El coro[editar]
Coro de Edipo Rey
El coro es un personaje colectivo que comenta y juzga lo que ocurre en la tragedia. Representa
al ciudadano tebano, que tiene sus esperanzas puestas en Edipo pero confía también en los
dioses. Es un personaje conciliador, cuya preocupación es salvar la ciudad. Le desagradan las
rencillas de los personajes y la impiedad que manifiesta Yocasta al poner en duda la veracidad
de los oráculos de Apolo.
Intervenciones del coro:
Primera: después del prólogo, para elevar una plegaria a las divinidades de la
ciudad con el fin de eliminar la peste.
Segunda: después de la primera parte que canta su desconcierto y quiere encontrar
la causa de la peste por un lado, y por otro siente angustia por las palabras del
adivino y por su fidelidad al rey.
Tercera: medita sobre la profecía que el oráculo hizo a Layo y el destino de este.
Cuarta: después de la tercera parte, da ánimos a Edipo, sugiriendo que este puede
ser en realidad hijo de un dios y una ninfa del monte Citerón.
Quinta: antes del epílogo en la que canta la desdicha al ver lo que ha sido su rey y
en lo que se ha convertido.
Al final de la obra, el coro mantiene su afecto por Edipo, cuya desgracia deplora.
Relación con la tradición mítica[editar]
Las dos ciudades de Troya y Tebas fueron el principal foco de la poesía épica griega. Los
acontecimientos en torno a la guerra de Troya fueron narrados en el ciclo épico, de lo cual
queda mucho, y aquellos que giran en torno a Tebas en el ciclo tebano, que se han perdido. El
ciclo tebano relataba la secuencia de tragedias que afectaron a la casa de Layo, de las cuales
forma parte la historia de Edipo.
La Odisea de Homero (XI.271ff.) contiene el relato más temprano del mito de Edipo
cuando Odiseo se encuentra a Yocasta (llamada Epicasta) en el inframundo. Homero
brevemente resume la historia de Edipo, incluyendo el incesto, el parricidio, y el posterior
suicidio de Yocasta. Sin embargo, en la versión homérica, Edipo sigue siendo rey de Tebas
después de la revelación y ni se ciega a sí mismo, ni lo envían al exilio. En particular, se dice
que los dioses hicieron que se conociera el tema de su paternidad, mientras que en Edipo rey,
Edipo descubre la verdad, en gran parte, por sí mismo. 14
En el año 467 a. C., el compañero trágico de Sófocles, Esquilo ganó el primer premio en
las Dionisias Urbanas con una trilogía sobre la Casa de Layo, que
comprendía Layo, Edipo y Los siete contra Tebas (la única obra que nos ha llegado). Puesto
que él no escribió trilogías conectadas como hizo Esquilo, Edipo rey se centra en el personaje
titular mientras que al mismo tiempo se refiere solo de manera indirecta al gran mito, que ya era
conocido para el público en Atenas en aquella época.
Recepción[editar]
Bénigne Gagneraux, Edipo ciego encomendando a sus hijos a los dioses
La trilogía de la que Edipo rey formaba parte obtuvo el segundo premio en las Dionisias
Urbanas en su representación original. El sobrino de Esquilo, Filocles ganó el primer premio en
esa competición.15 Sin embargo, en su Poética, Aristóteles considera a Edipo rey como la
tragedia que mejor encajaba con su prescripción de cómo debía hacerse un drama. 16
Muchos críticos modernos están de acuerdo con Aristóteles sobre la calidad de Edipo rey,
incluso aunque no estén de acuerdo en las razones. Por ejemplo, Richard Claverhouse
Jebb afirmó que «El Edipo rey es en un sentido la obra maestra de la tragedia ática. Ninguna
otra muestra en igual grado el arte en el desarrollo de la trama; y esta excelencia depende de un
poderoso y sutil dibujo de los personajes».17 Cedric Whitman apuntó que «el Edipo rey pasa casi
universalmente por ser la más grande de las obras griegas existentes...» 18 El propio Whitman
consideró que la obra es «la expresión más plena de esta concepción de la tragedia», que es la
concepción de la tragedia como una «revelación del desgraciado destino del hombre», donde un
hombre puede tener «todo el equipamiento para la gloria y el honor» pero aun así tiene «el
mayor de los esfuerzos por hacer el bien» acaba en «el mal de un yo insoportable para el que
uno no es responsable».19 Edith Hall se refiere a Edipo rey como «esta tragedia definitiva» y
sostiene que «la magistral sutileza de la caracterización de Sófocles así da credibilidad a las
