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Hegemonia Del Poder

La visión marxista de la sociedad postula que existe una lucha continua entre grupos sociales determinados económicamente. Antonio Gramsci explicó que la clase gobernante no solo ejerce represión, sino también subyugación ideológica a través de la "hegemonía", difundiendo su visión del mundo como sentido común. Esta hegemonía cultural modela el pensamiento de todas las clases sociales. Sin embargo, los individuos pueden pensar críticamente y resistirse a las "ilusiones", amenazando el dominio ideológico de la cl
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Hegemonia Del Poder

La visión marxista de la sociedad postula que existe una lucha continua entre grupos sociales determinados económicamente. Antonio Gramsci explicó que la clase gobernante no solo ejerce represión, sino también subyugación ideológica a través de la "hegemonía", difundiendo su visión del mundo como sentido común. Esta hegemonía cultural modela el pensamiento de todas las clases sociales. Sin embargo, los individuos pueden pensar críticamente y resistirse a las "ilusiones", amenazando el dominio ideológico de la cl
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HEGEMONIA DEL PODER

La visión marxista de la sociedad postula que la vida es una lucha continua entre
grupos sociales. Estos grupos están determinados económicamente, y la
modernidad ha intensificado el conflicto convirtiéndolo en una lucha por el poder
entre una élite gobernante minoritaria y la mayoría, compuesta por trabajadores. El
socialista y pensador social italiano Antonio Gramsci intentó explicar por qué las
crisis no precipitan revoluciones, tal y como debiera suceder según la teoría
marxista clásica. Afirmó que la represión que ejerce la clase gobernante no basta
para garantizar un orden social estable: también es necesaria la subyugación
ideológica. Esta se da en un complejo proceso por el cual la élite gobernante
difunde su visión del mundo, de modo que es aceptada como de sentido común y
prácticamente incuestionable. Esto es lo que Gramsci llamó «hegemonía», un
disimulado modo de dominación de clase que explica por qué los trabajadores
pueden acabar convirtiéndose en fascistas en vez de revolucionarios.

La lucha hegemónica
Gramsci afirmó que la hegemonía es cultural y que está implicada en una lucha
entre visiones del mundo basadas en la clase, lo que incluye valores, ideas,
creencias y concepciones sobre lo que los seres humanos y la sociedad son y,
sobre todo, podrían ser. La hegemonía, explicaba, es un mecanismo invisible por
el cual las posiciones de influencia en la sociedad siempre están ocupadas por
miembros de la clase ya gobernante y, en general, con el consentimiento de los
subordinados. Las ideas de la clase gobernante, que son las que dominan y
permean la sociedad, son postuladas por los intelectuales a su servicio (a menudo
sin ser plenamente conscientes de ello), como los periodistas. La exposición
constante a estas ideas supone que las clases bajas las experimenten como algo
natural e inevitable y acaben convencidos de ellas. Las ideas hegemónicas, así,
modelan el pensamiento de todas las clases sociales. Por eso, afirmaba Gramsci,
el reto de la modernidad consiste en no desilusionarse con la lucha constante y
ver más allá de las «ilusiones» (las ideas que propugnan los grupos de élite) y
resistirse a ellas. Como los individuos somos capaces de pensar críticamente
acerca de la visión que se nos impone –lo que Gramsci denominó «pensamiento
contrahegemónico»–, el dominio ideológico que ejerce la clase dominante se ve
amenazado con frecuencia. En las democracias liberales occidentales, el desafío
a la hegemonía es una realidad cotidiana.

La naturaleza y el alcance de estas luchas entre visiones del mundo contrapuestas


dependen de las circunstancias sociales, políticas y económicas. Así, por ejemplo,
si una crisis económica prolongada provoca un alto nivel de desempleo, es
probable que se alcen fuerzas contrahegemónicas en forma de sindicatos o
movimientos de protesta. Gramsci señala que, en la mayoría de las sociedades
capitalistas, las clases gobernantes se enfrentan a una oposición y un
disentimiento constantes «desde abajo», y deben dedicar una gran cantidad de
tiempo y energía a gestionar esta situación, en la que el control total es casi
imposible, incluso por breves periodos de tiempo. Las ideas de Gramsci enfatizan
el papel de los individuos y las ideologías en la lucha por el cambio social y, por lo
tanto, cuestionan el determinismo económico del marxismo tradicional. Su
concepto de «hegemonía cultural», que reconoce la autonomía humana y la
importancia de la cultura, ha tenido un duradero impacto en diversas disciplinas
académicas.

Antonio Gramsci
Nacido en Cerdeña (Italia) en 1891, Antonio Gramsci fue uno de los fundadores
del Partido Comunista Italiano. En 1928, siendo el líder del partido, fue condenado
a cumplir 20 años de prisión por Benito Mussolini, entonces primer ministro y
dictador de Italia.

Mientras estuvo en prisión, Gramsci escribió prolíficamente. A pesar de tener una


memoria prodigiosa, sus ideas no hubieran visto la luz de no ser por la ayuda
inestimable de su cuñada, Tania, que lo visitaba a menudo. Su obra intelectual no
se conoció hasta varios años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando
comenzó a publicarse póstumamente en los llamados Cuadernos de la cárcel. En
la década de 1950, sus escritos llamaron la atención no solo de la Europa
occidental; también del bloque soviético. La mala alimentación y las enfermedades
que sufrió en prisión debilitaron mucho a Gramsci, que falleció a causa de un ictus
a los 46 años.
Antonio Gramsci. Hegemonía | ([Link])

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