Serán como ángeles en el cielo
“30Pues en la resurrección, ni se casan (los hombres), ni se dan (las mujeres) en matrimonio, sino que son
como ángeles de Dios en el cielo.” - Mateo 22, 30.
“25Porque, cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres), ni se darán en matrimonio
(las mujeres), sino que serán como ángeles en el cielo. “ - Marcos 12, 25.
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17Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias: Al vencedor le daré del maná oculto; y le
daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo que nadie sabe sino aquel que la
recibe”[12846]. - Apoc.2, 17.
[12846] 17. Maná oculto: cf. Sal. 77, 24 imagen que significa nueva vida espiritual. Piedrecita blanca,
señal de elección. En piedras blancas (“albo lapillo”) se escribían para memoria los nombres de los que
habían de ser coronados en el certamen. Nombre nuevo: cf. 3, 12; 22, 4; Is. 62, 2; 65, 15. El nombre
nuevo en la Biblia es como un nuevo ser: “El nombre escrito, probablemente el del Verbo (19, 13), será
gustado por cada uno de los fieles vencedores; su experiencia de Cristo será íntima y personal” (Gelin).
“5El que venciere, ése se vestirá de vestiduras blancas, jamás borraré su nombre (5) del libro de la vida, y
confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.” - Ap.3, 5. (Ná.Col).
(5) Esta imagen derivada de Ex.32,33 y Salmo.68,29, representa el libro en que están escritos los justos,
los que tienen vida delante de Dios, y están destinados a vida eterna.
Nota: el Libro de la Vida es Jesús y estar escrito en él es tener vida en Él, habernos decantado por Él y no
por el mundo. Y ‘nombre’ en las Sagradas Escrituras es igual a persona.
“12Del vencedor haré una columna en el templo de mi Dios, del cual no saldrá más; y sobre él escribiré el
nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo
viniendo de mi Dios, y el nombre mío nuevo[12861].” - Apoc.12, 3.
Nota: Visión Beatífica o Coronación de la Gloria.
“3Ya no habrá maldición ninguna. El trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos lo adorarán,
4y verán su rostro: y el Nombre de Él estará en sus frentes[13074]. 5Y no habrá más noche; ni necesitan
luz de lámpara, ni luz de sol, porque el Señor Dios lucirá sobre ellos, y reinarán por los siglos de los
siglos[13075].” - Apoc.22, 3-5.
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ISAÍAS 62
2Entonces verán los gentiles tu justicia,
y todos los reyes tu gloria;
y se te dará un nombre nuevo,
que Yahvé determinará con su boca.
3Tú serás una corona de gloria
en la mano de Yahvé,
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y una diadema real en la mano de tu Dios.
4[7848]Ya no serás llamada “Desamparada”,
ni será denominado tu país “Desierto”;
serás llamada “Mi delicia está sobre ti”,
y tu tierra, “Esposa”;
porque en ti se deleita Yahvé
y tu tierra tendrá esposo.
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“26Y al que venciere y guardare hasta el fin mis obras, le daré poder sobre las naciones[12850], 27—y las
regirá con vara de hierro, y serán desmenuzados como vasos de alfarero— 28como Yo lo recibí de mi
Padre; y le daré la estrella matutina[12851]. 29Quien tiene oído, escuche, lo que el Espíritu dice a las
Iglesias[12852]”. - Ap.2, 26-28.
[12851] 28. Como yo lo recibí, etc. En lo que Jesús prometió personalmente a los suyos en Lc. 22, 29 s.
La estrella matutina (la Vulgata dice lucifer: el lucero; cf. Sal. 109, 3 y nota) es símbolo de Cristo y de su
gloria. Véase 22, 16. Así lo anunció Balaam, como la estrella de Jacob (Nm. 24, 15-19). Es decir, pues,
que aquí Cristo se nos promete Él mismo (22, 12 y nota), Pero ¿acaso el árbol de la vida (v. 7), el maná
oculto (v. 17) no son también figuras de Él? Porque Él será nuestro verdadero premio. Cf. 3, 4 s.
