Cuestión de Confianza
Cuestión de Confianza
3
4
5
120
6
7
Del miedo a la libertad
8
9
10
11
12
Prólogo, por STEVEN HAYES
13
Capítulo 16: Montar un caballo salvaje
Bibliografía
Agradecimientos
14
15
Prólogo, por STEVEN HAYES
o resulta sencillo ser humanos: seguramente, nosotros tenemos que hacer frente a
más desafíos que cualquier otra criatura del planeta.
Hay una razón sencilla para que esto sea así: Nuestro mundo interno no es lógico;
¡es psicológico!
Las reglas del desarrollo humano y la experiencia son casi exactamente lo opuesto a
las del mundo exterior a nosotros. Si nos encontramos con un pedazo de filete maloliente
en el suelo, lo más apropiado es echarlo a la basura. Pero esta misma acción es
totalmente ineficaz cuando intentamos aplicarla a nuestros miedos más arraigados.
Si tú, lector, estás atrapado en este preciso instante en una intensa lucha para
desarrollar la confianza en ti mismo, eres muy afortunado. Mucho. Te han tocado cartas
de ganador en la vida. Permíteme que me explique:
La mayor parte de la gente que tiene que enfrentarse a cuestiones de confianza vive
16
su vida como quien tiene el pie atrapado en un cepo para alimañas. La mayoría piensa
que el problema está en ellos, no en la trampa en la que han caído, y allá van, cojeando,
camino adelante, enredados en la propia trampa.
Puede que sea esto precisamente lo que te está ocurriendo a ti. Entonces, ¿por qué
eres afortunado? Bueno, en primer lugar, te estás dando cuenta de que tienes el pie
atrapado. Muchos de los que están pillados en esa trampa ni siquiera se dan cuenta.
Sencillamente, van renqueando, mientras tratan de ignorar el dolor.
Va a haber mucha más alegría al poder caminar por la vida adelante sin tener que ir
arrastrando todas esos pesados cepos adondequiera que uno se dirija.
Este brillante libro nos muestra exactamente cómo se produce ese desnivel y nos
enseña las reglas del desarrollo y la transformación humanos. Russ es, probablemente, el
autor más claro del universo en cuanto a adiestramiento en «Aceptación y Compromiso»
y uno de los terapeutas mejor dotados y con mayor talento. Posee una sorprendente
17
capacidad de hacer sencillo lo complejo. Y lo vuelve a hacer en este volumen. Yo he
estado trabajando en terapia ACT durante treinta años, y ahora me detengo aquí y me
siento profundamente conmovido, lleno de energías e instruido. Russ me ha abierto los
ojos. Una vez más.
En la otra banda de tu lucha, puedes entender mis palabras del principio de un modo
distinto: es difícil ser humano. No porque tengamos pocos recursos ni porque nos vayan
a ocurrir cosas terribles - aunque, por desgracia, eso puede suceder-; nos resulta difícil
porque es engañoso tener una mente lógica - la fuente de nuestro mayor poder y nuestros
mejo res logros-, ya que, seductoramente, nos invita a caer en la trampa.
STEVEN C.HAYES
18
19
Una audaz aventura o nada
A lo largo de los últimos años he trabajado, literalmente, con miles de personas que
dejaron en suspenso sus esperanzas, sueños y ambiciones porque no tenían «bastante
confianza». Y lo triste es que esta falta de confianza no se debe a ningún defecto por su
parte. Desde luego, no se trata de estupidez, pereza o pensamiento negativo, ni de una
infancia desdichada, ni tampoco de un desajuste en la química cerebral. Se trata,
sencillamente, de que no conocen las reglas del juego de la confianza.
EL JUEGO DE LA CONFIANZA
No voy a darle más vueltas al mismo rollo que has oído un millón de veces:
visualizaciones, autohipnosis, afirmaciones positivas, debate de pensamientos negativos,
técnicas de relajación, desarrollo de la autoestima, estrategias de fingimiento y demás. Ni
voy a negar la realidad para proclamar que puedes conseguir lo que desees simplemente
pidiéndoselo al universo y creyendo que él te lo va a conceder. (Por supuesto que
vendería muchos más libros si lo hiciera: ¡Nada vende más que la promesa de que
20
puedes conseguir todo lo que te propongas sin ningún esfuerzo!).
En vez de eso, te voy a enseñar por qué no tienes tú la culpa de que todo lo que has
estado intentando no haya funcionado. Hasta ahora, puede que hayas pensado que no lo
habías intentando con la fuerza suficiente o que no lo estabas «haciendo bien»: que no
pensabas suficientemente en positivo o que no debatías adecuadamente tus pensamientos
negativos o que no practicabas con suficiente intensidad las técnicas de
relajación/autohipnosis/visualización, etc. Pero en seguida te vas a dar cuenta de que, si
bien estas conocidas estrategias pueden a menudo proporcionar un alivio del miedo, la
ansiedad y las dudas sobre uno mismo a corto plazo, rara vez nos brindan una verdadera
confianza a largo plazo. ¿Por qué? Porque se basan en las reglas equivocadas del juego
de la confianza. ¡Y no hay manera de ganar en ese juego si no se conocen las reglas!
Ahora deja de leer por un momento y observa qué pensamientos estás teniendo. A lo
largo del libro te pediré repetidamente que lo hagas para que incrementes tu consciencia
acerca de lo que está haciendo tu mente; para que te des cuenta de cómo reacciona y de
lo que te dice. La capacidad de ad vertir el propio proceso de pensamiento es una
habilidad psicológica muy importante. Y cuanto más lo hagas, tanto más aprenderás
sobre el modo de funcionamiento de tu mente - lo cual te va a resulta muy útil más
adelante. Así que, por favor, solo durante unos segundos, deja el libro y, simplemente,
toma nota de lo que te está diciendo tu mente.
¿Observas que te asaltan pensamientos del estilo de: «¿Cómo pudo ocurrir? ¿En qué me
equivoqué? ¿Cómo pude aprender «las normas equivocadas»?». La verdad es que es
prácticamente imposible que hayas crecido en nuestra sociedad contemporánea sin
aprender tales normas. Las has estado aprendiendo desde que eras niño. Están
entremezcladas con los mitos populares que tanto se promocionan a través de las
películas de Hollywood, el papel couché, los psicólogos partidarios de la «pop-
psychology», los gurús de la autoayuda, los hipnoterapeutas, los conferenciantes
motivacionales y los consejos de «sentido común» que tantas veces recibimos de
profesionales, amigos y familiares.
Pero ¿cuáles son esas normas? Y, lo que es más importante, ¿cuáles son las «normas
21
adecuadas» para que podamos ganar en el juego de la confianza? A medida que vayas
leyendo el libro, las irás descubriendo. No quiero detallártelas ahora, antes de que
hayamos visto siquiera el primer capítulo. Por el contrario, te invito a que te enfrentes al
libro como si fuera una aventura; un viaje de descubrimiento. Te animo a que saborees el
proceso de exploración y a que disfrutes cada nuevo encuentro a lo largo del camino. En
tu viaje vas a descubrir un nuevo enfoque revolucionario para desarrollar el máximo
potencial humano: un modelo de cambio que se asienta firmemente en las investigaciones
más punteras de la psicología humana. Y vas a aprender a desarrollar una actitud mental
poderosa que te va a permitir responder con eficacia frente al miedo, la ansiedad y las
dudas acerca de ti mismo. También vas a aprender a desarrollar una autoconfianza
genuina y duradera. Y aprenderás a mejorar tu actuación en cualquier área de la vida:
¡desde el deporte, los negocios y el arte creativo hasta las habilidades sociales, el ser
padre o madre... y el sexo!
Si, llegado a este punto, tienes la sensación de que dudas o de que eres un tanto cínico,
pienso que eso es bueno. Y te animo a que mantengas tu escepticismo. Por favor, no te
creas nada solo porque yo lo diga. Después de todo, si «creer lo que los demás te digan»
fuera el mejor modo de resolver tus problemas, ya te habrías librado de los tuyos hace
mucho tiempo. Así que, en lugar de creerte automáticamente lo que yo te diga,
contrástalo siempre con tu propia experiencia, por favor, y mira si también es cierto para
ti.
¿Puedo garantizar con absoluta certeza que los métodos de este libro van a funcionar
contigo? Bueno, si encuentras a alguien que te garantice el éxito con absoluta certeza,
entonces, por favor, no compres nada de lo que te ofrezca. Tal garantía es señal segura
de falta de sinceridad (o de autoengaño). Ni siquiera el mejor cirujano te podría
garantizar que una operación va a ser un completo éxito. En cualquier caso, podría darte
su mejor estimación acerca de las posibilidades de éxito y, luego, pedirte que firmes un
formulario de aceptación de los pequeños, pero posibles, riesgos de todo cuanto podría
salir mal.
¿Cuáles son, entonces, tus probabilidades de éxito si empleas los métodos de este
libro? Muy, muy elevadas. ¿Por qué lo digo? Porque este libro se basa en un nuevo
modelo de cambio de conducta que está sacudiendo los mismos cimientos de la
psicología occidental. En el mundo del deporte y de los negocios, este modelo es
conocido con diferentes nombres, incluidos los de «Enfoque de consciencia de
22
aceptación y compromiso», «adiestramiento en inteligencia emocional basado en la
consciencia» o «adiestramiento en flexibilidad psicológica». Sobre todo, se conoce co I
mo «Adiestramiento en Aceptación y Compromiso», o ACT (que se pronuncia tal como
se escribe: «act», y no con las iniciales A-C-T).
Defusión
Expansión
23
La expansión es la capacidad de abrirse para dar cabida a las emociones, sensaciones y
sentimientos y dejarlos que vayan y vengan, sin permitirles que nos arrastren, nos
intimiden o nos echen para atrás. La expansión nos proporciona una manera poderosa de
manejar las emociones difíciles, como el miedo, la ira o la ansiedad.
Compromiso
En ACT hay algo más que el desarrollo de las habilidades de consciencia plena; ACT
implica también la clarificación de los valores esenciales - los deseos más profundos de
nuestro corazón en relación al modo en que queremos comportarnos como seres
humanos - y la utilización de tales valores para motivar, inspirar y guiar nuestro
comportamiento en curso. Cuando consciencia plena, valores y compromiso de acción se
producen conjuntamente, dan lugar a la «flexibilidad psicológica»: la capacidad de
emprender una acción efectiva, guiada por valores, con plena consciencia, apertura y
enfoque.
El modelo ACT es ejemplar por su adaptabilidad. Las mismas herramientas que han
ayudado a decenas de millares de personas en todo el mundo a recuperar, reconstruir y
enriquecer su vida después de muchos años de lucha contra drogadicciones, alcoholismo,
depresión, ataques de pánico y esquizofrenia, se utilizan ahora para ayudar a atletas
profesionales y a ejecutivos a mejorar sus resultados, para conseguir que las
corporaciones funcionen con mayor eficacia y para ayudar a toda clase de trabajadores -
desde agentes de policía y banqueros hasta recepcionistas y dentistas - a reducir el estrés
e incrementar la satisfacción con su trabajo. En este libro vas a descubrir cómo utilizar
estas herramientas para desarrollar una confianza auténtica, ir tras tus sueños y ser la
persona que realmente quieres ser. Pero antes permíteme que te diga algo sobre mí
mismo.
MI HISTORIA
24
La confianza es un tema que me resulta particularmente cercano, porque durante muchos
años carecía de ella por completo. Cuando era un muchacho, y más tarde, ya con veinte
años, yo sufría de una enorme ansiedad en situaciones sociales, estaba lleno de dudas
sobre mí mismo, y me aterrorizaba la idea de parecer torpe, estúpido o indeseable.
Mucho antes de llegar a la edad legal para poder beber, empecé a utilizar el alcohol como
una ayuda para enfrentarme a todo eso y, al finalizar el primer curso de medicina, bebía
bastante todos los días. La cosa fue empeorando hasta que, en cierta ocasión, en tercero
de medicina, me ingresaron en el hospital, al que llegué en ambulancia con una
intoxicación etílica (mi vergüenza fue tremenda, pero no tanto como la resaca).
25
Mientras hacía mis prácticas en el hospital, estaba constantemente en un estado de
enorme ansiedad. Me daba pánico tomar una decisión equivocada o prescribir la
medicación incorrecta o errar en el diagnóstico. Siempre que estoy nervioso, me sudan
las manos; pero en aquella época ya no era sudor, sino goteo. Procuraba secármelas en
los costados de mi bata blanca, pero inmediatamente volvían a estar ardiendo y
asquerosamente húmedas. Y cuando tenía que ponerme guantes para alguna práctica
médica, literalmente los llenaba de sudor. Al cabo de unas cuantas semanas de este
incesante sudor, desarrollé un fastidioso cuadro de dermatitis: mis dedos reventaron en
un amasijo de ampollas rojizas y necesitaron tratamiento con esteroides para curarse.
Por tanto, sé bien como es eso de la falta de confianza en uno mismo. Renuncié a
muchas cosas que eran importantes para mí. Me perdí muchos aspectos de la vida. Me
privé de muchas cosas con mis dudas sobre mí mismo y con el miedo a fracasar. Pero la
buena noticia es que fui capaz de aprender para cambiar. En la actualidad, me relaciono
con toda confianza - pero apenas bebo nada-; estudio con confianza -y, además, escribo
libros sobre lo que voy aprendiendo-; trabajo con confianza - lo cual incluye hablar en
público por todo el mundo. De modo que confío en los principios de este libro, no sólo
porque están bien fundamentados científicamente, ni porque yo haya sido testigo de
cómo han ayudado a cientos de clientes míos, sino, sobre todo, porque han funcionado
muy bien en mi vida.
Nadie puede pretender ser un buen esquiador, pintor o bailarín a base simplemente
de leer libros. Leer libros sobre esos temas puede darnos una buena información, pero
para llegar a esquiar bien, pintar bien o danzar bien, necesitamos practicar en la realidad
las habilidades requeridas. Y lo mismo se puede aplicar al desarrollo de la confianza
auténtica. Este libro te va a proporcionar las herramientas que necesitas y las
instrucciones para usarlas; pero tú vas a tener que llevar a cabo alguna práctica para
alcanzar los beneficios (y si estás empezando a notar un sentimiento de duda o desgana;
26
si tu mente te está diciendo algo así como: «Pero es que yo no tengo la suficiente
disciplina/motivación/fuerza de voluntad», no te preocupes: de esos temas, precisamente,
trata este libro).
Este libro está organizado en cinco partes. La primera parte se titula «Precalentamiento».
En ella voy a desafiar algunos de los mitos populares que existen sobre la confianza, y tú
vas a poder descubrir cómo todos aprendemos a jugar de acuerdo con unas reglas
equivocadas. En la segunda parte, «La espada de doble filo», vas a aprender cómo
manejar con eficacia los pensamientos negativos que todos tenemos (sin discutirlos ni
intentar sustituirlos por afirmaciones positivas ni nada por el estilo). En la tercera parte,
«¿Qué es lo que te motiva?», vas a descubrir las bases de la automotivación y el modo
de superar las barreras psicológicas. En la cuarta parte, «Dominar el miedo», vas a
aprender, paso a paso, cómo transformar drásticamente tu relación con el miedo y la
ansiedad. Y en la quinta parte, «Jugar el juego», vas a descubrir cómo poner en práctica
conjuntamente todas estas nuevas habilidades para conseguir la auténtica confianza, el
éxito y el máximo desarrollo en aquellos ámbitos de tu interés.
Seguramente habrás oído hablar de Helen Keller. Nacida en 1880, Helen tenía
diecinueve meses cuando tuvo un brote de meningitis que la dejó ciega y muda para
siempre. Contra todo pronóstico, ella fue capaz de aprender a leer y escribir y llegó a
convertirse en una gran autora, promotora de cambios sociales y, finalmente, ganadora
de un premio Nobel. Aparece citada en numerosas obras y, probablemente, su cita más
conocida es ésta: «La vida es una aventura apasionante, o no es nada».
Dadas esas dos posibilidades para tu vida - una aventura apasionante... o nada-,
¿cuál escogerías? Si quieres que la vida sea una aventura apasionante; si quieres crecer,
explorar y desarrollar todo tu potencial; si ya estás dispuesto a emprender el camino en
una intrépida dirección, con curiosidad por lo que puedas descubrir y dispuesto a aceptar
el malestar que pueda surgir..., entonces ¿a qué estás esperando?
27
28
PRECALENTAMIENTO
29
30
¿Para qué molestarse?
Imagina que, por arte de magia, tienes toda la confianza que siempre has deseado,
pero que no cambias nada en tu vida. Te sientes totalmente confiado, pero sigues
actuando exactamente igual que antes en cada uno de los ámbitos de tu vida. No hay
ningún cambio en tus relaciones, en tu trabajo, en tu salud, en tu vida social ni en tus
actividades de ocio; continúas observando exactamente la misma rutina, haciendo las
mismas cosas de siempre; caminas y hablas exactamente igual que antes; no inicias
ningún proyecto nuevo ni te fijas ningún objetivo. Tus resultados siguen siendo los
mismos. Tampoco cambia tu carácter. No te relacionas con los demás de una manera
distinta. Te comportas exactamente igual que siempre. La única diferencia es que ahora
te sientes confiado. ¿Te bastaría con un resultado como ese?
Hice esta pregunta a cientos de personas, y ni una sola respondió «sí». Lo cual
resulta muy sorprendente. No queremos confianza, sin más; la queremos para algo. La
queremos para que nos ayude a alcanzar nuestras metas, para perseguir nuestros sueños
o para obtener mejores resultados en algún ámbito de nuestra vida, como los deportes,
los negocios, la música, las artes, el hablar en público...; para ser mejores padres o para
mejorar nuestras relaciones sociales. Por eso les pregunto a mis clientes: «Si tuvieras
toda la confianza del mundo, ¿en qué te comportarías de manera distinta? ¿Qué clase de
persona serías y que tipo de cosas harías?
Las respuestas que me dan a esta pregunta son muy variadas. A continuación anoto
unos pequeños ejemplos:
31
•Clare, una recepcionista un tanto tímida de treinta y tres años, que no ha tenido una
sola cita con un hombre durante más de cuatro años, se apuntaría a una agencia
de encuentros y empezaría a conocer a gente nueva. También procuraría ser más
extrovertida, abierta y comunicativa tanto en el trabajo como con sus amigos.
•Ethan, directivo en una gran empresa, sería más eficaz tomando decisiones bajo
presión y también sería mejor a la hora de elogiar al personal por su trabajo.
•Raj, el dueño de un restaurante de moda, pediría un crédito para abrir ese segundo
restaurante con el que sueña desde hace dos años.
•Rob, agente inmobiliario de cuarenta y dos años, que está deseando cambiar de
trabajo, se matricularía en la universidad y empezaría a estudiar para conseguir
un master en administración.
•Cleo, una investigadora de veintiocho años, tímida, haría más amigos, pasaría más
tiempo con la gente y se comportaría de un modo más auténtico, cálido y
comprometido en situaciones sociales.
•Seb, taxista de cuarenta y cuatro años, volvería a tener relaciones con su mujer.
Hace tres años que evita toda actividad sexual por «miedo a fracasar».
•Alexis, de veintiocho años, madre de dos niños, sería más asertiva con su
dominante e hipercrítica suegra.
Ahora que ya tienes una muestra de los deseos de otras personas, es el momento de
conectar con los tuyos propios. Por favor, tómate todo el tiempo que necesites para leer
y pensarte bien las siguientes cuestiones:
32
•¿En qué te comportarías de distinta manera?
•¿De qué otra manera tratarías a los demás: a tus amigos, parientes, pareja, padres,
hijos y compañeros de trabajo?
Por favor, tómate tu tiempo para reflexionar sobre las cuestiones anteriores antes de
seguir leyendo. Aclara el propósito que subyace a esa búsqueda tuya de una mayor
confianza. Tus respuestas a esas preguntas son de vital importancia: te proporcionan los
valores y metas para el viaje que estás a punto de empezar. Y, dado que mucha gente no
tiene muy clara la diferencia entre valores y metas, vamos a emplear unos momentos en
echar un vistazo a este asunto.
VALORES Y METAS
Los valores son las «cualidades deseadas de la acción en curso». En otras palabras, tus
valores describen cómo quieres comportarte como ser humano, como quieres actuar en
aquello que haces; qué es lo que desearías que simbolizara tu vida; según qué principios
deseas vivir; qué cualidades personales y rasgos de carácter deseas cultivar. Por ejemplo,
los valores típicos en las relaciones íntimas incluyen confianza, sinceridad, apertura,
33
integridad, igualdad, respeto..., mostrarse cariñoso y bondadoso, apoyar al otro y ser
asertivo. Todas son cualidades de acción, modos de comportarse a lo largo de la vida.
Los valores nunca pueden estar completados ni ser tachados de la lista como
«cumplido»; están siempre en marcha. Si uno valora el ser cariñoso en su relación,
nunca llega el momento en que aya quedado cubierto el «ser cariñoso».
Las metas son los «resultados deseados». En otras palabras, las metas son aquello
que uno quiere conseguir, completar, poseer o alcanzar. Las metas no son un proceso en
marcha. En el momento en que se alcanza una meta, ya se puede tachar de la lista: se
acabó, está terminado, «hecho».
Imagina que quieres tener un buen trabajo: eso es una meta. En el momento en que
consigues ese trabajo, ya has alcanzado el objetivo. Pero imagina que lo que quieres es
ser efi caz, eficiente y productivo; implicarte de lleno en tu trabajo y prestar mucha
atención a lo que estás haciendo, ser abierto, amigable y solidario con tus compañeros.
Esos son valores, no metas; se refieren al modo en que deseas comportarte a lo largo de
tu vida.
Y observa que puedes vivir según esos valores aun cuando no consigas ese gran
puesto de trabajo que querías. Si tales valores son realmente importantes para ti, puedes
elegir vivir de acuerdo con ellos en cualquier trabajo que realices, ya sea sirviendo mesas
o dirigiendo una multinacional. (Incluso puedes hacerlo en trabajos no remunerados,
como es el cuidado de tus hijos).
Puedes pensar en los valores como en una brújula: te sirven para determinar una
orientación y para mantenerte en esa dirección a lo largo de todo el viaje. Pero el hecho
de consultar la brújula no te libra del viaje. El viaje únicamente comienza cuando
empiezas a ponerte en marcha.
Funcionar de acuerdo con tus valores es como viajar hacia el oeste. No importa lo
lejos que viajes hacia el oeste; siempre podrás ir un poco más allá. Nunca llegas a
alcanzar un lugar llamado «oeste». Por el contrario, las metas son como los lugares que
quieres visitar mientras vas viajando hacia el oeste: este puente, aquel río, esa montaña,
aquel valle...; cada uno de estos lugares pueden ir siendo tachados a medida que vas
avanzando.
Así que imagínate que tus valores en relación al trabajo son: comprometerte, ser
eficiente, productivo, solidario y asequible. Tales valores van a estar presentes en este
34
trabajo y en el próximo y en el siguiente trabajo que tengas - tanto si alcanzas tu objetivo
de conseguir un trabajo maravilloso como si no. (Por supuesto, no siempre vas a actuar
de acuerdo con esos valores - sobre todo si no te gusta tu trabajo actual-, pero, en
cualquier caso, si quisieras funcionar de acuerdo con ellos, podrías hacerlo).
•Sacar buenas notas: meta. Aplicarse de lleno al estudio y explorar nuevas ideas:
valores.
•Hacer nuevos amigos: meta. Ser amable, amistoso, abierto, cercano y genuino:
valores.
•Bajar cinco kilos de peso: meta. Cuidar, fortalecer y mantener tu cuerpo y tu salud:
valores.
Ya exploraremos con mayor profundidad valores y metas más adelante; esto es solo
el aperitivo. Ahora es el momento de volver a aquella importante pregunta: ¿Qué harías
de manera diferente si tuvieras más confianza? Tómate tu tiempo para reflexionar sobre
las respuestas que darías a la serie de preguntas que planteábamos hace unos momentos.
Es de esperar que tus respuestas se referirán tanto a tus valores como a tus metas. Por
ejemplo, ¿quieres hacer más amigos, o ser más asertivo, o ser mejor conversador, o estar
más centrado, o implicarte más, o mejorar tu handicap en el golf, o ser mejor padre, o
ampliar tu negocio, o ser más abierto en tu matrimonio, o aceptarte mejor a ti mismo, o
llegar a ser más auténtico y honesto en tus relaciones, o empezar un proyecto importante,
35
o cambiar de trabajo, o escribir ese libro, o hacer aquel examen, o preguntarle a aquella
colega tan atractiva si quiere salir contigo...?
Puede que, de momento, no tengas respuestas «claras». ¡Perfecto! Basta con algún
tipo de respuestas, aunque sean muy vagas o se reduzcan únicamente a una palabra. Más
adelante volverás a revisar estas respuestas. De momento, lo importante es empezar.
Una vez que hayas reflexionado sobre estas cuestiones, escribe unas cuantas
palabras en el siguiente apartado: «Lista de cambios vitales». Y mientras lo rellenas, trata
de ver si puedes diferenciar tus valores (cómo quieres comportarte en aquello que haces)
y tus metas (qué es lo que deseas conseguir). Si no quieres escribir en el libro, puedes
copiar la lista en tu diario o descargar gratis un formulario en
www.thehappinesstrap.co.uk/free-resources.
•Estas son algunas de las formas en que voy a actuar de manera diferente:
•Estas son algunas de las formas en que voy a tratar a los demás de manera
diferente:
•Estas son algunas de las formas en que voy a tratarme a mí mismo de manera
diferente:
•Estas son algunas de las cualidades personales y rasgos de carácter que voy a
desarrollar y mostrar ante los demás:
• Estas son algunas de las formas en que voy a actuar de manera diferente en mis
relaciones con los amigos y la familia:
•Estas son algunas de las formas en que voy a comportarme de manera diferente en
el mundo de relaciones que tengan que ver con el trabajo, la educación, el
deporte o el ocio:
•Estas son algunas de las cosas importantes que voy a apoyar y defender:
•Estas son algunas de las actividades que voy a iniciar o en las que voy a insistir más:
36
•Estas son algunas de las acciones que voy a llevar a cabo para mejorar mi vida:
Una vez que lo hayas completado, trata de tener la lista a mano para echarle un
vistazo de vez en cuando. Y, por favor, antes de seguir leyendo, si no has escrito nada, al
menos asegúrate de que piensas seriamente en tus respuestas. (No hay problema si son
vagas o incompletas o si no tienes aún muy claras las diferencias entre valores y metas;
volveremos sobre ello más adelante. Lo importante por ahora es establecer un punto de
partida).
Entonces, ¿qué tal lo llevas?, ¿has completado la «Lista de cambios vitales», ya sea
mentalmente o bien por escrito? Si es así, estupendo; es un importante primer paso en tu
camino hacia la confianza. Si no lo has hecho, ¿qué te parecería volver atrás y hacerlo en
este preciso instante? Después de todo, no podemos desarrollar habilidades de karateka
por más que leamos sobre el tema; tenemos que practicar los movimientos. Pues lo
mismo ocurre cuando lo que pretendemos es desarrollar nuestra confianza. Los ejercicios
del libro son los movimientos básicos; si quieres jugar bien al juego de la confianza,
tendrás que hacer tales movimientos. De modo que, por favor, asegúrate de haber dado
algunas respuestas antes de seguir leyendo.
LA BRECHA DE LA CONFIANZA
No podré alcanzar mis metas, rendir al máximo, obtener lo que deseo o actuar
como la persona que quiero ser mientras no consiga tener la suficiente confianza.
¿Te suena? Muchos enfoques de autoayuda te llevan, sin que te des cuenta, a pensar
de este modo; pero enseguida vas a descubrir que, cuanto más firmemente mantengas
esta creencia, tanto más lejos vas a estar de tener la clase de vida que deseas.
Exploraremos brevemente por qué esto es así; pero antes vamos a examinar dos
definiciones distintas de la palabra «confianza»:
2. Un acto de fe o de entrega.
37
La primera definición de confianza - «Una sensación de certeza o de seguridad» - es,
con mucho la más extendida. La mayoría de la gente concibe la autoconfianza como una
poderosa sensación de certeza o de seguridad: la sensación de mantenerse sereno,
tranquilo y a gusto; el total convencimiento de que va a actuar adecuadamente y a
conseguir un resultado positivo; una absoluta falta de miedo y de ansiedad; ni sombra de
duda sobre uno mismo ni de inseguridad; una ausencia total de pensamientos negativos
sobre contratiempos o fallos.
38
¡CLARO QUE TENÍA MIEDO!
Pocos personajes han inspirado tanto a la gente como Nelson Mandela, un defensor de la
justicia, la libertad y la igualdad frente a enormes obstáculos, que arriesgó su vida una y
otra vez, desafiando el brutalmente opresivo régimen de «apartheid» de Sudáfrica, para
conseguir una sociedad democrática y libre. Parece un milagro que no resultara muerto.
Pero cuando, finalmente, las autoridades sudafricanas lo detuvieron, fue sentenciado a
veintisiete años de prisión; los primeros dieciocho, en el atroz presidio de Robben Island.
Richard Stengel, escritor profesional que pasó dos años ayudando a Mandela con su
autobiografía, escribió un perspicaz artículo en Time Magazine titulado: «Mandela: sus 8
lecciones de liderazgo», donde explica que Mandela sintió miedo muchas veces a lo largo
de su larga lucha contra el «apartheid» y sus largos años en prisión.
«¡Claro que tenía miedo», le decía Mandela. «No puedo fingir que soy un valiente y
que puedo derrotar a todo el mundo!» Sin embargo, Mandela sabía que, si él quería ser
un gran líder e inspirar a sus compañeros de prisión, tenía que ocultar su miedo. Y eso
fue, precisamente, lo que hizo. Seguramente, no podía controlar sus sentimientos, pero
tuvo el control suficiente de su expresión facial, su postura y su manera de caminar y de
hablar para transmitir una impresión de fortaleza a su alrededor. Y eso les sirvió de
inspiración a otros prisioneros en Robben Island. Cuando lo veían a él caminando por los
campos, manteniéndose erguido y orgulloso, se les levantaba el ánimo. Como escribió
Stengel: «Solo verlo era suficiente para mantenerlos animado durante varios días».
39
eliminado su miedo. Pero él hablaba de aprender a «triunfar sobre el miedo». En otras
palabras, había aprendido a apoyarse y confiar en sí mismo para ponerse en marcha, sin
importar el miedo que sentía.
DE VUELTA A LA BRECHA
Antes de nuestro pequeño rodeo por los distintos significados de la palabra «confianza» y
del encarcelamiento de Nelson Mandela, estábamos hablando de la «brecha de la
confianza». Y decía que la gente se queda bloqueada en ella cuando man tiene bien
asentado este tipo de creencia: Tengo que sentir confianza antes de poder conseguir mis
objetivos, alcanzar mi máximo rendimiento, hacer las cosas que quiero o actuar como la
clase de persona que quiero ser.
Ahora suponga el lector por un momento que Mandela se hubiera atenido a esta regla
mientras estaba en la cárcel. Imagine que hubiera esperado hasta que todo su miedo y su
incertidumbre hubieran desaparecido antes de emprender ninguna acción. Suponga que
se hubiera aferrado a una idea como: «No puedo caminar por el patio mostrándome
erguido y orgulloso hasta que me sienta tranquilo, seguro y confiado; hasta que haya
eliminado todo mi miedo; hasta que consiga no pensar en lo que podría salir mal». ¿Le
habría ayudado esto a convertirse en un líder motivador?
Ahora, antes de continuar, me gustaría que te detuvieras unos segundos para que te
des cuenta de lo que está ocurriendo en tu mente. Simplemente, escucha en silencio esa
voz dentro de tu cabeza y date cuenta de lo que te está diciendo.
¿Se está sintiendo contrariada o frustrada tu mente? («¡Venga ya! No me digas que ahora
va a seguir con el viejo truco del «finge que lo haces hasta que lo hagas». Eso ya lo
escuché otras veces...»? ¿O tal vez está prediciendo lo peor: «¡Oh, no! ¡Me va a decir
que me eche a cuestas esos sentimientos de ansiedad, que apriete los dientes y que me
obligue a hacerlo!»?
40
pedir que «finjas» cosa alguna ni que te «eches a cuestas» ningún sentimiento
indeseable. Más bien, todo lo contrario. Dos principios importantes de este libro son: que
seas legal contigo mismo (lo opuesto a que «finjas») y que manejes el miedo por medios
eficaces y que te sirvan para mejorar tu vida (lo opuesto a que «te lo eches a cuestas»).
Lance Armstrong, el siete veces ganador del Tour de France y reconocido como uno
de los mayores atletas de la historia, habla sobre este tema en su libro Cada segundo
cuenta, donde destaca el hecho de que mucha gente va por la vida intentando comprar,
fabricar o asumir una «pose» de confianza en sí misma, y señala que tal intento es una
causa perdida. «No puedes fingir que tienes confianza; tienes que ganártela», dice en su
libro. Y en su opinión, solo hay un modo de lograrlo: «Tienes que hacer el trabajo tú
mismo».
Este es el punto clave. Si queremos hacer algo con confianza - ya sea hablar, pintar,
hacer el amor, jugar al tenis o relacionarnos-, tenemos que hacer el trabajo nosotros
mismos. Tenemos que practicar las habilidades necesarias una y otra vez hasta que se
conviertan en algo natural. Si no tenemos las habilidades adecuadas para hacer aquello
que queremos, no podemos esperar sentirnos muy confiados. Y si no practicamos
continuamente esas habilidades, entonces, o bien terminan oxidándose y volviéndose
inservibles, o bien no consiguen alcanzar un nivel en el que podamos confiar en ellas de
una manera fluida y natural.
Esta intuición nos proporciona la primera «regla auténtica» del juego de la confianza:
41
Regla 1: Los actos de confianza son lo primero; los sentimientos de confianza vienen
después
Por supuesto que es muy fácil decirlo, pero no resulta tan sencillo hacerlo en la vida real.
¿Por qué no? Porque desarrollar y practicar una habilidad requiere tiempo y esfuerzo, y
nuestra mente, por regla general, procura darnos toda clase de razones para que no lo
hagamos: «Es muy pesado», «estoy muy ocupado», «no estoy de humor», «no estoy
motivado», «estoy muy cansado», «estoy demasiado estresado», «no me molestes»,
«estoy demasiado ansioso», «no puedo hacerlo», «me falta disciplina», «no tiene sentido
intentarlo, porque no soy lo bastante bueno»..., y así sucesivamente. Cuando nos
quedamos atrapados en tales pensamientos es muy fácil rendirse - especialmente si nos
da miedo cometer errores o si nos parece que no somos lo bastante buenos o que nuestro
avance es más lento de lo que nos gustaría.
Nunca he conocido a nadie que no tuviera confianza en nada. Nunca he oído hablar de
un caso semejante. De hecho, hay muchas cosas que podemos hacer con absoluta
confianza; simplemente, las damos por supuestas. Por ejemplo, su poniendo que tu
estado de salud sea normal y que no tienes ningún impedimento físico, seguramente te
sentirás con la suficiente confianza para bajar las escaleras, utilizar el cuchillo y el
tenedor, abrir y cerrar puertas y cepillarte los dientes. No es que siempre te hayas sentido
seguro con respecto a todas esas cosas; sencillamente, es que las hecho durante tanto
tiempo que las das por sentadas.
Por eso, no es que nos falte confianza en todo; perdemos confianza en algunas
actividades específicas, en áreas específicas de la vida. Y existen cinco razones
principales para que esto ocurra:
42
2.Juzgarse a uno mismo con excesiva severidad.
4.Falta de experiencia.
5.Falta de habilidades.
¿Tienes una de esas mentes que nunca se sienten satisfechas? ¿Es como un pequeño
dictador fascista en tu cabeza, exigiéndote cada vez más? Si es así, es fácil que acabes
teniendo miedo a cometer errores y te vuelvas muy autocrítico si no cumples tus
expectativas. Es lo que, suele conocerse como «perfeccionismo». Todos, si somos
sinceros, caemos en este tipo de pensamiento de vez en cuando. Y no tiene nada de
anormal; la mente humana difícilmente se queda satisfecha mucho tiempo; en seguida
encuentra alguna falta y vuelve a la carga.
¿Te menoscaba tu propia mente? ¿Te dice que no tienes lo que hace falta o que no eres
lo bastante bueno en lo que haces? ¿Te dice que eres antipático, inadecuado o
incompetente? ¿Te asegura que en cualquier momento lo vas a estropear todo? ¿Alguna
vez has experimentado el «síndrome del impostor» que utiliza tu mente para convencerte
de que, en realidad, no eres competente, de que no sabes lo que estás haciendo, de que
te las has arreglado para llegar a donde estás, pero que en cualquier instante se va
descubrir que eres un fraude? Si has contestado «sí» a alguna de estas preguntas,
entonces es que tienes una mente humana perfectamente normal.
¿Te sorprende leer esto? A la mayoría de la gente, sí, porque a todos nos han lavado
el cerebro con el pensamiento positivo; pero lo cierto es que la mente humana no es
naturalmente positiva. Los modelos orientales de psicología, tales como el Zen, el Yoga y
43
el Tao, han reconocido durante miles de años que la mente humana normal tiene una
tendencia natural a juzgar y criticar; a encontrar lo negativo y a predecir lo peor; a
contarnos historias terroríficas sobre el futuro y a desenterrar recuerdos penosos del
pasado; a sentirse rápidamente insatisfecha y a pedir más. En Occidente hemos
fracasado, en cierto modo, a la hora de reconocer que esta es la norma; es lo que las
mentes normales hacen de un modo natural. Lamentablemente, los modelos de
psicología occidental aún creen que cuando nuestras mentes hacen tales cosas, es, en
cierto sentido, anormal o poco natural, lo que significa que hay algo estropeado o
defectuoso. Afortunadamente, esta actitud está cambiando poco a poco pero es un
proceso muy, muy lento.
Todos tenemos nuestros miedos íntimos. Puede que a ti te de miedo el que las cosas
salgan mal o se compliquen. Tal vez tengas miedo al rechazo, al fracaso o al ridículo.
Puede que te dé miedo cometer errores, perder el tiempo o engañarte a ti mismo. Tal tipo
de miedos es muy común. Sin embargo, el miedo en sí mismo no afecta a la confianza.
Pero si vivimos con nuestros miedos, nos reconcomemos con ellos y nos preocupamos
por ellos, eso sí que acaba generando un problema. Cuanto más preocupados estemos
con nuestros miedos, mayores se volverán estos, y lo más probable es que acaben
socavando nuestra confianza.
Este es el principal problema de Seb, el taxista que evita hacer el amor con su mujer.
Hace tres años, pasó una época de mucho estrés, cuando sus padres fallecieron en un
accidente automovilístico. Durante ese tiempo, sin embargo, Seb intentó tener relaciones
con su mujer, pero no lograba tener una erección, lo cual le resultó tremendamente
penoso. Eso es algo perfectamente normal; a todos los hombres les ocurre que en
períodos de mucho estrés no pueden conseguir erecciones. Pero Seb no lo sabía, y le
resultaba muy molesto hablarlo con sus amigos o con su médico de cabecera. Así que
desarrolló un miedo al fracaso en relación con su conducta sexual; preocupado por el
asunto, no paraba de darle vueltas al tema, con lo que no tardó en caer en un círculo
vicioso: cuanto más se preocupaba de su miedo a fracasar, tanto peor era el resultado,
hasta que, al final, empezó a evitar todo lo relacionado con el sexo.
44
Falta de experiencia
Si hemos tenido poca o ninguna experiencia en algo, no podemos esperar sentirnos muy
confiados en ese asunto. Uno puede ser un excelente guitarrista; pero si nunca ha tenido
la experiencia de tocar delante de una gran audiencia, entonces, la primera vez que lo
haga, es muy improbable que se sienta suficientemente tranquilo.
Este era el caso de Raj. Raj tiene una gran experiencia con su popular restaurante,
pero nunca ha tenido la experiencia de expandir su negocio y llevar dos restaurantes a la
vez; naturalmente, le falta confianza.
