—¿Alguna vez te veré de nuevo? —Respiro a través de la agonía.
Me atrae a sus brazos y me abraza con fuerza.
—Gracias —susurra, respondiendo mi pregunta sin en realidad decir
las palabras—. Me devolviste a la vida, Daisy, y por eso, nunca seré capaz
de compensarte.
Nunca voy a verlo de nuevo.
Mi corazón se parte en dos.
Aparta sus brazos de mí, dejándome fría. Me mira y me da una triste
sonrisa. 301
—Adiós, Daisy Smith.
Trago mis lágrimas.
—Adiós, Kastor Matis —susurro.
Toca mi mejilla con su mano una última vez y luego se vuelve y sale
del apartamento y fuera de mi vida, llevándose un pedazo de mi corazón
con él.
Tres años y medio después
Al ver al último cliente salir, diciéndoles adiós, cierro la puerta y giro
la señal para que lea, Cerrado. Caminando de vuelta alrededor del
mostrador, dejo caer mi culo cansado sobre un taburete.
Ha sido un largo día.
Un día difícil.
Jesse está empezando la universidad.
Lo llevé allí esta mañana, para que pudiera instalarse en el
dormitorio.
Así que, habíamos llenado mi coche con sus cosas, y había tratado de
no llorar todo el tiempo.
Síp, tengo un coche. Aprendí a conducir hace unos años. Es mucho 302
más fácil teniendo un coche, y voy a necesitarlo con Jesse quedándose en
Birmingham.
Estaba tan orgullosa de él cuando fue aceptado. Podría haber querido
que se quedara en Londres, pero él había amado Birmingham cuando lo
visitamos a principios de año, y tienen una escuela de leyes muy buena en
realidad.
Síp, eso es correcto. Mi hijo quiere ser abogado.
Cuando me dijo lo que quería ser, no voy a negarlo, estaba
sorprendida. Nunca había mostrado interés en la ley antes.
Y la ley no había sido exactamente una amiga para mí a lo largo de
los años.
Pero lo que él quisiera hacer, yo sería feliz con ello. Lo apoyaría.
Luego, me dijo por qué quería ser abogado.
Dijo que la ley me había fallado de muchas maneras. Mi abogado me
había fallado. Dijo que había demasiados abogados de mierda por ahí, y
quería ser uno de los buenos. Quiere hacer la diferencia. Asegurarse de
que lo que me pasó a mí no le sucede a nadie más.
Me quedé un poco muda de la emoción por eso.
De acuerdo, podría haber llorado.
Soy una perra llorona en estos días.
Así que, instale a mi chico en su dormitorio y lo ayude a desempacar
sus cosas. Luego, lo deje para que conociera a sus compañeros de
habitación.
Puede que haya llorado un poco en ese momento también.
De acuerdo, me aferre a él por eras y sollozo antes de lograr
desprenderme de él.
Una vez que llegué a mi carro, me tomó unos buenos quince minutos
el ser capaz de conducir, ya que veía borroso por el llanto.
Pero mi chico era un adulto. Es un hombre.
Y yo estoy… sola.
Bueno, tengo a Cece. Pero no es lo mismo.
Así que, con mi parajillo volando del nido, conduje de vuelta a
Londres y regresé al trabajo. Se supone que tengo el día libre, pero no
quería ir a casa, a una casa vacía. De manera que vine y ayudé a Jasmine,
uno de mis empleados a tiempo parcial.
Es correcto. Tengo empleados. Soy la orgullosa dueña de una
pequeña cafetería de moda llamada Thessa´s.
Y, si, la nombre por el lugar del que es Kas. Bueno, es de 303
Thessaloniki, pero no es exactamente fácil decirlo, así que me decidí por
Thessa´s, y creo que suena lindo.
Después de que mi nombre fuera limpiado, Cece me alentó a buscar
una indemnización por encarcelamiento indebido.
No estaba segura. No me importaba el dinero. Sólo estaba feliz de
estar libre de culpa. El tener esa mancha negra quitada de mi nombre y
ser capaz de aplicar por trabajos sin tener que marcar ese recuadro era
increíble en sí mismo.
Pero luego Cece señaló que podía invertir cualquier cantidad que
consiguiera en el futuro de Jesse.
De modo, que conseguí un abogado y ella armó un caso por
encarcelamiento indebido.
