Autorización para evangelizar
¿Con qué derecho vamos a una persona de otra religión y le hablamos respecto de
nuestro Dios? Si la gente desea adorar a Satanás u orar al sol o a los ídolos, ¿tenemos
algún derecho para molestarles? Hay muchas buenas enseñanzas en la mayoría de las
religiones. ¿Por qué, pues, habríamos de tratar de cambiar las creencias y costumbres de
la gente? ¿Con qué autoridad salimos a predicar el Evangelio?
El gran Dios del universo, el único Dios verdadero, que hizo el mundo y todo cuanto
hay en él, nos ha ordenado que le llevemos su Palabra a toda persona sobre la tierra.
Jesucristo, el Hijo de Dios, encomendó esto a la Iglesia. Lo denominamos la Gran
Comisión. Es en la Palabra de Dios donde tenemos nuestras órdenes y autorización.
CERTIFICADO DE AUTORIZACION
A quien concierna:
Todo creyente en Cristo
está autorizado por la presente para testificar de mí y para dar a todos las buenas
noticias de mi salvación, conforme a las instrucciones dadas en mi Palabra.
Hechos 1:8 Jesucristo
Mateo 28:18–20 Autoridad suprema
Marcos 16:15, 16 en el cielo y en la tierra
Jesús les dio estas órdenes a sus seguidores en varias ocasiones, de modo que
tenemos la Gran Comisión en Hechos 1:8; Mateo 28:18–20 y Marcos 16:15, 16, cada
vez con un énfasis distinto en cuanto a los métodos que hemos de usar. Lea ahora Mateo
28:18–20 y fíjese en la palabra potestad. Algunas versiones la traducen autoridad. Jesús
es quien tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, y ha prometido estar con nosotros.
¡Podemos contar con el respaldo de su autoridad suprema y con que nos dará apoyo
oficial para que cumplamos sus órdenes!
Cuando la Iglesia primitiva predicó el Evangelio y habló a la gente respecto de
Cristo, fue perseguida. A los discípulos se les dio orden de no volver a hablar acerca de
Jesús. Pero ellos reconocian que la Palabra de Dios era una autoridad más alta que las
órdenes de los hombres, por lo que seguían testificando. (¡Qué bendición para nosotros
que ellos procedieran así!) Los apóstoles fueron echados en la cárcel, pero un ángel los
puso en libertad. Al ser llamados ante el concilio religioso que los había amenazado y
puesto en prisión, Pedro explicó por qué habían desobedecido sus órdenes. ¡Tenían
órdenes de una autoridad superior! “Es necesario obedecer a Dios antes que a los
hombres” (Hechos 5:29). Dondequiera que Dios le envíe, vaya en el poder que le da la
misión recibida de El. Recuerde: ¡Jesús está con usted!