0% encontró este documento útil (0 votos)
163 vistas105 páginas

CAMINOS DE AGUA 1 DE 2 - Norte y Centro

Este documento presenta una introducción al libro "Caminos de agua: Los ríos de Chile". El libro explora la importancia de los ríos para los pueblos antiguos y actuales de Chile. Se divide en cuatro secciones que cubren diferentes regiones del país, enfocándose en un río emblemático de cada una. El libro destaca la diversidad geográfica, cultural y biológica del país y la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza.

Cargado por

BInarioTi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
163 vistas105 páginas

CAMINOS DE AGUA 1 DE 2 - Norte y Centro

Este documento presenta una introducción al libro "Caminos de agua: Los ríos de Chile". El libro explora la importancia de los ríos para los pueblos antiguos y actuales de Chile. Se divide en cuatro secciones que cubren diferentes regiones del país, enfocándose en un río emblemático de cada una. El libro destaca la diversidad geográfica, cultural y biológica del país y la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza.

Cargado por

BInarioTi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CAMINOS DE AGUA

LOS RÍOS DE CHILE


CAMINOS DE AGUA
LOS RÍOS DE CHILE
ÍNDICE

10 INTRODUCCIÓN

14 102
I RÍOS DEL NORTE II RÍOS DEL CENTRO
DESDE EL LLUTA AL LIMARÍ DESDE EL CHOAPA AL MAULE

16 104
LLUTA Y AZAPA CHOAPA
Valles que interrumpen el desierto Los pastores trashumantes
Daniela Valenzuela · Vivien G. Standen · Calogero M. del Norte Chico
Santoro Valeria Maino

22 110
LOA ACONCAGUA Y MAIPO
Un corredor de vida en la aridez Ríos que dieron vida
más extrema del planeta a los primeros habitantes
Victoria Castro Fernanda Falabella

74 128
ARTE RUPESTRE ACONCAGUA
Obras maestras en la cuenca del Loa El valle de Chili
José Berenguer Rodríguez Valeria Maino

80 156
COPIAPÓ MAIPO Y MAPOCHO
De Mama Copayapu Cursos que definen el centro
a San Francisco de la Selva demográfico de Chile
Gastón Castillo G. · Miguel Cervellino G. Fernanda Falabella

88 176
EL OLIVAR CACHAPOAL
En busca de la identidad Diaguita Reparto de indios, haciendas y agricultura
Paola González María Teresa Planella

94 182
ELQUI MAULE
Historia de un valle ¡Al fin, un río navegable!
Fernando Silva Valeria Maino
190 284
III RÍOS DEL SUR IV RÍOS DEL EXTREMO SUR
DESDE EL ITATA AL BUENO AL SUR DEL RÍO PUELO

192 286
BIOBÍO CISNES Y PALENA
Testigo de una frontera ¿Vías de circulación o caminos cortados?
y esperanza de un encuentro Francisco Mena · Mauricio Osorio
Armando Cartes · Leonor Adán

294
250 AYSÉN
LEWFU El río que da nombre a una región
El río en la cosmología mapuche Francisco Mena · Mauricio Osorio
María Catrileo

300
256 BAKER
CAUTÍN E IMPERIAL Mucho más que un río
Arterias del Ngulumapu Francisco Mena · Mauricio Osorio
Jaime Flores Chávez

334
262 SERRANO
TOLTÉN Presencia humana
Historias del Troltrén desde hace 4.500 años
José Ancán Jara Francisco Mena · Mauricio Osorio

270 342
VALDIVIA LOS RÍOS DE CHILE
De bastión colonial a cuenca Una ética del cohabitar
citadina y cultural para su conservación biocultural
Ricardo Molina V. · Simón Urbina A. Ricardo Rozzi

276 354 NOTAS


RÍO BUENO 358 REFERENCIAS
Wenu lewfu, 366 LOS AUTORES
el lugar de los antepasados 369 AGRADECIMIENTOS
Ximena Urbina 371 CRÉDITOS
Nuestra geografía está atravesada por una gran cantidad de ríos muy disímiles entre sí. La singularidad
de cada uno varía según la región donde se ubique y se asocia a la diversidad climática y relieve de
cada zona. Los hay de corta longitud y pequeños cauces o muy torrentosos y de grandes masas de
aguas. En el norte se caracterizan por tener escurrimientos esporádicos de bajo flujo, a diferencia de
los ríos del extremo sur, que constituyen los más caudalosos de Chile.

Este libro es una invitación a conocer más en profundidad nuestro país y respetarlo. A descubrir aspectos
de su geología, de sus primeros habitantes y de la historia que se ha ido construyendo por décadas y
siglos, así como a entender las proyecciones de cada región geográfica.

Estos recursos hídricos, cualesquiera sean sus características, son esenciales, ricos y dadivosos porque
generan vida y un ecosistema productivo. Sin embargo, ahora que el tema del cuidado del medioambiente
ya no es una utopía y que se ha comprobado científicamente que el cambio climático es una realidad,
preservar y proteger nuestros recursos naturales e incentivar su uso responsable parece de toda lógica,
porque es determinante para el futuro de las nuevas generaciones. En Banco Santander, en particular,
estamos convencidos de que debemos promover dinámicas contingentes que permitan articular un
ecosistema fecundo y sostenible.

Queremos agradecer al Museo Chileno de Arte Precolombino, institución con quien mantenemos
una estrecha relación de casi cuatro décadas y con la que hemos publicado libros que, consideramos,
suponen un aporte al conocimiento y difusión de la tradición y proyección cultural de nuestro país. La Ley
de Donaciones Culturales ha sido otro aliado que ha hecho posible esta colaboración, probablemente
la más antigua del país entre una entidad cultural y una empresa privada. No puedo dejar de felicitar al
equipo editor, científicos, historiadores, fotógrafos, diseñadores, artistas e impresores por el esfuerzo por
sacar adelante este volumen en otro año pandémico que ha implicado cambios drásticos en nuestros
sistemas de vida y de trabajo. A todos, muchas gracias.

Claudio Melandri
Presidente
Banco Santander
Esta serie de publicaciones que tradicionalmente ofrecemos al público con el apoyo del Banco Santander
tiene como objetivo indagar acerca de nuestra identidad americana, ya sea a través de elementos
culturales pertenecientes a las primeras naciones del continente, de sus sucesores, los actuales pueblos
originarios, o de diferentes aspectos culturales y geográficos de América que caracterizan a este mestizaje.

Hoy tenemos el orgullo de presentar este libro sobre los ríos de Chile y su significado en cuanto a la
vida de los pobladores del país y la influencia de los cursos de agua en los asentamientos, economía y
sistemas sociales desde épocas precolombinas hasta la actualidad.

Para tratar este tema, hemos determinado cuatro zonas que demuestran la diversidad cultural, geo-
gráfica y biótica del país, escogiendo en cada una de ellas un río emblemático que la defina. Así, la
zona norte está representada por el río Loa; la zona central, por el sistema Aconcagua-Maipo; el centro
sur, por el Biobío; y Chile austral, por el río Baker. A estos capítulos se agregan recuadros que tratan de
otros cursos de agua relevantes en estas zonas. Obviamente, no están tratados todos los ríos del país,
lo que superaría las posibilidades de esta edición.

En su Canto General, Pablo Neruda convoca a los cauces de Chile, bajo el nombre de «ríos arteriales»,
evocando a la Pachamama, cosmogonía andina que concibe al planeta como un ser vivo en el cual la
tierra es su carne, las piedras, sus huesos, y el agua, la sangre que corre por sus venas. En la actualidad,
cuando asistimos a un cambio de paradigma de las relaciones humanas con la naturaleza, esta imagen
resulta central para este libro. La interdependencia de los seres vivos nos la está recordando la misma
naturaleza a cada instante.

El ser humano es de los últimos en haberse introducido en este sistema de interdependencia, con la
diferencia de que tiene, y ejerce, las posibilidades de cambiarlo. En lo que algunos científicos llaman
Antropoceno, la era en que actualmente vivimos, se están viendo las repercusiones de las acciones
humanas en la naturaleza, que de ahora en adelante, salvo en lugares muy contados, ya no será
totalmente natural.

La Ilustre Municipalidad de Santiago, junto al Museo Chileno de Arte Precolombino, tienen el agrado
de acreditar el permanente apoyo del Banco Santander, que ha permitido difundir el patrimonio
cultural americano en más de tres decenas de publicaciones, todas ellas con cuidadoso tratamiento
editorial y de diseño e incorporando valiosa iconografía. Agradecemos también al equipo que nos ha
acompañado en esta aventura durante muchos años y a la Ley de Donaciones Culturales, que permite
realizar estos interesantes proyectos.

Carlos Aldunate del Solar Irací Hassler Jacob


Presidente Alcaldesa
Fundación Familia Larraín Echenique Ilustre Municipalidad de Santiago
INTRODUCCIÓN

La presente publicación tiene por objeto indagar sobre la im- Hemos seguido los cauces más representativos, el Aconcagua
portancia que revisten los cursos de agua para los antiguos y el Maipo, rastreando desde sus poblamientos originales
y actuales pueblos de Chile. Esto, que puede parecer una hasta la actualidad y desde sus orígenes en los Andes hasta
perogrullada, no lo es, habida cuenta de los problemas que su desembocadura en el mar. El fuerte impacto demográfico
actualmente está sufriendo el mundo con la catástrofe del e industrial en esta zona aumenta el riesgo de sostenibilidad
cambio climático y los consecuentes episodios de sequía e urbana y económica del territorio.
inundaciones que afectan a la humanidad. En este contexto, el
territorio chileno puede considerarse un verdadero laboratorio Los caudalosos ríos del centro sur del país, que han sido y son el
para explorar estos sucesos. sustento de los pueblos antecesores de los mapuche y del de-
sarrollo económico y urbano actual, no se han visto tan afecta-
La radical aridez del norte del país, con el desierto de Atacama dos como aquellos de más al norte, aunque las precipitaciones,
como protagonista, es un llamado de atención acerca de la antes regulares durante todo el año, han sido alteradas por pe-
adaptación de pueblos milenarios a sus extremas condicio- ríodos de sequía. Hemos escogido el Biobío como testigo de la
nes, así como una voz de alerta sobre la sustentabilidad de las historia de esta región, protagonista de los episodios coloniales
ciudades costeras y las faenas mineras que viven del agua de y republicanos de La Frontera. Efectivamente, este río singular
los ríos del interior, cuyos escasos cursos disputan con los ha- no sólo representó una frontera histórica, sino también étnica,
bitantes de los tradicionales pueblos de los oasis del desierto. biológica y geográfica, origen de la diversidad humana, cuna
En estas páginas recorremos el río Loa, único cauce que atra- identitaria de nuestra nacionalidad. Al recorrer los ríos de esta
viesa estas tierras desérticas y que permitió el sustento de los región nos adentramos en la comprensión de la cosmogonía
primeros pueblos cazadores, pastores y caravaneros y de sus mapuche relativa a los cursos de agua, en los procesos bélicos
sucesores, que dejaron espléndidos testimonios de sus logros protagonizados por este pueblo para luchar por sus tierras e
económicos, sociales y artísticos. identidad, así como en las ocupaciones coloniales y el desarrollo
urbano, agrícola e industrial republicano de esta rica zona.
La zona central, cuna de la historia nacional, probablemente es
la más amenazada por esta crisis global debido a su densidad En el extremo sur de Chile, donde antiguos procesos tectó-
de población y al hecho de ser la que más ha sufrido con las nicos hundieron en el mar el valle central, de modo que sólo
sequías e insolaciones, cada vez más severas, de los últimos permanecieron las islas que dan fe de la sumergida cordillera
veinte años, que han provocado la desaparición de los glacia- de la Costa y los nevados de los Andes, los ríos adquieren una
res de donde provienen sus cursos de agua. Además, las cuen- dimensión casi sobrenatural: se desprenden de antiguos gla-
cas de los ríos de esta zona se caracterizan por ser torrentosas, ciares gigantescos en retroceso, arrastrando toneladas de agua
lo que implica otra dificultad para su mejor aprovechamiento. que inundan los escasos valles y pampas de este accidentado

10
territorio. Aquí, los cursos de agua son «más que un río», como
atestigua el majestuoso Baker, que hemos escogido para re-
presentar a esta zona. La extraordinaria abundancia de agua
de este territorio tan escasamente poblado debe observarse
con cuidado, pues es síntoma del peligroso aumento de las
temperaturas que están derritiendo aceleradamente los viejos
glaciares, causando una elevación del nivel del mar con conse- Portada: Vista desde el agua de un bajo del río Traidor,
afluente del río Puelo, Cochamó, Región de Los Lagos.
cuencias insospechadas. Si consideramos que este fenómeno
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
se está repitiendo globalmente, perjudicando a la Antártica, el
Ártico y otros lugares, este proceso afectará drásticamente a las
costas de todo el mundo.
Guardas: Vista aérea de deltas en Laguna Verde,
Parque Nacional Conguillío, Región de La Araucanía.
Fotografía de Cristián Aguirre Duffourc, 2021.
Además de comunicar este grave proceso en el que estamos
inmersos y en el que están incluidos los cursos de agua dulce,
en este libro difundimos la historia y desarrollo cultural de las
Página 4: El huaso y la lavandera.
diversas zonas geográficas del país, acentuando su diversidad
Juan Mauricio Rugendas, 1835. Óleo sobre tela, 30 x 23 cm.
geológica, biológica y humana y su relación vital con los ríos, a Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

través de textos dirigidos a lectores no especialistas.

Página 6: Vientos del Sur.


Aunque esta publicación se organiza en cuatro grandes capí- Santos Segundo Chávez Alister. 1985.
Xilografía, 28,5 x 35 cm el grabado, 39 x 49 cm el soporte.
tulos sobre los cuatro ríos emblemáticos de cada región –Loa,
Fotografía de Fernando Maldonado, 1998.
Aconcagua-Maipo, Biobío y Baker–, abarca también, mediante Colección Fundación Cultural Santos y Eva Chávez.

recuadros, otros ríos de importancia en cada una de ellas, con


la finalidad de mostrar un panorama general de los recursos
Páginas 8 y 9: Río Palena,
hídricos nacionales y su relación con los procesos históricos de
Región de Aysén.
esos territorios. Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

Esperamos que este volumen difunda tanto la importancia del


cuidado de los recursos hídricos del país, cuanto la larga historia Páginas 12 y 13: Mapa de las principales
cuencas hidrográficas de Chile.
de diferentes pueblos y culturas que, aprovechando los cursos
Fuente: IDE Chile.
de agua, han habitado este país en los últimos diez milenios. Ilustración de Carolina Videla, 2021.

11
Visviri

PRINCIPALES

a
LAGO

ut

R ío L a
Ll CHUNGARÁ
Río

RÍOS DE CHILE Arica ca

u
R. San Jose
SALAR
amarones DE SURIRE
R. C
Cuya
R. Isluga

Iquique Pozo SALAR


Almonte DE HUASCO

SALAR
GRANDE
SALAR

Río Loa
S. MARTÍN
Río L DE CARCOTE
oa
R. San Pe
dro Silala
R. Inacal R.
Tocopilla iri
Calama
María R. S. S r
Elena alvado R. Salado
Río Loa

edro
San Pedro de Atacama

nP
Mejillones

Sa
R.
Toconao
SALAR DE
ATACAMA
Antofagasta

CHILE
ISLAS ESPORÁDICAS, SALAR
PUNTA
ISLAS DIEGO RAMÍREZ NEGRA

Y TERRITORIO

Río Frío
ANTÁRTICO CHILENO Taltal

80º 05’
26º 18’

Isla SALAR DE
Isla Chañaral PEDERNALES
San Félix San Ambrosio o R. Ju
Río Salad nc
79º 51’

al
ito
SALAR DE
Caldera MARICUNGA

Copiapó
26º 27’

Islas Salas y Gómez Río Co


Río
pia

a
uer
Astaburuaga
Río rbio
Tu

R.P .Jorq

o
ulid
R
R. Manflas

105º 28’
Huasco
Vallenar
Río H R.
uas
co Trandel
109º 20’
sit
o
R. d
26º 27’

Isla de Pascua
el C
arm
en

io

La Serena Río
Elqui
rb

Coquimbo R. R. Tu
Vicuña
Co

ARCHIPIÉLAGO DE JUAN FERNÁNDEZ Río


ch
Hu

igu

ta
do
r

as

Ovalle
Isla
33º 46

Isla Robinson R. Los Molles


Alejandro marí
33º 37’

Selkirk Crusoe Río Li


. Grande
Isla R. C R
80º 46’ Sta. Clara 78º 49’ ogo
ti

Combarbalá
l
pe
68º 44’ Illapel R. Illa
90º 53º linga
R. Cha
Territorio Chileno Río
Cho
Antártico apa

Islas R. Quilimarí
Petor c
a

Diego Río a do
Ramírez Ligu ra
La Ligua R. La C olo
Los R.
56º 30’

Andes al
Quillota unc
n ca g u a R. J
ío Aco
Viña del Mar R
Vaparaíso
o

SANTIAGO
ad

cho r
POLO SUR San Antonio apo olo
M R. C Yeso
R.

l
R.

R . E
Ma

Maipo
Río R. Volcan
ipo

R. R
Rancagua
R. Cach
ap

apo
el

R. al
Pichilemu Cla
S. Fernando ro

R. Tingu
R. Te iririca
Curicó no
R. M ito
R. L

ata qu on
tué
R. C

Constitución R. M
aule
ro
la

R. Ac R. Maule
h
R. Mel
R. Lo

ibu

Cauquenes e no
LAGUNA
ng

av MAULE
ado

í
0 100 200 300 km Río Ñuble
Chillán

Talcahuano
o It

R. Diguillin
Concepción
ata
Río

ja
Río La
B

ob LAGUNA
i

ío
Curanilahue LAJA
Los Ángeles
12 Lebu
Angol .M
R

R. ulc
Río M hé Río
R. P all n
Paicaví eco
Bi
urén

obío

aut
Río C ín Lonquimay
.M

R
R. Lu
alle
LAGO co

Río B
Victoria

maco
LLEULLEU
tín

iobío
Cau
Río
r
Impe ial Temuco
R.
lipén

R. Ma
LAGO R.

Al
BUDI Río Toltén

ichí n
Toltén Villarrica
R. Mehuin ruces
R. C

R. Tranc
LAGO
CALAFQUÉN
ro
Valdivia S.Pe d

ura
R.
R. Calle
calle
LAGO

ta
u
Río BR. F La Unión
RANCO
ueno LAGO
Río Bueno MAIHUE
.D LAGO ol
am PUYEHUE R. Golg

R
R.Hueye Osorno
lhue as

R.
R.

N egro
oih

C
ueco
LAGO LAGO TODOS
LOS SANTOS

R. P
LLANQUIHUE
Pto.
lico Varas

etro
R. L Pto. so
ullín

hué
Montt

an
a
R. M

R. M
í
av
E. de Rel nc
o
Ancud

Río
.N

Pu
G O
DE A LFO

egro

elo
NCU
Río D R. Mirta
Butalcura
V
Castro R. R R.

od

ihu ah

ud
LAGO
CUCAO e ue
.N R

R R.M
atri angal
P Chaitén . Yelc R. Michimahuida
ho
Quellón

ed
LAGO
a R. Co fú

in
YELCHO
leu
O O rco
F D vado
OL VA ta
G CO

u
R. F
R
CO R. Tictoc ale
ío P na

R
LAGO

na
P a le R. Qu PALENA

o
R. Marc into
hant R. Fig
uero
a

io
rb
Tu
R. Q

R.
Pto. ueulat Río Cisnes
Cisnes

LAGO
YULTON R. Nire
n gua
sé o
Ay
Pto. R.
oyhaique
R.C
Aysén
co R Coyhaique
. de los R. Blan . Sim
HuR
emu oeste pson
les
R . Blanco

Río L. ELIZADE
Iba
ñez
R.
Mar t

LAGO
PDTE. a Río Claro
RÍOS LAGO
GENERAL
LAGUNA CARRERA
SAN RAFAEL R. Leones Río Los Maitenes
CAMPO
DE
hacabuc
HIELO R. Nef R. C o
NORTE
er LAGO COCHRANE
Bak

Cochrane
R. P
R.
R. d R.A. Nuevo

edr
e los

egos

ke
r

Ba
Ñadi

Río
o

Tortel
CAN

s
R. Pa
vo
AL M

cua

Bra
ESSIE

Río

LAGO
R

Villa
O’HIGGINS O’Higgins
CAMPO
DE HIELO
SUR
IDE
LW

L TRINIDAD
NA

NA CA
CA
N

PC
CE

R.B
la
de s
ON

ag
Chinas
LC

R.

uales
R. P
NA

a i ne
CA

R. G
rey
o

an LAGO
C. SAM

R. serr

EL TORO
IEN
CA

TO

Puerto
NA

SM Natales
DE
L

YT
GA

H
O ns
M

A be
Ru
s

ke
i e nte

llego

R. ai
Río P d Ch
en Río
Ga
Río

Río Azocar NO SKYRING


SE
ide
AY R. S
ES

TW Río
ALLAN

NO O Punta O'higgins
SE Arenas
Río
MAG

Sa Porvenir
nJ
ico
.Ch
ua
DE

n
R
HO

R. Grande Acuerdo de 1998


EC
TR
ES

R. Pa
ralelo

R. L LAGO
ap FAGNANO
ata
ía
Puerto Williams

13
I RÍOS DEL NORTE
DESDE EL LLUTA AL LIMARÍ
LLUTA Y AZAPA
Valles que interrumpen el desierto 1

Daniela Valenzuela · Vivien G. Standen · Calogero M. Santoro

16
Como una visión Google Earth y con más de cinco siglos
de anticipación, Gerónimo de Vivar imaginativamente
describió la orografía de los valles del Pacífico desde
Tumbes (norte de Perú) hasta Huasco (norte semiárido
de Chile):

En esta provincia hay ríos que proceden de las sierras y cor-


dillera nevada, que atraviesa por toda esta tierra. De la nie-
ve que se derrite bajan estos ríos por estos valles, y los na-
turales tienen abiertas muchas acequias de donde riegan
sus sementeras […] Todo el compás de tierra que está fuera
de los valles es estéril y despoblado y de grandes arenales.
En todo este compás de tierra que hay estos valles no llueve.
En las quince y dieciséis leguas que digo que hay de la cor-
dillera nevada hasta la mar y dentro en la mar no se sabe
el compás en que no llueve. Es de Tumbes hasta el valle de
Guasco [Huasco] que serán setenta leguas [337,9 km].2