Mi caso ganó, y casi me caí de la silla cuando mi abogado me sentó y
me dijo la cantidad que iba a recibir.
Era suficiente para asegurarnos a Jesse y a mí en el futuro.
Lo primero que hice fue dar el depósito para una casa. Cece y yo ya
no podíamos soportar vivir en el apartamento, y nunca querría que Jesse
viviera allí. Había demasiados recuerdos malos en ese lugar.
Ya no era nuestro hogar. Damien nos lo había quitado.
Así que, cambiamos nuestras cosas de allí y empezamos de nuevo en
nuestra nueva casa.
Y luego, un mes más tarde, Jesse se mudó permanentemente con
nosotras.
Fue el mejor momento de mi vida.
Había solicitado la tutela completa, y después de saltar a través de
aros, fue concedida.
Recuerdo el primer día que regresó a casa. Sólo estar allí con él,
viendo lo feliz que estaba, hizo que todas las cosas malas que había tenido
que pasar para llegar a ese punto valieran la pena.
No iba a mirar hacia atrás y desear que las cosas hubieran sido
diferentes. Podía mirar atrás y estar enojada todo lo que quisiera, pero eso
no iba a cambiar el pasado.
Ahora tenía a Jesse conmigo, y eso era todo lo que importaba.
Pero todavía estaba desempleada. Jesse estaba en la escuela, y Cece
estaba trabajando. Me sentí perdida. Pasé muchos de esos días
holgazaneando y extrañando a Kas, preguntándome qué estaría haciendo.
Nunca fui una holgazana y estaba empezando a volverme loca.
Un día, cuando esta fuera por mi carrera de la mañana, las cosas
304
cambiaron para mí. Mientras estaba corriendo por el centro de la ciudad,
resulta que vi un letrero de En Venta en la ventana de una pequeña y
linda cafetería.
Antes de saberlo, me estaba deteniendo y echando un vistazo por la
ventana, y luego grabando el número del agente inmobiliario en mi
teléfono. Regresé a casa y llamé al agente inmobiliario, preguntando el
precio del lugar. También me enteré que estaban vendiendo la tienda junto
con el mobiliario.
No era tan costoso como lo había esperado. No me malentiendan, era
mucho dinero, pero me lo podía permitir.
Pregunté si podía verlo. El agente inmobiliario me dijo que tenía un
momento libre ese día.
De manera, que me duché y cambié, y me dirigí de nuevo a la
cafetería donde el agente estaba esperándome afuera.
El minuto en que me dejo entrar, sólo lo supe. Estaba destinada a ser
mía. Era perfecta. Y amaba toda sobre ella.
Le pregunté por qué el dueño estaba vendiendo y vendiendo tan
razonablemente. Ella sólo dijo que tenían que dejar el país
inesperadamente debido a un pariente enfermo, y que no volvería por
algún tiempo.
Tan terrible como suena, su mala fortuna se convirtió en mi buena
fortuna.
Así que le dije al agente que lo pensaría. Pero mi mente ya estaba
decidida.
Tomaría parte del dinero, pero me daría un buen ingreso para ayudar
con el futuro de Jesse. Y todavía habría un pedazo decente para ayudarlo
a empezar en lo que decidiera hacer cuando dejara la escuela.
Puse una oferta en la cafetería al día siguiente. Menor que el precio
real de venta.
Fue aceptada una hora más tarde.
No pude dejar de sonreír. Y no podía dejar de pensar que Kas estaría
orgulloso de mí.
Era la primera persona a la que quise llamar. Pero, por supuesto, no
pude porque no sabía dónde estaba, y ya no tenía su número de teléfono.
Después de que él se marchó, lo había borrado, sabiendo que
probablemente cedería y lo llamaría. Y no podía hacer eso.
Así que, no tenía forma de contactarlo.
Y entonces me di cuenta de que tampoco sabía absolutamente nada
sobre el funcionamiento de un negocio.
305
No se trataba sólo de hacer café, a pesar de que sé hacer una
impresionante taza de café. Esto era manejar un negocio. Era enorme.
Y pensé que probablemente lo jodería.
Empecé a entrar en pánico, pensando que había cometido un error,
antes de que la racionalidad decidiera hacer una aparición.
Mira todo lo que había logrado... superado. Podría manejar una jodida
cafetería.
Podía hacerlo.
