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Conflictos de Pareja: Causas y Soluciones

El documento resume las causas más frecuentes de los conflictos de pareja. 1) Las expectativas idealizadas sobre la pareja perfecta que satisfaga todas las necesidades crean insatisfacción. 2) La falta de aprendizaje para convivir y resolver problemas genera malestar en la pareja. 3) Diferencias en las necesidades, estilos de vida y personalidades también causan tensiones.

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Conflictos de Pareja: Causas y Soluciones

El documento resume las causas más frecuentes de los conflictos de pareja. 1) Las expectativas idealizadas sobre la pareja perfecta que satisfaga todas las necesidades crean insatisfacción. 2) La falta de aprendizaje para convivir y resolver problemas genera malestar en la pareja. 3) Diferencias en las necesidades, estilos de vida y personalidades también causan tensiones.

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CONFLICTOS DE PAREJA: PREVENCIÓN Y ABORDAJE

Autora: Miren Larrazabal

INTRODUCCIÓN

Miramos a nuestro alrededor y la realidad de las relaciones de pareja nos


sorprende: parejas rotas y nuevas uniones se alternan en nuestro ámbito cercano de
manera vertiginosa. Si atendemos a los datos estadísticos, en España se producen
casi siete rupturas por cada diez matrimonios, lo que supone un ratio muy superior a la
media europea que no llega a cinco. Son datos del informe sobre la evolución de la
familia en España que ha presentado en el 2016 el Instituto de Política Familiar (IPF)
La cifra de tramitaciones de divorcios, según el mismo informe, se ha duplicado en los
últimos diez años. Su análisis enfatiza que desde 1981, cuando se aprobó la ley del
divorcio, se han registrado casi tres millones de rupturas de parejas y la población
separada o divorciada representa ya el 6% de la población adulta española. Pero el
hecho de que la gente no se case o se divorcie, no quiere decir que no se formen
nuevas familias. El número de parejas de hecho se ha triplicado desde 2001 y uno de
cada siete hogares, son parejas de hecho.

Por otra parte, y siguiendo analizando nuestra evolución en los últimos años en
cuanto a la pareja y familia, según datos de Eurostat en 2005, éramos los que más
nos casamos, los que menos vivíamos en pareja de hecho y los que menos hijos fuera
de matrimonio teníamos, todo ello en referencia a la Unión Europea (1).

Y para finalizar baste con un apunte a nivel global: los anuarios demográficos
de Naciones Unidas recogen que la inmensa mayoría de los casos de divorcio en 62
países suceden antes de finalizar el cuarto año de matrimonio. En el ámbito de la
atención psicológica y psiquiátrica se observa, de año en año, un aumento significativo
en la demanda de atención terapéutica a las parejas en crisis; a principios de los años
ochenta, el 42% de los individuos que acudían a los servicios psicoterapéuticos en
Estados Unidos tenía problemas de pareja (2). Está claro que, desde el punto de vista
social, cultural y psicológico algo ocurre a nivel global con la relación de pareja.

I.- CAUSAS MÁS FRECUENTES DE LA CRISIS DE PAREJA

Los seres humanos nacemos con una tendencia básica, al parecer innata, a
establecer vínculos afectivos. Estamos preprogramados para establecer relaciones
que respondan a nuestras necesidades básicas de sentirnos próximos, seguros y
protegidos (3). Como consecuencia de esta predisposición natural, en algún momento
de nuestro ciclo vital, intentamos buscar pareja. Nuestras relaciones de pareja a lo
largo de la vida se conforman de forma estable y duradera, breve e inestable, o una
combinación de estas variables.

Los datos estadísticos acerca de las separaciones o parejas que perduran a


través de los años, nos aclaran cuestiones relacionadas con la estabilidad y tiempo
que dura una pareja, pero no nos dicen nada acerca de la satisfacción que
experimentan los miembros que constituyen el vínculo. Y es que, estabilidad y
satisfacción son dos conceptos que aparecen relacionados, pero que son
independientes. Aunque analizar el concepto de “satisfacción” resulta muy complicado
dado el componente de subjetividad que encierra. Lo que se entiende por satisfacción
en una relación de pareja es “sentirse compenetrado”, “estar a gusto con el otro”

1
“sentirse querido” “sentirse pleno en la relación” “manifestarse feliz con la pareja”. La
estabilidad es un término que se relaciona con el tiempo de duración de la relación de
pareja. Aunque lo óptimo para una pareja sería conjugar juntos la estabilidad y la
satisfacción, la realidad es que en muchos casos diferentes muchas parejas conviven
muchos años juntos con un sentimiento de insatisfacción muy alto.

Pasemos a continuación a analizar las causas más frecuentes que afectan a la


satisfacción de la pareja, generando malestar y conflictos:

1.1. Las expectativas idealizadas

Aunque en la actualidad en nuestra cultura occidental la presión social, cultural


y religiosa, ejerce menos influencia en la perdurabilidad de la relación de pareja a
expensas de la felicidad de sus componentes, todavía muchas parejas mantienen la
relación a pesar de los enormes niveles de insatisfacción mutua que tienen que
soportar. Mención a parte merecen las situaciones de violencia y maltrato físico y/o
psicológico que muchas personas sufren dentro de la relación de pareja; condiciones
insostenibles que, en muchos casos, las parejas arrastran por muchos años.

Es indiscutible que otros vientos soplan para las parejas actuales. Hoy en día,
en general, los componentes afectivos son los prioritarios para el mantenimiento de la
pareja. Parece que la mayoría nos emparejamos por amor; el mayor estímulo que nos
impulsa al compromiso es el amor hacia la pareja. En España cuando el CIS pregunta
cuál es nuestra motivación para casarnos, el 95,2% de los españoles contestamos que
nuestro principal estímulo es el amor. Con el amor parece que nos basta y sobra para
formar pareja; el amor nos llevará a las mayores cimas de felicidad conyugal y, si
surgen problemas, será otra vez el amor quién los solucione. “El amor lo puede todo”,
nos dicen desde que tenemos uso de razón, y lo creemos a “pies juntillas”.

Este hecho constatable no deja de acarrear problemas para las actuales


parejas; buscamos la pareja “perfecta” que sea capaz de cubrir todas nuestras
necesidades afectivas, de ocio, intimidad, seguridad, placer, etc. No es de extrañar
que ante semejantes pretensiones de gratificación la pareja sucumba, o quede
sumergida en una prolongada y profunda insatisfacción vital.

En 1973, el sociólogo norteamericano John Lee realizó un estudio sobre “el


amor adulto” (4). Concluyó que existen tres tipos principales de amor que satisfacen
tres importantes necesidades para cada uno de nosotros. A saber:

1. Compañía
2. Recreo
3. Pasión

Parece que los seres humanos necesitamos satisfacer cada una de estas
áreas de nuestra vida, a pesar de que existan diferencias individuales en cuanto a las
preferencias. De acuerdo con esta investigación, los seres humanos tendemos a
buscar relaciones que nos ayuden a satisfacer cada uno de estos tipos de amor.

El problema se genera cuando algunos de nosotros, influidos por las fuerzas


sociales e informativas, intentamos que una única persona satisfaga las tres
necesidades a la vez. Entonces nuestro elegido/a se constituye en nuestra única
fuente de satisfacción y gratificación; ha de ser nuestro mejor compañero/a, cómplice,
amigo y amante apasionado. Y todo ello en todas las ocasiones y situaciones que se
presenten a lo largo de la vida; en todo momento y para siempre.

2
En estos términos se concibe la pareja perfecta y se crean expectativas
idealizadas para buscarla y elegirla. Aunque la mayoría de nosotros necesitemos
satisfacer estos tres tipos de aspectos en nuestra vida, resulta imposible que lo
resolvamos “exigiendo” a nuestra pareja su total satisfacción.

Este hecho -desajuste entre las expectativas idealizadas y la realidad de la


pareja- es, sin ninguna duda, uno de los motivos por los que muchas parejas fracasan
en el mundo occidental actual. Pasamos de la ilusión y encantamiento del
enamoramiento, al desencanto y la insatisfacción de la vida en pareja.

El enamoramiento, que cumple una función decisiva a la hora de forjar un


vínculo poderoso, e incita a las parejas a comprometerse en una relación, puede ser
también un gran problema para la pareja pasados las primeras etapas de exaltación
amorosa. Las personas enamoradas tienden a magnificar las cualidades del ser
amado, al mismo tiempo que desatienden los aspectos negativos de la relación. El
“encantamiento” en algunos casos es tal que implica una alteración de la conciencia
(5). Las expresiones como “flotar en el aire”, “con la cabeza en las nubes” “estar en la
gloria” “sentirse transportado” indican que la persona está fuera de lugar, viviendo un
estado eufórico que distorsiona la realidad en la cual viven. Los enamorados se hayan
tan “embriagados” de amor, que se olvidan de evaluar si la realidad que viven puede
ser una ilusión.