Este panorama socioecológico condensa muy bien la historia


de los valles del extremo norte de Chile (Lluta, Azapa, Chaca
y Camarones), que hoy lucen como verdes serpientes debido
a las acequias y manejo de los hilos de agua que escurren
intermitentemente desde la cordillera. Estos valles exorreicos
forman parte de una subárea socioecológica denominada
Valles Occidentales que, a su vez, integra el área Centro Sur
Andina. 3 Comprende entre el río Majes, en el sur de Perú, y el
río Loa, en el norte de Chile, y está disectada por quebradas
con diferencias geográficas y arqueológicas contrastantes
que definen tres zonas ecológico-culturales: 1) valles exorrei-
cos (Lluta a Camarones); 2) oasis interiores y quebradas endo-
rreicas (Tana al Loa); y 3) costa desértica de interfluvio (costa
entre Pisagua y la desembocadura del Loa).4

Valle del río Lluta. En palabras de Luis Urzúa,


«Este valle ofrece un espectáculo sorprendente. Bajando del
altiplano en el tren de madrugada, la vista se deslumbra en
ese inmenso refugio de vegetación […] en que la luz prodiga
todas las coloraciones del verde con maravillosa armonía»
(Arica, puerta nueva. Santiago: Editorial Andrés Bello, 1969).
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

17
La obra de verdear los valles, iniciada andinas, aymara y chipaya de ambos
hace tres mil quinientos años con la países, dependientes de las aguas del
introducción de la agricultura y la sil- Lauca en Parinacota, salar de Coipasa
vicultura, recién comenzó a comple- y lago Poopo. 5
tarse en la segunda mitad del siglo XX
gracias a planes estatales y privados Carlos Keller6 resaltó diferencias impor-
para intensificar la producción agríco- tantes entre estos valles: aguas más sa-
la, como el aumento de pozos para ex- lobres y con flujos permanentes pero
traer aguas subterráneas –que se han muy variables en el año de los valles de
venido agotando– y la canalización del Lluta y Camarones, y aguas más dulces
río Lauca desde la frontera de Chile pero estacionales de los valles de Azapa
con Bolivia. Esta obra hidráulica, cons- y Chaca. En los cuatro valles, sin embar-
El río Camarones en su cauce alto
truida en la década de 1940 y que abrió go, en esa época la agricultura era dis-
en el sector de valle de Ulapata.
En primer plano, un cactus candelabro sus compuertas en las lagunas de Pa- continua y con distintas valoraciones
(Browningia candelaris).
rinacota, aunque mejoró los flujos de económicas y productivas.7 Para Azapa,
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
agua en Azapa, significó un aumento Keller destacó que las «tierras son de
en las tensiones diplomáticas con Bo- primera clase», fértiles y con clima fa-
livia, conflicto que escaló hasta el rom- vorable para el crecimiento de las plan-
Plantación de tomates en sector
de Rosario, valle del río Lluta. pimiento de relaciones con dicho país tas, pero los cultivos se practicaban en
Estos suelos son aptos para los cultivos
y que todavía no se resuelve comple- forma de manchas discontinuas «que
pese a la salinidad de las aguas del valle,
que contienen cloruro y sulfato tamente. En aquella época no se con- interrumpen de vez en cuando la árida
de sodio debido a las aguas del río Azufre,
sideraron tampoco los daños ecológi- estepa formada por algarrobos, molles,
principal tributario del Lluta. Fotografía
de Guy Wenborne, 2014. cos ni sus efectos en las poblaciones chañares y otros arbustos y pastos».8

18
Como Antonio O’Brien en el siglo XVIII, como la canalización desde cotas supe- cambios coincide con un aumento de la
quien trató de llevar a cabo un gran pro- riores hacia espacios más bajos, amplios pluviosidad en los Andes entre el 2500 y
yecto de trasvase de aguas desde cuen- y apropiados para la agricultura, mues- el 1000 AP, lo que redujo las condiciones
cas altiplánicas a la pampa del Tamaru- tran que las aspiraciones humanas por áridas, cuyos efectos se multiplicaron
9 10
gal (Pampa Iluga), Keller sugirió, para verdear el desierto tienen raíces mucho con el manejo humano del agua para
captar las aguas subterráneas que se más antiguas. Keller revisó la literatura desarrollar extensas áreas de cultivo. La
pierden en el mar, la construcción de un arqueológica, pero no conectó esa his- población se agrupó en aldeas junto a
dique subterráneo y la impermeabiliza- toria de los valles con lo que observó. los campos con inversiones en obras ci-
ción de los canales de regadío de Azapa Por su parte, O’Brien, que caminó por el viles (canales, terrazas, tranques) y arqui-
para reducir la pérdida por infiltración. El desierto, debió ver los canales de rega- tecturas domésticas como las aldeas de
megaproyecto de O’Brien ambicionaba dío que Vivar observó en la quebrada de Alto Ramírez y San Lorenzo en Azapa,15
irrigar el desierto para una renovación Tarapacá, por donde O’Brien pretendió destinadas a funciones de congregación
13
de la industria minera, la concentración bajar el agua cordillerana. social. El aumento demográfico, los limi-
de gente traída del interior y la reactiva- tados espacios agrícolas y la irregular dis-
ción de la economía de la Corona espa- Los Valles Occidentales tienen evidencias ponibilidad de agua generó competen-
11
ñola para una reconquista de América. de proyectos de agriculturización ocurri- cia, tensiones y conflictos reflejados en
dos desde el período Formativo (3500- un aumento de la violencia interpersonal
Pero este no fue el único proyecto colo- 1500 AP), vinculados a un crecimiento en de alta letalidad.16 Por su parte, algunos
nial de trasvase para solucionar el pro- el uso de plantas domesticadas y silves- líderes emergentes que trataban de os-
blema crónico del agua en el desierto tres para funciones comestibles, medici- tentar mayor poder y prestigio intenta-
12 14
de Atacama, ni esta la única época en nales, rituales, combustibles y forrajeras, ron controlar los espacios productivos
que se plantearon intervenciones. Vesti- introducidas, sin excepción, desde diver- o las fuerzas laborales, lo que promovió
gios arqueológicos de obras hidráulicas, sas zonas de Sudamérica. Esta época de desigualdades sociales.17

19
Desde el 1000 AP comenzó a aumen- manejo y conocimientos que se aplican con elevados contenidos de elementos
tar la aridez y se mantiene hasta hoy, lo hasta el día de hoy. Los cuatro valles se- nocivos solubles como arsénico, boro,
que motivó cambios geopolíticos y ma- ñalados, como teclas de un piano, pu- litio y cloruros. Las poblaciones huma-
yor agitación social. Las inversiones en sieron parte de la música y del escena- nas que por miles de años consumieron
irrigación para manejar el agua en los rio para el surgimiento y desarrollo de estas aguas fueron severamente afecta-
valles cordilleranos generaron grandes procesos socioculturales relativamente das en sus condiciones de salud.19
transformaciones del paisaje, todavía autónomos que resultaron en agrupa-
visibles en la forma de extensos cam- ciones políticas reconocidas por una cul- En suma, entre 1500 a 500 AP se inten-
pos de cultivo aterrazados en las lade- tura material de sello regional entre 800 sificó la economía agraria y silvícola con
ras de los cerros. a 400 AP, que abarca desde los valles proyectos de irrigación más eficien-
del sur de Perú hasta Camarones, por el tes, de gran escala, como los sistemas
El agua de estas quebradas fue trans- norte de Chile, y es conocida localmente agrohidráulicos de Topaín, en el Loa su-
18
formada en una palanca vital para las como cultura Arica. Una de las aristas perior20 o el canal de trasvase de Soco-
poblaciones prehispánicas, que desa- poco abordadas es el peligro invisible roma.21 También se introdujeron nuevos
rrollaron tecnologías adecuadas para su de los componentes químicos del agua, taxa como el chañar.22

20
Estos cursos de agua fueron vitales para la vida humana y las
comunidades de plantas, animales y microorganismos, inte-
Izqda.: El río Camiña posibilita el riego en esta zona,
grando ecosistemas vulnerables. Toda esta historia de manejo donde se cultivan ajos, choclos, zanahorias, cebollas,
alfalfa y también frutales como manzanas, ciruelas,
del agua ha dado sustento a la expansión agrícola y el aparen-
membrillos, tunas y tumos, convirtiendo esta quebrada
te «crecimiento» de comunidades rurales, ciudades e indus- en uno de los oasis más bellos del desierto de Atacama por su
contraste entre los áridos cerros y el verde y cultivado valle.
trias. Este vital elemento ha acompañado épocas de bonanza
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
no exentas de conflictos, de transformaciones sociales y eco-
Dcha.: Río Camarones. Esta improvisada presa,
lógicas para proyectos de desarrollo humano en condiciones construida mediante bolones de piedra y otras rocas
más grandes, tiene como objetivo subir el nivel del agua
muy exigentes dadas las limitadas y frágiles condiciones del
y desviar un pequeño cauce para los canales de regadío.
desierto, donde insistimos en vivir como si el agua estuviera El lugar está en uso y es de construcción y mantención recientes.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
disponible en grandes cantidades. Por los valles y quebradas
ha corrido de todo, pero lo que menos corre ahora es agua, y
la que lo hace está contaminada por efecto de las interven-
Camiña. Estas terrazas de cultivo están
ciones humanas; que deberían transitar, urgentemente, hacia
emplazadas en la quebrada de Camiña o de Tana,
políticas innovadoras y sustentables, y hacia la toma de de- donde nacen los manantiales de Agua Amarilla
y Agua Verde, o Apolinario y Margarita,
cisiones políticas, económicas y culturales que consideren el
que brotan a los pies del cerro Pumire.
paisaje con todos sus seres bióticos y abióticos. Fotografía de Guy Wenborne, 2009.

21
LOA
Un corredor de vida en la aridez más extrema del planeta
Victoria Castro

En la vasta Región de Antofagasta se despliegan dos grandes cuencas centrales:


la del salar de Atacama, en el sector meridional de la provincia de El Loa,
y la del río Loa, en el sector septentrional.
Introducción
El río Loa recorre 440 kilómetros desde sus nacientes, en el
volcán Miño, hasta su desembocadura en Caleta Huelén, en el
Río Loa en el sector del tranque Sloman. océano Pacífico, entre las ciudades de Iquique y Antofagasta.
El tranque, situado un par de kilómetros más abajo
En su trayecto fluye en dirección sur, recibiendo los significa-
de la foto, es una represa hidroeléctrica construida
en el curso del río Loa, en pleno desierto de Atacama, tivos aportes del río Salado, hacia el que han convergido nu-
que buscaba dotar de energía eléctrica a las maquinarias y
merosos y esenciales afluentes de agua dulce, como los ríos
campamentos mineros de varias oficinas.
Fotografía de Guy Wenborne, 2017. Toconce, Caspana, Curte y Ojalar y otros pequeños cursos de
agua. El Loa se desplaza entre cordones montañosos hasta la
latitud de Chiu Chiu, a 2.300 m.s.n.m. En esta sección de oasis
«Mapa de la República de Chile de pie de puna, el río toma una leve dirección al oeste, cruza
desde el río Loa hasta el Cabo de Hornos».
el oasis de Calama y entra en la pampa, donde recibe los efí-
La imagen es el primer pliego de un total de quince.
Pedro José Amado Pissis, 1884. Material cartográfico. meros aportes del río San Salvador. Desde esa latitud, toma
Colección Biblioteca Nacional de Chile,
dirección norte hasta alcanzar el oasis de Quillagua y hace su
disponible en Memoria Chilena.
último giro al oeste hasta su desembocadura,1 un espacio ri-
quísimo desde el punto de vista ecológico en medio del vas-
to desierto. En efecto, el río Loa constituye un hábitat seguro
Río Loa. El Loa es el río más largo y uno de los más
vulnerables de Chile, entre otros motivos por la extracción para más de una veintena de especies de aves y otra fauna
de sus aguas para uso productivo y de aprovisionamiento
local y es considerado un corredor biológico desde el altiplano
en medio de la actual crisis climática.
Fotografía de Guy Wenborne, 2010. hasta la costa, así como para el ser humano.2

24
Desde sus nacientes en el volcán Miño, el Loa crea los oasis de pie de puna.3 Sólo en las riberas del río
extensas áreas de pastos en sus orillas, permitiendo es posible encontrar algunas especies de plantas,
la existencia de un modo de vida estanciero pastoril pues domina la pampa desértica hasta Quillagua,
hasta el presente; en esta sección de su curso supe- a treinta kilómetros del mar, último oasis y lleno de
rior, también ofrece sus generosas paredes para el vida en su pasado prehispánico.4
arte rupestre.
El conocimiento de la profundidad temporal y de
En el trayecto, la cuenca del río Loa alberga diferen- las formas de ocupación de los territorios y su inte-
tes pisos altitudinales entre el altiplano intermonta- racción con la biodiversidad permiten comprender
no de la región, atravesando formaciones vegeta- mejor a las comunidades que hoy habitan estos es-
cionales extraordinarias como el pajonal, ecotono pacios, además de otorgar un sentido identitario a
de camélidos, desplegando verdes bofedales am- las prácticas que en ellos se realizan. Por esto descri-
plios y vegas ribereñas a diferentes alturas, cruzan- biremos a continuación la información arqueológi-
do tolares ricos en diversidad de plantas y sus di- ca e histórica, para luego pasar a la relativa a las co-
ferentes usos en la precordillera, y abriéndose en munidades actuales que habitan estos territorios.5

25
Respecto a la vegetación, hay grandes formacio- Las montañas andinas son consideradas por los
nes regionales: el altiplano intermontano de la pueblos originarios la fuerza vital, controladora del
Región de Antofagasta es rico en diferentes gra- clima y dispensadora del agua para la fertilidad de
míneas y matorrales que constituyen una fuente ganados y cosechas. Los glaciares que dan origen
de recolección y pastoreo de camélidos. En las a los ríos y las cumbres que congregan las nubes
altas laderas de los cerros se crían el pajonal y la de tormenta contribuyen a sustentar sus pode-
yareta; luego la precordillera contiene formacio- res. Al mismo tiempo, el cerro entraña peligros y
nes fuente de muchos recursos medicinales, de esconde fuerzas que pueden desatarse, causan-
construcción y otros usos: el tolar. Las formaciones do desgracias y calamidades. Para los pobladores
azonales están constituidas por bofedales y vegas. que actualmente viven a los pies de estas monta-
ñas, inmersos en este paisaje, los cerros también
Desde cerca de los 2.700 m.s.n.m. ya prácticamen- contienen los espíritus de los ancestros: moran
te no hay vegetación, salvo por los verdes man- en las montañas, razón por la cual son respetadas
chones que crea el río Loa en sus orillas. y veneradas, y envían la lluvia o la sequía como
premio o castigo al comportamiento ritual de los
Un rasgo notable del paisaje altoandino son los mortales.6 Estas ideas son parte de una ontología
cerros, que acompañan esta travesía fluvial hasta andina que se remonta a muchos siglos anterio-
el ingreso del río a la pampa. res, como lo ha demostrado la arqueología.7
El mundo prehispano:
desde el poblamiento al Inca

Pueblos cazadores y recolectores


Es al menos desde hace diez mil años8 que se ini- Hacia el año 2000 a.C., las condiciones sociales y am-
cia la conformación de un paisaje integrado, úni- bientales de este largo proceso de ocupación inicial
co y a la vez diverso, sobre el que se construirán motivaron el desarrollo de nuevos asentamientos,
identidades, con sus procesos de continuidad y más estables y circunscritos.10 En algunos lugares
cambios, para conformar el paisaje humano que con buenos recursos forrajeros, especialmente aso-
conocemos hoy, en el siglo XXI, en torno al río Loa ciados a pastos permanentes, se dieron condiciones Grabados de estilo
Taira en el Alero de Taira,
y sus transformaciones. que estimularon una mayor coexistencia entre los
Alto Loa. Este alero,
seres humanos y los camélidos, promoviendo posi- de unos tres metros
de alto por diez de largo,
Las primeras ocupaciones humanas correspon- blemente una adaptación progresiva que permite
posee un sinnúmero de
den al Arcaico Temprano (11000-8000 AP), un largo dar cuenta de al menos dos ejes de domesticación y petroglifos de
gran belleza. Aquí se
período de grupos cazadores-recolectores en esta también la creación de dos vocaciones socioeconó-
aprecian representaciones
cuenca desde el 11000 al 1400 a.C. Durante este micas de énfasis diferenciados: por una parte, todo de camélidos, suris,
perdices y aves fantásticas.
tiempo, la gente ocupó abrigos rocosos ubicados el sector del Alto Loa, desde el Miño hasta cerca de
Fotografía de Fernando
en las quebradas, como es el caso de los sitios El su confluencia con el río Salado, ofreció las condi- Maldonado, 1986.

Pescador, Chulqui y el Alero Toconce, y también es- ciones necesarias para el pastoreo de dedicación
pacios abiertos. Se movieron a lo largo de la tran- casi exclusiva y asentamientos más bien dispersos,
secta altitudinal, más arriba o más abajo de la que- manteniendo alta movilidad; por otra parte, en los Alpacas en el
nacimiento del río Lauca,
brada, dependiendo de la estación del año, para oasis de pie de puna y en la sección de quebradas
en el bofedal Parinacota.
obtener lo necesario para vivir: agua, vegetación desplegadas entre los 3.000 y 3.600 m.s.n.m., en Al fondo se ven
nublados los Payachatas,
para diversos fines, animales para cazar y canteras la subregión del río Salado, el espacio fue óptimo
conformados por los
9
para confeccionar herramientas duraderas. Hubo para el paulatino desarrollo de aldeas asociadas a volcanes Parinacota
y Pomerape.
épocas más benignas y otras más drásticas climáti- una economía agropastoril que a nivel regional se
Fotografía de Guy
camente hablando durante este largo período. vincularon siempre con el altiplano de Sud-Lípez. Wenborne, 2017.

27
Todo esto sucede entre 3.000 y 2.000 años antes del presente
en sociedades que siempre mantuvieron las prácticas de caza y
recolección a pesar de las transformaciones. Disminuye la mo-
vilidad y se produce una concentración social que hace eviden-
te, paulatinamente, una tradición cultural, fuertemente enraiza-
da en sus propias formas de vivir. Entre las expresiones que han
acompañado estas sociedades y que perduran al menos hasta
la época colonial, se encuentra el arte rupestre.11
Río Loa y laguna de Chiu Chiu. La existencia de la laguna
Chiu Chiu, también llamada Inca Coya, es todo un misterio
para científicos e investigadores, quienes afirman que es En Caleta Huelén, el área de desembocadura del río Loa,
alimentada por aguas subterráneas provenientes del río
tempranamente se presenta una tradición arquitectónica
Loa que, desembocando por medio de napas en el río
Salado, discurren al costado de la laguna. costera que caracterizará al norte y sur de este eje, todo el
Fotografía de Fernando Maldonado, 2001.
asentamiento característico de la costa arreica, mostrando la
diversificación regional, aunque siempre con vínculos entre
costa y tierras altas.12
Nacientes del río Loa a 3.900 metros de altura;
al fondo, el volcán Miño. Debido a que el río Loa comienza
su andadura a los pies del volcán, este ha quedado Los pueblos cazadores-recolectores nunca dejaron estas ac-
incorporado a la extensa Reserva Nacional Alto Loa,
tividades, que fueron complementarias a los cambios que
un área silvestre protegida única que destaca por
encontrarse a más de 3.000 metros de altura e inserta algunas de ellas procesaron, adaptando una economía agrí-
en el desierto más árido del mundo. Punto de
cola y pastoril, con distintos énfasis diferenciados. En este
referencia para las rutas precolombinas, transitadas por
chasquis y pastores, el volcán Miño ha estado ligado contexto y con la domesticación de camélidos en los Andes,
cosmogónicamente al culto del agua y a la ceremonia
fue evidente el desarrollo de las redes de tráfico de caravanas
de limpieza de canales, pudiéndose encontrar en su falda
y cumbre sitios arqueológicos ceremoniales. de llamas, que luego transportaron diversos tipos de bienes
Fotografía de Fernando Maldonado, 1988.
desde lejanas distancias.13

28
Nacen las aldeas y la agricultura
Los arqueólogos caracterizan el tiempo que trans- se caracteriza por una creciente intensificación de
curre en estas regiones aproximadamente en- las redes de intercambio entre las tierras altas y la
tre los años 1400 a.C. y 900 d.C. como período costa, como demuestran los sitios arqueológicos
14
Formativo, pues en él se producen transforma- asociados a los senderos y a los puntos de llegada,
ciones socioeconómicas de gran trascendencia a través de artefactos y ecofactos encontrados en
para los pueblos que habitaban este territorio. las rutas: por ejemplo, la gente consumió produc-
tos del mar en localidades de oasis tan alejados del
Durante esta época la llama fue domesticada en litoral como Chiu Chiu, Calama y Quillagua.17
diversos lugares de los Andes, entre ellos en el área
circumpuneña, lo que sugiere diversos centros de Dentro de estas vías de conexión de mayor cober-
domesticación independientes; con toda certeza, tura regional, el río Salado empieza a definir con-
15
en la cuenca del salar de Atacama, y muy posible- tactos preferenciales con el altiplano de Bolivia, en
mente, en la localidad de Chiu Chiu, donde existió la región de Sud Lípez, y con el salar de Atacama,
una gran aldea con recintos circulares que ha sido evidenciados tanto por el asentamiento como por
llamada Chiu Chiu 200. Aquí vivió una población el flujo de cerámicas y materias primas líticas a tra-
estable de pastores de llamas, complementando vés de senderos sobre los 3.000 m.s.n.m.. Por otra
sus requerimientos con la recolección de plantas y parte, el Alto Loa estableció comunicaciones hacia
la caza del guanaco y otros animales más peque- el oeste con Guatacondo, como muestran los sen-
16
ños entre los años 800 a.C. y 200 d.C. Este período deros troperos.