Así que conseguí la laptop de Cece y busqué cursos de administración
de negocios. Encontré uno en mi universidad local. Las clases eran por la
noche, así que era perfecto.
Me inscribí y fui aceptada.
Entonces, me concentré en hacer mía la tienda. Le di al lugar un poco
de pintura y puse mi propio sello, y luego cambié el nombre de la tienda de
café a Thessa's. Se sentía correcto nombrarla así. Fue debido a Kas que mi
nombre fue limpiado. Él era la razón por la que podía permitirme el lugar.
Y solo quería algo suyo, alguna conexión con él, para recordarme que
era real. Porque, algunas veces, se sentía casi irreal. Como si Kas nunca
hubiera existido. Como si nunca hubiera sido mío.
Pero lo había sido.
Lo había tenido por un breve momento, y luego tuve que dejarlo ir.
Kas nunca fue para ser mío para siempre, y tuve que llegar a un
acuerdo con eso.
Y lo hice.
Más o menos.
Pero luego Thessa's estaba abierta, y en realidad tenía clientes.
Estaba ocupada y seguí con la vida.
Después de tener a Thessa por seis meses, decidí matricularme en un
curso de hornear. Tenía un lugar donde ordenaba los pasteles y muffins de
la tienda, pero quería aprender a hacer los míos.
Al crecer, siempre había sido capaz de hacer una torta de cumpleaños
para Jesse, así que reconocí que podría hacerlo.
Resultó que tenía razón. Sobresalí en hornear. Y ahora hago pasteles
para la tienda, así como todavía comprar. Me mantiene ocupada, pero así
es de la forma en que lo prefiero.
No deja mucho tiempo para nada más... como las citas. No es que
esté realmente interesada en las citas, a pesar de que Cece me regaña
sobre eso de manera regular.
Ella está de vuelta en el campo de citas; lo ha estado por un tiempo.
306
Ha estado viendo a un tipo llamado Pierre por un par de meses. Es un
actor sin trabajo.
Él es lindo.
Sólo un poco… pretencioso.
Pero creo que ella podría conseguir algo mejor.
A Cece le gusta, sin embargo, y dice que la trata bien. Eso es todo lo
que me importa. Ella merece ser feliz.
Así que soy amable con el hombre cuando está cerca.
Pero, debido a que es feliz, ha estado tratando de citarme con chicos.
El último era uno de los amigos engreídos de Pierre llamado Gerard. Otro
actor sin trabajo.
Le dije lo que siempre digo, “No estoy interesada. Estoy demasiado
ocupada con el trabajo y Jesse.” Y bla, bla, bla.
Pero no es estúpida. Sabe que no he superado a Kas. Que nunca
superé a Kas.
Quiero decir, pensarías que ya lo habría superado. Han pasado tres
años y medio.
Pero, como he aprendido, no olvidas y sigues adelante después de un
hombre como Kastor Matis. Aprendes a vivir sin él.
Así que me he resignado al hecho de que así son las cosas. Soltería
para Daisy, y estoy totalmente bien con eso.
Mi vida no es vacía. Tengo una buena vida. Tengo a Jesse.
Aunque me dejó para la universidad.
No voy a llorar de nuevo.
Tengo la cafetería para mantenerme ocupada.
Mi vida es tan buena como puede serlo. Y estoy bien con eso.
Cuando miro la forma en que mi vida era... y cómo podría haber
resultado... esta vida es un sueño comparado con eso.
Por supuesto que me siento sola. Especialmente por la noche cuando
miro ese espacio vacío en mi cama donde me gustaría que Kas estuviera
recostado.
Pero él se ha ido.
Se ha ido hace mucho tiempo, y no hay nada que pueda hacer para
cambiar eso.
Es duro a veces, saber que está ahí fuera, viviendo su vida sin mí.
Me pregunto si es feliz.
Espero que sea feliz. Él merece serlo. 307
Ojalá pudiéramos haber sido felices juntos.
Mi teléfono suena en el mostrador. Sonrío hacia la pantalla por la
identidad de quien llama.
—¿Ya me extrañas?
La risa de Jesse hace eco en la línea.
—Sólo comprobando para asegurar no estás todavía llorando a mares.
—No lloré a mares.
—Había mocos en mi camiseta donde me salpicaste.
—Oh, Dios. —Hago una mueca—. Lo siento.
