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Derecho Romano: Público y Privado

El documento analiza la división del derecho en el sistema romano según Justiniano, destacando el Derecho Público, que regula la organización del Estado y sus relaciones con los particulares, y el Derecho Privado, que se enfoca en la utilidad de los individuos. También se detalla la obra legislativa de Justiniano, que incluyó la compilación del Código, el Digesto y las Instituciones, con el objetivo de unificar y simplificar la legislación romana. A pesar de sus imperfecciones, estas obras han tenido un impacto duradero en el desarrollo del derecho en las sociedades contemporáneas.

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Derecho Romano: Público y Privado

El documento analiza la división del derecho en el sistema romano según Justiniano, destacando el Derecho Público, que regula la organización del Estado y sus relaciones con los particulares, y el Derecho Privado, que se enfoca en la utilidad de los individuos. También se detalla la obra legislativa de Justiniano, que incluyó la compilación del Código, el Digesto y las Instituciones, con el objetivo de unificar y simplificar la legislación romana. A pesar de sus imperfecciones, estas obras han tenido un impacto duradero en el desarrollo del derecho en las sociedades contemporáneas.

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EL DERECHO PÚBLICO y EL DERECHO PRIVADO según JUSTINIANO, OBJETIVO

Los romanos hicieron una división del derecho según el objeto al que estaban dirigidas sus
normas, para esto establecieron dos grandes grupos: el Derecho Público y el Derecho Privado.

EL DERECHO PUBLICO:

Al Derecho Público los romanos lo denominaron "JUS PUBLICUM"; en el Digesto de Justiniano (


Dig: L1.1.1 ) se recogen las palabras del jurista Ulpiano quien define a esta rama del derecho de la
siguiente manera "Es derecho público el que respecta al estado ( léase situación ) de la
república…"

Esta rama del derecho se refería a la organización del pueblo romano, estaba constituida por
normas que regulaban la organización del Estado

romano y las relaciones entre el Estado y los particulares. Esta rama del Derecho también se ocupa
del " ordenamiento religioso, de los sacerdotes, y de los magistrados "

Más adelante encontramos que el Derecho Público está dotado de una característica esencial "El
derecho público no puede ser alterado por los actos de los particulares"(Dig: L2.14.38) y se le dota
de esta inalterabilidad porque contiene reglas que son obligatorias para todas las personas.

EL DERECHO PRIVADO:

El segundo grupo o rama del derecho es el que los romanos denominaron Derecho Privado (JUS
PRIVATUM), del Digesto extraemos que esta rama del derecho es " … el que respecta a la utilidad
de los particulares, pues hay cosas de utilidad pública y otras de utilidad privada. " ( Dig: L [Link] )

Esta definición marca la oposición entre el Estado y los particulares, pero la delimitación de la
esfera de la aplicación de los principios del Derecho Público y del Derecho Privado no siempre son
autónomas, sino que vamos a encontrar a ambas ramas del derecho interrelacionadas con la
finalidad de conseguir objetivos sociales efectivos.

El Derecho Privado está pues orientado a regular las relaciones de los particulares, sin embargo la
sociedad romana no estaba constituida por igual tipo de personas, esto determinó que el derecho
recoja esta realidad social y divide el Derecho Privado en tres grandes partes: El Derecho Natural,
el Derecho de Gentes y, el Derecho Civil; sobre el particular el jurista Ulpiano dice " El derecho
privado es tripartito, pues está compuesto por los preceptos naturales, de gentes y, civiles " ( Dig:
L1.1.1.2 )

¿Qué es un DIGESTO? La palabra DIGESTO deriva del latín digestum, derivado a su vez de digerere,
que significa distribuir, ordenar. Su origen se remonta al 530 d.C., época en que el emperador
bizantino Justiniano I ordenara la compilación y codificación de las obras jurídicas de los
jurisconsultos romanos
OBJETIVO DE JSTINIANO

