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Indemnización por accidente laboral en Barranquilla

El documento presenta un resumen de un caso judicial sobre un accidente laboral fatal. Se describe que el señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria falleció mientras realizaba labores de pintura en una bodega propiedad de Carulla Vivero S.A., a pesar de no estar autorizado para usar el montacargas que se volcó y causó su muerte. Su viuda y hijas demandaron a la cooperativa Coocadecar C.T.A. y a Carulla Vivero S.A. por indemnización, alegando negligencia del empleador. El trib
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Indemnización por accidente laboral en Barranquilla

El documento presenta un resumen de un caso judicial sobre un accidente laboral fatal. Se describe que el señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria falleció mientras realizaba labores de pintura en una bodega propiedad de Carulla Vivero S.A., a pesar de no estar autorizado para usar el montacargas que se volcó y causó su muerte. Su viuda y hijas demandaron a la cooperativa Coocadecar C.T.A. y a Carulla Vivero S.A. por indemnización, alegando negligencia del empleador. El trib
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MARTÍN EMILIO BELTRÁN QUINTERO

Magistrado ponente

SL1565-2020
Radicación n.° 71613
Acta 17

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de mayo de dos mil


veinte (2020).

Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por


YADIRA DEL CARMEN GONZÁLEZ SANTOS en nombre
propio y en representación de sus hijas menores
ADAYANSY DE JESÚS y NATHALIA CECILIA JARAMILLO
GONZÁLEZ, contra la sentencia proferida por la Sala
Laboral de Descongestión del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Barranquilla, el 29 de mayo de 2014, en el
proceso ordinario laboral que instauró la recurrente contra
la COOPERATIVA DE CARGADORES Y DE SERVICIOS
C.T.A. – COOCADECAR C.T.A. y CARULLA VIVERO S.A.,
al cual fue llamado en garantía RIESGOS
PROFESIONALES COLMENA S.A. COMPAÑÍA DE
SEGUROS DE VIDA.

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Radicación n.° 71613

I. ANTECEDENTES

Yadira del Carmen González Santos, en nombre propio


y en representación de sus hijas menores Adayansy de
Jesús y Nathalia Cecilia Jaramillo González, demandaron a
la cooperativa Coocadecar C.T.A. y Carulla Vivero S.A., con
el propósito que se declarara que entre éstas y el señor
Rafael Enrique Jaramillo Viloria existió un contrato de
trabajo, el cual finalizó por la muerte del trabajador, en el
accidente laboral ocurrido el 13 de agosto de 2005, que
acaeció por «falta de medidas de prevención e
incumplimiento de normas en Salud Ocupacional».

Como consecuencia de lo anterior, las demandantes


solicitaron que las mencionadas fueran condenadas a
cancelarles los perjuicios materiales, en lo correspondiente
a los daños morales objetivados y subjetivados en cuantía
de 1.000 SMLMV; que así mismo se les sufragara los
siguientes valores: $48.335.957,33 por lucro cesante
consolidado; $159.668.129,29 por lucro cesante futuro y
$358.000.000,00 por los daños morales subjetivados, para
un total por indemnización plena y ordinaria de perjuicios
de $566.004.156,62. Finalmente, pidieron que se
condenara a la indexación de cada una de estas sumas y a
las costas del proceso.

Como fundamento de sus pretensiones, manifestaron


que Rafael Enrique Jaramillo Viloria contrajo matrimonio
católico con Yadira del Carmen González Santos; que de
dicha unión nacieron las menores Adayansy de Jesús y

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Nathalia Cecilia Jaramillo González y que todos sus


familiares, dependían económicamente del señor Jaramillo
Viloria.

Narraron que el fallecido laboraba con «la Cooperativa


Coocadecar y/o empresa CARULLA VIVERO S.A.»; que
ocupaba el cargo de «revisión de mercancía»; labor que
cumplía diariamente en las bodegas de dicha empresa; que
contaba con experiencia en esa tarea y lo convertía en un
empleado idóneo o responsable y que era la citada
cooperativa la que lo tenía afiliado a la ARP hoy ARL
Colmena.

Relataron que el 13 de agosto de 2005,


aproximadamente a las 9:40 a.m., en cumplimiento de las
órdenes del jefe o supervisor de Carulla Vivero S.A. de la
calle 77, al señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria tuvo que
subirse a una estiva para pintar una de las paredes
internas del lugar, la cual era levantada por un elevador o
montacarga, pero ésta se volcó originando la caída de los
trabajadores que allí se encontraban, generándole la muerte
al señor Jaramillo Viloria.

Afirmaron que dicho accidente de trabajo se generó


por la negligencia de los supervisores de la entidad
demandada, ya que no detectaron el peligro que corría el
trabajador y no tomaron los correctivos necesarios a fin de
evitar el desenlace fatal. Agregaron que el empleador violó el
artículo 2º del Decreto 2400 de 1979, en el entendido que
no se aplicaron los sistemas de control necesarios para la

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protección de los trabajadores, no se le suministró


elementos de protección y tampoco existió vigilancia y
control en el funcionamiento del programa de salud
ocupacional en dicha empresa.

Concluyeron que entre las entidades convocadas a


juicio existe solidaridad, por cuanto las actividades a
realizar por el «contratista» eran conexas, propias, normales
y ordinarias de la empresa Carulla Vivero S.A. y el accidente
ocurrió en la realización de una «actividad propia y
necesaria de la empresa […] y en las instalaciones, bajo las
órdenes, supervisión y mando de la misma empresa».

La Cooperativa de Cargadores y de Servicios –


Coocadecar C.T.A. al contestar la demanda se opuso a
todas las pretensiones. Respecto de los hechos, aceptó
como ciertos los referidos a la vinculación laboral del señor
Rafael Enrique Jaramillo Viloria con esa cooperativa y/o la
empresa Carulla Vivero S.A.; que el cargo que desempeñaba
el causante era el de revisor de mercancía; y que esa
Cooperativa lo tenía afiliado a la ARL; así mismo, indicó que
era cierto que el trabajador falleció en el accidente de
trabajo ocurrido el 13 de agosto de 2005, cumpliendo
órdenes del supervisor de la empresa Carulla Vivero S.A. y
que esta «no tomó las medidas de seguridad necesarias»
para evitar dicho suceso. De los demás supuestos fácticos
dijo que no le constaban o que debían probarse.

Como motivos de defensa, expuso que no era dable


predicar una solidaridad entre esa entidad y Carulla Vivero

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S.A., toda vez que el vínculo que existía entre éstas era un
contrato comercial verbal, cuyo objeto era manipular
mercancía, pero que la citada empresa, inconsultamente,
solicitó a dos de sus asociados que realizaran una labor
distinta a la acordada; que inclusive ellos no facturaron esa
labor porque no era propia de su actividad. Agregó que en
todo caso al ente cooperativo no se le podía aplicar las
disposiciones laborales, pues los asociados no ostentaban
la calidad de trabajadores, ya que es una relación
típicamente comercial y no laboral.

No formuló excepciones. Solicitó que se llamara en


garantía a la «ARP Colmena», toda vez que el fallecido se
encontraba afiliado a esa entidad.

Carulla Vivero S.A. al dar respuesta al libelo genitor se


opuso a todas las pretensiones. En cuanto a los hechos
aceptó como cierta la ocurrencia del accidente de trabajo en
el que perdió la vida el señor Jaramillo Viloria, de los demás
supuestos fácticos dijo que no eran ciertos o que no le
costaban.

Como argumentos de defensa expuso, que el difunto


no celebró ningún contrato escrito y mucho menos verbal
con esa empresa; que aquel era un asociado de la
cooperativa Coocadecar C.T.A., quien le suministraba
fuerza de trabajo de sus asociados para la «ejecución de una
obra»; que nunca le pagó «salario, remuneración o
prestaciones sociales ya que no estaba bajo su
subordinación»; que al ser un asociado de la Cooperativa de

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Cargadores y de Servicio C.T.A. Coocadecar C.T.A. recibía


de ésta pero compensaciones y que Carulla en ningún
momento autorizó al señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria
para que utilizara el montacargas, toda vez que este tipo de
maquinaria era empleada para otra clase de trabajos.

Propuso las excepciones de inexistencia de la


obligación y la de prescripción.

El juez de conocimiento, en auto calendado 23 de julio


de 2007 (f.° 310) admitió el llamamiento en garantía
propuesto por Coocadecar C.T.A.

Riesgos Profesionales Colmena S.A. Compañía de


Seguros de Vida, contestó dicho llamamiento oponiéndose a
todas las pretensiones, adujo que lo peticionado por las
accionantes, no era competencia legal de esa
administradora de riesgos profesionales, dado que el suceso
ocurrido al señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria no era un
accidente de trabajo que debiera ser reconocido por esa ARL

Frente a la demanda presentada formuló las siguientes


excepciones de mérito: inexistencia de la obligación,
inexistencia de la causa para pedir, cobro de lo no debido,
culpa exclusiva del empleador, prescripción y caducidad.

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Cuarto Laboral de Descongestión del


Circuito de Barranquilla, al que correspondió dirimir el

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trámite de la primera instancia, profirió fallo el 16 de julio


de 2012, en el que resolvió:

PRIMERO: CONDENAR en forma solidaria a las demandadas


COOPERATIVA DE CARGADORES Y SERVICIOS - C.T.A.
COOCADECAR y CARULLA VIVERO S.A., a pagarle a la
demandante YADIRA DEL CARMEN GONZÁLEZ SANTOS en
nombre suyo y de sus dos (2) menores hijas ADAYANSI DE
JESÚS JARAMILLO GONZÁLEZ y NATHALIA CECILIA
JARAMILLO GONZÁLEZ, las siguientes sumas: Cincuenta y
cuatro millones setecientos setenta y siete mil quinientos
ochenta y ocho ($54.777.588) pesos, a título de lucro cesante
consolidado. Noventa y siete millones doscientos veinticuatro
mil seiscientos seis ($97.224.606) pesos, a título de lucro
cesante futuro, y ciento setenta millones diez mil
($170.010.000) pesos, a título de perjuicios morales. Así:

LUCRO CESANTE CONSOLIDADO.


Beneficiario Parentesco Porcentaje Valor

Yadira González
Esposa 50% $27.388.794
Santos.
Adayansy Jaramillo Hija menor de 25% $13.694.397
González. edad.
Nathalia Jaramillo Hija menor de 25% $13.694.397
González. edad.
Total lucro cesante $54.777.588
consolidado.

LUCRO CESANTE FUTURO.


Beneficiario Parentesco Porcentaje Valor
Yadira González
Esposa 50% $48.612.303
Santos.
Adayansy Jaramillo Hija menor de 25% $24.306.152
González. edad.
Nathalia Jaramillo Hija menor de 25% $24.306.152
González. edad.
Total lucro cesante $97.224.606
futuro.

DISTRIBUCIÓN DE LOS PERJUICIOS MORALES


Beneficiario Parentesco S.M.L.V. Valor

Yadira González Santos. Esposa 100 $56.670.000

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Adayansy Jaramillo Hija menor de 100 $56.670.000


González. edad.
Nathalia Hija menor de 100 $56.670.000
Jaramillo edad.
González.

Total perjuicios morales. $170.010.000

SEGUNDO: ABSOLVER a las demandadas COOPERATIVA DE


CARGADORES Y SERVICIOS — C.T.A. COOCADECAR y
CARULLA VIVERO S.A., de las demás pretensiones de la
demanda instaurada por YADIRA DEL CARMEN GONZÁLEZ
SANTOS y OTROS.

TERCERO: ABSOLVER a la llamada en garantía RIESGOS


PROFESIONALES COLMENA S.A. COMPAÑÍA DE SEGUROS
DE VIDA, de todas y cada una de las pretensiones de la
demanda impetrada por YADIRA DEL CARMEN GONZÁLEZ
SANTOS y OTROS.

CUARTO: COSTAS a cargo de la parte vencida. '

El a quo antes de estudiar el tema relativo a la culpa


patronal y las consecuentes condenas, luego de analizar la
certificación expedida por Coocadecar C.T.A (f.°9 y10),
señaló que la citada prueba documental permitía establecer
que entre el causante y la Cooperativa demandada no
existía una relación cooperativa solidaria, toda vez que el
contenido del referido documento evidencia una práctica de
intermediación laboral existente entre la empresa Carulla
Vivero S.A. y el ente cooperativo, pues no a otra conclusión
se puede arribar cuando este acepta «que el causante se
hallaba asignado a las bodegas de Carulla Vivero 77, en
virtud del contrato de suministro de personal que fuera
suscrito entre aquellas».