—No lo hagas. Sólo estoy bromeando. Es agradable saber que vas a
extrañarme. Es sólo que odio verte llorar y saber que soy la razón.
—Existen las lágrimas de felicidad y las lágrimas por tristeza y
producen lágrimas. Voy a extrañarte tanto, pero estoy súper orgullosa de
ti, Jesse, por entrar a la universidad. Vas a obtener tu diploma y volverte
un abogado. Dios, no puedo esperar hasta el día en que te vea en tu traje
de graduación, arriba del escenario, recibiendo tu diploma.
—Ni siquiera he empezado mis clases —se ríe—, y ya me has
graduado.
—Sí, bueno, sólo sé que vas a lograrlo.
Se hace un silencio en la línea que me tiene preguntando:
—¿Estás… bien?
Suspira
—Sí. Es solo que… supongo que es raro, estar aquí. En un nuevo
lugar. Sabes, donde solo tengo un dormitorio, y el resto son áreas
compartidas con los otros chicos. En cierto modo me recuerdo el hogar
para niños. La primera noche que pasé ahí después de que fuiste
arrestada.
Mi garganta se cierra.
—Jesse…
—No te estoy culpando, Daisy. Jesús, por supuesto que no. Odio el
hecho de que alguna vez dudé de ti y te culpé. Es sólo que sentarme aquí
trajo de vuelta algunos malos recuerdos para mí, y… creo… que quería oír
tu voz. Sólo para recordarme que estamos aquí y es diferente. Que las
cosas están bien. Y tú estás bien.
Me trago las lágrimas.
—Estás aquí, y es diferente. Es increíble. Estoy bien, chico. Y no
podría estar más orgullosa de ti.
Siento su sonrisa.
308
—Ya dijiste eso.
Sonrío para mí.
—Y voy a seguir diciéndolo, así que mejor te acostumbras.
Escucho una voz en el fondo, y Jesse dice:
—Estaré ahí en un minuto.
—¿Todo bien? —pregunto.
—Síp, solo que los chicos con los que vivo van a ir a un bar. Me
invitaron a ir con ellos.
—Ve. No dejes que te retenga. Y diviértete. Y no bebas mucho. Y
cuídate. Y te amo.
Se ríe, y el sonido me recorre como una dulce melodía.
—Lo haré. Y no lo haré. Y por supuesto que lo haré. Y… te amo,
también, Mayday.
Termina la llamada, y respiro a través de la emoción.
No llores. Ya has llorado suficiente hoy.
Soltando el aliento, me pongo de pie y empiezo a limpiar antes de
cerrar por la noche.
Siempre me gusto un poco de música para limpiar. Como solía
hacerlo cuando limpiaba en la Finca Matis. Solía usar mis audífonos en
ese entonces, para no molestar a Kas.
Él siempre fue fácil de molestar.
Pero este era mi lugar, y puedo escuchar la música tan alta como
quiera. Bueno, sin molestar a los negocios vecinos, eso es.
Colocando mi teléfono en el mostrador a un lado de la máquina de
café, entro a mi música y selecciono “Like I Would” de Zayn.
Esta canción me recuerda a Kas. Estaba sonando la noche en el club
cuando saboteó mi cita con Cooper y estaba esperando fuera del cuarto de
baño.
Me gusta torturarme con ella de vez en cuando.
Triste, pero quiero pensar en mí cantando las letras a Kas.
A mí diciéndole que nunca encontrará a nadie que lo ame como yo lo
habría amado.
Sí, lo amo
Y, sí, estoy así de triste.
En la mente de Kas, probablemente soy un mal recuerdo de un
momento que él preferiría olvidar. 309
Él se alejó. Tenía derecho a hacerlo.
Y, ahora, probablemente ha seguido adelante con alguna preciosa
belleza griega y esté endilgado con un mundo de equipaje emocional y que
no le recuerde la muerte y otras cosas en las que elijo no pensar, porque,
si lo hago, mi cabeza puede que explote.
En realidad, se está sintiendo cerca de explotar ahora, así que me
concentro en limpiar la cafetera.
Estoy a mitad del trabajo cuando Zayn ha terminado, y ahora, John
Legend está cantando “All of Me”. Me estoy poniendo toda emocional,
cantando las letras, deseando que alguien, de acuerdo, Kas, se sintiera de
esa forma por mí, pensara esas cosas sobre mí, cuando la puerta suena,
abriéndose.