El psicólogo social Stanton Peele comparó el enamoramiento con una adicción


(6). Las similitudes nos descubren la naturaleza del amor. Existen sentimientos
comunes -exaltación, embriaguez, placer intenso- tanto en el amor como en la
adicción. Cuando no se haya el ser amado, observamos sentimientos de tristeza
intensa, vacío, angustia, ansiedad, similares a cuando se retira la droga. En ambas
situaciones, el sujeto para encontrarse con el ánimo positivo -tono vital “alto”- necesita
una “dosis” suministrada por la persona amada o por la sustancia adictiva.

El choque entre realidad de la convivencia en pareja y la idealización del


enamoramiento con sus expectativas magnificadas de perfección contribuyen de forma
considerable a crear las condiciones para que aparezca la falta de armonía en la
pareja.

1.2 Falta de aprendizaje para la convivencia en pareja y déficit de estrategias


para la solución de problemas

A continuación de la fase de enamoramiento, si la pareja continúa junta, se


atraviesa por una etapa de mayor tranquilidad que da paso al establecimiento y
consolidación del vínculo amoroso. “Las actividades, las costumbres y la forma de ser
del otro se van integrando en la vida cotidiana de cada uno, normalizándose las
alteraciones que se vivían en un primer momento” (7). En estos primeros tiempos de
convivencia, es importante que la pareja ponga en marcha sus recursos y estrategias
para afrontar de forma positiva los primeros problemas a los que se tiene que
enfrentar. La incidencia más alta de rupturas se produce a los cuatro años de
convivencia, lo que en Estados Unidos se conoce popularmente como “el picor del
cuarto año”.

Es éste un periodo decisivo en el que muchas parejas se rompen


fundamentalmente por un déficit en sus estrategias para solucionar problemas y
una falta de aprendizaje de las habilidades necesarias para la convivencia.

3
Esta sociedad que nos prepara para los oficios más sencillos, no nos da clase
alguna para aprender a convivir en pareja. Y es que el amor es una condición
importante en la convivencia, para algunos de nosotros necesaria; pero no es
suficiente. Con el amor no basta. La satisfacción en pareja requiere reciprocidad
positiva en el comportamiento, empatía, escucha, habilidad para expresar y recibir
emociones tanto positivas como negativas, pedir cambios a la pareja de forma eficaz,
habilidades de comunicación, negociación y resolución de problemas…definitivamente
todos estos elementos no se encuentran de forma implícita en el amor. Es preciso
aprender a convivir y, desgraciadamente, para muchas parejas éste aprendizaje no
llega a su debido tiempo y su relación termina en ruptura. En el transcurso de la
convivencia aparecen dificultades que requieren la puesta en marcha de estrategias
de solución de problemas y también situaciones nuevas a las que la pareja tiene que
aprender a adaptarse. Son retos a los que la pareja debe enfrentarse y de su forma
de afrontamiento dependerá su calidad de relación de pareja. Algunos de estos
problemas son:

• Aburrimiento y rutina de pareja es uno de los problemas frecuentes al que


muchas parejas sucumben. Muchos terapeutas de pareja opinan que el
aburrimiento es mucho más letal para la pareja que los enfados y discusiones.

• Nacimiento de un hijo requiere que la pareja ponga en marcha recursos y


estrategias de adaptación a esta nueva situación. Muchas parejas inician su
historia de conflictos con el nacimiento del primer hijo; es un periodo de
cambios a los que la pareja tiene que dar respuesta.

• Los problemas adicionales de uno de los miembros de la pareja;


depresión, adicciones enfermedades físicas, paro laboral…etc.

• Problemas con la familia política. Uno de los grandes temas de discusión de


las parejas es por causa de las suegras/os, cuñados/as y demás integrantes de
la familia política.

En este sentido; las parejas que manifiestan ser felices juntas difieren de las
que se muestran desgraciadas, no en el número ni gravedad de los problemas que
tienen que afrontar, sino en la forma de hacerlo.

Normalmente cuando las cosas van mal y no se encuentra ninguna alternativa


a la crisis, es la mujer la que en la mayoría de los casos toma la iniciativa de
separarse. Entre el 80% y 90% de los casos de divorcio son iniciados por la mujer,
independientemente de quien se adjudique la máxima responsabilidad en la ruptura.
Como escribe José Antonio Marina en su libro, El rompecabezas de la sexualidad, “las
mujeres quieren más que un techo sobre sus cabezas, un marido al que apoyar y uno
hijos que cuidar. Quieren intimidad, igualdad y compañerismo, y quieren ejercer el
control de sus propias vidas” (8).

1.3 Desequilibrio en el reparto de roles

A pesar de que muchos hombres han ido cambiando su comportamiento y su


actitud con respecto al reparto de tareas en el hogar, el desequilibrio por causa de los

4
roles adjudicados al género sigue siendo evidente, y las mujeres se hayan en el lado
menos favorecido de la balanza.

En el 2005, según datos del CIS, el número de horas que las mujeres
dedicaban a las tareas domésticas, casi cuadriplicaba el número de horas masculino.
En concreto las cifras del estudio señalan que la mujer actual que tiene hijos y trabaja
fuera del hogar, emplea en las tareas domésticas 4 horas y 41 minutos; los hombres,
sin embargo, 1 hora 37 minutos. Reflexionemos que las cosas en el reparto de
responsabilidades en el hogar y con los hijos han cambiado, pero…no tanto! La
resistencia del hombre a la hora de compartir las responsabilidades del hogar,
constituye sin lugar a dudas, otra fuente de conflictos importante en la relación de
pareja. Muchas mujeres expresan que la falta de apoyo en las tareas domésticas y con
los hijos, son su mayor causa de insatisfacción marital.

En un mundo donde la tasa de actividad laboral femenina va en aumento y la


independencia económica femenina implica más seguridad y un mayor número de
opciones y oportunidades para la mujer, la pareja encuentra que debe enfrentar retos
importantes para salvar su continuidad. Las separaciones son más frecuentes en
parejas que la mujer gana un sueldo más alto que el hombre; lo mismo ocurre con
mujeres que tienen trabajos liberales. Probablemente en la base de estos conflictos,
se encuentre la lucha de poder en la pareja.

1.4 Deficiencias y errores de comunicación

Es un hecho constatable que los problemas de comunicación están


presentes en la mayoría de las parejas en conflicto (9). La mayoría de las parejas en
crisis señalan los problemas de comunicación con su compañero/a como su principal
“queja” en la relación. De hecho, dentro de la intervención en la Terapia de Pareja es
imprescindible un adecuado entrenamiento de la pareja en habilidades de
comunicación. Los terapeutas de pareja tienen la tarea de enseñar a las parejas
formas constructivas de comunicar sus deseos, opiniones, sentimientos, peticiones de
cambio, etc., para que la relación se consolide y no se deteriore.

Los patrones de comunicación de las parejas en conflicto contienen numerosos


errores de comunicación -tanto verbal como no verbal- que contribuyen a generar más
malestar en la pareja. Entre los errores de comunicación de las parejas en crisis se
observan con frecuencia los siguientes: no escuchar, hablar en exceso o evitar hablar
de los problemas, interrumpir a la pareja, utilizar un lenguaje impreciso y vago,
reproches, amenazas, insultos y gestos amenazantes (10).

Un hecho evidente es que una “buena” comunicación es una de las claves de


una relación satisfactoria. El núcleo de la cuestión es en qué consiste una
comunicación eficaz y positiva para la pareja. En este punto conviene distinguir entre
cantidad y calidad en la comunicación. Uno de los mitos de la comunicación en la
relación de pareja se sostiene en la creencia popular de que en la pareja “todo se debe
de hablar y comunicar”. Efectivamente, la sinceridad sin filtros, carente de límites
predomina entre muchas parejas. El resultado de este estilo de comunicación sin
censura puede ser desastroso para la pareja. Cuidar la forma -verbal y no verbal- de
la comunicación, así como los “contenidos” de los mensajes que transmitimos a
nuestra pareja, es imprescindible para la satisfacción y armonía de la relación.
Distinguir entre aquella información que es útil para solucionar problemas, expresar
deseos, emitir opiniones, sugerencias, producir cambios positivos en la relación, etc.,
de aquella cuyo objetivo es dañar, insultar, humillar, culpar, revelar información

5
“gratuita” dañina y sin utilidad para nuestra pareja, es esencial para la salud de la
pareja.

