Violencia de Género en Parejas: Claves y Tipos
Violencia de Género en Parejas: Claves y Tipos
6. Interseccionalidad y vulnerabilidad
Recuerda que tienes disponible en el Módulo 3 del Moodle o campus virtual un vídeo introductorio donde se explica en detalle los contenidos de
este Módulo.
Asimismo, puedes compartir tus reflexiones en Twitter con los hashtags #LibresdeViolencia y #Aprendizaje_INAP
Recuerda que...
En el campus virtual tienes un Quizz o cuestionario,
titulado “Mitos sobre la violencia de género”, que
recomendamos abordar antes de empezar el Módulo.
¿Te animas?
3.1. ¿POR QUÉ LO LLAMAMOS VIOLENCIA DE GÉNERO?
LOS “MARCOS DE INTERPRETACIÓN” DE LA VIOLENCIA
Como adelantamos en el Módulo 1, la forma en que ponemos nombre a los problemas
públicos y a las políticas públicas reflejan la manera en que se abordan.
¿Recuerdas que en Módulo 1 hablábamos de las definiciones de violencia contra las mujeres? Más allá de los discursos institucionales, existe un
amplio abanico de definiciones aún mayor: feminicidio o femicidio, violencia familiar o intrafamiliar, violencia sexista, malos tratos, terrorismo
patriarcal, etc. Y de cada una de estas definiciones se extrae un marco interpretativo, un discurso diverso sobre qué es la violencia de género, que da
forma a la práctica y tiene consecuencias materiales concretas. El lenguaje, decía Careagali, instruye el modo de ver la realidad.
El problema no reside tanto en el concepto utilizado, que también, sino en la explicación o la definición de este concepto, que a menudo lleva implícita
la respuesta a cuál es la causa o el origen de la violencia contra las mujeres. Esta definición del problema lleva consigo una representación del mismo
muy diferente, y las medidas que se adopten para luchar contra el problema pueden ser muy distintas en función de esta representación.
Bustelo, López y Platero realizaron en 2007 una clasificación de los diferentes marcos interpretativos en la identificación del origen de la violencia
de género en base a un análisis de diferentes documentos sobre violencia contra las mujeres en España (Planes contra la Violencias, leyes, artículos
de prensa, debates parlamentarios, etc.). Ellas identificaron tres marcos interpretativos principales:
- Marco de la “Violencia doméstica sin género”. En este marco, señalan, víctimas y agresores no son identificados por su sexo ni por su
género. Se presenta al agresor como violento y peligroso y a la víctima como dependiente, y cualquier persona puede ocupar cada uno de los
roles independientemente de su sexo, con lo que “el problema se presenta en términos neutrales respecto al género”. Este marco sitúa el
origen del problema en la descomposición familiar, ocultando los patrones de género sustentadores de la violencia.
- Marco de la “Violencia doméstica con acento en las mujeres como principal grupo víctima”. Aunque en este marco se representa a las
mujeres como las principales víctimas y a los hombres como principales agresores, no apunta a un problema entre hombres y mujeres sino
que todo el mundo puede ser víctima o agresor.. Este discurso omite el carácter estructural de la violencia de género y continúa ocultando la
responsabilidad de los agresores, pues el hombre que agrede queda invisibilizado, centrando el problema en la mujer maltratada.
- Marco de “Igualdad de género”. Este a marco define la violencia de género como un producto de la desigualdad de género existente en
todas las sociedades, considerando el problema como universal. La llegada a este marco se entiende como una re-negociación de
significados en torno a este problema.
Si nos ceñimos a la normativa vigente, el concepto de “violencia de género” viene claramente definido en la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de
Protección Integral contra la Violencia de Género:
Es “la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres,
se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares
de afectividad, aun sin convivencia.”
Durante siglos, la violencia de género se consideraba una cuestión privada, doméstica, socialmente tolerada y legitimada. No tenemos que
remontarnos a las quemas de brujas medievales ni a los desiguales derechos conyugales de siglos pasados. Basta con remontarnos unas pocas
décadas atrás en nuestro propio país:
Hay muchas formas o manifestaciones de violencia contra las mujeres en el seno de la pareja o ex pareja. Las principales son las que se detallan a
continuación:
● Violencia física: Incluye cualquier acto no accidental contra el cuerpo de la mujer, con resultado o riesgo de producirle una lesión física o
daño. Dentro de esta tipología se incluyen golpes, quemaduras, pellizcos, tirones de pelo, empujones, lanzamiento de objetos, uso de armas,
intentos de estrangulamiento, intentos de asesinato, intentos de provocar abortos… Este tipo de maltrato es el más evidente y, a la vez, el
más fácil de demostrar, aunque en muchos casos no requiere atención médica o no tiene efectos visibles en el cuerpo.