¿Quién es? Coloque el letrero en Cerrado. Algunas personas sólo no
ponen atención.
Conteniendo el aliento, despejo los ojos y me volteo.
—Lo siento. Estamos ce…
Las palabras mueren en mi lengua, y mi corazón se sale de mi pecho.
—Kas… —Respiro su nombre, como esperando que desaparezca en
una ráfaga de humo.
—Hola, Daisy. —Sus palabras son suaves, tentativas.
Y mi cerebro me está fallando.
No sé cuántas veces he imaginado este escenario en mi cabeza. Que
estaría aquí tarde, y él entraría, diciéndome que me extrañaba. Que
lamentaba haberse ido. Que no podía superarme. Que me amaba. Y luego
saltaría a sus brazos, y él me besaba. Entonces, todo sería como era.
Veo demasiadas películas de chicas, lo sé.
Pero él está aquí. Y, ahora, no puedo moverme, hablar, hacer nada
salvo mirarlo fijamente.
Se ve exactamente igual. Como si no hubiera pasado el tiempo.
Estoy de repente consciente de cómo me veo.
Vestida con pantalón negro y camisa de polo negro con el logotipo de
la cafetería. Mi cabello está atado de nuevo en un moño desordenado. No
traigo maquillaje, porque lloré todo antes.
Me veo terrible.
Y él se ve hermoso.
Su cabello está más corto de lo que solía, y muestra un serio rastrojo
en este momento. Siempre me encantó el rastrojo. Lleva un traje de color
azul marino con una camisa blanca. Parecido al que llevaba el primer día
que lo conocí.
310
Y se ve como todo lo que siempre quise, pero nunca llegué a tener. No
en realidad.
Todavía lo estoy mirando fijamente. Tengo miedo de parpadear en
caso de que todo esto sea un espejismo conjurado por mi desesperada
imaginación, y no estará aquí cuando abra los ojos.
El maldito aire acondicionado seca mis ojos, y parpadeo.
Cuando mis ojos se abren, todavía está aquí.
—¿Cómo... dónde... cómo? —Estoy tartamudeando. Me detengo y
respiro profundamente, apoyando mi palma en el mostrador. La cubierta
fresca me calma algo.
Él está aquí. Realmente está aquí.
Exhalo y lo miro.
—¿Cómo has estado? —Mi voz es ronca.
Él levanta un hombro. Sus ojos están fijos en los míos.
—Sabes... —se aleja, sin contestar realmente mi pregunta—, te ves
genial, Daisy. Hermosa. Pero siempre lo haces. Y te ves como si lo
estuvieras haciendo bien. —Señala hacia la tienda.
Trato de no dejar que su hermoso comentario me llegue, y en su
lugar, me concentro en el hecho de que tengo la clara impresión de que
sabe que es mi cafetería. Cómo sabría eso, no tengo ni idea. Pero entonces
Kas siempre tuvo una forma de solo saber las cosas.
—Lo estoy haciendo bien. —Nunca te superé. Pasé los últimos tres
años llorando por ti. Pero, aparte de eso, sólo estoy brincando de felicidad.
Él sonríe. Y mi corazón se rompe.
—¿Cómo está Jesse? —pregunta.
—Bien. —Sonrío—. Comienza la universidad el lunes.
—¿Cuál universidad?
—Birmingham.
—¿Qué está estudiando?
—Leyes —digo con orgullo.
Él sonríe.
—¿Y cómo está Cece?
—Está genial. ¿Por qué estás aquí? —Las palabras salen más agudas
de lo que pretendía. Pero no las lamento.
Quiero saber por qué está aquí. Más de tres años y ni una palabra. Y
luego sólo aparece a lo que ha sido un día duro y emocional, jodiendo con
mi cabeza aún más. 311
Hay un momento de sorpresa en sus ojos ante mi pregunta brusca,
pero rápidamente se recupera.
—Estoy aquí por ti.
Mi corazón se tambalea en mi pecho.
—¿Por mí? —Tomo un respiro—. No entiendo.
—Creo que lo haces.
—No, no lo hago. —Sacudo la cabeza—. Así que tendrás que
explicármelo.
Y quiero que sea específico. Muy específico. Porque no quiero
entender mal una palabra de lo que está diciendo.
Mi corazón se rompió por él una vez antes, y nunca se recuperó. No
quiero darme esperanza, sólo para que mi corazón se rompa por segunda
vez.
