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Sentencia sobre relación laboral en Cootranshuila

Este documento resume una decisión de la Corte sobre un caso de reclamación laboral. La demandante solicitó que se declarara su relación laboral con una cooperativa de transporte y se le pagaran prestaciones sociales. El Tribunal falló a favor de la demandante y condenó a la cooperativa a pagar cesantías, prima de servicios, vacaciones y aportes a pensiones. La Corte analizó los contratos y pruebas y concluyó que aunque los contratos eran de consignación, la demandante ejercía sus funciones bajo la subordinación de la cooperativa.
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Sentencia sobre relación laboral en Cootranshuila

Este documento resume una decisión de la Corte sobre un caso de reclamación laboral. La demandante solicitó que se declarara su relación laboral con una cooperativa de transporte y se le pagaran prestaciones sociales. El Tribunal falló a favor de la demandante y condenó a la cooperativa a pagar cesantías, prima de servicios, vacaciones y aportes a pensiones. La Corte analizó los contratos y pruebas y concluyó que aunque los contratos eran de consignación, la demandante ejercía sus funciones bajo la subordinación de la cooperativa.
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CLARA CECILIA DUEÑAS QUEVEDO

Magistrada ponente

SL460-2021
Radicación n.° 84631
Acta 4

Bogotá, D.C., tres (3) de febrero de dos mil veintiuno


(2021).

Decide la Corte el recurso de casación que interpuso la


COOPERATIVA DE TRANSPORTADORES DEL HUILA
LTDA. – COOTRANSHUILA LTDA. contra la sentencia que
la Sala Civil – Familia - Laboral del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Neiva profirió el 18 de febrero de 2019,
en el proceso ordinario laboral que en su contra adelanta
FLAVIA CORNELIA CLAVIJO ARBELÁEZ.

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I. ANTECEDENTES

Por vía de proceso ordinario, la demandante solicitó se


declare la existencia de una relación de trabajo con
Cootranshuila Ltda. y se condene a esta última a pagarle
horas extras, «dominicales ordinarios, dominicales extras»,
cesantías, intereses a las mismas, primas de junio y
diciembre, vacaciones, aportes a salud y pensiones y a lo
que resulte probado ultra y extra petita.

Como sustento fáctico, refirió que prestó servicios a la


demandada del 30 de agosto de 1994 al 31 de enero de
2014, mediante 6 contratos de trabajo en los que se pactó
«la venta de tiquetes carta-porte, remesas de encomiendas,
cargas o giros del consignante» y una cláusula de
exclusividad que le impedía ejercer las mismas actividades
para otra empresa.

Aseguró que la relación se ejecutó de manera


subordinada e ininterrumpida; que cumplía una jornada de
8:00 a.m. a 8:00 p.m. de lunes a domingo y devengaba un
salario promedio mensual de $2’825.731, según las
planillas de ventas. Además, informó que la accionada le
expidió circulares, oficios de instrucciones y certificaciones
laborales en las que hizo constar su condición de empleada
y la remuneración que devengaba; sin embargo, durante la
relación laboral no le cancelaron prestaciones sociales,
horas extras, dominicales, festivos, vacaciones, como
tampoco aportes al sistema de seguridad social, a pesar de
que la convocada a juicio efectuó los descuentos del salario.

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El curador ad litem de Cootranshuila Ltda. contestó la


demanda sin oponerse o aceptar las pretensiones. Sobre los
hechos, manifestó atenerse a lo que resultara probado en el
proceso.

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

A través de fallo de 25 de marzo de 2015, el Juzgado


Tercero Laboral del Circuito de Neiva absolvió a la
demandada de todas las pretensiones e impuso costas a la
accionante.

III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

Al resolver el recurso de apelación que interpuso la


promotora del litigio, mediante la sentencia recurrida en
casación, la Sala Civil – Familia - Laboral del Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Neiva resolvió:

PRIMERO: REVOCAR la sentencia de fecha y de orígenes


anotados.

SEGUNDO: DECLARAR que entre la señora Flavia Cornelia


Clavijo Arbeláez y la Cooperativa de Transportadores del Huila
LTDA Cootranshuila LTDA, existió un contrato de trabajo a
término indefinido, cuyos extremos temporales cursaron entre
el 30 de agosto de 1994 y el 31 de enero de 2014.