● Violencia psicológica: Dentro de esta categoría se incluye toda conducta, verbal o no verbal, u omisión intencional que produzca en la mujer
desvalorización o un padecimiento o sufrimiento. Dentro de esta categoría se incluyen varios tipos de manifestaciones, entre ellas:
○ insultos (son frecuentes expresiones como loca, histérica, fea, ignorante, tonta…);
○ menosprecios (los más comunes: no sirves para nada, mala madre, qué harías sin mí…);
○ intimidaciones o amenazas (te voy a hundir, te voy a quitar a nuestros/as hijos/as, te voy a matar…);
○ abuso de autoridad ( relacionado con la violencia de control al registrar sus cosas, su teléfono, preguntando con quién estuvo, por
qué tardó tanto…);
○ la exigencia de obediencia (también relacionada con la violencia de control al no querer que la mujer trabaje o estudie, marcando su
vestimenta, o controlando su tiempo, entre otras);
○ faltas de respeto (desde ignorar la presencia de la mujer hasta desautorizarla frente a sus hijos/a,familiares o amistades, o no
respetar sus opiniones, deseos o sentimientos entre otras muchas).
La violencia o maltrato psicológico es el más difícil de detectar, pues sus manifestaciones pueden adquirir gran sutileza; a pesar de ello, su
persistencia en el tiempo deteriora gravemente la estabilidad emocional, destruyendo la autoestima de la mujer.
● Violencia sexual: Se incluye cualquier acto en el que se fuerza a la mujer a mantener relaciones sexuales o a realizar conductas sexuales en
contra de su voluntad, mediante la fuerza o con intimidación.
● Violencia económica: Supone el control en el acceso a los recursos económicos que deben ser compartidos. Incluye la privación intencionada
y no justificada de recursos para el bienestar físico o psicológico tanto de la mujer como de sus hijos/as, y la limitación en la disposición de
los mismos.
● Violencia social: Es una violencia producida para ir aislando progresivamente a la mujer para que su vida se centre únicamente en el hombre.
El agresor busca a través del maltrato verbal el control de las relaciones externas de la mujer. El objetivo último, es acabar con las redes
sociales de apoyo de la mujer y aislarla por completo.
Más allá de las manifestaciones de violencia que los hombres dirigen hacia sus parejas o ex parejas existe otro tipo de violencia que justifica y
perpetúa la violencia contra las mujeres, que es la violencia cultural que se basa en los estereotipos de género, imágenes denigrates de las mujeres,
la ocultación y negación de la mujeres a través de su invisibilidad en diferentes espacios, el uso sexista del lenguaje. Se incluyen también dentro de
este tipo de violencia los micromachismos, como amplio abanico de estrategias para mantener las relaciones de poder del hombre sobre la mujer.
Suponen una forma de discriminación oculta, invisible y sutil, imperceptible incluso para quien la recibe, como los define Luis Bonino.
Todas las manifestaciones de violencia de género se pueden clasificar
a su vez en formas visibles, en las que se incluyen desde los gritos e
insultos hasta las agresiones físicas e incluso el asesinato, y formas
invisibles, más difíciles de demostrar que van desde los
micromachismos hasta las humillaciones, desprecios o
desvalorizaciones.
“Retiró la denuncia”, “volvió con él” o “le perdonó”. No es tan sencillo romper el ciclo de la
violencia de género, pues hay muchos condicionantes que impiden salir de una relación
violenta. Conocer el llamado ciclo de la violencia nos ayuda a comprender y sobre todo, a no
juzgar a quienes se encuentran en esa situación.
En 1979 Leonor Walker investigó las razones que imposibilitan a las mujeres maltratadas a pensar y
crear alternativas para salir de la situación de maltrato. Con ello desarrolló la teoría del Ciclo de la
Violencia en la pareja. En ella explica cómo la violencia de género dentro del ámbito afectivo se
produce siguiendo un patrón cíclico, repetitivo, en donde las diferentes fases se repiten cada vez en
espacios más cortos de tiempo y con mayor intensidad.
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actitud de la mujer suele ser pasiva y sumisa para evitar aumentar la tensión del hombre, por
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lo que poco a poco su personalidad se va anulando. La violencia se presenta solo en ocasiones
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aisladas y la mujer piensa que las puede controlar y que desaparecerán. Esta fase puede durar
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mucho tiempo hasta que se produzca la siguiente fase.