—Me fui para asegurar que recuperaras a Jesse. Para darles una
oportunidad en la vida que se merecían. Me quedé lejos porque era lo
correcto. Jesse te necesitaba. Y yo estaba jodido, Daisy. Estaba jodido
cuando me conociste. Y no iba a recomponerme pronto. Había sido así
durante tanto tiempo que era todo lo que conocía. Entonces, todo había
terminado. Y estaba perdido. Cuando has vivido para la venganza durante
tanto tiempo y luego la tienes, piensas que deberías sentirte increíble. Y lo
haces por ese breve momento. Pero entonces eso pasa, y sólo te sientes
perdido. Ya no hay ningún propósito, sólo los recuerdos de todo en el
pasado.
—Tú me tenías. —Las palabras salen más rotas de lo que quería.
Envuelvo mis brazos protectoramente a mi alrededor.
Se pasa la mano por el cabello corto.
—No era bueno para ti. Lo jodí. Me estaba hundiendo en un agujero, y
sólo te habría traído conmigo. Necesitabas concentrarte en Jesse. Y, por
una vez en mi jodida vida, quería hacer lo correcto. Y lo correcto para mí
era irme.
—Pero durante tres años, Kas... —Mis palabras se desvanecen porque
no sé qué más decir.
—Tomó mucho tiempo llegar donde necesitaba estar.
—¿Y dónde estaba eso?
—Para convertirte en un hombre que te mereces.
—¿Y lo eres?
Sus ojos se levantan hacia los míos.
—No creo que alguna vez te merezca, Daisy. Ningún hombre jamás
podría. Pero estoy más cerca de llegar allí de lo que estaba antes, y he 312
terminado de estar sin ti. Esperé hasta que Jesse fuera un hombre. Capaz
de pararse sobre sus propios pies. Ahora, está en la universidad. Y vuelvo
para reclamar lo que siempre fue mío.
—¿Y si ya no te quiero?
Hay un destello de pánico en su rostro, pero lo cierra un
nanosegundo más tarde y está de vuelta a su siempre confiado ser.
—Entonces, me quedaré alrededor y te molestaré hasta la mierda con
gestos románticos hasta que me ames de nuevo.
—El Kas que conocí no era romántico.
—El Kas que conocías era un estúpido.
—Kas-túpido.
Sonrío, y él ríe. Me encanta ese sonido.
—No lo sé. Como que me gustaba el antiguo Kas. ¿Qué si no me gusta
esta nueva versión mejorada?
—No lo sabrás hasta que le des una oportunidad… dame una
oportunidad. —Se mueve por la tienda, acercándose al mostrador, hasta
que está parado frente a mí.
Se estira y toma mi mano, lo permito.
Mi piel chisporrotea, todo mi cuerpo vuelve a la vida después de
permanecer dormido durante tanto tiempo.
—Dame la oportunidad de mostrarte lo buena que puede ser la vida
conmigo ahora. Déjame amarte. Déjame cuidarte.
Un destello de mis pensamientos anteriores, sobre lo que ha estado
haciendo todo ese tiempo que ha pasado lejos de mí, irrumpe en mi mente,
haciéndome sentir fría por dentro.
Recupero mi mano y me abrazo de nuevo, como un escudo protector.
Y él no se molesta en esconder el dolor en su rostro.
—¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? —pregunto en voz
baja.
—Estuve en Grecia con mis padres por un tiempo. Se han mudado
allí permanentemente ahora. Luego, he viajado un poco.
Sus oscuros ojos no se han desviado de los míos.
Pero todo lo que puedo ver es lugares hermosos y mujeres hermosas.
Kas con otras mujeres.
—No ha habido nadie más —dice suavemente, como si leyera mis
pensamientos—. ¿Cómo podría haberlo cuando estaba enamorado de ti?
Estaba. 313

—Todavía estoy enamorado de ti.


Se acerca más y toma mi cara en sus manos. Parpadeo hacia él. Mi
corazón palpita en mi pecho. Mi boca se seca y mi piel está en llamas
donde está tocándola.
—Te amo, Daisy. Te he amado durante los últimos tres años. Quiero
estar contigo, y haré cualquier cosa para que eso suceda.