1.5 Discrepancias en cuanto al grado de autonomía de la pareja

En la relación de pareja también se pueden producir desajustes en el grado de


afiliación/ independencia que cada uno manifiesta. En la pareja es importante que se
produzca un equilibrio entre la autonomía y dependencia de cada uno de sus
miembros. Muchas parejas entran en conflicto cuando existe una discrepancia en sus
preferencias con respecto al grado de satisfacción que encuentran en los aspectos de
proximidad / distancia, intimidad / lejanía, pertenencia/ libertad, etc. En ocasiones,
estas discrepancias se deben a la existencia de modelos de funcionamiento de pareja
diferentes, y aunque en un primer momento de la relación no se le concede
importancia a estas diferencias, con el tiempo suelen constituir una causa importante
de malestar en la relación. En general, el miembro de la pareja más independiente
suele sentirse agobiado y asfixiado en la relación, mientras que, la persona más
dependiente manifiesta su sensación de abandono y se siente poco “atendida” por la
pareja. El síndrome del -yo no quiero hacer nada sin él/ella- es una especie de propia
inmolación que es sofocante para ambos esposos (9).

1.6 La infidelidad

La infidelidad en la pareja casi siempre ocasiona conflictos en la relación.


Parece que los seres humanos luchamos contra nuestra propia naturaleza, que nos
empuja a la promiscuidad y en ocasiones… ¡no lo conseguimos! Aunque en las
culturas occidentales desaprobamos la infidelidad, muchos de nosotros la practicamos
con asiduidad.

Muchos estudios etnográficos y sociológicos evidencian la alta prevalencia de


las relaciones extramaritales y de las relaciones clandestinas entre hombres y mujeres
casados (11). Se calcula que en el 72% de las 56 sociedades más importantes del
momento, el adulterio es frecuente. La monogamia parece ser un mito a la vista de los
resultados de las encuestas sobre comportamientos afectivos y sexuales. El informe
Hite (1983) ha revelado que una gran mayoría de hombres son infieles antes de los
dos años de matrimonio. La infidelidad sucede aún en parejas que dicen sentirse
satisfechas en su relación; incluso hay algunos que piensan que les ayuda a mejorar
su relación. Las motivaciones psicológicas al buscar la infidelidad son múltiples y las
explicaciones que damos a nuestra conducta recorren un amplio abanico; los hay que
piensan que no pueden evitarlo y los que no saben por qué lo hacen. En cualquier
caso, es un hecho que asistimos a la crisis del ideal de la pareja monógama; en la
práctica la mayoría de las parejas no lo son.

El problema de la infidelidad parece residir principalmente en que lo que nos


permitimos a nosotros mismos, no es imaginable ni siquiera en el otro. Este hecho es
especialmente palpable en el caso de las mujeres; en el adulterio también se
evidencian las diferencias de género. Según demostró la antropóloga Laura Betzigen
en un estudio de 160 poblaciones, la infidelidad flagrante, sobre todo por parte de la
mujer, es el elemento más definitivo y frecuente de la ruptura de la pareja (11).

1.7 Los celos

6
Unidos en muchas ocasiones a la infidelidad se encuentran los celos. En otras
ocasiones, los celos son producto de un estilo de amar posesivo, excesivo, y en la
mayoría de los casos patológico. Los celos constituyen otra de las causas importantes
de los problemas de pareja; hacen sufrir tanto al que los siente como al que
desgraciadamente se constituye en su diana. En las relaciones celotípicas, se
desarrollan los sentimientos de desconfianza y posesión, junto con las conductas de
“chequeo” e hipervigilancia que vuelven imposible y peligrosa la relación con la
pareja. Según Rojas Marcos aunque los hombres y las mujeres somos igualmente
celosos, en el varón los ataques de celos patológicos suelen ser más destructivos y
pueden desembocar en actos impulsivos de violencia física contra la pareja (11).

1.8 Malos tratos físicos y/o psicológicos.

Sin duda alguna, la díada celos/ sentimiento de posesividad se haya


tristemente presentes en los malos tratos tanto físicos como psicológicos. Si
añadimos alguna o varias adicciones (alcohol, drogas) y problemas psicológicos
añadidos (déficit en el control emocional, baja autoestima y autovaloración negativa) el
drama de la violencia se desencadena. De todas las causas de la crisis de pareja que
hemos comentado, con diferencia la más destructiva es el maltrato. Los datos de las
muertes por maltrato son escalofriantes: cada cinco días de este año 2006 una mujer
ha sido asesinada por su pareja o su ex pareja. La Ley de la Violencia de Género, no
ha conseguido frenar la sangría: 68 mujeres asesinadas; ocho más que el año pasado.
¡Desde el año 2000 van 478 mujeres! Tampoco queremos olvidar las cifras de
hombres asesinados a manos de su pareja; a finales del año 2006 eran seis los
muertos. Las denuncias por malos tratos no han dejado de crecer: 57.454 mujeres
recurrieron a los juzgados hasta el 30 noviembre de 2006, aterrorizadas por las
amenazas y golpes que recibieron a manos de sus parejas. En el 2006, primer año de
funcionamiento de los juzgados especializados en la violencia de género, éstos han
celebrado 40.792 juicios por delitos contra mujeres. Se calcula que en España
1.800.000 mujeres viven en situación de riesgo con sus parejas (12).

En cuanto al maltrato psicológico podemos decir que “todo aspecto de la


relación de pareja que bloquee, destruya o entorpezca sus funciones esenciales
(protección, afecto, ayuda mutua y potenciación personal) es una disfunción; si se
comete de manera voluntaria, un abuso; si además se incluye coerción para que la
otra persona participe en la disfunción y/o para retenerla en la relación en contra de su
voluntad, ya es acoso” (13). En consecuencia, conductas como: amenazar, ridiculizar,
acechar, perseguir a una persona, inducir en ella sentimientos negativos, como miedo
y desánimo, crearle inseguridad, chantajes afectivos, sobrecargarle con exigencias y
expectativas que no puede cumplir… todos estos comportamientos entrarían a formar
parte del maltrato psicológico a la pareja.

Todas las formas de abuso, maltrato, agresión y violencia se caracterizan por


una relación asimétrica de fuerzas, en la que una parte daña y otra es dañada. El
maltrato psicológico se “cobra” más víctimas de las que podamos imaginar y es una
causa importantísima de sufrimiento, que acaba destruyendo a las personas.

Es sorprendente el auge actual de este gravísimo problema en el mundo


civilizado; gran paradoja de las nuevas condiciones de libertad que todos disfrutamos
o creemos disfrutar. El maltrato psicológico permanece oculto porque, hoy en día, en
la mayor parte del mundo civilizado, las antiguas formas de poder y dominio del fuerte
sobre el débil son legal y moralmente punibles.

1.9 La insatisfacción sexual

7
Las relaciones sexuales constituyen una de las fuentes de satisfacción más
importantes para la pareja. Sin embargo, también pueden constituirse en uno de sus
mayores sufrimientos.

A todos parece que nos importa mantener una vida sexual satisfactoria. En el
2002 el CSIC (centro superior de investigaciones científicas), abordó el estudio
“Actitudes y valores en las relaciones interpersonales II” mediante una muestra de
2.493 personas constataba que más de la mitad de las parejas españolas
anteponían una vida sexual sana a otros asuntos de la convivencia tales como
tener hijos -sólo un 36,1%- , compartir las tareas domésticas -el 29%-, o no convivir
con la familia política -el 28,5%- .

El sexo nos interesa, y nos inquieta no practicarlo de forma más regular y


saludable. Nos emparejamos con la ilusión de que la vida sexual con la persona que
amamos será intensa, frecuente y gratificante, pero en ocasiones la convivencia acaba
con nuestros deseos sexuales. La disminución de la atracción física entre la pareja y la
falta de deseo sexual son importantes obstáculos para la continuidad del amor
pasional. Aunque somos conscientes que mantener la intensidad sexual inicial de la
pareja es muy difícil, la pérdida del deseo suele ocasionar mucho daño a la relación de
pareja. De hecho para muchas parejas este hecho es tan doloroso y les cuesta tanto
afrontarlo que, lo ignoran y no acuden a un profesional en busca de ayuda hasta
pasados unos cuantos años del inicio del problema. Generalmente para entonces, la
pareja padece más disfunciones sexuales secundarias a su falta de apetencia sexual,
y su alejamiento afectivo-sexual es inmenso. Los datos en este sentido nos indican
que, por término medio, el tiempo que transcurre desde que se presenta una
disfunción sexual hasta su tratamiento son cuatro años. Esta demora de tratamiento
empeora el pronóstico tanto de la disfunción sexual como de la relación de pareja.

Según Helen Fisher la pérdida de pasión en la pareja es un hecho que hemos


de abordar y apunta a una posibilidad para perpetuar la pasión; puede ser permanente
si existe una barrera real en la relación, por ejemplo que uno de los dos esté casado/a
con una persona diferente, o que los dos vivan en lugares muy distantes entre sí. Para
esta autora, en las parejas que conviven diariamente se demuestra que el amor
romántico dura entre 18 meses y 3 años (14).