● Fase de explosión de la violencia y agresión: En ella aumenta la frecuencia de los momentos
de tensión hasta que se producen los comportamientos violentos adoptando distintas formas
y grados de intensidad y ocasionando lesiones físicas, psíquicas y/o sexuales. El agresor
emplea la violencia como una forma de castigo, sometimiento y aislamiento mientras que la
mujer en la mayoría de los casos se queda paralizada y sin poder defenderse en un estado de
sumisión. Entra en una situación de “indefensión aprendida” que le impide reaccionar. Es una
fase breve pero intensa. Esta es una fase muy delicada donde dependiendo de los casos la
víctima se aísla aún más o toma la decisión de pedir ayuda externa.
*La indefensión o desamparo aprendido, según Seligman, es “darse por vencida”, dejar de responder, inmovilizarse, como consecuencia de la creencia de que
hagamos lo que hagamos no podremos solucionar el problema. Supone haber interiorizado un sentimiento de impotencia ante un problema que nos lleva a
bloquearnos ante el mismo.
● Fase de calma o “Luna de Miel”: En esta fase el agresor muestra su arrepentimiento por el mal causado a la víctima, pide perdón y promete
que no va a volver a pasar. Disminuye la tensión y el agresor utiliza estrategias de manipulación afectiva hacia la víctima. El agresor parece
que realmente ha cambiado mostrando más atención y cariño hacia ella, le hace promesas, regalos… para así evitar que se rompa la
relación, apelando al arrepentimiento. Así pues, el agresor le cede temporalmente el poder. Ante la ilusión de que cambie, la mujer se
mantiene a su lado abandonando la idea de dejar la relación si en algún momento lo hubiese pensado. Puede llegar a pensar que la violencia
producida ha consistido en hechos aislados que no volverán a cometerse. Ante esta nueva actitud del maltratador la mujer puede llegar a
retirar las denuncias si las hubiese presentado, a abandonar atención social y tomar como real la esperanza de que todo cambiará. Pero a
medida que estas conductas agresivas se consolidan, la fase de reconciliación va desapareciendo hasta que deja de existir y los episodios
violentos son cada vez más frecuentes.
Esto es un ciclo donde más tarde o más temprano volverá a producirse esa acumulación de tensión que volverá a explotar. El ciclo de la violencia
se vuelve a repetir cuando el agresor se da cuenta de que la mujer va recuperando la confianza y él lo percibe como una amenaza para su poder. La
violencia va aumentando de intensidad y las etapas cada vez son más cortas dando lugar al proceso conocido como la “escalada de violencia”. Este
ciclo de la violencia nos ayuda a entender cómo se produce y se llega a mantener la violencia en una pareja.
La próxima vez que escuches una historia sobre una relación tóxica en la que se cuestione el comportamiento de la mujer ( perdonar, justificar, negar
lo ocurrido) pregúntante, ¿qué fase del ciclo de la violencia puede estar atravesando? ¿qué circunstancias pueden determinar su decisión de no
reaccionar ante la violencia, o de retomar o mantener la relación? No es una decisión sencilla, y a menudo, prejuzgamos sin conocer las
características específicas de este tipo de violencia.
¿Sabías qué…?
Estereotipos sobre las relaciones de pareja basados en los celos como forma de amor, la entrega absoluta como
muestra de lealtad, o el deber de las mujeres de “salvar” o “cambiar” a su pareja, se han asentado a través de la
cultura y los valores sociales y han construido la forma de entender el amor.
Pero, reflexionamos sobre esta idea del “amor romántico” como señala Coral Herrera, a menudo este sirve como
justificante de relaciones basadas en la desigualdad y la violencia. Lo hemos visto en la música: “sin tí no soy
nada”; “si tú me dices ven, lo dejo todo”, “toda, entera y tuya”; y en los refranes populares: “quien bien te quiere
te hará llorar” o “amores reñidos, son los más queridos”.
Busquemos ejemplos en el cine y literatura con los que aprendemos qué es el amor, especialmente las niñas. ¿No
es violento que La Bella sea secuestrada por La Bestia, aunque la suya sea narrada como una historia romántica?
Una historia que nos ha enseñado que los monstruos “pueden cambiar” con amor incondicional. Si pensamos en
ejemplos más recientes, como la Saga Crepúsculo, su protagonista femenina asume vivir una relación con una
pareja que es una amenaza de agresión constante -en forma de vampiro- y renuncia a su círculo de amistades y
su carrera académica para vivir eternamente a su lado.