Falta de habilidades
No es natural sentir confianza a la hora de hacer algo, a menos que uno sea
razonablemente bueno en el asunto. Por ejemplo, yo aprendí a montar en bicicleta a los
cuarenta y tres años (los niños de mi barrio piensan que es muy gracioso ver a una
persona mayor tambaleándose en su bicicleta por toda la plaza). Entonces, ¿crees que
sería realista que yo me sintiera seguro en mi bicicleta, teniendo en cuenta que no había
montado nunca y que a duras penas puedo sostenerme en ella? ¡Pues claro que no! Solo
cuando, después de muchas prácticas, sea lo bastante bueno para andar en bicicleta,
podré empezar a sentir confianza. Pero hasta entonces, no. Es el orden natural de las
cosas. Y de ahí surge una pregunta interesante: ¿Cómo nos volvemos buenos para hacer
algo?
EL CICLO DE LA CONFIANZA
Si queremos hacer las cosas mejor, tenemos que seguir los cuatro pasos del ciclo de la
confianza. Puedes verlo en el diagrama que viene a continuación:
45
Paso 1: Practicar las habilidades
Si quieres ser un orador seguro de sí mismo, tienes que practicar dando charlas y
conferencias. Si quieres ser un artista de prestigio, tienes que practicar pintando. No hay
manera de escapar de este principio: si queremos llegar a sentirnos seguros en algo,
tenemos que practicar.
El problema es, como indicábamos anteriormente, que hay muchas barreras mentales
para practicar; entre las que se incluyen la falta de motivación o de fuerza de voluntad; el
sentirse cansado, ansioso o asustado; las ganas de abandonar cuando el progreso es lento;
la tendencia a renunciar después de un fracaso; el perfeccionismo o las autocríticas
demasiado severas; la falta de tiempo, dinero o energía; y una amplia variedad de
creencias limitadoras (a medida que vayas avanzando en el libro, aprenderás a superar
esos obstáculos).
46
habilidades. Lo malo es que abandonar la zona de seguridad nos trae todo tipo de
malestares, tales como miedo, ansiedad, dudas sobre nosotros mismos...
Afortunadamente, la consciencia plena nos ayuda a ir más allá de todos esos
sentimientos.
Después de aplicar nuestras habilidades, tenemos que considerar los resultados. ¿Qué es
lo que mejor funcionó? ¿Qué es lo que no funcionó? ¿Qué es lo que podemos hacer de
forma diferente la próxima vez? Y tenemos que hacerlo sin ningún tipo de crítica; sin
machacarnos a nosotros mismos.
Ahora bien, es más fácil de decir que de hacer. La mayoría de nosotros tenemos una
acusada tendencia al perfeccionismo: queremos hacerlo todo pronto y bien. Y nuestras
mentes tienden a emplear el látigo y darnos una buena azotaina si no somos capaces de
cumplir las expectativas. Desgraciadamente, las autocríticas despiadadas resultan siempre
improductivas. Rara vez nos motivan para realizar grandes cosas; más bien, hacen que
acabemos rindiéndonos. Más adelante aprenderás cómo la consciencia plena puede
ayudarte a soslayar esto. Y descubrirás que el auto-examen sin críticas y la auto-
motivación comprensiva son mucho más eficaces que el arrearse a uno mismo.
El último paso, en función de los resultados obtenidos, consiste en modificar lo que estás
haciendo: sigue haciendo lo que está funcionando y cambia o modifica lo que no esté
funcionando tan bien. Es la única manera de desarrollarse y mejorar. Como afirma el
dicho: «Si sigues haciendo lo mismo de siempre, siempre vas a obtener el mismo
47
resultado».
Piensa por un momento en todo lo que, al día de hoy, eres capaz de hacer con plena
seguridad; piensa en las cosas que haces con fluidez y naturalidad, sobre las cuales ni
siquiera te paras a pensar. Por ejemplo, sabes utilizar el cuchillo y el tenedor para comer,
el bolígrafo para escribir, y una tetera para hervir el agua. Sabes andar, hablar, leer libros,
ir de compras, hacer tostadas, abrir una lata, utilizar el baño, llenar la bañera, decir la
hora, recitar el abecedario, vestirte... y todo con notable habilidad. ¿Y cómo lo has
aprendido?
Has tenido que practicar, practicar y practicar todas esas habilidades, valorando
continuamente los resultados y modificando lo que hacías. Mediante ese proceso has
desarrollado esas habilidades hasta el punto de que ahora puedes hacer todo eso de
manera natural, con fluidez y confianza (y si tu mente te está argumentando que algunas
personas tienen una «capacidad natural», por supuesto que es cierto; pero también ellas
tienen que pasar por el ciclo anterior muchas, muchas veces, para conseguir ser buenas
en algo. Lo único que significa «capacidad natural» es que esas personas no van a tener
que trabajar tanto como las demás para alcanzar el mismo nivel de habilidad.)
De modo que, cuando nos falta autoconfianza, los «sospechosos habituales» son: unas
expectativas demasiado elevadas; unos juicios excesivamente severos sobre uno mismo;
preocupaciones por el miedo; falta de experiencia; y falta de habilidades. Y ya nos
ocuparemos de esos temas a su tiempo. De momento, baste con reconocer, una vez más,
que el desarrollo de una confianza auténtica requiere trabajo. O, mejor, requiere «acción
comprometida».
48
comprometida» - saliendo de nuestras zonas de seguridad y llevando a cabo aquello que
nos importa de verdad en lo más profundo del corazón - llegaremos a experimentar una
confianza verdadera.
Ahora tómate un tiempo para caer en la cuenta de lo que estás pensando. Durante
los próximos veinte segundos, deja de leer, cierra los ojos y, sencillamente, date cuenta
de lo que esté diciendo tu mente.
Ahora, a medida que nos acercamos al final del capítulo, vamos a resumir los puntos
más importantes:
PUNTOS CLAVE
*Piensa lo que harías si tuvieras más confianza y elabora una «Lista de Cambios de
Vida».
Hay infinidad de libros, cursos y seminarios que anuncian que pueden proporcionarte una
«confianza instantánea». Y «confianza instantánea» es un buen reclamo para lo que
ofrecen, porque no dura más que un instante. Lo que suele suceder es que durante un
breve instante - mientras leemos un libro en la seguridad de nuestro dormitorio, o
49
escuchamos un CD en el coche, o participamos en la escenificación y el murmullo de la
sala de un seminario - podemos conjurar tales sentimientos de confianza. Pero cuando
volvemos a la situación real, abandonando nuestras zonas de seguridad, para
enfrentarnos a los auténticos desafíos de la vida real, entonces todos esos sentimientos
mágicos se evaporan de repente. ¡Plal ¡Adiós! ¡Se esfumaron! Y hay una buena razón
para que así suceda. Para entenderla, tenemos que regresar a...
50
51
Los felices tiempos pasados
¿Qué puedes hacer? Tienes que decidirlo cuanto antes. Lo primero, acordarte de la
familia de todas esas malditas «normas erróneas» del juego de la confianza: Tengo que
sentir confianza para hacer lo que debo. Esta norma apela al «sentido común», porque a
menudo es mucho más fácil ponerse en marcha para hacer lo que es importante cuando
uno se siente seguro. Pero aferrarse a tal creencia significa que uno va a emplear mucho
tiempo, mucho esfuerzo y muchas energías tratando de controlar los sentimientos. Y tal
vez pongas todo tu empeño en procurar eliminar los sentimientos de miedo, ansiedad e
incertidumbre para sustituirlos por los de calma, certidumbre y seguridad. Además,
infinidad de libros populares de auto-ayuda afirman que pueden enseñarte cómo lograrlo
por medio de afirmaciones positivas, confrontación de los pensamientos negativos, auto-
hipnosis y cosas por el estilo. Lamentablemente, no es tan fácil controlar los
pensamientos, y cuanto más se adentra uno por esa vía, tanto más probable es que acabe
sintiéndose decepcionado, frustrado y sin esperanza.
Pero, por favor, no tienes que creerte lo que te digo; comprueba tu experiencia
personal. ¿Has descubierto alguna vez alguna técnica para controlar los sentimientos
(aparte del poderoso efecto de las drogas) que te funcione cuando te encuentras en una
situación realmente comprometida, fuera de tu zona de seguridad y haciendo frente a tus
miedos? ¿Has encontrado alguna técnica que te permita sentir una confianza y una
52
seguridad totales en semejantes situaciones? Esa es la cuestión. Ya sé que no has
encontrado nada semejante, por la sencilla razón de que es imposible: no hay manera de
desandar miles de millones de años de evolución que han determinado que tu cuerpo
respondiera a todas esas situaciones de desafío de una manera muy concreta: con lo que
la llamamos la «respuesta de lucha o huida».
Para explicar en qué consiste, volvamos junto al mamut de más arriba. Cuando un
mamut lanudo carga contra uno, a uno no le quedan más que dos opciones. Opción
número uno: correr (¡muy, muy, muy deprisa!). Opción número dos: quedarse quieto y
luchar (¡muy, muy, muy duro!). Pues de eso se trata: de luchar o de volar. Y observa que
ambas respuestas requieren mucha energía. Tanto para luchar como para huir necesitas
poder, fuerza y resistencia (de lo contrario, acabas siendo aplastado).
Todos los mamíferos, así como los peces, reptiles y aves, disponen de esta respuesta
de «lucha o huida». Es inmediata y automática. Esencial para la supervivencia, se activa
en el instante en que el animal percibe una amenaza. Le prepara a uno para luchar frente
a la amenaza o huir de ella - lo que más probabilidades ofrezca de salvarte la vida-.
Imagina que tu remoto antepasado no hace nada para hacer frente a la carga del mamut
lanudo. Imagina que lo único que hace es quedarse allí, mirando y aguardando,
maravillándose de la hermosura y la majestad del gigante a la carga. ¡No iba a tardar
mucho en ser arrollado laminado!
53
recursos alimenticios empiecen a agotarse, tendrás que viajar, junto con tus vecinos, más
allá de las montañas, a ver si conseguís cazar un mamut lanudo para la cena.
Las cosas no han cambiado mucho desde aquellos tiempos ancestrales. Obviamente,
la vida es algo más fácil, y es mucho menor el riesgo de acabar siendo devorado,
despedazado o aplastado por grandes animales; pero, aun así, nos enfrentamos a algunos
riesgos innegables. Si queremos crecer y desarrollarnos como seres humanos, tenemos
que arriesgarnos fuera de nuestro territorio familiar y aventurarnos en lo desconocido. Y
tendremos que hacerlo no solo una vez, sino una vez y otra. Y cada vez que
abandonemos nuestro territorio familiar - más conocido como «zona de seguridad»-,
volverá a activarse nuestra respuesta de lucha o de huida.
Ahora bien, esto es algo perfectamente natural. Cada vez que uno deja su zona de
seguridad para aventurarse en el desafío que supone una nueva situación, está asumiendo
un riesgo importante. Al fin y al cabo, no es seguro que las cosas salgan como a uno le
gustaría. La desagradable realidad es que pueden ocurrir cosas malas. Nadie puede
garantizarte que no va a ser así. Podría suceder que fracasaras o resultaras lastimado o te
liaras o hicieras alguna estupidez. Podría ser que fueras rechazado, que perdieras todo tu
dinero o que malgastaras tu tiempo y tus esfuerzos sin conseguir nada. Y cuanto mayor
sea el paso que des fuera de tu zona de seguridad - cuanto mayor sea el reto al que te
enfrentes-, tanta mayor será tu incertidumbre sobre el resultado. En tales circunstancias,
no hay manera de que puedas desactivar tu respuesta de lucha o de huida; no hay
manera de auto-infundirse sentimientos de absoluta seguridad y confianza (al margen del
54
uso de drogas con peligrosos efectos secundarios).
El miedo recibe muchas denominaciones. Veamos algunas de las más comunes: «falta de
confianza», «ansiedad», «dudar de uno mismo», «inseguridad», «nervios», «tener los
pies fríos», «estrés»... He trabajado con directores ejecutivos, militares, agentes de
policía, abogados y cirujanos que, en principio, se negaban a admitir que habían sentido
alguna vez «miedo» o «ansiedad», porque consideraban que tales emociones constituían
un fallo personal o una señal de debilidad. Podían admitir haber sentido «estrés» o
«tensión» o haber padecido una «crisis de confianza», pero jamás haber sentido
«ansiedad» o «miedo».
Por ejemplo, ¿has oído alguna vez eso de: «No seas tonto, no hay que tener miedo»,
o aquello de: «No seas estúpido; los fantasmas (o los monstruos, o los vampiros) no
existen»? El mensaje que se desprende es el siguiente: «Es una tontería o una idiotez
sentir miedo»; «crece de una vez»; o bien, «compórtate como la gente de tu edad».
Pues imagina que estuvieras tan asustado que realmente te hubieras echado a llorar;
seguro que habrás oído cosas como: «¡No seas llorica!», «no seas mariquita», «los
hombres no lloran»... El mensaje es que el miedo es sinónimo de inmadurez o debilidad.
55
de James Bond en la que se podía ver cómo le corrían unas gotas de sudor por la frente.
La película era Dr. No, y en la escena a la que me refiero Sean Connery estaba atado a
una mesa, con las piernas abiertas, mientras un rayo láser estaba a punto de cortarle los
testículos. Hay que reconocer que en tal situación tenía derecho a sudar ligeramente.
Pero cuando todo el universo está a punto de volar por los aires, lo único que él hace es
sonreír mientras cuenta un chiste.
Con todos estos condicionamientos, no resulta muy sorprendente crecer con una
actitud negativa hacia el miedo. Y es una verdadera pena, porque, como veremos más
adelante, el miedo es una especie de poderoso combustible; una vez que aprendemos a
manejarlo, podemos utilizarlo en nuestro beneficio; podemos dominar su energía para
que nos ayude en lo que queramos. Pero mientras sigamos considerando el miedo como
algo «malo», vamos a malgastar un montón de preciosa energía intentando librarnos de
él.
Ahora, de nuevo, detente por un instante y, durante diez segundos, observa lo que te
está diciendo tu mente.
Entonces, ¿está tu mente lista para hacer algún otro descubrimiento? ¿O más bien te está
diciendo: «este tipo está chalado; está claro que me equivoqué de libro; no era esto lo
que quería oír»?
Diga lo que diga tu mente, me parece bien. Espero que, a medida que vayas leyendo,
algunas veces tu mente se muestre entusiasmada, y otras veces sea muy crítica y
escéptica. Eso es, justamente, lo que hacen las mentes. Así que prueba a ver si puedes
dejar que tu mente se explaye - como el sonido de una radio que suena de fondo - y
sigue trabajando con el libro. Intenta estar abierto a la realidad de que no vas desarrollar
una confianza auténtica - en el más amplio sentido de la palabra- intentando eliminar el
miedo, el «nerviosismo» o la ansiedad. Sin embargo, sí vas a poder desarrollar una
auténtica confianza una vez que aprendas a cambiar tu relación con el miedo y
aprovechar tu aprendizaje. Pero antes de llegar al punto central tenemos que hacer un
poco más de «doma de mitos». Y qué mejor que empezar con el juego de...
56
57
¿Verdadero o falso?
3.Las afirmaciones positivas, tales como «voy a conseguirlo» o «soy adorable» son
un buen sistema para incrementar la autoestima.
Como ya habrás podido adivinar por mi tono, todos esos «hechos» tan
universalmente reconocidos son, en realidad, falsos. Sí, es verdad que Einstein iba mal
en francés en los pri meros cursos, pero, en líneas generales, era un buen estudiante,
sobre todo en matemáticas y en física, y sus notas le hacían estar por encima del 80 por
ciento de sus compañeros al final del período escolar. En cuanto a lo de emplear solo el
10 por ciento del cerebro..., hmmm. Tal idea surgió a comienzos del siglo pasado, pero
se generalizó en lo últimos cincuenta años. A pesar de que millares de programas de auto-
desarrollo señalan este «hecho», jamás vas encontrar la menor evidencia científica seria
que corrobore tal cosa. Sencillamente, porque es una auténtica tontería. Los
investigadores han llevado a cabo estudios exhaustivos sobre el cerebro bajo mil
enfoques distintos, desde resonancias magnéticas o tomografías computerizadas hasta
observaciones a través del microscopio. Y ¿lo adivinas? Jamás han podido encontrar una
58
sola parte del cerebro que fuera inútil. Cada una de sus partes desempeña una función, y
todos utilizamos el cien por cien de nuestro cerebro cada día. Si una trombosis, un
tumor, una enfermedad o cualquier daño llega a afectar a la más pequeña superficie del
cerebro, el resultado, normalmente, es una discapacidad.
¿Y qué hay de las afirmaciones positivas? Lo más probable es que hayas leído o te
hayan dicho que, si uno duda de sí mismo o padece de baja autoestima o de falta de
confianza, entonces la solución consiste en pensar de manera positiva sobre uno mismo
una y otra vez, hasta conseguir creérselo firmemente. ¿Lo has intentado alguna vez? Y si
lo has hecho, ¿te ha dado resultado o, más bien, el resultado fue que tu mente empezó a
discutir consigo misma?
Por más que a los charlatanes de la motivación y a los gurús de la autoayuda les
encante defender los beneficios de las afirmaciones positivas -y el concepto, realmente,
alude al «sentido común»-, no existe evidencia científica alguna que demuestre que tal
cosa funcione. ¡De hecho, las pruebas científicas sugieren, más bien, todo lo contrario!
Más que servir de ayuda, lo más probable es que tales pensamientos desencadenen
una fuerte reacción negativa, con el consiguiente desánimo. Por ejemplo, si un
participante con baja autoestima se dice a sí mismo: «Soy una persona adorable», su
mente le va a contestar: «No, no lo eres»; y a continuación le va a presentar toda una
lista de razones por las que no se puede considerar adorable. De este modo, no resulta
extraño que uno acabe sintiéndose incluso peor que antes. Por otra parte, cuando a esos
participantes se les dice que está bien tener pensamientos negativos sobre uno mismo, ¡se
les levanta el ánimo!
¿Y qué tiene que ver todo esto con la confianza? Bueno..., la relación es un poco
indirecta, pero demuestra el hecho de que...
59
¡ESTAMOS SATURADOS DE TODO ESO!
Es de esperar que hayas comenzado ya a ver que todos tenemos la cabeza llena de
informaciones inexactas y erróneas. (Confieso que también yo, en algún momento, me
creí muchos mitos). También estamos todos predispuestos a creer todo tipo de ideas
aparentemente de «sentido común», sin pararnos a considerar su origen ni su validez. Y,
sobre todo, en el ámbito de la «pop psychology». Es importante tenerlo presente, porque
si nos aferramos a tales ideas, pueden llegar a crearnos todo tipo de problemas. Como
decía el genial escritor Mark Twain: «No es lo que no sabemos lo que nos causa
problemas; es lo que damos por sentado y resulta que no es cierto». Por lo tanto,
teniendo esto en cuenta, pasemos revista rápidamente a cuatro creencias muy comunes:
el miedo es señal de debilidad; el miedo perjudica el rendimiento; el miedo nos echa para
atrás; la confianza es ausencia de miedo.
¿Participas tú de esta idea? Entonces, permite que te cite a un par de personas a las que
difícilmente llamaríamos «débiles»: el legendario ciclista Lance Armstrong, uno de los
mejores atletas de todos los tiempos, y el famoso actor Hugh Jackman, cuyos marcados
músculos provocan desmayos tanto en hombres como en mujeres.
-Lance Armstrong
-Hugh Jackman
Deja ahora de leer durante unos instantes y cae en la cuenta de lo que tu mente te
está diciendo.
Seguro que tu mente replicó con algún argumento semejante a este: «Sí, pero con esa
gente es distinto. Yo no tengo que competir en el Tour de France ni protagonizar ninguna
película de Hollywood, de modo que yo no debería tener miedo.
60
Lo cierto es que cada ser humano experimenta tal respuesta en cuanto pone el pie fuera
de su zona de seguridad para aventurarse en una situación que le suponga algún desafío.
No es una señal de debilidad, sino de normalidad. Si no experimentaras esa respuesta
cuando te enfrentas a algún riesgo, te preparas para algún desafío o abandonas tu zona
de seguridad, eso significaría una de estas dos posibilidades: a) que hay algo seriamente
desajustado en tu cerebro; o b) que tú eres un personaje de ficción como James Bond.
Ahora, mientras trabajas con este libro, espero que tu zona de seguridad se vaya
expandiendo. Y cuando eso ocurre, donde antes tenías que luchar con tu miedo, tu
ansiedad y tus dudas, es probable que ahora te sientas mucho más a gusto y seas capaz
de implicarte profundamente en aquello que hagas, sin tener que librar una batalla
constante con tus pensamientos y sentimientos. Pero no hay forma de que amplíes tu
zona de seguridad sin que te aventures fuera de ella; y en el momento en que pongas un
pie fuera, el miedo va a hacer su aparición.
Si hablas con atletas de élite, actores de cine, oradores públicos, músicos o profesionales
de la escena, enseguida descubrirás que eso no es verdad. Cuando quienes trabajan ante
al público se sitúan en la arena, es indiscutible que están asumiendo un riesgo. No
importa lo buenos que sean, ni lo mucho que los adoren sus fans, ni los éxitos que hayan
podido tener en el pasado: siempre existe la posibilidad de que, esta vez, la pifien. Lo
cierto es que se enfrentan a una situación realmen te desafiante que pone a prueba sus
capacidades y habilidades. Y cuando un ser humano asume un riesgo y se enfrenta a una
situación realmente desafiante, ¿qué es lo que siente? ¡Exacto: una respuesta de lucha o
de huida!
61
Sin embargo, los profesionales de más éxito rara vez consideran tal respuesta como
«miedo», «ansiedad» o «nervios. Lo más probable es que hablen de «sentirse
impulsados», «ponerse a cien» o «estar electrizados», o bien que tienen «un subidón de
adrenalina». Cuando la gente emplea esta clase de términos, en lugar de palabras como
«miedo» o «ansiedad», es porque han descubierto esta importante verdad:
Esta es, en realidad, una variante de los dos mitos anteriores. El cuento de que el miedo,
de alguna manera, nos impide alcanzar aquello que queremos no se cumple,
afortunadamente. Lo que nos echa para atrás no es el miedo, sino nuestra actitud ante él.
De hecho, esa misma postura - la de que el miedo es algo «malo - no solo nos va a dejar
paralizados, sino que, además, va a incrementar nuestro temor; lo cual nos lleva a tener
miedo al miedo, a sentir ansiedad ante nuestra ansiedad, a estar nerviosos por nuestro
nerviosismo (además, esta actitud desempeña un papel crucial en la mayoría de los
trastornos de ansiedad, desde los ataques de pánico hasta la fobia social).
62
«Ganamos fuerza, valor y confianza en cada experiencia en la que nos decidimos a mirar
al miedo de frente. El peligro está en rechazar hacer frente al miedo, en no atreverse a
hacerle frente».
La leyenda dice que la gente segura no siente miedo ni ansiedad. Pero no es así. Repasa
los dos primeros mitos. El hecho es que, en una situación amenazadora, incluso las
personas más seguras de sí mismas sienten miedo. Sin embargo, cuando uno sabe
manejarlo adecuadamente, el miedo no anula la confianza. Lo cual nos lleva a la segunda
regla del juego de la confianza:
EN RESUMEN
En la siguiente parte del libro vamos a ocuparnos seriamente del mundo real: vamos a
aprender y a practicar las habilidades que nos permitirán cambiar nuestra relación con el
miedo y a desarrollar una auténtica confianza. Pero antes de ter minar, ofrezcamos un
repaso de los puntos más importantes de este capítulo:
PUNTOS CLAVE
*El miedo no es tu enemigo. Es una poderosa fuente de energía que puede ser
controlada y utilizada en beneficio propio.
¿Estás listo, entonces, para modificar radicalmente tu relación con el miedo, para
dejar de verlo como a un enemigo y transformarlo en una poderosa fuente de energía? Si
es así, el primer paso va a consistir en aprender a manejar la espada de doble filo del
63
miedo.
64
65
LA ESPADA DE DOBLE FILO
66
67
No es necesariamente así
¿Cómo lo sientes?
s como una voz dentro de tu cabeza que te dice: «Vas a fracasar»; «no tienes lo que
hace falta»; «se van a reír de ti»; «vas a meter la pata»; «podría venirse todo abajo»; o
«no estás preparado aún»? ¿O es, más bien, como una sensación en el cuerpo: estómago
revuelto, dientes apretados, pecho contraído, dificultad para respirar, boca seca y/o
manos sudorosas?
E - Emociones
M - Recuerdos
1 - Imágenes
T - Pensamientos
S - Sensaciones
68
•Sensaciones tales como taquicardias, sequedad de boca o «mariposas en el
estómago».
En este libro, y para simplificar las cosas, vamos a englobar todas esas «experiencias
privadas» en dos categorías: Me voy a referir a los recuerdos, pensamientos e imágenes
simplemente como «pensamientos». A las emociones y sensaciones les vamos a llamar
«sentimientos». Y cuando utilice el término «pensamientos y sentimientos», me estaré
refiriendo a cada una de las experiencias privadas que tiene un ser humano: emociones,
recuerdos, imágenes, pensamientos y sensaciones.
Ahora bien, para desarrollar una confianza duradera necesitamos saber hacer tres
cosas:
Voy a dejar los sentimientos para más adelante, porque va a ser más fácil ocuparse
de ellos una vez que seamos capaces de manejar nuestros pensamientos. Así pues,
vamos a empezar por considerar...
Los pensamientos son palabras e imágenes que habitan nuestra mente. (El término
psicológico para «pensamiento» es «cognición»). Hay distintas categorías de
pensamientos: recuerdos, imágenes, fantasías, creencias, ideas, actitudes, suposiciones,
valores, metas, planes, visiones, sueños, deseos, predicciones, juicios y demás. Pero, por
muy complejos que puedan ser, nuestros pensamientos están constituidos por dos
bloques básicos: palabras e imágenes.
Compruébalo por ti mismo: cuando llegues a los asteriscos que figuran un poco más
abajo, deja de leer durante un minuto, cierra los ojos y, simplemente, cae en la cuenta de
lo que está haciendo tu mente. Puedes localizar tanto palabras - que «oirás» como una
especie de voz o «leerás» como en un escrito - como imágenes, o una combinación de
ambas cosas. (Si tu mente se queda blanco, espera un momento; no pasará mucho
tiempo antes de que la mente te diga algo así como: «No tengo ningún pensamiento», lo
69
cual, desde luego, no deja de ser un pensamiento). Por favor, ahora inténtalo durante un
minuto.
Bien, ¿qué has notado? ¿Qué te ha dicho o te ha enseñado tu mente? (Si lo que has
notado ha sido alguna sensación o sentimiento en el cuerpo, en lugar de palabras o
imágenes en la mente, yo no los llamaría «pensamientos», sino «sensaciones» o
«sentimientos»; ya nos ocuparemos de ellos más adelante). Sin duda, habrás notado que
a tu mente se le da muy bien eso de generar palabras e imágenes. Piensa por un instante:
¿cuántos pensamientos genera tu mente al cabo de un día? Cientos de miles, si no
millones. Y nunca se agota, ¿no es cierto? Para la mente siempre es momento de
«mostrar y compartir»2. Siempre tiene algo que decirnos o enseñarnos.
Y, sin duda, también habrás notado que tu mente tiene cierta tendencia a ser
negativa. Como decíamos en el capítulo 1, eso es perfectamente natural y normal. La
mente humana es rápida para juzgar, criticar, comparar, señalar lo que no es
suficientemente bueno y decirnos lo que tenemos que mejorar. Y aunque nuestra cultura
nos esté bombardeando con mensajes sobre la importancia del pensamiento positivo, la
realidad pura y simple es que la mente humana ha desarrollado el pensamiento negativo.
Hace cientos de miles de años, si tu mente no era lo bastante buena en este trabajo,
¡no ibas a vivir mucho tiempo! Osos, lobos, tigres de dientes de sable, mamuts lanudos,
avalanchas, volcanes, tribus enemigas y vecinos celosos: no eran pocas las posibilidades
de morir de un modo doloroso o violento. Por eso, si alguna vez hubo algún humano
primitivo que pasara por la vida sin miedo y de manera descuidada, atendiendo solo a las
cosas buenas de su entorno, pensando positivamente que nada iba a salirle mal,
70
seguramente habría acabado comido, aplastado o asesinado en un santiamén. ¡Mucho
antes de haber tenido ocasión siquiera de reproducirse!
Muchos se sorprenden al oír tal cosa. Después de todo, nuestra sociedad nos
bombardea con mensajes sobre la importancia del pensamiento positivo (existe incluso
una popular marca de agua embotellada en cuya etiqueta se lee: «¡Bebe en positivo,
piensa en positivo!» 3. Por favor, concédannos un respiro: ¿ni siquiera vamos a poder
echar un trago de agua sin que nos den la tabarra acerca de cómo debemos pensar?).
Lamentablemente, lo que nunca mencionan todos esos libros, artículos y cursos sobre el
pensamiento positivo es que, por más que aprendamos a pensar de manera positiva, no
vamos a conseguir que desaparezcan los pensamientos negativos.
Todo lo que hayas leído en los libros de autoayuda sobre «borrar los archivos
mentales», «eliminar los viejos programas» o «suprimir los pensamientos negativos» no
son más que vaciedades sin sentido. Los últimos descubrimientos en el mundo de la
neurociencia muestran muy a las claras que el cerebro no elimina ni suprime las viejas
trazas de conexiones neuronales; más bien, lo que hace es establecer nuevas conexiones
sobre las antiguas. Cuanto más se utilicen las nuevas vías neuronales, tanto más habitual
será la nueva pauta de pensamiento. Pero las viejas trazas no van a desaparecer; esas
viejas formas de pensar no se desvanecen.
71
Por eso, aquí tenemos otro ejemplo que puede ser más válido: cuando uno practica
nuevas formas de pensar, es como si aprendiera a hablar en un nuevo idioma. Pero no
importa la fluidez con que uno llegue a hablarlo: el idioma materno desaparece. No
importa la perfección con que uno aprenda a hablar inglés: no por eso va a perder su
capacidad de hablar en español.
Cuando se trata de adiestrar a la mente para que funcione a su más alto nivel, los
maestros Zen son el equivalente a los atletas olímpicos. Por eso merece la pena seguir
esta antigua parábola Zen:
En otras palabras, aun el más grande de los maestros Zen tiene pensamientos
negativos. Y otro tanto puede afirmarse del más grande de los «psicólogos positivos». El
mundialmente famoso psicólogo Martin Seligman nos ofrece un buen ejemplo. Seligman,
autor de libros de enorme éxito, tales como Aprenda optimismo y La auténtica felicidad,
es considerado «el padre de la psicología positiva». Y una de las cosas que más admiro
en Seligman es su honestidad: él admite que, a pesar de haberse pasado los últimos veinte
años enseñando a gentes de todo el mundo a pensar de manera optimista, en el momento
en que él mismo se ve en una situación apretada, lo primero que le viene a la mente es
un pensamiento negativo.
Ahora deja de leer durante veinte segundos y observa lo que te está diciendo tu
mente.
72
LA MENTE ES UNA ESPADA DE DOBLE FILO
El lado oscuro de la mente consiste en que siempre está dispuesta a criticar y juzgar
duramente. Hace aparecer historias temibles sobre el futuro y aflorar dolorosos recuerdos
del pasado. Nos recuerda nuestros fallos, faltas y fracasos y nos compara
desfavorablemente con los demás. Pero no hay nada anormal ni erróneo en todo eso: son
los procesos normales de una mente humana normal.
Más adelante veremos cómo utilizar el «lado brillante» de la mente: cómo clarificar
nuestros valores, establecer metas y pensar de manera estratégica para facilitarnos la
motivación y el compromiso. Pero en esta sección vamos a centrarnos en el «lado
oscuro»; en el manejo de todos esos inevitables pensamientos negativos. Y si te estás
preguntando: «¿Realmente son inevitables?, pues, bueno, vamos a verlo.
Este es un ejercicio creado por Steven Hayes. Yo voy a decirte tres frases muy
conocidas, omitiendo la parte final de cada una de ellas. A medida que vayas leyendo
esas frases incompletas, observa qué palabras te vienen automáticamente a la cabeza. No
se trata de ninguna adivinanza - no quiero que adivines las respuestas-; lo único que
pretendo es que adviertas lo que te viene a la mente sin que tengas que hacer el menor
esfuerzo. Veamos:
•A quien madruga...
73
trato especial a los más madrugadores? ¿O que un herrero no puede realmente disponer
de un cuchillo como Dios manda? Apostaría que no crees nada de eso. Ahora bien,
imagina que te digo: «erradica todas esas secuencias de palabras de tu mente; elimínalas
de manera que tales secuencias no vuelvan a surgir en tu mente bajo ninguna
circunstancia». ¿Podrías conseguirlo? Tal vez mediante cirugía cerebral de ciencia
ficción; de lo contrario, seguirán firmemente implantadas en tu mente. Podemos
garantizarte con toda seguridad que, en el momento en que alguien diga: «De los
cuarenta para arriba...», la continuación «no te mojes la barriga» va a surgir al instante
en tu mente. Y tu cabeza está llena de este tipo de tonterías. Vamos a probar con algunas
otras: lee estas frases y observa qué palabras te sugiere tu mente de manera automática:
Del mismo modo que surge espontánea la expresión «no te mojes la barriga» cuando nos
encontramos con la frase «de los cuarenta para arriba...», así también los pensamientos
negativos van a surgir en cuanto nos topemos con una situación realmente desafiante.
Nos guste o no, tan pronto como pensamos en salir de nuestra zona de seguridad,
nuestra mente está preparada para contarnos las mismas historias de siempre; las que
siempre nos han contado desde jovencitos. Ya sabes a cuáles me refiero: «Vas a
fracasar...»; «vas a meter la pata...»: «aún no estás preparado...» ; «no eres lo bastante
bueno...» ; «es muy difícil...» ; y cosas por el estilo. Podemos reunir todos esos
pensamientos en una gran historia: «No puedo hacerlo».
74
da mucho miedo. No sé cómo va a reaccionar mi suegra». Y, por último, recordemos a
Seb, el taxista que evitaba hacer el amor con su mujer; su versión de la historia era: «No
puedo hacerlo, porque me da corte el que pueda sucederme de nuevo».
En los últimos cinco años he hablado de este tema con miles de personas en
Australia, el Reino Unido, los Estados Unidos y Europa, y ante auditorios muy diferentes
que incluían a doctores, abogados, agentes de policía, hombres de negocios, ejecutivos,
psicólogos, consejeros, terapeutas, coaches, psiquiatras, atletas, emprendedores y grupos
de padres. Y siempre les hacía esta pregunta: «¿Hay alguien en esa sala que, con toda
sinceridad, pueda levantar la mano y decir que no tiene su propia versión de la historia
del «no puedo hacerlo»?» Hasta el momento, ni una sola persona ha levantado la mano.
Entonces, si no es posible hacer que la mente deje de contarnos la historia del «no
puedo hacerlo», ¿qué se supone que debes hacer cuando tal historia surja de nuevo? Las
tres soluciones más frecuentes que vas a encontrar son: a) desafiar y discutir tales
pensamientos y buscar pruebas que demuestren que no son ciertos; b) sustituirlos por
pensamientos más positivos; c) distraerte de tales pensamientos.
Ahora bien, quizá desees probar tales cosas si no lo has hecho nunca anteriormente.
Sin embargo, dado que esas soluciones son las que te sugiere casi todo el mundo,
supongo que ya las habrás probado. Y si las has intentado, sin duda estarás de acuerdo
en reconocer que: a) requieren mucho esfuerzo y energía; b) aun cuando te procuren un
alivio pasajero de los pensamientos negativos, tu mente sigue y sigue con otros nuevos; y
c) cuando sales de tu zona de seguridad, para entrar en una situación realmente
desafiante, todas estas técnicas no te ayudan demasiado (puede incluso que te hayas
encontrado, como en la investigación que mencionábamos antes, que el intentar pensar
de forma positiva puede hacer que te sientas aún peor).
Si estás familiarizado con la ACT, ya sabes lo que viene ahora. Pero si no lo estás,
probablemente estarás preguntándote: «Pero entonces ¿qué se supone que debo hacer?
¿Se supone que debo ignorar esos pensamientos? ¿O apretar los dientes y aceptarlos? ¿O
intentar echarlos fuera? ¿O intentar desviar la atención de ellos?».
75
has encontrado con que, aun cuando te hayan proporcionado algún beneficio a corto
plazo, no lo han hecho a largo plazo brindándote un modo de enfrentarte a los
pensamientos negativos que te otorgue autoridad sobre ellos y una vida más plena.
Así pues, vas a aprender una forma totalmente distinta de responder a los
pensamientos negativos; algo que va en contra de casi todo lo que te han enseñado para
desarrollarte en nuestra sociedad. Pero, antes de nada, consideremos una cuestión muy
importante.
¿Cuántas veces has escuchado o leído (o tal vez se lo hayas dicho tú a otros) que los
pensamientos negativos son malos, problemáticos, dañinos o autodestructivos; que no
habría que pensar de esa manera; que los triunfadores piensan en positivo, y los
fracasados en negativo; que los pensamientos negativos te van a echar para atrás; que la
gente feliz no tiene esa clase de pensamientos; que pensar de esa manera va a reducir tu
autoestima y va a hacerte perder confianza en ti mismo?
Lo más probable es que la gente haya estado inculcándote tales ideas en tu cerebro
desde que eras un niño pequeño. Se las has oído una y otra vez a tus padres, profesores;
las has leído en libros de autoayuda; te las han repetido hasta la saciedad amigos,
profesionales de la salud, programas de TV, periódicos y revistas... La versión más
extremista asume la postura de que los pensamientos negativos son tan dañinos que
acaban materializándose en la realidad y se vuelven completamente ciertos. Hmmm...
Interesante propuesta. Veámosla más de cerca.
Puede que estés familiarizado con un trastorno de ansiedad muy corriente llamado
TOC (trastorno obsesivo-compulsivo). Quienes lo padecen tienen pensamientos
negativos recurrentes muchas veces al día. Se imaginan o temen que les va a ocurrir todo
tipo de desgracias: «Voy a contraer el SIDA»; «se me va a quemar la casa; «mis hijos se
van a morir»... Quienes sufren TOC están muy estresados con todos estos pensamientos
y, con frecuencia, están completamente convencidos de que se van cumplir. Pero la
gente empieza a recuperarse del TOC cuando se dan cuenta de que esos pensamientos
no son realmente ciertos. Los obsesivo-compulsivos, normalmente, han experimentado
esos pensamientos negativos muchos miles - por no decir millones - de veces,
creyéndoselos total y absolutamente. Y, sin embargo, nunca se han hecho realidad.
Otra idea muy común es la de que los pensamientos negativos son problemáticos
76
porque «nuestros pensamientos controlan nuestras acciones». Si tal cosa fuera cierta, la
especie humana iba a tener un serio problema. Después de todo, ¿cuántas veces te has
enfadado tanto con alguien importante para ti que incluso pensaste en hacerle daño de
alguna manera - gritándole, sacudiéndolo, dejándolo o dándole «lo que se merece»? (Sé
honesto contigo mismo: todos tenemos este tipo de pensamientos de vez en cuando).
Ahora imagina que todos esos pensamientos te hubieran controlado realmente; imagínate
que de verdad hubieras hecho todas esas cosas tan tremendas. ¿Qué habría pasado con
tus relaciones más cercanas? ¿Te quedaría todavía algún amigo?
¿Has pensado alguna vez en abandonar a esa persona y, sin embargo, sigues con
ella? ¿Has pensado alguna vez en marcharte, pero aún continúas unido a esa persona?
Pues está bien claro que nuestros pensamientos no controlan nuestras acciones. Es cierto
que influyen en lo que hacemos, pero no lo controlan. Y pronto vas a descubrir cómo
puedes reducir la influencia de tus pensamientos negativos sin intentar siquiera librarte de
ellos.
Ahora, una vez más, detente durante diez segundos y observa lo que está diciendo tu
mente.
Bien, ¿qué es lo que has escuchado? Tal vez algo así como: «Eso no puede ser verdad»;
«¿lo está diciendo en serio?»; «¿me voy a creer semejante cosa?»... O puede que fuera
algo parecido a esto otro: «¡Vaya, esto parece interesante!». Sea lo que sea lo que tu
mente te está diciendo, para mí está perfectamente bien. Déjala que siga con su
cháchara, como si estuviera sonando una música de fondo, y tú sigue leyendo.