TERCERO: CONDENAR a la demandada a pagar a la


demandante la totalidad de las prestaciones sociales y demás
emolumentos causados en vigencia de la relación laboral de la
siguiente manera:

 Cesantías $16’485.042,
 Intereses a las cesantías $1’913.200,
 Prima de servicio $16’485.042,

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 Vacaciones $8’242.521.

CUARTO: CONDENAR a la accionada al pago de los valores


correspondientes a pensión por el periodo comprendido entre el
30 de agosto de 1994 y el 31 de enero de 2014, conforme al
cálculo actuarial realizado por la Administradora del fondo de
pensiones que elija la señora Flavia Cornelia Clavijo Arbeláez y
comunicar el efectivo desembolso de tales valores a esta.

QUINTO: CONDENAR a la parte demandada a pagar costas de


ambas instancias a la parte demandante; las agencias de
derecho correspondientes a la segunda instancia se fijan en la
suma de $800.000. Las de primera instancia deberán ser
fijadas por el juzgado de origen.

Explicó el juzgador que del artículo 24 del Código


Sustantivo del Trabajo emana una ventaja probatoria para
la demandante, pues una vez se demuestra la prestación
personal del servicio se presume la subordinación y la
remuneración; presunción legal que puede desvirtuar la
contraparte si acredita que la relación estuvo desprovista de
subordinación o dependencia.

Así, procedió analizar los contratos de consignación o


estimatorio suscritos el 30 de agosto de 1994, 1.° de
noviembre de 2011, 1.° de noviembre del 2012 y 1.° de
noviembre del 2013, cuyo objeto fue «la venta de pasajes
para el servicio de transporte terrestre de pasajeros del
consignante por el sistema conocido en el Código de Comercio
como consignación o estimatorio»; se pactó como lugar de
ejecución la ciudad de Mocoa; que el precio de los pasajes
sería el que «fije el consignante», y se estipuló una «comisión
del 5% sobre ventas realizadas».

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También tuvo en cuenta los convenios de asociación


que la demandante suscribió con dos cooperativas para
desempeñarse como «taquillera en la ciudad de Mocoa, en
desarrollo del Convenio de Asociación Cooperativo, suscrito
con Cootranshuila LTDA.»; el acta de terminación por mutuo
acuerdo de 31 de enero de 2014; el acta de 30 de agosto
1994 mediante la cual la empresa accionada entregó a la
actora la agencia de Mocoa, y los contratos de
arrendamiento de la oficina-taquilla de Cootranshuila Ltda.
en los que la demandante prestó servicios y figura como
arrendataria la convocada a juicio (f.º 26 a 28).

Del mismo modo, resaltó que obran las circulares 039


y 067 de 2011 sobre control de ingreso de pasajeros; oficios
de 26 de mayo y 23 de enero de 1995, referentes a la
suspensión de anticipos a conductores y la entrega
oportuna de encomiendas; oficio de 6 de abril de 2006 sobre
la forma, periodicidad y procedimientos para el manejo de
boletines y de información; comunicados de 28 de
septiembre de 2010 y 11 de octubre de 2011 sobre el
incremento de las tarifas de administración para la
modalidad preferencial, el incumplimiento de horarios y
pérdidas de equipaje y el procedimiento de peticiones,
quejas y reclamos, todas remitidas por Cootranshuila Ltda.
a la demandante. Finalmente, hizo un recuento de las
declaraciones de parte y de los testimonios e infirió que «la
prestación personal del servicio por parte de la empleada no
fue desvirtuada por la demandada en detrimento de la
presunción ante dicha».

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Explicó que según los artículos 1377 y 1379 del


Código de Comercio, los contratos estimatorios o de
consignación se caracterizan porque el consignante entrega
mercancías al consignatario para que este las venda, previa
«la fijación de un precio que aquél (sic) debe entregar a éste
(sic)» y a cambio de una remuneración que puede consistir
en una comisión o en el mayor valor de venta que consiga,
según pacten.

Al paso, aclaró que aunque los contratos aportados se


ajustan a la normativa aludida, no se observó que la actora
actuara con independencia en su gestión, pues los
contratos de arrendamiento del local comercial en el que
funcionaba la taquilla en el municipio de Mocoa, permiten
evidenciar que la demandante debía ejercer la venta de los
bienes dados en consignación en el lugar que previó
Cootranshuila Ltda., quien además sufragaba el canon de
arrendamiento.

