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BLOQUE I: HISTORIA
LAS INSTITUCIONES DE LA DEMOCRACIA
1 ATENIENSES (ASAMBLEA, CONSEJO,
ARCONTES, PRÍTANOS, SISTEMA JUDICIAL).
1. ASAMBLEA (ἐκκλησία), CONSEJO (βουλή) Y PRITANÍA
(πρυτανεία).
Si bien el modo de gobernarse de los griegos siempre estuvo cambiando, puede
decirse que el núcleo central de su democracia se mantuvo inalterado. En su momento
de mayor esplendor, los siglos V y IV, era como sigue:
El mayor órgano de poder estaba en las manos directas del conjunto de los
ciudadanos: se trata de la Asamblea (ἐκκλησία). A ésta podían acudir todos los varones
mayores de edad, es decir, con dieciocho años o más, de padre y madre ateniense.
Esta cámara, que se solía reunir en la Colina de las musas o Pnix, tenía en sí todos
los poderes: podía juzgar, dictar leyes y hacerlas ejecutar. Era, sin duda, el triunfo de la
ciudadanía, que gobernaba de modo directo en todos los asuntos de la polis.
Aunque había magistrados y tribunales, siempre el conjunto de los ciudadanos
podía modificar una decisión o pedir cuentas a un magistrado. De hecho, varios de “los
hombres más poderosos de Atenas” fueron desterrados mediante ostracismo en este
lugar.
El ostracismo lo instituyó Clístenes. En la sexta pritanía se preguntaba al pueblo
si habría necesidad de desterrar a alguien. En caso de respuesta afirmativa, ya avanzado
el año, en la octava pritanía, se pide a los ciudadanos que escriban en un ὄστρακον,
trozo de teja, el nombre de la persona que, según ellos, hay que desterrar. En caso de
que hubiera más de seis mil votos con un mismo nombre escrito, esa persona debía irse
del Ática durante diez años, si bien sus posesiones y derechos se conservaban hasta su
regreso.
La medida se utilizó pocas veces, pero en las ocasiones en que se hizo, quedó
claro que no había nadie intocable en la ciudad y que todos eran responsables de sus
actos o de su gobierno ante el pueblo.
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Si bien la Asamblea era el órgano de más poder del estado, es evidente que no es
efectivo reunir al pueblo para atender todos los asuntos de gobierno. De modo que había
que, en primer lugar, rentabilizar el tiempo de reunión de la asamblea y, en segundo,
delegar funciones en comisiones o particulares.
Para aprovechar el tiempo de las reuniones, Solón creó el Consejo (βουλή). En
tiempos de Clístenes, esta cámara constaba de quinientos miembros.
La función primordial del Consejo era preparar las reuniones de la Asamblea.
Estudiaban los asuntos a tratar, establecían el orden del día y, en el momento en que la
Asamblea se reúne, dan cuantos datos precise el pueblo para iniciar un debate y tomar
decisiones.
No es difícil suponer que mantener el orden de palabra en una reunión de más de
seis mil personas debía ser complicado. Del mismo modo, las votaciones no eran
sencillas.
Para mantener el primero, se seguía un muy estricto turno de palabra, simbolizado
por el bastón del orador (σκῆπτρον). No podía hablar más que el que lo tuviese asignado
y en la mano. Si alguien hablaba fuera de turno, podía ser retirado de la asamblea por la
guardia de arqueros escitas. Eran éstos soldados que había traído Pisístrato en su lucha
por el poder y que fueron luego utilizados en Atenas como guardianes o policía. Era
tradicional que la guardia de la Asamblea estuviera compuesta por hombres de la
Escitia.
El debate, así planteado, podía ser muy largo. Era habitual que una reunión de la
Asamblea llevara todo el día. Los ciudadanos comían allí mismo, en medio de las
deliberaciones y las votaciones de estado.
No obstante, sólo se votaba a mano alzada cuando era necesario. Para comprobar
si un punto era o no muy discutido, se probaba primero a pedir la opinión del pueblo por
aclamación. Si quedaba claro el sentir mayoritario de este modo, no era necesario
realizar votación. En caso contrario, se hacía levantando el brazo y contando.
Volvamos a los consejeros. Los quinientos se turnaban para estar de guardia todos
los días del año en grupos de cincuenta. A esos cincuenta se les daba el nombre de
prítanos (πρύτανεις) y a la décima parte del año en que se ocupaban de los asuntos
públicos, una pritanía (πρυτανεία).
Durante ese tiempo, comían a expensas del estado en un recinto circular llamado
Tholos que se encontraba en el lado oeste del ágora (plaza pública). El prítano jefe
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(πρύτανις) y sus ayudantes, escogidos por él, debían permanecer de guardia el día
completo que duraba su mandato. Al día siguiente, otro prítano será el jefe y hará
guardia de día completo. Se trataba de que siempre estuviera alguno disponible y
localizable, día y noche.