—¿Y si tengo a alguien más? —Me aparto de su agarre, y sus manos
caen a sus lados—. Tú solo apareciste, de repente, y dices que me quiere
de vuelta, asumiendo que no tengo a nadie en mi vida. Bueno, podría tener
un novio, por lo que sabes.
Estoy molesta de que ni siquiera lo haya preguntado. Que él asuma
que soy tan patética que no lo habría superado. Que seguiría siendo
soltera.
¿Así que, qué si es en realidad cierto?
El hecho de que solo asuma presiona mis botones.
Y, honestamente, quiero una reacción. Quiero encabronarlo.
No me preguntes por qué, porque la única respuesta que puedo dar es
debido a que soy una chica. Estoy confundida y herida de que se haya ido
por tanto tiempo. Pero estoy feliz de que esté aquí. Y estoy sintiendo cada
otra emoción entre esas.
Él no reacciona. Me mira y me pregunta con voz tranquila:
—¿Hay alguien más?
Mi cara se calienta instantáneamente porque, ahora, voy a tener que
decirle que no. Sabrá lo patética que soy, y sólo tengo que culparme a mí
misma.
Luego, me doy cuenta que no reaccionó. El Kas que conocía habría
reaccionado.
Tal vez realmente ha cambiado.
O tal vez…
—No preguntaste si había alguien más porque ya sabes que no lo hay
y que no lo ha habido en todo el tiempo que te has ido. ¿Estoy en lo
correcto?
Ni siquiera tiene la dignidad de parecer avergonzado.
Sólo se acerca a mí y pone sus manos en mi cara, donde siempre han
pertenecido, dirigiendo mis ojos hacia arriba para ver los suyos. Él mira
profundamente en ellos.
—Cuando me alejé de ti, fue lo más difícil que tuve que hacer. Lo
único que lo hacía manejable era saber que no te dejaría ir para siempre.
Daisy, podría haberte dejado ir en ese momento, pero no te dejé ir muy
314
lejos. Y, honestamente, si hubiera tenido un olor a otro tipo cerca de ti,
entonces renunciaría a mi promesa auto-impuesta de permanecer lejos
hasta que Jesse tuviera dieciocho años, y habría venido aquí, roto la cara
del tipo, Luego te cargarte de regreso a mi casa, y nunca dejarte ir.
Bueno... mierda.
¿Qué se supone que debo decir a eso? Insegura, voy con lo que
siempre salgo con cuando estoy perpleja. Humor.
—¿Debería pensar que tus formas de persecución siguen en pleno
vigor?
Sus ojos chispean y me sonríen.
Sacudo la cabeza, luchando con una sonrisa.
Realmente no debería sonreír ahora mismo. Porque no es gracioso.
—Honestamente, ¿cómo demonios te las arreglaste para acecharme
cuando ni siquiera estabas aquí, cuando estabas viajando por el mundo?
Sus cejas se juntan.
—No dije que estaba viajando por el mundo. Dije, estuve en Grecia
por un tiempo, y luego viajé un poco.
—¿Y a dónde viajaste?
Una pista de algo que no entiendo muy bien destella en sus ojos.
—¿Por qué quieres saberlo? —pregunta.
—Porque estás actuando como si tuvieras algo que ocultar, y quiero
saber qué es.
—Bueno. —Se aclara la garganta—. Estuve en Grecia. Luego, no lo
estaba... y estaba aquí... viajando de ida y vuelta entre Westcott... y
Londres. —A pesar de que se aclaró la garganta, sus palabras aún salen
con voz espesa.
Y mis ojos se ensanchan a platillos.
—¡Oh Dios mío! ¡Has estado aquí todo este tiempo! —Retrocedo,
aturdida y también dolida.
Siento que me ha traicionado, aunque no estoy muy segura de cómo.
Me sigue hacia adelante, con las manos sobre mis hombros.
—No todo el tiempo. Sí fui a Grecia. Me quedé allí por seis meses.
Entonces, volví.
—¡Has estado aquí tres años! Jesús, Kas. —Sacudo la cabeza.
—Permanecí lejos tanto tiempo como pude. Tanto tiempo como me
tomó enderezar mi cabeza. Luego, vine a casa. Quería estar cerca de ti. Si
tenía que esperar para tenerte, entonces iba a estar cerca de ti mientras lo
hacía.