asombrosas coincidencias», y señala la ironía de que «Edipo solo puede cumplir su excepcional
destino ordenado por los dioses porque Edipo es un hombre prominente, capaz e
inteligente».20 H. D. F. Kitto dijo sobre Edipo rey que «es cierto que se puede decir que la
perfección de su forma implica un orden del mundo», aunque Kitto advierte que si ese orden del
mundo es o no «beneficioso, Sófocles no lo dice». 21
La revolución científica atribuida a Tales empezó a ganar fuerza política, y esta obra ofrecía una
advertencia a los nuevos pensadores. Kitto interpreta la obra como la respuesta de Söfocles a
los sofistas, dramatizando una situación en la que los humanos se enfrentan al sufrimiento, no
importa que no sea culpa suya, y a pesar de la aparente aleatoriedad de los acontecimientos, el
hecho de que han sido profetizados por los dioses implica que los acontecimientos no son
realmente aleatorios, a pesar de que las razones quedan más allá de la comprensión humana. 22
A lo largo de la obra, de acuerdo con Kitto, Sófocles declara «que es erróneo, en vista de lo
incomprensible y lo inmoral, negar las leyes morales y aceptar el caos. Lo que es correcto es
reconocer los hechos y no engañarse a uno mismo. El universo es una unidad; si, a veces, no
encontramos ni pies ni cabeza en ello no debemos suponer que es aleatorio. Hay tanto que no
podemos saber y no podemos controlar que no deberíamos pensar ni comportarnos como si lo
supiéramos y controláramos
Argumento[editar]
Peste en Tebas[editar]
El actor Mounet-Sully como Edipo
Edipo, rey de Tebas, se dirige a una muchedumbre encabezada por un sacerdote, que se ha
congregado ante el rey para pedir un remedio a la peste que asola la ciudad de Tebas. Para
conocer las causas de esta desgracia, el propio Edipo ha mandado a su cuñado Creonte a
consultar el oráculo de Delfos. Creonte regresa para contar que la peste es el resultado de una
contaminación religiosa, puesto que el asesino del anterior rey, Layo, no ha sido atrapado: su
sangre derramada amenaza con dar muerte a todos los habitantes de la ciudad hasta que el
asesino sea ejecutado o exiliado.
Edipo jura encontrar al asesino y lo maldice por causar la peste. Pronuncia un bando solemne
en el que pide a todo el pueblo tebano que colabore en el esclarecimiento del crimen. Tanto el
asesino como el cómplice podrán, si se entregan, conservar la vida, aunque tendrán que partir al
exilio; cualquier testigo que haya visto lo sucedido debe decirlo sin temor y Edipo le
recompensará. Pero si el culpable no se entrega, a todo el que sea responsable de ello se le
prohibirá participar en la vida de la ciudad, por lo que Edipo pide a los dioses que él y los suyos
mueran de la peor manera posible.
Predicciones de Tiresias[editar]
Por consejo de Creonte, Edipo llama al adivino ciego Tiresias para que ayude a esclarecer lo
sucedido. Cuando llega Tiresias, el rey y el coro lo reciben con respeto, pero pronto queda claro
que el vidente no quiere colaborar; dice que conoce las respuestas, pero se niega a hablar y en
lugar de eso le dice que deje su búsqueda. El diálogo entre Edipo y el adivino degenera por ello
en un enfrentamiento (agón), en el que ambos se insultan. Edipo se enfada por el rechazo a
hablar de Tiresias, y verbalmente lo acusa de complicidad en el asesinato de Layo. Irritado,
Tiresias declara que Edipo es el asesino que está buscando («Tú eres el asesino del hombre
acerca del cual están investigando»11), e incluso le anuncia (en lenguaje voluntariamente
críptico) que vive en incesto con su madre y ha tenido hijos con ella; que aunque se
crea extranjero es tebano de nacimiento y que dentro de poco se quedará, como él, ciego. Edipo
no se explica cómo va a ser cierto lo que dice Tiresias, así que llega a la conclusión de que
el profeta y Creonte se han puesto de acuerdo para acusarle del crimen y desplazarle así del
trono. Los dos discuten con vehemencia, pues Edipo se burla de la falta de vista de Tiresias, y
Tiresias a su vez le dice a Edipo que él mismo es ciego. Al final, Tiresias se marcha,
murmurando oscuramente que cuando se descubra al asesino será un ciudadano nativo de
Tebas, hermano y padre de sus propios hijos, e hijo y esposo de su propia madre.
