Jesucristo ama a cada persona. Su capacidad de amar es perfecta.
Tan completo es Su
amor, que las Escrituras nos dicen que Él es amor (1 Juan 4:7–12); el amor de Cristo
queda demostrado en los actos de servicio que ha llevado a cabo por la humanidad.
Como poseedores del sacerdocio, tenemos la responsabilidad de llegar a ser como
Cristo; pero para que podamos hacerlo, debemos aprender a amar como Él ama y a
servir como Él sirve. “En un mundo donde Satanás está atacando como nunca a los hijos
de los hombres, no tenemos mejor arma que un puro y generoso amor como el de
Cristo”
Se nos manda amar
Un día, mientras Cristo enseñaba, uno de los escribas le preguntó: “¿Cuál es el primer
mandamientos de todos?”. Jesús le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el
principal mandamiento.
“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro
mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12.28–31).
¿Por qué son esos dos mandamientos mayores que los otros? (Si amamos a Dios y a
nuestro prójimo, haremos todo lo que podamos para hacerlos felices y por lo tanto,
observaremos los demás mandamientos.)
Hechos 10.38
38
cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y
cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo,
porque Dios estaba con él;
Una gran parte de la vida del Señor Jesucristo se dedicó a la enseñanza del amor, por lo
que a veces se llama a su Evangelio “el Evangelio de amor”. Él nos enseñó que
solamente cuando amamos a los demás somos Sus discípulos (véase Juan 13:35). Nos
dijo que debíamos amar incluso a nuestros enemigos (véase Mateo 5:43–44). Sólo pocas
horas antes de Su crucifixión, Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis
unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).
“Sí, el único lema que necesitamos para ser en verdad felices en nuestro hogar es:
Amaos los unos a los otros —sólo seis palabritas”
La caridad, el amor puro de Cristo
¿Qué es la caridad?
la caridad es “el amor puro de Cristo, que nos ayuda a amar a Dios y a nuestros
semejantes”
1 Corintios 13:1.
“la caridad… es un amor tan grande, que estamos dispuestos a dar una parte de
nosotros mismos a otros… Es fácil decir ‘Te amo’, pero el amor no sólo se debe
declarar, sino demostrar con hechos. El amor, a menos que se demuestre, es tan sólo un
estruendoso címbalo o un retumbante tambor, que aturde los oídos, pero no calma el
alma”
El servicio cristiano
“Cristo es el gran ejemplo de amor”.
El amor que sentimos hacia nuestro Padre Celestial y hacia Sus hijos se revela por
medio de nuestro servicio a nuestros semejantes. Un dìa haciendo ejercicio “debe haber
sido una visión” en la que el Espíritu santo me dijo: “Si deseas amar a Dios, tienes que
aprender a amar y servir a la gente. Esa es la forma en que mostrarás tu amor hacia
Dios”
El servicio cristiano es el servicio prestado sinceramente a cualquiera que tenga
necesidad, y a menudo sin recibir recompensa. Puede ser no solicitado o desagradable, y
requerir mucho esfuerzo de nuestra parte, y quizás sea preciso realizarlo cuando es
difícil para nosotros hacerlo; pero al margen de todo esto, es un servicio prestado
simplemente porque amamos a los hijos de nuestro de nuestro padre Dios.
¿Por qué debemos prestar servicio? ¿A quiénes podemos servir?
Debemos servir a todos, mientras podamos y ellos estén necesitados; sin embargo, senos
recuerda que algunos necesitan nuestra ayuda con más desesperación que otros. “El
enfermo, el cansado, el hambriento, el que tiene frío, el lastimado, el solitario, el viejo,
el perdido, todos gritan desesperados pidiéndolo.
El obispo le dijo: “Steve tenemos una asignación para ti: una de ‘buen vecino’. Nos
sentimos preocupados por Hasty McFarland. Necesita a alguien que le brinde amistad.
Aunque no es miembro de la Iglesia, el amor de Dios llega a todas las personas, y
nosotros tenemos el privilegio de poder mostrar ese amor”.
Steve se sintió aturdido mientras sus pensamientos retrocedían a dos semanas antes,
cuando él y sus amigos habían estado burlándose del anciano. Se sintió culpable y
disgustado cuando oyó decir al obispo: “Quisiera que le visitaras dos o tres veces por
semana, pero si esta asignación te resulta difícil de llevar a cabo, no sientas temor en
decírmelo”.