Para volver al asunto: ACT asume que los pensamientos negativos no son
problemáticos por sí mismos. Los pensamientos negativos solo se vuelven problemáticos
77
si nos quedamos atrapados en ellos, les prestamos toda nuestra atención, los tratamos
como si fueran una verdad evangélica, les dejamos que nos controlen o nos ponemos a
luchar contra ellos. El término técnico que utilizamos para indicar que estamos
respondiendo de esa forma a nuestros pensamientos es «fusión».
¿Por qué «fusión»? Piensa en dos láminas de metal fundidas la una con la otra. Si no
pudieras utilizar la palabra «fundido», ¿cómo lo describirías entonces? ¿Pegado, soldado,
adherido, mezclado, unido...? Todos esos términos transmiten el mismo mensaje: No hay
separación entre las láminas de metal. De la misma manera, cuando hablo de
«fusionarnos» con nuestros pensamientos, me refiero a que no hay ninguna separación
respecto de ellos. En un estado de fusión, estamos completamente «envueltos» en
nuestros pensamientos: estamos atrapados en ellos, dominados por ellos, perdidos en
ellos o luchando con ellos.
En otras palabras, cuando nos fusionamos con nuestros pensamientos, estos tienen
un fuerte impacto e influencia so bre nosotros. Pero cuando nos «defusionamos» de
nuestros pensamientos - cuando nos separamos de ellos y nos damos cuenta de que no
son ni más ni menos que palabras e imágenes-, entonces tienen muy poco o ningún
efecto sobre nosotros (aun cuando resulte que son ciertos).
Pero no te pido que me creas. En el siguiente capítulo vas a descubrir por ti mismo
que, por muy «negativos» que puedan ser los pensamientos, no tienen que convertirse en
problemáticos. Cuando sabemos cómo defusionarnos de ellos, pierden su impacto y su
influencia sobre nosotros; no nos impiden ser lo que queremos ser ni hacer lo que
queremos hacer. Vas a descubrir que no hay necesidad de luchar contra ellos, desafiarlos,
suprimirlos, rechazarlos, mantenerlos ni dejarlos que nos controlen. Todo lo que
necesitas es aprender a...
78
79
Liberarte del anzuelo
Joe Simpson se estaba quedando congelado y sentía una terrible agonía; tenía la pierna
derecha rota, la rodilla completamente destrozada; y su compañero de escalada lo había
dejado, dándolo por muerto, en el fondo de una profunda grieta.
o creía que fuera a sobrevivir. No tenía comida ni agua ni combustible para hacer
fuego. Permanecía tendido sobre un puente de hielo, perdido en una montaña desierta en
los Andes peruanos. Su compañero de escalada, convencido de que Joe estaba muerto,
había regresado al campamento base sin él.
Pero, contra todo pronóstico, Joe se las arregló para arrastrarse fuera de la grieta,
arrastrando su pierna destrozada para regresar al campamento base. Aunque solo estaba
a seis millas de distancia, a él le llevó tres días de agonía recorrer esa distancia a rastras y
a pequeños saltos.
Puedes leer la historia de Joe en su libro Touching the Void. Una de las cosas que me
impresionaron fue que, a lo largo de su calvario, Joe se veía constantemente asaltado por
pensamientos negativos. No tenía en su cabeza pensamientos positivos del estilo de «Lo
voy a conseguir a pesar de todo». Las probabilidades estaban tan abrumadoramente en
su contra que él estaba seguro de que iba a morir. Pero no permitió que esos
pensamientos lo detuvieran. Se puso en marcha arrastrando su cuerpo centímetro a
centímetro, a través de la nieve, aun cuando su mente le decía que era inútil, que ya se
podía dar por muerto y que se rindiera.
Aquí estamos de nuevo. Resulta que puedes levantar el brazo aun cuando tu mente te
diga que no puedes hacerlo. Cuando realizo este ejercicio con algún grupo, siempre
80
observo que algunas personas necesitan uno o dos segundos antes de levantar el brazo, y
a veces alguno tarda hasta diez o quince segundos. Esto sucede porque estamos
acostumbrados a tomarnos nuestra mente al pie de la letra; a creernos todo cuanto nos
dicen. Afortunadamente, podemos aprender a romper con este hábito. Podemos
aprender a hacer las cosas que de verdad nos importan, aun cuando nuestras mentes nos
digan que no es posible. Podemos aprender cómo...
¿Alguna vez has visto a un pez luchando por liberarse del anzuelo? Ya puede esforzarse
cuanto quiera: es una lucha inútil. Una vez que se ha tragado el anzuelo, no tiene la
menor posibilidad de liberarse de él.
Estoy por adivinar que, si te pareces a mí o a los centenares de clientes con los que
llevo trabajando a lo largo de los años, entonces las únicas veces en que tu mente se
convierte en tu animadora es cuando tus desafíos personales son a largo plazo: «¡Sí; voy
a empezar el año que viene! ¡Bien!». Sin embargo, cuando llega el momento de afrontar
el reto, entonces ya es otro cantar, ¿no es cierto?
81
Permíteme que te invite a echarle un vistazo a mi propio mundo: mientras estoy
escribiendo el primer borrador de este capítulo, un sábado por la mañana, empiezo a
sentir un intenso deseo de dejarlo. No me siento con humor para hacerlo. Me siento
espectacularmente desmotivado y estoy dolorosamente tentado de dejar de escribir en
este mismo instante para dedicarme a navegar por Internet, contestar algunos correos
electrónicos, ponerme a jugar con mi hijo, picar una chocolatina de doble capa o
hacerme una taza de té; en otras palabras, me apetece hacer cualquier cosa menos
escribir. Mi mente me está diciendo cosas tales como: «¡Esto es un rooollo!»; «no estoy
de humor para esto»; «es demasiado pesado»; «ya lo haré más tarde»; «hace un día tan
calentito y soleado... ¿por qué no salir a dar un paseíto?»; «estás demasiado absorto en
tus escritos»; «este libro va a ser un fracaso si no lo haces un poco más interesante para
los lectores»; «¿por qué no te tomas un descanso y continúas luego?»...
Pues, tal cual: las dos cosas me han sucedido muchas veces. Y a veces siguen
ocurriéndome. Ya ves: a pesar de mis mejores intenciones, mi mente aún sabe cómo
engancharme. Pero la buena noticia es que, cuanto más practico, mejor consigo
desengancharme yo solo y más libre soy para hacer lo que de verdad me importa. Y por
eso aquí estoy ahora, escribiendo mi tercer libro en menos de dos años (créeme: si
hubiera esperado hasta que mi mente dejara de ser negativa, al día de hoy no habría
escrito ni una sola palabra).
Entonces, ¿tú también te has quedado enganchado con pensamientos al estilo de los
míos? ¿Qué efecto tiene eso en ti? ¿Interfiere en tu rendimiento o te mantiene apartado
de lo que quieres hacer? Si es así, perfecto: eso demuestra que eres un ser humano
normal. Es lo que suele suceder cuando la gente se queda enganchada.
82
«Me falta motivación»; «no tengo disciplina»; «no tengo fuerza de voluntad»;
«estoy demasiado ocupado»; «estoy mortalmente cansado»; «no tengo tiempo»; «no
tengo energías»; «empezaré la semana que viene»; «voy a fracasar»; «es una pérdida de
tiempo»; «voy a parecer un idiota»; «no tengo lo que hace falta»; «aún no estoy listo»;
«es muy difícil»; «necesito practicar más»; «tengo que leer más sobre el tema»;
«necesito un mejor equipo»; «los demás no tienen que pasar por todo esto»; «no debería
ser tan difícil»; «estoy demasiado ansioso»; «cada vez que intento cambiar, acabo
fallando: entonces, ¿por qué esta vez iba a ser distinto?»...
Fácilmente podría llenar varias páginas más con pensamientos y creencias de este
estilo. Nuestras mentes son realmente brillantes para ofrecernos razones por las que no
podemos hacer lo que realmente nos importa. De este modo, en ACT, al referirnos a
tales pensamientos, hablamos de elementos «razonadores».
Hay muchas categorías distintas de elementos «razonadores», pero estos son los
cuatro principales:
1.Obstáculos: Nuestra mente nos indica todas las dificultades y obstáculos que hay
en nuestro camino.
2.Auto juicios: Nuestra mente nos hace ver en cuántos aspectos no estamos
preparados para la tarea.
83
más talento. Y le decía que no tenía sentido intentarlo, porque era seguro de que iba a
fracasar en cualquier caso.
Por aquel entonces, Sarah vino a verme: estaba profundamente frustrada. Tenía una
verdadera biblioteca de libros de autoayuda y seguía sus consejos ciegamente: se había
pasado horas y horas confrontando sus pensamientos negativos, repitiéndose
afirmaciones positivas y visualizándose a sí misma asombrando a los jueces con sus
pasos de danza. Pero todo ello no impedía que su mente siguiera produciendo cantidad
de razones para evitar las audiciones (o para no practicar sus ejercicios habituales).
Volveremos a Sarah más adelante, pero ahora tómate un momento para considerar lo
siguiente: ¿qué clase de «razones» prefiere tu mente? (¡La mía las utiliza todas!).
Nuestras mentes son como máquinas de dar razones; en cuanto pensamos hacer algún
cambio importante, se sacan de la manga toda una serie de razones por las que no
podemos, no debemos o no deberíamos tener que hacerlo. Y no hay manera de que
nuestras mentes dejen de hacerlo. Pero no lo creas porque yo lo digo; compruébalo por ti
mismo. Márcate un objetivo en este mismo instante: algo que querrías hacer en los
próximos días y que te llevaría desde tu zona de seguridad a una situación de auténtico
desafío (escoge, naturalmente, algo que muy probablemente vaya a mejorar tu vida; no
me refiero a nada peligroso, como caminar de noche por una callejuela oscura). Si tienes
a mano pluma y papel, o un ordenador, anota tu objetivo; si no, hazlo mentalmente. Por
favor, formula tu objetivo siguiendo esta estructura:
Una vez que lo hayas hecho, formúlate a ti mismo tu objetivo (en voz alta o en
silencio), y mientras lo haces, observa lo que empieza a decirte tu mente.
84
importe.
Ahora, escucha a tu mente durante veinte segundos y observa todas las razones que
aduce.
Si has hecho el ejercicio anterior, ¿qué tácticas has podido observar que utiliza tu mente?
¿Obstáculos, juicios sobre ti mismo, comparaciones o predicciones? Si no lo has hecho,
tómate un instante, por favor, para reflexionar: tu mente acaba de darte alguna razón para
no hacer el ejercicio: «que no te molesten», «ya lo harás luego», «no se me ocurre nada
en este momento», «demasiado complicado», «no importa si prescindo de ello»... ¡Y
caíste en el anzuelo! Lo cual, por cierto, es completamente normal: muchos lectores
habrán hecho lo mismo que tú; lo cual nos demuestra lo buenas que son nuestras mentes
para dar razones. (Y ahora que ya has captado la idea, vuelve atrás, por favor, y haz el
ejercicio).
A veces, cuando hablo por primera vez de «dar razones», mis clientes protestan
vehementemente: «¡Pero esos pensamientos son ciertos!» Normalmente se quedan
sorprendidos cuando les contesto: «Verás, en este método no se trata de si nuestros
pensamientos son verdaderos o falsos; se trata de si son útiles. Si dejamos que tales
pensamientos guíen nuestras acciones, ¿nos van a ayudar a ser las personas que
queremos ser? ¿Nos van a ayudar a crear la vida que queremos vivir?
Para tenerlo más claro vamos a repasar las cuatro categorías más comunes de
«razonamientos».
1. Obstáculos
Nuestra mente nos indica todos los obstáculos y dificultades que surgen en nuestro
camino.
Todos tenemos obstáculos, barreras y dificultades que nos impiden de algún modo
realizar las cosas que queremos hacer. Y nuestras mentes son máquinas muy eficaces de
resolución de problemas. Por eso, si tu mente valora esos obstáculos con realismo y, de
una manera constructiva, imagina el modo de superarlos, entonces es probable que tales
pensamientos sean útiles. Imagina, por ejemplo, que la barrera o dificultad fuera la falta
de tiempo y que tu mente dice: «La verdad es que estoy muy ocupado. Entonces, si
quiero conseguir tiempo para practicar mis habilidades de presentación, voy a tener que
85
reducir el tiempo me paso viendo la TV». Pensamientos de ese estilo tienen muchas
probabilidades de resultar útiles. Pero si tu mente, simplemente, se dedica a repasar una
y otra vez todos los posibles obstáculos, lamentándose de ellos, echándotelos en cara y
diciéndote lo difícil que es todo, sin buscar ninguna solución práctica ni constructiva,
entonces es muy probable que esos pensamientos resulten inútiles.
Nuestra mente siempre nos señala todos los detalles por los que aún no estamos a punto
para realizar la tarea.
La mente es muy eficaz a la hora de indicarnos todo lo que podemos mejorar. Por
eso, si valorara con respeto nuestras habilidades y nos aconsejara, de manera
constructiva, la manera de mejorarlas, entonces la mente sería de gran utili dad. Si tu
mente, por ejemplo, te dice: «No se me da muy contar chistes, y me gustaría mejorar en
este punto; de modo que voy a comprarme un libro de chistes para practicar contándoles
chistes a mis amigos de confianza», probablemente te serviría de ayuda. Pero si tu mente
no hace más que criticarte y juzgarte - «No tengo nada que hacer en el terreno social»;
«jamás en la vida seré capaz de contar chistes»; «seguro que siempre me pondré
nervioso»...-, entonces tu mente no te ayuda en absoluto.
3. Comparaciones
Nuestra mente siempre nos compara desfavorablemente con los demás, que parecen
hacerlo todo mejor que nosotros, porque tienen más talento o porque todo les resulta
más fácil.
La mente es muy eficaz haciendo comparaciones. Unas veces nos dice en qué somos
«mejores» que los demás, y otras nos dice en qué somos «peores». Si nuestra mente nos
comparara con los demás de una forma respetuosa y constructiva, que nos permitiera
aprender, crecer y desarrollarnos, sería de gran ayuda. Imagina que tu mente te dice:
«Tiger Woods juega al golf mucho mejor que yo. ¿Qué cosas hace él para mejorar su
juego? ¿Cuánto practica él? ¿Cómo podría yo desarrollar estas estrategias?». Dejar que
este tipo de pensamientos nos sirva de guía, probablemente nos sería útil. Pero si tu
mente se limita a chismorrear acerca de cómo los demás son mucho mejores que tú o
acerca de lo fácil que les resulta a ellos, entonces lo más probable es que no vaya a
servirte de mucho.
4. Predicciones
86
Nuestra mente predice fracasos, rechazos y toda clase de resultados desagradables.
Como ya sabes, nuestra mente evolucionó para protegernos de los peligros; para
anticipar todo cuanto pudiera hacernos daño. Por eso, cuando tu mente empieza a
predecir fracasos o desastres, tan solo está haciendo su trabajo. Ahora bien, imagina que
lo hiciera de una manera constructiva: valorando los riesgos de manera realista,
planificando cómo responder en caso de que sucediera lo peor, recordándonos cómo
podemos aprender de la experiencia... Por ejemplo: «Sí, obviamente, si escribo este
libro, no tengo ninguna garantía de que vayan a publicarlo. De hecho, muchos libros se
quedan sin publicar. Y aunque llegara a publicarse, la mayoría de los libros no
proporcionan muchos beneficios económicos. La probabilidad de que sea un best-seller
es de una entre un millón. Pero, por lo menos, si lo escribo, tengo una oportunidad. Si no
lo escribo, no tengo ninguna. Y en el peor de los casos, aun cuando nunca llegue a
publicarse, tendré la satisfacción de saber que lo hice lo mejor que pude. Además, voy a
mejorar mis cualidades creativas para la escritura». Pensamientos de este tipo
probablemente son útiles. Si nos guiamos por ellos, nos llevarán en la dirección en la que
queremos ir. Pero si tu mente todo lo ve negro - «No tiene sentido intentarlo»; «jamás lo
van a publicar»; «es una pérdida de tiempo»...-, entonces dejarte guiar por tales
pensamientos probablemente no te sea de mucha ayuda.
Observa que, en los ejemplos anteriores, los pensamientos útiles no implican «dar
razones» - darle vueltas a todas las razones por las que «no podemos hacerlo -. Más
bien, dan consejos constructivos acerca de lo que sí podemos hacer.
Una vez más, detente durante unos segundos y advierte lo que tiene que decir tu
mente acerca del «dar razones».
En este punto, me gustaría presentarte una de las palabras más importantes de este libro:
87
«viabilidad». Te pido que grabes esta palabra en lo más profundo de tu mente porque, es
lo que sirve de base a todo cuanto vamos a hacer en adelante.
El término «viabilidad» surge de una pregunta muy sencilla: «Lo que estás haciendo,
¿te está funcionando para lograr una vida más rica, más plena y más significativa?» Si la
respuesta es «sí», entonces lo que estás haciendo es «viable». Si la respuesta es «no»,
entonces, lo que estás haciendo es «inviable».
MULTITUD DE MÉTODOS
No te voy a conducir por todo el laberinto de las diversas técnicas de defusión (las tres
primeras están tomadas del primer libro de Steven Hayes sobre ACT: Terapia de
aceptación y com promiso: un enfoque experimental sobre el cambio de conducta) para
que puedas descubrir las que mejor pueden servirte de ayuda para liberarte del anzuelo.
Algunas pueden parecerte un poco extrañas o descabelladas, pero, por favor, pruébalas...
y mira a ver qué pasa. En cada caso, primero te voy a pedir que te fusiones con el
pensamiento (créetelo a pies juntillas, pon en él toda tu atención; créetelo todo lo que
puedas), de modo que puedas engancharte en él completamente. Luego, espero
desengancharte de nuevo.
88
también podría ocurrir lo contrario: ¡podrías encontrarte con que empiezas a enredarte en
tus pensamientos! Así que lo mejor es adoptar una actitud de curiosidad hacia estos
ejercicios; deja de lado cualquier expectativa y mira a ver qué ocurre. Observa si la
técnica te ayuda a separarte de los pensamientos («defusión») o si, por el contrario,
parece reafirmarlos aún más (fusión).
(Nota: no es probable que se produzca fusión con estos ejercicios; tan solo te estoy
avisando de la posibilidad de que ocurra. Si ocurriera, por favor, considéralo una
oportunidad para aprender: la oportunidad de que te caigas en la cuenta de lo que es
quedarse «enganchado». Luego continúa con el siguiente ejercicio).
En cada ejercicio, lee primero las instrucciones hasta el final; luego, inténtalo. Y si
una técnica en concreto no te funciona o, sencillamente, no puedes hacerlo, continúa con
el siguiente.
•En silencio, repítete ese pensamiento creyéndotelo lo mejor que puedas, y observa
qué efecto te produce.
•Ahora repite ese pensamiento en tu cabeza, con esta breve frase añadida al
principio: «Estoy teniendo el pensamiento de que...». Por ejemplo: «Estoy
teniendo el pensamiento de que soy un perdedor».
•Ahora vuelve a repetírtelo una vez más, pero esta vez la frase a añadir es: «Me doy
cuenta de que estoy teniendo el pensamiento de que...». Por ejemplo: «Me doy
cuenta de que estoy teniendo el pensamiento de que soy un perdedor».
89
Ejercicio 2: Cantar los pensamientos
•En silencio, repítete ese pensamiento, creyéndotelo lo más que puedas, y observa
qué efecto te produce.
•Ahora repítete ese pensamiento palabra por palabra, pero cantándotelo con la
música de «cumpleaños feliz» (lo puedes cantar tanto en voz alta como en
silencio).
•Ahora repítete de nuevo el pensamiento, pero esta vez acompáñalo con la música
que tú elijas.
•Ahora repítetelo de nuevo con otra voz diferente, por ejemplo, la de un fascinante
actor extranjero o la de un personaje de telenovela.
90
Ejercicio 4: Pantalla de ordenador
•En silencio, repítete ese pensamiento, creyéndotelo lo más que puedas, y observa
qué efecto te produce.
•Ahora cierra los ojos, imagina un ordenador y ve ese pensamiento como las
palabras en la pantalla, escritas en un texto normal, en negro.
•Ahora juega con la fuente y el color del texto. No cambies lo que son las palabras:
simplemente, míralas en tres o cuatro colores distintos y tres o cuatro tipos de
letra diferentes.
•Ahora vuelve a poner las palabras en texto normal, en negro, y esta vez prueba a
cambiar el formato. Primero, separa las palabras con grandes espacios entre ellas.
•Ahora escribe las palabras en vertical a lo largo de la pantalla, una debajo de otra.
•Por último, vuelve a poner las palabras en texto normal, en negro, y esta vez añade
una bola de karaoke saltando de una palabra a otra, una y otra vez. Y, si quieres,
canta también el pensamiento con la música que prefieras.
Este ejercicio tiende a ser más eficaz con la gente «visual». De nuevo, es de esperar
que te ayude a separarte o distanciarte de tu pensamiento: para que veas que está
formado con palabras.
Ahora, una vez más, sintoniza con tu mente y observa durante diez segundos lo que
te está diciendo.
Y bien, ¿cómo está reaccionando tu mente? Puede que esté emocionada: «¡Fantástico!
¡Es asombroso!» O puede que esté enfadada: «¿Cómo puede alguien decir que los
pensamientos no son más que "palabras"? ¡Son ciertos! Este tipo me está
menospreciando; no se percata de cómo lo vivo yo; no entiende cómo me vapulean esos
pensamientos». O tal vez la persona se sienta un tanto decepcionada: «Estas técnicas no
son más que trucos tontos que no me van a ayudar».
Sea cual sea lo que haga tu mente, por favor, déjala que reaccione a su manera. Y si
la reacción es especialmente fuerte e ineficaz, entonces te invito a que intentes algo. Se
91
trata de una técnica desarrollada por Steven Hayes que se denomina «darle las gracias a
la mente». Diga lo que diga tu mente - por más provocativo, desagradable o temible que
resulte, tú contéstale, en silencio y con sentido del humor: «Gracias, mente mía». Por
supuesto que puedes hacer las variaciones que desees; por ejemplo: «Gracias por
compartirlo conmigo»; o «Muchas gracias, mente; es una buena historia».
Personalmente, es uno de mis ejercicios de defusión favoritos; así que diviértete con él y
mira qué te parece. Recuerda que no estamos intentando evitar que nuestras mentes
tengan esas reacciones; esta técnica sirve, simplemente, para ayudarnos a desprendernos
de tales pensamientos.
Probablemente hayas escuchado alguna vez eso de que «la pluma es más poderosa que
la espada». Este dicho nos recuerda sucintamente que las palabras pueden tener una
enorme influencia sobre nuestro comportamiento. Por ejemplo, los libros, escritos y
manifiestos pueden, en determinadas ocasiones, configurar naciones enteras con mayor
fuerza que la violencia, el derramamiento de sangre y la guerra.
Del mismo modo, en un estado de fusión, esas palabras del interior de nuestra mente
pueden producir en nosotros un enorme impacto. Pueden hacer que surja el pánico o la
desesperación; se pueden experimentar como una patada en la barriga o un golpetazo en
el pecho; nos pueden arrastrar a las profundidades y agotar todas nuestras energías.
92
SI TUS MANOS FUERAN TUS PENSAMIENTOS
Mucha gente malinterpreta la esencia de la defusión. Piensan que se trata de una manera
de librarse de los pensamientos negativos, o bien que es un modo de controlar los
sentimientos. Pero no es ni lo uno ni lo otro. El siguiente ejercicio podrá aclarar para qué
sirve. Para hacerlo es necesario que coloques el libro de tal modo que puedas leer las
instrucciones mientras dejas las manos libres para hacer el ejercicio. Por ejemplo, podrías
colocarlo abierto sobre un ordenador y utilizar un pisapapeles para mantener las páginas
abiertas. O también podrías memorizar las instrucciones o contar con alguien que te las
lea.
•Ponlas frente a ti con las palmas hacia arriba, una junto a la otra, como si fueran las
páginas abiertas de un libro.
•Poco a poco, llévalas cada vez más cerca, hasta que te tapen los ojos.
•Manteniendo las manos sobre los ojos, mira el mundo a tu alrededor. ¿Cuántas
cosas te estás perdiendo? Imagina lo que sería pasar todo el día de esta manera.
¿Hasta qué punto te resultaría difícil actuar de una manera eficaz para hacer todo
lo necesario para que funcione tu vida?
•A medida que aumenta la distancia entre tus manos y tu rostro, observa lo que
sucede. ¿Hasta qué punto es mucho mejor tu visión del mundo que te rodea?
¿Cuánta más información puedes captar? ¿Hasta qué punto puedes actuar de una
manera más eficaz?
•Ahora deja que tus manos descansen. Observa que no han desaparecido. Todavía
están contigo. Si hubiera alguna manera de poder utilizarlas para mejorar tu vida,
eres libre de utilizarlas. Si, de momento, no hay nada para lo que puedan resultar
útiles, puedes hacerles un espacio para que descansen y, simplemente, dejarlas
ahí.
De esta manera, puedes ver aquí los dos propósitos principales de la defusión. En
primer lugar, nos permite estar «presentes»: conectarnos con el mundo de nuestro
alrededor e implicarnos en lo que estamos haciendo. En segundo lugar, nos permite
emprender acciones eficaces. Evidentemente, si nuestros pensamientos son útiles, los
93
utilizaremos. Pero si no lo son, les dejaremos suficiente espacio para que estén ahí.
Entonces, ¿por qué algunas personas se aferran tanto a la idea equivocada? ¿Por qué
piensan que la defusión es una forma inteligente de librarse de los pensamientos
negativos? Porque muy frecuentemente, cuando nos defusionamos de un pensamiento,
este desaparece. Y, por lo general, a medida que el tiempo pasa, reaparece con menor
frecuencia. Sin embargo, esto no es más que una bonificación; es un subproducto de la
defusión, no su propósito principal.
Así que, una vez más, para que quede claro: el propósito de la defusión es ayudarnos
a estar presentes y emprender una acción eficaz. Lo cual nos lleva a la tercera regla del
juego de la confianza:
Regla 3: Los «pensamientos negativos» son normales. No hay que luchar contra ellos,
sino defusionarse de ellos.
94
EL PODER DE LA PRÁCTICA
Puede que a veces permanezcas enganchado durante horas antes de darte cuenta de
ello - preocupaciones, cavilaciones, hiper-análisis o nerviosismo-. No hay problema: en el
momento en que te des cuenta de que te has quedado enganchado, reconócelo
amablemente: «¡Otra vez enganchado!» Luego, selecciona el pensamiento que te
mantiene prendido y repítelo utilizando la técnica que tú mismo elijas.
95
¿Qué está haciendo ahora? ¿Está toda revolucionada y deseando ponerse a practicar? ¿O
está dándole vueltas a todas las razones para no hacerlo: «Es una tontería», «no va a
funcionar», «ya lo haré luego», «no me quiero tomar la molestia», «la verdad es que no
tiene importancia»...? Si es esto último, ¡no te sorprendas! Deja que tu mente intente
hacer todo lo posible por disuadirte... y luego hazlo de todos modos. Y si en algún
momento te encuentras atrapado por todo ese «dar razones», ya sabes las instrucciones:
«¡Otra vez enganchado!», y luego, vuelta a ponerlo en marcha.
Te recomiendo que utilices estas técnicas, como mínimo, cinco veces al día para
empezar; cuantas más, mejor. Y si no las utilizas, date cuenta de cómo te habla tu mente:
¿te aduce razones realmente nuevas o te ofrece las mismas de siempre y que ha venido
utilizando durante años?
La buena noticia es que vas a tener mucho material para practicar, porque tu
mente...
96
97
Tu mente nunca anda escasa de palabras
Un humo negro se abate sobre la ciudad. La gente lo ve y corre hacia el río... miles y
miles se arrojan al agua como ratas. Y los que corren demasiado despacio empiezan a
caer como moscas.
«En Newark, en una manzana entre Heddon Terrace y Hawthorne Avenue, más
de veinte familias huyeron de sus casas cubriéndose la cara con toallas y
pañuelos humedecidos para escapar de lo que creían un ataque con gases.
Algunos empezaron a sacar los muebles de sus casas. Por todo Nueva York,
familias enteras dejaban sus casas, algunos para huir a los parques cercanos.
Miles de personas llamaron a la policía, a los periódicos y a las emisoras de radio
de la localidad y de otras ciudades de los Estados Unidos y de Canadá, pidiendo
consejo sobre medidas de protección contra los ataques».
Para los oyentes que sabían que el programa no era más que una farsa, las palabras
que escucharon en la radio no supusieron ningún problema. Pero para quienes se
tomaron las palabras al pie de la letra la experiencia fue aterradora. Esto nos ofrece una
buena analogía sobre la cuestión central del capítulo anterior: que las palabras del interior
de nuestra mente no son ningún problema; el problema reside en el modo en que
respondemos a ellas. Si nos fundimos con esas palabras, entonces nos pueden causar
problemas muy fácilmente. Pero si nos defusionamos, no lo lograrán (si has practicado
las técnicas del capítulo anterior, sabrás de qué estoy hablando).
98
En cierta manera, la mente es como una radio; ¿te das cuenta de cómo siempre tiene
algo que decir? Siempre tiene una opinión, una idea, una predicción, un juicio, una
crítica, una comparación o una queja. Es como estar escuchando un programa de radio
todo el día. Naturalmente que de vez en cuando se calma; pero enseguida empieza otra
vez, ¿no es cierto? Bla, bla, bla, bla... Ni siquiera deja de emitir cuando estamos
dormidos. Sin embargo, esta semejanza con una radio nos proporciona un método
sencillo para liberarnos del anzuelo.
RADIO TRIPLE F
Ya es hora de revisar tu «Lista de cambios vitales» del capítulo 1 (la lista de lo que harías
de manera diferente si desarrollaras la confianza necesaria). Ahora escoge una de las
cosas de la lista y, durante unos segundos, imagínate que empiezas a realizarla hoy. No
importa lo pequeño que sea el paso que vas a dar - escribir la primera línea de esa
novela, descargar el formulario de inscripción en aquel curso, ensayar lo que vas a decir
cuando le pidas a aquella persona tan especial que salga contigo...-; imagínate dando ese
primer paso hoy. Hazlo ahora, durante unos segundos.
Ahora detente y observa: ¿qué está haciendo tu mente? ¿Te esta «dando razones»? ¿Te
está contando la historia del «no puedo hacerlo»? Si resulta que tu mente se está
mostrando muy positiva, disfrútalo; sin embargo, la mayor parte de los lectores se van a
encontrar con que su mente está diciéndoles cosas inútiles.
Ahora bien, ¿qué pasaría si tu mente, en realidad, fuera una emisora de radio? Para
la mayoría de la gente, sonaría así: «¡Bienvenidos a Radio Triple F: Flojera, Fallos y
Fracaso, con informativos sobre todo aquello que tienes que temer! ¡Te mantenemos
informado de todos tus fallos! ¡Recordatorios permanentes de tus fracasos! Emitimos
para ti todo el día, cada día».
99
El primer paso consiste, simplemente, en caer en la cuenta de que estamos
enganchados. El segundo paso consiste en definir lo que está ocurriendo. Un poco de
sentido del humor puede ayudar de veras. Por ejemplo, podríamos decir: «¡Ajá! Aquí
está Radio Triple F emitiendo otra vez». O, simplemente, «Radio Triple F». O, más
sencillo aún: «¡Vaya, otra vez enganchado!».
¿Por qué no probarlo ahora mismo? Recuerda aquella «Lista de cambios vitales» del
capítulo 1: formas diferentes de actuar que quiero desarrollar; cosas que quiero hacer de
una manera distinta; objetivos que quiero conseguir; etc. Lee ahora la lista o vuelve a ese
capítulo y repasa tus respuestas. Luego escoge una cosa de esa lista con la que quieras
empezar inmediatamente. Piensa en algunas acciones pequeñas, sencillas, que puedas
llevar a cabo hoy y que te permitirían ir en la dirección en la que deseas ir.
Una vez que lo hayas hecho, detente por un momento... y durante veinte segundos
observa lo que está haciendo tu mente.
Bien, ¿qué es lo que te está diciendo tu mente? Si es algo útil, ¡fantástico: adelante! Pero
si resulta que no te sirve para nada, prueba esta técnica ahora mismo: a) localiza lo que te
está diciendo tu mente; b) ponle un nombre: «Aquí Radio Triple F»; c) escucha tus
pensamientos como si procedieran de una radio.
Todas las técnicas de defusión implican uno o más de los siguientes pasos. Cuando un
pensamiento nos atrapa, entonces podemos:
1. Advertirlo.
100
2. Denominarlo
3. Neutralizarlo.
1. Advertirlo
Darse cuenta de los propios pensamientos es siempre el primer paso para la defusión y,
por lo general, es suficiente para hacer el trabajo por sí mismo. Si te detienes un segundo
y te das cuenta de lo que está haciendo tu mente, eso abre un pequeño espacio entre tú y
tus pensamientos, lo cual suele ser suficiente para que pierdan parte de su poder sobre ti.
2. Denominarlo
Resulta más eficaz si lo puedes hacer con sentido del humor; como si se te escapara
una sonrisa de reconocimiento mientras te haces un guiño de complicidad a ti mismo:
«¡Ajá, otra vez enganchado!».
También puedes utilizar metáforas para poner nombre a tus pensamientos. Por
ejemplo, si tu mente está intentando mangonearte como un dictador fascista, podrías
decirte: «Ahí está el dictador fascista». O si tu mente se pone muy pesimista, podrías
decir: «¡Ahí tenemos otra vez a Don Pésimo!».
3. Neutralizarlo
Este es un paso opcional que da lugar a una enorme creatividad. Utilizo el término
«neutralizar» para referirme al hecho de tomar los pensamientos y ponerlos en un nuevo
contexto, donde se puedan ver claramente tal como son: simples imágenes y palabras;
nada contra lo que haya que luchar, a lo que haya que aferrarse o de lo que haya que
huir.
101
En capítulos anteriores ya lo hiciste de diferentes maneras: cantando tus
pensamientos en silencio, escuchándolos con voces irreales y absurdas, poniéndolos en la
pantalla de un ordenador. Y en este capítulo los has imaginado emitidos por una radio.
Sin embargo, hay decenas - si no centenares- de maneras de llevarlo a cabo. Aquí están
algunas ideas para estimular tu imaginación creativa. Te animo a que juegues con ellos,
compruebes cómo te funcionan y veas si puedes crear alguna estrategia propia.
Te animo a que juegues con la defusión a lo largo del día para que consigas liberarte cada
vez mejor del anzuelo. Recuerda: si queremos llegar a ser buenos en algo, no tenemos
manera de librarnos de la necesidad de PRACTICAR. Por eso, además de practicar estos
ejercicios de «defusión ultra-rápida», te invito a que pruebes otro más largo, también de
Steven Hayes: «Hojas en una corriente». Lo ideal sería que lo practicaras, entre cinco y
diez minutos, una o dos veces al día (cuantas más, mejor). A mucha gente le funciona
bien encajarlo en diez o quince minutos de su descanso para la comida, o hacerlo por la
mañana, antes de cualquier otra cosa, en cuanto se levantan de cama.
Por favor, lee las instrucciones al menos dos veces, y luego hazlo (y si quieres una
102
grabación de este ejercicio como ayuda para su ejecución, lo encontrarás en la segunda
pista de mi CD Mindfulness Skills: Volume I, disponible en formato CD o MP3 en
www.thehappinesstrap.co.uk).
Nota: Si te resulta dificil visualizar (es decir, crear imágenes y figuras en tu mente)
entonces puede que tengas que modificar este ejercicio. Verás la manera de hacerlo
a medida que vayas leyendo.
1.Busca una postura cómoda - sentado o tumbado - y cierra los ojos, o bien fíjalos
en un punto.
4.Durante los próximos cinco minutos, toma cada pensamiento que aparezca en tu
mente - tanto si es una imagen como si es una palabra-, colócalo sobre una de las
hojas y déjala que se vaya flotando.
5.Si te resulta difícil visualizar o no puedes conseguir que la corriente sea como tú
quieres, entonces imagina una extensión de espacio negro. E imagina también que
sopla una suave brisa. Toma cada pensamiento que aparezca en el interior de tu
mente y déjalo flotar en la oscuridad. Como alternativa, podrías imaginar una
especie de cinta transportadora en la que colocas tus pensamientos.
6.Procede así con cada pensamiento, tanto positivo como negativo, optimista o
pesimista. Puede que te encuentres con que estás intentando «quedarte» con los
pensamientos alegres, positivos, optimistas. Si te ocurre eso, recuerda que la
finalidad del ejercicio consiste en mejorar tu habilidad para soltarte del anzuelo y
dejar de lado los pensamientos; por eso, si quieres hacerlo realmente bien, tienes
que practicar con cada pensamiento que te surja, tanto si es agradable como
desagradable, útil o inútil (no para el resto de tu vida; solo mientras realizas el
ejercicio).
103
9.Si tu mente te dice: «Esto es una tontería», o «es demasiado difícil», o «no puedo
hacerlo», coloca también cada uno de esos pensamientos en una hoja.
13.De vez en cuando, te vas a quedar enganchado y fuera del ejercicio: te vas a
quedar pasmado planeando las vacaciones, o dándole vueltas a la lista de cosas
por hacer, o repasando aquella discusión que tuviste hace poco con tu pareja, o
pensando en la película que viste la otra noche, o recordando aquella corriente
con la que solías jugar siendo niño. Todo ello es perfectamente natural; nuestras
mentes son expertas en «pescarnos» En el momento en que te des cuenta de que
te has quedado enganchado, reconócelo en silencio: «Otra vez enganchado...!».
Luego, empieza de nuevo el ejercicio desde el principio.
Por favor, lee las instrucciones anteriores tantas veces como te sea necesario, hasta
que sepas lo que tienes que hacer; luego, empieza. Cinco minutos es lo ideal para un
primer intento, pero puedes dedicarle más o menos, según tú mismo prefieras.
La gente reacciona con una muy amplia variedad de respuestas a este ejercicio. A
algunos les encanta; otros lo odian; la mayoría se queda a medio camino. Personalmente,
104
a mí no me gustaba demasiado al principio, pero, después de un par de semanas de
práctica diaria, resulta que empezó a gustarme. A muchos de mis clientes les ha ocurrido
lo mismo. Por eso te animo a que seas perseverante, por lo menos durante una semana o
dos. Pero esta práctica ¿de qué manera te va a ayudar a desarrollar más confianza?
Veamos...
Ya lo has hecho. Has decidido jugártela y has dejado tu zona de seguridad para
aventurarte en una situación difícil: estás a punto de dar una charla, o de pedirle a esa
persona que salga contigo, o de escribir la primera frase del libro famoso. Estás en medio
de la fiesta, esperando la señal para empezar la cacería, o esperando a cruzar esa puerta
para tu gran intervención.
Y como no estás haciendo ningún esfuerzo por luchar contra ellos, contradecirlos o
suprimirlos, puedes dedicar toda tu energía a desarrollar una acción eficaz. Y como no
estás enredado en tus pensamientos, puedes implicarte por completo en aquello que
vayas a hacer.
Naturalmente que no nos vamos a poner a practicar con las «hojas en la corriente»
cuando estemos en medio de una situación complicada; no seríamos capaces de actuar
con eficacia. «Hojas en una corriente» no es más que un ejercicio de entrenamiento para
ayudarnos a desarrollar la capacidad de defusión. Una vez desarrollada esa habilidad,
podremos meternos en situaciones complicadas y defusionarnos de nuestros
pensamientos de manera espontánea, sin necesidad de echar mano de estas técnicas.
105
día, no tardó en notar una gran diferencia. En las audiciones, su mente todavía seguía
generando muchos pensamientos de fracaso, pero ella era capaz de dejarlos ir y venir sin
enredarse en ellos. Podía centrarse en su número y bailar mucho mejor. ¿Le ayudó esto
a tener más confianza en sí misma? ¡Claro que sí!
Ahora detente durante veinte segundos y advierte lo que te está diciendo tu mente.
¿Está arrancando la máquina de dar razones? ¿Está emitiendo un programa Radio Triple
F? ¿Te está contando tu mente alguna versión de la historia del «no puedo hacerlo»? Si
es así, no sería de extrañar. Por tanto, dale las gracias a tu mente por esos pensamientos
y sigue leyendo.