29
El Formativo en el río Salado es un período que además, en el Loa Medio y Alto Loa.20 Hacia estas fe-
comprende un tiempo largo y une la época de chas, hay asimismo una horticultura que deja restos
cazadores-recolectores con una época posterior de de producción de maíz en aleros, donde se conjuga
pleno desarrollo agrohidráulico y pastoril hacia los con la existencia de una actividad pastoril, como, por
18
años 850-900 d.C. ejemplo, en el Alero Chulqui.21

Entre los años 1400 y 500 a.C., la población de este En síntesis, durante este tiempo los habitantes
sector se distribuye en asentamientos habitacio- hacen uso de abrigos rocosos en las quebradas y
nales de dimensiones discretas a campo abierto y espacios abiertos en la pampa y las vegas. Se co-
se caracteriza por un profuso empleo de aleros ro- nocen también las primeras aldeas en el río Salado
cosos como áreas de extracción y trabajo de ma- como Chulqui o Incahuasi y asentamientos aleda-
Río Salado, Atacama. teriales líticos, caza, recolección y vivienda, como el ños a las vegas de Turi.
Este río nace de la
Alero Toconce. La gente parece preferir los ámbitos
confluencia de más
de treinta vertientes de confluencia de ríos en las quebradas altas de la En definitiva, entre los años 100 a.C. y 900 d.C. se si-
termales en una hoyada
zona. A este momento se le asocia un arte rupestre guen ocupando aleros rocosos asociados a la caza,
a los pies del volcán
El Tatio. En su curso de estilo naturalista, con la representación de gran- recolección, vivienda y pastoreo de camélidos; se
medio recibe las
des camélidos grabados en las paredes rocosas y construyen, en el borde de la vega, la aldea de Turi,
contribuciones de
los ríos Toconce y pictografías en rojo de tamaño pequeño dentro de compuesta por recintos de barro con grandes ci-
Caspana y finalmente
los aleros, que muestran camélidos y figuras huma- mientos de piedra, y en la quebrada, la discreta al-
desemboca en el Loa.
Al fondo de la imagen nas;19 también se encuentran fragmentos alfareros, dea de Chulqui.22 Se puede apreciar, por ejemplo,
se divisa el volcán Paniri,
lo que indica la amplitud en el manejo de nuevas la consolidación de una economía agropastoril en
que majestuosamente
vigila toda esta zona tecnologías y sus posibilidades de intercambio, que la riqueza y diversidad de textiles. Además, existe
precordillerana.
hacia el 500 a.C. son más evidentes porque esta al- evidencia de la minería, la metalurgia y un fuerte
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2010. farería se populariza a nivel regional, encontrándose, énfasis en el intercambio de productos. En la aldea

30
de Turi se documenta un tráfico interregional entre cementerio «Regimiento Chorrillos de Calama»
pueblos del Salar de Atacama, el noroeste argen- fue ocupado intensamente en este período, al me-
tino y el altiplano boliviano, asociada a este grupo nos desde el año 880 hasta alrededor del 200 a.C.,
de pastores. Hay cambios también en los estilos de y los materiales cerámicos, líticos y textiles que se
arte rupestre. han encontrado allí permiten asegurar sus nexos
con diferentes lugares del salar de Atacama, del
Paulatinamente, por el mismo curso del Loa, se fue- río Salado y con el extenso cementerio de Topater,
ron afianzando los vínculos entre las poblaciones del a 2.400 m.s.n.m.,24 en donde se puede reconocer,
Loa superior, con los oasis de pie de puna de Calama gracias a la buena preservación de los materiales
y Chiu Chiu en el Loa Medio y Quillagua en el Loa arqueológicos, el desarrollo de un tráfico con bie-
Inferior, alcanzando hasta Guatacondo, una tradi- nes procedentes de la costa pacífica, el altiplano y
ción que ha perdurado hasta tiempos recientes.23 la selva. Hay cestería, algodón hilado, instrumentos
musicales, pescado seco, conchas del mar Pacífico,
El curso medio del río Loa transcurre desde su frutos y semillas.25 Las especies vegetales son de
confluencia con el río Salado, cerca de Chiu Chiu. diversas procedencias, tanto silvestres como culti-
En esta localidad se forma una extensa vega de vadas o domésticas, y entre otros hay quínoa, maíz,
pastos permanentes que fue fundamental para porotos, calabaza y algarrobo. El oasis de Calama
el establecimiento humano. Un comportamiento es un punto neurálgico de encuentro entre sende-
similar se dio también en otro oasis, el de Calama. ros provenientes de los más diversos pisos ecoló-
Ambas localidades son espacios que ofrecen mu- gicos.26 Destaca en esta zona un espacio notable
chas condiciones para la horticultura y el pastoreo, por su largo período de ocupación, datado desde
especialmente por ser cruces obligados de cami- el Formativo hasta finales del siglo XVII: el «sector
nos. De algún modo, cada oasis va conformando Peuco», con varios sitios y fechados correlacionados
una microidentidad regional. En este espacio, el por fragmentos cerámicos.27

31
Descendiendo por el Loa Medio hacia la pampa, El Loa inferior comprende ámbitos de pampa
se encuentra la aldea del río San Salvador, un cur- baja, y especialmente costeros, en el desierto que
so de agua que crece a expensas de aguas sub- se despliega al norte y sur de la desembocadura.
terráneas y que fluye hasta la posta de Chacance, Es un espacio en el que se desarrolla una identi-
paralelo al río Loa. Se trata de un asentamiento dad local que integra elementos propios e inno-
pequeño que entregó muchos datos nuevos, es- vadores en sus prácticas ceremoniales y arqui-
pecialmente sobre el consumo de pescado, la tectónicas, donde destacan estructuras de forma
recolección de algarrobo y la movilidad que invo- tumular que, en muchos casos, constituyen mo-
lucró a personas que se movían desde y hacia la numentos funerarios y que son evidentes a partir
28
costa. Entre este lugar y su desembocadura, de de esta época formativa, como sucede en el anti-
vez en cuando se asoman manchas verdes gracias guo oasis de Quillagua. 31
a una efímera surgencia que, aunque la mayoría
de las veces procede de aguas salobres, ofrece Este lugar fue profusamente habitado y visitado
una nota verde al tránsito de viajeros humanos y desde tierras altas, sobre todo desde el norte por
no humanos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la costa, desde al menos el año 700 a.C.; paulati-
Quebrada Amarga, un lugar en donde se encuen- namente fue configurándose una identidad local,
tra un arte rupestre figurativo que representa pe- con nexos específicos hacia Calama por el norte y
29
ces y camélidos. Imposible no mencionar el gran la Región de Tarapacá por el sur. Las posibilidades
despliegue de geoglifos que se articulan en torno de acceso a recursos e intercambio con estas zonas
a la ruta y caminos entre Calama y el Loa bajo, par- han sido bien documentadas a partir del estudio
30
ticularmente en Chug Chug. de sus materialidades, como alfarería y textiles. 32

32
La evidencia más cercana al mar en la historia formativa del
río Loa se encuentra justamente en el ámbito de su desem-
bocadura, en la localidad de Caleta Huelén, extendiendo su
presencia cultural al norte y sur de este punto central. 33

En este largo período, profundas transformaciones en el que-


hacer de las sociedades de esta época se expresan en las
múltiples innovaciones que van incorporando sellos propios a
nivel regional, como el desarrollo de la arquitectura en barro,
la concentración de los espacios de funebria o los magníficos
textiles de lana de camélido, con marcas identitarias que dan
cuenta de las relaciones con otras regiones, por ejemplo, en
cerámica proveniente del altiplano boliviano y del noroeste
argentino. La metalurgia del cobre se expresa en toda clase
de sitios distribuidos por el Loa. Una de las actividades conspi-
cuas desde esta época en adelante es la extracción minera.34
Las evidencias prehispánicas conocidas comprenden más de
diez siglos de explotación desde cerca del 200 d.C. hasta tiem-
pos tardíos prehispánicos, en sitios como San José del Abra, 35
Cerro Turquesa y San Pedro de Conchi, donde se extrajeron
minerales de cobre como la turquesa, crisocola y otros afines,
de alto valor ceremonial en tiempos prehispánicos. Se asocian
a los sitios áreas de acopio, descarte y chancado de minerales,
habitacionales, corrales, bodegas y sectores de uso ceremo-
nial. Sitios semejantes, e incluso El Abra, continúan en activi-
dad en épocas coloniales y republicanas. 36

La base de estas innovaciones ya está lograda. Es una época


de bonanza y bienestar con logros expresivos notables, como
el arte rupestre desplegado en las paredes de los cañones de
los ríos en todo el curso superior del Loa. Escenas fantásticas
de cazadores-pastores, como aquella de la confluencia de los
ríos Caspana y Salado, por ejemplo, 37 y en el Alto Loa, ya des-
de épocas arcaicas. 38

Algarrobo. El Prosopis chilensis o algarrobo es un árbol tolerante a la sequía,


las sales y la arena cuyos frutos representaron una importante fuente de alimento
para los pueblos originarios, encontrándose registros en tal sentido en tumbas
del norte de Chile de hace más de nueve mil años.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

Arriba: Pieza de cobre con forma de camélido. 7 x 6,9 cm.


Colección Museo Regional de Atacama.

Al centro: Puco, cultura originaria Atacameña. Contenedor abierto de perfil simple,


tiene labio redondeado, cuerpo hemisférico y base plana. Elaborado en cerámica
modelada de color anaranjado oscuro. Alto 52 mm, diámetro máximo 136 mm.
Colección Departamento de Antropología, Universidad de Chile.

Abajo: Jarro. Vasija pulida, simétrica, restringida con cuello, inflectada,


con un asa en arco de correa en posición vertical labio-cuerpo.
Alto 91 a 110 mm, diámetro máximo 121 mm.
Colección Departamento de Antropología, Universidad de Chile.

33
Entre los años 400 d.C y 900-1000 d.C., en la cuenca del salar
de Atacama se da un desarrollo muy diferente al del Loa y
sus afluentes, fuertemente vinculado a la cultura Tiwanaku. 39
Hasta donde se conoce, la sociedad loína evolucionó des-
de el Formativo sin mayores influencias de Tiwanaku y sus
comunidades continuaron creciendo e innovando hacia un
marcado dominio de técnicas agrohidráulicas que se hará
evidente hacia los años 950-1000 d.C.

El tráfico de caravanas sigue ampliándose en este tiempo y


los nexos con las poblaciones del salar de Atacama, Loa Medio,
noroeste argentino, Bolivia y la costa arreica continúan. Como
ya lo indicamos, la fuerte presencia de la sociedad Tiwanaku
en el área de San Pedro de Atacama se manifiesta en el Loa
de manera muy diferente y leve. En el arte rupestre del Alto
Loa aparece la figura de un personaje sentado en un altar zoo-
morfo bicápite que representa a la imagen de la puerta del sol
de Tiwanaku, con algunos registros escasos en el Loa Medio40
y en los oasis de Chiu Chiu, Calama y Quillagua. Otro indicador
son los gorros de cuatro puntas, que estarían vinculados a este
tráfico.41 Estos textiles han sido asociados a un religión chamá-
nica, vinculada en tiempos prehispánicos a objetos que alu-
den al uso de sustancias psicoactivas, conocido clásicamente
como «complejo del rapé», un ejemplo más de las estructuras
ontológicas subyacentes en los mundos andinos.

Un aspecto cada vez más presente lo constituyen los caminos


que conectaron el altiplano con el mar y que han sido crucia-
les para los vínculos humanos, los que asumen nuevas alter-
Tableta para aspirar alucinógenos decorada con motivos Tiwanaku. nativas a través del tiempo. Toda la cuenca del Loa y su veci-
Período Medio (500-900 d.C) de San Pedro de Atacama.
na, la del salar de Atacama, están transitadas por estas rutas;
Fotografía de Fernando Maldonado, 2001.
Colección Museo Arqueológico R. P. G. algunas de ellas han sido estudiadas sistemáticamente con
Le Paige, S. J., San Pedro de Atacama.
sus materiales arqueológicos asociados, dando cuenta de las
relaciones de complementariedad entre la cuenca del Loa y la
costa pacífica, y en donde los oasis de pie de puna han juga-
Presencia de vestimentas Tiwanaku en Arica y Atacama.
do un rol fundamental; ello sucede, por ejemplo, con las vías
Un chamán, abajo a la derecha, realiza un «pago» u ofrenda ceremonial
quemando k'oa, incienso extraído de una planta resinosa del lugar. que conectaron Calama y el norte de Tocopilla por la pampa
Lleva un gorro de cuatro puntas polícromo, mientras que el personaje
y Tocopilla con Quillagua,42 incluyendo la localidad de Chug
situado encima lo lleva bícromo, así como una camisa con mangas y faja.
A su izquierda, del cuello del hombre cuelga un siku o instrumento Chug, famosa por sus geoglifos.43 Estas rutas se mantienen
musical de viento, mientras que la señora a sus pies lleva una camisa
activas desde alrededor del 400 d.C. hasta el período colonial,
de parches teñida con técnica de amarras. Ilustración de José Pérez de Arce, 1997.
Fotografía de Fernando Maldonado. Colección Museo Chileno de Arte Precolombino. cuando su uso decrece por la ocupación de otras alternativas.

34
35
Entre los años 1000 y 1400 d.C., en el llamado perío- cultivo,47 a medio camino entre el gran asenta-
do Intermedio Tardío, las sociedades del Loa con- miento del pukará de Turi, los cerros de Cupo y
forman unidades políticas independientes, proba- el magnífico despliegue agrohidráulico vinculado
blemente en algo similares en su organización a la a las vertientes de los pies del majestuoso cerro
forma tradicional del siglo XX. Son sociedades de Panire y también a Topaín. La diversidad de tipos
rango, con jerarquías por prestigio en la función de de asentamiento incluye desde aldeas aglutinadas
ciertos cargos más que por un poder político puro. con muros de circunvalación, conocidos como los
Se trata de autoridades consensuadas para dirigir pukará de Turi y Lasana, hasta poblados en lade-
y organizar a la población en torno al bienestar co- ra, como Likán en Toconce, Talikuna en Caspana,
mún, compartiendo una forma de ver el mundo Paniri en las quebradas intermedias y Topaín, que
que se expresa muy claramente en su arquitectu- fue ocupado desde la base del cerro hasta su
44
ra. Hay rasgos distintivos en cada lugar habitado cumbre, todos ellos asociados a un patrón estan-
de esa época: poblados fortificados, aldeas en lade- ciero al servicio de una exitosa economía agropas-
ra, grandes extensiones de campos de cultivo con toril, con énfasis diferenciados de acuerdo a la gra-
sofisticados sistemas de distribución del agua. En diente altitudinal48 y con complejos sistemas para
el Alto Loa se encuentran ampliamente represen- el cuidado del agua y la producción asociada.
tadas las estructuras de «muro y caja», que han sido
interpretadas dentro del contexto del tráfico de ca- Estos extensos sistemas agrohidráulicos atesti-
45
ravanas como sitios de función ceremonial. guan la importancia de las prácticas agrícolas y
una fuerte inversión laboral por parte de estas co-
Hay extensos cementerios prehispánicos en Chiu munidades en la construcción y mantenimiento
Chiu, Lasana y Calama que habían sido ocupados de estas obras de ingeniería, que abarcan com-
previamente y volvieron a utilizarse en esta época.46 plejos sistemas de terrazas, como en Toconce,49
andenes, canales y acequias. Tanto en Paniri como
Se puede asegurar que durante este período, los en Topaín existe una compleja red de canales aso-
habitantes del Loa interactuaron fuertemente con ciada a campos de cultivo; esta última ha sido es-
poblaciones asentadas en lugares distantes y acce- tudiada en detalle y demuestra la existencia de es-
dieron a bienes de todo el transecto costa-altiplano, tas tecnologías a partir de este período, así como
reforzando sus relaciones con el noroeste argenti- sus transformaciones en los siglos siguientes vin-
no y el altiplano meridional de Bolivia, nexos que culadas a ampliaciones y remodelaciones. En defi-
seguirán siendo evidentes en la época incaica y nitiva, un sofisticado sistema de manejo del agua
Vista aérea del poblado
colonial indígena. De ello dan muestra la diversi- para una alta eficiencia, que se demuestra en es- de Turi, zona del río
Salado. La localidad de
dad y multiplicidad de asentamientos en los oa- tructuras de irrigación, reservorios, acueductos y
Turi es una pequeña
sis de Chiu Chiu y Calama, en el valle de Lasana, represas para regar extensas áreas de cultivo. 50 aldea de pastores que
está ubicada junto a las
y en las otras localidades mencionadas. Algunas
vegas de Turi, una zona de
formas del habitar son cercanas a la tradición alti- El cuidado y manejo del agua ha sido una labor bofedales formados por
aguas subterráneas de los
plánica y otras, a la del desierto. constante en estos territorios que debió implicar
deshielos. Aquí se ubica el
una administración coordinada de las diferentes pukará de Turi, la ciudad
fortaleza más grande de
Así, existen aldeas aglutinadas, como es el caso unidades domésticas, así como acuerdos y ten-
la cultura Atacameña,
de Topaín, un poblado en altura sin muro de cir- siones, siempre asociados a un modo de habitar emplazado sobre una
oscura colada de lava en la
cunvalación: un cerro isla, donde se ha seguido el que debió contar con direcciones comunitarias
cuenca alta del río Salado,
ritmo de la topografía para construir los recintos que activaran, en conjunto, las esferas políticas, con construcciones
en piedra volcánica.
de manera muy autónoma, con materiales del tecnológicas y ceremoniales para un uso y consu-
Fotografía de Fernando
mismo lugar asociados a sus propios campos de mo óptimos. Maldonado, 2001.

37
En el plano inclinado que desciende desde el Miño hasta
Chiu Chiu, en los asentamientos ligados directamente al río
Loa, durante este período continúan predominando las vi-
viendas dispersas asociadas a la vida de énfasis pastoril. El
asentamiento de Santa Bárbara perdura en uso hasta fines
del siglo XX, documentando, además, la movilidad de arrie-
ría desde tiempos prehispánicos, pero también coloniales y
republicanos. 51 En alturas superiores a los 3.600 m.s.n.m., los
complejos habitacionales son dispersos y probablemente
utilizados por extensas familias como las representadas en
los sitios de Bajada del Toro Oriente, Taira, Quinchamale y La
Isla, 52 y se relacionan directamente con los recursos para los
rebaños de camélidos, tan necesarios para la reproducción
de la vida en todos los niveles. Gracias a las recuas de llamas,
domesticadas siglos atrás, se organizan y manejan carava-
nas para el intercambio de productos de diferentes ecologías
desde la alta puna hasta el mar. 53
Detalle del Alero Santa Bárbara: pictografía de figura
antropomorfa de estilo Santa Bárbara II, Alto Loa.
En el Alto Loa, estas representaciones se concentran
En Toconce se presenta un énfasis mayor de la tradición al-
alrededor de la localidad de Santa Bárbara, por lo que
algunos investigadores han planteado que la elección tiplánica durante el período Intermedio Tardío, que se inicia
de este lugar guardaría relación con la presencia de un
hacia el 800 d.C. Sus asentamientos ocupan las tierras situa-
ensanchamiento del cañón del río Loa en ese sector,
que habría favorecido los asentamientos y el desarrollo das entre los 3.000 y 4.000 m.s.n.m. de las subregiones de río
de actividades de pastoreo y horticultura a partir
Salado y río San Pedro, en el sector septentrional de la pro-
del período Medio.
Fotografía de Fernando Maldonado,1986. vincia de El Loa y la región de Lípez del altiplano meridional,
en el sur de Bolivia. Se conocen más de una veintena de sitios
de esta filiación en ambas vertientes de la subárea circum-
Alero de arte rupestre en Atacama. puneña, siendo el de mayores dimensiones el sitio de Likán,
Fotografía panorámica de Tomás Munita Philippi, 2018.
en Toconce. Las formas de ocupación del espacio son muy

38
diferentes a las de las poblaciones de la tradición Atacama en la cuenca del salar son más eviden-
del desierto y estos asentamientos cuentan con al tes, sin descuidar otros con el altiplano meridional
menos tres áreas bien definidas: 1) un poblado; 2) y el noroeste argentino. En este sentido, Caspana
Chullpas, que, en términos generales, son estruc- participa de una equilibrada relación entre tierras
turas en forma de torreones con un vano general- altas donde se funde lo «altiplánico» y lo «propia-
mente a media altura del muro, que a veces mues- mente atacameño». 58
tran materialidades asociadas a rituales, y que se
utilizaban como depósitos de almacenaje de ali- Durante este período Intermedio Tardío las gen-
54
mentos o repositorios funerarios; y 3) extensos y tes del río Loa, especialmente de Caspana y los
complejos sistemas agrohidráulicos. Los estudios oasis, tienen fuertes vínculos con sus vecinos de
arqueológicos realizados en Toconce documentan la puna de Atacama. En el río Salado presentan
ampliamente el uso ceremonial de la arquitectura marcados rasgos de una interacción con el altipla-
chullparia en esta localidad, arquitectura que tam- no, análoga a la que, más tarde, refleja la presen-
55
bién se encuentra en Turi y Paniri. cia del Tawantinsuyu incaico. Los grandes asen-
tamientos se encuentran en lugares de amplio
En Caspana, junto con una mayor intensidad de dominio visual en altura, como Turi, dominando la
la ocupación, se aprecia una diversificación de los extensa vega en la pampa del mismo nombre, y
espacios utilizados y de los tipos de asentamiento Lasana, construido en el borde del cañón del Loa,
durante este período. Entre los años 1000 y 1500 con aglutinamientos de más de 600 recintos en
d.C. la población vive en aldeas, como Talikuna, y el pukará de Turi, a 3.000 m.s.n.m., y alrededor de
también en estancias en diferentes sectores, a ve- 400 recintos en Lasana, hacia los 2.300 metros de
ces asociados a extensos campos de cultivo y pas- altitud. La admirable pared lítica de este último va-
toreo como Mulorojte. 56 Se enfatiza la ocupación lle está llena del arte de petroglifos y pinturas ru-
de las quebradas y todos los cursos de agua dulce pestres. 59 Controlando el valle, estos asentamien-
permanentes, así como los sectores forrajeros al- tos muy probablemente funcionaron desde esta
57
tos para el pastoreo, desarrollándose una intensa época como importantes centros administrativos
actividad agrícola, basada en andenerías. Los ne- y ceremoniales que se erigieron como lugares pro-
xos entre esta población y el área de San Pedro de picios para la reunión de las poblaciones.60

39
De tamaño considerable, el poblado fortificado escurre ancho y libre de cañones antes de ingresar
de Chiu Chiu, erigido sobre el cañón del Loa, se a la pampa desértica, se han encontrado exten-
encuentra saqueado y fue reusado por lo menos sos cementerios prehispánicos, como Chunchuri.
hasta el siglo XX, de lo que dan cuenta sucesivas En esta zona, el arte rupestre, a diferencia del Alto
edificaciones asociadas al espacio original, cons- Loa, exhibe un énfasis en la representación antro-
truido hacia el año 1000 d.C. Es un asentamiento pomorfa, ornitomorfa y de motivos geométricos,
en el que los restos de maíz son muy abundantes, sugiriendo una variante regional diferente a la de
así como la recolección de frutos de chañar y alga- las tierras altas. Entre los materiales ofrendados
rrobo, junto a corrales usados para los camélidos destacan los textiles.62
domésticos. Un rasgo particular son los depósitos
de almacenaje subterráneos. Hay una vinculación Quillagua, oasis que tuvo bosque de algarrobos,
esencial con el aledaño valle de Lasana: Chiu Chiu tamarugos y chañares y que se encuentra en ple-
aporta agua para el riego de este valle a través de no desierto, entre la cordillera y el mar, fue regado
canales, para un área de cultivo que une en esta generosamente por las aguas del río Loa en el pa-
época ambas localidades. En síntesis, una sólida sado prehispánico, colonial y hasta inicios del si-
economía agropastoril, con significativo aporte de glo XX.63 Tiene una larga historia que vincula a su
la recolección vegetal y su abundante vega.61 población no sólo a las tierras altas, sino también
hacia el área de costa y valles de Tarapacá. Una
En las cercanías del oasis de Calama, cerca de los zona atractiva y obligada para los viajeros que han
2.400 m.s.n.m., donde el río Loa en su curso medio recorrido el desierto.64

40
El Loa en el Tawantinsuyu: la esfera incaica
Entre el año 1400 y el 1536 d.C. aproximadamente, se impone la
presencia inca con la incorporación del área al Tawantinsuyu.65
Esta se habría dado principalmente a través de vínculos políti-
cos, estableciéndose alianzas con las autoridades atacameñas
Oasis de Quillagua.
y recibiendo influencia en la cerámica, religión, arquitectura y El río Loa se presenta superficial en un
valle abierto y ancho en que se desarrolla
la reocupación y creación de caminos que unían los oasis pie-
algo de agricultura con sistemas de
montanos, incorporándolos a una extensa red vial.66 canales para conducir y repartir el agua.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

La presencia del Tawantinsuyu es muy clara también en la


explotación minerometalúrgica. Se intensificaron y perfeccio-
Chullpa en Likan, Toconce.
naron la producción minera, agrícola y ganadera agrícola; se
Estas estructuras con forma de torreón y
agregaron rasgos estilísticos a las artes y en todo su dominio. un pequeño vano, localmente conocidas
como chullpas, tuvieron funciones de
A lo largo y ancho del territorio se construyó el Qhapaq Ñan,
almacenamiento, pero al mismo tiempo
aquella extensa red de caminos longitudinales y transversales, estuvieron sacralizadas por ofrendas
permanentes y en algunos casos
con centros de paso, tampu, y servicios de mensajeros, chas-
cumplieron, también, funciones funerarias.
kiwasi, para administrar y controlar los territorios anexados.67 Fotografía de Fernando Maldonado, 1988.