Acusaciones contra Creonte[editar]
Entre los ancianos tebanos cunde la duda por las confusas palabras de Tiresias. Creonte
aparece indignado ante las acusaciones que ha hecho Edipo de conspiración para usurpar el
trono. Él señala que resulta inexplicable que Tiresias, que estaba en la ciudad en el momento
del asesinato de Layo, no declarara entonces lo que sabía, y haya esperado hasta ahora para
acusarle de aquel crimen. Creonte replica que, como cuñado y amigo de Edipo, ya tiene
suficiente poder en Tebas y que nunca desearía las preocupaciones y problemas que debe
afrontar un rey. Además, señala a Edipo que no se debe acusar sin pruebas y que si no cree
que lo que ha dicho el oráculo de Delfos sea cierto, puede ir él mismo a comprobarlo. También
le dice que si Edipo tiene pruebas de que él se ha confabulado con el adivino Tiresias, él mismo
se condenará a muerte. El rey exige que Creonte sea ejecutado; sin embargo, el coro le
convence de que deje vivir a Creonte.
Revelaciones de Yocasta[editar]
Yocasta, esposa primero de Layo y luego de Edipo, ejerce de mediadora en la disputa. Intenta
reconfortar a Edipo. Tras conocer los motivos, dice a Edipo que no debe hacer ningún caso de
las adivinaciones proféticas y pone como ejemplo un oráculo de Apolo que no se cumplió. La
profecía afirmaba que Layo moriría asesinado por su propio hijo. Sin embargo, Layo murió de
otra forma, asesinado por unos bandidos en un cruce de tres caminos de camino a Delfos. El
único hijo que tuvieron murió poco después de nacer, pues se lo dieron a un criado para que lo
matara. Por tanto, señala Yocasta, el oráculo no se cumplió en modo alguno.
La mención de este cruce de caminos hace que Edipo se pare un momento y pida más detalles.
Le pregunta a Yocasta qué aspecto tenía Layo, y Edipo de repente empieza a sospechar que
sean ciertas las acusaciones de Tiresias. Exige que traigan a su presencia al único testigo del
asesinato de los campos donde ahora trabaja de pastor. Hay un gran suspenso porque Yocasta
no conoce los motivos de ese miedo de Edipo.
Edipo cuenta su historia[editar]
Yocasta, confusa, le pregunta a Edipo qué es lo que ocurre. Edipo relata a Yocasta cómo sus
padres fueron Pólibo y Mérope, reyes de Corinto. Hace muchos años, en un banquete en
Corinto, un hombre borracho acusó a Edipo de no ser el hijo de su padre. Edipo se fue a
consultar el oráculo de Delfos y le preguntó al oráculo sobre su linaje. Apolo no respondió sus
dudas y en cambio le dijo que algún día asesinaría a su padre y se acostaría con su madre. Por
ello había abandonado Corinto, para tratar de evitar el cumplimiento de esa profecía no
regresando jamás. Más tarde, en sus andanzas, había tenido un incidente en el mismo cruce de
caminos donde fue muerto Layo, y encontró un carruaje que intentó sacarlo de la carretera. Se
desarrolló una discusión y Edipo mató a los viajeros, incluyendo a un hombre cuya descripción
casaba con la que Yocasta hizo de Layo. La esperanza que tiene Edipo de no ser el asesino de
Layo es que el único testigo había afirmado que Layo fue asesinado por varios ladrones. Si el
pastor confirma que Layo fue atacado por varios hombres, entonces Edipo no es el culpable.
Noticias de Corinto[editar]
Yocasta manda llamar al testigo y también se presenta como suplicante ante el templo de Apolo
para que resuelva sus males.