Por otra parte, si tu mente está siendo positiva y te está animando, disfrútalo.
Recuerda: la mente es una espada de doble filo. Unas veces generará pensamientos
útiles, y otras veces hará justamente lo contrario. Y, en ocasiones, incluso hará ambas
cosas a la vez. Por eso, disfruta si tu mente te está sirviendo de ayuda; pero no te fíes de
ella, porque puede cambiar como el viento. Y, sobre todo, mantente alerta ante...
106
107
La trampa de la autoestima
N año antes, Michael había sido director de una compañía enormemente próspera.
Pero, de pronto, todo había cambiado. La crisis financiera global había paralizado su
negocio, y él se había visto forzado a venderlo perdiendo muchísimo dinero.
CAER EN LA TRAMPA
108
hacer comparaciones, ¿qué ocurre a continuación? ¡Exacto!: nuestra mente nos llama a
nosotros «perdedores» o «fracasados».
Tal vez hayas oído el concepto de «autoestima frágil». Es muy corriente entre los
profesionales de «éxito» y entre los deportistas. Mientras van consiguiendo todos sus
objetivos, pueden aferrarse al cuento de «soy un ganador» y se sienten bien consigo
mismos. Pero en el momento en que su rendimiento decae -y eso acaba sucediendo antes
o después-, el cuento se transforma de repente en el de «soy un perdedor». Y si tienen el
hábito de aferrarse firmemente a sus auto-juicios, entonces se ven arrastrados al agujero
negro del «soy un perdedor».
EL MITO DE LA AUTOESTIMA
109
Pero ¿se merece la autoestima la reputación de que goza? ¿De verdad nos hace más
felices, más sanos y nos procura más éxito? ¿No habremos sido engañados todos por una
estrategia de ventas?
Antes de nada, definamos lo que significa en realidad «autoestima», porque hay más
de una interpretación. El significado más corriente de «autoestima», con diferencia, es el
de autoevaluación positiva; en otras palabras, uno hace valoraciones y juicios positivos
sobre uno mismo y se los cree (lo cual, generalmente, se describe como autovaloración,
autoaprecio y auto aprobación). Ahora, manteniendo este significado popular del término,
por favor, realiza la siguiente prueba. Atribuye a cada una de las siguientes frases la
condición de «verdadera» o «falsa»:
•Las personas con alta autoestima son más agradables, tienen mejores relaciones y
causan mejor impresión a los demás.
•Una alta autoestima guarda una estrecha relación con el egoísmo, el narcisismo y la
arrogancia.
•Una alta autoestima guarda una estrecha relación con prejuicios y discriminaciones.
•Una alta autoestima guarda una estrecha relación con el autoengaño y con actitudes
defensivas frente a comentarios sinceros.
110
Y, por si estas noticias no fueran por sí solas lo bastante negativas, recordemos el
estudio citado en el capítulo 3: cuando la gente con baja autoestima intenta animarse con
autoafirmaciones positivas, ¡suele acabar sintiéndose peor!
LA AUTOACEPTACIÓN
Y ahora la pregunta del millón: si el sacudirnos a nosotros mismos fuera una buena
forma de modificar nuestro comportamiento, ¿no seríamos perfectos en este momento?
Piensa únicamente en todas las azotainas, palizas y somantas que te ha proporcionado tu
mente a lo largo de la vida. ¿Te ayudaron realmente o te hicieron sentir peor? E incluso,
si lograron que te movilizaras a corto plazo, ¿te ayudaron a mantener tus compromisos a
111
la larga?
Ahora, antes de seguir leyendo, tómate diez segundos para efectuar un examen y cae
en la cuenta de lo que está diciéndote tu mente.
¿Protestó tu mente o discutió contigo? ¿Saltó arriba y abajo con alegría? ¿Te señaló
todos los fallos de mi argumento o estuvo de acuerdo con él? ¿Tuvo alguna queja con
respecto a todas esas comprobaciones? ¿Te dijo que obviaras la comprobación y
siguieras leyendo? ¿O guardó el más absoluto silencio? Todas esas son reacciones
perfectamente normales; de modo que, por favor, dale las gracias a tu mente y sigue
leyendo.
112
¿Por qué deberíamos hacerlo? Porque juzgarnos a nosotros mismos no nos ayuda en
modo alguno; no hace que nuestra vida sea más rica ni más plena.
Por supuesto que el saberlo en un plano intelectual no va a servir para que deje de
ocurrir. Nuestra mente empezó a juzgarnos en la primera infancia, y esta costumbre no
va a desaparecer de repente. Pero lo que sí podemos hacer es desengancharnos de los
juicios sobre nosotros mismos. Y te invito a que empieces a hacerlo a partir de ahora.
Practica para desengancharte de todos tus juicios sobre ti mismo, tanto negativos
como positivos. Deja que floten como hojas en una corriente. Si tu mente te está
diciendo la basura que eres, date cuenta de ello y etiquétalo: «juicio». Y si tu mente te
está diciendo lo maravilloso que eres, date cuenta igualmente y etiquétalo también:
«juicio» (recuerda: no queremos aferrarnos a los juicios positivos ni a los negativos; lo
que queremos es desprendernos de todos ellos).
Además, siéntete libre para bromear a propósito de tales «etiquetas». Por ejemplo,
cuando te des cuenta de un juicio positivo, podrías decirte a ti mismo en plan de broma:
«Es un hermoso halago. ¡Gracias, mente mía!». Y cuando te des cuenta de alguno
negativo, podrías decirte: «¡Vaya, el dichoso cuento de que "no soy lo bastante bueno"...!
¡Gracias, mente mía!».
DESPRÉNDETE DE TU YO
Ahora bien, si tu mente se parece a la mía, notarás que los juicios sobre ti mismo
113
cambian como el viento. Unos días, mi mente me dice que soy un padre maravilloso, un
esposo amante y un magnífico conferenciante; otros días me dice que soy un mal padre,
un esposo egoísta y un conferenciante patético. Unos días, mi mente me dice que soy un
buen escritor, y otros días proclama que solo escribo basura. El truco consiste en no
apuntarse a ninguna de las historias: ni a la positiva ni a la negativa. Diga lo que diga tu
mente - «soy maravilloso» o «soy patético»; «soy un ganador» o «soy un perdedor»;
«soy una persona de éxito» o «soy un fracasado»-, míralo como lo que es: simplemente,
una historia.
Lo que más importa en la vida es lo que tú haces, aquello que defiendes, la manera
en que te comportas. Eso es mucho más importante que las historias que te crees sobre ti
mismo. Si lo dudas, piensa en tu propio funeral. ¿Te gustaría que la gente dijera: «Lo que
verdaderamente admiraba de él es que estaba disponible cada vez que lo necesitaba; él
me apoyó, me animó, me inspiró; era un modelo fantástico a seguir»? ¿O preferirías esto
otro: «Lo que realmente admiraba de él es que tenía una magnífica opinión de sí
mismo»?
114
Tiger Woods es un buen ejemplo. Durante años fue idealizado como campeón entre
los campeones: no solo fue el mejor golfista del mundo, sino también el primer atleta de
la historia que ganó más de mil millones de dólares. Sin embargo, en noviembre de 2009,
«jugosas» revelaciones sobre la larga lista de amantes de Tiger llenaban los titulares de
los periódicos de todo el mundo. De manera que el golf había tenido un enorme éxito;
pero a la hora de consolidar una relación fiable y respetuosa con su mujer, había
fracasado miserablemente.
En este punto, tu mente puede que empiece a protestar: «Sí, pero otros han tenido
más éxito que yo»; o bien: «Yo he fracasado más que los demás»... Si ocurre algo de
esto, vuelve a la pregunta de la viabilidad: mantener tozudamente tales pensamientos ¿te
va a ayudar a ser lo que quieres llegar a ser y a hacer lo que deseas hacer?
Así tuve que señalárselo a Michael, el hombre de negocios al que me refería antes.
Esta es la conversación que mantuvimos:
Russ: Michael, no voy a discutir contigo si tus pensamientos son verdaderos o no. Solo
quiero que consideres la situación. Tu mente te dice que eres un perdedor ¿no es cierto.
Russ: Y yo tengo que ser honrado contigo; no conozco ninguna manera de hacer que tu
mente deje de hacerlo. Eso es lo que hacen las mentes. Son muy rápidas a la hora de
juzgarnos y criticarnos.
Russ: Repito que no voy a discutir contigo. Tienes montones de amigos y colegas de
trabajo que te dicen que la empresa no se vino abajo por tu culpa y que no tienes por qué
ser tan duro contigo y todas esas tonterías. Y eso no te ha supuesto ningún cambio,
¿verdad? Tu mente todavía te dice que ha sido por tu culpa, que eres un perdedor, que la
has pifiado.
115
de nuevo, a reconstruir tu vida?; ¿o más bien va a hacer que sigas sintiéndote bloqueado
y desesperanzado?
Russ: Entonces, la próxima vez que tu mente empiece a juzgarte, ¿qué tal si pudieras
dejar que esos pensamientos vinieran y se fueran sin dejarte atrapar por ellos? ¿Sería
útil?
Entonces le enseñé a Michael las técnicas de este capítulo y le pedí que las practicara
con regularidad a lo largo del día. En concreto, le pedí que se diera cuenta de sus
pensamientos y que los etiquetara - por ejemplo: «Aquí, Radio Triple F, de nuevo»; o
«¡Vaya, el viejo cuento del "perdedor"...! Gracias, mente» - y dejarlos que se vayan
como hojas en una corriente. Cuando volví a ver a Michael tres semanas más tarde, me
dijo que había estado practicando las técnicas con aplicación y que ya había desarrollado
un mayor sentido de auto-aceptación. Dijo que los pensamientos sobre ser un perdedor
todavía asomaban, pero cuando lo hacían, apenas le molestaban, y normalmente le
resultaba bastante fácil dejar que vinieran y se fueran. La historia de Michael nos
recuerda que nuestros pensamientos acerca de nosotros mismos no son problemáticos en
sí mismos: solo lo son si nos fusionamos con ellos.
Nota: Todo esto es muy distinto de la repetición de afirmaciones positivas del estilo
de: «Me acepto a mí mismo completamente». ¿Recuerdas aquel estudio sobre la
autoestima que mencionábamos en el capítulo 3? Demostraba que, cuando la gente con
baja autoestima hacía afirmaciones de auto-aceptación, por lo general se sentían peor;
justamente, hacía que pensaran en todas las cosas que no podían aceptar realmente
acerca de sí mismos.
No FALTAN ANZUELOS
116
perfeccionismo, el «síndrome del impostor» y el revisar antiguos fracasos, por citar tan
solo tres.
El perfeccionismo tiene lugar cuando nos sentimos amenazados por pensamientos del
estilo de «tengo que hacerlo todo perfectamente», «no debo cometer errores», «tengo
que hacerlo bien a la primera; o bien: «si no puedo hacerlo bien, no tiene sentido que lo
intente». Dejar que estos pensamientos nos dominen es la mejor receta para el desastre.
Nos volvemos reticentes a la hora de intentar algo nuevo, por miedo a no hacerlo lo
bastante bien. O sufrimos estrés crónico porque siempre nos estamos imponiendo unas
demandas demasiado exageradas. O nos sentimos decepcionados e insatisfechos porque
no vivimos de acuerdo con nuestras elevadas expectativas.
El síndrome del impostor ocurre cuando alguien, aunque sea experto en lo que está
haciendo, se queda enganchado en pensamientos de que no es competente, que no puede
hacerlo bien, que se ha librado por el momento, pero que pronto lo van a descubrir; que
uno es, en el fondo, un fraude, un falso, un impostor. Naturalmente, si uno se cree esos
pensamientos, su confianza se verá sacudida.
En este punto podrías estar pensando: «De acuerdo, pero ¿y qué? Una vez
desenganchado, ¿qué hago?» Excelente pregunta.
117
118
Las reglas del compromiso
Imagina que escuchas tu música preferida con los oídos taponados con algodón. O que
ves tu película favorita con unas gafas de sol muy oscuras. O que come tu comida
preferida con la lengua medio insensibilizada tras la visita al dentista. O que recibes un
masaje en la espalda vestido con una gruesa chaqueta de lana.
Si deseas tener unas relaciones sexuales placenteras, mantener una amena conversación o
jugar un magnífico partido de golf; si quieres escribir bien, cantar bien, correr mucho; si
quieres hablar bien, negociar hábilmente o competir a gran altura, entonces tienes que
estar psicológicamente presente. Tienes que estar comprometido con lo que está
ocurriendo.
119
Supón que estás jugando al tenis y que, en lugar de prestar atención a la bola, te
centras en los pensamientos que tienen lugar en tu mente: «¿Estaré sujetando la raqueta
correctamente?». «¿Tengo los pies en la posición adecuada?». «¡Guau! ¡Qué rápida
viene esa bola!». Si uno se centra en sus pensamientos, en vez de hacerlo en la bola,
entonces, ¿qué calidad va a tener su juego? Lo más probable es que no sea demasiado
bueno. Si quieres jugar bien, tienes que mantener toda tu atención fija en la bola.
Imagina que estás haciendo el amor; pero, en lugar de centrarte en tu pareja, estás
prestando tu atención a los pensamientos que te vienen a la cabeza: «¿Cómo lo estoy
haciendo?». «No voy a poder aguantar mucho más». «¿Estará ella disfrutando
realmente?». «¿Qué pensará él de mi cuerpo?»... Si te quedas atrapado en tus
pensamientos, no te va a resultar una experiencia demasiado satisfactoria, sobre todo si
tu mente no deja de hacer comentarios seguidos sobre tu comportamiento. Si quieres
disfrutar la experiencia, tienes que comprometerte con lo que estás haciendo: apreciar las
sensaciones de placer, sintonizar con las respuestas de tu compañero/a, sentir el calor y el
roce de vuestros cuerpos y dejar que tus pensamientos pasen de largo, como las nubes
en el cielo.
En el capítulo 1 mencionaba a Cleo, una científica de veintiocho años que decía que
si tuviera más confianza, haría más amigos, tendría más vida social y se comportaría de
una manera más genuina, cálida y comprometida en situaciones sociales. Cleo me dijo
que encontraba la vida social muy estresante y que a menudo se encerraba en sí misma.
Había varios factores coadyuvantes, pero el principal era el siguiente: que, en vez de
prestar atención a la persona con la que estaba hablando, ella se quedaba atrapada en
pensamientos como: «soy demasiado aburrida», «no sé nada acerca de ese tema»,
«espero gustarle a esta persona» o «no tengo nada que decir». Y, naturalmente, al estar
enredada en sus pensamientos, le parecía muy difícil seguir o participar en la
conversación y no obtenía de ello excesivo placer. Cleo había perdido de vista el hecho
de que, si queremos tener vida social, necesitamos prestar atención a los demás: darnos
cuenta de lo que dicen, de sus expresiones faciales y de su lenguaje corporal; conectar y
120
comprometernos con ellos.
Cuando decimos que alguien parece seguro, no tenemos ni idea de lo que puede estar
pensando o sintiendo. Pero podemos observar lo que está haciendo; cómo se está
comportando. Una cosa que siempre observarás en las personas seguras: se
comprometen con aquello que están haciendo: cuando hacen vida social, están
completamente absortos en la conversación; cuando hacen deporte, están totalmente
metidos en el juego; cuando escriben un informe, se centran por completo en la tarea.
Por eso, si hablamos de la seguridad - como sentimiento o como acción-, el compromiso
siempre desempeña un papel esencial.
P: Pensar es muy útil. Me imagino que no estarás sugiriendo que me libre de todos
mis pensamientos.
121
ni siquiera los maestros de Zen, después de toda una vida de adiestramiento
mental, desarrollan la habilidad de eliminar los pensamientos negativos.
P: Pero cuando estoy en una situación difícil, es complicado dejar que mis
pensamientos vayan y vengan. ¿No hay un sistema más fácil?
Tiempo para una rápida reactualización: la regla de oro del juego de la confianza es la
siguiente:
Los actos de confianza son lo primero; los sentimientos de confianza vienen después.
Solo cuando podemos hacer algo bien, somos capaces de sentir confianza. Pero es
122
casi imposible hacer algo bien si no estamos comprometidos con lo que estamos
haciendo. Si lo hacemos descuidadamente, perdidos en nuestros pensamientos, o
pasamos a través de las emociones con el «piloto automático», entonces, lo más
probable es que no lo hagamos bien.
Prestar atención: prestamos atención a lo que está ocurriendo en este momento tanto
en nuestro «mundo interior» como en el mundo de fuera. En otras palabras, nos damos
cuenta de que estamos pensando y sintiendo, y también de lo que podemos ver, oír,
tocar, gustar y oler.
Apertura: nos abrimos a lo que está ocurriendo, aun cuando no nos guste o no lo
aprobemos; lo contrario de darle la espalda o excluirlo de nuestras experiencias.
¿Qué tal, entonces, si lo intentamos ahora? Te invito a que dejes de leer por unos
momentos y, sencillamente, te des cuenta de lo que puedes oír. Percibe los sonidos que
proceden de ti mismo - tu respiración y tus movimientos-. Luego, expande tu consciencia
para percibir los sonidos de tu alrededor. Escucha esos sonidos como si fueras un músico
apreciando una melodía genial: percibe los diferentes tonos, volúmenes y ritmos; date
123
cuenta de cómo algunos sonidos se desvanecen o cesan, mientras que otros surgen o se
incrementan. Por favor, hazlo durante treinta segundos.
A continuación, te invito a mirar a tu alrededor y a percibir cinco cosas que puedas ver.
Mira cada objeto como si fueras un artista que examina una famosa obra de arte. Percibe
su forma, su color, su textura, su sombreado; observa las sombras, reflejos y brillos.
Dedica a ellos entre treinta y sesenta segundos, mientras centras tu curiosidad en cada
objeto, sin tener en cuenta lo familiar o corriente que te parezca.
Ahora haz todo lo anterior a la vez. Dale la vuelta al libro, siéntate erguido, planta los
pies firmemente en el suelo y, con flexibilidad, centra tu atención en el cuerpo, en lo que
puedes ver, en lo que puedes oír. Por favor, hazlo ahora durante treinta segundos.
¿Qué ha ocurrido? ¿Te has hecho más «presente»: más consciente de tu entorno y de tu
cuerpo? Cuando nos metemos de lleno en un libro, perdemos el contacto con casi todo,
excepto con las palabras de la página que tenemos delante. Sin embargo, esas palabras no
son más que un pequeño aspecto de nuestra experiencia del momento presente. Cuando
ponemos el libro boca abajo y prestamos atención a nuestro cuerpo y a nuestro entorno,
nos hacemos conscientes de todo tipo de vistas, sonidos y sensaciones.
Ahora bien, perderse en un libro no está nada mal. La verdad es que constituye uno
de mis pasatiempos favoritos. Pero ¿qué ocurriría si uno estuviera permanentemente
perdido en un libro? Imagínate a lo largo del día: caminando arriba y abajo con la cabeza
literalmente hundida en un libro, sosteniéndolo con las manos y leyendo con avidez al
mismo tiempo que comes, juegas con tus hijos, haces el amor, conduces el coche, juegas
al tenis o mantienes una conversación. ¿De qué manera afectaría eso a tu vida, a tu salud
y a tus relaciones?
Tenemos una tendencia natural a vivir de ese modo. La única diferencia es que, en
vez de estar perdidos en un libro, lo estamos en todas esas palabras que hay dentro de
nuestra cabeza. «Compromiso» significa que, lo mismo que podemos poner un libro
124
boca abajo, también podemos soltarnos de las palabras que hay en nuestra mente y
prestar atención a otros aspectos de nuestra experiencia.
EL ESCENARIO DE LA VIDA
La vida es como un magnífico escenario. Y sobre ese escenario están todas nuestras
emociones, recuerdos, imágenes, pensamientos y sensaciones, así como todo lo que
podemos ver, oír, tocar, gustar y oler. La atención consciente es como el sistema de
iluminación: podemos dirigir las luces a cualquier parte del escenario en cualquier
momento, para que puedan verse todos los detalles. La iluminación no altera lo que está
teniendo lugar en el escenario, pero sí afecta al modo en que percibimos y apreciamos el
espectáculo.
Este sistema de iluminación resulta enormemente flexible. Podemos atenuar las luces
y dirigir el foco a las zonas centrales de la acción, o podemos también conectar todas las
luces al mismo tiempo para observar todo el espectáculo a la vez.
El ejercicio de las «hojas en la corriente» es como atenuar las luces del escenario
para iluminar únicamente los pensamientos. Y en el breve ejercicio que hiciste hace un
momento jugaste con los proyectores para ir iluminando diferentes aspectos del
espectáculo: lo que podías ver, lo que podías oír y lo que podías sentir.
Así que, dado que hay tantos aspectos diferentes en el espectáculo, ¿cuál de ellos
deberíamos enfocar? La respuesta es muy sencilla: centrémonos en aquello que sea más
importante en este momento; prestemos atención a lo que nos ayude a ser la persona que
queremos ser y a hacer las cosas que deseamos hacer.
125
RESPIRACIÓN CONSCIENTE
Ahora, por favor, lee las instrucciones un par de veces, de manera que sepas lo que
vas haciendo, e inténtalo luego (y si quieres que una voz te dirija, yo he grabado este
ejercicio en Mindfulness Skills: Volume 1, disponible en formato CD o MP3 en
www.thehappinesstrap.co.uk).
•Adopta una postura cómoda (preferiblemente sentado, erguido, con la espalda recta
y los pies bien asentados sobre el suelo).
•Céntrate en vaciar tus pulmones. Suavemente y con calma, expulsa cada porción de
aire restante, hasta que tus pulmones estén completamente vacíos, y luego deja
que se llenen por sí mismos.
•No hay necesidad de realizar una inspiración profunda; una vez que tus pulmones
estén vacíos, ellos solos volverán a llenarse automáticamente. Mira si puedes,
simplemente, dejar que ocurra esto sin forzar nada.
126
•Observa tu respiración como si fueras un científico curioso que nunca había visto
nada semejante. Percibe cada sensación, por pequeña que sea: el aire entrando y
saliendo a través de tus fosas nasales, el movimiento de tus hombros subiendo y
bajando; la dilatación y compresión de tu caja torácica, las subidas y bajadas de
tu abdomen. Percibe cómo todos esos elementos interactúan sin ningún esfuerzo.
•De vez en cuando, tu mente te enganchará y tratará de sacarte del ejercicio. Puedes
quedarte enganchado en cualquier momento y por cualquier cosa, desde viejos
recuerdos hasta ensoñaciones sobre lo que vas a cenar. Eso es natural y normal, y
va a seguir ocurriendo. Cada vez que caigas en la cuenta de que te has quedado
enganchado, reconócelo con amabilidad y vuelve a centrarte en tu respiración (y
si tu mente empieza a criticarte por no estar haciéndolo bien, dale las gracias por
esos pensamientos y sigue con el ejercicio).
•Es probable que de vez en cuando tu mente se muestre reticente o proteste: «No
puedo hacerlo», «es muy difícil», «es aburrido»... Al principio, esos
pensamientos -y otros muchos - te engancharán y te sacarán fuera del ejercicio.
Pero realmente no hay problema. No importa los centenares o miles de veces que
te enganche tu mente; en cuanto te des cuenta, reconócelo, desengánchate y
vuelve a centrarte en la respiración. Cada vez que lo hagas, estarás desarrollando
una habilidad muy valiosa: la habilidad de mantener el foco de tu atención.
•Una vez transcurrido el tiempo, amplía tu consciencia para implicarte con el mundo
a tu alrededor. Mantén un foco sobre tu respiración e ilumina también tu cuerpo y
tu entorno: aprieta los pies contra el suelo, siéntate bien erguido, date un buen
estirón y observa lo que puedes ver, oír, tocar, gustar y oler.
Después de haber leído las instrucciones al menos dos veces, intenta hacer el
ejercicio. Cinco minutos son suficientes para empezar, pero puedes hacerlo durante más
o menos tiempo, si lo prefieres.
127
¿TE QUEDASTE ENGANCHADO?
¿Cómo te fue el ejercicio? Si nunca habías hecho nada semejante, lo habrás hecho bien
si conseguiste estar diez segundos sin quedarte enganchado y fuera del ejercicio. Cuando
nos iniciamos en técnicas de atención consciente, a la mayoría nos sorprende lo difícil
que resulta permanecer centrado. Por supuesto, la mayoría hemos descubierto algunas
actividades en las que conseguimos mantenernos centrados durante bastante tiempo.
Tales actividades podrían ser: ver películas, leer libros, mantener animadas
conversaciones o practicar algún deporte, algún hobby o alguna actividad creativa. Pero
una vez que uno sale de su zona de seguridad e intenta centrarse en alguna actividad más
difícil - por ejemplo, si está aprendiendo alguna habilidad difícil y complicada, o si intenta
cumplir un plazo, o si tiene que reunirse con alguna persona problemática-, entonces
resulta mucho más arduo.
Cuenta cada respiración que realices, diciendo en silencio el número mientras expulsas el
aire. Una vez que llegues a diez, vuelve al uno y empieza de nuevo. Si en algún
momento pierdes la cuenta, simplemente vuelve a empezar desde el uno.
Te puedes imaginar respirando una luz blanca al inhalar y expulsando nubes negras al
exhalar.
128
Opción 4: Repetir palabras
En silencio, puedes repetir palabras mientras inspiras y espiras. Por ejemplo, puedes
decir lentamente: «inhalando» mientras tomas el aire, y «exhalando» cuando lo expulsas.
O, simplemente, puedes decir: «dentro» y «fuera».
Puedes imaginar un globo en el interior de tu abdomen que, poco a poco, se infla cuando
tomas aire y se desinfla cuando lo expulsas.
•En cualquier momento que necesites matar el tiempo: mientras esperas el autobús,
el tren o el avión, o a que tu pareja acabe de arreglarse, o a que empiece la
película.
Pero por encima de todos estos mini-ejercicios informales, te animo a que organices
un horario de práctica formal. Por ejemplo, la primera semana podrías reservar cinco
minutos dos o tres veces al día para sentarte tranquilamente en algún lugar y practicar la
respiración consciente. Luego, podrías aumentar la duración treinta segundos cada día,
hasta que, en la tercera semana, dedicaras diez minutos dos o tres veces al día.
Piensa que cada período, por pequeño que sea, cuenta. Incluso un solo minuto al día
es mejor que nada. Para ayudarte a consolidar el hábito puedes utilizar recordatorios:
129
¿por qué no pegas un «post-it» en el frigorífico o en el salpicadero del coche que diga:
«Respira», «Comprométete» o «Practica»? También podrías utilizar el ordenador o el
teléfono móvil: programa un recordatorio que aparezca en tu calendario cada día. Otra
opción es colocar una etiqueta llamativa en la correa del reloj o en la cartera o el bolso;
de esta manera, cada vez que mires la hora o abras la cartera o el bolso, verás la etiqueta,
y eso te recordará que has de dedicarle unos minutos a la respiración.
También podrías planificarlo de antemano: si sabes que vas a tener una buena
oportunidad cuando vayas a estar esperando algo, como cuando esperas en la consulta en
el médico, o si tienes que tomar un avión, entonces comprométete antes a pasar al menos
una parte de ese tiempo de espera respirando conscientemente.
La respiración consciente es una práctica útil por derecho propio. Nos permite tomarnos
un tiempo de nuestras atareadas rutinas diarias y, por lo general, nos crea un estado de
descanso que nos permite recargar las baterías y encontrar algo de paz interior. Sin
embargo, me gustaría que lo consideraras como una versátil herramienta de
entrenamiento que te ayuda a comprometerte plenamente en cada tarea significativa de tu
vida. Cuando estés practicando un deporte, creando, escribiendo ese libro, haciendo esa
escultura, pintando ese lienzo, tocando ese instrumento, haciendo el amor, jugando con
tus hijos, bailando en una fiesta, conversando, dando esa confe rencia o negociando ese
acuerdo..., en vez de encender el foco de la respiración, enciende el de la tarea que estés
haciendo; implícate totalmente en la experiencia y deja que tus pensamientos vayan y
vengan como los coches que pasan.
130
131
Oler las rosas
Los ejercicios de este capítulo suponen comprometerse con los cinco sentidos:
darnos cuenta de lo que podemos ver, oír, tocar, saborear y oler. Son para ayudarnos a
desarrollar la habilidad de estar presentes, centrados y absortos en aquello que estemos
haciendo. Como veremos, esta habilidad es esencial si queremos hacer algo bien o
encontrar satisfacción en hacerlo.
De vez en cuando me he topado con personas que tenían «demasiado tiempo en sus
manos», pero debo que decir que tales personas son muy escasas. La mayoría de
nosotros estamos «ocupadísimos». Muchos de mis clientes me dicen que «no tienen
132
tiempo para poner en práctica estas cosas». Por cierto, yo mismo tengo muchas veces
ese mismo pensamiento, pero lo hermoso del adiestramiento en la atención consciente es
que puedes practicarlo en todo momento y lugar. Por supuesto que, si te vas a sentar
para realizar un ejercicio formal como el de respirar conscientemente durante diez
minutos o contemplar diez minutos las «hojas en una corriente», vas a necesitar tiempo
para hacerlo (¡y te animo encarecidamente a que lo hagas!). Pero a lo largo del día hay
toda clase de oportunidades para practicar sin que tengamos que alterar nuestra rutina
diaria. Veamos algunas sugerencias.
Percibe todos los distintos sonidos que se producen, escuchando los cambios de
tono, volumen, timbre y ritmo; el «crescendo» de la tetera al llenarse, el brusco clic de la
clavija de encendido, el murmullo del agua hirviendo, el silbido del vapor al salir, el ruido
sordo del agua hirviendo al verterse en la taza, el chapuzón de la bolsita en el agua y el
ligero e inevitable ruido al añadir azúcar o leche.
Percibe cada uno de los distintos elementos visuales, incluyendo las formas, colores,
texturas, luces y sombras: el fluir del vapor saliendo de la tetera; las brumosas volutas de
dicho vapor que se eleva sobre la taza, la leve ondulación de la superficie en el momento
de hundir la bolsita de té, la oscura corriente de té al difundirse por el agua, las blancas
nubes de leche que se extienden por la superficie...
Percibe todos los movimientos corporales que son necesarios: la interacción que sin
esfuerzo alguno se produce entre hombros, brazos, manos y ojos en el momento de
levantar la tetera, abrir el grifo, volver a colocar la tetera, verter el agua, echar la bolsita,
y demás.
Mientras lo haces, mira si puedes descubrir algo nuevo, algo que antes habías dado
por supuesto. ¿Alguna vez le prestaste atención de verdad a los dibujos del vapor que
133
sale de tu taza o al sonido de la cucharilla tintineando en su interior, o al movimiento de
tu hombro cuando echas introduces la bolsita de té?
Mientras haces todo eso, tu mente intentará engancharte con pensamientos sobre
todas las cosas de tu lista de asuntos pendientes. Deja que esos pensamientos vayan y
vengan, como coches que pasan, e implícate en lo que estás haciendo aquí y ahora. Por
supuesto, de vez en cuando, tu mente intentará hacerse contigo. En el momento en que
te des cuenta de sus maniobras, reconócelo con amabilidad, desengánchate y ocúpate de
nuevo en preparar el té.
¿Hay muchas tareas aburridas, tediosas o triviales en tu vida; cosas que, simplemente,
tienes que hacer para ganarte la vida? ¿Aprietas los dientes y tratas de pasar por ellas lo
más rápido posible? ¿O las haces descuidadamente, conectando el piloto automático? ¿O
procuras hacerlas menos aburridas escuchando la radio o viendo la TV mientras tanto?
Los ejemplos más corrientes podrían ser: el planchado de ropa, fregar los cacharros,
poner el lavavajillas, sacar la basura, hacer la comida de los niños, pasar el aspirador,
poner la lavadora, barrer el suelo, fregar la bañera... y cosas por el estilo. Cualquiera de
esas tareas ofrece oportunidades muy valiosas para desarrollar habilidades de
compromiso y defusión.
¿Recuerdas a Seb, el taxista que tenía miedo de hacer el amor con su mujer? Seb
reconocía que si quería volver a disfrutar de su vida sexual, iba a tener que aprender a
implicarse plenamente en el proceso, en lugar de perderse en sus pensamientos y
sentimientos de ansiedad. Así que decidió poner el lavavajillas como una práctica para
desarrollar la atención consciente. Yo le dije: «La próxima vez que pongas el lavavajillas,
imagina que eres el campeón mundial de la especialidad y que te están filmando y
retransmitiendo en directo para millones de espectadores de todo el mundo». Le pedí que
colocara cada taza, plato, bol, cuchara, cuchillo y tenedor con el máximo cuidado. Que
depositara suavemente cada pieza, advirtiendo el sonido que hacía al ser introducido en
su lugar. Que percibiera los colores y formas que los restos de comida y bebida habían
dejado en cada superficie. Los movimientos de sus hombros, sus brazos y sus manos. Y
le recordé: «Mientras haces todo eso, deja que tu mente parlotee como el sonido de
fondo de una radio; y cuando te quedes enganchado, reconócelo, desengánchate y vuelve
a centrarte».
134
En la siguiente sesión, Seb informó de que lo había puesto en práctica y que, para su
sorpresa, poner el lavavajillas se había convertido en una actividad apasionante, en vez
de ser una ingrata tarea. «No me malinterprete», dijo, «no es que se haya vuelto
divertido. Si tuviera que elegir entre ver un partido de fútbol y poner el lavavajillas, el
fútbol habría ganado sin ninguna duda. Pero es distinto cuando lo hago prestando
atención conscientemente. Es como si me quedara absorto haciéndolo. Es extraño, pero
resulta interesante. Nunca había pensado que poner el lavavajillas pudiera ser
interesante».
Cada día hacemos muchas cosas potencialmente muy agradables. Pero nos falta saber
obtener el máximo disfrute y satisfacción de esas experiencias, porque no estamos
completamente implicados. Las damos por supuesto o las realizamos con el piloto
automático, mientras vamos pensando lo que tenemos que hacer a continuación.
Ejemplos típicos pueden ser: comer, beber, jugar con los niños, acariciar a una mascota,
darse una ducha o abrazar a una persona querida.
Te invito a que practiques la atención consciente cada día o, al menos, a que lleves a
cabo dos experiencias agradables. Si te estás dando una ducha, utiliza tus cinco sentidos
para implicarte en ella: percibe la forma de las gotas en la mampara, las sensaciones del
agua en tu piel, el olor del champú y del jabón y el sonido del spray al salir del
pulverizador.
Cuando estés comiendo, detente un momento antes del primer bocado y percibe los
distintos aromas de los diferen tes ingredientes y los colores, formas y texturas de los
distintos alimentos. Luego, cuando empieces a utilizar los cubiertos, percibe el sonido que
producen y el movimiento de tus manos, brazos y hombros. Y cuando te lleves a la boca
el primer bocado, percibe los sabores y texturas en la boca, como si fueras un gourmet
crítico que nunca hubiera probado una comida como esta anteriormente.
Cuando abraces a una persona a la que ames, percibe las sensaciones en tu cuerpo,
135
la forma en que te posicionas, lo que haces con tus brazos y la reacción en el rostro y el
cuerpo de la otra persona.
Como puedes ver, hay infinidad de formas «rápidas y sencillas» de que las personas
ocupadas desarrollen su atención consciente. Y recuerda que puedes dirigir el cañón de
luz, literalmente, hacia cualquier cosa y ejercitarte en mantenerla enfocada: desde atarte
los zapatos hasta sonarte la nariz; desde contemplar una puesta de sol hasta lavarte la
cabeza; desde cortar el césped hasta rascarte la espalda (lo cual, naturalmente, no
significa que siempre deberías hacerlo).
De modo que invéntate unas cuantas actividades que te resulten apasionantes: desde
reponer conscientemente el contenido del frigorífico hasta subir caminando
conscientemente las escaleras; desde peinarte conscientemente hasta abrir
conscientemente la puerta principal. Recuerda que cada momento de consciencia marca
una diferencia. Cuanto más practiquemos, menos nos encontraremos deambulando
perdidos en medio de...
136
137
El «smog» psicológico
Apenas daba crédito a mis ojos. Iba caminando por el jardín botánico de Melbourne,
pero podía haber sido en cualquier otra parte. Unos minutos antes, estaba rodeado por
unos árboles magníficos. Era de suponer que los árboles no se habían movido, pero ya
no se veía ni rastro de ellos. El «smog» lo había borrado todo.
ELBOURNE es una hermosa ciudad que rara vez se ve afectada por el «smog»,
pero cuando eso ocurre, resulta dramático; y si alguna vez te has quedado atrapado en el
«smog», en la niebla, en medio de una lluvia torrencial, de una ventisca o de una
tormenta de arena, entonces ya sabes lo frustrante que es; resulta difícil llegar adonde
quieres ir cuando no puedes ver con claridad. Pero, al menos, cuando estamos atrapados
por la climatología, sabemos lo que está ocurriendo y podemos modificar nuestro
comportamiento si es necesario. Sin embargo, cuando quedamos atrapados en nuestro
«smog psicológico», la historia es diferente.
138
puedan ser nuestros pensamientos, no son ellos los que crean el «smog» si estamos
defusionados de ellos. Pero cuanto más nos fusionamos con ellos, tanto más espeso es el
«smog» y tanto más perdemos el contacto con el mundo de nuestro entorno. La única
manera de librarse del «smog» es mediante la implicación y la defusión. En el mismo
instante en que nos desenganchamos de esos pensamientos y nos implicamos plenamente
en lo que estamos haciendo, podemos empezar a ver con claridad y emprender una
acción eficaz.
EL «SMOG» DE LA PREOCUPACIÓN
139
Preocuparse no significa tener pensamientos sobre cosas «malas» que podrían ocurrir.
Todos tenemos esos pensamientos, y al igual que cualquier otra clase de «smog
psicológico», los pensamientos en sí mismos no son el problema; el problema es la
fusión. Preocuparse significa fusionarse con tales pensamientos: sostenerlos firmemente y
repasarlos una y otra vez, en vez de dejar que desaparezcan.
A veces mis clientes me dicen: «Yo soy así. Siempre me estoy preocupando; no puedo
evitarlo». Por lo general, les respondo: «Si sigues adelante con esa historia, ¿adónde
crees que te va a llevar?». Es perfectamente natural que tu mente te diga algo de ese
estilo. Nuestra mente tiende a acomodarse a su forma habitual de pensar, y no suele
gustarle hacer cambios. Por tanto, ¿qué tal si dejamos que nuestra mente siga diciendo
que es imposible cambiar y lo intentamos de todas formas, para ver qué pasa?
140
para el futuro o prepararnos eficazmente para la acción frente a los peores escenarios
posibles, entonces el preocuparse no funciona, sencillamente. Por lo general, perjudica la
acción, aumenta los aplazamientos, reduce la motivación y conduce a una pobre toma de
decisiones, mientras que incrementa el estrés y la ansiedad.
Qué puedo hacer para afrontar eficazmente esta situación? ¿Qué acciones podría
emprender que supusieran una diferencia? ¿Dónde podría conseguir ayuda o
consejo?
¿Qué sería lo peor que podría ocurrir? Ysi ocurre, ¿cómo podría hacerle frente?
¿Qué acciones podría emprender o qué ayuda/consejo podría conseguir?
Si puedes emprender una acción eficaz, hazlo. Si no puedes, entonces hazle sitio a tu
malestar, defusiónate de tus preocupaciones y comprométete con alguna cosa que sea
significativa, aquí y ahora.
Muchos parecen pensar que preocuparse por sus problemas es lo mismo que interesarse
por ellos. Pero hay una enorme diferencia: la primero es inútil; lo último, inestimable.
Preocuparse por la salud: darle vueltas inútilmente a historias terroríficas sobre lo que
podría funcionar mal en el propio organismo.
Preocuparse por las finanzas: darle vueltas inútilmente a historias terroríficas sobre el
escaso dinero de que se dispone o cómo podría uno arruinarse, u obsesionarse
creyéndose incapaz de ahorrar.
Interesarse por las finanzas: abrir una cuenta de ahorro, establecer un presupuesto,
consultar a un asesor financiero.
