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Monte Palatino

El Monte Palatino es una de las siete colinas de Roma y el lugar donde, según la leyenda, Rómulo fundó la ciudad. Fue la residencia de los primeros emperadores romanos a partir de Augusto. Augusto transformó el Palatino en la residencia exclusiva de la familia imperial y construyó varios palacios allí.
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Monte Palatino

El Monte Palatino es una de las siete colinas de Roma y el lugar donde, según la leyenda, Rómulo fundó la ciudad. Fue la residencia de los primeros emperadores romanos a partir de Augusto. Augusto transformó el Palatino en la residencia exclusiva de la familia imperial y construyó varios palacios allí.
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Monte Palatino.

El monte Palatino (en latín Collis Palatium o Mons Palatinus) es la más


céntrica de las siete colinas de Roma, y la de menor elevación: se alza a 50 m
sobre el Foro Romano, quedando entre este y el Circo Máximo.

Es una de las áreas más antiguas de la ciudad de Roma, con yacimientos


arqueológicos que datan en torno al año 1000 a. C. y formaba parte de la
llamada Roma Quadrata. Según la leyenda era el lugar donde Rómulo fundó
Roma, y donde fijó su morada. Durante el Principado, fue la residencia oficial
de los primeros emperadores de Roma, ya que Augusto tenía su casa en la
colina, la cual pronto se convirtió exclusivamente en la sede imperial. De
hecho, el origen etimológico de la palabra ‘palacio’ en español y otros idiomas
(palazzo en italiano, palace en inglés, palais en francés, "palast" en alemán)
proviene a través del latín ("palatium") del nombre de esta colina.

Geografía.
La colina tiene forma de cuadrilátero irregular, con orientación este-oeste, una
longitud de unos dos kilómetros, y una altura de unos 50m. Originariamente,
el Palatino contaba con tres cimas diferenciadas: el Germal (Cermalus),
situado en la parte occidental, y que tenía una altura de unos 51m, y el
Palatual (Palatium), que era su cumbre con 51,2m. Al noreste se hallaba la
pequeña colina Velia, en cuya cumbre se encuentra el Arco de Tito y que
conecta al Palatino con el Esquilino al norte; a veces se considera el monte
Velio como la tercera cima del Palatino, desde donde se desciende al Foro
romano. Al sur, el Palatino forma con el Aventino la hondonada del Circo
Máximo, a veces llamada vallis Murcia (valle de Murcia). Al oeste, forma con
el Capitolio un pequeño valle llamado Velabro (Velabrum), que se abre hacia
el Tíber. El valle que forma al este con el monte Celio es a veces llamado el
valle del Palatino.

Etimología.
Según Tito Livio, su nombre proviene de la ciudad de Palanteo, edificada en
ese mismo lugar, cuyo nombre deriva o bien del padre del rey griego Evandro,
o bien de su ciudad de origen en Arcadia. Algunos autores han relacionado
esta palabra con palātum (“paladar”), en el sentido de bóveda, haciendo notar
que Ennio la utilizaba como designación de la bóveda celeste (caeli palātum),
detrás de lo cual podría haber una etimología etrusca, a saber: 𐌚𐌀𐌋𐌀𐌃 / falad
(“cielo”).
Mitología.
Según la mitología romana, el Palatino era el lugar donde estaba la cueva,
conocida como el Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo y
que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó. Según esta leyenda, el
pastor Fáustulo encontró a los niños, y con su esposa Aca Larentia los crio.
Cuando ellos crecieron, mataron a su tío abuelo, quien había despojado del
trono de Alba Longa a su abuelo, y decidieron erigir una nueva ciudad a
orillas del río Tíber, llamada Roma por su fundador; Rómulo. Durante la
ceremonia de fundación, Remo desafió el ritual por lo que su hermano lo
mató.

En 2007, arqueólogos italianos anunciaron que probablemente habían


encontrado la legendaria cueva del Lupercal debajo de los restos de la casa del
emperador Augusto.

Historia.
Los grandes muros de contención que ampliaron la zona del Palatino
disponible para el complejo de edificios imperiales.

Época arcaica y republicana.