Él fue el que trato de recuperar las tierras de la antigua roma, llego a


recuperar solo la mitad de las tierras perdidas
Capitulo III TOMO I VASILIEV

Justiniano debe su celebridad universal a su obra legislativa, que sobresale por su

amplitud. El emperador, según sus propias expresiones, “no sólo debe ser célebre por las armas,
sino también estar armado de leyes para hallarse en estado de gobernar, tanto en tiempo de paz
como en tiempo de guerra. Debe ser el protector poderoso de la ley, así como el triunfador de los
enemigos vencidos”

Es Dios quien da a los emperadores el derecho de hacer e interpretar las leyes, y por tanto,
Justiniano piensa que un emperador debe ser un legislador y considera ese derecho como
santificado por la divinidad. Pero a Justiniano le impulsaron igualmente preocupaciones de orden
práctico. Dábase, en efecto, perfecta cuenta del estado anárquico de la legislación romana en su
época.

En el período del Imperio romano pagano, donde el poder legislativo estaba por entero en manos
del emperador, la única forma de legislación consistía en publicar

constituciones imperiales, llamadas leyes o reglamentos legislativos (leges). En cambio, el conjunto


de leyes creadas por una legislación más antigua había recibido el nombre de ius vetus o de ius
antiquum.

A partir de mediados del siglo III de J.C., la jurisprudencia sufrió una rápida decadencia. Los
trabajos jurídicos se limitaron a meras compilaciones destinadas a ayudar a los jueces, incapaces
de estudiar toda lainnecesaria literatura jurídica, dándoles colecciones de extractos de las
constituciones imperiales y de las obras de juristas antiguos de renombre universal. Pero esas
colecciones eran privadas y sin valor oficial alguno, y así, en la práctica, el juez debía apelar a todas
las constituciones imperiales y a toda la literatura clásica, tarea muy superior a las humanas
facultades.

No debe olvidarse que no había órgano central que asegurase la publicación de las constituciones
imperiales. Estas, creciendo en número de año en año, dispersas en diversos archivos, eran muy
difíciles de utilizar, tanto más cuanto que los nuevos edictos frecuentemente abolían o
modificaban los anteriores.

Todo esto explica la aguda necesidad que se sentía de reunir los edictos imperiales en un corpus
accesible a quienes debían utilizarlos. Ya sabemos que antes de Justiniano se había hecho mucho
en ese sentido. En su obra legislativa propia, Justiniano fue muy auxiliado por las compilaciones
precedentes, a saber, el Codex Gregorianus, el Codex Hermogenianus y el Codex Theodosianus.
Además, para hacer más fácil el empleo de las obras clásicas, esto es, del ius vetus, Teodosio II y su
contemporáneo en Occidente, Valentiniano III, habían dado un decreto reservando el carácter de
autoridad jurídica suprema a las obras de los cinco jurisconsultos más famosos. De lo demás
autores podía prescindirse. Pero esto sólo era resolver el problema en apariencia. Por ende, en las
obras de los cinco juristas escogidos era difícil encontrar decisiones adecuadas a un caso dado, ya
que los jurisconsultos se contradecían a menudo y las condiciones de la vida habían cambiado, con
lo que las soluciones propuestas por los juriconsultos clásicos resultaban caducas a veces. En
suma, se sentía la necesidad de una revisión, oficial y completa, de todo el sistema jurídico; era
menester examinar su desarrollo a través de los siglos.

En los códigos precedentes no se habían reunido sino disposiciones imperiales de

cierta época. En aquellas compilaciones no se mencionaban las obras jurídicas. Justiniano


emprendió un enorme trabajo legislativo, que consistió en compilar todas las constituciones
imperiales promulgadas hasta su época, las cuales hizo fijar en un Código, y en la revisión de todos
los antiguos escritos jurídicos. El auxiliar principal del emperador en esta tarea, y el alma de la
empresa, fue Triboniano.