En tal sentido argumentó el juez de primera instancia


lo siguiente:

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Es menester recodar que por disposición legal el objeto de las


C.T.A., es generar y mantener el trabajo para los asociados, pero
esto ha de realizarse con autonomía y autodeterminación. Valga
decir, no le está permitido a las C.T.A., establecerse como
empresas de servicios temporales cuyo campo de acción sea el
envío de trabajadores a las instalaciones de las empresas
usuarias que lo requieran, en este caso Carulla Vivero.

Ciertamente un contrato de suministro de personal celebrado


entre Carulla Vivero y Coocadecar C.T.A., no responde al espíritu
que gobierna el trabajo asociado. Tal práctica lo que enseña es la
utilización del trabajo asociado para ocultar el envío de
trabajadores misionales a las instalaciones de la empresa
Carulla Vivero S.A.

Y observa el despacho que tal conclusión adquiere más fuerza al


examinar los expresado constantemente por la empresa Carulla
Vivero S.A., en su libelo de contestación de demanda
específicamente lo referente a: “El señor Rafel Jaramillo Viloria
era asociado de la Cooperativa de Cargadores y de Servicios
C.T.A. COOCADECAR C.T.A. quien le suministra fuerza de
trabajo de sus asociados para la ejecución de una obra” (Folios
162 a 171).

Luego al tenor de lo estipulado en el art. 1° del Decreto 2025 de


2011:

[…]

Y en virtud del principio de la primacía de la realidad sobre las


formas, para este despacho resulta diáfana la acción
emprendida por parte de las demandadas, consistente en
valerse de la figura del trabajo asociado para incurrir en el
desarrollo de intermediación laboral. Por cuanto el servicio
prestado por la C.T.A., en el presente caso responde
verdaderamente al que presta la empresa de servicios
temporales. Es decir, la actividad del finado RAFAEL
JARAMILLO VILORIA, se aviene plenamente a la de un
trabajador enviado en misión para desarrollar actividades dentro
de las instalaciones de Carulla Vivero S.A.

Una vez aprobada la existencia de una verdadera relación


laboral entre las demandadas y el referido RAFAEL
JARAMILLLO; de conformidad con lo preceptuado en el art. 17
del Decreto 4588 ibídem, COOCADECAR C.T.A. y Carulla Vivero
S.A., serán solidariamente responsables por las obligaciones
económicas que se causen a favor de la demandante y sus
menores hijas, como consecuencia del accidente de trabajo que le
produjo la muerte a FAFAEL JARAMILLO VILORIA. Para lo cual
se entra el despacho a determinar la existencia de culpa patronal
en el insuceso acaecido el día 13 de agosto de 2005. […].

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III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

Apeló la demandada Carulla Vivero S.A. y la Sala


Laboral de Descongestión del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Barranquilla, mediante sentencia proferida el 29
de mayo de 2014, revocó íntegramente el fallo de primer
grado y, en su lugar, absolvió a las demandadas de todas
las pretensiones y se abstuvo de imponer condena costas en
ambas instancias.

La alzada estableció que el problema jurídico a resolver


se circunscribía a determinar, si en el presente asunto se
encontró demostrada la culpa de la empresa Carulla Vivero
S.A., en el accidente de trabajo que le causó la muerte al
señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria y, en caso afirmativo,
definir si existe solidaridad entre la Cooperativa Coocadecar
C.T.A. y Carulla Viveros S.A., para responder por la
indemnización plena y ordinaria de perjuicios causada con
la muerte del mencionado trabajador.

Para dirimir dicha controversia, el ad quem luego de


transcribir el artículo 216 del CST, adujo que para que sea
procedente reconocer la indemnización plena de perjuicios,
quien la reclame debe acreditar tres presupuestos a saber:
el accidente de trabajo; la culpa del empleador y los
perjuicios con su tasación. Indicó que la responsabilidad
del empleador se encuentra conformada por un hecho
imputable, un daño, la culpa y un nexo o relación de
causalidad entre estos.

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A efectos de determinar si existía o no responsabilidad


de Carulla Vivero S.A. en el accidente sufrido por el señor
Jaramillo Viloria, el Colegiado valoró las pruebas obrantes
en el plenario de la siguiente forma:

Informe del accidente de trabajo de la ARP Colmena (f.°


297 a 298). Respecto de esta documental, aseveró que allí
se consignó que el señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria
sufrió un accidente de trabajo que le causó la muerte el 13
de agosto de 2005 a las 10:15 a.m. y se describió que «el
señor en mención se encontraba haciendo un trabajo a las
afueras del Cendys, cuando se cayó la montacarga donde
estaba montado el asegurado con su arnés, lo que le produjo
lesiones y la muerte».

Acta de inspección ocular del Ministerio de la


Protección Social – Dirección Territorial Atlántico, sobre la
investigación del accidente de trabajo (f.° 291 a 292).
Respecto de esta prueba, el Tribunal encontró lo siguiente:

 Que existían dos equipos de montacargas que se utilizaban


para realizar las labores de cargue y descargue de
mercancías, de los cuales uno es eléctrico y que por su
naturaleza no posee «contrabalance», el cual fue utilizado, de
acuerdo a los investigadores, por el señor Jaramillo Viloria y
dos trabajadores más.

 Que el referido montacarga presenta en la parte izquierda


del mástil un golpe y raspadura, ocasionado al voltearse al
ser llevado a un sitio para realizar una actividad en altura, el
cual no cumpla con las especificaciones técnicas para ese
tipo de trabajo, sumado al hecho de que el piso donde se
colocó el montacargas presenta una condición subestándar
por estar inclinado, lo cual ocasionó el accidente mortal.

 En la inspección se realizó la entrevista a la señora Adelina


Bolaño de Bolaño, líder de logística de la empresa Carulla

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Vivero S.A., quien indicó lo siguiente: «QUE EL SEÑOR


RAFAEL JARAMILLO CON AYUDA DE DOS TRABAJADORES
MÁS RETIRÓ DE MANERA INCONSULTA, EL MONTACARGAS
ELÉCTRICO DE NUESTRAS INSTALACIONES PARA
UTILIZARLO A LAS AFUERAS DEL CENDIS LO CUAL
OCASIONÓ EL ACCIDENTE QUE LE PRODUJO LA MUERTE.
LO ANTERIOR SE REALIZÓ AUN CUANDO ESTABA
TOTALMENTE PROHIBIDO REALIZAR CUALQUIER
OPERACIÓN CON EL MONTACARGAS ELECTRICO»
(mayúsculas del Texto).

Más adelante, el Tribunal se refirió al formato de


investigación de accidente de trabajo elaborado por el
Comité Paritario de Salud Ocupacional de Carulla Vivero
S.A. (f.°305), en el cual se consignó lo siguiente:

«[…] el día sábado 13 de agosto de 2005 todo el personal de


logística Norte se encontraban realizando una jornada de orden,
aseo y pintura en las instalaciones del Cendis hasta la altura
que le permitían sus extremidades superiores. Para efectos de
pintar en la parte superior del Cendis se prestaron unos
andamios a la compañía Metroseñal que en ese momento no se
tenían porque se estaban buscando. El Señor en cuestión decidió
junto con IVÁN FRANCO GUERRERO y ERICK PEÑA MARTINEZ,
no esperar los andamios y sacar el montacargas eléctrico sin
ninguna autorización, los señores ERICK PEÑA MARTINEZ y
RAFAEL JARAMILLO colocaron una estiba de madera a las
horquillas del montacargas y se subieron a limpiar y pintar la
parte superior del Cendis, para tal fin se aseguraron con un
arnés al montacargas, cuando estaban pintando en la parte
superior, el montacargas se fue de lado y le produjo la muerte al
Señor Rafael Jaramillo y la fractura a ERICK PEÑA MARTINEZ.
Los señores ERICK PEÑA MARTINEZ y RAFAEL JARAMILLO
estaban trabajando con la Cooperativa de Trabajo Asociado
COOCADECAR, la cual prestaba los servicios a CARULLAVIVERO
S.A. de cargue, descargue y servicios varios».

Luego el sentenciador de alzada aludió al informe de


investigación del accidente de trabajo que aparece a folios
354 a 357, y dijo que en el mismo se describían los hechos
de la siguiente manera:

"El día 13 de agosto del presente año, se inició en las bodegas de


Carulla-Vivero (Cendis) una jornada de orden, aseo y pintura

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coordinada por la líder de logística Adelina Bolaños de Bolaños.


Siendo las 10:30 AM los señores Rafael Jaramillo (fallecido) y
Erick Peña se encontraban en las afueras de las instalaciones
para realizar tareas de pintura; en vista que los andamios se
encontraban ocupados y los otros no llegaban, pidieron al señor
Iván Darío Franco montacarguista, sacar el montacargas para
realizar las labores encomendadas. Éste desobedeciendo una
orden sacó el montacargas eléctrico al cual le colocaron una
estiba de madera donde se subieron los trabajadores.

Los señores Jaramillo y Peña subieron al montacargas y


anclaron sus arneses al mismo el cual fue elevado a una altura
de 4 mts.; cuando dicho elemento perdió estabilidad, el
montacarguista intentó bajarlos resultando infructuosa la acción
y cayendo el montacargas de forma lateral, el señor Jaramillo
siguió anclado al mismo cayendo con él y recibiendo múltiples
golpes."

El operador judicial de segundo grado advirtió que en


el referido documento también se indica que la empresa
Carulla Vivero S.A. planeó la actividad dirigida por la
señora Adelina Bolaños Bolaños (líder de logística), quien
indagó sobre la experiencia en la labor a realizar.
Finalmente, sobre las posibles causas técnicas el informe
señala: la puesta del montacargas en una superficie en
declive; la utilización del mismo en una tarea no permitida,
y como origen de las consecuencias se determinó, la caída
del citado montacargas en forma lateral.

Así mismo, el Tribunal indicó que las declaraciones


rendidas por Soledad Rojas Altamar y Wilfrido Milan
Maldonado Fontalvo (f.° 598 a 605) no podrían ser
valoradas, ya que tales testigos no tuvieron conocimiento
directo de los hechos que rodearon el accidente de trabajo.

Seguidamente precisó que, tratándose de la culpa del


empleador la carga probatoria de su demostración le

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corresponde al trabajador, en los términos del artículo 177


del CPC, el cual le impone a las partes el deber de
demostrar los hechos en los cuales se sustentan sus
pretensiones; que esa responsabilidad o culpa, debe tener
los siguientes elementos, un hecho imputable, un daño, la
culpa del patrono y un nexo o relación de causalidad entre
estos; que al configurase los citados elementos se determina
la responsabilidad por los daños producidos.

Dijo entonces el ad quem, que atendiendo lo anterior


era dable advertir que las pruebas allegadas al proceso
demuestran que existió un accidente de trabajo que produjo
un hecho dañoso, pero no se acreditó la culpa del
empleador, dado que la promotora del proceso no allegó
prueba alguna que permita inferir que la empresa Carulla
Vivero S.A. tuvo responsabilidad en la ocurrencia del
accidente de trabajo, por el contrario, los medios de
convicción analizados, son coincidentes y coherentes al
indicar que el trabajador Jaramillo Viloria, «desobedeció las
órdenes de seguridad y sin autorización usó el montacargas
para realizar la actividad de pintura».

Explicó que contrario a lo decidido por el a quo, este


hecho no podía ser desconocido para valorar la
responsabilidad de Carulla Vivero S.A. en la ocurrencia del
infortunio, toda vez que la imprudencia del trabajador
«rompió» el nexo causal entre el hecho imputable, el daño y
la culpa del empleador, debido a que en el momento en que
el señor Jaramillo Viloria omitió el deber de cuidado y la
previsibilidad del resultado, cometió una conducta

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imprudente que no le permitió advertir el peligro que corría


al utilizar un montacargas sin autorización, desconociendo
las normas de seguridad y el hecho de que ya se habían
solicitado los medios adecuados para realizar la labor,
conducta que lo condujo a asumir riesgos manifiestos,
innecesarios y graves que le ocasionaron la muerte.