Las disfunciones sexuales son, sin duda alguna, motivos importantes para el
sufrimiento y el conflicto de muchas parejas. La satisfacción sexual es un componente
fundamental de la felicidad de la pareja. Cuando una pareja funciona bien
sexualmente, le da un valor de un 20 a un 25% a la sexualidad dentro de la relación. Si
una pareja está insatisfecha a nivel sexual, le da un valor a la sexualidad de un 75%
(15).

En la insatisfacción sexual en las parejas encontramos con frecuencia: problemas


de comunicación sexual, falta de información sexual o información inadecuada, mitos y
tabúes sexuales, baja autoestima o conceptos negativos de uno mismo o del otro,
sentimientos de culpa, vergüenza o ansiedad, “exigencias” sexuales, miedo a la
ejecución sexual, dolor en las relaciones sexuales, problemas sexuales ocasionados
por el alcohol, las drogas, medicación o disfunciones sexuales causadas por
enfermedades.

II.- MODELOS EXPLICATIVOS SOBRE EL ORIGEN Y MANTENIMIENTO DE LOS


PROBLEMAS DE PAREJA

8
Desde un punto de vista experimental, el estudio de la relación de pareja se
inició desde una perspectiva aplicada. Esto es, se empezaron a desarrollar una serie
de intervenciones programadas modulares, en las que cada módulo intentaba enseñar
a las parejas elementos de comunicación, gratificación, negociación y modificación del
comportamiento del otro; todo ello con el fin de que la pareja superase su crisis.

En la medida que se fue trabajando en cada uno de los módulos de


tratamiento, se fueron desarrollando métodos cada vez más sofisticados para intentar
evaluar la gran cantidad de aspectos que constituyen la relación de pareja.

Como suele suceder en todos los campos de la ciencia, en la medida que los
métodos e instrumentos se fueron desarrollando para abarcar la complejidad de la
relación íntima entre dos personas, las teorías se nos manifiestan más incompletas
para lograr explicar la relación de pareja.

Desde un punto de vista experimental, la relación interpersonal en la pareja se


ha convertido en un campo de investigación en busca de una teoría integradora. Así
pues, avanzamos desde modelos explicativos más simplistas y también más
pragmáticos, a la complejidad que requiere la explicación de la relación de pareja.
Actualmente, sigue vigente la aseveración de Jacobson “todavía sigue siendo una
esperanza de futuro el desarrollo de un modelo empírico validado acerca de la relación
interpersonal y sus conflictos” (16). En este sentido, se sigue trabajando actualmente
para desarrollar una teoría integradora que explique la complejidad de las variables
presentes en los conflictos de pareja.

Hasta el momento desde la perspectiva cognitiva-conductual de la terapia de


pareja, se han ido perfilando los modelos explicativos que pasamos a exponer a
continuación:

2.1. Teoría del Intercambio Social (Stuart, 1969).

El origen de la terapia de conducta de pareja que conocemos actualmente, se


encuentra en el conocido artículo de Richard Stuart, publicado en 1969, en el que
expone la “Teoría del Intercambio Social” (17). Con esta teoría se empieza a
considerar a la relación de pareja como una relación interpersonal que se mantiene
por un intercambio de reforzadores.

La relación de pareja se considera sujeta a los mismos mecanismos que se


establecen en toda relación interpersonal y, por tanto, es susceptible de ser explicada
por los supuestos del aprendizaje social. De este modo, toda relación de pareja está
sustentada por el intercambio de refuerzos entre los dos miembros. El modelo
mantiene que los conflictos en las parejas van a depender del número de
intercambios positivos y negativos que produzcan los miembros de la misma. En
otros términos, la satisfacción o el conflicto, dentro de la relación de pareja, será
función directa de sus interacciones positivas y/o negativas: la escasez de
intercambios positivos y el aumento de los negativos, reducirá previsiblemente el nivel
de satisfacción de la pareja (17). De forma que, si la tasa de interacciones negativas
supera a la de las positivas, la relación empeora. Los estudios de interacciones de
parejas en el laboratorio y en la vida real, confirmaron que las parejas en conflicto
intercambian más castigos y menos gratificaciones positivas que las no problemáticas
(18, 19, 20). En este mismo sentido, otros estudios (21) concluyen que existe una
relación entre la ejecución de conductas gratificantes y el nivel de satisfacción en
pareja.

9
Conclusiones: las cuatro líneas de investigación diferentes realizadas sobre este
modelo explicativo, a- estudios observacionales, b- valoración de la interacción
realizada por cada uno de los miembros de la pareja, c- observación de la pareja en
el mundo real, d- registros de categorías de actuación realizado por parte del otro,
arrojan resultados concordantes: existe una relación entre el comportamiento positivo
o el castigo en la pareja y el grado de satisfacción de la misma (22).

Consistente con la hipótesis del modelo experimental, los resultados de los


diversos procedimientos convergen; las parejas en conflicto demuestran menos
conductas gratificantes y más interacciones punitivas que las parejas en armonía; esta
relación no parece ser meramente descriptiva, sino también causal.

Sin embargo, estos resultados indican solamente una correlación entre un


determinado patrón de interacción y la existencia o ausencia de conflicto, sin aclarar la
dirección causal de la misma. Como en cualquier otro caso en el que dos variables
correlacionan entre sí, podemos establecer tres tipos de relación causa efecto entre
ellas:
1.- El patrón de interacción es la causa del conflicto de pareja
2.- El conflicto de pareja es causa del patrón de interacción
3.- Patrón de interacción y conflicto, son producto de otra variable no
identificada.

Una importante limitación de este modelo de intercambio de refuerzos es que


no explica estas relaciones causales. Podría suceder que parejas en conflicto tuviesen
un intercambio más reducido de gratificaciones que las parejas que viven en armonía,
sin que eso explicase el por qué unas se convirtieron en conflictivas y otras en
armoniosas. La conveniencia de que un modelo explicativo de los problemas de pareja
distinga entre el nivel descriptivo frente al etiológico se hace absolutamente necesaria
e importante.

2.2. Teoría de los Déficits en las estrategias para producir cambios en el otro
(Weiss, 1978)

Esta teoría defiende las parejas conflictivas se diferencian de las armoniosas,


no sólo en el intercambio de tasas de refuerzo; sino también en su capacidad para
solucionar problemas y conseguir cambios que ellos desean producir en el
comportamiento del otro (22).

Según esta teoría las parejas en conflicto presentan déficits en habilidades de


comunicación y solución de problemas. Para Weiss que formuló este modelo en 1978,
las parejas en crisis no se diferencian de las armoniosas en el tipo de problemas que
presentan, sino en su forma de afrontarlos (23). Las parejas que conviven en armonía
resuelven de forma eficaz sus problemas, y con ello llegan a soluciones positivas y
asumibles por ambas partes de la pareja. Las soluciones, por lo general, les llevan a
admitir que deben de producirse cambios por parte de los dos miembros de la pareja.
En el caso de las parejas en conflicto, utilizan estrategias basadas en el refuerzo
negativo, el castigo, la coerción, las críticas, el chantaje, las amenazas, la
manipulación, etc., para cambiar la conducta de su pareja (24). Estas estrategias
contribuyen a fomentar el malestar y la insatisfacción en la pareja.

Las parejas conflictivas, parece que se focalizan más en utilizar estrategias de


control aversivo (castigo y refuerzo negativo) para conseguir los cambios que

10
consideran oportunos en el comportamiento del otro. Estas parejas “infelices” no
aciertan normalmente a aplicar adecuadamente los principios del reforzamiento
positivo, moldeamiento… Pretenden cambiar las conductas del otro mediante el
control aversivo y no refuerzan positivamente las conductas que éste desea. Esta falta
de habilidad en la negociación para el cambio de conductas, es una resultante de un
déficit global para comunicarse en pareja.

Las habilidades de comunicación son un componente esencial, no sólo


para la negociación para el cambio de conductas en pareja, sino para la salud
general de la pareja. En este sentido, un autor tan reseñado como Liberman afirma
que la enseñanza de las habilidades de comunicación es con mucho el componente
más importante de un tratamiento exitoso de pareja (25). En cierto sentido, este
modelo es un refinamiento del anterior, dado que las estrategias de comunicación y
solución de problemas ayudarían a las parejas a mejorar sus interacciones;
aumentando las positivas y reduciendo las aversivas.

2.3. Teoría de la Reciprocidad (Patterson y Reid, 1970)

Un tercer modelo experimental para explicar la armonía o el conflicto en la


pareja, se basa en el concepto de reciprocidad. Según esta teoría, las parejas con
problemas no sólo se diferencian de las “felices” en el intercambio de refuerzos y
castigos, sino también en función de la relación existente entre las interacciones
positivas iniciadas por parte de uno de los miembros de la pareja y las iniciadas por el
otro. Es decir, las tasas de gratificaciones intercambiadas se hacen sobre una base de
reciprocidad.