41
El sistema de «amojonamiento» o demarcación incaico for-
mó parte de una política de organización o reorganización
de los territorios sometidos, que habría operado a partir de
estrategias e instituciones andinas socialmente arraigadas.
El término «medir» parece ser la traducción española a una
serie de prácticas de distribución del espacio social y pro-
ductivo, así como de organización del desplazamiento y las
comunicaciones en un extensísimo territorio. El Qhapaq Ñan
representaba uno de los ejes que ordenaban y articulaban
el sistema de control y dominio del Tawantinsuyu y, en ese
contexto, los «hitos», «mojones» o tupus del camino no pare-
cen ser elementos azarosos del trazado vial. Su distribución
irregular, así como su presencia diferenciada como hitos soli-
tarios, en pares o en hileras, sugiere que se trataba de estruc-
turas cargadas de significado y que pudieron comportarse
como elementos polisémicos, respondiendo a distintos sig-
Pastoreo en Turi. Situado a 3.000 metros de altitud,
Turi es un caserío aledaño a una extensa vega, la cual se desarrolla nificados o funcionalidades según el contexto y las caracte-
a expensas de un afloramiento acuífero proveniente de las aguas
rísticas con que se presentaran.68
termales de los Baños de Turi. El aprovechamiento de la Vega de
Turi es óptimo por parte de varias comunidades, a través de formas
tradicionales de usufructo del recurso. Aunque no siempre existe
Las relaciones que establece el Inca con la población local en
demarcación de la vega, los pastores saben qué sector pueden utilizar.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2010. estos territorios aparentan ser las de una política de integración
que aprovecha el manejo del ambiente y sus recur- las cuencas del río Loa y el río Salado por Colana.
sos de la zona, con fines bien concretos como las Desde allí seguía hacia Paniri y llegaba a Turi, uno
actividades mineras y un sustrato estable de aloja- de los asentamientos que el Inca transformó en
miento, estadía y alimentación seguro, para el trán- un centro administrativo de importancia regio-
sito desde tierras altas hasta la costa y de su movi- nal. A partir de Turi, el camino continuaba hacia el
lidad hacia territorios más sureños. Es por eso que sur, articulando el asentamiento minero de Cerro
se aprecian modalidades diversas de ocupación del Verde y la localidad de Caspana.70 Desde el cerro
espacio y formas de relación también diferentes, al- Pabellón del Inca, puerto de acceso a la zona de
canzando los ejes del dominio ideológico comparti- Lípez, y hasta Chiu Chiu se distingue el camino del
do en el culto a las montañas y/o elaboradas estrate- Inca y su decena de asentamientos asociados re-
gias políticas simbólicas. conocidos, entre los que mencionamos Miño 1 y 2
(Kona Kona) y Cerro Colorado.71
El Qhapaq Ñan ha sido estudiado en todo el vas-
to territorio desde Colombia a Chile central69 y así Todos los caminos se construyeron para acceder
también en las diferentes secciones de su presen- a un bien preciado, pero muy especialmente para
cia en el río Loa. Sobre la base de nuestras pros- comunicar poblaciones, que en este caso repre-
pecciones postulamos que uno de los tramos del sentaron fuerza de trabajo, mediada por arreglos
camino inca penetraba desde el altiplano sur de diplomáticos, de reciprocidad asimétrica, ceremo-
la actual Bolivia, región del Sud Lípez, en un sec- niales y una vasta gama de posibilidades combi-
tor vecino a la actual localidad de Alota y cruzaba nadas con diferentes énfasis, más heterogéneas
por Ollagüe y/o el Portezuelo del Inca, bajando a que uniformes.
La arquitectura inca
En cualquier lugar, una estructura inca se recono- de la localidad de Caspana, el área en general se
ce por su estricto apego a cánones geométricos distingue más bien por su despliegue de comple-
ortogonales y por el predominio de edificaciones jos agrohidráulicos para una agricultura de escala
rectangulares. En el Loa se distinguen claramen- significativa y extensas áreas de pastoreo. En Cerro
te los asentamientos de Miño y Cerro Colorado Verde se puede apreciar como los Inca sacralizaban
(prácticamente a la vera del río), la intervención efectivamente el paisaje, cualquiera fuera la esfera
monumental en el asentamiento preincaico de de realidad que estuviera presente. Asociada a la ex-
72
Turi y Cerro Verde, cerca de Caspana. Se pueden tracción minera, se construyó una plataforma cere-
distinguir formas de diseño inca, como qancha, monial típicamente incaica, conocida como ushnu.
Qallanqa, Qollqa o ushnu.
Talikuna presenta algunos rasgos arquitectónicos
La sección del río Loa que corre derecho con rum- compartidos: escaleras, hornacinas, muros dobles,
bo norte-sur hasta su confluencia con el río Salado, puertas con dintel de piedra, lajas alineadas en-
se reconoce como Alto Loa y es un sector en don- terradas a modo de cajas y poyos. Cabe destacar
de este afán minero es muy evidente, como pue- que lo incaico se registraría en las distintas clases
de reconocerse en los asentamientos de Miño 1 y de contextos depositacionales y/o funcionales lo-
2, así como en el enclave minero de Qollawasi y cales, mostrando una sugerente relación con los
en el Abra Incahuasi del complejo minero homó- contenedores de líquidos y un énfasis festivo, pero
nimo, de donde se extraía principalmente la seu- también con otras actividades, como la interven-
73
domalaquita y la calcoalumita. ción de la producción alfarera a través de la incor-
poración de la cerámica «pasta con mica», que a
En río Salado y sus afluentes, si bien hay sitios mi- partir de estos momentos caracterizaría la indus-
neros con impronta inca, como Cerro Verde, cerca tria regional posterior.74

44
La Estancia Mulorojte está en la quebrada homónima, ubica-
da en las faldas de la ladera norte del cerro Morros de Cáblor,
al sur del río Caspana, aprovechando un pequeño anfiteatro
natural a una altura de 3.800 m.s.n.m.. Aunque este sitio es
de envergadura menor que Talikuna, su localización es muy
Terrazas de cultivo del pueblo de Caspana.
privilegiada en cuanto a recursos para las actividades agro- Esta forma de cultivo en las laderas andinas,
también llamada de andenes, consiste en planicies
pastoriles. Se encuentra a tres kilómetros de las vegas de
escalonadas delimitadas por pequeños muros, que
Cáblor, a una distancia similar de las vegas de Chita y del prin- son regadas por inundación, permitiendo que el agua
circule entre ellas por gravedad a través de canales.
cipal tributario del río Caspana, la laguna de Qoyer.75 Como en
Asentados principalmente en oasis, valles y quebradas
Talikuna, algunos rasgos arquitectónicos incaicos del sitio son del Alto Loa, estos pueblos Atacameño y Quechua
usaron esta tecnología para aprovechar el agua en los
las «cajitas» de piedra, las hornacinas, algunos muros dobles
terrenos de laderas y trasportar el agua para contribuir
y los poyos, mientras que la cerámica también da cuenta de a la seguridad alimentaria de sus comunidades.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
que durante el período Tardío el Inca intervendría sobre las
distintas actividades domésticas, produciendo cambios en la
producción alfarera local y un incremento de los contenedo-
Arquitectura indígena en el poblado llamado Cupo,
res para líquidos, posiblemente por un aumento de la activi-
en la zona de la ladera suroeste del volcán Paniri.
dad festiva,76 vinculada al trabajo y a ceremonias. Fotografía de Guy Wenborne, 2012.
En ambos asentamientos existen evidencias de una actividad
muy singular que habría representado el nexo entre la pobla-
ción local y el Inca, un vínculo de eficacia simbólica dentro de
las formas de dominación. Tanto en un recinto de Talikuna
como en otro de Mulorojte se han encontrado unos peque-
Vista aérea del ayllu de Catarpe. Ayllu es una palabra indígena
ños objetos líticos grabados de forma piramidal de aproxima-
para referirse a la comunidad y al terreno que ocupa.
En la meseta, se pueden observar las ruinas del centro damente 2 x 2,5 centímetros en la base y 1,2 centímetro en la
administrativo desde donde el Inca controlaba el tráfico
punta, que han sido reconocidos como una especie de dados
de productos desde y hacia los oasis del salar de Atacama.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2010. usados en esta época por parte del Inca o su representante.
Al parecer, el juego de la pichca y otros sirvieron al Inca para
ganar tierras para sí y, al mismo tiempo, para donar y entregar
Arriba: Pieza arqueológica perteneciente al juego de dados, tierras.77 Dentro de la estructura de organización sociopolítica,
proveniente de excavaciones realizadas en Mulorojte y aldea
extendida al Collasuyu, se trataría de formas de dominio y tras-
Talikuna (cerca de Caspana). Se encuentra en la Facultad
de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. paso del poder local al aparato estatal.78
Desde tiempos del Inca, se habrían utilizado estos dados tanto
con fines lúdicos (el juego de la pichca) como con fines rituales.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2004. Una de las manifestaciones de arte rupestre asociadas al Inca
Abajo: Grabados de estilo Santa Bárbara I, Alto Loa. se encuentra en Quebrada Seca, cerca de Toconce:79 se tra-
En un bloque rocoso de la rinconada homónima se aprecian
ta de la representación, esculpida en un peñón, con el moti-
representaciones de caravaneros y llamas cargadas.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986. vo de terrazas agrícolas y canales, coronada por petroglifos

46
formados por una hilera de camélidos ejecutados con líneas
rectas. Hay maquetas de campos de cultivo que también
se encuentran en el cañón del río Loa, cerca de Chiu Chiu, y
que han sido vinculadas a la ocupación incaica.80 En cuanto
a otras escenas, predomina la representación de camélidos,
que generalmente aparecen como diseños independientes o
en escenas de caravaneo, atados por una soga y guiados por
una figura humana, también de manufactura esquemática.81

De acuerdo a los pobladores de tierras altas del Loa del siglo XX


entrevistados por nosotros, el Inca renombró algunos lugares y
cerros, de algún modo apropiándose y compartiendo el paisa-
je a su gusto.82 Por ejemplo, Topaín, al que nos hemos referido,
puede ser una modificación de Topa Inca Yupanqui, porque
justamente está a medio camino de un trazado del Qhapaq
Ñan que une las localidades de Cupo, Paniri y Caspana, pa-
sando a sus pies. De algún modo, al renombrar e intervenir el
paisaje el Inca se apodera de él y ejerce su dominio.83 En esta
misma categoría de eficacia simbólica entrarían las represen-
taciones de los pequeños «dados» líticos ya descritos.

47
Recreación de la toma
del pukara de Quitor
por Francisco de
Aguirre. La fortaleza
de Quitor, defendida
De la época colonial a las repúblicas
por los campesinos La dominación ibérica en el continente america- localidades de estancias en los pisos altos a partir
guerreros de Atacama,
no produjo cambios y transformaciones irreversi- de los 3.000 metros de altitud; por tanto, en esta
fue finalmente abatida
84
por Aguirre, quien bles en las sociedades prehispánicas, a menudo repartición queda comprendida gran parte de la
ordenó de inmediato
violentos y dolorosos para la población originaria cuenca del Loa. En su jurisdicción también que-
la decapitación de
los derrotados, cuyas de toda América, de México al sur. A los proble- daba incluida la ensenada de Cobija, en la costa
cabezas fueron clavadas
mas iniciales, como cambios en la dieta, formas arreica, un punto de llegada de los tantos caminos
en picas en los muros
del pukara. Ilustración de trabajo y epidemias, se unieron otros aspec- que conectaban tierras altoandinas y costa pacífi-
de José Pérez de Arce,
tos, como el proyecto de evangelización, todo ello ca.86 Dentro de los hitos presenciales tempranos
1997. Quitor, San Pedro de
Atacama (ca. 1550 d.C.). derivado de una política expansionista sin prece- de esta época, destaca la construcción de la igle-
Fotografía de Fernando
dentes en estas latitudes. En definitiva, se enfren- sia de Chiu Chiu en el siglo XVI.
Maldonado. Colección
Museo Chileno de Arte tan dos modos de ser en el mundo, de habitar, de
Precolombino.
percibir el tiempo y el espacio, de hacer historia. 85 En términos generales, en los papeles coloniales
la población de las tierras altas de la Región de
Hacia 1560 (de acuerdo a las delimitaciones ad- Antofagasta es mencionada homogéneamente
Río Loa, sector de pukara
ministrativas coloniales), el Corregimiento de como Atacameña. La burocracia colonial identifi-
de Lasana. El pukara
de Lasana está ubicado Atacama quedó comprendido dentro de la có bajo ese nombre a toda la población que habi-
en un pequeño valle,
Audiencia de Charcas, dividido entre Atacama taba el territorio delimitado por la Administración
donde los lugareños
mantienen sus huertas La Alta y Atacama La Baja, que tuvo como ca- española como Atacama, señalando que habla-
gracias a las aguas del río
beza de doctrina a Chiu Chiu, los pueblos de ban una lengua «por sí»,87 la lengua cunza, hoy
Loa. Fotografía de Guy
Wenborne, 2012. Ayquina, Caspana, Calama, el asiento de Conchi y prácticamente desaparecida.

48
Durante los siglos XVI y XVIII, en Atacama La Baja nacientes del río a los pies del volcán Miño,90 ya
hay una fuerte presencia de forasteros, especial- que este territorio conecta con localidades de la
mente de gente de Lípez y Pica. Estas personas actual Región de Tarapacá.
coinciden en Chiu Chiu y Calama, lugares inevi-
tables en el tráfico entre la costa de Cobija y el Además de esta movilidad a larga distancia, la
altiplano. En las tierras altas del río Loa, aunque gente de ambas Atacamas se mueve a distancias
ambos grupos buscan espacios con buen forraje de uno a cuatro días de camino dentro de su terri-
para actividades ganaderas, ocupan diferentes lu- torio, viviendo por largos períodos en esos lugares
gares. En los registros eclesiásticos del siglo XVII, o transitando por temporadas, tal como acontece
los lipes aparecen asentándose en lugares como al menos hasta mediados del siglo XX. Hubo con-
Ayquina, Caspana, Toconce e Inacaliri, situados to- tactos frecuentes entre ambas Atacamas, sea a ni-
dos sobre los 3.000 metros de altitud en las subre- vel de unidades domésticas y de sus actividades
giones de río Salado y río San Pedro, afluentes del económicas, sea en razón de situaciones coyuntu-
Loa. Se llega incluso a decir que Atacama es «tie- rales que debieron afrontar conjuntamente, como
rra de Olipes».88 En cambio, los de la doctrina de la rebelión indígena del siglo XVIII, liderada en la
Pica ocupaban las estancias ganaderas ubicadas región por el ayquineño Tomás Paniri.91 Tomando
en los bordes del río Loa,89 posiblemente en aquel en consideración estas situaciones, se puede ase-
sector del Loa superior en donde el plano inclina- verar entonces que existe una diversidad en las
do asciende paulatinamente desde la actual loca- poblaciones, basada en esta trama de relaciones
lidad de Conchi, pasa por Lequena y alcanza las tejida por diferentes grupos.

49
Bosquejada la población indígena y su movilidad En los inicios de la colonización, Atacama es perci-
territorial, interesa ahora revisar un aspecto de la bido como una ruta entre el virreinato del Perú y la
Administración española en los siglos XVI y XVII Capitanía General de Chile y, más singularmente,
para Charcas y Atacama, de acuerdo a los docu- como un nexo entre la costa pacífica y el altiplano
mentos coloniales. Se trata de la actividad ecle- oriental. Esta situación de tránsito perdura hasta
siástica y, particularmente, del proceso de evan- bien avanzado el siglo XVI y en ese sentido, se con-
gelización y la religión indígena. Estos problemas, sidera que este territorio representaría un caso de
por lo demás inseparables en este contexto, tocan «conquista retardada» en términos de su some-
directamente este tema de estudio y son también timiento; durante este período, la conducta de la
parte del ambiente necesario para comprender y población local hacia los españoles es, en general,
situar la extirpación de idolatrías en Atacama. más bien hostil, y la reacción hispana, explícita-
mente violenta hacia los indígenas.93
Es posible delinear la actividad eclesiástica en estos
territorios, desde 1536 hasta fines del siglo XVII, prác- No obstante, aun cuando no pueda hablarse de
ticamente año a año, aunque los datos se encuen- una evangelización efectiva en la primera mitad
tren dispersos en distintos trabajos y manuscritos del siglo XVI, sabemos que en toda empresa de
y su calidad no sea pareja. Para introducirnos en el conquista española en los territorios americanos
tema recurriremos inicialmente a las síntesis ela- siempre estuvo presente la figura del cura. En este
92
boradas por Vargas Ugarte, Barnadas y Casassas, sentido, ya en 1536 junto a Diego de Almagro viaja-
pero al mismo tiempo a otras fuentes particulares. ban sacerdotes que probablemente cantaron sus

50
misas en Atacama; la misma situación se vivió en durante el siglo XVII, una época de fuerte evangeli-
1540, durante la estadía de dos meses de Pedro de zación y extirpación de las idolatrías en los Andes a
94
Valdivia en las tierras atacameñas. partir de los mediados de la centuria.

Pero no es sino hasta 1557, un año crucial para los El territorio de Atacama, para los efectos eclesiás-
indígenas de toda la región, cuando conocemos ticos de su evangelización, quedó comprendido
acciones más concretas por parte del clero dentro en un principio en el Obispado del Cuzco, fundado
del proceso de evangelización que va de la mano en 1538; a partir de 1552 formó parte del Obispado
con la incipiente pacificación de Atacama. La paz de La Plata, situación que perduró hasta que estas
se sacralizó no sólo con rituales andinos, sino tam- tierras quedaron incluidas en el espacio geopo-
bién con el consentimiento de los indios Atacamas lítico chileno a fines del siglo XIX. Como señala
de ser bautizados y con el deseo de los españoles Casassas, la administración parroquial parece ha-
de ponerlos en conocimiento de la «santa fe católi- ber estado siempre a cargo del clero secular, tan-
ca», situación en la que se vieron asimismo involu- to en el curato de Atacama La Alta como en el de
crados inicialmente los indios de Casavindo, al otro Atacama La Baja. Don Fernando de Altamirano
95
lado de la cordillera. es el primer sacerdote del que se tienen noticias.
En 1614 declara que hacía «muchos años» que ha-
Gracias al laborioso trabajo de José María Casassas, bía sido cura y vicario de la provincia de Atacama
contamos con una información mucho más de- y posteriormente fue nombrado para una Ración
tallada de la actividad eclesiástica en Atacama en la Iglesia Metropolitana de La Plata.96

De izquierda a derecha:
«El primer embajador
de Uascar Inga
al embajador del
emperador de Castilla:
Diego de Almagro y
Martin Guaman Malqui
de Ayala, hacia 1600.»

«Fraile franciscano con


un indígena, hacia 1600.»

«Visitador eclesiástico
golpeando a una mujer
indígena, siglo XVI.»

«Indígenas orando en
una iglesia, siglo XVI.»

Todas las imágenes


pertenecientes a:
Felipe Guamán
Poma de Ayala.
Nueva corónica y
buen gobierno (codex
péruvien illustré).
París: Université
de Paris, Institut
d'ethnologie, 1936.
Colección Biblioteca
Nacional de Chile,
disponible en
Memoria Chilena.