La fe de los cuatro amigos – Marcos 2:1-12
Por la fe de los cuatro amigos de un paralítico Jesús pudo sanarlo. De la misma
manera nosotros podemos cooperar en que Dios se manifieste en la vida de otros.
Marcos 2:1-12
La evangelización en algunos casos requiere de más de una persona para ser
efectiva. Esto es lo que llamamos cooperación en la salvación. En el pasaje que
usaremosen este estudio y tenemos un vivo ejemplo de esto.
Fue necesaria la participación de cuatro hombres para traer a un paralítico delante
del Señor con el propósito de ser sanado. Marcos describe esta escena de una
manera muy viva, abundando en detalles sobre los demás evangelios. Algunos
autores creen que la casa donde se dio este milagro era la de Pedro.
Como quiera que haya sido, en ese lugar se dio un extraordinario milagro donde
se puso en evidencia que Jesucristo era Dios, porque tuvo el poder para perdonar
pecados y sanar al paralítico. Pero los que tienen el mayor crédito en esta
historia son los cuatro hombres quienes superando todos los obstáculos, lograron
poner al hombre enfermo en presencia del Sanador. En efecto, esta fue su meta.
La actuación de fe de estos hombres nos dan las pautas para ayudar en la
salvación del perdido. Nos muestran el valor del trabajo en equipo. El valor de la
unidad en un solo objetivo. Nos inspiran a hacer lo mismo. Veamos, pues, la fe
puesta en acción para llevar a los hombres a Cristo.
Fe que está determinada por un corazón compasivo
.__¿Quiénes eran estos hombres?
Se desconoce su origen y sus nombres. No se sabe si asistían a alguna
congregación. No sabemos si eran creyentes o pertenecían a alguna
denominación. Pero esto no importa, la Biblia no se interesa en darnos esos
detalles sino en mostrarnos lo que ellos hicieron. El énfasis radica en la
compasión y la amistad que ellos tenían por ese infeliz paralítico.
Ellos llegaron amarle y con frecuencia vendrían a él para acompañarle. No
venían, como el caso de los amigos de Job, para entrar en un razonamiento
filosófico sobre las causas de su sufrimiento. No le visitarían como los fariseos,
quienes estarían más preocupados en no contagiarse que ser movidos a
misericordia.
La actuación de aquellos hombres era la de un “buen samaritano”. Eran hombres
con una gran sensibilidad, quienes habían hecho del paralítico el objeto de su
preocupación por semejante miseria humana.
La importancia de la compasión
Estos hombres nos muestran que antes de traer a alguien a Cristo, nosotros
debemos tener compasión de ellos. Es el contacto de corazón a corazón que
ablanda nuestra sensibilidad y nos pone en el camino para buscar ayuda con el
necesitado. La compasión por aquel hombre les llevó a preparar un encuentro con
Jesucristo.
Nos llama la atención que en la sanidad y salvación del paralítico se usaron
cuatro hombres. Hay paralíticos que no pesan mucho. Algunos casos conocidos
revelan a estas personas reducidas a un montón de huesos. De manera que un
solo hombre podía haberles llevado a Cristo. Pero aquí fueron cuatro. Dos
tomarían la delantera y dos irían detrás. Los unos seguían a los otros. Todo un
trabajo en equipo para salvar al enfermo. Es asombrosa la fe de los cuatro
amigos.
Hay en esto una verdad que debe ser tomada: la iglesia necesita trabajar en
comunión si quiere ver la conversión de los que nos rodean. De esta manera nos
exhorta Pablo: «…completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo
amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por
vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como
superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual
también por lo de los otros». (Fil. 2:2-4) Esta actitud nos pone en el camino
correcto para hacer la obra del Señor.
Fe que se enfrenta a inesperados impedimentos
Venciendo el obstáculo de si mismo
Llegó el día cuando los cuatro hombres, llenos de un gran optimismo,
entusiasmados con una gran esperanza y persuadidos de una gran fe, se
dispusieron llevar al hombre a Jesús. La noticia estaba en las calles. Después de
algunos días Jesús vino a Carpenaúm.