Finalmente, puso de presente que la asignación de


funciones al difunto distintas a las inicialmente
contratadas, no era un supuesto que condujera a generar
negligencia o responsabilidad por parte de Carulla Vivero
S.A., ya que las demás probanzas indican que el accidente
de trabajo se generó por la imprudencia y por falta del
debido cuidado del trabajador, en tal sentido el ad quem,
señaló:

Ahora bien, el hecho de que el Señor RAFAEL JARAMILLO


VILORIA hubiera sido contratado para el cargo de Cotero por la
Cooperativa de Trabajo Asociado COOCADECAR C.T.A., y
hubiere sido asignado a la Empresa CARRULLA VIVERO S.A., y
ésta le asignara el cumplimiento de funciones diferentes a las
inicialmente contratadas, en efecto, configura un nuevo contrato
de trabajo entre éstos, en relación con la prestación de ese
servicio, como lo son, las actividades de limpieza y pintura; no
obstante, la existencia de ese poder subordinante, no implica per
se que la Empresa CARRULLA VIVERO S.A., sea responsable de
la ocurrencia del accidente cuando de las pruebas obrantes en el
expediente, se determina que éste ocurrió por la imprudencia del
trabajador.

En ese orden de ideas, concluyó que se debía revocar


la sentencia condenatoria impartida en primera instancia,
ya que, si bien se probó el accidente de trabajo, no ocurrió
lo mismo con la culpa atribuida a Carulla Vivero S.A.,
requisito exigido por el artículo 216 del CST; razón por la

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cual, era dable absolver a esa entidad y a las demás


convocadas a juicio, de lo aquí pretendido.

IV. RECURSO DE CASACIÓN

Interpuesto por la parte demandante, concedido por el


Tribunal y admitido por la Corte, se procede a resolver.

V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

Pretenden los recurrentes que la Corte case totalmente


la sentencia del Tribunal, para que, en sede de instancia,
confirme íntegramente el fallo condenatorio dictado por el
juez de primera instancia.

Con tal propósito, por la causal primera de casación


laboral, formula dos cargos que obtuvieron réplica
únicamente por la ARL Colmena, los cuáles si bien están
dirigidos por distinta vía, se estudiarán conjuntamente,
como quiera que denuncian similar conjunto normativo,
contienen una sustentación que se complementa, persiguen
idéntico cometido y la solución para ambos es la misma.

VI. CARGO PRIMERO

Acusa la sentencia impugnada de violar por la vía


directa, en la modalidad de aplicación indebida, el artículo
216 del CST, en relación con los artículos 24, 25, 26, 34,

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35, 56, 57 y 348 ibídem; así mismo, los artículos 2 de la


Resolución 2400 de 1979; 21 del Decreto 1295 de 1994; 91
de la Ley 9 de 1979 y 12 de la Resolución 2413 de 1979.

En el desarrollo de la acusación, aduce que dada la vía


del puro derecho por la que se orienta el ataque, acepta la
conclusión fáctica a la que arribó el Tribunal, relativa a que
el trabajador fallecido «desobedeció las órdenes de
seguridad y sin autorización utilizó el montacargas para
realizar la actividad de pintura», no obstante, asegura que el
ad quem incurrió en tres desaciertos jurídicos, que le
condujeron a aplicar indebidamente el artículo 216 del CST,
los cuales enlistó así:

1. Considerar que para aplicar el artículo 216 del Código


Sustantivo del Trabajo, debe existir prueba tal de la culpa del
patrono, que permita "atribuirle responsabilidad exclusiva a la
Empresa Demandada CARULLA VIVERO S. A., de la ocurrencia
del accidente de trabajo." (El. 808) (Negrillas del texto).

2. Considerar que el Juez A Quo aplicó instantáneamente el


artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo, luego de la simple
constatación probatoria de la asignación, por parte de la
demandada CARULLA VIVERO S.A., de funciones distintas a las
inicialmente pactadas por el trabajador con la Cooperativa de
Trabajo Asociado COOCADECAR.

3. Y, por último, el franco desconocimiento del criterio


jurisprudencial establecido por la Sala de Casación Laboral de la
Corte Suprema de Justicia respecto de la culpa patronal en
accidentes de trabajo ocurridos en el desempeño de actividades
peligrosas, específicamente, en materia de trabajo en alturas.

Frente al primer dislate jurídico, la censura indicó que


era ajeno a la aplicación del artículo 216 del CST hablar de
que se debía atribuir la «responsabilidad exclusiva del
accidente a la empresa demandada», ya que esa disposición
normativa exige que la culpa del empleador en la ocurrencia

SCLAJPT-10 V.00
17
Radicación n.° 71613

del accidente de trabajo esté «suficientemente comprobada» y


no que sea «exclusiva», lo que significa que se presente sin
la concurrencia de ninguna otra, en especial, obviamente,
de la del trabajador.

Resalta que ese punto ya ha sido adoptado por la


jurisprudencia de la Sala de Casación Laboral, en el sentido
de establecer que la culpa del empleador no solo puede
concurrir con la del trabajador, sino que incluso cuando
sucede dicha concurrencia, no desaparece la culpa del
empleador ni hay lugar a la reducción en el monto de la
indemnización, para ello, trajo a colación la sentencia CSJ
SL5463-2015, rad. 44395, de la cual citó in extenso.

De otro lado, argumenta que es posible que el juez


colegiado en realidad haya querido decir en su sentencia,
que lo que existió en el presente caso fue culpa atribuible
exclusivamente al trabajador, y que, por tanto, no se
presenta la responsabilidad del empleador de que trata el
artículo 216 de CST, argumento que se adecuaría
correctamente al criterio jurisprudencial.

Asegura que esa conclusión se desprendería de la


afirmación del colegiado, respecto a que «la culpa del
trabajador no puede ser desconocida para efectos de valorar
la responsabilidad del empleador en la ocurrencia de un
accidente de trabajo, toda vez que la imprudencia del
trabajador rompe el nexo causal entre el hecho imputable, el
daño y la cumpa del empleador»; que no obstante tal
afirmación también es desacertada jurídicamente, pues la

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Radicación n.° 71613

culpa del trabajador no hace desaparecer la culpa del


empleador.

Asevera que, en todo caso, sí es necesario que la culpa


del empleador esté suficientemente probada, y que el
Tribunal afirma «que no se puede predicar que existe prueba
alguna de la culpa del patrono». Empero según el censor, la
supuesta inexistencia de prueba de la culpa del empleador
en la ocurrencia del accidente de trabajo de la que habla la
alzada, no es producto de una defectuosa valoración de las
pruebas, sino del equivocado entendimiento que hizo el ad
quem de las consecuencias jurídicas de la asignación al
trabajador de funciones diferentes a las inicialmente
pactadas, y, sobre todo, del desconocimiento del juez de
segundo grado del criterio jurisprudencial establecido en la
materia respecto de los trabajos en altura.

Frente al segundo desacierto, referente a la asignación


al trabajador de funciones diferentes a las inicialmente
pactadas, el recurrente aduce que si bien es cierto que la
modificación de las labores de un trabajador no es una
causal suficiente para atribuir responsabilidad a un
empleador de un accidente de trabajo, debe tenerse en
cuenta que el desarrollo de esas nuevas funciones, significó
el ejercicio de actividades peligrosas de trabajo en altura,
las cuales eran completamente ajenas a las desempeñadas
en forma habitual.

Destaca que precisamente, fue con base en la


«peligrosidad» de tales funciones, que el a quo encontró

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Radicación n.° 71613

acreditada la culpa del empleador, dado que por el hecho de


estar en presencia de una actividad peligrosa, era obligación
de Carulla Vivero S.A. impedir «que el personal que no
contara con las condiciones mínimas de seguridad
acometiera manipulara elementos tales como un
montacargas para llevar a cabo un trabajo en altura».

En otras palabras, asegura que la demandada al no


haber impedido que su trabajador, en el desempeño de las
funciones de altura, manipulara un implemento inadecuado
como lo era el montacargas comprometió su
responsabilidad en dicho suceso, por lo cual, debe ser
condenada al pago de la indemnización deprecada.

Frente al último yerro jurídico reprochado, referente a


la culpa patronal en los accidentes de trabajo ocurridos en
el ejercicio de actividades peligrosas, la censura luego de
transcribir en extenso la sentencia CSJ SJ SL16102-2014,
rad. 44540, argumenta que si el Tribunal hubiera tenido en
cuenta el criterio jurisprudencial transcrito habría arribado
a la misma conclusión del a quo, en relación a la culpa de
Carulla Vivero S.A, en la ocurrencia del accidente de
trabajo, en la medida que no basta con afirmar que se dio la
orden de esperar unos andamios, o que el montacargas se
utilizó sin autorización, sino que al tratarse de una
actividad peligrosa de trabajo en alturas, la empleadora
tenía la obligación de exigir el cumplimiento de las normas
de seguridad e impedir o interrumpir si estas se
desarrollaban de forma que comprometieran la seguridad
del trabajador.

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

Finalmente, aduce que si la colegiatura hubiera


aplicado correctamente el artículo 216 del CST, teniendo en
cuenta que la culpa del trabajador puede concurrir con la
del empleador, y que la culpa de este último consistió en el
incumplimiento de su obligación de impedir el desarrollo de
actividades en alturas de forma insegura, habría
confirmado la sentencia de primer grado.

VII. CARGO SEGUNDO

Acusa la sentencia impugnada de infringir por la vía


indirecta, en la modalidad de aplicación indebida el artículo
216 del CST, en relación con los artículos 24, 25, 26, 34,
35, 56, 57 y 348 ibídem y los artículos 2 de la Resolución
2400 de 1979; 21 del Decreto 1295 de 1994; 91 de la Ley 9
de 1979, y 12 de la Resolución 2413 de 1979.

Sostiene que el Tribunal incurrió en los siguientes


errores manifiestos de hecho:

1. No dar por demostrado, estándolo, que el empleador


CARULLA VIVERO S.A., incumplió su obligación legal de exigir,
por medio del supervisor o delegado encargado de la seguridad,
el cumplimiento estricto de las medidas de seguridad pertinentes
para el correcto desarrollo de una actividad peligrosa de trabajo
en altura.

2. No dar por demostrado, estándolo, que las tareas de


pintura que se encontraba desempeñando el trabajador RAFAEL
JARAMILLO VILORIA el día del accidente fatal, constituía una
actividad peligrosa de trabajo en altura, y para la cual no había
sido contratado ni, obviamente, capacitado.

3. Y, finalmente, no dar por demostrado, estándolo, que en la


ocurrencia del accidente de trabajo en el que perdió la vida el

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Radicación n.° 71613

trabajador, hubo, en todo caso, concurrencia de culpas tanto del


trabajador como del empleador.

Asegura que tales dislates se presentaron como


consecuencia de la apreciación equivocada de las siguientes
pruebas:

1. Informe de investigación de accidente de trabajo, obrante a


folios 354 a 357.

2. Acta de inspección ocular, folios 291 a 292.

3. Informe final y anexos, folios 360 a 368.

En el desarrollo de la acusación, el recurrente expone


que el Tribunal arribó a una decisión absolutoria sin tener
en cuenta el informe de investigación de accidente de
trabajo, obrante a folios 354 a 357, particularmente, el
acápite de acciones correctivas que debían ser
implementadas por Carulla Vivero S.A. y precisadas por la
investigadora María Lucia Lozano Murgas, las cuales enlista
así:

· Diseñar e implementar procedimientos para trabajo en


altura basados en las normas de construcción de OSHA (...) y
entrenar al personal haciendo pruebas de montajes de
instalación y desistalación de cuerpos de andamios.

· Colocar en conocimiento de las empresas los perfiles de


cada uno de los integrantes de la cooperativa que
realizaran las labores contratadas.

· Para cada uno de los trabajos de alto riesgo colocar como


supervisor a una persona calificada y capacitada en
materia de seguridad industrial.

· Capacitar a los cooperados en el armado, desmontes,


reparación, mantenimiento e inspección de andamios.

· Aplicar la lista de chequeo (permisos) para trabajos en


altura.

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

· Tener en cuenta que para un trabajo en altura mayor a 1.8


mts. se deben utilizar los siguientes EEP: casco con barboquejo,
guantes, arnés integral con argolla dorsal, lumbar y de
posicionamiento debidamente certificada y línea de vida sujeto
a un punto de anclaje fijo (negrillas y subrayas del texto).

Asevera que dicha documental demuestra de manera


diáfana que el accidente de trabajo que ocasionó la muerte
del trabajador, se generó debido a un claro incumplimiento
de Carulla Vivero S.A. de las normas especiales de
seguridad, establecidas para el desempeño de actividades
peligrosas de trabajo en altura, lo cual se debió al
desconocimiento de los perfiles de los trabajadores
cooperados suministrados, la ausencia de supervisores
calificados y entrenados, la falta de capacitación de los
trabajadores cooperados, la inexistencia de una lista de
permisos o chequeos para el trabajo en altura y la errónea
implementación del anclaje como medida de protección
personal.