Por otra parte, los testigos indicaron que Clavijo


Arbeláez ejercía la actividad de venta de tiquetes y
aforamiento de mercancías conforme a las directrices
preestablecidas por la demandada; que esta última decidía
los horarios y el personal, y que la accionante no podía
abandonar el lugar de sus labores o dejarlo desprovisto de
personal encargado que cumpliera con la venta de tiquetes
y el envío de las mercancías.

Destacó que si bien el representante legal en su


interrogatorio aseveró que durante la relación contractual la

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empresa se limitó a entregar tiquetes y mercancía en


consignación para la venta, en detrimento de esas
afirmaciones, las documentales evidencian que la actora
estuvo vinculada a dos cooperativas de trabajo asociado
para desempeñar idénticas labores, en la misma taquilla en
la que ejecutaba el contrato de consignación y con igual
modelo de compensación equivalente al promedio de
comisiones de venta.

Además, constató que la demandante ejerció sus


funciones de manera subordinada, pues las circulares de
folios 37 a 42 y 48, permiten dilucidar que la empresa sí
daba órdenes directas a la señora Clavijo Arbeláez respecto
de la manera en que debía ejercer las actividades a su
cargo, las tarifas a aplicar, el personal a utilizar, la
remuneración y entrega de dineros a ellos, la forma como
debía rendir informes, el lleno de formatos y trámite de
inquietudes, quejas y reclamos; e incluso, la modificación
de las tarifas por concepto de administración del servicio
preferencial, todo lo cual desdice la naturaleza jurídica del
contrato de consignación que alegó la demandada.

A partir de lo visto, concluyó que no se logró


desvirtuar la presunción del artículo 24 del Código
Sustantivo del Trabajo y que entre la actora y la demandada
se estructuró un contrato de trabajo a término indefinido,
del 30 de agosto de 1994 al 31 de enero de 2014. Las
condenas por prestaciones sociales, vacaciones y aportes a
seguridad social en pensiones las calculó con el 5% del total

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de ventas realizadas entre enero de 2001 y febrero de 2014


(f.º 116 a 123) y para los demás periodos tomó el salario

mínimo legal mensual vigente por no tener registro de las


ventas efectuadas. Por último, absolvió a la accionada de
reconocer horas extras.

IV. RECURSO DE CASACIÓN

El recurso extraordinario de casación lo interpuso la


demandada, lo concedió el Tribunal y lo admitió la Sala
Laboral de la Corte Suprema de Justicia.

V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

Pretende la recurrente que la Corte case la sentencia


del «Tribunal Superior de Caquetá Sala Laboral» para que, en
sede de instancia, confirme la del a quo y la absuelva de las
pretensiones de la demanda.

Con tal propósito, formula dos cargos por la causal


primera de casación, que fueron objeto de réplica.

VI. CARGO PRIMERO

Acusa la sentencia de ser «violatoria de la sustancial,


por la vía indirecta, teniendo en cuenta que en la misma se
incurrió en errores de apreciación de pruebas». Refiere que el
Tribunal desacertó al remitirse a los artículos 23 y 24 del
Código Sustantivo del Trabajo para declarar la existencia de

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una relación subordinada, puesto que con el material


probatorio se desvirtuó esa posibilidad y se demostró que lo
ejecutado fue un contrato comercial de consignación en los
términos del artículo 1379 del Código de Comercio.

Esgrime que tanto los contratos de consignación que


datan de 1994, 2011, 2012 y 2013, como los convenios
asociativos de 2003 y 2007 fueron indebidamente
apreciados, pues de ellos no se extrae la subordinación. Los
primeros únicamente permiten establecer que a la
consignataria se le prohibió vender la mercancía a un valor
superior al establecido por Cootrasnhuila Ltda. y los
segundos fueron firmados con otras cooperativas, de modo
que no se puede deducir un vínculo laboral con la
accionada durante tales periodos.

Además, las circulares y lineamientos genéricos que


impartió la convocada a juicio sobre el límite de precios y
demás aspectos no son propios de una relación
subordinada sino de los contratos estimatorios, tal como lo
prevé el artículo 1379 del Código de Comercio «que consagra
la posibilidad que se limite el precio y que el valor se
establezca no en razón del mayor valor de la venta sino de
una comisión, como en efecto se hacía en la cláusula quinta
de dichos contratos».