Roma fue fundada en el monte Palatino, con sus tres cimas, Cermalus,
Palatium y Velia, donde la leyenda dice que Rómulo fijó su residencia. De
hecho, excavaciones recientes en la zona muestran que ha estado habitado
desde aproximadamente el año 800 a.C. En la ladera suroeste, los romanos
identificaron una serie de cabañas de madera de reducido tamaño con la
supuesta vivienda de Rómulo, el fundador de Roma, y los honraron con un
complejo religioso cuyos restos forman parte de la llamada Casa Romuli (casa
de Rómulo). Los restos arqueológicos hallados en esta zona han sido datados
hacia finales del siglo X a.C.

Los reyes de Roma tenían su residencia en el Palatino, que fue completamente


rodeado por las murallas de Servio Tulio (578 a.C.-534 a.C.). Durante la
República romana, el Palatino estaba habitado por todas las clases sociales, y
albergaba un complejo religioso en la ladera suroeste, centrado en la Casa de
Rómulo. Además de este, se consagraron otros complejos religiosos, como el
Templo de la Victoria erigido en la ladera suroeste por Lucio Postumio
Megelo en 294 a. C. en conmemoración por la victoria sobre los samnitas. En
el 204 a. C., se introdujo el culto a la Magna mater, inspirado por el de
Cibeles, y siguiendo los consejos de los Libros Sibilinos, se erigió un primer
templo en honor de la diosa en la ladera suroeste, entre el Templo de la
Victoria y la Casa de Rómulo, que fue reconstruido el 111 a. C. y el 2 d. C.
tras sucesivos incendios.

En los últimos siglos de la República, el Palatino fue progresivamente


ocupado por las clases más acomodadas, y albergó las mansiones y villas de
los patricios y équites más influyentes. Entre otros, Cnaeo Octavio, Tiberio
Graco, Marco Fluvio Flaco, Lucio Licinio Craso, Quinto Hortensio, y Marco
Livio Druso tuvieron residencias en el Palatino. Marco Antonio, Tiberio
Nerón, y Cicerón adquirieron villas en el Palatino por motivos de prestigio
social. El futuro emperador Augusto nacería en una villa situada en la ladera
noreste.

Época Imperia
Palacios del monte Palatino.
El emperador Augusto comenzó la transformación del Palatino en residencia
exclusiva de los emperadores romanos en 32 a. C. al adquirir la vivienda de
Quinto Hortensio en la zona oeste de la colina. La llamada Domus Augusti
tenía para Augusto un alto valor simbólico, al estar emplazada junto a la Casa
Romuli, supuesta vivienda original de Rómulo, el fundador de Roma, y al
Templo de Apolo Palatino que Augusto había decidido erigir en 28 a. C. en
conmemoración de la batalla de Accio, cuya victoria Augusto atribuía a la
intercesión del dios Apolo.5 Para enfatizar aún más su simbolismo divino, en
la ladera occidental cercana a la Casa de Rómulo, Augusto reconstruyó el
Templo de Cibeles, que había sido pasto de las llamas en un incendio en el
año 38 a. C. Este templo reforzó la conexión de Augusto y de Roma con
Troya, de donde el culto a Cibeles era originario: el héroe troyano Eneas era el
supuesto ancestro de Augusto.

La Domus Augusti original era una residencia típica de un ciudadano


acomodado, ya que Quinto Hortensio había sido un acaudalado senador y
destacado orador, con un peristilo decorado con columnas de piedra local y
una serie de habitaciones de tamaño modesto organizadas alrededor del
peristilo. Sus proporciones y decoración eran sencillas en comparación con el
lujo extremo de otros monarcas. Las recepciones oficiales de Augusto se
habrían celebrado en la planta principal de esta casa, que Augusto mantuvo
grandemente inalterada con un calculado efecto propagandístico pretendido, al
mostrar a Augusto como un ciudadano más. Pese a ello, Augusto pronto
expandió la vivienda original, primero añadiendo un segundo piso que alojaba
los apartamentos privados de la familia imperial, y que estaban decorados con
mucho más lujo que la zona original, destinada a las recepciones públicas.6

Augusto fue adquiriendo otras viviendas adyacentes, y hacia finales del siglo I
a. C. extendió la Domus Augusti por medio de un lujoso pórtico abovedado al
otro lado del Templo de Apolo Palatino, que de este modo quedó convertido
en un patio de la residencia del emperador. No se conservan restos de esta
residencia inicial, puesto que fue demolida por Nerón y Domiciano para
expandir las llamada Domus Augustana (no relacionada con Octavio Augusto)
y la Domus Flavia.