Nuestra mente es como el mayor «cuentacuentos» del mundo, y lo único que quiere es
que le prestemos atención. Y sabe que le prestamos más atención cuando nos cuenta
141
historias de miedo; por eso nunca va a dejar de hacerlo por las buenas. Pero nosotros
podemos aprender a dejar que esos cuentos vengan y vayan sin necesidad de
creérnoslos. Una técnica muy sencilla consiste en darse cuenta y etiquetar: en cuanto nos
damos cuenta de los pensamientos de preocupación, en silencio nos decimos a nosotros
mismos: «Ya está aquí la preocupación otra vez» o, simplemente: «Preocupación». Y si
la preocupación se convierte en un tema recurrente, también podrías probar el «Darle las
gracias a la mente ylo ponerle título a la historia»: «¡Ajá! Aquí está la historia de "voy
derecho a la quiebra". ¡Gracias, mente mía!»; o «¡Ajá! Aquí está la historia del que
siempre pierde la carrera. ¡Gracias, mente!». También la práctica regular de la «hojas en
la corriente» o la respiración consciente son muy eficaces contra la preocupación crónica.
Piensa por un instante: ¿En qué ámbitos de acción te supondría una mayor diferencia
el hecho de tener auténtica confianza? ¿En los deportes, en los negocios, en la vida
142
social, en la creatividad...? Te invito ahora a que elijas uno de esos ámbitos, el que tú
prefieras para empezar por centrarte en él y que pienses en los puntos del «Ciclo de
confianza». Para mejorar lo que haces en ese campo, ¿qué cualidades necesitarías
desarrollar activamente?
En el deporte, por ejemplo, tal vez tendrías que insistir en una determinada técnica,
movimiento o maniobra, como el «swing» en el golf o el servicio en el tenis. En los
negocios, quizá deberías mejorar tus técnicas de presentación, de entrevista o de ventas.
En cuanto a la vida social, puede que debieras mejorar tus chistes o anécdotas, hacer
preguntas más directas o abrirte más a los demás. A la hora de pintar, podría venirte bien
practicar la mezcla de colores, el uso de una cuadrícula o la experimentación con luces y
sombras. Como padre, quizá debieras enfatizar el refuerzo positivo y la asertividad, o tal
vez hacer un esfuerzo por ponerte al nivel de los niños.
Debo confesarlo: muchas veces siento envidia cuando otros consiguen mejores
resultados que yo con (aparentemente) menos esfuerzo, como es el caso del novelista
Iain Banks, que escribe un libro al año y solo le lleva tres meses hacerlo. Sin embargo,
generalmente me desengancho rápidamente del recurso al «no es justo» cuando
reconozco que no me sirve de nada (lo cual no me libra de mi envidia, pero sí me ayuda
a salir del «smog»).
También me resulta útil recordar que a menudo la gente que parece tener «un talento
natural» ya ha practicado mucho más que yo para conseguir llegar adonde han llegado.
Por ejemplo, Tiger Woods empezó a jugar al golf a los dos años, y Mozart empezó a
tocar el piano a los cuatro. Por supuesto que tenían un talento natural en comparación
con los otros niños de su edad, pero en el momento en que empezaron a conseguir
resultados excepcionales en la edad adulta, ya habían practicado durante miles de horas.
143
Como ejemplo más cercano a la realidad, piensa en esos tipos que, socialmente, se
desenvuelven de maravilla. Esas personas, que muchas veces son el alma de los
acontecimientos sociales, no nacieron con lo que llamamos «elocuencia». Lo mismo que
tú y que yo, nacieron sin saber hablar y tuvieron que practicar mucho para llegar adonde
han llegado. Obviamente, la mayoría de ellos no decidieron conscientemente: «voy a
practicar mis dotes de conversador»; lo más probable es que las desarrollaran de manera
espontánea, haciendo justamente lo necesario para desarrollarlas. Y aunque pueden haber
tenido un «talento natural» para las relaciones sociales, ello no altera el hecho de que su
desarrollo requiriera práctica.
Por tanto, si quieres ser un buen conversador, pero «nunca se te ocurre nada
interesante que decir» ni eres precisamente un «cuentacuentos», vas a tener que
practicar contando anécdotas de un modo atractivo. Si quieres ser bueno escribiendo
historias de misterio, entonces vas a tener que insistir en desarrollar argumentos y
personajes, escribir diálogos vivos y crear tensión y conflicto. Si quieres tener un buen
servicio jugando al tenis... bien, ya tienes el cuadro. Se podría escribir un libro con
variaciones de esta frase, pero sería un tanto aburrido; de modo que ¿por qué no llenas
los espacios tú mismo?
Una vez que hayas identificado una habilidad que practicar, el siguiente paso - lo has
adivinado - es hacerlo conscientemente. En otras palabras, convierte esa práctica en una
oportunidad para desarrollar la defusión y el compromiso. Si haces estiramientos antes de
una sesión de entrenamiento, hazlos conscientemente; si estás repasando las respuestas
para una entrevista, hazlo conscientemente; si estás afinando tu instrumento, hazlo
conscientemente... El hacerlo así tiene, como mínimo, tres efectos beneficiosos:
144
pueden darse al mismo tiempo: la atención consciente implica prestar atención con
apertura y curiosidad a lo que está ocurriendo; el aburrimiento implica falta de atención a
lo que está ocurriendo y falta de curiosidad.
El tercer beneficio es que esta forma de abordarlo facilita el camino para conseguir
resultados óptimos. Si quieres conseguir los mejores resultados en cualquier aspecto -
como hombre de negocios, como padre, como compañero, como deportista, como
intérprete, como artista como amante...-, entonces no sólo necesitarás tener las debidas
cualidades, sino también la capacidad de permanecer centrado e implicado en aquello que
estés haciendo.
•¿En qué medida vas a practicarlas? (especifica cuándo, dónde y durante cuánto
tiempo)
Y, por favor, no creas lo que he dicho acerca de los beneficios por el hecho de que
yo lo diga; pruébalo por ti mismo y lo comprobarás.
Podría ocurrir perfectamente que no tuvieras problema alguno con tus niveles de
habilidad. Por ejemplo, las investigaciones muestran que la mayoría de las personas que
padecen una significativa ansiedad social no carecen de habilidades sociales;
simplemente, se fusionan con el dichoso cuento de que resultan aburridas, sosas o
indeseables, o se limitan a decir algo estúpido, fastidioso o inconveniente. De la misma
manera, las personas que padecen el «síndrome del impostor» no tienen déficit alguno de
145
habilidades; simplemente, se fusionan con el argumento de que uno es un fraude, un
engaño o un impostor. Sin embargo, aunque sea este el caso, siempre hay lugar para
mejorar las habilidades importantes. Como señalaba Tiger Woods: «No importa lo bien
que lo hagas; siempre puedes hacerlo mejor. Y eso es lo emocionante». Así que, por
favor, elige una cualidad relevante, por lo menos, y comprométete a practicarla
conscientemente, como sugeríamos antes.
Me atrevo a predecir que, llegados a este punto del libro, muchos lectores estarán
practicando entusiasmados sus habilidades de atención consciente y cosechando los
oportunos beneficios. Otros muchos estarán leyendo el libro, pero en real¡ dad no estarán
practicando los ejercicios, porque se quedarán enganchados una y otra vez en
pensamientos tales como: «es demasiado difícil», «ya lo haré luego», «no tengo
energía», «no quiero tomarme la molestia», «no tendría que hacer esto»... y multitud de
variedades distintas de razonamientos. Sin embargo, en la siguiente sección del libro
vamos a echar un vistazo a la auto-motivación, una habilidad fundamental para ganar en
el juego de la confianza.
146
147
¿QUÉ ES LO QUE TE MOTIVA?
148
149
Repostar
«Durante mi vida, me he entregado a esta lucha del pueblo africano. He luchado contra
la dominación de los blancos y he luchado contra la dominación de los negros. He
perseguido el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas
vivieran juntas en armonía y con las mismas oportunidades. Es un ideal por el que espero
vivir y que espero alcanzar. Pero, si fuera necesario, es un ideal por el que estoy
preparado para morir».
-Nelson Mandela
A cita anterior es la declaración final del infame proceso de Rivonia, sobre el que
el gobierno de Sudáfrica tenía grandes expectativas: querían imponer la pena de muerte a
Mandela y a otros líderes del movimiento por la democracia. Sin embargo, debido a las
protestas internacionales y a las sanciones contra Sudáfrica, cedieron y, en su lugar, lo
condenaron a una fuerte pena de prisión.
150
También estudió Afrikaans, el lenguaje de los blancos sudafricanos, y aprovechó
cualquier oportunidad para discutir sobre política sudafricana y sobre historia con los
guardianes blancos. Esto le brindó un buen conocimiento de las actitudes y el sistema de
creencias de la minoría blanca «Boer» lo cual le resultaría más tarde de gran valor,
cuando tuvo que negociar una nueva constitución para Sudáfrica. Y en sus últimos años
en la cárcel, cuando las condiciones eran un poco mejores, incluso llegó a graduarse en
derecho por correspondencia.
¿Y qué tiene que ver todo esto con la confianza? Para contestar a esta pregunta
necesitamos revisar valores y metas.
1. Los valores nos proporcionan inspiración y motivación para perseverar; para hacer lo
que hay que hacer aun cuando las cosas se pongan difíciles.
Si nuestros objetivos son a largo plazo, o muy difíciles, o hay grandes obstáculos en
el camino, entonces, sin unos va lores que nos mantengan motivados, muchas veces nos
vamos a quedar sin fuelle antes de alcanzarlos. Los valores de Mandela lo mantuvieron a
lo largo de toda una vida de miedo, angustia y descorazonamiento; sin ellos, nunca habría
alcanzado lo que logró.
Los valores son como una brújula: nos orientan en nuestro viaje, nos señalan la
dirección y nos mantienen en el rumbo. Si perseguimos objetivos que no se corresponden
con nuestros valores esenciales, ello casi siempre nos conducirá a la decepción y a la
insatisfacción. Pero si utilizamos nuestros valores para establecer objetivos
personalmente valiosos, ocurre todo lo contrario.
3. Los valores nos dan satisfacción a medida que avanzamos hacia nuestros objetivos.
151
conseguir finalmente su objetivo. Pero él fue capaz de encontrar satisfacciones a lo largo
del camino, viviendo continuamente de acuerdo con sus valores. Él sabía que cada paso
que daba hacia su objetivo significaba algo - sabía que estaba haciendo algo significativo
para su vida-, y eso le procuraba una sensación de realización y satisfacción.
Tal como Mandela escribe en su autobiografía, «hay victorias cuya gloria radica en el
hecho de que solo son conocidas por quienes las han ganado. Esto es especialmente
cierto en la cárcel, donde uno puede encontrar consuelo en el hecho de ser leal a los
propios ideales, aun cuando nadie más lo sepa».
Uno de los temas más recurrentes en este libro es el de la «práctica». Ya hemos señalado
en distintas ocasiones que no podemos esperar sentirnos confiados en ninguna actividad
mientras no hayamos desarrollado las habilidades necesarias. Y no podemos desarrollar
esas habilidades a menos que las practiquemos. También necesitamos desarrollar la
capacidad de percibir de manera consciente, de tal forma que podamos implicarnos
totalmente en aquello que estemos haciendo y defusionarnos de procesos de pensamiento
inútiles, como la preocupación, el perfeccionismo y las dudas sobre nosotros mismos. Y,
obviamente, esto requiere práctica.
Lamentablemente, es mucho más fácil hablar de práctica que practicar. ¿Por qué?
Porque la práctica activa pensamientos y sentimientos incómodos. Incluso el pensar en
ello nos hace muchas veces sentirnos incómodos, cosa que no nos gusta nada a los seres
humanos. Entonces, ¿qué solemos hacer? Para evitar el malestar no realizamos las
prácticas. O bien las diferimos para más tarde o buscamos razones para no practicar.
Pero hay un problema. Porque a todos nos gusta tener sentimientos agradables,
hacemos lo que podemos para evitar o librarnos de los desagradables. Y esto se convierte
muy fácilmente en un hábito. Y entonces empezamos a tomar decisiones inviables:
hacemos lo que nos causa menor malestar a corto plazo, en lugar de hacer lo que nos
supone una realización a largo plazo.
Los psicólogos han inventado un nombre para este fenómeno. Lo llaman «evitación
152
experiencial». La evitación experiencial significa que uno procura con todas sus fuerzas
evitar o librarse de los pensamientos y sentimientos indeseables. Pues bien, todos somos
«evitadores experienciales» hasta cierto punto. No conozco a nadie a quien le guste tener
pensamientos y sentimientos desagradables y que nunca intente librarse de ellos. Pero
cuanto menos dispuestos estamos a darle cabida al malestar, peor calidad de vida
tenemos. Por cierto, niveles elevados de evitación experiencial guardan relación directa
con un bajo rendimiento, un aumento del estrés y un mayor riesgo de depresión y
ansiedad.
¿Por qué sucede esto? Porque cuanto más intentamos evitar el malestar, tanto más
basamos nuestras acciones en cómo nos sentimos, en vez de hacerlo en lo que es más
importante en nuestra vida. En otras palabras, evitamos hacer las cosas que son
importantes y enriquecen nuestra vida, porque no estamos dispuestos a dar cabida a los
pensamientos y sentimientos molestos que puedan aparecer. Y cuantas más acciones
emprendamos para aliviar el malestar a corto plazo, en vez de hacer aquello que podría
enriquecer nuestra vida a largo plazo, tanto más empequeñecidas y vacías tenderán a
estar nuestras vidas. A esto solemos llamarle «vivir en la zona de seguridad».
Veamos un ejemplo sencillo de evitación experiencial: al leer este libro ¿te has saltado
algún ejercicio? Si es así, ¿por qué lo hiciste? Tu mente podría haber intentado justificar
esta decisión diciéndote que el ejercicio no era importante o que ya lo harías más tarde.
Pero ¿no sucedió en realidad que, cuando pensaste hacerlo, sentiste cierto malestar? Y
cuando decidiste saltártelo ¿no sentiste cierto alivio? Si así fue, la evitación experiencial
ha estado dictándote tus decisiones.
153
que no se puede mantener a largo plazo.
LA BRÚJULA INTERIOR
Como mencionábamos en el capítulo 1, nuestros valores son como una brújula: nos
proporcionan una dirección, guían nuestro viaje y nos ayudan a mantener el rumbo.
Nuestros objetivos son las cosas que queremos llevar a cabo a lo largo del camino: cruzar
aquel río, escalar aquella montaña, visitar aquel castillo o deslizarnos esquiando por
aquella ladera.
Fíjate que en los dos ejemplos anteriores puedes vivir con esos valores cada uno de
los pasos hacia tus objetivos. Aun cuando nunca alcanzaras el objetivo de formar un
equipo y escalar el Everest, aun así, podrías vivir siguiendo esos valores subyacentes -
valor, persistencia, crecimiento personal, apertura mental, flexibilidad, responsabilidad y
demás - y encon trarías una satisfacción plena al hacerlo (por supuesto, te sentirías
decepcionado si no consiguieras tus objetivos, pero al menos tendrías la satisfacción de
saber que has sido fiel a ti mismo, que has vivido de acuerdo con tus ideales y te has
comportado como la clase de persona que querías ser).
154
otro modo te comportarías partiendo de esa base. En los próximos capítulos vamos a
repasar estas cuestiones. Tus respuestas son de vital importancia, porque hasta ahora
probablemente te hayas sentido atrapado en el «vacío de confianza»: esperando hasta el
día en que te sientas lo bastante confiado para empezar a hacer lo que realmente te
importa. Y ya hemos visto cómo esa es una receta para el descontento: nuestra vida se
queda en suspenso, y nos perdemos toda clase de oportunidades. Para ganar el juego de
la confianza tenemos que jugar según la regla de oro:
Regla 1: Los actos de confianza son lo primero; los sentimientos de confianza vienen
después
A esto es a lo que vamos a referirnos en los capítulos siguientes. En primer lugar, vas a
clarificar tus valores y objetivos y vas a asegurarte de que están sincronizados; que tus
objetivos están en la línea de tus valores. Luego vas a desglosar esos objetivos en actos.
A continuación, vas a emprender esas acciones conscientemente: implicándote
plenamente en lo que haces y desenganchándote de historias inútiles. A medida que lo
hagas, estarás actuando con confianza: apoyándote en ti mismo y sabiendo que haces lo
que realmente importa. Finalmente, a medida que lo vayas haciendo mejor y te vayas
defusionando mejor de las dudas sobre ti mismo y el perfeccionismo, es probable que
empieces a notar que los sentimientos de confianza empiezan a hacer su aparición.
Ahora bien, en algún momento del proceso, casi con toda seguridad te vas a quedar
bloqueado. Aparecerán sentimientos de miedo y ansiedad y, muy probablemente,
lucharás contra ellos. Afortunadamente, eso no va a ser un problema. Una vez que te des
cuenta de lo que ha sucedido, puedes utilizar la habilidad de percepción consciente
llamada «expansión» para dejar de luchar con tus sentimientos y manejarlos con mayor
eficacia. De eso trata la Cuarta Parte del libro. Pero, dado que, de momento, estamos en
la Tercera Parte, echemos...
Hay muchas formas distintas de clarificar nuestros valores centrales, y el ejercicio que
viene a continuación está inspirado en otro muy parecido del libro Curious, de Todd
Kashdan. Más adelante verás una lista de los valores más comunes. No todos van a ser
importantes para ti. Has de tener muy claro que no existe nada parecido a un valor
«correcto» o «incorrecto». Es algo semejante a lo que ocurre con las pizzas. Si tú la
prefieres de jamón y piña, pero a mí me gusta más de salami y aceitunas, eso no significa
que mi gusto para las pizzas sea correcto y el tuyo sea incorrecto. Tan solo significa que
155
tenemos gustos distintos. De modo semejante, podemos tener distintos valores. Lee la
lista que viene a continuación y anota unas letras al lado de cada valor: MI = muy
importante; BI = bastante importante; NI = no tan importante; y asegúrate de marcar al
menos diez como muy importantes (si no quieres escribir en el libro, puedes descargar un
archivo pdf de «free resources» en www.thehappinesstrap.co.uk)
Mientras realizas el ejercicio, observa lo que hace tu mente. Por ejemplo, si marcas
un valor como muy importante, pero en la actualidad no te estás comportando de un
modo muy coherente con tal valor, es probable que tu mente se plante y te diga: ¿A quién
quieres engañar?
VALORES COMUNES
3.Amor: obrar amorosamente o con cariño para conmigo mismo y con los demás.
4.Apertura de mente: pensar y ver las cosas desde el punto de vista de los demás y
sopesar las evidencias con imparcialidad.
5.Apoyo: servir de apoyo, ayudar, animar y estar disponible para mí mismo y para
los demás.
156
12. Aventura: ser aventurero; buscar activamente, crear o explorar experiencias
nuevas o estimulantes.
17.Contribución: ayudar o hacer una aportación positiva para mí mismo o para los
demás
24.Curiosidad: tener una mente abierta e interesarme por las cosas; explorar y
descubrir.
157
31.Flexibilidad: ajustarme y adaptarme rápidamente a las circunstancias.
34.Honestidad: ser honesto, veraz y sincero conmigo mismo y con los demás.
36.Humildad: ser humilde o modesto; dejar que mis logros hablen por sí mismos.
42.Libertad: vivir libremente; elegir cómo vivo y actúo, o ayudar a los demás a hacer
lo mismo.
158
51.Respeto: ser respetuoso conmigo mismo y con los demás; ser educado,
considerado y mantener una consideración positiva.
56.Sensualidad: crear, explorar y disfrutar las experiencias que estimulan los sentidos.
58.Valor: ser valiente, resistir frente al miedo, las amenazas o las dificultades.
Una vez que hayas marcado cada valor como MI, BI o NI (muy, poco o no tan
importante), repasa todos los valores y señala los seis que sean más importante para ti.
Puntúa cada uno con un 6 para indicar que está en tu lista de «los 6 principales».
¿Qué te ha revelado este ejercicio sobre la clase de persona que quieres ser, de qué modo
quieres tratar a los demás y lo que quieres que represente tu vida? (si aún no has hecho
el ejercicio, ¿qué es lo que te detiene?; ¿te has quedado enganchado en el «lo haré
luego» o el «no quiero tomarme la molestia?», o surgió algún sentimiento desagradable
del que querías librarte?; ¿estás dispuesto a volver atrás y hacerlo, aun cuando te haga
sentir mal y tu mente te esté dando unas cuantas razones, aparentemente válidas, para no
hacerlo?)
159
También en el primer capítulo presentábamos a Alexis, una madre de veintiocho
años con dos niños que decía que le gustaría ser más asertiva con su dominante e
hipercrítica suegra. Uno de sus valores centrales era el valor, y ciertamente ella actuaba
según este valor en muchos aspectos de su vida. Por ejemplo, Alexis era enfermera y,
antes de serlo a tiempo completo, había viajado por todo el mundo y trabajado en
hospitales de campaña en zonas de África azotadas por la guerra. Pero cuando tuvo que
enfrentarse a su autoritaria suegra, perdió todo su valor y se encogió frente a ese desafío.
Ahora te invito a hacer otro ejercicio rápido: dale la vuelta al libro, toma un pedazo
de papel y escribe esos seis valores principales más importantes. Durante los próximos
meses, llévalos contigo en tu cartera o monedero y sácalos a menudo para reflexionar
sobre ellos. Cuanto más en con tacto estés con tus valores centrales, tanta más
inspiración y guía obtendrás de ellos.
UN MENSAJE IMPORTANTE
Ten mucho cuidado, por favor, de no hacer de tus valores reglas rígidas tales como:
«tengo que ser valiente siempre». Si tu mente utiliza palabras como «debería», «tengo
que», «debo, «correcto», «equivocado»..., entonces es que no te está recordando tus
valores; te está imponiendo su ley. Hay una gran diferencia entre valores y reglas. Por
ejemplo: «No matarás» no es un valor; es una regla rígida (nada menos que un
160
mandamiento). Cuando éramos niños, los adultos nos decían que, si seguíamos esta
regla, éramos «buenos», y si no, éramos «malos». Pero los valores que subyacen a esa
rígida regla son el cuidado y el respeto por la vida humana. Y hay muchas maneras
distintas de obrar de acuerdo con esos valores (date cuenta, por favor, de que no estoy
insinuando, ni por asomo, que esté bien el quebrantar esa regla; simplemente, estoy
mostrando la diferencia entre reglas y valores).
El psicólogo John Forsyth compara nuestros valores con un cubo que cambia
constantemente de posición. No importa en qué posición esté: nunca podremos ver todas
las caras del cubo a la vez; unas quedarán ante nuestros ojos, y otras en la parte de atrás
del objeto. Pero no es las caras que no vemos hayan dejado de existir; es tan solo que no
están visibles. De manera semejante, en un momento dado, algunos valores son
prominentes, mientras que otros no lo son. No es que los valores que no estamos
poniendo en juego hayan desaparecido; es tan solo que en ese momento no son
prioritarios.
La importancia relativa que damos a nuestros valores suele cambiar mucho a lo largo
de la vida. Por ejemplo, proteger a tus hijos es, probablemente, tu valor más prioritario
mientras ellos son jóvenes, vulnerables e indefensos. Pero cuando lleguen a la madurez y
tengan su propia familia, este valor, si no ha desaparecido, es probable que ocupe un
lugar menos destacado. Lo cual significa que, si vuelves al ejercicio anterior dentro de un
año, tal vez te encuentres con que algunos de los valores que habías marcado como «no
tan importantes» se han convertido en «bastante importantes» o «muy importantes», y
viceversa; y tu lista de los seis principales puede haber cambiado sustancialmente (por
otra parte, también es posible que no cambien en absoluto; la experiencia de cada uno es
única).
Un aviso: ten cuidado con los anzuelos del perfeccionismo, al estilo de «tengo que
161
vivir mi vida siempre se acuerdo con mis valores». Uno no tiene que hacer nada de eso.
Los valores son, simplemente, palabras que expresan el modo ideal en que uno quiere
comportarse. No tienes que actuar conforme a ellos; es una elección personal. En ACT
te animamos a utilizar tus valores como guía, porque ello, generalmente, lleva a la
realización y a la vitalidad; pero no queremos que lo conviertas en un conjunto de reglas
rígidas que controlen tu vida. Steve Hayes, el creador de la ACT, tiene una manera muy
expresiva de decirlo y que nos da la ocasión de formular la quinta regla del juego de la
confianza:
Regla 5: Afirma tus valores con suavidad, pero persíguelos con firmeza.
Seguir esta regla de modo flexible y consciente (en oposición a «de manera rígida y
automática») nos permitirá librarnos de...
162
163
La trampa del éxito
UANDO oyes decir de alguien que «tiene mucho éxito» o que «ha triunfado por sí
mismo», ¿qué es lo que te evoca? Por lo general, nuestra sociedad define el éxito en
términos de consecución de objetivos: fama, salud, estatus y respeto; una buena casa, un
coche de lujo, un trabajo de prestigio, un gran sueldo... Cuando alguien consigue esas
cosas, nuestra sociedad tiende a etiquetarlo como «persona de éxito». Pero si asumimos
esa noción popular de lo que es el éxito, estaremos preparándonos para recibir una buena
dosis de sufrimiento innecesario.
¿Cómo puede ser eso? La verdad es que esta forma de concebir el éxito nos mete de
lleno en la vida «centrada en objetivos», en la que siempre vamos a estar luchando por
alcanzar el objetivo siguiente. Podemos esforzarnos por conseguir más dinero, una casa
más grande, un mejor vecindario, una ropa más elegante, un cuerpo más estilizado, unos
músculos más desarrollados, más estatus, más fama, más respeto, etc. Podemos
esforzarnos por ganar tal partido o torneo, por realizar tal operación financiera, por
conseguir tal ascenso, por firmar tal contrato, por encontrar una pareja más atractiva, por
comprar un coche más elegante, por conseguir tal diploma o tal grado universitario... Y la
ilusión siempre es: «cuando consiga esa meta, habré alcanzado el éxito».
Hay, como mínimo, tres grandes problemas asociados al hecho de ir por la vida de
esta manera, En primer lugar, no garantía alguna de que vayas a conseguir esas metas, o
tal vez estén tan lejanas que no conseguirás más que sentirte crónicamente frustrado y
decepcionado. En segundo lugar, aun en el caso de que los alcances, tales objetivos no
van a proporcionarte una felicidad duradera; normalmente, te brindarán un breve
momento de placer, satisfacción o alegría, y a continuación empezarás a centrarte en el
siguiente objetivo. En tercer lugar, esta forma de concebir el éxito te va a someter a una
presión tremenda, porque vas a tener que estar luchando sin cesar para mantenerla. En la
medida en que consigas esos objetivos, entonces serás una «persona de éxito», un
«ganador», una persona «brillante», un «campeón»; pero en cuanto no lo consigas,
dejarás de ser una persona de éxito y pasarás a ser un «ex», un «fracasado», un
«perdedor».
164
Este concepto popular del éxito es lo que genera el trillado problema de la «baja
autoestima». La baja autoestima es muy frecuente entre los profesionales altamente
cotizados. Estos «brillantes ganadores» suelen crear una imagen de sí mismos muy
positiva, basada en sus resultados. Mientras los resultados son buenos, su autoestima es
alta; pero en cuanto los resultados empeoran, su autoestima se desmorona: de «ganador»
a «perdedor»; de «triunfador» a «fracasado».
Si nuestra vida se rige por esta definición de éxito, estamos condenados al estrés y a
la zozobra (con tan solo breves momentos de disfrute cuando alcanzamos un objetivo).
Por eso te invito a pensar en una definición totalmente distinta: El verdadero éxito
consiste en vivir de acuerdo con tus valores.
Esta definición hace que nuestra vida se vuelva mucho más sencilla. ¿Por qué?
Porque en cualquier momento podemos actuar de acuerdo con nuestros valores, aun
cuando los hayamos descuidado durante años: ¡Voilá! ¡Éxito instantáneo!
Este concepto es especialmente útil si tus objetivos son a largo plazo: no necesitas
esperar hasta conseguirlos; puedes tener éxito justamente ahora, viviendo de acuerdo con
tus propios valores. Imagina que quieres cambiar de carrera y hacerte cirujano cardíaco.
Vas a necesitar, como mínimo, diez años para alcanzar esa meta. Demasiado tiempo.
Pero supón que el valor central que sostiene tal objetivo fuera «ayudar a los demás»:
podrías actuar con éxito de acuerdo con ese valor una y otra vez, todos los días durante
el resto de tu vida, aun cuando nunca consigas llegar a ser cirujano cardíaco.
Piensa en esta cita de Martin Luther King, Jr: «Sueño que mis cuatro hijos vivirán un
día en un país en el que no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de
su personalidad». La cita forma parte del famoso discurso que pronunció en las escaleras
del Lincoln Memorial, Washington DC, ante una multitud de 200.000 manifestantes en
favor de los derechos civiles el 28 de agosto de 1963. Según la idea popular de que «el
éxito consiste en conseguir los objetivos propuestos», Martin Luther King no tuvo éxito.
No consiguió su objetivo de igualdad de derechos para las gentes de todas las razas. Y,
sin embargo, lo recordamos, lo admiramos y lo respetamos. ¿Por qué? Porque luchó por
algo en función de lo que vivía: ¡por sus valores!
Cuando vivir de acuerdo con los propios valores se convierte en la definición del
éxito, entonces resulta que podemos tener éxito ahora mismo. Todo lo que tenemos que
hacer es eso: actuar de acuerdo nuestros valores. Desde esta perspectiva, la madre que
renuncia a su carrera para poner en práctica sus valores de criar y proteger a sus hijos,
165
tiene más éxito que el director ejecutivo que gana millones pero descuida por completo
sus valores a la hora de estar disponible para sus hijos. Albert Einstein lo expresó de esta
manera: «No trates de ser una persona de éxito; procura más bien ser una persona de
valores». Y Helen Keller lo dijo así: «Estoy deseando llevar a cabo una gran tarea, pero
mi deber principal es realizar tareas pequeñas como si fueran grandes y nobles».
Entonces, la próxima vez que tu mente empiece a martirizarte por no tener bastante
éxito, prueba a decirle: «¡Gracias, mente mía!» Y luego pregúntate a ti mismo: «¿Qué
pequeña cosa podría hacer ahora mismo que fuera coherente con mis valores?» Y
entonces hazlo: ¡éxito inmediato!
VIAJE Y DESTINO
Regla 6: El verdadero éxito consiste en vivir de acuerdo con los propios valores.
Aplicar esta regla no significa que renunciemos a nuestras metas. Significa que utilizamos
nuestros valores para establecer las metas y perseverar en nuestro camino hacia ellas. A
menudo escucho que la gente dice: «Lo que importa es el viaje, no el destino». Pero yo
no estoy de acuerdo. El destino es importante: un viaje de Nueva York a París no es lo
mismo que un viaje de Nueva York a Shanghai. Pero la clave es esta: lo único que
tenemos en cada momento es el viaje en sí, porque en el momento en que alcancemos
nuestro destino, ya deja de ser nuestro destino. En el momento en que uno llega a París,
ya está en París; y en el siguiente segundo empieza un nuevo viaje con un nuevo destino:
el hotel en el que uno se va a alojar. Entonces, ¿por qué no apreciar cada momento del
viaje, en lugar de centrarse únicamente en el destino?
Tal vez estés más familiarizado con este concepto en términos de «proceso» y
«resultado». «Proceso» es la manera de actuar para conseguir algo. «Resultado» es lo
que se obtiene con lo que se hace. Si uno quiere desarrollar una verdadera confianza,
rendir al máximo y obtener la máxima satisfacción en lo que hace, necesita
comprometerse con el proceso, implicarse completamente en él y olvidarse del resultado.
Una vez más, eso no significa renunciar a la meta; sencillamente, significa cambiar el
foco: en vez de obsesionarse con el resultado, tiene uno que apasionarse con el proceso;
con dar el máximo y hacerlo lo mejor posible.
166
cuadro una vez acabado; es decir, obsesionada con el resultado. Así que le pregunté qué
podía sacar en limpio del proceso, aun cuando el resultado final no fuera el que ella
pretendía. Ginny vio que podía aprender a usar los colores, los tonos, las luces y la
composición, así como a crear diferentes texturas con el pincel. Entonces le pregunté qué
valores quería poner en juego en cada momento del proceso de pintar. Ella identificó
«aprender» y «ser creativa». Por último, le pedí que volviera a su pintura y que se
apasionara con el proceso: que lo tomara como una oportunidad de aprender nuevas
habilidades y de ser creativa. Ginny descubrió enseguida que cuanto más se implicaba en
el proceso y se distanciaba del resultado, tanto más gratificante le resultaba la
experiencia. Pronto fue capaz de disfrutar de la pintura sin preocuparse por el resultado
final. Y, paradójicamente, ¡sus cuadros resultaron mucho mejores!
Hank y Jake son dos montañeros apasionados por la escalada; los dos son igual de
buenos, pero tienen actitudes muy distintas con respecto a dicha escalada.
Hank se centra por completo en la meta. Lo único que le importa es alcanzar la cima
de la montaña lo antes posible. En cada paso que da, lo único que le importa es alcanzar
la cumbre. Está tan concentrado en subir a la cima que difícilmente tolera tener que
efectuar una parada para descansar. Y cuando se obliga a sí mismo a tomarse un
descanso, no puede dejar de pensar en el tic-tac del reloj y en lo mucho que le falta
todavía. Mientras escala, apenas experimenta alegría o satisfacción; siempre está
presionándose a sí mismo para llegar a la cima y diciéndose continuamente que aún no
ha llegado.
167
sus habilidades, apreciar la naturaleza, actuar con valor, plantearse un reto, ejercitar su
cuerpo, explorar y aventurarse. Mientras escala, va saboreando cada momento del
ascenso. Él no está pensando continuamente en la cima ni se deja presionar por el deseo
de llegar; él vive el presente, implicándose plenamente en lo que está haciendo. Con
independencia del punto de la montaña en que se encuentre - la base, la parte central o la
cima-, está actuando de acuerdo con sus valores. Cuando efectúa la primera parada,
contempla el paisaje y observa lo lejos que ha llegado. Cuando alcanza la cima, se llena
de júbilo: la vista es impresionante. Y tanto en el ascenso como en el descenso, él
saborea cada momento del viaje.
Esa es la diferencia entre una vida centrada en valores y una vida centrada en
objetivos. Jake consigue alcanzar sus objetivos y valorar cada paso del camino. Y aun
cuando no alcance su meta, aún puede sentir una enorme satisfacción en el hecho de
vivir de acuerdo con sus valores.
Los valores son algo maravilloso. No sólo nos proporcionan la manera de obtener un
éxito inmediato, sino que además funcionan como una especie de...
168
169
Pegamento mágico
El Tiktaalik tiene una cabeza plana con unos dientes muy afilados, muy parecida a la
cabeza de un cocodrilo. También tiene escamas y aletas, como los peces. Sin embargo,
no es ni un reptil ni un pez. Shubin había descubierto un «eslabón perdido»: una criatura
que representa un estadio evolutivo intermedio entre los peces y los reptiles.
Así estuvo durante varias semanas, hasta que Shubin tuvo una brillante idea: en lugar
de ir solo, acompañaría al jefe del equipo, Chuck Schaff. De ese modo, cada día a partir
de entonces, mientras rastreaban juntos el desierto, Shubin trataba de indagar en la mente
170
de Schaff en busca de consejos útiles. Desafortunadamente, aunque Schaff se mostraba
increíblemente cooperativo y proporcionaba a Shubin un auténtico filón de información,
a este no parecía servirle de excesiva ayuda.
Lo que Schaff aconsejaba incansablemente era «buscar algo distinto», algo que
tuviera una textura diferente de la de la roca, una superficie distinta, una forma diversa,
un modo diferente de brillar a la luz del sol.
Hasta que un día, muchas semanas después, Shubin descubrió al fin su primer trozo
de diente que brillaba a la luz del sol encima de un montón de rocas de arenisca. Podía
verlo tan claro como la luz del día. Por fin, había conseguido adiestrar sus ojos para
hacer lo que quería; ahora podía percibir la diferencia entre la roca y el hueso. Así lo
describe él: «De pronto, el desierto estalló en huesos». Donde antes no podía ver nada
más que rocas, había ahora pequeños fragmentos fó siles por todas partes. Era como si le
hubieran dado «un nuevo par de gafas especiales y como si un reflector estuviera
iluminando cada uno de los pedazos de hueso». A partir de aquel día, Shubin siempre
regresaba cargado de fósiles.
EL PEGAMENTO MÁGICO
Nuestros valores con como un pegamento mágico: ensamblan las más pequeñas acciones
con los mayores objetivos a largo plazo. Los valores de Shubin incluían la exploración, la
curiosidad, la aventura, la perseverancia, la resistencia, el compromiso, el aprendizaje de
nuevas habilidades y el desafiarse a sí mismo. Esos valores se amalgamaban unos con
otros cada segundo, cada día de cada semana, mientras él seguía buscando, en vano,
fósiles por el desierto. Día tras día, fracasaba en su intento de alcanzar la meta, pero
vivía de acuerdo con sus valores y, a pesar de su sonrojo y su decepción, tuvo la
satisfacción de hacer algo significativo para él. De este modo, un día alcanzó su meta. Y
171
aunque no se trataba más que de un pequeño fragmento de diente, para Shubin fue algo
«tan glorioso como el mayor de los dinosaurios en las salas de cualquier museo».
Pero eso nunca habría ocurrido sin un compromiso con la acción. Únicamente
dedicando su tiempo a rebuscar por el desierto, consiguió desarrollar esa «vista de
buscador de fósiles». Y los mismos valores le acompañaron en su trayectoria desde el
primer fragmento de diente en el desierto de Arizona hasta el descubrimiento del
Tiktaalik muchos años después.
Echemos ahora un vistazo a tu vida para ver si podemos preparar una buena dosis de
pegamento mágico. Para los ejercicios que vienen a continuación, vamos a dividir tu vida
en cuatro áreas: amor, trabajo, diversión y salud. El sector del amor se refiere a todo el
tiempo y el esfuerzo que dedicas a tus relaciones más íntimas: hijos, padres, pareja y
parientes o amigos más próximos. El sector de la diversión se refiere a todo el tiempo y
esfuerzo que dedicas a descansar y relajarte, a tus hobbies, a tu creatividad, a todo tipo
de deportes, ocio y entretenimien to. El sector del trabajo se refiere a todo el tiempo y
esfuerzo que dedicas al trabajo remunerado, al que no es remunerado (como el
voluntariado o los trabajos domésticos) y al estudio, la educación y el aprendizaje. El
sector salud se refiere a todo el tiempo y esfuerzo que dedicas a cuidar de tu salud física,
psíquica y emocional o a la salud y el bienestar espiritual.
Esta división es arbitraria, y tú puedes decidir con mayor precisión qué es lo que se
incluye en cada apartado. Por ejemplo, si estás haciendo un curso por puro
entretenimiento, más que para mejorar en tu trabajo, podrías considerarlo «diversión»,
en lugar de «trabajo». Si tus principales ingresos provienen de jugar al fútbol, podrías
clasificarlo como «trabajo», en lugar de «diversión». Ahora, para encontrar el pegamento
para esos ámbitos vamos a necesitar dar cabida a la lectura de la mente.
Quiero que imagines que yo he inventado un asombroso aparato que te permite leer la
mente de cualquier persona del mundo. Te conecto a la máquina y giro el dial. De
pronto, aparece una imagen en la pantalla. Es la imagen de alguien muy importante para
ti en el terreno del amor. Detente por unos momentos y evoca una imagen de esa
persona.
Ahora acciono una palanca, y de pronto te encuentras leyendo la mente de esa persona,
la cual resulta que está precisamente pensando en ti. Está pensando en tu carácter: en las
172
virtudes y cualidades personales que posees y en lo que suponen para dicha persona, así
como en el papel que tú has desempeñado en su vida. No está pensando en las metas
que has alcanzado, sino en la clase de persona que tú eres y en lo que tú representas en
la vida. Y me gustaría que ahora imaginaras, si los sueños pudieran hacerse realidad, qué
te gustaría que estuviera pensando esa persona.