VII. RÉPLICA

La opositora asegura que en el recurso se cita una

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sentencia del Tribunal del Caquetá y la providencia materia


del recurso la profirió el Tribunal de Neiva. Al margen de lo
anterior, expuso que la segunda instancia valoró
correctamente las pruebas acusadas, pues las analizó en
contexto con los demás medios de convicción, que
demostraron que la convocada a juicio daba órdenes a la
demandante mediante circulares y direccionamientos y
definía el lugar y los horarios en los que debía vender los
tiquetes, elementos que resultan ajenos al contrato
estimatorio.

VIII. CONSIDERACIONES

Si bien el recurrente incurrió en un lapsus calami al


referir que la sentencia impugnada proviene de la Sala
Laboral del Tribunal Superior de Caquetá, tal dislate es
superable, por lo que habrá de entenderse para todos los
efectos de este recurso que la sentencia atacada emana del
Tribunal de Neiva.

En cuanto al fondo del asunto, la impugnante discute


la inferencia del Tribunal frente a los contratos estimatorios
de 30 de agosto de 1994, 1.° de noviembre de 2011, 1.° de
noviembre de 2012 y 1.° de noviembre de 2013, pues con
ellos se demuestra que la relación jurídica con la
demandante fue de índole comercial y no laboral. También
reprocha la valoración de los convenios cooperativos de 17
de junio de 2003 y 12 de febrero de 2007 celebrados entre
la demandante y las cooperativas de trabajo asociado Nuevo

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Milenio Colombiano y Servicios Integrales, los cuales dejan


claro que la accionada no era la empleadora.

Como bien destacó el juzgador, desde el punto de vista


formal, los contratos de consignación acusados se ajustan a
lo previsto en los artículos 1377 a 1379 del Código de
Comercio que permiten al consignante fijar el precio de la
venta de las mercancías dadas en consignación. Ello no
implica que bajo esta modalidad, el contratante pueda
definir unilateralmente el horario, el lugar o la manera en
que el consignatario deba ejecutar la venta acordada.
Claramente, la injerencia del contratante en la forma, la
periodicidad y las condiciones en las que se ejerce el objeto
contractual, desnaturaliza su connotación comercial y
denota la existencia de una relación subordinada.

En efecto, en los contratos consta que la demandante


se obligó a «vender las mercancías del consignante, previa
fijación de un precio que este debe fijar y entregar a aquel»;
que debía vender «servicio de transporte de pasajeros, carga
y encomiendas, tiquetes y papelería que se destina en la
actividad de transporte»; que el precio de venta era definido
por la accionada y que el valor a pagar era el 5% «sobre las
ventas realizadas de contado una vez descontado el valor de
los seguros de transporte de pasajeros durante cada mes».
Además, se le prohibió a la consignataria «modificar el precio
de venta» de los tiquetes y servicios sin autorización del
consignante, ceder el contrato, «agenciar, negociar o vender
mercancías similares a las del consignante de otra u otras

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empresas dedicadas a la misma actividad» y liquidar


directamente el porcentaje de comisión.

Aunque en tales actos expresamente se consignó que


«el presente documento no es un contrato de trabajo, puesto
que no existe ánimo de celebrarlo, ni existe subordinación, ni
dependencia, ni remuneración», esta estipulación resulta
insuficiente para enervar la presunción de contrato de
trabajo consagrada en el artículo 24 del Código Sustantivo
del Trabajo, para lo cual Cootranshuila Ltda. debía
demostrar que la señora Clavijo Arbeláez prestó sus
servicios con autonomía y total independencia, por lo que
resulta infructuoso suplir tal carga mediante el texto del
contrato, ya que lo que se busca no es constatar la
modalidad de contratación escogida, sino comprobar la
correspondencia entre lo estipulado y la realidad. Así
entonces, el juez está llamado a definir, más allá del
aspecto formal, si existe una relación laboral subyacente, lo
cual solo se logra a través del análisis meticuloso de las
circunstancias en las que se ejecutó el contrato.

En tal contexto, al evaluar las circunstancias de


ejecución de la labor encomendada, se comprobó que
Clavijo Arbeláez estaba supeditada a las instrucciones,
autorizaciones, órdenes y lineamientos que impartía
Cootranshuila Ltda. en cuanto al manejo de la información,
control de pasajeros, manipulación, registro y aforo de
encomiendas y mercancías. Además, debía cumplir el
procedimiento definido por Cootranshuila Ltda. para la
atención de quejas y reclamos, descuentos y aumentos

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aplicables a tarifas, consignación del precio de la venta,


elaboración de boletines, entre otros aspectos que
denotaban que la dirección entera de la actividad de la
demandante provenía de la empresa, en detrimento de su
supuesta autonomía.