La reciprocidad implica que, el comportamiento que uno manifiesta en pareja


está muy relacionado con el comportamiento del otro; las conductas son
interdependientes. Si emito un comportamiento positivo a mi pareja tengo más
probabilidad de recibir un comportamiento del mismo signo, y viceversa; si emito un
castigo tengo más probabilidades de que mi pareja manifieste una conducta del mismo
signo hacia mí.

La interdependencia conductual nos lleva a predecir la probabilidad de


ocurrencia de las conductas en las relaciones interpersonales, y por lo tanto existe:

Mayor probabilidad de ser reforzado, si refuerzo


Mayor probabilidad de ser castigado, si castigo
Mayor probabilidad de recibir mucho, si doy mucho
Mayor probabilidad de dar poco, si recibo poco.

Se ha sugerido que la reciprocidad en intercambios positivos sería una cuestión


central básica en la interacción de las parejas armoniosas. El hecho de que la
interacción diádica sea recíproca ha sido interpretado de manera diferente por distintos
autores. Gottman y sus colaboradores proponen el Modelo de “cuenta bancaria”
para explicar la reciprocidad en la pareja (26). Según este modelo, cada uno de los
miembros de la pareja hace una especie de inversión en la relación, presentando
gratificaciones al otro. Cada uno tiende a hacer su balance de estas inversiones cada
cierto tiempo, de manera que el intercambio sea más o menos equitativo. En este
modelo, no se entiende la reciprocidad como un intercambio puntual de agrado por
agrado y desagrado por desagrado, sino como la tasa de refuerzo global que recibe un
miembro de la pareja frente al otro. Por tanto, las parejas se implican en la relación
según las gratificaciones globales que reciban, aunque éstas no sean recíprocas en un
momento dado.

11
Una pareja que ha mantenido una alta tasa de intercambios gratificantes en el
pasado puede tolerar mejor cierta estimulación aversiva ocasional, o una tasa más
baja de refuerzos positivos, que otra pareja que tenga una historia de reciprocidad
diferente. La reciprocidad negativa, definida como la tendencia a responder
inmediatamente a las conductas negativas del otro con una conducta del mismo signo,
parece que es más probable en parejas en conflicto.

2.4. Elementos cognitivos (Weiss, 1980 y 1984; Baucom y Lester,1986; Baucom


y Epsteim, 1990)

La mayoría de los clínicos e investigadores en el ámbito de la terapia de pareja,


coinciden al señalar la importancia de los elementos cognitivos en la relación de la
pareja. En este sentido, cabe reseñar que el individuo no responde al mundo real, sino
al mundo percibido (27).

Existen procesos mediacionales (expectativas, procesos atencionales y


perceptivos, valoraciones según la experiencia previa, pensamientos, creencias y
esquemas cognitivos) que matizan e incluso distorsionan el entorno y la relación. La
satisfacción de ambos miembros de una pareja está muy en relación con la valoración
e interpretación que ambos hacen de la conducta del otro. Los procesos cognitivo-
mediacionales condicionan y matizan el nivel de satisfacción y el comportamiento de
los miembros de una pareja (28). Dentro de estos elementos cognitivos, en la relación
de pareja son particularmente importantes:

• Los Hábitos perceptivo-cognitivos: La valoración que cada cónyuge hace de


la conducta del otro puede venir matizada por hábitos cognitivos erróneos (5).
Estos errores cognitivos, o distorsiones en el procesamiento de la información,
facilitan el desarrollo de suposiciones inadecuadas que interfieren en la
comunicación de la pareja y generan emociones negativas en cada uno de los
componentes de la díada. Hay muchos tipos de distorsiones cognitivas que
están presentes, en mayor o menor grado, en las parejas en conflicto:
inferencias arbitrarias, abstracciones selectivas, pensamientos dicotómicos,
explicaciones sesgadas…etc.
Estos hábitos determinan la apreciación que un determinado individuo hace de
su relación y del comportamiento de su pareja y, por tanto, del grado de
satisfacción que éstos le deparan y el grado de exigencias y concesiones que
puede hacer al otro.

• Las expectativas: el nivel de expectativas matizan el nivel reforzante del


intercambio conductual de una pareja. Mantener unas expectativas excesivas
con respecto a la relación y al otro; conducen a un sentimiento de
insatisfacción permanente y a infravalorar las gratificaciones de la pareja, al no
encontrarlas suficientes. Toda relación de pareja conlleva aceptar un cierto
grado de frustración y de estimulación aversiva; es importante que las
expectativas de la pareja sean realistas en cuánto a lo que se puede “exigir” a
las relaciones interpersonales y al comportamiento del otro.

• Las atribuciones: de causalidad y responsabilidad de los acontecimientos en


la relación de pareja.

• Las Suposiciones: sobre la relación y la pareja.

12
Por tanto, en la mayoría de los programas de tratamiento un bloque
importante lo constituyen las técnicas cognitivas diseñadas para trabajar los
componentes cognitivos que influyen en el malestar de las parejas
(22,24,25,28,29,30,31).

En conclusión, como hemos expuesto al principio, los modelos experimentales


de investigación sobre los conflictos de pareja, dan respuestas parciales a la
compleja realidad de la interacción. Sin embargo, la gran profusión de datos que
han generado estos modelos esta llevando al desarrollo muy prometedor de
teorías integrativas de la relación de pareja y sus conflictos (30).

III.- LA TERAPIA DE PAREJA (TP): PRESUPUESTOS BÁSICOS

3.1 Introducción: Una breve historia de la Terapia de Pareja.

La terapia con parejas surgió y ha ido evolucionando a partir de las


aportaciones de distintos autores que han trabajado de forma individual y aislada y no
de los trabajos de un autor o de una única orientación psicológica. La terapia de pareja
no se ha desarrollado a partir de una teoría; más bien, los investigadores se han
esforzado en encontrar un teoría que se adaptase a la práctica (31).

Consecuentemente, existen gran número de escuelas de terapia de pareja, que


tienen distintos presupuestos, lenguajes, énfasis, técnicas y estructuras de
tratamiento, así como distintas visiones sobre la psicopatología de la pareja.

La primera referencia histórica que tenemos acerca del tratamiento de parejas


data de 1929, cuando Paul Popensoe inaugura el Instituto Americano de relaciones
familiares de Los Ángeles. Popensoe fue el primero en utilizar el término “consejo
marital”.Con respecto al continente europeo es en Inglaterra en el año 1932 donde se
empieza a tratar parejas de forma conjunta. En un principio el objetivo que se
planteaba al recibir parejas en la terapia, no era el tratamiento de los problemas de
pareja, sino el tratamiento de una gran variedad de problemas “mentales” dentro del
ámbito de la pareja o de la familia.

Durante los años 50 y la década de los 60, tanto la terapia familiar como la de
parejas adquirieron gran popularidad como estrategias alternativas de tratamiento
pasando a ser practicadas por un gran número de profesionales. Aunque en un
principio sólo se trataban problemas menos graves, poco a poco se fue aplicando cada
vez de forma más estructurada a un número amplio de problemas; incluso a los más
graves y complejos: psicóticos, alcohólicos, depresión…etc.

En la década de los 70 se realizaron las mayores aportaciones que fueron


consolidando y dando cuerpo al movimiento de terapia marital. Como prueba de su
gran auge y desarrollo entre 1970-1979 se contabilizaron 1500 artículos y 200 libros
fueron publicados sobre el tema. El número de revistas sobre el tema pasó de 2 al
comienzo de los 70; a más de 10 en 1979; y el número de asociaciones también
aumentó considerablemente.

Centrándonos en el enfoque conductual de la terapia de pareja, aunque su


origen y evolución son posteriores a la terapia marital, podemos anotar:

1. Sus orígenes se sitúan al final de la década de los años 60 en los que se


aplicaban los principios del reforzamiento a casi todos los problemas

13
clínicos. En el año 1969 Richard Stuart publicó su conocido artículo en el
que expone la “Teoría del Intercambio Social” .Con esta teoría se empieza
a trabajar en la relación de pareja aplicando los principios del intercambio
de refuerzos. Stuart afirma que el cambio efectivo más importante en la
pareja; se consigue aumentado su tasa de intercambios de conductas
positivas. Emplea una técnica llamada “días para quererse” que ayuda a las
parejas a que logren sus objetivos.

2. El enfoque del condicionamiento operante ha sido el más influyente de la


terapia de conducta al tratamiento de los problemas de pareja. Aunque en
un principio fue utilizado para enseñar a los padres cómo modificar la
conducta de sus hijos; al tiempo que se recogía información de cómo se
intercambiaban refuerzos y castigos entre los miembros de la familia,
también se fue aplicando para modificar la conducta de los miembros de
parejas problemáticas.