La labor avanzó con rapidez pasmosa. En febrero de 528 el emperador reunió una

comisión de diez peritos, entre ellos Triboniano, “brazo derecho del emperador en su gran
empresa legislativa y probablemente su inspirador hasta cierto punto” (Bury), y Teófilo, profesor
de Derecho en Constantinopla. La comisión había de revisar los tres códigos anteriores, y suprimir
todo lo caído en desuso, así como ordenar las constituciones imperiales promulgadas después del
Código de Teodosio.

Los resultados de todos aquellos trabajos debían ser codificados en una compilación. En abril de
529 el Código de Justiniano —Codex Iustinianus— fue publicado. Se dividía en diez libros, que
contenían las disposiciones promulgadas desde Adriano hasta la época de Justiniano, y pasó a ser
la única colección de leyes obligatoria para todo el Imperio, suprimiéndose así los tres códigos
anteriores.

Si la elaboración del Código de Justiniano fue muy facilitada por los códigos anteriores, el trabajo
de revisión del ius vetus perteneció exclusivamente al emperador.

En 530 Triboniano fue encargado de reunir una comisión revisora de todos los jurisconsultos
clásicos, a efectos de practicar extractos, eliminar todo lo caduco, suprimir todas las
contradicciones y clasificar en un orden determinado el conjunto de materiales reunidos. Para
ejecutar tal tarea, la comisión hubo de leer y estudiar unos dos mil libros, que encerraban más de
tres millones de líneas. Tan igantesco trabajo, cuya realización, según expresiones del propio
Justiniano, “antes de darse orden de hacerla, no había sido esperada ni juzgada humanamente
posible por nadie en el mundo” y “libró todo el ius vetus de una palabrería superflua”, se terminó
en tres años. El nuevo Código se publicó el 533 y entró en vigor en seguida, siendo conocido por el
Digesto olas Pandectas (“Digesta”, “Pandectae”).

A pesar de la importancia de tal obra, ha de reconocerse que la prisa que presidió su ejecución
hizo el trabajo defectuoso en ciertos aspectos. Se hallan allí gran número de repeticiones,
contradicciones y decretos caídos en desuso. Además, merced a la libertad absoluta que se dejó a
la comisión la facultad para abreviar, interpretar y condensar lostextos, se comprueba en los
resultados finales cierta arbitrariedad y a veces incluso una deformación de los textos antiguos.

En la obra hubo una completa ausencia de unidad. De esto se deriva el que los jurisconsultos del
siglo XIX, que daban mucha importancia a la legislación clásica romana, juzgaran con extrema
severidad el Digesto de Justiniano. Pero hemos de reconocer que esa obra, a pesar de sus
numerosas imperfecciones, prestó en la práctica grandes servicios. Además, ha conservado a la
posteridad un rico material extraído de las obras de los jurisconsultos clásicos romanos que de
otro modo no nos hubiesen llegado hoy.

A la vez que se elaboraba el Digesto, Triboniano y sus dos eminentes auxiliares Teófilo, el ya
mencionado profesor de Constantinopla, y Doroteo, profesor en Beirut, Siria, fueron encargados el
533 de resolver otro problema. Según Justiniano, no todos podían “soportar el peso de tan grande
sabiduría” (el Código y el Digesto). Por ejemplo, los jóvenes que “hallándose en la antecámara del
Derecho quisieran penetrar sus arcanos” no podían esperar adquirir todo el contenido de aquellas
dos voluminosas obras y necesitaban un buen manual práctico. El mismo 533, pues, se publicó un
manual de Derecho civil, destinado primordialmente a los estudiantes. Se componía de cuatro
volúmenes y fue llamado Instituciones (“Institutiones” o “Institutas”). Según Justiniano, aquel
manual tenía por objeto conducir “todas las fuentes turbias del Derecho antiguo a un lago
transparente”.