Al mismo tiempo, se pudo corroborar mediante la


prueba testimonial, que la actora debía cumplir
estrictamente el horario señalado por la empresa de
transporte, efectuar la venta de tiquetes y el aforo de
mercancías en el local comercial donde funcionaba la
taquilla de la empresa, labor que debía ejercer
personalmente y con exclusividad para la demandada. Tales
circunstancias resultan indiscutidas en esta sede, y lejos de
desvirtuar la presunción de contrato de trabajo que opera
contra la llamada a juicio, confirmaron que la labor se
desarrolló bajo el control de Cootranshuila Ltda., dentro de
sus instalaciones, con sus materiales de trabajo y
cumpliendo un horario estricto.

De acuerdo con las demás pruebas que no merecieron


reproche de la impugnante, se pudo ratificar que la actora,
en efecto, atendió la taquilla que Cootranshuila Ltda. tomó
en arriendo en la ciudad de Mocoa; que debía cumplir
estrictamente el horario previsto por la empresa para
atención al público y que la promotora carecía de
autonomía y capacidad de maniobra en cuanto al lugar, la
forma de comercialización y el tiempo de dedicación para la
actividad, todo ello a cambio de una remuneración,
representada en comisiones sobre las ventas efectuadas.

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Los convenios cooperativos que acusa la recurrente


tampoco demuestran que el beneficiario de la labor fuera
distinto a la demandada, por cuanto a través de ellos la
demandante se vinculó como «TAQUILLERA en jornada
ordinaria de COOTRANSHUILA LTDA. con un[a]
compensación mensual del 7% sobre la[s] ventas de tiquetes
que se efectúe en la taquilla de dicha entidad, en la ciudad
de Mocoa». De su contenido y conforme a las demás
pruebas, el ad quem concluyó que se simuló una relación
tripartita para encubrir el contrato de trabajo que ató a las
partes, inferencia que resulta razonable, si se tiene en
cuenta que la actora continuó vendiendo tiquetes y aforos
de encomiendas para la sociedad accionada, en los mismos
términos y condiciones que lo venía haciendo desde 1994.

A la par, no hay evidencia de que tales cooperativas


tuvieran una verdadera estructura organizacional,
prestaran servicios de manera autogestionaria o de que
realmente hubieran celebrado un acuerdo marco de
cooperación con Cootranshuila Ltda., por lo que no luce
descabellado que el Tribunal las catalogara como una
simple fachada destinada a encubrir la relación laboral.

En esa medida, al no encontrarse algún yerro sobre los


medios de convicción que soportan la acusación, el cargo no
prospera.

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IX. CARGO SEGUNDO

Lo formula por la vía directa, «por la aplicación


indebida de los artículos 23 y 24 del Código Sustantivo del
Trabajo y de los artículos 1377 y 1379 del Código de
Comercio, violación medio que condujo a la interpretación
errónea de dichas disposiciones (sic) los artículos 23, 24 y 58
numeral 1 del Código Sustantivo del Trabajo y la infracción
directa de los artículos 29, 228 y 230 de la Carta Magna».

Refiere que «no acepta la intelección del acervo


probatorio que llevó a cabo el fallador de segundo grado»,
especialmente frente a la existencia de subordinación,
elemento diferenciador de los contratos laborales y
comerciales, el cual faculta al empleador a exigir el
cumplimiento de órdenes en cuanto a modo, tiempo y
cantidad de trabajo o imponerle reglamentos al trabajador.

Apela a la sentencia CSJ SL3020-2017, para significar


que durante un contrato de prestación de servicios se
pueden impartir instrucciones, fijar horarios, solicitar
informes y fijar medidas de supervisión o vigilancia sobre
las funciones con el fin de coordinar su correcto
cumplimiento, sin que ello implique subordinación. Por
tanto, perdió de vista el juzgador que en los contratos
estimatorios se puede limitar el precio de venta al
consignatario sin que ello sea indicio de una relación
subordinada, debido a que los artículos 1377 y 1379 del
Código de Comercio consagran expresamente tal facultad.
Así, de haber interpretado correctamente las normas

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comerciales, el Tribunal habría entendido que la limitación


del precio no se asimila a órdenes o subordinación.