Afirma que el anterior incumplimiento de las normas


de seguridad, por parte de las demandadas compromete su
responsabilidad en la ocurrencia del accidente de trabajo,
más allá de que en el mismo haya concurrido la culpa
también del trabajar fallecido, o de otros trabajadores.

Destaca en este punto, que si bien es cierto, de la


narración de los sucesos del accidente, incluidos en todas
las pruebas documentales analizadas por el Tribunal, se
desprende la culpa del trabajador fallecido, también resulta
evidente y notoria la culpa del empleador al incumplir en

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

forma grave su obligación legal de exigir, por medio del


supervisor o delegado encargado de la seguridad, el estricto
cumplimiento de las medidas de seguridad pertinentes para
el correcto desarrollo de actividades de altura.

Seguidamente se refiere al acta de inspección ocular


adelantada por el Inspector del Trabajo (f.° 291) y al
«informe final» de la investigación (f.°360 a 368), en los
siguientes términos:

A folio 291, en el acta de inspección ocular adelantada por el


Inspector del Trabajo, la señora Adelina Bolaño de Bolaño, quien
era la responsable de la jornada de orden, aseo y pintura",
únicamente dice que este grupo de trabajadores retiraron de
forma inconsulta el montacargas, lo cual estaba "absolutamente
prohibido", pero no explica que medidas adoptó, si es que adoptó
alguna, como coordinadora de la jornada y responsable de la
seguridad de los trabajadores, para evitar que dicha infracción a
las normas de seguridad ocurriera.

Por su parte, en el informe final obrante a folios 360 a 368, se


incluye la entrevista al trabajador Ivan Franco, quien era el
operario del montacargas, el cual manifiesta a folio 363, que el
causante le insistió en que sacara el montacargas "diciéndole
que si no sacaba el Montacargas, entonces él lo hacía", razón por
la cual accedió a sacar el montacargas.

De lo anterior colige, que esto demuestra la absoluta


falta de implementación de una lista de chequeo o permisos
para trabajar en altura, en la medida que el trabajador Iván
Franco reconoce que cualquier empleado podía sacar el
montacargas. Insiste en que más allá de la existencia de la
culpa del trabajador en la ocurrencia del accidente de
trabajo, indudablemente concurrió la culpa de la
demandada Carulla Vivero S.A., al incumplir su obligación
legal de exigir, por medio del «supervisor o delegado
encargado de la seguridad», el estricto cumplimiento de las

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Radicación n.° 71613

medidas de seguridad pertinentes para el correcto


desarrollo de una actividad peligrosa de trabajo en altura.

VIII. LA RÉPLICA

La ARL Colmena antes Colmena Vida y Riesgos


Laborales, presenta su escrito de oposición de los cargos en
forma conjunta, advierte que es materia de debate en el
estadio de casación la responsabilidad del empleador en el
accidente de trabajo del señor Rafael Enrique Jaramillo
Viloria, calidad que esa administradora no ostentaba frente
al difunto, razón por la cual, considera que el ataque
propuesto es completamente ajeno a esa entidad.

IX. CONSIDERACIONES

Previo a asumir el estudio de los cargos, la Sala


considera necesario puntualizar que si bien en este asunto
el juez de primer grado no declaró la existencia del contrato
de trabajo entre Rafael Enrique Jaramillo Viloria y la
Cooperativa Coocadecar C.T.A. y/o Carulla Vivero S.A.,
como se solicitó en la demanda inaugural y resulta
fundamental para efectos de determinar la culpa patronal,
lo cierto es que el Juzgado Cuarto Laboral de Descongestión
del Circuito de Barranquilla, en la parte motiva de la
sentencia dejó claro que las pruebas allegadas al plenario,
especialmente la certificación expedida por Coocadecar
C.T.A. (f.°9 y10) y la contestación de la demanda inicial de
Carulla Vivero S.A. (f.°162 a 171), permitían establecer de
forma irrefutable que la actividad del finado Rafael

SCLAJPT-10 V.00
25
Radicación n.° 71613

Jaramillo Viloria, se avenían plenamente a la de un


trabajador enviado a desarrollar actividades dentro de las
instalaciones de Carulla Vivero S.A., por lo que se
encontraba probada la existencia de una verdadera relación
laboral con el referido señor; que en esa medida el ente
cooperativo y la mencionada empresa usuaria, serán
solidariamente responsables por las obligaciones
económicas que se causen a favor de la demandante y sus
menores hijas, como consecuencia del accidente de trabajo
que le produjo la muerte al citado trabajador.

Dicho de otra manera, aunque el a quo en la parte


resolutiva de la sentencia condenatoria no declaró la
existencia de la relación laboral, lo cierto es que para
estudiar la culpa patronal partió del hecho de la existencia
de un verdadero contrato de trabajo, aspecto que como se
dijo, lo encontró acreditado con las pruebas allegadas al
plenario y así lo dejó sentado en la parte motiva de su
decisión.

Igualmente, la Corte observa que el Tribunal también


estudió la culpa patronal partiendo del hecho indiscutido de
la presencia de un contrato de trabajo, sin que este aspecto
esté reprochado en casación, por ello la Sala así lo tendrá
por demostrado y, en tales condiciones únicamente
abordará el tema de la culpa patronal y sus consecuencias,
por ser el objeto del recurso extraordinario.

Hechas las anteriores precisiones, para resolver la


acusación, se tiene que los dos ataques en esencia, están

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

encaminados a demostrar que el Tribunal erró al considerar


que el accidente de trabajo que sufrió el señor Rafael Enrique
Jaramillo Viloria el 13 de agosto de 2005, en las
instalaciones de Carulla Vivero S.A. calle 77, tuvo ocurrencia
por culpa atribuible exclusivamente al empleador, así:

El primer cargo, orientado por la vía directa, porque el


Tribunal aplicó indebidamente, entre otros los artículos 56,
57 y 348 del CST y 21 del Decreto 1295 de 1994, en relación
con las obligaciones de protección y de seguridad que le
incumben al empleador para con sus trabajadores, la de
procurar elementos adecuados de protección para garantizar
la seguridad como la salud, y la de ejecutar o controlar
programas de salud ocupacional, ya que la falta de diligencia
y cuidado en una relación subordinada de trabajo genera
culpa grave del empleador, dando lugar al reconocimiento y
pago de la indemnización total u ordinaria de perjuicios
prevista en el art. 216 del CST.

El segundo cargo, encaminado por la senda indirecta,


porque el ad quem habría valorado equivocadamente las
pruebas, ya que, en decir del recurrente, acreditan cómo
sucedió el infortunio y también que se incumplió de «forma
muy grave», la obligación de exigir por medio del supervisor o
delegado de la seguridad «el cumplimiento estricto de las
medidas de seguridad necesarias para el correcto desarrollo
de una actividad peligrosa de trabajo en altura».

Planteadas así las cosas, desde el punto de vista


jurídico, la decisión impugnada se funda en las siguientes

SCLAJPT-10 V.00
27
Radicación n.° 71613

premisas: i) que conforme al artículo 216 del CST, quien


reclama la indemnización plena y ordinaria de perjuicios
debe probar, la ocurrencia del accidente de trabajo, la culpa
del empleador y los perjuicios causados; ii) que tratándose
de la culpa patronal, la carga probatoria de su
demostración le corresponde al trabajador o sus
causahabientes, en los términos del artículo 177 del CPC, el
cual le impone a las partes el deber de acreditar los hechos
en los cuales se sustentan sus pretensiones; iii) que la
responsabilidad o culpa del empleador, debe tener los
siguientes elementos, un hecho imputable, un daño, la
culpa del empleador y un nexo o relación de causalidad
entre estos; iv) que en el caso en particular que nos ocupa,
la conducta imprudente del trabajador fallecido o culpa
exclusiva de la víctima, «rompió» el nexo causal entre el
hecho imputable, el daño y la culpa del empleador, debido a
que en el momento en que el señor Jaramillo Viloria omitió
el deber de cuidado y la previsibilidad del resultado, asumió
riesgos manifiestos, innecesarios y graves que le
ocasionaron la muerte; v) que la parte demandante no
acreditó la culpa suficientemente comprobada del
empleador, dado que no allegó al proceso prueba alguna
que permita inferir que la empresa Carulla Vivero S.A.,
quien fue quien le impartió las órdenes o instrucción para
pintar la bodega, tuviera legalmente alguna responsabilidad
en la ocurrencia del accidente de trabajo, lo cual trajo como
consecuencia que por virtud de la norma aplicable no hay
lugar a reconocer los perjuicios implorados; y vi) que la
asignación de funciones al difunto distintas a las
inicialmente contratadas, no es un supuesto que conduzca

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

a generar per se negligencia o responsabilidad de Carulla


Vivero S.A., ya que los elementos de convicción indican que
el accidente de trabajo se generó por la imprudencia y por
falta del debido cuidado por parte del difunto trabajador.

Y desde la órbita de lo fáctico, para el Tribunal: 1°) El


trabajador Rafael Jaramillo Viloria fue contratado para el
cargo de cotero por la Cooperativa de trabajo asociado
Coocadecar C.T.A. y asignado a la empresa Carulla Vivero
S.A.; 2) el día del infortunio dicho señor junto con los demás
trabajadores de logística, se encontraba realizando una
jornada de aseo y pintura en las instalaciones de la empresa
usuaria; 3) el accidente de trabajo tuvo ocurrencia cuando el
causante desobedeciendo las órdenes de seguridad y sin
autorización usó un montacargas eléctrico para realizar una
actividad de pintura; 4) que esa conducta imprudente no le
permitió advertir el peligro que corría el trabajador al utilizar
el montacargas para subirse, desconociendo las normas de
seguridad y el hecho de que la empresa ya había solicitado
los elementos adecuados para realizar la actividad de pintura
con andamios, que aún no estaban disponibles; y 5) que no
obran elementos de juicio que demuestren la responsabilidad
de la empresa demandada en la ocurrencia del accidente.

Pues bien, para abordar el estudio de la acusación, por


cuestiones de método, la Sala iniciará el estudio de los
aspectos fácticos y luego del tema jurídico.

A.- Aspectos de índole fáctico:

SCLAJPT-10 V.00
29
Radicación n.° 71613

En relación con los medios de convicción denunciados


como valorados con error, que corresponden al informe de
investigación de accidente de trabajo (f.° 354 a 357), acta de
inspección ocular (f.° 291 a 292) e informe final y anexos (f.°
360 a 368), se tiene que la única prueba calificada
corresponde a la segunda de las relacionadas, y su análisis
objetivo muestra los siguiente:

1. Acta de inspección ocular laboral administrativa (f.°


291 a 292). Esta documental contiene la diligencia realizada
el 18 de enero de 2006, por el Inspector del Trabajo en
compañía del ingeniero Julio César Tejada Maury
profesional universitario adscrito a la Dirección Territorial
del Atlántico, allí consta que se trasladaron al Cendis de
Carulla Vivero S.A. ubicado en la vía 40 n° 79B-45, para
realizar la inspección e investigación sobre el accidente
mortal que sufrió el señor Rafael Enrique Jaramillo Viloria;
también hay constancia de que participaron en la citada
diligencia Virgilio Benítez Tuirán y Adelina Bolaños de
Bolaños, en calidad de Director de Logística General del
Norte de Carulla Vivero S.A. y Líder Regional de Logística -
Regional del Norte de la misma empresa, respectivamente.

En la aludida acta se indica que los referidos señores


se trasladaron al sitio donde ocurrió el accidente de trabajo
el día 13 de agosto de 2005 y luego de realizar un recorrido
en las instalaciones de la bodega, el Inspector del Trabajo
encontró que:

Existen 2 equipos de montacargas que se utilizaban para


realizar las labores de cargue y descargue de mercancías, de los

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

cuales uno es eléctrico y que por su naturaleza no posee


contrabalance, el cual fue utilizado, de acuerdo a los
investigadores, por el señor Jaramillo Viloria y dos trabajadores
más y que presenta en la parte izquierda del mástil un golpe y
raspadura, ocasionado al voltearse al ser llevado a un sitio para
realizar una actividad en altura, el cual no cumpla con las
especificaciones técnicas para ese tipo de trabajo; sumado al
hecho de que el piso donde se colocó el montacargas presenta
una condición subestándar por estar inclinado, lo cual ocasionó
el accidente mortal.