51
A partir de 1611, se cuenta con la valiosa información principal del pueblo de Ayquina; su curaca don
que entrega el Libro de Varias Ojas de la parroquia Diego Tocoa y Estevan Sotar y Andres Viltiquibir, al-
de Chiu Chiu, que ya hemos mencionado. Como en caldes de este pueblo. El sacerdote a cargo les soli-
tantos otros casos referidos a Charcas, cuando los cita que cada pueblo entregue a la Iglesia una cha-
papeles se encuentran, desaparece la idea de mar- cra de trigo y maíz para el sustento de la doctrina.
ginalidad para dar paso a una visión llena de con-
tenido, mucho más cotidiana y compleja a la vez. En 1622 entra en escena el cura Francisco de Otal,
Fiesta de san Francisco,
Estas hojas fueron reunidas por el propio cura de la bautizando a originarios del altiplano de Lípez: «En
patrón de Chiu Chiu.
Cada 4 de octubre época, don Bernardo López, y comprenden desde San Fran[cis]co de Chio chio, en siete de agosto de
en este pueblo se
1611 a 1698. Se deduce, entonces, que desde 1611, la 1620 años, bauticé, puse óleo y crisma a Fran[cis]co
realiza una procesión
en homenaje al santo. iglesia de Chiu Chiu estaba en funcionamiento bajo Condore, hijo natural de Pedro Yana, de Chuquilla,
Fotografía de Tomás
la advocación de san Francisco de Asís. Se efectua- provincia de Lipes, y de Catalina Yero, natural de
Munita Philippi, 2009.
ban matrimonios entre indígenas, tanto en Chiu Quimi, provincia de los Lipes, que han habitado
Chiu como en Calama, que recibía el nombre de dos años en Toconce» [sic] Otal aparece muy acti-
iglesia de Chunchor; también se reconoce la igle- vo en distintos pueblos del Loa, bautizando, casan-
Iglesia de san Francisco
de Chiu Chiu, 1966. sia de Ayquina, con su vicario. Se ofrecen asimismo do, visitando. En 1624 se encuentra realizando ma-
Abajo se aprecia el cauce
los nombres de los principales curacas: don Andrés trimonios en Calama: desposa a Bautista Penca,
del río Loa. Colección
Museo Histórico Nacional. Titicuna, de Chiu Chiu; don Alonso Balter Coquina, «nacido y bautizado en el pueblo de Nuestra

52
Señora de Copacavana de Ayquina, hijo legítimo o Chunchor, particularmente a partir de 1630.
de Hernando Yeri y Catalina Choco, indios lipes del Otra alianza que se manifiesta es el casamiento
97
pueblo de Cavana»; estos hechos refrendan el entre hombres originarios de Chiu Chiu o Lasana y
fuerte nexo entre gente de Lípez y de Atacama La mujeres del ayllu de Conti Tuqui, de la doctrina de
Baja al que aludíamos para tiempos prehispánicos Atacama La Alta. Mientras se atisba el proceso de
y de paso, nos da a conocer la advocación del pue- evangelización cotidiano, en esencia a través de
blo de Ayquina durante el siglo XVII a la Virgen de los bautismos y casamientos, otras noticias apare-
Copacabana. En el presente se la celebra como la cen en papeles diferentes.
Virgen de Guadalupe, siendo la segunda festividad
religiosa del Norte Grande que congrega el mayor Durante el siglo XVII se reconocen dos pueblos prin-
número de visitantes, más de ocho mil. En la actua- cipales: Ayquina y Caspana y sus estancias asociadas.
lidad, tanta es la afluencia de personas foráneas a la
comunidad por este extendido culto mariano, que La localidad de Caspana está ubicada 85 kilóme-
los comuneros atienden y participan de esta cere- tros al noreste de la ciudad de Calama, en uno de
monia de tres días, alrededor del 8 de septiembre, los afluentes del río Loa, a 3.350 m.s.n.m.. Su ac-
pero hacen su propia celebración durante el mes tual comunidad indígena reconoce como límites
98
de diciembre, antes de Navidad. de su territorio los cerros del Tatio por el este, el río
Salado al norte (límite con la localidad de Toconce),
Francisco Otal reside, sin duda, en forma perma- la confluencia del río Salado con el Caspana por el
nente en Chiu Chiu y el Libro de Varias Ojas de- oeste (límite con la comunidad de Ayquina) y la lo-
muestra cuánta actividad desplegaba bautizan- calidad de Río Grande al sur.99 En pleno siglo XXI,
do y casando a personas naturales de la zona y aún dispone de sus aguas, que nacen a los pies de
a gente originaria de Lípez, quienes se desposan sus cerros tutelares Coyer y Cáblor y que se captan
entre ellos o con pobladores de la doctrina y sus para la agricultura comunal antes de que fluyan
anexos, como Ayquina, Caspana, Paniri, Lasana hacia el Salado.

53
Ayquina hoy es una aldea de patrón aglutinado. tres cargas de maíz para el cura de Chiu Chiu.
Construida en una quebrada seca en la ladera del En 1619 la comunidad tiene un cacique principal.
cañón del Salado, tiene una población de habitan- Como ya se acreditó, abundan las referencias a
tes originarios y una mayoría que reside temporal- matrimonios y bautizos durante todo el siglo XVII,
mente en su pueblo, en las vacaciones escolares con una presencia significativa de indios lipes, que
y laborales; con ocasión de sus principales cere- residen tanto transitoria como permanentemente
monias la cantidad aumenta muchísimo. Habitan en el lugar. En 1675 aparecen cuentas por «hechu-
en forma permanente el lugar comuneros que no ra de la Iglesia de Ayquina»;100 en las revisitas de
han migrado a la ciudad y otros que regresaron los siglos XVIII y XIX se lo nombra como el pueblo
a reestablecerse luego de su jubilación, situación más pequeño de la región (siete originarios y tres
que es recurrente en toda la cuenca del Salado y forasteros en 1787).
en el Alto Loa. La gente de Ayquina posee más de
diez hectáreas de terrazas de cultivo y una extensa Es el cura Francisco de Otal quien se integra a la
vega aledaña de patrón estanciero. Forma parte segunda campaña de extirpación de idolatrías
de su territorio la extensa vega de Turi, que es de realizada en el virreinato del Perú, ejerciéndo-
usufructo común. la, justamente, sobre los pueblos de Atacama La
Baja. Su probanza de méritos describe con lujo de
La historia de su iglesia se remonta a 1612, dato detalles qué sucedía en estas tierras con las dei-
que, junto con otros, cubren el período hasta 1641. dades de los pueblos, entregando sus nombres y
A modo de síntesis, en 1612 se menciona una «igle- procediendo a quemas y castigos. Relata que fue
sia de Ayquina» y en 1616, el pueblo figura dando avisado de que en la víspera de la noche de san
Juan, coincidente con el solsticio de invierno, los principales
se encontrarían en una cueva para hacer ceremonias paga-
nas, quemar inciensos y asar cuyes en honor a sus creencias.
Luego visita los pueblos y procede a quitarles las figuras de
sus deidades: Socomba en Ayquina, Sintalacna en Caspana y,
especialmente, Sotar Condi, el picaflor, «como aquel a quien
todos los indios de estas Provincias teniamos por Dios tenien-
dolo nuestro Padre en la mano bestido de cumbe con su pi-
llo [cintillo] y Plumas en el de oro y Pajaro flamenco...».101 Esta
habría sido una deidad de tiempos del Inca o inclusive ante-
rior, reafirmada como tal bajo su dominio, y estaría asociada
al oeste, las montañas y el lugar de los difuntos. Los picaflo-
res, cualificados desde tiempos coloniales hasta la actuali-
dad como el pájaro que «renace», se dice que desaparecen
en invierno para retornar en primavera, haciendo referencia
al fenómeno de sopor o letargo estacional durante el invierno
austral. Según algunos autores, eran considerados embaja-
dores divinos de esta estación en que se abren los capullos
y empiezan a germinar las plantas, de modo que contienen
todo un sentido de la fertilidad.102

El proceso de evangelización continuó en estas tierras y hoy


la población andina tiene una férrea fe católica, sustentada
en sus cultos marianos y santos patronos, que concentra
también las fuerzas de la naturaleza y no se contradice con
las concepciones animistas del paisaje.

Durante el siglo XVIII fue el ayquineño Tomás Panire quien


lideró la rebelión regional contra la dominación colonial, vin-
culada a las rebeliones andinas de Tupac Amaru.103 El linaje
de los Panire domina así el paisaje mediante la presencia de
humanos y no humanos, de ancestros y sus descendientes,
hasta la actualidad en el siglo XXI, con la efectiva presencia
del mallku Paniri, cerro tutelar de la comunidad de Ayquina.

A partir del siglo XVII, las poblaciones de la Región de


Picaflor del Norte, valle del Río Azapa.
Antofagasta reciben un fuerte proceso de evangelización. Es
Esta especie (Rhodopis vesper vesper)
así como elementos como el culto mariano y a ciertos santos es la que se considera más común actualmente en el Loa:
se encuentra en Tarapacá y en Antofagasta,
de la cristiandad hace que se convierten en las patronas y
desde Calama hasta los 3.500 metros de altura.
patronos de estos pueblos, y sus iglesias cobijan a la Virgen Tuvo mucha importancia entre las deidades atacameñas.
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2013.
de Guadalupe (Ayquina), de la Candelaria (Caspana) y a san
Francisco (Chiu Chiu). Por su parte, la gente y los territorios de
Toconce y Cupo, que fueron parte hasta el siglo XX de Ayquina
Capilla en la fiesta del patrón san Francisco, Chiu Chiu. La
como tierras de pastoreo altoandino y de grandes extensio-
iglesia, la más antigua que se conserva en Chile,
nes de terrazas para el cultivo sobre los 3.200 m.s.n.m., hoy está construida de adobe, en tanto que su techo fue
levantado en madera de cactus, chañar y algarrobo y
son pueblos independientes, donde Santiago es el patrono
para su ensamblaje sólo se utilizaron amarras de cuero.
de Toconce y san José lo es de Cupo. Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009.

55
La fe en los pueblos andinos es muy sólida y compleja. El culto
mariano y a los santos es, en la actualidad, bastante explíci-
to en cada comunidad, coexistiendo con las deidades de los
cerros y la santa tierra Pachamama. Por ejemplo, san Antonio
de Padua es quien protege a las llamas, pero también es ce-
lebrado en junio en diferentes localidades, como Estación San
Pedro, ubicado en el plano inclinado que baja desde Inacaliri.
En Ollagüe y en Toconce santa Cecilia es la patrona de los mú-
sicos; san Roque, de los perros; y así una constelación de san-
tos son conmemorados dentro del calendario económico ce-
remonial, con una conspicua presencia en las iglesias.104

Durante el siglo XVIII transcurre la vida cotidiana impregnada


Fiesta de san Francisco, patrón de Chiu Chiu.
En las fiestas religiosas de los pueblos del altiplano de alta movilidad entre la vertiente oriental, el río Loa desde las
chileno se mezclan las tradicionales costumbres
tierras altas y la costa. Cada territorio verde en esta transecta
atacameñas con las creencias cristianas.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009. es visitado por el intenso desarrollo y diversidad de la arriería.105

El tráfico de caravanas de llamas sigue siendo una práctica


Fiesta de santa Cecilia en Caspana. propia de los pueblos originarios desde época prehispana,
Santa Cecilia es venerada en su calidad
pero durante el siglo XVI y XVII,106 aunque no desapareció,
de patrona de la música.
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2009. fue superada por la arriería colonial a lomo de burros, una

56
actividad muy frecuente asociada al tráfico de mi- transformación visual desde camélidos esquemá-
nerales desde el altiplano boliviano a la costa de ticos a caballares o el petroglifo que representa la
Cobija y al traslado de pescado seco desde la cos- cruz del calvario, tal vez también usada para de-
107
ta hacia el interior. En el siglo XIX, sin dejar estas notar el poder de la evangelización. Otro motivo
actividades, se incrementa el movimiento de ga- recurrente es el tema de los jinetes, que aparecen
108
nado vacuno desde el noroeste argentino hacia a menudo en paredes rocosas ya intervenidas con
las salitreras pampinas; el tráfico y engorde de ga- figuras prehispánicas.109
nado durante esta centuria involucró fuertemente
áreas obligadas de paso como los oasis de pie de En el año 1879, la guerra del Pacífico significó otra
puna, entre ellos Chiu Chiu y Calama, en donde se vez mucho dolor para tres naciones, sus poblacio-
cosechaban cantidades de alfalfa para los anima- nes y sus territorios involucrados, después de lo
les, forraje esencial en su dilatado viaje por la pam- cual se definen a principios del siglo XX los nuevos
pa hacia las salitreras o la costa. También es una límites geopolíticos que nos rigen hasta el presen-
época de huellas carreteras. te, el río Loa incluido.110

Un rasgo que en ocasiones acompaña rutas y ca- En síntesis, el siglo XIX significó nuevas reestructu-
minos de difícil acceso es el arte rupestre colonial, raciones y rearticulaciones sociales y económicas111
por ejemplo, en la posta de Santa Bárbara, en las para las personas en un mundo de profundos
riberas del Loa, un nodo y paso obligado que co- cambios que, con sus dinámicas y actualmente
nectó hacia la Pampa del Tamarugal y también vertiginosas transformaciones, no ha vencido el
con la ruta a Potosí. Aquí se puede apreciar una amor que la gente siente por su tierra.

57
Paisajes y pueblos originarios en los siglos XX-XXI.
Continuidades y cambios
La población originaria actual de las tierras altas ha sido más pastoril, y los vívidos relatos de don
de Antofagasta se distribuye en las dos grandes Leandro Aimani y don Nicolás Aimani así lo ates-
cuencas de la región: el salar de Atacama y el río tiguan.113 Esta zona del Loa superior ha sido bien
Loa. Mucho se ha escrito sobre ellos en estos dos estudiada arqueológicamente desde sus épocas
últimos siglos y en forma cada vez más creciente, de caza y recolección, actividades que nunca han
consciente y respetuosa, desde sus propios rela- dejado de practicarse. Su historia cubre un lar-
tos, que son vivencias de sus experiencias de vida, go tiempo de ocupación, ligado fuertemente al
sus tradiciones y costumbres que abren caminos modo de vida pastoril con asentamientos disper-
insospechados para comprender esta unidad del sos aledaños al río y caracterizado por su profuso
paisaje en la cual todo cohabita, humano y no hu- arte rupestre en las paredes líticas que flanquean
mano. Lo que nutre esta sección del Loa, así lla- el curso fluvial.114
mada en el siglo XX, pertenece a los relatos orales
que la población originaria compartió con diferen- En la otra sección alta del Loa, la cuenca del Salado,
tes investigadores; muchas de estas personas son la historia también se remonta a épocas pretéritas.
las abuelas, abuelos, madres y padres de los actua- Los generosos relatos de los actuales pobladores115
les pobladores.112 remiten a una economía agropastoril que alcanzó
a ser vigorosa hasta inicios del siglo XX. Luego, pau-
Desde las nacientes del Loa hasta el pueblo de latinamente, ha ido decreciendo debido sobre todo
San Pedro de Conchi, el asentamiento tradicional a la escasez del agua.116 No obstante, la gente que
reside en pueblos y estancias es, sin duda, cohabi- fundamentales en su vida. Los pueblos originarios
tante de un paisaje que organiza su vida cotidiana andinos son devotos de la Pachamama, la santa
Pastoreo en Caspana.
y comparte con todo lo que conforma esta convi- tierra, inserta en sus tradiciones y costumbres.
Esta localidad, ubicada
vencia: cerros, ríos, quebradas, pampas y altiplano, Esta relación implica un despliegue permanen- en la quebrada formada
por el río Caspana,
llenos de vida. Lugares todos cargados de signifi- te de esfuerzos por parte de cada familia a fin de
afluente del Salado,
cación, porque en su forma de concebir, el mundo contentar y potenciar positivamente estas fuerzas se caracteriza por las
terrazas agrícolas, así
está vivo y hay que respetar a todos los elementos telúricas y otras sacralizadas, como los cerros tute-
como por pastizales que
que lo conforman, humanos y no humanos. lares, el agua y, especialmente, los antepasados o permiten el pastoreo de
llamas, ovejas, y cabras.
abuelos, que prodigan la fertilidad y posibilitan la
Fotografía de Tomás
Cada lugar es nombrado, significado y evocado, reproducción de la vida en todas sus expresiones.117 Munita Philippi, 2010.

construyendo una red de vida de honda signifi-


cación para todos y cada uno de sus pobladores. Este paisaje es la estructura, el soporte de las me-
Es un territorio transitado, vívido y vivido, que no morias y de la historia de estos pueblos, aludiendo Agricultores en
Chiu Chiu, Atacama.
deja nada al azar. En estos espacios se construye directamente al poder transformador de la huma-
Esta localidad, bañada
la red de relaciones ecológicas, sociales y políticas nidad en la naturaleza y a la relación de interdepen- por el río Loa y por
el Salado, constituye
bajo una esfera de sacralización dinámica singu- dencia con ella,118 al mismo tiempo que les hace
uno de los mayores
lar. Esta forma de ver el mundo tiene continuida- parte de una ontología andina enraizada en una centros de producción
agrícola de la zona.
des y también cambios hasta el presente. De igual tradición social que, a pesar de las múltiples trans-
Fotografía de Tomás
modo, ciertas entidades, como los ancestros, son formaciones a través de los siglos, los sustenta. Munita Philippi, 2010.

59
El sistema de veneración a las altas cumbres está, mallku o señores; en estas alturas se encuentran
de alguna manera, relacionado con el culto de los las «mesas», altares donde las divinidades viven go-
antepasados en tres niveles de sacralidad ascen- zando de una muy buena vida, tomando alcohol
dente: el nivel más inmediato estaría compuesto y mascando coca.119 Fundamentalmente la rique-
por los parientes fallecidos, cuya disposición guar- za de los cerros se mide por sus minerales, porque
Los comuneros vuelven da cierta relación con la ubicación de los volcanes tienen agua y porque son dueños de los animales
a casa después de la
tutelares, que reciben ofrendas y sacrificios duran- que han prestado a los seres humanos. Por lo que
tradicional fiesta de
«limpia de canales» te las ceremonias del calendario ceremonial. El se- tienen y especialmente por lo que dan. La idea de
en Toconce. Es tradición
gundo nivel sería el de los «abuelos», «gentiles» o que originalmente fueron seres humanos, los au-
de los pueblos andinos
realizar la limpia de «antiguos» moradores precolombinos de la región, toriza a poseer ciertas cualidades, como la avaricia
canales de regadío de
que son profundamente reverenciados y a los que y la generosidad para con ellos. Según los conoce-
forma comunitaria, a
la vez que como rito hacen ofrendas y sacrificios en los lugares en que dores de las costumbres en los pueblos, no todos
propiciatorio agrícola.
moraron, clasificados como «abuelares», «gentila- los cerros son hombres: hay algunos femeninos a
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2009. res» o «antigüedades», y que comprenden pobla- los cuales se les confiere mayor riqueza. El poder
dos, silos, corrales, terrazas de cultivo, canales y de los mallku está impregnado de la capacidad y
otros vestigios hoy abandonados; esta reverencia el poder del Inca.120 El dominio inca en la región fue
Limpia de canales, de que son objeto los «gentiles» se basa en su sabi- tan gravitante, que hasta hoy se encuentra presen-
Toconce. Las ofrendas
duría. El tercer nivel, representativo de la más alta te en la toponimia, la tradición, el mito y el culto
de vino, chicha, harina
y hojas de coca forman sacralidad, estaría compuesto por las achachilas hacia los cerros, donde el Inca habita, modifica el
parte de este evento
–combinación de antepasados elevados a niveles paisaje y ejerce control sobre el destino del mundo.
ritual en el que se
solicita que el agua corra míticos y lugares de origen de los linajes–, que han Los ritos de las comunidades actuales en el calen-
todo el año por el canal.
adoptado la forma de cerros, volcanes, piedras u dario ceremonial a lo largo del año, tales como la
Fotografía de Tomás
Munita Philippi, 2009. otros lugares prominentes y que son denominados «limpia de canales» o el «floramento del ganado»,

60
también invocan constantemente la presencia de producir lluvias benéficas para una buena siem-
las altas cumbres. De esta manera, se presentan bra y para los pastos del ganado es explicitada en
serios indicios para considerar que la existencia de las peticiones que se le hacen con ocasión de la
una creencia sobre la sacralidad de los cerros en las limpia de canales.123
quebradas altas de Atacama tiene bastante más
de un milenio de vigencia.121 En la zona, cada unidad doméstica tiene un orden
en el nombrar a los mallku y así también los pue-
De cerro negro p’allá tenían plata enterrado, los blos; algunos, como el volcán Linzor, contienen en
gentiles. Y después vinieron los reinca. Dicen que sí la dualidad masculino/femenino (mallku tata y
trajinaban a los reinca en andas. Los reinca con- mallku talla).
versaban con cerro, con todo; aquel cerro que se
ve allá en el San Pedro... en medio del cerro hay Junto a toda esta religiosidad, durante el siglo XX,
un volcán. En una peña hay una iglesia de los los pobladores del Loa enseñaron y transmitieron
reinca. Ahí dicen había campana de oro. 122
sus conocimientos sobre los pisos ecológicos, la
flora y la fauna, constituyendo una sistematicidad
Hay una jerarquización de los mallku, wamani o científica diferente de la ciencia académica, de la
apus en cada región de los Andes y las tierras altas cual esta se ha nutrido.124 Estos conocimientos, in-
del norte de Chile, no es una excepción. Algunos sertos en una filosofía y ciencia indígenas entrete-
son muy poderosos y ricos, como Paniri mallku, jidas en la vida cotidiana, son parte del patrimonio
también llamado mallku Paniri. Mallku Paniri es la de nuestra nación pluriétnica, que en tanto sean
deidad tutelar más significativa para la gente de valorados, contribuirán a la construcción de nues-
Ayquina. Aunque es invocado en la mayoría de las tra identidad sobre la base de las diversidades que
costumbres tradicionales, su capacidad de hacer la conforman.

61
La arqueobotánica ha logrado producir un conocimiento
cada vez mayor de los restos vegetales de los sitios arqueoló-
gicos,125 lo que viene a confirmar la larga tradición de saberes
sobre el paisaje que hoy tienen los pueblos originarios.126 En el
Loa, las etnocategorías ecológicas y las unidades de vegeta-
ción son, en cierto sentido, análogas a la ciencia universitaria;
sin embargo, las categorías indígenas son más comprehensi-
vas y, en su integración del paisaje, nos dan a conocer no sólo
la geomorfología, los pisos altitudinales o la fisonomía de la
vegetación, con sus usos y función, sino también cómo son
integrados en su sistema de costumbres y tradiciones. Las
especies vegetales son utilizadas como medicina, forraje, ali-
mento, construcción, para artesanías y para rituales, al tiem-
po que son incluidas dentro de distintas unidades del paisaje:
la chacra, el campo tolar, el cerro donde crece el pajonal de
gramíneas altoandinas y plantas en cojín tan valiosas como la
yareta, prácticamente el mejor combustible natural del mun-
do.127 No son escogidas al azar por los seres humanos: como
en otros ámbitos, son nombradas, seleccionadas, clasificadas
y utilizadas de acuerdo a los principios normativos de cada
cultura, que también define cómo, dónde y cuándo recolec-
tarlas. El color de las hojas, la calidad del humo que producen
o el color de las flores, por ejemplo, son cualidades con un
valor cultural, que orientan sus taxonomías tradicionales.