Para principios del siglo I d. C., Augusto había adquirido todas las residencias
privadas del Palatino, y convertido la colina original en la residencia y sede de
la familia imperial. En la zona norte de la Domus Augusti original, expandió
una antigua villa republicana que conectó con la Domus Augusti. Esta villa es
hoy en día conocida como Casa de Livia, pues fue allí donde se retiraría a
vivir su viuda Livia Drusila tras de la muerte de Augusto en 14 d. C. En la
zona circundante al Templo de Apolo Palatino, Augusto hizo construir dos
bibliotecas, una latina y otra griega, en lados opuestos del peristilo del
Templo. Su propia villa natal, situada en la zona noreste del Palatino y
mirando al Foro, fue conservada como un elemento simbólico de la nueva
Roma que el emperador había fundado.

Su sucesor, el emperador Tiberio, prefirió trasladar su residencia a un


complejo más espacioso y lujoso en la zona noroeste del Palatino, donde hizo
construir el llamado Palacio de Tiberio, que miraba al Foro y se hallaba en la
zona donde Cicerón y el propio padre de Tiberio habían tenido sus propias
villas. Como quiera que Tiberio pasaba largas temporadas en sus residencias
fuera de Roma, el Palacio de Tiberio pronto comenzó a ser empleado
principalmente como sede de la burocracia imperial y de los archivos de la
administración del emperador. Calígula añadió algunos elementos a la Domus
Augustana al este del Templo de Apolo, y construyó un pórtico de acceso
privado al Circo Máximo. También modificó parte del Palacio de Tiberio, que
conectó al Foro a través del Templo de Cástor y Pólux. Claudio garantizó el
suministro de agua del Palatino al hacer terminar en esta colina el Aqua
Claudia, uno de los cuatro grandes acueductos que abastecían a Roma.

Durante el principado de Nerón, la zona este del Palatino fue extensamente


reformada. Primeramente, Nerón construyó con gran lujo un nuevo palacio, la
Domus Transitoria, en la zona norte de la colina y adyacente al Palacio de
Tiberio. A raíz del Gran Incendio de Roma en 64, partes del Palatino
incluyendo la Domus Transitoria fueron pasto de las llamas. Nerón decidió
entonces reformar una parte sustancial del este de Roma, donde hizo erigir su
famosa Domus Aurea entre el Palatino y el Esquilino. Este palacio estaba
formado por una serie de pabellones, jardines y casas de recreo. En el Palatino
reconstruyó con gran lujo la Domus Transitoria, haciendo erigir un suntuoso
comedor rotatorio bajo una cúpula de gran tamaño diseñada por el arquitecto
Céler y redescubierto en 2011.

Sus planes de reconstrucción quedaron truncados por la revuelta de Galba en


su contra. Aunque sus sucesores Galba, Otón y Vitelio ocuparon brevemente
el palacio de Nerón, Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia decidió
hacerlo derruir y en su lugar reformó la Domus Augustana, añadiendo primero
una zona de recepciones públicas al este de la vivienda de Augusto y de
Tiberio y Calígula. Sus hijos Tito y sobre todo Domiciano acometieron
sucesivas reformas, hasta que en 98. la Domus Flavia adquirió las
características con las que ha llegado hasta hoy: un estadio con peristilo al
este, una zona de recepciones públicas al norte y una vivienda privada frente
al Circo Máximo, conectada y a la vez parte de las extensiones originales de la
Domus Augusti. Esta residencia, a veces llamada Palacio de Domiciano sería
empleada con modificaciones menores por todos los emperadores de la
dinastía Antonina.