Los programas televisivos sobre el “amor”, (date shows) o los contenidos y series dirigidas a público joven,
(seguro que se te ocurren algunos ejemplos) pueden ser escuelas de igualdad… y de desigualdad.
Frente a estos modelos de relaciones desiguales, donde la dependencia, la posesión o la tolerancia a la violencia
perduran, conviene sensibilizar en el fomento de relaciones sanas e igualitarias donde poder vivir la vida en
plenitud, empezando por el autoestima y el amor propio.
¿Se te ocurren ejemplos de relaciones de desigualdad y violencia de género en la cultura: cine, series, cuentos,
novelas? Compártelo en Redes Sociales con los hashtags #LibresdeViolencia y #Aprendizaje_INAP
3.4. ESCALADA DE LA VIOLENCIA
En el primer peldaño se sitúan los micromachismos, seguido de conductas de abuso y violencia psicológica, en muchas ocasiones camufladas por su
apariencia amorosa, de cuidado o protección, por lo que se dificulta su interpretación como conductas de violencia. En cualquier caso, se trata de
conductas que reducen la seguridad y confianza de la mujer en sí misma y su capacidad de reacción frente a ellas, pues van minando su autoestima,
situándole en condiciones de dependencia y aislamiento. En muchas ocasiones no se perciben como conductas violentas porque se han
interiorizado como normales en el hombre a través de los procesos de socialización, de los roles y de los estereotipos de género. Son ejemplo de
estas conductas los celos, el control sobre las amistades, sobre los horarios, etc.
La violencia va aumentando progresiva y cíclicamente, llegando a la violencia física o incluso la muerte. Conforme va aumentando la violencia y se
van subiendo peldaños la seguridad y confianza de la mujer también se va reduciendo, y la dependencia y el aislamiento va aumentando, lo que
hace muy difícil para la mujer percibir el propio proceso en el que está inmersa y el riesgo que sufre.
El síndrome de la rana hervida se usa para reflejar una situación como esta, en la que ante un problema que es progresivamente tan lento que sus
daños solo se perciben a largo plazo o incluso no se perciben, lo que conlleva a que no haya reacciones o que sean demasiado tardías para evitar o
revertir los daños. La antología se basa en que si metes a una rana en agua hirviendo, saltará, pero si la rana se mete en agua fría y esta se pone a
hervir lentamente, la rana no será consciente del peligro y se cocerá hasta la muerte.
¿Sabías qué…?
Si quieres conocer más sobre esta escalada de la violencia, te recomendamos visionar
con tiempo los siguientes materiales:
1
FACTORES SOCIO ● Factores culturales: la socialización de género; los roles sexuales en la sociedad y
en la pareja; la creencia de la superioridad del hombres; los valores de propiedad
COMUNITARIOS de los hombres sobre las mujeres; los valores familiares tradicionales;
Se relacionan con los valores culturales ● Factores económicos: acceso limitado a la educación; al empleo; al crédito y al
y las creencias de una sociedad, y con dinero; leyes discriminatorias sobre herencias, uso de tierras, derechos de
sus estructuras formales e informales, propiedad, etc.
que condicionan el ambiente en el que
se desarrolla la persona. ● Factores legales: discriminación directa e indirecta en las leyes, tanto en su
vertiente formal como material; legislación sobre divorcio, pensiones; definiciones
legales de violencia contra las mujeres; victimización secundaria en el ámbito
policial o judicial; capacidad de acceso a la justicia (incluida la formación legal
entre las mujeres).
La incidencia de los diversos factores asociados a la violencia de género suponen tanto un riesgo para sufrirla como una barrera a la hora de
denunciar su situación y poner fin a su situación de violencia.
3.6. INTERSECCIONALIDAD Y VULNERABILIDAD ANTE LA
VIOLENCIA DE GÉNERO
La violencia de género y quienes la sufren requierem de un abordaje que tenga en cuenta que,
si bien ésta se manifiesta en todas las sociedades y culturas, es necesario identificar como
diferentes identidades o posiciones en la sociedad pueden producir mayor vulnerabilidad o
indefensión. Veremos como una abordaje interseccional nos ayuda a hacerlo.
Las mujeres en su diversidad son afectadas de diferentes formas por las relaciones
de poder y por tanto, existen diferentes explicaciones a la violencia que sufren. El
análisis interseccional busca identificar los diferentes tipos de discriminación y
desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades.