Veamos algunos ejemplos sobre la fauna silvestre y


doméstica.128 Los restos arquefaunísticos y arqueobotánicos
recuperados en los sitios estudiados durante la época
prehispánica demuestran la utilización de una amplia
variedad de especies, tanto silvestres como domésticas. En el
caso de los restos faunísticos, se observa una gran diversidad Arriba: Zorro chilla (Lycalopex griseus),
Parque Nacional Pan de Azúcar.
taxonómica que va disminuyendo con el paso del tiempo. El
Este zorro es una especie muy adaptable,
registro se compone mayoritariamente de guanacos (Lama pudiéndose encontrar en climas tan adversos
como las planicies desérticas del norte de Chile.
guanicoe), vicuñas (Vicugna vicugna) y llamas (Lama glama).
Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2007.
Junto a ellos se encuentra abundante fauna menor, para
Abajo: Vizcacha (Lagidium viscacia)
diferentes usos como materias primas, fines alimenticios en el salar de Surire. Este roedor habita en zonas
cordilleranas, en terrenos secos y pedregosos
y, probablemente, otras funciones que en algunos casos la
donde pueda esconderse de los pumas.
etnografía documenta como de uso ritual. En este variado Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2013.

conjunto se encuentran roedores como vizcachas (Lagidium


viscacia), chinchillas (Chinchilla lanigera), cholulos (Ctenomys
sp.), ratón chinchilla o amo (Abrocoma cinerea), además de Flamencos chilenos (Phoenicopterus chilensis)
en la laguna Chaxa. Este cuerpo de agua superficial,
zorros (Pseudalopex griseus). También aves como suri o ñandú
situado en el centro del salar de Atacama, es considerado
(Pterocnemia pennata tarapacensis) y parinas o flamencos uno de los mejores lugares de Chile para observar
flamencos ya que sus aguas, ricas en plancton y
(Phoenicoparrus andinus y Phoenicopterus chilensis), de
microinvertebrados, permiten a estas aves alimentarse.
las cuales se han recuperado asimismo cáscaras de huevos. Fotografía de Jean Paul de la Harpe, 2017.

63
Plumas y huevos son preciados hasta hoy en donde los gentiles o chullpas habitaron la tierra
términos nutricionales y rituales. Se registran, antes de la salida del sol; eran seres sabios en
además, tortolitas de la puna (Metriopelia aymara), íntima comunicación con la naturaleza.131 En este
kiula o perdiz de la puna (Tinamotis pentlandii), tiempo anterior a la domesticación de los animales
aves acuáticas como las taguas (Fulica cornuta y plantas, la llama de los chullpas (los antepasados
y gigantea) y piuquén o guayata (Chloephaga anteriores al Inca) era la vicuña; la perdiz o p’isaqa,
129
melanoptera). Sólo en un yacimiento ubicado su gallina; su quínoa y papas corresponden a
en la serranía de Tuina se registraron algunos variedades silvestres actuales. Los gentiles están
Chañares. El Geoffroea
restos de taruca (Hippocamelus antisensis), ahora asociados a un mundo de continuidad entre los
decorticans destaca por
su extraordinaria adaptación inexistente en el área de estudio pero que, debido seres humanos y las deidades.132
al clima árido. Sus raíces
a las condiciones más húmedas y favorables,
alcanzan siete metros
de profundidad y forman durante el Holoceno Temprano habría alcanzado En la zona del río Salado, en la región del Loa su-
un impresionante sistema 130
una mayor distribución. perior que comprende comunidades asentadas
entre las plantas.
Fotografía de Guy entre los 3.000 y 4.200 metros de altitud así como
Wenborne, 2012.
El conocimiento de la fauna en el mundo andino los pastores que viven en estancias en el Alto Loa,
está íntimamente ligado a todos los niveles del en Arcas, Ichunito, Santa Bárbara o Taira, por nom-
paisaje, y las personas originarias se refieren a ella brar algunos lugares,133 las llamas son consideradas
Taguas. La Fulica
haciendo alusión a los lugares que habita, de qué se la mayor riqueza. En todo el mundo andino, tener
armillata no sube a
zonas cordilleranas y alimenta y su utilidad práctica para el ser humano. un rebaño de llamas numeroso era fundamental
típicamente habita en
Además, existiría un orden cosmológico o natural por su valor ceremonial y práctico, a la vez que un
lugares de aguas calmas.
También se registra en la en el que todos estos elementos tendrían un ahorro frente a gastos imprevistos de la unidad fa-
desembocadura del Loa.
«dueño», ya sea humano o no humano, divinidades miliar. Cada llama provee en la trasquila de seis a
Fotografía de Guy
Wenborne, 2014. o antepasados. Existe un tiempo mítico primigenio ocho kilos de lana. Salvo muerte por accidente, no

64
se consumen ni venden sino en ocasiones de cere- Los ovinos han llegado a ser mayoritarios en las
monias específicas, dentro de un ciclo calendárico vegas. En los pueblos también se mantienen
religioso anual bastante lleno de conmemoracio- ovejas, las cuales reciben pasto (alfalfa y unquillo,
nes, casi mes a mes en promedio. Las llamas son Baccharis juncea, y otras especies)134 en el corral,
las que tienen más movilidad y su ciclo anual com- antes de mediodía; después son conducidas a la
prende distintos pisos ecológicos. vega por el pastor y sus perros. La oveja no puede
pastar sola, como es el caso de llama y alpaca. Se
En cuanto a las alpacas, a principios de 1990 el Servicio la lleva también a la quebrada y se utiliza, además,
Agrícola Ganadero (SAG) ofreció en esta zona a cada la broza de las andenerías y las champas del canal
unidad doméstica el regalo de cinco alpacas, a con- de riego.
dición de que luego les fuera devuelto un ejemplar.
Todas las unidades que se consideraron capaces de Los caprinos son una adquisición más tardía y
cuidarlas aceptaron el total ofrecido o, al menos, un aunque son valorados por su leche (para elaborar
macho y una hembra reproductivos. En los pisos quesos, consumo familiar, intercambio interno y
más bajos (3.000 m.s.n.m.) las alpacas se mantienen venta), son considerados remolones para pasto-
todo el año en la vega, específicamente en el corral, rearlos y más lentos que las ovejas. En la segunda
alimentadas con alfalfa; en la mañana y en la tar- mitad del siglo XX, un caso de manejo se desarro-
de se llevan a la vega a comer pasto fresco y tomar lló en la localidad de Turi. Los lugareños organiza-
agua. En lugares más altos (3.400 m.s.n.m. y más) ron una cooperativa para poner en marcha una
la alpaca se deja libre en la transición tolar-pajonal, lechería con el fin de producir queso de cabra. El
pero en un radio relativamente cercano al pueblo. resultado fue tan exitoso que en esa época el pro-
Hay variedad de pastos frescos y agua suficiente ducto se comercializó incluso en los supermerca-
para que beban en las vertientes y ojos de agua. dos de Calama.

65
Las unidades familiares residentes en el Loa suelen a la situación particular de cada unidad doméstica,
tener algunos burros, principalmente para trans- para buscar apoyo externo cuando disminuye la
porte y carga, a veces en pequeñas recuas para el cantidad de pastores debido a que los niños deben
intercambio entre comunidades. Hasta mediados ser enviados a escuelas de concentración de fron-
del siglo XX, según cuentan los antiguos poblado- tera o a la ciudad más próxima, al servicio militar
res, las caravanas de llamas partían de Copacoyo y obligatorio para los muchachos o al trabajo de mi-
Toconce hacia Atacama en marzo y abril, época de nería, ferrocarril, turbinas, vialidad u otros servicios,
recolección de los frutos de chañar y algarrobo en en el caso de los jefes de familia. Para solucionar la
los oasis de pie de puna. Los arrieros (caravaneros) falta de pastores se recurre al pasteaje por períodos
iban en burro, conduciendo de diez a veinte llamos definidos entre las partes: así, una pastora puede
cargados con charqui. tener una cantidad en pasteaje, por ejemplo, de 30
corderos para pastorearlos con los propios, si su re-
El pastoreo es preferentemente realizado por mu- baño no excede de unos 60 a 70 ovinos.135 Hay una
jeres. A partir de mediados del siglo XX y por razo- fina práctica de rotación ganadera entre los pisos
nes vinculadas al sistema escolar, los niños de ocho ecológicos y las unidades del paisaje con el fin de
a diez años de ambos sexos y adolescentes sólo maximizar la diversidad del forraje y obtener una
pueden ejercer esta tarea en las épocas de vaca- buena alimentación, multiplicación y mantención
ciones. Existe la flexibilidad necesaria, de acuerdo del ganado, camélido principalmente.

66
Minería, pasado y presente136
En plena globalización del siglo XXI, en este mundo coexisten
comunidades más y menos tradicionales. Toda la población Pastoreando en los tapiales del ayllu
Conde Duque, San Pedro de Atacama.
habla castellano y se mantiene conectada con los centros ur-
Las aguas del río San Pedro permiten que,
banos por temas vinculados mayormente a la educación, el mediante canales de regadío, el ayllu
Conde Duque cuente con predios de alfalfa,
trabajo asalariado y el comercio de su producción agrícola y
destinada a la alimentación del ganado ovejuno.
ganadera, esta última cada vez a menor escala. Es notoria la Fotografía Fernando Maldonado, 1984.

incorporación de elementos de la cristiandad a partir de la


fuerte extirpación de idolatrías, como el culto mariano y la
veneración de ciertos santos, así como, en menor medida, Salar de Talar, Atacama.
También llamado Piedras Rojas,
del pentecostalismo y de la educación formal instruida por
por una serie de grandes bloques de piedra
el Estado de Chile, homogeneizadora y chilenizante.137 Las de ese color que se encuentran en la orilla,
destacan los matices gris rojizo de los cerros
lenguas nativas habladas prácticamente han desaparecido,
que rodean el blanco salar y las aguas del lago
pero se mantienen en la toponimia local y especialmente en salado, de un pálido tono azul verdoso,
además del color amarillo intenso que le
el conocimiento vernáculo del universo de plantas y fauna sil-
confiere la «paja brava» que crece a esta altura.
vestres de las tierras altas. 138 Fotografía de Cristián Aguirre Duffourc, 2018.

67
Este largo fluir entre el altiplano y el mar ha sido profunda-
mente intervenido por obras vinculadas al desarrollo de la
minería139 y a la necesidad urbana, siempre creciente, respec-
to del agua. La Región de Antofagasta contiene grandes re-
cursos mineros, sobresaliendo actualmente el cobre y el litio.
Desde el siglo IX, esta labor extractiva y productiva ha estado
presente en la vida de los loínos.

Efectivamente, en el presente y como ocurrió durante el pe-


ríodo colonial y republicano, el territorio, los recursos y, en
consecuencia, la población están sometidos a diversas pre-
Chuquicamata, Atacama. Esta mina a cielo
abierto, considerada en su momento una de siones, tensiones y acuerdos por parte del Estado asociado a
las más grandes del mundo en su tipo, recibió
las grandes empresas de explotación minera, que requieren
originalmente concesiones de agua de los ríos San
Pedro, Toconce y Lequena para su funcionamiento. de enormes volúmenes del agua, energía y geotérmica que
Fotografía de Tomás Munita Philippi, 2011.
se encuentran en este paisaje y que involucran a todas sus
formas de vida. Estas tensiones manifiestas y latentes afec-
tan a la calidad de vida y enfrenta a los habitantes de la zona
Río Loa a su paso por el viaducto de Conchi.
a una permanente negociación en distintos niveles de com-
Este puente, originalmente construido para
el ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, tiene una plejidad, a la que se suma la migración progresiva a las ciu-
altura de 103 metros sobre el río, lo que lo convierte
dades de Calama y Antofagasta y la necesidades de estudio
en uno de los más altos de Chile.
Fotografía de Guy Wenborne, 2014. y oportunidades laborales.

68
Primero fueron las concesiones al ferrocarril y excepción, la comunidad de Toconce ganó un li-
luego, ampliamente, las concesiones mineras y tigio para recuperar «la cuarta parte de sus anti-
140
del agua potable para las ciudades. Las dulces guos derechos de agua»143 a la Dirección General
aguas del río Toconce fueron entubadas y la gente de Aguas. Existe un registro de las batallas que
tuvo que adaptarse a turnos fatigosos para regar han acometido las diferentes comunidades del
sus terrenos agrícolas, así como a la pérdida paula- Loa por defender estos derechos, lo que demues-
tina del usufructo de un vasto territorio, diverso en tra la resistencia por parte de los pueblos origina-
recursos vegetales de diferentes usos.141 rios a abandonar su modo de vida tradicional y la
posibilidad de crear un turismo sustentable.144
El agua del Loa, sus afluentes, las vegas ribereñas
y las aguas subterráneas y termales han ido dismi- La merma constante del agua, la necesidad de ac-
nuyendo dramáticamente, en especial el agua de ceso a la educación formal y las fuentes de traba-
mejor calidad. Así, magníficos bofedales de altura jo asalariado han obligado a realizar migraciones
se han convertido en inhóspitos salares por el uso forzosas desde los antiguos pueblos hacia la ciu-
industrial y urbano. La gran vega de Inacaliri, de dad, con la consecuente disminución de la riqueza
ser un lugar de pastos lleno de vida, se transfor- de un modo de vida tradicional. Todo ello lo vio y
mó en un salar desértico debido a la instalación de advirtió un estudio realizado a mediados del siglo
azufreras que, además, envenenaron a grandes re- XX, señalando los riesgos de la «racionalización del
baños de camélidos. Otro tanto ocurrió en los Ojos riego y de las obras asociadas a la minería», 145 que
de San Pedro y Quillagua. El agua que alimenta hoy son de tal envergadura que nos llevan a pen-
la vega de Turi fue salvada por los comuneros de sar la crisis del agua a nivel no sólo del otrora ge-
142
Ayquina en sedes judiciales. Como segunda neroso río Loa, sino de la nación entera.

69
Adicionalmente, en los últimos decenios, «las napas signo positivo para ellos mismos y para la socie-
subterráneas han descendido varios centenares dad en su conjunto.
de metros, debido a su sobreexplotación y a que
las precipitaciones en la zona andina son cada vez Hay una responsabilidad del Estado en cuanto que
más escasas y erráticas, efecto del cambio global». debiera hacer un esfuerzo sostenido en conside-
En este contexto, las tasas actuales de extracción rar los saberes de los pueblos del río Loa, que son
se presentan como insostenibles. La presión sobre los mayormente afectados por la gran minería del
un recurso finito, el aumento de los conflictos so- cobre. El Estado no ha escuchado la sabiduría de
cioambientales, las fallas y problemas regulatorios los pueblos originarios en el cuidado del agua, en
del sistema chileno y la relación de las personas con su uso y finalidad. La población urbana no ha sido
el agua, sumado a los efectos del cambio climático, educada en buenas prácticas en el uso del agua. Es
evidencian la urgente necesidad de articular pro- necesaria una educación comunitaria urgente y, en
146
fundos cambios que caminen hacia un equilibrio. cuanto a los empresarios, una actitud ética y moral.
Buscar medios tecnológicos más sustentables y
Los ecosistemas nativos son cada vez más frágiles, respetar los acuerdos de protección hacia la pobla-
producto de una explotación no siempre planifi- ción, que existen, pero no se aplican. Recién ahora
cada, y a veces han sido sacrificados por una vi- se empiezan a buscar soluciones macroefectivas,
sión de progreso. Ello ha atentado contra modos como puede ser la construcción de plantas desa-
de vida tradicionales indígenas que conservan sa- linizadoras de agua de mar. Sería una visión muy
beres ancestrales, muchos de los cuales pueden estática y esencialista suponer que estos conoci-
ser considerados en beneficio de un desarrollo de mientos y tradiciones no han sufrido alteraciones
en el tiempo; sin embargo, existe una matriz básica que se
manifiesta en identidades bien definidas entre los pueblos.

Esta raigambre en sus costumbres y tradiciones permite


generar una imagen del pasado por parte de los pueblos
originarios. Un pasado desde el presente, que reafirma su
identidad y los nutre en cómo ser en el mundo actual. Esta
historia le otorga un sentido a sus saberes y a sus quehace-
res. Sobre estas bases, se solidifica una noción colectiva,
como un artefacto multifuncional, integrando los distintos
elementos que forman su esfera de realidad. Lo que hacen y
piensan, el paisaje natural y el paisaje socialmente construi-
do, su historia y su sentido.

Nuestra sociedad mayor debiera desarrollar la capacidad de


valorar las diversidades biológicas, sociales y culturales que en-
riquecen a una nación y que tuvieron base en modelos de pen-
samiento fundamentados en una conciencia socioambiental,
que promueve la solidaridad intra e intergeneracional, el res-
Río San Pedro, afluente del río Loa.
peto por la heterogeneidad y la integración en un concepto
Al fondo se ve el volcán San Pedro, de 5.974 m.s.n.m.
inclusivo de paisaje.147 Fotografía de Guy Wenborne, 1998.
Río Loa, La imagen aérea
muestra el río Loa como
un profundo tajo en el
desierto más árido del
mundo, el de Atacama.
Fotografía de Guy
Wenborne, 2018.

72
74
ARTE RUPESTRE
Obras maestras en la cuenca del Loa
José Berenguer Rodríguez

Con la excepción de los geoglifos, las antiguas manifestaciones gráficas


(grabados y pinturas rupestres) de la hoya hidrográfica del río Loa se hallan
casi exclusivamente en valles y quebradas. Este artículo ofrece una sínte-
sis de algunos de los principales estilos de arte rupestre del río Loa en una
secuencia temporal.

Estilo Kalina
A fines del período Arcaico Tardío El único símil de Kalina fuera de la cuenca
(4000 a 1500 a.C.), uno de los más del Loa es el estilo Puripika, consistente
antiguos estilos es Kalina, cuyos sitios en camélidos naturalistas grabados en
se encuentran principalmente en el pequeños bolones de piedra, que fueron
brazo superior del río Loa (de aquí en encontrados en campamentos al norte
adelante, Alto Loa). Kalina se caracte- del salar de Atacama. Sus ocupantes
riza por representaciones naturalistas eran cazadores que estaban iniciando
de camélidos de diferentes tamaños, la domesticación de camélidos,2 por lo
ejecutadas mediante finos grabados que este arte rupestre puede haber sido
e incisiones. Los animales son repre- parte de «un culto auspiciatorio y de fer-
sentados en forma lateral, con cabeza tilidad en torno a llamas domesticadas»,
triangular, una o dos orejas verticales o tendiente a asegurar simbólicamente la
dirigidas hacia atrás, sólo dos extremi- sobrevivencia de estos primeros reba-
1
dades y sin indicación de pies. ños.3 Varios paneles muestran hembras
con fetos en el vientre —como si se
Las imágenes se localizan en pare- tratara de ecografías—, algunas de las
dones abiertos y abrigos rocosos del cuales tienen la cabeza vuelta hacia atrás,
cañón del río y omiten las representa- un gesto, al parecer, típico de las madres
ciones de humanos y otros animales. en el instante del alumbramiento.

Grabados de estilo Kalina en el Alero San Antonio, Alto Loa.


En la imagen se observan representaciones de camélidos,
incluyendo hembras con fetos en sus vientres.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2017.

75
Estilos Taira y Confluencia
Kalina se configura como un precursor de ambas técnicas. Pese a que el cuerpo reconocibles en la naturaleza. En el río
estilístico e iconográfico de Taira, un es- de los animales es presentado de perfil, Salado, en cambio, son más comunes
tilo que ha ha sido atribuido al período se observan las dos orejas y las cuatro las imágenes de wallatas (Cloephaga
Formativo Temprano (1500 a 1 a.C.) y extremidades, como si sus artífices sp.) y otras especies de ánades.
que prolifera en muchas quebradas de quisieran mostrarlos simultáneamente
la región, a una altitud de entre 2.500 y de frente, desde atrás y de lado. Más Los paneles con representaciones de
3.300 metros, en un arco de 330 kilóme- escasas son las imágenes antropomor- camélidos y aves se encuentran, por lo
tros entre 21° y 24° latitud sur. En el valle fas, que hasta ahora sólo se registran en general, en lugares donde hay manan-
del Alto Loa se encuentra en cuevas unos pocos sitios del Alto Loa, siempre tiales, como parte de una cosmogonía
utilizadas como refugios temporales, en posición de perfil y por lo general pastoril relacionada con la fertilidad
en las paredes del cañón y en bloques desnudas, portando artefactos alar- y la multiplicación de los rebaños.
4
aislados, todos cerca de vegas. En el gados y objetos similares a tambores. Basándose en este y otros argumentos,
valle superior del río Salado, el más im- Otros elementos, hasta el momento los camélidos del estilo Taira han sido
portante afluente del Loa, las imágenes privativos del Alto Loa, son los orificios y identificados como llamas.7 No sólo
de estilo Taira se encuentran solamente la representación de vulvas y falos.6 De eso: el arte rupestre y la disposición de
en las paredes rocosas, particularmente mayor distribución en las quebradas, las rocas en el Alero Taira, un abrigo ro-
5
en las confluencias de los ríos. pero en mucha menor cantidad, son coso del río Loa situado a unos 90 kiló-
las figuras de felinos. Asimismo promi- metros al noreste de Calama, sugieren
El estilo Taira consiste en representa- nente es la representación de aves aso- que en el lugar los pastores realizaban
ciones naturalistas de camélidos de ciadas a camélidos en los sitios del Alto ceremonias para la reproducción de
diferentes tamaños, principalmente Loa, donde hay imágenes de suris (Rhea dichos animales, en conexión con los
mediante grabado o pintura y, menos sp.), parinas (Phoenicopteridae), kiulas manantiales de las proximidades y con
a menudo, mediante una combinación (Tinamotis sp.) y aves sin referentes la constelación de la Llama y su Cría.