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Los Ángeles son sacerdotes de Dios
“9Y cantaban un cántico nuevo[12880], diciendo: “Tú eres digno de tomar el libro, y de abrir sus sellos;
porque Tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios (hombres) de toda tribu y lengua y
pueblo y nación; 10y los has hecho para nuestro Dios un reino y sacerdotes[12881], y reinarán sobre la
tierra””. - Apoc.5, 9-10.
[12881] 10. Reino y sacerdotes. Véase 1, 6; 1 Pe. 2, 9 y notas. Cf. Ex. 19, 6; Is. 61, 6; Rm. 8, 23.
“5 … A Aquel que nos ama, y que nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre[12820], 6e hizo de
nosotros un reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo; a Él sea la gloria y el imperio por los siglos de
los siglos[12821]. Amén.” - Ap.1,5-6.
“9Pero vosotros sois un “linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo
conquistado[12629], para que anunciéis las grandezas de Aquel que de las tinieblas os ha llamado a su
admirable luz”;” - 1 Pedro 2, 9.
ÉXODO 19
“Así dirás a la casa de Jacob
y anunciarás a los hijos de Israel:
4Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios,
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y cómo os he llevado sobre alas de águila
y os he traído a Mí.
5[564]Ahora, pues, si de veras escuchareis mi voz
y guardareis mi pacto,
seréis entre todos los pueblos mi propiedad particular,
pues mía es toda la tierra.
6y seréis para Mí un reino de sacerdotes
y una nación santa.
Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.”
ISAÍAS 61
“6[7843]Mas vosotros seréis llamados
sacerdotes de Yahvé,
y se os dará
el nombre de ministros de nuestro Dios;
comeréis las riquezas de los gentiles,
y os adornaréis con la gloria de ellos.”
[7843] 6. Véase Éxodo 19, 6: “Vosotros seréis para Mí un reino sacerdotal y una nación santa.” Se refiere
al cumplimiento de esa misión sacerdotal y apostólica de Israel en medio de los paganos convertidos (cf.
Salmos 95, 3 y nota). San Pedro nos enseña que todos los creyentes en Cristo somos también una raza
sacerdotal (cf. I Pedro 2, 9 s.; Oseas 2, 24; Romanos 9, 25 y el anuncio de Apocalipsis 5, 10). Todo
sacerdocio humano no es sino una participación en el sacerdocio de Cristo, único a quien le fue dicho por
su Padre: “Tú eres sacerdote sempiterno según el orden de Melquisedec” (Salmos 109, 4). Cf.
Eclesiástico 24, 14 y nota.
ROMANOS 8
22Sabemos, en efecto, que ahora la creación entera gime a una, y a una está en dolores de parto. 23Y no
tan solo ella, sino que asimismo nosotros, los que tenemos las primicias del Espíritu, también gemimos en
nuestro interior, aguardando la filiación, la redención de nuestro cuerpo[11613].” - Romanos 8, 22-23.
[11613] 23. La filiación: cf. Ef. 1, 5 y nota. La redención de nuestro cuerpo: su resurrección y
transformación (1 Co. 15, 51) a semejanza de Cristo (Fil. 3, 20 s.). Véase Lc. 21, 28; Ef. 1, 10 y nota.
“Como nuestro espíritu fue librado del pecado, así nuestro cuerpo ha de ser librado de la corrupción y de
la muerte” (S. Tomás). Lo que se operará en nosotros ese día será como lo que se operó en Jesús cuando
el Padre glorificó su Humanidad santísima (Sal. 2, 7 y nota) y lo sentó a su diestra (Sal. 109, 1; cf. Ef. 2,
6). Por eso también seremos reyes y sacerdotes (Ap. 5, 10) como Él (Sal. 109, 3 y 4).
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