El decreto imperial que sancionaba las Instituciones iba dirigido a la “juventud ávida de instruirse
en el Derecho” ("cupida legum juventuti")

Mientras se desarrollaba aquel trabajo de compilación, la legislación corriente no se interrumpía.


Se promulgaron muchos decretos. Hubo que revisar toda una serie de cuestiones. En 529 el
Código apareció en varios puntos como anticuado. Se emprendió una nueva revisión del Código y
se concluyó en 534. En noviembre del mismo año se publicó la segunda edición del Código,
revisada, aumentada y distribuida en doce libros, bajo el titulo de Codex repetitae praelectionis.
Esta edición anulaba la precedente de 529 y contenía los decretos del periodo comprendido entre
Adriano y el año 534. Con este trabajo concluyo la ejecución del "Corpus”. No ha llegado a
nosotros la primera edición del Código.

Los decretos posteriores al año 534 fueron llamados Novelas (“Novellae leges”). Mientras el
Código, el Digesto y las Instituciones estaban publicados en latín, la inmensa mayoría de las
Novelas se publicó en griego. Era una concesión importante a las exigencias de la realidad y la vida
practica, y más proviniendo de un emperador penetrado de la tradición romana. En una de sus
Novelas, Justiniano escribe: "No hemos escrito esta ley en la lengua nacional, sino en la lengua
común, que es griega, a fin de que sea conocida de todos por la felicidad que tendrán en
comprenderla”.Justiniano se proponía reunir todas las Novelas en una compilación, pero no logró
cumplir esta tarea, aunque si se hicieron durante su reinado algunas compilaciones particulares de
tales leyes. Las Novelas se consideran como la ultima parte de la obra legislativa de Justiniano y
constituyen una de las fuentes mas importantes de la historia interior de su época.

Era intención del emperador que el conjunto del Código, Digesto, Instituciones y

Novelas formase un corpus legislativo, pero esa compilación única no vio la luz en sus días. Solo en
la Edad Media, a partir del siglo XII, cuando reapareció en Europa el estudio del Derecho romano,
empezó a ser conocido el conjunto de los trabajos legislativos de Justiniano bajo el titulo de
Corpus iuris civilis, o Cuerpo del derecho civil, como aun se llama hoy.
La enormidad de la obra legislativa de Justiniano y el hecho de que estuviera redactada en latín,
lengua poco comprendida por la mayoría de la población, provocaron la publicación inmediata de
cierto numero de comentarios y abreviaciones griegas de algunas partes del Código, sin contar
traducciones mas o menos fieles (paráfrasis) de las Instituciones y del Digesto, acompañadas de
notas explicativas. Estas compilaciones se debieron a los mencionados auxiliares de Triboniano,
Teofilo y Doroteo, y algunos otros. Estos pequeños resúmenes redactados en griego, y necesarios
por las exigencias de la época y las circunstancias practicas, contenían bastantes errores y
omisiones respecto a los originales latinos; pero, aun así, se impusieron a estos y los reemplazaron
casi del todo.

A la vez que se renovaba la legislación con tales trabajos, se reorganizaba la enseñanza del
Derecho. Se compusieron nuevos programas de estudios. Los cursos se repartieron en un periodo
de cinco años. En el primero, el principal tema de estudio eran las Instituciones; en el segundo,
tercero y cuarto, el Digesto; y en el quinto, el Código. Justiniano escribía acerca del nuevo
Derecho: "Cuando todos los arcanos del Derecho se desvelen, nada quedará oculto a los
estudiantes, y después de haber leído todas las obras reunidas para Nos por Triboniano y los otros,
se convertirán en abogados distinguidos, servirán a la justicia y serán los más capaces y felices de
los hombres en todos los lugares y tiempos". Dirigiéndose a los profesores, Justiniano escribía:
"Empezad, con la ayuda de Dios, a enseñar el Derecho a los estudiantes y mostrarles la vía que
nosotros hemos trazado, de suerte que siguiendo esa vía se conviertan en perfectos servidores de
la justicia y del Estado y vosotros merezcáis de la posteridad la mayor gloria posible”. A los
estudiantes jóvenes les escribía: "Aprended, con celo y atención, esas leyes que os damos, y
mostraos tan instruidos en esa ciencia que podáis estar animados por la muy hermosa esperanza
de, después de terminados vuestros estudios jurídicos, gobernar el Estado en las partes que os
sean confiadas"