Esto no quiere decir que la violencia de género no sea un fenómeno transversal que
afecta a las mujeres independientemente de su status social o económico, su edad,
su origen étnico o su nacionalidad, pero si difieren las formas en que esa violencia se
manifiesta y sobre todo, el entorno que rodea a esa mujer para poder superar o no la
situación de violencia.
El concepto de vulnerabilidad, por su parte, está asociado al de exclusión social, que se define como la situación carencial generalizada y de
aislamiento social resultante de procesos en los que intervienen factores de carácter económico, social, político y cultural, que interactúan entre sí
reforzándose.
Los principales factores de exclusión son: laboral (desempleo, precariedad laboral, etc.), económico (insuficiencia o irregularidad de ingresos),
financiero (endeudamiento o exclusión financiera), formativo (bajo nivel formativo, barreras lingüísticas, etc.) sociosanitario (discapacidad, adicciones,
etc.) residencial (falta de vivienda o infravivienda), personal ( pesimismo o falta de autoestima) social-relacional (escasez de redes sociales o estigma)
y ciudadanía-participación ( no acceso o acceso restringido, privación de derechos).
Algunos colectivos especialmente vulnerables ante la violencia de género son los siguientes:
Mujeres migrantes
Las mujeres que residen en el mundo rural viven en contextos donde los
estereotipos de género están mucho más marcados y donde existe un
mayor control social. La configuración del ámbito rural puede acrecentar
también el aislamiento social de las mujeres. Además, la falta de recursos
asistenciales de proximidad es un factor que dificulta también pedir
ayuda, por lo que en muchas ocasiones la única solución que se presenta
es abandonar su lugar de residencia.
Las mujeres mayores se ven particularmente afectadas por el sexismo y la asunción de los
roles de género tradicionales, situación que dificulta su identificación como víctimas de
violencia de género y la visibilización de la problemática. Es frecuente también que las
mujeres mayores presenten dependencia económica de sus maridos. Además, la jubilación
aumenta el tiempo de convivencia de la pareja abriendo la oportunidad a un mayor control
por parte de sus parejas.
Uno de los datos más relevantes que refleja el documento es que un 40% de las mujeres
encuestadas ha tenido una vida de pareja en la que sufría violencia de género perpetrada
por su marido, manifestada a nivel físico, psicológico, sexual y/o económico a lo largo de
más de 40 años. El 27% lo soportó entre 20 y 30 años.
Este vídeo de la Fundación Luz Casanova da voz a los testimonios de tres mujeres
mayores que hablaron de su experiencia.
Mujeres con discapacidad
La minoría étnica más destacada en España es la de la población gitana, que se caracteriza por contar con familias extensas y redes sociales
amplias; la prevalencia de los hombres en la organización de la vida social, con unos valores muy patriarcales; y la consideración de la violencia de
género como un conflicto privado. Las mujeres gitanas se enfrentan a varios factores de exclusión como el elevado desempleo que padecen o el
elevado grado de abandono escolar (superior al de los hombres gitanos).
¿Sabías que en España existe una Estrategia Nacional de Inclusión de la población gitana (2012-2020) que recoge medidas de estudio y
prevención violencia de género? De hecho, en los últimos años, el tema de la población gitana se ha convertido en un asunto importante en la
agenda de la Unión Europea y en muchos de sus Estados miembros.
La relación entre género y consumo de drogas sitúa a las mujeres en situación de especial vulnerabilidad. El consumo se convierte en compensador
frente la baja autoestima, la depresión o la ansiedad derivada de sus circunstancias personales. Destaca además entre las mujeres el aumento del
consumo de tranquilizantes o somníferos. Las mujeres que sufren violencia de género tienen casi el doble de posibilidades de padecer problemas
de adicción.
En el ámbito de la respuesta institucional a la violencia de género hay que destacar la falta de recursos asistenciales específicos para mujeres con
problemas de adicción, y en determinadas ocasiones son excluidas de determinados recursos asistenciales como pueden ser las casas de acogida.
Esta situación puede acrecentar las dificultades para salir de una situación de violencia de género.
En la última Macroencuesta sobre violencia de género revelaba que una de cada cuatro mujeres que han sufrido violencia física, sexual o emocional
de alguna pareja y una de cada tres (33,0%) mujeres que han sufrido violencia física o sexual, han consumido medicamentos, alcohol o drogas para
afrontar lo sucedido.
¿Víctima o superviviente?
