Modelo tradicional
El modelo pedagógico tradicional, el más empleado a lo largo de la
historia, propone que el papel de la educación es la de transmitir un conjunto
de conocimientos. En esta relación entre alumno, educador y contenido el
alumno es únicamente un recipiente pasivo, absorbiendo los contenidos que el
educador vierte sobre él. El rol protagonista recae sobre el educador, que será el
agente activo.
Este tipo de modelo propone una metodología basada en la retención memorística
de la información, a partir de la repetición continuada de tareas y sin precisar de
un ajuste que permita la otorgación de un sentido al material aprendido.
Asimismo, se evaluará el nivel de logro de los aprendizajes a través del producto
del proceso educativo, calificando al alumno en función de que sea capaz de
replicar la información transmitida. Se le da una elevada importancia al concepto
de disciplina, siendo el docente una figura de autoridad, y el conocimiento se
transmite sin espíritu crítico y aceptando lo transmitido como verdadero. Se basa
en la imitación y el desarrollo ético y moral.
Modelo educacional-constructivista
El modelo educacional constructivista es uno de los que mayor utilización y
aceptación tiene en la actualidad. Basado como el anterior en autores como Piaget
pero también junto con las aportaciones de otros autores destacados como
Vigotsky, este modelo centra su atención en el alumno como principal protagonista
del proceso educativo, siendo un elemento activo imprescindible en el aprendizaje.
En este modelo la tríada profesor-alumno-contenido es vista como un conjunto de
elementos que interactúan de manera bidireccional los unos con otros. Se busca
que el alumno pueda construir de manera progresiva una serie de
significados, compartidos con el profesor y con el resto de la sociedad, en base a
los contenidos y orientación del docente.
Un elemento fundamental para esta perspectiva es que el aprendiz pueda atribuir
sentido al material aprendido y también al propio proceso de aprendizaje,
actuando el docente como guía del aprendizaje y teniendo este último en cuenta la
necesidad de proporcionar una ayuda ajustada a las necesidades del
aprendiz.
Se trata de optimizar al máximo posible las capacidades de éste, de tal manera
que se acerque al máximo nivel potencial en vez de limitarse a su nivel actual real
(es decir, que alcance el nivel al que puede alcanzar con ayuda). El control se va
cediendo progresivamente al alumno según va dominando el aprendizaje, de tal
manera que se va logrando una mayor autonomía y capacidad de
autogestión.