La enseñanza se reducía a una simple asimilación de las materias del programa y a unos cuantos
comentarios sobre ellas. No se permitía ejecutar o proponer una nueva interpretación del texto al
referirse al original, es decir a los trabajos de los

jurisconsultos clásicos. Los estudiantes sólo estaban autorizados a hacer traducciones literales y
componer cortas paráfrasis y sumarios.

A pesar de las naturales imperfecciones de su ejecución y los numerosos vicios del método que
presidió su composición, la sorprendente creación legislativa del siglo VI ha tenido una
importancia universal y duradera. El Código de Justiniano nos ha conservado el Derecho romano,
el cual nos ha dado los principios jurídicos fundamentales que gobiernan la mayor parte de
nuestras sociedades contemporáneas. “La voluntad de Justiniano —escribe Diehl— cumplió una
de las obras más fecundas para el progreso de la humanidad”. Cuando, en el siglo XII, se empezó a
estudiar en la Europa occidental el Derecho romano, el Código de Derecho civil de Justiniano fue
en varios lugares la verdadera ley. “El Derecho romano —dice el profesor I. A. Pokrovski— resucitó
y unificó por segunda vez el universo. Todo el desarrollo del Derecho occidental se halla bajo el
influjo del Derecho romano, incluso hasta nuestra época. El contenido más precioso del Derecho
romano ha sido vertido en los parágrafos de los códigos contemporáneos y obra bajo el nombre
de estos últimos”

La ejecución de tal obra legislativa basta para justificar el sobrenombre de Grande que la historia
ha dado a Justiniano.

En la época contemporánea se puede observar un fenómeno muy interesante en el estudio de la


legislación justinianea. Hasta ahora ese estudio sólo servía para penetrar mejor en el Derecho
romano y su importancia era secundaria. Esto no se aplica a las Novelas. El Código en sí no se
estudiaba, ni se practicaban sobre él investigaciones independientes. En tales condiciones, el
principal reproche que se podía dirigir a la obra de Justiniano consistía en haber desfigurado el
Derecho clásico abreviando o completando los textos originales. Se hacía responsable de ello a
Triboniano. Hoy se trata de examinar las modificaciones aportadas a los textos clásicos, no como
resultado de la arbitrariedad de los compiladores, sino como el de su deseo de adaptar el Derecho
romano a las condiciones de la vida en el Imperio de Oriente en el siglo VI. Así, la cuestión
importante pasa a ser ésta: ¿correspondía o no la obra de Justiniano a las exigencias de su época, y
en qué medida? El problema debe estudiarse ateniéndose a las condiciones generales de la vida
en el siglo VI, a las cuales hubo aquel código de tender a adaptarse. El helenismo y el cristianismo
debieron ejercer, ambos a la par, influjo sobre la obra de los compiladores. Las costumbres
orientales se mezclaron al trabajo de revisión del antiguo Derecho romano. La tarea de la ciencia
histórico-jurídica contemporánea es definir y apreciar las influencias bizantinas en el Código, el
Digesto y las Instituciones de Justiniano. Las Novelas, como obras de legislación corriente, reflejan,
según es lógico, las condiciones y necesidades de la vida contemporánea.

En relación con la obra legislativa de Justiniano conviene recordar que durante su

reinado florecieron las dos escuelas de Derecho de Constantinopla y Beirut

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