En el siglo II, el emperador Septimio Severo acometió la última gran reforma


del Palatino, al construir la llamada Domus Severiana en la zona sureste del
Palatino. Esta residencia estaba erigida sobre imponentes terrazas artificiales y
abovedadas que la elevaban del nivel del suelo hasta el nivel de la Domus
Flavia, y que aún pueden observarse hoy en día. La Domus Severiana contaba
con su propio complejo termal, e iba rematada por el famoso Septizodio en la
zona donde la vía Apia conecta con el Palatino. El Septizodio era una fuente
ornamental muy admirada por sus grandísimas dimensiones, con lujosas
decoraciones y columnatas de mármol.9 Aunque para el siglo VIII ya estaba
en ruinas, los restos de esta fuente se conservaron hasta el siglo XVI, cuando
en 1588 el papa Sixto V ordenó a su arquitecto Domenico Fontana reciclar los
mármoles del monumento en la construcción de la Piazza del Popolo y otros
monumentos de Roma. El emperador Heliogábalo añadió un templo al culto
solar en la ladera norte, mirando al Foro.

El Palatino siguió siendo habitado por los emperadores de Roma durante el


siglo III. Sin embargo, a partir del reinado de Diocleciano los emperadores de
Roma empezaron a preferir establecer su corte en ciudades secundarias, y el
Palatino, aunque todavía nominalmente residencia oficial del emperador, dejó
de ser ocupado, con la excepción de la zona suroeste (la Domus Augustana),
donde los emperadores mantuvieron una residencia para sus estancias en
Roma. En el siglo IV, el emperador Honorio trató de restablecer el Palatino
como morada habitual del emperador, aunque la situación política lo obligó a
mudarse a Rávena. En el 454 fue ocupado por Valentiniano III y su general
Aecio.

Edad Media.
En 476, cuando cayó el Imperio romano de Occidente, el Palatino había sido
abandonado de nuevo. Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, decidió
restaurar la Domus Augustana como parte de la campaña de restauración de
monumentos romanos acometida bajo su reinado, pero residió la mayor parte
del tiempo en Rávena. El general Belisario también residió en el Palatino
durante su breve estancia en Roma en 536 tras tomarla a los ostrogodos.
Finalmente, el general bizantino Narsés, fijó su residencia en el Palatino tras la
toma de Roma, donde vivió entre 551 y 573. Durante el Exarcado de Rávena,
el Palatino continuó siendo nominalmente una residencia imperial, aunque el
exarca residiera en Rávena.

El declive urbano de Roma durante el período comprendido entre 573 y 751


significó el abandono completo del Palatino y las residencias imperiales, sobre
todo a raíz de la interrupción del suministro de agua al Palatino tras la
destrucción parcial del acueducto del Aqua Claudia (que abastecía al Palatino)
durante el sitio de Roma en 537-538.

Tras el fin del exarcado de Rávena y de la ocupación bizantina de Roma, el


papado reclamó la zona. Aunque los papas siguieron residiendo sobre todo en
el Palacio de Letrán, algunas de las estructuras imperiales fueron recicladas
como lugares de culto. La basílica de San Anastasio, construida en los siglos
III-IV en el Velabrum, junto a la vertiente occidental del Palatino, fue quizás
expandida hacia la colina. La iglesia de Santa Lucía in Septisolio fue
construida entre las ruinas del Septizodio, y en el emplazamiento del templo
solar de Heliogábalo se consagró una capilla a San Sebastián. Anexa a ésta, en
la zona del antiguo templo de Minerva, se construyó un monasterio llamado
de Santa Maria in Pallara, donde Gelasio II fue elegido papa en 1118.

Para el siglo XI el Palatino se hallaba en ruinas, y las familias de la


aristocracia romana comenzaron a disputarse el control de la colina. Los
Frangipane fortificaron su posición en la zona oriental del Palatino, entre las
ruinas del Septizodio y el arco de Tito, y convirtieron el Coliseo en una
fortaleza.

Renacimiento y edad contemporánea.