Nota: este es un ejercicio de imaginación; una fantasía para ayudarte a descubrir tus
valores. No se trata de que adivines de manera realista lo que esa persona podría estar
pensando en realidad; estás fantaseando acerca de lo que te gustaría que pensara si
pudiera producirse la magia. De manera que, por favor, cierra tus ojos o fíjalos en un
punto, y tómate un par de minutos para imaginar ese escenario. ¿Qué te gustaría que
estuviera pensando acerca de ti?
Ahora escoge a otra persona que sea importante para ti en el mundo del trabajo e imagina
un escenario semejante al anterior. Esa persona aparece en la pantalla, y tú sintonizas con
sus pensamientos. Ella está pensando en tu carácter, en lo que significas para ella y en el
papel que desempeñas en su vida. Cierra los ojos de nuevo y activa tu fantasía durante
un par de minutos. Imagina: si los sueños pudieran hacerse realidad, ¿qué te gustaría que
esa persona estuviera pensando acerca de ti?
Escoge a una tercera persona que sea importante para ti en el terreno de la diversión y
vuelve a hacer el mismo ejercicio. Al sintonizar con sus pensamientos acerca de tu
carácter, de lo que significas para ella y del papel que desempeñas en su vida, ¿qué te
gustaría que estuviera pensando?
En esta última parte, imagina que la máquina posee un dispositivo especial que te permite
oír lo que piensa tu propio cuerpo. (Sí, ya sé que suena a disparate; pero como esto es
un ejercicio imaginativo, se supone que puede ocurrir cualquier cosa). Tu cuerpo aparece
en la pantalla, y tú puedes escuchar lo que piensa acerca de tu forma de tratarlo y
cuidarlo. Si los sueños se hicieran realidad, ¿qué te gustaría que estuviera pensando tu
cuerpo?
173
SINTONIZAR CON TU CORAZÓN
Cuando Cleo, la científica tímida, completó este ejercicio, observó cómo aparecían
una y otra vez los mismos valores: ella quería ser cálida, abierta, sincera, comprensiva y
auténtica. Sin embargo, en determinadas situaciones sociales se encerraba excesivamente
en sí misma y apenas revelaba sus verdaderos pensamientos y sentimientos, por lo que
rara vez se mostraba como la persona afable, abierta y sincera que quería ser. Otro valor
importante para Cleo era la valentía. Ella se daba cuenta de que, cada vez que evitaba un
acontecimiento social, estaba actuando de manera incoherente con dicho valor. Clarificar
esos valores esenciales significó un importante paso para Cleo. No solo estableció las
bases para determinar sus metas - como veremos más adelante-, sino que, además, le
proporcionó progresivamente inspiración para la tarea que tenía ante sí.
Te invito ahora a que te inspires en lo que acabas de descubrir, así como en la lista
de los seis valores principales del capítulo 11, para completar el formulario adjunto. Yo lo
denomino «la ventana de los valores», porque nos proporciona un observatorio para
contemplar la vida que realmente queremos. (Como de costumbre, si te sientes reacio a
anotar tus respuestas, entonces, por favor, piénsalas al menos; y si no quieres escribir en
el libro, puedes copiar el formulario o descargar una copia de la página «free resources»
de www.thehappinesstrap.co.uk)
174
En la «ventana de los valores» hay cuatro campos que se corresponden con los
175
principales ámbitos vitales del amor, el trabajo, la diversión y la salud. En cada uno de los
campos, clarifica tus valores y, después, tus metas. Las metas a corto plazo son las que
te gustaría alcanzar en los próximos días o semanas; las metas a medio plazo son las que
te gustaría alcanzar en las próximas semanas o meses; las metas a largo plazo son las que
te gustaría alcanzar al cabo de meses o de años.
Cerciórate de que tus metas son concretas, no vagas y confusas. Aquí tienes un
ejemplo de meta concreta: «El jueves por la noche me pondré frente al ordenador, desde
las 8 de la tarde hasta las 11 de la noche, para elaborar el primer borrador de un plan de
trabajo». Y este es un ejemplo de una meta vaga y confusa: «Voy a considerar un poco
más mis ideas de trabajo». Otro ejemplo, para que quede claro. Meta concreta: «El
domingo por la noche, después de cenar, voy a pasar una hora ensayando mi conferencia
para la reunión del lunes por la mañana». Meta vaga y confusa: «En el futuro, voy a
preparar un poco más mis conferencias». Es una distinción importante; un importante
número de estudios nos muestran que es más probable que alcancemos una meta
concreta y bien definida que una vaga y confusa.
Utilizando, pues, tus valores como guía, establece algunas metas concretas y
significativas. Mientras haces este ejercicio, date cuenta de lo que tu mente tiene que
decirte y de los sentimientos que surgen en el interior de tu cuerpo.
¿Ya has completado la «ventana de los valores, ya sea sobre el papel, ya sea
mentalmente? Si es así, haz una pausa de diez segundos para caer en la cuenta de lo que
está diciendo tu mente.
¿Está dando saltos de alegría o diciéndote que es demasiado difícil? Si tu mente se parece
a la mía, seguro que está haciendo esto último. Cuando empezamos a establecer metas,
nuestras mentes se sienten desbordadas: «No voy a poder hacer todo eso; es demasiado.
¡Aaaaaarggghhh!». Si es eso lo que está haciendo tu mente, dale las gracias y sigue
leyendo.
176
partes al mismo tiempo, nos veríamos desbordados y, o bien nos rendiríamos, o bien
terminaríamos haciendo una chapuza.
Por eso te invito ahora a releer lo que has escrito y a elegir un solo ámbito de vida -
amor, trabajo, diversión o salud- y no más de dos o tres objetivos a corto plazo. Una vez
que hayas hecho algún avance en esos objetivos, entonces puedes elegir algunos otros
con los que trabajar, del mismo o de un ámbito diferente de vida. Y puedes seguir
haciéndolo el resto de tu vida. Naturalmente, a veces te centrarás más en un ámbito que
en los otros, pero es de esperar que, con el tiempo, te ocupes de todos ellos.
AMOR
Metas a corto plazo: El lunes por la mañana, preguntar a dos compañeros, con los que
apenas hablo nunca, qué fue lo que hicieron el fin de semana y contarles lo que hice yo.
Metas a largo plazo: Desarrollar una vida social activa, saliendo al menos una vez por
semana. Hacer, como mínimo, dos o tres nuevos amigos a lo largo del próximo año.
En tu propia hoja de trabajo, si has escrito mucho más que en el ejemplo anterior, no hay
problema; pero si has escrito mucho menos, probablemente necesitas dedicarle un poco
más de tiempo y esfuerzo. Una vez que hayas completado el ejercicio, observa tus metas
y cae en la cuenta de los pensamientos y sentimientos que te asaltan. ¿Tienes alguna
sensación de miedo, ansiedad, temblor o nerviosismo? Si es así, ¡estupendo! Te va a
venir bien para la siguiente parte del libro.
177
178
DOMESTICAR TUS MIEDOS
179
180
La trampa del miedo
A los diecinueve años, a Albert Ellis le aterrorizaba la idea de ser rechazado por las
mujeres.
OR supuesto que en aquel momento de su vida Ellis no tenía ni idea de que llegaría
a convertirse en uno de los psicólogos más influyentes del siglo veinte. No se lo
imaginaba ni en sus sueños más atrevidos. Con lo que sí soñaba era con liberarse de su
miedo. ¿Y qué que hizo al respecto?
Durante un mes, Ellis fue a visitar cada día el Jardín Botánico de Nueva York,
obligándose a sí mismo a hablar con cualquier mujer atractiva con la que se encontrara.
A pesar de lo asustado que estaba, se las arreglaba para abrir la boca y pronunciar
algunas palabras. Al cabo de un mes, había pedido cita a un centenar de mujeres... ¡y ni
una sola de ellas le contestó «sí»!
Pero Ellis no lo consideró un fracaso. Al contrario, lo vio como un gran éxito. ¿Por
qué? Porque en ese momento él ya había superado por completo su miedo a ser
rechazado. Había aprendido que el miedo no era ni más ni menos que un sentimiento
incómodo, pero que no podía impedirle hacer lo que quería. Fue un descubrimiento
profundo que lo liberó para desarrollar una vida de aventura (yo me lo pensé mucho
antes de incluir este ejemplo en el libro, porque a muchas mujeres no les gusta que las
molesten de este modo, y ello podía hacer que Ellis pareciera un artista del «ligue», pero
decidí incluirlo de todos modos. No estoy defendiendo ni aprobando esta conducta;
simplemente, la estoy utilizando como un ejemplo chocante de una persona para superar
un miedo profundamente arraigado).
Imagina que hubieras crecido en una extraña comunidad en la que te hubieran enseñado
que las ovejas son los animales más peligrosos del mundo, que tienen unos dientes
enormes y afilados con los que pueden hacerte trizas; que lo que más les gusta es matar
y devorar seres humanos y que pueden saltar por encima de una casa de tres pisos.
181
Supón que te lo hubieras creído a pies juntillas y que un buen día, caminando por el
campo, de pronto ves a una oveja que te está mirando fijamente desde el otro lado de
una pequeña cerca de madera. ¿Cómo te sentirías? ¿Nervioso? ¿Ansioso? ¿Aterrorizado?
Puede que esto parezca una fantasía absolutamente improbable, pero se asemeja
mucho a la forma en que nos han educado para pensar acerca del miedo. Desde muy
jóvenes nos han educado para pensar que el miedo es «malo»; que es un signo de
debilidad; que no es natural; que no afecta a las personas de éxito, pero que nos echa
para atrás a los demás y que tenemos que reducirlo o librarnos de él. Y nosotros nos lo
creemos con demasiada facilidad, porque: a) el lavado de cerebro comienza cuando
somos unos cándidos e inocentes niños; y b) el miedo resulta tan desagradable que
parece tener sentido pensar que es malo para nosotros.
¿QUÉ ES EL MIEDO?
Consulta algún diccionario o algún texto y verás que, por lo general, el miedo se define
más o menos así: «Un sentimiento de agitación o desasosiego en respuesta a una
amenaza real o imaginaria». A lo largo del libro hemos venido utilizando la palabra
«miedo» muy libremente, como una expresión-comodín que incluye a todos los
conceptos emparentados con ella: ansiedad, «nervios», pánico, estrés, dudas acerca de
uno mismo, inseguridad, etc. En esta Cuarta Parte del libro vamos a centrarnos en los
aspectos físicos del miedo, en las sensaciones y sentimientos que experimentamos en
nuestro cuerpo: manos sudorosas, corazón acelerado, piernas temblorosas, mariposas en
el estómago, nudo en la garganta, boca seca, cuello rígido, pies inquietos, etcétera.
182
PILOTO AUTOMÁTICO Y EVITACIÓN
Modo «evitación»
No hay que ser una eminencia en psicología para imaginar que a los seres humanos nos
gusta sentirnos bien. Nadie disfruta con los sentimientos desagradables. Y hemos de
admitir que, en la mayoría de las circunstancias, el miedo es un sentimiento desagradable
(digo «en la mayoría de las circunstancia» porque a veces podemos desembolsar un buen
dinero para experimentar este sentimiento: por ejemplo, cuando asistimos a una película
de terror, leemos una novela de misterio o nos subimos a una montaña rusa). Dado que
el miedo se experimenta generalmente como algo desagradable, y nuestra sociedad nos
enseña que es «malo», es natural que intentemos evitarlo o librarnos de él. Recordemos
que esto se conoce como «evitación experiencial».
Distracción
183
Intentamos distraernos de nuestros sentimientos a base de libros, películas, videojuegos,
TV, actividades sociales, música, deporte, ejercicio, crucigramas, cocina, limpieza, sexo,
juego, sueño, sobrecarga de trabajo, etcétera
Exclusión
Estrategias de pensamiento
Consumo de sustancias
Todos, de vez en cuando, le metemos sustancias al cuerpo para intentar librarnos de los
sentimientos desagradables y sustituirlos por otros más agradables. ¿Cuáles de estos son
los que utilizas?: analgésicos - como la aspirina y el paracetamol-, bebidas - como té o
café-, remedios herbales u homeopáticos, medicamentos, alcohol, tabaco, marihuana u
otras drogas ilegales, chocolate, pizza, helado, hamburguesas, patatas fritas...
184
Por ejemplo, cuanto más tiempo del día paso en «piloto automático», menos control
tengo. Cuando aparecen el miedo y la ansiedad, ellos determinan mis decisiones, y yo no
me detengo a reflexionar conscientemente mis alternativas; hago lo que el miedo me dice
que haga. Si Albert Ellis hubiera estado operando en el modo «piloto automático», nunca
habría hablado con todas aquellas mujeres. Habría dejado que el miedo dictara sus actos
y habría esquivado esas situaciones de desafío.
¿Y qué hay del modo «evitación»? Bueno, cualquiera de los métodos más corrientes
de evitar sentimientos dolorosos - distracción, exclusión, estrategias de pensamiento y
consumo de sustancias - puede originar problemas muy fácilmente. Si los utilizamos con
moderación y buen juicio, estos métodos están bien; pero si los utilizamos en exceso y
con rigidez, acabarán teniendo consecuencias indeseables.
En cuanto a la exclusión, cuanto más la utilizo como estrategia para evitar el miedo,
tanto más pequeña me resulta la vida. Evito asumir riesgos, salir de mi zona de seguridad
y hacer frente a los desafíos; entonces me quedo anquilosado y se me escapa toda clase
de oportunidades.
Una forma de exclusión es el aplazamiento: posponer para más tarde. Aunque eso a
veces está bien, si se hace con excesiva frecuencia, muchos asuntos importantes quedan
sin tratar, los problemas no se resuelven, y la lista de «cosas por hacer» es cada vez más
larga (lo cual suele ocasionar un plus de ansiedad).
Por su parte, confiar demasiado en las estrategias de pensamiento tiene una larga
serie de costes, uno de los cuales, especialmente oneroso, es que dedicamos demasiado
tiempo a nuestra mente, en lugar de implicarnos en la vida. Otros costes dependen de la
estrategia que se utilice. Culpar a los demás ocasiona conflictos de relación. Fantasear
sobre el futuro conduce al descontento con el presente. Martirizarnos a nosotros mismos
nos hace infelices. El pensamiento positivo y el desafiar los pensamientos producen
frustración y decepción cuando no se consiguen los efectos deseados.
185
Y si confiamos demasiado en el consumo de sustancias, el coste en términos de salud
física puede ir desde un simple problema de adicción hasta un cáncer de pulmón,
pasando por la obesidad y otra serie de problemas.
Pero, seguramente, el mayor coste de todos es que, cuanto más evitamos nuestro
propio miedo, tanto más crece este y más influye en nuestros actos. Nos quedamos
bloqueados en la trampa del miedo: cuanto más nos esforcemos por librarnos del miedo,
tanto más miedo tenemos y más negativamente afecta a nuestra vida. Por ejemplo, Seb
intentaba evitar su miedo al fracaso sexual rechazando tener sexo con su mujer. A corto
plazo, esta estrategia le ayudaba a evitar su miedo, pero a la larga su miedo al fracaso no
hizo sino crecer, y de este modo él se mostró más reacio a tener sexo. Cuando buscó
ayuda, había evitado hacer el amor con su mujer durante cuatro años, y eso se había
convertido en la principal fuente de conflicto en su relación.
¿Alguna vez has oído el dicho: «volver a montar el caballo»'? Personalmente, nunca me
he caído de un caballo pero, según me han contado, es bastante traumático. Después de
una caída del caballo, a la mayoría de la gente le da miedo volver a montar, sobre todo
cuando la caída ha sido dolorosa. Pero cuanto antes vuelva uno a montar para seguir
cabalgando, antes recuperará la confianza. ¿Qué ocurre si no vuelves a montar el caballo,
si lo aplazas una semana tras otra diciendo: «Ya lo haré la semana que viene»? Cuanto
más pospongas el volver a montar, tanto más crecerá tu miedo.
Si quieres volver a cabalgar, entonces tienes que hacer frente a tu miedo; tienes que
«volver a montar el caballo». Los psicólogos lo llaman «exposición» (nada que ver con
desvestirse en público). «Exposición», básicamente, significa mantenerse en contacto con
aquello que uno teme, hasta acostumbrarse a ello. Y produce un mayor impacto sobre el
comportamiento que cualquier otra herramienta, técnica o estrategia conocida por la
humanidad.
186
Para liberarlo de su miedo, un psicólogo lo «expone» a las arañas valiéndose de un
programa que avanza paso a paso. Primero tiene que mirar dibujos que representan
arañas; más tarde, vídeos sobre arañas; a continuación, una araña de juguete muy
realista; luego, arañas muertas expuestas en vitrinas; más tarde, arañas vivas en una urna
de cristal. Al final, puede incluso llegar a sostener una araña viva en su mano
(obviamente, la mayoría de la gente no llega tan lejos, a menos que esté planeando entrar
en el negocio de la cría de arañas o algo parecido). Este acercamiento paso a paso se
conoce como «exposición gradual» y, como puedes ver, es lo contrario a la evitación.
Pero, imagina que lo que tememos no es algo exterior a nosotros, como un caballo,
una araña o un loco con un hacha. Imagina que lo que tememos es una emoción, un
sentimiento o una sensación. En la medida en que vayamos por la vida intentando evitar
ese sentimiento con todas nuestras fuerzas, nunca vamos a conseguir dejar de tenerle
miedo.
¿Y cuál es la alternativa? ¿Vamos a tener que hacer rechinar los dientes, aguantar el
miedo y obligarnos a seguir adelante con él? Lo cierto es que podríamos hacerlo, pero yo
no se lo recomiendo a nadie. Hay otra forma de responder al miedo y que es justamente
lo contrario de lo que casi toda nuestra sociedad nos anima a hacer: no lo «soportamos»
ni lo «toleramos»; no lo suprimimos ni negamos su existencia; no lo disimulamos; no
procuramos convencernos; no intentamos reducirlo ni eliminarlo con autohipnosis ni con
otras técnicas; no tratamos de eliminarlo a base de medicación ni recurriendo a la comida
o al alcohol. En suma, no hacemos como si no estuviera ahí (el método conocido como
«haz "como si" hasta conseguirlo»).
187
188
Suficiente espacio
Un desolado y estéril desierto poblado de espíritus. Aquí no hay forma de escapar de los
estragos del sol abrasador, de las plagas de moscas ni de la omnipresente amenaza de la
violencia. Asesinato y mutilación, violación y venganza, tortura y tormento: no son
ocurrencias caprichosas, sino parte de la rutina diaria de quienes aquí viven.
Ahora bien, los actores, evidentemente, no podían espantar a las moscas, porque
invalidarían todas las tomas. Tenían que dejar que las moscas se deslizaran por sus
rostros sin reaccionar. Eso también lo hacía más auténtico: los asesores históricos de la
película creían que la gente de aquella época debía de estar tan acostumbrada a las
moscas que nos estarían espantándolas continuamente. Uno de los actores principales de
la película, Ray Winstone, decía que siempre se había preguntado cómo esos leones de
los documentales de vida salvaje parecían tan indiferentes a las moscas. Sin embargo,
después de unos cuantos días de rodaje, se acostumbró a ellas. Pronto consiguió dejar
que las moscas anduvieran por allí sin que le molestaran. Decía que eran como «plumas
rozándome la cara».
Ahora bien, no te preocupes. No voy a pedirte que dejes que las moscas se deslicen
189
por tu cara. Pero me gustaría que consideraras esta posibilidad: imagina que pudieras
cambiar tu actitud hacia tus propios miedos del mismo modo que hizo Ray Winstone con
las moscas. Imagina que pudieras defusionarte de todos esos pensamientos acerca de lo
malo o desagradable que es tu miedo y lo mucho que te incomoda; y que, en vez de
intentar echarlo fuera, te hicieras consciente de sus sensaciones físicas sin ninguna clase
de prejuicios.
Si tu mente te está diciendo algo así como: «¿Para qué molestarse?», la respuesta es
muy sencilla: intentar librarse de los miedos requiere mucha energía y es muy molesto (lo
mismo que tratar de espantar a las moscas); es difícil implicarse totalmente en la propia
vida mientras uno está ocupado debatiéndose con sus sentimientos.
En este punto, muchos de mis clientes empiezan a protestar, sobre todo si se enfrentan al
miedo escénico. No dejan de repetirse a sí mismos el concepto mítico de que los niveles
elevados de ansiedad disminuyen el rendimiento y que, por lo tanto, hay que reducirlos.
Por desgracia, este pensamiento tan profundamente arraigado no solo reaparece en
muchos libros sobre psicología de la empresa y el deporte, sino también en muchos libros
populares de autoayuda. Afortunadamente, se han publicado bastantes estudios que
demuestran que eso no es cierto.
Por ejemplo, el sentido común sugiere que, si uno siente una cierta ansiedad durante
un examen académico, entonces rendirá más. Pero en 1988 los psicólogos A.R.Rich y
D.K. Woolever publicaron un fascinante estudio que mostraba claramente que no era así.
Demostraron que, en el caso de exámenes escritos, la mayoría de la gente tiene niveles
de ansiedad parecidos, y lo que determina su rendimiento no es su nivel de ansiedad, sino
su capacidad de centrar su atención en la tarea. En otras palabras, si conseguían
implicarse completamente en el examen, en vez de distraerse con sus pensamientos y
sentimientos, rendían satisfactoriamente, con independencia del nivel de ansiedad que
tuvieran.
Otros estudios referidos tanto al campo del rendimiento deportivo como del
rendimiento sexual muestran resultados semejantes (pueden verse los estudios de los
psicólogos D.H. Barlow, T.J.Bruce, S.Hanton, L.Hardy, G.Jones y A.B. Swain citados
en la bibliografía recogida al final del libro). El rendimiento no se relaciona con niveles de
ansiedad, sino con la capacidad de atención centrada en la tarea. Tanto en el deporte
como en el sexo, quienes se implican por completo rinden más. Quienes se distraen con
190
sus propios pensamientos y sentimientos rinden bastante menos.
Por eso, cuando reúnes todas las habilidades de atención consciente - cuando te
desenganchas de los pensamientos inútiles-, das cabida a los sentimientos desagradables y
te implicas totalmente en lo que estás haciendo, consigues un buen rendimiento, con
independencia de la ansiedad que sientas. Además, la energía que tendrías que emplear
en luchar contra el miedo puedes emplearla ahora en llevar a cabo una acción más eficaz.
IMPLICACIÓN Y EXPANSIÓN
Hay un antiguo cuento hindú que ilustra muy bien este punto. Un viejo maestro
hindú estaba harto de las continuas quejas y gruñidos de su aprendiz, por lo que un día
pidió al joven que le trajera una taza de agua y un tazón con sal. Cuando el joven volvió,
el maestro le dijo: «Ahora echa un puñado de sal en el agua». El aprendiz así lo hizo. El
maestro removió entonces el agua hasta que la sal se hubo disuelto. «Ahora pruébalo», le
dijo al aprendiz. El aprendiz tomó un sorbo y no pudo evitar un gesto de desagrado.
«¿Qué tal sabe?» preguntó el maestro.
191
hasta llegar al borde de un lago cercano, y el maestro dijo: «Ahora echa un puñado de sal
en el agua». El aprendiz así lo hizo.
El maestro dijo: «Ahora prueba el agua del lago». El aprendiz bebió del lago, y esta
vez sonrió. «No es tan difícil de tragar, ¿verdad?», dijo el maestro. «La sal es como el
inevitable dolor de la vida. En los dos casos, la cantidad de sal es la misma; pero cuanto
más pequeño es el recipiente, tanto mayor es la amargura. Así que, cuando la vida
acarree algún dolor, en lugar de empequeñecernos y cerrarnos, como la taza, haríamos
bien en agrandarnos y abrirnos, como el lago».
Preciosa historia, ¿no es cierto? Pero basta de cháchara: es hora de poner manos a la
obra.
N - Notice (advertirla)
A Acknowledge (reconocerla).
Nota: A primera vista, el ejercicio puede parecer largo y complicado, pero pronto
comprobarás que lleva mucho menos tiempo hacerlo que leerlo. Y, con la práctica,
resulta más rápido y sencillo. Además, una vez que sabes lo que estás haciendo, puedes
completarlo en pocos segundos.
Paso 1: Advertir
192
primer paso de la expansión consiste en caer en la cuenta de los propios sentimientos. De
este modo, cuando el miedo se haga presente en tu cuerpo, advierte lo que está
ocurriendo y cómo lo sientes.
Paso 2: Reconocer
Se trata de entablar una sencilla conversación con nosotros mismos para admitir que el
sentimiento está presente. En silencio, nos decimos a nosotros mismos algo así como:
«Estoy sintiendo miedo»; o bien: «Tengo sensación de miedo»; o simplemente: «Aquí
está el miedo». Esta manera de hablar no es muy natural, pero cumple un propósito: nos
ayuda a distanciarnos en alguna medida del sentimiento. Observa la diferencia entre:
«Aquí está el miedo», «Tengo miedo» o «Estoy sintiendo miedo», y «Estoy aterrado».
Si utilizamos expresiones del estilo: «Estoy sintiendo...» o «tengo sensación...», ello nos
ayuda a recordar que no somos nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son
acontecimientos transitorios que están teniendo lugar continuamente en nosotros y que
cambian como el tiempo. No definen lo que somos ni nos dictan lo que hacemos.
Ya sé que no es más que un breve resumen. Por eso voy a tratar de mostrártelo con
más detalle (y si prefieres que te guíe una voz, encontrarás este ejercicio en mi CD
Mindfulness Skills Volume 1, disponible como CD o MP3, en
www.thehappinesstrap.co.uk).
Antes de empezar, vas a tener que sacar a la luz uno de tus miedos para poder
trabajar con él. Para ello vuelve sobre tus objetivos orientados por valores (capítulo 13) y
193
escoge uno que te inspire miedo. Ahora imagínate a ti mismo emprendiendo algún tipo de
acción hacia ese objetivo: sentarte a escribir tal libro, esperar ansiosamente tal entrevista,
pedirle una cita a tal persona, solicitar tal préstamo, inscribirte en tal curso, participar en
tal competición, acudir a tal «casting»... Imagínalo lo más vívidamente que puedas.
Mientras realizas esa acción, ¿qué hacen tus manos y tus pies? ¿Qué es lo que puedes
ver, oír, tocar, saborear y oler? Y mientras lo imaginas, trata de entrar en contacto con tu
miedo.
Si no puedes conectar con tu miedo a base únicamente de pensar en él, otra forma
de hacerlo consiste en establecer un compromiso firme: ¿qué pequeño paso vas a dar hoy
y qué otro paso, un poco mayor, darás mañana que te vayan llevando hacia tu meta?
Comprométete con eso en este mismo instante, y lo más probable es que el miedo no
tarde en aparecer. Y si ni aun así funciona, entonces comprométete públicamente - en
persona, por teléfono o por e-mail - con alguien que te importe. Tendrás prácticamente
garantizada una reacción instintiva de «lucha o huida».
De modo que, por favor, hazlo ahora mismo lo mejor que puedas. Tómate el tiempo
que necesites, y luego, una vez que hayas conectado de algún modo con tu miedo...
Advertir
Ahora céntrate en aquella parte de tu cuerpo donde sean más intensas las
sensaciones. Recuerda: la vida es como un escenario, y en él están todos tus
pensamientos, sentimientos y todo cuanto puedes ver, oír, tocar, gustar y oler. Por lo
tanto, dirige un potente foco sobre esa parte de tu cuerpo y observa las sensaciones
como si fueras un científico vivamente interesado.
194
Si tu mente empieza a intranquilizarse y a ponerse nerviosa - «odio esta sensación»,
«no soporto sentirme así», «tengo que librarme de esta sensación»...-, simplemente dale
las gracias por sus comentarios o permítele que parlotee como si fuera una radio cuyo
sonido se oye de fondo. Y en el momento en que te des cuenta de que te has quedado
enganchado, reconócelo con tranquilidad, desengánchate y vuelve a centrarte.
Observa dónde empieza y dónde termina la sensación. ¿Se mueve o está quieta?
¿Está en la superficie o en lo más profundo de tu cuerpo? Si tuvieras que hacer un
esbozo de ella, ¿qué forma le darías?
Reconocer
Ahora, utiliza unas pocas palabras para reconocer tu sensación por su nombre. Dite a ti
mismo: «Estoy sintiendo miedo», o bien: «Tengo la sensación de miedo», o: «Aquí está
el miedo» (y considérate libre para utilizar otras palabras como «nervios», «estrés» o
«ansiedad».
Cerciórate de que lo haces sin emitir juicios; no digas: «¡Oh, no, ya está aquí otra
vez esa horrible sensación!». Y si quieres, puedes recordarte a ti mismo: «Es un
sentimiento normal; es como se siente la gente cuando se enfrenta a un desafío».
Dar cabida
Respira suave y profundamente. Primero, expulsa todo el aire de tus pulmones hasta el
último aliento, hasta que queden completamente vacíos; después, deja que de nuevo se
llenen lentamente, de abajo arriba.
Luego, hazlo una vez más: exhala de manera lenta y continua hasta vaciar por
completo los pulmones. Luego, mientras inhalas, dirige tu respiración al interior de la
195
sensación y a su entorno (interpreta esta instrucción como prefieras: en cualquier caso,
procura sentirlo: básicamente, de alguna manera, siente o imagina cómo tu respiración
fluye dentro y alrededor de la sensación).
A medida que respiras la sensación, imagina que, de forma mágica, se abre ante ti un
amplio espacio. En vez de cerrar esta sensación, intentando aplastarla o triturarla, ábrete
y dale cabida.
No tiene que gustarte; no tienes que querer ni aprobar esta sensación. Simplemente,
le permites que permanezca ahí (si quieres, podrías decirte a ti mismo: «abrir», «darle
cabida» o «dejarle estar». O podrías utilizar una frase más larga, como: «No me gusta ni
la quiero, pero puedo darle cabida»).
Mantén esas sensaciones bajo la luz del foco mientras las observas con curiosidad. Y
sigue respirándolas. Ábrete poco a poco, progresivamente, creando más espacio,
maximizándolo, en torno a la sensación. Recuerda que no estas tratando de librarte de
dicha sensación; ¡simplemente, le estás dando cabida!
Si estás en un lugar privado, una cosa que puedes hacer -y que suele ser de ayuda -
es colocar tu mano suavemente sobre las sensaciones y percibir el flujo cálido desde tu
mano al interior de tu cuerpo. Intenta «suavizar» o «aflojar» la sensación. Imagina
tomándola suavemente en tu mano, como un bebé, una rara mariposa o una valiosísima
obra de arte.
Hazlo durante todo el tiempo que sea necesario. Al principio, puede que te lleve unos
minutos llegar a tener ese sentido de «darle cabida», pero con la práctica puedes hacerlo
en pocos segundos (y si estás luchando con otras sensaciones en otra parte del cuerpo,
repite allí el ejercicio).
Expandir la consciencia
El último paso consiste en expandir la consciencia; así, además de ser consciente de tus
sensaciones, también estás en contacto con el mundo circundante. En otras palabras,
diriges los focos sobre todo el espectáculo que se desarrolla en el escenario.
Mantén, pues, enfocada la sensación y, al mismo tiempo, empieza a dirigir las luces
sobre tu cuerpo. Siéntate o levántate erguido; percibe tus brazos, piernas, cabeza, cuello
y hombros. Estírate, si te parece. Toma consciencia de tu cuerpo y del miedo a la vez.
196
Ahora, dirige los focos al mundo de tu alrededor. Mientras sigues siendo totalmente
consciente de tu miedo y de tu cuerpo, nota también lo que puedes ver, oír, tocar, gustar
y oler. Ello te proporciona una consciencia más amplia. Así, puedes ver todo el
espectáculo. Ahora puedes implicarte en aquello que estás haciendo.
Si nunca has hecho nada semejante a este ejercicio, puede que al principio te resulte
difícil. Como cualquier habilidad, requiere práctica, por lo que espero que lo practiques
varias veces al día. Puedes trabajar de este modo con cualquier emoción, no solo con el
miedo. ¿Por qué no pruebas con los enfados, la culpa, la tristeza, la impaciencia o la
frustración? Puedes practicar tanto tiempo como quieras, desde treinta segundos hasta
treinta minutos. Con práctica, podrás hacerlo en cualquier momento y lugar: en una
reunión, en el campo de juego, en la cama, en la oficina, durante una discusión, en el
servicio o en la ducha. Además, no va a pasar mucho tiempo hasta que puedas completar
los cuatro pasos en el breve espacio de una inspiración profunda.
a) La agenda oculta
197
no expulsarlos. Por eso, si estás practicando la expansión con la esperanza de librarte de
tu miedo, entonces es que todavía sigues en «modo evitación»; aún estás tratando de
evitarlo o de librarte de él. Y ya has vis to que eso no funciona. No puedes darle la vuelta
a miles de millones de años de evolución que te han preparado para sentir miedo frente a
un peligro. Intentar librarte de tu miedo no va a conseguir sino aumentarlo.
b) La ilusión de control
A veces, harás este ejercicio y sentirás que el miedo desaparece rápidamente. Cuando tal
cosa ocurra, experimentarás un sentimiento de alivio o relajación. En ese momento es
fácil que te quedes enganchado a la ilusión de haber encontrado una forma eficaz de
controlar tus sentimientos; un método para evitar el miedo. Pero si empiezas a utilizar la
expansión con ese propósito, entonces está claro que volverás al «modo evitación». Por
tanto, si tu miedo desaparece o se reduce, disfrútalo, naturalmente; pero no esperes que
tal cosa va a producirse necesariamente. Considéralo como un beneficio extra. Si
empiezas a darlo por supuesto, no tardarás en sentirte decepcionado.
c) Engancharse
Es fácil que tu mente se enganche a pretextos inútiles, los de siempre: «No puedo
hacerlo», «Es muy difícil», «No tengo tiempo»... O a juicios severos: «Odio este
sentimiento»... O a protestas: «Quiero librarme de esto»... No puedes evitar que esos
pensamientos aparezcan; de modo que ni siquiera lo intentes. Déjalos que vayan y
vengan, como los coches van y vienen por la carretera (por eso hemos tratado la
defusión encubierta antes que la expansión. Si te quedas enganchado una y otra vez hasta
tal punto de que ello interfiera con la expansión, entonces vas a necesitar más técnicas de
defusión).
d) Tolerancia
Por aclararlo un poco: imagina que tienes un «dial de evitación» en la parte de atrás
de tu mente. Este dial marca de cero a diez; cuando está en diez, tú te sitúas en el modo
de evitación total: vas a hacer todo lo posible por librarte de ese sentimiento; cuando está
198
en cero, no es que te guste ese sentimiento, pero tampoco vas a hacer el más mínimo
esfuerzo para intentar librarte de él. Cuando el dial está en cero, hablamos de
«aceptación». Cuando el dial se sitúa en torno al cinco, hablamos de «tolerancia».
e) Olvidar lo esencial
Podemos perder de vista el aspecto más importante de la expansión: dar cabida a los
sentimientos negativos para vivir la vida de acuerdo con nuestros valores. Si queremos
vivir una vida rica y plena, guiada por nuestros valores, entonces vamos a tener que
abandonar nuestra zona de seguridad muchas veces. Y cada vez que lo hagamos, vamos
a sentir miedo. La expansión nos permite sentir ese miedo sin luchar, de manera que
podemos invertir nuestra energía en actuar de acuerdo con nuestros valores.
EL SIGUIENTE PASO
•Adviértelo.
•Reconócelo.
•Dale cabida
•Expande la consciencia.
199
200
Montar un caballo salvaje
Sales al porche de tu casa en el campo. Sientes la cálida caricia del sol de la mañana.
Estiras los brazos y respiras el aire fresco de la primavera. De pronto, algo en el
horizonte llama tu atención. Una forma en la lejanía se mueve velozmente.
E frotas los ojos para asegurarte de que no estás soñando. Pero no: es real.
Vuelves adentro, tomas los prismáticos, sales afuera de nuevo y miras a través de ellos.
Allí está; un animal magnífico galopando a través de la llanura, con sus poderosos
músculos marcándose perfectamente bajo su pelo azabache. Pero no es uno de tus
caballos. Es un caballo salvaje que, de alguna manera, se ha introducido en tus
propiedades. ¿Qué haces?
Existe una sencilla fórmula para controlar el miedo: cuando se presente, lo aceptamos,
«confraternizamos» con él y lo encauzamos.
Aceptarlo
Piensa en ese caballo salvaje galopando sin freno. Si deseas hacer uso de su asombrosa
energía, velocidad y resistencia, primero tienes que aceptar que se quede en tu rancho. Y
201
lo mismo ocurre con el miedo.
Nuestros miedos esconden una gran cantidad de energía. Recuerda que la reacción
de lucha-o-huida ha evolucionado a lo largo de centenares de millones de años para
preparar nuestros cuerpos para la acción. El miedo agudiza nuestros reflejos, aumenta
nuestro tono muscular, hace crecer nuestra consciencia e incrementa nuestra energía. Es
como un potente carburante. Pero nunca aprenderemos a utilizarlo si no estamos
dispuestos a tratar con él.
Confraternizar con él
Si quieres domar ese caballo salvaje, no basta con permitirle que se quede en tu rancho.
Tienes que establecer una relación positiva con él; tienes que ganarte su confianza.
¿Cómo hacerlo? Por lo que lo que yo he podido ver en las películas, tienes que acercarte
a él con cuidado y hablarle suave y delicadamente, acercarte a él poco a poco, ofrecerle
algo que le guste (azúcar, por ejemplo) y, si se deja, darle unas palmaditas en el flanco
mientras sigues hablándole tranquila y suavemente, mostrándole así que eres un amigo,
no una amenaza.
Nota: al comparar a los caballos con el miedo hay que advertir que los caballos
pueden hacerte mucho daño e incluso matarte. En cambio, el miedo es totalmente
inocuo. Lo peor que puede hacer es que nos sintamos muy incómodos. Pero, aparte de
eso, la comparación es útil: si queremos hacer uso de nuestro miedo en nuestro favor, no
basta con que lo aceptemos; tenemos que confraternizar con él.
¿Y qué pasa con el miedo? Si confraternizar con él te ayudara a vivir de acuerdo con
202
tus valores, alcanzar tus objetivos, rendir al máximo, desarrollar una auténtica confianza
y, en general, vivir una vida más rica, más plena y más significativa, ¿no estarías
dispuesto a hacer el esfuerzo, aunque no te gustara?
Ser afable y acogedor con tu miedo. Puede que te parezca muy extraño, pero trata de
hablar con él (cerciorándote de que conservas un profundo sentido del humor). Podrías
decirle: «Hola, miedo. ¡Qué amable por tu parte haber venido hoy...! Entra y siéntete
como en tu propia casa. ¿Qué te apetece hacer hoy? Quieres "darle caña" a mi corazón,
¿no es así? Por favor, sé mi invitado. Fíjate en lo rápido que puedes hacerle correr. ¡Ah!,
¿que quieres cazar mariposas en mi estómago? Adelante, por favor: mi casa es tuya».
Muéstrate cariñoso con tu miedo. Si tienes una buena imaginación, podrías imaginarte
dándole la mano al miedo, invitándolo a entrar en tu cuerpo y rodeando afectuosamente
sus hombros con tu brazo. Y si estás en un lugar discreto, podrías colocar suavemente tu
mano sobre el miedo - es decir, sobre aquella parte de tu cuerpo en la que sientas el
miedo más intensamente - y permitir que sienta la suave calidez de tu mano.
Colabora con tu miedo. Reconoce que estáis jugando en «el mismo equipo». No luches
con tu miedo; está ahí para apoyarte. Es una señal; te permite reconocer que te enfrentas
a un desafío. Por eso, tal vez podrías recordarte a ti mismo: «Es mi cerebro, que me
advierte de un peligro; es mi cuerpo, que me prepara para la acción». Considéralo un
compañero de equipo, no un adversario.
203
concentración y resistencia. Ayúdale tú a invertir su energía en algo útil, en algo
significativo, en algo que mejore la vida. En otras palabras...
ENCÁUZALO
Vuelve a pensar de nuevo en aquel caballo salvaje. Le has permitido que se quedara y te
has hecho su amigo. ¿Y ahora qué? Ahora querrás utilizarlo en tu favor, ensillarlo y
montarlo.