[…] En este estado de la diligencia interviene la señora Adelina


Bolaño de Bolaño, quien manifiesta en su calidad de Líder
Regional de Logística, quien indicó lo siguiente: «que el señor
Rafael Jaramillo con ayuda de dos trabajadores más retiró de
manera inconsulta, el montacargas eléctrico de nuestras
instalaciones para utilizarlo a las afueras del Cendis lo cual
ocasionó el accidente que le produjo la muerte. lo anterior se
realizó aun cuando estaba totalmente prohibido realizar
cualquier operación con el montacargas eléctrico» (subraya la
Sala).

El Inspector del Trabajo luego de solicitar que


remitieran a su despacho una serie de documentos sobre
seguridad industrial, dio por terminada la diligencia de
inspección, la cual aparece firmada por quienes
intervinieron.

De esta documental podría colegirse a primera vista, lo


que estableció el Tribunal en relación con la descripción del
accidente que se produjo el día 13 de agosto de 2005,
encontrándose el citado trabajador en las instalaciones de
Carulla Vivero S.A. cumpliendo labores de aseo y pintura, así
mismo que para realizar dicha actividad de pintura el
fallecido sin autorización usó un montacargas eléctrico para
subirse sin advertir los riesgos de su conducta.

Pero sucede, que si se aprecia el referido elemento


demostrativo con más detenimiento, se observa que el ad

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

quem lo analizó fraccionadamente, pues se limitó a señalar


las causas básicas referidas al trabajador fallecido, o sea su
conducta imprudente al utilizar, sin autorización, el
montacargas para la actividad de pintura, dejando de lado
que ese documento también deja en evidencia que la jornada
de aseo y pintura conllevaba una actividad peligrosa en
altura, así se desprende de la descripción que se hace del
montacargas en la citada acta de inspección, al señalar
«presenta en la parte izquierda del mástil un golpe y
raspadura, ocasionado al voltearse al ser llevado a un sitio
para realizar una actividad en altura, el cual no cumpla con
las especificaciones técnicas para ese tipo de trabajo» (subraya
la Sala).

Tal aspecto, que no fue advertido por el juez de alzada,


en este asunto resulta de gran relevancia, toda vez que en la
realización de esta clase de trabajos en alturas, que por
orden de Carulla Vivero S.A. ejecutó el señor Rafael Enrique
Jaramillo Viloria, se constituye en factor de responsabilidad
la necesidad del control efectivo del empleador y la adopción
de medidas preventivas para evitar la caída del operario,
cuya prueba de la puesta en marcha para el día en que
sucedieron los hechos, brilla por su ausencia en este caso en
particular. Al respecto la Sala, en sentencia CSJ SL17216-
2014, adoctrinó:

En lo que atañe al trabajo en las alturas, incluidos los tejados,


cabe señalar que el Convenio 167 y la Recomendación 175
sobre seguridad social y salud en la construcción, adoptados a
través de la Ley 52 de 1993, incorporaron como factor de
responsabilidad la necesidad del control efectivo del empleador,
en punto a los métodos y a la utilización de las herramientas

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Radicación n.° 71613

brindadas, las cuales en todo caso se deben proveer de buena


calidad.

En el artículo 14 ibídem se contempló que las escaleras o


andamiajes debían «afianzarse correctamente para impedir todo
movimiento involuntario (…) construirse y utilizarse de
conformidad con la legislación nacional (…) ser inspeccionados
por una persona competente en los casos y movimientos
prescritos».

Así mismo la disposición 18 señala que «para prevenir un riesgo


o cuando la altura de la estructura o su pendiente excedan de
las fijadas por la legislación nacional, deberán tomarse
medidas preventivas para evitar las caídas de trabajadores y
de herramientas u otros materiales u objetos (…) cuando los
trabajadores hayan de trabajar encima o cerca de tejados o de
cualquier otra superficie de manera frágil o puedan caerse a
través de él».

Debe insistirse en que corresponde a quien pretende el pago de


la indemnización demostrar la inobservancia injustificada de
los deberes por parte del patrono, que como se anotó también
derivan del pacto contractual, y la plena incidencia que tuvo en
la ocurrencia del siniestro, pues no siempre que exista un
resultado dañoso aquella opera, en tanto corresponde
atenderse la naturaleza de la tarea, el riesgo en su realización,
las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que ocurrió el
siniestro y, fundamentalmente, la diligencia de quien lo creó.
(subraya la Sala).

En este orden de ideas surge evidente el error de


valoración del Tribunal frente a la citada documental, pues
si bien es cierto su contenido deja ver un actuar
imprudente del trabajador Rafael Enrique Jaramillo Viloria
al pretender adelantar una labor de pintura en altura,
utilizando sin autorización de su empleador un montacarga
que en modo alguno cumple las especificaciones técnicas
para esta clase de actividad, también lo es que, la empresa
demandada incumplió su obligación de que para poder
desarrollar ese trabajo de pintura en su bodega, que como
quedó visto comprendía trabajo en altura, tuviera un
control efectivo por parte de quien la organizó, frente a los

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Radicación n.° 71613

métodos a utilizar para la misma y que se usaran las


herramientas y dotación adecuada brindadas por el
empleador, aspecto que de haberse acatado hubiera
impedido el actuar imprudente del trabajador fallecido y
evitado su caída al vacío.

Así, al quedar demostrado con prueba calificada los


yerros fácticos enrostrados al Tribunal, se abre paso al
estudio de aquellas que no lo son, que a continuación se
detallan:

2.- Informe de investigación de accidente de trabajo


(f.°354 a 357). Fue elaborado el 19 de agosto de 2005, por
María Lucía Lozano Murgas investigadora de la empresa
Imhotep Ltda. En la descripción de los hechos se dice que:

"El día 13 de agosto del presente año, se inició en las bodegas de


Carulla-Vivero (Cendis) una jornada de orden, aseo y pintura
coordinada por la líder de logística Adelina Bolaños de Bolaños.
Siendo las 10:30 AM los señores Rafael Jaramillo (fallecido) y
Erick Peña se encontraban en las afueras de las instalaciones
para realizar tareas de pintura; en vista que los andamios se
encontraban ocupados y los otros no llegaban, pidieron al señor
Iván Darío Franco montacarguista, sacar el montacargas para
realizar las labores encomendadas. Éste desobedeciendo una
orden sacó el montacargas eléctrico al cual le colocaron una
estiba de madera donde se subieron los trabajadores.

Los señores Jaramillo y Peña subieron al montacargas y


anclaron sus arneses al mismo el cual fue elevado a una altura
de 4 mts.; cuando dicho elemento perdió estabilidad, el
montacarguista intentó bajarlos resultando infructuosa la acción
y cayendo el montacargas de forma lateral, el señor Jaramillo
siguió anclado al mismo cayendo con él y recibiendo múltiples
golpes."
(subraya la Sala).

SCLAJPT-10 V.00
34
Radicación n.° 71613

Luego en antecedentes y observaciones se señala, lo


siguiente:
[…]
La empresa Carulla Vivero S.A. planeó la actividad dirigida por
la señora Adelina Bolaños Bolaños (líder de logística) e indagó
sobre la experiencia en la labor a realizar, según lo expresado
por la Cooperativa dicha actividad no fue notificada con
anterioridad.

Así mismo en esta documental se señalan unas


posibles causas técnicas y humanas como generadoras del
accidente de trabajo que sufrió Rafael Enrique Jaramillo
Viloria y otro trabajador: dentro de las primeras (técnicas)
se relacionan las siguientes: i) Colocación del montacargas
eléctrico en una superficie en declive; ii) utilización del
montacargas para una tarea no permitida a 4 metros de
altura; y iii) caída del montacargas en forma lateral. Dentro
de las causas humanas están: a) utilización de un
procedimiento inadecuado para realizar una labor en
altura; b) desobedecer una orden de seguridad al emplear
un montacargas eléctrico sin autorización; y c) anclaje del
arnés en una estructura que no es segura ni la adecuada.

Finalmente, el informe contiene un ítem titulado


«acciones correctivas que deben ser implementadas»:

1. Diseñar e implementar procedimientos para trabajos en altura


basados en las normas de construcción OSHA que figuran en el
coe of Federal Regulaciones (Código de Regulaciones Federales)
CFR 1926.450.454 y entrenar al personal haciendo pruebas de
montajes de instalación y desinstalación de cuerpos de
andamios.

2. Colocar en conocimiento de las empresas los perfiles de los


integrantes de la cooperativa que realiza las labores contratadas.

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Radicación n.° 71613

3. Para cada uno de los trabajos de alto riesgo colocar como


supervisor a una persona calificada y capacitada en materia de
seguridad industrial.

4. Capacitar a los cooperados en el armado, desmonte,


reparación, mantenimiento e inspección de andamios.

5. Aplicar lista de chequeo para trabajos en altura.

6. Tener en cuenta que para un trabajo en altura mayor de 1.8


mts se deben utilizar los siguientes EPP: barbuquejo, guantes,
arnés integral con argollas dorsal, lumbar y de posicionamiento
debidamente certificada y línea de vida sujeto a un punto de
anclaje fijo.
(subraya la Sala).

De lo trascrito en precedencia queda al descubierto


que el juez plural frente a este documento también realizó
una valoración parcial, pues a pesar de que lo reprodujo
casi en su integridad, salvo el ítem titulado «acciones
correctivas que deben ser implementadas», del mismo
simplemente coligió la conducta imprudente del trabajador.
Lo que significa, que de su contenido dejó de lado, que el
mismo corroboraba que la actividad de pintura a realizar
era un trabajo riesgoso de alturas por superar los 1.8
metros, además que al Tribunal no le mereció ningún
pronunciamiento el hecho de que la líder de logística de la
sociedad empleadora, quien dirigió la actividad de aseo y
pintura en altura, simplemente se hubiera limitado a
indagar sobre la experiencia en esa labor de quienes
participaron en la jornada, lo que indudablemente
resultaba insuficiente teniendo en cuenta que se trataba de
una actividad peligrosa que requería experiencia
comprobada de los que iban a ejecutarla, así como de una
supervisión adecuada.

SCLAJPT-10 V.00
36
Radicación n.° 71613

En efecto, por tratarse de una tarea de alto riesgo


debía ser efectivamente supervisada por una persona
capacitada y calificada, aspecto que fue ignorado por
completo por la demandada Carulla Vivero S.A. y que le
resultó indiferente al Tribunal a la hora de valorar la
responsabilidad del empleador, al igual no consideró las
demás acciones que se recomendaron implementar, las
cuales demuestran que la empresa no había realizado
ninguna capacitación «en el armado, desmonte, reparación,
mantenimiento e inspección de andamios» ni contaba en ese
momento con medidas de seguridad para adelantar una
actividad peligrosa como la de trabajo en altura, en que se
tenga en cuenta la denominada «línea de vida», pues no hay
que olvidar que el causante, cuando el montacargas sufrió
el volcamiento se encontraba a cuatro metros de altura,
pues así se dejó sentado en el documento que se analiza.

Así las cosas, de la valoración íntegra del informe de


investigación del accidente de trabajo que sufrió el
accionante, en conjunto con las demás probanzas que estimó
el Tribunal, no resulta de recibo que en la sentencia
impugnada se arribe a la conclusión de que el infortunio
ocurrió exclusivamente porque el trabajador cometió una
«conducta imprudente que no lo llevó a advertir el peligro al
pretender la utilización del montacargas obviando las normas
de seguridad y el hecho de que ya se habían solicitado los
elementos adecuados para realizar la labor, que lo llevó a
asumir riesgos manifiestos, innecesarios y graves que le
ocasionaron la muerte», ya que también se evidencia que
concurren otras causas atribuibles al empleador, que se

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Radicación n.° 71613

traducen en la ausencia de cuidado debido, la falta de


implementación de procedimientos para trabajo en altura, la
no entrega de elementos adecuados y el no haber ejercido un
control efectivo en la ejecución de esa labor, esto es, tener un
delegado o supervisor encargado de vigilar y controlar el
cumplimiento de las normas se seguridad.

En otras palabras, Carulla Vivero S.A. no acreditó haber


tomado las medidas de previsión necesarias para evitar el
accidente que sufrió el causante, simplemente planeó y
adelantó una actividad peligrosa que traía consigo un trabajo
en altura como fue la labor de pintura de toda la bodega, sin
contar con un procedimiento idóneo para este tipo de
trabajos, tampoco demostró haber capacitado al trabajador
fallecido en lo que corresponda, no le suministró los
andamios en tiempo y menos ejerció un control efectivo,
aspecto último que por sí solo, como ya se indicó constituye
«factor de responsabilidad».