Teniendo en cuenta que el Código de Comercio permite


al consignante impartir instrucciones en los contratos
estimatorios, el ad quem aplicó indebidamente el artículo 24
del Código Sustantivo del Trabajo, toda vez que no podía
acudir al régimen laboral si no se acreditó que
Cootranshuila Ltda. ejerciera algún poder subordinante en
la actora.

Igualmente, denuncia la infracción de los artículos 164


y 176 del Código General del Proceso, «pues se requiere la
prueba para el fallo judicial y sin ella no podrá ser posible la
declaración a favor del sujeto procesal que no la incorpora o
que no prueba los hechos materia del debate». Para la
recurrente, el Tribunal soslayó el artículo 167 del Código
General del Proceso, en tanto al tratarse de una pretensión
de la demandante, era ella quien debía probar la
subordinación que invocó.

De esa forma, concluyó que «fue equivocada la


declaratoria de existencia de un contrato de trabajo y los
consecuentes reconocimientos prestacionales efectuados en
la sentencia impugnada, pues para ello debe aparecer
probado precisamente un vínculo subordinado y una
prestación personal (que en este caso no podría presumirse
como se dijo), por lo cual, es irrefragable que con el fallo
recurrido se transgredieron las disposiciones incluidas en la
proposición jurídica».

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X. RÉPLICA

La contraparte reitera el mismo defecto formal del


cargo anterior y, en cuanto a la subordinación, explicó que
se demostró sobradamente mediante las pruebas
documentales y testimoniales que reseñó el Colegiado de
instancia.

Manifestó que el artículo 1379 del Código de Comercio,


no faculta al consignante a generar instrucciones ni
órdenes al consignatario; únicamente permite que este
último venda las mercancías a un precio superior, siempre
que no se haya prohibido expresamente, caso en el cual,
tendrá derecho a la comisión estipulada, a la usual o, en su
defecto, a la que determinen los peritos. En consecuencia,
tal artículo no permite la interpretación que propone la
censura y tampoco aplica al asunto, porque las partes
fijaron la comisión que se pagaría, con base en la venta
diaria de tiquetes.

Finalmente, recalcó que la impugnante desconoce que


el artículo 24 del Código Sustantivo del Trabajo
corresponde a una presunción legal, según la cual «basta
probar la subordinación jurídica para la existencia del
contrato de trabajo» y ello «está demostrado dentro de la
foliatura hasta la saciedad», de manera que la parte actora
cumplió su carga probatoria.

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XI. CONSIDERACIONES

Corresponde a la Corte elucidar si los artículos 1377 y


1379 del Código de Comercio facultan al consignante a
impartir órdenes e instrucciones al consignatario y si el
Tribunal desatendió la carga probatoria que concernía a la
actora, de acuerdo con los artículos 164, 167 y 176 del
Código General del Proceso.

En el contrato estimatorio o de consignación un


consignatario se obliga a vender mercancías del
consignante, «previa la fijación de un precio que este último
debe entregarle». De esta manera, el consignatario deberá
pagar al consignante el precio de lo vendido o de lo que no
le haya devuelto al vencimiento del plazo convenido y, a
cambio, tendrá derecho a apropiarse del «mayor valor de la
venta de las mercancías», a menos que esta facultad haya
sido limitada, caso en el cual tendrá derecho a la comisión
estipulada, o a la usual, o a la que determine un perito.
(artículos 1377 a 1381 del Código de Comercio).

Nótese que según la ley comercial, el objeto de este


tipo de acuerdos es la venta de mercancías o bienes, mas
no de servicios; además, el consignante únicamente podrá
definir, con anuencia del consignatario, el plazo de venta, el
precio y la comisión o remuneración del contrato, de modo
que el legislador no facultó al consignante para limitar la
modalidad o periodicidad de comercialización de los bienes,
mucho menos para emitir direccionamientos, instrucciones
u órdenes relacionadas con la manera en que el

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consignatario cumple su obligación. No puede entonces el


consignante invocar la ley comercial para delimitar
horarios, emitir órdenes, exigir boletines o interferir en la
manera en la que el contratista efectúa la gestión de venta,
pues ello no es connatural a este tipo de negocios.