Lo mismo ocurre con el miedo. Le has aceptado y te has hecho su amigo. Pues
ahora utilízalo. Tómate un instante para percibir cuánta energía te proporciona: toda esa
adrenalina que fluye a través de tu organismo. Todo tu cuerpo está preparado para la
acción. Como mencionaba antes, muchos deportistas de élite, hombres de negocios y
actores no emplean la palabra «miedo» para describir las sensaciones que experimentan
cuando tienen que afrontar un reto. En su lugar, suelen hablar de estar «acelerados»,
«con la adrenalina a tope», «como una moto» o «anfetamínicos». Expresiones, todas
ellas, que reconocen el aspecto energizante de la reacción de lucha-o-huida.
Pregúntate, pues, a ti mismo: «¿Cómo puedo hacer uso de toda esta energía? ¿Qué
actividades regidas por valores puedo encauzar a través de ella?
Por supuesto que hay situaciones en las que no puedes encauzar tu miedo hacia algo
útil. Si, por ejemplo, tienes una primera cita y estás charlando con la otra persona en un
tranquilo restaurante, no hay muchas cosas que puedas hacer con toda esa energía. En
tal caso, limítate a darle cabida y céntrate plenamente en el presente.
Sin embargo, hay otras muchas ocasiones en las que sí puedes hacer un buen uso de
tu energía. Por ejemplo, si estás practicando un deporte, realizando una actividad física o
efectuando una representación, entonces puedes encauzar hacia tales actividades toda esa
energía fruto del miedo.
Recuerda que utilizar el miedo puede suponer a veces una enorme diferencia.
Durante los últimos cinco años, he estado dando charlas y talleres en Australia, Estados
Unidos y Europa ante audiencias que oscilaban entre una docena y varios miles de
personas. ¿Me sentía seguro? Bueno, la mayor parte del tiempo, sí. Desde luego, no me
sentía seguro cuando empecé, pero ahora he adquirido tanta práctica que, por lo general,
lo estoy. Sin embargo, cuando hablo de un tema nuevo, o desarrollo un taller
completamente distinto, la verdad es que no me siento seguro (ni lo espero, hasta haberlo
repetido una y otra vez). Pero actúo con seguridad: subo al escenario, doy la charla o el
204
taller y me implico totalmente en la tarea.
Por eso, antes de empezar mi charla o taller, doy cabida a mi miedo, inspiro
profundamente y me digo a mí mismo: «De acuerdo. ¡Allá vamos! ¡Pongamos esta
energía a trabajar!». El miedo sigue ahí, pero mi relación con él se ha transformado.
Ahora ya no es algo a lo que tenga que dar cabida para seguir con mi vida; ahora es algo
útil por derecho propio: un potente carburante, una explosión de energía que me
revoluciona, me pone a cien y mejora mi rendimiento.
¿Y AHORA QUÉ?
Todo esto nos conduce al final de la Cuarta Parte del libro. En la Quinta y última Parte
vamos a ponerlo todo junto: valores, metas, acciones, defusión, implicación y expansión.
Y vamos también a ver la auto-motivación, la superación de obstáculos y las claves del
rendimiento máximo. De momento, vamos a terminar aquí con una regla más para ganar
el juego de la confianza:
205
206
JUGAR EL JUEGO
207
208
Soltar amarras
Mientras Joe Simpson volvía arrastrándose al campamento base, cegado por la nieve,
congelado, hambriento y deshidratado, con los dedos agrietados por el frío y su pierna
destrozada que le ocasionaba un terrible dolor, ¿qué era lo que le animaba a continuar?
Para Joe, sin embargo, la idea de rendirse era mucho peor que la alternativa de
intentarlo y fracasar en el intento. Él sabía que había una posibilidad, una débil y muy
improbable posibilidad; pero tal vez, solo tal vez, sus compañeros aún siguieran allí
cuando él llegara; tal vez pudiera realmente conseguirlo.
Sabía que tal posibilidad era tan ridículamente pequeña que se esforzó por no pensar
en ello. Pero en lo que sí pensó fue en que, si renunciaba a intentarlo, si permanecía
tendido y se rendía a su destino, entonces moriría irremisiblemente. Al menos, mientras
siguiera moviéndose, tenía una posibili dad. Por eso, en vez de elegir una muerte
bastante segura, eligió sobrevivir; en vez de elegir abandonar, eligió comprometerse; en
vez de elegir darse por vencido, eligió perseverar; en vez de elegir la desesperación, eligió
el valor. Y mientras se arrastraba por aquel inhóspito paisaje de nieve y hielo, sintiéndose
desesperanzado y asustado, puso en juego sus valores en cada paso: coraje, compromiso,
perseverancia y supervivencia; siendo fiel a sí mismo; dando todo lo que tenía; luchando
hasta el amargo final.
Los valores de Joe Simpson eran de vital importancia: ellos le dieron fuerzas para
209
continuar y guiaron sus actos. Pero los valores no bastan para desarrollar una verdadera
confianza o el máximo rendimiento. Recuerda: nuestros valores son como una brújula; la
brújula nos puede indicar una dirección, pero no transportarnos. Nuestro viaje
únicamente empieza cuando empezamos a desarrollar acciones. Así pues, utilizamos
nuestros valores para establecer metas; luego descomponemos nuestras metas en
acciones. Y cuando emprendemos la acción, lo hacemos plenamente conscientes,
implicándonos de lleno en la tarea. La historia de Joe ilustra perfectamente el proceso.
Considera valores y objetivos. Los valores son aquello que queremos encarnar;
cómo queremos que sea nuestro comportamiento a lo largo del tiempo. Los objetivos son
lo que queremos alcanzar o tener. El objetivo de Joe Simpson era llegar al campamento
base. Sus valores eran el coraje, la supervivencia, el compromiso y el dar lo mejor de sí
mismo. Sabía que había muchas posibilidades de fracasar en su objetivo; sin embargo, a
pesar de la tortura que suponía dar cada paso, él vivía sus valores.
Al principio de su aventura, cuando Joe consideró la distancia y vio lo lejos que tenía
que llegar, sintió desesperación. Era demasiado lejos, demasiado duro, demasiado
penoso; no tenía comida ni agua, no era lo bastante fuerte para hacerlo. Así que dejó de
centrarse en su objetivo a largo plazo y, en vez de eso, estableció objetivos a corto plazo:
llegar al final de aquella cuesta, cruzar al otro lado de aquel puente de hielo, hacer un
hoyo en la nieve para dormir en él. A veces, incluso se marcaba tiempos: media hora
para subir a aquel pilar rocoso; tres horas para arrastrarse hasta el lago...
Cada uno de esos objetivos a corto plazo requería acción. No habría llegado a
ninguna parte de no haber puesto en movimiento brazos y piernas. Aquellas acciones no
resultaban sencillas: cada desplazamiento, salto o movimiento era un verdadero suplicio.
Y cuando caía, a veces perdía la conciencia de la agonía. No es de extrañar, por tanto,
que a veces Joe se sintiera desbordado por su desafío. Renunciaba a seguir intentándolo
y se tendía sobre la nieve, dispuesto a morir; sin embargo, al cabo de un rato, siempre
volvía a levantarse; una y otra vez, viviendo sus valores e implicándose de lleno en la
tarea.
210
Increíblemente, consiguió implicarse plenamente en esta rutina, en un impresionante
ejemplo de atención centrada en la tarea. Así es como él lo describe: «Los brotes de
dolor se subsumieron en la rutina, y les dediqué menos atención, centrándome
únicamente en la pauta». Fue un esfuerzo increíble, y a pesar de las temperaturas bajo
cero, él estaba empapado en sudor. Pero no se detuvo. Y mientras seguía adelante, su
angustioso dolor se hizo uno con su esfuerzo físico. Pronto se encontró tan implicado en
la actividad que perdió la noción del tiempo. Según sus propias palabras, «el tiempo
pasaba sin dejarse sentir, a medida que yo permanecía absorto en la pauta de saltar y
clavar».
Ahora bien, aunque las circunstancias de Joe eran extremas -y esperemos nosotros
nunca lleguemos a experimentar nada parecido-, al menos hay seis lecciones que
podemos aprender de esta asombrosa historia.
Lección 1: Cuando nos enfrentamos a desafíos vitales, si actuamos dejándonos guiar por
nuestros propios valores, experimentamos un sentido de significado y finalidad. Y nos
proporciona satisfacción el saber que estamos haciendo lo que realmente nos importa.
Por otro lado, cuando nos «rendimos» y nos encogemos frente a nuestros retos,
sentimos que nuestra vida se desvanece. Como regla general, cuando decidimos
rendirnos y dejar de perseguir lo que es realmente importante en la vida, ello suele ser
peor que la alternativa de intentarlo y fracasar.
211
de la gente, en su situación, jamás lo habría logrado. Así es la vida: unas veces
conseguimos nuestras metas, y otras no. Y, nos guste o no nos guste, no tenemos modo
de saber cuál va a ser el resultado. Unas veces podemos estar plenamente convencidos
de que vamos a conseguirlo y, sin embargo, fracasamos. Otras veces estamos seguros de
que vamos a fracasar y, no obstante, lo conseguimos. Muchos gurús de la motivación
afirman que tienes que estar seguro de que vas a tener éxito, para seguir adelante; que
tienes que creer firmemente que vas a conseguir tu objetivo. La historia de Joe Simpson
demuestra que eso no es así.
Lección 3: Mientras sigamos avanzando, cada pequeño paso cuenta. Todos y cada uno
de los pasos son parte importante del viaje.
Lección 4. Avanzar hacia algo realmente significativo suele dar origen a pensamientos,
sentimientos y sensaciones desagradables. Afortunadamente, no estamos hablando del
dolor lacerante ni del miedo a la muerte que tuvo que soportar Joe Simpson; pero, por lo
general, todos vamos a experimentar miedo, a dudar de nosotros mismos y a sentir
ansiedad cuando actuemos de acuerdo con nuestros valores; y si practicamos deporte o
realizamos cualquier otra actividad física, entonces las sensaciones de dolor también van
a aparecer cuando pongamos a prueba nuestros músculos. Por eso, si queremos alcanzar
nuestros más importantes objetivos en la vida, debemos aprender a dar cabida al malestar
y la incomodidad.
Lección 6• En ocasiones, todos nos rendimos, como le ocurría a Joe Simpson cada vez
que se tendía en la nieve dispuesto a morir. Comprometerse no significa que nunca
vayamos a rendirnos o a «salirnos de la pista». Comprometerse significa que, cuando nos
rendimos o nos «salimos de la pista», nos levantamos, nos sacudimos el polvo y
volvemos otra vez a la senda. En palabras del gran filósofo chino Confucio: «Nuestra
mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos».
212
ES TU TURNO
Hasta aquí, la historia de Joe Simpson. Pero ¿cuál va a ser la tuya? ¿Qué audaces
aventuras vas a correr? ¿Qué nuevas fronteras vas a explorar? ¿Qué riesgos importantes
vas a asumir? No tienes que escalar montañas, buscar fósiles ni desafiar a regímenes
racistas. Las aventuras audaces pueden incluir casi cualquier cosa: acudir a una cita a
ciegas, sentarte a escribir un libro, inscribirte en un curso, dar una charla, asistir a unas
clases de baile, coger unos pinceles, acudir a una entrevista, participar en una
competición o realizar una importante transacción comercial. Una aventura audaz para
Raj fue abrir su nuevo restaurante; para Sarah, bailar; para Claire, ampliar su vida social;
para Cleo, salir con hombres; y para Seb lo fue volver a hacer el amor con su mujer.
Crear tu propia aventura audaz es muy sencillo. Tan solo hay que dar cinco pasos:
Elige un aspecto de la vida para empezar a trabajar en él: amor, trabajo u ocio (es
importante elegir uno solo, ya que, si intentas trabajar en los tres al mismo tiempo,
probablemente te verás desbordado; con el tiempo, podrás centrarte en los otros).
Tómate unos minutos para reflexionar sobre tus valores en el aspecto de la vida que
hayas elegido: ¿qué tipo de carácter desearías construir?; ¿qué cualidades personales
desearías desarrollar?; ¿de qué querrías ser símbolo o paradigma?
Ahora utiliza esos valores para establecer algunos objetivos. ¿Qué objetivos a corto plazo
te gustaría alcanzar en los próximos días o semanas? ¿Cuáles son los objetivos a medio
plazo para las próximas semanas o meses? ¿Cuáles serían los objetivos a largo plazo para
los siguientes meses y años?
Elige un objetivo importante a corto plazo. ¿Qué acciones tendrías que realizar para
alcanzarlo? ¿Cuál sería el primer paso? ¿Cuál es la cosa más sencilla y fácil que podrías
empezar a hacer hoy mismo, con independencia de lo insignificante que pueda ser
semejante paso?
213
Paso 5.' Ponerse en marcha
De acuerdo; ya sabes lo que necesitas hacer; de modo que ahora ¡muévete! Y mientras
lo haces, acuérdate de actuar conscientemente: desengánchate de las historias inútiles, da
cabida a tus sentimientos menos placenteros e implícate plenamente lo que estés
haciendo, sea lo que sea.
Esto es lo que hizo Seb. El aspecto de la vida por el que decidió empezar fue su vida
conyugal. Algunos valores importantes que aclaró fueron: ser cariñoso, afectuoso,
sensual e íntimo. Su objetivo a largo plazo era reanudar la relación sexual normal con su
mujer. Su objetivo a corto plazo fue, sencillamente, reiniciar el contacto físico. Su
objetivo a medio plazo, incrementar progresivamente las relaciones físicas íntimas, tales
como masajes, caricias mutuas, hasta estar listo para intentar de nuevo la unión sexual
plena.
Si tu mente intenta hacerte ver que aún no tienes la suficiente confianza para iniciar la
acción, entonces dale las gracias amablemente y recuerda la regla de oro:
214
confianza.
Ten en cuenta, además, que ahora tienes todas las herramientas necesarias para
tratar con las cinco causas de una baja autoestima:
En los puntos anteriores hemos destacado las habilidades más importantes para este
tema; pero, en realidad, todo cuanto hemos desarrollado a lo largo de este libro se aplica
a todos y cada uno de los casos. Sea cual sea lo que está interfiriendo con tu confianza,
la solución está en la consciencia plena, los valores y la acción: defusiónate de los
pensamientos inútiles, ábrete a tus sentimientos dolorosos, emprende acciones dejándote
guiar por tus propios valores e implícate completamente en aquello que estés haciendo.
215
Podemos recordarlo mediante el acrónimo ACT-
Ahí tienes todo cuanto necesitas para dar comienzo a tu audaz aventura y desarrollar
una auténtica confianza a lo largo del trayecto. Y al hablar de «auténtica confianza» me
refiero a la capacidad de actuar de acuerdo con tus propios valores, con independencia
de cómo te sientas: confiar en ti mismo y creerte capaz de hacer lo que conviene, ¡aun
cuando te asuste!
Si esperabas conseguir una varita mágica para controlar tus sentimientos, entonces tu
mente estará probablemente protestando de algún modo y sintiéndose irritada con mi
definición de «auténtica confianza». Lo cual es perfectamente normal. A nuestra mente
le gusta salirse con la suya, y cuando no lo consigue, tiende a quejarse. De modo que,
una vez más, agradece a tu mente su sugerencia y considera el asunto que viene a
continuación.
LA GRAN ELECCIÓN
Imagina que pudieran darte a elegir cómo vivir tu vida. Hay dos opciones:
Opción primera: durante el resto de tu vida, únicamente harás las cosas realmente
importantes para ti si te apetece, estás mentalmente preparado para ello, y te hace
sentirte bien. En otras palabras, vas a vivir el resto de tu vida a merced de tus emociones:
si estás de humor o te sientes bien, entonces haces las cosas que consiguen que tu vida
funcione; pero si tu ánimo se viene abajo o no te sientes bien, entonces renuncias a las
cosas que de verdad importan y dejas tu vida en suspenso hasta el momento en que
vuelvas a sentirte bien, positivo o inspirado.
Opción segunda: durante el resto de tu vida, únicamente vas a hacer las cosas
realmente importantes para ti tanto si te apetece como si no. Tanto si te sientes bien
como si te sientes mal, lleno de energía o agotado, optimista o pesimista, tranquilo o
ansioso, relajado o temeroso, inspirado o falto de inspiración, sigues haciendo lo que
realmente te importa. En lugar de ir por la vida a merced de tus emociones, siempre
216
puedes comportarte como la persona que quieres ser, y hacer las cosas que quieres hacer
aun cuando estés cansado o ansioso o, simplemente, no te apetezca.
Si eliges la opción primera, vas a tener que estar toda tu vida debatiéndote,
dedicando cada vez más tiempo, esfuerzo y dinero a tratar de controlar tus sentimientos,
al tiempo que dejas de hacer lo que realmente importa.
217
218
¿Qué te detiene?
La cola parece prolongarse hasta el infinito: una línea de figuras humanas que se
desvanecen en la distancia hasta no ser más que unos diminutos puntos negros en el
horizonte.
219
ello no ayuda en absoluto. Únicamente conseguimos quedarnos aún más atascados y
sentirnos más desgraciados. No, si queremos salir de ese lugar, lo primero que
necesitamos saber es qué es lo que nos retiene allí.
¿Qué es lo que nos retiene? ¿Qué es lo que nos impide actuar en función de nuestros
valores? La respuesta es «FEAR»2. No, no el «miedo» sino FEAR, el acrónimo de:
F - Fusion
E - Excessive goals
A - Avoidance of discomfort
R - Remotenessfrom values
Fusión
Por eso, cada vez que te bloquees, pregúntate a ti mismo: «¿Con qué historia me
estoy fusionando?».
Objetivos desmedidos
Si tus objetivos superan tus recursos, fracasarás. Si quieres escalar el Everest, necesitas
una enorme cantidad de recursos, en forma de tiempo, dinero, forma física, dotes para la
escalada y apoyo social. Sin tales recursos, olvídalo. De modo que pregúntate: «¿Es
220
desmedido en alguna manera este objetivo? ¿Estoy intentando hacer demasiadas cosas,
demasiado pronto?».
¿Por qué deberíamos molestarnos en salir de nuestra zona de seguridad y hacer algo que
muy probablemente nos provoque pensamientos y sentimientos incómodos? Nuestros
valores nos proporcionan la motivación. Por eso, si no los hemos clarificado o hemos
perdido el contacto con ellos, podemos fácilmente quedar bloqueados; después de todo,
¿a qué viene hacer algo incómodo, a menos que se trate de algo que enriquezca nuestra
vida a largo plazo? De modo que, cuando te quedes bloqueado, pregúntate a ti mismo:
«¿Qué valores estoy olvidando, descuidando, o con cuáles estoy actuando de manera
inconsecuente?
CÓMO DESBLOQUEARSE
D - Defusion
A - Acceptance of discomfort
221
R - Realistic goals
E - Embracing values
Defusión
Una vez que sabes lo que te mantiene enganchado, puedes percibirlo, nombrarlo y
neutralizarlo. Dale las gracias a tu mente por sus comentarios; ponle título a la historia;
deja que Radio Triple F suene de fondo; pon tus pensamientos por escrito o cántalos
acompañándote de la música que prefieras. Atrapa a tu mente con las manos en la masa:
«¡Ajá! Otra vez dando razones, ¿eh?»; o «¡Ajá! Otra vez el cuento de que «no puedes
hacerlo...». Implícate por completo en lo que estés haciendo y deja que tus pensamientos
vayan y vengan como los coches que circulan velozmente por la carretera.
Para hacer lo que importa, ¿estás dispuesto a dar cabida al malestar? ¿Estás dispuesto a
escuchar esa voz interior que te dice: «No puedo hacerlo. Voy a fracasar»? ¿Estás
dispuesto a aceptar ese nudo en el estómago, esas palpitaciones del corazón y esas
manos sudorosas? ¿Estás dispuesto a soportar emociones fuertes, como el miedo o la
ira? ¿Estás dispuesto a admitir los recuerdos dolorosos o las predicciones de futuro
agoreras? Si no lo estás, entonces te encuentras realmente bloqueado en la zona de
seguridad, en cuyo caso podría ayudarte el considerarlo de este modo: no existe en
absoluto una vida sin sufrimiento. Pero nosotros podemos, hasta cierto punto, elegir la
clase de dolor que vamos a experimentar: podemos experimentar el dolor de
estancamiento o podemos elegir el dolor de crecimiento.
222
acogedor en un café o a un saludable y relajante «spa», más que a un lugar que nos
achica la vida. He aquí unos cuantos nombres que le cuadran mejor: «zona de bloqueo»,
«zona de estancamiento», «zona zombi», «zona del vivir a medias», «zona perdida»,
«zona de vida restringida», «zona de las oportunidades perdidas», «zona del tiempo
perdido», «zona de la basura de costumbre», «zona de la vida en suspenso» (o puede
que, simplemente, «El Lugar de Espera»). De manera muy parecida al dolor de
crecimiento, el dolor de estancamiento incluye múltiples miedos: miedo al fracaso, miedo
al rechazo, miedo a cometer errores, miedo a las represalias, miedo a la vergüenza,
miedo a las pérdidas, miedo a malgastar la vida... Pero aquí no hay vitalidad, significado
ni propósito; no hay sentido de la aventura ni desarrollo personal.
Entonces, ¿qué clase de dolor vas a elegir? ¿Estás dispuesto a aceptar tu malestar
para conseguir vivir una vida plena? Si es así, ¿a qué sensaciones vas a tener que dar
cabida en tu cuerpo y qué palabras e imágenes vas a tener que acoger en tu mente?
Objetivos realistas
Si tu objetivo excede tus recursos, entonces tienes dos opciones. Una opción consiste en
aplazar ese objetivo de momento y establecer un nuevo objetivo para encontrar los
recursos necesarios. Así, si el recurso que necesitas es tiempo, entonces el nuevo
objetivo será reorganizar tu agenda: ¿qué actividad estás dispuesto a abandonar o reducir
para conseguir más tiempo libre? Si el recurso que requieres es salud física, entonces
¿qué puedes hacer para mejorarla? Si es dinero lo que te falta, ¿cómo podrías
economizar, ahorrar o conseguirlo prestado? Si es apoyo social lo que necesitas, entonces
tu nue vo objetivo será crear una red social. Y si de lo que se trata es de un déficit en tus
habilidades, entonces tu nuevo objetivo será trabajar para desarrollarlas. Una vez que
hayas conseguidos los recursos necesarios, podrás volver al objetivo original.
La segunda opción consiste en reducir el objetivo para que resulte asequible a los
recursos disponibles: en otras palabras, hacerlo más pequeño, más fácil o más sencillo.
Obviamente, ala hora de diseñar nuestros objetivos de manera más realista, tenemos
que tener cuidado, porque nuestra mente estará preparada para decirnos que somos
incapaces de conseguirlo. Si Joe Simpson se hubiera fusionado con la historia que se
había forjado en su mente acerca de su carencia de los recursos necesarios para alcanzar
su objetivo, se habría rendido y habría muerto en aquel desierto de nieve. Pero Joe fue
muy listo. Su objetivo principal, regresar al campamento base, resultaba demasiado
abrumador para tomárselo en serio; él no creía disponer de los recursos (comida, agua,
223
equipo, fuerzas y tiempo) para conseguirlo. Por otro lado, tampoco quería renunciar a él,
ya que ello habría significado una muerte segura. De manera que lo redujo a una serie de
objetivos mucho más limitados - ir cojeando hasta el final de la cuesta, arrastrarse hasta
la cima de aquella roca, etcétera-, para lograr cada uno de ellos sí que disponía de los
recursos necesarios.
Esta es una buena estrategia básica cuando pensemos que algún objetivo es
inalcanzable: dividirlo en otros objetivos menos ambiciosos. Como en el viejo chiste:
Pregunta: «¿Cómo te comerías un elefante?» Respuesta: «Bocado a bocado». Por
ejemplo, si me sentara en mi mesa con el objetivo de «escribir un libro», me sentiría
desbordado por la magnitud de la tarea. Por supuesto que «escribir un libro» es el
objetivo principal; pero cuando aún no se ha escrito una sola palabra, conseguirlo parece
casi imposible. Por eso, cuando me siento delante de la mesa, mi objetivo suele ser
«escribir durante una hora», o tal vez dos o tres horas. Estos objetivos más reducidos
parecen mucho más asequibles. Incluso si me siento delante del ordenador durante una
hora, y en ese tiempo tan solo he escrito cincuenta palabras que, por otra parte, no son
más que basura, aun así he conseguido mi objetivo de escri bir durante una hora. Y
como detrás de una hora viene otra, y yo corrijo y vuelvo a escribir y vuelvo a corregir
un poco más, y de nuevo vuelvo a escribir, el libro, poco a poco, se va completando.
Por eso, una pregunta útil que podemos hacernos a nosotros mismos, cuando un
objetivo parezca exceder nuestras posibilidades, es esta: «¿Cuál es el paso más pequeño,
más sencillo y más fácil que podría dar en las próximas veinticuatro horas y que podría
ponerme un poco más cerca de conseguirlo?».
¿Qué es lo que te importa del cuadro general? ¿Qué tipo de vida quieres vivir? ¿Qué
clase de persona quieres ser? ¿Qué quieres que represente tu vida? Ponte en contacto
con esos valores; reflexiona sobre ellos y permiten que sean tu guía. Cuando las cosas se
pongan difíciles, recuérdate a ti mismo lo que estás defendiendo; reflexiona sobre los
valores por los que estás viviendo.
Si esos valores son importantes para ti, entonces ¿estás dispuesto a actuar de
acuerdo con ellos? Y si es así, ¿cuáles serían las acciones más sencillas que podrías
emprender? (Y si descubres que los objetivos que has establecido no están realmente en
concordancia con tus valores centrales, entonces ¡cámbialos!).
224
DE NUEVO, ES HORA DE DESMITIFICAR
Uno de los mitos más inútiles con que topamos en el mundo de la motivación popular y
del auto-desarrollo es el siguiente: tienes que creer absolutamente, al cien por cien, que
vas a lograr tu objetivo. La gente que juega de acuerdo con esta regla, en realidad se está
metiendo en un auténtico fregado. ¿Por qué? Porque cuanto más grande sea y mayor
reto suponga el objetivo, tanto más difícil resultará creerse al cien por cien que se va a
conseguir. Las dudas son habituales, incluso entre las personas de mayor éxito en el
mundo. Además, si hay alguien tan egoísta y arrogante como para ir por la vida creyendo
que va a triunfar en cada objetivo importante que se proponga, antes o después se llevará
un buen batacazo, porque todo el mundo, con independencia del talento que tenga y lo
bien que lo haga, fracasa de vez en cuando (el capítulo 20 está dedicado por entero a
este tema).
Afortunadamente, no tienes que creer a ciegas que vas a conseguir el contrato para
poner en marcha tu plan. No tienes que creer a ciegas que la respuesta va a ser «sí» al
pedirle a alguien una cita. No tienes que creer a ciegas que vas a ganar la competición
para inscribirte en ella. Lo único que necesitas es reconocer que existe una posibilidad,
aunque sea muy remota. Y una vez que hayas reconocido que es posible, entonces
puedes jugar de acuerdo con esta regla: No te obsesiones con el resultado; apasiónate con
el proceso.
EL VACÍO DE LA REALIDAD
Cuando se da un gran «vacío de realidad» - es decir, un desfase entre lo que nos gustaría
que fuera realidad y lo que la realidad es-, aparecen sentimientos dolorosos. Y cuanto
mayor sea el vacío, tanto mayor es el dolor. Un vacío de realidad pequeño da lugar a
sentimientos de decepción, frustración, ansiedad, pesar, aburrimiento, culpabilidad o
impaciencia. Un vacío de realidad enorme puede dar lugar a desesperación, miedo, rabia
o terror.
225
Aquí es donde la plena consciencia y los valores acuden en nuestra ayuda. Podemos
abrirnos y dar cabida a todos esos sentimientos dolorosos, reconocer que duelen
muchísimo y ser amables y compasivos con nosotros mismos. Podemos preguntarnos:
«¿Qué quiero mantener frente a este vacío?». Con independencia del dolor que
experimentemos, tenemos que tomar una decisión: podemos decidir renunciar a la vida o
vivir de acuerdo con nuestros valores. Y no hay premio por adivinar qué opción nos va a
proporcionar un mayor sentido de satisfacción y vitalidad.
Es un brillante ejemplo de cómo vivir de acuerdo con los propios valores frente a un
vacío de realidad realmente enorme. De modo que, si por una u otra razón, nuestro
objetivo resulta totalmente imposible, entonces reconozcámoslo así, demos cabida al
dolor y, al mismo tiempo, pongámonos en contacto con nuestros valores. Podemos
preguntarnos a nosotros mismos: «Dentro de diez años, cuando vuelva la vista hacia este
período de mi vida, ¿a qué me gustaría decir que me mantuve fiel, qué valores me
permitieron vivir ante semejante vacío de realidad?». Así podemos utilizar esos valores
para establecer objetivos nuevos y distintos... y llevar nuestro dolor con nosotros
mientras no dejamos de perseguirlos.
Una y otra vez, a lo largo de nuestra vida, nos vamos a quedar bloqueados en nuestra
zona de seguridad. Unas veces, solo vamos permanecer en ella un rato. Otras veces,
puede que nos quedemos atascados por mucho tiempo. Pero, aunque nunca vamos a
conseguir ser perfectos, sí podemos siempre mejorar. Podemos caer en la cuenta más
rápidamente cuando nos quedamos bloqueados y podemos mantenernos en el buen
226
camino durante más tiempo. Los acrónimos FEAR y DARE (miedo y atreverse) te
ayudarán a conseguirlo. De modo que anímate y memorízalos. Incluso podrías escribirlos
en una tarjeta y llevarlos en la cartera; remítete a ellos con frecuencia, hasta que los
hayas internalizado. Y, por supuesto, no te limites a intelectualizarlo; ponlo en práctica. Si
lo haces de este modo, conseguirás grandes beneficios, no siendo el menor de ellos el
evitar caer en...
227
228
La trampa de la motivación
¿Alguien te ha dicho alguna vez que puede hacer algo que es humanamente imposible?
Normalmente, yo trabajo con clientes que manifiestan cosas parecidas. Lo que suelen
decir es: «Quiero hacerlo, pero me falta motivación».
229
Nate: Bueno, ya sabes...; cuando vuelvo a casa después del trabajo, estoy muy cansado.
No tengo ganas de hacer nada.
Russ: Supón que yo llamo una tarde cuando estés tirado en el sofá y te digo: «Venga,
Nate, mueve el trasero del sofá y vete a entrenar». ¿Qué me contestarías?
Russ: Está bien. Pero una vez que te calmaras, y suponiendo que no me colgaras, ¿qué
razón me darías para no ir a entrenar?
Russ: Entonces, ¿tu deseo de tumbarte en el sofá para ver la tele es mayor que tu deseo
de ir a entrenar?
Nate: [poniéndose a la defensiva] Yo querría ir, pero es que estoy demasiado cansado.
Russ: Lo siento si mis palabras te han parecido una crítica. No era mi intención criticarte,
sino insinuarte una manera eficaz de ver tu propio comportamiento de modo que
puedas aprender de él y cambiarlo, si es que eso es importante para ti. ¿De
acuerdo?
Russ: Entonces, vamos a pensar un momento. Lo primero que hay que recordar es que
nuestro comportamiento siempre sirve a algún propósito. ¿Cuál es, entonces, el
propósito de tumbarte en el sofá y ver la tele, en lugar de ir a entrenar?
Russ: Entonces, ¿eso te hace a corto plazo sentirte bien y te ayuda a evitar la molestia de
ir a entrenar?
Nate: Sí.
Russ: Pero, por desgracia, a largo plazo no te ayuda a vivir la vida que tú quieres. Tus
230
cualidades se oxidan, tu estado físico decae, y corres el riesgo de que te expulsen
del equipo.
Nate: Lo sé.
Russ: ¿Podríamos entonces decir que no es que no tengas motivación, sino que,
simplemente, tu motivación para evitar las molestias y hacer lo que te apetece a
corto plazo se está imponiendo a tu motivación de mantenerte en forma, poner a
punto tus habilidades, apoyar a tus compañeros y dar lo mejor de ti mismo en el
juego?
Nate: [pausa] Sí. Yo no lo había visto de ese modo, pero sí: estoy de acuerdo con eso.
Russ: Entonces, aquí está la cuestión. Voy a compartir contigo mi experiencia y quiero
que veas si coincide con la tuya. Si no es así, está bien; no tienes que estar de
acuerdo conmigo. Pero, según mi experiencia, cuando alguien dice: «No estoy
motivado», lo que realmente quiere decir es: «Yo deseo hacerlo, y es importante
para mí; pero no estoy dispuesto a ponerme en marcha si no me siento a gusto,
feliz, positivo, inspirado, lleno de energía, confiado o "de humor". Mientras me
sienta cansado, adormilado, perezoso, ansioso, asusta do, sin confianza o "sin
humor", no voy a hacerlo». Me pregunto si te puedes identificar con esto.
Nate: [larga pausa] Bueno, no me gusta tener que admitirlo, pero... sí, así es.
Nate, como la mayoría de la gente, entiende que la motivación es, ante todo, un
sentimiento. Si nos sentimos bien para hacer algo - si somos positivos, si estamos
animados, entusiasmados, revolucionados o inspirados, entonces decimos que nos
«sentimos motivados». Y si no tenemos todos esos agradables sentimientos, entonces
decimos que estamos «desmotivados» o que «no tenemos motivación».
Lamentablemente, si equiparamos la motivación con un sentimiento, enseguida nos
quedamos atascados. ¿Por qué? Porque eso nos hace caer en la trampa de pretender
experimentar los sentimientos adecuados antes de iniciar la acción. Y, como ya sabemos,
esa es la manera más segura de quedarse atascado en el «Lugar de Espera».
Sin embargo, una vez que hemos reconocido que la motivación no significa más que
deseo, nos encontramos en una posición mucho más favorable para modificar nuestro
comportamiento; podemos valorar nuestros deseos alternativos y reconocer qué es lo que
motiva cada una de nuestras decisiones. Y, en particular, podemos diferenciar entre el
deseo de evitar el malestar y el deseo de actuar de acuerdo con nuestros valores. Estas
231
motivaciones, por lo general, nos empujan en direcciones muy distintas; y una vida
regida por la evitación es mucho menos gratificante que una vida regida por valores.
Es más fácil explicarlo con un ejemplo. Una vez que me convertí en un autor
popular, decenas de personas se dirigieron a mí para decirme que querían escribir libros.
Sin embargo, muy pocos llegaron a sentarse de verdad para ponerse a escribir uno. La
falta de motivación no era el problema: todos tenían deseos de escribir. Lo que les faltaba
era el compromiso: no estaban dispuestos a hacer lo que era necesario.
Casi siempre, lo que los detenía era el vacío de confianza: se quedaban aguardando
hasta sentirse seguros antes de decidir ponerse en marcha. Y, como ya sabes, la vida no
funciona de esa manera. En este punto del libro, probablemente ya te sabes de memoria
la regla de oro, pero, por si acaso, aquí la tienes de nuevo: Los actos de confianza son lo
primero; los sentimientos de confianza vienen después.
232
que me siento está absolutamen te fuera de mi control; pero controlo perfectamente las
acciones que emprendo.
Adoptar la regla de oro - primero las acciones; luego los sentimientos - es una
estrategia de ganador. ¿Por qué? Porque si actuamos según nuestros valores, estamos
creando una vida más rica y plena. Y si los sentimientos que deseamos aparecen luego,
eso constituye una estupenda bonificación; al fin y al cabo, a todos nos gusta tener
buenos sentimientos. Pero aunque esos sentimientos no surgieran más tarde -y no
tenemos ninguna garantía de que vayan a surgir-, aun así, estaremos actuando de
acuerdo con nuestros valores, haciendo lo que vuelve significativa nuestra vida.
¿Está protestando de nuevo? ¿Está diciendo: que lo que quieres decir es que no hay
garantía alguna de que esos buenos sentimientos vayan a aparecer más tarde»?
Por desgracia, así es. Para ser precisos, la regla de oro debería ser formulada de esta
manera: Los actos de confianza son lo primero; los sentimientos de confianza vienen
después..., pero no siempre. Esto, simplemente, no es sino reconocer la realidad:
tenemos mucho más control sobre nuestros actos que sobre nuestros sentimientos. A
nuestra mente no le gusta admitirlo, de modo que no te lo creas porque yo te lo diga.
Compruébalo con este sencillo experimento mental:
Imagina que estoy apuntándote a la cabeza con un arma y te pido que hagas algo que
nunca has hecho en tu vida con anterioridad, como hacer malabarismos con antorchas
encendidas, montar en monociclo o dar un salto mortal en un trapecio volante. ¿Lo
harías? Seguro que sí. No lo harías demasiado bien; cometerías muchos errores; puede
que no consiguieras guardar el equilibrio en el monociclo ni mantener las antorchas en el
aire, ni dar el salto mortal desde el trapecio; pero con una pistola apuntándote a la
cabeza, seguro que lo ibas a intentar.
Ahora imagina que te dijera que te sintieras confiado mientras aprendías a hacer esas
cosas. ¿Podrías hacerlo? ¡De ninguna manera! Pues por eso es por lo que la regla de oro
dice que «los actos son lo primero».
El tema de la «falta de motivación» tiene dos parientes cercanos: «No soy disciplinado»
y «no tengo fuerza de voluntad». Nuestra mente puede engancharnos fácilmente a estos
233
argumentos y convertirlos en «profecías que se hacen realidad a sí mismas». La fantasía
de nuestra mente es que existe algo llamado «disciplina» o «voluntad» y que, una vez
que lo poseemos, somos capaces de empezar a hacer lo que de verdad nos importa. Esta
fantasía se refuerza con el lenguaje de cada día: cuando oímos decir: «Hace falta
disciplina para madrugar e ir al gimnasio», suena como si hubiera una poción mágica
llamada «disciplina» y que, mientras no la tengamos, no vamos a poder madrugar para ir
al gimnasio.
Lamentablemente, si nos creemos esa fantasía, nos vamos a encontrar con dos
problemas. Problema número uno: nos lanzamos a la búsqueda de la poción mágica -
leyendo libros o haciendo toda clase de cursos para tratar de desarrollar más fuerza de
voluntad o disciplina-, en vez de comprometernos con la acción ahora mismo.
Seamos muy claros, por tanto: no existe tal poción mágica; no hay ninguna hormona
química, ningún gen ni parte alguna del cerebro que se llame «disciplina» ni «fuerza de
voluntad». Tales palabras son meras etiquetas descriptivas; son formas de describir la
pauta de compromiso con la acción. Cuando decimos que alguien tiene disciplina o
fuerza de voluntad, lo que queremos decir es que esa persona, sistemáticamente, se
compromete a actuar de acuerdo con sus valores y hacer lo que sea necesario para
conseguir sus objetivos, aunque no le apetezca hacerlo.
Por eso, una vez más, las acciones con lo primero; los sentimientos vienen después.
Primero aprendemos a obrar de forma coherente con nuestros valores, con
independencia de cómo nos sintamos. Y una vez establecido ese hábito, sentiremos que
tenemos disciplina o fuerza de voluntad.
ANZUELOS SOLAPADOS
Nuestra mente nunca agota las maneras de engancharnos y, como puedes ver, algunos
anzuelos son más solapados que otros. Todos esos cuentos sobre la falta de motivación,
de fuerza de voluntad y de disciplina son especialmente seductores, pero todos ellos son
meras variantes del «no puedo hacerlo; no soy lo bastante bueno».
Por eso, la próxima vez que tu mente te diga: «No tengo motivación», reconoce que
eso es, de hecho, imposible... y desengánchate. Luego aclara el deseo que está
234
impulsando tu conducta. ¿Es el deseo de evitar el malestar y hacer lo que te apetezca a
corto plazo (impulso de evitación)? ¿O es el deseo de actuar de acuerdo con tus valores y
hacer lo que enriquece tu vida a largo plazo (impulso por valores)?
A continuación, pregúntate a ti mismo: si yo dejara que este deseo rigiera mis actos,
¿lo haría en la dirección en que quiero que vayan?
Por último, pregúntate: «Aun sin sentirme motivado, ¿estoy dispuesto a hacer
aquello que haga mi vida más rica?».