3.- Ahora, la documental denominada informe final y


anexos (f.° 360 a 368), no pudo ser erróneamente apreciada
por el sentenciador de segundo grado, porque esa prueba no
fue valorada por la alzada, y en tales condiciones debió
denunciarse su falta de estimación. Sin embargo, de poderse
estudiar, su contenido lo que muestra es la descripción o
resumen de lo que ya se estableció con las otras pruebas
antes reseñadas, y por tanto corrobora lo dicho por la Sala
en el sentido de que en este asunto se comprobó
suficientemente la culpa del verdadero empleador que lo fue
Carulla Vivero S.A. en la ocurrencia del infortunio en que

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

perdió la vida Rafael Enrique Jaramillo Viloria; además de


que como se determinó en las instancias y no es un hecho
discutido en casación, fue dicha empresa quien le impartió al
trabajador las órdenes o instrucciones para desarrollar una
tarea totalmente distinta y ajena a las funciones que tenía
que cumplir al ser enviado por la cooperativa codemandada a
prestar servicios en las instalaciones de la citada usuaria.

Hasta lo aquí expresado, se concluye que el Tribunal,


efectivamente incurrió en una errónea valoración probatoria
y cometió los yerros fácticos atribuidos por la censura en el
segundo cargo.

B.- Aspectos jurídicos:

Ahora bien, desde el punto de vista jurídico, es


pertinente memorar, que para el reconocimiento y pago de la
indemnización ordinaria y plena de perjuicios prevista en el
artículo 216 del CST, además de la ocurrencia del riesgo,
accidente de trabajo o enfermedad profesional, debe estar la
«culpa suficientemente comprobada» del empleador,
responsabilidad que tiene una naturaleza eminentemente
subjetiva, que lleva a que se establezca en estos casos no
solo el daño a la integridad o a la salud del operario con
ocasión o como consecuencia de trabajo, sino que se
demuestre también el incumplimiento del empleador a los
deberes u obligaciones de protección y seguridad, que le
exige tomar las medidas adecuadas atendiendo las
condiciones generales y especiales de la labor desempeñada,
tendientes a evitar que el trabajador, como se dijo, sufra

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

menoscabo en su salud e integridad a causa de los riesgos


del trabajo.

Particularmente, tales obligaciones se encuentran


consagradas en los numerales 1º y 2º del artículo 57 del
CST, según las cuales los empleadores deben «[…] Poner a
disposición de los trabajadores, salvo estipulación en
contrario, los instrumentos adecuados y las materias primas
necesarias para la realización de las labores», y procurarles
«locales apropiados y elementos adecuados, de protección
contra los accidentes y enfermedades profesionales en forma
que se garanticen razonablemente la seguridad y la salud».

De igual manera, el artículo 348 ibídem preceptúa que


toda empresa está obligada a «[…]suministrar y acondicionar
locales y equipos de trabajo que garanticen la seguridad y
salud de los trabajadores», y adoptar las medidas de
seguridad indispensables para la protección de la vida y la
salud de los trabajadores, lo cual guarda plena armonía con
las disposiciones que en materia de salud ocupacional y
seguridad en los establecimientos de trabajo que prevén
dentro de las obligaciones patronales las de «proveer y
mantener el medio ambiente ocupacional en adecuadas
condiciones de higiene y seguridad» (artículo 2º Resolución
n.° 2400 de 1979).

En esa misma línea el artículo 84 de la Ley 9 de 1979,


estableció que, entre otras obligaciones, los empleadores
están impelidos a proporcionar y mantener un ambiente de

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

trabajo en adecuadas condiciones de higiene y seguridad;


implementar métodos de trabajo con el mínimo de riesgos
para la salud dentro de los procesos de producción;
observar y hacer cumplir las disposiciones relativas a salud
ocupacional; responsabilizarse de un programa permanente
de medicina, higiene y seguridad en el trabajo destinado a
proteger y mantener la salud de los trabajadores; adoptar
medidas efectivas para proteger y promover la salud de los
empleados mediante la instalación, operación y
mantenimiento, en forma eficiente, de los sistemas y
equipos de control necesarios para prevenir enfermedades y
accidentes en los lugares de trabajo y realizar programas
educativos sobre los riesgos para la salud a que estén
expuestos los trabajadores y acerca de los métodos de su
prevención y control.

Ya en el marco del Sistema General de Riesgos


Profesionales, hoy Sistema General de Riesgos Laborales, se
reiteró la obligación a los empleadores de «[…] procurar el
cuidado integral de la salud de los trabajadores y de los
ambientes de trabajo» (artículo 21 del Decreto 1295 de
1994).

Lo visto en precedencia, muestra cómo las


disposiciones sustantivas laborales de salud ocupacional,
hoy seguridad y salud en el trabajo y riesgos laborales, han
sido unívocas en comprometer al empleador a cuidar y
procurar por la seguridad y salud de los trabajadores, y
adoptar todas las medidas a su alcance en orden a prevenir

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

los accidentes y enfermedades profesionales, todo ello en


perspectiva a que «[…] la salud de los trabajadores es una
condición indispensable para el desarrollo socio-económico
del país, su preservación y conservación son actividades de
interés social y sanitario» (artículo 81 Ley 9 de 1979).

Entonces, cuando el empleador incumple culposamente


dichos deberes u obligaciones derivadas del contrato de
trabajo, se presenta la responsabilidad de indemnizar al
trabajador o a sus beneficiarios que sufren las consecuencias
del infortunio laboral o la enfermedad profesional, respecto
de los daños que le fueran ocasionados con ese proceder, que
comprende toda clase de perjuicios, ya sean materiales o
morales. En otras palabras, la omisión en el cumplimiento de
la diligencia y cuidados debidos en las relaciones
subordinadas de trabajo, constituye la conducta culposa que
exige el citado precepto legal.

La Corte también tiene adoctrinado que cuando «se


imputa al patrono una actitud omisiva como causante del
accidente o la enfermedad profesional, a éste le corresponde
demostrar que no incurrió en la negligencia que se le endilga,
aportando las pruebas de que sí adoptó las medidas
pertinentes en dirección a proteger la salud y la integridad
física de sus trabajadores». (sentencia CSJ SL7181-2015).

En tal sentido, la Corte ha recabado que por regla


general, al trabajador le corresponde demostrar las
circunstancias de hecho que dan cuenta de la culpa del
empleador en la ocurrencia de un accidente de trabajo,

SCLAJPT-10 V.00
42
Radicación n.° 71613

pero, por excepción, con arreglo a lo previsto en los


artículos 177 del CPC y 1604 del CC, cuando se denuncia el
incumplimiento de las obligaciones de cuidado y protección,
se invierte la carga de la prueba y es el empleador el que
asume la obligación de demostrar que actuó con diligencia y
precaución, a la hora de resguardar la salud y la integridad
de sus servidores. (sentencias CSJ SL, 10 mar. 2005, rad.
23656, CSJ SL, 10 mar. 2005, rad. 23489, CSJ SL, 10 may.
2006, rad. 26126, entre otras).

Lo anterior no significa, que le baste al trabajador


plantear el incumplimiento de las obligaciones de cuidado y
protección, para desligarse de cualquier carga probatoria,
porque como lo ha precisado la Sala, teniendo en cuenta
que no se trata de una especie de responsabilidad objetiva
como la del sistema de riesgos laborales, para que opere la
inversión de la carga de la prueba, primero deben estar
demostradas las circunstancias concretas en las que
ocurrió el accidente y «…que la causa eficiente del infortunio
fue la falta de previsión por parte de la persona encargada
de prevenir cualquier accidente…» (sentencia CSJ SL, 10
mar. 2005, rad. 23656).

En torno a lo anterior, la Corte en sentencia CSJ


SL17216-2014, señaló que:

[…] corresponde a quien pretende el pago de la indemnización


demostrar la inobservancia injustificada de los deberes por parte
del patrono, que como se anotó también derivan del pacto
contractual, y la plena incidencia que tuvo en la ocurrencia del
siniestro, pues no siempre que exista un resultado dañoso
aquella opera, en tanto corresponde atenderse la naturaleza de
la tarea, el riesgo en su realización, las circunstancias de tiempo,

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

modo y lugar en que ocurrió el siniestro y, fundamentalmente, la


diligencia de quien lo creó.»

En igual dirección, en la sentencia CSJ SL4350-2015,


la Sala precisó:

La censura se duele de que, según su decir, el ad quem no aplicó


el artículo 1604 del CC que establece que la prueba de la
diligencia o cuidado incumbe a quien ha debido emplearla, esto
es a la empresa; reproche jurídico que no se aviene a la situación
del sublite, puesto que, para beneficiarse el trabajador de los
efectos de esta norma del Código Civil, primero él debe probar el
incumplimiento de parte del empleador de su deber de protección
y seguridad del trabajador, en cuyo evento le traslada a aquel la
carga de probar que sí actuó con diligencia y cuidado para
exonerarse de la responsabilidad por la culpa leve que aplica en
asuntos laborales como el presente.

Al decir el recurrente que acepta las conclusiones fácticas a las


que arribó el ad quem, pareciera que la censura fundamenta la
supuesta aplicación indebida, por la vía directa, del artículo 216
del CST que le atribuye al ad quem en que, si bien comparte que
esta disposición exige «la culpa suficientemente comprobada»
cuando se persiga obtener la indemnización plena de perjuicios,
lo admite en el entendido de que la empresa siempre tiene a su
cargo la prueba de que actuó con la debida diligencia y cuidado,
so pena de resultar condenada a la indemnización plena de
perjuicios.

Se equivoca el impugnante en su argumento, por cuanto la


jurisprudencia tiene asentado, de vieja data, que al exigir el
artículo 216 del CST la culpa suficientemente comprobada, le
corresponde al trabajador demostrar el incumplimiento de una de
las obligaciones de protección y de seguridad asignadas al
empleador, lo cual, según el ad quem, no ocurrió y, para ello, se
ha de precisar esta vez que no basta la sola afirmación genérica
de la falta de vigilancia y control del programa de salud
ocupacional en la demanda, sino que es menester delimitar, allí
mismo, en qué consistió el incumplimiento del empleador de las
respectivas obligaciones derivadas del propio contrato de trabajo
y de la labor prestada por el trabajador, el cual, a su vez, ha de
tener nexo de causalidad con las circunstancias que rodearon el
accidente de trabajo generador de los perjuicios, las que
igualmente deben ser precisadas en la demanda. (subrayas
fuera de texto).

Proyectado lo anterior al caso bajo examen, y tal como


se analizó en precedencia cuando se aludió a los yerros

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

fácticos, se colige que en relación con el accidente de trabajo


que sufrió Rafael Enrique Jaramillo Viloria, cuyas causas
inmediatas fueron la falta de implementación de
procedimientos para el trabajo en altura, la ausencia de
capacitación para ejercer la actividad de pintura a una altura
de cuatro metros, el no suministró oportuno de los elementos
adecuados como los andamios y no haber ejercido un control
efectivo en la ejecución de esa labor, esto es, tener un
delegado o supervisor encargado de vigilar y controlar el
cumplimiento de las normas se seguridad, no resulta en
definitiva dable atribuir su ocurrencia a una imprudencia
exclusiva del trabajador.

Adicionalmente, cabe destacar, que en materia de


trabajos en altura, considerados como tales «[…] toda labor o
desplazamiento que se realice a 1,50 metros o más sobre un
nivel inferior» (Resolución n.° 3673 de 2008), ha existido una
constante preocupación por generar una reglamentación
clara y precisa tendiente a reducir los riesgos propios de esta
actividad, considerada de por sí como de alto riesgo
(Resoluciones n.° 3673 de 2008 y 1409 de 2012), en atención
a los elevados índices de accidentalidad y muerte
ocasionadas en este tipo de labores.