Algunos piensan que aquella fue la última vez que Jesús vendría a la ciudad. Para
aquellos hombres el tiempo de la salvación era urgente. Si no lo llevaban ahora
no habría otro tiempo ni otro chance. De modo que frente a este reto, un solo
asunto dominaba la determinación de estos cuatro amigos: traer el enfermo a
Cristo. Así que lo primero que hicieron fue convencer al paralítico para llevarlo
a Cristo. Tenga en cuenta que ya esto de por sí es una ardua tarea. No es fácil
convencer a alguien para que acuda a Cristo. No todos los casos responden de la
misma manera. Hay un mundo de excusas mientras se habla del amor de Dios
para cada vida.
El obstáculo de la multitud
El versículo 4 nos dice que “no podían acercarse a él a causa de la multitud…”.
¿Le ha tocado alguna vez caminar en medio de una multitud donde apenas puede
moverse? ¿Cuánta gente estaría apostada en la puerta oyendo del Maestro sus
más inigualables enseñanzas? Podemos imaginarnos el cuadro.
Aquellos hombres cargaron por cierta distancia al enfermo, pero ahora no pueden
entrar. Es posible que al principio vinieran los momentos de desaliento y hasta de
frustración, pero ellos vencieron sus propios sentimientos de fracaso. Ellos no
vieron la “multitud” para llegar a Cristo. ¿Cuál es la multitud que impide hoy que
las personas vengan a Cristo?
Multitud de religiones, multitud de dogmas y preceptos, multitud de falsos
maestros, multitud de diversiones y placeres del mundo, multitud de malos
testimonios, multitud de creyentes indiferentes e insensibles, multitud de quejas y
críticas de los mismos creyentes, multitud de vidas que no son buena referencia
de un cristianismo vivo y victorioso… y la lista seguiría siendo muy larga. El
creyente y la iglesia debieran estar conscientes de esas “multitudes” que son
obstáculos para que otros vengan a Cristo y abrir otros espacios hasta traer a los
hombres a los pies del Maestro.
La fe se desarrolla sobre la osadía de llegar a Jesús
La fe del que evangeliza debe ser como la fe de los cuatro amigos
Es interesante que Jesús no mencione explícitamente la fe del enfermo sino que
el texto habla de la fe de los amigos Marcos 2:5. La verdad de esta historia es que
este hombre fue sanado por la enorme fe que tuvieron sus amigos.
La Biblia no nos dice que ellos se desalentaron ante las dificultades. No se
quejaron porque no hubo una respuesta inmediata. No nombraron un comité para
que fuera a hablar con el Señor. Estos hombres ejercitaron su fe. Pusieron un
plan en marcha. Como quiera que sea la determinación era poner ese hombre
frente a Cristo.
Imaginémonos la escena. De repente la multitud que estaba apostada a la puerta
notan que estos hombres se las ingeniaron, y ahora en lugar de buscar la puerta
para entrar están en el techo de la casa. Tuvieron que usar algún instrumento para
llegar arriba; a lo mejor subieron algunos primeros.
Como eran cuatro, dos podían tomarlo arriba mientras los otros ayudaban desde
abajo. Desconocemos la estructura de la casa. No sabemos cómo eran los techos,
pero tan pronto como fue posible, aquellos hombres abrieron un boquete tan
grande para poder bajar al hombre enfermo.
Jesús está en la sala enseñando. Él tuvo que oír los golpes en el techo, sentir el
polvo y otros materiales caer, y luego ver cuatro cuerdas descender trayendo un
cuerpo muerto con un hombre vivo reducido e impedido. Jesús detuvo su
enseñanza. Contempló la valiente fe aquellos hombres que miran desde el techo
descubierto y se dirige al enfermo con estas palabras: “Hijo, tus pecados te son
perdonados” Marcos 2:5.
Los incrédulos ante la palabra y la fe de los cuatro amigos
Los fariseos que estaban allí se llenaron de asombro y de una reacción inmediata,
tildando a Jesús de blasfemo Marcos 2:57. Pero lo cierto fue que la intrepidez de
estos hombres dejó asombrados tanto a los que estaban adentro como los que
estaban afuera. Lo que allí sucedió fue una noticia que se expandió muy pronto.
Allí ha pasado algo que tiene que ver con el corazón mismo de toda
evangelización. El trabajo de conducir a los hombres a Cristo plantea el
rompimiento de ciertos esquemas y hacer ciertos sacrificios. La única manera de
entrar a la casa era a través de la puerta. Pero cuando una puerta se cierra para el
evangelio hay que buscar otra salida.