3. Al enfoque operante se le fueron añadiendo programas diseñados para


enseñar a las parejas habilidades de comunicación y resolución de
problemas. Más adelante se añadieron técnicas cognitivas al tratamiento
de los problemas de pareja. El añadir el componente cognitivo a la terapia
conductual de parejas fue resultado de estudios tales como el que
realizaron Margolin y Weiss, en el que compararon la terapia de pareja
conductista con un tratamiento que añadía técnicas de reestructuración
cognitiva. Los autores comprobaron que el segundo tratamiento era
significativamente más efectivo, en algunas mediciones de resultados, que
el tratamiento conductista en solitario (32).

4. Tanto la teoría como la práctica de la terapia de pareja cognitivo-conductual


se ha ido desarrollando en los últimos veinte años .Según han ido
apareciendo las distintas publicaciones se ha puesto más énfasis en las
bases empíricas de esta tecnología, llegándose a convertir en la actualidad
en un modelo de intervención sofisticado y diversificado para la resolución
de los problemas de pareja.

3.2 Momento actual de la Terapia de Pareja

Hace tan sólo tres décadas la terapia marital era un campo que podía
describirse como un conjunto de técnicas en busca de una teoría. Esta situación ha ido
subsanándose, por lo que se refiere al modelo cognitivo conductual a través de la
conjunción de tres factores: la práctica clínica, la investigación aplicada y los intentos
de elaboración de una teoría comprensiva. Cada uno de estos factores ha ido
enriqueciéndose y enriqueciendo a los demás.

El hecho de que en sus inicios no tuviese una base teórica firme, no significa
que su historia no fuera larga; y como ocurre en la historia de cualquier movimiento
científico, la historia de la terapia de pareja depende y viene definida por el historiador
que la cuente; no existe una única historia (32).

Uno de los puntos más controvertidos de la historia de la terapia marital


hace referencia a su relación con la terapia de familia. Un primer aspecto que
conviene aclarar, cuando se aborda el área de los problemas de pareja, es el
confusionismo existente en la literatura entre la terapia familiar y terapia de pareja.
Este aspecto constituye un tema de controversia entre distintos autores que
manifiestan diferentes opiniones referentes a la relación que existe entre la terapia
familiar y de pareja. Para algunos, no puede hacerse una distinción entre ambas;

14
poner el foco de atención en la relación de pareja nos obliga a desatender la estructura
en la que la relación diádica funciona (33).

Pero aún en el caso de que se pueda estar de acuerdo con la afirmación que la
terapia marital constituya una variante o subtipo de la terapia familiar, no podemos
estar de acuerdo en el sentido de que no se pueda elaborar una teoría alrededor de
las relaciones que constituyen la díada de la pareja. Difícilmente se puede entender a
la familia si previamente no conocemos la interacción de la pareja que la forma
inicialmente.

Con objeto de aclarar los términos, llamaremos terapia familiar a los programas
de tratamiento en los cuales estén incluidos no sólo la pareja sino también los hijos, e
incluso cualquier otro pariente que forme parte de la familia. En las terapias de pareja,
el objetivo del tratamiento es, únicamente, la pareja y su relación (22)

Y para concluir, podemos señalar la importancia de la intervención en


pareja desde el punto de vista de la salud global del individuo:

La relación de pareja cuando es armoniosa tiene un claro valor protector y


potenciador de la salud. Aunque, desgraciadamente, la satisfacción de pareja suele
ser un objetivo difícil de alcanzar para la mayoría de nosotros. La salud -en un sentido
amplio y no como ausencia de enfermedad- depende de cuatro factores (34):
1. condiciones orgánicas
2. Estrés que el sujeto ha de afrontar a lo largo de su vida
3. Recursos con los que cuenta para hacer frente al estrés
4. Red de apoyo social y familiar.

Desde este modelo de competencia, podemos comprobar como la relación de


pareja puede interferir, potenciando o menoscabando, el estado de nuestra salud (34).
La interacción de las parejas conflictivas es una fuente generadora de estrés y
por tanto es una variable facilitadora para la aparición de otras patologías, cuya
etiología puede haber empezado por otras causas que no fueran la relación conflictiva
de pareja pero que podrían verse mantenida por ésta. También sabemos que la crisis
de pareja no ayuda ni facilita la solución de otros trastornos psicopatológicos que
puedan padecer los individuos; generalmente los empeora.

Lo expuesto anteriormente, junto con todos los estudios que relacionan


diversos trastornos de psicopatología infantil y los conflictos de pareja de los
padres, justifica con creces el estudio de los conflictos de pareja y el diseño de
programas de intervención para ayudar a su posible solución.

3.3 Presupuestos básicos de la Terapia de Pareja.

Dentro de la terapia de pareja existen, como en cualquier otra área de


intervención clínica, distintos modelos de intervención que responden a diferentes
enfoques y orientaciones psicológicas. Cada uno de estos modelos de terapia de
pareja tiene sus propios presupuestos teóricos, técnicas objetivos y métodos de
intervención que derivan de las diferentes escuelas psicológicas a las que pertenecen.
De entre todas ellas, la terapia conductual o cognitivo conductual, que
desciende de ella, es la que a mayor comprobación empírica ha sido sometida (35).

• La Terapia cognitivo conductual ha sido el resultado de incorporar técnicas


cognitivas desarrolladas para abordar la psicopatología individual, como la

15
depresión y la ansiedad, a los modelos existentes de terapia de pareja
conductual.

• Por tanto en este modelo se conjugan técnicas tanto cognitivas como


conductuales con el objetivo de ayudar a las parejas a solucionar sus
problemas y aumentar su satisfacción marital.

• Los investigadores y los terapeutas que adoptan un enfoque cognitivo-


conductual en la terapia de pareja, plantean los problemas de pareja como
resultado de patrones disfuncionales de pensamientos y conductas (36).

• Los patrones de intercambio de conductas, la comunicación, la solución de


problemas y la negociación constituyen variables predictoras de satisfacción
marital. A parte de estos factores conductuales, existen otros elementos
cognitivos tales como creencias, expectativas y atribuciones que también
influyen en los niveles de satisfacción que experimentan las parejas en sus
relaciones.

• Mantener la satisfacción en la pareja requiere esfuerzo por parte de


ambos miembros. La satisfacción en la pareja aparece como resultado de la
reciprocidad en el intercambio de acciones y palabras que son placenteras
para cada miembro de la pareja. La satisfacción en la relación está
determinada por la equidad. La cantidad de acciones placenteras que un
miembro recibe es proporcional a la cantidad de acciones que da. Se recibe lo
que se da y se da lo que se recibe (principio de reciprocidad). La satisfacción
en la relación será elevada cuando las recompensas provenientes de los
intercambios igualan o superan los costes.

• La insatisfacción ocurre cuando se intercambian escasas conductas positivas


entre la pareja, cuando las interacciones placenteras están limitadas a una sola
área de la relación (la economía, los hijos, la familia…), o cuando uno de los
miembros de la pareja da muchas más gratificaciones de las que recibe de
parte de su pareja.

• La meta de la terapia es el aprendizaje de las habilidades necesarias para


aumentar la satisfacción de la pareja. El terapeuta cognitivo conductual
enseña a la pareja un conjunto de habilidades -cognitivas y conductuales- con
el objetivo de modificar sus comportamientos disfuncionales y que les ayuden a
aumentar su satisfacción en la relación. Lo mismo que sucede en otras
intervenciones conductuales, las habilidades se enseñan por medio de
instrucciones, modelado, ensayo de conducta y retroalimentación correctora
(37).

• El enfoque de la Terapia es educativo y tiene como objetivo producir el


cambio. La premisa básica de la terapia de pareja cognitivo conductual es que
la satisfacción marital se puede aumentar entrenando a las parejas a reducir
sus interacciones negativas y aumentar las positivas. El objetivo de la terapia
se centra en el presente y se trabaja hacia el futuro, más que sobre el
pasado.

16
IV.- PROCEDIMIENTO DE EVALUACIÓN E INTERVENCIÓN EN TP.

Los principales objetivos de la evaluación en la terapia cognitivo conductual con


parejas son:

• En primer lugar la evaluación debe permitir conocer los problemas


específicos de una pareja para poder determinar un tratamiento a la medida
de la pareja en cuestión. Así pues, para la evaluación es esencial
especificar las áreas de interacción que constituyen las fuentes del
conflicto y del malestar.

• En segundo lugar se deben especificar las habilidades que son


necesarias desarrollar y aplicar para solucionar el conflicto y disminuir
el malestar.

Por tanto, la tarea del clínico se centrará en la búsqueda de información sobre


la pareja, y en los procedimientos para llevar a cabo esta tarea. Cabe reseñar que,
aunque el área de investigación sea la pareja, el método a seguir es el mismo que el
utilizado en la evaluación de cualquier otra área en la terapia de conducta.