En este orden, el Ministerio del Trabajo y Seguridad


Social expidió la Resolución n.° 2400 de 1979, en la que en
sus artículos 188 y 190 estableció la obligación a los
empleadores de implementar líneas de vida para la
ejecución de trabajo en altura, en los siguientes términos:

SCLAJPT-10 V.00
45
Radicación n.° 71613

ARTÍCULO 188. Para aquellos trabajos que se realicen a ciertas


alturas en los cuales el riesgo de caída libre no pueda ser
efectivamente controlado por medios estructurales tales como
barandas o guardas, los trabajadores usarán cinturones de
seguridad o arneses de seguridad, con sus correspondientes
cuerdas o cables de suspensión. Las cuerdas o cables de
suspensión, estarán firmemente atados al cinturón o arnés de
seguridad y también a la estructura del edificio, torre, poste u
otra edificación donde se realice el trabajo. Los cinturones o
arneses de seguridad y sus cuerdas o cables de suspensión
tendrán una resistencia de rotura no menor de 1.150 kilogramos
y el ancho de los cinturones no será menor de 12 centímetros,
con un espesor de 6 mm (1/4 pulgada), de cuero fuerte curtido al
cromo, de lino o algodón tejido u otro material apropiado.

(…)

ARTÍCULO 190. Las cuerdas salvavidas serán de cuerda de


manila de buena calidad y deberán tener una resistencia a la
rotura de por lo menos 1.150 kilogramos (2.500 libras). Los
herrajes y fijaciones de los cinturones de seguridad deberán
soportar una carga por lo menos igual a la resistencia de la
rotura especificada para el cinturón.

Bajo esa misma orientación, el entonces Ministerio de


la Protección Social con miras a generar un reglamento
técnico sobre la materia, expidió la Resolución n.° 3673 de
2008 «[…] por la cual se establece el Reglamento Técnico de
Trabajo Seguro en Alturas» y definió el trabajo en tales
condiciones como «toda labor o desplazamiento que se
realice a 1,50 metros o más sobre un nivel inferior»; dicha
reglamentación se modificó mediante las Resoluciones n.°
736 de 2009 y 2291 de 2010, normativa que amplió
notablemente las obligaciones a cargo del empleador en esta
materia.

El referido reglamento mantuvo en cabeza de los


empleadores la ineludible obligación de ejercer labores de
vigilancia y control en torno al cumplimiento de las

SCLAJPT-10 V.00
46
Radicación n.° 71613

condiciones de seguridad en el trabajo en altura, a través de


personal idóneo en la materia y con capacidad de exigir el
cumplimiento de las normas de seguridad, lo cual por
demás no hace otra cosa que acogerse a los lineamientos
establecidos en el Convenio 167 y la Recomendación n.°
175 de la OIT, el primero ratificado el 6 de septiembre de
1994.

Actualmente rige la Resolución n.° 1409 de 2012


(modificada en aspectos puntuales en materias de
capacitación, formación, entrenamiento y certificación, y
coordinación de trabajo en alturas mediante las
Resoluciones n.° 1903 de 2013 y 3368 de 2014) «por la cual
se establece el Reglamento de Seguridad para protección
contra caídas en trabajo en alturas», que derogó los
anteriores reglamentos en lo que le era contrario, empero,
en esencia, conservó una estructura sustancialmente
similar al que lo precedió, con algunos ajustes y
modificaciones, tales como la ampliación de las obligaciones
del empleador; la inclusión de obligaciones especiales para
las administradoras de riesgos laborales; el fortalecimiento
de los programas de capacitación; la necesidad de contar
con un trabajador capaz de identificar los peligros en el sitio
donde se realizan labores en alturas y autorizado «para
aplicar medidas correctivas inmediatas para controlar los
riesgos asociados a dichos peligros»; el deber de contar con
elementos y equipos certificados, y personal con formación
especializada. Resolución que, en los numerales 28, 29, 30
y 31 del artículo 2º, definió cuatro clases de líneas de vida,
a saber:

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 71613

28. LÍNEAS DE VIDA HORIZONTALES: Sistemas certificados de


cables de acero, cuerdas, rieles u otros materiales que
debidamente ancladas a la estructura donde se realizará el
trabajo en alturas, permitan la conexión de los equipos
personales de protección contra caídas y el desplazamiento
horizontal del trabajador sobre una determinada superficie; la
estructura de anclaje debe ser evaluada con métodos de
ingeniería.

29. LÍNEAS DE VIDA HORIZONTALES FIJAS: Son aquellas que se


encuentran debidamente ancladas a una determinada
estructura, fabricadas en cable de acero o rieles metálicos y
según su longitud, se soportan por puntos de anclaje
intermedios; deben ser diseñadas e instaladas por una persona
calificada. Los cálculos estructurales determinarán si se requiere
de sistemas absorbentes de energía.

30. LÍNEAS DE VIDA HORIZONTALES PORTÁTILES: Son equipos


certificados y preensamblados, elaborados en cuerda o cable de
acero, con sistemas absorbentes de choque, conectores en sus
extremos, un sistema tensionador y dos bandas de anclaje
tipo Tie Off; estas se instalarán por parte de los trabajadores
autorizados entre dos puntos de comprobada resistencia y se
verificará su instalación por parte del coordinador de trabajo en
alturas o de una persona calificada.

31. LÍNEAS DE VIDA VERTICALES: Sistemas certificados de cables


de acero, cuerdas, rieles u otros materiales que debidamente
ancladas en un punto superior a la zona de labor, protegen al
trabajador en su desplazamiento vertical (ascenso/descenso).
Serán diseñadas por una persona calificada, y deben ser
instaladas por una persona calificada o por una persona
avalada por el fabricante o por la persona calificada.

Este recuento normativo pone en evidencia que en


Colombia desde el año de 1979 existe una regulación en
esta materia, que atendió la necesidad de establecer
medidas orientadas a disminuir o eliminar los riesgos
propios de las actividades del trabajo en alturas, de por sí
de frecuente ocurrencia, y que tiene como común
denominador la figura del delegado o supervisor, encargado
de vigilar, inspeccionar y exigir el estricto cumplimiento de

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Radicación n.° 71613

las normas de seguridad, así como la de propender por


elementos y condiciones de trabajo seguros.

Naturalmente, esa obligación de seguridad de la


persona del trabajador, en virtud de la cual se reviste al
empleador y a su delegado de plenas facultades para
«cumplir y hacer cumplir las disposiciones», «ordenar las
medidas de control necesarias» y «adoptar las medidas
necesarias para la prevención y control de los riesgos
profesionales» (artículo 12 R. 2413/1979), no se extingue
con la sola acreditación de que el empleador suministró a
su trabajador charlas sobre seguridad industrial, lo dotó de
los elementos «mínimos» de seguridad industrial necesarios
para el desarrollo de sus funciones como el arnés, lo afilió
al sistema de riesgos profesionales y le ordenó la práctica de
exámenes médicos para determinar su aptitud física para
desplegar el trabajo en alturas.

En efecto, sus obligaciones van más allá, al punto que


se convierte en un imperativo suyo exigir el cumplimiento
de las normas de seguridad en el desarrollo de la labor y, de
ser el caso, prohibir o suspender la ejecución de los
trabajos hasta tanto no se adopten las medidas correctivas,
o como lo señala el Convenio 167 de la OIT: «interrumpir las
actividades» que comprometan la seguridad de los
operarios. Todo lo anterior en el entendido de que en el
ámbito laboral debe prevalecer la vida y la seguridad de los
trabajadores sobre otras consideraciones (sentencia CSJ

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Radicación n.° 71613

SL9355-2017, reiterada en la decisión CSJ SL-12862-2017,


rad. 50978).

Precisado lo anterior y volviendo al caso de autos, al


estar demostrada desde la órbita de la fáctico, la ocurrencia
de la muerte del trabajador cuando se encontraba
desarrollando una actividad de pintura a cuatro metros de
altura, e igualmente evidenciado el incumplimiento de la
convocada al proceso en materia de protección y seguridad,
principalmente al no haber ejercido un control efectivo sobre
esa actividad riesgosa, que hubieran impedido la utilización
de herramientas o elementos no adecuados e inseguros para
su ejecución, lo cual se traduce en la falta de diseños e
implementación de procedimientos para trabajos en altura
basados en las normas de construcción OSHA que figuran el
Código de Regulaciones Federales, conforme se advirtió en el
informe de investigación del accidente de trabajo ya
analizado; para la Corte, como quedó visto en la anterior
reseña jurisprudencial, es el empleador demandado quien
debe responder por el daño causado, con independencia de
la culpa que existió por parte del operario fallecido por su
conducta imprudente, como bien lo pone de presente el
censor.

Ahora, la circunstancia de que el trabajador hubiera


utilizado un elemento para subirse como el montacargas
eléctrico, que no es apto para ejecutar la actividad de pintar
a cuatro metros de altura, y que lo usara desobedeciendo la
orden de no sacar esa clase de herramientas sin
autorización, lo cierto es que ello no exime al empleador de

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Radicación n.° 71613

su culpa en la ocurrencia del infortunio laboral, pues como


quedó demostrado al despachar el cargo orientado por la vía
de los hechos, la empresa incumplió sus obligaciones en
materia de seguridad industrial y el deber de control efectivo,
en punto a los métodos y a la utilización de herramientas
para ejecutar tal labor que correspondía a un trabajo en
alturas, de lo que se deriva su necesaria responsabilidad,
que no desaparece siquiera por la concurrencia de culpas. Al
respecto, la Corte, en providencia CSJ SL 5463- 2015,
razonó:

Pero lo cierto es que a la luz del artículo 216 del Código


Sustantivo del Trabajo, que contiene una regulación especial de
la responsabilidad laboral, para determinar la obligación del
empleador al reconocimiento y pago de la indemnización total y
ordinaria de los perjuicios le basta al juzgador establecer la
culpa “suficientemente comprobada”, en la ocurrencia del
accidente de trabajo o en la enfermedad profesional, de suerte
que, en este caso, una vez determinada esa conducta culposa no
se hacía necesario analizar la responsabilidad que en el
infortunio pudiera haber correspondido al trabajador, salvo que
se hubiese alegado por las demandadas que el accidente laboral
se produjo por un acto deliberado de aquél, lo que no aconteció. Y
se afirma lo anterior, por cuanto, como lo ha explicado esta Sala
de la Corte, no es posible que la responsabilidad laboral del
empleador desaparezca por la compensación de las faltas
cometidas por las partes (Subrayas fuera del texto).

Por todo lo expuesto es dable colegir que Carulla Vivero


S.A., en este asunto no acató las obligaciones generales de
protección y seguridad para con sus subordinados, máxime
si se tiene en cuenta que Rafael Enrique Viloria Jaramillo,
fue enviado por la Cooperativa Coocadecar para adelantar
labores de cotero en las instalaciones de la usuaria y que al
cambiarle las tareas inicialmente asignadas que convirtieron
a la citada empresa en empleador, aquella no desplegó un

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control efectivo para evitar el accidente que le causó la


muerte a dicho trabajador, vigilancia que se imponía dado el
trabajo en altura que debía realizar el finado.

Así las cosas, el Tribunal también cometió los yerros


jurídicos que le endilga la acusación orientada por la vía
directa, en la medida que sus reflexiones no se encuentran
acordes con la línea jurisprudencial desarrollada por esta
Sala, en torno a la carga de la prueba cuando se trata de
procesos encaminados a indagar por la culpa patronal en la
ocurrencia de accidentes de trabajo, como quiera que según
quedo visto, en primer término quien tiene esa carga
probatoria es la parte actora y en este caso se cumplió a
cabalidad conforme quedó definido al resolverse el cargo por
la vía fáctica, además que la conclusión de la segunda de
instancia sobre la culpa exclusiva de la víctima es totalmente
equivocada al no tenerse en cuenta que se trataba de un
trabajo en alturas en que la sociedad demandada no ejerció
el debido cuidado y control correspondientes, además que no
se observó que la concurrencia de culpas no exonera de
responsabilidad al empleador, lo cual también se acreditó por
la senda de los hechos.

Dado que los cargos resultaron fundados hay lugar a


casar la sentencia.

No se imponen costas en el recurso extraordinario, por


cuanto los ataques salieron triunfantes.

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X. SENTENCIA DE INSTANCIA

La inconformidad de Carulla Vivero S.A. contra la


sentencia condenatoria de primera instancia se hace
consistir en dos puntos, el primero, en relación a que en
este asunto no se probó la culpa patronal y, por el
contrario, las declaraciones de Wilfrido Maldonado y
Soledad Rojas acreditan que el accidente de trabajo se
causó por culpa «directa» del trabajador Rafael Enrique
Jaramillo Viloria, al haberse subido a un montacargas para
pintar, sin ser el medio adecuado, que además fue
imprudente al ubicar ese elemento de trabajo en un sitio
inclinado, pues todo ello hizo que el montacargas se
volteara y le causara la muerte a quien nunca fue
autorizado por la demandada para utilizarlo. Asevera
también, que las declaraciones tienen pleno respaldo en la
inspección ocular administrativa que realizó el Ministerio de
la Protección Social sobre las causas probables del
accidente de trabajo.