Cuando hablamos de violencia de género, a menudo usamos la expresión “víctimas” y en otros casos, la de “supervivientes”. No existe un consenso
ni una norma que dicte cuándo usar una u otra, y ambas tienen su razón de ser:
● Si bien hay opiniones que consideran que la expresión de “víctima” tiene un estigma o carga peyorativa -asociada a la vulnerabilidad, la
debilidad, o una posición de inferioridad- el reconocimiento legal de la condición de víctima es importante, pues conlleva el derecho a la
reparación de esa condición, y atribuye una serie de derechos por el hecho de haber sufrido esa violencia, derechos a los que no se debe
renunciar pues (como veremos en el Módulo 5) son necesarios para esa reparación. Bien sean laborales, sociales, económicos, etc., los
derechos derivados de haber sido víctima de la violencia de género son una conquista legal y social que reconoce que esa mujer ha de ser
compensada por la sociedad y sus instituciones por la violencia sufrida.
● En cuanto al concepto de “superviviente”, esta referencia reconoce la vivencia, la experiencia de la violencia como vivida y empodera a la
mujer que, de esta forma, subraya el haber podido sobrevivir -con todo lo que esa palabra conlleva, pues al final, se trata de salvar la vida- a
la violencia. Pone en valor la idea de resiliencia: la capacidad de las personas para recuperarse ante la adversidad y/o ante experiencias
traumáticas.
En todo caso, es importante respetar la forma en que cada mujer hable de su identidad y experiencia frente a la violencia. Hay quien prefiere evitar
palabras como “sufrir” o “padecer” violencia, frente a “vivir” o “experimentar”. Igualmente, es una señal de respeto y empatía respetar los tiempos y
formas en que cada mujer expresa su la situación vivida, o su derecho a no expresarla.
Conclusiones al Módulo 3
- El actual marco de interpretación - La violencia de género responde a un - Hablamos de “interseccionalidad” para
legislativo de la violencia de género, en ciclo en el que se acumula la tensión, explicar como las diferentes
España y en gran parte de Europa, la estalla la violencia y posteriormente se características y grupos sociales con los
considera una consecuencia de la atraviesa una fase de “luna de miel”, en la que se identifican las mujeres (culturales,
desigualdad entre mujeres y hombres. que el ciclo vuelve a empezar. A medida sociales, étnicos, de clase social)
Este avance ha sido fruto de una larga que el ciclo se repite, las fases se acortan interactúan entre sí generando diferentes
conquista de derechos para sacar el en el tiempo, y la violencia se intensifica. relaciones de poder y de discriminación.
problema del ámbito privado, doméstico
o familiar y buscar sus causas - Hablamos de la “escalada de la - Hablamos de vulnerabilidad como la
estructurales. violencia” en referencia al aumento situación de carencia y aislamiento que
progresivo y cíclico de la violencia, en el producen determinados factores de
- La violencia de género se manifiesta de que, conforme va aumentando, la exclusión social, de carácter económico,
muchas formas distintas, como puede seguridad y confianza de la mujer social, político o cultural. La especial
ser a través de la violencia física, la también se va reduciendo, y la vulnerabilidad de ciertos grupos
psicológica, la sexual, la económica o la dependencia y el aislamiento crecen. sociales de mujeres ante la violencia,
social. Por lo tanto, no cabe reducirla Tanto el ciclo como la escalada de la como las mujeres mayores, las mujeres
únicamente a la agresión física, que es violencia requieren de sensibilización, con discapacidad o las que viven en
como a menudo se representa en el mecanismos de detección y apoyo para entornos rurales, demandan una mayor
imaginario colectivo. Para ello es útil poder romperlas. atención y recursos específicos para
recurrir a la metáfora del iceberg. abordar su situación.
www Enlaces de interés
● Si quieres formarte en profundidad sobre discapacidad y violencia de género, te recomendamos este videocurso de 9
breves tutoriales disponible en abierto en internet, “Más que Capaz”, producido por Fundación Once con Marina
Marroquí, educadora social experta en violencia de género.
● Además de los colectivos de especial vulnerabilidad, el abordaje preventivo y de actuación en población joven es
igualmente importante, y muy relacionado con las TIC. El INJUVE publicó en 2018 un informe en el que abordaba la
prevalencia de la violencia de género en la juventud española y de los estereotipos que la sustentan.
● Si te interesa conocer más sobre la carga simbólica de la violencia contra las mujeres, te recomendamos la
perspectiva crítica y con humor que produce la artista visual Yolanda Dominguez.