4.1. Procedimientos de evaluación

En la terapia cognitivo conductual con parejas se consideran importantes


cuatro niveles de actuación dentro del proceso de evaluación (28):

• Identificación del Problema/s: es el primer objetivo que nos proponemos en


las sesiones iniciales de la terapia. Para la consecución de este primer objetivo
de evaluación, se realizan entrevistas conjuntas e individuales por separado
a cada uno de los miembros de la pareja. Un complemento importante de las
entrevistas iniciales de evaluación es el uso de cuestionarios y autoinformes
que el clínico suele indicar para que sean cumplimentados por la pareja al final
de las entrevistas o en casa. En este primer nivel de evaluación identificaremos
las áreas conflictivas en la relación de la pareja.

• Medida y Análisis funcional. Después de un primer acercamiento en la


evaluación de la pareja donde habremos especificado sus áreas de conflicto,
es importante someterlas a una evaluación más precisa y profunda. En este
segundo nivel de análisis utilizaremos procedimientos de evaluación más
específicos: la observación de conducta y los registros conductuales. A
través de estos procedimientos podemos obtener información de la frecuencia,
duración e intensidad de las conductas problema en la pareja, así como de las
relaciones funcionales que existen entre los antecedentes y las consecuencias
de cada uno de los problemas de la pareja que seleccionemos en nuestra
evaluación.

• Evaluación del proceso terapéutico. La evaluación en la terapia de pareja


debe ser entendida como un proceso continuo, que se mantiene a lo largo de
toda la intervención. Tras la puesta en práctica de determinadas técnicas
terapéuticas encaminadas a la solución de los problemas de pareja, conviene
evaluar los resultados tras periodos razonables de experimentación.
Conforme a los efectos producidos podremos: Continuar con la intervención si
los datos reflejan un grado razonable de progreso, revisar el tratamiento
cuándo exista una técnica o estrategia más eficaz o económica o reemplazar la

17
intervención por otra alternativa cuando los resultados no sean los previstos.
La evaluación continua del proceso terapéutico nos ayuda a identificar
las posibles causas de fracaso o ausencia de progreso en el programa de
intervención. Los métodos utilizados en este nivel de evaluación son los
mencionados anteriormente: registros, cuestionarios, observaciones de
conducta, entrevistas, etc. Cada entrevista y cada contacto que mantiene el
clínico con la pareja es una ocasión para evaluar los progresos en la
intervención.

• Evaluación de los resultados

Consiste en la evaluación final de la intervención y se realiza en base al


examen de los datos reflejados en los cuestionarios, escalas, autoinformes y en el
estudio de objetivos conseguidos.

4.1.1 La entrevista

Lo primero que conviene tener en cuenta al abordar una entrevista con una
pareja que tiene problemas, es que, con mucha probabilidad, ambos miembros tengan
una visión muy distinta de los problemas. Tampoco debemos olvidar que la gran
mayoría de los conflictos de pareja, conllevan una distorsión de los patrones de
comunicación. Por tanto, en la evaluación de los problemas de pareja siempre se hace
necesario contar con entrevistas individuales por separado con cada uno de los
componentes de la pareja.

Sin pretender ser exhaustivos, a continuación reseñamos algunos de los


objetivos que nos parecen prioritarios en la entrevista/s de evaluación en la Terapia de
pareja:

• Identificar los problemas o divergencias de la pareja. Recoger información


relacionada con el problema/s de la pareja, así como de aspectos generales de
la historia de la relación. Evaluar puntos fuertes y débiles de la relación, así
como las demandas y peticiones de cambio de cada miembro de la pareja.

• Detectar posibles emergencias (violencia, abusos…).

• Evaluar la motivación de cada miembro de la pareja para solucionar sus


problemas. En ocasiones existen diferencias notables en el grado de
implicación en la terapia; hay sujetos que no están dispuestos a esforzarse
para mejorar su relación. Consideran que es el otro miembro de la pareja el
que debe cambiar exclusivamente. Estos aspectos son importantes de evaluar
en los momentos iniciales, ya que requieren de una intervención y clarificación
por parte del terapeuta.

• Evaluar expectativas con respecto a lo que esperan conseguir de la terapia y


de su relación. Ayudar a clarificar objetivos de la terapia.

• Dar información sobre qué es y en qué consiste la terapia de pareja.

• Información sobre la existencia de tratamientos previos y sus resultados.


Explorar la causa de posibles fracasos terapéuticos anteriores.

18
• Identificar los aspectos positivos de la relación para evaluar los recursos
que la pareja tiene en el momento actual.

• Establecer la alianza terapéutica que permitirá al terapeuta constituirse en un


agente de cambio para la pareja.

Con el objetivo de garantizar que las entrevistas iniciales sean eficaces


aconsejamos cierta estructuración. Para ello, proponemos a los clínicos realizar un
esquema guía de las áreas y aspectos importantes de evaluación en la entrevista
con la pareja. En este sentido, conviene tener en cuenta la existencia de
entrevistas semiestructuradas que se utilizan para la recogida de información en la
entrevista inicial con la pareja (38).

4.1.2 Cuestionarios y autoinformes

Existen una gran cantidad de cuestionarios y escalas para evaluar la relación


de pareja. Estos instrumentos son muy útiles en la recogida de información. Desde
aquí vamos a recomendar los que nos parecen más útiles en la práctica
clínica(35). En la bibliografía puede encontrar una indicación más extensa de los
cuestionarios y medidas de autoinforme para la evaluación de los problemas de
pareja (9,22,28,39 ).
La satisfacción de pareja global se evalúa frecuentemente utilizando alguna de
estas dos escalas:

• Test de Ajuste Marital (Marital Adjustment Test; Locke &Wallace, MAT;


1959)
• Escala de Ajuste de la Pareja (Dyadic Adjustment Scale, DAS;
Spanier,1976)

Evaluación de áreas específicas de problemas y déficits conductuales

• Cuestionario de áreas de cambio (Areas of change Questionnaire, ACQ;


Weiss y Birchler,1975)
• Inventario de comunicación primaria (Primary Communication
Inventory,PCI; Navran,1967)

Evaluación de los procesos cognitivos

• Inventario de creencias sobre la relación (Relationship Beliefs Inventory,


RBI; Eidelson y Epstein, 1982)
• Medida de atribución en la relación (Relationship Atribution Measure,RAM;
Fincham y Bradbury,1992)

Además de su uso para la evaluación de los problemas de pareja, estas medidas


pueden usarse en el transcurso de la terapia y en el momento de finalizar el
tratamiento; con el objetivo de ir valorando los progresos y el resultado final.

4.1.3 Autoobservación y Registro de Conductas

19
La utilización de procedimientos de autoobervación y registro conductual
resulta de gran utilidad en la evaluación porque permiten obtener una información
directa y privada que es difícil de conseguir mediante otros métodos.
Podemos utilizar la autoobservación de forma muy diversa; dependiendo de las
conductas que nos interesen para la evaluación. En algunos casos, nos podrá
interesar la frecuencia con que sucede una conducta, en otros; los sucesos anteriores
o posteriores a ella o también, nuestro objetivo de registro puede ser la duración de un
a conducta específica. (22,28)

Podemos registrar conductas motoras, cognitivas y fisiológicas. En la terapia de


pareja también es frecuente utilizar registros de conducta que un miembro de la pareja
hace del otro; y viceversa. La instrucción para observar y registrar la conducta de la
pareja dependerá de los objetivos de la evaluación y/o intervención. Podemos, a modo
de ejemplo, pedir a la pareja que observe y registre durante un tiempo establecido,
aquellas conductas de su pareja que le resultan gratificantes. En otros casos,
podemos animarles a realizar autoobservaciones de los pensamientos positivos y
negativos acerca de sí mismo y del otro, así como las conductas y situaciones que
suelen precederlos. El registro también puede recoger pensamientos, sentimientos y
conductas de la pareja que están relacionadas con los conflictos que suceden en la
relación. Como vemos la observación y registro de conductas puede ser muy
diverso; depende de los objetivos de evaluación e intervención que el clínico
pretenda.

Las formas de registro son muchas y el profesional elegirá aquellas que le


parezcan más idóneas para las variables que desee registrar; en algunos casos puede
elegir procedimientos más extensos e inespecíficos a modo de diario conductual, en
otros especificará los aspectos que desee registrar tal es el caso de los registros de
situaciones, conductas problemas y consecuencias conductuales. En todos los casos,
al mandar un registro conductual el clínico debe asegurarse que los criterios de
sencillez, operatividad y eficacia sean prioritarios. En caso contrario, la tarea a
realizar por la pareja se torna en excesivamente compleja y en consecuencia, difícil de
cumplir.
Los registros son una técnica muy utilizada en la terapia de pareja, tanto en la
evaluación como en el proceso de intervención.

4.2 La intervención cognitivo- conductual en terapia de pareja

En consonancia con las diferentes teorías explicativas del conflicto de pareja,


los programas de tratamiento cognitivo-conductuales, incorporan tanto intervenciones
conductuales como cognitivas con el objetivo de modificar las conductas e
interacciones disfuncionales de la pareja para lograr aumentar su satisfacción (22, 24,
25, 28, 29, 30,31, 32).