235
236
El poder de la auto-aceptación
ESuLTA difícil creer que a los dieciséis años no consiguiera entrar en el equipo de
baloncesto de su instituto. Pero no es tan difícil creer que practicó mucho y duro y que
consiguió entrar en el equipo al año siguiente. Jordan tenía una actitud saludable y
positiva hacia el fracaso. Según sus propias palabras:
En otras palabras, si queremos aprender a hacer bien cualquier cosa, lo que sea,
vamos a cometer muchos errores hasta conseguirlo. Y cuanto más nos aventuremos en
aguas desconocidas, tanto más probable será que erremos. Ahora bien, no conozco a
nadie al que le guste cometer errores ni meter la pata; pero si podemos aceptar el fracaso
como una parte esencial del auto-desarrollo, nos sentiremos mucho mejor que si nos
negamos a aceptarlo. Muchas personas que han alcanzado el éxito se han pronunciado al
respecto. Cuando le preguntaron a Thomas Watson, presidente de IBM: «¿Cuál es la
fórmula del éxito?», él respondió: «Duplicar la tasa de fracasos».
El gran líder inglés durante la Segunda Guerra Mundial, sir Winston Churchill, dijo:
«El éxito es la capacidad de fracasar una y otra vez sin perder el entusiasmo».
Pero, aunque es fácil estar intelectualmente de acuerdo con todo ello, lo cierto es que
resulta aceptarlo en la realidad. ¿Por qué? ¡Porque el fracaso no sienta nada bien!
Anteriormente mencionábamos «el vacío de realidad»: ese doloroso vacío que se da
237
entre la realidad que deseamos y la realidad que realmente tenemos. Cuando mayor es la
diferencia entre ambas, tanto más dolorosos son los sentimientos que se producen. Y el
fracaso nos introduce de lleno en ese vacío. Y eso duele, y mucho. Para la mayoría de
nosotros resulta tan doloroso como una lesión física, si no más. No es de extrañar, pues,
que a todos nos amedrente.
Ahora bien, como todos sabemos, a los seres humanos no nos gustan los
sentimientos incómodos. Entonces, para evitar el dolor del fracaso, muchas veces
abandonamos o nos rendimos antes de haber empezado. Y, en su lugar, hacemos algo
más fácil, algo menos desafiante. Y a menudo eso nos proporciona una sensación de
alivio que, sin embargo, no dura mucho. Más pronto que tarde, nuestras mentes
empiezan a insistirnos en que «abandonemos», o bien experimentamos esa sensación de
pesadez, pérdida y estancamiento que caracteriza a la vida que permanece dentro de la
«zona de seguridad».
Hay al menos tres formas, que yo sepa, de modificar nuestra relación con el fracaso. La
primera consiste en recordarnos regularmente a nosotros mismo que el fracaso forma
parte de la vida. A este propósito es muy útil recoger datos o anécdotas al respecto. Por
ejemplo:
•Steven Spielberg intentó por tres veces ingresar en la Escuela de Teatro, Cine y
Televisión de la Universidad de California del Sur, pero siempre sin éxito, debido
a su baja nota media.
•El primer proyecto empresarial de los co-fundadores de Microsoft, Bill Gates y Paul
Allen, se llamó «TrafO-Data». Se creó para analizar el flujo del tráfico... y
fracasó estrepitosamente.
238
•Abraham Lincoln fue derrotado la primera vez que presentó su candidatura a un
escaño por Illinois en la Cámara de Representantes. A continuación, abrió una
tienda que se hundió en pocos meses.
También puede ser útil aducir citas famosas. He aquí dos que me gustan
especialmente, porque son de escritores muy importantes:
-Ernest Hemingway,
Cuando estoy trabajando con mi ordenador, y mi mente no deja de decirme que todo
lo que escribo es horrible, siem pre echo mano de esas dos citas; me permito a mí mismo
ser un estúpido, cometer errores y escribir pura basura. Me defusiono del tiránico
dictador del interior que habita en mi mente y que insiste en que todo cuanto escriba
tiene que ser bueno. Y me recuerdo a mí mismo que se trata tan solo de un primer
borrador y que en cada revisión voy a mejorarlo un poco.
Con semejante actitud podemos recordar fácilmente que el fracaso forma parte
naturalmente del aprendizaje. Es una oportunidad de reflexionar sobre lo que no funciona
y de pensar qué podría funcionar mejor la próxima vez. En palabras de Henry Ford: «El
fracaso nos da la oportunidad de comenzar de nuevo y de una forma más inteligente».
Regla 6: El verdadero éxito consiste en vivir de acuerdo con los propios valores.
239
Practicar el juego de esta manera significa que, en la medida en que he actuado de
acuerdo con mis propios valores, entonces, aun cuando no alcance mi objetivo, estoy
teniendo éxito.
Por poner un ejemplo: yo tengo cuatro novelas sin publicar esperando en un cajón de
mi escritorio. Desde un punto de vista centrado en los objetivos, constituirían otros
tantos fracasos, porque no he alcanzado mi objetivo de publicarlas. Pero desde una
perspectiva centrada en los valores, cada una de ellas es un éxito, porque en cada
momento de su redacción he actuado de acuerdo con mis valores en lo tocante a la
creatividad, la auto-expresión y el crecimiento personal.
Y luego esta la única novela que sí he publicado: una «sex comedy» titulada: Stand
Up Strummer. A pesar de algunas buenas críticas (un periódico la denominó «Bridget
Jones para tíos»), el libro no se vendió demasiado bien. ¿Qué pasa entonces?: ¿acaso el
hecho de haberla publicado la convierte en un éxito? ¿O constituye un fracaso el hecho
de que no se haya vendido demasiado bien? Desde una perspectiva centrada en los
valores, tales consideraciones son irrelevantes. Lo realmente importante es que yo puse
en juego mis valores, y el proceso me resultó estimulante, gratificante y satisfactorio.
Para mí, eso es un éxito. (Obviamente, me sentí decepcionado por el resultado final. Me
habría gustado que hubiera sido un bestseller mundial y que Hollywood lo hubiera
convertido en una película interpretada por Colin Firth y Renee Zellweger. Pero, como
cantaba el famoso gurú Mick Jagger en su conocida canción, «No siempre puedes
conseguir lo que quieres»).
Probablemente conozcas el viejo proverbio: si quieres que tu burro tire del carro,
puedes utilizar el palo o la zanahoria. En otras palabras, puedes atizarle con una vara
hasta que, de mala gana, cumpla tus deseos, o puedes también tentarlo poniéndole
delante una tierna y jugosa zanahoria que no puede alcanzar y, una vez que haya llevado
240
el carro hasta donde tu querías, darle la zanahoria como recompensa. Ambos proce
dimientos van a conseguir que el burro se mueva. Sin embargo, si siempre haces uso del
palo, no tardarás en tener un burro infeliz y enfermizo. En cambio, si haces uso de la
zanahoria, acabarás teniendo un burro sano y feliz (que además gozará de una excelente
visión nocturna).
La mente humana tiene todo una serie de palos. ¿Utiliza la tuya alguno de los
siguientes: «¡Idiota!», ¡«fracasado!», «¡cobarde!», «¡ya sabía yo que esto iba a pasar!»,
«¿cómo se puede ser tan necio?», «¡nunca haré nada a derechas!», «¡esto únicamente
demuestra lo incompetente que soy!», «¡algo en mí no funciona!», «¡no sirvo para
nada!», «¿por qué es tan difícil?», «¡estúpido, más que estúpido!», «¡no puedo creer
que haya hecho tal cosa!», «¿por qué siempre tiene que pasarme esto?», «no tengo lo
que hay que tener», «¡qué pérdida de tiempo!», «¡qué débil soy!», «no tendría que
haberme molestado», «La mera idea era un auténtico disparate: estaba condenado al
fracaso desde el principio», «no tengo remedio»?
A veces, nuestra mente incluso emplea el palo con los demás, y quedamos atrapados
en el juego de la culpa: «Esto nunca habría ocurrido si él/ella no hubiera hecho lo que
hizo; todo fue por su culpa». Pero se descargue donde se descargue el golpe, sobre
nosotros o sobre los demás, una cosa es cierta: no nos va a ayudar a aceptar el dolor del
fracaso ni a aprender y crecer gracias a esa experiencia.
Paso 1: Desengancharse
241
acógelas. Y si estás en un lugar discreto, podrías poner tu mano allí donde sientas más
dolor, para «soportarlo más fácilmente» (a lo largo de los años he trabajado con muchos
«tipos duros»: policías, bomberos, soldados y deportistas que al principio rechazaban tal
idea - les parecía afeminado o demasiado sentimentaloide-, y sin embargo, casi todos,
una vez que superaron su desconfianza, lo encontraron muy útil).
Imagina que alguien a quien amas sintiera lo mismo que sientes tú en circunstancias
similares; ¿cómo lo tratarías? Si lo señalaras con el dedo y lo juzgaras - «Deberías
haberlo intentado con más firmeza»; «¡Espabila!»; «No seas quejica»; «Toda la culpa es
tuya»...-, entonces esa persona no sólo se sentiría peor sino que, además, tu dura actitud
acusadora terminaría dañando la relación.
Por otra parte, si pretendes arreglarlo a base de pensamientos positivos - «No hay
que llorar por la leche derramada»; «Todas las nubes están recubiertas de plata»;
«Cuando una puerta se cierra, otra puerta se abre»; «No se ganó Zamora en una hora»;
«Lo que no te mata te hace más fuerte»-, probablemente la otra persona se sentirá
irritada, triste o decepcionada. ¿Por qué? Porque esta actitud super-positiva, que
pretende que todo tiene arreglo, que basta con proponérselo para conseguirlo, adolece de
falta de empatía y compasión; semejante actitud indica que, o bien no entiendes nada o
bien no te importa demasiado lo dolida que pueda estar la otra persona.
Por eso, si quieres tratar a esa otra persona con respeto, amabilidad y compasión, a
la vez que reconoces cuán doloroso es el fracaso, ¿qué tipo de palabras amables y
consideradas le dirías? Si andas buscando ideas, aquí tienes una posibilidad: «Sé muy
bien que, cuando las cosas suceden de ese modo, duele una barbaridad. Me gustaría
poder eliminar tu dolor, pero sé que no es posible. Solo quiero que sepas que estoy aquí
para lo que desees». Intenta decirte algo parecido a ti mismo, con auténtica amabilidad.
242
Y considera además lo siguiente: ¿Hay algún tipo de acción compasiva que podrías
realizar por ti mismo? (Una pista: poner tu mano sobre el dolor, como en el paso 2, es un
importante gesto de compasión hacia ti mismo).
Reconoce y valora esos esfuerzos y date una palmadita en la espalda a ti mismo por
lo que hiciste bien. Es absolutamente esencial para infundirse ánimos. No basta
simplemente con desengancharse de todas nuestras severas críticas y jui cios sobre
nosotros mismos; necesitamos valorar activamente nuestros esfuerzos, especialmente
cuando fallamos en la consecución de nuestros objetivos. Cada vez que lo hacemos,
estamos aprendiendo a ser entrenadores eficaces. Los entrenadores ineficaces
únicamente se centran en lo que salió mal, y lo hacen de una forma muy dura y muy
crítica. Los entrenadores eficaces primero reconocen y valoran lo que salió bien, y luego,
de una manera respetuosa y que no entraña juicio alguno, reconocen lo que salió mal,
para convertirlo en una experiencia de aprendizaje.
Busca en tu fracaso algo que haya resultado útil. Pregúntate: «¿Cómo puedo aprender a
crecer a partir de esto?»; «¿qué puedo hacer de manera diferente la próxima vez para
conseguir un mejor resultado?». Cada fracaso, con independencia de lo que implique,
nos ofrece una oportunidad de aprender y crecer; aunque solo sea para mejorar nuestras
habilidades de defusión y expansión. Lo importante no es tratar de rebajar, negar o
trivializar el dolor del fracaso sino, más bien, dignificarlo y extraer de él algo beneficioso.
Pregúntate a ti mismo: «¿Qué actitud deseo mantener frente a este vacío de realidad?».
Puedes optar por rendirte o puedes ser partidario de algo más enriquecedor para tu vida.
243
¿Qué valores te gustaría poner en juego: perseverancia, aprendizaje, coraje,
adaptabilidad, innovación, creatividad, crecimiento personal...? Utiliza esos valores
centrales como guía a la hora de dar tu respuesta. Pregúntate: «¿Qué tendría que hacer
para que, dentro de diez años, pueda mirar atrás con orgullo y satisfacción por mi forma
de responder?», Y luego emprende esa acción con plena consciencia.
Regla 9: El fracaso duele. Pero si estamos dispuestos a aprender de él, puede ser un
maestro maravilloso.
Cuando actuamos de acuerdo con esta regla, es esencial darse ánimos a uno mismo
de manera eficaz: ser amable con nosotros mismos, reconocer lo que ha funcionado,
aprender y crecer a partir de nuestra propia experiencia y volver a conectar con nuestros
propios valores. Sin estos pasos, el fracaso no es más que un peso muerto colgado de
244
nuestro cuello. Pero con el debido auto-estímulo podemos apreciar plenamente el
proceso de...
245
246
Mejorar
«Es mejor que trabajes de secretaria o que te cases». Esto es lo que el director de la
agencia de modelos "Blue Book"aconsejó a la aspirante a modelo Marilyn Monroe en
1944.
L cantante tiene que irse: a la BBC no le gusta». Eric Easton, el primer manager de
los Rolling Stones, hizo este comentario acerca de Mick Jagger después de ver actuar al
grupo por primera vez.
«No nos gusta como suenan, y la música de guitarra está prácticamente acabada».
Tal fue el veredicto de la compañía discográfica Decca cuando rechazaron a los Beatles
en 1962.
«Pasarán años -y para entonces yo ya habré muerto - antes de que una mujer llegue
a Primera Ministra». Esto lo dijo Margaret Thatcher en 1974, cinco años antes de
convertirse en Primer Ministra del Reino Unido,
247
Si elegimos vivir de acuerdo con estos valores, obtendremos numerosas
recompensas. Tal vez no alcancemos todos nuestros objetivos ni hagamos realidad todos
nuestros sueños, pero sí mejoraremos de manera significativa a la hora de hacer aquellas
cosas que de veras nos importan.
Yo empecé a escribir libros cuando tenía veintitrés años, y cuando cumplí treinta y
nueve había escrito cinco (todos ellos sin publicar). Mi sexto libro, La trampa de la
felicidad, se publicó poco después de mi cuarenta aniversario. Lo que me hizo perseverar
en medio de tan sombrío panorama y en momentos en que me sentía absolutamente
perdido, deprimido o demasiado cansado para seguir intentándolo, fueron mis valores,
centrados en torno a la perseverancia y el desarrollo personal. Todavía hoy, con cuatro
libros publicados en mi haber, sigo enganchado a los juicios de mi mente acerca de que
cuanto escribo es aburrido o falto de originalidad, o bien a predicciones de mi misma
mente en el sentido de que «este libro va a ser un fracaso». Otras veces choco contra
una pared, falto de ideas o totalmente atascado a la hora de encontrar las palabras
oportunas. Cuando esto sucede, consigo superarme recurriendo a mis valores. Me
pregunto a mí mismo: «Valoro realmente la posibilidad de mejorar mis dotes de escritor?
¿Valoro el hecho de perseverar a pesar de los obstáculos?».
Ahora haz una pausa de diez segundos y observa lo que dice tu mente.
A estas alturas del libro, espero que haya una gran diversidad de reacciones. Algunas
mentes probablemente estarán diciendo: «¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!». Y es probable que otras mentes
estén protestando abiertamente. Una de las protestas más habituales es esta: «Todo eso
está muy bien, pero yo no tengo esos valores. Yo no valoro la perseverancia y el
desarrollo personal». De acuerdo: una de las mayores ventajas de los valores es que
podemos escogerlos ahora mismo, en este preciso momento. Por eso, si hasta ahora nos
hemos pasado la vida sin preocuparnos en lo más mínimo por valores como la
perseverancia o el desarrollo personal, podemos decidir empezar a hacerlo precisamente
248
ahora. Podemos perseverar un poco más que la última vez, o bien esforzarnos un poco
más por mejorar nuestra forma de hacer las cosas. (Obviamente, no tienes que elegir
estos valores; pero si deseas obtener los beneficios que pueden proporcionarte, entonces
puedes elegirlos en el momento que prefieras).
Otra gran ventaja de los valores es que nunca desaparecen. Siempre están ahí,
esperándonos; y en cualquier momento podemos actuar o no de acuerdo con ellos. Por
eso, aun cuando «nos salgamos de la pista» y nos olvidemos de nuestros valores durante
semanas, meses o años, en el momento en que lo deseemos podemos volver a ellos.
(Recuerda: ¡este es el secreto del éxito instantáneo!).
VALORES IMPORTANTES
Un rápido repaso: las cinco principales causas de la escasa confianza en nosotros mismos
son las expectativas excesivas, los juicios severos sobre uno mismo, la preocupación por
el miedo, la falta de experiencia y la falta de habilidades. Por eso, si tus habilidades ya
están perfectamente desarrolladas y son de sobra adecuadas para las exigencias de las
tareas que debes afrontar, entonces es que tu escasa confianza en ti mismo reside en
alguna de las otras cuatro áreas o en todas ellas. Sin embargo, si tus habilidades no están
a la altura de dichas exigencias, entonces es obvio que vas a tener que mejorarlas.
Echemos, pues, un último vistazo a ese Ciclo de la Confianza.
249
Ya he perdido la cuenta del número de que veces que lo he dicho hasta ahora (por
eso, considérate perfectamente libre de gritar si te resulta irritante): si deseamos ser
buenos en algo, tenemos que practicar. Y, obviamente, puesto que somos todos personas
muy ocupadas, y la práctica no sólo requiere tiempo, sino que llegar a resultar incómoda,
la mayoría de nosotros tendemos a evitarla. Aquí es donde los valores de la
perseverancia y el desarrollo personal resultan realmente útiles. Al conectar con estos
valores, podemos seguir avanzando en la dirección correcta, aun cuando no nos apetezca
hacerlo. Podemos recordarnos a nosotros mismos: «He aquí una oportunidad para el
desarrollo personal», o bien: «¡La perseverancia es la clave!».
Por supuesto que no tienes que utilizar necesariamente estas mismas palabras. Un
término más común para referirse al desarrollo personal es el de «crecimiento personal»,
y unos términos más frecuentes para referirse a la perseverancia son los de
«dedicación», «compromiso», «determinación», «darlo todo», etcétera.
Por último, una vez hecho todo eso, tenemos que valorar los resultados y modificar
nuestras acciones si es preciso. Lo cual es fácil de decir e incluso de hacer, pero para
250
hacerlo bien se requiere...
1.Circunspección
2.Reflexión
4.«Feedback»
Circunspección
Reflexión
251
¿Qué cosas he hecho que no han funcionado?
«Feedback»
252
que he llamado a mi mujer). Actualmente, suelo responder de manera distinta (no
siempre, por desgracia). Tiendo a no precipitarme, a observar y a reflexionar,
considerando si hay algo de válido en la crítica; trato de ver con apertura y curiosidad la
forma en que me comporto. Y si la crítica es válida, considero: ¿qué es lo que funciona,
lo que no funciona y lo que yo podría hacer de manera diferente? Por último, a menudo
(aunque no siempre) respondo conscientemente, obrando de acuerdo con mis valores - lo
cual, por lo general, significa pedir disculpas por mi arrogancia y expresarme con de un
modo más respetuoso.
253
1.Implicarnos conscientemente en la tarea que tenemos entre manos.
3.Si aún nos quedan dudas, procurar un «feedback» sincero por parte de personas
fiables y competentes.
¿MEJOR O LO MEJOR?
Antes de proseguir, deseo que quede bien clara una cosa: ¡no recomiendo adoptar
esta actitud en todos los aspectos de la vida! Si está tratando siempre de rendir al máximo
en todo, es que estás enganchado en el perfeccionismo. A los gurús de la motivación les
encanta gritar desde mejor pueda oírseles: «¡Da siempre lo mejor de ti mismo! ¡Rinde
siempre al cien por cien!». Pero seguir esta norma es una receta segura para acabar
estresado y agotado al máximo. Lance Armstrong sabía que, si entrenaba a tope durante
todo el año, no podría dar el máximo de sí mismo; conocía la importancia de tomarse un
«tiempo de recuperación». Por eso, durante varios meses del año se liberaba a propósito
de la presión, reducía significativamente su entrenamiento, incrementaba el tiempo
dedicado al ocio en su vida y evitaba participar en competiciones importantes. Todos
podemos aprender de él.
Así pues, teniendo en cuenta esta precaución, si deseas ser el mejor padre, el mejor
compañero, el mejor amante, el mejor hombre de negocios, el mejor empresario, el
mejor artista, el mejor músico o el mejor deportista que puedes llegar a ser, si quieres
desempeñar ese papel al máximo de tus posibilidades, piensa lo que significa...
254
255
Rendir al máximo
LLA salta en el aire como una pantera, ajena a la multitud de espectadores. Con un
suave movimiento, se eleva, apunta y dispara. El balón vuela sobre la pista y entra en la
canasta.
Sus dedos se han hecho una sola cosa con las teclas del piano. Embelesado por la
melodía, la música parece manar de su misma alma.
Ella estaba tan absorta en la conversación que cuando, finalmente, miró su reloj, se
quedó pasmada al comprobar que habían transcurrido dos horas.
256
otros aspectos de la vida, como el de ser padres, pintar, hacer vida social o escribir libros,
las fases no son tan distintas; ciertamente existen, pero se mezclan unas con otras.
La fase de la pre-actuación
La fase de la actuación
Estas son algunas de las cosas que de ninguna manera deberían caer bajo la luz de
dicho reflector: los pensamientos sobre la propia imagen, o sobre lo que estarán pensando
los demás, o sobre cómo moverse y qué hacer con las manos, las piernas, la boca y la
cabeza, o sobre lo bien o lo mal que estás haciéndolo, o sobre cuál será el resultado final,
o sobre lo que podría ocurrir dentro de cinco minutos, o sobre lo que ha ocurrido hace
cinco minutos, o sobre lo que podía haberse hecho mejor; pensamientos acerca del
fracaso, acerca del éxito, acerca de cómo te sientes, acerca de los errores cometidos,
acerca de nuestros puntos fuertes, acerca de nuestras debilidades, acerca de cómo van a
juzgar los demás nuestra actuación, acerca de lo que podría salir mal; etcétera, etcétera.
Estos pensamientos y otros muchos no hacen más que distraernos de la tarea que
tenemos entre manos. Pero saber esto de manera intelectual y decirnos a nosotros
mismos que no debemos tener tales pensamientos no va a impedir que aparezcan (y si no
me crees, inténtalo). Y si empezamos a desafiar tales pensamientos, o a intentar echarlos
fuera, o a hacer afirmaciones positivas, entonces lo único que estamos haciendo es
257
generar más distracciones, en lugar de centrar nuestra atención en lo que tenemos entre
manos.
Solo cuando nuestras habilidades estén lo bastante desarrolladas para satisfacer las
demandas de la situación, podremos esperar estar «concentrados» o ser capaces de
«fluir». Si no tenemos las habilidades adecuadas, naturalmente que tendremos que
esforzarnos. Sin embargo, no deberías tratar de forzar tus posibilidades de «fluir»; el
propio esfuerzo por conseguirlo suele impedir que produzca. (A fin de cuentas, si nos
quedamos atrapados en pensamientos como: «tengo que estar totalmente concentrado» o
bien: «¿Cómo puedo lograr la capacidad de fluir?», significan que, obviamente, no
estamos plenamente implicados en la tarea).
258
qué es lo que no ha funcionado y qué podríamos hacer de manera diferente la próxima
vez.
Por último, a todos nos gusta ser valorados, por lo que hemos de cerciorarnos de que
somos nosotros los primeros que nos valoramos a nosotros mismos. Valora tu
compromiso, valora todo cuanto has hecho para que las cosas funcionen razonablemente
bien, valora tu propia disposición a asumir riesgos y, sobre todo, valora cualquier cosa
que hayas hecho y que suponga una mejoría con respecto al pasado, por pequeña que
sea. Esto es fundamental no solo para la auto-aceptación, sino también para obtener una
energía, un impulso y un entusiasmo constantes.
Ojalá sepas ver cómo las tres fases de actuación nos exigen funcionar de acuerdo con la
regla de oro: Los actos de confianza son lo primero; los sentimiento de confianza vienen
después.
Cuantos mayor sea el número de actos de confianza que realicemos - cuanto más
confiemos en nosotros mismos para adiestrarnos, practicar nuestras habilidades,
desarrollar nuestra conciencia, salir de la zona de seguridad, afrontar los desafíos y
aprender de nuestros fallos-, tanto más mejorará nuestra actuación. Y cuanto mejor sea
nuestra actuación, tantas más probabilidades tendremos de sentirnos confiados. Pero si
intentamos hacer las cosas al revés y esperar a sentirnos confiados antes de emprender la
acción, es obvio que las cosas no van a funcionar.
Y merece la pena recordar que, aun cuando nos sintamos seguros, ello no significa
ausencia de miedo. Con independencia de lo hábiles y expertos que seamos, cuando nos
enfrenta mos a un verdadero reto en el que haya algo importante en juego, la disyuntiva
entre luchar y huir hará su aparición.
259
ENCONTRAR UN SANO EQUILIBRIO
Vemos además que lo mismo ocurre entre artistas, escritores, bailarines, músicos y
actores de todo tipo: están tan extremadamente centrados en obtener resultados que
descuidan su propia salud y bienestar. Lo cual es algo que no puede mantenerse
indefinidamente; a la larga, un cuadro de agotamiento, una lesión o una enfermedad son
inevitables.
Para mantener el máximo rendimiento a la larga, no hay más que una salida: tenemos
que cuidar nuestra salud y nues tro bienestar. Lo cual significa no solo cuidar nuestro
cuerpo, sino también nuestras relaciones. Por desgracia, en el mundo de los
«triunfadores» no abundan únicamente las enfermedades relacionadas con el estrés, sino
también los infartos, los divorcios y las familias rotas. ¿Tiene que ser así necesariamente?
260
literatura, los negocios, la cocina o el ballet-, necesitaremos hacer de ello nuestra
prioridad. Deberemos dedicarle tiempo, energía y esfuerzo. Y eso significa que
tendremos que hacer sacrificios; tendremos que renunciar a hacer otras cosas que
requerirían también nuestro tiempo y nuestras energías. Pero hemos de ser lo bastante
inteligentes con respecto a lo que sacrificamos. Probablemente es bastante sensato
renunciar a ver programas de «telebasura» por la noche. Pero renunciar a pasar un
tiempo precioso con nuestros hijos... En fin, no creo que ello requiera más explicación.
Centrarnos en exceso en cualquier empeño, con exclusión de todo lo demás, a menudo
produce fantásticos resultados en ese ámbito de la vida; pero si nuestros seres queridos
son objeto de nuestra desatención o resultan dañados, ¿habrá merecido la pena el
sacrificio?
No hay una solución simple a este problema. Necesitamos sacar tiempo para
reflexionar sobre algunas difíciles cuestiones. La primera de ellas es la siguiente: en este
ámbito concreto de mi vida, ¿estoy satisfecho con ser competente o es realmente
importante para mí sobresalir por encima del resto? La mayoría de nosotros podemos
sentirnos muy realizados siendo suficientemente competentes, a la vez tiempo que
llevamos una vida equilibrada y gratificante. Sin embargo, en algún momento muchos de
nosotros descubrimos en un determinado momento un aspecto de la vida en el que
deseamos hacer lo mejor a nuestro alcance para destacar verdaderamente (por ejemplo,
yo destacar como padre y también como escritor..., y tengo mucho trabajo por hacer en
ambos aspectos). El asunto, como mencionábamos antes, es que, si queremos alcanzar la
excelencia en algo, ello, a la larga, requiere casi siempre un importante sacrificio. Por eso
tienes que pregun tarte a ti mismo a qué estás dispuesto a renunciar y si merece la pena.
Sólo tú puedes responder a esa pregunta (pero, por favor, piénsalo cuidadosamente y no
aceptes a ciegas los aforísticos eslóganes de los gurús motivacionales que te dicen que
siempre tienes que dar lo mejor de ti mismo, esforzarte siempre por alcanzar la
excelencia y rendir siempre al cien por cien. Si sigues acríticamente tales consejos, vas
derecho al infortunio al desgaste más absoluto).
De modo que ¿por qué no lo intentas por ti mismo? Una vez por semana, emplea
cinco minutos en reflexionar sinceramente sobre cómo te las arreglas en el amor, el
261
trabajo, el juego y la salud. ¿Estás viviendo de acuerdo con tus valores en cada una de
esas áreas? ¿Hay espacio para mejorar o para ajustar el equilibrio? Podrías señalarlo en
tu calendario o en tu diario; tal vez podrías llamarlo la «comprobación semanal». Podrías
incluso comentarlo con tu pareja o con algún amigo de confianza.
Por propia experiencia, sé perfectamente que es muy fácil ignorar este consejo.
Nuestra mente nos seduce con el argumento de que después de que hayamos alcanzado
nuestro principal objetivo, entonces podremos hacer el balance de nuestra vida. Por
desgracia, no suele ser este el caso. Una vez que ese objetivo ha sido alcanzado, casi de
inmediato surge uno nuevo. Nelson Mandela lo decía de este modo: «Después de escalar
una gran colina, te encuentras con que aún quedan más colinas por escalar». En otras
palabras...
262
263
No está terminado hasta que se acaba
«Dejar tu marca en el mundo es difícil. Si fuera fácil, todo el mundo lo haría. Pero no lo
es. Requiere paciencia, implica compromiso, y el camino está lleno de fracasos. El
verdadero "test" no es si tú evitas ese fracaso, porque no lo vas a evitar, sino si permites
que te endurezca o te hunda en la pasividad o si, por el contrario, aprendes algo de él, si
decides perseverar».
-BarackObama
o sé a ti, pero a mí me encantan los libros de autoayuda en los que el autor admite
sus propias imperfecciones. Me hace sentir un ser humano normal. De vez en cuando,
leo un libro escrito por alguien que afirma haber superado todos sus obstáculos mentales,
no quedarse nunca bloqueado y no haber sido nunca in infiel a sus ideales. Eso me
parece tan ajeno a la experiencia humana normal que me resulta difícil creérmelo. Puede
que haya por ahí algún ser humano perfecto, pero me permito dudarlo.
Es, pues, tiempo de confesiones: he estado viviendo y respirando ACT desde hace
años: escribiendo sobre ello, enseñándolo, practicándolo. Y me ha ayudado muchísimo
en la vida. Y, a pesar de ello, a veces olvido casi todo lo que he escrito en este libro.
Unas veces me quedo enganchado en la excusa de que «no puedo hacerlo», o de que
«no soy lo bastante bueno». Otras veces estoy en «modo evitación». Y otras veces, en
fin, pierdo el contacto con mis valores, dejo de cumplir mis compromisos y actúo de
forma contraproducente. ¿Por qué? Porque soy un ser humano normal: falible e
imperfecto. Exactamente igual que tú. Y esto nos ocurrirá a todos una y otra vez.
264
chocolate, galletas y helados... y vuelvo a ganar peso. Entonces reconozco que me he
«salido de pista» y regreso al buen camino. Y así una y otra vez. Lógicamente, esto no
es lo ideal: obviamente, tengo ante mí un amplio margen de mejora; pero el
autoflagelarme no me sirve de ayuda.
Nuestra mente no quiere aceptarlo. Nuestra mente quiere que seamos perfectos, que
eliminemos todos nuestros «defectos» y «debilidades». Y está decidida a triturarnos
cuando no sea así. Pero la realidad no atiende a los deseos de nuestra mente. La
perfección puede que exista en el mundo de la fantasía, de los superhéroes, de los seres
mágicos y de los dioses. Pero no aquí, en la tierra.
265
Es por eso por que en ACT no somos partidarios de eslóganes perfeccionistas como
«jamás abandones», «jamás te rindas», «da siempre lo mejor de ti». Son eslóganes que
suenan bien en teoría, pero lo cierto es que, posiblemente, ningún ser humano podría
cumplir tales expectativas. El filósofo Haridas Chaudhuri dice escuetamente: «Cuanto
mayor es el énfasis en la perfección, tanto más se aleja».
1.Expectativas desmedidas
4.Falta de experiencia
5.Falta de habilidades.
5.Pon en práctica tus dotes, aplícalas con eficacia, valora los resultados y modifica lo
266
que sea preciso.
Más abajo he hecho una lista de las «reglas correctas» del juego de la confianza. Sin
embargo, antes de que las eches un vistazo, creo que debería hacerte una advertencia: las
reglas resul tas peligrosas cuando las observamos rígidamente. De modo que hazme el
favor de observarlas con sumo cuidado. Sé flexible con ellas: amóldalas, modifícalas o
abandónalas si lo crees necesario. ¡No son precisamente los Diez Mandamientos!
Todo lo que hay en este libro no es ni más ni menos que meras sugerencias. Espero
que haya ocasiones en las que decidas aplicar lo que has leído, y espero también que
haya otras muchas ocasiones en las preferirás ignorarlo. Y me parece perfecto (y espero
que a ti también te lo parezca). No querría, desde luego, que estuvieras dispuesto a creer
algo por el mero hecho de que yo lo diga. A fin de cuentas, no hay ningún tribunal
supremo que declare que unas reglas son «correctas» y otras «incorrectas». Así pues,
compruébalas por ti mismo y observa lo que ocurre; deja que sea tu experiencia la que
juzgue.
3.Los «pensamientos negativos» son normales. No hay que luchar contra ellos, sino
defusionarse de ellos.
267
5.Afirma tus valores con suavidad, pero persíguelos con firmeza.
6.El verdadero éxito consiste en vivir de acuerdo con los propios valores.
9.El fracaso duele. Pero si estamos dispuestos a aprender de él, puede ser un
maestro maravilloso.
Por favor, adopta estas reglas sin absolutizarlas, revísalas regularmente y utilízalas con
flexibilidad. Y vamos a concluir el libro echando un vistazo a...
Escribir un libro como este constituye un constante ejercicio de equilibrio. Por una parte,
desearía animarte a que vivieras la mejor vida posible; por otra, quisiera que fueras
realista. Si te guías por la creencia de que puedes conseguir todo lo que te propongas, es
posible que te sientas a la altura de una cometa durante un tiempo; pero, al igual que
todas las cometas que vuelan alto, al final acabarás estrellándote contra el suelo. Por eso
te conviene tener los ojos abiertos: cuenta con que en tu andadura va a haber altos y
bajos, momentos buenos y malos, placer y sufrimiento. Has de saber que habrá éxitos y
fracasos, triunfos y desastres, enormes avances e importantes retrocesos. Y no olvides
las palabras de Winston Churchill: «El éxito no es el final; el fracaso no es fatal; lo que
cuenta es el coraje para seguir adelante».
Y cuando las personas actúan con coraje, ¿cuál es la emoción más común que
experimentan?
¡El miedo!
268
sus citas más famosas. Pues bien, aquella no era la cita completa; aquí la tienes en su
totalidad:
Si decidimos hacer de nuestra vida una aventura apasionante - salir de nuestra zona
de seguridad, crecer, explorar y enfrentarnos a nuestros desafíos-, entonces
experimentaremos lo que siente la gente cuando tiene una aventura apasionante: nuestro
corazón se acelerará, nuestro cuerpo sudará, nuestro estómago se encogerá. El miedo se
nos mostrará en todas sus distintas variedades: desde la ansiedad hasta la inseguridad,
desde el estrés hasta la duda acerca de nosotros mismos, desde la excitación hasta el
pánico. Y a veces nuestra mente nos gritará: «¡Socorrooo! ¡Sacadme de aquí! ¡Quiero
volver atrás! ¡Esto es muy duro, no puedo con ello, no soy lo bastante bueno!».
269
270
ARMSTRONG, Lance, Every Second Counts, Broadway Books, New York 2003.
(Trad. cast: Vivir cada segundo, RBA, Barcelona 2004).
DR. SEUss ENTERPRISES, Oh, the Places You'll Go!, Random House, New York
1990. (Trad. cast.: ¡La de cosas que puedes pensar., Altea, Madrid 2003).
HARRIS, Russ, The Happiness Trap: How to Stop Struggling and Start Living,
Trumpeter Books, Boston 2008. (Trad. cast.: La trampa de la felicidad, Planeta,
Barcelona 2010).
JONES, J.C. - BRUCE, T.J. - BARLOW, D.H., The effects of four levels of "anxiety"
on sexual arousal in sexually functional and dysfunctional men», Poster session
presented at the annual conference of the Association for Advancement of
Behavior Therapy, Chicago, Il., November 1986.
LANGER, Justin, Seeing the Sunrise, Allen and Unwin, Crows Nest, NSW Australia
271
2008.
MANDELA, Nelson Rolihlahla, Long Walk to Freedom, Abacus, London 1994. (Trad.
cast.: El largo camino hacia la libertad, Punto de Lectura, Madrid 2004)
SIMPSUN, Joe, Touching the Void, Harper and Row, New York 1988. (Trad. cast.:
Tocando el vacío, Desnivel, Madrid 2005').
WooD, J.V. - PERUNOVIC, W.Q. & J.W, «Positive self-statements: power for some,
peril for others»: Psychological Science 20/7 (2009), 860-866
272
273
NTE todo, un millón de gracias a mi esposa, Carmel, por su amor y su apoyo;
por ser mi musa; por ayudarme a desarrollar mis ideas; por tolerar mi idilio con el
ordenador; por cuidar de nuestra familia mientras yo machacaba el teclado; y por
animarme a seguir escribiendo cuando yo estaba plenamente convencido de que todo no
era más que una majadería.
Por último, quiero dar las gracias a Max - la única y especialísima persona en el
mundo que me llama «Papá»-, simplemente por llenar mi vida de amor, de alegría y de
constante asombro.
1. El autor hace un juego de palabras con las siglas correspondientes a la inicial de cada
uno de los componentes de las «experiencias privadas» (Emotions, Memories,
274
Images, Thoughts, Sensations) y el verbo «EMITIR» («EMITS»)
2. «Show and tell» se refiere a una práctica habitual en muchos colegios norteamericanos
consistente en que cada alumno de un grupo trae a clase algún objeto - un juguete o
incluso un animal de compañía - que es significativo para él y lo comparte con sus
compañeros. (N. del T.).
1. Get back on the horse: expresión inglesa para referirse al hecho de intentar realizar
algo en lo que se ha fracasado con anterioridad.
2. El autor hace un juego de palabras con el término «fear» (miedo), y la traducción del
acrónimo sería: Fusión / Objetivos desmedidos / Evitación del malestar /
Distanciamiento de los valores.
3. De nuevo emplea el autor un juego de palabras, esta vez con el término «dare»
(atreverse), y la traducción del acrónimo sería: Defusión / Aceptación del malestar /
Objetivos realistas / Adopción de los valores. (Nota del Traductor).
275
276
Índice
Prólogo, por STEVEN HAYES 14
Introducción: Una audaz aventura o nada 18
Primera parte: Precalentamiento 27
Capítulo 1: ¿Para qué molestarse? 29
Capítulo 2: Los felices tiempos pasados 50
Capítulo 3: ¿Verdadero o falso? 56
Segunda Parte: La espada de doble filo 64
Capítulo 4: No es necesariamente así 66
Capítulo 5: Liberarte del anzuelo 78
Capítulo 6: Tu mente nunca anda escasa de palabras 96
Capítulo 7: La trampa de la autoestima 106
Capítulo 8: Las reglas del compromiso 117
Capítulo 9: Oler las rosas 130
Capítulo 10: El «smog» psicológico 136
Tercera parte: ¿Qué es lo que te motiva? 146
Capítulo 11: Repostar 148
Capítulo 12: La trampa del éxito 162
Capítulo 13: Pegamento mágico 168
Cuarta parte: Domesticar tus miedos 177
Capítulo 14: La trampa del miedo 179
Capítulo 15: Suficiente espacio 187
Capítulo 16: Montar un caballo salvaje 199
Quinta parte: Jugar el juego 205
Capítulo 17: Soltar amarras 207
Capítulo 18: ¿Qué te detiene? 217
Capítulo 19: La trampa de la motivación 227
Capítulo 20: El poder de la auto-aceptación 235
Capítulo 21: Mejorar 245
277
Capítulo 22: Rendir al máximo 254
Capítulo 23: No está terminado hasta que se acaba 262
Bibliografía 269
Agradecimientos 272
278