Ahora, aun cuando la Sala ha admitido la posibilidad


de coordinación y supervisión en los contratos comerciales,
ello no se asimila a la capacidad de impartir órdenes,
instrucciones e incluso a la potestad correctiva que se
predica del empleador; sino a la facultad de especificar
lineamientos mínimos para que la actividad se desarrolle de
manera autónoma, pero coherente con el objeto
contractual.

Asimismo, aunque el principio de autonomía de la


voluntad permite a las partes convenir distintos aspectos
contractuales, tal facultad no es ilimitada, en tanto debe
ejercerse dentro de los límites constitucionales y legales. De
este modo, los contratantes bien pueden estipular la
coordinación o supervisión del objeto contractual, pero
siempre atendiendo las normas laborales de orden público,
pues si se presentan los elementos de una relación jurídica
subordinada, se tratará, en verdad, de un contrato de
trabajo, con independencia de la forma que se le dé -
artículos 53 de la Constitución Política, 23 y 24 del Código
Sustantivo del Trabajo-.

En consecuencia, se tiene que no es de la esencia del


contrato estimatorio o de consignación que el consignante

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coordine, dirija o instruya la actividad del consignatario.


Cabe aclarar que aunque las partes pueden estipular la
coordinación y supervisión de la ejecución del contrato, la
injerencia desmedida del contratante en la labor del
consignatario puede trasmutar el contrato comercial en uno
laboral, en tanto desaparece la autonomía que los
caracteriza, como en efecto ocurrió en el sub judice.

Finalmente, sobre el incumplimiento a la carga


probatoria que correspondía a la demandante, conviene
recalcar que la regla general del artículo 167 del Código
General del Proceso, según la cual, al actor le incumbe
demostrar los hechos en los que basa sus pretensiones,
admite excepciones. Así, desconoce la recurrente que el
legislador ha previsto presunciones legales que permiten
inferir la existencia de unos hechos a partir de la
demostración de otros, como es el caso del artículo 24 del
estatuto sustantivo laboral.

Conforme al artículo en cita, basta que el demandante


acredite la prestación personal del servicio y los extremos
temporales para que se presuma la existencia de una
relación de trabajo, con lo cual, se traslada la carga
probatoria al extremo pasivo, quien deberá acreditar que las
actividades se desarrollaron con la independencia y
autonomía propia de los contratos civiles y comerciales
(CSJ SL, 1.º jul. 2009, rad. 30437, CSJ SL, 5 ag. 2009, rad.
36549, CSJ SL, 13 abr. 2010, rad. 34223, CSJ SL, 6 mar.
2012, rad. 42167, CSJ SL6621-2017, CSJ SL2536-2018 y
CSJ SL1166-2018, entre otras).

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En tal sentido, no sale victoriosa la acusación


planteada, por cuanto la llamada a juicio fracasó en
demostrar que Flavia Cornelia Clavijo Arbeláez actuó de
manera autónoma e independiente como «taquillera», lo que
imponía al Tribunal aplicar la presunción legal antedicha y
declarar la existencia de un contrato de trabajo, pues no
hubo discusión en torno a los servicios prestados a la
demandada.

Conforme a lo anterior, el cargo tampoco prospera.

Las costas en el recurso extraordinario estarán a cargo


de la parte recurrente. Se fijan como agencias en derecho la
suma de ocho millones ochocientos mil pesos ($8’800.000)
m/cte., que se incluirán en la liquidación que se practique
conforme lo dispuesto en el artículo 366 del Código General
del Proceso.

XII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO
CASA la sentencia que la Sala Civil – Familia - Laboral del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva profirió el
18 de febrero de 2019, en el proceso que FLAVIA
CORNELIA CLAVIJO ARBELÁEZ adelanta contra la
COOPERATIVA DE TRANSPORTADORES DEL HUILA
LTDA. – COOTRANSHUILA LTDA.

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Radicación n.° 84631

Costas como se indicó en la parte motiva.

Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el


expediente al Tribunal de origen.

OMAR ÁNGEL MEJÍA AMADOR


Presidente de la Sala

GERARDO BOTERO ZULUAGA

FERNANDO CASTILLO CADENA

CLARA CECILIA DUEÑAS QUEVEDO

LUIS BENEDICTO HERRERA DÍAZ

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Radicación n.° 84631

IVÁN MAURICIO LENIS GÓMEZ

JORGE LUIS QUIROZ ALEMÁN

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