Mientras, llega un mensajero inesperado que trae noticias de Corinto: Pólibo ha muerto y
quieren proclamar a Edipo como rey de Corinto. Yocasta, tras oír las noticias, trata de hacer ver
a Edipo que tampoco el oráculo según el cual iba a matar a su padre se había cumplido y por
tanto ya no debería de temer el otro oráculo que decía que se casaría con su madre. Edipo,
para sorpresa del mensajero, queda feliz por las noticias, porque prueba que la mitad de la
profecía era falsa, ahora jamás podrá matar a su padre. Sin embargo, aún teme que pueda de
alguna manera cometer incesto con su madre. El mensajero, ansioso de tranquilizar a Edipo, le
dice que no se preocupe, porque Mérope no es su verdadera madre.
Surge entonces el hecho de que este mensajero fue anteriormente un pastor en el monte
Citerón, y que le entregaron un bebé, que entonces fue adoptado por Pólibo, quien carecía de
hijos. El niño, explica, se lo dio otro pastor de la casa de Layo, a quien le habían dicho que se
deshiciera del niño. Edipo pregunta al coro si alguien conoce quién era este hombre, o dónde
podría estar ahora. Le responden que es el «mismo pastor» que fue testigo del crimen de Layo
había entregado a Edipo, cuando este era un bebé, al mensajero, a quien Edipo ya había
mandado a buscar.
Resolución de los enigmas[editar]
La reina Yocasta, tras oír el relato completo del mensajero, ha comprendido todo el profundo
misterio y desesperada, le ruega a Edipo que deje de hacer preguntas. Pero él se niega, y ella
corre a meterse en el palacio.
Por fin llega el testigo del crimen. Edipo y el mensajero lo interrogan y al principio se resiste a
dar respuestas, pidiendo que le dejen irse sin responder nada. Sin embargo, ante las amenazas
de Edipo de torturarlo o ejecutarlo, revela que el niño que le habían entregado para que lo
abandonara en el monte Citerón era hijo del rey Layo y la reina Yocasta y que lo habían
entregado para que muriera, impidiendo que se cumpliera un oráculo funesto, la profecía que
Yocasta dijo que nunca se había hecho verdad: que el niño mataría a su padre. Sin embargo, él
lo había entregado al mensajero por piedad.
Edipo comprende que Yocasta y Layo eran sus verdaderos padres y que todas las predicciones
de los oráculos se han cumplido. Edipo se maldice a sí mismo y al destino, antes de abandonar
el escenario. El coro lamenta cómo incluso un gran hombre puede caer por el destino, y
después de esto, un criado sale del palacio para hablar de lo que ha ocurrido dentro. Cuando
Yocasta entró en la casa, corrió al dormitorio del palacio y ahí se ahorcó. Poco después, Edipo
entró furioso, llamando a sus criados para que le llevaran una espada de manera que pudiera
cortar el vientre de su madre. Cuando, furioso, recorre la casa, descubre el cuerpo de Yocasta.
Gritando, Edipo la baja y le quita largas agujas de oro que mantenían su vestido, antes de
clavárselos en sus propios ojos, desesperado.
Edipo sale del palacio con los ojos ensangrentados y pide ser desterrado, tan pronto como sea
posible. Dice que ha preferido cegarse porque no puede permitirse ver, después de sus
crímenes, a sus padres en el infierno, a los hijos que ha engendrado, ni al pueblo de Tebas.
Entra Creonte, que asume el poder, pide a los tebanos que se apiaden de Edipo y lo hagan
entrar en el palacio. A continuación dice que consultará de nuevo al oráculo para saber lo que
tiene que hacer con Edipo. Este dice que no tenga piedad con él, pide ser desterrado. Las dos
hijas (y medio hermanas) de Edipo, Antígona e Ismene, son llamadas y Edipo lamenta que
hayan nacido en una familia maldita. Le pide a Creonte que cuide de ellas y Creonte se muestra
conforme, antes de enviar a Edipo de vuelta al interior del palacio.
En un escenario vacío, los últimos versos del corifeo son una especie de conclusión
o máxima griega, de que ningún hombre debe considerarse feliz hasta que está muerto: 12
Ningún mortal puede considerar a nadie feliz con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al
término de su vida sin haber sufrido nada doloroso.13