76
Otro notable estilo de arte rupestre de esta época es
Confluencia, que hasta el momento se ha encontrado exclusi-
vamente en la cuenca alta del río Salado. Se trata de pinturas
que mezclan en una misma composición figuras antropo-
morfas con zoomorfas, generalmente camélidos,8 pintadas en
rojo y en rojo-amarillo, de preferencia en el interior de abrigos
rocosos de uso transitorio y con menos frecuencia en el exte-
rior, inmediatamente fuera del área de reparo de los aleros. El
balsero ensartando un pez con su arpón y la extraña figura de
un ser mitad camélido y mitad humano del Alero El Pescador,
en el río Caspana, son interesantes ejemplos de este estilo.
Las pictografías de Confluencia se caracterizan por el peque-
ño tamaño de las figuras (unos veinte centímetros de alto), Izquierda: Pictografías de estilo Confluencia
en el Alero el Pescador, río Caspana.
siempre de perfil, la acentuación de los rasgos anatómicos y
Se puede apreciar la representación de un balsero
su dinamismo. En el Alero Los Danzantes, en el mismo río, los arponeando un pez, un ser antropomorfo con cabeza
vacía y un individuo mitad humano y mitad camélido.
antropomorfos aparecen desnudos o vestidos con un faldellín,
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
provistos de un penacho o portando artefactos alargados en
Derecha: Pictografìas de estilo Confluencia
las manos, presumiblemente propulsores y dardos.9 Algunas en el Alero de Los Danzantes, río Caspana.
Se distingue la representación de individuos
representaciones de camélidos erguidos en sus patas trase-
antropomorfos de cara vacía portando varas
ras evocan seres humanos, aludiendo, quizás, a ceremonias en las manos y vistiendo largos faldellines.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1996.
en las que se tornaban difusos los límites entre «animalidad»
y «humanidad». Una investigación comparó las proporciones
corporales de los camélidos reales con los del arte rupestre,
Alero Taira. Situado a 90 kilómetros al noreste de Calama,
concluyendo que si bien los animales de Confluencia son es-
este alero constituye un abrigo rocoso del río Loa.
pecies silvestres, los de Taira son efectivamente llamas.10 Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

77
Los estilos La Isla y Cueva Blanca
El período Formativo Tardío (1 a 1000 nes tanto grabadas como pintadas en
d.C.) en las quebradas subandinas del rojo, en paredones rocosos del interior
río Loa coincide con la aparición de dos del cañón, cerca de vegas y a la vista
estilos de arte rupestre cuyas imágenes de cualquier persona que circule por el
indican la incorporación de las comuni- valle. Grabados y pinturas del personaje
dades locales en redes de interacción de los brazos alzados se pueden obser-
interregionales: La Isla, en el valle del var en Lasana, en quebrada Yalquincha
Alto Loa, y Cueva Blanca, en la cuenca y en el salar del Rincón (Jujuy), alrede-
alta del río Salado. dor de 270 kilómetros al sureste del
Alto Loa, entre otros lugares.
Más que como estilo, La Isla se com-
porta como una iconografía rupestre, Las imágenes de La Isla y Cueva Blan-
ya que sus principales íconos tienden a ca son iconográficamente similares a
repetirse bajo diferentes modalidades las que aparecen en textiles del perío-
11
estilísticas. El más usual es un indivi- do Formativo,12 en tabletas de madera
duo antropomorfo con apéndices que para el consumo de sustancias psico-
irradian de la cabeza, representado de trópicas, en geoglifos y petroglifos de la
frente y con los brazos alzados, con un vecina Región de Tarapacá y en escultu-
cetro o propulsor en cada mano, a ve- ras de Tiwanaku. Estas similitudes a lar-
ces con un faldellín y en ocasiones con ga distancia sugieren intercambios de
atributos felínicos. En ciertos casos apa- información, donde ciertas imágenes
rece sólo la cabeza radiante y en otros circulan a través de extensas redes de
se encuentra sobre un trono de un interacción, siendo probablemente rein-
camélido de dos cabezas. Hay versio- terpretadas en cada contexto cultural.

Estilos Santa Bárbara y Quebrada Seca


Santa Bárbara, en el Alto Loa, y Quebrada hacia abajo, dos extremidades rectas y Precedidos a veces por una figura
Seca, en el río Salado, constituyen los en tamaños que rara vez sobrepasan los antropomorfa, los camélidos de estilo
estilos de arte rupestre más represen- veinte centímetros de alto. Los grabados Santa Bárbara y Quebrada Seca forman
tativos del período Intermedio Tardío de estilo Santa Bárbara se localizan en en ocasiones filas de varios animales
(1000 a 1400 d.C.) de la hoya hidrográ- paredes rocosas del cañón, en bloques unidos por una cuerda. Otros llevan un
fica del río Loa. Conspicuas en ellos son, aislados o en los muros de las vivien- bulto a sus espaldas a modo de costales
una vez más, las imágenes de llamas, das, mientras que los de Quebrada o talegas. Estas representaciones con-
sólo que en este período se vuelven Seca están en los muros del poblado vencionales de la llama, particularmen-
esquemáticas, con gran economía de de Turi, un enorme asentamiento del te de la llama carguera, pertenecen a
líneas, síntesis formal y carencia de di- Intermedio Tardío más tarde intervenido una modalidad muy difundida en los
13 14
namismo. Aparecen aisladas, en pares por los incas, así como en las paredes Andes Centro-Sur,15 cuya evidencia más
o dispersas en un panel, vistas de lado, de las quebradas, junto a terrazas de cul- temprana tal vez se encuentra en algu-
con una oreja erguida o doblada hacia tivo, corrales, silos, yacimientos mineros nas vasijas de Tiwanaku, pero recién se
adelante, cuerpo angosto, cola doblada y senderos de acceso al monte. populariza después de la caída de este

78
Estado altiplánico, cuando el tráfico de caravanas alcanza su
punto más alto.16 Santa Bárbara y Quebrada Seca son expre-
siones rupestres cuyas particularidades estilísticas segura-
mente fueron desarrolladas dentro de la región, pero, a juzgar
por la amplia distribución geográfica de esta iconografía, su
origen se encuentra en otras partes, acaso en grupos de pas-
tores y caravaneros que sobrevivieron a la fragmentación de
la esfera de interacción de Tiwanaku a comienzos del período
Intermedio Tardío. Miles de imágenes de llamas aparecen en
grabados, pinturas y geoglifos junto a rutas de caravanas a lo
largo de una vasta área del desierto. En este sentido, convie-
ne destacar el campo de geoglifos de Chug Chug, adyacente
al curso del río Loa Medio.

En el siglo XV, los incas arriban por primera vez a la Región de


Antofagasta. Hasta la fecha no se ha encontrado en el río Loa
ningún estilo de arte rupestre que pueda atribuirse fehacien-
temente a dicha cultura, pero algunos autores postulan que
parte de los camélidos esquemáticos grabados en los muros
del poblado de Turi y en sitios como Bajada del Toro, en el
Alto Loa, fueron hechos durante del período Tardío o Inca.17
En cualquier caso, los estilos Santa Bárbara y Quebrada Seca
persistieron durante la ocupación incaica de la región, como
se aprecia en el caso de los escutiformes pintados en las pa-
redes del Alero Santa Bárbara, al parecer realizados por indi-
viduos del noroeste de Argentina trasladados a la región en
el período Inca para trabajar en las minas de cobre y turque-
sa, como las de Conchi Viejo y San Antonio del Abra.

Arriba: Grabados de estilo Santa Bárbara I, Alto Loa.


Conclusión Representaciones de personajes antropomorfos con cascos, pieles
de felinos moteados y abajo, caravana de llamas unidas por una cuerda.
Podría concluirse que las diversas expresiones estilísticas e
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
iconográficas del arte rupestre de la hoya del río Loa fueron
Abajo: Diseños de «maquetas» y camélidos grabados
dispositivos simbólicos que desempeñaron diferentes funcio- en una roca de Quebrada Seca, río Toconce.
Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.
nes. Grabar y pintar las rocas, así como modificar el desierto
trazando enormes figuras en su superficie, funcionaron, mu-
chas veces, como transacciones rituales con las divinidades
Arriba: El estilo de arte rupestre La Isla, situado en un meandro de este
para asegurar la subsistencia, pero también medios discursi-
nombre en el Loa, presenta estos grabados, uno de los cuales es este ser
vos tanto para ejercer el poder como para expresar identidad antropomorfo con cabeza radiada, sentado en un altar con cabezas de camélidos.
Fotografía de Fernando Maldonado, 2010.
cultural. Ambos aspectos han estado estrechamente involu-
Abajo: Pictografías aguas arriba del Alero de Taira. Aquí aparecen pictografías
crados en el proceso de construcción social del mundo ata-
de un suri o avestruz andina y una figura antropomorfa de aspecto simiesco.
cameño durante al menos los últimos cinco mil años. Fotografía de Fernando Maldonado, 1986.

79
COPIAPÓ
De Mama Copayapu
a San Francisco de la Selva
Río Copiapó, sector Las Juntas.
Según el naturalista Ignacio Domeyko,
Gastón Castillo G. · Miguel Cervellino G. «A donde se estrecha y parece terminar este
valle, tres ríos se juntan para formar uno solo,
el de Copiapó: estos ríos son el Jorquera,
A nuestros queridos amigos Hans Niemeyer, arqueólogo de inspiradora el Pulido y el Manflas, cuya confluencia
se llama Las Juntas» (Jeología. Santiago:
pasión, y Sixto Aróstica, arriero de sabias andanzas. Fueron ríos también, en
Imprenta Cervantes,1909).
donde germinamos oyendo el llamado de cantarinas aguas. Fotografía de Guy Wenborne, 2013.

Bordeando vegas y salares coronados sólo hay una distancia de 130 kilóme- rrizo, paja brava y cola de zorro entre las
por cerros tutelares, bandas de caza- tros hasta el océano Pacífico, corredor gramíneas; molle, restos de brea, be-
dores alzaron campamentos a 4.000 hídrico que a partir del siglo XIX concitó rraco, algarrobo, chañar y otras ramas
1
m.s.n.m. entre paños de recursos hídri- la atención de muchos estudiosos. de árboles y arbustos, pero por sobre
cos que gota a gota generaron las cuen- todo hay que destacar la existencia de
cas formativas de los ríos Salado y Copia- Llegan las aldeas buena cantidad de semillas de plantas
pó. La disponibilidad de materia prima y la agricultura cultivadas, de mazorcas y granos de
para confeccionar herramientas de caza, Son épocas de pueblos sedentarios, maíz amarillo y morado; de cucurbitá-
el movimiento de caudal en caudal, la agricultores ajustados al ritmo de las ceas y porotos morados y overos (Fa-
adaptación a condiciones sumamente aguas colindantes que aumentan in- seolus vulgaris)…». Agregamos a esto
rigurosas y la sapiencia y los pies ligeros tempestivamente con chubascos de cordelería de fibra vegetal y «una gran
para seguir a ñandúes y camélidos les gran intensidad, provocando bruscas variedad de puntas de proyectiles en
hacía innecesario descender y encajo- bajadas de quebradas que modifican calcedonia, al lado de numerosas las-
narse en la estrechura de los valles. el paisaje local, aquello que los actuales cas pequeñas y astillas producto de la
lugareños llaman «roturas de nubes». talla de la calcedonia». 2
En estos valles se gestó una historia La agricultura se ejercía a través de
más tardía respecto a las correrías de acequias que derivaban agua de que- Con la sequedad del Despoblado de
los trashumantes cordilleranos en la bradas laterales y a veces del mismo Atacama mordiendo los talones de
Región de Atacama, limitando con el río. En los albores de la era cristiana, la quien arribe desde el septentrión al
cordón fronterizo de Argentina y con naturaleza de grutas como Cueva del «San Francisco de la Selva» o «Valle de
las cuencas cerradas de los salares Ma- León permitió almacenar excedentes la posesión» de los impávidos ibéricos,
ricunga, Negro Francisco y Laguna Ver- de cosechas a la vera del río Ramadillas, el plateado Copayapo de las crónicas
de, en una superficie de 18.400 kilóme- tributario del Pulido, a 2.115 m.s.n.m., propició el latir de aldeas, siendo el valle
tros cuadrados en La Junta, donde los donde, evocando la descripción hecha del Pulido donde los pueblos habitaron
caudales del Jorquera, Pulido y Manflas por Niemeyer en 1998: «…por debajo de empinadas laderas mediante la excava-
forman el río Copiapó. los 40 centímetros de guano de cabra, ción de plataformas, mientras que en
había una potente ocupación com- los planos más bajos demarcaron redu-
Enfrentando por el norte el desierto puesta por mucho material vegetal de cidos espacios cuadrangulares carentes
más árido del mundo, desde La Junta plantas silvestres de la zona, como ca- de paredes, a lo más, un bajo pircado.

81
El arrinconamiento de las aldeas res- etc., cosechándose vainas de algarrobo,
pecto al paso del río y el mimetismo de frutos de pimiento boliviano, drupas de
las mismas en medio de gruesos pe- chañar y semilla del carbonillo. Ello, su-
dregales insinúa escaramuzas defensi- mado a la crianza de llamas y cacería
vas por el control de la tierra que van practicada por quienes vivían en torno
desde los poblados Molle a Ánimas du- a vegas como El Torín, a 2.600 m.s.n.m.
rante ochocientos o novecientos años.
Luego, los pueblos Ánimas ligados al
Algarrobas, chañares, calces y cultivo Pulido (Puntilla Blanca, Quebrada Seca,
de algodón, describió el cronista Vivar Cabra Atada) y Copiapó (La Puerta) se
como flora local durante el siglo XVI, mezclan con componentes Aguada
aunque ya en los primeros sesenta años procedentes de parajes trasandinos. Ya
de la era cristiana, el tejido a telar de al- no se convive con los muertos y los tú-
godón cubría la piel de moradores en mulos funerarios están a cierta distan-
Carrizalillo Chico. El algarrobo denota cia de los poblados, aunque a la vista de
haber tenido un rol protagónico, porque los parientes.
si los frutos producían chicha, las ramas y
emparrillados formaban parte de túmu- Las tierras y acequias vecinas a las vi-
los funerarios insertos entre las habita- viendas, las azadas y morteros de piedra,
ciones, acentuando el hábito de convivir derivan de viejas tradiciones, así como
con los muertos, como en Cabra Atada. la guarda de excedentes agrícolas, gra-
El empleo de esteras de carrizo para de- ficada en un par de graneros de barro
positar los cuerpos o los rellenos de los escondidos en grietas del acantilado
mismos con paja de cortadera y hojas de Quebrada Seca. El río está en todo,
de litre iban a la par con las colectas de desde la humedad para la fructificación
productos para hacer bebidas, harinas, de la caña, convertida en astiles donde

82
calzar labradas puntas de flechas, en el de Juan Bohón»), mientras que, asocia-
amasijo del barro para levantar los de- das al pukará de Punta Brava, bajo un
pósitos, en el cántaro con que apaciguar planchón rocoso había corontas de maíz
la sed y en la germinación de semillas cubiertas por ramas, y dentro de una
de pacul, algarrobo, poroto, zapallo, cala- cueva se hallaron semillas de porotos.
baza, maíz, celosamente resguardados.
Chalas de maíz, cordeles de lana y fibras A estas alturas comienza una minería
vegetales constan también en el inven- a escala antes desconocida, expresada
tario, sugerencias directas, en el caso de en Viña del Cerro y sus veintiséis hornos
la cordelería, de actividades ganaderas: de fundición, procesamiento de mine-
hatos de llamas, lo más probable. rales, población circulante, etc.,6 reite-
rando el rol alcanzado en la economía
La presencia de mineros Ánimas cru- política del Imperio incaico respecto a
zando el inclemente despoblado para la la elaboración de bienes de prestigio
explotación de la mina de Las Turquesas, en una cadena de producción de largo
a casi 3.000 m.s.n.m., demuestra que a alcance. Se amalgama cobre de extrac-
lo menos desde el siglo VIII d.C. era me- ción local y estaño, que bien podía ser
De arriba abajo: Collar de cuentas de turquesa.
nester moverse en terrenos climática- obtenido en el sur de Bolivia o noroes- Minerales y metales estaban dentro de los
objetos que más activamente participaban
mente adversos. te argentino, para el uso del preciado
de las redes de intercambio, el ceremonialismo
bronce estañífero en manos de orfe- religioso y el simbolismo político y étnico
durante el período Medio.
Materializada la mixtura entre incas, bres trasandinos.7
Fotografía de Fernando Maldonado.
diaguitas y copiapoes, continúan eclo- Colección Museo Arqueológico R. P. G.
Le Paige, S. J., San Pedro de Atacama.
sionando las aldeas. La piedra, adobes, Aun cuando en Copiapó no se produjo
Punta de proyectil tallada en piedra.
adobones y tapiales remozarán la línea una transformación agrícola de relevan-
Este instrumento lítico se usaba como
constructiva. El acceso a vegas cordille- cia para los incas,8 sí fueron trascenden- cabeza de proyectil arrojadizo. Alto 4,8 cm.
Colección Museo Regional de Atacama.
ranas propicias para la crianza de camé- tes la «geografía sagrada» y el Qhapaq
Punta de proyectil perteneciente
lidos se torna relevante dado que, según Ñan en la mina Las Turquesas, garan-
a la cultura Las Ánimas. De forma triangular
palabras de Niemeyer en sus continuas tizando, además, acceso al agua como alargada, bordes aserrados y base plana,
está elaborado en piedra tallada
excursiones por esas alturas, a orillas de recurso estable, luego que lo más fiable
bifacialmente y con retoque continuo.
los aguajes «el inca hizo instalaciones en el despoblado eran el nacimiento del Colección Museo Regional de Atacama.

arquitectónicas destinadas a proveer río Salado y las aguadas y vertientes de Punta de proyectil perteneciente a la cultura
9 Las Ánimas, Período Medio. Elaborada en piedra
un mejor pie para la explotación en la Quebrada de Chañaral Alto.
tallada bifacialmente
3
crianza de camélidos», al tenor de una con retoque continuo en los bordes.
Color rosado. Largo 39 mm.
geografía sagrada significativamente Dado que en el desierto había «xaque-
Colección Museo Regional de Atacama.
plagada de adoratorios de altura y en yes de muy poca agua»,10 la acuífera co-
el dominio de los cerros «dadores de piapina continuó sustentando salidas
4
agua», las Apu o ancestros protectores a plena pampa, y así hubo que llenar
Arriba: Valle de Camiña. Las laderas de Camiña
de los campos de cultivo.5 «...muchos zaques de cueros de piernas suelen estar compuestas por takanas o terrazas
con el fin de obtener mayor superficie de cultivo
de cordero y ovejas…» en la aventura de
y es en estos terrenos donde generalmente
Por su parte, en los tramos intermedios Tupac Inca Yupanqui desde Copiapó al se cultiva el maíz, por ser más rústico y resistente
en suelos carentes de buena fertilidad natural.
del río Copiapó «tres silos o kolkas conti- territorio atacameño;11 destino que Al-
Fotografía de Guy Wenborne, 2008.
guas» parecen haber tenido acceso por magro también vivió en carne propia en
Abajo: Frutos del pimiento (Schinus molle).
techos a base de tortas de barro («Fuerte su áspero regreso al Perú. Colección Alamy.

83
A la vez, ganado ovejuno, viñedos, quin- “contener el peso que supuso el extrac- pastores trashumantes cordilleranos
tas de frutales, molinos para procesar tri- tivismo agrominero en desmedro de los mestizados con sangre aimara (Quispe,
go, obrajes, aguas y servidumbres, tierras intereses del grupo encomendado del Mamani, entre otros) en las tierras al-
13
vacas, etc., complejizan la cotidianeidad valle…”». Los juicios entablados por ca- tas del río Salado hasta el río Jorquera
del léxico de aquí en más. El río, llamado ciques o mandones golpean las puertas y otras latitudes sureñas de abreva-
Mamas desde tiempos de la memoria de un poder centralizado: «Entre 1762 y deros y forrajes para ganado menor.15
quechua,12 continúa su ligazón con los 1787 los sectores del Pueblo de Indios de Se rememoran las incursiones de los
seres humanos, solo que esta vez está San Fernando y la Villa de San Francisco Jerónimo a las heredades de la familia
en juego la opresión de los naturales, el quedaron sin agua en varias ocasio- Aróstica (Iglesia Colorada, río Pulido)
amasijo de fortunas, las ruedas del mer- nes debido al total acaparamiento de la tras la compra de mulares o los cam-
cantilismo y otras vicisitudes. En esas misma por parte de los hacendados de pamentos en Quebrada La Puerta, La
14
condiciones, familiares cerros como el las zonas altas del valle…». Los Tacquía, Guardia o Quebrada Patón, al amparo
Teynahuco de Camasquil, y otros entre Guanitay, María Che, Chamisca, Macayto, de la familia Quispe.16 En la costa, un
Copayapo y Chamonate, a saber, Puntoc, Normilla, Alcota, Alquinta, Chillimaco, proceso de etnogénesis marca el de-
Zelbata, Pismel, Talpop, Ototnanchote, Sasmai y otros tantos habitantes legaron venir de los changos, acometidos por
Chechilguques, Paycanten, Mole, Cola, descendencia para la presente reetnifi- lo que fue un temprano dominio de los
Pominto y Chamonate, pierden lugar en cación bajo el parámetro de la identidad Aguirre sobre la suerte de sus ancestros
el imaginario colectivo local. Diaguita, cruzada con una dosis mapu- «camanchacas»,17 imbuidos en la pesca
che desde los primeros edictos coloniales. y salazón del congrio de caleta en ca-
El despojo de tierras tuvo lugar «entre la leta, portando balsas y equipaje ligero,
llegada de los europeos y el inicio del pe- Igualmente se perfilan las historias según pudieran moverse libremente
ríodo republicano, […] no siendo posible de collas y changos, perseverando ante la presión de intereses foráneos.18
Se dice que «en el siglo XVIII comienza la expansión de las ac-
tividades mineras, la que modificará notablemente la distri-
bución de bosques y tierras despejadas en la región».19 Desde
entonces, primarán un exacerbado extractivismo, el empo-
brecimiento de la cuenca, ley de turnos, derechos de agua,
mercado del agua, monocultivo, tirantez entre la minería y la
agricultura por el menguado recurso, galopante aridez, etc.,
además del volumen de agua (destilada por el alto contenido
en sales alcalinas que estropeaba las calderas20) y leña (im-
portada desde otras latitudes) requerido para el ferrocarril y
las fundiciones del siglo XIX. Porque la «vegetación lujuriante
y salvaje […] los bosques impenetrables de chañares, de alga-
rrobos, de espinos y de olivillos…», deletreados por Sayago,21
es puesta en una más acorde perspectiva al estimarse que
Arriba: «Plaza de Copiapó, hacia 1860.» Rodulfo Amando Philippi.
debido a «las condiciones climáticas imperantes, las regiones
Viage al Desierto de Atacama: hecho de orden
del norte del país nunca fueron boscosas...».22 del gobierno de Chile en el verano 1853-54.
Halle en Sajonia: Librería de Eduardo Anton, 1860.
Colección Museo Histórico Nacional.
Al cabo de los siglos transcurridos, para muchos hablar hoy
del río Mamas, otrora significante de río Copiapó, no debe re-
trotraer recuerdo alguno de cuando era deidad para los hijos
Viña del Cerro, centro administrativo y minero inca en Copiapó.
del agua milenaria23 en el vivificante flujo nortino. Fotografía de Fernando Maldonado, 2010.

85
Río Huasco en el
puente de Huasco Alto.
El río Huasco, que nace
de la confluencia
de los ríos El Carmen
y El Tránsito, corre
desde la cordillera,
a alturas superiores a los
5.000 m.s.n.m., hasta
el océano Pacífico.
Fotografía de Guy
Wenborne, 2013.

86
87
EL OLIVAR
En busca de la identidad Diaguita
Paola González
A comienzos de la era cristiana, arriban al norte semiárido las primeras co-
munidades agroalfareras, representadas por el complejo cultural El Molle,
caracterizadas por el empleo de tembetás y pipas T invertidas y por la ma-
nufactura de alfarería monocroma. Este período se denomina Agroalfarero
Temprano y se reconoce en los valles de Copiapó, por el norte, hasta el Limarí,
por el sur.