315
—Jesús… —Respiro, mirándolo fijamente—. No se sí debo enloquecer
porque has estado básicamente espiándome por los últimos tres años. O
sentirme impresionada por el hecho de que no te pudiste quedar lejos de
mí.
Tengo la repentina urgencia de empezar a cantar “Every Breth You
Take” de Police, pero no lo hago porque eso sería raro.
¿Y cómo podía estar aquí durante todo ese tiempo y sin yo saberlo?
O tal vez, subconscientemente lo sabía y esa es la razón por la nunca
pude superarlo.
Kas me da una mirada avergonzada pero llena de esperanza.
—¿Puedes ir por lo de impresionada?
La mirada en su cara es… tan infantil que no puedo evitar sonreír.
—Tienes serios problemas, Matis.
—Sólo uno. Y responde al nombre de Daisy.
Le doy una carcajada juguetona.
Y él sonríe, pero su expresión rápidamente se vuelve seria.
—Quiero que seas mi problema. Y quiero ser tuyo. Quiero que seas mi
todo. Y quiero ser tu todo. —Su mano se levanta a mi cara, ahuecándola—.
Quiero una vida contigo, Daisy. Vuelve a intentarlo conmigo, por favor.
Simplemente di que sí. Sólo dime que todavía me amas y di que sí.
Presionando mi mejilla en su mano, cierro mis ojos, disfrutando de la
sensación de él. Sé mi decisión. Lo supe en el momento en que me giré y lo
vi allí de pie.
Abro los ojos y sonrío.
—Todavía te amo, Kas. Y sí. Sí, un millón de veces.
Su cara tiene la sonrisa más grande y más hermosa que he visto.
Entonces, sus labios están en los míos, y me está besando. Nunca quiero
que se detenga.
Y, ahora, sé que nunca se detendrá. Porque está aquí para quedarse.
Antes no era nuestro momento. Pero ahora es nuestro momento.
Una vez pensé en Kas y en mí como totalmente inadecuados el uno
para el otro. Éramos inadecuados.
Pero, ahora, somos perfectos.
Bueno, quizás no perfectos.
Él ha matado en venganza. Matado por mí. Y yo le disparé a un
hombre.
Pero somos perfectos el uno para el otro, y eso es todo lo que importa. 316

Él termina nuestro beso, respirando pesadamente.


—Entonces, Thessa´s. —Sacude con la cabeza hacia el frente de la
tienda—. ¿Eso tiene algo que ver con Thessaloníki? —dice con un toque de
acento en esa voz sexy, haciendo que mis partes femeninas se animen—.
¿O es solo una coincidencia?
Un rubor cubre mi cara. Bajo mis ojos.
—Sólo quería algo para recordarte —susurro—. Algo para recordarme
que eras real.
Me acaricia la barbilla con los dedos, llevando mis ojos a los de él.
—Soy real, nena. Y estoy aquí para quedarme. Nunca te dejaré de
nuevo.
Y sé que lo quiere decir.
—Nunca te voy a dejar ir —le digo justo antes de que sus labios
bajaran de nuevo a los míos.
Deslizo las manos en su cabello, y gime un sonido dulce.
Envuelve sus brazos a mi alrededor, tirando de mí más cerca de él
hasta que no hay espacio en absoluto entre nosotros. Y voy
voluntariamente.
Me apoyo de nuevo en él, de nuevo en el único lugar que estaba
destinada a estar.
En los brazos de Kas. Donde pienso quedarme para el resto de mi
vida.

317
Samantha Towle es una autora
bestselling del New York Times, USA
Today, y Wall Street. Empezó su primera
novela es 2008 durante su licencia de
maternidad. Completó el manuscrito
cinco meses después y no ha dejado de
escribir desde entonces.
Es autora de los romances
contemporáneos de The Storm Series y
The Revved Series, y las novelas independientes, Trouble, When I Was
Yours, The Ending I Want, Unsuitable y Sacking the Quarterback, la cual
ha sido escrita con James Patterson.
También escribió romance paranormal, The Bringer y The Alexandra
Jones Series. Al escribir todos sus libros se inspira con las canciones de
The Killers, Kings of Leon, Adele, The Doors, Oasis, Fleetwood Mac, Lana
Del Rey, y muchos más de sus músicos favoritos.
Nativa de Hull, se graduó en la Universidad de Salford, vive con su
318
esposo, Craig, en East Yorkshire con sus hijos.
319

También podría gustarte