A veces pensamos que solo hay una forma de hacer las cosas. En esta historia se
rompen con los patrones y las costumbres. Hablando del costo, una pregunta que
surge en esta escena sería acerca de quién pagaría el techo roto. Alguien tenía
que pagar el daño. Puede imagínese la cara del dueño de la casa, quien mientras
oye a Jesús, también oye los golpes arriba y luego vio descender al paralítico.
¿Estaría pensando este hombre si la compañía de seguros podría cubrir el daño?
¿Quién pagaría la factura? El asunto es que hay un costo que pagar para que los
hombres vengan al Señor. El costo de mi tiempo. El costo de las críticas del “que
dirán” por lo que hacemos. Lo que cuesta de mi propia inversión para la obra…
Estos hombres nos dicen que cualquiera cosa que se haga para traer los hombres
a Cristo es el más grande asunto. Un alma vale mucho para Dios. Nadie está
fuera de su alcance.
La fe conduce al gozo de la tarea cumplida
Vale la pena el esfuerzo
El objetivo se había cumplido. Aquellos hombres vencieron todas las dificultades
y ahora está una camilla con un minusválido delante del único que podía hacer
algo por él. No se sabe si el paralítico había nacido en esa condición. No se sabe
si lo que le vino fue producto del pecado mismo, al juzgar por las palabras del
Señor que sus pecados fueran perdonados. Hay cuatro mirones desde arriba y una
multitud adentro y afuera expectantes de lo que Jesús podría hacer. El resto del
trabajo depende de él.
Así que en esta escena Jesús va a pasar de la condición de Maestro a la condición
de Salvador y Dios. Aquella casa fue testigo de este hecho. Las primeras
palabras de Jesús pudieron confundir a la audiencia. Los mirones que están en el
techo esperarían que Jesús diera de una vez la orden de sanidad. Pero no lo hizo.
¡Qué desilusión! Se concretó más bien en decir “tus pecados te son perdonados”.
Sin embargo, con esas palabras vendrían dos grandes revelaciones.
Antes de curar el cuerpo hay que curar el alma
Sanar al enfermo parecía ser lo más fácil, puesto que hasta un médico lo haría.
Muchos les gusta el ministerio de lo sensacional, y el sanar a los enfermos es uno
de ellos. Pero perdonar pecados, siendo esto la raíz de todos los males y una tarea
divina, no es muy popular. Así que Jesús hizo el trabajo completo. Hizo las dos
cosas que solo Dios podía hacer: perdonar y sanar. Y de esta manera, frente a la
mirada atónita de los presentes, los cuatro hombres pudieron ver que el hombre
que vivió paralizado y acostado, ahora se ha levantado, y la cama que un día le
llevaba, ahora él lleva la cama. Aquello tuvo que ser un momento de mucho
gozo.
Ya ellos no tenían que llevar otra vez al enfermo de regreso a casa. Ahora los
tobillos y los pies de aquel hombre se llenaron vida y con ellos comienza a saltar.
El poder del Señor cambió aquel hombre. Todos, y en especial los cuatro amigos,
dijeron: “Nunca hemos visto tal cosa” Marcos 2:12. Cuánto gozo produce la
salvación de un perdido. Estos cuatro hombres representan a la iglesia. La tarea
de ella es traer a los “paralíticos” a los pies de Cristo. Hay grande gozo “cuando
un pecador se arrepiente”.
La fe de los cuatro amigos del paraliticos nos enseña cómo debiera darse la tarea
en la evangelización. Ellos nos revelan que si no hay compasión no hay interés
por el perdido. Nos dicen que si no hay unidad el perdido quedará tendido en su
condición; los cuatro tomaron un lado de la cama y lo levantaron.
Nos dicen que aun cuando el camino al Señor esté impedido por una “multitud”
de obstáculos, hay que ser perseverantes y osados hasta llevar a los hombres al
Señor. Y sobre todo, ellos nos muestran que hay gozo en el cielo y en el corazón
evangelizador cuando vemos a los hombres levantarse de su estado y glorificar
al Señor por el cambio de sus vidas. ¿Tengo la fe de los cuatro amigos? ¿Tengo
un amor sincero por el que está “muerto en sus delitos y pecados”?