Los objetivos de intervención y la planificación del tratamiento están


determinados por los resultados de la evaluación de la pareja. Sin embargo, y a pesar
de que las intervenciones se ajustarán a los casos particulares de las parejas en
tratamiento, existen elementos básicos que comparten todas las intervenciones de
pareja:

• El enfoque de la terapia cognitivo conductual es educativo por parte de la


pareja y directivo por parte del terapeuta. Por tanto la intervención empieza
por una fase educativa y de información a la pareja. El clínico tiene como
objetivo inicial en su intervención “devolver” a la pareja la información recogida
en la fase de evaluación, información que podrá ir ampliando en la medida que
vaya completando su evaluación. Deberá asegurarse de informar a la pareja

20
sobre sus problemas: su etiología y mantenimiento actual. Es importante
también que explique su plan de intervención: qué técnicas, recursos y
estrategias terapéuticas utilizaremos en la terapia y cuál es el objetivo de las
mismas.

• Los objetivos terapéuticos deben ser establecidos con total conformidad entre
los dos miembros de la pareja y el terapeuta.

• Se fijará y pactará un plazo mínimo de intervención, en el transcurso del cual


se espera que aparezcan las primeras manifestaciones de cambio positivo para
la pareja.

• Aunque para muchas parejas la demanda de intervención sean los problemas


de su relación y las dificultades por las que atraviesan actualmente; el plan de
intervención se centrará en un primer momento en conseguir que la pareja
experimente sentimientos más positivos en su relación. Nuestras primeras
intervenciones irán encaminadas a propiciar una atmósfera más positiva en la
pareja y a crear un ambiente propicio y favorecedor para el trabajo terapéutico
que la pareja deberá llevar a cabo (22). Este aspecto es muy importante; a
nadie se le escapa que las parejas que acuden a terapia desean que
atendamos en primer lugar el listado de problemas y conflictos que
previamente hemos evaluado. Es necesario que la pareja entienda que antes
será necesario trabajar otros objetivos para probabilizar al máximo que los
cambios positivos ocurran en la pareja (9,22, 25, 28)

A nuestro entender, el inicio de la intervención en terapia de pareja debería


ir encaminado a conseguir que la pareja conviva en un ambiente más
gratificante, que frene el malestar acuciante que la mayoría de parejas
sienten al llegar a terapia. Las razones para priorizar este objetivo de
intervención son las siguientes (22):

- Los intercambios positivos en pareja son independientes de los intercambios


negativos. Por tanto, hacer que los intercambios negativos en la pareja disminuyan
no conlleva necesariamente un aumento de la satisfacción marital.
- Los intercambios negativos tienden a disminuir si empiezan a aumentar los
positivos.
- Potenciar los intercambios positivos en la pareja constituye la mejor forma de
frenar el deterioro del valor gratificador que cada miembro de la pareja tiene para
el otro.
- Finalmente, proponemos iniciar la intervención en pareja aumentando el
intercambio de interacciones positivas, porque estas técnicas son relativamente
fáciles de enseñar a la pareja y tienen unos efectos positivos inmediatos.

Existen situaciones excepcionales en que la terapia de pareja no comienza por


este objetivo. Tal sería un caso de amenaza a la integridad física de uno de los
miembros de la pareja. Para una intervención en este tipo de crisis es prioritario
desarrollar estrategias para la contención del conflicto, así como para la
preservación de la integridad física del miembro de la pareja amenazado

A modo de guía, presentamos un guión del plan de tratamiento con los bloques
de intervención en pareja.

21
4.2.1 Pautas para la intervención

1. Estrategias generales para aumentar y potenciar el intercambio positivo entre


la pareja.

Observar y reforzar los aspectos positivos de la relación y de la conducta del otro.


Algunos de los ejercicios y recursos más utilizados en terapia de pareja para
conseguir este objetivo son (9,22, 25, 28,39):

• “Pille a su pareja haciendo algo agradable…y ¡hágaselo saber! “


• Caja de los deseos
• Días del amor
• Identificación de las conductas agradables de la pareja
• Ejercicio de reciprocidad
• Símbolos de unión entrañables
• Baraja de los pasatiempos

2. Modificación del estilo de comunicación en la relación de pareja.

Producir cambios en el estilo de comunicación de la pareja, constituye el bloque más


importante de la mayoría de los programas de intervención en los problemas de
pareja, y, desde luego, es el núcleo fundamental de entrenamiento de la terapia
cognitivo conductual (9,22, 25, 28). Alguno de los objetivos esenciales en este bloque
de tratamiento son:

• Identificación de los errores más comunes en la comunicación.


• Adquisición de un nuevo vocabulario interpersonal y aprendizaje de un
lenguaje específico y descriptivo.
• Entrenamiento de habilidades de comunicación. Los elementos verbales y no
verbales de la comunicación.

Elementos facilitadores de la comunicación

n La escucha activa
n La empatía
n Los “mensajes yo”
n Habilidad para ser positivo y recompensante
n Acuerdo parcial
n Declaración de deseos versus las exigencias tipo
“deberías”.
n Información positiva
n Petición de parecer
n Habilidad para hacer preguntas abiertas o específicas
n Elección de lugar y momento adecuado para la
comunicación
n Estados emocionales que apropiados para la comunicación
eficaz en pareja.

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Menú de habilidades de comunicación y entrenamiento asertivo

n Expresión y recepción de sentimientos positivos


n Expresión y recepción de sentimientos negativos
n Peticiones de cambio
n Aprender a decir no
n Habilidad para hacer críticas y recibirlas
n Habilidades conversacionales
n Comunicación íntima y sexual

3.- Entrenamiento en autocontrol emocional.

Uno de los problemas frecuentes en muchas parejas son los episodios de hostilidad,
mal humor, insultos verbales y déficit en el control emocional en los enfados y
discusiones. En la intervención para solucionar este tipo de problemas, se entrena a la
pareja en técnicas específicas – tiempo fuera, empatía, desarmar con gratificaciones,
extinción, disco rayado, cambiar el tema hacia una gratificación mutua- (9,22,28). El
objetivo del entrenamiento conlleva:

n Aprender a manejar la propia irritabilidad


n Afrontar eficazmente la irritabilidad de la pareja.

4.- Técnicas de solución de problemas. Aprender a negociar en pareja.

La armonía de la vida en pareja precisa de habilidades eficaces para solucionar los


problemas naturales que plantea la convivencia. Las parejas felices y satisfechas
desarrollan estrategias positivas para afrontar los problemas que se les presentan. Las
técnicas de solución de problemas establecen los siguientes bloques en su
aprendizaje:

n Aprender a definir los problemas


n Generar alternativas de solución: la técnica de la “tormenta
de ideas”
n Proceso de toma de decisiones y elección de alternativa/s
n Modelo de negociación “todos ganan”

5.- Aprendizaje cognitivo: Técnicas de Reestructuración cognitiva.

Las técnicas de reestructuración cognitiva utilizadas en terapia de pareja persiguen


modificar los pensamientos negativos , creencias, expectativas y atribuciones que son
disfuncionales y, contribuyen al proceso de deterioro de la pareja(40). Puntos
importantes en la intervención cognitiva con parejas son:

n Identificación de pensamientos automáticos negativos


n Modificación de expectativas idealizadas y creencias
irreales sobre la relación de pareja
n Etiquetado y corrección de las distorsiones cognitivas
referentes a uno mismo y a la pareja

n Aprendizaje del modelo cognitivo y técnicas de


modificación cognitiva

23
6.-Planificación del tiempo libre y actividades de ocio en pareja.

Este área suele presentar dificultades para la gran mayoría de las parejas en conflicto.
Una estrategia que resulta muy útil para mejorar la dinámica de ocio, es ayudar a la
pareja a planificar su tiempo libre distribuyéndolo en cuatro apartados o categorías de
interacción (9) : 1.- como individuos 2.- como pareja- 3.- como parte de un grupo
social ( por ejemplo, con otras parejas) 4.- como familia.

7.- Tratamiento de problemas específicos.

En la vida de pareja existen situaciones y sucesos específicos que pueden originar


conflictos muy graves. En ocasiones, la solución de estos problemas requiere un
tratamiento especial en varias sesiones individuales separadas al miembro de la
pareja que lo necesite. Los problemas de tratamiento más frecuente son:

n Celos
n Agresividad
n Separación temporal
n Problemas de dependencia y sumisión
n Infidelidad, etc.

Hemos ofrecido un esquema básico de intervención para llevar a cabo una Terapia de
Pareja cognitivo-conductual. La variedad y complejidad de los problemas de pareja
hacen necesario que el terapeuta individualice esta guía en su plan de terapia. Este
enfoque es aplicable tanto a las parejas que experimentan conflictos graves como para
aquellas que, sin tenerlos, perciban que su relación de pareja debe mejorar.

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