La colina recobró interés durante los siglo XV y XVI, cuando comenzó a ser
empleada por la aristocracia como zona de esparcimiento. Se plantaron viñas y
jardines, y se comenzaron a desenterrar algunos restos, sobre todo
escultóricos. Los Barberini erigieron un jardín en la zona de San Sebastián; los
Ronconi en la ladera sur, y los Magnani entre las ruinas de la Domus
Augustana. El cardenal Alejandro Farnesio hizo allanar los restos de la Domus
Tiberiana, sobre los cuales ordenó plantar los grandes jardines Farnesio, aún
situados en ese lugar. El Palatino se convirtió en una popular fuente de
mármol durante el Renacimiento. Además del desmantelamiento del
Septizodio en 1588, se saquearon los mármoles de la Domus Augustana y los
restos de la Domus Severiana.

Las primeras excavaciones arqueológicas comenzaron durante el siglo XVIII.


El duque de Parma Francisco Farnesio, heredero de los jardines Farnesio,
ordenó al abate Francesco Bianchini excavar la zona entre 1722 y 1724.
Bianchini descubrió los restos de la Domus Flavia, y dos estatuas colosales de
Hércules y de Baco, actualmente expuestas en la colección Farnesio de Parma.
Medio siglo más tarde, el abate Rancoureuil descrubió la zona inferior de la
Domus Augustana en la vertiente meridional del Palatino, y recobró una
estatua de Apolo hoy en día expuesta en el Museo Pío Clementino.

Las excavaciones científicas comenzaron en el siglo XIX, y continúan hasta


hoy en día, con el Palatino convertido en un museo al aire libre. En el siglo
XIX se redescubrió la Domus Romuli, restos de la época republicana y la Casa
de Livia. En el siglo XX se descubrieron los restos de la Domus Transitoria de
Nerón. En los años 60 se excavó la Domus Augusti, cuyo descubrimiento fue
anunciado en 2001. En 2011 se anunció el descubrimiento de la sala rotatoria
de la Domus Aurea en el Palatino. La zona de los jardines Farnesio y la capilla
de San Sebastián continúan sin excavar.

Localización.
Un edificio, que se cree que era la residencia de Livia (58 a. C.-29), la esposa
de Augusto, está actualmente en fase de renovación. Situada cerca de la casa
de Livia está el templo de Cibeles, actualmente no excavado del todo y no
abierto al público. Detrás de esta estructura, encajada en un lado de la colina,
está la llamada Domus Tiberiana, que apenas ha sido excavado al hallarse la
mayor parte del edificio bajo los Jardines Farnesio.

Sobre el Foro Romano está la Domus Flavia que fue construida en gran
medida durante el reinado de la dinastía flavia (69-96) —Vespasiano, Tito y
Domiciano—. Este palacio, que fue extendido y modificado por varios
emperadores, se extiende por todo el Palatino y tiene vistas al Circo Máximo.
La edificación de la mayor parte del palacio visible desde el Circo fue
emprendida durante el reinado del emperador Septimio Severo (146-211).

Inmediatamente anexo al palacio de Severo está el Hipódromo de Domiciano.


Esta es una estructura que tiene la apariencia de un circo romano y cuyo
nombre significa circo en griego, pero es demasiado pequeño para carreras de
carros. Puede describirse mejor como un estadio griego, esto es, un local para
carreras pedestres. No obstante, su propósito exacto es objeto de debate. Es
cierto que se usó para acontecimientos deportivos en la época de los Severos,
pero lo más probable es que en origen se construyera como un jardín con
forma de estadio. Según una guía de la Sopraintendenza Archeologica di
Roma, la mayor parte de las estatuas del cercano museo Palatino proviene del
Hipódromo. Domiciano también construyó un estadio más grande que fue
realmente usado para competiciones pedestres; existe actualmente como Plaza
Navona, lo stadio di Domiziano.

El Palatino es hoy un gran museo al aire libre y puede visitarse durante el día
por un pequeño recargo con el mismo billete que el Coliseo. Hay dos entradas,
una cerca del Arco de Tito en el foro romano y la otra en Via di San Gregorio,
la calle que queda justo detrás del Arco de Constantino, a 200 metros solo de
él, alejándose del Coliseo.

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