Pero ¿quiénes son estos consejeros, estos hombres influyentes que pedían
rendición de cuentas a los magistrados que acababan su período de mandato, que podían
juzgar y que decidían de qué debía ocuparse el pueblo, al hacer el orden del día de las
reuniones de la Asamblea?
2. ELECCIÓN DE LAS MAGISTRATURAS.
Clístenes se ocupó de que fueran una representación popular. Ya hemos contado
cómo dividió el Ática en diez tribus artificiales. De cada tribu se escogían por sorteo
cincuenta consejeros. Sin embargo, su gran preocupación por hacer que la democracia
fuera igualitaria se plasmó en una decisión de gran importancia: en el territorio
correspondiente a cada tribu había diversos pueblos o “demos”. Clístenes dispuso que
los cincuenta representantes de cada tribu se eligieran de manera que representaran a
todos los demos. De los más grandes, más consejeros; de los más pequeños, menos, de
modo que todos aportaran en función de su número de habitantes. Además, un hombre
no podía ser consejero más de dos veces en su vida. Así, era imposible acaparar poder, y
también se garantizaba que todo demo tuviera voz en el gobierno. De esta medida y la
conciencia de su alcance tomó su nombre el régimen político ateniense: “Democracia”,
el poder de todos y cada uno de los demos. Ningún lugar del Ática, por pequeño que
fuera, quedaba excluido. Además, mejorando las medidas de Solón, permitió el acceso
al consejo a cualquier ciudadano, independientemente de su nivel de ingresos.
3. LAS INSTITUCIONES JUDICIALES.
A fin de no reunir a la Asamblea para cado acto de gobierno, había tribunales
independientes y magistraturas o cargos personales y autónomos.
Los dos principales tribunales eran el Areópago, que juzgaba causas criminales, y
la Heliea, que juzgaba las causas civiles.
No obstante, había también cuarenta jueces itinerantes, cuatro por demo, que se
dedicaban a recorrer éstos administrando justicia en las causas en que el dinero en juego
era como máximo diez dracmas (para calcular cuánto es esto, puede resultar útil saber
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que con un tercio de dracma se mantenía un día una familia). Estos jueces no eran
profesionales, como ninguna magistratura en Grecia, sino sorteados entre el pueblo para
un año. Si los jueces de demo no podían resolver la causa, se le encargaba a un árbitro,
algo así como nuestros jueces de paz. Para ser árbitro el único requisito era ser mayor de
sesenta años. A estas personas se les presuponía el juicio que da la experiencia de la
vida. Si las partes quedaban conformes con su sentencia, el proceso acababa. Si una de
las partes llevaba su demanda a un tribunal, los testimonios y demandas recogidas por el
árbitro se meten en una caja sellada, con la sentencia del árbitro, y se llevan a un
tribunal. Allí se emite una sentencia. No obstante, no pueden presentarse al tribunal más
testimonios y más demandas que las que van selladas en la caja. Los tribunales podían
estar constituidos desde doscientas una personas hasta mil una, según la causa. El
número impar impedía el empate en la decisión.
4. LOS ESTRATEGOS.
Respecto a las magistraturas individuales, en época de Clístenes, son los diez
estrategos los que tienen el máximo poder. Pueden declarar la guerra, establecer
alianzas y dirigir su política, recoger y distribuir dinero y tomar decisiones de
trascendencia para la ciudad.
A diferencia de los demás cargos y magistrados, son elegidos directamente por el
pueblo, no sorteados. Pueden ser reelegidos indefinidamente. Esto era porque, al ser los
directores del ejército en caso de guerra, era preferible tener al frente a hombres
experimentados que no a generales inexpertos que llevaran a la muerte de modo
innecesario a los ciudadanos.
Pericles, que rigió los destinos de la ciudad durante la época dorada de Atenas, lo
hizo como estratego, jefe o autócrator. La Asamblea le concedió poderes amplios para
liderar la liga de Delos y manejar el tesoro de los confederados.
5. LOS ARCONTES.
Por debajo de los estrategos estaban los nueve arcontes. Años antes, este había
sido el mayor cargo de Atenas. No obstante, en el siglo V a.C sus funciones eran más
rituales y simbólicas que efectivas. De los diez, uno hacía las funciones de secretario,
por eso se suele decir que realmente son nueve. Salía uno de cada tribu. Eran elegidos
por sorteo entre los quinientos que se podían presentar como candidatos. El principal de
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ellos, era el que se conocía sin más como “El arconte” o arconte epónimo, pues el año
recibía su nombre. Es decir, que en lugar de decir “en 2005...”, se decía “siendo arconte
Calias de Angele...”
Ésas eran las magistraturas principales. Había otras de menor responsabilidad,
como los constructores de caminos con obreros del estado, los sacrificadores del estado,
inspectores de medidas, inspectores del pan, inspectores del puerto, inspectores de
prisiones, etc.
Así, la ciudad, era gobernada por magistrados y órganos colegiados que, lejos de
ser profesionales, eran el propio pueblo responsable de su gobierno. Eso es lo más
admirable de la democracia construida por los griegos.