El segundo tópico atañe a que como el causante era


un asociado de la Cooperativa Coocadecar C.T.A., la cual le
suministraba fuerza de trabajo para la ejecución de una
obra «en el desarrollo de un objeto social muy distinto» al de
Carulla Vivero S.A.; que además conforme a las
certificaciones de existencia y representación legal de las
demandadas se advierte que no existe ningún tipo de
similitud entre los objetos sociales que cada una desarrolla,
no puede haber tampoco solidaridad de Carulla Vivero S.A.,
porque lo que tenían era una relación comercial, entre las

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mismas.

Frente a la primera inconformidad de la recurrente,


relativa a que las pruebas no demuestran la culpa de
Carulla Vivero S.A. y, por el contrario lo que acreditan es la
culpa exclusiva del trabajador, la Sala se remite al análisis
probatorio que se llevó a cabo en sede de casación, en el
que quedó claro que en el sub lite se invirtió la carga de la
prueba, pues al ser un hecho indiscutido la ocurrencia del
accidente de trabajo en el que perdió la vida Rafael Enrique
Jaramillo Viloria, y que las pruebas además de mostrar el
actuar imprudente de la víctima al utilizar el montacargas
para pintar en altura, también dejaron al descubierto que el
infortunio laboral tuvo ocurrencia porque la citada entidad
no cumplió con su deber de control efectivo que debió
ejercer en la actividad en altura que ejecutó el trabajador
fallecido, no tenía la empresa un procedimiento diseñado
para estas tareas, no le entregó al operario los elementos
adecuados para desarrollar la labor ni le dio capacitación;
por ello era la parte demandada a quien le incumbía
demostrar que actuó con cuidado, diligencia y precaución,
ante la actividad riesgosa que cumplía Jaramillo Viloria, lo
que no se evidencia en las probanzas que se valoraron en
sede casacional, ni en las demás que obran en el
expediente.

En efecto, la testigo Soledad Rojas Altamar, quien dijo


trabajar como asistente de nómina en Carulla Vivero desde
el año 2000, afirmó no conocer personalmente al causante,
pero que por la investigación que realizó «el Ministerio de

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Trabajo», supo que participaba en una jornada de limpieza;


que el difunto operario «se subió a un montacargas
amarrado a un lado no estaba bien ubicado y el
montacargas se le vino encima terminando con el
fallecimiento del señor».

Así mismo, el deponente Wilfrido Milán Maldonado


Fontalvo, quien declaró haber laborado en Carulla Vivero
S.A. como asistente de servicio al personal desde el año
1984 hasta 2007, después de aseverar que no conocía
personalmente a Rafael Enrique Jaramillo Viloria, al ser
preguntado sobre los hechos en los que perdió la vida el
citado, contestó que en las bodegas de la vía 40 se organizó
una brigada de aseo y limpieza, barrer, limpiar, sacudir y
pintar algunas partes que se encontraban bastante sucia,
«desafortunadamente el señor Viloria tomó un montacarga
que no estaba como herramienta de trabajo para esa brigada
[…] el señor tomo este para treparse y pintar una pared de la
bodega», al estar arriba se amarró y en ese momento el
montacarga se rodó y le cayó encima al trabajador, lo cual
le produjo la muerte. El testigo también afirmó que las
brigadas de aseo se realizaban en forma periódica sin que
se presentara ningún hecho que lamentar en ese tipo de
eventos, aseveró que conoció de los hechos porque la
empresa formó un comité para hacer la investigación que
solicitaba el «Ministerio», del cual hizo parte y así fue que se
enteró de lo sucedido.

Los aludidos testimonios no aportan ningún elemento


de juicio que permita establecer que Carulla Vivero S.A. en

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la jornada de aseo y pintura de las bodegas que programó,


cumplió su deber de cuidado observando la línea de vida y
además tener un delegado o supervisor encargado de vigilar
o controlar el cumplimiento de las normas de seguridad,
máxime que se trataba de un trabajo en altura; toda vez
que, de una parte, los declarantes simplemente expusieron
sobre algo de lo que se enteraron, pero no les consta de
manera directa o personal cómo se desarrolló esa tarea; a lo
que se suma que sus dichos más bien corroboran lo
consignado en la prueba documental que fue analizado en
casación, en especial el acta de inspección ocular
administrativa que realizó el Ministerio de la Protección
Social – Dirección Territorial Trabajo Atlántico-Coordinación
Grupo Inspección Vigilancia y Control.

Ahora, respecto de la alegada inexistencia de


solidaridad entre la Cooperativa Coocadecar y Carulla
Vivero S.A., debe decirse que el juez de primera instancia
impuso la citada condena solidaria porque conforme a las
pruebas analizadas especialmente de la certificación
expedida por el ente cooperativo el 2 de septiembre de 2005
(f.°9 y10), encontró que entre el causante y la aludida
cooperativa no existió una relación cooperativa solidaria,
porque lo que se evidenciaba era una práctica de
intermediación laboral existente entre la empresa Carulla
Vivero S.A. y Coocadecar C.T.A.

Dijo al respecto el a quo, que por disposición legal el


objeto de las cooperativas de trabajo asociado, es generar y
mantener el trabajo para los asociados, pero esto ha de

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realizarse con autonomía y autodeterminación. Valga decir,


no le está permitido a las CTA, establecerse como empresas
de servicios temporales cuyo campo de acción sea el envío
de trabajadores a las instalaciones de las empresas
usuarias que lo requieran, en este caso Carulla Vivero S.A.;
que un contrato de suministro de personal celebrado entre
Carulla Vivero S.A. y Coocadecar C.T.A., no responde al
espíritu que gobierna el trabajo asociado, pues tal práctica
lo que enseña es la utilización del trabajo asociado para
ocultar el envío de trabajadores misionales a las
instalaciones de la empresa Carulla Vivero S.A. y una
verdadera relación laboral.

Puntualizó el juez de conocimiento que esa conclusión


adquiría más fuerza al observar lo expresado
constantemente por la empresa Carulla Vivero S.A., en su
libelo de contestación de demanda específicamente lo
referente a que: «El señor Rafael Jaramillo Viloria era
asociado de la Cooperativa de Cargadores y de Servicios
C.T.A. COOCADECAR C.T.A. quien le suministra fuerza de
trabajo de sus asociados para la ejecución de una obra» (f.°
162 a 171).

En tales condiciones el a quo señaló que de


conformidad con el artículo 17 del Decreto 4588 de 2006, la
C.T.A. Coocadecar y Carulla Vivero S.A. serán
solidariamente responsables por las obligaciones
económicas que se causen a favor de la demandante y sus
menores hijos.

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Al respecto la Sala en su actuación como tribunal de


instancia, no observa ninguna equivocación en la decisión
del sentenciador de primer grado, toda vez que el citado
precepto legal establece que: «Cuando se configuren
prácticas de intermediación laboral o actividades propias de
las empresas de servicios temporales, el tercero contratante,
la Cooperativa y Precooperativa de Trabajo Asociado y sus
directivos, serán solidariamente responsables por las
obligaciones económicas que se causen a favor del
trabajador asociado», que recogió lo que
jurisprudencialmente se venía sosteniendo en los eventos
de que la usuaria se convierta en empleadora y quien
suministra o envía el personal en intermediarias, que fue lo
que aconteció en el sub lite, sumado a que no hay ningún
elemento demostrativo que desvirtúe la intermediación
laboral que existió entre las citadas.

Aquí cabe recordar, que cuando Carulla Vivero S.A.


cambió las funciones del trabajador fallecido, quien fue
enviado por la cooperativa para cumplir las de cotero, esa
variación trajo como consecuencia la configuración del
contrato de trabajo con la usuaria Carulla Viveros S.A. por
razón de las tareas asignadas de limpieza y pintura, en la
medida que el accionante, se itera, venía desempeñando era
la actividad de cotero como asociado de la Cooperativa
demandada, pues cuando se presentan estas situaciones la
usuaria del servicio muta su condición a empleador por el
aprovechamiento de la subordinación delegada. Sobre el
tema la Corte en sentencia CSJ SL, 12 mar. 1997, rad.

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8978, reiterada en decisiones CSJ SL,3260-2018, rad.


58398 y CSJ SL, 5633-2018, rad.58791, señaló:

Estima la Sala, en consecuencia con lo dicho, que si bien en


principio las empresas de servicios temporales son verdaderos
patronos y responsables frente al trabajador en misión de la
salud ocupacional, no es lícito ni legítimo que un usuario
aproveche los servicios de esta clase de trabajadores para
atribuirles funciones que escapan totalmente de los deberes
propios del contrato de trabajo celebrado por el empleado con la
empresa de servicios temporales y luego pretenda desconocer las
naturales consecuencias del marco obligacional que surge del
contrato de prestación de servicios celebrado con ésta, para así
evadirse de la ineludible responsabilidad laboral que surge de su
proceder culposo que origina accidentes de trabajo, los cuales
deben ser reparados en la forma prescrita por el artículo 216 del
código del trabajo.

Y si aparece diáfano -como en el presente caso- que la empresa


de servicios temporales fue totalmente ajena a esa actuación
apartada del objeto del contrato de prestación de servicios con la
usuaria y del contrato de trabajo en misión, ella no se puede
reputar subordinante en estos eventos, y por tanto no será ésta
quien deba satisfacer las indemnizaciones pertinentes sino el
empresario usuario culpable de la acción o la omisión generadora
del infortunio laboral.

Aclarado como está en el sub-lite que el accidente de trabajo no


tuvo como causa el contrato de trabajo con la empresa de
servicios temporales, ni fue responsable esta de su ocurrencia, ni
estaba en sus manos el poder evitarlo, es lógico que ella no es
deudora de los derechos reclamados en esta demanda, sino
únicamente el usuario en quien se encuentra radicada la, culpa
suficientemente acreditada por haber impartido la orden, por
fuera del contrato de trabajo en misión, de un trabajo riesgoso a
un servidor no capacitado para la labor de arreglo de tejados.

De ahí que no son de recibo las alegaciones de la


apelante demandada, a lo que se suma que, el a quo no
impuso la condena por virtud de la solidaridad prevista en
los artículos 34 y 36 del CST, sino por razón de lo ya
explicado.
De ahí que, se mantendrá incólume la forma en que se
impuso la condena solidaria en primera instancia, esto es,

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«CONDENAR en forma solidaria a las demandadas


COOPERATIVA DE CARGADORES Y SERVICIOS - C.T.A.
COOCADECAR y CARULLA VIVERO S.A. […]» (resaltado es
del texto original), aun cuando lo pertinente era que la
condena se impartiera en forma principal a la empresa
demandada y solidariamente a la Cooperativa
codemandada, pero como quiera que Carulla Vivero S.A. es
la única apelante, proceder de la manera antedicha, haría
más gravosa su situación.

Así las cosas, al no asistirle razón a la empresa


apelante respecto de los motivos de inconformidad, se
confirmará íntegramente el fallo de primer grado, máxime
que las condenas como tales y sus montos no fueron objeto
de reproche por ninguna de las partes.

No se generan costas en esta instancia las de primera


instancia como se determinó en el fallo del a quo.

XI. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley, CASA
la sentencia proferida por la Sala Laboral de Descongestión
del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla,
el 29 de mayo de 2014, dentro del proceso ordinario laboral
seguido por YADIRA DEL CARMEN GONZÁLEZ SANTOS
en nombre propio y en representación de sus hijas menores
ADAYANSY DE JESÚS JARAMILLO GONZÁLEZ y

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NATHALIA CECILIA JARAMILLO GONZÁLEZ contra la


COOPERATIVA DE CARGADORES Y DE SERVICIOS
C.T.A. – COOCADECAR C.T.A. y CARULLA VIVERO S.A.
al cual se llamó en garantía a RIESGOS PROFESIONALES
COLMENA S.A. COMPAÑÍA DE SEGUROS DE VIDA.

En sede de instancia, se CONFIRMA íntegramente la


sentencia condenatoria de primer grado.

Costas como quedó dicho en la parte motiva.

Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el


expediente al tribunal de origen.

MARTÍN EMILIO BELTRÁN QUINTERO

DOLLY AMPARO CAGUASANGO VILLOTA

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