Los primeros indicios de esta cultura Tawantinsuyu, evento que da inicio al


en el valle de Elqui fueron descubiertos período Diaguita-Inca o período Tardío
1
por Cornely en la localidad homónima. (1.470-1.536 d.C.).
En el valle de Elqui estas comunidades
evidencian una alta movilidad. Sin em- Este es el marco cronológico-cultural
bargo, aún existen muchas interrogan- vigente donde se sitúan las recientes
tes en cuanto a la cronología y evolu- investigaciones realizadas en el sitio ar-
ción cultural de las comunidades del queológico El Olivar. Se trata de un ha-
complejo cultural El Molle en el norte llazgo sobresaliente que aporta nuevos
semiárido. Destacamos al respecto que derroteros y perspectivas para com-
el sitio La Turquía, en el valle de Limarí, prender el pasado prehispánico de las
cuenta con dataciones radiocarbónicas culturas alfareras del valle de Elqui y,
que señalan una antigüedad que sobre- más ampliamente, de la prehistoria de
pasa el primer milenio de nuestra era, la Región de Coquimbo.
caracterizándose también por un mayor
grado de sedentarización.2 Entre los años 2015 y 2017 se realizaron
extensas excavaciones arqueológicas
4
La periodificación vigente para las cultu- en el sitio El Olivar, localizado a cuatro
ras alfareras del norte semiárido consi- kilómetros al norte de La Serena. Esta
dera la existencia de un período Medio, investigación fue motivada por el ha- Río Elqui. En el norte semiárido de Chile
se desarrolló a lo largo de seis siglos la cultura
representado por el complejo cultural llazgo de osamentas humanas duran-
diaguita, un pueblo que se asentó en los valles
Las Ánimas (Figura 1), el cual se extende- te la construcción de la doble vía de la de los ríos Elqui, Limarí y Choapa.
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
ría aproximadamente entre los años 800 Carretera Panamericana entre La Serena
a 1.200 d.C.3 En tanto, la cultura Diaguita y Vallenar.5 La caracterización arqueológi-
chilena se ubicaría entre los años 1.000 ca del sitio identificó ocho áreas funera-
Artesano Diaguita (ca. 1500 d.C.).
a 1.470 d.C. (período Intermedio Tardío). rias, veintinueve conchales y rasgos habi-
Es muy probable que los Diaguita fueran tan
Este período es interrumpido por la lle- tacionales (pisos de habitación, fogones hábiles en las técnicas textiles como en la
cerámica. Ilustración de José Pérez de Arce, 1985.
gada del Inca al norte semiárido chile- y estructuras), que dejaron en evidencia
Fotografía de Fernando Maldonado.
no y la incorporación de los Diaguita al la riqueza arqueológica de este hallazgo. Colección Museo Chileno de Arte Precolombino.

89
Los restos arqueológicos recobrados se comprensión de las sociedades agro-
vinculan principalmente a comunidades alfareras del norte semiárido con una
Ánimas y Diaguita, en todas sus fases. profundidad inédita. Aspectos tales
Destaca también el hallazgo de concha- como cronología, vinculaciones genéti-
les de la cultura El Molle, poco densos y cas, calidad de vida, relaciones de géne-
estratigráficamente más profundos. ro, alimentación, prácticas mortuorias,
arte visual, simbolismo y cosmovisión,
Figura 1. Tipos cerámicos del complejo Las labores de rescate se centraron en entre otros, están siendo abordados
cultural Las Ánimas en el valle del Elqui.
una densa área funeraria, donde se re- por las investigaciones en curso. Un im-
Izqda.: Ánimas IV: Entierro N° 183. Rescate
cobraron 212 entierros primarios, 44 portante cúmulo de evidencias apoya
arqueológico El Olivar (R.A.E.O.).
entierros secundarios, 56 camélidos la idea de que las comunidades Ánimas
Dcha. arriba: Ánimas III: Entierro N° 39.
R.A.E.O. articulados, tres cánidos y una canti- y Diaguita no son entidades culturales
Dcha. abajo: Ánimas I. Pieza N° Inventario dad considerable de vasijas cerámicas, diferentes.6 En efecto, la continuidad
123. Museo Arqueológico de La Serena.
artefactos de piedra, hueso y metal. El detectada en las ocupaciones habita-
Fotografías de Paola González, 2017.
cuidadoso registro de estos contextos cionales y funerarias, así como la iden-
arqueológicos permite dar cuenta de tidad en las elecciones tecnoestilísticas
importantes asociaciones que perfi- en la elaboración de vasijas cerámicas e
Izqda.: Río Elqui.
lan roles sociales y arrojan luz acerca instrumentos líticos, óseos y metálicos,
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
de aspectos simbólicos e ideológicos sostienen la teoría de que se trata de
Dcha.: Figura 2. Entierro de un hombre
acompañado (izqda.) de remo fabricado de estas comunidades en el ámbito un mismo grupo cultural. A estos argu-
a partir de mandíbula de cetáceo.
de la muerte. Se trata de una enorme mentos se agrega el hallazgo de vasijas
Entierro N°169. R.A.E.O.
Fotografía de Paola González, 2017. ventana que permitirá avanzar en la Ánimas II y III, tradicionalmente enten-

90
didas como prediaguitas, junto a vasijas tura Diaguita chilena. En este momen- período Diaguita Preincaico, en el cual
Ánimas IV y Diaguita Transición en con- to, coexisten manifestaciones cultura- se aprecia una consolidación de la alfa-
textos funerarios. Asimismo, se cuenta les propias de los Ánimas, incluyendo rería diaguita con crecientes niveles de
con fechados RC14 que señalan que la el empleo de vasijas Ánimas II y III, en estandarización, al tiempo que desa-
práctica de entierro junto a camélidos conjunto con manifestaciones cultura- parecen los entierros junto a camélidos
articulados se extendió en el tiempo les que se entendían como más tardías, articulados. La iconografía abstracta y
con posterioridad al 1.200 d.C. como las vasijas Ánimas IV y Diaguita simétrica alcanza un gran desarrollo.
fase I. Asimismo, se registran vasijas Finalmente, se reconocen en el sitio El
Estos resultados condujeron a la ne- polícromas novedosas, que presentan Olivar evidencias de contacto entre In-
cesidad de redefinir la secuencia cul- unidades mínimas diaguita en versio- cas y Diaguita. El sector, recientemen-
tural manejada hasta la fecha para el nes toscas y rudimentarias (Figura 3). te excavado, posee una identidad local
período Medio e Intermedio Tardío, al Se trata de comunidades que mane- Diaguita muy marcada, que se mantie-
menos en lo que se refiere al valle de jan la técnica de policromía y realizan ne en tiempos incaicos. La influencia
Elqui. En este sentido, Cantarutti y Gon- vasijas con rasgos antropo-zoomorfos. inca es escasa y se restringe a la eje-
7
zález proponen distinguir un período Otro rasgo característico es el entierro cución de diseños de origen cuzqueño
Protodiaguita, en el cual se sientan las de personas junto a camélidos articu- sobre vasijas de formas locales o mixtas
bases de lo que más tarde sería la cul- lados. Posteriormente, se identifica un Inca-Diaguita (Figura 6).

91
Los estudios bioantropológicos realiza- patología se asocia al contacto continuo llamas de gran tamaño, llamas peque-
dos en adultos señalan la presencia de con aguas frías, lo cual sugiere una fuer- ñas y guanacos. Esto hallazgos señalan
una población sana, dedicada a prácti- te vinculación con actividades ligadas al que, en los inicios de la cultura diaguita,
cas agrícolas, caza, recolección de pro- mar (por ejemplo, buceo). Algo seme- la actividad de pastoreo de camélidos
ductos marinos y labores artesanales, jante ocurre con las marcadas insercio- fue muy prominente, lo que explica los
donde el esfuerzo físico era cotidiano. nes de los músculos flexores presentes profundos vínculos entre humanos y ca-
Destacamos el caso de un hombre en las falanges de los dedos de la mano, mélidos en el ámbito mortuorio.
adulto acompañado de un remo reali- observadas en mujeres y asociadas a
zado en mandíbula de cetáceo (Figu- implementos textiles, como vichuñas, Dentro de las prácticas sociales más re-
ra 2). Este hombre muestra marcadas agujas y torteros (Figura 4), utilizados levantes y que se mantienen constantes
inserciones musculares a nivel de ex- en la producción de textiles. Existe tam- desde el período Protodiaguita hasta el
tremidades superiores e inferiores y re- bién una alta tasa de mortalidad infan- período Diaguita Inca, se encuentra el
fuerzo óseo en las articulaciones de los til. Los subadultos conforman un 63% consumo de polvos psicoactivos me-
brazos, que pueden ser vinculadas a la de la muestra. En tanto, estudios mor- diante el uso de espátulas de hueso
actividad de remar. También se identi- fométricos efectuados en 56 camélidos de camélido y una concha de ostión o
8
ficó exostosis en su oído derecho. Esta articulados sugieren la existencia de almeja. Este ajuar se complementa en

92
algunas ocasiones con pinzas de bronce y una cuenta verde
(Figura 5). Las ofrendas de este tipo se asocian a personas
adultas y están presentes en la mitad de los ajuares mascu-
linos y un 12,5% de las ofrendas femeninas registradas. Esto
nos habla de una práctica bastante extendida en la pobla-
ción, no asociada únicamente a líderes religiosos o chama-
nes. El estado de trance asociado a esta práctica se encuen-
tra estrechamente vinculado con la naturaleza del arte visual
diaguita preincaico, de cualidades semejantes al arte óptico.9
Estas prácticas chamánicas pueden relacionarse también
con una cosmovisión de tipo animista. En el ámbito mor-
tuorio, indicios de esta ideología se observan en el estrecho
vínculo existente en los entierros de humanos junto a caméli-
dos. Destacamos que la ofrenda cerámica se asocia al animal
en la mayoría de los casos . El empleo de piedras huacas en la
cercanía de entierros de infantes y neonatos evidencia tam-
bién estas creencias animistas. Otro ejemplo es el quiebre in-
tencional de vasijas, no necesariamente asociadas a tumbas,
así como la ofrenda de vasijas intencionalmente perforadas Arriba izqda.: Figura 4. Detalle de torteras de hueso
(Entierro N° 52). R.A.E.O. Estas piezas se utilizaban
(«matadas»).
como pesos de hilado pero también como adornos.

Arriba dcha.: Figura 5. Ofertorio de entierro N° 82. R.A.E.O.


La llegada de Diego de Almagro a tierras diaguita en el año Se observan espátulas, pinzas de bronce, cuentas de piedra
verde y un cristal prismático que podrían constituir
1536 dio inicio al proceso de conquista española. Las estrate-
la ofrenda mortuoria de un chamán.
gias de extirpación de idolatrías y el trabajo forzado en mitas
Abajo: Figura 6. Kero doble con diseños de origen
mineras y agrarias afectaron gravemente la supervivencia de Inca y Diaguita (Entierro N° 59). R.A.E.O.
Fotografías de Paola González, 2017.
su notable cultura.10 Sin embargo, su herencia cultural se man-
tuvo viva en los valles transversales que conforman su territo-
Arriba: Desembocadura del río Elqui, zona cercana al Olivar.
rio, expresada en prácticas tales como bailes chinos, agricultu-
La desembocadura del río Elqui, una extensa zona de dunas
ra tradicional, manufactura alfarera, textilería de telar, cestería, y pantanos, corresponde a un humedal que está flanqueado
por predios agrícolas y una creciente zona residencial.
herbolaria y pequeña minería, entre otras. En el año 2006, el
Fotografía de Guy Wenborne, 2014.
Estado chileno reconoció oficialmente la existencia del pueblo
Abajo: Figura 3. Vasijas polícromas novedosas del período
Diaguita, comenzando así un vigoroso proceso de revitaliza- Protodiaguita. De izqda. a dcha.: Jarro biglobular antropomorfo
y taza antropomorfa polícroma (Entierro N° 182); Jarro globular
ción cultural y etnogénesis, enriquecido también por los avan-
de cuello evertido polícromo (Entierro N° 58). R.A.E.O.
ces en el conocimiento arqueológico. Fotografías de Paola González, 2017.

93
ELQUI
Historia de un valle
Fernando Silva

94
«Plano de la ciudad de La Serena.» Amédée François
Frézier, 1717. Plan de la ville de La Serena.
Scituée a la Côte du Chily par 29d. 55' de lat Australe
au bas de la Vallée de Coquimbo a un quart
de lieües de la Baye du meme nom. 24 X 37 cm.
Colección John Carter Brown Map Collection.

Valle del Elqui. Encajonado entre colinas imponentes


y en un entorno de extrema aridez, este místico valle es
atravesado por el río del mismo nombre, que nace en
la cordillera de la confluencia de los ríos Turbio y Claro.
Fotografía de Guy Wenborne, 2012.

El río Elqui, conocido antiguamente como Coquimpu,


está formado principalmente por los ríos Turbio y
Claro, que se unen en el pueblo de Rivadavia; corre
setenta y cinco kilómetros hacia el oeste, en medio de
un valle estrecho y feraz, que sólo se ensancha en las
proximidades de La Serena. El río baña el costado norte
de esta ciudad y desemboca en la bahía de Coquimbo.

El asentamiento peninsular
Para los integrantes de la hueste de Pedro de Valdivia, el valle
del Elqui fue «el más vistoso e ancho» de los que habían cono-
cido desde el despoblado, según afirmó Gerónimo de Vivar.

Los indígenas vestían como los del Huasco y tenían ritos y


costumbres similares, si bien lenguas diferentes. La produc-
ción agrícola, facilitada por canales de riego construidas por
el Imperio inca, comprendía maíz, frijoles, quínoa, papas y za-
pallos. En el valle podían verse algarrobos, chañares, sauces,
molles y abundantes arrayanes, brea (Tessaria absinthioides)
y barraco (Escallonia illinita). Y en lo alto de los cerros, «unos
árboles a manera de madroños», de muy buena leña para
el fuego, que podrían ser el guayacán (Porlieria chilensis).
Registró el cronista Vivar la existencia de grandes minas de
oro, así como de cobre y otros metales.

95
Para tener el camino abierto al Perú, diez vecinos. Es probable que también
Valdivia había decidido fundar una concediera mercedes de tierras,4 pero
ciudad a la entrada del valle del Elqui, ignoramos el detalle por la pérdida de
pese a que entre Copiapó y Aconcagua la documentación del cabildo a raíz del
no había más de tres mil naturales. El incendio de la ciudad en 1680 provocado
relativo bajo número de aborígenes por el inglés Bartolomé Sharp.
pudo obedecer a la política del Inca de
trasladar grupos humanos de un sector En 1549 el pueblo fue asaltado e in-
a otro del imperio. Así, un catastro de cendiado por los indígenas, y muertos
topónimos aborígenes del valle mues- sus catorce moradores e hijos. El alza-
Viñas en el valle del Elqui, 2017.
El valle se beneficia del recurso hídrico tra que el 41,9 por ciento corresponde miento fue reprimido y ese mismo año
del río Elqui, así como de largos períodos
al quechua; el 27,6, al mapuche; el 2,7, al Francisco de Aguirre refundó La Serena,5
de sol durante el año, para el cultivo
de uvas para exportación y para la aimara; el 1,3, al cunza; e igual porcenta- que en 1552 recibió su escudo de armas
producción local de pisco.
je al diaguita.
1
y el título de ciudad.6
Fotografía de Sernatur.

En 1544 Juan Bohón fundó el poblado de Pese al aumento de vecinos, no parece


La Serena en el lugar llamado Tequirqui haberse incrementado las encomien-
Fiesta de la Virgen de Andacollo.
26 diciembre 1836. El naturalista francés por los indígenas, «dos leguas del puerto, das de indios, aunque es indudable la
retrató la fiesta en honor a la Virgen
en el remate de una barranca muy cerca- amplia presencia de indios de servicio,
del Rosario de Andacollo, donde los
indios andacollinos sacaban a pasear na a la playa del mar, y de otra parte a un de indios de depósito —el nuevo es-
a la Virgen mientras la celebraban con
río». A fines de ese año Valdivia acudió
2
tatuto de los indígenas al suprimirse
danzas típicas. Claudio Gay. Atlas de la
historia física y política de Chile. para nombrar al primer cabildo y repar- la esclavitud de los capturados en la
París: Imprenta de E. Thunot, 1854.
tir, según el conquistador, entre cien y guerra— y de indios libres asentados
Colección Iconográfica Archivo Central
Andrés Bello, Universidad de Chile. doscientos indios 3
para alrededor de por contratos de trabajo.

96
Los siglos coloniales
El valle del Elqui adquirió sus caracterís- en 1687 destruyeron la red de canales Destacaron en la actividad de batir el
ticas inconfundibles durante los siglos de los valles costeros del Perú, junto a cobre los indios «caldereros».
XVII y XVIII. La ocupación de la cuenca se la peste del polvillo negro, que ataca a
hizo con rapidez, como prueban las nu- los trigos blancos y candeal,8 hundieron El crecimiento acelerado de la población
merosas capillas construidas tanto en los la producción cerealista del virreinato y
9
llevó a intentar la extensión de los cultivos
pueblos de indios como en las estancias. 7
desde fines del siglo XVII y hasta 1735, a sectores cubiertos por la vegetación xe-
el valle se convirtió en gran productor rofítica propia de la región. Al desmonte
En el sector inferior del valle del Elqui del cereal. por motivos agrícolas se sumó el produ-
las extensas mercedes de tierras dieron cido por la minería, con la consiguiente
origen a estancias dedicadas a la gana- Todos los frutales provenientes de la pe- pérdida de la vegetación y el deterioro
dería, con sus subproductos de sebo y nínsula se aclimataron. Por otra parte, la del suelo. La crisis de 1735-1740, debido
cordobanes, y la crianza de mulas. Los extracción del cobre y del oro en Elqui, al descenso del precio del cereal, origi-
jesuitas fueron dueños de dos estancias, principalmente en Andacollo, permi- nó la sustitución del trigo por la vid. Por
ambas denominadas La Compañía: una tió absorber como mano de obra a los razones climáticas, la parte superior del
frente a La Serena, en la ribera norte del numerosos mestizos e indios libres, que valle del Elqui y del valle del río Claro y sus
río, y otra frente a Vicuña, al sur del río. formaban una temida masa de vaga- afluentes se convirtieron en el centro de
bundos y ladrones, y producir objetos
10
la producción vitivinícola y de destilados,
Muy tempranamente se inició en Elqui de cobre, como pailas, braseros, mor- productos que se comercializaban en
el cultivo del trigo. Los terremotos que teros, tachos, alquitaras y alambiques. Copiapó, Santiago, Valparaíso y Lima.11

97
Los siglos republicanos
En 1833 se creó en la provincia de valle se construyeron dos importantes el invierno a las veranadas cordilleranas. Ya
Coquimbo el departamento de Elqui, obras de regadío: la que permitió regar antes de 1870 existía una sólida industria
cuyos límites fueron fijados en 1853. Su La Pampa, al sur de La Serena, para sa- pisquera, si bien la introducción de cepas
capital, Vicuña, fue fundada en 1821 en la tisfacer la demanda local de verduras y francesas hacia 1880 no tuvo éxito hasta
ribera norte del río Elqui, en terrenos de frutas; y el canal de Bellavista, prolonga- fines del siglo XX. En un sector de irregular
la hacienda Marquesa Alta. Desde en- do para regar los extensos llanos de Pan pluviosidad anual, estas iniciativas fueron
tonces Vicuña se convirtió en la cabecera de Azúcar, al suroriente de Coquimbo. 12
posibles por una sostenida labor de cons-
administrativa de la parte alta del valle, trucción de canales de regadío. Sólo en el
mientras que de la parte inferior lo fue Desde Vicuña comenzaba el sector vitivi- siglo XX el Estado construyó dos embal-
La Serena. Este último sector mostró su nícola, al que, debido a su clima seco y ca- ses: La Laguna y Puclaro.
vocación por los cultivos anuales —maíz, luroso, se agregó una especialización en
cereales, papas—, papayos y chirimoyos, duraznos e higos, además de una gana- En 1825 se produjo el descubrimiento
mientras que la ganadería se dirigió a la dería trashumante, que desplazaba ovinos del fabuloso yacimiento de plata de
lechería y a la engorda. En esa parte del y bovinos desde los pastos de la costa en Arqueros, al norte de La Serena.

98
La minería de la plata continuó en Condoriaco, Rodeíto y
Quintana, en tanto que el cobre y el oro siguieron extrayéndo-
se de Andacollo, Brillador y La Higuera. Durante el siglo XX se
sumaron los yacimientos de hierro de Romeral, al norte de La
Serena, y de oro de El Indio, en la hoya del río Turbio.

La falta de buenas vías de comunicación fue la debilidad de


Elqui. Durante el gobierno de José Joaquín Pérez se inició la Dcha.: El Observatorio InterAmericano
de Cerro Tololo (CTIO) visto desde Cerro Pachón.
construcción de un camino, labor interrumpida por la guerra
Fotografía CTIO/NOIRLab/NSF/AURA/ J. Fuentes.
con España. Aunque en 1862 se había tendido la vía férrea de
Izqda.: Valle del Elqui. La imagen de los viñedos en contraste
La Serena a Coquimbo, sólo en 1883 se inició el tramo entre con los cerros pelados y la iglesia es pura belleza.
Fotografía de Guy Wenborne, 2013.
La Serena y Rivadavia. Pero la gran avenida de 1888, junto con
destruir numerosos predios agrícolas en el río Claro, inhabili-
Guanta, valle de Coquimbo. Esta estampa muestra
tó completamente el ferrocarril, que no se volvió a construir
la actividad agrícola, circunscrita a los valles con
hasta 1903.13 disponibilidad de agua. Gay delineó los campos
sembrados y las arboledas en medio de cerros
descubiertos de vegetación. Claudio Gay.
Desde la década de 1960, una nueva actividad, la astrono- Atlas de la historia física y política de Chile.
París: Imprenta de E. Thunot, 1854.
mía, se desarrolla en el valle del Elqui, con la construcción del
Colección Iconográfica Archivo Central Andrés Bello,
enorme observatorio del cerro Tololo en 1967. Universidad de Chile.

99
Sangre de pampa inmortal,
breve surtidor lejano,
¿quién se robó tu caudal
y te ha dejado descalzo?

Doris Araya, profesora, «Romance del río Loa»


(premio Primera Jornada de Poesía, Antofagasta 1948).

100
Río en Atacama. Benito Rojo, 1992.
Acrílico y óleo sobre tela, 180 x 155 cm. Colección particular.

101

También podría gustarte